parashá Jayei Sara

Abraham, el extraño de Canaán.

Para lograr que reflexionemos en un tema profundo y mesiánico que encontramos en la porción de esta semana, necesito hacerte una pregunta: ¿Alguna vez te has sentido extraño, o como si no encajaras del todo en el entorno en que vives?… ¿Me has dicho que sí?,… entonces: ¡Bienvenido al Club de los peregrinos!… Sí, ¡estás en buena compañía! Digo esto, porque aquellos que pertenecemos al linaje de Avraham debemos saber y aceptar que él se describió a sí mismo como un forastero en una tierra extraña. ¡Vivió como nómada y forastero en una tierra que no le pertenecía!

Hemos estudiado como el Eterno le prometió a Avraham toda la tierra de Kenaán, pero al llegar a la parashá de esta semana (Jayei Sará) notamos que en realidad nuestro padre Avraham ni siquiera poseía suficiente tierra para enterrar a su esposa. Y es que Avraham a esas altura era un forastero en Kenaán sin ninguna propiedad propia. Él no contaba con una tumba familiar. Por eso, tuvo que comprar una propiedad a los lugareños.

Ante este problema, Avraham se acercó a los hititas que vivían en Hebrón y les dijo:

«Soy un forastero y un peregrino entre ustedes«.

Por eso, al estudiar el libro a los Hebreos, de los Escritos Mesiánicos, notamos que el autor parafraseó esa declaración sobre la estadía de Abraham en Canaán al comentar:

«Por la fe vivió como extranjero en la tierra prometida, como en tierra extranjera , habitando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque buscaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios
(Hebreos 11: 9-10)

«Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 1Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. 1Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.«
(Hebreos 11: 13-16)

El autor del libro de Hebreos infirió esta revelación de la declaración que nuestro padre Avraham hicera: “Soy un forastero y un peregrino entre vosotros” que él estaba buscando la Jerusalén mesiánica y el establecimiento del Malkut Elohim (Reino de los Cielos) en la Tierra. Él buscó “la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” y “un país mejor, es decir, celestial”. Si simplemente hubiera estado buscando una patria para llamar suya, podría haber regresado a Aram en Mesopotamia, donde su familia todavía tenía propiedades.

En verdad, Avraham tuvo todas las oportunidades para regresar a Aram, es más, notamos como más tarde (en esta misma parashá), envía a su sirviente Eliezer de regreso allí. Siendo ese el caso, ¿por qué Avraham y Sarah eligieron vivir como nómadas y extraños en un pedacito de tierra prometida que ellos mismos no iban a heredar? El autor de la epístola a los Hebreos dice:

Estos murieron en la fe, sin recibir las promesas, pero habiéndolas visto y acogido desde lejos, y habiendo confesado que eran extranjeros y desterrados en la tierra” (Hebreos 11: 13).

Nuestros padres en la fe vivieron como extranjeros y exiliados en la tierra de Kenaán, pero lo hicieron con tanta confianza en la herencia futura. Buscaron la tierra prometida de la era mesiánica. Anticiparon la trascendente, “ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo de Dios

En el Olam HaVá (Mundo venidero), la Jerusalén de arriba descenderá para unirse con la Jerusalén física de abajo. Entonces las aguas superiores se unirán con las aguas inferiores.

Aunque Avraham y Sarah solo pudieron vislumbrarlo como desde la distancia, e incluso entonces, solo a través de los ojos de la fe, ese vislumbre de la Era Mesiánica y la Nueva Jerusalén del mundo por venir hizo este mundo actual y todo lo que tenía para ofrecer. pálido en comparación. Avraham se identificó a sí mismo como ciudadano del futuro reino y ciudad. En cuanto a este mundo actual y todo lo que tenía para ofrecer, dijo: «Soy un extranjero y un peregrino entre ustedes«. Por tanto, el Eterno, no se avergonzó de ser llamado Dios de Avraham (Hb. 11: 16).

De esta declaración de Avraham avinu viene la imagen del pueblo de Dios como peregrino incluye también un componente para los últimos días. Por lo tanto, entendemos que el peregrinaje de la fe no es un viaje al azar; está orientado hacia un objetivo. Abram salió «porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor» (Heb. 11:10, NIV). Así mismo, el destino final de los peregrinos es el lugar por encima de cualquier otro lugar: la Ciudad de Dios.

Los peregrinos anticipan el momento en que se hallarán en el centro cósmico de adoración, para inclinarse en adoración y gratitud ante su Creador y Redentor. Esto se producirá al momento de la Segunda venida, cuando Yeshúa HaMashiaj cumplirá la promesa hecha a sus discípulos de llevarlos a la casa de su Padre (Juan 14: 1-3). Por ahora, los peregrinos avanzan hacia la ciudad celestial, ese país mejor (Heb. 11:16), poseyendo ese objetivo específico por fe en las promesas divinas. Respecto de otras travesías, se dice que «las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra» (vers. 13, NVI).

Desde todo esto, debemos aceptar que nosotros, los peregrinos nos aferramos a las promesas del Eterno con absoluta confianza en el viaje a la morada de Yah, en el centro del cosmos.

El Matrimonio es el Pozo de la Luz

Por P.A. David Nesher

Es muy importante que los varones y las mujeres acepten que muchas cosas que obstaculizan la felicidad de su matrimonio son las influencias negativas que se programaron neurolingüísticamente en sus almas durante los primeros siete años de su infancia.

En esta semana, las Sagradas Escrituras, nos revelaron como lo dogmático de la religión hace perder la esencia de la ingenuidad, la fuerza de la inteligencia emocional, y la sabiduría de la ingenuidad.Te invito a aprender acerca de esta perla de gran precio:

Ismael y Su Grito de Alabanza Final

Por P.A. David Nesher

 

«Aquí está la genealogía de Yishmael, el hijo de Avraham, a quien Hagar la Mitzrayimi había dado a luz a Avraham.
Estos son los nombres de los hijos de Yishmael, nombrados en el orden de su nacimiento.

El primogénito de Yishmael fue Nevayot; seguido de Kedar, Adbeel, Mivsam,Mishma, Dumah, Massa,
Hadad, Teima, Yetur, Nafish y Kedmah.
Estos son los hijos de Yishmael, y estos son sus nombres, conforme a sus asentamientos y sus campamentos, doce jefes de tribus. 
Esto es cuanto tiempo Yishmael vivió: 137 años. Entonces él espiró por última vez, murió y fue reunido a su pueblo.
Los hijos de Yishmael habitaron entre Havilah y Shur, cerca de Mitzrayim como cuando uno va hacia Ashur; él se asentó cerca de todos sus hermanos.»

(Génesis/Bereshit 25:12 – 18)

Pensar que Avraham avinu decidió darle una ayudita a Dios. Es una forma amable de mi parte de decir que él, aconsejado por su esposa Sarah, decidió adelantarse a Dios en cuanto al cumplimiento de Su promesa. Ellos determinaron darle esa ayuda a Dios haciendo que Avraham concibiera un hijo por medio de Hagar, la esclava egipcia de su esposa. El niño nacido de esa unión fue nombrado Yishmael, que significa «Dios lo escuchará» o mejor traducido: «el Poderoso escuchará«. Hemos aprendido que la voz de la aflicción de Hagar fue escuchada por el Eterno y precisamente por eso el niño recibió el nombre Yishmael (16:11). Luego el Eterno escuchó la voz del joven cuando estaba llorando al estar a punto de morir (21:17).

Entonces Yishmael es el hijo del apresuramiento de Avraham y Sarah en cumplir el propósito de Dios con recursos humanos. Sin embargo, al considerar este pasaje descubrimos que este varón no quedó en el olvido divino. Este relato, justamente tiene el propósito de demostrar el cumplimiento pleno de la promesa del Eterno a Avraham, en lo referente a su simiente, y también a Hagar, de convertir la descendencia de Yishmael en una nación. Recordemos lo que ya hemos estudiado. Cuando Hagar concibió, entendió esto como una elevación a su estatus y no estaba dispuesta a ser la sirviente de Saráh. Por esto fue que Sarah tuvo que reconfirmar su autoridad sobre Hagar tratándola con duro rigor (Guevurah). Por esto Hagar huyó. Entonces el Eterno mandó un ángel a persuadir a Hagar para que regrese. El ángel le dijo que tendría un hijo (Yishmael) quien sería un poder muy grande en el mundo. Describiendo su grandeza el mensajero celestial dijo:

«Será un hombre salvaje. Su mano estará contra todos, y la mano de todos estará contra él. Igual vivirá sin ser molestado entre sus hermanos»

(Génesis 16,12)

Yishmael fue bendecido por los Cielos de tal manera que doce príncipes, cada uno con una tribu, salieron de sus lomos. Esto confirma la promesa dada a Avraham y Hagar sobre su futuro:

“Y en cuanto a Ismael, te he oído; he aquí, yo lo bendeciré y lo haré fecundo y lo multiplicaré en gran manera. Engendrará a doce príncipes y haré de él una gran nación.”

(Génesis 17:20)

 “Y también del hijo de la sierva haré una nación, por ser tu descendiente.”

(Génesis 21:13)

“Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano; porque yo haré de él una gran nación.”

(Génesis 21:18)

Yishmael tomó a una esposa egipcia (Génesis 21:21) «Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto», y se convirtió en el padre de 12 tribus. Estas tribus se convertirían en el núcleo de los pueblos árabes, un pueblo con una mezcla de sangres semítica y egipcia. Otras tribus árabes rastrean su origen a los seis hijos de Avraham que le nacieron de su segunda esposa, Keturah (Génesis 25:1-4)

Vemos que tres veces el Eterno prometió que iba a hacer de Yishmael una gran nación, y en el texto que nos ocupa vemos que el Eterno es fiel para cumplir su promesa. Sus descendientes fueron doce patriarcas, número requerido en la antigüedad para que los clanes familiares pudieran comenzar la formación de una nación. Por todo esto, con el tiempo, la descendencia de Yishmael se convirtió en una nación identificable étnica, cultural y territorialmente.

En este pasaje vemos como se indica que los ismaelitas tenían una organización política bien definida. Algunos son de vida nómada y otros son seminómadas, es decir, que su territorio se organizaba en aldeas y campamentos.

Se especifica que territorio geográfico les fuera asignado: desde Hávila hasta Shur, es decir un territorio frente a Egipto y en dirección al camino a Asiria en la península de Sinaí. Esta asignación territorial está fuera de Canaán lo que aseguraba la ausencia de disputa territorial con Itzjak y sus descendientes. Se menciona también la muerte de Yishmael en los términos nuevos de ser reunido a su pueblo Los ismaelitas serán mencionados varias veces en la Torah, ya que mantuvieron una relación estrecha con los israelitas.

En nuestros días, podemos contemplar como el Eterno ha sido fiel a esas promesas. En la actualidad, hay 21 naciones árabes con una población combinada de 175 millones de personas. Los árabes ocupan un área total de 12,9 millones de km² (la totalidad de países de habla hispana del Hemisferio Occidental) de territorio rico en petróleo. En contraste, sólo hay un Estado Judío, llamado Israel, con una población de 4 millones de personas que están apretujadas en sólo 20.700 km² de espacio. Ésa es una proporción de población de 43 a 1 y una proporción de tierra de 662 a 1. Los árabes ciertamente han sido bendecidos pero por su ignorancia la cambian a maldición por desechar a Israel en el diseño celestial del Eterno.

La bendición sobre Yishmael no implica solamente la multiplicación de sus descendientes para que sean muchos y prósperos en el mundo, sino también una dimensión espiritual. Esa bendición está reservada de una manera especial para los últimos tiempos cuando el Islam sea quebrado.

Aceptemos un código importante. Yishmael era el hijo de Abraham. Pues bien, la cualidad más grande de Avraham fue la benevolencia.  Avraham fue alrededor del mundo enseñando que Yahvéh es infinitamente benevolente, misericordioso y la fuente de todas las bendiciones.  El Eterno no practica benevolencia como respuesta al comportamiento humano, hace el bien simplemente porque es bueno.  El mundo está basado en pura benevolencia (Salmos 83;3). Así mismo, Avraham enseñó que la esencia de este bien que el Eterno da sin razón alguna es el hecho de que Él nos da una oportunidad. Yahvéh le da al hombre la oportunidad de obtener el bien verdadero al perfeccionarse espiritualmente por medio de sus esfuerzos en aprender los secretos del Cielo y así llegar a elevarse hasta tal punto que se gana el derecho de estar conectado con el Creador.

Reflexionando en lo dicho en el párrafo anterior, entendemos que el mundo pudo haber sido fundado con pura benevolencia pero estaba planeado para acabar en pura justicia. Por eso también comprendemos que Yishamel internalizó solamente la primera mitad del mensaje de Avraham.  Estaba más que listo para recibir la infinita bondad de Dios, pero no estaba preparado para tomar el desafío que la acompaña.

Sin embargo, leemos en este pasaje la expresión: «Entonces él espiró por última vez». El intérprete  Rashí dice que la palabra hebrea que ha sido traducida como “expiró” es gueviah, que sólo es usada en referencia a hombres justos. ¡Así que Yishmael murió como un hombre justo (tzadik)! Esto tiene un alto grado profético de injerencia para los últimos días de esta era que vale la pena considerar.

Si lo recordamos bien, al inicio de este estudio he dicho que Yishmael significa «el Poderoso escuchará«. Interesante es decir que el Yishmael actual sabe gritar. Sus descendientes, los pueblos árabes, gritan mucho. Esto es porque el Eterno ha capacitado a esta etnia para gritar. He aquí pues que el nombre Yishmael encierra una profecía sobre su fin; él gritará y el Poderoso escuchará su grito. Veamos con más detalle esto:

Las Sagradas Escrituras anuncian que el Eterno derramará juicio sobre las naciones árabes en los tiempos del fin por su hostilidad hacia los judíos y por su intento de reclamar como propia la patria judía (por favor, antes de seguir leyendo considere, por ejemplo, Sal 83:4-12, Joel 3:19). Por ello es que primero, Yishmael dará un grito de ayuda, como aquella vez cuando estaba a punto de morir, porque muchos males vendrán sobre los países árabes en los últimos tiempos, como lo viera y anunciara el profeta Daniel:

“Y al tiempo del fin, el rey del sur (Egipto) se enfrentará con él, y el rey del norte (Siria) lo atacará con carros, jinetes y con numerosas naves; entrará en sus tierras, las invadirá y pasará. También entrará a la Tierra Hermosa, y muchos países caerán; mas éstos serán librados de su mano: Edom, Moab y lo más selecto de los hijos de Amón (la actual Jordania). Y extenderá su mano contra otros países, y la tierra de Egipto no escapará. Se apoderará de los tesoros ocultos de oro y plata y de todas las cosas preciosas de Egipto. Libios y etíopes seguirán sus pasos. Pero rumores del oriente y del norte lo turbarán, y saldrá con gran furor para destruir y aniquilar a muchos.”

(Daniel 11:40-44)

Los países árabes, y especialmente Egipto, tendrán muchos sufrimientos por las guerras que vendrán al tiempo del fin. Esto producirá un grito muy grande entre ellos. Pero el grito irá cambiando y se producirá un grito muy distinto en la boca de Yishmael. En lugar de gritar con odio contra su hermano Yitsjak y echarle la culpa por todo lo que le pasa a él mismo, o gritar por el sufrimiento de las guerras que está viviendo, empezará a clamar al Cielo (no al falso dios del islam) sino al Poderoso de Israel, Yahvéh es Su Nombre. 

Así, al igual que los judíos, un remanente de los árabes emergerá de su sufrimiento con sus corazones vueltos hacia el único y verdadero Dios:

«Así dijo YHVH contra todos mis malos vecinos, que tocan la heredad que hice poseer a mi pueblo Israel:

He aquí que yo los arrancaré de su tierra, y arrancaré de en medio de ellos a la casa de Judá. Y después que los haya arrancado, volveré y tendré misericordia de ellos, y los haré volver cada uno a su heredad y cada cual a su tierra. 

Y si cuidadosamente aprendieren los caminos de mi pueblo, para jurar en mi nombre, diciendo:

Vive YHVH, así como enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, ellos serán prosperados en medio de mi pueblo.  Más si no oyeren, arrancaré esa nación, sacándola de raíz y destruyéndola, dice el Señor.

(Jeremías 12:14-17)

Entonces Él, el Dios de Avraham, escuchará y responderá, tal como lo anunciara el profeta Isaías: 

“Y YHVH herirá a Egipto; herirá pero sanará; y ellos volverán a YHVH, y Él les responderá y los sanará”

(Isaías 19:22)

Así, después de haber recibido esa maravillosa sanidad del Elokim de los hebreos, los hijos de Yishmael elevarán otro tipo de grito, el cual ha sido descripto por el profeta Isaías de este modo:

Levanten la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar (el segundo hijos de Yishmael).

Canten de júbilo los habitantes de Sela, desde las cimas de los montes griten de alegría.

Den gloria a YHVH, y proclamen en las costas su alabanza.

(Isaías 42:11-12)

El oráculo es bien claro. El último grito de Yishmael será un grito de alabanza al Eterno, el Elokim de Israel, que no ha puesto su Nombre en Meca sino en Yerushalayim (Jerusalén). Y a Yerushalayim vendrán los hijos de Yishmael en un futuro no muy lejano a ofrecer sacrificios en el tercer templo, como también lo anunciara el profeta Isaías:

“Todos los rebaños de Cedar (el segundo hijos de Yishmael) serán reunidos para ti (Yerushalayim),

los carneros de Nebaiot (el primogénito de Yishmael) estarán a tu servicio;

subirán como ofrenda agradable sobre mi altar, y yo glorificaré la casa de mi gloria.”

(Isaías 60:7)

De esta manera se cumplirá el propósito del nombre Yishmael en sus descendientes. El Poderoso los escuchará y les hará un gran pueblo que traerá mucha bendición material y espiritual a toda la tierra.

En conclusión, todo ser humano debe aceptar que no existe ninguna parcialidad para con el Eterno (Romanos 2:11). Él escogió a Israel y sus miembros, no para ser un repositorio de Sus bendiciones, sino para ser un vehículo a través del cual Él bendeciría a todas las naciones del mundo, incluyendo a los árabes. Pero el requisito fundamental para recibir las bendiciones de Yahvéh (ya sea para los judíos y los árabes, así como para todas las personas), es aceptar el regalo de amor de Yahvéh en Yeshúa, Su Hijo, al recibirlo como Mesías y Dueño. Con este mensaje vibrando en su mente y corazón, el apóstol Pablo escribió al considera la gracia de Dios hacia sus hermanos judíos:

“!Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! !Cuán insondables son Sus juicios, e inescrutables Sus caminos!”

(Romanos 11:33)

Esto es también lo que hoy vibra en mi esencia al meditar en lo que este mensaje me ha implantado al considerar a los pueblos árabes.

¡Que ese día llegue pronto y en nuestros días!

¡Amén!

 

¿Con Quiénes se Reunió Avraham después de Morir?

Por P.A. David Nesher

«Avraham expiró, y murió en buena vejez, anciano y lleno de días, y fue reunido a su pueblo.»

(Bereshit/Génesis 25:8)

 

El relato escritural de la muerte y sepultura de Avraham avinu es breve y conciso. Sin embargo, este pasaje está lleno de detalles codificados que son normativos de la verdadera fe (emunah).

Leemos que Avraham vivió ciento setenta y cinco años (25:7). Este lapso de vida terrenal en realidad fue el cumplimiento de la promesa que le dio Yahvéh cuando le aseguró que iba a ser sepultado cuando ya fuese muy anciano (15:15). Isaac (en hebreo: Yitz’jak) tenía 75 años, y sus nietos Yaakov y Esav tenían 15 años. Así que él fue capaz de ver a sus nietos crecer. Esto muestra que el libro de Bereshit (Génesis) no se escribió en estricto orden cronológico. Es básicamente cronológico, pero no lo es estrictamente. Por esto debemos entender que al leer las historias notaremos que a veces, cuando una de ellas llega a su fin, vuelve y recoge una nueva línea de la historia, como es el caso de Yaakov y Esav que viene en breve.

De la vida de nuestro padre en la fe aprendemos que una cosa es vivir una larga vida, pero otra muy distinta es vivir una larga vida que también sea satisfactoria. La Torah nos dice que Abraham murió en buena vejez, luego de haber vivido muchos años, y fue a reunirse con sus antepasados (25:8). Literalmente la expresión «buena vejez» o «llenos de días» es un modismo que se usaba para indicar que se llevó una vida bien vivida. Da la idea de satisfecho, lleno de plenitud (shelemut). Esto significa que Avraham avinu vio todos los deseos de su corazón cumplidos. Las Sagradas Escrituras nos aseguran que Abraham logró este nivel de vida simplemente por transitar sus días confiado en la benevolencia ilimitada del Eterno. El modismo indica que en todos sus años, todos sus días, estuvieron dedicados a santificar el Nombre del Eterno. Todo fue aprovechado por Abraham avinu, no solo cada día sino cada instante, todo lleno de integridad, no le faltó ni una parte de un día que no estuviera dedicada al Creador. Por eso es que Avraham estaba viviendo por la fe cuando murió (Hebreos 11:13-16). Esta es la gran idea del Eterno al ofrecernos una vida que confíe plenamente en Él y Su Gracia misericordiosa.

Hasta aquí hay una cosa cierta y segura que podemos comentar. Más allá de una vida consagrada a la búsqueda de la benevolencia divina, y al deseo de conocer al Eterno, todo tzadik (justo) también debe enfrentar su hora de morir físicamente. La vida del ser humano , por más instrumento que sea en las manos y en el propósito de Yahvéh, tiene su límite. No es inmortal.

Ahora bien, al leer este versículo, nos surge un planteo. Si nuestro padre Avraham había salido de su tierra natal y ya no vivía en el lugar de sus parientes ¿cómo es posible que la Torah diga que fue reunido a su pueblo cuando murió?

Sabemos que antes de morir, Avraham había recibido de parte del Eterno la visión de la porción del Olam HaBá (Mundo Venidero) que le esperaba, por eso sabemos que falleció tranquilo y feliz (Hebreos 11: 8-10).

Por esto último, tenemos que aceptar que la expresión “reunido a su pueblo” no quiere enseñar que el alma humana posiblemente sigue existiendo después de la muerte en un lugar desconocido e inalcanzable para los vivos. Eso es un pensamiento griego que se meterá en el judaísmo por medio del rabinato farisaico esotérico del siglo II E.C. Por lo tanto, cuando leemos que nuestro padre fue “reunido a su pueblo” debemos aceptar que no se trata de que su alma se haya reunido al pueblo de los justos que habían muerto antes que él.

Entonces, para entender bien el mensaje que aquí encontramos, debemos saber que esta expresión es un hebraísmo que señala a la antigua manera de enterrar a los muertos, y la cosmovisión que tenían los orientales con respecto a su conexión ancestral.

En primer lugar, debemos saber que las tumbas antiguas tenían lugar para varios cuerpos porque normalmente eran tumbas familiares. Dentro de la tumba, que podía ser una cueva, se solía excavar aperturas en la pared suficientemente grandes para poder introducir allí los cuerpos muertos. En el centro de la tumba había un lugar en el suelo, con un nivel más bajo, llamado “el valle de los huesos secos”. Aquí era la zona mortuoria en donde finalmente se reunían los huesos de los cuerpos ya descompuestos (cf. Ez. 37:1).

En aquellos tiempos existía la costumbre de realizar dos entierros por cada difunto. En el primer entierro, ocurrido apenas fallecía la persona, se colocaba el cuerpo en la cavidad en la pared. Luego se esperaba hasta su descomposición y para entonces realizar la ceremonia del segundo entierro, la que normalmente acontecía un año después del primero. En este segundo entierro sacaban los huesos del cuerpo ya descompuesto y los juntaban apilándolos en el «valle de los huesos secos». En un cementerio del primer siglo de la Era Común, que se encuentra en el Monte de los Olivos, se puede ver que había una costumbre de meter el hueso más grande, el fémur, en una cajita de piedra con inscripciones que identificaban el muerto y que se guardaba como recuerdo. De este modo se simbolizaba que la fuerza del andar que realizó el difunto se sumaba a la energía que dejaron con sus conductas sus antepasados.

En los días del Segundo Templo aún se mantenía la costumbre de repartir la herencia en el segundo entierro cuando los familiares se reunían. Esta será la excusa que le presentará un varón a quien Yeshúa llamó para ser un seguidor de su yugo (cf. Mat. 8:21-22).

Así pues, lo primero que podemos aprender de esto es que la expresión “fue reunido a su pueblo” tiene que ver con la costumbre de reunir los huesos de los familiares muertos en la misma tumba. Recordemos que, al comienzo de esta parashah (sección Yajey Sarah) Avraham enterró a su esposa Sarah en una cueva que había comprado de los hijos de Jet. Justamente, Él será enterrado en la misma cueva por sus hijos Yitzjak e Yishmael (25:9) y de esa manera fue reunido a los huesos de Sarah que era parte de su pueblo. Luego sus hijos Yitsjak y Yaakov fueron enterrados en la misma cueva, junto con sus esposas Rivká y Leah. En total hay seis cuerpos de los patriarcas y sus esposas enterrados en esa cueva. Todavía se sabe dónde está la tumba, porque hasta hoy se ha mantenido la tradición del lugar.

Hay aquí un detalle no menor que se destaca y que no quiero que pasemos de largo. Las Sagradas Escrituras enseñan que el cuerpo muerto tiene que volver a la tierra de donde fue tomado (Gén. 3:19), lo cual significa que la cremación no es una opción para el que teme al Eterno. Por eso, ante un mundo que cada día practica más la cremación, te pido que sigas el ejemplo de tu padre Avraham y no aceptes dicha práctica idolátrica.

Ahora sí, y volviendo al hilo principal de este estudio, debemos entender que en segundo lugar, también tenemos que conocer que en la cosmovisión de los pueblos antiguos, el pasado ancestral era menos que un tren que se movía hacia ellos, y más como una aldea esparcida por un valle. Es decir que ellos se veían a sí mismo más bien enfrentando el pasado, más bien que al futuro. Esto quiere decir que cualquier contemporáneo de nuestros patriarcas vivía sopesando en su conciencia las acciones que había realizado sumándose a aquellas que sus ancestros había hecho. Por esto, la expresión fue reunido a su pueblo” expresaba la idea de ser enterrado en la tumba familiar, así como también reunirse a los rasgos genealógicos en la «aldea ancestral» que comprendía al pasado. Es decir que esta expresión era más una visión de la historia familiar que de la vida en el más allá en sí misma. 

Entonces, después de estas consideraciones, podemos agregar unas pautas más para concluir la idea de que todo ser humano debe enfrentarse con la muerte física. Y es que en este mundo físico se destaca siempre la labor de aquel ser humano que vivió en la justicia divina, disfrutando la benevolencia ilimitada de Yahvéh. Es decir, que la vida fructífera, llena de significado y logros en el propósito eterno de Dios, será la que verdaderamente perdurará en la memoria de las generaciones futuras, ya que ha reparado con su testimonio toda vaciedad que puedan haber producido las malas acciones de sus ancestros. De ahí que sea tan importante cortar con la iniquidad de nuestros padres.

Apreciado discípulo de Yeshúa, anhelo que Aquel que bendijo a Avraham, Yitzjak y Yaakov, hoy te bendiga para que puedas llenar tus días según Su propósito enterno en el Mesías, para que no te permita morir antes de tiempo. Amén.

El Poder de una Bendición Familiar

Por P.A. David Nesher

 

«Y bendijeron a Rebeca y le dijeron:
Que tú, hermana nuestra, te conviertas en millares de miríadas, y posean tus descendientes la puerta de los que los aborrecen.»

(Bereshit/Génesis 24:60)

 

Todos sabemos que bendecir significa desear y querer incondicionalmente la benevolencia ilimitada del Creador. En los códigos de las Sagradas Escrituras se revela que dar una bendición es el método en el que lo divino logra dar rápidamente «cien pasos» hacia los hombres. Es experimentar la fuerza de lo divino despertando a lo humano a dar todo su potencial generando la fuerza del impulso creativo que la fisicalidad aguarda y necesita. Entonces bendecir será el Eterno usando humanos para impartir su mensaje e imagen de identidad y destino al corazón de otro ser humano.

Por ello es que en este pasaje notamos como los familiares de Rivká, teniendo la conciencia del poder de bendecir, la despidieron con una berakah (bendición) poderosa. La misma rebalsaba  de palabras proféticas sobre sus descendientes y su conexión misional con el propósito eterno de Yahvéh. Justamente estas palabras, respaldadas por el Cielo, permitirían que los descendientes de Rivká llegaran a multiplicarse de tal manera que hoy en día todo el mundo postmoderno aún depende de ellos. En primer lugar se refiere al pueblo de Israel. Pero también es una referencia a todos los que de entre los gentiles adopten la fe de Avraham incorporándose al olivo de Israel.

Lo interesante de esta expresión de bendición soltada sobre Rivká es que dos mil años después, el descendiente principal de Avraham, Yitsjak, Yaakov. Aquel que siendo del linaje del rey David, era el destinatario de todas las promesas dadas a los padres, se levantó y proclamó:

“Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella.”

(Mat. 16:18 NVI)

Ahora bien, al volver a leer esta bendición, y considerando todo lo que los dogmas romanos han implantado como error en los seguidores del cristianismo, debemos saber que la misma no hace referencia a la Iglesia cristiana. Por el contrario, el Mesías la utiliza para confirmar lo que había sido profetizado sobre nuestra matriarca Rivká como perfecto tipo o sombra del diseño arquetípico denominado Israel. Yeshúa se está refiriendo aquí en forma específica a la congregación mesiánica conocida como la Jerusalén Celestial (muy bien revelada en esta parashah por medio de los códigos de la Cueva de Makpelah).

Cuando el Mesías pronuncia la expresión “las puertas del reino de la muerte”, lo hacía utilizando la siguiente frase en hebreo:

(שערי שאול)

shearei sheol 

Esto es un hebraísmo que habla del poder gubernamental de los gentiles inspirados en las pautas reptilianas de la Serpiente Antigua para opresionar las masas humanas.

A la misma vez, tenemos que saber que, en el Oriente Medio, las puertas de las ciudades antiguas eran los lugares donde se reunían los ancianos de la ciudad para juzgar y tomar las decisiones que regían la ciudad.

Entonces cuando se entrega el oráculo de que los descendientes de Rivká (que son el pueblo de Israel) poseerán las puertas de sus enemigos, equivale exactamente a lo mismo que lo que nuestro Maestro Yeshúa dice acerca de las puertas del Sheol. La expresión apunta al hecho de tener poder político y espiritual sobre aquellos que dominan los pueblos de la gentilidad. Esta es la misión del pueblo de Israel, y muy específicamente la misión de la congregación mesiánica (Sión, la Jerusalén Celestial).

Por ello, se infiere desde las palabras del Señor que la congregación mesiánica no será dominada por los gobiernos gentiles. Muy por el contrario, acorde a lo anunciado en los oráculos de los profetas, finalmente tomará total dominio sobre las ciudades de los gentiles.  Poseer las puertas del enemigo conlleva la la idea de conquistar lo que nos parece difícil, de imponernos sobre las dificultades, de vencer los obstáculos que se nos oponen. Poseer las puertas de nuestros enemigos es una promesa divina muy particular y peculiar. Esta promesa es para la simiente de Abraham. Tú y yo somos parte de la simiente de Abraham.

Finalmente, debo decir que los hijos de Betuel eran descendientes de Shem, el hijo de Noaj. Por lo tanto, ellos sabían muy bien lo que significaba dar una bendición. Entendían claramente que el poder de una bendición dirige el futuro de una persona y los designios de sus descendientes. Por eso los hermanos de Rivká querían enviarle esas palabras cargadas de poder para que tuvieran influencia sobre todo el mundo por toda la eternidad.

¿Quién entiende el poder que se esconde en una bendición?

Bendecir es sumamente positivo para ti, es realmente beneficioso. La bendición es tan poderosa que rompe con cualquier maldición. Así que siempre debemos bendecir incluso a los que nos maldigan, de esta manera la bendición viene sobre ti, te alcanza y te llena de abundancia.

Desde todo esto, el Eterno, nuestro Abba, nos está instando a usar nuestra boca para bendecir, no solamente Su Nombre cien veces al día, sino también a cada uno de aquellos seres humanos que nos rodean y conforman el mundo que Yahvéh nos entregó para rectificar por medio de la Avodah (el servicio) a Su Nombre. Si eres de los hijos primogénitos del Eterno, que están en el monte de Sión, debes asumir que tus palabras tienen poder para influenciar sobre el futuro de todos aquellos que conforman el concepto de prójimo, según la cosmovisión de Yeshúa HaMashiaj.

¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Yeshúa HaMashíaj que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en el Mesías!

Las Vidas de Sarah

Por P.A. David Nesher

«Fueron los días de Sará cien años y veinte años y siete años, los años de la vida de Sará. Sará murió en Kiriat-Arba- ahora Hebrón, en la tierra de Canaán, y Abraham vino a honrar a Sará y a llorarla.»

Génesis 23:1-2

En el momento de la muerte de Sarah, la familia evidentemente, se había vuelto de Bersheba a Jevrón. Ahora bien, ella es la única mujer cuya edad se menciona tanto en el Tanak (Antigua Alianza) como en el Brit Jadashah (Nueva Alianza). Esto indica que tiene un lugar especial en la historia bíblica y es un ejemplo a seguir (Isaías 51:1-2).

Sarah vivió ciento veintisiete años (23:1). Como la madre del hijo de la promesa, se convirtió en la madre de todos los creyentes (1Pedro 3:6). Esta expresión conlleva los códigos lumínicos de cómo se deben mantener las tres áreas de nuestro ser y sus funciones.

Nuestra madre Sarah vivió 127 años, período de vida que en la Torah está detallado curiosamente así: «100 año y 20 año y 7 años«. Esta división particular señala obviamente que detrás de ellos se esconde un mensaje importante para nosotros. El sabio intérprete Rashí, el comentador bíblico más importante, cita la explicación de los sabios: a la edad de 100 años seguía teniendo el alma tan pura como a los 20, y a los 20 Sarah era tan bella como una niña de 7.

Los invito a meditar en esta catequesis tan especial para traer sanidad a toda alma redimida en la Sangre de Yeshúa.


¿»Camellos Humildes» o Discípulos Adoradores?

Por P.A. David Nesher

Y en las afueras de la ciudad, hizo arrodillar los camellos junto a un pozo de agua, al tiempo del atardecer, al momento en que salen las aguadoras… Entonces el hombre se postró y adoró a Yahvéh.«

(Génesis/Bereshit 24:26)

Estudiando la parashá (porción) Vayerá, hemos visto que Eliezer, el siervo de mayor confianza de Abraham, se fue a Mesopotamia (a Aram Naharayim, a la ciudad de Nacor) para buscar esposa para Yitzjak (Isaac).

El relato nos dice que llevaba consigo diez camellos cargados de toda clase de bienes.

Necesito que entendamos que el damasceno Eliezer se había criado en el ambiente espiritual que había creado aquí en la Tierra, la emunáh (fe) de su amo. Es por eso que Abraham avinu tenía total confianza en él porque sabía que era completamente leal a la visión del llamado divino que sostenía su peregrinar.

Notamos que Eleazar como, buen siervo, no buscaba sus propios intereses cuando estaba sirviendo en su misión de shalíaj (emisario, apóstol). Lo único que le interesaba era cumplir la voluntad del que le había enviado y en este caso él sabía que no se trataba de una misión meramente humana. Su conciencia se movía en la certeza de que debía colaborar con un proyecto divino para la redención futura del mundo. Debido a esto, él entendía que era importantísimo que Yitzjak recibiera una esposa designada por el Cielo. Esta era la razón por la que el siervo no confiaba en sus propias capacidades de discernimiento, sino había aprendido de su amo a confiar absolutamente en el Eterno, y así actuar en fe.

El viaje habría tomado por lo menos 20 días, y había viajado más de 720 Km. Sus camellos habían recorrido un largo camino, probablemente no había tomado agua en varios días y estaban muy sedientos.

La caravana se detuvo junto a un pozo a las fuera de la ciudad, al atardecer cuando las mujeres salen a buscar agua. Él conocía que las mujeres pronto estarían saliendo, y este sería el mejor lugar para reunirse con ellas. Fue allí donde Eliezer confiaba que Yahvéh le daría una guía específica para cumplir con éxito su comisión.

El fiel servidor de Abraham avinu hizo arrodillar a los camellos junto a un pozo de agua (24:11). Este hecho de que Eliezer hizo arrodillar a los diez camellos no puede pasar rápidamente ante nuestros ojos, ya que es una alegoría de lo que Abraham había estado enseñando a sus seguidores.

En primer lugar, el camello tiene una simbología encontrada, ya que representa la tozudez y la altanería, en tanto y en cuanto vive salvajemente. Pero, una vez domesticado, se convierte en el símbolo de la humildad, y el servicio paciente. En este sentido, tiene un simbolismo metafísico y antropológico: el ser humano que se lanza, humilde y pacientemente, a la búsqueda de lo trascendente y que logra así superar los distintos obstáculos que se le presentan en su camino.

Es sabido que los camellos necesitan arrodillarse para poder descansar. El hecho de que la Torah mencione este detalle natural nos desafía a investigar la enseñanza alegórica de la Luz Infinita escondida aquí.

Pues bien, primeramente les diré que la expresión hebrea para arrodillar que aparece aquí es baraj (ברך) ). La palabra baraj también significa bendecir (24:1). Es la palabra que se usa cuando bendecimos al Eterno: “Baruj Yahvéh” (Bendito Yahveh). Baruj significa bendito. Lo curioso de esto es que baraj tiene relación con berej (ברך)  ) rodilla. Esto último nos conduce a una codificación muy interesante, ya que aquí se revela que la bendición está íntimamente relacionada con la rodilla.

Esta verdad la había aprendido Abraham y la había transmitido a todos los discípulos que vivían con él. El secreto profético aquí escondido es que el que sabe humillarse, doblando sus rodillas, está apto para hacer descender las bendiciones celestiales y convertirlas en recompensas materiales. ¡El que se humilla será ensalzado!

De la misma manera como Eliezer hizo que sus siervos, los camellos, se arrodillaran, así Abraham avinu había estado enseñando a sus discípulos a humillarse y arrodillarse ante el Eterno. Abraham era amigo del Eterno, y por eso él conocía lo que le agrada al Eterno, y lo que más desea entre los humanos (Miqueas 6:8).

Abraham sabía qué es lo que el Eterno busca: adoradores en Espíritu y en Verdad. Es lo que nuestro amado Yeshúa revelará a la mujer samaritana:

“Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren.”

(Juan 4:23)

Abraham había ganado muchas almas (12:5) y a todas ellas había enseñado a ser adoradores del Nombre del Eterno. El único deseo de su alma era satisfacer los deseos de su Señor y por eso se dedicaba a enseñar a su pueblo a ser adoradores que sabían inclinar sus corazones y doblar sus rodillas ante el Eterno.

Habiendo decodificado esta alegoría, podemos entender por qué cuando el siervo de Abraham había recibido una respuesta clara a su petición (de una mujer para Yitzjak de una hija de sus familiares), se inclinó en tierra y adoró al Eterno.

Hoy, desde estos detalles proféticos de la Luz Infinita, te animo a que seas un adorador del Eterno. Acostúmbrate a inclinar, no solamente tus rodillas, sino también tu corazón, ante el Eterno. De esa manera serás un hijo seguidor de Abraham que imita fielmente su fe, porque los que son de fe, esos son hijos de Avraham (Rom. 4:12; Gal. 3:7).

Que seas bendecido junto con tu padre Abraham en el Mesías Yeshúa, nuestro Dueño.

Llorar por los Muertos… ¿Correcto o Incorrecto?

Por P.A. David Nesher

 

«Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla.»

(Bereshit/Génesis 23: 1-2)

 

No ha terminado Abraham de pasar por una difícil tribulación (la atadura de Itzjak), y ya está en otra. Sara, su esposa fallece, a los 127 años. Resulta interesante decir que Sara es la única mujer de las Sagradas Escrituras (La Biblia) de quien se relata la edad que tenía al momento de su muerte. Esto indica que ella tiene un lugar especial en la historia de la Salvación, y por lo tanto, es un ejemplo que seguir (Isaías 51:1-2). Sara vivió ciento veintisiete años (23:1). Como la madre del hijo de la promesa, se convirtió en la madre de todos los creyentes (Gálatas 4: 31; Rom. 9:7; 1Pedro 3: 2-6), y los códigos lumínicos de su persona eran muy estudiados en las comunidades de talmidim de los primeros siglos.

Ella murió en Quiriat Arba, que significa “la ciudad de los cuatro”, y que con el tiempo llegó a ser conocida como Hebrón, que significa “amigo”, porque Abraham era amigo de Dios (14:13, 18:1). Ellos habían vivido allí muchos años antes. [Esta conexión entre Quiriat Arba y Hebrón se encuentra en otros lugares en la Biblia (Josué 14:15, 15:13 y 59, 20:7, 21:11; Jueces 1:10)].

Por alguna razón, Abraham no estaba presente en el momento de su muerte. Ella estaba en Hebrón, y él estaba en Bersheba (21:33-34; 22:19). Él podría haber ido a un viaje de negocios, o estaba supervisando su haciendo, pues es muy posible que a esta altura ellos tuvieron dos residencias. En cualquier caso, cuando Abraham se enteró de que ella había muerto, fue a llorar a Sara sobre el cuerpo sin vida de su compañera del alma (23:2b). Esta fue la muerte de su amiga y compañera de toda la vida. Esta es la mujer que lo acompañó en todo su peregrinaje de fe. La mujer que puso en peligro su integridad física y moral por salvaguardar a su esposo. Esta es la mujer que dejó a su parentela y tierra de comodidad porque comprendió y aceptó el llamado del Eterno al igual que su esposo. Por todo esto, y a pesar de los errores que su humanidad también cometió, Sara, por su fidelidad y fortaleza espiritual, figura en la lista de los grandes de la fe (Hebreos 11:11).

Por todo esto, Abraham amaba a Sara profundamente, y debe haberle dolido terriblemente no estar con ella cuando murió. Él es el primer hombre, registrado en la Torah, llorando que está de luto por la pérdida de su mujer.

En la expresión “… Y a llorarla…” aparece una letra en tamaño más pequeña, porque Abraham lloró poco. Abraham sabía que este mundo es temporal, y que pronto se reencontraría con Sara en el día de la resurrección de los muertos (Hechos 24:15), por tanto, no era una despedida definitiva y no cabía llorar con desgarro, sino de forma controlada.

Esta actitud concuerda bien con las palabras del apóstol Pablo:

Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Yeshúa murió y resucitó, así también Dios traerá con El a los que durmieron en Yeshúa. Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Mesías se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras.”

(1 Tesalonicenses 4:13-18)

Por ello, debemos aceptar que, aunque Abraham avinu era un hombre de fe, no sintió que sus lágrimas fueran una manifestación de incredulidad. Llorar por alguien amado, es mostrar que hemos estado cerca, que sentimos mucho la pérdida, que la muerte es un enemigo, y que el pecado ha traído este castigo triste sobre la raza humana.

Durante mis años ministeriales, al asistir a un velatorio, he oído a menudo cómo gente bien intencionada pero ignorante ha dicho a familiares o amigos dolientes: «¡Ahora no llores!» Ese no es un buen consejo, porque Yahvéh nos creó con la capacidad de llorar a fin de que el alma humana se libere de toda angustia que causa una pérdida; por eso Él espera que lo hagamos cada vez que sea necesario. Aun Yeshúa lloró ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn. 11:35). El dolerse es uno de los dones de Dios que ayudan a sanar corazones heridos cuando la muerte se ha llevado a seres amados.

Las lágrimas son un regalo del Eterno para poder vencer los efectos de la angustia. El rey y profeta David escribe:

Has juntado todas mis lágrimas en tu frasco; has registrado cada una de ellas en tu libro”.

(Salmos 56:8  – NTV)

Esto revela que las lágrimas de los escogidos son muy valiosas y significativas para Yahvéh, nuestro Abba. Para quienes conocemos al Señor, nuestras lágrimas de dolor se entremezclan con gratitud. Las lágrimas son el precio que pagamos por las alegrías que compartimos. Son naturales, saludables y necesarias. El apóstol Pablo enseñando a los discípulos tesalonicenses acerca del momento de la pérdida de seres queridos, no les dice que no lloren; sino que les aconseja que no se entristezcan sumidos en depresión «como los otros que no tienen esperanza» (1 Ts. 4:13-18). Las Escrituras en sus líneas recalcan que el dolor del creyente ante las pérdidas debe ser diferente del que no conoce la Instrucción (Torah) del Eterno.

Encuentro oportuno compartirles aquí lo que dice el libro deuterocanónico (apócrifo) Eclesiástico o Sirácida con el objetivo que puedan discernir cuál era la cosmovisión hebrea a la hora del duelo por un muerto:

“Hijo mío, derrama lágrimas por un muerto y entona la lamentación que expresará tu dolor. Luego, entierra su cuerpo como se debe, no descuides nada referente a su sepultura. Gime amargamente, golpéate el pecho, haz el velorio como conviene por uno o dos días para marcar la separación, luego consuélate de tu tristeza.

 

Porque la tristeza lleva a la muerte, y la pena interior consume las energías.

 

Que la tristeza se acabe con los funerales: no puedes vivir siempre afligido.

 

¡No abandones tu corazón a la tristeza, échala y piensa en tu propio fin! No lo olvides: es sin vuelta. Tú te perjudicarías y no le harías ningún bien. Acuérdate de mi sentencia que un día podrás repetir: ¡ayer fui yo, hoy serás tú!

 

Desde el momento en que el muerto reposa, haz que también repose su recuerdo; consuélate desde el momento en que haya expirado..”

(Eclesiástico 38: 16 -23)

Abraham lloró, y nosotros también debemos entender que tenemos que pasar por el proceso de duelo sin intentar suprimirlo.

En efecto, la muerte no es natural. Es normal que cause dolor, y Yahvéh, nuestro Abba, no considera que llorar la pérdida de un ser querido sea una falta de fe en la resurrección. Como hemos visto en nuestro padre Abrahán y en Yeshúa, las expresiones externas del dolor de corazón no indican una carencia espiritual.

Dice el texto que después de hacer esto Abraham: “se levantó” y lo hizo solo. Este acto nos muestra que el duelo y las lágrimas tiene su parte en los momentos de tragedia pero que no nos podemos quedar así. Abraham no se muestra: apabullado, vencido, devastado, desanimado, confundido, arrasado o trastornado, su vida no se acabó porque su esposa hubiera muerto.

Abraham enterró a su esposa y siguió adelante. Finalmente, se volvió a casar, tuvo más hijos y vivió otros 38 años.

Por eso, también debemos entender y aceptar que cuando la tragedia nos visita no podemos quedarnos en el duelo y el lamento. Es nuestro deber levantarnos y seguir adelante por el Reino del Eterno, por aquellos que nos aman y por nosotros mismos. Piense, la otra opción es la desesperación y eso no es conveniente para el cumplimiento del propósito eterno de Dios en nosotros.

Isaac: un Hijo «Prisionero» del Propósito Divino para forma un Matrimonio Celestial

 

Por P.A. David Nesher

 

 

Y Abrahám le dijo:
«Ten mucho cuidado de no llevar a mi hijo allá.  El Señor, el Dios de los cielos, me sacó de la casa de mi padre y de la tierra de mis parientes; él mismo me habló, y con juramento me dijo: “Esta tierra se la daré a tu descendencia”, así que él enviará a su ángel delante de ti, y de allá tomarás una mujer para mi hijo. Si la mujer no quiere venir contigo, quedarás libre del juramento que me has hecho. ¡Pero de ninguna manera lleves allá a mi hijo!»

(Génesis 24: 6- 8)

El dato curioso que Bereshit nos aporta es que Isaac, el hijo de la promesa, no dejó la tierra prometida ni una vez. Por ello, al leer estos versículos, todo investigador no puede evitar la correcta pregunta que brota de un corazón apasionado por los secretos celestiales:

¿Por qué Isaac (hebreo Yitzjak) no pudo ir a la tierra de donde había salido Abrahám?

Primeramente, y para que la respuesta surja clara del texto, será necesario hacer algunos comentarios que aclaren el contexto de esta historia.

Isaac acababa de cumplir 40 años. Este acontecimiento marcaba el inicio de un ciclo muy importante en la vida de un varón oriental. Había llegado el momento de formar una familia. Este era el tiempo ideal, de acuerdo al diseño divino, para buscarle una esposa.

Ahora bien, las Escrituras Sagradas revelan que el Eterno no quiso que se casara con una mujer de las hijas de Kenáan (Canaán), ni con una mujer de Egipto. Por ello Abrahám hizo jurar a su siervo más confiable, el damasceno Eliezer, por la señal del pacto de circuncisión, y lo envió a buscar una esposa para su hijo de la tierra donde estaban sus parientes, descendientes de Shem, hijo de Noaj. Cuando Eliezer preguntó si podía llevar allí a Isaac, en el caso de que la mujer no quisiera venir, Abrahám contestó rotundamente que no, y lo repitió dos veces.

¿Por qué Yitsjak (Isaac) no podía volver al lugar de donde había salido Abrahám?

Meditando profundamente en los sagrados escritos se nos revela que Yitsjak (Isaac) no podía salir de la tierra prometida. Justamente notamos que más adelante cuando él intenta bajar a Egipto, el Eterno mismo le prohíbe y le ordena quedarse en la tierra (26:2-3). Yitzjak fue el único de los tres patriarcas que no tenía permiso para salir al extranjero. Su vida estaba unida a la tierra de la promesa y allí tenía que permanecer hasta la resurrección. Isaac el hijo de la promesa, no dejó la tierra prometida ni una vez.

Este dato no es una simple curiosidad bíblica, sino que contiene un misterio mesiánico revelado por el Espíritu de Yahvéh, que nos conduce a hacernos las siguientes preguntas: ¿por qué Abrahám no quiso que su hijo se fuera a ver a sus primos y demás familiares? ¿Qué mal había en eso?

Abraham estaba diciendo en realidad a Eliazer: «Elohim me ha prometido que a través de mi semilla Yitzjak, va a traer una bendición para el mundo. Usted puede estar seguro de una cosa: El Señor tiene una esposa para Isaac apartada allí .» Lo notamos claramente: Abraham descansa o se fundamenta en lo que Yahvéh ya ha dicho. Así queda revelado que la fe es descansar en algo y siempre es razonable o prudente. Nunca es un salto al vacío. La fe no es un juego de azar; es una cosa segura. Y Abraham estaba seguro que la esposa de su hijo se encontraba escogida por el Señor entre su parentela.

Por otra parte, el relato da a entender que si Yitzjak hubiera ido él mimo, en busca de una novia, podría haber sido una tentación demasiado grande quedarse con ella en medio de su propio pueblo, en lugar de regresar a Canaán. En el diseño del Eterno que Abrahám había comprendido, estaba establecido que ella debía estar dispuesta a venir a él (24:6 y 8). Por lo tanto, Abraham envió a su siervo más antiguo en la misión.

Las Sagradas Escrituras nos revelan que la familia de la cual había salido Abrahám era de prácticas idólatras, especializados en las artes prohibidas de la astrología (Josué 24:15). Abrahám tomó la decisión de abandonar toda práctica idolátrica y vivir sólo para el Creador de Cielos y Tierra (Génesis 24:3). Él conocía muy bien la fuerza que los familiares podían ejercer sobre sus miembros y es muy posible que no quiso exponer a su hijo Yitzjak a las presiones emocionales que son producto de los lazos familiares, porque correría el riesgo de que adoptara sus costumbres paganas, lo cual contaminaría su alma y dañaría el plan de redención divina para el mundo. Yitzjak era el hijo de la promesa y había que guardarlo de toda contaminación maligna. El propósito eterno de Dios se encontraba plenamente activo y maduro en Isaac. Sus 40 años recién cumplidos así lo anunciaban. Él no podía volver a las sendas de iniquidad ancestral y así abortar la misión que traía en lo más profundo de su alma.

Abraham estableció claramente que la esposa para su hijo debía ser de su mismo linaje familiar (no una cananea), pero, por sobre todas las cosas, debía ser una mujer que estuviera dispuesta a suscribirse al testimonio de la alianza mesiánica que Abrahám y su casa había creído.

El ejemplo de Abrahám conduce al alma de todo padre redimido a un llamado a teshuvah (arrepentimiento que permite retornar al propósito). Esta actitud de nuestro padre en la fe nos enseña y exhorta a cuidarnos mucho de enviar a nuestros hijos a un sistema de cosas que hemos dejado a fin de que no sean contaminados por las costumbres de allí. Cuando dejamos atrás contextos culturales y relaciones con los que practican las costumbres mundanas, es sumamente importante que no dejemos que nuestros hijos vuelvan allí y se enreden en la madeja de iniquidades que nosotros hemos abandonados en al nacer de nuevo en el Mesías. De ceder como padres en esto, todo el proceso de restauración y redención que estamos viviendo sería frenado y abortado en la siguiente generación. Y nuestra conciencia nos juzgaría preguntándonos: ¿para qué entonces nos sacó el Eterno de allí?

Apreciados padres que leen esta bitácora y ya están en la fe de Abrahám, si alguno de ustedes tiene un joven o una joven en su casa que está en edad de casarse, debe orar para que él o ella no haga alianza de amor con alguien que posea «espíritu cananeo» (materialista y hedonista). Un verdadero padre de mentalidad hebrea establece de antemano, por medio de su intercesión de fe, el tipo de matrimonio que desea para sus hijos.

Los padres de la fe yavhista como la de Abrahám enseñan a sus hijos que el matrimonio que cada uno de ellos forme es un diseño divino que se hará parte de la totalidad de su vida, por lo tanto, es una relación permanente y no algo temporal. Por esto, es necesario que cada hijo entienda que la pareja que encuentre debe estar de acuerdo con lo que desean lograr espiritualmente en sus vidas.

No olviden queridos padres que aún estamos en la Tierra, bajo el dominio del sistema reptiliano, y siempre existe el peligro de que uno de nuestros jóvenes se case con uno de los hijos de Babilonia. Si lo hacen, como alguien ha dicho, «tendrán al diablo por su suegro«, y siempre habrá problemas con él.

En este momento elevo una plegaria de intercesión a fin de que el Eterno nos dé gracia para encaminar a nuestros hijos correctamente para que puedan continuar la línea de bendición y redención que hemos recibido por nuestro padre Abrahám y nuestro Señor Yeshúa el Mesías.

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