Por Ptr. Moisés Franco
Luego de las polémicas declaraciones presidenciales en una iglesia chaqueña cabe preguntarnos qué dicen realmente las Sagradas Escrituras sobre el tema y cuál es la posición esperable de un discípulo de Cristo en esto.
El pasado 5 de julio el «Dr» Javier Milei se presentó en la inauguración del nuevo templo de la iglesia evangélica (neopentecostal Portal del Cielo en la provincia de Chaco (Argentina) donde brindó un discurso en el que asoció el concepto de “justicia social” con la envidia.
Explícitamente dijo:
“En su moral retorcida, invirtieron el orden de los factores que conducen a la prosperidad. La justicia social es un virus que le han metido a la gente y que llena de envidia, de odio y de resentimiento a cada una de las personas… No nos van a doblegar, nosotros conocemos las Santas Escrituras«.
El jefe de gobierno también expresó:
«no debe haber nada más anti-judeocristiano que la idea de justicia social porque es robarle a una persona el fruto de su trabajo y dárselo a otra, es la caridad impuesta por la fuerza. La caridad tiene que emerger del alma, del espíritu de uno, y no con una pistola en la cabeza. (…) La justicia social está en contra del séptimo y el décimo mandamiento: robar está mal y codiciar los bienes ajenos también«
Ahora bien, frente a estos dichos cabe analizar a la luz de las Sagradas Escrituras y de los especialistas teológicos qué dice el Eterno sobre la “justicia social”.
Dado que Milei afirma que este concepto va contra lo “judeocristiano” cabe empezar por analizar lo que dice la teología del judaísmo.
En hebreo se usa el término “tzedaká” como un equivalente a justicia social.
En su “Manual de religión judía. Principios, ritos y costumbres” (1955), Erna C. Schlesinger escribe un apartado sobre justicia social:
“otro de los fundamentos de la vida social es la justicia arraigada en la fe en el Dios justo a quien anhelamos imitar. Sin ella el orden social se derrumbaría…La sociedad humana debe preocuparse por la distribución equitativa de los bienes materiales, la relación justa entre el trabajo y el salario…Estos principios encontraron una solución ejemplar en las leyes judías acerca del año sabático y el año de jubileo, que aseguraban en Israel el equilibrio en la distribución de la propiedad de la tierra, factor principal de la producción.”
(págs. 59-60)
¿Qué dicen las Escrituras en el Pentateuco?
La cita anterior da pie para analizar algunas leyes bíblicas aplicadas de forma literal en la tierra de Israel:
- Año sabático (Levítico 25:4-7) implica que cada siete años la tierra debe descansar y por un año no se trabajada. Pero también: “Cada siete años condonarás las deudas. 2 Esta condonación se hará de la siguiente manera: Todo el que haya prestado algo a su prójimo o a su compatriota, lo relevará de la obligación de pagar la deuda. Ya no le exigirá que le pague, porque se proclamará la condonación de deudas en honor del Señor”. (Dt.15:1-2| RVC).
- Año de jubileo (Lv. 25:10-16): además de ser un año donde no se trabajaba la tierra, las propiedades volvían a sus dueños originales, esto impedía la acumulación de tierras y garantizaba una distribución justa de la misma.
- Obligación de apartar parte de las cosechas a los pobres: 9 “Cuando recojas las cosechas de tu tierra, no siegues el grano en las orillas de tus campos ni levantes lo que caiga de los segadores. 10 Harás lo mismo con la cosecha de la uva, no cortes hasta el último racimo de las vides ni recojas las uvas que caigan al suelo. Déjalas para los pobres y para los extranjeros que viven entre ustedes. Yo soy el Señor tu Dios”. Aclaremos que no eran unos pocos granos y unas pocas uvas, se trataba de una cantidad nada despreciable de la producción.
Primera conclusión: eso de que la caridad debe “emerger del corazón” y no impuesta por la fuerza no es bíblico. Si bien lo ideal es que surja espontáneamente, el Eterno fue sabio en establecer un mínimo obligatorio a fin de que ningún pobre muriese de hambre habiendo cosechas.
¿Qué muestra el Evangelio y los escritos mesiánicos?
En Marcos 12:41-44 está el famoso relato de la viuda que ofrenda todo lo que tenía, unas pocas monedas de escaso valor, pero que para el Maestro habían significado más que las contribuciones de los adinerados, porque:
“…ellos dieron una mínima parte de lo que les sobraba, pero ella, con lo pobre que es, dio todo lo que tenía para vivir” (v.44 | NTV)

Es interesante saber que este evento ocurre en lo que se conoce como “el Patio de las Mujeres” donde había once cofres con una boca como de trompeta que resonaba al echar ahí la donación.
Como explican David Nesher y otros autores estos cofres eran para contribuir al sostenimiento del templo, pero también para la caridad (en hebreo “tzedaká”, también traducido como justicia social).
Vemos en este y otros tantos relatos cómo el Señor elogia la opción por los pobres, justamente en sintonía con el espíritu de la ley mosaica y los profetas.
Esto también lo podemos ver en la exhortación del apóstol Santiago. En el capítulo 2 hace una fuerte advertencia contra la discriminación al pobre y la preferencia por los ricos, además agrega:
“Si un hermano o una hermana están desnudos, y no tienen el alimento necesario para cada día, 16 y alguno de ustedes les dice: «Vayan tranquilos; abríguense y coman hasta quedar satisfechos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve eso? 17 Lo mismo sucede con la fe: si no tiene obras, está muerta”.
Algo semejante hace el apóstol Pablo en 1 de Corintios 11:17-22 porque los que tenían más recursos no consideraban a los tenían poco a la hora de compartir la Mesa del Señor luego de cada sábado.
Según Mateo 5:17 el mismo Cristo afirma que él no vino a “abolir la ley o los profetas. No vine a abolir sino a cumplir”. Es decir, que su enseñanza va en sintonía con lo dicho en las leyes del Pentateuco y, por ende, jamás iría en contra de la idea de tzedaká o justicia social.
En síntesis,los pasajes citados del Evangelio y cartas apostólicas (podrían mencionarse otras más), lejos de asociar la justicia social a la envidia y odio como afirma el presidente, claramente lo hacen con el amor al prójimo.
Es que, desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras el amor a los demás no es un sentimiento, sino una obligación (Lv. 19:18) y para el Mesías es una de las más importantes junto con el amor a Dios (Mt. 22:36-40).
Independientemente de las miradas políticas que cada cual pueda tener sobre la gestión nacional actual, en términos prácticos y desde su origen hebreo, la justicia social es clave en los valores judeocristianos y no es algo optativo, sino un deber impuesto por el Eterno mismo.













en algo tan constatable como la demografía: «Nosotros podemos tener varias mujeres. Algún amigo ha llegado a tener veintiún hijos«. «Su sociedad se despuebla porque sólo desea tener un hijo y un pez de colores o un perro. No se sorprenda, pues, si dentro de pocas generaciones ya somos mayoría aquí. No es ningún fantasma. Es la realidad«, añade.