Sefer Devarim

¡Ábrete a Más, y tu Destino se Manifestará en Grande!…

Por P.A. David Nesher

La palabra Haazinu, en su sentido más fiel, significa “hablo a los Cielos porque previamente los he escuchado”. Moshé está revelando al Pueblo de Israel que antes de hablar y actuar es conveniente detenerse y esperar a que venga al corazón Luz Celestial y repose como corona en nuestra mente.

El Águila (Nesher) Mesiánica

Por P.A. David Nesher

Como [con la ternura y la misericordia de] un águila que despierta su nido revoloteando sobre sus pichones, que extiende sus alas y los toma y lleva sobre sus ala. [de ese mismo modo] Yahvéh condujo a su pueblo; Él solo, sin que ningún ídolo ajeno pudiera enfrentarlo.

(Devarim/Deuteronomio 32: 11-12)

La porción de la Torah llamada HaAzinu es el canto de Moshé al concluir su misión en la Tierra. Es uno de los dos grandes cantos incluidos en la Torah y relata toda la historia del pueblo de Israel, el pasado, el presente y el futuro.

Najmánides escribe que toda alma israelita puede hallar su biografía completa oculta en las letras de este canto. El sabio Maguid de Mezeritch, el discípulo y sucesor del Baal Shem Tov, enseñó que es importante aprender de memoria este canto, ya que toda nuestra vida se despliega dentro suyo.

Es justamente estudiando este cántico que me encontré con detalles trascencendentales para nuestro destino próximo y eternal en esta metáfora del Nesher divino.

En lo personal, y debo confesar que desde muy joven, al comenzar a peregrinar el Camino y la Verdad, me llamó mucho la atención como la Torah utiliza el símil del águila para describir la forma afectuosa en que Yahvéh cuida a Israel. Abba nuestro es comparado por Moshé con una mamá águila que con ternura cobija a sus aguiluchos y atiende a sus necesidades. Ésta es la imagen más poderosas en todo este canto. Animémonos pues a meditar en ella, decodificando su mensaje celestial.

Hemos visto cómo el Eterno guió a Israel a través del desierto con misericordia y compasión. Esta acción redentora es semejante al modo como el águila es compasiva con sus crías. Ella se asegura de realizar movimientos que no la lleven a entrar de improviso al nido. Entendamos que el águila es un ave enorme y poderosa, y si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones.

Así pues debe asegurarse antes agitar y revolotear encima de sus polluelos, batiendo sus alas y moviéndose de una rama a la otra para que sus crías despierten y tengan la fuerza necesaria para recibirla sobre ellos. El águila bate sus alas sobre el nido , no tan fuerte como para desarmarlo, pero tampoco tan suave como para no alborotar a los cómodos ocupantes de este. El águila madre no pone todo su peso sobre sus crías sino que los cubre tocándolas y no tocándolas simultáneamente.

Así mismo, cuando el águila se dispone a transportar sus crías de un lugar a otro, no lo hace usando sus garras. Sucede que el águila no tiene temor de otras aves, pero sí del ataque humano que siempre le arroja flechas o proyectiles desde abajo. Por ello, en lugar de cogerlas con sus poderosas garras, induce a sus pichones a subir sobre sus alas. De ese modo, si una flecha es lanzada desde abajo, solamente heriría al águila pero no a los polluelos. De igual modo el Creador toma a Sus hijos (los benei Israel), protegiéndolos y poniéndolos fuera del alcance del ataque enemigo. Esto hizo cuando sacó a los israelitas de Mitzrayim y los egipcios los alcanzaron en el Mar de Cañas, entonces HaKadosh Baruk Hu (El Bendito Sea) los cubrió con sus nubes, y se puso en medio de los egipcios y los israelitas. En esta metáfora, sin duda, es Dios el águila que viene a despabilar a sus polluelos, revolotea sobre ellos, despliega sus alas y finalmente los pone sobre ellas –sus alas- en un vuelo redentor cruzando el cielo.

Esta es la explicación más tradicional entre los sabios, sin embargo, existe una perspectiva por demás sorprendente que quiero que ustedes también conozcan.

Necesito que recordemos lo que ya hemos estudiado, en la parashá Yitró, en donde vimos que el Eterno también se refiere a su movimiento en la redención de Egipto como un nesher obrando a favor de su nidada, al expresar que los tomó “sobre las alas de las águilas” (Éxodo 19:4). Con esto, Abba nuestro se aseguró de reforzar en la mente de Su Pueblo la idea que el águila y sus alas tienen implicancias claramente mesiánicas.

Investigando me enteré que en el hebreo existen dos sinónimos para el vocablo “alas“:

  • uno es “kanaf”, de valor numérico 150, y
  • evrá”, cuya guematría totaliza 208.

Teniendo en cuenta dichos datos de gematría, debemos comprender que las expresiones: “sus alas” (Kanafav)  y “sus plumas” (Evrató) esconden un secreto maravilloso:

Si las escribimos en hebreo en singular, y calculamos su valor numérico nos muestran una señal:

Ala =Kanaf de acuerdo al valor numérico de sus letras:

Caf =20,
Nun =50 y
=80,

Valor total= 150

Pluma = Evrá de acuerdo al valor numérico de sus letras:

Álef = 1,
Bet = 2,
Resh = 200, y
Hei = 5,

Valor total = 208

Haciendo la sumatoria de la gematría de estas dos palabras obtenemos 358, que es el valor numérico de Mashíaj (Salmo/Tehilim 2:2), cuyas letras:
Mem=40,
Shin=300,
Yud=10 y
Jet =8; dan un total de 358.

¡Este el mismo valor numérico de Mashiaj!

Así comprendemos que Yahvéh le está revelando a Israel que el águila llevándolos sobre sus alas es el Mashíaj, llevando a cabo su misión Mesiánica Divina.

“TOCAR Y NO TOCAR” las Dos Acciones del Nesher en Su Nido.

Aprovechando que vuestras almas está elevadas, sé que también les resultará muy interesante conocer que en la interpretación kabbalística el revoloteo de las águilas es llamado “tocar y no tocar“.

He mencionado que el águila es capaz de hacer ambas acciones simultáneamente, permitiendo a sus pichones despertar poco a poco, de acuerdo con la capacidad de cada uno de captar su presencia. Es que antes de que el águila tome a sus hijos sobre sus alas primero debe despertarlos.

El águila es un ave enorme y poderosa y si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones. Por eso, nuestro versículo describe al ave sobrevolando sobre su nido, dirigiéndose hacia sus hijos como la más delicada de las criaturas, manifestando un perfecto balance y estabilidad.

El verbo usado en este texto es «rajef», que se traduce como “sobrevolar“, es muy raro que esté expresado en la Torah, siendo esta una de sus pocas apariciones. La primera vez que aparece es en el segundo versículo de Bereshit/Génesis:

“…Y el espíritu de Dios sobrevolaba sobre la superficie de las aguas…”.

Explican todos los sabios expertos en hebreo que, en realidad, este es el espíritu del Mashíaj sobre las aguas de la teshuváh, produciendo el despertar de la conciencia de las almas para retornar a Yahvéh.

Entonces, los expertos del idioma bíblico, concuerda que estas dos expresiones de “sobrevolar” son absolutamente complementarias; ambas apuntan hacia el despertar del pueblo de las doce tribus de Israel en general (Casa de Judá y Casa de Efraím), a la realidad mesiánica de volver al Eterno.

Este “tocar y no tocar” es una codificación lumínica muy significante para entender la Gracia divina a nuestro favor. El poder de tocar es el de involucrarse, de inspirar al otro. El poder de no tocar, por su parte, le permite al otro ejercer el libre albedrío, de tal manera que su alma pueda despertarse por sí misma en su deseo de ascender hacia Dios. El águila (Mashíaj) nos inspira y a la vez, paradójicamente, nos permite incorporar lentamente la nueva realidad mesiánica de acuerdo a nuestro propio ritmo individual.

Conviene aquí conocer también que la palabra hebrea nesher (águila) está formada por las letras nun-shin-reish. Lo interesante de esto es que las dos letras finales forman la palabra shar, verbo que significa “cantar“. De todas las palabras del canto Haazinu, shar es la sílaba esencial de nesher.

Existen dos tipos de canto: el verbal (que incluye la poesía) y la melodía. En hebreo el “canto“, que incluye la poesía, es llamado shir, representado por la shin y reish de nesher. En hebreo melodía, por su parte, se dice nigún, que comienza con la letra nun, la primera letra de nesher. Por lo tanto nesher es el acrónimo de los dos tipos de canto.

Esto significa que cuando el águila (nesher) se acerca a su nido bate sus alas para crear un canto, preparando delicadamente a sus pichones para su arribo. Para despertar las almas del pueblo hebreo y junto con ellos al mundo entero, cada persona con su propia chispa del Mashíaj debe poseer el poder de la poesía y la melodía inherente al águila.

La palabra hebrea que aquí se usa para “nido” es ken, que está asociada con tikún (“rectificación“, “reparación“) y también con kinián (“posesión“). La posesión más perfecta es la nueva Torah del Mashíaj, el canto de las alas del águila, que comienza a resonar a medida que se va aproximando a su cría. Esta nueva Torah mesiánica dará lugar a nuestra rectificación, como el águila que se aproxima suavemente a su nido, tocando y no tocando, despertando a sus hijos que la esperan.

Así, el Espíritu de Yahvéh ha desarrollado en la mente del Pueblo Elegido la imagen del “águila mesiánica” y sus “pichones anhelantes”, encarnando al Mesías redentor e Israel junto con toda la humanidad. Entonces, cuando nos conectemos con esta imagen, podremos comenzar a afinar nuestros oídos espirituales para escuchar la música del águila que se aproxima y prepararnos para la inminente redención final.

Todo para Bien

La palabra que aquí se traduce como “pichones” es gozalav, “sus pichones“, cuyas letras son guimel – zain- lamed. Estas tres letras son un acrónimo de una frase muy conocida y básica nuestra fe: “Gam Zu Letová“, que se traduce: “Esto también es para bien“. El pichón esperando ser elevado sobre las alas mesiánicas debe ser despertado a la conciencia de que todo lo que nos sucede es para bien, y que llevará finalmente a la redención verdadera y completa, que lo recompensará en el Olam Havá (Mundo Venidero).


El Secreto de los Montes Gemelos (Ebal y Gerizim)

Por P.A. David Nesher

Cuando crucen el río Jordán, [las tribus de] Shimón, Leví, Yehudá, Isajar, Yosef, y Biniamín estarán en el monte Guerizim para bendecir al pueblo. Y éstos estarán sobre la maldición, en el monte Eval: Reuvén, Gad, Asher, Zebulún, Dan y Naftalí.”

(Deuteronomio/Devarim 27: 12-13)

En el proyecto del Eterno, cuando Israel entrara a la tierra prometida, tenían que separar las tribus de cuerdo a dos grupos. Uno grupo se juntaría en el monte Guerizim, y ellos bendecirían al pueblo. El otro grupo se juntaría en el monte Eval y a ellos pronunciarían la maldición sobre aquellos que desobedecieran la Torah (Instrucción) de Dios.

Sabemos que doce es el total de las tribus que conforman Israel. Ahora bien, es interesante saber que cuando a la tribu de Leví se la cuenta como parte de ellas, entonces a Menashé y Efraím se combinan como una sola unidad y se las llama la tribu de Yosef. En el pasaje que hoy estudiamos se incluye a Leví como tribu, dado que los levitas precisan de bendiciones a la par con todos los demás miembros del Pueblo de Dios.

Notamos que el Eterno le ordenó a toda la nación de Israel congregarse en las montañas gemelas de Eival y Gerizim, cuando cruzaran el río Yardén (Jordán). Así, estos montes servirían como testigos eternos que recordarían a Israel su compromiso de resguardar la Torah por todas sus generaciones. En ese lugar se pronunciarían las bendiciones y las maldiciones.

Según lo que explica el Talmud, seis tribus subieron a la cima de cada monte. Los sacerdotes y los levitas se quedaban en el centro, entre los dos montes, alrededor del arca, y pronunciaban las bendiciones mirando hacia el monte Guerizim y luego las maldiciones que aparecen en la Torah mirando hacia el monte Eival. La primera bendición sería “Bendito el hombre que no haga ídolo…” y así sucesivamente. Después de cada bendición las seis tribus contestaban: “Amén”, y lo mismo hicieron las otras seis tribus después de cada maldición. El hecho de que pueblo tuviera que decir “Amén” producía una protección contra los pecados hecho en lo oculto. 

Para comprender esta disposición y metodología profética, debemos recordar que los levitas son los que sirven al Santo Bendito Sea. Todo lo que los integrantes de esta tribu hacían, estaba relacionado con la santidad. Por ello, su fuerte voz conducía siempre a la Luz. Ellos pronunciaban las bendiciones y maldiciones en voz alta. Las tribus respondieron con un ¡Amén!, después de cada enunciado. Entonces la Luz Infinita comenzaba a actuar en medio de los israelitas preparando un camino de conquista lleno de la certeza y convicción que otorgan la emunáh.

Aquí encuentro oportuno hacerles notar que la tribu de Shimón fue puesta en el monte Guerizim para bendecir, cuando su ira había sido maldecida por su padre (cf. Génesis 49:7). Es decir que el patriarca Shimón no había sido maldecido en sí, sino sólo su ira. Por eso, el hecho de colocarlo para bendecir fue para que él pudiera hacer tikún (rectificación) a través de su descendencia y así permitir la visitación del Eterno en todas sus generaciones hasta el Olam Havá (Mundo Venidero).

Los dos montes escogidos por el Eterno eran la imagen de la bendición y la maldición. Guerizim tiene una altura de 880 metros sobre el nivel del mar. Eival tiene una altura de 940 metros sobre el nivel del mar. En que Guerizim abunda las aguas termales, y está cubierto con un verdor hermoso, mientras que Eval está tan desnudo como una roca.

¿Existe algún mensaje en el hecho de que monte de maldición sea más alto y más estéril que el monte de la bendición? Sí, y está en el hecho de que en la Torah existen más maldiciones que bendiciones. Es más, la Instrucción (Torah) divina tenía que ser escrita sobre el monte Eival, el monte de las maldiciones, no en Guerizim. Esto revelaba a Israel que las maldiciones escritas en la Torah iban a venir de manera abundante sobre ellos y las naciones por causa de su desobediencia a la Torah.

Veamos bien qué mensaje se encuentra detrás de todos estos asuntos. Haciendo una contabilidad nos encontramos con un total de 98 maldiciones en el “tojajáh” (regaño) divino que se destaca en esta lectura. El propósito de las mismas es limpiar. De la Sabiduría codificada en ellas aprendemos que la razón por la cual hay 98 maldiciones es porque 98 es el valor numérico de la palabra hebrea “tzaj” que significa “limpiar”. Con esto la Torah está revelando el secreto de que los redimidos tenemos la capacidad de mutar lo inmutable, de revertir lo irreversible. Es decir, que podemos cambiar nuestras circunstancias si tenemos esto presente en nuestra conciencia. Con esto el Eterno, nuestro Abba, quiere que entendamos y aceptemos que cada uno de nosotros somos la máxima autoridad con respecto al trazado de nuestro destino.

Es decir que la mística celestial que aquí se revela nos habla sobre las maldiciones y bendiciones potenciales que los israelitas podrían recibir, dependiendo de su comportamiento. Pudiéramos pensar que Yahvéh nos está amenazando a hacer lo que nos manda. Esto no podría ser menos cierto. Sabemos que el Creador solo puede darnos lo que es bueno para nosotros, así que, ¿por qué una maldición sería buena? Y, ¿cómo puedo asegurarme de que experimente la divina luz de una manera que realmente se sienta como luz y no como una maldición? Los expertos en códigos hebreos enseñan que esta porción revela que las maldiciones son en realidad “bendiciones ocultas”. En el Zohar se enseña que éstas son palabras de promesa y consuelo divino; un entrelazamiento de amor y juicio de parte del Eterno para Israel.

En verdad, esto es así, ya que debemos reconocer que, desafortunadamente, la mayoría de nosotros despertamos la apreciación de las buenas cosas que tenemos y recibimos de Dios cuando experimentamos algún tipo de carencia. Por ejemplo, no tenemos una apreciación por nuestra salud a menos que experimentemos alguna carencia.

La manera más efectiva de despertar el poder de la apreciación (y/o contentamiento) es a través de algún tipo de pérdida. Justamente son los tiempos difíciles los que tienden a impulsarnos a querer cambiar, abandonando así nuestra zona de confort, y peregrinando a nuevas y mejores temporadas. ¡Así somos! Cuando las cosas marchan bien, sentimos como que no necesitamos una conexión con el Creador, pero de pronto algo malo ocurre y, entonces todos dirigimos inmediatamente nuestra mirada al cielo.

Entonces, preguntémonos:

✔ ¿Qué pasaría si despertáramos proactivamente nuestra apreciación y nuestro deseo por la Luz cuando las cosas están yendo bien?

✔ ¿Qué pasaría si constantemente sintiéramos el deseo de estar conectados, sin importar qué tan bien marchen las cosas?

Este es el secreto para experimentar todo lo que llega a nosotros como una bendición, esta es la sabiduría que obtenemos en la porción de la presente semana.

La Torah, desde estos códigos mesiánicos, nos dice que, cuando apreciamos lo que tenemos, recibimos mucho más; más sustento, más beneficios, más compensaciones, más iluminación, más recompensas, aún más de lo que merecemos. Por otro lado, cuando no apreciamos lo que tenemos, no solo perdemos lo que ya es nuestro, sino que cualquier cosa que de verdad merezcamos no podrá llegar a nosotros. En esto radica el secreto de las bendiciones y las maldiciones: todo es asequible y, a su vez todo puede perderse. Todo depende del nivel de nuestra conciencia y la expresión de nuestra apreciación.

¡Que maravillosa enseñanza de Abba!

Te invito a que en este momento bendigamos juntos Su Nombre, rezando lo siguiente:

Baruj Attá YHVH, notén hattorá! (“¡Bendito eres Tú Yahvéh, dador de la Torah!”)