Secretos Develados

¿Cómo Liberarse de las Emociones Reprimidas?

Por P.A. David Nesher

La parashá Sheminí muestra que la Torah (Instrucción) divina es eterna. No hay ciencia humana que pueda invalidarla ya que todas provienen de sus códigos lumínicos.

En esta oportunidad comprenderemos como manifestar nuestra nobleza, desarrollando una mentalidad regia por medio de una vida guiada por la Instrucción de la Luz Infinita, y una alimentación acorde a las leyes del kashrut que el Eterno ordena.

Te invito a escuchar esta enseñanza llena de códigos de Sabiduría con una menta abierta y dispuesta a desaprender:

También puedes considerar esta BITÁCORA:

Rabino Levi Sudri asegura: “Sí el Vaticano no regresa los tesoros del Templo el ‘Coronavirus’ será agresivo en Roma.”

A medida que la crisis de COVID-19 empeora en todo el mundo, la nación de Israel solicita que el Vaticano devuelva inmediatamente a Jerusalén los recipientes del Templo que han estado almacenados en Roma durante casi 2000 años, señaló Breaking Israel News.

Pese a que muchos estudiosos han asegurado que El Vaticano no tiene los tesoros del Templo de Herodes; el rabino Levi Sudri, un galardonado experto bíblico, señaló que un mensaje divino seguramente debe estar contenido dentro del Coronavirus.

Está claro para todos que estamos viviendo en tiempos poderosos“, dijo el rabino Sudri. “Es nuestra responsabilidad entender lo que Dios quiere de nosotros. Hoy no tenemos profetas, por lo que debemos hacer todo lo posible para comprenderlo”.

El rabino Sudri señaló que el coronavirus comenzó en China y rápidamente se apoderó de Italia de una manera contraintuitiva.

¿Cuál es la conexión entre China e Italia?” Preguntó el rabino Sudri. “Están geográficamente distantes el uno del otro. Eso es cierto, pero tienen una conexión espiritual en que ambos son centros de dos tipos diferentes de idolatría“.

Italia es, de hecho, el país con el segundo mayor brote de coronavirus fuera de China con más de 21,000 casos reportados y más de 1.400 muertes. El sistema de salud del país se ha visto abrumado por el repentino aumento de los casos de COVID-19, a pesar de un cierre de una semana de toda la nación en un intento por frenar la propagación del virus.

En la visión de Daniel, habló de los pies del ídolo que es Roma“, explicó el rabino Sudri, señalando que la forma distintiva de la bota de Italia alude a esta referencia bíblica y se conoce en hebreo como ארץ המגף (eretz hamagaf; tierra del brote). El rabino Sudri señaló que la palabra מגף (magaf; boot) comparte la misma raíz que la palabra מגיפה (magefa; epidemia)… “La palabra ‘corona’ significa corona y ese es precisamente el problema“, dijo el rabino Sudri. “Roma robó la corona de Israel, los utensilios del Templo, por lo que están siendo golpeados por el virus de la corona“.

El judío-romano Flavio Josefo, un erudito historiador del primer siglo de ascendencia sacerdotal, informó que los artefactos del Templo fueron llevados a Roma y colocados en el Templo de la Paz de Vespasiano, completado en el 75 e. C.

Desde entonces, ha habido varios avistamientos no verificados de la Menorah en el Vaticano, pero la mayoría son afirmaciones de segunda mano o anecdóticas que señalan con el dedo sin proporcionar pruebas reales. En la segunda mitad del siglo XII, un judío español conocido como Benjamín de Tudela realizó una gira por el mundo conocido, viajando tan al este como Mesopotamia. Afirma en su diario que los judíos de Roma sabían que las vasijas del Templo estaban escondidas en una cueva en el Vaticano.

Esta es una oportunidad histórica para llevar al mundo a su estado legítimo y evitar que el Coronavirus asole a la humanidad. La respuesta de las comunidades políticas, médicas y científicas mundiales frente a la pandemia actual es noble y necesaria. Pedimos al Vaticano que permita a la nación de Israel hacer su verdadera parte, más allá del desarrollo de vacunas y la realización de cuarentenas en las que Israel ya está involucrado. La restauración de los servicios del Templo coronará la Roca y el Redentor de Israel, completando así los esfuerzos necesarios para lograr el cambio histórico que la humanidad ahora busca“.

El rabino Sudri señaló que la peste se está centrando en los centros religiosos.

Italia es, por supuesto, la corona del catolicismo, y ha sido muy afectada por el coronavirus“, señaló el rabino Sudri. “Pero también Irán, el jefe del Islam chiíta, ha sido golpeado igualmente fuerte. Y en Israel, el enfoque parece ser Belén, el enfoque del cristianismo.”

El rabino Sudri notó una razón interna para que el coronavirus ataque a Israel.

En la Biblia se nos advierte que no contemos a los judíos para que no traigamos una plaga“, dijo el rabino Sudri. “Debido a las elecciones excesivas, hemos contado a Israel, no una, sino tres veces. Además, los judíos tienen que devolver la corona a Jerusalén“, dijo el rabino Sudri, señalando que Netanyahu tomó la decisión política de negar el derecho de los judíos a rezar en el Monte del Templo. “En lugar de la corona adecuada, un Templo judío, está la Cúpula de la roca, una réplica moderna del Becerro de Oro“.

Cabe señalar que el domingo, la Waqf (autoridad musulmana) ordenó el cierre de la Mezquita Al Aqsa con cúpula plateada y la Cúpula de la Roca con cúpula dorada hasta nuevo aviso. Los judíos todavía están visitando su sitio más sagrado; el Monte del Templo.

Tomado de: Profecía al Día

“HaKol Ejad”: La Fórmula Divina para Escapar de la Muerte.

Por P.A. David Nesher

En hebreo existe una expresión de tan solo tres palabras que logra expresar sin duda alguna el secreto de la vida: HaKol Ejad (הכל אחד), que se traduce: “Todo es Uno”.

Para lograr profundizar un poco en todo lo que esta frase significa, debemos primeramente considerar su valor numérico, entendiendo que en la Intención divina no existe la casualidad, sino que todo tiene una causa. Entonces, si nos consideramos la guematría de esta expresión, su valor es 68 y surge de esta manera:

הכל = 55 (Kol)

אחד = 13 (Ejad)

————-

68

Ahora bien, el número 68 es tambián la guematria de Jaim (חיים), que se traduce como “Vida”. Observemos con atención esto al considerar la sumatoria de los valores numéricos de la palabra Jaim (alef – yod – yod- mem final):

ח = 8

י = 10

י = 10

ם = 40

———–

68

Aquí debo decir (y recordarles a algunos de ustedes) que la raíz de Jaim es Jai (חי) . Como logran ver esta palabra surge de la asociación de las letras Jet (ח) y Yod(י), y el significado que se le da es: “vivo”, “viviente”.

Existe con esta palabra (Jai) una curiosidad, y es que a sus letras las podemos asociar al revés, es decir que a Yod (י) la colocamos al principio, y a Jet (ח), así obtenemos las dos primeras letras de Ijudah (יחודא), que en arameo significa “unidad”.

Sé que a esta altura de mi estudio alguno de ustedes se estará preguntando: ¿pero cómo es que esta expresión me hace escapar de la muerte ontológica?

Pues bien, para comenzar a desarrollar la respuesta a esto, primer dire que la obra de El Zohar (I-12 b) revela lo siguiente:

Cuando el hombre conozca que todo es uno y no coloque separación alguna, incluso el Sitra Ajrá se retirará del mundo y no influirá abajo.

Esta frase codificada es la explicación al secreto celestial del Sefer Bereshit (Génesis) en el primer capítulo cuando dice:

והיו למאורת ברקיע השמים

“Y sean por luminarias en el extendimiento de los cielos…”.
(Génesis 1:15)

Entonces, para lograre explicar este versículo, los sabios se fijan en la palabra Meorot (מאורת), traducida aquí como “luminarias“. La misma está compuesta por las palabras Or (אור), traducida como “luz” y Mavet (מות) que se traduce“muerte”. El Zohar, en esta misma página, señalará que “las letras de Or (אור) están unidas mientras que las letras de Mavet están separadas”.

Expresándolo mejor, todo esto nos dice que si a la palabra la palabra Meorot (מאורת – “luminarias“) le quitamos las letras de Mavet (מות -“muerte“-), nos queda Or (אר), es decir “luz”. Pero si lo que le quitamos es Or (אור), nos queda Met (מת), es decir una “persona muerta”, o un “cadáver”.

A partir de estas reflexiones podemos entender que la muerte, o lo muerto (tanto física como espiritual) no sólo se nos presenta como algo oscuro donde no hay luz, sino sobre todo como algo donde hay separación, donde no hay unidad.

Ahora, apoyándonos en dos guematrías clásicas, sabemos que la de Ahavah (“amor”) y la de Ejad (“uno”), son la misma: 13. Así es que la Sabiduría divina nos enseña que la esencia de la unidad es el amor y la esencia del amor es la unidad.

Por último, si a la guematria de Jaim (חיים), “vida”, que es 68, le añadimos el valor 4, por las cuatro letras que componen esta palabra, obtenemos com resultado 72, que es la guematría de Jesed, “bondad”, “benevolencia”, “amor perfecto”. Por esta razón, si queremos escapar del Sitrá Ajrá, que como también dice el Zohar, es el Ángel de la Muerte, hemos de “conocer que todo es uno” gracias a la benevolencia infinita del Eterno; de este modo, ocupados en el estudio de este conocimiento, a través de la meditación de la Torah, lograremos huir de cualquier separación. Y esto no es una intención o una actitud, es una experiencia, un estado de consciencia que nos conecta con la mente de Mashiaj y así nos permite vibrar con nuestro entendimiento en la armonía que logra manifestar al Eterno en medio de la existencia… ¡Esto es verdaderamente en lo que consiste el Reino de Dios!

¿Cuál es el Secreto para Ganar Batallas Espirituales?: Disminuir el Ego (Parashá Vayishlaj)

Por P.A. David Nesher

La Instrucción (Torah) divina revela que Yaakov avinu temía en su interior albergar la conciencia MEGUALÍ (“me lo merezco”), es decir: “estoy muy seguro de mí mismo y de mis fuerzas” (autosuficiencia). Por ello, rechazó este espíritu de autodependencia y decidió confrontar la realidad que en ese momento su ego aún sostenía. Así fue como Yaakov se metió en el fondo de su propia oscuridad para experimentar la confrontación existencial más difícil de la vida humana: enfrentarse a uno mismo y sus temores egoicos.

Amado lector que tienes hambre por la ciencia de la Torah (toralogía), te invito a considerar la catequesis que he dado en esta aula virtual:

Multimillonario judío revela su secreto: ¡Mientras más cuido Shabat, mejor funciona mi compañía!

Al principio pareció una carga, pero Shabat me da tiempo para estar con mi esposa, con mis hijos y mis amigos“, dice Adam Neumann, de 38 años, quien es considerado uno de los más prometedores hombres de negocios de Israel.

Adam le dijo a Iediot Ajaronot que ya hace dos años que él, su esposa y sus 5 hijos cuidan Shabat. “Me desconecto completamente. No hablo con nadie y eso es algo que no estoy dispuesto a ceder”, dijo en la entrevista. “Al principio pareció una carga, pero me da tiempo para estar con mi esposa, con mis hijos y mis amigos”.

Adam es el propietario de WeWork con base en Nueva York empresa con un total de 3.000 empleados en 238 localidades a lo largo de 56 ciudades en 18 países. Su valor es de 20 mil millones de dólares y se trata de una red comercial de espacios de trabajo que provee espacio de oficinas con tecnologías avanzadas que atraen a muchos talentosos expertos en tecnologías y empresarios de start-up.

Podemos imaginar fácilmente que el cronograma de trabajo de Adam incluye muchos vuelos entre Tel Aviv y Nueva York. “La semana pasada tuve una semana muy loca, con muchos vuelos y trabajo”, afirma Adam.

Sin embargo, ¡mientras más cuido Shabat, mejor funciona mi compañía! ¡Imagina eso!

Pero el viernes a la mañana, Adam y su esposa se levantan y dicen: “Estamos listos para el Shabat” y cuando llega el Shabat su esposa enciende las velas y la tranquilidad desciende sobre su hogar. “Todos nuestros amigos vienen a compartir una cena que fue preparada antes de Shabat. En ese momento nos desconectamos, pero en verdad estamos realmente conectados. Paso más tiempo que nunca con mi familia. Incluso veo más a mi madre y también la llamo durante la semana. Mientras más cuido Shabat, mejor funciona mi compañía, ¡Imagina eso!

Neumann creció en el Kibutz Nir-Am y se trasladó a Nueva York apenas terminó su servicio militar obligatorio, con la esperanza de volverse rico rápidamente. Pero las cosas no funcionaron muy bien en un principio. “Siempre estaba enojado con la gente y sentía que tenía derecho recibir todo lo que deseaba”, admite Adam.

Adam y su esposa Rebeca

Las cosas comenzaron a cambiar cuando conoció a su esposa. “Ella logró que dejara de fumar y de quejarme por el pasado y me enseñó cómo ser feliz y hacer algo que tuviera significado para mí”. Antes estaba en una búsqueda constante de riqueza.

En ese momento Adam pensaba que no había nada que pudiera ser más importante que el dinero. Pero entonces, hace 10 años, Adam tampoco tenía la menor idea de cómo se vería su vida. “Si hace 10 años me hubieras preguntado cómo se iba a ver mi vida, nunca hubiera creído que lograría mejorar tanto respecto a la forma en que me relaciono con la gente. Tengo un mejor enfoque de las cosas y para mí ahora lo más satisfactorio es ayudar a todos los que me ayudaron en el pasado, como por ejemplo a mis padres, mi abuela y mis amigos”.

Este artículo apareció originalmente en el Jewish Breaking News

El Trono de Salomón: Instrumento para Dar Saltos Cuánticos de Prosperidad

Por P.A. David Nesher

“…en aquellos días, cuando el rey Ajashverosh estaba sentado sobre el trono de su reino…”


(Esther 1:2)

Encontré un dato curioso de las Sagradas Escrituras que me llamó mucho la atención.

Tan pronto Ajashverosh (Asuero) se proclamó rey de Persia, resolvió utilizar como propio el trono del rey Shlomoh (Salomón), hijo de David, que había capturado.

Lo cierto es que, de acuerdo con los documentos más antiguos, el trono del rey Shlomoh era el más maravilloso sobre el que soberano alguno se haya sentado jamás.

En el primer libro de Reyes, ya se describe el trono ubicado en el occidente para que desde el se viera salir el sol, en el segundo libro de Crónicas se describen más características, de aquí un fragmento:

Hizo también el rey un gran trono de marfil, el cual cubrió de oro purísimo. Seis gradas tenía el trono, y una tarima de oro, y dos brazos, uno por cada parte, junto a los cuales estaban colocados dos leones. Estaban también doce leones puestos allí sobre las seis gradas, de un lado y de otro; en ningún otro reino se había hecho trono semejante”.
(2 Crónicas 9: 17-19)

Podemos aquí ver la descripción codificada de esa maravillosa estructura, pero es en algunos escritos árabes y judíos donde se dan más detalles de su estructura y concepción:

Estaba hecho totalmente de marfil y cubierto de oro, incrustado de rubíes, záfiros, esmeraladas y otras piedras preciosas que lucían con los más brillantes, deslumbrantes y fascinantes matices y colores.

Seis escalones conducían al asiento; cada escalón tenía por objeto recordar al rey cada uno de los seis mitzvot especiales que los reyes de Yisrael estaban obligados a cumplir.

En ambos costados, sobre cada uno de los escalones, yacían o se erguían figuras de animales de oro puro.

  1. En el primero, un leon frente a un buey;
  2. en el segundo, un lobo frente a un cordero;
  3. en el tercero, un tigre y un camello;
  4. en el cuarto, un águila dando frente a un pavo real;
  5. en el quinto, un gato y un gallo;
  6. en el sexto, un halcón y una paloma.

Más arriba, sobre el trono mismo, una paloma de oro sostenía en su pico a un áureo halcón.

Al costado, alzándose por encima del trono, una magnífica Menorah (o Candelabro), de oro puro, decorada con cubetas, borlillas, flores, capullos y pétalos áureos.

De cada lado de la Menorá se elevaban siete brazos. En los brazos de un lado estaban grabados los nombres de los sietes padres del mundo:

Adán, Noé, Sem, Abraham, Isaac y Jacov, con Job en el medio.

En el otro, los nombres de los siete hombres más piadosos:

Leví, Kehot y Amram, Moisés y Aarón, Eldad y Medad, y Hur en el medio.

A cada lado del trono había un sitial especial de oro para el Kohen Gadol y otro para el Segan o kohen que le seguía en jerarquía; rodeaban a éstos otros setenta sitiales de oro para los ancianos del Sanedrín o Supremo Tribunal de Jueces.

Veinticuatro enredaderas de oro entretejían un inmenso dosel sobre el trono.

Cuando el rey Shlomoh iniciaba el ascenso de las gradas, se ponia en movimiento un mecanismo especial.

Tan pronto ponía le pie en el escalón, el buey y el león de oro extendían una de sus patas para sostener al soberano y ayudarle a subir al siguiente.

Desde ambos costados los animales prestaban apoyo al rey hasta que éste quedaba confortablemente instalado en le trono.

No bien tomaba ubicación en el sitial, un águila dorada traía la gran corona y la mantenía suspendida, apenas, sobre la cabeza del rey Shlomoh, de suerte que no le pesara demasiado.

Luego, una áurea paloma volaba al Arca Sagrada y extraía un delgado rollo de la Torah que depositaba en el regazo del soberano, para que se cumpliera el mandamiento bíblico de que la Torah estará siempre con el rey y le guiará en su reinado sobre Yisrael.

El Kohen Gadol, el Segan y los Setenta ancianos subían para saludar al rey y se sentaban a oír los casos sometidos a juicio.

Todos los soberanosy los príncipes reinantes de entonces hablaban con admiración del trono del rey Shlomoh y acudían a su palacio para pasmarse ante sus maravillas y su belleza.

Muchos años después, cuando cierto faraón egipcio invadió la tierra de Yehudáh, capturó este trono maravilloso, pero en el momento en que pretendió subir a él y apoyó el pie en el primer escalón, el león dorado le dio tal golpe en el muslo que cayó y quedo lisiado por el resto de su vida. Por eso pasó a la historia con el apodo de “El Cojo”.

