Por Moisés Franco
Hay quienes piensan que los textos bíblicos del Pentateuco son puro rigor legalista y que la gracia como tal vino a aparecer en la vida del ser humano sólo a partir de la venida del Mesías.
Como he explicado en otros comentarios, esto no es así. El hombre no merecía la promesa mesiánica de Génesis 3:15 que habla de una simiente de mujer con capacidad para pisarle la cabeza a la serpiente (conocido en teología como “protoevangelio”).
¿Y si la humanidad que acaba de pecar y estaba siendo destituida del Edén no merecía semejante promesa divina …eso no es gracia?
La gracia brota del amor benevolente del Eterno, de su propia esencia. Es que, tal como ha explicado el profeta y apóstol David Nesher comentando 1 Juan 4:8, “Dios no tiene amor, Él es amor”.
Es por esa misma gracia que YHVH dijo:
“Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel”.
(Shemot/ Éxodo 19:4-6)
Vemos que la acción de salvación la hace el Eterno y no Israel, por eso dice: “cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí”, no fueron salvados por sus méritos sino por gracia.
Y luego afirma que, si los israelitas preservan su pacto, será “gente santa”.
Este último concepto es el que usó Kóraj o Coré en su argumento de rebeldía contra Moisés:
“Y se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y el Señor está en medio de ellos. ¿Por qué, entonces, os levantáis por encima de la asamblea del Señor?”
(Nm. 16:3 |LBLA)
El planteo es engañoso: porque en principio pareciera que Kóraj quiere una democratización total del poder político y sacerdotal, un liderazgo totalmente horizontal. Pero en el fondo no es así, ya que evidentemente él y su comitiva querían el gobierno y el culto.
O sea, manipuló a las masas fomentando un malestar colectivo sólo para imponerse él mismo en el poder.
Ahora bien, el argumento no comprende dos cuestiones fundamentales.
En primer lugar, la gracia funciona como una plataforma desde la cual todos partimos. Pero luego será el esfuerzo personal por vivir en santidad lo que marcará la autoridad espiritual de cada creyente.
O sea, el Espíritu Santo es dado a todo el que cree y esto es gratuitamente (Lc. 11:13). Pero cuánto Él podrá santificar a cada persona dependerá de cuánto luche ese creyente contra su carnalidad.
Ejemplo de esto lo tenemos en Marcos 9:35:
“Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo:
Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos”.
Es decir, hay más autoridad en tanto más se crucifique el ego y se sirva al propósito divino.
La santidad en cuanto apartamiento es por gracia, pero demanda de un compromiso del que es santificado (1 Pedro 1:16-19).
Incluso esto se habla dentro del judaísmo. Dice Yehuda Amital: “Coraj se posiciona muy claramente en contra de esto: ‘Toda la comunidad es sagrada. Ya hemos alcanzado el estatus de santos; no necesitamos esforzarnos mucho en esto; nos viene automáticamente de Dios’. Piensa que los grandes desafíos que constituyen el verdadero servicio a Dios son tan fáciles como recitar un eslogan, y ese es su error. Cree que se puede resumir su servicio a Dios en un eslogan, que puede encapsularse en una pegatina para el parachoques.
La lección que debemos aprender al rechazar a Coraj es que la adoración adecuada a Dios requiere un esfuerzo tremendo y no puede resumirse en frases sencillas” 1
Un ejemplo de que un cargo eclesiástico no es para cualquiera que sólo lo anhele, sino para quien cumpla con determinadas condiciones de vivencia en santidad lo vemos en la Primera carta a Timoteo. En el capítulo tercero se enuncian los requisitos para tener obispado (cargo de supervisión) y para diaconado. Entre esos dice de los aspirantes a obispo: “no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” (v.6).
Un neófito es alguien recién convertido, ¿es hijo? Sí, ¿quién podría negarlo? Pero no es maduro.
La gracia nos da a todos la posibilidad de ser llamados hijos de Dios (Romanos 8:16), pero eso no significa que todos los hijos tengan la misma madurez al mismo tiempo.
El segundo punto importante para comprender en cuanto a la gracia es que manifiesta no sólo la benevolencia de nuestro Papá, sino también su soberanía.
Dice Efesios que: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Ef. 4:11). Él los constituyó, no fue la democracia ni la opinión de uno mismo, tampoco la meritocracia (aunque obviamente de alguien con un oficio ministerial se espera obras de justicia y la confirmación de la asamblea a la que sirve).
Pero a la larga es el Señor quien constituyó a cada persona con este tipo de oficio (apóstol, profeta, evangelista y pastor-maestro) desde el vientre. Esto lo vemos con el llamado a Jeremías: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jer. 1:5).
El error de Kóraj fue confundir naturaleza con autoridad. Es decir, una cosa es que por la gracia divina cada israelita es llamado “santo” y otra es que cada individuo santo tenga la misma autoridad espiritual.
Esta tendencia diabólica (engañosa) implica pensar que la gracia que santifica al pueblo del Eterno iguala a cada individuo con la misma responsabilidad (porque a la larga la autoridad no es otra cosa que un mayor peso de responsabilidad por la que se deberá rendir cuentas al Señor, según Lucas 12: 48).
Ahora bien, en la historia de la salvación esto se ha repetido innumerables veces y ha sido la causa de división en muchas congregaciones.
En nuestros tiempos hay un elemento peor: la tecnología de streaming al alcance de la mano permite que en una misma plataforma haya un siervo del Eterno de amplia trayectoria y conocimiento puesto a la par de un neófito que habla como gran maestro.
Así mismo, también está la idea (incluso entre redimidos que dicen amar la Torah) de pensar que no se necesitan líderes sino sólo “juntarse en grupos para compartir”.
Los liderazgos son necesarios en una congregación, no para imponer su voluntad y tener privilegios (como da a entender Kóraj contra Moisés y Aarón), sino porque alguien debe hacerse responsable ante el Eterno de esas vidas.
Hay alguien que debe estar dispuesto a decir “heme aquí” y estar dispuesto a lavar los pies a los demás, a dedicar más tiempo en el estudio de la Palabra que el resto, a dedicar más horas a la ministración; a la intercesión; etc. Ese es el verdadero liderazgo y la fuente de la autoridad espiritual según nos enseñó Yeshúa (y a quien hace eso se lo respeta, porque es el Señor mismo a través de ese humano dándonos honra).
“Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”.
(Jn. 13:13-17)
Que el adversario no nos confunda haciéndonos dividir o evitando pertenecer a congregaciones con un liderazgo definido para vivir en grupos sin compromiso (ni dirección). Disfrutemos de la gracia recibida a través de Yeshúa el Ungido y comprometámonos a vivir en santidad por amor a Su propósito y atentos al regreso del Señor.
Te invito a ver con tu mente bien abierta este video resumen:
CITA
- AMITAL, Yehuda, “Koraj | «Toda la comunidad es santa» vs. «Serás santo ante Dios», publicado en https://www.etzion.org.il/ el 15/06/2002.







