Cristología

Los demonios saben y confiesan que Yeshúa es «el Santo de Dios»… ¿Qué significa eso?

Por P.A. David Nesher

«Y he aquí estaba en la sinagoga de ellos un hombre con un espíritu inmundo, el cual comenzó a gritar, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios. Yeshúa lo reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él!…«

Evangelio de S. Marcos 1:23-25

De acuerdo a los Sabios del hebreo bíblico, se acepta que todos los mandamientos de la Torah, en un aspecto u otro, revelan la santidad del Mesías. La Parashá (Sección) número 30 Kedoshim comienza con el mandamiento: Sed santos, porque santo soy yo Yahvéh vuestro Elohim (Levítico 19:2) no tiene límite superior, pero la santidad del Mesías excede la de cualquier persona.

Es bien sabido pues, y así aceptado por toda escuela rabínica, que la santidad del Mesías supera incluso a la de Moisés. De esta manera, las palabras “seréis santos” se aplican únicamente al Mesías como Cabeza de un Cuerpo místico que irradia su esencia: Israel. Desde esto, siempre en Israel se entendía que el Mesías participa directamente de la santidad de Elohim. Este concepto explica por qué los Escritos Mesiánico se refieren al Mesías como “el Santo de Dios”. Tanto los apóstoles, como todos los discípulos aplicaron ese título a Yeshúa, y como podemos leer en el texto del Evangelio de Marcos que encabeza esta bitácora incluso los demonios lo reconocieron bajo este título: el Santo de Dios.

Yeshúa es llamado el Santo de Dios porque Su santidad se origina en el Eterno.

Si pensamos esto con respecto a Su persona física, la santidad de Yeshúa resulta de Su concepción y nacimiento. Ningún otro ser humano ha nacido de una mujer en virginidad.

Si lo reflexionamos en cuanto a Su poder espiritual, Su santidad fluye de la bendita Unción del Espíritu Santo que descansa sobre Él sin medida.

En lo que respecta a su conducta ética, sabemos que el Maestro derivaba su santidad de su enfoque diario de imitar al Eterno en una relación filial, y de la obediencia a los mandamientos que el Eterno había revelado en Su Torah. En la medida en que los mandamientos son las definiciones de la santidad, el Mesías también se define por los mandamientos porque Él los guardó. Por lo tanto, Él es el único capaz de cumplir el mandamiento “Sed santos, porque santo soy yo, Yahvéh vuestro Dios” (Levítico 19:2).

Yeshúa reveló con su vida que son los mandamientos de Dios los únicos que definen la conducta santa.

Regresando con nuestra mente a lo expresado al comienzo, sabemos y aceptamos que todos los mandamientos de la Torah, en un aspecto u otro, revelan al Mesías. Cada uno de los preceptos que conforman el Jumash revela algún elemento esencial de la persona y el carácter del Mesías. Los mandamientos son la voluntad y la sabiduría del Eterno. Yeshúa dice:

No se haga mi voluntad, sino la tuya.
(Lucas 22:42)

En otra oportunidad Él dice:

No hago nada por mi propia iniciativa, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó.”
(Juan 8:28).

Nuevamente aseveró:

He guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en Su amor
(Juan 15:10).

Estos pasajes enfatizan la única Verdad: ¡existe una relación directa entre los mandamientos de la Torah y la persona del Mesías, porque los mandamientos son una revelación directa de Yahvéh. Todos ellos, tal como si fueran un cuerpo, revelan la piedad compasiva del Eterno, por eso es que Yeshúa dijo:

El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”
(Juan 14:9).

Es justamente con todo este conjunto de ideas celestiales en su mente que el Maestro se comparó con un hijo aprendiz del oficio de su padre:

El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, a menos que vea hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, esto también lo hace el Hijo de la misma manera.”
(Juan 5:19).

En el contexto de Israel, un hijo primogénito, al llegar a los trece años, se ofrecía como discípulo aprendiz a su propio padre con el objetivo de adquirir las habilidades del oficio que este tuviera. Esto lo lograba observando cotidianamente a su padre en su trabajo, e imitándolo cuidadosamente en cada detalle artístico que dicho oficio requería. En forma sujeta, dicho hijo se disponía diariamente y desde muy temprano a un aprendizaje riguroso en el que los trucos de la artesanía de su padre se iban transfiriendo a su mente. De ese modo, dicho hijo sabía que llegaría un día en el que estaría ya capacitado para hacer el mismo trabajo que aprendió de su padre, y causarle la complacencia que toda alma paternal anhela de su legado. Del mismo modo, Yeshúa aprendió Su oficio de Santo por la observación del Padre. Así alcanzó la santidad por imitación del Padre, como está escrito: «Santos seréis, porque santo soy yo Yahvéh vuestro Dios.»

Shabat Shalom!

¿Para qué el Mashiaj tuvo Alma humana?

Por P.A. David Nesher

«Y que me hagan un Santuario, para que yo habite entre ellos.

 – Éxodo 25:8

En los estudios de la semana pasada, Mishpatim, vemos muchas listas de «mandamientos civiles» que también definen las relaciones entre el Hombre y Dios, el Hombre y el Hombre, el Hombre y la Tierra, y el Hombre y la Propiedad.

Esta semana, hemos aprendido los mandamientos relacionados con el Tabernáculo ( Mishkan) , y los conceptos profundamente ocultos involucrados en los que se pueden explorar los misterios de Dios y Su creación. 

La palabra Terumah significa «Ofrenda alzada» y describe la elevación de la Shekinah hacia los cielos , especialmente la unión con el novio.

Aquí necesitamos enfocarnos con todo nueestro corazón en el concepto de Shekinah (Gloria):

“…para que pueda habitar [sh’kan como en Sh’kinah] entre [en] ellos”. 

Es que el principal concepto importante es sobre la construcción del Mishkan y el Templo Sagrado se fundamenta en una sola razón: que la Sagrada Presencia del Altísimo esté entre nosotros. Sin duda, sería un lugar donde se hicieran ofrendas, se realizaría la purificación y donde se enseñaría la Torah a las naciones. Y el resultado final es que el Altísimo moraría entre nosotros, sus hijos primogénitos, los Benei Israel. Es por eso que los primeros seguidores de Yeshúa, nuestro Mesías, se refirieron a sí mismos como Ha-Derekh [el Camino]. Es por eso que las imágenes del Camino al Árbol de la Vida [Derekh etz ha-Jaim, Gen 3:24] eran evidentes tanto en el Mishkán como en el Templo Sagrado de Jerusalén.

Ahora bien: ¿Qué significa realmente Terumah? 

La raíz de terumah es rum [letras: resh-vav-mem]. Esta raíz verbal significa “levantar”. 

El primer uso se encuentra en Bereshit (Génesis): 

«Y el diluvio estuvo sobre la tierra cuarenta días. Las aguas crecieron y alzaron (teruma) el arca, y se elevó sobre la tierra.«
(Génesis 7:17)

Terumah, (griego: aparche), se trata de levantar, para que podamos experimentar la Presencia del Altísimo morando entre nosotros. En aquellos días embriagados de simjah (alegría) al pie del Monte Sinaí, levantamos los materiales usados ​​para construir el Mishkan (Tabernáculo), de YHVH. Después de que nos levantamos, Moisés contó fielmente el patrón. Betzalel, lleno del Espíritu de Sabiduría, construyó el Arca y el mobiliario. Aarón y sus hijos fueron ungidos. El Mishkan y todo su mobiliario fueron ungidos. Y entonces… la Presencia del Altísimo descendió y llenó ese lugar.

El Dios Infinito llenó una dimensión de la fisicalidad: el espacio-tiempo. ¡El Santo, Bendito sea, descansó entre los hombres y finalmente Su Shekinah (Gloria) habitó físicamente entre nosotros!

Por ello, los primeros discípulos de Yeshúa comprendieron que todoa esta manifestación gloriosa del Eterno había sido lograda en la vida del Maestro, tal como lo expresara el apóstol Juan en sus escritos:

«El Verbo se hizo carne y habitó con nosotros, y vimos su Sh’khinah (Gloria)…»
— Juan 1: 14

«Y como está escrito:
Oí una gran voz desde el trono que decía: 
“¡Mira! La Shekhinah de Dios está con la humanidad, y vivirá con ellos. 
Ellos serán su pueblo, y él mismo, Dios-con-ellos, será su Dios»
 – Apocalipsis 21:3

Así mismo el apóstol Pablo escribía:

«Porque el Templo de Dios es santo, y ustedes mismos son ese Templo.» 
– 1 Corintios 3: 17

«¿O no sabes que tu cuerpo es un templo para el Ruach HaKodesh que vive dentro de ti, a quien has recibido de Di-s? El hecho es que ustedes no se pertenecen a sí mismos.» 
– 1 Corintios 6:19

Entonces, lo que en la porción Terumáh se revela de acuerdo a nuestra emunah, es que nuestro Maestro y Dueño Yeshúa es la Terumah del Altísimo. Él fue levantado, para que el Santo de Israel, Bendito sea, pudiera habitar entre nosotros, y manifestarse desde nuestro interior. ¡Yeshúa es nuestro Mishkan actual, y nosotros mismos debemos levantarlo! 

Yeshúa es la Terumah de Elohim, tal como lo afirmara el apóstol Pablo al escribir:

«… pero ahora el Mesías ha resucitado de entre los muertos y se ha convertido en las primicias [aparché] de los que durmieron. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos.«
 (1 Corintios 15:20-21)

Y aquí encontramos la buena pieza de información paulina:

«Así que de ahora en adelante no consideraremos a nadie desde un punto de vista mundano . Aunque una vez consideramos al Mesías de esta manera, ya no lo hacemos. Así que hemos dejado de evaluar a los demás desde un punto de vista humano. Hubo un tiempo en que pensábamos en el Mesías simplemente desde un punto de vista humano. ¡Cuán diferente lo conocemos ahora!«
 2 Corintios 5:16

«De hecho, el Tanaj lo dice: Adán, el primer hombre, se convirtió en un ser humano viviente; pero el último «Adán» se ha convertido en un Espíritu vivificante (es decir, Espíritu vivificante / Torá del alma).»
 – 1 Corintios 15:45

Para captar todo esto, y lograr una correcta conclusión de todo este mensaje divino, les contaré que existe un paradigma que los Sabios de Israel siempre han dicho al describir la misión del Mesías entre los hijos de Israel:

«Y quien respira el temor de Yahvéh está participando del Espíritu del Mashiaj

¿Qué secreto esconde esta frase para todo Talmidim que estudia Torah y espera desde Su guía al Mashiaj?

Para explicarlo, los maestros citan lo que el salmista dice del Mesías:

«Tu Trono, Dios es eterno… amas la justicia y rechazas la maldad, por eso Elohim, tu Elohim, te ha ungido ; aceite de alegría por encima de tus compañeros»
(Salmos 45:7)

Como está escrito:

«Sopló en su nariz»
(Génesis 2:7)

Aquí es donde encontramos una muy buena conexión entre la «Nariz» y el «Mesías«.

Esta conexión revela que la Kedushá (Santidad) divina viene sí o sí por los méritos del Alma del Mesías, pues está escrito:

«El Aliento de nuestras Narices es el Mesías de YHVH»
(Lamentaciones 4:20).

Con este oráculo, se revela a Israel que sólo con y a través del Mesías se logrará la conexión plena con el Creador; pues está escrito en el profeta Isaías:

«Él respirará el temor de Dios»
(Isaías 11:3).

Así mismo de Él está escrito en los Salmos:

Su Nombre es para siempre,
ante el Sol [Yinon] es su Nombre
(Salmo 72:17).

El salmista está expresando que el Mashiaj es más elevado que el Orden de la Creación (cf. Ohr haTorah, Mikets p. 2202). Ante esta concepción es que el apóstol Juan expresó:

«… y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros…»
(Juan 1:14b)

Y también lo describe en el libro de Revelación así:

«Llevaba una túnica empapada en sangre, y el nombre por el que se le llama es:
«LA PALABRA DE DIOS (es decir, el Davar YHVH).»
(Apocalipsis 19 : 13)

Nosotros también somos Su Terumah. Somos Sus primicias (aparche). Somos Su ofrenda elevada. Podemos, en Él, ser una especie de Primicias de Sus Criaturas.

«Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, y desciende del Padre de las luces, con quien no hay variación ni sombra de cambio. De su propia voluntad nos hizo nacer por la palabra de la verdad, para que fuéramos una especie de primicias [aparché] de sus criaturas
(Santiago 1:17-18)

¿Qué conexión hay entre los doce Panes de la Presencia, los 12 panes con los que Yeshúa alimentó a las multitudes y el Pan (Jalá) del Shabat?


Por P.A. David Nesher

Sabemos ya que los doce panes de la presencia simbolizaban las doce tribus de Israel. De acuerdo a lo ordenado por el Eterno, los sacerdotes horneaban doce panes frescos cada Shabat y los ponían delante de YHVH. Los sacerdotes quitaban el pan viejo y lo comían en Shabat. En este sentido, el pan simbolizaba una comida compartida entre los sacerdotes (que representaban a las doce tribus) y el Eterno, era un memorial de la comida del Pacto en la que participaron los sacerdotes y los jefes de las doce tribus en el Monte Sinaí. El ritual de la jalá fresca el pan en nuestras mesas del Shabat nos recuerda este aspecto del servicio del Templo.

Ahora bien, sabemos también que en los días de Yeshúa y los apóstoles, el sacerdocio había crecido tanto que los doce panes no eran suficientes para alimentar a todos los sacerdotes de turno en un Shabat determinado. Cada sacerdote recibió sólo un pequeño bocado de los panes. Cuando el favor de Dios descansó sobre la nación, sucedió un milagro y el bocado satisfizo por completo al sacerdote, aunque apenas había comido más que una miga. Una vez que todos los sacerdotes hubieron comido de los doce panes y se hubieron saciado, encontraron que aún les quedaban sobras. El Talmud dice:

Cada sacerdote que recibía un trozo de pan del tamaño de una aceituna lo comía y quedaba satisfecho, y algunos lo comían y sobraban”.

Fue por este milagro que los rabinos asociaron los doce panes de la presencia con la prosperidad de la nación. Ramban explica que el Eterno bendijo a la nación con prosperidad a través del pan de la presencia. Desde que creó el universo, el Eterno no introduce algo ex nihilo, sino que cuando quiere producir algún tipo de aumento, lo hace brotar de algo que ya existe. Por ejemplo, el profeta Eliseo realizó un milagro de multiplicación cuando hizo que una sola jarra de aceite llenara numerosas jarras más grandes.

Ramban dice que el Señor usó la mesa de la presencia para realizar un milagro de multiplicación similar en nombre de la prosperidad de la nación. Mientras los sacerdotes colocaban el pan sobre la mesa, la prosperidad fluía para toda la nación.

Por todo ello, la alimentación milagrosa de nuestro Maestro con los cinco panes a las multitudes alude al Pan de la Presencia. La primera vez, partió cinco panes y alimentó a miles, y los discípulos juntaron las sobras. La segunda vez, partió siete panes y alimentó a miles. Nuevamente los discípulos juntaron las sobras. En total, partió doce panes. El milagro indica que el Mesías marcará el comienzo de una era dorada de prosperidad espiritual y material: el Reino de los Cielos manifestándose en medio de los hombres.


¿Qué Significó el Rasgado del Velo?

P.A. David Nesher


Los maestros de la Biblia suelen interpretar el rasgado del velo del Templo como una señal del descontento de Dios con el pueblo de Israel y el Templo, pero la tradición judía apunta a otro significado.

«Colgarás el velo debajo de las hebillas, y meterás el arca del testimonio allí dentro del velo; y el velo os servirá de separación entre el lugar santo y el Lugar Santísimo.

(Éxodo 26:33)

El Eterno mandó que se hiciera un velo para separar el «Kodesh HaKodashim» (Santo Sanctórum o Lugar Santísimo) del Lugar Santo. Según los Evangelios, el velo se rasgó en dos pedazos cuando Yeshua expiró sobre la cruz:

Y el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo
(Marcos 15:38).

Los maestros de la Biblia suelen interpretar el rasgado del velo del Templo como una señal del descontento de Dios con el pueblo y el Templo, pero según el libro de Hebreos (leer 10:19-20), el velo simboliza el cuerpo del Mesías. ¡Él es el velo! Como la vida fue arrancada de Su cuerpo, la cortina fue rasgada con el resultado de que pudiéramos tener acceso al trono de gloria en el Templo Supremo a través de Él. Esto no es lo mismo que abrogar o anular el sistema de adoración del Templo; más bien, la rasgadura del velo dramatizó vívidamente lo que la muerte del Mesías logró para nosotros: el acceso a Dios a través del sufrimiento del Mesías.

Sobre el velo estaban bordados dos querubines. Los querubines invocan la imagen del Jardín del Edén y el camino hacia el Árbol de la Vida, como dice el relato de Bereshit (Génesis):

Y al oriente del jardín del Edén colocó los querubines y la espada encendida que giraba en todas direcciones. para guardar el camino al árbol de la vida.”
(Génesis 3:24)

Los querubines sobre el velo estaban de centinela frente al Lugar Santísimo como los dos querubines que guardan el camino al árbol de la vida (la inmortalidad) y el Jardín del Edén (el Paraíso). Cuando la cortina se rasgó en dos pedazos, la rasgadura creó un camino entre los dos querubines, simbolizando el camino de regreso al Edén.

El biblista David Daube interpreta el rasgado del velo como una expresión del dolor de Dios. Rasgar las vestiduras es un rito de luto judío. Cuando Eliseo vio partir a su maestro Elías, “tomó sus propios vestidos y los rasgó en dos partes” (2 Reyes 2:12). Por esto, algunos manuscritos de Marcos 15:38 hacen una alusión explícita a 2 Reyes 2:12 al leer: “el velo del templo se rasgó en dos partes”.

Los sabios comentaron la historia de Eliseo rasgando sus vestiduras y enumeraron varias tragedias por las cuales uno debe rasgar sus vestiduras en dos partes y dejarlas para siempre sin remendar. Incluyen la muerte del padre o la madre, la muerte del maestro, la quema de un rollo de la Torah y la destrucción del Templo o la misma ciudad de Jerusalén.

El Talmud también establece que si uno es testigo de que alguien “exhala por última vez”, debe rasgar sus vestiduras:

Rabí Shimon ben Eleazar dice:

Aquel que está cerca del moribundo, en el momento en que respira por última vez, tiene el deber de rasgar sus vestiduras”.

(n. Bava Meitzá 25a)

El Evangelio de Marcos presenta la misma secuencia en el mismo tipo de lenguaje:

Expiró, y el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo
(Marcos 15:37-38).

La cortina del Templo se puede comparar con el manto de Dios:

Si no estuviera escrito en la Escritura [Lamentaciones 2:17], nadie se atrevería a pronunciarlo:

YHVH ha hecho lo que se propuso, lo que mandó desde tiempos antiguos; Él ha rasgado Su vestido de púrpura.
(Pesikta Rabbati 27:2)

«Benedictus»: El Himno Profético de Zacarías

Autor: Josef Schmid

Con el nacimiento de Juan Bautista se cumple de manera visible el mensaje del ángel a Zacarías. Al ir a circuncidar al niño, la gente propone que le impongan el nombre de su padre, pero Isabel, la madre, sin duda por lo que su esposo le habría contado de la aparición del ángel, resuelve que se llamará Juan, y otro tanto sentencia el padre, que estaba sordo y mudo, escribiéndolo en una tablilla cuando se lo preguntan por señas. Inmediatamente Zacarías vuelve a hacer uso del lenguaje y sus primeras palabras son el cántico de alabanza divina. La impresión producida por la visible intervención divina es un temor sagrado, «quedaron sobrecogidos», y la noticia se extiende por los alrededores. Lo sucedido en la circuncisión del niño da que pensar a cuantos se enteran y es interpretado como señal de su predestinación para alguna misión extraordinaria: «¿Qué va a ser de este niño?». El evangelista añade un comentario que confirma la opinión del pueblo: la mano de Dios, símbolo de su protección y su providencia, actúa de manera visible desde un principio en la vida de aquel niño, venido al mundo ya en tan milagrosas circunstancias.

El himno de Zacarías («Benedictus«) muestra grandes semejanzas de ideas y sentimientos con el «Magníficat» de Miriam (María). Al igual que éste, también el Benedictus se mueve totalmente dentro de la mentalidad de la TaNaK (Antiguo Testamento), quedando en el límite entre el Antiguo Testamento y el Nuevo.

El tema central del himno de Zacarías lo forman la misericordia de Dios y su fidelidad a su alianza. Al igual que el Magníficat es también el Benedictus, en su mayor parte, una compilación de pensamientos tomados del AT, de la que tampoco en este caso resulta una simple y hábil sucesión de reminiscencias veterotestamentarias, sino una nueva unidad. También como en el Magníficat, sus pensamientos son, aunque no en la misma medida, afirmaciones de carácter general, distinguiéndose de aquél en su referencia expresa a la persona y la futura misión redentora de su destinatario (Juan el Bautista, vv. 76-77). Una diferencia con el Magníficat suponen también los rasgos judíos nacionalistas de su primera mitad (vv. 67-75).

  • La primera parte del himno (vv. 68-75) ensalza, al igual que el cántico de María, las grandes obras redentoras de Dios, que alcanzan su punto culminante en la misión del Mesías.
  • La segunda parte (vv. 76-79) se vuelve al recién nacido hijo de Zacarías, cantando en proféticas palabras la tarea para la que Dios le ha destinado. Mientras que el Magníficat procede en su ideario de lo individual a lo general, de la persona de María «a la plenitud de la actuación divina», en el himno de Zacarías encontramos un orden inverso, lo cual radica, tanto en un caso como en el otro, en la situación respectiva de la persona que lo pronuncia. Zacarías queda lleno de Espíritu Santo, como antes Isabel (v. 41), en el momento de desatarse su lengua, y pronuncia su cántico en aquel estado de inspiración profética (v. 67).

V. 68. El himno comienza con las alabanzas dirigidas a Dios usuales en muchos salmos del AT y oraciones posteriores judías. La actuación de la misericordia, esto es, de la bondad y la indulgencia divinas, constituye el contenido único de la primera mitad del himno; la glorificación de Dios por la oración de los hombres puede consistir solamente en la sonora proclamación agradecida de sus obras. Los pensamientos se mantienen dentro del horizonte de la elección de Israel por parte de Dios como pueblo suyo. En previsión de la época de la salvación mesiánica, dada ya como presente, se refiere como un hecho que Dios ha visitado misericordioso a su pueblo en la opresión (cf. vv. 71 y 74), y lo ha redimido. La visita de Dios consiste en la misión del Mesías.

V. 69. «Un poder (o fuerza) salvador», literalmente «un cuerno de salvación» -el cuerno es aquí, como muchas veces en el AT, símbolo de la fuerza-, levantado por Dios, libertador poderoso, es el Mesías, que según la promesa del AT y las esperanzas judías surgiría de la estirpe del siervo de Dios, David. El contenido de lo que contempla aquí Zacarías como realizado o a punto de realizarse, era pronunciado con palabras semejantes en forma de súplica cotidiana por los piadosos judíos en la oración de las dieciocho bendiciones: «Haz brotar pronto el vástago de David, tu siervo, y levanta su cuerno con tu ayuda. Alabado seas, Yahvé, que haces brotar el cuerno de la salvación».

V. 70. Con la misión del salvador mesiánico ha dado Dios cumplimiento a las promesas hechas por boca de sus santos profetas. La expresión «desde antiguo» sería literalmente «desde los primeros tiempos», lo cual es una exageración retórica, ya que las promesas hechas a la casa de David no se remontan más allá de David mismo.

V. 71. Los versículos siguientes, 71-75, describen con más detalle la época de la salvación mesiánica. El v. 71 da una explicación del concepto «cuerno de salvación», «poder salvador» o «fuerza de salvación»; los enemigos y los que los odian son aquí, dentro del punto de vista vétero-testamentario judío en que va concebido todo el pasaje, los enemigos políticos y los opresores de Israel, quienes como enemigos del pueblo de Dios lo son también de Dios mismo. El v. 74 es, con todo, una prueba de que tales palabras no pueden ser entendidas como un grito de venganza.

VV. 72-75. La redención concedida por Dios a la generación de entonces es también, por la relación que con sus antepasados la une, una prueba de la «misericordia» divina con sus padres y de la fidelidad de Dios a su alianza. Al enviar al redentor mesiánico, cumple Dios la alianza, el pacto hecho una vez con los patriarcas. Dios cumple así el juramento bajo el cual prometió una vez al protopatriarca de Israel, Abrahán, para él y su descendencia, una posesión del país, libre del poder de sus enemigos.

El fin de la obra redentora divina era el procurar a su pueblo libertad frente al poder de enemigos externos. Pero el aspecto político de tal libertad no era su fin único ni primero, sino sólo condición previa de la libertad religiosa, que es la que debe dar a Israel la posibilidad de «servir» a Dios sin cesar, libre de todo temor de guerra o de opresión, como su pueblo santo, en piedad y justicia auténticas, esto es, en el fiel cumplimiento de su voluntad. Este servicio divino aquí referido es algo más que simple culto, es un servicio que incluye también una actitud moral, que, según el carácter de la ética bíblica, consiste en la obediencia a Dios y a su ley. A pesar de que Zacarías espera del Mesías la liberación política de su pueblo, falta en su ideal mesiánico todo rasgo guerrero o simplemente imperialista. También en el profeta Zacarías del AT aparece el Mesías como príncipe «manso», pacífico, cuya misión es instaurar el reino eterno de la paz en medio de un mundo impío. Los rasgos característicos de su reino son la justicia y la piedad auténtica, lo cual es uno de los pensamientos centrales de las esperanzas de redención del AT, como lo prueban los profetas más antiguos, Isaías y Sofonías.

V. 76. Con el v. 76 vuelve Zacarías su atención a la figura de su propio hijo, anunciando en palabras proféticas la misión para la que ha nacido. El versículo enlaza con la promesa de Gabriel a Zacarías de Lc 1,15-17. Este niño será llamado (esto es, será) profeta del Altísimo, que, según la profecía de Malaquías, preparará el camino al «Señor», esto es, Dios (no el Mesías), que viene misericordioso al encuentro de su pueblo.

V. 77. El v. 77 declara más en detalle en qué consiste este preparar los caminos. El Bautista debe instruir al pueblo sobre la verdadera naturaleza de la redención, llevarle a la convicción de que la salvación consiste en el perdón de los pecados y no en cosa otra alguna, siendo, pues, de carácter puramente religioso y no político. En este punto, el v. 77 sobrepasa claramente al v. 71 y al v. 74, pero sin ir más allá tampoco de la línea de la futura predicación del Bautista (cf. Lc 3,3).

VV. 78-79. La frase que sigue («Por la entrañable misericordia…»), colocada simplemente a continuación de lo anterior, apenas puede ser puesta en relación lógica con el «perdón de los pecados», sino más bien con el contenido total de los vv. 76b-77, dando como motivo de la obra redentora divina allí referida la «misericordia», cuya más grandiosa revelación es su visita de gracia al pueblo por medio del «Oriente [Sol naciente] de lo alto». Con los testimonios más antiguos, hay que suponer como texto originario el futuro «visitará». Precisamente este cambio entre pasado y futuro, con la tensión que lleva consigo, concuerda con la situación del himno, en el que se expresa la seguridad sobre la presencia de la época mesiánica, pero sin conocer aún su verdadera revelación y despliegue.

De suyo sería posible, en lugar de la traducción «Oriente», la de otros nombres, pero parece preferible la traducción «el Oriente», es decir, el sol en su salida, entendiéndolo como designación figurada del Mesías, quien, como «sol de justicia» (Mal 3,20), se aparecerá a los que yacían en las tinieblas del alejamiento de Dios producido por el pecado, para mostrarles el camino de la salvación. Zacarías se incluye a sí mismo, como lo prueba la expresión «nuestros pasos», en el número de los que yacían en las tinieblas.

De importancia para el enjuiciamiento, tanto del himno de Zacarías como del Magníficat, es la observación de que en ambos va entendida la venida del Mesías exclusivamente como revelación de la gloria divina, sin que se haga referencia alguna a su pasión y a su muerte, hecho que no sería explicable si ambos himnos hubieran sido compuestos en círculos judeocristianos o fueran cánticos judíos rehechos por mano cristiana.

Fuente:
[Extraído de Josef Schmid, «El Evangelio según san Lucas«. Barcelona, Ed. Herder, 1968, pp. 83-91]

¿Qué o Quién es la Imagen de Dios?

Dios hizo a Adán «a su imagen«, pero ¿cuál es la imagen del Dios invisible? ¿Qué o quién es la imagen de Dios?

Los místicos del judaísmo aseguran que Dios hizo a Adán a imagen del Adán celestial, conocido como el Adam Kadmon, el primogénito de toda la creación, la imagen espiritual de Dios. La teología del Adán Kadmon o celestial intenta reconciliar el conflicto entre la idea de que Dios es incorpóreo, es decir, sin imagen ni forma, y ​​la idea de que el hombre fue creado a imagen de Dios.

Ahora bien, los apóstoles dicen:

«Yeshúa es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación» (Colosenses 1:15). «Él es el resplandor de su gloria y la representación exacta de su naturaleza»
(Hebreos 1: 3).

Pablo también alude a las mismas ideas místicas cuando dice:

Así como hemos traído la imagen del terrenal [es decir, Adán], también traeremos la imagen del celestial [es decir, Yeshúa]
(1 Corintios 15:49 ).

El apóstol Pablo llama en sus escritos a Adán de Bereshit «el primer Adán» y al Mesías «el segundo Adán«. Según Pablo:

El primer Adán es de la tierra, terrenal; el segundo Adán es del cielo.«
(1 Corintios 15:47),

“…una impresión del que había de venir.”
(Romanos 5:14).

Es decir, que el Adán del relato del Génesis fue creado a imagen del Mesías.

La obra Tz’nah Ur’enah dice:

«Así como Adán fue creado a la imagen de Dios, así el Mesías es ungido por Dios, y el Espíritu de Dios estará sobre él«.

Dios creó a Adán a Su imagen, y el Mesías es la imagen de Dios:

Él es la imagen del Dios invisible
(Colosenses 1:15);

Él es el resplandor de su gloria y la representación exacta de su naturaleza
(Hebreos 1: 3).

Lucas incluso se refiere a Adán como «el hijo de Dios» (Lucas 3:38).

El Mesías, como el segundo Adán, proporciona a la humanidad un nuevo comienzo. En el Mesías, la raza humana puede volver al Edén, por así decirlo, y empezar de nuevo en perfecta inocencia y rectitud.

El nombre de Adam significa «hombre«. El pecado y la muerte llegaron a la humanidad como resultado del pecado de un hombre. A través de un solo acto de desobediencia, Adán perdió su derecho al árbol de la vida, por lo que la muerte humana llegó a través de Adán.

La muerte vino “aun sobre aquellos que no habían pecado a semejanza de la transgresión de Adán” (Romanos 5:14), lo que quiere decir que todos mueren.

Parece terriblemente injusto que la transgresión de un solo hombre lleve a la muerte a toda la humanidad, pero es igualmente injusto que la justicia de un hombre también ofrezca a toda la humanidad la recompensa de la justicia:

«El derecho al árbol de la vida»
(Apocalipsis 22:14)

Aquellos que se unen al “postrer Adán”, el Espíritu vivificante, reciben esa recompensa.

El Mesías es un segundo Adán, pero a diferencia del primer Adán, no transgredió. Si el pecado del primer Adán fue suficiente para merecer la muerte de toda la humanidad, la justicia del Mesías, el último Adán, es suficiente para merecer la vida para todos nosotros:

Porque así como en Adán todos mueren, también en el Mesías todos serán vivificados.
(1 Corintios 15:22).

Esta es la esperanza de la vida eterna mediante la resurrección de los muertos. La resurrección revierte la perdición de Adam.

ADAPTADO DE: Conjunto de comentarios del Torá Club: Sombras del Mesías .

La Creación de Adam y el Descenso del Mesías

Por Isaac Benaor

«El que descendió es El Mismo que también subió por encima de todos los Cielos para llenarlo todo.«

(Efesios 4:10)

Esta última es sin duda la enseñanza más críptica de todo en el Brit HaDashá (Pacto Renovado o Nuevo Pacto), la forma en como el alma del Mesías que es «antes de los tiempos antiguos» (Miqueas 5: 1, véase Pirké rabí Eliezer 3:2 entre otros) pudo «habitar corporalmente«, lo que el apóstol Pablo vino a llamar «el misterio de la Piedad» o (en hebreo: סוד אלהות _ Sod Elohut), como versa:

«Él (Mesías) fue manifestado en carne»
(1 Timoteo 3:16).

Aunque ya se ha hablado del tema (véase del mismo autor el Fundamento del mundo 9:4), en el presente capítulo intentaremos reflexionar, desde otros puntos de vista, sobre el maravilloso misterio de la venida al mundo del Mesías.

La Torah nos relata como Adam, el primer hombre, fue creado a partir del polvo de la tierra y como después Dios sopló sobre él aliento de vida (véase Génesis 2:7).

Nos parece significativo que dicha creación sea enunciada a través de tres verbos distintos, como versa:

«El Eterno Dios formó (וייצר vayitser) al hombre.» (Ídem 2:7).

Aunque hemos colocado los versículos según el orden en que aparecen en el relato bíblico, si quisiéramos ordenar los conceptos acorde a su nivel de espiritualidad, deberíamos comenzar por el término «crear«, que es además la segunda palabra de la Torah, como se declara: «En el principió creó (ברא bará) Dios.» Siempre que este verbo aparece en el תנך Tanak (Biblia) tiene necesariamente a Dios como sujeto, pues únicamente a El Santo, Bendito Sea, es atribuible una Creación יש מאין [yesh meain] o «ex nihilo» (Traducido: «de la nada«).

En segundo término, «formar» (יצר yatsar), implicaría dar identidad a algo que es informe, pero siempre a partir de una materia prima ya existente, יש מיש (yesh meyesh) o «algo de algo«, como versa:

«Antes que te formase en el vientre te conocí.»
(Jeremías 1:5).

Y por último, el vocablo que más nos acercaría a conceptos de materialidad:

«Hacer» (עשה – asah), el cual sería susceptible de aplicar a cualquier labor de nuestras manos.

¿Por qué la Torah necesitó tres verbos diferentes para explicar la creación del primer hombre?

Veamos ahora el contexto en el que fue utilizado cada uno de ellos:

«Y creó (ויברא – vayibrá) Dios al hombre a Su imagen, en imagen de Dios lo creó, varón y hembra (lo) creó

El hombre al nivel de «creación» es, según el relato bíblico, «imagen de Elokim«. A través de la expresión צלם (tzélem), que aquí traducimos como «imagen» (y tiene también las acepciones de «sombra» o «modelo«), llegaríamos a relacionar la creación del primer hombre con los sacrificios prescritos por Dios para la expiación de los pecados pues, según el autor de la carta a los Hebreos, ellos eran «la sombra (צלם tzélem) de los bienes venideros (אבות העתידות tobot ha’atidot)» (Ídem 10:1), término que haría referencia al sacrificio del Mesías, Quien sería inmolado en propiciación por nuestras transgresiones, como versa:

«Hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Yeshúa el Mesías, hecha una vez y para siempre.«
(Ídem 10:10).

En esta misma línea y, tomando la palabra tzélem en su acepción de «modelo«, podríamos hablar de cómo los rituales sacrificiales prescritos en la Torah, tomaron su referencia espiritual de:

«La sangre preciosa del Mesías, como de un cordero sin mancha ni impureza, ya provisto desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado al final de los tiempos por amor a vosotros.«
(1 Pedro 1:19 y 20).

La palabra צלם tzélem puede ser también leída como el acróstico (נוטריקון notrekón) de:

צדיק _ Tzadik
ל _ Le
משיח _ Mashíaj

* Tzadik: צ Una letra tzade cuya iconografía representa a un hombre arrodillado (véase Shabat 104a) elevando sus brazos en señal de súplica, viene a hablarnos del siervo quebrantado de El Eterno, de aquel que «fue despreciado y desechado de los hombres» y aún así «puso Su vida como sacrificio de expiación por el pecado» (Isaías 53: 3 y 10), como también se declara: «Y si alguno peca, abogado tenemos para con el Padre: A Yeshúa el Mesías, el צדיק Tzadik.» (1 Juan 2:1). Dicho nombre sería en sí mismo la expresión de un atributo mesiánico, pues fue dicho:

«Justificará (יצדיק – yatsdik) (el) צדיק Tzadik, mi siervo a muchos y sus pecados llevará«
(Isaías 53:11).

* Lámed: ל esto se lee «ל le» (hacia), para indicarnos la meta o destino, como versa:

«Para esto (לזאת – lazot) he venido al mundo
(Juan 18:37).

Y también treinta (ל) en su valor numérico, pues fue dicho: «

«Y Yeshúa mismo, al comenzar tenía unos treinta años
(Lucas 3:23).

* Mashíaj: מ Pero recordemos que no se trata de una mem abierta (מ), como correspondería con un principio de palabra, sino una cerrada (ם), pues la tomábamos de una letra final. Aquí podríamos ver insinuado el misterio de la ocultación del Mesías tras, lo que vino a ser llamado, «el endurecimiento en parte«, como versa:

«Porque no quiero hermanos que ignoréis este misterio […] que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte.»
(Romanos 11:25).

Los sabios vieron en la inicial de משה Mosheh (una מ mem abierta) el indicio de que ciertos atributos de corte mesiánico llegarían a ser revelados a través de él, pues Moisés desempeñó el rol de primer redentor y fue líder y guía espiritual de Israel, como versa:

«Y el pueblo temió a El Eterno y creyeron en el Eterno y en Moisés, Su siervo.»
(Éxodo 14:31).

Sin embargo del Mesías fue dicho (Isaías 9:6):

«Para el incremento (לםרבה – lemarbeh)»,

Expresión que aparece irregularmente escrita con ם mem cerrada pese a no tratarse de una letra final (véase del mismo autor el Fundamento del mundo 9:5).

Todo ello vendría a sugerirnos que el Mesías dejaría a Su paso por el mundo importantes aspectos espirituales aún por revelar, y esto resulta especialmente significativo en lo concerniente a Israel, cuya capacidad para asumir dichos misterios quedo restringida por el ya mencionado «endurecimiento en parte». De hecho, la ם mem sofit, por su iconografía cerrada, llega a convertirse en expresión paradigmática de aquello que permanece oculto, como versa:

«En el interior del interior del Lugar llamado Kódesh (Lugar Santo del Tabernáculo de Arriba) destelló una letra en el interior de la ocultación del Kódesh. Y esta es la mem cerrada ם«

(Zohar Vaikrá3b).

Resulta significativo como, salvando el inevitable simbolismo de la visión profética, esta afirmación nos recuerda a esta otra:

«Pero estando ya presente el Mesías, Sumo Sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto Tabernáculo (de Arriba) no hecho de manos, es decir, no de esta creación […] por Su propia sangre entró una (sola) vez y para siempre en el Lugar Santísimo (Kódesh Kodashim) habiendo obtenido eterna redención.«
(Hebreos 9:11 y 12).

En realidad, incluso Moisés, personaje clave en la historia del pueblo de Israel, fue descalificado en un primer momento, como versa:

«¿Quién te ha puesto a ti por príncipe (שר – sar) y juez (שפט – shofet) sobre nosotros?«
(Éxodo 2:14)

Al tratarse de dos atributos de corte mesiánico (véanse respectivamente Isaías 9:6 y Salmos 9:8 entre otros) podemos ver en este rechazo una insinuación a ese otro del que el Mesías sería objeto.

La segunda tentativa tampoco contó con el beneplácito del pueblo, como se declara:

«Ellos les dijeron (a Moisés y a Aarón): Mire El Eterno entre vosotros y juzgue, pues nos habéis hecho abominables delante de Paró (faraón).»
(Éxodo 5:21).

A veces la historia nos muestra situaciones del todo paradójicas: Israel clama por un redentor pero cuando Dios se lo envía, éste es rechazado. Tras un primer arbitrio ni siquiera se le reconoce su autoridad y en la segunda ocasión el pueblo no quiere asumir el precio que indefectiblemente debe pagar todo aquel que aspira a alcanzar la verdadera libertad, pues Moisés, en su condición de primer redentor (גורל הראשון – goel harishón), actuaría como un tipo profético del postrer redentor ( גואל האחרון – goel ha’ajarón), de Aquel que fue dicho:

«Vendrá a Sión redentor ( גואל – goel)
(Isaías 59:20)

En este sentido, Moisés, al ser rechazado por su pueblo y al calificarse a sí mismo de «extranjero«, también exterioriza características del Mashíaj ben Yosef, como versa:

«Al pobre y al converso (גר – guer) lo dejarás»
(Levítico 19:10).

He aquí que tú (Moisés, como tipo del Mesías) ya has sido llamado converso la primera vez por el pueblo (en alusión a la primera venida del Mesías) y pobre (עני – ani) (Zacarías 9:9), como fue dicho de ti (Éxodo 18:3): «He sido extranjero (גר – guer) en una tierra extraña» (Zohar Mishpatim 115a).

Ya que «guer» posee ambas acepciones: Converso y extranjero. Al abordar el personaje de Moisés como figura profética del Mesías, los sabios no escatimaron en alegorías de orden celestial a la hora de describir la, inusitadamente elevada, procedencia de su alma, así como la excepcionalidad de su nacimiento, refiriéndose a éste como «su descenso al mundo», Como versa:

«Rabí Yehudah abrió:
[…] Cuando llegó la hora de Mosheh, el profeta fiel, de descender al mundo, El Santo, Bendito Sea, saco un alma sagrada cincelada de una piedra de zafiro, que es una piedra preciosa […] la hizo pasar por todas las luminarias en el Jardín del Edén y la hizo entrar a Su palacio […] y salió una voz que decía: ¿Quién es éste al que todas las llaves le fueron entregadas en su mano.» (Zohar Beshalaj 53b).

Lo que también se correspondería con lo dicho acerca del Mesías:

«El Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David (מפתח דוד – maftéaj David), el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre.
(Revelación 3:7, véase Isaías 22:22).

¿De dónde viene el Alma del Mesías?

Los sabios nos enseñan que el alma del Mesías procede del término עתיק (Atik), extraído de Daniel cap. 7, vers. 9, en relación a עתיק יומין Atik Yomín o «Anciano de días».

Este nivel, asimilable a la parte más elevada de כתר (Kéter) del nivel celestial אצילת Atzílut, haría de nexo entre los mundos superiores del אין סוף Ein Sof y el resto de los mundos inferiores consecutivos.

Al respecto de la expresión «atik» dijeron los sabios:

«¿Qué significa: Y visten espléndidamente ( לנכסה עתיק limecaseh atik)? Se refiere a que esconde (מכסה mecaseh) las palabras ocultas del Anciano (עתיק Atik) de días ¿Cuáles son? Los secretos de la Torah»

(Pesajim 119a).

Este lugar se hallaría muy por encima del poder directivo (השגחה hashgajah) de la justicia divina, sin verse afectado o restringido por un deficiente servicio a Dios o cualquier otra iniciativa que pudiese partir del hombre, actuando siempre bajo las directrices de bondad y amor infinitos y movido por el incansable propósito de revelar la unidad de Dios.

Los sabios nos enseñan que existen cinco niveles del alma (véase Bereshit Rabah14:9). Los tres primeros נפש (néfesh), רוח (rúaj) y נשמה (neshamah) son llamados אור פנימי (or penimí ) o luz interior, pues se invisten en el ser humano, constituyendo de esta manera su dimensión espiritual.

Los otros dos serían חיה jaya, y יחידה yejidah (también enumerados en orden inverso dependiendo de las fuentes). Éstos, debido a su altísimo nivel, tan solo podrían circundar al hombre ante la imposibilidad de ser contenidos en un כלי kelí (recipiente) apropiado, por esta razón son descritos como אור מקיף or makif (luz envolvente) o אטרות atarot (coronas) [Ets Jayim 6:5].

En opinión de los comentaristas, el Mesías habrá de alcanzar el nivel de Yejidah como condición previa para realizar Su misión. Siguiendo esta línea, debemos pensar que esta situación implicaría también la asunción del grado inmediatamente inferior Jayah. ( véanse al respecto Séfer Halikutim, Mishpatim 21; Sha’ar Hakavanot, Drushé Kriat Shemá; Likuté Torah, Parashat Bereshit, entre otros).

Al analizar la vida de Yeshúa, cabría preguntarse en que momento o bajo que circunstancias podríamos ver insinuada la consecución de dichos niveles, es más, este hecho lo habría convertido en el único ser humano sobre la tierra capaz de contener «en forma corporal» una luz apenas distinguible del אור אין סוף Or En Sof (Luz Infinita).

La expresión חיה jayah proviene de חי jay (vida), y estaría posicionada a nivel de Atzílut (Emanación) אצילות en correspondencia con la letra ( י ) yud del Shem Hameforash (YHVH). Por su parte, יחידה yejidah deriva de יחיד yijud (unicidad) y estaría vinculado a אדם קדמון Adam Kadmón en relación al ápice ( kots shel Yod) o punta superior de la citada letra (Ets Jayim 28:1, véase Iguéret Hateshubah 4).

Así pues, la asunción de Jayah convertiría al Mesías en el כלי kelí o recipiente de un nivel espiritual no susceptible de ser albergado de forma «interior» para el común de los mortales. Hay un versículo en el Tanaj que podría insinuarnos la adquisición de esta cota desde el momento mismo de la concepción, como versa:

«Mi hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy.» (Salmos 2:7)

«Mi hijo» (בני bení), leído como el acróstico (notrekón) de:

Be (con) ב Neshamah (alma) נשמה

Yeterah (adicional) יתירה

¿Y que ocurriría con respecto al quinto nivel: Yejidah?

Podríamos llegar a pensar que éste no habría sido alcanzado hasta después de Su resurrección y posterior ascenso a los Cielos, como nos insinúa la declaración:

«Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo y Le otorgó el Nombre que es sobre todo nombre.«
(Filipenses 2:9).

Pues «quinto» (חמשי jamishí) es משיח Mashíaj, y también fue dicho:

«Sepa pues […] toda la casa de Israel que a este Yeshúa […] Dios le ha hecho Señor y Mesías» (משיח Mashíaj)
(Hechos 2:39).

Tomada en este contexto, la ya mencionada palabra en la primera parte de esta enseñanza צלם tzélem vendría a insinuarnos también la consecución de ese nivel pues, en opinión de los sabios (véase Néfesh Hajaim) esta O mem simbolizaría יחידה Yejidah.

Para un acercamiento a estas cotas espirituales circunscritas a la figura del Mesías, se nos hace imprescindible acudir al último libro de los escritos apostólicos, llamado precisamente el «Libro de la Revelación de Yeshúa el Mesías» (en hebreo: SéferhaJizayón leYeshúa haMashíaj). La posición que la providencia divina le dio, al final de los textos que componen el llamado «Pacto Renovado», lo sitúa como término y colofón de la revelación del Mesías, actuando ésta a manera de puente entre el tiempo presente, representado aquí por el mensaje a las siete congregaciones (véase ídem 2 y 3) y los acontecimientos futuros, con la descripción del «fin de los días» o קצה הימים Kets Hayamim, la restauración del Reino Mesiánico milenial, la guerra de Gog u Magog y el devenir de la Eternidad, ilustrada aquí por la Nueva Jerusalén.

En este contexto, el Mesías es descrito dentro de un ámbito celestial, ya despojado de los «ropajes» (לבושים lebushim) de este mundo, mostrándose más bien en la línea de «aquella gloria que tuve contigo antes de la fundación del mundo» (Juan 17:5). El propio nombre del libro «Revelación / Visión» en hebreo Jizsayón, nos insinuaría también las manifestaciones espirituales que habrán de preceder Su venida, como versa:

«Y vuestros jóvenes tendrán visiones (חזינות jezyonot)»
(Yoel 2:28 / 3:1).

Resulta significativo que tanto חיה jayah como יחידה yejidah sean la forma femenina de los términos masculinos de los que derivan: חי Jay y יחיד yijud. En hebreo, para indicar género femenino se emplea una letra ה he como sufijo, teniendo esto también un reflejo en el ámbito espiritual, pues la última he (izquierda) del Nombre divino YHVH está asociada a מלכות Maljut-reino que es, precisamente, el aspecto femenino inferior.

Aquí podríamos ver insinuado como jay (en relación a Yesod-fundamento que está vinculado a El Jay) se une a Malkut (expresado por la he ה) formando una unidad o yijud:

Yesod (jay): חי

Malkut (he): ה

Yejidah (unidad) resultado de la unión Yesod-Maljut:

חיה :Jayah

Volvamos de nuevo a los tres diferentes verbos que usa la Biblia en referencia a Adam, el primer hombre, como una insinuación de la venida del Mesías, Quien es también es llamado «el Postrer Adam» o אדם האחרשן Adam ha’Ajarón (1 Corintios 15:45).

«Cada uno de ellos vendría a expresar un nivel gradual de «materialidad» que revestiría la Gloria del Mesías en Su descenso al mundo sensible.

• «Bará» ברא (crear): En correspondencia con el עולם בריאה Olam Briah o Mundo de la Creación, lo cual se relacionaría con בינה BinahEntendimiento.

• «Yatsar» יצר (formar): En alusión al עולם יצירה Olam Yetsirah o Mundo de la Formación, concerniente a las seis sefirot intermedias: חסד Jésed – gracia, Guevurah – rigor גבורה, Tiféret -belleza תפארת, Nétsaj -victoria נצח ,הוד Hod -esplendor y יסוד Yesod -fundamento.

• «Asah» עסה (hacer): En concordancia con el עולם עשיאה Olam Asiyah o Mundo de la Acción al nivel de מלכות Malkut – Reino.

Comprender el misterio de la venida al mundo del Mesías está mucho más allá de nuestra capacidad de aprehensión pues, como se dijo, tanto los sabios como los escritos de los apóstoles coincidirían al señalar que el Mesías habría precedido a la creación del mundo (véanse entre otros Zohar Tsav 34b, Juan 17:5), no obstante, a la hora de establecer «Su morada entre nosotros» vino a nacer de una mujer. Al respecto creemos significativa la siguiente enseñanza:

«Ven y mira: El alma […] no desciende a lo bajo hasta que se viste con la vestimenta de este mundo. Algo parecido a esto ocurre con los ángeles sagrados de lo Alto […] cuando ellos cumplen su misión en este mundo. No descienden a lo bajo hasta que se visten con las vestimentas de este mundo, y todo es según el lugar al que se va allí» (Zohar pekudé229b). Y esto no lo decimos porque el Mesías fuese un ángel, sino para entender los «parámetros» que rigen el mundo espiritual pues, de forma similar, (pero en la línea inversa) Moisés subió al monte por «cuarenta días y cuarenta noches, no comió pan ni bebió agua» (Éxodo 34:28).

También nos parece significativo un versículo donde aparecen de nuevo distintos verbos implicados en la obra creadora de Dios, en este caso en relación a la Luz, como se declara:

«Que forma (יוצר yotser) la luz (אור or) y crea (בורא boré) la oscuridad»
(Isaías 45:7).

Cabría preguntarse: ¿Acaso no está escrito en referencia a la luz (véase Génesis 1:1 y 3) que fue creada por Dios? ¿Por qué es usado aquí el verbo יצר yatsar?

Del Mesías fue dicho:

«Él era la Luz verdadera que alumbraba a todo hombre que viene a este mundo«.
(Juan 1:9).

Y esta Luz del Mesías precedió a la creación del mundo, por eso, de la oscuridad fue dicho: «Que crea (בורא boré)» pues se trataría de un acto me’ain (a partir de la nada- מאין, mientras que de la luz, como metáfora aquí del Mesías, solo puede decirse «que forma (יוצר yotser)», esto es, una acto יש מיש yesh meyesh (algo de algo ya pre-existente), como también nos insinúa el siguiente texto:

«Está escrito:
[…] Formador (יצרך yotserja) tuyo, oh Israel
(Isaías 43:1).
Y está escrito:
Así dice El Eterno hacedor (עשך oseja) tuyo (Ídem 44:2). Todos estos grados se elevan a uno, y he aquí que ha sido dicho: […] Formador, hacedor y todos son grados, uno sobre otro y todos son uno (Zohar vayishlaj 177b), como también se declara:
«El Santo, Bendito Sea […] forma (tsar) una forma (tsurí) y le coloca espíritu y alma, vísceras y entrañas, como dijo Janá: No hay Santo como El Eterno, porque no hay nadie fuera de Ti, ni Roca como nuestro Dios (1 Samuel 2:3) ¿Qué significa no hay roca (Tsur) como nuestro Dios? (que) No hay formador (Tsa-yar) como nuestro Dios.» (Berajot 10a).

El alma del Mesías, a través de sus cinco niveles, vendría a constituir una «escalera» que recorre los mundos espirituales, partiendo de sus grados más elevados, casi indistinguibles de la Luz divina, hasta los más concretos y sensibles adscritos a la dimensión vital de la humanidad del Mesías, como fue dicho:

«Me vestiste de piel y carne, me tejiste huesos y nervios.»
(Job 10:11).

Como la escalera de Yaakov, que «estaba apoyada en la tierra y cuya cabeza tocaba el Cielo» (Génesis 28:12), podemos vincular cada letra del nombre «Yeshúa» con uno de los mundos (עולמים olamim) y con un grado de Su alma y cada uno de ellos es capaz de «brillar» acorde al grado de transparencia de los recipientes que las contienen, como dijeron los sabios:

«Néfesh en Maljut, Rúaj en Guevurah, Neshamah en Binah, Jayah en Jojmah y Yejidah en Kéter; pudiendo, de esta manera, ser acercada a cada ser humano la voluntad divina a través del alma del Mesías, conectando el mundo con su fuente, concatenando dicha «voluntad» de forma progresiva en sentido ascendente y descendente, como también se dijo: «Ángeles de Dios que subían y descendían por ella» (Ídem).

AUTOR: Isaac Benaor

Tomado de su LIBRO: «Las Puertas de Bondad»

Bereshit: «Por Causa del Principal» (El Mesías)

Por P.A. David Nesher

La palabra hebrea Bereshit equivale al primer soplo de la Divinidad, equivale a la virtud divina más alta Keter (Corona), es el PRINCIPIO Espiritual, cuando fueron creados los cielos y la tierra y aún no se creó al ser humano. Bereshit, el principio, es la Luz ESPIRITUAL del Infinito (Ein Sof), es la Consciencia del Espíritu de YHVH, capaz de expandir, formar, generar, ordenar. Así en el primer versículo del libro de Génesis, Bereshit es el principio espiritual, capaz de expandir el universo, cuando se crearon los Cielos y la Tierra.

Para lograr captar los maravillosos secretos que esta palabra hebrea contiene de manera encriptada, los invito a conocer la historia de un sabio judío: Salomon Meir Ben Moisés

El rabino Shlomo Meir Ben Moshé (Salomon Meir Ben Moisés) fue un eminente rabino del siglo XVII. Nació en Casal en el ducado de Montserrat, en el año 1606. Fue nombrado Shlomo (Salomon) en memoria de su abuelo, y Meir, que significa «iluminar«, por causa de nacer en la semana de la lectura de la Torah que contiente el relato del nacimiento de Moshé (Moisés), cuya entrada en la tradición mundial declara haberse distinguido por una luz sobrenatural, que iluminó toda la casa de su padre en esa ocasión.

Cuando tenía apenas trece años, el joven Shlomo comenzó a componer discursos en hebreo; y prosiguió sus estudios en el Talmud y el Zohar durante muchos años con tal éxito, que al final alcanzó la reputación de uno de los judíos más eruditos de esa época.

Lo cierto es que dondequiera que Shlomo viajaba, sus conferencias en las sinagogas eran escuchadas con admiración; y los judíos de Jerusalén lo honraron con el título de “rabino”, y con frecuencia lo enviaron a recolectar las contribuciones eleemosynary (ofrenda para los pobres), que suelen recibir de sus hermanos en otros países de Asia, África y Europa.

Lo interesante de la biografía de este sabio será que en el año 1665, a la edad de cincuenta y nueve años, estudiando los códigos encriptados en la Torah (especialmente en la palabra Bereshit) llegó a la conclusión de que Yeshúa el netzarita, era de hecho el Mesías anunciado en la TaNaK. Por causa de esto, el rabino anteriormente respetado pronto se vio marginado de sus hermanos judíos. Y al no encontrar una comunidad judía nazarena en el siglo XVII, no vio otra opción para convertirse en cristiano.

Lo cierto de toda esta historia es que uno de los viejos amigos del rabino Shlomo había sido un joyero llamado David Jouaillier. Cuenta la anécdota histórica que este varón se molestó tanto cuando escuchó que Rabí Moshé había abrazado a Yeshúa el netzarita como Mesías, que declaró públicamente que deseaba tener el corazón de Rabí Moshé, para asarlo sobre las brasas y luego arrojarlo para que lo devoraran los perros.

Cierto día, Jouaillier se encontró accidentalmente con su antiguo amigo en la casa de un amigo común que era cristiano. El rabino Shlomo preguntó si era cierto que su viejo amigo había expresado este salvaje deseo. David reconoció que lo había hecho y declaró que estaba convencido de que, si sus circunstancias hubieran sido revertidas, el rabino Shlomo habría dicho lo mismo. Shlomo le preguntó a su viejo amigo si repetiría este deseo si Shlomo podía probar que Yeshua era el Mesías. «De ninguna manera.» dijo David, «pero ¿cómo probarás que la fe es verdadera?»

El rabino Moshe le dijo a su viejo amigo que podía mostrarle que Yeshúa es el Mesías
en la primera palabra de la Torah.

David Jouaillier dijo que si Shlomo podía hacer esto, aceptaría a Yeshua como el Mesías inmediatamente.

El rabino Shlomo advirtió a su amigo que considerara cuidadosamente aquello a lo que se estaba comprometiendo, pero David se mantuvo firme en su compromiso.

El rabino Shlomo comenzó su exposición señalando que la primera palabra de la Torah es בראשית (Bereshit); entonces señaló que esta palabra, traducida literalmente, significa «Al principio de«, dejando una elipsis, que algunos han proporcionado insertando todo, y otros repitiendo el segunda palabra en el texto; como, «Al principio de todas las cosas«, o «Al principio de la creación«, o, finalmente, «Por causa del Principal, Elohim creó«. El rabino Shlomo Meir Ben Moshé señaló a su amigo que esta forma elíptica de expresión fue utilizada por Elohim, no por falta de otras palabras, sino por diseño, para indicar algún misterio oculto.

Shlomo continuó su enseñanza así:

«Divide la palabra en dos y tendrás בר אשית (Bar ashith), que significa «nombraré, estableceré o colocaré al Hijo». La palabra ( בר ) Bar tiene un doble significado: también significa grano o pan, en alusión al pan de la Pascua, ya las palabras de Yeshúa que dijo: “Yo soy el pan vivo, que descendió del cielo» (Juan 6:51). Hay una gran belleza en designar al Hijo con un término aplicable también al pan, con preferencia a otras palabras que significan sólo un Hijo; y también hay una propiedad sorprendente en la denominación que aquí se le da al grano, que se ha distinguido por tres nombres adaptados a los tres estados diferentes en los que se han encontrado hombres:
En primer lugar el grano se llama (דגן) DAGAN, que simboliza que antes de la caída, el hombre debía subsistir del producto del árbol del paraíso, convertido en pan, y llamado דגן , que también puede traducirse como “del huerto”.
En segundo lugar el grano de trigo también se llama (חטא) JITA que también significa «pecado» simbolizando así el período desde la caída del hombre hasta la venida del Mesías.
Finalmente el grano también se denomina (בר) BAR que también significa “hijo” simbolizando que desde la venida del Mesías, el pan simboliza al Hijo de Yah encarnado; según la declaración de Yeshúa, «Si alguno come de este pan, vivirá para siempre«.

David Jouaillier quedó maravillado con el misterio que estaba revelando el rabino Shlomo.

El rabino Shlomo luego comenzó a mostrarle a su viejo amigo una serie de mensajes incrustados en la primera palabra de la Torah, que extrajo a través de Notarikon (un método cabalístico por el cual una palabra hebrea se toma como un acrónimo, o por el cual un acrónimo es a la inversa hecho a partir de una frase). Para conocer estos mensaje, te invito a escucharlos en esta enseñanza:

Con los años, muchos rabinos, influenciados por estos descubrimientos del supuesto rabino «hereje» Salomón Meir, han encontrado mensajes incrustados en la palabra  בראשית (Bereshit); por ejemplo:

ב ראש’ת ר אה א לוהים ש יקבלו י שראל ת ורה
«En el principio, Elohim vio que Israel recibiría la Torah«

Así también, entre los mensajes que el rabino Moshe le mostró a su amigo:

ב ן ר וח א ב ש לושתם י חד ת מים
El Hijo, el Espíritu, el Padre, son tres, una perfecta Unidad

“Adorarás a mi primogénito, mi primero, cuyo nombre es Yeshúa”
ב כורי ר אשוני א שר ש מו י שוע ת עבודו

Cuando venga el Maestro cuyo nombre es Yeshúa, adorarás
ב בוא ר בן א שר ש מו י שוע ת עבודו

De este modo, y a través de este maravilloso método de hermenéutica judía, el rabino Shlomo Mair Ben Moshé le mostró a su viejo amigo muchas más pruebas. David fue vencido por los misterios que estaba revelando su viejo amigo, y profesó que Yeshúa era de hecho el Mesías.


Será muy importante que leas la siguiente BITÁCORA a fin de ampliar lo que AQUÍ se ha explicado:

Un Negocio Muy Valioso

El Verbo del Padre, el Hijo único de Dios, Sol de Justicia, es el gran mercader que nos ha dado el precio de la redención. Este es un negocio muy valioso que jamás consideraremos lo suficiente: un Rey, el hijo del Rey supremo, se convirtió en moneda de cambio: el justo fue dado por el pecador. Misericordia verdaderamente gratuita, amor perfectamente desinteresado, bondad sorprendente. Negocio completamente desproporcionado donde el Hijo de Dios es sacrificado por aquel que lo creó, el Señor es condenado por su esclavo.

Oh Cristo, esas son tus obras, tú que has bajado de la claridad del cielo a nuestras tinieblas infernales para iluminar nuestra oscura prisión. Has bajado de la derecha de la divina majestad a nuestra miseria humana, para redimir el género humano; has bajado de la gloria del Padre a la muerte de la cruz, para triunfar sobre la muerte y sobre su autor. Eres el único, y no hay otro como tú que haya atraído por su propia bondad nuestra redención. ¡Señor, con mucho gusto abrazo ese negocio, pues en él está mi negocio! Haré que ese talento que me has dado fructifique, e iré con un gran gozo ante ti. Haz que pueda escuchar entonces estas dulces palabras: ¡Ánimo, siervo bueno! Entra en el gozo de tu Señor.

Autor: Bernard de Fontaine, conocido como Bernardo de Claraval [Obra: Sermones diversos, n. 42].

Yom Teruah y el Regreso del Mesías

Por P.A. David Nesher

En el tiempo que venimos investigando los fundamentos mesiánicos de las Festividades de YHVH, hemos aprendido con respecto a la Fiesta de las Trompetas o, mejor llamada, Yom Teruah, que ella anuncia la intervención del Eterno en los asuntos de la humanidad a escala mundial. Yom Teruah representa un momento absolutamente decisivo en la historia del mundo.

Sabemos que esta fiesta, que se celebra el primer día del séptimo mes del calendario hebreo, también da principio a la tercera temporada de fiestas (Ex. 23:14; Deut. 16:16), en la cual se incluyen las últimas cuatro fiestas del año.

Pero también sabemos que “Teruah” puede indicar varios métodos de fuerte ruido desde clamor en oración, dar grandes voces de júbilo en alabanza, tocar címbalos resonantes, hasta hacer sonar las Trompetas de Plata que la Torah ordena. Es que la Fiesta de las Trompetas representa, en su sentido profético y mesiánico, el retorno del Mesías a la tierra para establecer el Reino de YHWH.

Casi al final del ministerio físico de Yehoshúa ha Mashíaj, sus discípulos, los apóstoles, le preguntaron acerca de los tiempos del fin. Leamos el relato del Evangelio:

 «Estando él sentado en el Monte de los Olivos, sus discípulos se le acercaron reservadamente, y le dijeron: “Dinos, ¿cuándo sucederán esas cosas? ¿Y qué señal habrá de tu venida y del fin del mundo?”.
(Mateo 24:3 – VIN)

Estos varones, como buenos judíos, conocían que siglos antes, Daniel había profetizado acerca del establecimiento del Reino del Eterno y de cómo los santos (el pueblo de Israel) lo heredarían:

 «Y en los días de esos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido, ni será dejado a otro pueblo. Este desmenuzará y acabará con todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre.«
Daniel 2:44

«Pero los santos del Altísimo tomarán el reino y lo poseerán por los siglos y por los siglos de los siglos.«
Daniel 7:18

Los apóstoles, no entendían cuándo habría de venir el Reino, por lo cual Yahoshúa comenzó a explicarles los acontecimientos que conducirían a su retorno. Les explicó una profecía que había sido «cerrada y sellada» desde los días de Daniel (Dan. 12:9 VIN: Y él dijo: ‘Anda, Daniyel; estas cosas están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin), la cual entre otras cosas hablaba de «la abominación desoladora» Daniel 11:31 (VIN): Entonces se levantarán tropas de su parte y contaminarán el santuario, la fortaleza. Quitarán el sacrificio regular, y pondrán la abominación desoladora.

En el capítulo 24 del Evangelio de Mateo, encontramos que Yeshúa habló a sus discípulos sobre falsos paradigmas del Mesías que aparecerían por la proclamación de falsos profetas (anunciando así la aparición de la religión que se llamaría cristianismo). Así mismo, dio oráculos sobre guerras, hambres, epidemias, terremotos y otras desgracias como señales previas a su Segunda Venida (vv. 4-13). De este modo el Maestro describió el tiempo de su regreso como una época que se caracterizaría por el aumento del odio y la injusticia entre los hombres. Pero lo que más impacta acerca de todas estas señales antes del fin es que sólo serían el «principio de dolores» (v. 8).

Él está diciendo a todos los que aprendemos de Su Yugo, que cuando veamos el cumplimiento de todas esas señales, simplemente no sería todavía el fin, sino sólo el comienzo del final de la humanidad rebelde y sus sistema materialista sobre la Tierra.

¡Las señales de su retorno son el principio de dolores! Ésta última frase se refiere a lo que ocurre a las mujeres embarazadas que clínicamente se conoce como “trabajo de parto” o las dolorosas contracciones que preparan el nacimiento de sus hijos. No es el parto propiamente, sino el anuncio de que pronto nacerá un nuevo ser.

Así pues, Yeshúa está señalando que los sucesos que ocurrirán antes de Su Segunda Venida, serán plenamente identificables para que comience a suceder un acontecimiento anhelado: la manifestación de los hijos primogénitos del Eterno. El dolor y sufrimiento que deparan a esta humanidad es de proporciones verdaderamente inimaginables porque la maldad del hombre creceré a niveles terroríficos.

En el plano natural, entre que comienzan los “dolores de parto” de una madre y nace el ser humano, hay un tiempo a veces corto a veces largo, pero para quien los padece parecen interminables por el dolor que se sufre. De idéntica manera entre el principio de dolores y el regreso del Mesías pasará un tiempo que parecerá inacabable por la tribulación que se vivirá.

Yeshúa dio este discurso a sus seguidores para prepararlos y evitar que las señales los tomará por sorpresa. Los creyentes deben estar conscientes de que la maldad de la humanidad irá creciendo hasta hacer insostenible la vida en el planeta. Nada de que sorprendernos, así fue en los días de Noé, antes del Mabul (diluvio).

Sin embargo, luego de aclarar esto de los «principios de dolores», el Maestro dio el oráculo mesiánico clave de los últimos días:

«Y esta buena nueva del reino se proclamará en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones, y luego vendrá el fin.» 
(v. 14).

Esta es en sí la señal de la Nueva Humanidad. La señal de la manifestación de los hijos de Dios. En pocas palabras, el llamado y la respuesta de todos aquellos descendientes de las 10 tribus perdidas, saliendo de la Gran Ramera y subiendo al diseño del Monte Santo…

Con esta señal en mente, el Maestro y Señor de nuestra fe ofreció el panorama que seguirá luego de que el remanente de Israel regresara a las sendas antiguas de la emunah (Fe). Yeshúa les habló de la persecución que sufrirían durante «la Gran Tribulación»

«… porque habrá entonces una gran tribulación como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás.«
(Mateo 24:21)

Esta gran tribulación sería la antesala a su regreso con poder y gran gloria.

 Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su luz. Las estrellas caerán del cielo y los poderes del cielo se conmoverán. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo, y en ese tiempo se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran majestad.«
(Mateo 24: 29-30)

Inmediatamente, el discurso de Yehoshúa asegura que su regreso estaría acompañado de un «gran toque de trompeta» [teruah]

 «Él enviará a sus mensajeros con un gran toque de trompeta para reunir a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.«
(Mateo 24:31)

Se puede ver aquí que con el gran toque de trompeta se enviará a los mensajeros para reunir a los escogidos, este es el evento mejor conocido como «el arrebatamiento», lo cual es también, una figura simbólica de la «Boda del Mesías con su Asamblea», conocida como las «bodas del Cordero», ya que en las Escrituras a Yeshúa se le simboliza como “El Novio o Esposo” y a la Asamblea como “La Novia «o «Esposa” (Mateo 25).

«Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su novia se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, resplandeciente y limpio”. Porque el lino fino representa los actos justos de los santos.
El mensajero me dijo:
“Escribe: Felices los invitados a la cena de las bodas del Cordero”. Me dijo además: “Estas son palabras verdaderas de Elohim”.
(Revelación 19:7-9)

Ahora bien, comprendiendo todos estos lineamientos proféticos, queda decir que existe una conexión adicional de todo esto con la Fiesta de las Trompetas o Yom Teruah. Para entenderlo mejor veamos estos textos:

«Así que manténganse alerta, porque ustedes no saben ni el día ni la hora.«
Mateo 25:13

Pero en cuanto al día y la hora, nadie sabe; ni siquiera los mensajeros del cielo, ni aun el Hijo, sino sólo el Padre.«
Mateo 24:36 

En la tradición de los sabido de Israel, el día de Yom Teruah es conocido también como “el día y la hora que nadie sabe”De manera que, tanto los apóstoles como todos los creyentes del primer siglo entendieron que el Maestro estaba entregándoles claramente el por qué celebrar el Yom Teruah. ¡Esta celebración fortalece la esperanza que nos mantiene a la expectativa de su venida»

Sabemos que el libro de Apocalipsis (o Revelación) es justamente «la revelación de Yeshúa el Mesías, que YHVH le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto» (Revelación 1:1). En este libro el Mesías repite, por medio del apóstol Juan, los mismos acontecimientos de que les había hablado a sus discípulos unos decenios antes. Sin embargo, en esta ocasión utilizó el simbolismo de una serie de sellos que él iría abriendo uno por uno (cap. 6) y al llegar al séptimo sello relata siete plagas que serán derramadas sobre este mundo lleno de pecado. Cada una de ellas será anunciada con un toque de trompeta (cap. 8 al 9). 

Lo cierto es que al tocar el ángel la séptima trompeta (shofar), el Mesías retornará para tomar las riendas del gobierno del mundo entero. Por eso, para los creyentes en Yeshúa HaMashiaj, Yom Teruah es la última trompeta:

«El séptimo mensajero tocó la trompeta. Y en el cielo se oyeron grandes voces que decían:
“El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Soberano y de su Mashíaj. El reinará por siglos y siglos”

(Revelación 11:15)

También sabemos que Teruah también significa un “sonido para despertar”, por eso el tema de esta festividad es despertar del sueño reptiliano materialista. Fue también el tema con que Pablo nos alertó acerca de este día glorioso.

«Por eso dice: “¡Despiértate, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará el Ungido!”
Efesios 5:14

«Porque el Maestro mismo descenderá del cielo con aclamación, con voz de príncipe de los mensajeros, y con trompeta poderosa; y los muertos en el Mashíaj resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos y hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes, para salir al encuentro del Maestro en el aire; y así, siempre estaremos con el Maestro.«
(1Tesalonicenses 4:16-17)

Por último, tenemos que recordar que Yom Teruah (La Fiesta de las Trompetas) señala también la resurrección de los muertos en el Ungido. Notemos estas palabras del apóstol Pablo: 

«Por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adam todos mueren, también en el Mesías todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden:
El Mesías, las primicias; luego los que son del Mesías, en su venida» 
(1 Corintios 15:21-23)

«Miren, les digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final. Porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán sin corrupción; y nosotros seremos transformados.«
1Corintios 15:51-52

El Mesías retornará para establecer el gobierno perfecto de Yahvéh en la Tierra. Este es el maravilloso significado de la Fiesta de las Trompetas. ¡Yeshúa el Mesías nos enseñó a que oráramos: «Venga tu reino» (Mateo 6:10)!… ¡Y nosotros así hoy rezamos fervientes!… Además nos unimos al Espíritu de la Profecía como Novia y gemimos con suspiros de amor diciendo: ¡VEN!

«Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.«

Apocalipsis/Revelación 22: 17

Yeshúa el Ungido como el Adam Postrero que Unirá a las 12 Tribus de Israel.

Mashíaj escondido en la parashá Nitzavim-Vayelej

…no pasarás este Yardén… Yehoshúa es el que pasará

(Devarim/Deuteronomio 31:2-3)

Ya hemos considerado en otras bitácoras que tanto Moshé como Yehoshúa (Josué) son sombras proféticas del Mesías, es decir que son tipos del arquetipo.

Por ende, al leer acerca de la muerte de Moshé y la sucesión de Yehoshúa, debemos abrir nuestro entendimiento aceptando que son una figura de la muerte y resurrección del Mesías. Muy especialmente, discernir que dicha obra salvadora estaba enfocada en la unión de las dos casas de Israel.

Por eso, Moshé es también un cuadro del primer hombre y Yehoshúa del segundo hombre. El primer hombre murió y el segundo hombre recibió una vida indestructible. Esto apuntaba a que la Torah escrita dada por Moshé en el Monte Sinaí no lograría por sí sola su objetivo final de reparar el mundo hasta que ella se hiciera carne en el corazón humano para mostrar su esplendor a través de esa mente en gobierno (mente mesiánica).

El apóstol Pablo, al escribir a los creyentes corintios les recordaba lo que ellos habían descubierto en sus disciplina de estudiar esta porción de la Torah:

Porque así como en Adam todos mueren, también en el Mesías todos serán vivificados…
El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como es el terrenal, así son también los que son terrenales; y como es el celestial, así son también los que son celestiales. Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Y esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible.”
(1 Corintios 15:22, 47-50)

Los mismo hará cuando le enviara su epístola a los discípulos que residían en la Roma imperial:

Porque si hemos sido unidos a él en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección, sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue colgado en el madero con él, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado. Y si hemos muerto con el Mesías, creemos que también viviremos con él, sabiendo que el Mesías, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; ya la muerte no tiene dominio sobre él. Porque en cuanto él murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto vive, vive para Dios. Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en el Mesías Yeshúa.”
(Romanos 6:5-11)

En este mismo capítulo leemos también:

Entonces llamó Moshé a Yehoshúa y le dijo en presencia de todo Israel:
Sé firme y valiente, porque tú entrarás con este pueblo en la tierra que Yahvéh ha jurado a sus padres que les daría, y se la darás en heredad.”
(31:7) 

Primeramente, entendamos que Yehoshúa, tiene el mismo nombre que Yeshúa de forma extendida. Moshé está diciéndole a su legado que él es el que introducirá las 12 tribus en la Tierra Prometida. Al revelara esto, la Torah está dejando establecida una tipología del trabajo que el Mesías Yeshúa realizaría después de vivir una vida de plena obediencia a la Torah: introducir todas las tribus de Israel en la tierra y en las promesas dadas a los padres.

En el libro del profeta Isaías está escrito el oráculo divino que revela las palabras del Eterno a Su Siervo Ungido:

dice Él:
Poca cosa es que tú seas mi siervo, para levantar las tribus de Yaakov y para restaurar a los que quedaron de Israel; también te haré luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.
(Isaías 49:6)

Aquellos que hemos estudiado los Escritos Mesiánicos fielmente, hemos notado que desde que el Mesías Yeshúa nació en Beit Lejem (Belén), conforme al testimonio de las Escrituras, hasta el día de hoy, él ha estado trabajando en su misión de buscar y restaurar a las doce tribus.  

Muchísimos, y mi arriesgo a decir que quizás todos, de los que han nacido de nuevo espiritualmente entre los gentiles son descendientes físicos de las diez tribus perdidas de Israel. Es decir que, por medio del nuevo nacimiento, han abandonado la condición de muerte ontológica del primer Adam y han sido investido de la naturaleza celestial del segundo Adam. Así mismo, al nacer de nuevo en el Espíritu Santo, han obtenido el contacto espiritual con Israel, y en ese nivel esta profecía se ha cumplido en todo el mundo. Eso es estar con el Ungido en las regiones celestes (cf. Efesios 2:6)

Pero a su vez, necesitamos creer y aceptar que desde esa posición espiritual de los redimidos, en el nivel del mundo físico también habrá una restauración de las doce tribus. Cuando Yeshúa regrese, él revelará a cada uno a qué nación y tribu pertenece, y luego restaurará las doce tribus en la tierra fue que prometida a la descendencia física de Avraham para siempre. Esta será el cumplimiento físico de esta profecía.

Si nos fijamos bien, notaremos que las Sagradas Escrituras revelan que para entrar en la nueva Yerushalayim (Jerusalén), hay que pasar por una de las doce puertas. Cada puerta tiene uno de los nombres de las doce tribus de Israel. Esta es la evidencia profética que las doce tribus de Israel son puertas para poder entrar en la ciudad celestial:

Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Yerushalayim, que descendía del cielo, de Dios, y tenía la gloria de Dios. Su fulgor era semejante al de una piedra muy preciosa, como una piedra de jaspe cristalino. Tenía un muro grande y alto con doce puertas, y en las puertas doce ángeles; y en ellas había nombres escritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel. Había tres puertas al este, tres puertas al norte, tres puertas al sur y tres puertas al oeste.”
(Revelación 21:10-13:)

Amado lector y lectora, es tiempo ya de doblegar tu alma ante esta gran Verdad: la única manera de entrar en la ciudad es pasar por una de las tribus de Israel rescatada en la Sangre del Cordero de Gloria: Yeshúa HaMashiaj.

¡El Mesías Siempre está Escondido en el Milagro del Pan y el Vino!

Por P.A. David Nesher

Pero hasta el día de hoy Yahvéh no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír. Yo os he conducido durante cuarenta años en el desierto; no se han gastado los vestidos sobre vosotros y no se ha gastado la sandalia en vuestro pie. No habéis comido pan ni habéis bebido vino ni sidra, para que sepáis que yo soy Yahvéh vuestro Dios.”

(Devarim/Deuteronomio 29:4-6)

Hasta aquí, la nación de Israel había visto grandes maravillas de la mano de Yahvéh desde que salieron de Mitzrayim (Egipto). Fueron testigos de plagas, ellos vieron la muerte de ellos primogénitos. Vieron cómo se partió el Mar Rojo; vieron los ejércitos egipcios destruidos. Vieron victorias ganadas sobre Amalek por medio de la oración. Ellos comieron del maná, bebieron del agua provista milagrosamente, y ellos vieron milagro tras milagro. Sin embargo, los milagros en sí mismos no podían cumplir algo en el corazón de Israel.

Cuando el Eterno muestra su poder debe hacer un impacto muy grande y producir algo muy profundo en cada uno de los que los ven. Una persona que tiene un corazón insensible ve pero no es conmovido en su interior de manera profunda ante las maravillas del Eterno. Cuando el Eterno obra entre nosotros espera de nosotros un total rendimiento ante su grandeza y su amor. Lo más lógico es que uno que haya visto milagros tan maravillosos abra su corazón de par en par y se conecte de lleno con la presencia del Eterno. Pero la mayoría de los hijos de Israel no lo habían hecho.

Entonces y de acuerdo a lo que este texto nos dice, el pacto de Sinaí no había suficiente poder para transformar al hombre en su interior. Si el Eterno no enviaba a su Espíritu Santo para cambiar sus corazones, entonces sin siquiera el milagro más inimaginable haría una diferencia.

Este texto habla de que el Eterno un día dará al pueblo de Israel corazón para entender, ojos para ver y oídos para oír. Ese día será cuando entren en el pacto renovado.

Esto es simbolizado por la falta de pan y vino en el desierto. Por favor, pido que abras tu mente y corazón para captar la enseñanza que a continuación explica esto.

Si repasamos lo que hasta ahora hemos aprendido, notamos que el orden de las celebraciones del shabat y demás fiestas mesiánicas empieza con el vino y finaliza con el pan. Pero aquí se habla de pan primero y luego vino. Esto es una alusión al momento cuando el Mesías tomó el pan matzáh (pan sin levadura) en la mesa de Pesaj y dijo que ese pan representaba su cuerpo que iba a ser entregado por todos. Luego tomó la tercera copa de vino en la celebración del seder y dijo que esa copa era la renovación del pacto en su sangre.

Esa renovación del pacto de Sinaí, hecho por medio de Yeshúa, tiene suficiente poder para transformar el hombre para que tenga un corazón que pueda entender, con ojos y oídos espirituales para percibir y ser dirigido por el Espíritu de Santidad. Así lo había anunciado el profeta Jeremías:

“…porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días–declara Yahvéh–:
Pondré mi Instrucción dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciendo: «Conoce a Yahvéh», porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande–declara Yahvéh– pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado.
(Jeremías 31:33-34)

El apóstol Pablo escribiendo a los discípulos de la ciudad griega de Corinto, declaró:

“…sino como está escrito:
COSAS QUE OJO NO VIO, NI OÍDO OYÓ, NI HAN ENTRADO AL CORAZÓN DEL HOMBRE, SON LAS COSAS QUE DIOS HA PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN.
Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios… En cambio, el que es espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado por nadie.”
(1 Corintios 2:9-10, 15)

En esta misma epístola, Pablo enseñará que es el Mesías el que ha logrado llevar esta promesa divina a su fiel complemento, asegurando que Yeshúa nos da pan y vino para comer y beber:

«Porque yo recibí del Señor lo mismo que os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: 
Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de mí. 
De la misma manera tomó también la copa después de haber cenado, diciendo: 
Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto cuantas veces la bebáis en memoria de mí. 
Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que Él venga
(1 Corintios 11:23-26)

Por ello nos encontramos con la expresión: «Guardaréis, pues, las palabras de este pacto» que nos exhorta a darnos cuenta y enfocarnos que ver las grandes obras de Dios, demanda una respuesta lógica. Conocer la grandeza del poder y amor de Yahvéh debería de hacer que aquellos que somos Israel estemos más comprometidos que nunca con su Pacto Renovado recordado en la Mesa de Eucaristía.

Amado lector o lectora, si eres un verdadero discípulo de Yeshúa, ten presente que el Espíritu de Dios siempre nos guía a ser obedientes a la Torah de manera cómo ha sido expresada por Moshé y cumplida por el Mesías Yeshúa. Por tal razón, necesitas ser consciente que si un espíritu te conduce a apartarte de la Torah escrita, dada por Moshé y apartarte del Mesías Yeshúa, quien es la Torah viviente, es un falso espíritu.

El Gusano de la Impureza vencido por el Cordero de Gloria.

«Ofrecerás el un cordero á la mañana, y el otro cordero ofrecerás á la caída de la tarde…»

Éxodo/Shemot 29:39

Ofrenda un cordero por la mañana y el otro cordero ofréndalo a la tarde.

Números/Bamidbar 28: 4

El sabio Yosef Jaím, al comentar la parasha Pinjás, dice que la razón por la que se trae el Korbán Olá Tamid (traducido com «el acercamiento de constante elevación«) en la mañana y al atardecer es porque dicha ofrenda de elevación, al entregarse en la mañana, expía los pecados de la noche, y la ofrenda de elevación del atardecer, expía los pecados del día. Y ya que este korbán se compraba con dinero de la congregación, éste tiene el poder de expiar los pecados de todo el pueblo.

Yosef Jaím agrega que con las letras de la palabra en hebreo olá (traducida como «elevación de«) se formar la palabra hebrea tolá ( que se traduce como «gusano«), que viene a indicar la existencia de ángeles malos que son parte de la klipá, y tienen la condición de un gusano que quiere comer y acabar con lo que se le ponga por delante. Por lo tanto, el sabio enseña que cuando Israel ofrenda el Olá HaTamid de la mañana, está activando a las esferas celestiales para que se interpongan ante aquellos ángeles y nosotros, y no puedan hacernos daño y/o acabar con nosotros en nuestra misión de hacer tikún (reparación).

Desde ese concepto yahvista Yosef Jaím sostiene que así como existe un ángel de sufrimientos llamado Tolá, en las esferas celestiales también existe un ángel de pureza llamado igualmente Tolá, cuya función es antagónica al primero, es decir que se encarga de debilitar la fuerza del Tolá malo, con el propósito de que este no pueda llevar a cabo su objetivo en contra de aquellos que somos herederos de la salvación (Hebreos 1: 14).

Ahora bien, el Tolá malo se alimenta de la energía negativa que genera el yetzer hará que vibra en el ego de cada hombre. Pero, ¿de dónde absorbe el Tolá bueno su fuerza para poder actuar contra el Tolá malo? Del hecho de que el Pueblo de Israel ofrenda el Olá HaTamid por la mañana y por la tarde. Es decir, que por el mérito del ofrecimiento de estos korbanot, el Tolá bueno obtiene la fuerza para vencer al Tolá malo.

Leyendo y mediando esta descodificación de las Sagradas Escrituras, logramos leer con una óptica más razonable el oráculo en el que HaKadosh Baruj Hu se dirigió a Yaakov Avinu y le dijo

«No temas, Toláat («gusano de») Yaakov; es decir, no temas del Tolá de la kelipá ni de las fuerzas de la impureza, debido a que tú también tienes un Tolá con el poder de aniquilar a tu enemigo”.
(Isaías 41:14)

Los sabios, expertos en los códigos hebreos (en el Tratado de Nedarim 81a; Tratado de Shabat 119b y Tratado de Bavá Metzía 30b), preguntan:

“¿Por qué fue desolada la Tierra de Israel?”

La pregunta es retórica. Con ella quisieron decir que, si el Korbán Olá Tamid estaba supuesto a proveerle poder al Tolá bueno para batallar con el Tolá de la klipá, entonces, ¿cómo pudieron los goyim (pueblos gentiles) devastar la Tierra de Israel?

Esta pregunta se refuerza por el hecho de que en la ciudad Jerusalén vivieron grandes talmidim jajamim (discípulos de la Sabiduría), que poseían un espíritu profético, de un nivel muy elevado que no se podía medir. Dichos talmidim jajamim tenían el poder de forzar a los ángeles ministeriales a batallar contra las fuerzas de los principados destructores que presiden las naciones idólatras; dichos ángeles ministeriales no les darían a los goyim la posibilidad de destruir la Tierra de Israel
(Midrash Zuta Ejá 1:7). Entonces, ¿cómo los destructores obtuvieron el permiso para arrasar?

Esta pregunta fue formulada a los jajamim (sabios) y a los naavim (profetas), quienes no supieron responderla. Hasta que vino el Eterno mismo y la respondió:

«¿Quién es varón sabio que entienda esto? ¿y a quién habló la boca de Yahvéh, para que pueda declararlo? ¿Por qué causa la tierra ha perecido, ha sido asolada como desierto, hasta no haber quien pase? Dijo Yahvéh: Porque dejaron mi Torah, la cual di delante de ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron conforme a ella;»
(Yirmeiá/Jeremías 9:12 – 13):

¿Por qué la Tierra [de Israel] fue destruida? Porque abandonaron Mi Torah

Al leer los comentarios de la Guemará (Tratado de Nedarim 81a) se puede encontrar varias razones que avalan la amonestación de YHVH a los Benei Israel (Hijos de Israel):

  • que fue debido a que no bendecían antes de leer la Torah;
  • porque los infantes dejaban de estudiar Torah y comenzaban a practicar las modas y costumbres de los niños de otros pueblos; y también
  • porque se apegaron a la letra de la ley en demasía y, aunque cumplían las leyes de la Torah, impartían justicia implacable sin aplicar la cualidad de la misericordia.
  • y además, por fuerza mayor, habían dejado de traer la ofrenda de elevación constante, pues se les habían acabado los animales para ofrecer, y como el korbán viene a expiar los pecados del día y los de la noche, no tenían forma de expiar; por ende, perdieron la protección.

Entonces, notamos que el Pueblo de Israel se fortalece sobre sus enemigos solo cuando ofrendan el Korbán Olá Tamid, el cual es un símbolo de la elevación y superación diaria a los que el Eterno llama a cada miembreo de Su Pueblo. Por ende, dicho Korbán Tamid tiene el poder de darle fuerza al Tolá de la santidad; y es necesario que dicho Tolá esté en condición de elevarse y superarse constantemente, como un avión que para poder despegar y mantenerse en vuelo requiere de una fuerza constante, a fin de no perder altura y caer.

Sin embargo, desde que el Pueblo de Israel había dejado de ofrendar el Korbán Tamid, el Tolá de la kedushá (santidad) no tenía más fuerza para vencer a la klipá de la impureza; por ello, los goyim consiguieron potestad para destruir Jerusalén y Su Templo.

De acuerdo a la historia, el Pueblo de Israel dejó de ofrendar el Korbán Tamid el 17 de tamuz debido a que no les quedaron más ovejas (así lo relata el Tratado de Arajín 11b, y Rashí allí). Pero en lugar de preocuparse por el hecho de que no les quedaban más ovejas y de meditar cómo fue que habían llegado a esa situación de carencia, permanecieron serenos y no se dedicaron a sopesar si esa situación era una señal del Cielo para que se dedicaran a corregir sus actos. Por ejemplo, cuando una madre ve que su hijo no crece y no se desarrolla como debe, o que duerme más horas de las normales, de inmediato, se despierta en su corazón la sospecha de que algo no anda bien. Entonces, recurre a los médicos en busca de descubrir el origen del problema. De la misma forma, cuando el hombre sospecha que no se está elevando, sino que permanece siempre en el mismo nivel (o que, al contrario, está descendiendo de nivel, debe ocuparse de dicha situación meditando en sus acciones negativas, y no puede descansar o permanecer tranquilo hasta que encuentre la respuesta al problema y realice el tikún (reparación) correspondiente.

Dicen los sabios de los códigos hebreos de la Torah que debido a esto, el Eterno estableció que, al envejecer, los cabellos de un ser humano cambien de color. Al principio son negros, pero después se emblanquecen conforme la persona vaya envejeciendo. Asimismo, el rostro de la persona no permanece terso y reluciente como en la juventud. Todo esto, ¿por qué? ¡Si el Eterno podría crear una realidad en que la persona dejara este mundo después de sus 120 años luciendo como un joven! ¿A qué se debe que la persona se vea tan diferente y desgastada al fallecer anciana? El fundamento radica en que las señales de la vejez vienen para despertar a la persona, que se dé cuenta de que ella no está protegida para siempre, que sus años sobre la tierra están fijados y tienen un límite, y que llegará el día en el que dejará este mundo y será enterrada. Sabiendo esto, todo varón y toda mujer de Israel, debe despertar y aprovechar sus días, estudiar Torah y cumplir los mitzvot (mandamientos), pues llegará el día en el que la elevación espiritual le será tomada de las manos, y será juzgado de acuerdo con sus acciones, y entonces ya no podrá corregir lo hecho.

De igual modo, el Pueblo de Israel tenía que haberse despertado, y preocupado de buscar la razón de por qué de pronto no tenían más la posibilidad de ofrendar el Korbán Olá HaTamid. El solo hecho de que se había agotado el rebaño para sacrificar indicaba que habían afectado su estudio de Torah y no se habían dedicado a ella con integridad. Pero, como el Pueblo de Israel permaneció indiferente y no buscó el origen para establecer el Tolá de la santidad, las fuerzas del mal se fortalecieron desde las negatividades que ellos mismos generaban y lograron destruir Jerusalén por medio de las naciones goyim.

En nuestros días, en que no tenemos el Bet Hamikdash (Templo) ni la posibilidad de ofrendar el Korbán Olá HaTamid, cada miembro de los Benei Israel (Hijos de Israel) tiene la obligación de elevarse en la sagrada Torah, y hacer una introspección respecto de sus actos, si es que son debidos o si requieren de corrección. Y cuando la persona se conduce de esta forma, refuerza el poder de la pureza y la santidad ante las fuerzas de la impureza.


Bitácoras Relacionadas:

Los Rabinos están Incómodos: ¡No saben cómo Informar a los judíos que Yeshúa al final sí que es el Mesías!

Por Kike García

Admitiendo que “la situación es muy incómoda”, un grupo de rabinos estudiosos de la cábala ha explicado a la prensa que ha descubierto que Jesucristo, el hijo de Dios, al final sí era el mesías prometido en el Antiguo Testamento pero que no saben cómo decírselo al resto de judíos. “Ellos siguen esperando al Mesías y al final ya vino, era Jesús, está muy claro”, explica a los periodistas el rabino americano Yehuda Zukerwar.

Los rabinos, que han llegado a esta conclusión recientemente pero lo sospechaban desde hacía 500 o 600 años, confían en ir lanzando indirectas al judaísmo poco a poco “para evitar el shock”.

Es una situación muy complicada, pero tiene su gracia”, admiten los estudiosos.

Además, recomocen que hay un obstáculo insalvable: en cuanto le digan a su pueblo que Jesús es el auténtico Salvador Rey de los Judíos, los judíos considerarán que sus rabinos se han convertido al cristianismo, por lo que no tendrán en cuenta sus opiniones.

A última hora, David Lau y Yitzhak Yosef, los rabinos al frente del Gran Rabinato de Israel y por tanto las máximas autoridades de la religión judía, han grabado un vídeo dirigido a todos los judíos del mundo que empieza con las palabras “Jajaja, no os lo vais a creer…”.


Fuente: El Mundo Today

Jesús: La Serpiente Mesiánica del Desierto para la Sanación del Mundo.

Por P.A. David Nesher

“…como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él..…

(Juan 3:14-17)

Las palabras que presiden esta bitácora pertenecen a mi Maestro: Yeshúa. Él estaba conversando con un experto en códigos hebreos de la Torah: Nicodemo. Éste había venido a Yeshúa de noche a fin de preguntarle acerca del Reino de Dios y la redención final. Entre las cosas a las que se refirió Yeshúa en esta charla, el Evangelio de Juan nos revela que el Maestro citó el pasaje en el cual Moisés había levantado la serpiente en el desierto:

«Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés:
¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Yahvéh envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.
Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo:
Hemos pecado por haber hablado contra Yahvéh, y contra ti; ruega a Yahvéh que quite de nosotros estas serpientes.
Y Moisés oró por el pueblo. Y Yahvéh dijo a Moisés:
Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.
Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.»

(Números 21:5-9 RV60)

El Maestro enseñó que el poder de la serpiente de bronce anticipaba Su muerte expiatoria, señalando proféticamente que Él sería levantado en una cruz a fin de dar vida a todos los que miran a Él.  Así lo indicó Yeshúa mismo a Nicodemo en ese diálogo que tuvieron según el pasaje del Evangelio de Juan.

¿Por qué y Para qué una Serpiente de Bronce?

La serpiente debía ser de bronce, ya que este material, por efecto del sol, era fulgurante y por lo tanto, dada la altura del mástil, cada individuo del extenso campamento de Israel podría ver su brillo desde el lugar en que estaba.

La serpiente del desierto era una herramienta cósmica que permitía una perfecta conexión entre el Eterno y su pueblo Israel para otorgarles salud redentora.

Los invito a que volvamos al cuarto evangelio, y que leamos lo que dice Yeshúa al respecto:


“…Y como Moshé levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Ben Adam sea levantado, para que todo el que creyendo en él ponga por obra sus dichos, tenga vida eterna.…”

[Juan/Yohanán 3:14-15, – Código Real del NT-].

Para comprender lo que nuestro Dueño y Maestro quería decirle a Nicodemo necesito invitarlos a considerar con mucha atención los siguientes detalles guemátricos.

En hebreo, serpiente se dice נחש (najash), cuya guematría es:

(נ) Nun=50;
(ח) Jet=8, y
(ש) Shin=300,
es decir que su sumatoria da un total de 358.

Es interesante saber que 358 es la misma numeración contiene el vocablo hebreo “Mashiaj” (מָשִׁי חַ ) cuyos signos son:

(מ) Mem=40;
(ש) Shin=300;
(י) Yiud=10; y
(ח) Jet=8.
Total de 358.

¿Qué significa esto?

Que la imagen de una serpiente sobre un mástil que los Benei Israel (Hijos de Israel) vieron, era la imagen misma del Mashiaj alzada en la cruz. Es decir, que el espíritu del Mashiaj fue en realidad el espíritu sanador de los israelitas en el desierto. De ese modo, ayudados por Mashiaj, pudieron entrar a la Tierra Prometida.

En este contexto, el Mashíaj alzado en el monte del Gólgota, otorga salvación a todo aquel que le recibe como emisario (apóstol) de Dios. De las enseñanzas de los sabios Maharal de Praga y el Bnei Yisajar visualizamos otra perspectiva de este mismo punto:

«…Una persona está compuesta de tres elementos: el cuerpo, el Alma y el Intelecto (…) Es importante señalar que Najash y Mashíaj poseen la misma guematría, significando que la victoria del Mashíaj no es evitar el uso del cuerpo, alma e intelecto. Al contrario, cada uno de estos tiene su lugar en el servicio a Dios. Necesitamos servir a HaShem con un cuerpo saludable. Nuestras emociones y nuestros deseos pueden usarse para actos de santidad. Y claro, el intelecto –sobre todo los adelantos de ciencia, tecnología y comunicación–, nos refuerzan como individuos y permiten hacer llegar a las masas el conocimiento espiritual que era hasta ahora inalcanzable. Como estamos frente al advenimiento de Mashíaj, las herramientas del najash: cuerpo, alma e intelecto –cada uno de los cuales podría parecer estar contra la santidad–, deben transformarse en los instrumentos para servir bien a Dios…».

Ahora bien, es muy importante señalar aquí que el Eterno nunca mandó rendir culto a la serpiente ni postrarse ante ella; sólo ordenó mirarla como un acto de obediencia. Está especificado en el TaNaK que, cientos de años después, la figura de la serpiente fue destruida porque el pueblo estaba idolatrándola, corrompiendo su original significado, desencaminándose de su emunáh (fe) en el Eterno. Leamos el siguiente relato histórico.

Y aconteció que en el año tercero de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías, hijo de Acaz, rey de Judá.  Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre era Abi, hija de Zacarías.  Él hizo lo recto ante los ojos del Eterno, conforme a todo lo que su padre David había hecho.  Quitó los lugares altos, derribó los pilares sagrados y cortó la Asera. También hizo pedazos la serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque hasta aquellos días los hijos de Israel le quemaban incienso; y la llamaban Nehustán.  Confió en el Eterno, Dios de Israel; y después de él, no hubo ninguno como él entre todos los reyes de Judá, ni entre los que fueron antes de él,  porque se apegó al Eterno; no se apartó de Él, sino que guardó los mandamientos que el Eterno había ordenado a Moisés.

(2ª Reyes 18:1-6)

Lamentablemente así es, los hijos de Israel habían guardado la serpiente de bronce unos setecientos años hasta el tiempo del rey Jizkiyahu (Ezequías) que finalmente la destruyó por el mal uso que se le había dado. Este texto nos enseña que algo positivo, que fue dado por el Eterno para la bendición del pueblo, puede convertirse en un culto idolátrico y una maldición. De la misma manera en el mundo occidental cristiano, se ha convertido a la imagen de la muerte del Mesías, e incluso la misma cruz, en un objeto de culto, que se adora, se canta y se quema incienso y velas etc. Por ende, comprendemos por qué ese culto idolátrico a los crucifijos y a la cruz es una abominación para el Eterno y serán hechos pedazos cuando venga el Mesías Yeshúa de nuevo a la tierra.

Además, esto nos deja la evidencia de que cuando un redimido pierde su relación con el símbolo, se cae en idolatría, transformando al objeto en un vulgar ídolo, que a la final será destruido. Lamentablemente, el hombre caído puede tomar cualquier buena y gloriosa cosa de Dios y encontrar un uso idolatra para ello.

Por eso, lo que las Sagradas Escrituras quieren hacer ver con todo lo anterior, es que la idolatría, no esta referida solamente templos gigantescos, con grandes imágenes, y sacrificios humanos. Sino a un idolatra común, en el aislamiento de cada varón (o mujer) en la paz de su propio hogar. Con un trabajo, una familia, unos créditos por pagar, y en vez de mostrar fidelidad a Dios, él o ella la manifiestan hacia ídolos, con dos, tres o incluso varias docenas. De ese modo, sólo se acarrea muerte ontológica para sí y su familia, para terminar en una eterna condenación.

Por todo esto, aceptaremos que todo ser humano ha sido dañado por el veneno del pecado y está en el camino a la muerte y la destrucción. La única solución para su supervivencia es que se fije en un milagro y ponga su fe en el Eterno por medio de ese milagro.

Un Asta para Provocar el Milagro Divino.

Continuando con nuestra investigación de este misterio salvífico, resulta interesante saber que la palabra hebrea que ha sido traducida como “asta” o “poste”, es nes (–נס – c.f. Núm. 21: 9) puede también ser traducida como “milagro” y/o “señal”. Así pues, comprendemos mucho mejor el oráculo encerrado en aquella serpiente: la muerte de Yeshúa fue un milagro y una señal divina para la Salvación de todo ser humano.

La vara de Moshé era un símbolo del Mesías. Esta vara era el poder de Dios para lograr la salvación para los israelitas. En muchos lugares de las Sagradas Escritura vemos que la vara es un símbolo del Mesías. Por ejemplo, el profeta Isaías anuncia:

” Y brotará un retoño (vara) del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto.”
(Isaías 11:1)

“…sino que juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad por los afligidos de la tierra; herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío.”
(Is. 11:4)

La vara es un instrumento de poder. Se nos dice en otro lugar que Mesías gobernará las naciones con vara de hierro. Él es la vara de la boca de Yahvéh, porque Él es llamado la Palabra de Dios, y una Palabra que sale de Su boca.

Por ello, durante su estadía en la Tierra, Yeshúa demostró gran poder durante Su ministerio, resucitó a los muertos, sanó a los enfermos, haciendo que los ciegos vieran, calmando la tormenta con tan solo una Palabra; y muchas otras exhibiciones increíbles de poder ocurrían sólo por Su Palabra. Sin embargo, Su mayor acto, y el que aplastó la cabeza de HaSatán, fue cuando dio Su cuerpo para que fuera crucificado y cargó sobre sí todos los pecados del mundo.

“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.”
( 2 Corintios 5:21)

Yeshúa se hizo pecado. Se convirtió en (semejante a) la Serpiente. Él nació en semejanza de carne de pecado (Romanos 8:3), pero se hizo pecado para deshacer las obras del HaSat´n y poner a los hombres libres de la maldición. El Mesías estuvo en el lugar del hombre. Se convirtió en una maldición para que los hombres pudieran ser liberados de la maldición. Como está escrito:

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO).”
( Gálatas 3:13)

Entonces, aceptemos que una serpiente de bronce sí habla del mal; pero el mal habiendo sido ya tratado y juzgado. Es decir que, Yeshúa que no conocía pecado, se volvió pecado por nosotros en la cruz, y nuestro pecado fue tratado y juzgado en Yeshúa.

La serpiente en el poste y la vara que se convirtió en una serpiente, ambas señalaban a que el Mesías tomaría sobre Sí el pecado del mundo. De esta manera el poder del enemigo se haría añicos y los hombres podrían estar libres de la naturaleza de la bestia y convertirse a la imagen y semejanza de Dios.

Los que estaban infectados con el veneno de la serpiente, que es el pecado, podrían ser curados por mirar al Mesías, que se hizo pecado en su nombre. Un gran cambio se produjo en la Cruz, porque Yeshúa tomó sobre sí todos los pecados del hombre, y a cambio dio al hombre Su justicia.

Yeshúa se identifica con la serpiente de bronce. Una serpiente simboliza el carácter delmaligno. El yetzer hará, la “mala inclinación” o “inclinación al mal“, el pecado, de todos los hombres, que hemos recibido desde el huerto de Edén al ser “mordidos” por la serpiente antigua, fue introducido en Yeshúa para que pudiera ser condenado en él por el Juez Supremo y los hombres ser liberados de la ira y el castigo eterno que vino como una consecuencia de esa inclinación al mal, tal como lo enseñaba el apóstol Pablo a los creyentes de Roma:

Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne.
( Romanos 8:3 )

Volviendo a los oráculos del profeta Isaías podemos leer lo siguiente:

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero HaShem hizo que cayera sobre él la iniquidad de todos nosotros… Debido a la angustia de su alma, él lo verá y quedará satisfecho. Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes y con los fuertes repartirá despojos, porque derramó su alma hasta la muerte y con los transgresores fue contado, llevando él el pecado de muchos, e intercediendo por los transgresores.”
(Isaías 53:6, 11-12)

Debo aquí aclarar que cuando las Sagradas Escrituras hablan de EL pecado, en singular, se refiere a lo que se llama “yetzer hará”, la inclinación al mal, que es sinónimo a la carne, que es el carácter del maligno. En cambio, cuando las Sagradas Escrituras hablan de LOS pecados, en plural, se refiere a los resultados de esa inclinación, los pensamientos, las palabras y las obras que manan de esa naturaleza.

Entendido así este asunto, debemos aceptar que Yeshúa llevó tanto el pecado como los pecados para liberar a todos los que por fe ponen su mirada y su concentración fija en lo que él hizo cuando murió en la cruz. Así lo dejó bien claro el apóstol Pedro cuando escribió:

“… y él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados.”
(1 Pedro 2:24)

El autor de la epístola a los Hebreos enfatizó también esta enseñanza al escibir:

así también el Mesías, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan.
( Hebreos 9:28 )

¡El hijo del Hombre tenía que ser levantado de la misma manera que la serpiente de bronce!

La Torah nos dio a conocer de qué manera el hijo del Hombre tenía que morir para salvar al pueblo de Israel y al mundo del pecado y de la muerte eterna.

Yeshúa es la única solución final para el ser humano, tanto judío como no judío. Sin él nadie se escapa de la muerte eterna. En cambio, aquella persona que fija sus ojos espirituales en su muerte expiatoria será salvo eternamente. Tal como el Eterno lo expresa a través del oráculo de Isaías:

“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.”
(Isaías 45:22)

Podríamos estar dispuestos a hacer cientos de cosas para ganar nuestra salvación, pero el Eterno nos manda a solo confiar en Él y verlo a Él en Su obra Redentora plena y perfecta a través de Yeshúa HaMashiaj.


Bitácora Relacionada y Recomendada:

¡¿Dios Justifica al Impío?!… ¿Cómo Puede Ser Eso?

Por P.A. David Nesher

«Aléjate de una palabra falsa, y no mates al inocente ni al justo, porque yo no absolveré al culpable.

(Éxodo/Shemot 23:7)

Al estudiar este mitzváh (mandamiento), notamos que los jueces establecidos por la Torah tienen prohibido decretar la pena capital en base a pruebas inconsistentes o en base a lo que su lógica y/o prejuicios le s indique. Sólo son válidos los testimonios certeros. Entendiendo esto, concluimos que la entrega de Yeshúa para ser ejecutado fue totalmente ilegal, contraria a la Torah. Todos los que participaron en su juicio y muerte sabían que Él era inocente. Sin embargo, y a pesar de ello, el Maestro fue ejecutado.

Ahora bien, si este mandamiento revela que el Eterno no absuelve al culpable, entonces ¿cómo puede perdonar al pecador y no darle conforme a sus pecados?

La respuesta es: cuando el pecador se arrepiente, YHVH suple con el sacrificio de su Hijo que murió en su lugar para llevar su pena de muerte y salvarle eternamente. La muerte de Yeshúa es la única base justa sobre la cual el Eterno puede perdonar al pecador y justificar al impío, tal y como lo dejó escrito la pluma del apóstol Pablo:

“… aquel que justifica al impío.
(Romanos 4:5b)

¡Bendito Sea Su Nombre!… ¡El Eterno absuelve al culpable! ¡Esto es el evangelio!

Ahora bien, seguramente alguno de ustedes estará argumentando: sí, está bien, en Romanos 4:5 dice que Dios justifica al impío, pero al leer Proverbios (17:15) encontramos que el que justifica al impío es abominación a YHVH. ¿Cómo puede ser esto? ¿Cómo puede ser correcto para Dios hacer esto?

Pues bien, es un planteo muy interesante. Para responderlo, propongo que comencemos por dar lectura al texto que se encuentra en Proverbios 17:15 donde dice: «El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a YHVH.» (por favor, comparar también con Proverbios 24:24)

Para entender lo que este proverbio dice es necesario pensar en un juez injusto. ¿Qué es lo que hace injusto a un juez? Pues absolver al culpable, o al impío y condenar al inocente o al justo. Ambas cosas son abominación al Eterno, tal y como lo estamos viviendo en el mitzváh considerado en esta reflexión (Éxodo 23:7).

Al leer la versión Dios Habla Hoy, leemos este proverbio de la siguiente manera:

«Perdonar al culpable y condenar al inocente son dos cosas que no soporta el Señor

¿Logran ver el asunto? Ahora vamos a la otra cita paulina mencionada por mí más arriba. La misma, como lo he citado, se encuentra en Romanos 4:5, pero veo necesario aquí incluir el contexto. Por favor, leamos desde el versículo 1 hasta el versículo 8, donde dice:

«¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.
Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo:
Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.
Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado

Como bien notamos aquí, Elohim no está absolviendo a un culpable así como lo haría un juez corrupto. Lo que está pasando es que Él esta viendo el corazón de un culpable y allí en ese corazón existe fe para reconocer que Yeshúa es el Mashiaj del Eterno, y que recibió en la cruz el castigo que ese pecador culpable merecía por su pecado. Por esta emunáh (fe), Elohim perdona a ese pecador.

La TaNaK por tanto declara: ¡Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas! Es así es como el Eterno justifica al impío que cree en el Mesías como su Salvador y Dueño. No es que el Eterno se hace de la vista gorda para dejar pasar el pecado del impío. YHVH tuvo que pagar con la vida de su Hijo unigénito, para poder perdonar los pecados del hombre y de esa manera justificar al impío. ¿Logran ver la diferencia?

Para entenderlo mejor, les diré que el apóstol Pablo, en esta epístola, ha mostrado hasta el capítulo 3, que todos los seres humanos están bajo pecado y quedan bajo el juicio de Elohim. Pero, desde el versículo 21, el apóstol dirige su atención hacia el remedio de la enfermedad universal, que es el pecado, y al juicio, al escribir:

Pero ahora, aparte de la Torah, se ha manifestado la Justicia de Dios, testificada por la Torah y por los profetas; la Justicia de Dios por medio de la fe en Yeshúa HaMashiaj, para todos los que creen en él
(Romanos 3: 21-22)

Esta es la mejor noticia del mundo para quienes sentimos nuestra culpa ante YHVH y conocemos que nuestra justicia es completamente inadecuada para ganar el favor de Dios. La buena noticia es que el Eterno, en su gran amor benevolente, ha provisto una justicia disponible para todo aquel que encuentre su confianza para la vida, en Yeshúa HaMashiaj. Así, comprendemos y aceptamos que no podemos trabajar para ganarnos este regalo, ameritarlo, o merecerlo; pero está allí para todo aquel que ponga su esperanza en el Mesías, y acepte Su Yugo como vocación para su ministerio de servicio en la Tierra.

Lo cierto, que en el mensaje de Pablo y los demás apóstoles, esta inmensamente buena noticia creaba un problema de acuerdo a la Luz de la Torah misma. Para responder, con la ayuda del Espíritu de Dios, el apóstol Pablo lidia en los versículos 24-26, en los que escribe: “… siendo justificados gratuitamente por su gracia” (v-24). Pero no se detiene ahí. Va más profundo y da las bases o los cimientos de la justificación. La absolución del culpable tiene lugar sobre las bases de una transacción divina que ocurre en la experiencia del Mesías hecho carne. Esta transacción es llamada en este mismo versículo “redención” (en hebreo Guehulá), es decir, la «compra» o «rescate del exilio«. O sea, que para los discípulos del primer siglo, algo había ocurrido en la muerte injusta de Yeshúa que sirve poderosamente como base para perdonar a millones y millones de pecadores que confían en Él como el Mashiaj de Elohim. ¿Qué fue lo que ocurrió?

Pablo da la respuesta en los versículos 25 y 26:
“… a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.”

Aquí vemos el problema que la justificación del impío causaba para Pablo. La justicia de Dios está llamada a ser cuestionada por haber pasado por alto los pecados. El Eterno está ahora pasando por alto los pecados de aquellos que confían en Yeshúa. Y el capítulo 4 en los versículos 6 al 8 muestra que Dios ha estado haciendo lo mismo durante generaciones, a los que confían en él:

Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.”

Pablo, en su enseñanza a los creyentes de Roma, está diciendo que YHVH ha pasado por alto los pecados de ancianos cuando justificó a Abraham y a David por fe, y ahora está pasando por alto los pecados de todos los que confíen en Yeshúa. Y afirma en el versículo 25 que a causa de esto la justicia de Dios está siendo cuestionada, tanto que tiene que demostrar su justicia poniendo a Mashiaj como propiciación mediante la fe en su sangre.

Entonces, la solución al gran conflicto cósmico, en una palabra, es la muerte de Yeshúa. Según el versículo 25, el Eterno pone a Mashiaj como propiciación “por medio de […] su sangre.”, (dicho de otro modo: por medio de su muerte).

¿Cómo podría YHVH mantener el valor de su propia gloria y todavía ser justo; y, sin embargo, justificar al impío cuyo pecado ha mancillado y despreciado esa gloria? La respuesta dada (y que ya hemos leído en los versículos 25 y 26), es: Enviando a Yeshúa como Su Mashiaj para que muriera en la cruz, demostrando así la justicia de Dios.

Entonces, todo lo que vemos en este texto paulino es que lo que Yeshúa sufrió, lo sufrió primordialmente para el bien de la Gloria de Dios. Por tanto, todo su dolor, vergüenza, deshonra, y humillación sirvió para magnificar la Gloria del Padre, porque mostró cuan infinitamente valiosa es la gloria de Dios, de manera que una perdida como esa debía ser sufrida por su bien.

Así pues, cuando miramos a la terrible muerte que sufrió el perfectamente inocente e infinitamente valioso Hijo de Dios en la cruz, y escuchamos que sufrió todo eso para que la Gloria de su Padre pudiera ser restaurada, entonces sabemos que el Eterno no ha negado el valor de su propia Gloria.

YHVH no ha dejado de ser justo y verdadero consigo mismo; no ha dejado de defender su honra y mostrar su gloria, Él es eternamente justo. La horrible muerte del Hijo es el medio por el cual el Padre puede ser ambas cosas, justo, y el único que justifica al impío que tiene fe en Yeshúa.

Este es un pensamiento glorioso, dado en herencia de fe a nuestras almas. Nuestra justificación no está basada en un sentimentalismo débil y barato. Está basada en la inconmovible Roca de la inaccesible justicia de YHVH, demostrada en la muerte y certificada en la resurrección de nuestro Señor Yeshúa HaMashiaj.

Terminaré aquí con unas palabras de un famoso predicador cristiano :

«Las únicas personas que pueden necesitar justificación son aquellas que no son justas en sí mismas. La obra de Dios no consiste en hacer justo a quien es justo; pues esa sería una labor para un necio; por el contrario, hacer justo a quien es injusto, esa es una obra de amor y misericordia. Justificar al impío: ese es un milagro digno de Dios.

Charles Spurgeon

Y ahora, antes de despedirme, sólo me queda elevar mi oración para que la aliyáh de hoy, y especialmente esta catequesis, sea una raíz profunda y una gran fortaleza a nuestra fe cuando conmemoremos la muerte de nuestro Señor Yeshúa juntos en la próxima Mesa de Partimiento del Pan…

Shalom!

Desenmascarando al Cristo de Hollywood

Por Moisés Franco

Un amigo me comentó que recientemente había tenido un altercado con unos familiares a los cuales él confrontó con su vida de pecado.

Era gente conocedora de la Instrucción del Eterno (en heb. Torah) y que en apariencia tienen su misma fe pero sus acciones no se condicen del todo. Como la discusión se puso acalorada debido a que se habían enquistado en su posición pese a que mi amigo les hablara citando las Escrituras Sagradas, uno de esos familiares le dijo: “Jesús no actuaría así”.

Al contarme la anécdota me hizo pensar en la imagen del Mesías que tiene mucha gente y que confieso en algún tiempo tuve.

Hollywood nos ha vendido a un hombre inhumano, sin ira, que vive tan delicadamente que pareciera no rozar el suelo, un hombre amanerado que habla del amor y las buenas obras, de llevarnos bien con todos y traer paz, que habla siempre con la delicadeza de una maestra de nivel inicial.

Sin embargo, el Yeshúa ( nombre hebreo del verdadero Mesías) que se revela en los Evangelios pareciera ser algo diferente.

A continuación, citaré formas con las que el Hijo de Dios se refirió a personas conocedoras de la torah y con autoridad:

· Serpientes, camada de víboras (Mt. 23:32-33)

· Hijo del infierno (Mt. 23:15)

· Hipócritas (en total aparece 17 veces en los evangelios, sólo pondré algunas citas: Mt.6:2, 6:5, 15:7, 22:18, 23:13, Mc. 7:6, Lc. 13:15)

· Diablo (Jn. 6:70)

· Satanás (a Pedro, Mt.16:23)

· Hijos del diablo (Jn. 8:44)

· Ladrones (a gente que en teoría servía a la adoración en el templo: Mt. 21:13 y Mc. 11:17)

· Asesinos (a supuestos hombres justos: Jn. 7:19, 8:37 y 8:40)

· Zorro (a un gobernante, Lc.13:32)

· Hombres de poca fe (a sus discípulos, Mt. 8:26 y 16:8)

· Torpes (también a sus discípulos, Mt. 15:16 y Lc. 24:25)

· Sinagoga de Satanás (Ap. 2:9)

¿Se contradice la imagen de las películas con la de este Cristo?

Pablo, uno de los mayores edificadores de Israel en las naciones por medio de su doctrina trató de torpes también a los gálatas (Gál. 3:1, 3) y ordenó que se entregara a un fornicario que estaba dentro de la asamblea de Corinto “a Satanás para destrucción de su naturaleza pecaminosa” (1Cor. 5:5).

Usted tal vez esté diciendo, como le dijeron a mi amigo por confrontar pecados, que estoy sacando textos fuera de contexto para manipular. Lo invito con absoluta honestidad y amor a que estudie profundamente los evangelios y demás escritos, analice no sólo el contexto escritural sino el contexto histórico y cultural, revise las traducciones y demás. No se quede con la duda, indague y vea con sus propios ojos que el Jesús cristiano hollywoodense no es más que una farsa inútil, porque nadie puede imitar a ese hombre débil que aparentemente no tiene celo de Dios como Fineas, como Samuel o tantos otros profetas.

Por eso mismo el cristianismo ha gestado gente que no puede vivir lo que cree y los que más lo intentan suelen ser unos manipulables maldecidos por incumplir la torah.

En cambio, el verdadero Yeshúa, el que caminó Jerusalén, el que sanó enfermos también confrontó abiertamente el pecado antes de entregarse en la cruz para luego resucitar.

Hoy, en tiempos del individualismo new age, nadie quiere incomodar a nadie y practican una falsedad. Algún lector dirá, “bueno, pero no es necesario decir las cosas con la vehemencia que seguramente lo dijo su amigo para que el clima se pusiera acalorado”; y en parte tiene razón mi amado lector, pero en parte no.

Así como no se puede exhortar de la misma forma a un niño de dos años por su mala conducta que a un adulto de 30, tampoco considero sabio exhortar de igual manera a un bebé en la fe que a alguien que lleva años y tiene un conocimiento avanzado de las Escrituras sagradas.

Si prestamos atención, Yeshúa a los que más duramente les habló era a aquellos que se creían entendidos en los secretos del Cielo pero que vivían orgullosamente en pecado. No así con muchas otras personas aunque el mensaje fuese el mismo: hagan teshuvah (arrepiéntanse).

No estoy proponiendo que seamos unos “Rambos” que ametrallemos agresivamente a las personas con versículos bíblicos jactándonos de supuesta santidad, porque el Eterno “rechaza a los soberbios” (Jacobo/Santiago 4:6).

Pero necesitamos entender lo que Moisés, los profetas y especialmente Yeshúa predican: arrepiéntanse del pecado.

El mismo apóstol que arrojó a una persona a Satanás dijo: “el amor no es egoísta” (1 Cor. 13:5) sino que busca lo mejor para el otro, y lo mejor es estar reconciliado con YHVH el Dios Verdadero (2 Cor. 5:11-21). Pero para eso debemos renunciar a la vida llena de ego y vivir en obediencia.

Tampoco se trata de ser prefecto para recién ahí exhortar a otros, es buscar día a día la santidad y anhelar fervientemente que otros hagan lo mismo.

Si amas, muere a tu ego y predica el arrepentimiento de pecados a tu prójimo para evitarle los juicios del Cielo. Eso es amar.


“No alimentes odios secretos contra tu hermano, sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado. No seas vengativo con tu prójimo, ni le guardes rencor. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo YHVH
(Vayikrá 19:17-18)


¡Háblale a la Roca, porque el Eterno no hace un Milagro idéntico a Otro!

Por P.A. David Nesher

«Toma el bastón y reúne a la comunidad — tú y tu hermano Aharón — y háblale a la roca a la vista de ellos y ella dará sus aguas. De ese modo sacarás agua de la roca para ellos y le darás de tomar a la comunidad y a sus ganados”.
Moshé tomó el bastón ante Yahvéh, tal como se lo ordenara. Moshé y Aharón congregaron a la comunidad ante la roca. Moshé les dijo:
“¡Escuchen, rebeldes! ¿¡acaso de esta roca [que no fuera designada por YHVH] quieren que saquemos agua para ustedes!?”.
Moshé levantó su mano y golpeó dos veces con su bastón la roca y emergió abundante agua. Así, tomaron la comunidad y sus ganados

(Números/Bamidbar 20:8-11).

Al leer estos pasukim (versículos) nos encontramos con la narración de uno de los incidentes más conocidos de las Sagradas Escrituras, pero el que más códigos mesiánicos encriptados posee.

Primero, necesitamos recordar que la profetiza Miryam murió el día 10 de Aviv, a los 125 años. Inmediatamente después de su fallecimiento se secó el agua de la fuente. Según los datos dador por el Talmud y el Midrash, la fuente de agua que seguía a los hijos de Israel en el desierto fue dada por los méritos de Miryam. Ahora, con ella fallecida, la fuente estaba seca, y el pueblo pensó que se quedó sin agua.

Lo curioso de esto es que la Torah (Instrucción) divina no registra que la congregación haya llorado por la muerte de Miryam, como lo hizo por Aharón y Moshé (Deut 34:8). Por cierto, fue precisamente debido a que no derramaron lágrimas por la desaparición de Miryam que la fuente de su agua se agotó. Fue como si el mérito de Miryam no les hubiera importado. Por ello, el Eterno permitió que a la muerte de Miryam la roca que suministraba agua quedara oculta.

Resulta que, por causa de dicho insidente, el pueblo presionaba al profeta Moshé para que les diera agua. Ellos habían caminado cuarenta años por las arenas del desierto y ahora, que el manantial de la Roca que los seguía se había secado con el fallecimiento de Miryiam, ello temían morir de sed.

En segundo lugar, vemos que el Eterno manda a Moshé que le hable a la roca porque de ella brotará agua (Números 20:8). La instrucción de hablarle a la peña contrasta con el hecho de que, cuarenta años atrás, Moshé siguió la instrucción de Yahvéh de golpear la roca para que el agua fluyera. Esto es lo que llegó a recordar Moshé años antes:

“…Mira, Yo estaré parado ante ti en la roca, en Jorev. Golpearás la roca y de ella saldrá agua y el pueblo podrá tomar”. Y en efecto, así hizo Moshé a la vista de los ancianos de Israel…”,

[Éxodo/Shemot 17:6, Torat Emet (comparar con Núm. 20:8; 20:11)].

Pero esta vez, la orden había sido bien clara y muy específica, el Eterno le dijo a Moshé que tomara la vara, pero no que la usara. El agua seria proveída si Moshé tan solo hubiera hablado a la peña a la vista del Pueblo. En esta oportunidad, Moshé solamente debía hablar a la roca, aunque con la vara en su mano. Esta vara era sencillamente el símbolo de su autoridad de parte del Eterno.

Así pues, tal y como se le ordenó, Moshé tomó el cayado y fue con Aharón a convocar a toda la congregación para darles agua tal que se santificara el Nombre de Dios. Él comenzó haciendo exactamente lo que el SEÑOR le había dicho que hiciera: Tomar la vara, y reunir al pueblo de Israel.

No obstante, aunque sí logró hacer salir el agua de una piedra, no santificó el Nombre del Santo y Bendito, por lo menos no de la manera, ni al nivel que se le había ordenado. Y aunque la naturaleza exacta de su pecado es desconcertante y ha sido interpretada de diversas maneras por los exegetas, independientemente de su verdadera índole, lo que sí se hace evidente es que este pecado les costó a Moshé y Aharón el privilegio de entrar a la Tierra prometida.

¡Cuidado con el Uso de Tu Voz!

Ahora los invito a considerar códigos lumínicos que nos servirán para la praxis de nuestra emunáh.

Si lo observamos bien, notamos que en esta nueva ocasión, al Profeta se le ordena únicamente el uso correcto de la voz (“háblale a la roca”); sin embargo, él golpeó la roca, pero nada ocurre. En ese momento él tuvo la oportunidad de re-evaluar su enfoque y reflexionar más detenidamente acerca de la instrucción específica de Dios de “hablarle” a la peña, pero en lugar de ello, Moshé la golpea por segunda vez (vers 11), y entonces el agua comenzó a brotar.

Resulta obvio que Moshé debió haber hablado una y otra vez a la roca hasta lograr que esta proveyera agua, pero el tono insultante del pueblo lo condujo a que su ira se convirtiera en furia incontrolada. Justamente los sabios explican que una vez que se hubo enojado, se le ofuscó el juicio y golpeó la roca. Es evidente que fue una mala interpretación la de Moshé y Aharón, quizás por estar bajo una fuerte presión por parte del pueblo de Israel que solía murmurar por todo.

Dicen los sabios que en este lugar de endurecimiento, Moshé cometió un error muy importante que consistía en estas *cinco cosas*:

  • Actuó con ira.
  • Habló palabras fuertes contra los hijos de Israel, “rebeldes”. Dios no le mando que hablara a la nación, ni hablar tan severamente a la nación, sin embargo Moisés lo hizo.
  • Dudó de Yahvéh, no escuchando atentamente la nueva consigna.
  • Desobedeció la orden de hablar a la peña.
  • No santificó al Nombre del Eterno con su proceder.

Por cierto, hay muchas explicaciones para la frustración de Moshé aquí (el Salmos 106:32-33 describe como el pueblo provocó a Moisés aquí), pero ninguna de ellas es excusa.

Peor aún, Moshé no solo tomo la rebelión del pueblo contra el Señor muy personal, él también sobre-magnifico su propia asociación con Dios diciendo:

«¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?» 

Moshé habló como sí él y el Eterno harían el trabajo, como sí ellos dividieran el trabajo cincuenta-cincuenta; como si Dios no pudiera traer agua a menos que él estuviera cerca para hablarle a la peña. Su lapso en desprecio por el pueblo lo guió a un lapso de orgullo sutil. Por sus palabras se deduce que actuó con ira y hablo como si él mismo pudiera hacer milagros, cuando tenía que haber atribuido al Eterno esa capacidad.

Por eso fue que no solo la golpeó a la Roca, sino que la golpeó dos veces. Cuando él golpeó la peña al principio del viaje de Éxodo, él sólo debía golpearla una vez, pero ahora, de la ira y frustración, él lo hizo dos veces.

Quizás, a simple vista, Moshé no cometió un pecado aparentemente serio, pero en los ojos del Todopoderoso su desobediencia fue lo suficientemente grave como para negarle la entrada a la herencia de la tierra. En fin, los errores de estos dos gigantes espirituales fueron sumados con las palabras “vosotros no me creísteis para santificarme ante los hijos de Israel”.

La lección para nosotros aquí es bien clara. Hasta que no elevemos nuestra conciencia, nunca estaremos listos para aceptar los milagros en su forma más pura y se nos impedirá verlos siempre.

Cuarenta años antes (Exo 17:6), cuando el Eterno le mandó a Moshé que golpeara la piedra, el pueblo venía saliendo de una esclavitud brutal, por lo tanto «golpear» era un idioma que ellos conocían perfectamente. Sólo que esta vez, Moshé tiene enfrente a una nueva generación de israelitas que había nacido y crecido en libertad; una generación que requería de un enfoque más suave, la palabra hablada.

Sobre estos pasukim, el Midrash explica:

«…El Eterno dijo a Moshé: Reúne a los tzadikim (hombres justos), y a las grandes personas ante la roca de la cual el agua fluía mientras Miryam estaba viva. Mientras estés parado con la santa Congregación frente a la roca, enséñales una halajáh (ley) o un pasaje de Torah. Luego ordena a la roca manar agua…»,
[“Midrash Bemidbar”, pág 244, 245].

De todo esto aprendemos que la Santificación del Nombre del Eterno [– en hebreo Kidush HaShem (קידוש השם) –] tiene mucha prioridad para el Eterno. La forma de tratarlo es sumamente importante, y especialmente al ser un ejemplo para todo el pueblo, como lo era Moshé. No se puede tratar al Eterno de cualquier manera y pensar que no hay consecuencias de ello. Y cuánto más alto sea el cargo espiritual, más importante es tratar correctamente al Eterno para que el pueblo tenga un buen ejemplo a seguir.

¿De qué manera Moshé y Aharón no habían santificado al Eterno?

La Torah dice que no le habían creído – en hebreo lo heemantem(לא האמנתם). La raíz de la palabra creer – aman, (אמן) – tiene que ver con la construcción de un soporte, algo firme y estable. Por lo tanto, creer en el Eterno no solamente implica creer en lo que Él dice, sino ser fiel y ajustar toda su vida – pensamientos, actitudes y conducta – según lo que el Eterno indica en lo que dice. Creer en Yahvéh es confiar en Él. Creer en el Eterno es serle fiel. Moshé y Aharón no fueron fieles al Eterno en este momento, porque él había dicho que ellos hablaran a la peña y no lo hicieron, sino que la golpearon. Ser fiel es hacer exactamente lo que el Eterno ha dicho, ni más ni menos.

Así pues, al no ser fieles, ellos no santificaron Su Nombre. Al no hacer lo que Él había dicho dieron un ejemplo malísimo ante el pueblo de cómo uno debe comportarse ante el Eterno.

Alguno pensará que no importa tanto si hablaran o golpearan la peña, lo importante es que el milagro se haya hecho y que el pueblo haya sido salvado. Pero en el Reino de los Cielos las cosas no funcionan así, a medias. Lo que el Eterno dice es exactamente lo que quiere decir. Por eso hay que obedecerlo no más ni menos ni de otra manera ni de manera parecida ni a medias, sino exactamente como lo ha dicho. Toda otra cosa es no santificarle y no serle fiel.

¿Por qué hacer que esta Roca vierta agua de maneras distintas?

Al leer el “Midrash Bemidbar” (pág 245), encontramos la respuesta a este planteo y es que el Eterno no hace un milagro idéntico a otro.

Lo que más me impresiona de este relato es que a pesar del lapso de Moshé dentro de una actitud pecaminosa y acción, el Eterno aun así proveyó abundantemente para el pueblo. Es que el amor de Dios por su Pueblo es tan grande, que Él usará sus instrumentos imperfectos. De aquí surge otra enseñanza más: el hecho que Yahvéh use a alguien no es evidencia (para ellos mismos o para el pueblo) que ellos mismos están realmente bien con el Eterno, o que vibran con su ministerio de acuerdo al corazón pastoral de Yahvéh.

Desde esto, surge un lema de emunáh que ayudará a discernir ciertos «eventos milagrosos» que acontecen en el mundo de las denominaciones babilónicas con tintes «carismáticos»: ¡lo que funciona no es la mejor medida para lo que está bien delante del Eterno y Su propósito mesiánico!

Aprendamos de esta lección a estudiar bien lo que el Eterno realmente ha dicho para luego poder hacer exactamente lo que ha dicho y no otra cosa.


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Mi Sanación depende de Mi Visión… (La Serpiente de Bronce)

Por P.A. David Nesher

«Entonces YVH mandó contra el pueblo serpientes venenosas para morder a la gente. Falleció una gran multitud de Israel
YHVH le dijo a Moshé:
“Hazte una serpiente venenosa de bronce y ponla en un mástil. Cuando la miren los que fueron mordidos, se salvarán”.
Moshé hizo la serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y en efecto, cuando una serpiente mordía a alguien, ése miraba a la serpiente de bronce y se salvaba.»

(Números/Bamidbar 21:6, 8-9)

Los rigores del viaje surtieron su efecto y el Pueblo se quejó sin justificación. La la ira del Eterno fue provocada, y está se manifestó inmediatamente en el campamento, hasta que Moshé los salvó nuevamente.

La protección que antes tenían con la presencia de las llamadas «Hananei Kavod» (Nubes de Gloria), había desaparecido al fallecer el Sumo Sacerdote Aharón. El miedo paralizante que activa la mente egoica se había encendido. Entonces el ánimo del pueblo se impacientó y hablaron contra el Eterno, el Invisible, y contra Moshé, su líder visible. Ya no se quejaron solamente por causa del camino sino empezaron a criticar la comida que Yahvéh les estaba dando todos los días.

Por ello, las nejashim (נְ חשִַּ֣ים – serpientes) serafim (abrasadoras) pudieron entrar en el campamento de Israel. Los Benei Israel (Hijos de Israel) fueron mordidos por serpientes venenosas que el Eterno había enviado al campamento porque habían hablado mal del maná. El resultado de la queja contra la comida fue mortal. La protección que antes tenían con la presencia de las «Hananei Kavod» (Nubes de Gloria), ya no estaba, y las serpientes pudieron entrar en el campamento, por mandato del Eterno y muchos murieron por causa de ellas.

Esto enseña que la lashón hará (lengua de maldad), manifestada en murmuración, y la falta de gratitud, desata toda clase de peligros en nuestras vidas. La Torah revela aquí que los malos espíritus tienen libre acceso a una persona que habla mal de los regalos que el Eterno da en su bondad. Las serpientes eran un castigo para aquellos quejosos, difamadores y malagradecidos israelitas.

Según los códigos hebreos del relato, la ponzoña en los colmillos de estas hanejoshim haserafim (serpientes ardientes) hacía sentir a sus víctimas un ardor fortísimo como si se estuvieran quemando por dentro. Así que, por causa de este veneno sobrenatural, mucha gente empezó a morir.

Esta plaga demostraba que era un reflejo de lo que había en cada israelita. En las bocas de esa gente solo había mortal veneno. En el libro del Zohar (Jukat 10:71), se registra lo siguiente:

«…Habló el pueblo contra Dios y contra Moshé. Ellos murmuraron calumnias contra HaKadosh Baruj Hu y se pelearon con Moshé. “¿Por qué nos han subido?” Ellos trataron a todo aspecto por igual, pues igualaron a Dios y Moshé, al decirles, “¿Por qué nos han hecho subir?” Es por esta razón que les enviaron serpientes abrasadoras como el fuego. El fuego entró en sus entrañas y cayeron muertos, como está escrito, “Envió entonces el Eterno contra el pueblo serpientes serafines (…) Las serpientes llegaban con la boca silbando y mordiendo, y ellos morían (…) Había un fuego abrasador en sus bocas. Mordían y lanzaban sobre ellos el fuego, quemando sus entrañas y ellos morían…».

¿Por qué serpientes?

En el Midrash existe una alegoría con la que los sabios explican esto. En la misma se le pregunta a una culebra ¿por qué muerde si no tiene ningún placer?, ella simplemente responde: …»¿Y qué placer físico recibe un calumniador…?”.

Los sabios con esto, hacen ver que las culebras no tienen papilas gustativas por lo que toda comida les sabe igual. Es decir que la mordida de la serpiente a diferencia de los demás animales, es sin beneficio para la propia serpiente. Por eso, dicen los sabios, cada serpiente de esta plaga divina es un símbolo de la lengua activa en habladurías, que generalmente es realizada sin ningún beneficio por parte de quien habla

El castigo del principio yahvista denominado «midáh kenegued midáh» (traducido como «medida por medida«), por reclamar a causa del maná (que sabía a lo que cada uno de ellos quisiera), fue el ser mordidos por serpientes; animales para quienes toda comida sabe igual.

Con esto, Israel aprendió que la palabra hebrea najash [(נְ חַּ֣ש) – «serpiente], es también aplicable a la tendencia a actuar negativamente, esa que ser humano carga dentro de sí (y que es parte integral de nuestra personalidad humana). La “serpiente” es un símbolo de las “habladurías, un ícono de “lashón hará” y, en este sentido, Israel pecaba constantemente con su filosa lengua calumniando, difamando, quejándose de Dios y su líder Moshé, etc.

La NEJASH NEJOSHET (Serpiente de Bronce)

Lo cierto es que a causa de este mortal azote, los israelitas se arrepiniteron y Moshé rogó por ellos. Entonces el Creador les proveyó una fuente de salud: una serpiente de bronce. Las víctimas, donde ellos se hallaran, solo tenían que mirar de lejos a la serpiente, invocar al Cielo, y luego esperar sobrevivir.

Desde su altura profética (es decir desde la altura de Bináh), Moshé hace una serpiente en el nivel inanimado de la naturaleza como si de verdad lo fuera y no de la forma en que es representada a una persona.

De este modo, el Eterno quiere que Israel comprenda que la serpiente de bronce es también un símbolo que representa a la persona humana influenciada por su ídolo egoísta (a esto se le llama egolatría: adoración del ego). La Torah parece decirnos “mira, está simplemente hecha de bronce, ¿por qué te inclinas ante ella?” Es por esto que si tú “ves la serpiente” ahora, es decir si la sientes dentro de ti en ese nivel, eso te cura.

Los sabios comentan desde una pregunta: «¿acaso una serpiente puede dar la vida o provocar la muerte?» Inmediatamente contestan, que no, más bien, cuando ellos alzaban la vista y subyugaban su corazón al Av Celestial, se curaban, pero si no, morían. Eso fue exactamente así porque Dios pudo haberlos curado sin la serpiente; pero ellos entonces habrían pensado que se curaron por medios naturales.

La serpiente de Moshé era un mensaje divino de exhortación que le dice a cada israelita que el ego es meramente un ídolo, una estructura síquica construida en el interior del alma humana con el veneno materialista del sistema reptiliano. Por eso era que donde quiera que el israelita moribundo la viera, ya sea como naturaleza inanimada que se encuentra en un palo, inmediatamente se curaría porque se da cuenta que no hay razón para rezarle a un ídolo. Es decir, que los israelitas comprendieron y aceptaron en este castigo que no existe razón alguna de confiar en el ego que ha sido forjado por la influencia del sistema reptiliano que HaSatán controla y desde donde inocula al alma humana distintas tentaciones para lograr su condenación.

El secreto del presente texto radica en que, para mirar la serpiente había que observar hacia “Arriba, esto significaba que debían orientar sus pensamientos hacia el Creador, lo que los inducía a abandonar sus malas conductas y entonces se sanaban. La solución para ser libre de ese veneno destructor que corría en su cuerpo, el ratzón atmutzdeseo de recibir sólo para sí» o el ego), era mirar con fe la figura de bronce y hacer teshuváh desde lo que reflexionaban al comprender el simbolismo de esa serpiente de bronce.

Tomando en cuenta lo dicho hasta aquí, vemos que esta historia nos muestra, de la forma más gráfica posible, uno de los principios básicos de la vida espiritual. El pueblo de Israel, después de haber pecado, se encontró con una nueva y distinta realidad (una realidad donde todos son mordidos y todos necesitan ser salvos).

Aquí está la lección aprendida: cuando pecamos, cuando elegimos alejarnos de Dios, nuestra elección siempre tiene consecuencias muy reales e inevitables. Cambia y distorsiona la realidad, tanto en nuestro interior como en nuestro exterior (a menudo en ambas), aunque estos cambios no siempre son visibles como en nuestra historia de la Torah. Después, cuando las consecuencias de nuestro pecado inevitablemente empiezan a ‘mordernos’, comenzamos a clamar al Señor, pidiendo que nos salve (que elimine las serpientes, que aparte las consecuencias). Sin embargo, incluso el Eterno mismo, no restaura simplemente las cosas como si nuestras elecciones pecaminosas nunca hubiesen acontecido; incluso Él mismo simplemente no borra nuestro pecado o el mal que causó.

Al leer el texto en hebreo, logramos asombrarno por la abundancia de silencios y sonidos silbantes de aquí: Nashaj (morder), Najash (serpiente), Nejoshet (bronce)… como si efectivamente el silbido de las serpientes llenasen estos versículos. No es del todo accidental que hayan serpientes en esta historia: en el principio, el pecado entró por la víbora (la serpiente antigua o HaSatán) y qué más, si no pecado (arrastrándose, silbando y mordiendo) ¿está representado por esas serpientes en nuestra porción de la Torah? Sí, no es suficiente eliminar las serpientes, el veneno ya está haciendo su efecto, y por eso, el Eterno tiene que traer un remedio para que todos los que fueron mordidos, vivan.

El Poder de la Visión sobre el Destino Humano.

Resulta que cuando leí el comentario de Rashí, me sorprendí, ya que este exégeta dice que el texto hebreo usa una palabra que significa que tenían que mirar fijamente con concentración.

Los kabalistas enseñan que el sistema de sanación de Dios dependía totalmente del enfoque de la visión de cada israelita.

Uniendo estas dos perspectivas pedagógicas, aprendemos que nuestros ojos son herramientas de gran alcance que pueden extraer energía específica que afectan nuestra materia. Sin duda alguna, la sanación tiene que ver con la visión. La luz que se reflejaba desde la serpiente de bronce generaba ondas cerebrales que activaban una fuerza sanadora.

Todos nosotros hemos experimentado cómo el mirar algo puede generar un cambio pequeño o grande en el cuerpo. La mayoría de nosotros hasta podría vomitar con solo observar algo repugnante. Por otra parte, nuestra boca se hace “agua” cuando vemos algo que nos gusta; el corazón comienza a latir más rápido ante la vista de algo emocionante. Así pues, el sistema de curación que el Eterno le dio a Moshé era totalmente dependiente de la mirada ontológica. Con esto aprendemos que nuestros ojos son una poderosa herramienta que puede extraer del mundo metafísico una energía específica y puede afectar nuestra fisicalidad.

De este modo tenemos que, incluso lo que a nuestros ojos se presenta como malo o negativo, también tiene un sentido, pues en esencia, ningún mal proviene de Arriba, solo es cuestión de orientar la vista en la dirección adecuada.

Cuando el pueblo de Israel reconoció su pecado, el Eterno mostró a Moshé cómo poder sobrevivir en el momento de ser mordido por una serpiente. ¿Cuál es ese remedio? El secreto para la recuperación era mirar fijamente con atención a una serpiente de bronce colgada sobre una estaca.

Hoy, sabemos que para poder curar la mordedura de serpiente, podemos confiar completamente en un práctico remedio: el suero antiofídico, alguna medicina, tratamiento, acción. Sin embargo, en su lugar, a los hijos de Israel el Eterno les dice que miren a la serpiente de bronce (solo mirarla, para poder vivir). No necesitaban acercarse, tocarla o hacer algo con ella, solo tienen que mirarla, “y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá” (v.9). ¡Por mirar atentamente recibieron vida. La visión les salvó de la muerte!

Puedo imaginar que alguno de ellos dudó, incluso se volvió a quejar diciendo: «¿Qué bien puede hacerme, si solo miro a la serpiente?» Pero este es exactamente el eje de esta historia: no importa si Su remedio cumple con nuestras expectativas. ¿Recuerdas a Naamán, el comandante del ejército sirio, que era leproso? (leer 2Reyes cap. 5). Él fue a Eliseo para ser sanado, pero se enfureció y casi se marchó después de que Eliseo no llenó sus expectativas. Él dijo: «He aquí, yo pensé…» Y casi pierde su propia sanación, tan solo porque pensó que debía haberse efectuado de forma diferente. Cuan a menudo la gente se pierde algo de lo que Dios está haciendo, solo porque ellos piensan que debería ser hecho de manera diferente: «He aquí, yo pensé…»

Allí en el desierto, el Eterno ofrece su sanación a todos. Por más extraño e inesperado que pudiera parecerles, era su único medio para sobrevivir (para ser salvados). Aquellos que escogieron mirar a la serpiente de bronce, vivieron, todos los demás, perecieron.

Aprendemos de esto que lo que está delante de nuestros ojos tiene una tremenda influencia sobre nuestro futuro. Es sumamente importante lo que miramos. Lo que entra por los ojos físicos y lo que entra por los ojos espirituales tiene el potencial de matarnos o darnos vida.

Cuando Javáh (Eva) vio que el árbol prohibido era bueno, tomó de su fruto y murió. Cuando los israelitas vieron la serpiente de bronce recibieron vida. ¡Qué importante es fijar su mirada en lo que da vida en lugar de lo que da muerte!


Bitácora Relacionada y Recomendada:

¿Cuántas Copas bebió Yeshúa en Su Última Cena de Pesaj?

Por P.A. David Nesher

«Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo:

«Consumado es.»

Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.»

(S. Juan 19:30)

Desde que en mi peregrinación he ido pasando de un nivel a otro, me he maravillado al descubrir cómo Yeshúa (Jesús) fue dejando huellas en su vida que sólo pueden ser descubiertas analizando las raíces hebreas de su propia identidad y fe.

Es evidente que el Eterno, por ser el soberano del universo, tiene todo bajo control, y su propósito es perfecto hasta en las cosas que nos parecen más pequeñas, extrañas y hasta insignificantes. Lo cierto de todo esto es que cuando he logrado mirar ese nuevo punto del plano existencial y he comprendido apenas un poco la manera providencial en cómo él obra y se manifiesta, no puedo hacer otra cosa que elevar alabanzas y gratitud por como logra maravillarme e inundarme de gozo.

Llegó a mis manos un texto de una conferencia del Dr. Scott Hahn titulado “La Cuarta Copa”, y lo que este experto comparte allí me movilizó a escribir esta bitácora con el objetivo de ampliar el panorama contextual del texto bíblico al momento en que ustedes lean el relato del Evangelio.

«Consumado es«:

¿A qué se refiere Yeshúa con estas palabras? ¿Qué impronta de misión se esconde en estas sus últimas palabras dichas antes de “entregar su espíritu”?

En la hermenéutica (interpretación) clásica de la dogmática cristiana aprendí que esta expresión señala a la redención de la humanidad. Mis profesores de teología me aseguraron que nuestro amado Señor está proclamando desde el madero que todo ya se ha cumplido. El proceso de salvación prometida en el Edén por el Eterno ha sido consumado. Sin embargo, para que esto fuera realmente completo era necesario que Yeshúa resucitara, tal como el apóstol Pablo se lo recordara a los discípulos mesiánicos de la ciudad de Roma:

«….el cual fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación
(Rom. 4:25).

Es claro entonces que, la justificación que el Eterno realiza en sus redimidos no se consuma con la muerte de Yeshúa, sino con su resurrección. Desde esto podemos afirmar que nuestro Maestro, con la frase consumado es, estaba señalando a un concepto perteneciente a una cosmovisión muy diferente de la que los defensores de la dogmática babilónica han sostenido. Por lo tanto, para lograr captar lo que Él quizo decir, nos vemos comprometidos a profundizar en el ámbito del contexto mental y cultural que lo circundaba. En otras palabras, debemos comprender el contexto en del que esto fue dicho, y en particular, una singularidad de la celebración del Pesaj, la festividad que marcaba ese momento histórico.

En este contexto no sólo se cuenta la historia de la Pasión del Señor, sino que la misma transcurre al mismo tiempo dentro del Sidur del Pesaj. Este precepto divino debía ser llevado a cabo por el pueblo hebreo esa misma noche y conmemorarlo todos los años, para siempre. La palabra Seder o Sidur, significa Orden, y los pasos de éste se constituyen en torno a cuatro ejes: las 4 copas de vino que esconden el mensaje encriptado de los cuatro pasos salvíficos que Yahvéh hizo con Su Pueblo (Éxodo 6:6-7). (Por favor, leer: Los Pasos de la Redención Mesiánica).

Las cuatro copas de la celebración de Pesaj recordaban a cada familia de Israel la liberación de la muerte de sus primogénitos por medio de la sangre del Cordero del padre de familia. Los nombres de estas cuatro copas son:

  • kidush (santificación),
  • juicio,
  • redención (o «la bendición«) y
  • alabanza.

Cada una de las leshonot de gueuláh (expresiones de redención) de estas copas representan otro estado en nuestra libertad. Por cada una de estas cuatro etapas debemos dar alabanza a YHVH sobre otra copa de vino.

  • La primera copa de vino agradece al Eterno por haber quitado el peso de nuestra esclavitud. Ya no más trabajo duro y tortuoso. Esta fue la primera promesa de YHVH para con nosotros.
  • La segunda copa de vino es para agradecer a Elokim por habernos liberado del estado de servidumbre. No se bebe, sino que se vuelca en el piso por medio de diez goteos o libaciones. Con esto se declara que se cree en la promesa divina que las plagas de Egipto no tocarán nuestro hogar (ver Éxodo 15: 26).
  • La tercera copa la bebemos en gratitud a nuestra libertad.
  • La cuarta copa es para agradecer a Di-s por habernos tomado como Su propia nación.

La Mishnáh explica el compromiso implícito de cada judío en el participar de estas copas dentro del Seder:

“En la víspera de Pascua, cuando se avecina el tiempo de Minjáh (sacrificio vespertino), nadie debe comer hasta que no anochezca. Incluso el más pobre de Israel no comerá mientras no esté reclinado en la mesa, y no tendrá menos de cuatro copas de vino, aunque sea de los de la olla popular” 

(Mishná Capítulo 10, Masejet Pesajim)

Como podemos notar, tomar las cuatro copas de vino era obligatorio para todos, incluso hasta para el más pobre, a quien le resultaba muy difícil poder acceder al vino.

Comprendiendo pues la importancia de estos cuatro pasos litúrgicos de la Cena de Pesaj, estudiemos juntos los detalles de la última que vivió Yeshúa. Leemos que Lucas escribió lo siguiente:

“Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los apóstoles y les dijo:
«He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios».
Y tomando una copa, dio gracias y dijo:
«Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.»
Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
«Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía».
Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes. «
(Lc. 22.14)

Cuando el texto dice «una copa» está señalando a la primera copa, la del Kidush.

Sabemos que la tercera copa que, en la mesa de Pesaj, se toma después de la cena del cordero asado (que se comía cuanto había Templo), es la que fue puesta en memoria de Yeshúa. Por eso es que notamos que el evangelista Lucas, nos relata que la copa que el Maestro tomó luego de la comida, fue la tercera copa:

“Después de la cena hizo lo mismo con la copa”
(Lc. 22.20)

Esto también implica que  tanto en los evangelios de Marcos, como en el de Mateo el relato se refiere a la misma copa (la tercera).

El apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios hace referencia  a la tercera copa del Seder, denominada también «la copa de la bendición«, que las comunidades del primer siglo elevaban en la tercera mesa de Shabat (Partimiento del Pan) cuando escribe lo siguiente:

La copa de bendición que bendecimos,
¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo?
Y el pan que partimos,
¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?”
(1Corintios 10: 12)

El apóstol Pablo nos menciona que existe una copa que nos imparte una enorme y sublime bendición por medio de la muerte de Mashiaj, y a su vez se nos dice que es una copa que nosotros bendecimos en el sentido que jamás nos cansaremos de agradecerle al Eterno por ella. Pero ¿cómo llego esta copa a nuestras manos?¿Cuál es el trasfondo o contexto de esta historia? Eso es precisamente lo que abordaremos a partir de este momento.

¿Qué Copas bebió Yeshúa?

El relato evangélico nos cuentan que:

“Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos”
(Mateo 26: 27-30)

En esta última descripción notamos algo que resulta curioso: no se tomó la copa final (la 4ta).

Teniendo en cuenta todo lo explicado hasta ahora, podemos ver que Yeshúa no sólo no tomó la cuarta copa, sabiendo el significado que eso tenía, sino que aseguró que no volvería a beber del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios, manifestándose en la era Milenial. Entonces, considerándolo desde cosmovisión hebrea, Yeshúa no finalizó la celebración del Pesaj, y por lo que pudimos evaluar, lo hizo intencionalmente.

A. La Copa del Juicio (o de la Ira Divina).

Para comprender esto, necesito solicitarles que se esfuercen en desaprender todo lo que la dogmática religiosa programó en vuestros corazones, y se atrevan a aprender lo que el trayecto del relato nos revele. Entonces leemos:

«Cuando salieron de la cena, del cuarto donde estaban celebrando la pascua, se dirigieron al jardín de Getsemaní donde Jesús cayó con el rostro en tierra, orando así:
«Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya».
(Mt. 26.39) 

«Y nuevamente… Se alejó por segunda vez y suplicó:
«Padre mío, si no puede pasar esta copa sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad». 
(Mt. 26.42) 

“…Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.”
(Mt.26.44)

Para aumentar la angustia de esta súplica de Yeshúa, Lucas nos cuenta que, mientras Él oraba, su agonía era tal que «su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra«(Lc 22:44).

¿Qué era esta copa? ¿Por qué Yeshúa quería evitarla? ¿Qué fue lo que le provocó tal agonía? ¿Por qué oró que, si era posible, no tuviese que beber la copa (Jn 18:11)? ¿Qué había en la copa que le producía esta angustia extrema mientras contemplaba la posibilidad de beberla? 

La copa de juicio suele ser usada como una metáfora de la ira de Dios (Sal. 75:8; Is. 51:17, 22; Jer. 25:15; Hab. 2:16; Ap 14:9-10). Así es. De eso estaba llena. Por esto, Yeshúa detestaba la idea de llegar a beberla. En el huerto de Getsemaní, él fijó intencionalmente su mirada en esa copa (la copa que bebería exactamente al colgar de la cruz en una insoportable agonía).

Entendamos que no era la agonía física lo que tanto pavor le causaba (por muy horrible que fuese), sino la agonía espiritual que supo que sentiría al beber hasta el último amargo sedimento de la copa de la ira de Dios; ira que en realidad merecíamos nosotros.

Su angustia en aquel jardín de olivos no tenía nada que ver con el temor carnal de los azotes y burlas, o con los tormentos sicológicos de la cruz, de hecho en varias ocasiones anuncio su muerte en la cruz sin ningún temor, pero ahora estaba bebiendo el cáliz de ira de Dios, bebiendo el juicio de Dios, esta bebiendo el sufrimiento, dolor, agonía del furor implacable del Juez Justo sobre la maldad.

Esa copa nuca fue preparada pensando en Él sino pensando en nosotros, pensando en nuestra aniquilación por causa de la maldad, todas aquellas maldiciones proclamadas en el monte Ebal (Dt 27:11-26) [Maldito el que practica la idolatría en oculto, maldito el que deshonra a su padre y a su madre, maldito el que acciona contra su prójimo, maldito el que hace errar a los ciegos, maldito el que hace injusticia con la viuda y el huérfano, maldito el que comete adulterio y fornicación, maldito el que se ayunta con animales, maldito el que comete incesto, maldito el que daña a su prójimo, maldito el que recibe soborno, maldito el que trasgrede la ley] todas estas maldiciones que identifican el pecado de los hombres estaban concentradas en esa copa y fueron derramadas sobre el Hijo del Hombre, el Cristo de Dios, destinado para recibir tal ira.

Yeshúa tenía que beber la segunda copa, la del juicio (Mateo 26:39; 20:22; Juan 18:11). El Mesías bebió la copa de maldición que el Padre le dio, para liberarnos de la maldición del pecado.

La segunda copa nos recuerda que estábamos en gran necesidad de liberación, a causa de  nuestra idolatría estábamos atados al obrar del Sitrá AjRá (Otro Lado de la Santidad) e incapaces de salvarnos a nosotros mismos. ¡Yeshúa vino y nos libero!,… ¡Él es nuestro Gran Libertador!

Nunca lograremos apreciar la agonizante oración de Yeshúa en el Getsemaní, ni su sudor semejante a grandes gotas de sangre, mientras no comprendamos en lo profundo de nuestro ser que lo que Él estaba observando era la ira de Dios que merecíamos, azotándolo desde las dimensiones de la Guevuráh, afectándolo en el alma y en el cuerpo.

Yeshúa bebió la copa de la ira de Dios hasta su última amarga gota. Así que, para nosotros los que creemos en Él, y hemos tomado Su yugo, la copa de la ira divina está vacía.

B. La Cuarta Copa: la Alabanza

Ahora bien, comenté más arriba el detalle no menor que al finalizar la Cena, cantaron los salmos correspondientes y salieron al monte de Getsemaní no bebiendo la cuarta copa. Pues bien, para comprender esto, analicemos los códigos escondidos en el camino de la pasión:

Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó, pero no quiso tomarlo.
(Mateo 27: 31)

Y luego de ser crucificado nos encontramos al final de todo con esta otra escena tan conmovedora descripta por el evangelista Juan:

Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: 
Tengo sed.
Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca.
Después de beber el vinagre, dijo Jesús:
 «Todo se ha cumplido».
E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.” 
(Jn. 19.23.30)

Retomando la pregunta con la que inicie esta bitácora acerca de a qué se refirió Yeshúa con: «Consumado es», podemos ver que aquí Yeshúa toma la cuarta copa, y culmina así la celebración pascual, haciendo que la festividad divina se vuelva plena con este su Korván Pesaj (sacrificio pascual).  

Entonces, el Maestro no finalizó la celebración pascual en el aposento alto de la Última Cena. Él extendió la duración del Seder para consumarlo en la cruz, con su propia muerte, el sacrificio pascual por excelencia. Así pues, captamos que el sacrificio de Yeshúa no comenzó con la pasión en el huerto, sino en la Cena de Pesaj. Y esta celebración a la vez, no terminó en el aposento de arriba, sino en el Calvario o Gólgota. Así Yeshúa une la cena de Pesaj con su muerte en la cruz y  conduce todos los sacrificios pascuales de la Torah a su plenitud. Esto ya lo había expresado en el resumen pedagógico de su ministerio, conocido como el Sermón del Monte:

No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
(Mateo 5.17)

Ahora bien, recordemos que nuestro Señor dejó la cuarta copa de lado y en lugar de ello, dijo lo siguiente:

Yo les digo que, desde ahora, no volveré a beber de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre.
(Mateo 26:29)

 ¿Qué significa eso?

Primeramente que la copa que tomó en la cruz (de vinagre o vino viejo) está aún en un proceso celestial de transformación. Recuerden que en la cosmovisión hebrea la expresión alabanza está relacionada con la idea de saber endulzar lo amargo hasta transformarlo en agradable y acepto. Esto significa que ese vino avinagrado que Él bebió, será llevado a un proceso escatológico que lo transformará en un vino nuevo y del mejor.

Esto significa que Él regresará en poder y justicia para establecer el Reino del Eterno sobre todas las naciones. Así pues, cuando Yeshúa regrese, nos dará a beber la cuarta copa pero llena de la dulzura del Jesed (benevolencia) celestial. Entonces sucederá lo que está escrito en Éxodo 6 y que está relacionado con la cuarta copa:

“Os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy YHVH vuestro Dios…” 

Los Tehillim Hallel (salmos de alabanza) eran cantados durante el Pesaj. El Señor Yeshúa nos dice que recién nos dará a beber de la cuarta copa cuando Él regrese (“…hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de Padre). El Hallel recién sonará otra vez cuando Yeshúa HaMashiaj regrese para tomar la “cuarta copacon nosotros Su Amada.

¡Aleluyah! ¡Ven Yeshúa Adoanay!


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