Más tarde, cuando Nabucodonosor destruyó el HaMikdash y subsecuentemente tambíen conquistó el Egipto, se llevó el trono a Babilonia. Más, en cuanto trató de subir las gradas, el león lo arrojo y Nabucodonosor no volvió a aventurarse a intentarlo.

Luego, el rey Darío de Persia conquistó Babilonia y se llevó el trono a Media.

Cuando Ajashverosh, a su vez, trató de subir al trono, también recibió un golpe en las piernas y cayó.

Ajashverosh no repitió la prueba. En lugar de ello hizo traer de Egipto a afamados maestros de la mecánica, y se les ordenó construirle un trono similar al del rey Shlomoh.

Durante casi tres años los artesanos egipcios trabajaron en el trono para el rey, y finalmente, lo terminaron. Con este motivo, Ajashverosh dispuso la realización de una gran fiesta.

CONCLUSIÓN:

En todos los reinos de cada rincón en el mundo, y en cada época se ha manifestado la jerarquía por medio de un trono para realizar la coronación, manifestar la grandeza y superioridad, pero nada se compara al Trono del rey Salomón.

Seguramente, algunos de ustedes se estará preguntando: ¿cómo es posible que en esa época se hayan logrado estas maravillas de la de la arquitectura, la ingeniería y mecánica?

La respuesta radica en que en la antigüedad la riqueza y el poder de los soberanos se demostraba en las construcciones. Ellas medían el progreso de un rey, y así revelaban el poder de la divinidad que él invocaba.

En este caso toda la riqueza del rey Salomón provenía de la búsqueda de la Jokmáh (Sabiduría) divina que le había permitido elaborar un plan de cuarenta años de prosperidad plena a cada habitante de Israel.

Evidentemente, en la cosmovisión celestial, no es tanto lo magnifico que pueda tener un Trono sino quien lo acompaña y ocupa. Es que cuando Yahvéh le preguntó a Salomón, ¿qué quieres que te dé?, él solamente pidió sabiduría para gobernar a tan numerosa y compleja nación. Así pues, el Eterno también le concedió fama y riquezas, revelando con esto que no es el Templo el que alberga al Trono, sino el Trono el que alberga al Templo. En este diseño radica verdaderamente el sabio poder de Su propósito eterno.

Para finalizar, les comparto un video en el que aparece la maqueta que intenta acercarse a lo que esta estructura cósmica fue:

Fuente:

Los datos históricos aquí relatados lo he extraído “Historia Completa de Purim”, por Nisan Mindel. © Merkos Línyonei Chinuch, Inc. – Jabad Lubavitch

¡Del Salario a la Sobre-Abundancia! (¿Cómo Desarrollar Consciencia de Terumáh)

Por P.A. David Nesher

Di a los hijos de Israel que separen para Mí una ofrenda; de todo aquel cuyo corazón le mueva a hacerlo, tomaréis mi ofrenda.


(Shemot/Éxodo 25:2) 

Al leer el comienzo de la parashá (porción) Terumáh, notamos que la misma trata, en la lectura llana (nivel Peshat) de las donaciones que el Eterno le está pidiendo al pueblo de Israel, para construir el tabernáculo y el Arca de la Alianza (Aarón) que más tarde albergaría a las tablas de las Atzeret HaDivrot (10 enunciados). Aquí se describen todo los detalles, bien precisos, para estas construcciones. Ahora bien, cuando nosotros leemos sobre esto (que parece sin ninguna praxis para nuestra vida cotidiana), nos surge la pregunta: ¿Acaso Dios necesita donaciones? Sinceramente, ¿quién puede creer eso?

Entonces discernimos lo que los sabios exégetas de la Torah explican, y es que esta parashá no trata simplemente de donaciones. En ella, se esconde un mensaje divino atemporal, en el que se revela un medio cósmico para facilitarnos la elevación de las chispas de Luz que se esconden en nuestro espíritu. De hecho, la palabra Terumáh (traducida como “dádiva”, “presente”, “regalo”, “contribución”, “aporte”, “tributo”, “ofrenda”) proviene de la expresión Tarom He (o también “Taromhei”) que significa “Elevación hasta la Hei” (señalando a la primera letra Hei del Nombre divino YHVH). Considerado así, les diré que la segunda Hei es el aspecto de Malkut (Reino) del nombre de Dios Yud Hei Vav Hei; y es el único lugar en donde las chispas de Luz se elevan. Por eso, el Eterno sólo quiere aquellas chispas que sean dadas de corazón. Ya sabemos que el corazón se refiere a Zeir Anpin, que es en donde está nuestro trabajo espiritual (hebreo: avodáh), y que es el nivel del Ruaj (Espíritu) trabajando energéticamente sobre el espíritu por medio de su fuerza vital (neshamáh). Entonces, debemos aquí aceptar que la expresión “Tarom He” significa “tomar la Luz” escondida en Malkut, el Mundo de Abajo, y conectarla con Binah (representada por la primera letra Hei), a través del proceso de Zeir Anpin (las emociones controladas por el Espíritu). En este caso, alude a la elevación espiritual de los materiales que se donan para la construcción del Santuario: esto no es otra cosa que la “materia al servicio del espíritu” [Torat Emet].

El asunto es que, según lo hemos aprendido en Shovabbym (primeras seis parashot o porciones del libro de Éxodo), si para recibir la Luz de Binah (zona divina de leyes para proyectos creativos) tenemos que pasar por un proceso emocional (Zeir Anpin), también debería haber algo emocional que nos ayude, una herramienta que nos permita pasar por encima del proceso de Zeir Anpin e ir directamente a Binah, y así obtener sus beneficios de Inteligencia Emocional . ¿Cómo lo sé? Porque…: “de la misma manera que si existe una enfermedad, antes existe la planta que la cura…” (dice el Ari), “así mismo, sé que este sistema es misericordioso, y nos da miles de soluciones para que nos reconectemos con él“. En otras palabras, debemos creer y confiar que para todo problema, hay una solución; para toda enfermedad, hay una cura. Pues bien, esta herramienta cósmica se llama fe, pero no en el sentido dogmático de piedad, sino en la mentalidad hebrea de emunáh.

Los códigos secretos de la Sabiduría (Jojmáh) de la Torah divina explican que la fe (emunáh) es el atributo que permite al creyente conectar a Malkut (su nobleza psico-física) con Binah (su entendimiento). De este modo, cuando Binah y Malkut se unifican, la fe hace al alma redimida co-conductor de las leyes que gobiernan el mundo espiritual. A esta altura, necesito enfatizar que la fe de la que hablamos, no es la fe ciega de los devotos religiosos. Enfatizaré una vez más que en hebreo, fe es emunáh, un estado espiritual de absoluta convicción y certeza en aquello que los sentidos no pueden captar, y la razón explicar. La emunáh no se adquiere porque otro nos dice cómo son las cosas. La emunáh se consigue cuando la experimentamos al sujetarnos voluntariamente al señorío del Mesías.

De este modo, cuando adquirimos la emunáh, nos metemos bajo el manto de Binah: sin cuestionar si es verdad o no, lo sabemos más allá de lo que los otros puedan pensar y decir, y nada es más importante que sostener esta conexión. Es como si fuiste un bebé abandonado y, un día, encontraste a tu madre. Lógicamente, por nada del mundo, quieres volver a separarte de ella. Esto es estar bajo la guía del Espíritu de la profecía que es testimonio de Yeshúa (Revelación/Apoc. 19:10).

La emunáh, una vez en nuestro espíritu, desarrolla todos los mecanismos de percepción necesarios para la generación de milagros, ampliando nuestra vasija, pues es la persistencia en el deseo de dar, de elevarnos. La emunáh es un regalo divino que Binah nos dio para que, a través de ella, tuviéramos de qué agarrarnos para vencer todas las dificultades que pueden presentársenos. ¿Cómo se adquiere la emunáh? A través de la disciplina en el trabajo espiritual. Para comprender mejor, necesito que se fijen en esto: cuando uno quiere cambiar su vida, que despierta en lo espiritual, empieza a buscar su vía de evolución. Comienza a crear movimiento porque, instintivamente, se siente vacío, así que sale a buscar con hambre la Luz de la Palabra divina, pues llega un momento en que se da cuenta que ella no llega gratuitamente.

Este camino espiritual que tomamos como vía de ascensión, requiere una disciplina, porque la Luz tenemos que adquirirla, aprendiendo los cómo para hacerlo. Así, las experiencias que tenemos en nuestras conexiones y, sobre todo, los resultados de ese trabajo en nuestra vida cotidiana, van construyendo la emunáh. Hasta que llega el momento en que esa conexión se hace tan fuerte que, te digan lo que te digan, tú vas a hacer todo por buscar esa Luz escondida en tu interior. Sabes, a ciencia cierta, que la Luz te está esperando cada día y cada vez que haces esa conexión. No creas que ese momento de conexión sólo eres tú quien lo espera. De la misma manera como tú deseas recibirla, ella desea darte. Así, la Luz de la creación te espera todos los días. Por eso, Yeshúa enseñó que lo ideal es usar el mismo sitio para meditar y la misma hora (Mateo 6:6). Allí se va creando un puente que se abre todos los días. Es como si todos los días fueras a una cita amorosa (esto no es metafórico, sino literal). Ahora, les solicito que para captar mejor esto se sumerjan conmigo en la explicación que les compartiré a continuación.

De esto  se trata de vivir la vida cotidiana como el Mesías. Es vivir día a día, esta vida terrestre, conectado permanentemente con lo superior, y esto solo es posible a través de la conciencia en constante ascensión (aliyáh). La emunáh es un pilar sólido que se va construyendo cuando el pensamiento del Creador encaja con una emoción y la eleva por sobre toda circunstancia cósmica.

No obstante, que el título de esta porción se llama “Terumáh”, la Torah conduce a cada israelita a centrar sus ojos en el Mishkán (Tabernáculo) santo que, además de ser morada de la Conciencia Divina o Shekináh, será el centro espiritual donde los israelitas tendrán que presentar todos sus korbanot (sacrificios) que servirán para expiar sus transgresiones y manifestar su gratitud al Creador. Todos los tipos de korbanot quedarán englobados en el concepto de tzedakáh.

El diseño cósmico llamado Mishkán, proclamará la maravillosa Betzoráh (Buena Noticia) de que la Shekináh del Todopoderoso volvería a este mundo después de estar alejada; la Shekináh, es el reflejo de la Majestad Divina. En Bereshit Rabá leemos esta explicación:

“…La verdadera morada de la Shekináh estaba en este plano inferior de la Creación. Cuando Adam pecó, la Shekináh se fue, (ascendió) al primer firmamento; cuando Kaín pecó, ascendió al segundo firmamento; pero en contraposición a éstos surgieron siete tzadikim y ellos la trajeron de regreso haciéndola descender a la tierra. Moshé (el séptimo tzádik), la trajo hasta aquí mismo, al plano físico inferior…”.

De acuerdo a esta porción llamada Terumáh, el Tabernáculo de YHVH sería construido para darle al pueblo de Israel una localización física donde pudieran conectar con el Creador. Pero profundizando en la codificación de toda esta sección bíblica, el Mishkán, no obstante, será solo un símbolo para el verdadero lugar de descanso de la Shekináh (la Divinidad), el corazón de todo hebreo redimido. ¿Cómo es posible hacer que el corazón de uno, sea un Mishkán para la Shekináh? Esto es, dedicando su corazón a la disciplina del estudio de la Torah y a la avodáh, servicio sacerdotal a YHVH, [Midrash].

Por eso, notamos que aquí hay dos preceptos en el arranque de esta sección:

  • (1) tomar una ofrenda y,
  • (2) construir el Tabernáculo con todos sus utensilios.

El Eterno ordena a Moshé designar recaudadores para recolectar la “terumáh” destinada a la construcción del Tabernáculo consagrado al Eterno. Toda la existencia es de YHVH, por lo que la expresión “Que tomen para Mí” parecería redundante. Más bien, el versículo viene a transmitir a los recaudadores y tesoreros a cargo de fondos comunitarios, que su trabajo debe ser para YHVH es decir, deben consagrarse a su tarea y hacerla en honor al Nombre del verdadero Dios; ellos se deben a Él, deben dejar de lado mezquinos intereses personales para aplicarse y ajustarse a la causa que tengan a su cargo.

A primera vista pareciera que la orden central es la de construir el Santuario (Mishkán), mientras que la donación es la cuestión relativamente secundaria. Sin embargo, leyendo con atención, notaremos que el orden de los versos nos muestra un cuadro diferente; primero viene el Precepto: “…Tomarás para Mí una contribución“, mientras que el orden para construir el Mishkán aparece después: “…Me harán un Santuario…”. Pues bien, en ese mismo orden estudiaremos este interesante capítulo.

El vocablo hebreo “terumáh” se menciona tres veces al comienzo de la sección homónima de la Torah:
1) “…Ellos tomarán para Mí una terumáh”;
2) “…De aquellos a quienes su corazón motive tomarán Mi terumá”; y
3) “…Y ésta es la terumá que tomarán de ellos: oro, plata y cobre…”.
Por este motivo, es que desde los días del nacimiento del pueblo de Israel, la noción de la idea de «Terumáh» formará parte de la vida cotidiana comunitaria judía.

La terminología hebrea que en este pasuk (versículo) se ha traducido “separen para Mí”, significa que esta ofrenda especial llamada terumáh debía ser consagrada a Su Nombre. En este sentido, «» se refiere a la letra “Yud” (י), primera del tetragrama YHVH. Ello significa que cuando alguien, con mentalidad hebrea, da tzedakáh (caridad o justicia social), debe tener sí o sí en mente el Nombre del Todopoderoso יהוה (YHVH), ya que el dinero que se dona representa la Yud (י). La mano con que se da, está en la primera Hei (ה), pues la mano tiene cinco dedos y esta letra es el equivalente al número cinco. El brazo extendido del donante está representado en la letra Vav (ו). Y finalmente la segunda Hei (ה), está simbolizada en la mano del pobre, o sea, aquel que recibe la tzedaká. Toda esta codificación nos enseña que el Eterno יהוה (YHVH), siempre estará del lado del necesitado, del débil y el pobre.

Los sabios de Israel nos enseñan que, el motivo por el cual el Eterno pidió de Am Israel su colaboración, no fue por necesidad, sino porque quería educar a los israelitas para que aprendieran los secretos de prosperidad material que se esconden en la actitud del dar, ya que por naturaleza a la persona le cuesta mucho trabajo tal ejercicio. Además, el rav Baal Haturim explica que el motivo por el cual antes de pedir la donación, el Eterno le mandó a Moshé: “Háblale a los hijos de Israel”, fue para que Moshé les hable de buena manera, sin ningún tipo de imperativo, para así despertar en ellos el deseo de donar. Esto era imperioso pues ésta era un mitzvá (mandamiento) difícil de cumplir ya que la persona tenía que entregar algo de valor alto de entre sus bienes para poder llevarla a cabo. Con ello, el Eterno Elokim los acostumbra a cumplir uno de los mitzvot más importantes de la Torah: la tzedakáh (caridad o justicia social).

Explican los sabios especialistas en codificación hebrea que cuando damos caridad o ayuda a algún necesitado, en realidad no estamos dando sino tomando, estamos recibiendo. Lo que el donante da al pobre es un bien limitado, temporal, que con el paso del tiempo desaparece. Sin embargo, la recompensa por haber sido piadosos es infinita e ilimitada; es un bien que perdura eternamente en el mundo venidero. Cuando damos caridad por amor al Cielo, estamos creando un espacio oportuno que activa a un malak (ángel) en su misión de abrir camino de prosperidad financiera.

Ahora bien, si todo esto ocurre con la donación hecha a un semejante mortal como nosotros, cuánto más sucederá si se dona para la construcción del Santuario de Dios. Luego entonces, cuando los israelitas presentan su “terumáh” para la construcción del Tabernáculo, en realidad no estaban dando sino…¡recibiendo!

Es preciso poner en relieve que tzedakáh, no solo es dar dinero, sino que más bien, es estar ahí acompañando empáticamente y siendo solidario con el prójimo en múltiples maneras. Sin duda alguna, la ofrenda más esencial, es la que citan los textos del Mishlé (Proverbios) 23:26, que es la de ofrecerle nuestros pensamientos y voluntad, leamos:

“…Tenah beni libejá li veeineijá derajai tirtzenah (…)

Dame hijo Mío tu corazón, y tus ojos cuiden Mis caminos…”,

[Tanaj Katz].

De acuerdo con la opinión de varios sabios, no existe nada que glorifique tanto al Creador, y santifique Su Nombre, como traer almas en teshuváh convirtiéndolas a Su Camino de Luz. Esto es realmente transformar el mal en bien. Ellos aseguran que, según este versículo, a esto también se le llama “traer una ofrenda (terumáh) a Dios”.

En pocas palabras, el mandamiento de construir Mishkán (el Tabernáculo), significa desarrollar la capacidad de traer impíos a la actitud mental de teshuváh (arrepentimiento o regreso). El que trae en teshuváh a un impío y le hace tomar la decisión de alejarse del mal camino, consigue tres cosas:

  • Somete bajo sus pies al Sitra Hajara (traducido como “el Lado Oscuro“).
  • Contribuye a glorificar a HaKadosh Baruj Hu. (“El Santo Bendito Sea“, forma de referirse al Nombre de YHVH)
  • Contribuye a llevar al mundo a la perfección hasta cumplir el Paradigma divino “Como es Arriba es Abajo”. Así cumplimos con lo que dice la plegaria del PadreNuestro: “HÁGASE TU VOLUNTAD, en la tierra como en el Cielo“.

Me identifiqué con este sentir de un estudioso de la sabiduría de la Torah:

Este Justo verá a sus nietos, y será feliz en este Mundo y en el Mundo venidero; este Justo irá al Jardín del Edén sin encontrar obstáculos; su descendencia será poderosa, su posteridad estará compuesta de Justos, la gloria y la riqueza estarán en su casa, y la Justicia (la sabiduría de la Torah) perdurará en su familia.”

[“La Kabbalah de la vuelta al Edén”, Tomo 2].

Les aseguro que esta es la mentalidad correcta que se desarrolla cuando se comprende y acepta la propuesta mesiánica de amar la Torah de acuerdo.

Entonces, re-configurando nuestra visión de acuerdo a al Verdad: ¿Qué significado espiritual tiene el Mishkán y qué importancia tiene esta lectura en el tiempo presente? El Santo Bendito Sea, ama inmensamente al pueblo de Israel cuando estos cumplen Su Voluntad y se comportan de manera honorable. Esta relación de amor puede entenderse bajo la siguiente ilustración:

“«…Había una vez un rey que tenía una hija. Mientras la hija aún era pequeña podía ir por donde quisiera, y cada vez que el rey la encontraba, le hablaba, incluso en público, en presencia de las demás personas. Pero cuando ella empezó a madurar y a desarrollarse, el rey le dijo:
“…Ahora debo proporcionarte una habitación especial. Ya no está a la altura de mi dignidad hablarte en público. Por eso debemos designar un lugar especial, de otro modo, cuando te hable, todos sabrán cuánta estima te tengo…,”

[Meam Lo’ez].

Esta era la realidad de la nación de Israel; hasta ese momento ellos no poseían sabiduría ni conocimientos. Se habían criado junto a los egipcios, fabricando ladrillos, es decir, dejándose esquematizar sus pensamientos por un sistema reptiliano. Pero cuando YHVH los redimió, luego de haber presenciado los grandes milagros del éxodo y de experimentar el fulgor de la Shehináh (Presencia Divina), el pueblo abrió los ojos reconociendo Su grandeza queriendo comulgar con su almas. Por eso, al erigir el Santuario (Mishkán) se generó una extraordinaria innovación en la manera de pensar de cada israelita, algo que no había antes; se construyó una “Casa Material” en este mundo, en la que mora y se enviste YHVH mismo, en Su Gloria y Esencia. La Esencia divina quería comenzar a morar y manifestarse desde las fibras más íntimas de cada corazón redimido de Israel.

Así pues, el Altísimo elige al pueblo de Israel de entre las naciones y hace de él un nuevo tipo de entidad dándole un elevado rango en comparación con el resto del mundo. YHVH tomó a seres humanos terrenales y los convirtió en un “reino de sacerdotes” y en una “nación santa” (Éxodo 19.6; cf. 1Pedro 2:9).

Mientras más meditemos en todo este maravilloso asunto, notaremos que el contribuir a una causa sagrada y justa, es por lo tanto, una manera de ascender, de escalar personalmente, porque uno transciende sus necesidades inmediatas y se enriquece espiritualmente al atender las solicitudes de otros. El poder de “dar” es muy superior al de “recibir”.

Pues bien, aquí está el secreto. El Gran Maestro dijo:

Hay más felicidad en dar que la que hay en recibir.”
(Hechos 20:35)

Por eso, la persona más feliz no es la persona que recibe cosas, sino la que da cosas a otras personas. ¿Sabías tú eso?⁠ Explicaré esto. La cualidad primordial de YHVH es la de ser un dador ilimitado. Así pues, emular a Dios (por medio de dar a otros) es una de las expresiones espirituales más elevadas que existen. YHVH quería que todo Israel fuera parte del proceso realizando donaciones para ayudar a Su construcción. La ofrenda debía proceder de aquellas personas a quien voluntariamente mueva su corazón, sin compulsión ni coacción, así lo indica el pasuk:

“…Todo aquel que su corazón lo motive…”
(Éxodo 25:2)

El miedo a donar es en verdad ausencia de Fe verdadera (emunáh), porque el donar dinero cuando no te alcanza para pagar tus cuentas pareciera cosa de locos. Hacerlo requiere absoluta convicción de que estamos empleando una tecnología avanzada que trasciende la racionalidad humana. El asunto es que el resultado es inmediato, pero tenemos tanto miedo y estamos tan metidos en la carencia que nos negamos a nosotros mismos el derecho de experimentar.

Dice la Torah que YHVH eligió a Jacob como su propiedad, y por eso el libro El Zohar dice: “Cuán amados son los hijos de Israel por el Creador, quien los quiere, desea apegarse a ellos y conectarse con ellos y por eso considera a Israel  como su pueblo”.

Recordemos que fue Jacob quien descubrió la tecnología cósmica del diezmo, a través del sueño de la escalera, que prácticamente se ha convertido en una obligación. Sin embargo Terumáh no es obligación,  porque como bien dice la Torah, se trata de ofrendas dadas de corazón. Es decir,  se trata de usar una tecnología que tiene la capacidad de tomar el control de las emociones que contaminan la energía de nuestro sustento, que nos llega ya sea a través del salario o cualquier otro tipo de ingresos.

Es importante entender por qué donar, en esta sección, se traduce en elevación espiritual. El dinero es uno de nuestro mayores objeto de idolatría, es uno de los apegos más fuertes que tenemos a lo físico, porque podríamos decir que aparentemente, a nivel práctico, nuestra capacidad de hacer depende de cuánto dinero recibimos. Por tal razón se ha formado una egregora (“mente colectiva”) reptiliana alrededor del dinero que está cargada de muchos sentimientos negativos como el miedo, la culpa, la avaricia, el egoísmo, la victimización, la creencia de injusticia y otras creencias colectivas. Sin embargo, aprendemos en la sabiduría de la Torah que tenemos que desligar la idea de que el sustento solo proviene del salario que recibimos (por ejemplo la creatividad) también nos da capacidad de hacer, así que también es considerado sustento y además el sistema utiliza muchos otros conductos para hacernos llegar lo que se nos ha otorgado en la Fiesta de Yom Teruah.

Pero bueno, la mayoría delos seres humanos aún no llegamos a ese nivel de conciencia y solo dependemos del salario. Entonces supongamos que es así, que el sustento se traduce solo en el dinero que recibimos cada mes de nuestro sueldo. Entonces la Torah nos enseña que todas estos sentimientos negativos que mencioné anteriormente están grabadas solo en el aspecto de Malkut del dinero que representa el 10% de lo que nos ingresa. En ese 10 % está pegado el HaSatán (Oponente) y por eso es de todo nuestro interés separarlo del resto. Sin embargo, no podemos dejarlo al azar, es nuestra obligación elevar el caos que está pegado en ese 10 % (maazer o “diezmo”). Así pues, debemos aceptar que cuando nuestra virtud Malkut (Nobleza) está desconectada de su lugar dentro del Árbol de la Vida (la imagen del Mesías), producto de estos sentimientos erróneos de los que hemos hablado, está desconectada de la vida, por lo tanto los aspectos de muerte ontológica la sobrepasan, e invaden nuestras áreas de vida (finanzas, familia, pareja, hijos, salud, profesión, etc.) procurando que caigamos en el caos.

En verdad estamos en este mundo para elevar todo el caos y sobre todo el que nos concierne personalmente, como el de nuestro árbol familiar, o este del dinero. El Mesías hoy nos está diciendo desde esta parashá (Terumáh) que la manera de elevar el caos de Malkut (nuestra nobleza) consiste en llevarlo hasta el nivel celestial de Binah, que traducido quiere decir entendimiento. Por eso es que al donar para la expansión de la sabiduría divina revelada en la Torah, logramos trepar por esferas superiores del árbol de la vida y pararnos frente a la Puerta que permite ingresar a todas las posibilidades (eso significa alcanzar la consciencia Binah), que dicho sea de paso se abre cada semana en Shabbat.

El Eterno reveló en esta porción a su Pueblo que hacer las cosas de corazón es la clave para ser exitoso en la vida. Cualquier acción que involucre el altruismo, el amor, el cuidado, la compasión y la sensibilidad, nos acerca a los mundos superiores, y ese es el secreto final de haber vivido con propósito. Cuando todo lo que hagamos posea una conciencia de Terumáh (amor perfecto en constante compartir) entonces habrá un flujo abundante entre los mundos superiores y los inferiores (Juan 7: 38). Esto es cuando conseguimos asimilar la frecuencia de Kedusháh (traducida como “Santidad“) en lo que hacemos: en el hogar que construimos, en nuestra familia, en nuestros negocios, etc. Cada quien decide cual es el espacio que va a santificar para que la divina Shekinah habite en él, y desde allí se manifieste arreglando el Planeta.

Nuestro Gran Maestro y Dueño Yeshúa sabe que si damos porque queremos hacerlo desde nuestro corazón, entonces seremos felices. Es por eso que nos dice: “Den a otros, y Dios les dará a ustedes” (⁠Lucas 6:38). Es decir, acostúmbrense a dar para que otras personas hagan teshuváh. Si hacemos eso, no nos sentiremos tristes por estar siempre esperando que otros hagan algo bueno por nosotros. Por el contrario, estaremos ocupados haciendo felices a los demás. ¡Y cuando hacemos eso, somos las más bienaventuradas de todas las personas!

Shalom!


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer donativos a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Los mismos serán usados en las actividades sociales que la Fundación Monte Santo realiza con los más carenciados de nuestra sociedad. Si esta intención vibra en ustedes los invito a ponerse en contacto conmigo, a fin de conseguir los datos bancarios para llevar a cabo dichas donaciones.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

Las “ASERET HADIBROT” (DECÁLOGO/ DIEZ PALABRAS) y sus Secretos Develados.

Por P.A. David Nesher

“Elokim habló todas estas palabras, diciendo:


(Shemot/Éxodo 20:1).

Es muy importante para mí resaltar el hecho de que la Torah no emplea jamás el término “Mandamientos” para señalar a estas declaraciones divinas que Israel vio y recibió allí en el Monte Sinaí.

Siendo fiel a la verdad, debo decir (y remarcar) que la expresión “diez mandamientos” no aparece en las Sagradas Escrituras. Es más, siendo aún más sincero, debo decirte amado lector que los llamados “Diez Mandamientos” por la teología cristiana, en realidad contienen catorce mandamientos (mitzvot). Es justamente a causa de una incorrecta traducción de los eruditos cristianos que hemos heredado impropiamente esta incongruente expresión. Por ello, en este tiempo de transición, es nuestro deber desterrarla de nuestro lenguaje y especialmente de nuestra manera de pensar.

Si vamos al capítulo 34 del Rollo de Shemot (Éxodo), veremos que en el versículo 28 se encuentra la expresión “las Diez Palabras”, que en hebreo se dice: “Aseret Ha-Divrot, en referencia a las declaraciones divinas que aparecen en Éxodo 20: 2-17. Esta misma expresión hebrea la volveremos a encontrar desde la pluma de Moshé (Moisés) en el quinto libro del Jumash o Pentateuco (cf. Deuteronomio 4:13 y 10:4) Así pues es evidente que es más exacto hablar de las “Diez Palabras” que los “diez mandamientos”. El nombre griego «Decálogo» significa igual: “Diez Palabras”, y por lo tanto puede también ser usado en nuestro léxico como una forma correcta de señalar a este maravilloso pasaje de las Sagradas Escrituras.

Profundizando más en esta expresión, les comentaré que en hebreo, el término Divrot es traducido como “locuciones“, “enunciados“, “menciones“, “frases“, “palabras“, (Nota: el singular de divrot se dice: diveráh, diver y vienen de davar palabra activa y creadora-) Así pues, los mal llamados “Diez Mandamientos” pueden ser llamados “Los Diez Enunciados”, “Los Diez Dichos”, “Las Diez Palabras”, pero jamas “Diez Mandamientos”.

Para que ustedes puedan comprender mejor todo esto, diré que un mandamiento supone la existencia de hombres a los cuales es dirigido y que están listos a reconocerlo como tal; por eso, un mandamiento que ninguna persona respete o que todo el mundo viole, cesa de ser un mandamiento. Puede entonces ser relegado al estante de las viejas reliquias. No es así con las Leyes Divinas. El Eterno las designa bajo el nombre de “Palabras” o “Sentencias” “Dichos“. De ese modo, el que éstas sean escuchadas o no no las afecta en su trascendencia. Las Palabras permanecen siendo tal como han sido pronunciadas. Permanecen siendo las Palabras de Dios, que son la expresión de la Única y Absoluta Verdad, inalterable por siempre. Y aún en el caso de que el pueblo de Israel, todo entero, dé la espalda al Creador y a Su Ley, las Palabras del Decálogo permanecerán hasta la Eternidad, sin verse afectadas en nada por esta falta. Ellas son pre-existenciales a todo lo creado, por lo tanto, ellas vibrarán en potestad más allá de la creación misma.

Por las razones hasta aquí explicadas, nos damos cuenta que las “Aseret Ha-Divrot (Decálogo) no tienen en sí mismas el carácter de “deber hacer”, sino que más bien son indicaciones para el Camino de justicia que permite la capacitación de tzadikim (“justos”) que se convertirán en un reinado de sacerdotes para Yahvéh. Visto así, debemos aceptar que las “Diez Palabras” determinan el lugar del hombre en el mundo, como vasija que contiene a la Luz Infinita y creadora. Las “Aseret Ha-Divrot expresan lo que el hombre es y como llega a su meta. El Eterno mismo las ha escrito con su propio dedo sobre las Tablas de Piedra (Éxodo 31:18). Sólo Él, desde Su mundo, puede indicar cuál es la estructura del hombre. Sus normas provienen de otro mundo, porque si fueran sólo de este mundo no serían válidas más allá de la muerte. Con esto, entendemos por qué estas Diez Palabras son la única porción de la Torah escrita por el Eterno mismo, y que justamente este hecho marcará la importancia que YHVH le da a estos enunciados. (Éxodo 31:18)

El Decálogo es en realidad la Carta Magna o Constitución de la naciente nación de Israel. En ella están representados todos los demás mandatos o instrucciones que Abba nuestro dio a nuestros ancestros (y nosotros) para que vivir como hijos suyos, y protegerse de toda adversidad que impone el sistema reptiliano desde las leyes de Causa y Efecto.

Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis leyes, por los cuales el hombre vivirá si los cumple; yo soy YHVH Adonay”.
(Levítico 18:5.)

Así pues, sabiendo ya que en las Escrituras el número diez representa la totalidad, estas diez palabras representan toda la Torah en su máxima expresión esencial.

La Torah misma nos revela que estas diez palabras estaban escritas en dos tablas de piedra. Hemos visto que “piedra”, en hebreo, se dice “EBeN”; que contiene, eternamente, lo inmodificable. Todo aquello que tiene que ver con el hombre, contiene la forma de lo incambiable. Aquello que hace del hombre un ser divino frente al Eterno y frente al mundo, está determinado por Dios en su forma inmodificable.

La tradición histórica enseña que en la primera tabla había cinco palabras y en la segunda había cinco. Las cinco primeras tienen que ver con la relación entre el hombre y el Eterno y las cinco últimas tienen que ver con la relación entre el hombre y su prójimo. En las cinco primeras palabras aparece el nombre YHVH ocho veces, pero en las últimas cinco palabras no aparece. Las diez van desde lo más importante hasta lo menos importante. La primera es la más importante pero la última es la más difícil porque es más fácil controlar las acciones que los pensamientos.

Dos” Tablas se entregan; a pesar de que forman una Unidad, son “Dos” como la Letra Alef, dividida y unificada; el “cinco” superior se refleja armónicamente en el “cinco” inferior.

La tradición de los sabios también comenta que las letras estaban grabadas atravesando diagonalmente las Dos Tablas, sin manifestarse del lado opuesto como escritura “en espejo”. Así el Eterno revelaba a Israel el gran secreto del propósito eterno: aquello que tiene que mostrarse en el mundo como bilateral, es unilateral en su esencia. Los Dos lados mostraban una Unidad incomprensible para nosotros.

Entonces, ¿cuál es el sentido de estas “Diez Palabras”, de estos “Dos 5”?

Ellas muestran al hombre en su esencia misma. No son leyes morales, ni higiénicas, ni mucho menos sociales. Éstas son sólo sus imágenes. Cuando la Sexta Palabra dice: “No debes matar”, ella significa literalmente “no debes matar a otro ser humano”; pero el principio en sí es “no deber matarabarca la vida humana en la totalidad de sus expresiones, en todos los niveles. Por ejemplo no se debe avergonzar al prójimo en público. Retar a “alguien” en presencia de terceros cae bajo el principio de “derramar sangre”. Ello puede, por lo tanto, suceder en distintos niveles.

Otro maravilloso mensaje encriptado aquí surge del hecho que la Sexta Palabra se encuentra en la segunda Tabla exactamente frente a la Primera Palabra de la Primera Tabla, es decir, aquella Tabla en la cual el Eterno estableció en cinco Palabras lo que ÉL ES. Entonces el mensaje es que cada uno de los hijos del Altísimo tiene que relacionarse con el hombre, imagen de Dios en la tierra, de la misma manera que con Dios mismo .

Entonces, con esta explicación en nuestra mente, logramos captar porque en las primeras comunidades mesiánica se insistía en lo siguiente:

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?
(1Juan 4:20).

Así pues, queda bien claro en la mente hebrea que el ser humano no es sólo una tuerca en la gran sociedad, dentro del gran aparato reptiliano que la domina; así cada israelita lo fue en Egipto (mundo de la forma), donde se lo trató sólo estadísticamente. Donde fue un “número más en la ficha” que archivaba el Faraón y toda la élite que con él manipulaba con maldad a la masa del Imperio.

La Primera Palabra expresa que Dios llevó al pueblo fuera de Egipto. Y justamente allí se encuentra la síntesis del sentido de la Redención: toda la Creación descansa en el hecho de regresar del exilio de Egipto, símbolo del mundo de la dualidad. El concepto “dualidad” abarca la creación, creación de la dualidad. La vuelta del camino 1 -2 al camino 2 -1. Es el milagro expresado en el Éxodo de Egipto. Esta “vuelta” sólo puede venir de YHVH, de la fuerza del “Uno”, de Elohim en su origen, de Yahvéh manifestándose en el mundo, como el Único y Verdadero Elokim. El hombre, como imagen de Yahvéh lleva dentro de sí el deseo (suspiro/anajáh) por esta vuelta. El ser humano tiene en su interior el hambre de Dios, y su anhelo de regresar a Él como fuente. El hombre quiere hacer teshuváh (regreso). Por eso, la busca en todos los terrenos, tiene la necesidad de llevar la creación de vuelta a su descanso.

Las Tablas entonces obligan a ejercer la correcta cosmovisión mesiánica. Cada hombre tiene que ser visto entonces como una imagen-espejo, como una imagen de Dios. Respecto de “humillar a un ser humano o matar en él esta conciencia”, la Torah manifiesta que tal situación es como si toda la creación fuese aniquilada.

Interesante resulta considerar que las Diez Palabras de la creación (cap. 1 de Génesis) comienzan con el “Dos”, es decir con la letra “Bet” de la Palabra Bereshit (“En el comienzo“); mientras que las “Diez Palabras” (“Aseret Ha-Divrot) , sin embargo, comienzan con el “Uno”, es decir con la letra Alef de la voz “Anojí” (Yo”), del versículo:

Yo Soy YHVH Tú Dios
(Éxodo 20.2).

Precisamente “Anojí” se escribe como (1-50-20-10 = 81), porque aquí termina el mundo de la “dualidad”. Dios mismo ha terminado en este octavo ciclo la liberación de las 26 generaciones de la dualidad. Esta revelación comienza con el “Uno” (el Aleph), tal como la Creación había comenzado con el “Dos” (la Bet).

En este momento, el largo camino a través de los cuatro “ele toldot” (traducidas como “estas son las generaciones”), es decir el Camino de Salvación recorrido por la Luz en las cuatro historias generacionales de la humanidad, ha encontrado su fin, llegó a Su tiempo de Propósito (ET). La humanidad toda ya está libre de las fuerzas del desarrollo, del veneno de “la mordedura de la serpiente”.

El desarrollo dinámico y aplicación vital de estos Diez Enunciados están descritos de forma pragmática en los 613 mitzvot (mandamientos), que tratan con detalle todos los aspectos de la vida, de la nación, y el culto de Israel. Ellos (los mitzvot) completan el significado, y otorgan el método exacto par la aplicación del Decálogo.

Por ello, existen distintos tipos de mitzvot. Unos son para los pensamiento, como por ejemplo creer en que nuestro Abba Yahvéh es Único. Están también los mitzvot de la lengua, que son muy importantes, como la mentira, el chisme y el falso testimonio. Así mismo, nos encontramos con los mitzvot de acción o ejecución, como honrar a los padres o dar tzedakah. Existen los mitzvot de retracción (o de abstenerse), como las leyes dietéticas (kashrut) y el evitar el adulterio. Y por supuestos están los mitzvot de culto al Creador que son los más importantes de todos, pues están llenos de códigos lumínicos que revelan como dominar y sobreponerse a toda asignación astrológica del sistema reptiliano que alimenta al gran dragón escarlata.

Pero esencialmente todos los mandamientos están basados en el amor perfecto de nuestro Abba, según lo define La Escritura misma:

Solamente de tus padres se agradó YHVH, y los amó, y de entre todos los pueblos escogió a su descendencia después de ellos, es decir, a ustedes, como hoy pueden verlo.”
(Deuteronomio 10:15).

Entonces, a esta altura de nuestra investigación, comprendemos y aceptamos que estas Diez Palabras contienen una “alternativa” para este mundo. El hombre está frente a una dualidad. Él puede preferir el camino de las imágenes, seguir el desarrollo, o elegir otro camino, el camino de vuelta de la dualidad a la unidad. El prime camino es el de la muerte ontológica, es decir, el optar por pervertirse egoicamente en sus pensamientos para terminar corrompiendo el mundo. El segundo camino es el de la Vida, o sea, la opción por aceptar el trabajo del refinamiento de conciencia para alcanzar la potestad de reparara y transformar el mundo.

Justamente este principio de la “alternativa ontológica” de la vida se expresa por el número de vocablos de estas “Diez Palabras”: 172. Este número es el valor total de la voz EQeV, (70 + 100 + 2 = 172), que significa “Si”, condicional que encontramos a lo largo de todo el Pentateuco o Jumash.

El hombre está libre, está en el límite, tiene la posibilidad de elegir. Todo está dado por el Eterno; sólo la “actitud” del hombre frente a Él está abierta para que en su retorno se deje guiar por amor, confianza y bondad, sin expectativas de premios y sin tasar mecánicamente sus obras.

El hombre puede lograr la Unidad en esta vida “Si” vive según la estructura divina; pero también puede no querer seguir este camino. Puede permanecer en la corriente del desarrollo material continuo, pero entonces no encontrará la unificación en esta vida, sino sólo después del largo camino lleno de angustias, de muerte, después del camino “inestable y fugitivo” de Caín.

Amado lector, ¡tú debes elegir! … Yo sólo espero que lo hagas correctamente.

Shalom!

“Pakod ifkod” El Código Mesiánico de la Memoria Divina.

Por P.A. David Nesher

Habitó José en Egipto, él y la casa de su padre; y vivió José ciento diez años.Vio José los hijos de Efraín hasta la tercera generación; y también los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron criados sobre las rodillas de José.
Un día, José dijo a sus hermanos:
—Yo voy a morir, pero Dios ciertamente os visitará y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob. .”
(Bereshit/Génesis 50: 25-26)

Este evento está ocurriendo unos cincuenta y cuatro años después de la muerte de Yaakov (Jacob).

Yosef ejerció el cargo de virrey durante 40 años; y a la muerte del faraón ocupó su lugar, y reinó sobre Egipto durante 40 años más. Yosef falleció a la edad de 110 años [dato de la Torat Emet]. Los egipcios veían en esta cifra el ideal de la vida. Hay veintisiete referencias a esto en manuscritos egipcios al número 110. Esta era considerablemente la edad más joven a la que Avraham (ciento setenta y cinco años), Itzjak (ciento ochenta años), y Yaakov (ciento cuarenta y siete años) habían muerto. [Podemos notar como la longevidad de la humanidad va disminuyendo poco a poco después del diluvio].

El sabio Abarbanel hace un comentario referente a este pasajes

Cuando Yosef fue investido por Parhó era de edad de treinta años, (Gén. 41:46) lo que indica que su función de gobierno se extendió por un lapso de ochenta años, sin altibajos, esto es una cosa grande y muy sorprendente, yo nunca lo he visto, ni siquiera en la historia y relatos de los reyes de Roma y de los demás pueblos”.

Yosef llegó a ver hasta la tercera generación de los hijos de Efrayim. Pudo haber vivido lo suficiente para ver a sus bisnietos. Yosef interviene en la educación de sus nietos y bisnietos y les da algo de sí mismo. Pero no viviría para siempre. Esto él lo sabía muy bien, tanto como que él sabía que por el pacto que el Eterno había hecho con Avraham, Itzjak y Yaakov, este no sería su lugar de descanso. Su huesos estarían finalmente de vuelta en Canaán.

Es aquí donde aparece en su boca una frase encriptada el Olam Havá (Mundo Venidero): “Pakod ifkod” ( פָׁקֹ֨ד יִפְקִֹ֤ד ). Explica el Midrash que la fraseología es un código o señal (50:25), que fue transmitido a las tribus mediante Yaakov y Yosef. Los hijos de Israel saben que estas palabras son las que habrán de anunciarles su futura redención.

Pakod” significa “recordar” o “visitar”, que según el Zohar, describe una intervención providencial que se sitúa más allá de las leyes naturales. Por ende, “…Yo me muero, más el Eterno ciertamente los visitará (recordará)…”, se refiere a la futura liberación de los benei Israel (hijos de Israel).

Pakod ifkod es el código de la redención. Dios le dice a Moshé que diga a los Hijos de Israel: “Te he recordado por cierto (pakod pakadeti)”, y Rashí explica: “Esta señal fue entregada en sus manos, porque con estas palabras son redimidos“. Pekidáh es una forma profunda de recordar que produce el despertar en la práctica, como en la primera vez que aparece este verbo en la Torah, “Y Dios recordó por cierto (pakad) a Saráh“.

Alguno puede ser tentado a pensar que si Dios nos recuerda profundamente, podemos pensar que no tenemos ningún papel que desempeñar y que podemos hundirnos en un profundo sueño. Pero eso no es verdad. Nuestras acciones, despertando desde abajo, despiertan a Yahvéh para actuar desde Arriba. Este es un principio fundamental, en palabras del Zohar: “Con el despertar desde abajo, el despertar desde el cielo está habilitado“.

Pakod ifkod“, dos palabras llenas de códigos de destino celestial. Pakod alude a nuestro despertar para recordar profundamente al Eterno, e ifkod alude al profundo recuerdo de Yahvéh a nosotros. Por lo tanto, el significado del verso, “Pakod ifkod Elokim etjem” es:

  • Pakod Elokim / _Recuerdas profundamente a Dios- y entonces –
  • _Ifkod etjem / _Dios te recordará profundamente”.

La raíz pakod, פקד, tiene muchos significados en la lengua sagrada (el hebreo), ya que también se usa para describir la conexión interna entre marido y mujer. Los sabios usan expresan así esta idea: “Un hombre está obligado a tener relaciones íntimas (lifkod) con su esposa“. Por lo tanto, cuando Yoséf está diciendo a sus hermanos que “el Eterno los recordará profundamente (Pakod ifkod)” les está solicitando que recuerden que Yahvéh los recordará como un esposo que se relaciona íntimamente con su esposa. Aquí está aún más claro que la perfección de esto es una interacción mutua: la esposa se despierta hacia su esposo (Pakod) y el esposo se despierta hacia su esposa (Pakadeti).

El Midrash sigue contando que Séraj, la hija de Asher, la única de todos los nietos de Yaakov que vivía cuando aparece Moshé rabenu, era la que conocía la clave para la liberación. Ésta le fue enseñada al morir Yosef. Entonces, cuando Yahvéh envió a Moshé como libertador del pueblo israelita, los ancianos preguntaron a Séraj si la contraseña de Moshé corresponde a la tradición secreta que ella recibió. Séraj les contestó afirmativamente, y entonces los israelitas reconocieron a Moshé como el redentor prometido [Midrash, pág 386-387].

Entonces la frase “Pakod ifkod” como clave de liberación, es una señal para dos momentos proféticos. Uno hace referencia a Moshé y el otro a la redención mesiánica mediante el Rey Mashíaj. Así, Mashiaj ben David (Yeshúa), cumplirá está profecía y emitirá las mismas palabras que hablaron Yaakov, Yosef y Moshé. El Eterno “se acordaría” enviando a Su redentor, no solo para salvar al pueblo de la tiranía egipcia, sino también para rescatarlo de todos los tormentos, hasta el advenimiento definitivo de «Melej HaMashíaj Ben David».

Pakod Ifkod”, dos palabras son los puntos de luz que preservan la esperanza de Israel a los largo de miles de años, aguardando el amanecer por venir con Su siervo el Mashiaj.

Después de que Yosef pronuncia las palabras “Pakod ifkod”, hace jurar a sus hermanos que al salir de Egipto lleven su cuerpo a sepultar en Shejem (Sicqem). Shejem era un territorio de Kenaán que adquirió Yaakov.
Shejem es el lugar donde Yosef fue vendido, ahí pues, descansarían sus restos.

Sus huesos en el ataúd serían un recordatorio constante a sus descendientes y a sus hermanos de que Egipto no era el hogar de ellos. Un día todos ellos regresarían a Canaán, tal como Yahvéh lo había prometido.

Este es uno de los hechos referentes a Yosef que menciona la carta a los Hebreos:

“…Por la fe Yosef, al morir, mencionó el éxodo de los hijos de Israel, y dio instrucciones acerca de sus huesos…”
(Hebreos 11:22)

De todas las cosas que el Espíritu de Yahvéh podría escoger de la vida de Yosef, fue esto lo que priorizó. No fue que se negara a pecar con la mujer de Potifar, o que fuese fiel en la prisión. ¿Por qué era tan importante esta actitud para que fuera mencionada como la evidencia de la fe de Yosef? Porque para este tzadik (justo) las promesas de Israel están unidas a la Tierra Santa, residencia preferencial de la Shekinah.

Así, y desde esta conciencia, leemos que en los días de Moshé rabenu se cumplió la voluntad de Yosef:

“…Y Moshé llevó consigo los restos de Iosef, que hizo jurar a los israelitas y declaró: “En verdad, Elokim los recordará [y los sacará de aquí]. Y se llevarán mis restos con ustedes…”
[Shemot/Éxodo 13:19 – Torah Emet].

En el libro de Yehoshúa/Josué está escrito:

“…Y los huesos de Yosef, que los hijos de Israel habían traído de Egipto, los enterraron en Shejem, en la porción del campo que Yaakov compró de los hijos de Jamor, padre de Shejem, por cien quesitim, y quedaron en posesión de los hijos de Yosef…”,
[Yehoshúa/Josué 24:32 Katz]


Los sabios enseñan que Yosef representa por sus méritos al «Mundo Superior», según se explicó en capítulos anteriores. Por ello, las bendiciones de “Arriba” descendieron hacia “abajo” cuando él gobernaba.

Yosef murió y fue embalsamado. Con su partida, los benei Israel empezaron a experimentar los sufrimientos del exilio, pues la gente del país ya no los veía como amigos e invitados, por el contrario, comenzaron a verlos como invasores extranjeros, por lo que se les forzó a trabajar además de agobiarlos con elevados impuestos.

Tiempo después, como los manantiales de Egipto se secaron con la muerte de Yosef, los egipcios se tomaron la libertad de sepultarlo en las profundidades del Nilo –basados en las creencias de los hechiceros de Egipto, de ese modo Yosef daría una bendición a sus aguas.

Yosef gobernó a Egipto durante 80 años y con su muerte finaliza la historia de los patriarcas hebreos. Yosef fue un varón de admirable virtud que condujo los asuntos de trabajo así como su vida personal con total integridad y prudencia. Usó su poder con moderación trayendo la felicidad a hebreos, extranjeros y egipcios, sobre todo cuando Egipto vivió la más terrible crisis alimentaria de su historia.

Este primer libro del Tanak les relata acerca de los hijos de Israel quiénes fueron los antecesores del Pueblo Escogido. Sin embargo, el linaje de un pueblo, no es solamente, el linaje físico sino aquel linaje que emerge de la lucha entre lo humano y lo Divino. El sufrimiento en Egipto y la liberación de la esclavitud forman un pueblo que no es, solamente, de la misma sangre sino unido, también, a sus antecesores, en el Dios de sus patriarcas. Por lo cual, ellos pueden resistir el sufrimiento y esperar su liberación.

Avraham había tenido dos hijos, mas ellos habían sido incompatibles.

Itzjak había tenido, también, dos hijos, pero estos se separaron para siempre.

Sin embargo, a través de los doce hijos de Yaakov el futuro parecía asegurado. No obstante un gran número implica el peligro de la desunión y por cierto, la discordia surgió, ellos odiaron y persiguieron al mejor de los hijos. Sin embargo finalmente se logró una reconciliación completa, no a través de un mediador sino de un cambio interno en las personas. El hijo odiado había esperado esto en silencio y en fe. Así es como también él, al reencontrarse con sus hermanos, lo reconoce gracias a su amor fraternal.

Como vemos la fuerza que conduce hacia la reconciliación es el pensamiento en el padre común de ellos (en vida o en muerte) y en el Eterno, a través del cual las generaciones se encuentran.

La idea general de todo el libro Bereshit aparece a grandes rasgos:

“Dios es Creador, es el poder que orienta y es Juez del universo. Es el mismo Dios de Abraham. Itzjak y Yaakov, patriarcas de Israel, cuyos descendientes forman el pueblo llamado: Benei-Israel.
La historia nacional de Israel está dirigida por Dios y por la respuesta de Israel a Dios.”
(Benno Jacob).

De esta forma llegamos al final de una de las narraciones más intensas y dramáticas de la Torah, y de aquí pasamos a otro episodio importante en la historia del pueblo de Israel…el Éxodo de Egipto. [Textos en español, tomados de la “Torat Emet”] Y así vemos que el Sefer Bereshit (libro de Génesis) comenzó con el hombre en el jardín del Edén y termina con él en un ataúd en Egipto. El paraíso se había perdido y el mundo necesitaba ser liberado del pecado. Así, la base ha sido establecida y la transición es natural de los versículos iniciales del Éxodo, donde Yahvéh levantaría un nuevo profeta y líder en Su siervo Moisés (Moshé).


Lej ve’asafta et-zikney Yisra’el ve’amarta alehem Adonay Elohey avoteyjem nir’ah elay Elohey Avraham Yitsjak veYa’akov lemor pakod pakadeti etjem ve’et-he’asuy lajem beMitsrayim.

Anda, reúne a los ancianos [sabios referentes] de Israel, y diles: “Yahvéh, Elokim de sus antepasados, se ha presentado ante mí — Elokim de Abraham, de Itzjak y de Iaacov — [se me ha revelado] diciendo:
‘En efecto, he puesto Mi atención en ustedes y en el trato que les dan en Egipto”.

(Éxodo/Shemot 3:16)

Pakod Pakádeti” ( פָּ קד פָּקַ֙דְתִי֙ ): Estos vocablos pueden interpretarse, literalmente como “vigilar, vigilará”, o “ayudar, ayudará” (como en Gen. 50:25). Cuando los israelitas escucharon esta doble expresión inmediatamente supieron que se trataba de la verdadera liberación, (Gén. 50:24).

Por eso el Eterno le ordenó a Moshé que emplee esa paráfrasis, pues entonces le creerían.

Los benei Israel escucharían a Moshé y les transmitiría las palabras del Cielo. Registra el Midrash lo que el Eterno le indicó en la montaña:

«…Cuando tú les menciones “pakod – pakadti”, ellos harán caso a tu voz porque tienen una señal de su antepasado Yosef que ésta sería usada por el que habría de rescatar a los benei Israel…»,

[Midrash, pág 34]

Moshé no podía dudar de su misión. Él no podía pensar que sus hermanos no le creerían. La esperanza de liberación estaba codificada en sus mentes y corazones con esperanza a causa de un código maravilloso que la Luz Infinita les había sembrado desde la época de Yosef.

¿En qué Consistió el Pecado de Rubén?

Por P.A. David Nesher

Vayehi bishkon Yisra’el ba’arets hahi vayelech Re’uven vayishkav et-Bilhah pilegesh aviv vayishma Yisra’el.”

“Mientras Israel estaba asentado en aquella tierra, Reuvén causó un desorden en relación con el lecho de Bilá, concubina de su padre, e Israel lo escuchó. Los hijos de Israel fueron doce.”

(Bereshit/Génesis 35:22)

Reuvén (Rubén) era el primogénito de Yaakov. Considerando esto, podríamos esperar la más alta conducta de él y esperar que seriamente recibiera el pacto de sus padres. Sin embargo, aquí pecó de la manera más ofensiva en contra de su padre y de toda su familia. Pero la pregunta es: ¿en qué consistió realmente su pecado?

Probablemente Reuvén tendría unos treinta años de edad. No se dan detalles, pero Bilhah era mucho mayor que Reuvén, siendo la sierva de Rajel, y la madre de dos hermanastros de Reuvén: Dan y Neftalí. Por esto, el texto original no permite interpretar un pecado sexual en este evento; ¡esto no fue una violación! En la superficie parecería ser una singular coincidencia, pero cada uno de los protagonistas tenía sus propias razones para involucrarse.

Desde una mente lógica y deductiva, Bilha tenía sus propias razones para involucrarse. Después de la muerte de Rajel, ella probablemente quería tomar el lugar de la matriarca como esposa principal de Yaakov. Durante la vida de Rajel la cama de Yaakov estuvo siempre en la tienda de ella; pero en su lecho de muerte él la sacó a la tienda de Bilhah, la sierva de Rajel. Después de la sepultura de la matriarca, Yaakov avinu continúo durmiendo en la tienda de esta concubina. Después de la muerte de Rajel, Bilhah era claramente la única amenaza para esa posición perteneciente a Lea, madre de Reuvén.

Reuvén se irrita por este motivo, pues cómo podía ser que él durmiera con la sierva y no con la esposa original. Lo tomó como una ofensa para su madre Leah. Según los sabios, en este acto, Reuvén siente la necesidad de recordarle a su padre que tenía la obligación de reanudar sus relaciones con Leah.

Reuvén, lleno de resentimiento por causa de esto, debe haber cavilado en su corazón algo así: “Si mi madre, Lea, estaba subordinada a Raquel, ¿ella también debe estar subordinada a la sierva de Raquel?” Ya era suficientemente malo que Yaakov prefiriera a Rajel respecto de su hermana Leah, pero era intolerable que él prefiriera una sirvienta a su madre. Por lo tanto, él quitó la cama de Bilha y la sustituyó por la de Leah. En lo que se refiere a Reuvén, esto aseguró que Bilhah nunca pudiera ascender a la posición de la esposa principal. Así pues, Reuvén lleva la cama de Yaakov a la tienda de Leah, denigrando a Bilháh y no respetando la voluntad de su padre.

Según la tradición e interpretación talmúdica, lo que realmente ocurrió fue mucho menos impactante. Reuvén de hecho estaba protegiendo el honor y el lugar de su madre en la familia. Justamente el Talmud en Shabat 55b explica que no debemos pensar que Reuvén literalmente se acostó con Bilhah; más bien, dicen que debe traducirse como que él ” perturbó los arreglos para dormir de Bilhah“. Por eso es que el verso continúa de inmediato: “ Jacob tuvo doce hijos”.¡Seguro que ya lo sabemos! Pero la Torah enfatiza esto dando a entender que, incluso después de esta interrupción en la casa de Yaakov, los doce aún eran hijos del tzadikim; es decir que los doce eran igualmente justos.

Pero la Escritura considera inconveniente este hecho. La pérdida de la primogenitura podría ocurrir si una grave ofensa se cometía y Reuvén, en este intento de señalarle a su padre cuál debía ser su posición, terminó por destruir la suya propia, ya que le costaría su primogenitura. Desde esta decodificación, el verdadero alcance de la ofensa de Reuvén, trastornar el delicado equilibrio en la casa de su padre y erosionar la autoridad de Jacob en su propia casa, es como si Reuvén hubiera cometido incesto con Bilhah.

En verdad, lo que Reuvén ignoraba, explican las tradiciones, es que, Yahvéh le iba indicando a Yaakov el lugar donde él debía dormir. ¿Cómo era esto? La Shekinah de gloria solía posicionarse por sobre las tiendas, por lo que Yaakov iba y entraba con la esposa que se encontrara cubierta por la Shekinah. En esta ocasión especial, la Shekinah estaba reposando sobre la habitación de Bilhah, por lo que Yaakov se dispuso a dormir en esa habitación. Lo de Yaakov no era una especie de añoranza respecto de Rajel, porque Bilhah había sido su doncella, Yaakov solo seguía las señales enviadas por el Eterno.

Por otro lado, otros sabios comentan que Reuvén quiso impedir que Yaakov trajera más tribus a la familia. Él sabía que su padre tenía la intención de erigir a doce tribus, por lo que no era posible que ahora estuviera dispuesto a engendrar más hijos.

Más allá de todo, ahora entendemos que nunca fue el propósito de Reuvén profanar el lecho de su padre; sin embargo, por esta acción anárquica, Yaakov revocó su primogenitura dándosela a su hijo Yosef, (Gén 49:3-4). Solo Moshé, antes de su muerte, es quien pudo borrar en su última y suprema bendición, las palabras afrentosas lanzadas por Yaakov contra su primogénito y exclamar:

“¡Viva Reuven, que no se extinga…!”

¿Lashon Hará?… ¡Conmigo NO!

Por P.A. David Nesher

Estudiar los códigos de la sabiduría de la Torah divina resulta ser una tarea maravillosa. Justamente, abordar a la porción Tazría con hambre de sabiduría de lo alto no conducirá a descubrir que ella habla sobre la importancia de las palabras que decimos. Esto lo realizará revelando lo peligroso que resulta practicar la negatividad que es creada a través del habla maliciosa (la lashón hará).

Por medio de esta parasháh (porción) de Tazría, el Eterno nos enseña que la lashón hará (la mala lengua) es la peor forma de oscuridad que existe. La mala lengua es más comúnmente entendida como hablar de manera negativa sobre alguien más, el cual es el nivel más obvio y la peor forma de lashón hará.

Así pues, la lashón hará es la fuente de muchos males sociales. A tal punto que ha causado la disolución de amistades, el término de incontables matrimonios generando un sufrimiento inconmensurable. Ellas es la matriz de odios, celos y disputas los cuales se esparcen tal y como las enfermedades, y los gérmenes que la provocan, se esparcen a través de la suciedad.

La carta del judío Yaakovo (conocido como Santiago), hermano y emisario (apóstol) de Yeshúa, ofrece un planteamiento lleno de sabiduría. Leamos con mucha atención:

“…Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende de palabra, éste es un varón perfeccionado, capaz de poner en sujeción todo el cuerpo. He aquí que ponemos frenos en las bocas de los caballos para que nos obedezcan y dirigimos así todo su cuerpo, para un lado y para el otro. Observad también los barcos, aunque tan grandes y llevados por vientos imponentes, son gobernados por un pequeño timón y dirigidos por donde el timonel desea. De la misma manera, la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. ¡Mirad cómo un fuego que se inicia tan pequeño, incendia un bosque tan grande! Y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad como un bosque; la lengua está ubicada entre nuestros miembros y contamina todo el cuerpo e inflama el curso de nuestra existencia de generación en generación y es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, así como de aves, de reptiles y también de criaturas marinas, puede y de hecho ha sido domesticada por la naturaleza humana. Pero ningún hombre puede tener absoluto dominio de su lengua; un mal que no puede ser controlado, llena de veneno letal. Con ella bendecimos al Eterno y Padre y con ella maldecimos a los hombres creados a semejanza de Di-os. (10) De la misma boca sale bendición y maldición. Hermanos míos, no conviene que esto suceda. ¿Acaso puede una higuera, hermanos míos, producir aceitunas o una vid higos? La fuente de agua salada no produce agua dulce. ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por su buena conducta sus obras en sabiduría humilde. Pero si tenéis celos amargos y rivalidades en vuestros corazones, ni os jactéis ni mintáis contra la verdad. No es ésta la sabiduría que desciende de lo alto, sino terrenal, sensual, de espíritus bajos y corruptos. Porque donde hay celos y pleitos, allí hay divisiones y toda obra perversa. Mas la sabiduría que desciende de lo alto, primeramente, es en verdad, pura, en shalom, comprensiva, dispuesta a razonar, repleta de misericordia, sincera, imparcial y que produce buenos frutos. Y para los que son pacificadores, el fruto de la Justicia se siembra en Shalom…”

[Santiago 3:2-18 – Código Real del NT].

De este modo, los discípulos de la primeras comunidades aprendían y aceptaban que los seres humanos tienen la responsabilidad intrínseca de darse cuenta de que, una vez que uno pronuncia una palabra, ésta no se evapora en el aire sin dejar rastro, sino que produce efectos muy graves.

Sobre la maledicencia encontré en un libro de sabiduría hebrea la siguiente anécdota:

«…Cierta vez, Rabi Shimon ben Gamaliel pidió a su asistente que le trajera algo bueno del mercado.
El asistente fue, compró lengua y regresó.
Rabi Shimon ben Gamliel le pidió entonces que le trajera algo malo del mercado. Fue y retornó con otra lengua.
Rabi Shimon ben Gamliel le planteó:
“¡Cuando te pedí algo bueno me trajiste lengua, y cuando te pedí algo malo nuevamente me trajiste lengua!, ¿Cómo puede ser?”
El asistente respondió: “De la lengua proviene lo bueno y lo malo. Cuando de ella proviene lo bueno, no hay nada mejor que ella, pero cuando de ella proviene lo malo, no hay nada peor que ella…».

El único miembro del cuerpo que parece no se cansa es la lengua. Cada uno de nosotros puede hablar 24 horas y seguir y seguir… y si esta activa tanto tiempo hay que tener cuidado. Por algo, es una boca contra dos oídos y dos ojos Por ello, la enseñanza de nuestro Maestro Yeshúa se enfocará en este órgano corporal, tan pequeño y a las vez tan poderoso. Él mismo se encargó de enseñar el paradigma de que cada palabra que uno pronuncia graba una marca que queda eternamente y es imposible de borrar (Mateo 12:26-37).

La persona que habla Lashon Hará provoca daño y muertes en su comunidad de muchas maneras, tanto de quien hablaste, quien hablo y también a quien se lo comento.

La Sabiduría escondida en los códigos de la Torah considera que una expresión es lashón hará cuando los argumentos son verdaderos, aunque desconocidos públicamente, y no se persigue intención de reparar una situación negativa.

Constituye el mismo pecado independientemente del medio utilizado (comunicación cara a cara, reuniones, redes sociales, teléfono, o correo electrónico).

Por otro lado, se llama Hotzaat shem rá al acto de difamar a otra persona utilizando mentiras, y consiste un pecado muy grave que deriva de aquellos que se acostumbran a la práctica del lashón hará.

Los chismes (contar cosas de la intimidad de otro aunque no sea algo negativo), que son la forma práctica del lashón hará, reciben el nombre de rejilut y están también prohibidos por las halajot que se desprenden de la Torah (Levítico 19:16 .

La gravedad del pecado de lashón hará y sus derivados está demostrado por el hecho de que el Talmud reconoce a “quienes hablan lashon hará constantemente” como un grupo que no merece la Shekináh (Divina presencia).

El rey David compara las palabras con flechas (Salmos 64:4) . Una explicación es que son similares en que ambas, antes de largardas uno es el dueño sobre ellas; después de largarlas, son ellas las dueñas sobre uno.

Según el Midrash (Vaikrá Rabá, 26:2), el Lashon Hará, o hablar mal del prójimo, se denomina el “Triple Asesino” ya que mata a quien habla, al que escucha y a la persona de quien están hablando.

No sé quién dijo “la diferencia entre el sabio y el necio es un instante; el sabio piensa un instante antes de hablar mientras que el necio piensa un instante después de haber hablado“… pero que oportuna me resulta esta frase para hablar al corazón de cada uno de ustedes.

Obviamente se infiere que, así como la Torah nos prohíbe hablar lashon hará, así también nos prohíbe escucharlo. Esto tiene mucho sentido ya que si yo no puedo escuchar lashon hará, ¡entonces tú no puedes hablarlo!. Sucede que al escuchar palabras negativas sólo alimentamos nuestro lado negativo y nos hacemos insensibles al efecto que tienen sobre los demás.

Una ley interesante para aplicar es que si alguien te dice algo personal, está prohibido divulgarlo hasta que no te autorice hacerlo. Mucha gente piensa al revés, “si no me dijo que no lo repita, ¿por qué no repetirlo?” La halajáh determina que hasta no tener autorización para divulgarlo, debe permanecer en reserva.

Encontré que el Talmud, explicando todo lo referente al “mal hablar” o “lengua perversa” que legisla Sefer Vayikrá (Libro de Levítico) dice que el cuerpo humano fue construido para ayudar a que la persona se abstenga de hablar lashon hará. Los dientes y los labios sirven como “puertas” para regular lo que sale de nuestra boca, mientras que la lengua se encuentra en una posición horizontal de descanso. Además, si bien los seres humanos tienen dos ojos, dos oídos y dos fosas nasales y sólo tenemos una boca para recordarnos que debemos minimizar la charla. Y dice también el Talmud, ¿con qué finalidad creó Dios los lóbulos de las orejas? Por si nos encontramos en una situación en la que se habla lashon hará, ¡podamos convenientemente doblarlos hacia arriba como tapones para los oídos!

“Shiluaj Haken”: Un Mandamiento Sencillo lleno de “Buenos Futuros”

Por P.A. David Nesher

 

 

““Si por casualidad encuentras en tu camino un nido de pájaro, ya sea en un árbol o en la tierra, con pichones o huevos, entonces, si la madre está recostada sobre los pichones o los huevos, no tomes a la madre junto con ellos. Ahuyenta primero a la madre y sólo luego toma los pichones o los huevos para ti. Así te irá bien y se prolongarán tus días.”

 

(Devarim/Deuteronomio 22: 6)

 

Encontrarse con un nido de pájaros, y determinar mi futuro. Suena extraño, pero así lo ha determinado Yahvéh. “¿Cómo es esto?“, seguramente estarás preguntándote. Pues bien, yo descubrí esto sumergiéndome en los códigos lumínicos de la Torah. Todo ocurrió cuando un discípulo del Grupo de Whatsapp (“La Bendición Torah”) me solicitó que explicara este “extraño” y a la vez sencillo mandamiento que nuestro Abba da a Israel. Discerní que muchos de ustedes albergarían la misma inquietud, con respecto a la significación esencial de este mandamiento divino. Por eso, decidí escribir esta bitácora.

Comenzaré mencionando la triste realidad que surge revelada de este mandamiento: la crueldad del ser humano le acorta los días de su vida.

Desde esto, les comento que a este mandamiento (mitzvá) se lo conoce con el nombre de Shiluaj Haken (lit. “el envío del nido”), porque tiene como imperativo mandar lejos del nido a la madre antes de tomar sus huevos o pichones. El dato curioso es que este mitzvá es considerado como el más fácil de la Torah.

Por otro lado, podemos ver que la recompensa que Abba nuestro promete por este mitzvá es larga vida (arijut yamim), es decir la longevidad. El único otro mitzvá positivo que la Torah especifica su recompensa en larga vida, es honrar a los padres (Kibbud Av VaEm), el cual, paradógicamente, es considerado el mitzvá más difícil de toda la Torah. Cabe rescatar aquí, que del hecho deque el mitzvá más fácil y el más difícil reciben la misma recompensa, nos conduce a comprender que no podemos clasificar los Mitzvot (mandamientos) del Señor, y debemos hacerlos cuando la oportunidad se presenta.

Leyendo el mitzvá Shiluaj Haken, a primera vista parecería que la razón del mismo es hacer comprender que no debemos exhibir crueldad con los pájaros o cualquier otra de las creaciones del Eterno. Por eso sería que Él nos manda ahuyentar a la madre para que no vea a sus polluelos tomados de ella, lo que le produce una gran agonía y dolor. Sin embargo, nos encontramos con fuentes en la Torah que parecen indicar que esta mitzvá no es sólo acerca de la compasión con aves u otros animales. Sabemos que el principal propósito y objetivo de los mitzvot (mandamientos) es inculcar en nosotros los buenos rasgos y valores del carácter sacerdotal mesiánico, por lo que podemos emular al Eterno y acercarnos más a Él. ¡Nuestro amado Abba nos dio mandamientos con la única razón de perfeccionar nuestros rasgos de carácter, por medio de su observancia, y así asemejarnos a Su Hijo, Yeshúa!

Entonces, meditando más profundamente en el mitzvá Shiluaj Haken se nos revela que en verdad, Yahvéh decretó que enviáramos fuera a la madre antes de tomar sus crías, para inculcar en nosotros el rasgo fundamental de la compasión hacia el prójimo. Si actuamos con crueldad con los pájaros y los animales, vamos a terminar haciendo lo mismo con los seres humanos que nos rodean.

¿Cuál será el motivo de este accionar cuando uno se encuentra frente a la madre y sus crías? Distintos sabios exégetas hebreos explicaron el motivo de esta ley, entre ellos, existe un famoso debate entre Maimónides (Rambam) y Najmánides (Rambán) al respecto.

Maimónides incluye esta ley dentro de un valor muy conocido que es el de evitar “Tzaar Baalei Jaim”, que significa evitar dolor en los seres vivientes, refiriéndose especialmente a los animales. Desde esta perspectiva, descubrimos que hay muchos preceptos que pueden asociarse con este principio como por ejemplos: “Y un animal vacuno u ovino, a él y a su cría no habréis de degollar en un mismo día” (Vayikrá/Levítico 22: 28). También se incluyen aquí las leyes denominadas Shjitá, las cuales se rigen por la idea de que se puede matar al animal para comerlo, pero hacerlo de la manera menos dolorosa para éste. En este sentido, el motivo del mandamiento de Shiluaj Haken es evitar sufrimiento en la madre al ver que se llevan a sus crías. Si de todas maneras hay que hacerlo, mejor realizarlo de la manera menos dolorosa.

Najmánides difiere con el exegeta anterior y sostiene que esta ley tiene como objetivo educarnos a nosotros como personas benevolentes. Personas piadosas, compasivas y misericordiosas con el mundo que nos rodea. Sería una técnica educativa para alejar de nosotros actitudes crueles e interiorizar conductas piadosas.

Maimónides pone el énfasis en el animal, en evitarle dolor o que sufra lo menos posible, en cambio, Najmánides, en los seres humanos. Él explica que este mitzvá nos ayuda a perfeccionarnos para erradicar toda crueldad que anidamos en nuestro corazón. Ya que los mitzvot (mandamientos) nos fueron dados para nuestro bienestar. Yahvéh no se beneficia cuando las hacemos, somos nosotros quienes a través de ellos purificamos nuestras almas y mejoramos el mundo. El objetivo, por lo tanto, no es ser piadosos con los animales sino enseñarnos a ejercer todo el tiempo buenas cualidades para reparar nuestro entorno y así transformarlo en su presente para asegurarle un mejor destino.

Al considerar estas dos sabias exégesis, bien podríamos pensar que cuando se cumple este mitzvá hacemos ambas cosas a la vez, es decir, ayudamos a evitarle sufrimiento al animal, y por otro lado, nos ayuda a nosotros a ser mejores personas, más piadosas y compasivas con nuestro entorno, y particularmente con nuestro prójimo.

Teniendo en cuenta lo que hasta aquí he explicado, necesito que recordemos que una cualidad muy valorada por el Eterno en la vida de sus hijos es que sean “rajmanim”, es decir piadosos o misericordiosos con el mundo que los rodea. Justamente ésta es la virtud que más se necesita en nuestros días. Son millones de seres humanos que claman a los Cielos por misericordia manifestada en los vínculos humanos. Vivimos en una época en que la tecnología y los medios de comunicación han avanzado a tal punto que podemos, entre otras cosas, llegar a ver diariamente cientos de imágenes con contenidos violentos tanto reales como de ciencia ficción. Décadas atrás no existía el poder estar sentado cómodamente en la casa mirando una guerra, un asalto y tantos crímenes en diferentes partes del mundo. Quizás sucedían igual que ahora, pero era imposible ver las imágenes como si uno estuviera en el lugar del hecho.

El sistema reptiliano ha logrado exponernos diariamente a situaciones de violencia e inseguridad, y el peligro de esto es que nos estemos acostumbrando. Nos estamos adormeciendo a tal punto que confundimos una película con la realidad y todo lo veamos al mismo nivel.  Periodistas y empresas, obsecuentes de la élite imperante, se ocupan de los medios de comunicación sabiendo muy bien que uno de los temas que más se vende son aquellos en que hay sangre, violencia y armas. Por supuesto que es una gran ventaja estar informado y que exista la tecnología que tenemos, pero creo que lo que no debemos es perder la capacidad de ser sensibles a lo que ocurre alrededor nuestro. Es importante que nos sintamos conmovidos por el dolor ajeno y podamos actuar al respecto manifestando empatía benevolente. Por ello, es que Yahvéh quiere que Su gente sea misericordiosa. Con el mitzvá Shiluaj Haken, el Eterno nos capacita en el hecho que si nosotros aprendernos a ser sensibles a los sentimientos de un pájaro, entonces ciertamente nos vamos a ocupar empática y solidariamente por nuestro prójimo. Practicar el Shiluaj Hakén nos educa para ser personas piadosas y compasivas, que sepan también sensibilizarse por las imágenes trágicas y violentas que vemos y busquemos maneras de hacer algo para revertir el sufrimiento de nuestro prójimo.

Con este mitzvá la Torah quiere enseñarnos el valor de la conservación de las especies. Así, por medio de este mandamiento el Eterno decodifica el lineamiento de Luz acerca de la responsabilidad que ha entregado al ser humano de velar por el futuro próspero de todos los seres vivientes del planeta. Es bien conocido el dicho hebreo: “quien salva a un hombre, salva a la humanidad toda”. Y esto lo es por el valor intrínseco de cada uno de nosotros y por lo que representamos. Como dijera el filósofo español Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Por lo tanto, yo soy yo, y todos mis futuros. La mamá pájaro es ella y todos sus futuros. Puedo tomar a sus pichones, pero no eliminar la especie pájaro que encarna esa madre. Por eso el premio deivino de prolongar y dar calidad total a mi futuro, porque al respetar a la especie pájaro, estoy asegurándome a mi, a mis entornos y al universo un futuro de diversidad, de calidad total, de plenitud excelente, que glorifique el Nombre de Yahvéh.

Entendamos que es solo una mitzvá ocasional. Esto significa, que en cada momento de mi vida puedo aplicar mi obediencia a la Torah comprometido con el mundo entero. Sin embargo, la enseñanza del mitzvá Shiluaj Haken determina mis futuros, simplemente por ocuparme del futuro del “Otro”. ¡Eso es un misterio maravilloso!

¡Por eso, después de toda esta meditación los animo a mejorar nuestras midot – cualidades- para llegar a perfeccionar nuestra alma a la estatura del Mesías!

 

Shalom!

En amor y servicio P.A. David Nesher

Condiciones para la Verdadera Prosperidad

“ Y como consecuencia de que escuchéis estos decretos (mishpatim) y los guardéis y los cumpláis, YHVH tu Dios guardará su pacto contigo y su misericordia que juró a tus padres. Y te amará, te bendecirá y te multiplicará; también bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu cereal, tu mosto, tu aceite, el aumento de tu ganado y las crías de tu rebaño en la tierra que Él juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá varón ni hembra estéril en ti, ni en tu ganado. Y YHVH apartará de ti toda enfermedad; y no pondrá sobre ti ninguna de las enfermedades malignas de Egipto que has conocido, sino que las pondrá sobre los que te odian. Y destruirás a todos los pueblos que YHVH tu Dios te entregue.”

(Devarim/Deuteronomiio 7:12-16)

 

Al recorrer los versículos que sistematizan los códigos de la Torah (Instrucción), nuestra conciencia inmediatamente comprende que existen condiciones para que Yahvéh guarde (cumpla) el pacto que juró a los padres (Abrahán, Isaac, y Jacob), con los hijos primogénitos de Israel,. De este modo queda bien claro, que desde la cosmovisión divina existen consecuencias que se obtienen por la fidelidad de cada creyente al pacto del Eterno

Entonces, comprendemos según esta revelación que hay unas condiciones y unas consecuencias en la dinámica de la Alianza con el Eterno.

Las condiciones para la verdadera prosperidad, según la cosmovisión divina, son las siguientes:

✍🏼 Oír y obedecer (shamá) los mishpatim (leyes sociales).
✍🏼 Guardar (shamar) los mishpatim.
✍🏼 Cumplir (asá) los mishpatim.

Ahora bien, si has tomado nota en tu mente y corazón de de esta triada condicional, notarás que las consecuencias que Israel (y cada uno de sus integrantes) reciben son infinitamente asombrosas, y pueden sintetizarse en estas trece líneas:

YHVH guardará su pacto con Israel.
YHVH guardará su misericordia con Israel.
YHVH amará a Israel.
YHVH bendecirá a Israel.
YHVH multiplicará a Israel.
YHVH bendecirá los hijos de los israelitas.
YHVH bendecirá los productos agrícolas de los israelitas.
YHVH bendecirá la producción de los animales de los israelitas.
YHVH permitirá que cada integrante de Israel tenga más bienestar que otros pueblos.
YHVH no permitirá esterilidad en los hombres o en los animales israelitas.
YHVH no permitirá enfermedades entre los israelitas.
YHVH hará que las enfermedades alcanzarán los enemigos de Israel.
YHVH dará a Israel el poder para exterminar a las siete naciones.

Ahora bien, notamos en esta ascensión (aliyá) que la Torah permite a nuestra conciencia, que las condiciones para obtener los beneficios del pacto en primer lugar tienen que ver con la fidelidad a las leyes relacionadas con el amor al prójimo. La obediencia a los mishpatim, que son las leyes sociales, es una condición incondicional para poder recibir el amor de Yahvéh y sus recompensas. Esto nos enseña que el amor que el Eterno nos muestre cotidianamente, siempre estará relacionado con el amor que mostremos a nuestro prójimo. El mismo principio se encuentra en los Escritos Mesiánicos, donde vemos que el amor que mostramos hacia el prójimo es un reflejo del amor que tenemos hacia el Padre:

Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte… Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesús, el Cristo, y nos amemos unos a otros como Él nos ha mandado… El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor… Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto.”

(1 Juan 3:14, 23; 4:8, 12, 20).

Por lo tanto, el Señor anhela que aceptemos humildemente ante Él que la relación entre nosotros y el prójimo determina nuestra relación con el Padre. Es imposible servir al Eterno sin amar a los hermanos. Es imposible recibir los beneficios del pacto sin estar bien con los demás.

¡Cada Día con el Shemá!

Por P.A. David Nesher

 

 

 

“Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno”

 

שְׁמַע יִשְׂרָאֵל יְהוָה אֱלֹהֵינוּ יְהוָה אֶחָד

Pronunciación: Shemá Israel, YHVH Eloheinu, YHVH Ejad

 

(Deuteronomio 6: 4)

 

 

En la parashá (sección o porción) Vaetjanan nos encontramos con las bases de nuestra creencia. Se repite en nuestra memoria el momento supremo de recibir la Torah (kabalá Torá). También tenemos el primero de los tres párrafos del *Shemá Israel:

  • “Shemá Israel“, Escucha Pueblo de Israel,
  • Yahvéh Eloheinu“, Yahvéh es nuestro Dios,
  • Yahvéh Ejad“, es Uno y Único.

 

En el lenguaje hebreo la palabra Shemá (escucha), puede también significar “acepta hasta que vibre en todo tu ser“. Por eso, debemos saber que cuando recitamos el Shemá, estamos aceptando la soberanía del Eterno sobre nosotros. Esto quiere decir que aceptamos y nos comprometemos con cumplir Su voluntad tal como se nos indica e instruye en la Torah, con todos los preceptos positivos y negativos (prohibiciones) que el Todopoderoso ordenó observar.

En estas palabras, llamadas El Shemá, encontramos la clave para poder vivir cerca del Eterno en todo momento. Por ello, quiero permitirme el lujo celestial de desglosar esta expresión en cada uno de sus términos, y poder sumergirnos en las profundidades de su significación:

Shemá: Significa “Escuchen con atención y tomen esto seriamente” Es la aceptación de que lo primero que el ser humano tiene que hacer para estar cerca del Eterno es escuchar y obedecer. El Eterno toma la iniciativa para acercarse a nosotros y nosotros sólo tenemos que hacerle caso para poder obtener su gracia. Acércate cada mañana al Eterno y toma unos minutos para escuchar, sin hacer nada más, y deja que el Espíritu de Yahvéh te hable por las palabras de la Torah que has leído. No seas tan rápido en tus oraciones que sólo hables y no escuches. Es mejor escuchar a Yahvéh que hablarle. El shemá nos enseña a poner el escuchar con atención como la máxima prioridad en nuestras vidas, para luego obedientemente llevarlo a la práctica.

Israel: La segunda cosa que es necesario que se destaque en nuestra conciencia es nuestra identidad como pueblo exclusivo del Eterno. El gentil que ha hecho la conversión al Dios de Israel por medio del Mesías Yeshúa es parte del Pueblo escogido, pero no se convierte en judío (no necesita hacerlo), y puede identificarse con el pueblo (Efesios 2:19).

YHVH Eloheinu” (Yahvéh nuestro Dios): Esta es la declaración de los que son parte de Israel. Al pronunciar esta expresión aceptamos nuestra certeza de que Yahvéh es nuestro Dios personal además de ser el Dios universal. Él mantiene una relación exclusiva con cada uno de nosotros individualmente y establece todas las circunstancias de la vida para extraer y aplicar toda la grandeza con la que fuimos creados. Este versículo revela que Yahvéh es únicamente el Dios de Israel. Los que tienen otros dioses no son parte de Israel. Pero los profetas aseguraron que en el futuro sería el Dios de toda la humanidad a través del Mesías:

“En ese tiempo daré a los pueblos labios puros, para que todos ellos invoquen el nombre de Yahvéh, para que le sirvan de común acuerdo.”

(Sofonías 3:9)

 

“Y YHVH será rey sobre toda la tierra; aquel día YHVH será uno, y uno su nombre.”

(Zacarías 14:9)

 

Hoy, las naciones gozan del cumplimiento mesiánico de estas promesas, y es responsabilidad de nosotros, los hijos primogénitos de Su Monte que demos a conocer Su Nombre entre los pueblos.

 

YHVH Ejad” (Yahvéh Uno es): La palabra traducida como “uno” (ejad), implica unidad y unicidad. Es decir que el énfasis de esta frase es revelara que Yahvéh es Uno y Único.

 

Primeramente, es interesante decir que las Sagradas Escrituras usan este término para marcar la unidad entre varios elementos o personas, pero que se manifiestan como uno solo. El hebreo usado aquí para uno es ejad, el cual habla literalmente de una unidad compuesta, en lugar de utilizar la palabra hebrea yajeed, la cual se refiere a una unidad absoluta o singularidad (Génesis 22:2 y Salmo 25:16).

La primera vez que se utilizó echad en la Torah es en Génesis 2:24 donde se usa la expresión ejad diciendo “y serán una sola carne”. Nuevamente, la idea de una unidad (una sola carne), haciendo una pluralidad (varón y mujer). En Éxodo 26:6 y 11, los cincuenta corchetes de oro son utilizados para unir cortinas para que la tienda pueda ser una (ejad), una unidad (una) compuesta por una pluralidad (las muchas partes del tabernáculo). En Ezequiel 37:17 el Señor dice a Ezequiel que debe unir dos palos (representando proféticamente a Efraín y a Judá) en uno (ejad), hablando nuevamente de una unidad (un palo) compuesto por una pluralidad (dos palos). No hay ninguna manera en que ejad pueda tener la idea de una singularidad absoluta; la idea de un Dios en tres personas encaja perfectamente con el termino de ejad.

Por lo tanto, la palabra ejad tiene los siguientes dos significados en este contexto: que Yahvéh no es plural (no hay dentro Él dioses en alianza) y que no hay otro igual a Él. Él es el único Dios que existe y esa unicidad, esa singularidad, lo ha revelado a Israel, especialmente a través del Mesías.

La vida eterna consiste en conocer – por experiencia vivencial – al único Dios verdadero, y a quién ha enviado, Yeshúa el Mesías:

“ Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Yeshúa el Mesías, a quien has enviado.”

(Juan 17:3)

 

“…para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para Él; y un Señor, Jesús el Cristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual existimos nosotros. Sin embargo, no todos tienen este conocimiento…”

(1 Corintios 8:6-7a).

 

Así mismo, hasta el título Dios (hb. Elohim) en esta línea sugiere la pluralidad del Eterno en una absoluta y perfecta Unidad. La palabra hebrea es Elohim, gramáticamente, es una palabra plural siendo utilizada como una palabra singular. El rabí Simeón ben Joaji, comentando acerca de la palabra Elohim: “Venir y ver el misterio de la palabra Elohim; son tres grados, y cada grado por si solo, sin embargo, todos son uno, y uniéndose se hicieron uno, y no están divididos entre sí.” El teólogo y reformador alemán Martín Lutero al explicar la exégesis de Elohim usado en este versículo destacó: “Pero tenemos el claro testimonio que Moisés pretendió indicar a las tres personas en una y única naturaleza divina.” ¡No son tres dioses, sino Uno y Único!

 

Sólo hay UN Dios. Adoramos a UN Dios, existiendo en tres personas, no tres dioses diferentes.

 

Un redimido, de mentalidad hebrea, debe saber que el Eterno es Uno Arriba, Abajo y en los cuatro puntos cardinales.

 

El significado de UNO incluye:

 

Es la única Verdad absoluta pues todas las demás realidades dependen de Él para su existencia. La idea significa que no solo hay un Dios, sino que Dios y toda la creación son una cosa. No hay nada aparte de Yahvéh. Nada existe fuera de Él; cada cosa que percibimos, cada partícula de existencia no es sino una manifestación del Eterno.

 

La esencia del Eterno es Una, si bien podemos percibirlo solamente a través de diversos atributos.

 

Él es una Unidad, no puede ser dividido ni comparte Su soberanía. Él es el Rey del Universo.

Es Uno por encima del tiempo y el espacio. Aunque podemos aceptar los eventos y las personas únicamente en términos del pasado, el presente y el futuro, debemos entender que Yahvéh es eterno; y aunque podamos pensar de cualquiera como confinado en un lugar, debemos saber que Yahvéh está presente en todas partes (Omnipresente).

Está por encima de cualquier atributo corporal. Aunque estemos obligados a referirnos a Él en términos comprensibles para nosotros, como son: “Su Voz”, “Su Brazo”, etc. debemos comprender que en realidad no tiene ningún atributo físico y no está sujeto a ninguna condición o limitación alguna.

Esta es la verdad esencial de Yahvéh, nuestro Dios. Él es una persona y no una fuerza vaga panteísta. Siendo Uno, Él no puede ser representado por imágenes contradictorias. Ya que Yahvéh nuestro Dios es uno, Él no es Baal, ni Astarté. Él es Yahvéh, el verdadero Dios, y el Señor de todos, y esos dioses no lo son.

 

Este es el motivo por el cual tenemos que amar a Yahvéh con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todos nuestros medios o recursos.

 

Por eso necesitamos elevar nuestra conciencia ante el hecho de que el Shemá es una de las herramientas más poderosa para atraer energía sanadora a nuestra vida. El verdadero poder del Shemá es liberado cuando recitamos esta oración mientras meditamos con ella al despertar, y antes de acostarnos. Decir el Shemá por la mañana y por la noche es una hermosa mitzvá (mandamiento) que garantiza la atmósfera de milagros que necesitamos para cada día.

 

El Shemá Israel proviene de la tecnología espiritual de la Torah, y está diseñada para ayudarnos a traer la consciencia Mashiaj a nuestra vida y la de nuestra familia.

 

Para finalizar, debo decir que al tiempo que un hijo primogénito debe creer en la Unicidad de Yahvéh en todo momento, está obligado a proclamarlo verbalmente cada mañana y cada noche por donde quiera que vaya y a toda criatura que encuentre en su peregrinar.

 

 

Ahora los invito a que consideren la decodificación de la palabra EJAD (Uno) en este imagen:

 

 


Shemitá y Yovel: Los Sellos Celestiales de Liberación

Por P.A. David Nesher

“Y le dijo el eterno a Moisés en el Monte Sinaí, Dile a los hijos de Israel: cuando lleguéis a la tierra que os di, la tierra descansara por el Eterno. Seis Años la Sembraras y seis años podaras sus viñas y recogerás su fruto, pero en el séptimo año será el Sábado del Eterno…” 
… Y contaras siete sábados de años, o sea siete veces siete años, cuarenta y nueve en total y el día diez del séptimo año, el mes quincuagésimo, día de expiación, harás resonar el Shofar en toda vuestra tierra. Santificareis el año cincuenta y proclamareis en toda la tierra la libertad de todos sus habitantes. Sera año de jubileo para vosotros, devolveréis a cada hombre lo que le pertenece y devolveréis cada hombre a su familia. Ese año no sembrareis, ni cosechareis lo que haya crecido espontáneamente, ni vendimiareis  las viñas silvestres. Por ser jubileo, ese año será sagrado para vosotros.  
…Y os preguntareis qué comeréis en el séptimo año en vista que no debéis sembrar, ni cosechar nada en el, os impartiré mi bendición en el sexto año para que la tierra rinda con hartura para tres años. Sembrareis en el octavo año y seguiréis comiendo los frutos añejos hasta el noveno año, es decir hasta que venga el producto del octavo”  

(Vayikrá/Levítico 25: 1-5; 8 – 12;  20 – 22)

 

En esta bitácora quiero invitarlos a que nos sumerjamos en la investigación de los códigos de la Torah que afirman el dominio absoluto del Eterno sobre la Tierra y todo lo que en ella hay (Salmo 24: 1).

 

La Torah ordena, por medio de esta mitzvá (mandamiento) el cese de la agricultura en la Tierra de Israel cada siete años. Este “Shabat” de la tierra se denomina Shemitá. Así como hay semanas de días, así también, en la cosmovisión de Yahvéh, existen semanas de años. Y como el séptimo día de la semana es un día de cese, así también Yahvéh ha establecido que cada séptimo año sea de cese y descanso para la tierra de Israel. Este mandamiento sólo se aplica en la tierra de Israel, no fuera de ella.

Estos mitzvot (mandamientos) revelaban los secretos de los Ciclos del Eterno como métodos poderosos para dominar el factor espacio-tiempo. El año del Señor está dividido en cincuenta y dos semanas, cada una perfectamente marcadas por el Shabat (séptimo día), y de acuerdo a la revelación que Él ha dado, cada semana trae consigo un tipo de energía la cual esta descrita dentro de la Torah, porción a porción. Esto nos revela la magnitud de la inteligencia y la sabiduría que esta detrás de este texto de Vayikrá y también nos deja claro que en este mundo la providencia divina esta constantemente dándonos oportunidades, eso es lo que se llama la espiral del tiempo profético. Es decir que cada vez que pasamos por un punto dentro de la espiral del tiempo la Torah nos dice como poder conectarnos con él para recibir lo que esta disponible en el Mesías. Solamente debemos aprender a recibir todos estos paquetes divinos.

Teniendo esta cosmovisión profética en mente, vemos que esta disciplina administrativa era una práctica entrenaba a los israelitas en la perfecta mayordomía de los recursos naturales y los mantenía conscientes que Yahvéh tiene el control total de la tierra y que por lo tanto Él es el verdadero proveedor de las necesidades de sus hijos.

 

La mitzvá de la Shemitá le ordena al Pueblo hebreo que deje de trabajar sus campos cada séptimo año, con la promesa de que, milagrosamente, Yahvéh les proporcionará todas sus necesidades. Así, como Shabat, Shemitá es un medio para reconectar todo a su fuente. Esta mitzvá implantaba la conciencia de que mientras un hebreo se aleja cada vez más del punto inicial de la creación, necesita de Shemitá para que ser regresado a él. Justamente cuando la creación parece un recuerdo borroso, la tentación es sentir que nuestra humanidad maneja el mundo y que nuestra inteligencia nos ha traído la recompensa de lo que ella ha logrado. Con Shemitá, nuestro Abba trae un Shabat a la tierra y cambia todo, ya que obliga al alma humana a ser consciente de que todo es del Eterno, por Él y para Él.

 

Toda la enseñanza de la Shemitá es que la naturaleza es una ilusión. El Eterno dirige el mundo y así como Él hace que no haya pérdida por no trabajar en Shabat, así también él asegura que nada va a ser perdido por cesar de trabajar la tierra todo un año. Esto es para enseñarnos a no convertirnos en esclavos de la “naturaleza”, porque este mundo no es más que un corredor al verdadero mundo de la espiritualidad. Pero el ser humano no puede desasociarse a sí mismo del marco del mundo en el cual existe; la Torah claramente le ordena sembrar y cosechar por seis años, así como tiene que trabajar seis días por semana. Pero a través de contar los días de trabajo en relación al Shabat y los seis años de cultivo en relación al año de Shemitá, podemos conectar lo mundano y la rutina con lo sagrado y lo especial.

 

Sin embargo, el milagro de la Shemitá variaba de acuerdo con su nivel de emunábitajón (firme confianza y seguridad en Yahvéh). Tal es así, que estaba la promesa que cuando el pueblo hebreo tenía un nivel alto de emuná y bitajón, la cantidad de alimentos que se cosechaban en el sexto año no variaba de un año a otro; no obstante, alcanzaba para proveer nutrición durante tres años, en vez de uno (vv. 20 -22). El Eterno quiso que el pueblo de Israel no se comportara como lo hacía el resto de los agricultores de las naciones. Por eso les ordenó que trabajen la tierra durante seis años y en el sexto año incrementó la cosecha para que alcance para los siguientes tres años y de esta forma los ojos de los hebreos estarían dirigidos hacia Yahvéh, así como lo hicieron en el desierto cuando recibían el Maná diariamente. De la misma manera, la esencia del año sabático consistía que ellos no trabajen la tierra, no siembren y no cosechen, y sólo confíen en el milagro que Yahvéh les hará, haciendo que la cosecha del sexto año les alcance para tres años consecutivos.

Este cese para la agricultura en el año sabático no significa que no se puede trabajar la tierra sin el propósito de sembrar o plantar, por ejemplo para construir casas. La prohibición solamente tiene que ver con todo trabajo de agricultura y jardinería. Sólo está permitido regar las plantas para que no se mueran.

 

Con esta llave administrativa los israelitas comprendieron que hay una santidad especial en esta tierra y vivir en la Tierra Santa que Yahvéh les entregó era un gran mérito, y obviamente esto demandaba de ellos una serie de obligaciones. En el libro de Vayikrá, por ejemplo, vemos que del comportamiento de los hebreos depende la lluvia y el fruto de esta tierra:

“Si con mis leyes se encaminarán y Mis ordenanzas observarán y las cumplirán, Yo daré vuestras lluvias en su tiempo, y la tierra dará su producción y los árboles del campo darán su fruto”

(Vayikrá/Levítico – 26:3-4).

Además, Shemitá enseñaba que la paz en la tierra también depende del  comportamiento de los redimidos, como continúa diciendo la Torah en el siguiente capítulo:

“Y daré paz en la tierra, y se irán a dormir y no habrá quien os asuste, y erradicaré a las fieras salvajes de la tierra y la espada no pasará por vuestra tierra”

(Levítico/Vayikrá 26:6).

Más adelante, el Espíritu de Yahvé dice:

“Y comeréis de la vieja cosecha, y la vieja cosecha despejarán para dejarle lugar a la nueva”

(Levítico/ Vayikrá 26:10)

El gran exegeta judío Rashí explica este texto de la siguiente manera:

Y comeréis de la vieja cosecha explica Rashi: “los frutos se mantendrán y serán tan buenos para conservar, que la producción de tres años atrás será mejor para comer que la del año anterior“, y sobre “Y la vieja cosecha despejarán para dejarle lugar a la nueva” comenta: “pues los lugares de silos estarán llenos de la nueva cosecha y los lugares de almacenamiento estarán llenos de la vieja cosecha, y ustedes tendrán que despejarlos para poner allí la nueva cosecha“.

Para completar ese proceso, si los hebreos cumplían con sus obligaciones, la Torah concluye:

“Y pondré mi residencia entre ustedes y mi Ser no los despreciará a ustedes. Y me conduciré entre ustedes y seré vuestro Dios y ustedes serán mi pueblo”

(Levítico/Vaikrá 26:11-12)

 

Por eso, Israel entendía que todos los vegetales y los frutos que crecen en el año de shemitá son santos. Por eso hay que tratarlos de una manera digna. Durante ese año todos los productos que crecen en la tierra se quedan sin dueño, de modo que todos podrán comer de ellos libremente y llevar a su casa todo lo que necesiten para un día de comida. De acuerdo con la ley judía, los frutos que crecen durante este año especial en la tierra de Israel son de dominio público y nadie, pobre o rico, puede comerlos.

Sintetizando podemos decir que hay un triple propósito con el año sabático:

 

Hay tiene un triple propósito con el año sabático:

  1. Recordar a los hijos de Israel que la tierra no pertenece a ellos sino a Yahvéh, (cf. v. 23; Salmo 24:1).
  2. Obligar al agricultor a ejercer su fe confiando solamente en la providencia divina para su sustento.
  3. Dar tiempo al campesino a dedicarse al estudio de la Torah de una manera especial, y disfrutar del confort que es la compañía de su familia.

 

Año Yobel (Jubileo)
“Contarás también siete shabats de años para ti, siete veces siete años, para que tengas el tiempo de siete shabats de años, cuarenta y nueve años.”

(Levítico/Vayikrá 25:8)

Después del séptimo año de Shemitá, en el año número cincuenta, se anuncia que es año de Jubileo (Yovel), con el sonido del shofar en Yom Kipur. Y este año también es un año en el que la tierra permanece inactiva. El Eterno promete darles a los hebreos una cosecha abundante antes de los años de Shemitá y Yovel, para proveerle sustento al Pueblo comprado por la Sangre de Su Cordero.

Las mismas leyes que aplican sobre el año shemitá, también aplican sobre el año Yovel. En el año de Yovel, toda la tierra retorna a la división original que poseía en tiempos de Yehoshúa (Josué), y se liberan todos los sirvientes israelitas contratados, aunque no hayan completado seis años de servicio. Al sirviente hebreo contratado no se le puede encargar ninguna labor degradante, innecesaria o extremadamente difícil, y no se lo puede vender en el mercado. El precio de su labor debe calcularse de acuerdo con la cantidad de tiempo que reste hasta que quede libre automáticamente.

El precio de la tierra se calcula de un modo parecido. En caso de que alguien venda su tierra ancestral, tiene derecho a redimirla después de dos años. Si se vende una casa en una ciudad amurallada, el derecho de redención se extiende únicamente al primer año luego de la venta. Las ciudades de los levitas les pertenecen en forma permanente.

Se le prohíbe al pueblo hebreo aprovecharse los unos de los otros prestando o pidiendo prestado dinero a interés. Los miembros de la familia deben redimir a cualquier familiar que haya sido vendido como sirviente contratado, a causa de haber empobrecido.

Haciendo una síntesis podemos ver que la Torah nos enseña que hay siete cosas que deben suceder en el Año de Jubileo:

  1. Habrá libertad para todos los habitantes de la tierra, v. 10.
  2. Será un año de jubileo, con toques del shofar, v. 10.
  3. Cada uno volverá a la posesión original de la tierra, según el reparto que se hizo en el tiempo de Yehoshúa, v. 10.
  4. Cada uno volverá a su familia, v. 10. Se refiere al siervo hebreo que tiene la oreja perforada o uno cuyos seis años de servicio no hayan terminado desde que fue vendido como siervo. Así que la expresión “para siempre” en Éxodo 21:6 está limitada con el año de jubileo. El año de jubileo es por tanto también una señal del siglo venidero.
  5. No se puede sembrar, v. 11. 
  6. No se puede cosechar, v. 11.
  7. El año será santo, v. 12.

 

La Importancia de estos Tiempos en la Visión de Yahvéh.

 

Considerando todos estos lineamientos se nos revela la importancia que el Eterno da a este descanso de la tierra de Israel cada séptimo año. Si se quebranta este mandamiento hay graves consecuencias al igual que cuando se quebranta el mandamiento de descansar en el shabat semanal y en yom kipur, como está escrito:

“Y a los que habían escapado de la espada los llevó a Babilonia; y fueron siervos de él y de sus hijos hasta el dominio del reino de Persia, para que se cumpliera la palabra de Yahvéh por boca de Yirmeyahu, hasta que la tierra hubiera gozado de sus shabats. Todos los días de su desolación reposó hasta que se cumplieron los setenta años.” (2 Crónicas 36:20-21). Lastimosamente, las leyes no fueron observadas.

Veamos cómo fue este suceso negativo en la historia del Pueblo de Dios:
Israel celebró el primer año sabático, llamado Shemitá el año 21 después del inicio de la conquista y la distribución de la tierra bajo el general Yehoshúa (Josué). La conquista y la distribución de la tierra duró 14 (catorce) años. El año 15 (quince) fue el primer año del ciclo septo-anual y el año 21 (veintiuno) fue el séptimo. Según un cómputo, hubo 836 años desde el año 15 después de la entrada en la tierra hasta la deportación a Babilonia. Entre estos, los años sabáticos y de jubileo sólo fueron observados 400 años y durante los 436 años restantes no fueron respetados. Esto significa que durante 436 años hay 62 años sabáticos y 8 años de jubileo no guardados, los cuales suman 70 en total (62 + 8 = 70). De aquí entendemos que el cautiverio babilónico vino cuando el pueblo de Israel había dejado de guardar 70 años sabáticos, como está escrito:

“Durante todos los días de su desolación la tierra guardará el descanso que no guardó en vuestros shabats mientras habitabais en ella.”

(Levítico 26:35)

El cautiverio babilónico duró 70 años, como está escrito en el libro del profeta Jeremías:

“Pues así dice Yahvéh: “Cuando se le hayan cumplido a Babilonia setenta años, yo os visitaré y cumpliré mi buena palabra de haceros volver a este lugar.”

(Jeremías 29:10)

 

 

Para El Eterno estos años eran de suma importancia, pues en primer lugar, le permitían a los hebreos glorificar Su Nombre en Israel. De ese modo permitían que Él soltara provisión en abundancia, al ver que la nación cumplía con sus obligaciones de pacto y nación sacerdotal.
Los años de Shemitá y de Yovel aluden a la era mesiánica de igual manera que el Shabbat Semanal. El Shabbat semanal, con su reposo, dedicación al estudio de la Torah, alabanza a Yahvéh y sentido de paz es una sombra del milenio, la era mesiánica, el reino de los cielos. De igual manera, el año de Shemita presagia al reino mesiánico: Tal como en el año de Shemita, la tierra misma daba a comer a todos, en la era mesiánica, gran prosperidad de la tierra habrá para saciar el hambre de todos, tal como se dice:

“En aquel día, dice El Señor de los ejércitos, cada uno de vosotros convidará a su compañero, debajo de su vid y debajo de su higuera.”

(Zacarías 3:10)

 

El planeta Tierra volverá al estado óptimo y no se necesitarán grandes trabajos para hacerla producir; en un sentido “lo que nazca de sí”, nos alimentará a todos ¡Qué gran bendición ha preparado el Eterno en su Reino! ¡Cuán agradecidos y esperanzados debemos estar para alcanzar los días del Mesías y la renovación de la tierra!

 

Cuando un hijo primogénito del Monte Santo del Señor interioriza el sentido profundo de Shemitá y Yobel obtiene las herramientas para escapar de la monotonía de estímulos materialistas que sobrecargan nuestro día a día, en cada año de vida que peregrinamos. Una vez que contemplamos el significado de abandonar el dominio sobre la producción propia, entendemos que pidiendo a nuestro Creador por sustento, el significado de la sobrecarga sensorial que atestan nuestro día desaparece. Shemitá y Yobel y el mensaje de los patrones del Ciclo Séptuple (de siete) que penetran toda la mentalidad hebrea, nos proporcionan una oportunidad única de volver a la Fuente y desintoxicarnos del veneno reptiliano del sistema actual de cosas .

Tzaraat: ¡Un Problema Espiritual que Afecta a la Piel, la Ropa y la Casa de un Impuro!

Por P.A. David Nesher

 

“Y habló el Eterno a Moisés, diciendo: Esta será la ley tocante al leproso (metzorá), en el día de su purificación, cuando será llevado al sacerdote…”

(Levítico 14:1-2)

En la porción que nos toca investigar esta semana, encontramos los consejos que Yahvéh dio a Israel para afrontar el momento en el cual la “lepra” (en hebreo tzaraat) entra a una casa, a un hogar, a una familia, a una relación. Al leer los capítulos 13 y 14 de Vayikrá encontramos que el Eterno transmitió a Moshé, las leyes referidas al leproso para su purificación.

En primer lugar, debo decir que estamos ante dos pasajes bíblicos que, desde la cosmovisión cristiana, son muy complicados de comprender, por lo que la mayoría de los teólogos y hermeneutas (intérpretes) del cristianismo aseguran que es un texto oscuro. Otros, más rápidos para despegarse de la responsabilidad de investigar, salen al paso, asegurando que estamos simplemente ante unas normas higiénicas que el Eterno dio a Israel para procesar una dolencia física en la piel que en aquellos días no sabían tratar medicamente.

Sin embargo, al sumergirnos en las raíces hebreas del texto nos encontramos con que el mismo ha sufrido la consecuencia típica de una traducción: la traición a la etimología original de una palabra. Esto lo digo porque estamos aquí ante  una supuesta “lepra“, que en verdad no es precisamente la lepra conocida por la ciencia médica de hoy. La palabra misma mal traducida como lepra, describe en realidad a una enfermedad cutánea la cual tenía un origen exclusivamente divino, y que estaba relacionada con un castigo del Eterno para el varón o la mujer que fueran dado a hablar Lashon Hará (mala lengua o lengua perversa), es decir, hablando calumnias, y aun verdades del actuar de una, o varias personas, pero que detrás de ello, provoca que la fama de una persona se vea dañada.

“Cuando entréis en la tierra de Canaán, que os doy en posesión, y ponga yo una marca de lepra (tzaraat)  sobre una casa en la tierra de vuestra posesión,…”

(Levítico 14:34)

Por favor, abra su mente, y note que interesante la idea aquí revelada. Es  Yahvéh quien dice: “Yo ponga” la enfermedad de tzaraat en una casa. En las líneas del cristianismo siempre se insiste en enseñar que es HaSatán quien pone las enfermedades en los cuerpos de los redimidos, pero en estas líneas sagradas vemos que es el Eterno quien lo hace.

Por lo visto hasta aquí, nos damos cuenta que la afección de tzaraat, cuyas leyes se detallan en estos capítulos de Levítico (13 y 14), era en realidad un fenómeno enteramente espiritual, y de origen divino. No era una enfermedad natural, ya que vemos que, de hecho, esta “lepra” vemos que también atacaba vestimentas y casas. Por lo tanto, era la señal de un síntoma de grave degradación moral.

Particularmente, la persona afectada (el “metzorá”) era uno cuyas acciones habían provocado el disenso y la división dentro de la comunidad. Su castigo (midá keneguev midá -“medida por medida“-) era una lepra sobrenatural que lo marcaba como un paria. Era desterrada a una vida de máxima soledad, hasta que su arrepentimiento lo curara de su lepra y fuera readmitido en la sociedad.

Esa correcta consideración hace de tzaraat la enfermedad arquetípica, que comprende a todas las enfermedades enviadas por Yahvéh sobre aquellos que practican Lasho Hará (lengua perversa).

 

La persona enferma de tzaraat, era declarada metzorá y enviada fuera del campamento de la congregación, para vivir y con sus ropas rasgadas.

Estaba obligada a gritar “impuro, impuro”, como señal para que nadie se acercara a tocarlo (Lev. 13: 45-46).

Cuando la enfermedad se reducía, la persona era nuevamente examinada por un Kohén (sacerdote), fuera del campamento, y así asegurarse de que la recuperación era total.

Las ceremonias de purificación se extendían durante ocho días, y se observaban ciertos ritos especiales durante el primero y el último día. El Kohén ofrecía sacrificios y en el proceso de purificación se usaba madera de cedro e hisopo. El ex-metzorá era declarado miembro pleno de la comunidad.

Las leyes de tzaraat se aplicaban tanto a una vestimenta como a una casa. Si las ropas mostraban signos de tzaraat, podían llegar a ser quemadas. Si una casa aparecía repentinamente marcada con rayas verdes o rojas, era cerrada por siete días. Si las rayas se extendían, las piedras afectadas eran reemplazadas por otras nuevas. La casa era revocada y las viejas piedras y el polvo eran arrojados en un área contaminada, fuera del campamento. Si aún quedaban signos de tzaraat en las paredes, toda la casa era destruida y los materiales arrojados en el área contaminada fuera del campamento. El Eterno también indicó sobre ciertas impurezas físicas, como ser pérdida de semen, flujo, que afectaban a las personas y por ello tenían prohibido entrar al Santuario o tocar objetos sagrados. Esta situación terminaba luego de un proceso de ceremonias específicas para su purificación.

Les ruego que nos detengamos aquí un momento e imaginémonos que de la noche a la mañana a cualquiera de nosotros fuéramos desprendidos de nuestro lugar de trabajo, de nuestra casa, de nuestra esposa o esposo o tal vez padres e hijo; no hay duda que debió haber sido desastroso para aquellos. Se trataba de una pena social que dejaba una profunda huella, y sobro todo porque la gente con la que convivía la persona, era imposible que no se enterara.

Esta repercusión social, dejo como un ejemplo a Miriam la hermana de Moshé, que a pesar de haber sido una gran mujer, sierva de Yahvéh, se le recordará por el mal paso dado en la murmuración que profirió contra su hermano Moshé.

 

En cuanto a la plaga de la lepra, ten cuidado de observar diligentemente y hacer según todo lo que os enseñaren los sacerdotes levitas; según yo les he mandado, así cuidaréis de hacer. Acuérdate de lo que hizo Yahvéh tu Dios a María en el camino, después que salisteis de Egipto.”

(Deuteronomio 24:8-9)

 

En esta experiencia espiritual, Yahvéh tenía una excelente metodología de aprendizaje para Su Pueblo. El mensaje era claro, y fácil de aprender. El Creador perdona todas las transgresiones en el mundo con el arrepentimiento (teshuvá), todas, excepto la difamación, cuando la persona habla mal de su prójimo, especialmente de su alma amiga. Así fue determinado, “Esta es la ley que habrá de aplicarse al leproso (en hebreo metzorá)”, es decir, la ley que se aplica a la persona que desacredita, pues la palabra metzorá, se forma de un anagrama o acrónimo hebreo: la expresión Motzi Ra, que significa “esparcir el mal como un ave” o “hablar mal de alguien”.  Por esto, vemos que una de las principales causas de “metzorá” en la persona es por sus habladurías. Si alguien esparce un mal nombre o fama, todos sus órganos quedan impurificados y debe ser aislado, puesto que al hablar mal se eleva y evoca el espíritu de impureza sobre él. Quien intenta impurificar se impurifica; por la obra de abajo, otra se despierta.

Motzi Ra también se traduce como “el que emana maldad” o “el que es fuente de maldad”, mejor comprendido como aquel que es charlatán y difamador. Con la expresión metzorá y su permutación acrónima, la Torah deja revelado que la enfermedad se origina de las malas palabras que decimos de los demás (aunque sean ciertas). Era claro así que si una persona habla negativamente, especialmente si habla negativamente sobre otra persona, crea todo tipo de oscuridad. Teniendo la conciencia despierta en este espíritu hebreo las primeras comunidades de talmidim (discípulos) se animaran unos a otros a fin de aprender a controlar la lengua con la sabiduría que viene de lo alto o jojma (leer Santiago cap. 3).

Profundizando en nuestra investigación notaremos que el Lashón Hará estaba directamente relacionado con el pecado de orgullo o soberbia (Ex 4:1, 6; Núm. 12:1-10; Deut 24:8-9; 2 Cron 26:16-19).

En este proceso pedagógico, nuestro Abba, anhela que se entienda que cuando una persona habla lashón hará (mala lengua), demuestra que no tiene idea del poder del habla.  Demuestra que para él las palabras son insignificantes en comparación con los actos, y por ende se manifiesta necio en los lugares celestiales donde las palabras son poderosas y formadoras de destino.  De este modo, al hablar con lengua perversa (lashon hará), se despierta a un acusador en el Cielo, no solamente contra el objetivo de su lashón hará, sino también contra sí mismo.

Por ello, entendemos que tzaraat no es una enfermedad, tal y como las distintas versiones lo han dado a entender al traducirla como “lepra”. Sino que es un caso de impureza (timé). Así es como nuestro Mesías lo comprendía. De hecho vemos que cuando Él sano a un leproso, no le dijo “se sano” sino “sé limpio” por lo que claramente vemos que se trata de una impureza (Mateo  8:2-4; 26:6).

Buscando un final a este estudio, nuestro corazón no podrá escapar a la conclusión de que la lengua es la máquina más poderosa del mundo entero.

Las Sagradas Escrituras aseguran en su revelación que una palabra puede matar a distancias que ni siquiera el más poderoso cohete tele-dirigido puede alcanzar. Una palabra puede causar una plaga más nociva que el ántrax. Y aun así, una palabra puede curar con más poder que una cirugía a corazón abierto. Una palabra puede decir más que el más brillante y colorido ramo de flores.

Sabemos que el universo fue creado con palabras: “En el principio Dios (Elohim) creó los Cielos y la Tierra…”. Él creó toda la existencia con las dos veintidós letras del alfabeto hebreo. Y le dio al hombre esa máquina tan increíblemente poderosa: la lengua. No hay ningún animal en el mundo que pueda hablar. Podrán hacer ruidos, si. Pero hasta la fecha, ninguna ballena o delfín publicó un libro de poemas, o un tratado de filosofía.

Es el Hombre el único Hablador de toda la existencia. A él se le confió una máquina muchísimo más poderosa que el átomo, y además, mucho más peligrosa. Porque con una sola palabra se pueden destruir mundos y con una sola palabra se los puede crear.

Podemos decir palabras que sanen o palabras que hieran; podemos edificar y construir o desalentar y derribar. Las palabras son estuches de poder y acarrean poder sea positivo o negativo. ¡La decisión es nuestra! Las palabras son semillas que sembramos y con seguridad darán una cosecha en nuestra vida. Aquellos que usan su lengua, deben comer el fruto de sus palabras, sea para vida o para muerte (Proverbios 18:21).

Pidámosle al Señor Yeshúa que, con su Santo Espíritu, purifique nuestros corazones de tal manera y a tal grado que vivamos cotidianamente para sanar, libertar, edificar y traer gozo con cada una de nuestras palabras y, a la misma vez, ser nosotros mismos saciados de bien por el fruto de nuestros labios.

 

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Mujer Pura… Instrumento Divino de Salvación…

“Habló Yahvéh a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles:
La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda.
Y al octavo día se circuncidará al niño.”

(Vayikrá/Levítico 12: 1-3)

 

La Torah comienza aquí la pedagogía de las leyes del parto y, especialmente, los detalles que incluyen las leyes de “pureza e impureza” (tumáh y taharáh), importantísimas para la excelente comunicación en una familia, con el Eterno y con los componentes de la misma.

Antes de sumergirnos en esta magnífica enseñanza del Eterno, debemos aceptar que la traducción de la Torah a los distintos idiomas ha sido una de las grandes dificultades que enfrentamos cotidianamente. Ello impide entender a cabalidad conceptos fundamentales de nuestra fe. Muchas de las palabras no tienen definición precisa al español porque expresan ideas espirituales que no tienen paralelo en nuestra cultura latina; ejemplo de ellos son los vocablos “Taharáh” y “Tumáh“, sistemas que recibirán un tratamiento prominente en este capítulo. Los grandes exégetas de Israel coinciden en que los vocablos “Taharáh” (puro), y “Tumáh” (impureza), generalmente traducidos como pureza e impurificación, no son criterios médicos, sino conceptos de carácter moral y en relación con lo sagrado. Los invito entonces a considerar la significaciones hebreas de estos términos, y sus implicancias en el alma creyente.

¿Qué es Puro dentro de los parámetros de la Revelación de la Torah?
  • Puro es todo aquello que favorece o promueve la vida (hbr. Tahor).
  • Impuro es lo relativo a la cesación de vida (hbr. Tamhé).

Recordemos que, por medio de la codificación del libro de Vayikrá, los israelitas recibieron el secreto de la reverencia. Ésta es la actitud que permite valorar el propósito de la vida humana, y estimula a cada individuo a buscar el perfeccionamiento y la plenitud de la misma. La reverencia se convierte en un instrumento psíquico-emocional que permite un acercamiento correcto al Creador, y establece una comunión que promueve de esclavos del Eterno a amigos de Dios.

Teniendo en cuenta lo expresado hasta aquí, es importante entonces aceptar que las expresiones hebreas “Tahor” (puro) y “Tamhé” (impuro) son conceptos que refieren a un estado espiritual y no a aspectos físicos, emocionales, sociales o mentales, tal como los parámetros errados de la religión lo ha expresado en sus dogmas. Puede resultar difícil de comprenderlos, pues muy frecuentemente han sido traducidos como “limpio” y “sucio” respectivamente, o ideas similares que llevan a asociar la impureza con algo manchado, echado a perder, mugriento o inmundo.

Por ello, la más acertada definición de “puro” que podemos ofrecer sería “lo que está conectado con la Fuente de la Vida”. En tanto que “impuro” es lo que en algún grado está desconectado de la Fuente de Vida, y ha comenzado a errar su blanco. Éste precisamente es su desequilibrio, que repito, no es un pecado, ni una enfermedad ni una suciedad. Es una situación o posición espiritual. “Tahor” (puro) y “Tamhé” (impuro) son conceptos que refieren a un estado espiritual y no a aspectos físicos, emocionales, sociales o mentales. Insisto: puede resultar difícil de comprenderlos, pues muy frecuentemente han sido traducidos como “limpio” y “sucio” respectivamente, o ideas similares que llevan a asociar la impureza con algo manchado, echado a perder, mugriento o inmundo, que merece exclusión condenatoria. Debes entenderlo perfectamente: puro no significa bueno, como impuro no significa malo. Eso debe estar claro en tu mente. Tampoco puro es algo limpio, ni impuro es algo sucio. Tenlo presente.

Impuro (Tamhé) es lo que arremete contra los designios del Eterno. Es decir, que algo en el sistema espiritual del impuro está en desbalance a causa de la influencia de la serpiente y su sistema de cosas. En cambio, puro es aquel que está en sintonía excelente con la Divina Voluntad.

En el capítulo anterior (Vayikrá 11:47) se nos enseña que por impuro se debe entender aquello que hace creer (la ilusión de) que no hay un plano espiritual que rige sobre el plano físico. Como cuando se ve un cadáver, que es algo inerte, frío, vacío de sentido. Como cuando se ve en el ciclo menstrual un mero proceso físico, que no tiene relación con la vida.

Cuando se hace “algo” a un “alguien” se está en estado de impureza.

Para entenderlo mejor, vamos a considerar a cómo los sabios lo han comprendido a lo largo de los tiempos. Ellos dicen que en un principio todo fue creado en pureza a través de dos sistema o polaridad de la Luz (lo masculino y lo femenino). Uno de esos sistemas tiende a conectarse con la limitación y el caos, mientras que el otro está en conexión con lo infinito, y debe esforzarse a tender hacia esas alturas.

Expliquemos esto aplicándolo a nuestra vida personal: cuando deseamos algo solo para nosotros mismos nos convertimos en finitos, o en especies de “agujeros negros” que atraen todo hacia sí; esto significa que estamos conectados con la impureza. El sistema de la pureza es lo contrario, es una conexión con el Creador; con lo infinito; este tipo de “deseo” (o sistema), crea continuidad y un vínculo con la luz del Eterno.

Visto así, descubrimos que la pureza y la impureza no son una cuestión religiosa, sino un asunto de conciencia que se manifestará en pensamientos y acciones. Por causa de la caída de Adam HaRashon y  su esposa Javáh, los dos sistemas se han mezclado con los demás en nuestro mundo pero tenemos libre albedrío para decidir qué camino queremos recorrer, el de la pureza o el opuesto y cada camino que elijamos tendrán su propia historia.

La Mujer: Vasija conectora con el Pecado e Instrumento Profético de la Salvación.

Entonces, comprendiendo las definiciones de qué es puro y qué impuro. Procederemos a analizar y meditar en este texto.

La Instrucción divina deja en claro que después del parto de un hijo varón, la mujer queda en un estado de impureza ritual (en hebreo tamhé), tal como en el tiempo de su menstruación. La palabra hebrea que ha sido traducida como “menstruación” es nidá, que significa “impureza”, “menstruación”, y viene de la raíz nadad, que significa “vagar”, “errar”, “huir”, “alejarse”, “mover”. La idea es que el tiempo de la nidá es un tiempo ideal en el que la mujer debe alejarse de su marido para sanarse de su herida interna (físico-emocional). Según la Torah, este periodo es de siete días (cf. Levítico 15:19). Después del periodo de nidá, ella se sumerge en aguas purificadoras para poder unirse de nuevo a su marido.

En el caso del nacimiento de un varón, la madre se queda en un estado de nidá durante los primeros siete días después del parto. El día del parto es contado como el primer día, aunque sólo quedara una hora o menos hasta la caída del sol. Al final del séptimo día se sumerge en una mikvé (bautismo) para purificarse. Según la enseñanza farisea, luego podrá unirse con su marido. Los saduceos y los karaítas no están de acuerdo con la interpretación farisea, y enseñan que la mujer no podrá unirse a su marido hasta después de los restantes 33 días. En verdad, esta última interpretación parecería estar más cerca de lo que la Torah establece en los preceptos respectivos.

La expresión hebrea “qui tazríah” ha sido traducida aquí como “conciba y dé a luz” o “engendrare”. Pero en el rigor mismo de la significación literal, la palabra deriva de “zerah“, que quiere decir “semilla“. Los exégetas concluyen de aquí, que esta expresión (qui tazríah) hace referencia no solamente a un nacimiento normal, sino que afecta también a aquella mujer que no hubiera concluido felizmente su embarazo.

Considerando pues todos estos detalles rituales, se descubre que en este pasaje, el Eterno quiere conducir a cada familia hebrea a reconocer que tanto la concepción, como el nacimiento de un ser humano, es un proceso que califica como verdadero milagro de Yahvéh, que se conecta con una realidad impura: la humanidad caída en pecado. El Eterno envía vida humana al mundo para que se mantenga en sintonía con Él, pero la madre le produce estado de impureza desde el vientre (Salmo 51: 5).

Una mujer que desea engendrar un hijo, primeramente se purifica y después se unirá a su marido. Entonces se asociará un óvulo por ella producido a un espermatozoide emitido por su marido. A través de ello comenzará a gestarse su hijo.

Antes bien, después de purificarse y gestar al embrión, la madre deberá esperar que sucedan numerosos milagros con el fruto de su vientre hasta que se produzca el gran milagro: el nacimiento.

Con este precepto, cada israelita podía meditar en la gran bondad del Eterno especialmente con aquellos que aún no han nacido. El espíritu que se obtenía al cumplir con este precepto, permitía valorar la vida intrauterina, llenando el alma hebrea de gratitud al Creador por proteger la vida humana, incluso desde esos momentos.

Además, los padres del recién nacido reflexionaban en la verdad de que en un mundo perfecto e ideal, no hay dolor, no hay duelo.  Así sería la vida humana en el Edén primordial. Sin embargo, en este mundo caído, cada parto nos recuerda el pecado y el castigo de Adam y Javá.  Vivimos en un mundo limitado por la mortalidad, y somos forzados a darnos cuenta que el niño que nació está destinado a morir.  Esto explica la separación que sigue al parto, la cual es comparada a un duelo. Los padres hebreos, especialmente la mujer-madre, aceptaban que la separación después del parto es duelo, entonces sometían sus almas a una teshuvá por la necesidad del proceso de parto y por la mortalidad del niño nacido en este proceso.  La lógica al requerir un sacrificio por el pecado ahora se hace visible: el parto está tan relacionado con el pecado de Javá, que se identifica totalmente con él, y resulta de él que un sacrificio por el pecado a la culminación de este proceso parece completamente natural.

Una razón por la cual la madre es “Tamhé” es porque cuando da a luz, en ese mismo instante, en su estructura psíquica, se genera un cierto grado de vacío espiritual por la partida de la vida adicional que llevaba dentro, es decir, su bebé. Entonces, el Eterno la llama a “purificarse” a fin de superar esa sensación negativa, y no quedar esclava de ella de por vida, ocasionándole la ilusión de creerse la dueña del destino de ese hijo, y generando obsesiones manipuladoras sobre el mismo.

En realidad, el propósito de esto es hacer que las mujeres, especialmente, se ocupen de estar más interesadas en conocer y respetar las leyes de la “Pureza de la Familia” (Tahorat HaMishpajá). Éstas incluyen códigos de vida como el digno trato entre los cónyuges, la educación en valores de los hijos, el recato en la conducta y vestimenta, el esfuerzo por sostener una familia unida bajo las alas protectoras del Eterno. Eso es lo que el apóstol Pablo recordará al decir:

Pero la mujer se salvará si cumple sus deberes como madre, y si con buen juicio se mantiene en la fe, el amor y la santidad.

(1Timoteo 2: 15)

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