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¿Sabías que Tu Manera de Vivir es un Campo de Batalla Cultural?

Por P.A. David Nesher

Si alguna vez has sentido que el mundo a tu alrededor está cambiando a una velocidad vertiginosa, no estás solo. Lo que estamos experimentando hoy no es solo un cambio social, sino una Batalla Cultural profunda que se libra en el terreno más personal: tu vida diaria y tu manera de pensar.

¿Qué es una batalla cultural?

Disputa que tiene por objetivo por objetivo influir sobre los elementos culturales de una sociedad a través de las instituciones políticas y de los aparatos culturales de esa sociedad.

La batalla cultural se refiere a un conflicto ideológico y una lucha por el dominio de los valores, creencias, normas y prácticas culturales dentro de una sociedad.

En esencia, es una confrontación que se libra en el plano de las ideas, la moral, las costumbres y las visiones del mundo, y no principalmente en el campo político-electoral o militar.

¿Qué son los elementos culturales?

Las creencias, las costumbres, los símbolos, los mitos, los valores, las historias, las normas, etc. Cosas intangibles, que la mayoría de nosotros pensamos que no sirven para nada, y que nos perdemos de vista en cuanto a su importancia, ya que son en verdad nuestros anteojos con los cuales logramos ver una realidad. Nuestro acceso a la realidad no es incontaminado. Nosotros tenemos anteojos. Éstos son todos los elementos que nombre al principio y que en conjunto los llamamos CULTURA. Justamente cuando yo modifico esos anteojos, lo que obtengo es una modificación de la manera que tengo de ver la realidad el mundo que me rodea (cosmovisión).

Al lograr modificar la forma en que se aprende la realidad, se logra modificar también la forma en que se actúa sobre esa realidad.

Te invito a escuchar esta conferencia:

Esta lucha se define como una disputa cuyo objetivo principal es influir sobre los elementos culturales de una sociedad (creencias, valores, normas, etc.) a través de instituciones políticas y aparatos culturales (medios, escuelas, redes sociales).

La clave para entender esta batalla reside en tres conceptos interconectados: el culto racional, el poder de las palabras y la amenaza del globalismo.

1. El Culto Racional (Latreia): Tu Vida como Altar

La manera en que vivimos cada día es, en sí misma, una forma de adoración. Este concepto se deriva de la palabra griega latreia, que se traduce como culto.

El apóstol Pablo, al hablar del «culto racional» (Romanos 12:1), nos está pidiendo que presentemos nuestros cuerpos en un «sacrificio vivo«. Esto significa, de manera sencilla, acordarse de cada día vivir.

Vivir es el Culto: El culto (latreia) se relaciona con la gente que vive consciente de las acciones que hace. Todo ser humano que realiza actividades con conciencia es un sacerdote.

De Culto a Cultura: La palabra culto proviene del latín cultus, que significa «lo cultivado», «lo enseñado con principios y valores». De esta misma raíz derivan palabras como cultura.

Adoración (Proscuneo): Todo culto que hace el sacerdote (tú, en tus acciones diarias) se convierte en una adoración (proscuneo). Esta adoración ocurre si tu manera de pensar (lógicos) coincide con tus acciones.

La Batalla de Altares es la manifestación cotidiana de esta lucha. El altar es el símbolo de tu mundo emocional. La batalla es ser consciente cada día de si tus acciones están elevando todo a la verdadera divinidad o si estás actuando en base a otro tipo de creencias.

2. La Cultura: Los «Anteojos» que Determinan tu Realidad

La cultura se compone de creencias, costumbres, símbolos, valores, y normas. Estos elementos funcionan como los «anteojos con los cuales logramos ver la realidad». Nuestro acceso al mundo nunca es puro; siempre tenemos anteojos puestos por alguien más.

¿Por qué es peligrosa la batalla cultural?

Cuando alguien modifica estos «anteojos culturales», logra una modificación de la realidad; cambia tu manera de ver las cosas. Lo más peligroso es que, al modificarse la forma en que se aprende la realidad, se logra modificar también la forma en que se actúa sobre la realidad. Si no estamos conscientes, la forma en que vivimos (nuestro culto racional) será moldeada por la cultura dominante en lugar de por nuestros valores.

3. La Guerra de las Palabras: Talismanes y Mordazas

La Batalla Cultural se logra, principalmente, a través de la guerra de las palabras. El poder de las palabras es tan grande que está llevando a un cambio histórico muy peligroso.

Para manipular la cultura, se usan dos categorías de palabras:

CategoríaFunciónEjemplos (según las fuentes)
Palabras TalismánSantifican el discurso y permiten la normalización de conceptos, incluso extremos. Suenan bien y no molestan a nadie.«Igualitario» e «inclusivo». El uso de «inclusivo,» por ejemplo, normaliza realidades como baños mixtos en universidades.
Palabras MordazaSilencian cualquier discurso opositor y descalifican a quien lo expresa. Se utilizan para atribuir una patología psiquiátrica o un discurso de odio al que piensa distinto.«Homófobo,» «misógino,» «conspiranoico,» o «fóbico».

Este lenguaje es utilizado por el Estado para imponer esquemas mentales. El consejo es claro: «No se dejen esquematizar o que no les coloquen esquemas».

4. Globalismo y la Instrumentalización de la Ley

Una de las fuentes más peligrosas para la libertad y la cultura actual es el Globalismo.

El globalismo es la acción de ceder progresivamente la soberanía de las naciones (sobre recursos materiales y humanos) a organismos internacionales.

1. Imposición de Agenda: La agenda de estas corporaciones busca que las costumbres, creencias, formas de vida y la organización social de todos los pueblos sea como ellos dicen, y no como las naciones deciden.

2. La Ley como Pedagogía: Las leyes, que antes garantizaban la seguridad, ahora se están utilizando para poner sistemas de acondicionamiento mental, convirtiéndose en pedagogía estatal.

3. Cambio de Valores: Cuando la ley se vuelve pedagógica, ataca los valores fundamentales. Por ejemplo, una ley que permite el aborto cambia la forma de pensar, haciendo que el valor de la vida humana empiece a desaparecer.

El objetivo final es que se caiga el eje estado nación y se rompa el sentido de historia, llevando a jóvenes y niños a la conciencia de ser un «ciudadano de la tierra» o «ciudadano global».

5. La Oración como Respuesta

Si la vida es tu culto, la oración es la práctica diaria esencial para ganar la batalla.

La oración no debe ser solo «egotista» (pedir por trabajo o sanidad), sino que debe priorizar el compromiso de que tus actividades no van a ser egoístas, sino que cambiarán el mundo.

El Eterno contestará la oración si le damos una respuesta a Él de «saber vivir de acuerdo a su manera de pensar». Al conocer la verdad, ganamos el derecho a vivir en libertad, que es lo que está en peligro.

Tu batalla no está perdida. La luz que hay en tu interior puede seguir brillando, siempre que te comprometas a vivir cada día de forma consciente, asegurándote de que tu manera de pensar (lógicos) guíe tus acciones (latreia) hacia la luz y no hacia los esquemas impuestos por la cultura.


¿En qué consiste nuestro trabajo?

Por P.A. David Nesher

¿Hablas como un ateo? Fíjate que el Talmud comenta sobre los diez espías y su informe maligno diciendo: “El que difunde informes malignos casi niega la existencia de Dios”.

Los espías regresaron de Canaán con un racimo gigante de uvas. Las uvas deberían haber animado a los israelitas. La tierra era de hecho una buena tierra llena de generosidad, tal como el Eterno lo había prometido. Los diez espías, sin embargo, interpretaron las uvas gigantes de manera diferente. Los usaron como evidencia de que la tierra estaba habitada por gigantes invencibles. «¿Qué esperarías de los viñedos de los gigantes?» ¿No es extraño cómo dos personas pueden mirar lo mismo, como un racimo de uvas, y llegar a conclusiones opuestas? Para Josué y Caleb, las uvas gigantes eran algo bueno. Para los otros espías, las uvas gigantes eran un signo de desesperación.

El Eterno se reveló con su ira diciendo que escuchó las murmuraciones y las quejas de los hijos de Israel. Él también escucha nuestras quejas. El pecado de murmurar está relacionado con el pecado de chismear. Ambos son formas de malas palabras; ambos resultan de un espíritu crítico.

La Torah enseña que el Eterno escucha todas nuestras quejas y negatividad. Por eso los sabios enseñan que el quejumbroso equivale a un ateo. Sus quejas niegan la existencia de Yahvéh como si no hubiera Dios para escuchar sus amargas palabras.

Te invito a escuchar esta webinar:

https://youtu.be/Sa7_HAoHPJU

La Escalera Espiritual que permite comienzos de Amor (Ajarei Mot)

Por P.A. David Nesher

Comienzo con un planteo: ¿Qué significa verdaderamente haber progresado en la vida? ¿Qué es evolución real?

Quizás te ayude a encontrar tu respuesta la siguiente frase:

Nuestro más profundo entendimiento nos dice que un ser auténticamente evolucionado es aquel que valora a los otros más de lo que se valora a sí mismo, y que valora el amor más de lo que valora el mundo físico y todo lo que en él se encuentra”.

[Gary Zukav -«El asiento del alma«]

En la vida llegamos a aprender que no importa el tamaño de nuestra casa ni nuestra cuenta bancaria, sino el tamaño de nuestro corazón. Es el camino del amor el que nos lleva a evolucionar en seres santos. En los momentos que elegimos el amor, comenzamos a ascender en el camino vertical y a dar pasos hacia niveles superiores.

https://youtu.be/7RXUC6hFePk

¿Qué Significa Vestirse con la Armadura de Dios?

Por P.A. David Nesher

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” 

Efesios 6:11 – 12

El apóstol Pablo recomiendo a los discípulos de Yeshúa que habitaban la ciudad de Éfeso que presentaran diariamente batalla al Oponente, vistiéndose con la armadura divina, confeccionada en la Justicia y la Verdad.

Por siglos, en el cristianismo, se ha enseñado que este consejo paulino surgía del hecho de que el apóstol escribía la epístola inspirándose en la guardia romana que lo vigilaba en la cárcel.

Ahora bien, ¿cree usted que Pablo representaría la armadura del creyente con un soldado romano?

Lo invito a sentarse a escuchar este SEMINARIO y tomar nota de toda la Verdad que se esconde en dicho consejo apostólico:

La Verdadera Armadura de Dios: El Sacerdocio Espiritual y las Vestiduras de Luz en la Parashá Tetzavé

El estudio de las Escrituras desde su raíz original hebrea nos invita constantemente a despojarnos de los dogmas heredados y a renovar el entendimiento de nuestra fe. Durante siglos, el cristianismo dogmático ha enseñado que la «armadura de Dios» descrita por el apóstol Pablo en Efesios 6 es una alegoría inspirada en el uniforme de un soldado romano. Sin embargo, a la luz de la Parashá Tetzavé (Éxodo 27 y 28), descubrimos una revelación mucho más profunda y trascendental: la armadura de Elohim no es un equipo militar de guerra humana, sino las gloriosas vestiduras sagradas del sumo sacerdote (Kohen Gadol) Aarón. Estas vestimentas constituyen un estatuto eterno y representan el arquetipo de la luz con la que todo creyente debe cubrir su alma para vencer en las batallas espirituales cotidianas.

Para comprender este profundo misterio, primero debemos desmantelar la falacia del soldado romano. El apóstol Pablo, instruido a los pies de Gamaliel, poseía una mente profundamente arraigada en la Torah. Cuando escribía sus epístolas a congregaciones que estudiaban las Sagradas Escrituras, su intención era que los creyentes de origen gentil abandonaran el paganismo y la conducta corrompida de la gentilidad. Roma representaba el espíritu de Esaú, un sistema opresor, por lo que resulta totalmente contradictorio imaginar que Pablo usaría a un soldado del Imperio —gente conocida por su profunda injusticia— como modelo para ilustrar la «coraza de justicia». Además, siglos antes de que existieran el Imperio Romano o sus legionarios, el profeta Isaías ya había hablado de vestirse «de justicia como de una coraza, con yelmo de salvación en su cabeza» (Isaías 59:17).

La evidencia definitiva de que Pablo describe al sumo sacerdote se encuentra en el orden mismo de las vestiduras. Si el apóstol estuviera describiendo a un soldado que lo custodiaba, la lógica visual indicaría que comenzaría desde la cabeza hacia abajo, partiendo por el yelmo. Sin embargo, Pablo inicia la descripción diciendo: «ceñidos vuestros lomos con la verdad», refiriéndose al cinturón. Este es exactamente el orden en el que el sumo sacerdote se colocaba sus vestiduras en el tabernáculo celestial. De hecho, tanto Éxodo 28 como Efesios 6 enumeran exactamente seis piezas fundamentales.

Analicemos detenidamente la correspondencia profética y espiritual de cada una de estas seis piezas:

1. La Coraza de Justicia: Lo que Pablo llama coraza corresponde al Josen Mishpat, el pectoral de juicio o de justicia que se colocaba sobre el efod. Lejos de ser un arma de guerra, el pectoral representa la perfecta armonía y el equilibrio entre la benevolencia ilimitada de Dios y su amor riguroso, lo cual da como resultado una profunda compasión (tiferet). Dentro de este pectoral se encontraban el Urim (las luminarias) y el Tumim (la guía perfecta), dos piedras que contenían el Nombre Sagrado de Elohim. Hoy, Yeshúa es nuestro Urim y Tumim celestial, cumpliendo la profecía de Jeremías al ser llamado «Yahvé justicia nuestra», quien nos justifica delante del Padre.

2. El Escudo de la Fe: Sobre el pectoral de juicio había doce piedras preciosas que representaban a las tribus de Israel. La antigua tradición enseña que estas piedras funcionaban como un memorial para que, al verlas, la misericordia divina protegiera al pueblo y anulara a los acusadores. En nuestra guerra espiritual, los «dardos de fuego del maligno» no son flechas literales, sino las acusaciones constantes que el adversario (Ha-Satán o el sistema del sitra ahra) lanza contra los creyentes de día y de noche (Apocalipsis 12:10). Al confiar en Yeshúa como nuestro gran sumo sacerdote intercesor, nos cubrimos con un escudo de fe que apaga esas acusaciones.

3. El Yelmo de Salvación: Esta pieza no es un casco metálico romano, sino la mitra o turbante sagrado (mitznefet o coba). Sobre este turbante se colocaba una placa de oro con la inscripción «Santidad a Yahvé». Su función era sellar la cabeza del sumo sacerdote para proteger la mente, asegurando que los pensamientos no fueran interferidos por las impurezas o la mentalidad hedonista del sistema mundial.

4. La Espada del Espíritu: Ningún soldado romano usaría su espada en la boca, pero Hebreos 4:12 y Apocalipsis 11:16 nos revelan que la verdadera espada de doble filo es la Palabra de Dios que sale de la boca del sumo sacerdote. Esta espada representa la poderosa voz del Kohen Gadol proclamando el Nombre Sagrado en el Día de Expiación (Yom Kipur), trayendo perdón y derrota a las fuerzas del mal.

5. El Calzado de Paz: Pablo nos exhorta a calzar los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sin embargo, los textos hebreos originales no hablan de pesadas botas militares. Por mandato divino, los sacerdotes debían lavarse y ministrar completamente descalzos en el santuario (Éxodo 30:19-21), al igual que se le ordenó a Moisés y a Josué. El pie descalzo simboliza el despojarse y desligarse de las ataduras materiales, ligando el alma únicamente a la tierra para caminar anunciando las buenas noticias de salvación y paz, tal como lo declara Isaías 52:7.

6. El Cinturón de la Verdad: Es el elemento fundacional que reordena el cuerpo y mantiene unido el efod, simbolizando una vida ceñida por la instrucción de la Torá y la veracidad del carácter.

Entender esta tipología transforma por completo nuestra visión de la guerra espiritual. El apóstol Pablo exhorta repetidamente a los creyentes a vestirse con «las armas de la luz» o a «vestirse del Señor Yeshúa el Mesías» (Romanos 13:12-14). Antes de la caída en el Edén, la humanidad primigenia estaba «vestida de luz», irradiando esplendor desde su alma hacia el exterior, y la piel actual es solo una vestidura básica que capta el dolor de las leyes físicas. Las aflicciones y el rigor entrópico de este mundo material son utilizados por el sistema de impureza (sitra ahra) para bombardear la mente, generando opresión, actitudes negativas y acciones incorrectas que le roban al individuo su energía espiritual.

Para defendernos, debemos cubrir nuestra alma con el ropaje celestial del Mesías. Estas vestiduras sagradas no están tejidas con hilos físicos, sino con las virtudes divinas de la santidad, descritas en Colosenses 3:12-13 como profunda compasión, amor, misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia y perdón. Es mediante la ofrenda del incienso continuo (ketoret) y el encendido de nuestras luminarias interiores que logramos unir nuestra fisicalidad con el ámbito más elevado de la santidad, anulando la fuerza de la impureza.

Como discípulos del León de la tribu de Judá, somos llamados a ser un «reino de sacerdotes» (Apocalipsis 1:6). Dado que hoy no contamos con el tabernáculo físico, la instrucción de la Parashá Tetzavé se convierte en nuestro manual pedagógico para aprender a oficiar como el sumo sacerdote de nuestro propio «templo interno». Esto requiere un genuino liderazgo lumínico y una profunda inteligencia emocional para gobernar nuestro temperamento, transformar nuestras características negativas y forjar un carácter acorde al del Mesías. Al reordenar el sistema emocional, permitimos que la sabiduría del cielo baje al corazón, se traduzca en pensamientos correctos, se exprese a través del habla y culmine en acciones congruentes que traen como resultado el tikún o reparación del mundo.

En conclusión, la victoria en nuestras batallas espirituales no se obtiene mediante fuerzas o estrategias humanas, ni mediante una «moralina» o ritualismos religiosos basados en el ego, el cual actúa como nuestro propio «Amán» interior causando tumultos y dudas. La victoria se alcanza cuando permitimos que Yeshúa se active en nuestra alma desde el inicio del día a través de la oración íntima y la obediencia a los mandamientos. Cuando logramos vivir una santidad moral genuina y nos revestimos de la compasión y la justicia del Mesías, evitamos que nuestras energías sean consumidas por el adversario y logramos elevar las chispas de luz ocultas en la creación. Es entonces, al manifestar el verdadero esplendor y santidad de nuestro Sumo Sacerdote, cuando el Sitra Ajrá (סִטְרָא אָחֳרָא) y los espíritus inmundos reconocen esa luz divina y se ven obligados a huir aterrorizados de nuestra presencia. Que el Eterno nos conceda la gracia de caminar siempre firmes, revestidos con las hermosas y gloriosas vestiduras sacerdotales de Su Luz.

La blasfemia contra el Espíritu Santo

Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero. O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol.

(Mateo 12: 31-33)

¿Qué es el Milenio en la Torah?…. La Ley del Esclavo Hebreo en Mishpatim

Por P.A. David Nesher

Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; y en la séptima saldrá libre de balde.

Shemot/Éxodo 21: 2

La porción de la Torah de Mishpatim sienta las bases de un sistema de justicia yahvista, con muchas leyes y castigos diferentes. Una de esas leyes, la ley del esclavo hebreo, sus seis años de trabajo y su libertad en el séptimo año, apunta hacia la Era Mesiánica y nuestra dedicación a Dios.

En la Era Mesiánica, el Mesías será rey sobre todo el mundo. En Isaías 11:3-4 dice que él “no juzgará según la vista de sus ojos, ni decidirá según el oír de sus oídos; Mas con justicia juzgará a los pobres, Y juzgará con equidad por los mansos de la tierra; Y herirá la tierra con la vara de su boca, Y con el aliento de sus labios matará a los impíos.” Y en Isaías, 9:7 dice: “Para que el principado se multiplique, y la paz no tenga fin, sobre el trono de David y sobre su reino, para afirmarlo y sustentarlo por el derecho y la justicia. De ahora en adelante y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

Los creyentes en Yeshua ya están actuando bajo la autoridad de ese futuro reino. A medida que estudiamos los mandamientos de la Torá, aprendemos acerca de los fallos del Rey Mesías, el máximo campeón de la justicia. Es como dice en Isaías 56:1 “Así ha dicho Yahvéh: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi favor para manifestarse”.

Te invito a escuchar esta enseñanza:

Los seis años de trabajo por los que debe pasar un esclavo hebreo simbolizan lo que le está sucediendo al pueblo judío en el mundo de hoy, con aflicción, subyugación y exilio. La liberación del esclavo hebreo en el séptimo año simboliza el fin de los tiempos y la redención final.

La libertad que se recibe en el séptimo año corresponde al séptimo día de la semana, como dice Éxodo 23:12: “Seis días harás tu trabajo, mas el séptimo día descansarás”. Esto también corresponde al ciclo sabático de años en Éxodo 23:10-11, “Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás sus frutos; pero el séptimo año lo dejarás descansar y quedar en barbecho.” Este patrón de tiempo refleja el comienzo mismo de la creación, donde Dios creó las cosas durante seis días y descansó el séptimo día. Algunos sabios en el Talmud vieron los siete días de la creación como un bosquejo amplio de la historia de la humanidad, como dice en el Salmo 90:4, “Porque mil años ante Tus ojos Son como ayer cuando pasó”. Según esta visión, cada día se refería a un milenio diferente de la historia.

Los primeros creyentes en Yeshúa tenían una opinión similar, los libros de Hebreos hablan del Shabat como una muestra de la era mesiánica. El libro de Apocalipsis habla de un milenio venidero de paz.

La Guerra de los Sexos

Por P.A. David Nesher

Desde lo que hemos entendido en estos años de investigación de la Torah (Instrucción) divina, sabemos que, todo ser humano ha sido colocado en esta Tierra como representante de Dios (Elohim) sobre los órdenes de los seres inferiores. Éstos últimos no pueden comprender ni reconocer la soberanía del Eterno; sin embargo, fueron creados con la capacidad instintiva de ver la Gloria divina a través del ser humano posicionado mesiánicamente. Desde aquí cada uno de estos animales está apto para amar y servir al hombre que en propósito cumple la misión de promoverlos como criaturas, garantizándoles las mejores condiciones de vida.

Los invito a disfrutar de esta AULA VIRTUAL que junto a mi esposa Laura Arco dimos para todos aquellos que quieren adquirir el correcto conocimiento del propósito eterno de Dios en nuestras vidas.

PRIMERA PARTE:

SEGUNDA PARTE:


Bitácoras relacionadas con esta CLASE VIRTUAL:

Bereshit: «Por Causa del Principal» (El Mesías)

Por P.A. David Nesher

La palabra hebrea Bereshit equivale al primer soplo de la Divinidad, equivale a la virtud divina más alta Keter (Corona), es el PRINCIPIO Espiritual, cuando fueron creados los cielos y la tierra y aún no se creó al ser humano. Bereshit, el principio, es la Luz ESPIRITUAL del Infinito (Ein Sof), es la Consciencia del Espíritu de YHVH, capaz de expandir, formar, generar, ordenar. Así en el primer versículo del libro de Génesis, Bereshit es el principio espiritual, capaz de expandir el universo, cuando se crearon los Cielos y la Tierra.

