Etica de Reino

¿Las Mujeres tienen algo que ocultar?


Por Rav Aaron Moss

Pregunta:

¿Por qué los Sabios judíos ordenan a las mujeres mantener sus cuerpos cubiertos?¿Hay algo vergonzoso o malo en el cuerpo de la mujer? ¿Por qué una mujer tiene que esconderse sólo para que otros no se sientan tentados?

Respuesta:

Asumes que la única razón para la vestimenta modesta es evitar la tentación. Mientras este puede ser el caso en otras religiones, para la fe de Avraham, Itsjak y Yaakov esto no es cierto. La vestimenta modesta en la mujer judía no tiene que ver con cómo otra gente ve a las mujeres, sino cómo las mujeres se ven a ellas mismas.

Cubrir algo no siempre significa avergonzarse de ello. ¿Alguna vez te has dado cuenta de cómo tratamos al rollo de la Torá? Nunca lo dejamos abierto. Está oculto en muchas capas. La Torá se mantiene adentro de una sinagoga, en el Arca, detrás de una cortina, envuelta en una tela, y cerrada con un cinturón.
Solamente se saca para propósitos santos, para ser leída durante los servicios.

Para esos momentos especiales, cuidadosamente corremos la cortina, abrimos las puertas del Arca, sacamos la Torá, la descubrimos y la desenvolvemos. Tan pronto como hemos terminado, inmediatamente la volvemos a cubrir y la guardamos.

¿Por qué hacemos todo esto? ¿Por qué tanto lío para ocultar la Torá? ¿Estamos avergonzados de ella? ¿Hay algo que ocultar? ¿Hay algo horrible sobre la Torá? Por supuesto que no. Más bien, lo contrario.

Siendo que la Torá es nuestro objeto más sagrado, especial y precioso, nunca lo exponemos innecesariamente. Lo mantenemos cubierto porque no lo queremos tratar “a la ligera”, no queremos ser demasiado “casuales” con él.

Si la Torá siempre estuviera visible y abierta, entonces nos sería demasiado familiar, y no la respetaríamos tanto. Al mantenerla fuera de la vista, y trayéndola solo en tiempos apropiados, mantenemos nuestra reverencia y respeto por la Torá.

Lo mismo es con nuestros cuerpos. El cuerpo humano es una creación sagrada de Dios. Es la morada sagrada del alma, templo del Espíritu de Dios. La manera en la que mentemos respeto por el cuerpo, es a través de cubrirlo. No porque nos avergüenza, sino porque es muy bello y precioso.

Esto es cierto para los cuerpos de los hombres también, y la vestimenta modesta también se aplica a ellos. Pero es más en el caso de las mujeres. El cuerpo femenino tiene una belleza y un poder que sobrepasa por lejos al masculino. Los Cabalistas enseñan que el cuerpo de la mujer es de una belleza más profunda porque su alma viene de un lugar más elevado.

Por este motivo, su cuerpo debe permanecer discretamente cubierto.

En un mundo en donde el cuerpo de la mujer se ha reducido a propaganda barata, no precisamos prueba alguna sobre la veracidad de esta sabiduría. Cuando todo está expuesto, nada es sagrado.

Cuatro Consejos para tener un Matrimonio Duradero

Autora: Aranza Gleason

Mucha gente se sorprende que hoy en día más del 50% de los matrimonios seculares terminen en divorcio. A mí francamente no me parece tan raro. Construir a lo largo de los años un matrimonio, es una de las cosas más difíciles que puede hacer un ser humano, y por ello, una de las más gratificantes.

En el judaísmo, el matrimonio es visto como el acto más sagrado que dos personas pueden realizar: es la unidad que mantiene la familia, el medio a través del cual la herencia judía se preserva y la institución que fomenta mayor crecimiento en la persona. Requiere de paciencia, energía, tiempo y sobretodo constancia y compromiso. No es una tarea fácil, pero vale la pena vivirlo; porque es el único reto suficientemente fuerte para obligarte a sacar lo mejor de ti. A continuación le damos unos consejos para darle la vuelta a problemas que se presentan con los años. Esperamos los disfruten.

1) Aceptación y Gratitud.

A veces, cuando estamos casados, hemos convivido tanto con nuestro conyugue, que los años y la convivencia, en lugar de ayudarnos a aceptar los errores que comete nos vuelven reactivos a sus defectos. La primera vez que deja los calcetines fuera del bote de la ropa sucia los acomodamos sin decir nada, quizás a la segunda comentamos nuestro desagrado, a la tercera hacemos un reclamo más fuerte, pero la quinta, sexta o decimonovena vez que lo hace, simplemente explotamos.

En esas ocasiones, en pos de la paz familiar, es mejor calmarnos y aceptar que hay ciertos defectos que él o ella ya no va a cambiar. Podemos intentar empezar a cambiar la forma en que recibimos esas acciones. En lugar de verlas como una agresión perpetuada, podemos empezar a verlas como una expresión de su presencia, recordar y agradecer las cosas de él o ella que sí nos gustan.

2) Trabajo en equipo

Muchas veces, conforme los años van pasando una de las partes siente que su esfuerzo y su trabajo no son reconocidos por su pareja, que tiene más responsabilidades que el otro, y que a éste no le importa y no aprecia todo lo que hace por él. Cuando esto sucede, los reclamos surgen de forma constante o la persona se retrae y evita a su pareja.

Una solución es hablar los problemas y expresar a la pareja los sentimientos negativos. Sin embargo, no va a ser efectivo si no hay un compromiso de ambas partes por cambiar algunas acciones y actitudes. Lo más funcional es aprender a verse como parte de un mismo equipo, no establecer una competencia dentro de la pareja. Uno debe aprender que hay terrenos donde va a aportar más que el otro, y eso no quiere decir que su conyugue no se preocupe por la relación. En lugar de llevar una cuenta y reclamar todo lo que el otro no hizo, es más efectivo sentirse orgulloso de que el otro confíe en su administración y buen juicio.

3) Usa tu aprendizaje como padre o madre

Tendemos a ser mucho más compasivos con los niños que con los adultos. Esto es porque aceptamos más fácilmente sus errores y les tenemos más paciencia, además sabemos que no sirve de nada enojarse con ellos en vano. Generalmente los padres saben que si quieren educar a sus hijos correctamente tienen que aprender a comunicarse con ellos para poder trasmitirles sus enseñanzas. Lo que nosotros recomendamos no es que trates como niño a tu pareja, sino que utilices las herramientas comunicativas que adquiriste con tus hijos cuando hablas con tu pareja. Él o ella también necesita la paciencia, el cariño y el amor que le puedes dar para ayudarlo a enfrentar sus errores.

4) Toma tu felicidad en tus manos

Tú eres responsable de tu felicidad, no tu pareja. Entre más satisfecho estés con tu vida, la relación familiar va fluir mejor. Es tu obligación descubrir qué te hace feliz y qué necesitas para estar cerca de eso. Si sientes un vacío o no estás inconforme con quién eres o lo que haces, tu conyugue jamás va poder llenar ese hoyo. No intentes depender de él para que lo haga. No le cargues responsabilidades que no le corresponden.

Toma tu felicidad en tus manos y haz lo que sea necesario para poder estar bien, poder hacer lo que te gusta, enfrentar tus frustraciones y solucionar tus problemas. Entre más plena vivas tu vida, más feliz vas a ser en tu matrimonio.

Encontrado y Tomado de: Enlace Judío

¿Cuál es el Secreto para Evitar la Corrupción de una Nación?

Por P.A. David Nesher

Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella,…”

(Bereshit/Génesis 39:7-10)

Leemos en el Sefer Bereshit (Libro de Génesis) que pasado un tiempo la mujer de Potifar se dio cuenta de la belleza física de Yosef y determinó que lo tendría sexualmente a su manera.

Sin embargo, vemos que cuando Yosef fue tentado a fornicar con la esposa de su dueño, se mantuvo muy firme contra ella. A pesar de que ella insistía día tras día y en una ocasión estaban solos en casa, él se negó rotundamente y salió huyendo de esa mujer. Había determinación en su respuesta (“él se rehusó“), no albergaba duda alguna en su mente y corazón.

Ahora bien, ¿qué significado espiritual se esconde en la respuesta que él dio a la mujer cuando le invitó a tener relaciones con ella? Yosef le dijo que no había nadie más grande en la casa y que el dueño no había rehusado nada excepto su esposa. Por esta razón no podía hacer una maldad tan grande y pecar contra el Todopoderoso.

En primer lugar, vemos que todo pecado que se comete contra el prójimo, también se está haciendo contra el Todopoderoso. Yosef conocía perfectamente que el Eterno estaba sobre él observándolo en todo momento y que toda acción iba a ser juzgado por Él. No quería ofender a su Elohim, y por eso no dejó lugar al pecado. El texto hebreo original dice: ¿habré de pecar ante Elohim?”

Esta pregunta denota que Yosef estaba bien consciente que el ser humano puede ocultar su conducta ante otros hombres, pero no ante el Eterno, quien conoce los ocultos designios del hombre. Su alma tenía la certeza de que este suceso nadie más lo sabría, pero lo ontológicamente importante era que Yosef estaba convencido que Elohim lo sabía. Su consciencia conocía el secreto de que los ojos de Yahvéh están en todo lugar, escrutando a malos y buenos, tal como lo escribiera el sabido rey Shelomo:

“Los ojos de Yahvéh están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos.”
(Proverbios 15:3).

Para Yosef, el Reino del Eterno era primero. Las lecciones del antiguo hogar no habían sido olvidadas a pesar de todo el trato que él había recibido. Por el contrario, la forma en que Yahvéh había estado con él, y lo prosperó en su esclavitud, era una razón más para la lealtad y la integridad. Así que, debido a su relación con Yahvéh, él se enfrentó a la tentación y se mantuvo firme.

En segundo lugar, vemos que Yosef considera el adulterio como un pecado muy grande, y es cierto, es un falta de muerte que trae graves consecuencias incluso si alguien se arrepiente de él después de haberlo cometido. Es un pecado que se convierte en iniquidad y alcanza a muchas generaciones.

Pero lo más loable de su respuesta es que habla de la gran responsabilidad que había recibido. Como había recibido tanta responsabilidad no podía hacer lo que ella estaba proponiendo. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Yosef, en lugar de aprovecharse de su posición y de la confianza que su dueño le tenía, lo cual es muy común en los que tienen puestos de responsabilidad en diferentes organizaciones, consideró que por haber recibido tanta confianza tenía que administrar esa confianza correctamente. Él estaba determinado a no sacar beneficio propio de su puesto.

He aquí el corazón de un verdadero líder. El que tiene ese corazón es capaz de ser elevado sobra una nación porque no busca sus propios intereses sino los de los demás y sabe diferenciar entre lo que es suyo y lo que no le pertenece.

El corazón de un corrupto dice: “Como he recibido tanta confianza, sacaré provecho personal de ello todo lo que pueda sin ser descubierto y avergonzado.”

El corazón de un justo dice: “Como he recibido tanta confianza, tendré que ser fiel. Esta actitud es digna de ser elogiada. Si todos fueran así, tendríamos un mundo maravilloso.”

Amado discípulo de Yeshúa: ¡Sé fiel hasta la muerte! No aproveches la posición y la confianza que te han dado para sacar bienes personales. Entiende el principio mesiánico de que si eres fiel en lo poco y en lo más íntimo de tu corazón, entonces recibirás más confianza y más responsabilidad y honra. Aunque los hombres no te vean, hay una infinita cantidad de ojos mirándote todo el tiempo desde el mundo invisible.

Ten siempre presente que la fidelidad es más valiosa que el placer y el provecho y “El SEÑOR pagará a cada uno según su justicia y su fidelidad.” (1 Sam. 26:23)

Por último: Confía en Yahvéh, y haz el bien; habita en la tierra, y cultiva la fidelidad.” (Sal. 37:3 LBLA)

¡Así recibirás una gran recompensa!

Kol tuv! (¡Toda bendición!)

Dios sin el Hombre… y… El Hombre sin Dios.

Cuando Dios quiso crear peces, le habló al mar.

Cuando Dios quiso crear árboles, le habló a la tierra.

Pero cuando Dios quiso crear al hombre, se volvió hacia SÍ Mismo.

Así que DIOS dijo, “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza“.

Por lo tanto:

Si sacas un pez del agua, morirá; y cuando sacas un árbol del suelo, también muere.

Del mismo modo, cuando el hombre se desconecta de Dios muere.

Dios es nuestro entorno natural. Fuimos creados para vivir en Su Presencia. Tenemos que estar conectados con Él porque solo en Él existe la Vida del hombre.

Permanezcamos conectados con Dios.

Recordamos que el agua sin peces sigue siendo agua, pero los peces sin agua no son nada.

El suelo sin el árbol sigue siendo suelo, pero el árbol sin suelo no es nada…

De igual modo, Dios sin el hombre sigue siendo Dios, pero el hombre sin Dios no es nada.

¡Véngate como Dios quiere!

Por Lic. Moisés Franco

Creó al ser humano con su misma imagen, algo único en toda la Creación, y le dio el llamado de llegar a ser semejante a Él. Es decir, ser co-creador del Universo.

Lo puso en el jardín del Edén y le dio todo lo que necesitaba sin que tuviera que trabajar para obtenerlo, cada tarde le enseñaba personalmente Su palabra. ¡Maravilloso!

¿Qué hizo el hombre? Pecó. Dudó de la palabra del Eterno, indirectamente lo llamó mentiroso y le desobedeció.

No satisfecho con eso, cuando el varón original fue confrontado con su pecado, no sólo culpó por su falta a la compañera que Dios le había dado, sino que indirectamente también lo culpó al Creador por habérsela dado.

¿Cómo se vengó el Eterno ante semejante ofensa? Amó al ser humano. Hubiera sido más fácil aniquilarlo, pero Él no busca lo más fácil sino lo mejor. Lo amó excluyéndolo del Edén -porque las acciones tienen sus consecuencias- y se vengó dándole la promesa mesiánica, el protoevangelio codificado en aquella semilla de la mujer que le pisaría la cabeza a la serpiente (Bereshit 3:15).

La humanidad no sólo seguía gozando de continuidad física en esta tierra, sino que además ¡tenía una esperanza, una promesa a la que aferrarse! ¿Pero qué hicimos (porque en ellos estábamos ocultos nosotros)? Pervertimos nuestros pasos alejándonos cada vez más del diseño original hasta llegar a niveles de infranimalidad inimaginables.

¿Cómo se vengó el Eterno ante esta nueva ofensa? Apartó para sí a Noaj (Noé) y a su familia, para seguir por medio de Él el linaje de salvación que cumpliría la promesa inicial. Les brindó una instrucción y con ella una salida al juicio que le sobrevendría a quienes no la siguieran, y por la obediencia de ese justo la condenación vino al mundo (Heb.11:7) y la salvación a su casa (y a nosotros).

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Fue un reset, volver a empezar, una tierra purificada, una nueva y grandiosa oportunidad. ¿Qué hicimos? Pecamos contra el Eterno con borracheras e inmoralidad.

¿Cómo se vengó el Señor ante este innecesario agravio? Amó a la humanidad continuando por medio de Sem su linaje mesiánico (Bereshit 9:26) para redimir finalmente al mundo.

