Toralogía

Rompe con el Sistema Reptiliano: El Código de la Manifestación

Por P.A. David Nesher

De la Supervivencia a la Manifestación: Cómo Romper el Sistema Reptiliano y Revelar la Luz Infinita

Introducción: El Código Eterno más allá de la Historia

A menudo, al acercarnos a las Sagradas Escrituras —o como prefiero llamarlas, el manual de instrucción de la Luz— cometemos el error de leerlas como un libro de historia antigua. Leemos sobre Egipto, Faraón y Moisés como eventos desconectados de nuestra realidad, ocurridos hace 3.500 años. Sin embargo, el libro de Shemot (Éxodo) no es un relato arqueológico; es un mapa codificado del alma humana. La Torah es eterna, lo que significa que contiene luz encriptada aplicable a cada instante de nuestra existencia.

Hoy nos encontramos bajo la energía de la porción VaeráY me aparecí» o «Y me revelé«), inmersos en el periodo conocido como Shovavim: seis semanas críticas diseñadas para una dinámica psicofísica de desintoxicación del alma. El objetivo no es recordar cómo Israel salió de Egipto, sino entender cómo nosotros, hoy, podemos salir de nuestro propio estado de esclavitud para que el Creador se manifieste visiblemente a través de nuestra biografía.

El Diagnóstico: Mitzrayim y el Sistema Reptiliano

Para ser libres, primero debemos entender la naturaleza de nuestra prisión. En el código hebreo, Egipto se dice Mitzrayim, que no es un país geográfico, sino una situación mental. Significa literalmente «limitación a través de la angustia«.

Vivimos inmersos en lo que los Sabios identifican como el «exilio romano» o edomita, caracterizado por un Sistema Reptiliano de cosas. Este sistema, heredero de la mentalidad de la Serpiente antigua en el Génesis (cap. 3), nos ha entrenado para operar bajo una premisa reduccionista: creer que somos meramente «animales racionales». Bajo esta influencia, el alma (Nefesh) es subyugada por los cinco sentidos físicos. Es decir que vivimos atrapados en el 1% de la realidad (el plano físico), ignorando el 99% restante (el plano metafísico).

La Tiranía de la Supervivencia El síntoma más claro de este estado es el funcionamiento de nuestro cerebro. El sistema educativo y social occidental nos ha forzado a hipertrofiar el hemisferio izquierdo (analítico/lógico), diseñado evolutivamente para la supervivencia y la urgencia. Vivimos «apagando incendios», reaccionando con miedo ante los límites que nos impone el entorno. Esto anula el hemisferio derecho (creativo/artístico), aquel capaz de conectarse con la «supra-realidad» y dar propósito al caos. Cuando operamos solo desde la supervivencia, nuestras emociones dominan al pensamiento, y terminamos sufriendo nuestros límites en lugar de utilizarlos como trampolín para crecer.

La Fábrica de Ladrillos: El Bloqueo del Intelecto

La Torah, en el libro de Shemot (Éxodo), narra que Faraón obligaba a los hebreos a «fabricar ladrillos«. Metafísicamente, esto describe un estado psicológico devastador: tener preguntas existenciales (materia prima) pero no recibir respuestas (paja).

Aquí entra en juego el papel nefasto de los dogmas (religiosos, académicos o sociales). El sistema, personificado en Faraón (el ego ególatra), utiliza el denominado «pensamiento mágico» para manipular a las masas. Nos dicen: «No preguntes, es un misterio de fe» o «Así siempre fueron las cosas». Esto genera una duda tóxica que conduce a la incredulidad y al agnosticismo práctico: vivimos como si Dios no existiera, sujetos a la ley de causa y efecto, en lugar de ser nosotros la «causa».

La Duda Santa Sin embargo, Vaerá nos invita a redimir la duda. Como bien señalaba el pensador Octavio Paz, el lujo del alma humana es la capacidad de dudar, no para estancarse, sino para permitir que la imaginación toque la supra-realidad. Cuando la duda se dirige a la «Fuente Correcta» (la instrucción divina), deja de ser un ladrillo de esclavitud y se convierte en una llave de expansión. La verdadera espiritualidad no prohíbe las preguntas; las exige, porque cada respuesta divina expande nuestro cerebro (Mojin) y nos saca de la ignorancia.

El Remedio: La Circuncisión de Labios

¿Cómo rompemos este ciclo? ¿Cómo alineamos pensamiento, emoción y acción para salir de Mitzrayim? La clave está en un concepto místico profundo mencionado por Moisés: la Circuncisión de Labios.

Moisés alegaba ser «tardo para hablar«. Esto no era un defecto físico, sino una condición espiritual. Mientras nuestras emociones estén programadas por el sistema de esclavitud, nuestra boca está «incircuncisa». Nuestra boca (letra hebrea Peh) esconde en su grafía una Bet (Casa). Esto revela que somos una «Casa de Bendiciones», pero si la puerta está bloqueada, la luz queda atrapada dentro.

El Intercambio de Poder El proceso de redención requiere una transacción:

1. Nosotros entregamos nuestra Voz (Kol): Renunciamos al lenguaje del esclavo (queja, víctima).

2. El Creador entrega su Verbo (Poal/Davar): Dios, que no tiene voz física, usa la nuestra para manifestar su poder creativo.

Para que esto ocurra, debemos eliminar tres venenos que obstruyen el canal durante este tiempo de Shovavim:

Las groserías: Que profanan la santidad del canal.

Los chistes escarnecedores: La burla basada en los defectos ajenos, típica de una mente sin propósito.

El juicio condenatorio (Lashon hará): Usar la palabra para destruir en lugar de construir.

Solo cuando limpiamos la boca, podemos activar entidades energéticas (ángeles) y crear realidades. Dios creó el mundo con 10 dichos; cuando un ser humano alinea su habla con la voluntad divina, esos dichos activan en su alma 613 fuerzas lumínicas.

La Estrategia: Ascenso y Descenso

La verdadera Inteligencia Emocional (hbr. Binah)—término que el mundo empresarial tomó prestado de la sabiduría hebrea— no es solo psicología; es arquitectura espiritual. El método para que Dios se manifieste (Vaerá) es contrario a la intuición humana:

No busques soluciones rápidas abajo: Ante un problema físico, no reacciones con urgencia (hemisferio izquierdo).

Busca respuestas profundas arriba: Asciende al mundo metafísico (Neshamá) mediante el estudio y la meditación para obtener la Verdad.

Desciende con Soluciones: Esa verdad espiritual, al bajar, se convierte en recursos, milagros y orden en el mundo físico.

Como Israel al salir de Egipto, cuando operamos desde esta inteligencia, el mundo físico nos entrega sus recursos (oro y plata) porque reconocen en nosotros una autoridad que ordena el caos.

Conclusión: La Manifestación Visible (Vaerá)

El objetivo final de estudiar la Torá no es acumular información teológica —eso sería comer del Árbol del Conocimiento, «más de lo mismo»—. El objetivo es la transformación. Ser «Israel» significa luchar con los principios de Dios para gobernar nuestras emociones. Cuando logramos esto, dejamos de «sobrevivir» para empezar a «vivir».

Nuestra misión en esta webinar y en la vida es clara: dejar que el Eterno nos tome. Que nuestras áreas de vida (salud, economía, familia) dejen de ser fuentes de angustia y se conviertan en escenarios donde las 613 luces de una conciencia rectificada brillen tan fuerte que, al igual que ocurrió con Moisés o con Yeshua en la transfiguración, el mundo no tenga otra opción que ver que el Reino de los Cielos se ha acercado.

Estamos en Shovavim. Es tiempo de dejar de fabricar ladrillos para el ego y empezar a construir el templo de la conciencia humana.

Con amor y a tu servicio David Nesher

Cuando tu Cuerpo habla: ¿Sabes cómo Descodificar tu Egipto Interior?

De la mentalidad reactiva de Egipto a la mentalidad suprarracional del Reino

Por David Nesher

Introducción: Redefiniendo la «Visión» de Dios

¡Que gran honor siento una vez más de comunicarme con ustedes! Y esta vez será para descodificar una de las porciones más potentes de la Torah (Instrucción) divina: VaeráY aparecí«).

Vivimos en una cultura religiosa que nos ha enseñado a buscar a Dios en visiones místicas, esperando ver un trono en las nubes o manifestaciones sobrenaturales etéreas. Sin embargo, la enseñanza que analizamos hoy nos confronta con una realidad mucho más pragmática: Vaerá significa en su sentido místico «lo que se evidencia con los ojos físicos«. Con esta expresión quiero proclamar la verdad de que el Creador no se manifiesta en la fantasía, sino en resultados tangibles: en la salud de nuestro cuerpo y en la prosperidad de nuestra economía.

Pero, ¿por qué muchos de nosotros trabajamos arduamente sin ver esa recompensa? ¿Por qué seguimos «fabricando ladrillos» en una zona de limitación y angustias? La respuesta no está en el cielo, sino en nuestro diseño interior.

Como siempre se los digo, la Torah no es un libro de historia antigua; es una guía cósmica vigente para el alma humana hoy, y la clave que nos entrega es una regla de oro para la transformación personal bajo el paradigma: «¡Nunca cambia una manera de pensar, si primero no cambia una manera de sentir las cosas!»

Por esta razón, en esta bitácora hablaremos de las Siete Plagas Emocionales. Un mapa de diagnóstico divino para identificar dónde nuestro «faraón interno» (el ego) ha pervertido los poderes de la imagen divina en nosotros.

(Nota: Esta bitácora es un resumen de la webinar que encontrarás en Youtube:)

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  1. El Diagnóstico: Egipto y la Mentalidad Reactiva.

Antes de entrar en las plagas, debemos entender el estado base del ser humano sin refinamiento. La Escritura lo llama Mitzrayim (Egipto), que se traduce como «lugar de la doble angustia«, «lugar de pensamientos limitantes«.

Desde esta significación puedo asegurar que la persona que vive en «Egipto» es una persona sensorial. Capta los problemas económicos o familiares con sus sentidos y reacciona con miedo, angustia y urgencia. Su pensamiento es: «¡Necesito una solución rápida para no morir!». Esta reactividad es esclavitud. Dios quiere llevarnos a una mentalidad supraracional, donde iluminamos el cerebro con los pensamientos del Creador para controlar las emociones y manejar inteligentemente la realidad, brindando respuestas al mundo en lugar de ser víctimas de él.

Pero para llegar a esa mente superior (las últimas tres plagas), primero debemos sanar las siete emociones inferiores. Vamos a recorrerlas, como enseña la fuente, desde afuera hacia adentro.

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  1. El Escáner del Alma: Las 7 Plagas Emocionales

Hemos estudiado que de acuerdo a la mística de la Torah el alma tiene siete luces emocionales (las Sefirot) que conectan nuestro espíritu con la realidad. Cuando usamos nuestro libre albedrío para escoger el camino de la «muerte» (perversión/egoísmo) en lugar del de la «vida» (refinamiento espiritual), estas luces se convierten en plagas.

1. La Plaga de Sangre: Sanando Malkut (Nobleza) La primera plaga golpea el río Nilo conviritiéndolo en sangre y representa la perversión de nuestra Nobleza (Malkut).

  • El Síntoma: La arrogancia. Esa es la actitud del Faraón que dice: «Todo esto lo he logrado solo«. Es el hombre o la mujer que excluye al Eterno y a su familia de sus logros, actuando como una isla.
  • La Evidencia Física: El cuerpo habla. Esta desconexión suele manifestarse en enfermedades de la sangre.
  • La Cura: Pasar de la arrogancia a la Autoconfianza Verdadera (Nobleza), reconociendo que no somos autosuficientes y dando lugar a los demás en nuestra vida.

2. La Plaga de Ranas: Sanando Yesod (Vínculos) La segunda plaga invade la intimidad. Las ranas son seres de piel fría que se reproducen sin supervisión paternal.

  • El Síntoma: La Intimidad Fría. Es el uso utilitario del otro. Me vinculo con mi pareja o mi prójimo desde el «deseo de recibir solo para mí» (ratzón atzmó). Es congregarse, pero creer que uno sabe más que sus pastores o mentores.
  • La Cura: Aceptar el Mentoreo. La sanidad de Yesod requiere la humildad de dejarse supervisar. Si rechazamos la paternidad espiritual, la fuente nos advierte duramente: nuestros hijos pagarán el precio de nuestra rebeldía.

3. La Plaga de Piojos: Sanando Hod (Humildad/Esplendor) Los piojos nacen del polvo y representan una distorsión de la humildad.

  • El Síntoma: La Apatía o Falsa Humildad. Es la persona que se conforma con el «perfil bajo», el empleado que solo espera su jubilación, carente de pasión vital. Esta «humildad» es en realidad una sumisión malsana que succiona la vida.
  • La Cura: Recuperar la Vitalidad y las Ideas. Dios nos diseñó para tener ideas productivas que nos saquen del polvo y nos permitan avanzar.

4. La Plaga de Bestias Salvajes: Sanando Nétzaj (Persistencia) Aquí entramos en la ambición. La mezcla de animales salvajes ataca la luz de la Victoria o Persistencia.

  • El Síntoma: La Codicia. Es querer alcanzar metas «a costilla de los demás». Es convertirse en un depredador o victimario dentro de la propia familia o negocio para lograr el éxito.
  • La Cura: La Ambición Sana (Persistencia). Entender que la ambición no es mala si es la tenacidad para alcanzar objetivos sin destruir al prójimo.

5. La Plaga del Ganado: Sanando Tiferet (Compasión/Belleza) Esta plaga mata el ganado, símbolo de recursos, atacando el equilibrio del corazón.

  • El Síntoma: La Compasión Maliciosa. Es una de las más sutiles. Es acompañar a alguien, no para ayudarlo a levantarse, sino esperando a que falle para decir: «Te lo dije» o para juzgarlo. Es aprovecharse de la debilidad ajena para sentirse superior.
  • La Cura: La Empatía Práctica. Acompañar al otro en sus debilidades sabiendo que el amor benevolente puede transformarlo.

6. La Plaga de Úlceras/Tumores: Sanando Gevurá (Disciplina/Límites) Las úlceras impiden el contacto físico; generan separación.

  • El Síntoma: El Rechazo Cruel. Es usar la disciplina o el límite no para corregir, sino para dividir. Es sentir «asco físico» por el hermano, «que ni me toque, que ni me hable».
  • La Cura: La Disciplina Sana. Aprender a rechazar lo malo, pero no rechazar a la persona; poner límites sin crear división destructiva.

7. La Plaga de Granizo: Sanando Jesed (Misericordia/Amor) Finalmente, el granizo (hielo y fuego) ataca nuestra capacidad de amar.

  • El Síntoma: El Amor Congelado o Egolatría. Es el nivel más alto del ego. Parezco bueno, presto mi auto, comparto mi casa, doy dinero… pero en el fondo hay un cálculo matemático: «Lo hago porque me conviene más a mí». Es usar la benevolencia como transacción comercial.
  • La Cura: La Benevolencia Regia. Descongelar el corazón para dar incondicionalmente sin que el motor principal sea el beneficio propio.

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  1. Conclusión: Escogiendo la Vida para Reparar el Mundo

Amigos, las plagas no son un castigo cruel; son una dinámica del Eterno para despertarnos. El libre albedrío es la única fuerza que poseemos exclusivamente los humanos —ni siquiera Dios la tiene, pues Él no necesita elegir, Él es—.

Estamos aquí para usar esa fuerza de escogimiento. No para elegir entre el «bien y el mal» moralista, sino para elegir entre el camino de la Vida (Refinamiento Psíquico) y el camino de la Muerte (Perversión).

Si hoy te has visto reflejado en el espejo de estas plagas, es una buena noticia. Significa que puedes dejar de reaccionar como esclavo y empezar a sanar. Al rectificar estas siete emociones, preparamos la vasija para que la Mentalidad Supraracional descienda. Solo entonces dejaremos de ser víctimas de la economía o la salud, y nos convertiremos en portadores de respuestas y soluciones para el mundo.

El Espíritu del Señor hoy nos vuelve a exhortar: «¡Escuchen, no oigan!». El cuerpo humano siempre habla.

Que nuestra sanidad interior se convierta hoy en la evidencia visible (Vaerá) de la gloria de Dios en nuestras vidas.

Shalom Ubrajot! (¡Paz y Bendiciones!)

Mente sobre Materia: El Código Secreto para Dominar tu Economía y tu Destino»

Por P.A. David Nesher

Introducción: La Identidad frente a la Crisis.

Vivimos tiempos donde la geopolítica y los medios de comunicación bombardean constantemente con una narrativa de miedo, carencia y fatalidad económica. Se nos dice que «no hay plata», que el cambio climático y las guerras traerán hambruna y pobreza,,. Sin embargo, la identidad de Israel y de aquellos injertados en el Mesías posee una matriz única que nos diferencia de la conciencia globalista: el Rigor (Gevurah).

Este rigor no es severidad, sino la capacidad de autodisciplina e introspección diaria que nos permite acceder a una mentalidad superior: Mente sobre Materia. Hoy vamos a decodificar los secretos ocultos en el libro de Shemot (Éxodo) para entender cómo el Primer Redentor (Moisés) y el Redentor Final (Shiló/El Mesías) nos enseñan a dominar la realidad física en lugar de ser víctimas de ella.

El Misterio de Shiló y la Gematria de la Redención

Para entender nuestra autoridad, debemos mirar la profecía de Jacob sobre Judá:

«No será quitado el cetro de Judá… hasta que venga Shiló«
(Génesis 49:10).

Tanto el judaísmo como el cristianismo coinciden en que Shiló es el Rey Mesías,. Pero, ¿qué conecta a Shiló con Moisés?

La respuesta está en la matemática divina (gematría). El valor numérico del nombre Moshé (Moisés) es 345. Asombrosamente, el valor numérico de Shiló también es 345. Esto nos revela un patrón divino: Como fue el primer redentor, así será el final.

Cuando Moisés huye a Madián tras ser rechazado por sus hermanos y perseguido por el Faraón, defiende a las hijas de Yitró. Ellas le dicen a su padre:

«Un egipcio nos libró«
 (Éxodo 2:19)

Entendemos que aunque Moisés era hebreo, vestía y parecía egipcio. Curiosamente, la frase usada por las hijas de Yitró al describir a Moshé: «un egipcio» (Ish Mitzri) también suma 345. Los sabios enseñan que, aunque por fuera parecía un gentil («un egipcio»), la guematría 345 revela que adentro estaba la esencia del Redentor (Moshé = 345).

De la misma manera, el Mesías Yeshúa ha estado «oculto» para su pueblo dentro del exilio de Edom (Roma/Occidente), pareciendo un extraño hasta el momento de su revelación final. Para sus hermanos judíos, Yeshúa parece un «extraño» o un gentil, pero debajo de ese «disfraz» cultural reside el verdadero Redentor de Israel.

Entonces, la guematría de 345 en la frase «un egipcio» nos enseña que la apariencia externa no anula la identidad interna. Profetiza que el Mesías (Shiló/345), al igual que Moisés (345), sería percibido inicialmente como un extraño o extranjero («un egipcio»/345) por su propio pueblo antes de revelarse plenamente para la redención final.

Entender al mensaje encriptado en Shiló es comprender que la redención es un proceso cíclico de ocultamiento y revelación progresiva, diseñado para probar nuestra fidelidad.

El Burro de Moisés: El Código de «Mente sobre Materia»

El símbolo más potente de este dominio es el burro. Rashí señala que la Escritura habla de «el asno» (חמור – jamor)), un animal único que conecta a Abraham (Génesis 22), Moisés (Éxodo 4:20) y al Mesías (Zacarías 9:9).

Pero el secreto radica en el idioma hebreo:

Jamor significa «burro».

Jomer (con las mismas letras) significa «materia», «dinero» o «materialismo».