Para lograr captar los maravillosos secretos que esta palabra hebrea contiene de manera encriptada, los invito a conocer la historia de un sabio judío: Salomon Meir Ben Moisés

El rabino Shlomo Meir Ben Moshé (Salomon Meir Ben Moisés) fue un eminente rabino del siglo XVII. Nació en Casal en el ducado de Montserrat, en el año 1606. Fue nombrado Shlomo (Salomon) en memoria de su abuelo, y Meir, que significa «iluminar«, por causa de nacer en la semana de la lectura de la Torah que contiente el relato del nacimiento de Moshé (Moisés), cuya entrada en la tradición mundial declara haberse distinguido por una luz sobrenatural, que iluminó toda la casa de su padre en esa ocasión.

Cuando tenía apenas trece años, el joven Shlomo comenzó a componer discursos en hebreo; y prosiguió sus estudios en el Talmud y el Zohar durante muchos años con tal éxito, que al final alcanzó la reputación de uno de los judíos más eruditos de esa época.

Lo cierto es que dondequiera que Shlomo viajaba, sus conferencias en las sinagogas eran escuchadas con admiración; y los judíos de Jerusalén lo honraron con el título de “rabino”, y con frecuencia lo enviaron a recolectar las contribuciones eleemosynary (ofrenda para los pobres), que suelen recibir de sus hermanos en otros países de Asia, África y Europa.

Lo interesante de la biografía de este sabio será que en el año 1665, a la edad de cincuenta y nueve años, estudiando los códigos encriptados en la Torah (especialmente en la palabra Bereshit) llegó a la conclusión de que Yeshúa el netzarita, era de hecho el Mesías anunciado en la TaNaK. Por causa de esto, el rabino anteriormente respetado pronto se vio marginado de sus hermanos judíos. Y al no encontrar una comunidad judía nazarena en el siglo XVII, no vio otra opción para convertirse en cristiano.

Lo cierto de toda esta historia es que uno de los viejos amigos del rabino Shlomo había sido un joyero llamado David Jouaillier. Cuenta la anécdota histórica que este varón se molestó tanto cuando escuchó que Rabí Moshé había abrazado a Yeshúa el netzarita como Mesías, que declaró públicamente que deseaba tener el corazón de Rabí Moshé, para asarlo sobre las brasas y luego arrojarlo para que lo devoraran los perros.

Cierto día, Jouaillier se encontró accidentalmente con su antiguo amigo en la casa de un amigo común que era cristiano. El rabino Shlomo preguntó si era cierto que su viejo amigo había expresado este salvaje deseo. David reconoció que lo había hecho y declaró que estaba convencido de que, si sus circunstancias hubieran sido revertidas, el rabino Shlomo habría dicho lo mismo. Shlomo le preguntó a su viejo amigo si repetiría este deseo si Shlomo podía probar que Yeshua era el Mesías. «De ninguna manera.» dijo David, «pero ¿cómo probarás que la fe es verdadera?»

El rabino Moshe le dijo a su viejo amigo que podía mostrarle que Yeshúa es el Mesías
en la primera palabra de la Torah.

David Jouaillier dijo que si Shlomo podía hacer esto, aceptaría a Yeshua como el Mesías inmediatamente.

El rabino Shlomo advirtió a su amigo que considerara cuidadosamente aquello a lo que se estaba comprometiendo, pero David se mantuvo firme en su compromiso.

El rabino Shlomo comenzó su exposición señalando que la primera palabra de la Torah es בראשית (Bereshit); entonces señaló que esta palabra, traducida literalmente, significa «Al principio de«, dejando una elipsis, que algunos han proporcionado insertando todo, y otros repitiendo el segunda palabra en el texto; como, «Al principio de todas las cosas«, o «Al principio de la creación«, o, finalmente, «Por causa del Principal, Elohim creó«. El rabino Shlomo Meir Ben Moshé señaló a su amigo que esta forma elíptica de expresión fue utilizada por Elohim, no por falta de otras palabras, sino por diseño, para indicar algún misterio oculto.

Shlomo continuó su enseñanza así:

«Divide la palabra en dos y tendrás בר אשית (Bar ashith), que significa «nombraré, estableceré o colocaré al Hijo». La palabra ( בר ) Bar tiene un doble significado: también significa grano o pan, en alusión al pan de la Pascua, ya las palabras de Yeshúa que dijo: “Yo soy el pan vivo, que descendió del cielo» (Juan 6:51). Hay una gran belleza en designar al Hijo con un término aplicable también al pan, con preferencia a otras palabras que significan sólo un Hijo; y también hay una propiedad sorprendente en la denominación que aquí se le da al grano, que se ha distinguido por tres nombres adaptados a los tres estados diferentes en los que se han encontrado hombres:
En primer lugar el grano se llama (דגן) DAGAN, que simboliza que antes de la caída, el hombre debía subsistir del producto del árbol del paraíso, convertido en pan, y llamado דגן , que también puede traducirse como “del huerto”.
En segundo lugar el grano de trigo también se llama (חטא) JITA que también significa «pecado» simbolizando así el período desde la caída del hombre hasta la venida del Mesías.
Finalmente el grano también se denomina (בר) BAR que también significa “hijo” simbolizando que desde la venida del Mesías, el pan simboliza al Hijo de Yah encarnado; según la declaración de Yeshúa, «Si alguno come de este pan, vivirá para siempre«.

David Jouaillier quedó maravillado con el misterio que estaba revelando el rabino Shlomo.

El rabino Shlomo luego comenzó a mostrarle a su viejo amigo una serie de mensajes incrustados en la primera palabra de la Torah, que extrajo a través de Notarikon (un método cabalístico por el cual una palabra hebrea se toma como un acrónimo, o por el cual un acrónimo es a la inversa hecho a partir de una frase). Para conocer estos mensaje, te invito a escucharlos en esta enseñanza:

https://youtu.be/T3IjxB42l6g

Con los años, muchos rabinos, influenciados por estos descubrimientos del supuesto rabino «hereje» Salomón Meir, han encontrado mensajes incrustados en la palabra  בראשית (Bereshit); por ejemplo:

ב ראש’ת ר אה א לוהים ש יקבלו י שראל ת ורה
«En el principio, Elohim vio que Israel recibiría la Torah«

Así también, entre los mensajes que el rabino Moshe le mostró a su amigo:

ב ן ר וח א ב ש לושתם י חד ת מים
El Hijo, el Espíritu, el Padre, son tres, una perfecta Unidad

“Adorarás a mi primogénito, mi primero, cuyo nombre es Yeshúa”
ב כורי ר אשוני א שר ש מו י שוע ת עבודו

Cuando venga el Maestro cuyo nombre es Yeshúa, adorarás
ב בוא ר בן א שר ש מו י שוע ת עבודו

De este modo, y a través de este maravilloso método de hermenéutica judía, el rabino Shlomo Mair Ben Moshé le mostró a su viejo amigo muchas más pruebas. David fue vencido por los misterios que estaba revelando su viejo amigo, y profesó que Yeshúa era de hecho el Mesías.


Será muy importante que leas la siguiente BITÁCORA a fin de ampliar lo que AQUÍ se ha explicado:

¿Qué significa ser Jesurún para Dios? (Video)

Por P.A. David Nesher


AULA VIRTUAL DE LA SECCIÓN VEZOT HABERAJÁ

Hemos ya estudiado que existen tres nombres en las Sagradas Escrituras para referirse al pueblo del Eterno:

  • _ Yaakov (Jacob),
  • _ Yisrael (Israel) y
  • _ Yeshurún (cf. 33:26, 28).

Como creo que ustedes estarán ya discerniendo, éstos tres nombres, representan tres niveles de espiritualidad, en los que Yaakov es el más bajo y Yeshurún es el más alto.

Para comprender esto te invito a escuchar esta LECCIÓN (en dos partes) que hoy consideré con los discípulos de Yeshúa:

PRIMERA PARTE:

SEGUNDA PARTE:

«Saber Callar para Aprender a Escuchar»

Por P.A. David Nesher

¿Qué es la Verdad y cómo se relaciona con el ser hebreo?

«Hashket Ushmah Israel Hayom!» (traducido es: «¡Cállate y escucha Israel, Hoy!«)

Aprender a callar garantiza evitar males. El mes de #Av es un tiempo especial para aprender a hacer silencio, escuchar atentamente con el corazón y hablar si es necesario. Si estás en Paz con Dios, seguramente serás un pacificador, es decir, un generador de paz.

La parashá Devarim nos inspira a valorar la capacidad de cambio que nuestras acciones ejercen en nuestro entorno.

Te invito a escuchar esta mistagogia:

¿Cómo se Celebra Tu B`Shevat?

Por P.A. David Nesher

El hombre es como un árbol del campo…”

(Deuteronomio 20:19)

Los días de los árboles, serán los días de mi pueblo

(Isaías 65:22)

Será como un árbol plantado junto al agua

(Jeremías 17:8)

En Tu B’Shvat (15 de Shevat) conocido como el Rosh Hashanáh o el Año Nuevo de los Árboles actúan como un límite o fecha de corte entre un año y el siguiente, ya que la mayoría de las lluvias del año anterior, en Eretz Israel, ya han caído. Un cierto porcentaje de los frutos han llegado a la etapa donde han comenzado a madurar. Esto se define desde el momento del florecimiento hasta que el fruto ha alcanzado un tercio de su pleno crecimiento. Las frutas que han llegado a esta etapa son atribuidas al año anterior. Cualquier nuevo florecimiento de la fruta después de este día cae en la categoría del Año Nuevo. Como resultado Tu B’Shvat es un factor decisivo en la determinación de las Leyes de Ma’aser y Orlah.

En Israel, el día 15 de Shvat se encuentra a la mitad del invierno boreal y vislumbramos hacia adelante la primavera. La savia de los árboles está comenzando a fluir y también se produce el aumento de las raíces de los árboles, aunque sin ser visto por el hombre y, como resultado de esto los frutos están manifestando su primera etapa de formación.

Además, el Talmud Ierushalmi (Rosh Hashaná 1:2) nos dice que los frutos que crecerán después del 15 de Shevat son considerados producto del nuevo año, pues hasta este día los frutos crecieron gracias a las lluvias del año anterior, pero a partir de esta fecha crecerán por efecto de las lluvias de este año.

Por ello, el Rosh Hashaná de los árboles, es un tiempo de Tefilah (Oración de Alianza). Nosotros jubilosamente celebramos este día para pedir a nuestro Creador que continúe derramando su benevolencia sobre sus hijos, los Benei Israel (HIjos de Israel), así también como con el resto de sus creaciones en el mundo, como decimos en Birkat HaMazón.

Hazan et haolam Kulo Betuvo»
(«Alimenta al mundo entero, en su bondad»).

A pesar de ser llamado Rosh Hashaná, en Tu Bishvat no está prohibida la realización de trabajos, y tampoco existe en él la obligación de comer una comida festiva. Sin embargo, por cuanto que Tu Bishvat es llamado «Rosh Hashaná», rigen en él algunas leyes relacionadas con las leyes de los días de fiesta: en él está prohibido ayunar.

En Tu Bishvat se acostumbra comer frutos de los árboles (si es posible, que crecieron en la tierra de Israel), y especialmente los frutos que fueron recordados en el versículo de la Torá que alaba a la tierra de Israel: «Tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras y granadas, tierra de olivos y de miel (de dátiles)» (Devarim 8:8). La idea es reflexionar profundamente en el significado de cada uno de estos frutos.

Esta celebración es muy especial, pues permite un festejo que nos invita a comer frutos de árboles y meditar en los significados simbólicos de cada uno de esos frutos.

Te invito a escuchar esta entrevista que contiene una maravillosa enseñanza por medio de la cual sabrás qué celebramos y cómo hacerlo bien:


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Pregunta Profunda: ¿Quién es el Espíritu Santo?… ¡He Aquí una Maravillosa Respuesta!

El Espíritu Santo es Yeshúa el Ungido sin fronteras, ni limitaciones.

El Espíritu Santo es Yeshúa en la Nube ofreciendo una tecnología cósmica a todos los hombres. Por eso, Él es quien nos da denuedo para la evangelización.

El Espíritu Santo es quien nos ayuda a orar. Por eso, en adoración Él nos guía. Él nos revela a Yeshúa, el Camino, haciéndolo real para que seamos conmovidos por el fuego santo que enciende en nosotros, nos lleva a arder de tal modo, que no podamos contener esa pasión por hacer discípulos en las naciones.

El Espíritu Santo despierta la verdadera fe (emunáh) dentro del alma para que nuestra conciencia sólo vibre en lo milagroso.

Te sugiero que partir de este día piensa en el Espíritu Santo obrando en ti…

Busca más momentos de adoración para lograr experimentar su comunión con tu espíritu y logres escuchar Su Voz en tu conciencia dando testimonio de que eres hijo de Dios.

Quizás te preguntas: ¿Quién es el Espíritu Santo?

Te invito a escuchar esta excelente respuesta:

Yeshúa y el Misterio del Mesías Leproso: Una Anatomía Espiritual de la Redención

Por P.A. David Nesher

Introducción La exégesis bíblica tradicional a menudo ha pasado por alto las dimensiones metafísicas de la enfermedad y la santidad, reduciéndolas a términos meramente físicos o morales. Sin embargo, al profundizar en las porciones de la Torah Tazría y Metzorá, se revela un código encriptado que vincula la condición humana, el poder de la palabra y la figura del Mesías bajo un epíteto aparentemente contradictorio: el «Mesías Leproso». Este concepto, fundamentado tanto en la Tanaj como en las reflexiones del Talmud, propone que la redención no es un acto de magia externa, sino un proceso de reintegración de la luz divina en una humanidad fragmentada.

La Naturaleza de la Tzaraat: Más allá de la Patología El análisis comienza corrigiendo una imprecisión histórica: la Tzaraat, traducida comúnmente como lepra, no es una enfermedad bacteriológica, sino una manifestación espiritual de origen divino. En el contexto de la Torah, la Tzaraat es una disciplina (un cela o pausa forzada) impuesta por el Eterno sobre aquel que ha incurrido en el Lashón Hará (el mal hablar).

El ser humano es definido esencialmente como «el hablante». Esta capacidad no es un rasgo biológico fortuito, sino el mecanismo diseñado para que el Verbo (Davar o Logos) se exprese en el mundo físico. Cuando el hombre utiliza su voz para el egoísmo, la división o la queja, desconecta su alma de la fuente de luz. La mancha de la «lepra» en las paredes de la casa o en la piel es, por tanto, una señal de que la energía de santidad (Kedushá) está chocando contra la impureza del receptor, provocando un cortocircuito que se manifiesta como juicio.

El Mesías como Siervo Leproso (Isaías 53) El núcleo de la enseñanza se encuentra en la reinterpretación de Isaías 53. Al cruzar el texto profético con el Talmud (Sanedrín 98b), se identifica al Mesías como aquel que está sentado a las puertas de Roma, vendando sus propias llagas entre los leprosos. El título de «Mesías Leproso» no es una depreciación de su dignidad, sino una descripción de su función vicaria.

Para que la humanidad sea restaurada, el Mesías asume la condición de Metzorá (leproso). Él se coloca «fuera del campamento» —el lugar de la exclusión y el dolor— para tomar sobre sí los rigores y juicios que la humanidad ha generado por su mala gestión de la luz. En este sentido, el sufrimiento del Mesías es un misterio dividido en tres partes: la humillación, el dolor inexplicable y la tristeza inconsolable. Al hacerse «lepra» por nosotros, él se convierte en el puente que permite que el impuro regrese a la presencia de Dios.

La Función del Cohen y la Limpieza Espiritual Un punto crucial de la enseñanza es la distinción entre «curar» y «limpiar». En el ministerio de Yeshua, no se trataba simplemente de eliminar un bacilo, sino de declarar al hombre «limpio» para que pudiera reintegrarse a la comunidad y al propósito divino. Al tocar al leproso, el Mesías no se contamina, sino que irradia una intensidad de santidad tal que consume la impureza.

La sanación, bajo la perspectiva de Yahvé Rafá, se entiende como un proceso que ocurre de adentro hacia afuera: el alma es sanada de su desconexión y, como consecuencia, el cuerpo refleja esa armonía. El rigor de Dios (Geburah), que para el desobediente parece castigo, para el redimido se revela como un poder intenso para generar milagros y reparar el mundo (Tikún).

Conclusión El ensayo de esta enseñanza nos invita a reconocer nuestra propia «cuarentena espiritual». La figura del Mesías Leproso nos confronta con la realidad de que todos, en algún momento, hemos estado fuera del campamento debido a un lenguaje y un deseo desconectados del diseño original. Sin embargo, la promesa mesiánica es que, a través de aquel que cargó con nuestras llagas, la humanidad puede ser purificada. La meta final es que cada ser humano recupere su función como administrador de la luz, utilizando la palabra no para el caos, sino para manifestar la justicia y la santidad del Eterno en la tierra.

Te invito a ver más de esto en el Aula Virtual de HOY

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¿Cómo Liberarse de las Emociones Reprimidas?

Por P.A. David Nesher

La parashá Sheminí muestra que la Torah (Instrucción) divina es eterna. No hay ciencia humana que pueda invalidarla ya que todas provienen de sus códigos lumínicos.

En esta oportunidad comprenderemos como manifestar nuestra nobleza, desarrollando una mentalidad regia por medio de una vida guiada por la Instrucción de la Luz Infinita, y una alimentación acorde a las leyes del kashrut que el Eterno ordena.

Te invito a escuchar esta enseñanza llena de códigos de Sabiduría con una menta abierta y dispuesta a desaprender:

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«¡NO SOMOS MÁQUINAS!», dijo Francisco… Luego, ¿Recomendó Guardar el Shabat?

Por P.A. David Nesher

El papa Francisco pidió a los creyentes que guarden el Shabat (sábado) como “los judíos siguieron y aún observan”.

Vivimos con el acelerador de la mañana a la noche”, dijo Francisco en una entrevista que estuvo circulando en la web durante los últimos días. “Esto arruina la salud mental, la salud espiritual y la salud física. Más aún: afecta y destruye a la familia y, por lo tanto, a la sociedad. ‘En el séptimo día, descansó’. Lo que los judíos siguieron y aún observan fue considerar el sábado como santo. El sábado descansas. ¡Un día de la semana, eso es lo mínimo! Por gratitud, para adorar a Dios, para pasar tiempo con la familia, para jugar, para hacer todas estas cosas. ¡No somos máquinas!

Ahora bien, sabemos que los católicos romanos creen que el Papa disfruta del privilegio divino de la infalibilidad papal.

La infalibilidad papal es un dogma de la Iglesia Católica que establece que, en virtud de la promesa de Jesús a Pedro, el Papa se preserva de la posibilidad de error “cuando, en el ejercicio de su oficio como pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina sobre la fe o la moral que debe tener toda la Iglesia”.

Sin embargo, muchos católicos acusan que el papa Francisco se ha apartado de la doctrina de la Iglesia, incluso acusándolo de marxismo. “Al igual que Bernie Sanders, el papa es socialista”, escribió el filósofo norteamericano William Kilpatrick en Crisis Magazine. “Ha tenido muchas palabras desagradables sobre el capitalismo (‘el estiércol del diablo’), pero ninguna crítica correspondiente al socialismo. Al igual que Sanders, sus ideas sobre la economía fueron formadas por pensadores y activistas marxistas. Y al igual que Sanders y otros demócratas socialistas, que movieron al Partido Demócrata hacia la izquierda, también el Papa Francisco está tratando de mover a la Iglesia en la misma dirección”.

La infalibilidad es, según la Nueva Enciclopedia Católica, “más que una simple ausencia de error de facto. Es una perfección positiva, descartando la posibilidad de error”.

Entonces, cuando el Papa dijo lo que aquí escuchaste… ¿Recomendó volver al verdadero Decálogo?

El Becerro de Oro: Cortocircuitos Psíquicos del Hedonismo Sincretista (Ki Tisá)

Por P.A. David Nesher

¡Que gran contraste! Una vivencia celestial en la cumbre; un resultado inframundano a los pies del Monte Sianí. Esa es la síntesis del mensaje de este shiur (lección). Para el pueblo de Israel, Moisés se demoraba en el Monte y eso le hacía perder su confianza (emunáh). Sus percepciones sensoriales prevalecieron sobre toda certeza extrasensorial. El líder no regresaba, quizás había fallecido. En ausencia de Moisés, el pueblo se intranquilizó. Sin su líder, quedaron abandonados a sus propios recursos.

Es cierto que Moisés tardaba, pero Dios tenía un propósito maravilloso por la tardanza de Moisés, y muy pronto terminaría. El Eterno quería que ellos comprendieran que su relación con Él ya era directa, pues ya contaban Su Instrucción en sus mentes y corazones. Todo lo que ellos necesitaban era ser pacientes un día más y la preciada Torah sería de ellos para reparar o rectificar (tikún) el mundo entero. Pero debido a que el pueblo no pudo ver la razón de la tardanza, ellos permitieron que esto les fuera de tropiezo.

Aprende más de esto escuchando esta enseñanza:

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Las Claves para Reconocer las Siete Plagas Emocionales del Alma.

Por P.A. David Nesher

La Torah, más allá de relatar eventos históricos referidos a la relación redentora del Eterno hacia Israel, es una metáfora acerca de la lucha contra el dualismo del sistema reptiliano. En la Instrucción divina hayamos los códigos lumínicos que otorgan las claves para obtener la victoria en esa lucha diaria en la que el mundo de la materia no quiere dejar libre al alma para que manifieste su propósito esencial.

Justamente la palabra Mitsrayim (traducida como Egipto) en su raíz señala a aquellos pensamientos limitantes que por medio de la angustia paralizan al alma al hacerla producir miedos.

Las primeras plagas de Egipto, son ni más ni menos que mensajes divinos que nos permiten ver nuestro propósito más allá de lo que sensorialmente captamos. A través de una profundización en el simbolismo ontológico que cada una de estas plagas tiene, lograremos ingresar en un proceso curativo de nuestra alma intoxicada por las creencias y los paradigmas propios del sistema reptiliano de cosas, que impera en este mundo.

Sabemos, por la revelación divina que otorga la Torah, que el alma humana está compuesta en su esencia por la Tzelem Elohim (traducida como «Imagen de Dios«) que llena de las Sefirot (Virtudes) divinas, permite que el espíritu humano se conecte a su psiquismo a fin de lograr acciones de Luz Infinita que permitan el tikkun Olam (reparación del mundo).

Dichos actos de reparación y transformación del mundo físico se logra ejerciendo el don divino llamado libre albedrío que permite escoger entre el camino de la vida y el camino la muerte.

¿Qué significa elegir entre estos dos caminos (vida o muerte)?

Escoger por la vida, significa decidir ser refinado. Es decir elegir por el refinamiento psíquico que permite reparar el mundo físico. Escoger por la muerte, es elegir la perversión para ocasionar corrupción.

La parashá Vaerá, invita al alma redimida a trabajar a través de las primeras siete plagas para ver si se está pervirtiendo o refinando.

Para saber cómo es esta técnica cósmica de sanación, te invito a escuchar esta shiur (lección) o catequesis mistagógica que impartí para los santos que buscan el Reino de Dios y Su Justicia


También, puedes profundizar esta enseñanza conociendo todos los detalles de las Diez Plagas en el siguiente estudio: