Parashot Behar – Bejukotai
Por P.A. David Nesher
La Sabiduría Milenaria de la Torah para aplicar en la Empatía Moderna
Comenzaré esta bitácora solicitando que imagines por un momento que cada palabra que pronuncias, escribes en un mensaje de texto o publicas en redes sociales es un bloque de construcción o una bola de demolición. Si lograste hacer este ejercicio de imaginación, quiero que sepas que esta es la premisa central de «Onaat Devarim», un concepto de la sabiduría yahvista que se traduce como la «opresión verbal» o el acto de herir con las palabras.
Este tema me ha parecido muy oportuno para tratarlos con cada uno de ustedes, ya que viviendo en una época de comunicación instantánea, donde un comentario puede dar la vuelta al mundo en segundos, dominar el arte de lo que decimos es nuestra mayor responsabilidad para con Dios y para con nuestro prójimo.
1. La paradoja de la lengua: El mejor y el peor de los instrumentos
Cuenta una antigua historia (registrada en el Midrash) que el sabio Raban Gamliel le pidió a su sirviente que fuera al mercado a comprar «lo mejor que hubiera«. El sirviente regresó con una lengua. Intrigado, el sabio le pidió luego que comprara «lo peor que hubiera«. El sirviente regresó, de nuevo, con una lengua.
Su explicación fue magistral: «Cuando la lengua es buena, no hay nada mejor; cuando es mala, no hay nada peor». Hoy en día, las palabras pueden elevar a alguien que sufre de depresión o hundir a alguien a través del ciberacoso. El poder de la vida y la muerte, emocionalmente hablando, reside en nuestro lenguaje.
2. El daño emocional vs. el daño material
En el Talmud (Baba Metzia) se hace una distinción fascinante y muy actual. Allí se enseña que el daño verbal (Onaat Devarim) es mucho más grave que el fraude financiero. ¿Por qué?
- La restitución: Si le cobras de más a alguien, puedes devolverle el dinero con una transferencia. Pero si humillas a alguien, el daño psicológico no se puede «deshacer» ni borrar.
- La víctima: El robo afecta tu cuenta bancaria; las palabras crueles atacan tu esencia, tu autoestima y tu identidad.
- La excusa de la intención: Cuando herimos a alguien, solemos justificarnos diciendo «no era mi intención» o «era una broma». Sin embargo, los textos nos recuerdan un principio fundamental: Dios conoce tus verdaderas intenciones. No podemos esconder nuestra crueldad detrás de excusas.
3. La Trampa de la Empatía: «A mí no me molestaría»
Un error gravísimo en nuestras relaciones (pareja, amigos, compañeros de trabajo) es medir la sensibilidad ajena con nuestra propia regla. Pensar «si me lo dijeran a mí, yo no me ofendería« es una falta de empatía.
Hoy sabemos y entendemos muy bien que cada ser humano tiene un «ancho de banda» emocional distinto. Lo que para ti es un comentario inofensivo, para otro puede ser una herida profunda. Por ello, cuidar nuestras palabras implica entender y respetar el nivel de sensibilidad de quien nos escucha, sin juzgarlo.
4. El timón, la chispa y el espejo del alma: ecos en la Sabiduría de Santiago y Yeshúa
Para enriquecer aún más esta reflexión, es fascinante que notemos cómo esta ética del cuidado verbal encuentra un eco profundo y una pedagogía sumamente visual en los textos mesiánicos del primer siglo, específicamente en las enseñanzas de Yeshúa y en la epístola de Santiago.
Por un lado, Santiago (capítulo 3) utiliza metáforas magistrales para ilustrar la desproporción entre el tamaño de nuestra lengua y su impacto: la compara con el pequeño freno en la boca de un caballo que domina todo su cuerpo, con el diminuto timón que dirige un enorme barco en medio de la tormenta, y con una minúscula chispa capaz de incendiar un bosque entero. ¡Qué imagen tan pedagógica para nuestra era digital! Un simple «retuit», un rumor en nuestro lugar de trabajo o un comentario impulsivo es esa chispa que puede incendiar la reputación y la paz de una persona. La lección aquí es la consciencia del impacto: subestimar lo que decimos es como jugar con fuego en un bosque seco.
Por otro lado, Yeshúa lleva esta reflexión de lo externo a lo interno, a la raíz anatómica del problema. Su famosa máxima: «De la abundancia del corazón habla la boca« (Mateo 12:34) nos da la clave definitiva. Las palabras que usamos no son accidentes; son el termómetro de nuestra salud interior. Si nuestras palabras hieren constantemente, la pedagogía de Yeshúa nos enseña que el problema no está solo en la técnica de comunicación, sino en un corazón que necesita ser vaciado de su orgullo, resentimiento o frustración. Para él, dominar la palabra no es un simple ejercicio de etiqueta social, sino el resultado de una profunda transformación interior.
5. Áreas de máximo cuidado en la vida moderna
Considerando lo que hasta aquí hemos reflexionado, me gustaría que tengamos en cuenta estas cinco áreas que requieren nuestro máximo cuidado en nuestra cotidianeidad:
- El tono de voz y el mensaje: Como advirtió el sabio Rambán a su hijo: «acostúmbrate a hablar siempre con calma«. Levantar la voz (o escribir en MAYÚSCULAS en un chat) es una forma de agresión. Muchas veces, no es lo que decimos, sino cómo lo decimos lo que destruye el puente de la comunicación.
- La pareja y el hogar: En la intimidad, conocemos las vulnerabilidades del otro. Usar ese conocimiento en una discusión para herir es devastador. Debemos ser guardianes de los sentimientos de nuestra pareja, nunca sus verdugos.
- La crianza consciente: A los niños hay que corregirlos, sí, pero el «Sefer Hajinuj» o «Libro de la Educación» (obra anónima del siglo XIII escrita en España que detalla y explica los 613 mandamientos (mitzvot) de la Torah) advierte que debemos tener un cuidado extremo de no angustiarlos innecesariamente. Un niño merece el mismo respeto que un adulto. De esto se deduce que avergonzar a un hijo frente a sus hermanos no es disciplina, es opresión verbal.
- El humor tóxico: ¿Cuántas veces compartimos un meme burlón o un video gracioso donde alguien está sufriendo una humillación? Disfrutar del dolor o la vergüenza ajena es cruzar una línea roja. El buen humor nunca debe usar el sufrimiento ajeno como combustible.
- El pasado de las personas: Recordarle a alguien sus errores pasados cuando está intentando cambiar, o exponer su ignorancia rebotándole una pregunta que sabemos que no puede responder, son formas sutiles pero crueles de acoso intelectual y emocional.
6. El escudo interior: El «Arte de No Reaccionar«
Ahora bien, la pregunta que surge a esta altura es: ¿qué pasa cuando nosotros somos las víctimas del Onaat Devarim? Leí una anécdota acerca del Rabino Yerujam Leibovitz que llamó la atención de sus discípulos porque irradiaba felicidad un día. Cuando le preguntaron por qué, respondió: «Hoy alguien me insultó y logré no responderle. ¡Estoy feliz!».
En el mundo postmoderno, a esto le llamamos soberanía emocional (o el famoso ‘Don’t feed the troll’ de internet). Si alguien te insulta, está intentando robarte tu paz interna. Cuando no reaccionas, el insulto se queda con quien lo emitió y tú conservas tu tranquilidad. Eres dueño de tus emociones.
Conclusión: eligiendo «La Parte Suave»
El sabio Rabí Yehuda Hanasi ofreció una vez un banquete donde sirvió diferentes cortes de lengua. Observó cómo todos los invitados buscaban instintivamente los pedazos más suaves y dejaban los duros.
Esta es la lección final y la tarea que te propongo aplicar desde hoy: en la vida, procura siempre encontrar las palabras suaves. Ya sea aplicando la sabiduría de la Torah, apagando las chispas destructivas que menciona Santiago en su carta, o sanando nuestro corazón tal como lo enseñó Yeshúa. Incluso cuando tengas que decir una verdad difícil, dar un feedback negativo en el trabajo o corregir a un hijo, siempre existe una forma dura y una forma suave de decirlo.
¡Sé el maestro de tus palabras; úsalas para construir, sanar y motivar!
Con amor en Él y siempre a tu servicio: David Nesher