Cuando la Torá nos muestra a los «reyes espirituales» (Abraham, Moisés y Yeshúa) montando un burro, no nos está hablando simplemente de un medio de transporte, sino de autoridad espiritual. Esto significa que ellos están montados con toda potestad sobre la materia. En otras palabras, el mundo físico, las leyes económicas y la carencia (jomer) están completamente subyugados bajo su control espiritual.

A diferencia de los reyes de la tierra que montan caballos (símbolos del orgullo y la guerra), el Rey Mesías monta un asno para demostrar que su Reino no compite con las armas del mundo, sino que se eleva por encima de las leyes de la físicalidad para operar milagros.

La Advertencia de Sancho Panza: Debemos cuidarnos de no ser como Balaam, quien abusó del «burro» por codicia material, o como Sancho Panza (según Franz Kafka). El escritor checo decía:

La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía sino Sancho Panza«

 Sugiriendo que el verdadero problema de Don Quijote no era su idealismo o sus delirios, sino el choque con la cruda realidad representada por Sancho Panza, su escudero, que lo anclaba a lo terrenal y aburrido, evidenciando que la fantasía es inofensiva hasta que la realidad (o quien la representa) la confronta y la destruye. 

En este contexto, Sancho Panza no es solo un escudero, sino que representa el «burro interior» o la parte racional de la persona que habita en nosotros; llena de miedos y paradigmas del sistema reptiliano (Mitzrayim) que impide que nuestro espíritu (el Quijote) sueñe y alcance lo sobrenatural. Kafka tomaba la figura de Sancho Panza y su burro para simbolizar el conflicto entre la racionalidad limitante y el potencial espiritual.

El problema, según esta interpretación, es que Sancho (nuestra racionalidad) no se da cuenta de que el burro está debajo de él para ser subyugado. Al no tener conciencia de dominio sobre la materia, este aspecto racional impide que la persona se permita soñar y, a su vez, obstaculiza los sueños de los demás.

En resumen, la idea de Sancho Panza según esta enseñanza es una advertencia sobre cómo nuestra propia racionalidad miedosa y materialista puede sabotear nuestra capacidad de dominar las circunstancias y vivir una vida espiritual plena.

Las Bodas de Caná: Cuando el Agua se Transforma en Vino

Si montar el burro es el dominio externo, el vino es la revelación interna. En las bodas de Caná, Yeshúa realiza su primera señal transformando el agua en vino en seis tinajas de piedra.

El Secreto (Sod): En hebreo, la palabra vino es Yayin y tiene el valor numérico de 70, igual que la palabra secreto (Sod). El Talmud enseña: «Cuando entra el vino (70), sale el secreto(70)» (Sanedrín 38ª).

Las 6 Tinajas: El número 6 representa al hombre (creado en el sexto día) y al mundo físico.

La transformación: Yeshúa toma el agua de la purificación ritual y la convierte en el «vino» del Reino. Este vino representa la sabiduría oculta reservada desde los seis días de la Creación, esa alegría y revelación que Adán no pudo esperar a beber santamente. Al transformar el agua ritual en vino, el Mesías indica que la humanidad (el 6) será llenada no de más ritos, sino de la «sangre» espiritual llena de gozo que permite comprender los secretos del cielo. Esta señal simboliza que la revelación de la Torah por medio del Mesías será inagotable. La «Viña» (Israel) bajo el cuidado del Mesías producirá una dulzura y una profundidad de conocimiento («vino») que excederá cualquier comprensión previa

Con todo esto en mente, nos damos cuenta que beber el «vino» espiritual implica internalizar una revelación que desbloquea los misterios ocultos de la Torá que la mente racional por sí sola no puede alcanzar. Este vino no es alcohol físico, sino una metáfora de la sabiduría secreta de la Torá y la luz divina que ningún ojo ha visto todavía, y que solo el Mesías revelará plenamente en el Olam Habá (Mundo Venidero).

Beber de este vino espiritual es acceder a la «Mente Millonaria» de Dios: no la acumulación egoísta de dinero, sino la comprensión de que en nosotros residen millones de posibilidades para bendecir y servir.

Podemos imaginar la Torah literal como una uva cerrada. Es nutritiva por fuera, pero su verdadero potencial está oculto. La Mente del Mesías actúa como el lagar (la prensa). Él aplica la presión necesaria para romper la cáscara de la literalidad y la religiosidad externa. Lo que fluye de allí es el Yayin (Vino/Secreto): la esencia interior y dulce de la instrucción divina que ha estado guardada desde el principio. Beberlo es embriagarse, no de alcohol, sino de una comprensión superior que elimina el miedo a la carencia y revela la abundancia del Reino.

Conclusión y Llamado a la Acción (Shovavim)

Nos encontramos en las semanas de Shovavim, un tiempo profético para hacernos responsables de nuestras «travesuras» o “irresponsabilidades” pasadas. Es el momento de dejar de culpar a la economía, al gobierno o a la familia.

El llamado es aplicar el rigor:

1. Estudio y Oración: Levántate a estudiar los secretos del Cielo diariamente.

2. Dominio: Monta tu «burro». No dejes que el miedo a la carencia te dirija; tú dirige la materia para el servicio divino (Avodá).

3. Expectativa: Vive con la certeza de que el «Mundo Venidero» puede manifestarse aquí y ahora. En la mesa del Señor, al participar del vino, estamos anticipando la sanidad y la abundancia del Reino.

Como Moisés (345) y Shiló (345), estamos llamados a ser libertadores. No te conformes con sobrevivir el 2026; decídete a vivir con Mente sobre Materia, transformando la realidad física a través de tu identidad espiritual.

Te invito a ampliar todo esto escuchando esta webinar:

¿Qué Daños Produce la Envidia?

P.A. David Nesher

La Lección de Vayeshev

Introducción: el Conflicto

La porción Vayeshevy habitó» o «se asentó«), que abarca Génesis cap. 37, vers. 1 hasta cap. 40, v. 23, relata el asentamiento de Yaakov (Jacob) en la tierra de Canaán, simbolizando la búsqueda de estabilidad y prosperidad a la que aspira toda alma. Sin embargo, esta sección es el preludio de eventos turbulentos, detonados por una de las fuerzas más corrosivas del alma humana: la envidia.

La historia de Yosef (José) y sus hermanos ilustra cómo la envidia, producto de los celos y el odio, puede desmantelar los lazos familiares y el propósito divino. Yaakov amaba a Yosef más que a todos porque era hijo de su ancianidad, y le obsequió una  ketonet passim (כְּתֹנֶת פַּסִּים) en hebreo bíblico, traducida comúnmente como «túnica de muchos colores«, o «túnica a rayas» . Este favoritismo, sumado a los sueños proféticos de Yosef (donde sus hermanos y sus padres se postraban ante él), generó odio y celos. El relato del hagiógrafo nos dice que sus hermanos, sintiéndose injustamente desplazados, no podían hablarle apaciblemente.

El Poder Tóxico de la Envidia: Un Motor Antiprosperidad

De acuerdo a los especialistas de las ciencias del alma, la envidia es una emoción compleja, una resultante de los celos y el odio, que se describe en las Escrituras como un combustible tan tóxico que posee un poder anti prosperidad. Su poder radica en su origen:

1. Percepción de injusticia: La envidia nace de una percepción distorsionada o equivocada de la realidad. Los hermanos creyeron que, si Yosef se elevaba como maestro y rey (como sugerían sus sueños y la túnica que le regaló su padre), ellos serían exiliados de la casa paterna, al igual que Ishmael o Esav (Esaú) en generaciones anteriores.

2. Deseo de lo Ajeno: El envidioso cree que el otro no merece el éxito o la ventaja que experimenta, sino que le pertenecían a él.

3. Inseguridad: La envidia a menudo surge de una persona con inseguridad y una autoestima muy baja, que se siente irracionalmente amenazada por el éxito ajeno.

Motivados por este poder negativo, los hermanos de José conspiraron con el objetivo de eliminar la amenaza. Planearon asesinarlo, y finalmente, la traición se concretó al venderlo a mercaderes ismaelitas y madianitas, iniciando su viaje como esclavo a Egipto.

Consecuencias de la envidia en el individuo y en su entorno

La envidia produce consecuencias negativas devastadoras en tres niveles:

Para el Envidioso (Los Hermanos)Para el Envidiado (José)En el Ámbito Social (La Familia)
Pérdida de progreso personal, ya que gasta energía buscando la destrucción del otro.Acoso, difamación y sabotaje de sus logros y relaciones.Conflictos y la destrucción de relaciones o vínculos.
Sufrimiento emocional (odio, enojo, victimización).Estrés y ansiedad por ser víctima constante de los ataques sutiles y la violencia.Manipulación del entorno para ganar adeptos a la envidia.
Aislamiento social y pérdida de empatía.Pérdida de confianza en los demás.

La envidia de los hermanos llevó a José a una crisis existencial, pero esta crisis fue el catalizador de su crecimiento. La traición es una de las manifestaciones más peligrosas de la envidia, especialmente cuando se utiliza información confidencial en contra de la víctima.

La Respuesta de la Torah: La Integridad y el Salaj

Yosef, a pesar de ser vendido y encarcelado injustamente en un «pozo» (más tarde la prisión egipcia), se mantuvo en fidelidad e integridad. Su historia es un ejemplo de cómo superar la adversidad mediante la congruencia: lo que pensaba y creía, lo manifestaba en su vida diaria con fidelidad.

La integridad de Yosef fue probada por la tentación de la esposa de Potifar, a la que se enfrentó insistentemente. Este rechazo al pecado lo mantuvo como un ish tzadik (varón justo).

La recompensa de esta fidelidad es la prosperidad verdadera, definida por el concepto hebreo Salaj (צָלַח). La expresión Salaj significa tener éxito, prosperar en todo y avanzar en victoria. Este éxito se manifiesta en dos planos:

1. Plano Material: El Eterno estaba con José, y él prosperó, elevándose a posición de autoridad en la casa de Potifar y luego en la cárcel, demostrando que un justo siempre se convierte en un imán de riquezas materiales.

2. Plano Espiritual: Salaj significa florecer desde el espíritu para crear una moral de bendiciones.

El verdadero éxito según la Torah no se mide por la acumulación material, sino por la fidelidad y la obediencia a los mandamientos (en hebreo mitzvot) del Eterno.

El Camino a la sanación: El perdón y la Reparación (Tikun)

Superar el poder de la envidia, el odio y el resentimiento requiere un proceso activo de sanación y corrección.

1. La Terapia del Perdón: Esta es la solución primordial. El perdón se enfoca principalmente en la sanación personal del ofendido (el envidiado), permitiéndole liberar el rencor y el enojo acumulado.

2. No tomar venganza: Es crucial dejar el castigo en manos de Yah, el Vengador (Goêl), quien se encarga de activar los juicios divinos sobre las personas que envidian. No se debe tomar represalias.

3. Tikun (Autocorrección): La superación de estas emociones negativas requiere el reconocimiento y la aceptación de que existen, seguido por la decisión individual y personal de redimirse, corregirse y rectificarse. Se sugiere que Yosef pudo haberse autoperdonado al reconocer que el orgullo que había estado alimentando contribuyó al «pozo» en el que cayó.

4. Comunidad de apoyo: Congregarse con una comunidad que ama la Torah y estimula el amor y las buenas obras (Hebreos 10:24-25) ayuda a evitar los celos.

En la enseñanza del apóstol Pablo, se resume esta superación: «No te dejes vencer por el mal, al contrario, vence el mal con el bien» (Romanos 12:21).

Al reflexionar sobre la travesía de José, comprendemos que la búsqueda de estabilidad y prosperidad (Vayeshev, «y se asentó«) es un anhelo inherente a las raíces más profundas de nuestra alma, anhelo que brota del Tzelem Elohim (la imagen de Dios) en nosotros. Sin embargo, la Torah nos recuerda que la verdadera tranquilidad es una ilusión que alimenta el ego, pues el crecimiento espiritual siempre vendrá a través de las pruebas enfrentadas con una mente en calma.

La historia de Yosef nos lleva a una profunda meditación: ¿Cómo puede un alma no solo sobreponerse a la adversidad y a la envidia de sus propios hermanos, sino también prosperar? La clave se encuentra en el concepto de Salaj (צָלַח), que no es simplemente acumulación material, sino tener éxito, prosperar en todo y avanzar en victoria. El Salaj se manifiesta cuando el individuo florece desde su espíritu para crear una moral de bendiciones, asegurando que todo lo que se haga en el plano material tenga el respaldo del mundo espiritual.

El verdadero éxito en los términos de la Torah nunca se mide por cuánto poseemos, sino por la fidelidad y la obediencia a los mitzvot (mandamientos) del Eterno. La integridad de José, su emuná inquebrantable y su obediencia en el cautiverio lo hicieron un imán de las bendiciones y la prosperidad.

La historia de Yosef nos enseña que la adversidad y la envidia son obstáculos, pero nunca tienen el poder de mantenernos en el pozo. La fidelidad al Eterno, la integridad en nuestra conducta y la sanación a través del perdón son las herramientas que nos permiten florecer y alcanzar el Salaj en medio de cualquier tormenta.

La envidia es como un ancla pesada que hunde el barco del progreso personal, obligando al envidioso a gastar toda su energía en intentar detener a los demás. La integridad, en cambio, es como una vela que, al ser orientada por el viento del Espíritu, permite al individuo avanzar en victoria (Salaj), sin importar qué tan fuerte sea la tormenta que otros hayan desatado en su contra.

Nuestra lección final es que, al igual que José, debemos emprender la terapia del perdón y el autoperdón, liberando el rencor que pudimos haber acumulado al ser blanco de la envidia. Es un acto de autocorrección (Tikun) y la aceptación de que la venganza pertenece solo a Dios, el Vengador (Goel).

Al final, la Torah nos llama a la acción desde Romanos 12:21: «No te dejes vencer por el mal, al contrario, vence el mal con el bien». La fidelidad a Su instrucción es la que otorga la victoria y la recompensa. Si nos mantenemos firmes en la integridad y la obediencia, aunque la envidia pretenda echarnos al pozo, nunca logrará mantenernos allí. El Padre nos promete que, al igual que Yeshúa venció y se sentó en Su Trono, a quien venza la adversidad, le concederá sentarse con el Mashíaj en Su Reino Milenial.

Te recomiendo profundizar esta temática escuchando esta enseñanza:

¿Vendes tu Alma por un Plato de Lentejas? El Secreto Mesiánico para Unificar tu Vida y tu Trabajo

Por P.A. David Nesher

Vivimos fragmentados. En la era de la conexión constante, paradójicamente, nos sentimos más desconectados que nunca. Desconectados de nuestro propósito, de nuestros seres queridos e incluso de nosotros mismos. Corremos de una tarea a otra, apagando incendios urgentes, mientras las cuestiones verdaderamente importantes —nuestra fe, nuestra familia, nuestro legado— quedan relegadas a un segundo plano, esperando un momento de calma que nunca llega.

Esta tensión entre las demandas del «ahora» y el llamado del «mañana», entre la gratificación inmediata y el propósito eterno, no es un fenómeno moderno. Es una lucha arquetípica del alma humana, magistralmente retratada en la Parashat Toldot del Génesis. La historia de los gemelos Jacob y Esaú no es solo un drama familiar antiguo; es un espejo donde podemos ver reflejadas nuestras propias luchas por encontrar un equilibrio auténtico en la vida.

El Arquetipo del «Ahora» y la Trampa de la Inmediatez.

Esaú, el cazador, el hombre de campo, personifica el impulso hacia la gratificación inmediata. Llega exhausto y hambriento, y en ese estado de vulnerabilidad, su juicio se nubla. Cuando su hermano Jacob le ofrece un guiso de lentejas a cambio de su primogenitura —su derecho de nacimiento, su liderazgo espiritual y su legado—, la respuesta de Esaú es escalofriante: «He aquí, yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?«.

Para Esaú, el futuro es una abstracción sin valor. Su mundo se reduce al deseo del momento presente. Desprecia su legado eterno por un placer efímero. ¿Cuántas veces actuamos como Esaú en nuestra vida diaria? ¿Cuántas veces sacrificamos lo duradero —tiempo de calidad con la familia, nuestro desarrollo espiritual, nuestra integridad— por la satisfacción rápida de un logro laboral inmediato, una distracción digital o una compra impulsiva? Este comportamiento es la manifestación moderna del Homo Economicus, que descuenta el futuro y sobrevalora el presente.

El Arquetipo del «Mañana» y la Visión del Propósito

Frente a él está Jacob, el «hombre en Shalom, que habitaba en tiendas», interpretado por la tradición como un estudioso de la Torah. Jacob representa la visión a largo plazo, el sentido de propósito eterno. Él entiende que la primogenitura tiene un valor intrínseco que trasciende el momento presente; es una conexión con un pacto divino y una misión que va más allá de su propia vida. Jacob es el estratega que está dispuesto a invertir en el futuro, a sembrar hoy para cosechar mañana.

La lección inicial de Toldot es clara: una vida gobernada únicamente por la gratificación inmediata lleva a la pérdida de la identidad y el destino.

La falsa dicotomía: ¿Dios o el Mundo?

Esta tensión se manifiesta también en el ámbito religioso. Existe una tradición que interpreta el «habitar en tiendas» de Jacob como una dedicación exclusiva al estudio y la oración, a expensas del trabajo mundano y el sustento familiar. Esto plantea una pregunta crucial para todo creyente: ¿Debemos elegir entre Dios y el mundo? ¿Es la vida espiritual incompatible con el éxito profesional y la vida familiar?.

La respuesta mística y práctica a la vez, arraigada en la propia Torah y en las enseñanzas de Yeshúa, es un rotundo no. Nuestro RYBY enseñó que el amor a Yah y el amor al prójimo son inseparables; la fe verdadera se manifiesta en acciones concretas en el mundo . No podemos aislarnos en una «tienda» espiritual e ignorar las necesidades de quienes nos rodean. El verdadero servicio a Dios implica servir a los demás.

La integración mística: La Voz y las Manos

La Parashat Toldot nos ofrece una solución profunda a esta aparente dicotomía a través de un episodio crucial: el momento en que Jacob, guiado por su madre Rebeca, se disfraza de Esaú para recibir la bendición de su padre Isaac. Isaac, confundido, pronuncia una frase que encierra el secreto de la integración: «La voz es la voz de Jacob, mas las manos son las manos de Esaú«.

  • La Voz de Jacob: Representa nuestro propósito, nuestros valores, nuestra visión espiritual, nuestro «por qué».
  • Las Manos de Esaú: Representan nuestra capacidad de acción, ejecución, trabajo y eficacia en el mundo material.

El desequilibrio surge cuando vivimos en uno solo de estos polos. «Solo la Voz de Jacob» lleva a ideales sin acción, a una espiritualidad desconectada de la realidad. «Solo las Manos de Esaú» conduce a un activismo frenético sin propósito, al agotamiento y al vacío existencial.

El «engaño sagrado» de Jacob no es una simple treta, sino una lección mística de integración. Jacob, el visionario, debe «vestirse» con la capacidad de acción de Esaú para materializar su propósito en el mundo. Su vida posterior como pastor diligente y exitoso demuestra que aprendió esta lección: su ética de trabajo era impecable, pero siempre estuvo al servicio de su misión mayor.

Hacia una vida unificada

El verdadero equilibrio entre trabajo y vida personal no es una separación rígida de tiempos, sino una unificación de propósitos. Se logra cuando nuestras «Manos de Esaú» (nuestro trabajo diario) se convierten en la expresión tangible de nuestra «Voz de Jacob» (nuestro propósito espiritual). Dejamos de ver el trabajo y la fe como compartimentos estancos y comenzamos a vivir una vida integrada, donde cada acción, por mundana que parezca, está impregnada de sentido.

Esta es la bendición de una vida unificada: la capacidad de navegar la tensión entre el ahora y el mañana, no eliminándola, sino utilizándola como un motor de crecimiento y propósito. Es la sabiduría de saber qué «Esaú interior» (impulsos inmediatos) debemos refrenar y qué capacidad de acción debemos potenciar para servir a nuestro «Jacob interior» (propósito trascendente).

La Parashat Toldot nos enseña que el equilibrio no es un estado de reposo, sino un dinamismo constante. Es la sabiduría de saber qué «Esaú interior» debemos alimentar y cuál debemos trascender, y qué «Jacob interior» debemos proteger y potenciar.

En última instancia, la Parashat Toldot nos desafía: no vendas tu primogenitura espiritual por un plato de lentejas momentáneo. Busca la integración. Une la voz del propósito con las manos de la acción, y encontrarás no solo el equilibrio, sino la bendición de una vida plena y significativa. Al final, se trata de que nuestra vida y nuestro trabajo dejen de ser dos reinos separados, para fundirse en una única, coherente y bendita realidad: una vida con propósito.

La Moneda y el Legado: Las Llaves para un Tiempo sin Edad

Por David Nesher

Parashá Jayei Sarah

A lo largo de nuestro distintos ciclos de estudio de la Torah, hemos aprendido que la porción Jayei Sarah (Génesis, capítulo 23) no es simplemente un recuento histórico, sino, y por sobre todo, un texto profundamente alegórico que funciona como un pasaje de transición y el manual para el establecimiento de un legado espiritual perdurable. Al enfocar la vida de Abraham y Sara, esta porción nos enseña una verdad sorprendente: la verdadera madurez y la juventud no son estados opuestos, sino que pueden existir simultáneamente.

El relato comienza con la muerte de la matriarca Sara, una figura de inmensa estatura espiritual, considerada por los Sabios y midrashim como una mujer con el espíritu de profecía mayor que el que tenía Abraham (Avraham). El mensaje del por qué esta apreciación es más que claro: fue solo junto a Sara que Abraham pudo reparar el mundo guiandolo hacia la benevolencia infinita de Yah. Es por ello que el fallecimiento de nuestra matriarca marca el inicio de una serie de acciones por parte de Abraham destinadas a anclar y asegurar su revolución espiritual para la eternidad.

El anclaje físico y espiritual: la adquisición de la Cueva de Macpelá

Tras la pérdida de su amada Sara, Abraham avinu se dedica a asegurar un lugar de entierro. Este acto no fue una simple transacción, sino un movimiento clave para el cumplimiento de las promesas divinas. Abraham compra el campo y la cueva de Macpela en Hebrón. Esta no fue una simple compra; Abraham sabía, a través de la experiencia profética, que Macpela era el lugar de entierro de Adam y Javá y la entrada misma al Jardín del Edén (Gan Edén). Al adquirirlo con moneda negociable «para siempre», Abraham aseguró la llave para que sus hijos heredaran la tierra a él prometida. Este evento se realiza con el reconocimiento explícito por parte de los hijos de Het de la realeza y el estatus que Abraham había alcanzado entre ellos: «tú eres un príncipe de Elohim en medio de nosotros«.

En otros ciclos de estudio hemos aprendido que la elección de Macpelá es significativa por razones que van más allá de lo terrenal. Abraham ya estaba consciente de la santidad de ese lugar a través de la experiencia profética. Él sabía que la cueva no solo era el lugar de entierro de Adán y Eva, sino la entrada misma al Jardín del Edén (Gan Edén). Al adquirir Macpelá «para siempre» con moneda negociable, Abraham establece la llave para que sus hijos heredaran la tierra prometida por Dios, asegurando el fundamento físico de su linaje.

La corona de la vejez: El Secreto de Zikna

Una vez completado el anclaje físico, la Torah se enfoca en la esencia personal de Abraham, describiéndolo:

«Abraham era viejo, avanzado en años, y el Eterno había bendecido a Abraham con todo

Esta no es una descripción ordinaria de la vejez, sino la introducción del concepto místico de zikna, que expresa la esencia del secreto de la edad avanzada.

Entendamos que el concepto tradicional de vejez ya existía, como podemos ver como ejemplo respecto a los ciudadanos de Sodoma (Bereshit | Génesis 19:4). Sin embargo, el concepto zikna de Abraham se refiere al tipo de vejez que deber ser adquirida por medio de la búsqueda de la Verdad revelada desde el amor divino ilimitado o la Gracias de Dios. El Sabio Maharal explica que la vejez según esta sección de la Torah se identifica con una persona que ha adquirido entendimiento y sabiduría, por lo que se le llama la corona de la vejez.

El Midrash y los Sabios explican que Abraham fue la primera persona a la que se atribuyó este nivel de vejez. Anteriormente, las generaciones, al no reconocer al Creador, carecían de la verdadera sabiduría; su inteligencia permanecía en un estado inmaduro o de «desarrollo detenido». Al difundir el conocimiento del Eterno, Abraham legó la verdadera inteligencia al mundo. Él incluso oró para que se hiciera una diferenciación visible (zikna, representada por el cabello blanco) entre la juventud y la vejez, para que fuera evidente que con la madurez del intelecto, una persona había hecho una diferencia, asegurando que el conocimiento de Yah se transmitiera como un legado para toda la humanidad.

La Moneda: Símbolo de valores reevaluados y juventud perpetua

El legado de Abraham y Sara se encapsula perfectamente en la alegoría de la moneda acuñada por Abraham. Esta moneda, según el Midrash, mostraba un anciano y una anciana en un lado, y un joven y una doncella en el reverso.

Aquí debo decir que, en la antigüedad el acto de acuñar una moneda es una poderosa metáfora pues representaba la soberanía, la influencia en la sociedad y la aceptación por parte del público. Una moneda carecía de valor si la gente no la aceptaba como moneda de curso legal ya que el motivo de acuñar una nueva moneda simbolizaba la alteración de las costumbres. Esto se conecta con el concepto filosófico de «cambiar la moneda» o «reevaluar los valores» que en la filosofía griega está relacionado con Diógenes de Sínope. La historia cuenta que Diógenes se vio envuelto en una conspiración para desfigurar la moneda de Sínope, la ciudad griega en que había nacido y vivía, por lo que fue sentenciado y arrestado por el delito de falsificación.

La historia continúa diciendo que, después de consultar al Oráculo de Delfos para pedir consejo sobre si debía continuar con este «fraude». Aunque el Oráculo parecía animarlo a seguir, Diógenes no comprendió que el Oráculo realmente le estaba aconsejando que alterara las costumbres de Grecia. Esto se debe a que la palabra griega que fue expresada por el Oráculo era ambigua, y significaba tanto «moneda» como «costumbres». Ante esta anécdota, y tiempo más tarde, esta expresión délfica fue adoptada como el eslogan de la secta cínica de la filosofía griega fundada por Diógenes y se tradujo como «cambiar la moneda» o «reevaluar los valores» de la sociedad.

Dicho esto, continuaré con esta bitácora agregando que según los midrashim, en esta alegoría el secreto de la moneda no es numismático, sino espiritual: ya que representa el poder que se le reconocía a un ser humanos por lograr cambios en los valores de la sociedad en la que vivía. Justamente Abraham y Sara eran considerados como realeza, o «príncipes de Dios», por las innumerables almas que rescataron de la idolatría y llevaron al conocimiento del Creador (Yahveh) y sus principios. En medio de los cananeos ellos eran líderes espirituales de una magnitud que les permitía dictar nuevos valores.

Así como el lema del filósofo Diógenes el Cínico era «cambiar la moneda» (o «reevaluar los valores»), Abraham y Sara llevaron a cabo la revolución espiritual más deseable al introducir el conocimiento del Creador, cambiando completamente los valores del mundo.

Aunque una interpretación de la mayoría de los midrashim ve los dos lados como la transferencia del legado a Isaac (Yitzhak) y Rebeca (Rifka), la enseñanza más profunda y mística afirma que ambas caras representan a Abraham y Sara, por lo que la moneda ilustra la simultaneidad de la vejez y la juventud que vibraba en ellos.

A través del reconocimiento del Eterno, Abraham y Sara lograron fusionar la bondad de la vejez (estabilidad, sabiduría, humildad, la voz de la razón, etc.) con la bondad de la juventud (energía, idealismo, positividad, militancia y poder para la revolución). Su zikna se convirtió en un puente que los conectaba con su juventud.

De esta manera, la moneda atestigua el secreto de la juventud perpetua: cuanto más envejecían, más jóvenes se volvían, siendo renovados como el águila de acuerdo a lo que el profeta Isaías describe:

«Mas los que esperan a Yahveh tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán
(Isaías 40:31)

La vida de Sara y su transición al descanso eterno, seguida por las acciones de Abraham, nos enseña que el mayor logro de la edad avanzada es asegurar que el espíritu de la juventud, la energía para la revolución y el idealismo, se mantengan inmutables a través de la sabiduría del zikna.

Existe una leyenda que cuenta que el explorador Ponce de León buscaba un manantial mágico en la isla de Bimini (en las Bahamas) cuyas aguas devolverían la juventud a todo aquel que bebiera de ella. Así fue como en 1513, zarpó desde Puerto Rico con tres barcos. En verdad, su objetivo principal era explorar y reclamar nuevas tierras para la corona de España. Por eso, durante esta expedición, Ponce de León descubrió la península de Florida, a la que llamó «Tierra de la Pascua Florida», y también la corriente del Golfo. Pero, nunca encontró la Fuente de la Juventud. 

Ahora bien, mientras exploradores españoles del siglo XVI como Ponce de León buscaban la mítica Fuente de la Juventud en Florida, la Sabiduría de la Torah nos enseña que Abraham y Sara manifestaron el secreto de la juventud perpetua. El verdadero camino para permanecer siempre joven no es negar la vejez, sino llenarla de la sabiduría del zikna, convirtiéndola en la fuente inagotable de energía y renovación de nuestra alma.

El Zikna como ancla de sabiduría ante la incertidumbre

Considerando todo lo hasta ahora expuesto, diré que si la modernidad líquida, como la describió el sociólogo Zygmunt Bauman, se define por la ausencia de anclas sólidas, el constante cambio de costumbres y una crisis de identidad marcada por la inestabilidad, la Porción de la Torah Jayei Sarah ofrece una solución trascendental.

En nuestra era, donde las tecnologías y las tendencias reevalúan constantemente lo que tiene valor, la juventud se idealiza hasta el punto de la negación de la vejez. La gente tiene dificultades para envejecer y muchos intentan negarlo o disfrazarlo. Aquí es donde el legado de Abraham se vuelve vital.

En un mundo de «desarrollo detenido» intelectual —similar a las generaciones previas a Abraham que carecían de sabiduría porque no reconocían al Creador—, el concepto de zikna se presenta como la cura. El zikna no es la vejez biológica, sino la corona de la vejez, la inteligencia duradera que se adquiere a través del reconocimiento del Creador y la madurez del intelecto.

La Moneda como resistencia al relativismo de la postmodernidad.

La alegoría de la moneda, que simboliza el acto de «cambiar completamente los valores del mundo» a través de la introducción del conocimiento del Creador, ofrece una estrategia de resistencia ante el relativismo ético.

En la modernidad líquida, los valores son constantemente negociables y sujetos a la opinión pública (como una moneda cuyo valor depende de la aceptación). Sin embargo, la moneda de Abraham representa un acto de soberanía espiritual. Al acuñar su propia moneda, Abraham y Sara no solo desafiaron la «moneda» (las costumbres) de su época, sino que establecieron una nueva moneda de curso legal espiritual basada en la verdad inmutable.

El secreto de la juventud perpetua en la fluidez

Finalmente, la moneda simboliza la fusión de la juventud y la vejez que coexisten simultáneamente. En una sociedad obsesionada con la juventud física, la enseñanza de Abraham nos recuerda que la verdadera energía (juventud) no se agota, sino que se renueva constantemente «como el águila».

El secreto para permanecer joven para siempre en la fluidez de la modernidad es utilizar la sabiduría adquirida (zikna) como el puente que conecta la estabilidad de la edad con la energía y el poder de revolución de la juventud. Al reconocer al Creador como nuestra Fuente, y hacerlo nuestro Padre por medio de Yeshúa, Su Ungido, logramos la síntesis que nos permite combinar el idealismo con la razón, asegurando que nuestro legado, al igual que la vida de Sara, sea mucho más que un final: sea el inicio de una renovación perpetua.

La pasividad ante el pecado es una forma de complicidad silenciosa.

P.A. David Nesher

Parasha Pinjas (Números) 25:10 – 30:1

En tiempos de crisis espiritual como los que estamos viviendo, cuando el pecado se normaliza y el honor del Eterno parece ignorado, a veces es necesario que alguien se levante con firmeza, incluso si eso significa hacerlo solo.

En la parasha de esta semana, hemos estudiado que Pinjás no esperó órdenes. Tampoco buscó aprobación social. Él era movido por un celo ardiente por la santidad divina manifestada en el campamento; anhelaba la pureza del pueblo. Pinjás tuvo celo por el nombre del Eterno que estaba siendo profanado públicamente.

Su acto, que a simple vista pudo parecer violencia expresada a su más alto potencial, fue visto por Yahveh como una defensa apasionada de la Verdad revelada en la Torah, y la vida espiritual de Israel que desde ella emanaba. Por todo esto recibió un premio sin igual: un pacto de paz y el sacerdocio eterno.

Aquí aprendemos algo vital: La paz verdadera no es pasividad. La paz verdadera a veces requiere enfrentar con firmeza el mal.

Es por lo aquí aprendido que siempre enseño e insisto en que no todo el que busca la “tranquilidad” en esta vida, manteniéndose en su zona de confort, está en paz con el Eterno.

Siempre mantengamos en nuestra mente la lección que de las mismas Sagradas Escrituras aprendemos: la pasividad ante el pecado puede ser una forma de complicidad silenciosa.

Notamos que Pinjás actuó en un momento crítico, cuando otros preferían mirar a otro lado. Su acto nos recuerda que no es suficiente saber lo que está mal. El verdadero amor por el Nombre del Eterno se manifiesta en decisiones difíciles que honran Su voluntad, aún a costa del aplauso humano.

En estos días de la postmodernidad nihilista, nosotros también estamos llamados a actuar. Estamos convocados por el Espíritu de la Profecía a no quedarnos en la indiferencia. A ser agentes redentivos de santidad en medio de la oscuridad que está invadiendo las naciones. El Eterno nos llama a elegir lo correcto, incluso si eso significa incomodarnos o incomodar a otros.

Y así, como Pinjás, podremos ser merecedores de un pacto de paz: la paz que nace de vivir en fidelidad con el Creador. La paz que sobrepasa todo entendimiento y logra guardar nuestro mundo emocional y nuestro pensamiento en Yeshúa el Ungido de Dios, Dueño y Maestro de nuestras vidas.

Con amor y a tu servicio: David Nesher

¿Qué es el Mal? y ¿Cómo desterrarlo de tu Vida, Familia y Economía?

Por P.A. David Nesher

Comenzaré esta bitácora, compartiéndote una frase del maestro Tzvi Freeman:

«Luchar contra el mal es una tarea muy noble cuando es necesario. Pero no es nuestra misión en la vida. Nuestra tarea es traer más luz».

Después de leerla quedé meditando que desde tiempos inmemoriales el hombre ha contemplado la vida, cuestionado el propósito de la existencia y, como consecuencia, ha intentado entender la naturaleza del mal haciéndose varias preguntas: ¿Cuál es la función del mal? ¿Por qué motivos existe el mal en el universo? ¿Cómo es posible que Dios creara el mal? ¿Es algo real, con sustancia y poder? ¿O no es más que la ausencia de verdad, un vacío de realidad, oscuridad, una negación de la luz? Si es real, ¿cómo pudo Dios permitirlo en su mundo?

Algunos Sabios aseguran que los secretos de la Torah (Instrucción) divina revelan que el mal es oscuridad; nada más que una ausencia de luz. Entonces, si es solo oscuridad, ¿cómo es posible que la oscuridad desafíe a la luz? Y además, ¿cómo podría el Creador, que es bondad y compartir absolutos e ilimitados, crear individuos que alberguen una capacidad tan grande para el comportamiento maligno?

Así, termino deduciendo que ninguna respuesta que encontremos nos satisfará por completo. Y es que el mal está demasiado cerca como para verlo con claridad; es demasiado doloroso como para etiquetarlo. Sin embargo, y por otro lado, sino comprendemos qué es el mal, ¿cómo podemos luchar contra él?

Volvamos entonces a lo revelado por la Instrucción divina. En ella, la metáfora del mal es la oscuridad. Eso simplemente significa la ausencia de verdad. Un vacío de realidad. Como la oscuridad, el mal no tiene poder propio. No tiene vida propia. ¿De dónde, entonces, obtiene el poder de causar tanto dolor en el mundo? Generalmente, de nosotros, de nuestro miedo a él. De que lo consideramos algo que vale la pena negociar.

Sí, así y como lo oyes, el mal está impulsado enteramente por nuestro miedo a ello, por considerarlo un «algo» que exige nuestra respuesta.

Usando otra metáfora diré que el mal es un terrorista, alimentado por nosotros mismos en cada cucharada de preocupación, fomentado con cada mirada de ansiedad e inquietud que generamos; animado y fortificado con cada concesión que hacemos de nuestras vidas para reconocer su amenaza, hasta que, logrando levantarse desde nuestros pensamientos, se coloca contra nosotros hasta que nos haya absorbido suficiente energía para atacarnos descaradamente con nuestros propios instrumentos.

Al haber peregrinado en el estudio de la Torah, podemos notar que este tema se repite a lo largo de muchos relatos. Cuando la serpiente se acercó a Eva (explican los sabios), ella no estaba lista para dedicarle su tiempo. En su mundo, la serpiente bien podría no existir. Así que la serpiente tuvo que preguntar: «¿Es cierto que no se te permite comer de ningún árbol del jardín?«. Por supuesto, la serpiente sabía que era mentira. Pero así, Eva se dio cuenta. La serpiente se convirtió en alguien a quien vale la pena responder. Y, por lo tanto, con el poder de causar problemas.

De igual manera, lo vemos en la vida de Moisés. Él comenzó su carrera como libertador al matar a un capataz egipcio que golpeaba hasta la muerte a un esclavo hebreo. Cuando descubrió que su acción se había hecho pública, el libro de Shemot (Éxodo) nos dice que «Moisés tuvo miedo. Y el Faraón procuró matarlo. Así que huyó». Notemos esta secuencia. Primero, Moisés tuvo miedo. Solo entonces el Faraón procuró matarlo. Sin el miedo de Moisés, el Faraón no tenía poder.

Leyendo una enseñanza del famoso Rav Yeshudá Áshlag, me encontré con que él explica en su obra «Una Introducción al Zóhar» (Título original: «An Entrance to the Zohar») lo siguiente:

Sabemos claramente que el Pensamiento de Creación de Dios, cuyo propósito era dar disfrute a aquello que Él creó, originó por necesidad el Deseo de Recibir de Él toda la bondad y amabilidad que Él pensó para Su creación. Este Deseo de recibir no estaba contenido en la esencia del Todopoderoso antes de que Él lo creara en sus almas; ya que ¿de quién podría Él haber recibido algo? Por lo tanto, Él creó algo completamente ‘nuevo’ que no estaba contenido dentro de Él. En asuntos espirituales, la diferencia de forma funciona de la misma manera que el filo de una espada separa cosas materiales. La distancia entre estas dos será en proporción a cuán opuestas en forma estén una de otra. Esta diferencia de forma que poseen las almas actúa como el filo de una espada y corta una piedra de una montaña. Fue mediante esta diferencia de forma que las almas se separaron del Creador y se apartaron de Él, para que se convirtieran en algo que fue creado”.

Esta fue la creación de este mundo conocido como el Mundo de la Acción (Olam Asiah) o mundo de la dualidad. En otros términos: el mundo del Bien y del Mal.

Entonces Áshlaj, en su cita, describe al Creador como el máximo grado del deseo de compartir y de bondad, haciendo que el extremo opuesto del deseo de recibir, el cual está separado de Él, sea maligno. Así pues la naturaleza de la separación permite que surja la creación del mal.

Según los secretos del Cielo revelados en la Torah, cuando el Creador creó las almas, en esencia creó la vasija perfecta, es decir un recipiente, con una naturaleza completamente opuesta a la Suya para que así Él pudiera compartir su beneficencia lumínica de amor. El propósito de esta creación, como lo explicó Rav Áshlag, fue llenar las almas con Su Luz. Mientras la Vasija esté llena de Luz, adquiere las características del Creador: bondad y compartir infinitos. Sin embargo, al asumir las cualidades del Creador, la vasija desea compartir sin límite. La pregunta es ¿con quién? Entendemos que la Luz Infinita no tiene necesidad o deseo de recibir nada, así que se hizo un trato en el nivel más alto de la mente divina en el que se crearía un mundo donde las almas pudieran compartir y recibieran sólo la Luz —la beneficencia del Creador cuando fuera merecida— mediante el comportamiento afín con la Luz. Luego de la creación de este mundo, donde una vez hubo Luz, la oscuridad llenó el vacío.

Esta ausencia de Luz, es el mal en sí, al que los Sabios con el tiempo llamaron: el Deseo de Recibir para Sí Mismo.

Entonces, debemos aceptar que cada ser humano en este mundo contiene ambas polaridades del deseo: para compartir y para recibir. Nuestros deseos acumulados crean una vasija cuántica. Cuando tomamos decisiones individuales, afectamos de manera colectiva al todo. Cuando las personas actúan con tolerancia, generosidad y bondad, entonces hay Luz en el mundo; parte de la idea original. Por el contrario, si somos perezosos, intolerantes, odiosos e iracundos (aun en su más mínima expresión) esas cualidades negativas se acumulan y mantienen alejada a la Luz, permitiendo que la oscuridad nuble el mundo.

Así es con el mal en el mundo, así es con las fuerzas destructivas dentro de cada uno de nosotros: cuando nos rebajamos a conquistar el mal dentro de nosotros mismos, terminamos rodando con él en su barro.

Saber esto es sumamente útil. Una vez que descubrimos el secreto del mal, sabemos cómo desmantelarlo. La estrategia es casi idéntica, ya sea el mal que azota el mundo o tu comunidad, o el que se esconde en lo más profundo de tu corazón, acechando para aterrorizarte a la menor oportunidad.

Soy conciente que no es una solución sencilla, porque como humanidad ya hemos alimentado el mal a lo largo de los siglos hasta el punto de que prospera y crece cada día. Al principio, Adán y Eva podrían haberlo ignorado y con el tiempo se habría disuelto en las chispas de luz divina que revelaron en el Jardín. Pero una vez que el mal ha sido alimentado y vive fuera de su bolsa, nunca más podrá ser tratado con tanta facilidad, sino hasta el final del Shabat Milenial.

Sin embargo, nuestra principal arma contra el Mal sigue siendo nuestra indiferencia hacia él. 

Lo explicaré del siguiente modo: la existencia del mal es permanente, pero sus efectos son temporales. El mal se vuelve impotente una vez que se ha realizado suficiente bien, porque la bondad aumenta la conciencia general y permanente del Creador. Una vez realizado suficiente bien, el mal no puede nublar el juicio humano. Es importante destacar que no es la conciencia del Creador la que está oculta, sino la propia conciencia del hombre del Creador la que está atenuada. Si bien el mal se crea en forma potencial, el hombre debe materializarlo. Por eso, el primer pecado fue la materialización del Mal por parte del hombre, que lo internalizó. Si el hombre no hubiera pecado, el mal se habría vuelto impotente. El Universo Físico, tal como es hoy, en decadencia, es el resultado de la materialización del Mal. Por eso, finalmente se deconstruye y resucita de forma permanente (esto se llama la Resurrección de los Muertos).

Entonces, para desterrar verdaderamente el mal, debes marchar sobre las nubes y nunca mirar hacia abajo. Como lo aconsejara el apóstol Pablo a los creyentes de Colosas al escribirles:

«Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.  Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria

(Colosenses 3: 1-4)


En otras palabras, debes diariamente escalar más alto hasta alcanzar un lugar de luz que no deje grieta para que el mal se esconda. Elevado a ese lugar, el mal se derrite en la rendición, y termina huyendo de tu vida. Así Santiago se los recordaba a los discípulos del SEÑOR:

«Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.«
Santiago 4:7

De hecho, este es el propósito del mal: ¿por qué un Dios completamente bueno ideó el mal en su mundo? Porque el mal nos obliga a ahondar en nuestro interior, sometiéndonos a Dios para encontrar nuestra fuerza interior, Su Unción, con la que podemos ascender cada vez más, hasta alcanzar una luz brillante y cegadora, una luz que no deja resquicio para que la oscuridad se esconda.

Entonces, por ahora el mal ha cumplido su sentido: exprimir la luz interior del alma humana, una luz que no conoce límites. Ante esa luz, el Mal se derrite, rendido, y desaparece. Pues, en el principio, la oscuridad se creó con un solo propósito: extinguir la luz interior del alma humana. Una luz sin límites.

¡Misión cumplida, el mal se desvanece en la luz que él mismo ha llamado!

Ahora sí, con esto bien entendido, vale la pena terminar la bitácora con la frase que usé al comenzarla:

«Luchar contra el mal es una tarea muy noble cuando es necesario. Pero no es nuestra misión en la vida. Nuestra tarea es traer más luz«.

Shalom a todos! ¡Los amo y los necesito!

P.A. David Nesher

Las ciudades amuralladas, tu lugar de influencia

 Por Ptr. Moisés Franco

En la tercera ascensión de las parashot “Behar-Bejukotai” leemos en Vayicrá/Levítico 25:29-30:

El varón que vendiere casa de habitación en ciudad amurallada, tendrá facultad de redimirla hasta el término de un año desde la venta; un año será el término de poderse redimir. 30 Y si no fuere rescatada dentro de un año entero, la casa que estuviere en la ciudad amurallada quedará para siempre en poder de aquel que la compró, y para sus descendientes; no saldrá en el jubileo (RV60). 

Me surgió una pregunta, ¿por qué las propiedades podían redimirse en cualquier momento antes del jubileo, excepto las de las ciudades amuralladas? 

Un comentario en la versión Torat Emet refiere a que tenían una “santidad especial” y que por eso el Eterno pone esta norma para “desalentar” su venta. 

Aun así, ¿qué significa esto y qué implica para nosotros hoy? 

Para ello leí una interesante lección del Seminario Reina Valera dirigido por Gilberto Abels titulada “Propiedad”. 

Allí se explica que en la antigüedad dentro de la tierra de Israel había dos tipos de poblaciones: “…las villas eran lugares de morada sin murallas en su derredor, mientras que las ciudades y pueblos eran lugares más grandes, y estaban amurallados… Las villas a menudo se localizaban cerca de una ciudad amurallada o fortificada de la cual más o menos dependían. Así la ciudad era la metrópoli de las villas. Con frecuencia leemos en la Biblia de «ciudades y sus villas», y algunas veces una traducción literal nos daría una expresión de «ciudades y sus hijas», indicando una ciudad madre»; sus villas dependientes de ella que la rodean (cf. Josué 15:45 y 17:11)”.

Una ciudad amurallada contaba generalmente con dos grandes lugares públicos: las puertas y el mercado. 

El primero generalmente era el sitio donde se reunía la corte para tomar decisiones judiciales y políticas mientras que el segundo, lejos de ser un mero lugar donde adquirir mercaderías, era el centro de la vida social y cultural de la ciudad.

«Las transacciones comerciales son por lo regular precedidas de una visita social con el cliente. A la gente importante tanto como a la común, les gusta ir allí para encontrarse con sus amigos y saludarlos en verdadera costumbre oriental lo que siempre lleva mucho tiempo. Jesús dijo a sus discípulos: «Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas» (Marc. 12:38). En los mercados tienen lugar discusiones de varias clases. El apóstol Pablo aprovechó tales oportunidades cuando estuvo en Atenas. «Disputaba. . . con los judíos y religiosos y en la plaza cada día con los que le ocurrían» (Hechos 17:17). El mercado era un lugar ideal para predicar el Evangelio, afirma Abels.

Y si bien dicha lección tiene otras múltiples riquezas históricas y culturales que nos ayudan a entender mejor las Sagradas Escrituras, quisiera que nos focalicemos en esto: la ciudad amurallada era un lugar de privilegio, era un sitio de influencia. 

Tal como dice John Maxwell, “liderar es influir” y todos, absolutamente todos, incluso aunque no queramos, influimos en nuestro entorno. 

Ese entorno es, como dice el apóstol David Nesher, “tu mundo”. El ámbito de influencia que el Señor te dio a ti y no a mí, porque yo tengo el mío. 

Es una red de contactos que te confió porque cree en la capacidad que te ha dado: ser luz. 

Y no hay nada más influyente que una luz en medio de la oscuridad. 

Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder”.
(Mt. 5:14| RVC)

Tal vez te estés sintiendo como alguien insignificante, que no puede influir sobre nadie, te aseguro que no eres el único al que le ha ocurrido (Is.53:1). 

Pero hoy el Espíritu Santo nos dice: ¡no vendas tu ciudad amurallada, cuida y usa la influencia que tu testimonio tiene en quienes te rodean!

Que el Señor nos dé el denuedo y la sabiduría para influir en cada ámbito que él nos entregue. 

PREGUNTAS PARA MEDITAR 

1 – ¿Te ves como líder que influencia o como uno más del montón? 

2 – ¿Ves cada ámbito en el que te mueves (escuela, trabajo, barrio, etc.) como una oportunidad para influir o como parte de una mera rutina? 

3 – ¿Le has pedido al Espíritu Santo que te dé denuedo (valentía y vitalidad) y sabiduría para predicar el Evangelio?

¿De dónde sabemos que diez varones constituyen un Minyán?

La fuente está en la parashá Emor. La Torá nos dice: «Venikdashti betoj bnei israel» —estas son las palabras de YHVH—: «Seré santificado en medio de los hijos de Israel».

Aquí se nos habla de una comunidad de personas que adoran a YHVH, pero ¿cómo entendemos la frase: “en medio de”?

Los Sabios emplearon un método de exégesis bíblica conocido como guezerá shavá, en el cual dos versos con idéntica terminología son comparados entre sí, este verso coincide con otro.

Pue bien, por medio de este método, sabemos que en la Parashá de Kóraj, la Torah nos dice “Hibbadelu mittoch haedah” que traducida es: «sepárense de en medio de esta comunidad«.

Entonces, tenemos la misma frase, “en medio”, con referencia a una comunidad y ese término “edah” para comunidad se usa en la Parashá Shelaj Lejá, donde los diez espías malvados son mencionados como “ha’edah hara’ah hazzot” (–»esa asamblea malvada«).

Así es como sabemos que la referencia en la Parashá Emor a un grupo de personas, en medio de las cuales santificamos el nombre de Dios, es diez personas.

Me parece absolutamente extraordinario que aprendamos sobre un minyán a partir de dos eventos históricos: uno es la rebelión de Koraj, y el otro es la historia de los espías. En ambos casos, tuvimos personas dentro de nuestra nación que nos decepcionaron gravemente, pero el mensaje del minyán es que todos deben ser incluidos. No nos corresponde juzgar a los demás.

Por supuesto, debemos evaluar lo que está bien y lo que está mal, y debemos tomar una posición cuando creemos que es necesario, pero dicho esto, en última instancia, debemos dejar el juicio en manos de YHVH.

Cuando se trata de una comunidad, absolutamente todos deberían estar «en medio de nosotros».

Shabat Shalom!

Una Glotonería lleva a otra: cómo cuidar mi Santidad Sexual

Por Ptr. Moisés Franco*

Al estudiar las parashot o porciones Ajarei Mot (Lv. 16:1-18:30) y Kedoshim (Lv.19:1-20:27) de manera combinada vemos cómo al llegar a la tercera ascensión (17:8-18:21) el Espíritu de Verdad pasa de un tema alimenticio a la prevención de la inmoralidad sexual de manera abrupta.

Este “salto” en apariencia discontinuado entre un tema y otro en verdad está fundamentado.

Es decir, existe una correlación entre la manera en la que nos relacionamos con la comida y el uso de nuestra energía sexual.

Esto lo explicó una vez el profeta David Nesher citando Ezequiel 16:49:

He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso”.

Generalmente asociamos la destrucción divina de esa ciudad por el pecado de homosexualidad, pero según este pasaje profético eso vino a ser la degradación final del alma que había empezado con pecados menos “bochornosos” ante la vista humana, pero igual de peligrosos.

En el orden de aparición según el texto:

  • Soberbia
  • Saciedad de pan (glotonería)
  • Abundancia de ociosidad (pereza)
  • No fortalecer la mano del menesteroso (indolencia)

Todo empieza por el orgullo, por creerme dueño, por tener una mirada antropocéntrica (centrada en el hombre y su placer).

Si me creo dueño entonces puedo comer cuanto se me plazca y lo que se me plazca sin importar lo que le ocurra a mi cuerpo, total, ¡es mío!

Y si es mío y los bienes materiales que manejo son míos puedo hacer con ellos según mejor me parezca: entonces no doy al necesitado, no me duele su dolor.

Finalmente, si mi cuerpo es mío, uso mi sexualidad a mi antojo (incluso dentro del matrimonio).

Como vemos, un apetito (el de alimentos, pero podríamos incluir en esto la posesión de cualquier bien físico) despierta al otro (el sexual).

Por eso dice 1 Timoteo 6:10: “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (RV60).

Cabe aclarar en este punto que nada de esto es malo en sí mismo, por el contrario. Esto es, que poseer bienes materiales es bueno y correcto, asimismo disfrutar de los alimentos que el Señor nos provee y también de nuestra genitalidad en el ámbito del matrimonio.

El punto es cuando a estos elementos maravillosos los usamos desde la soberbia y generamos un espiral de decadencia.

Ahora bien, esto también puede ser inverso si lo hago desde la humildad.

Es decir, si humildemente reconozco que todo es del Eterno y viene a mí por Él (Sal. 24:1/Rm. 11:36) comeré correctamente y usaré en propósito todos los recursos que me han sido dados (esto incluye el tiempo, evitando la pereza, y la sexualidad toda).

En esto propongo un axioma: si controlo mi vientre, controlo el resto de mi vida.

Es que el ayuno es una medicina contra el ego, como ya otros tantos predecesores a mí han mencionado.

 Porque si controlo mi vientre puedo controlar el resto de mis apetitos (como el sexual) y también daré al prójimo (yendo contra la codicia).

¿Por qué? Porque al ayunar nos abstenemos de relaciones sexuales mientras dura el lapso del ayuno (1 Cor. 7:5) a fin de que nuestra atención esté atenta al enfoque espiritual (Éx. 19:15).

Además, si bien no es un mandato explícito del Señor, sí es una pauta profética basada en Isaías 58:6-7 entregar tzedaká (ofrenda de caridad o justicia social) luego del ayuno.

Eso sí, no está de más aclarar que tal como menciona el profeta en este pasaje, el verdadero ayuno no es el que sólo se abstiene de alimento, sino el que también tiene oración de alianza con Abba y que busca estar en paz con el prójimo.

En síntesis, cuidémonos de la soberbia que nos lleva al materialismo y desde ahí a toda clase de apetitos descontrolados.

Enfoquémonos en lo que las primeras comunidades hacían: oración, ayuno, congregarnos para estimularnos mutuamente al amor y la proclamación del Evangelio tanto con palabras como con acciones.

*pastor en el Ministerio Internacional Monte Santo

PREGUNTAS PARA MEDITAR

  • ¿De qué tiendo a sentirme dueño?
  • ¿Cómo está mi relación con el dinero? ¿lo codicio en mi interior?
  • ¿Cómo está mi relación con la comida? ¿y mi apetito sexual?
  • ¿Practico habitualmente el ayuno? ¿por qué?
  • ¿Brota el amor compasivo desde mí o es algo forzado?

El Hombre-Mundo: la Esencia del Tabernáculo

Cuando la humanidad se convirtió en el mundo; cuando tú te convertiste en la Torah

Recopilación, comentarios intercalados de Jonah Rank.

Nadie sabe con certeza cuándo se escribió el Midrash Tan huma, pero los eruditos creen que fue escrito en el siglo IX d.C. Sin embargo, muchas de sus enseñanzas datan de siglos antes. En esta colección de comentarios sobre la Torá, aparece la siguiente enseñanza:

«El Tabernáculo fue pesado de igual manera que el mundo entero y que la creación de la humanidad, que es un mundo pequeño. ¿Cómo es esto? Cuando el Santo Bendito creó el mundo, Dios lo hizo como el feto en una mujer. Así como el feto de una mujer comienza con su ombligo y crece hacia los cuatro lados, así también Dios comenzó a crear el mundo a partir de la Piedra Fundamental inicialmente, y el mundo se basó a partir de allí.«

Parashat Pikkudei, Siman 3

Ibn Ezra (1089-1164), en su comentario sobre Génesis 1:26, plantea la siguiente pregunta:

¿Es una persona un mundo pequeño o el mundo es una persona grande?

Cuando su comentario sobre la Torá llega a Éxodo 25:40, Ibn Ezra ha respondido a su pregunta:

El hombre es la imagen de un mundo pequeño, pues la humanidad fue el fin de la creación del mundo por parte de Dios.

Casi un siglo después, cuando Rabbenu Baha’ya ( 1255-1340) escribe su comentario sobre Levítico 24:10, no duda en equiparar:

Hay otros que están interesados.
Una persona es un mundo pequeño.

El Baal Shem Tov (1698-1760), fundador del jasidismo, enfatizó el peso emocional de la Torá (más que el legal o intelectual), y sus enseñanzas sobre la humanidad como mundo reflejan esto:

Cada persona es un mundo pequeño, y dentro de él hay un Faraón y un Egipto.
 – Baal Shem Tov sobre Éxodo: Parashat Beshalla h 

Mira, cada persona es un mundo pequeño, y dentro de él hay un Moisés, un Aarón y un Egipto.

– Sefer Ba’al Shem Tov Al HaTorah , publicado por Pit h ey Megaddim , Jerusalén 1992; Vol. I p. 306

Fuente: Blog de artistas de BIMA Beit Midrash Source

Mishpatim: Visión de una Sociedad de Derechos y Responsabilidades entrelazados

Por Jessica Kirschner

Mientras que la parashá de la semana pasada, Yitró, trataba sobre la Torah en su sentido más amplio y simbólico, la parashá de esta semana, Mishpatim, trata sobre la ley en una escala mucho más humana. Es la diferencia entre la Declaración de Independencia y los artículos y enmiendas de la Constitución: una declaración de visión versus una hoja de ruta. Con Mishpatim comenzamos a recibir el mapa que nos ayudará a atravesar el complicado territorio en el que nos encontramos: la vida con otras personas.

Mishpatim es el comienzo del código legal que regía a la antigua comunidad de Israel. Sus principios proporcionan las bases de los sistemas y valores que nos guían hoy. Se refiere al trato a los demás, las lesiones personales, los daños causados ​​por negligencia y robo, los delitos como el asesinato y el secuestro, las prácticas comerciales desleales y el trato injusto por parte de los jueces. También describe las reglas para el Shabat, el año sabático y las celebraciones de las festividades.

Mishpatim describe una visión de una sociedad de derechos y responsabilidades entrelazados, vida diaria y celebraciones sagradas, y nos advierte que recordemos tres principios en particular, que puede ser tentador ignorar u olvidar cuando no es de nuestro interés:

  • los privilegiados deben cuidar de los vulnerables,
  • tenemos responsabilidades incluso con nuestros enemigos, y
  • las personas encargadas de juzgar y hacer cumplir las leyes deben tener especial cuidado de no mostrar prejuicios, no sea que todo el sistema se desmorone.

En su comentario sobre esta porción, el rabino Jonathan Sacks sostiene que “la grandeza del judaísmo no está simplemente en su noble visión de una sociedad libre, justa y compasiva, sino en la forma en que plasma esta visión en la realidad mediante una legislación detallada”. Cita un ejemplo de Éxodo 22:26-27: “Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélvelo antes de que se ponga el sol; es la única ropa disponible, es lo que cubre la piel. ¿Con qué otra cosa dormirá [tu prójimo]? Por tanto, si esa persona clama a Mí, Yo le prestaré atención, porque soy compasivo”. Sacks llama a esto “ley con rostro humano”. Si bien aquí se está produciendo una transacción económica (alguien pide dinero prestado y le da al prestamista una prenda de vestir como garantía), la Torah nos obliga a honrar también al ser humano involucrado. En términos estrictamente legales, el prestamista podría tener derecho a conservar la prenda, pero como una sociedad decente depende de más que los derechos legales, se nos enseña a notar y tener en cuenta la posibilidad de que esta persona sea pobre y necesite la capa para sobrevivir la noche.

Una cosa es hacer un esfuerzo por ayudar a los que son evidentemente pobres o vulnerables, y otra muy distinta es pensar en hacerlo por un enemigo. Pero en Éxodo 23:5, eso es exactamente lo que se nos desafía a hacer: “Si ves el asno de tu enemigo desgarbado bajo su carga, no pases de largo, sino que lo ayudarás”. Aquí entran en juego dos principios.

  • En primer lugar, está nuestra obligación de prestar atención al sufrimiento de otras criaturas vivientes. El hecho de que dos seres humanos sean enemigos no significa que un animal inocente deba sufrir.
  • En segundo lugar, estamos obligados a recordar que nuestro enemigo también es una persona de nuestra comunidad hacia la que todavía tenemos obligaciones.

En Bava Metzia 32b, el Talmud lleva esta idea más allá, al afirmar: «Si (el animal de) un amigo requiere ser descargado, y el de un enemigo, primero debes ayudar a tu enemigo, para suprimir la inclinación al mal«. Ambas partes necesitan ayuda, pero, en el caso del enemigo, también existe el desafío de superar la antipatía y el distanciamiento. Sin duda, es el camino más difícil, pero nuestros sabios dicen que debe tener prioridad.

Vale la pena destacar la línea en nuestra parashá que dice: “Sin duda dejarás ir [la carga] con [tu enemigo]”. Las traducciones arameas Targum Onkelos y Targum Yonatan extienden el concepto de liberación más allá de lo físico a lo psicológico: “Sin duda dejarás ir el odio que tienes en tu corazón hacia ellos”. Pero esto sólo es posible cuando el trabajo se hace en conjunto, por lo que enfatiza que debe hacerse con ellos. Si el problema es la enemistad entre personas, los esfuerzos de una sola parte para resolverlo siempre serán insuficientes. Sólo cuando ambas personas trabajan juntas es posible un cambio significativo. La Torah no nos pide que seamos sobrehumanos: si el propietario es capaz pero se niega a ayudar, estás liberado de la obligación. Sin embargo, la Torah nos pide que nos esforcemos más allá de nuestra zona de confort porque este es el camino hacia la paz. Este trabajo no es fácil, pero es profundamente honorable. En palabras del Rabino Natan: “¿Quién es un héroe? Aquel que convierte a un enemigo en amigo” (Avot de-Rabbi Natan , 23).

Si bien muchas de las leyes de Mishpatim son principalmente interpersonales, nuestra porción también habla directamente del papel especial de los jueces, un reconocimiento de que las mejores leyes no valen el pergamino en el que están escritas si la comunidad no puede confiar en la imparcialidad de quienes están encargados de hacerlas cumplir. Éxodo 23:6-8 dice:

«No perjudiques a tus necesitados en sus pleitos. No acuses falsamente a nadie; no hagas morir a los inocentes, porque yo no absolveré al culpable. No aceptes sobornos, porque los sobornos ciegan a los que ven con claridad y trastornan los derechos de los justos.

Es difícil resistir la tentación de favorecer a los ricos y poderosos, de dar preferencia a quienes conocemos o por quienes sentimos simpatía. Pero un sistema social basado en el imperio de la ley depende de que las personas tengan un juicio justo y una expectativa razonable de que se hará justicia, independientemente de a quién favorezca.

La Familia: Prioridad para la Vida Humana

Por P.A. David Nesher

Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, saldrá él y su mujer con élSi su amo le hubiere dado mujer, y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo. Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre. 

Éxodo 21: 3-6

La exclamación de aquellos israelitas que salieron con Moisés, debe haber sido algo así: «¡Sí, estamos libres de la esclavitud de Egipto! ¡Hemos aceptado nuestra suerte como pueblo elegido de YHVH! Ahora pasamos con entusiasmo a…» ¡Un momento, el Eterno quiere primero otra cosa! ¿Una lista de normas para una sociedad hipotética que todavía no podemos construir? y entonces surgirá en todas las generaciones la pregunta: ¿Por qué está aquí la parashá Mishpatim?

Antes de avanzar en esta bitácora, tengamos en cuenta que no podemos entender este pasaje en particular a menos que sepamos que hay otros dos pasajes en la Torah que complementan estas palabras; uno en Levítico 25, los versículos 39 a 55, y el otro Deuteronomio 16, los versículos 12 a 18. Luego, de leer estos pasajes, deberemos revisar todo este asunto en el libro del profeta Jeremías (34:8-22). Sólo con estos tres pasajes lograremos obtener la cosmovisión completa que necesitamos para la comprensión de este mandato divino. 

Desde toda esta consideración quiero decir que lo que tenemos aquí en Levítico 25, versículos 39 a 55, es que se habla muy claramente de cómo realmente no puedes maltratar a tu sirviente hebreo. En realidad, la palabra utilizada en hebreo es “eved”, que es “esclavo”. Así que no puedes maltratar a tu esclavo hebreo. Esencialmente, el esclavo hebreo asume el papel de, al menos, el sirviente contratado. Trabaja durante seis años y en el séptimo año, queda libre. En el versículo 39 de Levítico 25: “Cuando tu hermano se vuelve pobre contigo y te es vendido, no le hagas la obra de un esclavo”. Lo que la Torah dice aquí es: “debería ser como un trabajador contratado o un residente extranjero contigo. Y él te servirá, él trabajará para ti, hasta el año del Jubileo.” Esto es significativo porque, en este pasaje de Éxodo, habla de si decide quedarse contigo, se quedará contigo, dice «para siempre» (versículo 6). Sin embargo este “para siempre” queda perfectamente definido en Levítico 25 como «hasta el año del jubileo», que es un máximo de 49 años, y en el año 50 se va libre.

Ahora bien, buscando la clave esencial de este pasaje de mishpatim la hallamos en el primer tema: las normas para tratar a los esclavos hebreos con dignidad. Justamente en este momento de transición de la impotencia a la autonomía, de la mera supervivencia a la providencia divina en una Tierra Prometida, los israelitas necesitan que se les recuerde que tienen una responsabilidad moral hacia los más vulnerables de su sociedad.

Y esto es lo que me sorprende de esta parashá, la medida de humanidad que Mishpatim le otorga al “esclavo hebreo”, dado el contexto de un mundo en el que la esclavitud y la servidumbre legal eran normativas que permitían el trato inhumano a un esclavo. El Eterno quiere que se entienda que el esclavo hebreo es en realidad un pariente que ha pasado por tiempos difíciles y debe entrar en servidumbre temporal para pagar sus deudas. Al final de su período de seis años, la Torá dice:

Si tenía mujer, su mujer se marchará con él. Si su amo le dio mujer y ella le dio hijos, la mujer y sus hijos serán del amo, y él se marchará solo. Pero si el esclavo declara: «Amo a mi amo, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre»,… (Éxodo 21:3-6) entonces seguirá siendo su esclavo de por vida.

Con esto, el Eterno se asegura por medio de Su Torah que Su Pueblo entienda que el diseño de familia es una prioridad para el establecimiento de Su Reino en la Tierra.

Yah, deja bien establecido que las relaciones amorosas deben ser respetadas, incluso en circunstancias difíciles y degradantes, como vemos en la apertura de esta porción. El esclavo hebreo tiene el derecho de determinar el futuro de su familia dentro de sus limitadas circunstancias: puede elegir trabajar para proveer y criar a sus hijos.

Ésta es, entonces, la lección que la parashá Mishpatim nos enseña en este momento. Quienes tienen seguridad deben recordar ejercer su influencia con cuidado hacia quienes no la tienen. Así como una sociedad de esclavos recién liberados necesitaba tratar a los demás con humanidad una vez que conseguían un poco de poder, también nosotros, en tiempos en los que las naciones se llenan de inmigrantes, refugiados, esclavos y pueblos oprimidos, necesitamos priorizar los valores de la familia y la dignidad para todos, sin importar cuán recién llegados sean.

Está bien claro que el recurrir a la misericordia de los demás en tiempos difíciles no despoja a una persona de su humanidad fundamental, ya sea en la época de la Torah o en la actualidad.

Debemos proteger los derechos de las familias migrantes mientras buscan una vida mejor en nuestra nación, otorgándoles un trato humano y el debido proceso. Debemos vivir los “Mishpatim”, encarnando el conjunto de valores que el Eterno ha establecido en Su Instrucción para gobernar nuestra sociedad en forma justa, asegurando una equidad que construya un mundo más humano.

La Paz y Gracia de nuestro SEÑOR esté con cada uno de ustedes.

David Nesher

Una Nación de Líderes

Por el rabino Jonathan Sacks

La parashá de esta semana consta de dos episodios que parecen constituir un estudio de contrastes. El primero se encuentra en el capítulo 18. Yitró, el suegro de Moisés y sacerdote madianita, le da a Moisés su primera lección de liderazgo. En el segundo episodio, el motor principal es Dios mismo, quien, en el monte Sinaí, hace un pacto con los israelitas en una epifanía sin precedentes e irrepetible. Por primera y única vez en la historia, Dios se aparece a todo un pueblo, hace un pacto con ellos y les entrega el breve código de ética más famoso del mundo, los conocidos como los Diez Mandamientos.

¿Qué puede haber en común entre el consejo práctico de un madianita y las palabras atemporales del Apocalipsis (la revelación)? Hay un contraste intencional aquí y es importante. Las formas y estructuras de gobierno no son específicamente judías. Son parte de la jojmá , la sabiduría universal de la humanidad. Los judíos han conocido muchas formas de liderazgo: por profetas, ancianos, jueces y reyes; por los Nasi en Israel bajo el gobierno romano y el Resh Galuta en Babilonia; por los consejos municipales (shiva tuvei ha-ir) y varias formas de oligarquía; y por otras estructuras hasta incluir la Knesset elegida democráticamente. Las formas de gobierno no son verdades eternas, ni son exclusivas de Israel. De hecho, la Torá dice sobre la monarquía que llegará un tiempo cuando el pueblo diga: “Pongamos un rey sobre nosotros como todas las naciones que nos rodean”, el único caso en toda la Torá en el que se le ordena (o se le permite) a Israel imitar a otras naciones. No hay nada específicamente judío en las estructuras políticas.

Sin embargo, lo que es específicamente judío es el principio del pacto en el Sinaí, según el cual Israel es el pueblo elegido, la única nación cuyo único rey y legislador supremo es Dios mismo. “Él ha revelado su palabra a Jacob, sus leyes y decretos a Israel. No ha hecho esto con ninguna otra nación; no conocen sus leyes, ¡Aleluya!” (Salmo 147:19-20). Lo que el pacto en el Sinaí estableció por primera vez fueron los límites morales del poder1 Toda autoridad humana es autoridad delegada, sujeta a los imperativos morales generales de la propia Torá. De este lado del cielo no hay poder absoluto. Eso es lo que siempre ha diferenciado al judaísmo de los imperios del mundo antiguo y de los nacionalismos seculares de Occidente. De modo que Israel puede aprender política práctica de un madianita, pero debe aprender los límites de la política de Dios mismo.

A pesar del contraste, sin embargo, hay un tema en común en ambos episodios, en el de Yitro y en el de la revelación en el Sinaí: la delegación, distribución y democratización del liderazgo. Sólo Dios puede gobernar solo.

El tema lo introduce Yitro. Llega a visitar a su yerno y lo encuentra solo. Le dice: «Lo que estás haciendo no está bien» (Éxodo 18:17 ) Este es uno de los dos únicos casos en toda la Torá en que aparecen las palabras lo tov , “no es bueno”. El otro está en Génesis (2:18) , donde Dios dice: “No es bueno [ lo tov ] que el hombre esté solo”. No podemos liderar solos. No podemos vivir solos. Estar solo no es bueno.

Yitro propone delegación:

Tú serás el representante del pueblo ante Dios y presentarás sus disputas ante Él. Enséñales sus decretos y sus instrucciones, y muéstrales cómo deben vivir y cómo deben comportarse. Pero elige entre todo el pueblo hombres capaces, hombres temerosos de Dios, hombres dignos de confianza que aborrezcan las ganancias deshonestas; y nómbralos como jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Que sean jueces del pueblo en todo momento; pero que te traigan todos los casos difíciles; que ellos mismos los resuelvan. Eso hará que tu carga sea más liviana, porque ellos la compartirán contigo. (Éxodo 18:19-22 )

Se trata de una importante descentralización, pues significa que, por cada mil israelitas, hay 131 líderes (un jefe de mil, diez jefes de cien, veinte jefes de cincuenta y cien jefes de diez). Se esperaba que uno de cada ocho varones israelitas adultos asumiera algún tipo de función de liderazgo.

En el capítulo siguiente, antes de la revelación en el monte Sinaí, Dios le ordena a Moisés que proponga un pacto con los israelitas. En el transcurso de este proceso, Dios articula lo que en realidad es la declaración de misión del pueblo judío:

«Ustedes mismos han visto lo que hice con Egipto, y cómo los tomé sobre alas de águilas y los traje a mí. Ahora bien, si ustedes me obedecen fielmente y cumplen mi alianza, entonces serán mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos. Aunque toda la tierra es mía, ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa «. (Éxodo 19:4-6 )

Esta es una declaración muy impactante. Cada nación tenía sus sacerdotes. En el libro de Génesis, encontramos a Malkizedek, contemporáneo de Abraham, descrito como “sacerdote del Dios Altísimo” (Génesis 14:18) La historia de José menciona a los sacerdotes egipcios, cuya tierra no fue nacionalizada. (Génesis 47:22) Yitro era un sacerdote madianita. En el mundo antiguo no había nada distintivo en el sacerdocio. Cada nación tenía sus sacerdotes y hombres santos. Lo distintivo de Israel era que se convertiría en una nación en la que cada uno de sus miembros sería sacerdote; cada uno de sus ciudadanos estaba llamado a ser santo.

Recuerdo vívidamente estar con el rabino Adin Steinsaltz en la Asamblea General de las Naciones Unidas en agosto de 2000, en una reunión única de dos mil líderes religiosos que representaban a todas las principales confesiones del mundo. Señalé que incluso en esa distinguida compañía éramos diferentes. Éramos casi los únicos líderes religiosos que vestían traje. Todos los demás vestían ropas de oficina. Es un fenómeno casi universal que los sacerdotes y las personas santas usen prendas distintivas para indicar que están apartados (el significado central de la palabra kadosh, “santo”). En el judaísmo post-bíblico no había ropas de oficina porque se esperaba que todos fueran santos 2 (Teofrasto, un discípulo de Aristóteles, llamó a los judíos “una nación de filósofos”, reflejando la misma idea.3).

Sin embargo, ¿en qué sentido los judíos fueron alguna vez un reino de sacerdotes? Los Kohanim eran una élite dentro de la nación, miembros de la tribu de Leví, descendientes de Aarón, el primer Sumo Sacerdote. Nunca hubo una democratización completa de la keter kehunah , la corona del sacerdocio.

Frente a este problema, los comentaristas ofrecen dos soluciones. La palabra Kohanim, “sacerdotes”, puede significar “príncipes” o “líderes” (Rashi, Rashbam). O puede significar “sirvientes” (Ibn Ezra, Ramban). Pero precisamente de eso se trata. Los israelitas estaban llamados a ser una nación de líderes-siervos . Eran el pueblo llamado, en virtud del pacto, a aceptar la responsabilidad no sólo por sí mismos y sus familias, sino por el estado moral-espiritual de la nación en su conjunto. Este es el principio que más tarde se conocería como la idea de que kol Yisrael arevin zeh ba-zeh , “Todos los israelitas son responsables unos de otros” (Shavuot 39a). Los judíos eran el pueblo que no dejaba el liderazgo a un solo individuo, por santo o exaltado que fuera, o a una élite. En cambio, se esperaba que cada uno de ellos fuera a la vez príncipe y siervo; es decir, cada uno de ellos estaba llamado a ser un líder. Nunca el liderazgo estuvo tan profundamente democratizado.

Eso es lo que hizo que históricamente fuera difícil dirigir a los judíos. Como dijo Chaim Weizmann, el primer presidente de Israel: “Yo dirijo una nación de un millón de presidentes”.

El Señor puede ser nuestro pastor, pero ningún judío ha sido jamás una oveja. Al mismo tiempo, esto es lo que llevó a los judíos a tener un impacto en el mundo desproporcionado en relación con su número. Los judíos constituyen sólo una fracción muy pequeña –una quinta parte del uno por ciento de la población del mundo–, pero constituyen un porcentaje extraordinariamente alto de líderes en cualquier campo de la actividad humana.

Ser judío significa estar llamado a liderar. 

PREGUNTAS (ALREDEDOR DE LA MESA DE SHABBAT)

  1. ¿Cómo podemos ser seguidores y líderes al mismo tiempo?
  2. ¿Crees que, como pueblo, debemos priorizar el ser mejores seguidores o mejores líderes?
  3. ¿Cómo responderás al llamado a liderar?

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NOTAS

  1. Para la ilustración original de esta idea, consulte los comentarios del rabino Sacks sobre Shifrah y Puah en “Las mujeres como líderes ( Shemot 5781 )”.
  2. Esta idea reapareció en el cristianismo protestante en la frase “el sacerdocio de todos los creyentes”, durante la era de los puritanos, los cristianos que tomaban más en serio los principios de lo que llamaban el Antiguo Testamento.
  3. Véase Josefo, Contra Apión 1:22.

Los 42 Viajes y la etapa 430

por Xus Kasal

Sin temor a Dios

Sin duda, estamos en una época difícil. En esta semana tenemos una lectura de “doble porción”, compuesta por los últimos capítulos del libro de Números –las dos porciones son: “Tribus” ( Matot ) y “Viajes” ( Masei )–, siendo técnicamente el final del éxodo, ya que Deuteronomio es básicamente una repetición de toda la historia. Dentro de estas dos lecturas y la primera lectura de Deuteronomio tenemos tres semanas que abarcan del 17 de Tamuz al 9 de Av en el calendario judío. Un tiempo en el que traemos a nuestra memoria el pecado del Becerro de Oro y la destrucción de los dos Templos. Estos días encierran un período llamado: “ bein haMetzarim ” (entre las dificultades, o: entre los días de angustia). Esto es del versículo:

Judá ha ido al destierro a causa del sufrimiento y de los duros trabajos. Ella habitó entre las naciones, pero no halló descanso; todos sus perseguidores la alcanzaron en medio de la angustia  [bein hametzarim]”

Lamentaciones 1:3 )

La expresión: “En medio de la angustia” también puede leerse: “entre [los días de] angustia” ( cf. Rashi ).

En total, este es un período de 21 días y 21 noches, cifras que sumadas dan un total de 42.

La porción llamada ‘Masei‘ registra 42 viajes por el desierto, desde Egipto hasta Jericó.

“Éstas son las jornadas de los hijos de Israel que salieron de la tierra de Egipto”

Bamidbar/Números 33:1 ).

En hebreo se lee así
“ eleh Masei Bnei-Israel asher yatzu meEterz Mitzraim ”.

Si leemos el texto de manera hiperliteral, el texto diría de este modos: “éstas son las jornadas de los hijos de Israel que salen de la tierra de la opresión” ( Nm 33:1 ).

En esta interpretación el texto dice que cada hijo de Israel se encuentra en un confinamiento espiritual (Mitzrayim) y desde allí hasta su liberación debe recorrer 42 viajes. Así enseñaron nuestros sabios:  “ En cada generación el hombre debe considerarse como si hubiera salido de Mitzraim ” (Pesajim 10:5).

Podemos aprender varias lecciones espirituales del nombre y valor numérico de cada uno de los 42 viajes, pero eso llevaría demasiado tiempo y no es el tema que nos ocupa.

Quiero traer a consideración que los hijos de Israel (especialmente aquellos que fueron seducidos por el ‘Erev Rav‘ -la multitud mixta-, por los diez espías y por Madián) cometieron grandes errores muchas veces durante su peregrinar (un peregrinar que por consecuencia se volvió 40 años más largo de lo originalmente esperado).

Sí, Israel salió físicamente de Egipto y experimentó la liberación de Dios en su primer viaje, pero su opresión espiritual continuó durante 41 viajes más.

Estos 42 Viajes cuentan la historia de cada Ben Israel (Hijo de Israel) y cada converso que es oprimido en el sistema de esclavitud de este mundo, y es rescatado de él, tanto física como mentalmente, paso a paso (porque uno puede nacer judío y criarse en una familia religiosa y aún así estar atado y espiritualmente oprimido a las cosas materiales físicas (el fruto prohibido) de este mundo, o pasar por una desolación espiritual, es decir, en el desierto).

Pensemos en la era del primer Templo. Todos contribuyeron a la construcción del Templo de Salomón. El mejor artesano de Tiro ( 2 Cr 2:13 ), con cedros del Líbano ( 2 Cr 2:16 ), trabajó el bronce del Yarden ( 2 Cr 4:17 ). El primer Templo fue más sublime que cualquier otro Templo de la Tierra, ya que la divina Presencia de Dios podía verse literalmente desde la distancia que moraba en él.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que los hijos de Israel se dieran cuenta de que todavía eran esclavos; esclavos de la inmoralidad y la idolatría. El derramamiento de sangre no tardó en surgir (cf. Yoma 9b ), y por supuesto, el abandono de la Torah fue el siguiente paso lógico (cf. Nedarim 81a ).

Como consecuencia de todo lo anterior, Dios ya no pudo “habitar” allí y permitió que los babilonios invadieran Jerusalén y destruyeran el Templo: un trágico acontecimiento que costó la vida a un millón de civiles y envió a los judíos de regreso al cautiverio.

A veces tenemos que pensar en retrospectiva para recordar que los pecados tienen consecuencias, y que un pecado lleva a otro. Sin el “temor de Dios” una nación no tiene garantía de perpetuidad; ni siquiera Israel, pues está escrito que sin ninguna arma los madianitas fueron capaces de causar la muerte de 24.000 israelitas (Nm 25:9 ).

Pero después de la guerra contra los madianitas, cuando el temor de YHVH fue restablecido, está escrito: “no falta ninguno de nosotros” ( Nm 31:49 ), aunque sabemos que en las guerras ordinarias hay bajas en ambos bandos (cf. Meam Loez ).

El Zohar enseña una importante lección, basada en el versículo: “Los príncipes se unen para conspirar contra Dios y contra su ungido”  (Salmo 2:1,2 ). Mientras los hijos de Israel estén en sintonía con el Creador, nada los derrotará. Incluso si construyen el Tercer Templo y el resto del mundo se opone a ello, mientras estén en sintonía con Dios, prevalecerán. En palabras del Zohar:

En el futuro, setenta generales de los ejércitos de todas las naciones se reunirán de todas partes en ese momento con las huestes del mundo entero para hacer la guerra contra Jerusalén, la Ciudad Santa, y conspirar contra Dios, diciendo: Tomemos venganza primero contra el Patrón, y luego contra Su pueblo y Su santuario  Entonces Dios se reirá de ellos, como está escrito: El que se sienta en los cielos se ríe: Dios se burla de ellos.”  
Salmo 2: 4 _ Zohar Beshalakh 58a ).

Con el temor de YHVH, Israel es capaz de conquistar incluso la gran ciudad fortificada de Jericó. Pero, ¿qué sucede sin el temor de YHVH? Incluso una ciudad pequeña como Hai es causa de problemas y destrucción para Israel, que no tiene otra opción que huir de ella (Josué 7:1, 3-5 ).

EL SECRETO DEL 42

El capítulo 33 del libro de Números utiliza repetidamente dos letras para determinar el fin de un viaje y el comienzo del siguiente. Por ejemplo, leemos: “Partieron de Sucot y acamparon en Etam” (Nm. 33:6 ). O por ejemplo: “Partieron de los montes de Arabim y acamparon en las llanuras de Moab, junto al Yarden” ( Nm. 33:48 ). En todos los casos, lo que se traduce como “desde” es la letra Mem  מ , y lo que se traduce como “en” es la letra Beit  ב . Las dos juntas forman la Gematría, y se utilizan para representar en hebreo el número 42 ( מב ).

El Zohar nos enseña que:

El mundo fue grabado con cuarenta y dos letras, todas las cuales son la ornamentación del Santo Nombre” ( Zohar Bereshit 30a ). “Dios sacó [a los judíos] de Egipto [en 42 viajes] mediante el misterio del Nombre de 42 letras, con el que creó el Cielo y la Tierra

Zohar hadash Maamar )

El título hebreo para Dios: “Eloka” equivale a 42. El valor 42 surge de sumar 2 veces “Ehyeh” (‘Yo seré’ = 21); el nombre usado por Dios cuando se presentó a Moisés con la famosa frase en la que: “Ehyeh” se repite dos veces ( Éx. 3:14 ).

Esto nos enseña que el 42 está muy conectado con Dios y oculta la fuente y la razón de Su Creación.

Así, cuando un espíritu (neshamá) desciende y se convierte en un ser humano, debe pasar por 42 etapas de ascensión; 42 etapas en las que la “bestia” –es decir: nuestra “inclinación al mal” y “las fuerzas del Otro Lado”– gobiernan el desierto (cf. Zohar Terumah 157a ). En este sentido, cada uno de los 42 Viajes es una oportunidad para pecar, fallar y morir, cayendo en una esclavitud más profunda. Curiosamente, en la cultura japonesa, el 42 se percibe como un “número de mala suerte”.

Por otro lado, los 42 viajes son también una oportunidad para escalar y progresar, dejando atrás el pasado, la esclavitud, y trayendo un poco más de santidad al mundo.

Como está escrito: “ Y sucedió que mientras el Arca avanzaba, Moisés dijo: Levántate, HaShem, y que tus enemigos se dispersen, y que huyan de tu presencia los que te odian ” ( Nm 10:35 ). Nuestros Maestros Jasídicos enseñan que los enemigos de Dios son las fuerzas de la oscuridad espiritual y del mal, que se debilitan cada vez más a medida que recorremos los 42 viajes.

No se trata sólo de un “viaje personal”, sino también de un viaje colectivo que afecta a todos. Así lo enseñan nuestros sabios en el “Sueño del Faraón”, que vio 7 años de abundancia y siete años de hambruna = 14 ( Gn 41:26 ). Nuestros sabios dicen: El Faraón soñó, y luego volvió a contarle los sueños a Yosef, y Yosef los repitió. Estos 3 grupos de 14 hacen un total de 42 ( cf. Bereshit Rabá 89:9 ).

Israel había estado habitando en  Ramsés  (Nm. 33:3 ) [el primer nombre en la lista]. Ramsés está formado por dos palabras: Rah y Masasרע מסס ) – que se traducen: “Mal” y “Derretimiento” (cf.  Likkutei Dibburim, vol. 4, p. 767 ), como está escrito: “y despojaron a los egipcios, y los hijos de Israel partieron de Ramsés a Sucot” (Ex. 12:36-37 ). También está escrito: “como se derrite la cera delante del fuego,  así  perezcan los malvados ante la presencia de Dios” ( Sal. 68:2 ). Así que Ramsés es donde comenzó nuestro éxodo en este viaje espiritual, Ramsés es el rechazo físico y el derretimiento espiritual del poder dominante que ha estado oprimiendo nuestra alma – como la Gematría de Ramsés equivale a: Nefesh (alma). Sólo después de esto llegamos a la siguiente etapa:  Sucot  (Cabañas; cuando nos damos cuenta que todos estos pasos en nuestra vida son viviendas temporarias, y tenemos un objetivo mayor que alcanzar).

רעמסס = נפש = 430

La última etapa, el número 42, es Yerijó  ( Nm 33:48 ). Yerijó deriva de ‘Reiakh‘ que significa «olor«.

¿Qué es tan importante acerca del olor,  ריח ? El olor es una señal del Mesías, porque está escrito:

«[vaha’Rikho]  y su olor será en el temor de YHVH»

(Isaías 11:3)

Nuestros sabios dicen del Mesías que él olerá a alguien y será capaz de juzgarlo [moirakh veDain] (Sanh 93b ).

Las 42 etapas son un medio para alcanzar la conciencia mesiánica y el fin de todos nuestros viajes: la llegada del Mesías. Este último viaje consta de dos pasos:

(a) Yehoshua pelea las batallas de YHVH y prepara el camino, y

(b) el Rey David termina la obra para la morada permanente de Dios entre nosotros.

Estos son los aspectos conocidos como Mesías ben Yosef (quien prepara el camino) y Mesías ben David, el Rey Mesías Supremo, y el proceso se conoce como las pisadas del Mesías.

No hay otro objetivo en la historia de Israel, y no hay otro objetivo en la Torá que traer la era mesiánica. El Mesías es el objetivo de la Torá. Y como cada uno de nosotros tiene una chispa del alma del Mesías en su interior, podemos experimentar la era mesiánica en nuestro interior, a medida que pasamos por los 42 Viajes y nos purificamos hoy para ese hermoso día, en el que el mundo entero será purificado y purificado, que pueda ser pronto en nuestros días.

Amén.

El amor que todo lo abarca como «saboreo» de la Redención.

Matot-Masei

El Rebe de Lubavitch

1. Uno de los factores especiales asociados con este Shabat es la conclusión del Libro Bamidbar, junto al pronunciamiento público que acompaña su finalización: Jazak, Jazak, VenitjazekSé fuerte, sé fuerte y nos fortaleceremos«). Esta triple repetición produce una jazaká (fuerza), que constituye una consolidación y firmeza en nuestra conexión con el Eterno.

Significativamente, la conclusión del Libro Bamidbar siempre tiene lugar en las «Tres Semanas«, un período asociado con el exilio y la destrucción. Uno podría preguntar:

¿Por qué siempre ocurre este fenómeno de «Jazaká» (fuerza y consolidación) en un momento en que los judíos están debilitados por así decirlo?

Es posible explicar que un concepto es el resultado del otro. Debido a que este es un momento en que los judíos están «debilitados», es necesario alentarlos y reforzarlos. Pero, el hecho de que, a este Shabat se lo conoce como «Shabat Jazak» («el Shabat del refuerzo«), demuestra que hay un vínculo más intrínseco, que el tiempo en sí mismo es fuerte y consolida la observancia de la Torah y sus mitzvot por parte de Israel. Este concepto se puede explicar en el contexto de la conexión de la expresión Jazak, Jazak, Venitjazek con los parashot leídas esta semana, Matot y Masei. Existe una conexión obvia entre el concepto de fuerza y Parashat Matot. Matot significa «bastón de mando» y es un símbolo de fuerza, estabilidad y autoridad, como se refleja en el versículo, «y había en ella, varas fuertes para cetros de soberanos» (Ezequiel/Yejezkel 19:11).

Masei, que significa «viajes«, parece, sin embargo, indicar un estado opuesto a la estabilidad y fuerza. Y, sin embargo, es Parsahat Masei, la que siempre se lee como la última parshá del Libro Bamidbar. En contraste, hay años en que la Parshá Matot se lee de forma separada, la semana anterior a que concluya el Libro de Bamidbar, por ello la parshá Masei debe tener también una relación con la fuerza.

Debemos explicar: El concepto de jazaká está asociado con el número tres (pues tres veces algo, constituye una jazaká) que representa una verdadera concepción de fuerza y fortaleza, ya que esta fuerza existe incluso dentro de una situación en la que existen fuerzas opuestas. Como es bien sabido, el número 1 se refiere a un estado en el que solo existe el bien y la Santidad. El número 2, en cambio, se refiere a un estado de oposición, diferencia y contraste. El número 3, sin embargo, refleja la fuerza y ​​el poder de la Santidad incluso frente a un estado de oposición.

Hay dos concepciones de tal estado de fortaleza:

a) Desde arriba hacia abajo. La fuerza es el resultado de la luz ilimitada de la Santidad. Esta luz es tan poderosa que, incluso frente a la oposición, puede expresarse en cualquier lugar.

b) Desde abajo hacia arriba. La tarea depende del esfuerzo humano firmeza y fortaleza para anular al enemigo y más aún, transformarlo en una fuerza positiva de Santidad.

Estos dos enfoques se reflejan en los dos parashot, Matot y Masei. La Parashá Matot comienza relatando cómo Moshe transmitió la orden del Eterno a los líderes de las tribus y así refleja el tipo de fuerza que viene de Arriba.

En contraste, la Parashá Masei describe «los viajes de los hijos de Israel cuando salieron de la tierra de Egipto«, es decir, un proceso de ascenso. Describe cómo los Benei Israel pasaron por diferentes circunstancias en el desierto y la forma de como se elevaron a sí mismos y al medio ambiente que atravesaron, hasta que llegaron a Eretz Israel. Por lo tanto, en un sentido amplio, el concepto de jazaká tiene una mayor conexión con la Parashá Masei, pues es en esta parshá donde se refleja el concepto de confrontar -y superar- fuerzas opuestas. Sin embargo, en un sentido profundo, la definición más perfecta de «fuerza» se establece fusionando ambos enfoques. El poder desde lo Alto tiene la virtud de una luz de Santidad más allá de los límites, pero por cuanto la fuerza tiene una raíz Superior no tiene en consideración a la existencia inferior. Y por otro lado, aunque la tarea espiritual de elevación y ascenso tiene la ventaja de enfrentar y superar a fuerzas opuestas, carece del poder ilimitado de la revelación de lo Alto y por el contrario, debido a estar en un plano de la realidad material, dentro de un contexto de limitación, existe el potencial de cambio e incluso de interrupción. Por lo tanto, el grado máximo de fortaleza proviene de la fusión de estas dos parashot y estos dos enfoques.

Este mismo concepto se refleja en el hecho de que es el cuarto libro de la Torah, el que se está concluyendo esta semana. El número 3, aunque está conectado con la fuerza como se explicó anteriormente, todavía está conectado a la inestabilidad que caracteriza a los números 1 y 2. Por el contrario, el número 4 refleja un escalón más alto, donde la conexión con lo que simbolizan el número 1 y el número 2 ya no se siente. Por esta razón, se usa una silla con cuatro patas como símbolo de estabilidad.

Y desde la finalización del cuarto libro de la Torah, procedemos al comienzo del quinto libro dentro de las plegarias de la tarde de Shabat. El número 5 se refiere a un nivel totalmente por encima de toda limitación y superior al orden de la naturaleza en su totalidad.

En este contexto, podemos apreciar la conexión entre la conclusión del Libro de Bamidbar y el período de las «Tres Semanas». La destrucción del Beit HaMikdash y el exilio no fueron pensados como una sanción y castigo, sino más bien con el fin de llevar a los judíos y el mundo en general al estado superior que se revela a través del Tercer Beit HaMikdash en la era de la Redención, «el Santuario del Eterno, establecido por Tus manos«. Hay dos aspectos o niveles en el Beit HaMikdash, tal cual sucedió en la historia:

a) la revelación desde lo Alto: Aunque esto es de una calidad ilimitada e infinita, por sí solo, no puede dar lugar a una estructura eterna. Esta revelación no penetra en la perspectiva de los propios seres creados y por lo tanto, existe la posibilidad de destrucción. Esta concepción caracterizó el Primer Beit HaMikdash que fue construido por el rey Salomón, que era de tal magnitud que «se sentó en el trono de Dios«. Este nivel se relaciona con el trabajo espiritual de los tzadikim (justos no pierden su conexión con Dios).

b) La elevación desde nuestro humilde mundo: Aunque este servicio involucra al mundo mismo desde su inferioridad existencial y lo hace (incluso desde su propia perspectiva) una vivienda para Dios, tiene una limitación básica. Como este mundo es de naturaleza finita, el potencial para la eternidad no existe. Esta concepción, con sus ventajas y limitaciones, caracteriza el Segundo Beit HaMikdash que fue construido por Ezra y los exiliados que regresaron a Jerusalem con él y que está asociado con el servicio espiritual de los «Baalei teshuvá» (retornantes a Dios).

Nuestros sabios explicaron el versículo, «La gloria de esta última casa supera a la de la primera«, (Hageo/Jagai 2:9) porque el Segundo Beit HaMikdash en duración de tiempo y en dimensión de espacio, que definen la naturaleza de nuestra existencia, superó al Primer Beit HaMikdash. Sin embargo, en última instancia, también el Segundo fue destruido por que al estar asociado con los límites del mundo, no poseía la cualidad de la eternidad.

El Beit HaMikdash eterno será el Tercero, que se construirá en la Era de la Redención. Esta estructura combinará las cualidades positivas de ambas estructuras previas. Por lo tanto, la revelación infinita que trasciende los límites del mundo penetrará y se asentará dentro de esos límites. Esto será posible debido al éxito del servicio de refinamiento que elevará al mundo y lo hará apto para recibir tal revelación.

El clamor público al finalizar el cuarto libro de la Torah, de Jazak, Jazak, Venitjazek está relacionado con el Tercer Beit HaMikdash. Se hace en este momento para indicar que las Tres Semanas están, en esencia, también relacionadas con el Tercer Beit HaMikdash y están destinadas a conducir a la Redención final, en cuyo momento se construirá esta tercer y definitiva estructura. Este pronunciamiento también fortalece nuestro servicio de la Torá y las mitzvot, que refinan al mundo en general y lo prepara para recibir la fuerza y ​​la estabilidad que caracterizarán la Era de la Redención.

2. Hay otro aspecto adicional en este Shabat y lo encontramos a partir de la influencia del día anterior. Nuestros sabios enseñaron: «Quien se esforzó en la víspera de Shabat, comerá en Shabat«. Del mismo modo, el trabajo espiritual del sexto día nos prepara para el Shabat.

Esta cerca Rosh Jodesh (principio de mes), un día muy especial, el aniversario de fallecimiento Aarón HaCohen (el hermano de Moisés). En el libro Tania (Igueret HaKodesh 28), el Alter Rebe afirma que en un aniversario, «todas las obras, la Torah y el servicio que una persona ejerció durante su vida, se revela y «produce salvaciones en las entrañas de la tierra«.

El trabajo de Aarón consistía en «amar la paz y perseguir la paz, amar a las criaturas y acercarlas a la Torah». Hizo esfuerzos especiales para difundir el amor, la paz y la armonía entre marido y mujer y entre diferentes miembros del pueblo de Israel.

Y por esta razón, encontramos que el fallecimiento de Aarón fue llorado por «toda la Casa de Israel«, que según nuestros sabios «Casa de Israel» significa tanto hombres como mujeres. Hay una conexión entre este fenómeno y el servicio de Aarón. El amor que Aarón mostró y que alentó entre el pueblo judío se relaciona con el punto esencial del alma judía que trasciende toda división. Otra manifestación de este factor es, que fue en el mérito de Aarón lo que lo generó que las nubes de gloria acompañaran a los Benei Israel en todo el desierto. Estas nubes abarcaban a todos y cada uno de los miembros del pueblo por igual y protegían todo su ser. ¿Por qué fue esto posible? Porque la influencia de Aarón trascendió todas las divisiones posibles entre las personas.

Este concepto de amor que todo lo abarca, se refleja en las letras del nombre de Aarón אהרן, las dos primeras הר significan «montaña«, que se usa con frecuencia como metáfora del amor. La letra Alef (אלף) se relaciona con la palabra «pele» (פלא), que significa «maravilla«, es decir, el amor de Aarón era maravilloso y sin fronteras naturales. (En este contexto, las dos primeras letras del nombre de Aarón, la alef א y la hei ה se relacionan con la palabra «Ahavá«, amor. La letra reish ר de su nombre es la inicial de la palabra rabá que significa «grande«, es decir, su amor fue grande e ilimitado).

La última letra del nombre de Aaron, la letra nun final ן, sobresale debajo de la línea, esto indica cómo Aarón se extendió a todos los israelitas, incluso a los que se encuentran «debajo de la línea«. Debido a que su amor era ilimitado en naturaleza, tenía el potencial de extenderse incluso a cada uno de los miembros del pueblo judío, independientemente de su naturaleza individual.

El servicio de Aarón también se relaciona con la fusión de los dos enfoques antes mencionados sobre la revelación desde el cielo y la elevación de nuestro entorno material que está asociado con el número tres. Esto se refleja en la conexión entre Aarón y la Bendición Sacerdotal. En el pensamiento jasídico, se explica que la Bendición Sacerdotal combina las virtudes de la plegaria, la elevación desde el mundo material y las virtudes de la bendición, la revelación de la influencia Divina ilimitada en el mundo. Esta fusión es posible porque la Bendición de los Kohanim tiene su fuente en un nivel por encima de ambos.

Con base en este concepto, podemos entender por qué el aniversario de Aarón es el primer día del quinto mes. Como se mencionó anteriormente, el número 1 refleja una unidad que está totalmente por encima de la división. Del mismo modo, el número 5 representa un nivel esencial que trasciende la diferencia. Como el trabajo de la vida de Aarón estuvo dedicado a expresar la unidad fundamental que existe en el pueblo de Israel, su partida de este mundo está asociada con esta fecha.

La asociación del mes de Menajem Av con la unidad y el amor también enseña cómo nos prepara para el próximo mes, el mes de Elul , que se caracteriza por el servicio espiritual de «Yo soy de mi Amado y mi Amado es mío«. Este versículo implica una expresión de amor al Eterno del pueblo de Israel, que evoca una respuesta de amor en el nuevo año que sigue.

La zorra y las uvas… ¿Qué tiene que ver con los doce espías’

Por P.A. David Nesher

Hoy al despertar recordé una fábula de Esopo que leí en mi niñez, y que me condujo a reflexionar en la parashá de esta semana. :

“Una tarde de otoño, una zorra hambrienta y sedienta vio un delicioso racimo de uvas maduras. Pensó que éstas calmarían su sed. Lo que la zorra no sabía es que los racimos de uvas estaban mucho más altos de lo que ella imaginaba. Entonces, buscó un medio para alcanzarlos. Comenzó a saltar, y saltar pero no conseguía ni tocarlos.

Había muchas uvas, pero la zorra no podía alcanzarlas. Tomó carrera y saltó otra vez, pero el salto quedó corto. Aun así, la zorra no se dio por vencida. Tomó carrera otra vez y volvió a saltar y nada. Las uvas parecían estar cada vez más altas y lejanas.

Cansada por el esfuerzo y sintiéndose incapaz de alcanzar las uvas, la zorra se convenció de que era inútil repetir el intento. Las uvas estaban demasiado altas y la zorra sintió una profunda frustración. Agotada y resignada, la zorra decidió renunciar a las uvas.

Cuando la zorra se disponía a regresar al bosque se dio cuenta de que un pájaro que volaba por allí, había observado toda la escena y se sintió avergonzada. Creyendo que había hecho un papel ridículo para conseguir alcanzar las uvas, la zorra se dirigió al pájaro y le dijo:

– Yo habría conseguido alcanzar las uvas si hubieran estado maduras, pero me equivoqué al principio pensando que estaban maduras pero cuando me di cuenta de que estaban aún verdes, preferí desistir de alcanzarlas. Las uvas verdes no son un buen alimento para un paladar tan refinado como el mío.

Y así fue, la zorra siguió su camino, intentando convencerse de que no fue por su falta de esfuerzo por lo que ella no había comido aquellas riquísimas uvas, sino porque desde su engañosa cosmovisión aquellas estaban verdes.”

Con esta fábula en mi mente, mi alma se transportó a lo que el Eterno le dijo a Su Pueblo a través de Moisés y que cierra la parashá Shlaj Lejá: “… Y no se dejarán mal influenciar por el corazón y lo que ven los ojos a través de los cuales se pervierten.” (Números/Bamidvar 15:39)

El Eterno nos advierten que no nos dejemos mal influenciar por el corazón y lo que ven nuestros ojos para pervertirnos detrás de ellos e ir en el camino erróneo. Fue Rashí que al explicar este texto dice que el corazón y los ojos son las interfaces con el medio exterior, el ojo ve, el corazón desea, la mente elabora una interpretación de la visión y el cuerpo efectúa las tentaciones. De este modo, Rashí parece invertir el orden, ya que la Torah puso primero al corazón y luego a la visión. Entonces los invito a preguntarse: ¿quién es quién? ¿por quién está gobernada la naturaleza del hombre por los ojos o por el corazón?

Aquellos que escuchan mis enseñanzas me han oído con insistencia decir que de acuerdo a la revelación divina los seres humanos somos primordialmente seres lingüísticos. Esto significa que el lenguaje es sobre otras cosas lo que hace de los seres humanos el tipo particular de almas que somos. Somos seres que vivimos en el lenguaje. No hay lugar fuera del lenguaje desde el cual podamos observar nuestra existencia. Por esto es que el lenguaje es generativo. Es decir que el lenguaje no sólo nos permite hablar «sobre» las cosas, sino que también hace que ellas sucedan. Por lo tanto, el lenguaje es acción, es generativo; el lenguaje crea realidades.

Pero a esto debemos también aceptar, tal como lo dice Esopo en su fábula y Rashi en su explicación, que el lenguaje muchas veces queda condicionado a nuestra sensorialidad, y especialmente nuestra visión. Así nos damos cuenta de que en nuestra cotidianeidad aquello que vemos determina ese hablar privado de nuestro corazón, de donde saldrán nuestras decisiones y ellas se manifestará en nuestras acciones. En consecuencia, en el hombre caído la visión espiritual del hombre decide cómo será su futuro.

En la parashá de este semana, vemos que los doce meraglim (“espías” o “exploradores”) habían retornado de inspeccionar la tierra de Israel. Y todos, excepto Kaleb y Yeoshua, dieron un reporte negativo, desmoralizando al pueblo y  sumiéndolo en la desesperanza.

Sabemos que los doce eran los líderes del pueblo; príncipes de cada una de las tribus, hombres sabios, justos y respetados. Entonces: ¿Por qué dieron un informe negativo?

Los doce espías vieron la misma tierra, las mismas ciudades y los mismos habitantes, pero hubo dos formas de reacción muy diferentes ante lo que vieron. De aquí aprendemos que lo importante no es lo que tenemos por delante de nuestros ojos sino cómo reaccionamos ante ello, desde la cosmovisión que elaboramos en nuestro corazón.

Evidentemente los diez meraglim actuaron motivados por el miedo paralizante que conduce a no querer esforzarse por la victoria. Ese miedo que actúa nublando nuestros sentidos y nuestra mente, anulando toda motivación. Un temor que no solo paraliza, sino que también perturba la visión generando una palabra negativa que justificará la falta de esfuerzo. Cuando nos formamos un preconcepto de cómo debería ser una situación, y elaboramos prejuicios que son producto del miedo y la ignorancia, nuestros ojos se enceguecen y vemos solo lo que nuestra mente quiere ver. Nuestros peores terrores se hacen realidad: “Allí vimos a los gigantes… aparecimos ante nuestros ojos como langostas, y así éramos ante los ojos de ellos.» (Números/Bemidbar 13:33)

Aunque los diez espías vieron la tierra hermosa, sus almas fueron invadidas de pensamientos de problemas e imposibilidades que no les permitieron creer que era posible vencer sobre esos pueblos tan grandes y conquistar esas ciudades tan fortificadas. Lo triste de esto es que la razón los encerró en no creer y afirmarse en el Eterno y sus promesas.

Pero los otros dos espías tenían otro espíritu y vieron las mismas cosas de otra manera. Habían aprendido a vivenciar en sus corazones las vivencias de lo que pasó en Egipto y en el desierto. Yehoshúa y Kaleb sabían que tenían un Elokim poderoso y creyeron en sus promesas. Vieron la realidad visible y lograron sujetarlas la visión de la realidad invisible. Era verdad que los hijos de Anac eran gigantes. También era cierto que las ciudades tenían murallas muy altas. Pero la verdad absoluta era que YHVH, el Todopoderoso, es mucho más grande que cualquier realidad de la fisicalidad, y Él estaba con ellos. Los diez espías vieron las cosas desde abajo pero los dos espías las vieron desde arriba.

Así aprendemos que existen dos voces. Por un lado, la voz de lo imposible, que sólo habla de las cosas desde el punto de vista natural. Por el otro lado, se encuentra la voz de lo posible, que siempre habla de las cosas desde el punto de vista del poder y las promesas del Eterno. Según escuchamos vamos a creer. Si sólo vemos y escuchamos las cosas según un punto de vista natural, nuestras acciones estarán condicionadas por lo natural y sus leyes entrópicas, desde donde recibiremos sólo resultados naturales. Pero si nos atrevemos a ejercer visión celestial a través del escuchar lo que enseñan las promesas divinas lograremos a actuar de manera natural, pero recibiendo la asistencia celestial de tal modo que nuestras acciones naturales se transformarán en sobrenaturales y lograrán así la manifestación de los milagros y prodigios propios de los hijos de Israel.

En esta parashá la Torah del Eterno nos quiere enseñar que el corazón humano es más importante que la visión por dos motivos:

  1. La interpretación que le damos a lo que vemos o escuchamos viene del corazón.
  2. Existe un refrán popular que dice: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”. Si el dicho es correcto, también el axioma contrario lo es: “No hay mejor observador que el que realmente quiere ver”. Si mi corazón quiere ver, entonces seguramente veré. Fue el corazón que le dio la orden al ojo. Según nuestra manera de ver las cosas así nos será hecho.

En esta semana el Eterno nos llama a conocer nuestra propia naturaleza y estar conscientes de quién maneja a quién, que detrás de toda mirada inocente hay un maquinista que está moviendo esta interface. Los espías que hablaron mal de la tierra de Israel utilizaron este mecanismo, los ojos sólo confirmaron lo que ya tenían en el corazón, los ojos sólo vieron lo que el corazón quería que vieran.

Debemos tener más cuidado de lo que queremos ver que de lo que realmente vemos.

Para buscar la conclusión a todo lo que venimos aquí considerando, hallo conveniente hacer mía la oración el apóstol Pablo por los santos de Éfeso:

Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de su poder” (Efesios 1:18-19)

Entonces, si eres discípulo del RYBY (Rabeinu Yeshua Bar Yosef) y crees que Él es el Mesías, debes comprometerte a mirar las cosas con los ojos del espíritu, es decir desde arriba, desde la cima del Monte Santo (tu interioridad ascendida). Si has reflexionado esta lección, te solicito que te propongas a observar la realidad de las cosas físicas pero sin quedarte tildado en ellas, sino escuchando y mirando lo que dice nuestro Padre Celestial, ya que el Cielo es el que tiene la autoridad sobre la Tierra y el poder para cambiar todo lo terrenal por medio de tu declaración. Decídete por ser un colaborador con el Creador, y verás como las promesas del Eterno son capaces de transformar toda situación de la fisicalidad según los recursos benditos que ya contamos en el Cielo, gracias a los méritos de nuestro Dueño y Maestro Yeshúa.

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Bueno será que puedas ingresar a esta Webinar (Aula Virtual) y ampliar lo que en esta bitácora hemos considerado:

Las Facetas del Mesías reveladas en el Yovel

Shalom a todos los talmidim de Yeshúa!


Por medio de este Blog, y en diferentes bitácoras, he enseñado que la gematría (valor numérico profético) del Tetragramatón o Nombre más alto del Eterno (YHVH) corresponde a 26.

Bien, si esto ya lo hemos aprendido quiero invitarlo a que, con nuestra imaginación, consideremos ahora la imagen especular de 26. Seguramente tu mente te ha conducido al número 62; ¡felicitaciones estás en lo cierto!

Entonces, repasemos juntos los siguientes datos. Hemos visto que son exactamente 26 (veintiséis) las generaciones que van desde Adam HaRishom (primer Adán) hasta Moisés; esto porque Abraham fue la 20ª (vigésima) generación desde Adán, y Moisés fue la 6ª (sexta) desde Abraham.

Ahora te invito que contemos las generaciones, pero esta vez volveremos a partir desde Adam HaRishón pero que lleguemos hasta nuestro Maestro y Dueño Yeshúa HaMashiaj. Al hacerlo descubrimos que hubo exactamente 62 (sesenta y dos) generaciones desde el primer Adam hasta Yeshúa (el denominado por el apóstol Pablo: segundo Adán), porque ya hemos estudiado en la genealogía que nos presenta Matisyahu (Mateo) que Yeshúa fue la 42ª (cuadragésima segunda) generación desde  nuestro padre Abraham (ver Evangelio de Mateo cap. 1, vers. 17).

Ahora me gustaría aportar aquí una información que te sorprenderá: ¡hubo 26 (veintiséis) Jubileos desde Moisés hasta el Mashíaj en su primera venida.

Si colocamos el número veintiséis (26) en hebreo nos encontramos con estas letras: עשרים ושיששה. Si a esto le calculamos su guematría obtenemos 1231 (mil doscientos treinta y uno), exactamente la guematría de los Aseret HaDibrot (más conocidos como los «diez mandamientos»). Este valor hace alusión profética al primer Shavuot cuando el Eterno entrega Su bendita Torah en el Monte Sinaí a toda la Kehilá de Israel a fin de establecer una Alianza matrimonial con ella.

Pero tu sorpresa no quedará estancada solamente aquí, ya que el valor 1231 es también la gematría del siguiente verso, que hace alusión directa a la venida del Mashíaj:

Más yo estoy lleno de poder del Espíritu de Yahvéh, y de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado.»

Miqueas 3: 8

Ahora, considerando lo que la parashá (porción) BeHar («En el Monte») nos está implantando en nuestra ascención de conciencia, quiero que leas conmigo el siguiente verso:

«Habla a los hijos de Israel, y diles:
«Cuando entréis a la tierra que yo os daré, la tierra guardará reposo para el Señor.

Levítico 25: 2

Necesitamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Cuándo se comenzó a contar los años sabáticos o años de Jubileo?

Considerando el texto en su nivel PeShat (simple y claro), el conteo debía comenzar tan pronto como los Benei Israel («Hijos de Israel») entraran a la tierra, visto y considerado de esta forma notamos que no existe ningún requisito para que posean la tierra. Entonces: ¿cuándo entraron a la tierra? Según lo relatado por el quinto libro de las Sagradas Escrituras (Josué), los hijos de Israel entraron a la tierra el 10 (diez) de Nisán subiendo por el río Jordán (Josué 4:19-20). En este relato leemos:

«El pueblo subió del Jordán el día diez del mes primero y acamparon en Gilgal al lado oriental de Jericó.

Josué 4: 19

Ahora, y para lograr encontrar la respuesta a lo planteado más arriba, necesitamos recurrir a la ciencia de los Sabios judíos. Es comúnmente establecido por los rabinos que los Benei Israel recibieron la Torah en el año del Señor 2448 desde Adán, de lo cual se deduce que la entrada a la tierra de Israel tuvo lugar 40 (cuarenta) años después, es decir en el año 2488.

Considerando la parashá BeHar, entendemos que la palabra clave para Yobel (Jubileo) es libertad que en hebreo se escribe así: דְּרוֹר. Leamos lo que está escrito:

«Así consagraréis el quincuagésimo año y proclamaréis libertad en devolución de la tierra para todos sus habitantes. Será de jubileo para vosotros, y cada uno de vosotros volverá a su posesión, y cada uno de vosotros volverá a su familia.

Levítico 25: 10

Entonces, y continuando con el nivel PeShat (simple) del texto, vemos que Yovel (Jubileo) significa la liberación de la esclavitud y el regreso de la tierra ancestral a sus originales dueños. Esto se cumplió en el momento en que los Hijos de Israel entraron a la tierra el 10 de Nisán del año judío 2488. Utilizando esta perspectiva, los Sabios llegaron a la conclusión que el año 2488 desde Adam HaRishón debe entenderse como un Jubileo (aunque no fue precedido por 49 años de conteo).

Esto ocurrió en un momento posterior a la muerte de Moisés, quien recordemos era la 26ª (vigésima sexta) generación desde Adam HaRishón. Aquí es donde encontramos una primera revelación: 26 es la guematría de YHVH, que denota apropiadamente la misericordia y salvación de Elohim para sus escogidos.

Quisiera aquí dirigirme contigo al libro del profeta Ezequiel y leer este oráculo:

En el año veinticinco de nuestro destierro, al principio del año, a los diez días del mes, catorce años después de haber sido tomada la ciudad, en aquel mismo día vino sobre mí la mano del Señor, y me llevó allá.»

Ezequiel 40: 1

Investigando, me econtré que el Sabio Rashi, asegura que éste fue un Yovel (año de Jubileo), y así lo expresó:

¿Qué “año” es aquel cuyo Rosh Hashaná cae el día diez del mes? La respuesta es que este es el año del Jubileo. El Templo había sido destruido en [3338] el año trigésimo sexto del [ciclo] Jubileo [de 50 años] que había comenzado en el año decimoctavo de Josías [3303]. Catorce años después [3352], el [inicio del siguiente] Jubileo habría caído, y este era el año veinticinco del exilio de Jeconías, que había sido exiliado en [3327], el año veintiséis del Jubileo. [ciclo] [que consta de] catorce años de Josías, del año dieciocho al trigésimo primero [3302-3316], y once años de Joacim [3316-3327]. ¿Qué “año” es aquel cuyo Rosh Hashaná cae en el décimo del mes? La respuesta es que este es el año del Jubileo.

El año del exilio comenzó en el 597 a.C., cuando los ejércitos de Nabucodonosor se apoderaron de Jerusalén, con la intención de tomar cautivos judíos de clase alta y asimilarlos a la sociedad babilónica. El 15 y 16 de marzo de 597 a. C., Jeconías, toda su casa y tres mil judíos fueron exiliados a Babilonia, y veinticinco años después sería el año 572 a.E.C., que fue un Jubileo según el oráculo leído (Ez. 40: 1).

Aquí es donde notamos que el hecho de que el profeta Ezequiel haya contado el Yovel (Jubileo) incluso durante el exilio sugiere que una vez iniciado, el conteo de los años sabáticos y del Jubileo ya no depende de que la tierra sea poseída por los Hijos de Israel.

Siguiendo la forma de contar los años de los Sabios, diré que el año 572 a. E.C. serían 3.188 años desde Adam HaRishón, o 700 (setecientos) años desde la entrada a la tierra de Israel, se deduce que habían transcurrido exactamente catorce Jubileos entre la entrada a la tierra y la visión que el profeta Ezequiel está teniendo sobre el Tercer Templo. Esto también confirma nuestra afirmación de que el conteo comenzó a partir del mismo año en que los Hijos de Israel entraron a Eretz Israel (Tierra de Israel) con Yehoshúa (Josué)

Bien, con toda esa consideración, vengamos ahora a lo nuestro: la misión jubilar del Mesías.

Se establece comúnmente que Yeshúa comenzó su ministerio alrededor de los años 27 al 30 de nuestra E.C. (Era Común). Ahora bien, el año 28 E.C. sería cuando se están cumpliendo exactamente 600 años o 12 Jubileos desde la visión de Ezequiel del Tercer Templo, o también, considerando otra perspectiva, 26 (veintiseis) Jubileos desde la entrada a la tierra, es lógico que si el año inicial del ministerio de Yeshúa iba a ser divinamente ordenado, tenía que ser el 28 de nuestra Era Común.

Esto también estaría significando que el año 70 E.C. es un shemitá (año sabático) en el que el Segundo Templo fue destruido. Esto concuerda con la afirmación del Seder Olam Rabbah (obra rabínica sobre cronología bíblica) que sostiene que el Segundo Templo fue destruido en un shemitá (año sabático).

Aquí te diré que esto de que el año 28 E.C. fue un Yovel (Jubileo) se deriva de una manera lógica del relato que hace el evangelista Lucas (ver Lucas 4:16-19) cuando Yeshúa nuestro maestro es invitado a leer el rollo del profeta Isaías y le tocó la cita explícita de Isaías capítulo 61, especialmente en el verso 1 como la lectura de los profetas en Yom Kipur:

«El Espíritu del Señor YHVH está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y Liberación a los prisioneros.

Isaías 61: 1

A continuación te invito a marcar las palabras clave en el versículo anterior. Las mismas son: libertad, דְּרוֹר (deror)que en la mentalidad hebrea significa Yovel (Jubileo).

Allí mismo (el evangelio según Lucas) leemos que cuando Yeshúa comenzó su ministerio público, tenía alrededor de 30 años de edad (Lucas 3:23) y lo más interesante de este dato es que comenzó desde donde Moisés terminó su ministerio: el río Jordán.

Según la tradición rabínica, el ascenso final de Moisés al Monte Sinaí fue en Rosh Jodesh Elul (primer  día del sexto mes). De allí descendió 40 (cuarenta) días después, exactamente en Yom Kipur (décimo  día del séptimo mes), cuando el pecado del los Benei Yisrael (Hijos de Israel) fue perdonado.

Con todo esto en nuestros corazones, estoy seguro, mi amigo lector, que tu lógica logrará darse cuenta que esta es la razón principal por la que Yeshúa tuvo que ayunar durante 40 días en el desierto; e inmediatamente después proclamar el año de libertad (Jubileo) en Yom Kipur, que también es denominado Shabat (Levítico 23:32).

Es posible suponer que Yeshúa comenzó su ministerio en Tish’a B’Av. Sabemos que la palabra Av en hebreo se escribe así: אָב; y también hemos aprendido que esta palabra puede permutarse para escribir בֹּא (bo) que significa “venir”, que aduce en la mentalidad escatológica hebrea a la venida de Mashíaj בִּיאַת הַמָּשִׁיחַ. Es curioso que en la tradición rabínica, a Tish’a B’Av se lo considere el «cumpleaños del Mashíaj» (simbolizando con el tiempo de su epifanía o manifestación) que de acuerdo a los relatos evangélicos se habría cumplido si el Mashíaj hubiera sido revelado en Tish’a B’Av y luego llevado al desierto por el Espíritu Santo para entrar en un ayuno de 40 días. Así, se puede suponer que este Tish’a B’Av estaba en un séptimo año sabático, es decir, el año anterior al Jubileo, y Yeshúa habría esperado 21 días (tres semanas) después de Tish’a B’Av para reflejar los 21 días de luto que hay entre el 17 de Tamuz y Tish’a B’Av antes de comenzar su ayuno en Rosh Jodesh Elul (la luna nueva del sexto mes, Virgo). Entonces, habría terminado su ayuno de 40 días en Yom Kippur (décimo día del séptimo mes) en el nuevo año, que era el 26º (vigésimo sexto) de Moisés, de ahí la proclamación que encontramos que realiza en Nazaret (Lucas 4:16) citando Isaías 61:2:

«… para proclamar el año agradable del SEÑOR, …

Isaías 61: 2a

Ya hemos estudiado que este versículo fue citado por Yeshúa a mitad de camino; y entonces es lógico que el resto del versículo no citado deba estar destinado a otro momento, es decir, a la Segunda Venida (Parusía):

«… y el día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran,…

Isaías 62: 2b

Allí, donde Yeshúa dejó de leer a Isaías, nos ayuda a mostrarnos la naturaleza de la profecía y su relación con el tiempo. El pasaje de Isaías continúa describiendo lo que Yeshúa haría en Su Segunda Venida (señalado en la expresión: «y el día de venganza de nuestro Dios«). ¡Esta es una coma de dos mil años entre las dos frases!

Ahora bien, debo decirte que la primera frase clave que se aplica la primera venida es “año agradable del SEÑOR” (en hebreo: שְׁנַת-רָצוֹן לַיהוָה), y la guematría de esta frase es 1152, que resulta del producto: 4 x 288. Aquí el valor guemátrico 288 alude a las denominadas RaPaJ Nitzotzin (traducida como las «288 chispas santas» o «288 destellos de luz«), valor que en el nivel Sod de la Torah se denomina «las ovejas perdidas«, que sabemos era la principal preocupación del Mesías en su primera venida (Mateo 15:24).

La frase clave para la segunda venida es «y el día de la venganza de nuestro Dios«. La guematría de esta expresión es 384, que es también la gematría del concepto «Mashíaj de YHVH» ( en hebreo: מָּשִׁיחַ יְ הוָה), es decir, el Mashíaj sólo será revelado en su segunda venida.

Sorprendentemente, la primera venida («misericordias de YHVH«) tiene dentro de sí el potencial para la segunda venida: el «juicio de Elohim«, cuyo valor es 1536.

  • Primera Venida __ frase clave: año agradable del SEÑOR = 1152
  • Segunda Venida __ frase clave: «y el día de la venganza de nuestro Dios» = 384

[Si observamos bien, el valor 384 (de la segunda venida) multiplicado cuatro veces (384 x 4) da como resultado: 1152 (el valor de la primera venida); pero si a este valor le sumamos 384 (1152 + 384), obtenemos como resultado 1536 (valor numérico relacionado con la frase: «de cierto, de cierto os digo… «)]

Si hasta ahora lo que venimos considerando está ensanchando tu alma en el asombro, pues déjame agregar algunos misterios más:

Te sorprenderás saber que la frase clave para la 1ª Venida es la misma gematría del nombre Israel y la Torah:

  • Torah תּוֹרָה 611
  • Israel יִשְׂרָאֵל 541
  • Total 1152 = «año agradable de Yahvéh«

Por el otro lado, la frase clave para la 2ª Venida es la misma gematría de Mashíaj y YHVH:

  • Mashiaj מָּשִׁיחַ 358
  • YHVH יְהוָה 26
  • Total = 384 = «y el día de la venganza de nuestro Dios

Esto viene a enseñarnos que la primera venida del Mashíaj fue para enseñar la correcta observancia de la Torah a Israel, y la segunda venida del Mashíaj es para revelarlo como el Hijo del Eterno que en Su Nombre viene a reinar sobre las naciones desde Sión.

Entonces, que el año 28 de la E.C. sea un Yovel (Jubileo) puede respaldarse aún más con un versículo críptico que se encuentra en el Evangelio de Juan, cuando Yeshúa dice a sus discípulos mientras se encontraban en Samaria:

«¿No decís vosotros: Todavía faltan cuatro meses para que llegue la cosecha? he aquí, os digo: alzad vuestros ojos y contemplad los campos; porque ya están blancos para la siega.»
(Juan 4:35)

Unos versículos más adelante (Juan 4:45) el hagiógrafo nos guía para que deduzcamos que este evento tuvo lugar poco después de Pesaj, como se menciona en el capítulo 2:

«Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía.

(Juan 2:23)

«Así que cuando llegó a Galilea, los galileos le recibieron, pues habían visto todo lo que hizo en Jerusalén durante la fiesta; porque ellos también habían ido a la fiesta.

(Juan 4: 45)

El exégeta y biblista Ernest Martin propuso que de acuerdo al contexto histórico-literario esto demuestra que fue un shemitá o año sabático. Martin enseña que el lapso entre Pesaj y Shavuot es el tiempo de la cosecha de la cebada al trigo; por eso la frase de nuestro Dueño: “Porque ya están blancos para la cosecha”, significa que ya era en Shavuot, es decir que se encontraban en Siván, el tercer mes del calendario hebreo; cuatro meses desde Siván sería Tishrei, el séptimo mes) que sería el comienzo de un nuevo año en el que la gente podrá volver a cosechar legalmente.

Podemos desarrollar aún más esta idea para comprender que este fue más que un año sabático, sino un Jubileo, y significativamente el Jubileo 26º desde la entrada a la tierra de los Hijos de Israel. El número 26 es la gematría de YHVH por lo tanto un año muy propicio manifestar su Plan de Salvación.

Si se trataba de un Jubileo, ¿de dónde procedían las cosechas y por qué se permitía cosechar?

En realidad, la prohibición es sembrar y plantar, y todos los cultivos en el campo se consideran sin dueño, y se permite cosechar cultivos sin dueño:

«Y el fruto del reposo de la tierra os servirá de alimento: a ti, a tus siervos, a tus siervas, a tu jornalero y al extranjero, a los que residen contigo.

Levítico 25: 6

Rashi, al explicar este pasuk (versículo) asevera que esto significa que todos los israelitas son considerados iguales (con respecto al uso de los productos del año Shemitá): usted, (sus esclavos) y su trabajador contratado y residente.

Esto es exactamente lo que significa lo dicho por el Señor Yeshúa:

«Porque en este caso el dicho es verdadero: «Uno es el que siembra y otro el que siega».

Juan 4:37

Este dicho, «uno siembra y otro cosecha«, era muy común en lo que se refería a las mitzvat (mandamientos) de shemitá y yovel, porque tanto durante el año sabático como durante el jubileo, todas las cosechas se consideran sin dueño y quien sea que tuviera necesidad podía cosecharlas.

Con todo esto en nuestro corazón e intentando buscar una conclusión a un tema que siempre se abre al infinito, podemos decir que si la primera venida de Mashiaj fue manifestada en un Jubileo, vale la hipótesis razonable de que su segunda venida también sería un Jubileo. Considerando que si los Hijos de Israel tuvieron que caminar 40 años en el desierto debido a su incredulidad, se puede suponer razonablemente que el rechazo de Mashiaj en su primera venida sometería a los Hijos de Israel en el exilio durante 40 Jubileos.

Por eso, si el año Yovel tiene un fuerte significado mesiánico en toda la literatura judía. Hemos visto cómo el profeta Isaías en su capítulo 61 establece la conexión entre los elementos del mandamiento del año de Yovel y su cumplimiento final por parte del Mesías. El perdón de las deudas y la devolución de los esclavos también se denomina “liberación del jubileo”.

Así como el año de Yovel trajo la libertad a los cautivos, el perdón de las deudas y la restauración de las cosas a su orden original, el reino mesiánico traerá la libertad, el perdón y la restauración del nombre de YHVH, Israel y la transformación de la antigua a la nueva creación ( es decir, curación física y espiritual)

El poder del Shofar en los Festivales de Otoño

por David Nesher

PARASHA EMOR

Y habló el Eterno a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, el primer día del mes, será para vosotros descanso solemne, conmemoración al son de shofar, convocación santa; ningún trabajo servil haréis, y presentaréis ofrenda de fuego al Eterno.

Vayikrá | Levítico 23: 23-25

Nos encontramos aquí con un mitzvá (precepto) festivo muy extraño. Ocurre que siempre el primer día del séptimo mes ha resultado ser la fiesta más misteriosa de todas. La Torah no da ninguna razón por la que hay que celebrarla, como lo hace con las otras. Por otro lado, es curioso que esta sea la fiesta que la tradición rabínica más nombres le ha colocado, y sin embargo, al mismo tiempo es la menos explicada a los miembros de la Casa de Judá en cuanto a su significado escatológico mesiánico. [Sólo dos textos en toda la Torah hablan de esta celebración; este que estamos considerando y Bamidbar | Números 29:1-6].

Entonces hagámonos la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que el Eterno nos mande a Su Pueblo a celebrar algo que no sabemos bien por qué? ¿Será que en ese día piensa hacer algo muy grande y asombroso en el futuro y por eso nos quiere unidos en una santa convocación para que estemos alertas y así podamos percibir lo que va a suceder?

En nuestro caso, los servidores del Monte Santo, sabemos (y hemos aprendido a disfrutarla), que el Yom Teruá ocurre en el calendario yahvista como el tiempo señalado después de la festividad de Shavu’ot (Pentecostés).

En la Historia de la Salvación, desde que fue el otorgamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, los discípulos de Yeshúa hemos estado esperando Su regreso. Sin embargo, los años han pasado y en ese transcurrir se han transformado en siglos, y sus discípulos todavía esperamos el sonido de Su trompeta que anunciará Su Regreso.

Justamente, el toque anual del shofar presagia ese día cuando los cielos serán rasgados por el sonido de la trompeta del Mesías, y el conmemorar esta festividad permite que los discípulos de Yeshúa fortalezcamos nuestra emunah (certeza | convicción) para mantener en alto nuestra tikvá (esperanza) en las promesas proféticas que anuncian Su Segunda Venida.

Recordemos que es la única moed (festividad) anual que en los días de nuestro Maestro y Dueño Yeshúa, no se sabía ni el día ni la hora cuando se celebraría, ya en los días del segundo Templo, Israel (Casa de Judá) no se regía por un calendario fijo, como nosotros lo hacemos en nuestro tiempo, sino que el calendario dependía de las fases lunares. Por lo tanto había que esperar hasta que se proclamara que ya se podía celebrar esta fiesta al ver la luna nueva sobre Jerusalén, y por esto no se sabía bien ni el día ni la hora cuando se tenía que tocar el shofar (cuerno).

Además, es asombroso conocer que la escatología judía enseña que las fiestas de otoño aluden al tiempo mesiánico que está por venir. Según los rabinos expertos en el Olam HaVá (Mundo Venidero), primero viene el juicio en Rosh HaShanah (Yom Teruá) cuando se convoca el tribunal celestial, luego llega la jornada de las confesiones de iniquidad en el Yom Kippur, momento en que el tribunal emite su veredicto, y después de eso, el regocijo de Sukkot y Shemini Atzeret.

En estas enseñanzas, los Sabios aseguran que el tiempo por venir comienza con un gran día de juicio, correspondiente a lo que el rabinato denomina Rosh HaShanah, y que el Sefer Vayikrá (libro de Levítico) denomina Yom Teruáh. Después de eso, está escrito en el libro del profeta Ezequiel:

“Os rociaré con agua limpia, y seréis limpios; os limpiaré de todas vuestras inmundicias”
(Ezequiel 36:25).

Y el SEÑOR dice por oráculo del profeta Jeremías:

“Perdonaré a los que deje como remanente”
(Jeremías 50:20).

Estos dos pasajes proféticos corresponden al Yom Kippur y la descripción de lo que el Eterno hará en el final de los tiempos del sistema de cosas presente.

Bien, considerando lo hasta ahora dicho y continuando con las festividades del capítulo 23 del libro de Vayikrá, sabemos que después de eso viene Sucot, conmemoración en la que moramos en enramadas o tabernáculos durante siete días. Al respecto, el profeta Isaías dice: “Habrá una sucá para dar sombra contra el calor del día, y refugio y protección contra la tormenta y la lluvia” (Isaías 4:6). ¡Es por eso que se llama la temporada de regocijo!

Finalmente, aparece ese día octavo tan especial de esta fiesta llamado Shemini Atzeret por medio del que se concluye las fiestas de otoño. Dicha jornada simboliza al último día del milenio mesiánico en que se acabará el tiempo de las naciones e Israel se regocijará bajo el dominio del Mishkán celestial, conocido en el libro de Revelación (Apocalipsis) como la Nueva Jerusalén.

Entonces debemos entender y aceptar que el sonido del shofar del Mesías anunciará Su llegada, la inauguración de Su reino y Su coronación. Serán tiempos en los que el mundo se arrepentirá y renunciará a su maldad. Por aquellos tiempos el Mesías traerá una nueva revelación del Eterno al mundo, trascendiendo la revelación en el Sinaí, y la Torah saldrá de Sion como una vez lo hizo del Sinaí, pero en esta ocasión será para todas las naciones de la Tierra y sus habitantes.

El toque de trompeta que anuncia Su llegada será una advertencia para los impíos. El Mesías reconstruirá el Beit HaMikdash (Templo santo) en Jerusalén. El toque de shofar recuerda que el Mesías es el hijo que fue atado como Isaac, y en su mérito Yah perdonará a Israel sus pecados. Él llenará el mundo del temor del Eterno, y todas las naciones estarán en juicio delante de Él.

El Mesías, por medio del sonido del shofar, reunirá a los exiliados de Israel, porque “enviará a sus ángeles con gran trompeta, y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mateo 24:31). Entonces ocurrirá la primera resurrección: “se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles” (1 Corintios 15:52).

Según lo escrito en el Talmud, el toque del shofar en Rosh HaShanah confunde a Satanás. El sonido del shofar en Rosh HaShanah lo asusta porque le recuerda que le queda poco tiempo. Teme el toque del shofar del Mesías que señalará la redención final. Se testifica en esta obra jurídica que cuando Satanás escucha el shofar de Yom Teruá (Rosh HaShanah del judaísmo), exclama aterrorizado: “¡Es el shofar del día del juicio! El tiempo es corto cuando seré tragado, como dice, ‘Él se tragará la muerte para siempre’” (Tosafot ).

El famoso Sabio El Rambam (más conocido como Maimónides) formuló la siguiente explicación del precepto de escuchar el sonido del shofar: «Despierten, ustedes dormidos, de su sueño! ¡levántense, ustedes somnolientos, de su somnolencia! ¡arrepiéntanse en contrición! ¡recuerden a su Creador!… Observen sus almas mejoren sus caminos y sus obras… » (Hiljot Teshuvá)

Por su lado el sabio Rashi (véase Rosh HaShaná 16a), memorial alude a que los sonidos de shofar recuerdan la fidelidad suprema de Abraham e Itzjak en la Akedá (Bereshit 22: 1-19). El shofar, en tanto cuerno de carnero, simboliza el carnero que Abraham ofreció en lugar de Itzjak. Ante esto, el Rambán explica que es necesario un memorial ante el Eterno debido a que Rosh HaShaná inaugura el período de diez días de juicio recogimiento que culmina en Yom Hakipurim.

Para la Gloria del Santo Bendito Es, en los Escritos del Mesías existe mucha más revelación sobre el secreto del Yom Teruá, especialmente el libro de Revelaciones (griego: Apocalipsis). A lo largo de toda la Escritura del Pacto Renovado (mal llamado Nuevo Testamento) nos encontramos con muchas expresiones que hablan de este día de forma simbólica, me refiero a frase como:

  • Despierta tú que duermes”;
  • Nadie sabe el día ni la hora”;
  • En un abrir y cerrar de ojos”;
  • La trompeta final”;
  • Con una gran trompeta”;
  • Una gran voz, como de trompeta”;
  • Una puerta abierta en el cielo”;
  • Uno sentado en el trono”;
  • Libros fueron abiertos”;
  • Como un ladrón en la noche

Todas las frases de este listado sabemos que se están refiriendo a este día muy especial y misterioso.

En conclusión y juntando toda esta información sobre esta celebración sólo podemos llegar a una certeza, tiene que ser el momento del regreso del Mesías en Gloria, la resurrección de los muertos y el juicio de los justos y de las naciones.

¡Aleluyah, el Mesías retornará para establecer el gobierno perfecto de Yahvéh en la Tierra! Este es el maravilloso significado de la Fiesta de las Trompetas. ¡Yeshúa el Mesías nos enseñó a que oráramos: «Venga tu reino» (Mateo 6:10)!… ¡Y nosotros así hoy rezamos fervientes!… Además nos unimos al Espíritu de la Profecía como Novia y gemimos con suspiros de amor diciendo: ¡VEN!

«Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven.
Y el que oye, diga: Ven.
Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.» 

Apocalipsis/Revelación 22: 17

Para profundizar mejor este TEMA te invito leer: