«Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios.
Shemot / Éxodo 3:1
La parábola de la oveja perdida es una de las parábolas más famosas de los Evangelios (Lucas 15: 3-7)Ahora bien: ¿Has escuchado alguna vez la versión de Moshé de esta parábola?
Hemos visto que Moshé apacentaba las ovejas de Yitró (Jetro) su suegro, el sacerdote de Madián; y llevó el rebaño al lado occidental del desierto y llegó a Horeb, el monte de Dios (Éxodo 3: 1).
Después de huir de Egipto, Moshé pasó cuarenta años pastoreando ovejas. Las Sagradas Escrituras comparan frecuentemente a Israel con un rebaño. Ella es el rebaño del Eterno. Sus líderes son sus pastores, nombrados por su Pastor supremo, el Señor mismo, tal como los Salmos lo atestiguan:
“Condujiste a tu pueblo como un rebaño por mano de Moisés y Aarón” (Salmo 77:20).
“Oh, escucha, Pastor de Israel, tú que guías como a un rebaño a José” (Salmo 80: 1).
Los líderes más grandes de Israel pastoreaban ovejas. Abraham, Isaac y Jacob siguieron a los rebaños. David pastoreaba los rebaños de su padre. Moshé demostró ser digno de pastorear a Israel al cuidar fielmente de los rebaños de su suegro:
Moshé estaba cuidando el rebaño de Yitró en el desierto cuando un cordero escapó de él. Corrió tras él hasta que llegó a un lugar sombreado … y el cordero se detuvo a beber. Cuando Moshé se acercó, dijo: «No sabía que te escapaste a causa de la sed, debes estar cansado«. Así que colocó al cordero en su hombro y se alejó. Entonces Dios dijo: «Porque tienes misericordia de guiar el rebaño de un mortal, seguramente cuidarás de mi rebaño, Israel» (explicación leída en Shemot Rabá 2: 2).
Las Sagradas Escrituras también se refieren al Mesías como pastor sobre el rebaño de Israel:
“Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos tendrán un solo pastor” (Ezequiel 37:24).
Yeshúa se vio a sí mismo, como Moshé, como el Buen Pastor sobre el rebaño de Israel. Él emprendió una misión en busca de la oveja descarriada de Israel: los pecadores y descarriados entre el pueblo judío de su época.
Las parábolas de Juan 10 ilustran aún más el papel mesiánico del pastor sobre Israel. El discípulo Pedro dijo:
“Porque siempre andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas” (1 Pedro 2:25).
“Entonces dirás a Faraón: «Así dice Yahvéh: ‘Israel es mi hijo, mi primogénito.
Shemot/ Éxodo 4:22
Por P.A. David Nesher
De acuerdo a lo que hemos aprendido en nuestra investigación del rollo de Bereshit (Génesis), que en los tiempos de los nuestros patriarcas, el hijo primogénito recibía la primogenitura (Gén. 43:33); por lo tanto, como herencia le correspondía ser el jefe de la familia al morir el padre. El primogénito tenía que ser digno de recibir esa responsabilidad (1 Cró. 5:1–2) y por iniquidad podía perderla. El hijo mayor recibía una porción doble de las posesiones de su padre (Deut. 21:17), y después de la muerte de este, era responsable del cuidado de la madre y de las hermanas.
También aprendimos que en la cosmovisión celestial, ser primogénito no significa siempre ser el primer nacido, sino que más bien señalada a aquello que puede denotar grandeza. Desde esta perspectiva lo podemos ver revelado en el salterio, aplicándose al Mesías:
«Yo también lo haré mi primogénito, el más excelso de los reyes de la Tierra.« (Salmo 89:27).
Entonces, volviendo al versículo 22 (del cap. 4 de Shemot), vemos que el término hebreo «beni vejori» que se ha traducido «Mi hijo primogénito«, se usa en sentido figurado. Israel es la nación más preciada y más valorada por Dios así como el primogénito ocupa un lugar especial en el corazón de sus padres (leído de la Torah según Rashi).
Convengamos que las mismas Sagradas Escrituras revelan que Israel es la más joven de las naciones de la Tierra que fueron formadas en Génesis capítulo 10. Aun así, y pese a ello, el Eterno revela que la nación de Israel ejerce el oficio de ser el primogénito de las naciones delante de todas las esferas celestiales. Es decir, es la nación que ha recibido la función de recibir la doble herencia del Padre de la luces, de oficiar como un reinado de sacerdotes y de gobernar desde esa Unción regia-sacerdotal sobre todos los planos existenciales. Por ello, el mensaje divino dado al Faraón es bien claro: Israel es la cabeza de las naciones (cf. Éxodo 19:5-6).
Así y con todo estos conceptos en nuestro corazón, debemos aceptar que Yah, al encomendarle ese mensaje a Moshé, estaba igualando Su relación con Israel a la relación que tenía Faraón con su hijo. Él le dijo a Moshé que hiciera esa relación para que Faraón pudiera ver cuan importante era Israel para el Eterno, y de esa manera unir por medio del Espíritu de la profecía el último rechazo de Faraón de dejar ir a Israel con el castigo que le causaría por ello, es decir la muerte de todos los primogénitos de Mitzrayim incluyendo el primogénito del soberano de Egipto.
Egipto y Su Culto al Primogénito.
En este momento de la bitácora, me obligo a informarles que en este tiempo de la historia, la sociedad egipcia estaba construida sobre el culto al primogénitode los dioses. Desde la mitología egipcia, el dios Osiris, el hijo primogénito de Ra, fue el primer Faraón debido exclusivamente al orden de su nacimiento.
Por eso, en aquel tiempo y cultura, el primogénito de cualquier familia egipcia recibía la mayor porción de la herencia paterna. Fundamentados en esto, los primogénitos generalmente llegaban a convertirse en la élite gobernante del país: generales y funcionarios militares, administradores principales y, con frecuencia, en los mismos faraones. [Teniendo en cuenta esto, es muy posible que este faraón en particular no haya sido el primogénito en su familia, ya que no murió a consecuencia de la plaga. Tal vez su hermano mayor había muerto siendo todavía joven y él era el siguiente en orden de sucesión. Sin embargo, su hijo que era quien lo sucedería como el próximo faraón, sí era primogénito, y por ello pereció en la décima plaga.]
Desde aquel mito, los egipcios creían que todo Faraón era también un dios, el hijo primogénito del primogénito llegando hasta Osiris mismo.Entonces, la plaga número diez destruyó la ilusión final de poder e inmortalidad del líder primogénito egipcio.
Con esta cosmovisión mitológica, la figura del faraón era la de una deidad encarnada que caminaba sobre la Tierra bendiciendo a todo hombre que se prosternara ante él. Del faraón decían los papiros que «el terror que inspira abate a los bárbaros en sus países». Todos sus súbditos lo veían como la encarnación del hijo primogénito de Ra (dios del Sol), razón por la que se lo consideraba también como el señor del universo y como el heredero del creador. Su figura rezumaba (transparentaba) poder ancestral y estaba rodeada además de la protección mágica de todas las divinidades. Por ello, atentar contra su vida significaba algo más que pensar en matar a un hombre. Era poner en peligro el equilibrio cósmico y cargar directamente contra la estabilidad del Estado. Tal era el temor que suscitaba a nivel esotérico el regicidio, que las leyes apenas contemplaban el castigo por llevarlo a cabo, pues la sola mención del asesinato era casi un tabú.
Comprendiendo estas creencias egipcias, discernimos que cuando el Eterno, nuestro Elohim, envió a Moshé donde Paró (Faraón) por primera vez, le dijo que «Israel es mi hijo primogénito»(Éxodo 4:22). Estas palabras divinas dejaban bien en claro que YHVH consideraba a Israel como su primogénito entre las naciones y le estaba advirtiendo al Faraón lo que sucedería sino permitía su liberación (Éxodo 4:22-23). Así fue como en la décima plaga, al matar al primogénito de Egipto y salvar a Israel, Yahvéh mostró que Su Pueblo es el primogénito verdadero y le dio el golpe final a la estructura religiosa egipcia basada en el primogénito de Ra, la serpiente antigua (leído de la obra de Rav Ari Kahn).
¿Por qué y Para qué Israel es Primogénito del Eterno?
Entonces, desde lo que el mismo Yahvéh le dijo a Faraón queda claro que Israel, el pueblo hebreo, como nación, es el hijo primogénito del Eterno. Esto es porque Dios mismo ha dado a luz ese pueblo, fue creado pre-existencialmente por Él, y por consiguiente tiene una herencia divina que le corresponde. Por ende, Israel para este tiempo final tiene la promesa de una bendición grande que ha de venir, y por consiguiente va a heredar el Reino prometido de David.
Ese Reino será restaurado conforme a la promesa divina, y es bajo ese Reino que Israel recibirá y tendrá paz permanente. De eso nos habla el oráculo del profeta Ezequiel:
«Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor.« (Ezequiel 34: 23)
Ahora bien, ¿quién ese ese pastor que heredará el Trono de David?
Yeshúa HaMashiaj: El Primogénito entre muchos Hermanos
Cuando venimos a los Escritos del Brit HaDashá (Pacto Renovado) notamos que en el Evangelio de Mateo, esta relación de Yahvéh con su Pueblo, fue personificada en Yeshúa.
El escritor Mateo dijo que la huida de la familia de Yosef y Miriam (José y María) a Egipto y su posterior retorno, en verdad era el cumplimiento de la profecía: «De Egipto llame a mi Hijo». El texto dice así:
“Y él despertando, tomó al niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: DE EGIPTO LLAMÉ A MI HIJO.” (Mateo 2:15)
Pero cuando leemos todo el versículo en el libro del profeta de Hoshea (Oseas) en donde se emitió dicho oráculo, podemos ver que el profeta se estaba refiriendo a Israel:
“Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.” (Hoshea/Oseas 11:1)
Relacionando pues esta profecía con lo que el evangelista Mateo escribe, se nos revela algo maravilloso: el Mesías es la encarnación de Israel. Él es el primogénito del Padre para cumplir con estas tres funciones. Cuando Israel fue sacado de Egipto, el hijo de YaH salió.
Los cinco pasajes de los Escritos Mesiánicos (Nuevo Testamento) donde aparece el término “primogénito” se relacionan con el Mesías o Cristo (Lc 2:7; Col 1:15, 18; Ro 8:29; Heb 1:6; Ap 1:5).
Justamente, en el evangelio según Lucas se habla de que Yeshúa fue el primogénito o primero en nacer de la virgen Miriam (Lc 2:7) y por ello fue consagrado según la Torah (Lucas 2:22-24).
Al Ungido (Mesías o Cristo) también se lo llama “primogénito” de entre los muertos. Esta frase no necesita explicación, ya que el mismo apóstol Pablo señala lo que implica:
“Él es también la cabeza del cuerpo que es la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía”
(Col 1:18).
Yeshúa es el primogénito de los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial. Él es el Unigénito del Padre en la carne y el primero en levantarse de entre los muertos en la Resurrección, como bien se lo expresaba el apóstol Pablo a los creyentes de la ciudad de Corinto:
“Cristo ha resucitado de entre los muertos; y llegó a ser primicias de los que durmieron”. (1 Corintios 15:20).
A través de su muerte y resurrección, Yeshúa es «las primicias» que garantizan la futura resurrección y vida eterna de muchos otros hijos e hijas de Dios (1 Corintios 15:20-23). Como Él mismo dijo, «porque yo vivo, vosotros también viviréis» (Juan 14:19). En pocas palabras, al llamar al Mashiaj el Primogénito entendemos que se está señalando a su acto de conquistar la muerte en todas sus formas (simbolizada en la palabra Egipto o Mitsrayim) para que “todos resuciten” (1 Corintios 15:22), es decir, para que todos podamos emularlo en Su forma de peregrinar la vida.
El mensaje del Brit HaDashá (Pacto Renovado) es claro en afirmar que Yeshúa HaMashiaj, al ser reconocido como primogénito de la creación, tiene supremacía sobre ella y goza de privilegios supremos y únicos que los creyentes debemos reconocer. Por eso el apóstol Pablo destacó:
“Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Romanos 8:29).
Es en el libro da los Hebreos, donde el Mesías (Cristo) es revelado como «heredero de todo» (Hebreos 1:2) y el «Primogénito en el mundo» de Dios, a quién se espera que los ángeles también reconozcan su divinidad, gloria y poder (Hebreos 1:6). Así como el hijo primogénito es la cabeza de su familia terrenal después de su padre, Yeshúa el Ungido es la cabeza de la Kehilá -la iglesia- después de Dios Padre (Efesios 1:20-23; Colosenses 1:18, Hebreos 2:10-12). Así como el hijo primogénito recibe la mayor herencia de su padre, Yeshúa el Ungido recibe el mundo como su herencia. El Eterno mismo le dice a su Hijo:
«Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra.« (Salmo 2:8).
Por último, y considerando todo este maravilloso tema de la primogenitura de Israel en el Mesías encarnado, diré que el fin supremo de la revelación especial del Eterno es dar a conocer Su proyecto de la redención para que toda la humanidad conozca y crea en el primogénito de la creación como su Señor y Salvador, y lo honren como al Padre.
“Por eso Jesús les decía: ‘En verdad les digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera. Pues el Padre ama al Hijo, y le muestra todo lo que Él mismo hace; y obras mayores que estas le mostrará, para que ustedes se queden asombrados. Porque así como el Padre levanta a los muertos y les da vida, asimismo el Hijo también da vida a los que Él quiere. Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo, para que todos honren al Hijo así como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió” (Juan 5:19-23).
«Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Yahvéh en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.«
Éxodo / Shemot 3: 1-3
Por un lapso de cuarenta años Moshé vivió como un pastor oculto en el desierto de Madián. Hasta este punto su vida era tan humilde que él no tenía ningún ganado al que pudiera llamar como propio,… ¡las ovejas pertenecían a su suegro!… Sin embargo, en aquel día, lo cotidiano se volvería para él en algo sobrenatural.
Siempre me imagino la escena. Cuando Moshé se levantó aquella mañana y contó las ovejas, no se dijo a sí mismo: «Creo que llevaré las ovejas al lado occidental del desierto, junto al Monte de Dios«. El monte Horeb era simplemente eso: el monte Horeb; una roca indistinta en el desierto como tantas otras colinas y montañas, de aspecto completamente ordinario. No tenía nada de especial. El monte Horeb se convirtió en el monte Sinaí, la montaña de Dios, simplemente porque el Eterno lo eligió, no porque fuera más alto, más poderoso o más santo que cualquiera de las colinas y montañas circundantes. (Horeb significa “desierto” o “desolación”)
De manera similar, Moshé se convirtió en Moshé, el Profeta del Altísimo porque Dios lo llamó, lo encontró y lo comisionó, no porque fuera más piadoso, más poderoso, más inteligente o más elocuente que otros hombres.
Con este relato descubrí que Dios está en lo ordinario,… ¡Él goza esconderse allí para ser hallado! Así mismo se me reveló que siempre los encuentros con Dios ocurren en lugares ordinarios. Lo diferente está en que cuando ese encuentro con Dios ocurre, lo ordinario se transforma inmediatamente en extraordinario y sobrenatural.
El muy común Monte Horeb se transformó en el extraordinario Monte Sinaí debido a que la presencia de Dios estaba allí. Así también, el Moshé muy común, un simple hebreo exiliado de Egipto, un pastor de ovejas perdido en el desierto, se transformó en Moshé, el Hombre de Dios, el mayor profeta de todos los tiempos porque se encontró con Dios. ¡El Eterno transformó al hombre común en algo extraordinario, y así continúa obrando hoy!
Estoy convencido que alguno de ustedes, a esta altura de la bitácora, se estará cuestionado: «¿Cómo podría Dios usarme para algo? No soy nadie en especial. Solo soy una persona normal con una vida normal.«
La mayoría de nosotros no nos consideramos personas extraordinarias. Probablemente, al igual que yo, tú te consideras una persona bastante corriente con una vida bastante común y ordinaria. Sin embargo, desde la perspectiva de Yahvéh, eso es perfecto. Tú eres la persona indicada para el cumplimiento de Su propósito eterno. Tú eres el alma perfecta con la que puede hacer cosas extraordinarias. ¡Él no busca profetas!; ¡Él solo busca personas normales que se desenvuelvan en circunstancias normales!
Lo que sí necesito que entiendas, es que cuando Moshé vio la zarza ardiendo, el relato destaca que él se desvió para investigar aquel fenómeno. Sólo entonces el Santo Bendito Sea se reveló a Moshé como el Dios de sus padres. Justamente allí está nuestro problema. Generalmente no nos tomamos el tiempo para desviarnos e investigar la Voz que se esconde en la zarza, es decir las Sagradas Escrituras.
Todos tenemos la intención de crecer espiritualmente. Todos imaginamos que un día, nos tomaremos un tiempo para estudiar, para crecer en Torah, para hacer un mitzváh (mandamiento) , para orar con regularidad. Pero no puedes llevarte las buenas intenciones a la tumba. Un rabino famoso dijo una vez:
“No te digas a ti mismo: ‘Cuando tenga más tiempo, estudiaré Torah. Quizás no tengas más tiempo ‘”
(m. Avot 2: 4)
Ante esto te propongo: ¡Dispónte a ejercer proactividad ante tu buena y correcta intención! ¡No digas, cuando tenga más tiempo, me desviaré, es posible que no tengas más tiempo!
El relato de Yehudáh y Tamar es una historia que a menudo se malinterpreta. Tamar se casa con el hijo mayor de Yehudáh, Er, quien deja de tener hijos y muere debido a sus pecados.
Yehudáh tiene su próximo hijo, Onán, que se casa con Tamar de acuerdo con los requisitos de yibum. Onán también evita concebir un hijo y muere.
Yehudáh no quiere que su último hijo muera, así que le pide a Tamar que espere hasta que él crezca. Tamar regresa a la casa de su padre, esperando.
El tiempo pasa y la esposa de Yehudáh fallece, pero aun así Yehudáh no le da el hijo que le queda a Tamar. A través de la astucia, Tamar se encuentra con Yehudáh y concibe con él. Ella toma como prenda tres de sus objetos personales.
Más tarde, cuando se supo que Tamar está embarazada, es condenada a muerte por su comportamiento inmoral. Al sacarla para quemarla, revela los tres objetos personales que tomó como garantía y declara que el dueño de estos objetos es el responsable. Yehudah admite que es él y Tamar es absuelta. Tamar da a luz a gemelos de los que descienden David y finalmente Mashiaj.
Hay muchas preguntas que surgen de esta cadena de eventos, aunque quizás la más desconcertante es, ¿quién fue esta mujer Tamar, que se convirtió en la madre de la dinastía davídica? ¿Por qué sucedió de esa manera?
Tamar descendía del hijo de Noé, Sem. Aunque la Torah no da el nombre de la esposa de Yehudáh, nos dice el nombre de Tamar ya que se distinguió por su propio valor personal.
A diferencia de quienes la rodeaban, llevaba una vida modesta y virtuosa. Tamar tenía un solo deseo: unirse a la sagrada familia de los Avot y tener hijos que serían parte de su nación.
Tamar era una mujer grande y justa que fue divinamente elegida para convertirse en la madre de la dinastía davídica, y ella deseaba apasionadamente cumplir esa misión. Cuando su matrimonio con Er no produjo hijos, ella no se rindió y se casó con su hermano, Onán. Cuando Onán también murió sin hijos, Tamar persistió en su búsqueda de tener hijos para sus difuntos maridos.
A veces, cuando existe un enorme potencial para un avance espiritual del bien, la mala inclinación ofrece una inmensa resistencia. Tamar se dio cuenta de que tenía que buscar medios poco convencionales, incluso desagradables (aunque halájicamente permisibles en ese momento), para atraer a Yehudáh y eludir los esfuerzos de la mala inclinación para sabotear el nacimiento de la dinastía davídica. Este era el plan del Eterno, porque quería que la dinastía viniera de Tamar a través de Yehudáh, que era más justo y puro que sus hijos (Sforno). Rashí explica que Tamar actuó por el bien del Cielo con intenciones puras.
Cuando el embarazo de Tamar se hizo evidente, fue condenada a muerte no por motivos legales, sino porque su comportamiento aparentemente relajado, como nuera de Yehudáh, era una afrenta a su condición de soberano de la tierra. Este juicio no se habría impuesto a un plebeyo (Ramban).
Tamar no lo acusó externamente, solo insinuó, para no avergonzar abiertamente a su suegro. Ella razonó que era mejor morir que exponer a Yehudah a la vergüenza pública. Esto indica además el carácter recto de Tamar y su completa fe en Hashem, a quien oró pidiendo un milagro.
¿Por qué Tamar esperó hasta el último momento, cuando la sacaron para ser ejecutada, para devolver las promesas de Yehudáh?
El sabio Elazar (Midrash; Sotah 10b) comenta que aquí también la mala inclinación hizo que ella olvidara dónde estaban los elementos para evitar que el futuro Mashiaj entrara en este mundo. Tamar suplicó la misericordia de YHVH con todo su corazón y justo cuando la llevaron a la ejecución, encontró los artículos de la promesa. Yehudáh admite su culpabilidad y responde «tzadkah mimeni – ella tiene razón, es mía». Rambam y Ramban dicen que Yehudáh gritó «¡Ella es más justa que yo!»
Aunque Tamar no nació en grandeza, reconoció la santidad y la alcanzó. Modesta y justa, Tamar persistió para lograr su santa misión. Ella era una mujer noble y desinteresada y conectada con Hashem en su emuná completa. No es de extrañar que Tamar mereciera ser la madre de la dinastía real davídica y de Mashiaj, nuestro futuro redentor.
Podemos alcanzar grandes alturas si lo anhelamos. Si perseveramos en nuestros esfuerzos de rectitud y tefilot sinceros, podemos dejar nuestra huella en la historia.
Cuando es necesario, el feto puede curar a su madre desde adentro. Las señales enviadas de la madre al embrión y del embrión a la madre, activan el proceso de curación natural, armonizan los otros sistemas de la madre.
Si aplicamos esta analogía a la sociedad, podemos hacer nuestra sociedad como un bebé en el útero de un sistema cada vez más elevado. Si nos unimos, enviaremos señales positivas a la naturaleza (nuestra “madre”), que procederá a enviar señales positivas en respuesta a la nuestra. Ese proceso tiene el poder de curar a la sociedad de todos sus males.
La Analogía de la «relación simbiótica» entre el feto y la madre es una enseñanza del Eterno para que nos animemos a comulgar con Él en un constante interacción que nos permita sentirnos dentro de Su Shekináh (Divinidad) hasta que nuestra intención y nuestra acción sea una perfecta emulación de Él.
Uno de los episodios más famosos de esta parashá es la destrucción de Sodoma. La ciudad de Sodoma no tiene parangón en su reputación de ser absolutamente malvada. Si bien esto es completamente cierto, parece simplista decir solamente que las personas de Sodoma eran sádicas y que sentían placer al dañar a otros. En lugar de eso, parece más lógico decir que su comportamiento emanaba de una ideología que los motivaba a actuar de esa manera. Para fomentar sus creencias, instituyeron un cuerpo de leyes que forzaba a la gente a adherirse a su cruel forma de vivir. ¿Cuál era la naturaleza de esta ideología?
