Leyendas y mitos

La Vara (Et) de Aarón y Su Poder contra el Caos.

Por P.A. David Nesher

Ki yedaber alechem Par’oh lemor tnu lachem mofet ve’amarta el-Aharon kach et-matcha vehashlech lifney Far’oh yehi letanin.

Vayavo Moshe ve’Aharon el-Par’oh vaya’asu chen ka’asher tsiva Adonay vayashlech Aharon et-matehu lifney Far’oh velifney avadav vayehi letanin.

Vayashlichu ish matehu vayihyu letaninim vayivla mateh-Aharon et-matotam


(Shemot 7: 9-12)
“Cuando Paró les diga: ‘Hagan alguna señal milagrosa, entonces le dirás a Aharón: ‘Toma tu bastón y arrójalo ante Paró’, y se convertirá en serpiente.
Moshé y Aharón se presentaron ante Paróh e hicieron como YHVH había ordenado. Aharón arrojó su bastón ante Paró y ante sus sirvientes, y se convirtió en una serpiente…
Cada uno de ellos arrojó su bastón, que se convirtieron en víboras; pero el bastón de Aharón se tragó los bastones de ellos.

(Éxodo 7:9-10; 12)

Moshé tenía ochenta años y Aharón ochenta y tres cuando partieron a cumplir su misión. Sabiendo que Paróh se impresionaría con un acto mágico, Aharón arrojó un bastón al suelo, que se convirtió en una serpiente.

Tras ser convertida la “et” (vara) de Aharón en serpiente, ¿cuál es la respuesta del rey egipcio? El Midrash cuenta el detalle de que el Faraón no se sorprendió del milagro, pero sí se mofó diciendo: ¡”…Bien hecho! Egipto está lleno de hechiceros. En este momento llama a sus jóvenes quienes también convierten bastones en serpientes…!”.

Se vio a la vara de Aharón convertirse en una culebra, pero una palabra hebrea diferente es usada aquí, ella es: תנין (“Tanin“). El problema es que esta palabra se ha traducido como serpiente sólo en este capítulo, ya que en el resto del TaNaK se traduce como “cocodrilo” o “dragón” (así es la opinión de especialistas como Ibn Hezra, Abarbanel y los comentarios de Iahel Or y Karne Or). Después de todo el cocodrilo, era el símbolo de Egipto en sí mismo (Salmos 74:13).

Así mismo, Yehezkel (Ezequiel), el profeta, denomina a Paróh “el monstruo grande el que yace en medio de sus arroyos” (Ezequiel 29:3); en hebreo התנים הגול “Hatanim hagadol“. Por ende, la vara de Aharón se transformó, pues, en un cocodrilo.

Nos detendremos a meditar en el hecho de que en la Torah, la serpiente es el símbolo del caos (recordemos a la primera pareja en el Edén). Al respecto el Targum Yom señala: «…Para que así todos los habitantes de la tierra escuchen el grito de rabia de Egipto cuando se desplome; así como todas las criaturas oyeron el silbido de la serpiente (en el paraíso) cuando ésta fue expulsada…».

La palabra תנין (“Tanin“) incluye un significado satánico, y por este motivo los traductores cristianos utilizaron en sus paradigmas dogmáticos la palabra “serpiente”. Pero en verdad en esta ecena se esconde un interesante mensaje del Mundo de Arriba: ¡No hay Dios como YHVH!

Justamente el motivo de esta señal se fundaba en el hecho de que los egipcios adoraron al cocodrilo, que ocupó un lugar importante en la adoración y religión de Mitzrayim (Egipto).

La deidad del mal era Sebak y tenía una cabeza de cocodrilo. Es dios, tenía un representante en los cielos inferiores cuyo nombre era Apepi (tambien llamado Apep o Apofis), el gran enemigo de los dioses solares, que personificaba el caos, aparecía siempre bajo la forma de un cocodrilo gigante o “dragón“. Por esto, Apepi era visto como una serpiente gigante con títulos como “Serpiente del Nilo” y “Lagarto Malvado de las Tinieblas“.

Los sacerdotes y magos egipcios se dedicaban a los rituales mágicos que se celebraban en el templo de Amón-Ra, en la ciudad de Tebas. Estos ritos perseguían realizar conjuros estratégicos que trazaran una raya a Apepi y Sebak, impidiéndoles así que acabarán con la influencia beneficiosa de Ra y todo su séquito de divinidades solares que los egipcios invocaban para ser bendecidos con prosperidad plena.

Apepi vivía en la región más baja de los cielos. Desde esa posición, procuraba cada día evitar la salida de Ra, el dios del sol. Para logar este cometido, provocaba los relámpagos, truenos, tempestades, tormentas, huracanes, lluvias y trataba de obscurecer la luz del sol llenando el cielo de nubes, bruma, niebla y obscuridad.

Se creía que la victoria de Ra cada noche era asegurada por conjuros de los sacerdotes y los rezos de los creyentes egipcios en los templos. Los egipcios practicaban varios rituales y supersticiones que creían que alejarían a Apep y ayudarían a Ra a continuar su viaje por el cielo. Generalmente, los sacerdotes al pronunciar sus palabras mágicas, movían sus bastones en el aire con el fin de trazar los límites a esta divinidad del inframundo.

El ritual egipcio, que constituía un intento de destruir a Apepi, era prominente en en todo aquel imperio, y por eso fue el primer objetivo contra el cual Yahvéh asestó un golpe.

La pregunta que el Eterno hacía a Mitzrayim era: ¿Cómo haría el Faraón y su supuesta naturaleza divina para detener el obrar de Aquel que es el Padre de todos los espíritus?

El “et” (vara de madera seca), es la respuesta frente al caos. En general, en los ambientes dogmáticos, se tiene la idea que la serpiente de Aharón engulló las serpientes de los brujos egipcios, esto va más allá de dicha percepción porque el pasuk no dice que la serpiente de Aharón devoró las otras serpientes sino que; “el bastón (madero) de Aharón se tragó a los otros maderos”. El caos no puede dominar al caos, (o sea, serpiente versus serpiente), pero el “et” sí puede destruirlo, según apreciamos en los pasukim:

“…Cada uno de ellos arrojó su bastón, que se convirtieron en víboras; pero el bastón de Aharón se tragó los bastones de ellos…”,
[Exo 7:12 _ Torat Emet].

Es común que una serpiente se coma a otra. Luego pues, esto no es una señal auténtica de lo Alto. Aquí está el poder infinito de Dios: después de regresarse las varas a su estado normal, y creyendo los encantadores egipcios haber igualado el poder del Omnipotente, para su sorpresa vieron cómo la madera (bastón) de Aharón deglutió los palos de ellos. Esto es lo que aterrorizó a los egipcios y la Torah da fe de este hecho. Esto revela la superioridad del poder del Eterno sobre el poder mágico que viene de los demonios que aquellos magos invocaban.

Enseñan los intérpretes de códigos hebreos que el “et” (madero), es un elemento muy modesto cuya naturaleza es la de “compartir” (la madera nos es útil para nuestra vida cotidiana), y solo algo con un propósito de “compartir” puede tragarse la negatividad de lo egoico.

El Zohar ve también en el bastón de Aharón un antecedente de la resurrección de los muertos en la Era Mesiánica, pues si una simple y seca madera puede transformarse en una criatura viviente como una serpiente, ¡cuánto más una criatura humana, que consiste de un cuerpo y un alma, será nuevamente llamada a vivir!

La Torah no menciona los nombres de los hechiceros de la Corte faraónica, sin embargo, los Midrashim señalan que Janes (Yujani) y Jambres (Jmamré), eran los nombres de los brujos que pretendían ridiculizar a Moshé, pero que vez tras vez fueron vencidos.

Siguen explicando los sabios que estos brujos eran hijos de Bilam, los cuales al final de las plagas llegarían a unirse a los israelitas. Ellos formarían parte de los “Erev rav” (multitudes mixtas) que irían marchando tras los israelitas.

Una de las cartas evangélicas, basándose en la tradición judía cita a los brujos de Egipto:

“…Y de la manera que Yanés y Yambrés resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe…”
(2 Timoteo 3:8, Código Real del NT)

Según todo esto el Faraón debería haber compredndio, cuando la vara de Aharón devoró las demás, que se estaba indicando la subyugación de Mitzrayim (Egipto) y la ejecución de juicios “contra todos los dioses de ese sistema de cosas”. Pero, deseando cerrar sus ojos ante dicha evidenciay considerando a Moshé y Aharón como simples magos amateurs cuyo poder era igualado por los suyos, el Faraón prefirió endurecer su corazón convirtiéndose así en un imán de todas las fuerzas del rigor celestial que anhelan ejecutar los juicios divinos sobre los hombres.

El Eterno revelaría que Su Nombre era el único soberano sobre todo otro nombre que se invocare en la Tierra.

La Verdad al Desnudo

Cuenta la leyenda, que un día la verdad y la mentira se cruzaron.

-Buen día. Dijo la mentira.
-Buenos días. Contestó la verdad.
-Hermoso día. Dijo la mentira.

Entonces la verdad se asomó para ver si era cierto. Lo era.


-Hermoso día. Dijo entonces la verdad.
-Aún más hermoso está el lago. Dijo la mentira.


Entonces la verdad miró hacia el lago y vio que la mentira decía la verdad y asintió.


Corrió la mentira hacia el agua y dijo… -El agua está aún más hermosa. Nademos.


La verdad tocó el agua con sus dedos y realmente estaba hermosa y confió en la mentira.


Ambas se sacaron las ropas y nadaron tranquilas.


Un rato después salió la mentira, se vistió con las ropas de la verdad y se fue.


La verdad, incapaz de vestirse con las ropas de la mentira comenzó a caminar sin ropas y todos se horrorizaban al verla.


Es así como aún hoy en día la gente prefiere aceptar la mentira disfrazada de verdad y no la verdad al desnudo.

De Jean-Léon Gerôme, 1896

Los Dientes del Sultán… (y las Formas de Decir las Cosas)

Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Por esto, al despertar, ordenó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.

“¡Qué desgracia Mi Señor!” -exclamó el Sabio- “Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra Majestad.”

– “¡Qué insolencia!” – gritó el Sultán enfurecido. “¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!”

Llamó a su guardia y encargó que le dieran cien latigazos.

Más tarde mandó que le trajesen a Nasrudín, el otro sabio de la corte, y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al sultán con atención, le dijo:

– “¡Excelso Señor! Gran felicidad le ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes.

Ell semblante del Sultán se iluminó con una gran sonrisa y ordenó que le dieran a Nasrudín cien monedas de oro.

Cuando el mullá salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

– “¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

“Recuerda bien amigo mío“, respondió Nasrudín, “…todo depende de la forma como se dicen las cosas.”

 

Para concluir solamente diré que la verdad puede ser comparada con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.

 

Ahora los invito a reflexionar lo que dice el sabio rey Salomón en el libro de los Proverbios:

 

“Las palabras del hombre son aguas profundas,

río que corre, pozo de sabiduría…

Con sus labios, el necio se mete en líos;

con sus palabras precipitadas se busca buenos azotes…

Cada uno comerá hasta el cansancio del fruto de sus palabras.

La vida y la muerte dependen de la lengua;

los que hablan mucho sufrirán las consecuencias”.

Proverbios 18: 4,20-21

 

Sin duda alguna, uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse.

 

El Eterno ha diseñado y establecido que de la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Así mismo, Él ha determinado en este propósito ontológico que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no tenemos la menor duda; mas, la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca, en algunos casos, grandes problemas.

 

Cuantos matrimonios entran en crisis y conflicto por el simple hecho de no saber decir con tino las cosas. En mi experiencia como sacerdote, que trabaja en pastoral matrimonial, he constatado que muchas peleas y discusiones se pudieron haber evitado con tan solo expresar mejor sus diferencias. Todo cónyuge que se sienta atacado se defenderá contra-atacando con más virulencia. En cambio, todo cónyuge que escucha como sus actitudes afectan a su pareja, se sentirá interpelado y tomará medidas para corregirlas.

 

“El que mucho habla, mucho yerra;

callar a tiempo es de sabios”

Proverbios 10: 19

Por todo esto, elevo una plegaria pidiendo que tus palabras sean más valiosas que el silencio que rompen.

Relatos Antiguos del Diluvio

“Estos tres son los hijos de Noaj, y de ellos fue llena toda la Tierra.”

(Génesis 9: 19)

La historia de Noaj (Noé) y el diluvio (Génesis capítulo 6) es el ejemplo clásico que usan los detractores del Eterno para acusar a la Escritura Sagrada (La Biblia) de copiar de los mitos de otros pueblos de la antigüedad. Muchos escépticos seudocientíficos, junto a sus acólitos, suelen decir que el relato bíblico del diluvio sería un plagio de los mitos sumerios; a veces de Zuisudra y otras de Utnapishtim. Sin embargo, un examen detallado nos muestra que las similitudes no van más allá de un tema común. Ni siquiera se puede sostener que la Biblia haya adaptado un relato mítico, mucho menos hablar de un plagio.

Lo cierto es que haciendo una investigación minuciosa por las distintas civilizaciones, encontraremos que las tradiciones de los antiguos en todo el mundo comparten en común la inclusión de historias de diluvios. Descubriremos que en las leyendas del mundo, es común encontrar relatos sobre una gran destrucción producto de las aguas. Es evidente que todos esos mitos, que provienen de pueblos separados por grandes barreras geográficas, lingüísticas y culturales, no podrían simplemente haberse copiado unos de otros. La explicación de esta coincidencia temática debe encontrarse en otra parte.

Entendamos que si el diluvio fue la primera catástrofe natural que la humanidad conoció. Un cataclismo como el Diluvio, que eliminó de la existencia a todo el mundo de aquel tiempo, sería algo que jamás olvidarían los sobrevivientes. Hablarían de ello a sus hijos y a los hijos de sus hijos.

Desde esto, entonces no es difícil ver cómo llegó a convertirse en un tema recurrente en los distintos pueblos de todas las civilizaciones. Los desastres debido a la fuerza de las aguas, son enormes, imprevisibles, imposibles de resistir y parecen provenir de los cielos. Estas características explican que los hombres de diferentes partes del mundo, sin importar su cultura y sin estar en contacto entre sí, pensaran que un diluvio era un castigo divino.

A su vez, los factores que definen este arquetipo, la destrucción por las aguas de origen divino, bastan para explicar los elementos que se repiten entre todos los mitos (la molestia de los dioses, la advertencia previa, escapar usando algún tipo de navío). Más allá de esos elementos, los relatos del diluvio alrededor del mundo presentan notables diferencias (motivo del diluvio, su duración, tipo de embarcación, número de humanos salvados).

Los relatos mesopotámicos han acaparado la mayor discusión debido a que están culturalmente más cerca del material bíblico que cualquiera de las otras narraciones no bíblicas. El relato del diluvio mesopotámico más famoso es la versión babilónica que se encuentra en la biblioteca del rey asirio Ashurbanipal (siglo VII a.EC) como parte de la extensa epopeya de Gilgamesh.

En esta epopeya, Gilgamesh busca a un hombre llamado Utnapishtim (el equivalente del Noé bíblico), cuya historia es contada de nuevo. Cuando uno de los dioses más altos, Enlil, se enoja por causa del ruido cacofónico que proviene de los seres humanos, decide inundarlos y destruirlos en un diluvio catastrófico. Enkil, el dios de las aguas, revela el intento de Enlil, al mortal Utnapishtim, y lo dirige para que construya una enorme arca para que la llene con parejas de animales. Le ordena no revelar la razón de este proyecto de construcción fabuloso; además, en un punto crítico, Utnapishtim recibe órdenes de subir a bordo a su esposa con él. Durante siete devastadores días, Utnapishtim y su esposa son zarandeados en esta arca mientras la inundación se traga la tierra. Cuando finalmente las aguas decrecen, el arca queda acomodada en una punta de un del alto monte. Utnapishtim envía una paloma, una golondrina y un cuerpo, el cual no regresa, aparentemente al haber encontrado alimento.

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Luego, el hombre desembarca y ofrece sacrificios abundantes a los dioses, quienes a su vez le conceden a él y a su esposa la vida eterna por haber salvaguardado el futuro de los seres humanos y los animales.

Un relato acadio que data aproximadamente del año 1600 a.EC. Vuelve a narrar básicamente la misma historia como incrustada en la épica babilónica de Gilgamesh, excepto en el personaje de Noé se llama atra-Hasis. Una versión sumeria aún más antigua, conocida como Eridu Génesis, contiene la historia de la creación y el desarrollo de las primeras ciudades, junto con un relato del gran diluvio. Aquí el héroe es Ziusudra.

Al asumir una fecha posterior para composición bíblica, algunos eruditos han sugerido que las narraciones mesopotámicas pudieron haber servido como un prototipo para las narraciones de Génesis. Pero la mayoría de los investigadores creen que el relato bíblico no es simplemente una modificación de las historias mesopotámicas, sino una de las varias versiones de una historia común. las diferencias pueden atribuirse a una revelación especial que Dios les dio a los escritores de las Escrituras Sagradas (Biblia), incluyendo a Moshé, el autor del Bereshit (Génesis), a través de quien dio a conocer Su Plan de Redención las otras versiones proporcionan confirmación extra-bíblica de la historia, en vez de demostrar, cómo algunos han sugerido, que la narración bíblica es un mito.

Los griegos también tenían un relato del diluvio, donde se observan las mismas coincidencias temáticas con diferencias fundamentales. Esta vez es Zeus quien decide castigar a los hombres porque el rey Licaón faltó a la hospitalidad, y Prometeo advierte a su hijo, el rey Deucalión, sobre el diluvio. Deucalión y su mujer Pirra construyen una nave, la llenan con provisiones, y luego de flotar por nueve días hacen tierra en el monte Parnaso. En ese lugar, y por consejo del oráculo, reconstituyen la raza humana arrojando piedras a sus espaldas. Es más, el dato curioso es que los griegos hasta hoy se llaman helenos por su legendario antecesor, Heleno, hijo de Deucalión y Pirra.

Realizando todo un tours histórico por las creencias mundiales, veremos que los egipcios, los griegos, los chinos, los druidas de Bretaña, los polinesios, los esquimales y groenlandeses, los africanos, los hindúes y los indios americanos, todos ellos tienen sus propias leyendas sobre el Diluvio.

Aún en la América precolombina aparece el relato de este Diluvio. Ixtlilxoxhitl, el historiador nativo de los aztecas, afirma que el primer mundo duró 1716 años antes de ser destruido por un diluvio. Es muy interesante destacar que esta cifra solamente difiere en 60 años de la que nos da la Torah, por adición de las edades del quinto capítulo de Bereshit.

Los hotentotes de Sudáfrica creen que descienden de un tal “Noh” que se salvó con su familia de la invasión de muchas aguas; y el relato mítico de Hawai habla también de un diluvio del que solamente “Nu-u” y su familia se salvaron.

Los lectores de las Sagradas Escrituras reconocerán inmediatamente las similitudes entre los relatos mesopotámicos, griegos, amerindios y bíblicos. Pero también hay diferencias significativas. De acuerdo a la Biblia, el Eterno no estaba simplemente irritado con estrépito de la humanidad; la Escritura narra que estaba profundamente afligido, hasta el punto de que “le dolió el corazón” por la magnitud de la iniquidad, la rebelión y el pecado que la humanidad había alcanzado (Gén. 6: 5-7). Tampoco la astucia de otra deidad frustró su plan; Dios mismo escogió preservar tanto la humanidad como la vida animal a través de Noaj (vv. 13-22). Génesis también declara acerca de un periodo de diluvio más largo y, aunque Dios hizo un pacto con Noé, no le concedió la inmortalidad.

El análisis profundo de todos estos relatos populares del Diluvio nos permiten notar que están en armonía con algunos rasgos importantes del registro bíblico:

  • 1) un lugar de refugio para unos pocos sobrevivientes,
  • 2) una destrucción universal por agua para el resto de los seres vivos y
  • 3) la conservación de personas humanas.

La obra The International Standard Bible Encyclopedia (edición de G. Bromiley, 1982, vol. 2, pág. 319) dice a este respecto: “Se han hallado relatos de un Diluvio en casi todas las naciones y tribus del mundo. Aunque más comunes en el continente asiático y sus islas meridionales, así como también en América del Norte, estos relatos se han hallado en todos los continentes. La cantidad de relatos conocidos se cifra en unos doscientos setenta […]. En conjunto, se toman como prueba de que la humanidad sufrió una destrucción mundial en un gran diluvio, y que luego la raza humana se multiplicó a partir de una sola familia y desde un mismo lugar. Aunque puede que no todas las tradiciones se refieran a un mismo diluvio, parece que una gran parte de ellas coincide. Si bien se ha dicho que muchos de estos relatos se deben a la influencia de los misioneros, la afirmación no se sostiene, pues han sido los antropólogos quienes, sin un particular interés en la vindicación del testimonio bíblico, han recogido la mayoría de estas narraciones, que tienen un alto componente de fantasía y paganismo, resultado obvio de la transmisión oral por largos períodos de tiempo en una sociedad pagana. Además, algunos de esos relatos antiguos los escribieron personas que estaban manifiestamente en contra de la tradición hebreo-cristiana”.

Ante todo esto entendemos que hay un par de explicaciones posibles para la existencia de múltiples relatos de inundaciones.

Una explicación – que Génesis fue una copia de Gilgamesh – ya se ha discutido y no parece encajar con los datos disponibles.

La otra explicación posible es que la inundación fue un acontecimiento verdadero en la historia del género humano que fue heredado a través de las generaciones de diferentes culturas. Si es así, el relato de Gilgamesh parece haber experimentado algunas transformaciones más bien radicales. La historia es un mito más bien absurdo que tiene poco gran parecido a la realidad. En el contraste, el relato del Génesis es un relato lógico, aparentemente objetivo de un acontecimiento histórico. Carece de los aspectos mitológicos obvios de la Epopeya de Gilgamesh.

Terminemos esta bitácora permitiéndole a nuestra lógica realizar conclusiones correctas sumergiéndose en las líneas del relato en Bereshit.

Sabemos que el Diluvio puso fin a la rebelión que estalló tiempo atrás entre los ángeles. Influenciados por el egoísmo de Satanás, muchos de ellos habían dejado su posición en el cielo para vivir en la Tierra con mujeres, con quienes tuvieron hijos híbridos llamados nefilim (Judas 6; Génesis 6:4). Satanás tuvo que haber estado feliz, pues dicha rebelión degradó aún más a la humanidad, la obra maestra de la creación terrestre del Eterno.

Ya en los días del justo Enoc, casi siete siglos antes del Diluvio, Yahvéh había advertido que destruiría a los malos (Génesis 5:24; Judas 14, 15). Pero la gente empeoró, al punto de arruinar la Tierra y llenarla de violencia. Finalmente llegó el momento de la ejecución. ¿Se alegraron Noé y su familia por lo que estaba sucediendo?

De ningún modo. Y tampoco su compasivo Dios (Ezequiel 33:11). Entendamos que Yahvéh hizo todo lo posible por salvar a cuantos pudiera. Envió a Enoc a advertir a la gente y ordenó a Noé construir un arca. Noé y su familia pasaron décadas en esa labor monumental a plena vista de sus contemporáneos. De hecho, Dios nombró a Noé “predicador de justicia”, y este, al igual que Enoc, informó a las personas sobre el juicio que se avecinaba (2 Pedro 2:5). ¿Qué respuesta obtuvo? Yeshúa, nuestro Mesías, dijo siglos más tarde:

“…y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre…

(Mateo 24:39)

Interesante será notar que Sem, el hijo de Noé, que después del Diluvio vivió quinientos años, pudo relatar el acontecimiento a muchas generaciones. Murió tan solo diez años antes del nacimiento de Jacob. Moisés conservó el relato verdadero en Génesis. Algún tiempo después del Diluvio, cuando la gente que desafiaba a Dios construyó la Torre de Babel, Jehová confundió su lenguaje y los dispersó “sobre toda la superficie de la tierra”. (Gé 11:9.) Lo más lógico era que estas personas llevasen consigo historias del Diluvio y las pasasen de padres a hijos. El hecho de que no solo haya algunos, sino tal vez cientos de relatos diferentes sobre aquel gran Diluvio y que tales relatos se hallen entre las tradiciones de muchas razas primitivas por todo el mundo, es una fuerte prueba de que todas estas personas tuvieron un origen común y de que sus antepasados primitivos compartieron la experiencia de aquel Diluvio.

Numerosos escritores bíblicos corroboran que el Diluvio ocurrió en realidad. (Isaías 54:9; 2Pedro 3:5, 6; Hebreos 11:7.). Pero la prueba más contundente la da nuestro propio Señor Yeshúa, quien aseguró que las características proféticas de los últimos días serían semejantes a los de los “días de Noé” (Lucas 17:26, 27).

En conclusión, vemos que las Santas Escrituras, proporcionan numerosas pruebas que apoyan la autenticidad del relato del Diluvio. Éste no depende de meras tradiciones de hombres, del folclor de pueblos primitivos o de hallazgos geológicos y arqueológicos.

Las Escrituras Sagradas son tan claras como su autoridad misma. Aunque fue escrita por muchos diferentes hombres, el Espíritu Santo del Eterno es el verdadero autor de cada una de sus líneas. La Segunda Epístola de Pablo a Timoteo (3:16-17), nos dice que toda la Escritura es inspirada por Dios, lo cual significa que fue literalmente “espirada por Dios“. Él la escribió, Él la ha preservado a través de los siglos, Él vive dentro de sus mismas páginas y su poder es manifiesto en nuestras vidas a través de ella.

Bereshit y los Relatos Míticos de la Creación… ¿coinciden o difieren?

Por David Nesher

 

Desde el siglo pasado, la humanidad es testigo de una guerra sin tregua planteada desde los académicos de distintos flancos científicos hacia el relato bíblico de la Creación que aparece en el primer capítulo de Bereshit (o Génesis). Así, y desde sus discurso pedagógicos, se ha implantado en tres generaciones la idea de que el relato de la Creación que aparece en las Sagradas Escrituras es un mito más de entre los tantos que sostuvieron las religiones antiguas.

 

En verdad, si investigamos con profundidad, nos sorprenderemos al ver que por todo el mundo encontramos leyendas culturales y mitos que se parecen mucho a ciertos relatos en las Escrituras bíblicas como el de la Creación, la Caída de la humanidad, el diluvio y los relatos de la Torre de Babel. Por todas estas coincidencias, los tenidos como eruditos se apresuran a plantear una serie de cuestionamientos, que conducen sutilmente a la rápida conclusión de que la Biblia registra mitología en sus primeros capítulos.

 

Ahora bien, debo decir que cuando nos enfrentamos a la cuestión de si la Biblia registra la historia antigua con precisión en Génesis 1-11, o si estos pasajes se derivan de algún otro documento “antiguo”, primero tenemos que recordar lo que la Biblia dice sobre ella misma. La Palabra de Dios ha hecho la afirmación final y justificable sobre sí misma que ninguno de estos otros textos antiguos ha hecho. La Escritura Santa afirma en repetidas ocasiones ser la perfecta Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:21; Salmo 19: 7; 119: 160). Por lo tanto, si las Sagradas Escrituras hubieran efectivamente tomado prestado de las antiguas mitologías, la anterior afirmación podría ser cuestionada.

 

En verdad, leyendo las historias míticas antiguas sobre la creación en Mesopotamia, Egipto y Siria, se destaca ante el lector el hecho de que ellas hacen mucho más que intentar explicar cómo el mundo físico llegó a existir. A menudo, los mitos de la creación perseguían elevar a un dios particular, de un santuario particular, a la supremacía sobre a los demás dioses con el fin de validar el prestigio de esa deidad, de ese santuario o de la ciudad en la cual el este estaba localizado. Un ejemplo de ello, lo encontramos en los mitos de la creación de los egipcios. En ellos se asevera que un montículo primordial o una “isla de la creación” surgió de un océano primitivo y que un dios específico creó todas las cosas desde ese sitio. Sin embargo, lo interesante, paradógico y absurdo de este mito es que varios santuarios egipcios afirmaron ser el sitio de dicho montículo primigenio y aseguraron que el dios de ese templo respectivo fue el gran y único dios creador. En Menfis, era Ptah. En el Hermópolis, era Thoth. En Heliópolis, fue Ra-Atom. En este último templo se decía que una piedra sagrada marcaba el sitio exacto donde Ra-Atom, en la forma de un ave de “Bennu”, descendió e inició el proceso creativo.

 

También debo aquí señalar que algunos temas comunes en los mitos de la creación incluye la generación espontánea de dioses, la reproducción sexual entre dioses y la deificación de la naturaleza (por ejemplo el sol y la luna teniendo coito y dando criaturas).

 

Otra característica a resaltar de un mito de la creación e s que a menudo se enfoca en elementos geográficos y en otros elementos únicos del santuario asociado con el mito. Un mito egipcio, por ejemplo, presta especial atención a la creación del Nilo.

 

En ocasiones, los mitos de la creación narran batallas entre dioses y monstruos primitivos, caos acuático, a través del cual uno o más deidades alcanza la supremacía. Algunas veces, la creación ocurre cuando un dios derrota a un mostró primitivo y divide su cuerpo en dos partes, las cuales se convierte en cielo y tierra, o tierra y agua, etc. En el mito de la creación babilónica, llamado Enuma Elish, se describe la derrota de la diosa madre y monstruo marino Tiamat por parte del dios Marduk. En sus líneas se describe como después de una terrible batalla, Marduk le quita la vida a Tiamat, corta su cuerpo a la mitad como “un pez para ponerlo a secar” y lo usa para formar la bóveda celestial llena de las constelaciones que marcarían el destino de los seres humanos. Esta victoria supuestamente establece la supremacía de Marduk entre todos los dioses.

 

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Marduk le quita la vida a Tiamat

Los mitos de la creación de los griegos son similares. Después del caos inicial, las primeras deidades Gaia (diosa terrenal) y Urano (dios del cielo) surgieron una serie de dioses similares a monstruos (como Cronos, Typhon y los Titanes). Pero Zeus (hijo de Cronos) es quien termina venciendo a estos seres y establece el orden del mundo actual.

 

Además, una enseñanza espantosa que surge de la mayoría de los mitos creativos es que los seres humanos son creados  como mano de obra para realizar el “trabajo sucio” que los dioses necesitan que se haga para ellos tener fuerza y poder. Algunos mitos retratan a los humanos como esclavos de los dioses, cuya función principal es alimentarlos con sus sacrificios.

 

En cambio, podemos destacar que el relato del Génesis desafía explícitamente las afirmaciones de estos mitos antiguos de la creación al revelar la unidad y soberanía de Dios, al describir los cuerpos celestes y las criaturas del gran mar como sus creaciones y al presentar a los seres humanos como sus mayordomos, y verdaderamente portadores de su imagen, en vez de una creación tardía nacida de la necesidad o el ocio divino.

 

En una simple lectura observamos que la narración de la creación en Bereshit o Génesis se refiere al sol y a la luna como la “gran luz” y la “pequeña luz” ¿Por qué? Al describir estos cuerpos celestiales de esta forma, la Biblia los reduce a una condición de meros objetos físicos que “gobiernan” solo en el sentido en que emiten luz y delimitan el calendario. En contraste, en los mitos antiguos, notamos que en sus idiomas mismos las palabras traducidas “Sol” y “Luna” se refieren a divinidades. Ejemplo de esto es como se refieren al dios (diosa) sol y al dios (diosa) luna. Una demostración de esto último lo encontramos en la palabra Shamash, que en sumerio significa sol, pero es también el nombre del dios Sol de la Mesopotamia. La palabra griegas Selene traducida como “luna”, es también el nombre propio de una diosa griega llamada Selene, supuestamente regente de nuestro satélite. Similarmente, los antiguos consideraban a las estrellas (o constelaciones) seres divinos. En contraste, la concisa declaración bíblica: “…también hizo las estrellas” (Gn 1.16) degrada a estos cuerpos a la condición de simples objetos creados por el Eterno.

 

Podemos notar pues que la narración de Bereshit (Génesis) rechaza el tema central de la religión pagana: el panteísmo o deificación de la naturaleza. Interesadamente, no busca elevar a YHWH sobre otros dioses. De hecho, en el relato del séptimo día de la creación (Gn. 1:1-2:3) no se menciona a YHWH; al Creador simplemente se le llama “Elohim (Dios)”, un término más genérico. Incluso Génesis capítulos 2 y 3 no da indicios de que YHWH necesitara establecer su supremacía sobre otras deidades. No hay una conquista de otros dioses o monstruos, y no nos dice que algún santuario o ciudad sea el lugar desde el cual Dios empezó su proceso creativo. No se menciona ningún objeto sagrado. El Dios de Génesis 1 Es verdaderamente El Dios del universo.

 

Como podemos ver, al reflexionar profundamente en todo esto, no es difícil descartar los textos mitológicos del Antiguo y Cercano Oriente como fuentes de influencia para el relato de Bereshit (Génesis). Mientras Bereshit es confiable, estos relatos no lo son. Mientras Bereshit muestra consistencia sobre el carácter justo y soberano de nuestro Dios, los textos mitológicos muestran a los dioses como poco más que gente en constante disputas, que se engañan entre sí y a la humanidad, y que carecen de control soberano y efectivo. Mientras que el relato del Diluvio en Bereshit da suficiente información creíble para permitir la confirmación histórica y geológica, los textos mitológicos proporcionan poco que pueda ser confirmado, y lo que se proporciona no tiene sentido lógico o científico.

 

Las similitudes que existen entre el relato bíblico, las antiguas mitologías de Oriente Próximo y la Epopeya de Gilgamesh solo tienen sentido desde un punto de vista escritural. Los creyentes en el Mesías no debemos sorprendernos de que grupos étnicos por todo el mundo tengan sus propios relatos de la Creación, la Caída, el Diluvio, relatos sobre hombres de grandes edades, e incluso sobre la Torre de Babel. Los relatos solo nos dicen que alguna vez la gente tuvo el mismo registro o testigo de un acontecimiento común que fue transmitido por una generación que alguna vez se congregó en el mismo lugar y al mismo tiempo.

 

A la luz de la Escritura, notamos que la mitología de todo el mundo sirve para confirmar que la Biblia es realmente la Palabra de Dios y la única verdad fiable. El mensaje que en ella encontramos es que el Eterno mismo entra en la historia este mundo y la guía en sus acontecimientos para terminar tomando sobre sí, a través de su Mesías, la ira que merecemos. Sólo a través de la consistente Palabra de Dios podemos saber que la salvación sólo se recibe por la fe en la obra redentora de Yeshúa HaMashiaj .

En vez de delirar con fantasías animadas ¿por qué no anhelamos que el corazón de Cristo se refleje en cada creyente?

Aseguran haber visto el corazón de Cristo en una hostia

 

Un punto negro que apareció en ella fue considerado por miles
como la materialización del cuerpo y la sangre de Jesús. La extraña
marca apareció luego de que la hostia se le cayera al piso a un
sacerdote en una localidad de Polonia. 

La Llorona: Superstición Espiritista y Atadura de Intimidación.

A lo largo de todo México y gran parte de países de habla hispana se cuenta la historia de una mujer cuya alma se encuentra en pena vagando por todo el mundo en búsqueda de sus tres hijos asesinados emitiendo un lamento tan penetrante que podría erizar la piel de la persona más valiente.

 

Probablemente la leyenda se remonte a la época de la colonia en México donde una hermosa mujer indígena se había enamorado de un noble español, su amor no era bien visto por la sociedad de aquel entonces, pero aun así la pareja tuvo tres hijos, la madre siempre atendía a sus hijos con gran amor sin embargo cuando ella quiso formalizar su relación el hombre la abandonó sin despedirse y regresó a España para contraer nupcias con una dama de alta sociedad. Aun creyendo que la persona que ella amaba regresaría lo espero por un tiempo, hasta que se enteró del matrimonio de su ex pareja , completamente dolida, enojada y desquiciada la mujer tomó a sus tres hijos y los llevó a la orilla de un río para posteriormente ahogarlos.

 

Después de haber cometido tal acto de crueldad “La llorona” decide quitarse la vida porque la culpa era tan grande que no podía cargar con ella, se cree que al morir llego a las puertas del cielo y al
preguntarle por sus hijos no dio respuesta alguna, así se le adjudica el castigo de buscarlos para siempre “hasta que encuentres a tus hijos ganaras el descanso eterno”.

 

Es descrita como una mujer delgada parecida un cadáver viviente, de cabellos largos de los que escurren sangre, ojos rojos y penetrantes, viste de color blanco y carga entre sus brazos lo que parece ser un recién nacido.

 

La mayor parte de los avistamientos son cercanos a ríos y lagos, también se dice que durante las noches en carreteras poco transitadas se escucha a lo lejos una voz que perdura aun transcurridos varios kilómetros, diciendo: “¡Hay mis hijos!, ¿Dónde están mis hijos?“.

 

Se cree que se le aparece a los hombres que tratan mal a sus esposas, o a los hijos que desobedecen a sus madres, los perros se comportan de manera extraña previa a su aparición.

 

Esta historia puede tener gran similitud con el mito griego de Lamia quien fuera una reina de Libia y con quien Zeus tuvo 2 hijos, se dice que la reina al no poder a tener al dios Zeus para ella sola, optó por quitarles la vida a sus hijos que reflejaban el fruto de su amor hacia el dios, Hera la esposa legítima de Zeus se entera de tal atrocidad y la transforma en un monstruo mitad serpiente, se le condena a no poder cerrar sus ojos de modo que la imagen de la muerte de sus hijos se mantuviera siempre en su mente. Lamia sentía mucha envidia hacia otras madres y al ver pasar a un chiquillo lo devoraba.

 

Después de haber transcurrido más de 450 años del origen de la llorona aun hay personas que creen haber tenido algún tipo de contacto con este mítico ser, ¿una fantasía mas de nuestra mente? ¿O un alma en pena condenada a vagar hasta el fin de los tiempos?