Por P.A. David Nesher
Invito a todos mis lectores a ingresar en esta aula virtual y disfrutar de lo que esta semana el Eterno ha implantado en sus hijos por medio del Espíritu de la Profecía:
Por P.A. David Nesher
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Por P.A. David Nesher
¿Qué es la Verdad y cómo se relaciona con el ser hebreo?
«Hashket Ushmah Israel Hayom!» (traducido es: «¡Cállate y escucha Israel, Hoy!«)
Aprender a callar garantiza evitar males. El mes de #Av es un tiempo especial para aprender a hacer silencio, escuchar atentamente con el corazón y hablar si es necesario. Si estás en Paz con Dios, seguramente serás un pacificador, es decir, un generador de paz.
La parashá Devarim nos inspira a valorar la capacidad de cambio que nuestras acciones ejercen en nuestro entorno.
Te invito a escuchar esta mistagogia:
Por P.A. David Nesher
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Por P.A. David Nesher
Cuando pecamos, cuando elegimos alejarnos de Dios, nuestra elección siempre tiene consecuencias muy reales e inevitables. Cambia y distorsiona la realidad, tanto en nuestro interior como en nuestro exterior (a menudo en ambas), aunque estos cambios no siempre son visibles como en nuestra historia de la Torah. Después, cuando las consecuencias de nuestro pecado inevitablemente empiezan a ‘mordernos’, comenzamos a clamar al Señor, pidiendo que nos salve (que elimine las serpientes, que aparte las consecuencias). Sin embargo, incluso el Eterno mismo, no restaura simplemente las cosas como si nuestras elecciones pecaminosas nunca hubiesen acontecido; incluso Él mismo simplemente no borra nuestro pecado o el mal que causó.
Por P.A. David Nesher
P.A. David Nesher
En la actual configuración de nuestra civilización, lo que el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman denominó «amor líquido» ha transformado los vínculos humanos en conexiones precarias, transitorias y, a menudo, carentes de un centro de gravedad. Vivimos en una era donde el deseo es consumista y el compromiso es percibido como un obstáculo para la libertad individual. Ante este panorama, la antigua sabiduría de la Torá, específicamente la porción de Kedoshim, emerge no como un código de prohibiciones arcaicas, sino como una propuesta terapéutica y revolucionaria para restaurar la integridad del ser.
Históricamente, la palabra «santo» ha sido secuestrada por una tradición latina que la asocia con lo inviolable, lo místico-estático o lo inaccesible. El término sanctus evocaba aquello que estaba sellado por sanciones imperiales. Sin embargo, al despojar el texto de sus capas de traducción, encontramos la raíz hebrea Kadosh (קדוש), cuya esencia es la distinción y la separación para un propósito específico.
Ser Kadosh no es recluirse en un monasterio ni habitar en una nube de piedad abstracta. Es, por el contrario, desarrollar la capacidad de separar la luz de la densidad de la materia. En la práctica, la santidad es un ejercicio de discernimiento: saber extraer el beneficio y la chispa divina de las circunstancias más complejas del espacio-tiempo.
Uno de los puntos más disruptivos de la enseñanza en Kedoshim es la vinculación directa entre la santidad y la sexualidad. En el pensamiento hebreo, el matrimonio se denomina Kiddushin (consagración/santificación). Este concepto rompe con la visión de la sexualidad como mero placer biológico o como un tabú religioso.
En el marco de la «modernidad líquida», el sexo se ha convertido en un bien de consumo más, sujeto a la obsolescencia programada. Frente a esto, el concepto de Kiddushin propone que la sexualidad es una herramienta cósmica. Es el espacio donde las dos polaridades fundamentales de la existencia —lo masculino (benevolencia/expansión) y lo femenino (disciplina/vasija)— alcanzan una armonía que permite la manifestación de lo mesiánico.
Cuando la Torá nos insta a ser «santos», nos está llamando a cuidar nuestra Zera (semilla/simiente). Esta semilla no es solo biológica; es la codificación de nuestro propósito. En un tiempo de encuentros fortuitos y vacíos, la propuesta es la exclusividad operativa: apartarse para ser una vasija única donde el Eterno pueda hablar a las naciones.
Siempre insisto en entender y aceptar que el libro de Vayikrá (Levítico) funciona como un manual de terapia divina. La instrucción no busca someter al hombre, sino liberarlo de la presión del sistema. El valor numérico de la palabra «depresión» y «miedo paralizante» coincide con los 51 mandamientos escondidos en esta parashá, sugiriendo que la observancia de estos códigos es el antídoto contra el caos emocional.
La reflexión pragmática para el siglo XXI es clara: la santidad es coherencia. No podemos ser «espirituales» en el momento de la oración y «animales» en nuestros tratos comerciales o en la intimidad de nuestra alcoba. El carácter mesiánico se refleja en la integridad de las 24 horas del día.
Para vencer los obstáculos de una sociedad que nos empuja a la fatiga y a la fragmentación, debemos reclamar nuestro estatus de Kedoshim. Esto implica:
En definitiva, ser santos hoy es el acto más rebelde que podemos ejercer contra el amor líquido: es la decisión de permanecer, de profundizar y de ser «distintos» en un mundo que nos quiere uniformemente mediocres. La santidad es, en última instancia, la libertad de vivir en alianza.
Te invito a escuchar el desarrollo de todo esto en el siguiente video:
Por P.A. David Nesher
Introducción La exégesis bíblica tradicional a menudo ha pasado por alto las dimensiones metafísicas de la enfermedad y la santidad, reduciéndolas a términos meramente físicos o morales. Sin embargo, al profundizar en las porciones de la Torah Tazría y Metzorá, se revela un código encriptado que vincula la condición humana, el poder de la palabra y la figura del Mesías bajo un epíteto aparentemente contradictorio: el «Mesías Leproso». Este concepto, fundamentado tanto en la Tanaj como en las reflexiones del Talmud, propone que la redención no es un acto de magia externa, sino un proceso de reintegración de la luz divina en una humanidad fragmentada.
La Naturaleza de la Tzaraat: Más allá de la Patología El análisis comienza corrigiendo una imprecisión histórica: la Tzaraat, traducida comúnmente como lepra, no es una enfermedad bacteriológica, sino una manifestación espiritual de origen divino. En el contexto de la Torah, la Tzaraat es una disciplina (un cela o pausa forzada) impuesta por el Eterno sobre aquel que ha incurrido en el Lashón Hará (el mal hablar).
El ser humano es definido esencialmente como «el hablante». Esta capacidad no es un rasgo biológico fortuito, sino el mecanismo diseñado para que el Verbo (Davar o Logos) se exprese en el mundo físico. Cuando el hombre utiliza su voz para el egoísmo, la división o la queja, desconecta su alma de la fuente de luz. La mancha de la «lepra» en las paredes de la casa o en la piel es, por tanto, una señal de que la energía de santidad (Kedushá) está chocando contra la impureza del receptor, provocando un cortocircuito que se manifiesta como juicio.
El Mesías como Siervo Leproso (Isaías 53) El núcleo de la enseñanza se encuentra en la reinterpretación de Isaías 53. Al cruzar el texto profético con el Talmud (Sanedrín 98b), se identifica al Mesías como aquel que está sentado a las puertas de Roma, vendando sus propias llagas entre los leprosos. El título de «Mesías Leproso» no es una depreciación de su dignidad, sino una descripción de su función vicaria.
Para que la humanidad sea restaurada, el Mesías asume la condición de Metzorá (leproso). Él se coloca «fuera del campamento» —el lugar de la exclusión y el dolor— para tomar sobre sí los rigores y juicios que la humanidad ha generado por su mala gestión de la luz. En este sentido, el sufrimiento del Mesías es un misterio dividido en tres partes: la humillación, el dolor inexplicable y la tristeza inconsolable. Al hacerse «lepra» por nosotros, él se convierte en el puente que permite que el impuro regrese a la presencia de Dios.
La Función del Cohen y la Limpieza Espiritual Un punto crucial de la enseñanza es la distinción entre «curar» y «limpiar». En el ministerio de Yeshua, no se trataba simplemente de eliminar un bacilo, sino de declarar al hombre «limpio» para que pudiera reintegrarse a la comunidad y al propósito divino. Al tocar al leproso, el Mesías no se contamina, sino que irradia una intensidad de santidad tal que consume la impureza.
La sanación, bajo la perspectiva de Yahvé Rafá, se entiende como un proceso que ocurre de adentro hacia afuera: el alma es sanada de su desconexión y, como consecuencia, el cuerpo refleja esa armonía. El rigor de Dios (Geburah), que para el desobediente parece castigo, para el redimido se revela como un poder intenso para generar milagros y reparar el mundo (Tikún).
Conclusión El ensayo de esta enseñanza nos invita a reconocer nuestra propia «cuarentena espiritual». La figura del Mesías Leproso nos confronta con la realidad de que todos, en algún momento, hemos estado fuera del campamento debido a un lenguaje y un deseo desconectados del diseño original. Sin embargo, la promesa mesiánica es que, a través de aquel que cargó con nuestras llagas, la humanidad puede ser purificada. La meta final es que cada ser humano recupere su función como administrador de la luz, utilizando la palabra no para el caos, sino para manifestar la justicia y la santidad del Eterno en la tierra.
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La descripción de la misión de propósito que tiene el alma humana. Ella es la vasija que el Espíritu Santo de YHVH, apegado al espíritu humano, utiliza par elevar lo físico a la noción de lo limitado y eterno.
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Durante 12 semanas el Eterno estuvo implantando en nuestras almas Su Keter, es decir, la clara cosmovisión de como vibra Su Intensión en el cosmos para que nuestra mente se fortalezca con Su Sabiduría y así vivir diariamente con alegría interior (simjá) dentro de las circunstancias de aprieto y aflicción.
Te invito a escuchar con el corazón la biodescodificación que nos dio el Eterno a través de esta parashá, ingresando en esta aula virtual:
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En la porción Vaerá encontramos develados los secretos del Cielo que revelan la lucha del alma al usar el poder del libre albedría para escoger entre pervertirse o refinarse.
En la tzelem Elohim que tenemos en nuestra esencia contamos con las diez sefirot (virtudes) divinas por medio de las cuales puedo autodisciplinarnos para investigar los secretos del Cielo, y con ellos dominar mis emociones para ser pro-activo con nuestras acciones en la misión de hacer Tikkun Olam (reparar el Mundo).
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