Rav Itzjak Bérkovits explica que las personas de Sodoma creían que hacer jésed (bondad o benevolencia) con otra persona constituía un acto de crueldad. Al proveerle a alguien lo que necesita sin que se lo gane (meritocracia), se le estaría alentando a depender de los demás para obtener su sustento. Como esta persona siempre dependería de los demás, nunca podría ser un miembro independiente y productivo de la sociedad. Consecuentemente, instituyeron un grupo de leyes y castigos que evitaban que la jésed (bondad) destruyera la sociedad. Es más, sus castigos no eran formas arbitrarias de dañar a quienes osaran a ayudar a alguien, sino que representaban un entendimiento distorsionado de castigos medida por medida por el daño que percibían que el dador había infligido en la víctima con su jésed.
Por ejemplo, el Talmud en Sanedrín relata que cuando una niña trató de darle alimento a un pobre, la castigaron cubriéndola de miel para que las abejas comieran la miel y la picaran hasta que muriera (1). Aparentemente el mensaje que buscaban transmitir era que al hacer jésed (benevolencia) no estaba ayudando a la persona pobre, sino que la estaba destruyendo al hacerla débil y dependiente de los demás. Medida por medida, la castigaron cubriéndola con miel y obligándola a hacer jésed con las abejas, cuyo resultado fue la destrucción de la niña. Como ella había destruido con bondad, su castigo fue ser destruida por bondad (2).
El talmud continúa con otro castigo que recibió una persona por hacer jésed. Todo el que invitara a un extraño a una boda sería castigado siendo desnudado. ¿Cuál es la conexión entre el crimen y el castigo en este caso? Las personas de Sodoma creían que hacer jésed con alguien era desnudarlo de su dignidad, por haberlo convertido en un tomador. Medida por medida, le quitaban su dignidad quitándole sus ropas.
Pareciera que Dios castigó a Sodoma medida por medida por su cruel actitud hacia el jésed. Rashi nos dice que al principio comenzó a una lluvia suave caer sobre Sodoma, y que posteriormente se convirtió en fuego y sulfuro (3). La explicación simple de esto es que Dios les estaba dando una última oportunidad para arrepentirse. Sin embargo, en un nivel más profundo, estaban siendo castigados por medio de un acto de bondad que terminó siendo un acto de destrucción. Eso sintonizaba perfectamente con su lógica para castigar a otros: que el jésed es destructivo. Medida por medida, fueron castigados por algo que comenzó como jésed y terminó como destrucción.
La nación de Sodoma era tan malvada que pareciera difícil poder derivar alguna enseñanza que aplique a nuestras vidas diarias; es obvio que sus leyes eran extremadamente crueles y que su actitud era errónea. Sin embargo, en las décadas recientes, un aspecto de su filosofía encontró apoyo en el mundo: la idea de que ayudar a otro es dañarlo porque evita que se torne independiente. Esta actitud surgió como respuesta a la idea de los beneficios sociales, por medio de los cuales las personas sin empleo reciben un importante apoyo económico. Como resultado, muchas de esas personas pierden la motivación para buscar trabajo, eligiendo depender de los demás.
¿Cómo ve la Torah este aspecto de la perspectiva de Sodoma?
Aparentemente hay varios aspectos de la ley y perspectiva de la Torah que también enfatizan los beneficios de la independencia. El ejemplo más conocido de esto se encuentra en Proverbios: “Quien odie los regalos vivirá” (4), lo cual significa que la forma ideal de vivir es no apoyarse en regalos ni caridad. En esta misma línea, el Talmud dice que quien no tenga suficiente dinero para comprar algo extra para mejorar su shabat, debería tratar a su shabat como si fuera un día de semana y evitar pedirles dinero a los demás. Dada la gran importancia que tiene kavod shabat (honrar el Shabat) para la ley judía, es sorprendente que no apoyarse en los demás sea más importante que aceptar caridad para honrar Shabat (5). Basado en estos conceptos y leyes, ¿qué opina la Torah de la idea de que el jésed debilita a las personas?
La respuesta es que esas fuentes de Torah se enfocan en la manera en que cada individuo debería enfrentar su situación personal. Toda persona debería hacer su mejor esfuerzo para ser autosuficiente y que su sustento no dependa de los demás (6). Sin embargo, esta actitud se limita a la manera en que uno se ve a sí mismo; la forma en que debería ver a los demás es muy diferente: respecto a las necesidades de otras personas, deberíamos evitar toda clase de juicio sobre la razón por la que son necesitados y enfocarnos en cómo podemos ayudarlos.
A pesar de este énfasis en ayudar a quienes no pueden ayudarse a sí mismos, es muy importante notar que dado que la independencia es un importante valor para Israel, la manera óptima de ayudar a una persona es darle los medios para ser independiente, para que en el largo plazo no dependa de los demás. De hecho, el Rambam escribe que brindarle a alguien la posibilidad de encontrar trabajo para que sea independiente es la forma más elevada de caridad (7).
Sin embargo, hay muchas situaciones desafortunadas en las que las personas son incapaces de sustentarse, y en dichas instancias nos es comandado hacer lo mejor que podamos para ayudar.
El error que de la gente de Sodoma fue asumir que todos podrían tener éxito si tan sólo se esforzaran. No es cierto; muchas personas están dispuestas a intentar ser independientes, pero circunstancias externas se lo imposibilitan. Las personas de Sodoma nos enseñan la actitud equivocada hacia el jésed.
2. Ver Lev Shalom (basado en shiurim de Rav Shalom Shwadron zt»l), Parashat Vaierá, quien ofrece otra explicación para el significado de su castigo.
3. Rashi, Vaierá 19:24.
4. Mishlé 15:27.
5. Pesajim 112b, 113a. Esta ley es mencionada en el Shulján Aruj, Óraj Jaim 242:1.
6. La pregunta sobre estudiar Torah jornada completa y por hacerlo necesitar una ayuda económica externa es un tema que no está relacionado con este artículo (ver Biur Halajá en simán 231, dh: bejol derajeja daheu, para una descripción básica del enfoque de la Torah a esta pregunta).
7. Rambam, Hiljot Matenat Aniim 10:7.
Acerca del Autor:
Rav Yehonatan Gefen es un alumno del Rabino Itzjak Berkovits y miembro del Jerusalem Kollel. Rav Gefen ha pasado más de 12 años de intenso estudio de la Torah y del Talmud en Aish HaTorah y el Jerusalem Kollel, y tiene un título en historia y política de la Universidad de Birmingham, Reino Unido. Rav Gefen ha escrito numerosos artículos para Hamodia y otras publicaciones. Sus artículos inspiran a la gente de todo el espectro de la observancia judía a vivir con la vitalidad y la belleza de la Torah.
«Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.
«Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.
(Génesis 12: 10 -13)
Si vemos el relato de Bereshit 12, donde el patriarca le dice a su esposa Sara (en ese momento Sarai) que se haga pasar por su hermana. Esto, dado que la matriarca era una “mujer muy hermosa” y que a causa de ello lo matarían en Egipto; en cambio, si decía que eran hermanos a él le iría bien.
Si lo leemos en los términos literales y lineales propios de una mentalidad grecorromana occidental del siglo XXI, se podría pensar que Abram (antes de que el Eterno le cambiara el nombre), actuó como un inescrupuloso utilitarista que no tuvo reparos en entregar a su propia esposa a cambio de seguridad y bienes materiales.
Sin embargo, la versión Torat Emet (traducida: verdad absoluta) explica que el patriarca no miró con ojos meramente naturales, sino que proféticamente vio lo que ocurriría con sus descendientes. Ellos serían esclavos en Mitzrayim pero saldrían repletos de las riquezas.
Abram confió en que YHVH proveería salvación para su casa, que le daría de alguna u otra manera escapatoria para salir airoso de la tierra de la “estrechez”; y así fue. El Eterno castigó con una plaga al faraón y éste no pudo acostarse con Sarai, percibiendo que esto era un juicio divino por querer tomar a la esposa del patriarca, expulsó al matrimonio de su reino repleto de ganado y esclavos.
¿Por qué sería tan importante sentar ese precedente profético como para arriesgar la integridad de su esposa y el cumplimiento mismo de la promesa celestial de descendencia?.
Si analizamos la historia relatada en Shemot (Éxodo), el oro y demás tesoros dados por los egipcios a Israel al momento de su salida de la esclavitud fue utilizado para la construcción del mishkan.
Ese tabernáculo fue un centro espiritual que permitió el inicio del cumplimiento del Proyecto mesiánico Emanuel, es decir, Dios habitando en medio de su pueblo. Esto, permitiría la progresión de los tiempos del Eterno hasta la plena manifestación física de la promesa mesiánica: Yeshúa el Mesías, por medio de quien llegó la posibilidad de salvación para toda la humanidad (Jn.3:16-17).
Sarai, por su parte, fue llamada “hermosa”. Esta palabra es en hebreo “yafé”, cuyo valor gemátrico es 95. Según Bill Heindrick, una de las frases que tienen ese mismo valor es “Dios es juez”. Según la Torat Emet, la mujer le dijo al ángel (de YHVH) que castigara al faraón y éste lo hizo con una enfermad epidérmica que le impidió cohabitar con ella.
Por ende, esta mujer no era tan sólo la esposa de un hombre de fe, sino alguien con una fuerte conexión espiritual con los Cielos que supo confiar en la justicia de su Dios y reclamarla a su favor.
En conclusión: lejos de ser un acto de cobardía machista, los hechos relatados en este pasaje demuestran la importancia de tener una cosmovisión y fe hebrea (del otro lado) al leer las Sagradas Escrituras. No fue un acto de incredulidad el de Abram, sino por el contrario, una declaración profética de hechos futuros que serían de bendición para todos los seres humanos, tal como el Eterno se lo prometió en Bereshit 12:3:
Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!
“ Pero engordó Jesurún, y dio coces (tanto engordó que brillaba de obeso), y abandonó a Dios, su creador; despreció a su protector y salvador.…”
(Deuteronomio, 32:15 – DHH)
¿Por qué engordar, es decir, tener éxito económico, lleva a abandonar a Dios?
La respuesta yace en un principio fundamental de la naturaleza humana. Este principio establece que el “ego” y el “éxito” van de la mano. Cuando una persona tiene cualquier tipo de éxito, eso puede causar que su ego se infle instantáneamente y lo lleve a desenfocarse del propósito eterno de Dios.
Analicemos un ciclo típico. Si una persona está atravesando una mala etapa y cree en Dios, entonces esta persona presentará oraciones para que Dios mejore las cosas. Cuando Dios escuche su pedido y de vuelta las cosas, esta persona ciertamente se sentirá conectada y demostrará su apreciación hacia Dios.
Ahora bien, una vez que la persona ha tenido éxito en un área particular de su vida, la “Ley de Atracción” entra en escena. Esta “Ley”, en palabras simples, es que uno siempre atrae más de lo que ya tiene. Por lo tanto, cuando la persona tiene éxito en algo, eso atraerá inevitablemente más éxito. “El éxito engendra más éxito”. Esta “Ley” opera en numerosas áreas de tu vida.
Y cuando la “Ley de Atracción”entra en juego, ocurre algo fascinante: el ego de la persona entra en acción. Cuando el éxito inicial que Dios le da a una persona atrae más éxito, esta persona tiene la tendencia natural a sentir que fue ella, y no Dios, quien logró este éxito extra. Entonces, lo que la persona piensa, ya sea de manera consciente o subconsciente, es que si bien Dios ayudó en el comienzo, fue ella quien tomó el control desde ahí y sacó provecho de ese éxito inicial.