Pasaron los años y ese linaje llevó a la conformación de un pueblo bendito y escogido, lo libró de la opresión milagrosamente, lo guio como un recién casado a su esposa, y le entregó el maravilloso regalo de la Torah no sólo en tablas sino primero hablándoles desde su interior (Shemot 20:1-21).

Listo, teníamos todo lo necesario para restaurar el mundo a su plenitud original, pero ¿qué hicimos?  ¡¡Engañamos a nuestro esposo en nuestra luna de miel!! (Jeremías 31:32).

¿Cuál fue su venganza ante este innombrable hecho? Nos amó. Hizo que la Torah se hiciera carne y habitara entre nosotros, Él mismo tomó forma de siervo y se hizo hombre para enseñarnos sus diseños de amor. (Jn. 1:14/ Fil. 2:6-8).

¿Cómo respondimos a este acto de incalculable benevolencia y misericordia? Lo despreciamos y lo desechamos, escondimos de Él nuestro rostro (Is. 53:3).

¿Cómo se vengó YHVH? Le pidió a Su Hijo que, siendo justo, diera su vida por un pueblo injusto, y Él en amor obediente lo hizo voluntariamente (1 Ped. 3:18/Jn.10:17-18/Mt.26:39)

Sin embargo, muchos no creímos en Él, ¿y cómo se vengó? Atrayéndonos a Él por medio de los que sí habían creído (Jn.12:32/ 2Cor. 5:18-21). Y no sólo eso, sino que al reconciliarnos nos dio también al Espíritu Santo, ¡sí, su misma Presencia dentro nuestro! Haciéndonos coherederos con el Mesías, miembros de Su familia (Ef. 2:18-22/Rm.8:15-17) y nos dio una gloriosa misión, un sentido de vida (Mt. 28:19-20/Heb.12:1-2).

Conclusiones

Antes de pasar a lo concluido, aclaro. Cada vez que dije “¿cómo se vengó?” no significa que Él actuara improvisadamente, como tratando de salvar la situación por algo que no previó que pudiera pasar, porque ya había consagrado al Cordero expiatorio desde antes de la creación del mundo (1 Ped. 1:20/ Rev. 13:8).

Justamente allí radica su amor, que sabiendo tooodo lo que haríamos, nos amó y “se vengó” de nuestros pecados, amándonos más.

Ahora bien, ¿qué queda para nosotros?

Ser como Él, vengarnos de quienes nos hacen mal directa o indirectamente amándolos. “¿Cómo? ¿estás loco?, Él lo hizo porque es Dios, yo soy un ser humano”.

Sí, somos seres humanos llamado a ser semejantes a nuestro Creador (Bereshit 1:26).

A eso se refería nuestro amado Yeshúa, el más grande maestro, cuando dijo:

Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte la camisa, déjale también la capa. Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos.  Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda” (Mt. 5:38-41 |NVI).

Algunos han pensado que esto implica ser unos bobalicones, unas víctimas de los incrédulos, y por ese mal concepto han surgido burlas como la creación del personaje de Ned Flanders en Los Simpson, un cristiano que despierta más lástima y risa que admiración.

 No obstante, el concepto yahvista es otro; amar implica responder a las ofensas, pero no hacerlo como el ego quiere, dándole al otro su mismo veneno y más. No, el verdadero amor siempre da respuesta, pero da aquella que busca lo mejor para el otro, aunque a veces esto implique ser duro, pero lo hace para su edificación y no para su mal (Heb.12:5-13).

Si una persona te ofende, te desprecia, amala. Demostrale justamente que, así como YHVH amó y ama sin que lo merezcamos y de tanto perseverar en ese amor (su venganza) ha llevado a miles de generación en generación a volverse a su amor y cambiar, así vos podés hacer lo mismo (Mt. 5:44).

¿Cuesta? Obvio, bienvenido al Yugo de Yeshúa.

Pero yo lo he comprobado por mí mismo; he visto a quienes me acusaron de no ser virtuoso agradecer enfáticamente luego mi amor manifestado hacia ellos en acciones concretas, independientemente de que no me hayan pedido perdón muchas veces, no importa, porque sus palabras de gratitud y mis acciones hablan más fuerte.

 Esa es la buena venganza, la que doblega al otro con y desde el amor (Pr.25:21); y verdaderamente le doy todas las gracias y gloria al Eterno por haberme enseñado a hacerlo, porque en mis fuerzas sólo hubiera buscado mi venganza egoísta cargada de resentimiento.

Por eso, entendiendo estos códigos revelados en las Escrituras Sagradas y luego manifestados todos en Yeshúa, el apóstol Pablo dijo:

Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así, harás que se avergüence de su conducta. No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.”
(Romanos 12:20-21 |NVI)

Mujeres que no entran en Chismes ni se meten en la Vida de Otros son Más Felices

“… el chismoso divide a los buenos amigos.”

Proverbios 16:28

Las mujeres que son felices son aquellas que piensan que la vida es una sola, disfrutan el momento y no están pendientes de la vida de los demás. Piensan en positivo y centran sus energías en atraer más felicidad e incluso la comparten con el resto. Son conscientes que el tiempo no se desperdicia y se levanta a pesar de las circunstancias. Ella es toda una feliz guerrera.

Sin embargo, las mujeres que NO son felices, siempre buscan llamar la atención de los demás, como forzándolos a saber de su presencia y prácticamente obligándolos a mantener amistades no reales con ellas. De este modo no son felices, aunque por un momento, ellas finjan serlo.

Ahora bien, la felicidad no significa estar alegre y con una sonrisa en el rostro todo el día. Más allá de un resultado, la felicidad es una decisión. Por más que atraviesen por un episodio triste, o puedan sentir dolor, cansancio o desanimo, las mujeres felices no dejan que estos sentimientos negativos las dominen. Con fuerza y entusiasmo le harán frente a cada obstáculo que se les presente.

Las chicas felices quieren que todos a su alrededor también lo sean. Ellas saben que la decisión de ser felices debe ser tomada con libertad. Su mantra de vida es: donde no hay libertad, no hay felicidad. Además, ellas no perderán el tiempo en discusiones tontas para ver quien tiene la razón, ellas están seguras de lo que saben y de lo que son capaces, por eso la opinión de terceros, lo toman de quien viene.

Cuando una chica es feliz, se centra solo en sus metas, pero eso sí, ayudan en lo que pueden a sus familiares y mejores amigos a cumplir las suyas. Para ellas nada es más satisfactorio que verlos cumpliendo cada uno de sus objetivos, pues eso, también las hace felices.

Una mujer cuando es feliz, respeta las decisiones de otros. No importa cuál sea tu credo, tu religión o tu orientación sexual, ellas no juzgan ni te critican pues entienden que no son jueces en la vida de los demás. Ellas son tolerantes y aunque no les guste tu estilo de vida, te comprenden fácilmente.

Si una mujer piensa en negativo y le desea el mal a los demás, solo atraerá energías malas. Por eso, las chicas que son felices quieren que los demás también lo sean dejando atrás sentimientos dañinos. En su vida, no hay espacio para la envidia ni mucho menos celebran las derrotas de los demás, al contrario, cada vez que pueden, ayudan.

El ser feliz significa disfrutar del momento y no centrarnos en ser el número uno. Ellas solo se fijan en su interior y no les importa quién va ganando. Ellas saben lo que pueden dar y se quieren a pesar de sus defectos. Satisfacen su espíritu y no las exigencias de los demás. Ahí radica la verdadera felicidad.

Autor Anónimo

Tomado de: Whathegirl

Los 11 Consejos de Bill Gates que No Aprenderás en Ninguna Escuela.

Cuenta la anécdota que Bill Gates fue invitado por una escuela secundaria para una conferencia.

Llegó en helicóptero, tomó el papel del bolsillo donde había escrito once artículos. Leyó todo en menos de 5 minutos, fue aplaudido por más de 10 minutos sin parar, dio las gracias y se retiró a su helicóptero.

Lo que estaba escrito es muy interesante y de gran importancia para asegurarse el verdadero éxito de la vida. Aquí se los comparto para que mediten y los practiquen:

1. La vida no es fácil acostúmbrese a ello.

2. El mundo no está preocupado en tu autoestima. El mundo espera que hagas algo útil por él antes de que te sientas bien contigo mismo.

3. Tú no ganarás 3.000 dólares por mes al salir de la escuela o universidad. No serás vicepresidente de una empresa con auto y teléfono a tu disposición. Debes ganártelo con tu propio esfuerzo

4. Si crees que tu profesor es duro, espera hasta tener un jefe. Él no tendrá pena de ti.

5. Si crees que vender periódicos o trabajar durante las vacaciones no están de acuerdo a tus expectativas o lo rechazas. Créeme, tus abuelos tienen una palabra distinta para esto y lo llaman “oportunidad”.

6. Si fracasas, no es culpa de tus padres. No te arrepientas de tus errores aprende de ellos.

7. Antes de nacer, tus padres no eran tan críticos como ahora. Mira ellos pagan tus cuentas, lavan tu ropa y tienen que escucharte decir que son “ridículos” o “anticuados”. Entonces, antes de salvar al planeta para la próxima generación primero intenta ordenar tu propio cuarto.

8. En tu escuela pueden haber eliminado perder el año dándote muchas oportunidades para que apruebes, pero la vida no es así. Esto no se parece a absolutamente nada en la vida real. Si cometes un error en la empresa, estas despedido…¡¡¡estás en la calle!!! ¡¡¡No tendrás más oportunidad!!

9. La vida no se divide en semestres. No tendrás siempre vacaciones más de un mes y es poco probable que otros empleados o compañeros de trabajo te ayuden a cumplir tus tareas al final de cada periodo.

10. La televisión no es la vida real. En la vida real, las personas tienen que dejar la comodidad e ir a trabajar.

11. Sé legal, no copies ni critiques a tus compañeros que se esfuerzan. Hay una gran probabilidad de que tú estarás trabajando para uno de ellos.

La Ética de un Padre y la Corrupción de una Nación

Un padre decidió llevar a sus hijos al cine. Al llegar a la taquilla, le pregunta al empleado:
_ “Hola, ¿cuánto cuesta la entrada?

El vendedor responde:
_ “Treinta euros para los adultos, veinte para los niños de 7 a 14 años. Los niños hasta 6 años no pagan. ¿Cuántos años tienen?

Y el padre responde:
_ “El menor tiene 3 años y el mayor 7 años

Con una sonrisa, el joven de la taquilla le dice:

_ “Señor, si usted hubiese dicho que el mayor tiene 6 años, yo no me hubiese dado cuenta, y usted se ahorraría veinte euros”.

Entonces el padre respondió:

_ “Es verdad, puede que usted no se hubiese dado cuenta, pero mis hijos sabrían que mentí para obtener una ventaja y el recuerdo de esta tarde no sería especial, en realidad sería terrible para su aprendizaje e insertaría en sus mentes el error de que hay que mentir y robar para tener la abundancia que ya tenemos.” Y entonces finaliza su discurso agregando:

_ “La verdad no tiene precio. Hoy dejo de ahorrar veinte euros, que no me pertenecían por derecho, pero he ganado mucho más: gano la gracia de que mis hijos sepan la importancia de decir la verdad, pues yo soy su ejemplo a cada instante.”

El empleado de la boletería permaneció mudo. También él tendría una tarde especial para recordar.

  • Las palabras convencen, pero el ejemplo enseña. El ejemplo lo es todo.
  • La corrupción comienza en los pequeños gestos de una familia

Si queremos un cambio en el mundo que vemos y en nuestras vidas, debemos comenzar en casa con el ejemplo y guiar a nuestros hijos con la Instrucción de la Luz Infinita.

Autor Anónimo

¡Tú eres la Luz! (El Fósforo y la Vela)

Cierto día, el fósforo le dijo a la vela:
_ Hoy te encenderé.
_ ¡Oh no!, dijo la vela. Tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados?; no me hagas una maldad de ésas.

_Entonces tú quieres permanecer así toda tu vida? Dura, fría y sin haber brillado nunca?, preguntó el fósforo.
_Pero tienes que quemarme? Éso duele y además consume todas mis fuerzas. Murmuró la vela.

Entonces, respondió el fósforo:
_ Tienes toda la razón! pero ésa es nuestra misión. Tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo, como fósforo puedo hacer, es muy poco, mi llama es pequeña y corta; pero si te paso mi llama, cumpliré con el sentido de mi vida. Yo fui hecho justamente para eso. Para comenzar el fuego. Ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar. Todo tu dolor y energía se transformarán en luz y calor por un buen tiempo.

Oyendo éso, la vela miró al fósforo que ya estaba en el final de su llama y le dijo:
_ ¡Por favor, enciéndeme!

Y produjo una linda llama.

Así como la vela, a veces es necesario pasar por experiencias duras, experimentar el dolor y sufrimiento, para que lo mejor que tenemos sea compartido y podamos ser luz.

Entonces, si tuvieras que pasar por la experiencia de la vela, recuerda que compartir el amor y las experiencias es el combustible que nos mantiene vivos.

Todos nosotros somos la luz del mundo….Hagamos brillar nuestra luz delante de todos, para que puedan ver las buenas obras y alaben a Yahvéh nuestro Creador y Padre.

 

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”

(Mateo 5: 14-16)

Francia y sus 43 años de Experiencia con el Aborto que llaman a la Reflexión

Por: Ségolène du Closel*

 

La despenalización del aborto se votó en Francia en diciembre del 1974. La ley se equipó de protecciones y cautelas psicológicas: plazo de 10 semanas de embarazo, una charla previa obligatoria con un médico, un plazo de reflexión de una semana, entre los motivos por abortar se cita el desamparo de la mujer. Los médicos podrán oponer su objeción de conciencia. Además, se vota solo por 5 años. En 1979, veremos cómo seguir.

En la Asamblea Nacional francesa, Simone Veil, autora de la ley y entonces ministra de Salud, sobreviviente del campo de Auschwitz, se expresa así el 26 de noviembre 1974: “Hablo con toda la fuerza de mi propia convicción: el aborto debe ser una excepción, el último recurso para situaciones sin salidas. Pero ¿cómo tolerarlo sin que por eso pierda su carácter de excepción, sin que parezca que la sociedad lo apoya? Querría compartirles una convicción, en cuanto mujer: ninguna mujer acude con ganas al aborto. Basta con escucharlas a ellas”. ¿Qué ocurre en 1979, a los 5 años? La ley se vota como definitiva, y empieza una toma de conciencia: abortar se banaliza. La sociedad había cambiado.

Se pensaba, en 1974, que el número de abortos iba a disminuir, por la toma de anticonceptivos, legal desde 1969. Sin embargo, el número quedó estable desde entonces: 210 mil por año, por 800 mil nacimientos, a pesar de que Francia tenga un récord mundial de toma de anticonceptivos. Un estudio estatal revela que 72% de las mujeres que abortaron en 2010 estaban tomando un anticonceptivo cuando empezó el embarazo. Una realidad que no se anticipó y es el contrario de la deseada: el aborto se usa como anticoncepción de segunda mano. Así, desapareció de la cultura francesa el bebé sorpresa: el que no está programado se suprime.

En 2009, se descubre abruptamente otra consecuencia de la mentalidad anticonceptiva, en las adolescentes. Una estadística alarmó al Gobierno: entre 2002 y 2006, el aborto de las menores de edad creció de 25%, pasó de 9920 a 13.230 por año. Lo que hace decir al doctor Israël Nisand, ginecólogo famoso, a favor del aborto, responsable de realizar un informe sobre el embarazo adolescente: “Terminar su primera historia de amor por un aborto es un camino iniciático desolador y potencialmente traumático”.

Unos políticos, sin cuestionar el derecho al aborto, expresan también su preocupación. Así, Ségolène Royal, entonces ex ministra de Educación: “El desamparo y el drama humano que representa el aborto en chicas jóvenes merecen una acción valiente. Es una cuestión de salud pública y de justicia social”.

 Entonces, ¿por qué motivo abortan las mujeres francesas? “Presión” es la palabra que más veces resuena en las encuestas. Presión del compañero o marido: “Me dijo que eligiera entre el embarazo y él“. Presión del jefe en el trabajo, con miedo a perder su empleo. Presión de los padres. Lo que las mujeres acumularon fue sufrimiento. Sufren la pérdida de un ser que saben que depende de ella y hubiera llegado a ser su bebé. En casos, el alejamiento de su pareja. Sufren también una tensión interior: si costó tanto obtener la ley del aborto y es ahora un derecho, si tantas mujeres desamparadas acudieron a abortar, ¿qué derecho tiene una a sufrir y a expresar el sufrimiento? Así, el aborto se vuelve un tema tabú. Hasta tal punto que en un Congreso sobre el Aborto en París, el 7 de marzo 2011, la doctora Sophie Marinopoulos, psicóloga y psicoanalista, comprometida a favor del aborto, dice: “Ese dolor no se ve, no se oye, no es racional. Sin embargo, se expresa. Se somatiza, se nota en el comportamiento, en el modo de relacionarse, se ve en los dolores de panza, de cabeza, en lágrimas, o en una cierta irritabilidad. Las mujeres que sufren, a veces incluso mucho tiempo después del aborto, están tristes y se arrinconan. Es muy importante no banalizar esos síntomas, sino poner palabras a esos males“.

Unas encuestas profundizan esta cuestión del sufrimiento: 85% de ellas se declaran a favor del aborto y, sin embargo, unas preguntas más adelante 61% de ellas piensan: “Hay demasiados abortos en nuestro país”, y 83% de ellas expresan: “El aborto deja huellas psicológicas difíciles de vivir para las mujeres”. Además, 60% opina: “La sociedad tendría que ayudar a las mujeres a evitar el aborto” (IFOP, 2010).

Otro dato: el Misoprostol, pastilla que páginas web argentinas recomiendan para un aborto seguro, el mismo laboratorio que lo fabrica en Europa lo acaba de retirar de la venta en Francia, el 1 de marzo de 2018, por los daños que puede producir (ruptura uterina, hemorragias).

Otra voz está surgiendo en el país de parte de jóvenes: el sentimiento de ser sobrevivientes en una sociedad donde, desde hace 40 años, una de cada cinco personas es abortada: 800 mil nacimientos y 200 mil abortos anuales. Desde 1975, están faltando 8.400.000 franceses al país. Eso deja huellas en los hermanos de los que no nacieron, en su relación dañada con sus padres. “Si mis padres abortaron, pudiera haber sido de mí”. El síndrome del sobreviviente está así bien definido: culpabilidad por existir, angustia por existir, apego ansioso, desconfianza de los demás, falta de autoestima, culpabilidad ontológica, connivencia pseudo-secreta.

La ley del 1974 inició en Francia un proceso que tuvo como consecuencia la banalización. Las leyes siguientes quitaron toda cautela y equiparan el aborto a un derecho irrefragable. Una ley del 2016 cancela el plazo obligatorio de una semana para tomar la decisión de abortar y autoriza a las parteras a practicar el aborto con medicación. En 2014, una ley había suprimido la noción de desamparo diciendo que las mujeres abortan porque lo deciden.

Así, la propuesta de ley de despenalización del aborto en Argentina hace caso omiso de realidades complejas e íntimas. La mayor confusión de esta propuesta viene de la compasión que expresa acerca de las mujeres de los barrios vulnerables, que así “tendrán acceso seguro al aborto”. Lo que veo, en mi trabajo en un barrio carenciado del Gran Buenos Aires, son mujeres que necesitan que ciudadanos y políticos de su país se interesan por su vida, consideren las causas de tanta dificultad de vida, y piensen y pongan por obra medios que les permitan evitar el aborto, y en absoluto considerarlo como la única salida posible.

Argentina enfrenta uno de sus mayores desafíos, porque es antropológico y cultural. ¿Sabrá ofrecer a sus chicas y adolescentes otro horizonte que el que quebró la vida de tantas en otros lugares? El país tiene en sus manos la oportunidad de sacar experiencia de otros y de mandar al mundo un gesto de sana rebeldía respecto a corrientes internacionales que buscan imponer unas normas contrarias a la acogida del otro. La experiencia de Europa muestra que unas leyes dañan y entristecen la sociedad. Argentina puede ser un faro que mande al mundo la luz de un gesto de compromiso hacia el más frágil de la sociedad.

 

*La autora es bioeticista y doctoranda en Ciencias Sociales (USAL)

 

 

Fuente: Infobae

 

La Vida: Valor y Derecho Supremo

Sin duda alguna, el tema del aborto reaparece constantemente en el debate público occidental como una cuestión política que pretende superar y vencer toda reflexión ética. Por ello, es fundamentalmente un tema de constante debate parlamentario y jurídico. Esto se debe al gran avance de movimientos feministas y progresistas que buscan impulsarlo para que el mismo se considerado legal, quedando consagrado de esta manera, el derecho de toda mujer embarazada a decidir libremente sobre la vida del niño por nacer, es decir, sobre su propio hijo.

Lo cierto es que la “interrupción voluntaria del embarazo“, como estas ideologías postmodernas pretenden llamar al aborto, es un tema controvertido en todos los rincones del planeta, pero también el enfoque de esta cuestión varía según el contexto cultural de cada región.

La paradoja es que, si bien la mayoría de las personas están de acuerdo respecto a que la libertad individual no permite el asesinato, cuando se trata del aborto el tema gira en torno a la definición misma de cuándo comienza la vida. La respuesta a esta pregunta está influenciada por aspectos religiosos o ideológicos, y de esta manera, el tema del aborto de inmediato involucra las más sagradas creencias y opiniones que tienen las personas sobre Dios, el alma y la naturaleza de la existencia. Así pues, la forma de afrontar esta problemática por parte de un europeo católico o protestante difiere de la que puede tener un budista, un musulmán o un judío. Al parecer, y justificado en lo que he dicho en este párrafo, los grupos opuestos “a favor de la vida” y “a favor de la elección” estarán eternamente en pugna. Es que el tema del aborto tiende a generar fuertes emociones, tanto en los que están a favor como en los que están en contra. Sin embargo, las cuestiones éticas no pueden decidirse en base a argumentos emocionales, ni tampoco por consenso. Lo que debe debatirse es la naturaleza del embrión en gestación. Ése es el centro de esta cuestión. Por ello, vale la pena que hoy tomemos un tiempo para considerar el enfoque yahvista sobre el asunto, y de esa manera lograr una cosmovisión desde la fe de Abraham, Isaac y Jacob.

El Valor de la Vida.

Antes de sumergirme en el desafío de dicha tarea de fe, conviene hacer un racconto muy sintético acerca de la cosmovisión primigenia de la humanidad ante este tema. Comenzaré diciendo que la mayoría de los sistemas religiosos y legales en las culturas antiguas se oponían a inducir el aborto. De esta manera, encontramos evidencias documentadas de que tanto los asirios, como los hindúes y así como el antiguo Egipto, entre otros, se oponían a inducir el aborto. Así mismo, entre los antiguos griegos había diversas opiniones. En contraste, los romanos prohibieron el aborto y establecieron severos castigos para quienes lo realizaran.

Una actitud negativa hacia la inducción del aborto es también evidente en la mayor parte de los juramentos médicos conocidos. Incluso si la actitud negativa no está explícita, queda implícita como parte de la conducta ética general de los médicos. El famoso Juramento Hipocrático afirma:

“Nunca le daré una pócima a una mujer ni utilizaré ningún instrumento para inducir un aborto”; aunque otras escuelas griegas de medicina no se oponían al aborto…”

Ahora sí, metiéndonos de lleno en nuestra herencia espiritual (la emunah -Fe-), debo confesar que nuestra certeza en los códigos de la Luz concibe a la vida como un don de la divinidad misma, por lo que debe ser apreciado y valorado sin importar su dimensión temporal. Esa gracia divina tiene un valor intrínseco e infinito. Es por ello que siendo un regalo sagrado no está en el dominio de los hombres decidir su suerte. Este paradigma estaba bien arraigado en aquellos discípulos de Yeshúa que proclamaban el Reino de Dios a las naciones:

“…pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas…

Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos”

(Hechos 17:25, 28)

Sus profetas llamaban constantemente a los israelitas a no olvidar esta verdad, tal como el mensaje de Ezequiel lo anunciaba:

“He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía.”

(Ezequiel 18:4)

El rey David, como salmista experto en lo profético, hacia cantar a Israel así:

 “De Yahvéh es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan”.

(Salmo 24:1)

Así mismo, el mismo salmista aseguraba en otro salmo que a los ojos del Eterno, la vida, y primordialmente la vida humana, es sagrada:

“Porque en ti está la fuente de la vida; en tu luz vemos la luz.”

(Salmo 36:9)

También lo es la vida de la criatura que está en el vientre de su madre, el lugar que Yahvéh, como Creador diseñó para que los bebés estén protegidos durante su formación. El rey David, como profeta entendido en los códigos lumínicos del propósito eterno le cantó a Yahvéh:

Porque Tú formaste mis entrañas;
Me hiciste en el seno de mi madre...

Tus ojos vieron mi embrión,
Y en Tu Libro se escribieron todos
Los días que me fueron dados,
Cuando no existía ni uno solo de ellos.

(Salmo 139:13, 16)

Enfocado en esta cosmovisión, Job, el varón de fe, discípulo del Eterno en la “Escuela del Dolor”, llegó a expresar desde su sabias reflexiones:

“¡El mismo Dios nos dio vida en el vientre!
¡A ellos y a mí nos dio forma en la matriz!”

(Job 31: 15)

Con su mente lleno de esta verdad, el profeta Jeremías hace notar a sus oyentes el tierno interés que el Eterno siente por esa delicada vida que crece en la matriz:

“Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré, te puse por profeta a las naciones.”

(Jeremías 1:5)

La vida, según lo que revela la Instrucción divina resulta un bien indisponible a los seres humanos. Es por ello que nuestro bagaje cultural no permite el suicidio ni avala el asesinato piadoso (eutanasia). Ejemplo de ello lo tenemos cuando el rey David condenó al soldado que terminó con la vida del rey Saúl, que había intentado suicidarse y no lo logró, (dice el relato que cuando Saúl agonizando de dolor le pidió a su asistente que terminara con su vida). Se desprende de la condena de David que era considerado un delito al asesinar a alguien, aunque estaba sufriendo y agonizando y a punto de morir.

Así mismo, considerando esta cosmovisión yahvista la Instrucción (Torah) divina se opone al aborto ya que es contrario al desarrollo natural de las cosas. Se trata de un acto espiritual y físicamente dañino, que siguiendo los designios de la vida no debería realizarse.

Debemos saber, que el proceso de la concepción y embarazo corresponden en la revelación divina a los Tres Mundos Inferiores (“Tres Cielos” u Olamot), tal como lo revela el profeta Isaías (43:7). La concepción corresponde al mundo de la Creación (Briah), el período de 40 días desde la concepción corresponde al mundo de Formación (Yetzirah) y el nacimiento que tiene lugar luego del período subsecuente corresponde al mundo de la Acción (Asiah).

Desde sus comienzos las Sagradas Escrituras se refieren a estos tres momentos del embarazo: el momento de la concepción, de la formación y del nacimiento, que es el del completo desarrollo del feto en el útero. En hebreo este momento es llamado Asiah, también significa el “ser completo”. El feto está completo y ahora puede nacer al mundo y continuar creciendo. Así y según la Torah, la vida es un proceso que va adquiriendo con el tiempo mayor relevancia hasta considerarse una vida humana en plenitud mesiánica.

Por encima de estos tres mundos está la unión del padre y de la madre que corresponde al mundo de Atzilut, que es el nivel de la Conciencia Divina, total y absoluta unidad. Este da nacimiento a los tres mundos inferiores. La unión expresa la unión Divina. Si la semilla es concebida apropiadamente entonces tiene lugar el proceso Divino de procreación. Está absolutamente prohibido destruir este proceso divino que realmente comienza desde el momento de la concepción. Este es el secreto de la creación, como si fuera, ex-nihilo.

En suma, desde nuestra perspectiva de fe, vivir es una responsabilidad frente a Yahvéh, pero también con la sociedad, por cuanto todos estamos aquí como parte de un diseño en el que el amor al prójimo se expresa en poner a disposición las fuerzas propias al servicio del otro, a fin de que ese otro logre llegar a la plenitud de su propósito sin obstáculo alguno.

La Instrucción Divina para Proteger la Vida.

La emunah, como don celestial, nos permite aceptar que lo que Yahvéh piensa sobre la vida de un bebé no nacido se refleja, por un lado, en la Torah y por otro, en nuestra propia conciencia. Ahora bien, vamos a repasar las principales fuentes en la Torah que se señalan al aborto como un anti-diseño. Tres pasajes de la Torah se relacionan específicamente con el aborto.

La primera fuente es entendida por el Talmud como una prohibición del aborto para quienes cumplen las leyes de Noaj, lo cual luego es extendido por el Talmud aplicándose también para los hebreos, hijos de Abraham, que están bajo la Alianza divina. Antes de seguir, debemos recordar que las leyes de Noaj son la prohibición respecto a la práctica de la idolatría, el asesinato, el robo, las relaciones sexuales prohibidas, la blasfemia,  y el precepto positivo de establecer cortes de justicia para hacer cumplir las leyes, aún ejecutando la pena capital como castigo.

“El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.”

(Génesis 9:6)

Tanto el Talmud, como una gran cantidad de exégetas expertos en el hebreo, explican que este versículo se refiere al aborto:

Fue dicho en nombre de Rabi Ishmael:

Un hijo de Noaj debe ser condenado a muerte incluso por matar a un feto.

¿Cuál es la fuente de Rabi Ishmael?

Porque está escrito:

Al que derrame sangre humana por el hombre se derramará su propia sangre” [si lo leemos literalmente: el que derrama sangre de una persona dentro de otra persona, etc.].” (Bereshit 9:6).

¿Qué persona está dentro de otra persona?

Esto se refiere al feto en el útero de la madre.”

[Talmud Bavli (Talmud de Babilonia), Sanhedrín 57b]
La segunda fuente de la Torah prohibiendo el aborto es la prohibición general de matar en el Decálogo (mal llamado “Diez Mandamientos” por la teología cristiana):

“No matarás.” 

(Éxodo 20:13)

En verdad la expresión “Lo tirtzaj” debe ser traducida: “No asesinarás”. Ahora bien, ¿qué quiere decir el Eterno con esa frase? Entender esto es vital para poder comprender y apreciar el verdadero enfoque de la moralidad de la Torah.

En hebreo, la palabra que hace referencia a “matar” es “harigá”, que es un verbo completamente diferente. Hay un mundo de significados en esta elección de palabras. Cualquier diccionario nos informa las diferencias entre el asesinato y la muerte. Aunque el final para el difunto sea similar, las intenciones, motivos, modos, del perpetrador son diferentes sea si es matador o asesino.

Considerando esto así, entendemos que en la cosmovisión del Señor, asesinato, es tomar la vida de un ser inocente, y es un acto prohibido siempre. Sin embargo, matar, es tomar cualquier vida, que a veces es permitido y hasta podría llegar a ser una obligación. Por ello, en las Sagradas Escrituras existen situaciones en las cuales está permitido, e incluso puede resultar imperativo matar:

  • Aplicación de pena capital tras juicio justo, apelaciones, defensas, etc., en los casos extremos que era acorde a la ley su ejecución.
  • En defensa propia ante agresiones que pueden ser mortales.
  • Similar a la anterior pero en resguardo de la vida inocente ajena.

De lo anterior se deduce que matar en la guerra es un acto necesario, cuando lo fuera, aunque no deseable. Ejemplo escritural de esto lo encontramos en las guerras de Yehoshúa (Josué) que fueron parte de la estrategia divina para que los israelitas pudieran re-establecerse en las tierras que les fueron dispensadas por Yahvéh a Abraham, Itzjak y Yaakov. Estas guerras, dolorosas por cierto, son comprensibles con ese sentido. Y sus muertes, son parte de lo despreciable que tienen las guerras. Por causa de esta cosmovisión el ejército israelí se llama Tzvá Haganá LeIsrael que traducido es: Ejército de DEFENSA de Israel.

En cambio, asesinar, en todas su formas está prohibido por el Eterno. Esto incluye:

  • Crimen (ese al que la TV nos tiene tan lamentablemente habituados)
  • Eutanasia
  • Suicidio
  • Aborto (cuando no cuenta con consentimiento legal/médico)

La tercera fuente de la Torah que se refiere al aborto es en un caso en el cual hay dos personas que se encuentran en un combate mortal. La mujer embarazada de uno de los combatientes entra en la lucha para salvar a su marido. Accidentalmente, un golpe mortal dirigido al hombre, llega a la mujer, matándola a ella o al niño que está en su vientre. La Torah dice que en ambas instancias la ley es la siguiente:

“Y si algunos hombres luchan entre sí y golpean a una mujer encinta, y ella aborta, sin haber otro daño, ciertamente el culpable será multado según lo que el esposo de la mujer demande de él; y pagará según lo que los jueces decidan. Pero si hubiera algún otro daño, entonces pondrás como castigo, vida por vida,…”

(Éxodo 21:22, 23)

Esta es la ley que se aplicaba cuando dos hombres luchaban y accidentalmente se dañaba a una mujer embarazada, provocándole un aborto. Si no hay un daño fatal a la mujer, entonces la parte culpable debía pagar una pena monetaria. El esposo de la mujer debe efectuar la demanda, y la cantidad que se deberá pagar es determinada por las cortes. Los jueces primero tenían que evaluar las intenciones y circunstancias de cada caso. Sin embargo, si ocurría un daño fatal a la mujer, entonces debía pagar una compensación completa por su vida es decir, que era condenado a la pena capital. Así pues, el asesino pagaba la vida de la criatura con la suya propia (Números 35:22-24, 31).

Sin duda alguna, la Instrucción nos revela que la vida humana prenatal es un magnífico don de Yahvéh. El ideal del Eterno para los seres humanos establece la santidad de la vida humana, a imagen de Dios, y exige respeto por la vida prenatal. No obstante, las decisiones acerca de la vida deben ser tomadas en el contexto de un mundo caído. El aborto nunca es un acto de pequeñas consecuencias morales. De esta manera la vida prenatal no debe ser destruida irreflexivamente. El aborto debería ser practicado únicamente por razones muy serias.

Valorando la Vida en Potencia.

Para ir encontrando una conclusión a un tema tan extenso y profundo, diré que el término hebreo que se utiliza para hablar del aborto es hapalá  (הפלה) que proviene del verbo caer. Es decir, que en la mentalidad hebrea, el aborto es la caída de una vida potencial. Por otro lugar es importante destacar la importancia que la mentalidad hebrea de Israel le otorga a la procreación. El traer vida al mundo y poblar la tierra es el primer precepto que le es comandado al ser humano. Bajo estas consideraciones, se entiende que cuando un espermatozoide fecunda un óvulo, la Torah considera su desintegración un delito en la fase que sea, cuando no hay ninguna razón lógica para efectuarlo. Un aborto representa la devaluación de la vida, ya que el varón y la mujer, al tomar una decisión que compete al Juez Supremo, trascienden su rol como humanos e interfieren en el designio divino. En ese sentido, el aborto para la Instrucción (Torah) divina es un delito que atenta contra uno de los más santos mandamientos de la humanidad que es la procreación, y así es parangonable a un homicidio.

Ahora bien, alguien cuestionará: ¿qué se puede decir de una niña que concibe un hijo sin estar casada y carece de toda preparación para ser madre? ¿Debería permitírsele traer un niño al mundo? Los sentimientos de Yahvéh por la criatura no cambian solo porque su madre haya obrado de una manera insensata e inmoral. El nacimiento del niño puede ayudar a la madre a darse cuenta de los resultados naturales de su inmoralidad y grabar en ella la sabiduría de la Instrucción (Torah) divina. Eliminar la consecuencia de su acto sexual ilícito puede dejar en ella un profundo sentimiento de culpa o tal vez alentarla a cometer más actos de inmoralidad.

Si no hay un padre con quien compartir la carga, criar un hijo no será fácil. No obstante, una estrecha relación con nuestro Padre celestial puede proporcionar a la madre la fuerza, el apoyo y la guía morales y emocionales para hacerlo. Además, Dios también ha provisto la congregación cristiana para ayudar a aligerar la carga de las madres solteras.

Entonces otro objetará: ¿y si es un médico quien anuncia que una mujer puede correr poner en peligro su vida si desea llevar a término su embarazo? Pues bien, encontré la opinión del Dr. Alan Guttmacher quien aseguró: “Hoy día, casi toda mujer embarazada puede sobrevivir a su estado de gestación a menos que padezca alguna enfermedad mortal, como el cáncer o la leucemia, y en ese caso, es improbable que el aborto pueda prolongar su vida, y mucho menos salvársela”. También La Enciclopedia Americana dice: “Como la mayoría de las mujeres pueden llevar a término su embarazo aun padeciendo graves problemas médicos, son pocos los abortos que necesitan practicarse para proteger la salud de la madre. La mayoría de los abortos son para evitar tener un hijo”. De modo que esas situaciones extremas se presentan muy pocas veces. Sin embargo, si efectivamente se plantease esa situación en el momento del parto, entonces serían los padres de la criatura quienes deberían decidir entre la vida de la madre o la del niño. Es decisión suya.

Tengamos siempre en cuenta que el médico, según la concepción de la Torah, es un enviado del Eterno para tratar a las personas en sus enfermedades, pero no tiene derecho alguno para usar sus conocimientos con el fin de acortar o quitar la vida. No tiene el médico más autoridad que otro para opinar sobre la vida y la muerte, porque eso es un asunto humano y no biológico. Podría dar un diagnóstico o expresar sus probabilidades, pero nunca puede esa información conllevar al homicidio. Es por ello por lo que el médico no tiene atribuciones para decidir la fatalidad humana.

Fuera de las situaciones límite en las que hay que elegir entre una vida y otra, demás está decir que nuestra fe ve en el nacimiento de cada niño una enorme e induplicable bendición y herencia divina. Por lo tanto, no sólo tenemos la responsabilidad de preocuparnos por la propagación de niños, sino que tenemos la obligación de apoyar una conducta social general que respeta la vida al máximo y que fomenta la natalidad.

Por otra parte, ¿no es natural que el Creador de la vida haya establecido pautas claras con respecto al uso de nuestras facultades reproductivas? A sus ojos, crear una vida que no se tenga la intención de cuidar constituye un pecado semejante al de quitar una vida.

Es indudable que el debate continuará hasta el fin de este sistema. Pero en lo que respecta al Creador de la vida, Yahvéh nuestro Dios, y a los que respetan sus leyes, la cuestión no ofrece la menor duda. La vida es preciosa, es una dádiva celestial que se ha de cuidar y atesorar desde su mismo comienzo.

 

Por último, y antes que abandones esta bitácora te invito a mirar esta imagen, y meditar en la curiosidad que la misma informa… ¡Si te animas deja tu comentario!

 

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La Vestimentas Metafísicas de un Sacerdote

Por P.A. David Nesher

 “Y harás vestiduras sagradas para tu hermano Aharón, para gloria y para hermosura.
Y hablarás a todos los hábiles artífices, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, y ellos harán las vestiduras de Aharón para consagrarlo, a fin de que me sirva como sacerdote. 
Estas son las vestiduras que harán: un pectoral, un efod, un manto, una túnica tejida a cuadros, un gorro y un cinturón; y harán vestiduras sagradas para tu hermano Aharón y para sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes.

(Éxodo/Shemot 28:2-4)

 Las vestiduras sacerdotales debían estar en consonancia con el señorío del Eterno, a quien los sacerdotes servían, y con la suntuosidad del Mishkán (Tabernáculo) mismo. De ahí la razón de las riquezas de las vestiduras sacerdotales. Las vestimentas  no son para los kohanim (sacerdotes) sólo algo complementario y añadido, sino una parte integral y esencial de su sacerdocio. Por ello, las mismas debían confeccionarse de acuerdo con normas establecidas por el mismo Yahvéh a fin de que nada quedara a merced del azar o la opinión humana.

El servicio de un sacerdote que sirve en el Templo que lleve ropa de todos los días y no las vestiduras sacerdotales no es válido. Del mismo modo, el Sumo Sacerdote es ordenado como tal usando las vestiduras del Sumo Sacerdote. Así pues, las vestiduras servían para tres cosas:

  1. para gloria, (en hebreo kavod),
  2. para esplendor, (en hebreo tiferet) y
  3. para consagrar, (en hebreo kadash), para el ministerio sacerdotal.

Por estas razones, cada prenda estaba metafísicamente diseñada para un máximo desempeño, desde la placa de oro que se colocaba en la frente, hasta las campanas en la basta de la toga (no preguntes por el calzado ya que los kohanim servían descalzos).

Todo sacerdote que servía en el santuario tenía cuatro prendas. Las cuatro fueron:

  • Ketónet– la túnica.
  • Mijnasáyim– los pantalones.
  • Avnét– el cinto, que medía 32 codos (16 metros).
  • Migbáat– el gorro, una larga cinta de lino enrollado.

Todas estas vestimentas estaban hechas de lino blanco.

Maimónides señala que las vestiduras del sacerdote no estaban destinadas a glorificar a los sacerdotes que los usaban. En cambio, las vestiduras de los sacerdotes recordaban al pueblo sobre la grandeza de Yahvéh.

El Sumo Sacerdote tenía también estas cuatro prendas, pero según el Midrash,  el gorro (migbáat) del kohén ordinario era puntiagudo arriba mientras que el gorro del Kohén Ha-Gadol (Sumo Sacerdote) era redondo y por eso era llamado “mitsnefet”.

Además de estas cuatro vestimentas arriba mencionadas, el sumo sacerdote tenía cuatro prendas más. De este modo su vestimenta sumaba un total ocho. En las Sagradas Escrituras, el número ocho simboliza lo sobrenatural que se introduce en lo natural y otorga nuevos comienzos. Por esto también simboliza la salvación. El octavo día es el día después del séptimo día, el día de la resurrección del Mesías, y el día cuando los nuevos cielos y la nueva tierra vendrán, después del séptimo milenio después de Adam. En el octavo día el niño hebreo entra en el pacto por medio de la circuncisión de su carne. Ocho personas fueron salvas por las aguas del diluvio etc. Las cuatro prendas adicionales del sumo sacerdote fueron:

  • Meil– el manto azul.
  • Efod– el delantal.
  • Joshen– el pectoral.
  • Tzitz– la diadema.

Seguramente, con lo que hasta aquí vamos considerando, nos damos cuenta que las vestimentas que debían colocarse los sacerdotes distan de lo que acostumbramos ver y usar en nuestro días. Entonces algunos preguntarán: ¿para qué estudiar esto? Pues bien, la Sabiduría del Eterno quiso que con la explicación de cada una de ellas, ya sea por el nombre, el material del cual estaban preparadas, la forma y la parte del cuerpo que cubrían, descubriéramos el rol espiritual de la vestimenta en nuestra vidas.

Cada vestidura sacerdotal eleva y purifica el significado de cada una de las partes del cuerpo al mismo tiempo que hace tomar consciencia acerca de las cualidades humanas necesarias para canalizar los instintos corporales hacia lo divino.

Para dar algunos ejemplo de lo que dije el párrafo anterior los invito a considerar esto: El “tzitz” (una vincha en la frente) subordina la osadía. La “migbáat” (turbante) sublima el orgullo. El “Joshen” (pectoral) habla de un buen corazón. Los “mijnasáyim” elevan la pasión hacia lo sagrado. Con el mitsnefet cubriendo la cabeza del Sumo Sacerdote, cada hebreorecordaba  que solo debe existir en su conciencia la certeza de que su existencia se debe gracias a que ha sido apartado en este mundo para Yahvéh. Por medio de esto, cada israelita aprendía a desarrollar la cualidad de la humildad. Este turbante se usaba para perder el pecado de la vanidad, y desarrollar la actitud de la sobriedad. Es en la cabeza donde los sentimientos de vanidad se colocan para dominar al ser humano.

Por ello, aún cuando no somos Sumos Sacerdotes en el cargo que cumplían éstos en el “Mishkán” (Santuario), no dejamos de serlo todos en cierto nivel en cada actividad que debemos realizar en el diario vivir. Las formas de nuestro cuerpo responden hasta en su menor detalle a la Sabiduría Divina que así los quiere y pueden y deben ser considerados sagrados en el rol que tienen.

De acuerdo a lo considerado, y para comprender las razones espirituales de la vestimenta, necesitamos, en primer lugar, preguntarnos ¿por qué los seres humanos deben utilizar ropa?

Todos recordamos la historia de Adam y Java (Eva) en el Huerto (Pardes) del Edén. Ellos empezaron “desnudos y sin vergüenza” (Génesis 2:25), pero después de haber comido del árbol del conocimiento del bien y el mal, “ellos se dieron cuenta de su desnudez, y se hicieron vestimentas” (Génesis 3:7). [Recomiendo leer: ¡Desnudos!… ¿De Qué?]

¿Por qué este cambio?

La Sabiduría explica que antes de comer del árbol, Adam y Eva se veían a sí mismos, en principio y por sobre todo, como almas plenas de luz. Ellos sabían que el alma es la esencia del ser humano, y que el cuerpo les servía solamente como una cubierta protectora. Debido a que Adam y Java se enfocaban en el lado espiritual, no estaban conscientes de sus propios cuerpos. Sin embargo, después de comer del árbol, su nivel espiritual bajó y “sus ojos se abrieron” al aspecto corporal exclusivamente. A partir de entonces, el cuerpo comenzó a ser visto como una distracción del alma y por ello debe ser cubierto. Es decir, que el hecho de vestirse está relacionado con el rol que asumió el cuerpo frente al alma cuando se identificaron Adam y Javá con el sabor y el aspecto del fruto prohibido. Así es como nació el concepto de la vestimenta.

Sin embargo, la Torah nos muestra que la ropa, aparte de cubrir a la persona de su vergüenza y de las inclemencias del tiempo, también le sirve como distinción y estado. Desde los códigos de la Torah, el ser humano a diferencia de los animales se viste con ropa. Las vestimentas hablan de la persona.

