Levítico

La Arquitectura de la Equidad: Límites Morales al Poder del Empleador

La Ontología del Jornal: Deuda, Tiempo y Sacralidad en la Exégesis de la Torah

(Ética de la Inmediatez y la Justicia en Levítico 19:13)

Por P.A. David Nesher

«No oprimirás a tu prójimo ni le robarás. No retendrás el salario del jornalero en tu poder hasta la mañana»

Levítico 19:13

Este precepto de Levítico trasciende la mera regulación laboral para instalarse en el núcleo de una ética de la alteridad. La Torah no solo legisla sobre transacciones económicas; define la arquitectura misma de la dignidad humana y la responsabilidad ante la precariedad del «Otro».

I. La Dialéctica de la Violencia: Del Engaño a la Opresión

La exégesis tradicional, desglosa este versículo en una gradación de la transgresión. Mientras que la prohibición de «timar» o defraudar alude al engaño subrepticio y oculto, el «robo» se manifiesta como la apropiación violenta y explícita. Sin embargo, la Torah introduce una tercera categoría más sutil y devastadora: la retención del salario.

Desde una perspectiva contemporánea y reflexiva, esta retención no es una simple demora administrativa; es una forma de violencia sistémica. Al no pagar a tiempo, el empleador no solo retiene capital, sino que secuestra la autonomía existencial del trabajador. La Torah eleva la negligencia patronal al estatus de hurto, desafiando la desconexión moral de nuestras estructuras socioeconómicas actuales, donde el retraso en el pago suele ser normalizado como una «optimización de flujo de caja».

II. El Salario como «Entrega del Alma»: Una Lectura Talmúdica

La expansión de esta ley en Deuteronomio 24:14-15 revela la urgencia del mandato: «…antes de que se ponga el sol, ya que pobre es, y a esta paga él eleva su alma». Aquí, la Torá define el trabajo desde una antropología profunda. El obrero no solo alquila su fuerza productiva; arriesga su propia integridad vital en el proceso.

Como relata el Talmud a través de la figura del exégeta Rabbí Hamnuná Sabá, el pago del jornal es un acto de restitución espiritual. Al entregar el salario, el maestro decía: «Toma tu vida, la que has depositado en mis manos«. Bajo este pragmatismo reflexivo, entendemos que el salario no es una recompensa externa, sino la devolución de la energía vital —el alma— que el trabajador ha invertido en la tarea. Retener el pago es, literalmente, retener la vida ajena.

III. La Temporalidad de la Misericordia: Rashí y la Pragmatismo de la Ley

La distinción que hace Rashí entre los textos de Levítico y Deuteronomio subraya la sofisticación técnica de la ley yahvista. Al diferenciar entre el asalariado diurno (cuyo plazo de pago es el amanecer) y el nocturno (cuyo plazo es la puesta del sol), la Torah establece un equilibrio de responsabilidades:

  1. Protección del Vulnerable: El trabajador debe recibir su sustento en el momento de mayor necesidad.
  2. Viabilidad del Empleador: Se otorga un plazo finito para que la obligación sea ejecutable, evitando la imposibilidad fáctica.

Esta estructura legal está imbuida de la imitatio Dei (imitación de la misericordia divina). La justicia en la Torah no es una abstracción jurídica, sino una práctica cotidiana que debe aplicarse sin distinción de origen, protegiendo tanto al nativo como al extranjero residente.

IV. Conclusión: El Clamor de la Justicia

Para concluir, me parece muy importante agregar aquí el cierre de Deuteronomio 24:15 que es una advertencia metafísica: «…para que no clame contra ti al Eterno, y sea en ti pecado». En la mirada posmoderna, este «clamor» representa la ruptura del contrato social y ético. Cuando la estructura de poder ignora la urgencia del necesitado, el pecado no es solo una falta ritual, sino una herida en el tejido de la realidad compartida. La ética del salario es, en última instancia, la validación del otro como un ser sagrado cuya vida no debe ser retenida, ni siquiera por una noche.

Este mandato ético de la Torah adquiere una resonancia urgente e ineludible al ser contextualizado en la realidad socioeconómica de Latinoamérica. En una región históricamente marcada por profundas asimetrías de poder, altos índices de informalidad laboral y estructuras heredadas de explotación, la retención o precarización del salario no es una excepción, sino una patología sistémica. La figura del jornalero de Levítico y Deuteronomio se encarna hoy en millones de trabajadores —muchos de ellos indígenas, afrodescendientes, migrantes o campesinos— cuya «alma» sigue quedando depositada en manos de empleadores que, a menudo amparados por la impunidad o la desconexión moral, postergan la justicia distributiva. Invocar hoy la «misericordia» y el «clamor» bíblicos en nuestro continente no es un simple ejercicio de piedad, sino un llamado radical a la deconstrucción de estas estructuras.

La «imitación de la misericordia de Dios» en Latinoamérica debe traducirse en políticas públicas concretas y en una conciencia empresarial que reconozca que la inmediatez del salario no es un favor, sino la restitución de la dignidad y la vida de un Otro que sigue clamando por justicia desde las periferias de nuestra historia.

En amor y servicio: David Nesher

El Arte de Soltar: Del Ritual a la Libertad Interior

Por P.A. David Nesher

Al estudiar la parashá de Ajarei Mot nos encontramos con Levítico capítulo 16, y vemos en la solemnidad (moed) de Yom Kipur, que la Torah nos regala una imagen visualmente impactante: dos chivos. Uno destinado a la conexión con lo Divino (suerte por Yahveh) y el otro, enviado hacia Azazel.

A menudo, hemos malinterpretado esta escena cayendo en el error de creer que que el animal, de «forma casi mágica», «absorbía» la culpa de todo el Pueblo escogido de Yah. Pero la sabiduría de nuestros maestros es mucho más terrenal y, por lo tanto, más profunda: ningún ser externo tiene el poder de gestionar nuestra responsabilidad. Por lo tanto, Yom Kipur, NO es magia; es psicología espiritual.

El Desierto como Metáfora

Para el exégeta judío Rashi, el nombre Azazel no es el de un demonio ni una entidad del otro lado, sino un «lugar áspero», un desierto inhóspito, que simboliza al alma humana en vaciedad. Desde esta opinión, el Sabio Najmánides lo define como ese espacio donde la Presencia Divina parece ausente. En términos modernos, Azazel es el vacío, el lugar donde lo que nos daña ya no puede echar raíces.

Entonces surge una pregunta: ¿qué nos intenta susurrar la Torah a través de este rito? Que la verdadera expiación (Teshuvah) no es un traspaso de culpas, sino un acto de conciencia y valentía.


Tres Pilares para una Vida Renovada

El ritual de enviar al chivo que representa a Azazel es la metáfora externa de un proceso íntimo que todos necesitamos atravesar y que podemos describir en estos tres puntos:

  1. Identificar sin juzgar: El error se reconoce. No se niega ni se justifica con excusas intelectuales. Se mira de frente.
  2. Externalizar la culpa: Lo que antes vivía dentro de nosotros, carcomiendo nuestra paz, ahora es «sacado fuera». Es el reconocimiento de que cometer un error no nos convierte en el error.
  3. Distanciamiento consciente: Como el ave que se libera en la purificación del metzorá, se trata de romper las cadenas con el estado anterior. Es elegir activamente que ciertas conductas ya no tienen sitio en nuestro presente.

Con estos puntos en mente podrás descubrir que no todo lo que forma parte de tu historia tiene que formar parte de tu identidad.

Una Reflexión para el Siglo XXI

En nuestra era postmoderna, donde cargamos con el ruido de las redes, las expectativas ajenas y los fracasos del ayer, la enseñanza de Azazel es un bálsamo: Teshuvá es el valor de soltar.

  • Soltar el pensamiento que te sabotea.
  • Soltar el hábito que te contamina.
  • Soltar la versión de ti mismo que ya no te representa.

Como bien dice el profeta Miqueas, se trata de «arrojar al fondo del mar» (Miqueas 7:19) lo que nos pesa. Pero el mar no es un olvido pasivo; es la decisión activa de poner distancia entre quién fuimos y quiénes estamos llamados a ser.

El Eterno no solo borra una cuenta; nos ofrece una página en blanco. Porque perdonarse a uno mismo es, en última instancia, recuperar la libertad de empezar de nuevo, lejos de los desiertos del pasado.

Bitácoras Relacionadas:

Te invito a saber más sobre el Yom Kipur a través de estas bitácoras:

La Transformación del Deseo: Un Estudio sobre el Fuego Perpetuo y el Altar del Corazón

Sabiduría oculta de la Parashá Tzav

Por P.A. David Nesher

Amados buscadores de la verdad, hoy quiero invitarles a adentrarnos en uno de los misterios más profundos de nuestro desarrollo espiritual. Muchas veces vivimos creyendo que nuestro mayor desafío es cambiar el mundo exterior, cuando en realidad, la verdadera batalla y la más hermosa transformación debe ocurrir en nuestros pensamientos y deseos. Hoy les enseñaré cómo podemos construir un nuevo recipiente espiritual y mantener viva esa llama interior que nos conecta con el Creador, guiados por la infinita luz de la Sabiduría de la Torá.

  1. La Carencia del Recipiente y la Urgencia del Despertar.

Comencemos analizando la instrucción divina que inaugura este proceso interno. La Escritura de Vayikrá en la parashá Tzav nos dice:

«Ordena a Aarón y a sus hijos diciendo: Esta es la ley del holocausto«.

(Vayikrá | Levítico 6: 8-9)

En este momento necesito que presten especial atención a la palabra «ordena» (Tzav). Los grandes sabios enseñan que esta palabra no aparece por casualidad en el texto; más bien denota urgencia. Conlleva un llamado a apresurarnos rápidamente, especialmente allí donde yo señalo con la metáfora «los bolsillos están vacíos«.

Pero, ¿qué significa tener los bolsillos vacíos en nuestro trabajo espiritual? No me refiero a una carencia económica. Llevándolo a la Sabiduría de la Torah, la metáfora del «bolsillo» representa nuestro recipiente, nuestro anhelo. Por naturaleza, todos ustedes y yo nacemos con un deseo profundo de recibir solo para nuestro propio beneficio. Sin embargo, la Luz del Creador es puro otorgamiento, puro amor. Si intentamos recibir Su inmensa abundancia con nuestras «gafas egoístas», percibiremos esa luz de forma distorsionada, experimentando este mundo como un lugar lleno de oscuridad, injusticia y sufrimiento.

No sufrimos por falta de abundancia, sufrimos por la carencia del recipiente adecuado. Por ello, la Escritura nos apremia. No podemos procrastinar ni decir «mañana me acercaré al Creador», porque si no clamamos por Su ayuda hoy, perderemos el objetivo. Debemos enfocar nuestras plegarias no en pedir más abundancia material, sino en clamar para que se nos otorgue un nuevo deseo, un anhelo ardiente de otorgar y amar.

  1. El Verdadero Sacrificio y el Pacto de Sal.

Para acercarnos a la cualidad del Creador, debemos realizar un sacrificio. Pero quiero que comprendan esto desde la interioridad: no estamos hablando de ofrendar animales físicos. El verdadero sacrificio consiste en acercarnos a nuestros propios deseos —nuestros 613 deseos (613 mitzvot)— y transformar su intención.

Cada vez que ustedes deciden no actuar para su beneficio propio, están «cortando» o sacrificando la intención egoísta de ese deseo. Y es precisamente en ese lugar, vaciado de egoísmo, donde la Luz del Creador puede finalmente revelarse.

Ahora bien, ustedes podrían preguntarse: «¿Cómo garantizo que no volveré a caer en mi naturaleza egoísta cinco minutos después?«. Aquí es donde interviene un elemento sagrado: la sal. La instrucción divina nos manda salar las ofrendas. Esta «sal» representa la fuerza misma del Creador, la Luz superior que conserva nuestra acción y sella nuestro compromiso para que la corrección de nuestro deseo sea eterna y duradera. Como no podemos transformar nuestra naturaleza por nosotros mismos, es vital que nos sumerjamos en el estudio de la Sabiduría de la Torah. Esta sabiduría es la herramienta que atrae esa Luz capaz de corregirnos y brindarnos las vasijas del otorgamiento.

  1. El Sacrificio de Elevación: Consumiendo al Acusador.

A medida que ustedes comiencen a transitar este camino de verdad y amor al prójimo, se encontrarán con una gran resistencia interna. A esto hace referencia el siguiente pasaje:

«Esta es la ley del sacrificio de elevación. El sacrificio de elevación permanecerá sobre el altar toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar arderá en él«.

El sacrificio de elevación (Korbán Olá) no es otra cosa que el enfrentamiento contra un pensamiento malo, un «acusador» que surge en la mente para desviarlos del camino. Cuando ustedes deciden crecer y entregarse al Creador, de pronto verán cuán inmersos están en el amor propio y caerán en la desesperación. Escucharán voces internas disfrazadas de falsa humildad susurrándoles: «No eres digno», «Esto es demasiado para ti», «El Creador no ayuda a personas como tú».

¡Les insto a que no escuchen esas voces! Si se detienen a dialogar con estos pensamientos limitantes, su avance se detendrá. La instrucción divina es clara: deben quemar ese pensamiento en el altar por completo, sin dejarle rastro. No le den espacio ni tiempo. Expónganlo a la Luz abrasadora de la Palabra de Dios, pues está escrito: «¿No es mi palabra como fuego…?«. Comprendan que el Creador permite que estos obstáculos aparezcan no para alejarlos, sino para generar en ustedes un anhelo aún más fuerte, para impulsarlos a ir hasta el final con toda su fuerza.

  1. El Fuego Perpetuo: Despertando al Sacerdote Interior.

Para lograr vencer estas batallas cada día, necesitamos mantener viva nuestra llama espiritual. La ordenanza divina es contundente:

«Y el fuego sobre el altar arderá en él, no se apagará; y el sacerdote encenderá sobre él leña cada mañana… fuego perpetuo arderá sobre el altar, no se apagará«.

(Vayikrá | Levítico 6: 12)

Este no es un fuego poético; es una poderosa ley espiritual. Nuestro corazón es el altar, el espacio donde construimos la morada para la revelación divina. El fuego perpetuo es ese anhelo ardiente y constante por el otorgamiento y el amor. Pero este fuego no se mantiene solo. Así como el sacerdote físico debía añadir leña cada mañana, cada uno de ustedes tienen un «sacerdote interno» cuya labor ineludible es despertar cada día y renovar este entusiasmo.

El amor, si no se renueva, se apaga. Ustedes deben cuidar celosamente este «punto en el corazón», asegurándose de que sus deseos materiales y pasajeros —que es natural llenar— no interfieran ni asfixien esta sagrada llama interior. Cuando este entusiasmo ardiente está vivo, «muchas aguas no podrán apagarlo», y tiene la fuerza para consumir cualquier pensamiento extraño que intente enfriar su devoción.

  • La Fuerza del Colectivo y la Morada del Creador.

Finalmente, debo revelarles el secreto más grande para que este fuego no se extinga jamás. Vivimos en una cultura individualista que nos miente, haciéndonos creer que podemos alcanzar la plenitud en soledad. Esto es imposible. La Escritura nos recuerda: «El amor cubrirá todas las transgresiones».

Originalmente, toda la humanidad era una sola alma que se fragmentó. Hoy, cada uno de ustedes posee una chispa de esa gran estructura espiritual. Si intentan encender su alma aislados, fracasarán. Para tener la fuerza real de mantener el fuego, ustedes deben incluirse dentro del colectivo, en el conjunto de Israel —aquellos que desean ir directo al Creador—.

Es por ello que clamamos al rezar la Shemá: «Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno» y luego se nos manda «Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma…» (Devarim | Deuteronomio 6: 4-5). Ese amor inquebrantable siempre está presente dentro del conjunto. Al unirse genuinamente, al elevarse mutuamente y buscar beneficiar a los demás, ustedes encienden esa chispa oculta. De este modo, restauramos el alma general y creamos la Shejiná, la morada perfecta donde la inmensa Luz del Creador puede habitar y revelarse plenamente entre nosotros.

Hermanos, les exhorto hoy a apresurarse. Salgan de la mentira del beneficio propio y abracen la verdad del amor al prójimo. Renueven su intención cada mañana, quemen sus miedos en el fuego de la Torá y únanse en un solo corazón. Al hacerlo, verán cómo nuestra chispa interior se transforma en una luz resplandeciente, capaz de transformar por completo nuestra vida y el mundo entero. Que así sea.

En amor y a vuestro servicio: David Nesher

¿Oído, Mano y Pie? El «Manual de Usuario» de hace 3.000 años para una Vida con Propósito

El Ritual de la Totalidad: Reflexiones sobre el Carnero de la Consagración

5tta Aliyá de la Parashá Tzav

Por P.A. David Nesher

A primera vista, el libro de Levítico (Vayikrá) puede parecer una lista interminable de reglas polvorientas. Pero si hacemos zoom en el capítulo 8, versículos 22 al 29, nos encontramos con una de las escenas más potentes y cinematográficas de las Sagradas Escrituras: el ritual del Carnero de la Consagración.

Moisés toma la sangre de un carnero y, en lugar de algo genérico, hace algo muy específico: toca el lóbulo de la oreja derecha, el pulgar de la mano derecha y el dedo gordo del pie derecho de los nuevos sacerdotes.

Ante esto surge en nuestra mente la pregunta: ¿Por qué tanto detalle anatómico? Porque aquí se esconde un secreto para cualquiera que busque vivir una vida con intención.

La reflexión más extendida entre los comentaristas (como Rashi o el Kli Yakar) sugiere que esta unción triple representa la entrega total del ser. No se trata de una bendición abstracta, sino de una consagración de las herramientas con las que interactuamos con el mundo:


1. La Oreja: El filtro de lo que dejas entrar

Antes de que los sacerdotes hicieran su primer trabajo, Moisés tocó su oreja. Esto enseñaba que antes de actuar, el servidor debe aprender a escuchar. Es la capacidad de discernir la voz de lo divino entre el ruido del ego. Representa la receptividad y la obediencia.

  • La reflexión para nosotros: En un mundo lleno de notificaciones, opiniones ajenas y ruido digital, la primera clave de la «consagración» es la escucha activa.
  • El reto para hoy: ¿A qué le estás dando permiso de entrar en tu cabeza? Santificar la oreja es aprender a discernir qué voces nos construyen y cuáles simplemente nos distraen de nuestra misión.
2. La Mano: La huella que dejas en el mundo

Luego, el pulgar derecho. El pulgar es lo que nos permite agarrar, crear y transformar la materia. Santificar la mano significa que cada obra, por pequeña que sea, debe ser un acto de servicio y justicia.

  • La reflexión para nosotros: No basta con tener buenas intenciones en la cabeza; hay que bajarlas a las manos. La espiritualidad no es solo meditar en una montaña; es cómo tecleas en tu computadora, cómo cocinas para tu familia o cómo ayudas a un vecino.
  • El reto para hoy: Que todo lo que «toques» hoy quede un poco mejor de como lo encontraste.
3. El Pie: La dirección de tus pasos

Finalmente, el dedo gordo del pie. Sin él, perdemos el equilibrio y la capacidad de caminar firmes. Por eso simboliza el «caminar» cotidiano, la dirección que toma nuestra vida y la firmeza en el propósito.

  • La reflexión para nosotros: Puedes tener grandes ideas (oreja) y mucha energía (mano), pero si tus pies te llevan por el camino equivocado, estás perdido.
  • El reto para hoy: Revisa tu brújula. ¿Tus pasos cotidianos te están acercando a la persona que realmente quieres ser?

El secreto del «Llenado de Manos» (Miluim)

Existe un detalle hermoso y vital en el versículo 27 es cuando Moisés pone las ofrendas directamente en las manos de Aarón y sus hijos y las «mece» como una ofrenda mecida. En hebreo, este proceso se llama Miluim, que literalmente significa «llenado».

La meditación aquí es profunda: para ser un canal de bendición, primero hay que tener las «manos llenas» de lo sagrado. No se puede dar lo que no se tiene. El ritual de mecer los panes y la grasa hacia los cuatro puntos cardinales simboliza que el servicio del sacerdote no está confinado al Tabernáculo, sino que su influencia debe extenderse a todo el universo.

La lección para nosotros: Para poder servir a los demás y tener un impacto real, primero tienes que llenar tus propias manos de contenido, de valores y de paz. No puedes dar un vaso de agua si tu jarra está vacía.

El Sacrificio como Transformación Interior

El versículo 28 describe cómo Moisés quema estas porciones en el altar. Para los místicos, esto representa la transmutación. Lo que antes era materia física (pan, grasa, carne) se convierte en «aroma grato».

La reflexión para el lector contemporáneo es clara: la verdadera espiritualidad consiste en tomar nuestros recursos mundanos (nuestro tiempo, nuestras posesiones, nuestro esfuerzo) y «elevarlos» mediante el fuego de la intención, transformando lo ordinario en algo que trasciende.


Conclusión: Un GPS para el alma

Levítico 8:22-29 no es solo un rito antiguo; es un recordatorio de que la santidad (o la excelencia de vida) es integral. Es decir que no es un estado de pureza estática, sino un compromiso activo. Al marcar el oído, la mano y el pie, la Torá nos recuerda que la espiritualidad debe ser integral: debe afectar lo que dejamos entrar (oído), lo que hacemos (mano) y hacia dónde nos dirigimos (pie). Es una invitación a vivir una vida de coherencia, donde el cuerpo físico se convierte en el altar de una devoción continua.

Al final del día, todos somos «sacerdotes» de nuestra propia vida. Entonces, la pregunta es: ¿Están tus oídos, manos y pies alineados con tu propósito más alto?

El poder del Shofar en los Festivales de Otoño

por David Nesher

PARASHA EMOR

Y habló el Eterno a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, el primer día del mes, será para vosotros descanso solemne, conmemoración al son de shofar, convocación santa; ningún trabajo servil haréis, y presentaréis ofrenda de fuego al Eterno.

Vayikrá | Levítico 23: 23-25

Nos encontramos aquí con un mitzvá (precepto) festivo muy extraño. Ocurre que siempre el primer día del séptimo mes ha resultado ser la fiesta más misteriosa de todas. La Torah no da ninguna razón por la que hay que celebrarla, como lo hace con las otras. Por otro lado, es curioso que esta sea la fiesta que la tradición rabínica más nombres le ha colocado, y sin embargo, al mismo tiempo es la menos explicada a los miembros de la Casa de Judá en cuanto a su significado escatológico mesiánico. [Sólo dos textos en toda la Torah hablan de esta celebración; este que estamos considerando y Bamidbar | Números 29:1-6].

Entonces hagámonos la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que el Eterno nos mande a Su Pueblo a celebrar algo que no sabemos bien por qué? ¿Será que en ese día piensa hacer algo muy grande y asombroso en el futuro y por eso nos quiere unidos en una santa convocación para que estemos alertas y así podamos percibir lo que va a suceder?

En nuestro caso, los servidores del Monte Santo, sabemos (y hemos aprendido a disfrutarla), que el Yom Teruá ocurre en el calendario yahvista como el tiempo señalado después de la festividad de Shavu’ot (Pentecostés).

En la Historia de la Salvación, desde que fue el otorgamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, los discípulos de Yeshúa hemos estado esperando Su regreso. Sin embargo, los años han pasado y en ese transcurrir se han transformado en siglos, y sus discípulos todavía esperamos el sonido de Su trompeta que anunciará Su Regreso.

Justamente, el toque anual del shofar presagia ese día cuando los cielos serán rasgados por el sonido de la trompeta del Mesías, y el conmemorar esta festividad permite que los discípulos de Yeshúa fortalezcamos nuestra emunah (certeza | convicción) para mantener en alto nuestra tikvá (esperanza) en las promesas proféticas que anuncian Su Segunda Venida.

Recordemos que es la única moed (festividad) anual que en los días de nuestro Maestro y Dueño Yeshúa, no se sabía ni el día ni la hora cuando se celebraría, ya en los días del segundo Templo, Israel (Casa de Judá) no se regía por un calendario fijo, como nosotros lo hacemos en nuestro tiempo, sino que el calendario dependía de las fases lunares. Por lo tanto había que esperar hasta que se proclamara que ya se podía celebrar esta fiesta al ver la luna nueva sobre Jerusalén, y por esto no se sabía bien ni el día ni la hora cuando se tenía que tocar el shofar (cuerno).

Además, es asombroso conocer que la escatología judía enseña que las fiestas de otoño aluden al tiempo mesiánico que está por venir. Según los rabinos expertos en el Olam HaVá (Mundo Venidero), primero viene el juicio en Rosh HaShanah (Yom Teruá) cuando se convoca el tribunal celestial, luego llega la jornada de las confesiones de iniquidad en el Yom Kippur, momento en que el tribunal emite su veredicto, y después de eso, el regocijo de Sukkot y Shemini Atzeret.

En estas enseñanzas, los Sabios aseguran que el tiempo por venir comienza con un gran día de juicio, correspondiente a lo que el rabinato denomina Rosh HaShanah, y que el Sefer Vayikrá (libro de Levítico) denomina Yom Teruáh. Después de eso, está escrito en el libro del profeta Ezequiel:

“Os rociaré con agua limpia, y seréis limpios; os limpiaré de todas vuestras inmundicias”
(Ezequiel 36:25).

Y el SEÑOR dice por oráculo del profeta Jeremías:

“Perdonaré a los que deje como remanente”
(Jeremías 50:20).

Estos dos pasajes proféticos corresponden al Yom Kippur y la descripción de lo que el Eterno hará en el final de los tiempos del sistema de cosas presente.

Bien, considerando lo hasta ahora dicho y continuando con las festividades del capítulo 23 del libro de Vayikrá, sabemos que después de eso viene Sucot, conmemoración en la que moramos en enramadas o tabernáculos durante siete días. Al respecto, el profeta Isaías dice: “Habrá una sucá para dar sombra contra el calor del día, y refugio y protección contra la tormenta y la lluvia” (Isaías 4:6). ¡Es por eso que se llama la temporada de regocijo!

Finalmente, aparece ese día octavo tan especial de esta fiesta llamado Shemini Atzeret por medio del que se concluye las fiestas de otoño. Dicha jornada simboliza al último día del milenio mesiánico en que se acabará el tiempo de las naciones e Israel se regocijará bajo el dominio del Mishkán celestial, conocido en el libro de Revelación (Apocalipsis) como la Nueva Jerusalén.

Entonces debemos entender y aceptar que el sonido del shofar del Mesías anunciará Su llegada, la inauguración de Su reino y Su coronación. Serán tiempos en los que el mundo se arrepentirá y renunciará a su maldad. Por aquellos tiempos el Mesías traerá una nueva revelación del Eterno al mundo, trascendiendo la revelación en el Sinaí, y la Torah saldrá de Sion como una vez lo hizo del Sinaí, pero en esta ocasión será para todas las naciones de la Tierra y sus habitantes.

El toque de trompeta que anuncia Su llegada será una advertencia para los impíos. El Mesías reconstruirá el Beit HaMikdash (Templo santo) en Jerusalén. El toque de shofar recuerda que el Mesías es el hijo que fue atado como Isaac, y en su mérito Yah perdonará a Israel sus pecados. Él llenará el mundo del temor del Eterno, y todas las naciones estarán en juicio delante de Él.

El Mesías, por medio del sonido del shofar, reunirá a los exiliados de Israel, porque “enviará a sus ángeles con gran trompeta, y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mateo 24:31). Entonces ocurrirá la primera resurrección: “se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles” (1 Corintios 15:52).

Según lo escrito en el Talmud, el toque del shofar en Rosh HaShanah confunde a Satanás. El sonido del shofar en Rosh HaShanah lo asusta porque le recuerda que le queda poco tiempo. Teme el toque del shofar del Mesías que señalará la redención final. Se testifica en esta obra jurídica que cuando Satanás escucha el shofar de Yom Teruá (Rosh HaShanah del judaísmo), exclama aterrorizado: “¡Es el shofar del día del juicio! El tiempo es corto cuando seré tragado, como dice, ‘Él se tragará la muerte para siempre’” (Tosafot ).

El famoso Sabio El Rambam (más conocido como Maimónides) formuló la siguiente explicación del precepto de escuchar el sonido del shofar: «Despierten, ustedes dormidos, de su sueño! ¡levántense, ustedes somnolientos, de su somnolencia! ¡arrepiéntanse en contrición! ¡recuerden a su Creador!… Observen sus almas mejoren sus caminos y sus obras… » (Hiljot Teshuvá)

Por su lado el sabio Rashi (véase Rosh HaShaná 16a), memorial alude a que los sonidos de shofar recuerdan la fidelidad suprema de Abraham e Itzjak en la Akedá (Bereshit 22: 1-19). El shofar, en tanto cuerno de carnero, simboliza el carnero que Abraham ofreció en lugar de Itzjak. Ante esto, el Rambán explica que es necesario un memorial ante el Eterno debido a que Rosh HaShaná inaugura el período de diez días de juicio recogimiento que culmina en Yom Hakipurim.

Para la Gloria del Santo Bendito Es, en los Escritos del Mesías existe mucha más revelación sobre el secreto del Yom Teruá, especialmente el libro de Revelaciones (griego: Apocalipsis). A lo largo de toda la Escritura del Pacto Renovado (mal llamado Nuevo Testamento) nos encontramos con muchas expresiones que hablan de este día de forma simbólica, me refiero a frase como:

  • Despierta tú que duermes”;
  • Nadie sabe el día ni la hora”;
  • En un abrir y cerrar de ojos”;
  • La trompeta final”;
  • Con una gran trompeta”;
  • Una gran voz, como de trompeta”;
  • Una puerta abierta en el cielo”;
  • Uno sentado en el trono”;
  • Libros fueron abiertos”;
  • Como un ladrón en la noche

Todas las frases de este listado sabemos que se están refiriendo a este día muy especial y misterioso.

En conclusión y juntando toda esta información sobre esta celebración sólo podemos llegar a una certeza, tiene que ser el momento del regreso del Mesías en Gloria, la resurrección de los muertos y el juicio de los justos y de las naciones.

¡Aleluyah, el Mesías retornará para establecer el gobierno perfecto de Yahvéh en la Tierra! Este es el maravilloso significado de la Fiesta de las Trompetas. ¡Yeshúa el Mesías nos enseñó a que oráramos: «Venga tu reino» (Mateo 6:10)!… ¡Y nosotros así hoy rezamos fervientes!… Además nos unimos al Espíritu de la Profecía como Novia y gemimos con suspiros de amor diciendo: ¡VEN!

«Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven.
Y el que oye, diga: Ven.
Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.» 

Apocalipsis/Revelación 22: 17

Para profundizar mejor este TEMA te invito leer:

¿Se ofende Dios con lo que le das?

¡Qué maravillosa es la forma en que la Torah revela la benevolencia infinita del Eterno para con Su Pueblo! En la parashá de esta semana (Emor) nos encontramos con el axioma de que el Eterno dice lo que hay que hacer para ser aceptado delante de Él:

«Lo que tenga defecto, no ofreceréis, porque no os será aceptado.«

(Lev. 22:20)

Con estas instrucciones concretas, nuestro Elohim establece claridad para sus adoradores en lo concerniente a lo que le agrada y lo que no, en el momento que nos acercamos a Su Presencia, y evitando que sean motivo de disgusto, como dice al final de la tercera aliyá (ascensión):

No profanaréis mi santo nombre, sino que seré santificado entre los hijos de Israel; yo soy el YHVH que os santifico
(Lev. 22:32 LBLA)

Es interesante notar que, de la misma manera que no se les permite a los kohanim (sacerdotes) con defectos físicos realizar el servicio Divino en el Santuario, así también animales con defectos físicos quedan invalidados como ofrendas.

El Eterno desea la perfección en Sus siervos tanto en sentido espiritual como moral, y de Sus ofrendas en sentido físico. A pesar de que un animal con defectos pueda ser más grande y más valioso que uno sin defectos, ello no es aceptable pues Yah no mide la perfección en términos monetarios o cuantitativos (Fuente: Sforno a v. 27).

Al estudiar los secretos de los korvanot (“acercamientos” u «ofrendas») entendemos que estos son el símbolo de una actitud que debe ser vista en el Mundo de Arriba, y se aprobada por todas las esferas celestiales, para poder tener el Cielo en la Tierra. Dicha actitud tiene que ver con el hecho de que para el redimido que ofrenda, no existe nada más grande y valioso que su comunión con el Creador. La verdad es que en nuestras ofrendas se manifiesta cuán importante es el Eterno para nosotros.

Con esta mitzvá (mandamiento) el Eterno grababa en la conciencia de cada hijo de Israel que aquello que ofrecemos al Eterno muestra lo que pensamos de Él en nuestro diario vivir. Si ofrendamos lo que nos sobra, mostramos a las esferas celestiales que el Reino de Yahvéh no es el primero, y por lo tanto es muy poco estimado por nosotros. Si damos algo que no nos gusta, mostramos que pensamos que el Eterno no merece lo que nos gusta. Si le damos lo mediocre mostramos que el Reino del Eterno no es importante para nosotros. Si le damos algo con defecto, mostramos que Su Reino y Presencia no valen mucho en nuestras vidas. Nuestras ofrendas muestran lo que pensamos de Él y de su proyecto para el mundo (ver Malaquías 1: 6-14).

De esta manera, cada miembro del Pueblo de Israel aceptada que la acción de dar siempre revela lo que más se valora, y en los niveles celestiales se demuestra que santificar el Nombre del Eterno es lo más valioso en su vida. Aquella alma que da algo que le cuesta muestra que tiene amor al Eterno y a Su proyecto de Reino sobre la Tierra. El que primero da al Eterno y luego piensa en sí mismo, muestra que tiene las prioridades correctas, y los Cielos se ven obligados a derramar rocío de berajot (bendiciones) en su vida, familia y economía.

Ahora bien, en nuestros días no contamos con el Beit HaMikdash (Templo) y, por consiguiente no hay sacrificios, el servicio en el Santuario es reemplazado por la plegaria. ¿Cómo cumplimos a través de la plegaria la condición de “perfecto y sin defectos”? Tratando que la plegaria no sea solamente un conjunto de palabras pronunciadas en un orden establecido, sino que brote del corazón, que tenga no sólo forma, sino un contenido pleno de fe, amor, y temor al Todopoderoso.

Entonces, si al llegar hasta aquí con tu lectura, tú aceptas que nuestras ofrendas y oraciones muestran qué pensamos de nuestro Padre celestial y su propósito eterno, tengo algunos planteos para hacerte:

  • ¿das el maatzer (diezmo) al principio o al final de haber recibido tus ingresos?
  • ¿Te levantas temprano para orar antes de desayunar todos los días?
  • ¿Te esfuerzas en la congregación para cantar fuerte y desde tu corazón ante el Eterno?
  • ¿Te empeñas en la oración hitbodedut para que tus palabras no sean vanas repeticiones?
  • ¿Obedeces con ganas o murmurando?
  • ¿Tienes ganas de que termine el Shabat para poder correr a tu trabajo o disfrutas del Eterno todo lo que puedas en su día?

Me despido dejándote a solas con tu alma y el Espíritu Santo.

En amor y a tu servicio: David Nesher

¡Evita hacer lo que ellos hacen!

P.A. David Nesher

«No harás lo que se hace en la tierra de Egipto donde habitaste, ni harás lo que se hace en la tierra de Canaán adonde te llevo; no andarás en sus estatutos

(Levítico 18:3)

Al estudiar la parasha Ajarei Mot, nos encontramos con que Yahvéh nos ordena que seamos un pueblo apartado. Una nación santa fácilmente distinguible del contexto secular que nos rodea; y de acuerdo a este llamado divino, una de las formas más obvias en las que deberíamos ser diferentes es en el área de la sexualidad.

Mientras los hijos de Israel viajaban de Mitzrayim (Egipto) a la tierra de Canaán, el Eterno advirtió a Su amado pueblo Israel que no imitaran los caminos de los egipcios; Él los instó a que no se volvieran atrás, a la maldad de su pasado, y les dijo que no aprendieran el comportamiento de los cananeos, es decir que también los aconsejo para que no se dejasen seducir por nuevas tentaciones.

De acuerdo a los datos históricos, se sabe que tanto los egipcios, como los cananeos practicaban la inmoralidad sexual como si obedecieran un código legal; es por eso la Torah dice:

No andaréis en sus estatutos”
(Levítico 18:3)

El sabio Rashi explica que la expresión “sus estatutos” se refiere a asuntos grabados en el tejido de la sociedad, tan básicos para la cultura que se observan como si fueran leyes regidoras de una normalidad social. Este exégeta señala los entretenimientos que se encuentran en “teatros y estadios” como un ejemplo de estatutos paganos. En otras palabras, los estatutos del mundo son los que se reflejan en los valores de entretenimiento del mundo. No debemos caminar en ellos. Está bien claro en la revelación divina que el pueblo de Yahvéh es un linaje de personas completamente diferente, por eso que la Torah dice:

“… para que la tierra a la cual os llevo a vivir, no os vomite
(Levítico 20:22).

De igual modo, por medio de los datos históricos, se sabe que en el primer siglo, la inmoralidad sexual se entretejía en la urdimbre y la trama del mundo dominado por el imperio romano. Los devotos de los dioses seguían sus hazañas sexuales mitológicas e imitaban su comportamiento básico en los rituales del templo que, en algunos casos, incluso incorporaron la prostitución sagrada. La cultura romana, a pesar de ufanarse en un discurso filosófico austero de moderación, siempre se entregó a todo tipo de perversidad, lascivia y depredación.

Por causa de todo esto, los apóstoles aplicaron las leyes relativas a los extranjeros en medio del pueblo de Israel a los creyentes gentiles. Justamente el Sefer Vayikrá (Levítico), en el capítulo 18, incluye específicamente a los extranjeros en su jurisdicción:

“Ninguna de estas abominaciones cometerás, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros.” (Levítico 18:26).

Por lo tanto, las leyes que rigen la sexualidad se aplican por igual a los judíos y a los creyentes gentiles temerosos de Dios.

Los apóstoles reforzaron la regla en sus epístolas. En pasaje tras pasaje, los apóstoles exhortaron a los discípulos a vivir vidas apartadas del mundo gentil sexualizado y libres de inmoralidad sexual. Los creyentes gentiles adoptaron las normas judías de modestia, vestimenta y decoro. En medio de la atmósfera sexualmente cargada del primer siglo, los creyentes se destacaron como un pueblo apartado. El apóstol Pedro observó:

Los otros gentiles se sorprenden de que no corréis con ellos en los mismos excesos de disipación, y os calumnian
(1 Pedro 4:4)

Resiste la inercia de la imitación. No estás obligado a replicar sus actos ni a mimetizarte con su esencia. Tu diseño original no es un eco, sino una voz: fuiste creado para ser la luminiscencia que define el contraste en medio de las tinieblas.

Con frecuencia, permitimos que el ruido ajeno —críticas y juicios de valor— dicte nuestra frecuencia interna. Sin embargo, la libertad genuina no es la ausencia de opinión externa, sino la fidelidad innegociable a tu identidad y al propósito que Yahveh ha trazado para ti.

Por lo tanto, no sacrifiques tu tiempo intentando habitar moldes ajenos ni agotes tu vitalidad en el estéril ejercicio de la comparación. Tu única responsabilidad es el presente: honrar tu proceso y ejecutar con excelencia lo que el ‘hoy’ demanda de tu diseño.

La Lepra tratada por Yeshúa según los Evangelios ¿Qué significa tiene para nosotros hoy?


P.A. David Nesher

(Conectando Parashah TAZRÍA con la Vida de Yeshúa)


Para comprender este tema es conveniente comenzar con un planteo: ¿Por qué se asocia la lepra con la inmundicia, y por qué la curación de los leprosos fue una preocupación tan central en el ministerio de nuestro Maestro Yeshúa?

Los síntomas descritos en la Torah que potencialmente podrían ser diagnosticados como lepra implican descomposición, decadencia y putrefacción: corrupción de la carne. Las leyes de los sacrificios enseñan que el Santuario del Eterno evita la muerte, la corrupción y la decadencia.

Entonces, el Santuario de Yahvéh representa la inmortalidad y la incorruptibilidad. En Su presencia, no hay muerte ontológica. En su Presencia no hay lugar para la decadencia ni descomposición. Por eso, Él proscribe de Su Santuario la enfermedad que representa una descomposición viva. La lepra implica una progresión continua y visible hacia la corrupción física. Es la antítesis del mundo inmortal e incorruptible representado en el Santuario divino.

Por lo explicado, podemos captar que la lepra actúa en las Sagradas Escrituras como un arquetipo de todas las enfermedades humanas. Tengamos en cuenta que la enfermedad resulta de la descomposición de la carne. La muerte sigue. La lepra representa gráficamente esa progresión.

La enfermedad, la muerte y la decadencia no tienen lugar en la presencia de Dios. Su Santuario en la tierra refleja ese Santuario celestial.

De pronto, aparece en Israel Yeshúa y proporciona la solución al problema de la lepra que hasta ese entonces no había hallado respuesta definitiva. Espiritualmente, Él no sufrió la infección del pecado parecida a la lepra. Físicamente, Su carne no sufrió corrupción: “Porque Tú no abandonarás mi alma en el Seol; ni permitirás que Tu Santo sufra corrupción” (Salmo 16:10) Así pues, través de Su resurrección de entre los muertos, Su carne pasó de lo mortal a lo inmortal y de lo corruptible a lo incorruptible. Su cuerpo resucitado sigue siendo carne humana real, regenerada en un cuerpo espiritual imperecedero. Por lo tanto, Él es el sacerdote perfecto y eterno, capaz de servir para siempre en el Santuario incorruptible.

Tal vez esto ayude a explicar por qué la curación de los leprosos ocupó una preocupación tan central en el ministerio de nuestro Maestro y Dueño, Yeshúa HaMashiaj. No solo sanó Él mismo a muchos leprosos, sino que dio a Sus doce discípulos autoridad para sanar la lepra como evidencia ineludible del Reino de los Cielos. Volvamos a recordar lo hasta aquí visto: la lepra simboliza la condición humana cargada de pecado, destinada a la muerte y la decadencia. De ahí que cada vez que el Maestro sanaba a un leproso, presagiaba una reversión de ese estado mortal corrupto. Cada leproso sanado de su aflicción era testimonio de que el reino de los cielos estaba cerca.

Debido a esta actividad curativa característica de la misión del Mesías, el apóstol Pablo escribirá más tarde a los discípulos que vivían en Roma:

«¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios por medio de Yeshua el Mesías nuestro Maestro!»
(Romanos 7:24-25)

La Arquitectura de lo Sagrado: Sexualidad y Santidad en la Era del Amor Líquido | Kedoshim

P.A. David Nesher

En la actual configuración de nuestra civilización, lo que el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman denominó «amor líquido» ha transformado los vínculos humanos en conexiones precarias, transitorias y, a menudo, carentes de un centro de gravedad. Vivimos en una era donde el deseo es consumista y el compromiso es percibido como un obstáculo para la libertad individual. Ante este panorama, la antigua sabiduría de la Torá, específicamente la porción de Kedoshim, emerge no como un código de prohibiciones arcaicas, sino como una propuesta terapéutica y revolucionaria para restaurar la integridad del ser.

1. El Malentendido de la Santidad: De lo Intocable a lo Distinguido

Históricamente, la palabra «santo» ha sido secuestrada por una tradición latina que la asocia con lo inviolable, lo místico-estático o lo inaccesible. El término sanctus evocaba aquello que estaba sellado por sanciones imperiales. Sin embargo, al despojar el texto de sus capas de traducción, encontramos la raíz hebrea Kadosh (קדוש), cuya esencia es la distinción y la separación para un propósito específico.

Ser Kadosh no es recluirse en un monasterio ni habitar en una nube de piedad abstracta. Es, por el contrario, desarrollar la capacidad de separar la luz de la densidad de la materia. En la práctica, la santidad es un ejercicio de discernimiento: saber extraer el beneficio y la chispa divina de las circunstancias más complejas del espacio-tiempo.

2. La Sexualidad como Tecnología de Conexión (Kiddushin)

Uno de los puntos más disruptivos de la enseñanza en Kedoshim es la vinculación directa entre la santidad y la sexualidad. En el pensamiento hebreo, el matrimonio se denomina Kiddushin (consagración/santificación). Este concepto rompe con la visión de la sexualidad como mero placer biológico o como un tabú religioso.

En el marco de la «modernidad líquida», el sexo se ha convertido en un bien de consumo más, sujeto a la obsolescencia programada. Frente a esto, el concepto de Kiddushin propone que la sexualidad es una herramienta cósmica. Es el espacio donde las dos polaridades fundamentales de la existencia —lo masculino (benevolencia/expansión) y lo femenino (disciplina/vasija)— alcanzan una armonía que permite la manifestación de lo mesiánico.

Cuando la Torá nos insta a ser «santos», nos está llamando a cuidar nuestra Zera (semilla/simiente). Esta semilla no es solo biológica; es la codificación de nuestro propósito. En un tiempo de encuentros fortuitos y vacíos, la propuesta es la exclusividad operativa: apartarse para ser una vasija única donde el Eterno pueda hablar a las naciones.

3. Terapia Divina contra la Sociedad del Cansancio

Siempre insisto en entender y aceptar que el libro de Vayikrá (Levítico) funciona como un manual de terapia divina. La instrucción no busca someter al hombre, sino liberarlo de la presión del sistema. El valor numérico de la palabra «depresión» y «miedo paralizante» coincide con los 51 mandamientos escondidos en esta parashá, sugiriendo que la observancia de estos códigos es el antídoto contra el caos emocional.

La reflexión pragmática para el siglo XXI es clara: la santidad es coherencia. No podemos ser «espirituales» en el momento de la oración y «animales» en nuestros tratos comerciales o en la intimidad de nuestra alcoba. El carácter mesiánico se refleja en la integridad de las 24 horas del día.

4. Conclusión: El Desafío de la Rectificación

Para vencer los obstáculos de una sociedad que nos empuja a la fatiga y a la fragmentación, debemos reclamar nuestro estatus de Kedoshim. Esto implica:

  • Discernir: Extraer luz de lo oculto en cada circunstancia cotidiana.
  • Armonizar: Usar nuestra energía creativa (sexualidad y palabra) no para el consumo, sino para la construcción de una alianza matrimonial con el Espíritu.
  • Trascender: Entender que nuestra vida es un Mishkán (tabernáculo) en movimiento.

En definitiva, ser santos hoy es el acto más rebelde que podemos ejercer contra el amor líquido: es la decisión de permanecer, de profundizar y de ser «distintos» en un mundo que nos quiere uniformemente mediocres. La santidad es, en última instancia, la libertad de vivir en alianza.

Te invito a escuchar el desarrollo de todo esto en el siguiente video:

Yeshúa y el Misterio del Mesías Leproso: Una Anatomía Espiritual de la Redención

Por P.A. David Nesher

Introducción La exégesis bíblica tradicional a menudo ha pasado por alto las dimensiones metafísicas de la enfermedad y la santidad, reduciéndolas a términos meramente físicos o morales. Sin embargo, al profundizar en las porciones de la Torah Tazría y Metzorá, se revela un código encriptado que vincula la condición humana, el poder de la palabra y la figura del Mesías bajo un epíteto aparentemente contradictorio: el «Mesías Leproso». Este concepto, fundamentado tanto en la Tanaj como en las reflexiones del Talmud, propone que la redención no es un acto de magia externa, sino un proceso de reintegración de la luz divina en una humanidad fragmentada.

La Naturaleza de la Tzaraat: Más allá de la Patología El análisis comienza corrigiendo una imprecisión histórica: la Tzaraat, traducida comúnmente como lepra, no es una enfermedad bacteriológica, sino una manifestación espiritual de origen divino. En el contexto de la Torah, la Tzaraat es una disciplina (un cela o pausa forzada) impuesta por el Eterno sobre aquel que ha incurrido en el Lashón Hará (el mal hablar).

El ser humano es definido esencialmente como «el hablante». Esta capacidad no es un rasgo biológico fortuito, sino el mecanismo diseñado para que el Verbo (Davar o Logos) se exprese en el mundo físico. Cuando el hombre utiliza su voz para el egoísmo, la división o la queja, desconecta su alma de la fuente de luz. La mancha de la «lepra» en las paredes de la casa o en la piel es, por tanto, una señal de que la energía de santidad (Kedushá) está chocando contra la impureza del receptor, provocando un cortocircuito que se manifiesta como juicio.

El Mesías como Siervo Leproso (Isaías 53) El núcleo de la enseñanza se encuentra en la reinterpretación de Isaías 53. Al cruzar el texto profético con el Talmud (Sanedrín 98b), se identifica al Mesías como aquel que está sentado a las puertas de Roma, vendando sus propias llagas entre los leprosos. El título de «Mesías Leproso» no es una depreciación de su dignidad, sino una descripción de su función vicaria.

Para que la humanidad sea restaurada, el Mesías asume la condición de Metzorá (leproso). Él se coloca «fuera del campamento» —el lugar de la exclusión y el dolor— para tomar sobre sí los rigores y juicios que la humanidad ha generado por su mala gestión de la luz. En este sentido, el sufrimiento del Mesías es un misterio dividido en tres partes: la humillación, el dolor inexplicable y la tristeza inconsolable. Al hacerse «lepra» por nosotros, él se convierte en el puente que permite que el impuro regrese a la presencia de Dios.

La Función del Cohen y la Limpieza Espiritual Un punto crucial de la enseñanza es la distinción entre «curar» y «limpiar». En el ministerio de Yeshua, no se trataba simplemente de eliminar un bacilo, sino de declarar al hombre «limpio» para que pudiera reintegrarse a la comunidad y al propósito divino. Al tocar al leproso, el Mesías no se contamina, sino que irradia una intensidad de santidad tal que consume la impureza.

La sanación, bajo la perspectiva de Yahvé Rafá, se entiende como un proceso que ocurre de adentro hacia afuera: el alma es sanada de su desconexión y, como consecuencia, el cuerpo refleja esa armonía. El rigor de Dios (Geburah), que para el desobediente parece castigo, para el redimido se revela como un poder intenso para generar milagros y reparar el mundo (Tikún).

Conclusión El ensayo de esta enseñanza nos invita a reconocer nuestra propia «cuarentena espiritual». La figura del Mesías Leproso nos confronta con la realidad de que todos, en algún momento, hemos estado fuera del campamento debido a un lenguaje y un deseo desconectados del diseño original. Sin embargo, la promesa mesiánica es que, a través de aquel que cargó con nuestras llagas, la humanidad puede ser purificada. La meta final es que cada ser humano recupere su función como administrador de la luz, utilizando la palabra no para el caos, sino para manifestar la justicia y la santidad del Eterno en la tierra.

Te invito a ver más de esto en el Aula Virtual de HOY

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¿Existen los Alimentos Sagrados? (Sheminí – Levítico cap. 9 al 11)

Por Rabino Max Weiman

El Regalo del Autocontrol.

En Levítico, capítulo 9, la Toráh habla del servicio ministerial y luego, fuera de contexto, menciona a Nadav y Avihu, los hijos de Aharón que murieron al tratar de realizar un servicio no autorizado en el Mishkán.

Por la forma en que murieron (un fuego celestial quemó sus entrañas), pareciera que se nos está advirtiendo que debemos ser cuidadosos con lo que hay en nuestro interior. No debemos ocuparnos sólo de lo superficial. Es cierto, el Templo Sagrado tenía muchas cosas externas para mostrar su santidad; pero lo que realmente importa es lo que hay en el interior.

KOSHER POR DENTRO

De manera abrupta, la Torah comienza a enumerar los animales que se pueden consumir y los que no están permitidos para Israel.

En Levítico 11:4, dice que los animales no permitidos son tamé (impuros).

En 11:11, los pescados prohibidos son llamados shéketz (abominables).

Al final de esta sección sobre los alimentos permitidos, la Torah enfatiza que la razón de estas leyes es la búsqueda de santidad.

La palabra normalmente usada para designar a un alimento permitido es kosher, que literalmente significa preparado.

Al yuxtaponer las leyes de los alimentos con las leyes ministeriales, la Torah hace un paralelo entre la comida y el servicio sagrado. En otras palabras, lo que te hace sagrado es lo que hay en tu interior.

¡SALUD!

Cada uno de los mandamientos del Eterno es una parte del infinito, una conexión con el Creador. No podemos saber lo que significa cada mandamiento, porque nuestro cerebro es parte del mundo finito. No somos tan inteligentes como el Creador, y nuestra mente es incapaz de sumergirse en la profundidad de Su mente. Sin embargo, los sabios siempre intentaron descubrir los beneficios de cada mandamiento y qué principios El Eterno intenta enseñarnos con él.

Después de todo, cuando cumplimos un mandamiento no le hacemos un favor al Creador sino a nosotros mismos. Si El Eterno hubiese querido robots, eso es lo que hubiera creado. En cambio, Él quiere que aprendamos Sus estatutos y los aprovechemos.

Dado que la comida y la salud están directamente relacionadas, podemos asumir que los alimentos kosher son buenos para nuestra salud. Por supuesto, respetar las leyes de kashrut no asegura que conservemos la salud, porque uno puede abusar de las grasas y de los dulces, o comer los alimentos de forma no saludable. Pero… ¿acaso la salud es la razón de estos mandamientos?

Maimónides, quien era médico, escribió inspirado en la Torah, una enciclopedia de leyes con una larga lista de reglas para la salud. Él considera que tener buena salud es cumplir con el mandamiento de saber que el Eterno existe.

Si no tienes buena salud, no puedes tener una relación intelectual con El Eterno. Tu cerebro no funcionará bien. Sin embargo, las reglas de salud de Maimónides no se refieren en absoluto las leyes de kashrut. Él simplemente enumera alimentos que son saludables y alimentos que no lo son, clasificando también comidas de las que puedes comer mucho, otras que deben consumirse con moderación y las que se deben evitar por completo.

¿Por qué no menciona las leyes de kashrut? Porque de acuerdo con Maimónides las leyes de kashrut no tienen relación con la salud.

Entonces, ¿en dónde coloca Maimónides las leyes de alimentos kosher? Pues la respuesta es asombrosa: en la sección llamada Libro de santidad. Es decir que, observar las leyes de kashrut te ayuda a ser sagrado.

UNA GUÍA, NO UNA GARANTÍA

¿Acaso todos los que respetan las leyes de kashrut son sagrados? No parece que sea así. Entonces, ¿cuál es el beneficio?

Todos los principios de la Torah son una guía, no una garantía. El Eterno nos conduce por el camino a la santidad, pero no nos obliga a seguirlo. Como señala Rabino Moshé Jaim Luzzatto (siglo XVII, Italia), ni siquiera los mandamientos dicen todo lo que El Eterno espera de nosotros. Ha Kadosh Baruj Hu alude a la existencia de verdades más profundas y quiere que las busquemos y las encontremos.

La comida despierta uno de nuestros mayores impulsos. Los libros de dietas son una industria multimillonaria porque a los seres humanos nos cuesta controlar el deseo de comer y beber.

Cuando lo piensas, comprendes que la industria de las dietas es tonta. Si quieres perder peso, lo único que debes hacer es comer una dieta balanceada e ingerir menos comida que lo que tu cuerpo usa. Ni siquiera tienes que hacer más ejercicios fuera de la actividad normal. Si lo deseas, camina alrededor de un kilómetro. Para saber cuánta comida necesita tu cuerpo, no comas constantemente y deja de comer antes de sentirte saciado. ¡Es la dieta más fácil del mundo!

Pero nadie comprará mi libro de dietas, porque no se dirige a la naturaleza humana. Todos deseamos alimentos y esos deseos son difíciles de controlar.

AUTOCONTROL

El tema principal de las leyes de los alimentos kosher es el autocontrol. Hay muy pocas cosas para hacer, casi todas las reglas son de no hacer, prohibiciones. Al contenernos, generamos autocontrol.

Incluso los mandamientos positivos que cumplimos antes de comer (como el faenado ritual y la remoción de la sangre) son actos que reprimen el apetito. No puedes simplemente matar un animal y comerlo. El faenado en sí mismo debe seguir un método muy preciso.

Asimismo, la lista de animales y aves kosher no incluye especies de rapiña. Al elegir qué comer y qué no, ejercitamos el autocontrol.

A propósito, los cabalistas enseñan que la comida tiene un elemento espiritual. Las leyes de comida kosher destacan a los alimentos beneficiosos espiritualmente y prohíben a los alimentos que bloquean nuestros conductos espirituales. También nos ayudan a evitar las fuerzas negativas apegadas a las especies no kosher y a los animales que no fueron faenados apropiadamente. Pero este es un tema para otro artículo.

El mayor regalo que El Eterno puede darnos respecto a los alimentos es la capacidad para desarrollar autocontrol. Si podemos hacerlo con los alimentos, podremos lograrlo también en otras áreas de la vida.

Ejercicio espiritual:

Esta semana, enfócate en lo que comes.

Pregúntate si hay ciertos alimentos que te resultan más difíciles que otros en lo que respecta al autocontrol.

¿Hay algunos denominadores comunes en los alimentos que te presentan dificultades?


Acerca del Autor:

El Rabino Max Weiman se crió en Filadelfia y estudió música clásica y bellas artes. Después de la universidad, recibió la ordenación rabínica del Gran Rabino de Jerusalén. Ahora vive en St. Louis y es autor del sitio web kabbalahmadeeasy.com

Te invito a leer y estudiar esta otra BITÁCORA:

También puedes escuchar la ENSEÑANZA de este VIDEO:

Enfermarse es Cerrarse a la Luz (la Tzaraat o Lepra)

Por P.A. David Nesher

«Cuando una persona tuviese en su piel una seet [mancha blanca], una sapajat [decoloración] o una baheret [erupción] y se transforma en tzaraat, será llevada ante Aharón, el Sacerdote [principal], o ante uno de sus hijos, los Sacerdotes.»

(Vayikráh/Levítico 13:2)

Seguramente tendré que decirlo una y mil veces; y es que necesito considerar, una vez más, el famoso adagio italiano que dice “traduttoretraditore”. Esta expresión se traduce a nuestro idioma: “Toda traducción contiene una traición». Me remito una vez a esa frase ya que necesito que entendamos el juego de palabras que radica en ella. Dicho juego está basado en el hecho de que traición y traducción tienen una raíz latina similar; forman parte de un conglomerado de ideas que incluye también la palabra tradición. Y es justamente esta última (la tradición) la que estamos obligados a juzgar, y hasta desechar si es necesario, de nuestra tarea interpretativa del texto sagrado.

Esto que acabo de decir debemos tenerlo en nuestra mente a la hora de investigar los códigos de sabiduría que la Instrucción (Torah) divina revela a la hora de hablar del «leproso» y su mal: la lepra.

«Tzara’at» es el vocablo que normalmente se traduce como “lepra”. Sin embargo, por diversas razones, la traducción no es la más apropiada. Esto último se debe principalmente al hecho de que la lepra es una dolencia cutánea generada por el bacilo de Hansen. En cambio, el tzara’at que aparece en las Sagradas Escrituras era la manifestación física de una conducta espiritual grave causada principalmente por la difamación, la altanería, la maledicencia y/o la envidia. Esta es la razón por lo que dicha afección debía ser diagnosticada por un Kohen (Sacerdote).

El sabio Moshéh Alshej señala que el kohen en modo alguno ejercía funciones de médico, ni usaba prácticas médicas. La Torah legislaba que él solo se limitara a declarar impuro al afectado y hacerlo recluir, o declararlo puro y devolverlo a u sociedad y a su familia.

Esta plaga se describe en detalle en la Torah, aunque bajo diferentes variables que afectan la vida del israelita. El cáncer, o el SIDA, por ejemplo, que son las “plagas” de nuestra generación, podría decirse que son los equivalentes a la tzara’at de aquella época.

De acuerdo a las descripciones que nos ofrecen las palabras hebreas que leemos en el versículo que encabeza este estudio, notamos que la tzara’at era una especie de llagas semejantes a una de las plagas que azotara a Egipto. La diferencia con estas últimas radica en el detalle, no menor, de que la tzara’at era una afección que el Eterno enviaba sobre sus escogidos con el objetivo de disciplinarlos y guiarlos a realizar teshuváh y tikún.

Citaré a modo de ejemplo una fuente que nos ayudará a entender esta concepción. En Shemot leemos:

«…Dijo:
Si obedeces a Dios tu Señor y haces lo que es recto a Sus ojos, prestando cuidadosa atención a todos Sus mandamientos y cumpliendo todos Sus decretos, entonces no te golpearé con ninguna de las enfermedades que traje sobre Egipto. Yo Soy Dios quien te cura…»
(Shemot/Ex 15:26) [Torah Viviente].

Leyendo el Zohar, encontré la explicación sabia de que la frase “plaga de lepra”, hace referencia a los juicios severos que penden sobre el mundo como resultado de la negatividad colectiva de la humanidad. Allí mismo, en el Zohar, el vocablo “lepra” o tzsara’at, se define como “cierre”. ¿Qué quiere decir esto?

Pues bien, el Zohar explica que la palabra tzsara’at al ser traducida al arameo es llamada seguirú, lo que significa “cerrado”.

El Zohar en su explicación enseña que la Torah utiliza la palabra nega (conformada por las letras nun, guimel, ayin) para denotar oscuridad, lepra, o seguirú, todas expresiones que señalan a la condición espiritual de estar cerrados a la Luz del Creador. Por ende, no es coincidencia que estas tres letras (nun, guimel, ayin) al transmurtarse formen otra palabra: oneg (ayin, nun, guimel) que significa “placer”. Pues bien, estas dos palabras: nega (desconexión de la Luz del Creador) y oneg (placer) están interconectadas. Todos tenemos cierta cantidad de Luz que está destinada a venir a nosotros, y es a través de nuestras acciones que colocamos una coraza de Luz positiva o de Luz negativa alrededor de nuestra alma.

Esto nos indica que las porciones de Tazría y Metsorá no se tratan acerca de enfermedad física, sino más bien conciernen a la enfermedad espiritual que todos sufrimos en algún grado: estar cerrados a la Luz.

De este modo, los comentarios de El Zohar refieren que el “cierre” de las puertas que protegen el reino del 99 % de la luz espiritual, es la fuente de toda enfermedad psíquico-física que obstaculiza toda dicha, bienestar y realización duradera. Cuando estas puertas están cerradas, la luz no puede ingresar en nuestro mundo y la oscuridad y el juicio reinan. El concepto de “cierre”, se refiere asimismo a la manera en que nuestro «ego» nos cierra ante nuestra alma. De aquí que el salmista exhorta a los redimidos que llegan a Jerusalén para cada festividad a elevar conciencia a los niveles celestiales de la Torah a fin de que el Rey de la Gloria pueda entrar en la historia humana (por favor leer Salmo 24: 7-10).

Cuando hablamos lashón hará, («mal hablar» o «lengua perversa«) tomamos de nuestro banco de Luz y la guardamos en una coraza de nega, (desconexión de la Luz del Creador). Sigue siendo Luz pero ahora está cubierta por una coraza de oscuridad y esto nos causa dolor porque pudimos haber utilizado esta Luz en el sentido contrario, asistiendo a otra persona, por ejemplo. Pudimos haber tomado esta misma Luz y colocar una coraza de Luz a nuestro alrededor la cual nos sustentaría con placer.

Oneg y nega, placer y dolor, no son dos realidades separadas, sino un resultado de nuestras acciones. La Luz que atraemos proviene del mismo banco, independientemente de si será utilizada para hablar mal o para una acción de compartir. Todo necesita ser sostenido por nuestra Luz, y cuando retiramos de nuestro banco de Luz y cubrimos esta Luz en oscuridad, ahora esta oscuridad se sostendrá y manifestará en nuestra vida en diferentes formas. Lo opuesto es también verdad, cuando realizamos acciones de compartir o actuamos y hablamos de manera positiva, exactamente la misma Luz del banco alimentará el placer y lo positivo en nuestra vida.

Los códigos de sabiduría de parashá Tazría revelan que el dolor físico y emocional proviene de una fuente, nega, la cual es la Luz que nosotros hemos cubierto en una coraza de negatividad a través de nuestras palabras y acciones. Ahora entendemos que la tremenda oscuridad que atraemos a partir de lashón hará proviene de la misma Luz que sostiene la negatividad o el placer positivo en nuestras vidas. El tipo de Luz que nos sustentará depende de nosotros. Podemos tomar un oneg potencial, un placer positivo en potencia, y cubrirlo con una coraza de oscuridad a través de nuestras acciones y palabras negativas.

Comprendiendo todo esto, discernimos entonces que la “oscuridad” espiritual es la “plaga de las plagas”, es decir, la madre de todas las plagas. Ella es el suelo fértil que produce todos los demás tipos de plagas, sea el cáncer, o enfermedades cardíacas, virus, pobreza, terrorismo, depresión o cualquier otra clase de aflicción individual o social. [Torah Kabbalística Vayikrá, pág 116].

Por ello, y de acuerdo con los sabios, toda enfermedad es una especie de purificación. Cuando alguien se enferma, es una señal de alerta que inicia el proceso de “limpieza” de la persona. Una forma de alcanzar el bienestar es a través de la purificación, y una de sus vertientes es el dolor y el sufrimiento. La Torah revela que el cuerpo es el reflejo físico del alma; cuando un cuerpo se enferma es porque parte del alma necesita atención y trabajo espiritual. Una vez que comenzamos la auto-transformación, la enfermedad deja de ser una herramienta para despertar el cambio, de modo que es eliminada.

En la obra que cité anteriormente (Torah Kabalística) también se puede leer:
«…Tzaráat era un tipo de “limpieza espiritual” que creaba una protección a la persona afectada. Pero sin duda, es mejor limpiarnos a nosotros mismos de forma proactiva en lugar de ser purificados por un proceso que no está en nuestro control. Estudiar estos pasajes y pasar por una transformación espiritual es un tipo de limpieza que podemos escoger proactivamente, pero no es un proceso que ocurrirá de la noche a la mañana. El potencial para muchas enfermedades existe dentro de nosotros y existen muchas formas de limpiarlas. Los problemas cutáneos, indicarían un problema que necesita limpiarse a través de nuestras acciones. Por ejemplo, una inflamación en la piel, bien pudiera estar asociada con un “ego inflado”. Problemas asociados con la cabeza pudieran estar conectados con problemas de conciencia; si estamos en un espacio negativo, mental o emocionalmente, esto puede expresarse mediante enfermedades en la cabeza. Enfermedades de la boca, pueden igualmente, estar en conexión con el habla maliciosa, calumnia, chisme o difamación. Cada clase de aflicción física tiene su raíz en un defecto espiritual que gobierna nuestro comportamiento y acciones con las demás personas. Luego pues, la limpieza y transformación espiritual no solo curan la enfermedad sino que pueden evitar que las enfermedades ocurran en primer lugar, prevenir su reaparición…».
[Definición de “proactivo”: Que tiene iniciativa y capacidad para anticiparse a problemas o necesidades futuras produciendo respuesta y soluciones al mismo].

A lo largo de mi trabajo ministerial he encontrado que las personas nos convertimos en transmisores de plagas. Así también la obra del Zohar lo afirma y sostiene al decir:

«…Así como el castigo es aplicado al hombre por hablar maliciosamente, así es castigado debido a que pudo haber pronunciado buenas palabras pero no lo hizo. Porque él manchó a ese espíritu parlante que está compuesto como para “hablar arriba y hablar abajo”, y todo está en santidad. Esto es aún más cierto, si la nación camina por el camino equivocado y él pude hablarles y reprobarlos, pero si se queda callado y no habla, está dicho de él: enmudecí con silencio, contuve mi paz y no tuve reposo, y mi pena se agitó, agitada por plagas de impureza, (Tehilim/Salmos 39:3)…»,
[Zohar Tazría 18:87].

Estudiando en la versión Torah Emet, me pareció muy importante compartirles el siguiente comentario:

«…En una oportunidad, un gran maestro de la Torah recibió la visita de uno de sus discípulos que se acercó a consultarle acerca de su deprimente estado espiritual, y se explayó contándole por qué se consideraba a sí mismo un hombre tan vil e indigno. El maestro le interrumpió diciéndole: “¡Basta ya. No se debe hablar mal de nadie, ni siquiera de uno mismo! …».

Notamos que de acuerdo al mandato de la Torah, la enfermedad de tzsara’at debía ser tratada exclusivamente por los kohanim (sacerdotes), y no por doctores, ya que en ningún caso debía interpretarse como un simple problema médico, sino más bien como una patología netamente espiritual. ¡El alma de ese integrante de Israel estaba gritando a través del cuerpo!

En los códigos de la sabiduría de la Torah encontramos que, el sacerdote, al ser “luz de lo Alto”, está ordenado de encender diariamente las lámparas del Candelero (Menoráh), a fin de hacer llover sobre nosotros las bendiciones para sanar la aflicción, y este secreto, es una semejanza de lo de “arriba”, ya que la luz Celestial es el aceite de ungir que primero escurre sobre la cabeza del «Gran Sacerdote Celestial», el Mesías. Él enciende entonces las lámparas del MalKut (Reino físico), y las hace iluminar. Como está escrito:

“…Es como el buen aceite sobre la cabeza, que baja sobre la barba, la barba de Aharón; que baja sobre el cuello de sus vestimentas (…)
El aceite de ungir de YHVH está sobre él
…»,
(Tehilim/Salmos 133:2; Lv 21:12).

Amados discípulos de Yeshúa, aceptemos que en estos días, debemos abrirnos ante la sabiduría de la Torah; esta luz divina es libre para fluir y satisfacernos, ella abre las puertas de nuestra alma hacia el “Mundo de Arriba” de par en par lo que hace que elimine la oscuridad y el juicio, y erradica todo tipo de plagas.

Por eso, en el próximo Shabat tenemos el gran obsequio de poder tomar todas estas corazas de oscuridad alrededor de nuestra Luz, abrirlas y no sólo remover la oscuridad, sino también traer incluso más Luz de su interior para conducir nuestro Mundo a nuevas temporadas de bendiciones celestiales.

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El Pacto del «Brit Miláh» (la Circuncisión)

Por P.A. David Nesher

Notamos al estudiar la parashá Tazría, que junto con las leyes de embarazo, la Torah menciona que el “Brit miláh” (corte del prepucio o circuncisión), se le debe realizar a los niños cuando tienen ocho días de edad.

La “Brit Miláh”, que es el corte del prepucio al octavo día del nacimiento del niño varón, fue enunciada por primera vez en Bereshit/Gén cap 17 [repasar lo aprendido en las Parashot Lej lejá y Vayerá].

Justamente en esta parashá de Tazría, vemos que, en realidad, el Eterno, por medio de Moshé, está reafirmando el pacto que fue dado a los patriarcas, así como nuestro Maestro Yeshúa lo afirmara al decir :

Por eso Moisés os ha dado la circuncisión (no porque sea de Moshé, sino de los padres), y en el shabat circuncidáis al hombre.”
(Juan 7:22

Con esto notamos que la circuncisión no viene del tiempo de Moshé sino de los patriarcas. Moshé no podía anular nada de lo que había sido establecido anteriormente. El pacto de la circuncisión no puede ser anulada por el pacto de Sinai. De la misma manera el nuevo pacto no puede anular los pactos anteriores, ni cambiarlos. Un pacto posterior siempre está basado sobre un pacto anterior. Cada pacto nuevo que es introducido confirma un pacto anterior y añade algo más para la santificación del pueblo. Esto nos enseña que el nuevo pacto en la sangre del Mesías no puede anular los pactos anteriores. Lo que hace el nuevo pacto es introducir elementos nuevos que hacen subir al pueblo en un nivel superior de santidad y de poder.

Biológicamente hablando, el octavo día es el mejor momento para circuncidar al hombre. Es el día cuando la coagulación de su sangre es más eficaz que ningún otro momento de su vida.

Trascendiendo los seis días de la Creación y el Shabat como 7º día, el 8º día de la circuncisión refleja las fuerzas del Infinito (EinSof) que se encuentran allende nuestra percepción, mientras que el acto de la circuncisión refleja la penetración de aquellas fuerzas de lo Infinito en la existencia finita de la humanidad en contacto con la fisicalidad. Y por eso la circuncisión se lleva a cabo al 8º día de vida, cuando el niño carece aún de la mínima posibilidad de elección o de razonamiento, pues no se trata de un acto voluntario ni de un acto que pueda someterse al juicio de la razón, sino más bien de una Energía divina imposible de ser analizada bajo el espectro de nuestros parámetros finitos, [Torat Emet].

A esta altura de nuestro peregrinar en el estudio de la Instrucción divina, ya conocemos que el número 8 representa lo que está más allá de lo físico, más allá de los siete días naturales. Es la representación de la dimensión sobrenatural, las «zonas de tiempo espiritual» de la eternidad.

Entendemos que todo descendiente de Abraham está obligado a entrar en el “Pacto abrahámico” (Brit miláh). En la tradición judía, la circuncisión es llamada «Ot Berit-Kodesh», conceptos que significan «el signo del Pacto para la consagración«.

En el momento de la circuncisión se bendice al niño con las palabras:

“…Así como ingresa al Pacto (de la circuncisión) del mismo modo ingrese a la Torah, al matrimonio y a los actos de bien…”.

El sentido de esta bendición es el siguiente: Así como uno ingresa al pacto de la circuncisión hasta la eternidad, ingresa también a la vida de Torah, del matrimonio sobrenatural y de los mandamientos divinos hasta la eternidad.

Del Talmud, en el Tratado de Shabat, en palabras del Rabí Shimón Ben Gamaliel aprendemos lo siguiente:

“…Toda Mitzváh que aceptaron con alegría, como el precepto de la miláh, como está escrito: Me alegro con Tu dicho como si encontrase un gran botín, la cumplen todavía con alegría…”.

La tradición judía nos dice que existen dos etapas en el proceso de la circuncisión: lo que se conoce como Miláh; donde se remueve la piel gruesa visible, y lo que se conoce como Priáh; donde se remueve la membrana traslúcida, revelando la corona del brit, (el «pacto«) con Dios, como se manifiesta físicamente en el bebé.

Se considera que la circuncisión es similar a una ofrenda (korbán) debido a que el niño es llevado a través de ella bajo las alas de la Shekináh (Presencia divina). Por lo tanto, se requiere que el niño haya vivido al menos un Shabat para ser santificado y para que su kedusháh (santidad) sea elevada. El Shabat le confiere al niño el status de sagrado y lo prepara para la santidad suprema de la mitzváh del Pacto.

La circuncisión del recién nacido en el día octavo es para permitir a la madre participar y regocijarse con este evento, ya que durante los siete días anteriores ella estaba afectada por la impureza.

Algunos de los objetivos del Brit Miláh, son los siguientes:

  • Ingresar al Pacto Eterno con Dios, por medio de esta ceremonia involuntaria, en el que la obediencia es de los padres.
  • Posibilitar que, de adulto, ingrese voluntariamente en el servicio a YHVH, cuando el individuo debe circuncidar el “prepucio” (la cobertura) de su corazón (Dt 10:16; 30:6; Jr 4:4; Ro 2:29). Esto hacer referencia a aquellos aspectos de su personalidad y naturaleza interior que obstruyen su vínculo con lo Divino, ya que incluso el “prepucio” espiritual más sutil, si no es retirado, puede evolucionar de manera progresiva y decadente hasta convertirse en algo concretamente burdo y áspero.

En la Torah se revela que el varón ha sido llamado a servir al Eterno de una manera diferente a la mujer. Por lo tanto es importante que el hijo varón sea introducido en el culto delante de YHVH cuanto antes. Por el brit miláh (el pacto de circuncisión), será marcada en su cuerpo la señal de la responsabilidad de presentarse ante Yahvéh durante toda su vida, como está escrito: “…tres veces al año se presentará todo varón…” (Éxodo 23:17).

Leyendo el Zohar encontré este comentario:
«…Observa cómo el gran amor del Todopoderoso a Abraham se manifestó en el hecho de que Yitzjak no le nació hasta que se hubiera circuncidado. De esta manera se hizo cierto que su simiente sería santa, de acuerdo a las palabras de la Escritura: “En que la simiente es según su especie”. Si Abraham hubiera engendrado antes de ser circuncidado, su simiente no habría sido santa, porque habría salido del estado de orlah (coraza impura-prepucio), y, así, habría adherido a este estado aquí abajo; en cambio, después de la circuncisión de Abraham, la simiente brotó de un estado de santidad…».

¿Qué Provecho tiene Ser Circunciso?

Ante el hecho que este tema lo estoy investigando, por lo cual reconozco mi inmadurez intelectual respecto al mismo, citaré para responder el planteo a el Rabino Akiva ben Iosef, también conocido como Rebi quien señala:

«…El mérito de la circuncisión es muy grande. A pesar de todos los actos de devoción que hizo nuestro patriarca Abraham, la Torah no se refirió a él como completo sino hasta que se circuncidó, como está escrito; camina delante de Mí y sé completo…». (Génesis 17:1).

Entiendo que con una respuesta así, los planteos continúan aflorando y podemos sintetizarlos en la siguiente pregunta: ¿Qué importancia puede tener la remoción de un pliegue de piel del cuerpo humano?

La tradición judía responde a ello:
«…Siendo el Pacto concertado entre Dios y Abrahám una idea, un compromiso contraído por éste, debe ser simbolizado en nuestro mismo cuerpo para demostrar que las ideas deben estar acompañadas de acciones; el Pacto tiene que ser tangible y el mismo marcará el órgano de nuestro cuerpo por el cual somos progenitores de nuestros hijos, quiere decir: las futuras generaciones, la continuidad del Pueblo del Pacto…».

Como podemos ver, el pacto de la circuncisión en la carne fue establecido entre el Eterno y Avraham y sus descendientes físicos por todas las generaciones. Es un pacto eterno. Esto quiere decir que todos los varones que son descendientes físicos de Avraham tienen la obligación de circuncidar el prepucio para poder seguir estando dentro de ese pacto. Un descendiente de Avraham que no es circuncidado a los ocho días de nacimiento o más tarde perderá el derecho de pertenecer al pueblo de Israel.

Según la ley halájica judía uno tiene que haber nacido de madre judía para poder ser reconocido como judío. Es decir, si alguien no tiene una madre judía no tiene la obligación de circuncidarse en la carne. Esta es la razón por la cual vemos que Pablo circuncidó a Timoteo, porque era hijo de una mujer judía (Hech. 16:1-3).

Si uno dice que la circuncisión de la carne para los que han nacido de madres judías no es necesaria si han experimentado la circuncisión del Mesías, está negando lo establecido en el pacto de la circuncisión entre el Eterno y Avraham y sus descendientes para siempre. No podemos mezclar los diferentes tipos de circuncisión y decir que si tenemos uno no nos hace falta el otro. Eso sería una grave desviación de la verdad y haría del Eterno un infiel y su Nombre sería manchado.

Así mismo, debo también decir que el varón que no ha nacido de madre judía no tiene la obligación de circuncidarse en la carne de su prepucio. Un gentil que ha experimentado la circuncisión en el Mesías no tiene la obligación de circuncidarse en la carne.

¿Cuál es la ventaja o beneficio de ser circunciso?

El Rav Shaúl de Tarso, más conocido como el apóstol Pablo, enseña:

“… ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿O de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, desde todo punto de vista. Primero, ciertamente, que les ha sido dada en custodia la Torah de Dios…”
(Romanos 3:1-2 – Biblia Código Real).

La mitzvá de la circuncisión se ha visto bajo ataque muchas veces por los pueblos invasores en diversas épocas. Aún en la actualidad, algunos países se refieren a la circuncisión judía como un ritual barbárico.

En una muy interesante polémica, el emperador romano Turnus Rufus le llegó a preguntar al Rabí Akiva:

_ «…¿Qué es superior, la obra de Dios o la del hombre?»
_ “La del hombre,” respondió Rabí Akivá.
_ “Su respuesta me sorprende,” -exclamó Turnus Rufus-.
_ “¿Trata de decir que el hombre puede crear algo que se asemeje al cielo o la tierra?»
_ “No me refiero a las creaciones que superen las habilidades manuales de los seres humanos,” contestó Rabí Akivá, “sino a aquellas que estén dentro de sus posibilidades
_ “¿Por qué es que ustedes los judíos se circuncidan?” Turnus Rufus continuó con sus preguntas, “¿Acaso ustedes presumen que el trabajo del Creador necesita ser mejorado?
_ “Esta es precisamente la pregunta a la que yo me había anticipado,” Rabí Akivá explicó, “y yo por lo tanto sostengo que los logros humanos son superiores a los del Creador.«
_ “Si esta es su opinión, pruébela,” -le exigió Turnus Rufus-.
Rabí Akivá regresó a su casa y le ordenó a su esposa: “horneá un delicioso pan que esté compuesto con harina, aceite y especias.”
Al volver a ver al emperador le llevaba, un pan en una mano y un puñado de granos de trigo en la otra.
_ “Ahora dígame, Oh rey, ¿cuál de los dos es superior – el trigo o el pan?” le preguntó.
_ “El pan, por supuesto,” respondió Turnus Rufus.
_ “ Ya ve,” replicó Rabí Akivá, “usted mismo confesó que el trabajo del hombre es mejor que el del Creador. Cuando Él diseñó el universo, le dejó al hombre la misión de perfeccionarlo; el grano debe ser cortado y horneado para convertirse en pan, y los vegetales deben ser cocinados y condimentados. Por lo tanto, al realizar la Brit milá en un niño perfeccionamos la obra del Creador
_ “Si Dios quería que el niño fuese circuncidado, lo pudo haber creado de esa forma,” -insistió Turnus Rufus-.
_ “¿Por qué es que hace esa afirmación solo con respecto a la circuncisión?” respondió Rabí Akivá.
_ “Se podría preguntar también por qué es que Hashem dejó el cordón umbilical unido al recién nacido, dejando al hombre para que lo corte.

A pesar de que Rabí Akivá concluyó el debate con este comentario, nuestros sabios nos revelaron la verdadera razón por la cual los niños llegan al mundo sin la circuncisión. YHVH hizo que el niño fuera imperfecto para otorgarnos el mérito de realizar Sus mitzvot cuyo cumplimiento nos purifica y nos eleva.

Investigando cómo se realiza el cumplimiento de este precepto en la Casa de Judá, me resulta complicado de entender cómo el precepto más difícil de cumplir de toda la Torah es aceptado en su inmensa mayoría hasta por el más alejado de los judíos. He notados que judíos no observantes, generalmente por principios y no por conocimientos, llegan a negar cualquiera veracidad y hasta dudar de la existencia Divina, sin embargo, en el momento del nacimiento de su hijo buscan urgentemente al mohel no solo para realizar la circuncisión a su hijo, sino que no se avergüenzan en realizarlo con una gran fiesta en la que la gran mayoría de los participantes son “no creyentes” tan adictos como él. Rambam, Rabí Moshé Ben Najmán (Najmánides), analizando esta conducta comunitaria mundial dice: “insinúo acá la época del Mashíaj cuando la generación no tenga méritos y haya olvidado la Torah y crezca la insolencia y el descaro, no les quedará sino el Precepto de la circuncisión…”.

El BRIT MILÁH en el Nivel “SOD”

Lo sabios explican que uno de los propósitos del Brit Miláh es evitar la pérdida de semen. ¿Qué se quiere decir esto? Cada vez que un israelita mira “Brit” entiende que su zerá (semen/semilla), no debe ser desperdiciada.

Rav Shimon Bar Yojai dice:
«…No hay pecado en el mundo que provoque más la ira del Todopoderoso como el pecado de descuidar el Pacto (el Brit Milá)…».

El Zohar registra en la Parashat Noaj (62a):
«…Porque inmediatamente después que una persona comete este acto despreciable, -derramar su semen en vano-, regalando así su semen a los demonios, su imagen divina desaparece de él dejándole convertido en una bestia del mal…».

Con la teshuváh (arrepentimiento o regreso), el hombre puede deshacerse de todas las “klipot” (cáscaras/impurezas), y de los demonios que engendró con sus acciones perversas.

Para los sabios, el desperdicio del semen es más grave que el derramamiento de la sangre inocente. Aún más, la sangre de aquellas almas potenciales y la sangre de sus descendientes es lo que el hombre derramó en el acto.

Otra enseñanza de los sabios nos dice que nuestra cabeza tiene “radares” (o receptores) que detectan movimiento, espacio y tiempo. Estos son los ojos, los oídos, la nariz y la boca. Lo que percibimos del mundo físico está determinado por estos radares. Para ver más allá de lo físico y para escuchar el mensaje de lo infinito requiere un control especial sobre los ojos y oídos que no viene programado de forma innata en el hombre. Expliquemos esto. La Brit Milá (circuncisión), es un acto físico que tiene un efecto espiritual; es la ruptura de una “klipá” (concha) construida por el ego, que deja luz al descubierto y, a su vez, despeja las vías para que la luz entre a nuestra “vasija”.

¿Acaso ser circuncidado es suficiente para quitar la “klipá” (capa/concha), o negatividad que causa el miembro masculino? Naturalmente, la respuesta es, no.

La Torah nos enseña que existen varias clases de circuncisión:

  • la del corazón,
  • la de los labios (boca);
  • la de los ojos, el tacto, el oído, y
  • la del miembro masculino.

La circuncisión del miembro masculino no proporciona mayor beneficio espiritual si simplemente es considerado un acto médico, físico, porque ésta debe ser acompañada de la circuncisión del corazón. Por ello, la simple cirugía de la circunscisión en un quirófano de hospital no garantiza que dicho varón ingrese en el Pacto divino. Conviene a dicho varón, si quiere elevar dicha cirugía a niveles sobrenaturales, consagrarlo con óleo y oración de autoridades que amen la Torah.

En la Brit Miláh, la remoción del prepucio representa la remoción de la «cáscara» o «concha» llamada ego. Entendemos que YHVH quiere verter Su bondad en nuestro interior pero la cáscara del ego necesita ser retirada para que el flujo de bondad ingrese. El prepucio es una capa de negatividad que nos impide conectarnos con las esferas superiores.

Como lo expresé en líneas arriba, la Torah habla de circuncidar el corazón, los oídos, la vista y de los labios (brit halashón, la circuncisión de la lengua o boca). Básicamente, nos propone circuncidar nuestros 5 sentidos. Raro, ¿no? Porque al hablar de la circuncisión física en el miembro masculino, esto es un acto médico físicamente posible, pero si se habla de “circuncidar el corazón”, no hay manera científica o material de hacer eso. Por ello, la Brit Miláh es un recurso cósmico que permite el perfeccionamiento espiritual en el ser humano que lo tiene.

Circuncisión del CORAZÓN: ¿Qué es?

En verdad, al estudiar estos códigos, discernimos que la circuncisión en la carne es una señal que habla de otra circuncisión, la del corazón. Esta es el acto voluntario que realizamos escondidos en el Mesías. La misma consiste en limpiarnos de los propósitos de nuestra vida que son diferentes a la adhesión al Creador.

Debemos aceptar que la circuncisión del corazón ya existía en el tiempo de Moshé, quien escribió: “Circuncidad, pues, vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.” (Deuteronomio 10:16).

Desde este mitzváh (mandamiento) se nos revela que el Eterno requiere de su pueblo no solamente la circuncisión de la carne, sino también la del corazón. Pero es muy importante entender que las cosas invisibles no anulan las cosas visibles y viceversa. Las cosas celestiales no anulan las cosas terrenales y vice versa. Estas realidades existen en los dos mundos al mismo tiempo y una cosa habla de la otra y una cosa está conectada con la otra.

Dicho, con otras palabras, si un judío experimenta la circuncisión de su corazón, eso no anula su circuncisión en la carne ni le quita la responsabilidad de circuncidar a sus hijos a los ocho días de nacer. Por el otro lado, un judío circuncidado en la carne no es completo hasta que haya circuncidado su corazón. Porque su circuncisión en la carne no le exime de la responsabilidad de circuncidar su corazón.

Entiéndase bien este asunto. Si todo lo que hacemos es por amor al Eterno, y para acercarnos a Él, entonces las vías de este objetivo deben estar despejadas para lograr ser cumplido.

La «circuncisión del corazón» es compleja y por ello, los rabinos de la Casa de Judá aseguran, entre sus tantas opiniones, que esta circuncisión (la del corazón) ocurrirá al final de los tiempos, recién cuando el Mesías se manifieste en el mundo. Por esto, a esta circuncisión tan especial se la conoce como la «circuncisión final», y se asegura que tendrá el efecto de remover completamente la inclinación hacia el pecado, y permitir el correcto apego amoroso al Eterno, tal y como lo anunciara Moshé:

“…YHVH tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tu descendencia, para amar a YHVH tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, para que vivas…”,
(Deuteronomio 30:6).

Esto que menciona Moshé es algo que nosotros podemos hacer. ¿Cómo? Quitando de nuestros corazones todo lo que lo hace insensible a lo espiritual. Un corazón incircunciso es un corazón insensible a lo espiritual. Un corazón circuncidado es uno que no solamente obedece los mandamientos del Eterno sino lo hace de corazón, con gozo y amor. Un corazón circuncidado es un corazón que escucha la voz del Espíritu.

Ahora bien, en el Mesías existe una circuncisión del corazón mucho más poderosa que la que habla Moshé. En la circuncisión en el Mesías ocurre algo profundo dentro del corazón del hombre. Parte del yetzer hará ( la mala inclinación), que Pablo llama “la carne”, es eliminada, como está escrito en la carta a los Colosenses:

“…en Él también fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Mesías
(Colosenses 2:11).

Sin embargo, no toda la carne es eliminada en la circuncisión del Mesías porque aquellos que hemos experimentado el nuevo nacimiento en el Mesías, somos concientes que seguimos teniendo yetzer hará (carne). Sin embargo, también podemos dar testimonio que el poder dominador de esa naturaleza pecaminosa, ha sido quebrado. Aquellos que estamos en el Mesías ya no somos esclavos del pecado y el temor paralizante que el mismo genera. Podemos dominar nuestros instintos e inclinaciones mucho más poderosamente que aquellos que no están en el Mesías.         

Este hecho es el resultado del pacto renovado en el Mesías, como vemos que el Eterno lo anunció por medio del oráculo del profeta Ezequiel:

Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas.” (LBLA) y Jeremías 31:33: “porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días –declara el SEÑOR–. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.”
(Ezequiel 36:26-27).

Otras Circuncisiones: La de los Oídos y la de Los Labios

La circuncisión del oído también aparece en la Torah, y dice así:

¿”…A quién hablaré y atestiguaré para que me oigan?
He aquí están tapados sus oídos y no pueden prestar atención.
He aquí la Palabra del Eterno fue para ellos una afrenta, no la han deseado…”
[Irmiyahu/Jeremías 6:10 _ Tanaj Katz].

Esta “circuncisión de oídos” tiene connotaciones muy profundas, pero vamos a dejarla en el plano de la intuición, que es la voz del Todopoderoso; nuestros oídos son incircuncisos cuando no sabemos distinguir esa voz: La voz del Eterno.

La manera de circuncidar nuestros oídos es a través del crecimiento espiritual, haciendo descender Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo) a nuestra alma. Esta voz de Dios se hace cada vez más nítida, más clara, hasta que se convierte en una verdadera guía. Pero, sin embargo, desde pequeños hemos sido entrenados a escuchar la voz del Opositor (HaSatán). Por eso, esta suele ser más fuerte, y solo expresa los deseos del cuerpo y de la satisfacción inmediata.

La circuncisión de labios también está llena de profundos secretos. Convengamos que nuestro hablar es un poder impresionante, por lo cual resulta siempre peligroso.

En el Zohar se explica que las fuerzas impuras del Sitrá Ajrá (el Otro Lado) brincan abismos para venir a atrapar las palabras negativas que salen de nuestra boca. ¿Podríamos imaginar esto?

Durante el día hablamos cualquier cantidad de barbaridades y emitimos muchos decretos que solo habrán de revertirse en contra de nosotros, -en un efecto “boomerang-”.

Procuremos guardar silencio y no opinar sobre lo que vemos. Esforcémonos y tomemos conciencia de lo que está a punto de salir de nuestra boca sobre cualquier situación o persona. Esto es una forma de circuncidar la Voz (boca) para que se manifieste el Verbo.

Es interesante notar que la Torah es única pues nos habla expresamente de la circuncisión de los ojos, de los oídos y de los labios, y sin embargo, nada se dice sobre la nariz, y es porque ésta, según los sabios, simboliza al mundo de la “esfera superior”. Es decir, el sentido menos contaminado de negatividad. Por eso, cuando el juicio se activa y sentimos que algo de apariencia negativa se aproxima, decimos “esto me huele mal”. La nariz forma parte de la cabeza; la nariz es entonces el instrumento de nuestra intuición.

Querido discípulo de Yeshúa (seas varón o mujer), aprende la lección acerca de la relación entre lo material y lo espiritual. Una cosa no anula la otra y una cosa complementa la otra. Ambos pueden convivir perfectamente y lo deben hacer. De esta manera se crea una unidad entre el mundo inferior y el mundo superior, lo cual es el propósito eterno de Dios en tu vida para bendecir a la Creación.

Sabemos que cuando venga el reino mesiánico, será anulado totalmente el yetzer hará, la carne, pero intertanto tendremos que seguir viviendo en la lucha interna a fin de manifestar cada vez más nuestro carácter mesiánico adquirido a través de Yeshúa nuestro Dueño.

Elevo una tefiláh para que el Eterno te dé de su gracia para siempre poder vivir en los poderes del pacto renovado en el Mesías y tener victoria sobre el pecado, acorde al proceso de Su circuncisión en ti.

El Código del Rey: La Conexión Oculta entre tu Hígado, tus Emociones y tu Destino

Una guía integral desde la sabiduría de la Torah para vencer el sistema reptiliano, recuperar tu honra y sanar la vasija de tu alma.

Por P.A. David Nesher

Como experto en la Torah y en salud holística, es un honor para mí presentarte este ensayo. A lo largo de mi investigación y experiencia, he podido comprobar que la división entre el cuerpo, el alma y el espíritu es tan solo una ilusión de la mente occidental moderna. La instrucción sagrada, en su profunda sabiduría codificada, nos revela que la anatomía humana es un mapa espiritual donde cada órgano tiene una función tanto fisiológica como anímica.

A continuación, expongo de manera pedagógica y académica la magistral interconexión entre nuestro sistema emocional, nuestro diseño cerebral y nuestra salud corporal, tomando como eje central el hígado, el verdadero motor de nuestra vitalidad psíquica.

La Consciencia de Reino: Cerebro, Corazón e Hígado.

Para comprender el diseño del ser humano desde una perspectiva superior, debemos mirar la figura del Rey. Quienes poseen una verdadera consciencia de reino deben cuidar estrictamente tres órganos principales, tal como lo hacen los monarcas físicos en la actualidad, quienes evalúan su salud empezando por el hígado.

El idioma hebreo nos revela este secreto anatómico de forma fascinante. La palabra hebrea para rey es Melek, la cual se forma con las letras iniciales de estos tres órganos vitales:

  • M por Moaj (Cerebro).
  • L por Lev (Corazón).
  • K por Kaved (Hígado).

Este código lingüístico (Mem, Lamed, Kaf) establece una jerarquía y un flujo de vida: un hígado sano garantiza un corazón seguro, lo cual permite que se desarrollen pensamientos de nobleza en el cerebro. Si el hígado fracasa en su función de procesar la toxicidad emocional, el corazón se vulnera y la mente pierde su claridad.

El Hígado (Kaved) y el Peso de la Honra (Kavod).

A nivel fisiológico, el hígado participa en un promedio de seiscientas funciones orgánicas, destacándose en la vitalidad, la asimilación y la desintoxicación del cuerpo. Sin embargo, su función espiritual es aún más profunda. La palabra hebrea para hígado, kaved, deriva de la misma raíz que kavod, que se traduce como honra o gloria.

El hígado es el centro absoluto del temperamento, el carácter y las respuestas emocionales. Por consiguiente, cuando una persona sufre deshonra —especialmente a través de maltratos, ausencias y agresiones durante sus primeros ciclos de vida (de 0 a 7 años, de 8 a 14 y de 14 a 21 años)—, el impacto se registra directamente en este órgano. El Zohar enseña que entidades espirituales de oscuridad, como Lilit y Samael, se especializan en atacar la vida intrauterina y la infancia temprana con el objetivo de bloquear las emociones desde la niñez, saboteando así el diseño original de salud y alegría.

Para sanar verdaderamente, he comprobado que el individuo debe abandonar el ocultamiento. Debe atreverse a contar los secretos dolorosos, perdonar las afrentas y reclamar la honra que le fue robada en la infancia.

El Sistema Reptiliano frente a la Vida Cíclica.

Uno de los grandes obstáculos para esta sanación es lo que denomino el «sistema reptiliano«. Anatómicamente, este sistema corresponde a la parte más baja del sistema nervioso central (cerebelo, bulbo raquídeo, médula espinal) y está genéticamente codificado para la supervivencia constante.

Vivir bajo el dominio de este sistema nos empuja a buscar el placer rápido, la gratificación inmediata (la mentalidad de Edom) y nos encierra en un pensamiento estrictamente analítico, lógico y lineal. En este estado, narramos nuestra vida como meros datos históricos, vaciándolos de toda emoción y vitalidad. Nos convertimos en víctimas, culpando al entorno y viviendo paralizados por el miedo y la culpabilidad, una condición espiritual análoga a la esclavitud en Egipto (Mitzrayim).

La Torah nos propone una salida terapéutica: abandonar la mentalidad lineal y abrazar un relato cíclico. La celebración de los ciclos espirituales, como la Luna Nueva (Rosh Jodesh), rompe la manipulación reptiliana. Al repetir cíclicamente estas festividades, no nos estancamos, sino que ascendemos a nuevos niveles de entendimiento y revelación, cerrando etapas dolorosas y experimentando una verdadera evolución.

La Alquimia Emocional: Riñones y Vesícula Biliar.

Junto al hígado, los riñones son el otro gran motor de la vitalidad corporal. Mientras el hígado procesa, los riñones equilibran nuestro interior con el exterior, otorgándonos la capacidad psíquica de saber reaccionar adecuadamente hacia nuestro entorno.

Por otro lado, debemos prestar especial atención a la vesícula biliar. El hígado produce la bilis, que se acumula en la vesícula. El término hebreo asociado a la bilis está relacionado con la raíz mar, que significa amargura. En la vesícula es donde se acumula «la fuerza de las decisiones». Cuando tomamos decisiones equivocadas o cerradas desde una mentalidad de supervivencia, generamos una profunda amargura. Físicamente, esta bilis amarga se cristaliza y se convierte en cálculos (piedras biliares). Para evitar llegar al quirófano, debemos vigilar de qué alimentamos nuestra alma para que acumule buen humor en lugar de rencor.

El Altar del Corazón y el Simbolismo de los Sacrificios.

En el libro de Levítico (capítulo 9), encontramos un manual de psicología espiritual codificado en forma de rituales. Se ordenaba quemar sobre el altar «la grosura (grasa) de los riñones y el diafragma del hígado» de la ofrenda de expiación.

El altar es una metáfora directa de tu corazón. La grasa del hígado y los riñones simboliza nuestras emociones obstruidas y pesimistas. Si no entregamos conscientemente estas emociones bloqueadas al Creador para que sean «quemadas» y purificadas, la Presencia Divina no podrá levantarnos en nuestra cotidianidad.

Asimismo, los sacrificios utilizaban la sangre para representar el dolor y la fricción de la vida, mientras que el humo blanco que se elevaba representaba la victoria sobre ese dolor sensorial. Lograr que nuestro dolor se transforme en elevación es la verdadera definición de santidad.

Inteligencia Emocional Espiritual (Binah) y el Poder del Presente.

Cuando un individuo desbloquea sus emociones —dejando de reprimir, pues la represión intoxica el hígado y desconecta el alma del cuerpo, de forma idéntica a una borrachera— recupera la claridad mental y la alegría.

Esta claridad es la base de lo que llamo Inteligencia Emocional Espiritual, o Biná. Biná no es una fantasía mágica; es la región mental donde vibran los pensamientos del Creador. Al tener un hígado sano y emociones purificadas, te conviertes en un canal para recibir «grandes ideas» capaces de cambiar la historia de tu comunidad y de bendecir a otros. El buen humor y la firmeza en las decisiones aseguran un destino de propósito.

Además, esta inteligencia emocional nos ancla en lo verdaderamente valioso: el presente. La gran idea de Dios no es una religión pasiva, sino manifestarse en la humanidad. Por ello, el día más importante en la vida de un redimido es «el hoy». Es en la cotidianidad donde, a través de pequeños actos de luz y benevolencia, demostramos que nuestro carácter ha sido transformado y que existe salvación.

El Cuidado Físico de la Vasija.

Nuestro cuerpo es la vasija de nuestra alma. Lo que le ocurre a la vasija afecta al alma, y viceversa. Por ello, la restauración debe ser holística.

Para asistir a nuestro hígado en su sanación, recomiendo prácticas concretas que detienen el daño físico y abren paso a la sanación emocional:

  • Tomar en ayunas jugo de limón exprimido con agua tibia y miel.
  • Darle descanso al hígado mediante ayunos semanales o días exclusivos de ingesta de frutas.
  • Limitar el consumo de carnes únicamente al día de reposo (Shabat).
  • Incorporar el consumo de infusiones amargas que estimulan la función hepática, como la carqueja, el ajenjo o el cardo mariano.
Conclusión

Como has podido observar en este análisis profundo, tu salud hepática es un reflejo de tu salud espiritual. Desbloquear tus emociones reprimidas no es solo una terapia, es un acto de redención. Al sanar las heridas y humillaciones de tu pasado, tu hígado se purifica, tu sangre fluye transportando vitalidad, tu corazón se estabiliza y tu cerebro se ilumina. Así, pasas de ser un esclavo del sistema reptiliano a convertirte en un verdadero Melek, un rey o reina que gobierna sus circunstancias con la sabiduría del Eterno, bendiciendo el «hoy» y transformando su entorno.

Si te interesa ampliar esta temática te invito a escuchar mi conferencia AQUÍ:

Puedes también considerar esta BITÁCORA:

El Día Más Importante Para YHVH Adonay (Parashá Sheminí)

Por P.A. David Nesher

Y en el Octavo día, Moisés llamó a Aarón, a sus hijos y a los ancianos de Israel. Y le dijo a Aarón:
”Toma para ti un becerro para sacrificio expiatorio y un carnero sin defecto para holocausto y ofrécelos al Eterno”.

(Vayikrá/Levítico 1:1-2)

Sheminí quiere decir octavo, y la parashá de esta semana comienza diciéndonos «y en el octavo día»… ¿Por qué el octavo día es tan importante que encabeza el nombre de una Parashá?. Porque el octavo es la posición de la sefiráh de Binah cuando la miramos desde  Malkut. El octavo es nuestro objetivo primordial.

«Así como el concepto «séptimo» alude a la naturaleza cíclica (como los siete días de la semana, los siete años del ciclo sabático, los siete ciclos que conforman el Jubileo), el concepto «octavo» alude a la ruptura de la rutina cíclica de lo natural y se erige como metáfora de los valores superiores que trascienden de la naturaleza.» [comentario de la Torat Emet].

Debemos recordar que el Mishkán (Tabernáculo) es para el pueblo de Israel el equivalente al corazón en el cuerpo del ser humano. Cuando el corazón hace circular la sangre por las arterias y venas, entonces la persona tiene vida y de la misma manera el Tabernáculo era la base que sostenía la espiritualidad del pueblo de Israel. Para que el pueblo fuera meritorio de que la Presencia Divina reposara entre ellos siendo el oxígeno que los mantiene vivos, tenían que demostrar que verdaderamente lo deseaban.

El Eterno eligió el octavo día para la inauguración del Tabernáculo porque el número ocho representa todo aquello que está por encima de la naturaleza, aludiendo a los mundos más elevados. Esto le enseña a la persona que el día en el cual YHVH descendió para posar Su Presencia entre el pueblo de Israel, ella debe intentar elevarse y apegarse a los mundos superiores. A pesar de que la persona es una creación de carne y hueso, hecha de materia inerte, ella recibió un alma espiritual que pertenece a los mundos más elevados y que le permite crecer y superarse, desconectándose de lo material y de las vanidades mundanas que la rodean, apegándose a los mundos que se encuentran por encima de la naturaleza.

El objetivo primordial de la existencia humana es lograr servir al Señor con calidad total, alcanzando día a día la manera más perfecta posible, hasta el punto de merecer que la Presencia Divina pueda posarse sobre la persona elevándola hacia el octavo mundo; es decir, más allá de la naturaleza.

Cuál es la función de la persona en este mundo: intentar apegarse a los actos de YHVH cumpliendo con lo que fue dicho en el Talmud: «Así como Él es, así también tú debes ser» (Shabat 133b), y de esta manera elevarse a los mundos superiores representados por el número ocho.

La cercanía con el Eterno exige sumo cuidado en todos nuestros actos aquí en la Tierra, ya que ellos son portales por los que el Rey de la Gloria ingresa al plano de la fisicalidad y la transforma por medio de milagros.

Al comenzar la bitácora dejé establecido que el octavo es nuestro objetivo primordial porque es la posición de la sefiráh de Binah cuando la miramos desde  Malkut, es decir desde el Mundo Físico.

Binah es la sefiráh divina cuya energía divina sostiene todos los planos existenciales. Por lo tanto, esta semana la energía de éxito y sustento está disponible para todos aquellos que la quieran. Sólo debemos clamar para que el Espíritu de la Profecía nos revela cómo lograr la certeza de esta conexión, lo cual nos permitirá tener la perseverancia que necesitamos para alcanzar la victoria que Yeshúa, el Mesías, ha obtenido para nosotros. Recuerden que victoria y perseverancia se escriben con la misma palabra hebrea: Netzaj. Esta sefiráh es la que extrae la Luz que  se genera en Tiferet (después que se logra un balance entre el dar de Jesed y el recibir de Guevuráh).

¿Cómo hacemos para que esta Luz de Binah entre en nuestro mundo? ¿Cómo hacemos para poder conectar con esa Luz? Pues estudiar esta porción es una de las maneras, porque los días de la semana son como un cóctel de influencias astrales, y traen impreso los desafíos de cada aspecto de las sefirot emocionales. Aceptemos una vez mas que el estudio de la sabiduría de la Torah es la herramienta más eficaz para transitar la vida con sabiduría y conocimiento.

Interesante resultará saber que esta parashá tiene 91 versos. Ya hemos dicho que muchos datos numéricos como este sirven para profundizar en la emunah (fe) escondida en las letras de las Sagradas Escrituras usando la gematría de las misma. Bien, resulta que el número 91 es el resultado de hacer una trenza entre las cuatro letras del Nombre de Dios ( יהוה Yud Hei Vav Hei) con Adonay (Señor), que es el mismo Nombre de Dios  que ha descendido a este mundo, cambiando de nivel.

Veamos esta ecuación y la herramienta de meditación que nos entrega la sabiduría de la Torah, en esta disciplina de santificar el Nombre de Dios:

Nombre de Dios: YHVH

 יהוה 

Éste es la expresión del sistema del Árbol de la Vida sin defecto alguno (por eso para muchos es impronunciable). Su guematria es:

  • י Yud=10;
  • ח He=5;
  • ו Vav=6;
  • ח  He=5.

Total: 26.

Nombre de Dios: Adonay

 אדני

A través de éste nombre, Dios actúa en nuestro mundo somo el Soberano de todo. Como en este Nombre Yud He Vav He se ha cambiado de ropaje (ha bajado su frecuencia) para adaptarse a nuestro mundo, podemos pronunciarlo: Adonay.

  • א Alef=1;
  •  ד Dalet=4;
  • נ  Nun=50;
  • י Yud=10.

Total: 65.

Al meditar y pronunciar Adonay, estamos declarando que el Eterno es el Amo y Señor majestuoso de toda la Creación. Decimos a todos los planos existenciales que el Eterno es nuestra autoridad plena.

¿Qué es esto de la trenza de los nombres y cómo se realiza?

La trenza o yijud (también traducido como unificación) de un Nombre Divino representa la unión de la Luz con la vasija. En este caso, el  Nombre de Dios Yud Hei Vav Hei es la Luz y Adonay es la vasija. Por lo tanto, se crea una secuencia al introducir las letras del nombre Adonay en medio de las letras del Nombre de Dios de más alta frecuencia (siempre comenzando de derecha a izquierda). Entonces, queda así:

יאהדונהי

Guematria 26 + 65 = 91.

Así pues, este Nombre Divino corresponde al número de versos de la parashá. Por tanto, meditando y orando con en este nombre todas las mañanas, atraemos la energía completa de esta porción: la energía del 8. Esto significa que cada mañana al despertar, debemos aceptar humildemente que estamos peregrinando hacia un Mundo Mejor que este que hoy conocemos a través de nuestros sentidos físicos, y que para llegar a alcanzarlo, deberé primeramente humillarme ante el Dueño de todo e invocarlo para que pueda santificar Su Nombre a lo largo de mi jornada laboral, en cada acción que realice.

Por eso, el Olam Havá (Mundo Venidero) está reservado para todos aquellos que formando parte del Pueblo de Israel, reconocen que HaMashiaj (el Mesías) ya vino en la persona de Yeshúa, y que este por su obediencia hasta la muerte, y muerte de cruz, ha sido elevado por Dios hasta lo sumo, y se le ha dado un Nombre que es sobre todo nombre. Dicho nombre es este yijud poderoso (YHVH Adonay), y sólo en este nombre se puede recibir la energía que esta parashá nos revela.

Considerando todo esto, lograremos entender que la razón por la cual la Torah nos prohibió consumir los animales impuros es porque estos provocan en la persona una tendencia hacia la crueldad y el pueblo de Israel debe ser un pueblo santo en el cual reine la cualidad de la benevolencia (jesed). En el futuro YHVH hablará con cada uno de los miembros del pueblo de Israel, tal como está escrito:

«Sus hijos y sus hijas profetizarán».
(Joel 3:1)

En consecuencia, ningún integrante del pueblo puede alimentarse con algo impuro porque sus bocas dirán las palabras de Yahvéh. Esto es lo que nos enseñan las palabras de este versículo: que Moshé y Aharón les avisen que en el futuro Dios les hablará a cada uno y por eso no deben comer animales impuros.

Estamos llamados a desarrollar la misma actitud que hubo en Yeshúa el Mesías, mientras caminó como el Hijo del Hombre sobre la Tierra (Malkut). Es decir, desarrollar tal calidad de Avodáh (servicio sacerdotal) que logre la sublimación y elevación de lo terrenal a las esferas celestiales. Así se permite a la Shekináh (Presencia) de la Luz Infinita manifestarse en medio del mundo natural, permeando a toda la materia, y haciendo que todo lo creado se someta al señorío absoluto del Eterno.

Entonces esta parashá nos deja bien claro el concepto que cada uno de los redimidos, con nuestras buena obras, refinamos las cosas de la fisicalidad y a la vez nos autorefinamos para elevarnos junto con ellas a dimensionalidad de plenitud celeste.

Para lograr la eficacia de esta vocación, y alcanzar excelencia en nuestra misión, debemos aceptar que necesitamos atraer la Luz al mundo material, acercándolo por medio de nuestro esfuerzo de elevarnos en conciencia. Por esto, tenemos que cuidarnos de nuestras obligaciones materiales para poder penetrar en el mundo espiritual.

Para lograr la eficacia de esta vocación, y alcanzar excelencia en nuestra misión, debemos aceptar que necesitamos atraer la Luz al mundo material, acercándolo por medio de nuestro esfuerzo de elevarnos en conciencia. Por esto, tenemos que cuidarnos de nuestras obligaciones materiales para poder penetrar en el mundo espiritual.

Tenemos que prepararnos para la llegada del Rey. Para ellos debemos cuidar nuestro aspecto físico, tanto interno como externo. Cuidar la forma de vestir, la imagen, la higiene tanto física como mental. Observando nuestra forma de ser sociales, hasta incluso alimentándonos equilibradamente, siguiendo una dieta estrictamente profética.

La implicación es elocuente: observar las normas de pureza e impureza tratadas en esta sección (parashá) y las posteriores, lleva a cada redimido a elevarse por sobre lo mundano e incorporar en su ser los valores supremos de lo «octavo», es decir el carácter mesiánico que todo lo puede.

Cómo Vivir Entre el Orden y el Caos? (Parashá Tzav – Primera Parte)

Por P.A. David Nesher

Logrando una conexión perfecta con la Luz Infinita que ha creado todo, el ser humano consigue que todo aquello que constituye los distintos planos existenciales se someta a su deseo y beneficie a su entorno. La metodología de los korbanot es una pedagogía celestial ideal para ascender de conciencia y producir milagros.

La SEGUNDA PARTE de esta enseñanza puedes verla en este enlace: https://youtu.be/a0IBysWjmm0

¿Cómo Cerrar Ciclos y Comenzar de Nuevo? (Parashá Vayikrá)

Por P.A. David Nesher

Vayikrá es un Libro de Terapias Divinas en cuyas líneas se encriptan mensajes que desafían al ser humano a desarrollar una conciencia suprarracional que logra vencer todo condicionamiento sensorial que colocan las circunstancias del mundo físico.

¿Lashon Hará?… ¡Conmigo NO!

Por P.A. David Nesher

Estudiar los códigos de la sabiduría de la Torah divina resulta ser una tarea maravillosa. Justamente, abordar a la porción Tazría con hambre de sabiduría de lo alto no conducirá a descubrir que ella habla sobre la importancia de las palabras que decimos. Esto lo realizará revelando lo peligroso que resulta practicar la negatividad que es creada a través del habla maliciosa (la lashón hará).

Por medio de esta parasháh (porción) de Tazría, el Eterno nos enseña que la lashón hará (la mala lengua) es la peor forma de oscuridad que existe. La mala lengua es más comúnmente entendida como hablar de manera negativa sobre alguien más, el cual es el nivel más obvio y la peor forma de lashón hará.

Así pues, la lashón hará es la fuente de muchos males sociales. A tal punto que ha causado la disolución de amistades, el término de incontables matrimonios generando un sufrimiento inconmensurable. Ellas es la matriz de odios, celos y disputas los cuales se esparcen tal y como las enfermedades, y los gérmenes que la provocan, se esparcen a través de la suciedad.

La carta del judío Yaakovo (conocido como Santiago), hermano y emisario (apóstol) de Yeshúa, ofrece un planteamiento lleno de sabiduría. Leamos con mucha atención:

“…Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende de palabra, éste es un varón perfeccionado, capaz de poner en sujeción todo el cuerpo. He aquí que ponemos frenos en las bocas de los caballos para que nos obedezcan y dirigimos así todo su cuerpo, para un lado y para el otro. Observad también los barcos, aunque tan grandes y llevados por vientos imponentes, son gobernados por un pequeño timón y dirigidos por donde el timonel desea. De la misma manera, la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. ¡Mirad cómo un fuego que se inicia tan pequeño, incendia un bosque tan grande! Y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad como un bosque; la lengua está ubicada entre nuestros miembros y contamina todo el cuerpo e inflama el curso de nuestra existencia de generación en generación y es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, así como de aves, de reptiles y también de criaturas marinas, puede y de hecho ha sido domesticada por la naturaleza humana. Pero ningún hombre puede tener absoluto dominio de su lengua; un mal que no puede ser controlado, llena de veneno letal. Con ella bendecimos al Eterno y Padre y con ella maldecimos a los hombres creados a semejanza de Di-os. (10) De la misma boca sale bendición y maldición. Hermanos míos, no conviene que esto suceda. ¿Acaso puede una higuera, hermanos míos, producir aceitunas o una vid higos? La fuente de agua salada no produce agua dulce. ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por su buena conducta sus obras en sabiduría humilde. Pero si tenéis celos amargos y rivalidades en vuestros corazones, ni os jactéis ni mintáis contra la verdad. No es ésta la sabiduría que desciende de lo alto, sino terrenal, sensual, de espíritus bajos y corruptos. Porque donde hay celos y pleitos, allí hay divisiones y toda obra perversa. Mas la sabiduría que desciende de lo alto, primeramente, es en verdad, pura, en shalom, comprensiva, dispuesta a razonar, repleta de misericordia, sincera, imparcial y que produce buenos frutos. Y para los que son pacificadores, el fruto de la Justicia se siembra en Shalom…”

[Santiago 3:2-18 – Código Real del NT].

De este modo, los discípulos de la primeras comunidades aprendían y aceptaban que los seres humanos tienen la responsabilidad intrínseca de darse cuenta de que, una vez que uno pronuncia una palabra, ésta no se evapora en el aire sin dejar rastro, sino que produce efectos muy graves.

Sobre la maledicencia encontré en un libro de sabiduría hebrea la siguiente anécdota:

«…Cierta vez, Rabi Shimon ben Gamaliel pidió a su asistente que le trajera algo bueno del mercado.
El asistente fue, compró lengua y regresó.
Rabi Shimon ben Gamliel le pidió entonces que le trajera algo malo del mercado. Fue y retornó con otra lengua.
Rabi Shimon ben Gamliel le planteó:
“¡Cuando te pedí algo bueno me trajiste lengua, y cuando te pedí algo malo nuevamente me trajiste lengua!, ¿Cómo puede ser?”
El asistente respondió: “De la lengua proviene lo bueno y lo malo. Cuando de ella proviene lo bueno, no hay nada mejor que ella, pero cuando de ella proviene lo malo, no hay nada peor que ella…».

El único miembro del cuerpo que parece no se cansa es la lengua. Cada uno de nosotros puede hablar 24 horas y seguir y seguir… y si esta activa tanto tiempo hay que tener cuidado. Por algo, es una boca contra dos oídos y dos ojos Por ello, la enseñanza de nuestro Maestro Yeshúa se enfocará en este órgano corporal, tan pequeño y a las vez tan poderoso. Él mismo se encargó de enseñar el paradigma de que cada palabra que uno pronuncia graba una marca que queda eternamente y es imposible de borrar (Mateo 12:26-37).

La persona que habla Lashon Hará provoca daño y muertes en su comunidad de muchas maneras, tanto de quien hablaste, quien hablo y también a quien se lo comento.

La Sabiduría escondida en los códigos de la Torah considera que una expresión es lashón hará cuando los argumentos son verdaderos, aunque desconocidos públicamente, y no se persigue intención de reparar una situación negativa.

Constituye el mismo pecado independientemente del medio utilizado (comunicación cara a cara, reuniones, redes sociales, teléfono, o correo electrónico).

Por otro lado, se llama Hotzaat shem rá al acto de difamar a otra persona utilizando mentiras, y consiste un pecado muy grave que deriva de aquellos que se acostumbran a la práctica del lashón hará.

Los chismes (contar cosas de la intimidad de otro aunque no sea algo negativo), que son la forma práctica del lashón hará, reciben el nombre de rejilut y están también prohibidos por las halajot que se desprenden de la Torah (Levítico 19:16 .

La gravedad del pecado de lashón hará y sus derivados está demostrado por el hecho de que el Talmud reconoce a “quienes hablan lashon hará constantemente” como un grupo que no merece la Shekináh (Divina presencia).

El rey David compara las palabras con flechas (Salmos 64:4) . Una explicación es que son similares en que ambas, antes de largardas uno es el dueño sobre ellas; después de largarlas, son ellas las dueñas sobre uno.

Según el Midrash (Vaikrá Rabá, 26:2), el Lashon Hará, o hablar mal del prójimo, se denomina el «Triple Asesino» ya que mata a quien habla, al que escucha y a la persona de quien están hablando.

No sé quién dijo «la diferencia entre el sabio y el necio es un instante; el sabio piensa un instante antes de hablar mientras que el necio piensa un instante después de haber hablado«… pero que oportuna me resulta esta frase para hablar al corazón de cada uno de ustedes.

Obviamente se infiere que, así como la Torah nos prohíbe hablar lashon hará, así también nos prohíbe escucharlo. Esto tiene mucho sentido ya que si yo no puedo escuchar lashon hará, ¡entonces tú no puedes hablarlo!. Sucede que al escuchar palabras negativas sólo alimentamos nuestro lado negativo y nos hacemos insensibles al efecto que tienen sobre los demás.

Una ley interesante para aplicar es que si alguien te dice algo personal, está prohibido divulgarlo hasta que no te autorice hacerlo. Mucha gente piensa al revés, “si no me dijo que no lo repita, ¿por qué no repetirlo?” La halajáh determina que hasta no tener autorización para divulgarlo, debe permanecer en reserva.

Encontré que el Talmud, explicando todo lo referente al «mal hablar» o «lengua perversa» que legisla Sefer Vayikrá (Libro de Levítico) dice que el cuerpo humano fue construido para ayudar a que la persona se abstenga de hablar lashon hará. Los dientes y los labios sirven como «puertas» para regular lo que sale de nuestra boca, mientras que la lengua se encuentra en una posición horizontal de descanso. Además, si bien los seres humanos tienen dos ojos, dos oídos y dos fosas nasales y sólo tenemos una boca para recordarnos que debemos minimizar la charla. Y dice también el Talmud, ¿con qué finalidad creó Dios los lóbulos de las orejas? Por si nos encontramos en una situación en la que se habla lashon hará, ¡podamos convenientemente doblarlos hacia arriba como tapones para los oídos!