Parashá VaYerá

La Akedah (Atadura) de Isaac y Su Conexión Mesiánica.

Publicado por Ben Burton

“¡La voz de mi amado!
He aquí que viene saltando sobre los montes,
saltando sobre las colinas”.

(Cantar de los Cantares 2:8)

En la Parashá Vayerá (Génesis 18: 1–22: 24), leemos sobre el Akedah Yitzhak (“la unión“, “la vinculación“, o “la atadura de Isaac“). Muchos Sabios aseguran que este puede ser el corazón mismo del mensaje de la Torah, ya que sus ecos reverberan a lo largo de la liturgia de Israel. 

El rabino portugués Abarbanel (1437-1508 CE) escribe:

En la Atadura de Isaac yace toda la gloria de Israel y su mérito ante su Padre Celestial. Y es por eso que impregna nuestras oraciones todos los días.”

R ‘Isaac ben Yehudah Abarbanel, citado en Chabad.org [1]

La Akedah (Vinculación) fue el plan de Yah desde el principio, ya que según los Sabios, el Carnero que tomó su lugar fue creado en el crepúsculo del primer sábado (Pesajim 54a).

El comentaristas Rashi dice:

והנה איל: מוכן היה לכך מששת ימי בראשית

Había un carnero: para esto fue preparado desde los seis días de la Creación“.

Rashi sobre Génesis 22:13, citado en Chabad.org [2]

¿Cuál es el secreto de este misterioso Carnero, preparado desde la fundación del mundo para el sacrificio? ¿Qué nos enseña esto y cómo se relaciona con el plan de redención?

Nacimiento milagroso

Aunque el Carnero fue desde el principio, según la enseñanza del Midrash, Avram miró las estrellas y vio que él y Sarai no tendrían un hijo. Entonces el Eterno tomó la letra Hei de Su Santo Nombre y la añadió (la letra “Hei”) al nombre de Avram avinu, trascendiendo así el orden natural de la Creación. Para Avram no habría hijo, pero para Avraham lo habría. 

El nacimiento de Isaac fue un milagro increíble, una hazaña tan imposible que ni siquiera Sara lo creyó cuando lo escuchó. El libro de Génesis dice:

“Sarai era estéril. Ella no tuvo hijos”.
Génesis 11:30

Con este milagro del nacimiento, un patrón emerge como la urdimbre y la trama de un hilo oculto que se eleva y se teje a lo largo de un hermoso tapiz,

  • Sarai – Madre de Isaac – Génesis 11:30
  • Rivka – Madre de Jacob – Génesis 25:21
  • Raquel – Madre de José – Génesis 29:31
  • Esposa de Manoaj – Madre de Sansón – Jueces 13: 2
  • Ana – Madre de Samuel – 1 Samuel 1: 5
  • Mujer sunamita – Madre de Jonás – 2 Reyes 4:14

Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Abraham llamó a su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac”.
(Génesis 21: 2-3)

Las circunstancias milagrosas que rodearon el nacimiento de Isaac hicieron que los escépticos y los burladores cuestionaran su paternidad. Esto también sucedió en el caso del rey David , cuya madre Nitzevet, fue acusada de infidelidad. Este es un patrón para la redención futura, ya que los prototipos del Mashiaj nacen a través de lo que parecen ser circunstancias cuestionables en el exterior. Rav Levi dijo:

El día que Abraham destetó a su hijo Isaac, hizo un gran banquete, y todos los pueblos del mundo se burlaron de él, diciendo:” ¿Has visto a ese anciano y a esa anciana que trajeron a un expósito de la calle y ahora reclaman él como su hijo! Y lo que es más, ¡hacen un gran banquete para afirmar su reclamo! … Todavía se burlaban, diciendo: ‘Concedido que Sara pudiera dar a luz a la edad de noventa, ¿podría Abraham engendrar un hijo a la edad de cien?’ Inmediatamente los rasgos del rostro de Isaac cambiaron y se volvieron como el de Abraham, después de lo cual todos clamaron: Abraham engendró a Isaac.”

[Bava Metzia 87a, Edición de prensa de Soncino]

La Enciclopedia Judía resume los milagros que rodearon el nacimiento de Yitzhak,

A esa hora los enfermos recuperaron la salud, los ciegos recobraron la vista y los sordos el oído; se intensificó el brillo del sol y de la luna (Tan., Gén. 37); un espíritu de justicia comenzó a prevalecer en el mundo. . . No obstante, hubo calumniadores que sostenían que Abraham y Sara habían recogido a un expósito o, según otra hagadá, habían tomado a un hijo de Agar y pretendían que era su hijo. Para silenciar a estos calumniadores, Abraham preparó una gran fiesta con motivo del destete de Isaac, donde, por milagro, Sara pudo amamantar a todos los lactantes que habían traído las mujeres invitadas a la fiesta. Como ya no había ninguna duda sobre la maternidad de Sara, los calumniadores cuestionaron la paternidad de Abraham. Entonces Dios imprimió en el rostro de Isaac los rasgos de Abraham.”

[JewishEncyclopedia.com, Isaac (3)]

El único hijo

Después de dejar su patria ancestral y salir victorioso de una guerra mundial, Avraham experimentó la prueba más grande de todas. 

La Torah dice:

 קַח־נא אֶת־בִּנְךָ אֶת־יְחִידְךָ אֲשֶׁר־אָהַבְתָּ אֶת־יִצְחָק

Ahora toma a tu hijo, tu único hijo, a quien amas, Isaac, y vete a la tierra de Moriah.
Ofrécelo allí en holocausto en uno de los montes que te contaré
.”
(Génesis 22: 2)

Es interesante el dato curioso de que esta es la primera vez que aparece la palabra amor en la Torah. 

La guematría de la palabra hebrea para amor (ahavá) es 13, que se vincula con los 13 Middot o Atributos de la Misericordias del Eterno. Por otro lado, la guematría de Ejad (que es Uno) también es 13,

אהבה = אחד = 13

Este sacrificio del Ben Yajid (el Hijo Unigénito) de Avraham, se repite en quizás el versículo bíblico más famoso de todos los tiempos,

Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que cree en él, no es condenado. El que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del único Hijo de Dios”.
(Juan 3: 16-17)

Montando el burro

Abraham no perdió tiempo en realizar la tarea que el Eterno le encomendó. Leemos en Bereshit:

“Abraham se levantó muy de mañana, ensilló su asno y se llevó consigo a dos de sus jóvenes y a Isaac su hijo. Partió la leña para el holocausto, se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho”.
Génesis 22: 3

Un patrón que sigue resurgiendo en el ciclo de la Redención es el del burro. En hebreo, jamor (burro) se relaciona con la palabra jomer, es decir fisicalidad o materialismo. También el burro se menciona en Génesis 49 como conectado con el Mesías conocido como “Siloh”, leemos la profecía de Yaakov:

Atando su potro a la vid, el pollino de su asno a la vid escogida; ha lavado sus vestidos en vino, sus ropas en sangre de uvas”.
(Génesis 49:11)

Sansón peleó las batallas de Yahvéh con la quijada de un burro (Jueces 15:15), y el rey David fue a enfrentar a Goliat de Gat con un burro,

Isaí tomó un asno cargado de pan, un odre de vino y un cabrito, y los envió a Saúl por medio de David su hijo.
(1 Samuel 16:20)

El regreso de Moshé a Israel está relacionado con un burro:

“Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los puso sobre el asno y volvió a la tierra de Egipto…”
(Éxodo 4:20)

Curiosamente, el hebreo de Éxodo cap. 4 no dice “un burro” sino más bien “EL burro“. Rashi comenta sobre este detalle, y dice:

על החמר: חמור המיוחד, הוא החמור שחבש אברהם לעקידת יצחק והוא שעתיד מלך המשיח להגלות עליו, שנאמר (זכריה ט כב י ל)

Sobre el burro. El burro particular. Es el burro que Abraham ensilló para atar a Isaac, y es sobre el que el Mesías, el Rey, está destinado a ser revelado, como dice, “un hombre humilde, montado en un burro”.

[Rashi a Éxodo 4:20, Volumen 2, Mesorah Publishing Ltd. pág. 37, cf. Pirkei de-Rebbi Eliezer 31]

Rashi está citando en este comentario al oráculo del profeta Zacarías que dice:

¡Alégrate mucho, hija de Sion! ¡Grita, hija de Jerusalén! ¡He aquí, tu Rey viene a ti! Él es justo y tiene salvación; humilde, y montado en un burro, incluso en un potrillo, el potro de un burro.”
(Zacarías 9: 9)

El Talmud comenta:

“Rav Alexandri dijo: Rav Joshua b. Levi señaló una contradicción. “Está escrito ‘en su tiempo‘ [vendrá el Mesías], mientras que también está escrito, ‘¡Lo apresuraré!’ Si son dignos, lo apresuraré. Si no, vendrá a su debido tiempo “. R. Alexandri dijo: “R. Josué se opuso a dos versículos: “Está escrito, ‘Y he aquí, con las nubes del cielo vino uno como el hijo del hombre’, mientras que en otra parte está escrito: ‘¡He aquí, tu rey viene a ti, humilde y montado en un asno! ‘ Si son meritorios, vendrá con las nubes del cielo. Si no, humilde y montado en un burro.”

[Sanhedrin 98a, Soncino Press Edition]

Kol HaTor comenta:

Una persona humilde, montada en un burro” – Mashiach ben Yosef es una persona humilde … “Fui abatido y él me salvó“. Su humildad lo protege de la muerte.”
[Kol HaTor 2.114, traducido por R ‘Yechiel Bar Lev y K. Skaist]

El Maharal de Praga, R ‘Judah Loew ben Betzalel (1520 CE – 1609 CE), comenta sobre este pasaje en relación con el burro (jamor):

Es razonable preguntarse en qué se diferencia este burro de los demás: ¿por qué la Torá destaca a este? ¡Un burro es un burro! El midrash señala que este burro fue creado en el crepúsculo; es el burro que montó Moshe, y es el que finalmente será montado por el hijo de David. . . los rabinos querían yuxtaponer a Avraham, Moshe y Mashiach, quienes tenían lo que ninguna otra creación tenía: un estatus exaltado especial. . . En cuanto al Mashíaj, el profeta dice: “He aquí, mi siervo triunfará, será exaltado y se hará exaltado y muy sublime” [Isaías 52:13]. El midrash interpreta: “exaltado” – más que Avraham; ‘alto’ – incluso más que Moshe; y ‘sumamente sublime’ – más que los ángeles ministradores [Tanchuma, Toldot 14]. Solo estos tres son más elevados que el tiempo, el espacio y el universo … El burro es el único animal no kosher especificado para la ejecución de un mandamiento: su primogénito debe ser redimido. Jamor [burro] recibe su nombre de Jomri [físico, material]… Los reyes reinan sobre el mundo material, que está representado simbólicamente por la imagen de un hombre montado en un animal. Estos tres reyes espirituales, Avraham, Moshe y Mashiach, que ascienden a los niveles más altos de espiritualidad, montan simbólicamente el burro, que representa el mundo material. Un caballo sería, por regla general, más apropiado para un rey, pero estos son reyes espirituales … “

[Maharal de Praga, Gur Arye, sobre Éxodo y Levítico, traducido por Moshe David Kuhr, Gefen Publishers, págs. 34-35 ]

Los Evangelios describen a Yeshúa como el Cordero de Dios, cabalgando sobre un asno hacia Jerusalén,

Cuando se acercaron a Jerusalén, a Betfagé y Betania, en el monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos y les dijo:
‘Id a la aldea que está frente a vosotros. Inmediatamente al entrar en él, encontrará un burrito atado, en el que nadie se ha sentado. Desátenlo y tráiganlo. 
Si alguien te pregunta, ‘¿Por qué estás haciendo esto?’ Di: ‘El Señor lo necesita’. e inmediatamente lo enviará de regreso aquí ‘. 
Se fueron y encontraron un burrito atado a la puerta afuera en la calle abierta, y lo desataron. 
Algunos de los que estaban allí les preguntaron: “¿Qué están haciendo desatando al burrito?” Les dijeron tal como Yeshúa les había dicho, y los dejaron ir. 
Llevaron el burrito a Yeshúa, y arrojaron sus mantos sobre él, y Yeshúa se sentó sobre él. 
Muchos extendieron sus mantos por el camino, y otros fueron cortando ramas de los árboles y extendiéndolas por el camino. Los que iban al frente y los que seguían gritaban:
‘¡Hoshia’na! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene en el nombre del Señor! ¡Hoshia’na en las alturas!

(San Marcos 11: 1-10)

La Unión o Atadura

En el relato de la Akedah Yitzhak (Atadura de Isaac) el texto hace que se incluya un detalle inusual de que Yitzhak avinu llevó la madera al lugar del sacrificio,

Abraham tomó la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo. Tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Ambos fueron juntos.
(Génesis 22: 6)

Resulta que el Midrash Rabbah hace un comentario sorprendente sobre este pasaje:

Y puso Abraham la leña del holocausto sobre Isaac su hijo” (Gen 22: 5). Como un hombre que lleva su cruz (tzaluv) en su hombro.”

[Génesis Rabá 56: 3, Edición de prensa de Soncino]

Isaac, el único hijo, lleva la madera como una cruz y será sacrificado “como un cordero“. Si bien la mayoría de las ilustraciones y representaciones retratan a Isaac como un niño, los rabinos enseñan que tenía treinta y tantos años. 

Éxodo Rabá dice:

Abraham engendró a Isaac (25:19), para enseñarte que era como su padre en todo: en belleza, sabiduría, riquezas y buenas obras. Debes saber que Isaac tenía treinta y siete años cuando su padre estaba a punto de sacrificarlo, sin embargo, aunque dice: Y Abraham era viejo y avanzado en años, lo ató como a un cordero y no lo refrenó.”

Éxodo Rabá 1 : 1, Edición de prensa de Soncino*

La frase “como un cordero” se vincula a Isaías 53 ,

Estaba oprimido, pero cuando fue afligido no abrió la boca. Como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores está muda, así no abrió la boca.”
(Isaías 53: 7)

Isaac le hizo a su padre una pregunta desgarradora mientras viajaban hacia el destino, y la respuesta de Abraham es increíblemente profética. Leemos en Bereshit:

Isaac habló con su padre Abraham, y dijo:” ¿Mi padre? ” Él dijo: “Aquí estoy, hijo mío”. Él dijo: “Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?” Abraham dijo: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío”. Así que ambos fueron juntos.
(Génesis 22: 7-8)

El relato de Génesis dice que Isaac fue puesto sobre la madera:

Llegaron al lugar que Dios le había dicho. Abraham edificó allí el altar, puso la leña en orden, ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, sobre la leña.
(Génesis 22: 9)

El nombre de este lugar se llama Monte Moriah. Rashi cita al sabio Onkelos explicando el vínculo entre “mirra” y Moriah, el sitio de la Akedah de Itzjak:

ואונקלוס תרגמו על שם עבודת הקטורת שיש בו מור נרד ושאר בשמים

Onkelos lo tradujo [“la tierra del servicio”] como aludiendo al servicio del incienso ,que contenía mirra [“mor ”es fonéticamente similar a Menoriah] otras especias.” 

[Rashi sobre Génesis 22, citado en Chabad.org (4)]

Rashi comenta:

Y ató: sus manos y sus pies detrás de él. “Las manos y los pies atados juntos se conoce como עִקֵידָהAkedáh (Shab. 54a). Y ese es el significado de עִקֻדִים , que sus tobillos eran blancos; el lugar donde están encadenados era discernible

[Rashi en Génesis 22, citado en Chabad.org (5)]

Curiosa y coincidentemente, Yeshúa estaba atado de manera similar,

Inmediatamente por la mañana, los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas, y todo el concilio, celebraron una consulta y ataron a Yeshúa, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato”.

[Marcos 15: 1, cf. Juan 18: 12,24, Mateo 27: 2]

Por otra parte, la obra Kol HaTor escrito por el sabio R ‘Hillel Shklover conecta a Yitzhak con el Mashiaj ben Yosef diciendo:

Nuestro antepasado Isaac estaba en la línea del Mashiaj ben Yosef desde el momento en que fue atado como sacrificio“.

[Kol HaTor 1.23, traducido por R ‘Yechiel Bar Lev y K. Skaist]

La sangre de la redención

El Rav ‘Ari Kahn dice:

Nos dicen que Isaac es un participante entusiasta y dispuesto a participar en esta excursión. Se acuesta en el altar, estira el cuello hacia atrás y luego le dice a su padre: “Padre, el alma está dispuesta, pero la carne es débil. Átame para sujetarme, para evitar que me estremezca al ver la hoja.”

[R ‘Ari Kahn, M’oray HaAish, Vayeira (Génesis 18-22), The Binding, Aish.com (6)]

Yeshúa de Nazaret dijo algo increíblemente similar antes de su muerte:

Velad y orad para no caer en la tentación. El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
(Mateo 26:41)

En la Pascua , los israelitas debían poner la sangre de un cordero en el poste de su puerta, para que Yahvéh viera la sangre y “pasara” la casa y perdonara al Primogénito. La Mekhilta comenta la frase, ‘Veré la sangre‘, y la vincula con la Akedah,

Y cuando ve la sangre. Ve la sangre del sacrificio de Isaac, como se dice: “Y llamó Abraham el nombre de ese lugar YHVH-Yireh” (el Señor lo verá), etc. (Gén. 22:14). Y también está escrito: “Y estaba a punto de destruir, el Señor lo vio y se arrepintió” (1 Crónicas 21:15). ¿Qué contempló? Contempló la sangre del sacrificio de Isaac, como se dice: “Verá Dios mismo el cordero para el holocausto“. (Génesis 22: 8)”.

[Mekhilta de-Rabbi Ishmael, Tractate Pischa, Capítulo 11, Traducido por Jacob Z. Lauterbach, Jewish Publication Society, pág. 61]

La excelente obra de colección de midrashim Pesikta Rabbati vincula el cordero con Isaac:

¿Por qué no fue destruido el templo en el primer mes del año, ni en el segundo mes ni en el tercero, ni en el cuarto, por qué en el quinto? El hecho es que Dios quiso destruir el Templo en el primer mes, [Nisan, cuyo signo zodiacal es el Cordero]. Pero el mérito de Isaac se adelantó para suplicar: “Maestro de los universos, recuerda el sacrificio por el que me dejé atar delante de Ti: me ofrecí como cordero para el sacrificio en lugar del cordero del sacrificio…”.

[Pesikta Rabbati, Piska 27/28, traducido por William Braude, Yale University Press, pág. 547-548]

El Rav ‘Ari Kahn hace un punto increíble, mostrando el estado de Kedusháh (Santidad) de Yitzhak:

Después de Akedah, Yitzjak alcanzó el estatus de Kodshim, una ofrenda dedicada al Templo”.

[R ‘Ari Kahn, M’oray HaAish, Elkana y Chana, Aish.com (7)]

Rashi comenta sobre la Akedah y el concepto de expiación, y dice:

ומדרש אגדה ה ‘יראה עקידה זו לסלוח לישראל בכל שנה ולהצילם מן הפורענות, כדי שיאמר היום הזה בכל הדוש ל הבו

El Midrash Aggadah (ver Gen. Rabbah 56: 9) explica: El Señor verá esta obligación de perdonar a Israel cada año y salvarlos de la retribución, a fin de que se diga“ en este día ”en todas las generaciones futuras: “En el monte del Señor, las cenizas de Isaac serán vistas amontonadas y en pie para expiación“.

[Rashi sobre Génesis 22:14, citado en Chabad.org (8)]

El Targum habla del zejut, o mérito, de la Akedah,

Y Abraham oró en el nombre de la Palabra del Señor, y dijo: ‘Tú eres el Señor que ve y no eres visto. Rezo por misericordia delante de ti, oh Señor. Es totalmente manifiesto y conocido ante Ti que en mi corazón no hubo división, en el tiempo en que Tú me ordenaste que ofreciera a mi hijo Itzjak y lo convirtiera en polvo y ceniza ante Ti; pero que en seguida me levanté por la mañana y cumplí tu palabra con gozo, y he cumplido tu palabra. Y ahora oro por misericordia ante Ti, Oh Señor Dios, para que cuando los hijos de Itzjak ofrezcan en la hora de necesidad, atar a Itzjak, su padre, Tú recuerdes en su nombre, y perdones y perdones sus pecados, y entregues ellos por toda necesidad. . . . “

[Targum de Jerusalén en Génesis 22 (9)]

El Midrash dice que la vinculación de Yitzhak expía a todos, judíos y no judíos (!), Esclavos y libres,

Los Sabios dijeron:
Cuando Abraham, nuestro padre, ató a Isaac su hijo, el Santo, bendito sea, instituyó el sacrificio de dos corderos, uno por la mañana y otro por la tarde. ¿Por qué hizo esto? Cuando Israel ofrece los sacrificios diarios sobre el altar… el Santo, bendito sea, recuerda la atadura de Isaac. [Elías dice]: “Llamo al cielo ya la tierra para que sean testigos de que ya sea un pagano o un israelita, un hombre o una mujer, un sirviente o una sirvienta, lee este versículo, a saber. ‘Zafonah (hacia el norte) ante el Señor’, el Santo, bendito sea, recuerda la atadura de Isaac… ”

[Levítico Rabá 2:11, Edición de prensa de Soncino]

El teólogo Avrum Ehrlich escribe:

Es sorprendente que el retrato rabínico de Isaac sea paralelo a varios aspectos de la comprensión cristiana de Jesús. Como Jesús, Isaac estaba dispuesto a entregar su vida (Lamentaciones Rabá Proemio 24). Como Jesús, Isaac no se vio obligado a ofrecerse a sí mismo como sacrificio, sino que se entregó voluntariamente a su padre (Targum fragmentario 22:10). . . la Akedah se describe como expiación para todos, judíos y no judíos (Levítico Rabá 2:11). Quizás lo más notable es que se describe a Isaac como muerto y resucitado (Pirke de Rabbi Eliezer 31)”.
Enciclopedia de la diáspora judía: orígenes, experiencias y cultura, vol. Yo, M. Avrum Ehrlich, pág. 128 [10]

El Targum dice:

“Y todos los pueblos de la tierra serán bendecidos por la justicia de tu hijo, porque has obedecido mi palabra”.

[Targum Pseudo-Jonathan en Génesis 22 (11)]

De hecho, el Talmud enseña que Yitzhak intercede por Israel:

“En el futuro por venir, el Santo, bendito sea, dirá a Abraham y a Jacob:” Tus hijos han pecado contra mí “. [Ellos] le responderán: “¡Soberano del Universo! Que sean exterminados para la santificación de tu nombre”… 
Él responderá: “¡No hay razón en los ancianos ni consejo en los niños!” 
Entonces dirá a Isaac: “Tus hijos han pecado contra mí”. 
Pero él (Isaac) le responderá: “¡Soberano del Universo! ¿Son mis hijos y no tus hijos? Cuando le dieron prioridad a “haremos” sobre “escucharemos” ante Ti, Tú los llamaste, “Israel mi hijo, mi primogénito” ¡¿Ahora son mis hijos, no Tus hijos ?! Además, ¿cuánto han pecado? ¿Cuántos son los años del hombre? Setenta. Resta veinte, por lo que no castigas, y quedan cincuenta. Resta veinticinco que componen las noches, y quedan veinticinco. Reste doce y medio de oración, comida y llamadas de la naturaleza, [y] quedan doce y medio. Si lo soportas todo, está bien; si no, la mitad será sobre mí y la otra mitad sobre ti. Y si dijeras, todos deben estar sobre mí, ¡he aquí! ¡Me ofrecí ante Ti (como sacrificio)! 
Entonces comenzarán y dirán: “Porque tú [es decir, Isaac] eres nuestro padre. 
Entonces Isaac les dirá: “En lugar de alabarme, alaben al Santo, bendito sea, e Isaac les mostrará al Santo, bendito sea, con sus propios ojos.”

[Shabat 89b, Edición de prensa de Soncino]

El Pesikta Rabbati habla de la asombrosa tarea del Mashiaj, que se hace eco de la atadura de Yitzhak:

En el mes de Nisán, los Patriarcas se levantarán y le dirán al Mesías: ‘Efraín, nuestro verdadero Mesías, eres más grande que nosotros porque sufriste por las iniquidades de nuestros hijos, y te sobrevinieron pruebas terribles, pruebas como las no les ocurre a las generaciones anteriores ni a las posteriores. Por amor de Israel, te convertiste en hazmerreír y en burla entre las naciones de la tierra, y te sentabas en tinieblas, en tinieblas espesas, y tus ojos no veían luz. Y tu piel se pegó a tus huesos, y tu cuerpo estaba tan seco como un trozo de madera. Y tus ojos se oscurecieron por el ayuno, y ‘tu fuerza se secó como un tiesto- Todas estas aflicciones a causa de las iniquidades de nuestros hijos … el Santo, Bendito sea, elevará al Mesías al cielo de los cielos y lo
cubrirá
con algo del esplendor de Su propia gloria … ” 

[Pesikta Rabbati, Piska 37, traducido por William Braude, Yale University Press, págs. 685-686]

Resurrección

Entonces Abraham volvió a sus jóvenes, y ellos se levantaron y fueron juntos a Beerseba. Abraham vivió en Beerseba“.
(Génesis 22:19)

¿Dónde está Isaac? Parece haber desaparecido del texto. La Torah solo dice que Avraham regresó, y se desconoce el destino y el paradero de Yitzhak. El Pirkei d’Rebbi Eliezer hace una declaración impresionante al respecto:

Rabí Yehudah dice: Cuando el cuchillo tocó la garganta de Itzjak, su alma lo abandonó, pero cuando la Voz de Dios emergió de entre los dos keruvim, diciendo: No lastimes al joven, no le hagas nada (Bereshis 22:12), su alma regresó a su cuerpo. Fue desatado y se puso de pie, experimentando el avivamiento de los muertos. Inmediatamente se dio cuenta de que los muertos serán revividos en el tiempo venidero y recitó [la berajá]: “Bendito eres Tú, YHVH, que resucita a los muertos“.

[Pirkei D’Rebbi Eliezer, Capítulo 31, traducido por Avraham Yaakov Finkel, Yeshivath Beth Moshe, pág. 22]

¡¿Yitzhak resucitó ?! La mayoría de los que leen el Midrash sobre este pasaje se apresurarán a notar que Yitzhak no fue sacrificado ni asesinado. Sin embargo, los midrashim son figurativos, no literales. El Libro de Hebreos ilustra este punto.

Por la fe Abraham, siendo probado, ofreció a Isaac. Sí, el que había recibido con alegría las promesas estaba ofreciendo a su único hijo; incluso aquel a quien se le dijo: En Isaac será llamada tu descendencia, concluyendo que Dios puede levantar aun de los muertos. Hablando en sentido figurado, también lo recibió de entre los muertos.
(Hebreos 11: 17-19)

Todos estos eventos tuvieron lugar “al tercer día“. Como dice el Génesis:

Al tercer día Abraham alzó los ojos y vio el lugar a lo lejos“.
(Génesis 22: 4)

Esto puede sonar extrañamente familiar. La vida de Yitzhak forma un prototipo profético de Yeshua de Nazaret. Este es el significado de ma’aseh avot siman l’banim (“las acciones de los padres sirven como un presagio para los hijos“).

  • Su nacimiento fue profetizado.
  • Nació milagrosamente.
  • Su paternidad fue cuestionada por burladores.
  • Él era el Amado “Único” Hijo de Su Padre.
  • El era la imagen de su padre.
  • Llevó la madera como una cruz a la montaña.
  • El burro iba con él hacia el lugar del sacrificio.
  • Estaba atado.
  • Él estaba en sus 30.
  • Él voluntariamente participó y obedeció a su padre.
  • Su sacrificio expiado por los pecados del mundo.
  • Ofreció su vida en el monte Moriah.
  • Fue puesto sobre la madera.
  • Su sangre está ligada a la Pascua.
  • Su sacrificio da mérito a los sacrificios de la Torah.
  • Así como el carnero fue atrapado en espinas, así fue la cabeza de Yeshúa envuelta en espinas.
  • Resucitó al tercer día.
  • El intercede por Israel

Aparentemente, el único aspecto de Yitzhak que queda para ser paralelo a Yeshua es un regreso de Gan Eden para encontrarse con su novia …

El regreso del hijo.

En la obra literaria “Leyendas de los judíos” de Louis Ginzberg, [una recopilación masiva de la Hagadáh (las tradiciones que han crecido alrededor de lanarrativa bíblica)] se lee lo siguiente:

Después del sacrificio en el monte Moriah, Abraham regresó a Beer-sheba, escenario de muchos de sus gozos. Isaac fue llevado al paraíso por los ángeles, y allí residió durante tres años“.

[Leyendas de los judíos, Volumen 1: V, Louis Ginzberg (12)]

Cuando regresó, la Torah dice:

Isaac vino del camino de Be’er Lahai Roi, porque vivía en la tierra del sur. Isaac salió a meditar en el campo por la noche. Levantó los ojos y vio, y he aquí, venían camellos. Rebeca alzó los ojos y, cuando vio a Isaac, se cayó del camello.
(Génesis 24: 62-64)

La pregunta clave es: ¿Dónde está Be’er Lachai Roi? El nombre de la palabra significa literalmente, “El pozo del Viviente que me ve“. En un nivel de peshat (literal), este es el lugar donde el ángel de Yahvéh se apareció a Agar. El Targum dice:

Y Yitzhak ascendió viniendo del pozo sobre el cual había aparecido el Ángel de la Vida (malak qayama, “el Ángel Eterno”).

[Targum Onkelos en Génesis 24 (13)]

 En un nivel más profundo (Sod = Secreto), esto se refiere al Gan Edén (Jardín del Edén). Los Midrashim nos dicen que Yitzhak pasó tres años en el nivel dimensional de Gan Eden, aprendiendo la Torah, y que cuando Rivká lo vio, fue glorificado, un ser diferente.

La Hagadá de Nuremberg dice:

Isaac regresó glorificado del jardín (del Edén) que Dios plantó para nuestra protección … cuando Rebecca montó en este camello, vio desde la distancia a este hombre glorificado.”

[Hagadá de Nuremberg, folio 31 (14)]

Rashi (Rav ‘Shlomo Yitzhaki), comenta:

ותרא את יצחק: ראתה אותו הדור ותוהא מפניו

Y vio a Isaac: Ella vio su apariencia majestuosa, y se asombró de él (Gén. Rabá 60:14)”.

[Rashi sobre Génesis 24:64, citado en Chabad.org (15)]

Rav ‘Moshe Moshe Alshich comenta:

El rostro de Yitzhak, que irradiaba algo de su santidad, podría haber asustado a Rivkah para que se cayera del camello. . . ella preguntó: “¿Quién es este hombre?” Ella indicó que esta debe ser una persona notable.

[R ‘Moshe Alshich sobre Génesis 24:64, traducido por R’ Eliyahu Munk, Volumen 1, Lambda Publishers, pág. 160]

Rav ‘Yeshayahu Horowitz, conocido como el Santo Selah, hace un comentario asombroso,

Isaac era el equivalente espiritual de Adán antes de su pecado, ya que él fue la primera persona que fue concebida y nacida por padres que se habían santificado a sí mismos. La remoción del prepucio de Abraham reparó el daño que Adán había hecho al pecar y adquirir una קליפה, cáscara … Esto bien puede explicar el hecho de que no se le permitió dejar la tierra santa de eretz Israel (Génesis 27: 2) … Cuando Abraham fue a punto de matar a Isaac, el alma de este último voló para ser reemplazada más tarde por un espíritu santo de las Regiones Celestiales. De ello se deduce entonces que la vida de Isaac después de la akedah, fue la vida de un ser humano que no se había originado a partir de una gota de semen. Debemos ver a Isaac como alguien renacido como consecuencia de esa experiencia: una criatura totalmente nueva. Dios le había aplicado la vara de medir más estricta al dejarlo morir y, posteriormente, infundirle una nueva alma. También había santificado su cuerpo; a partir de ese momento, el cuerpo de Isaac se parecía al de Adam HaRishon, y tampoco el producto de una gota de semen. Ahora entendemos por qué el carnero que Abraham sacrificó en lugar de Isaac no fue producto de la procreación natural, es decir, a través del semen, sino que fue creado durante el período del anochecer en el sexto día de la Creación, como se informa en Avot 5: 6.”

[Shney Luchot HaBrit, Vayera, Volumen 1, traducido por Eliyahu Munk, pág. 111]

El escritor e investigador del hebreo D. Thomas Lancaster escribe:

Y Isaac vino del camino de Beer-le-hai-roi… Y Isaac salió…” ¿De dónde salió? Del paraíso. No es de extrañar que Rebeca perdiera el equilibrio cuando dice “y se cayó del camello”, porque lo que percibió era que Isaac bajaba del Paraíso … “Hasta aquí la lectura judía de la historia. Al menos en la versión de la Akedah presentada por esta colección de parábolas, la lectura judía suena más cristiana que la lectura cristiana de la historia. ¿Cómo es eso posible? ¿Es posible que la Torá esté tratando de sugerirle algo a su pueblo?

[Akedat Yeshua: Génesis 22 en Midrash, Beth Emmanuel (16)]

Avraham luego vio el Ram (Carnero) especial creado a partir del crepúsculo de ese primer Shabat,

Abraham alzó los ojos y miró, y vio que detrás de él había un carnero atrapado en la espesura por sus cuernos. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.”
(Génesis 22:13)

Según el Midrash, este Carnero especial esperó en el Jardín del Edén hasta momentos antes de la Akedah. El siguiente es un resumen del Midrash narrado por Mordicai Gerstein, en su maravilloso libro “The White Ram” (“El Carnero Blanco”):

“Después de pasar siglos en el Huerto, Dios le dijo al Carnero: “Es el momento “. 
El Carnero luego salió disparado del Jardín del Edén, pero la serpiente malvada estaba cerca de la puerta, y dijo: “¡No salgas de este jardín! ¡Significará tu muerte!
El Carnero respondió: “¡Debo salvar al niño!
Corrió lo más rápido que pudo, sobre colinas, valles y montañas. El tentador trató de frenarlo, ofreciéndole agua fresca o pasto para pastar, “Detente aquí y descansa un momento“.
El Carnero respondió: “¡Debo salvar al niño!
El tentador apareció como un gran león amenazador y bloqueó el camino del Carnero. El Carnero saltó sobre el león y comenzó a correr más rápido que nunca, al ver la montaña en la distancia. 
¡Estoy aquí! ¡Estoy aquí! ¡Llévame a mí en su lugar!” gritó el Carnero.
El hombre en la cima de la colina, cuchillo en mano, no podía oír los gritos del Carnero, que seguía subiendo la montaña. 
¡De repente, el maligno atrapó al Carnero, envolviendo una espina alrededor de sus cuernos!
En ese momento, la Voz de un Ángel habló desde el cielo: “No toques al niño“.
Avraham miró hacia atrás y vio al Carnero Blanco. Avraham liberó al Carnero, quien saltó sobre el Altar y dio su vida para salvar a Itzjak.
De uno de los cuernos de este Carnero salió el shofar que se tocó en Shavuot. 
Y su otro cuerno se utilizará para el shofar de la redención. 

Así como este Carnero especial tenía espinas envueltas alrededor de su cabeza, también Yeshúa de Nazaret. Por ello, es que Yeshúa es el Carnero de Gan Eden. Así logramos entender el texto profético de Cantares cap. 2, vers. 8 con el que se encabezó este artículo. Es Él (Yeshúa) quien viene de arriba, saltando sobre las colinas, saltando sobre las montañas. Su voz pide a todo Israel que se arrepienta. 

La unión o atadura de Isaac es la sombra terrenal del Mashiaj ben Yosef, el Hijo Único, que murió por los pecados de Israel y por el mundo entero.


Referencias
  1. Rabino Don Isaac Abarbanel citado en The Ultimate Test of Abraham , R ‘Tzvi Freeman, Chabad.org
  2. Rashi sobre Génesis 22 citado en Chabad.org
  3. JewishEncyclopedia.com, Isaac
  4. Rashi sobre Génesis 22 , citado en Chabad.org
  5. Rashi sobre Génesis 22 , citado en Chabad.org
  6. R ‘Ari Kahn, M’oray HaAish, Vayeira, The Binding , Aish.com
  7. R ‘Ari Kahn, M’oray HaAish, Elkana y Chana , Aish.com
  8. Rashi sobre Génesis 22 , citado en Chabad.org
  9. Targum de Jerusalén en Génesis 22
  10. Enciclopedia de la diáspora judía: orígenes, experiencias y cultura , vol. Yo, M. Avrum Ehrlich, pág. 128
  11. Targum Pseudo-Jonathan en Génesis 22
  12. Leyendas de los judíos, Volumen I: V , Louis Ginzberg
  13. Targum Onkelos en Génesis 24
  14. Hagadá de Nuremberg, folio 31
  15. Rashi sobre Génesis 24:64 , citado en Chabad.org
  16. Akeidat Yeshua: Génesis 22 en Midrash, Beth Emmanuel

Te invito a ver esta aula virtual en la que se explica y reflexiona esta bitácora:

Bondad versus Independencia

por Rav Yehonatan Gefen

Uno de los episodios más famosos de esta parashá es la destrucción de Sodoma. La ciudad de Sodoma no tiene parangón en su reputación de ser absolutamente malvada. Si bien esto es completamente cierto, parece simplista decir solamente que las personas de Sodoma eran sádicas y que sentían placer al dañar a otros. En lugar de eso, parece más lógico decir que su comportamiento emanaba de una ideología que los motivaba a actuar de esa manera. Para fomentar sus creencias, instituyeron un cuerpo de leyes que forzaba a la gente a adherirse a su cruel forma de vivir. ¿Cuál era la naturaleza de esta ideología?

Rav Itzjak Bérkovits explica que las personas de Sodoma creían que hacer jésed (bondad o benevolencia) con otra persona constituía un acto de crueldad. Al proveerle a alguien lo que necesita sin que se lo gane (meritocracia), se le estaría alentando a depender de los demás para obtener su sustento. Como esta persona siempre dependería de los demás, nunca podría ser un miembro independiente y productivo de la sociedad. Consecuentemente, instituyeron un grupo de leyes y castigos que evitaban que la jésed (bondad) destruyera la sociedad. Es más, sus castigos no eran formas arbitrarias de dañar a quienes osaran a ayudar a alguien, sino que representaban un entendimiento distorsionado de castigos medida por medida por el daño que percibían que el dador había infligido en la víctima con su jésed.

Por ejemplo, el Talmud en Sanedrín relata que cuando una niña trató de darle alimento a un pobre, la castigaron cubriéndola de miel para que las abejas comieran la miel y la picaran hasta que muriera (1). Aparentemente el mensaje que buscaban transmitir era que al hacer jésed (benevolencia) no estaba ayudando a la persona pobre, sino que la estaba destruyendo al hacerla débil y dependiente de los demás. Medida por medida, la castigaron cubriéndola con miel y obligándola a hacer jésed con las abejas, cuyo resultado fue la destrucción de la niña. Como ella había destruido con bondad, su castigo fue ser destruida por bondad (2).

El talmud continúa con otro castigo que recibió una persona por hacer jésed. Todo el que invitara a un extraño a una boda sería castigado siendo desnudado. ¿Cuál es la conexión entre el crimen y el castigo en este caso? Las personas de Sodoma creían que hacer jésed con alguien era desnudarlo de su dignidad, por haberlo convertido en un tomador. Medida por medida, le quitaban su dignidad quitándole sus ropas.

Pareciera que Dios castigó a Sodoma medida por medida por su cruel actitud hacia el jésed. Rashi nos dice que al principio comenzó a una lluvia suave caer sobre Sodoma, y que posteriormente se convirtió en fuego y sulfuro (3). La explicación simple de esto es que Dios les estaba dando una última oportunidad para arrepentirse. Sin embargo, en un nivel más profundo, estaban siendo castigados por medio de un acto de bondad que terminó siendo un acto de destrucción. Eso sintonizaba perfectamente con su lógica para castigar a otros: que el jésed es destructivo. Medida por medida, fueron castigados por algo que comenzó como jésed y terminó como destrucción.

La nación de Sodoma era tan malvada que pareciera difícil poder derivar alguna enseñanza que aplique a nuestras vidas diarias; es obvio que sus leyes eran extremadamente crueles y que su actitud era errónea. Sin embargo, en las décadas recientes, un aspecto de su filosofía encontró apoyo en el mundo: la idea de que ayudar a otro es dañarlo porque evita que se torne independiente. Esta actitud surgió como respuesta a la idea de los beneficios sociales, por medio de los cuales las personas sin empleo reciben un importante apoyo económico. Como resultado, muchas de esas personas pierden la motivación para buscar trabajo, eligiendo depender de los demás.

¿Cómo ve la Torah este aspecto de la perspectiva de Sodoma?

Aparentemente hay varios aspectos de la ley y perspectiva de la Torah que también enfatizan los beneficios de la independencia. El ejemplo más conocido de esto se encuentra en Proverbios: “Quien odie los regalos vivirá” (4), lo cual significa que la forma ideal de vivir es no apoyarse en regalos ni caridad. En esta misma línea, el Talmud dice que quien no tenga suficiente dinero para comprar algo extra para mejorar su shabat, debería tratar a su shabat como si fuera un día de semana y evitar pedirles dinero a los demás. Dada la gran importancia que tiene kavod shabat (honrar el Shabat) para la ley judía, es sorprendente que no apoyarse en los demás sea más importante que aceptar caridad para honrar Shabat (5). Basado en estos conceptos y leyes, ¿qué opina la Torah de la idea de que el jésed debilita a las personas?

La respuesta es que esas fuentes de Torah se enfocan en la manera en que cada individuo debería enfrentar su situación personal. Toda persona debería hacer su mejor esfuerzo para ser autosuficiente y que su sustento no dependa de los demás (6). Sin embargo, esta actitud se limita a la manera en que uno se ve a sí mismo; la forma en que debería ver a los demás es muy diferente: respecto a las necesidades de otras personas, deberíamos evitar toda clase de juicio sobre la razón por la que son necesitados y enfocarnos en cómo podemos ayudarlos.

A pesar de este énfasis en ayudar a quienes no pueden ayudarse a sí mismos, es muy importante notar que dado que la independencia es un importante valor para Israel, la manera óptima de ayudar a una persona es darle los medios para ser independiente, para que en el largo plazo no dependa de los demás. De hecho, el Rambam escribe que brindarle a alguien la posibilidad de encontrar trabajo para que sea independiente es la forma más elevada de caridad (7).

Sin embargo, hay muchas situaciones desafortunadas en las que las personas son incapaces de sustentarse, y en dichas instancias nos es comandado hacer lo mejor que podamos para ayudar.

El error que de la gente de Sodoma fue asumir que todos podrían tener éxito si tan sólo se esforzaran. No es cierto; muchas personas están dispuestas a intentar ser independientes, pero circunstancias externas se lo imposibilitan. Las personas de Sodoma nos enseñan la actitud equivocada hacia el jésed.


Tomado de: Aish Latino


Notas:

1. Sanedrín 109b.

2. Ver Lev Shalom (basado en shiurim de Rav Shalom Shwadron zt”l), Parashat Vaierá, quien ofrece otra explicación para el significado de su castigo.

3. Rashi, Vaierá 19:24.

4. Mishlé 15:27.

5. Pesajim 112b, 113a. Esta ley es mencionada en el Shulján Aruj, Óraj Jaim 242:1.

6. La pregunta sobre estudiar Torah jornada completa y por hacerlo necesitar una ayuda económica externa es un tema que no está relacionado con este artículo (ver Biur Halajá en simán 231, dh: bejol derajeja daheu, para una descripción básica del enfoque de la Torah a esta pregunta).

7. Rambam, Hiljot Matenat Aniim 10:7. 


Acerca del Autor:

Rav Yehonatan Gefen es un alumno del Rabino Itzjak Berkovits y miembro del Jerusalem Kollel.
Rav Gefen ha pasado más de 12 años de intenso estudio de la Torah y del Talmud en Aish HaTorah y el Jerusalem Kollel, y tiene un título en historia y política de la Universidad de Birmingham, Reino Unido. Rav Gefen ha escrito numerosos artículos para Hamodia y otras publicaciones.
Sus artículos inspiran a la gente de todo el espectro de la observancia judía a vivir con la vitalidad y la belleza de la Torah.


Bitácora Relacionada:

¿Quién fue la Esposa de Lot?  

Por P.A. David Nesher

“Acordaos de la mujer de Lot”

(Lucas 17:32)

“Él dio vuelta [destruyó] aquellas ciudades y toda la planicie, con todos los habitantes de las ciudades y toda la vegetación de la tierra. Pero su mujer miró por detrás de él y se convirtió en un pilar de sal.”

(Bereshit/Génesis 19:25-26)

El ángel enviado por el Eterno para aplicar Su rigor (guevurah) en la Pentápolis encabezada por Sedom (Sodoma), liberó a Lot y su familia poco antes del amanecer. Enseguida llegaría la destrucción, justo en el momento de la mañana en el que tanto el sol como la luna son visibles de forma simultánea. Dicho de otra forma, la aniquilación sucede mientras la luna y el sol gobiernan en lo alto. Rashí dice que esto era significativo ya que la costumbre religiosa de Sodoma era la adoración al sol y a la luna, por lo que ninguno de los dos cultos podría afirmar posteriormente: “¡Si mi dios hubiera estado ahí, nos habría salvado!

El Midrash advierte además que la palabra “rabbá” ha sido empleada ya anteriormente a propósito del diluvio, de lo que se entiende que los habitantes de Sedom (Sodoma) y Amorá (Gomorra) eran reincidentes, que cometieron las mismas iniquidades que la generación del diluvio; ésta fue castigada por un diluvio de agua; y aquellas cinco ciudades por un diluvio de fuego. El Eterno destruyó Sedom con rayos solares y azufre hirviente. Todo lo que contenían las ciudades ardió; personas, cosas, así como lo que crecía del suelo.

“¡No mires detrás de ti!”, fueron las palabras de aquel mensajero celestial como advertencia para Lot y su casa (19:17). Lamentablemente su esposa desobedeció la orden.  Es muy evidente la enseñanza de que de aquí se desprende: un pasado malsano debe quedar atrás, para salvación y bendición nuestra, de lo contrario las consecuencias nos alcanzarán. Evidentemente en el peregrinar de la vida, la familia necesita la unanimidad del matrimonio que la ha fundado. Por eso, en cierta oportunidad, el apóstol Pablo exhortó a los creyentes de Corinto acerca del peligro de enyugarse en alianzas con incrédulos:

“No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas?”

(2 Corintios 6: 14)

Pues bien, este consejo es simplemente la síntesis de la verdad surgida de las mismas historias relatadas en la inspiración escritural. Uno de los ejemplos en el que el apóstol está pensando al hablar de yugo desigual es el del justo Lot.

Lot en Yugo Desigual

El texto hebreo nos muestra que los hombres dijeron que Lot había venido sólo a Sedom soltero, puesto que tenía muchos siervos y siervas. Esto lo prueba lo que se tradujo en el capítulo 19 versículo 9 como “… este vino como extranjero” (–hebreo haejad ba lagur – האחד בא לגור –), en realidad debería decir literalmente: “… este vino a vivir siendo uno”.

Considerado así, esto nos enseña que Lot había tomado una mujer de Sedom (Sodoma), que respondía al nombre de Adit (o Idit), según distintos manuscritos históricos. Ella era descendiente de Kenáan (Canaán) quien había tratado tan perversamente a Noaj su padre cuando este se había emborrachado, y por lo tanto fue maldecido. La depravación de las mentes de los descendientes de Kenáan causó su entrega a toda clase de inmoralidades, especialmente la sexual.

Adit, no convencida del propósito de esta huida, quería ver lo que había sido de sus otras dos hijas que habían quedado en Sodoma junto a sus esposos, entonces se detuvo en el camino para ver si ellas venían, pero al igual que el suelo y los habitantes de Sodoma, fue víctima del fenómeno de petrificación sulfuro salino que se produjo en toda la región, [Midrash, pág 154]. El historiador judío Flavio Josefo narra que, antes de salir, ella quiso echar una última mirada:

“…La mujer de Lot, llena de curiosidad se volteó mirando atrás, a pesar que Dios lo había prohibido. Al momento fue convertida en un pilar de sal. Yo la he visto, todavía está ahí…”

[Antigüedades de los judíos, Tomo I, Pág 33].

Idit estaba muy allegada a su cultura sodomita, por ello su castigo fue ser convertida en una columna de sal en Sodoma, donde estaba su corazón. Mientras el Ángel exterminador no ve el rostro del hombre, no tiene ningún poder sobre él. La mujer de Lot cometió ese error y se convirtió en estatua de sal. Así explicaesto el Zohar:

“…De detrás de Lot, dado que el Ángel destructor lo seguía. Pero su mujer miró hacia atrás de él, volviendo así su rostro al Ángel destructor, y se convirtió en una columna de sal, pues mientras el ángel destructor no ve el rostro de un ser humano no lo daña…”.

Rashí sugiere en su comentario que ella fue con los vecinos a pedir un poco de sal, pero que en realidad fue a chismear e inconformarse por las acciones hospitalarias de Lot:

“…Ella había pecado por medio de la sal, y por eso mismo fue también castigada por medio de la sal. Lot le había dicho: “Da un poco de sal a estos huéspedes (los ángeles)”. Pero ella respondió: “También esta mala costumbre de dar de comer a forasteros deseas imponer en este sitio”?…”

[Torah Rashí].

Lo triste de esto es que la esposa de Lot no estaba dispuesta a ser influenciada por su marido. Al leer los Evangelios notamos que Yeshúa la usa como ejemplo cuando dijo:

“En aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas dentro de la casa, que no baje a buscarlas. Así mismo el que esté en el campo, que no regrese por lo que haya dejado atrás. ¡Acuérdense de la esposa de Lot!”

(Lucas 17:31-32)

¿Por qué la mujer de Lot miraría hacia atrás?

Hay dos razones.

En primer lugar amaba la vida cómoda de Sedom, y no quería abandonarla (Luc. 17:31, 32). Su cuerpo salió de la ciudad, pero ella sin duda dejó su corazón allí. Todos tenemos cosas y personas en esta tierra que no queremos dejar atrás. Pero cuando el Señor regrese, sabemos que las dejaremos atrás. La Palabra de Dios enseña que:

“El que procure conservar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará. Les digo que en aquella noche estarán dos personas en una misma cama: una será llevada y la otra será dejada. Dos mujeres estarán moliendo juntas: una será llevada y la otra será dejada.”

(Lucas 17:33-35).

En segundo lugar, ella miró hacia atrás simplemente porque ella no creía que el Eterno había dicho que salieran de la ciudad y no miran hacia atrás. Lot creyó al Señor y no miró hacia atrás, lo mismo que sus hijas solteras, pero la señora de Lot no creyó. Ella no era creyente y no se sintió segura en la Palabra que Yahvéh había dado por medio de sus mensajeros. Ella estaba atrapada y superada por la caída de los materiales fundidos y se convirtió en un pilar de sal (19:26). Esta es una imagen de los que dan la espalda a Dios (Hebreos 10:38-39).

En honor a la verdad, esta es la situación de la mayoría de los creyentes evangélicos que creen en el amor de Dios, en Su compasión, misericordia y consideración, pero que no creen en Su Justicia.

Piensan que el Eterno atenuará el rigor de Su Palabra con respecto a su desobediencia. La mujer de Lot también pensaba así.

Los rebeldes se olvidan de que la desobediencia es una clara demostración de falta de fe en la Palabra.

A causa de eso, son verdaderas estatuas de sal dentro y fuera de las iglesias.

Según los distintos intérpretes, la mujer de Lot permanecerá en ese estado hasta la resurrección de los muertos. Los sabios judíos conocen la zona donde ella quedó petrificada [Midrash, pág 154]. El Zohar indica que las dos malvadas ciudades no tendrán parte al mundo futuro, aunque sí resucitarán para el Juicio Final. Rabí Abba añade: “…Todas las criaturas asistirán a este Juicio, pues el Eterno es clemente. Cuando los pecadores han sufrido su castigo, (la Justicia Divina) deja de perseguirlos con excesivo rigor…”.

A la distancia, Abraham alzaba su vista hacia las regiones de Sedom y Amora (Sodoma y Gomorra), advirtiendo un humo muy denso que se elevaba hacia las nubes. Estas ciudades estaban situadas dentro de la Tierra Prometida. Precisamente por eso, la corrupción y la perversión de sus habitantes acarrearon su destrucción. Al contemplar la región desolada del Mar Muerto y sus aguas de elevada densidad en sal, el observador advertirá la naturaleza volcánica del lugar donde estaban emplazadas aquellas ciudades tan prósperas en su época.

Ahora bien, al meditar el relato, notamos que Abraham era muy cuidadoso en la administración del linaje.  Él procuraba que su descendencia no entremezclara su simiente con los descendientes de Kenáan por la baja moral que estos tenían (ver 24:3). Sin embargo, Lot no tenía esa fuerza interior para decir no a los valores del mundo que le rodeaba. Esto le hizo ceder poco a poco ante las presiones de su esposa y los demás conciudadanos de Sedom (Sodoma). Era cierto que su alma justa sufría por causa del pecado de los hijos de Kenáan (Canaán): “… si rescató al justo Lot, abrumado por la conducta sensual de hombres libertinos (porque ese justo, por lo que veía y oía mientras vivía entre ellos, diariamente sentía su alma justa atormentada por sus hechos inicuos)” (2 Pedro 2:7-8). Pero él no tenía fuerza espiritual para dirigir a sus hijos por el camino de la moral alta, como lo tenía Abraham nuestro padre (18:19). Esa era una de las razones por las que Abrahán tenía que apartarse de Lot.

El Eterno tenía misericordia de Lot a causa de la intervención intercesora de su amigo Abraham avinu. Por ello, lo salvó de la destrucción, pero lamentablemente Lot perdió la mayoría de su familia.  El relato cuenta que su esposa se convirtió en una estatua de sal por haberse vuelto atrás, posiblemente por su instinto materno, pensando en aquellos hijos que se habían quedado y por su amor al sistema cultural en el que había vivido desde su nacimientos.

Lot perdió también todos sus bienes y todo lo que le quedaba fueron dos hijas solteras, hijas de Sedom, cuya moral no era mejor que el resto de los descendientes de Kenáan.

Avraham rehusó dirigirse por los valores del mundo que le rodeaba, y por eso fue escogido y bendecido. Su fuerza moral sigue bendiciendo al mundo entero hoy. Pero Lot cedió ante la moral baja y perdió prácticamente todo. Sin embargo el Eterno tuvo misericordia de él y le salvó con sus hijas, porque tenía un plan maravilloso para el futuro de ellas dentro de su proyecto mesiánico.

Al meditar este relato, debemos aceptar que la vida de Lot transcurría tan en despropósito, tanto como la vida de Abraham estaba llena de promesas para el devenir perfecto del propósito eterno de Dios. El capítulo anterior (18) terminó con Abraham intercediendo como profeta por los justos de Sodoma y sus ciudades aliadas, mientras que este capítulo termina con el incesto de un borracho en una cueva, y la manifestación de la simiente de la serpiente en los dos hijos que nacieron de este pecado.

pilar de sal que los judíos señalan como la esposa de Lot

Lamentablemente, debemos aceptar que este contraste lo vemos hoy en la asamblea gozosa de hijos primogénitos. Nos damos cuenta que contamos con dos tipos de creyentes hoy. Por un lado están aquellos que viven una vida fructífera, y por otra parte, encontramos a los que viven una vida de completa sequedad, sin fruto alguno. Creyentes infructuosos son los que realmente han hecho un lío de sus vidas; que han seguido enteramente fuera de la voluntad de Yahvéh, y han visto renacer las iniquidades ancestrales en sus descendientes. Yo no me atrevo a asegurar, ni por un momento que han perdido su salvación, pero sí que no conocen lo que significa disfrutar del gozo que da la misma. Como dijo el apóstol Pablo, son salvos, pero, tal como Lot lo descubriría, serán salvos, pero como quien pasa por el fuego (1 Corintios 3:15).

Por todo esto, los invito a rechazar la conducta de Lot y seguir el ejemplo de Abrahán avinu (nuestro padre). Rehusemos como él, manchar nuestras almas con el pecado del sistema reptiliano que nos rodea. Mandemos y exhortemos todo el tiempo a nuestros hijos y nietos a guardar el camino del Eterno, haciendo justicia y juicio para que ellos puedan seguir dentro de la línea de bendición otorgada en el Mesías desde el cielo. Por esto último, este consejo divino no es solamente para los que son descendientes físicos de Abrahán, sino también para todos aquellos que siguen su fe, porque todos los que son del Mesías son simiente de Abrahán y herederos según la promesa (Romanos 4:9-13; Gálatas 3:29).

Por esto te aconsejo que escuches el mensaje celestial; “¡No mires detrás de ti!” Recuerda que mirar atrás nos estanca. Mirar atrás nos produce pérdidas. Mirar atrás produce dolor en las relaciones familiares. Mirar atrás expresa el anhelo de no abandonar el pasado que desagrada a Yahvéh. Es fundamental avanzar sin temor y sin mirar atrás, pues al otro lado hay un mejor nivel de vida esperándote esperándote.

Anhelo que seas fuerte y bendecido (Jazak uvaruj) con estas palabras.

Como siempre en amor y amistad de servicio: P.A. David Nesher

¿Se Debe Interceder por las Ciudades de Maldad?

Por P.A. David Nesher

“Vayomer YHVH za’akat Sdom va’Amorah ki-rabah vechatatam ki chavedah me’od…

Ulay yesh chamishim tsadikim betoch ha’ir ha’af tispeh velo-tisa lamakom lema’an chamishim hatsadikim asher bekirbah. Chalilah lecha me’asot kadavar hazeh lehamit tsadik im-rasha vehayah hatsadik karasha chalilah lach hashofet kol-ha’arets lo ya’aseh mishpat.”

Dijo Yahvéh [a Abraham]:
“Puesto que el clamor contra Sedom y Amorá [Gomorra] es grande y su pecado es tan grave…
Quizás haya 50 justos dentro de la ciudad, ¿igualmente la destruirías y no perdonarías al lugar en virtud de los 50 justos que pudiera haber allí? Sería sacrilegio para Ti hacer una cosa como ésta, que hagas morir al justo con el malvado y que el justo sea tratado como el malvado! ¡Sería sacrilegio para Ti! ¿¡Acaso el Juez de toda la tierra no ha de hacer justicia!?”

(Génesis/Bereshit 18: 20, 24-25)

En esta perícopa podemos apreciar que el Supremo había ordenado la aniquilación de los habitantes de Sedom y Amorah (Sodoma y Gomorra). El juicio divino sucedería en pocas horas.

Así mismo en estos versículos aparece la revelación de un asunto yahvista importantísimo: el Eterno no quiere que Avraham conozca por terceras personas la terrible catástrofe que acontecerá a esta alianza de cinco ciudades del Valle de Sidim (Sedom, Amorah, Adma, Zoar y Zeboim), Por el contario, Él mismo desea darle la noticia de ella, ya que lo ha llamado a entrar en una relación de íntima confianza (hebreo yéda`tiv: “le he hecho un íntimo“) a fin de que le sea también revelada la acción exterior de Dios en la historia, habitualmente oculta a los seres humanos.

¡Avraham debe comprender lo que acontecerá en Sedom y toda la Pentápolis maldita! El motivo de esta sorprendente intención de Yahvéh nos viene dado de modo particular en el versículo 19: Avraham ha sido investido por el Cielo de una función magisterial respecto a sus descendientes, y en ese sentido el suceso de Sedom conserva un valor ejemplar para todas las épocas (2Ped. 2:6)

Necesitamos recordar que el Eterno, debido al Pacto de las Mitades que estableció con Abraham avinu (nuestro padre), consideraba al patriarca su amigo (Santiago 2:23). Por esta causa Él no le ocultaría nada. Por eso, Yahvéh primero reforzó su promesa en Abraham de convertirlo en padre de una gran nación si él guardaba el camino revelado en Su Instrucción (Torah), y se la transmitía a sus generaciones (Gn. 18: 17-19). Abraham amaba a Yahvéh y la norma es que el que ama devela sus cosas ocultas a la persona a quien ama, a fin de garantizar la estabilidad del mundo que los dos comparten. Con este fundamento firme el Eterno develará sus propósitos de juicio a Abraham en esta oportunidad.

Avraham tenía que saber la razón de la terrible destrucción que las ciudades estaban a punto de experimentar. Tendría que explicárselo a sus hijos, y ellos a todos sus descendientes. La desolada región de Sodoma, en los siglos venideros, sería una advertencia permanente para Israel que, aunque Yahvéh es clemente, misericordioso y paciente, Él también es un Dios de justicia y rigor, por lo que no perdonará cuando llegue el momento de Su juicio.

Así pues, Yahvéh compartió con Abraham Su Intención de ir a supervisar a Sodoma, Gomorra y las ciudades aliadas. El Eterno revela además su propósito de juicio contra dichas ciudades por la extrema pecaminosidad de sus habitantes.

Cuando Avraham se coloca delante de Yahvéh condicionándolo con la expresión “cincuenta justos”, estaba refiriéndose a la posibilidad que existieran diez justos en cada ciudad, ya que eran cinco las metrópolis condenadas. Pero ante la promesa divina de no destruir a aquellos lugares caso de hallarse cincuenta justos en ellos, Abraham implorando Su gracia, le pide primero que salve a cuatro de las cinco ciudades, si encuentra cuarenta justos en ellas. Luego que salve a tres ciudades, si el número de justos asciende a treinta. Después a dos ciudades, si el número de justos asciende a veinte. Y por último, pide que salve a una sola ciudad por lo menos si el número de gente justa asciende a diez. El Eterno le asegura a Abraham que la existencia de diez justos tiene tanto valor como la de cincuenta (pasuk 32). Por lo tanto, todas las ciudades quedarían en ruinas.

Avraham se acordó que Noaj había guardado silencio, que no le había pedido nada al Eterno cuando se le anunció “el fin de toda carne”. Por ello decidió interceder inmediatamente cuando Yahvéh le comunicó su intención de aniquilar a las ciudades perversas. Avraham era un gran tzadik, y solamente un tzadik (justo) ora intercediendo por las personas malvadas. Es la diferencia entre Noaj y Abraham; Noaj no elevó tefilah alguna por los habitantes del mundo antiguo, solamente se remitió a proclamar el oráculo de la destrucción, y construir el tevah (arca). En cambio, en esta ocasión Avraham apela a la misericordia divina en favor de esas perversas ciudades. Él tenía compasión por Sodoma y le rogó al Eterno que los perdonara por el mérito de diez personas justas que pudiesen hallarse ahí, (18:32). La presencia de aquellos Sodomitas pervertidos y depravados, que disfrutaban; sin embargo, de una vida opulenta en medio de una naturaleza exuberante y paradisíaca (Ezequiel 16:49), constituía un desafío permanente para el patriarca que predicaba la obediencia al Abba Kadosh, la bondad, la moralidad y la virtud desinteresada.

“DIEZ JUSTOS”
Vayomer al-na yichar l’Adonay va’adabrah ach-hapa’am ulay yimats’un sham asarah vayomer lo ashchit ba’avur ha’asarah.

“Y dijo: Que no se enoje mi Amo, hablaré sólo una vez más. ¿Quizá haya allí [solo] 10?”
Y respondió:
“No la destruiré, en consideración de los 10”.

(Génesis/Bereshit 18:32)

Quizás haya ahí diez”, sugirió Avraham. Puede escucharse extraño que nuestro patriarca rogase por la salvación de aquellas ciudades de corrupción y de maldad, las peores del mundo (leer verso 24). Pero Avraham entendía que, por muy malvada que sea una persona, esta posee una chispa de Dios, por ser creada a imagen (tzelem) divina, por lo tanto todo ser humano es un hijo de la Creación, aunque no sea aún hecho hijo de Dios por medio de Su redención (Juan 1: 12).

El ejemplo de Abraham nos enseña a orar por la salvación de todo el género humano, no importa a qué raza o religión pertenezca. Avraham conocía el secreto de que en las esferas celestiales el mérito de un número importante de justos tiene más alcance que el de un número de personas comunes. Por eso Yahvéh le asegura que la existencia de diez justos tiene tanto valor como la de un número de cincuenta.

En las Sagradas Escrituras el número diez representa la totalidad. En el primer capítulo de Bereshit (Génesis) aparece la frase “dijo Dios” diez veces, en relación con la creación de todo. Diez justos representarían toda la ciudad de Sedom. Diez expresiones o palabras (Decálogo) representan toda la Torah toda. Diez espías representaban todo el pueblo. El diezmo representa todos los ingresos de un justo, etc. Diez constituye el número mínimo para que, en una congregación se asiente la Shejiná del Eterno. Por todo esto, en la tradición de Israel se necesitan diez varones justos para poder constituir un minyán, una asamblea legal representativa para todo Israel. Tanto para la oración en la sinagoga como para ciertos trámites legales se considera necesario tener un minyán.

Avraham supuso equivocadamente que habían por lo menos diez almas piadosas en Sedom, a saber: Lot con su esposa, sus cuatro hijas y cuatro yernos. Rabí Shimón Bar Yojáy solía decir que el mundo puede ser salvado por el mérito de un solo justo, tal como está escrito: “…El justo es el fundamento del mundo…” (Prov 10: 16, 21, 25). Sin embargo, este maestro aseguraba que debe tratarse de un justo de una perfección y de una santidad excepcional. Si hubiera habido diez justos en las ciudades proscritas, la justicia divina no hubiera perdido la esperanza de que sus habitantes pudiesen enmendarse y conocer un porvenir mejor. Los hubiera preservado de la destrucción en consideración a aquel porvenir.

Por ello, el Todopoderoso le asegura que no había diez personas justas en esa ciudad, pues los yernos no eran meritorios, según se advertirá en Gen 19:14. Una vez que Abraham se convence de que la catástrofe es inminente, los malakim (mensajeros o ángeles) se abrieron paso hacia Sedom. El Midrash registra:

«…En la generación del diluvio hubo ocho justos, Noaj, su mujer, sus tres hijos y sus esposas. Sin embargo, su mérito no fue suficiente para salvar a su generación. Aparentemente un número menor a diez no es suficiente para salvar a otros. Cuando los malakim llegaron a destruir Sedom rescataron a Lot sobrino de Abraham, a su mujer y a sus dos hijas antes de comenzar a ejecutar el juicio de El Eterno…».

Como el Señor estaba hablando con Abraham, los dos ángeles partieron de las colinas de Hebrón, y fueron hacia Sodoma. Sin embargo, Abraham, presintiendo lo que iba a suceder, se quedó en el camino con vista a la llanura del Mar Muerto para abogar por las personas inocentes que no habían participado en la maldad allí abajo.

Bitácoras Relacionadas:

La Hospitalidad Asegura un Sepulcro de Nobleza (Abraham y la Cueva de Macpelah)

Por P.A. David Nesher

Ve’el-habakar rats Avraham vayikach ben-bakar rach vatov vayiten el-hana’ar vayemaher la’asot oto.

“Mientras, Abraham corrió hacia el ganado, tomó un ternero tierno y seleccionado y se lo entregó al joven, que se apresuró en prepararlo.”

(Génesis/Bereshit 18:7)

 

Según el Midrash, Avraham, con la intención de atender con grandes honores a los tres “peregrinos” que estaba hospedando, va en búsqueda de becerros de su ganado, pero un animalito se le escapó. Entonces comenzó a perseguirlo por todo el camino. Al fin, Abraham lo alcanzó en una cueva y es cuando descubre lo que después se conocería como la “Me’rat Hamakhpela“, (la cueva de Macpelá), que habrá de ser lugar de sepultura de todos los patriarcas y matriarcas de Israel.

Cuando Abraham entró a la cueva, halló ahí las tumbas de Adam y Javah. Fue ahí cuando decide que quería ese lugar sagrado como terreno para enterrar a su familia.

Al final, sigue explicando el Midrash, el platillo resultaría toda una delicia; lengua a la mostaza, una lengua entera para cada invitado. Matar a un animal solo para comer su lengua era el acto de amplia generosidad que especialmente se le daba a los nobles.

El texto cuenta que Abraham mandó sacrificar tres becerros. Pues bien, el joven “faenero” era su hijo Ishmael. Abraham le delegó la tarea a él para introducirlo en el sendero de las buenas acciones. Así Ishmael ayudaba a su padre quien cultivaba en él el valor de la hospitalidad.

Macpelá en hebreo significa “la cueva de las tumbas dobles“, porque de acuerdo con la tradición hebrea el lugar aloja las tumbas gemelas donde están enterradas cuatro pares de parejas bíblicas importantes: Adam y Javah; Avraham y Sarah; Itzjak y Rivkah; Yaakov y Líah.

BeerSheva: Pacto ¿Con Quién?

Por P.A. David Nesher

“ Y él respondió: Tomarás estas siete corderas de mi mano para que esto me sirva de testimonio de que yo cavé este pozo. Por lo cual llamó aquel lugar Beer-Shava, porque allí juraron los dos. Así hicieron pacto en Beerseba; y se levantó Abimelec, y Ficol príncipe de su ejército, y volvieron a tierra de los filisteos.
Y plantó un tamarisco en Beer-Sheva, y allí invocó el nombre de Yahvéh, el Dios eterno. Y peregrinó Avraham en la tierra de los filisteos por muchos días.”

Habían pasado unos dos o tres años desde que Abimelec le había dado permiso a Abraham de vivir en cualquier lugar que él deseara de lo que se convertiría en territorio filisteo (20:13). Abraham estaba viviendo a unos cuarenta kilómetros de la ciudad de Gerar. Este pacto ocurre días después del momento en que Ishmael y Hagar fueron echados.

Sucedió en aquel tiempo que Abimelec y Ficol, capitán de su ejército, se dirigieron a Abraham diciendo: Elohim está contigo en todo lo que tú haces.
(21:22 BTX).

Yahvéh estaba bendiciendo materialmente a Abraham, y esto se había hecho evidente. Incluso los gentiles habían llegado a reconocer la presencia del Eterno en la vida de Abraham, y por lo tanto, Abimelec deseó proteger su propio futuro, tanto como el de su descendencia, mediante la formación de una alianza con Abraham. Era hora de que los dos hombres hicieran un pacto.

La Torah menciona ese lugar primero como Beer-Shava y más adelante como Beer-Sheva. La palabra hebrea beer significa “pozo“, la expresión shava viene de shevuáh, que se traduce como juramento, y de shevá que significa siete. La raíz de shava y sheva es la misma. Así que Beer-Sheva debe ser entendido como “Pozo del Juramento“, o el “Pozo de los Siete“, por lo que quedaría mejor el “Pozo del Juramento Séptuple“, y esto es porque cuando juraban, lo hacían repitiendo siete veces el pacto.

En este pacto debemos tener en cuenta que el agua no sólo es vital para el ser humano, sino también para el ganado y las cosechas. Dado que Canaán no tiene ríos que la alimenten, ellos dependían de la lluvia del cielo en invierno y de los pozos en verano.

Los pozos en las Sagradas Escrituras son símbolo de bendición espiritual afectando con sobreabundancia a la vida material. Por esto, los pozos en las Escrituras son figuras de Salvación y Gracia divina. Por ello, la esposa para Isaac será encontrada en el pozo (junto a aguas vivas); también la mujer samaritana (que representa las diez Tribus de Israel y la novia del Mesías) tiene su encuentro con Yeshúa en el pozo de Yaakov.

El Tamarisco y el Dios que conoce el Futuro.

Ahora bien, para sellar esta alianza consideraremos algo muy especial: Nuestro padre Abrahamlo hizo con un tamarisco, y aunque parece indescriptible este detalle, este acto tiene un hecho connotativo para el pacto.

El tamarisco es un árbol de larga vida. Tiene madera dura y sus ramas son espesas y se mantienen verdes todo el año. Es un árbol visualmente muy atractivo y de ramas finas. Se arraiga hasta la profundidad del suelo aprovechando las aguas subterráneas. Puede crecer en zonas áridas y dispersarse en el agua. Se utiliza para fijar suelos de arena y su hábitat original es cerca a los arroyos y el mar.

Por esto, el tamarisco simboliza la fortaleza de hacer pactos para invocar el Nombre del Eterno. Así es como a la vez se hace un símbolo de profundidad, firmeza y permanencia, tal y como el Pacto con Dios es. Esto significa que Abraham no plantó el tamarisco como señal del pacto con Abimelec, sino del pacto con Dios (Génesis 17:7-9). Es decir que con este acto, en verdad Abraham avinu, manifestó ante todos los ámbitos existenciales la intención de quedarse en esa tierra no porque los hombres lo permitían, sino porque el Eterno lo había establecido con promesas fundamentadas en Su voluntad que es buena, agradable y perfecta.

Los rabinos Rav y Shmuel discutieron sobre el significado de la palabra eshel, traducida aquí como tamarisco. El primero dijo que se trataba de un huerto de este tipo de árbol del cual se comenzaría a ofrecer los frutos a los viajeros durante su comida; y el segundo interprete dijo que, en verdad, Abraham construyó un albergue u hostería para poder recibir a los transeúntes y donde había muchos árboles frutales.

Lo cierto es que este lugar se convirtió en un centro de proclamación del nombre del Eterno. Según el Midrash, Avraham invitaba a los que pasaban para que comieran y se confortaran gratis. Después de haber comido les dijo: “Vengan y bendigamos al Rey Altísimo y Santo, Aquél que de los suyo ustedes han comido.” Les explicó que no habían comido de su comida sino de Aquél que habló y el mundo fue creado. Cuenta la historia que, de este modo, Abraham ganó muchas almas para el Reino de Yahvéh.

Lo evidente del relato es que este lugar se convirtió en un centro de adoración de referencia para todas las generaciones. En ese lugar, Abraham volvió a invocar el Nombre de Dios y esta vez, el Nombre de Yahvéh, conquistó un título más: el de “Dios eterno”. Esta expresión en hebreo El Olam. La expresión “El“ significa “Poderoso” y la palabra “olam” tiene varios significados: “larga duración”, “eternidad”, “siempre”, “futuro”, “tiempo indefinido”, “hace mucho”; “mundo”. También significa “universo”. Este nombre no sólo implica eterno en cuanto a “todos los tiempos”, sino también en cuanto a “todos los lugares y naciones”. Por eso, también se traduce como “Dios del universo”, que sería la forma más fiel a su significado.

Esto quiere decir que Abraham estaba inaugurando un centro de proclamación del Reino que revelaba a los hombres que Yahvéh tiene la calidad de ser el Amo del tiempo, por lo que toda circunstancia está bajo su control que persigue que todo evento sea de beneficio a su propósito eterno escondido en cada alma humana: alcanzar semejanza son Su divinidad.

Lo cierto est que con esto, Abraham avinu mostraba que, aunque él hizo un pacto con un rey terrenal, era Yahvéh quien en verdad había hecho un pacto de sangre eterno con él, y a su descendencia daría toda la tierra prometida para siempre. Isaac probablemente nació allí y creció hasta ser un hombre joven. Y justo cuando la vida de Abraham llegaba a la rutina, tomó un giro sorprendente.

Aun en este tiempo de conflicto en su familia y entre sus vecinos Abraham mantuvo un caminar vivo y profundo con el Eterno. Puede que todo conflicto en la vida tiende a alejarnos de Yahvéh, pero debemos permitir que el Eterno los use para acercarnos más a Él.

Abraham era como el árbol tamarisco, plantado en tierras difíciles y desérticas, pero Yahvéh bendijo a Abraham en tierra de nada, donde faltaba el agua. Allí abría pozos y hallaba agua para sí mismo, sus seres queridos y su ganado. Allí sus esperanzas no se apagaron por la contrariedad de la sequedad.

¿Te habla de algo el estudio de hoy? Árboles, pozos de agua, tierra seca. Nuestro caminar a veces no tiene mucho sentido, miramos el horizonte y vemos sequedales, pero allí nuestro Abba espera que “plantemos árboles”, que, en los momentos más inhóspitos de la vida, plantemos vida y esperanza, no sólo para nosotros, sino para los que seguirán después de nosotros. Planta tu tamarisco e invoca a Yahvéh porque Él no te abandonará en tu ” Beersheba“, allí estará para dar crecimiento a tu vida como árbol junto a corrientes de aguas.

Aprendiendo a encontrar la Repuesta a tus Problemas.

“Entonces Dios abrió los ojos de ella, y vio un pozo de agua; y fue y llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho.”

(Génesis 21:19)

 

Abraham se había separado de Hagar y la había enviado con provisión para el viaje junto con su hijo Ishmael, ya adolescente de diecisiete años. Quizá parezca despiadado que Abraham, nuestro padre, hiciera tal cosa, pero era exactamente lo que Yahvéh quería, y exactamente lo que tenía que suceder. Las Sagradas Escrituras revelan que carne y sangre no forman el vínculo más fuerte que Dios quiere que respetemos. Hay circunstancias de la vida en las que no podemos hacer más que poner nuestra familia a un lado por la Gloria del Nombre de Dios, y el cumplimiento de Su propósito eterno en nosotros. De la misma manera, Yahvéh quiere que seamos despiadados con la carne:

“…pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.”

(Gálatas 5:24)

En medio de su travesía en el desierto tuvieron problemas por no encontrar agua. Ishmael estaba a punto de morir porque no se encontraba bien. Hagar, de manera egocéntrica, se alejó de él porque no quería verlo morir. Los dos lloraron, pero el Eterno sólo escuchó la voz del muchacho y envió un mensaje a Hagar por medio de un ángel. El ángel no le dijo dónde había agua, sino que tenía que ayudar a su hijo porque él iba a ser una gran nación. En ese momento el Todopoderoso abrió los ojos de Hagar para que viera un pozo de agua y así pudieron sobrevivir la crisis mortal.

Yahvéh, condujo a Hagar e Ishmael, al punto en que ya no podían seguir en su propia fuerza. Ellos, al igual que Abraham, tendrían que aprender a confiar en Él como la Fuente de su vida.

Cuando Yahvéh oyó al joven sollozar, el Ángel de Elohim llamó a Hagar desde el cielo y le dijo:

“¿Qué te pasa, Agar? No temas, pues Dios ha escuchado los sollozos del niño.”

(21:17)

Esta es la segunda vez que el Mesías pre-encarnado había rescatado a Agar. Antes, cuando ella corrió hacia el desierto a causa de su maltrato a manos de Sara, Agar fue encontrada por el Ángel del Señor cerca de un manantial en el desierto (16:7a). Allí, Él fue llamado el Ángel del Señor, el redentor, porque ella todavía estaba bajo el techo y la protección de Abraham. Aquí, Él es llamado el Ángel de Elohim (Dios), porque Hagar era entonces una extranjera para el pacto de la promesa (Efesios 2:12). Pero Él es Dios de toda la humanidad, y le habló amablemente, diciéndole:

“Levántate y tómalo de la mano, que yo haré de él una gran nación. En ese momento Dios le abrió a Agar los ojos, y ella vio un pozo de agua. En seguida fue a llenar el odre y le dio de beber al niño.”

(21:18-19)

Muchas enseñanzas fluyen para nuestras vidas desde esta narración de la Torah. Primero, Abraham despidió a Hagar y a su hijo Ishmael a pesar de que le pesaba en su alma. Lo hizo porque el Eterno lo había ordenado. No hay duda pues, que se debe obedecer al Eterno a pesar de que sea doloroso. El camino de la obediencia no es el camino más fácil. La mayoría de las veces nos cuesta y en muchas ocasiones hay que suprimir las emociones personales. Si el Eterno lo ha ordenado, es lo mejor, y simplemente hay que obedecer.

En segundo lugar, aprendemos que Hagar no se ocupó de implantar las promesas del Eterno en el corazón de Ishmael. Ella sabía lo que el Eterno había dicho sobre el futuro de su hijo (17:20), pero cuando vino la crisis no le importó la promesa. En lugar de confiar en lo que el Eterno había prometido, actuó y hablaba en dirección contraria pensando que su hijo iba a morir. Por ende, lo abandonó a que falleciera, pensando de una manera individualista y hedonista. Esa fue la razón principal por las que el Eterno no escuchó su llanto, sino sólo el del joven.

Ahora bien, también será muy importante considerar el hecho de que cuando el ángel le habló a Hagar no le dio la solución del problema. Al contario, él trató con algo más importante: revelar la razón por la que ella no había podido conseguir respuesta del Cielo. La manera de educar y tratar a su hijo impedía la intervención del Eterno en su vida. Su incredulidad y rechazo de la promesa divina obstaculizaba la mano del Eterno en la crisis.

Entonces, cuando ella aceptó lo que le dijo el ángel, de atender solidariamente a su hijo y enfocarse en la promesa divina para su futuro, entonces ella misma habilitó las condiciones para recibir respuesta a su circunstancia, más que solución a su problema. Fue en ese momento, cuando el Eterno abrió sus ojos para que viera que justamente en el lugar donde estaban, había un pozo.

¿Dónde se encontraba la respuesta que solucionó el problema?

En este texto aprendemos que:
✍🏼 En el Eterno siempre están las soluciones para cualquier problema.
✍🏼 Si no tratamos bien a los que nos rodean, el Eterno no puede enviar la ayuda.
✍🏼 Si no creemos y obedecemos lo que nos ha dicho, Él no puede ayudarnos.
✍🏼 Cuando nos arrepentimos de nuestra falta de amor al prójimo y hacemos caso a las palabras divinas, estaremos en condiciones para poder encontrar la solución del problema.
✍🏼 La ayuda divina no está muy lejos. Siempre se encuentra muy cerca del lugar donde estamos, sólo necesitamos sentidos extrasensoriales abiertos para poder percibir lo que está a nuestro alcance.

Clama al cielo cuando estás en una crisis. Analiza primeramente que no hayas maltratado a tu prójimo. Actúa y suple las necesidades de los que están a tu cuidado y el Eterno estará contigo.

Confía en lo que el Eterno te haya dicho y obedece lo que te dice ahora.

Abre tus ojos y mira a tu alrededor. La ayuda está a tu alcance.

Que el Eterno nos haga sensibles para poder percibir los impulsos suyos y actuar según ellos y no según nuestros propios corazones.

La Expulsión de Ismael… ¿Justicia o Injusticia?

Por P.A. David Nesher

“Por eso dijo a Abraham:
—Echa a esta sierva y a su hijo, pues el hijo de esta sierva no ha de heredar junto con mi hijo, con Itzjak.”

(Bereshit/Génesia 21:10)

Hemos aprendido, a través de nuestros viajes de investigación por la Torah, que sus leyes no permiten que los padres, ni siquiera las autoridades legales, expulsen a un hijo o hija de la casa por ningún motivo. Según la Torah, nadie puede ser despojado de su condición legal en el hogar al que pertenece. Entonces, un tema muy difícil de entender y de explicar es el que nos propone el pasaje que estamos aquí considerando.

Cabe decir también que esta no era una práctica entre otros pueblos del antiguo Cercano Oriente. Varios antiguos códices y documentos legales, algunos incluso anteriores a la época de Abraham, atestiguan que expulsar a la descendencia de la casa de los padres, es decir, despojar a un niño de su estatus legal en la casa de su padre, era un procedimiento legal legítimo solamente en casos de faltas cometidas contra los padres, es decir, no sujetarse a las normas éticas que estos establecieran en su hogar. Es el caso de lo que la Torah denomina hijo contumaz (Deuteronomio 21:18-21).

Teniendo en cuenta este contexto, el pasaje que estamos considerando nos trae un tema muy difícil de entender y de explicar: el maltrato recibido por Ishmael en la casa de su padre Abraham. Este texto nos presenta una anomalía llena de interrogantes ya que encontramos que Sara exige que Abraham arroje a Hagar e Ishmael del ámbito de su hogar.

Aunque Sara se refiere a Ishmael como “el hijo de esta sierva “, no puede haber duda de que Ishmael era considerado por todos, y aún por ella, un hijo legal de Abraham, como se evidencia en los siguientes versos:

Entonces Abraham tomó a su hijo Ishmael
(17:23);

Su hijo Ishmael tenía trece años cuando fue circuncidado en la carne de su prepucio, y así Abraham y su hijo Ishmael fueron circuncidados en aquel mismo día
(17: 25-26)

Así mismo, si analizamos las propias palabras de Sara: “Echad a aquella esclava y a su hijo, porque el hijo de esa sierva no participará en la herencia con mi hijo Itzjak” (21:10), llegamos a la conclusión de que, en su cosmovisión, Ishmael tenía derechos a la herencia de Abraham en virtud de ser su hijo. Nuestro padre Abraham accedió a la demanda de Sara después de que le ordenó que lo hiciera y vemos que el Eterno le prometió que el futuro de Ishmael estaba salvaguardado:

“Entonces Dios dijo a Abraham:
—No te parezca mal lo referente al muchacho ni lo referente a tu sierva. En todo lo que te diga Sara, hazle caso, porque a través de Isaac será contada tu descendencia. Pero también del hijo de la sierva haré una nación, porque es un descendiente tuyo.”

 (versículos 12-13)

Primeramente, nos enfocaremos en las palabras del Eterno que le solicita a Abraham avinu que haga caso a Sara. En el hebreo no está escrito que Abraham solamente tiene que escuchar a Sara, sino “la voz” de Sara. Aquí es usada la palabra kol que significa voz, expresión que se usa para describir una voz profética. Por esto, la expresión hebrea de lo que Abba nuestro dice, literalmente es: “presta atención a la voz profética de Sara”, dándole así a entender a Abraham que la voz de su esposa era en este consejo palabras de Providencia divina. Es decir, que esta palabra no fue inspirada por el yetser hará (inclinación al mal) de Sara, sino por el Espíritu profético que vino sobre ella para prevenir el futuro de destino mesiánico escondido en Itzjak.

Desde esta consideración de lo dicho por el Eterno, la expulsión de Ishmael plantea la siguiente pregunta: ¿cuáles son las razones por las cuales Sara exigió que Ishmael fuera despojado de su condición de hijo y heredero de Abraham? La respuesta a esta cuestión se encuentra en el siguiente relato:

“Sara vio al hijo de Agar la egipcia, que esta le había dado a luz a Abraham, que se burlaba (metzajek) de su hijo Isaac,…”

(Génesis 21:9)

La palabra metzajek puede ser traducida como “jugando” o “divirtiéndose”. Explica Rashi (intérprete póstumo de la Torah) que en este contexto “diversión” puede ser interpretado como alguien entregado a la idolatría, a la lujuria, y al crimen.

Entre las diversas opiniones para encontrar la explicación de esta expulsión, algunos comentaristas dicen que Sara estaba disgustada con la idea que Ishmael, el hijo de su esclava estaba jugando con Itzjak o incluso acercándose a él. Algunos comprenden que Sara, viendo a los hermanos en juego, veía esta situación como un peligro para el estatus de Itzjak como heredero de Abraham.

La palabra metzajek está relacionada con tzejok y por lo tanto se refiere sólo y exclusivamente a la herencia. De la respuesta de la matriarca Sara a Abraham, que este hijo de una esclava no heredará con su hijo, aprendemos que él [Ishmael] no heredará con su hijo Itzjak”.

Esta idea se puede ver en el comentario de Rashbam: “Él había crecido mucho, y ella no quería tenerlo por más, no sea que quiera tomar posesión de la herencia de su padre con Itzjak”. A medida que Ishmael crecía, se convertiría en un rival más difícil para Itzjak y, en última instancia, podría compartir la herencia con Itzjak. Sara decidió que Ishmael tenía que ser despojado inmediatamente del estatus de hijo y heredero.

Otra opinión sostiene que metzajek significa despreciar, burlarse (en nuestras expresiones “hacer bullying”). En otras palabras, Sara vio que Ishmael se burlaba de Itzjak, incluyendo en sus palabras de desprecio los nombres de Abraham o de Sara. Esto ocurrió el día que Itzjak fue destetado, y ella lo vio burlándose de Itzjak o de la gran fiesta que se estaba realizando en honor a esta nueva etapa en la vida de Itzjak. Por ello es que la Escritura dice, “el hijo que Hagar la egipcia había dado a Abraham” e “Ishmael burlándose”.

Otras autoridades de la exégesis de la Instrucción (Torah) como Rabí Akiva, sostienen que metzajek se refiere a relaciones sexuales ilícitas (lujuria) como en la descripción del momento romántico entre Itzjak y Ribka:

 “Y sucedió que después de haber estado allí largo tiempo, Avimelej, rey de los filisteos, miró por una ventana, y he aquí, vio a Isaac acariciando (tsajak) a Rivká su mujer.”

(Génesis 26:8)

Y también lo vemos en el caso de la esposa de Potifar acusando a José:

“… llamó a los sirvientes de su casa y les dijo: Mirad, nos ha traído un hebreo para que se burle (tsajak) de nosotros; vino a mí para acostarse conmigo, pero yo grité a gran voz… y entonces le contó esa misma historia. Le dijo: El hebreo Esclavo que tú trajiste a nuestra casa vino a mí a flirtear (letzajek bi) conmigo.”

(Génesis 39: 14, 17)

Es decir, que el significado llano demetzajek significa hacer algo prohibido en el ámbito de la conducta sexual. En el hebreo bíblico, el verbo tz-j-k significa tanto reír, bromear, jugar y divertirse, como disfrutar de sí mismo sexualmente. Por extensión, significa ser seductor, atraer a una persona a acciones sexuales que van en contra de la norma aceptada.

Esto estaría indicando que nuestra matriarca Sara vio a Ishmael haciendo algo sexual que aparentemente no era consistente con un comportamiento moral aceptable en la casa de Abraham. La expresión da a entender que observó que Ishmael estaba comportándose de manera vergonzosa, acosando a mujeres casadas del campamento de discípulos y abusando de ellas (aprovechando su condición de heredero de Abraham). En este sentido el uso de la palabra tzejok no se refiere a otra cosa que idolatría, como se dice, “Al día siguiente por la mañana se levantaron y ofrecieron holocaustos y sacrificios de reconciliación. Después el pueblo se sentó a comer y beber, y luego se levantaron a divertirse (Letzajek).” (Shemot7Éxodo 32: 6). Lo que también insinuaría este texto es que Sara observó algunas actitudes malintencionadas de Ishmael al niño Itzjak (¿posible intento de abuso incestuoso?).

Por todo esto, Sara discernió que Ishmael, en lugar de desarrollar amor entre hermanos, estaba despreciando al pequeño, por lo cual comenzó a perseguirlo, tal como el apóstol Pablo lo explica:

“Pero, así como entonces el que nació según la carne persiguió al que nació según el Espíritu, así también sucede ahora.”

(Gálatas 4:29)

Esta persecución podía tener un sesgo de mala intención lujuriosa. Por lo tanto, es muy posible que la burla que hizo Ishmael de Itzjak era una mezcla de violencia, sexo e idolatría, los tres pecados cardinales. Sará lo vio y le sentó muy mal. Esa influencia no era buena para su hijo. Además, Itzjak corría el peligro de morir por un “accidente”.

Esta fue la razón de su exigencia inequívoca de que Abraham expulsara a la esclava y a su hijo. La Torah, de hecho, no dice que Sara le dijo a Abraham que había visto a Ishmael haciendo esto, pero podemos razonablemente asumir que ella le dijo a Abraham acerca de esto, porque ella debió haberle dado justificación para exigirle que tomara tan cruel acción contra Ishmael.

Aquí debemos recordar que el Eterno le dio a Abraham el mandamiento de la circuncisión. Este acto quirúrgico, practicado en el miembro viril de los varones descendientes de Abraham, así como toda su casa, esclavos nacidos en el hogar y los comprados de forasteros, tenía la intención de servir como una marca del pacto entre Yahvéh y los hijos de Abraham y los que se unían a ellos. La circuncisión tenía la intención de distinguir de la manera más clara posible entre la descendencia de Abraham y los miembros de otras culturas. La distinción, simbolizada por la eliminación de la carne del prepucio, significaba observar costumbres sexuales diferentes.

El hijo de Abraham Ishmael fue circuncidado a la edad de trece años (Gén. 17:25). Como hijo de Abraham, su conducta sexual tenía que ser completamente diferente de la de los cananeos, sin embargo, Sara lo vio metzajek. Si esta palabra se toma como un eufemismo por un comportamiento sexual inaceptable, podríamos decir que Sara lo vio cometiendo una ofensa muy seria. Ishmael no había cumplido con las reglas de comportamiento que se esperaban de la descendencia de Abraham. A lo mejor Sara le dijo a Abraham lo que había visto e inmediatamente le exigió desterrar a la esclava y su hijo. En la cosmovisión profética de Sara, Ishmael, por su conducta sexual ilícita, había decidido dejar de ser el hijo de Abraham, y ser únicamente sólo “el hijo de esa esclava”.

Sara dijo que Agar e Ishmael debían ser echados. Este mismo verbo, garásh (echar, expulsar, enviar a otra dimensión), se utilizó para describir el momento en que Adam fue expulsado del Gan Edén (3:24), y cuando Caín fue expulsado de la presencia de Yahvéh(4:14). Por lo tanto, lo que había ocurrido en esta familia era algo muy serio que no permitía la benevolencia y el perdón.

Abraham era un hombre amable y generoso; sin embargo, este asunto angustió mucho a Abraham porque se trataba de (Ismael) su propio hijo (21:11).  Abraham se enfrentó a una doble tragedia. Su hijo primogénito había cometido un terrible pecado, y además su esposa había pedido que le diera a Ishmael el castigo más severo que se conoce entre los pueblos del antiguo Cercano Oriente: despojar a un hijo de su condición filial y de su herencia. Mientras pasaba por esta terrible situación.  Fue entonces cuando Yahvéh se le apareció a Abraham y lo consoló instruyéndolo en lo que debía hacer.

Yahvéh dijo:
“…no te angusties por el muchacho ni por la esclava.
Dijo además:
Hazle caso a Sara, porque tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.

(Génesis 21:12)

En todas las épocas el mensaje de nuestro Abba a su pueblo ha sido:

“No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí.”
(Juan 14:1 – BTX)

Sin lugar a duda, la presencia de Ishmael en la casa habría hecho extremadamente difícil que se cumplan los propósitos de Yahvéh para Isaac. No había ninguna duda al respecto, Ishmael tenía que irse. Ser discípulo implica siempre soportar el rigor de la disciplina, ya que esta es siempre necesaria para la bendición espiritual. Yahvéh estaba tomando los hilos enredados de la vida de Abraham, tejiéndolos en Su propio patrón divino, y guiando todo para bien del propósito eterno: el Mesías entre los hombres.

¡Maravillosa dicha tenemos al confiar en “la profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios” (Romanos 11:33)!

“¡Esposa Mía!… ¡Dí que eres mi Hermana!” (Historia de Abimelec y Abraham)

El vecindario había recibido un fuerte juicio divino, eso causaba disgusto en la mente de Abraham avinu. Ahora, quizá, ya no quería vivir en las montañas viendo la región destruida, y estar recordando a las personas y el juicio hecho sobre ellos. El Midrash cuenta que los rumores del incesto de Lot también le afectaban por ser su pariente y ya no quería estar cerca de allí. A eso se sumaba la necesidad de buscar mejores pastos para el rebaño. Lo cierto es que nuestro padre se vio obligado a salir del distrito de Mamré, y viajar en dirección sudeste hasta la región del desierto de Negev.  Allí se estableció entre Cades y Sur.

Durante un tiempo se quedó en Gerar, la ciudad capital de la tierra dominada por los filisteos, cerca de la frontera con Egipto. Esta era una ciudad próspera, según lo revelado por las excavaciones arqueológicas allí. Evidentemente Abraham estableció aquí algún tipo de negocio nuevo, ya que la ciudad controlaba una ruta lucrativa. Todo tipo de caravanas pasaban por esta ciudad y Abraham, que ya era un rico y poderoso líder que gozaba con gran fama en aquellas regiones.

En aquel tiempo, Abimelec, rey de Gerar, gobernó la tierra de los filisteos, que eran los descendientes de Cam (10:14). La palabra Abimelec (que significa «mi dios es rey») no es un nombre propio, puede haber sido un cognomento o título de reyes filisteos de Gerar, al igual que el término faraón no fue un nombre propio, solo el título (o cognomento) del rey de Egipto.

Cuando Abraham entró en la tierra, sabía poco sobre las personas que vivían allí, pero no pasó mucho tiempo hasta darse cuenta de que eran un montón de impíos. Los viejos temores que había experimentado en Egipto volvieron repentinamente.

Por eso, una vez más, acordaron que Sara pasaría por su hermana, en lugar de su esposa, por una razón diferente a la de antes. Esta vez, la preocupación de Abraham no radicaba en el hecho que Sara parecía una hermosa joven a los noventa años. Podemos suponer que aún a esa edad conservaba una belleza especial. Ella, hasta cierto punto había sido milagrosamente rejuvenecida físicamente, para concebir, dar a luz, y dar de pecho a Isaac, y es posible que esto también se haya manifestado en una renovación de su hermosura. Pero lo que es más importante esta vez es que estaba conectada a uno de los hombres más ricos y con más influencia de aquella región.

Para un reyezuelo como Abimelec, la amistad comercial con un jeque poderoso de la categoría de Abraham no era cosa despreciable, y para fortalecer esta relación económica podía bien servir el matrimonio con su hermana. En la perspectiva de Abimelec esto tenía un valor político incalculable, ya que Abraham era poderoso y rico. El rey ya tenía un harén y, como era costumbre en aquellos tiempos, los reyes tenían derecho a tomar a cualquier mujer que eligiesen para sus harenes, ya fuera por motivo sexual o político. Por esto, mandó llamar a Sara y la tomó por esposa.

Esta es la misma mentira que Abraham usó en Egipto (Génesis 12:10-13). Esto nos muestra que es bastante fácil deslizarse y regresar a hábitos pecaminosos. Abraham tropieza en la misma piedra de antes, aunque ahora encontrara otro motivo para justificar la repetición del error. Una vez más, en vez de confiar que Yahvéh mantendría su familia juntos, el hizo su propio plan para hacerlo. Otra vez, su estrategia fallaría completamente.

Esto nos enseña que la edad no nos hace perfectos automáticamente. A menos, de que estemos sometidos al Espíritu de Yahvéh, se repetirán los mismos patrones de pecado en nuestra vejez que tuvimos en nuestra juventud.

Cientos de veces en las Sagradas Escrituras se nos dice que no permitamos que miedo paralizador nos domine. Pero, ¿cómo podemos evitarlo? Si alguien a quien amamos está en peligro, si horribles posibilidades de inseguridad constantemente se presentan, ¿qué vamos a hacer? El rey David nos da la respuesta: “…el día en que temo, yo confío en ti.” (Salmo 56:3). Él mensaje, en un solo versículo, revela dos poderes humanos en conflicto: emoción y voluntad. David es un adorador que es consciente de la realidad. No niega el sentimiento, pero él no permite que este rija y manipule su vida. No deja que el sentimiento negativo del miedo paralizador drene la energía que Yahvéh da a su obra. Él describe la lucha cotidiana de todo creyente: siente una cosa y hace otra. Pero el rey David conoce y se aplica el antídoto. Sabe que la mejor manera de hacerlo es simplemente ofrecerle al Eterno cada temor cuando viene, y orar por la gracia de seguir haciendo pacíficamente la obra que Él nos ha dado a realizar dentro de su propósito.

Repitiendo este pecado, Abraham puso en peligro el nacimiento de Isaac. Pero Yahvéh no fue sorprendido con la guardia baja, Él nunca es sorprendido. Independientemente del pecado de Abraham, el Eterno no permitiría que Su pacto de sangre con Abraham se rompiera. Debido a que el Pacto de sangre es incondicional, y aunque era Abraham quien pecó, aun así, Yahvéh todavía intervino en su favor.

Vimos como Yahvéh había hecho saber a Faraón quién era Sarai realmente enviando plagas. En este relato, Yahvéh se revela directamente a un rey pagano en un sueño. Esta es la primera de cuatro veces en que un desconocido recibe la revelación de Dios en un sueño (31:24, 40:5 y 41:1). Antes que Abimelec tocara a Sara, “…aquella noche Dios se le apareció a Abimélec en sueños y le dijo: Puedes darte por muerto a causa de la mujer que has tomado, porque ella es casada. Además, YHVH había hecho que todas las mujeres en la casa de Abimélec quedaran estériles” (20:18). Aquí es visto otra vez el aspecto de las maldiciones del Pacto de Abraham (12:3).

Puede ser que esto parezca drástico, pero había mucho en riesgo si todo esto continuaba hacia adelante.

Supongamos que Abimelec hubiera tomado a Sara y el Eterno no hubiera intervenido. Las simientes de dos diferentes personas hubieran estado a la puerta del vientre de Sara, y hasta el día de hoy habría una sombra de duda acerca del linaje de nuestro Señor de nuestro Señor. A pesar de la falla de Abraham de realmente confiar en Yahvéh en esta situación, Dios no lo iba a abandonar. Él no dejaría que Abimelec tocara a Sara. De aquel vientre saldría el hijo de la promesa, de quien eventualmente vendría el Mesías de Yahvéh. El Eterno no dejaría esto en las manos del hombre.

Abimélec se defiende diciendo que, como Abraham me dijo que ella era su hermana, y ella lo había confirmado, él hizo todo de buena fe y sin mala intención (20:5). Él se defiende diciendo que tanto su actitud interna como sus acciones exteriores han sido irreprochables. El rey dijo haber actuado con la conciencia tranquila. En otras palabras, no había ninguna intención de pecar contra Abraham o Yahvéh, y tenía las manos limpias. Él no la había tocado y por lo tanto no había cometido ningún pecado sexual. Entonces el Eterno respondió.

Un día o dos más tarde, Elohim le dijo en un segundo sueño: “Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases”. (20:6). Si el hijo de la promesa naciera, tendría que ocurrir por la gracia de Yahvéh. En última instancia, todo pecado es contra Dios. El rey David tomó a Betsabé y la dejó embarazada, mató a su marido y otros soldados, y deshonró a la nación y al puesto del rey. Pero cuando se arrepintió ante Dios, dijo: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmo 51: 4a). ¿El pecó contra Betsabé, Urías, los soldados y la nación? Por supuesto que sí. Pero él se siente abrumado por el hecho de que su verdadero pecado fue en última instancia contra Dios.

Entonces Dios instruyó a Abimelec: “Pero ahora devuelve esa mujer a su esposo, porque él es profeta y va a interceder por ti para que vivas. Si no lo haces, ten por seguro que morirás junto con todos los tuyos” (20:7). Este es la primera vez que se usa la palabra profeta (navî) en el Tanak. La expresión navî señala a un tipo de varón que tiene relaciones privilegiadas con el Eterno, y que hacen de él una persona inviolable. En este sentido el salmista escribirá así refiriéndose a este momento en la vida de Abraham:

 

“El no permitió que nadie los oprimiera,

y por amor a ellos reprendió a reyes, diciendo:

No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas.”

(Salmo 105:15)

 

En este pasaje del texto vemos que una de las tareas más importantes de un profeta es la intercesión por los necesitados (cf. Job 42:10; Deut. 34: 10; Nm. 11: 2; 21:7).

Abraham fue un profeta, porque recibió la revelación de Yahvéh. A pesar del propio pecado de Abraham, su posición delante de Yahvéh sigue siendo la misma. Avraham tenía que orar por un pueblo y un rey que había secuestrado a su esposa.

En la madrugada del día siguiente, Abimelec se levantó y llamó a todos sus servidores para contarles en detalle lo que había ocurrido, y un gran temor se apoderó de ellos (20:8). Vemos que Abimelec tomó al Eterno muy en serio expresando una actitud de arrepentimiento que lo condujo a confesar la reprensión de Yahvéh ante su clan. El rey da razones de todas las palabras (divinas) a su pueblo. Él sabe, y así lo reconoce públicamente, que como líder sus acciones traerían repercusión para bien o para mal. Él sabe, como buen líder, que todo pecado tiene responsabilidades sociales. Notamos aquí cómo la preocupación de Abraham que no había temor de Dios en Gerar ahora había desaparecido, porque se produjo gran temor cuando el rey les informó de su sueño.

Entonces Abimelec llamó a Abraham para reunirse con él y enfrentarlo con su grave pecado. Abimelec se defiende. Abraham es responsable y Abimelec se lo echa en cara y, algo más, le pide una explicación, un desagravio. Ante la ofensa, el ser humano no debe quedarse siempre callado. Sería cooperar con el agresor.

Abimelec regresa a Sara. No despide a Abraham, como lo había hecho el faraón de Egipto (12: 19-20), sino que lo invita a quedarse. Lo invita a cohabitar con ellos. Para él esto es posible. Además, le dice a Sara: “Fíjate, doy a tu hermano mil siclos de plata” (20: 16). Esto era una suma enorme si consideramos que la dote de matrimonio era de cincuenta siclos (Dt. 22:29). Abraham notaría ciertamente ese “hermano” dicho irónicamente por Abimelec. El rey se preocupa de que la honra de Sara no quede comprometida. La palabra antigua del hebreo para vindicada es “yakaj”, y conlleva la idea de “poner bien” así que, es posible que Sara fue “puesta bien”, es decir, que los ojos de los conocidos de Sara estarían ciegos a lo que pasó y por lo tanto no la criticarían.

La primera consecuencia es el dar cuenta, el comunicar, el decir las cosas que interesan al pueblo, tal cual son. El individualismo, una enfermedad de nuestro siglo, se ha apoderado de nuestra mente y actividad. Hemos privatizado también al pecado. Todo pecado tiene una carga social. No vivimos solos en el mundo. No hay un Dios particular.

Entonces, Abraham finalmente obra como profeta intercediendo por Abimelec (20: 17). Abraham fue el que mintió; sin embargo, tomó su oración para eliminar la maldición. El aspecto de la bendición y la maldición de la sangre del Pacto que el Eterno tuvo con Abraham, seguía en vigor a pesar de su desobediencia. Esa es la naturaleza de un pacto incondicional.

A pesar de que él era culpable, la oración de Abraham fue eficaz, y Yahvéh sanó a Abimélec permitiendo que su esposa y sus siervas volvieran a tener hijos (20:17). Evidentemente una plaga había caído sobre la casa de Abimelec, que consistía en una enfermedad que provocó la esterilidad. “Porque YHVH había cerrado toda matriz de la casa de Abimelec por el asunto de Sara, mujer de Abraham” (20:18 BTX). Una vez más se cumplió la promesa que el Eterno había dado cuando lo llamó: “Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan” (12:3).

Cuando Abimélec, rey de Gerar, mandó llamar a Sara y la tomó por esposa y la recibió en su harén, su acción podría haber dado lugar a que Isaac no hubiera nacido. Evidentemente, Satanás estaba haciendo todo lo que podía para evitar que la Simiente de la mujer se manifestara en la Tierra y fuera a la cruz para pisarle la cabez (3:15). Si Isaac no nacía, Jacob no nacería. Si Jacob no nacía, Judá no tendría existencia. Y si no hubiera nacido Judá, el Mesías no habría nacido. Sin embargo, Yahvéh está en control de todo, por lo que el principio de maldición por maldición visitó a Abimelec y a su casa para llamar su atención, y conocer así al propósito eterno de Dios. El castigo mostró con claridad que Abraham estaba en alianza con Yahvéh, el Dios todopoderoso (El Elyon). Este incidente produjo que Abimelec, respectara y temiera al Dios de Abraham.

El resultado final de esta experiencia desagradable fue que Abraham aceptó que “a los que aman a Dios, todas las cosas ayudan para bien, a los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28 BTX). Nunca más volvería a cuestionar a Yahvéh.

Bitácora Relacionada:

Temor de Dios: El Arma Perfecta que Frena el Pecado

El espíritu de Sodoma peregrinando hasta Roma

Y llamaron a Lot, y le dijeron:
¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos.
Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí, y dijo:
Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.

(Bereshit/Génesis 19:5)

El mismo Yahvéh, en su visita a Abraham avinu, decidió contarle al patriarca, el otro propósito de su venida: el final inminente de las ciudades de la llanura, y esto por dos razones; porque Abraham era el heredero de la promesa, y porque “mandaría a sus hijos y a su casa después de sí, y guardarán el camino de Yahvéh, para hacer justicia, y juicio“. Justamente por estas últimas palabras, se discierne que el final de Sodoma y sus ciudades aliadas (Gomorra, Admá, Soar y Zeboim — cf. Oseas 11: 8). fue comunicado al patriarca para que sirviera de advertencia a los hijos de Israel. Por lo tanto, no se debe considerar como un juicio aislado; sino que la escena de desolación que ocuparía para siempre los lugares de las ciudades de la llanura, también para siempre mostraría a Israel las consecuencias del pecado, y serviría para ellos como una figura del juicio futuro.

Recordemos que Moshé no está escribiendo el Bereshit como un simple historiador sagrado, sino más bien como un profeta. Por lo tanto, su principal propósito al narrarnos los hechos históricos es ponernos ante los ojos los atributos divinos. El vicio de Sodoma, pecado contra la naturaleza, es denunciado como una práctica que era comúnmente aceptada tanto en esta Pentápolis (cinco ciudades) como lo era en otros pueblos orientales. Documentación histórica demuestran que este espíritu de profanación de la sexualidad estaba extendida de varias maneras por Fenicia, Siria, Frigia, Asiria y Babilonia. Astarot (o Astarté) será la divinidad femenina que programará desde sus ritos esta cultura en la mente de los habitantes de estas regiones. Desde estos puntos geográficos se propagó a los griegos, y desde la influencia cultural de estos terminará estableciéndose en Roma. Cabe aquí señalar que en las religiones de estos pueblos, la sodomía, tanto como la fornicación, formaba parte del culto.

Las Sagradas Escrituras nos hablan de los perros, en hebreo “keleb” (Deut. 23:17-18; Apoc. 22:15), refiriéndose despectivamente a los varones que se dedicaban a la prostitución. Esta perversión llegaba en dichos pueblos a tal extremo que se señalaba a sus adeptos como kadeshim (los sagrados), lo cual alude netamente a sodomía consagrada al propósito espiritual porque se consideraban a este estilo de sexualidad como los más sagrado que conseguía experimentar la virilidad humana, y por ello, siempre estaban vinculados a algún santuario idolátrico, y no necesariamente cobraban por su servicio.

Estos testimonios culturales nos muestran que Israel nunca estuvo exento de este vicio, y a condenarlo se dirige el relato del Juicio a Sodoma y Gomorra, y el resto de las ciudades de la Pentápolis.

En muchas ocasiones, los israelitas se contaminaron con tales prácticas (1 Ry 14:24; 15.12; Job 36:14).

Existieron también en ciertas épocas idolátricas del pueblo israelita. Pero, a pesar de tanto alejamiento de Yahvéh en los días de los reyes de la Tanak, hubo unos cuantos de estos soberanos que pusieron manos a la obra y limpiaron al país de semejante degeneración.  Por ejemplo leemos acerca del rey Asa:

“Asa hizo lo recto ante los ojos de Yahvéh, como David su padre.  Porque quitó del país a los sodomitas, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho”

(1 Reyes 15:11, 12)

No sabemos qué hizo él con los sodomitas, pero nos basta la expresión “quitó del país a los sodomitas”.

Así mismo hay otra expresión bíblica sobre la política regia de Josafat en referencia al sodomismo que dice:

Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había quedado en el tiempo de su padre Asa

(1 R. 22:46)

El rey Josías que fue un monarca recto que hizo la voluntad de YHVH y expulsó toda esta casta de sodomitas que tenían lugares de preeminencia en el mismísimo templo dedicado a YHVH, el Dios de Israel:

“Además, derribó las casas de los sodomitas que estaban en la casa de Jehová, en las cuales las mujeres tejían pabellones para Asera.”

(2 Reyes 23:7)

Los Escritos Mesiánicos (mal llamados por el cristianismo Nuevo Testamento) describen este principado sexual dominando con su pecado la mente de todos los súbditos del Imperio que gobernaba desde Roma. El apóstol Pablo enseñará en su epístola a los romanos (Ro. 1: 18-32), que esta praxis es una de las terribles consecuencias de la rebelión de la humanidad que, practicando la idolatría, se pondrá contra el señorío del Eterno y Su Instrucción (Torah):

Por esa razón, Dios ha dejado que esa gente haga todo lo malo que quiera. Por ejemplo, entre ellos hay mujeres que no quieren tener relaciones sexuales con los hombres, sino con otras mujeres.  Y también hay hombres que se comportan de la misma manera, pues no volvieron a tener relaciones sexuales con sus mujeres, sino que se dejaron dominar por sus deseos de tener relaciones con otros hombres. De este modo, hicieron cosas vergonzosas los unos con los otros, y ahora sufren en carne propia el castigo que se buscaron. Como no han querido tener en cuenta a Dios, Dios los ha dejado hacer todo lo malo que su mente inútil los lleva a hacer.”

(Romanos 1:26-28)

Es muy interesante considerar el hecho de que algunos de los practicantes de las religiones paganas que tenían estas prácticas en su vida, al convertirse al Evangelio del Reino que proclamaban los apóstoles habían abandonado dichos vicios profanos:

No se dejen engañar. Ustedes bien saben que los que hacen lo malo no participarán en el reino de Dios. Me refiero a los que tienen relaciones sexuales prohibidas, a los que adoran a los ídolos, a los que son infieles en el matrimonio, a los afeminados, a los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, a los ladrones, a los que siempre quieren más de lo que tienen, a los borrachos, a los que hablan mal de los demás, y a los tramposos. Ninguno de ellos participará del reino de Dios.  Y algunos de ustedes eran así. Pero Dios les perdonó esos pecados, los limpió y los hizo parte de su pueblo. Todo esto fue posible por el poder del Señor Jesucristo y del Espíritu de nuestro Dios.”

(1Corintios 6: 9-11)

Vemos en este pasaje la enumeración de los pecados comunes (vistos como normales) en la cosmovisión greco-romana de los días paulinos, que predominaban en los santuarios y templos de centros comerciales como Corintios y ciudades populosas semejantes. Es muy importante tener en cuenta que la mención de los pecados sexuales (fornicación, adulterio  dos palabras para referirse a la homosexualidad: “los afeminados” y “los que se echan con varones”) están relacionadas con las prácticas idolátricas de los rituales paganos, lo cual naturalmente, intensificaba el peligro contra el cual el apóstol advierte a los discípulos corintios (Romanos 8: 13; Gálatas 5: 19-20; 1Timoteo 1: 9-10; Tito 1: 12).

La palabra griega malakós (μαλακός), traducida por “afeminado”, es un adjetivo que literalmente significa “suave” o “flexible”, pero en este texto, es usado como sustantivo y su significado es polémico. Sucede que este término griego también era usado para referirse a aspectos morales, donde “flexible” significaría “inestable moralmente“, así como disoluto, cobarde, perezoso, débil, inestable, fácil de influenciar al mal… Quizás por esta significación, esta expresión se usaba para señalar no solamente al varón con praxis lasciva, sino también a aquel que tiene adicción general a los pecados de la carne en lo sexual, y se deja manipular por las “modas” o “tendencias” sociales de la misma. La Biblia de Jerusalén (en su versión al inglés) traduce la palabra malakós como catamitas, es decir, aquellos jóvenes impúberes que eran tenidos como “mascotas” sexuales. Particularmente se refería a los efebos o varones jóvenes que tenían la costumbre de ofrecerse a varones mayores como sus “queridas”, vestidos con atavíos de mujer. En la antigua Roma, y a lo largo de su Imperio, se denominaba así a un acompañante joven, generalmente un esclavo, apartado para uso sexual.

Sin embargo, el apóstol comienza el v. 11 con las palabras: “Y esto erais algunos” (gr. “Kai tauta tines”), en donde el neutro “tauta” es despectivo, por lo que debería traducirse: “esta abominación erais algunos de vosotros”. En esta palabra, Pablo encontró el equivalente griego de la expresión hebrea “toevá” que aparece en la Torah en el libro de Vayikrá (Levítico):

“No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación”

(Levítico 18:22)

y:

Si alguno se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación; ciertamente han de morir. Su culpa de sangre sea sobre ellos”

(Levítico 20:13)

Existen varias razones para explicar por qué el término “toevá” es el más adecuado para describir esta depravación moral y espiritual. Primeramente aceptaremos que su significado no es el que habitualmente se usa (como el de “algo muy desagradable”). El significado básico de “toevá” (abominación) es ‘detestar’, ‘odiar’, ‘aborrecer’. Es decir, es lo que es odiado y detestado por el Eterno, y es por lo tanto, degradante y ofensivo al sentido moral. Desde estas significaciones básicas toevá  se referirá a todo aquello con “impureza ritual”.

Pero la explicación que hace más comprensible esta palabra es entender a toevá como un acróstico. Un acróstico es una composición poética o normal en la que las letras iniciales, medias o finales de cada verso u oración, leídas en sentido vertical, forman un vocablo o una locución. Para el caso de la expresión hebrea toevá, el acróstico sería ‘Toe ata ba’  que traducido es: “tú te equivocas  grandemente”. Es decir, que no se trata de una equivocación, sino de “LA” equivocación. Es la peor equivocación. Pueden darse muchas equivocaciones de todo tipo, pero este es un error gravoso en la comprensión misma de la esencia del ser humano. Porque claramente el versículo dice: “Y creó Dios al hombre (adam)… varón y mujer los creó” (Bereshit 1:27). Más adelante, el hagiógrafo recordará mejor esto al escribir: “varón y mujer los creó, y los bendijo y llamó su nombre Adam” (Bereshit 5:2). Sólo varón y mujer juntos se llaman Adam. Sólo varón y mujer juntos manifiestan plenamente la correcta imagen (tzelem) para lograr conformarse a la Semejanza (demut) divina.

Esa es la peor equivocación, y por ello es considerada la peor abominación de todas las relaciones sexuales prohibidas, más aún que la prostitución o las relaciones con animales.

Es un agravio a la naturaleza espiritual del ser humano en sí, es decir, de la plenitud del varón y la mujer juntos, trabajando por la unidad. Es una unión estéril, sin frutos, sin continuación, sin provecho.

Es la anulación de la dignidad humana, es borrar la vocación a la plenitud mesiánica que la humanidad tiene en el propósito eterno de Dios.

Por último, debo agregar que la palabra abominación (toevá), en un sentido amplio y puramente conceptual, esta directamente relacionada con la idolatría. Yahvéh quería prevenir a su Pueblo de las practicas idolátricas que las naciones y tribus circundantes llevaban a cabo mediante los cultos de fertilidad, donde la prostitución cúltica era practicada por varones y mujeres… “Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza;  y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío.  Y como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen;…” (Romanos 1: 26 – 28).

Considerando todo lo hasta aquí expuesto, les solicito que abran su espíritu al discernimiento espiritual y noten como cada vez que en las Sagradas Escrituras se reporta y denuncia la existencia y tolerancia de la sodomía en Israel, seguramente dicha práctica ésta acompañada de la idolatría.  Leyendo entonces los lineamientos bíblicos con mayor profundidad entendemos que el Eterno denuncia los pecados de su pueblo, tales como la estafa, la explotación de los pobres, la injusticia social, la falta de imparcialidad por parte de los jueces, sacerdotes y reyes (líderes) que provienen de la decadencia que trae la idolatría como matriz de todo pecado parecido.  Pero, en todos los casos, la maldad de los hombres termina con la sodomía como la praxis más baja de las tinieblas que han entenebrecidos las mentes rebeldes, a tal punto que dicha perversión termina ingresando en la casa de Dios.

Hoy, notamos que esta situación ha llegado al seno mismo de la denominada Iglesia cristiana. Así llamados “cristianos”, especialmente los jerarcas que los manipulan, en lugar de proclamar el Evangelio del Reino en el Yugo que ofrece el Mesías, pierden el tiempo reuniéndose en cónclaves para discutir el lugar que los sodomitas merecen en su medio.  La única esperanza para detener la abominación de la sodomía es sin duda alguna generar una asamblea vigorosa y sana, desde un regreso a las sendas antiguas, es decir, al Camino que nuestro padre Abraham decidió transitar en la Instrucción (Torah) de Yahvéh. Pero, lamentablemente aquellos que pretenden representar a la “Iglesia de Cristo”, hacen día a día declaraciones desde sus dogmas ayornados a los lineamientos de del establishment reptiliano y su protocolo gay. De este modo tratan de evitar la menor condena de este horrible pecado.

Cuando Abraham trabajó como Abogado de Sodoma

Por P.A. David Nesher

“Y Avraham se acercó, y dijo:
¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?…
No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.”

(Génesis 18: 23, 32)

Transcurrida la primera etapa de esta aparición profética y culminando con la nueva del nacimiento de un hijo de Abraham y Saráh, los varones que Abraham avinu hospedó, giran y cambian de dirección y de función, apuntando hacia Sedom (Sodoma) y Amorá (Gomorra), que serán destruidas.

El Eterno, debido al Bein HaBetarim (traducido como Pacto de las Mitades) que estableció con Abraham avinu, consideró este su amigo así que no le ocultaría nada. Pero primero Él reforzó su promesa en Abraham de hacerle padre de una gran nación si él guardaba el camino revelado en Su Instrucción (Torah), y se la transmitía a sus generaciones (Gn. 18: 17-19). 

Entendemos que Abraham amaba a Yahvéh, y la norma es que el que ama devela sus cosas ocultas a la persona a quien ama. Por ello el Eterno develará sus propósitos de juicio a Abraham en esta oportunidad.

Así pues, Yahvéh compartió con Abraham Su Intención de ir a supervisar a Sedom (Sodoma), Amorá (Gomorra) y las ciudades aliadas. El Eterno revela además su propósito de juicio contra dichas ciudades por la extrema pecaminosidad de sus habitantes. 

Esta decisión del Altísimo de revelarle a su amigo Abraham lo que tenía pensado hacer es fundamental, ya que indica su fidelidad de hacer posible la comunión del ser humano con Su Presencia. 

Abraham aparece aquí en toda su dimensión de profeta, compartiendo el conocimiento previo de la futura acción de Dios en cuanto a Sodoma y Gomorra se refiere. Desde este hecho en adelante, Yahvéh determina no hacer nada sin revelar a Su Pueblo, a través de sus profetas lo que Él ha de realizar en la historia humana (Amós 3: 7).

Desde aquí, y gracias a esta actitud virtuosa de Abraham, la nación de Israel (su descendencia) fue escogida como recipiente de la revelación de Dios y depositaria de las Sagradas Escrituras (Rom. 3: 1-2).

Interesante es destacar que antes de la ejecución del juicio, el Eterno decide comprobar personalmente la realidad del pecado, ofreciendo una último oportunidad a estas ciudades impenitentes.  Pero el mensaje de vida antecede al mensaje de destrucción. Hay una esperanza todavía, pues “Abraham iba con ellos, para despedirlos“, expresión que en sus códigos hebreos da a entender que nuestro padre iba con ellos para empezar a introducirse en su nueva función de “padre de multitud de gentes” que también abarca, por supuesto, a los habitantes de las ciudades arriba mencionadas, aunque sean perversas.

Y entonces dice Yahvéh a Abraham:

” El clamor de Sodoma y Gomorra ciertamente es grande, y su pecado es sumamente grave. Descenderé ahora y veré si han hecho en todo conforme a su clamor, el cual ha llegado hasta mí; y si no, lo sabré.”(Génesis 18: 20-21)

Este versículo es objeto de una profunda controversia entre los exégetas tradicionales del TaNaK (llamado en la teología Antiguo Testamento), ya que el versículo aparentemente reflejaría una limitación de la Omnisciencia Divina, cosa que nuestra fe rechaza por completo.

El sabio médico y filósofo judío Maimónides lo resuelve diciendo:

“El Santo, Bendito Él conoce Su verdad, tal como ella es, y no la conoce por medio de un conocimiento externo a Él, como en nuestro caso.’ ya que nosotros y nuestro conocimiento no somos uno”

(Mishné Toráh — Libro del Conocimiento — Hilijot Iesodé Toráh Cap. II Halajáh 10).

El comentarista Abarbanel sostiene que cuando el verbo ירד — descender — es usado en el TaNaK referido a el Eterno, debe ser entendido en una de estas cuatro acepciones:

  • Revelación de la Divinidad,
  • La Providencia Divina manifestándose en una tierra que no es consagrada a Él.
  • Cuando Yahvéh se relaciona con el ser humano a través de la profecía descendiendo el Verbo Divino hasta niveles de percepción humana.
  • Cuando el Eterno desciende para retribuir al hombre por sus acciones, con Su justicia.

Lo común a estas cuatro acepciones es, en palabras de Maimónides, “…el descenso del Pensamiento Divino hasta el hombre finito y limitado.”

En el caso de Sodoma y Gomorra, Yahvéh desciende para retribuir a sus habitantes de acuerdo a sus acciones y Él no necesita “inquirir e investigar” aun cuando la Toráh habla en términos inteligibles para el ser humano.

Abraham es informado para que su corazón de intercesor pueda empezar a realizar la misión de mediación.

Abraham permaneció ante el Eterno mientras los dos ángeles seguían su camino. Entones nuestro padre comenzó a rogar por amor de cualquiera que fuese justo, y residiese en alguna de estas ciudades. Él le recordó a Yahvéh su carácter justo para juzgar con imparcialidad.

 “Y Abraham se acercó, y dijo:
¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?
(Génesis 18: 23)

Nos encontramos aquí con la primera oración de intercesión clara que nos ofrece las Sagradas Escrituras, pero al mismo tiempo es tal vez la oración de mayor confianza que un intercesor humano dirige a Dios en la historia de la intercesión. 

Abraham estaba pensando en su sobrino Lot quien estaba viviendo en Sodoma. Abraham rogó al Eterno para salvar las ciudades por amor de cincuenta, cuarenta y cinco, cuarenta, treinta, veinte y diez personas justas. Yahvéh estaba agradado con la oración intercesora de Abraham y luego salvaría a Lot de la destrucción (19:29).

La palabra hebrea traducida como “se acercó” en hebreo es vayigash. Esta palabra es usada en tres sentidos:

  • · Guerrear, (cf. 2 Samuel 10:13).
  • · Humillarse, (cf. Génesis 44:18).
  • · Interceder, (cf. 1 Reyes 18:36).

Con todas estas intenciones Avraham se acercó al Eterno. Por ello el intérprete Abarbanel dijo:

“Abraham se acerca para luchar y orar por los habitantes de las ciudades perversas”.

Abraham deberá sobreponerse y vencer su propia resistencia en cada frase de su oración. El inicia sus palabras no menos de seis veces, cautelosamente, preparando el próximo paso. Si su oración va a ser rechazada, él no quiere exponerse a ello prematuramente, y él también sabrá detenerse en el momento correcto. 

En los versículos 23-26 hay un desafío del Eterno, en los versículos 27-29 hay humillación y en los versículos 30-32 predomina la intercesión.

Abraham expresa dos ideas:

A) El justo, que seguramente debe existir en cada pueblo, no tiene que ser destruido junto con el impío. Esto es incompatible con la rectitud del Juez del Universo.
B) La existencia de un número determinado de hombres justos debe ser una razón para merecer la Misericordia Divina. Pero entiéndase bien, Abraham no intercede en favor de los impíos, como generalmente se cree. La justicia exige el castigo del culpable; así como la absolución del inocente.

Abraham empieza a hablar desde el sentido común y la razón. Ambos son dones que Yahvéh nos ha concedido para que los usemos. Él empieza a hablar a Yahvéh del mismo modo que hablaría un abogado ante un juez de la tierra. 

Con palabras llenas de una gran valentía, Abraham plantea a Yahvéh la necesidad de evitar la justicia sumaria: si la ciudad es culpable, es justo condenar el crimen e infligir la pena, pero (afirma nuestro padre en la fe) sería injusto castigar de modo indiscriminado a todos los habitantes. Si en la ciudad hay justos, estos no pueden ser tratados como culpables. Yahvéh, que es un juez justo, no puede actuar así, dice Abraham, justamente, al Eterno Dios.

La opinión de los exégetas es que Abraham en un acto de osadía no entiende la Justicia Divina y la invoca con vehemencia. Pero su sorpresa será grande cuando como respuesta a este pedido de justicia, el Eterno contesta no sólo con justicia sino con misericordia:

Entonces el Eterno dijo:
Si hallo en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a toda la región por consideración a ellos.” (versículo 26)

La expresión tzadikim, traducido aquí por justos, quiere decir que si son temerosos de Dios en público. Como dice el profeta:

Deambulad por las calles de Ierushalaim y ved y conoced y buscad en sus calles; si habréis de encontrar hombre, si hay quien haga justicia, quien busca la fe, (entonces) Yo la perdonaré
(Jeremías 5:1). 

El hombre justo debe serlo especialmente en público. Los justos ocultos no salvan a la humanidad, según lo revelan las Sagradas Escrituras. Su influencia es beneficiosa cuando es ejercida. La ciudad que no permite a sus justos actuar en público y los obliga a una auto-reclusión no tiene derecho a ser salvada.

Deduzcamos, pues, que todo el ímpetu de la intervención de Abraham, si bien acompañado de reverencia y de profunda sumisión, terminará en el silencio de Abraham, y con sus argumentos de pedido de Justicia Divina, perdiendo significado ante la misericordiosa respuesta por parte del Eterno.

Después del silencio absoluto de Abraham y de la falta de recursos convincentes para sí mismo y sólo después de ésto, se interrumpe la revelación profética de Yahvéh para con él.

Qué grande y qué sublime la idea expresada por el pasuk (versículo):

Y el Señor se fue tan pronto como acabó de hablar con Abraham; y Abraham volvió a su lugar.”
(vers. 33)

En palabras de Rashí leemos esta explicación:

“Una vez que se hubo sumido en silencio el defensor, el Juez se retiró.”

El Eterno hizo cambiar a Abraham en su cosmovisión. El patriarca sabia que el Eterno es Justo y que castiga el pecado, pero quizás dudó de su misericordia. Parece ser que Abraham estaba probando al Eterno para saber lo misericordioso que era. Aquella conversación con Yahvéh lo convenció que era a la vez perfectamente Justo y riquísimo en misericordia (Jesed y Guevurá en equilibrio).

Esto muestra que la oración intercesora es el medio por el cual el ser humano escogido por el Eterno puede comprender mejor la voluntad divina que siempre es buena, agradable y perfecta.

Ahora bien, la pregunta que surge es: ¿por qué permitió Yahvéh que Abraham cuestionara su justicia e intercediera por una ciudad malvada?

Bien, Abraham sabía que Yahvéh debía castigar el pecado, pero también conocía por experiencia propia que el Eterno es misericordioso con los pecadores. Yahvéh sabía que ni siquiera había diez hombre justo en la ciudad; sin embargo fue tan misericordioso, que envió a sus mensajeros para que los recibieran con hospitalidad, y además permitió que Abraham, su amigo, intercediera por estas ciudades. El Eterno no se goza en destruir a los malvados, pero sí o sí debe castigar las obras del pecado.

Una pregunta crucial: ¿Por qué Avraham no bajó más el número de su intercesión?

El texto en sí no explica por qué Abraham se detuvo en diez.

Leyendo el Midrash me encontré con la explicación de que, como el Eterno no salvó la generación del diluvio por causa de ocho personas justas, no valdría la pena intentar bajar más.

Lo cierto es que en las Sagradas Escrituras el número diez representa la totalidad. En el primer capítulo del libro de Bereshit (Génesis) aparece la frase dijo Dios repetida diez veces, en relación con la creación de todo. Diez justos representarían toda la ciudad de Sedom. Diez mandamientos representan toda la Torah. Diez espías representaban todo el pueblo en su actitud negativa e incrédula. El diezmo representa todos los ingresos etc.

En la cultura hebrea se necesita diez varones justos que amen la Torah para poder constituir un minyán, es decir, número que indica un núcleo comunitario mínimo para una asamblea legal representativa para todo Israel. Es el quórum necesario, tanto para la oración en la sinagoga, como para ciertos trámites legales.  En esta tierra diez justos se considera el número necesario para contar con el respaldo de Yahvéh. De todas maneras, se trata de un número escaso, una pequeña partícula de bien para salvar un gran mal. Pero ni siquiera diez justos se encontraban en Sodoma y Gomorra, y las ciudades fueron destruidas.

La oración intercesora de Abraham servirá para finalmente demostrar que esta destrucción es necesaria. La oración intercesora de Abraham ha revelado la voluntad salvífica de Yahvéh. El Señor siempre estuvo dispuesto a perdonar, deseaba hacerlo, pero las ciudades estaban neciamente encerradas en un mal total y paralizante. Ellas ni siquiera valoraron la presencia de unos pocos justos residiendo en medio de ellas, de los cuales  se lograría la transformación del mal en bien. Porque es este precisamente el camino de salvación que también Abraham pedía: ser salvados no quiere decir simplemente escapar del castigo, sino ser liberados del mal que hay en nosotros. En el propósito eterno de Dios, no es el castigo el que debe ser eliminado, sino el pecado. Es necesario acabar con ese rechazo al Eterno y Su Torah (Instrucción de amor perfecto), que ya lleva en sí mismo el castigo. Con el tiempo, el profeta Jeremías dirá al pueblo rebelde:

“En tu maldad encontrarás el castigo, tu propia apostasía te escarmentará. Aprende que es amargo y doloroso abandonar al Señor, tu Dios”
(Jeremías2: 19)

Los justos son necesarios dentro de las ciudades. Por ello, es que Abraham repite continuamente: “…quizás allí se encuentren…”. Ese “allí” es dentro de la realidad enferma donde tiene que estar ese germen de justicia que puede sanar y devolver la vida y el bien a un territorio.

Son palabras que hoy también nos hablan a cada uno de nosotros. Nuestro Abba necesita que en nuestras ciudades post-modernas haya un germen de justicia mesiánica; Él anhela que sus hijos primogénitos hagan todo lo necesario para que no sean sólo diez justos.

Abba nuestro desea realmente que nuestras ciudades vivan y se salven de esta amargura interior que late en el corazón de sus masas, y que en las Sagradas Escrituras se denomina ausencia de Dios. De esta tristeza y amargura quiere Yahvéh salvar al ser humano, liberándolo del pecado. Por eso, es necesaria una transformación desde el interior, un inicio desde el cual partir para transformar el mal en bien, el temor paralizante en amor perfecto, la venganza en perdón.


Bitácoras Relacionadas:

Abrahán fue probado y pudo ver el Día del Mesías

“Aconteció después de estas cosas que Dios probó a Abraham, y le dijo: ¡Abraham! Él respondió: Heme aquí

(Génesis 22:1)

Nuestro padre Abraham no tuvo noticias de Elohim (Dios) por muchos años. El Eterno parecía estar en silencio. Pero después de estas cosas Elohim probó a Abraham, y le pidió que hiciera lo impensableEsta expresión es la prueba fidedigna de que el Eterno probó a Abrahán pero no tenía la intención de que el patriarca sacrificara a Isaac. Esta es la primera vez que la palabra prueba se utiliza en las Sagradas Escrituras, y sería la mayor prueba de Abraham.

La palabra hebrea que ha sido traducida aquí como prueba también significa tentación y provocación. Será importante en este momento comentarles que las tres acepciones tienen tres propósitos diferentes:

  • La prueba tiene el propósito de fortalecer y elevar.
  • La tentación tiene el propósito de hacer caer y destruir.
  • La provocación tiene el propósito de resistir y contender.

Aunque la misma palabra es usada para los dos primeros significados (prueba y tentación) hay una gran diferencia entre una cosa y otra. El propósito detrás del acto determina si es una prueba o una tentación. Si el propósito es hacer que la persona caiga en desgracia, es una tentación. Si el propósito es hacer que la persona suba a un nivel más alto, es una prueba. Desde esta clara distinción, notamos que las Escrituras Sagradas dejan bien en claro que:

  • El Eterno no tienta ni provoca a nadie (Santiago 1:3), pero sí pone a prueba a todas las cosas creadas.
  • El ángel maligno, HaSatán (satanás), el enemigo del hombre, puede provocar y tentar a los hombres.
  • El ser humano puede provocar al Eterno.

El Eterno puede utilizar la tentación de HaSatán (El Adversario) como una prueba para el hombre. Se entiende que el propósito que el adversario tiene con su tentación es hacer caer al hombre, pero el propósito de Yahvéh cuando permite que el HaSatán tiente al hombre es fortalecerlo y elevarlo. El Eterno está muy por encima de todo y todos y el HaSatán no puede hacer nada sin el permiso del Eterno. El propósito de la prueba es elevar a la persona. Cuando uno ha pasado la prueba tiene siempre una gran recompensa. La recompensa mayor que el ser humano puede recibir es un carácter aprobado:

“Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada.”

(Santiago 1:2-4)

Si una persona no pasa la prueba que el Eterno le pone tiene dos opciones, hacer la prueba otra y otra vez hasta que la pase, o finalmente ser eliminado. Lo que pasó con la mayoría de los hijos de Israel que salieron de Egipto fue que suspendieron la prueba diez veces, (cf. Números 14:22), y por eso no pudieron subir al nivel superior que el Eterno había preparado para ellos en la tierra prometida. Por esto, es que Moshé, coloca aquí este relato de la última y gran prueba de Abraham avinu. El Eterno llamó a nuestro padre…

“Y dijo:

Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Yitsjak, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en ofrenda de ascensión sobre uno de los montes que yo te diré.”

(22:2)

La palabra hebrea traducida como “ahora” es “na“. Tiene principalmente dos acepciones, “por favor” y “ahora”. Esto quiere decir que se puede traducir: “Toma por favor a tu hijo…” No es una orden fuerte sino una petición suave. Yahvéh quería probar la sincera veracidad de Abraham si realmente estaba buscando los deseos del Cielo o sus propios deseos. Llevaba mucho tiempo sin sacrificar animales y ahora Yahvéh le pide a su hijo, el que más amaba.

Yahvéh lo llamó, y Abraham le respondió: “Heme aquí“. Esto no fue una prueba para producir fe, sino una prueba para revelar su nivel de fe. El Eterno edificó a Abraham lentamente, parte por parte, año por año, hasta ser un hombre de fe. Nuestra fe no es puesta realmente a prueba hasta que Elohim (Dios) nos pide que soportemos lo que parece insoportable, hacer lo que parece irracional, y esperar lo que parece imposible.

En esta ocasión el Eterno puso a prueba a nuestro padre Avraham. Esta prueba no fue tanto para producir fe, sino una prueba para revelar la clase de fe que Abrahán tenía. Es un evento que le demostraría al patriarca y sus descendientes que Yahvéh, durante ese tiempo de silencio, edificó el ser de Abraham lentamente, parte por parte, año por año, hasta ser un hombre de fe (hebreo emunah). Por lo tanto, el propósito de la prueba era elevarlo. Por eso, esta será la última (y la definitiva) prueba para perfeccionar su fe (emuná), tal y como lo explicaría Santiago en su epístola a los discípulos del primer siglo de nuestra Era Común:

“Ya ves que la fe actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada”

(Santiago 2:22)

Así que la fe de Abraham fue perfeccionada por medio de esta prueba, en el sentido de llegar a su máximo potencial. Después de esta prueba la confianza de Abraham llegó a un nivel que no necesitaba más pruebas, había alcanzado su meta. Y es que la prueba es utilizada por del Eterno para poner presión sobre las personas a fin de que se manifieste lo que hay en sus corazones en los momentos de crisis:

Y te acordarás de todo el camino por donde YHVH tu Elohim te ha traído por el desierto durante estos cuarenta años, para humillarte, probándote, a fin de saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no sus mandamientos.”

(Deuteronomio 8:2)

Abraham era un compañero de pacto con el Eterno. El Eterno necesitaba que la obediencia total de Abraham se manifestara para poder cumplir sus propósitos en su vida y producir por medio de él aquella simiente de la mujer que había sido prometido a Adam y Javá: el Mesías (Génesis 3:15). Como Abraham le entregó a su hijo único, así Yahvéh entregó a Su Hijo Únigénito para ser un sacrificio de pecado no solamente por la descendencia de Abraham, sino por todo el mundo, (cf. Juan 3:16).

El Eterno, nuestro Abba, no quiere que pongamos un signo de interrogación en nuestra fe, sino un punto. Un punto que signifique que tenemos por Él una fe consolidada, perseverante, continua, porque al final su obra es para nuestra bien. El Señor conoce muy bien nuestro propósito y además nuestra capacidad de fe. Para ello son sus pruebas, porque no se sabrá nunca si la fe es real, si nunca fue alguna vez probada. Está bien claro que las pruebas nos permiten asombrarnos a nosotros mismos acerca de la capacidad de fe que hemos desarrollado desde nuestro Nuevo Nacimiento.

Como en todas las cosas, el propósito sobresaliente del Eterno es que nosotros, como hijos, seamos transformados más y más a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). Esta es la meta del discípulo de Yeshúa, y todo en la vida, incluyendo especialmente las pruebas, está diseñado para permitirnos alcanzar esa meta. Es parte del proceso de la santificación, siendo apartados para los propósitos de Dios y equipados para vivir para Su gloria. El apóstol Pedro nos explica la manera en que las pruebas logran esto:

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.”

(1 Pedro 1: 6-7)

La fe del verdadero creyente se reforzará mediante las pruebas que experimente para así descansar en el conocimiento de que dicha fe es real y durará para siempre.

Entonces debemos aceptar que las pruebas desarrollan el carácter piadoso, y eso nos permite “…[gloriarnos] en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:3-5). Nuestro amado Mesías Yeshúa fue el ejemplo perfecto de esto. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8). Estos versículos revelan aspectos de Su propósito divino tanto por las pruebas y tribulaciones de Jesús el Cristo, como por las nuestras. El perseverar comprueba nuestra fe. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Una de las bendiciones más grandes, a decir verdad, la más gloriosa que tuvo nuestro padre Abrahán, fue que a través de esta prueba pudo ver el día del Mesías Yeshúa, en plena manifestación redentora. De esto quedó constancia escrita ya que el mismo Señor dijo: “Abraham, vuestro padre, se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se regocijó.” (Juan 8:56 -RV 1995) Ese gozo era la más grande que podía experimentar nuestro padre.

Por eso, para finalizar quiero animarte con lo que el profeta Jeremías dice:

Benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza.

(Jeremías 17:7 – NTV).

¿Qué sucede en los momentos de prueba si confías en el Señor? Mira  la promesa del Eterno en:

Los que en mí confían no quedan defraudados

(Isaías 49:23 – DHH)

Si no estás dispuesto a sacrificar por amor a Yahvéh lo que más te gusta, entonces tienes algo en tu vida que está interponiéndose entre tu vida y Su Presencia. Eso se ha convertido en un dios falso para ti. Eso se llama abominación de idolatría. Yahvéh y Su Justicia (Su Reinado) tienen que tener el lugar primordial en nuestras vidas (Mt. 6: 33), y si existe algo en tu vida que desafía ese lugar Él te pedirá que lo sacrifiques. ¿Estás dispuesto para ello?

Deseo que el Eterno nos conceda su gracia para poder pasar las pruebas con éxito para que también nosotros podamos ver el día de Yeshúa con gozo.


Bitácora Relacionada:

Dos Nacimientos y un Solo Propósito (Isaac y Jesús)

Por P.A. David Nesher

Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac. Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho días, como Dios le había mandado. Y era Abraham de cien años cuando nació Isaac su hijo.
Entonces dijo Sara:
Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo. Y añadió:
¿Quién dijera a Abraham que Sara habría de dar de mamar a hijos? Pues le he dado un hijo en su vejez“.

(Génesis 21: 2-7)

INTRODUCCIÓN:

Después de la vocación de Abraham para ser el padre de los creyentes (Gén. cap. 12), el nacimiento de Isaac es el segundo gran paso hacia el cumplimiento del Proyecto del Eterno.

Recordemos que la Intención divina vibraba en el deseo eterno de tener Su propio pueblo, separado de las naciones vecinas. Un pueblo que debía confiar en su Palabra; un pueblo a través del cual el Mesías, Salvador del mundo, habría de nacer; y un pueblo que, en última instancia, se convertiría en el medio de bendición para todas las naciones de la Tierra. Ahora el tiempo señalado para el cumplimiento de las promesas del Eterno a Abraham y Sara había llegado y Yahvéh, el dador de bendiciones, cumplió Su promesa.

“Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac”

Sabemos que originalmente, el nombre Isaac (en hebreo: Yitsjak)fue como un tipo de regaño por la risa de Abraham y Sara (Génesis 17:17-19 y 18:12-15), pero Yahvéh, nuestro Dios, cambió aquel regaño suave en una causa de gozo. Esto se convirtió en el fundamento de la fe del patriarca, ya que su hijo Isaac fue para Abraham una carta celestial en la que nuestro padre en la fe pudo leer el verdadero Evangelio de Yeshúa.

Existe una sorprendente similitud de conexión entre el nacimiento de Isaac y el nacimiento del Mesías Yeshúa. Yitzjak iba a nacer en el tiempo señalado por el Dios de la creación, como había prometido (21:2). Se dice más acerca del nacimiento de Yitzjak que de cualquier otro nacimiento en las Sagradas Escrituras (Biblia), excepto el nacimiento de Yeshúa, HaMashiaj (el Cristo). Por lo tanto, Yitzjak es un tipo de Cristo y su nacimiento anunciaba el nacimiento del Señor, porque cuando había llegado el tiempo, Dios envió a su Hijo (Gálatas 4:4a; Marcos 1:15; Romanos 5-6; Efesios 1:10).

El teólogo Dr. McGee dijo: “Eso fue verdad de Isaac, y fue ciertamente verdad del Señor Jesucristo. Hay una imagen maravillosa del nacimiento y de la vida de Yeshúa en el nacimiento y la vida de Isaac”.

En los capítulos 21 y 22 de Génesis, tenemos en el nacimiento y la vida de Isaac un notable prototipo del nacimiento y la vida de nuestro Salvador, Yeshúa, llamado el Ungido (Cristo o Mesías). ¡El nacimiento de Isaac comparado con el nacimiento de Yeshúa es una verdadera revelación a la mente de los escogidos! Uno es un tipo del otro que es el arquetipo (o antitipo).

Por ello, debo aquí animarlos a que se atrevan a introducirse en lo que se conoce como tipología bíblica.

Para explicar bien que es tipología bíblica me parece muy importante citar esta definición:

la tipología del Nuevo Testamento llama la atención a [un] punto de similitud entre una persona, evento o cosa en el Antiguo Testamento y una persona, evento o cosa en el Nuevo Testamento

(El Seminario Portátil, pág. 81)

Acorde a esto, debemos entender que un estudio de los tipos de Yeshúa en el Antiguo Pacto nos da una gran cantidad de conocimientos acerca de Él. Gracias al estudio de la tipología comenzamos a ver que el Mesías es el tema central de toda la Biblia, tanto en el Antiguo Pacto como en el Pacto Renovado (o mal llamado Nuevo Testamento). Vemos que no hay tema más importante que el Evangelio de Yeshúa. Por ello, el apóstol Pablo, pudo decir:

Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesús el Cristo, y a éste crucificado

(1 Corintios 2:2)

Las grandes verdades de la muerte de Yeshúa en la cruz por nuestros pecados deben ser lo principal que pensamos al leer las Sagradas Escrituras tanto en el Antiguo como en el Nuevo Pacto, ¡pues el Evangelio del Mesías es el tema principal de la Biblia entera!

En esta bitácora, nuestro enfoque será en el tipo es el nacimiento de Isaac – y el anti-tipo (o cumplimiento del tipo) es el Evangelio de Yeshúa. Esto se debe a que fue a través del nacimiento, el sacrificio y la vida de su hijo Isaac que Dios “dio de antemano [previamente] la buena nueva (evangelio) a Abraham” (Gálatas 3:8).

1. Ambos nacimientos fueron profetizados antes de que ellos nacieran.

Dios prometió darle un hijo a Abraham cuando Dios lo llamó que saliera de Ur de los Caldeos. Eso fue alrededor de 25 años antes del nacimiento de Isaac. Ese es el tipo.
La venida de Yeshúa también fue profetizada antes de que Él naciera. Dios dijo a la nación de Israel,

He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo

(Isaías 7:14).

Ese es el anti-tipo, el cumplimiento del tipo.

2. Hubo un largo período de tiempo entre la promesa y el cumplimiento en ambos casos.

Hubo un período de unos 25 años desde el momento en que el Eterno lo prometió hasta el nacimiento de Isaac. El nacimiento de Yeshúa fue profetizado cientos de años antes de que Él naciera. Así que, de nuevo, hay un tipo y un anti-tipo, una promesa y un cumplimiento de la misma.

3. El nombre de Isaac y el nombre de Yeshúa fueron ambos profetizados antes de que ellos nacieran.

Dios le dijo a Abraham, “Y llamarás su nombre Isaac” (Génesis 17:19).

El ángel del Señor se le apareció a José y le dijo:

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Yeshúa, porque él salvará a su pueblo de sus pecados
(Mateo 1:21).

Así que, de nuevo, hay un paralelo entre Isaac (el tipo) y Yeshúa (el anti-tipo).

4. El  anuncio del nacimiento de ellos pareció imposible a ambas madres.

Sara tenía noventa años y Abraham tenía cien años cuando nació Isaac. Cuando a Sara se le dijo que ella daría a luz un hijo, “Se rió, pues, Sara entre sí” – y dudó de que algo así sucedería.

Cuando el ángel Gabriel le dijo a Miriam (María) que tendría un hijo llamado Yeshúa, ella dijo:

¿Cómo será esto? pues no conozco varón
(Lucas 1:34).


Notamos que en ambos casos, a las mujeres se les dijo que nada es demasiado difícil para el Señor. A Sara, le dijo el ángel: “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (Génesis 18:14). A María, le dijo el ángel: “Porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37).

Tanto en el tipo como en el anti-tipo, en ambos casos, el anuncio del nacimiento sobrenatural de sus hijos pareció imposible a sus madres, Sara la madre de Isaac y María la madre de Yeshúa.

5. Ambos nacimientos ocurrieron en el tiempo señalado por Dios.

En Génesis 21:2 se nos dice:

Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había señalado [“en el tiempo’ anunciado por Dios” _ NVI],” (Génesis 21:2)

En Gálatas 4:4, Pablo dijo:

Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4).

Vemos que Isaac nació en el “tiempo que Dios había dicho”; Yeshúa nació, “cuando vino el cumplimiento del tiempo”. Ambos nacimientos ocurrieron en el tiempo señalado por Dios, tanto el tipo (Isaac) como el anti-tipo (Yeshúa).

6. Ambos el nacimiento de Isaac y el nacimiento de Yeshúa fueron milagrosos.

El nacimiento de Isaac fue un nacimiento milagroso porque Abraham consideraba su cuerpo prácticamente muerto y la muerte de la matriz de Sara (Romanos 4:19 BTX), y sin duda el nacimiento virginal del Señor fue un milagro (Lucas 1: 34-35).

El Dr. McGee dijo:

Los dos nacimientos fueron milagros. El nacimiento de Isaac fue un nacimiento milagroso, y, sin duda, el nacimiento del Señor Yeshúa”.

El Dr. DeHaan dijo que el “milagroso nacimiento de Isaac fue un tipo excepcional de Jesucristo y la fe absoluta en el Nacimiento Virginal…Isaac entonces, como un tipo de Yeshúa, es ante todo una figura, una sombra, y una profecía del Nacimiento Virginal del Señor Jesucristo…El nacimiento de Isaac, Hijo de Abraham, fue un milagro, ya que Isaac nació cuando Abraham era totalmente impotente a la edad de cien años, y Sara era completamente estéril a la edad de noventa años. Pero Dios había prometido a Abraham y a Sara un hijo, una semilla que se convertiría en la bendición de todo el mundo…Se nos dice que Abraham y Sara eran viejos y seniles y Sara se rió de la promesa de un hijo. Entonces Dios le responde:

“¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo

(Génesis 18:14)

Y así fue. Cuando Dios había realizado el milagro del rejuvenecimiento de Abraham y Sara, Él cumplió Su promesa. No era demasiado difícil para el Señor.

Visitó Yahvéh a Sara, como había dicho, e hizoYahvéh con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho

(Génesis 21:1, 2)

(M. R. DeHaan, M.D., ibid., pág. 126)

Tanto el nacimiento de Isaac, como el nacimiento de Yeshúa fueron milagros divino; el tipo y el anti-tipo.

7. Ambos Isaac y Yeshúa fueron el gozo de sus padres.

El relato de Bereshit dice:

Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac”.
Génesis 21:3

El nombre “Isaac” significa risa. Sara se había reído en incredulidad ante el anuncio de su nacimiento. Y Abraham se rió de gozo por el nacimiento de su hijo. Se rió con tanta felicidad que llamó a su bebé “risa”. ¡Eso es lo que significa el nombre Isaac!

De la misma manera, cuando Yeshúa fue bautizado, Dios dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). ¡Ambos hijos, Isaac y Yeshúa, fueron gozo a sus padres!

8. Ambos hijos fueron obedientes a sus padres, aun hasta la muerte.

Notamos que al crecer, Isaac siguió a su padre para ser atado en sacrificio en el Monte Moriah. Él fue obediente a Abraham aun hasta la muerte.

Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo
(Génesis 22:9, 10)

Yeshúa dijo que Moisés habló de Él. Eso es cierto, y lo podemos notar claramente en el capítulo 22 de Génesis, donde Isaac es un tipo claro del Mesías en su sacrificio. La primera vez que vi en [Génesis 22] estas grandes verdades que representan la Pasión salvífica de Yeshúa, quedé maravillado. Descubrí entonces, que no sólo en el nacimiento de Isaac, sino especialmente en el sacrificio de Isaac, existe una asombrosa similitud con la vida de nuestro Señor.

“Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho:

En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir”

(Hebreos 11:17-19)

Abraham tomó a su hijo Isaac para sacrificarlo en el monte Moriah. Abraham creyó que Dios podía levantar a Isaac de entre los muertos en un sentido “figurado”. Esa palabra “figurado” es importante. Se traduce de la palabra griega es “parabŏlĕ”. Significa un “símbolo” o un “tipo”. Así vemos que el sacrificio de Isaac era un tipo. Pero el autor de Hebreos no nos dice específicamente el anti-tipo, o cumplimiento, del tipo. Para descubrir eso debemos ir a Gálatas 3:8, en donde leemos que el Eterno “dio de antemano la buena nueva a Abraham”. De esto aprendemos que el Evangelio de Yeshúa era el anti-tipo, el cumplimiento de la “parabŏlĕ” o “símbolo” dado en el sacrificio de Isaac.

Para concluir diré que toda la preparación que hemos visto:

  • – el Eterno, enviando Isaac a Abraham, preparando el camino para la venida de Yeshúa
  • – Él (Yeshúa) muriendo en la Cruz para pagar por nuestros pecados
  • – para derramar Su Sangre para limpiarnos del pecado
  • – para levantarse físicamente de la tumba para darnos la vida.

Todo, fue una clara muestra de lo importante que es para Yahvéh salvarte de tu pecado.

Y ya que esta obra es tan importante para el Eterno, debe ser importante para ti también.

Por lo tanto, te pido que hoy te esfuerces a entrar en Yeshúa. Esfuérzate en venir a Él y confiar en todo lo que Él hizo por ti.

El Mesías te salvará y perdonará todos tus pecados en el momento que confíes en Él, ¡porque Él vino a buscar y a salvar a una persona perdida en el sistema reptiliano como tú!

¡Confía hoy en Yeshúa y experimentarás como Su Sangre te limpiará de todo pecado, y el Espíritu Santo te dará la Torah (Instrucción) del Eterno como regalo en tu mente y corazón!

Entendámoslo bien, la promesa de un hijo no se cumplió porque Abraham obedeció perfectamente, sino porque Yahvéh fue fiel en Su Palabra. Algunas de las promesas del Eterno son condicionales y dependen de algo que nosotros tenemos que hacer, pero otras promesas divinas son incondicionales y Yahvéh las cumple no por lo que hacemos, sino por quién es Él.

¡Cuando Dios finalmente respondió a Abrahán a sus oraciones, le dio el hijo de la promesa! De igual manera, el Eterno quiere responder a tu clamar por el cumplimiento de Su promesa en Su Hijo:  el Espíritu Santo llenando tu vida. Yeshúa aseguró:

“¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”
(Lucas 11:13)

¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?
(Lucas 18: 7)


Bitácora Relacionada:

El Justo Lot Enyugado a la Cultura de Sodoma

Por P.A. David Nesher

 

 

“Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma.
Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo, y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino.
Y ellos respondieron:
No, que en la calle nos quedaremos esta noche. Mas él porfió con ellos mucho, y fueron con él, y entraron en su casa; y les hizo banquete, y coció panes sin levadura, y comieron”.

(Génesis 19: 1-3)

 

A pesar del servicio de intercesión profética que Abrahán había hecho ante el Eterno a favor de los diez justos que quizás habitaran en Sodoma, lo cierto es que, a excepción de Lot y su familia, no existía una sola persona digna en ninguna de aquellas ciudades con las características de un tzadik (justo). Por ello, Yahvéh envió a la casa del sobrino del patriarca a dos de sus ángeles con la advertencia de que debía abandonar la ciudad lo antes posible porque la misma iba a ser destruida.

De este modo, vemos que en esta teofanía, Yahvéh desaparece de la escena, y Abraham se vuelve a su tienda. Entre tanto, los dos enviados llegaron al atardecer, cuando “Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma(19:1), una expresión que al leerla con mentalidad occidental la pasamos rápidamente, pero que en el original hebreo merece ser considerada. En estas palabras se nos revela que Lot había asumido una progresión de compromiso espiritual con los asuntos de esta ciudad y región. La linea temporal de su historia, después que se separó de su tío Abrahán, no muestra que Lot empezó en dirección hacia Sodoma (Génesis 13:10), es decir a una distancia considerable. Luego, notamos que se trasladó y puso su tienda de campaña más cerca de Sodoma (Génesis 13:12). Posteriormente ya vivía en Sodoma (Génesis 14:12). Por último, él perdió todo, pues “él estaba sentado en la puerta a la entrada de la ciudad“. Sentarse en la puerta de Sodoma, indica que Lot a esa altura era un líder cívico, un juez de la ciudad destinada a destrucción por sus prácticas injustas. Entonces Lot no sólo se trasladó a Sodoma, sino que se convirtió en un miembro influyente de esa ciudad, dando su opinión sobre los asuntos legales. Evidentemente Lot era valorado por los ciudadanos de Sedom (Sodoma) porque decía palabras justas, pero también discernimos que su estilo de vida estaba comprometido con la cultura de personas equivocadas. De todas maneras, sabemos que Lot mismo era un hombre justo que se entristecía por el pecado que veía en su alrededor (2 Pedro 2:7-8), pero por razón de su compromiso, lamentablemente solo unos pocos de su familia y ninguno de sus amigos se salvaron. El compromiso asumido por Lot con Sodoma destruyó su testimonio de fe.

Cuando Lot vio venir a los mensajeros, se levantó y se dirigió hacia ellos, entonces le dijo: “Os ruego señores que vengais a la casa de vuestro siervo, y os hospedéis en ella. Lavareis vuestros pies y de madrugada proseguiréis vuestro viaje”. Pero ellos le respondieron: “No, pues nos quedaremos en la plaza”.

Sin embargo, y ante su insistencia hospitalaria, Lot condujo a los ángeles hasta su morada y allí los alojó, disponiendo un banquete y cocinando panes sin levadura. Esa noche cenaron, después de orar y agradecer al Señor todas sus bondades.

La escena representada en los próximos dos versículos es casi increíble, porque la verdadera naturaleza del pecado de Sodoma se revela allí muy claramente. La noticia que estos dos hombres estaban en la ciudad se había extendido muy rápidamente. Fue entonces, cuando todos los varones de la ciudad, desde el más joven al más anciano (19: 14), rodearon la casa de Lot con perverso interés sobre sus huéspedes. Estos ciudadanos de Sodoma claramente vinieron a abusar de una manera homosexual y a violar a aquellos dos visitantes. La intención de los habitantes de Sedom era denigrar a los hombres con esta vileza. Es una demostración asombrosa de la depravación existente en dichas alianza quíntuple de ciudades. De este pasaje deriva la actual acepción del término sodomía.

Lot rehusó, y les ofreció sus dos hijas vírgenes en lugar de sus huéspedes.  Es aquí en donde nos asombramos tanto de la depravación allí reinante al punto que hasta Lot estaba dispuesto en dar a sus hijas a los hombres.  ¿Sería que él estaba ya corrompido como de los deseos pecaminosos de los hombres mismos? La oferta es horrible y por supuesto que no puede ser justificada. Pero lograremos entenderla un poquito más cuando consideramos que en esos días las mujeres tenían una posición baja de  en el mundo, y se contrarrestaba con la posición tan alta de los huéspedes.

En Lot, como en cualquier oriental, se daba por sentado que los huéspedes debían ser protegidos más que la propia familia. Hasta el día de hoy el hombre oriental considera a su huésped como un regalo muy sagrado y, por lo tanto, en el momento necesario le brinda protección ilimitada hasta el extremo. Por ello Lot está dispuesto a pagar por la salvaguardia de sus huéspedes el precio del honor de sus hijas. Este apresuramiento de Lot, en su ofrecimiento, sin buscar otras vías de conciliación demuestra que la perversidad de Sodoma no pasa cerca de Lot sin afectarlo.

Según el contexto (v.12) parece que Lot tenía a sus dos hijas desposadas con hombres de Sodoma (hebreo Sedom). Estas, de acuerdo a la costumbre, aún estaban en su en casa hasta el día de sus correspondientes bodas (v.15); lo cierto es que a él no le importaba que ellas fueran denigradas en sus cuerpos y almas por el sexo libre.

¿Cómo es posible que un padre ofrezca a su hijas para que las abusen salvajemente una multitud de pervertidos solo por proteger a dos extraños que se hospedaban en su casa? Las teorías hermenéuticas (interpretativas) son muchas. Posiblemente Lot pensaba que podría salvar a sus hijas y a los visitantes. Tal vez, él pensaba que los novios de las muchachas podrían salvarlas, o que aquellos homosexuales no estuvieran interesados en la oferta y entonces simplemente se marcharan. Lo cierto es que aún cuando las costumbres de esa época obligaba a proteger a los huéspedes a cualquier precio, esta terrible sugerencia revela lo profundo que Lot había absorbido el pecado. Su ética se había endurecido ante los actos perversos de esta Alianza de Pentápolis (cinco ciudades) encabezada por Sedom (Sodoma).

De esto podemos aprender dos cosas; lo primero, era muy importante para Lot  tratar bien a los huéspedes, darles cobijo, comida y seguridad en todo sentido. Esto, una vez más nos vuelve a remarcar que la hospitalidad una cualidad muy positiva en la vida de los justos.

Pero también se destaca una segunda cosa, y es que el concepto moral que Lot había alcanzado era muy bajo comparado con el que había tenido mientras caminaba con Abraham avinu. ¿Cómo es posible que este hombre justo estuviera dispuesto a entregar a sus dos hijas vírgenes a estos varones”bestias” que no tenían ningún sentido de moral sexual? Las Escrituras Sagradas revelan claramente que el sexo libre y la homosexualidad son el resultado de haber apostatado del Creador y sus mandamientos. La homosexualidad se encuentra en es el nivel más bajo de la escala de depravaciones en el camino de la apostasía y perdición (ver Rom. 1: 18-32). Pero, ¿de dónde venían esos valores que aquí Lot practica? Obviamente no venían de Avraham nuestro padre (avinu), que vivía en una moral muy alta acorde a la Instrucción del Eterno, y así la había transmitido a su sobrino e hijo adoptivo. Esta moral anti-Torah provenía de su alianza matrimonial.

Tres Visitantes para Confirmar una Promesa

Por P.A. David Nesher

 

Después se le apareció YHVH en el encinar de Mamre estando él sentado a la puerta de la tienda en el más intenso calor del día

(Génesis 18:1)

 

El Talmud explica que esto ocurrió tres días después de la circuncisión, cuando el dolor de la herida era mayor (17:9-14). El Eterno vino a visitar a Abrahán mientras se estaba recuperando de la circuncisión. Esto es un testimonio del placer que siente Yahvéh ante la conducta del patriarca en su nueva relación con Él, después del nuevo nacimiento que ha experimentado, simbolizada con la obediencia de la circuncisión.

El lugar de este encuentro fue el encinar de Mamré, un lugar en el que Abrahán había erigido un altar para adorar el Nombre bendito del Santo Dios. Es decir que allí el patriarca también había fundado una Yeshivah para capacitar en los códigos de la benevolencia ilimitada (Jesed) del Eterno. Seguramente llegaron mientras el patriarca estaba sentado, al parecer, en oración y meditación, en la puerta de su tienda en el más intenso calor del día, o al principio de la tarde.

 

Abraham salió a recibir a los tres visitantes, aún antes de saber quiénes eran. Como extranjero, él sabía lo que significaba ser recibido y atendido en medio de una larga travesía, especialmente en el desierto. El hizo con otros lo que toda persona desearía que hicieran con él.

En los tiempos antiguos del Medio Oriente, la reputación de una persona estaba muy relacionada con su hospitalidad, con brindar casa y comida. Bajo este pensamiento, aún los extraños debían ser tratados como huéspedes distinguidos. Nuestro padre Abraham tenía la virtud de la hospitalidad, y estaba impaciente por mostrarla a estos tres peregrinos. El libro del Zohar comentando este incidente dice:

«…Y aunque estaba sufriendo a causa de la circuncisión, corrió a saludarlos, de modo que no fallara en nada y se condujese de forma diferente a como era antes de la circuncisión, cuando siempre aceptaba y daba la bienvenida a nuevos huéspedes…»,

[Zohar, Vayerá, 7:95]
Por todo esto, la Sagradas Escrituras promueven a lo largo de sus libros el ejercicio espiritual de la hospitalidad resumido en esta pauta apostólica:

 “No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles

(Hebreos 13:2)

Efectivamente, Abraham hospedó a ángeles sin saberlo. Él los recibió, los atendió y les dio de comer.

 

Que se traiga ahora un poco de agua y lavaos los pies, y reposad bajo el árbol; y yo traeré un pedazo de pan para que os alimentéis, y después sigáis adelante, puesto que habéis visitado a vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho. Entonces Abraham fue de prisa a la tienda donde estaba Sara, y dijo: Apresúrate a preparar tres medidas de flor de harina, amásala y haz tortas de pan. Corrió también Abraham a la vacada y tomó un becerro tierno y bueno, y se lo dio al criado, que se apresuró a prepararlo. Tomó también cuajada y leche y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se quedó de pie junto a ellos bajo el árbol mientras comían“.

(Gen. 18:4-8)

En la antigüedad no era frecuente que la gente comiera carne. Por lo general, lo hacían sólo para eventos especiales. No sólo era un alimento caro, sino que debía comerse de inmediato porque no contaban con refrigeración. Pero Abraham no escatimó y trató a los visitantes con mucho honra.

Luego de comer, los visitantes anunciaron a Abraham la razón de su visita. Pero antes preguntaron por Sara porque lo que ellos tenían para anunciar la incluía a ella.

(Génesis 18:9) Entonces ellos le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Allí en la tienda.

Luego el Señor le explicó el propósito de la visita, informándole a Abraham que en un año su esposa daría a luz un varón:

Y aquél dijo: Ciertamente volveré a ti por este tiempo el año próximo; y he aquí, Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara estaba escuchando a la puerta de la tienda que estaba detrás de él“.

(Gen. 18:10)

El Señor confirmó nuevamente el Pacto que había hecho con Abraham. Volvió a garantizarle que el hijo de la promesa lo iba a tener con Sara, su mujer. Abraham lo sabía, porque el Señor se lo había dicho unos días antes. Pero también Sara lo debía saber. El propósito de esta visita divina era llamar a Sara a tomar plena posesión de las promesas del pacto. Tal vez Abrahán no le había dicho nada a su mujer. Pero en esta ocasión Sara estaba escuchando.

Y Sara estaba escuchando a la puerta de la tienda que estaba detrás de él. Abraham y Sara eran ancianos, entrados en años; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Y Sara se rió para sus adentros, diciendo: ¿Tendré placer después de haber envejecido, siendo también viejo mi señor?
(Génesis 18: 10-12)

 

Sara, que tenía ya casi 90 años, por lo que rió al escuchar esta aparentemente increíble noticia. Este sentimiento de duda en cuanto a la capacidad de Yahvéh ocasionó una reprimenda por parte de Él:

Y YHVH dijo a Abraham: ¿Por qué se rió Sara, diciendo:

“¿Concebiré en verdad siendo yo tan vieja?”

¿Hay algo demasiado difícil para YHVH?”
(Génesis 18:13 y 14a)

La palabra que fue traducida como “demasiado difícil” es yipalé (יפלא) cuya raíz tiene que ver con algo oculto, encubierto. En Deuteronomio 30:11 se usa como algo oculto de la comprensión, algo inalcanzable. Aquí se trata de algo que va más allá de lo común. El Targum lo traduce como: “¿Es que hay algo demasiado maravilloso, distante y oculto de Mí para que Yo haga Mi voluntad?

Esto nos enseña que el ángel desafió las mentes cerradas de nuestros padres Avraham y Sarah. Avraham y Sarah ya llevaban casi 100 años de vida. Sus mentes estaban trabajando con mucha rutina por lo que habían aprendido. Aunque sus mentes habían sido considerablemente abiertas por todas las experiencias que habían tenido al salir de su pequeño mundo para irse a otros países, sus pensamientos estaban todavía limitados para lo que quería hacer el Eterno en sus vidas.

Cuando el ángel vino a anunciar el nacimiento de su hijo no podían recibir tan maravilloso mensaje. Su reacción fue común a muchos hombres con la mente limitada y cerrada, lo tomaron como una broma. El mensaje divino causó un confrontación con lo que habían aprendido en sus vidas, y eso les causó la risa.

En el capítulo anterior, el Eterno había sido muy específico; fue Sara, quien daría a luz al hijo de la promesa (17: 16, 19, 21). La respuesta de Abraham, tal como la de Sara aquí, había sido la risa (17: 17). Por eso, como recordatorio de sus risas, mezcla de gozo y duda, los nuevos padres nombrarían el niño Isaac (en hebreo: Yitz’hak), o “el que ríe” mostrando que el Eterno ríe último y mejor.

Yahvéh reafirma su promesa declarando y luego demostrando efectivamente que para Él nada es difícil, y mucho menos imposible. La realidad de esta clase de nacimientos milagrosos la veremos repetirse a lo largo de la historia del Pueblo del Señor varias veces y con la misma intención: mostrar el asombroso poder del Eterno a favor de sus escogidos. El nacimiento de Sansón (Jueces 13); el de Samuel (1Samuel 1); y el nacimiento de Juan el bautista (Lucas 1: 13-20), han sido posible solamente por la intervención benevolente del Eterno, y siempre para el bien de su propósito eterno.

Sarah debió inmediatamente haber creído con fervor en la capacidad de Yahvéh de hacerla procrear. Por eso fue confrontada por su reacción por el mismo Abrahán. Por eso, y gracias a ello, aunque en el Bereshit (Génesis) no se registra, sabemos que Sara finalmente aceptó con fe participar en el proyecto mesiánico de Yahvéh:

También por la fe Sara misma recibió fuerza para concebir, aun pasada ya la edad propicia, pues consideró fiel al que lo había prometido. Por lo cual también nació de uno (y éste casi muerto con respecto a esto) una descendencia como las estrellas del cielo en número, e innumerable como la arena que está a la orilla del mar“.

(Hebreos 11: 11-12)

Por ello, aunque era humanamente imposible, el Eterno cumplió su promesa.

Entonces el SEÑOR visitó a Sara como había dicho, e hizo el SEÑOR por Sara como había prometido.

Y Sara concibió y dio a luz un hijo a Abraham en su vejez, en el tiempo señalado que Dios le había dicho.  Y Abraham le puso el nombre de Isaac al hijo que le nació, que le dio a luz Sara.

Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac a los ocho días, como Dios le había mandado.  

Abraham tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac.

Y dijo Sara:

Dios me ha hecho reír; cualquiera que lo oiga se reirá conmigo.

Y añadió:

¿Quién le hubiera dicho a Abraham que Sara amamantaría hijos? Pues bien, le he dado a luz un hijo en su vejez“.

(Génesis 21:1-7)

De igual modo, este cuestionamiento divino se realiza hoy a nuestros corazones: ¿Por qué resultaba tan difícil de creer? ¿Existe acaso algo que el Señor no sea capaz de hacer?

Cuando se trata del Eterno, no debemos limitar con nuestras mentes nuestra percepción de su poder, su conocimiento y sus posibilidades para intervenir de manera más sorprendente y maravillosa. El Eterno puede hacer mucho más de lo que pedimos o pensamos, según el poder que actúa en nosotros (Efesios 3:20), así que tengamos cuidado de no obstaculizarlo con nuestras mentes y no nos riamos con incredulidad cuando se presenta una idea sobrenatural que rompe con nuestro esquema mental.

Mediante los estudios que venimos peregrinando juntos estoy convencido que cada uno de ustedes ha llegado a comprender que más allá de toda circunstancia difícil o imposible, está presente el Eterno, nuestro Abba (Papá) celestial, el Creador y Sustentador de todo el universo.

Jamás olvides que Dios te ama y que todas sus promesas son dignas de confianza, síguelo sirviendo y cumpliendo fielmente sus mandamientos, porque Él te sorprenderá, hará realidad aquello que crees que es imposible y cumplirá todo aquello que te prometió. No permitas que los afanes te este mundo te aparten de Él y te desenfoquen de la misión que te encomendó. Su amor constante y su fidelidad son promesas a las que puedes aferrarte cada día.

¿Más allá de lo que perciben tus sentidos, está Yahvéh, tu Padre Celestial, quien sacó todo de donde no había absolutamente nada… Por lo tanto, respóndete esta pregunta:

“¿Hay para Dios alguna cosa difícil?”
Génesis 18:14

¡NO! ¡NO LO HAY!

Además, permítele al Espíritu Santo implantarte en lo más profundo de tu interior la siguiente verdad irrefutable:

Porque nada hay imposible para Dios“.
Lucas 1:37

 

Y ahora, canta conmigo esta canción: