parashá Lej Lejá

Teshuváh por el mérito de Abraham ante los Cuatro Exilios

Extraído de “Los días están llegando“, por el Rab Ezriel Tauber

Abraham y los Cuatro Exilios

Sobre lo que es llamado «el pacto entre las partes», Dios le dijo a Abraham:

«Toma tres vacas, tres cabras, tres carneros, una paloma y un pichón (gozel)». Abraham los trajo, los cortó a la mitad y puso cada mitad opuesta a la otra. (ésta era una forma en la que se efectuaba un contrato en tiempos bíblicos). Sin embargo, a los pájaros no los dividió.

(Bereshit 15:9-10)

Cada animal representa un exilio diferente. Las vacas representan Babilonia, las cabras, representan a Persia, los carneros son símbolos de Grecia y los pájaros, representa al exilio Edom-Roma.

¿Por qué los pájaros fueron los únicos animales que no se dividieron? El gran pensador judío y figura rabínica, el Maharal de Praga, responde que todas las otras filosofías tienen un punto de vista para argüir en contra.

Babilonia declara: Que el hombre más fuerte gane; supervivencia del más apto; la fuerza impone el bien. Mientras más músculos tenga uno, más derecho tiene de vivir y gobernar sobre otros. Tiene, por lo tanto, el derecho sobre el que es más débil que él. Nabucodonosor no tiene ninguna necesidad de justificarse por causar destrucción. Cualquiera que fuera más débil que él debía esperar ser dominado.

Esta ideología puede ser argumentada en contra. En otras palabras, tal como Abraham cortó las vacas, el argumento de Babilonia puede ser cortado en dos, es decir, existe otra parte en el argumento.

«Sí, puedes tener fuerza física con la cual dominar», puede argumentarse con una persona con mentalidad de Babilonia, «sin embargo, Dios no le dio a la Humanidad la capacidad de dominar para dominar a otros, sino con objeto de enseñarte que tienes la obligación de dominarte a ti mismo: ‘¿Quién es fuerte? El que se conquista a sí mismo’. Debes, por lo tanto, aprender a contenerte. Debes tener tu lado espiritual dominando sobre tu lado físico».

Lo mismo es cierto para Persia. El mundo filosófico persa argumenta, «¿Por qué el Creador le dio al hombre la capacidad de experimentar belleza, placer, alegría y lujuria? Debe ser a fin de pasar la vida persiguiéndolos. Y mientras más placer, hay más valor en la vida».

Esto es discutible. Lo podemos dividir en dos opiniones. El punto de vista de la Torah es: «Sí, existe lujuria, placer, deseo, etc., sin embargo el propósito de Dios en hacerlos parte del hombre, es para aprender a dominar cada uno de ellos para ser usado para el bien, como se prescribe en la Torah. Estos placeres deben ser controlados y limitados».

El tercero es Grecia. El filósofo griego dice, «Dominación y placer no son tan nobles como las ocupaciones del intelecto. Estoy de acuerdo con los judíos que hablan de psique, de alma, de espiritualidad. La espiritualidad es un placer muy superior a la dominación y la lujuria física».

Su argumento es persuasivo pero defectuoso, y más peligroso que otros porque está muy cerca de la verdad. Voy a explicar esto usando el símbolo de la fiesta de Janucá, el aceite.

Una aceituna se compara al mundo físico. Es dura y amarga; no vale mucho por sí misma. Sin embargo, las aceitunas pueden presionarse para hacer salir su valioso aceite, el cual es dulce y útil.

El Talmud afirma: Rabí Yojanán dice:

«¿Por qué se compara a Israel con las aceitunas? Así como la aceituna no renuncia a su aceite a menos que sea presionada y aplastada, así también Israel regresa al bien solamente a través de la lucha y el sufrimiento».

El aceite de oliva es un símbolo del fruto de la lucha; es la sabiduría que uno gana después de sobreponerse a la adversidad.

El simbolismo, entonces, del aceite en la aceituna, es: el mundo físico no es un fin en sí mismo. Tiene una contraparte espiritual, abstracta. Y es esto lo que le da a la existencia física su verdadero significado.

¿Dónde estaba la diferencia real entre la filosofía griega y la Torah? La respuesta puede verse en las dos formas en las que uno puede usar el aceite.

El aceite de oliva tiene un sabor grato. En muchas culturas se considera un manjar. Por un lado, entonces, el aceite puede consumirse.

Por otro lado, el aceite tiene otra función: puede ser usado como combustible para luz.

El que consume el aceite es el único que puede disfrutar su sabor. Grecia quería usar la espiritualidad para sus propios fines. ése es el defecto de su argumento. Ellos dicen: «¡Sé espiritual! Ten tu religión para servirte a ti mismo.» Es su espiritualidad y su moralidad la que se alude cuando el versículo afirma: «La bondad de las naciones es (en realidad solamente) pecado». Todo lo que hacen es realmente sólo para ellos mismos.

El punto de vista de la Torah, sin embargo, replica, «Cierto, la función principal de la oliva es ser una fuente de aceite, pero el aceite tiene el propósito de ser usado para otros. Toma el aceite de oliva y después prende la menoráh (candelabro). De esta luz, cientos más pueden beneficiarse simultáneamente. Trae luz al mundo con éste».

Éste es el concepto de espiritualidad de la Torah. Debemos extraer el aceite de la oliva (a través de la diligencia y, si es necesario, con el sufrimiento) pero el aceite debe ser benéfico para todos; debe alumbrar al mundo entero.

Y esto es lo que Grecia trató de quitar. Los griegos llegaron al Templo y contaminaron todo el aceite, contaminaron la idea de aceite usado para fines desinteresados. Ellos afirmaban, «úsalo para ti mismo, para tu placer intelectual y estético; y no difundas la idea de usarlo para el bien de otros».

Grecia tiene un argumento delicado: El mundo está aquí para nosotros y la espiritualidad es otro tipo de experiencia que puede ser usada para nuestros propios propósitos. Pero ellos también deben oponerse a usar el aceite por su luz.

Ahora podemos entender el simbolismo de Abraham cortando solamente tres animales. La idea es que existen dos puntos de vista. Las civilizaciones que provocaron el exilio representan un punto de vista. Su punto de vista es contrastado y choca con el de la Torah. Al cortar Abraham los animales en dos, indicó que el buscador diligente de la verdad siempre será capaz de discernir las raíces de sus argumentos defectuosos y llegar a la verdad. En esencia, la Torah enseña que las experiencias físicas, emocionales e intelectual-espirituales tienen propósitos más elevados y desinteresados. ése es el propósito de la vida.

Por lo tanto, las perspectivas de Babilonia, Persia y Grecia pueden ser debatidas. Sin embargo, Edom, el cuarto imperio, es diferente. Abraham no cortó los pájaros. Y el Maharal explica por qué:

Redención de Edom

En el «Pacto entre las Partes», después que Abraham cortó a los animales, descendió un buitre sobre los cadáveres.

Un buitre (en hebreo: ayit, singular) bajó a los cadáveres y Abraham los (plural, es decir buitres) ahuyentó (vayashev) (Bereshit 15:11).

De acuerdo al Midrash, cuando el buitre descendió súbitamente sobre los cadáveres, Abraham tomó un instrumento pesado y trató, sin éxito, de matarlo. Sólo después tuvo éxito en salvar a los cadáveres, y en breve explicaremos cómo.

¿Qué representa el buitre?

De acuerdo a la simbología hebraica el buitre (un ave, es decir un animal en la misma clasificación que la paloma y el pichón) es Edom. (De hecho, el buitre es una tercera ave, que es el mismo número requerido en relación a los otros animales usados en el pacto). Es referido en el mismo versículo una vez en singular y luego en plural porque Edom abarca numerosas filosofías que están bajo el mismo único encabezado: «Opresor y Confusor de Israel». Asumen muchos nombres y caras, pero están unidos en un objetivo: confundir a Yaakov y vencer a Israel.

Leemos que después que Abraham ahuyentó al ave, se durmió:

Y sucedió, cuando el sol estaba a punto de ponerse, un profundo sueño cayó sobre Abram (Abraham); y he aquí, un temor, una gran oscuridad cayó sobre él. (Bereshit 15:12)

Como explican los Sabios del Midrash, el «temor» que experimentó Abraham fue una visión profética en relación a los cuatro exilios.

El significado profundo del pacto que acababa de cortar fue comprensible para él: al final de los cuatro exilios, justo antes de la llegada del Mesías, todos sus descendientes caerán víctimas de los cuatro exilios y la gran mayoría del pueblo judío perdería su identidad como judíos. Algunos van a ser eliminados físicamente a través de Babilonia, algunos van a ser afectados en su corazón y se volverán casi religiosos y algunos van a ser afectados en su intelecto y se van a volver creyentes fanáticos de ideologías extrañas.

Edom, la herencia de la cultura Occidental, entonces vendrá y combinará las culturas de los tres exilios previos. Sin embargo, no va a estar satisfecho con eso. él, como el buitre, se va a querer unir a las otras culturas en su intento de consumir todos los remanentes del pueblo de Israel.

A Abraham se le demostró todo esto en una visión de temor. Él percibió las pruebas y las tribulaciones de sus hijos, el pueblo de Israel. Él deseó salvar los remanentes finales, aun aquéllos que de una forma u otra eran nada más que cadáveres. Este es el simbolismo de haber tomado un instrumento pesado en un intento de matar al buitre.

Sin embargo, no podía hacerlo. No era posible.

Viendo que enfocarse en el buitre era infructuoso, se dio cuenta que la única solución era hacer volver en sí al cadáver. El Midrash dice que él lo logró haciéndolos hacer teshuvá, arrepentimiento. [La palabra vayashev, «y lo ahuyentó (al buitre)» consiste en la raíz de la palabra que puede interpretar al versículo para dar a entender: «y les provocó que retornaran», es decir, hacer teshuvá].

Abraham se dio cuenta que la única manera de apartar la influencia de Edom, que tiene el arsenal de los tres imperios previos a su disposición, es a través de la teshuváh.

El Maharal pregunta:

“¿Por qué no podía Abraham matar al buitre? La respuesta es porque no puedes debatir con él. Te dice que tienes razón y continúa en sus caminos. Él dice: «No me confundas con los hechos». Está enfocado en sus deseos y ningún hecho en el mundo lo va a hacer ver las cosas lógicamente. Por lo tanto, no hay debate.”

Este es uno de los errores que la gente comete cuando piensa que cualquier cosa puede obtenerse a través del debate. Puedes ganar el debate indiscutiblemente, pero si el perdedor determinó de antemano que no iba a cambiar, nada lo va a cambiar.

¿Entonces qué debe hacerse?

Debemos ir con nuestra propia gente y despertarla, como Abraham hizo con el cadáver. No deberíamos perder nuestro tiempo intentando matar al buitre o queriéndolo hacer cambiar. Todo vuelve para cambiarnos a nosotros mismos; cambiarnos en medio de la misma sociedad que su inercia y estancamiento espiritual son legendarios. Debemos regresar a nosotros mismos.

El Midrash continúa: ¿Cuándo va a ocurrir eso? ¿Cuándo va a convertir Abraham los remanentes en baalé teshuvá? La respuesta es: Cuando tus hijos se vuelvan como cadáveres, vacíos de todo, sin huesos, sin venas, sin recuerdo en ellos de que alguna vez fueron judíos. Entonces tu mérito, Abraham, los va a representar, vas a ser capaz de traerlos de regreso.

Esto es lo que estamos presenciando en la actualidad. Vemos el increíble regreso de judíos totalmente alienados. ¿Por qué no empezó hace cien o cincuenta años, cuando muchos de nuestro pueblo emigraron a la tierra de Israel? La respuesta es que entonces éramos como cadáveres, desprovistos de vida judía. Sin embargo, todavía teníamos algunos tendones y huesos, todavía teníamos muchas características de judaísmo. Todavía teníamos alguna fidelidad a una asociación superficial con judíos o judaísmo.

Y Abraham solamente viene cuando ya no queda nada. Es por esto que vemos el fenómeno que cuando más asimilados son sus antecedentes, más se despiertan a la Torah y se convierten en Abrahames individuales.

Ahora, ¿por qué el Midrash afirma que esta teshuvá iba a ocurrir específicamente por el mérito de Abraham? ¿Por qué no en el mérito de Yitzhak o de Yaakov?

Si Yitzhak o Yaakov vinieran a nosotros y nos dijeran que empezáramos de nuevo, nuestra respuesta sería: ¿Cómo puedo compararme contigo? Yitzhak, tú tenías de padre a Abraham; Yaakov, tu padre era Yitzhak, y tu abuelo Abraham. Es fácil para ti hablar de reconstruirse espiritualmente. Sin embargo, yo no tengo a nadie. ¿Cómo puedo empezar?

Sin embargo, Abraham viene a nosotros y dice: «¿Por qué no puedes empezar de nuevo? ¿Por qué no naces nuevamente?» No vamos a tener excusas porque Abraham puede respondernos, «No importa en qué circunstancias te encuentres, yo estaba en peores circunstancias cuando descubrí a Dios. Tuve que luchar en contra de mis propios padres. Mi padre Teraj, era un líder de idolatría. Nimrod, un dios autodeclarado, gobernaba a todo el mundo civilizado. Sin embargo, yo solo descubrí la verdad. Me di nacimiento a mí mismo. Revolucioné el mundo. ¿Por qué no puedes lograr lo mismo?

Cuando Abraham se presenta con este argumento, nadie tiene excusas. Todos nosotros podemos empezar de nuevo. Es por esto que se usa el mérito de Abraham.

No obstante qué tan lejos pensemos que estamos de la Torah, no estamos tan alejados. Cuando concibes la situación como una línea recta, mientras más te alejes del origen, más alejado estás del origen. Sin embargo, cuando te das cuenta que la situación es más similar a un círculo de 360 grados, entonces si empiezas a las 12, lo más que te puedes alejar de tu origen es 359.9 grados. No obstante, en ese punto estás a sólo un paso del comienzo.

[…]

La lección que nos están enseñando es la misma que la citada anteriormente: Cuando Dios nos despoja de todo, cuando no somos nada más que huesos desprovistos de piel y venas, entonces estamos listos para la redención. En el mismo momento en que la desesperación está en lo más alto y todo parece perdido, en ese preciso momento, podemos adquirir nuevamente todo a través de nosotros mismos.

Antes que el Mesías llegue, vamos a estar aparentemente lo más alejados de nuestros orígenes, 359.9 grados de lejanía. En ese punto, en realidad, estamos solamente un paso alejados de Abraham y nuestros orígenes.

El exilio es seguido inevitablemente de la redención. El fin de un círculo es el inicio del siguiente. En el Zohar, el proceso se llama atar el fin con el inicio. El pueblo de Israel nunca se puede perder. Es un asunto de círculos. Nosotros que somos los que estamos presenciando los últimos deterioros, somos los más cercanos a la renovación absoluta, y deberíamos aprender a tomar ventaja de esto.

Rab Ezriel Tauber


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Abraham ¿Fue un Corrupto?

Por Moisés Franco

“Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra. 

Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.

(Génesis 12: 10 -13)

Si vemos el relato de Bereshit 12, donde el patriarca le dice a su esposa Sara (en ese momento Sarai) que se haga pasar por su hermana. Esto, dado que la matriarca era una “mujer muy hermosa” y que a causa de ello lo matarían en Egipto; en cambio, si decía que eran hermanos a él le iría bien.

Si lo leemos en los términos literales y lineales propios de una mentalidad grecorromana occidental del siglo XXI, se podría pensar que Abram (antes de que el Eterno le cambiara el nombre), actuó como un inescrupuloso utilitarista que no tuvo reparos en entregar a su propia esposa a cambio de seguridad y bienes materiales.

Sin embargo, la versión Torat Emet (traducida: verdad absoluta) explica que el patriarca no miró con ojos meramente naturales, sino que proféticamente vio lo que ocurriría con sus descendientes. Ellos serían esclavos en Mitzrayim pero saldrían repletos de las riquezas.

Abram confió en que YHVH proveería salvación para su casa, que le daría de alguna u otra manera escapatoria para salir airoso de la tierra de la “estrechez”; y así fue. El Eterno castigó con una plaga al faraón y éste no pudo acostarse con Sarai, percibiendo que esto era un juicio divino por querer tomar a la esposa del patriarca, expulsó al matrimonio de su reino repleto de ganado y esclavos.

¿Por qué sería tan importante sentar ese precedente profético como para arriesgar la integridad de su esposa y el cumplimiento mismo de la promesa celestial de descendencia?.

Si analizamos la historia relatada en Shemot (Éxodo), el oro y demás tesoros dados por los egipcios a Israel al momento de su salida de la esclavitud fue utilizado para la construcción del mishkan.

Ese tabernáculo fue un centro espiritual que permitió el inicio del cumplimiento del Proyecto mesiánico Emanuel, es decir, Dios habitando en medio de su pueblo. Esto, permitiría la progresión de los tiempos del Eterno hasta la plena manifestación física de la promesa mesiánica: Yeshúa el Mesías, por medio de quien llegó la posibilidad de salvación para toda la humanidad (Jn.3:16-17).

Sarai, por su parte, fue llamada “hermosa”. Esta palabra es en hebreo “yafé”, cuyo valor gemátrico es 95. Según Bill Heindrick, una de las frases que tienen ese mismo valor es “Dios es juez”. Según la Torat Emet, la mujer le dijo al ángel (de YHVH) que castigara al faraón y éste lo hizo con una enfermad epidérmica que le impidió cohabitar con ella.

Por ende, esta mujer no era tan sólo la esposa de un hombre de fe, sino alguien con una fuerte conexión espiritual con los Cielos que supo confiar en la justicia de su Dios y reclamarla a su favor.

En conclusión: lejos de ser un acto de cobardía machista, los hechos relatados en este pasaje demuestran la importancia de tener una cosmovisión y fe hebrea (del otro lado) al leer las Sagradas Escrituras. No fue un acto de incredulidad el de Abram, sino por el contrario, una declaración profética de hechos futuros que serían de bendición para todos los seres humanos, tal como el Eterno se lo prometió en Bereshit 12:3:

Bendeciré a los que te bendigan
    y maldeciré a los que te maldigan;
¡por medio de ti serán bendecidas
    todas las familias de la tierra!


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Llamado a Tener un Exitoso Destino (Parashá Lej Leja)

Por P.A. David Nesher

Alguien recuerda esta consigna celestial?:

Cuando tu dejas “TODO” lo de afuera (Mundo de Abajo) lograrás alcanzar el TODO del TODO.

Ella es la que permite que tengas verdaderos avances de FE… Esa CERTEZA que te permite salir de tu nivel Kadnut (mente pequeña) del nefesh y adentrarte en los niveles ilimitados de gadlut (mente superior) que tu neshamáh desarrolla cuando el Eterno te revela Su justicia.

Si te atreves ingresa en este link y luego comentar lo que esto te inspiró:

La Vocación de Abraham: Santificar el Nombre del Eterno

Por P.A. David Nesher

“Y Yahvéh dijo a Avram:
Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”

(Berseshit/Génesis 12:1-3)

 

Después de cinco años en Harán (o Jarán), el Eterno le recuerda lo que originalmente le había dicho a Abram en la tierra de los caldeos. Cuando leemos el relato que el diácono Esteban hace en el libro de los Hechos, descubrimos que Yahvéh ya se había aparecido a Avram en Ur-Kasdim:

“El Dios de gloria apareció a nuestro padre Avraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Jarán, y le dijo:

SAL DE TU TIERRA Y DE TU PARENTELA, Y VE A LA TIERRA QUE YO TE MOSTRARE.

Entonces él salió de la tierra de los caldeos y se radicó en Jarán. Y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora vosotros habitáis.”

(Hechos 7: 2-4)

Así pues nos queda claro que Avram ya había recibido su vocación divina en el país donde nació. Al leer el primer libro de las Sagradas Escrituras no encontramos la razón por la que Teraj, el padre de Avram, tomó la decisión de salir de Ur con parte de su familia.

Sin embargo, cuando acudimos al testimonio del libro de Yashar, junto con otros midrashim (enseñanzas), nos enteramos que Teraj había sido el general del ejército del rey Nimrod cuando tuvo a su hijo Avram, y por causa de un mensaje de los astrólogos Nimrod había decidido matar a todos los niños recién nacidos en su reino porque temía que un nuevo rey había nacido que le iba a quitar de su puesto. Por esto, Teraj escondió a Avram en una cueva durante 13 años y con astucia le entregó un niño recién nacido de una de sus siervas, diciendo que era Avram. De este modo Avram pudo sobrevivir el primer ataque contra su vida. Esta fue la primera de las diez pruebas que tuvo que pasar nuestro padre.

La segunda prueba que cuentan los midrashim fue cuando Avram no quiso adorar a los dioses de madera y piedra que su padre Teraj servía. También desafió la idolatría del rey Nimrod y por eso fue puesto en la cárcel durante diez años y luego echado en un horno de fuego junto con su hermano Harán. Yahvéh lo liberó milagrosamente de esa prueba pero su hermano fue consumido por las llamas.

