Toralogía

¿Conoces el Poder Oculto de la Palabra?

Parashot Behar – Bejukotai

Por P.A. David Nesher

La Sabiduría Milenaria de la Torah para aplicar en la Empatía Moderna

Comenzaré esta bitácora solicitando que imagines por un momento que cada palabra que pronuncias, escribes en un mensaje de texto o publicas en redes sociales es un bloque de construcción o una bola de demolición. Si lograste hacer este ejercicio de imaginación, quiero que sepas que esta es la premisa central de «Onaat Devarim», un concepto de la sabiduría yahvista que se traduce como la «opresión verbal» o el acto de herir con las palabras.

Este tema me ha parecido muy oportuno para tratarlos con cada uno de ustedes, ya que viviendo en una época de comunicación instantánea, donde un comentario puede dar la vuelta al mundo en segundos, dominar el arte de lo que decimos es nuestra mayor responsabilidad para con Dios y para con nuestro prójimo.

1. La paradoja de la lengua: El mejor y el peor de los instrumentos

Cuenta una antigua historia (registrada en el Midrash) que el sabio Raban Gamliel le pidió a su sirviente que fuera al mercado a comprar «lo mejor que hubiera«. El sirviente regresó con una lengua. Intrigado, el sabio le pidió luego que comprara «lo peor que hubiera«. El sirviente regresó, de nuevo, con una lengua.

Su explicación fue magistral: «Cuando la lengua es buena, no hay nada mejor; cuando es mala, no hay nada peor». Hoy en día, las palabras pueden elevar a alguien que sufre de depresión o hundir a alguien a través del ciberacoso. El poder de la vida y la muerte, emocionalmente hablando, reside en nuestro lenguaje.

2. El daño emocional vs. el daño material

En el Talmud (Baba Metzia) se hace una distinción fascinante y muy actual. Allí se enseña que el daño verbal (Onaat Devarim) es mucho más grave que el fraude financiero. ¿Por qué?

  • La restitución: Si le cobras de más a alguien, puedes devolverle el dinero con una transferencia. Pero si humillas a alguien, el daño psicológico no se puede «deshacer» ni borrar.
  • La víctima: El robo afecta tu cuenta bancaria; las palabras crueles atacan tu esencia, tu autoestima y tu identidad.
  • La excusa de la intención: Cuando herimos a alguien, solemos justificarnos diciendo «no era mi intención» o «era una broma». Sin embargo, los textos nos recuerdan un principio fundamental: Dios conoce tus verdaderas intenciones. No podemos esconder nuestra crueldad detrás de excusas.
3. La Trampa de la Empatía: «A mí no me molestaría»

Un error gravísimo en nuestras relaciones (pareja, amigos, compañeros de trabajo) es medir la sensibilidad ajena con nuestra propia regla. Pensar «si me lo dijeran a mí, yo no me ofendería« es una falta de empatía.

Hoy sabemos y entendemos muy bien que cada ser humano tiene un «ancho de banda» emocional distinto. Lo que para ti es un comentario inofensivo, para otro puede ser una herida profunda. Por ello, cuidar nuestras palabras implica entender y respetar el nivel de sensibilidad de quien nos escucha, sin juzgarlo.

4. El timón, la chispa y el espejo del alma: ecos en la Sabiduría de Santiago y Yeshúa

Para enriquecer aún más esta reflexión, es fascinante que notemos cómo esta ética del cuidado verbal encuentra un eco profundo y una pedagogía sumamente visual en los textos mesiánicos del primer siglo, específicamente en las enseñanzas de Yeshúa y en la epístola de Santiago.

Por un lado, Santiago (capítulo 3) utiliza metáforas magistrales para ilustrar la desproporción entre el tamaño de nuestra lengua y su impacto: la compara con el pequeño freno en la boca de un caballo que domina todo su cuerpo, con el diminuto timón que dirige un enorme barco en medio de la tormenta, y con una minúscula chispa capaz de incendiar un bosque entero. ¡Qué imagen tan pedagógica para nuestra era digital! Un simple «retuit», un rumor en nuestro lugar de trabajo o un comentario impulsivo es esa chispa que puede incendiar la reputación y la paz de una persona. La lección aquí es la consciencia del impacto: subestimar lo que decimos es como jugar con fuego en un bosque seco.

Por otro lado, Yeshúa lleva esta reflexión de lo externo a lo interno, a la raíz anatómica del problema. Su famosa máxima: «De la abundancia del corazón habla la boca« (Mateo 12:34) nos da la clave definitiva. Las palabras que usamos no son accidentes; son el termómetro de nuestra salud interior. Si nuestras palabras hieren constantemente, la pedagogía de Yeshúa nos enseña que el problema no está solo en la técnica de comunicación, sino en un corazón que necesita ser vaciado de su orgullo, resentimiento o frustración. Para él, dominar la palabra no es un simple ejercicio de etiqueta social, sino el resultado de una profunda transformación interior.

5. Áreas de máximo cuidado en la vida moderna

Considerando lo que hasta aquí hemos reflexionado, me gustaría que tengamos en cuenta estas cinco áreas que requieren nuestro máximo cuidado en nuestra cotidianeidad:

  • El tono de voz y el mensaje: Como advirtió el sabio Rambán a su hijo: «acostúmbrate a hablar siempre con calma«. Levantar la voz (o escribir en MAYÚSCULAS en un chat) es una forma de agresión. Muchas veces, no es lo que decimos, sino cómo lo decimos lo que destruye el puente de la comunicación.
  • La pareja y el hogar: En la intimidad, conocemos las vulnerabilidades del otro. Usar ese conocimiento en una discusión para herir es devastador. Debemos ser guardianes de los sentimientos de nuestra pareja, nunca sus verdugos.
  • La crianza consciente: A los niños hay que corregirlos, sí, pero el «Sefer Hajinuj» o «Libro de la Educación» (obra anónima del siglo XIII escrita en España que detalla y explica los 613 mandamientos (mitzvot) de la Torah) advierte que debemos tener un cuidado extremo de no angustiarlos innecesariamente. Un niño merece el mismo respeto que un adulto. De esto se deduce que avergonzar a un hijo frente a sus hermanos no es disciplina, es opresión verbal.
  • El humor tóxico: ¿Cuántas veces compartimos un meme burlón o un video gracioso donde alguien está sufriendo una humillación? Disfrutar del dolor o la vergüenza ajena es cruzar una línea roja. El buen humor nunca debe usar el sufrimiento ajeno como combustible.
  • El pasado de las personas: Recordarle a alguien sus errores pasados cuando está intentando cambiar, o exponer su ignorancia rebotándole una pregunta que sabemos que no puede responder, son formas sutiles pero crueles de acoso intelectual y emocional.
6. El escudo interior: El «Arte de No Reaccionar«

Ahora bien, la pregunta que surge a esta altura es: ¿qué pasa cuando nosotros somos las víctimas del Onaat Devarim? Leí una anécdota acerca del Rabino Yerujam Leibovitz que llamó la atención de sus discípulos porque irradiaba felicidad un día. Cuando le preguntaron por qué, respondió: «Hoy alguien me insultó y logré no responderle. ¡Estoy feliz.

En el mundo postmoderno, a esto le llamamos soberanía emocional (o el famoso Don’t feed the troll’ de internet). Si alguien te insulta, está intentando robarte tu paz interna. Cuando no reaccionas, el insulto se queda con quien lo emitió y tú conservas tu tranquilidad. Eres dueño de tus emociones.

Conclusión: eligiendo «La Parte Suave»

El sabio Rabí Yehuda Hanasi ofreció una vez un banquete donde sirvió diferentes cortes de lengua. Observó cómo todos los invitados buscaban instintivamente los pedazos más suaves y dejaban los duros.

Esta es la lección final y la tarea que te propongo aplicar desde hoy: en la vida, procura siempre encontrar las palabras suaves. Ya sea aplicando la sabiduría de la Torah, apagando las chispas destructivas que menciona Santiago en su carta, o sanando nuestro corazón tal como lo enseñó Yeshúa. Incluso cuando tengas que decir una verdad difícil, dar un feedback negativo en el trabajo o corregir a un hijo, siempre existe una forma dura y una forma suave de decirlo.

¡Sé el maestro de tus palabras; úsalas para construir, sanar y motivar!

Con amor en Él y siempre a tu servicio: David Nesher


La Arquitectura de la Equidad: Límites Morales al Poder del Empleador

La Ontología del Jornal: Deuda, Tiempo y Sacralidad en la Exégesis de la Torah

(Ética de la Inmediatez y la Justicia en Levítico 19:13)

Por P.A. David Nesher

«No oprimirás a tu prójimo ni le robarás. No retendrás el salario del jornalero en tu poder hasta la mañana»

Levítico 19:13

Este precepto de Levítico trasciende la mera regulación laboral para instalarse en el núcleo de una ética de la alteridad. La Torah no solo legisla sobre transacciones económicas; define la arquitectura misma de la dignidad humana y la responsabilidad ante la precariedad del «Otro».

I. La Dialéctica de la Violencia: Del Engaño a la Opresión

La exégesis tradicional, desglosa este versículo en una gradación de la transgresión. Mientras que la prohibición de «timar» o defraudar alude al engaño subrepticio y oculto, el «robo» se manifiesta como la apropiación violenta y explícita. Sin embargo, la Torah introduce una tercera categoría más sutil y devastadora: la retención del salario.

Desde una perspectiva contemporánea y reflexiva, esta retención no es una simple demora administrativa; es una forma de violencia sistémica. Al no pagar a tiempo, el empleador no solo retiene capital, sino que secuestra la autonomía existencial del trabajador. La Torah eleva la negligencia patronal al estatus de hurto, desafiando la desconexión moral de nuestras estructuras socioeconómicas actuales, donde el retraso en el pago suele ser normalizado como una «optimización de flujo de caja».

II. El Salario como «Entrega del Alma»: Una Lectura Talmúdica

La expansión de esta ley en Deuteronomio 24:14-15 revela la urgencia del mandato: «…antes de que se ponga el sol, ya que pobre es, y a esta paga él eleva su alma». Aquí, la Torá define el trabajo desde una antropología profunda. El obrero no solo alquila su fuerza productiva; arriesga su propia integridad vital en el proceso.

Como relata el Talmud a través de la figura del exégeta Rabbí Hamnuná Sabá, el pago del jornal es un acto de restitución espiritual. Al entregar el salario, el maestro decía: «Toma tu vida, la que has depositado en mis manos«. Bajo este pragmatismo reflexivo, entendemos que el salario no es una recompensa externa, sino la devolución de la energía vital —el alma— que el trabajador ha invertido en la tarea. Retener el pago es, literalmente, retener la vida ajena.

III. La Temporalidad de la Misericordia: Rashí y la Pragmatismo de la Ley

La distinción que hace Rashí entre los textos de Levítico y Deuteronomio subraya la sofisticación técnica de la ley yahvista. Al diferenciar entre el asalariado diurno (cuyo plazo de pago es el amanecer) y el nocturno (cuyo plazo es la puesta del sol), la Torah establece un equilibrio de responsabilidades:

  1. Protección del Vulnerable: El trabajador debe recibir su sustento en el momento de mayor necesidad.
  2. Viabilidad del Empleador: Se otorga un plazo finito para que la obligación sea ejecutable, evitando la imposibilidad fáctica.

Esta estructura legal está imbuida de la imitatio Dei (imitación de la misericordia divina). La justicia en la Torah no es una abstracción jurídica, sino una práctica cotidiana que debe aplicarse sin distinción de origen, protegiendo tanto al nativo como al extranjero residente.

IV. Conclusión: El Clamor de la Justicia

Para concluir, me parece muy importante agregar aquí el cierre de Deuteronomio 24:15 que es una advertencia metafísica: «…para que no clame contra ti al Eterno, y sea en ti pecado». En la mirada posmoderna, este «clamor» representa la ruptura del contrato social y ético. Cuando la estructura de poder ignora la urgencia del necesitado, el pecado no es solo una falta ritual, sino una herida en el tejido de la realidad compartida. La ética del salario es, en última instancia, la validación del otro como un ser sagrado cuya vida no debe ser retenida, ni siquiera por una noche.

Este mandato ético de la Torah adquiere una resonancia urgente e ineludible al ser contextualizado en la realidad socioeconómica de Latinoamérica. En una región históricamente marcada por profundas asimetrías de poder, altos índices de informalidad laboral y estructuras heredadas de explotación, la retención o precarización del salario no es una excepción, sino una patología sistémica. La figura del jornalero de Levítico y Deuteronomio se encarna hoy en millones de trabajadores —muchos de ellos indígenas, afrodescendientes, migrantes o campesinos— cuya «alma» sigue quedando depositada en manos de empleadores que, a menudo amparados por la impunidad o la desconexión moral, postergan la justicia distributiva. Invocar hoy la «misericordia» y el «clamor» bíblicos en nuestro continente no es un simple ejercicio de piedad, sino un llamado radical a la deconstrucción de estas estructuras.

La «imitación de la misericordia de Dios» en Latinoamérica debe traducirse en políticas públicas concretas y en una conciencia empresarial que reconozca que la inmediatez del salario no es un favor, sino la restitución de la dignidad y la vida de un Otro que sigue clamando por justicia desde las periferias de nuestra historia.

En amor y servicio: David Nesher

La Transformación del Deseo: Un Estudio sobre el Fuego Perpetuo y el Altar del Corazón

Sabiduría oculta de la Parashá Tzav

Por P.A. David Nesher

Amados buscadores de la verdad, hoy quiero invitarles a adentrarnos en uno de los misterios más profundos de nuestro desarrollo espiritual. Muchas veces vivimos creyendo que nuestro mayor desafío es cambiar el mundo exterior, cuando en realidad, la verdadera batalla y la más hermosa transformación debe ocurrir en nuestros pensamientos y deseos. Hoy les enseñaré cómo podemos construir un nuevo recipiente espiritual y mantener viva esa llama interior que nos conecta con el Creador, guiados por la infinita luz de la Sabiduría de la Torá.

  1. La Carencia del Recipiente y la Urgencia del Despertar.

Comencemos analizando la instrucción divina que inaugura este proceso interno. La Escritura de Vayikrá en la parashá Tzav nos dice:

«Ordena a Aarón y a sus hijos diciendo: Esta es la ley del holocausto«.

(Vayikrá | Levítico 6: 8-9)

En este momento necesito que presten especial atención a la palabra «ordena» (Tzav). Los grandes sabios enseñan que esta palabra no aparece por casualidad en el texto; más bien denota urgencia. Conlleva un llamado a apresurarnos rápidamente, especialmente allí donde yo señalo con la metáfora «los bolsillos están vacíos«.

Pero, ¿qué significa tener los bolsillos vacíos en nuestro trabajo espiritual? No me refiero a una carencia económica. Llevándolo a la Sabiduría de la Torah, la metáfora del «bolsillo» representa nuestro recipiente, nuestro anhelo. Por naturaleza, todos ustedes y yo nacemos con un deseo profundo de recibir solo para nuestro propio beneficio. Sin embargo, la Luz del Creador es puro otorgamiento, puro amor. Si intentamos recibir Su inmensa abundancia con nuestras «gafas egoístas», percibiremos esa luz de forma distorsionada, experimentando este mundo como un lugar lleno de oscuridad, injusticia y sufrimiento.

No sufrimos por falta de abundancia, sufrimos por la carencia del recipiente adecuado. Por ello, la Escritura nos apremia. No podemos procrastinar ni decir «mañana me acercaré al Creador», porque si no clamamos por Su ayuda hoy, perderemos el objetivo. Debemos enfocar nuestras plegarias no en pedir más abundancia material, sino en clamar para que se nos otorgue un nuevo deseo, un anhelo ardiente de otorgar y amar.

  1. El Verdadero Sacrificio y el Pacto de Sal.

Para acercarnos a la cualidad del Creador, debemos realizar un sacrificio. Pero quiero que comprendan esto desde la interioridad: no estamos hablando de ofrendar animales físicos. El verdadero sacrificio consiste en acercarnos a nuestros propios deseos —nuestros 613 deseos (613 mitzvot)— y transformar su intención.

Cada vez que ustedes deciden no actuar para su beneficio propio, están «cortando» o sacrificando la intención egoísta de ese deseo. Y es precisamente en ese lugar, vaciado de egoísmo, donde la Luz del Creador puede finalmente revelarse.

Ahora bien, ustedes podrían preguntarse: «¿Cómo garantizo que no volveré a caer en mi naturaleza egoísta cinco minutos después?«. Aquí es donde interviene un elemento sagrado: la sal. La instrucción divina nos manda salar las ofrendas. Esta «sal» representa la fuerza misma del Creador, la Luz superior que conserva nuestra acción y sella nuestro compromiso para que la corrección de nuestro deseo sea eterna y duradera. Como no podemos transformar nuestra naturaleza por nosotros mismos, es vital que nos sumerjamos en el estudio de la Sabiduría de la Torah. Esta sabiduría es la herramienta que atrae esa Luz capaz de corregirnos y brindarnos las vasijas del otorgamiento.

  1. El Sacrificio de Elevación: Consumiendo al Acusador.

A medida que ustedes comiencen a transitar este camino de verdad y amor al prójimo, se encontrarán con una gran resistencia interna. A esto hace referencia el siguiente pasaje:

«Esta es la ley del sacrificio de elevación. El sacrificio de elevación permanecerá sobre el altar toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar arderá en él«.

El sacrificio de elevación (Korbán Olá) no es otra cosa que el enfrentamiento contra un pensamiento malo, un «acusador» que surge en la mente para desviarlos del camino. Cuando ustedes deciden crecer y entregarse al Creador, de pronto verán cuán inmersos están en el amor propio y caerán en la desesperación. Escucharán voces internas disfrazadas de falsa humildad susurrándoles: «No eres digno», «Esto es demasiado para ti», «El Creador no ayuda a personas como tú».

¡Les insto a que no escuchen esas voces! Si se detienen a dialogar con estos pensamientos limitantes, su avance se detendrá. La instrucción divina es clara: deben quemar ese pensamiento en el altar por completo, sin dejarle rastro. No le den espacio ni tiempo. Expónganlo a la Luz abrasadora de la Palabra de Dios, pues está escrito: «¿No es mi palabra como fuego…?«. Comprendan que el Creador permite que estos obstáculos aparezcan no para alejarlos, sino para generar en ustedes un anhelo aún más fuerte, para impulsarlos a ir hasta el final con toda su fuerza.

  1. El Fuego Perpetuo: Despertando al Sacerdote Interior.

Para lograr vencer estas batallas cada día, necesitamos mantener viva nuestra llama espiritual. La ordenanza divina es contundente:

«Y el fuego sobre el altar arderá en él, no se apagará; y el sacerdote encenderá sobre él leña cada mañana… fuego perpetuo arderá sobre el altar, no se apagará«.

(Vayikrá | Levítico 6: 12)

Este no es un fuego poético; es una poderosa ley espiritual. Nuestro corazón es el altar, el espacio donde construimos la morada para la revelación divina. El fuego perpetuo es ese anhelo ardiente y constante por el otorgamiento y el amor. Pero este fuego no se mantiene solo. Así como el sacerdote físico debía añadir leña cada mañana, cada uno de ustedes tienen un «sacerdote interno» cuya labor ineludible es despertar cada día y renovar este entusiasmo.

El amor, si no se renueva, se apaga. Ustedes deben cuidar celosamente este «punto en el corazón», asegurándose de que sus deseos materiales y pasajeros —que es natural llenar— no interfieran ni asfixien esta sagrada llama interior. Cuando este entusiasmo ardiente está vivo, «muchas aguas no podrán apagarlo», y tiene la fuerza para consumir cualquier pensamiento extraño que intente enfriar su devoción.

  • La Fuerza del Colectivo y la Morada del Creador.

Finalmente, debo revelarles el secreto más grande para que este fuego no se extinga jamás. Vivimos en una cultura individualista que nos miente, haciéndonos creer que podemos alcanzar la plenitud en soledad. Esto es imposible. La Escritura nos recuerda: «El amor cubrirá todas las transgresiones».

Originalmente, toda la humanidad era una sola alma que se fragmentó. Hoy, cada uno de ustedes posee una chispa de esa gran estructura espiritual. Si intentan encender su alma aislados, fracasarán. Para tener la fuerza real de mantener el fuego, ustedes deben incluirse dentro del colectivo, en el conjunto de Israel —aquellos que desean ir directo al Creador—.

Es por ello que clamamos al rezar la Shemá: «Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno» y luego se nos manda «Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma…» (Devarim | Deuteronomio 6: 4-5). Ese amor inquebrantable siempre está presente dentro del conjunto. Al unirse genuinamente, al elevarse mutuamente y buscar beneficiar a los demás, ustedes encienden esa chispa oculta. De este modo, restauramos el alma general y creamos la Shejiná, la morada perfecta donde la inmensa Luz del Creador puede habitar y revelarse plenamente entre nosotros.

Hermanos, les exhorto hoy a apresurarse. Salgan de la mentira del beneficio propio y abracen la verdad del amor al prójimo. Renueven su intención cada mañana, quemen sus miedos en el fuego de la Torá y únanse en un solo corazón. Al hacerlo, verán cómo nuestra chispa interior se transforma en una luz resplandeciente, capaz de transformar por completo nuestra vida y el mundo entero. Que así sea.

En amor y a vuestro servicio: David Nesher

El Poder Oculto de Nuestra Vestimenta: un Reflejo del Templo Interior

Por P.A. David Nesher

A lo largo de mi vida y mi estudio sobre el desarrollo personal y la espiritualidad, he dedicado mucho tiempo a reflexionar sobre un aspecto cotidiano al que a menudo le restamos importancia: nuestra forma de vestir. Al analizar profundamente la porción de Tetzavé, me he dado cuenta de que la elaboración de vestimentas sagradas encierra un mensaje transformador. He llegado a la conclusión de que la ropa trasciende la simple necesidad física de cubrir nuestra desnudez, darnos elegancia o etiquetarnos socialmente según nuestra profesión. En realidad, nuestra vestimenta tiene el profundo poder de moldear nuestra identidad y reflejar la santidad que llevamos dentro. Por todo esto, quiero compartir en este ensayo las poderosas lecciones que he descubierto sobre cómo nuestra ropa define quiénes somos, cómo nos conectamos con los demás y cómo podemos construir nuestro propio santuario espiritual.

¿Vistes a un «cuerpo» o a una «persona»?

Una de las preguntas más confrontativas que me he planteado es: cuando nos paramos frente al espejo cada mañana, ¿estamos vistiendo a un cuerpo o a una persona? He comprendido que existe una diferencia abismal entre ambos enfoques. Cuando decidimos vestir al cuerpo, nos enfocamos casi exclusivamente en lo superficial y en resaltar nuestro aspecto físico para generar atracción. Sin embargo, al hacer esto, alimentamos nuestra alma instintiva o bestial (נפש הבהמיתnefesh habehamit) y generamos una distracción que opaca nuestra verdadera esencia.

Jugar con la atracción física es, en el fondo, un estímulo temporal para el ego que tiene una inevitable fecha de caducidad. Si nos exponemos únicamente como objetos físicos, atraeremos relaciones superficiales basadas en el deseo, las cuales suelen terminar en vacío, tal como ilustra la trágica historia de obsesión entre Amnón y Tamar (sugiero leer 2 Samuel 13 para comprender la historia completa), donde el deseo físico descontrolado culminó en aborrecimiento.

Por el contrario, cuando elegimos vestir a la persona, nuestra intención cambia por completo. Ya no buscamos seducir, sino manifestar nuestros valores, nuestro intelecto y nuestro respeto propio. He notado que esta es la única forma de atraer miradas espirituales y formar vínculos genuinos, logrando que los demás se interesen verdaderamente en nuestra alma.

El Mishkán Interior: Somos un Arca Sagrada

Para entender el propósito de la vestimenta, me maravilla observar cómo la tradición traza un paralelo exacto entre la arquitectura del santuario físico (Mishkán) y nuestra propia anatomía. He aprendido que el mandato divino de construir un santuario para que lo sagrado «habite en medio de nosotros» no se refería solo a un edificio, sino a que nuestra vida entera debe ser paralela a esa santidad.

Todo en nuestro cuerpo tiene una correspondencia sagrada: nuestros hemisferios cerebrales son los querubines; nuestra boca es la mesa de los panes; nuestro sentido del olfato es el altar de incienso; nuestros ojos son la Menorá encendida, y nuestras cejas actúan como el velo (parójet) que divide nuestra visión material de nuestro mundo mental.

Pero el elemento central de esta enseñanza es el Arca de la Alianza, la cual me resulta fascinante porque estaba recubierta de oro tanto en su interior como en su exterior. Esto me ha enseñado una regla de oro para la vida: no podemos cultivar un interior brillante y descuidar nuestro exterior, ni viceversa. Lo que vestimos y exteriorizamos debe ser absolutamente congruente con la riqueza y santidad que hemos cultivado en nuestro interior.

Vestimentas de Honor y Armonía

Al estudiar el libro de Shemot (Éxodo), específicamente cuando se ordena hacer vestimentas de santidad para el Sumo Sacerdote, descubrí que estas prendas tenían dos propósitos fundamentales: otorgar honor (kavod) y armonía o belleza (tiferet). He reflexionado sobre por qué un servicio espiritual necesitaba tanto lujo y formalidad. La respuesta es simple pero contundente: así como uno se viste con traje y máxima seriedad para ir a una entrevista de trabajo importante, los momentos sagrados y la vida espiritual merecen nuestro mayor respeto y formalidad.

Además, basándome en los escritos de Maimónides, puedo afirmar que la ropa no solo nos cubre, sino que define cómo nos percibimos y cómo interactuamos con el mundo. Si vestimos de manera desaliñada, caminaremos con inseguridad; pero si portamos prendas que enaltecen nuestra presencia, interactuamos con seguridad, seriedad y enfoque.

El Recato o Modestia (Tzniut) como Herramienta de Prevención

Uno de los mitos que he logrado desmentir en mi investigación es la idea de que el recato busca oprimir. He descubierto que las leyes espirituales del recato (tzniut) funcionan exactamente igual que las campanillas en la túnica del Sumo Sacerdote. Popularmente se cree que esas campanillas eran una alarma por si el sacerdote moría, pero en realidad, eran un sistema de prevención activa. Su sonido constante le recordaba: «mantente despierto, ágil y consciente de tu responsabilidad«.

De la misma manera, he comprendido que la vestimenta recatada no es una medida de emergencia, sino una precaución. Las leyes espirituales asumen que somos seres humanos con instintos y no ángeles de piedra, por lo que el recato crea un entorno seguro que nos previene de tropezar y nos ayuda a no colocarnos en circunstancias vulnerables de tentación.

La Aplicación Práctica: Forjando una Identidad

Al llevar todos estos conceptos profundos a la vida diaria, he adoptado y comprendido ciertas pautas de vestimenta que fortalecen nuestra identidad espiritual y alejan la superficialidad:

Holgura y discreción: He entendido que no basta con usar una prenda larga; si la ropa es ajustada, pierde su propósito. La clave es que la ropa oculte la forma y el movimiento del cuerpo, garantizando que al caminar o sentarse, la prenda siga siendo holgada y no exhiba la anatomía.

Colores y telas: Me parece muy sabio el consejo de utilizar colores sutiles y evitar tonos «chillones» o extravagantes como el rojo pasión o el amarillo fosforescente, que solo buscan llamar la atención desmedida. El blanco, que representa la pureza del alma, y el negro, que denota disciplina y seriedad, son opciones profundamente espirituales. Asimismo, es crucial evitar en una misma prenda la mezcla de lana y lino (shatnez).

Detalles que marcan la diferencia: Para las mujeres, el uso de faldas largas, blusas que cubran la clavícula y las muñecas, y zapatos cerrados que no hagan ruido al caminar son formas maravillosas de manifestar recato. Cubrirse el cabello (ya sea con velo) o llevarlo recogido si son solteras, es una manifestación de honor. Por parte de los hombres, el uso de colores sobrios refuerza el enfoque y la seriedad ante la vida.

Reflexión Final

Frecuentemente, la sociedad nos bombardea desde la niñez con la idea de que nuestra autoestima, seguridad y valor provienen de nuestra capacidad de seducción, de nuestro maquillaje o de seguir las modas imperantes. He llegado a la firme convicción de que esta es una mentira diseñada para alimentar egos frágiles.

A través de este viaje de análisis, he redescubierto que la verdadera seguridad no reside en cuántas miradas físicas atraemos, sino en la solidez de nuestros valores, nuestro respeto por nosotros mismos y nuestra conexión espiritual. Al elegir vestir a nuestra «persona» y no solo a nuestro «cuerpo», no solo honramos el templo interior que somos, sino que forjamos un legado de dignidad, seriedad y luz para nuestra vida y las generaciones futuras

El Pequeño Yahvé: El Secreto de Metatrón

Un estudio sobre Metatrón, el Ángel de Yahveh y el Mesías

Por David Nesher

En la porción de la Torah conocida como Parashat Mishpatim, encontramos una promesa divina que sirve como la llave maestra para abrir uno de los secretos más profundos de la mística hebrea. En el libro de, el Eterno declara:

«He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi Nombre está en él.«

Éxodo (Shemot) 23:20-21

Este no es un ángel común. Estamos ante una entidad que posee la autoridad judicial de perdonar o retener pecados, y que lleva el Tetragrámaton (el Nombre Inefable) en su propia esencia. A través de los siglos, los Sabios de Israel han identificado a este ser como Metatrón, el Príncipe del Rostro. Pero, ¿quién es realmente esta figura? ¿Es un ser creado, una emanación divina, o algo más? Al explorar el Zohar, el Talmud y los escritos de los apóstoles, descubrimos que Metatrón no es otro que la manifestación pre-encarnada de la autoridad divina que finalmente reconocemos en Yeshúa HaMashiaj.

La Ley del Shaliach: El Agente es como el Rey

    Para comprender la naturaleza de este ser, primero debemos redefinir nuestra comprensión de la palabra «ángel». El término hebreo Malak no define una naturaleza biológica, sino una función: la de un enviado, representante o sustituto. Como bien reflexionó San Agustín al investigar el texto hebreo: «En cuanto a lo que es, es un espíritu. En cuanto a lo que hace, es un ángel».

    En el pensamiento jurídico hebreo, esto se rige por la Ley de la Agencia (Shaliaj). El Talmud, en el tratado Baba Kama 113b, establece un principio legal absoluto:

    «El agente del gobernante es como el gobernante mismo«.

    El sheliaj (enviado) actúa como una extensión literal del meshuleiaj (el emisor). Por lo tanto, cuando Yahveh envía a este Ángel especial portando Su Nombre, este ser no actúa por cuenta propia, sino con la autoridad plena de Él, como Padre. Es bajo esta luz que debemos leer las palabras de Yeshúa cuando le dijo a su talmidim (discípulos):

    «El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió«
    (Mateo 10:40)

    • Metatrón: El «Pequeño Yahvéh» y la Vestidura de Dios

    La tradición rabínica y los textos del misticismo judío, como el Sefer Heikhalot (3 Enoc), otorgan a Metatrón un título que estremece la teología convencional: «El Pequeño Yahvéh» (YHVH HaKatan).

    En 3 Enoc 12:5, Metatrón revela al Rabí Ismael que el Santo Bendito lo llamó así ante toda la corte celestial porque «Mi Nombre está en él». Pero, ¿cómo puede Dios compartir Su gloria?

    El Rebbe Najman de Breslev, en su obra Likutey Moharan (11:5), ofrece una explicación fascinante. Él enseña que, mientras en Shabat Dios gobierna el universo directamente en Su santidad absoluta, durante los seis días de la semana, el Santo Bendito «se viste de Metatrón» para gobernar el mundo. Dios utiliza a Metatrón como un velo o interfaz para filtrar Su luz infinita (Ein Sof), permitiendo así que el mundo finito exista sin ser consumido y otorgando al hombre el libre albedrío.

    Por eso, los sabios dicen que Metatrón es «Dios en acción». Cuando en el Tanaj vemos al «Ángel de YHVH» aceptando adoración o hablando en primera persona como Dios —como en la zarza ardiente, donde dice «Yo soy el Dios de tu padre» (Éxodo 3:6)— estamos presenciando una teofanía: es Dios «vestido» en Su Agente Supremo. Ya en el primer siglo, el filósofo judío Filón de Alejandría describía a este ser como el «Verbo primogénito» y la «Imagen de Dios».

    • Gematria Sagrada: El Guardián de la Puerta

    La conexión entre Metatrón y la protección divina se confirma a través de la gematria (valor numérico de las letras hebreas).

    • El nombre Metatrón (מטטרון) tiene un valor numérico de 314.

    • El nombre divino Shaddai (שדי – El Todopoderoso) también suma 314.

    El nombre Shaddai es el que colocamos en la Mezuzá de nuestras puertas. De hecho, Shaddai es un acrónimo (notarikón) de Shomer Daltot Yisrael: «Guardián de las Puertas de Israel».

    Sorprendentemente, esta «firma» divina está estampada en la geografía misma de Jerusalén. Los tres valles que convergen en la ciudad santa (Cedrón, Tiropeón e Hinom) forman topográficamente la letra hebrea Shin (ש), la inicial de Shaddai.

    El Zohar, en la parashá Vayetze, conecta todos estos puntos declarando: «Seguramente, Metatrón es… la puerta por la cual uno pasa para entrar«. Esto resuena con una claridad profética en las palabras de Yeshúa:

    «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo»
    (Juan 10:9).

    • La Identidad Mesiánica: De Enoc a la Emanación

    Es vital notar que la mística de los Sabios distingue entre dos aspectos de Metatrón. Existe el «Metatrón Inferior«, identificado con el patriarca Enoc que fue transformado, según dicen, en «ángel de fuego»; y el «Metatrón Superior» (Metatrón Rabba), una emanación primordial que existe desde antes de la creación misma

    El rabino Ariel bar Tzadok afirma contundentemente:

    «El Metatrón Superior está vinculado al Alma del Mashiaj ben Yosef… cuando el Mesías venga, será Metatrón encarnado«.

    Las similitudes son asombrosas:

    La Coronación: En 3 Enoc, Metatrón recibe una túnica de gloria y una corona real. De manera idéntica, el Pesikta Rabbati (37:2) describe que Dios vestirá al Mesías («Efraín») con una vestidura cuyo esplendor brillará de un extremo al otro del mundo.

    El Escribano Celestial: El Talmud (Jaguigá 15a) relata que a Metatrón se le dio permiso para sentarse y escribir los méritos de Israel, un privilegio que causó la herejía de Elisha ben Abuyah (Aher), quien pensó que había «dos poderes en el cielo». El Midrash (Levítico Rabá 34:8) actualiza esta función, revelando que ahora son «Elías y el Rey Mesías» quienes registran las obras de los hombres. Esto nos lleva directamente al «Libro de la Vida del Cordero» que se describe en el libro de Apocalipsis (Revelación).

    • El Hallazgo Litúrgico: Yeshúa, Príncipe del Rostro

    Quizás la evidencia más conmovedora se encuentra oculta a plena vista en la liturgia judía. En antiguos libros de oraciones (Machzorim) para Rosh HaShaná, específicamente en la oración Yehi Ratzon recitada durante los toques del Shofar, encontramos esta súplica:

    «Sea voluntad tuya… que el sonido del Shofar… sea llevado… a través de Yeshúa, el Príncipe del Rostro y el Príncipe Metatrón…»

    Aunque algunas ediciones modernas intentan explicar esto como una referencia a un antiguo sumo sacerdote o al ángel Tartiel, el texto vincula explícitamente el nombre de Yeshúa con el título Sar HaPanim (Príncipe del Rostro), un título exclusivo de Metatrón. Esto sugiere una memoria ancestral en la fe hebrea que identifica a la Salvación (Yeshuah) personificada con el gran mediador celestial.

    • La Autoridad para Perdonar

    Volviendo a la advertencia de Éxodo 23: «él no perdonará vuestra rebelión». Esto implica, por lógica legal, que este Ángel tiene la autoridad para perdonar pecados, precisamente porque el Nombre está en Él.

    Por eso, cuando Yeshúa dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados« (Mateo 9:2), los escribas lo acusaron de blasfemia, pues «sólo Dios puede perdonar pecados». Sin embargo, Yeshúa estaba ejerciendo su prerrogativa como el portador del Nombre, el Sar HaPanim que tiene autoridad delegada en la tierra para perdonar y restaurar. Él no estaba usurpando el lugar de Dios, sino actuando como el Shaliach perfecto, la mano extendida de la Misericordia Divina.

    Conclusión

    Al unir las piezas del Zohar, la Torah y los Escritos Apostólicos, la imagen se aclara. Metatrón no es un dios rival, ni una segunda divinidad independiente. Es el sistema divino pleno en Su Ejad (Uno), el «cuerpo» espiritual mediante el cual el Infinito interactúa con nosotros.

    Como creyentes en el Mesías, entendemos que lo que los sabios vislumbraron como Metatrón —el Príncipe del Rostro, el Guardián de la Puerta, el portador del Nombre— es quien se nos reveló plenamente en Yeshúa. Él es el Agente Divino que descendió, no solo para gobernar como el «Pequeño Yahveh», sino para ser el Malaj HaGoel (El Ángel Redentor, Génesis 48:16) que nos redime de todo mal.

    En Yeshúa, vemos el Rostro de Dios (Juan 14:9), porque Él es, y siempre ha sido, la manifestación visible del Dios invisible. Amén.

    El Blindaje de la Vulnerabilidad

    Una Anatomía Teológica de Éxodo 23:6

    Por P.A. David Nesher

    Es interesante que en la arquitectura legal de la Parashá Mishpatim, nos encontramos con un verso que, aunque breve, funciona como el centro de gravedad de la justicia bíblica:

    «No pervertirás el derecho de tu necesitado en su pleito«
    (Éxodo 23:6)

    A simple vista, parece una instrucción administrativa para jueces de la antigüedad; sin embargo, bajo la lupa de la exégesis y la filosofía, se revela como un tratado sobre la santidad de la alteridad.

    1. La Ontología del «Evion»: Más que un estado financiero

    El texto hebreo utiliza la palabra Ebyôn (אֶבְיוֹן), para referirse al necesitado. A diferencia de otros términos para «pobre», el Ebyôn a menudo implicando pobreza extrema, desamparo o una persona que depende totalmente de la ayuda. Deriva de la raíz Abah, que significa «acceder», «desear» o «consentir«, sugiriendo a quien desea o busca auxilio. En pocas palabras Ebyôn es aquel cuya vulnerabilidad lo ha dejado a merced de la voluntad ajena.

    Teológicamente, la Torah introduce aquí una innovación revolucionaria para su época: la justicia no es un atributo del poder, sino un derecho divino del desposeído. En el pensamiento yahvista, el pobre es el «cliente» directo del Eterno. Por lo tanto, cuando un juez o un sistema legal tuerce el derecho de un necesitado, no solo está cometiendo un error técnico o una falta ética, sino que está incurriendo en un sacrilegio. Está invadiendo la jurisdicción de la Justicia Divina.

    2. El Rigor de la «Distancia»: La Ética del Alejamiento

    El contexto de este mandamiento está rodeado por la famosa advertencia del verso 7:

    «De palabra de mentira te alejarás«.

    Esta conexión es crucial para la alta calidad académica de nuestra interpretación.

    La Torá reconoce que el sistema legal es, por naturaleza, un entorno de fricción y manipulación retórica. La aplicación práctica de «no pervertir el derecho» exige lo que podríamos llamar una «vigilancia epistémica». No basta con no ser corrupto; el juez y el ciudadano deben cultivar una distancia crítica frente a las narrativas que el poder construye para invisibilizar al débil.

    El escritor francés Anatole France, en una excelente ironía, dijo: «La majestuosa igualdad de las leyes prohíbe por igual a ricos y pobres dormir bajo los puentes, mendigar en las calles y robar pan«. Criticando que la ley, al ser «igual» para todos sin considerar su situación económica, termina siendo una herramienta de opresión para el necesitado. Ante esta sabiduría, y la revelación de la Instrucción del Eterno, yo puedo agregar:

    La justicia que ignora la asimetría de fuerzas no es justicia, es simplemente la validación estadística del más fuerte.”

    3. Matiz Teológico: El Rostro del Prójimo en el Tribunal

    Si acudimos a pensadores como El lituano-francés Emmanuel Lévinas (1906-1995), entendemos que el rostro del necesitado nos impone un mandato ético infinito. En la Quinta Aliyá, el Eterno se presenta como el garante de aquellos que no tienen voz en la asamblea.

    La perversión del derecho (hatayah) significa literalmente «inclinar». El sistema tiene una inercia natural a inclinarse hacia el prestigio, la elocuencia y el capital. El mandato teológico es, por tanto, un acto de resistencia contra la gravedad social. Cada vez que un sistema protege al Evion, está realizando un acto de Tikún (reparación), devolviendo el equilibrio a un mundo que tiende hacia la entropía de la injusticia.

    4. Aplicación en la Modernidad Líquida

    Llevando esto al nuestra investigación, debemos preguntarnos: ¿Quién es el Ebyôn hoy?

    • Es el trabajador en la economía de plataformas sin protección legal.
    • Es el migrante que no comprende el lenguaje técnico de la burocracia que decidirá su destino.
    • Es el ciudadano común frente a los algoritmos opacos de las grandes corporaciones.

    La aplicación práctica contemporánea de Éxodo 23:6 nos exige diseñar sistemas —tanto legales como tecnológicos— que no den por sentada la igualdad, sino que la construyan activamente, protegiendo al eslabón más débil de la cadena.


    Conclusión: La Justicia como Acto de Fe

    Decidí publicar este análisis en nuestro blog no como un mero ejercicio académico, sino como un recordatorio de que la política y la espiritualidad se encuentran en el estrado del tribunal. La calidad de nuestra conexión con lo Divino se mide, paradójicamente, en la transparencia y honestidad con la que tratamos al ser humano más vulnerable de nuestra sociedad.

    Para el discípulo de Yeshúa, el mandamiento de «no pervertir el derecho del necesitado» no es solo una norma ética, sino una extensión directa de la Justicia del Reino (Tzedaká). Yeshúa no vino a abrogar la Torah, sino a mostrar su cumplimiento pleno (hebreo: Lemalé, לְמַלֵּא ) a través de la misericordia y la verdad.

    En el ministerio del Maestro, vemos que la «asimetría de fuerzas» se resuelve mediante la entrega: Él, siendo rico, se hizo pobre por nosotros (2Cor 8:9). Al instruirnos sobre el juicio, Yeshúa nos advierte que nuestra justicia debe superar la de los escribas y fariseos (Mateo 5:23), quienes a menudo se perdían en el tecnicismo legal mientras olvidaban «lo más importante de la Torah: la justicia, la misericordia y la fidelidad» (Mateo 23:20).

    Pervertir el derecho del necesitado es, en esencia, negar el carácter de Yeshúa. Si Él es el Abogado (Parakletos) de los que no tienen defensa, nosotros, como su Cuerpo, estamos llamados a ser la voz de aquellos a quienes el sistema prefiere ignorar. Aplicar esta mitzvá hoy significa entender que nuestro «pleito» no es contra carne y sangre, sino contra un sistema que busca deshumanizar la imagen de Dios en el pobre, Su opción preferencial.

    Servir al Mesías es, por tanto, restaurar el derecho del Ebyôn. Al hacerlo, no solo cumplimos una ley antigua, sino que manifestamos la realidad presente del Reino de Dios: un lugar donde el último es el primero y donde la balanza de Yah siempre se inclina a favor del amor y la redención.

    En amor y servicio David Nesher

    Shalom!

    La Soberanía Divina y el Misterio de los Elohim: De los Jueces al Mesías.

    La Soberanía Absoluta y la Autoridad Delegada: Un Análisis Teológico

    Por P.A. David Nesher

    La comprensión bíblica del gobierno universal se fundamenta en dos pilares inseparables: la soberanía absoluta del Único Dios verdadero (Yahvé es Su Nombre) sobre todas las circunstancias (causalidad divina) y la delegación de Su autoridad a agentes creados para la administración de la justicia (Elohim). A continuación, los invito a explorar cómo estos conceptos desmantelan el dualismo y definen la identidad de los representantes divinos, desde los jueces de Israel hasta el Mesías.

    La Causalidad Divina y el Rechazo al Dualismo

    La enseñanza de la Sagrada Torah (Instrucción) del Eterno comienza estableciendo que no existe el azar. En los decretos sobre la justicia civil (Mishpatim), leemos:

    «El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá. Mas el que no lo acechó, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir«

    (Éxodo 21:12-13)

    Este pasaje revela una verdad inquietante pero fundamental: quien dirige las circunstancias, incluso en un accidente fatal, es el Creador mismo. Esto nos lleva a comprender la soberanía absoluta en tres puntos claves:

    1. Autoridad activa y pasiva: Se puede debatir si el Todopoderoso causa un evento activamente o si simplemente lo permite pasivamente (dejándolo pasar). Sin embargo, el resultado teológico es el mismo: al permitir que algo suceda, Él se convierte en el causante último, ya sea directa o indirectamente.

    2. La inexistencia de poderes rivales: No existen dos poderes paralelos en el Cielo —uno bueno y otro malo— luchando por el control. El «Reino de Luz» gobierna sobre el «Sitrá HaRá (El Otro Lado de la Luz). Nada ocurre en el mundo invisible o visible sin la vigilancia y autorización del Eterno.

    3. El rol subordinado del adversario: Si HaSatán (El Oponente) opera, es porque ha recibido autoridad «de lo más alto». Él tiene derecho a actuar donde hay desobediencia a los mandamientos, pero no puede operar fuera del área que el Eterno le ha marcado. Creer que el diablo actúa con autonomía total es caer en una forma de avodah sará (adoración falsa o idolatría), creando «dos dioses» en nuestra mente.

    Por tanto, los sucesos negativos no son errores del sistema, sino herramientas pedagógicas que pueden servir para pulir el carácter, enseñar verdades, inducir a la búsqueda de Elohim, o evitar males mayores en el futuro.

    1. El Significado de Elohim: Jueces y Representantes

    Bajo esta soberanía única, el Eterno delega su poder a los hombres para establecer el orden social. Aquí es donde el término hebreo Elohim (אלהים) adquiere un matiz jurídico crucial.

    En los casos de litigio civil, la Escritura ordena:

    «Si el ladrón no fuere hallado, entonces el dueño de la casa se presentará ante los jueces (ha-elohim)… en toda clase de fraude… la causa de ambos vendrá delante de los jueces (ha-elohim); y el que los jueces (elohim) condenaren, pagará el doble a su prójimo«

    (Éxodo 22:8-9).

    En este contexto, la palabra elohim no se refiere al Creador, sino a jueces humanos. Esto indica que el título, que puede traducirse como «poderosos» o «todopoderosos», describe una función: la autoridad de establecer justicia. Este título no es de uso exclusivo del Eterno, sino que es delegado a hombres, mensajeros celestiales e incluso reyes que actúan «en lugar del Altísimo».

    El Juicio de los «Dioses» y la Mortalidad

    La delegación de autoridad conlleva una responsabilidad temible. En el Salmo 82, se describe una escena de tribunal cósmico:

    «Dios (Elohim) está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses (elohim) juzga«

    (Salmo 82:1).

    Aquí, el Dios Supremo reprende a los jueces delegados (elohim) por juzgar injustamente y favorecer a los impíos (Salmo 82:2). Aunque portan un título divino debido a su cargo, su naturaleza sigue siendo humana y mortal:

    «Yo dije:
    Vosotros sois dioses, y todos sois hijos del Altísimo; pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis«

    (Salmo 82:6-7).

    Este pasaje aclara que ser llamado «dios» o «hijo del Altísimo» en el lenguaje bíblico se refiere a la recepción de la Palabra y la comisión para gobernar, no a una inmortalidad inherente.

    1. La Filiación Divina: Salomón y Yeshúa.

    Esta comprensión del término elohim e «Hijo de Dios» como títulos de oficio y autoridad es la clave para entender la identidad del rey en Israel y del Mesías. Veamos esto desde el tipo (sombra) y el arquetipo:

    1. El Precedente de Salomón: La filiación divina se otorga por elección para una misión. Sobre Salomón, está escrito: «Lo he escogido por hijo mío, y yo le seré por padre« (1 Crónicas 28:6). Salomón es llamado hijo porque fue comisionado para edificar la casa de Dios y gobernar.
    • La Defensa de Yeshúa: Cuando Yeshúa fue acusado de blasfemia por llamarse Hijo de Dios, él apeló a la jurisprudencia del Salmo 82: «¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios… ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?« (Juan 10:34-36).

    Yeshúa argumenta que si los jueces corruptos recibieron el título de elohim por tener la Palabra, con mucha mayor razón aquel que ha sido santificado (apartado) y enviado por el Padre Celestial tiene el derecho legal de ostentar el título de Hijo de Dios.

    Conclusión: Caminando bajo la Soberanía y la Autoridad del Mesías

    Las Sagradas Escritura presenta un monoteísmo estricto donde «El Eterno es uno solo«. Sin embargo, este Dios único administra su gobierno a través de agentes a quienes llama elohim e «hijos».

    Por lo tanto, que Yeshúa sea llamado «Hijo de Dios» o «Dios». Significa que es el Rey y Juez Supremo que ha recibido la delegación total del Altísimo para «gobernar, dictar y ejecutar sus juicios en la tierra». Reconocer esto es entender que hay un solo Gobernante absoluto que dirige todas las causas, y que ha establecido a su Ungido, como manifestación de Su divinidad en forma humana, para administrar su justicia en el mundo.

    Para el creyente contemporáneo, comprender que «El Eterno es uno solo» y que Yeshúa es su máximo representante autorizado (Hijo de Dios), no es solo un ejercicio intelectual, sino el fundamento para una vida de paz, responsabilidad y propósito. Aplicar estos textos transforma nuestra realidad diaria en tres áreas fundamentales:

    1. Liberación del Miedo y el «Dualismo Mental»

    Vivimos en una cultura que a menudo glorifica el poder del mal o ve al universo como un campo de batalla incierto entre Dios y el diablo.

    La Aplicación: El creyente debe rechazar la «idolatría mental» de creer que el enemigo tiene autonomía absoluta. Ante cualquier crisis, accidente o ataque espiritual, la postura no debe ser de pánico ante las tinieblas, sino de confianza en que «no hay dos poderes paralelos».

    El Consuelo: Saber que incluso si el «reino de tinieblas» opera, lo hace estrictamente bajo el permiso y los límites marcados por el Padre, nos permite vivir sin temor, encomendando nuestra vida al único Gobernante que dirige todas las circunstancias.

    • 2. Una Nueva Respuesta ante el Sufrimiento y el «Azar».

      Cuando enfrentamos tragedias inexplicables o «accidentes», la tendencia humana es culpar a la mala suerte o sentirnos víctimas.

      La Aplicación: Debemos entender que detrás de cada suceso hay una causalidad divina («Dios lo puso en sus manos»). Esto nos lleva a la introspección en lugar de la queja.

      La Práctica: Ante la dificultad, el creyente debe preguntarse: ¿Hay alguna desobediencia o negligencia en mi vida que abrió esta puerta? ¿Está el Eterno tratando de pulir mi carácter, enseñarme una verdad o protegerme de un mal mayor en el futuro? El sufrimiento deja de ser un absurdo y se convierte en una pedagogía divina.

      3. Sumisión al Rey Yeshúa como Autoridad Delegada

      Entender que el título «Hijo de Dios» se refiere a la función real y judicial cambia nuestra relación con Yeshúa.

      La Aplicación: No seguimos a Yeshúa simplemente como una figura mística, sino como al Juez Supremo y Rey quien «es la palabra de Dios encarnada» en hombre y que ha sido santificado y enviado para gobernar.

      La Responsabilidad: Al igual que los jueces de Israel eran llamados elohim por tener la responsabilidad de ejecutar la justicia divina, nosotros, como seguidores del Mesías, debemos recordar que actuar injustamente o con corrupción trae consecuencias graves. Si tenemos autoridad (en la familia, trabajo o ministerio), estamos puestos «en lugar del Altísimo» y seremos juzgados por cómo representamos Su justicia.

      En resumen, el creyente actual está llamado a caminar con la seguridad de que su vida no está a merced del caos ni del diablo, sino sostenida por la Soberanía Absoluta del Padre, y guiada por la autoridad justa de Su Hijo, nuestro Rey Mesías.

      El Shalom de las Cosas según Dios

      Justicia Restaurativa y el Corazón del Guardián

      En la vorágine de nuestra cultura del «desecho» y el litigio impersonal, la antigua sabiduría de la Parashá Mishpatim emerge no como un código legal arcaico, sino como un manifiesto urgente de humanidad.

      Al sumergirnos en la Tercera Aliyá de Éxodo 22, descubrimos que las leyes sobre bueyes descarriados, fuegos descontrolados y objetos bajo custodia son, en realidad, una arquitectura de la responsabilidad.

      La Ética del Shalom: Más que un Balance de Daños

      Para la mentalidad hebrea, la propiedad no es un derecho absoluto y aislado; es una extensión de la esfera de influencia de una persona. Cuando el Eterno nos ordena en Su Torah resarcir un daño, utiliza la raíz Sh-L-M (Shillum / Pago). Es una elección lingüística poderosa: no se trata simplemente de saldar una deuda monetaria, sino de restaurar el Shalom.

      En el sistema jurídico del Jumash, el daño causado a un vecino crea un «agujero» en el tejido de la comunidad. La justicia restaurativa es el proceso de zurcir ese tejido. Al pagar con «lo mejor de su campo» (Meitav), el infractor no solo devuelve el valor del grano quemado; está enviando un mensaje de reconocimiento y dignidad a la víctima. La justicia aquí no es punitiva (que el otro sufra porque yo sufrí), sino reparadora (que el otro sea sanado para que todos estemos completos).

      De la Torá al Mesías: La Justicia que Camina la Milla Extra

      Cuando Yeshúa de Nazaret irrumpe en la historia, no viene a reemplazar esta responsabilidad civil por una espiritualidad etérea. Al contrario, la radicaliza. En la óptica de Yeshúa, el Talmid (discípulo) no cumple la ley por temor al tribunal de los hombres, sino por amor al Dueño de todas las cosas: Yahvéh de los Ejércitos.

      El Mesías Yeshúa nos enseña que la justicia restaurativa es la prueba de fuego de nuestra salvación. El caso de Zaqueo es emblemático: su transformación espiritual no fue validada por una oración, sino por un cheque de reembolso que superaba con creces los requisitos de la Torah en la parashá Mishpatim. Para el seguidor del RYBY, la justicia restaurativa es la «milla extra» (Mateo 5:41). Si la ley exige devolver el 100%, el amor mesiánico busca devolver el 120% para asegurar que la raíz del resentimiento sea arrancada por completo.

      El Desafío Actual: Ser Guardianes en un Mundo Fragmentado

      Hoy, ser un «Guardián de la Conciencia» significa entender que somos responsables de nuestras «chispas» digitales, de nuestra negligencia profesional y del cuidado de lo que otros nos confían. La justicia restaurativa nos invita a pasar de la pregunta defensiva «¿Qué es lo mínimo que tengo que pagar para evitar problemas?« a la pregunta redentora «¿Qué puedo hacer para que mi prójimo recupere su paz?«.

      Al final del día, estas leyes nos recuerdan que nuestro Padre es un Dios de Restauración. Y cada vez que reparamos un daño con generosidad, estamos reflejando el carácter de Aquel que reparó nuestra brecha con Él.


      Guía Práctica: 5 Pasos para Resolver Conflictos según la Justicia Restaurativa

      Si te encuentras en una situación donde has causado un daño (material o relacional) o alguien te ha confiado algo y ha habido un perjuicio, aplica esta guía basada en los principios de Mishpatim y el Brit HaDashá (Pacto Renovado):

      1. Reconocimiento Inmediato (Vidui)

      No esperes a ser descubierto o confrontado. El principio del Shomer (guardián) enseña que la responsabilidad comienza con la honestidad. Admite el daño claramente, sin excusas ni «peros». La transparencia es el primer paso para sanar la confianza.

      2. Evaluación de la Pérdida de la Víctima

      Ponte en el lugar del otro. No calcules el daño desde tu bolsillo, sino desde la pérdida del prójimo. ¿Qué esfuerzo le costó conseguir lo que se dañó? ¿Qué inconvenientes le está causando la pérdida? La justicia bíblica mira el rostro de la víctima, no solo el objeto.

      3. Aplicación del Criterio de «Lo Mejor» (Meitav)

      A la hora de reparar, no ofrezcas tus sobras o lo más barato. Si dañaste una herramienta vieja, considera reponerla con una nueva o de mejor calidad. Este gesto «mesiánico» rompe la lógica del conflicto y demuestra que valoras más a la persona que al dinero.

      4. La Milla Extra (Restauración de la Relación)

      Un daño material suele dejar una herida emocional. Una vez pagada la deuda, añade un gesto de bondad: una nota de disculpa sincera, un pequeño detalle adicional o tiempo extra de servicio. El objetivo no es solo cerrar una cuenta, es restaurar la hermandad.

      5. Consagración del Aprendizaje (Teshuvá)

      Analiza qué causó el daño (¿negligencia?, ¿falta de límites?, ¿fuego emocional?). Establece «vallas» preventivas para que no vuelva a ocurrir. Ser un Talmid (Discípulo) de Yeshúa significa crecer en sabiduría para que nuestra esfera de influencia sea siempre un lugar de bendición y nunca de tropiezo.

      El Arte de Cuidar lo Ajeno

      Los Cuatro Guardianes de la Conciencia

      Por P.A. David Nesher

      En el corazón de la Parashá Mishpatim (Éxodo 22:6-14), nuestra amada Torah despliega un tratado de psicología social y ética contractual que la tradición rabínica ha sintetizado en la figura de los Cuatro Guardianes (Arbaá Shomrim) tratados en el Talmud (Bava Metzia). Más que un simple código civil, estas leyes definen cómo el ser humano debe interactuar con la propiedad del prójimo, estableciendo que la responsabilidad es directamente proporcional al beneficio obtenido.

      La anatomía de la responsabilidad: exégesis de los cuatro niveles

      La exégesis hebrea, especialmente a través del Talmud (Tratado de Bava Metzia), identifica cuatro categorías de «guardianes» o custodios, cada uno con un nivel de responsabilidad jurídica (Ajrayut) distinto:

      1. El Guardián Gratuito (Shomer Jinam): Es quien hace un favor. No recibe pago por cuidar el objeto. Su responsabilidad es mínima: solo responde por negligencia manifiesta (Peshidá). Si el objeto es robado o se pierde, está exento de pagar, pues su intención fue puramente altruista.
      2. El Guardián Remunerado (Shomer Sajar): Aquí el beneficio es mutuo. Recibe un salario por cuidar. Debido a que hay un beneficio económico, su nivel de cuidado debe ser mayor. Responde no solo por negligencia, sino también por robo o extravío, aunque queda exento en casos de fuerza mayor (Ones).
      3. El Inquilino (Sojer): Alguien que paga por usar algo. La jurisprudencia hebrea debate si su estatus es como el del guardián gratuito o el remunerado, inclinándose generalmente por este último, ya que obtiene un provecho del objeto.
      4. El Prestatario (Shoel): Es el nivel más alto de responsabilidad. Alguien que pide prestado un objeto para su uso sin pagar nada. Como todo el beneficio es para él, la Torah le impone responsabilidad absoluta: responde incluso por accidentes inevitables (Ones). Solo queda exento si lo prestado «murió en el curso de su trabajo normal» (Metá Mejamat Melajá).
      Reflexión Profunda: El beneficio como medida del deber

      Lo que hace que esta legislación sea de alta calidad académica es su lógica interna: el equilibrio entre el Provecho (Haaná) y la Obligación (Jiov). El sistema legal de la Torah nos enseña que no existe el «derecho» sin «deber».

      El prestatario (Shoel), al recibir el 100% del beneficio, asume el 100% del riesgo. El guardián gratuito (Shomer Jinam), al dar el 100% de su servicio sin cobrar, recibe el máximo de protección legal. Este es un principio de justicia distributiva que busca proteger la bondad en la sociedad: si el que hace un favor fuera castigado por accidentes fortuitos, nadie querría hacer favores.

      Aplicación a la vida cotidiana: ¿Quiénes somos hoy?

      En un mundo marcado por la «economía colaborativa» y la digitalización de la confianza, estas leyes cobran una relevancia asombrosa:

      • La negligencia en la era digital: Cuando alguien nos confía una información, una clave o un acceso, nos convertimos en Shomrim (guardianes). La «negligencia» hoy no es dejar una puerta abierta, sino no activar una verificación de dos pasos o ser descuidados con la privacidad ajena.
      • El préstamo de herramientas y saberes: Si pides prestado un libro, una herramienta o incluso el tiempo de un experto de manera gratuita, te conviertes en un Shoel. La ética de Mishpatim te exige un cuidado extremo. No es «solo un favor»; es una deuda de honor que requiere que devuelvas el bien en perfecto estado, reconociendo que el beneficio fue solo tuyo.
      • La responsabilidad profesional: Un empleado o un prestador de servicios es un Shomer Sajar (guardián remunerado). El estándar de excelencia no es «hacer lo mínimo», sino proteger los activos del empleador o cliente contra riesgos previsibles, pues el salario conlleva una carga de vigilancia superior.
      La Elevación del Deber: De la Responsabilidad Civil a la Fidelidad Espiritual

      En el Brit HaDashá (Pacto Renovado), la figura del «guardián» trasciende lo material para convertirse en un principio de mayordomía espiritual.

      Yeshúa, en sus parábolas, utiliza frecuentemente la lógica de los Shomrim para ilustrar nuestra relación con el Eterno. En la Parábola de los Talentos (Mateo 25:14-30), vemos una aplicación directa de las leyes de custodia: los siervos no son dueños, sino guardianes de los bienes de su señor. Aquel que «escondió el talento» fue juzgado no solo por no generar ganancia, sino por una forma de negligencia (Peshidá) en su deber de cuidado activo, demostrando que para el Mesías, la inacción frente a lo que se nos confía es, en sí misma, una falta grave.

      Por otro lado, Yeshúa profundiza la ley de daños a la propiedad al llevarla al terreno de la reconciliación. Mientras que Mishpatim se enfoca en la restitución económica («pagará lo mejor de su campo»), Yeshúa enfatiza que la deuda también es espiritual. En el Drash (Sermón) del Monte (Mateo 5:23-24), enseña que si alguien tiene algo contra nosotros (quizás un daño no resarcido), la ofrenda en el altar debe esperar; la justicia restaurativa y la paz con el prójimo son requisitos previos para la comunión con el Padre. Esto transforma el pago del daño de una simple transacción legal a un acto de purificación del alma.

      Finalmente, el apóstol Pablo expande el concepto de los guardianes hacia el liderazgo y la vida comunitaria. En 1 Corintios 4:2, afirma:

      «Ahora bien, se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel«.

      Aquí, la palabra para administrador (oikonomos) resuena con la del Shomer Sajar (guardián remunerado/con responsabilidad). Se nos enseña que la vida, los dones y la comunidad son bienes «prestados» por el Creador. Bajo esta óptica, no solo somos responsables ante un tribunal humano por el fuego que quema el campo del vecino, sino ante un tribunal celestial por cómo custodiamos la dignidad, la fe y el bienestar de quienes nos rodean.

      Conclusión

      Las leyes de los cuatro guardianes nos invitan a salir del egocentrismo. Nos recuerdan que el mundo no es solo un conjunto de objetos para usar, sino una red de relaciones basadas en la confianza. Ser un «buen guardián» es, en última instancia, reconocer que somos custodios los unos de los otros.

      Cuando cuidamos lo que pertenece a otro con la misma pasión —o mayor— con la que cuidamos lo propio, estamos construyendo una civilización donde la propiedad privada es solo el escenario para el ejercicio de la rectitud y la empatía.

      Por último diré que para un Talmid (discípulo) de Yeshúa HaMashíaj, el cumplimiento de estas leyes de Mishpatim no representa una carga legalista, sino la expresión máxima de un corazón transformado que opera bajo el principio del amor (Ahavá). Al entender que el Mesías no vino a abrogar la Torah, sino a darle su cumplimiento pleno y significado más profundo, el discípulo reconoce que su responsabilidad civil es, en esencia, un testimonio público de su emuná (fe o convicción).

      Por lo tanto, ser un Shomer (guardián, atalaya) fiel en lo poco —ya sea cuidando una herramienta prestada, resarciendo generosamente un daño accidental o protegiendo la reputación del prójimo— es la métrica real de su fidelidad al Maestro. Para el seguidor de Yeshúa, la justicia no se detiene en la letra que exige el pago, sino que se eleva a la «milla extra» que busca la restauración total, entendiendo que cada acto de rectitud hacia la propiedad y la integridad del prójimo es un acto de adoración al Creador que nos confió Su mundo.

      Tabla Comparativa: La Evolución de la Responsabilidad

      ConceptoLey Original (Éxodo 22)Perspectiva Rabínica (Mishná/Talmud)Óptica de Yeshúa / Brit HaDashá
      Daño CivilRestitución del daño (fuego, pastoreo).Pago con lo mejor de la tierra (Meitav).Reconciliación prioritaria antes de la ofrenda (Mateo 5).
      PréstamosProhibición de usura y devolución de prenda.Protección de la dignidad del deudor.Dar sin esperar nada a cambio; generosidad radical (Lucas 6).
      CustodiaCuatro categorías de guardianes y sus penas.Equilibrio entre beneficio personal y nivel de riesgo.Mayordomía de los «Talentos»; fidelidad en lo ajeno (Mateo 25).
      El ExtranjeroNo oprimir al Guer (converso/extranjero).Empatía histórica basada en la salida de Egipto.El prójimo es cualquiera en necesidad (Parábola del Buen Samaritano).

      Del Sinaí a la Calle: La Ética de la Responsabilidad

      Por P.A. David Nesher

      La parashá Mishpatim suele generar un contraste impactante. Venimos de la espectacular revelación en el Monte Sinaí (Parashá Itró) y, de repente, la Torah nos sumerge en un manual legal detallado. La segunda aliyá (Éxodo 21:20 – 22:3) es el corazón de esta transición, donde la santidad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en el estándar de cómo tratamos al empleado, al vecino e incluso al enemigo.

      1. La Dignidad del Vulnerable: El Caso de los Esclavos

      El texto comienza abordando leyes sobre el castigo a esclavos (v. 21:20-21, 26-27). Para el lector moderno, la sola mención de la esclavitud es difícil, pero los sabios explican que la Torah está operando una revolución moral gradual.

      • La interpretación de Rashi: Rashi aclara que cuando el texto habla de un esclavo que queda libre si pierde un ojo o un diente por un golpe de su amo, se refiere a un esclavo cananeo. Esto era inaudito en el mundo antiguo: el esclavo no era una «cosa», sino un ser humano con derechos físicos inalienables.
      • La justicia divina: A diferencia de otros códigos antiguos (como el de Hammurabi), la Torah impone sanciones al amo si abusa de su poder. El mensaje es claro: el poder no otorga impunidad.
      2. «Ojo por Ojo»: ¿Venganza o Justicia Equitativa?

      En esta sección encontramos la famosa Lex Talionis (v. 21:23-25): «vida por vida, ojo por ojo…».

      La tradición oral (la Guemará en el tratado de Bava Kama) sostiene unánimemente que esto nunca se aplicó de forma literal. Por eso es que el Rambán (Najmánides) y otros comentaristas enfatizan que se trata de una compensación monetaria.

      El texto utiliza este lenguaje extremo para enseñarnos el valor infinito de lo que se ha dañado: el agresor debería, en teoría, perder su propio ojo por el dolor causado, pero la justicia práctica exige un pago que cubra cinco aspectos: daño físico, dolor, curación, cese de lucro y vergüenza.

      3. Responsabilidad Civil: El Buey y el Pozo

      La segunda parte de la aliyá (21:28 – 22:3) se desplaza hacia los daños a la propiedad y por propiedad.

      • El «Muad» (el animal advertido): Si un buey cornea por primera vez, el dueño paga la mitad. Pero si el dueño fue advertido y no cuidó a su animal, la responsabilidad es total.
      • Lección ética: La Sabiduría de la Torah nos enseña que somos responsables no solo de lo que hacemos con nuestras manos, sino de lo que permitimos que suceda por negligencia. Un pozo abierto en la calle o un animal sin supervisión son extensiones de nuestra responsabilidad moral.
      4. El Ladrón y la Restitución

      La aliyá cierra con las leyes del robo. Aquí, la Torah muestra una psicología social profunda: el ladrón de un buey paga cinco veces su valor, pero el de una oveja paga cuatro.

      Rashi cita al Talmud explicando que el ladrón de una oveja tuvo que cargarla sobre sus hombros, sufriendo una humillación física en el acto del robo, y el Eterno tiene «misericordia» incluso de la dignidad del pecador, reduciendo su multa.


      Conclusión: Una Sociedad de Justicia

      La segunda aliyá de Mishpatim nos recuerda que una religión que se queda en el cielo no sirve en la tierra. Las leyes de daños y perjuicios son la verdadera prueba de nuestra espiritualidad. Al cuidar el bienestar físico y económico de nuestro prójimo, estamos honrando la imagen de Dios (Tzelem Elokim) en cada ser humano.

      La santidad no se mide por cuánto tiempo pasas en el templo, sino por cómo tratas a quienes no pueden defenderse de ti

      Dignidad en la Era de lo Desechable

      Una Lectura de Mishpatim (Éxodo 21)

      Por P.A. David Nesher

      Voy a comenzar esta bitácora invitándolos a reconocer que la lectura de la Parashá Mishpatim suele incomodarnos. Cuando leemos los versículos 21:20-21 y 26-27, descubrimos que la Torah legisla sobre el castigo a los esclavos. Para el varón y la mujer del siglo XXI, la existencia misma de estas leyes parece un anacronismo oscuro. Sin embargo, si rascamos la superficie legalista, descubrimos una revolución moral que tiene mucho que decir a nuestra «modernidad líquida» (según la llama Zygmunt Bauman), donde las relaciones son transaccionales y los seres humanos a menudo son tratados como recursos descartables.

      1. El Límite a la Omnipotencia del «Amo»

      El texto de la Torah establece algo inaudito para el Cercano Oriente Antiguo: si un amo golpea a su esclavo y este muere, el amo debe ser castigado (v. 20). Más adelante, si el maltrato resulta en la pérdida de un diente o un ojo, el esclavo obtiene su libertad inmediata (v. 26-27).

      Reflexión para hoy: En nuestro mundo moderno, ya no tenemos (legalmente) «amos», pero tenemos estructuras de poder. La modernidad líquida se caracteriza por la precariedad. A menudo, el «jefe», el «algoritmo» o el «mercado» actúan como amos invisibles. La Torah nos enseña un principio eterno: ninguna jerarquía otorga el derecho de deshumanizar al otro. Si el poder daña la integridad del subordinado, ese poder pierde su legitimidad. Desde esto surge una pregunta para el alma: ¿Cómo tratamos hoy a quienes dependen económicamente de nosotros?

      2. El «Diente y el Ojo»: La Fragilidad del Vínculo

      El hecho de que un esclavo fuera liberado por la pérdida de un diente —el órgano más pequeño y «prescindible»— es una declaración de principios. Nos dice que el daño físico, por mínimo que sea, rompe el contrato de autoridad.

      Reflexión para hoy: El filósofo Bauman decía que en la modernidad líquida los vínculos se rompen fácilmente porque buscamos la satisfacción inmediata. La Torah, curiosamente, propone que el vínculo se rompa para proteger al vulnerable. En una sociedad donde a menudo «canibalizamos» el tiempo y la salud mental de los demás por productividad, la ley del «diente y el ojo» nos recuerda que la integridad física y emocional de una persona es el límite infranqueable de cualquier contrato.

      3. De la Posesión a la Responsabilidad

      Aunque el texto menciona que el esclavo es «propiedad» (v. 21), las leyes de los versículos 26 y 27 destruyen la noción de propiedad absoluta. Una «cosa» no tiene derechos; un ser humano sí. La Torah estaba, en su contexto, moviendo a la humanidad desde la «esclavitud total» hacia una forma de «contrato laboral» con derechos básicos.

      Reflexión para hoy: Hoy vivimos en la era del personal branding (la marca personal) y el capital humano (Potencialidad productiva de las personas de una empresa en función de su educación, formación y capacidades). Desde estos paradigmas del sistema, a veces, nosotros mismos nos tratamos como objetos de consumo, vendiendo nuestra privacidad y nuestra esencia al mejor postor. La parashá mishpatim nos invita a recuperar la noción de dignidad intrínseca. Si un esclavo en la antigüedad tenía un límite que su amo no podía cruzar, ¿cuáles son los límites que nosotros mismos nos ponemos frente a las exigencias de un mundo que nos pide ser «productivos» 24/7?

      Conclusión: La Santidad en lo Cotidiano

      Mishpatim nos enseña que la espiritualidad no se queda en el humo del incienso o en la altura del Sinaí. La verdadera espiritualidad se pone a prueba en la tensión del trato diario, en el manejo del poder y en el respeto por el cuerpo del otro.

      En una modernidad donde todo fluye y nada parece sólido, la responsabilidad por el prójimo —especialmente por aquel que está en una posición de vulnerabilidad— debe ser nuestra roca firme. La libertad no es solo «hacer lo que uno quiere», sino construir una sociedad donde nadie sea lo suficientemente «dueño» de otro como para herirlo sin consecuencias.


      Pregunta para mis lectores: En un mundo de empleos volátiles y redes sociales, ¿quiénes son los «invisibles» a los que hoy deberíamos otorgarles la libertad y el respeto que Mishpatim exigía hace milenios?

      La Cirugía Divina para la Verdadera Libertad

      Por P.A. David Nesher

      ¿Cómo conectarnos con la Luz de la Libertad?

      Introducción: El Llamado a Entrar («Bo»)

      Bienvenidos a este espacio de estudio y ascensión de conciencia. Esta semana nos encontramos bajo la energía de la Parashá Bo. Comúnmente traducimos Bo como «Ve» (hacia el Faraón), pero tanto el Zohar como los Sabios exégetas del hebreo nos enseñan que su significado más profundo es «Ven» o «Entra». No es un mandato geográfico, sino una invitación introspectiva: el Creador nos llama a ir hacia nuestro interior para hacer un balance de nuestro ego.

      Vivimos tiempos donde el sistema (representado por Egipto o Mizrayim) intenta programarnos mediante el miedo paralizante —miedo a la enfermedad, a la carencia, a la muerte—. Sin embargo, sabemos bien que la verdadera batalla no es externa; es una batalla por la inmunidad espiritual de nuestra alma. Hoy entenderemos que la redención (Gueulá) no es posible hasta que el ego comience a vivir crucificado con el Ungido (Cristo) cada día.

      ——————————————————————————–

      El Diagnóstico: La Jaula Mental y el Faraón Interno

      Para entender la libertad, primero debemos diagnosticar nuestra esclavitud. Muchos creen ser libres porque no tienen cadenas físicas, pero viven atrapados en una «jaula mental«.

      1. La Analogía del Pájaro

      Imagina un pájaro que ha sido liberado de una jaula gigante. Sale volando, cruza la puerta, pero no puede elevarse realmente porque lleva una «jaula chiquitita» amarrada a su cabeza. Esa jaula pequeña simboliza nuestros propios miedos, nuestras creencias limitantes y el «Falso Yo» que hemos construido sobre heridas del pasado.

      Reflexión de la comunidad: Como bien señaló la maestra Laura en nuestro estudio de webinar, existe una jaula peligrosa llamada «ilusión». Es creer que «seré un gran pintor» pero nunca tomar el pincel. Iniciamos cosas en la mente, pero nunca arrancan en la realidad porque la jaula nos impide conocernos a nosotros mismos.

      • La Parálisis del Miedo

      El sistema del Faraón trabaja inoculando pánico. Nos hace creer que nuestra seguridad depende de él. Pero el miedo es la antítesis del amor que perfecciona. Si todavía tenemos miedo a morir o a vivir, no hemos permitido que la Luz del Mesías entre en nuestros corazones.

      Aplicación: Muchos discípulos de Yeshúa han compartido en nuestro ministerio cómo los recuerdos del pasado los traicionaban al momento de vivir en misión redentora. Es que el Yetzer Hará (inclinación al mal) utiliza las heridas antiguas (lo que nos hicieron, lo que no nos dieron) para mantenernos rebeldes y enojados. Sanar esos recuerdos es vital para romper la jaula.

      ——————————————————————————–

      El Tratamiento: Las Plagas como Cura Divina

      Contrario a la visión popular de castigo cruel, debemos reinterpretar las plagas. Fueron una «cura divina».

      1. Restaurando el Sistema Inmunológico del Alma

      El alma tiene diez esferas o canales de luz (Sephirot) que actúan como su sistema inmunológico celestial. La esclavitud en Egipto había bloqueado estos canales, sometiendo al alma a lo sensorial y material. Las diez plagas tuvieron la misión técnica de limpiar y purificar cada una de estas diez esferas.

      2. Atacando el Orgullo Mental

      Las últimas tres plagas (langostas, oscuridad, muerte de primogénitos) son descritas en esta Parashá como las más críticas porque atacan la «metafísica mental». Su objetivo fue destruir el orgullo del Faraón, esa voz interna que nos dice: «Yo puedo solo», «Puedo empezar de cero sin Dios», «Mi intelecto es suficiente».

      La lección: Una cosa es que el propósito se cumpla desde mí (como con Moisés, en colaboración con Elohim) y otra es que se cumpla a pesar de mí (como con Faraón, mediante el quebrantamiento). ¿Qué significa esto? ¡Debemos elegir ser colaboradores, no obstáculos!

      ——————————————————————————–

      La Cirugía: La Circuncisión del Corazón

      La liberación externa (salir de Egipto) es inútil sin una transformación interna. Aquí entra el concepto clave de la cirugía sobrenatural.

      • Más allá del rito físico

      La circuncisión física es solo una sombra. La realidad espiritual es la circuncisión del corazón, un evento metafísico donde el «Doctor Eterno» corta la insensibilidad (el prepucio del corazón) y elimina la inclinación al mal.

      Profundización: El apóstol Pablo, en su epístola a los Colosenses (2:11), destaca que esta es una operación «no hecha de manos«. Es la «mudanza de naturaleza» necesaria para que la Torah no sea una imposición externa, sino un deseo interno del Espíritu Santo obrando en nuestro interior.

      • Del Corazón de Piedra al de Carne

      Recordemos esto: un corazón con cáscaras (klipot) es un corazón de piedra. Justamente la promesa del Eterno es:

      «Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne
      Ezequiel 11:19

      ¡Y ella es real para nosotros hoy! ¡En Yeshúa podemos recibir un corazón de carne, sensible a la voz divina!

      Esto es el verdadero «Nacer de Nuevo»: permitir que la Luz del Eterno entre y «cene» con nosotros, rompiendo la estructura del egocentrismo.

      ——————————————————————————–

      La Rehabilitación: Conciencia de Colectividad y Acción

      Una vez operados, ¿cómo vivimos? No como individuos aislados, sino como una Masa Crítica.

      1. El Peligro del Aislamiento (Salmo 64)

      El egoísmo se disfraza a menudo de piedad solitaria. Muchos usan textos como el Salmo 64 («escóndeme del consejo secreto de los malignos») para justificar abandonar la congregación por ofensas personales o «caprichitos egóticos».

      La Verdad: La redención requiere una conciencia de colectividad. Israel trasciende cuando funciona como un cuerpo unido. El individualismo nunca lleva a «la verdad y la vida». Quien desprecia a los redimidos, desprecia al Primogénito.

      • Pontífices entre dos mundos (Tefilín)

      La espiritualidad hebrea no es ascética; no se trata de huir a un monasterio, y vivir aislados de la sociedad. Se trata de elevar lo material, en medio del sistema de cosas que nos rodea.

      La Metafísica de la Acción: El mandamiento de atar la señal en la mano y en la frente nos enseña a ser «pontífices» (constructores de puentes).

          ◦ Frente (Yud-He): La mente conectada al mundo de arriba (instrucción).

          ◦ Mano (Vav-He): La acción concreta en el mundo de abajo (trabajo, familia).

      • Las cosas materiales deben ser el resultado de las celestiales. Nuestro trabajo es bajar la energía de las bendiciones (Berajot) y convertirlas en compensaciones físicas que reparen el mundo (Tikún Olam).

      En el siguiente video verás el resumen de todo lo que hasta aquí hemos considerado:

      ——————————————————————————–

      Conclusión: Reescribiendo el Futuro

      Estamos en una transición cuántica. No es momento de dudar. Como nos instó el mensaje profético del salmista, debemos aprender a contar nuestros días con sabiduría (Salmo 90:12), entendiendo que el tiempo es corto y debemos correr para anunciar al Cordero.

      El llamado final de Bo es este:

      1. Vuelve a escribir tus sueños: Retoma esos anhelos que el miedo paralizó. Escribe lo que se cumplió y lo que no.

      2. Identifica tu jaula: Observa dónde el miedo te detiene y aplica la «medicina» de las plagas (la certeza del poder de Dios).

      3. Conéctate al cuerpo: No seas un llanero solitario. La «masa crítica» o congregación es necesaria para que la Luz del Mesías descienda con poder.

      Yeshúa, el Mesías o Cristo, nuestro Segundo Redentor y Cordero de Pésaj, ya ha dado el golpe mortal al sistema. Ahora nos toca a nosotros salir de nuestro Egipto mental y caminar como hombres y mujeres libres, con el corazón circuncidado y la frente en alto.

      ——————————————————————————–

      Basado en las enseñanzas del Moreh David NesHer, Ministerio Monte Santo – Parashá Bo que puedes ver en el siguiente video:

      Rompe con el Sistema Reptiliano: El Código de la Manifestación

      Por P.A. David Nesher

      De la Supervivencia a la Manifestación: Cómo Romper el Sistema Reptiliano y Revelar la Luz Infinita

      Introducción: El Código Eterno más allá de la Historia

      A menudo, al acercarnos a las Sagradas Escrituras —o como prefiero llamarlas, el manual de instrucción de la Luz— cometemos el error de leerlas como un libro de historia antigua. Leemos sobre Egipto, Faraón y Moisés como eventos desconectados de nuestra realidad, ocurridos hace 3.500 años. Sin embargo, el libro de Shemot (Éxodo) no es un relato arqueológico; es un mapa codificado del alma humana. La Torah es eterna, lo que significa que contiene luz encriptada aplicable a cada instante de nuestra existencia.

      Hoy nos encontramos bajo la energía de la porción VaeráY me aparecí» o «Y me revelé«), inmersos en el periodo conocido como Shovavim: seis semanas críticas diseñadas para una dinámica psicofísica de desintoxicación del alma. El objetivo no es recordar cómo Israel salió de Egipto, sino entender cómo nosotros, hoy, podemos salir de nuestro propio estado de esclavitud para que el Creador se manifieste visiblemente a través de nuestra biografía.

      El Diagnóstico: Mitzrayim y el Sistema Reptiliano

      Para ser libres, primero debemos entender la naturaleza de nuestra prisión. En el código hebreo, Egipto se dice Mitzrayim, que no es un país geográfico, sino una situación mental. Significa literalmente «limitación a través de la angustia«.

      Vivimos inmersos en lo que los Sabios identifican como el «exilio romano» o edomita, caracterizado por un Sistema Reptiliano de cosas. Este sistema, heredero de la mentalidad de la Serpiente antigua en el Génesis (cap. 3), nos ha entrenado para operar bajo una premisa reduccionista: creer que somos meramente «animales racionales». Bajo esta influencia, el alma (Nefesh) es subyugada por los cinco sentidos físicos. Es decir que vivimos atrapados en el 1% de la realidad (el plano físico), ignorando el 99% restante (el plano metafísico).

      La Tiranía de la Supervivencia El síntoma más claro de este estado es el funcionamiento de nuestro cerebro. El sistema educativo y social occidental nos ha forzado a hipertrofiar el hemisferio izquierdo (analítico/lógico), diseñado evolutivamente para la supervivencia y la urgencia. Vivimos «apagando incendios», reaccionando con miedo ante los límites que nos impone el entorno. Esto anula el hemisferio derecho (creativo/artístico), aquel capaz de conectarse con la «supra-realidad» y dar propósito al caos. Cuando operamos solo desde la supervivencia, nuestras emociones dominan al pensamiento, y terminamos sufriendo nuestros límites en lugar de utilizarlos como trampolín para crecer.

      La Fábrica de Ladrillos: El Bloqueo del Intelecto

      La Torah, en el libro de Shemot (Éxodo), narra que Faraón obligaba a los hebreos a «fabricar ladrillos«. Metafísicamente, esto describe un estado psicológico devastador: tener preguntas existenciales (materia prima) pero no recibir respuestas (paja).

      Aquí entra en juego el papel nefasto de los dogmas (religiosos, académicos o sociales). El sistema, personificado en Faraón (el ego ególatra), utiliza el denominado «pensamiento mágico» para manipular a las masas. Nos dicen: «No preguntes, es un misterio de fe» o «Así siempre fueron las cosas». Esto genera una duda tóxica que conduce a la incredulidad y al agnosticismo práctico: vivimos como si Dios no existiera, sujetos a la ley de causa y efecto, en lugar de ser nosotros la «causa».

      La Duda Santa Sin embargo, Vaerá nos invita a redimir la duda. Como bien señalaba el pensador Octavio Paz, el lujo del alma humana es la capacidad de dudar, no para estancarse, sino para permitir que la imaginación toque la supra-realidad. Cuando la duda se dirige a la «Fuente Correcta» (la instrucción divina), deja de ser un ladrillo de esclavitud y se convierte en una llave de expansión. La verdadera espiritualidad no prohíbe las preguntas; las exige, porque cada respuesta divina expande nuestro cerebro (Mojin) y nos saca de la ignorancia.

      El Remedio: La Circuncisión de Labios

      ¿Cómo rompemos este ciclo? ¿Cómo alineamos pensamiento, emoción y acción para salir de Mitzrayim? La clave está en un concepto místico profundo mencionado por Moisés: la Circuncisión de Labios.

      Moisés alegaba ser «tardo para hablar«. Esto no era un defecto físico, sino una condición espiritual. Mientras nuestras emociones estén programadas por el sistema de esclavitud, nuestra boca está «incircuncisa». Nuestra boca (letra hebrea Peh) esconde en su grafía una Bet (Casa). Esto revela que somos una «Casa de Bendiciones», pero si la puerta está bloqueada, la luz queda atrapada dentro.

      El Intercambio de Poder El proceso de redención requiere una transacción:

      1. Nosotros entregamos nuestra Voz (Kol): Renunciamos al lenguaje del esclavo (queja, víctima).

      2. El Creador entrega su Verbo (Poal/Davar): Dios, que no tiene voz física, usa la nuestra para manifestar su poder creativo.

      Para que esto ocurra, debemos eliminar tres venenos que obstruyen el canal durante este tiempo de Shovavim:

      Las groserías: Que profanan la santidad del canal.

      Los chistes escarnecedores: La burla basada en los defectos ajenos, típica de una mente sin propósito.

      El juicio condenatorio (Lashon hará): Usar la palabra para destruir en lugar de construir.

      Solo cuando limpiamos la boca, podemos activar entidades energéticas (ángeles) y crear realidades. Dios creó el mundo con 10 dichos; cuando un ser humano alinea su habla con la voluntad divina, esos dichos activan en su alma 613 fuerzas lumínicas.

      La Estrategia: Ascenso y Descenso

      La verdadera Inteligencia Emocional (hbr. Binah)—término que el mundo empresarial tomó prestado de la sabiduría hebrea— no es solo psicología; es arquitectura espiritual. El método para que Dios se manifieste (Vaerá) es contrario a la intuición humana:

      No busques soluciones rápidas abajo: Ante un problema físico, no reacciones con urgencia (hemisferio izquierdo).

      Busca respuestas profundas arriba: Asciende al mundo metafísico (Neshamá) mediante el estudio y la meditación para obtener la Verdad.

      Desciende con Soluciones: Esa verdad espiritual, al bajar, se convierte en recursos, milagros y orden en el mundo físico.

      Como Israel al salir de Egipto, cuando operamos desde esta inteligencia, el mundo físico nos entrega sus recursos (oro y plata) porque reconocen en nosotros una autoridad que ordena el caos.

      Conclusión: La Manifestación Visible (Vaerá)

      El objetivo final de estudiar la Torá no es acumular información teológica —eso sería comer del Árbol del Conocimiento, «más de lo mismo»—. El objetivo es la transformación. Ser «Israel» significa luchar con los principios de Dios para gobernar nuestras emociones. Cuando logramos esto, dejamos de «sobrevivir» para empezar a «vivir».

      Nuestra misión en esta webinar y en la vida es clara: dejar que el Eterno nos tome. Que nuestras áreas de vida (salud, economía, familia) dejen de ser fuentes de angustia y se conviertan en escenarios donde las 613 luces de una conciencia rectificada brillen tan fuerte que, al igual que ocurrió con Moisés o con Yeshua en la transfiguración, el mundo no tenga otra opción que ver que el Reino de los Cielos se ha acercado.

      Estamos en Shovavim. Es tiempo de dejar de fabricar ladrillos para el ego y empezar a construir el templo de la conciencia humana.

      Con amor y a tu servicio David Nesher

      Cuando tu Cuerpo habla: ¿Sabes cómo Descodificar tu Egipto Interior?

      De la mentalidad reactiva de Egipto a la mentalidad suprarracional del Reino

      Por David Nesher

      Introducción: Redefiniendo la «Visión» de Dios

      ¡Que gran honor siento una vez más de comunicarme con ustedes! Y esta vez será para descodificar una de las porciones más potentes de la Torah (Instrucción) divina: VaeráY aparecí«).

      Vivimos en una cultura religiosa que nos ha enseñado a buscar a Dios en visiones místicas, esperando ver un trono en las nubes o manifestaciones sobrenaturales etéreas. Sin embargo, la enseñanza que analizamos hoy nos confronta con una realidad mucho más pragmática: Vaerá significa en su sentido místico «lo que se evidencia con los ojos físicos«. Con esta expresión quiero proclamar la verdad de que el Creador no se manifiesta en la fantasía, sino en resultados tangibles: en la salud de nuestro cuerpo y en la prosperidad de nuestra economía.

      Pero, ¿por qué muchos de nosotros trabajamos arduamente sin ver esa recompensa? ¿Por qué seguimos «fabricando ladrillos» en una zona de limitación y angustias? La respuesta no está en el cielo, sino en nuestro diseño interior.

      Como siempre se los digo, la Torah no es un libro de historia antigua; es una guía cósmica vigente para el alma humana hoy, y la clave que nos entrega es una regla de oro para la transformación personal bajo el paradigma: «¡Nunca cambia una manera de pensar, si primero no cambia una manera de sentir las cosas!»

      Por esta razón, en esta bitácora hablaremos de las Siete Plagas Emocionales. Un mapa de diagnóstico divino para identificar dónde nuestro «faraón interno» (el ego) ha pervertido los poderes de la imagen divina en nosotros.

      (Nota: Esta bitácora es un resumen de la webinar que encontrarás en Youtube:)

      ——————————————————————————–

      1. El Diagnóstico: Egipto y la Mentalidad Reactiva.

      Antes de entrar en las plagas, debemos entender el estado base del ser humano sin refinamiento. La Escritura lo llama Mitzrayim (Egipto), que se traduce como «lugar de la doble angustia«, «lugar de pensamientos limitantes«.

      Desde esta significación puedo asegurar que la persona que vive en «Egipto» es una persona sensorial. Capta los problemas económicos o familiares con sus sentidos y reacciona con miedo, angustia y urgencia. Su pensamiento es: «¡Necesito una solución rápida para no morir!». Esta reactividad es esclavitud. Dios quiere llevarnos a una mentalidad supraracional, donde iluminamos el cerebro con los pensamientos del Creador para controlar las emociones y manejar inteligentemente la realidad, brindando respuestas al mundo en lugar de ser víctimas de él.

      Pero para llegar a esa mente superior (las últimas tres plagas), primero debemos sanar las siete emociones inferiores. Vamos a recorrerlas, como enseña la fuente, desde afuera hacia adentro.

      ——————————————————————————–

      1. El Escáner del Alma: Las 7 Plagas Emocionales

      Hemos estudiado que de acuerdo a la mística de la Torah el alma tiene siete luces emocionales (las Sefirot) que conectan nuestro espíritu con la realidad. Cuando usamos nuestro libre albedrío para escoger el camino de la «muerte» (perversión/egoísmo) en lugar del de la «vida» (refinamiento espiritual), estas luces se convierten en plagas.

      1. La Plaga de Sangre: Sanando Malkut (Nobleza) La primera plaga golpea el río Nilo conviritiéndolo en sangre y representa la perversión de nuestra Nobleza (Malkut).

      • El Síntoma: La arrogancia. Esa es la actitud del Faraón que dice: «Todo esto lo he logrado solo«. Es el hombre o la mujer que excluye al Eterno y a su familia de sus logros, actuando como una isla.
      • La Evidencia Física: El cuerpo habla. Esta desconexión suele manifestarse en enfermedades de la sangre.
      • La Cura: Pasar de la arrogancia a la Autoconfianza Verdadera (Nobleza), reconociendo que no somos autosuficientes y dando lugar a los demás en nuestra vida.

      2. La Plaga de Ranas: Sanando Yesod (Vínculos) La segunda plaga invade la intimidad. Las ranas son seres de piel fría que se reproducen sin supervisión paternal.

      • El Síntoma: La Intimidad Fría. Es el uso utilitario del otro. Me vinculo con mi pareja o mi prójimo desde el «deseo de recibir solo para mí» (ratzón atzmó). Es congregarse, pero creer que uno sabe más que sus pastores o mentores.
      • La Cura: Aceptar el Mentoreo. La sanidad de Yesod requiere la humildad de dejarse supervisar. Si rechazamos la paternidad espiritual, la fuente nos advierte duramente: nuestros hijos pagarán el precio de nuestra rebeldía.

      3. La Plaga de Piojos: Sanando Hod (Humildad/Esplendor) Los piojos nacen del polvo y representan una distorsión de la humildad.

      • El Síntoma: La Apatía o Falsa Humildad. Es la persona que se conforma con el «perfil bajo», el empleado que solo espera su jubilación, carente de pasión vital. Esta «humildad» es en realidad una sumisión malsana que succiona la vida.
      • La Cura: Recuperar la Vitalidad y las Ideas. Dios nos diseñó para tener ideas productivas que nos saquen del polvo y nos permitan avanzar.

      4. La Plaga de Bestias Salvajes: Sanando Nétzaj (Persistencia) Aquí entramos en la ambición. La mezcla de animales salvajes ataca la luz de la Victoria o Persistencia.

      • El Síntoma: La Codicia. Es querer alcanzar metas «a costilla de los demás». Es convertirse en un depredador o victimario dentro de la propia familia o negocio para lograr el éxito.
      • La Cura: La Ambición Sana (Persistencia). Entender que la ambición no es mala si es la tenacidad para alcanzar objetivos sin destruir al prójimo.

      5. La Plaga del Ganado: Sanando Tiferet (Compasión/Belleza) Esta plaga mata el ganado, símbolo de recursos, atacando el equilibrio del corazón.

      • El Síntoma: La Compasión Maliciosa. Es una de las más sutiles. Es acompañar a alguien, no para ayudarlo a levantarse, sino esperando a que falle para decir: «Te lo dije» o para juzgarlo. Es aprovecharse de la debilidad ajena para sentirse superior.
      • La Cura: La Empatía Práctica. Acompañar al otro en sus debilidades sabiendo que el amor benevolente puede transformarlo.

      6. La Plaga de Úlceras/Tumores: Sanando Gevurá (Disciplina/Límites) Las úlceras impiden el contacto físico; generan separación.

      • El Síntoma: El Rechazo Cruel. Es usar la disciplina o el límite no para corregir, sino para dividir. Es sentir «asco físico» por el hermano, «que ni me toque, que ni me hable».
      • La Cura: La Disciplina Sana. Aprender a rechazar lo malo, pero no rechazar a la persona; poner límites sin crear división destructiva.

      7. La Plaga de Granizo: Sanando Jesed (Misericordia/Amor) Finalmente, el granizo (hielo y fuego) ataca nuestra capacidad de amar.

      • El Síntoma: El Amor Congelado o Egolatría. Es el nivel más alto del ego. Parezco bueno, presto mi auto, comparto mi casa, doy dinero… pero en el fondo hay un cálculo matemático: «Lo hago porque me conviene más a mí». Es usar la benevolencia como transacción comercial.
      • La Cura: La Benevolencia Regia. Descongelar el corazón para dar incondicionalmente sin que el motor principal sea el beneficio propio.

      ——————————————————————————–

      1. Conclusión: Escogiendo la Vida para Reparar el Mundo

      Amigos, las plagas no son un castigo cruel; son una dinámica del Eterno para despertarnos. El libre albedrío es la única fuerza que poseemos exclusivamente los humanos —ni siquiera Dios la tiene, pues Él no necesita elegir, Él es—.

      Estamos aquí para usar esa fuerza de escogimiento. No para elegir entre el «bien y el mal» moralista, sino para elegir entre el camino de la Vida (Refinamiento Psíquico) y el camino de la Muerte (Perversión).

      Si hoy te has visto reflejado en el espejo de estas plagas, es una buena noticia. Significa que puedes dejar de reaccionar como esclavo y empezar a sanar. Al rectificar estas siete emociones, preparamos la vasija para que la Mentalidad Supraracional descienda. Solo entonces dejaremos de ser víctimas de la economía o la salud, y nos convertiremos en portadores de respuestas y soluciones para el mundo.

      El Espíritu del Señor hoy nos vuelve a exhortar: «¡Escuchen, no oigan!». El cuerpo humano siempre habla.

      Que nuestra sanidad interior se convierta hoy en la evidencia visible (Vaerá) de la gloria de Dios en nuestras vidas.

      Shalom Ubrajot! (¡Paz y Bendiciones!)

      Mente sobre Materia: El Código Secreto para Dominar tu Economía y tu Destino»

      Por P.A. David Nesher

      Introducción: La Identidad frente a la Crisis.

      Vivimos tiempos donde la geopolítica y los medios de comunicación bombardean constantemente con una narrativa de miedo, carencia y fatalidad económica. Se nos dice que «no hay plata», que el cambio climático y las guerras traerán hambruna y pobreza,,. Sin embargo, la identidad de Israel y de aquellos injertados en el Mesías posee una matriz única que nos diferencia de la conciencia globalista: el Rigor (Gevurah).

      Este rigor no es severidad, sino la capacidad de autodisciplina e introspección diaria que nos permite acceder a una mentalidad superior: Mente sobre Materia. Hoy vamos a decodificar los secretos ocultos en el libro de Shemot (Éxodo) para entender cómo el Primer Redentor (Moisés) y el Redentor Final (Shiló/El Mesías) nos enseñan a dominar la realidad física en lugar de ser víctimas de ella.

      El Misterio de Shiló y la Gematria de la Redención

      Para entender nuestra autoridad, debemos mirar la profecía de Jacob sobre Judá:

      «No será quitado el cetro de Judá… hasta que venga Shiló«
      (Génesis 49:10).

      Tanto el judaísmo como el cristianismo coinciden en que Shiló es el Rey Mesías,. Pero, ¿qué conecta a Shiló con Moisés?

      La respuesta está en la matemática divina (gematría). El valor numérico del nombre Moshé (Moisés) es 345. Asombrosamente, el valor numérico de Shiló también es 345. Esto nos revela un patrón divino: Como fue el primer redentor, así será el final.

      Cuando Moisés huye a Madián tras ser rechazado por sus hermanos y perseguido por el Faraón, defiende a las hijas de Yitró. Ellas le dicen a su padre:

      «Un egipcio nos libró«
       (Éxodo 2:19)

      Entendemos que aunque Moisés era hebreo, vestía y parecía egipcio. Curiosamente, la frase usada por las hijas de Yitró al describir a Moshé: «un egipcio» (Ish Mitzri) también suma 345. Los sabios enseñan que, aunque por fuera parecía un gentil («un egipcio»), la guematría 345 revela que adentro estaba la esencia del Redentor (Moshé = 345).

      De la misma manera, el Mesías Yeshúa ha estado «oculto» para su pueblo dentro del exilio de Edom (Roma/Occidente), pareciendo un extraño hasta el momento de su revelación final. Para sus hermanos judíos, Yeshúa parece un «extraño» o un gentil, pero debajo de ese «disfraz» cultural reside el verdadero Redentor de Israel.

      Entonces, la guematría de 345 en la frase «un egipcio» nos enseña que la apariencia externa no anula la identidad interna. Profetiza que el Mesías (Shiló/345), al igual que Moisés (345), sería percibido inicialmente como un extraño o extranjero («un egipcio»/345) por su propio pueblo antes de revelarse plenamente para la redención final.

      Entender al mensaje encriptado en Shiló es comprender que la redención es un proceso cíclico de ocultamiento y revelación progresiva, diseñado para probar nuestra fidelidad.

      El Burro de Moisés: El Código de «Mente sobre Materia»

      El símbolo más potente de este dominio es el burro. Rashí señala que la Escritura habla de «el asno» (חמור – jamor)), un animal único que conecta a Abraham (Génesis 22), Moisés (Éxodo 4:20) y al Mesías (Zacarías 9:9).

      Pero el secreto radica en el idioma hebreo:

      Jamor significa «burro».

      Jomer (con las mismas letras) significa «materia», «dinero» o «materialismo».

      Cuando la Torá nos muestra a los «reyes espirituales» (Abraham, Moisés y Yeshúa) montando un burro, no nos está hablando simplemente de un medio de transporte, sino de autoridad espiritual. Esto significa que ellos están montados con toda potestad sobre la materia. En otras palabras, el mundo físico, las leyes económicas y la carencia (jomer) están completamente subyugados bajo su control espiritual.

      A diferencia de los reyes de la tierra que montan caballos (símbolos del orgullo y la guerra), el Rey Mesías monta un asno para demostrar que su Reino no compite con las armas del mundo, sino que se eleva por encima de las leyes de la físicalidad para operar milagros.

      La Advertencia de Sancho Panza: Debemos cuidarnos de no ser como Balaam, quien abusó del «burro» por codicia material, o como Sancho Panza (según Franz Kafka). El escritor checo decía:

      La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía sino Sancho Panza«

       Sugiriendo que el verdadero problema de Don Quijote no era su idealismo o sus delirios, sino el choque con la cruda realidad representada por Sancho Panza, su escudero, que lo anclaba a lo terrenal y aburrido, evidenciando que la fantasía es inofensiva hasta que la realidad (o quien la representa) la confronta y la destruye. 

      En este contexto, Sancho Panza no es solo un escudero, sino que representa el «burro interior» o la parte racional de la persona que habita en nosotros; llena de miedos y paradigmas del sistema reptiliano (Mitzrayim) que impide que nuestro espíritu (el Quijote) sueñe y alcance lo sobrenatural. Kafka tomaba la figura de Sancho Panza y su burro para simbolizar el conflicto entre la racionalidad limitante y el potencial espiritual.

      El problema, según esta interpretación, es que Sancho (nuestra racionalidad) no se da cuenta de que el burro está debajo de él para ser subyugado. Al no tener conciencia de dominio sobre la materia, este aspecto racional impide que la persona se permita soñar y, a su vez, obstaculiza los sueños de los demás.

      En resumen, la idea de Sancho Panza según esta enseñanza es una advertencia sobre cómo nuestra propia racionalidad miedosa y materialista puede sabotear nuestra capacidad de dominar las circunstancias y vivir una vida espiritual plena.

      Las Bodas de Caná: Cuando el Agua se Transforma en Vino

      Si montar el burro es el dominio externo, el vino es la revelación interna. En las bodas de Caná, Yeshúa realiza su primera señal transformando el agua en vino en seis tinajas de piedra.

      El Secreto (Sod): En hebreo, la palabra vino es Yayin y tiene el valor numérico de 70, igual que la palabra secreto (Sod). El Talmud enseña: «Cuando entra el vino (70), sale el secreto(70)» (Sanedrín 38ª).

      Las 6 Tinajas: El número 6 representa al hombre (creado en el sexto día) y al mundo físico.

      La transformación: Yeshúa toma el agua de la purificación ritual y la convierte en el «vino» del Reino. Este vino representa la sabiduría oculta reservada desde los seis días de la Creación, esa alegría y revelación que Adán no pudo esperar a beber santamente. Al transformar el agua ritual en vino, el Mesías indica que la humanidad (el 6) será llenada no de más ritos, sino de la «sangre» espiritual llena de gozo que permite comprender los secretos del cielo. Esta señal simboliza que la revelación de la Torah por medio del Mesías será inagotable. La «Viña» (Israel) bajo el cuidado del Mesías producirá una dulzura y una profundidad de conocimiento («vino») que excederá cualquier comprensión previa

      Con todo esto en mente, nos damos cuenta que beber el «vino» espiritual implica internalizar una revelación que desbloquea los misterios ocultos de la Torá que la mente racional por sí sola no puede alcanzar. Este vino no es alcohol físico, sino una metáfora de la sabiduría secreta de la Torá y la luz divina que ningún ojo ha visto todavía, y que solo el Mesías revelará plenamente en el Olam Habá (Mundo Venidero).

      Beber de este vino espiritual es acceder a la «Mente Millonaria» de Dios: no la acumulación egoísta de dinero, sino la comprensión de que en nosotros residen millones de posibilidades para bendecir y servir.

      Podemos imaginar la Torah literal como una uva cerrada. Es nutritiva por fuera, pero su verdadero potencial está oculto. La Mente del Mesías actúa como el lagar (la prensa). Él aplica la presión necesaria para romper la cáscara de la literalidad y la religiosidad externa. Lo que fluye de allí es el Yayin (Vino/Secreto): la esencia interior y dulce de la instrucción divina que ha estado guardada desde el principio. Beberlo es embriagarse, no de alcohol, sino de una comprensión superior que elimina el miedo a la carencia y revela la abundancia del Reino.

      Conclusión y Llamado a la Acción (Shovavim)

      Nos encontramos en las semanas de Shovavim, un tiempo profético para hacernos responsables de nuestras «travesuras» o “irresponsabilidades” pasadas. Es el momento de dejar de culpar a la economía, al gobierno o a la familia.

      El llamado es aplicar el rigor:

      1. Estudio y Oración: Levántate a estudiar los secretos del Cielo diariamente.

      2. Dominio: Monta tu «burro». No dejes que el miedo a la carencia te dirija; tú dirige la materia para el servicio divino (Avodá).

      3. Expectativa: Vive con la certeza de que el «Mundo Venidero» puede manifestarse aquí y ahora. En la mesa del Señor, al participar del vino, estamos anticipando la sanidad y la abundancia del Reino.

      Como Moisés (345) y Shiló (345), estamos llamados a ser libertadores. No te conformes con sobrevivir el 2026; decídete a vivir con Mente sobre Materia, transformando la realidad física a través de tu identidad espiritual.

      Te invito a ampliar todo esto escuchando esta webinar:

      ¿Qué Daños Produce la Envidia?

      P.A. David Nesher

      La Lección de Vayeshev

      Introducción: el Conflicto

      La porción Vayeshevy habitó» o «se asentó«), que abarca Génesis cap. 37, vers. 1 hasta cap. 40, v. 23, relata el asentamiento de Yaakov (Jacob) en la tierra de Canaán, simbolizando la búsqueda de estabilidad y prosperidad a la que aspira toda alma. Sin embargo, esta sección es el preludio de eventos turbulentos, detonados por una de las fuerzas más corrosivas del alma humana: la envidia.

      La historia de Yosef (José) y sus hermanos ilustra cómo la envidia, producto de los celos y el odio, puede desmantelar los lazos familiares y el propósito divino. Yaakov amaba a Yosef más que a todos porque era hijo de su ancianidad, y le obsequió una  ketonet passim (כְּתֹנֶת פַּסִּים) en hebreo bíblico, traducida comúnmente como «túnica de muchos colores«, o «túnica a rayas» . Este favoritismo, sumado a los sueños proféticos de Yosef (donde sus hermanos y sus padres se postraban ante él), generó odio y celos. El relato del hagiógrafo nos dice que sus hermanos, sintiéndose injustamente desplazados, no podían hablarle apaciblemente.

      El Poder Tóxico de la Envidia: Un Motor Antiprosperidad

      De acuerdo a los especialistas de las ciencias del alma, la envidia es una emoción compleja, una resultante de los celos y el odio, que se describe en las Escrituras como un combustible tan tóxico que posee un poder anti prosperidad. Su poder radica en su origen:

      1. Percepción de injusticia: La envidia nace de una percepción distorsionada o equivocada de la realidad. Los hermanos creyeron que, si Yosef se elevaba como maestro y rey (como sugerían sus sueños y la túnica que le regaló su padre), ellos serían exiliados de la casa paterna, al igual que Ishmael o Esav (Esaú) en generaciones anteriores.

      2. Deseo de lo Ajeno: El envidioso cree que el otro no merece el éxito o la ventaja que experimenta, sino que le pertenecían a él.

      3. Inseguridad: La envidia a menudo surge de una persona con inseguridad y una autoestima muy baja, que se siente irracionalmente amenazada por el éxito ajeno.

      Motivados por este poder negativo, los hermanos de José conspiraron con el objetivo de eliminar la amenaza. Planearon asesinarlo, y finalmente, la traición se concretó al venderlo a mercaderes ismaelitas y madianitas, iniciando su viaje como esclavo a Egipto.

      Consecuencias de la envidia en el individuo y en su entorno

      La envidia produce consecuencias negativas devastadoras en tres niveles:

      Para el Envidioso (Los Hermanos)Para el Envidiado (José)En el Ámbito Social (La Familia)
      Pérdida de progreso personal, ya que gasta energía buscando la destrucción del otro.Acoso, difamación y sabotaje de sus logros y relaciones.Conflictos y la destrucción de relaciones o vínculos.
      Sufrimiento emocional (odio, enojo, victimización).Estrés y ansiedad por ser víctima constante de los ataques sutiles y la violencia.Manipulación del entorno para ganar adeptos a la envidia.
      Aislamiento social y pérdida de empatía.Pérdida de confianza en los demás.

      La envidia de los hermanos llevó a José a una crisis existencial, pero esta crisis fue el catalizador de su crecimiento. La traición es una de las manifestaciones más peligrosas de la envidia, especialmente cuando se utiliza información confidencial en contra de la víctima.

      La Respuesta de la Torah: La Integridad y el Salaj

      Yosef, a pesar de ser vendido y encarcelado injustamente en un «pozo» (más tarde la prisión egipcia), se mantuvo en fidelidad e integridad. Su historia es un ejemplo de cómo superar la adversidad mediante la congruencia: lo que pensaba y creía, lo manifestaba en su vida diaria con fidelidad.

      La integridad de Yosef fue probada por la tentación de la esposa de Potifar, a la que se enfrentó insistentemente. Este rechazo al pecado lo mantuvo como un ish tzadik (varón justo).

      La recompensa de esta fidelidad es la prosperidad verdadera, definida por el concepto hebreo Salaj (צָלַח). La expresión Salaj significa tener éxito, prosperar en todo y avanzar en victoria. Este éxito se manifiesta en dos planos:

      1. Plano Material: El Eterno estaba con José, y él prosperó, elevándose a posición de autoridad en la casa de Potifar y luego en la cárcel, demostrando que un justo siempre se convierte en un imán de riquezas materiales.

      2. Plano Espiritual: Salaj significa florecer desde el espíritu para crear una moral de bendiciones.

      El verdadero éxito según la Torah no se mide por la acumulación material, sino por la fidelidad y la obediencia a los mandamientos (en hebreo mitzvot) del Eterno.

      El Camino a la sanación: El perdón y la Reparación (Tikun)

      Superar el poder de la envidia, el odio y el resentimiento requiere un proceso activo de sanación y corrección.

      1. La Terapia del Perdón: Esta es la solución primordial. El perdón se enfoca principalmente en la sanación personal del ofendido (el envidiado), permitiéndole liberar el rencor y el enojo acumulado.

      2. No tomar venganza: Es crucial dejar el castigo en manos de Yah, el Vengador (Goêl), quien se encarga de activar los juicios divinos sobre las personas que envidian. No se debe tomar represalias.

      3. Tikun (Autocorrección): La superación de estas emociones negativas requiere el reconocimiento y la aceptación de que existen, seguido por la decisión individual y personal de redimirse, corregirse y rectificarse. Se sugiere que Yosef pudo haberse autoperdonado al reconocer que el orgullo que había estado alimentando contribuyó al «pozo» en el que cayó.

      4. Comunidad de apoyo: Congregarse con una comunidad que ama la Torah y estimula el amor y las buenas obras (Hebreos 10:24-25) ayuda a evitar los celos.

      En la enseñanza del apóstol Pablo, se resume esta superación: «No te dejes vencer por el mal, al contrario, vence el mal con el bien» (Romanos 12:21).

      Al reflexionar sobre la travesía de José, comprendemos que la búsqueda de estabilidad y prosperidad (Vayeshev, «y se asentó«) es un anhelo inherente a las raíces más profundas de nuestra alma, anhelo que brota del Tzelem Elohim (la imagen de Dios) en nosotros. Sin embargo, la Torah nos recuerda que la verdadera tranquilidad es una ilusión que alimenta el ego, pues el crecimiento espiritual siempre vendrá a través de las pruebas enfrentadas con una mente en calma.

      La historia de Yosef nos lleva a una profunda meditación: ¿Cómo puede un alma no solo sobreponerse a la adversidad y a la envidia de sus propios hermanos, sino también prosperar? La clave se encuentra en el concepto de Salaj (צָלַח), que no es simplemente acumulación material, sino tener éxito, prosperar en todo y avanzar en victoria. El Salaj se manifiesta cuando el individuo florece desde su espíritu para crear una moral de bendiciones, asegurando que todo lo que se haga en el plano material tenga el respaldo del mundo espiritual.

      El verdadero éxito en los términos de la Torah nunca se mide por cuánto poseemos, sino por la fidelidad y la obediencia a los mitzvot (mandamientos) del Eterno. La integridad de José, su emuná inquebrantable y su obediencia en el cautiverio lo hicieron un imán de las bendiciones y la prosperidad.

      La historia de Yosef nos enseña que la adversidad y la envidia son obstáculos, pero nunca tienen el poder de mantenernos en el pozo. La fidelidad al Eterno, la integridad en nuestra conducta y la sanación a través del perdón son las herramientas que nos permiten florecer y alcanzar el Salaj en medio de cualquier tormenta.

      La envidia es como un ancla pesada que hunde el barco del progreso personal, obligando al envidioso a gastar toda su energía en intentar detener a los demás. La integridad, en cambio, es como una vela que, al ser orientada por el viento del Espíritu, permite al individuo avanzar en victoria (Salaj), sin importar qué tan fuerte sea la tormenta que otros hayan desatado en su contra.

      Nuestra lección final es que, al igual que José, debemos emprender la terapia del perdón y el autoperdón, liberando el rencor que pudimos haber acumulado al ser blanco de la envidia. Es un acto de autocorrección (Tikun) y la aceptación de que la venganza pertenece solo a Dios, el Vengador (Goel).

      Al final, la Torah nos llama a la acción desde Romanos 12:21: «No te dejes vencer por el mal, al contrario, vence el mal con el bien». La fidelidad a Su instrucción es la que otorga la victoria y la recompensa. Si nos mantenemos firmes en la integridad y la obediencia, aunque la envidia pretenda echarnos al pozo, nunca logrará mantenernos allí. El Padre nos promete que, al igual que Yeshúa venció y se sentó en Su Trono, a quien venza la adversidad, le concederá sentarse con el Mashíaj en Su Reino Milenial.

      Te recomiendo profundizar esta temática escuchando esta enseñanza:

      ¿Vendes tu Alma por un Plato de Lentejas? El Secreto Mesiánico para Unificar tu Vida y tu Trabajo

      Por P.A. David Nesher

      Vivimos fragmentados. En la era de la conexión constante, paradójicamente, nos sentimos más desconectados que nunca. Desconectados de nuestro propósito, de nuestros seres queridos e incluso de nosotros mismos. Corremos de una tarea a otra, apagando incendios urgentes, mientras las cuestiones verdaderamente importantes —nuestra fe, nuestra familia, nuestro legado— quedan relegadas a un segundo plano, esperando un momento de calma que nunca llega.

      Esta tensión entre las demandas del «ahora» y el llamado del «mañana», entre la gratificación inmediata y el propósito eterno, no es un fenómeno moderno. Es una lucha arquetípica del alma humana, magistralmente retratada en la Parashat Toldot del Génesis. La historia de los gemelos Jacob y Esaú no es solo un drama familiar antiguo; es un espejo donde podemos ver reflejadas nuestras propias luchas por encontrar un equilibrio auténtico en la vida.

      El Arquetipo del «Ahora» y la Trampa de la Inmediatez.

      Esaú, el cazador, el hombre de campo, personifica el impulso hacia la gratificación inmediata. Llega exhausto y hambriento, y en ese estado de vulnerabilidad, su juicio se nubla. Cuando su hermano Jacob le ofrece un guiso de lentejas a cambio de su primogenitura —su derecho de nacimiento, su liderazgo espiritual y su legado—, la respuesta de Esaú es escalofriante: «He aquí, yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?«.

      Para Esaú, el futuro es una abstracción sin valor. Su mundo se reduce al deseo del momento presente. Desprecia su legado eterno por un placer efímero. ¿Cuántas veces actuamos como Esaú en nuestra vida diaria? ¿Cuántas veces sacrificamos lo duradero —tiempo de calidad con la familia, nuestro desarrollo espiritual, nuestra integridad— por la satisfacción rápida de un logro laboral inmediato, una distracción digital o una compra impulsiva? Este comportamiento es la manifestación moderna del Homo Economicus, que descuenta el futuro y sobrevalora el presente.

      El Arquetipo del «Mañana» y la Visión del Propósito

      Frente a él está Jacob, el «hombre en Shalom, que habitaba en tiendas», interpretado por la tradición como un estudioso de la Torah. Jacob representa la visión a largo plazo, el sentido de propósito eterno. Él entiende que la primogenitura tiene un valor intrínseco que trasciende el momento presente; es una conexión con un pacto divino y una misión que va más allá de su propia vida. Jacob es el estratega que está dispuesto a invertir en el futuro, a sembrar hoy para cosechar mañana.

      La lección inicial de Toldot es clara: una vida gobernada únicamente por la gratificación inmediata lleva a la pérdida de la identidad y el destino.

      La falsa dicotomía: ¿Dios o el Mundo?

      Esta tensión se manifiesta también en el ámbito religioso. Existe una tradición que interpreta el «habitar en tiendas» de Jacob como una dedicación exclusiva al estudio y la oración, a expensas del trabajo mundano y el sustento familiar. Esto plantea una pregunta crucial para todo creyente: ¿Debemos elegir entre Dios y el mundo? ¿Es la vida espiritual incompatible con el éxito profesional y la vida familiar?.

      La respuesta mística y práctica a la vez, arraigada en la propia Torah y en las enseñanzas de Yeshúa, es un rotundo no. Nuestro RYBY enseñó que el amor a Yah y el amor al prójimo son inseparables; la fe verdadera se manifiesta en acciones concretas en el mundo . No podemos aislarnos en una «tienda» espiritual e ignorar las necesidades de quienes nos rodean. El verdadero servicio a Dios implica servir a los demás.

      La integración mística: La Voz y las Manos

      La Parashat Toldot nos ofrece una solución profunda a esta aparente dicotomía a través de un episodio crucial: el momento en que Jacob, guiado por su madre Rebeca, se disfraza de Esaú para recibir la bendición de su padre Isaac. Isaac, confundido, pronuncia una frase que encierra el secreto de la integración: «La voz es la voz de Jacob, mas las manos son las manos de Esaú«.

      • La Voz de Jacob: Representa nuestro propósito, nuestros valores, nuestra visión espiritual, nuestro «por qué».
      • Las Manos de Esaú: Representan nuestra capacidad de acción, ejecución, trabajo y eficacia en el mundo material.

      El desequilibrio surge cuando vivimos en uno solo de estos polos. «Solo la Voz de Jacob» lleva a ideales sin acción, a una espiritualidad desconectada de la realidad. «Solo las Manos de Esaú» conduce a un activismo frenético sin propósito, al agotamiento y al vacío existencial.

      El «engaño sagrado» de Jacob no es una simple treta, sino una lección mística de integración. Jacob, el visionario, debe «vestirse» con la capacidad de acción de Esaú para materializar su propósito en el mundo. Su vida posterior como pastor diligente y exitoso demuestra que aprendió esta lección: su ética de trabajo era impecable, pero siempre estuvo al servicio de su misión mayor.

      Hacia una vida unificada

      El verdadero equilibrio entre trabajo y vida personal no es una separación rígida de tiempos, sino una unificación de propósitos. Se logra cuando nuestras «Manos de Esaú» (nuestro trabajo diario) se convierten en la expresión tangible de nuestra «Voz de Jacob» (nuestro propósito espiritual). Dejamos de ver el trabajo y la fe como compartimentos estancos y comenzamos a vivir una vida integrada, donde cada acción, por mundana que parezca, está impregnada de sentido.

      Esta es la bendición de una vida unificada: la capacidad de navegar la tensión entre el ahora y el mañana, no eliminándola, sino utilizándola como un motor de crecimiento y propósito. Es la sabiduría de saber qué «Esaú interior» (impulsos inmediatos) debemos refrenar y qué capacidad de acción debemos potenciar para servir a nuestro «Jacob interior» (propósito trascendente).

      La Parashat Toldot nos enseña que el equilibrio no es un estado de reposo, sino un dinamismo constante. Es la sabiduría de saber qué «Esaú interior» debemos alimentar y cuál debemos trascender, y qué «Jacob interior» debemos proteger y potenciar.

      En última instancia, la Parashat Toldot nos desafía: no vendas tu primogenitura espiritual por un plato de lentejas momentáneo. Busca la integración. Une la voz del propósito con las manos de la acción, y encontrarás no solo el equilibrio, sino la bendición de una vida plena y significativa. Al final, se trata de que nuestra vida y nuestro trabajo dejen de ser dos reinos separados, para fundirse en una única, coherente y bendita realidad: una vida con propósito.

      La Moneda y el Legado: Las Llaves para un Tiempo sin Edad

      Por David Nesher

      Parashá Jayei Sarah

      A lo largo de nuestro distintos ciclos de estudio de la Torah, hemos aprendido que la porción Jayei Sarah (Génesis, capítulo 23) no es simplemente un recuento histórico, sino, y por sobre todo, un texto profundamente alegórico que funciona como un pasaje de transición y el manual para el establecimiento de un legado espiritual perdurable. Al enfocar la vida de Abraham y Sara, esta porción nos enseña una verdad sorprendente: la verdadera madurez y la juventud no son estados opuestos, sino que pueden existir simultáneamente.

      El relato comienza con la muerte de la matriarca Sara, una figura de inmensa estatura espiritual, considerada por los Sabios y midrashim como una mujer con el espíritu de profecía mayor que el que tenía Abraham (Avraham). El mensaje del por qué esta apreciación es más que claro: fue solo junto a Sara que Abraham pudo reparar el mundo guiandolo hacia la benevolencia infinita de Yah. Es por ello que el fallecimiento de nuestra matriarca marca el inicio de una serie de acciones por parte de Abraham destinadas a anclar y asegurar su revolución espiritual para la eternidad.

      El anclaje físico y espiritual: la adquisición de la Cueva de Macpelá

      Tras la pérdida de su amada Sara, Abraham avinu se dedica a asegurar un lugar de entierro. Este acto no fue una simple transacción, sino un movimiento clave para el cumplimiento de las promesas divinas. Abraham compra el campo y la cueva de Macpela en Hebrón. Esta no fue una simple compra; Abraham sabía, a través de la experiencia profética, que Macpela era el lugar de entierro de Adam y Javá y la entrada misma al Jardín del Edén (Gan Edén). Al adquirirlo con moneda negociable «para siempre», Abraham aseguró la llave para que sus hijos heredaran la tierra a él prometida. Este evento se realiza con el reconocimiento explícito por parte de los hijos de Het de la realeza y el estatus que Abraham había alcanzado entre ellos: «tú eres un príncipe de Elohim en medio de nosotros«.

      En otros ciclos de estudio hemos aprendido que la elección de Macpelá es significativa por razones que van más allá de lo terrenal. Abraham ya estaba consciente de la santidad de ese lugar a través de la experiencia profética. Él sabía que la cueva no solo era el lugar de entierro de Adán y Eva, sino la entrada misma al Jardín del Edén (Gan Edén). Al adquirir Macpelá «para siempre» con moneda negociable, Abraham establece la llave para que sus hijos heredaran la tierra prometida por Dios, asegurando el fundamento físico de su linaje.

      La corona de la vejez: El Secreto de Zikna

      Una vez completado el anclaje físico, la Torah se enfoca en la esencia personal de Abraham, describiéndolo:

      «Abraham era viejo, avanzado en años, y el Eterno había bendecido a Abraham con todo

      Esta no es una descripción ordinaria de la vejez, sino la introducción del concepto místico de zikna, que expresa la esencia del secreto de la edad avanzada.

      Entendamos que el concepto tradicional de vejez ya existía, como podemos ver como ejemplo respecto a los ciudadanos de Sodoma (Bereshit | Génesis 19:4). Sin embargo, el concepto zikna de Abraham se refiere al tipo de vejez que deber ser adquirida por medio de la búsqueda de la Verdad revelada desde el amor divino ilimitado o la Gracias de Dios. El Sabio Maharal explica que la vejez según esta sección de la Torah se identifica con una persona que ha adquirido entendimiento y sabiduría, por lo que se le llama la corona de la vejez.

      El Midrash y los Sabios explican que Abraham fue la primera persona a la que se atribuyó este nivel de vejez. Anteriormente, las generaciones, al no reconocer al Creador, carecían de la verdadera sabiduría; su inteligencia permanecía en un estado inmaduro o de «desarrollo detenido». Al difundir el conocimiento del Eterno, Abraham legó la verdadera inteligencia al mundo. Él incluso oró para que se hiciera una diferenciación visible (zikna, representada por el cabello blanco) entre la juventud y la vejez, para que fuera evidente que con la madurez del intelecto, una persona había hecho una diferencia, asegurando que el conocimiento de Yah se transmitiera como un legado para toda la humanidad.

      La Moneda: Símbolo de valores reevaluados y juventud perpetua

      El legado de Abraham y Sara se encapsula perfectamente en la alegoría de la moneda acuñada por Abraham. Esta moneda, según el Midrash, mostraba un anciano y una anciana en un lado, y un joven y una doncella en el reverso.

      Aquí debo decir que, en la antigüedad el acto de acuñar una moneda es una poderosa metáfora pues representaba la soberanía, la influencia en la sociedad y la aceptación por parte del público. Una moneda carecía de valor si la gente no la aceptaba como moneda de curso legal ya que el motivo de acuñar una nueva moneda simbolizaba la alteración de las costumbres. Esto se conecta con el concepto filosófico de «cambiar la moneda» o «reevaluar los valores» que en la filosofía griega está relacionado con Diógenes de Sínope. La historia cuenta que Diógenes se vio envuelto en una conspiración para desfigurar la moneda de Sínope, la ciudad griega en que había nacido y vivía, por lo que fue sentenciado y arrestado por el delito de falsificación.

      La historia continúa diciendo que, después de consultar al Oráculo de Delfos para pedir consejo sobre si debía continuar con este «fraude». Aunque el Oráculo parecía animarlo a seguir, Diógenes no comprendió que el Oráculo realmente le estaba aconsejando que alterara las costumbres de Grecia. Esto se debe a que la palabra griega que fue expresada por el Oráculo era ambigua, y significaba tanto «moneda» como «costumbres». Ante esta anécdota, y tiempo más tarde, esta expresión délfica fue adoptada como el eslogan de la secta cínica de la filosofía griega fundada por Diógenes y se tradujo como «cambiar la moneda» o «reevaluar los valores» de la sociedad.

      Dicho esto, continuaré con esta bitácora agregando que según los midrashim, en esta alegoría el secreto de la moneda no es numismático, sino espiritual: ya que representa el poder que se le reconocía a un ser humanos por lograr cambios en los valores de la sociedad en la que vivía. Justamente Abraham y Sara eran considerados como realeza, o «príncipes de Dios», por las innumerables almas que rescataron de la idolatría y llevaron al conocimiento del Creador (Yahveh) y sus principios. En medio de los cananeos ellos eran líderes espirituales de una magnitud que les permitía dictar nuevos valores.

      Así como el lema del filósofo Diógenes el Cínico era «cambiar la moneda» (o «reevaluar los valores»), Abraham y Sara llevaron a cabo la revolución espiritual más deseable al introducir el conocimiento del Creador, cambiando completamente los valores del mundo.

      Aunque una interpretación de la mayoría de los midrashim ve los dos lados como la transferencia del legado a Isaac (Yitzhak) y Rebeca (Rifka), la enseñanza más profunda y mística afirma que ambas caras representan a Abraham y Sara, por lo que la moneda ilustra la simultaneidad de la vejez y la juventud que vibraba en ellos.

      A través del reconocimiento del Eterno, Abraham y Sara lograron fusionar la bondad de la vejez (estabilidad, sabiduría, humildad, la voz de la razón, etc.) con la bondad de la juventud (energía, idealismo, positividad, militancia y poder para la revolución). Su zikna se convirtió en un puente que los conectaba con su juventud.

      De esta manera, la moneda atestigua el secreto de la juventud perpetua: cuanto más envejecían, más jóvenes se volvían, siendo renovados como el águila de acuerdo a lo que el profeta Isaías describe:

      «Mas los que esperan a Yahveh tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán
      (Isaías 40:31)

      La vida de Sara y su transición al descanso eterno, seguida por las acciones de Abraham, nos enseña que el mayor logro de la edad avanzada es asegurar que el espíritu de la juventud, la energía para la revolución y el idealismo, se mantengan inmutables a través de la sabiduría del zikna.

      Existe una leyenda que cuenta que el explorador Ponce de León buscaba un manantial mágico en la isla de Bimini (en las Bahamas) cuyas aguas devolverían la juventud a todo aquel que bebiera de ella. Así fue como en 1513, zarpó desde Puerto Rico con tres barcos. En verdad, su objetivo principal era explorar y reclamar nuevas tierras para la corona de España. Por eso, durante esta expedición, Ponce de León descubrió la península de Florida, a la que llamó «Tierra de la Pascua Florida», y también la corriente del Golfo. Pero, nunca encontró la Fuente de la Juventud. 

      Ahora bien, mientras exploradores españoles del siglo XVI como Ponce de León buscaban la mítica Fuente de la Juventud en Florida, la Sabiduría de la Torah nos enseña que Abraham y Sara manifestaron el secreto de la juventud perpetua. El verdadero camino para permanecer siempre joven no es negar la vejez, sino llenarla de la sabiduría del zikna, convirtiéndola en la fuente inagotable de energía y renovación de nuestra alma.

      El Zikna como ancla de sabiduría ante la incertidumbre

      Considerando todo lo hasta ahora expuesto, diré que si la modernidad líquida, como la describió el sociólogo Zygmunt Bauman, se define por la ausencia de anclas sólidas, el constante cambio de costumbres y una crisis de identidad marcada por la inestabilidad, la Porción de la Torah Jayei Sarah ofrece una solución trascendental.

      En nuestra era, donde las tecnologías y las tendencias reevalúan constantemente lo que tiene valor, la juventud se idealiza hasta el punto de la negación de la vejez. La gente tiene dificultades para envejecer y muchos intentan negarlo o disfrazarlo. Aquí es donde el legado de Abraham se vuelve vital.

      En un mundo de «desarrollo detenido» intelectual —similar a las generaciones previas a Abraham que carecían de sabiduría porque no reconocían al Creador—, el concepto de zikna se presenta como la cura. El zikna no es la vejez biológica, sino la corona de la vejez, la inteligencia duradera que se adquiere a través del reconocimiento del Creador y la madurez del intelecto.

      La Moneda como resistencia al relativismo de la postmodernidad.

      La alegoría de la moneda, que simboliza el acto de «cambiar completamente los valores del mundo» a través de la introducción del conocimiento del Creador, ofrece una estrategia de resistencia ante el relativismo ético.

      En la modernidad líquida, los valores son constantemente negociables y sujetos a la opinión pública (como una moneda cuyo valor depende de la aceptación). Sin embargo, la moneda de Abraham representa un acto de soberanía espiritual. Al acuñar su propia moneda, Abraham y Sara no solo desafiaron la «moneda» (las costumbres) de su época, sino que establecieron una nueva moneda de curso legal espiritual basada en la verdad inmutable.

      El secreto de la juventud perpetua en la fluidez

      Finalmente, la moneda simboliza la fusión de la juventud y la vejez que coexisten simultáneamente. En una sociedad obsesionada con la juventud física, la enseñanza de Abraham nos recuerda que la verdadera energía (juventud) no se agota, sino que se renueva constantemente «como el águila».

      El secreto para permanecer joven para siempre en la fluidez de la modernidad es utilizar la sabiduría adquirida (zikna) como el puente que conecta la estabilidad de la edad con la energía y el poder de revolución de la juventud. Al reconocer al Creador como nuestra Fuente, y hacerlo nuestro Padre por medio de Yeshúa, Su Ungido, logramos la síntesis que nos permite combinar el idealismo con la razón, asegurando que nuestro legado, al igual que la vida de Sara, sea mucho más que un final: sea el inicio de una renovación perpetua.

      La pasividad ante el pecado es una forma de complicidad silenciosa.

      P.A. David Nesher

      Parasha Pinjas (Números) 25:10 – 30:1

      En tiempos de crisis espiritual como los que estamos viviendo, cuando el pecado se normaliza y el honor del Eterno parece ignorado, a veces es necesario que alguien se levante con firmeza, incluso si eso significa hacerlo solo.

      En la parasha de esta semana, hemos estudiado que Pinjás no esperó órdenes. Tampoco buscó aprobación social. Él era movido por un celo ardiente por la santidad divina manifestada en el campamento; anhelaba la pureza del pueblo. Pinjás tuvo celo por el nombre del Eterno que estaba siendo profanado públicamente.

      Su acto, que a simple vista pudo parecer violencia expresada a su más alto potencial, fue visto por Yahveh como una defensa apasionada de la Verdad revelada en la Torah, y la vida espiritual de Israel que desde ella emanaba. Por todo esto recibió un premio sin igual: un pacto de paz y el sacerdocio eterno.

      Aquí aprendemos algo vital: La paz verdadera no es pasividad. La paz verdadera a veces requiere enfrentar con firmeza el mal.

      Es por lo aquí aprendido que siempre enseño e insisto en que no todo el que busca la “tranquilidad” en esta vida, manteniéndose en su zona de confort, está en paz con el Eterno.

      Siempre mantengamos en nuestra mente la lección que de las mismas Sagradas Escrituras aprendemos: la pasividad ante el pecado puede ser una forma de complicidad silenciosa.

      Notamos que Pinjás actuó en un momento crítico, cuando otros preferían mirar a otro lado. Su acto nos recuerda que no es suficiente saber lo que está mal. El verdadero amor por el Nombre del Eterno se manifiesta en decisiones difíciles que honran Su voluntad, aún a costa del aplauso humano.

      En estos días de la postmodernidad nihilista, nosotros también estamos llamados a actuar. Estamos convocados por el Espíritu de la Profecía a no quedarnos en la indiferencia. A ser agentes redentivos de santidad en medio de la oscuridad que está invadiendo las naciones. El Eterno nos llama a elegir lo correcto, incluso si eso significa incomodarnos o incomodar a otros.

      Y así, como Pinjás, podremos ser merecedores de un pacto de paz: la paz que nace de vivir en fidelidad con el Creador. La paz que sobrepasa todo entendimiento y logra guardar nuestro mundo emocional y nuestro pensamiento en Yeshúa el Ungido de Dios, Dueño y Maestro de nuestras vidas.

      Con amor y a tu servicio: David Nesher

      ¿Qué es el Mal? y ¿Cómo desterrarlo de tu Vida, Familia y Economía?

      Por P.A. David Nesher

      Comenzaré esta bitácora, compartiéndote una frase del maestro Tzvi Freeman:

      «Luchar contra el mal es una tarea muy noble cuando es necesario. Pero no es nuestra misión en la vida. Nuestra tarea es traer más luz».

      Después de leerla quedé meditando que desde tiempos inmemoriales el hombre ha contemplado la vida, cuestionado el propósito de la existencia y, como consecuencia, ha intentado entender la naturaleza del mal haciéndose varias preguntas: ¿Cuál es la función del mal? ¿Por qué motivos existe el mal en el universo? ¿Cómo es posible que Dios creara el mal? ¿Es algo real, con sustancia y poder? ¿O no es más que la ausencia de verdad, un vacío de realidad, oscuridad, una negación de la luz? Si es real, ¿cómo pudo Dios permitirlo en su mundo?

      Algunos Sabios aseguran que los secretos de la Torah (Instrucción) divina revelan que el mal es oscuridad; nada más que una ausencia de luz. Entonces, si es solo oscuridad, ¿cómo es posible que la oscuridad desafíe a la luz? Y además, ¿cómo podría el Creador, que es bondad y compartir absolutos e ilimitados, crear individuos que alberguen una capacidad tan grande para el comportamiento maligno?

      Así, termino deduciendo que ninguna respuesta que encontremos nos satisfará por completo. Y es que el mal está demasiado cerca como para verlo con claridad; es demasiado doloroso como para etiquetarlo. Sin embargo, y por otro lado, sino comprendemos qué es el mal, ¿cómo podemos luchar contra él?

      Volvamos entonces a lo revelado por la Instrucción divina. En ella, la metáfora del mal es la oscuridad. Eso simplemente significa la ausencia de verdad. Un vacío de realidad. Como la oscuridad, el mal no tiene poder propio. No tiene vida propia. ¿De dónde, entonces, obtiene el poder de causar tanto dolor en el mundo? Generalmente, de nosotros, de nuestro miedo a él. De que lo consideramos algo que vale la pena negociar.

      Sí, así y como lo oyes, el mal está impulsado enteramente por nuestro miedo a ello, por considerarlo un «algo» que exige nuestra respuesta.

      Usando otra metáfora diré que el mal es un terrorista, alimentado por nosotros mismos en cada cucharada de preocupación, fomentado con cada mirada de ansiedad e inquietud que generamos; animado y fortificado con cada concesión que hacemos de nuestras vidas para reconocer su amenaza, hasta que, logrando levantarse desde nuestros pensamientos, se coloca contra nosotros hasta que nos haya absorbido suficiente energía para atacarnos descaradamente con nuestros propios instrumentos.

      Al haber peregrinado en el estudio de la Torah, podemos notar que este tema se repite a lo largo de muchos relatos. Cuando la serpiente se acercó a Eva (explican los sabios), ella no estaba lista para dedicarle su tiempo. En su mundo, la serpiente bien podría no existir. Así que la serpiente tuvo que preguntar: «¿Es cierto que no se te permite comer de ningún árbol del jardín?«. Por supuesto, la serpiente sabía que era mentira. Pero así, Eva se dio cuenta. La serpiente se convirtió en alguien a quien vale la pena responder. Y, por lo tanto, con el poder de causar problemas.

      De igual manera, lo vemos en la vida de Moisés. Él comenzó su carrera como libertador al matar a un capataz egipcio que golpeaba hasta la muerte a un esclavo hebreo. Cuando descubrió que su acción se había hecho pública, el libro de Shemot (Éxodo) nos dice que «Moisés tuvo miedo. Y el Faraón procuró matarlo. Así que huyó». Notemos esta secuencia. Primero, Moisés tuvo miedo. Solo entonces el Faraón procuró matarlo. Sin el miedo de Moisés, el Faraón no tenía poder.

      Leyendo una enseñanza del famoso Rav Yeshudá Áshlag, me encontré con que él explica en su obra «Una Introducción al Zóhar» (Título original: «An Entrance to the Zohar») lo siguiente:

      Sabemos claramente que el Pensamiento de Creación de Dios, cuyo propósito era dar disfrute a aquello que Él creó, originó por necesidad el Deseo de Recibir de Él toda la bondad y amabilidad que Él pensó para Su creación. Este Deseo de recibir no estaba contenido en la esencia del Todopoderoso antes de que Él lo creara en sus almas; ya que ¿de quién podría Él haber recibido algo? Por lo tanto, Él creó algo completamente ‘nuevo’ que no estaba contenido dentro de Él. En asuntos espirituales, la diferencia de forma funciona de la misma manera que el filo de una espada separa cosas materiales. La distancia entre estas dos será en proporción a cuán opuestas en forma estén una de otra. Esta diferencia de forma que poseen las almas actúa como el filo de una espada y corta una piedra de una montaña. Fue mediante esta diferencia de forma que las almas se separaron del Creador y se apartaron de Él, para que se convirtieran en algo que fue creado”.

      Esta fue la creación de este mundo conocido como el Mundo de la Acción (Olam Asiah) o mundo de la dualidad. En otros términos: el mundo del Bien y del Mal.

      Entonces Áshlaj, en su cita, describe al Creador como el máximo grado del deseo de compartir y de bondad, haciendo que el extremo opuesto del deseo de recibir, el cual está separado de Él, sea maligno. Así pues la naturaleza de la separación permite que surja la creación del mal.

      Según los secretos del Cielo revelados en la Torah, cuando el Creador creó las almas, en esencia creó la vasija perfecta, es decir un recipiente, con una naturaleza completamente opuesta a la Suya para que así Él pudiera compartir su beneficencia lumínica de amor. El propósito de esta creación, como lo explicó Rav Áshlag, fue llenar las almas con Su Luz. Mientras la Vasija esté llena de Luz, adquiere las características del Creador: bondad y compartir infinitos. Sin embargo, al asumir las cualidades del Creador, la vasija desea compartir sin límite. La pregunta es ¿con quién? Entendemos que la Luz Infinita no tiene necesidad o deseo de recibir nada, así que se hizo un trato en el nivel más alto de la mente divina en el que se crearía un mundo donde las almas pudieran compartir y recibieran sólo la Luz —la beneficencia del Creador cuando fuera merecida— mediante el comportamiento afín con la Luz. Luego de la creación de este mundo, donde una vez hubo Luz, la oscuridad llenó el vacío.

      Esta ausencia de Luz, es el mal en sí, al que los Sabios con el tiempo llamaron: el Deseo de Recibir para Sí Mismo.

      Entonces, debemos aceptar que cada ser humano en este mundo contiene ambas polaridades del deseo: para compartir y para recibir. Nuestros deseos acumulados crean una vasija cuántica. Cuando tomamos decisiones individuales, afectamos de manera colectiva al todo. Cuando las personas actúan con tolerancia, generosidad y bondad, entonces hay Luz en el mundo; parte de la idea original. Por el contrario, si somos perezosos, intolerantes, odiosos e iracundos (aun en su más mínima expresión) esas cualidades negativas se acumulan y mantienen alejada a la Luz, permitiendo que la oscuridad nuble el mundo.

      Así es con el mal en el mundo, así es con las fuerzas destructivas dentro de cada uno de nosotros: cuando nos rebajamos a conquistar el mal dentro de nosotros mismos, terminamos rodando con él en su barro.

      Saber esto es sumamente útil. Una vez que descubrimos el secreto del mal, sabemos cómo desmantelarlo. La estrategia es casi idéntica, ya sea el mal que azota el mundo o tu comunidad, o el que se esconde en lo más profundo de tu corazón, acechando para aterrorizarte a la menor oportunidad.

      Soy conciente que no es una solución sencilla, porque como humanidad ya hemos alimentado el mal a lo largo de los siglos hasta el punto de que prospera y crece cada día. Al principio, Adán y Eva podrían haberlo ignorado y con el tiempo se habría disuelto en las chispas de luz divina que revelaron en el Jardín. Pero una vez que el mal ha sido alimentado y vive fuera de su bolsa, nunca más podrá ser tratado con tanta facilidad, sino hasta el final del Shabat Milenial.

      Sin embargo, nuestra principal arma contra el Mal sigue siendo nuestra indiferencia hacia él. 

      Lo explicaré del siguiente modo: la existencia del mal es permanente, pero sus efectos son temporales. El mal se vuelve impotente una vez que se ha realizado suficiente bien, porque la bondad aumenta la conciencia general y permanente del Creador. Una vez realizado suficiente bien, el mal no puede nublar el juicio humano. Es importante destacar que no es la conciencia del Creador la que está oculta, sino la propia conciencia del hombre del Creador la que está atenuada. Si bien el mal se crea en forma potencial, el hombre debe materializarlo. Por eso, el primer pecado fue la materialización del Mal por parte del hombre, que lo internalizó. Si el hombre no hubiera pecado, el mal se habría vuelto impotente. El Universo Físico, tal como es hoy, en decadencia, es el resultado de la materialización del Mal. Por eso, finalmente se deconstruye y resucita de forma permanente (esto se llama la Resurrección de los Muertos).

      Entonces, para desterrar verdaderamente el mal, debes marchar sobre las nubes y nunca mirar hacia abajo. Como lo aconsejara el apóstol Pablo a los creyentes de Colosas al escribirles:

      «Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.  Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria

      (Colosenses 3: 1-4)


      En otras palabras, debes diariamente escalar más alto hasta alcanzar un lugar de luz que no deje grieta para que el mal se esconda. Elevado a ese lugar, el mal se derrite en la rendición, y termina huyendo de tu vida. Así Santiago se los recordaba a los discípulos del SEÑOR:

      «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.«
      Santiago 4:7

      De hecho, este es el propósito del mal: ¿por qué un Dios completamente bueno ideó el mal en su mundo? Porque el mal nos obliga a ahondar en nuestro interior, sometiéndonos a Dios para encontrar nuestra fuerza interior, Su Unción, con la que podemos ascender cada vez más, hasta alcanzar una luz brillante y cegadora, una luz que no deja resquicio para que la oscuridad se esconda.

      Entonces, por ahora el mal ha cumplido su sentido: exprimir la luz interior del alma humana, una luz que no conoce límites. Ante esa luz, el Mal se derrite, rendido, y desaparece. Pues, en el principio, la oscuridad se creó con un solo propósito: extinguir la luz interior del alma humana. Una luz sin límites.

      ¡Misión cumplida, el mal se desvanece en la luz que él mismo ha llamado!

      Ahora sí, con esto bien entendido, vale la pena terminar la bitácora con la frase que usé al comenzarla:

      «Luchar contra el mal es una tarea muy noble cuando es necesario. Pero no es nuestra misión en la vida. Nuestra tarea es traer más luz«.

      Shalom a todos! ¡Los amo y los necesito!

      P.A. David Nesher