La palabra ropa en hebreo se dice “Begued”, y está conformada por la segunda, tercera y cuarta letra del abecedario hebreo: Bet, Guimel y Dalet. Sabemos que la primera letra es la “Alef” y alude al Eterno, y todo lo que Él le suministra a la persona humana naturalmente, mientras que a continuación se pretende que la persona desarrolle su potencial, por eso luego de la “Alef”, siguen las letras “Bet, Guimel, Dalet”. Esa es la idea de “Begued” (ropa en hebreo).

Entonces diremos que si bien es más importante ser que parecer, el parecer, también, es importante. La ropa que usamos expresa lo que pensamos que somos y cómo queremos que los demás nos vean. En esta cosmovisión los hebreos más fieles a la revelación llaman a su ropa: “las que me honran“. Cada estilo de ropa irradia una imagen y energía diferente. Si vas caminando por la calle y te encuentras con una persona vestida de verde y botas negras, y portando un rifle; o si tiene una persona con blanco y un estetoscopio colgando de su cuello, ¿acaso necesita preguntar cuál es su oficio?

Vemos en esta porción (parashá) que la Torah nos dice que las vestimentas le confieren status y esplendor a la persona. El Eterno le dijo a Moshé que le hiciera vestimentas sacerdotales a su hermano Aharón, “para gloria y para esplendor“. En otras palabras, la ropa le confiere honor y status a la persona. No es el mismo sentimiento el que provoca ver alguien vestido en ropa de cirujano, al que provoca la ropa de un policía, o la de un deportista. Cada estilo de ropa transmite un mensaje diferente. La ropa que usa una persona de pensamiento hebreo tiene como objetivo apuntar hacia la humildad y la dignidad humana.

En definitiva, las vestimentas son la prolongación de la persona, aludiendo a que se debe dejar las tendencias naturales, para cultivar y desarrollar el potencial, a diferencia del animal que nace desnudo y muere desnudo, no pretendiendo de los mismos, ningún tipo de desarrollo moral.

El servicio del Kohen (sacerdote) es un servicio interno. Tiene lugar en privado, lejos de los ojos del mundo. Vemos entonces que todo lo interno requiere una vestimenta. De acuerdo a las enseñanzas de la Torah el aspecto más importante de una persona humana es su dimensión espiritual (su interioridad); sus talentos, esperanzas, sueños, y otros poderes internos. Por esta razón, el alma humana también tiene su “ropa”: el pensamiento, el habla y la acción. Estas tres “vestimentas” son los canales por medio de los cuales nos expresamos e interactuamos con el mundo que nos rodea. La humildad y la dignidad se expresan no solo por medio de la ropa física; se expresan también ( y yo diría principalmente) por medio de la ropa espiritual, o sea la conducta. Es justamente por medio de esta “ropa” espiritual, (el pensamiento, el habla y la acción) que un redimido se conecta con Yahvéh más que por medio otros poderes internos del alma.

¡Entonces, debemos aceptar que la forma en que vestimos puede traer honor o deshonra a Yahvéh!

Lamentablemente, en muchas iglesias cristianas, e incluso en algunas asambleas del Ministerio Monte Santo, se ha vuelto una pandemia el vestirse casualmente. Es más normal ver a los que se dicen creyente vestirse elegantemente cuando van a un restaurante caro que cuando asisten a los servicios de adoración del Altísimo. Incluso en nuestras asambleas mesiánicas la gente rara vez se viste con lo mejor para guardar el sábado ¿Jeans y camisetas en la Mesa del Cierre de Shabat? La ropa inmodesta e indecorosa se exhibe incluso en presencia de los santos elementos de la Mesa de Comunión. Lo que es más triste, es que muchos creyentes han adoptado el razonamiento que dice así: Dios no mira el exterior. Él mira y pesa el corazón. Por lo tanto, el exterior no debe importar.” Irónicamente, aquellos que llevan jeans y zapatillas deportivas en los servicios parecen considerarse más intrínsecamente espirituales que los “rígidos” que todavía visten formalmente, porque suponen que su vestido casual refleja un corazón más genuino, que aquellos que ellos denominan (según la viga de su ojo) “legalistas”.

Sin embargo, las leyes de las vestiduras sacerdotales demuestran que Yahvéh mira tanto el exterior como el interior, y le preocupa cómo su pueblo se presenta a los ojos del mundo. La forma en que nos vestimos a menudo revela lo que está pasando dentro de nosotros. También refleja sobre quién es Yahvéh para nosotros, y qué significa Su Mesías para nuestras vidas. Vestirse irrespetuosamente en Sus días santos y en Sus santas asambleas es faltar el respeto a su Majestuoso Presencia (Shekinah).

El Kohén (sacerdote) era el transmisor de las órdenes divinas (por medio de los Urim VeTumim ). Además generaba la Paz entre las personas de las doce tribus. También intercedía y buscaba el indulto ante sus hermanos y el Creador (por medio de los Sacrificios en el Mizbeaj). Así pues al observar el atuendo majestuoso que portaba, comprendía las responsabilidades que llevaba encima, y así se motivaba a cumplir con solicitud su trabajo (abodá) sagrado. También su vestimenta le ayudaba a mantener su mente concentrada en el servicio divino, y en la misión para con su nación y el mundo.

Nosotros somos hebreos. En el Mesías, linaje escogido, real sacerdocio (1Pedro 2:9). Representamos el Reinado del Creador.  Somos sus embajadores en este plano físico (2Corintios 5:20). Tenemos que vestir acorde con nuestra misión. El alma humana quiere distinción, mientras que el cuerpo está detrás de otros deleites y placeres. Al cuerpo no le interesa el honor, debido a que esto implica responsabilidad. Si nos consideramos dignos de ser honrados como hijos del Rey, nosotros enviaremos la responsabilidad de estar a la altura de las circunstancias. El cuerpo quiere la libertad de gratificarse sin pensar en las consecuencias. Nuestra alma pide arropar al cuerpo a la usanza de un sacerdote hebreo.

La Torah nos dice que el tipo de ropa que usamos habla mucho sobre nuestro honor y nuestra gloria como seres humanos, creados a imagen de Dios. Este no es un tema masculino o femenino. Es más un tema de dignidad humana. Es por eso que la Torah es tan estricta en cuanto a dignificar la vestimenta. Desviar la atención de la apariencia superficial es esencial para que nos valoren como personas. El Eterno no nos exige vestirnos de manera desagradable. Sino que, no debemos dirigir la atención al cuerpo siendo exuberantes o provocativos.

La parashá Tetzaveh nos revela que en nuestra vocación mesiánica las vestimentas tienen el poder de comunicar . Por lo tanto, necesitamos ser sensibles al mensaje que estamos transmitiendo. Nuestra salud espiritual depende de ello. Porque mientras más digna es nuestra ropa, más libres somos para vernos a través de la luz pura de nuestras almas. Es verdad lo que dicen: la ropa hace al hombre. Cuando nos vestimos dignos, somos tratados de esa manera.

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¿Ley de Talión o Ley del Amor?

Por P.A. David Nesher

 

 

“ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.”

(Éxodo/Shemot 21:24-25)

 

Lamentablemente, al leer sin comprensión adecuada, la mayoría de las personas quedan expuestas a sacar conclusiones distorsionadas sobre la naturaleza de la “Justicia”, como enseña la Torah, y de hecho permitir falsas suposiciones sobre la naturaleza de Yahvéh, el Autor de la moralidad que la Torah enseña.

Para muchos estudiosos cristianos de la Biblia, estos versos parecen exigir una interpretación literal y expresar una actitud de venganza que ha sido llamada justicia “ojo por ojo” o Ley del Talión. Es decir que, si el autor ha causado la pérdida de un ojo (pie, mano, etc), su castigo es ocasionarle violentamente la pérdida su ojo (pie, mano, etc). A este tipo de justicia también se la denomina Justicia Talibán.

Sin embargo, al leer el Talmud Bava Kama en la sección Masejet (capítulo HaJovel , “El que hiere“), logramos encontrar la interpretación correcta. Este texto explica la verdadera posición de la Torah con respecto a la sanción de las personas que causan a otros a perder sus extremidades o la utilización de sus órganos sensoriales.

Entonces, según el Talmud, la Torah aquí no se refiere a tomar los órganos del otro en recompensa por un daño hecho. Más bien, la Torah está legislando el hecho de pagar con dinero el valor del miembro dañado, según la disminución del valor de la persona en comparación con una persona intacta, en el caso de que hubiese sido vendida en un mercado. Por ejemplo, si una persona, trabajando con dos manos y dos pies, ganaba 100 y, después de la pérdida de alguno de sus órganos, sólo podrá ganar 40, el agresor tendrá que indemnizarle el 60% durante el resto de su vida, para recompensarle la pérdida.

Insisto en esto: la Torah no enseña esta ley para que se entienda de manera literal sino desde una interpretación muy diferente. No se trata de la amputación de algún miembro del victimario, sino más bien de una compensación económica. La palabra “ por” de “Ojo por ojo”, es el hebreo tajat, que significa también “a cambio”, “en sustitución”. Según esto, el responsable tiene que pagar una indemnización económica en caso de mutilación o daño físico.

Para lograr entender esto, debemos saber que la Torah exige un castigo monetario clasificado en cinco partes, que consiste en:
Nezek, el pago por la reducción en el poder adquisitivo,
Tzaar, el pago por el dolor sufrido,
Ripuy, el pago de gastos médicos,
Shevet, Compensación “desempleo” y
Boshet, el pago de la vergüenza y la humillación.

Para entender este procedimiento jurídico tomaremos un ejemplo. Supongamos que la víctima era un pianista virtuoso, y la lesión implicó la pérdida de su mano derecha, los pagos podrían ser calculado de la siguiente manera:

Nezek, una estimación que se hace de su potencial de ganancias futuras como pianista, ahora perdido para siempre con él. Así, suponiendo que hubiera realizado un centenar de conciertos adicionales durante el resto de su carrera, ganando $ 100.000 por cada uno, la pérdida sería de $ 10.000.000.
Tzaar, el pago para el dolor, la cantidad dependerá de la estimación del Bet Din (Casa de Justicia) de su tolerancia al dolor. En este caso, la estimación podría ser $ 1.000.000.
Ripuy, el pago de los gastos médicos, suponiendo una operación de emergencia inicial, treinta pagos para la rehabilitación y veinte pagos para el montaje y la fijación de una mano artificial: $ 950.000.

Shevet, seguro de desempleo, para el período de tres meses, cuando estaba “de espaldas”, y ni siquiera podía trabajar por el salario mínimo: $ 3.000.

Boshet, el pago por la vergüenza, la estimación se realiza, según el Talmud, que corresponde a la persona que avergonzó y el que fue avergonzado. Puesto que un artista intérprete o ejecutante artístico suele ser bastante sensible, el monto de este pago podría ser de alrededor de $ 20.000.000.

El pago total, por lo tanto, sería de aproximadamente 31.953.000 dólares, una suma grande de dinero, pero no es grande en comparación con la pérdida de una carrera, y la pérdida de la mano.

La primera de las cinco clases de compensación, por daño físico (nezek), es empleada, de por vida, en el caso de que una persona tenga pérdidas en su trabajo por ese daño.

Vemos así que la Torah intenta castigar al culpable, pero por medio de una indemnización económica; se trata de reparar el daño de alguna manera, hacerse responsable por el perjuicio ocasionado, pero no mediante caminos violentos y vengativos. Se insiste en reparar el daño.

Por lo tanto, lo que la Torah busca al dar esta mishpá es la compensación del agraviado.

Nadie en su sano juicio creerá que al sacarle un ojo sano al que causó la pérdida, causará que el agraviado vuelva a tener un ojo, o que al sacarle un diente al que hiere, se producirá que el agraviado pueda volver a comer como antes, de hecho, es imprescindible conocer el contexto.

Debemos aceptar que el concepto de rectificar y reparar (Tikún) está muy ligado al mundo de la revelación que da la Torah.

El desafío y la misión que tenemos como seres humanos, según este modelo de pensamiento, es esforzarnos por buscar, por medio de nuestras acciones, el Tikún Olam (la Reparación del Mundo) a través de la reparación de las vasijas destruidas. Por ende, reflexionando correctamente en la idea de esta mishpá, podemos pensar que cada vez que cometemos un daño a nuestro prójimo, y no me refiero solamente a un daño físico, es nuestro deber repararlo de alguna manera y de este modo tratar de corregir el mundo y lograr el Tikún Olam, es decir, la reparación del universo. Debemos pagar los daños, no con violencia y agresión sino con sensibilidad, comprensión por lo que causamos, y empatía con la persona que ha sufrido por alguna acción consciente o inconsciente que hemos realizado.

Shalom!

Mishpatim: Un Método Pedagógico para Ser una Comunidad Holística que Genera una Expansión Cuántica en el Cosmos.

Por P.A. David Nesher

 

Esta Porción abarca desde Éxodo 21:20 – 22:4

A partir de la teofanía momentánea en el Sinaí, que leímos en la parasháh anterior (Yitró), la Torah viene ahora a enseñarnos que el Dios de la revelación es simultáneamente el Dios que comanda, que ordena, que tiene todo en control. Desde esto los escogidos hebreos deberán comprender que la unicidad de Israel se apoya en esta legislación holística que abarca todos los aspectos de la vida, tanto de la persona como de la comunidad. Sólo desde la concreción de estos mitzvot (mandamientos)… aquellos que son Su Pueblo producirán una expansión cuántica que promocionará al cosmos en su regreso al Infinito.

Recordemos que el pueblo hebreo no recibió una copia escrita de la Torah hasta el final de sus cuarenta años en el desierto, justo antes de la muerte de Moshé (ver Deuteronomio 31:24).

Por eso, durante estos 40 años, ellos estudiaban Torah oralmente y ya sabían todos sus conceptos. La forma escrita es básicamente un esquema de esta información. Es decir que, durante 40 años, todos los hebreos, aprovechando la estructura organizacional de gobierno sugerida a Moshé por Yitró, se convocaban en encuentros de reflexión mediante los cuales podían establecer normas de convivencias, sujetas a los códigos develados en mishpatim. Justamente, la Torah (Instrucción) divina contiene estas leyes, aparte de otro tipos de mandamientos (mitzvot), a fin de otorgarnos las reglas de relación social. Los mishpatim son leyes cívicas para juzgar con justicia en acorde con la voluntad divina.

Lo más remarcable de esta parashá parece ser la compenetración mutua entre lo “civil” y lo “ritual”, el entrelazamiento de los derechos y daños sobre la propiedad con la santidad del Shabat y los detalles del Kashrut. Es decir, la perfecta convivencia de alianza entre el Mundo de Arriba con el Mundo de Abajo.

Lo primero que notamos es que YHVH le revela a Israel que Él quiere involucrarse en las relaciones interpersonales de su pueblo. Por ello, al igual que un padre desarrollará una estrategia pedagógica que permita generar la convivencia ideal que conduzca a la unanimidad de visión y causa.

El método de enseñanza que utiliza Yahvéh a través de Su Torah, es presentar un caso extremo a partir del cual se pueden extrapolar principios claves para aplicarlos a la vida diaria.

Estas diferentes regulaciones son singulares, dado la justicia y la prudencia que garantizan que sean normas llenas de humanidad.

La conclusión a la que permanentemente arribaba un hebreo que estudiaba las mishpatim era que la vida humana era el valor más preciado en todo el cosmos. Por ello, se necesitaba tener paz y un buen entendimiento en cada vecindario. Esta será la calidad de estos mitzvot, revelando así que todas las leyes buenas y sanas deben tener como propósito el evitar el desencuentro entre los hombres, que conduzca a la aparición de crímenes, que produzcan una sociedad esclava de la impunidad.

Estas “leyes”, o mejor dicho, estos “juicios” o “normas” (mishpatim), son dados como precedentes para guiar a los magistrados civiles de Israel en los casos de asuntos civiles. El amplio rango de carácter de estas sentencias o normas muestra que Yahvéh las dio como leyes para ellos mismos, pero también para asentar los principios y precedentes, necesarios para la praxis jurídicas de todas las generaciones venideras.

El mensaje de esta parashá nos enseña que la ley ciertamente provee un sentido trascendente a nuestras vidas cotidianas; y también demanda de nosotros un compromiso de emuná hacia la ética yahvista; al tiempo que sostiene una visión perfecta de lo verdaderamente humano y lo correctamente social.

El rabino Eli Levi dice al respecto:

En mishpatim leemos muchas leyes en la Torah que tienen que ver en la relación del hombre y el resto de la sociedad, desde cómo tratar a los sirvientes, como cuidar la propiedad del prójimo, y en síntesis como manejar y sostener una sociedad justa. Mishpatim es una continuidad directa de las diez declaracioness, incluso los textos están enlazados con el texto de la semana pasada. Muchos podemos pensar que solo aquellas leyes que atañen a las Aseret HaDibrot (Diez Palabras) son de más importancia. Pero el trato con nuestros empleados o socios comerciales no es algo que sea de la incumbencia de la Torah. Pero justamente ahí se revela que tan profundo una persona recibió y acepto en su corazón las enseñanzas de la Torah, en el trato sensible y cuidadoso con su prójimo. Si una persona estudia y cumple la Torah pero es insensible al dolor y al sufrimiento ajeno, es probable que la Torah no haya permeado en el, pero si una persona actúa honestamente según las leyes que leemos en nuestra parashá entonces realmente entendió lo que El Eterno quiso transmitir en los 10 mandamientos.

Con esto El Eterno nos da un mensaje muy interesante que luego el Mesías ratificaría en la Enseñanza del Monte. Dios insertó la lectura de Mishpatim antes de retornar al pasado para abordar aspectos claves de la narración sobre la entrega de la Torah. Con estos mitzvot, Yahvéh estaba diciendo a aquel pueblo: “¡Antes de poder recibir la Torah por completo, … mientras Moshé recibe mi ketubáh escrita, quédense estudiando las Mishpatim! ¡Aprendan a ser humanos bondadosos, decentes, y rectos que respetan el ser, la dignidad y la propiedad de otros. Una vez que lo hayan hecho, entonces podré entregarles la Torah y elevarlos para ser una ‘goi kadosh’, una nación santa, llena de mi sacerdocio”.

El Hombre que no escucha primero al Eterno, no tiene nada relevante que decir al Mundo

Los animo a que forjemos nuestras ideas, nuestra conducta, y nuestros valores, a partir de las ideas, la conducta, y los valores que, acerca de nuestro Creador, modela para nosotros la Torah (Instrucción).

Esta es la finalidad de la fe verdadera o emuná: que el ser humano refleje la “imagen” de Creador asemejándose cada día más a su Padre Celestial. De este modo, así como Yahvéh vistió a Adán y a Eva, cuando se hallaron desnudos en el Huerto del Edén, así también nosotros vistamos al desnudo en el huerto oscuro del materialismo.

Así como el Creador dio de comer y de beber a los hebreos que deambulaban por el desierto, así también nosotros demos de comer y beber al que deambula por nuestras calles.

Así como el Eterno fue (en un torbellino) a visitar al enfermo (Job), así también nosotros nos apresuremos (como torbellino) a visitar al enfermo.

Así como el Eterno juzgo como perversa la inmoralidad, el materialismo, y falta de humanidad de los hombres de Sodoma, así también nosotros juzguemos como perversa la inmoralidad, el materialismo hedonista, y la falta de humanidad de nuestra perversa sociedad.

Así como el Eterno se opuso a la opresión que el injusto Faraón ejercía contra de los débiles e inocentes esclavos hebreos, de ese mismo modo nos opongamos nosotros a la opresión e injusticia que, aquellos que son lujuriosamente ricos, ejercen contra los que son irremediablemente pobres y débiles en nuestra sociedad.

Quien rehúsa vivir por esta regla, y hacer las obras de justicia que caracterizan al Eterno, se burla del Creador. Se hace su enemigo del Eterno, pues llama mentiroso al Dios verdadero que afirma haber creado al hombre “a Su imagen, para que se conforme a Su semejanza”, es decir, para que se parezca moralmente a su Creador.

Este hombre perverso, y hacedor de maldad, sera castigado con “fuego”, sin importar la fama que posea, los milagros que realice, o la religión que asegure sinceramente profesar.

El Pozo de la Envidia

Por P.A. David Nesher

 

 

“Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? Venid, y vendámoslo a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él. Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.”

(Bereshit/Génesis 37: 23-28)

 

 

¿Puede la envidia causarte el deseo de matar a alguien? Antes de que digas: “¡Claro que NO!”, te solicito que medites en esta historia. Diez hombres adultos, se dispusieron en complot para matar a su hermano por causa de una túnica rayada de colores especiales y un par de sueños. Su envidia se había convertido en un profundo enojo con pensamientos llenos de cosas terribles.

La túnica de colores era la señal del favor del padre. La entrega de Yaakov de esta prenda a Yosef, en reconocimiento al nivel de obediencia que este le entregaba en honra, había despertado la envidia de los hijos mayores. No hay duda alguna que los hermanos deben haber tenido un placer perverso al arrancársela a Yosef y debía haber sido particularmente doloroso para Yosef que se la arrancaran. De igual modo, a cada creyente en Yeshúa se le ha entregado la cobertura del Espíritu Santo que es garantía especial del favor del Padre (2 Corintios 1:22; 5:5; Efesios 1:13-14; 4:30). Ciertamente, muchos son los enemigos espirituales que quieren arrancar del creyente la seguridad del favor del Padre. Pero uno de los más peligrosos es, sin duda alguna, la envidia.

Es asombroso ver como el maltrato de los hermanos de Yosef no disminuyó el apetito de ellos. La Torah dice que se sentaron a comer pan (37:25), mientras que Yosef les rogaba por su vida desde el pozo (42:21). Pero ellos no escucharon. Un físico podría calcular el tiempo exacto para que el grito de Yosef llegara a los oídos de sus hermanos. Pero, metafísicamente, tuvieron que pasar veintidós años para que aquel grito pasara desde sus tímpanos hasta sus corazones.

El carácter despiadado de estos hermanos es evidente. Podían sentarse y disfrutar de la comida, mientras que sus corazones estaban decididos a asesinar a su hermano. Fue justamente a esta dureza y crueldad a la que el profeta Amós se refiere, cuando dijo: “Ustedes beben vino en tazones y se perfuman con las esencias más finas sin afligirse por la ruina de José.” (Amos 6:6 – NVI). Los hermanos (que habían matado a todos los hombres de Siquem) era probable que no se molestaran con los gritos de alguien al que ellos envidiaban y por ende, ahora odiaban.

En ese momento, alzando sus ojos vieron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad, donde Labán y Yaakov tuvieron sus enfrentamientos algunos años antes. Ellos eran descendientes de Ismael (25:13-16); llevando en sus camellos especias, bálsamo y mirra para hacerlos bajar a Egipto para comerciar (37:25). Es irónico que estos tres elementos fueran los mismos regalos que los hermanos de Yosef le llevaron cuando él ya estaba reinando junto al Faraón, en Egipto (43:11).

El relato es tan impactante como paralizante. No sabemos si debemos pensar bien de los hermanos de Yosef, ya que decidieron perdonarle la vida o pensar mal de ellos, ya que imaginaron que podían deshacerse de él y hacer un poco de dinero al mismo tiempo. La envidia los llevó a mirar tan en menos a Yosef que consideraban que su hermano sólo tenía un valor de veinte piezas de plata, menos que un esclavo.

Vemos que aquí es cuando Judá asume un papel de liderazgo en relación con el destino de Yosef. Será él quien dirá: “¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y ocultemos su sangre?… Después de todo, él es nuestro hermano, así que sólo vendámoslo como un esclavo en lugar de matarlo.” (37:26). Lo paradójico e irónico de todo, es que este será el hijo de Yaakov, que se convertirá en el ancestro del Mesías.

Desde este punto Judá adquiere un papel cada vez más destacado en la familia. Él dijo: vendámoslo a los ismaelitas, y no sea nuestra mano contra él. Sus hermanos aceptaron su sugerencia. Ellos podrían evitar el pecado de asesinato y obtener un beneficio al mismo tiempo. Los hermanos de Yosef, que hipócritamente no quisieron contaminarse con su sangre, lo vendieron a los ismaelitas, así mismo, siglos después, los judíos, que hipócritamente no querían contaminarse con la sangre del Mesías, llevaron a Yeshúa a Pilato (Juan 18:28).

Entonces, cuando pasaron los mercaderes madianitas, sacaron a Yosef de la cisterna, lo subieron y lo vendieron por veinte piezas de plata. Y llevaron a Yosef a Egipto (37:28). A causa de este incidente, más tarde, Moisés, inspirado por el Eterno, fijaría el valor de rescate de un jovencito entre cinco y veinte piezas de plata (Levítico 27:5); y el precio promedio de un esclavo en treinta siclos (Éxodo 21:32).

Lo maravilloso de esta historia es que los hermanos de Yosef no se dieron cuenta, pero cuando lo vendieron se aseguraron el cumplimiento de los dos sueños que él les había relatado. Es que la Providencia divina utiliza todas las circunstancia para beneficio del cumplimiento de su propósito eterno (Romanos 8:28).

Cabe aquí también decir que, tanto para la ley del Eterno, como para los códigos jurídicos de la época, lo que sus hermanos le hicieron a Yosef era considerado un crimen y una ofensa capital.

Tipológicamente hablando, Yeshúa y Yosef fueron traicionados a cambio de plata. Yosef fue vendido por el precio de un esclavo por su hermano Judá y Yeshúa fue vendido por el precio de un esclavo por su discípulo (talmid) Judas (forma griega de decir Judá). Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que habían condenado a Yeshúa, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos. —He pecado —les dijo—porque he entregado sangre inocente (Mateo 27:3-4a).

Volviendo al relato, notamos que a los hermanos de Yosef les preocupaba cargar con la culpa de su muerte. Por eso, Judá ofreció una alternativa que no era correcta, pero que los libraba de cometer homicidio. Nosotros también, muchas veces, guiados por el sentimentalismo, optamos por soluciones que son “menos malas” pero están igualmente infectadas de errores. Muchas de estas “soluciones” son el producto de la impulsividad que provoca la envidia que se ha desarrollado en nuestro corazón.

Tomás de Aquino dijo que “la envidia consiste en una tristeza ante el bien del prójimo, considerado como mal propio, o en cuanto se piensa que disminuye la propia excelencia, felicidad, bienestar o prestigio”. Por eso, la Torah enseña que la caridad o justicia social (hebreo tzedaká) permite que nos alegremos del bien de los demás, haciendo que la envidia se debilite y muera.

Lamentablemente la envidia es el pecado capital más difícil de reconocer por el ser humano, ya que constantemente este busca justificar su manifestación. Sin embargo, debemos aceptar que la envidia fuera de control puede crecer rápidamente y conducir a acciones pecaminosas muy serias. Mientras más tiempo el ser humano cultive la envidia, más difícil será desarraigarla de su vida. El mejor momento para comenzar a tratar con la envidia es cuando te des cuenta de que estás llevando un registro mental de lo que poseen y alcanzan los demás.

Apreciado discípulo, te invito a que en este momento eleves tu corazón al Eterno y permitas que Él lo examine en cuanto a este pecado capital (Salmo 139:23-24)

Llorar por los Muertos… ¿Correcto o Incorrecto?

Por P.A. David Nesher

 

“Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla.”

(Bereshit/Génesis 23: 1-2)

 

No ha terminado Abraham de pasar por una difícil tribulación (la atadura de Itzjak), y ya está en otra. Sara, su esposa fallece, a los 127 años. Resulta interesante decir que Sara es la única mujer de las Sagradas Escrituras (La Biblia) de quien se relata la edad que tenía al momento de su muerte. Esto indica que ella tiene un lugar especial en la historia de la Salvación, y por lo tanto, es un ejemplo que seguir (Isaías 51:1-2). Sara vivió ciento veintisiete años (23:1). Como la madre del hijo de la promesa, se convirtió en la madre de todos los creyentes (Gálatas 4: 31; Rom. 9:7; 1Pedro 3: 2-6), y los códigos lumínicos de su persona eran muy estudiados en las comunidades de talmidim de los primeros siglos.

Ella murió en Quiriat Arba, que significa “la ciudad de los cuatro”, y que con el tiempo llegó a ser conocida como Hebrón, que significa “amigo”, porque Abraham era amigo de Dios (14:13, 18:1). Ellos habían vivido allí muchos años antes. [Esta conexión entre Quiriat Arba y Hebrón se encuentra en otros lugares en la Biblia (Josué 14:15, 15:13 y 59, 20:7, 21:11; Jueces 1:10)].

Por alguna razón, Abraham no estaba presente en el momento de su muerte. Ella estaba en Hebrón, y él estaba en Bersheba (21:33-34; 22:19). Él podría haber ido a un viaje de negocios, o estaba supervisando su haciendo, pues es muy posible que a esta altura ellos tuvieron dos residencias. En cualquier caso, cuando Abraham se enteró de que ella había muerto, fue a llorar a Sara sobre el cuerpo sin vida de su compañera del alma (23:2b). Esta fue la muerte de su amiga y compañera de toda la vida. Esta es la mujer que lo acompañó en todo su peregrinaje de fe. La mujer que puso en peligro su integridad física y moral por salvaguardar a su esposo. Esta es la mujer que dejó a su parentela y tierra de comodidad porque comprendió y aceptó el llamado del Eterno al igual que su esposo. Por todo esto, y a pesar de los errores que su humanidad también cometió, Sara, por su fidelidad y fortaleza espiritual, figura en la lista de los grandes de la fe (Hebreos 11:11).

Por todo esto, Abraham amaba a Sara profundamente, y debe haberle dolido terriblemente no estar con ella cuando murió. Él es el primer hombre, registrado en la Torah, llorando que está de luto por la pérdida de su mujer.

En la expresión “… Y a llorarla…” aparece una letra en tamaño más pequeña, porque Abraham lloró poco. Abraham sabía que este mundo es temporal, y que pronto se reencontraría con Sara en el día de la resurrección de los muertos (Hechos 24:15), por tanto, no era una despedida definitiva y no cabía llorar con desgarro, sino de forma controlada.

Esta actitud concuerda bien con las palabras del apóstol Pablo:

Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Yeshúa murió y resucitó, así también Dios traerá con El a los que durmieron en Yeshúa. Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Mesías se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras.”

(1 Tesalonicenses 4:13-18)

Por ello, debemos aceptar que, aunque Abraham avinu era un hombre de fe, no sintió que sus lágrimas fueran una manifestación de incredulidad. Llorar por alguien amado, es mostrar que hemos estado cerca, que sentimos mucho la pérdida, que la muerte es un enemigo, y que el pecado ha traído este castigo triste sobre la raza humana.

Durante mis años ministeriales, al asistir a un velatorio, he oído a menudo cómo gente bien intencionada pero ignorante ha dicho a familiares o amigos dolientes: «¡Ahora no llores!» Ese no es un buen consejo, porque Yahvéh nos creó con la capacidad de llorar a fin de que el alma humana se libere de toda angustia que causa una pérdida; por eso Él espera que lo hagamos cada vez que sea necesario. Aun Yeshúa lloró ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn. 11:35). El dolerse es uno de los dones de Dios que ayudan a sanar corazones heridos cuando la muerte se ha llevado a seres amados.

Las lágrimas son un regalo del Eterno para poder vencer los efectos de la angustia. El rey y profeta David escribe:

Has juntado todas mis lágrimas en tu frasco; has registrado cada una de ellas en tu libro”.

(Salmos 56:8  – NTV)

Esto revela que las lágrimas de los escogidos son muy valiosas y significativas para Yahvéh, nuestro Abba. Para quienes conocemos al Señor, nuestras lágrimas de dolor se entremezclan con gratitud. Las lágrimas son el precio que pagamos por las alegrías que compartimos. Son naturales, saludables y necesarias. El apóstol Pablo enseñando a los discípulos tesalonicenses acerca del momento de la pérdida de seres queridos, no les dice que no lloren; sino que les aconseja que no se entristezcan sumidos en depresión «como los otros que no tienen esperanza» (1 Ts. 4:13-18). Las Escrituras en sus líneas recalcan que el dolor del creyente ante las pérdidas debe ser diferente del que no conoce la Instrucción (Torah) del Eterno.

Encuentro oportuno compartirles aquí lo que dice el libro deuterocanónico (apócrifo) Eclesiástico o Sirácida con el objetivo que puedan discernir cuál era la cosmovisión hebrea a la hora del duelo por un muerto:

“Hijo mío, derrama lágrimas por un muerto y entona la lamentación que expresará tu dolor. Luego, entierra su cuerpo como se debe, no descuides nada referente a su sepultura. Gime amargamente, golpéate el pecho, haz el velorio como conviene por uno o dos días para marcar la separación, luego consuélate de tu tristeza.

 

Porque la tristeza lleva a la muerte, y la pena interior consume las energías.

 

Que la tristeza se acabe con los funerales: no puedes vivir siempre afligido.

 

¡No abandones tu corazón a la tristeza, échala y piensa en tu propio fin! No lo olvides: es sin vuelta. Tú te perjudicarías y no le harías ningún bien. Acuérdate de mi sentencia que un día podrás repetir: ¡ayer fui yo, hoy serás tú!

 

Desde el momento en que el muerto reposa, haz que también repose su recuerdo; consuélate desde el momento en que haya expirado..”

(Eclesiástico 38: 16 -23)

Abraham lloró, y nosotros también debemos entender que tenemos que pasar por el proceso de duelo sin intentar suprimirlo.

En efecto, la muerte no es natural. Es normal que cause dolor, y Yahvéh, nuestro Abba, no considera que llorar la pérdida de un ser querido sea una falta de fe en la resurrección. Como hemos visto en nuestro padre Abrahán y en Yeshúa, las expresiones externas del dolor de corazón no indican una carencia espiritual.

Dice el texto que después de hacer esto Abraham: “se levantó” y lo hizo solo. Este acto nos muestra que el duelo y las lágrimas tiene su parte en los momentos de tragedia pero que no nos podemos quedar así. Abraham no se muestra: apabullado, vencido, devastado, desanimado, confundido, arrasado o trastornado, su vida no se acabó porque su esposa hubiera muerto.

Abraham enterró a su esposa y siguió adelante. Finalmente, se volvió a casar, tuvo más hijos y vivió otros 38 años.

Por eso, también debemos entender y aceptar que cuando la tragedia nos visita no podemos quedarnos en el duelo y el lamento. Es nuestro deber levantarnos y seguir adelante por el Reino del Eterno, por aquellos que nos aman y por nosotros mismos. Piense, la otra opción es la desesperación y eso no es conveniente para el cumplimiento del propósito eterno de Dios en nosotros.

¿Que Rol cumple el Divorcio en la Voluntad del Eterno?

Por P.A. David Nesher

 

“Cuando alguno toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable en ella, y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, y ella sale de su casa y llega a ser mujer de otro hombre; si el segundo marido la aborrece y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, o si muere este último marido que la tomó para ser su mujer, al primer marido que la despidió no le es permitido tomarla nuevamente como mujer, porque ha sido menospreciada; pues eso es abominación ante Yahvéh. No traerás pecado sobre la tierra que Yahvéh tu Dios te da por heredad.”

(Devarim/Deuteronomio 24:1-4)

En la mentalidad general del diseño original, la Torah revela que Yahvéh considera al matrimonio como una unión de alianza amorosa para toda la vida. Una unión que manifiesta físicamente el misterio de Su Unidad (Ejad) y que, por lo tanto, solo termina cuando muere uno de los cónyuges (1 Corintios 7:39). Entonces, y dado que se trata de una institución sagrada, una vasija de Luz totalmente celestial, los hijos primogénitos no deberíamos tomar a la ligera la idea de disolverla.

La Torah revela que un matrimonio israelita sólo era válido si se hacía bajo la denominada jupáh (símbolo del respaldo celestial), y con la firma de la ketubáh (documento legal de alianza matrimonial) que era la representación de lo civil.

Estudiando este texto nos damos cuenta que el divorcio era permitido en Israel, pero cuidadosamente regulado por autoridades espirituales expertos en justicia divina. Solamente una autoridad espiritual puede dictaminar un divorcio, y por motivos graves, ya que el matrimonio en la cosmovisión yahvista es un compromiso sagrado e inviolable, pero a causa de la naturaleza caída del ser humano, no indisoluble.

Así pues, bajo la Torah de Yahvéh, el matrimonio no se puede simplemente disolver en cuanto uno de los cónyuges quiera hacerlo; debe de haber una causa para extender un guet (o carta de divorcio). Es decir que la despedida de una mujer tiene que ser por un acto oficial de entrega de esa guet ( גט). Con este documento se le devuelve a la mujer el estatus de no casada y, por lo tanto, la dignidad y el derecho a casarse de nuevo con otro. Esta carta de divorcio es precisamente el documento oficial y legal que da el derecho a la mujer de casarse de nuevo. Sin un guet, sería una adúltera si se uniera a otro hombre.

Mediante esta legislación, en la mentalidad hebrea, el divorcio nunca se veía como una opción preferida o fácil. La palabra hebrea traducida como divorcio tiene en su raíz la idea de “separar por medio de un corte”, y transmitía la imagen de la amputación que sufría aquello que es una sola carne. Así cada miembro de Israel consideraba el divorcio como cortar o mutilar a un cuerpo viviente, y dejarlo para siempre inválido.

En el tiempo del Segundo Templo, después de regresar del exilio babilónico y hasta los días de Yeshúa, habían aparecido dos interpretaciones principales de la palabra “reprochable”, en hebreo erváh – ערוה – (palabra que también se traduce como “desnudez“, “desgracia“, “defecto“, “indecencia“, “inmundicia”, “confusión“, “vergüenza“, “impureza“, y/o “promiscuidad“); por un lado, se encontraba la interpretación de la casa del maestro Hillel que decía que se puede despedir a una mujer por cualquier cosa que cause molestia en el esposo, incluso si ella fracasa en la cocina. Por el otro lado, la casa del maestro Shamai era más estricta ya que sólo permitía divorcio cuando había un comportamiento sexual indecente en la mujer.

Por eso, al leer el Evangelio de Mateo, nos encontramos con la siguiente historia en la vida de nuestro Mesías:

Entonces se le acercaron los fariseos, tentándolo y diciéndole:
– ¿Está permitido al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?
Él, respondiendo, les dijo:
– ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, “hombre y mujer los hizo”, y dijo: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó no lo separe el hombre.*
Le dijeron:
– ¿Por qué, pues, mandó Moisés darle carta de divorcio y repudiarla?
Él les dijo:
– Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. Le dijeron sus discípulos: –Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.”

(Mateo 19:3-10 _ RV1995)

Vemos aquí como Yeshúa, nuestro Maestro, en concordancia con este Midrásh, se atrevió a entrar en la discusión que había entre la casa de Hillel y la casa de Shamai dando razón a la interpretación de éste último.

Considerando este relato de la enseñanza de nuestro Maestro, podemos sacar cuatro conclusiones fundamentales de este texto:

1. El divorcio NO pertenece a los lineamientos y pautas del diseño original del Eterno para el ser humano.
2. El divorcio fue permitido por el Eterno, nunca ordenado.
3. El Eterno permitió el divorcio por causa de la “dureza del corazón” del hombre y la mujer.
4. La causa de un divorcio para poder casarse con otra persona no puede ser cualquiera. Sólo puede ocurrir por algo indecente tal como vemos que Yeshúa da sentido a la expresión hebrea “ervat davar”, traducido como fornicación (RV) e infidelidad (LBLA) en Mateo cap. 19 vers. 9.

Desde esto, y continuando con lo que la Torah revela en esta porción, debemos conocer que cuando leemos la expresión ervat davar (que ha sido traducida: “alguna promiscuidad“) nos encontramos con la clave en toda esta discusión. Según la respuesta de Yeshúa, en Mateo cap. 19, vers. 9, un varón no comete adulterio al despedir a su mujer y casarse con otra, si hay en ella una conducta sexual indecente – ervat davar.

Debo contarles que el concepto de ervat davar se encuentra también en el capítulo anterior en esta misma parashá (Deut. 23:14) refiriéndose a los excrementos humanos, que no podían ser vistos por la Presencia del Eterno ni dentro ni fuera del campamento de guerra. Sería algo indecente para la Presencia divina. Por eso, la expresión no puede interpretarse como “cualquier causa” o “cualquier cosa que desagrade al marido”, sino tiene que ver con una desviación sexual, que convierten a la sexualidad como un instrumento que energiza a las fuerzas del Sitrá Ajrá (“el Otro Lado”). Luego, en la Septuaginta (Versión de los LXX) la expresión ervat davar fue traducida al griego como porneia – πορνεία –, que significa fornicación, es decir inmoralidad sexual. Lo más interesante de esto, es que en la enseñanza de Yeshúa se está usando esta idea y la misma se aplica tanto a la mujer como al varón que adultera.

Concluyamos pues, que la expresión ervat davar en el capítulo 24 de Devarim (Deuteronomio) no se está refiriendo ni a cualquier conducta desagradable de la mujer, según los caprichos del varón, sino a una desviación sexual de la mujer muy desagradable para el esposo, de la misma manera que los excrementos puestos en el suelo, dentro o cerca del campamento de guerra santo, causarían disgusto a la Presencia divina.

Así que, según la enseñanza de Yeshúa en Mateo capítulo 19, donde explica el texto de Deuteronomio 24, el divorcio está permitido, para las personas con corazones duros, cuando existe algún tipo de comportamiento causado por una perversión sexual muy desagradable en el cónyuge. Él dejó bien explicado que si alguien se divorcia por cualquier causa, que no sea infidelidad, si se vuelve a casar es como si estuviera en adulterio.

“También se dijo:

“Cualquiera que repudie a su mujer, que le dé carta de divorcio.” Pero yo os digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada, comete adulterio.”
(Mateo 5:31-32)

Un divorcio oficial, con la entrega de un documento legal, da el derecho a casarse de nuevo con otra persona. Sin embargo, las pautas proféticas de la Torah revelan que cada divorcio causa lágrimas en el cielo (Mal. 2:13-15).

No obstante, si alguien tiene motivos bíblicos de divorcio (los cuales, de acuerdo con 1 Corintios 7: 15, incluyen abandono por el cónyuge no creyente), ellos ciertamente tienen permiso de divorcio, y el Eterno no se los “sostendrá en su contra” amenos, claro, que Él les haya dicho específicamente que no se divorcie y estarían desobedeciendo la palabra especifica para sus vidas.

Por eso, y teniendo en cuenta el Yugo de Yeshúa, los que han recibido el Espíritu del Mesías por medio del nuevo nacimiento cuentan con una orden más, según lo que está escrito en la primera epístola a los Corintios: “A los casados instruyo, no yo, sino el Señor: que la mujer no debe dejar al marido (pero si lo deja, quédese sin casar, o de lo contrario que se reconcilie con su marido), y que el marido no abandone a su mujer.” (1 Corintios 7:10-11) Reafirmando que en un matrimonio creyente se debe priorizar el servicio de la reconciliación antes de llegar a un divorcio por cualquier causa. Las Sagradas Escrituras dejan bien claro que nuestro Abba odia el divorcio (Malaquías 2:16) y esa reconciliación y perdón deberían ser las marcas de la vida de un creyente heredero de Su Salvación (Lucas 11:4; Efesios 4:32).

Ahora, al terminar este encuentro con tu alma, elevo mi tefiláh (oración de alianza) en intercesión para que nuestro Abba nos dé gracia a fin de que no existan divorcios entre nosotros.

¡Bendiciones en Su Paz!

“Shiluaj Haken”: Un Mandamiento Sencillo lleno de “Buenos Futuros”

Por P.A. David Nesher

 

 

““Si por casualidad encuentras en tu camino un nido de pájaro, ya sea en un árbol o en la tierra, con pichones o huevos, entonces, si la madre está recostada sobre los pichones o los huevos, no tomes a la madre junto con ellos. Ahuyenta primero a la madre y sólo luego toma los pichones o los huevos para ti. Así te irá bien y se prolongarán tus días.”

 

(Devarim/Deuteronomio 22: 6)

 

Encontrarse con un nido de pájaros, y determinar mi futuro. Suena extraño, pero así lo ha determinado Yahvéh. “¿Cómo es esto?“, seguramente estarás preguntándote. Pues bien, yo descubrí esto sumergiéndome en los códigos lumínicos de la Torah. Todo ocurrió cuando un discípulo del Grupo de Whatsapp (“La Bendición Torah”) me solicitó que explicara este “extraño” y a la vez sencillo mandamiento que nuestro Abba da a Israel. Discerní que muchos de ustedes albergarían la misma inquietud, con respecto a la significación esencial de este mandamiento divino. Por eso, decidí escribir esta bitácora.

Comenzaré mencionando la triste realidad que surge revelada de este mandamiento: la crueldad del ser humano le acorta los días de su vida.

Desde esto, les comento que a este mandamiento (mitzvá) se lo conoce con el nombre de Shiluaj Haken (lit. “el envío del nido”), porque tiene como imperativo mandar lejos del nido a la madre antes de tomar sus huevos o pichones. El dato curioso es que este mitzvá es considerado como el más fácil de la Torah.

Por otro lado, podemos ver que la recompensa que Abba nuestro promete por este mitzvá es larga vida (arijut yamim), es decir la longevidad. El único otro mitzvá positivo que la Torah especifica su recompensa en larga vida, es honrar a los padres (Kibbud Av VaEm), el cual, paradógicamente, es considerado el mitzvá más difícil de toda la Torah. Cabe rescatar aquí, que del hecho deque el mitzvá más fácil y el más difícil reciben la misma recompensa, nos conduce a comprender que no podemos clasificar los Mitzvot (mandamientos) del Señor, y debemos hacerlos cuando la oportunidad se presenta.

Leyendo el mitzvá Shiluaj Haken, a primera vista parecería que la razón del mismo es hacer comprender que no debemos exhibir crueldad con los pájaros o cualquier otra de las creaciones del Eterno. Por eso sería que Él nos manda ahuyentar a la madre para que no vea a sus polluelos tomados de ella, lo que le produce una gran agonía y dolor. Sin embargo, nos encontramos con fuentes en la Torah que parecen indicar que esta mitzvá no es sólo acerca de la compasión con aves u otros animales. Sabemos que el principal propósito y objetivo de los mitzvot (mandamientos) es inculcar en nosotros los buenos rasgos y valores del carácter sacerdotal mesiánico, por lo que podemos emular al Eterno y acercarnos más a Él. ¡Nuestro amado Abba nos dio mandamientos con la única razón de perfeccionar nuestros rasgos de carácter, por medio de su observancia, y así asemejarnos a Su Hijo, Yeshúa!

Entonces, meditando más profundamente en el mitzvá Shiluaj Haken se nos revela que en verdad, Yahvéh decretó que enviáramos fuera a la madre antes de tomar sus crías, para inculcar en nosotros el rasgo fundamental de la compasión hacia el prójimo. Si actuamos con crueldad con los pájaros y los animales, vamos a terminar haciendo lo mismo con los seres humanos que nos rodean.

¿Cuál será el motivo de este accionar cuando uno se encuentra frente a la madre y sus crías? Distintos sabios exégetas hebreos explicaron el motivo de esta ley, entre ellos, existe un famoso debate entre Maimónides (Rambam) y Najmánides (Rambán) al respecto.

Maimónides incluye esta ley dentro de un valor muy conocido que es el de evitar “Tzaar Baalei Jaim”, que significa evitar dolor en los seres vivientes, refiriéndose especialmente a los animales. Desde esta perspectiva, descubrimos que hay muchos preceptos que pueden asociarse con este principio como por ejemplos: “Y un animal vacuno u ovino, a él y a su cría no habréis de degollar en un mismo día” (Vayikrá/Levítico 22: 28). También se incluyen aquí las leyes denominadas Shjitá, las cuales se rigen por la idea de que se puede matar al animal para comerlo, pero hacerlo de la manera menos dolorosa para éste. En este sentido, el motivo del mandamiento de Shiluaj Haken es evitar sufrimiento en la madre al ver que se llevan a sus crías. Si de todas maneras hay que hacerlo, mejor realizarlo de la manera menos dolorosa.

Najmánides difiere con el exegeta anterior y sostiene que esta ley tiene como objetivo educarnos a nosotros como personas benevolentes. Personas piadosas, compasivas y misericordiosas con el mundo que nos rodea. Sería una técnica educativa para alejar de nosotros actitudes crueles e interiorizar conductas piadosas.

Maimónides pone el énfasis en el animal, en evitarle dolor o que sufra lo menos posible, en cambio, Najmánides, en los seres humanos. Él explica que este mitzvá nos ayuda a perfeccionarnos para erradicar toda crueldad que anidamos en nuestro corazón. Ya que los mitzvot (mandamientos) nos fueron dados para nuestro bienestar. Yahvéh no se beneficia cuando las hacemos, somos nosotros quienes a través de ellos purificamos nuestras almas y mejoramos el mundo. El objetivo, por lo tanto, no es ser piadosos con los animales sino enseñarnos a ejercer todo el tiempo buenas cualidades para reparar nuestro entorno y así transformarlo en su presente para asegurarle un mejor destino.

Al considerar estas dos sabias exégesis, bien podríamos pensar que cuando se cumple este mitzvá hacemos ambas cosas a la vez, es decir, ayudamos a evitarle sufrimiento al animal, y por otro lado, nos ayuda a nosotros a ser mejores personas, más piadosas y compasivas con nuestro entorno, y particularmente con nuestro prójimo.

Teniendo en cuenta lo que hasta aquí he explicado, necesito que recordemos que una cualidad muy valorada por el Eterno en la vida de sus hijos es que sean “rajmanim”, es decir piadosos o misericordiosos con el mundo que los rodea. Justamente ésta es la virtud que más se necesita en nuestros días. Son millones de seres humanos que claman a los Cielos por misericordia manifestada en los vínculos humanos. Vivimos en una época en que la tecnología y los medios de comunicación han avanzado a tal punto que podemos, entre otras cosas, llegar a ver diariamente cientos de imágenes con contenidos violentos tanto reales como de ciencia ficción. Décadas atrás no existía el poder estar sentado cómodamente en la casa mirando una guerra, un asalto y tantos crímenes en diferentes partes del mundo. Quizás sucedían igual que ahora, pero era imposible ver las imágenes como si uno estuviera en el lugar del hecho.

El sistema reptiliano ha logrado exponernos diariamente a situaciones de violencia e inseguridad, y el peligro de esto es que nos estemos acostumbrando. Nos estamos adormeciendo a tal punto que confundimos una película con la realidad y todo lo veamos al mismo nivel.  Periodistas y empresas, obsecuentes de la élite imperante, se ocupan de los medios de comunicación sabiendo muy bien que uno de los temas que más se vende son aquellos en que hay sangre, violencia y armas. Por supuesto que es una gran ventaja estar informado y que exista la tecnología que tenemos, pero creo que lo que no debemos es perder la capacidad de ser sensibles a lo que ocurre alrededor nuestro. Es importante que nos sintamos conmovidos por el dolor ajeno y podamos actuar al respecto manifestando empatía benevolente. Por ello, es que Yahvéh quiere que Su gente sea misericordiosa. Con el mitzvá Shiluaj Haken, el Eterno nos capacita en el hecho que si nosotros aprendernos a ser sensibles a los sentimientos de un pájaro, entonces ciertamente nos vamos a ocupar empática y solidariamente por nuestro prójimo. Practicar el Shiluaj Hakén nos educa para ser personas piadosas y compasivas, que sepan también sensibilizarse por las imágenes trágicas y violentas que vemos y busquemos maneras de hacer algo para revertir el sufrimiento de nuestro prójimo.

Con este mitzvá la Torah quiere enseñarnos el valor de la conservación de las especies. Así, por medio de este mandamiento el Eterno decodifica el lineamiento de Luz acerca de la responsabilidad que ha entregado al ser humano de velar por el futuro próspero de todos los seres vivientes del planeta. Es bien conocido el dicho hebreo: “quien salva a un hombre, salva a la humanidad toda”. Y esto lo es por el valor intrínseco de cada uno de nosotros y por lo que representamos. Como dijera el filósofo español Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Por lo tanto, yo soy yo, y todos mis futuros. La mamá pájaro es ella y todos sus futuros. Puedo tomar a sus pichones, pero no eliminar la especie pájaro que encarna esa madre. Por eso el premio deivino de prolongar y dar calidad total a mi futuro, porque al respetar a la especie pájaro, estoy asegurándome a mi, a mis entornos y al universo un futuro de diversidad, de calidad total, de plenitud excelente, que glorifique el Nombre de Yahvéh.

Entendamos que es solo una mitzvá ocasional. Esto significa, que en cada momento de mi vida puedo aplicar mi obediencia a la Torah comprometido con el mundo entero. Sin embargo, la enseñanza del mitzvá Shiluaj Haken determina mis futuros, simplemente por ocuparme del futuro del “Otro”. ¡Eso es un misterio maravilloso!

¡Por eso, después de toda esta meditación los animo a mejorar nuestras midot – cualidades- para llegar a perfeccionar nuestra alma a la estatura del Mesías!

 

Shalom!

En amor y servicio P.A. David Nesher

Los Barandales de la Felicidad

Por P.A. David Nesher

 

 

“Cuando edifiques casa nueva, harás pretil a tu terrado, para que no eches culpa de sangre sobre tu casa, si de él cayere alguno.”

 

(Deuteronomio/Devarim 22: 8)

 

Cuando los hebreos entraron a la Terra Prometida, comenzaron a poseer terrenos que ellos no habían comprado, ciudades que ellos no habían construido y casas que ellos no habían edificado. Josué (Yehoshúa) los introdujo en Canaán y les señaló los límites que cada una de las tribus deberían tener. Conquistaron a los pueblos que ahí estaban, y entonces los príncipes de cada una de las tribus distribuyeron la tierra por familias; así encontramos a los hebreos habitando ciudades y casas que ellos no conocían, que ellos no habían construido. Como ellos siempre habían vivido en tiendas en el desierto no sabían lo que era vivir en una casa propia, pero cuanto debió ser su entusiasmo cuando entraron a la tierra y Josué les dijo a los príncipes de cada tribu “distribuyan a las familias” y las familias tuvieron su propia casa, su propia vivienda. Los hebreos celebraron en sus mentes y corazones ese llegar a la Tierra Prometida, comenzaron a comer del producto de la tierra, del producto de los animales y empezaron una nueva vida aprovechando de ella los momentos de confort y esparcimiento que les brindaba.

En Canaán tenían la costumbre de usar los techos de las casas como terrazas. Esto era debido el clima tan cálido, y especialmente por el fresco de la tarde y de la noche que permitía un buen relax y un reparador descanso. Mucha parte de su vida la llevaban en el terrado. Era un gusto placentero de ellos. Era una costumbre confortable de ellos. Por ello, este mandamiento no les quita esa costumbre, sino que les concede esa práctica revelando que Yahvéh se complace en nuestras costumbres placenteras de recreación, esparcimiento y relajación.

Sin embargo, el Eterno ordenaba que se hiciera un barandal o pretil (hebreo: maaké) para el techo, para que las personas fueran protegidas de caer. Aquí hay un mandamiento que primordialmente habla a favor de la protección de la vida humana. De aquí se sacan muchas aplicaciones. No habla solamente de una casa, sino de tomar todo el tiempo medidas para proteger al ser humano en todos los aspectos. El Eterno tiene interés en la manera en que los seres humanos construyen sus casas. Quiere que su casa sea dedicada a Él, y quiere que esa casa sea un lugar seguro.

Como vemos este mitzvá (mandamiento) deja establecido lo importante que es para cualquier institución (desde la familia al estado mismo) priorizar las normas de higiene y seguridad: poner vallas y señales de tráfico en las carreteras, tapar los agujeros de los enchufes para que los niños no metan los dedos allí, etc. Fallar en construir de una manera segura traería culpa (responsabilidad) sobre el dueño o constructor de la casa. Eran responsables por la seguridad de aquellos que usarían el hogar.

Ahora bien, si bien en la aliyá (ascensión) de hoy se habla específicamente de construir una casa asegurándose de colocar seguridad en ella como cobertura, hay un significado más profundo para aquellos que nos gusta sumergirnos en las profundidades de los códigos de la Torah.

Cuando la Torah dice: “cuando edifiques casa nueva“ está enseñando aquí que ellos iban a tener nuevas oportunidades, nuevos deseos, nuevos comienzos en su nueva vida y deberían tener cuidado y precaución de aquellas nuevas oportunidades que llegarían ofreciéndoles mayor dicha y confort.

Los pretiles, se refería a unos parapetos, de hecho, la palabra maaké en el hebreo quiere decir “parapeto”, “pretil” o “barandal”. Es muy importante para la seguridad del alma humana la existencia de un muro (pretil) alrededor del terrado. Así como debía de haber barandales en los techos por el bien de la seguridad de los hogares de los israelitas de la misma forma, un hebreo, cada vez que se le presenta una oportunidad de mejor calidad de vida, debe asegurarse de colocar barandales espirituales para la protección del propósito eterno de Dios para él y su familia.

Cuando el Eterno refiere a las nuevas etapas o oportunidades de nuestra vida para progresar, debemos asegurarnos de que el dominio propio vaya activo en nuestra mente y corazón. Recorremos que terrado (terraza) simboliza a las costumbres de esparcimiento o relax que nosotros tenemos como familia. Entonces maaké (pretiles, barandas) simbolizan los límites que debemos poner a nuestra vida para no extralimitarnos en orgullo y desenfreno a causa de dichas costumbres. Nuestro Abba quiere que aceptemos que en las nuevas oportunidades que nos da la vida y en la celebración de nuestras costumbres debemos poner normas, límites, marcas claras para nosotros y nuestra familia. “Desde aquí para allá no puedes pasar, ni de allá te puedes meter para acá”.

Muchas personas, con referencia al pecado que despiertan la recreación, se acercan demasiado a la orilla y se caen. ¡Entonces es demasiado tarde! Necesitamos tener “barandales” protegiéndonos de la orilla. Tales barandales no solo nos protegerán a nosotros, sino a otros también.

Hoy en día, muchas iglesias cristianas evangélicas se dividen. Muchas denominaciones cristianas están viendo a sus muchachos irse al mundo, sus matrimonios destruirse por falta de pretiles. Por no atreverse sus líderes a establecer normas. Muchos padres de familia pretenden que sus hijos entren en razón por sí mismos. Quieren que sus muchachos alcancen una buena consciencia por sí mismos. Esperan que sus muchachos tengan criterio propio. Sin embargo, la Torah dice “…harás pretil a tu terrado”. Es decir, que son los constructores de la casa, es decir los padres (Salmo 127: 1) quienes deben poner los claros lineamientos que definan la ética o mentalidad familiar (techo/terraza). Con dichas normas de convivencias establecidas a la Luz de la Instrucción divina, dirán a sus hijos “de aquí para adelante no pasas, no te acerques ahí”. Porque si alguno se cae, Yahvéh te hará responsable, cargando la culpa de sangre sobre tu casa.

El Eterno dice: “harás pretil a tu terrado“. ¡No es un consejo, es una orden!

¿Cómo están los pretiles en tu casa? ¿Cómo están los pretiles en tu vida personal? ¿Cómo están los pretiles en sus diversiones? ¿Cómo están los pretiles en tu manera de vivir? ¿Nuestros hijos hacen lo que quieren? ¿Crecen cómo quieren o tienen pretiles muy claros? ¿Proteges a tus hijos de las cosas de este mundo? ¿Tus hijos salen sin tú saber a dónde van?

Estamos en el mes de Elul. Es un lapso que permite la apertura de nuevas oportunidades. Pero recuerda que es un requisito para poder disfrutar de esta energía, hacer una auditoria personal y familiar. Es fundamental practicar teshuvá a fin de que nuestro nuevo tiempo no tenga castigo divino.

¡Qué bueno que tienes un nuevo trabajo! ¡Qué maravilloso que tienes un nuevo negocio! ¡Qué alegría que tienes una nueva oportunidad en tu vida! Pero, recuerda el mandamiento, harás pretil a tu terrado. Si no pones baranda a tu terrado, el sistema reptiliano hará contigo lo que le dé la gana. “Echarás culpa de sangre sobre tu casa“.

Meditando en esto, los invito a rezar en unánimes esta oración:

Abba nuestro, santificado sea tu Nombre.

Queremos clamar a ti por la manifestación de tu misericordia en nuestra familia, nuestros jóvenes y niños.

Reconocemos que tenemos barandales que arreglar y por ello te pedimos sabiduría de lo alto para edificar con los pretiles de tu bendita Instrucción (Torah).

Toma control de nuestras familias, y danos la fortaleza para hacer lo que nos ordenas.

Te lo pedimos en Yeshúa HaMashiaj. Amén.