Entonces, pareciera ser que por causa de todo esto Teraj tomó la decisión de salir de Ur para tener paz en su familia. Su plan era ir hasta la tierra de Kenáan, pero nunca llegó. Se quedó por la mitad, en Jarán, en la parte sur-este de lo que hoy es Turquía. La obediencia parcial de Avram no quitó la promesa de Yahvéh. En lugar de esto, significaba que la promesa estaba “en espera” hasta que Abram estuviera listo para hacer lo que el Señor dijo.

Es que es muy difícil dejar el propio país donde uno tiene todas sus relaciones. Es muy difícil salir de su pueblo, y todavía más, salir de la casa del padre de uno. Pero eso es lo que le pidió el Señor a Abram. A partir de estas palabras se descubre un doble fracaso por parte de Abram. Hay tres cosas que le fueron ordenadas por el Eterno. En primer lugar, él tenía que dejar su tierra y a las personas que vivían allí. Con respecto al primer requisito Abram obedeció, pero en referencia a los dos últimos fracasó. En segundo lugar, él tenía que separarse de su padre y de la casa de su padre. Pero en lugar de dejar a su padre y a su familia, llevo a su padre Teraj y su sobrino Lot con él. En esto no fue obediente. Teraj significa retardo, y Abram estaba atascado en Harán.

Los estudiosos no saben bien si el Eterno repitió su llamado a Avram en Jarán, o es que simplemente Avram tomó la decisión de salir por causa del llamado que había recibido ya estando en Ur, antes de que su padre había tomado la decisión de salir de allí. Lo cierto, es que ahora vemos como Avram obedece el llamado de salir de su tierra y de su familia. Sin embargo, aún lleva consigo a su sobrino Lot, cuyo nombre significa “velo”, que con el tiempo le causará muchos problemas.

 “Y tomó Avram a Sarai su mujer, y a Lot su sobrino, y todas las posesiones que ellos habían acumulado, y las almas que habían hecho en Jarán, y salieron para ir a la tierra de Kenáan; y a la tierra de Kenáan llegaron.

(12:5)

Las almas que habían hecho es una referencia a que habían ganado personas para la fe de ellos. Según Rashí, Avraham convertía a los hombres y Sará convertía a las mujeres. Según el midrash, Avram convocó asambleas públicas en Jarán, para proclamar la verdad de Un Creador, e instó a servirlo. Luego de los discursos públicos, estaba dispuesto a debatir sus propuestas con cualquier persona que las cuestionara. Así ganó decenas de miles de adeptos que reconocieron la existencia de Yahvéh como el único Boré Olam (Creador).

“Y atravesó Avram el país hasta el lugar de Shejem, hasta el planicie de Moré. Y el cananeo estaba entonces en la tierra. Y Yahvéh se apareció a Avram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Entonces él edificó allí un altar a Yahvéh que se le había aparecido.”

(12:6-7 )

Abram atravesó toda esa región hasta llegar a Shejem (Siquén), donde se encuentra la encina sagrada de Moré. Shejem era una ciudad pagana y fue el centro cananeo de la idolatría y las prácticas ocultas. Los cananeos tenían santuarios en arboledas de robles y Moré puede haber sido uno de sus centros de culto. Ahora bien, por un lado, el nombre Shejem significa “hombro”, “cerviz”, “nuca”, en relación con levantar una carga o llevar un yugo, y el nombre Moré significa “maestro”. Por otro lado, Abram no había llegado a ser influenciado por los cananeos, ni él a adorar a sus dioses. Por el contrario, el venía con una misión: proclamar que Yahvéh es único y verdadero Dios. Por eso, la primera experiencia espiritual profunda que tuvo Avram después de haber obedecido al Eterno al salir de Mesopotamia, fue una aparición del Eterno en Shejem y Moré. Es sólo cuando nos separamos del mundo y caminamos en obediencia al propósito eterno de Dios que podemos entrar en comunión con Él.

Esta experiencia le marcó tanto que tomó la decisión de edificar en ese lugar un altar. Ese altar representa la primera experiencia en la vida de la fe de todos los que van a ser contados por Dios como hijos, se trata de la entrega del yo. Edificar un altar en la antigüedad significaba que junto al mismo se construía y constituía una yeshivah (escuela) o centro de estudios de la doctrina de la divinidad que en dicho altar se invocaba. Es decir, que nuestro padre Avram hizo un altar desde el que invitaba a muchos habitantes de Kenan a venir a conocer al Eterno.

El altar es un lugar de sacrificio, un animal es ofrecido como representación del hombre. La ofrenda de ascensión (holocausto) simboliza una entrega total. El altar es el lugar donde la voluntad del hombre se somete a la voluntad del Eterno. “No se haga mi voluntad sino la tuya.” “Que no sea como yo quiero sino como tú quieras.” Eran las expresiones comunes que un ofertante daba como oración junto a su sacrificio. Después de esto, la construcción de altares se convirtió en una costumbre de los patriarcas (12:8, 13:18, 22:9, 26:25, 33:20, 35:7).

Un dato curioso para mencionar aquí es que todo el relato de los patriarcas es una anticipación de lo que le pasó a sus descendientes. Esto pone de relieve los incidentes en su vida, tales como la perforación de pozos y sus varios viajes, lo que de otro modo serian poco importantes. Por lo tanto, la primera parada de Abram estaba en Shejem, una indicación de que este sería el primer lugar para ser tomado por sus descendientes, incluso antes de que llegara el momento para que ellos conquisten la tierra prometida.

  • La historia posterior a Avraham nos muestra que Shejem llegó a ser un lugar de grandes decisiones para sus descendientes (cf. Génesis 33:18-20, Génesis 28:20-21; 37:12-17; Josué 24:1, 14-27; Jueces 21:19; 1 Reyes 12:1; 12:25).
  • Shejem fue elegido como un lugar de refugio (cf. Josué 20:7).
  • Yosef fue sepultado en Shejem esperando la resurrección de los muertos. Su tumba se encuentra allí todavía hoy, cf. Josué 24:32.

Así que, Shejem representa en la vida de Avraham el lugar de conversión, el lugar donde muere de sí mismo y reconoce a Yahvéh como su único Dios verdadero, invitando a todo ser humano a venir a Él como Fuente. Es el lugar donde el Eterno le prometió por primera vez que su descendencia recibiría esa tierra.

Y de la misma manera como Avraham tuvo esa experiencia, todos los que en el día del juicio van a ser finalmente contados como sus hijos tendrán que tener la misma experiencia. Todos sus hijos tendrán que pasar por Shejem, donde reconocen al Dios único y mueren de sus propias vidas en el primer altar.

Como hemos dicho, Shejem significa “cerviz”, “hombro” o “espalda” y viene de una raíz que tiene que ver con inclinarse para levantar una carga sobre su espalda. Esto nos lleva a pensar en el momento cuando el Mesías se inclinó para llevar sobre sus hombros el madero de tormento sobre el cual iba a ser sacrificado para la redención eterna de todos los hijos de Avraham. Shejem simboliza la muerte de Yeshúa. Fue el primer lugar donde Avraham tuvo que pasar para poder ser el padre de la gran nación y obtener la tierra de Israel. La muerte y resurrección de Yeshúa es la base sobre la cual Yahvéh entrega la tierra a los hijos de Avraham.

También hemos visto que junto a Shejem está la llanura de Moré. Moré significa “maestro y viene de una raíz que significa “fluir”; “poner”, “echar”, “tirar”; “señalar”; “enseñar”. Es la misma raíz que se encuentra en la palabra Torah. Así que cuando Avram primero tuvo la experiencia profunda de conversión en Shejem al mismo tiempo tuvo la experiencia de lo que implica tener un Moré, un Maestro que le enseñaba la Torah. La Torah (Enseñanza) es algo que marca la diferencia entre lo santo y lo común, lo verdadero y lo falso, luz y tinieblas, vida y muerte, etc. Por lo tanto, el Eterno mismo fue quien le enseñó los mandamientos a nuestro padre Avraham:

“Avraham me obedeció, y guardó mi ordenanza, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.”

(Génesis 26:5)

Más adelante, después de la entrada en la Tierra, los hijos de Israel tuvieron que marcar la diferencia entre la bendición y la maldición precisamente en el valle de Moré.

En el norte tenían el monte Eival, que representa la maldición que es producida por la desobediencia a los mandamientos, y en el sur tenían el monte Guerizim, que representa la bendición por obedecer los mandamientos, cf. Deuteronomio 11:26-32; 27:12; Josué 8:33.

Moré es el lugar donde se reconoce la Torahdel Eterno como el patrón de nuestra vida.

Moré representa también a Yeshúa HaMashíaj como el gran Maestro (Rabino) que enseña a sus seguidores de mentalidad hebrea a vivir según la Torah que fue dada en Sinai, tal como Él mismo lo aseguró en su enseñanza de la montaña:

“No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.”

(Mateo 5:17-20:)

Combinando los dos lugares Shejem y Moré, vemos también una conexión entre nuestra aceptación de la muerte del Mesías y la aceptación del Mesías como nuestro Maestro de Torah.

Shejem y Moré representan los dos pasos para ser salvo tal como el apóstol Pablo se lo recordaba a los discípulos de Roma:

“si confiesas con tu boca a Yeshúa por Señor (hebreo Adón; griego Kyrios), y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.”

(Romanos 10:9-10)

Tanto Adón como Kyrios significa “señor”, ”maestro”, ”gobernante” y ”jefe”.

Por otro lado, debo decirles que en la literatura rabínica de Israel de todos los tiempos, encontramos que los sabios hablan del “yugo de la Torah”, el “yugo del Reino de los Cielos”, el “yugo de los mandamientos” y el “yugo del arrepentimiento”, y todos estos “yugos” son términos para tomar o aceptar la Torah. Es decir que la palabra “yugo” normalmente representa la Torah.

Así pues nos encontramos con Yeshúa que al llamar seguidores les decía: “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí” (Mateo 11:28). Aquí Yeshúa se refiere al entendimiento de los hebreos del “aprendizaje” que se puede ver como dos bueyes unidos para arar. Uno mas viejo, el buey más fuerte con más experiencia se coloca en un yugo al lado de un buey joven con menos experiencia. El joven entonces se entera de sus responsabilidades de la edad a través del yugo. El descanso que ofrece Yeshúa es el yugo con el que estamos obligados a él. ¿Cuál es el yugo? ¿Cómo podemos, como el buey más jóvenes, aprender de Yeshúa, el buey viejo? El yugo es la Torah, las enseñanzas de Dios. Como Yeshúa caminó la Torah, nosotros estamos unidos a él para aprender los caminos de Yeshúa a través del yugo de la Torah. Por eso, cuando Yeshúa dice que su yugo es fácil y su carga ligera, hay una referencia implícita al estilo de vida itinerante que llevaba; a esa alusión de no tener dónde reposar la cabeza, situación compensada por la recompensa de recibir las enseñanzas de un maestro de Torah.

Pero aún no está todo dicho. Permítanme peregrinar con ustedes unos niveles más de lo que se esconde en este texto. Para ello leamos lo que se relata a continuación:

 “De allí se trasladó hacia el monte al oriente de Betel, y plantó su tienda, teniendo a Betel al occidente y Ai al oriente; y edificó allí un altar a Yahvéh, e invocó el nombre de YHVH.”

(12:8)

Diré que Betel significa “casa de Dios”, “casa del Poderoso”. En el contexto de una mentalidad hebrea la palabra casa puede significa dos cosas:

  1. Núcleo familiar
  2. Lugar de habitación

En este caso Betel simboliza tanto la Familia de Dios como el Templo de Dios. Pues bien, la vocación de Avram nos está diciendo que no podemos quedarnos solamente en la experiencia de Shejem y Moré, que representa la conversión al Dios de Israel por medio de Yeshúa HaMashíaj y la aceptación de la Torah dada por Moshé y explicada por el Mesías. ¡El Eterno asegura que hay más!

Ya les expresé que en la mente hebrea se habla de dos yugos, el yugo del Reino y el yugo de la Torah. El yugo del Reino está representado en el significado de Shejem, y el yugo de la Torah está representado por Moré. Estos dos yugos están también expresados en los primeros textos de la confesión del Shemah. En el primer texto del Shemah está escrito:

“Escucha, Israel, YHVH es nuestro Dios, YHVH es uno. Y amarás a YHVH tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.”

(Deuteronomio 6:4-9 )

Este texto representa el yugo del Reino, el cual implica aceptar al Eterno como nuestro único Dios de manera personal. Por esto está escrito en singular: “amarás, tu, tu, tu, enseñarás etc.”

Ahora, el amor por el Eterno se manifiesta en la obediencia a sus mandamientos. Shejem nos lleva a Moré.

El segundo yugo, el de la Torah, se encuentra en Deuteronomio 11:13-21 donde leemos lo siguiente:

“Y sucederá que si obedecéis mis mandamientos que os ordeno hoy, de amar a YHVH vuestro Dios y de servirle con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, El dará a vuestra tierra la lluvia a su tiempo, lluvia temprana y lluvia tardía, para que recojas tu grano, tu mosto y tu aceite. Y El dará hierba en tus campos para tu ganado, y comerás te saciarásCuidaos, no sea que se engañe vuestro corazón y os desviéis y sirváis a otros dioses, y los adoréis. No sea que la ira de YHVH se encienda contra vosotros, y cierre los cielos y no haya lluvia y la tierra no produzca su fruto, y pronto perezcáis en la buena tierra que YHVH os da. Grabad, pues, estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma; atadlas como una señal a vuestra mano, y serán por insignias entre vuestros ojos. Y enseñadlas vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y escríbelas en los postes de tu casa y en tus puertas, para que vuestros días y los días de vuestros hijos sean multiplicados en la tierra que YHVH juró dar a vuestros padres, por todo el tiempo que los cielos permanezcan sobre la tierra.”

 

En este yugo de la TorAH vemos como el pronombre se va cambiando a una forma plural. En el primer yugo, el del Reino el texto está escrito de una forma solamente personal, singular, “amarás, tu, tu, tu, enseñarás, escribirás etc.”

En este yugo de la Torá vemos que se usa la forma plural “obedecéis, os, vuestro, vuestro, vuestra, vuestra” pero luego, en el versículo 14 va pasando al singular: “recojas… etc.” para luego volver al plural en los versículos 16-19a: “cuidaos…”, después al singular en los versículos 19b-20: “te…” y, finalmente, al plural en el versículo 21.

De esto aprendemos que el yugo de la TorAH nos enseña a vivir nuestra vida privada en obediencia en una relación con el pueblo del Eterno. Por lo tanto no es suficiente vivir solos delante del Eterno. Necesitamos formar parte de un colectivo. Y este es precisamente el resultado del trabajo de la Torah en nuestras vidas.

Uno no puede amar al Eterno y aborrecer al hermano. Es imposible, porque el amor al Eterno te lleva forzosamente a amar a tu prójimo, primero los más cercanos y luego los que están más allá de los conocidos.

En esto pensaba el apóstol Pablo cuando le escribía a los discípulos de Éfeso:

“Yo, pues, prisionero del Señor, os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también vosotros fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.”

(Efesios 4:1-6)

Así mismo a los filipenses les insistía en esto diciéndoles:

“Por tanto, si hay algún estímulo en el Mesías, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.”

(Filipenses 2:1-4)

Y a los de Colosas los animaba así:

“Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesús el Cristo, orando siempre por vosotros, al oír de vuestra fe en Jesús el Cristo y del amor que tenéis por todos los santos… Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como el Mesías os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad. Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.” 

(Colosenses 1:3-4; 3:12-15)

 

En todos estos textos vemos la importancia de tener una relación correcta con el pueblo de Dios, valorándolo como la Familia de Dios y el Templo de Dios para cada uno de los redimidos.

La experiencia de salvación con la aceptación del yugo del Reino y el yugo de la Torah es maravillosa, y transforma nuestra vida personal. Pero hay más. Conforme vayamos creciendo en el conocimiento del Eterno por medio de Su Torah revelada por medio de Moshé y el Mesías Yeshúa, entraremos en una dimensión nueva de nuestra vida espiritual, la dimensión de colectivismo y así pasamos de Shejem y Moré a Betel, la familia del Eterno.

Es cierto que tenemos una responsabilidad delante del Eterno de nuestras vidas personales, cada uno será juzgado según su propia obra, en pensamientos, palabras y hechos, pero nuestras vidas no fueron creadas para ser islas separadas en un lago, sino miembros de un cuerpo, un colectivo, una gran familia, la gran familia de los hijos de Avraham.

“… al oriente de Betel, y plantó su tienda, teniendo a Betel al occidente y Ai al oriente; y edificó allí un altar al Eterno, e invocó el nombre del Eterno” 

Ai significa montón o ruina. Betel significa casa de Dios. ¡Un montón de piedras no es una casa!

Avram se colocó entre Betel y Ai. Cada día al salir de su tienda por la mañana vio que Ai estaba delante y Betel detrás, porque las tiendas siempre se colocan con la entrada hacia el oriente. Para poder ver la casa de Dios – Betel – tuvo que dar las espaldas al montón de piedras – Ai. De la misma manera nosotros tenemos que escoger entre ser una piedra solitaria, aunque sea parte en un montón de piedras juntas, o ser parte de una casa donde hay orden y disciplina.

Para ser parte de una casa hace falta pasar por un proceso de corrección, ser una piedra viva, labrada, y ajustada y colocada en un lugar específico en el edificio. Ya uno no puede hacer lo que le parezca, lo que le plazca.  Hay constructores que han sido puestos para edificar una casa del Eterno en todo lugar, esforzándose para que las piedras sean ajustadas y colocadas cada una en su lugar.

Así que ya terminó el tiempo de ser una persona espiritual solitaria. Llegó el tiempo de ser parte de una casa, un cuerpo, y unirse definitivamente a los hermanos.

Por este espíritu velaban y trabajaban los apóstoles del Señor en las primeras comunidades de seguidores de Yeshúa:

“Por tanto, desechando toda malicia y todo engaño, e hipocresías, envidias y toda difamación, desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis probado la benignidad del Señor. Y viniendo a El como a una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios, también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Yeshúa el Mesías. Pues esto se encuentra en la Escritura: HE AQUI, PONGO EN SION UNA PIEDRA ESCOGIDA, UNA PRECIOSA piedra ANGULAR, Y EL QUE CREA EN EL NO SERA AVERGONZADO. Este precioso valor es, pues, para vosotros los que creéis; pero para los que no creen, LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS CONSTRUCTORES, ESA, EN PIEDRA ANGULAR SE HA CONVERTIDO, y, PIEDRA DE TROPIEZO Y ROCA DE ESCANDALO; pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y para ello estaban también destinados. Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia.”

(1 Pedro 2:1-10)

La Torah no relata que Avram plantó su tienda en Shejem. Pero aquí en Betel sí. Es un lugar donde hay que plantar la tienda. Es un lugar donde hay que afirmar su estancia. Hazte miembro de un colectivo de personas que creen igual que tú y sé fiel a esa comunidad.

El relato nos cuenta que Avram “edificó allí un altar a Yahvéh, e invocó el nombre del Eterno” y este altar representa la entrega total al Eterno dentro de un contexto colectivo, en la congregación de los creyentes, en la casa del Eterno. Invocar el Nombre no significa solamente tomarlo en los labios, sino dar a conocer al mundo entero que Él es el único. Después de haber estado en Mesopotamia y luego en Egipto, Avraham toma sobre sus hombros la tarea de hacer conocer el Nombre del Eterno al mundo entero, para que supieran que El es el único Dios verdadero, fundando Centros de Instrucción (yeshivot) para capacitar a todo ser humano que quisiera obtener su santidad y justicia. Esto será la pauta más importante de la misión que la vocación mesiánica marca. Así es como lo dejó en claro nuestro Mesías:

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Yeshúa el Mesías, a quien has enviado.” 

(Juan 17:3)

Avram dio a conocer el Nombre del Eterno en Shejem, Moré, y entre Betel y Ai. De esto aprendemos que lo que más impacta al mundo no es nuestra propia experiencia de aceptación del yugo del reino y de la Torá, nuestra experiencia con  el Mesías Yeshúa como Salvador y Señor, sino nuestra convivencia en amor en la congregación de los creyentes, y por sobre todo nuestra proclamación de la buena noticia de Su Reino entre los hombres:

“Un mandamiento nuevo os doy (Moré):

que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado (Shejem), así también os améis los unos a los otros.

En esto conocerán todos (Proclamó el Nombre) que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros (Betel).”

(Juan 13:34-35)

Amado discípulo de Yeshúa te aconsejo que ya no vivas como una piedra solitaria, sin más bien déjate edificar como una casa espiritual y así proclamar el Nombre del Eterno entre los que te conocen.

 

Ahora, antes de despedirme de cada uno de ustedes, quiero compartirles un dato muy curioso y lleno de los misterios metafísicos de los Cielos. Existe un fenómeno natural muy interesante en el lugar donde Avram invocó el Nombre del Eterno por primera vez, allí en la Tierra prometida. El nombre hebreo de YHVH está escrito con las letras actuales hebreas, en las montañas en el mismo lugar donde nuestro padre plantó la tienda y edificó altar. Esto se puede ver en las imágenes de los satélites.

 

 

Bein Habetarim: Las Dos Mitades de Dios… (Pacto con Abrahán)

Por P.A. David Nesher

Y le dijo: Yo soy Yahvéh que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra para que la poseas.
Y él le dijo: Oh Señor Eterno, ¿cómo puedo saber que la poseeré?
Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.
Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves.
Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba.”

(Génesis 15: 9-11)

Al comenzar este estudio diré que nos sumergiremos en la investigación de los códigos que conforman un pacto confirma la perpetuidad de la promesa de la tierra para los descendientes de Avram. La promesa de la Tierra de Kenaan para la descendencia singular de Avram es reforzada por el Eterno por medio de un pacto que erradicará toda duda en el alma del patriarca. El Midrash para explicar esto dice:

La razón por la cual Avram buscó una señal fue el temor que su descendencia pecara y HaShem no les permitiera seguir viviendo en Tierra Sagrada. HaShem le aseguró a Avram – “Aún si pecaran, he preparado un medio para perdonarlos, las korbanot (sacrificios)”. Entonces le demostró a Avram la naturaleza de las futuras korbanot, mediante la preparación de tres bueyes, tres chivos, tres carneros, una paloma y una tórtola en representación de varias ofrendas.

El intérprete Rashí, en base a esto, dice: 

Tres becerras (bueyes) constituyen una alusión a tres novillos: al novillo ofrecido en el día de la expiación (Yom Kippur), al novillo de la comunidad a causa de un asunto oculto  por parte del Sanedrín (Lev. 4:13), y a la becerra desnucada (Deut. 21:1).

Tres cabras en alusión al macho cabrío cuyo servicio era realizado en el interior (Lev. 16:9-15), a los machos cabríos de las ofrendas adicionales (musaf) de las festividades (Núm. 28:22), y al macho cabrío en ofrenda de un pecado (jatat) de un individuo (Lev. 4:32).

Tres carneros en alusión a la ofrenda de culpa certera (asham vadai) (Lev. 5:15, 25; 14:12; 19:21; Núm. 6:12), a la ofrenda de culpa dudosa (asham talui) (Lev. 5:17-19), y a la oveja en ofrenda de pecado (jatat) de un individuo (Lev. 27:35).”

Claro que al leer nosotros el versículo 9 desde una mente postmoderna occidental, la imaginación se enciende más allá de lo real. Entonces nuestros pensamientos son tentados a ver más bien una especie de lista de compras de un hechicero afro-brasileño, en vez de elementos rituales que el verdadero Dios necesita en verdad. ¿Acaso Yahvéh va a cocinar una poción extraña que le quitará todas las deudas a Abram?

Más allá de lo que nosotros podamos imaginar o no, lo bueno es que Abram sí captó la intención del pedido. Él entendió que Yahvéh le estaba diciendo que preparara los elementos necesario de un contrato o alianza para que Él pudiera firmarlo. En aquellos días, y por aquellas regiones, los contratos se hacían partiendo sacrificios animales y poniendo los cadáveres partidos en el suelo. Después ambas participantes del pacto caminaban juntas entre las mitades de los animales, repitiendo los términos del contrato que recibía el nombre de pacto.

Ya he enseñado que un pacto es un acuerdo entre dos partes. Esencialmente un pacto es una alianza permanente entre dos partes, que sella una amistad tan cercana que son como un solo cuerpo, y cada uno es tan responsable del otro como de si mismo.

Según las Sagradas Escrituras existen dos tipos básicos de pactos: el condicional y el incondicional. Un pacto condicional o bilateral es un acuerdo obligatorio para ambas partes para su cumplimiento. Ambas partes se comprometen a cumplir ciertas condiciones. Si alguna de las partes no cumple con sus responsabilidades, el pacto se rompe y ninguna de las partes tiene que cumplir las expectativas del pacto. Un pacto incondicional o unilateral, es un acuerdo entre dos partes, pero solamente una de ellas tiene que hacer algo. No se requiere nada de la otra parte.

El pacto abrahámico es un pacto incondicional o unilateral. Yahvéh, nuestro Dios, hizo promesas a Abraham avinu que no requerían que el patriarca hiciera algo. Pero veamos los detalles de este pacto contados en el relato bíblico, y consideremos los códigos lumínicos que vibran proféticamente en él.

En la antigüedad, los pactos se hacían con una ceremonia. Se mataban animales, partiéndolos a la mitad, desde la cabeza hasta la cola. Este corte dejaba un charco de sangre entre las dos partes. En la ceremonia del pacto, los participantes debían caminar en medio de las partes de los animales, manchando sus vestiduras con la sangre del sacrificio. Luego de pasar, decían: “¡Que así me sea hecho, si no cumplo con mi parte del pacto!”. Los pactos eran compromisos muy serios, se los consideraba un compromiso de vida o muerte, y para siempre. Yahvéh quería asegurarle a Abram que su promesa era muy seria, y por eso lo llevó a hacer este tipo de pacto. A este tipo de pacto se lo conocía con el nombre de Bein Habetarim (Pacto de las mitades).

El cortar en dos partes un animal simbolizaba el hecho de que una enfermedad o lesión no solo afecta una parte sino a ambas, y la separación de ambas partes implica la muerte; de manera que los que pactan, se comprometen si fuese necesario a arriesgarse a si mismos con tal de librar al otro de cualquier peligro. Y sobre todo de evitar a toda costa la separación que seria como matar el cuerpo. Este pacto conducía a las partes a mostrar que se comprometían a que no existiera división, sino que lo que había sido partido sería considerado como una unidad perfecta entre ellos. Por ello, este tipo de pacto exigía tal intimidad entre las partes firmantes que todo el tiempo se veían obligados a compartir sus pensamientos, evitando así esconder información que pueda afectar la integridad del otro, es por eso que incluso Yahvéh más adelante le revela a Abraham lo que su descendencia sufriría antes de recibir la promesa. De igual modo el Eterno considerará oportuno contarle a Abraham su decisión de traer juicio destructor sobre la alianza de Sodoma y Gomorra.

Pero, al leer el texto, nos encontramos que al principio de este pacto no pasó ninguna parte del compromiso entre los sacrificios partidos. Durante todo el día, según parecía a Abram, estuvo él sentado mirando solitario, sólo ahuyentaba las aves de rapiña que acudían sobre los cuerpos muertos. Esto es lo que parecía al ojo del sentido común de nuestro padre en la fe. Ahora bien, tras la caída del sol, un sueño profundo y un terror de la gran oscuridad sobrecogieron a Abram. La edad de cada animal sacrificado, el largo día de soledad, las aves de rapiña que descendían y el terror que le vino con la noche, todo se aplicaba a lo que Yahvéh le iba a predecir: que durante tres generaciones la descendencia de Abram sería afligida en Mitzraim (Egipto); pero en la cuarta , cuando la medida de la iniquidad de los habitantes de momento de Canaán alcanzar su plenitud, volverán y entraría en la posesión  prometida de la tierra. En cuanto a Abram, iría “a sus padres en paz”.

Entonces fue cuando se realizó el pacto; no como de costumbre, pasando ambas partes entre el sacrificio partido, sino solo haciéndolo Yahvéh, porque el pacto era el de la gracia, el el cual una sola parte (el Eterno) tomaba todas las obligaciones mientras la otra recibía todos los beneficios.

Yahvéh, para firmar este pacto, se representa a sí mismo con dos emblemas: Un horno humeando, y una antorcha de fuego.

  1. El horno humeando nos hace recordar la columna de nube que representa la presencia de Dios (Éxodo 13:21-22), el humo en monte Sinaí (Éxodo 19:18), y las nubes de la gloria Shekiná de Dios (1 Reyes 8:10-12).
  2. La antorcha de fuego nos hace recordar la columna de fuego que representa la presencia de Dios (Éxodo 13:21-22), nos hace recordar la zarza que quemaba sin consumirse, que demostraba la presencia de Dios ante Moisés (Éxodo 3:4), y nos hace recordar el fuego del cielo que, a veces, consumía holocaustos que agradaron a Dios (1 Reyes 18:38, 1 Crónicas 21:26, 2 Crónicas 7:1).

Por primera vez vio Abram el horno humeando y la antorcha de fuego que pasaban entre las mitades partidas; el resplandor divino envuelto en un nube, del mismo modo que lo vio Moshé en la zarza, y los hijos de Israel en su paso por el desierto, y tal cual como permanecería posteriormente en el santuario sobre el propiciatorio, y entre los querubines.

Todo los detalles de este pacto nos permite entender las razones que hicieron que Abraham fuera único para Yahvéh. Abram no sólo reconoció a Yahvéh, como único y verdadero Dios, sino que también entendió que esa verdad debía afectar a todo el mundo. Yahvéh creó a la humanidad para que ésta tenga una relación con Él. Si el ser humano ignora al Eterno, se genera un defecto en el universo. Entonces, Abraham salió y le enseñó a la gente sobre la existencia del Dios Ejad (Uno y Único). Por ello, erigió su tienda en medio de un cruce de las “autopistas internacionales” de aquellos días para que todo el que viajara entre esas dos ciudades pasara por ella, y entonces Abraham le enseñaba. Abraham no se veía como un individuo que trataba de mejorarse a sí mismo, viviendo placenteramente una espiritualidad personal. Por el contrario, él se sabia el progenitor de un movimiento que hará que la existencia del Eterno fuera absolutamente clara en cada detalle de la historia humana.

Entonces, cuando Abraham se expandió más allá de su ser, Yahvéh actuó de forma recíproca. El Eterno reconfortó a Abraham en el Brit Habetarim (pacto de las mitades) al mostrarle toda la historia del pueblo hebreo. Yahvéh le reveló incluso los diseños del Templo y sobre la conexión única que este permitiría entre el pueblo jy Yahvéh. Abraham se dio cuenta que el compromiso era seguro: Si te preocupa el futuro del Nombre del Eterno, entonces a Yahvéh le preocupará tu futuro.

Pero Abraham no estaba satisfecho y anticipó la potencial caída del pueblo hebreo que podría llevar al exilio. ¿Puede existir una relación entre Yahvéh y Su pueblo en el exilio? El Eterno respondió haciendo que Abraham cayese en un sueño profundo, en el cual le mostró que incluso cuando la historia del pueblo judío fuese oscura y desalentadora, la conexión permanecería y eventualmente llevaría a la redención (Génesis 15:12-14).

Entonces, debo señalar el primer hecho yahvista que aquí se revela, y es que Yahvéh nuestro Dios, representado por el horno humeando y la antorcha de fuego, pasó entre las partes de los animales solo; mientras Abram simplemente miraba. El Eterno así mostró que este pacto era un pacto unilateral (incondicional). Abram nunca “firmó” el pacto porque Dios lo “firmó” por los dos. Así que, la seguridad del pacto que el Eterno hizo con Abram, no está basada en lo que Abram fuera o hiciera, sino que está basada en Yahvéh y quien es Él. El pacto no podía fallar porque Yahvéh no puede fallar.

El segundo hecho yahvista que se revela en este texto es que Avram no es capaz de caminar con Yahvéh entre las partes. Sin embargo aparecen un horno y una antorcha. Es decir, dos fuegos diferentes. Esto muestra que alguien está tomando el lugar de Avram para representarlo en este pacto. ¿Quién será? De acuerdo a la enseñanza profética, la antorcha es el Mesías (Isaías 62:1).

De esta misma manera, y para renovar y establecer su pacto incondicional con nosotros, Yahvéh nuestro Padre, caminó entre los pedazos del cuerpo quebrado y sangriento de Yeshúa, y Él mismo “firmó” el pacto por Su Nombre y por nosotros también. Por ello, será importante que aceptemos que un pacto divino no es un acuerdo mutuo entre dos personas, sino una promesa divina asegurada. Nosotros meramente entramos en el pacto por fe; nosotros no “hacemos” el pacto con el Eterno. ¡Somos salvos por gracia! (Efesios 2:8).


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La Verdadera Dignidad Rechaza la Oferta Manipuladora del Rey de Sodoma

Por P.A. David Nesher

“Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram:
–Dame las personas y toma para ti los bienes.
Respondió Abram al rey de Sodoma:
–He jurado a YHVH, Dios altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que ni un hilo ni una correa de calzado tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: “Yo enriquecí a Abram”; excepto solamente lo que comieron los jóvenes. Pero los hombres que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, sí tomarán su parte.”

(Bereshit/Génesis 14:21-24)

Tal y como hemos visto, Abram, con los 318 (trescientos dieciocho) soldados de su ejército personal, había vencido sobre los reyes más poderosos de aquella época. Nuestro padre en la fe, con la ayuda sobrenatural del Eterno había podido recuperar tanto los prisioneros de guerra (entre ellos su sobrino Lot), como los bienes materiales de las cinco ciudades de la llanura que habían sido atacados.

Como pareciera lógico y apropiado, vemos que el rey de Sodoma quizo recompensar a Abram por los esfuerzos que él hizo para recuperar todo lo que la alianza de los cinco reyes del oriente le habían quitado. Por eso, le ofreció a Abram una gran cantidad de aquel botín. Aparentemente este rey simplemente tenía la “buena intención” de cubrir los gastos de guerra, y entregar una recompensa a sus aliados por haberle devuelta sus bienes y su gente. Sin embargo, Abram no lo tomará.

Entonces, meditando en la negativa de Abram ante la propuesta del rey de Sodoma surge una cuestión: ¿por qué era tan importante para Abraham avinu (nuestro padre) no recibir nada del rey de Sodoma? ¿No era esta una oportunidad magnífica para aumentar sus riquezas?

Para otros (quizás para nosotros) esta oferta quizás hubiera sido una buena cosa y muchos la hubieran considerado como una gran bendición del Eterno. Pero Abram no pensaba así. Para nuestro padre en la fe era más importante el buen nombre que las buenas ganancias. Para él era más importante no ser manipulado por los hombres que obtener sus beneficios.

Abram rehusó ser recompensado, porque él no permitiría que ningún hombre dijera que una mano humana enriqueció a Abram. Él, como buen adorador, demandó que todo el crédito fuera hacia el Eterno y solamente a Él.

Con esta actitud Abram avinu mostró su fidelidad a Yahvéh dando a entender en esta respuesta que él no quería depender de ganancias que lo comprometieran con su vocación. Así, Abram afirmaba delante de los hombres (y aún los ángeles) que aceptaba incondicionalmente las condiciones divinas para lograr el cumplimiento de las promesas de Yahvéh. Abram rechaza de este modo, y pleno de dignidad, toda sospecha de que quisiese enriquecerse con bienes ajenos. ¡Abram demandó que todo el crédito fuera hacia Dios y solamente a Dios!

Sin embargo, al mismo tiempo, Abram dejará claro su sentido de justicia, al no imponer sus escrúpulos sobre sus aliados los amorreos Aner, Escol y Mamre (Génesis 14:13). Ellos tenían derecho al botín como les fuera apropiado.

Estas cosas, que parecen no tener mucha importancia, son en verdad primordiales para todos los que desean ser aprobados por el Eterno.

Nuestro padre Abram no amaba el dinero. El amor al dinero es la raíz de todos los males (1Timoteo 6:10). La verdad es que Abram amaba al que es el Poseedor del cielo y la tierra y por eso Él le podía confiar a Abraham tanta riqueza porque sabía que él no iba a convertir las riquezas en un dios falso.

Siempre debemos tener en cuenta que el dinero es un buen siervo, pero un mal señor. Si hacemos cosas sólo por el dinero somos esclavos e idólatras, porque la avaricia es una forma de idolatría (Colosenses 3:5). Avraham había limpiado su corazón de toda avaricia y toda idolatría.

Pero en este caso hay un punto mucho más importante que el tema de la avaricia. El punto era lo que el rey de Sodoma podía decir en cuanto a nuestro padre.

Abram conocía la maldad que había en el corazón del rey de Sodoma y de sus conciudadanos. Sabía que su lengua podía hacer mucho daño. Sabía que sus motivos no eran puros y por eso podía manipular la verdad de manera que su nombre corriese el riesgo de ser manchado. Por eso, él rehusó obtener todo provecho personal para que este rey (representante del Otro Lado) no fuera a presumir de que él era quien enriqueció a Abram en vez de Dios.

El sabio rey de Israel expresó:

Más vale el buen nombre que las muchas riquezas, y el favor que la plata y el oro.”
(Proverbios 22:1)

Abram discernía que el rey de Sodoma diría que era él quien lo había enriquecido, y así se jactaría a costa de un hombre justo. Seguramente su orgullo lo conduciría a decir: “Si no fuera por mí, Abram no sería tan importante. Yo soy el que le he hecho rico.” Esto sería muy dañino para el nombre de nuestro padre. Por sobre todo, profanaría el nombre del Eterno, lo cual es mucho peor. El Eterno era verdaderamente quien hizo prosperar a nuestro padre, no los hombres. La alabanza y gratitud de su riqueza tenía que llegar solamente al Poseedor del cielo y la tierra, no a un rey perverso.

Cuando estamos dispuestos a buscar lo que los hombres tienen por éxito en la carne, y por ende, usamos métodos del mundo, es imposible decir que fue Yahvéh quien concedió el éxito. Siempre lo mejor será dejar que sea el Eterno quien te eleve, para que Él reciba la gloria y que tú también sepas que fue Su trabajo.

Por eso, mi querido lector (o lectora) no digas sí a todas las ofertas que aparentan ser bendiciones. Piensa una y dos veces antes de recibir dinero de alguien. Ten siempre presente, que posiblemente, detrás de esas ofertas se esconden manipulaciones e intereses personales, especialmente si vienen de personas mundanas como el rey de Sodoma. Cuida tu nombre y el Nombre del Eterno que representas. Mejor es quedarte sin una buena paga que perder tu buena fama. El generoso siempre prospera.


Melquisedec Pan y Vino

Por P.A. David Nesher

“Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.
Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.”

(Génesis 14: 17 -20)

En el contexto de esos pocos versículos del Génesis que estamos considerando, se relata una guerra entre unos reyes del Medio Oriente en la cual se ve mezclado Abram, que resulta vencedor. Con los trescientos dieciocho soldados de su ejército personal, Abram había vencido sobre los reyes más poderosos de aquella época. Con la ayuda del Eterno había podido recuperar tanto los prisioneros de guerra, Lot incluido, como los bienes materiales de las cinco ciudades de la llanura que habían sido atacados.

Mientras el ejército de Abram volvía, entró en el valle de Save, cerca de los muros de la ciudad que posteriormente sería Jerusalén. En medio de esta marcha victoriosa, Malki-Tzedek (Melquisedec), rey y sacerdote de Salem, le sale al encuentro para homenajearlo y lo bendice en nombre de El-Elyón, (Dios Altísimo); ofrece en acción de gracias un sacrificio de pan y vino del cual participan los vencedores y recibe del patriarca, como reconocimiento, el diezmo del botín. La escena que se viviría aquí será tan diferente a todo lo que Abram ha vivido desde que salió de Ur de los caldeos, que su significación se interpretaría en los posteriores tiempos como la demarcación de una transición espiritual importantísima en la Historia de la Salvación que Yahvéh venía escribiendo en medio de los acontecimientos humanos.

Abram, pagó el diezmo de todo, pero se fue mucho más enriquecido con la alegría de haber escuchado, de boca de este extra, las palabras que confirman la bendición mesiánica del Eterno para su vida y su simiente.

“Ofreció pan y vino”.

¡Que extraño el personaje de Malki-Tzedek! Este rey y sacerdote, que no hace sino atravesar el horizonte de Abram, ha excitado la curiosidad de los exégetas. El misterio que lo rodea, le ha permitido basto desarrollo a la exégesis alegórica que ha sabido sacar, ya en la Escritura, magnificas enseñanzas bajo la luz del Espíritu Santo. El Salmo 110 y, luego la carta a los Hebreos (cap. 5 y 7) ven es este hombre la figura del Mesías, el Sacerdote Único del Altísimo. El filósofo judío Filón de Alejandría ve en Malki-Tzedek un símbolo del Logos (Verbo de Dios), por la idea de justicia que su nombre implica y por la embriaguez que produce en las almas a través del vino de la sabiduría que el Verbo otorga.

Abram es consciente que la batalla que acaba de ganar no es la guerra completa a la que el Eterno lo ha llamado. Él sabe que para entrar en una lucha de naturaleza más seria que la que acaba de librar, necesita de una comunión con Yahvéh más profunda también en su naturaleza que le permita conocer las pautas y los lineamientos de los mundos superiores. El patriarca, por grande que fuera, está muy consciente que solamente trabajaba por preparar la venida del que conseguirá a todas las naciones la bendición prometida por el Eterno. El pan y el vino de Malki-Tzedek restauró el alma de Abram, después de la lucha, en tanto que la bendición fortalecería su corazón y su mente para la batalla que iba a sostener con el rey de Sodoma.. si el “poseedor de los Cielos y de la Tierra” ocupa su pensamiento y controla sus emociones, los bienes de Sodoma no podían tener sino poco atractivo para él. Aquí aparece veladamente el Mesías, sacerdote y rey, que consagra el pan y el vino, para impartir en los hombres la Luz de Su sabiduría con el objeto de vencer las propuestas materialistas del sistema reptiliano.

La ofrenda de pan y vino era en estas tierras un refrigerio que se daba a los soldados que regresaban de la batalla. En referencia a esta costumbre, podemos ver y  comprender que la maldición sobre los amonitas es terrible justamente por haber negado pan y agua a Israel cuando iban de camino después de salir victoriosos de Egipto (Dt. 23:4).

Ahora bien, más allá de esta costumbre, Abram aceptó del rey de Salem no solamente el pan y vino para el alimento de los guerreros agotados, sino que él sabía que este misterioso varón era, por medio de estos emblemas, el portador de una bendición sacerdotal que confirmaría las promesas mesiánicas que vibraban sobre sus lomos por parte del Eterno. Melquisedec era sacerdote y rey, Abram sólo un profeta; Melquisedec fue reconocido como el legítimo poseedor del país, el cual por el momento sólo había sido prometido a Abram. Es verdad que el futuro sería mayor que el presente, pero es verdad también que en ese momento las promesas divinas sobre Abram eran solo futuro. Melquisedec era el propietario de esa realidad bendiciendo a Abram, y transfiriendo su título a él; mientras que Abram reconocía el presente dando los diezmos de todo a Melquisedec, e inclinándose para recibir su bendición.

En verdad, nos encontramos frente a un “banquete cultual” en el que Melquisedec bendice y da gracias a Yahvéh por lo que ha realizado en medio de aquella guerra internacional, a través de la victoria de Abram sobre sus enemigos. Por lo tanto, este culto patriarcal estará compuesto por ritos y elementos que vendría a ser una anticipación profética de lo que el Mesías realizaría como nuestro goel (“pariente redentor” o “vengador de sangre”) al guerrear a nuestro favor liberándonos de la cautividad babilónica (reptiliana).

Por eso, al sacar pan y vino, Malki-tzédek le mostró a Abram lo que sus descendientes (los hebreos) harían en el futuro en el servicio cultual: incluir, además de los holocaustos de animales, ofrendas del reino vegetal (minjá -oblaciones, y nesajim -libaciones). Estos korbanot (sacrificios u ofrendas) servirían como oráculo para capacitar la mente de Israel en lo que sería la característica primordial de la era mesiánica. Ellos comprenderían que el vino de las libaciones y el pan de las oblaciones señalaban un tiempo especial en el que los hombres redimidos no lucharían solos para lograr la corrección de sus propios temperamentos y conductas intentando apegarse al Eterno. Por el contrario, en el Mesías, como Gran Sumo Sacerdote de Justicia (Tzedek) y Paz (Shalom) lograrían el acercamiento a Yahvéh, como Abba, solamente con el fruto de labios (teshuvá y tefilá).

Malki-tzédek era una persona “cultivada” en los aspectos de la interioridad, en el manejo de palabras, en pensamientos elaborados, en bellas filosofías provenientes de los códigos mismo de Or EinSof (Luz Infinita) por eso al ofrecer pan y vino, anunciaba a Abram que la bendición que le otorgaba, daría lugar a una mentalidad consciente de que cada redimido debe “sacrificar” su corazón y su deseo ante Yahvéh. De este modo, llegaría un día, en el que la sangre de los animales, los sacrificios sanguinarios, perderían su relevancia, pasando a ser las oblaciones y las libaciones excelentes vehículos para la adoración personal del Eterno.

Esa consciencia de adoradores en espíritu y en Verdad, permitiría la manifestación de siervos de Dios que aprendieron con fuerza en sus almas, por medio de la emuná (fe) lo que el profeta Oseas señalara:

“…en lugar de vacunos te ofrecemos [el fruto de] nuestros labios.”

(Oseas 14:3)

La Cosmovisión de Pan y Vino.

“… la hierba haces brotar para el ganado, y las plantas para el uso del hombre, para que saque de la tierra el pan,
y el vino que recrea el corazón del hombre, para que lustre su rostro con aceite y el pan conforte el corazón del hombre.”

(Salmo 104: 14 -15)

En la cosmovisión hebrea siempre se ha considerado al cereal (cebada y trigo), y al vino como los productos agrícolas más importantes. Con esta valoración otorgada, les ha sido asignado también una significación muy especial tanto en la alimentación cotidiana como en el culto particularmente de las fiestas del Eterno. De este modo el pan y el vino, con sus correspondientes bendiciones, han sido a lo largo de la historia para los hebreos elementos esenciales de la comida cotidiana, y ocupan un lugar especialmente relevante en la liturgia de acogida y de despedida del Shabat, así como en las celebraciones familiares propias de algunas de las principales festividades del calendario litúrgico hebreo, de forma muy especial por lo que respecta a la celebración del séder de Pascua (Pésaj).

El Pan

El pan es un símbolo del alimento humano en general. El pan, era visto por los hebreos como un don de Yahvéh, otorgado al hombre como una fuente de fuerza. El pan es el que sustenta, el que sacia el hambre, el que da fuerza y vigoriza. Con esta cosmovisión, en la oración que Yeshúa enseña a sus discípulos (el Padrenuestro), el pan parece resumir todos los dones que nos son necesarios (Lc. 11: 3); más aún: fue tomado por signo del más grande de los dones (Mc. 14,22).

La alimentación con pan y los milagros relatados en las Sagradas Escrituras vinculados con ella, muestran que lo importante para Yahvéh es el hombre como una integralidad total. No es sólo una parte. No sólo es el cuerpo, y no sólo es el alma.

El pan, preparado en su forma más sencilla con agua y harina de trigo molido (a lo que se añade naturalmente el fuego y el trabajo del hombre) es el alimento básico. El pan se hacía de cebada (Jue. 7:13; Jn. 6:13) o de trigo (Ex. 29:2; etc.). Es propio tanto de los pobres como de los ricos, pero sobre todo de los pobres. Representa la bondad de la creación y del Creador, pero al mismo tiempo la humildad de la sencillez de la vida cotidiana.

Por esta razón, dentro del Servicio Divino (heb. abodá), el pan cumplía según la Torah una función importante: doce panes de la proposición se colocaban sobre una mesa  junto con los vasos destinados a las libaciones delante del velo del Lugar Santísimo (1Re. 7:48 2Cron. 13:11 Ex. 25:23-30). Cada día de reposo eran comidos por los sacerdotes y reemplazados por nuevos (Ex. 25:30). Es decir, que lo cotidiano del ser humano es muy importante para el Altísimo, a tal punto que creo un día especial para que el hombre repose y renueve sus fuerzas para continuar una semana más en su misión de promocionar a lo creado a nivelas de espiritualidad.

A causa de esta importancia, el pan era considerado símbolo mismo de la Sabiduría que creó todo lo existente, por lo que ella misma dice:

“Venid, comed mi pan, Y bebed del vino que yo he mezclado.”

(Proverbios 9:5)

Por todo esto, el pan era símbolo de la Torah. Esto será lo que motivará a las comunidades mesiánicas del primer siglo a encontrarse unos con otros en el rito del Partimiento del Pan, pues comprendían que la Torah se había hecho carne y habitó entre los hombres en la persona de Yeshúa HaMashiaj:

“También tomó pan y, después de dar gracias, lo partió, se lo dio a ellos y dijo:
este pan es mi cuerpo, entregado por ustedes; hagan esto en memoria de mí.”

(Lucas 22:19, NVI)

Yeshúa al tomar el Pan en la Cena de Pesaj como emblema, dio claramente a entender que, Él, en su persona y obra, resumía el código lumínico de la Alianza hecha en Sinaí con Israel. En otras palabras, la norma de vida para el discípulo es Yeshúa mismo, su vida y su actividad.

Por toda esta simbología Yeshúa dirá que el pan es símbolo de su cuerpo. El «cuerpo», en la mente hebrea, representa la manera en que una persona está presente en el mundo; a la forma como ésta vive, y, por tanto, al impacto que su manera de vivir genera en la historia. De esta forma, las intenciones de Yeshúa transformadas en actos son «cuerpo»; los gestos con los que comunica sus sentimientos son «cuerpo»; sus pensamientos exteriorizados en palabras son «cuerpo».

Yeshúa, invita a los discípulos a comer el pan. El acto de comer o masticar, adquiere, en el testimonio bíblico, un carácter simbólico. Es más que sólo consumir alimento. El comer, hace referencia al acto de apropiación de una determinada realidad, para asimilarla e interiorizarla de tal forma que ya sea parte indisociable de quien la come. En ese sentido, comer el pan en la Cena del Señor, significa que hacemos propias las ideas de Yeshúa, su voluntad, sus sueños y anhelos, los cuales, son del Padre, que cuando estuvo en la tierra, los tradujo en actos de amor, justicia y misericordia. Comer en la cena, significa entonces que asumimos la forma de vida del Resucitado, como paradigma de la nuestra, lo cual es todo un desafío.

Es Yeshúa, en ese sentido, el pan que nos sostiene, alienta y fortalece; Él es alimento y sostén espiritual para el pueblo de Yahvéh, que camina en la historia para expandir el Reino en el corazón de los hombres.

En resumen, al darles el pan a sus discípulos, Yeshúa les está diciendo: “¡Hagan suya mi vida, mi forma de pensar y actuar, anuncien, también con sus pensamientos traducidos en acciones, que el Reino de los cielos se ha acercado!” Al darnos el pan en la Cena del Señor, ese es su mensaje, ese es su deseo. Yeshúa, por medio de su cuerpo (la asamblea unánime) posibilita tikún (reparación y transformación) del mundo, conforme a los propósitos del Reino.

El Vino

El vino representa la vida como fiesta constante; permite al hombre sentir la magnificencia de la creación. Así, es propio de los ritos del sábado, de las Fiestas, de las bodas. En Israel, el vino también es el símbolo de la alegría y la salvación futura (Is. 55:1).

La simbología nos deja vislumbrar algo de la fiesta definitiva de Yahvéh con la humanidad, a la que tienden todas las esperanzas de Israel:

En este monte Yahvéh de los ejércitos ofrecerá un banquete a todos los pueblos. Habrá los manjares más suculentos y los vinos más refinados…”

(Isaías 25:6)

En el pensamiento hebreo, el vino también simboliza el amor (Cantares 1:2). Así, en las bodas, el signo del amor que unía a los esposos se expresaba mediante la abundancia del vino en el banquete. Por eso, cuando se termina el vino en las bodas de Caná, a las que Yeshúa asistió, parece ser un serio problema (Juan 2: 10).

En todas las Sagradas Escrituras, y especialmente en el contexto de las moadim (citas divinas) o Fiestas, el vino simboliza el amor de Yahvéh en la alianza matrimonial (ketuvá) con su pueblo.

“…tomó la copa después de la cena, y dijo: esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes.”
(Lucas 22:20, NVI).

En el testimonio de los evangelios sobre la última cena, el vino representa la sangre de Yeshúa HaMashiaj, precisamente porque fue derramada por amor. Es el Hijo, la manifestación máxima del amor del Padre, por eso la cruz es la expresión de todo lo que se opone a Él. La sangre, pues, simboliza el amor derramado, entregado hasta la muerte, y desde la muerte, ese mismo amor genera vida, y vida en abundancia.

El vino entonces es señal de amor y de perdón; pues es el perdón una de las expresiones más sublimes del amor. En la cruz, estará concretizándose todo lo nuestro que se opone a Dios, y en la sangre, se manifiesta el perdón a ese rechazo que nuestra forma de vida ha evidenciado. El perdón de nuestros pecados es posible por su sangre.

Beber el vino, en la Cena del Señor, significa asumir ese perdón que ha sido ofrecido de parte de nuestro Abba (Padre) a través de Yeshúa, Su Hijo unigénito. Representa la conciencia de que, por más terrible que hubiese sido la manera como nos opusimos a Él, nos perdona, si abrazamos a Yeshúa y su Yugo. Beber el vino, entonces, representa la disposición a amar de quien lo bebe; a amar, de la misma forma que Él, sin esperar nada a cambio. Tomar de la copa, evidencia también la disposición a perdonar las ofensas de los demás, así como Él ha otorgado el perdón.

El Sacerdocio de Melquisedec está relacionado con la Vida de la Era Mesiánica.

En este caso, Melquisedec presenta a Abram pan y vino, lo mismo que Yeshúa HaMashiaj presentaría simbólicamente a los suyos como memorial de su propio sacrificio, su cuerpo y de su sangre (Mateo 26:26; Marcos 14:22; Lucas 22:19).

Es el pan que expresa la plena reconciliación del ser humano con el Eterno y de los hermanos entre sí. El sacrificio pacífico de Melquisedec (Malki-Tzedek) es acción de gracias por el don de la paz (shalom) que ha llegado por la misión mesiánica de Yeshúa. En el banquete que ofreció a nuestro padre Abraham, le dio un anticipo de la presencia mesiánica de Yeshúa, nuestra paz.

Curiosa y significativa figura esta de Melquisedec, «rey de justicia», que reina en la «ciudad de paz»; sacerdote del Dios altísimo, que ofrece pan y vino y bendice a Abraham. Si nos pusiéramos a buscar una figura del Mesías, pocas tan redondas como Melquisedec.

Por eso, cuando el autor de la carta a los Hebreos quiso buscar una justificación del sacerdocio de Yeshúa, enseguida se acordó de este importante personaje.  Aquí tenemos una imagen perfecta de nuestro Gran Sumo Sacerdote Yeshúa. Con divina generosidad, el Mesías provee todo lo que necesita una fortaleza desgastada, un espíritu decaído o un corazón desmayado.

La batalla de la fe es dura; el sendero de la vida nos parece, con frecuencia, largo; pero a cada paso nos encontramos con salas de banquete abiertas con toda clase de deleites preparados. Tenemos el manjar sólido de la Instrucción (Torah) divina; las copas rebosantes de promesas; las fuentes abundantes de las ordenanzas; los símbolos, que son como el maná de la mano de Yahvéh; y tenemos también el aliento espiritual del cuerpo que él entregó y la sangre que derramó.

Malki-Tzedek es una figura misteriosa y llena de los códigos mesiánicos de la Luz Infinita. Es símbolo de las mejores aspiraciones y esperanzas de los hombres, encuentro vivo de la paz y la justicia. Su ciudad (Salem o Yerushalayim) parece abierta a las mejores relaciones humanas, donde se acoge al peregrino y se comparte el pan y el vino de la fraternidad. Ciudad en la que se ha olvidado el sentido de las armas, y todos los que la habitan están abierto a la trascendencia.

Todo el que acoge, bendice y comparte, será rey de justicia y de paz, y será sacerdote del Dios Altísimo o, mejor dicho del Dios Cercanísimo”.

Hoy, nuestro verdadero Melquisedec nos invita a que nos acerquemos. Y mientras nos regalamos con fe vivificante, aquella voz amorosa se deja oír diciendo: “Bendito seas del Dios Altísimo“.


Bitácora Relacionada:

La Esposa Disfrazada de Hermana… (Abram, Sarai y el Faraón)

Por P.A. David Nesher

“Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra. 

Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.”

(Génesis 12: 10 -13)

Abram, habiendo aprendido a vencer las fronteras vinculares entre los seres humanos, cuando habitó en el Neguev, presionado por la hambruna que llegó a la región, decidió ir a Mitzraim (Egipto) sin medir, en un primer momento, las consecuencias. Justo cerca de los límites de Egipto Abram empezó a medir los peligros que asechaban adelante.

Sarai, su esposa, era una mujer muy bella. Abram, se nos dice que dejó Harán a la edad de 75 años (12:4). Sabemos que Sarai era diez años más joven (17:17), teniendo ella en ese momento 65 años. ¿Cómo podía ser tan bella a esa edad? Sabemos que Sarah murió a los 127 años (23:1). Por lo tanto, en esos días ella estaba simplemente en las fases iniciales de su media edad. Su belleza era así tan notable que ella aparecía mucho más joven de lo que era en realidad.

Lo cierto es que, por las costumbres que tenían los nobles de aquellas regiones, existían buenas razones para temer el destino de un extranjero cuya esposa era así de atractiva. El esposo era fácilmente eliminado en tales circunstancias, sin que el noble sufriera castigo alguno por tal homicidio. Cierto documento en papiro (PABH, p.55) perteneciente a este tiempo establece la legislación que permitía a Faraón mandar a matar al marido que pueda tener una mujer más hermosa.

Entonces, Abram, después de meditar en la realidad misma, apeló a Saraí para que aceptara una estrategia que traería solución frente al problema de su seguridad. Él le Propuso que Sarai dijera que era su hermana para no ser asesinado.

Abram pidió a su esposa simular como su (elegible) hermana, para que los hombres de la tierra le pidieran la mano, y Abram pudiera tener suficiente tiempo para hacerlos esperar y dejar la tierra. Esto fue un plan ingenioso. Cualquier hombre de la localidad se hubiera acercado a Abram a pedirle la mano de su hermana. Abram consentiría, pero insistiría en postergar el compromiso (tiempo suficiente como para que termine la hambruna). Durante ese tiempo Sarai permanecería en la casa de Abram donde su matrimonio continuaría secretamente y la seguridad de Abram estaría garantizada. Parecía que los beneficios eran grandes y los riesgos de tal esquema eran mínimos.

Esto fue todo bien planeado y pensado. Saraí simularía como su hermana y él postergaría cualquier matrimonio hasta que la hambruna pasara y ellos se habrían ido de Egipto. Pero el plan de Abram solo consideraba a los hombres de Egipto:

Y cuando te vean los egipcios, dirán: su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.”
(Génesis 12:12)

Nunca había entrado en la mente de Abram que Faraón podría estar interesado en Sarai. Mientras Abram podía postergar los planes de otros, Faraón no tomaría ni una sugerencia de este tipo. El la llevó a ella a su palacio, esperando el tiempo de la consumación de la unión.

No hay evidencia de la relación física entre Faraón y Sarai. Mientras el período de preparación normalmente habría sido en la casa de Abram, en este caso este período sería en el palacio. Sarai probablemente soportó un relativamente largo período de preparación para su presentación ante Faraón. Tal era la costumbre en esos días:

Cuando llegaba el tiempo de cada una de las doncellas para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses conforme a la ley acerca de la mujeres, pues así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres, entonces la doncella venía así al rey. Todo lo que ella pedía se le daba, para venir ataviada con ello desde la casa de las mujeres hasta la casa del rey. Ella venía por la tarde, y a la mañana siguiente volvía a la casa segunda de las mujeres a cargo del Saasgaz eunuco del rey, guarda de las concubinas; no venía más al rey, salvo si el rey la quería y la llamaba por su nombre.”
(Ester 2:12 – 14)

Faraón siguió todas las costumbre de la época y pagó el precio de la novia. Las antiguas leyes decían que, si el padre había muerto, su hermano se convertía en el tutor legal de una hermana soltera. Gracias a ella trataron muy bien a Abram. Le dieron ovejas, vacas, esclavos y esclavas, asnos y asnas, y camellos (12:16). Entre los siervos adquiridos venía una mujer egipcia llamada Agar (16:1). Esto establecería el escenario para el conflicto entre Sarai y Agar (16:1-15), entre Isaac e Ismael (21:8-21), y entre los judíos y árabes hasta estos mismos días.

Entonces como podemos ver tal plan era malo por varias razones. Primero de todo, tendía a ignorar la presencia y el poder de Dios en la vida de Abram. El Eterno había prometido los fines, pero probablemente Abram pensó que Él era incapaz de proveer los medios. Yahvéh había prometido una tierra, una descendencia, una bendición. Ahora parecía como que Abram había dejado esto a sus propios criterios para procurarlos.

Todo esto nos lleva a preguntarnos si había aún rezagos de la religión de Mesopotamia, influyendo en las acciones de Abram. ¿Acaso Abram suponía, como todos los paganos, que cada nación tenía sus propios dioses? Una vez fuera de la tierra que Yahvéh había prometido a Abram, ¿no tenía su Dios más poder o capacidad para proveerle y protegerlo? Tales pensamientos entrarían en una mente pagana.

El plan de Abram estaba mal porque él arriesgaba la pureza de su esposa y la promesa de Yahvéh. Al entender el lugar que Abram y Sarai tienen en el propósito redentor de Yahvéh, nos damos cuenta lo serio que fue esto. El Eterno no quería que el vientre de Sarai fuera contaminado por un rey gentil, debido a que el Mesías vendría por su linaje de descendientes.

El Eterno había prometido hacer de él una gran nación. De Abram vendría una gran bendición a todas las naciones, el Mesías. Y ahora Abram estaba deseoso de correr el riesgo que otro hombre tomara a Sarai como su esposa. ¿Cómo podría entonces ella, ser la madre de la descendencia de Abram?

Abram también estaba equivocado porque el miraba que su esposa le trajera bendición a él, cuando Yahvéh había prometido que traería bendición a otros a través de Abram:

“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

(Génesis 12:2 – 3)

Abram estaba usando a su mujer para conseguir la protección y la bendición. Él estaba negándose a confiar en las promesas del Eterno para obtener estos dos beneficios.

El plan de Abram parecía funcionar bastante bien. Saraiestaba segura y no sólo estaba vivo, sino que se recibía regalos. Pero ¿qué pasaría si en realidad el Faraóntenía relaciones sexuales con Sarai? Sus propias mejores ideas los había puesto en una situación difícil. Ellos estaban indefensos, pero Yahvéh no lo estaba.

“Pero por causa de Sarai, la esposa de Abram, el SEÑOR castigó al faraón y a su familia con grandes plagas.”
(Génesis 12:17)

Entendamos que con el acto mismo de llevarse a Sarai, el faraón había maldecido a Abram. El Eterno había dicho a Abram en sus promesas que quien lo tenga en poco será maldecido (12:3). Así que aquí Yahvéh castigó al faraón y a su familia con grandes plagas.

“Entonces el faraón llamó a Abram y le dijo: «¿Qué me has hecho? ¿Por qué no me dijiste que era tu esposa?”
(Génesis 12:18)

El faraón llamó a Abram y le hizo tres preguntas:

  • Primero le preguntó: ¿Qué me has hecho? Faraón había sufrido mucho a causa de la mentira de Abram.
  • En segundo lugar, le preguntó: ¿Por qué no me dijiste que era tu esposa? Esta fue la verdad que ocultó.
  • En tercer lugar, le preguntó: ¿Por qué dijiste que era tu hermana? ¡Yo pude haberla tomado por esposa! (12:19a)? La intención del faraón era hacerla su esposa, pero a través de la providencia del Señor, las grandes plagas golpearon antes de que la unión sexual se llevara a cabo.

Con estos cuestionamientos vemos como  tristemente, un rey pagano regañó a Abram, el llamado de Yahvéh. Abram fue confrontado por el Faraón y completamente amonestado. Abram no tenía excusa ni explicación. Él no declaró una palabra en su defensa. Sin duda alguna esa fue una actitud sabia de tomar a la luz de la ofensa de Abram.

Faraón no era cualquiera a ser retado o molestado innecesariamente. La ironía de la situación es obvia, aquí un pagano amonestando a un profeta (cf. 20:7). Ésta fue una amonestación real que Abram dolorosamente recordaría. Qué triste sin embargo que Abram no podía hablar, porque esto sin duda se oponía de cualquier manera a su fe en el Dios vivo quien lo había llamado. No hay duda que la conducta de un hijo primogénito del Eterno grandemente afecta su credibilidad. El rey, con sus preguntas, condujo a Abram a meditar y hacer teshuváh (regreso) de que si hubiese confiado en Yahvéh y dicho toda la verdad todo hubiera estado bien.

Faraón ahora temía hacerles daño a Saraio a Abram; pero reprendió fuertemente a Abram.Con esta exhortación, Yahvéh responsabilizó a Abram de lo que pasó entre él y su esposa. Faraón había perdido todo el respeto por ellos, y por supuesto, no fue atraído por su Dios. A causa de su temor y de su componenda, habían causado que la casa del faraón sufriera grandemente y los egipcios finalmente habían llegado a despreciarlos. La única cosa que podía hacer era decir que se vayan a su país, lo que hicieron, tomando ellos todas las posesiones que habían conseguido en Egipto.

Faraón dijo:

“¡Anda, toma a tu esposa y vete!”
(Génesis 12:19)

En circunstancias normales, el faraón podría haber mandado a ejecutar a Abram. Pero después de experimentar el poder que se encontraba respaldando a Abram, no fue más allá de lo que ya había hecho. Abramfue escoltado y expulsado de Egipto.

“Y el faraón ordenó a sus hombres que expulsaran a Abram y a su esposa, junto con todos sus bienes.”
 (Génesis 12:20)

Así que Abram salió de Egipto como un hombre rico a diferencia de cuando llegó. Pero las riquezas resultarían ser muy costosas. Evidentemente la prosperidad material no es jamás una bendición sin la paz que viene de estar bien con Yahvéh y Su Palabra. Ellos nunca deberían haber ido a Egipto. Pero, una vez allí, deberían haber mantenido su testimonio a toda costa.  Tal es así que, mientras residió en Egipto, Abram nunca construyó un altar o invocó el nombre del Eterno.

Sin embargo, Yahvéh bendijo a Abram aun cuando él no hizo lo que debía. Yahvéh los protegió a pesar de su solución carnal. El Eterno continuó proveyendo su cobertura benevolente a Abram, aun cuando él actuara como un mentiroso. Yahvéh no se retractó de la promesa que le había hecho a Abram porque la promesa dependía del Señor y no de Abram.

Es evidente que Yahvéh está obrando para hacer que Abram crezca como un hombre espiritual de fe pura y verdadera. Esto requiere que existan circunstancias en las cuales Abram tiene que confiar en Yahvéh. Bien viene aquí la frase que dice: La fe no es un hongo que crece en la noche en tierra húmeda; es un roble que crece por mil años bajo una ráfaga de viento y lluvia.(Barnhouse).

Yahvéh trabajó en la vida de Abram en una destacable manera. Abram supuso que las posibilidades de escape de los peligros en Egipto eran tan peligrosas como él los había considerado. Abram hizo la decisión en la presunción que él podía prever las consecuencias de sus acciones. El Eterno le enseñó a Abraham una dolorosa lección, al revelarle que las posibilidades para el futuro son más numerosas que las que podemos predecir. Y así Abram es enfrentado con un dilema que él nunca consideró.

Al escribir esta historia, Moshé persigue enseñar a Israel que todo este incidente presagió el futuro mismo del Pueblo Escogido:

Abram descendió a Egipto a causa del hambre. Los egipcios le robaron a su esposa pero fueron castigados con grandes plagas. Entonces Abram estaba lleno de regalos, y Faraón mandó a los hombres a que lo sacaran del país. Del mismo modo, los israelitas bajaron a Egipto a causa de la hambruna. Allí serian oprimidos y sus esposas tomadas por ellos; siendo este el propósito del edicto del Faraón sobre los hijos. Los egipcios serian castigados por grandes plagas (Éxodo 7:14-11:10), Finalmente, los israelitas partieron con gran cantidad de riquezas, y también apresuradamente fuera del país.

El objetivo pedagógico de Moshé es que los hebreos entiendan que mientras que la presencia de Israel en Egipto no puede haber sido placentera, la protección de Yahvéh proveyó allí todo el tiempo, y ellos fueron finalmente traídos con gran cantidad de despojos. Con esto Moshé quiere que también acepten que las hambrunas continuarían siendo parte de la vida del pueblo de Dios en la tierra a la que ellos estaban yendo. Pero ellos deben aprender que las hambrunas vienen del Eterno como una prueba de fe. Si el pueblo de Yahvéh no desea enfrentar hambrunas, ellos deben enfrentar al Faraón, no importa en que circunstancias ellos puedan estar inmersos, Yahvéh es más grande que cualquier hambruna y que cualquier Faraón. La pureza del pueblo de Dios nunca debe ser puesta en riesgo.

Seguramente, cuando leemos esta historia, nos surge de manera fácil la actitud de criticar a Abram por sus acciones. Pero, dadas las mismas circunstancias, probablemente habríamos hecho lo mismo. Sino, respondámonos: ¿Cuántas veces tomamos el camino fácil en nuestras vidas? ¿Cuántas veces nos hemos comprometidos y luego, hemos racionalizado nuestras acciones para no cumplir con la dicho?

También tenemos que aprender de la misma lección que él tuvo y, a menudo tenemos que aprender de la misma manera, al ser reprendido por los mismos incrédulos que nos gustaría ganar para el Mesías:

“Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer. Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir.”
(1Corintios 10:12-13)

Abram fue tomado por sorpresa por una hambruna, suponiendo que el camino del Señor no debiera incluir adversidad. Pero Abram iba a aprender que Yahvéh es también el diseñador de las pruebas en nuestras vidas para desarrollar nuestra fe, no para destruirla.

Dejar Canaán para descender a Egipto, fue un intento de Abram de abreviar la prueba de la hambruna. El Eterno obligó entonces a Abram a enfrentar a Faraón en lugar de la hambruna. Pero más allá de esto, debemos ver que finalmente Abram tenía que regresar al lugar de donde había salido, lugar indicado por la palabra revelada de Dios. El último acto de fe de Abram y de obediencia había sido en el altar que él construyó entre Betel y Hai. El fin del viaje de Abram fue el regreso al mismo altar entre Betel y Hai. Betel significa “Casa del Poderoso” y Hai significa “el montón de ruinas“. Abram conocía el código de emuná (Fe) aquí escondido: “cuando tu alma sienta que está en medio de un montón de ruinas, la Casa del Poderoso está abierta, esperando tu regreso“.

¡Él supo regresar a los brazos de Abba!


Bitácora Relacionada:
Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer contribuciones a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

¡Para Enamorarse Bien Hay que Venir al Sur!

Por P.A. David Nesher

“Y viajó Abraham yendo y viajando hacia el Neguev.”

(Génesis 12: 9)

Viajar hacia el Sur, una expresión digna de ser decodificada. Cuando bajamos desde el norte hacia el Sur como Abraham, ¿cómo describe esto la Torah? ¿qué sucede cuando viajamos hacia el sur? ¿qué significado tiene para nosotros?

Es claro que Moshé, al escribir este relato, quiere presentar la marcha de Abram como una prueba paradigmática de una gran fe. Nuestro patriarca, en medio de la incertidumbre absoluta, se pone en el Camino trazado por el llamado y las promesas del Eterno, para averiguar una vez alcanzada la meta, que esa marcha hacia lo desconocido era en verdad un movimiento espiritual al encuentro de un bien salvífico más elevado que terminaría redimiendo a las generaciones de los milenios venideros (v.7).

Para gozar de más libertad, Avram prosiguió su camino hacia el mediodía de la Tierra Prometida, que se hallaba menos poblado, el Negueb ( que significa “región seca” o “región de sequedad“), una región semidesértica, que se extiende desde Gaza y llega hasta Cades.

Todo esto es revelado respecto a las fronteras de la tierra de Israel, yendo de norte a sur. Cada vez que se realiza esta trayectoria, la expresión en la Torah para describirla es “y bajó el límite”. La idea revelada en los códigos hebreos de este pasuk (versículo) es la tarea que tiene un escogido de retirar las fronteras. En este sistema reptiliano existen fronteras que separan a las personas; este fulano es así, el otro es de otra manera, este mengano pertenece a esta creencia o a esta religión, este otro pertenece a otra creencia u otra religión; uno tiene cierta costumbre, otro tiene otra costumbre; este ser humano es más religioso, este otro es menos religioso. Incluso, y lamentablemente, estas fronteras, están entre hermanos y familiares cercanos. Existe el más exitoso, el más pudiente, el más aplicado, el más exitoso, el más espiritual, y estas son fronteras que no solamente demarcan separación, sino que inducen a la construcción de murallas por medio de los perjuicios, que terminan acabando con los vínculos de amor que los seres humanos necesitamos para promocionarnos a mejores niveles del propósito eterno.

Abram comienza yendo al sur. Luego, más al sur,… y aún más. Al hacer este “Camino” eliminando estas fronteras existentes en su interior, y en la interioridad de los otros. De este modo, su viaje se destacará en tarea altruista que llevando la divinidad y su cualidades de Luz permitirá la unificación de las almas.

Hay dos atributos del alma humana redimida que permiten la eliminación de las fronteras.  Uno de ellos es el amor, y el otro atributo es la alegría.

Si el escogido del Eterno está muy alegre, todas las fronteras humanas existentes en su entorno también se caen, se anulan y/o desaparecen.

Si a esto se le suma también mucho amor entre las personas las diferencias son vencidas, y las faltas cubiertas (1Pedro 4:8). Si yo te amo y tú me amas, y no importa  lo que tengas o carezcas, nada importa, si hay amor todas las fronteras se anulan. Y esto es exactamente lo que quiere Yahvéh.

¿Qué sucede en la Torah cuando Abraham sigue bajando y anulando fronteras?

Dice el texto:

Y Abraham bajo a Egipto”.

Es decir, Avram eliminó tantas fronteras que llegó a colocarse frente a la frontera más grande: Mitzrayim (Egipto).

Sabemos que cuando las Sagradas Escrituras hacen referencia a Egipto no es un código que describe simplemente un país para nosotros, sino que es el nivel de estrechez y/o límite que alcanza el alma humana. Avram fue tan capaz de eliminar las fronteras del Neguev (vínculos en sequía), que aún el nivel o la frontera más grande que es la estrechez de su alma y las limitaciones de su mente, no pudo resistir el obrar de la divinidad en su vida. Es así como logrará recibir la acción de la Divinidad logrando una conexión total con el Creador, por lo que fue llamado “amigo de Dios” (Isaías 42: 8; Sant. 2:23) convirtiéndose así en el padre de los que tienen fe.

Entonces, con nosotros, los del linaje de Abraham por la fe en el Mesías (Gálatas 3: 29), sucede exactamente lo que experimentó nuestro padre. Se eliminan las fronteras hasta el máximo necesario. Nuestra mente se eleva a la consciencia de que es correcto eliminarlas, y por ende caminamos diariamente eliminando las fronteras, buscando la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12: 14). Así, en el esfuerzo de acabar con la sequía vincular con nuestro prójimo, seguimos bajando aún más, y logramos llegar a la frontera más grande, la más asfixiante del alma: Mitzrayim (Egipto), que significa “zona que me limita con pensamientos de estrechez”.

Así, cuando alcanzamos con nuestro peregrinar diario la profundidad del sur, que es la profundidad del amor y la alegría que se encuentra en forma infinita en todo hebreo, nos manifestamos como amigos del Señor, que anhelan acercar a todo el mundo para servir al Eterno hombro con hombro, pero de la forma correcta, es decir, en obediencia a Su Instrucción (Torah).

Anhelo que, después de entender este secreto de la misión de fe que tenemos, podamos hoy eliminar las fronteras, entre nuestros amigos, familiares, compañeros y demás personas de nuestro entorno. Y que lleguemos a eliminar la frontera más grande, la de nuestra estrechez y limitaciones del alma que es Mitzraim pues de esa manera podemos hacer la transformación de la realidad que queremos vivir, cada día más cercana y fuerte, teniendo el principio del amor perfecto y alegría como fuente de ello.

Bendiciones en la Luz Infinita…

Lej Lejá!… Una Vocación y Tres Partidas (El llamado de Abraham)

Por P.A. David Nesher

 

Y Yahvéh dijo a Avram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”

 

(Bereshit/Génesis 12:1-3)

 

Comenzaré esta bitácora recordándoles a todos los lectores de mi Blog que la Torah no nos sirve únicamente como un conjunto de cinco rollos llenos meros hechos históricos. Es un libro que nos enseña cómo vivir nuestras vidas, y así sumarle a la humanidad un poder transformador que beneficia los hechos históricos actuales, y en esto consiste nuestra enseñanza de hoy.

Por eso, quiero invitarlos a meditar en la esencia del llamado supremo del Altísimo: Lej Lejá!

Con esta vocación de Abraham empieza la historia israelita. El autor sagrado da a entender con el relato de la confusión de las lenguas en Babel, que la humanidad en su mayoría seguía alejándose del Eterno a pesar de la catástrofe del diluvio, y por eso Yahvéh se reserva una porción fiel, que se ala mantenedora del fuego sagrado de la fe que otorga Su Instrucción (Torah) y el vínculo de transmisión de sus revelaciones en orden a la salvación de la misma humanidad descarriada. Así da orden a Avram (Abram) de abandonar su parentela y encaminarse a una región nueva aislándose del ambiente idólatra de su familia y de los lazos de sangre, que podían crearle dificultades en su nueva vida con misión profética. El patriarca es desafiado a abandonar su pasado pagano y emigrar a la tierra que Yahvéh ha escogido para él.

Ahora bien, cuando leemos el discurso del diácono Esteban en el libro de los Hechos de los apóstoles nos encontramos con el curioso dato que Yahvéh, nuestro Dios, ya se había aparecido a Avram en Ur-Kasdim (Ur de los caldeo), dándole esta vocación:

“El Dios de gloria apareció a nuestro padre Avraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Jarán, y le dijo: “SAL DE TU TIERRA Y DE TU PARENTELA, Y VE A LA TIERRA QUE YO TE MOSTRARE.” Entonces él salió de la tierra de los caldeos y se radicó en Jarán. Y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora vosotros habitáis.”

(Hechos 7:2-4)

 

Esto nos enseña que Avram ya había recibido este llamado en el país donde nació. Por lo tanto, podemos entender que el llamado a Avram en Jarán es más bien una repetición divina del aquel que había recibido ya estando en Ur, antes de que su padre tomara la decisión de salir de dicha ciudad, y terminar sus días en Jarán. Lo cierto y claro de este asunto es que este llamado del Eterno a Abram, la iniciativa no es del hombre, sino de Yahvéh, que lo eligió. Al darle su sí a Dios, Abram se lanza por fe (emuná) a un peregrinaje hacia un mundo mejor hecho por Yahvéh.

Yahvéh es el sujeto de la primera palabra que desencadena una acción, al comienzo mismo de la frase primera y por ende de toda la subsiguiente historia de la salvación. Este discurso de Yahvéh comienza exigiendo una ruptura total de todas las raíces naturales. La vinculación más amplia, la del país, es citada en primer lugar, vienen luego, reduciéndose paulatinamente, las de sippe, es decir, la parentela en sentido amplio, más la familia en sentido estricto. Esto tres conceptos indican que el Eterno sabe muy cuan cuán difíciles son tales separaciones; Avram tiene que dejarlo todo, pura y simplemente, y confiarse de la guía del Altísimo.

El secreto oculto de esta porción está en el movimiento, salir de la inercia y de la pereza, que imposibilitan que el propósito eterno de Dios se manifieste. Por eso, la interpretación más conocida de este pasúk (versículo), es “Ve hacia ti” o “Vete por ti“. Abram debe ir hacia el mismo. Encaminarse a su interior. Él debe buscar respuestas, y encontrar lo que no tuvo en la casa de sus padres, ni recibió por la influencia de la cultura de su región. El Eterno le está diciendo: “asume el desafío, libérate de todo aquello que te mantiene atado, y accede a un nivel espiritual superior”.

A partir de las ideas que están ocultas en este versículo podemos aprender una regla fundamental para vivir una vida de fe. Las letras de Lej lejá forman también la palabra hebrea lijluj que significa suciedad. Con esto Yahvéh quiso insinuarle nuestro padre en la fe que el lugar en el cual se había criado estaba lleno de suciedad y de placeres mundanos. Estos placeres son suciedad para el alma humana y lo obstaculizaban a Abram en su camino hacia Eretz Israel, porque en ella hay luz (or). Como está escrito: “a la tierra que Yo te mostraré”. La expresión “Te mostraré” en hebreo está escrito “ereka”, que contiene las letras alef y reish, al igual que la palabra or (luz). Es decir que en la palabra “ereka” (“te mostraré”) está insinuada la luz de la Torah que hay en Eretz Israel. Cuando la persona está desconectada de todos los placeres de este mundo, que son equivalentes a la suciedad que hay en una casa, entonces puede recibir la luz de la Torah y de la Sagrada Tierra de Israel sobre la cual fue dicho: “Una tierra sobre la cual están permanentemente los ojos del Eterno, desde el principio del año hasta su fin” (Devarim/Deuteronomio 11:12). En ella hay todo lo que hace falta para completar la luz de la Torah.

Desde la consideración de estos códigos fundamentales de la vocación de Abram, surgen para nosotros los lineamientos que nos permiten realizar el mismo viaje espiritual que el Eterno le hizo vivir a nuestro padre. Notamos que Yahvéh le dice a Abram que, para ir a la tierra prometida, primero tiene que irse tres veces, es decir: irse de su tierra, irse del lugar de su nacimiento, e irse de la casa de su padre.

La Voz del Eterno llama a Abram y le exige que parta a otra tierra. Partir es también partirse. “Irse” hacia el ser de uno, hacia el ser más verdadero y profundo.

En pocas palabras esta vocación confronta. Hay que elegir, la rutina que se hace ignorancia y mediocridad o el Propósito Eterno de Dios que es aventura hacia la transformación que lleva a la Excelencia.

En el hebreo dice: “Vete de ti, para ti”, esto indica huye o exíliate de lo que hasta ahora eres. Para empezar a ser hay que irse. Pero este irse tiene que ver con exiliarse de si mismo. Huir de la comodidad y el conformismo de todos los días organizados. Vete de ti y para ti para empezar una nueva vida, una vida auténtica regida por los valores que te vienen de adentro y no de segunda mano.

Este “Vete de ti, para ti”. Vete para tu propio beneficio de propósito. Este llamado divino está indicando que estas tres huidas o tres abandonos que Yahvéh propone como diseño espiritual serían beneficiosos para Abram.

Veámoslo con nuestros espíritus bien abiertos:

 

  • PRIMER IRSE: ¡Vete de tu tierra!

 

Eretz ‘ es la palabra hebrea para tierra, y esta palabra deriva etimológicamente de la raíz hebrea ‘ratzon‘, cuyo significado es: ‘voluntad y deseo‘. Así, “tu tierra” se traduce también como “tus deseos naturales“. De este modo lo que Yahvéh estaba diciendo a Abram es:

“¡Abandona tu voluntad, tus deseos personales, renuncia a ellos!”

 Este es el primer paso que debe dar un creyente para poder entrar en la tierra prometida, la tierra de la bendición y de la prosperidad, la tierra donde todo es en abundancia. El mejor ejemplo de esto lo encontramos en la persona de Yeshúa, el Mesías:

‘Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la

voluntad del que me envió’.

 

(Juan 6:38)

 

‘Padre, si quieres, pasa de mi esta copa; pero no se haga mi voluntad,

sino la tuya’.

 

(Lucas 22:42)

Muchas veces nosotros, como seres humanos, debemos abandonar nuestra voluntad, y tal vez sea esto ante nuestros ojos un acto humillante, ya que es reconocer que siguiendo nuestra propia voluntad vamos camino a la derrota, pero abandonándola y siguiendo la de Nuestro Padre celestial, obtendremos el triunfo y éxito que tanto deseamos.

 

  • SEGUNDO IRSE: ¡Vete de “Tu lugar natal”!

 

En hebreo la expresión es: ‘moladteja ‘.

Esta palabra se refiere a la influencia del hogar y la sociedad.

Con esto Yahvéh estaba diciendo a Abram que abandone sus ‘costumbres familiares‘, sus ‘tradiciones familiares’ las cuales eran paganas, que se vaya de lo que para la sociedad es bueno, y ponga sobre todas las cosas lo que Yahvéh estipula como mandato.

Hay costumbres que existen en nuestro país, o en nuestro pueblo que nosotros NO debemos de hacer, sino más bien guardarnos de hacerlas y con temor reverente debemos de hacer aquello que el Señor nos deja escrito en Su Instrucción (Torah). Hay ciertas fechas de conmemoración que no están de acuerdo a las celebraciones que Dios ha establecido en el diseño de su Palabra y Propósito.

“Porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada. Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo YHVH vuestro Dios”.

(Levítico. 19:27 y 30)

Pero no son solamente las costumbres de los pueblos o naciones, sino las que quizás hemos heredado de nuestros padres, como está escrito:

‘sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación…’

(1 Pedro 1:18, 19)

  • TERCER IRSE: Vete de “La casa de tu padre”

 

Esta expresión se traduce del hebreo: “Y beit avíja”, y en su profundidad significa “El lugar de desarrollo de tu mente”. Se refiere al ser humano como un ser maduro y racional, forjando su marco mental, su carácter y comportamiento, con la trascendente objetividad del intelecto. El intelecto es llamado ‘padre’ porque de alguna manera es el progenitor de cada comportamiento del hombre, la autoridad de lo que se piensa.

Por último, Yahvéh le dice a Abram que abandone su ‘inteligencia babilónica‘, su forma de pensar de segunda mano.

El apóstol Pablo instará a los discípulos mesiánicos a realizar este “irse” escribiéndoles así:

‘renovaos en el espíritu de vuestra mente’.

(Efesios 4:23)

Esta escrito que, si cambiamos nuestra manera de pensar, cambiara nuestra manera de vivir (Rom. 12: 2), puesto que todo lo que somos y todo lo que hacemos y haremos, pende y depende de cómo sea nuestra manera de pensar.

El que piensa que es pobre vive como pobre, habla como pobre, mira como pobre; el que piensa que es feo vive como si lo fuera; y así todo depende de como nosotros pensamos.

Por tal razón el Eterno nos dice que no solo abandonemos nuestra voluntad para hacer la de Dios, no solo que abandonemos las costumbres de nuestros países, pueblos y familiares, sino que abandonemos también nuestra manera de pensar y adoptemos su manera ilimitada de pensar. Esta es la mente que Yeshúa, reveló que se puede desarrollar, y es la que los apóstoles exhortaban a los discípulos del Mesías a desarrollar también:

Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

(1 Corintios 2:16)

‘Haya, pues, en vosotros esta manera de pensar que hubo también en Cristo Jesús’

(Filipenses 2:5)

‘Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos – dice el Señor’.

(Isaías 55:8)

En su viaje de descubrimiento y transformación, Avraham debe obviamente abandonar la “tierra, lugar natal y casa paterna” de su Mesopotamia nativa; debe obviamente rechazar la cultura pagana de Ur, y Jarán. Pero ésta no es la partida de la que hablamos en el versículo citado arriba. Pues Avraham recibió este llamado muchos años después de haber renunciado a las modalidades paganas de su familia y lugar de nacimiento, haber reconocido a Yahvéh, y ejercido un profundo impacto sobre su sociedad.

Con todo, se le dice: ¡Vete! (Lej lejá!) Parte de tu naturaleza, parte de tus hábitos, parte de tu ser racional. Después de rechazar tus orígenes negativos, idólatras, debes ahora también trascender tu pasado positivo y lucrativo, para dejar sitio a las buenas virtudes. a las midot tovot. Llega allende ti mismo, si bien un ser perfecto.

La perfección humana simplemente no basta. Pues cualquier cosa humana – incluso el objetivo y trascendente intelecto- es todavía parte de la realidad creada, siempre sujeta y definida por ella.

Sin embargo, Dios nos invita en esta primera ordenanza al primer varón de fe, a experimentar aquello que trasciende todo límite y definición: experimentarlo a El Mismo.  Aquellos que consigan abandonar su propia voluntad para hacer la de Dios, sus costumbres mundanas para guardar las ordenanzas de Dios y su antigua manera de pensar, para pensar como Cristo Jesús, los tales entraran a Canaán, a la tierra prometida, a la tierra de la SOBREABUNDANCIA de DIOS.

Al meditar en esta vocación la conclusión surge fácil: ¡Dios pide!

Pero, ¿qué pide?

Simplemente un cambio, siempre un cambio; un esfuerzo de transformación en nuestra manera de pensar para así lograr un cambio en nuestra manera de vivir.

 

A continuación les comparto la Conferencia en la que expuse estos códigos lumínicos en Lima (Perú):

Yahvéh El Shaddai y las Heridas Ancestrales

Y siendo Abram de edad de noventa y nueve años, se le apareció Yahvé, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso (hebreo: el Shad∙day); anda delante de mí (hebreo: lepa·nay – anda ante mi rostro), y sé perfecto (hebreo: ta·mim).

Y pondré mi pacto entre mí y ti, y multiplicarte he mucho en gran manera.

Entonces Abram cayó sobre su rostro,…”

(Génesis 17: 1-3)

En los 25 años que llevo pastoreando almas humanas he afirmado en mí, aquella pauta celestial de trabajo que recibiera en mis primeros años: la importancia del sistema familiar en la conformación de una vida íntegra y plena.

Por ello, una y otra vez, capacito a mis discípulos en el entendimiento de que los sistemas familiares funcionan como una unidad indivisible que se desajusta cuando las personas que los integran no están en paz entre ellas.

Así mismo, insisto en mis seminarios, una y otra vez, que dentro del sistema familiar, los padres (mamá y papá) son especialmente de vital importantes. Ellos son quienes nos dieron la vida y, por lo tanto, son nuestra conexión más directa con la fuerza que nutre nuestra existencia.

Por esta razón, no podemos estar bien si no estamos bien con nuestros padres. Es imposible se pleno sin esta relaciones mantienen sus heridas abiertas y supurando.

Concretamente, si hay algo de tu vida que te duele, es muy probable que sea un reflejo de tu relación con tus padres, aunque de entrada parezca que no tiene nada que ver.

No podemos sanar nuestra vida si no sanamos nuestra relación con los padres. No podemos mirar el futuro con fuerza si no somos capaces de inclinarnos ante nuestros padres, honrarles por habernos dado la vida, y coger el amor que viene de ellos con humildad y gratitud.

Por ello, he hallado muy oportuno escribir esta bitácora en la que podré mostrarte el lineamiento maravilloso que descubrí cuando yo comenzaba mis primeros pasos de mi apostolado. Pautas que el Eterno aplicara un éxtasis espiritual con nuestro padre Abram y, por medio de las que, sanó las heridas que el patriarca tenía en su alma por la ausencia de una madre, y la influencia de un padre idólatra, es decir, ajeno a los designios paternales de Yahvéh.

1. Abram y Su Encuentro Restaurador con Yahvéh.

Han pasado veinticuatro años desde que Abram salió de Harán para ir adonde Dios le mandó (12:4). El capítulo 16 terminó con el nacimiento de Ismael a Abram y Agar, y el narrador anotó que Abram tenía ochenta y seis años en aquel momento (16:16). Ahora, en el próximo versículo, el narrador escribe que Abram tiene noventa y nueve años. Entonces, han pasado trece años desde el nacimiento de Ismael; trece años silenciosos durante los cuales no sabemos nada de Abram y su familia, pues el Eterno los ha disciplinado con “Su ausencia comunicacional“.

Aquí, es el Eterno el que viene a Abram sin ser llamado. La lección divina es clara: los eventos personales deben tomar lugar según el horario de Dios y no el de Abram. La iniciativa del Eterno es que Abram tome consciencia que es el escogido y el bendecido de Su Gracia. Abram es un buen hombre, como pueden serlo cualquier ser humano, pero no es perfecto, y el primero que deberá reconocerlo es él mismo. Una vez, Abram convenció a Sarai de que se hiciera pasar por su hermana para que los egipcios que pudieran tener celos de él no le mataran (12:10-20). Luego permitió que Sarai le convenciera de hacer a Agar su concubina para asegurar heredero, en vez de confiar en la promesa de Dios (capítulo 16). Lo que este encuentro evidencia a nuestro corazón hoy es que Dios solo tiene humanos imperfectos para hacer su obra. Él escoge a quien escoge solamente en la soberanía de Su Gracia. Si el que el Eterno escoge escucha el llamado, Dios lo prepara, capacitándolo con su pedagogía celestial para cumplir plenamente la misión de su vocación de propósito.

Ya habían pasado veinticuatro años desde que el pacto fue sellado con sangre (15:9-21) y trece años desde el nacimiento de Ismael (16:15), cuando el Señor habló de nuevo a Abram. Lo interesante de Su aparición es que no traía la misión de criticarlo con reproches por tomar el asunto en sus propias manos engendrando a Ismael. Abram ya había aprendido en su interior lo que significa no poner al Eterno en todos los asuntos personales. Su teshuvá (arrepentimiento) ya estaba hecha. Por eso, Yahvéh aparece para fortalecer la fe de Abram en el pacto de sangre que Él había tenido con él. Después de esta larga ausencia, el Señor aseguró a Abram que Él todavía estaba trabajando en silencio sobre su escogido, por lo que sus promesas del pacto estaban seguras hasta su perfecto cumplimiento.

Por el lineamiento que Yahvéh entregará a Abram: “Anda y sé perfecto delante de mí…” notamos que esta teofanía o aparición divino busca iluminar el alma del patriarca aún atada a las heridas ancestrales. La palabra hebrea tamim traducida en esta versión como perfecto, involucra la idea de un ser humano completo (sin herida alguna) que ha alcanzado una madurez que lo lleva a actuar rectamente, en palabra y conducta, desde un sincero de corazón. Por lo tanto, la expresión tamim tiene mas que ver con una relación apropiada con Dios que con la perfección moral.

Por ello, entendemos que el Eterno está revelándose en un amor paternal que desafía al alma de Abram a tener un deseo profundo de hacer lo correcto y conveniente para así complacer al corazón de Dios. Ser perfecto, para Yahvéh, es ser justo en la forma de ser y de actuar. Con esto quedará claro, tanto para Abram como para todo su linaje, que Yahvéh jamás busca a una persona llena de dones o talentos para usarla, o para ascenderla. Él llama a aquellos que tengan la disposición y el amor de hacer lo que ha sido llamado para hacer…He oído decir muchas veces que Dios busca gente ordinaria para hacer cosas extraordinarias…., es decir gente imperfecta, con un corazón ferviente, con un anhelo profundo de querer obedecerlo en Su Instrucción (Torah).

Para esto el Eterno ser revelará en Su Nombre bendito con una misión especial ser la cobertura paternal del alma de Abram. Leemos que  “El Señor le dijo: Yo soy El Shadai” (o Dios Todopoderoso)”. El nombre viene de la idea de que toda la fuerza y el poder se expresa en el término o título Dios (en hebreo El). La palabra Todopoderoso viene de la raíz de la palabra que significa fuerte, poderoso o violento, especialmente en el sentido de que es tan poderoso como para dejar, si es necesario, de lado las leyes de la naturaleza para Él cumplir Su promesas. Así como Dios es Omnipotente, (Todopoderoso). Él era completamente capaz de cumplir todas las promesas que le había hecho a Abram.

Antes de continuar con este estudio, debo comentarles que en la edición de la versión de la Septuaginta, la expresión hebrea El Shaddai se tradujo con la palabra griega “pantokrator” la cual, en español, quiere decir: “todopoderoso”, o “Él que tiene su mano sobre todo.”

Ahora bien, esta traducción, lamentablemente hizo perder el sentido esencial maravilloso del por qué el Eterno usó junto a Su bendito Nombre la expresión El Shaddai. Por eso los invito a leer atentamente lo que a continuación explicaré, y por sobre todo, los insto a permitirle al Espíritu Santo revelarle a Abba desde esta teofanía patriarcal.

2. Usando el Nombre “El Shaddai”, el Eterno le reveló a Abram su Persona y Carácter Paternal. 

Un análisis rápido y tradicional del significado del nombre asegura que se traduciría así: ‘Dios (El) quien (shad) es más que suficiente (day).’” La palabra hebrea shad, proviene de shadah, que significa “derramar“. Por lo que, en una primera acepción, Shaddai significa “Yo soy el Dios que derrama bendiciones, quien las da ricamente, continuamente, y en abundancia.” Por eso, lo primero que entendemos que Yahvéh le está revelando a Abram, para fortalecer su fe es: “Yo soy Dios más que suficiente para todo“. Con esto fortalece en su mente el principio de creer y esperar en Dios, sin necesidad de darle una “ayudita” a su proceso.

En una segunda significación será muy interesante agregar que la palabra hebrea “shad” significa: “pecho” o “seno”. Puede estarse refiriendo tanto a la fuerza del pecho del hombre (Dios todopoderoso) o al confort y nutrición que se da del seno de la mujer (Dios de cuidado tierno y contenedor). Desde este sentido nos damos cuenta que esencialmente el significado de “El Shaddai” está relacionado con los padres y su misión de cobertura para con sus hijos desde el nacimiento.

El argumento divino apunta a que Abram descubra de que Shaddai significa el Dios de los padres, el Dios de la familia, el Dios que da vida a sus héroes escogidos desde la perfecta función paternal. Yahvéh dejará establecido en el espíritu de Abram que Él es la fuente de nuestra vida. Él nutre y da poder. Imagine Ud. a un niño que no pueda alimentarse de su madre, o que no sabe lo que es sentir la consolación del corazón de su padre cuando lo alza. De seguro morirá en poco tiempo. Igual es con nosotros. El Shaddai es nuestra fuente de la vida. El Eterno nos nutre por su Espiritu Santo y nos da poder para crecer en destino a través de Su Instrucción. Separados de él estamos condenados a la muerte.Nada podemos hacer.

Existen dos pasajes que fortalecerán en nosotros esta maravillosa revelación del Eterno que nos permite ser sanados de toda herida ancestral provocada por nuestras relaciones con papá y/o mamá. El Salmos 91:1-2 dice: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente (El Shaddai). Diré yo a Yahvéh: esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré.” En esta cita se resalta que habitar al abrigo del Altísimo es morar bajo la sombra del Todo-Suficiente (El Shaddai) refiriéndose el salmista a la actividad contenedora de la madre águila con su nidada. El lugar de máxima seguridad para cualquier ser humano recién nacido es el abrazo de su madre cuando esta lo amamanta. El lugar más seguro para el alma de un nacido de nuevo es El Shaddai quien, al igual que el rol materno, nos contiene en Su amor, dándonos Su Instrucción como leche no adulterada (1Pedro 2:2), para que podamos sentirnos seguros en nuestro proceso de madurez a Su Justicia (tamim).

Pero también El Shaddai se nos manifiesta como un papá (abba) que nos da poder para tener vida, y desde ella destino. Por ello es que Él también disciplina y corrige. Leemos : “He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso (El Shaddai)” (Job 5:17). Como creyentes que somos, no debemos menospreciar la corrección del El Shaddai. Al igual que un  padre amorosa disciplinaría a su hijo para su propio bien, a fin de asegurarle un buen destino. El Shaddai también disciplina a sus hijos para su propio bienestar, por eso el texto leído dice: Bienaventurado o muy dichoso, o exageradamente feliz es el hombre a quien Dios castiga (ver también Hebreos 12:6).

Desde este éxtasis vivencial de Abram, quedará marcado en su mente y corazón, (y se traspasará a sus descendientes), que El Shaddai nos da crecimiento que fortalecerá nuestro andar. Hoy, nosotros, por ser también linaje de Abraham por medio de Yeshúa, debemos aceptar que nuestro alimento para crecer espiritualmente proviene de El Shaddai. Sin este alimento no lograremos desarrollar nuestras vidas en plenitud; no podremos jamás llegar a la madurez que Él nos demanda. “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento” (1 Corintios 3:7). ¡El Eterno es el único que da el crecimiento, por que él es nuestro Dio Todo-suficiente.
El Shaddai, al igual que una papá y una mamá unidos, es la fuente de nuestro gozo y deleite. A veces la vida nos depara momentos difíciles, la tristeza se presenta con toda su carga de dolor y tragedia. Las pruebas nos atacan y nos sentimos intimidados y temerosos. Cuánto consuelo hallamos al refugiarnos en El Shaddai, porque él es la fuente de nuestro gozo y deleite.El es nuestro refugio y nuestra fortaleza.

3. “El Shaddai” garantiza un futuro brillante.

El Eterno había prometido a Abram una descendencia numerosa, pero Abram tenía ya 99 años y su esposa Sarai tenía 89 años, y el hijo no había venido todavía. En cierto sentido, ellos no podían generar vida por su edad avanzada.

Su resignación procedía de un estado de ánimo mayor y bien oculto en sus inconscientes: el resentimiento familiar. Sus heridas no sanadas con papá y mamá. Ellas afloraban a su conciencia con la capacidad descriptiva de las circunstancias que los hacía elaborar afirmaciones negativas que aumentaban su resignación ante las circunstancias más evidentes: su vejez y la esterilidad de Sarai.

A pesar de esto, vemos en el capítulo 17 de Génesis, a un Dios que irrumpe para confirmar su promesa a Abram y Sarai en el sentido que tendrán un hijo y lo llamarán Isaac. Para hacerlo, el Eterno se manifestará terapéuticamente sanándolos de toda herida provocada por su sistema familiar.

Luego, de esta terapia celestial, el tiempo transcurrió, sin interferencia humana alguna, y cuando Abram tenía 100 años y Sarai 90, nació su hijo Isaac. Fuera de toda duda, esto fue un milagro porque quien hizo la promesa la llevó a su feliz término. El Shaddai, aquel que da vida, que nutre y da poder, produjo vida aun de dos viejos de 100 y 90 años. Y es que Yahvéh El Shaddai es Dios todo Poderoso y Más que Suficiente para cualquier ser humano que confía en Él, y se deja procesar por Su Amor paternal. Por eso estar en el Mesías, es estar en un lugar de máxima seguridad para cualquier ser humano que así lo desee.

El Espíritu de El Shaddai se encargó de dejar esta promesa :

«He aquí que yo soy YHVH, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?».

(Jeremías 32:27)

¡Nada es imposible para Dios!

La fe de Abraham brilló de nuevo cuando obedeció el mandato de Dios. Deseo, de igual manera, que la obediencia a Dios sea también su meta hoy.

Usted. y yo podemos encontrarnos totalmente seguros en El Shaddai, porque Él es Todo Poderoso.

¡Él es Más Que Suficiente para mí!

Con amor y sincera amistad en servicio: P.A. David Nesher

Avram Sembró Viento y Cosechó Tempestades (Oseas 8:7)

Por P.A. David Nesher

 

Nuestro estudio del Bereshit (Génesis) nos ha traído al capítulo 16. Aquí nuestro entendimiento será entrenado en la comprensión del origen de los problemas que han existidos por siglos en el Medio Oriente a partir del nacimiento de un varón llamado Ismael.

“Y Sarai, mujer de Abram, no le había dado a luz hijo alguno; y tenía ella una sierva egipcia que se llamaba Agar. 
Entonces Sarai le dijo a Abram: 
He aquí que el Señor me ha impedido tener hijos.  Llégate, te ruego, a mi sierva; quizá por medio de ella yo tenga hijos. 
Y Abram escuchó la voz de Sarai.  Y al cabo de diez años de habitar Abram en la tierra de Canaán, Sarai, mujer de Abram, tomó a su sierva Agar la egipcia, y se la dio a marido Abram por mujer.  Y él se llegó a Agar, y ella concibió; y cuando ella vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora. 
Y Sarai dijo a Abram:
Recaiga sobre ti mi agravio.  Yo entregué a mi sierva en tus brazos; pero cuando ella vio que había concebido, me miró con desprecio.  Juzgue el Señor entre tú y yo.  Pero Abram dijo a Sarai: 
Mira, tu sierva está bajo tu poder; haz con ella lo que mejor te parezca. 
Y Sarai la trató muy mal y ella huyó de su presencia.”

(Génesis 16:1-6)

 Al considerar este pasaje, el Espíritu de Yahvéh nos revela algunos principios que debemos tener en cuenta a la hora de esperar el cumplimiento profético de las promesas divinas:

El primer principio es el hecho que el vientre  de Sarai continúa por un tiempo estéril como una prueba para ver si tanto ella, como Abram aprendían a reclamar en oración las promesas de Dios, y así esperar al Eterno Dios en Su obrar soberano.

El segundo principio, es que había una promesa especifica que Abram ya había recibido en cuanto a que él tendría un heredero, (Génesis 13:14-17 y Génesis 15:45).  Por lo tanto, Abram necesitaba solamente ejercer esperanza en el Señor, y con su fortaleza esperar el cumplimiento propicio de dicha promesa.

El tercer principio es que no importa cuánto parezca que una situación no tiene cumplimiento, Abram y Sarai podían disfrutar  cada día de la esperanza y el gozo que se obtienen al creer en la promesa de Dios con respecto al heredero. De esa manera, evitarían la ansiedad que produce el preocuparse por el futuro.
El cuarto principio es que el esperar en el Señor fortalece el poder de la fe y desarrolla paciencia. La fe es la certeza y convicción que se apodera de tu mente cuando usted cree en la promesa de Dios al momento de recibirla. La paciencia es la virtud divina que permite la fortaleza y perpetuación de la fe antes de que se cumpla la promesa.

“En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte:

‘Quítate y arrójate al mar,’ y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido.

Por eso os digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas.”

(Marcos 11:23-24)

Cuando uno cree pero no ve la evidencia inmediata de una solución, debe obligarse a practicar la paciencia por medio de la oración de alianza.  Es muy importante comprender que el carácter verdadero de nuestra fe está determinado por nuestra paciencia. Una persona paciente esperará en el Señor y así será lento a enojarse con Él, y evitará precipitarse en la búsqueda de soluciones humanas que siempre traen consecuencias lamentables.

La paciencia también le da al creyente un poder maravilloso que le ayuda a mantenerse firme cuando está bajo presión.  “Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad.” (Pro 16:32)

Todo lo expresado hasta aquí resaltan las razones por las que Abram y Sarai tendrían que haber esperado el tiempo oportuno de la voluntad del Señor. Ellos solamente tenían que aguardar pacientemente que el tiempo perfecto del Eterno se manifestara y trajera gozo y paz a sus vidas.

Sarai, la esposa de Abram, no le había dado hijos. Ella continuaba estéril aún, y a pesar, de la promesa de Dios de un hijo a Abram (15:4). Pero tenía una esclava egipcia llamada Agar, que Abram recibió de Faraón, mientras estuvo residiendo en Egipto (12:16).  El nombre de la sierva es hebreo y significa huir o ser un fugitivo. Eso evidencia que el nombre le fue dado a ella por Abram o por Sarai, porque tuvieron que huir de Egipto. Era un recuerdo viviente de un pasado triste.

Pues bien, incapaz de tener hijos, Sarai siguió la práctica común de la época.  Entonces Sarai le dijo a Abram: el Señor me ha hecho estéril (ver 11:30). Por lo tanto, ve y acuéstate con mi esclava Agar. Tal vez por medio de ella podré tener hijos. Tengamos en cuenta, al leer esto, que Sarai nunca se dirige o habla de Agar por su nombre, sólo por su rol o papel (sieva). Literalmente dice así: “Yo seré edificada”. Esta disposición está en consonancia con la legislación de esa época. Si la esposa era estéril, estaba obligada a proporcionar a su marido una sierva a través de la cual pudiera tener hijos. Legalmente, el nacido de una esclava se convertía en hijo de la esposa. De esta manera su semilla no se extinguiría.

Abram al oír esto, llegó a la conclusión de que Dios podría aceptar un poco de ayuda. Seguramente muchos de nosotros nos escandalizamos ante esto, y hasta algunos podrían a llegar a reírse de Abram, pero debemos reconocer que en algún momento u otro de nuestra vida, todos hemos hecho eso. En cualquier caso, Abram escuchó y aceptó la propuesta que le hizo Saray (16:2b). Esta actitud señala un claro momento de debilida en la fe de Abram por causa de la ansiedad. Es una actitud similar a la que encontramos en el capítulo 3 verso 17 donde Adán escuchó a su mujer, y comió del árbol del conocimiento del bien y del mal (2:17, 3:17). Ambos terminaron con consecuencias negativas, pero lo más importante es que Yahvéh no estaba de acuerdo con esto en absoluto.

Sin embargo, Abram escuchó la voz de Sarai y siguió su sugerencia para solucionar el problema rápidamente en vez de esperar a Dios en su actuar soberano.  Por causa de esto, ellos tendrían que esperar otros 13 años para recibir el heredero que Dios le había prometido en Su diseño perfecto.

Leyendo esto, encontramos que la propuesta o la recomendación con la que  Sarai abordó a Abram encerraba un estado de ánimo negativo.  Notamos que no fue una sugerencia que ella dio una vez y nada más. El texto original da a entender que Sarai lo había sugerido una y otra vez, hasta el punto de atosigar la mente del patriarca. Reflexionando profundamente en esto debemos convenir que ninguna mujer normal sugiere al varón a quien ella ama, que adultere con otra mujer, para concretar el sueño de un hijo.  Las líneas sagradas nos alumbran con la evidencia de que hubo algo que funcionaba mal en el alma de Sarai en ese momento de su vida. Ella era víctima de un estado de ánimo que la presionaba a pensar erróneamente. Ese marco anímico era la auto-compasión, una de las armas más destructivas del ego humano.

Vale aquí decir que a HaSatán le encanta instigar a los creyentes hasta que lleguen a ser egocéntricos y egotistas ya que él sabe que así no estarán enfocados en la Instrucción divina, sino en sí mismos. Él ha trazado de este modo el lazo por el que consigue como resultado la frustración mental y la auto-compasión del alma humana.  Cuando un ser humano entra en la auto-compasión, lo que sigue es que se convierte en un ser hipersensible, expuesto a que todo lo hiera, por lo que hará acciones vehementes para acelerar las soluciones que ansiosamente quiere para sus problemas.

Sin embargo, la auto-compasión solamente intensifica cualquier problema y elimina cualquier posibilidad de solución verdadera.  Mientras un ser humano se queda enfocado en sí mismo con resentimiento y resignación, no hay absolutamente ninguna solución para las circunstancias difíciles que esté enfrentando en su vida.  Aquel que lamenta su situación siempre agrega arrogancia al problema.  Por ello, las personas con auto-compasión, son orgullosos y neciamente se envanecen en cada acción que realizan , por lo que les cuesta hacerse cargo de sus consecuencias.
Sarai estaba llena de la auto-compasión:

“He aquí que el Señor me ha impedido tener hijos.  Llégate, te ruego, a mi sierva; quizá por medio de ella yo tenga hijos.  Y Abram escuchó la voz de Sarai.”

(Gén. 16:2).

Sarai observa su problema pero no a la luz de la Instrucción y promesa divina.  Ella veía su problema con subjetividad. Era verdad, había un problema con respecto al heredero, pero el mismo se encontraba en la subjetividad hipersensible de Sarai y la impaciencia de Abram. Esto fue lo que los aprisiono en un falso enfoque: el problema existente, y no la solución ya dada por Yahvéh en Su Promesa de Pacto.

Si vivimos conscientes de que estamos en el perfecto diseño mesiánico del Eterno, tenemos que descansar en la fe y saber que Él, como nuestro Padre, no nos fallará.  Por el contrario, Él nos promoverá si humildemente aprendemos a esperar en Él.

Si no hacemos esto, seguramente caeremos en la tentación de procurar una solución a nuestra manera.  Tal vez esto trabajará positivamente por un tiempo, pero, tarde o temprano, se desmoronará trayendo consecuencia muy lamentables.  Existe nuestra manera de hacer las cosas, pero también existe la manera de Dios para hacerlas, y la manera de Él siempre trabaja con resultados maravillosos que bendicen generaciones. 

Será muy oportuno que ahora recuerden el relato de Génesis 3 verso 6:

“Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió”.

La decisión de Eva de tomar de “su fruto” le estaba diciendo al Eterno, “mi manera es mejor que la tuya”. Sarai hizo lo mismo cuando fue con “este fruto” a Abram para que él lo “comiera” (aceptara) para “ayudar” al Eterno en el cumplimiento de Su promesa.

Por eso, cada vez que elegimos nuestra manera de solucionar las cosas en vez de la manera de Dios, realmente estamos diciendo arrogantemente que somos más inteligentes que Yahvéh o que somos una excepción a la regla, ya que esta solución que estamos trayendo será una especie de “ayudita” para el cumplimiento de Su Promesa.  Por favor, jamás olviden que: “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final, es camino de muerte.” (Proverbios 14:12)

Amado discípulo, el Eterno te está diciendo hoy, por medio de esta Palabra: “Mi juicio es mejor que tu juicio, Mi tiempo es mejor que su tiempo.”    

Por eso, una de las mejores cosas que podemos hacer hoy en el mundo es separarnos del tiempo humano y sus presiones y ponernos en el “tiempo de Dios” (hebreo “Et“; griego “Kayros”), ya que en él es donde todo transcurre en la correcta manera. ¡Todo ocurre con propósito!

Un principio que es importante que se aprende en las dimensiones eternas es que los “retrasos de Dios” son en verdad oportunidades para el pleno desarrollo integral del hombre.  Por lo tanto, la cosa más sabia que puede hacer un escogido es esperar en el Señor y su soberanía sobre las circunstancias.  La voluntad de Dios y el tiempo de Dios siempre van juntos y son perfectos.

Como conclusión diré que si vivimos por medio de las promesas, tenemos que esperar hasta que la Fuente de esas promesas la cumpla; y la fuente es Yahvéh quien siempre cumple de acuerdo al tiempo perfecto para nuestras vidas.  Si hay algún lector que no tiene aún lo que desea, seguramente es porque no es el tiempo oportuno para que lo reciba.  Muchos lo quieren ahora, pero el Eterno dice ¡no!… ¡Aún no!… ¡Espero un poco!  Desafortunadamente, muchos creyentes tratan de conseguir el cumplimiento de sus deseos a su propia manera, en el tiempo de ellos, pero, lamentablemente, los resultados que obtengan no serán coherentes con lo que Yahvéh ha diseñado en Su propósito eterno. De este modo se perderán la felicidad perfecta y la satisfacción completa que da esperar la acción del Eterno.  Además, ellos tal vez tendrán que vivir con los resultados de esa mala decisión por el resto de sus vidas, como Abram y Sarai lo tuvieron que hacer y como los descendientes de ellos todavía lo están haciendo hoy en día en el conflicto árabe-israelí.

Yahvéh es perfecto en todos Su Camino (2Samuel 22: 31; Salmo 18:30). Su voluntad es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). Su tiempo de propósito es perfecto. Por lo tanto, aprende a esperar en Él aunque te resulte difícil, y verás que Él hará (Salmo 37: 5-7).

 

Con amor y amistad de servicio: P.A. David Nesher

Abram salió afuera y viajó más allá de las estrellas

Entonces lo llevó (a Avram) fuera y (Dios) le dijo:
Mira, por favor, al cielo y cuenta las estrellas, si acaso las puedes contar.
Y añadió:
Así será tu descendencia.”
(Bereshit / Génesis 15:5)

Abram, junto a sus 318 valientes, acababa de obtener un victoria sobre la alianza de los reyes mesopotámicos más poderosos del mundo conocido. Sin embargo, es evidente que ante lo desconocido que el Eterno le había revelado que le daría, su mente dejaba que el peor enemigo la asaltara: el temor. Abram sin duda fue un héroe, pero también fue un ser humano. Los miedos de posibles conflictos que volvieran a colocarlo en peligro, generaban poco a poco pensamientos de dudas en el patriarca en cuanto al cumplimiento de las promesas hecha por el Eterno en Su llamado.

La realidad era que él aún no tenía un hijo que se convirtiera en una gran nación (Gén. 12:2) y él todavía estaba en medio de un país peligroso y malvado. Abram empezó a tener miedo de lo que pudiera deparar el futuro para él.

En ese momento la palabra hablada de YHVH vino a Abram en una visión. La palabra hebrea para la visión es makjazé  y se encuentra sólo otras tres veces en las Escrituras hebreas o Tanak (Números 24:4 y 16, y Ezequiel 13:7). En hebreo esto significa, literalmente, “en la visión” o “mirar fijamente a través de la ventana“, y es la primera vez que se menciona en las Escrituras. Esta se trata de una visión específica, no un sueño, que culminó en el pacto del Eterno con Abraham. El estaba despierto y la visión continuaría durante todo el día y hasta la noche siguiente (15:17).

Usando pues este recurso profético de las visiones, Yahvéh se le aparece en plena noche, provocando un diálogo que en su progreso se transformará en una relación de pacto hasta ahora no experimentada por hombre alguno. El desarrollo del encuentro se centrará en los dos intereses fundamentales del proyecto redentor de Yahvéh: descendencia y territorio (simiente y potestad jurisdiccional).

Por ello, el Eterno iniciará la charla de este encuentro otorgándole a Abram seguridad en los dos temores que lo acosan. En cuanto a los posibles conflictos, el Eterno mismo se ofrece como el escudo de Abram. Yahvéh garantiza que Su presencia irá con Abram y será funcionalmente igual al rol del artefacto que a cualquier guerrero lo protegía de toda arma forjada contra él.

El patriarca acepta la protección, pero se anima sinceramente a presentarle al Eterno el problema central: no tiene un hijo, por tanto el galardón ofrecido por Yahvéh no tiene sentido alguno. Eliezer, el damasceno, su criado fiel, será su heredero, acorde con las leyes civiles de su tiempo.

Ante esta queja, Yahvéh, en su paciente benevolencia, le asegura a Abram que no será así. Ese hijo vendrá, más allá de la vejez del patriarca y la esterilidad de su esposa. Y además, en ese hijo vendrá la certeza de un descendencia numerosa que tendrá una característica especial: conocerá el poder de la fe (emunah).

Pero, para poder comprender de una manera pura este pasaje, nos haremos juntos unas preguntas:

  • ¿Cuál es el mensaje  en lo más profundo de este texto?
  • ¿Qué nos dice la Torah entrelíneas?
  • ¿Acaso se habla aquí de una bendición relativa al número de descendientes de Abram?

 

Analicemos rápidamente algunos términos hebreos con el objetivo de desaprender todos los conceptos erróneos con los que hasta hoy hemos leído este pasaje de la Escritura sin lograr bucear debajo de él a fin de disfrutar de la perla de gran precio que en este texto se esconde.

Cuando el texto dice “lo llevó fuera” puede ser entendido al menos en dos planos:

El primero es el literal: es decir que dice lo que se lee a primera vista, lo llevó fuera de su morada para que pudiera observar el cielo;
El segundo es el exegético: que revela que lo sacó de sus pre-conceptos, de las ideas previas que él poseía por sus paradigmas religiosos (astrológicos). Lo llevó fuera de lo que le era conocido.

Justamente resulta interesante saber que la palabra hebrea traducida como “afuera” es hajutza (הַחוּצָה ) y aparece aquí por primera vez en el texto bíblico.  Por ende, los invito nuevamente a leer bien lo que dice el versículo:

Y Dios lo llevó afuera y le dijo: Por favor, mira el cielo y cuenta las estrellas. ¿Puedes contar y Dios lo llevó afuera y le dijo: Por favor, mira el cielo y cuenta las estrellas. ¿Pulas? Y Él le dijo: Así es como será tu descendencia“.

¿A dónde lo sacó “afuera” Dios a Abraham? 

abrahan-estrellas

Literalmente esto significa que el Eterno lo sacó de su tienda para ver las estrellas. Pero, en la aventura de estudiar la Torah debemos saber que existe otra interpretación, es la explicación homilética. Desde ella, y de una manera más profunda, se entiende que en verdad Yahvéh le dijo a Abraham: “¡Sal de tus cálculos astrológicos!“; expresado de una mejor manera: “¡Sal de tu astrología donde viste en las estrellas que nunca tendrás un hijo!” 

Toda esta exégesis debe ser unidad a lo que dice el versículo inmediatamente después: “mira al cielo“. Aquí el texto demuestra que el Eterno lo conduce a realizar las mismas acciones que  hasta ese momento Abram (así como se llamaba nuestro patriarca entonces) había realizado siguiendo los consejos de la astrología (la ciencia de los caldeos, su lugar de origen). Abram estaba entrenado en todas las artes mágicas de la astrología ya que ella era su religión original. Por lo tanto, sabía confeccionar su carta astral. En su gran sabiduría, Abraham llegó a la conclusión clara de que él y Sarai nunca tendrían hijos. Los astros, desde sus signos, le presagiaban que él y su esposa no tendrían descendencia. El destino trazado en el estudio de las estrellas determinaba que sería su siervo Eliezer el que heredaría sus posesiones. Pero Dios lo llevó fuera de esta visión del mundo. Evidentemente el texto nos muestra que de acuerdo a su carta natal, él no iba a tener un hijo; pero Abraham sí tendrá un hijo, según el diseño divino…

Es decir, Dios le ordenó a Abram  que ya no se guiara por lo que había aprendido a través de dogmas y tradiciones humanas. El Eterno  lo sacó de sus pre-conceptos, de las ideas previas. Lo llevó fuera de lo que le era conocido. Abram necesitaba un cambio mental en Abram para poder cambiar su futuro. Este varón no debía seguir conduciéndose en el Camino de la fe guiándose mentalmente por lo que su ciencia y conocimiento le decía, sino que el Eterno anhelaba que él anduviera por los caminos de la enseñanza de Verdad, que es lo que Yahvéh dicta por medio de Su Instrucción.

El Eterno le enseñó algo bien claro al decirle:

Ya no medites sobre la ciencia ilusoria de las estrellasSal de estas creencias, mira el cielo y verás que por encima de toda asignación astrológica estoy Yo, el Eterno y Todopoderoso, y mi Palabra es fiel para cumplirse en tu vida en tiempo y forma. Aprende a esperar en los secretos de mi Nombre y mi Instrucción

El Eterno le responde a Abram enseñándole el gran secreto de la existencia hebrea: NO estamos regidos por los astros, sino que somos trascendentes, nosotros podemos determinar nuestro propio destino por medio de la fe en los mandamientos y promesas de la Instrucción (Torah) divina. El único que está por fuera de todas las limitaciones, y conoce realmente todo, en todo momento, es Dios, y es Él el que le ha prometido descendencia, digan lo que digan en contra los astros o los hechos materiales. El Eterno enseña así a Abram que la consecuencia de darle demasiada importancia a las predicciones astrológicas, es que el evento previsto se vuelve inevitable. Quien insista en vivir solamente dentro del ámbito de lo natural se vuelve esclavo de él.  En cambio, la misión de un llamado y escogido del Señor consiste en romper las limitaciones de lo natural. Si este aprende a vivir de una manera que lo eleve a una dimensión superior, ésta se vuelve real en su vida y rige los acontecimientos futuros. Justamente los mitzvot (mandamientos) de la Torah existen vibrantes en un plano superior. La raíz de la palabra mitzvá (mandamiento) se relaciona etimológicamente con la palabra “tzavta”, o sea, “cercanía“, ya que el cumplimiento de un mitzvá acerca a Yahvéh. Es decir, que cuando un mitzvá es hecho, este acto físico genera transcendencia, y  entonces el destino de una persona es alterado. Un acto que tiene el potencial de elevarnos a una relación directa con la Fuente de todo, ciertamente tiene un poder más grande que el de los supuestos intermediarios de la creación que implanta el sistema reptiliano a través de sus creencias.

Este fundamento de vida que aprendió Abram, será el sostén de la emuná (fe) de Israel. Con este relato, Moshé pretende que el Pueblo de Dios acepte que todo el propósito de los hijos primogénitos del Eterno es vivir por encima de la naturaleza. Nuestro desafío consiste en elevarnos a la dimensión de la voluntad de Yahvéh, que se manifiesta en este mundo a través del cumplimento de los mitzvot. El éxito consiste en conectarse con la propia Fuente de todo el bien, a través de las acciones que Él mismo nos designó como propicias a este fin. Cuanto más mitzvot hacemos, más canales de conexión son creados uniéndonos al Eterno y preparándonos para recibir Su bendición en Yeshúa Su Hijo.

Esta experiencia mística de Abram involucra el hecho de que Yahvéh lo sacó fuera de este mundo (sistema reptiliano sensorial)  y lo elevó en un éxtasis por encima de las estrellas. Este es el significado exacto del verbo “mira” (הַבָּטָה , habatá): Abram pudo mirar de abajo hacia arriba, desde la cosmovisión divina.

En lenguaje moderno, la segunda interpretación implica “fuera de este mundo” es decir “fuera del cosmos” o “fuera del orden natural establecido“, que representa el infinito, pero en verdad es finito y también sigue las limitaciones de las leyes de la naturaleza. La fe inicial de Abraham en Dios no podía ignorar por completo esas limitaciones, porque, después de todo, se dio cuenta de que el Eterno creó un sistema finito, limitado, con su propio conjunto de leyes. Pero, a la vez, Yahvéh le mostró a Abraham que él puede dejar este mundo por completo, y elevarse más allá de cualquier limitación, con el fin de crear un mundo nuevo, por así decirlo, totalmente influenciado por lo sobrenatural.

Es, en parte, por eso que Yavhéh le habla del número de las estrellas. Porque así como son incontables y por lo tanto inabarcables en su totalidad para el intelecto humano, también el presunto saber de la determinación del futuro por medio del estudio de fuerzas cósmicas es imposible. En resumen, el Eterno le dice a nuestro padre Abraham que confiar ciegamente en mancias es poco menos que ceguera intelectual.

El único que está por fuera de todas las limitaciones, y conoce realmente todo, en todo momento, es Yahvéh, y es Él quien ha prometido descendencia, digan lo que digan en contra los astros o los hechos materiales.

El versículo diciendo: “así será tu descendencia“. Con esta expresión el Eterno no se refiere a un número (aunque en otro lugar prometió descendencia abundante) sino que está aduciendo que a partir de este diálogo existirá una cualidad especial en la forma de ser de sus hijos, y generaciones. Se refiere pues a la cualidad de abstenerse del pensamiento humano totalitario, de apartarse de las ideas deterministas, de rechazar la creencia en influencias mágicas que determinan un destino inconmovible; es la cualidad de confiar exclusivamente en que el Eterno es el poseedor del saber último, y por lo tanto, quien tiene la última palabra.

La reacción de Abraham a esta revelación es “Y creyó a Dios“. Este fue el nacimiento de la fe pura, que cree en la capacidad de desafiar las leyes de la naturaleza. Por primera vez, Abram se apropia de una sustancia divina (la fe) que es la respuesta correcta a las promesas del Eterno.

Como resultado de la fe de Abram, YHVH “se lo contó” o le imputó (hebreo kjasháb) su fe por justicia (Romanos 4:1-25; Gálatas 3:6; Santiago 2:23). Esta es la primera aparición de la palabra imputar en las Sagradas Escrituras (La Biblia). El Señor imputa o transfiriere Su justicia a Abram, a fin de que Abram tuviera una posición perfecta delante de Dios. Así pues, queda bien claro que la salvación, ya sea en el Antiguo Pacto tanto como en el Pacto Renovado, era, es y será solamente por gracia, y esto por medio de la fe. Abram, después de haber recibido la garantía del Eterno, creyó que la profecía ciertamente sería cumplida, por lo que ya no tenía por qué temer perderla. Bien entendido tendrán en sus mentes y corazones esta revelación, aquellos discípulos de las primeras comunidades que se sentaban a los pies del apóstol Pablo, quien comentaba este episodio de Abraham de este modo:

“¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.”

(Romanos 4:1-3)

“Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.”

(Romanos 4:19-25)

 

Porque ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe

(Efesios 2:8-9)

¿Qué sucede una vez que hemos logrado salir afuera, más allá de nuestra visión normal del mundo, y aceptado el hecho que la omnipotencia de Dios va mucho más allá de las leyes de la naturaleza que Él mismo estableció?

La respuesta se relaciona con la capacidad de cambiar nuestra perspectiva del mundo con el fin de lograr el resultado que Yahvéh desea. Abraham comenzó dentro de este mundo. Él reconoció a su Creador, creyó en un solo Dios, pero, avanzó más y más en su fe, hasta que llegó al extremo de dejar este mundo, y comenzar a creerle al Eterno en la cosmovisión que Él le revelara.

Así, Abraham se fue “afuera“, y su salida lo enfrentó a la idolatría astrológica, transportándolo Yahvéh al Reinado de Su Luz admirable. Esta es la cosmovisión  que otorga el don divino de la fe. Este regalo permite que el ser humano le crea solo a Yahvéh, que nos brinda Su Presencia y nos enseña, a través de Su Instrucción (Torah) a dejar este mundo y repararlo acorde al diseño original de Su propósito eterno. De este modo se adquiere la cualidad de abstenerse del pensamiento humano totalitario, de apartarse de las ideas deterministas, de rechazar la creencia en influencias mágicamente determinantes; y de confiar exclusivamente en que el Eterno es el poseedor del saber último.

Lo que más me llena de alegría mientras escribo esta bitácora, es darme cuenta que esta promesa, sin duda alguna, hoy es una opción abierta a cualquier persona que quiera trascender las limitaciones del mundo físico a través de su fe en Yeshúa, el Mesías. Simplemente debes disponerte a dejar el paradigma propio de la religión: “creer en Dios“, y llevar todo tu ser al paradigma metafísico de toda existencia humana: “Creer a Dios“. Así, el Eterno entrenará tu vista para que, detrás de las realidades de la vida, veas la visión que tiene para ti. Entonces obtendrás el entendimiento espiritual de que toda bendición no depende de los astros, ni depende del destino. Por el contrario, procede de más arriba, del Padre de las luces, que nos ha amado en Su Hijo unigénito, Yeshúa.

Malki-Tzédek… ¿un Ser Humano o una Entidad Celestial?

Por P.A. David Nesher

“Cuando Abram volvía de haber derrotado a Quedorlaómer y a sus reyes amigos, el rey de Sodoma salió a su encuentro en el Valle del Rey. 
Allí Melquisedec, que era rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino, y bendijo a Abram, diciéndole: «Abram,
que te bendiga el Dios altísimo,
creador del cielo y de la tierra.
El Dios altísimo
merece todas las alabanzas,
pues te dio la victoria
sobre tus enemigos».
De inmediato, Abram le dio a Melquisedec la décima parte de todo lo que había recuperado”.

(Génesis 14: 17- 20)

Pocos asuntos en las Sagradas Escrituras han despertado tanto interés como la identidad real de Melquisedec. Un personaje que aparentemente salió de la nada al encuentro de nuestro padre Abraham después de que este participara en la guerra contra los reyes de oriente.

Abram tuvo una victoria sorprendente sobre los cuatro reyes enemigos, que habían raptado a su sobrino Lot. Como un guerrero cansado, agradecido de que su persecución del enemigo había tenido tanto éxito, regresó a su casa, junto al encinar de Mamré, en Hebrón (13:18). Sin embargo, el Eterno  le tenía reservada para él una sorpresa: un encuentro inesperado con Melquisedec, rey de Salem (posteriormente llamada Jerusalén) que era también el sacerdote de El Elyon, o el Dios Altísimo (mejor traducido como: “el Poderoso Supremo“). La verdadera prueba de carácter viene cuando tenemos éxito. La manera en que actuamos en un momento de triunfo a menudo revela nuestro verdadero carácter y madurez espiritual. Esto será cierto en el caso de Abram en el momento de su interacción con este rey-sacerdote.

Para comprender la envergadura de este varón con misión inter-cósmica nos sumergiremos en la investigación de los códigos de su nombre y propósito. Y como la tarea más noble para conocer la Verdad es la de investigar, para empezar, tomaremos nota, tanto de los libros de la Tanak (Antigua Alianza) como los Libros Mesiánicos del Pacto Renovado (Nuevo Testamento), de quién este personaje misterioso (Melquisedec). Todas la Sagradas Sagradas Escrituras (La Biblia) lo mencionan solamente tres veces:

  • Génesis 14:18;
  • Salmo 110:4;
  • y Hebreos capítulos 5 al 7.

El nombre Melquisedec (en hebreo Malki-Tzédek), significa «Rey de justicia», según la etimología corriente; pero podría ser un nombre teóforo cananeo: «Sadku es (mi) rey».

En las líneas mencionadas se dice que fue sacerdote del Dios Altísimo. Pero, ¿por qué él era el sacerdote único del Dios Altísimo en medio de las naciones de aquel tiempo cuando aún faltaba mucho tiempo para establecer los lineamientos y pautas del sacerdocio aarónico?

Leamos ahora el relato que se encuentra en Génesis 14. Mientras combatían varias naciones y pueblos en Palestina y Mesopotamia, Lot, el sobrino de Abram, juntamente con su familia y sus bienes, fueron capturados y llevados a otro lugar. Gen 14: 17-19 relata el regreso de Abram después de haber batido a los reyes que habían derrotado al de Sodoma (vv. 10-11) y a sus aliados y hecho prisionero a su sobrino Lot (v. 12). A su encuentro salió el rey de Sodoma y «Melquisedec, rey de Salém, presentando pan y vino; era sacerdote del Dios Altísimo, y le bendijo diciendo: Bendito sea Abraham del Dios Altísimo, creador (Señor) de cielos y tierra; y bendito sea el Dios Altísimo que puso a tus enemigos en tus manos». Hoy día está bien comprobado que Salém es el nombre primigenio de la santa ciudad de Jerusalén (Salmo 76: 3). Melquisedec aparece así como un rey cananeo de la época patriarcal y su nombre es semejante al de otro monarca de Jerusalén, Adonisedec, (capítulo 10, verso 1).

La palabra “Salem” viene de la raíz hebrea que significa paz“. Esto hace a Melquisedec “Rey de paz“. El mismo nombre hebreo Melquisedec significa “Rey de justicia” (Hebreos 7:2).

Pero, justamente lo interesante de este extraño personaje es su sentido de espiritualidad y sus ritos sacerdotales con los que se manifiesta a Abrahm.

El Génesis lo presenta como sacerdote del Dios Altísimo (en hbero ‘El `elyón’). Esta expresión concordaba con la teología cananea donde “El” es el dios supremo, creador de los seres y padre de los hombres, como le llaman los textos arqueológicos de Ugarit. Gracias al descubrimiento de este texto, hoy sabemos que el nombre del dios cananeo Elyón, es traducido como Altísimo significa por sobre todos los dioses (Soncino). Por todo esto, se descubrió que las dos expresiones juntas (‘El `elyón’) se convierten en títulos descriptivos de YHVH y se constituyen en las pautas de una alabanza al Eterno y verdadero Dios que dicen:

No hay nadie como tú, oh Señor, entre los dioses. No hay nada más alto o mayor que Tú en toda la tierra. Nosotros podemos confesar con nuestra boca, y reconocemos ante todo el pueblo, que sólo Tú eres El Elyon, Dios Altísimo (‘El `elyón’)“.

Interesante es notar que ante este detalle profético, nuestro padre Abram usa e identifica a esos nombres de divinidades cananeas con un título que designa dignamente atributos de Yahvéh, el Dios de Israel (v. 22), reconociendo así en Melquisedec un varón que ejercía la misma adoración monoteísta que él. Esta actitud concuerda bien con el proceder general de los patriarcas, que, siendo adoradores del Dios único, se mueven con libertad en el ámbito cananeo, utilizando sus lugares sacros y conviviendo religiosamente con sus moradores.

Esta es la primera mención bíblica de un sacerdote en las Escrituras. En la sociedad judía, el sacerdote debía representar al pueblo ante YHVH, como los profetas habían de representar a YHVH ante pueblo.  Malki-Tzédek aparece ser uno de los pocos fieles o tzadikim (justos) en ese lugar de Canaán; uno de los que ponen su confianza en el Dios único y verdadero. Por lo tanto, él era una conexión creyente de la línea sacerdotal del Nombre (Shem), en medio de la impureza de la línea de Canaán. La identidad de Melquisedec ha sido un enigma.

La época post-diluviana vio al mundo de un sólo lenguaje y bajo un sólo sacerdocio. La perspectiva hebrea era que este sacerdocio se centralizó en Salem bajo Melquisedec. De acuerdo al Midrash (una interpretación judía), Melquisedec era identificado con Shem (Sem) el hijo de Noaj (E.g., B. Talmud Nedarim 32b; Genesis Rabbah 46:7; Genesis Rabbah 56:10; Levitico Rabbah 25:6; Numeros Rabbah 4:8). En verdad esto no es imposible ya que debemos saber que, según las propias Sagradas Escrituras, Shem vivió incluso tras la muerte de Sara, la esposa de Abrahán. Además, debemos recordar que Noaj lo bendijo específicamente con el derecho de la primogenitura en lo sacerdotal (Génesis 9:26- 27).

También me es necesario aclarar que Malki-Tzedek en realidad un título y no un nombre personal. Es decir que esta expresión representa el ministerio doble de rey y sacerdote ejercitado a base de una vida indestructible. [Es más, según el Salmo 110:4 ese ministerio sería luego dado al Mesías, (cf. Hebreos capítulos 5 y 7)].

Él era llamado así porque era rey (melech) sobre un lugar afamado por su justicia (tzedek). Él regía sobre un lugar donde algún día el Templo habría de ser construido dentro del cual moraba la Divina Presencia que es llamada Tzedek, y desde donde la prometida Simiente de la Mujer sería manifestada como Mesías para Israel y las naciones. El Midrash aplica este término a Jerusalén en un todo tal como está escrito, “En ella habitó la equidad (tzedek) (Isaías 1:21) (Soncino; Comentario sobre Génesis 14:18).

Shalem es la única referencia directa a la ciudad de Yerushalayim (Jerusalén) que se encuentra en el Jumash (Pentateuco). En el salterio (libro de los Salmos)  vemos que Shalem es lo mismo que Tsión, como está escrito:

“En Shalem está su tabernáculo, y en Tzion su morada.”

(Salmo 76:2)

Es más, si vamos al capítulo 10 del libro de Josué (vers. 1) vemos como en la ciudad de Yerushalayim había un rey llamado Adoni-Tzedek. Aquí reiteraré los siguiente: Malkisignifica “mi Rey” y Adonísignifica “mi Señor”; Tzedek significa Justicia. En base a estas significaciones, en los tiempos de la conquista de la tierra prometida, alrededor de 600 años después de Avraham, el rey de esa ciudad seguía teniendo un título muy similar. Algunos sostienen que estos, serían títulos que señalan a un mismo cargo y/o función.

Ahora veamos con atención el relato. Notamos que en el momento de encontrarse Avram con Melquisedec, este le trae pan y vino, primeramente como refrigerio para los soldados agotados por la batalla y los prisioneros liberados, en signo de amistad y congratulación, pero también como un sacrificio de acción de gracias al Todopoderoso Dios que permitía la comunión corporativa en la victoria otorgada por el Eterno.

Lo primero que se puede destacar aquí es que, mediante este acto, Malki-Tzédek (Shem)le mostraba a Avram que no le tenía resentimiento alguno por haber matado a sus descendientes por la línea de su hijo Arfaxad, es decir Querdorlaomer, y los otros reyes. Este aspecto es importante sin importar el linaje de los involucrados. Es aún más importante dado el linaje directo de las víctimas preservar el sacerdocio del Nombre (Shem) hasta que Él mismo se encarne en la prometida simiente de la mujer: el Mesías (Génesis 3:15).

Luego Melquisede procede a bendecir a Avram con estas palabras:

“Que El Elyon Dios altísimo, creador del cielo y de la tierra, bendiga a Avram” (14:19).

Es decir que Melquisedec reconoció a Avram como un hermano en la fe y siervo del Señor.

La mención del sacerdocio parece relacionarse más bien con la bendición que imparte a Avram. Éste reconoce dicho sacerdocio entregándole el diezmo del botín. El sabio rabino Nachmanides sostiene que: “… solo porque Abram sabía que Malki-Tzédek era sacerdote del Eterno le dio el diezmoLeemos claramente en el texto:

Entonces Avram le dio el diezmo de todo

(Génesis 14:20)

Avram fue el primero que la Torah menciona que dio el diezmo. Sin embargo el principio del diezmo estaba funcionando desde la creación del hombre. El principio del diezmo implica trabajar parte de su tiempo sin tener el derecho de comer de él. Este principio se encuentra en el árbol del conocimiento del bien y el mal. Recordemos que Adam tenía que labrarlo pero no podía comer de él.

Avram no solamente dio el diezmo de los despojos de la guerra, sino de todo lo que el Eterno le había dado.

Según el Sefer Yashar (“Libro del Justo“), Avram había estudiado con Shem y Hever durante muchos años. Por eso ahora le entrega el diezmo de todo por ser su maestro de Torah. Es decir, que Avram entregó el diezmo a este varón porque sabía que Melquisedec tenía el punto de vista correcto en lo referente a los códigos de la Simiente de la Mujer (Mesías). Avram discernío que hacer conexión con este sacerdocio le garantizaba a él el cumplimiento de las promesas proféticas dadas por el Eterno en el momento de su llamado.

Por otra parte, el sacerdote de la ciudad de Salem sabía que la verdadera fuente del éxito de Avram era YHVH, como se ha dicho: “Bendito sea El Elyon Dios Altísimo, esta era Su obra, que entregó en tus manos a tus enemigos” (Génesis 14:20a) . La palabra entonces dio paso a la acción y le dio Avram el diezmo de todo lo que poseía (14:20b).

Pan y Vino: Símbolos de la Redención

El significado del pan y vino dados por  Malki-Tzédek a Avram, está relacionado directamente a la obra redentora de la simiente de la mujer.

La importancia del Pan y Vino como símbolos de la conjunción del fruto de la tierra (polvo) representado en el Pan, y el alma humana (sangre) representada en el vino, que vuelven a su diseño original mediante la acción del Espíritu Santo representado en la acción sacerdotal del Rey de Justicia: el Mesías. Es decir que Malki-Tzédek está sirviéndolo a Avram los emblemas que serían integrales  establecidos siglos después por el Mesías, en la Cena del Señor, como elementos sacramentales de su obra eficaz y eterno de redención. Este evento en la vida de nuestro padre Avram señalaba a la esperanza de la morada del Espíritu Santo, tal como fuera administrada bajo el nuevo sacerdocio de la Orden de Malki-Tzedek, introducida por el Mesías para todos los redimidos que se saben Israel en Él.

El escritor de la epístola a los Hebreos describe a Melquisedec así:

“… sin padre, ni madre, y sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida, siendo hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad” (Hebreos 7:3).

Debido a este pasaje, algunos creen que Melquisedec es actualmente una aparición o teofanía de Yeshúa antes de nacer en Belén.

Para aclarar esto, comenzaré diciendo que el hecho que Melquisedec reflejaba anticipadamente este evento mesiánico-redentor, no demanda que él sea el Mesías, como algunos intérpretes ignorantes aseguran hoy. En realidad, si lo fuese, hay toda una serie de problemas en el concepto del sacrificio sin pecado del Mesías. ¿Nació? ¿Era un hombre? ¿Si así lo fue, nació entonces de una virgen? Malki-Tzédek no era por cierto de la línea de David. ¿Si era un Ángel, que implica esto para el gobierno de Salem en esa etapa? ¿Que era el sacerdocio allí? ¿Porqué no hay registro en otra parte de un sacerdocio angélico? ¿Que necesidad tiene un Ángel de los diezmos de guerra? Los problemas lógicos introducidos por un aspecto Mesiánico de Melquisedec de tal magnitud son enormes.

Si hay algo seguro a todo esto, aunque, Melquisedec parece ser una figura oscura, se presenta como una persona muy importante del Antiguo Pacto. Ejemplo de esto lo encontramos en el Salmo 110 (versículo 4) que dice que el sacerdocio del Mesías es un sacerdocio según el Orden de Melquisedec, en contraste de ser de la orden de Aarón. En la epístola de Hebreos capítulos 5 al 7 se pone mucho énfasis en esta idea que edificaba la esperanza escatológica de las primeras comunidades.

Entonces, Melquisedec, rey-sacerdote, es considerado como una figura profética del Mesías. El silencio insólito de la Escritura sobre la ausencia de sus antepasados y de sus descendientes, sugiere que el sacerdocio representado por él es eterno. La interpretación de Génesis 14, según la cual fue Avram quien pago el diezmo y no Melquisedec, era tradicional ya que Melquisedec recibió el diezmo de Avraham porque era superior a él y por ello también lo bendijo; asimismo Melquisedec fue superior a los descendientes de Avram, los levitas o hijos y descendientes de Leví, los únicos que podían acceder al sacerdocio.

El diezmo pagado a los sacerdotes levitas era, a la vez, el salario de su oficio sacerdotal y el homenaje tributado a la eminente dignidad de su sacerdocio. Por lo tanto, si el mismo Leví pagó por medio de la figura de Abram el diezmo a Melquisedec, fue porque Melquisedec prefiguraba un sacerdocio mas elevado.

En definitiva, el sacerdocio de Melquisedec era más escatológico y divino que terrenal, y por esto se le ha considerado como sacerdote del Dios Altísimo y Sumo Sacerdote. Debido a ello, un sacerdocio eterno a la manera de Melquisedec anuncia para los tiempos mesiánicos la sustitución del sacerdocio antiguo, considerado ya como inferior al sacerdocio de Melquisedec (Hebreos 7:11-14).

Por último, y entendiendo que Melquisedec es un tipo del Mesías, debemos aceptar que las acciones de Abrahan sirven como modelo de imitación para nosotros hoy. Tenemos que darle una décima parte de todo lo que ganamos a aquel que oficia como nuestro Sumo Sacerdote delante del Trono de la gracia divina: Yeshúa, nuestro dueño.


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