Por P.A. David Nesher
En la mitología de Silicon Valley, los fundadores suelen presentarse como soñadores utópicos o rebeldes libertarios. Pero Larry Ellison, el incombustible cofundador de Oracle Corporation (1977), la empresa que revolucionó la gestión de datos a nivel mundial, y por ser consistentemente una de las personas más ricas del planeta (En los últimos años -2024-2025-, su fortuna se disparó superando los 200.000 millones de dólares debido al auge de la IA, que ha revalorizado enormemente las acciones de Oracle.. Sin embargo, esta admirado centibillonario, nunca ha jugado a ser el «chico bueno». A sus más de 80 años, el «samurái» de la tecnología ha resurgido con una visión que trasciende el software empresarial para proponer un nuevo contrato social.
Larry Ellison es una de las figuras más influyentes y controvertidas en la historia de la tecnología. Construyó la columna vertebral digital sobre la que operan la mayoría de las grandes empresas y bancos del mundo. Aunque dejó el puesto de CEO en 2014, sigue siendo el Presidente Ejecutivo y Director de Tecnología (CTO). A sus más de 80 años, sigue muy activo, impulsando la transición de Oracle hacia la «nube» y la Inteligencia Artificial.
A diferencia de otros líderes tecnológicos que hablan de la IA en términos de «creatividad» o «asistentes personales», Ellison la ve como la herramienta definitiva de orden, seguridad y control estatal.
Su propuesta no es sutil: una red de vigilancia omnipresente impulsada por Inteligencia Artificial, donde drones policiales, cámaras corporales y bases de datos en la nube garantizan que, en sus propias palabras, «los ciudadanos se comporten de la mejor manera porque estaremos constantemente grabando y reportando todo».
Lo que Ellison nos vende no es solo seguridad; es la materialización tecnológica de pesadillas filosóficas y teológicas que creíamos confinadas a los libros de texto.
El Panóptico Perfecto: la Era de la «Vigilancia Benevolente» (El Panóptico Digital)
En su obra «Vigilar y castigar», el filósofo francés Michel Foucault, quien retomando al jurista, economista y filósofo inglés del siglo XIX Jeremy Bentham, describió el Panóptico como la estructura de poder definitiva: una prisión donde el recluso se sabe visible, pero no sabe cuándo lo miran. Explicado de otro modo, el Panóptico es una estructura carcelaria circular con una torre de vigilancia en el centro. El prisionero nunca sabe si el guardia lo está mirando en ese momento exacto, pero sabe que puede ser visto en cualquier instante. Esta incertidumbre genera una ‘prisión mental’ donde el sujeto se disciplina a sí mismo ante la mera sospecha de ser observado. Como resultado, el prisionero se vigila a sí mismo. Interioriza la autoridad y modifica su comportamiento para ser dócil, incluso si no hay nadie en la torre.
Sin embargo, el Panóptico analógico que estudió Foucault contenía una falla intrínseca: la fatiga biológica. El guardia humano en la torre central, por definición, es limitado; tiene que parpadear, dormir, distraerse y dividir su atención entre cientos de celdas. No puede mirarlo todo, todo el tiempo. Esa pequeña brecha de ‘no vigilancia’ —ese instante en que el ojo humano falla— era, paradójicamente, el último refugio de la libertad (o de la transgresión).
La visión de Ellison viene a suturar esa brecha ontológica. Su propuesta elimina el factor humano de la ecuación de seguridad. Al sustituir al guardia falible por una Inteligencia Artificial que procesa millones de datos en paralelo y nunca duerme, la vigilancia deja de ser una probabilidad estadística para convertirse en una certeza absoluta. Ya no nos portamos bien porque quizás nos miren; nos portamos bien porque es matemáticamente imposible que no lo estén haciendo.

La visión de Ellison sutura esa falta. Con la IA analizando cada fotograma en tiempo real, la vigilancia deja de ser una posibilidad para convertirse en una certeza matemática. Estamos ante la disolución de la privacidad en pos de una «conducta perfecta». Como advertía Zygmunt Bauman, en nuestra modernidad líquida, el miedo a la incertidumbre nos lleva a abrazar cualquier herramienta que prometa orden, incluso si el precio es la libertad de ser anónimos.
La idea central de Ellison es que la IA permitirá un nivel de supervisión tan absoluto que el crimen se volverá irracional. En una conferencia reciente de Oracle, Ellison afirmó: «Los ciudadanos se comportarán de la mejor manera porque estaremos constantemente grabando y reportando todo«.
Él imagina un mundo conectado por una red inmensa de cámaras de seguridad, drones policiales autónomos («drones como primeros intervinientes») y cámaras corporales en la policía que nunca se apagan y son analizadas en tiempo real por IA. Esto implica un cambio en la política de seguridad pública. Ya no se trata de perseguir el delito, sino de crear un ambiente donde el delito es imposible de ocultar.
Ellison argumenta que esta vigilancia no es solo para los ciudadanos, sino también para el Estado. Su visión propone que la IA monitoreará a la policía para asegurar que sigan los protocolos. Si la cámara corporal y el análisis de IA son constantes, se elimina (teóricamente) la brutalidad policial o la corrupción, ya que «el sistema» es un testigo incorruptible. Políticamente, esto sugiere un movimiento hacia una «gobernanza algorítmica», donde la disputa sobre «qué pasó realmente» en un incidente desaparece porque hay datos objetivos omnipresentes.
Zygmunt Bauman y la Vigilancia Líquida
El sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico Zygmunt Bauman nos ayuda a entender cómo esta vigilancia se adapta a nuestra Modernidad Líquida, argumentando que en la modernidad «sólida», el control era muros y fronteras; en la líquida, el control fluye con nosotros.
Bauman argumentaba que en tiempos líquidos, el mayor miedo es la incertidumbre y la vulnerabilidad física. Ellison vende su visión precisamente atacando este miedo: ofrece un mundo sin «puntos ciegos».
Para Bauman, el anonimato era un refugio necesario para la libertad individual. La visión de Ellison («drones como primeros intervinientes», «grabación constante») disuelve el anonimato en el espacio público. Nos convertimos en datos transparentes.
Bauman (junto con David Lyon) hablaba de la «vigilancia líquida». Ya no necesitamos estar encerrados en una prisión para ser vigilados. La tecnología de Ellison (la nube, los drones) permite que la celda sea el mundo entero. La libertad de movimiento se mantiene, pero la libertad de acción no observada desaparece.
Con lo considerado hasta aquí, vemos que hay un punto crucial aquí:
- La IA de Ellison se postula como el nuevo Gran Otro (el orden simbólico, la Ley).
- Tradicionalmente, la Ley tenía fallas; el juez podía equivocarse, el policía podía ser corrupto. Había una «falta» en el Otro.
- Ellison promete suturar esa falta. Promete un Gran Otro sin agujeros, una Ley que lo ve todo y no tiene sesgos humanos. Esto es políticamente peligroso porque elimina el espacio para la interpretación, la piedad o el contexto humano. La verdad se vuelve algorítmica.
La transformación política que Ellison anticipa (quizás sin usar estos términos) es el paso de la Política a la Administración. La Política implica debate, conflicto, negociación y zonas grises. En cambio la Administración (en la visión Ellison) implica eficiencia, optimización y cumplimiento de reglas preestablecidas.
En otras palabras, si la IA garantiza que «todos se porten bien», entonces se elimina la necesidad moral del ciudadano virtuoso. Es decir que se crea una sociedad de orden forzado donde la obediencia es la única opción lógica. Es la utopía de la seguridad a costa de la muerte de la privacidad.
Un Dios sin Misericordia
Pero la crítica más profunda a este proyecto no es política, sino teológica. Al construir un sistema que «todo lo ve» y «todo lo recuerda», Ellison está intentando inmanentizar atributos divinos. Está construyendo un «dios» terrenal con Omnisciencia y Omnipresencia, pero con una diferencia aterradora: es una divinidad incapaz de mirar el corazón.
La revelación bíblica establece una distinción vital:
«El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón«
(1 Samuel 16:7).
Esto quiere decir que la justicia divina, en la teología judeocristiana, penetra en la intención profunda del ser. La omnisciencia divina penetra en la kavaná (intención), en el mundo interior del ser humano. Es decir que Dios conoce el porqué del acto. La «justicia» de Oracle, por el contrario, es puramente conductista. La IA ve el movimiento, el calor corporal, el reconocimiento facial (biometría) y el registro de transacciones. Ve el qué, pero es completamente ciega al porqué.
Al sustituir a Dios por la IA, pasamos de ser juzgados por nuestra moralidad (interior) a ser juzgados por nuestra conducta (exterior). Se crea una sociedad de hipocresía perfecta: no importa si odias a tu vecino, mientras la cámara registre que no lo golpeaste.
El Rey David escribe en el Salmo 139:
«¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?«.
Históricamente, esta omnipresencia era una fuente de consuelo («no estoy solo«) y de temor reverente («Dios me ve«), y por ambas cosas, esta presencia incluye la posibilidad de relación y diálogo (oración). En cambio, la «Nube» y la red de drones de la visión de Ellison replican esta inescapabilidad. No hay «lugar secreto» para estar con el Perfecto Otro, ya que a diferencia de Dios, no puedes orarle al algoritmo. La relación es unidireccional: tú eres el dato, ellos son el procesador. Es una omnipresencia fría, administrativa, que elimina el concepto de «refugio».
Más inquietante aún es la abolición tecnológica del perdón. En la revelación bíblica, existe el concepto de que el Eterno puede «borrar» las transgresiones:
«Echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados«
(Miqueas 7:19)
En el judaísmo, el concepto de Teshuvá (retorno/arrepentimiento) implica la capacidad de recrearse, de que el pasado sea borrado por la misericordia divina. La Teshuvá permite que una persona deje de ser quien era. La Nube de Ellison, sin embargo, representa la memoria infinita sin redención. La base de datos de Oracle nunca olvida; un error cometido hace 10 años es tan accesible y relevante como uno cometido hoy. En un sistema donde cada error queda registrado indeleblemente, el derecho al olvido desaparece. Sin olvido, no hay redención verdadera. La tecnología nos condena a quedar atrapados en nuestro pasado para siempre. De ese modo se estará construyendo un sistema de Din (Juicio estricto) sin nada Jésed (Benevolencia y Misericordia).
La Dimensión Escatológica: La «Imagen» que cobra vida
Para el estudiante de las Escrituras, la infraestructura que propone Ellison resuena con una frecuencia alarmante en los textos apocalípticos, específicamente en el capítulo 13 de Apocalipsis.
La profecía advierte sobre un tiempo final donde se le permite al «falso profeta» infundir aliento (en griego pneuma, espíritu o vida) a la «imagen de la bestia», para que esta hable y ejerza poder letal (Apocalipsis 13:15).
Durante milenios, esto fue un misterio teológico. Hoy, la IA ofrece la respuesta hermenéutica. Por primera vez en la historia, el hombre ha creado una «imagen» que parece tener vida y raciocinio. La IA es el ídolo definitivo: una creación humana a la que entregamos nuestra soberanía moral.
Además, la promesa central de Ellison de erradicar el crimen nos lleva directamente a la advertencia de Pablo en 1 Tesalonicenses 5:3: «Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina«. Ellison no vende tecnología; vende la ilusión final de «Paz y Seguridad». Al aceptar la vigilancia absoluta para evitar el caos, la humanidad podría estar firmando el pacto profetizado, entregando su libertad a cambio de una protección administrativa.
El Regreso del Golem
Desde la perspectiva de la mística judía, podríamos decir que Ellison está construyendo el Golem definitivo. Como en la leyenda cabalística de Praga, el hombre utiliza «códigos» para crear una fuerza protectora. Pero el Golem carece de Neshama (alma); carece de discernimiento moral. Solo cumple instrucciones.
Larry Ellison imagina un mundo ordenado. Pero al eliminar la privacidad, la redención y el misterio del corazón humano, nos acerca peligrosamente a una jaula de oro digital. Ha creado un «Gran Otro» tecnológico para vigilarnos, olvidando que una sociedad que se porta bien solo por miedo a ser vista no es una sociedad moral; es simplemente una prisión bien gestionada.
La visión de Ellison es un Juicio Final en tiempo real. Ya no esperamos al final de los tiempos para que se abran los libros; los libros (servidores) están abiertos permanentemente.
La transformación política y espiritual es que el temor a Dios se reemplaza por el miedo al Sistema. Y mientras el temor a Dios puede llevar a la sabiduría (Proverbios 9:10), el miedo al sistema solo lleva a la sumisión y condenación eterna.





















