Raíces Hebreas

La Casa de Israel: ¿Diez Tribus Perdidas? (Maestro Jim Stanley)

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Teshuváh por el mérito de Abraham ante los Cuatro Exilios

Extraído de “Los días están llegando“, por el Rab Ezriel Tauber

Abraham y los Cuatro Exilios

Sobre lo que es llamado «el pacto entre las partes», Dios le dijo a Abraham:

«Toma tres vacas, tres cabras, tres carneros, una paloma y un pichón (gozel)». Abraham los trajo, los cortó a la mitad y puso cada mitad opuesta a la otra. (ésta era una forma en la que se efectuaba un contrato en tiempos bíblicos). Sin embargo, a los pájaros no los dividió.

(Bereshit 15:9-10)

Cada animal representa un exilio diferente. Las vacas representan Babilonia, las cabras, representan a Persia, los carneros son símbolos de Grecia y los pájaros, representa al exilio Edom-Roma.

¿Por qué los pájaros fueron los únicos animales que no se dividieron? El gran pensador judío y figura rabínica, el Maharal de Praga, responde que todas las otras filosofías tienen un punto de vista para argüir en contra.

Babilonia declara: Que el hombre más fuerte gane; supervivencia del más apto; la fuerza impone el bien. Mientras más músculos tenga uno, más derecho tiene de vivir y gobernar sobre otros. Tiene, por lo tanto, el derecho sobre el que es más débil que él. Nabucodonosor no tiene ninguna necesidad de justificarse por causar destrucción. Cualquiera que fuera más débil que él debía esperar ser dominado.

Esta ideología puede ser argumentada en contra. En otras palabras, tal como Abraham cortó las vacas, el argumento de Babilonia puede ser cortado en dos, es decir, existe otra parte en el argumento.

«Sí, puedes tener fuerza física con la cual dominar», puede argumentarse con una persona con mentalidad de Babilonia, «sin embargo, Dios no le dio a la Humanidad la capacidad de dominar para dominar a otros, sino con objeto de enseñarte que tienes la obligación de dominarte a ti mismo: ‘¿Quién es fuerte? El que se conquista a sí mismo’. Debes, por lo tanto, aprender a contenerte. Debes tener tu lado espiritual dominando sobre tu lado físico».

Lo mismo es cierto para Persia. El mundo filosófico persa argumenta, «¿Por qué el Creador le dio al hombre la capacidad de experimentar belleza, placer, alegría y lujuria? Debe ser a fin de pasar la vida persiguiéndolos. Y mientras más placer, hay más valor en la vida».

Esto es discutible. Lo podemos dividir en dos opiniones. El punto de vista de la Torah es: «Sí, existe lujuria, placer, deseo, etc., sin embargo el propósito de Dios en hacerlos parte del hombre, es para aprender a dominar cada uno de ellos para ser usado para el bien, como se prescribe en la Torah. Estos placeres deben ser controlados y limitados».

El tercero es Grecia. El filósofo griego dice, «Dominación y placer no son tan nobles como las ocupaciones del intelecto. Estoy de acuerdo con los judíos que hablan de psique, de alma, de espiritualidad. La espiritualidad es un placer muy superior a la dominación y la lujuria física».

Su argumento es persuasivo pero defectuoso, y más peligroso que otros porque está muy cerca de la verdad. Voy a explicar esto usando el símbolo de la fiesta de Janucá, el aceite.

Una aceituna se compara al mundo físico. Es dura y amarga; no vale mucho por sí misma. Sin embargo, las aceitunas pueden presionarse para hacer salir su valioso aceite, el cual es dulce y útil.

El Talmud afirma: Rabí Yojanán dice:

«¿Por qué se compara a Israel con las aceitunas? Así como la aceituna no renuncia a su aceite a menos que sea presionada y aplastada, así también Israel regresa al bien solamente a través de la lucha y el sufrimiento».

El aceite de oliva es un símbolo del fruto de la lucha; es la sabiduría que uno gana después de sobreponerse a la adversidad.

El simbolismo, entonces, del aceite en la aceituna, es: el mundo físico no es un fin en sí mismo. Tiene una contraparte espiritual, abstracta. Y es esto lo que le da a la existencia física su verdadero significado.

¿Dónde estaba la diferencia real entre la filosofía griega y la Torah? La respuesta puede verse en las dos formas en las que uno puede usar el aceite.

El aceite de oliva tiene un sabor grato. En muchas culturas se considera un manjar. Por un lado, entonces, el aceite puede consumirse.

Por otro lado, el aceite tiene otra función: puede ser usado como combustible para luz.

El que consume el aceite es el único que puede disfrutar su sabor. Grecia quería usar la espiritualidad para sus propios fines. ése es el defecto de su argumento. Ellos dicen: «¡Sé espiritual! Ten tu religión para servirte a ti mismo.» Es su espiritualidad y su moralidad la que se alude cuando el versículo afirma: «La bondad de las naciones es (en realidad solamente) pecado». Todo lo que hacen es realmente sólo para ellos mismos.

El punto de vista de la Torah, sin embargo, replica, «Cierto, la función principal de la oliva es ser una fuente de aceite, pero el aceite tiene el propósito de ser usado para otros. Toma el aceite de oliva y después prende la menoráh (candelabro). De esta luz, cientos más pueden beneficiarse simultáneamente. Trae luz al mundo con éste».

Éste es el concepto de espiritualidad de la Torah. Debemos extraer el aceite de la oliva (a través de la diligencia y, si es necesario, con el sufrimiento) pero el aceite debe ser benéfico para todos; debe alumbrar al mundo entero.

Y esto es lo que Grecia trató de quitar. Los griegos llegaron al Templo y contaminaron todo el aceite, contaminaron la idea de aceite usado para fines desinteresados. Ellos afirmaban, «úsalo para ti mismo, para tu placer intelectual y estético; y no difundas la idea de usarlo para el bien de otros».

Grecia tiene un argumento delicado: El mundo está aquí para nosotros y la espiritualidad es otro tipo de experiencia que puede ser usada para nuestros propios propósitos. Pero ellos también deben oponerse a usar el aceite por su luz.

Ahora podemos entender el simbolismo de Abraham cortando solamente tres animales. La idea es que existen dos puntos de vista. Las civilizaciones que provocaron el exilio representan un punto de vista. Su punto de vista es contrastado y choca con el de la Torah. Al cortar Abraham los animales en dos, indicó que el buscador diligente de la verdad siempre será capaz de discernir las raíces de sus argumentos defectuosos y llegar a la verdad. En esencia, la Torah enseña que las experiencias físicas, emocionales e intelectual-espirituales tienen propósitos más elevados y desinteresados. ése es el propósito de la vida.

Por lo tanto, las perspectivas de Babilonia, Persia y Grecia pueden ser debatidas. Sin embargo, Edom, el cuarto imperio, es diferente. Abraham no cortó los pájaros. Y el Maharal explica por qué:

Redención de Edom

En el «Pacto entre las Partes», después que Abraham cortó a los animales, descendió un buitre sobre los cadáveres.

Un buitre (en hebreo: ayit, singular) bajó a los cadáveres y Abraham los (plural, es decir buitres) ahuyentó (vayashev) (Bereshit 15:11).

De acuerdo al Midrash, cuando el buitre descendió súbitamente sobre los cadáveres, Abraham tomó un instrumento pesado y trató, sin éxito, de matarlo. Sólo después tuvo éxito en salvar a los cadáveres, y en breve explicaremos cómo.

¿Qué representa el buitre?

De acuerdo a la simbología hebraica el buitre (un ave, es decir un animal en la misma clasificación que la paloma y el pichón) es Edom. (De hecho, el buitre es una tercera ave, que es el mismo número requerido en relación a los otros animales usados en el pacto). Es referido en el mismo versículo una vez en singular y luego en plural porque Edom abarca numerosas filosofías que están bajo el mismo único encabezado: «Opresor y Confusor de Israel». Asumen muchos nombres y caras, pero están unidos en un objetivo: confundir a Yaakov y vencer a Israel.

Leemos que después que Abraham ahuyentó al ave, se durmió:

Y sucedió, cuando el sol estaba a punto de ponerse, un profundo sueño cayó sobre Abram (Abraham); y he aquí, un temor, una gran oscuridad cayó sobre él. (Bereshit 15:12)

Como explican los Sabios del Midrash, el «temor» que experimentó Abraham fue una visión profética en relación a los cuatro exilios.

El significado profundo del pacto que acababa de cortar fue comprensible para él: al final de los cuatro exilios, justo antes de la llegada del Mesías, todos sus descendientes caerán víctimas de los cuatro exilios y la gran mayoría del pueblo judío perdería su identidad como judíos. Algunos van a ser eliminados físicamente a través de Babilonia, algunos van a ser afectados en su corazón y se volverán casi religiosos y algunos van a ser afectados en su intelecto y se van a volver creyentes fanáticos de ideologías extrañas.

Edom, la herencia de la cultura Occidental, entonces vendrá y combinará las culturas de los tres exilios previos. Sin embargo, no va a estar satisfecho con eso. él, como el buitre, se va a querer unir a las otras culturas en su intento de consumir todos los remanentes del pueblo de Israel.

A Abraham se le demostró todo esto en una visión de temor. Él percibió las pruebas y las tribulaciones de sus hijos, el pueblo de Israel. Él deseó salvar los remanentes finales, aun aquéllos que de una forma u otra eran nada más que cadáveres. Este es el simbolismo de haber tomado un instrumento pesado en un intento de matar al buitre.

Sin embargo, no podía hacerlo. No era posible.

Viendo que enfocarse en el buitre era infructuoso, se dio cuenta que la única solución era hacer volver en sí al cadáver. El Midrash dice que él lo logró haciéndolos hacer teshuvá, arrepentimiento. [La palabra vayashev, «y lo ahuyentó (al buitre)» consiste en la raíz de la palabra que puede interpretar al versículo para dar a entender: «y les provocó que retornaran», es decir, hacer teshuvá].

Abraham se dio cuenta que la única manera de apartar la influencia de Edom, que tiene el arsenal de los tres imperios previos a su disposición, es a través de la teshuváh.

El Maharal pregunta:

“¿Por qué no podía Abraham matar al buitre? La respuesta es porque no puedes debatir con él. Te dice que tienes razón y continúa en sus caminos. Él dice: «No me confundas con los hechos». Está enfocado en sus deseos y ningún hecho en el mundo lo va a hacer ver las cosas lógicamente. Por lo tanto, no hay debate.”

Este es uno de los errores que la gente comete cuando piensa que cualquier cosa puede obtenerse a través del debate. Puedes ganar el debate indiscutiblemente, pero si el perdedor determinó de antemano que no iba a cambiar, nada lo va a cambiar.

¿Entonces qué debe hacerse?

Debemos ir con nuestra propia gente y despertarla, como Abraham hizo con el cadáver. No deberíamos perder nuestro tiempo intentando matar al buitre o queriéndolo hacer cambiar. Todo vuelve para cambiarnos a nosotros mismos; cambiarnos en medio de la misma sociedad que su inercia y estancamiento espiritual son legendarios. Debemos regresar a nosotros mismos.

El Midrash continúa: ¿Cuándo va a ocurrir eso? ¿Cuándo va a convertir Abraham los remanentes en baalé teshuvá? La respuesta es: Cuando tus hijos se vuelvan como cadáveres, vacíos de todo, sin huesos, sin venas, sin recuerdo en ellos de que alguna vez fueron judíos. Entonces tu mérito, Abraham, los va a representar, vas a ser capaz de traerlos de regreso.

Esto es lo que estamos presenciando en la actualidad. Vemos el increíble regreso de judíos totalmente alienados. ¿Por qué no empezó hace cien o cincuenta años, cuando muchos de nuestro pueblo emigraron a la tierra de Israel? La respuesta es que entonces éramos como cadáveres, desprovistos de vida judía. Sin embargo, todavía teníamos algunos tendones y huesos, todavía teníamos muchas características de judaísmo. Todavía teníamos alguna fidelidad a una asociación superficial con judíos o judaísmo.

Y Abraham solamente viene cuando ya no queda nada. Es por esto que vemos el fenómeno que cuando más asimilados son sus antecedentes, más se despiertan a la Torah y se convierten en Abrahames individuales.

Ahora, ¿por qué el Midrash afirma que esta teshuvá iba a ocurrir específicamente por el mérito de Abraham? ¿Por qué no en el mérito de Yitzhak o de Yaakov?

Si Yitzhak o Yaakov vinieran a nosotros y nos dijeran que empezáramos de nuevo, nuestra respuesta sería: ¿Cómo puedo compararme contigo? Yitzhak, tú tenías de padre a Abraham; Yaakov, tu padre era Yitzhak, y tu abuelo Abraham. Es fácil para ti hablar de reconstruirse espiritualmente. Sin embargo, yo no tengo a nadie. ¿Cómo puedo empezar?

Sin embargo, Abraham viene a nosotros y dice: «¿Por qué no puedes empezar de nuevo? ¿Por qué no naces nuevamente?» No vamos a tener excusas porque Abraham puede respondernos, «No importa en qué circunstancias te encuentres, yo estaba en peores circunstancias cuando descubrí a Dios. Tuve que luchar en contra de mis propios padres. Mi padre Teraj, era un líder de idolatría. Nimrod, un dios autodeclarado, gobernaba a todo el mundo civilizado. Sin embargo, yo solo descubrí la verdad. Me di nacimiento a mí mismo. Revolucioné el mundo. ¿Por qué no puedes lograr lo mismo?

Cuando Abraham se presenta con este argumento, nadie tiene excusas. Todos nosotros podemos empezar de nuevo. Es por esto que se usa el mérito de Abraham.

No obstante qué tan lejos pensemos que estamos de la Torah, no estamos tan alejados. Cuando concibes la situación como una línea recta, mientras más te alejes del origen, más alejado estás del origen. Sin embargo, cuando te das cuenta que la situación es más similar a un círculo de 360 grados, entonces si empiezas a las 12, lo más que te puedes alejar de tu origen es 359.9 grados. No obstante, en ese punto estás a sólo un paso del comienzo.

[…]

La lección que nos están enseñando es la misma que la citada anteriormente: Cuando Dios nos despoja de todo, cuando no somos nada más que huesos desprovistos de piel y venas, entonces estamos listos para la redención. En el mismo momento en que la desesperación está en lo más alto y todo parece perdido, en ese preciso momento, podemos adquirir nuevamente todo a través de nosotros mismos.

Antes que el Mesías llegue, vamos a estar aparentemente lo más alejados de nuestros orígenes, 359.9 grados de lejanía. En ese punto, en realidad, estamos solamente un paso alejados de Abraham y nuestros orígenes.

El exilio es seguido inevitablemente de la redención. El fin de un círculo es el inicio del siguiente. En el Zohar, el proceso se llama atar el fin con el inicio. El pueblo de Israel nunca se puede perder. Es un asunto de círculos. Nosotros que somos los que estamos presenciando los últimos deterioros, somos los más cercanos a la renovación absoluta, y deberíamos aprender a tomar ventaja de esto.

Rab Ezriel Tauber


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Bondad versus Independencia

por Rav Yehonatan Gefen

Uno de los episodios más famosos de esta parashá es la destrucción de Sodoma. La ciudad de Sodoma no tiene parangón en su reputación de ser absolutamente malvada. Si bien esto es completamente cierto, parece simplista decir solamente que las personas de Sodoma eran sádicas y que sentían placer al dañar a otros. En lugar de eso, parece más lógico decir que su comportamiento emanaba de una ideología que los motivaba a actuar de esa manera. Para fomentar sus creencias, instituyeron un cuerpo de leyes que forzaba a la gente a adherirse a su cruel forma de vivir. ¿Cuál era la naturaleza de esta ideología?

Rav Itzjak Bérkovits explica que las personas de Sodoma creían que hacer jésed (bondad o benevolencia) con otra persona constituía un acto de crueldad. Al proveerle a alguien lo que necesita sin que se lo gane (meritocracia), se le estaría alentando a depender de los demás para obtener su sustento. Como esta persona siempre dependería de los demás, nunca podría ser un miembro independiente y productivo de la sociedad. Consecuentemente, instituyeron un grupo de leyes y castigos que evitaban que la jésed (bondad) destruyera la sociedad. Es más, sus castigos no eran formas arbitrarias de dañar a quienes osaran a ayudar a alguien, sino que representaban un entendimiento distorsionado de castigos medida por medida por el daño que percibían que el dador había infligido en la víctima con su jésed.

Por ejemplo, el Talmud en Sanedrín relata que cuando una niña trató de darle alimento a un pobre, la castigaron cubriéndola de miel para que las abejas comieran la miel y la picaran hasta que muriera (1). Aparentemente el mensaje que buscaban transmitir era que al hacer jésed (benevolencia) no estaba ayudando a la persona pobre, sino que la estaba destruyendo al hacerla débil y dependiente de los demás. Medida por medida, la castigaron cubriéndola con miel y obligándola a hacer jésed con las abejas, cuyo resultado fue la destrucción de la niña. Como ella había destruido con bondad, su castigo fue ser destruida por bondad (2).

El talmud continúa con otro castigo que recibió una persona por hacer jésed. Todo el que invitara a un extraño a una boda sería castigado siendo desnudado. ¿Cuál es la conexión entre el crimen y el castigo en este caso? Las personas de Sodoma creían que hacer jésed con alguien era desnudarlo de su dignidad, por haberlo convertido en un tomador. Medida por medida, le quitaban su dignidad quitándole sus ropas.

Pareciera que Dios castigó a Sodoma medida por medida por su cruel actitud hacia el jésed. Rashi nos dice que al principio comenzó a una lluvia suave caer sobre Sodoma, y que posteriormente se convirtió en fuego y sulfuro (3). La explicación simple de esto es que Dios les estaba dando una última oportunidad para arrepentirse. Sin embargo, en un nivel más profundo, estaban siendo castigados por medio de un acto de bondad que terminó siendo un acto de destrucción. Eso sintonizaba perfectamente con su lógica para castigar a otros: que el jésed es destructivo. Medida por medida, fueron castigados por algo que comenzó como jésed y terminó como destrucción.

La nación de Sodoma era tan malvada que pareciera difícil poder derivar alguna enseñanza que aplique a nuestras vidas diarias; es obvio que sus leyes eran extremadamente crueles y que su actitud era errónea. Sin embargo, en las décadas recientes, un aspecto de su filosofía encontró apoyo en el mundo: la idea de que ayudar a otro es dañarlo porque evita que se torne independiente. Esta actitud surgió como respuesta a la idea de los beneficios sociales, por medio de los cuales las personas sin empleo reciben un importante apoyo económico. Como resultado, muchas de esas personas pierden la motivación para buscar trabajo, eligiendo depender de los demás.

¿Cómo ve la Torah este aspecto de la perspectiva de Sodoma?

Aparentemente hay varios aspectos de la ley y perspectiva de la Torah que también enfatizan los beneficios de la independencia. El ejemplo más conocido de esto se encuentra en Proverbios: “Quien odie los regalos vivirá” (4), lo cual significa que la forma ideal de vivir es no apoyarse en regalos ni caridad. En esta misma línea, el Talmud dice que quien no tenga suficiente dinero para comprar algo extra para mejorar su shabat, debería tratar a su shabat como si fuera un día de semana y evitar pedirles dinero a los demás. Dada la gran importancia que tiene kavod shabat (honrar el Shabat) para la ley judía, es sorprendente que no apoyarse en los demás sea más importante que aceptar caridad para honrar Shabat (5). Basado en estos conceptos y leyes, ¿qué opina la Torah de la idea de que el jésed debilita a las personas?

La respuesta es que esas fuentes de Torah se enfocan en la manera en que cada individuo debería enfrentar su situación personal. Toda persona debería hacer su mejor esfuerzo para ser autosuficiente y que su sustento no dependa de los demás (6). Sin embargo, esta actitud se limita a la manera en que uno se ve a sí mismo; la forma en que debería ver a los demás es muy diferente: respecto a las necesidades de otras personas, deberíamos evitar toda clase de juicio sobre la razón por la que son necesitados y enfocarnos en cómo podemos ayudarlos.

A pesar de este énfasis en ayudar a quienes no pueden ayudarse a sí mismos, es muy importante notar que dado que la independencia es un importante valor para Israel, la manera óptima de ayudar a una persona es darle los medios para ser independiente, para que en el largo plazo no dependa de los demás. De hecho, el Rambam escribe que brindarle a alguien la posibilidad de encontrar trabajo para que sea independiente es la forma más elevada de caridad (7).

Sin embargo, hay muchas situaciones desafortunadas en las que las personas son incapaces de sustentarse, y en dichas instancias nos es comandado hacer lo mejor que podamos para ayudar.

El error que de la gente de Sodoma fue asumir que todos podrían tener éxito si tan sólo se esforzaran. No es cierto; muchas personas están dispuestas a intentar ser independientes, pero circunstancias externas se lo imposibilitan. Las personas de Sodoma nos enseñan la actitud equivocada hacia el jésed.


Tomado de: Aish Latino


Notas:

1. Sanedrín 109b.

2. Ver Lev Shalom (basado en shiurim de Rav Shalom Shwadron zt”l), Parashat Vaierá, quien ofrece otra explicación para el significado de su castigo.

3. Rashi, Vaierá 19:24.

4. Mishlé 15:27.

5. Pesajim 112b, 113a. Esta ley es mencionada en el Shulján Aruj, Óraj Jaim 242:1.

6. La pregunta sobre estudiar Torah jornada completa y por hacerlo necesitar una ayuda económica externa es un tema que no está relacionado con este artículo (ver Biur Halajá en simán 231, dh: bejol derajeja daheu, para una descripción básica del enfoque de la Torah a esta pregunta).

7. Rambam, Hiljot Matenat Aniim 10:7. 


Acerca del Autor:

Rav Yehonatan Gefen es un alumno del Rabino Itzjak Berkovits y miembro del Jerusalem Kollel.
Rav Gefen ha pasado más de 12 años de intenso estudio de la Torah y del Talmud en Aish HaTorah y el Jerusalem Kollel, y tiene un título en historia y política de la Universidad de Birmingham, Reino Unido. Rav Gefen ha escrito numerosos artículos para Hamodia y otras publicaciones.
Sus artículos inspiran a la gente de todo el espectro de la observancia judía a vivir con la vitalidad y la belleza de la Torah.


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¡Enoc Caminó con Dios!… ¿Cómo lo logró?

Por P.A. David Nesher

Y vivió Enoc 65 años y engendró a Matusalén. Y Enoc caminó con Dios durante trescientos años después de engendrar a Matusalén; y engendró hijos e hijas. Todos los días de la vida de Enoc fueron trescientos sesenta y cinco años. Y Enoc caminó con Dios; entonces ya no existía, porque Dios se lo había llevado.

Bereshit/Génesis 5: 21-22

En la parashá de esta semana, llamada Bereshit, la bendita Torah, en Génesis 5, enumera la genealogía de la humanidad, listando los nombres de las diez generaciones de descendientes desde Adam hasta Noaj (Noé). La lista consta solo de los descendientes del tercer hijo de Adán y Eva, Seth. Abel, por supuesto, fue asesinado por Caín, mientras que todos los descendientes de Caín perecieron en el Diluvio en el tiempo de Noaj.

El gran sabio Najmanides, más conocido como el Ramban , atribuye a Adam la extraordinaria longevidad de las personas que vivieron durante estas generaciones, muchas de las cuales alcanzaron los 800 años o más. Ya que todos descendieron directamente de Adán, quien fue creado físicamente perfecto por Dios, estas generaciones también fueron dotadas divinamente, lo que les permitió alcanzar una gran longevidad. Fue solo después del Mabul (Diluvio) que la duración de la vida de los seres humanos comenzó a declinar debido a la atmósfera moral degenerada. Desde esta interpretación, el sabio Maimónides sostiene que solo las personas verdaderamente justas vivieron vidas largas, y que la esperanza de vida de otros comenzó a declinar después de la generación de Adán.

Entonces, de acuerdo a los sabios, el narrador necesitaba la genealogía y la historia de Caín para mostrar el crecimiento del pecado y sus consecuencias globales, así mismo, necesitaba la genealogía setita porque para él la historia desemboca en Noaj (Noé) y desde allí marcar la ascendencia de Abraham como padre del Pueblo de Israel.

Ahora bien, es interesante que Bereshit/Génesis, en este capítulo 5, dedica cuatro versículos (21-24), a la vida de uno de los descendientes de Set, llamado Enoc, ( en hebreo: חֲנוֹךְ _ Janoj). Cabe aquí aclarar, que aunque previamente hemos encontrado el nombre de Enoc (Génesis 4:17) que era el hijo de Caín, este Enoc es un descendiente de Set. Al escritor le interesa así destacar que sólo los justos logran bendecir sus generaciones transfiriendo un linaje de adoración verdadera. Esta es la clara contraposición con los malos y degenerados descendientes de Caín.

En la Torah se enumeran diez generaciones desde Adán hasta Noé:

  • 1. Adán,
  • 2. Seth,
  • 3. Enós,
  • 4. Kenan,
  • 5. Mahalalel,
  • 6. Jared,
  • 7. Enoc,
  • 8. Matusalén,
  • 9. Lamec y
  • 10 . Noé.

Si prestamos atención, podemos ver que Enoc es el descendiente de Adán de la séptima generación, por lo que es considerado por el Midrash, Pesikta d’Rav Kahana como una persona de especial calidad. De hecho, Moisés también fue el séptimo de su generación.

Las Sagradas Escrituras no hablan mucho del profeta Enoc  (Janoj en hebreo). Sólo estos cuatro versículos cortos en Génesis hablan de su vida. El Eterno ha optado por escribir a las generaciones futuras sólo algunas palabras sobre este personaje tan importante en su día. Por lo tanto, en estos cuatro versículos hay grandes verdades reveladas que nos ayudan a entender los tiempos del fin y ser perfeccionados para las cosas que van a venir. 

Algunos maestros judíos actuales, fundamentándose en comentarios de Rashí, explican el relato de estos cuatro versículos, aduciendo que Janoj (Enoc) murió repentinamente a una edad relativamente joven. Claramente vivió significativamente menos años que cualquiera de los otros miembros de su familia, desde Adán hasta Noé, ya que,  irónicamente, su hijo Matusalén es conocido por vivir hasta los 969 años, más que cualquier otro ser humano. Ellos afirman que si bien Janoj era un hombre justo, también era propenso a descarriarse. A fin de evitar esto, Dios le acortó la vida, tal como se desprende de la expresión ya no estuvo, en vez de murió, o sea, no estuvo más en el mundo para completar los años que le habían sido asignados

Sin embargo, para la mayoría de los sabios antiguos, no está del todo claro que Janoj (Enoc) realmente murió. ya que la Torah señala enigmáticamente que “él ya no existía“. Así, el argumento más fuerte es que Janoj parece haber desaparecido. Justamente, tanto el sabio Ralbag  como Ibn Ezra, ven a Janoj como un tzadik (justo) que simplemente había completado su misión en el mundo, y ya no había ninguna razón para mantenerlo en esta existencia material.

Justamente el Targum Yonatán parafrasea el versículo del siguiente modo:

Y Janoj sirvió con verdad ante Dios, y he aquí que no se encontraba con los residentes de la tierra, pues fue tomado y subió al cielo por la palabra de Dios“.

¿Por qué Janoj fue tomado prematuramente por Dios? 

La Torah es bien clara al describir a Enoc como “caminando con Elohim” y “desapareciendo” porque Dios se lo llevó. En base a esto, el Midrash en Derech Eretz Zuta, al final del primer capítulo, enumera a Janoj como una de las nueve personas que merecieron entrar en el Jardín del Edén mientras aún vivían. Así mismo, el Targum Yonatan ben Uziel dice que el texto revela que Enoc no murió, sino que su espíritu simplemente dejó su cuerpo mortal y se transformó en una especie de ángel (de aquí saldrá una leyenda de que Enoc es el famoso ángel Metatrón).

Así mismo el comentario Bereshit Rabá (25:1), dice que en vez de decir que “murió” como así lo escribió con los demás antecesores, la Torah literalmente aquí dice con respecto a él (וְאֵינֶ֕נּוּ -veenenu-) que debe traducirse “y no estuvo más”, implicando con ello que ya no estuvo con el mundo físico, súbitamente desapareció del planeta, elevándose a otra dimensión. Así, y según la tradición, de acuerdo a Najalat Yaacob,  Janoj entró vivo al Gan Eden (el Jardín de Eden), el lugar dimensional que ha sido destinado para los tzadikim (los justos).  

Por consiguiente, lo que el texto da a entender en esta genealogía, es que durante la vida de Janoj (Enoc), el mundo había comenzado a deteriorarse moralmente y el pecado se volvió lentamente cada vez más común. La misión de la vida de Enoc era purificar el mundo a través de sus buenas y nobles acciones. Los sabios aseguran que si no fuera por la justicia de Enoc, el Diluvio habría llegado antes. Es más, algunos incluso atribuyen la salvación de Noaj y su familia a la influencia positiva de Janoj.

Queda aportar que tradiciones similares se registran en el Sefer  Siraj que presenta a Janoj como un varón piadoso, quien predicó teshuváh (el arrepentimiento) y reunió una vasta colección de discípulos, en la medida en que fue proclamado Rey de Justicia (Malki-Tzedek). Bajo su sabiduría, se dice que la paz reinó en la Tierra.

¿Qué es caminar con Dios?

Para lograr entender la idea, debo antes decir que existen tres temas principales que son revelados de la vida de Janoj: su vida familiar, su caminar con el Todopoderoso y su desaparición sobrenatural.

Si leemos el texto que nos ocupa, vemos que a los 65 años sucedió algo tan impactante en la vida de Janoj que cambió totalmente su cosmovisión.

Antes no había caminado con el Todopoderoso, pero ahora empezó una relación tan íntima con el Eterno que su fin en este mundo no terminó como los demás.

¿Qué fue lo que sucedió a sus 65 años?

Tuvo un hijo por primera vez en su vida. El nacimiento de su hijo Matusalén (en hebreo: Metushélaj), marcó su vida para siempre. El nombre de Metushélaj significa “su muerte, envió” o “cuando él muera, enviará“. Si hacemos un estudio de los años de las generaciones de estos capítulos, nos daremos cuenta de que justamente en el año de la muerte de Metushélaj vino el diluvio sobre el mundo y mató a todos menos ocho (Noaj y su familia).

Es decir, que en el momento del nacimiento de su hijo, Janoj, que era profeta, tuvo la revelación de lo que iba a pasar 969 años más tarde, cuando este maravilloso ser que acababa de nacer iba a morir. Esta revelación de la destrucción de casi todos los hombres de la tierra y de la Tierra misma causó un impacto tan fuerte en la vida de este hombre que empezó a poner las prioridades de su vida en su orden correcto. “¿Para qué vivo yo si luego todo va a ser inundado? Mejor dedicarme a lo que tiene un verdadero sentido y lo que podrá permanecer eternamente.” Así fue como después del nacimiento de su primer hijo, Janoj empezó a caminar con el Todopoderoso. El impacto de este nuevo ser creado que ahora se introdujo en la vida de Janoj y su esposa le ayudó a acercarse al Eterno y caminar con Él. 

Ahora sí puedo explicar que caminar con Dios significa cumplir sus mandamientos. La forma sustantiva de la palabra hebrea halaj, “caminar”, es halajáh, que significa “el caminar”. Halajáh es un término técnico dentro del que se refiere a las ordenanzas que las autoridades establecen con el fin de poder poner en práctica los mandamientos de la Torah en cada situación de la vida de cada israelita.

Según el testimonio que dan las mismas Sagradas Escrituras, caminar con Dios significa caminar por la fe (2 Corintios 5:7), caminar en la luz (1 Juan 1:5-7), y caminar de acuerdo con Dios (Amós 3:3).

En pocas palabras, caminar con Dios significa tener una comunión constante y familiar con Él. La mejor comparación sería la relación de los mejores amigos. Así fue como Enoc se relacionó con Dios.

Después de caminar así con Dios, es como si un día Dios le dijo a Janoj:

Tú no necesitas caminar en la Tierra,… ¡Ven a casa! ¿Por qué no simplemente caminas a conmigo en mi casa?

Entonces, desde esta explicación podemos entender que Caminar con Dios te hace: 

  • 1) entender a Dios en Su Intención. 
  • 2) ingresar cotidianamente a las otras dimensiones del espíritu 
  • 3) te traslada de las tinieblas (la fisicalidad y sus ilusiones) al reino de Dios y Su Verdad.
  • 4) te hace pensar como Dios, el mensaje de Dios solo lo entienden los que caminan con Él.
  • 5) te hace repudiar lo que Dios repudia.
  • 6) te impregna de Dios, hueles a Él (como el sacerdote en el altar del incienso)
  • 7) te somete a la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta (Rom. 12;2).
  • 8) Te hace conocer los diseños de Dios para lograr el propósito de tu vida. 
  • 9) Te permite impregnarte de su poder para emularlo aquí en la Tierra
Caminar con Dios es la praxis misma de la Fe verdadera.

El autor del libro mesiánico a los Hebreos, dice:

Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver la muerte “, y no fue hallado, porque Dios se lo había llevado”, porque antes de ser trasladado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.
(Hebreos 11:5)

Al leer este versículo desde el contexto de la Torah, queda bien claro que no se puede caminar con Dios (o agradar a Dios), apartado de la fe verdadera (hebreo: emunáh).

Por lo tanto, caminar con Dios es un estado de la fe. Es una materialización diaria de la certeza y convicción que nos sostiene. Fe suena a algo etéreo pero caminar con Dios es algo más práctico y cotidiano.

¡Caminar con Dios es sinónimo de andar en amistad con Él!

Enoc y su Mensaje de los Últimos Días.

Las Sagradas Escrituras también nos dicen que en un momento dado en la vida de Enoc, profetizó acerca de las personas que vivieron durante ese tiempo (Judas v. 14) De este modo, al citar Judas la misión profética de Janoj, revelaba que ese tipo de personas han vivido desde entonces hasta el Día de la Venganza de YHVH (fin del sistema de cosas). Estas personas son aquellas que usan y abusan de la gracia de Dios como excusa para vivir equivocadamente. Ellos ”… rechazan la autoridad” (Judas v. 8 RVC) y viven como animales salvajes, haciendo lo que se les da la gana. Son seres humanos que se quejan por todo, critican a los demás, buscan satisfacer sus propios deseos, son arrogantes y alardean de sí mismos adulando a otros para sacar provecho (Judas v. 16) Estas son personas que no agradan a Dios.

Janoj (Enoc) dio una profecía acerca de ellos.

Dijo:
«¡Miren! El SEÑOR viene con sus miríadas de santos. Viene para juzgar a todos.»

(Judas 1:14, 15b. RVC)

Es evidente que desde la caída de la humanidad en pecado, el mensaje del Espíritu de la Profecía ha sido el mismo: el Eterno juzgará a todos los impíos por todas las cosas malas que han hecho.

Por último, recalcaré lo maravilloso que la Torah nos revela:

“Enoc anduvo siempre con Dios, y un día desapareció porque Dios se lo llevó.”
(Génesis 5:24 RVC)

¡Janoj (Enoc) no murió! ¡Enoc caminó tan cerca de Dios que Dios simplemente se lo llevó al cielo un día! (Hebreos 11:5a.) “Pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios.” (Hebreos 11:5b NVI). Este evento constituye una figura profética de lo que pasará en los últimos tiempos cuando los santos y fieles del Eterno seremos arrebatados a los aires para luego ser trasladados a Jerusalén en Eretz Israel (la tierra de Israel) para allí compartir el reino mesiánico para siempre.

Ahora,… pregunto: ¿Y qué de ti? ¿Agradas a Dios? ¿Caminas y platicas con Dios durante el día? Allí mismo, en la epístola a los Hebreos, en el famoso capítulo de la fe, encontramos un versículo justo después del versículo acerca de Enoc que es la clave de lo que he venido hasta aquí diciendo:

“Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe, y que sabe recompensar (dar galardón) a quienes lo buscan.”
(Hebreos 11:6 – RVC)

¡Caminar con Dios tiene galardón! Hay galardón para ti si caminas con Dios. ¡Es una gran inversión! Justamente este versículo se ubica, luego de citar la actitud de Janoj, y nos deja una muy práctica explicación de lo que es la fe:

Ahora bien, tener fe es estar seguro y certero de lo que se espera; es
estar convencido de lo que no se ve.

(Hebreos 11:1 RVC)

No podemos ver a Dios, pero podemos estar seguros que Él existe mediante la emunáh (fe) que se materializa en el caminar con Dios.

Caminar con Dios es volver a la posición de antes de la caída. Enoc fue amigo de Dios y paseaba diariamente con Él. Vimos en el capítulo dos de Bereshit que Adan charlaba con Dios en el huerto cotidianamente. Hoy, nosotros tenemos esta posibilidad habilitada a través de Yeshúa. Con Él y su YUgo podemos caminar con Dios. Él se hizo pecado para librarnos a nosotros del pecado, para romper el velo de separación que existía entre el hombre y Dios.

Entonces te vuelco a preguntar: ¿Has decidido darle tu vida a Dios por fe, creyendo que Él es quien Él dice que es? ¿Lo harás el día de hoy?

¡Por favor, escríbeme y hazme saber lo que has decidido hoy!

Shalom!


Bitácora Relacionada:

“La Hora de la Comida – La Hora de La Guerra”

En hebreo la palabra Pan se dice Lejem que proviene del vocablo Lejima que significa Guerra.

La persona en el momento de la comida se encuentra en una guerra de instintos (deseos y espiritualidad) y recae sobre esta persona dirigir sus acciones y disfrutes en Nombre de YHVH altruistamente.

(Tomado de: El ZOHAR – PARASHA EKEV)

Los Tesoros Ocultos del Rey (Parashá Ki Tavó)

por P.A. David Nesher

“…Y el Eterno te ha ensalzado hoy para que seas para El su pueblo preciado como te lo ha hablado, y para que observes todos sus preceptos,…”

Devarim/Deuteronomio 26:18

¿Qué significa que el Creador haya apartado al pueblo de Israel como Su “am segulah,” es decir: “Su pueblo preciado”?

El sabio exégeta Rashí explica:

Segulah significa un tesoro preciado….receptáculos de lujo y piedras preciosas, que los reyes guardan. Asimismo, seréis para Mí un tesoro especial sobre todos los pueblos.”
(en Shemos 19:5)

La comparación del pueblo hebreo con los tesoros que el rey guarda es precisa.

El significado de estos tesoros preciosos se encuentra precisamente en el hecho que están guardados, y no están destinados para usarse.

Estos “receptáculos de lujo y piedras preciosas” no financian las agendas nacionales ni las campañas militares, ni agregan belleza a su corona ni a su palacio. Son acumulados y ahorrados para ningún otro propósito que su misma existencia, para pertenecer al rey y que se deleite en ellos. De hecho, la posesión del rey de tales tesoros nacionales, amasados simplemente en aras del placer que obtiene de ser su dueño, es parte de lo que lo hace un rey —contribuye a su sentido personal de reinado y eminencia.

Este es el significado de por qué el Eterno apartó al pueblo de Israel como su “pueblo preciado”, queriendo decir que su valor trasciende incluso el “propósito” que sirven.

Ciertamente, a través de observar los mandamientos del Creador, el pueblo escogido revela el reino del Eterno a lo largo del mundo, por tanto expandiendo su “reinado”.

La identidad esencial de un redimido, sin embargo, no es el propósito que sirve, sino el deleite que su mera existencia le trae al Creador. Como los tesoros ocultos de un rey, la mera existencia de un miembro de Israel es una fuente de deleite para el Eterno, incluso antes de cumplir lo que el Eterno le demanda.

Terremotos: Instrumentos Divinos para Dejar de Hacer el Mal.

Por P.A. David Nesher

El martes, y mientras Latinoamérica se encuentra en el pico de la ola de esta pandemia, fuimos sorprendidos por un fuerte sismo que alertó a todo México.

Entonces, y como es natural, me llegaron mensajes de lectores mexicanos que reflexionando acerca de por qué este tiempo tan lleno de circunstancias negativas, preguntan: ¿fueron los temblores del martes una mera “coincidencia” o un mensaje del Alto y Sublime con respecto a la prevalencia de la rebeldía humana contra la Torah?

La gran mayoría de los seres humanos, programados por la ciencia atea reptiliana, cree que Dios nada tiene que ver con los terremotos y los últimos desastres que están sucediendo en el mundo. Pero, entendiendo y aceptando que el Eterno es el Creador del Cielo y la Tierra, nos damos cuenta que las Sagradas Escrituras tienen mucho que decir al respecto, revelando que los terremotos juegan papel importante en los tratos amorosos de Dios para con Su Pueblo y las naciones.

La Historia de la Salvación llena de Terremotos.

Primeramente diré que a lo largo de toda la historia bíblica ocurrieron sacudidas o temblores de tierra como resultado de fuerzas geológicas naturales (Zacarías 14:5), o como resultado de la intervención directa de Dios bien con fines judiciales o para cumplir algún propósito relacionado con sus siervos en las naciones.

Cuando entregó la Torah en el Monte Sinaí, se produjo un formidable terremoto, inclusive con alguna actividad volcánica, lo que constituyó un marco impresionante para aquel acto (Éxodo 19:18; Salmo 68:8.) El Eterno tuvo una intervención directa en aquella demostración de poder, pues habló desde la montaña por medio de un ángel (Éxodo 19:19; Gál. 3:19; Heb. 12:18-21).

La aterradora potencia destructiva de los terremotos en ocasiones ha sido prueba del juicio de Yahvéh contra los que quebrantan su Torah (Nahum 1:3-6.)

Esta semana hemos visto como YHVH se sirvió de un terremoto para ejecutar a los rebeldes Datán y Abiram, así como a la casa de Koraj. El registro dice que la tierra abrió su boca y los tragó, haciéndolos descender vivos al Sheol. (Números 16:27, 32, 33.)

También ocurrió un temblor de tierra antes de que Yahvéh corrigiese a Elías y volviera a encomendarle nuevas asignaciones de servicio (1Reyes 19:11-18).

Otros terremotos han ocurrido milagrosamente para ayudar al pueblo de Israel, como cuando Jonatán y su escudero atacaron con audacia una avanzadilla filistea. En respuesta a su fe, YHVH originó un terremoto que puso en confusión a todo el campamento filisteo, de modo que se mataron entre ellos y los sobrevivientes se dieron a la fuga. (1Sam. 14:6, 10, 12, 15, 16, 20, 23).

Al leer los Evangelios encontramos que hacia las tres de la tarde del día en que murió Yeshúa, un terremoto hendió las masas rocosas, con lo que las tumbas conmemorativas se abrieron y arrojaron los cadáveres que había en ellas. Además, la cortina del santuario del Templo de Jerusalén se rasgó de arriba abajo (Mt. 27:45, 51-54; Luc. 23:44, 45).

Otro terremoto ocurrió el día de la resurrección de Yeshúa, cuando un ángel descendió del cielo e hizo rodar la piedra que impedía la entrada a la tumba. (Mt. 28:1, 2).

El apóstol Pablo y su compañero Silas recibieron respuesta a sus oraciones y canciones de alabanza cuando un gran terremoto abrió las puertas de la prisión y soltó las cadenas de los prisioneros. Este incidente llevó a la conversión del carcelero y su casa (Hch. 16:25-34).

Yeshúa mismo predijo que los terremotos en gran cantidad y magnitud serían una de las características de la señal de su presencia. (Mt. 24:3, 7, 8; Luc. 21:11).

El Terremoto como Producto Final del Trato a mi Prójimo.

Resulta ser que en el hebreo, la palabra Ra’ash [רעש] con tres letras: resh, ayin, shin, se traduce como temblor, sismo o terremoto, y proviene de la raíz de tanto de mal [רע] (Ra’a) así también como de [רע] (Re’a) que se traduce como prójimo.

En el lado “malo” del término, podemos ver que (Ra’a) tiene una letra Shin [ש] ‘añadida’. Si ponemos atención en la forma de esa letra, notaremos que es como los shináim (dientes), es decir, que está relacionada con la Lashón Hará (traducida como “Lengua Mala” o “Mal Hablar“). Es decir que en la cosmovisión celestial el lashón hará se encuentra implícito en el concepto del temblor y/o terremoto.

Ahora bien, entendemos y aceptamos que de quien se suele hablar mayormente mal es del Re’a, es decir, del prójimo.

Es interesante también saber que hoy día, en el hebreo moderno , a los temblores se les dice también רעידת אדמה (Reídat Adamá) o רעש אדמה (Rash Adamá) podemos ver que es la misma raíz.

En verdad, no cuento con toda la capacidad para responder la pregunta de mis lectores mexicanos con certeza de qué fue lo que originó el terremoto del martes, pero sí puedo aportar lo que en el Talmud Yerushalmi se explica acerca del tema de los sismos. En la sección Berajot (9: 2), los sabios afirman que los terremotos son causados por varias formas de conducta negativa que enojan al Ribono Shel Olam (Soberano Oculto del Mundo).

Entre esas varias razones para el inicio de un terremoto, el Talmud Yerushalmi, a través de Eliyahu Hanabí, dice:

“Se le preguntó a Rav Nehorai:
“¿Por qué ocurren los terremotos?”
Rav Nehorai dijo: “Debido a los pecados de aquellos que no separan Ma’aser (diezmo) de sus productos“.

Allí continúa dándose la explicación de como el Ma’aser está asociado a liberarse del egoísmo, desde donde la tierra es elevada a la armonía celestial.

Después de un análisis de por qué no tomar ma’aser conlleva tanta severidad, el Talmud Yerushalmi declara otra razón para que se produzcan sismos:

Dijo Rav Ajá:
La tierra tiembla debido al pecado de toevah (homosexulidad). El Eterno dijo: ‘Usted participó en un acto antinatural. Por tu vida, sacudiré la tierra a causa del acto de esta persona.”

El Talmud Yerushalmi luego relata que los Jajamim también dijeron que “la tierra tiembla a causa de disputas“, y Rav Shmuel dijo: “Un terremoto es una señal del cese o fin del reinado de una era“.

La declaración de Rav Ajá que correlaciona el comportamiento desviado con los terremotos es la que la gente meditará. Que nos merezcamos ver la gueuláh (redención) pronto, con el reinado del Ribonó Shel Olam y la verdad eterna de su Torah reconocida en todo su mundo.

¡La Era de la Estructura Babilónica está llegando a su Fin!

Una cosa queda por decir al finalizar esta bitácora, y es que el Eterno puede usar los terremotos en juicio simplemente porque Él es soberano y anhela que todos los hombres procedan a teshuváh (arrepentimiento – 2 Pedro 3:9). Todos los fenómenos naturales —terremotos, vientos, tormentas, lluvias, granizos y demás— están bajo el control divino soberano y son parte de su arsenal para gobernar al mundo con justicia.

Todos debemos entender y aceptar que los caminos de YHVH son mucho más altos que los nuestros (Isaías 55:9). Debemos creer que lo que Él creó es “bueno” (Génesis 1:31), y por lo tanto, Él lo usa para comunicarse con la humanidad. El temblor de la tierra recuerda al ser humano que aunque puede tener dominio sobre la Tierra, es mortal (“como hierba son sus días” – Salmo 103:15). 

Cualquiera sean los logros de la humanidad, el Nombre del Eterno debe ser reverenciado y honrado. Sin embargo, la hostilidad de la humanidad siempre ha sido construir cada vez mejor, pero sin Dios y Su Instrucción. Así, lo que Dios puede destruir, el hombre, en su rebeldía, se esforzará por reparar. Aún más, la humanidad se comprometerá en desafiar,  superar y construir mejor y más alto. Ese es el espíritu rebelde del hombre que se encuentra revelado en la Torah, desde que Nimrod creara el sistema babilónico, lo que hoy conocemos como Nuevo Orden Mundial.

“[…] Efraín y los habitantes de Samaria, dicen con orgullo y arrogancia de corazón, los ladrillos han caído, pero reconstruiremos con piedra vestida; las higueras han sido taladas, pero las reemplazaremos con cedros
(Isaías 9:9-10). 

Los seres humanos se unen para desafiar los juicios divinos. No sólo eso, ellos dicen que reconstruirán “mejor”. El espíritu de Edom (Roma) puede decir: “Aunque hemos sido aplastados, reconstruiremos las ruinas”.  Pero esto es lo que dice YHVH de los ejércitos: “Pueden edificar, pero destruiré. Ellos serán llamados la Tierra Malvada, un pueblo siempre bajo la ira de YHVH ’”(Malaquías 1:4).

El Eterno, por supuesto, puede demoler todos los logros y las estructuras de la humanidad… incluyendo los de esta edad postmoderna.

Compensación por Varios Tipos de Daños.

El Midrash Dice

Si una persona, por asestar un golpe a otra, le causó daño en una o varias de las cinco siguientes formas, debe hacer restitución:

1. nezek – causando daño físico

2. tzaar– causando dolor

3. ripui– causando gastos médicos

4. shevet– causando ausencia del trabajo

5. boshet– causando humillación

Nosotros explicaremos ahora en más amplio detalle los precedentes tipos de daños:

1. Nezek: Si el agresor causó a la víctima perder, o lesionar un ojo, diente, mano, pie o cualquier otro miembro u órgano, el Beit Din calcula por cuánto el valor de este hombre se disminuiría por causa del impedimento si él fuera a ser vendido como esclavo. El asaltante debe pagar la suma que el Beit Din calculó como valor del miembro. (El valor de miembros u órganos no puede ser estandarizado dado que su importancia varía de acuerdo con la ocupación del hombre. Alguien que se gana la vida por medio de labor manual y pierde una mano recibe una compensación más grande que la de un intelectual que pierde una mano.)

2. Tzaar: Además de compensar a la víctima por el daño que sufrió por la pérdida o lesión de un miembro, él es requerido de pagarle por todo dolor físico causado por el accidente. La suma de retribución depende de la severidad del dolor.

3. Ripui: El atacante es responsable de los honorarios médicos y otras expensas médicas resultantes de su golpe.

La Torá expresa (Shemot 21:19), “y él pagará los honorarios del facultativo,” de lo cual nosotros podemos deducir la regla de que es permisible para un Judío ocuparse de curar a los enfermos.

Cuando R. lshmael y R Akibá caminaban juntos en las calles de Ierushalaim, ellos fueron abordados por un hombre enfermo que ‘Os Interrogó, “Mis maestros, por favor aconsejadme, ¿cómo seré curado?”

Ellos le dieron instrucciones acerca de las medicinas apropiadas para tomar.

Entonces él los interrogó, “¿Quién me causó volverme enfermo?”

“El Creador,” ellos replicaron.

“Si es así,” él arguyó, “vosotros no deberíais entremeteros en Sus asuntos. Dado que El me enfermó, ¿por qué vosotros transgredís Su voluntad intentando curarme?”

Ellos le explicaron la respuesta formulando una pregunta.

“¿Cuál es vuestra profesión?” demandaron de él.

“Soy un granjero,” él replicó.

“¿Quién hizo crecer a las uvas en vuestro viñedo?” ellos preguntaron adicionalmente.

“El Creador,” fue su réplica.

“¿Por qué entonces vos podáis y aráis y trabajáis el viñedo, entrometiéndoos en Sus asuntos?” ellos inquirieron.

«¡El viñedo no producirá,” él respondió, “al menos que yo libre la tierra de piedras, fertilice, y la are!”

Ellos entonces opusieron, “¡Ahora vos seguramente comprendéis la estupidez de vuestra pregunta! El hombre reacciona en la misma manera como las plantas del campo; al igual que una planta sólo se desarrollará apropiadamente si ella es nutrida y regada, así el cuerpo humano puede florecer sólo si es provisto con las nutrientes y medicinas apropiadas.”

4. Shevet: Si el agresor causó a la víctima una pérdida financiera por impedirle ir a trabajar, él debe pagar por ello.

5. Boshet: Aún si un hombre insultó a otro verbalmente o asestó un golpe el cual no causó daño real sino meramente lo humilló, la cuestión es traída ante el Beit Din. Los Jueces estiman el monto de la compensación financiera que es debida a la víctima por la vergüenza que sufrió. El atacante debe pagar la suma determinada por el Beit Din.

*************

HaShem luego explicó a Moshé las detalladas halajot de hacer restitución por haber causado daño poniendo un obstáculo o trampa sobre propiedad pública, por haber causado un fuego, y por un propietario cuyo animal causó daño. El Beit Din está a cargo de calcular la cantidad que la parte culpable tiene que pagar, de acuerdo con las reglas expuestas en parshát Mishpatím.

Reembolso de Propiedad Robada y Prohibición de Engaño

Si dos testigos observan una cosa robada entre las posesiones de un hombre o en su propiedad, el ladrón debe retornar al propietario la misma cosa, y en adición el efectivo equivalente de su valor. Si el objeto robado ya no es recuperable, él debé reembolsar en efectivo doble del valor del objeto robado. Esta ley se aplica sólo a uno que actuó furtivamente (Ganab). Sin embargo, quien roba a plena luz del día (Gazlan) necesita devolver sólo el objeto robado, mas no el efectivo equivalente. El ganav es considerado más culpable, porque actuando secretamente él demostró que teme sólo a las personas, pero no al todo vidente Ojo del Todopoderoso.

Por un buey o un cordero robado la Torá demanda un reembolso más grande: Si alguien robó un buey, lo sacrificó y vendió, él debe devolver cinco bueyes. A cambio de un cordero robado, el ladrón debe pagar cuatro corderos.*

*La Torá castiga el robo de bueyes y corderos más severamente que aquel de toda otra propiedad, dado que estos animales son la propiedad más vital de un granjero sin los cuales su subsistencia es puesta en peligro (Torá Temimá)

¿Por qué el reembolso por una oveja robada es cuádruple, mientras la Torá demanda por un buey robado un reembolso de cinco bueyes?

1. El buey es el más valioso de los dos animales dado que realiza labor para su amo, mientras la oveja no lo hace.

2. Hashem con esto nos enseña a nosotros que El está interesado en el honor de todo ser humano, aún aquél de un ladrón.

robar la oveja el ladrón tuvo que degradarse a sí mismo, porque él

llevó sobre sus hombros. Un buey, sin embargo, es fácilmente conducido fuera. Hashem toma su vergüenza en consideración y disminuye su reintegro.

La Torá considera un ladrón no sólo a uno que roba propiedad, sino también a alguien que actúa de una manera engañosa hacia otros.

Incluidos en esta categoría están:

* Quien insiste en que otro coma con él, mientras en su corazón nó desea tenerlo como huésped.

* Quien ofrece presentes a otro sabiendo de antemano que el otro no los aceptará.

* Un vendedor que es deshonesto respecto de sus pesos y medida.

*Un vendedor que mezcla mercancías de alta calidad con mercaderías más pobres, engañando al comprador.

La Torá considera a uno que actúa fraudulentamente como un ladrón; un tal ejemplo es Abshalóm, el hijo del Rey David.

Abshalóm, el hijo de David, se rebeló en contra de su padre. Buscando establecerse a sí mismo como rey. El solía levantarse temprano y pararse junto a la entrada del Beit Din. Cuando alguien entraba para ser juzgado por el Rey David, Abshalóm lo comprometía a él en conversación, preguntando, “¿De que ciudad vienes?” El hombre contestaba, y entonces Abshalóm astutamente le decía, “Vuestros alegatos son justos, no obstante nadie en la corte de ley del rey os escuchará ¡Si sólo yo fuera hecho Juez de la tierra, aseguraría justicia para todos!” Cuandoquiera que alguien se aproximaba a Abshalóm para hacerle una reverencia, el príncipe extendía su brazo, acercaba al hombre, y lo besaba. Así, Abshalóm robó los corazones de los hombres de Israel.

Tomado de: Chabad.org

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Te invito a leer esta BITÁCORA relacionada con este tema:

Señalar al Culpable

por Rav Ari Kahn

Vaerá (Shemot/Éxodo 6:2-9:35)

Ideas avanzadas basadas en el Midrash y la Kabbalah.

Tal como Dios le había prometido a Abraham cientos de años antes, los hebreos, sus descendientes, saldrían de Egipto, pero el éxodo no sería instantáneo sino que se desarrollaría lenta y deliberadamente. Moshé es enviado a “negociar” la liberación de los esclavos israelitas, pero el Faraón niega conocer al Dios de Israel (Shemot 5:2) y se mantiene firme. Desde el comienzo, el Faraón elige hacer las cosas “por las malas”.

A Moshé y Aharón les ordenaron mostrar la fuerza y el poder del Dios que el Faraón afirma no conocer, y sus instrucciones son bastante específicas: deben usar la vara, un símbolo con el que Dios ya le mostró Sus milagros a Moshé. Debemos resaltar que la vara, el símbolo del pastor, se transforma en un cocodrilo,1 uno de los símbolos más importantes de Egipto.2 Cuando los hechiceros del Faraón logran imitar esta misma muestra de poder, el Faraón piensa que ese “milagro” no es nada más que un truco de magia. Pero cuando la vara de Aharón3 se traga la representación simbólica de Egipto, el Faraón comienza a preocuparse. Para él, la escena que acaba de presenciar es un presagio apocalíptico. Los hebreos, que llegaron a Egipto siendo pastores, fueron excluidos, menospreciados4 y eventualmente esclavizados. Ahora estaban allí, sugiriendo que los pastores esclavizados se tragarían a todo Egipto, que lo harían desaparecer. Sin embargo, pese a sus temores, el Faraón pone cara de malo y sigue adelante.

Poco después se convierte en sangre el Nilo, un pilar no sólo de la economía egipcia sino también de su teología.5 Ante los ojos egipcios, la deidad que adoran como una poderosa fuente de vida parece mortalmente herida. Una vez más los hechiceros del Faraón repiten el milagro y crean más sangre, dándole al Faraón una excusa para continuar con su comportamiento desafiante.

Si el Faraón hubiera analizado la situación con objetividad, la lógica le hubiera dictado un curso completamente diferente. Incluso en esta etapa temprana, el Faraón debería haber entendido que ya había perdido la guerra, aunque sus hechiceros lograron terminar cada batalla con un aparente empate. Cada uno de los pequeños y simbólicos ataques de los representantes de los hebreos se enfocó en un símbolo egipcio de poder, un símbolo de lo que hacía poderoso al Faraón. A medida que continúa el proceso de liberación de los judíos, se verán atacados más símbolos fundamentales de Egipto, incluyendo la oscuridad que eclipsará al dios sol, que es el Faraón mismo.

Pero el Faraón no efectúa un análisis desapasionado. La plaga siguiente, ranas, sigue rápidamente a la primera. Como si el descalabro generado por Moshé y Aharón no hubiera sido suficiente, casi cómicamente los hechiceros del Faraón crean todavía más ranas, incrementando el ruido y la destrucción.

Nuevamente el Faraón se envalentona cuando su equipo se mantiene a la altura del desafío. Sus hechiceros apuntalan su coraje lo suficiente para enfrentar el siguiente castigo: piojos. Aunque puede ser que esta no sea la peor de las plagas, sin dudas es molesta. Pero esta vez la plaga desciende sobre Egipto sin previo aviso. Los piojos simplemente aparecen, y todo el polvo de la tierra se transforma en piojos o es consumido por ellos. Esta vez, aunque los hechiceros intentan imitar la maniobra, no lo consiguen.

Los magos hicieron lo mismo con sus hechizos para producir piojos, pero no pudieron 
(Shemot 8:14)

Al fracasar, los hechiceros debieron ser particularmente cuidadosos: una palabra fuera de lugar podía llevar a un final dramático y repentino de sus carreras… y de sus vidas. Midiendo sus palabras, transmiten a su rey una declaración meticulosamente pensada:

Los magos le dijeron al Faraón:
“¡Este es el dedo de Dios!”.
Pero el corazón del Faraón se endureció y no los escuchó 

(Shemot 8:15).

El texto hebreo de esta declaración es extremadamente breve, sólo tres palabras. Pero esas palabras tienen una importancia crítica. Si las leemos como se debe, entendemos que transmiten un mensaje muy fuerte. En primer lugar, es posible que los magos hayan intimidado al Faraón al decir que el Dios de los judíos existe y que es más poderoso que los dioses egipcios. Por otro lado, como señalan muchos comentaristas, los magos usaron una forma muy genérica para referirse a Dios. ¿Quizás se estaban refiriendo a una deidad egipcia y no al Dios de los judíos? ¿Trataban de impartir un nuevo escepticismo respecto al dominio continuo del Faraón sobre los judíos, o estaban atribuyendo los milagros a una fuente ajena al Dios de los judíos?

Los comentaristas debaten sobre la intención de las palabras de los hechiceros. Su declaración habla sobre el poder de un dios, ¿pero qué dios?6 Desde la primera confrontación con los nuevos líderes de los hebreos, el Faraón negó conocer al Dios de Israel. La pregunta respecto al nombre con el que Dios es conocido es un tema central del libro de Shemot. Moshé presenta este tema en su primer encuentro con Dios en la zarza ardiente. La respuesta de Dios fue muy precisa: el “Nombre Inefable“, con el que Moshé debía presentar a Dios tanto a los israelitas como a los egipcios. Sin embargo, los hechiceros no usaron este nombre, ni ningún otro apodo claramente identificable. El término que usaron, “Elohim“, es un nombre más genérico y no específico de Dios, uno que a menudo se usa para referirse a dioses de idolatría e incluso puede utilizarse para hablar de poderosos jueces o gobernantes humanos. ¿Cuál fue la intención de los hechiceros al usar el término que traducimos como “el Todopoderoso”? Quizás, tan importante como la pregunta anterior, ¿qué fue lo que entendió el Faraón?

Como dijimos, la plaga de los piojos llegó sin una advertencia previa, lo que dejó la puerta abierta para que la atribuyeran a causas naturales. Al parecer los magos no deseaban darle al Faraón el consejo que necesitaba escuchar: “Esta es la mano del Dios Inefable de los hebreos, que vino a castigarte por tus pecados en contra de Su pueblo“. En cambio, le restaron importancia al ataque describiéndolo como “el dedo de Dios“, un término poco claro que el Faraón podía elegir entender como una “fuerza de la naturaleza” o incluso como “el acto de un dios egipcio“.7

La falta de advertencia previa, que hace que la plaga de piojos parezca ser sólo un evento fortuito de la naturaleza, junto a la minimización de la responsabilidad de Dios en la plaga, le permitió al Faraón continuar con su negación. Sus “consejeros” resultaron ser empleados serviles que temían decir lo que sabían, lo que era obvio que su jefe no quería escuchar: que Egipto estaba perdido, y que enfrentaban un poder incomprensible e incomparable. En cambio, alentaron al Faraón a mantenerse firme y seguir abusándose.

De todas formas, la culpa de las malas decisiones del Faraón no yace exclusivamente en los hechiceros, sino que es compartida. Un jefe mejor hubiera tenido mejores consejeros. Si el Faraón hubiera creado una atmósfera de diálogo sincero, si hubiera permitido opiniones discrepantes, su equipo no habría sido tan reticente. Si el Faraón hubiese alentado la expresión y la discusión honesta, sus consejeros podrían haber expresado sus dudas o realizado sugerencias novedosas para enfrentar esa amenaza.

Por otro lado, en base a lo que sabemos del Faraón, el cruel asesino, tirano paranoico y xenófobo que esclavizó toda una nación y decretó el asesinato de los inocentes, no nos sorprende que no haya conquistado las mentes y los corazones de quienes lo rodeaban. Un hombre mejor hubiera tenido mejores amigos, pero un hombre mejor no hubiera esclavizado a otra nación ni hubiese llevado a su imperio a esa situación imposible.

Aparentemente el Faraón se merecía el abuso que recibió. Su propia tiranía ayudó a crear la atmósfera que eventualmente provocó su caída. Si bien mucho antes se había decretado que los israaelitas sufrirían el exilio y la esclavitud antes de su eventual redención, la crueldad y la obstinación del Faraón fueron sus propias decisiones. Si hubiera tomado un camino diferente, no necesariamente habría tenido que sufrir los horrores de las plagas. De una u otra forma los judíos iban a ser liberados. El Faraón, y sólo él, fue responsable de elegir cómo iba a ocurrir. Debería haber elegido el camino fácil, admitir que se había equivocado y escoger el camino de la reconciliación. Pero en cambio eligió el camino difícil.

Tomado de: Aish Latino


NOTAS:

1. Shemot 7:9-10.
2. Ver Iejézquel 29:3.
3. Una lectura cuidadosa del texto sugiere que fue la vara de Aharón la que se tragó a las otras, y no su vara en la forma de un cocodrilo.
4. Bereshit 46:34, y citado por Moshé en Shemot 8:22.
5. Ver Iejézquel 29:3.
6. Ver Ibn Ezra, Shemot 8:15.
7. Ver Malbim, Shemot 8:15.

“HaKol Ejad”: La Fórmula Divina para Escapar de la Muerte.

Por P.A. David Nesher

En hebreo existe una expresión de tan solo tres palabras que logra expresar sin duda alguna el secreto de la vida: HaKol Ejad (הכל אחד), que se traduce: “Todo es Uno”.

Para lograr profundizar un poco en todo lo que esta frase significa, debemos primeramente considerar su valor numérico, entendiendo que en la Intención divina no existe la casualidad, sino que todo tiene una causa. Entonces, si nos consideramos la guematría de esta expresión, su valor es 68 y surge de esta manera:

הכל = 55 (Kol)

אחד = 13 (Ejad)

————-

68

Ahora bien, el número 68 es tambián la guematria de Jaim (חיים), que se traduce como “Vida”. Observemos con atención esto al considerar la sumatoria de los valores numéricos de la palabra Jaim (alef – yod – yod- mem final):

ח = 8

י = 10

י = 10

ם = 40

———–

68

Aquí debo decir (y recordarles a algunos de ustedes) que la raíz de Jaim es Jai (חי) . Como logran ver esta palabra surge de la asociación de las letras Jet (ח) y Yod(י), y el significado que se le da es: “vivo”, “viviente”.

Existe con esta palabra (Jai) una curiosidad, y es que a sus letras las podemos asociar al revés, es decir que a Yod (י) la colocamos al principio, y a Jet (ח), así obtenemos las dos primeras letras de Ijudah (יחודא), que en arameo significa “unidad”.

Sé que a esta altura de mi estudio alguno de ustedes se estará preguntando: ¿pero cómo es que esta expresión me hace escapar de la muerte ontológica?

Pues bien, para comenzar a desarrollar la respuesta a esto, primer dire que la obra de El Zohar (I-12 b) revela lo siguiente:

Cuando el hombre conozca que todo es uno y no coloque separación alguna, incluso el Sitra Ajrá se retirará del mundo y no influirá abajo.

Esta frase codificada es la explicación al secreto celestial del Sefer Bereshit (Génesis) en el primer capítulo cuando dice:

והיו למאורת ברקיע השמים

“Y sean por luminarias en el extendimiento de los cielos…”.
(Génesis 1:15)

Entonces, para lograre explicar este versículo, los sabios se fijan en la palabra Meorot (מאורת), traducida aquí como “luminarias“. La misma está compuesta por las palabras Or (אור), traducida como “luz” y Mavet (מות) que se traduce“muerte”. El Zohar, en esta misma página, señalará que “las letras de Or (אור) están unidas mientras que las letras de Mavet están separadas”.

Expresándolo mejor, todo esto nos dice que si a la palabra la palabra Meorot (מאורת – “luminarias“) le quitamos las letras de Mavet (מות -“muerte“-), nos queda Or (אר), es decir “luz”. Pero si lo que le quitamos es Or (אור), nos queda Met (מת), es decir una “persona muerta”, o un “cadáver”.

A partir de estas reflexiones podemos entender que la muerte, o lo muerto (tanto física como espiritual) no sólo se nos presenta como algo oscuro donde no hay luz, sino sobre todo como algo donde hay separación, donde no hay unidad.

Ahora, apoyándonos en dos guematrías clásicas, sabemos que la de Ahavah (“amor”) y la de Ejad (“uno”), son la misma: 13. Así es que la Sabiduría divina nos enseña que la esencia de la unidad es el amor y la esencia del amor es la unidad.

Por último, si a la guematria de Jaim (חיים), “vida”, que es 68, le añadimos el valor 4, por las cuatro letras que componen esta palabra, obtenemos com resultado 72, que es la guematría de Jesed, “bondad”, “benevolencia”, “amor perfecto”. Por esta razón, si queremos escapar del Sitrá Ajrá, que como también dice el Zohar, es el Ángel de la Muerte, hemos de “conocer que todo es uno” gracias a la benevolencia infinita del Eterno; de este modo, ocupados en el estudio de este conocimiento, a través de la meditación de la Torah, lograremos huir de cualquier separación. Y esto no es una intención o una actitud, es una experiencia, un estado de consciencia que nos conecta con la mente de Mashiaj y así nos permite vibrar con nuestro entendimiento en la armonía que logra manifestar al Eterno en medio de la existencia… ¡Esto es verdaderamente en lo que consiste el Reino de Dios!

El Águila (Nesher) Mesiánica

Por P.A. David Nesher

Como [con la ternura y la misericordia de] un águila que despierta su nido revoloteando sobre sus pichones, que extiende sus alas y los toma y lleva sobre sus ala. [de ese mismo modo] Yahvéh condujo a su pueblo; Él solo, sin que ningún ídolo ajeno pudiera enfrentarlo.

(Devarim/Deuteronomio 32: 11-12)

La porción de la Torah llamada HaAzinu es el canto de Moshé al concluir su misión en la Tierra. Es uno de los dos grandes cantos incluidos en la Torah y relata toda la historia del pueblo de Israel, el pasado, el presente y el futuro.

Najmánides escribe que toda alma israelita puede hallar su biografía completa oculta en las letras de este canto. El sabio Maguid de Mezeritch, el discípulo y sucesor del Baal Shem Tov, enseñó que es importante aprender de memoria este canto, ya que toda nuestra vida se despliega dentro suyo.

Es justamente estudiando este cántico que me encontré con detalles trascencendentales para nuestro destino próximo y eternal en esta metáfora del Nesher divino.

En lo personal, y debo confesar que desde muy joven, al comenzar a peregrinar el Camino y la Verdad, me llamó mucho la atención como la Torah utiliza el símil del águila para describir la forma afectuosa en que Yahvéh cuida a Israel. Abba nuestro es comparado por Moshé con una mamá águila que con ternura cobija a sus aguiluchos y atiende a sus necesidades. Ésta es la imagen más poderosas en todo este canto. Animémonos pues a meditar en ella, decodificando su mensaje celestial.

Hemos visto cómo el Eterno guió a Israel a través del desierto con misericordia y compasión. Esta acción redentora es semejante al modo como el águila es compasiva con sus crías. Ella se asegura de realizar movimientos que no la lleven a entrar de improviso al nido. Entendamos que el águila es un ave enorme y poderosa, y si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones.

Así pues debe asegurarse antes agitar y revolotear encima de sus polluelos, batiendo sus alas y moviéndose de una rama a la otra para que sus crías despierten y tengan la fuerza necesaria para recibirla sobre ellos. El águila bate sus alas sobre el nido , no tan fuerte como para desarmarlo, pero tampoco tan suave como para no alborotar a los cómodos ocupantes de este. El águila madre no pone todo su peso sobre sus crías sino que los cubre tocándolas y no tocándolas simultáneamente.

Así mismo, cuando el águila se dispone a transportar sus crías de un lugar a otro, no lo hace usando sus garras. Sucede que el águila no tiene temor de otras aves, pero sí del ataque humano que siempre le arroja flechas o proyectiles desde abajo. Por ello, en lugar de cogerlas con sus poderosas garras, induce a sus pichones a subir sobre sus alas. De ese modo, si una flecha es lanzada desde abajo, solamente heriría al águila pero no a los polluelos. De igual modo el Creador toma a Sus hijos (los benei Israel), protegiéndolos y poniéndolos fuera del alcance del ataque enemigo. Esto hizo cuando sacó a los israelitas de Mitzrayim y los egipcios los alcanzaron en el Mar de Cañas, entonces HaKadosh Baruk Hu (El Bendito Sea) los cubrió con sus nubes, y se puso en medio de los egipcios y los israelitas. En esta metáfora, sin duda, es Dios el águila que viene a despabilar a sus polluelos, revolotea sobre ellos, despliega sus alas y finalmente los pone sobre ellas –sus alas- en un vuelo redentor cruzando el cielo.

Esta es la explicación más tradicional entre los sabios, sin embargo, existe una perspectiva por demás sorprendente que quiero que ustedes también conozcan.

Necesito que recordemos lo que ya hemos estudiado, en la parashá Yitró, en donde vimos que el Eterno también se refiere a su movimiento en la redención de Egipto como un nesher obrando a favor de su nidada, al expresar que los tomó “sobre las alas de las águilas” (Éxodo 19:4). Con esto, Abba nuestro se aseguró de reforzar en la mente de Su Pueblo la idea que el águila y sus alas tienen implicancias claramente mesiánicas.

Investigando me enteré que en el hebreo existen dos sinónimos para el vocablo “alas“:

  • uno es “kanaf”, de valor numérico 150, y
  • evrá”, cuya guematría totaliza 208.

Teniendo en cuenta dichos datos de gematría, debemos comprender que las expresiones: “sus alas” (Kanafav)  y “sus plumas” (Evrató) esconden un secreto maravilloso:

Si las escribimos en hebreo en singular, y calculamos su valor numérico nos muestran una señal:

Ala =Kanaf de acuerdo al valor numérico de sus letras:

Caf =20,
Nun =50 y
=80,

Valor total= 150

Pluma = Evrá de acuerdo al valor numérico de sus letras:

Álef = 1,
Bet = 2,
Resh = 200, y
Hei = 5,

Valor total = 208

Haciendo la sumatoria de la gematría de estas dos palabras obtenemos 358, que es el valor numérico de Mashíaj (Salmo/Tehilim 2:2), cuyas letras:
Mem=40,
Shin=300,
Yud=10 y
Jet =8; dan un total de 358.

¡Este el mismo valor numérico de Mashiaj!

Así comprendemos que Yahvéh le está revelando a Israel que el águila llevándolos sobre sus alas es el Mashíaj, llevando a cabo su misión Mesiánica Divina.

“TOCAR Y NO TOCAR” las Dos Acciones del Nesher en Su Nido.

Aprovechando que vuestras almas está elevadas, sé que también les resultará muy interesante conocer que en la interpretación kabbalística el revoloteo de las águilas es llamado “tocar y no tocar“.

He mencionado que el águila es capaz de hacer ambas acciones simultáneamente, permitiendo a sus pichones despertar poco a poco, de acuerdo con la capacidad de cada uno de captar su presencia. Es que antes de que el águila tome a sus hijos sobre sus alas primero debe despertarlos.

El águila es un ave enorme y poderosa y si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones. Por eso, nuestro versículo describe al ave sobrevolando sobre su nido, dirigiéndose hacia sus hijos como la más delicada de las criaturas, manifestando un perfecto balance y estabilidad.

El verbo usado en este texto es «rajef», que se traduce como “sobrevolar“, es muy raro que esté expresado en la Torah, siendo esta una de sus pocas apariciones. La primera vez que aparece es en el segundo versículo de Bereshit/Génesis:

“…Y el espíritu de Dios sobrevolaba sobre la superficie de las aguas…”.

Explican todos los sabios expertos en hebreo que, en realidad, este es el espíritu del Mashíaj sobre las aguas de la teshuváh, produciendo el despertar de la conciencia de las almas para retornar a Yahvéh.

Entonces, los expertos del idioma bíblico, concuerda que estas dos expresiones de “sobrevolar” son absolutamente complementarias; ambas apuntan hacia el despertar del pueblo de las doce tribus de Israel en general (Casa de Judá y Casa de Efraím), a la realidad mesiánica de volver al Eterno.

Este “tocar y no tocar” es una codificación lumínica muy significante para entender la Gracia divina a nuestro favor. El poder de tocar es el de involucrarse, de inspirar al otro. El poder de no tocar, por su parte, le permite al otro ejercer el libre albedrío, de tal manera que su alma pueda despertarse por sí misma en su deseo de ascender hacia Dios. El águila (Mashíaj) nos inspira y a la vez, paradójicamente, nos permite incorporar lentamente la nueva realidad mesiánica de acuerdo a nuestro propio ritmo individual.

Conviene aquí conocer también que la palabra hebrea nesher (águila) está formada por las letras nun-shin-reish. Lo interesante de esto es que las dos letras finales forman la palabra shar, verbo que significa “cantar“. De todas las palabras del canto Haazinu, shar es la sílaba esencial de nesher.

Existen dos tipos de canto: el verbal (que incluye la poesía) y la melodía. En hebreo el “canto“, que incluye la poesía, es llamado shir, representado por la shin y reish de nesher. En hebreo melodía, por su parte, se dice nigún, que comienza con la letra nun, la primera letra de nesher. Por lo tanto nesher es el acrónimo de los dos tipos de canto.

Esto significa que cuando el águila (nesher) se acerca a su nido bate sus alas para crear un canto, preparando delicadamente a sus pichones para su arribo. Para despertar las almas del pueblo hebreo y junto con ellos al mundo entero, cada persona con su propia chispa del Mashíaj debe poseer el poder de la poesía y la melodía inherente al águila.

La palabra hebrea que aquí se usa para “nido” es ken, que está asociada con tikún (“rectificación“, “reparación“) y también con kinián (“posesión“). La posesión más perfecta es la nueva Torah del Mashíaj, el canto de las alas del águila, que comienza a resonar a medida que se va aproximando a su cría. Esta nueva Torah mesiánica dará lugar a nuestra rectificación, como el águila que se aproxima suavemente a su nido, tocando y no tocando, despertando a sus hijos que la esperan.

Así, el Espíritu de Yahvéh ha desarrollado en la mente del Pueblo Elegido la imagen del “águila mesiánica” y sus “pichones anhelantes”, encarnando al Mesías redentor e Israel junto con toda la humanidad. Entonces, cuando nos conectemos con esta imagen, podremos comenzar a afinar nuestros oídos espirituales para escuchar la música del águila que se aproxima y prepararnos para la inminente redención final.

Todo para Bien

La palabra que aquí se traduce como “pichones” es gozalav, “sus pichones“, cuyas letras son guimel – zain- lamed. Estas tres letras son un acrónimo de una frase muy conocida y básica nuestra fe: “Gam Zu Letová“, que se traduce: “Esto también es para bien“. El pichón esperando ser elevado sobre las alas mesiánicas debe ser despertado a la conciencia de que todo lo que nos sucede es para bien, y que llevará finalmente a la redención verdadera y completa, que lo recompensará en el Olam Havá (Mundo Venidero).


¿Qué Significa “TODOS USTEDES” en la Cosmovisión Divina?

Por P.A. David Nesher

La palabra hebrea “Nitzavim” tiene varios significados, aquí se trata de estar firmes, de pie, esperando algo trascendental; es estar parados para hacer algo en específico y también significa estar parados para que una fuerza superior venga a chequearnos y validarnos. Por eso, esta sección se lee siempre en el Shabat que antecede a Yom Teruah.

El mensaje primordial de esta parashá se enfoca en que cada persona tiene una finalidad en su propia existencia, y es una parte de la comunidad. Fue este principio de conciencia corporativa en constante solidaridad la que convirtió al pueblo de Israel en un pueblo inmortal; “¡Vosotros todos estáis hoy presentes!”. El Eterno está profetizando sobre ellos, diciéndoles: “Cuántos pueblos del pasado histórico hoy ya no lo están. En cuanto a vosotros, lo estaréis siempre, a partir del momento en que seáis solidarios unos con los otros y reconociereis el pacto del Eterno vuestro Dios con vosotros.” Ese es el espíritu del calificativo de “pueblo apartado“.

En la expresión “TODOS USTEDES” se incluye a todo el pueblo, sin importar su calibre espiritual, desde “las cabezas” (líderes) de tribus, los infantes, las mujeres, los extranjeros prosélitos, hasta el escalón más bajo, a saber; “el leñador y el aguatero”. Todos están congregados para “hacerlos pasar por el Pacto de su Dios”, esto es la “avodáh” (el servicio sacerdotal al Santo y Bendito), a pesar de haber pecado tantas veces en Su Presencia. Lo novedoso de este pacto era que introducía el concepto de responsabilidad mutua, en virtud del cual cada israelita está obligado a ayudar a sus hermanos para que observen la Torah e impedir que la infrinjan.

Este es el motivo por el cual Moshé comenzó este discurso pedagógico relacionando entre sí, y a un mismo nivel de propósito, a todos los distintos estratos sociales de Israel que se encontraban de pie ante él. Es este el motivo por el cual dijo: que Dios no les considera responsables por pecados cometidos a hurtadillas, pero que sí cargarían con la culpa por transgresiones perpetradas en forma abierta. Esta noción resulta fundamental para la cosmovisión hebrea, pues ofrece el motivo por el cual no podemos permanecer impávidos ante los errores de los demás, y explica por qué cada varón y/o mujer de Israel de buena conciencia debe conmoverse ante cualquier acto que constituya una profanación pública de los mandamientos de la Torah.

Por todo ello, cuando leemos la expresión “los niños” (v. 10) se entiende que la Torah revela que, en tanto que son menores de edad, no podían legalmente aceptar un pacto, pero aun así, el Eterno quería que compartieran el privilegio de participar en este magno evento [según la explicación de Ramban], o bien, Dios quiso enseñar que sus mayores eran responsables de procurar que los niños se criaran como buenos israelitas [según interpretación de Seforno].

Así pues, y volviendo a nuestra consideración del vocablo “ todos ustedes”, nos damos cuenta que el mismo abarca también a las futuras generaciones de israelitas. Todos juntos, ciertamente, como si fueran Uno solo. Todos formando una entidad indivisible, llegando como un “borrón y cuenta nueva” a los pies del Santo y Bendito dispuestos a renunciar a los problemas y cargas de las generaciones del ayer e iniciar a un nuevo comienzo para asegurar bendiciones en las generaciones futuras.

Entonces queda claro que cuando un israelita se conecta con Yahvéh por medio del estudio de la Torah y la observancia de Sus Preceptos (Mitzvot), los cuales derivan de un nivel espiritual que trasciende la dimensión de tiempo y espacio, se conecta a la vez con la esencia del pueblo hebreo, fuente única de sustento e identidad del ser de Israel. Y allí, en aquel nivel trascendental, en el que el tiempo y el espacio pierden su sentido físico, todas las generaciones -pasadas, presentes y futuras-, se funden en una única entidad. Justamente del Midrash recogemos las siguientes palabras:

“… El Pacto obliga a los israelitas que nazcan en el futuro. Aunque no estén físicamente presentes, sus almas están presentes en esta asamblea. En Matán Tora, estaban también todas las almas hebreas presentes…”
[Midrash, pág 288].

De igual modo encontré en el Zohar la siguiente explicación:

” … Las almas de las generaciones por venir estuvieron ahí presentes y todos recibieron la Torah en el Sinaí, como está escrito: “sino con los que se paran aquí con nosotros en este día y también con aquellos que no están aquí con nosotros en este día (…) Estaban todos ahí, cada uno de acuerdo a su mérito, y vio y recibió las Palabras…”,
[Zohar, Yitró 20:346].

Para concluir, les diré que la Torah emplea diferentes denominaciones para referirse a los descendientes de Yaakov; de todas ellas, la denominación “ Israel” es la más sublime y elevada. El nombre Israel (en Deut 29:9), denota magnitud y poder, significación e importancia. Metafóricamente, el pueblo israelita constituye un único Cuerpo, y cada integrante del mismo es un miembro vital del de dicho Cuerpo Místico.

Ahora sí lograrán ustedes entender por qué mi labor profética es primordialmente conducirlos a despertar y valorar la correcta idea de Cuerpo del Mesías en la Mesa de Comunión de cada sábado que nos permite meditar en este profundo secreto divino revelado perfectamente en Su Pacto Renovado.

Shavuá tov!

¡Del Salario a la Sobre-Abundancia! (¿Cómo Desarrollar Consciencia de Terumáh)

Por P.A. David Nesher

Di a los hijos de Israel que separen para Mí una ofrenda; de todo aquel cuyo corazón le mueva a hacerlo, tomaréis mi ofrenda.


(Shemot/Éxodo 25:2) 

Al leer el comienzo de la parashá (porción) Terumáh, notamos que la misma trata, en la lectura llana (nivel Peshat) de las donaciones que el Eterno le está pidiendo al pueblo de Israel, para construir el tabernáculo y el Arca de la Alianza (Aarón) que más tarde albergaría a las tablas de las Atzeret HaDivrot (10 enunciados). Aquí se describen todo los detalles, bien precisos, para estas construcciones. Ahora bien, cuando nosotros leemos sobre esto (que parece sin ninguna praxis para nuestra vida cotidiana), nos surge la pregunta: ¿Acaso Dios necesita donaciones? Sinceramente, ¿quién puede creer eso?

Entonces discernimos lo que los sabios exégetas de la Torah explican, y es que esta parashá no trata simplemente de donaciones. En ella, se esconde un mensaje divino atemporal, en el que se revela un medio cósmico para facilitarnos la elevación de las chispas de Luz que se esconden en nuestro espíritu. De hecho, la palabra Terumáh (traducida como “dádiva”, “presente”, “regalo”, “contribución”, “aporte”, “tributo”, “ofrenda”) proviene de la expresión Tarom He (o también “Taromhei”) que significa “Elevación hasta la Hei” (señalando a la primera letra Hei del Nombre divino YHVH). Considerado así, les diré que la segunda Hei es el aspecto de Malkut (Reino) del nombre de Dios Yud Hei Vav Hei; y es el único lugar en donde las chispas de Luz se elevan. Por eso, el Eterno sólo quiere aquellas chispas que sean dadas de corazón. Ya sabemos que el corazón se refiere a Zeir Anpin, que es en donde está nuestro trabajo espiritual (hebreo: avodáh), y que es el nivel del Ruaj (Espíritu) trabajando energéticamente sobre el espíritu por medio de su fuerza vital (neshamáh). Entonces, debemos aquí aceptar que la expresión “Tarom He” significa “tomar la Luz” escondida en Malkut, el Mundo de Abajo, y conectarla con Binah (representada por la primera letra Hei), a través del proceso de Zeir Anpin (las emociones controladas por el Espíritu). En este caso, alude a la elevación espiritual de los materiales que se donan para la construcción del Santuario: esto no es otra cosa que la “materia al servicio del espíritu” [Torat Emet].

El asunto es que, según lo hemos aprendido en Shovabbym (primeras seis parashot o porciones del libro de Éxodo), si para recibir la Luz de Binah (zona divina de leyes para proyectos creativos) tenemos que pasar por un proceso emocional (Zeir Anpin), también debería haber algo emocional que nos ayude, una herramienta que nos permita pasar por encima del proceso de Zeir Anpin e ir directamente a Binah, y así obtener sus beneficios de Inteligencia Emocional . ¿Cómo lo sé? Porque…: “de la misma manera que si existe una enfermedad, antes existe la planta que la cura…” (dice el Ari), “así mismo, sé que este sistema es misericordioso, y nos da miles de soluciones para que nos reconectemos con él“. En otras palabras, debemos creer y confiar que para todo problema, hay una solución; para toda enfermedad, hay una cura. Pues bien, esta herramienta cósmica se llama fe, pero no en el sentido dogmático de piedad, sino en la mentalidad hebrea de emunáh.

Los códigos secretos de la Sabiduría (Jojmáh) de la Torah divina explican que la fe (emunáh) es el atributo que permite al creyente conectar a Malkut (su nobleza psico-física) con Binah (su entendimiento). De este modo, cuando Binah y Malkut se unifican, la fe hace al alma redimida co-conductor de las leyes que gobiernan el mundo espiritual. A esta altura, necesito enfatizar que la fe de la que hablamos, no es la fe ciega de los devotos religiosos. Enfatizaré una vez más que en hebreo, fe es emunáh, un estado espiritual de absoluta convicción y certeza en aquello que los sentidos no pueden captar, y la razón explicar. La emunáh no se adquiere porque otro nos dice cómo son las cosas. La emunáh se consigue cuando la experimentamos al sujetarnos voluntariamente al señorío del Mesías.

De este modo, cuando adquirimos la emunáh, nos metemos bajo el manto de Binah: sin cuestionar si es verdad o no, lo sabemos más allá de lo que los otros puedan pensar y decir, y nada es más importante que sostener esta conexión. Es como si fuiste un bebé abandonado y, un día, encontraste a tu madre. Lógicamente, por nada del mundo, quieres volver a separarte de ella. Esto es estar bajo la guía del Espíritu de la profecía que es testimonio de Yeshúa (Revelación/Apoc. 19:10).

La emunáh, una vez en nuestro espíritu, desarrolla todos los mecanismos de percepción necesarios para la generación de milagros, ampliando nuestra vasija, pues es la persistencia en el deseo de dar, de elevarnos. La emunáh es un regalo divino que Binah nos dio para que, a través de ella, tuviéramos de qué agarrarnos para vencer todas las dificultades que pueden presentársenos. ¿Cómo se adquiere la emunáh? A través de la disciplina en el trabajo espiritual. Para comprender mejor, necesito que se fijen en esto: cuando uno quiere cambiar su vida, que despierta en lo espiritual, empieza a buscar su vía de evolución. Comienza a crear movimiento porque, instintivamente, se siente vacío, así que sale a buscar con hambre la Luz de la Palabra divina, pues llega un momento en que se da cuenta que ella no llega gratuitamente.

Este camino espiritual que tomamos como vía de ascensión, requiere una disciplina, porque la Luz tenemos que adquirirla, aprendiendo los cómo para hacerlo. Así, las experiencias que tenemos en nuestras conexiones y, sobre todo, los resultados de ese trabajo en nuestra vida cotidiana, van construyendo la emunáh. Hasta que llega el momento en que esa conexión se hace tan fuerte que, te digan lo que te digan, tú vas a hacer todo por buscar esa Luz escondida en tu interior. Sabes, a ciencia cierta, que la Luz te está esperando cada día y cada vez que haces esa conexión. No creas que ese momento de conexión sólo eres tú quien lo espera. De la misma manera como tú deseas recibirla, ella desea darte. Así, la Luz de la creación te espera todos los días. Por eso, Yeshúa enseñó que lo ideal es usar el mismo sitio para meditar y la misma hora (Mateo 6:6). Allí se va creando un puente que se abre todos los días. Es como si todos los días fueras a una cita amorosa (esto no es metafórico, sino literal). Ahora, les solicito que para captar mejor esto se sumerjan conmigo en la explicación que les compartiré a continuación.

De esto  se trata de vivir la vida cotidiana como el Mesías. Es vivir día a día, esta vida terrestre, conectado permanentemente con lo superior, y esto solo es posible a través de la conciencia en constante ascensión (aliyáh). La emunáh es un pilar sólido que se va construyendo cuando el pensamiento del Creador encaja con una emoción y la eleva por sobre toda circunstancia cósmica.

No obstante, que el título de esta porción se llama “Terumáh”, la Torah conduce a cada israelita a centrar sus ojos en el Mishkán (Tabernáculo) santo que, además de ser morada de la Conciencia Divina o Shekináh, será el centro espiritual donde los israelitas tendrán que presentar todos sus korbanot (sacrificios) que servirán para expiar sus transgresiones y manifestar su gratitud al Creador. Todos los tipos de korbanot quedarán englobados en el concepto de tzedakáh.

El diseño cósmico llamado Mishkán, proclamará la maravillosa Betzoráh (Buena Noticia) de que la Shekináh del Todopoderoso volvería a este mundo después de estar alejada; la Shekináh, es el reflejo de la Majestad Divina. En Bereshit Rabá leemos esta explicación:

“…La verdadera morada de la Shekináh estaba en este plano inferior de la Creación. Cuando Adam pecó, la Shekináh se fue, (ascendió) al primer firmamento; cuando Kaín pecó, ascendió al segundo firmamento; pero en contraposición a éstos surgieron siete tzadikim y ellos la trajeron de regreso haciéndola descender a la tierra. Moshé (el séptimo tzádik), la trajo hasta aquí mismo, al plano físico inferior…”.

De acuerdo a esta porción llamada Terumáh, el Tabernáculo de YHVH sería construido para darle al pueblo de Israel una localización física donde pudieran conectar con el Creador. Pero profundizando en la codificación de toda esta sección bíblica, el Mishkán, no obstante, será solo un símbolo para el verdadero lugar de descanso de la Shekináh (la Divinidad), el corazón de todo hebreo redimido. ¿Cómo es posible hacer que el corazón de uno, sea un Mishkán para la Shekináh? Esto es, dedicando su corazón a la disciplina del estudio de la Torah y a la avodáh, servicio sacerdotal a YHVH, [Midrash].

Por eso, notamos que aquí hay dos preceptos en el arranque de esta sección:

  • (1) tomar una ofrenda y,
  • (2) construir el Tabernáculo con todos sus utensilios.

El Eterno ordena a Moshé designar recaudadores para recolectar la “terumáh” destinada a la construcción del Tabernáculo consagrado al Eterno. Toda la existencia es de YHVH, por lo que la expresión “Que tomen para Mí” parecería redundante. Más bien, el versículo viene a transmitir a los recaudadores y tesoreros a cargo de fondos comunitarios, que su trabajo debe ser para YHVH es decir, deben consagrarse a su tarea y hacerla en honor al Nombre del verdadero Dios; ellos se deben a Él, deben dejar de lado mezquinos intereses personales para aplicarse y ajustarse a la causa que tengan a su cargo.

A primera vista pareciera que la orden central es la de construir el Santuario (Mishkán), mientras que la donación es la cuestión relativamente secundaria. Sin embargo, leyendo con atención, notaremos que el orden de los versos nos muestra un cuadro diferente; primero viene el Precepto: “…Tomarás para Mí una contribución“, mientras que el orden para construir el Mishkán aparece después: “…Me harán un Santuario…”. Pues bien, en ese mismo orden estudiaremos este interesante capítulo.

El vocablo hebreo “terumáh” se menciona tres veces al comienzo de la sección homónima de la Torah:
1) “…Ellos tomarán para Mí una terumáh”;
2) “…De aquellos a quienes su corazón motive tomarán Mi terumá”; y
3) “…Y ésta es la terumá que tomarán de ellos: oro, plata y cobre…”.
Por este motivo, es que desde los días del nacimiento del pueblo de Israel, la noción de la idea de «Terumáh» formará parte de la vida cotidiana comunitaria judía.

La terminología hebrea que en este pasuk (versículo) se ha traducido “separen para Mí”, significa que esta ofrenda especial llamada terumáh debía ser consagrada a Su Nombre. En este sentido, «» se refiere a la letra “Yud” (י), primera del tetragrama YHVH. Ello significa que cuando alguien, con mentalidad hebrea, da tzedakáh (caridad o justicia social), debe tener sí o sí en mente el Nombre del Todopoderoso יהוה (YHVH), ya que el dinero que se dona representa la Yud (י). La mano con que se da, está en la primera Hei (ה), pues la mano tiene cinco dedos y esta letra es el equivalente al número cinco. El brazo extendido del donante está representado en la letra Vav (ו). Y finalmente la segunda Hei (ה), está simbolizada en la mano del pobre, o sea, aquel que recibe la tzedaká. Toda esta codificación nos enseña que el Eterno יהוה (YHVH), siempre estará del lado del necesitado, del débil y el pobre.

Los sabios de Israel nos enseñan que, el motivo por el cual el Eterno pidió de Am Israel su colaboración, no fue por necesidad, sino porque quería educar a los israelitas para que aprendieran los secretos de prosperidad material que se esconden en la actitud del dar, ya que por naturaleza a la persona le cuesta mucho trabajo tal ejercicio. Además, el rav Baal Haturim explica que el motivo por el cual antes de pedir la donación, el Eterno le mandó a Moshé: “Háblale a los hijos de Israel”, fue para que Moshé les hable de buena manera, sin ningún tipo de imperativo, para así despertar en ellos el deseo de donar. Esto era imperioso pues ésta era un mitzvá (mandamiento) difícil de cumplir ya que la persona tenía que entregar algo de valor alto de entre sus bienes para poder llevarla a cabo. Con ello, el Eterno Elokim los acostumbra a cumplir uno de los mitzvot más importantes de la Torah: la tzedakáh (caridad o justicia social).

Explican los sabios especialistas en codificación hebrea que cuando damos caridad o ayuda a algún necesitado, en realidad no estamos dando sino tomando, estamos recibiendo. Lo que el donante da al pobre es un bien limitado, temporal, que con el paso del tiempo desaparece. Sin embargo, la recompensa por haber sido piadosos es infinita e ilimitada; es un bien que perdura eternamente en el mundo venidero. Cuando damos caridad por amor al Cielo, estamos creando un espacio oportuno que activa a un malak (ángel) en su misión de abrir camino de prosperidad financiera.

Ahora bien, si todo esto ocurre con la donación hecha a un semejante mortal como nosotros, cuánto más sucederá si se dona para la construcción del Santuario de Dios. Luego entonces, cuando los israelitas presentan su “terumáh” para la construcción del Tabernáculo, en realidad no estaban dando sino…¡recibiendo!

Es preciso poner en relieve que tzedakáh, no solo es dar dinero, sino que más bien, es estar ahí acompañando empáticamente y siendo solidario con el prójimo en múltiples maneras. Sin duda alguna, la ofrenda más esencial, es la que citan los textos del Mishlé (Proverbios) 23:26, que es la de ofrecerle nuestros pensamientos y voluntad, leamos:

“…Tenah beni libejá li veeineijá derajai tirtzenah (…)

Dame hijo Mío tu corazón, y tus ojos cuiden Mis caminos…”,

[Tanaj Katz].

De acuerdo con la opinión de varios sabios, no existe nada que glorifique tanto al Creador, y santifique Su Nombre, como traer almas en teshuváh convirtiéndolas a Su Camino de Luz. Esto es realmente transformar el mal en bien. Ellos aseguran que, según este versículo, a esto también se le llama “traer una ofrenda (terumáh) a Dios”.

En pocas palabras, el mandamiento de construir Mishkán (el Tabernáculo), significa desarrollar la capacidad de traer impíos a la actitud mental de teshuváh (arrepentimiento o regreso). El que trae en teshuváh a un impío y le hace tomar la decisión de alejarse del mal camino, consigue tres cosas:

  • Somete bajo sus pies al Sitra Hajara (traducido como “el Lado Oscuro“).
  • Contribuye a glorificar a HaKadosh Baruj Hu. (“El Santo Bendito Sea“, forma de referirse al Nombre de YHVH)
  • Contribuye a llevar al mundo a la perfección hasta cumplir el Paradigma divino “Como es Arriba es Abajo”. Así cumplimos con lo que dice la plegaria del PadreNuestro: “HÁGASE TU VOLUNTAD, en la tierra como en el Cielo“.

Me identifiqué con este sentir de un estudioso de la sabiduría de la Torah:

Este Justo verá a sus nietos, y será feliz en este Mundo y en el Mundo venidero; este Justo irá al Jardín del Edén sin encontrar obstáculos; su descendencia será poderosa, su posteridad estará compuesta de Justos, la gloria y la riqueza estarán en su casa, y la Justicia (la sabiduría de la Torah) perdurará en su familia.”

[“La Kabbalah de la vuelta al Edén”, Tomo 2].

Les aseguro que esta es la mentalidad correcta que se desarrolla cuando se comprende y acepta la propuesta mesiánica de amar la Torah de acuerdo.

Entonces, re-configurando nuestra visión de acuerdo a al Verdad: ¿Qué significado espiritual tiene el Mishkán y qué importancia tiene esta lectura en el tiempo presente? El Santo Bendito Sea, ama inmensamente al pueblo de Israel cuando estos cumplen Su Voluntad y se comportan de manera honorable. Esta relación de amor puede entenderse bajo la siguiente ilustración:

“«…Había una vez un rey que tenía una hija. Mientras la hija aún era pequeña podía ir por donde quisiera, y cada vez que el rey la encontraba, le hablaba, incluso en público, en presencia de las demás personas. Pero cuando ella empezó a madurar y a desarrollarse, el rey le dijo:
“…Ahora debo proporcionarte una habitación especial. Ya no está a la altura de mi dignidad hablarte en público. Por eso debemos designar un lugar especial, de otro modo, cuando te hable, todos sabrán cuánta estima te tengo…,”

[Meam Lo’ez].

Esta era la realidad de la nación de Israel; hasta ese momento ellos no poseían sabiduría ni conocimientos. Se habían criado junto a los egipcios, fabricando ladrillos, es decir, dejándose esquematizar sus pensamientos por un sistema reptiliano. Pero cuando YHVH los redimió, luego de haber presenciado los grandes milagros del éxodo y de experimentar el fulgor de la Shehináh (Presencia Divina), el pueblo abrió los ojos reconociendo Su grandeza queriendo comulgar con su almas. Por eso, al erigir el Santuario (Mishkán) se generó una extraordinaria innovación en la manera de pensar de cada israelita, algo que no había antes; se construyó una “Casa Material” en este mundo, en la que mora y se enviste YHVH mismo, en Su Gloria y Esencia. La Esencia divina quería comenzar a morar y manifestarse desde las fibras más íntimas de cada corazón redimido de Israel.

Así pues, el Altísimo elige al pueblo de Israel de entre las naciones y hace de él un nuevo tipo de entidad dándole un elevado rango en comparación con el resto del mundo. YHVH tomó a seres humanos terrenales y los convirtió en un “reino de sacerdotes” y en una “nación santa” (Éxodo 19.6; cf. 1Pedro 2:9).

Mientras más meditemos en todo este maravilloso asunto, notaremos que el contribuir a una causa sagrada y justa, es por lo tanto, una manera de ascender, de escalar personalmente, porque uno transciende sus necesidades inmediatas y se enriquece espiritualmente al atender las solicitudes de otros. El poder de “dar” es muy superior al de “recibir”.

Pues bien, aquí está el secreto. El Gran Maestro dijo:

Hay más felicidad en dar que la que hay en recibir.”
(Hechos 20:35)

Por eso, la persona más feliz no es la persona que recibe cosas, sino la que da cosas a otras personas. ¿Sabías tú eso?⁠ Explicaré esto. La cualidad primordial de YHVH es la de ser un dador ilimitado. Así pues, emular a Dios (por medio de dar a otros) es una de las expresiones espirituales más elevadas que existen. YHVH quería que todo Israel fuera parte del proceso realizando donaciones para ayudar a Su construcción. La ofrenda debía proceder de aquellas personas a quien voluntariamente mueva su corazón, sin compulsión ni coacción, así lo indica el pasuk:

“…Todo aquel que su corazón lo motive…”
(Éxodo 25:2)

El miedo a donar es en verdad ausencia de Fe verdadera (emunáh), porque el donar dinero cuando no te alcanza para pagar tus cuentas pareciera cosa de locos. Hacerlo requiere absoluta convicción de que estamos empleando una tecnología avanzada que trasciende la racionalidad humana. El asunto es que el resultado es inmediato, pero tenemos tanto miedo y estamos tan metidos en la carencia que nos negamos a nosotros mismos el derecho de experimentar.

Dice la Torah que YHVH eligió a Jacob como su propiedad, y por eso el libro El Zohar dice: “Cuán amados son los hijos de Israel por el Creador, quien los quiere, desea apegarse a ellos y conectarse con ellos y por eso considera a Israel  como su pueblo”.

Recordemos que fue Jacob quien descubrió la tecnología cósmica del diezmo, a través del sueño de la escalera, que prácticamente se ha convertido en una obligación. Sin embargo Terumáh no es obligación,  porque como bien dice la Torah, se trata de ofrendas dadas de corazón. Es decir,  se trata de usar una tecnología que tiene la capacidad de tomar el control de las emociones que contaminan la energía de nuestro sustento, que nos llega ya sea a través del salario o cualquier otro tipo de ingresos.

Es importante entender por qué donar, en esta sección, se traduce en elevación espiritual. El dinero es uno de nuestro mayores objeto de idolatría, es uno de los apegos más fuertes que tenemos a lo físico, porque podríamos decir que aparentemente, a nivel práctico, nuestra capacidad de hacer depende de cuánto dinero recibimos. Por tal razón se ha formado una egregora (“mente colectiva”) reptiliana alrededor del dinero que está cargada de muchos sentimientos negativos como el miedo, la culpa, la avaricia, el egoísmo, la victimización, la creencia de injusticia y otras creencias colectivas. Sin embargo, aprendemos en la sabiduría de la Torah que tenemos que desligar la idea de que el sustento solo proviene del salario que recibimos (por ejemplo la creatividad) también nos da capacidad de hacer, así que también es considerado sustento y además el sistema utiliza muchos otros conductos para hacernos llegar lo que se nos ha otorgado en la Fiesta de Yom Teruah.

Pero bueno, la mayoría delos seres humanos aún no llegamos a ese nivel de conciencia y solo dependemos del salario. Entonces supongamos que es así, que el sustento se traduce solo en el dinero que recibimos cada mes de nuestro sueldo. Entonces la Torah nos enseña que todas estos sentimientos negativos que mencioné anteriormente están grabadas solo en el aspecto de Malkut del dinero que representa el 10% de lo que nos ingresa. En ese 10 % está pegado el HaSatán (Oponente) y por eso es de todo nuestro interés separarlo del resto. Sin embargo, no podemos dejarlo al azar, es nuestra obligación elevar el caos que está pegado en ese 10 % (maazer o “diezmo”). Así pues, debemos aceptar que cuando nuestra virtud Malkut (Nobleza) está desconectada de su lugar dentro del Árbol de la Vida (la imagen del Mesías), producto de estos sentimientos erróneos de los que hemos hablado, está desconectada de la vida, por lo tanto los aspectos de muerte ontológica la sobrepasan, e invaden nuestras áreas de vida (finanzas, familia, pareja, hijos, salud, profesión, etc.) procurando que caigamos en el caos.

En verdad estamos en este mundo para elevar todo el caos y sobre todo el que nos concierne personalmente, como el de nuestro árbol familiar, o este del dinero. El Mesías hoy nos está diciendo desde esta parashá (Terumáh) que la manera de elevar el caos de Malkut (nuestra nobleza) consiste en llevarlo hasta el nivel celestial de Binah, que traducido quiere decir entendimiento. Por eso es que al donar para la expansión de la sabiduría divina revelada en la Torah, logramos trepar por esferas superiores del árbol de la vida y pararnos frente a la Puerta que permite ingresar a todas las posibilidades (eso significa alcanzar la consciencia Binah), que dicho sea de paso se abre cada semana en Shabbat.

El Eterno reveló en esta porción a su Pueblo que hacer las cosas de corazón es la clave para ser exitoso en la vida. Cualquier acción que involucre el altruismo, el amor, el cuidado, la compasión y la sensibilidad, nos acerca a los mundos superiores, y ese es el secreto final de haber vivido con propósito. Cuando todo lo que hagamos posea una conciencia de Terumáh (amor perfecto en constante compartir) entonces habrá un flujo abundante entre los mundos superiores y los inferiores (Juan 7: 38). Esto es cuando conseguimos asimilar la frecuencia de Kedusháh (traducida como “Santidad“) en lo que hacemos: en el hogar que construimos, en nuestra familia, en nuestros negocios, etc. Cada quien decide cual es el espacio que va a santificar para que la divina Shekinah habite en él, y desde allí se manifieste arreglando el Planeta.

Nuestro Gran Maestro y Dueño Yeshúa sabe que si damos porque queremos hacerlo desde nuestro corazón, entonces seremos felices. Es por eso que nos dice: “Den a otros, y Dios les dará a ustedes” (⁠Lucas 6:38). Es decir, acostúmbrense a dar para que otras personas hagan teshuváh. Si hacemos eso, no nos sentiremos tristes por estar siempre esperando que otros hagan algo bueno por nosotros. Por el contrario, estaremos ocupados haciendo felices a los demás. ¡Y cuando hacemos eso, somos las más bienaventuradas de todas las personas!

Shalom!


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer donativos a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Los mismos serán usados en las actividades sociales que la Fundación Monte Santo realiza con los más carenciados de nuestra sociedad. Si esta intención vibra en ustedes los invito a ponerse en contacto conmigo, a fin de conseguir los datos bancarios para llevar a cabo dichas donaciones.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

Diferencia entre Servidumbre y Servicio.

Por P.A. David Nesher

Ki tikneh eved ivri shesh shanim ya’avod uvashvi’it yetse lajofshi jinam.

Si compras un siervo hebreo, te servirá seis años, pero al séptimo saldrá libre sin pagar nada.”


(Shemot/Éxodo 21:2)

Si hay algo que amo cada día más de los lineamientos y pautas que encuentro en la Torah (Instrucción) divina es el hecho de no dar calce a que el ser humano que a ella se acerca se tentado a quedarse filosofando en lo que ellos revelan. Por el contrario, los códigos de la Torah son pragmáticos. La Torah enseña solamente a actuar.

Si el Eterno nos quiere libres, pues su Instrucción nos enseña cómo se realiza la libertad.

En cada letra de la Torah brilla una certeza: el portador de la libertad es Yahvéh y Su Emet (Verdad) absoluta (torat). Es así como Él mismo se presenta al iniciar el Decálogo (Azeret HaDivrot):

Yo soy YHVH tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
(Éxodo 20:2)

Este momento histórico de Redención es perpetuado y celebrado por el pueblo de Israel, de generación en generación por medio de la Festividad de Pesaj (Pascua), celebración que también es definida como “tzemán jerutenu” (el “Tiempo de nuestra Libertad”).

Ahora bien, hay un paradigma que necesito enseñarles. La Torah también me ha sorprendido en el hecho de que en la cosmovisión divina se es libre de y para.

Sí, así es como funciona en el diseño mismo de la verdadera libertad. Liberarse de conlleva la idea de quitarse un yugo de encima (en el caso de Israel, el yugo egipcio).

Así queda expresada la libertad en su enfoque negativo: negación de un yugo. Pero, una vez obtenida esa negación es necesario transitar al lado positivo (o afirmativo). Eso se logra preguntándose: ¿qué hacer ahora con la libertad? Ser libres, sí, pero ¿para qué?

Israel tenía que aprender que la convivencia, y la existencia misma, requieren vivir conforme a normas, leyes. Salidos de Mitzrayim (Egipto), en Pesaj, el Camino conduce a Sinaí, para celebrar Shavuot (Pentecostés). El cese de la esclavitud era solamente un prerrequisito para el cumplimiento de la voluntad Divina que sería revelada en el monte Sinaí siete semanas después del Éxodo de Egipto.

Es decir que los israelitas serían conducidos por la Shekinah (Presencia) divina a tomar conciencia que habían dejado de servir al Paróh (Faraón) para comenzar a servir al propósito mesiánico del Eterno, a través de la obediencia a su mitzvot (mandamientos). Por eso, el mismo Yahvéh usará la misma palabra servir al decirle al Faraón: “mis siervos son“.

En el idioma hebreo no hay diferencia entre esclavo y siervo. Los hijos de Israel fueron esclavos en Egipto en el sentido de que no tenían el derecho ni la libertad para dirigir sus propias vidas.

Entonces, ¿en qué se diferencia una servidumbre de otra?

En que se sirve al Faraón para el benefició del Faraón. Servidumbre.

En cambio, se sirve al Eterno para beneficio del servidor y su entorno socio-económico. Servicio.

Las leyes del Faraón velan por los intereses exclusivos del Faraón y su poderío.

Los mitzvot de Yahvéh velan por los intereses humanos y sus derechos.

Sin embargo, tenemos que entender que el concepto de siervo o esclavo en la sociedad hebrea era muy diferente al concepto de esclavitud que se ha vivido en la edad media, especialmente con las ventas de los esclavos de África para América. En esta Parashá vemos como un esclavo en la sociedad hebrea tenía que ser tratado con respeto y tenía sus derechos legales, a diferencia de los esclavos de los gentiles. El versículo 21:5 muestra que un siervo hebreo podía tener el deseo de seguir siendo propiedad parcial de otro, porque le beneficiaba, en lugar de querer ser libre. Esto nos muestra cómo fue tratado un siervo hebreo y un esclavo en la sociedad israelita. Como siervo no tenía la responsabilidad de su propio sostén económico y para algunas personas era preferible, antes que tener que buscarse la vida. Para él era una situación cómoda.

La única manera para que un hombre hebreo pueda ser vendido como siervo es si ha robado algo y no tiene con qué pagar para restituir el robo. Entonces el tribunal, beit din, tiene la obligación de venderle como siervo por el valor de su robo (cf. 22:3). Este mandamiento no aplica a las mujeres.

Leyendo a muchos detractores de la Vedad que creemos, veo que la impresión que a primera vista ellos tienen, los conduce a pensar que el Decálogo esculpido por el dedo del Eterno en las dos tablas, sería restrictivo, y pondría límites a la libertad humana.

Pensando cómo responder a estos sincero enemigos de la Verdad, encontré una interesante explicación en la Midrash, explicando cómo debe decodificarse el versículo 17 del cap. 32 del Sefer Shemot. Leamos esto:

Las tablas fueron trabajo de Dios, y la escritura fue escritura de Dios, grabada sobre las tablas” (Éxodo 32:17). No leas “grabada” (jarut), lee más bien “libertad” (jerut) pues ninguna persona es verdaderamente libre excepto aquella que labora en Torah.”

Mishná Pirke Avot 6:2

Como podemos ver los eruditos y exégetas de las Sagradas Escrituras comprendieron muy bien que siempre existirán aquellos deseosos de manipular la libertad para adecuarla a sus intereses. Expresaron este concepto al señalar que la palabra “jarut” utilizada al describir las Diez Palabras o Decálogo (Aseret HaDibrot) que fueron “jarut”: grabados, de manera permanente, sobre Dos Tablas de piedra, al hacer un cambio de las vocales, que en hebreo no están explícitos en el texto escrito, se puede dar un nuevo sentido a este vocablo. Así formularon, “al tikrá jarut ela jerut”, no leas en el texto la palabra como “jarut” sino “jerut”. Al descubrir esta codificación de la Torah propusieron entonces que la palabra “jarut” que quiere decir “grabado” también alude a la noción de “jerut” que significa libertad. Entonces descifraron la revelación mesiánica de que a través del cumplimiento de las Diez Declaraciones (Aseret HaDibrot) que están grabados de manera permanente, el ser humano adquiere la verdadera libertad, la posibilidad de expresar su propia personalidad pero siempre dentro de un marco que respete el derecho de libertad del prójimo.

Pues bien, contrario a lo que intuimos, los sabios argumentan en esta enseñanza que la verdadera libertad solamente se alcanza a través de un compromiso sine qua non con la Torah. Entonces me pregunto: ¿Cómo puede el “laborar en Torah” y vivir una vida de acuerdo a las exigencias de la Torah producir libertad?

Es que esta Instrucción (Torah) con sus mandamientos, lejos de esclavizar, siempre libera. En otros términos: sólo siendo siervos de Yahvéh y Su Instrucción, se alcanza la verdadera libertad. Puesto que, según Yahvéh, este beneficio es exclusivamente para el servidor, su propia vida: obra a favor e sí y no de otro; sus intereses y no los de otros; y eso es la libertad en términos pragmáticos y reales.

Así pues, en la cosmovisión celestial (hebrea), la libertad tiene un valor intrínseco pero que es insuficiente por sí solo. En realidad la libertad tiene que estar acoplada a una conducta que persiga hacer el bien en la sociedad.

El filósofo y psicoanalista judío Erich Fromm, influenciado por su educación en la Torah, sostiene que el hombre y su sociedad no son factores separados. Él asegura que los humanos somos sujetos históricos: hay seres individuales, pero su comportamiento en conjunto es el que otorga el impulso que provoca cambio sociales en la historia. Así pues, existe una retroalimentación entre hombre y sociedad, el uno afecta a lo otro, en ambas direcciones. En este contexto, ¿qué es la libertad?: una búsqueda constante y turbadora de ser uno mismo, en su relación con los otros componentes de su mundo sociopolítico, hasta que de éste surjan, tanto un hombre como una sociedad nueva.

Por ello, el conjunto de ordenanzas contenidas en las Sagradas Escrituras, especialmente en el texto de la Torah, constituyen un recetario para la aplicación perfecta de la libertad a las actividades humanas.

Recordar Mi Esclavitud Me Asegura la Libertad

Es muy interesante notar que el tema de la libertad perseguirá a todo miembro de Israel a lo largo de toda la Torah:

Recordarás que tú fuiste esclavo en la tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas esto.
(Devarim/Deuteronomio 24:22)

¿Por qué este trabajo memorístico? ¿Para qué revivir este recuerdo? ¿No conviene más bien cultivar la tendencia a recordar lo positivo y bueno y olvidar lo malo?

Sucede que si bien ese recuerdo tiene un ancla en el pasado, en verdad alude al presente y al futuro. El Eterno ordena ejercitar la memoria en este recuerdo, para que nosotros como hebreos, entendamos que se puede recaer en esa esclavitud en cualquier momento. Por otra parte el que siempre recuerda que fue alguna vez (él o sus antepasados) esclavo sabrá visualizar la esclavitud en torno de su persona, en sí y en los otros, y sabrá comportarse con esclavos.

Así, la propuesta divina para Su Pueblo es que en los momentos más festivos de su vida debe recordar aquella esclavitud, como cuando bendice sobre el vino (kidush) en noche de fiesta. Pareciera que siempre estamos ante esa gran alternativa:

Dios / Faraón

Entendiendo por Faraón un símbolo de cualquier régimen donde factores de poder imponen sus normas, sus valores, que están al servicio de… los mismos que legislan y ejecutan las leyes de ese sistema de cosas.

Desarrollando un Servicio Anti-Faraónico.

En la sección (parashá) Mishpatim, queda bien claro que Yahvéh es lo anti-faraónico. El que saca a cada israelita de Mitzrayim (Egipto) y de su maneras de ser y conducirse para establecer la vida sobre los fundamentos de la Torah que tiene como única finalidad el mejoramiento de la propia humanidad en su vocación a la equidad. Es por eso, que cuando el Eterno se pone a legislar por medio de Su Instrucción, empieza justamente con la ley relativa a los esclavos.

El realismo de esta porción dice: hay esclavos, hubo esclavos, y probablemente siempre los habrá… El Eterno quiere que sus hijos vean la realidad y la conozcan, si en algo ellos anhelan y pretenden rectificarla y transformarla.

El realismo de la Torah se aplica a ver qué se puede hacer por los esclavos, y para mejor perspectiva del tema tenemos que remontarnos a milenios atrás. Los esclavos eran seres humanos dignos de toda consideración.

¡Esto es ya toda una revolución en la praxis que aquellas sociedades de la antigüedad se conducían!

Esta revolución se verá fortalecida por el diseño profético del Shabat y todos sus preceptos y leyes. Es justamente el día de las semana en el que se anula toda forma de esclavitud, toda diferencia de clases. En él descansan todos por igualdad, hasta los esclavos.

Este diseño sabático se aplicará como ley, no en día, pero en años. Seis años el esclavo hebreo trabajará y en el séptimo será libre. sin pago alguno por su parte.

Así, por medio de estos mishpatim, cada israelita tomaba conciencia que un esclavo es propiedad de otra persona. Entonces, desde ese sentido los hijos de Israel ya no podían ser esclavos, puesto que en el caso de llegar a ser vendidos como “siervos” no lo sería para siempre, sino sólo hasta el año shemitáh, remisión, que cae cada séptimo año.

Entonces esto no se trataba de una esclavitud en el sentido de la palabra sino más bien una servidumbre con derecho de vivienda, ropa, comida y lo necesario para su vida personal, pero nada más, a cambio de un servicio de 24 horas al día. Por ello, el Talmud parte de la premisa de que al adquirir un siervo, se compraba su trabajo, pero no su cuerpo, y mucho menos su alma.

Un Agujero en la Oreja Evita Un Olvido en Mi Corazón.

Ahora bien, si el siervo no deseaba ser libre en el año de remisión fue marcado en el lóbulo de su oreja como una señal y así serviría en la casa de su amo hasta el año de jubileo, que caía cada 49 años, y el que sí o sí debía ser liberado. De esta manera un siervo hebreo nunca llegaría a ser propiedad absoluta de otra persona. Es que todo merece un Shabat ,un cese, incluso la esclavitud elegida.

Ese acto simbólico, primitivo, de horadar la oreja, seguramente venía a enseñar que el individuo quedaba adherido a esa casa definitivamente.

Esta bien, pero ¿por qué justamente la oreja?

La respuesta es porque la esclavitud se producía por dos grandes posibilidades. Una, robando; el ladrón era vendido como esclavo. Otra por libre determinación; quizás a causa de una deuda asumía que no se podía pagar.

Si el esclavo llego a tal condición por ser ladrón, estaba obligado a declarar este mensaje:

esta oreja que oyó en el Monte Sinaí, la orden: “No robarás“, y sin embargo fue y robó debe ser horadada.

Si el esclavo llego a tal condición por haberse vendido a sí mismo, estaba obligado a declarar este mensaje:

esta oreja que oyó la Voz de Yahvéh cuando dijo: “De Mí son los hijos de Israel, mis esclavos“, y no obstante fue y se vendió a otro dueño debe ser horadada.

Respondida aquella pregunta, surge otra cuestión:
¿Por qué esto había que hacerlo bajo el marco de la puerta?

La puerta es el símbolo de la liberación de la esclavitud egipcia. En efecto, en la última plaga, la que concluyó por presionar al Faraón para que liberase a los israelitas, estos hicieron una señal sobre el travesaño superior de la puerta, como signo de identidad, de voluntad de libertad. Por eso, en la jamba de la puerta ha de realizarse aquel ritual.

¡La Mesa Está Servida!

Para buscar un cierre a todo lo que aquí he expuesto, los invito a leer el inicio de esta parashá (porción):

 “Y estas son las ordenanzas que pondrás delante de ellos.” 
(21:1)

Con todo esto, debo decir que los mishpatim pues, son los que regulan la actividad humana societaria, hombres con hombres, a fin de vivir la verdadera libertad, la que respeta la dignidad del prójimo.

Si volvemos ahora al lenguaje del versículo se verá está escrito:

“…que pondrás delante de ellos.”

Esto en lugar de “enseñarás”, por ejemplo. ¿Por qué?

El sabio Rashí explica que la expresión hebrea tasim (traducida como “pondrás”) también puede leerse así:

las colocarás delante de ellos como si fuera comida servida sobre la mesa

Considerándolo así, notamos con toda claridad que no basta con dar la Torah en forma de información que se acumula en la mente. Más bien hay que colocarla delante del pueblo de tal manera que la pueda captar, digerir, en orden, como una mesa servida.

Por eso, en el rollo de Devarim (Deuteronomio) encontramos a ese verbo en la fórmula sima befihem (coloca en la boca)

“…ponlo en su boca, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel.”
(Devarim/Deuteronomio 31:19)

La comida es función del que la trae, la coloca sobre la mesa, la dispone para que los que allí se encuentran, decidan llevarla a sus bocas. Es decir, que aquí Moshé es el delegado del Eterno que trae la comida que Él envía a sus hijos, la Torah.

Aquí hay pues dos momentos. El que tiene que tiene por protagonista al maestro, y luego, el que tiene que ver con la receptividad del discípulo.

Ahora bien, el Eterno deja bien en claro que malo es aquel maestro que se limita a entregar su lección y luego se va.

Falta el segundo momento, el primordial: el discípulo recibe, analiza, digiere, entiende, reflexiona internaliza, ahonda con su propia mente y acorde a su personalidad.

De este modo la Torah llega a su plenitud. Es del Eterno, pero se hace del ser humano., dentro de él, en su absorción particular. Será el poder del escogimiento que tiene cada alma redimida el que permitirá que la Torah se encarne en la mente y el corazón de cada hebreo.

En Mishpatim el Eterno revela que únicamente la persona que se somete a un régimen de disciplina personal, puede ejercer cabalmente la libertad. Por el contrario, aquel que es prisionero de la gula, quien cede ante todos los deseos carnales y de otra índole, rinde el ejercicio de la libertad a los apetitos que nunca son enteramente satisfechos.

Una de las consecuencias de una vida que se rige por los diversos instructivos contenidos en la Torah, es que le permite a la persona ser el dueño de sus pasiones, evaluar una situación para luego actuar de una manera consciente y responsable de acuerdo a la convicción y no por la utilidad o conveniencia; acorde a la reflexión y no al deseo momentáneo.

Así, y solamente así, el pueblo de Israel, logrará escoger voluntariamente y en todo momento ser siervo del Eterno. Escogerá diariamente servirlo con humildad y entrega. Entenderá y aceptará por qué Abraham avinu se definía a sí mismo “eved” (siervo) de Dios, al igual que el resto de los patriarcas.

Innumerables son las veces que aparece en los textos bíblicos el nombre de Moshé/Moisés acompañado del término “eved (“siervo”, “esclavo”) del Eterno”.

“Porque es a mí a quien sirven los hijos de Israel, siervos míos son a quienes yo he sacado de la tierra de Egipto. Yo soy El Eterno, vuestro Dios”
(Vayicrá/Levítico 25:55).

El profeta Yishayahu (Isaías) dejó escrito este oráculo del Señor:

Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Yaakov, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo. Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije:
Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché”
(Isaías 41:8-9).

Por ello es necesario continuar celebrando año tras año, y generación tras generación, la fiestas de Pésaj y Shavuot, con la conciencia de valorar la libertad que el Eterno nos a conferido y la posibilidad de utilizar dicha libertad para acercar al ser humano aún esclavo en Egipto a su Creador cuyas características de justicia y verdad debe imitar.

Después del Éxodo de Egipto, vibraba en los lugares celestiales una importante pregunta: ¿acaso ejercerían estos esclavos su recientemente obtenida libertad para convertirse en los futuros capataces de otro sector más frágil de la sociedad? Se sumarían los hebreos a los poderosos de otras naciones que se aprovechan de los indefensos, o al contrario, proclamarían en voz alta y sonora que la esclavitud es una perversidad, que cuando el más fuerte impone su voluntad sobre el débil está cometiendo una inmoralidad y corrompiendo más al planeta. La libertad obtenida tenía que ser canalizada hacia algún propósito diferente, loable y productivo, necesario para un proceso de acercamiento al Creador que es el Ser auténticamente libre. Por eso, Yahvéh los hizo peregrinar el desierto hasta el Sinaí. Pesaj era la salida a la libertad, Shavuot sería la promoción al compromiso libertador que lo mesiánico concedería al mundo.

Por ello es necesario continuar celebrando año tras año, y generación tras generación, la fiestas de Pésaj y Shavuot, con la conciencia de valorar la libertad que el Eterno nos a conferido y la posibilidad de utilizar dicha libertad para acercar al ser humano aún esclavo en Egipto a su Creador cuyas características de justicia y verdad debe imitar.

Terminaré con las palabras de Erich Fromm que considero sintetizan perfectamente la propuesta divina de la Nueva Humanidad que se revela en Mishpatim:


La función de la sociedad nueva es estimular el surgimiento de un Hombre Nuevo, cuya estructura de carácter deberá tener las siguientes actitudes: Disposición a renunciar a todas los modos de tener, para llegar a ser plenamente. Sentir seguridad, gozar de una disposición de identidad y confianza que se sustenten en la fe de lo que uno es, en la necesidad de relacionarse, interesarse, amar, solidarizarse con el mundo que nos rodea, en vez de fundamentarse en el deseo de tener, poseer, dominar el mundo, y así volverse esclavo de sus posesiones. Aceptar el hecho de que nadie ni nada exterior al individuo le otorga significado a su vida…”.

Definirme en los Límites Divinos.

Por P.A. David Nesher

Y YHVH dijo a Moisés:
Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana;…
Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo:
Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá. No lo tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá. Cuando suene largamente la bocina, subirán al monte…
Moisés dijo a YHVH:
El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has mandado diciendo: Señala límites al monte, y santifícalo…

(Shemot/Éxodo 19: 10, 12-13; 23


Israel había sido sacado de la esclavitud de Mitzrayim (Egipto) y ahora tenía que pasar por un largo proceso pedagógico, bajo la Instrucción que da la Verdad Absoluta y que permitiera los cambios de paradigmas que garantizarían una mentalidad que los convirtiera en un pueblo verdaderamente libre.

El Eterno había decidido aparecerse a Israel de una forma espectacular, como nunca hombre alguno lo había palpado desde la caída del Gan Edén; y antes de que esto pudiera pasar, el pueblo se debería preparar espiritualmente para alcanzar grados de conciencia metafísica que les permitiera soportar tal esplendor de Su Gloria.

Cuando el Eterno los liberó de la servidumbre de Mitsrayim (Egipto) no los dejó en el aire, sin normas. Y es que la verdadera libertad tiene que ver con normas fijas y límites marcados. Ahora le tocaba al pueblo aprender esta lección.

Como ya se los he enseñado en otra bitácora, la raíz de la palabra “Torah” (traducida correctamente como “Instrucción”), es “yaráh”, que significa “lanzar”, “disparar”, “apuntar”, “marcar”, “señalaral blanco o propósito. Entender esta raíz de la palabra nos permite aceptar que la Torah pone al alma humana los límites necesarios para el bien de la humanidad y creación toda.

Tenemos que entender y aprehender que la Torah del Eterno marca dónde está la diferencia entre lo permitido y lo prohibido. Así aceptaremos que en la cosmovisión celestial pecar es cruzar los límites marcados por la Torah de Elohim, como está escrito:

“…Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la Torah, pues el pecado es infracción de la Torah…”
(1ª Juan 3:4)

Por ello, es necesario explicar que en hebreo la expresión “santificar”, significa “separar y aislar“, que en este caso específico alude a aislar al Monte Sinaí para que el pueblo no se acerque.

En hebreo “Santificar” se dice “lekadesh”, que viene de la misma raíz que “kadosh”, (santo). Esa es la razón por lo que a la Esencia de la divinidad se la denomina “Hakadosh Baruj Hu”, que se traduce: “El Santo, Bendito Es”, porque está aún separado y aislado de la existencia física.

Ahora entendemos bien el por qué, al dar comienzo el Shabat o las Festividades se lleva a cabo el “kidush”, literalmente “santificación”, que significa “separar” a ese día especial del resto de los días de la semana. Y de igual modo, la ceremonia de casamiento recibe la denominación de “kidushin” (“santificación”), porque a través de este acto la “novia” queda aislada, en el sentido de privada, de la posibilidad de contraer matrimonio con cualquier otro hombre, porque queda consagrada, santificada, para su esposo de manera exclusiva.

Es decir, que Yahvéh se aseguró que cada miembro de Israel entendiera y aceptara que lo que santifica son los límites. El monte fue santificado por los límites y la presencia del Eterno que estaba limitada dentro de esos límites (cf. Éxodo 29:43).

Volviendo a nuestro pasaje en cuestión, notamos que al poner estos límites y al traer la pena de muerte al quebrantarlos, YHVH le mostró a Israel que en las dimensiones celestiales, la obediencia es considerada más importante que los sentimientos de toda una masa humana. No dudo de que algunos intrépidos israelitas sintieron el ir más allá de los límites, pero ellos tuvieron que someter sus sentimientos a la obediencia. ¡Es sólo la obediencia la que atrapa la Unción de Dios y desata Milagros!… ¡Todo lo demás es solamente vanidad de vanidades!

Son muchas las persona que, influenciadas por el sistema reptiliano, creen que la libertad implica hacer lo que uno desea; lo que bien le parezca, y que además, le haga sentir bien. Pero para el Creador, la verdadera libertad es encontrar y mantenerse dentro de los límites que Él ha puesto para cada uno. Así entonces se debe aceptar que los límites y las normas estrictas no son para impedir el desarrollo de la libertad, todo lo contrario. La libertad auténtica que el hombre puede experimentar es cuando sepa cuáles son los límites dentro de los cuales puede moverse sin estar en peligro de ser castigado o dañado. Sólo entonces podrá decirse que es dignamente un ser humano.

A esta altura de nuestro peregrinar en la fe, entendemos y aceptamos que la carne del ser humano (lo que en hebreo se denomina el yetser hará = “inclinación al mal“), no quiere límites, como lo enseñara el apóstol Pablo a los creyentes que vivian en Roma cuando les escribió:

“Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.”
 (Romanos 8:6-8 )

También ya sabemos que el hombre espiritual, en cambio, no está dirigido por sus impulsos naturales y pecaminosos, sino por los principios que el Eterno ha marcado en su Torah. Un hombre espiritual es un hombre de principios y no de impulsos. ¿Por qué razón cumple los principios marcados por la Torah? ¿Por amor o para cumplir? El que cumple por amor ha llegado a la perfección.

Entonces, ¿está mal anhelar en vivir placenteramente?¿Se Opone Dios al Placer?

No, por el contrario, las mismas Sagradas Escrituras revelan que Dios nos creó con la capacidad de experimentar el placer. Varios textos bíblicos hablan de nuestro deleite y placer (por favor lean: Salmo 16; Proverbios 17:22; Proverbios 15:13).

Lo que el Eterno quiere es que a logremos discernir entre los diferentes tipos de “placeres” en este mundo físico, influenciado por HaSatán. Aceptemos que vivimos en un mundo caído donde lo mejor de Dios para nosotros, ha sido pervertido por una sociedad sometida al Sitrá Ajrá (el Otro Lado). Entonces, el hecho de que la sociedad considere una actividad como algo placentero, no significa que sea agradable a Dios. Así lo tenían en cuenta los discípulos de Yeshúa del primer siglo (por favor leer: Gálatas 5:19-21; Colosenses 3:5-10; 1 Corintios 6:12-17). Cuando consideramos estos “placeres” del mundo, nos damos cuenta que en realidad no son saludables para nosotros o no nos favorecen a largo plazo. Nuestro Maestro Yeshúa, dijo que el hijo pródigo se deleitó en el pecado hasta que se le acabó el dinero; luego descubrió que los placeres del pecado son pasajeros (Lucas 15:11-17). Ellos son amigos falsos que nos dejan vacíos y deseosos.

También es importante darnos cuenta que el propósito de nuestras vidas no es el placer en sí mismo. El hedonismo (doctrina ética que identifica el bien con el placer, especialmente con el placer sensorial e inmediato) es una filosofía falsa. Fuimos creados para deleitarnos sólo en Dios (Salmo 37:4) y aceptar con gratitud las cosas buenas que Él provee en nuestro diario vivir. Es decir que lo más importante para nosotros es aceptar que fuimos creados para tener una relación personal con Dios.

Entonces, lo que debemos encarnar en nuestra mente y corazón, es que el placer permitido por Dios es un resultado de la obediencia a los principios marcados por Él en la Torah. El pecado ofrece placer sin límites, sin principios, sin obediencia. Ese placer se convierte a la larga en amargura. En cambio, el placer sometido a los principios de la Torah es duradero y no produce daño ni amargura. ¡Los límites que pone el Cielo permiten el placer de la verdadera libertad!

Si analizamos objetivamente nuestros días, notaremos que las culturas del mundo que se rigen por principios bíblicos son las más influyentes en el planeta. En cambio, los países pobres están en dicha calificación porque la gran mayoría de sus habitantes están traspasando los límites divinos y eso produce maldición que resulta en pobreza. Los países que tienen una población que ha aprendido a regirse por principios basados en la Torah, prosperan en todo sentido.

En el pasaje en cuestión, notamos que el Eterno enseñó al pueblo de Israel que hay límites importantes. Al cruzar los límites uno corre el peligro de ser dañado e incluso morir, como en este caso. El pueblo sólo se podía acercar cuando Elohim los invitara, y la trompeta (shofar yovel) señalaba que la invitación estaba abierta. Al sonar de la trompeta ellos podían llegar al límite de la barrera, pero no podían ir más allá.

Aquellos que hemos conducido en ruta, sabemos que en medio de una carretera hay una línea divisoria entre las dos vías. Al cruzar el límite uno corre mucho mayor peligro de tener un accidente. Solo cuando línea divisoria se vuelve trazos blancos, la ley vial nos permite traspasarla usando el criterio personal que garantiza la precaución. Con este ejemplo, entendemos que las divisiones son para proteger la vida y para dar libertad verdadera que garantice un buen destino. Al saber que no hay peligro dentro de los límites marcados, un siente seguridad y puede moverse libremente en el área marcada.

El pecado, es decir, el traspaso de los límites divinos, crea un desequilibrio en la creación, y esto sí o sí trae caos. Muchas de las cosas buenas se convierten en malas cuando son empleadas fuera de los límites marcados en la Torah.

Por ende, aceptemos que quitar los límites no crea libertad, sino confusión y peligro de muerte. Guardar los límites crea libertad y seguridad.

Un ser humano verdaderamente maduro es capaz de negarse un placer a corto plazo, para obtener un placer mayor a largo plazo, que permitirá la trascendencia de su entorno y sus generaciones.

Por lo tanto, mi querido discípulo de Yeshúa, acepta mi consejo: ¡sé celoso para no traspasar los límites en tu vida! ¡Sé una persona de principios celestiales y no de impulsos! ¡Así serás prosperado en todo!

Aquí me quedo, elevando mis plegarias para que el Eterno nos ayude a entender cuáles son los límites y mantenernos dentro de ellos, para nuestra libertad y seguridad.

¡Siempre en servicio de amor para que seas exaltado!

P.A. David Nesher

Ahora te invito a leer también los siguientes estudios para que puedas captar mejor esto que aquí hemos hablado:

¿Yahvéh Endureció al Faraón?… ¿Cómo es Eso?

Por P.A. David Nesher

“Porque la Escritura dice al faraón:
«Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder y para que mi Nombre sea anunciado por toda la tierra». De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece..”

(Romanos 9:17-18)

El Eterno no endureció el corazón de Faraón en contra de la voluntad de este. El endurecimiento del corazón del Faraón no es debido a una decisión predeterminada del Eterno, porque violaría el principio de la libertad para elegir. 

En verdad, el Señor confirmó de que Faraón tenía una inclinación malvada en contra de Israel. El Eterno sabía desde el principio que Faraón no estaría de acuerdo con la petición de Moisés. No era una sorpresa para Dios que Faraón no escuchara a Moisés.

Sin embargo, vemos como el Eterno no endurece el corazón del Faraón sino hasta después de haber pasado cinco plagas. Durante las cinco primeras plagas fue el mismo faraón que fortaleció su corazón para no hacer caso a la palabra del Eterno. Según el midrash, las cinco primeras plagas duraron cinco meses.

Es valioso aquí citar lo que el célebre intérprete Rambam escribe refiriéndose a este tema:
“No pienses lo que dicen los necios de las naciones del mundo, como también la mayoría de los indoctos de Israel, que el Santo, bendito es, decreta desde el principio de su creación si el hombre va a ser justo o malvado, así no es… No hay nadie que le obligue, que le imponga o que lo arrastre hacia cualquiera de estos dos caminos, sino que él mismo y por su propia decisión se inclina hacia el camino que desee.”

Así pues, lo que Yahvéh simplemente hizo fue darle fuerza a Faraón en la maldad que él ya había elegido. Recordemos que Yahvéh había dicho que Él fortalecerá el corazón del Faraón (Éxodo 4:21). La palabra hebrea que aquí se utiliza es jazak, que significa “hacerse fuerte” “ser fuerte”, “tener valor”, y/o “endurecerse”. El Eterno prometió fortalecer el corazón del faraón para que él siguiera en su decisión rebelde y no perdiera esa fuerza para resistir al Eterno. Si Yahvéh no hubiera fortalecido su interior, no podría haber hecho los últimos grandes milagros ante todo el mundo. Así que Yahvéh se aprovechó de la obstinación del faraón cuando él ya había tomado la decisión de ir por el camino rebelde.

Ahora bien, cuando llegamos al capítulo siete de Shemot notamos como el Eterno dice que endurecerá el corazón del faraón (7:3). La diferencia aquí es que la palabra hebrea usada es kashá,que significa “ser duro”, “difícil”. Es la única vez que la palabra endurecer aparece en relación con el faraón.

La llave para comprender el tema se encuentra en el comentario de Rashí. El mismo explica que el término “kasháh” debe traducirse como “está pesado” (como un sustantivo calificativo y no como verbo). Es decir, el corazón del Faraón “está pesado” por sí mismo y no (sólo) producto de una acción, porque Yahvéh lo endureció. El corazón del Faraón “estaba pesado” de por sí, poseía una testarudez natural que generaba que se oponga a la voluntad de Yahvéh; (además de ello, Yahvéh lo hizo más pesado aún, para endurecerlo más allá de su naturaleza testaruda).

Así pues debemos entonces destacar que en las primero cinco plagas vemos como el faraón fortalece su propio corazón en su rebeldía. Durante este lapso encontramos que se usa la palabra jazak, “fortalecer” . Luego, aparece la palabra kasháh (que deriba de kavad), y significa “estar pesado”, “ser pesado”, “ser una carga”; “recibir honores” (7:13, 22; 8:19; 9:12, 35; 10:20, 27; 11:10; 14:4, 8, 17). Lo interesante de esto es que en la mayoría de las veces el hebreo usa la palabra  kasháh  para referirse cuando Faraón endurece su corazón voluntariamentey usa jazak cuando el Eterno fortalece el corazón de Faraón en su actitud rebelde. Es decir, que el Paróh estaba lleno de vanagloria, lleno de orgullo, y decidió no escuchar u obedecer la advertencia amorosa del Eterno. Así logramos apreciar que el Eterno que ha otorgado libre albedrío al hombre para escoger, simplemente fortaleció y reforzó el hecho que Faraón había rehusado oír. 

De todos estos textos surge una maravillosa enseñanza mesiánica: cuando una persona se empeña en rebelarse contra la voluntad del Eterno llegará a un punto donde la gracia del Eterno se retira y ya no habrá más posibilidad de arrepentimiento. Ya pasó la raya y es juzgada para ser un vaso de ira preparado para la destrucción, tal como le enseñara el apóstol Pablo a los creyentes del Camino residente en Roma:

“¿Y qué, si Dios, aunque dispuesto a demostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para destrucción?”
( Romanos 9:22 )

Está entonces bien claro, después de ese punto decisivo, el Eterno fortalece la persona en su rebeldía con un triple propósito:

  • Primero, para fortalecer la decisión de la persona y así darle el derecho de vivir según su propia decisión libre. Escogió ese camino y por ese camino tendrá que caminar y sufrir las consecuencias de su decisión.
  • Segundo, para mostrar a todo el mundo que el aparente arrepentimiento que la persona pueda mostrar hacia fuera no era sincera (cf. 9:27), para que cuando venga el castigo, nadie diga que Dios castigó a los arrepentidos. Su rebeldía es evidente a todos y por lo tanto nadie se equivocará pensando que el castigo divino vino por una injusticia del Eterno.
  • Tercero, para así mostrar su poder mediante los fuertes castigos que son manifestados de modo que el pueblo de Israel y las demás naciones conozcan su tremendo poderío (cf. Éxodo 7:3-5; 9:15-16).

En base a esto, notamos que el malvado rey nunca hizo nada para quebrantar su orgullo. El endurecimiento del corazón de Faraón se muestra cuando él ni siquiera quería escuchar el análisis de sus propios consejeros. No había ninguna razón lógica por la cual él insistía en resistir y rechazar a Yahvéh, como verdadero Dios. El Paróh rechazó voluntaria y tozudamente al Dios vivo y verdadero, y por eso, Yahvéh lo usó para Su propósito eterno.

Si el Faraón hubiera querido someterse a Yahvéh después de un sincero arrepentimiento, nada se lo habría impedido. Recordemos que la ”teshuváh” (arrepentimiento o regreso), es la base principal sobre la cual descansa la relación del ser humano con el Creador. Justamente los sabios y entendido en códigos hebreos, aseguran que el Eterno había dicho a Moshé:

«…Yo daré a Paróh una oportunidad de hacer teshuvá por la duración de las primeras cinco plagas. Si él después de eso persiste en su iniquidad Yo detendré de Mi mano auxiliante que está lista para asistir a aquéllos que hacen teshuvá…».

Es claro entonces que a Paróh se le dio en las esferas celestes un tiempo para hacer teshuvá. El mismo abarcó hasta la quinta plaga a fin de no castigarlo; luego Yahvéh endureció su ser.

En Yejezkel/Ezequiel 18:23 encontramos esta cualidad de la acción misericordiosa del Eterno:

“¿…Acaso deseo la muerte del malvado, dice el Señor, el Eterno, ¿acaso no (deseo) que vuelva de sus caminos (malos) y viva?…”,
[Ezequiel 18:23 – Tanaj Katz].

Pero el rey no rectificó, por lo que la destrucción para Egipto era inminente; los idólatras se encontraban ya dentro de lo que se llama la «espiral involutiva», esto es, una progresión (o hélice), que los haría girar de una desgracia hacia otra. Dicho de otro modo, los egipcios “saltarían de la olla al sartén”, o viceversa.

Pensando en este tema, los sabios comentan que, cuando se ve al individuo afectado por enfermedad, se entiende que la negatividad (por mano de Satán), está actuando en una pequeña escala. Pero cuando se desatan de manera extendida las más grandes y temibles enfermedades, una tras otra, es porque al HaSatán se le ha concedido un espectro más amplio para sembrar caos [Torah Kabalística, pág 76].

Con esta idea en mente, si hacemos una lectura cuidadosa del libro de Yov (Job), quedará claramente ilustrado esto que estamos considerando (Job 1:6-22).

Respecto de Yov el libro de El Zohar registra:

«…R. Judá respondió:
_ ¡Efectivamente, hablas verdad! Pero también está escrito que Satán dijo:
“Pero tiende tu mano y toca su hueso y su carne”, y que el Santo Mismo dijo a Satán:
“Y tú me persuades contra él”.
Lo que prueba que se dio a los poderes del “otro lado” permiso para que pudiesen levantarse contra el hombre por causa de los actos que efectuó en este mundo (…)
R. Eleazar discurrió entonces sobre el versículo:
_ Y hubo un día cuando los hijos de Dios vinieron a estar ante el Señor y entre ellos vino también Satán.
_ Este “día” —dijo— era Día de Año Nuevo, en el cual el Santo juzga al mundo.
“Los hijos de Dios” son los seres superiores designados para vigilar las acciones de la humanidad (…)
Así se le dio a Satán permiso de perseguir a Yob y mostrar que sus motivos no eran realmente puros. Pues tan pronto como se lo sometió a prueba abandonó el camino recto y no permaneció firme:
“El no pecó con sus labios” pero pecó en su mente, y después también con su lenguaje. Pero no fue tan lejos como para ligarse al “otro lado”, como Satán había dicho. Y como Yob no se apegó al “otro lado”, “el Señor bendijo el postrer estado de Yob más que al primero»

[Zohar Bo].

Evidentemente, para poder actuar, HaSatán requiere el permiso de lo Alto. Un pasaje que nos ayuda a clarificar esto es el que leemos en los escritos apostólicos con Mashiaj Yeshúa expresándole a uno de sus talmidim lo siguiente:

“…Shimón, Shimón, he aquí ha Satán busca con diligencia cómo zarandearte como a trigo; pero ya rogué por ti, que tu emunah no sea destruida. Y tú, a su tiempo, harás teshuváh y traerás gran consolación a tus hermanos”,
(Lucas 22:31-32. – Código Real del NT)

Si Faraón hubiera aceptado la evidencia del poder de Yahvéh dada en la primera plaga, se hubiera ahorrado todos los juicios que siguieron. Pero su marcada tozudez pedía aún mayores demostraciones del poder divino, y las plagas cayeron una tras otra hasta que finalmente fue llamado a mirar el rostro sin vida de su propio primogénito y de los primogénitos de su connacionales, mientras que los hijos de Israel, a quienes él tenía como esclavos, no sufrieron daño de las plagas, ni fueron tocados por el ángel destructor.

Faraón endureció su corazón y después Yahvéh lo endureció más. Dios puede hacer lo mismo hoy. En nuestra rebelión, podemos alcanzar el lugar donde Dios nos fortalecerá en nuestro deseo malvado:

“Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones … Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.”
(Romanos 1:24, 28).

A lo largo de mis años ministeriales, he visto a muchas personas volverse a Dios en un tiempo de calamidad, y cuando las cosas se ponen mejor, ellos casi inmediatamente cambian su corazón de nuevo endureciéndolo hacia Dios. Evidentemente, Faraón no fue un ejemplo inusual de la humanidad; él es la codificación escritural que describe la mayoría de los seres humanos, modernos o antiguos.

La tendencia es siempre la misma. Al continuar en pecado e ir rechazando simultáneamente las oportunidades del Eterno para nosotros, para que nos arrepintamos y volvamos a Él, el endurecimiento continua. Esto se ve comúnmente en todo lugar del mundo. Un varón no comienza apostando su paga semanal en el casino de la ciudad; se iniciará al aceptar una apuesta amistosa entre sus amigos, mientras observan un partido de fútbol; y su corazón empezará a endurecerse. Un varón no empieza con una perversión vergonzosa; comienza con unas pocas revistas, un par de vídeos rápidos por Internet, y su corazón se endurecerá poco a poco, hasta ya no regresar. Una mujer no empieza adicta al alcohol; comienza a beber dentro de los círculos sociales, y su corazón se endurecerá hasta la condenación.

Yahvéh le dio muchas oportunidades al Faraón para arrepentirse de su pecado, tanto como hoy lo está haciendo con la humanidad rebelde:

“El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.”
(2 Pedro 3:9 )

“… el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad.”
 (1 Timoteo 2:4 )

El mensaje aquí es que tú no debes endurecer tu corazón ante el llamado del Eterno. Humíllate y pídele un corazón blando. Es peligroso cuando el corazón de alguien se cierra o endurece. Que el Santo y Bendito nos libere de eso.

“Si no sabes a dónde vas, nunca llegarás” (Parashá Vaerá)

Por P.A. David Nesher

Vayedaber Elohim el-Moshe vayomer elav ani YHVH.
Va’era el-Avraham el-Yitschak ve’el-Ya’akov be’El Shaday ushmi Adonay lo nodati lahem.

(Texto Original Hebreo)

Yahvéh se dirigió a Moshé y le dijo: “Yo soy Yahvéh”. Yo me manifesté a Abraham, a Itzjak y a Yaacov como El Shaday, pero con Mi Nombre [esencial יְהוָָ֔ה ] Y-H-V-H-, no me di a conocer a ellos.”

(Shemot/Éxodo 6:2-3)

וָאֵרָָ֗א

Vaerá: significa «Y se apareció».

Después de haberle vaticinado Elohim al Profeta (Moshé) en atención a su protesta desesperada sobre lo que sucederá a Paróh (Faraón) una vez terminada la tarea de rescate, pasa a expresarle lo siguiente:

¡“YO SOY YHVH”!

Esto quiere significar que Yahvéh cumple lo que promete. Ésta expresión asegura al alma del escogido que el Eterno es fiel a Sus Pactos. De este modo, el Señor está actuando en la mente de Moshé para que comprenda la trascendencia e importancia de su misión.

Naturalmente, Moshé sin la guía de “HaKadosh Baruj Hu (que se traduce: “El Santo Bendito Sea“), no podría llegar a ninguna parte. Al respecto hay un refrán que dice:

“Si no sabes a dónde vas, nunca llegarás”.

También hay otro semejante:

“Si no sabes a dónde vas, no encontrarás un camino que te lleve ahí”.

Esto nos enseña que sin dirección y sin saber hacia dónde nos encaminamos, estamos perdidos. Pero Moshé tendría como timonel y conductor al Santo Bendito Sea, cuyo Nombre es YHVH, marchando junto a él, y al frente de los clanes hebreos. ¡La victoria estaba de su lado!

En «Vaerá», Moshé refiere al pueblo maravillosas promesas de liberación y de introducción a la tierra prometida. Mientras los israelitas están esclavizados, las diez plagas constituirán el comienzo de la saga del éxodo. El envío de éstas, no era necesariamente para convencer al Faraón, su finalidad principal era la de seducir y convencer al pueblo de Israel. Las plagas servirían para su propia rehabilitación espiritual.

Fue por intermedio de estas plagas que se quebrará la soberbia del Faraón y de los egipcios.

La sección Vaerá hace referencia a la mayoría de las catástrofes que arribaron a Egipto estando el rey en un bucle temporal que él mismo se buscó. [Bucle: patrón, ciclo o acción repetitiva].

Faraón y su pueblo, sufrirán el azote de grandes calamidades, una seguida de otra. Él pudo haber evitado las plagas si tan solo hubiese aprendido lo que debía aprender y hubiese dejado ir a los israelitas, pero aún después de cada plaga, el rey no reconocía la autoridad del Omnipotente y seguía sintiendo que ese era su dominio y por ello no dejaba en libertad a los esclavos hebreos.

La Torah, a través de esta parashá, nos enseñará que cuando la persona rehúsa tomar responsabilidad por sus acciones, indudablemente certifica que no es capaz de tomar control de ellas; y una vez que la persona reconoce que es incapaz de escoger entre el bien y el mal, afirma de manera equívoca que su verdadera voluntad es repetir la transgresión.

La actitud de Paróh/ Faraón pareciera entonces tonta, pero ¿acaso no vemos este mismo comportamiento hoy en día en nuestra persona o en los demás creyentes?

A semejanza de la actuación del rey egipcio, la realidad es que nuestras experiencias dificultosas también tienen un patrón recurrente, pero a ese patrón nosotros podemos llamarle “oportunidad”. Faraón tuvo sus oportunidades para seguir siendo próspero y forjar un gran país, pero las rechazó y ello lo condujo a la ruina.

Recordar el Éxodo de Egipto constituye un mandamiento (mitzvah) que debe cumplirse todos los días, pues si bien en la realidad física éste tuvo lugar una única vez en la historia, en sentido figurado, esto quiere decir que la persona debe “salir de Egipto” todos los días.

El “Egipto interior” (que cada hombre posee), es muy poderoso, por lo que igualmente se le tiene que azotar con “plagas”, esto es, mediante el servicio a Yahvéh. Es con el servicio sagrado que el gobierno del “Egipto espiritual”, puede ser vencido. Para abandonar al “Egipto impuro” y librarse de él, la persona debe introducir calidez y vitalidad en todo lo que se relaciona con la santidad. Por lo contrario, la frialdad de la santidad llevará, eventualmente, a que el individuo se involucre en la “impureza egipcia”.

Los sabios nos enseñan que la opresión física fue tan desgastante que provocó que los hijos de Israel se “bloquearan” espiritualmente. Como se explicó en capítulos anteriores, la conciencia del pueblo había descendido hasta el nivel 49 de negatividad. La “Puerta 50ª”, sería el nivel del cual no había más retorno. Por eso, aun después de que Moshé transmitiera a los Benei Israel (hijos de Israel) el mensaje de redención, ellos no creían a sus palabras.

Quien estaba destinado a ser guía de los escuadrones hebreos era Moshé, sin embargo, Aharón también formó parte del propósito redentor. ¿Por qué el Eterno solicita a dos misioneros y no solo a uno? En las Escrituras vemos que el Eterno emprende los proyectos de Su Obra en sociedad con dos agentes, tenemos los ejemplos de: Mordejai (nombre que inicia con מ “mem” inicial, o letra “M”), y su sobrina Esther (cuyo nombre comienza con alef, א); Menashé y Efrayim (también con “mem” y “alef”); Mashiaj y Eliyahu (con “mem” y “alef”). Como podemos advertir, la fórmula «Mem (מ) – Alef (א)», aparece reiteradamente. Son las primeras letras de cada nombre -y personaje- que ha sido llamado a participar en los planes de Yahvéh.

El extraordinario rescate de los hijos de Israel en Mitzraim/Egipto, es una señal o anuncio para la gran redención de nuestro pueblo Israel en los últimos tiempos, redención que será operada por Mashiaj. En el libro del profeta Zejaryah (Zacarías) leemos:

“…Les silbaré y los juntaré, porque los habré rescatado (…)
Los haré volver de la tierra de Egipto y de Ashur los juntaré…”,
[10:8, 10 _ Tanak Katz].

A fin de entender los códigos escondidos en esta parashá y en las seis primeras del rollo que componen el acrónimo SHoVaBBiM, explicaré algunos secretos que necesitamos manejar para sanar nuestras almas de toda toxicidad reptiliana.

En el plano espiritual nuestro cuerpo es llamado “Egipto” y nuestra alma es llamada “Pueblo de Israel” (Am Israel). Por ello, la postura de Egipto/Mitzraim será buscar continuamente el dominio sobre Israel; esto es, que el cuerpo intentará subyugar al alma constantemente.

Por otra parte, “Paróh” (Faraón), es un código para “Ego”. El ego es la valoración desmedida de uno mismo. El ego, es la conciencia de sí mismo, el orgullo, la presunción y el “yoísmo”.

Pharó/Faraón se creía un dios que se hizo a sí mismo y que no necesitaba nada de nadie y que nadie estaba sobre él. ¡Qué equivocado estaba!

Ya lo he ensañado en otra bitácora, pero necesito nuevamente recordárles que la palabra Mitzrayim (Egipto) proviene del término “metzarim”, que significa “límites”, y este a su vez viene de la raíz hebraica “mitzrá” que significa “comprimir” o “encerrar”. Esto aplica a los condicionamientos, frenos y restricciones de movimiento que existen en cada persona. Por esta razón, cada día, el individuo debe llevar a cabo un símil de “salir de Mitzraim/Egipto”, superar y librarse de esas limitaciones a fin de brindar a su alma la libertad de expresarse de acuerdo a sus verdaderas aspiraciones.

Para que los hijos de Israel pudieran ser liberados, el Eterno debía, primeramente, rescatarlos de su esclavitud interna. Este es también un mensaje para nosotros en esta época porque si queremos verdaderamente ser hombres y mujeres libres debemos quitarnos los grilletes de la servidumbre de nuestra propia mentalidad y rechazar todo aquello que sea opresivo y egoísta.

Los sabios que manejan el nivel “Sod” de interpretación aseguran que jamás se debe pelear contra un enemigo con la misma oscuridad de la que él se sirve, porque no se combate a la oscuridad con oscuridad; dar luz al opositor, es mejor que guerrear contra la oscuridad que proviene de él. ¿Pero cómo lidiamos contra la oscuridad? La respuesta es bastante simple: ¡encendiendo una luz!

En estos criterios celestiales peregrinaremos con nuestra mente y corazón en cada una de las ascensiones (aliyáh) que este maravillosa sección de Vaerá nos otorgará en impartición a nuestras almas.

¡Dispongámonos a elevarnos a grandes cosas de nuestro Dios!