P.A. David Nesher
En la actual configuración de nuestra civilización, lo que el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman denominó «amor líquido» ha transformado los vínculos humanos en conexiones precarias, transitorias y, a menudo, carentes de un centro de gravedad. Vivimos en una era donde el deseo es consumista y el compromiso es percibido como un obstáculo para la libertad individual. Ante este panorama, la antigua sabiduría de la Torá, específicamente la porción de Kedoshim, emerge no como un código de prohibiciones arcaicas, sino como una propuesta terapéutica y revolucionaria para restaurar la integridad del ser.
1. El Malentendido de la Santidad: De lo Intocable a lo Distinguido
Históricamente, la palabra «santo» ha sido secuestrada por una tradición latina que la asocia con lo inviolable, lo místico-estático o lo inaccesible. El término sanctus evocaba aquello que estaba sellado por sanciones imperiales. Sin embargo, al despojar el texto de sus capas de traducción, encontramos la raíz hebrea Kadosh (קדוש), cuya esencia es la distinción y la separación para un propósito específico.
Ser Kadosh no es recluirse en un monasterio ni habitar en una nube de piedad abstracta. Es, por el contrario, desarrollar la capacidad de separar la luz de la densidad de la materia. En la práctica, la santidad es un ejercicio de discernimiento: saber extraer el beneficio y la chispa divina de las circunstancias más complejas del espacio-tiempo.
2. La Sexualidad como Tecnología de Conexión (Kiddushin)
Uno de los puntos más disruptivos de la enseñanza en Kedoshim es la vinculación directa entre la santidad y la sexualidad. En el pensamiento hebreo, el matrimonio se denomina Kiddushin (consagración/santificación). Este concepto rompe con la visión de la sexualidad como mero placer biológico o como un tabú religioso.
En el marco de la «modernidad líquida», el sexo se ha convertido en un bien de consumo más, sujeto a la obsolescencia programada. Frente a esto, el concepto de Kiddushin propone que la sexualidad es una herramienta cósmica. Es el espacio donde las dos polaridades fundamentales de la existencia —lo masculino (benevolencia/expansión) y lo femenino (disciplina/vasija)— alcanzan una armonía que permite la manifestación de lo mesiánico.
Cuando la Torá nos insta a ser «santos», nos está llamando a cuidar nuestra Zera (semilla/simiente). Esta semilla no es solo biológica; es la codificación de nuestro propósito. En un tiempo de encuentros fortuitos y vacíos, la propuesta es la exclusividad operativa: apartarse para ser una vasija única donde el Eterno pueda hablar a las naciones.
3. Terapia Divina contra la Sociedad del Cansancio
Siempre insisto en entender y aceptar que el libro de Vayikrá (Levítico) funciona como un manual de terapia divina. La instrucción no busca someter al hombre, sino liberarlo de la presión del sistema. El valor numérico de la palabra «depresión» y «miedo paralizante» coincide con los 51 mandamientos escondidos en esta parashá, sugiriendo que la observancia de estos códigos es el antídoto contra el caos emocional.
La reflexión pragmática para el siglo XXI es clara: la santidad es coherencia. No podemos ser «espirituales» en el momento de la oración y «animales» en nuestros tratos comerciales o en la intimidad de nuestra alcoba. El carácter mesiánico se refleja en la integridad de las 24 horas del día.
4. Conclusión: El Desafío de la Rectificación
Para vencer los obstáculos de una sociedad que nos empuja a la fatiga y a la fragmentación, debemos reclamar nuestro estatus de Kedoshim. Esto implica:
- Discernir: Extraer luz de lo oculto en cada circunstancia cotidiana.
- Armonizar: Usar nuestra energía creativa (sexualidad y palabra) no para el consumo, sino para la construcción de una alianza matrimonial con el Espíritu.
- Trascender: Entender que nuestra vida es un Mishkán (tabernáculo) en movimiento.
En definitiva, ser santos hoy es el acto más rebelde que podemos ejercer contra el amor líquido: es la decisión de permanecer, de profundizar y de ser «distintos» en un mundo que nos quiere uniformemente mediocres. La santidad es, en última instancia, la libertad de vivir en alianza.
Te invito a escuchar el desarrollo de todo esto en el siguiente video:
