Shemá

“Pon tu mano bajo mi muslo”… ¿Qué Clase de Juramento es esto?

Por P.A. David Nesher

Vayikrevu yemey Yisra’el lamut vayikra liveno le-Yosef vayomer lo im-na matsati chen be’eyneycha sim-na yadecha tachat yerechi ve’asita imadi chesed ve’emet al-na tikbereni beMitsrayim.

«Se acercaron los días en que Israel fallecería, por lo que llamó a su hijo Yosef y le dijo:
“Si me he congraciado contigo, por favor, pon tu mano debajo de mi muslo y trátame con benevolencia y lealtad: ¡Por favor, no me sepultes en Egipto!»

“…Si me he congraciado contigo, por favor, pon tu mano debajo de mi muslo y trátame con benevolencia y lealtad: ¡Por favor, no me sepultes en Egipto!»


(Génesis/Bereshit 47:29) 

La expresión «pon tu mano bajo de mi muslo«, es un eufemismo para un toque de los genitales, que son la fuente de la vida. Israel había aprendido la importancia de jurar por la señal del pacto de circuncisión de su abuelo Avraham (cf. 24:2).

Debemos tener en cuenta que en la época patriarcal, esta práctica constituía el único objeto sagrado que poseían, y la costumbre de prestar juramento sobre él perduró hasta el día de la promulgación de la Torah.

Cuando Yaakov avinu siente que está próximo a morir manda por Yoséf y le pide que haga con él «merced y verdad«, y jure por su Brit miláh (es decir la circuncisión de Yaakov), que es el signo bendito del Pacto estampado en su cuerpo.  

Era un gesto que simbolizaba que si el juramento no se llevaba a cabo, entonces los otros descendientes de Israel vengarían la infidelidad de Yosef.

¿Por qué se juraba de esta forma?

Porque la “Brit miláh” fue el primer mandamiento dado a Abraham avinu; es la alianza de Yahvéh con Abraham y su descendencia.

La circuncisión, que es vista como un Pacto; no es solo una marca grabada en el cuerpo del varón, sino un recordatorio de que su comportamiento debe ser íntegro en todo momento y circunstancia; su moralidad, debe estar ligada a un comportamiento social apto.

Por causa de la circuncisión es que a ellos se les llama “tzadikim” (justos). No es sino el cuidado de esa parte del cuerpo del varón hebreo, que la abundancia fluye o deja de fluir al mundo.

El intérprete Rashí explica que un juramento no consistía solo en poner la mano en la Brit Miláh, sino en pronunciar las palabras del juramento tomando la circuncisión en la mano en señal de que se juraba por algo muy sagrado.

Israel sabía que Egipto no era su hogar. Él pertenecía a la tierra prometida; él y sus descendientes. Era evidente que creía y entendía que él era el heredero del pacto de Abraham. Por ello, las palabras de Yaakov a su bien amado hijo Yoséf en este pasuk quieren significar:
«….Júrame por esa bendita señal que ha traído simiente santa y fiel al mundo, júrame que no me sepultarás entre impuros que nunca guardaron Mi Pacto…», [El Zohar].

Le rogó a Yosef que no fuera dejado en Egipto (47:29). Continuó diciendo: «Que cuando descanse con mis padres, me lleves de Egipto y me entierres en el sepulcro de ellos» (donde Abraham e Isaac están enterrados en la cueva de Makpeláh) (23:3-18). Y Yoséf le respondió: «Yo haré según tu palabra» (47:30). 

Pero Yaakov necesitaba más seguridad, e insistió en que la palabra de Yoséf se fijara con un juramento. Yaakov le rogó: «júrame«. ¿Por qué fue necesario? Yosef acababa de prometer hacer lo que su padre había dicho. Sin embargo, Yaakov sabía que si Yoséf hacía un juramento, éste reforzaría en la memoria de Yoséf su promesa a su padre. No sólo eso, el juramento haría a Yoséf directamente responsable ante Dios y Su ira si no cumpliera su promesa. Entonces José le juró.

Yoséf le responde que cumplirá lo pactado. Explican los sabios que Yaakov tenía varias razones para pedir esto, primeramente, él esperaría la resurrección de los muertos en Eretz Israel juntamente con sus antepasados Abraham e Yitzjak. La más antigua tradición enseña que los que estén sepultados en Eretz Israel serán los primeros en ascender de la tierra a recibir a Mashiaj. Los santos de Elokim (pueblo de Israel), aguardan pacientemente los “días del Mesías”; una Era plena de amor y restauración.

También Yaakov pretende evitar que, en el futuro, su tumba sea idolatrada por los egipcios. No quería que hicieran de él un dios más, porque las deidades de Egipto serían azotadas más adelante por el Eterno a través de las plagas.

Una razón más para este juramento es que, de ser sepultado Yaakov en Egipto, ello causaría que sus descendientes permaneciesen ahí y considerarían a Egipto/Mitzraim como su propia patria, lo que les llevaría directo a la asimilación (convertirse en egipcios).

Otro motivo que también vale tener en cuenta es que Yakoov quería sus restos pudiesen descansar con sus antepasados los cuales eran de elevada santidad; es decir, quería resucitar en “buena compañía”, no quería estar sepultado con la gente pecadora de aquel país.

Registra el Midrash que antes de bendecir a sus hijos, dado el politeísmo egipcio, Yaakov les hizo una última pregunta a sus hijos:

«…Hijos míos, ¿estáis bien firmes en vuestra creencia en el único Dios? ¿Cómo puedo saber si sus corazones están puestos en Yahvéh?».

Como respuesta, ellos levantaron las manos al cielo y pronunciaron:
«…Shemá Yisrael; El Eterno nuestro Elokim, el Eterno es Uno! Nuestra fe es la tuya y nuestra confianza está en el Creador de los cielos y de la tierra…».

Reconfortado al oír esto, el patriarca les responde solemnemente:

«Baruj Shem kevod maljutó le olam va ‘ed!»
(¡Bendito sea el Nombre de Su glorioso Reino por siempre jamás!)…».

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¡Cada Día con el Shemá!

Por P.A. David Nesher

 

 

 

«Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno»

 

שְׁמַע יִשְׂרָאֵל יְהוָה אֱלֹהֵינוּ יְהוָה אֶחָד

Pronunciación: Shemá Israel, YHVH Eloheinu, YHVH Ejad

 

(Deuteronomio 6: 4)

 

 

En la parashá (sección o porción) Vaetjanan nos encontramos con las bases de nuestra creencia. Se repite en nuestra memoria el momento supremo de recibir la Torah (kabalá Torá). También tenemos el primero de los tres párrafos del *Shemá Israel:

  • «Shemá Israel«, Escucha Pueblo de Israel,
  • «Yahvéh Eloheinu«, Yahvéh es nuestro Dios,
  • «Yahvéh Ejad«, es Uno y Único.

 

En el lenguaje hebreo la palabra Shemá (escucha), puede también significar «acepta hasta que vibre en todo tu ser«. Por eso, debemos saber que cuando recitamos el Shemá, estamos aceptando la soberanía del Eterno sobre nosotros. Esto quiere decir que aceptamos y nos comprometemos con cumplir Su voluntad tal como se nos indica e instruye en la Torah, con todos los preceptos positivos y negativos (prohibiciones) que el Todopoderoso ordenó observar.

En estas palabras, llamadas El Shemá, encontramos la clave para poder vivir cerca del Eterno en todo momento. Por ello, quiero permitirme el lujo celestial de desglosar esta expresión en cada uno de sus términos, y poder sumergirnos en las profundidades de su significación:

Shemá: Significa «Escuchen con atención y tomen esto seriamente» Es la aceptación de que lo primero que el ser humano tiene que hacer para estar cerca del Eterno es escuchar y obedecer. El Eterno toma la iniciativa para acercarse a nosotros y nosotros sólo tenemos que hacerle caso para poder obtener su gracia. Acércate cada mañana al Eterno y toma unos minutos para escuchar, sin hacer nada más, y deja que el Espíritu de Yahvéh te hable por las palabras de la Torah que has leído. No seas tan rápido en tus oraciones que sólo hables y no escuches. Es mejor escuchar a Yahvéh que hablarle. El shemá nos enseña a poner el escuchar con atención como la máxima prioridad en nuestras vidas, para luego obedientemente llevarlo a la práctica.

Israel: La segunda cosa que es necesario que se destaque en nuestra conciencia es nuestra identidad como pueblo exclusivo del Eterno. El gentil que ha hecho la conversión al Dios de Israel por medio del Mesías Yeshúa es parte del Pueblo escogido, pero no se convierte en judío (no necesita hacerlo), y puede identificarse con el pueblo (Efesios 2:19).

«YHVH Eloheinu» (Yahvéh nuestro Dios): Esta es la declaración de los que son parte de Israel. Al pronunciar esta expresión aceptamos nuestra certeza de que Yahvéh es nuestro Dios personal además de ser el Dios universal. Él mantiene una relación exclusiva con cada uno de nosotros individualmente y establece todas las circunstancias de la vida para extraer y aplicar toda la grandeza con la que fuimos creados. Este versículo revela que Yahvéh es únicamente el Dios de Israel. Los que tienen otros dioses no son parte de Israel. Pero los profetas aseguraron que en el futuro sería el Dios de toda la humanidad a través del Mesías:

“En ese tiempo daré a los pueblos labios puros, para que todos ellos invoquen el nombre de Yahvéh, para que le sirvan de común acuerdo.”

(Sofonías 3:9)

 

“Y YHVH será rey sobre toda la tierra; aquel día YHVH será uno, y uno su nombre.”

(Zacarías 14:9)

 

Hoy, las naciones gozan del cumplimiento mesiánico de estas promesas, y es responsabilidad de nosotros, los hijos primogénitos de Su Monte que demos a conocer Su Nombre entre los pueblos.

 

» YHVH Ejad” (Yahvéh Uno es): La palabra traducida como “uno” (ejad), implica unidad y unicidad. Es decir que el énfasis de esta frase es revelara que Yahvéh es Uno y Único.

 

Primeramente, es interesante decir que las Sagradas Escrituras usan este término para marcar la unidad entre varios elementos o personas, pero que se manifiestan como uno solo. El hebreo usado aquí para uno es ejad, el cual habla literalmente de una unidad compuesta, en lugar de utilizar la palabra hebrea yajeed, la cual se refiere a una unidad absoluta o singularidad (Génesis 22:2 y Salmo 25:16).

La primera vez que se utilizó echad en la Torah es en Génesis 2:24 donde se usa la expresión ejad diciendo «y serán una sola carne”. Nuevamente, la idea de una unidad (una sola carne), haciendo una pluralidad (varón y mujer). En Éxodo 26:6 y 11, los cincuenta corchetes de oro son utilizados para unir cortinas para que la tienda pueda ser una (ejad), una unidad (una) compuesta por una pluralidad (las muchas partes del tabernáculo). En Ezequiel 37:17 el Señor dice a Ezequiel que debe unir dos palos (representando proféticamente a Efraín y a Judá) en uno (ejad), hablando nuevamente de una unidad (un palo) compuesto por una pluralidad (dos palos). No hay ninguna manera en que ejad pueda tener la idea de una singularidad absoluta; la idea de un Dios en tres personas encaja perfectamente con el termino de ejad.

Por lo tanto, la palabra ejad tiene los siguientes dos significados en este contexto: que Yahvéh no es plural (no hay dentro Él dioses en alianza) y que no hay otro igual a Él. Él es el único Dios que existe y esa unicidad, esa singularidad, lo ha revelado a Israel, especialmente a través del Mesías.

La vida eterna consiste en conocer – por experiencia vivencial – al único Dios verdadero, y a quién ha enviado, Yeshúa el Mesías:

“ Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Yeshúa el Mesías, a quien has enviado.”

(Juan 17:3)

 

“…para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para Él; y un Señor, Jesús el Cristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual existimos nosotros. Sin embargo, no todos tienen este conocimiento…”

(1 Corintios 8:6-7a).

 

Así mismo, hasta el título Dios (hb. Elohim) en esta línea sugiere la pluralidad del Eterno en una absoluta y perfecta Unidad. La palabra hebrea es Elohim, gramáticamente, es una palabra plural siendo utilizada como una palabra singular. El rabí Simeón ben Joaji, comentando acerca de la palabra Elohim: “Venir y ver el misterio de la palabra Elohim; son tres grados, y cada grado por si solo, sin embargo, todos son uno, y uniéndose se hicieron uno, y no están divididos entre sí.” El teólogo y reformador alemán Martín Lutero al explicar la exégesis de Elohim usado en este versículo destacó: “Pero tenemos el claro testimonio que Moisés pretendió indicar a las tres personas en una y única naturaleza divina.” ¡No son tres dioses, sino Uno y Único!

 

Sólo hay UN Dios. Adoramos a UN Dios, existiendo en tres personas, no tres dioses diferentes.

 

Un redimido, de mentalidad hebrea, debe saber que el Eterno es Uno Arriba, Abajo y en los cuatro puntos cardinales.

 

El significado de UNO incluye:

 

Es la única Verdad absoluta pues todas las demás realidades dependen de Él para su existencia. La idea significa que no solo hay un Dios, sino que Dios y toda la creación son una cosa. No hay nada aparte de Yahvéh. Nada existe fuera de Él; cada cosa que percibimos, cada partícula de existencia no es sino una manifestación del Eterno.

 

La esencia del Eterno es Una, si bien podemos percibirlo solamente a través de diversos atributos.

 

Él es una Unidad, no puede ser dividido ni comparte Su soberanía. Él es el Rey del Universo.

Es Uno por encima del tiempo y el espacio. Aunque podemos aceptar los eventos y las personas únicamente en términos del pasado, el presente y el futuro, debemos entender que Yahvéh es eterno; y aunque podamos pensar de cualquiera como confinado en un lugar, debemos saber que Yahvéh está presente en todas partes (Omnipresente).

Está por encima de cualquier atributo corporal. Aunque estemos obligados a referirnos a Él en términos comprensibles para nosotros, como son: «Su Voz», «Su Brazo», etc. debemos comprender que en realidad no tiene ningún atributo físico y no está sujeto a ninguna condición o limitación alguna.

Esta es la verdad esencial de Yahvéh, nuestro Dios. Él es una persona y no una fuerza vaga panteísta. Siendo Uno, Él no puede ser representado por imágenes contradictorias. Ya que Yahvéh nuestro Dios es uno, Él no es Baal, ni Astarté. Él es Yahvéh, el verdadero Dios, y el Señor de todos, y esos dioses no lo son.

 

Este es el motivo por el cual tenemos que amar a Yahvéh con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todos nuestros medios o recursos.

 

Por eso necesitamos elevar nuestra conciencia ante el hecho de que el Shemá es una de las herramientas más poderosa para atraer energía sanadora a nuestra vida. El verdadero poder del Shemá es liberado cuando recitamos esta oración mientras meditamos con ella al despertar, y antes de acostarnos. Decir el Shemá por la mañana y por la noche es una hermosa mitzvá (mandamiento) que garantiza la atmósfera de milagros que necesitamos para cada día.

 

El Shemá Israel proviene de la tecnología espiritual de la Torah, y está diseñada para ayudarnos a traer la consciencia Mashiaj a nuestra vida y la de nuestra familia.

 

Para finalizar, debo decir que al tiempo que un hijo primogénito debe creer en la Unicidad de Yahvéh en todo momento, está obligado a proclamarlo verbalmente cada mañana y cada noche por donde quiera que vaya y a toda criatura que encuentre en su peregrinar.

 

 

Ahora los invito a que consideren la decodificación de la palabra EJAD (Uno) en este imagen:

 

 


Crear Atmósfera de Milagros… (El Poder de Rezar el Shemá)

Por P.A. David Nesher

«Juntaos y oíd, oh hijos de Jacob, y escuchad a Israel vuestro padre.»

(Génesis/Bereshit 49:2)

La Torah (Instrucción) del Eterno revela que cada hebreo tiene la obligación de recitar el pasaje bíblico conocido como Shemá Israel (Escucha, Israel), dos veces por día. Una a la mañana y la otra recitación al anochecer, en cumplimiento de la de-codificación del precepto: “y hablarás de ellas … al acostarte y cuando te levantes” (Deuteronomio 6: 7 b). Es decir que la primera obligación diaria de un hebreo es la recitación del Shemá. Ésta consiste en la recitación del versículo (Deuteronomio 6:4): “Escucha Israel, El Eterno es nuestro Dios, El Eterno es Uno”. Junto con el párrafo mencionado el principal significado del Shemá es una proclamación de la unidad de Dios y la aceptación del Yugo de Su Reino.

Entonces, el precepto de la aceptación del Yugo Celestial se cumple principalmente mediante el recitado del versículo (Dvarim-Deuteronomio 6:4)  “Shemá Israel: YHVH Eloheinu YHVH Ejad”. Inmediatamente después de recitado, se pronuncia en voz baja la frase “Baruj Shem Kevod Maljutó Leolám Vaed”. Si bien esta última frase no figura en la Torah en el marco de la porción del Shemá, existe una explicación histórica para agregarla al rezo.

El Midrash (conjunto de explicaciones y/o exégesis) cuenta que Jacob reunió alrededor de su cama a todos sus hijos, y antes de bendecirlos les hizo esta última pregunta:

_ «Hijos míos, ¿estáis bien firmes en vuestra creencia en el único Dios?«

Cómo respuesta, sus hijos levantaron las manos al cielo y dijeron:

_ «Shemá Yisrael (oye, Israel – Jacob -): ¡El Eterno es nuestro Dios, el Eterno es Uno! Nuestra fe es la tuya y nuestra confianza está en el Creador de los cielos y de la tierra«.

Jacob, reconfortado, dijo entonces:

_ «Bendito sea para siempre el nombre de su eterno reino«.

La frase del Shemá quedó desde entonces como la profesión de fe del Pueblo de Dios, su principio máximo y la condensación de sus ideales. Por ello, cabe destacar el dato de que estas fueron las últimas palabras pronunciadas por los mártires israelitas que cayeron en todas las generaciones, al Kidush Hashem (por la santificación del nombre de Dios de Israel): Shemá Yisrael, YHVH Elohenu, YHVH Ejad.

También vale aquí explicar que aunque el Shemá es una parte integral de los servicios matutinos y vespertinos, no es, hablando técnicamente, una oración. Más bien, es una declaración de fe. Es una afirmación de la unidad del Eterno que nos recuerda nuestras obligaciones para con Él. Es una declaración de fe que recuerda los signos del Pacto Renovado en el Mesías y nos advierte contra los desvíos de querer seguir los deseos vanos del corazón y las inmoralidades que los ojos puedan ansiar.

A los efectos de comprender esta cuestión, es necesario, primeramente, explicar dos niveles diferentes de fe (emunáh) que vibran en la unidad de YHVH. El primer versículo “Shemá Israel” expresa el plano superior, absoluto y único de lo que se denomina la “unificación superior” (en hebreo “ijud elión”). En este nivel todos los aspectos y matices se hayan incluidos y unidos en la revelación divina. La segunda frase expresa el plano que surge a raíz de  la creación y al que se llama “unificación inferior” (hebreo “ijud tajtón”), por medio del cual aceptamos el Yugo Celestial según la fe que se manifiesta en este mundo.   De acuerdo a esta fe, cada criatura y aspecto de la creación posee un sitio propio; YHVH les da vida a todos, reina sobre ellos y los dirige en conformidad a la conducta de estos para completar Su propósito eterno en la Creación. Esto significa que Su Nombre y Su Soberanía se revelan en el mundo. O sea, lo que se manifiesta en la creación no es Su esencia sino Su nombre y Su soberanía, ya que si la primera se manifestase todas las criaturas se verían anuladas ante Su Inconmensurable Luz.

Dado que la fe en el plano superior es de un nivel muy elevado, esta se manifiesta únicamente en la raíz del alma en momentos de auto-sacrificio o “mesirut nefesh” (entrega total del alma). Por eso, el Eterno, nuestro Abba kadosh, nos preceptuó tomar contacto con esta dimensión únicamente dos veces al día al recitar o rezar el “Shemá”. Empero, conjuntamente con la unificación superior, los sabios estipularon que recitemos también la “unificación inferior”, esto es, que expresemos el nivel de la fe que se revela en este mundo en todos sus diferentes matices. Este nivel es de gran agrado a ojos del Eterno, ya que el objetivo final de la creación es que se manifieste la fe en este mundo físico en toda su belleza y esplendor. Con todos sus colores y sonidos, pasiones y características.

En el lenguaje hebreo la palabra Shemá, traducida como «escucha«, puede también significar «acepta en tu esencia hasta que vibre en todo tu ser«. Por eso, cuando recitamos el Shemá, debemos aceptar la soberanía de Yahvéh, como Dios único y verdadero, gobernando sobre nosotros. Esto quiere decir aceptar el cumplir Su voluntad tal como se nos indica e instruye en la Torah, con todos los preceptos positivos y negativos (prohibiciones) que el Todopoderoso ordenó observar.

En definitiva, al rezar el Shemá, cada santo está confesando que Yahvéh, nuestro Dios es, entonces, el verdadero conductor de todo, y sólo Su proyecto perdurará. Su bondad y perfección entonces serán plasmadas en su creación, tal como está revelado en las Sagradas Escrituras.

Por lo tanto, al pronunciar este versículo con su agregado histórico entendemos que YHVH es la fuente de toda la creación por toda la eternidad, y declaramos que unidos a Él por el Yugo de Comunión que tenemos en el Mesías (la Torah) podemos ver una atmósfera diferente llena de posibilidades, pues en cada situación de la vida se esconde un bien de Su propósito eterno.

שמע ישראל יהוה אלהינו יהוה אחד
“Oye, Israel: Adonai nuestro Dios, Adonai uno es”
 
(Bendito sea el nombre de su gloriosa majestad por siempre jamás)
 
Y en fonética hebrea:
 
“Shema Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad”
 
(Baruj Shem Kevod Maljuto Leolam Vaed)

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