Sabiduría oculta de la Parashá Tzav
Por P.A. David Nesher
Amados buscadores de la verdad, hoy quiero invitarles a adentrarnos en uno de los misterios más profundos de nuestro desarrollo espiritual. Muchas veces vivimos creyendo que nuestro mayor desafío es cambiar el mundo exterior, cuando en realidad, la verdadera batalla y la más hermosa transformación debe ocurrir en nuestros pensamientos y deseos. Hoy les enseñaré cómo podemos construir un nuevo recipiente espiritual y mantener viva esa llama interior que nos conecta con el Creador, guiados por la infinita luz de la Sabiduría de la Torá.
- La Carencia del Recipiente y la Urgencia del Despertar.
Comencemos analizando la instrucción divina que inaugura este proceso interno. La Escritura de Vayikrá en la parashá Tzav nos dice:
«Ordena a Aarón y a sus hijos diciendo: Esta es la ley del holocausto«.
(Vayikrá | Levítico 6: 8-9)
En este momento necesito que presten especial atención a la palabra «ordena» (Tzav). Los grandes sabios enseñan que esta palabra no aparece por casualidad en el texto; más bien denota urgencia. Conlleva un llamado a apresurarnos rápidamente, especialmente allí donde yo señalo con la metáfora «los bolsillos están vacíos«.
Pero, ¿qué significa tener los bolsillos vacíos en nuestro trabajo espiritual? No me refiero a una carencia económica. Llevándolo a la Sabiduría de la Torah, la metáfora del «bolsillo» representa nuestro recipiente, nuestro anhelo. Por naturaleza, todos ustedes y yo nacemos con un deseo profundo de recibir solo para nuestro propio beneficio. Sin embargo, la Luz del Creador es puro otorgamiento, puro amor. Si intentamos recibir Su inmensa abundancia con nuestras «gafas egoístas», percibiremos esa luz de forma distorsionada, experimentando este mundo como un lugar lleno de oscuridad, injusticia y sufrimiento.
No sufrimos por falta de abundancia, sufrimos por la carencia del recipiente adecuado. Por ello, la Escritura nos apremia. No podemos procrastinar ni decir «mañana me acercaré al Creador», porque si no clamamos por Su ayuda hoy, perderemos el objetivo. Debemos enfocar nuestras plegarias no en pedir más abundancia material, sino en clamar para que se nos otorgue un nuevo deseo, un anhelo ardiente de otorgar y amar.
- El Verdadero Sacrificio y el Pacto de Sal.
Para acercarnos a la cualidad del Creador, debemos realizar un sacrificio. Pero quiero que comprendan esto desde la interioridad: no estamos hablando de ofrendar animales físicos. El verdadero sacrificio consiste en acercarnos a nuestros propios deseos —nuestros 613 deseos (613 mitzvot)— y transformar su intención.
Cada vez que ustedes deciden no actuar para su beneficio propio, están «cortando» o sacrificando la intención egoísta de ese deseo. Y es precisamente en ese lugar, vaciado de egoísmo, donde la Luz del Creador puede finalmente revelarse.
Ahora bien, ustedes podrían preguntarse: «¿Cómo garantizo que no volveré a caer en mi naturaleza egoísta cinco minutos después?«. Aquí es donde interviene un elemento sagrado: la sal. La instrucción divina nos manda salar las ofrendas. Esta «sal» representa la fuerza misma del Creador, la Luz superior que conserva nuestra acción y sella nuestro compromiso para que la corrección de nuestro deseo sea eterna y duradera. Como no podemos transformar nuestra naturaleza por nosotros mismos, es vital que nos sumerjamos en el estudio de la Sabiduría de la Torah. Esta sabiduría es la herramienta que atrae esa Luz capaz de corregirnos y brindarnos las vasijas del otorgamiento.
- El Sacrificio de Elevación: Consumiendo al Acusador.
A medida que ustedes comiencen a transitar este camino de verdad y amor al prójimo, se encontrarán con una gran resistencia interna. A esto hace referencia el siguiente pasaje:
«Esta es la ley del sacrificio de elevación. El sacrificio de elevación permanecerá sobre el altar toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar arderá en él«.
El sacrificio de elevación (Korbán Olá) no es otra cosa que el enfrentamiento contra un pensamiento malo, un «acusador» que surge en la mente para desviarlos del camino. Cuando ustedes deciden crecer y entregarse al Creador, de pronto verán cuán inmersos están en el amor propio y caerán en la desesperación. Escucharán voces internas disfrazadas de falsa humildad susurrándoles: «No eres digno», «Esto es demasiado para ti», «El Creador no ayuda a personas como tú».
¡Les insto a que no escuchen esas voces! Si se detienen a dialogar con estos pensamientos limitantes, su avance se detendrá. La instrucción divina es clara: deben quemar ese pensamiento en el altar por completo, sin dejarle rastro. No le den espacio ni tiempo. Expónganlo a la Luz abrasadora de la Palabra de Dios, pues está escrito: «¿No es mi palabra como fuego…?«. Comprendan que el Creador permite que estos obstáculos aparezcan no para alejarlos, sino para generar en ustedes un anhelo aún más fuerte, para impulsarlos a ir hasta el final con toda su fuerza.
- El Fuego Perpetuo: Despertando al Sacerdote Interior.
Para lograr vencer estas batallas cada día, necesitamos mantener viva nuestra llama espiritual. La ordenanza divina es contundente:
«Y el fuego sobre el altar arderá en él, no se apagará; y el sacerdote encenderá sobre él leña cada mañana… fuego perpetuo arderá sobre el altar, no se apagará«.
(Vayikrá | Levítico 6: 12)
Este no es un fuego poético; es una poderosa ley espiritual. Nuestro corazón es el altar, el espacio donde construimos la morada para la revelación divina. El fuego perpetuo es ese anhelo ardiente y constante por el otorgamiento y el amor. Pero este fuego no se mantiene solo. Así como el sacerdote físico debía añadir leña cada mañana, cada uno de ustedes tienen un «sacerdote interno» cuya labor ineludible es despertar cada día y renovar este entusiasmo.
El amor, si no se renueva, se apaga. Ustedes deben cuidar celosamente este «punto en el corazón», asegurándose de que sus deseos materiales y pasajeros —que es natural llenar— no interfieran ni asfixien esta sagrada llama interior. Cuando este entusiasmo ardiente está vivo, «muchas aguas no podrán apagarlo», y tiene la fuerza para consumir cualquier pensamiento extraño que intente enfriar su devoción.
- La Fuerza del Colectivo y la Morada del Creador.
Finalmente, debo revelarles el secreto más grande para que este fuego no se extinga jamás. Vivimos en una cultura individualista que nos miente, haciéndonos creer que podemos alcanzar la plenitud en soledad. Esto es imposible. La Escritura nos recuerda: «El amor cubrirá todas las transgresiones».
Originalmente, toda la humanidad era una sola alma que se fragmentó. Hoy, cada uno de ustedes posee una chispa de esa gran estructura espiritual. Si intentan encender su alma aislados, fracasarán. Para tener la fuerza real de mantener el fuego, ustedes deben incluirse dentro del colectivo, en el conjunto de Israel —aquellos que desean ir directo al Creador—.
Es por ello que clamamos al rezar la Shemá: «Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno» y luego se nos manda «Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma…» (Devarim | Deuteronomio 6: 4-5). Ese amor inquebrantable siempre está presente dentro del conjunto. Al unirse genuinamente, al elevarse mutuamente y buscar beneficiar a los demás, ustedes encienden esa chispa oculta. De este modo, restauramos el alma general y creamos la Shejiná, la morada perfecta donde la inmensa Luz del Creador puede habitar y revelarse plenamente entre nosotros.
Hermanos, les exhorto hoy a apresurarse. Salgan de la mentira del beneficio propio y abracen la verdad del amor al prójimo. Renueven su intención cada mañana, quemen sus miedos en el fuego de la Torá y únanse en un solo corazón. Al hacerlo, verán cómo nuestra chispa interior se transforma en una luz resplandeciente, capaz de transformar por completo nuestra vida y el mundo entero. Que así sea.
En amor y a vuestro servicio: David Nesher