Y si bien esto puede ser verdad, hay un elemento crucial que se está dejando de lado. Sí, es cierto, trabajaste duro y aprovechaste las oportunidades que se presentaron, pero fue Dios quien permitió que este éxito llegara a ti.
Esto último es totalmente en contra de nuestro instinto y es exactamente lo que Dios nos está advirtiendo. La mayoría de las personas pueden ver la mano de Dios cuando ocurre un cambio repentino y tienen éxito. Pero cuando se acostumbran a este éxito y lo llevan a niveles más altos, piensan que fueron sus esfuerzos los que provocaron estos resultados.
Si bien la persona puede poner esfuerzo, sólo depende de la voluntad de Dios si tendrá éxito o no. (Una persona de consciencia más elevada lleva esto a un nivel más allá y entiende que incluso su propio esfuerzo fue posible sólo porque Dios le dio el ímpetu, la fuerza y la capacidad de hacer este esfuerzo).
Cuando vives con la verdad de que Dios controla todo, esto se transforma en algo increíblemente liberador. Ya que entiendes que si pones el esfuerzo y no obtienes el «éxito» que esperas, es sólo porque Dios sabe que en este preciso momento eso es exactamente lo que necesitas.
Así como no te lamentas por el color de tus ojos, por la hora de la puesta de sol, o por la temperatura del Océano Atlántico, así mismo, no debes lamentarte si no tienes éxito. Tan sólo pon tu esfuerzo y luego acepta lo que Dios considere mejor. (De esta manera, las personas que viven con esta realidad saben lo tonto que es mentir, engañar o robar en los negocios).
Dios quiere que tengas éxito y quiere que utilices tu talento y tu inteligencia para que seas aún más exitoso. Y así mismo, Él no quiere que mires hacia atrás y te arrepientas de haber engordado y de haberlo abandonado. Aprovecha estos diez días de Teshuváh (regreso o conversión) hacia Yom Kippur, y reconoce que sabes Quién es el que realmente firma tus cheques cada mes; y acuérdate que: ¡Él quiere escribir un gran monto en esos cheques a favor de tus sueños!
En el tiempo que venimos investigando los fundamentos mesiánicos de las Festividades del Eterno, hemos aprendido con respecto a la Fiesta de las Trompetas o, mejor llamada, Yom Teruah, que ella anuncia la intervención del Eterno en los asuntos de la humanidad a escala mundial. Yom Teruah representa un momento absolutamente decisivo en la historia del mundo, en el que el Creador se hará presente en la historia a usando eventos naturales para llevar a las naciones al sometiendo a Su Majestad representada en el Mesías o Cristo (Ungido).
Hemos aprendido que esta fiesta, que se celebra el primer día del séptimo mes del calendario hebreo (Tishrei), también da principio a la tercera temporada de fiestas (ver Ex. 23:14; Deut. 16:16), en la cual se incluyen las últimas cuatro fiestas del año (Yom Teruah, Yom Kippur y Sukot).
Pero también sabemos que “Teruah” puede indicar varios métodos de fuerte ruido desde clamor de un colectivo en oración, hasta el dar grandes voces de júbilo en alabanza, tocando címbalos resonantes, hasta hacer sonar las Trompetas de Plata que la Torah ordena. Es que la Fiesta de las Trompetas representa, en su sentido profético y mesiánico, el retorno del Mesías a la tierra para establecer el Reino de Dios en la Tierra.
Casi al final del ministerio físico de Yeshúa HaMashíaj, sus discípulos, los apóstoles, le preguntaron acerca de los tiempos del fin. Leamos el relato del Evangelio:
«Estando él sentado en el Monte de los Olivos, sus discípulos se le acercaron reservadamente, y le dijeron: “Dinos, ¿cuándo sucederán esas cosas? ¿Y qué señal habrá de tu venida y del fin del mundo?”. (Mateo 24:3 – VIN)
Estos varones, como buenos judíos, conocían que siglos antes, el profeta Daniel había dejado un oráculo acerca del establecimiento del Reino del Eterno y de cómo los santos (el pueblo de Israel) lo heredarán:
«Y en los días de esos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido, ni será dejado a otro pueblo. Este desmenuzará y acabará con todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre.« Daniel 2:44
«Pero los santos del Altísimo tomarán el reino y lo poseerán por los siglos y por los siglos de los siglos.« Daniel 7:18
Los apóstoles, no entendían cuándo habría de venir el Malkut Elohim (Reino de Dios), por lo cual Yeshúa comenzó a explicarles los acontecimientos que conducirían a su retorno como Hijo de David. Así fue como el Maestro les explicó una profecía que había sido «cerrada y sellada» desde los días de Daniel
Y él dijo: ‘Anda, Daniel; estas cosas están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin,… (Dan. 12:9 – VIN)
Esta profecía señalaba, entre otras cosas, a «la abominación desoladora» :
«Entonces se levantarán tropas de su parte y contaminarán el santuario, la fortaleza. Quitarán el sacrificio regular, y pondrán la abominación desoladora.»
Daniel 11:31 (VIN)
En el capítulo 24 del Evangelio de Mateo, encontramos que Yeshúa habló a sus discípulos sobre falsos paradigmas del Mesías que aparecerían por la proclamación de falsos profetas (anunciando así la aparición de la religión que se llamaría cristianismo).
Así mismo, dio oráculos sobre guerras, hambres, epidemias, terremotos y otras desgracias como señales previas a su Segunda Venida (vv. 4-13).
De este modo el Maestro describió el tiempo de su regreso como una época que se caracterizaría por el aumento del odio y la injusticia entre los hombres. Pero lo que más impacta acerca de todas estas señales antes del fin es que sólo serían el «principio de dolores» (v. 8).
Él está diciendo a todos los que aprendemos de Su Yugo, que cuando veamos el cumplimiento de todas esas señales, simplemente no sería todavía el fin, sino sólo el comienzo del final de la humanidad rebelde y sus sistema materialista sobre la Tierra.
¡Las señales de su retorno son el principio de dolores! Ésta última frase se refiere a lo que ocurre a las mujeres embarazadas que clínicamente se conoce como “trabajo de parto” o las dolorosas contracciones que preparan el nacimiento de sus hijos. No es el parto propiamente, sino el anuncio de que pronto nacerá un nuevo ser.
Así pues, Yeshúa está señalando que los sucesos que ocurrirán antes de Su Segunda Venida, serán plenamente identificables para que comience a suceder un acontecimiento anhelado: la manifestación de los hijos primogénitos del Eterno. El dolor y sufrimiento que deparan a esta humanidad es de proporciones verdaderamente inimaginables porque la maldad del hombre creceré a niveles terroríficos.
En el plano natural, entre que comienzan los “dolores de parto” de una madre y nace el ser humano, hay un tiempo a veces corto a veces largo, pero para quien los padece parecen interminables por el dolor que se sufre. De idéntica manera entre el principio de dolores y el regreso del Mesías pasará un tiempo que parecerá inacabable por la tribulación que se vivirá.
Yeshúa dio este discurso a sus seguidores para prepararlos y evitar que las señales los tomará por sorpresa. Los creyentes deben estar conscientes de que la maldad de la humanidad irá creciendo hasta hacer insostenible la vida en el planeta. Nada de que sorprendernos, así fue en los días de Noé, antes del Mabul (diluvio).
Sin embargo, luego de aclarar esto de los «principios de dolores«, nuestro Dueño y Maestro dio el oráculo mesiánico clave de los últimos días:
«Y esta buena nueva del reino se proclamará en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones, y luego vendrá el fin.» (v. 14).
Esta es en sí la señal de la Nueva Humanidad. La señal de la manifestación de los hijos de Dios. En pocas palabras, el llamado y la respuesta de todos aquellos descendientes de las 10 tribus perdidas, saliendo de la Gran Ramera y subiendo al diseño del Monte Santo…
Con esta señal en mente, el Maestro y Señor de nuestra fe ofreció el panorama que seguirá luego de que el remanente de Israel regresara a las sendas antiguas de la emunah (Fe). Yeshúa les habló de la persecución que sufrirían durante «laGran Tribulación»
«… porque habrá entonces una gran tribulación como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás.« (Mateo 24:21)
Esta gran tribulación sería la antesala a su regreso con poder y gran gloria.
“Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su luz. Las estrellas caerán del cielo y los poderes del cielo se conmoverán. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo, y en ese tiempo se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran majestad.« (Mateo 24: 29-30)
Inmediatamente, el discurso de Yeshúa asegura que su regreso estaría acompañado de un «gran toque de trompeta»[teruah]
«Él enviará a sus mensajeros con un gran toque de trompetapara reunir a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.« (Mateo 24:31)
Se puede ver aquí que con el gran toque de trompeta se enviará a los mensajeros para reunir a los escogidos, este es el evento mejor conocido como «el arrebatamiento», lo cual es también, una figura simbólica de la «Boda del Mesías con su Asamblea», conocida como las «bodas del Cordero», ya que en las Escrituras a Yeshúa se le simboliza como “El Novio o Esposo” y a la Asamblea como “La Novia «o «Esposa” (Mateo 25).
«Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su novia se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, resplandeciente y limpio”. Porque el lino fino representa los actos justos de los santos. El mensajero me dijo: “Escribe: Felices los invitados a la cena de las bodas del Cordero”. Me dijo además: “Estas son palabras verdaderas de Elohim”. (Revelación 19:7-9)
Ahora bien, comprendiendo todos estos lineamientos proféticos, queda decir que existe una conexión adicional de todo esto con la Fiesta de las Trompetas o Yom Teruah. Para entenderlo mejor veamos estos textos:
«Así que manténganse alerta, porque ustedes no saben ni el día ni la hora.« Mateo 25:13
“Pero en cuanto al día y la hora, nadie sabe; ni siquiera los mensajeros del cielo, ni aun el Hijo, sino sólo el Padre.« Mateo 24:36
En la tradición de los Sabios de Israel, el día de Yom Teruah es conocido también como Yom Hakeseh (“el día y la hora que nadie sabe”).
El Yom Hakeseh dentro de la cultura hebrea es conocido como el día y la hora que nadie sabe. La razón se debe a que el año nuevo comienza cuando dos testigos ven la primera porción de la luna creciente luego de la luna nueva y la reportan a la cámara del Sanedrín. Es muy difícil observar la luna nueva porque solo puede ser vista al ponerse el sol, ver la fina franja de luz de la luna creciente que está cercana al sol es casi imposible de distinguir. Esta incertidumbre puede durar entre uno a dos días, específicamente entre los días 28 y 30 del mes de Elul (antes de Tishrei), es decir; “El día escondido” donde nuestro Señor se manifestara como ladrón en la noche a la hora que nadie sabe.
Yom HaKeseh («El Día para Esconderse» o el «Día Escondido») contiene la palabra keseh que se deriva de la raíz hebrea kacah, que significa «esconder o cubrir«. Durante el mes de Elul todos los días, se toca una trompeta para advertir al pueblo que se vuelva al Eterno; esto es, todos los días excepto el día 30 de Elul, el día anterior a Yom Teruah. En ese día no se toca la trompeta y permanece en silencio.
En parte esto se debe a que mucho de lo que sucede durante Yom Teruah está encubierto y lleno de misterio. El aspecto místico de Yom Teruah aparece en las Escrituras:
«Tocad la trompeta en la nueva luna, en el día señalado, en el día de nuestra fiesta solemne« (Salmo [Tehillim] 81:3).
Por ende Yom Teruah es llamado tambien Yom HaKeseh, o el Día Escondido, ya que en este día era un misterio para los sacerdotes del templo distinguir la luna nueva en el séptimo mes hebreo. Otras de las implicaciones que tiene el Yom hakeseh es el Día del Juicio, este día era conocido como: «el día y hora que nadie sabe, excepto el Padre«.
Dado que se consideraba que Yom Teruah era un día escondido, las palabras de Yeshúa de hecho se refieren a este día. Por lo tanto, esa frase más bien debe servir como prueba que Él estaba hablando de Yom Teruah, ya que es el único día del año que se consideraba como escondido o del que ninguna persona sabía.
De manera que, tanto los apóstoles como todos los creyentes del primer siglo entendieron que el Maestro estaba entregándoles claramente el por qué celebrar el Yom Teruah. ¡Esta celebración fortalece la esperanza que nos mantiene a la expectativa de su venida»
Sabemos que el libro de Apocalipsis (o Revelación) es justamente «la revelación de Yeshúa el Mesías, que el Eterno le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto» (Revelación 1:1). En este libro el Mesías repite, por medio del apóstol Juan, los mismos acontecimientos de que les había hablado a sus discípulos unos decenios antes. Sin embargo, en esta ocasión utilizó el simbolismo de una serie de sellos que él iría abriendo uno por uno (cap. 6)y al llegar al séptimo sello relata siete plagas que serán derramadas sobre este mundo lleno de pecado. Cada una de ellas será anunciada con un toque de trompeta (cap. 8 al 11).
Lo cierto es que al tocar el ángel la séptima trompeta (shofar), el Mesías retornará para tomar las riendas del gobierno del mundo entero. Por eso, para los creyentes en Yeshúa HaMashiaj, Yom Teruah es la última trompeta:
«El séptimo mensajero tocó la trompeta. Y en el cielo se oyeron grandes voces que decían: “El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Soberano y de su Mashíaj. El reinará por siglos y siglos” (Revelación 11:15)
También sabemos que Teruah también significa un “sonido para despertar”, por eso el tema de esta festividad es despertar del sueño reptiliano materialista. Fue también el tema con que Pablo nos alertó acerca de este día glorioso.
«Por eso dice: “¡Despiértate, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará el Ungido!” Efesios 5:14
«Porque el Maestro mismo descenderá del cielo con aclamación, con voz de príncipe de los mensajeros, y con trompeta poderosa; y los muertos en el Mashíaj resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos y hayamos quedado, seremosarrebatados juntamente con ellos en las nubes, para salir al encuentro del Maestro en el aire; y así, siempre estaremos con el Maestro.« (1Tesalonicenses 4:16-17)
Por último, tenemos que recordar que Yom Teruah (La Fiesta de las Trompetas) señala también la resurrección de los muertos en el Ungido. Notemos estas palabras del apóstol Pablo:
«Por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adam todos mueren, también en el Mesías todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: El Mesías, las primicias; luego los que son del Mesías, en su venida» (1 Corintios 15:21-23)
«Miren, les digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final. Porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán sin corrupción; y nosotros seremos transformados.« 1Corintios 15:51-52
El Mesías retornará para establecer el gobierno perfecto de Yahvéh en la Tierra. Este es el maravilloso significado de la Fiesta de las Trompetas. ¡Yeshúa el Mesías nos enseñó a que oráramos: «Venga tu reino» (Mateo 6:10)!… ¡Y nosotros así hoy rezamos fervientes!… Además nos unimos al Espíritu de la Profecía como Novia y gemimos con suspiros de amor diciendo: ¡VEN!
«Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.»
“…Y el Eterno te ha ensalzado hoy para que seas para El su pueblo preciado como te lo ha hablado, y para que observes todos sus preceptos,…”
Devarim/Deuteronomio 26:18
¿Qué significa que el Creador haya apartado al pueblo de Israel como Su “am segulah,” es decir: “Su pueblo preciado”?
El sabio exégeta Rashí explica:
«Segulah significa un tesoro preciado….receptáculos de lujo y piedras preciosas, que los reyes guardan. Asimismo, seréis para Mí un tesoro especial sobre todos los pueblos.” (en Shemos 19:5)
La comparación del pueblo hebreo con los tesoros que el rey guarda es precisa.
El significado de estos tesoros preciosos se encuentra precisamente en el hecho que están guardados, y no están destinados para usarse.
Estos “receptáculos de lujo y piedras preciosas” no financian las agendas nacionales ni las campañas militares, ni agregan belleza a su corona ni a su palacio. Son acumulados y ahorrados para ningún otro propósito que su misma existencia, para pertenecer al rey y que se deleite en ellos. De hecho, la posesión del rey de tales tesoros nacionales, amasados simplemente en aras del placer que obtiene de ser su dueño, es parte de lo que lo hace un rey —contribuye a su sentido personal de reinado y eminencia.
Este es el significado de por qué el Eterno apartó al pueblo de Israel como su “pueblo preciado”, queriendo decir que su valor trasciende incluso el “propósito” que sirven.
Ciertamente, a través de observar los mandamientos del Creador, el pueblo escogido revela el reino del Eterno a lo largo del mundo, por tanto expandiendo su “reinado”.
La identidad esencial de un redimido, sin embargo, no es el propósito que sirve, sino el deleite que su mera existencia le trae al Creador. Como los tesoros ocultos de un rey, la mera existencia de un miembro de Israel es una fuente de deleite para el Eterno, incluso antes de cumplir lo que el Eterno le demanda.
Los Israelitas atacaron a Midián y mataron a todos los varones adultos. Moshé ordenó a los soldados librarse de la impureza ritual que habían contraído en el contacto con cadáveres humanos. Eleazar —sobrino de Moshé consagrado como Sumo Sacerdote tras la reciente muerte de su padre, Aharón— ordenó a los soldados purgar los cubiertos y utensilios de cocina que habían conquistado en batalla.
«Dijo Eleazar el sacerdote a los soldados que regresaron de la batalla…» Números 31:21
La impureza ritual es una condición espiritual que rodea al objeto, mientras que los alimentos prohibidos penetran en él. Resulta, entonces, que el recipiente que haya absorbido alimentos prohibidos debe purgarse sumergiéndolo en agua hirviente o calentándolo hasta volverlo candente, mientras que un recipiente que se haya vuelto ritualmente impuro debe sumergirse en una pileta ritual (mikve), cuyas aguas rodean al recipiente solo por fuera.
Moshé veía la realidad desde la superior perspectiva divina. Él sentía que un cambio general en la actitud de una persona afectaría la totalidad de los aspectos de su vida, incluyendo los detalles más pequeños, por lo que bastaría con eliminar la impureza ritual. Eleazar, sin embargo, había heredado la perspectiva de su padre, Aharón. Mirando la realidad desde una perspectiva terrenal, él sabía que los cambios generales y comprensivos no bastan; también debemos trabajar en los detalles.
De manera análoga, nuestro Moshé interior puede llegar a decirnos que para enmendar el pasado alcanza con adoptar resoluciones generales. Debemos asegurarnos de escuchar también a nuestro Aharón o Eleazar interiores con el fin de adoptar todos los pasos requeridos para depurar la paralizante negatividad.
Extraído de la edición española de Sabiduría diaria, producido por Jabad y publicado por Kehot . Adaptado por el rabino Moshe Wisnefsky y traducido por el Rabino Eliezer Shemtov.
«Y en efecto, Elokim se presentó por la noche a Bilam, diciéndole: “Si esos hombres vinieron a buscarte, levántate y anda con ellos. Pero deberás hacer sólo lo que Yo te diga.
Bamidbar/Números 22:20
«VE, …ANDA CON ELLOS…», sí…, aunque parezca increíble, estas son las palabras con las que le respondió el Eterno a Bilam cuando este volvió a consultarlo por la oferta que traían los ancianos del rey Balak… Pero, ¿por qué el HaKadosh Baruj Hu (Santo y Bendito Sea) se digna a presentar ante un ser de oscuridad?
El Eterno tenía un propósito para los enemigos de Israel, y Bilam sería uno de los hilos que se moverían para el cumplimiento de lo designios divinos para la manifestación gloriosa de Israel.
Según el Talmud, Bilam era un profeta destinado por el Eterno para las naciones. Los distintos midrashim (enseñanzas) de este pasaje coinciden en en decir que el Altísimo no quería que las naciones se quejasen diciendo: «…Si tuviéramos un profeta como Moshé para encaminamos, también nosotros seríamos igual al pueblo de Israel”. Por eso, fue el mismo Dios arregló que los gentiles tuvieran a “Bilam rabeinu”, tal como Él proveyó a Israel de un Moshé Rabeinu.
Así pues, vemos que Bilam consultó a Yahvéh por primera vez para saber si debería o no maldecir a Israel, y el Eterno le respondió: «…No maldecirás al pueblo» (v. 12). Sin embargo, el Eterno sabía que el deseo de Bilam era maldecir a Israel a fin de obtener grandes ganancias monetarias como pago. Por eso, Bilam volvió a consultarlo (v. 19).
Entonces Yahvéh le responde: «Ve, anda con ellos«, como diciéndole: «Haz lo que quieras«. Este hecho nos da a comprender que el Eterno esclarece la mente del ser humano que acude a Él en consulta, pero cuando el alma consultante se obstina en hacer su propio deseo, más allá de la Intención divina que le es revelada, Yahvéh no lo detiene, sino que le deja ir por la senda equivocada que ha escogido.
El Midrash Hagadol, cita a Mishnat Rabí Eliézer (cap 10), señalando:
«…Dios suele encumbrar a los enemigos de Israel antes de destruirlos. Bilam merecía ser castigado por su gran deseo de maldecir a toda una nación que no había hecho nada contra él, por lo cual Dios lo dejó pensar que se le permitiría ir siempre y cuando Balak le diese suficiente dinero y honores…».
De esta historia, los sabios sacan la enseñanza de que por el camino que el ser humano desee obsesivamente ir, será guiado, dando igual que dicha senda sea buena o mala. Esto es porque no hay nada que se oponga a la voluntad humana, ni el Creador mismo.
Entonces, podemos decir que el Eterno no cambio Su voluntad. Él había claramente declarado Su voluntad, y Bilam la había rechazado decisivamente. Ahora Elokim preparo a Bilam para el juicio que él mismo estaba escogiendo y revelar así la maldad que residía y motivaba el corazón de Bilam.
Amados, sabemos que en ocasiones, el Eterno dice “NO” a las oraciones de los que integramos Su pueblo, porque Él nos ama. Pero también, algunas veces Dios dice “SÍ” a los deseos de los obstinados en practicar la impiedad, porque Él va a juzgarlos y revelará así lo maravilloso de Su Gracia.
Cuando pecamos, cuando elegimos alejarnos de Dios, nuestra elección siempre tiene consecuencias muy reales e inevitables. Cambia y distorsiona la realidad, tanto en nuestro interior como en nuestro exterior (a menudo en ambas), aunque estos cambios no siempre son visibles como en nuestra historia de la Torah. Después, cuando las consecuencias de nuestro pecado inevitablemente empiezan a ‘mordernos’, comenzamos a clamar al Señor, pidiendo que nos salve (que elimine las serpientes, que aparte las consecuencias). Sin embargo, incluso el Eterno mismo, no restaura simplemente las cosas como si nuestras elecciones pecaminosas nunca hubiesen acontecido; incluso Él mismo simplemente no borra nuestro pecado o el mal que causó.
“… Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él..…
(Juan 3:14-17)
Las palabras que presiden esta bitácora pertenecen a mi Maestro: Yeshúa. Él estaba conversando con un experto en códigos hebreos de la Torah: Nicodemo. Éste había venido a Yeshúa de noche a fin de preguntarle acerca del Reino de Dios y la redención final. Entre las cosas a las que se refirió Yeshúa en esta charla, el Evangelio de Juan nos revela que el Maestro citó el pasaje en el cual Moisés había levantado la serpiente en el desierto:
«Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Yahvéh envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Yahvéh, y contra ti; ruega a Yahvéh que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Yahvéh dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.»
(Números 21:5-9 RV60)
El Maestro enseñó que el poder de la serpiente de bronce anticipaba Su muerte expiatoria, señalando proféticamente que Él sería levantado en una cruz a fin de dar vida a todos los que miran a Él. Así lo indicó Yeshúa mismo a Nicodemo en ese diálogo que tuvieron según el pasaje del Evangelio de Juan.
¿Por qué y Para qué una Serpiente de Bronce?
La serpiente debía ser de bronce, ya que este material, por efecto del sol, era fulgurante y por lo tanto, dada la altura del mástil, cada individuo del extenso campamento de Israel podría ver su brillo desde el lugar en que estaba.
La serpiente del desierto era una herramienta cósmica que permitía una perfecta conexión entre el Eterno y su pueblo Israel para otorgarles salud redentora.
Los invito a que volvamos al cuarto evangelio, y que leamos lo que dice Yeshúa al respecto:
“…Y como Moshé levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Ben Adam sea levantado, para que todo el que creyendo en él ponga por obra sus dichos, tenga vida eterna.…”
[Juan/Yohanán 3:14-15, – Código Real del NT-].
Para comprender lo que nuestro Dueño y Maestro quería decirle a Nicodemo necesito invitarlos a considerar con mucha atención los siguientes detalles guemátricos.
En hebreo, serpiente se dice נחש (najash), cuya guematría es:
(נ) Nun=50; (ח) Jet=8, y (ש) Shin=300, es decir que su sumatoria da un total de 358.
Es interesante saber que 358 es la misma numeración contiene el vocablo hebreo “Mashiaj” (מָשִׁי חַ ) cuyos signos son:
(מ) Mem=40; (ש) Shin=300; (י) Yiud=10; y (ח) Jet=8. Total de 358.
¿Qué significa esto?
Que la imagen de una serpiente sobre un mástil que los Benei Israel (Hijos de Israel) vieron, era la imagen misma del Mashiaj alzada en la cruz. Es decir, que el espíritu del Mashiaj fue en realidad el espíritu sanador de los israelitas en el desierto. De ese modo, ayudados por Mashiaj, pudieron entrar a la Tierra Prometida.
En este contexto, el Mashíaj alzado en el monte del Gólgota, otorga salvación a todo aquel que le recibe como emisario (apóstol) de Dios. De las enseñanzas de los sabios Maharal de Praga y el Bnei Yisajar visualizamos otra perspectiva de este mismo punto:
«…Una persona está compuesta de tres elementos: el cuerpo, el Alma y el Intelecto (…) Es importante señalar que Najash y Mashíaj poseen la misma guematría, significando que la victoria del Mashíaj no es evitar el uso del cuerpo, alma e intelecto. Al contrario, cada uno de estos tiene su lugar en el servicio a Dios. Necesitamos servir a HaShem con un cuerpo saludable. Nuestras emociones y nuestros deseos pueden usarse para actos de santidad. Y claro, el intelecto –sobre todo los adelantos de ciencia, tecnología y comunicación–, nos refuerzan como individuos y permiten hacer llegar a las masas el conocimiento espiritual que era hasta ahora inalcanzable. Como estamos frente al advenimiento de Mashíaj, las herramientas del najash: cuerpo, alma e intelecto –cada uno de los cuales podría parecer estar contra la santidad–, deben transformarse en los instrumentos para servir bien a Dios…».
Ahora bien, es muy importante señalar aquí que el Eterno nunca mandó rendir culto a la serpiente ni postrarse ante ella; sólo ordenó mirarla como un acto de obediencia. Está especificado en el TaNaK que, cientos de años después, la figura de la serpiente fue destruida porque el pueblo estaba idolatrándola, corrompiendo su original significado, desencaminándose de su emunáh (fe) en el Eterno. Leamos el siguiente relato histórico.
“Y aconteció que en el año tercero de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías, hijo de Acaz, rey de Judá. Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre era Abi, hija de Zacarías. Él hizo lo recto ante los ojos del Eterno, conforme a todo lo que su padre David había hecho. Quitó los lugares altos, derribó los pilares sagrados y cortó la Asera. También hizo pedazos la serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque hasta aquellos días los hijos de Israel le quemaban incienso; y la llamaban Nehustán. Confió en el Eterno, Dios de Israel; y después de él, no hubo ninguno como él entre todos los reyes de Judá, ni entre los que fueron antes de él, porque se apegó al Eterno; no se apartó de Él, sino que guardó los mandamientos que el Eterno había ordenado a Moisés.“
(2ª Reyes 18:1-6)
Lamentablemente así es, los hijos de Israel habían guardado la serpiente de bronce unos setecientos años hasta el tiempo del rey Jizkiyahu (Ezequías) que finalmente la destruyó por el mal uso que se le había dado. Este texto nos enseña que algo positivo, que fue dado por el Eterno para la bendición del pueblo, puede convertirse en un culto idolátrico y una maldición. De la misma manera en el mundo occidental cristiano, se ha convertido a la imagen de la muerte del Mesías, e incluso la misma cruz, en un objeto de culto, que se adora, se canta y se quema incienso y velas etc. Por ende, comprendemos por qué ese culto idolátrico a los crucifijos y a la cruz es una abominación para el Eterno y serán hechos pedazos cuando venga el Mesías Yeshúa de nuevo a la tierra.
Además, esto nos deja la evidencia de que cuando un redimido pierde su relación con el símbolo, se cae en idolatría, transformando al objeto en un vulgar ídolo, que a la final será destruido. Lamentablemente, el hombre caído puede tomar cualquier buena y gloriosa cosa de Dios y encontrar un uso idolatra para ello.
Por eso, lo que las Sagradas Escrituras quieren hacer ver con todo lo anterior, es que la idolatría, no esta referida solamente templos gigantescos, con grandes imágenes, y sacrificios humanos. Sino a un idolatra común, en el aislamiento de cada varón (o mujer) en la paz de su propio hogar. Con un trabajo, una familia, unos créditos por pagar, y en vez de mostrar fidelidad a Dios, él o ella la manifiestan hacia ídolos, con dos, tres o incluso varias docenas. De ese modo, sólo se acarrea muerte ontológica para sí y su familia, para terminar en una eterna condenación.
Por todo esto, aceptaremos que todo ser humano ha sido dañado por el veneno del pecado y está en el camino a la muerte y la destrucción. La única solución para su supervivencia es que se fije en un milagro y ponga su fe en el Eterno por medio de ese milagro.
Un Asta para Provocar el Milagro Divino.
Continuando con nuestra investigación de este misterio salvífico, resulta interesante saber que la palabra hebrea que ha sido traducida como “asta” o “poste”, es nes (–נס – c.f. Núm. 21: 9) puede también ser traducida como “milagro” y/o “señal”. Así pues, comprendemos mucho mejor el oráculo encerrado en aquella serpiente: la muerte de Yeshúa fue un milagro y una señal divina para la Salvación de todo ser humano.
La vara de Moshé era un símbolo del Mesías. Esta vara era el poder de Elohim para lograr la salvación para los israelitas. En muchos lugares de las Sagradas Escritura vemos que la vara es un símbolo del Mesías. Por ejemplo, el profeta Isaías anuncia:
” Y brotará un retoño (vara) del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto.” (Isaías 11:1)
“…sino que juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad por los afligidos de la tierra; herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío.” (Is. 11:4)
La vara es un instrumento de poder. Se nos dice en otro lugar que Mesías gobernará las naciones con vara de hierro. Él es la vara de la boca de Yahvéh, porque Él es llamado la Palabra de Dios, y una Palabra que sale de Su boca.
Por ello, durante su estadía en la Tierra, Yeshúa demostró gran poder durante Su ministerio, resucitó a los muertos, sanó a los enfermos, haciendo que los ciegos vieran, calmando la tormenta con tan solo una Palabra; y muchas otras exhibiciones increíbles de poder ocurrían sólo por Su Palabra. Sin embargo, Su mayor acto, y el que aplastó la cabeza de HaSatán, fue cuando dio Su cuerpo para que fuera crucificado y cargó sobre sí todos los pecados del mundo.
“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.” ( 2 Corintios 5:21)
Yeshúa se hizo pecado. Se convirtió en (semejante a) la Serpiente. Él nació en semejanza de carne de pecado (Romanos 8:3), pero se hizo pecado para deshacer las obras del HaSat´n y poner a los hombres libres de la maldición. El Mesías estuvo en el lugar del hombre. Se convirtió en una maldición para que los hombres pudieran ser liberados de la maldición. Como está escrito:
“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO).” ( Gálatas 3:13)
Entonces, aceptemos que una serpiente de bronce sí habla del mal; pero el mal habiendo sido ya tratado y juzgado. Es decir que, Yeshúa que no conocía pecado, se volvió pecado por nosotros en la cruz, y nuestro pecado fue tratado y juzgado en Yeshúa.
La serpiente en el poste y la vara que se convirtió en una serpiente, ambas señalaban a que el Mesías tomaría sobre Sí el pecado del mundo. De esta manera el poder del enemigo se haría añicos y los hombres podrían estar libres de la naturaleza de la bestia y convertirse a la imagen y semejanza de Dios.
Los que estaban infectados con el veneno de la serpiente, que es el pecado, podrían ser curados por mirar al Mesías, que se hizo pecado en su nombre. Un gran cambio se produjo en la Cruz, porque Yeshúa tomó sobre sí todos los pecados del hombre, y a cambio dio al hombre Su justicia.
Yeshúa se identifica con la serpiente de bronce. Una serpiente simboliza el carácter delmaligno. El yetzer hará, la “mala inclinación” o “inclinación al mal“, el pecado, de todos los hombres, que hemos recibido desde el huerto de Edén al ser “mordidos” por la serpiente antigua, fue introducido en Yeshúa para que pudiera ser condenado en él por el Juez Supremo y los hombres ser liberados de la ira y el castigo eterno que vino como una consecuencia de esa inclinación al mal, tal como lo enseñaba el apóstol Pablo a los creyentes de Roma:
“Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne.” ( Romanos 8:3 )
Volviendo a los oráculos del profeta Isaías podemos leer lo siguiente:
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero HaShem hizo que cayera sobre él la iniquidad de todos nosotros… Debido a la angustia de su alma, él lo verá y quedará satisfecho. Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes y con los fuertes repartirá despojos, porque derramó su alma hasta la muerte y con los transgresores fue contado, llevando él el pecado de muchos, e intercediendo por los transgresores.” (Isaías 53:6, 11-12)
Debo aquí aclarar que cuando las Sagradas Escrituras hablan de EL pecado, en singular, se refiere a lo que se llama “yetzer hará”, la inclinación al mal, que es sinónimo a la carne, que es el carácter del maligno. En cambio, cuando las Sagradas Escrituras hablan de LOS pecados, en plural, se refiere a los resultados de esa inclinación, los pensamientos, las palabras y las obras que manan de esa naturaleza.
Entendido así este asunto, debemos aceptar que Yeshúa llevó tanto el pecado como los pecados para liberar a todos los que por fe ponen su mirada y su concentración fija en lo que él hizo cuando murió en la cruz. Así lo dejó bien claro el apóstol Pedro cuando escribió:
“… y él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados.” (1 Pedro 2:24)
El autor de la epístola a los Hebreos enfatizó también esta enseñanza al escibir:
“así también el Mesías, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan.” ( Hebreos 9:28 )
¡El hijo del Hombre tenía que ser levantado de la misma manera que la serpiente de bronce!
La Torah nos dio a conocer de qué manera el hijo del Hombre tenía que morir para salvar al pueblo de Israel y al mundo del pecado y de la muerte eterna.
Yeshúa es la única solución final para el ser humano, tanto judío como no judío. Sin él nadie se escapa de la muerte eterna. En cambio, aquella persona que fija sus ojos espirituales en su muerte expiatoria será salvo eternamente. Tal como el Eterno lo expresa a través del oráculo de Isaías:
“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.” (Isaías 45:22)
Podríamos estar dispuestos a hacer cientos de cosas para ganar nuestra salvación, pero el Eterno nos manda a solo confiar en Él y verlo a Él en Su obra Redentora plena y perfecta a través de Yeshúa HaMashiaj.
“¿Por ventura te parece poca cosa el que nos hayas hecho subir de una tierra que mana leche y miel para hacernos morir en este desierto, para que quieras también hacerte señor absoluto de nosotros? Ni tampoco nos has traído a una tierra que mana leche y miel, ni nos has dado posesiones de campos y de viñas. ¿Acaso quieres arrancar (cegar) los ojos de estos hombres? No subiremos.Y se encendió la ira de Moisés en gran manera, y dijo al Eterno: No atiendas a su ofrenda; ni un solo asno de ellos tomé, y no he hecho mal a ninguno de ellos.
(Números/Bamidbar 16:13-15)
Basándome en estos versículos observo una insatisfacción que lleva a ser mal agradecidos, a nunca estar conformes con nada. Siempre hay un “pero” para todo, hasta para cuando estamos alegres.
En Kóraj (Coré) notamos una vez más esa klipá (cáscara, concha, y/o caparazón) y también están incluidos esos tres gigantes que vimos en el parashá Shelaj Lejá (Bamidbar 13:22) con los que día a día tenemos que luchar:
Ajiman, el bloqueador;
Sesay: el blanqueador (la religión) y
Talmay: el acumulador.
Esto arrastró a ese levita a una envidia que invadió su corazón, lo enfrió y lo llevó a él y a tantos otros a rebelarse.
Si tan solo le hubiera dado lugar a la humildad como Moshé lo hizo, quizás todo hubiera sido distinto. Pero Abba nuestro nos prueba para que quede expuesto quién de verdad lo obedece o quién, como Kóraj y sus seguidores, ante cualquier situación siempre tiene el “pero” perfecto para no congregarse, o para mirar en qué momento va a caer su hermano para decir que en ese puesto no tendría que estar, etc.
“Tú salvas a los humildes, pero humillas a los orgullosos” (Salmos 18: 27)
Más claro échale agua. Un sabio dice: “la humildad es requisito indispensable del verdadero aprendiz, del verdadero discípulo”.
La solución no es poner a un hombre con hambre de poder en un cargo de responsabilidad, sino que se humille y aprenda a someterse a los líderes que Yahveh ha puesto sobre él. Pero muchos no quieren aceptar esto ni tratar con el pecado que los domina, sino que desarrollan su rebeldía hasta que apodera de su ser.
Pero si nos humillamos bajo la poderosa mano del Eterno, Él nos exalta en su debido tiempo, como está escrito en 1 Pedro 5:5-6.
“No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes.Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.» ¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “¿Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano”. (Mateo 7:1-5)
Basándome en este pasaje cierro esta meditación con la conclusión de que un líder puesto por Abba nuestro siempre va a dar su vida por las ovejas (Juan 10:11) como hizo Moshé, y luego Yeshúa nuestro Maestro y Dueño. Siempre va a procurar actuar con sabiduría, entendimiento y conocimiento por su pueblo, siempre intentará hacerle bien y no mal. Por ese motivo el Señor me lleva a observar cómo todo lo permite Él.
Nosotros como comunidad tenemos que apoyar a nuestros líderes, estar en ese cargo no es fácil, ya que se les demanda más. No podemos siempre buscar un “pero” a todo. “No oro porque fulano no me llamó, no me congrego porque el viento vino del Norte en vez del Sur, no me congrego porque el dólar subió. No me congrego porque no tengo internet”, etc.
¡A ver! Seamos agradecidos que hoy podemos aprender, no es válido culpar a esta plandemia de que te enfríes. Si te enfrías es porque sale a la luz lo que por muchos años no hiciste, solamente actuaste como cualquier religioso en calentar una silla, sólo que le agregaste de yapa el shabat.
Sí, puede que moleste lo que digo, pero si nos observáramos hacia dentro nos daríamos cuenta que mucha de la escasez que vivimos es porque seguimos siendo como Kóraj y lo que menos hicimos fue convertirnos al yugo de Yeshúa. Es decir, conocerlo, obedecerlo por medio de la indagación, meditación y oración de Su palabra, meramente por comodidad u argumentos humanos.
El Martín Fierro dice: «los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera«.
Si estás siendo devorado lamentablemente es porque no estás (y/o estamos) unidos como comunidad, porque somos mal agradecidos, no aprovechamos las herramientas que Abba nuestro nos da a través del maestro que nos ha dado.
¡Basta de tanta klipot!… ¡Basta de tanto «maquillaje»! Basta de sólo querer estar en los grupos de estudios para no sentirse excluido, o que nadie te quiere. La idea es que crezcas, que madures, es por el bien de todos nosotros.
Si no, siempre vivimos dando vueltas en la queja, en el desierto, en criticar al otro por nuestro mal. El mal muchas veces nos lo causamos nosotros mismos por no obedecer la palabra que con tanto tiempo en amor es bajada a nuestras vidas.
¡Cortémosla con tanta victimización! ¡Empecemos a caminar juntos! Porque si de algo no nos podemos esconder es de nuestro Rey, nuestro dueño que no va a permitir que una raíz de amargura contamine a Su Pueblo.
¡Todo sale a luz! Entoces seamos agradecidos, y en emunah (fe verdadera), caminemos juntos valorando que todo ya se nos dio.
Kóraj se rebeló y perdió todo; sólo se enfocó en observar y sus ojos lo engañaron. ¡Quizás viéndolo desde otra perspectiva no nos trague la tierra! ¡Pero la pobreza que hoy atraviesas es igual a que la tierra te trague!… Entonces, practiquemos la teshuvá, el arrepentimiento.
«Al día siguiente, Moshé vino a la Tienda del Testimonio y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había florecido; le salieron brotes y frutos, y maduraron almendras.
(Números/Bamidbar 17:23)
En la parashá de esta semana hemos visto como Koraj, Datan y Aviram, y los 250 líderes de Israel se rebelaron en contra de la autoridad de Moshé y Aarón. Como resultado de su rebelión, se los traga la tierra.
Sin embargo, y a pesar de este juicio divino, muchos que resienten la muerte de Koraj y de sus seguidores, responsabilizando a Moshé de este mal.
Entonces, la «ira» de YHVH se manifiesta a través de una plaga que acosa a la nación, y que causa la muerte de miles de personas. Una vez mas, Moshé intercede en favor del pueblo, e instruye a Aarón para que expíe el pecado cometido, tras lo cual la plaga llega a su fin.
Luego, el Eterno ordena a Moshé que en el Tabernáculo (Mishkán) se coloquen varas con los nombres de las distintas tribus.
Cuando Moshé entró al Mishkán a la mañana siguiente, la vara de Aarón estaba florecida con hojas, capullos, y almendras. Este milagro es muy singular ya que el mismo contenía otro dentro de él, pues notamos que los capullos no cayeron después de que la fruta apareció, como es usualmente el caso en lo natural. Más aún, el Nombre de Cuatro Letras del Eterno (Yud-Hei-Vav-Hei) fue milagrosamente grabado sobre la vara de Aarón como estaba grabado sobre el tzitz (vincha) del Kohén Gadol (Sumo Sacerdote). Con esto, las esferas celestes, demostraban que Aarón fue escogido como el Sumo Sacerdote, el que lleva el tzitz.
¿Por qué la vara de Aarón floreció?
En primer lugar, tenemos que aceptar que este milagro indicaba que la Shejiná imbuye aún a objetos inanimados de vida y les causa brotar. El hecho de reverdecer, nos habla de una especie de resurrección. Nada puede salir de algo seco y muerto, pero había algo como un imposible, nació de nuevo la vida. Nos enseña la unión entre la materia y el espíritu; la realidad nueva que surge cuando un pedazo de madera toma vida y se llena de sentido. Sin embargo, y más relevante, nos enseña la importancia del trabajo y la superación en la espiritualidad. ¡Ese es el poder del kehunáh (sacerdocio) que el Eterno ha otorgado a sus hijos primogénitos!
En segundo lugar, debemos saber que cada vez que vemos almendras, en conexión con una profecía o milagro, simbolizan que el Todopoderoso causará Su decreto de prisa. Así el Eterno insinuaba que cualquiera usurpador del kehunáh (sacerdocio) sería instantáneamente castigado. Así lo vemos demostrado en el caso del Rey Uziahu, cuando él entró al Beit Hamikdash (Sagrado Templo de Jerusalen) para realizar el Servicio sacerdotal, fue inmediatamente afligido con tzaraat (tipo de lepra).
Finalmente, regresando al pasaje que estamos considerando, vemos que después de la entera serie de señales y milagros, todos los israelitas fueron convencidos de que la profecía de Moshé era cierta en todos los detalles.
El bastón de Aarón nunca se marchitó; su tallo, capullos, y almendras permanecieron siempre verdes. El Eterno le ordenó a Moshé colocarlo cerca del arón como un testimonio para generaciones futuras de que, de todas las Tribus, Leví fue escogida para cuidar el kehunáh.
El sabio intérprete Rashé explica que la vara de Aharón debía ser puesta en el medio, porque el “medio” hace alusión a la armonía, no inclinándose ni a hacia un lado ni hacía el otro lado. Así pues, dice Rashí, “Aharón” representa al verdadero servidor del Eterno, quien tiene que procurar estabilidad, “medio”, no siendo por demás bondadoso, ni por demás riguroso. Así es como la Torah ayuda a la persona a seguir el camino de liderazgo armónico de Aharón.
Ahora bien, me resulta interesante compartirles la explicación que otros sabios dan al descodificar este milagro. “Aharón” hace referencia a la bondad o benevolencia (Jesed), mientras que “la casa de Leví” hace referencia a la severidad o restricción (Guevuráh).
Por eso, al leer “le salieron brotes y frutos, y maduraron almendras”, es necesario aceptar que para obtener bendición celestial de concreta en este mundo físico, se necesita que la bondad esté unida a su raíz la restricción que permite entendimiento del diseño original; eso estaría encriptado en la frase: “Aarón de la casa de Leví”.
Toda la bondad de Aarón provenía de la Torá de “Moshé”, quien pertenecía a la tribu de Levi.
Con esto cada israelita comprendió que recién cuando la persona se comporta con una bondad basada en el esfuerzo de meditar la Torah, es cuando ella obtiene que las bendiciones se materialicen en compensaciones y beneficios materiales.
El Eterno no sólo quería que Su Pueblo apreciáramos el producto final ya terminado, sino el proceso para obtenerlo. Él quería recordarnos que, con la Torah en la mente y el corazón, el esfuerzo y el proceso son tan importantes como el resultado.
La diferencia entre Koraj y Moshé, Aharón y los otros levitas no era el sacerdocio o la profecía; sino la dedicación de una vida entera dedicada a la búsqueda de la Voluntad divina. Su espiritualidad era mucho más profunda porque le habían dado mayor seriedad y mayor trabajo a su relación con la Divinidad. Si bien todos aquellos integrantes de Israel tuvieron profecía en el Monte Sinaí, y si bien todos escucharon a Dios; ninguno tuvo lo que Moshé y Aharón, porque la profecía que obtuvieron fue un regalo sin proceso; mientras que la de sus líderes fue el resultado de todo un esfuerzo a lo largo de años. Con este milagro, el Eterno nos recuerda que la Torah y sus mitzvot (mandamientos) hay que cuidarlas, plantarlas y trabajarlas como se cuida un árbol antes de que den frutos.
En síntesis, el milagro de las vara de Aharón (o tribu de Leví) mostró quién había sido escogido para entrar en la presencia del Eterno como representante de todo el pueblo. ¿En qué consistía el milagro? En la manifestación de vida en algo ya muerto. Las varas de cada uno estaban hechas de madera. La madera está muerta. Ahora la madera muerta de la tribu de Leví recibió vida nueva. El poder de la resurrección era la señal que muestra quién tiene el derecho a ser sumo sacerdote en la Tierra.
Lo mismo sucedió con el Gran Sumo Sacerdote Celestial. La vida de resurrección es la evidencia celestial de quién ha sido escogido para acercarse al Eterno en el Mishkán Celeste.
¡Yeshúa no está muerto!… ¡Él ha sido levantado de entre los muertos y vive para siempre! ¡Su vida habla por sí misma! ¡Él es el escogido para ser el Mesías, primero como Kohen celestial, y luego como Rey en la Tierra, desde la Nueva Jerusalén!… ¡Y ese día está cada vez más cerca!
Por eso, desde este estudio, te invito a que busques y sométete a los líderes que muestran señales de la vida de resurrección mesiánica, que son capaces de transformar vidas para bien. ¡Ellos tienen acceso al Eterno!
Con todo esto que te he escrito, anhelo que tu alma se predisponga a realizar día a día esa restricción que te permite esforzarte para así alcanzar el premio del supremo llamamiento de Dios en Yeshúa, el Ungido.
«Así se hará con cada buey, o carnero, o cordero de las ovejas, o cabrito. Conforme al número así haréis con cada uno, según el número de ellos. Todo natural hará estas cosas así, para ofrecer ofrenda encendida de olor grato a Yahvéh. Y cuando habitare con vosotros extranjero, o cualquiera que estuviere entre vosotros por vuestras generaciones, si hiciere ofrenda encendida de olor grato a Yahvéh, como vosotros hiciereis, así hará él. Un mismo estatuto tendréis vosotros de la congregación y el extranjero que con vosotros mora; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; como vosotros, así será el extranjero delante de Yahvéh. Una misma ley y un mismo decreto tendréis, vosotros y el extranjero que con vosotros mora.
(Números/Bamidbar 15: 11-16)
Me ha parecido muy interesante hacerles notar que, luego del incidente del informe negativo de los diez espías, el Eterno consoló al pueblo de Israel recordándoles que sus hijos eventualmente entrarían y tomarían posesión de la Tierra de Israel. Esto lo realizó dándoles algunas leyes que se aplicarían sólo una vez que entraran a Eretz Israel.
Vemos que la primera de esas leyes es que los sacrificios de animales tenían que ser acompañados de ofrendas de grano, aceite y vino.
Todo aquel que hiciera un sacrificio debía traerlo con la acción de gracias representada en el grano y el gozo simbolizado en el vino; Yahvéh no quería sacrificios avaros, quejumbrosos traídos a Él. Si un miembro de Israel no podía servir a YHVH con alegría, entonces Dios no quería su servicio en absoluto, y le cerraba las puertas a su providencial Presencia (ver Salmos 100:2).
Ahora bien, ese servicio con alegría tenía incluido una espiritualidad comprometida con la realidad cotidiana desde una praxis que permitiera evitar el misticismo monástico en la mentalidad de Israel. Es decir que su adoración tenía que demostrar su compromiso con el trabajo creativo que en lo cotidiano permitía el Tikún Olam (Reparación del Mundo).
El Eterno le dio al pueblo Israel justamente estas leyes porque contrarrestan el verdadero error de los espías por el que fueron movidos a presentar un informe pesimista. La realidad es que los espías querían permanecer en el desierto, estudiando Torah sin las distracciones de la vida material. Ellos se llenaron de pánico al darse cuenta que asentados en Eretz Israel, todos los hebreos pasarían a ser reyes y sacerdotes, alcanzando así el nivel de nobleza que estos diez príncipes habían logrado con el estudio de la Sabiduría de la Torah.
Ahora comprendían que en el propósito eterno de Dios, tanto ellos como el resto del Pueblo estaban obligados a esforzarse cada mañana, al despertar, a buscar primeramente el Reino de Dios y Su Justicia, para luego, salir a laborar con el fin de que todas las cosas se unificaran al nivel elevado de conciencia que la Torah otorga por medio de la meditación en sus códigos.
Captaron perfectamente la idea divina: «¡Primero tu animalidad (yetzer hará = tendencia al mal o ego) sacrificado muy temprano para que ascienda tu conciencia. Luego, tus acciones co-creadoras descendiendo a la fisicalidad para que todos los niveles terrestres se eleven a la unificación con el Boré Olam (Creador del Universo)!»
Este enfoque parcial sobre la espiritualidad era similar a los sacrificios animales, que ascienden en humo. El aceite y el vino, en cambio, eran vertidos hacia abajo. En otras palabras, tu búsqueda de cada mañana debe ser practicada en tu compromiso de salir a trabajar para transformar el mundo con los códigos de la benevolencia divina que la Instrucción divina te ha revelado.
Por ello, Yahvéh al instruir al pueblo de Israel con respecto a las ofrendas de aceite y vino, les estaba transmitiendo que el período de su “incubación” espiritual en el desierto eventualmente llegaría a su fin. La entrada de sus hijos a Eretz Israel marcaría el descenso del pueblo israelita al mundo físico, para manipular las leyes cósmicas y así cumplir el propósito eterno de Dios en la Creación: el Tikún Olam, es decir que esta sea reparada para transformarla en una morada para Yahvéh.
Esta ofrenda representa la capacidad humana de mezclar varios ingredientes del mundo físico para hacer algo nuevo, diferente de cualquiera de sus componentes y así promocionarlo a un nivel de mayor calidad. Por ejemplo, sabemos que hacer pan tiene mucho de milagroso. Mezclamos ingredientes muy simples: harina, agua, levadura, sal y aceite. Amasamos, le agregamos un poco de paciencia y todo eso se transforma en una masa que al salir del horno nos reconforta a través de los sentidos: aroma, gusto, vista, tacto. Reconocemos y agradecemos esta capacidad que tenemos de hacer algo tan especial con la bendición de nuestro trabajo manual.
De este modo, el Eterno establece el método para que las mentes de los que integraban Su Pueblo estuvieran siempre enfocadas en la Tierra Prometida, incluso a pesar que ellos estuvieran a una larga distancia de ella. Manteniendo sus mentes en Su promesa ayudará a verlos a través del desierto y preparar los corazones de la nueva generación para triunfar donde la vieja generación falló.
Similarmente, siempre que no nos sintamos preparados o renuentes a enfrentar los desafíos cotidianos de la vida, tenemos que recordarnos que nuestras vidas necesitan balancear la necesidad de elevarnos por encima del mundo y la devoción para descender en él para refinarlo y elevarlo promoviéndolo a la unificación con la Luz Infinita.
Estos códigos nos permiten establecer en nuestras mentes pensamientos enfocados hacia la Promesa. Incluso si un hijo de Dios no está caminando en las riquezas de las promesas divinas ahora, él (o ella) necesita establecer sus mentes en los lugares celestiales en donde Pablo revela que Dios nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Jesús el Cristo (Efesios 2:6) ¡incluso si no se siente como eso ahora, establece tu mente en estos lugares celestiales! (Cf. Colosenses 3:2)
En la actual configuración de nuestra civilización, lo que el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman denominó «amor líquido» ha transformado los vínculos humanos en conexiones precarias, transitorias y, a menudo, carentes de un centro de gravedad. Vivimos en una era donde el deseo es consumista y el compromiso es percibido como un obstáculo para la libertad individual. Ante este panorama, la antigua sabiduría de la Torá, específicamente la porción de Kedoshim, emerge no como un código de prohibiciones arcaicas, sino como una propuesta terapéutica y revolucionaria para restaurar la integridad del ser.
1. El Malentendido de la Santidad: De lo Intocable a lo Distinguido
Históricamente, la palabra «santo» ha sido secuestrada por una tradición latina que la asocia con lo inviolable, lo místico-estático o lo inaccesible. El término sanctus evocaba aquello que estaba sellado por sanciones imperiales. Sin embargo, al despojar el texto de sus capas de traducción, encontramos la raíz hebrea Kadosh (קדוש), cuya esencia es la distinción y la separación para un propósito específico.
Ser Kadosh no es recluirse en un monasterio ni habitar en una nube de piedad abstracta. Es, por el contrario, desarrollar la capacidad de separar la luz de la densidad de la materia. En la práctica, la santidad es un ejercicio de discernimiento: saber extraer el beneficio y la chispa divina de las circunstancias más complejas del espacio-tiempo.
2. La Sexualidad como Tecnología de Conexión (Kiddushin)
Uno de los puntos más disruptivos de la enseñanza en Kedoshim es la vinculación directa entre la santidad y la sexualidad. En el pensamiento hebreo, el matrimonio se denomina Kiddushin (consagración/santificación). Este concepto rompe con la visión de la sexualidad como mero placer biológico o como un tabú religioso.
En el marco de la «modernidad líquida», el sexo se ha convertido en un bien de consumo más, sujeto a la obsolescencia programada. Frente a esto, el concepto de Kiddushin propone que la sexualidad es una herramienta cósmica. Es el espacio donde las dos polaridades fundamentales de la existencia —lo masculino (benevolencia/expansión) y lo femenino (disciplina/vasija)— alcanzan una armonía que permite la manifestación de lo mesiánico.
Cuando la Torá nos insta a ser «santos», nos está llamando a cuidar nuestra Zera (semilla/simiente). Esta semilla no es solo biológica; es la codificación de nuestro propósito. En un tiempo de encuentros fortuitos y vacíos, la propuesta es la exclusividad operativa: apartarse para ser una vasija única donde el Eterno pueda hablar a las naciones.
3. Terapia Divina contra la Sociedad del Cansancio
Siempre insisto en entender y aceptar que el libro de Vayikrá(Levítico) funciona como un manual de terapia divina. La instrucción no busca someter al hombre, sino liberarlo de la presión del sistema. El valor numérico de la palabra «depresión» y «miedo paralizante» coincide con los 51 mandamientos escondidos en esta parashá, sugiriendo que la observancia de estos códigos es el antídoto contra el caos emocional.
La reflexión pragmática para el siglo XXI es clara: la santidad es coherencia. No podemos ser «espirituales» en el momento de la oración y «animales» en nuestros tratos comerciales o en la intimidad de nuestra alcoba. El carácter mesiánico se refleja en la integridad de las 24 horas del día.
4. Conclusión: El Desafío de la Rectificación
Para vencer los obstáculos de una sociedad que nos empuja a la fatiga y a la fragmentación, debemos reclamar nuestro estatus de Kedoshim. Esto implica:
Discernir: Extraer luz de lo oculto en cada circunstancia cotidiana.
Armonizar: Usar nuestra energía creativa (sexualidad y palabra) no para el consumo, sino para la construcción de una alianza matrimonial con el Espíritu.
Trascender: Entender que nuestra vida es un Mishkán (tabernáculo) en movimiento.
En definitiva, ser santos hoy es el acto más rebelde que podemos ejercer contra el amor líquido: es la decisión de permanecer, de profundizar y de ser «distintos» en un mundo que nos quiere uniformemente mediocres. La santidad es, en última instancia, la libertad de vivir en alianza.
Te invito a escuchar el desarrollo de todo esto en el siguiente video: