parashá vaerá

La Genealogía que Revela que Dios no nos olvida.

Por P.A. David Nesher

Shemot/Éxodo 6:14
En hebreo dice:
Eleh rashey veyt-avotam beney Re’uven bejor Yisra’el Janoj uFalu Jetsron veJarmi eleh mishpejot Re’uven.

Traducción al español:

Estos son los jefes de sus casas paternas: Los hijos de Rubén, el primogénito de Israel: Janoj y Pal-lu, Jetzrón y Karmí; estas son las familias de Rubén.

Ahora bien, desde cierto punto de vista da la sensación de que esta genealogía rompe la continuidad de la narración. Es que la Intención divina que está inspirando a Moshé en la escritura, pretende marcar como los hechos se precipitan (desde el vers. 13) revelando así que el Pueblo de Israel ya no tendrá forma de retornar a la mentalidad de servidumbre que hasta ese momento venía peregrinando. Por lo tanto, la introducción de esta genealogía (y el pasaje siguiente, 6: 28 al 7:7) persigue dejar claramente establecida la situación final antes de encarar luego el paso siguiente: confrontar al dragón mismo.

Con esta genealogía se revela a aquellos que la lean quiénes son las personas que el Eterno ha asignado para la tarea de la Redención. Israel debe aceptar que Moshé y Aharón fundamentan su autoridad en el linaje levítico que vibra en sus almas. Es esto lo que les brinda legitimidad antes las esferas celestiales mismas, y los miembros de las distintas tribus.

En primer lugar, debo decirles que las genealogías tienen gran importancia entre los hebreos, particularmente en la clase levítica-sacerdotal y el linaje regio de Yehudáh. Estas dos dignidades de la Unción (sacerdotes y reyes) se transmitían por generación de padres a hijos.

En segundo lugar, debemos anotar que la presente genealogía es de alguna manera la repitición de la que hemos ya estudiado en Bereshit (Génesis) 46: 8-15, y contiene las familias de Reuvén y Shimeón, y luego la de Leví, tribu a la que pertenecían Moshé y Aharón.

Entonces, esta porción es importante debido a que el sacerdocio que eventualmente vendría por parte de la familia de Aharón pasaría a sus descendientes. Por lo tanto era importante el saber exactamente quienes eran sus descendientes. Así también tenía gran importancia conocer el tronco de linaje de cada orden levítica de servicio en el Mishkán, y más tarde el Beit HaMikdash (Templo Santo). Recordemos que en la tribu de Leví, había tres familias principales: Gershón, Koat y Merari. Cada una de estas familias recibirían un deber específico en el servicio del Señor

Justamente esa es la intención divina al comenzar con la expresión rashey (los jefes)… En el sentido más simple del término, estos jefes o cabezas de familia eran todas las personas mencionadas después. El sabio Sforno comenta que la Torah da las edades de los ancestros de los levitas a fin de ofrecer una razón que explique la superioridad de Moshé y Aharón. Dado que Leví sobrevivió a sus hermanos, y Kehat y Amram también vivieron hasta edad muy avanzada, todos ellos pudieron desempeñar un papel muy importante en la educación y la crianza de sus nietos e hijos, respectivamente, un beneficio del que las demás tribus no pudieron gozar en la misma medida.

Por otra parte, el hecho de que la genealogía incluye sólo los tres primeros hijos de Yaakov, es decir, Reuvén y Shimeón y sus hijos revela que la primogenitura no siguió el orden biológico jurídico, enseñando así que el Eterno considera otras características al momento de buscar a quien lo represente.

Finalmente, la irrupción en el relato del Sefer Shemot de esta genealogía conlleva una enseñanza maravillosa para el alma de los escogidos del SEÑOR. Lo explicaré mejor así: cada vez que las genealogías aparecen cada tanto en las páginas de las Sagradas Escrituras son un recordatorio divino de que aunque nos hayan olvidado los hombres, Yahvéh nunca nos olvida y que aunque los hombres no hayan registrado los detalles de nuestras vidas, hemos tenido nuestro rol predeterminado en el cumplimiento del propósito eterno de Dios, y la descodificación de Su diseño pre-existencial: el Mesías manifestando Su Presencia en medio de los hombres.


Bitácora Relacionada:

¿Cómo Hallar Alivio y Consuelo?

por Rebetzin Esther Jungreis

Porción Vaerá (Éxodo 6:2-9:35)

Dios les habló a Moshé y a Aharón y les ordenó respecto a los hijos de Israel… 

(Éxodo 6:13)

A menudo nos encontramos en situaciones en las que tenemos que consolar y alentar a personas que atraviesan una situación difícil y sienten que ya no pueden seguir adelante.

Encontrar las palabras adecuadas en esas ocasiones nunca es fácil, pero ese fue el desafío que enfrentó Moshé cuando se dirigió a sus hermanos que sufrían la esclavitud en Egipto. Al comienzo de la parashá, Dios le encargó a Moshé la misión de anunciarle al pueblo judío que el momento de la liberación estaba cerca. YHVH usó cuatro expresiones diferentes para describir su redención:

“…Yo los sacaré de debajo de las cargas de Egipto; los liberaré del trabajo de ellos, los redimiré con brazo extendido y con grandes juicios. Los tomaré como pueblo para Mí y seré Dios para ustedes. Sabrán que Yo Soy YHVH, su Dios, quien los saca de debajo de las cargas de Egipto. Yo los llevaré a la tierra por la cual he alzado Mi mano para entregarla a Abraham, a Itzjak y a Iaakov, y la daré a ustedes en heredad. Yo soy YAHVH.”
(Éxodo 6:6-8).

A pesar de esta asombrosa promesa, el pueblo de Israel permaneció desanimado e incapaz de asimilar las buenas noticias. La explicación de esto revela la naturaleza del sufrimiento y la forma en que se puede consolar a quienes sufren.

Cuando alguien sufre, no tiene la paciencia ni la capacidad para entender lo que ocurrirá en el futuro. Su agonía es tan abrumadora que sólo puede concentrarse en el presente. Por eso Dios instruyó una vez más a Moshé y a Aharón y les ordenó que sacaran a los Hijos de Israel de Egipto,1 lo que nos enseña que cuando alguien sufre debemos brindarle ayuda de inmediato. Por lo tanto, al alentar a quienes perdieron las esperanzas no debemos contentarnos con visiones de futuro, sino que debemos hacer inmediatamente algo concreto para imbuirles fe y fortaleza.

PACIENCIA Y FORTALEZA DE CARÁCTER.

En el mismo pasaje, Dios también le instruye a Moshé que sea gentil y paciente con el pueblo, un ingrediente básico para cualquier líder. El Midrash enseña que YHVH les dijo a Moshé y a Aharón: “Mis hijos a menudo son obstinados y testarudos. Se enojan rápidamente y son fastidiosos. Ustedes deben aceptar ser sus líderes bajo estas circunstancias…”. Esta enseñanza es relevante no sólo para los líderes, sino para cada persona. En cada familia hay situaciones que ponen a prueba nuestra paciencia. En esos momentos debemos ejercitar la paciencia y la tolerancia, permanecer en calma y responder con fortaleza y dignidad.

CONVERTIR EL SUFRIMIENTO EN BENDICIÓN.

El pasaje que acabamos de citar tiene también una tercera interpretación. Dice el Talmud que en ese momento de crisis del pueblo judío, Dios le dijo a Moshé que ordenara a la nación lo relativo a la emancipación de los esclavos, algo que ocurriría una vez que entraran a la Tierra Prometida. A primera vista, parece algo descabellado. En ese momento la nación estaba esclavizada, ¿qué importancia podían tener esas instrucciones? Pero la Torá nos enseña que precisamente cuando uno atraviesa un sufrimiento debe comprometerse a eliminar el sufrimiento, a convertir el dolor en una experiencia de curación… en una bendición. Con este propósito la Torá nos exige recordar nuestra esclavitud y el Éxodo de Egipto. Una y otra vez la Torá conecta nuestras mitzvot con ietziat Mitzráim, con nuestras experiencias durante el Éxodo de Egipto.

Un ejemplo de esta conexión la encontramos en el versículo: Amarás al extranjero, porque fuiste extranjero en la tierra de Egipto.Nuestro sufrimiento en Egipto nos permite sentir empatía con el dolor de los demás, llegar a Sinaí y convertirnos en “una nación de rajmanim benei rajmanim” – compasivos y descendientes de compasivos.

Quien nunca sufrió, quien nunca experimentó el dolor, no puede entender a alguien que llora de angustia. Quien nunca experimentó retorcijones de hambre no puede identificarse con los hambrientos. Sin embargo, todos tenemos opciones respecto a cómo responder a la adversidad. El sufrimiento puede volvernos crueles, amargos y cínicos, o puede volvernos sensibles, compasivos y afectuosos. Al aceptar la Torá en el Sinaí, escogimos lo segundo.

ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS TANTO EN LOS BUENOS COMO EN LOS MALOS TIEMPOS.

El Faraón vio que hubo un alivio [de la plaga de ranas] y continuó endureciendo su corazón .
(Éxodo 8:11).

La Torá nos enseña una lección sobre la naturaleza humana. Bajo estrés, nos sentimos obligados a clamar a Dios y pedir Su ayuda. Pero apenas pasa la crisis, volvemos a “la normalidad”. De hecho, este es el “Síndrome del Faraón”: con cada plaga la aflicción se intensificaba, pero el Faraón se rehusaba a “entender” y retornaba a sus viejos hábitos.

¿No sería maravilloso si pudiéramos mantener las promesas que hicimos en los momentos de angustia: ser más dadivosos, más comprensivos, más compasivos, estar más comprometidos con la observancia de las mitzvot, con el estudio de Torá y rezar con mayor sinceridad? Suelen decir que “en la trinchera no hay ateos”, pero el nivel de la persona se reconoce por su capacidad de hablar con Dios en momentos de plenitud, cuando la fortuna le sonríe, si reconoce que todas sus bendiciones son regalos de Dios. Nuestro objetivo es rezar desde la inspiración, en lugar de rezar desde la desesperación.


NOTAS

1. Éxodo 6:13.
2. Deuteronomio 10:19.


Tomado de: Aish Latino


Sobre la Autora

La Rebetzin Esther Jungreis fue fundadora y presidenta de Hineni, también fue una charlista, personalidad de radio y televisión, columnista de periodicos y autora de “Jewish Soul On Fire”“Vivir Comprometido”“Matrimonio con compromiso” y “La vida es una prueba” (Mesorah/Artscroll).

Señalar al Culpable

por Rav Ari Kahn

Vaerá (Shemot/Éxodo 6:2-9:35)

Ideas avanzadas basadas en el Midrash y la Kabbalah.

Tal como Dios le había prometido a Abraham cientos de años antes, los hebreos, sus descendientes, saldrían de Egipto, pero el éxodo no sería instantáneo sino que se desarrollaría lenta y deliberadamente. Moshé es enviado a “negociar” la liberación de los esclavos israelitas, pero el Faraón niega conocer al Dios de Israel (Shemot 5:2) y se mantiene firme. Desde el comienzo, el Faraón elige hacer las cosas “por las malas”.

A Moshé y Aharón les ordenaron mostrar la fuerza y el poder del Dios que el Faraón afirma no conocer, y sus instrucciones son bastante específicas: deben usar la vara, un símbolo con el que Dios ya le mostró Sus milagros a Moshé. Debemos resaltar que la vara, el símbolo del pastor, se transforma en un cocodrilo,1 uno de los símbolos más importantes de Egipto.2 Cuando los hechiceros del Faraón logran imitar esta misma muestra de poder, el Faraón piensa que ese “milagro” no es nada más que un truco de magia. Pero cuando la vara de Aharón3 se traga la representación simbólica de Egipto, el Faraón comienza a preocuparse. Para él, la escena que acaba de presenciar es un presagio apocalíptico. Los hebreos, que llegaron a Egipto siendo pastores, fueron excluidos, menospreciados4 y eventualmente esclavizados. Ahora estaban allí, sugiriendo que los pastores esclavizados se tragarían a todo Egipto, que lo harían desaparecer. Sin embargo, pese a sus temores, el Faraón pone cara de malo y sigue adelante.

Poco después se convierte en sangre el Nilo, un pilar no sólo de la economía egipcia sino también de su teología.5 Ante los ojos egipcios, la deidad que adoran como una poderosa fuente de vida parece mortalmente herida. Una vez más los hechiceros del Faraón repiten el milagro y crean más sangre, dándole al Faraón una excusa para continuar con su comportamiento desafiante.

Si el Faraón hubiera analizado la situación con objetividad, la lógica le hubiera dictado un curso completamente diferente. Incluso en esta etapa temprana, el Faraón debería haber entendido que ya había perdido la guerra, aunque sus hechiceros lograron terminar cada batalla con un aparente empate. Cada uno de los pequeños y simbólicos ataques de los representantes de los hebreos se enfocó en un símbolo egipcio de poder, un símbolo de lo que hacía poderoso al Faraón. A medida que continúa el proceso de liberación de los judíos, se verán atacados más símbolos fundamentales de Egipto, incluyendo la oscuridad que eclipsará al dios sol, que es el Faraón mismo.

Pero el Faraón no efectúa un análisis desapasionado. La plaga siguiente, ranas, sigue rápidamente a la primera. Como si el descalabro generado por Moshé y Aharón no hubiera sido suficiente, casi cómicamente los hechiceros del Faraón crean todavía más ranas, incrementando el ruido y la destrucción.

Nuevamente el Faraón se envalentona cuando su equipo se mantiene a la altura del desafío. Sus hechiceros apuntalan su coraje lo suficiente para enfrentar el siguiente castigo: piojos. Aunque puede ser que esta no sea la peor de las plagas, sin dudas es molesta. Pero esta vez la plaga desciende sobre Egipto sin previo aviso. Los piojos simplemente aparecen, y todo el polvo de la tierra se transforma en piojos o es consumido por ellos. Esta vez, aunque los hechiceros intentan imitar la maniobra, no lo consiguen.

Los magos hicieron lo mismo con sus hechizos para producir piojos, pero no pudieron 
(Shemot 8:14)

Al fracasar, los hechiceros debieron ser particularmente cuidadosos: una palabra fuera de lugar podía llevar a un final dramático y repentino de sus carreras… y de sus vidas. Midiendo sus palabras, transmiten a su rey una declaración meticulosamente pensada:

Los magos le dijeron al Faraón:
“¡Este es el dedo de Dios!”.
Pero el corazón del Faraón se endureció y no los escuchó 

(Shemot 8:15).

El texto hebreo de esta declaración es extremadamente breve, sólo tres palabras. Pero esas palabras tienen una importancia crítica. Si las leemos como se debe, entendemos que transmiten un mensaje muy fuerte. En primer lugar, es posible que los magos hayan intimidado al Faraón al decir que el Dios de los judíos existe y que es más poderoso que los dioses egipcios. Por otro lado, como señalan muchos comentaristas, los magos usaron una forma muy genérica para referirse a Dios. ¿Quizás se estaban refiriendo a una deidad egipcia y no al Dios de los judíos? ¿Trataban de impartir un nuevo escepticismo respecto al dominio continuo del Faraón sobre los judíos, o estaban atribuyendo los milagros a una fuente ajena al Dios de los judíos?

Los comentaristas debaten sobre la intención de las palabras de los hechiceros. Su declaración habla sobre el poder de un dios, ¿pero qué dios?6 Desde la primera confrontación con los nuevos líderes de los hebreos, el Faraón negó conocer al Dios de Israel. La pregunta respecto al nombre con el que Dios es conocido es un tema central del libro de Shemot. Moshé presenta este tema en su primer encuentro con Dios en la zarza ardiente. La respuesta de Dios fue muy precisa: el “Nombre Inefable“, con el que Moshé debía presentar a Dios tanto a los israelitas como a los egipcios. Sin embargo, los hechiceros no usaron este nombre, ni ningún otro apodo claramente identificable. El término que usaron, “Elohim“, es un nombre más genérico y no específico de Dios, uno que a menudo se usa para referirse a dioses de idolatría e incluso puede utilizarse para hablar de poderosos jueces o gobernantes humanos. ¿Cuál fue la intención de los hechiceros al usar el término que traducimos como “el Todopoderoso”? Quizás, tan importante como la pregunta anterior, ¿qué fue lo que entendió el Faraón?

Como dijimos, la plaga de los piojos llegó sin una advertencia previa, lo que dejó la puerta abierta para que la atribuyeran a causas naturales. Al parecer los magos no deseaban darle al Faraón el consejo que necesitaba escuchar: “Esta es la mano del Dios Inefable de los hebreos, que vino a castigarte por tus pecados en contra de Su pueblo“. En cambio, le restaron importancia al ataque describiéndolo como “el dedo de Dios“, un término poco claro que el Faraón podía elegir entender como una “fuerza de la naturaleza” o incluso como “el acto de un dios egipcio“.7

La falta de advertencia previa, que hace que la plaga de piojos parezca ser sólo un evento fortuito de la naturaleza, junto a la minimización de la responsabilidad de Dios en la plaga, le permitió al Faraón continuar con su negación. Sus “consejeros” resultaron ser empleados serviles que temían decir lo que sabían, lo que era obvio que su jefe no quería escuchar: que Egipto estaba perdido, y que enfrentaban un poder incomprensible e incomparable. En cambio, alentaron al Faraón a mantenerse firme y seguir abusándose.

De todas formas, la culpa de las malas decisiones del Faraón no yace exclusivamente en los hechiceros, sino que es compartida. Un jefe mejor hubiera tenido mejores consejeros. Si el Faraón hubiera creado una atmósfera de diálogo sincero, si hubiera permitido opiniones discrepantes, su equipo no habría sido tan reticente. Si el Faraón hubiese alentado la expresión y la discusión honesta, sus consejeros podrían haber expresado sus dudas o realizado sugerencias novedosas para enfrentar esa amenaza.

Por otro lado, en base a lo que sabemos del Faraón, el cruel asesino, tirano paranoico y xenófobo que esclavizó toda una nación y decretó el asesinato de los inocentes, no nos sorprende que no haya conquistado las mentes y los corazones de quienes lo rodeaban. Un hombre mejor hubiera tenido mejores amigos, pero un hombre mejor no hubiera esclavizado a otra nación ni hubiese llevado a su imperio a esa situación imposible.

Aparentemente el Faraón se merecía el abuso que recibió. Su propia tiranía ayudó a crear la atmósfera que eventualmente provocó su caída. Si bien mucho antes se había decretado que los israaelitas sufrirían el exilio y la esclavitud antes de su eventual redención, la crueldad y la obstinación del Faraón fueron sus propias decisiones. Si hubiera tomado un camino diferente, no necesariamente habría tenido que sufrir los horrores de las plagas. De una u otra forma los judíos iban a ser liberados. El Faraón, y sólo él, fue responsable de elegir cómo iba a ocurrir. Debería haber elegido el camino fácil, admitir que se había equivocado y escoger el camino de la reconciliación. Pero en cambio eligió el camino difícil.

Tomado de: Aish Latino


NOTAS:

1. Shemot 7:9-10.
2. Ver Iejézquel 29:3.
3. Una lectura cuidadosa del texto sugiere que fue la vara de Aharón la que se tragó a las otras, y no su vara en la forma de un cocodrilo.
4. Bereshit 46:34, y citado por Moshé en Shemot 8:22.
5. Ver Iejézquel 29:3.
6. Ver Ibn Ezra, Shemot 8:15.
7. Ver Malbim, Shemot 8:15.

Preparándonos para Nuestra Liberación en Pesaj.

Por P.A. David Nesher

En la porción Vaerá encontramos develados los secretos del Cielo que revelan la lucha del alma al usar el poder del libre albedría para escoger entre pervertirse o refinarse.

En la tzelem Elohim que tenemos en nuestra esencia contamos con las diez sefirot (virtudes) divinas por medio de las cuales puedo autodisciplinarnos para investigar los secretos del Cielo, y con ellos dominar mis emociones para ser pro-activo con nuestras acciones en la misión de hacer Tikkun Olam (reparar el Mundo).

¿Yahvéh Endureció al Faraón?… ¿Cómo es Eso?

Por P.A. David Nesher

“Porque la Escritura dice al faraón:
«Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder y para que mi Nombre sea anunciado por toda la tierra». De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece..”

(Romanos 9:17-18)

El Eterno no endureció el corazón de Faraón en contra de la voluntad de este. El endurecimiento del corazón del Faraón no es debido a una decisión predeterminada del Eterno, porque violaría el principio de la libertad para elegir. 

En verdad, el Señor confirmó de que Faraón tenía una inclinación malvada en contra de Israel. El Eterno sabía desde el principio que Faraón no estaría de acuerdo con la petición de Moisés. No era una sorpresa para Dios que Faraón no escuchara a Moisés.

Sin embargo, vemos como el Eterno no endurece el corazón del Faraón sino hasta después de haber pasado cinco plagas. Durante las cinco primeras plagas fue el mismo faraón que fortaleció su corazón para no hacer caso a la palabra del Eterno. Según el midrash, las cinco primeras plagas duraron cinco meses.

Es valioso aquí citar lo que el célebre intérprete Rambam escribe refiriéndose a este tema:
“No pienses lo que dicen los necios de las naciones del mundo, como también la mayoría de los indoctos de Israel, que el Santo, bendito es, decreta desde el principio de su creación si el hombre va a ser justo o malvado, así no es… No hay nadie que le obligue, que le imponga o que lo arrastre hacia cualquiera de estos dos caminos, sino que él mismo y por su propia decisión se inclina hacia el camino que desee.”

Así pues, lo que Yahvéh simplemente hizo fue darle fuerza a Faraón en la maldad que él ya había elegido. Recordemos que Yahvéh había dicho que Él fortalecerá el corazón del Faraón (Éxodo 4:21). La palabra hebrea que aquí se utiliza es jazak, que significa “hacerse fuerte” “ser fuerte”, “tener valor”, y/o “endurecerse”. El Eterno prometió fortalecer el corazón del faraón para que él siguiera en su decisión rebelde y no perdiera esa fuerza para resistir al Eterno. Si Yahvéh no hubiera fortalecido su interior, no podría haber hecho los últimos grandes milagros ante todo el mundo. Así que Yahvéh se aprovechó de la obstinación del faraón cuando él ya había tomado la decisión de ir por el camino rebelde.

Ahora bien, cuando llegamos al capítulo siete de Shemot notamos como el Eterno dice que endurecerá el corazón del faraón (7:3). La diferencia aquí es que la palabra hebrea usada es kashá,que significa “ser duro”, “difícil”. Es la única vez que la palabra endurecer aparece en relación con el faraón.

La llave para comprender el tema se encuentra en el comentario de Rashí. El mismo explica que el término “kasháh” debe traducirse como “está pesado” (como un sustantivo calificativo y no como verbo). Es decir, el corazón del Faraón “está pesado” por sí mismo y no (sólo) producto de una acción, porque Yahvéh lo endureció. El corazón del Faraón “estaba pesado” de por sí, poseía una testarudez natural que generaba que se oponga a la voluntad de Yahvéh; (además de ello, Yahvéh lo hizo más pesado aún, para endurecerlo más allá de su naturaleza testaruda).

Así pues debemos entonces destacar que en las primero cinco plagas vemos como el faraón fortalece su propio corazón en su rebeldía. Durante este lapso encontramos que se usa la palabra jazak, “fortalecer” . Luego, aparece la palabra kasháh (que deriba de kavad), y significa “estar pesado”, “ser pesado”, “ser una carga”; “recibir honores” (7:13, 22; 8:19; 9:12, 35; 10:20, 27; 11:10; 14:4, 8, 17). Lo interesante de esto es que en la mayoría de las veces el hebreo usa la palabra  kasháh  para referirse cuando Faraón endurece su corazón voluntariamentey usa jazak cuando el Eterno fortalece el corazón de Faraón en su actitud rebelde. Es decir, que el Paróh estaba lleno de vanagloria, lleno de orgullo, y decidió no escuchar u obedecer la advertencia amorosa del Eterno. Así logramos apreciar que el Eterno que ha otorgado libre albedrío al hombre para escoger, simplemente fortaleció y reforzó el hecho que Faraón había rehusado oír. 

De todos estos textos surge una maravillosa enseñanza mesiánica: cuando una persona se empeña en rebelarse contra la voluntad del Eterno llegará a un punto donde la gracia del Eterno se retira y ya no habrá más posibilidad de arrepentimiento. Ya pasó la raya y es juzgada para ser un vaso de ira preparado para la destrucción, tal como le enseñara el apóstol Pablo a los creyentes del Camino residente en Roma:

“¿Y qué, si Dios, aunque dispuesto a demostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para destrucción?”
( Romanos 9:22 )

Está entonces bien claro, después de ese punto decisivo, el Eterno fortalece la persona en su rebeldía con un triple propósito:

  • Primero, para fortalecer la decisión de la persona y así darle el derecho de vivir según su propia decisión libre. Escogió ese camino y por ese camino tendrá que caminar y sufrir las consecuencias de su decisión.
  • Segundo, para mostrar a todo el mundo que el aparente arrepentimiento que la persona pueda mostrar hacia fuera no era sincera (cf. 9:27), para que cuando venga el castigo, nadie diga que Dios castigó a los arrepentidos. Su rebeldía es evidente a todos y por lo tanto nadie se equivocará pensando que el castigo divino vino por una injusticia del Eterno.
  • Tercero, para así mostrar su poder mediante los fuertes castigos que son manifestados de modo que el pueblo de Israel y las demás naciones conozcan su tremendo poderío (cf. Éxodo 7:3-5; 9:15-16).

En base a esto, notamos que el malvado rey nunca hizo nada para quebrantar su orgullo. El endurecimiento del corazón de Faraón se muestra cuando él ni siquiera quería escuchar el análisis de sus propios consejeros. No había ninguna razón lógica por la cual él insistía en resistir y rechazar a Yahvéh, como verdadero Dios. El Paróh rechazó voluntaria y tozudamente al Dios vivo y verdadero, y por eso, Yahvéh lo usó para Su propósito eterno.

Si el Faraón hubiera querido someterse a Yahvéh después de un sincero arrepentimiento, nada se lo habría impedido. Recordemos que la ”teshuváh” (arrepentimiento o regreso), es la base principal sobre la cual descansa la relación del ser humano con el Creador. Justamente los sabios y entendido en códigos hebreos, aseguran que el Eterno había dicho a Moshé:

«…Yo daré a Paróh una oportunidad de hacer teshuvá por la duración de las primeras cinco plagas. Si él después de eso persiste en su iniquidad Yo detendré de Mi mano auxiliante que está lista para asistir a aquéllos que hacen teshuvá…».

Es claro entonces que a Paróh se le dio en las esferas celestes un tiempo para hacer teshuvá. El mismo abarcó hasta la quinta plaga a fin de no castigarlo; luego Yahvéh endureció su ser.

En Yejezkel/Ezequiel 18:23 encontramos esta cualidad de la acción misericordiosa del Eterno:

“¿…Acaso deseo la muerte del malvado, dice el Señor, el Eterno, ¿acaso no (deseo) que vuelva de sus caminos (malos) y viva?…”,
[Ezequiel 18:23 – Tanaj Katz].

Pero el rey no rectificó, por lo que la destrucción para Egipto era inminente; los idólatras se encontraban ya dentro de lo que se llama la «espiral involutiva», esto es, una progresión (o hélice), que los haría girar de una desgracia hacia otra. Dicho de otro modo, los egipcios “saltarían de la olla al sartén”, o viceversa.

Pensando en este tema, los sabios comentan que, cuando se ve al individuo afectado por enfermedad, se entiende que la negatividad (por mano de Satán), está actuando en una pequeña escala. Pero cuando se desatan de manera extendida las más grandes y temibles enfermedades, una tras otra, es porque al HaSatán se le ha concedido un espectro más amplio para sembrar caos [Torah Kabalística, pág 76].

Con esta idea en mente, si hacemos una lectura cuidadosa del libro de Yov (Job), quedará claramente ilustrado esto que estamos considerando (Job 1:6-22).

Respecto de Yov el libro de El Zohar registra:

«…R. Judá respondió:
_ ¡Efectivamente, hablas verdad! Pero también está escrito que Satán dijo:
“Pero tiende tu mano y toca su hueso y su carne”, y que el Santo Mismo dijo a Satán:
“Y tú me persuades contra él”.
Lo que prueba que se dio a los poderes del “otro lado” permiso para que pudiesen levantarse contra el hombre por causa de los actos que efectuó en este mundo (…)
R. Eleazar discurrió entonces sobre el versículo:
_ Y hubo un día cuando los hijos de Dios vinieron a estar ante el Señor y entre ellos vino también Satán.
_ Este “día” —dijo— era Día de Año Nuevo, en el cual el Santo juzga al mundo.
“Los hijos de Dios” son los seres superiores designados para vigilar las acciones de la humanidad (…)
Así se le dio a Satán permiso de perseguir a Yob y mostrar que sus motivos no eran realmente puros. Pues tan pronto como se lo sometió a prueba abandonó el camino recto y no permaneció firme:
“El no pecó con sus labios” pero pecó en su mente, y después también con su lenguaje. Pero no fue tan lejos como para ligarse al “otro lado”, como Satán había dicho. Y como Yob no se apegó al “otro lado”, “el Señor bendijo el postrer estado de Yob más que al primero»

[Zohar Bo].

Evidentemente, para poder actuar, HaSatán requiere el permiso de lo Alto. Un pasaje que nos ayuda a clarificar esto es el que leemos en los escritos apostólicos con Mashiaj Yeshúa expresándole a uno de sus talmidim lo siguiente:

“…Shimón, Shimón, he aquí ha Satán busca con diligencia cómo zarandearte como a trigo; pero ya rogué por ti, que tu emunah no sea destruida. Y tú, a su tiempo, harás teshuváh y traerás gran consolación a tus hermanos”,
(Lucas 22:31-32. – Código Real del NT)

Si Faraón hubiera aceptado la evidencia del poder de Yahvéh dada en la primera plaga, se hubiera ahorrado todos los juicios que siguieron. Pero su marcada tozudez pedía aún mayores demostraciones del poder divino, y las plagas cayeron una tras otra hasta que finalmente fue llamado a mirar el rostro sin vida de su propio primogénito y de los primogénitos de su connacionales, mientras que los hijos de Israel, a quienes él tenía como esclavos, no sufrieron daño de las plagas, ni fueron tocados por el ángel destructor.

Faraón endureció su corazón y después Yahvéh lo endureció más. Dios puede hacer lo mismo hoy. En nuestra rebelión, podemos alcanzar el lugar donde Dios nos fortalecerá en nuestro deseo malvado:

“Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones … Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.”
(Romanos 1:24, 28).

A lo largo de mis años ministeriales, he visto a muchas personas volverse a Dios en un tiempo de calamidad, y cuando las cosas se ponen mejor, ellos casi inmediatamente cambian su corazón de nuevo endureciéndolo hacia Dios. Evidentemente, Faraón no fue un ejemplo inusual de la humanidad; él es la codificación escritural que describe la mayoría de los seres humanos, modernos o antiguos.

La tendencia es siempre la misma. Al continuar en pecado e ir rechazando simultáneamente las oportunidades del Eterno para nosotros, para que nos arrepintamos y volvamos a Él, el endurecimiento continua. Esto se ve comúnmente en todo lugar del mundo. Un varón no comienza apostando su paga semanal en el casino de la ciudad; se iniciará al aceptar una apuesta amistosa entre sus amigos, mientras observan un partido de fútbol; y su corazón empezará a endurecerse. Un varón no empieza con una perversión vergonzosa; comienza con unas pocas revistas, un par de vídeos rápidos por Internet, y su corazón se endurecerá poco a poco, hasta ya no regresar. Una mujer no empieza adicta al alcohol; comienza a beber dentro de los círculos sociales, y su corazón se endurecerá hasta la condenación.

Yahvéh le dio muchas oportunidades al Faraón para arrepentirse de su pecado, tanto como hoy lo está haciendo con la humanidad rebelde:

“El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.”
(2 Pedro 3:9 )

“… el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad.”
 (1 Timoteo 2:4 )

El mensaje aquí es que tú no debes endurecer tu corazón ante el llamado del Eterno. Humíllate y pídele un corazón blando. Es peligroso cuando el corazón de alguien se cierra o endurece. Que el Santo y Bendito nos libere de eso.

El Poderoso Bastón de Moisés

Por P.A. David Nesher

Lech el-Par’oh baboker hineh yotse hamaymah venitsavta likrato al-sfat haYe’or vehamateh asher-nehepach lenachash tikach beyadecha.

“Por la mañana preséntate ante Paró, él saldrá hacia el río [Nilo] y tú ponte delante de él junto a la orilla del río.”

(Shemot/Éxodo 7:15)

Presumir, dice el diccionario de la RAE (Real Academia Española) que significa vanagloriarse, tenerse en alto concepto. Y justamente Paróh (Faraón) presumía de deidad, y como tal aparentaba no tener necesidades fisiológicas. A tal punto llegaba su presunción (y la de cada faraón egipcio) que a la madrugada, mientras el pueblo aún dormía, él iba al río a hacer sus necesidades. Sí, tal como lo han leído… ¡madrugaba para defecar! De ese modo, el rey preservaba su “imagen divina”, y mantenía la admiración de las masas que lo valoraban como la encarnación del dios Horus (hijo de Osiris e Isis) sobre la Tierra. 

Así es. Faraón (y cada uno de los soberanos egipcios a lo largo de la historia, aseguraba que se había creado a sí mismo, y que luego había creado el río Nilo. Por eso él, al ser él un “dios”, no requería satisfacer necesidad alguna, sino solamente sumergirse en el Nilo en la madrugada, para permitir que el Sol (Ra) tuviera libre su camino para amanecer y brindar sus luz cada día. ¡Imagínense… con una mentira de tal magnitud vibrando en la cabeza ancestralmente, no había forma de que un corazón humano sea sensible al amor perfecto del Eterno!

Los Midrashim siguen relatando que Moshé cuestionó a faraón diciéndole que resultaba extraño que un dios defecara igual que un simple humano:

«… – ¿Quién ha dicho que soy divino? –Preguntó faraón-.
Moshé responde con pregunta: ¿No le dices eso a los egipcios?
–¿Y quiénes son los egipcios? –Replicó faraón-. ¡Esos tontos no son seres humanos, sino asnos! ¡Qué importa lo que yo les diga a ellos!
…»

[Midrash, Pág 54]

En contraste con esta cosmovisión humana presuntuosa, nos encontramos con Moshé, un hombre muy humilde. En él nunca hubo ningún deseo de mostrar que era el mejor; los motivos de su corazón estaban muy por encima de esas actitudes de los carnales.

En la bitácora de ayer vimos que a pesar de que la vara (et) de Aharón tenía más fuerza que las varas/dragones de los magos egipcios y las devoró, no hubo cambio de actitud ni en los magos, ni en el Faraón. Moshé no ganó la batalla mostrando que su poder era superior al otro, ya que el corazón del faraón estaba endurecido. Este relato contiene la Intención divina de revelarnos un secreto importantísimo para ejercer con plenitud el liderazgo profético. Lo acontecido en esta historia es muy común en las discusiones; el que ha ganado la discusión ganó con su argumento, pero no ganó el corazón de su oponente, lo cual es lo más esencial.

No necesariamente se considera como ganador de una discusión a aquella persona que ofreció los argumentos más fuertes. Es posible que, en efecto, gane la discusión en sí, pero no ante el Eterno; el enfrentamiento de poderes entre Moshé y los magos de Egipto es un ejemplo de ello.

Por ello, es mejor perder una discusión que perder un corazón. Es mejor perder un argumento pero ganar el corazón y la apreciación del oponente cuando ve que no estás interesado en apoderarte de él ni tomar control sobre su mente ni jactarte y elevarte por encima de tu prójimo. Que el Eterno nos ayude a ser humildes en todo para no buscar nuestra propia exaltación en ninguna área de nuestra vida. “…Bienaventurados los humildes porque ellos heredarán la tierra…”, dijo un sabio de la Torah (Yeshúa Melej HaMashiaj – Mateo 5:5).

Ante estas consideraciones, logramos una mejor comprensión de por qué el Eterno hizo que Moshé pareciera “como Dios” al faraón (7:1), es decir, una persona poderosa que merecía ser escuchada. Al Paróh se lo consideraba un dios, así que Moshé estaría a su mismo nivel. Sin embargo, el hecho de que el Paróh se negara a ceder ante las demandas de Moshé demuestra que no estaba dispuesto a considerarse inferior en autoridad a nadie.

Entonces, el Eterno que mira lo que hay en los corazones de los hombres, sabiendo que el corazón de Paróh es pesado por naturaleza, pero que además se ha tornado más pesado y que permanece obstinado sin conmoverse ante lo que ven sus ojos, ordena a Moshé:

y tú ponte delante de él junto a la orilla del río ,…”


El sabio intérprete Abarbanel dice que esto “quiere decir: “preséntate ante él de forma que no pueda escurrirse de ante ti, por acá o por allá …”.

Por otra parte, Ibn Hezra sugiere que Paróh (además de hacer sus necesidades fisiológicas) aprovechaba para constatar en cuántas gradas había crecido el río Nilo. Cabe recalcar que la primera de las plagas consistirá en transformar el agua del Nilo en sangre, por lo que la idea parecería ser presionar a Paróh en su vulnerabilidad, ya que su economía era agrícola y, por ende, su país dependía exclusivamente de la calidad de las aguas del Nilo.

Moshé primeramente habría de tomar la misma vara que se había convertido en serpiente/cocodrilo, en sus manos, y luego se la habría de entregar a Aharón, para que viera Paróh que desde el mismo instante en que Aharón golpeara el río, éste se convertida en sangre. Así demostrarían a los testigos presenciales que hubiere allí, que es Yahvéh el que cambia la naturaleza, y maneja soberanamente todas las leyes físicas.

Así es como el Eterno habilitará la vara (et) que le otorgó a Moshé en Sinaí, como representante simbólica de su esencia redentora, con la siguiente orden:

“… he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano…  Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto…”
(vv. 17, 19)

El sabio exegeta Ibn Hezra explicando estos versículos (pasukim) dice:

De acuerdo con mi opinión, el sentido literal del versículo dice que Aharón extendió su mano y golpeó el río Nilo y tendió su mano hacia todos los puntos cardinales de la tierra de Egipto para trocar el agua en todo el país.

En realidad, de acuerdo con el versículo 17, era Moshé quien había advertido a Paróh que él mismo golpearía las aguas del río, para trocarlas en sangre. Mientras que en el versículo 19 se le atribuye este acto a Aharón. Esto lleva a Rashí a decir:

“Ya que el río había protegido a Moshé cuando éste había sido arrojado al mismo y, por ende, le había salvado la vida, no será el mismo Moshé el que castigará a la fuente de su salvación. “

Entonces el sabio Rashbam, conciliando las dos opiniones, dice que Aharón golpeaba con su vara como emisario del mismo Moshé.

Es importante recordar aquí, que el río Nilo también era considerado un dios y por esto fue juzgado por el Dios de los hebreos. Yahvéh dice que Él golpeará las aguas del río, no Moshé. Es decir, que la vara de Moshé estaba también en la mano del Eterno. Vemos que hubo una colaboración íntima entre lo que estaba haciendo Moshé y lo que estaba haciendo el Eterno. El Eterno estaba golpeando las aguas del río por medio de su shalíaj, emisario, Moshé.

Por último, resulta muy interesante considerar lo que el Midrash cuenta acerca de la vara o bastón de Moshé. Parece ser que las plagas con las que el Eterno golpearía a Egipto estaban grabadas en el bastón de Moshé en forma de acróstico en tres palabras: Datzaj, Adash y Beajav.

Y este es su significado:

  • DaTzaJ: (dam=sangre, tzefardea=rana y jinim=piojos).
  • AdaSh: (arov=mezcla de animales, déber=epidemia, y shejin=llagas).
  • BeAJaV: (barad=granizo, arvé=langosta, jóshej=oscuridad, vejorot=primogénitos).

Con ese poderoso instrumento, Moshé traería a Egipto la ira de Yahvéh Elokim.

Ahora, lo que queda es considerar el relato de las plagas con las cuales el Eterno Eloah arrasará a aquel Mitzrayim opresor. Cada una de ellas correspondería al castigo que los benei Israel sufrieron de parte de sus esclavizadores.

La Vara (Et) de Aarón y Su Poder contra el Caos.

Por P.A. David Nesher

Ki yedaber alechem Par’oh lemor tnu lachem mofet ve’amarta el-Aharon kach et-matcha vehashlech lifney Far’oh yehi letanin.

Vayavo Moshe ve’Aharon el-Par’oh vaya’asu chen ka’asher tsiva Adonay vayashlech Aharon et-matehu lifney Far’oh velifney avadav vayehi letanin.

Vayashlichu ish matehu vayihyu letaninim vayivla mateh-Aharon et-matotam


(Shemot 7: 9-12)
“Cuando Paró les diga: ‘Hagan alguna señal milagrosa, entonces le dirás a Aharón: ‘Toma tu bastón y arrójalo ante Paró’, y se convertirá en serpiente.
Moshé y Aharón se presentaron ante Paróh e hicieron como YHVH había ordenado. Aharón arrojó su bastón ante Paró y ante sus sirvientes, y se convirtió en una serpiente…
Cada uno de ellos arrojó su bastón, que se convirtieron en víboras; pero el bastón de Aharón se tragó los bastones de ellos.

(Éxodo 7:9-10; 12)

Moshé tenía ochenta años y Aharón ochenta y tres cuando partieron a cumplir su misión. Sabiendo que Paróh se impresionaría con un acto mágico, Aharón arrojó un bastón al suelo, que se convirtió en una serpiente.

Tras ser convertida la “et” (vara) de Aharón en serpiente, ¿cuál es la respuesta del rey egipcio? El Midrash cuenta el detalle de que el Faraón no se sorprendió del milagro, pero sí se mofó diciendo: ¡”…Bien hecho! Egipto está lleno de hechiceros. En este momento llama a sus jóvenes quienes también convierten bastones en serpientes…!”.

Se vio a la vara de Aharón convertirse en una culebra, pero una palabra hebrea diferente es usada aquí, ella es: תנין (“Tanin“). El problema es que esta palabra se ha traducido como serpiente sólo en este capítulo, ya que en el resto del TaNaK se traduce como “cocodrilo” o “dragón” (así es la opinión de especialistas como Ibn Hezra, Abarbanel y los comentarios de Iahel Or y Karne Or). Después de todo el cocodrilo, era el símbolo de Egipto en sí mismo (Salmos 74:13).

Así mismo, Yehezkel (Ezequiel), el profeta, denomina a Paróh “el monstruo grande el que yace en medio de sus arroyos” (Ezequiel 29:3); en hebreo התנים הגול “Hatanim hagadol“. Por ende, la vara de Aharón se transformó, pues, en un cocodrilo.

Nos detendremos a meditar en el hecho de que en la Torah, la serpiente es el símbolo del caos (recordemos a la primera pareja en el Edén). Al respecto el Targum Yom señala: «…Para que así todos los habitantes de la tierra escuchen el grito de rabia de Egipto cuando se desplome; así como todas las criaturas oyeron el silbido de la serpiente (en el paraíso) cuando ésta fue expulsada…».

La palabra תנין (“Tanin“) incluye un significado satánico, y por este motivo los traductores cristianos utilizaron en sus paradigmas dogmáticos la palabra “serpiente”. Pero en verdad en esta ecena se esconde un interesante mensaje del Mundo de Arriba: ¡No hay Dios como YHVH!

Justamente el motivo de esta señal se fundaba en el hecho de que los egipcios adoraron al cocodrilo, que ocupó un lugar importante en la adoración y religión de Mitzrayim (Egipto).

La deidad del mal era Sebak y tenía una cabeza de cocodrilo. Es dios, tenía un representante en los cielos inferiores cuyo nombre era Apepi (tambien llamado Apep o Apofis), el gran enemigo de los dioses solares, que personificaba el caos, aparecía siempre bajo la forma de un cocodrilo gigante o “dragón“. Por esto, Apepi era visto como una serpiente gigante con títulos como “Serpiente del Nilo” y “Lagarto Malvado de las Tinieblas“.

Los sacerdotes y magos egipcios se dedicaban a los rituales mágicos que se celebraban en el templo de Amón-Ra, en la ciudad de Tebas. Estos ritos perseguían realizar conjuros estratégicos que trazaran una raya a Apepi y Sebak, impidiéndoles así que acabarán con la influencia beneficiosa de Ra y todo su séquito de divinidades solares que los egipcios invocaban para ser bendecidos con prosperidad plena.

Apepi vivía en la región más baja de los cielos. Desde esa posición, procuraba cada día evitar la salida de Ra, el dios del sol. Para logar este cometido, provocaba los relámpagos, truenos, tempestades, tormentas, huracanes, lluvias y trataba de obscurecer la luz del sol llenando el cielo de nubes, bruma, niebla y obscuridad.

Se creía que la victoria de Ra cada noche era asegurada por conjuros de los sacerdotes y los rezos de los creyentes egipcios en los templos. Los egipcios practicaban varios rituales y supersticiones que creían que alejarían a Apep y ayudarían a Ra a continuar su viaje por el cielo. Generalmente, los sacerdotes al pronunciar sus palabras mágicas, movían sus bastones en el aire con el fin de trazar los límites a esta divinidad del inframundo.

El ritual egipcio, que constituía un intento de destruir a Apepi, era prominente en en todo aquel imperio, y por eso fue el primer objetivo contra el cual Yahvéh asestó un golpe.

La pregunta que el Eterno hacía a Mitzrayim era: ¿Cómo haría el Faraón y su supuesta naturaleza divina para detener el obrar de Aquel que es el Padre de todos los espíritus?

El “et” (vara de madera seca), es la respuesta frente al caos. En general, en los ambientes dogmáticos, se tiene la idea que la serpiente de Aharón engulló las serpientes de los brujos egipcios, esto va más allá de dicha percepción porque el pasuk no dice que la serpiente de Aharón devoró las otras serpientes sino que; “el bastón (madero) de Aharón se tragó a los otros maderos”. El caos no puede dominar al caos, (o sea, serpiente versus serpiente), pero el “et” sí puede destruirlo, según apreciamos en los pasukim:

“…Cada uno de ellos arrojó su bastón, que se convirtieron en víboras; pero el bastón de Aharón se tragó los bastones de ellos…”,
[Exo 7:12 _ Torat Emet].

Es común que una serpiente se coma a otra. Luego pues, esto no es una señal auténtica de lo Alto. Aquí está el poder infinito de Dios: después de regresarse las varas a su estado normal, y creyendo los encantadores egipcios haber igualado el poder del Omnipotente, para su sorpresa vieron cómo la madera (bastón) de Aharón deglutió los palos de ellos. Esto es lo que aterrorizó a los egipcios y la Torah da fe de este hecho. Esto revela la superioridad del poder del Eterno sobre el poder mágico que viene de los demonios que aquellos magos invocaban.

Enseñan los intérpretes de códigos hebreos que el “et” (madero), es un elemento muy modesto cuya naturaleza es la de “compartir” (la madera nos es útil para nuestra vida cotidiana), y solo algo con un propósito de “compartir” puede tragarse la negatividad de lo egoico.

El Zohar ve también en el bastón de Aharón un antecedente de la resurrección de los muertos en la Era Mesiánica, pues si una simple y seca madera puede transformarse en una criatura viviente como una serpiente, ¡cuánto más una criatura humana, que consiste de un cuerpo y un alma, será nuevamente llamada a vivir!

La Torah no menciona los nombres de los hechiceros de la Corte faraónica, sin embargo, los Midrashim señalan que Janes (Yujani) y Jambres (Jmamré), eran los nombres de los brujos que pretendían ridiculizar a Moshé, pero que vez tras vez fueron vencidos.

Siguen explicando los sabios que estos brujos eran hijos de Bilam, los cuales al final de las plagas llegarían a unirse a los israelitas. Ellos formarían parte de los “Erev rav” (multitudes mixtas) que irían marchando tras los israelitas.

Una de las cartas evangélicas, basándose en la tradición judía cita a los brujos de Egipto:

“…Y de la manera que Yanés y Yambrés resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe…”
(2 Timoteo 3:8, Código Real del NT)

Según todo esto el Faraón debería haber compredndio, cuando la vara de Aharón devoró las demás, que se estaba indicando la subyugación de Mitzrayim (Egipto) y la ejecución de juicios “contra todos los dioses de ese sistema de cosas”. Pero, deseando cerrar sus ojos ante dicha evidenciay considerando a Moshé y Aharón como simples magos amateurs cuyo poder era igualado por los suyos, el Faraón prefirió endurecer su corazón convirtiéndose así en un imán de todas las fuerzas del rigor celestial que anhelan ejecutar los juicios divinos sobre los hombres.

El Eterno revelaría que Su Nombre era el único soberano sobre todo otro nombre que se invocare en la Tierra.

¿430 o 215?… ¿Cuántos Años en Egipto?

Por P.A. David Nesher

“Y los hijos de Kehat: Amram, Yitshar, Jevrón y Uziel. Y los años de la vida de Coat fueron ciento treinta y tres años.”

Shemot/Éxodo 6:18

Resulta que desde los ámbitos dogmáticos de la cristiandad se ha acostumbrado al “rebaño” a creer que el pueblo de Israel estuvo cuatrocientos años esclavizados en Egipto, construyendo ciudades para ellos, fabricando ladrillos de barro… Así pues, cuando hacemos un estudio acerca de lo que las Sagradas Escrituras nos hablan acerca de este hecho, descubrimos la realidad de los mismos, pero a la vez no podemos evitar la confrontación de nuestras mentes con la inexactitud del tiempo real de esclavitud que surge al cotejar en paralelo los datos que aparecen, por ejemplo en este pasaje (Ex. 6:18) y los que desde Bereshit se nos relata.

Por ello, para comenzar leeremos lo que encontramos en el siguiente relato:

“El tiempo que los hijos de Israel vivieron en Egipto fue de cuatrocientos treinta años. Y sucedió que al cabo de los cuatrocientos treinta años, en aquel mismo día, todos los ejércitos de Yahvéh salieron de la tierra de Egipto.”
(Éxodo 12:40-41 )

Por medio del material aquí presentado podemos buscar un adecuado entendimiento que nos permita conciliar de una manera lógica los 430 años que este libro dice que Israel fue esclavo (Éxodo 12:40) y los 400 años que le anunciara el Eterno a nuestro padre Avraham (Génesis 15:13). Analizaremos cuál fue el tiempo aproximado en años que los israelitas estuvieron en la esclavitud.

Lograremos esto estudiando las edades de los hombres que vivieron en este periodo de tiempo. El Eterno ha registrado sus edades en diversos momentos importantes para darnos una mejor apreciación de la continuidad e interacción de estas con su historia.

Si regresamos al libro de Bereshit (Génesis 46:11) leemos allí que Kehat (Coat) bajó con su abuelo Yaakov a Egipto. Ahora bien, si sumamos los años de vida de Kehat (130) más los años de vida de Amram (137 según el v. 20), más los 80 años de Moshé en ese momento obtenemos como resultado 347 años. Además hay que considerar que muchos de los años de los hijos están incluidos en los años de sus padres.

Allí mismo, en el libro de Génesis, leemos que Dios le dijo a Avram sus descendientes serían extranjeros y esclavos:

“Y dijo a Avram:
Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos cuatrocientos años.”
(Génesis 15:13 )

Ante esto, la lógica mental cuestiona: ¿Cómo es posible que la profecía de Génesis 15:13 hable de 400 años de opresión y esclavitud cuando la genealogía de los levitas no muestran tantos años de estancia en la tierra de Egipto?

Para responderla, vamos a considerar algunas interpretaciones:

Según el intérprete Rashí, y otras muchas fuentes rabínicas, los 400 años empezaron a ser contados a partir del nacimiento de Yitzjak. Leamos el comentario de Rashí sobre Éxodo 12: 40:

“Es imposible decir que (estuvieron 400 años) en Egipto solamente, ya que Kehat (el abuelo de Moshé) fue uno de los que llegó (a Egipto) con Yaakov. Considerando su edad (133 años) y sumando los años de su hijo Amram (137) y los 80 años de Moshé (edad a la que condujo a los israelitas fuera de Egipto), sin duda, no obtendríamos cuatrocientos años. También, debemos considerar que Kehat vivió muchos años fuera de Egipto y muchos años de la vida de Amram son compartidos con los de Kehat, y lo mismo ocurre con los años de Moshé respecto de su padre. Por lo tanto, no podemos contar 400 años desde la llegada de los israelitas a Egipto”.

En tal caso Yitzjak es considerado como parte de los “descendientes” de Avraham que iban a ser esclavizados y oprimidos durante 400 años en tierra extranjera. Así pues la expresión “tierra extranjera” sería abarcativo, en este caso, tanto la tierra de Kenáan (Canaán), donde vivió Yitzjak durante toda su vida, como de la tierra de Egipto, donde bajó luego Yaakov con sus hijos. Puesto que Kenaán dependió económicamente de Egipto durante los días de Avraham e Yitzjak, y era también dependiente en el sentido político durante los reyes hicsos, en el tiempo de Yaakov y Yoséf, no es extraño encontrar que ambos países estaban incluidos en la forma singular “tierra extranjera“.

Ahora los invito a considerar dos expresiones del oráculo divino respecto a la descendencia de Avram: “serán esclavizados y oprimidos“. Para ellos, primeramente tendremos que manejar con claro discernimiento los términos “opresión” y “esclavitud” pues no son lo mismo:

a) OPRESIÓN: Sufrir abusos. Estar apretados por alguna situación (personas o cosas).

b) ESCLAVITUD: Sumisión a una autoridad o poder tiránico que suprime todo tipo de libertades.

Es justamente este el matiz que nos hace entender que la “dura servidumbre” no duró 400 años, sino mucho menos.

“Serán esclavizados”

Cuán extraño debe haberle parecido a Avram, en el momento de estar pactando con el Creador, que sus descendientes, acerca de los cuales se habían hecho tan maravillosas promesas, habían de ser esclavos de aquellos en cuyo medio vivirían.

Esta profecía se cumplió a su debido tiempo. Su nieto Yaakov fue siervo de Labán durante 20 años (Génesis 31:41). Su bisnieto Yoséf aún fue vendido como esclavo, y más tarde puesto en prisión (Gén. 39: 1; 40: 4). Finalmente todos los descendientes de Israel fueron esclavizados en Egipto (Ex. 1: 13, 14).

“Serán oprimidos.”

Esa etapa de la historia de Israel había de incluir no sólo servidumbre sino también aflicción y persecución.

El cumplimiento de esta profecía puede comprobarse prácticamente en cada generación durante cuatro siglos:

Yitzjak, el hijo de Avraham fue “perseguido” por Ishmael (Gál. 4:29; cf. Gén. 21:9).

Yaakov huyó de Esaú para salvar su vida (Gén. 27:41-43), y más tarde de Labán (cap. 31:2, 21, 29).

Yoséf fue vendido como esclavo por sus propios hermanos y más tarde injustamente arrojado en la cárcel (caps. 37:28; 39:20).

Finalmente los hijos de Israel fueron grandemente oprimidos por los egipcios después de la muerte de Yoséf (Éx. 1: 8, 12).

“Cuatrocientos años.”

Propongo hacer dos preguntas para encontrar la respuesta al cuestionamiento planteado al comienzo de esta bitácora. Ellas son:

  • (1) ¿Es éste el tiempo de aflicción,o el tiempo de permanencia en Egipto, o ambas cosas?
  • (2) ¿Cómo se relacionan estos 400 años con los 430 de Exo. 12:40, 41 y Gál. 3:16, 17?

La primera pregunta depende de la solución que se dé a la segunda.

Entonces, leamos con atención la declaración de Éxodo cap. 12 vers. 40:

“…el tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años“,

A simple vista esto parece implicar que los hebreos estuvieron realmente 430 años allí, desde la entrada de Yaakov hasta el éxodo propiamente dicho.

Bien, sugiero que no nos apresuremos a sacar conclusiones. Necesito que ahora consideremos lo que nos enseña uno de nuestros principales mentores en la fe mesiánica, el apóstol Pablo:

Ahora bien, las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: y a las descendencias, como refiriéndose a muchas, sino más bien a una: y a tu descendencia, es decir, Cristo. Lo que digo es esto: La Torah, que vino cuatrocientos treinta años más tarde, no invalida un pacto ratificado anteriormente por Dios, como para anular la promesa.”

(Gálatas 3:16-17)

Es evidente, por la enseñanza paulina expresada en la carta a los Gálatas que la declaración del capítulo 12, verso 40, de Éxodo no puede ser literal, ya que Pablo dice que la Torah fue promulgada en el Sinaí 430 años después del pacto entre Dios y Avram.

Si el apóstol Pablo se refiere a la primera promesa hecha a Avram en Harán (Gén. 12:1-3), los 430 años comenzaron cuando Abram tenía 75 años (cap. 12:4). Entonces los 400 años de aflicción comenzarían pues 30 años más tarde, cuando Avram tenía 105 y su hijo Yitzjak 5 años de edad (cap. 21:5). Esto ocurriría por el tiempo cuando Ismael, que “había nacido según la carne“,”perseguía [a Yitzjak] al que había nacido según el Espíritu” (Gál. 4:29; Gén. 21:9-11).

El tiempo exacto desde el llamado de Avram hasta la entrada de Yaakov en Egipto fue de 215 años (ver Gén. 12:4; 21:5; 25:26; 47:9), lo que dejaría 215 años de los 430 como el tiempo que realmente pasaron allí los hebreos.

Por esta razón, los 430 años de Éxodo capítulo 12 ver. 40 deben incluir la permanencia en Kenaán tanto como la estada en Mitzrayim (Egipto), desde la vocación de Avram hasta el éxodo.

Interesante resulta saber que la traducción Septuaginta (Versión LXX) traduce a Éxodo 12, ver. 40, de la siguiente manera:

Y la permanencia de los hijos de Israel, mientras habitaron en la tierra de Egipto y la tierra de Canaán, fue de cuatrocientos treinta años“.
(Ex. 12:40)

Como ya lo he señalado más arriba, la tierra de Kenaán dependía tanto de Egipto durante el período patriarcal, que los faraones egipcios en realidad la consideraban como suya y se referían a ella como tal.

Desde la Dinastía XVIII (conjunto de faraones que gobernaron Egipto entre los años 1550 y 1295 a. C) , tanto a Kenaán como Siria, estaban sometidos a estos faraones. Por lo tanto, Moshé podía incluir apropiadamente a Kenaán dentro de los términos de la expresión Egipto como lo hizo en Éxodo 12.

Si leemos bien la promesa-oráculo de Dios notaremos que no se refiere a Egipto específicamente, sino a “una tierra que no será suya”. Tan pronto como Avraham tuvo un hijo, su descendencia se vio forzada a vivir en tierras ajenas, incluyendo Kenaán la cual no era “de ellos” en ese momento.

Entonces debemos comenzar a buscar la conclusión a todo esto. Para ello es necesario que aceptemos que el punto inicial marcado en Éxodo 12:40 es resaltar a Israel como una familia completa conformada por los padres de familia (clanes). Dichas cabezas de familia tienen su punto de inicio en Avraham. Por ello, el relato está significando que este periodo de tiempo comenzó con Abraham, y no debe tomarse como el tiempo que los israelitas estuvieron en Egipto (recordemos en relato paulino de Gálatas 3:16-17).

Ahora debemos hacernos otras dos preguntas que nos permitan cerrar todos estos datos en una sola idea:

  • 1) ¿En qué punto de la vida de Abraham iniciaron los 430 años?
  • 2) ¿Cuándo comenzaron los 400 años?

La profecía de los 400 años se encuentra en Génesis 15:13:

“Y Dios dijo a Abram:
Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos cuatrocientos años.”

Hay dos puntos importantes que se deben notar aquí. Esta profecía pertenece a los descendientes de Avraham, no a él; y, ya que en ese entonces él no tenía descendientes, el inicio de los 400 años era para el futuro.

La Torah nos cuenta que Avraham tenía 75 años cuando l Eterno le dio la primera promesa (Gén. 12:4); y 100 años cuando nación Yitzjak (Gén. 21:5). Esto suma 25 años, aún nos faltan 5 años más, por lo tanto el inicio de los 400 años debe ocurrir en algún otro punto de su vida.

Los expertos en hebreo bíblico dicen que dicha ocasión se muestra en el banquete del destete de Yitzjak:

Y el niño creció y fue destetado, y Abraham hizo un gran banquete el día que Isaac fue destetado.
(Génesis 21:8)

Al llegar al versículo 12 de este mismo capítulo nos encontramos con el siguiente relato:

“Mas Dios dijo a Abraham: No te angusties por el muchacho ni por tu sierva; presta atención a todo lo que Sara te diga, porque por Isaac será llamada tu descendencia.”

Este pasuk pone el sello de aprobación del Eternos sobre Yitzjak, eligiéndolo como la simiente mesiánica de Abraham al enviar a Agar (la egipcia) y su hijo Ishmael fuera de su casa. Así pues, descubrimos que es este el punto de la historia en el que comienza la profecía de los 400 años; cinco años después del nacimiento de Itzjak. En ese momento el Eterno le hace saber a Avraham que su simiente está en Itzjak, y que por medio de él se convertirá en padre la familia mesiánica que bendecirá la Tierra. Si sacaron bien las cuentas, verán que los 25 años más estos cinco años suman un total de 30 años; es decir, la diferencia entre los 400 y los 430 años.

Así nos debe quedar claro que los 400 años y los 430 años culminan en el mismo momento en Éxodo cap. 12 vers. 40. tal como el diácono Esteban lo recordara a sus oyentes en su discurso:

Y Dios dijo así:
Que sus descendientes serian extranjeros en una tierra extraña, y que serian esclavizados y maltratados por cuatrocientos años.

(Hechos 7:6)

Ahora, contaremos los años transcurridos desde Génesis capítulo 12 vers. 4 hasta la muerte de Yoséf para determinar el paso del tiempo sujeto al oráculo divino y su perfecto cumplimiento. Para ello, les compartiré el procedimiento lógico-matemático que realiza el teólogo Don Roth:

Avraham tiene 75 años cuando el Eterno le da la promesa-oráculo (Génesis 12:4). A sus 100 años nace Yitzjak (Génesis 21:1-7).

Yitzjak tiene 60 años y nace Yaakov con su gemelo Esav (Génesis 25:26)

Yaakov tiene 130 años cuando desciende a Egipto (Génesis 47:9).

Yoséf tiene 30 años cuando le interpreta en sueño a Faraón acerca de los siete años de abundancia (Génesis 41:46-47).

Se registra que Yaakov tenía 130 años cuando llega a Egipto en el segundo año de hambruna. Yoséf entonces tenía: (30 años + 7 años de abundancia + 2 años de hambruna =) 39 años. Esto muestra que Jacob tenía 91 años cuando nació José. (Génesis 47:9)

Ahora, retomando desde que Avraham dejó Padán Aram para ir a la Tierra Prometida hasta que Yaakov llegó a Egipto, haremos el siguiente cálculo:

Abraham tenía 75 años cuando dejó Arán, y 100 años cuando nació Isaac. Un total de 25 años.

Yitzjak tenía 60 años cuando nació Jacob.

Yaakov fue a Egipto a sus 130 años

25 + 60 +130
Total: 215

Esto muestra el tiempo comprendido entre el inicio de los 430 años y la llegada de Jacob a Egipto.

Ahora bien, José muere cuando tenía 110 años (ver Génesis 50:22).

110 – 39 = 71 años en los cuales Israel vivió pacíficamente en Egipto mientras José estaba vivo.

Recordemos que tomó 215 años para que Israel llegara a Egipto. Ahora sumémoslo con los 71 años de paz en esa tierra pagana.

215 + 71 = 286

Si a 430 años le restamos esos 286 años, obtendremos como resultado 144 años de esclavitud en Mitzrayim (Egipto). Estos 144 años de esclavitud se asume que comenzaron con la muerte de Yoséf.

Tomando como base en el cálculo anterior, Don Roth se aventura a realizar las siguientes observaciones. Los israelitas salieron de Egipto en el año 430 del cumplimiento del oráculo divino dado a Avraham. La Torah relata que Moshé murió de 120 años (Deuteronomio 34:7). Si restamos los 40 años que estuvieron en el desierto, obtenemos que Moshé tenía 80 años de edad cuando Israel salió libre del exilio egipcio. Ahora bien, al restarle estos 80 años a los 430 años, se tienen 350 años después de que Yahvéh le dio la promesa-oráculo a Avraham. A estos 350 años se le restan 286 años que hay desde el inicio de la cuenta de los 430 años hasta que Yoséf murió, y se obtiene el dato certero de que Moisés nació 64 años después de la muerte de dicho patriarca.

Justamente tomando el versículo que encabeza esta bitácora, podemos vincular los últimos cálculos con la genealogía de Aharon y Moshé. Esto se puede ligar con el detalle de que la madre de Moshé era nieta de Leví, y no su hija.

Y el nombre de la mujer de Amram era Jocabed, hija de Leví, que le nació a Leví en Egipto; y ella dio a luz de Amram, a Aarón, a Moisés y a su hermana Miriam.
(Números 26:59)

Hay dos escrituras que explican que Jocabed era nieta de Leví. Una de ellas es la que estamos considerando, que vale la pena volver a transcribir:

Y los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. Y los años de la vida de Coat fueron ciento treinta y tres años.”
(Éxodo 6:18)

Este versículo muestra que Amram, padre de Moshé, era nieto de Leví por parte de su padre Kehat (Coat), hijo de Leví.

La otra escritura dice que Amram se casó con Jocabed, hermana de su padre.

Y Amram tomó por mujer a Jocabed, su tía, y ella le dio a luz a Aarón y a Moisés; y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta y siete años.
(Éxodo 6:20)

Esto muestra que Jocabed era la nieta de Leví, no su hija. Cuando en Números 26:59 se dice que Jocabed era la “hija de Leví”, podía significar “nieta” (“hija o nieta”, TA; “descendiente” RH), como en tantos otros lugares en las Escrituras donde “hijo” se usa para referirse a un “nieto”. El exegeta Ferrar Fenton comenta en su traducción al inglés que la expresión ‘que le nació a Leví’, que aparece en este versículo, “es una locución hebrea que no significa que le naciera a Leví personalmente, sino a un descendiente de la tribu. Por el tiempo transcurrido es imposible que hubiese sido hija directa de Leví”.

Es más, algunos eruditos creen que Joacabed era la prima de Amram más bien que su tía, y eso es lo que indica la Versión de los Setenta griega, así como la Peshitta siriaca.

Jocabed, la hija del hermano de su padre
(Éxodo 6:20 – Versión LXX).

Finalmente, vemos que existe una diferencia de 30 años desde que Dios le dio la promesa a Avraham y cuando esta comenzó. Pero, una vez que los 400 años de la profecía comienzan, ambos periodos de tiempo concluyen de manera simultánea en lo que relata Éxodo cap. 12 vers. 40. La cantidad máxima de años que los israelitas fueron esclavos fue 144 años.

Genealogía, Linaje y Propósito…

Por P.A. David Nesher

“Éstos son los jefes de las familias de sus padres … “

(Shemot/Éxodo 6: 14)

¡De repente una genealogía interrumpe la continuidad del relato histórico!… ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué significa esto en el Propósito eterno de Dios?

Todos los exégetas de la Torah recalcan su extrañeza ante la interrupción del relato cronológico de la Torah para intercalar la genealogía de Moshé y de Aharón.

Las razones aparentes que los exégetas hallan como respuesta a esta “interrupción” están basadas, generalmente, en los midrashim.

Entre tantos comentarios, encontré y elegí aquí la opinión de Rashbam (acrónimo hebreo para: RAbi SHamuel Ben Meir ), basada en lo que él mismo denomina el פשת (“Peshat” o “interpretación literal” del texto bíblico):

De acuerdo con el Peshat, ya he explicado en el libro de Bereshit (Génesis) que la Torah procedió a enumerar los años de la vida de las personas que existieron desde Noah hasta Abraham y después de Abraham enumera los años de Itzjak y después los de Yaakov y después los de Leví, su hijos y después los años de Kehat y después los de Hamram, sucediéndoles los años de Moshé, de Yehoshúah, de los Jueces, de los Reyes, de los setenta años del exilio babilónico y también los años del Segundo Templo de Yerushalaim, en Daniel.”

De este exegeta que las genealogías eran utilizadas para establecer credenciales y autoridad, al igual que para trazar la línea histórica del linaje de una familia. Por lo tanto, se infiere que la finalidad de este relato genealógico es elevar a Moshé y a Aharón al rango de importancia de los Patriarcas de Israel, como hombres de gran influencia profética que hicieron la historia del Pueblo Escogido en la época bíblica.

Es decir que el escritor (Moshé) introduce, inspirado por Dios, esta información con el fin de dejar claramente establecida la situación final antes de encarar el paso siguiente. Es decir que el Eterno quiere mostrar por medio de este pasaje quiénes son las personas a las que Él les ha asignado esta tarea de redención. Yahvéh quiere asegurar en la mente y corazón de cada israelita el linaje levítico de Moshé y Aharón, crucial para establecer la legitimidad de esta misión celestial.

Por otra parte, tengamos también en cuenta que, a pesar de la esclavitud que había situado a los hijos de Israel en el último peldaño de la escala social, los hebreos mantuvieron plena conciencia de su estirpe. Todos ellos eran descendientes de los Patriarcas, y seguían respetando sus cabezas de familia. En su angustia moral y social, su ascendencia familiar representaba su mayor bien, que preservaban con celo.

Además, la elección divina de Moshé y Aharón, hijos de la tribu de Leví, para esta misión libertadora, no será más que el preludio de la elección definitiva que se hará de la tribu de Leví para dedicarse exclusivamente al servicio de Yahvéh, primero en el Mishkán (Tabernáculo) que se construirá en el desierto, después de la salida de Egipto. Luego en los Santuarios de Israel y en los dos Templos de Yerushalaim.

En otro orden de cosas, en un comentario introductorio al Seder HaHavodah de Yom Kippur, esta idea queda plasmada en las palabras siguientes:

“De su estirpe (de Itzjak) elegiste a Yaakov, hombre íntegro, sellado por Tu Pacto.
Doce tribus a él diste por posteridad, amados por Ti, ¡oh, Dios! desde su nacimiento.
De entre las tribus elegiste a Leví para servirte; de entre todos sus hermanos. le concediste la corona del sacerdocio. Hamram fue elegido de la estirpe de Leví, y a Alzaron, su descendiente, consagraste para Tu culto”

( Majzor para Yom Kippur a la usanza de los judíos sefaraditas.
Versión castellana de Marcos Edery. Edición 1969.)

Así notamos que esta porción es importante debido a que el sacerdocio que eventualmente vendría por parte de la familia de Aharón pasaría a sus descendientes. Por lo tanto era primordial el saber exactamente quienes eran sus descendientes.

¿Qué nos enseña este registro?

Hay personas que se sienten pequeñas por no tener un título académico. Otros se sienten demasiado importantes, dado su extenso currículum. Pero la Torah no presenta a Sus emisarios conforme a títulos, sino de acuerdo a su linaje.

¿Queremos saber cómo es una persona? Miremos su familia o preguntemos cómo es su familia. El que la Torah haga énfasis en la ascendencia de Moshé y Aharón significa que nadie logra realizar el trabajo espiritual solo o en el vacío, Moshé y Aharón estaban sostenido sobre los hombros de sus antepasados.

Shalom!


Bitácora Relacionada:

Los Pasos de la Redención Mesiánica.

Por P.A. David Nesher

Lachen emor livney-Yisra’el ani Adonay vehotzetí etchem mitachat sivlot Mitsrayim vehitzaltí etchem me’avodatam vega’altí etchem bizroa netuyah uvishfatim gedolim.

Velakajti etchem li le’am vehayiti lachem le’Elohim vidatem ki ani Adonay Eloheychem hamotsi etchem mitachat sivlot Mitsrayim.

“Por tanto, dirás a los hijos de Israel:
Yo soy YHVH; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes; y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy YHVH vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto. Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo YHVH. ” 

(Shemot/Éxodo 6: 6-7)

Yahvéh finalizará exclamando: “Vehevetí” (” Y os meteré”, también traducido como “Y los llevaré” (6:8).

En este texto encontramos siete promesas:

  1. os sacaré – [primera copa llamada kidush, “santificación”]
  2. os libraré – [segunda copa llamada “juicio”]
  3. os redimiré – [tercera copa llamada “redención” o “bendición”]
  4. os tomaré – [cuarta copa llamada “alabanza”]
  5. yo seré vuestro Dios.
  6. os traeré.
  7. os la daré.


El teólogo experto en hebreo bíblico Kaiser explica que “cada uno de estos verbos hebreos, las cuales están en tiempo pasado (ejemplo, pasado perfecto), en lugar del tiempo futuro, tan cierto estaba Dios en su cumplimiento que fueron vistos como si ya se hubieran cumplido.

Ahora bien, para un mejor entendimiento de nuestra emunáh (Fe) necesitamos concentrarnos en los pasos celestiales que el Eterno realiza siempre para redimir a Su Pueblo.

Como notarán en el listado de las promesas, los sabios intérpretes, basándose en las cuatro primeras expresiones de la Torah, fijaron la piadosa costumbre de beber cuatro copas de vino en la noche de Pésaj. Estas cuatro copas que marcan el esquema del Seder (Orden) de la Cena Pascual, estaban vigentes en los días del Señor Yeshúa, y aún persiste la costumbre hasta el día de hoy.

Aquí les comparto un texto de la tradición oral sobre el establecimiento de ellas:

“…El precepto de las cuatro copas de vino, que se beben en el Seder, es una ordenanza que la Torah no exigía originalmente. La acción principal del evento está solo en comer. La bebida no se prescribe. La cena de Pésaj no es un hecho mundano, sino una comida de mitzváh (mandamiento), por lo que la Torah nos exige que comamos ciertas comidas en particular, como son el sacrificio de Pésaj, la matzáh (pan sin levadura), el maror (hierbas amargas), para cumplir con el Alto Precepto (…)
Pero en la mesa también se debe beber, si bien la bebida es secundaria con respecto a la comida. Y así como la Torah estableció que se debía realizar una comida de mitzváh, los sabios en la época del exilio babilónico fueron un poco más allá y decretaron que también debería haber una “bebida de mitzváh”, entonces establecieron las cuatro copas de vino. Pero ese acto de beber tampoco debería ser como el de todos los demás días…”

Detengámonos un instante a analizar estas cuatro expresiones, que son de gran profundidad. Ya dijimos muchas veces que los israelitas fueron sometidos de tres maneras:

  • 1) Al ser extranjeros,
  • 2) Al ser esclavos,
  • 3) Al ser torturados, donde cada aflicción es peor que la anterior.

Por eso, una vez que Yahvéh llegó para redimir a Israel, en primer lugar los libró de las torturas de los egipcios, luego los salvó de la servidumbre y el dominio, y finalmente, los redimió, poniendo término a su calidad de extranjeros. Pero si bien todos esos actos pusieron fin a la relación negativa con Egipto, no causaron en si nada positivo, hasta qué… “os tomaré como pueblo Mío”. Así Israel se convierte en la nación de Yahvéh.

El libro Bené Isajar (s. XVIII) explica que las cuatro copas representan los cuatro méritos que Israel tuvo en Egipto:

  • ellos no cambiaron sus nombres hebreos;
  • ellos conservaron su propia lengua;
  • ellos fueron cuidadosos en no tener relaciones ilícitas;
  • y no había delatores entre ellos.

El libro Méshej Jojmá (f. 1926) agrega que esto indica cuán importantes son estas medidas de autoprotección, porque a pesar de que Israel fue derrotado por todas las otras impurezas de Egipto, el hecho de que ellos fueron cuidadosos en estas cuatro áreas les hizo ganar el título de ser “distinguidos” en las esferas celestiales y por este mérito fueron redimidos.

Así mismo, Rabí Itzjak Abarbanel (s. XIV) nota que las cuatro copas representan las cuatro diferentes redenciones que Israel ha experimentado. La primera fue cuando Elokim eligió a Avraham y a sus descendientes, de quienes Él sembró la semilla de la nación de Israel. La segunda fue la liberación de Egipto. La tercera redención es el hecho de que Dios ha mantenido a Su Pueblo a través de prolongados exilios, liberándonos de los enemigos que quisieron destruirnos. La cuarta copa es la redención final que nos espera en el futuro.

Así pues, y explicado con otras palabras, las cuatro expresiones de redención son oráculos escatológicos expresado por la boca del Eterno, y se corresponden también a las cuatro redenciones del pueblo de Israel. La primera de ellas, del exilio egipcio, y las otras, del resto de las diásporas, a saber, del exilio babilonio, del exilio greco sirio, y del exilio causado por los romanos, siendo este último nuestro actual exilio. En este contexto, la cuarta expresión, “los tomaré”, alude a la Redención de la presente situación diaspórica que será efectuada por las manos del Mashiaj.

De lo antedicho se entiende, que la quinta expresión que señala el texto bíblico, “los llevaré”, refiere a un grado más de elevación espiritual una vez forjada la Redención futura, pues de modo general, la Era Mesiánica se divide en dos grandes épocas: “Yemot HaMashíaj” (los días del Mashíaj), y “Jad jaruv” (un milenio de desolación).

Según Sanedrín 97ª, el vocablo “desolación”, no significa destrucción. La Guemaráh explica que el séptimo milenio es análogo al séptimo día de la semana (el Shabat), en el que se prohíbe trabajar, y al Año Sabático (Shemitáh), en el que los trabajos de la tierra están prohibidos. “Jad jaruv” es interpretado como una época “desolada” de la normativa que rige la vida de hoy en día, es decir, se trata de un estado superior en la Era Mesiánica misma.

Aquí les comparto la enseñanza que di en la Mesa de Comunión de esta parashá… Espero que te atrevas a escucharlo y meditarlo:

Nombres con Justicia y Redención

Por P.A. David Nesher

Yahvéh se dirigió a Moshé y le dijo: “Yo soy Yahvéh”. Yo me manifesté a Abraham, a Itzjak y a Yaacov como El Shaday, pero con Mi Nombre [esencial יְהוָָ֔ה ] Y-H-V-H-, no me di a conocer a ellos.”

(Shemot/Éxodo 6:2-3)

Quisiera continuar con la decodificación del Nombre YHVH que comencé en la bitácora anterior.

Habíamos visto como, ante la queja de Moshé (Moisés), Dios promete resolver la situación obligando al Paróh (Faraón) con mano fuerte, es decir, obrando prodigios que han de pesar duramente sobre el faraón. La negativa del soberano egipcio ha servido para que la ira omnipotente del Eterno se manifieste.

Así hemos considerado en el estudio anterior como el Eterno se manifiesta solemnemente como que es el mismo Dios de los patriarcas (v.2), pero con la expresa distinción de que éstos no lo conocieron con el Nombre de YHVH (Yahvéh) sino como El Shadday. Los patriarcas fueron privilegiados de conocer al Dios que hizo el pacto, pero para ellos el pacto apenas si fue cumplido. Los patriarcas conocían a Dios como el Hacedor del Pacto. Moisés y la generación del Éxodo conocerían a Dios como el Único que cumpliría el Pacto a través de Su brazo libertador.

Ahora bien, a lo ya expresado en dicha bitácora podemos agregar dos significaciones más de ese Nombre.

Para ello, conviene saber que los dos nombres divinos más usados en las Escrituras son Elokim y YHVH. El nombre Elokim (traducido al español como “Dios”) aparece unas 2.500 veces en el Tanak (Antiguo Testamento) y YHVH aparece casi 7.000 veces.

Aunque YHVH sea el nombre esencial y personal del Eterno y Elokim un nombre genérico, los intérpretes de las Escrituras hebreas ven en estos dos nombres una tendencia de diferentes emanaciones del Infinito (EinSof) que al mismo tiempo son opuestos y complementarios. El Nombre YHVH está relacionado con las misericordias del Infinito. En cambio, el nombre Elokim está relacionado con su justicia. Así que, normalmente cuando aparece escrito el nombre Elokim, traducido como Dios, está relacionado con un acto de justicia. Así mismo cuando aparece el nombre YHVH, está relacionado con un acto divino de misericordia. Es decir, que YHVH revela que Dios tiene siempre el deseo de intervenir en la historia de sus hijos por medio de sus misericordias, con el fin de erradicar decreto de juicios (din) de exilio que se decreten sobre Israel, Su Pueblo.

De esta manera llegamos a la conclusión de que los patriarcas no habían conocido el carácter y la manifestación de la misericordia del Eterno como ahora los hijos de Israel lo iban a experimentar.

Entonces es muy importante para nuestra fe entender el hecho de que lo primero que Moshé recibió, en la magnífica revelación de la zarza ardiendo, es el interés del Eterno de actuar con compasión y misericordia a favor de Israel:

“ Y Yahvéh dijo: Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos… Y ahora, he aquí, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí, y además he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.”
(Éxodo 3:7, 9)

Esta manifestación de la misericordia (hbr. .rajem) del Eterno no había sido conocida por Abraham, Yitzjak y Yaakov.

Además, encontramos en este Nombre de cuatro letras (Yud Hei Vav Hei) otro aspecto que está relacionado con los dos anteriores: la redención. Leamos con atención estos dos pasukim (versículos):

Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel… Ahora pues, ven y te enviaré a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto.
(Éxodo 3:8, 10).

Los hijos de Israel necesitaban una redención para poder salir de Egipto. Cuando una o varias personas han llegado a una situación de peligro, esclavitud, pobreza, enfermedad o algo semejante, y no tienen los medios para salir de allí, necesitan redención para poder ser liberados de esa situación.

Un redentor (hbr. goel) es una persona que tiene la capacidad para sacar a los que necesitan ser liberados de un exilio.

En este caso el Eterno se presenta como el Redentor para sacar a los hijos de Israel de Egipto (Mitzrayim), porque ellos no pueden hacerlo por sí mismos:

“En tu misericordia has guiado al pueblo que has redimido; con tu poder los has guiado a tu santa morada.”
(Éxodo 15:13)

Así mismo, en el salterio quedará atestiguado del poder redentor de Su Nombre:

“Con tu brazo has redimido a tu pueblo, a los hijos de Yaakov y de Yosef.”
(Salmo 77:15)

Entonces, nuestra mente se expande en el entendimiento al comprender que los patriarcas no tuvieron la experiencia con el Eterno como el gran Redentor. Ahora YHVH se manifiesta a los hijos de Israel como Su Redentor, para liberarlos de la esclavitud que el exilio provoca al alma escogida.

Hay una revelación maravillosa que necesitamos meditar e interpretar. Los hijos de Israel eran esclavos. Un esclavo no tiene el derecho de su propia vida, no es dueño de sí mismo. Otra persona es el dueño de él. Para nosotros es difícil entender esto porque no lo hemos vivido.

Ante lo hablado hasta aquí, hay un detalle importante a destacar. La Torah no revela en detalle cómo llegaron a ser esclavos. Pero el hecho de que eran esclavos implica que en algún momento perdieron la libertad. Algunos especulan que quizás se vendieron como esclavos por propia voluntad, otros aseguran que fueron obligados a ser esclavos por la fuerza. Lo cierto es que eran esclavos y como tales eran posesión del faraón. Esto implica que el Eterno no podía sacarlos de Egipto sin el permiso de su dueño. Por eso vemos que Moshé no ordenó al faraón dejar ir a los hijos de Israel para celebrar fiesta al Eterno, sino simplemente le pidió permiso, hasta rogando:

“Entonces ellos dijeron:
El Dios de los hebreos nos ha salido al encuentro. Déjanos ir, te rogamos, camino de tres días al desierto para ofrecer sacrificios a YHVH nuestro Dios, no sea que venga sobre nosotros con pestilencia o con espada.”
(Éxodo 5:3)

Jurídicamente el Eterno no podía reclamar a los hijos de Israel porque estaban bajo la autoridad del faraón y eran su posesión. Si el Eterno los hubiera sacado sin el permiso del faraón, sería un ladrón y no respetaría el principio de autoridad que él mismo había establecido desde las esferas celestes. Esta será pues la razón por la que Moshé tenía que pedir permiso hasta siete veces para sacar a los hijos de Israel, (cf. 5:1; 7:16; 8:1, 20; 9:1; 10:3). En ninguna de estas ocasiones está escrito que YHVH ordenó al faraón que soltara al pueblo. El Eterno no puede cometer ningún acto de injusticia:

“Justo es YHVH en todos sus caminos, y bondadoso en todos sus hechos.”
(Salmo 145:17)

Así mismo, debemos también considerar que el Eterno tenía, a la misma vez, toda la autoridad sobre el faraón. Fue Él quien le había puesto como rey en Egipto, (cf. Romanos 13:1-6), delegándole parte de su propia autoridad. Por lo tanto, Dios tiene el derecho de juzgar las acciones del faraón, y esa también fue parte de la misión de Moshé, que actuaba como Elokim (juez junto al Juez) en este caso sobre el rey de Egipto. Con esto, logramos entender que las plagas vinieron porque el rey de Egipto, junto con su pueblo, no habían respetado las leyes de autoridad espiritual del Eterno que son para todos los hombres de la tierra.

Entonces, debemos aquí afirmar que Moshé fue enviado con dos propósitos principales:

  • _ juzgar la autoridad que no estaba cumpliendo su función según la voluntad de Aquel que la puso en su lugar, y
  • _ redimir a los hijos de Israel de su esclavitud.

De esta manera se revelan los dos nombres Elokim y YHVH en esta obra. Elokim como el Juez justo que dicta y ejecuta sentencia sobre un gobierno autoritario y maligno; y YHVH como el misericordioso Redentor que saca a su pueblo de la esclavitud.

De la misma manera el Eterno se ha manifestado en su Hijo Yeshúa el Ungido, nuestro Redentor. Cuando él fue manifestado en carne al mundo vino con los dos propósitos, juzgar el príncipe de este sistema mundial y su pueblo, y sacar a los hijos de Israel de la esclavitud del pecado y de la muerte.

En Yeshúa es revelada la justicia de Elokim y la misericordia redentora de YHVH. La muerte del Mesías es la máxima revelación de la justicia de Elokim y la misericordia de YHVH.

En su muerte fue condenado el pecado y el príncipe de este mundo fue juzgado y echado fuera.

En su muerte fue manifestada la justicia de Dios que no puede perdonar al pecador y declararlo inocente sin pagar por las consecuencias del pecado.

En la muerte del Mesías es manifestada la misericordia de YHVH para que todo aquel que crea en ese sacrificio sustituto sea perdonado y redimido de la esclavitud del pecado y sus últimas consecuencias eternamente.

Ante todo lo dicho aquí, y meditando en nuestros corazones, podemos decir que cuando toda la ayuda humana ha fallado, y el alma afligida, exhausta y desesperada ha perdido la esperanza en el hombre, Dios se acerca, y dice: “YO SOY“.

Elevo plegaria a nuestro Abba para que vuelvas a leer estas dos partes de la primera aliyáh de Vaerá, una y otra vez, a lo largo de la semana, para que puedas palpar Su poder redentor en Yeshúa a favor de tu vida y familia.

Shavuá tov!

Bitácora Relacionada:

En mi Nombre YHVH No Me Di A Conocer

“En Mi nombre YHVH (יְהוָָ֔ה) no me di a conocer”

Por P.A. David Nesher

Vayedaber Elohim el-Moshe vayomer elav ani YHVH.
Va’era el-Avraham el-Yitschak ve’el-Ya’akov be’El Shaday ushmi Adonay lo nodati lahem.

Yahvéh se dirigió a Moshé y le dijo: “Yo soy Yahvéh”. Yo me manifesté a Abraham, a Itzjak y a Yaacov como El Shaday, pero con Mi Nombre [esencial יְהוָָ֔ה ] Y-H-V-H-, no me di a conocer a ellos.”

(Shemot/Éxodo 6:2-3)

Moshé se encontraba desanimado por que él creía que el Eterno estaba corto en actuar y en ayudar. Su desánimo se debía a que él estaba muy impresionado por el Faraón y no tan impresionado por Dios.

La respuesta de Elokim muestra que Él quería que Moshé supiera que el Señor esta en control de todo.

“En Mi Nombre YHVH no me di a conocer”
(בְאֵֵ֣ל שַדֶָׁ֑י וּשְמִֵ֣י יְהוָָ֔ה לֵּ֥אֹ נוֹדִַ֖עְתִי לָהֶָֽם )

¿Qué clase de respuesta es ésta al planteo de Moshé?

Yahvéh intenta transmitirle a Moshé que el objetivo del exilio y la esclavitud en Mitzrayim (Egipto) es preparar al pueblo para una revelación superlativa a través de la entrega de la Torah, donde entonces les revelaría Su Nombre esencial, revelación que ni siquiera los patriarcas experimentaron. Y el sufrimiento que ahora estaban soportando los israelitas era a efectos de despertar su anhelo de liberación.

Esto no quiere decir que los patriarcas no sabían cuál era el nombre personal de Dios (YHVH es usada unas 160 veces en Génesis) .

Desde Génesis cap. 2 vers. 4 había sido conocido su Nombre YHVH y los patriarcas habían recibido la tradición oral desde Adam (cf. Génesis 4:1; 24:31).

Además encontramos que en Génesis cap. 4 vers. 26 los hombres empezaron a invocar el nombre de YHVH.

En el capítulo 15 vers. 2 de Génesis vemos que Avraham está mencionando el nombre YHVH en su oración. Luego está escrito que Avraham creyó a YHVH y le fue contado por justicia (Génesis 15:6). En el capítulo 17 de Bereshit leemos:

“Cuando Avram tenía noventa y nueve años, YHWH se le apareció, y le dijo: Yo soy El Shadai; anda delante de mí, y sé perfecto.” 
(Génesis 17:1)

Todo este testimonio escritural nos deja bien en claro que los patriarcas conocían el Nombre de YHVH (cf. Génesis 26:21-25; 28:10-16). Entonces ¿Cómo vamos a entender esta expresión que el Eterno le da como respuesta a Moshé?

Consideremos lo que el intérprete Rashí dice:

“Aquí no está escrito “no les di a conocer”, sino “no ME di a conocer”. Yo no era conocido por ellos con mi cualidad de veracidad, por la cual mi Nombre es llamado YHVH, Fiel para hacer que mi palabra se verifique. Así pues, les había hecho una promesa, pero no la he cumplido.”

La Torah asigna una gran importancia a la definición de los diversos Nombres de Dios, como se deduce de este pasaje y de otros más. Estos nombres, en efecto, hacen conocer al Ser Supremo bajo diferentes atributos: unos lo califican como Creador, Amo de los Destinos, Señor de los Ejércitos, Ser Absoluto, y los otros lo designan en su calidad de Dios de Amor, Juez Supremo, Fuente de Bendiciones y de la Santidad, de la Providencia y de la Omnipotencia.

Según Rashí, el texto quiere decir que las manifestaciones Divinas a los Patriarcas, anunciándoles promesas en el futuro, estaban sostenidas en el Nombre del “Dios Shaday”; (por ejemplo, Génesis 18: 1; 28:3 y 35:11). Pero el nombre YHVH no les era nada conocido, es decir, demostrado en su realidad. Ese Nombre es atributo de verdad, Él cumple Su Palabra y expresa que tiene el poder de cumplimiento. Aunque ese poder no fue jamás manifestado a los atriarcas, ninguno de ellos había expresado la menor duda sobre Su Omnipotencia. Su fe en las promesas Divinas era total.

Tenemos que entender que la revelación de uno de los nombres del Eterno implica, no solamente el conocimiento de la pronunciación o escritura del nombre, sino la revelación de una acción por medio de la cual el Infinito se relaciona con el mundo. El Eterno se revela mediante sus diferentes nombres. Cada nombre revela una acción que está de acuerdo al significado del nombre. De esta manera hay que entender este versículo. Hay una acción implicada en la revelación del nombre YHVH y esa acción todavía no había sido revelada en su totalidad a los Patriarcas. Pero sí les fue revelada la acción que está implícita en el nombre El Shaday.

El nombre El Shaday puede entenderse principalmente de dos maneras, como el Dios Todopoderoso y el Dios Todosuficiente. Los Patriarcas habían conocido al Infinito con ese nombre, que corresponde a esa manera específica de actuar hacia ellos y el resto del mundo.

Habían conocido la mano protectora de El Shaday cuando pasaban por peligros. Habían conocido sus milagros sobrenaturales en la creación. Habían experimentado que El Shaday les había dado todo lo que necesitaban para estar satisfechos. Está escrito que Avraham murió satisfecho (Génesis 25:8). Pero el Eterno no se había dado a conocer a ellos como YHVH.

¿Qué carácter y acción están implícitos en ese Nombre?

Ya hemos citado a Rashí que destaca en ese nombre la fidelidad para cumplir sus promesas. Hasta cierto punto Avraham había conocido esa acción del Eterno, al recibir a Yitzjak como hijo de una manera milagrosa por medio de una promesa, como está escrito en :

“Entonces YHVH visitó a Saráh como había dicho, e hizo YHVH por Sará como había prometido.”
 (Génesis 21:1 )

Sin embargo, existían varias promesas que el Eterno no cumplió en la vida de los patriarcas, por ejemplo la promesa de tener una descendencia como las estrellas del cielo, el polvo de la tierra y la arena del mar; la promesa de recibir la tierra de Kenáan en posesión perpetua. Esas promesas no fueron cumplidas en la vida de los patriarcas. Además ellos estaban esperando que viniera una ciudad celestial a la tierra de Kenáan:

“Por la fe habitó como extranjero en la tierra de la promesa como en tierra extraña, viviendo en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios…
Todos éstos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto y aceptado con gusto desde lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que dicen tales cosas, claramente dan a entender que buscan una patria propia. Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volver. Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad…
Y todos éstos, habiendo obtenido aprobación por su fe, no recibieron la promesa, porque Dios había provisto algo mejor para nosotros, a fin de que ellos no fueran hechos perfectos sin nosotros.”
(Hebreos 11:9-10, 13-16, 39-40 )

Así que el Eterno no se dio a conocer a los patriarcas con el nombre de YHVH en el sentido de cumplir todas las promesas. Los patriarcas solamente tenían las promesas, no las cosas prometidas.

De esta manera podemos sacar la conclusión de que los patriarcas no habían conocido el carácter y la manifestación de la misericordia del Eterno como ahora los hijos de Israel lo iban a experimentar.

Para nosotros, el Eterno quiere ser más que Dios Omnipotente (El Shaday). Él quiere que nosotros lo conozcamos personalmente, como al Dios que hace promesas y las cumple, en el cual podemos confiar para cualquier cosa.

La suprema necesidad en cada hora de dificultad y depresión es una visión de Dios. El verle a Él es el ver cualquier otra cosa en una proporción y perspectiva apropiada.

Los creyentes se debieran de preguntar a sí mismos si en realidad conocen a Dios por dichos nombres.

Bitácora Relacionada:

Nombres con Justicia y Redención

“Si no sabes a dónde vas, nunca llegarás” (Parashá Vaerá)

Por P.A. David Nesher

Vayedaber Elohim el-Moshe vayomer elav ani YHVH.
Va’era el-Avraham el-Yitschak ve’el-Ya’akov be’El Shaday ushmi Adonay lo nodati lahem.

(Texto Original Hebreo)

Yahvéh se dirigió a Moshé y le dijo: “Yo soy Yahvéh”. Yo me manifesté a Abraham, a Itzjak y a Yaacov como El Shaday, pero con Mi Nombre [esencial יְהוָָ֔ה ] Y-H-V-H-, no me di a conocer a ellos.”

(Shemot/Éxodo 6:2-3)

וָאֵרָָ֗א

Vaerá: significa «Y se apareció».

Después de haberle vaticinado Elohim al Profeta (Moshé) en atención a su protesta desesperada sobre lo que sucederá a Paróh (Faraón) una vez terminada la tarea de rescate, pasa a expresarle lo siguiente:

¡“YO SOY YHVH”!

Esto quiere significar que Yahvéh cumple lo que promete. Ésta expresión asegura al alma del escogido que el Eterno es fiel a Sus Pactos. De este modo, el Señor está actuando en la mente de Moshé para que comprenda la trascendencia e importancia de su misión.

Naturalmente, Moshé sin la guía de “HaKadosh Baruj Hu (que se traduce: “El Santo Bendito Sea“), no podría llegar a ninguna parte. Al respecto hay un refrán que dice:

“Si no sabes a dónde vas, nunca llegarás”.

También hay otro semejante:

“Si no sabes a dónde vas, no encontrarás un camino que te lleve ahí”.

Esto nos enseña que sin dirección y sin saber hacia dónde nos encaminamos, estamos perdidos. Pero Moshé tendría como timonel y conductor al Santo Bendito Sea, cuyo Nombre es YHVH, marchando junto a él, y al frente de los clanes hebreos. ¡La victoria estaba de su lado!

En «Vaerá», Moshé refiere al pueblo maravillosas promesas de liberación y de introducción a la tierra prometida. Mientras los israelitas están esclavizados, las diez plagas constituirán el comienzo de la saga del éxodo. El envío de éstas, no era necesariamente para convencer al Faraón, su finalidad principal era la de seducir y convencer al pueblo de Israel. Las plagas servirían para su propia rehabilitación espiritual.

Fue por intermedio de estas plagas que se quebrará la soberbia del Faraón y de los egipcios.

La sección Vaerá hace referencia a la mayoría de las catástrofes que arribaron a Egipto estando el rey en un bucle temporal que él mismo se buscó. [Bucle: patrón, ciclo o acción repetitiva].

Faraón y su pueblo, sufrirán el azote de grandes calamidades, una seguida de otra. Él pudo haber evitado las plagas si tan solo hubiese aprendido lo que debía aprender y hubiese dejado ir a los israelitas, pero aún después de cada plaga, el rey no reconocía la autoridad del Omnipotente y seguía sintiendo que ese era su dominio y por ello no dejaba en libertad a los esclavos hebreos.

La Torah, a través de esta parashá, nos enseñará que cuando la persona rehúsa tomar responsabilidad por sus acciones, indudablemente certifica que no es capaz de tomar control de ellas; y una vez que la persona reconoce que es incapaz de escoger entre el bien y el mal, afirma de manera equívoca que su verdadera voluntad es repetir la transgresión.

La actitud de Paróh/ Faraón pareciera entonces tonta, pero ¿acaso no vemos este mismo comportamiento hoy en día en nuestra persona o en los demás creyentes?

A semejanza de la actuación del rey egipcio, la realidad es que nuestras experiencias dificultosas también tienen un patrón recurrente, pero a ese patrón nosotros podemos llamarle “oportunidad”. Faraón tuvo sus oportunidades para seguir siendo próspero y forjar un gran país, pero las rechazó y ello lo condujo a la ruina.

Recordar el Éxodo de Egipto constituye un mandamiento (mitzvah) que debe cumplirse todos los días, pues si bien en la realidad física éste tuvo lugar una única vez en la historia, en sentido figurado, esto quiere decir que la persona debe “salir de Egipto” todos los días.

El “Egipto interior” (que cada hombre posee), es muy poderoso, por lo que igualmente se le tiene que azotar con “plagas”, esto es, mediante el servicio a Yahvéh. Es con el servicio sagrado que el gobierno del “Egipto espiritual”, puede ser vencido. Para abandonar al “Egipto impuro” y librarse de él, la persona debe introducir calidez y vitalidad en todo lo que se relaciona con la santidad. Por lo contrario, la frialdad de la santidad llevará, eventualmente, a que el individuo se involucre en la “impureza egipcia”.

Los sabios nos enseñan que la opresión física fue tan desgastante que provocó que los hijos de Israel se “bloquearan” espiritualmente. Como se explicó en capítulos anteriores, la conciencia del pueblo había descendido hasta el nivel 49 de negatividad. La “Puerta 50ª”, sería el nivel del cual no había más retorno. Por eso, aun después de que Moshé transmitiera a los Benei Israel (hijos de Israel) el mensaje de redención, ellos no creían a sus palabras.

Quien estaba destinado a ser guía de los escuadrones hebreos era Moshé, sin embargo, Aharón también formó parte del propósito redentor. ¿Por qué el Eterno solicita a dos misioneros y no solo a uno? En las Escrituras vemos que el Eterno emprende los proyectos de Su Obra en sociedad con dos agentes, tenemos los ejemplos de: Mordejai (nombre que inicia con מ “mem” inicial, o letra “M”), y su sobrina Esther (cuyo nombre comienza con alef, א); Menashé y Efrayim (también con “mem” y “alef”); Mashiaj y Eliyahu (con “mem” y “alef”). Como podemos advertir, la fórmula «Mem (מ) – Alef (א)», aparece reiteradamente. Son las primeras letras de cada nombre -y personaje- que ha sido llamado a participar en los planes de Yahvéh.

El extraordinario rescate de los hijos de Israel en Mitzraim/Egipto, es una señal o anuncio para la gran redención de nuestro pueblo Israel en los últimos tiempos, redención que será operada por Mashiaj. En el libro del profeta Zejaryah (Zacarías) leemos:

“…Les silbaré y los juntaré, porque los habré rescatado (…)
Los haré volver de la tierra de Egipto y de Ashur los juntaré…”,
[10:8, 10 _ Tanak Katz].

A fin de entender los códigos escondidos en esta parashá y en las seis primeras del rollo que componen el acrónimo SHoVaBBiM, explicaré algunos secretos que necesitamos manejar para sanar nuestras almas de toda toxicidad reptiliana.

En el plano espiritual nuestro cuerpo es llamado “Egipto” y nuestra alma es llamada “Pueblo de Israel” (Am Israel). Por ello, la postura de Egipto/Mitzraim será buscar continuamente el dominio sobre Israel; esto es, que el cuerpo intentará subyugar al alma constantemente.

Por otra parte, “Paróh” (Faraón), es un código para “Ego”. El ego es la valoración desmedida de uno mismo. El ego, es la conciencia de sí mismo, el orgullo, la presunción y el “yoísmo”.

Pharó/Faraón se creía un dios que se hizo a sí mismo y que no necesitaba nada de nadie y que nadie estaba sobre él. ¡Qué equivocado estaba!

Ya lo he ensañado en otra bitácora, pero necesito nuevamente recordárles que la palabra Mitzrayim (Egipto) proviene del término “metzarim”, que significa “límites”, y este a su vez viene de la raíz hebraica “mitzrá” que significa “comprimir” o “encerrar”. Esto aplica a los condicionamientos, frenos y restricciones de movimiento que existen en cada persona. Por esta razón, cada día, el individuo debe llevar a cabo un símil de “salir de Mitzraim/Egipto”, superar y librarse de esas limitaciones a fin de brindar a su alma la libertad de expresarse de acuerdo a sus verdaderas aspiraciones.

Para que los hijos de Israel pudieran ser liberados, el Eterno debía, primeramente, rescatarlos de su esclavitud interna. Este es también un mensaje para nosotros en esta época porque si queremos verdaderamente ser hombres y mujeres libres debemos quitarnos los grilletes de la servidumbre de nuestra propia mentalidad y rechazar todo aquello que sea opresivo y egoísta.

Los sabios que manejan el nivel “Sod” de interpretación aseguran que jamás se debe pelear contra un enemigo con la misma oscuridad de la que él se sirve, porque no se combate a la oscuridad con oscuridad; dar luz al opositor, es mejor que guerrear contra la oscuridad que proviene de él. ¿Pero cómo lidiamos contra la oscuridad? La respuesta es bastante simple: ¡encendiendo una luz!

En estos criterios celestiales peregrinaremos con nuestra mente y corazón en cada una de las ascensiones (aliyáh) que este maravillosa sección de Vaerá nos otorgará en impartición a nuestras almas.

¡Dispongámonos a elevarnos a grandes cosas de nuestro Dios!

Moisés es hecho un dios (elohim) ¿Puede un ser humano llegar a ese nivel?

Por P.A. David Nesher

 

“Mira, yo te he constituido dios para el faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta”.

(Éxodo 7: 1 _ RV 1995)

Estudiando el libro de Shemot (Éxodo), existe este momento del relato que sorprende a nuestro entendimiento, sometiéndolo a muchos cuestionamientos. Leemos que el Eterno, nuestro Dios, dio a Moshé un cargo extraordinariamente grande: ser un elohim (dios). Sí, tal y como lo hemos leído e interpretado, el texto hebreo dice literalmente que el Eterno constituyó a Moshé elohim – נתתיך אלהים  – para el faraón.

 

(Nota: Antes de continuar me gustaría invitarlos a leer el estudio que escribí acerca del significado y origen del término hebreo Elohim aplicado al Eterno, nuestro Dios y Abba).

 

Para comprender bien este pasuk (versículo) debemos recordar que Faraón había rechazado el lidiar directamente con Yahvéh al decir:

”¿Quién es YHVH, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a YHVH, ni tampoco dejaré ir a Israel.”

(Éxodo 5:2)

Ante esta actitud ególatra de este soberano, el Eterno determinó que lidiaría con Faraón a través de Moshé. Por eso, YHVH otorgó a Moshé un cargo extraordinariamente grande. El texto hebreo dice literalmente que el Eterno constituyó a Moshé elohim para el faraón.

Ahora, bien, quiero señalar que esta es la segunda ocasión que está escrito que Moshé es elohim.  Leemos en el capítulo cuatro:

Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti como boca, y tú serás para él como Dios (Elohim)”.

(Éxodo 4:16)

La palabra hebrea traducida aquí “como” es en realidad la partícula ל (letra lamed). A pesar de que esta partícula podría simplemente marcar las palabras “boca” y “Dios” como objetos directos del verbo repetido “será”, en contexto, puede ser tomada como expresando comparaciones. Es decir, aunque Moisés no era Dios como Aarón no era una boca, Moisés es comparado a Dios y Aarón es correspondientemente comparado a una boca. El término técnico usado aquí para esta forma de hablar es símil.

Un símil es una figura retórica que utiliza el recurso de la comparación o semejanza entre términos. En este caso Aarón es comparado a una boca para Moshé, y Moisés es asemejado a Dios para Aharón. Al entender que estamos frente a un símil, se logra interpretar que en esta misión divina, la relación de Moisés a Aarón se asemeja a la relación de Dios con una boca humana. Desde aquí nos queda bien claro que Moisés no es llamado “un dios”, ni tampoco es llamado “Dios”.

Ahora, yendo a la segunda ocasión en la que se dice que  Moshé es elohim – נתתיך אלהים  – para el faraón (Éx. 7:1), el hebreo dice: “Yo te he hecho Dios para el Faraón.” Por favor, nótelo bien: Yahvéh no le dijo a Moisés que él “es” Dios, sino que Yahvéh ha “constituido” o “hecho” a Moisés Dios “para el faraón.” Estas calificaciones dejan absolutamente claro que este texto ha de entenderse en el mismo sentido que Éxodo 4.16, que como hemos visto, en el hebreo es un símil. Lo que sí debemos saber, es que en este texto, la falta de partícula ל cambia la forma de hablar de un símil a una metáfora.

Una metáfora es una figura retórica del lenguaje que produce el desplazamiento de significado entre dos términos con una finalidad estética. En la metáfora ocurre un desplazamiento de significado entre dos términos con una finalidad estética, en el que se hace una comparación sin el uso de la palabra “como”. En otras palabras, una metáfora es equivalente a un símil en cuanto al significado, pero con un toque estético. De manera qué, las frases: “Mi hija es como un ángel” y “Mi hija es un ángel” significan exactamente lo mismo. Cualquiera que lea la primera frase y luego poco después lea la segunda frase, no debería de tener problema en la comprensión de que la segunda frase es una metáfora. Ante lo que estamos considerando:

Símil — … y tú serás para él como Dios.” (Éxodo 4:16)

Metáfora — … yo te he hecho Dios para Faraón” (Éxodo 7;1)

Por eso, es a la luz del símil de Éxodo 4:16, es que se debe de entender Éx. 7:1 como una metáfora. Esto significa que debemos traducir el hebreo Elohim de Éx. 7:1 “[como] Dios” en lugar de “un dios“.

Como hemos visto, ni Éx. 4:16 ni Éx 7:1 afirman que Moisés era Dios o que Moisés era un dios. Más bien, estos textos expresan a través de un símil y una metáfora la idea de que Aarón (4:16) y el faraón (7:1) se relacionan a Moisés como si fuera Dios en relación con ellos.

Esto nos enseña que la palabra hebrea elohimאלהים  – no es un nombre personal, sino un cargo. Dicho de otra forma una función gubernamental. El título elohim destaca a una suma de autoridad y poder. El término tiene que ver con autoridad en abundancia y un conjunto de poderes para poder afirmar su voluntad. Desde esta acepción la palabra elohim reúne en sí todas las fuerzas infinitas y eternas. Con otras palabras elohim podría ser traducido como “máximo gobernante” y “juez supremo”. Por lo tanto el atributo elohim está íntimamente conectado con la justicia. Esta será la razón por la que es uno de los títulos que el Tanak (Antiguo Testamento) emplea para referirse a los jueces de una ciudad o asamblea (Éx. 22:9; Sal. 82).

De aquí entendemos que la función de elohim implica una responsabilidad y una autoridad sumamente grandes. Como un representante autorizado Moshé tenía el poder para hablar palabras poderosísimas como el Eterno mismo. Además, tenía el poder para hacer milagros poderosas las veces que quería. Él debía de estar ante Faraón en lugar de YHVH, no solamente llevando Su mensaje, sino también acompañándolo de actos de poder para demostrar la autoridad de dichos mensajes.

Cerrando toda consideración hasta aquí tratada, comprendemos que ni Éxodo 4:16 ni Éxodo 7:1 afirman que Moshé era Dios o que Moshé era un dios. Más bien, estos textos expresan a través de un símil y una metáfora la idea de Moshé como Dios para Aarón y el faraón. La connotación aquí es que Moshé actuaría en representación de Yahvéh, como su embajador.

Esta idea será llevada a la praxis de los discípulos del Nuevo Pacto, especialmente cuando el apóstol Pablo escribe de que los creyentes en Mashiaj son como cartas escritas por el mismo Yeshúa, las cuales todo el mundo lee (2 Corintios 3:2-3). Las personas que no ven al Eterno nos ven a nosotros; aquellos que no leen la Instrucción (Torah) leen nuestras vidas.

Para finalizar, y buscando una aplicación práctica a nuestras vidas, entre los hijos primogénitos del Eterno debemos aceptar que aquel que ha recibido tanta confianza divina es porque ha sido aprobado en sus exámenes y ha mostrado una fidelidad extraordinaria. Cuanto más fidelidad una persona muestre al Eterno, más autoridad y responsabilidad es capaz de administrar. Moshé era fiel y Yahvéh le confió el cargo de ser elohim. De la misma manera, Yeshúa asegura que habría señales de potestad celestial que seguirían a los discípulos que en Él creyeran (Marcos 16: 17-20).

Por favor, lector/a amigo/a, sé fiel en lo poco y serás digno de confianza a los ojos de Aquel que ve en lo secreto, y se complace en recompensar en público. Usa lo que te ha dado con fidelidad y tendrás cada vez más y más, hasta recibir la corona de la Vida cuando Él venga.

Sacerdotes y Serpientes Mágicas… Los “Milagros” Reptilianos de Egipto

Por P.A. David Nesher

Éxodo capítulo 7

Muchas veces, mientras estudiamos las Sagradas Escrituras, notamos que ellas, relatan acontecimientos muy particulares, que contienen una enseñanza muy importante, sin detenerse a explicar cómo sucedieron, y el por qué de sus razones. Un ejemplo de esto ocurre cuando, al estudiar el libro de Shemot (Éxodo), llegamos al séptimo capítulo.  

Este texto relata que cuando Moshé y Aharón se disponían a ir del Faraón, el Eterno le dijo a Moshé que si el Faraón les solicitara “muestra una maravilla” deberá indicarle a Aharón tirar su bastón frente al Faraón, y el cayado se convertirá en una serpiente.

Aharón hizo exactamente eso. Pero el pasaje también relata revela que los magos y hechiceros egipcios imitaron la transformación que Aarón realizó con su vara que quedó convertida en una serpiente. Vemos que ellos (los magos) instados por el pedido del faraón, “mediante sus artes secretas” lograron emular lo que Moshé y Aharón hicieron (v. 11). Esto podría significar que emplearon poderes sobrenaturales y que verdaderamente transformarán varas en serpientes. No obstante, las Escrituras Sagradas no declara explícitamente si agentes sobrenaturales, ya sea divinos (Números 22: 21 ss.) o demoníacos (Deuteronomio 18: 10-11; Job 2:7), estuvieron involucrados.

Todo este episodio de lanzar los bastones y transformarlos en serpientes requiere una explicación, que demandará de cada uno de ustedes reflexión y meditación.

¿Qué es un Mago en la cosmovisión egipcia?… ¿Quién podía llegar a este rango?

Para entender este pasaje, primeramente, debemos saber que la magia estuvo presente en el Antiguo Egipto desde sus comienzos como civilización.

En realidad era un fenómeno muy extendido entre toda la sociedad, desde el faraón a las clases más humildes. Todos trataban de actuar y de protegerse contra las adversidades normales de la vida cotidiana. Las enfermedades, las actuaciones de los enemigos, o los ataques de los animales dañinos, eran las preocupaciones más exigentes y perentorias a las que el hombre egipcio debía hacer frente. Finalmente, la superación de la muerte y la posibilidad de regresar al mundo de los vivos desde el denominado “Más allá” o “Mundo de los Muertos“, eran otras de sus mayores obsesiones.

Por todas estas causas, y a fin de estar protegidos (para conseguir sus fines), los egipcios utilizaron la magia. Pero esta magia era algo derivado del mundo esotérico que había tenido su nacimiento en el propio origen de lo religioso, de su relación con las fuerza del Sitrá ArjRá (“Otro Lado”) a quienes los egipcios invocaban como dioses.

La cercana relación entre la religión y la vida cotidiana hacía que en muchos oficios, que aparentemente tenían un desarrollo ordinario, sus cargos estuvieran desempeñados por sacerdotes. Así no era de extrañar que un simple escultor fuera sacerdote del dios Ptah (uno de los dioses creadores más importantes de todo Egipto) y un juez lo fuera de la diosa Maat (la diosa de la verdad y del orden cósmico).

Con la explicación hasta aquí dada, debo decir que el término mago’, puede que no sea el más idóneo para identificar a los conocedores de la antigua sabiduría que desempeñaron en Egipto un papel tan trascendente en el desarrollo de su proceso civilizador.

En realidad deberíamos hablar de los ‘sacerdotes lectores’ del antiguo Egipto, o como se los denominaba: los “servidores de la divinidad” (jem necher). Pero hemos de partir de la proximidad en el lenguaje, ya que las palabras y su forma de ser expresadas son esenciales para dar vida a lo que se quiere exponer.

Entre nosotros, poca gente ha oído hablar de los segundos y los terceros, pero, sin embargo, casi todos hemos quedado alguna vez atrapados en el misterio de los primeros, los magos de Egipto.

Según los griegos la palabra ‘mago’ procedía de Persia ( donde se decía magoi), y se utilizaba para referirse vagamente a los sacerdotes astrólogos, sabios e intérpretes de los sueños. Pero tanto a los griegos, como a los romanos, el mundo egipcio con sus monumentales templos y sus escritos llenos de embrujo y misterio, siempre les pareció íntimamente vinculado con la alta magia y, por tanto, los magos egipcios fueron para ellos los más importantes y prestigiosos de todo el mundo de la antigüedad. Pero, en realidad, parece que el mundo grecorromano tampoco estuvo demasiado bien informado sobre la auténtica naturaleza de lo que simplemente definían como una casta sacerdotal integrada por la clase de personajes a los que nos hemos referido antes. En consecuencia, la palabra ‘magia’ para el mundo clásico venía a significar algo parecido a ‘la religión de los magos’ (sacerdotes astrales).

En el caso escritural que estamos considerando aquí, tanto como en toda la TaNaK (mal llamado Antiguo Testamento), se transmite la idea de que la magia era el arte de obrar cosas maravillosas, desproporcionadas por su grandeza a los medios empleados, bajo la guía de dimensiones infrahumanas. Por ello es que tales prácticas estaban absolutamente prohibidas a los israelitas, bajo pena de muerte. Ellos conocieron de su existencia a través de sus contactos históricos con el pueblo egipcio y con otros de las regiones del Eúfrates y el Tigris, tales como los babilonios o los persas.

En los textos bíblicos la palabra ‘mago’ siempre se utiliza vinculada habitualmente a los términos ‘encantador’, ‘adivinador’, ‘hechicero’, ‘sabio’…..en suma, a una serie de conceptos que, de algún modo, trataban de sintetizar las cualidades que configuraban, según la experiencia del pueblo hebreo, la personalidad del ‘mago egipcio’.

El mago egipcio….personaje de alto conocimiento, era el sabio celestial entre los hombres, que poseía respuesta para todo lo que los simples mortales no lograran explicar. Por ello, el mago egipcio era el que conocía el arte de la interpretación de los sueños. Así se acreditó José, ante el faraón, quien, para desentrañar el significado de su sueño de las siete espigas y las siete vacas, ‘hizo llamar a todos los adivinos y a todos los sabios de Egipto…’(Génesis 41, 8.).

 ¿Qué era un mago?… ¿quién podía convertirse en uno?

Está claro que al hablar de los magos egipcios lo estamos haciendo de algo muy distinto a lo que hoy concebimos como tal. No se trataba de un ilusionista, no pretendía sorprender con sus conocimientos a otros individuos. Realmente era una especie de funcionario estatal cuya labor se exponía siempre en función de la religión. Para la mentalidad egipcia, la magia – denominada la heka, no poseía componente de tipo sobrenatural. Ella estaba unida a su vida diaria, como lo estaba la religión, y por este motivo los magos no eran divinizados. Se trataba de una labor estatal más.

En realidad los magos eran una figura semejante a la de los sacerdotes egipcios, pero que pertenecían al clero de los monasterios consagrados al dios Heka, nombre utilizado tanto para hablar de la magia en sí como de la divinidad específica referente a esta facultad.

Es evidente que no todos los individuos podían alcanzar los conocimientos que tenía un mago ni la capacidad para poder practicar la magia. De ahí que existieran una especie de escuela en la que aprendían aquellos que en un futuro podrían desarrollarla. Eran conocidas como “Casas de la Vida”(“per anj”) .

Estas academias estaban unidas a los templos y aquellos formados en ellas eran seleccionados según diversos criterios, y desde el momento del nacimiento e incluso con anterioridad al mismo. Dichos criterios podían variar desde sueños inspiradores de quienes estaban encargados de hacer la selección, hasta simples motivos de ascendencia familiar.

El ingreso en estas escuelas de esoterismo se hacía a muy pequeña edad. Toda familia que pudiera pagar la educación de su hijo, fuera de la condición social que fuera, era admitido en el templo bajo una recia disciplina. A partir de este momento comenzaba una larga carrera en donde el niño emprendía el estudio de las “medu necher” (es decur “las palabras divinas”) del dios con cabeza de ibis Thot (forma egipcia de llamar a Cus, el padre de Nimrod). Este espíritu demoníaco formaba al iniciado en el poder de mediunidad que poseía la lengua egipcia La enseñanza del egipcio se centraba principalmente en el aprendizaje del hierático, jeroglífico cursivo de trazos ligeros mucho más cómodo y rápido de escribir, con el que se podía hacer conjuros.

Así, rodeados de un halo de magia y poder, la clase sacerdotal vivía recluida en el templo, en donde, siguiendo un extraño ciclo de autorreciclaje, formaban continuamente nuevos iniciados que al cabo de los años les pudieran sustituir.

En estas escuelas de magia, la diosa egipcia Sekhmet era adorada por  medio de rituales mágicos. Así se esperaba que ella ayudase a los magos a renacer entre los muertos, y les concediese los atributos de su poder para ser dignos Hekau (magos), ya que la curación mágica era una especialidad de éstos sacerdotes que servían a dicha deidad.

Entonces, el ya iniciado el los misterios de la religión egipcia, podía acabar desempeñando multitud de oficios. Dependiendo de la habilidad de cada uno y, cómo no, de las intrigas de las que fuera capaz, un iniciado podía quedarse estancado en ser un simple sacerdote de bajo rango o aspirar a ser un profeta importante del dios.

En este mundo antiguo los magos también tenían niveles como los que recibían el nombre de encantadores de escorpiones o aquellos que utilizaban la magia para eliminar a los reptiles e insectos venenosos en una determinada área, ofreciendo sus dotes mágicas para la protección. Interesante para nosotros es conocer que a las matronas y las enfermeras también se las consideraba como magas, por haber desarrollado la capacidad de predecir la llegada de un bebe, así como también eran consultadas para que a través de sus artes, pudieran evaluar si un fantasma o la deidad estaba causando un problema personal al recién nacido.

En pocas palabras los jem necher (“servidores de la divinidad”), hacían de puerta entre las fuerzas incontroladas de la naturaleza y los hombres.

El mago egipcio, que también obraba el poder de transmutar, de cambiar las cosas aparentemente inanimadas en seres vivos y terribles: ‘…hizo llamar también el faraón a sus sabios y encantadores. Y los magos de Egipto realizaron también por sus sortilegios el mismo prodigio. Y echaron cada uno su báculo, que se convirtieron en serpientes….’ (Éxodo 7, 11-12).

El mago egipcio, era aquel que había sido iniciado en las fórmulas secretas utilizadas para combatir el daño producido contra alguien:

‘…..Yahvé dijo a Moisés:

Dí a Aarón: toma el cayado y tiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus estanques y sobre todos sus depósitos de aguas, todas se convertirán en sangre……pero los magos de Egipto hicieron otro tanto con sus encantamientos, y el corazón del faraón se endureció……’

(Éxodo, 7, 19-22)

Estas eran las nociones que el mundo bíblico transmitió respecto de este grupo de sacerdotes que hicieron del estudio del mundo creado y del conocimiento de las energías sutiles que lo rodean, el objeto de su investigación y práctica diarias.

Debo decir aquí que, en nuestros días, la mayoría de los estudiosos biblistas, usando la lógica de la crítica bíblica, creen que los egipcios usaron simplemente trucos para respaldar su fama. En esta ocasión, ellos afirman que estamos ante un acto de prestidigitación.

El fundamento de esta hipótesis, parte del hecho de que a lo largo y a lo ancho del mundo antiguo, los sacerdotes paganos regularmente engañaban a personas ingenuas (por ejemplo un sacerdote podía esconderse en un ídolo grande y hueco y hablar por el dios). De este modo, los egipcios pudieron haber usado la prestidigitación, de modo similar a los magos de escenario moderno que realizan trucos con animales, asombrando a los niños de hoy. La evidencia también revela que los egipcios regularmente practicaban un método de encantamiento de serpientes que les permitía poner a estos animales en un tipo de catalepsia, Por lo cual permanecían tan rígidas como un palo hasta que despertaban. Este truco todavía se practica en Egipto actualmente.

 ¿Cuál era el Propósito Divino de esta Señal?

“… más la vara (bastón) de Aarón devoró las varas (serpientes) de ellos,…”
(Éxodo 7:12)

Debemos saber que la monarquía egipcia tenía como símbolos principales el bastón o (vara mágica) y la serpiente. En los relieves y dibujos antiguos del Faraón se los suele ver con el bastón en su mano y con su gorro adornado con una cobra, animal que expresaba todos los misterios de las divinidades egipcias, especialmente los del Mundo de los los Muertos con quien el Faraón supuestamente se conectaba diariamente. Por esto, es útil reconocer que el propósito de este texto bíblico no era desenmascarar a los magos egipcios, sino mostrar que el poder del Dios de Israel era más grande que cualquier poder que Egipto poseyera.

Debemos entender que la descripción de la Torah hace de los hechos, se logra ver que las maravillas y plagas no tuvieron como único fin castigar a Egipto. Ellas más bien apuntaban a quebrar el antagonismo de los egipcios hacia YHVH. Esto se debía a que la cosmovisión del mundo imperante en Egipto era que el Altísimo no tiene influencia ni dominio sobre la realidad actual de la existencia. Sus creencias sostenían, que una vez creado, el Universo dependía de manera absoluta de las fuerzas de la naturaleza, y no del Eterno. El Eterno quebró este pensamiento por medio de las plagas. Cada una de ellas destruyó un aspecto específico de la ideología egipcia. Como prólogo general a las plagas y a los conceptos que expresaban, vino el milagro de tragar a los bastones.

Entonces, lo que aquí la Torah intenta demostrar es que Moshé y Aharón son mucho más poderosos que los magos de la corte del faraón, porque tenían el respaldo de la autoridad divina que los enviaba a la corte egipcia. Estos eran capaces de poner una serpiente real en erección vertical rígida, dando la sensación de ser un auténtico cayado, pues bien, Moshé y su hermano son capaces de convertir un cayado de madera en una serpiente real, cosa que no pueden hacer jamás los magos egipcios. Así queda demostrada y realizada al máximo la fuerza del portavoz divino. Con estas apreciaciones el escritor sagrado pretende garantizar que Yahvéh es mucho más fuerte que toda la magia egipcia.

Nos resultará interesante la siguiente curiosidad. Éste no fue exactamente el mismo milagro que Moshé experimentó en el Monte Sinaí y el cual ejecuto ante los ancianos de Israel (Éxodo 4:2-5 y 4:29-30). Se vio a la vara de Moshé convertirse en una culebra, pero la palabra hebrea usada aquí es diferente.

La expresión hebrea utilizada aquí para serpiente, en la que se convirtió la vara de Aharón, no es la de uso más general en las Sagradas Escrituras, sino que lleva un significado más específico, con un mensaje de peso celestial.

Cuando Moshé fue llamado a cumplir su misión especial, el término para serpiente que aparece en ese relato es najash (Éxodo 4: 3,4). Dicha expresión certificaba el uso de la vara de Moshé, ya que con ella, el caudillo acreditaría su vocación mesiánica y profética ante el pueblo de Israel.

En cambio, el término hebreo usado aquí para serpiente o culebra, es tannin. Esta expresión era usada especialmente por los conjuradores egipcios, y que en otras partes bíblicas se refiere a un monstruo marino (la versión griega lo traduce “dragón” o “cocodrilo“).

Ellos, los magos egipcios, utilizaban esta palabra en todo ritual egipcio (Tanem) como símbolo del monstruo serpiente que representaba el poderoso origen de este gran imperio humano. La serpiente (Tanem) era el símbolo mismo de Mitzraim (Egipto), y la invocaban con este nombre como la serpiente primordial, de quien decía devenía todo el cosmos. Para ellos, representaba el principio de antagonismo contra la luz y la vida, que dicho imperio estaba llamado a custodiar en el orden cósmico que el Faraón supuestamente garantizaba con sus conjuros y holocaustos. Por esto, es que la expresión tannim (dragón) se usa en los escritos proféticos, haciendo referencia a Egipto (Salmo 74:13; Isaías 27:1; 51:9). Teniendo esta idea, vemos que el profeta Iehezkel, denomina a Parhoh (Faraón) “el monstruo grande el que yace en medio de sus arroyos” (Ezequiel 29:3; 32:2); esta frase se traduce del hebreo התנים הגול “HaTanim haGadol”.

Ahora prestemos atención a lo que realmente las Sagradas Escrituras dicen:

“… más la vara de Aharón devoró las varas de ellos,…”

(Éxodo 7:12)

Si hemos leído con atención, notaremos que no dice que fue la serpiente de Aharón que devoró las serpientes de ellos. De allí el Talmud y el Midrash [Shemot Rabá 9:7; Shabat 97a; Rashí] enseñan que después de haberse convertido otra vez en vara, devoró las varas de los magos egipcios. Evidentemente, para esto, ellos no estaban preparados, y su derrota apareció en la pérdida de sus varas, las cuales eran probablemente serpientes verdaderas. Esto muestra la superioridad del poder del Eterno sobre el poder mágico que viene de los demonios.

Aharón simboliza en esta puja el lado de la kedushá (santidad), y su bastón representa la fuerza divina que emana de la santidad. La serpiente simbolizaba a Egipto (en hebreo Mitzraim). Los  magos del Faraón presentaron una posición opuesta, mostrando que sus propios bastones se convertían en serpientes. Con eso replicaron que Egipto posee fuentes propias de poder y no necesita depender sólo de la santidad divina. Por eso, con el hecho de que el bastón se transformó en serpiente, Aharón le demostró al Faraón, que la misma existencia de la serpiente proviene del bastón, o sea que todo lo que era Egipto en ese momento, en realidad emanaba de la santidad del Eterno y, por lo tanto, no posee existencia propia.

Cuando la vara de Aharón se tragó a las serpientes de los egipcios, el acontecimiento predijo un desastre para el Faraón, y todo su poderío imperial reptiliano. La vara representativa de la kedushá del Dios de Israel había derrotado a uno de los símbolos nacionales de Egipto, la serpiente, un animal considerado sagrado en el bajo Egipto donde sucedió el enfrentamiento de Moshé con el Faraón.

Con esto Yahvéh les dejó en claro, que todas las fuentes de fuerza del otro lado, denominado en hebreo la “sitrá ajrá” (el opuesto a la santidad y  a la verdadera Divinidad) son sólo una ilusión. Por lo tanto, no poseen sustancia y existencia verdadera frente a la santidad (kedushá).

La señal fue usada por Yahvéh para revelar al Faraón y sus filósofos reptilianos, que no poseían fuerza propia alguna y que el dominio absoluto del Altísimo se extiende también sobre ellos. Ésta fue la introducción que generó un quiebre general del eje central de la cosmovisión egipcia, a continuación vinieron las diez plagas que destruyeron uno a uno los diez niveles que había en la impureza egipcia.

Este portento develó el enigma de todos los hechos que acontecerían después. El Faraón se asemejaba a un tronco seco. Empero, por medio de estos dos hombres Justos (Moshé y Aharón) él será “englutido” y desaparecerá de su lugar y de su imperio.

¿Podemos Confiar Sólo en los Milagros?

Todo esto enseña que en este sistema reptiliano todo argumento de Luz que disguste a los hombres, porque se opone a su orgullo y lujuria, tarde o temprano los convencerá. Pero, si es fácil hacerlos creer que son ciertos los mensajes que les anuncian las cosas que desean, el Eterno manda siempre con Su Palabra pruebas concluyentes de su autoridad divina. Pero cuando los hombres se inclinan a la desobediencia, y quieren poner objeciones, Él permite a menudo que se ponga ante ellos una trampa donde ellos mismos quedan atrapados.  Nadie ayuda más a destruir pecadores que aquellos que resisten la verdad distrayendo a los hombres con algo parecido a la verdad, pero falso (léase falacia). Debemos estar vigilantes y velar, ya que el HaSatán (el Adversario) es un enemigo peligroso especialmente cuando se disfraza ángel de luz (2 Corintios 11:4).

Al finalizar, y reflexionar en los hechos relatados aquí, podemos decir que aunque los milagros nos pueden ayudar a creer, es muy peligroso basar nuestra fe solamente en ellos. HaSatán, nuestro enemigo, puede imitar algunas partes de la obra del Eterno y lograr que la gente se descarríe (2 Tesal. 2: 9, 10). Esto significa que los milagros pueden probar que algo es sobrenatural, pero no pueden probar que algo sea verdad. El faraón se fijó únicamente en los milagros e ignoró el mensaje profético del Señor. Nosotros podemos evitar este error, si nos proponemos basar nuestra fe únicamente en la Instrucción divina. Grabemos bien esto en nuestras mentes: ningún milagro que proviene de Yahvéh apoyará un mensaje contrario a las enseñanzas reveladas en Su bendita Torah (Instrucción).

En amistad y servicio David Nesher

Las 10 Plagas: Golpes de YHVH contra la idolatría

Por P.A. David Nesher

“…con esto sabrás que Yo soy YHVH…

(Éxodo 7: 17)

Asombrado, el historiador griego Heródoto llegó a asegurar que los egipcios son los hombres más religiosos del planeta. Y es que en Egipto, la religión era la base de todo, y lo dominaba todo, tal y como lo había instalado en su fundación el mismo Nimrod, cuando huyó de Babel, después del juicio divino que derrumbara su torre manipuladora de masas.

Las diez plagas marcan el clima de la redención (gueulá) del pueblo de Israel. De acuerdo a la Instrucción (Torah) divina, éstas deben de ocupar el tema principal en la noche de la cena de Pesaj. Yahvéh, nuestro Dios, pudo poner tremenda presión sobre los egipcios desde el principio, para que así fueran libertados los israelitas rápidamente. Pero no fue así, el proceso divino fue paso a paso. ¿Que en realidad podemos aprender con esto?

Lamentablemente la anti-esencia de la idolatría es la creencia en que cada fuerza de la naturaleza tiene escondido un dios que la controla. En un mundo idólatra, cada fuerza de la naturaleza tiene su propio dios, y cada dios es una fuerza independiente y diferente. Los dioses discuten y luchan, y el hombre queda abandonado a merced de los caprichos y celos de estos ruines personajes. Por lo tanto, no hay un sentido de justicia o piedad, pues cada dios tiene su propia agenda. La idea de un Dios único que controla todas las fuerzas de la naturaleza al mismo tiempo el cual se relaciona con el hombre en un balance de justicia y misericordia no era muy popular en la sociedad egipcia.

En Mitzraim (Egipto), idolatraban al río Nilo, al dios sol, a la diosa gato, al dios oveja, etc. Yahvéh, nuestro Dios, ideó las diez plagas para romper las leyes de la naturaleza por completo y así demostrar – no sólo al pueblo de Israel, sino también a toda la humanidad, en todas las generaciones – que es sólo Él quien controla toda la naturaleza y todo el mundo físico, y que no hay nada fuera de Su control soberano.

Por la misma Torah entendemos que la naturaleza no actúa independientemente de la voluntad de YHVH; sin embargo, también sabemos que nuestro Dios sí creó leyes en la naturaleza y no le gusta interferir en ellas. Ciertamente el Eterno es capaz de hacer lo que quiera, pero él no anda jugando con el mundo físico y su funcionamiento. Por esto, entendemos que la mayoría de los milagros son fenómenos naturales impresionantemente cronometrados. Esto significa aceptar que toda la existencia, todos los procesos del universo físico, son un milagro. Nos hemos acostumbrado tanto a esto en nuestras vidas cotidianas que simplemente no nos damos cuenta.

Pero las diez plagas son una excepción notable a esta regla. Más bien son un claro ejemplo de YHVH rompiendo las leyes de la naturaleza.

Las Diez Plagas son probablemente la faceta más reconocible del Éxodo. Si examinamos cuidadosamente cada una de ellas podremos ver con facilidad que fueron diseñadas para mostrar el control del Eterno sobre todas las fuerzas de la naturaleza: el agua y la tierra; el fuego y el hielo; los insectos, los reptiles y los mamíferos; la luz y la oscuridad; y finalmente, la vida y la muerte. Las diez plagas hicieron más que traer dolor y sufrimiento al pueblo egipcio. Cada una de ellas atacó al menos a uno de los muchos dioses egipcios, demostrando la impotencia de sus ídolos y la omnipotencia del Eterno, nuestro Dios.

El Faraón mismo y su casa eran considerados dioses en Egipto y cuando, a pesar de las continuas advertencias dadas por YHVH mediante Moisés y Aarón, el terco Faraón se opuso, el Eterno envió un total de diez plagas, una tras otra, intercaladas con continuas advertencias y oportunidades de rectificación. Cada una de las plagas afectó a animales, objetos o lugares que supuestamente eran sagrados y protegidos por sus dioses. La enseñanza para los egipcios fue conocer al Eterno y único Dios. La Torah repite cinco veces que las plagas eran para que los egipcios supieran que YHVH es el amo de todo el universo

Las diez plagas expresaron el juicio del Eterno contra “todos los dioses de Egipto (Mitzraim)” (Éxodo 12:12). Y después de la derrota de Faraón, Moisés canta: “¿Quién como tú entre los dioses, oh Yahvéh? ” (Éxodo 15: 11).

Cuando el Eterno, uno a uno fue degollando los títeres del paganismo egipcio, no dejaba escapatoria para constatar la realidad: ¡hay solamente Uno (Ejad) que gobierna y domina, sin asociados, ni oponentes!

LA ADVERTENCIA PRELIMINAR: ¡YHVH ES EL ÚNICO SOBERANO!

Termutis, diosa protectora del faraones, era representada en la tierra por la cobra. En realidad, los egipcios creían que la reina del cielo (título favorito de HaSatán) se encarnaba en este ofidio y se instalaba como corona sobre la mente de los faraones. Por ello, este reptil era considerado uno de los guardianes de los faraones de Egipto, razón por la que la corona real mostraba la imagen de una.

Cuando la vara de Moshé (Moisés) se convirtió en serpiente y luego se tragó a las varas/serpientes de los magos de Paró (Faraón en hebreo), fue una forma de demostrar que el Dios de los israelitas era más poderoso que el dios y protector de Paró (Éxodo 7:11-12). Solamente bajo la sombra del Altísimo se puede habitar seguro (Salmo 91:1).

TRES GRUPOS DE PLAGAS

La literatura especializada nos pone en conocimiento de la existencia de centenares de deidades poblando la afiebrada imaginación mística de los egipcios; por ello, se hace difícil indicar con exactitud todas los ídolos que fueron execrados por las plagas que el Eterno envió sobre Mitzrayim.

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Las diez plagas presentan al Eterno como el Señor de toda la tierra y que interviene en la historia “por esta razón te he permitido permanecer: para mostrarte mi poder y para proclamar mi nombre por toda la tierra”.

No solo es una lucha entre Moisés y el Faraón, es una contienda entre el poder único de YHVH y los “diositos” paganos de Egipto representados todos por la persona del Faraón.

¡Sólo hay una fuerza y poder en el universo y es la del verdadero Dios, cuyo nombre es YHVH!. No es una lucha entre el bien y el mal porque el Eterno esta por encima de todo lo creado. Él está por encima de la existencia misma.

Con fines didácticos, hay autores que dividen a las diez plagas en tres grupos de tres cada uno. Cada grupo fue una enseñanza a Faraón y al mundo en general.

Lo que tienen en común es que en la primera plaga de cada una de las series de tres, YHVH le dice a Moshé que se presente ante al Faraón en la mañana cuando éste sale al Nilo. En la segunda le dice que se presente ante el Faraón en su palacio. Y la tercera es sin advertencia previa, y generalmente se trata de un golpe o molestia más psicológica.

La finalidad del primer grupo, sangre, ranas y piojos, es esencialmente el reconocimiento de la existencia del Dios único, dentro de un marco que claramente diferencia entre la existencia de un Dios verdadero y la existencia de poderes imaginarios y la fuerza impura de los brujos y hechiceros, los cuales llenaban la tierra de Egipto. En la advertencia sobre la orilla del río que precede a la plaga de sangre, se define esta finalidad teológica:

“con esto sabrás que Yo soy el Eterno“
(Éxodo 7: 17)

En el trascurso del tiempo que las plagas de sangre y ranas golpearon a Egipto lograron los brujos imitarlas con diferentes hechizos, sin embargo en la tercera plaga se logra el objetivo esencial de este grupo y los brujos debieron reconocer que la aparición de los piojos no podía ser sino “el dedo de Dios”.

Pero al ver Faraón que había alivio, endureció su corazón y no los escuchó, tal como el SEÑOR había dicho.
Entonces el SEÑOR dijo a Moisés:
Di a Aarón:
“Extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra para que se convierta en piojos por toda la tierra de Egipto.”Y así lo hicieron; y Aarón extendió su mano con su vara, y golpeó el polvo de la tierra, y hubo piojos en hombres y animales. Todo el polvo de la tierra se convirtió en piojos por todo el país de Egipto.Y los magos trataron de producir piojos con sus encantamientos, pero no pudieron; hubo, pues, piojos en hombres y animales. Entonces los magos dijeron a Faraón: Este es el dedo de Dios. Pero el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó, tal como el SEÑOR había dicho”.

(Éxodo 8:15-19)

El reconocimiento básico en la existencia del Eterno Dios, es designada la segunda triada de plagas, mezcla de animales, epidemia y llagas, para agregar un segundo peldaño, un escalón que afirmará la supervisión cósmica del Creador.

Existen seres humanos que reconocen la existencia de un Creador pero niegan que la divinidad pueda tener alguna relación íntima y especial con el mundo que creó. Para ellos, este concepto encaja muy bien dentro de una visión general que se desentiende del principio del premio y el castigo, y de la distinción entre un justo e injusto. Sin embargo, frente a opiniones de este tipo, fija en forma rotunda la advertencia sobre la orilla del Nilo que se realiza previa a la plaga de mezcla de animales:

“separaré en aquel día la tierra de Goshen que mi pueblo habita, para que no haya allí mezcla de animales, de tal modo sabrás que Yo soy el Señor dentro de la tierra”
(Éxodo 8:22).

De tal modo las plagas que pertenecen a este grupo acentúan la distinción entre Israel y Egipto, e incluso entre el rebaño de Israel y aquel de Egipto, para que aprendamos la supervisión universal del Eterno sobre sus criaturas y la distinción que hace entre los justos e injustos.

El tercer peldaño se define dentro de la advertencia que precede a la plaga del granizo, que abre el tercer grupo:

“Porque esta vez enviaré todas mis plagas sobre ti, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que sepas que no hay otro como yo en toda la tierra.”
(Éxodo 9, 14)

Según el sistema psico-cultural pagano imperante en Egipto, incluso después que una persona haya reconocido la existencia de Dios y su supervisión cósmica, siempre es proclive a pensar que ciertamente la divinidad es poderosa, pero es un poder entre tanto otros semejantes. Por este motivo se acentúa en estas últimas plagas lo especial de cada una de ellas; en:

  • el granizo: … “muy pesado que no hubo como este en la tierra de Egipto desde que existe hasta ahora…” (9,18);
  • y en la langosta – “que no vieron tus padres ni los padres de tus padres desde el día que estuvieron sobre la tierra hasta ahora…” (10,6).

La plaga de la oscuridad expresa también lo exclusivo del poder divino, que muestra el control de YHVH sobre el presuntamente más fuerte de todos los dioses egipcios, el sol.

¡Cada una de las plagas atacaba un grupo de los dioses egipcios! 

A continuación les comparto un cuadro en el que podrán apreciar y comprender cada plaga como un palo que golpea en el rostro a distintas divinidades egipcias:

PlagaDeidad falsa
Sangre   (Éxodo 7:14-25)Khnum: dios carnero supuesto creador del agua y la vida.  
Hapi: deidad del Nilo, principal entre todos los dioses (por sostener la vida en Egipto).
Sodpet o Sobek, el dios cocodrilo que supervisaba las aguas de las inundaciones del Nilo tan necesarias para la fertilidad de la tierra.
Taweret: la diosa hipopótamo guardiana del embarazo y el parto.
Osiris: se creía que el río Nilo era su corriente sanguínea.
Ranas   (Éxodo 8:1-5)Heket o Heget: deidad de la fertilidad, y uno de los dioses primigenios, simbolizada por una rana.
Jejenes, piojos (polvo de la tierra fue usado para provocar esta plaga)   (Éxodo 8:16-19)Gueb: deidad de la tierra que cumplía la función de la fertilidad de la vegetación. Encarcelaba las almas de los muertos y cuando se reía producía terremotos.
Mixtura” o enjambres de insectos _Arov_ (moscas, tábanos, escarabajos, cucarachas, etc.)   (Éxodo 8:20-24;  Sal. 78:45)Kheper Khefri: deidad de la renovación vital, simbolizado por el escarabajo.  
Dúa: deidad de los artículos de tocador, el aseo personal y la higiene del hogar.
Shejmet: deidad leonina patrono del fuego, guerra y pestilencia.
Peste en animales domésticos   (Éxodo 9:1-7)Hathor: deidad de la belleza, el amor  y la ganadería. Simbolizada por una vaca. Criaba y amamantaba a los hijos del faraón.
Apis: deidad con figura de toro.
(Hubo numerosas deidades animales, que no mencionamos.)
Úlceras o forúnculos   (Éxodo 9:8-12)Imhotep: El curador mítico (también conocido como Toth, deidad de la inteligencia, la educación y la sabiduría médica y oculta).  
Sekmet  y Konsu: los dioses de la medicina y la curación.
Granizo y fuego   (Éxodo 9:12-35; Salmo 78:47-48)Nut: deidad femenina de los cielos y el clima.  
Seth: deidad del viento, de las tormentas y protector de las cosechas;
Neper Nepri: el dios de las cosechas de granos; Renenutet: diosa de la fertilidad y la comida.
Osiris, el gobernante de la vida
Langosta   (Éxodo 10:12-15)Anubis: deidad de los campos.  
Isis: deidad protectora contra la langosta.
Serapis: deidad que resultaba de la asimilación de Apis, a su muerte, con Osiris. Min: deidad de la fertilidad y la vegetación, protectora de la cosecha.
Nepri: divinidad masculina protectora de los cultivos, las cosechas y el pan.
Oscuridad   (Éxodo 10:21-23)Ra, Atom, Horus: deidades solares.   Shu: dios del aire, Amun o Amón:  dios del viento
Muerte de primogénitos   (Éxodo 12:29-33)Isis: deidad protectora de la maternidad y de la vida y la salud de las familias. Especialmente protectora del Paró (Faraón).   Osiris: Juez de la muerte, protector de los difuntos y señor del Faraón. Horus: deidad hijo de Isis y Osiris Nekhebet: protector de los nacimientos, y de la casa real (era una mujer con cabeza de buitre). Faraón: El primero de su pueblo, el protector de las primogenituras egipcias por lo que era considerado deidad por los egipcios.
ANÁLISIS DE LOS EFECTOS PSICOLÓGICOS QUE PRODUJERON LAS DIEZ PLAGAS.

Si analizamos rápidamente el panorama psicológico de estos eventos notaremos por ejemplo que cuando el Nilo se convirtió en sangre, los egipcios deben haber pensado que los dioses del Nilo habían sido asesinados. Esa idea causó terror en la mentalidad de todo el Imperio, por lo que los magos acudieron urgentemente a traer paz al Faraón y sus súbditos, imitando el evento con su conjuros y hechizos.

En otro análisis diré que Heket, la diosa egipcia de la fertilidad y la resurrección, era adorada como una rana. Las mujeres egipcias usaban amuletos con una imagen de Heket para recibir protección durante el parto. Matar ranas intencionalmente estaba prohibido e incluso matar una accidentalmente era castigado con pena de muerte. Las ranas representaban una vida larga y eternidad. Por eso la plaga de ranas atacó a los egipcios usando su propio símbolo de protección. Hizo que odiaran a su propia deidad y fueron forzados a matar al animal que para ellos era la manifestación de una diosa. Cuando las ranas muertas formaron montañas putrefactas al final de la plaga, se reforzó el mensaje de que su diosa estaba muerta y era desagradable.

Es difícil imaginarlo, pero en el Antiguo Egipto, las moscas representaban tenacidad, coraje, vida eterna y, en ocasiones, también fertilidad. En antiguas tumbas egipcias han sido encontrados labrados en roca y amuletos con forma de mosca. Ser atacado por el insecto que reverenciaban debe haber sido un golpe inmenso para la mente egipcia.

Los animales sagrados eran adorados como la personificación de los dioses y cuando morían se los embalsamaba. Además de dañar la fuente de alimentos y sustento de los egipcios, la quinta plaga mató a sus dioses, matando el ganado vacuno y ovino que los representaba.

Sekmet y Konsu, los dioses egipcios de la medicina y la curación, quedaron denunciados como ineptos para sanar, tanto como la deidad en jefe Imhotep. Los egipcios comenzaban a temblar de miedo a las afecciones de su salud.

Los antiguos egipcios también adoraban al ojo de Horus, que creían que era un símbolo de protección. Es posible que cuando las langostas son descritas como cubriendo el ojo de la tierra (Éxodo 10:5), se refiera a la percepción de los egipcios de que el ojo protector de Horus fue eclipsado por YHVH nuestro Dios.

Para los egipcios, la densa y negra oscuridad durante siete días y noches fue una clara señal de la derrota de Ra, dios del sol. La fuente de poder de sus almas caía como falsa frente al poder del Creador del sol.

Muerte de los Primogénitos.

La sociedad egipcia estaba construida sobre el culto al primogénito. Ellos aseguraban que Osiris (nombre egipcio de Nimrod), el hijo primogénito de Ra, fue el primer Faraón debido exclusivamente al orden de su nacimiento. Los egipcios creían que todo Faraón era también un dios, el hijo primogénito del primogénito llegando hasta Osiris mismo. Esta plaga destruyó la ilusión final de poder e inmortalidad del líder primogénito egipcio.

Cuando YHVH envió a Moshé donde Paró por primera vez, le dijo que Israel es mi hijo primogénito (Éxodo 4:22). Al matar al primogénito de Egipto y salvar a Israel, el Eterno mostró que Su primogénito es el primogénito verdadero y le dio el golpe final a la estructura religiosa egipcia basada en el primogénito falso (Nimrod).

Las plagas no sólo fueron una venganza creativa, sino que también vinieron a darnos una lección. Fue un reconocimiento de YHVH como único Dios verdadero. Fue un desmantelamiento completo y paso a paso del sistema de creencia egipcio, primer bastión sobreviviente del anti-diseño astrológico conocido como Babel.

Por lo tanto, las diez plagas no sólo tuvieron la función de castigar a los egipcios, sino también de dejar en claro al mundo en general (y al pueblo de Israel en particular) la conexión que hay entre Dios (Elohim) y Su mundo. De hecho, este sigue siendo nuestro desafío en la actualidad: usar la manifestación de la mano de Dios a través de la historia y la naturaleza para quitar las capas de ocultamiento y aumentar la consciencia del Eterno.

Ahora, para finalizar me despido invitándolos a ver este video que resume lo que aquí hemos considerado:

Te recomiendo también estudiar lo que está propuesto en esta bitácora: