Vaetjanán

¿Qué Poder se encuentra en el “SHABAT NAJAMÚ” (“Sábado de Consuelo”)

Por P.A. David Nesher

Comenzaré dando el dato de que, de acuerdo a la halajáh, existen algunos shabatot (sábados) que además de llevar el nombre de la Parashá (sección) de la Torah que en él se lee, llevan el nombre de su Haftará (conexión) que se lee ese día para conectar con la semana siguiente. Este es el caso del Shabat pasado, denominado “Shabat Jazón” (“Sábado de Visión“), porque su Haftará narra la dura visión del profeta Yeshayahu en sus primeros capítulos.

Así pue, resulta que el Shabat posterior a Tishá Beav (9 deAv – día en que recordamos las dos destrucciones de los Templos de Jerusalén), se lo designa con el nombre de Shabat Najamú debido a que la Haftará especial que se lee en ese día bendito comienza diciendo:

Najamú, Najamú amí…“,

(“Consolad, consolad a mi pueblo…”)

(Isaías 40:1).

Así pues, desde este Shabat hasta el Shabat anterior a la fiesta de Yom Teruáh, nuestra almas tomarán fuerza en un período de siete semanas en las que en cada Shabat, se lee una profecía del profeta Yeshayahu (Isaías). Este ciclo de Haftarot (conexiones) es llamado “Shivá denejamatáh“, que significa: “las siete (semanas) de consuelo“, las que hablan del consuelo que el Eterno proveerá paulatinamente al pueblo de Israel.

Para que logremos entender el poder mesiánico de consolación que se libera a partir de este Shabat, y durante siete semanas, les diré primeramente lo que el rabí Mordekai Yafé (1535 – 1612) explica en su libro conocido llamado el Levush, donde dice que estas siete haftarot han sido seleccionadas buscando el objetivo de consolar al pueblo de Israel por la destrucción del Templo de Jerusalem.

Por otro lado, el Midrash recuerda que existen siete clases de consuelo divino, proveniente de los siete espíritus del Eterno, y compara al exilio del pueblo de Israel entre los pueblos del mundo, con un rey que fue tomado prisionero junto con sus hijos, sus yernos y todo su pueblo, quedando la reina sola por muchos años.  Después de algún tiempo le informaron a la reina que ellos retornarían, y de esta manera, la reina obtuvo consuelo de su sufrimiento.

La pregunta que hace el mismo Midrash es: “¿Quién es la reina?”  La reina es Yerushalayim (Jerusalem) que será notificada prontamente (con la ayuda de Dios), de que la Divinidad será “liberada“, así como también el pueblo de Israel, y esto representa siete consuelos: el retorno de los hijos, las hijas, las nueras, los yernos, sus hermanos, sus hermanas, y finalmente el retorno del rey, es decir del Rey de Reyes: el Mashiaj.       

Por eso, el Midrash afirma que el Eterno designará a Abraham como Su emisario para consolar a Yerushalayim, pero la Santa Ciudad no tendrá consuelo. Entonces enviará a Itzjak, pero el resultado será el mismo. Tampoco podrán lograrlo ni Yaakov, ni Moshé. Cuando el Eterno note que Yerushalayim se niega a hallar consuelo por medio de los patriarcas, decidirá hacerlo Él mismo manifestando finalmente a Su Vasija Arquetípica: Mashiaj.

Por ello, a partir de este Shabat y hasta Yom Teruáh, leeremos un total de siete Haftarot las cuales contienen profecías que infundieron en el pueblo consuelo y esperanza posterior a la destrucción del Beit HaMikdash.

Esta es la esperanza y el consuelo de la Ciudad de Yerushalayim; el saber que el Rey de todos los reyes acompañado de Sus hijos, retornarán a ella:

«…¡“Consuelen, consuelen a Mi pueblo!, ha dicho vuestro Elokim. Hablen al corazón de Jerusalem y díganle a ella que se ha completado su tiempo (de exilio), que ha sido perdonado su pecado…»
(Isaías 40:1-4)

Aquí el profeta Yeshayahu le dice al pueblo de Israel que el Eterno ha ordenado a todos los profetas que consuelen al pueblo de Israel y lo reconforten, así como también a la ciudad de Yerushalayim.

Ahora bien, nos corresponde prestar mucha atención a la repetición de la palabra “consuelen”. Para ello, encontré que el famoso mefarshim (comentarista) “maguidde Duvna (Rabí Iaacov Krantz, 1741 – 1804), en el libro Cojav Miiaacov”, nos explica esta repetición mediante un cuento muy ilustrativo:

Esto se asemeja a dos mujeres cuyos maridos viajaron a un país lejano, al otro lado del mar.  Uno viajó a causa de la pobreza, para ver si allí podría conseguir sustento para su familia, y el otro que era un gran millonario a quien no le faltaba nada, viajó para alejarse de su esposa – que le hacía la vida imposible.
Con el transcurso de los días, sus esposas no recibieron ninguna noticia de ellos, y fueron a preguntarle a los comerciantes que acostumbraban viajar a esas tierras distantes, si ellos sabían algo de sus respectivos maridos.  Uno de esos vendedores les dijo que él estuvo con sus respectivos esposos, quienes le dieron cartas para ellas.  
Cuando las esposas le pidieron a él si les podía entregar las cartas que había traído con él, el mercader les dijo que en ese momento él no tenía tiempo para buscar las cartas, pero que las buscaría a la mañana siguiente y se las entregaría.  Al escuchar esto, la esposa del adinerado retornó a su hogar feliz y tranquila sin decirle nada al comerciante, mas la esposa del hombre pobre no se movió de ese lugar y le insistió mucho al hombre para que tenga la amabilidad de buscar la carta de su marido en ese momento y entregársela a ella.
Al ver esta actitud, el hombre le preguntó a la mujer por qué es que ella estaba más apresurada en leer la carta que la otra mujer que aceptó felizmente lo que él les propuso sin decir nada – pues sabía que mañana tendría noticias de su esposo.  
Ella le respondió angustiada: Debes saber que hay una gran diferencia entre esa mujer y yo.  Esa mujer vive en su casa tranquilamente pues la riqueza reside en su hogar y su marido se fue a esas tierras lejanas, solamente por las peleas y las discusiones entre ellos.  Es por eso que ella no tenía ninguna preocupación más que la de saber si a su esposo se le fue el enojo que tenía con ella, pues ella temía que su esposo no volvería más y su destino sería quedarse sola por el resto de sus días.  Pero ahora que ella escuchó que su esposo te ha pedido a ti que la consueles a ella dándole una carta, ya no existe para ella ningún consuelo más grande que ese, y es por eso que a esa mujer le alcanza saber que todavía su marido la desea a ella por esposa, y retornó a su casa sin necesitar leer la carta.
Pero eso no es lo que ocurre conmigo, puesto que yo soy una mujer pobre, carente de todo y espero con mucha ansiedad saber si D’os se ha apiadado de mi esposo enviándole sustento, para que así podamos alimentar a nuestra familia.  Entonces, ¿cómo puedo yo ahora estar satisfecha sabiendo que mi esposo me ha enviado una carta si no la podré leer?  ¿Quién me dirá ahora si mi marido ha logrado cumplir su objetivo o no?  Yo no puedo esperar hasta mañana, soportando esas largas horas de espera, hasta saber qué es lo que está escrito en la carta!

Con este relato metafórico el “maguid” de Duvna explica que lo mismo ocurre con el pueblo de Israel hoy: así como le ocurrió a la esposa del hombre adinerado que por portarse mal con su marido ella provocó que él se aleje de ella, el pueblo de Israel a través de sus pecados provocó que YHVH se aleje de ellos.  La única preocupación que esa mujer tenía era saber si su esposo sigue amándola y volverá a su hogar algún día.  Ella no necesitaba leer la carta, pues le alcanzaba con saber que su esposo todavía se preocupaba por ella.

Con el pueblo de Israel ocurre lo mismo.  Toda nuestra preocupación y nuestro duelo, es porque hay quienes dicen que el Eterno nos ha abandonado para siempre y nunca más retornará hacia nosotros.  Por eso, para consolarnos, nos alcanza con lo que nos dijo el profeta Yeshaiahu, que el Santo , bendito es Él, le pidió a él que nos diga que si nosotros estamos sufriendo, Él también sufre.  Para nosotros no existe un consuelo más grande que ese, ya que de esa manera sabemos que YHVH no dejó de tener clemencia por Su pueblo y Su amor todavía está con nosotros, y entonces ¿qué necesidad tenemos de escuchar las palabras de consuelo? Y esto es lo que quiso expresarnos el profeta Yeshaiahu al decir: Consuelen, consuelen a Mi pueblo!, ha dicho vuestro Dios.  Él quiso decirnos que nosotros deberíamos consolarnos incluso sólo con la noticia de que YHVH le ha ordenado a él que venga a consolarnos, para que sepamos que nunca más volveremos a ver a los que se ríen de nuestra situación actual, que contradice nuestra esperanza y nuestro anhelo.  Esta buena noticia nos tiene que alcanzar para provocarnos que esperemos con calma, paciencia y felices el gran momento en el que el Eterno, nuestro Av, retorné hacia Su pueblo.  

Con todo esto en nuestra mente, ahora podemos entender por qué el mes hebreo en el cual ocurrieron tantas desgracias a nuestro pueblo se lo denomina “Menajem Av”, (algo así como “¡Consuélanos Padre!“). Posiblemente, el mensaje sea el mismo que aquel que acabamos de enunciar. Nuestro aliento radica en el hecho que sabemos que existe un Padre en los Cielos, quien decide que nos sucedan determinadas cosas y que todo eso es parte de Su gran diseño de propósito para los distintos objetivos de la historia humana. Quiénes mejor que los yehudím (judíos) saben que el mundo es como una rueda: en ciertos momentos está arriba, mientras que en otros está abajo, pero que volverá a subir. Es esta la razón primordial por lo que al pueblo de Israel se lo compara con la Luna. Este, nuestra satélite, sigue constantemente esa dinámica cíclica: crece y mengua para volver a aparecer al mes siguiente. Así mismo, “el verdadero yehudí (judío) reconoce que los pesares que le suceden o que le han acontecido en el pasado nunca ocurren en forma fortuita. Si bien, puede no conocer o admitir en dónde radica su falta para con Dios sabe que la hay y que en cualquier punto de su vida, debe retornar hacia la Fuente de la que siempre está aún distante. Desdichado aquel que no sabe hacia dónde dirigirse. Esa persona está inexorablemente en continuo desconsuelo” [comentario del Rab Daniel Oppenheimer].

Acabamos de evocar el día más triste del calendario hebreo, para comenzar ahora el período de consuelo (siete semanas) que supera en duración a la etapa de tres semanas de luto anual y que culmina con el propio anuncio divino de un próximo año nuevo que podría ser el Jubilar definitivo.

Así pues, el Shabat Najamú es el primer Shabat después de Tishá Be Av, desde el que las palabras del profeta reverberan a través de las semanas siguientes, las siete semanas de la Consolación. Es un tiempo especialmente dado al regocijo con cánticos y danzas y manjares hasta que suene el Shofar anunciando Yom Teruáh.

Para finalizar, les compartiré una anécdota que la historia nos deja. Se cuenta que en una oportunidad, en Tish beav, aniversario de ese nefasto hecho, el emperador Napoleón de Francia pasó a través de una aldea judía, en momentos en que sus habitantes estaban sentados en la tierra a modo de duelo conmemorando la destrucción, llorando y leyendo el Séfer (libro) de Lamentaciones. Preguntó Napoleón la causa de semejante conducta, y le respondieron que para ellos era día de luto por la destrucción de su tierra unos 2000 años atrás. Esto impresionó sobremanera a Napoleón, y reflexionó: “…Un pueblo que se resiste a olvidar y lamenta la desolación de su Tierra ocurrida hace tanto tiempo, jamás será destruido y puede estar plenamente confiado de que finalmente la recuperará…”.

La Nanotecnología y el Poder de la Oración (Tefiláh)

Por P.A. David Nesher

En esta semana, el Eterno nos está entrenando a través de la porción vaetjanán (“y supliqué”) nos enseña los secretos que hay detrás de una tefiláh eficaz.

Cuando estuvimos estudiando la porción Vayetsé (“Y salió”) en el Sefer Bereshit (libro de Génesis) vimos a nuestra matriarca Lea enseñándonos que la oración tiene la capacidad de cambiar el mazal, pues sabemos que ella estaba destinada a casarse con Esav. Pero ella oró con tanta fuerza,  que logró cambiar su destino completamente, hasta el punto que es ella quien está enterrada al lado de Yaakov y no Rajel, que era la esposa más amada del patriarca.

Moshé, en cambio, no tuvo la fuerza de Leah, porque su oración no cambió su mazal. ¿Cuál fue la diferencia? Sabemos que su oración si fue escuchada porque Él pidió cruzar el Jordán con el objetivo de cumplir el mandamiento divino y contemplar la buena tierra, que era su verdadero deseo. El Eterno, sin embargo, no le permitió cruzar el Jordán, pero  Moshé sí pudo ver  con sus ojos  la tierra prometida; y por vía del Espíritu de la Profecía pudo contemplar cada centímetro de Eretz Israel. Por lo tanto, su propósito fue cumplido. Entonces, podríamos decir que su oración sí fue escuchada, solo que esto  no fue exactamente como él quería. Esto es un aprendizaje que nos indica las 4 condiciones para que una tefiláh sea respondida.  

Lo primero que percibimos en la oración del texto es:

  • Humildad. En este primer párrafo de la Torah está la palabra vaetjanan, que se traduce: “Yo imploro”, o “yo ruego”. Esto nos revela que debemos ser sumisos cuando oramos, es decir debemos bajar la cabeza y elevar el corazón( las emociones) al Eterno reconociéndolo Soberano del universo.
  • 2. Que la oración esté dirigida hacia Dios: esto quiere decir que nuestra consciencia debe estar puesta en el Creador, y no en las cita con el médico,  en los problemas de los hijos,  en las facturas que hay que pagar, en la pareja, en el negocio, etc. La conciencia, debe estar unida a la Luz por medio de la tefiláh, que es la vasija, que permite el espacio ideal para que pueda haber una respuesta divina. Esta es la razón por la cual una oración mecánica no conecta con los Cielos y por lo tanto no da resultados.
  • 3. El horario preciso y el lugar fijo: En este sentido el midrash dice que en el último año de su vida, entre  Yom Teruah y  Sheminí Atzéret, Moshé rezó cada hora para que Dios lo perdone y lo deje cruzar el Río Jordán.  Esto nos enseña dos cosas, primero, si oramos durante una hora( es decir 60 minutos), logramos conectar con los intelectos superiores de la Luz Infinita, que son el mundo de creación y de emanación, lo cual nos ayuda a alterar la realidad. ¿Porque 60 minutos? porque son 10 minutos por cada sefiráh emocional, es decir subiendo desde Yesod y pasando por Hod, Netzaj, Tiferet, y Guevura, hasta llegar a  Jesed. Y  lo segundo que nos enseña este punto, es que  debemos establecer  una hora precisa y  un lugar fijo para orar, pues esto va creando la posibilidad de acción para un un ángel que apoya y eleva nuestra oración, venciendo la resistencia del ego que trata siempre de sabotear nuestra conexión.
  • 4. Lemor (habla). Se trata de articular cada palabra de la oración agregando su respectiva  su  kavanáh (su intención). Es decir, debemos tener entendimiento de lo que estamos haciendo y pronunciar correctamente. Pero, alguien una vez me consultó: ¿cómo hacemos si no hablamos hebreo?. Leí que el sabio Rav Nahman de Breslov dice que por lo menos una vez al día debemos hacer hitbodedut, que es una plegaria personal, aquella que hacemos cuando hablamos con Dios, usando nuestras propias palabras, tal y como cuando le hablas a un amigo; y para ello “NO” necesitamos hablar hebreo pues esta oración surge del corazón, lo que el Maestro Yeshúa llama “tu aposento secreto“.

Hoy necesitamos reconocer que muchas veces estamos tan ahogados en los problemas que necesitamos hablar con alguien para desahogarnos. Pues bien, el hitbodedut es como ir al mejor de los terapeutas. Sabemos que las dificultades alteran nuestra mente y nuestra búsqueda de equilibrio, entonces cuando hablamos con Dios debemos tener esta misma  sensación de catarsis que cuando nos desahogamos con un amigo o con un terapeuta.

La dificultad de este punto está en vencer la racionalidad y escepticismo, para no sentirnos ridículos hablando con el aire. Pero si entendemos lo que expone la física cuántica que es que en cada partícula de la materia hay  inteligencia así esta sea invisible como la atmósfera, entonces tendremos un apoyo para que la Sabiduría de lo alto (Jokmáh) nos impregne. Porque más que conocimiento necesitamos emunáh para percibir al creador a pesar de su intangibilidad, así como para saber interpretar las respuestas que recibimos después nuestras oraciones.

Reconozcamos también que la mayor parte del tiempo, cuando oramos, pedimos salud, sustento u otra bendición parecida. Quizá oramos para que se manifieste el negocio por el que estamos trabajando o para recibir la llamada que esperamos, la respuesta que buscamos o el milagro que necesitamos. Pero ¿qué tan a menudo oramos por una conexión más cercana con el Creador?… Por favor, te pido que no me mal interpretes… Es perfectamente válido orar por las cosas que queremos y necesitamos, pero esta semana aprendemos que la oración más poderosa de todas es pedir cercanía con la Fuente de toda la existencia. Después de todo, estar cerca de YHVH incluirá cualquier otra bendición que busquemos. Lo que el Eterno quiere para nosotros es mucho más de lo que nosotros podríamos llegar a desear e imaginar (1 Corintios 2:9).


Figurarse el Problema Para No Vivir el Problema

“Cuando estéis afligidos y todas estas cosas os hayan acontecido, al final de los días, regresaréis a El Eterno, vuestro Dios, y escucharéis Su voz. 31 Pues El Eterno, vuestro Dios, es un Dios compasivo…”

(Deuteronomio/Devarim 4:30)

 

La palabra hebrea que aquí se traduce como “afligido” es “betzar”, que proviene de la palabra “tzarot” que significa “problemas, aflicciones”.

La palabra “tzar”, que se relaciona con la aflicción, también se relaciona con “tziur” que significa “imagen, dibujo”.

La relación es que la persona no tiene que esperar tener “problemas, aflicciones” para volver al Eterno, sino que tiene que ser inteligente, y saber “dibujarse” mentalmente la consecuencia de ir por un camino diferente a la Torá.

La persona tiene que meditar en los problemas del mundo, concluyendo que la raíz de cada aflicción es el desvió de la voluntad divina.

De esta manera, al “figurarse” mentalmente cada sufrimiento del mundo, no tendrá necesidad de sufrir en carne propia, experimentando constantemente el “regreso al Eterno”, y Su “compasión”.

La Mezuzah: Herramienta para Proteger el Hogar.

Por P.A. David Nesher

“Y los escribirás [las palabras del Shemá] en las jambas de tu casa y en tus portones”

Deuteronomio 6:9; 11:20

 

Como cualquier dueño de casa sabe, no son los pequeños dispositivos con luces intermitentes los que protegen su hogar. La protección está en la seccional de la policía. Lo único que tienes que verificar es que los dispositivos estén conectados.

Una Mezuzah en la jamba de la puerta de tu casa funciona de la misma manera, sólo que está conectada a un sistema orgánico superior de protección. Una entidad muy superior: Or EinSof (la Luz Infinita).

Por eso, según Tosafot y Shulchan Aruch , la función principal de la Mezuzah es proteger la casa del mal. Debido a este atributo, la Mezuzah ha sido llamada “el escudo de armas en la caballería de Dios “.

Tener una Mezuzah es un acto de alta  inteligencia emocional (Binah), porque básicamente es como si contratáramos a un guardia de seguridad 24 horas, los 7 días a la semana para que esté parado en la puerta de nuestra casa. De hecho cada dos o tres años hay que revisarla para verificar que no se haya roto ninguna letra, porque cuando esto sucede es señal de que la Mezuzah quedó inválida, es decir  ya cumplió su misión. Esto es, porque cuando una letra se rompe, significa que ella sirvió de escudo contra una energía del Mundo Oscuro donde gobierna HaSatán y su séquito de espíritus de rigor, y la anuló. Sin embargo, una Mezuzah es también inválida  en una casa en donde no se cultiva el amor, la armonía y la Shalom. Así que su efectividad no depende solo de lo kosher que sea, también depende de mantener los nombres divinos en nuestro corazón y llevarlos a todos lados. El corazón es el cesto del cual nos habla la Torah.

De hecho, es así que funciona cada mitzvá (mandamiento), los tzitziyot, las velas de Shabat, el estudio de la Torah, las buenas acciones. Piensa en ellos como conexiones dedicadas que te conectan con el Servidor infinito de todas las cosas: Yeshúa HaMashiaj, nuestro Gran Sumo Sacerdote celestial.

Sin embargo, las mezuzot tienen una cualidad especial: están directamente conectadas a la función de protección. Y, como nos enseñan los sabios del Talmud, si colocas una mezuzá en la puerta de tu casa estarás protegido, tanto dentro como fuera de ella. Eso sí que es algo que ningún servicio terrenal puede ofrecer.

En realidad, una Mezuzah es un recordatorio diario – y una declaración pública – de la identidad y fe hebrea.

A pesar de que Mezuzah significa literalmente “marco” o “jamba“de puerta, comúnmente se refiere a un rollo de pergamino que contiene versículos bíblicos, el cual es puesto en ese lugar.

La Mezuzah recuerda el éxodo de Egipto (Mitzraim), cuando la sangre del cordero untada en los marcos de las puertas “identificó” las casas hebreas que Yahvéh pasó por alto durante la última plaga (la muerte de los primogénitos).

La Mezuzah, que colocamos en la puerta de nuestras casas, contiene un fragmento de pergamino en el cual están escritos dos versículos determinados (Devarim 6:4 y Devarim 11:13-21). Estos versículos corresponden al rezo conocido como el Shemá, que expresa la unicidad de El Eterno. El escribir los fragmentos en el pergamino, es efectuado por un escriba ritual especializado, llamado Sofer Stam, que es quien también escribe a mano los rollos de la Torah. En su parte externa, la Mezuzah lleva inscriptas la palabra “שַׁדַּי“, “Shadday”, uno de los nombres de Dios. Estas letras permiten que se realice la lectura de un acrónimo usándolas como las iniciales de  “Shomer Delet Israel” que significa: «El que cuida las puertas de Israel».

En hebreo, la palabra para el lugar en donde vive un humano es dirá, mientras que para el lugar en donde vive un animal es dir. La diferencia entre estas dos palabras es la letra hei – la cual representa el Nombre de Dios. La presencia de Dios en nuestro hogar es lo que nos distingue como humanos, que hemos comprendido la Buena Noticia (Betzorah) de Salvación que Yahvéh ha dado al mundo entero en Su Mesías.

¿Por qué tocamos la Mezuzah?

El versículo que está escrito en hebreo dice: “Escucha, oh, Israel, El Eterno es nuestro Elohim, El Eterno uno es”, y a continuación nos encomienda amar a el Eterno con todo nuestro corazón. El pergamino se coloca en una caja pequeña hecha a medida y se fija en el marco de la puerta de las casas.

La tradición en muchos hogares hebreos es tocar la Mezuzah con la mano al entrar o al salir. Hay quienes luego se besan la mano con la cual la han tocado.

Algunos comentaristas sostienen que esto nos recuerda la unicidad de El Eterno, tal como explica el Rambam en su código sobre la ley judía:

“Las personas deben ser muy cuidadosas respecto de la observancia de la Mezuzá, ya que eso le corresponde a cada individuo todos los días”.

Por medio de la Mezuzah, cada vez que se entre o se salga del hogar, se recordará la unicidad de El Eterno y el amor por El Eterno. De este modo, se despertará del “sueño” y se reconocerá la propia obsesión por la vanidad del tiempo, y se entenderá que no hay nada que dure eternamente, más allá del conocimiento del creador del mundo que otorga el estudio de los secretos de la Torah.

Igualmente, al salir de la casa tocamos la mezuzá y pensamos en el nombre divino “El Shadday”, lo cual constituye también un precepto que traslada el nombre de Yahvéh a donde vayamos. El Ari agrega que uno debe besarse el dedo con el que tocó la mezuzá, como si la santidad se hubiese transferido a la mano.

Al contemplarla, las personas tomarán conciencia y seguirán el camino del bien.

El rabino Isaac Luria, más conocido como el Arizal, agrega que uno debe besarse el dedo con el que tocó la Mezuzah, como si la santidad se hubiera transferido a la mano.

El rabino Menajem Mendel Schneerson, en una charla en 1987, elogió la costumbre de que los niños besen la Mezuzah antes de acostarte en la cama. Explicó que las cosas que uno ve y escucha cuando es niño influyen en su práctica como adulto, y que para los niños “besar la Mezuzá afianza el reconocimiento de que existe un solo Elohim (Di-s), que vela por ellos y por todo lo que hay en sus cuartos”.

Si queremos que nuestro mundo privado refleje los ideales de Yahvéh, entonces tenemos que protegerlo del mundo exterior en el punto de conexión: la puerta. Al tener una parte de las Escrituras en las puertas hay un recuerdo de que son nuestro modelo de vida y la base para nuestras conversaciones en la casa. En una casa donde está la Torah en las puertas no se puede vivir de cualquier manera. Tampoco se puede hablar de cualquier manera o de cualquier cosa en esa casa. Tampoco se puede introducir por medio de las puertas o por la televisión o internet cualquier cosa en esa casa. Esto significa que cada padre de familia se compromete con las esferas celestes a monitorear el contenido de los libros, juegos y videos que ponemos frente a nuestros niños y frente a nosotros mismos. Una casa con Mezuzah en cada puerta es una casa apartada para servir al propósito eterno de Dios en el Mesías.

El sabio Maimónides declara que aquellos que consideran a la Mezuzah como un amuleto para alejar los males, son unos ignorantes, pues no entienden que su verdadero objetivo que es mantenernos siempre conscientes de la Unicidad divina y los deberes morales y es esa conciencia la que nos protege y aleja los males.

Entonces efectivamente la Mezuzah ha sido otorgada por el Eterno para mantener lejos a los malos espíritus. Pero no a esos que flotan por ahí, en la imaginación supersticiosa de gente educada por las producciones de Hollywood; sino a aquellos espíritus que podemos controlar y dominar, Es decir, esas formas de pensamientos producidas por el yetzer hará (tendencia a lo malo)  que están dentro  de nuestros corazones por causa del ego, portal impuro por el que logran ingresar los espíritu del mal del llamado Sitra Ajrá, o el otro lado”.

Con la observancia de esta mitzvá (mandamiento divino) introducimos una medida de espiritualidad y de seguridad en nuestros hogares.

La Mezuzahes una de los pocos mitzvot(mandamientos divinos) por la cual la Torá declara su recompensa. La Torah promete que cualquier persona que observa cuidadosamente la mitzvá de Mezuzah vivirá una vida más larga y rica, junto a sus hijos; como indica Deuteronomio 11:21:

“De modo que prolonguéis vuestros días y los días de vuestros hijos… “

¡Cada Día con el Shemá!

Por P.A. David Nesher

 

 

 

“Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno”

 

שְׁמַע יִשְׂרָאֵל יְהוָה אֱלֹהֵינוּ יְהוָה אֶחָד

Pronunciación: Shemá Israel, YHVH Eloheinu, YHVH Ejad

 

(Deuteronomio 6: 4)

 

 

En la parashá (sección o porción) Vaetjanan nos encontramos con las bases de nuestra creencia. Se repite en nuestra memoria el momento supremo de recibir la Torah (kabalá Torá). También tenemos el primero de los tres párrafos del *Shemá Israel:

  • “Shemá Israel“, Escucha Pueblo de Israel,
  • Yahvéh Eloheinu“, Yahvéh es nuestro Dios,
  • Yahvéh Ejad“, es Uno y Único.

 

En el lenguaje hebreo la palabra Shemá (escucha), puede también significar “acepta hasta que vibre en todo tu ser“. Por eso, debemos saber que cuando recitamos el Shemá, estamos aceptando la soberanía del Eterno sobre nosotros. Esto quiere decir que aceptamos y nos comprometemos con cumplir Su voluntad tal como se nos indica e instruye en la Torah, con todos los preceptos positivos y negativos (prohibiciones) que el Todopoderoso ordenó observar.

En estas palabras, llamadas El Shemá, encontramos la clave para poder vivir cerca del Eterno en todo momento. Por ello, quiero permitirme el lujo celestial de desglosar esta expresión en cada uno de sus términos, y poder sumergirnos en las profundidades de su significación:

Shemá: Significa “Escuchen con atención y tomen esto seriamente” Es la aceptación de que lo primero que el ser humano tiene que hacer para estar cerca del Eterno es escuchar y obedecer. El Eterno toma la iniciativa para acercarse a nosotros y nosotros sólo tenemos que hacerle caso para poder obtener su gracia. Acércate cada mañana al Eterno y toma unos minutos para escuchar, sin hacer nada más, y deja que el Espíritu de Yahvéh te hable por las palabras de la Torah que has leído. No seas tan rápido en tus oraciones que sólo hables y no escuches. Es mejor escuchar a Yahvéh que hablarle. El shemá nos enseña a poner el escuchar con atención como la máxima prioridad en nuestras vidas, para luego obedientemente llevarlo a la práctica.

Israel: La segunda cosa que es necesario que se destaque en nuestra conciencia es nuestra identidad como pueblo exclusivo del Eterno. El gentil que ha hecho la conversión al Dios de Israel por medio del Mesías Yeshúa es parte del Pueblo escogido, pero no se convierte en judío (no necesita hacerlo), y puede identificarse con el pueblo (Efesios 2:19).

YHVH Eloheinu” (Yahvéh nuestro Dios): Esta es la declaración de los que son parte de Israel. Al pronunciar esta expresión aceptamos nuestra certeza de que Yahvéh es nuestro Dios personal además de ser el Dios universal. Él mantiene una relación exclusiva con cada uno de nosotros individualmente y establece todas las circunstancias de la vida para extraer y aplicar toda la grandeza con la que fuimos creados. Este versículo revela que Yahvéh es únicamente el Dios de Israel. Los que tienen otros dioses no son parte de Israel. Pero los profetas aseguraron que en el futuro sería el Dios de toda la humanidad a través del Mesías:

“En ese tiempo daré a los pueblos labios puros, para que todos ellos invoquen el nombre de Yahvéh, para que le sirvan de común acuerdo.”

(Sofonías 3:9)

 

“Y YHVH será rey sobre toda la tierra; aquel día YHVH será uno, y uno su nombre.”

(Zacarías 14:9)

 

Hoy, las naciones gozan del cumplimiento mesiánico de estas promesas, y es responsabilidad de nosotros, los hijos primogénitos de Su Monte que demos a conocer Su Nombre entre los pueblos.

 

YHVH Ejad” (Yahvéh Uno es): La palabra traducida como “uno” (ejad), implica unidad y unicidad. Es decir que el énfasis de esta frase es revelara que Yahvéh es Uno y Único.

 

Primeramente, es interesante decir que las Sagradas Escrituras usan este término para marcar la unidad entre varios elementos o personas, pero que se manifiestan como uno solo. El hebreo usado aquí para uno es ejad, el cual habla literalmente de una unidad compuesta, en lugar de utilizar la palabra hebrea yajeed, la cual se refiere a una unidad absoluta o singularidad (Génesis 22:2 y Salmo 25:16).

La primera vez que se utilizó echad en la Torah es en Génesis 2:24 donde se usa la expresión ejad diciendo “y serán una sola carne”. Nuevamente, la idea de una unidad (una sola carne), haciendo una pluralidad (varón y mujer). En Éxodo 26:6 y 11, los cincuenta corchetes de oro son utilizados para unir cortinas para que la tienda pueda ser una (ejad), una unidad (una) compuesta por una pluralidad (las muchas partes del tabernáculo). En Ezequiel 37:17 el Señor dice a Ezequiel que debe unir dos palos (representando proféticamente a Efraín y a Judá) en uno (ejad), hablando nuevamente de una unidad (un palo) compuesto por una pluralidad (dos palos). No hay ninguna manera en que ejad pueda tener la idea de una singularidad absoluta; la idea de un Dios en tres personas encaja perfectamente con el termino de ejad.

Por lo tanto, la palabra ejad tiene los siguientes dos significados en este contexto: que Yahvéh no es plural (no hay dentro Él dioses en alianza) y que no hay otro igual a Él. Él es el único Dios que existe y esa unicidad, esa singularidad, lo ha revelado a Israel, especialmente a través del Mesías.

La vida eterna consiste en conocer – por experiencia vivencial – al único Dios verdadero, y a quién ha enviado, Yeshúa el Mesías:

“ Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Yeshúa el Mesías, a quien has enviado.”

(Juan 17:3)

 

“…para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para Él; y un Señor, Jesús el Cristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual existimos nosotros. Sin embargo, no todos tienen este conocimiento…”

(1 Corintios 8:6-7a).

 

Así mismo, hasta el título Dios (hb. Elohim) en esta línea sugiere la pluralidad del Eterno en una absoluta y perfecta Unidad. La palabra hebrea es Elohim, gramáticamente, es una palabra plural siendo utilizada como una palabra singular. El rabí Simeón ben Joaji, comentando acerca de la palabra Elohim: “Venir y ver el misterio de la palabra Elohim; son tres grados, y cada grado por si solo, sin embargo, todos son uno, y uniéndose se hicieron uno, y no están divididos entre sí.” El teólogo y reformador alemán Martín Lutero al explicar la exégesis de Elohim usado en este versículo destacó: “Pero tenemos el claro testimonio que Moisés pretendió indicar a las tres personas en una y única naturaleza divina.” ¡No son tres dioses, sino Uno y Único!

 

Sólo hay UN Dios. Adoramos a UN Dios, existiendo en tres personas, no tres dioses diferentes.

 

Un redimido, de mentalidad hebrea, debe saber que el Eterno es Uno Arriba, Abajo y en los cuatro puntos cardinales.

 

El significado de UNO incluye:

 

Es la única Verdad absoluta pues todas las demás realidades dependen de Él para su existencia. La idea significa que no solo hay un Dios, sino que Dios y toda la creación son una cosa. No hay nada aparte de Yahvéh. Nada existe fuera de Él; cada cosa que percibimos, cada partícula de existencia no es sino una manifestación del Eterno.

 

La esencia del Eterno es Una, si bien podemos percibirlo solamente a través de diversos atributos.

 

Él es una Unidad, no puede ser dividido ni comparte Su soberanía. Él es el Rey del Universo.

Es Uno por encima del tiempo y el espacio. Aunque podemos aceptar los eventos y las personas únicamente en términos del pasado, el presente y el futuro, debemos entender que Yahvéh es eterno; y aunque podamos pensar de cualquiera como confinado en un lugar, debemos saber que Yahvéh está presente en todas partes (Omnipresente).

Está por encima de cualquier atributo corporal. Aunque estemos obligados a referirnos a Él en términos comprensibles para nosotros, como son: “Su Voz”, “Su Brazo”, etc. debemos comprender que en realidad no tiene ningún atributo físico y no está sujeto a ninguna condición o limitación alguna.

Esta es la verdad esencial de Yahvéh, nuestro Dios. Él es una persona y no una fuerza vaga panteísta. Siendo Uno, Él no puede ser representado por imágenes contradictorias. Ya que Yahvéh nuestro Dios es uno, Él no es Baal, ni Astarté. Él es Yahvéh, el verdadero Dios, y el Señor de todos, y esos dioses no lo son.

 

Este es el motivo por el cual tenemos que amar a Yahvéh con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todos nuestros medios o recursos.

 

Por eso necesitamos elevar nuestra conciencia ante el hecho de que el Shemá es una de las herramientas más poderosa para atraer energía sanadora a nuestra vida. El verdadero poder del Shemá es liberado cuando recitamos esta oración mientras meditamos con ella al despertar, y antes de acostarnos. Decir el Shemá por la mañana y por la noche es una hermosa mitzvá (mandamiento) que garantiza la atmósfera de milagros que necesitamos para cada día.

 

El Shemá Israel proviene de la tecnología espiritual de la Torah, y está diseñada para ayudarnos a traer la consciencia Mashiaj a nuestra vida y la de nuestra familia.

 

Para finalizar, debo decir que al tiempo que un hijo primogénito debe creer en la Unicidad de Yahvéh en todo momento, está obligado a proclamarlo verbalmente cada mañana y cada noche por donde quiera que vaya y a toda criatura que encuentre en su peregrinar.

 

 

Ahora los invito a que consideren la decodificación de la palabra EJAD (Uno) en este imagen:

 

 


El Poder Transformador de la Torah

Por P.A. David Nesher

“ Estas palabras Yahvéh habló a toda vuestra asamblea en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de las densas tinieblas con una gran voz que no cesó. Y las escribió en dos tablas de piedra y me las dio.”

(Deuteronomio 5:22)

Al venir a las Sagradas Escrituras, notamos que aquello que desde la dogmática cristiana se conoce como los Diez Mandamientos están repetidos en la Torah. La primera mención está en la Parashá Yitró y la segunda en la Parashá Vaetjanán.

Ahora bien, si tomamos en cuenta que Vaetjanán está ubicada en el libro de Devarim (Deuteronomio), el quinto volumen de la Torah (el cual contiene los discursos de Moshé que recapitulan muchos sucesos anteriores) está claro que estos “Diez Mandamientos” merecían ser enumerados de nuevo. Cabe mencionar que la Torah relata que las Tablas sobre las cuales estaban escritos los Diez Mandamientos fueron destrozadas por Moshé cuando presenció la danza frenética de nuestros antepasados alrededor de un becerro de oro, hecho descrito en este texto semanal.

Por lo antedicho, Moshé tuvo que permanecer nuevamente cuarenta días y cuarenta noches en el Sinaí para recibir un segundo conjunto de Tablas con el texto escrito de los “Diez Mandamientos”. De tal manera que la repetición de este texto en Vaetjanán simboliza las dos ediciones de las Tablas.

¿Existe alguna diferencia entre ellas? Bien, desde un asunto de codificación los sabios han interpretado que la primera versión de los Diez Mandamientos no fueron escritos en tabletas de piedra planas, sino en unas figuras en forma de cubos. En cambio, el segundo set hecho por Moisés fue en dos tablas de piedra planas.

Pero, lo más importante es que entre ambos sete se alcanza a apreciar un cambio textual importante: la razón de observar el Shabat. Las primeras Tablas fundamentan el cumplimiento de este día en la Creación del universo, mientras que las segundas aducen que el motivo escondido en esto es el éxodo de Egipto. Meir Simhah Feldblum, profesor de Yeshivá University, concluye que la diferencia de las Tablas refleja un cambio de actitud que recién se consolidará dentro del seno del pueblo durante la época de Mordekai (Mardoqueo) y Ester, cuando el pueblo reafirmó su compromiso con el cumplimiento de las leyes de la Torah, a pesar de que sus antepasados ya lo habían hecho en el monte Sinaí. Esta vez, el pueblo optó por la Instrucción después de largas y arduas experiencias, pero especialmente porque se había desarrollado una Torah paralela: Torah Shebealpé, (la Torah oral), que explica con abundancia de detalles el texto de la Torah escrita e inspira a la halajáh que se necesita para no salir de la senda lumínica que marca cada mitzvot. Esto será el sentido ontológico de la fiesta del Purim.

Las primeras Tablas fueron recibidas por un pueblo que recientemente había salido de la esclavitud y que no estaba preparado para ejercer la libertad, condición que puede aterrorizar a la mente esclavizada, que ha sido magistralmente analizada por Erich Fromm en su libro “Miedo a la Libertad” (que recomiendo). Incluso nuestros jajamim sostuvieron que el pueblo aceptó el cumplimiento de los Diez Mandamientos bajo coerción divina.

Lo cierto es que Moshé al reunir al pueblo recuenta la Torah ante la cual se comprometieron los que estaban presentes y a sus generaciones venideras. Moshé continúa su discurso pedagógico recordando capítulos de la historia reciente de Israel. También vuelve a dictar y clarificar muchos de los mandamientos que Dios ya había establecido para Su Pueblo. Por esto, el sefer (libro) Devarim es conocido también como “Mishné Torá”, que significa “la repetición de la Enseñanza”, o Deuteronomio (repetición de la ley) como se le llamó más tarde en griego al realizarse la traducción de La Septuaginta (o Versión de Los Setenta). Como ya lo he explicado muchas veces, el texto hebreo no habla de Diez Mandamientos (término dogmático del cristianismo), sino de “Diez Palabras” (gr. Decálogo traducción del hebro “Aserete HaDibrot“).

Este Decálogo es la mejor terapia que el Eterno ofrecía para que Israel lograra alcanzar sus objetivos de manera íntegra. Por ello, Moshé en esta ocasión pondrá el énfasis sobre el estudio y la transmisión de los conocimientos de sus códigos de Luz para asegurar la indispensable transmisión de valores a las generaciones futuras.

El Decálogo es sustancialmente igual al relato que encontramos en Éxodo 20, salvo en el precepto de la observancia del sábado (Shabat).

Había cinco frases en cada tabla de piedra. Las cinco primeras frases hablan de la relación entre el Eterno y el hombre y las cinco últimas hablan de la relación entre los hombres entre sí. Cabe aquí señalar, que la relación entre los hijos y los padres es un reflejo de la relación que hay entre el Eterno y los hombres y por eso esta palabra está en la primera tabla.

De acuerdo con la enseñanza de Yeshúa, existe un mandamiento que resume las cinco palabras de la primera tabla: “Amarás al Eterno tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu posibilidad”, (Deuteronomio 6:5). Esto deja en evidencia que el amor al Eterno se expresa en la obediencia a los mandamientos, (5:10).

También, Yeshúa enseñó que hay un mandamiento que resume las cinco palabras de la segunda tabla: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, (Levítico 19:18).

Este es el amor perfecto en el cual se capacitaban los discípulos de las primeras comunidades. Ellos aprendían a enfocarse en la praxis cotidiana de un amor que vibra y actúa en dos planos existenciales, por lo que se lo conoce también como el amor gemelo [Invito a cotejar esto leyendo el evangelio de Mateo 22: 34-40].

Un dato curioso y lleno de enseñanza para destacar es el hecho de que en la primera tabla hay muchas más palabras que en la segunda, por lo que sus letras deben haber sido mucho más chicas que las de la otra. Esto, lo hizo Yahvéh a propósito para que las mitzvot (mandamientos) entre el ser humano y su prójimo sean más fácilmente advertibles que las mitzvot entre el hombre y Dios. La causa es que el yétzer hará (inclinación al mal) del ser humano es mayor en el área entre el hombre y su prójimo. De este modo el Eterno reveló que quería que la gente se enfocara más en las mitzvot entre el hombre y su prójimo porque requieren un mayor esfuerzo para superar el yétzer hará.

Moshé remarcó, al repetir la Torah, el hecho de que estas Diez Palabras o Diez Sentencias forman la Constitución que debe regular la vida individual y colectiva de la nación Israel, una vez establecida en la Tierra Prometida. Es el camino marcado por Yahvéh para establecer una vida de paz, de prosperidad, de entendimiento, de concordia, con los pueblos extranjeros, con los hermanos y consigo mismo.

Con esto la nueva generación comprendió que la Torah no está proponiendo una religión, ni una conducta ritual. Sino que su propuesta radica en un plan de vida integral, de perfeccionamiento, de crecimiento, de armonía bajo la sabia y amorosa guía que el Eterno nos brinda con su Instrucción.

Pensemos por un momento: si todas las personas cumplieran con los mandamientos que les corresponden, ¿no estaríamos ya viviendo en un verdadero paraíso terrenal? Porque la mayor parte de las cosas desagradables que nos suceden no son causadas por la naturaleza, ni por accidentes imprevisibles. Realmente, los daños que nos sobrevienen son casi siempre debido a la intervención del hombre, ya sea porque actúa erróneamente o porque está incumpliendo con algunas de sus responsabilidades, al dejarse guiar por su iétzer hará (inclinación al mal).

¿Habías considerado este punto anteriormente? ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad en lo que nos sucede, como individuos y como comunidad?

Te dejo meditando. Nos encontraremos en otra bitácora.

Shalom!