Devarim

“Saber Callar para Aprender a Escuchar”

Por P.A. David Nesher

¿Qué es la Verdad y cómo se relaciona con el ser hebreo?

Hashket Ushmah Israel Hayom!” (traducido es: “¡Cállate y escucha Israel, Hoy!“)

Aprender a callar garantiza evitar males. El mes de #Av es un tiempo especial para aprender a hacer silencio, escuchar atentamente con el corazón y hablar si es necesario. Si estás en Paz con Dios, seguramente serás un pacificador, es decir, un generador de paz.

La parashá Devarim nos inspira a valorar la capacidad de cambio que nuestras acciones ejercen en nuestro entorno.

Te invito a escuchar esta mistagogia:

El Águila (Nesher) Mesiánica

Por P.A. David Nesher

Como [con la ternura y la misericordia de] un águila que despierta su nido revoloteando sobre sus pichones, que extiende sus alas y los toma y lleva sobre sus ala. [de ese mismo modo] Yahvéh condujo a su pueblo; Él solo, sin que ningún ídolo ajeno pudiera enfrentarlo.

(Devarim/Deuteronomio 32: 11-12)

La porción de la Torah llamada HaAzinu es el canto de Moshé al concluir su misión en la Tierra. Es uno de los dos grandes cantos incluidos en la Torah y relata toda la historia del pueblo de Israel, el pasado, el presente y el futuro.

Najmánides escribe que toda alma israelita puede hallar su biografía completa oculta en las letras de este canto. El sabio Maguid de Mezeritch, el discípulo y sucesor del Baal Shem Tov, enseñó que es importante aprender de memoria este canto, ya que toda nuestra vida se despliega dentro suyo.

Es justamente estudiando este cántico que me encontré con detalles trascencendentales para nuestro destino próximo y eternal en esta metáfora del Nesher divino.

En lo personal, y debo confesar que desde muy joven, al comenzar a peregrinar el Camino y la Verdad, me llamó mucho la atención como la Torah utiliza el símil del águila para describir la forma afectuosa en que Yahvéh cuida a Israel. Abba nuestro es comparado por Moshé con una mamá águila que con ternura cobija a sus aguiluchos y atiende a sus necesidades. Ésta es la imagen más poderosas en todo este canto. Animémonos pues a meditar en ella, decodificando su mensaje celestial.

Hemos visto cómo el Eterno guió a Israel a través del desierto con misericordia y compasión. Esta acción redentora es semejante al modo como el águila es compasiva con sus crías. Ella se asegura de realizar movimientos que no la lleven a entrar de improviso al nido. Entendamos que el águila es un ave enorme y poderosa, y si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones.

Así pues debe asegurarse antes agitar y revolotear encima de sus polluelos, batiendo sus alas y moviéndose de una rama a la otra para que sus crías despierten y tengan la fuerza necesaria para recibirla sobre ellos. El águila bate sus alas sobre el nido , no tan fuerte como para desarmarlo, pero tampoco tan suave como para no alborotar a los cómodos ocupantes de este. El águila madre no pone todo su peso sobre sus crías sino que los cubre tocándolas y no tocándolas simultáneamente.

Así mismo, cuando el águila se dispone a transportar sus crías de un lugar a otro, no lo hace usando sus garras. Sucede que el águila no tiene temor de otras aves, pero sí del ataque humano que siempre le arroja flechas o proyectiles desde abajo. Por ello, en lugar de cogerlas con sus poderosas garras, induce a sus pichones a subir sobre sus alas. De ese modo, si una flecha es lanzada desde abajo, solamente heriría al águila pero no a los polluelos. De igual modo el Creador toma a Sus hijos (los benei Israel), protegiéndolos y poniéndolos fuera del alcance del ataque enemigo. Esto hizo cuando sacó a los israelitas de Mitzrayim y los egipcios los alcanzaron en el Mar de Cañas, entonces HaKadosh Baruk Hu (El Bendito Sea) los cubrió con sus nubes, y se puso en medio de los egipcios y los israelitas. En esta metáfora, sin duda, es Dios el águila que viene a despabilar a sus polluelos, revolotea sobre ellos, despliega sus alas y finalmente los pone sobre ellas –sus alas- en un vuelo redentor cruzando el cielo.

Esta es la explicación más tradicional entre los sabios, sin embargo, existe una perspectiva por demás sorprendente que quiero que ustedes también conozcan.

Necesito que recordemos lo que ya hemos estudiado, en la parashá Yitró, en donde vimos que el Eterno también se refiere a su movimiento en la redención de Egipto como un nesher obrando a favor de su nidada, al expresar que los tomó “sobre las alas de las águilas” (Éxodo 19:4). Con esto, Abba nuestro se aseguró de reforzar en la mente de Su Pueblo la idea que el águila y sus alas tienen implicancias claramente mesiánicas.

Investigando me enteré que en el hebreo existen dos sinónimos para el vocablo “alas“:

  • uno es “kanaf”, de valor numérico 150, y
  • evrá”, cuya guematría totaliza 208.

Teniendo en cuenta dichos datos de gematría, debemos comprender que las expresiones: “sus alas” (Kanafav)  y “sus plumas” (Evrató) esconden un secreto maravilloso:

Si las escribimos en hebreo en singular, y calculamos su valor numérico nos muestran una señal:

Ala =Kanaf de acuerdo al valor numérico de sus letras:

Caf =20,
Nun =50 y
=80,

Valor total= 150

Pluma = Evrá de acuerdo al valor numérico de sus letras:

Álef = 1,
Bet = 2,
Resh = 200, y
Hei = 5,

Valor total = 208

Haciendo la sumatoria de la gematría de estas dos palabras obtenemos 358, que es el valor numérico de Mashíaj (Salmo/Tehilim 2:2), cuyas letras:
Mem=40,
Shin=300,
Yud=10 y
Jet =8; dan un total de 358.

¡Este el mismo valor numérico de Mashiaj!

Así comprendemos que Yahvéh le está revelando a Israel que el águila llevándolos sobre sus alas es el Mashíaj, llevando a cabo su misión Mesiánica Divina.

“TOCAR Y NO TOCAR” las Dos Acciones del Nesher en Su Nido.

Aprovechando que vuestras almas está elevadas, sé que también les resultará muy interesante conocer que en la interpretación kabbalística el revoloteo de las águilas es llamado “tocar y no tocar“.

He mencionado que el águila es capaz de hacer ambas acciones simultáneamente, permitiendo a sus pichones despertar poco a poco, de acuerdo con la capacidad de cada uno de captar su presencia. Es que antes de que el águila tome a sus hijos sobre sus alas primero debe despertarlos.

El águila es un ave enorme y poderosa y si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones. Por eso, nuestro versículo describe al ave sobrevolando sobre su nido, dirigiéndose hacia sus hijos como la más delicada de las criaturas, manifestando un perfecto balance y estabilidad.

El verbo usado en este texto es «rajef», que se traduce como “sobrevolar“, es muy raro que esté expresado en la Torah, siendo esta una de sus pocas apariciones. La primera vez que aparece es en el segundo versículo de Bereshit/Génesis:

“…Y el espíritu de Dios sobrevolaba sobre la superficie de las aguas…”.

Explican todos los sabios expertos en hebreo que, en realidad, este es el espíritu del Mashíaj sobre las aguas de la teshuváh, produciendo el despertar de la conciencia de las almas para retornar a Yahvéh.

Entonces, los expertos del idioma bíblico, concuerda que estas dos expresiones de “sobrevolar” son absolutamente complementarias; ambas apuntan hacia el despertar del pueblo de las doce tribus de Israel en general (Casa de Judá y Casa de Efraím), a la realidad mesiánica de volver al Eterno.

Este “tocar y no tocar” es una codificación lumínica muy significante para entender la Gracia divina a nuestro favor. El poder de tocar es el de involucrarse, de inspirar al otro. El poder de no tocar, por su parte, le permite al otro ejercer el libre albedrío, de tal manera que su alma pueda despertarse por sí misma en su deseo de ascender hacia Dios. El águila (Mashíaj) nos inspira y a la vez, paradójicamente, nos permite incorporar lentamente la nueva realidad mesiánica de acuerdo a nuestro propio ritmo individual.

Conviene aquí conocer también que la palabra hebrea nesher (águila) está formada por las letras nun-shin-reish. Lo interesante de esto es que las dos letras finales forman la palabra shar, verbo que significa “cantar“. De todas las palabras del canto Haazinu, shar es la sílaba esencial de nesher.

Existen dos tipos de canto: el verbal (que incluye la poesía) y la melodía. En hebreo el “canto“, que incluye la poesía, es llamado shir, representado por la shin y reish de nesher. En hebreo melodía, por su parte, se dice nigún, que comienza con la letra nun, la primera letra de nesher. Por lo tanto nesher es el acrónimo de los dos tipos de canto.

Esto significa que cuando el águila (nesher) se acerca a su nido bate sus alas para crear un canto, preparando delicadamente a sus pichones para su arribo. Para despertar las almas del pueblo hebreo y junto con ellos al mundo entero, cada persona con su propia chispa del Mashíaj debe poseer el poder de la poesía y la melodía inherente al águila.

La palabra hebrea que aquí se usa para “nido” es ken, que está asociada con tikún (“rectificación“, “reparación“) y también con kinián (“posesión“). La posesión más perfecta es la nueva Torah del Mashíaj, el canto de las alas del águila, que comienza a resonar a medida que se va aproximando a su cría. Esta nueva Torah mesiánica dará lugar a nuestra rectificación, como el águila que se aproxima suavemente a su nido, tocando y no tocando, despertando a sus hijos que la esperan.

Así, el Espíritu de Yahvéh ha desarrollado en la mente del Pueblo Elegido la imagen del “águila mesiánica” y sus “pichones anhelantes”, encarnando al Mesías redentor e Israel junto con toda la humanidad. Entonces, cuando nos conectemos con esta imagen, podremos comenzar a afinar nuestros oídos espirituales para escuchar la música del águila que se aproxima y prepararnos para la inminente redención final.

Todo para Bien

La palabra que aquí se traduce como “pichones” es gozalav, “sus pichones“, cuyas letras son guimel – zain- lamed. Estas tres letras son un acrónimo de una frase muy conocida y básica nuestra fe: “Gam Zu Letová“, que se traduce: “Esto también es para bien“. El pichón esperando ser elevado sobre las alas mesiánicas debe ser despertado a la conciencia de que todo lo que nos sucede es para bien, y que llevará finalmente a la redención verdadera y completa, que lo recompensará en el Olam Havá (Mundo Venidero).


Un rey pequeño para servir a un Gran Rey

Por P.A. David Nesher

Cuando entres en la tierra que Yahvéh tu Dios te da, y la poseas y habites en ella, y digas:
“Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que me rodean. Ciertamente pondrás sobre ti al rey que Yahvéh tu Dios escoja, a uno de entre tus hermanos pondrás por rey sobre ti; no pondrás sobre ti a un extranjero que no sea hermano tuyo. Además, no aumentará para sí muchos caballos, ni hará que el pueblo vuelva a Egipto para tener muchos caballos, pues Yahvéh te ha dicho:
“Jamás volveréis por ese camino. Tampoco aumentará para sí muchas mujeres, no sea que su corazón se desvíe; tampoco aumentará para sí grandes cantidades de plata u oro. Sucederá que cuando él se siente sobre el trono de su reino, escribirá para sí dos copias de esta Torah en un libro, en presencia de los sacerdotes levitas. La tendrá consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Yahvéh su Dios, observando cuidadosamente todas las palabras de esta Torah y estos estatutos.”

(Deuteronomio/Devarim 17: 14-17)

Debo reconocer que siempre me pareció extraño que Moshé se atreviera a legislar sobre la creación de una institución que en sus días nadie reclamaba, y que tardaría siglos en introducirse en Israel. Justamente este “detalle escritural” fue el que más me condujo al convencimiento de que la Torah tiene un origen directa y plenamente divino, ya que en este mitzvot profetiza que el pueblo de Israel pediría un rey en algún momento de su historia. Cuando estudiamos el libro de Bereshit (Génesis), notamos que el Eterno también había dicho a Avraham en Génesis 17:6 que: “reyes saldrán de ti”, lo cual constituye también una base para que hubiera reyes en Israel.

Al llegar a los libros históricos nos damos cuenta que la iniciativa de tener un rey no vino del Eterno. Este oráculo divino se cumplió en los días del profeta y juez Samuel, cuando el pueblo pidió un rey (1 Samuel 8:5).

Samuel está molesto. Piensa que el pueblo lo rechaza. No es así, dice el Eterno, me están rechazando a Mí (1Sam. 8:7). Sin embargo, con todo esto y pese a ello, Yahvéh no le ordena a Samuel negarse a ese pedido. Al contrario, le dice: diles lo que les va a costar la monarquía, qué es lo que pueden llegar a perder. Si después de eso, todavía quieren tener un rey, dáselos.

Con esto el Eterno mostró que el propósito de aquel pueblo en tiempos de Samuel al hacer esta petición no era para cumplir la Torah en este mitzváh de Devarim, sino ser semejantes a todos los demás pueblos en la tierra, especialmente a los filisteos que querían por aquel entonces adueñarse de la zona montañosa de Canaán, ricas en la producción de aceite y vino. Esto fue lo que al Eterno lo llevara a manifestarse como contristado por causa de Su Pueblo.

Al estudiar nuestra parashá Shoftim notamos que en ella se describen siete características que tenía que tener el rey de Israel, a fin de no utilizar en forma errónea su elevado cargo para su engrandecimiento personal. Estas pautas de liderazgo yahvista son:

  1. El rey de Israel tiene limitaciones en el asunto de acumulación de bienes materiales. No puede tener muchos tesoros, así no cobraba al pueblo impuestos abusivos. El rey no puede  tener muchos caballos, así no tenía un ejercito demasiado poderoso. Y no podía tener demasiadas esposas, lo que en ese entonces implicaba, entre otras cosas, un límite en las alianzas que podía establecer con pueblos gentiles vecinos (Debarim, 17:16-17).
  2. El rey de Israel  debía ser un talmid jajam, es decir un discípulo de la Sabiduría (o un estudioso de la Torah). Tenía que escribir un Sefer Torah, el libro de Devarim,  (17:18) y cargarlo con él a donde sea que fuera. Y tenia que estudiar la Torah “todos los días de su vida”  (17:19) para aprender todo lo que Yahvéh esperaba de él y de cada uno de sus súbditos. Su estudio no era para presumir de sabiduría ante nobles y plebeyos, sino para mejorar su proceder y refinar su carácter, como veremos a continuación.
  3. Quizás lo mas interesante del rey israelita era que, en completa oposición a los que era propio de los reyes gentiles , se esperaba de él “humildad”. Así dice la Torah explícitamente en el pasuk 17:20: [El rey tendrá que leer la Torah…] para que su corazón no se enaltezca por sobre sus hermanos y no se aparte de Sus mandamientos a derecha  a la izquierda…”. Amado lector, necesito que notes la suprema lección de humildad: La Torah no dice que el rey de Israel se enaltezca por sobre “sus súbditos” sino” “sus hermanos”. En el pueblo de Dios la relación no era “rey/súbditos”, sino “hermano mayor/hermanos”. Y mientras que en los demás pueblos el rey era la excepción en cuanto a obedecer la ley, el rey de Israel debía ser el ejemplo, en cuanto a obedecer la Instrucción divina, matriz de todas las leyes existenciales.
  4. El rey tiene que ser escogido por Yahvéh, sí o sí por medio de sus profetas.
  5. El rey está colocado en una posición sobre Israel.
  6. El rey es puesto por el pueblo. Es muy interesante que la forma de gobierno que el Eterno establece entre los hombres es tanto teocrática como democrática. Tienen que haber una colaboración en el momento de la instalación de una autoridad, entre el Eterno y el pueblo que va a ser dirigido por esa autoridad.
  7. El rey tiene que ser israelita de nacimiento, no puede ser extranjero. De esa forma Yahvéh se aseguraba de que un alma pura velara por los intereses civiles y espirituales de Su Pueblo y evitara así la influencia extranjera que pusiera en peligro la cosmovisión yahvista adquirida en el Sinaí.

Interesante es destacar que con la revelación de estas características, la Torah no menciona ninguna Mitsvá de obedecer al rey. De ese modo deja bien en claro que el rey de Israel está mandado a obedecer al mismo Dios al que obedece todo israelita. En los demás pueblos,”El rey es dios”. En el pueblo de Israel, “Yahvéh es el único Rey”.

Al venir a este texto de la Torah hay una verdad que se nos revela y nos debe conducir a darnos cuenta que toda propuesta política si no viene de la mano de la justicia inspirada en el Reino de Dios no funciona.

El Rey Salomón olvidando estas pautas de la Sabiduría

Entonces, tal y como podemos ver, todo el pasaje está plagado de ambivalencia. Los peligros están claramente explicados. Existe el riesgo de que un rey explote su poder, aprovechándolo para adquirir riqueza, o esposas, o caballos (uno de los símbolos de status del mundo antiguo). Esto es exactamente lo que se describe de Shelomó (Salomón) haciéndolo en el Libro de Reyes.

Cuando vamos y vemos la vida del rey Shelomó notamos que el pecó justamente en tres áreas reveladas en estos mitzvot de la parashá Shoftim:

  1. Tuvo muchos caballos e hizo que el pueblo volviera a Egipto, para comprar caballos, (cf. 1 Reyes 4:26). Cuando los reyes gentiles viajaban, solían desfilar con un gran número de caballos a fin de impresionar al público. El Talmud, explicando este mitzváh, dice que sólo puede poseer los suficientes para sus carros (2 Samuel 8:49). Por tanto, al rey de Israel le estaba prohibido poseer cualquier caballo adicional para pompa y exhibición. La razón fundamental para esta prohibición es la necesidad de cuidar al rey de la arrogancia que conduce hacia el alejamiento del Todopoderoso.
  2. Tuvo muchas mujeres que desviaron su corazón, (cf. 1 Reyes 11:3-4). Los reyes gentiles de antaño solían poseer grandes harenes. Según el Talmud, un rey de Israel sólo podía tener 18 mujeres, basado en el texto de 2 Samuel 12:8 donde el Eterno habla de añadir dos veces más a lo que el rey David ya tenía. Entonces tenía seis esposas. Con esto la Torah se aseguraba que el rey de Israel se enfocara en su única función: gobernar la Comunidad yahvista conforme a los mitzvot de la Torah, y no perder el tiempo dando rienda suelta a placeres físicos.
  3. Tuvo mucha plata y oro, cf. 1 Rey 10:21, 27. El Talmud dice que sólo puede poseer lo suficiente para adjudicar para su corte.
¿Cómo pudo Shlomó atreverse a transgredir estos mandamientos?

A cada una de estas mitzvot la Torah le atribuye una razón: “por si su corazón se aleja de Yahvéh“. La sabiduría en Torah que poseía Shelomó era tan inmensa y su corazón tan puro que se sintió seguro de que ningún exceso de esposas alejaría su corazón del Eterno.

Shelomó declaró, “Tengo la suficiente fortaleza para transitar todos los senderos sin pecar“. Consideró que sus actos eran permisibles y, quizás, obligatorios.

Dicen los sabios que su intención era unificar el mundo entero y enseñarles moralidad de la Torah. ¿Qué mejor forma de ganarse la aprobación de un rey gentil que casándose con su hija? Shelomó asumió que la razón que da la Torah, de que ellos no deben alejar su corazón de Dios (Deuteronomio 17:17) si es que no aplicaba a él (debido a que el Eterno le había concedido Sabiduría), estaba permitido. Shelomó pensó que podía romper todas las reglas y seguir siendo ajeno a la corrupción. Lamentablemente, y pese a toda su sabiduría, estaba sinceramente equivocado.

Así pues, y por pecar en estas tres áreas, el Eterno mismo le levantó tres enemigos (cf. 1 Reyes 11:14, 23, 26). Si el rey Shelomó hubiera hecho caso a estas pautas de la Torah para su puesto, no hubiera caído en pecado.

Un antiguo Midrash cuenta una metáfora que ayuda a explicar esta caída del sabio rey. Dice que la letra yud de la palabra yarbé, que significa “aumentará”, se molestó con el rey Shelomó cuando transgredió estas prohibiciones de la Torah, y voló ante el trono celestial y se quejó: “Shelomó me desarraigó por transgredir las prohibiciones de acumular esposas, caballos y riquezas. Ahora ha anulado estas mitsvot, eventualmente descarte toda la Torah.” Entonces el Eterno le respondió a la yud: “No temas. Shelomó y miles como él morirán, pero hasta tú, la más pequeña de las letras, jamás serás desarraigada.”

Es muy posible que este Midrash haya estado en la mente de nuestro Maestro Yeshúa cuando pronunció estas palabras ante el pueblo, como están escritas en:

Porque en verdad os digo que hasta que pasen el Cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la Torah hasta que toda se cumpla.”
(Mateo 5:18)

Con esto necesitamos aceptar que todas las caídas de los hombres desde Adam hasta el último hombre, han sido, son y serán la consecuencia de no hacer caso a los mandamientos del Eterno escritos en la Torah.

Por eso, al estudiar esto, estamos obligados a pensarnos a nosotros en nuestro llamado regio, y desde allí revisar nuestra capacidad de liderazgo.

Tenemos que aceptar que, si creemos estar redimidos por Yahvéh, en alguna medida todos somos reyes, y  lideramos algo, e influenciamos sobre personas. Dicha influencia quizá está en nuestro trabajo, liderando proyectos; o quizá somos cabeza en nuestra familia, nuestra comunidad, nuestro grupo de amigos, las redes sociales, etc.

De ese modo, nos damos cuenta que el atributo de la monarquía en cada uno de nosotros, los hijos primogénitos del Monte Santo, puede ser obvio y evidente, por ejemplo, el caso de las personas que dirigen a otros y les indican qué deben hacer. Así mismo, nuestra monarquía está también la capacidad de influir con nuestra personalidad, nuestros mensajes y el impacto de nuestros actos sobre otras personas, aunque no sea tan obvio.

Debemos aceptar que la monarquía es el poder de la nobleza divina manifestada en nosotros, por lo que debemos cuidar como lo utilizamos, y hacerlo para bien de nuestro entorno. Debemos tener claro que la finalidad al liderar y asumir la responsabilidad de cualquier conducción, no es obtener nuestro beneficio, sino vivir con justicia y armonía para servir al propósito eterno de Dios, escondido en cada ser humano, con amor.

Finalmente: ¿Cuál es el mensaje práctico de Shoftim para hoy? En la comunidad estamos para servirnos con nobleza los unos a los otros. Cada uno de nosotros somos responsables de lo que está sucediendo a nuestro alrededor. No podemos culpar al vecino. Por lo tanto, le pido que se haga estas preguntas:

“¿Estoy siendo una influencia positiva en mi comunidad, donde sea que esté, donde quiera que vaya?”
“¿Soy respetado como una persona de buenos valores y moral?”
“¿Soy invisible?”
“¿Soy un ciudadano responsable?”
“¿Soy de beneficio para la sociedad sin importar mi edad?”
“¿Soy un individuo egocéntrico que solo se preocupa por lo que me sucede?”

En Shoftim, por medio de la mitzváh de elegir un rey, Moshé nos está advirtiendo, que nuestra sociedad será saludable, en la medida en que cada persona que la integra sea consciente que es importante, aceptando su responsabilidad de servir con nobleza a quienes los rodean.

¡Deja de dar vueltas!,… ¡No seas cabrón!

Por Moisés Franco.

Meditando en los primeros capítulos de Devarim (Deuteronomio), me llamó la atención que Israel haya estado tanto tiempo dando vueltas entorno al monte Seír, al punto que el mismo Eterno le dijera: “…ya anduvieron suficiente alrededor de este monte” (Dev. 2:2 | Torat Emet)

En lo particular, siento que he pasado mucho tiempo de mi vida dando vueltas en un mismo monte.

En el lenguaje de la Torah, monte se refiere además del elemento geográfico a sistemas de gobierno los cuales y a modos de adoración (1) . Por ende, el Espíritu del Señor nos está hablando de algo más que un relato histórico, sino que también nos habla a nosotros hoy, quienes somos injertados a Israel gracias a Yeshúa (Romanos 11).

El término Seír significa según el diccionario Strong “áspero”, y viene de la raíz hebrea “sáir”, que se puede traducir como “macho cabrío”, “cabrón” y “demonio”.

Indagué sobre las características de las cabras (2) , cuyo macho se denomina macho cabrío, cabrón, chivo, entre otras y encontré algunas que considero tienen un paralelismo con actitudes del alma humana que producen estancamiento. A continuación, las comparto para que reflexionemos juntos.

• Comer cualquier hierba

Según Cuiosfera, la cabra “se contenta con la poca hierba que puede encontrar entre las piedras, los senderos y las acequias”. Esto tiene que ver con la mediocridad, con el conformismo. Principalmente en la actitud pasiva hacia el mundo espiritual, a conformarse con el nivel obtenido y no esforzarse por ascender hacia los delicados pastos donde el buen pastor nos quiere llevar a apacentar (Sal. 23:1-2).

Este conformismo puede verse en una actitud pasiva a la hora de congregarnos, donde no se busca aprehender para transformar, no se estudia a fin de profundizar en nuestros corazones y llevar nuestra vida y entorno a mayor luz; sino que sólo vamos en una rutina de asistencia, en tomar apuntes que no se revisan y en simplemente leer las aliyot diarias.

• Independiente

Según la RAE esto, “dicho de una persona: que sostiene sus derechos u opiniones sin admitir intervención ajena”. Una cosa es mantener los principios y creencias fundadas en la verdadera fe, la reflejada en la Torah, y otra muy distinta es cerrarse en los propios conceptos y creencias infundadas, las cuales constituyen una propia religión. El vivir en comunidad implica aceptar el consejo de los siervos que el Eterno ha puesto para la edificación de los santos, y eso implícitamente también demanda una actitud consultiva en cada uno (Heb. 13:17).

Es decir, el consultar al liderazgo si el proceder es correcto, si la forma de llevar la vida íntima está acorde a la sana doctrina, obviamente sin caer en “extremos exhibicionistas” ni siendo pastor-dependientes. Es simplemente abrirse a que un tercero con autoridad espiritual verifique la correcta vivencia del yugo mesiánico.

• Solitaria

De la mano de lo anterior, la cabra tiende a ser solitaria más allá de que pueda habitar en rebaño. En las asambleas suele ocurrir que hay personas que simplemente comparte un espacio físico por un momento específico (una celebración o convocatoria) pero no tienen la mínima intención de socializar con sus hermanos luego. Esto puede parecer inofensivo, una mera preferencia personal, pero no lo es, porque lesiona la comunión del cuerpo. (Gen. 2:18/Salmos 68:5-6).

La persona solitaria es egoísta quizás sin saberlo, porque priva a los demás de toda la luz que el Eterno ha puesto en su interior, y a su vez, se priva a sí misma y a sus generaciones de toda la riqueza que el fraternizar en hermandad puede darle. Así mismo, quien tiende a la soledad también suele encerrarse en sus problemas, a intentar sobrellevarlos solos, ignorando que el Eterno hace que nos perfeccionemos en la vinculación con los demás (Prov. 27:17); por eso esta actitud hace al individuo más vulnerable a ataques del enemigo que promueven la depresión.

• Vagabunda

Considerando las características anteriores, no es de extrañar que la cabra tienda a buscar sus propios caminos y muchas veces perderse.

A veces se cree que el vagabundo es sólo aquel que vive en situación de calle, pero la acción de vagabundear es: “andar vagando por los sitios sin una finalidad ni un destino determinado” según una definición web.

Confieso que he pasado una buena parte de mi vida con esta actitud. Trabajando, estudiando una carrera, sirviendo a la asamblea, pero sin enfocarme en un destino o una finalidad específica. Esto es señal de maldición (Gén. 4:12) y por ende YHVH nos llama a salir de allí y volver a su propósito, a su voluntad porque podemos tener un oficio pastoral, servir activamente, hacer admirables reflexiones pero estar errante. Creo que constantemente este sistema materialista busca nuestra distracción, promueve que hagamos mucho pero sin saber bien para qué. Una vez, un líder de mi congregación me dijo: “no es lo mismo ser un activista que estar activo”, refiriéndose a que uno puede hacer muchas cosas “para el Señor”, pero aún así estar desenfocado de su voluntad, de lo que el Espíritu Santo quiere decir y hacer en mi interior y desde ahí hacia mi entorno.

Cada vez que se estudia la Torah sin saber para qué, que se asiste y toma apuntes pero no se repasa, que se ora por el mero hecho de que “Dios no me maldiga” y tantos otros ejemplos más, estamos dando vueltas en Seír y malgastando el tiempo que, como diría el profeta Yosef González, es un recurso no renovable.

Debemos estudiar la Torah no sólo para conocer secretos, sino para poder vivirla y transformar el mundo.

Por eso, el Espíritu de la Profecía nos llama a salir de ese estado errante y volver a Él como una esposa que abraza a su esposo luego de un largo tiempo sin verlo


¿Hasta cuándo vagarás, mi hija descarriada? Pues el Señor hará que algo nuevo suceda: Israel abrazará a su Dios
(Jer. 31:22 | NTV)


Todas estas características traen como consecuencia un estancamiento e impiden que sigamos recibiendo el caudal de luz que el Eterno quiere darnos para transformar este mundo.

Hemos venido a esta tierra a cultivar y guardar nuestro entorno (Gén. 2:15), si no lo hacemos en verdad estamos de vagos aunque trabajemos, nos congreguemos y sirvamos en muchas actividades eclesiásticas. El mandato divino es que el justo coma de la obra de sus manos (Is. 3:10), y por ende quien no obra adecuadamente le escaseará su alimento, pero el versículo no se refiere a los intercambios comerciales solamente, sino primordialmente a la acción de reparar el mundo a través de la luz divina recibida en y desde Yeshúa, quien nos ordenó: “…id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…” (Mt.28:19-20)

Por ende, si hay estancamiento en tu vida ministerial, vincular, física y económica, es tiempo de escuchar la voz divina y levantar campamento en busca de Su presencia.

REFERENCIAS:
(1) – https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/1200003125
(2)- https://www.curiosfera.com/cabra/

La Mezuzah: Herramienta para Proteger el Hogar.

Por P.A. David Nesher

“Y los escribirás [las palabras del Shemá] en las jambas de tu casa y en tus portones”

Deuteronomio 6:9; 11:20

 

Como cualquier dueño de casa sabe, no son los pequeños dispositivos con luces intermitentes los que protegen su hogar. La protección está en la seccional de la policía. Lo único que tienes que verificar es que los dispositivos estén conectados.

Una Mezuzah en la jamba de la puerta de tu casa funciona de la misma manera, sólo que está conectada a un sistema orgánico superior de protección. Una entidad muy superior: Or EinSof (la Luz Infinita).

Por eso, según Tosafot y Shulchan Aruch , la función principal de la Mezuzah es proteger la casa del mal. Debido a este atributo, la Mezuzah ha sido llamada “el escudo de armas en la caballería de Dios “.

Tener una Mezuzah es un acto de alta  inteligencia emocional (Binah), porque básicamente es como si contratáramos a un guardia de seguridad 24 horas, los 7 días a la semana para que esté parado en la puerta de nuestra casa. De hecho cada dos o tres años hay que revisarla para verificar que no se haya roto ninguna letra, porque cuando esto sucede es señal de que la Mezuzah quedó inválida, es decir  ya cumplió su misión. Esto es, porque cuando una letra se rompe, significa que ella sirvió de escudo contra una energía del Mundo Oscuro donde gobierna HaSatán y su séquito de espíritus de rigor, y la anuló. Sin embargo, una Mezuzah es también inválida  en una casa en donde no se cultiva el amor, la armonía y la Shalom. Así que su efectividad no depende solo de lo kosher que sea, también depende de mantener los nombres divinos en nuestro corazón y llevarlos a todos lados. El corazón es el cesto del cual nos habla la Torah.

De hecho, es así que funciona cada mitzvá (mandamiento), los tzitziyot, las velas de Shabat, el estudio de la Torah, las buenas acciones. Piensa en ellos como conexiones dedicadas que te conectan con el Servidor infinito de todas las cosas: Yeshúa HaMashiaj, nuestro Gran Sumo Sacerdote celestial.

Sin embargo, las mezuzot tienen una cualidad especial: están directamente conectadas a la función de protección. Y, como nos enseñan los sabios del Talmud, si colocas una mezuzá en la puerta de tu casa estarás protegido, tanto dentro como fuera de ella. Eso sí que es algo que ningún servicio terrenal puede ofrecer.

En realidad, una Mezuzah es un recordatorio diario – y una declaración pública – de la identidad y fe hebrea.

A pesar de que Mezuzah significa literalmente “marco” o “jamba“de puerta, comúnmente se refiere a un rollo de pergamino que contiene versículos bíblicos, el cual es puesto en ese lugar.

La Mezuzah recuerda el éxodo de Egipto (Mitzraim), cuando la sangre del cordero untada en los marcos de las puertas “identificó” las casas hebreas que Yahvéh pasó por alto durante la última plaga (la muerte de los primogénitos).

La Mezuzah, que colocamos en la puerta de nuestras casas, contiene un fragmento de pergamino en el cual están escritos dos versículos determinados (Devarim 6:4 y Devarim 11:13-21). Estos versículos corresponden al rezo conocido como el Shemá, que expresa la unicidad de El Eterno. El escribir los fragmentos en el pergamino, es efectuado por un escriba ritual especializado, llamado Sofer Stam, que es quien también escribe a mano los rollos de la Torah. En su parte externa, la Mezuzah lleva inscriptas la palabra “שַׁדַּי“, “Shadday”, uno de los nombres de Dios. Estas letras permiten que se realice la lectura de un acrónimo usándolas como las iniciales de  “Shomer Delet Israel” que significa: «El que cuida las puertas de Israel».

En hebreo, la palabra para el lugar en donde vive un humano es dirá, mientras que para el lugar en donde vive un animal es dir. La diferencia entre estas dos palabras es la letra hei – la cual representa el Nombre de Dios. La presencia de Dios en nuestro hogar es lo que nos distingue como humanos, que hemos comprendido la Buena Noticia (Betzorah) de Salvación que Yahvéh ha dado al mundo entero en Su Mesías.

¿Por qué tocamos la Mezuzah?

El versículo que está escrito en hebreo dice: “Escucha, oh, Israel, El Eterno es nuestro Elohim, El Eterno uno es”, y a continuación nos encomienda amar a el Eterno con todo nuestro corazón. El pergamino se coloca en una caja pequeña hecha a medida y se fija en el marco de la puerta de las casas.

La tradición en muchos hogares hebreos es tocar la Mezuzah con la mano al entrar o al salir. Hay quienes luego se besan la mano con la cual la han tocado.

Algunos comentaristas sostienen que esto nos recuerda la unicidad de El Eterno, tal como explica el Rambam en su código sobre la ley judía:

“Las personas deben ser muy cuidadosas respecto de la observancia de la Mezuzá, ya que eso le corresponde a cada individuo todos los días”.

Por medio de la Mezuzah, cada vez que se entre o se salga del hogar, se recordará la unicidad de El Eterno y el amor por El Eterno. De este modo, se despertará del “sueño” y se reconocerá la propia obsesión por la vanidad del tiempo, y se entenderá que no hay nada que dure eternamente, más allá del conocimiento del creador del mundo que otorga el estudio de los secretos de la Torah.

Igualmente, al salir de la casa tocamos la mezuzá y pensamos en el nombre divino “El Shadday”, lo cual constituye también un precepto que traslada el nombre de Yahvéh a donde vayamos. El Ari agrega que uno debe besarse el dedo con el que tocó la mezuzá, como si la santidad se hubiese transferido a la mano.

Al contemplarla, las personas tomarán conciencia y seguirán el camino del bien.

El rabino Isaac Luria, más conocido como el Arizal, agrega que uno debe besarse el dedo con el que tocó la Mezuzah, como si la santidad se hubiera transferido a la mano.

El rabino Menajem Mendel Schneerson, en una charla en 1987, elogió la costumbre de que los niños besen la Mezuzah antes de acostarte en la cama. Explicó que las cosas que uno ve y escucha cuando es niño influyen en su práctica como adulto, y que para los niños “besar la Mezuzá afianza el reconocimiento de que existe un solo Elohim (Di-s), que vela por ellos y por todo lo que hay en sus cuartos”.

Si queremos que nuestro mundo privado refleje los ideales de Yahvéh, entonces tenemos que protegerlo del mundo exterior en el punto de conexión: la puerta. Al tener una parte de las Escrituras en las puertas hay un recuerdo de que son nuestro modelo de vida y la base para nuestras conversaciones en la casa. En una casa donde está la Torah en las puertas no se puede vivir de cualquier manera. Tampoco se puede hablar de cualquier manera o de cualquier cosa en esa casa. Tampoco se puede introducir por medio de las puertas o por la televisión o internet cualquier cosa en esa casa. Esto significa que cada padre de familia se compromete con las esferas celestes a monitorear el contenido de los libros, juegos y videos que ponemos frente a nuestros niños y frente a nosotros mismos. Una casa con Mezuzah en cada puerta es una casa apartada para servir al propósito eterno de Dios en el Mesías.

El sabio Maimónides declara que aquellos que consideran a la Mezuzah como un amuleto para alejar los males, son unos ignorantes, pues no entienden que su verdadero objetivo que es mantenernos siempre conscientes de la Unicidad divina y los deberes morales y es esa conciencia la que nos protege y aleja los males.

Entonces efectivamente la Mezuzah ha sido otorgada por el Eterno para mantener lejos a los malos espíritus. Pero no a esos que flotan por ahí, en la imaginación supersticiosa de gente educada por las producciones de Hollywood; sino a aquellos espíritus que podemos controlar y dominar, Es decir, esas formas de pensamientos producidas por el yetzer hará (tendencia a lo malo)  que están dentro  de nuestros corazones por causa del ego, portal impuro por el que logran ingresar los espíritu del mal del llamado Sitra Ajrá, o el otro lado”.

Con la observancia de esta mitzvá (mandamiento divino) introducimos una medida de espiritualidad y de seguridad en nuestros hogares.

La Mezuzahes una de los pocos mitzvot(mandamientos divinos) por la cual la Torá declara su recompensa. La Torah promete que cualquier persona que observa cuidadosamente la mitzvá de Mezuzah vivirá una vida más larga y rica, junto a sus hijos; como indica Deuteronomio 11:21:

“De modo que prolonguéis vuestros días y los días de vuestros hijos… “

Palabras Dichas para una Vida Estrátegico

Por Prof. Tony González
 
 

 

“Estas son las palabras que habló Moshé a todo Israel a este lado del Jordán en el desierto, en el Arabá frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab.”

(Devarim 1:1)  

Moshé habló a todo Israel en una zona geográfica especial, comprendida entre 5 lugares, cuyos nombres encierran códigos espirituales especiales y específicos, requeridos para tomar posesión de la tierra de la promesa.   Descubrir el significado profético de estos nombres, nos proporcionará una guía para nuestra vida diaria, en cuanto a poder activar las promesas del Padre para nosotros.  

Antes de ver el significado de los nombres, debemos comprender que la mayoría de ellos pueden tener un aspecto positivo y otro negativo. Así, desde esto podemos sacar gran conocimiento para la vida práctica.   Veamos pues los nombres de los lugares mencionados:  

1. Parán:
  • Relucir, embellecer, decorar, hermosear.
  • Jactarse, alabarse, gloriarse.
  • Dignarse, honrar, glorificar.
  • También explicarse, aclarar algo, ampliar un concepto.
  • Sacudir un árbol. Recorrer las ramas de nuevo.

Aplicación práctica: Desde los significados podemos comprender que Parán nos da la pauta de lo que de Moshé le proclamó al pueblo.   Las palabras fueron para embellecer y hermosear al pueblo, es decir elevar el alma de la nación de Israel a un nivel mayor de sabiduría y comprensión de la Torá. Solo de esta forma podrían tomar posesión de la tierra de la promesa, sin envilecerse con las costumbres de los pueblos que allí vivían.  

También podemos comprender que de no ser obedientes a las palabras (Devarín) del Eterno, correrían el peligro de jactarse, alabarse y gloriarse, creyendo de que el logro sería desde sus capacidades humanas, lo cual mal que nos pese, podemos ver que con el tiempo pasó.  

Por otro lado, podemos ver que, para entrar en victoria, Moshé quería llevar al pueblo a que entendiesen que era fundamental, aún luego de la conquista, que ellos serían dignos de tal posesión, solo por dar honra y gloria al Eterno. Las palabras de Moshé eran una explicación práctica de los libros anteriores, que darían una mayor luz aclaratoria y ampliarían los conceptos, desde la aplicación práctica de la Torá en la vida cotidiana de Israel.  

Con Devarim Moshé sacudió el árbol y recorrió las ramas, podemos decir que lo que hizo el profeta, fue prácticamente una poda del árbol llamado Israel, para que éste tuviera la fuerza de la sabia que corría en su esencia, para así llevar verdaderos frutos. Todas las ramas del árbol serían recorridas, supervisadas y mejoradas por las palabras del profeta, antes de tomar posesión de la tierra de la promesa.  

2. Tofel: cal.

· Las propiedades de la cal son variadas y muy buenas específicamente para la edificación de edificios.   ·

Es un noble material que se utiliza a menudo para la restauración de monumentos históricos, catedrales, castillos, o para la bioconstrucción. En efecto gracias a sus numerosas propiedades (regulador de higrometría, gran plasticidad, resistencia a las bacterias) es utilizado mayoritariamente por profesionales o particulares en viviendas individuales.

La cal tiene:

  • Plasticidad y flexibilidad.
  • Permeabilidad al vapor de agua, es un buen agente térmico
  • Se usa para impermeabilizar
  • Hace más compacto los hormigones
  • Es el material que más sirve como base para embellecer los muros. Sobre la cal actúan mejor los elementos que sirven para revestir y embellecer las paredes.
  • Sirve para la estabilización de los suelos, por eso se la mezcla con los materiales de relleno
  • Absorbe la humedad, detiene la corrosión de la humedad externa, evitando que esta penetre hacia adentro de la edificación.
  • Por no almacenarla adecuadamente, se vuelve inerte y pierde todas sus propiedades por degradación.
  • Debe ser manipulada con algunas precauciones, ya que puede provocar irritación de la piel, los ojos y las vías respiratorias, por eso se debe mantener fuera del alcance de los niños.

Aplicación práctica: Tofel tal cual la cal, implica que el pueblo de Israel debía ser práctico a la hora de vivir la Torá, es decir debía ser flexible esto significa saber escuchar, para luego tener propiedades de plasticidad esto es adherirse a las palabras, para llegar a ser uno (ejad) con el Eterno.   Debían ser permeables a la unción, dejar que la presencia de la Shekinah los penetrara, impregnándolos de la presencia del Padre. (Vayikrá 20: 7).  

A su vez debían ser impermeables ante los agentes degradantes del entorno espiritual, es decir ante la influencia de las costumbres de los pueblos idólatras y paganos, que el Eterno mismo se encargaría de destruir.  

Tanto la relación con el Eterno, así también como entre ellos debía ser compacta como el mejor cimiento, eso sería la base del éxito de la conquista y la permanencia en la tierra de la promesa.  

Así como la cal, debían dejar que la belleza de la Torá los vistiera y los embelleciera la santidad del Padre, algo que ellos nunca lograrían por sí solos.  

Debían tener estabilidad y equilibrio emocional, para que el temor nunca se apoderase de su corazón, así permitir que cada día la Palabra fuera agregando fuerza a su identidad como individuos únicos, también como nación única. (Shemot 19:5-6)  

Como vimos también no debían asimilarse con las culturas paganas, para no degradarse. Así tendrían el poder de elevarse a los niveles celestiales de gobierno divino. Es decir, ser la nación de sacerdotes que reinasen toda la Tierra. Por ello no podían permitir que sus cimientos fuesen corrompidos por la humedad externa.  

Debían guardar las palabras adecuadamente. Es decir, que debían vigilar no vivir por costumbres y tradiciones humanas, sin sentido. Esto es evidenciado en las vanas repeticiones de palabras sin sentido práctico de la vida, que no contribuyen para tomar consciencia de identidad, misión y propósito.  

Por último, vemos que la manipulación y el manejo de la Palabra y de las cosas santas, no puede estar en manos de inexpertos, inmaduros con corazón infantil.  

3. Labán: blanco

Esta expresión nos habla de las vestiduras del alma, que debía ser tal cual los vestidos de los sacerdotes, lo cual representa la pureza del corazón del Eterno en los hombres.  

4. Hazerot:

Esta palabra significa:

  • Patio, lugar cerrado por una cerca.
  • Tienda o choza rodeada con paredes.
  • Aldea, campamento, cortijo, villa.
  • Azotea, atrio.

Aplicación práctica. Israel debía tomar posesión de la tierra de la promesa, pero sin codicia o avaricia, es decir conociendo su origen, identidad, su presente y su destino, pero también los límites.  

Es decir que para ser libres y soberanos debían se dependientes del Eterno, aceptando que los límites de la verdadera libertad están en saber, escuchar, hablar y vivir en la Torá.   5. Dizahab.   Significa:

  • Que es de oro
  • Que reluce como el oro.
  • Amarillo como el aceite.
  • Brillante como el cielo claro con buen tiempo.

Aplicación práctica: Dizahab implica lo que provoca la obediencia al destino profético trazado por el Eterno para su pueblo escogido.   En Éxodo 19:5-6 la nación de Israel estaba destinada a un futuro de pureza, santidad e integridad sacerdotal, para gobernar sobre todas la naciones de la Tierra. El oro es la representación física de un rey, pero no desde la gloria humana, sino desde la gloria del Eterno. Además, esto también hace referencia al aceite con que los reyes de Israel serían ungidos.  

Para concluir, mientras que, para los hombres influenciados por el espíritu de Grecia y Babilonia, el mejor sistema de gobierno es la democraci, el Eterno revela desde su Torá que el único gobierno posible para todos los mundos existentes, es el desde Israel. Es decir una consciencia con el reinado de un Rey justo; un hombre conforme al corazón del Eterno; un hombre que es uno con el Eterno. Es decir, el Hijo que es uno con el Padre. Solo así los días de los hombres serán como vivir bajo el cielo claro y con buen tiempo por la eternidad.  

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.”  
(Revelación 21:1-5)  

Como vemos en Revelaciones, la entrada a la Tierra de la promesa implicaba para la nación de Israel, vivir manifestando un cielo nuevo, es decir un sistema de gobierno divino, desde un territorio especial y específicos, desde: “Israel”.  

¡Sean bendecidos!

Tony Gonzalez.

Condiciones Celestiales para Casarse

Por P.A. David Nesher

 

“Luego los oficiales le dirán al ejército:
“Si alguno de ustedes ha construido una casa nueva y no la ha estrenado, que vuelva a su casa, no sea que muera en batalla y otro la estrene.
Y si alguno ha plantado una viña y no ha disfrutado de las uvas, que vuelva a su finca, no sea que muera en batalla y sea otro el que disfrute de ellas.
Y si alguno se ha comprometido con una mujer y no se ha casado, que regrese a su pueblo, no sea que muera en batalla y sea otro el que se case con ella.”

(Deuteronomio 20:5-7)

 

 

Sirviendo por tanto años a jóvenes de mentalidad evangélica protestante, he notado la falta de sabiduría que la mayoría de los varones tienen a la hora de pensarse en pareja, y por ende, en familia. La gran mayoría cae en el mismo “error edomita”, amando pues primordialmente el guisado, y desechando la potencialidad de la primogenitura que sus almas tienen. Dicho de otro modo, casi todos los varones con mentalidad greco-romana, comienzan este maravilloso camino del amor perfecto por el final: procuran obsesivamente tener su mujer, y luego, quizás piensen en su destino laboral y económico.

Justamente en estos versículos, la Instrucción (Torah) divina señala que los oficiales tienen aquí la función de tratar y supervisar casos de carácter social, como el hecho de un varón que desea constituir un hogar.

Las tres cosas mencionadas, una casa, una viña y una esposa, representan los momentos más felices de la vida natural del varón en edad de guerra, es decir en edad juvenil apropiada para casarse (mayor de 20 años). Para que un soldado israelita no pierda la oportunidad de disfrutar de estos momentos, no podrá hacer cierto servicio militar mientras esté involucrado en uno de ellos.

Estas tres cosas aparecen aquí en el orden natural. Primero el hombre debe tener casa y trabajo, y luego es apto para casarse. Con este bosquejo la Instrucción (Torah) divina enseña en Su Sabiduría la conducta apropiada que un varón redimido debe ejercer para realmente formar un hogar exitoso: el hombre debe primero construir una casa, luego plantar una viña (obtener un trabajo). Solo entonces puede tomar una esposa.

Cuando el hombre fue creado, Yahvéh le dio primero una casa, el huerto, luego un trabajo, la jardinería (melajá y abodá).Luego, cuando el varón se especializó en eso, le otorgó una mujer como recompensa a dicho esfuerzo ministerial. Si vienen maldiciones sobre una persona, primero es tocada la relación con la mujer, luego la casa y finalmente la vida laboral (cf. Deuteronomio 28:30).  El filósofo judío Maimónides dice en su libro Mishné Torá”:

Es costumbre de personas sensatas que el hombre asegure primero un trabajo que lo alimente, luego construya una casa y finalmente despose a una mujer, como está dicho: “haber plantado una viña, construido una casa y luego desposado a una mujer”.

Entendamos que en la cosmovisión hebrea, la novia es presentada en las Escrituras con estos tres términos, casa, viña y mujer.

El rey Salomón, experto en los códigos de Luz Infinita escondida en estos pasukim (versículos) dijo también:

Prepara primero tus faenas de cultivo (fuera) y ten listos tus campos para la siembra; después de eso, construye después tu casa.

(Proverbios 24:27)

Aquí queda perfectamente señalado el esquema actitudinal que debe seguir un varón que decide amar a una mujer en espíritu y en verdad. Dicho esquema se sujeta a los siguientes tres lineamientos:

  • Prepara tus labores fuera”… es decir construye una casa;
  • “…ten listos tus campos”,… es decir planta una viña; genera una empresa
  • “ y construye después tu casa”; es decir toma una mujer por esposa.

Salomón había aprendido estas pautas proféticas especialmente de la vivencia mesiánica de su padre el rey David:

“Y David prosperaba en todas sus empresas, pues el Señor estaba con él.”

(1 Samuel 18:14)

Por todo esto, cualquier varón soltero que está ahora frente a este estudio, debe aceptar que primordialmente es adecuado elegir una ocupación que le proporcione el justo sustento que le permita adquirir el justo recurso con el que luego podrá acceder a la compra del bien primario que una familia necesita: la casa. Luego, asegurarse que su economía se expandirá por medio de proyectarse en una empresa, para así entender que puede tomar sexualmente a la mujer que ha escogido como esposa.

No es sabio casarse primero y luego buscar trabajo y casa. Sólo los varones insensatos inician el camino al revés. Estos, envueltos en una locura lujuriosa, comienzan casándose, luego, si es que lo logran, se compran una casa, para finalmente intentar en sus fuerzas generar un sustento seguro, si es que no terminan sobreviviendo gracias a la caridad sistémica de los subsidios estatales de turno.

Torah y Globalización… ¿Quién debe Gobernar Cada Nación?

La idea de que naciones, etnias, culturas, o economías sea gobernada por una nación, etnia, cultura, o economía extranjera, es contraria a la Torah. La misma prescribe que el gobernante de un pueblo sea un nativo, de suerte que su inclinación natural sea defender el bienestar y los intereses (la etnia, cultura, los valores, y la economía) de su propio pueblo. Es decir, no hace sentido un extranjero (por ejemplo un católico italiano que fue criado y vive en el continente Europeo, en la ciudad de italiana de Roma), tenga el poder de decidir cuales han de ser los valores, la cultura, la moralidad, y la economía que deben regir la población (mayoritariamente musulmana) de Arabia Saudí; la población (mayoritariamente budista) de Tailandia; o la población (mayoritariamente hindi) de la India.

¿Donde enseña esto la Torah?… Pues en el pasaje que dice:

«… de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano»

((Deuteronomio 17:15)

De hecho, el Eterno advirtió a Israel que, la consecuencia de abandonar la Torah (los diez mandamientos) seria ser vencidos por sus enemigos (paganos), siendo así subyugados por las naciones extranjeras:

«Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán… por cuanto no habrás atendido a la voz de Yah tu Dios, para guardar sus mandamientos… servirás, por tanto, a tus enemigos (aquellos a quienes no les interesa realmente tu bienestar)»

(Deuteronomio 28:45-48)

 

¿Yeshurún, Israel o Yaakov?… ¡Esa es la cuestión!

Por P.A. David Nesher

“Nadie hay como el Dios de Jesurún, que cabalga los cielos para venir en tu ayuda, y las nubes, en su majestad.” 

(Devarim/ Deut. 33:26)

Hemos llegado a los versículos de conclusión de la bendición que Moshé está salmodiando proféticamente sobre el Pueblo escogido de Yahvéh. Es la segunda vez que aparece la palabra Yeshurún (Jesurún) en las Escrituras (anteriormente Moshé la ha usado en su shirá – c.f. Devarim 32:15). Es evidente que esta expresión es un título para Israel, y literalmente significa “el que es justo porque ama lo que es recto” (c.f. Isaías 44:2).

La mayoría de los intérpretes modernos coinciden en tomarlo como un título poético e ideal de Israel, derivado de la expresión yashar, (el “recto“); se considera que contiene una referencia tácita a la palabra Israel (yisra’el _יִשְׂרָאֵל  _), de la cual las tres primeras consonantes son casi las mismas que las de “Yeshurun” ( יְשֻׁרוּן ).

En el libro de Números (o Bamidbar) se supone que el término “los justos” (yesharim) contiene una referencia similar (Números 23:10). La mayoría de los comentaristas comparan también “el Sefer Yashar” (El Libro del Justo), y se ha sostenido que “Yashar” es similarmente un nombre por el cual Israel es llamado.

En la Versión de los Setenta o Septuaginta (primera traducción de las Sagradas Escrituras al griego), la expresión Yeshurún (Jesurún) se considera un término afectuoso y se traduce por “amado”.

Es interesante saber que el nombre Yeshurún estaba grabado junto con las doce tribus en las piedras preciosas del pectoral del juicio del Sumo Sacerdote.

Este nombre, Yeshurún (Jesurún), debería haber recordado a Israel su llamamiento como pueblo en relación de pacto con Yahvéh y, por lo tanto, su obligación de ser rectos. (Dt. 33:5, 26;) para lograr que toda la creación sea completada en la plenitud de la justicia.

En este pasaje el nombre Yeshurún (“Jesurún”) está siendo empleado por Moshé de una manera irónica. De este modo, él les está señalando que en vez de vivir en armonía con lo que ese nombre indicaba, Israel se hizo ingobernable, abandonó a su Hacedor y despreció a su Salvador.

También resulta interesante señalar que la palabra Yeshurún aparece sólo cuatro veces en todas las Sagradas Escrituras: tres en la Torah de Moshé y una entre los profetas (rollo de Isaías más precisamente).

Por todo lo dicho, considero que es importante conocer y destacar que existen tres nombres en las Sagradas Escrituras para referirse al pueblo del Eterno:

  • Yaakov (Jacob),
  • Yisrael (Israel) y
  • Yeshurún (cf. 33:26, 28).

Como creo que ustedes estarán ya discerniendo, éstos tres nombres, representan tres niveles de espiritualidad, en los que Yaakov es el más bajo y Yeshurún es el más alto. Así pues, ordenando mejor nuestro conocimiento diremos que:

Yaakov representa al pueblo escogido en su conciencia y misión terrenal, ocupado de la mayordomía de todos los elementos que componen  la fisicalidad;

Israel representa al pueblo escogido en su conciencia espiritual, ocupado en la investigación de los códigos de la Torah;

Yeshurún representa al pueblo escogido ya en su conciencia celestial, apegado completamente al Eterno y gobernando la existencia en todos sus planos.

Veamos cómo el profeta Isaías usó este término al dar este oráculo:

“Mas ahora escucha, Jacob, siervo mío, Israel, a quien yo he escogido. Así dice Yahvéh que te creó, que te formó desde el seno materno, y que te ayudará:

“No temas, Jacob, siervo mío, ni tú, Jesurún, a quien he escogido.”

(Isaías 44:1-2)

Insisto que la ocurrencia de los tres nombres usados aquí es muy notable, y el orden en que se encuentran no es accidental. El profeta habla aquí de estos tres niveles espirituales del pueblo del pacto.  Isaías comienza con el nombre que perteneció al patriarca de nacimiento; el nombre de su naturaleza, que contenía algunas indicaciones de su temperamento y carácter. Pasa al nombre que conmemoraba el misterioso conflicto en el que, como príncipe, Jacob tenía poder con el Eterno y prevaleció. Por último, el patriarca, esta vez representado en sus descendientes, termina con el nombre Yeshurún , cuyo significado es “el justo“, y que fue otorgado al pueblo como un recordatorio de lo que deberían ser.

El nombre Yaakov se aplica a la parte física de la personalidad de nuestro patriarca. Señala a los asuntos relacionados con su existencia terrestre. En cambio, el nombre de Yisrael (Israel) se refiere a aspectos espirituales de su personalidad. Es decir, a los asuntos relacionados con su existencia eterna vinculada con las regiones celestiales.

Recordando la historia patriarcal, cuando Yaakov recibió por primera vez su nombre, la Torah declaró que esto se debió a que reflejaba su aferramiento al talón de su hermano Esav (Esaú). Luego, encontramos que el nombre Israel se utilizó por primera vez, cuando Yaakov, habiendo luchado exitosamente con la fuerza celestial que representaba a su hermano Esav, salió victorioso. Por lo tanto, es evidente que el nombre adicional de Israel tenía como objetivo principal reflejar los logros espirituales de Yaakov. Este nombre recordaba el hecho de que Yaakov había alcanzado una dimensión adicional en su desarrollo de la personalidad. Por causa de esta historia patriarcal, el nombre Yaakov quedó proféticamente subordinó al de Israel. El uso de estos nombres enseña entre otras cosas que si alguien hace su dimensión espiritual subordinada a sus preocupaciones físicas , terrestres esto “lo mata”, conduce a su muerte tarde o temprano.

Después de este examen detallado, notaremos que cuando la Torah emplea el nombre de Yaakov para describir a nuestro patriarca, se refiere a sus preocupaciones terrenales (el atributo femenino de la Luz Infinita) y, por lo tanto, a su tendencia a retener. Con esto el Eterno revela que dichas preocupaciones son indispensables para cualquier ser humano. Mientras que cuando cambia llamándolo Israel se refiere a sus preocupaciones espirituales, asuntos que son en gran medida abstractos (atributo masculino de la Luz Infinita). Esto es lo que el profeta tenía en mente cuando dijo:

  “¿Quién te creó, oh Yaakov, que te formó, oh Yisrael?”

(Yeshayahu/Isaías 43: 1)

Por todo esto, entendemos que el nombre Yaakov es el que ha sido designado para servir al Eterno y cumplir sus propósitos en la tierra. Él no recibió ninguna promesa de tener una descendencia como las estrellas, como Avraham e Yitzjak, sólo como la arena y el polvo. De ese modo el nombre Yaakov representa el pueblo del pacto que vive en el mundo natural, rectificando y reparando el mundo físico; por lo tanto tiene su parte y función en esta edad presente.

El nombre Israel representa la descendencia de Yaakov espiritual, que ha tenido la experiencia de un quebranto en sí mismo y que reconoce su urgente necesidad de ayuda del cielo para poder vivir. Es el pueblo del pacto que lucha junto con el Eterno y vence sobre las fuerzas del mal tanto interiores como exteriores en el mundo físico y en el mundo espiritual.

Ahora bien, hemos dicho al iniciar este estudio que el nombre Yeshurún viene de la raíz ישר (yashar), que significa “recto“, “justo“. La misma palabra encierra la idea de “ver lo recto por medio de la meditación de la Torah“. Este nombre representa al pueblo del pacto que ha llegado al nivel ideal, diseñado por Dios mismo, y que Él tanto anhela que Su Pueblo alcance. El mismo es un nivel de obediencia inmediata e incondicional tal en el que nadie puede encontrar motivos para argumentar contra él reproches, acusarlo y/o condenarlo. Es el pueblo justo y celestial que conoce a su Elokim y camina con Él adorándolo en el Espíritu y en Verdad.

Todos sabemos qué tan lejos debajo del ideal del nombre cayó el pueblo israelita, y sin embargo, el nombre se aplica a ellos hasta hoy desde los cielos. Aunque la realización del ideal ha sido tan imperfecta, el ideal no se destruye. Aunque han hecho tantos pecados, sin embargo, Yahvéh los llama por su nombre de “justo“.

Entonces, considerando el texto y el mensaje del profeta Isaías, nos damos cuenta que habla de dos pueblos escogidos, Israel y Yeshurún. De esa manera Israel puede representar los redimidos que están dentro del pueblo del pacto y Yeshurún puede ser entendido como los que han sido escogidos de entre los de Israel para llegar a un nivel más alto de justicia. Esos que han recibido la justicia del Eterno por la fe prometida a los antiguos y que ha sido perfectamente cumplida por medio de la muerte expiatoria y resurrección de Yeshúa.

Los que alcanzan este tercer nivel de santidad son los señalados escrituralmente como las estrellas del cielo, los que tienen una ciudadanía celestial y los que habitarán la Yerushalayim (Jerusalén) celestial futura que vendrá a la tierra. Son los que han experimentado, por su fe en el Mesías, los poderes de la resurrección, y han recibido así el don del Espíritu del Santo por medio de la glorificación de Yeshúa en el cielo (Juan 7:37-39; Hch. 2).

Como la oferta de salvación ha llegado también a los gentiles, los que de entre ellos responden al llamado al arrepentimiento y abandono de la idolatría para volverse al Elokim de Israel y creer en Su testimonio acerca de la resurrección de Yeshúa recibirán el mismo Espíritu que los hebreos que han llegado a ese nivel y también serán contados entre los rectos y podrán ser llamados Yeshurún.

De esa manera hay una puerta abierta para los no judíos a ser parte del pueblo celestial, el pueblo escogido entre los hijos de Israel y también entre las naciones. ¡Qué grande es poder ser parte del pueblo Yeshurún!

Llegando al final de todo esto, aceptamos que el texto de la Torah de hoy nos enseña que los que son de Yeshurún tienen un Dios que está por encima de todo y muestra su poder en este mundo desde el Cielo. Los que han aprendido a confiar en Él y no en sus propias obras ni en su propia justicia son el pueblo escogido celestial, es decir, Yeshurún.

Pueblo de Yeshurún entre judíos y gentiles: ¡Regocíjate en tu Dios que pronto viene en tu ayuda!


Bitácoras Relacionadas:

¡Firmes por el Camino de la Vida!… (Nitzavim y Vaielej)

Es costumbre al llegar a esta semana que se lean dos parashot (porciones) juntas:
Nitzavim y Vayélej.

 

Nitzavim significa “parados firmemente” y Vayélej, tiene un significado que marca todo lo contrario “y caminó”. En verdad, el mensaje que resulta de la unión de las dos ideas, nos revela cuál es la intención del Eterno con respecto a la dinámica de vida que Él diseño para Su Pueblo. Yahvéh creo a Israel con el fin de que cada uno de sus integrantes sea consciente de que su vida por este mundo sigue una dinámica de transición. Por ello, los hizo peregrinar por el desierto por el lapso de 40 años. La vida es una peregrinación que necesita ser recorrida con una actitud: la confianza en la firmeza del Camino mismo. Por ello, el paradigma de fe que estos dos términos hebreos producen, permite entender la dinámica de vida que los hijos primogénitos del Eterno deben seguir en la vida. Mantenerse totalmente convencidos de lo que creen, a fin de lograr una avanzada con sentido celestial: derecho, adelante y hacia arriba.

 

No es entonces casualidad que estas dos parashot (porciones) se lean en el Shabat anterior de la Fiesta de Yom Teruá (Día de Aclamación o Fiesta de las Trompetas), jornada en que todo el mundo es juzgado por el Eterno, y se fija el destino de cada ser humano, en lo que queda del año, y  se establece especialmente el tipo de dinámica vital que se quiere tener en el año que se aproxima.

 

Las dos porciones hacen el recuento de las actividades de Moshé en el día de su muerte a los 120 años, antes de la entrada del pueblo a la tierra de Israel. El mensaje de estas dos secciones semanales enseña la necesidad de ser estables. Es decir, la prioridad de tener una postura firme en cuanto a los principios y acciones revelados por la Torah (Instrucción), pero al mismo tiempo nos compele al avance permanente y perseverante en el proceso de nuestro desarrollo espiritual y humano.

 

Es muy importante tener en cuenta que Moshé se dirige a todo el pueblo reunido en asamblea para formalizar el nuevo convenio de Yahvéh con el pueblo de Israel. En el mismo,  en el mismo quedarán incluidos todos los presentes sin distinción de clases sociales, riqueza, o conocimientos, y además todos aquellos hebreos que nacerían en el futuro y cuyas vidas estaban presentes en aquel momento, del mismo modo que estaban presentes en el Sinaí cuando fue entregada la Torah.

 

El convenio confirma el compromiso del pueblo de Israel y el potencial que tiene cada uno de sus miembros, cualquiera sea su condición, para elevarse espiritualmente a los niveles de la kedushá (santidad) que Yahvéh desea otorgar como herencia a sus redimidos. A la vez advierte de nuevo sobre las consecuencias que tendrá que sufrir de no cumplir con los preceptos indicados en la Torah, sea a nivel individual o general.

 

Uno de los motivos por el que se lee estas parashot antes de Yom Teruá á es porque en Nitzavim se habla de teshuvá (el arrepentimiento):

Pues este mitzvá (mandamiento) que te ordeno hoy, no está oculta de ti y no está lejos. No está en el cielo, para decir: ‘¿Quién subirá para nosotros al cielo y la tomará para nosotros, y nos la hará entender y la haremos?’. Y tampoco del otro lado del mar está ella, para decir: ‘¿Quién cruzará el mar para nosotros y la tomará para nosotros y nos la hará entender y la haremos?’. Porque esta cosa está muy cercana a ti, en tu boca y en tu corazón, para hacerla.

(Devarim/Deuteronomio 30:11 – 14)

 

El concepto de volver a Yahvéh es traducido generalmente al español como “arrepentimiento” (teshuvá, תשובה). Notamos que teshuvá es uno de los mensajes más importantes de las Sagradas Escrituras. La teshuvá o regreso es el eje central de la enseñanza de Yeshúa y Su imperativo evangélico. El mensaje de Yeshúa comenzó con esta orden mesiánica: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17; Marcos 1: 14-15).

 

¿En qué consiste el verdadero arrepentimiento (teshuvá)?

 

Moisés, en esta sección (parashá) lo explica perfectamente al pueblo del Eterno:

“ Y vuelvas (teshuvá) a Yahvéh tu Dios, tú y tus hijos, y le obedezcas con todo tu corazón y con toda tu alma conforme a todo lo que yo te ordeno hoy.”

(Deuteronomio 30: 2)

 

Todas las líneas amorosas de las Sagradas Escrituras dejan bien claro que el Eterno acepta y recibe el arrepentimiento verdadero. Él no se aparta de un ser humano que pide perdón en el nombre de su Hijo Yeshúa y de todo corazón que se esfuerza por rectificar, reparar su vida, para que la kedushá (santidad) divina lo transforme. Más aún, el Altísimo recibe esa petición y otorga el don del perdón. De este modo, el pecado de dicha persona es limpiado y se borran los registros de culpa que el mismo había originado. De este modo el Eterno quita el pecado del arrepentido, y lo acepta libremente de nuevo en su amor.

 

La persona que se arrepiente sinceramente con su corazón y alma, y pide perdón en el nombre de Yeshúa se vuelve a conectar inmediatamente con el Padre. Es como si un interruptor de luz se enciende, y donde había oscuridad, la sala arde con luz. Un momento antes, los pecados de la persona se interponían entre él y Yahvéh. En el momento de la teshuvá (arrepentimiento o regreso), la persona se encuentra en la misma presencia de Yahvéh, disfrutando del poder de la kedushá (santidad). ¡El Eterno ama y protege a quien elige la Vida!

 

Amado discípulo de Yeshúa, quiero que aceptes que esta semana, el Eterno recibirá tu confesión de pecado, tu oración por el perdón y tu resolución de hacer las cosas cada día mejor, incluso si tienes que repetirlo muchas veces al día.

 

¡Atrévete a disfrutar del Amor y la Vida que da nuestro Abba kadosh!

 

Disfruta como nunca lo has hecho de cada decodificación que el Espíritu Santo te otorgue esta semana a través de cada aliyá.

Los Tiempos de Prueba Definen lo Mejor de la Vida

Preséntate al sacerdote que esté a cargo en ese momento y dile:
“Con esta ofrenda reconozco ante el Señor su Dios que he entrado en la tierra que él juró a nuestros antepasados que nos daría”. 
Entonces el sacerdote tomará la canasta de tus manos y la colocará frente al altar del Señor tu Dios.
En la presencia del Señor tu Dios tendrás que decir:
“Mi antepasado Jacob era un arameo errante que fue a vivir como extranjero a Egipto. Su familia era poco numerosa cuando llegó, pero en Egipto creció hasta volverse una nación grande y poderosa. Y los Egipcios nos maltrataron, y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Yahvéh Dios de nuestros padres; y oyó Yahvéh nuestra voz, y vio nuestra aflicción, y nuestro trabajo, y nuestra opresión: Y nos sacó Yahvéh de Egipto con mano fuerte, y con brazo extendido, y con grande espanto, y con señales y con milagros: Y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel. Y ahora, he aquí, he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Yahvéh. Y lo dejarás delante de Yahvéh tu Dios, e inclinarte has delante de Yahvéh tu Dios.”

 

(Deuteronomio 26: 3-10)

 

Después las canastas eran colocadas al lado del altar y se recitaba el texto de . Esta maravillosa confesión de gratitud le hizo recordar al pueblo de Israel el tiempo de Jacob y su familia en la tierra de Canaán, hasta el momento en que la familia fue a Egipto (Mitzraim). Así también se obligaban a recordar la liberación de Egipto y el éxodo hacia la tierra prometida.

De este modo, los hebreos aprendían una y otra vez que Israel pasó unos cuatrocientos años en Egipto. Sin embargo, en el transcurso del propósito eterno de Dios, no fue más que una pequeña temporada. Con esto, queda bien claro que muchas veces caemos en el error de enfocarnos tanto en nuestro tiempo de prueba y miseria que pensamos que esto define toda nuestra vida; Yahvéh vio la experiencia de Israel en Egipto como una pequeña temporada.

También, mediante el rito del Bikurim, y la confesión de fe que allí recitaban, los hebreos se hacían conscientes de la razón principal por la que Yahvéh envió a Jacob y a su familia por una pequeña temporada a Egipto. Cuando vivieron en Canaán, existía un gran riesgo de que la familia se integrara a los pueblos malvados y paganos de su alrededor (como lo vemos en el libro de Bereshit). Para prevenir esto, y para permitir que el pueblo creciera, Yahvéh envió a Jacob y sus hijos a Egipto, el cual tenía una sociedad muy racista y excluyente, por lo tanto, no interactuaría con Israel. Gracias a esto, ellos irían siendo “ pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa.”

Por todo esto, esta entrega inicial de las primicias cuando Israel llegó a la Tierra Prometida era la manera apropiada de decir “gracias” al Señor. Esta entrega, y cualquier cosa que damos con el corazón correcto, es una manera apropiada de adorar delante de Yahvéh tu Dios. Por esta razón era que las cosas que había en las canastas eran comidas sólo por los sacerdotes.

Primicias Productoras de Gratitud y Providencia

Cuando hayas entrado en la tierra que YHVH tu Dios te da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites, entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que YHVH tu Dios te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar que YHVH tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre. Y te presentarás al sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: Declaro hoy a YHVH tu Dios, que he entrado en la tierra que juró YHVH a nuestros padres que nos daría. Y el sacerdote tomará la canasta de tu mano, y la pondrá delante del altar de YHVH tu Dios.”

(Deuteronomio 26: 1-4)

La tierra prometida estaba allí, frente a sus ojos, justamente al cruzar el Río Jordán. Muchos obstáculos habían también delante de esta comisión, tales como el aumento del río Jordán por las inundaciones de primavera, y los fuertes ejércitos de los cananeos, aun así el Eterno les aseguró que entrarían en la tierra.

Ya hemos estudiado en el libro de Bamidbar (Números 18:12) acerca de las primicias que deben ser entregadas regularmente al sacerdote, pero las primicias descritas en esta aliyá son una ofrenda especial obtenida de la primera cosecha en la tierra prometida.

Esta ofrenda también es mencionada en Éxodo 23:19 y 34:26, donde está escrito:

“Traerás lo primero (reshít) de las primicias (bicurim) de tu tierra a la casa de Yahvéh tu Dios…” (v. 2)

La palabra hebrea que ha sido traducida como “primicias” es reshit, y aparece en todos los tres textos. La palabra bicurim, “primicias” no aparece en el texto de Deuteronomio, sólo reshít, “lo primero”. Aun así, esta ofrenda es llamada bicurim.

En la ofrenda de bicurim se da del fruto de la tierra de Israel y, específicamente de las siete especies (minim) mencionadas en Deuteronomio (8:8).

Dar las primicias obviamente honraba a Yahvéh, porque daba al Señor la primera porción, antes de usar cualquier parte para sí mismo.

La expresión miel no se refiere a la miel de abeja sino a la obtenida de los dátiles. En la tierra de Israel, no se entrega una ofrenda de bicurim de otras especies. El propósito de entregar los primeros frutos, que son los que más se aprecian, es mostrarle al Eterno que Él es el primero en nuestras vidas.

Cuando los primeros frutos empezaron a brotar eran marcados con un hilo rojo. De esta manera el agricultor sabía a ciencia cierta cuál era la primicia de sus frutos.

En el tiempo del Templo de Yerushalayim (Jerusalén) era maravilloso ver llegar familias enteras junto con otras personas de la misma ciudad. Iban caminando con sus canastas cargadas de las siete especies detrás de un toro cuyos cuernos fueron cubiertos de oro, y había sido enyugado con una guirnalda de ramas de olivo alrededor del cuello. El toro era sacrificado como ofrenda de paz.

Al acercarse a Yerushalayim la gente salía a recibirlos con gritos de alegría y con toque de flautas.

Los levitas cantaban el Salmo 30 (que es una referencia a la resurrección del Mesías, la cual es simbolizada en las primicias o bicurim).

Al llegar al monte del templo colocaban las canastas sobre los hombros para entrar en el atrio en esa posición física.

Los sacerdotes, junto con el jefe de familia, colocaban luego su mano debajo de cada canasta y juntos la mecían (tenufá) en todas las direcciones, para mostrar así que es una pertenencia del Eterno, y por lo tanto los cuatro puntos cardinales estaban sometidos a Su bendita Voluntad de bendecir y prosperar a Israel, su hijo primogénito.

BIKURIM: La Evidencia de que NO soy un INGRATO

Vendrás al kohen que esté en esos días y le dirás: ‘Declaro hoy a Yahvéh, tu Dios, que he entrado a la Tierra que el Eterno juró darnos.”
(26:3)

Al hacer esta declaración, cada israelita, estaba diciendo es:
Yahvéh, reconozco que me diste esta Tierra y el regalo de todos estos frutos abundantes”.

Pero eso no es todo. En las palabras hebreas “veamartá elav” traducidas aquí: ‘y le dirás’, el sabio Rashí explica que al llevar los bikurim, con esa actitud y con esta declaración se le informaba al kohen que tanto el que ofrendaba, como cada integrante de su familia, no era un kafuf tov, es decir, un ‘ingrato’.

¿Por qué debes decirle eso al kohen? ¿No alcanza con no ser kafuf tov? No, debes articularlo y decirlo en voz alta. Él habla es un puente entre lo interno y lo externo. Hablar de algo concretiza tus pensamientos y los hace reales. Por eso en el Beit HaMikdash (Santo Templo) ante la presencia de Dios, cada israelita le decía al kohen de turno que el Eterno le había dado regalos sin ninguna condición. Debía mirar al kohen a los ojos y convencerlo de que realmente sentía gratitud. El sacerdote discernía en la mirada del israelita si era sincero o no, si estaba lleno de alegría y pensaba que la vida es hermosa, o no. El hecho de decirlo en voz alta permitía que el alma de cada hijo de Israel se discierna a sí misma en dónde se encuentraba en la emunáh (fe).

Con esto descubrimos que la Torah enfatiza que la gratitud es la base de toda relación amorosa, incluyendo nuestra relación con Yahvéh, y es el primer paso para aprovechar el poder del mes de Elul de aní ledodí vedodí li.

Con este ritual, cada hebreo confirmaban su fe de que la tierra de Israel y su producción pertenecen a Yahvéh, quien es el único Amo (Señor) de todo lo existente. Entonces surgía la gratitud por la abundancia que se disfrutaba, mediante esto las dimensiones celestiales eran movilizadas a manifestar mayores acciones de Su Providencia, ya que cada hebreo demostraba en estos ritos que su vida depende solamente de Yahvéh, la Fuente de todo ser humano.

¡Llegando a Tus Metas Interiores!… (Resumen de la Parashá Ki Tavó)

P.A. David Nesher

 

“Y será cuando entres a la tierra que el Eterno tu Dios te dió por heredad, cuando la poseas y vivas en ella, tomarás las primicias de todo fruto del suelo que sacarás de la tierra que El te dió, las pondrás en un cesto y con él iras al lugar que el Eterno escoja para establecer allí Su nombre.” 

(Devarim/Deuteronomio 26:1-2)

Ki Tavó significa “cuando llegues…”, y también “cuando entres…”

La energía mesiánica de esta semana es muy particular, pues su beneficio viene oculto.

Ki tavó es una porción que  siempre se estudia en el mes de Elul, por lo cual sin duda causa impacto en nuestras vidas.

La semana pasada vimos la porción de Ki Tetzé que significa cuando salgas, Ki Tavó quiere  decir  “cuando entres” lo cual nos muestra que si la primera se trata de nuestra relación con el mundo externo, esta se trata de nuestra relación con nuestro interno, que es nuestra alma.

El paradigma que desarrollará esta porción de códigos celestiales es que toda meta humana solamente es posible cuando desde la interioridad, totalmente comprometida con la Instrucción (Torah) divina se apunta a la realización plena que permita la promoción de la calidad de vida de toda la comunidad.

La parashá de esta semana comienza con el enunciado que realiza Moshé sobre las ceremonias a realizarse en la Tierra de Israel referidas a las leyes de las primicias (hebreo: bikurim), los primeros frutos de las siete especies (minim). Los mismos debían ser presentados ante el sacerdote (kohen) en una canasta (hebreo: têné).

También recuerda las leyes del diezmo (hebreo: maaser) de la cosecha cada tercer año del ciclo de la shemitáh (sabático), que debía ser apartado para los levitas, los huérfanos y las viudas. Ahora bien, esto no se trata de un precepto solo para los agricultores, esto es un secreto que nos enseña como conectarnos con la energía que nos sostiene con cada paso que damos.

La *primera entrada* a la que se refiere Ki Tavó, *es cuando entra el alma en nuestro cuerpo cada mañana*, por lo que *lo primero que debemos dar como primicia al Eterno es el pensamiento*. Debemos preguntarnos: ¿Cuáles son los primeros pensamientos que nos invaden? ¿Son de gratitud por ese nuevo día de vida?, o ¿son los trabajos pendientes en la oficina o los problemas que enfrentaremos durante ese día? ¿Pensamos en ese amor que está a nuestro lado agradeciéndole todo lo que nos da?, ¿o en la pelea que tuvimos el día anterior?. Y para aquellos que no tienen pareja: ¿Pensamos acaso en esa persona especial que la luz ya ha puesto en nuestro camino? ¿o pensamos en la carencia de no tenerlo?

En esta sección también se dan las instrucciones detalladas de cómo proclamar las bendiciones y las maldiciones en los montes Grizím y Eival, como fue discutido al comienzo de la sección Ree. Para ello, se ordena que al cruzar los israelitas el río Yardén (Jordán), renueven el pacto con Yahvéh, y como memorial se erigirán enormes piedras recubiertas de yeso, sobre las cuales se inscribirán claramente las palabras de la Torah (según algunos, el texto hasta sería traducido a las lenguas conocidas en aquella época). 

Recordemos que para esta ceremonia, la mitad de las tribus se encontrarían ubicadas en el monte Guerizim, mientras las otras tribus sobre el monte Eval, en tanto los leviim permanecerán en el valle entre las dos montañas para escuchar y pronunciar, respectivamente, las palabras de maldición y bendición que se dirán, tras las cuales todos los presentes contestan “Amén“.

Moshé recuerda al Pueblo de Israel que el cumplimiento de los mandamientos del Eterno, sin desviarse de Sus caminos y Sus mandatos, los recompensaría con la elevación del Pueblo Especial del Eterno sobre las demás naciones. 

Moshé enfatizó sobre lo qué sucedería si el Pueblo se conducía observando los mandamientos del Eterno, y así lograrían prosperidad en sus ciudades, sus campos, sus ganados, sometiendo a los enemigos y estando por sobre las demás naciones. Por el contrario, su comportamiento contrario, traería como consecuencias enfermedades, hambruna y muerte y la Tierra de Israel sería destruida y dominada por naciones violentas, y los judíos diseminados y convertidos en esclavos.

La última parte de Ki Tavó consiste en lo que se conoce como la Tojajah (reprimenda). Luego de listar las bendiciones con las cuales el Eterno premiará a la gente cuando ellos sigan las leyes de la Torah, Moshé da una larga y dura lista de cosas malas, como enfermedad, hambruna, pobreza y exilio, que ocurrirán si ellos abandonan los preceptos divinos.

Por último, Moshé comenzó su última exposición ante el Pueblo, exhortándole recordar al Todopoderoso que los protegió en Egipto, durante los cuarenta años en el desierto y los seguiría protegiendo en el futuro hasta ver cada meta alcanzada en plenitud.

Moshé concluye diciendo al pueblo que sólo hoy, cuarenta años después de su nacimiento como pueblo, alcanzaron ” un corazón para saber, ojos para ver y oídos para escuchar.”

El Divorcio en la Voluntad del Eterno

Por P.A. David Nesher

“Cuando alguno toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable en ella, y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, y ella sale de su casa y llega a ser mujer de otro hombre; si el segundo marido la aborrece y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, o si muere este último marido que la tomó para ser su mujer, al primer marido que la despidió no le es permitido tomarla nuevamente como mujer, porque ha sido menospreciada; pues eso es abominación ante Yahvéh. No traerás pecado sobre la tierra que Yahvéh tu Dios te da por heredad.”

(Devarim/Deuteronomio 24:1-4)

En la mentalidad general del diseño original, la Torah revela que Yahvéh considera al matrimonio como una unión de alianza amorosa para toda la vida. Una unión que manifiesta físicamente el misterio de Su Unidad (Ejad) y que, por lo tanto, solo termina cuando muere uno de los cónyuges (1 Corintios 7:39). Entonces, y dado que se trata de una institución sagrada, una vasija de Luz totalmente celestial, los hijos primogénitos no deberíamos tomar a la ligera la idea de disolverla.

La Torah revela que un matrimonio israelita sólo era válido si se hacía bajo la denominada jupáh (símbolo del respaldo celestial), y con la firma de la ketubáh (documento legal de alianza matrimonial) que era la representación de lo civil.

Estudiando este texto nos damos cuenta que el divorcio era permitido en Israel, pero cuidadosamente regulado por autoridades espirituales expertos en justicia divina. Solamente una autoridad espiritual puede dictaminar un divorcio, y por motivos graves, ya que el matrimonio en la cosmovisión yahvista es un compromiso sagrado e inviolable, pero a causa de la naturaleza caída del ser humano, no indisoluble.

Así pues, bajo la Torah de Yahvéh, el matrimonio no se puede simplemente disolver en cuanto uno de los cónyuges quiera hacerlo; debe de haber una causa para extender un guet (o carta de divorcio). Es decir que la despedida de una mujer tiene que ser por un acto oficial de entrega de esa guet ( גט). Con este documento se le devuelve a la mujer el estatus de no casada y, por lo tanto, la dignidad y el derecho a casarse de nuevo con otro. Esta carta de divorcio es precisamente el documento oficial y legal que da el derecho a la mujer de casarse de nuevo. Sin un guet, sería una adúltera si se uniera a otro hombre.

Mediante esta legislación, en la mentalidad hebrea, el divorcio nunca se veía como una opción preferida o fácil. La palabra hebrea traducida como divorcio tiene en su raíz la idea de “separar por medio de un corte”, y transmitía la imagen de la amputación que sufría aquello que es una sola carne. Así cada miembro de Israel consideraba el divorcio como cortar o mutilar a un cuerpo viviente, y dejarlo para siempre inválido.

En el tiempo del Segundo Templo, después de regresar del exilio babilónico y hasta los días de Yeshúa, habían aparecido dos interpretaciones principales de la palabra “reprochable”, en hebreo erváh – ערוה – (palabra que también se traduce como “desnudez“, “desgracia“, “defecto“, “indecencia“, “inmundicia”, “confusión“, “vergüenza“, “impureza“, y/o “promiscuidad“); por un lado, se encontraba la interpretación de la casa del maestro Hillel que decía que se puede despedir a una mujer por cualquier cosa que cause molestia en el esposo, incluso si ella fracasa en la cocina. Por el otro lado, la casa del maestro Shamai era más estricta ya que sólo permitía divorcio cuando había un comportamiento sexual indecente en la mujer.

Por eso, al leer el Evangelio de Mateo, nos encontramos con la siguiente historia en la vida de nuestro Mesías:

Entonces se le acercaron los fariseos, tentándolo y diciéndole:
– ¿Está permitido al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?
Él, respondiendo, les dijo:
– ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, “hombre y mujer los hizo”, y dijo: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó no lo separe el hombre.*
Le dijeron:
– ¿Por qué, pues, mandó Moisés darle carta de divorcio y repudiarla?
Él les dijo:
– Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. Le dijeron sus discípulos: –Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.”

(Mateo 19:3-10 _ RV1995)

Vemos aquí como Yeshúa, nuestro Maestro, en concordancia con este Midrásh, se atrevió a entrar en la discusión que había entre la casa de Hillel y la casa de Shamai dando razón a la interpretación de éste último.

Considerando este relato de la enseñanza de nuestro Maestro, podemos sacar varias conclusiones de este texto:

1. El divorcio NO pertenece a los lineamientos y pautas del diseño original del Eterno para el ser humano.
2. El divorcio fue permitido por el Eterno, nunca ordenado.
3. El Eterno permitió el divorcio por causa de la “dureza del corazón” del hombre y la mujer.
4. La causa de un divorcio para poder casarse con otra persona no puede ser cualquiera. Sólo puede ocurrir por algo indecente tal como vemos que Yeshúa da sentido a la expresión hebrea “ervat davar”, traducido como fornicación (RV) e infidelidad (LBLA) en Mateo cap. 19 vers. 9.

Cuando leemos la expresión ervat davar (“alguna promiscuidad“) es la clave en toda esta discusión. Según la respuesta de Yeshúa, en Mateo cap. 19 vers. 9, un hombre no comete adulterio al despedir a su mujer y casarse con otra, si hay en ella una conducta sexual indecente – ervat davar.

Debo contarles que el concepto de ervat davar se encuentra también en el capítulo anterior en esta misma parashá (Deut. 23:14) refiriéndose a los excrementos humanos, que no podían ser vistos por la Presencia del Eterno ni dentro ni fuera del campamento de guerra. Sería algo indecente para la Presencia divina. Por eso, la expresión no puede interpretarse como “cualquier causa” o “cualquier cosa que desagrade al marido”, sino tiene que ver con una desviación sexual, que convierten a la sexualidad como un instrumento que energiza a las fuerzas del Sitrá Ajrá (“el Otro Lado”). Luego, en la Septuaginta (Versión de los LXX) la expresión ervat davar fue traducida al griego como porneia – πορνεία –, que significa fornicación, es decir inmoralidad sexual. Lo más interesante de esto, es que en la enseñanza de Yeshúa se está usando esta idea y la misma se aplica tanto a la mujer como al varón que adultera.

Concluyamos pues, que la expresión ervat davar en el capítulo 24 de Devarim (Deuteronomio) no se está refiriendo ni a cualquier conducta desagradable de la mujer, según los caprichos del varón, sino a una desviación sexual de la mujer muy desagradable para el esposo, de la misma manera que los excrementos puestos en el suelo, dentro o cerca del campamento de guerra santo, causarían disgusto a la Presencia divina.

Así que, según la enseñanza de Yeshúa en Mateo capítulo 19, donde explica el texto de Deuteronomio 24, el divorcio está permitido, para las personas con corazones duros, cuando existe algún tipo de comportamiento causado por una perversión sexual muy desagradable en el cónyuge. Él dejó bien explicado que si alguien se divorcia por cualquier causa, que no sea infidelidad, si se vuelve a casar es como si estuviera en adulterio.

“También se dijo:

“Cualquiera que repudie a su mujer, que le dé carta de divorcio.” Pero yo os digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada, comete adulterio.”

(Mateo 5:31-32)

Un divorcio oficial, con la entrega de un documento legal, da el derecho a casarse de nuevo con otra persona. Sin embargo, las pautas proféticas de la Torah revelan que cada divorcio causa lágrimas en el cielo (Mal. 2:13-15).

No obstante, si alguien tiene motivos bíblicos de divorcio (los cuales, de acuerdo con 1 Corintios 7: 15, incluyen abandono por el cónyuge no creyente), ellos ciertamente tienen permiso de divorcio, y el Eterno no se los “sostendrá en su contra” amenos, claro, que Él les haya dicho específicamente que no se divorcie y estarían desobedeciendo la palabra especifica para sus vidas.

Por eso, y teniendo en cuenta el Yugo de Yeshúa, los que han recibido el Espíritu del Mesías por medio del nuevo nacimiento cuentan con una orden más, según lo que está escrito en la primera epístola a los Corintios: “A los casados instruyo, no yo, sino el Señor: que la mujer no debe dejar al marido (pero si lo deja, quédese sin casar, o de lo contrario que se reconcilie con su marido), y que el marido no abandone a su mujer.” (1 Corintios 7:10-11) Reafirmando que en un matrimonio creyente se debe priorizar el servicio de la reconciliación antes de llegar a un divorcio por cualquier causa. Las Sagradas Escrituras dejan bien claro que nuestro Abba odia el divorcio (Malaquías 2:16) y esa reconciliación y perdón deberían ser las marcas de la vida de un creyente heredero de Su Salvación (Lucas 11:4; Efesios 4:32).

Ahora, al terminar este encuentro con tu alma, elevo mi tefiláh (oración de alianza) en intercesión para que nuestro Abba nos dé gracia a fin de que no existan divorcios entre nosotros.

¡Bendiciones en Su Paz!

Una Vida Sin “Excrementos”

Por P.A. David Nesher

 

“Cuando salieres a campaña contra tus enemigos, te guardarás de toda cosa mala. Si hubiere en medio de ti alguno que no fuere limpio, por razón de alguna impureza acontecida de noche, saldrá fuera del campamento, y no entrará en él. Pero al caer la noche se lavará con agua, y cuando se hubiere puesto el sol, podrá entrar en el campamento. Tendrás un lugar fuera del campamento adonde salgas; tendrás también entre tus armas una estaca; y cuando estuvieres allí fuera, cavarás con ella, y luego al volverte cubrirás tu excremento; porque Yahvéh tu Dios anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti; por tanto, tu campamento ha de ser santo, para que él no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de en pos de ti.”

(Devarim/Deuteronomio 23: 9 – 14)

 

Estudiando la parashá de la semana pasada (Shoftim), vimos como el Eterno ordenó que el ejército hebreo estuviera integrado por varones justos (tzadikim) que amaran la Torah (Instrucción) y se mantuvieran en kedushá (santidad). Solamente así, podrían ver el cumplimiento de sus promesas en lo referente a la victoria para cada batalla. El Eterno mora entres sus soldados solamente si estos son santos.

Este texto trata con una situación específica en tiempos de guerra: la conciencia de la Shekiná o Presencia del Eterno en lo cotidiano de la lucha. Los hebreos debían entender que, de acuerdo a las promesas divinas, la Shekiná tiene que estar presente en el ejército de Israel para que este pueda vencer sobre sus enemigos. El paradigma del Reino de Dios que aquí se establece es fuerte: las guerras de Israel dependen de la presencia Divina.

Por eso, para que esta Shekiná pueda manifestarse, el ejército tiene que vivir en un nivel alto de santidad (kedushá). Esta idea incluye la pureza ritual y también física. Por ello, en este caso es mencionado como cosa mala, la impureza ritual causada por el derramamiento seminal y los excrementos dentro del campamento.

”Tendrás también entre tus armas una estaca.”

Yahvéh, con este mandamiento, se aseguraba primeramente la limpieza sanitaria entre el ejército de Israel, necesaria para impedir la contaminación de las aguas y la propagación de enfermedades parasitarias. Con esta profilaxis, nuestro Dios estaba asegurando la fortaleza física en sus filas; cada soldado debía de cargar con un tipo de pala, con la cual pudiera cubrir su excremento.

Lo primero que vemos en este mandamiento es como la Torah se encarga de dar cobertura a todas las áreas de la vida humana, incluso el momento de ir al baño. A nuestro Padre no se le escapa nada. Hay mandamiento incluso para ese momento. Él nos instruye en los detalles más íntimos de nuestra vida para que actuemos siempre de manera correcta y nos da la oportunidad de servirlo por medio de nuestra vida práctica diaria.

Pero, además, debemos saber que este mandato fue dado con un sentido pedagógico totalmente espiritual, para que los soldados hebreos se aseguraran siempre de meditar su conducta en medio del campamento de guerra.

El Eterno compara el excremento (desecho orgánico de los seres vivos) con las cosas inmundas que Él desaprueba y que se mantienen en nuestro interior. Por esto, cada integrante del ejército debía asegurarse de llevar una personalidad limpia, libre de todo pensamiento inmundo, que produzca una intención repudiable. De este modo, con este mandamiento, Yahvéh se aseguraba que cada soldado de Israel ejerciera el dominio propio sobre el yeser hará (inclinación al mal).

Por medio de estos ritos se lograba:

✔ Prevenir irritación los unos con los otros;
✔ Preservar y ejercer la modestia y honestidad natural;
✔ Evitar toda inmundicia moral y física;
✔ y principalmente, habituar a cada soldado a ejercitarse en la mayor reverencia a la Majestad Divina presente en medio de ellos.

Entonces, la enseñanza de ese versículo para nosotros es que debemos meditar en nuestro carácter y temperamento para evitar lo desagradable, aprendiendo a sepultar todo lo que es detestable para Yahvéh. Así determinarnos a no seguir eso malo que abandonamos al circuncidarnos en nuestro corazón.

Este mandato nos recalca de no salir a pelear nuestras batallas con pecado oculto en nuestro interior, aún no eliminado y enterrado. El Eterno quiere que nos aseguremos que el enemigo no tenga argumento para derrotarnos, es decir, que no exista en nosotros pecado que no haya sido declarado, perdonado y enterrado en el fondo del mar (Miqueas 7: 19). Es necesario que estemos limpios de toda acusación, de todo lo que el enemigo pueda usar en nuestra contra. Es muy importante que llevemos todo aquello que hemos hecho mal, al Eterno pidiéndole que nos libre de todo pecado escondido en nuestra interioridad.

Entendamos que para que Yahvéh pueda liberarnos de los peligros, tenemos que vivir vidas intachables, no alcanzables para Satanás.

La santidad es la mejor defensa que tenemos tal y como lo expresa el salmista: “…la santidad conviene a tu casa…” (Salmo 93: 5). Por lo tanto, conviene usarla como energía divina que purifica y promociona.

La maldad abre brecha en la defensa espiritual que rodea a los justos. Por lo tanto, cuando hay luchas en nuestras vidas, tenemos que cuidarnos de una manera especial para que el enemigo no tenga motivos para acusarnos y dañarnos. Si permitimos el mal entre nosotros no vamos a poder vencer en los enfrentamientos con nuestros enemigos, ni los visibles ni los invisibles. Por ello, las comunidades primigenias de discípulos mantenían viva en sus mentes la idea de estar participando de una guerra espiritual cotidiana:

“Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales.”

(Efesios 6:12)

Amados discípulos de Yeshúa, los exhorto a que vivamos de manera limpia y pura ante el Eterno siempre para así ganar todas las batallas.

Shavuá Tov!

“Shiluaj Haken”: Un Mandamiento Sencillo lleno de “Buenos Futuros”

Por P.A. David Nesher

 

 

““Si por casualidad encuentras en tu camino un nido de pájaro, ya sea en un árbol o en la tierra, con pichones o huevos, entonces, si la madre está recostada sobre los pichones o los huevos, no tomes a la madre junto con ellos. Ahuyenta primero a la madre y sólo luego toma los pichones o los huevos para ti. Así te irá bien y se prolongarán tus días.”

 

(Devarim/Deuteronomio 22: 6)

 

Encontrarse con un nido de pájaros, y determinar mi futuro. Suena extraño, pero así lo ha determinado Yahvéh. “¿Cómo es esto?“, seguramente estarás preguntándote. Pues bien, yo descubrí esto sumergiéndome en los códigos lumínicos de la Torah. Todo ocurrió cuando un discípulo del Grupo de Whatsapp (“La Bendición Torah”) me solicitó que explicara este “extraño” y a la vez sencillo mandamiento que nuestro Abba da a Israel. Discerní que muchos de ustedes albergarían la misma inquietud, con respecto a la significación esencial de este mandamiento divino. Por eso, decidí escribir esta bitácora.

Comenzaré mencionando la triste realidad que surge revelada de este mandamiento: la crueldad del ser humano le acorta los días de su vida.

Desde esto, les comento que a este mandamiento (mitzvá) se lo conoce con el nombre de Shiluaj Haken (lit. “el envío del nido”), porque tiene como imperativo mandar lejos del nido a la madre antes de tomar sus huevos o pichones. El dato curioso es que este mitzvá es considerado como el más fácil de la Torah.

Por otro lado, podemos ver que la recompensa que Abba nuestro promete por este mitzvá es larga vida (arijut yamim), es decir la longevidad. El único otro mitzvá positivo que la Torah especifica su recompensa en larga vida, es honrar a los padres (Kibbud Av VaEm), el cual, paradógicamente, es considerado el mitzvá más difícil de toda la Torah. Cabe rescatar aquí, que del hecho deque el mitzvá más fácil y el más difícil reciben la misma recompensa, nos conduce a comprender que no podemos clasificar los Mitzvot (mandamientos) del Señor, y debemos hacerlos cuando la oportunidad se presenta.

Leyendo el mitzvá Shiluaj Haken, a primera vista parecería que la razón del mismo es hacer comprender que no debemos exhibir crueldad con los pájaros o cualquier otra de las creaciones del Eterno. Por eso sería que Él nos manda ahuyentar a la madre para que no vea a sus polluelos tomados de ella, lo que le produce una gran agonía y dolor. Sin embargo, nos encontramos con fuentes en la Torah que parecen indicar que esta mitzvá no es sólo acerca de la compasión con aves u otros animales. Sabemos que el principal propósito y objetivo de los mitzvot (mandamientos) es inculcar en nosotros los buenos rasgos y valores del carácter sacerdotal mesiánico, por lo que podemos emular al Eterno y acercarnos más a Él. ¡Nuestro amado Abba nos dio mandamientos con la única razón de perfeccionar nuestros rasgos de carácter, por medio de su observancia, y así asemejarnos a Su Hijo, Yeshúa!

Entonces, meditando más profundamente en el mitzvá Shiluaj Haken se nos revela que en verdad, Yahvéh decretó que enviáramos fuera a la madre antes de tomar sus crías, para inculcar en nosotros el rasgo fundamental de la compasión hacia el prójimo. Si actuamos con crueldad con los pájaros y los animales, vamos a terminar haciendo lo mismo con los seres humanos que nos rodean.

¿Cuál será el motivo de este accionar cuando uno se encuentra frente a la madre y sus crías? Distintos sabios exégetas hebreos explicaron el motivo de esta ley, entre ellos, existe un famoso debate entre Maimónides (Rambam) y Najmánides (Rambán) al respecto.

Maimónides incluye esta ley dentro de un valor muy conocido que es el de evitar “Tzaar Baalei Jaim”, que significa evitar dolor en los seres vivientes, refiriéndose especialmente a los animales. Desde esta perspectiva, descubrimos que hay muchos preceptos que pueden asociarse con este principio como por ejemplos: “Y un animal vacuno u ovino, a él y a su cría no habréis de degollar en un mismo día” (Vayikrá/Levítico 22: 28). También se incluyen aquí las leyes denominadas Shjitá, las cuales se rigen por la idea de que se puede matar al animal para comerlo, pero hacerlo de la manera menos dolorosa para éste. En este sentido, el motivo del mandamiento de Shiluaj Haken es evitar sufrimiento en la madre al ver que se llevan a sus crías. Si de todas maneras hay que hacerlo, mejor realizarlo de la manera menos dolorosa.

Najmánides difiere con el exegeta anterior y sostiene que esta ley tiene como objetivo educarnos a nosotros como personas benevolentes. Personas piadosas, compasivas y misericordiosas con el mundo que nos rodea. Sería una técnica educativa para alejar de nosotros actitudes crueles e interiorizar conductas piadosas.

Maimónides pone el énfasis en el animal, en evitarle dolor o que sufra lo menos posible, en cambio, Najmánides, en los seres humanos. Él explica que este mitzvá nos ayuda a perfeccionarnos para erradicar toda crueldad que anidamos en nuestro corazón. Ya que los mitzvot (mandamientos) nos fueron dados para nuestro bienestar. Yahvéh no se beneficia cuando las hacemos, somos nosotros quienes a través de ellos purificamos nuestras almas y mejoramos el mundo. El objetivo, por lo tanto, no es ser piadosos con los animales sino enseñarnos a ejercer todo el tiempo buenas cualidades para reparar nuestro entorno y así transformarlo en su presente para asegurarle un mejor destino.

Al considerar estas dos sabias exégesis, bien podríamos pensar que cuando se cumple este mitzvá hacemos ambas cosas a la vez, es decir, ayudamos a evitarle sufrimiento al animal, y por otro lado, nos ayuda a nosotros a ser mejores personas, más piadosas y compasivas con nuestro entorno, y particularmente con nuestro prójimo.

Teniendo en cuenta lo que hasta aquí he explicado, necesito que recordemos que una cualidad muy valorada por el Eterno en la vida de sus hijos es que sean “rajmanim”, es decir piadosos o misericordiosos con el mundo que los rodea. Justamente ésta es la virtud que más se necesita en nuestros días. Son millones de seres humanos que claman a los Cielos por misericordia manifestada en los vínculos humanos. Vivimos en una época en que la tecnología y los medios de comunicación han avanzado a tal punto que podemos, entre otras cosas, llegar a ver diariamente cientos de imágenes con contenidos violentos tanto reales como de ciencia ficción. Décadas atrás no existía el poder estar sentado cómodamente en la casa mirando una guerra, un asalto y tantos crímenes en diferentes partes del mundo. Quizás sucedían igual que ahora, pero era imposible ver las imágenes como si uno estuviera en el lugar del hecho.

El sistema reptiliano ha logrado exponernos diariamente a situaciones de violencia e inseguridad, y el peligro de esto es que nos estemos acostumbrando. Nos estamos adormeciendo a tal punto que confundimos una película con la realidad y todo lo veamos al mismo nivel.  Periodistas y empresas, obsecuentes de la élite imperante, se ocupan de los medios de comunicación sabiendo muy bien que uno de los temas que más se vende son aquellos en que hay sangre, violencia y armas. Por supuesto que es una gran ventaja estar informado y que exista la tecnología que tenemos, pero creo que lo que no debemos es perder la capacidad de ser sensibles a lo que ocurre alrededor nuestro. Es importante que nos sintamos conmovidos por el dolor ajeno y podamos actuar al respecto manifestando empatía benevolente. Por ello, es que Yahvéh quiere que Su gente sea misericordiosa. Con el mitzvá Shiluaj Haken, el Eterno nos capacita en el hecho que si nosotros aprendernos a ser sensibles a los sentimientos de un pájaro, entonces ciertamente nos vamos a ocupar empática y solidariamente por nuestro prójimo. Practicar el Shiluaj Hakén nos educa para ser personas piadosas y compasivas, que sepan también sensibilizarse por las imágenes trágicas y violentas que vemos y busquemos maneras de hacer algo para revertir el sufrimiento de nuestro prójimo.

Con este mitzvá la Torah quiere enseñarnos el valor de la conservación de las especies. Así, por medio de este mandamiento el Eterno decodifica el lineamiento de Luz acerca de la responsabilidad que ha entregado al ser humano de velar por el futuro próspero de todos los seres vivientes del planeta. Es bien conocido el dicho hebreo: “quien salva a un hombre, salva a la humanidad toda”. Y esto lo es por el valor intrínseco de cada uno de nosotros y por lo que representamos. Como dijera el filósofo español Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Por lo tanto, yo soy yo, y todos mis futuros. La mamá pájaro es ella y todos sus futuros. Puedo tomar a sus pichones, pero no eliminar la especie pájaro que encarna esa madre. Por eso el premio deivino de prolongar y dar calidad total a mi futuro, porque al respetar a la especie pájaro, estoy asegurándome a mi, a mis entornos y al universo un futuro de diversidad, de calidad total, de plenitud excelente, que glorifique el Nombre de Yahvéh.

Entendamos que es solo una mitzvá ocasional. Esto significa, que en cada momento de mi vida puedo aplicar mi obediencia a la Torah comprometido con el mundo entero. Sin embargo, la enseñanza del mitzvá Shiluaj Haken determina mis futuros, simplemente por ocuparme del futuro del “Otro”. ¡Eso es un misterio maravilloso!

¡Por eso, después de toda esta meditación los animo a mejorar nuestras midot – cualidades- para llegar a perfeccionar nuestra alma a la estatura del Mesías!

 

Shalom!

En amor y servicio P.A. David Nesher

Los Barandales de la Felicidad

Por P.A. David Nesher

 

 

“Cuando edifiques casa nueva, harás pretil a tu terrado, para que no eches culpa de sangre sobre tu casa, si de él cayere alguno.”

 

(Deuteronomio/Devarim 22: 8)

 

Cuando los hebreos entraron a la Terra Prometida, comenzaron a poseer terrenos que ellos no habían comprado, ciudades que ellos no habían construido y casas que ellos no habían edificado. Josué (Yehoshúa) los introdujo en Canaán y les señaló los límites que cada una de las tribus deberían tener. Conquistaron a los pueblos que ahí estaban, y entonces los príncipes de cada una de las tribus distribuyeron la tierra por familias; así encontramos a los hebreos habitando ciudades y casas que ellos no conocían, que ellos no habían construido. Como ellos siempre habían vivido en tiendas en el desierto no sabían lo que era vivir en una casa propia, pero cuanto debió ser su entusiasmo cuando entraron a la tierra y Josué les dijo a los príncipes de cada tribu “distribuyan a las familias” y las familias tuvieron su propia casa, su propia vivienda. Los hebreos celebraron en sus mentes y corazones ese llegar a la Tierra Prometida, comenzaron a comer del producto de la tierra, del producto de los animales y empezaron una nueva vida aprovechando de ella los momentos de confort y esparcimiento que les brindaba.

En Canaán tenían la costumbre de usar los techos de las casas como terrazas. Esto era debido el clima tan cálido, y especialmente por el fresco de la tarde y de la noche que permitía un buen relax y un reparador descanso. Mucha parte de su vida la llevaban en el terrado. Era un gusto placentero de ellos. Era una costumbre confortable de ellos. Por ello, este mandamiento no les quita esa costumbre, sino que les concede esa práctica revelando que Yahvéh se complace en nuestras costumbres placenteras de recreación, esparcimiento y relajación.

Sin embargo, el Eterno ordenaba que se hiciera un barandal o pretil (hebreo: maaké) para el techo, para que las personas fueran protegidas de caer. Aquí hay un mandamiento que primordialmente habla a favor de la protección de la vida humana. De aquí se sacan muchas aplicaciones. No habla solamente de una casa, sino de tomar todo el tiempo medidas para proteger al ser humano en todos los aspectos. El Eterno tiene interés en la manera en que los seres humanos construyen sus casas. Quiere que su casa sea dedicada a Él, y quiere que esa casa sea un lugar seguro.

Como vemos este mitzvá (mandamiento) deja establecido lo importante que es para cualquier institución (desde la familia al estado mismo) priorizar las normas de higiene y seguridad: poner vallas y señales de tráfico en las carreteras, tapar los agujeros de los enchufes para que los niños no metan los dedos allí, etc. Fallar en construir de una manera segura traería culpa (responsabilidad) sobre el dueño o constructor de la casa. Eran responsables por la seguridad de aquellos que usarían el hogar.

Ahora bien, si bien en la aliyá (ascensión) de hoy se habla específicamente de construir una casa asegurándose de colocar seguridad en ella como cobertura, hay un significado más profundo para aquellos que nos gusta sumergirnos en las profundidades de los códigos de la Torah.

Cuando la Torah dice: “cuando edifiques casa nueva“ está enseñando aquí que ellos iban a tener nuevas oportunidades, nuevos deseos, nuevos comienzos en su nueva vida y deberían tener cuidado y precaución de aquellas nuevas oportunidades que llegarían ofreciéndoles mayor dicha y confort.

Los pretiles, se refería a unos parapetos, de hecho, la palabra maaké en el hebreo quiere decir “parapeto”, “pretil” o “barandal”. Es muy importante para la seguridad del alma humana la existencia de un muro (pretil) alrededor del terrado. Así como debía de haber barandales en los techos por el bien de la seguridad de los hogares de los israelitas de la misma forma, un hebreo, cada vez que se le presenta una oportunidad de mejor calidad de vida, debe asegurarse de colocar barandales espirituales para la protección del propósito eterno de Dios para él y su familia.

Cuando el Eterno refiere a las nuevas etapas o oportunidades de nuestra vida para progresar, debemos asegurarnos de que el dominio propio vaya activo en nuestra mente y corazón. Recorremos que terrado (terraza) simboliza a las costumbres de esparcimiento o relax que nosotros tenemos como familia. Entonces maaké (pretiles, barandas) simbolizan los límites que debemos poner a nuestra vida para no extralimitarnos en orgullo y desenfreno a causa de dichas costumbres. Nuestro Abba quiere que aceptemos que en las nuevas oportunidades que nos da la vida y en la celebración de nuestras costumbres debemos poner normas, límites, marcas claras para nosotros y nuestra familia. “Desde aquí para allá no puedes pasar, ni de allá te puedes meter para acá”.

Muchas personas, con referencia al pecado que despiertan la recreación, se acercan demasiado a la orilla y se caen. ¡Entonces es demasiado tarde! Necesitamos tener “barandales” protegiéndonos de la orilla. Tales barandales no solo nos protegerán a nosotros, sino a otros también.

Hoy en día, muchas iglesias cristianas evangélicas se dividen. Muchas denominaciones cristianas están viendo a sus muchachos irse al mundo, sus matrimonios destruirse por falta de pretiles. Por no atreverse sus líderes a establecer normas. Muchos padres de familia pretenden que sus hijos entren en razón por sí mismos. Quieren que sus muchachos alcancen una buena consciencia por sí mismos. Esperan que sus muchachos tengan criterio propio. Sin embargo, la Torah dice “…harás pretil a tu terrado”. Es decir, que son los constructores de la casa, es decir los padres (Salmo 127: 1) quienes deben poner los claros lineamientos que definan la ética o mentalidad familiar (techo/terraza). Con dichas normas de convivencias establecidas a la Luz de la Instrucción divina, dirán a sus hijos “de aquí para adelante no pasas, no te acerques ahí”. Porque si alguno se cae, Yahvéh te hará responsable, cargando la culpa de sangre sobre tu casa.

El Eterno dice: “harás pretil a tu terrado“. ¡No es un consejo, es una orden!

¿Cómo están los pretiles en tu casa? ¿Cómo están los pretiles en tu vida personal? ¿Cómo están los pretiles en sus diversiones? ¿Cómo están los pretiles en tu manera de vivir? ¿Nuestros hijos hacen lo que quieren? ¿Crecen cómo quieren o tienen pretiles muy claros? ¿Proteges a tus hijos de las cosas de este mundo? ¿Tus hijos salen sin tú saber a dónde van?

Estamos en el mes de Elul. Es un lapso que permite la apertura de nuevas oportunidades. Pero recuerda que es un requisito para poder disfrutar de esta energía, hacer una auditoria personal y familiar. Es fundamental practicar teshuvá a fin de que nuestro nuevo tiempo no tenga castigo divino.

¡Qué bueno que tienes un nuevo trabajo! ¡Qué maravilloso que tienes un nuevo negocio! ¡Qué alegría que tienes una nueva oportunidad en tu vida! Pero, recuerda el mandamiento, harás pretil a tu terrado. Si no pones baranda a tu terrado, el sistema reptiliano hará contigo lo que le dé la gana. “Echarás culpa de sangre sobre tu casa“.

Meditando en esto, los invito a rezar en unánimes esta oración:

Abba nuestro, santificado sea tu Nombre.

Queremos clamar a ti por la manifestación de tu misericordia en nuestra familia, nuestros jóvenes y niños.

Reconocemos que tenemos barandales que arreglar y por ello te pedimos sabiduría de lo alto para edificar con los pretiles de tu bendita Instrucción (Torah).

Toma control de nuestras familias, y danos la fortaleza para hacer lo que nos ordenas.

Te lo pedimos en Yeshúa HaMashiaj. Amén.

Yeshúa, el “Maldito de Dios”

“ Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Yahvéh tu Dios te da por heredad.”

 

(Devarim/Deuteronomio 21: 22- 23)

 

Este texto es perfectamente entendible en el contexto histórico de oriente medio de la época de Moshé. En la mentalidad de la antigua Israel existía algo que era peor que ser sentenciado a muerte mediante la lapidación. Peor que ser apedreado, era que después de morir así, el cuerpo fuera colgado y expuesto a la vergüenza y humillación, permitiendo a los animales y aves de carroña devorarlo.

Esta modalidad de castigo no conlleva la idea de ser ejecutado por medio de la estrangulación u horca; sino de montar el cadáver de alguien que fue lapidado sobre un árbol o madero en algún lugar prominente, y así exponer al nombre del ejecutado (y el de su padre y familia), a la deshonra.

Entonces, entiéndase bien, era colgado en el madero aquel a quien previamente le habían quitado la vida por lapidación siguiendo la sentencia del Beit Din (Casa de Justicia). Para ejemplificar esto, podemos referirnos al libro de Yehoshúa (Josué): “Y después de esto Yehoshúa los hirió y los mató, y los hizo colgar en cinco maderos; y quedaron colgados en los maderos hasta caer la noche. Y cuando el sol se iba a poner, mandó Yehoshúa que los quitasen de los maderos, y los echasen en la cueva donde se habían escondido; y pusieron grandes piedras a la entrada de la cueva, las cuales permanecen hasta hoy.” (Yehoshúa 10:26,27).

Por eso, el castigo de ser colgado del madero, y ser expuesto, era considerado ser tan severo, que solo era reservado para aquellos que se habían sido declarados: “este es un maldito por Dios”.

¿En qué sentido es un maldito de Dios? En el sentido de que El Eterno ha traído malos sucesos, mala fama, mal nombre sobre el condenado por lo horrible de su delito.

En los días de Yeshúa, los romanos habían llevado un paso más allá lo del madero y el escarmiento. Los romanos no colgaban a las personas después de muertos, sino que las clavaban a un madero y las dejaban morir en esa posición, lo cual podía llevar hasta una semana. A este proceso bestial e inhumano le daban el nombre de “Crucifixión”. El sufrimiento y el mensaje de escarmiento era aún más crudo y claro, Roma utilizaba mucho esto para reprimir a grupos que buscaban levantarse contra el Imperio en sedición. Miles de galileos fueron crucificados en el siglo primero para dejar claro que aquel que se levantaba contra Roma, pagaría el más alto de los precios. El famoso caso de Espartaco cae en la misma categoría.

La crucifixión era en palabras de Flavio Josefo: “la más miserable de todas las maneras de morir” (Guerras 7.5.4). Cicerón la llamaría “el castigo más cruel y repulsivo de todos“. La crucifixión era la peor de las muertes concebidas incluso entre el mundo pagano, estaba reservada a lo peor de lo peor dentro del imperio romano. Si ser colgado después de muerto era considerado un sinónimo de escarnio y de maldición divina, ¡Cuánto más ser colgado y clavado al madero hasta morir ahí!

El apóstol Pablo, teniendo en cuenta todos estos datos, y haciendo una relectura de Deuteronomio 21:23 da la siguiente exégesis: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero, para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.” (Gálatas 3: 13-14). Pablo explica como el Eterno en su gran misericordia nos libró de la condenación de la Torah por nuestra desobediencia. El permitió que el Mesías, aquel de quien se dice en el libro Isaías que nunca “hizo maldad ni hubo engaño en su boca.” (Isaías 53:9), cargara no solamente nuestros pecados, sino la infamia, el vituperio, el juicio y la maldición de los mismos. De este modo, percibimos claramente que, para los discípulos de las primeras comunidades, Yeshúa no solamente murió en nuestro lugar; sino que Él también tomó el lugar del ser humano maldito por Dios, siendo colgado del madero para vergüenza y denigración pública.

Esto fue un motivo común de tropiezo entre el pueblo judío a la hora de aceptar a Yeshúa como Mesías, y aún lo es. “¿El Mesías colgado en un madero? ¿Estás bromeando? La Torah dice que es maldecido por Dios el que es colgado en un madero. ¡Ciertamente el Mesías no debe de ser tan “maldecido” que digamos ya que será el Rey aprobado por Dios!“. Concebir que el Mesías sea un maldecido por Dios, es en el mejor de los casos, problemático desde una cosmovisión judía. Pablo lo sabía muy bien, y por eso escribió: “Pero nosotros predicamos al Mesías crucificado, para los judíos ciertamente motivo de tropiezo, y para los gentiles locura.” (1 Corintios 1:21).

Nosotros, sabemos que el Mesías no cometió ningún delito (1Pedro 2:22; Hebreos 4:15; 2Corintios 5:21). No obstante, El llevó “nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.” (1Pedro 1:24). Él se hizo pecado en la cruz para que nosotros pudiéramos ser justos delante de Dios (2Corintios 5:21). En la cruz el Mesías llevó la culpa y el castigo por nuestros pecados. Por tanto, Él fue “hecho por nosotros maldición” (Gálatas 3:13). Es en este sentido que Yeshúa HaMashiaj fue MALDITO cuando fue colgado en el madero. No fue por ningún delito Suyo sino porque llevaba NUESTROS delitos y la maldición de Dios que nos corresponde a NOSOTROS cayó sobre Él.

Él recibió esta maldición, la cual nosotros merecíamos, pero Él no, si no que nosotros pudiéramos recibir la bendición de Abraham, la cual Él merecía, pero nosotros no.

Somos redimidos de la maldición de la ley por medio de la obra de Yeshúa en la cruz por nosotros. Ya no tememos que temer de que Yahvéh quiera maldecirnos; sino que Él quiere bendecirnos, no por quien somos nosotros, o por lo que hemos hecho, sino por lo que Yeshúa HaMashiaj ha hecho de nuestra parte.

El Eterno ha dado perdón de pecados, redención, salvación, liberación, santificación por medio del único hombre que nunca pecó, pero que fue entregado por amor de nosotros. El mismo dijo que: ” Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:14-16).

Todos los seres humanos, judíos y gentiles por igual, podemos encontrar la certeza del perdón eterno de nuestros pecados, y la experiencia de la regeneración al venir al Eterno amparados en el sacrificio de su Ungido. Todos aquellos que un día lo hicimos, sabemos que tenemos vida nueva, y vida en abundancia. La maldición de Yahvéh ha sido quitada por la obediencia incondicional de Yeshúa, Su Mesías. Ahora, el Eterno llama a todas sus criaturas a venir a Él, arrepentidos de corazón para recibir vida eterna.

Si aún no lo has hecho ¿Qué estas esperando? Los brazos del Eterno y de su Ungido están dirigidos hacia todo aquel que se humilla y se arrepiente de sus pecados. Él toca a la puerta y llama, quiere que todos oigamos Su Voz.

¡Cuán Bueno es nuestro Dios y su misericordia por medio de Yeshúa su Mesías!