Mishpatim

El Pequeño Yahvé: El Secreto de Metatrón

Un estudio sobre Metatrón, el Ángel de Yahveh y el Mesías

Por David Nesher

En la porción de la Torah conocida como Parashat Mishpatim, encontramos una promesa divina que sirve como la llave maestra para abrir uno de los secretos más profundos de la mística hebrea. En el libro de, el Eterno declara:

«He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi Nombre está en él.«

Éxodo (Shemot) 23:20-21

Este no es un ángel común. Estamos ante una entidad que posee la autoridad judicial de perdonar o retener pecados, y que lleva el Tetragrámaton (el Nombre Inefable) en su propia esencia. A través de los siglos, los Sabios de Israel han identificado a este ser como Metatrón, el Príncipe del Rostro. Pero, ¿quién es realmente esta figura? ¿Es un ser creado, una emanación divina, o algo más? Al explorar el Zohar, el Talmud y los escritos de los apóstoles, descubrimos que Metatrón no es otro que la manifestación pre-encarnada de la autoridad divina que finalmente reconocemos en Yeshúa HaMashiaj.

La Ley del Shaliach: El Agente es como el Rey

    Para comprender la naturaleza de este ser, primero debemos redefinir nuestra comprensión de la palabra «ángel». El término hebreo Malak no define una naturaleza biológica, sino una función: la de un enviado, representante o sustituto. Como bien reflexionó San Agustín al investigar el texto hebreo: «En cuanto a lo que es, es un espíritu. En cuanto a lo que hace, es un ángel».

    En el pensamiento jurídico hebreo, esto se rige por la Ley de la Agencia (Shaliaj). El Talmud, en el tratado Baba Kama 113b, establece un principio legal absoluto:

    «El agente del gobernante es como el gobernante mismo«.

    El sheliaj (enviado) actúa como una extensión literal del meshuleiaj (el emisor). Por lo tanto, cuando Yahveh envía a este Ángel especial portando Su Nombre, este ser no actúa por cuenta propia, sino con la autoridad plena de Él, como Padre. Es bajo esta luz que debemos leer las palabras de Yeshúa cuando le dijo a su talmidim (discípulos):

    «El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió«
    (Mateo 10:40)

    • Metatrón: El «Pequeño Yahvéh» y la Vestidura de Dios

    La tradición rabínica y los textos del misticismo judío, como el Sefer Heikhalot (3 Enoc), otorgan a Metatrón un título que estremece la teología convencional: «El Pequeño Yahvéh» (YHVH HaKatan).

    En 3 Enoc 12:5, Metatrón revela al Rabí Ismael que el Santo Bendito lo llamó así ante toda la corte celestial porque «Mi Nombre está en él». Pero, ¿cómo puede Dios compartir Su gloria?

    El Rebbe Najman de Breslev, en su obra Likutey Moharan (11:5), ofrece una explicación fascinante. Él enseña que, mientras en Shabat Dios gobierna el universo directamente en Su santidad absoluta, durante los seis días de la semana, el Santo Bendito «se viste de Metatrón» para gobernar el mundo. Dios utiliza a Metatrón como un velo o interfaz para filtrar Su luz infinita (Ein Sof), permitiendo así que el mundo finito exista sin ser consumido y otorgando al hombre el libre albedrío.

    Por eso, los sabios dicen que Metatrón es «Dios en acción». Cuando en el Tanaj vemos al «Ángel de YHVH» aceptando adoración o hablando en primera persona como Dios —como en la zarza ardiente, donde dice «Yo soy el Dios de tu padre» (Éxodo 3:6)— estamos presenciando una teofanía: es Dios «vestido» en Su Agente Supremo. Ya en el primer siglo, el filósofo judío Filón de Alejandría describía a este ser como el «Verbo primogénito» y la «Imagen de Dios».

    • Gematria Sagrada: El Guardián de la Puerta

    La conexión entre Metatrón y la protección divina se confirma a través de la gematria (valor numérico de las letras hebreas).

    • El nombre Metatrón (מטטרון) tiene un valor numérico de 314.

    • El nombre divino Shaddai (שדי – El Todopoderoso) también suma 314.

    El nombre Shaddai es el que colocamos en la Mezuzá de nuestras puertas. De hecho, Shaddai es un acrónimo (notarikón) de Shomer Daltot Yisrael: «Guardián de las Puertas de Israel».

    Sorprendentemente, esta «firma» divina está estampada en la geografía misma de Jerusalén. Los tres valles que convergen en la ciudad santa (Cedrón, Tiropeón e Hinom) forman topográficamente la letra hebrea Shin (ש), la inicial de Shaddai.

    El Zohar, en la parashá Vayetze, conecta todos estos puntos declarando: «Seguramente, Metatrón es… la puerta por la cual uno pasa para entrar«. Esto resuena con una claridad profética en las palabras de Yeshúa:

    «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo»
    (Juan 10:9).

    • La Identidad Mesiánica: De Enoc a la Emanación

    Es vital notar que la mística de los Sabios distingue entre dos aspectos de Metatrón. Existe el «Metatrón Inferior«, identificado con el patriarca Enoc que fue transformado, según dicen, en «ángel de fuego»; y el «Metatrón Superior» (Metatrón Rabba), una emanación primordial que existe desde antes de la creación misma

    El rabino Ariel bar Tzadok afirma contundentemente:

    «El Metatrón Superior está vinculado al Alma del Mashiaj ben Yosef… cuando el Mesías venga, será Metatrón encarnado«.

    Las similitudes son asombrosas:

    La Coronación: En 3 Enoc, Metatrón recibe una túnica de gloria y una corona real. De manera idéntica, el Pesikta Rabbati (37:2) describe que Dios vestirá al Mesías («Efraín») con una vestidura cuyo esplendor brillará de un extremo al otro del mundo.

    El Escribano Celestial: El Talmud (Jaguigá 15a) relata que a Metatrón se le dio permiso para sentarse y escribir los méritos de Israel, un privilegio que causó la herejía de Elisha ben Abuyah (Aher), quien pensó que había «dos poderes en el cielo». El Midrash (Levítico Rabá 34:8) actualiza esta función, revelando que ahora son «Elías y el Rey Mesías» quienes registran las obras de los hombres. Esto nos lleva directamente al «Libro de la Vida del Cordero» que se describe en el libro de Apocalipsis (Revelación).

    • El Hallazgo Litúrgico: Yeshúa, Príncipe del Rostro

    Quizás la evidencia más conmovedora se encuentra oculta a plena vista en la liturgia judía. En antiguos libros de oraciones (Machzorim) para Rosh HaShaná, específicamente en la oración Yehi Ratzon recitada durante los toques del Shofar, encontramos esta súplica:

    «Sea voluntad tuya… que el sonido del Shofar… sea llevado… a través de Yeshúa, el Príncipe del Rostro y el Príncipe Metatrón…»

    Aunque algunas ediciones modernas intentan explicar esto como una referencia a un antiguo sumo sacerdote o al ángel Tartiel, el texto vincula explícitamente el nombre de Yeshúa con el título Sar HaPanim (Príncipe del Rostro), un título exclusivo de Metatrón. Esto sugiere una memoria ancestral en la fe hebrea que identifica a la Salvación (Yeshuah) personificada con el gran mediador celestial.

    • La Autoridad para Perdonar

    Volviendo a la advertencia de Éxodo 23: «él no perdonará vuestra rebelión». Esto implica, por lógica legal, que este Ángel tiene la autoridad para perdonar pecados, precisamente porque el Nombre está en Él.

    Por eso, cuando Yeshúa dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados« (Mateo 9:2), los escribas lo acusaron de blasfemia, pues «sólo Dios puede perdonar pecados». Sin embargo, Yeshúa estaba ejerciendo su prerrogativa como el portador del Nombre, el Sar HaPanim que tiene autoridad delegada en la tierra para perdonar y restaurar. Él no estaba usurpando el lugar de Dios, sino actuando como el Shaliach perfecto, la mano extendida de la Misericordia Divina.

    Conclusión

    Al unir las piezas del Zohar, la Torah y los Escritos Apostólicos, la imagen se aclara. Metatrón no es un dios rival, ni una segunda divinidad independiente. Es el sistema divino pleno en Su Ejad (Uno), el «cuerpo» espiritual mediante el cual el Infinito interactúa con nosotros.

    Como creyentes en el Mesías, entendemos que lo que los sabios vislumbraron como Metatrón —el Príncipe del Rostro, el Guardián de la Puerta, el portador del Nombre— es quien se nos reveló plenamente en Yeshúa. Él es el Agente Divino que descendió, no solo para gobernar como el «Pequeño Yahveh», sino para ser el Malaj HaGoel (El Ángel Redentor, Génesis 48:16) que nos redime de todo mal.

    En Yeshúa, vemos el Rostro de Dios (Juan 14:9), porque Él es, y siempre ha sido, la manifestación visible del Dios invisible. Amén.

    El Blindaje de la Vulnerabilidad

    Una Anatomía Teológica de Éxodo 23:6

    Por P.A. David Nesher

    Es interesante que en la arquitectura legal de la Parashá Mishpatim, nos encontramos con un verso que, aunque breve, funciona como el centro de gravedad de la justicia bíblica:

    «No pervertirás el derecho de tu necesitado en su pleito«
    (Éxodo 23:6)

    A simple vista, parece una instrucción administrativa para jueces de la antigüedad; sin embargo, bajo la lupa de la exégesis y la filosofía, se revela como un tratado sobre la santidad de la alteridad.

    1. La Ontología del «Evion»: Más que un estado financiero

    El texto hebreo utiliza la palabra Ebyôn (אֶבְיוֹן), para referirse al necesitado. A diferencia de otros términos para «pobre», el Ebyôn a menudo implicando pobreza extrema, desamparo o una persona que depende totalmente de la ayuda. Deriva de la raíz Abah, que significa «acceder», «desear» o «consentir«, sugiriendo a quien desea o busca auxilio. En pocas palabras Ebyôn es aquel cuya vulnerabilidad lo ha dejado a merced de la voluntad ajena.

    Teológicamente, la Torah introduce aquí una innovación revolucionaria para su época: la justicia no es un atributo del poder, sino un derecho divino del desposeído. En el pensamiento yahvista, el pobre es el «cliente» directo del Eterno. Por lo tanto, cuando un juez o un sistema legal tuerce el derecho de un necesitado, no solo está cometiendo un error técnico o una falta ética, sino que está incurriendo en un sacrilegio. Está invadiendo la jurisdicción de la Justicia Divina.

    2. El Rigor de la «Distancia»: La Ética del Alejamiento

    El contexto de este mandamiento está rodeado por la famosa advertencia del verso 7:

    «De palabra de mentira te alejarás«.

    Esta conexión es crucial para la alta calidad académica de nuestra interpretación.

    La Torá reconoce que el sistema legal es, por naturaleza, un entorno de fricción y manipulación retórica. La aplicación práctica de «no pervertir el derecho» exige lo que podríamos llamar una «vigilancia epistémica». No basta con no ser corrupto; el juez y el ciudadano deben cultivar una distancia crítica frente a las narrativas que el poder construye para invisibilizar al débil.

    El escritor francés Anatole France, en una excelente ironía, dijo: «La majestuosa igualdad de las leyes prohíbe por igual a ricos y pobres dormir bajo los puentes, mendigar en las calles y robar pan«. Criticando que la ley, al ser «igual» para todos sin considerar su situación económica, termina siendo una herramienta de opresión para el necesitado. Ante esta sabiduría, y la revelación de la Instrucción del Eterno, yo puedo agregar:

    La justicia que ignora la asimetría de fuerzas no es justicia, es simplemente la validación estadística del más fuerte.”

    3. Matiz Teológico: El Rostro del Prójimo en el Tribunal

    Si acudimos a pensadores como El lituano-francés Emmanuel Lévinas (1906-1995), entendemos que el rostro del necesitado nos impone un mandato ético infinito. En la Quinta Aliyá, el Eterno se presenta como el garante de aquellos que no tienen voz en la asamblea.

    La perversión del derecho (hatayah) significa literalmente «inclinar». El sistema tiene una inercia natural a inclinarse hacia el prestigio, la elocuencia y el capital. El mandato teológico es, por tanto, un acto de resistencia contra la gravedad social. Cada vez que un sistema protege al Evion, está realizando un acto de Tikún (reparación), devolviendo el equilibrio a un mundo que tiende hacia la entropía de la injusticia.

    4. Aplicación en la Modernidad Líquida

    Llevando esto al nuestra investigación, debemos preguntarnos: ¿Quién es el Ebyôn hoy?

    • Es el trabajador en la economía de plataformas sin protección legal.
    • Es el migrante que no comprende el lenguaje técnico de la burocracia que decidirá su destino.
    • Es el ciudadano común frente a los algoritmos opacos de las grandes corporaciones.

    La aplicación práctica contemporánea de Éxodo 23:6 nos exige diseñar sistemas —tanto legales como tecnológicos— que no den por sentada la igualdad, sino que la construyan activamente, protegiendo al eslabón más débil de la cadena.


    Conclusión: La Justicia como Acto de Fe

    Decidí publicar este análisis en nuestro blog no como un mero ejercicio académico, sino como un recordatorio de que la política y la espiritualidad se encuentran en el estrado del tribunal. La calidad de nuestra conexión con lo Divino se mide, paradójicamente, en la transparencia y honestidad con la que tratamos al ser humano más vulnerable de nuestra sociedad.

    Para el discípulo de Yeshúa, el mandamiento de «no pervertir el derecho del necesitado» no es solo una norma ética, sino una extensión directa de la Justicia del Reino (Tzedaká). Yeshúa no vino a abrogar la Torah, sino a mostrar su cumplimiento pleno (hebreo: Lemalé, לְמַלֵּא ) a través de la misericordia y la verdad.

    En el ministerio del Maestro, vemos que la «asimetría de fuerzas» se resuelve mediante la entrega: Él, siendo rico, se hizo pobre por nosotros (2Cor 8:9). Al instruirnos sobre el juicio, Yeshúa nos advierte que nuestra justicia debe superar la de los escribas y fariseos (Mateo 5:23), quienes a menudo se perdían en el tecnicismo legal mientras olvidaban «lo más importante de la Torah: la justicia, la misericordia y la fidelidad» (Mateo 23:20).

    Pervertir el derecho del necesitado es, en esencia, negar el carácter de Yeshúa. Si Él es el Abogado (Parakletos) de los que no tienen defensa, nosotros, como su Cuerpo, estamos llamados a ser la voz de aquellos a quienes el sistema prefiere ignorar. Aplicar esta mitzvá hoy significa entender que nuestro «pleito» no es contra carne y sangre, sino contra un sistema que busca deshumanizar la imagen de Dios en el pobre, Su opción preferencial.

    Servir al Mesías es, por tanto, restaurar el derecho del Ebyôn. Al hacerlo, no solo cumplimos una ley antigua, sino que manifestamos la realidad presente del Reino de Dios: un lugar donde el último es el primero y donde la balanza de Yah siempre se inclina a favor del amor y la redención.

    En amor y servicio David Nesher

    Shalom!

    La Soberanía Divina y el Misterio de los Elohim: De los Jueces al Mesías.

    La Soberanía Absoluta y la Autoridad Delegada: Un Análisis Teológico

    Por P.A. David Nesher

    La comprensión bíblica del gobierno universal se fundamenta en dos pilares inseparables: la soberanía absoluta del Único Dios verdadero (Yahvé es Su Nombre) sobre todas las circunstancias (causalidad divina) y la delegación de Su autoridad a agentes creados para la administración de la justicia (Elohim). A continuación, los invito a explorar cómo estos conceptos desmantelan el dualismo y definen la identidad de los representantes divinos, desde los jueces de Israel hasta el Mesías.

    La Causalidad Divina y el Rechazo al Dualismo

    La enseñanza de la Sagrada Torah (Instrucción) del Eterno comienza estableciendo que no existe el azar. En los decretos sobre la justicia civil (Mishpatim), leemos:

    «El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá. Mas el que no lo acechó, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir«

    (Éxodo 21:12-13)

    Este pasaje revela una verdad inquietante pero fundamental: quien dirige las circunstancias, incluso en un accidente fatal, es el Creador mismo. Esto nos lleva a comprender la soberanía absoluta en tres puntos claves:

    1. Autoridad activa y pasiva: Se puede debatir si el Todopoderoso causa un evento activamente o si simplemente lo permite pasivamente (dejándolo pasar). Sin embargo, el resultado teológico es el mismo: al permitir que algo suceda, Él se convierte en el causante último, ya sea directa o indirectamente.

    2. La inexistencia de poderes rivales: No existen dos poderes paralelos en el Cielo —uno bueno y otro malo— luchando por el control. El «Reino de Luz» gobierna sobre el «Sitrá HaRá (El Otro Lado de la Luz). Nada ocurre en el mundo invisible o visible sin la vigilancia y autorización del Eterno.

    3. El rol subordinado del adversario: Si HaSatán (El Oponente) opera, es porque ha recibido autoridad «de lo más alto». Él tiene derecho a actuar donde hay desobediencia a los mandamientos, pero no puede operar fuera del área que el Eterno le ha marcado. Creer que el diablo actúa con autonomía total es caer en una forma de avodah sará (adoración falsa o idolatría), creando «dos dioses» en nuestra mente.

    Por tanto, los sucesos negativos no son errores del sistema, sino herramientas pedagógicas que pueden servir para pulir el carácter, enseñar verdades, inducir a la búsqueda de Elohim, o evitar males mayores en el futuro.

    1. El Significado de Elohim: Jueces y Representantes

    Bajo esta soberanía única, el Eterno delega su poder a los hombres para establecer el orden social. Aquí es donde el término hebreo Elohim (אלהים) adquiere un matiz jurídico crucial.

    En los casos de litigio civil, la Escritura ordena:

    «Si el ladrón no fuere hallado, entonces el dueño de la casa se presentará ante los jueces (ha-elohim)… en toda clase de fraude… la causa de ambos vendrá delante de los jueces (ha-elohim); y el que los jueces (elohim) condenaren, pagará el doble a su prójimo«

    (Éxodo 22:8-9).

    En este contexto, la palabra elohim no se refiere al Creador, sino a jueces humanos. Esto indica que el título, que puede traducirse como «poderosos» o «todopoderosos», describe una función: la autoridad de establecer justicia. Este título no es de uso exclusivo del Eterno, sino que es delegado a hombres, mensajeros celestiales e incluso reyes que actúan «en lugar del Altísimo».

    El Juicio de los «Dioses» y la Mortalidad

    La delegación de autoridad conlleva una responsabilidad temible. En el Salmo 82, se describe una escena de tribunal cósmico:

    «Dios (Elohim) está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses (elohim) juzga«

    (Salmo 82:1).

    Aquí, el Dios Supremo reprende a los jueces delegados (elohim) por juzgar injustamente y favorecer a los impíos (Salmo 82:2). Aunque portan un título divino debido a su cargo, su naturaleza sigue siendo humana y mortal:

    «Yo dije:
    Vosotros sois dioses, y todos sois hijos del Altísimo; pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis«

    (Salmo 82:6-7).

    Este pasaje aclara que ser llamado «dios» o «hijo del Altísimo» en el lenguaje bíblico se refiere a la recepción de la Palabra y la comisión para gobernar, no a una inmortalidad inherente.

    1. La Filiación Divina: Salomón y Yeshúa.

    Esta comprensión del término elohim e «Hijo de Dios» como títulos de oficio y autoridad es la clave para entender la identidad del rey en Israel y del Mesías. Veamos esto desde el tipo (sombra) y el arquetipo:

    1. El Precedente de Salomón: La filiación divina se otorga por elección para una misión. Sobre Salomón, está escrito: «Lo he escogido por hijo mío, y yo le seré por padre« (1 Crónicas 28:6). Salomón es llamado hijo porque fue comisionado para edificar la casa de Dios y gobernar.
    • La Defensa de Yeshúa: Cuando Yeshúa fue acusado de blasfemia por llamarse Hijo de Dios, él apeló a la jurisprudencia del Salmo 82: «¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios… ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?« (Juan 10:34-36).

    Yeshúa argumenta que si los jueces corruptos recibieron el título de elohim por tener la Palabra, con mucha mayor razón aquel que ha sido santificado (apartado) y enviado por el Padre Celestial tiene el derecho legal de ostentar el título de Hijo de Dios.

    Conclusión: Caminando bajo la Soberanía y la Autoridad del Mesías

    Las Sagradas Escritura presenta un monoteísmo estricto donde «El Eterno es uno solo«. Sin embargo, este Dios único administra su gobierno a través de agentes a quienes llama elohim e «hijos».

    Por lo tanto, que Yeshúa sea llamado «Hijo de Dios» o «Dios». Significa que es el Rey y Juez Supremo que ha recibido la delegación total del Altísimo para «gobernar, dictar y ejecutar sus juicios en la tierra». Reconocer esto es entender que hay un solo Gobernante absoluto que dirige todas las causas, y que ha establecido a su Ungido, como manifestación de Su divinidad en forma humana, para administrar su justicia en el mundo.

    Para el creyente contemporáneo, comprender que «El Eterno es uno solo» y que Yeshúa es su máximo representante autorizado (Hijo de Dios), no es solo un ejercicio intelectual, sino el fundamento para una vida de paz, responsabilidad y propósito. Aplicar estos textos transforma nuestra realidad diaria en tres áreas fundamentales:

    1. Liberación del Miedo y el «Dualismo Mental»

    Vivimos en una cultura que a menudo glorifica el poder del mal o ve al universo como un campo de batalla incierto entre Dios y el diablo.

    La Aplicación: El creyente debe rechazar la «idolatría mental» de creer que el enemigo tiene autonomía absoluta. Ante cualquier crisis, accidente o ataque espiritual, la postura no debe ser de pánico ante las tinieblas, sino de confianza en que «no hay dos poderes paralelos».

    El Consuelo: Saber que incluso si el «reino de tinieblas» opera, lo hace estrictamente bajo el permiso y los límites marcados por el Padre, nos permite vivir sin temor, encomendando nuestra vida al único Gobernante que dirige todas las circunstancias.

    • 2. Una Nueva Respuesta ante el Sufrimiento y el «Azar».

      Cuando enfrentamos tragedias inexplicables o «accidentes», la tendencia humana es culpar a la mala suerte o sentirnos víctimas.

      La Aplicación: Debemos entender que detrás de cada suceso hay una causalidad divina («Dios lo puso en sus manos»). Esto nos lleva a la introspección en lugar de la queja.

      La Práctica: Ante la dificultad, el creyente debe preguntarse: ¿Hay alguna desobediencia o negligencia en mi vida que abrió esta puerta? ¿Está el Eterno tratando de pulir mi carácter, enseñarme una verdad o protegerme de un mal mayor en el futuro? El sufrimiento deja de ser un absurdo y se convierte en una pedagogía divina.

      3. Sumisión al Rey Yeshúa como Autoridad Delegada

      Entender que el título «Hijo de Dios» se refiere a la función real y judicial cambia nuestra relación con Yeshúa.

      La Aplicación: No seguimos a Yeshúa simplemente como una figura mística, sino como al Juez Supremo y Rey quien «es la palabra de Dios encarnada» en hombre y que ha sido santificado y enviado para gobernar.

      La Responsabilidad: Al igual que los jueces de Israel eran llamados elohim por tener la responsabilidad de ejecutar la justicia divina, nosotros, como seguidores del Mesías, debemos recordar que actuar injustamente o con corrupción trae consecuencias graves. Si tenemos autoridad (en la familia, trabajo o ministerio), estamos puestos «en lugar del Altísimo» y seremos juzgados por cómo representamos Su justicia.

      En resumen, el creyente actual está llamado a caminar con la seguridad de que su vida no está a merced del caos ni del diablo, sino sostenida por la Soberanía Absoluta del Padre, y guiada por la autoridad justa de Su Hijo, nuestro Rey Mesías.

      El Shalom de las Cosas según Dios

      Justicia Restaurativa y el Corazón del Guardián

      En la vorágine de nuestra cultura del «desecho» y el litigio impersonal, la antigua sabiduría de la Parashá Mishpatim emerge no como un código legal arcaico, sino como un manifiesto urgente de humanidad.

      Al sumergirnos en la Tercera Aliyá de Éxodo 22, descubrimos que las leyes sobre bueyes descarriados, fuegos descontrolados y objetos bajo custodia son, en realidad, una arquitectura de la responsabilidad.

      La Ética del Shalom: Más que un Balance de Daños

      Para la mentalidad hebrea, la propiedad no es un derecho absoluto y aislado; es una extensión de la esfera de influencia de una persona. Cuando el Eterno nos ordena en Su Torah resarcir un daño, utiliza la raíz Sh-L-M (Shillum / Pago). Es una elección lingüística poderosa: no se trata simplemente de saldar una deuda monetaria, sino de restaurar el Shalom.

      En el sistema jurídico del Jumash, el daño causado a un vecino crea un «agujero» en el tejido de la comunidad. La justicia restaurativa es el proceso de zurcir ese tejido. Al pagar con «lo mejor de su campo» (Meitav), el infractor no solo devuelve el valor del grano quemado; está enviando un mensaje de reconocimiento y dignidad a la víctima. La justicia aquí no es punitiva (que el otro sufra porque yo sufrí), sino reparadora (que el otro sea sanado para que todos estemos completos).

      De la Torá al Mesías: La Justicia que Camina la Milla Extra

      Cuando Yeshúa de Nazaret irrumpe en la historia, no viene a reemplazar esta responsabilidad civil por una espiritualidad etérea. Al contrario, la radicaliza. En la óptica de Yeshúa, el Talmid (discípulo) no cumple la ley por temor al tribunal de los hombres, sino por amor al Dueño de todas las cosas: Yahvéh de los Ejércitos.

      El Mesías Yeshúa nos enseña que la justicia restaurativa es la prueba de fuego de nuestra salvación. El caso de Zaqueo es emblemático: su transformación espiritual no fue validada por una oración, sino por un cheque de reembolso que superaba con creces los requisitos de la Torah en la parashá Mishpatim. Para el seguidor del RYBY, la justicia restaurativa es la «milla extra» (Mateo 5:41). Si la ley exige devolver el 100%, el amor mesiánico busca devolver el 120% para asegurar que la raíz del resentimiento sea arrancada por completo.

      El Desafío Actual: Ser Guardianes en un Mundo Fragmentado

      Hoy, ser un «Guardián de la Conciencia» significa entender que somos responsables de nuestras «chispas» digitales, de nuestra negligencia profesional y del cuidado de lo que otros nos confían. La justicia restaurativa nos invita a pasar de la pregunta defensiva «¿Qué es lo mínimo que tengo que pagar para evitar problemas?« a la pregunta redentora «¿Qué puedo hacer para que mi prójimo recupere su paz?«.

      Al final del día, estas leyes nos recuerdan que nuestro Padre es un Dios de Restauración. Y cada vez que reparamos un daño con generosidad, estamos reflejando el carácter de Aquel que reparó nuestra brecha con Él.


      Guía Práctica: 5 Pasos para Resolver Conflictos según la Justicia Restaurativa

      Si te encuentras en una situación donde has causado un daño (material o relacional) o alguien te ha confiado algo y ha habido un perjuicio, aplica esta guía basada en los principios de Mishpatim y el Brit HaDashá (Pacto Renovado):

      1. Reconocimiento Inmediato (Vidui)

      No esperes a ser descubierto o confrontado. El principio del Shomer (guardián) enseña que la responsabilidad comienza con la honestidad. Admite el daño claramente, sin excusas ni «peros». La transparencia es el primer paso para sanar la confianza.

      2. Evaluación de la Pérdida de la Víctima

      Ponte en el lugar del otro. No calcules el daño desde tu bolsillo, sino desde la pérdida del prójimo. ¿Qué esfuerzo le costó conseguir lo que se dañó? ¿Qué inconvenientes le está causando la pérdida? La justicia bíblica mira el rostro de la víctima, no solo el objeto.

      3. Aplicación del Criterio de «Lo Mejor» (Meitav)

      A la hora de reparar, no ofrezcas tus sobras o lo más barato. Si dañaste una herramienta vieja, considera reponerla con una nueva o de mejor calidad. Este gesto «mesiánico» rompe la lógica del conflicto y demuestra que valoras más a la persona que al dinero.

      4. La Milla Extra (Restauración de la Relación)

      Un daño material suele dejar una herida emocional. Una vez pagada la deuda, añade un gesto de bondad: una nota de disculpa sincera, un pequeño detalle adicional o tiempo extra de servicio. El objetivo no es solo cerrar una cuenta, es restaurar la hermandad.

      5. Consagración del Aprendizaje (Teshuvá)

      Analiza qué causó el daño (¿negligencia?, ¿falta de límites?, ¿fuego emocional?). Establece «vallas» preventivas para que no vuelva a ocurrir. Ser un Talmid (Discípulo) de Yeshúa significa crecer en sabiduría para que nuestra esfera de influencia sea siempre un lugar de bendición y nunca de tropiezo.

      El Arte de Cuidar lo Ajeno

      Los Cuatro Guardianes de la Conciencia

      Por P.A. David Nesher

      En el corazón de la Parashá Mishpatim (Éxodo 22:6-14), nuestra amada Torah despliega un tratado de psicología social y ética contractual que la tradición rabínica ha sintetizado en la figura de los Cuatro Guardianes (Arbaá Shomrim) tratados en el Talmud (Bava Metzia). Más que un simple código civil, estas leyes definen cómo el ser humano debe interactuar con la propiedad del prójimo, estableciendo que la responsabilidad es directamente proporcional al beneficio obtenido.

      La anatomía de la responsabilidad: exégesis de los cuatro niveles

      La exégesis hebrea, especialmente a través del Talmud (Tratado de Bava Metzia), identifica cuatro categorías de «guardianes» o custodios, cada uno con un nivel de responsabilidad jurídica (Ajrayut) distinto:

      1. El Guardián Gratuito (Shomer Jinam): Es quien hace un favor. No recibe pago por cuidar el objeto. Su responsabilidad es mínima: solo responde por negligencia manifiesta (Peshidá). Si el objeto es robado o se pierde, está exento de pagar, pues su intención fue puramente altruista.
      2. El Guardián Remunerado (Shomer Sajar): Aquí el beneficio es mutuo. Recibe un salario por cuidar. Debido a que hay un beneficio económico, su nivel de cuidado debe ser mayor. Responde no solo por negligencia, sino también por robo o extravío, aunque queda exento en casos de fuerza mayor (Ones).
      3. El Inquilino (Sojer): Alguien que paga por usar algo. La jurisprudencia hebrea debate si su estatus es como el del guardián gratuito o el remunerado, inclinándose generalmente por este último, ya que obtiene un provecho del objeto.
      4. El Prestatario (Shoel): Es el nivel más alto de responsabilidad. Alguien que pide prestado un objeto para su uso sin pagar nada. Como todo el beneficio es para él, la Torah le impone responsabilidad absoluta: responde incluso por accidentes inevitables (Ones). Solo queda exento si lo prestado «murió en el curso de su trabajo normal» (Metá Mejamat Melajá).
      Reflexión Profunda: El beneficio como medida del deber

      Lo que hace que esta legislación sea de alta calidad académica es su lógica interna: el equilibrio entre el Provecho (Haaná) y la Obligación (Jiov). El sistema legal de la Torah nos enseña que no existe el «derecho» sin «deber».

      El prestatario (Shoel), al recibir el 100% del beneficio, asume el 100% del riesgo. El guardián gratuito (Shomer Jinam), al dar el 100% de su servicio sin cobrar, recibe el máximo de protección legal. Este es un principio de justicia distributiva que busca proteger la bondad en la sociedad: si el que hace un favor fuera castigado por accidentes fortuitos, nadie querría hacer favores.

      Aplicación a la vida cotidiana: ¿Quiénes somos hoy?

      En un mundo marcado por la «economía colaborativa» y la digitalización de la confianza, estas leyes cobran una relevancia asombrosa:

      • La negligencia en la era digital: Cuando alguien nos confía una información, una clave o un acceso, nos convertimos en Shomrim (guardianes). La «negligencia» hoy no es dejar una puerta abierta, sino no activar una verificación de dos pasos o ser descuidados con la privacidad ajena.
      • El préstamo de herramientas y saberes: Si pides prestado un libro, una herramienta o incluso el tiempo de un experto de manera gratuita, te conviertes en un Shoel. La ética de Mishpatim te exige un cuidado extremo. No es «solo un favor»; es una deuda de honor que requiere que devuelvas el bien en perfecto estado, reconociendo que el beneficio fue solo tuyo.
      • La responsabilidad profesional: Un empleado o un prestador de servicios es un Shomer Sajar (guardián remunerado). El estándar de excelencia no es «hacer lo mínimo», sino proteger los activos del empleador o cliente contra riesgos previsibles, pues el salario conlleva una carga de vigilancia superior.
      La Elevación del Deber: De la Responsabilidad Civil a la Fidelidad Espiritual

      En el Brit HaDashá (Pacto Renovado), la figura del «guardián» trasciende lo material para convertirse en un principio de mayordomía espiritual.

      Yeshúa, en sus parábolas, utiliza frecuentemente la lógica de los Shomrim para ilustrar nuestra relación con el Eterno. En la Parábola de los Talentos (Mateo 25:14-30), vemos una aplicación directa de las leyes de custodia: los siervos no son dueños, sino guardianes de los bienes de su señor. Aquel que «escondió el talento» fue juzgado no solo por no generar ganancia, sino por una forma de negligencia (Peshidá) en su deber de cuidado activo, demostrando que para el Mesías, la inacción frente a lo que se nos confía es, en sí misma, una falta grave.

      Por otro lado, Yeshúa profundiza la ley de daños a la propiedad al llevarla al terreno de la reconciliación. Mientras que Mishpatim se enfoca en la restitución económica («pagará lo mejor de su campo»), Yeshúa enfatiza que la deuda también es espiritual. En el Drash (Sermón) del Monte (Mateo 5:23-24), enseña que si alguien tiene algo contra nosotros (quizás un daño no resarcido), la ofrenda en el altar debe esperar; la justicia restaurativa y la paz con el prójimo son requisitos previos para la comunión con el Padre. Esto transforma el pago del daño de una simple transacción legal a un acto de purificación del alma.

      Finalmente, el apóstol Pablo expande el concepto de los guardianes hacia el liderazgo y la vida comunitaria. En 1 Corintios 4:2, afirma:

      «Ahora bien, se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel«.

      Aquí, la palabra para administrador (oikonomos) resuena con la del Shomer Sajar (guardián remunerado/con responsabilidad). Se nos enseña que la vida, los dones y la comunidad son bienes «prestados» por el Creador. Bajo esta óptica, no solo somos responsables ante un tribunal humano por el fuego que quema el campo del vecino, sino ante un tribunal celestial por cómo custodiamos la dignidad, la fe y el bienestar de quienes nos rodean.

      Conclusión

      Las leyes de los cuatro guardianes nos invitan a salir del egocentrismo. Nos recuerdan que el mundo no es solo un conjunto de objetos para usar, sino una red de relaciones basadas en la confianza. Ser un «buen guardián» es, en última instancia, reconocer que somos custodios los unos de los otros.

      Cuando cuidamos lo que pertenece a otro con la misma pasión —o mayor— con la que cuidamos lo propio, estamos construyendo una civilización donde la propiedad privada es solo el escenario para el ejercicio de la rectitud y la empatía.

      Por último diré que para un Talmid (discípulo) de Yeshúa HaMashíaj, el cumplimiento de estas leyes de Mishpatim no representa una carga legalista, sino la expresión máxima de un corazón transformado que opera bajo el principio del amor (Ahavá). Al entender que el Mesías no vino a abrogar la Torah, sino a darle su cumplimiento pleno y significado más profundo, el discípulo reconoce que su responsabilidad civil es, en esencia, un testimonio público de su emuná (fe o convicción).

      Por lo tanto, ser un Shomer (guardián, atalaya) fiel en lo poco —ya sea cuidando una herramienta prestada, resarciendo generosamente un daño accidental o protegiendo la reputación del prójimo— es la métrica real de su fidelidad al Maestro. Para el seguidor de Yeshúa, la justicia no se detiene en la letra que exige el pago, sino que se eleva a la «milla extra» que busca la restauración total, entendiendo que cada acto de rectitud hacia la propiedad y la integridad del prójimo es un acto de adoración al Creador que nos confió Su mundo.

      Tabla Comparativa: La Evolución de la Responsabilidad

      ConceptoLey Original (Éxodo 22)Perspectiva Rabínica (Mishná/Talmud)Óptica de Yeshúa / Brit HaDashá
      Daño CivilRestitución del daño (fuego, pastoreo).Pago con lo mejor de la tierra (Meitav).Reconciliación prioritaria antes de la ofrenda (Mateo 5).
      PréstamosProhibición de usura y devolución de prenda.Protección de la dignidad del deudor.Dar sin esperar nada a cambio; generosidad radical (Lucas 6).
      CustodiaCuatro categorías de guardianes y sus penas.Equilibrio entre beneficio personal y nivel de riesgo.Mayordomía de los «Talentos»; fidelidad en lo ajeno (Mateo 25).
      El ExtranjeroNo oprimir al Guer (converso/extranjero).Empatía histórica basada en la salida de Egipto.El prójimo es cualquiera en necesidad (Parábola del Buen Samaritano).

      La Ética del Cuidado: Del Campo a la Ciudad Moderna

      Por P.A. David Nesher

      «Si fuere hallado con el hurto en la mano, vivo, sea buey o asno u oveja, pagará el doble. Si alguno hiciere pastar en campo o viña, y metiere su bestia en campo de otro, de lo mejor de su campo y de lo mejor de su viña pagará.

      Éxodo 22: 4-5

      El texto escritural que hoy estudiamos se enfoca en dos categorías de daños por negligencia: el daño por pastoreo (shilluaj b’eirah) y el daño por fuego (esh). Aunque hoy pocos de nosotros poseemos rebaños o quemamos rastrojos, el concepto subyacente es la extensión de la personalidad a través de la propiedad.

      1. El Control de los Impulsos (El Daño por Pastoreo)

      El versículo 22:4 nos habla del animal que entra en campo ajeno. La exégesis rabínica desglosa esto en dos tipos de daños: Shen (diente/consumo) y Reguel (pie/pisoteo). El dueño es responsable porque su propiedad, al buscar su propio beneficio, perjudicó a un tercero.

      • Aplicación actual: Imagina que tu conexión Wi-Fi o tus dispositivos digitales interfieren con la seguridad de otro, o algo más cotidiano: tu mascota causa destrozos en el jardín del vecino. La Torah nos enseña que ser dueño de algo implica ser guardián de su impacto. No basta con no «querer» hacer daño; la ley nos exige una vigilancia activa para evitar que nuestras posesiones invadan el espacio vital ajeno.
      2. La Responsabilidad por la Reacción en Cadena (El Fuego)

      El caso del fuego (22:5) es una metáfora poderosa de la energía descontrolada. El texto dice que si el fuego salta a las espinas y termina quemando las gavillas ajenas, quien lo inició debe pagar. Aquí la responsabilidad no nace de la intención de quemar el campo vecino, sino de la negligencia al no prever el alcance de nuestras acciones.

      • Aplicación actual: El «fuego» moderno es la información, los comentarios en redes sociales o incluso el manejo descuidado de desechos. Una palabra hiriente o un rumor lanzado sin control puede «saltar las espinas» y destruir la reputación o el patrimonio de alguien. La Torah nos advierte que somos responsables de la «chispa» inicial, incluso si el viento (las circunstancias externas) ayudó a propagar el desastre.

      El Principio de «Meitav»: La Excelencia en la Reparación

      Un detalle exegético fundamental es que la Torah exige que el daño se pague con «lo mejor de su campo y lo mejor de su viña» (meitav sadehú). No se trata solo de devolver el valor monetario, sino de asegurar que la víctima no sea penalizada por el proceso de cobro. La justicia restaurativa en la mentalidad yahvista busca que el afectado quede en la mejor posición posible.

      En nuestro día a día, esto se traduce en una ética de la reparación generosa. Si cometemos un error que afecta el tiempo o los recursos de un colega o familiar, la aplicación de Mishpatim sugiere que no debemos dar «lo mínimo para salir del paso», sino compensar de manera que se restaure la armonía y la dignidad del otro.


      Conclusión: La Propiedad como Responsabilidad Sagrada

      La Tercera Aliyá nos despoja de la ilusión de que lo que poseemos es un reino aislado. La propiedad privada, para la Torah, es un fideicomiso ético. Poseer un perro, un coche, una empresa o una cuenta de Instagram, Facebook, «X» (Twitter) u otras redes sociales nos convierte automáticamente en responsables de su «comportamiento» en el espacio público.

      Al final del día, estas leyes no buscan llenar las cortes de litigios, sino vaciarlas a través de la conciencia preventiva. Cuando cuido que mi «fuego» no se propague, estoy reconociendo la santidad del esfuerzo ajeno.

      Del Sinaí a la Calle: La Ética de la Responsabilidad

      Por P.A. David Nesher

      La parashá Mishpatim suele generar un contraste impactante. Venimos de la espectacular revelación en el Monte Sinaí (Parashá Itró) y, de repente, la Torah nos sumerge en un manual legal detallado. La segunda aliyá (Éxodo 21:20 – 22:3) es el corazón de esta transición, donde la santidad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en el estándar de cómo tratamos al empleado, al vecino e incluso al enemigo.

      1. La Dignidad del Vulnerable: El Caso de los Esclavos

      El texto comienza abordando leyes sobre el castigo a esclavos (v. 21:20-21, 26-27). Para el lector moderno, la sola mención de la esclavitud es difícil, pero los sabios explican que la Torah está operando una revolución moral gradual.

      • La interpretación de Rashi: Rashi aclara que cuando el texto habla de un esclavo que queda libre si pierde un ojo o un diente por un golpe de su amo, se refiere a un esclavo cananeo. Esto era inaudito en el mundo antiguo: el esclavo no era una «cosa», sino un ser humano con derechos físicos inalienables.
      • La justicia divina: A diferencia de otros códigos antiguos (como el de Hammurabi), la Torah impone sanciones al amo si abusa de su poder. El mensaje es claro: el poder no otorga impunidad.
      2. «Ojo por Ojo»: ¿Venganza o Justicia Equitativa?

      En esta sección encontramos la famosa Lex Talionis (v. 21:23-25): «vida por vida, ojo por ojo…».

      La tradición oral (la Guemará en el tratado de Bava Kama) sostiene unánimemente que esto nunca se aplicó de forma literal. Por eso es que el Rambán (Najmánides) y otros comentaristas enfatizan que se trata de una compensación monetaria.

      El texto utiliza este lenguaje extremo para enseñarnos el valor infinito de lo que se ha dañado: el agresor debería, en teoría, perder su propio ojo por el dolor causado, pero la justicia práctica exige un pago que cubra cinco aspectos: daño físico, dolor, curación, cese de lucro y vergüenza.

      3. Responsabilidad Civil: El Buey y el Pozo

      La segunda parte de la aliyá (21:28 – 22:3) se desplaza hacia los daños a la propiedad y por propiedad.

      • El «Muad» (el animal advertido): Si un buey cornea por primera vez, el dueño paga la mitad. Pero si el dueño fue advertido y no cuidó a su animal, la responsabilidad es total.
      • Lección ética: La Sabiduría de la Torah nos enseña que somos responsables no solo de lo que hacemos con nuestras manos, sino de lo que permitimos que suceda por negligencia. Un pozo abierto en la calle o un animal sin supervisión son extensiones de nuestra responsabilidad moral.
      4. El Ladrón y la Restitución

      La aliyá cierra con las leyes del robo. Aquí, la Torah muestra una psicología social profunda: el ladrón de un buey paga cinco veces su valor, pero el de una oveja paga cuatro.

      Rashi cita al Talmud explicando que el ladrón de una oveja tuvo que cargarla sobre sus hombros, sufriendo una humillación física en el acto del robo, y el Eterno tiene «misericordia» incluso de la dignidad del pecador, reduciendo su multa.


      Conclusión: Una Sociedad de Justicia

      La segunda aliyá de Mishpatim nos recuerda que una religión que se queda en el cielo no sirve en la tierra. Las leyes de daños y perjuicios son la verdadera prueba de nuestra espiritualidad. Al cuidar el bienestar físico y económico de nuestro prójimo, estamos honrando la imagen de Dios (Tzelem Elokim) en cada ser humano.

      La santidad no se mide por cuánto tiempo pasas en el templo, sino por cómo tratas a quienes no pueden defenderse de ti

      Dignidad en la Era de lo Desechable

      Una Lectura de Mishpatim (Éxodo 21)

      Por P.A. David Nesher

      Voy a comenzar esta bitácora invitándolos a reconocer que la lectura de la Parashá Mishpatim suele incomodarnos. Cuando leemos los versículos 21:20-21 y 26-27, descubrimos que la Torah legisla sobre el castigo a los esclavos. Para el varón y la mujer del siglo XXI, la existencia misma de estas leyes parece un anacronismo oscuro. Sin embargo, si rascamos la superficie legalista, descubrimos una revolución moral que tiene mucho que decir a nuestra «modernidad líquida» (según la llama Zygmunt Bauman), donde las relaciones son transaccionales y los seres humanos a menudo son tratados como recursos descartables.

      1. El Límite a la Omnipotencia del «Amo»

      El texto de la Torah establece algo inaudito para el Cercano Oriente Antiguo: si un amo golpea a su esclavo y este muere, el amo debe ser castigado (v. 20). Más adelante, si el maltrato resulta en la pérdida de un diente o un ojo, el esclavo obtiene su libertad inmediata (v. 26-27).

      Reflexión para hoy: En nuestro mundo moderno, ya no tenemos (legalmente) «amos», pero tenemos estructuras de poder. La modernidad líquida se caracteriza por la precariedad. A menudo, el «jefe», el «algoritmo» o el «mercado» actúan como amos invisibles. La Torah nos enseña un principio eterno: ninguna jerarquía otorga el derecho de deshumanizar al otro. Si el poder daña la integridad del subordinado, ese poder pierde su legitimidad. Desde esto surge una pregunta para el alma: ¿Cómo tratamos hoy a quienes dependen económicamente de nosotros?

      2. El «Diente y el Ojo»: La Fragilidad del Vínculo

      El hecho de que un esclavo fuera liberado por la pérdida de un diente —el órgano más pequeño y «prescindible»— es una declaración de principios. Nos dice que el daño físico, por mínimo que sea, rompe el contrato de autoridad.

      Reflexión para hoy: El filósofo Bauman decía que en la modernidad líquida los vínculos se rompen fácilmente porque buscamos la satisfacción inmediata. La Torah, curiosamente, propone que el vínculo se rompa para proteger al vulnerable. En una sociedad donde a menudo «canibalizamos» el tiempo y la salud mental de los demás por productividad, la ley del «diente y el ojo» nos recuerda que la integridad física y emocional de una persona es el límite infranqueable de cualquier contrato.

      3. De la Posesión a la Responsabilidad

      Aunque el texto menciona que el esclavo es «propiedad» (v. 21), las leyes de los versículos 26 y 27 destruyen la noción de propiedad absoluta. Una «cosa» no tiene derechos; un ser humano sí. La Torah estaba, en su contexto, moviendo a la humanidad desde la «esclavitud total» hacia una forma de «contrato laboral» con derechos básicos.

      Reflexión para hoy: Hoy vivimos en la era del personal branding (la marca personal) y el capital humano (Potencialidad productiva de las personas de una empresa en función de su educación, formación y capacidades). Desde estos paradigmas del sistema, a veces, nosotros mismos nos tratamos como objetos de consumo, vendiendo nuestra privacidad y nuestra esencia al mejor postor. La parashá mishpatim nos invita a recuperar la noción de dignidad intrínseca. Si un esclavo en la antigüedad tenía un límite que su amo no podía cruzar, ¿cuáles son los límites que nosotros mismos nos ponemos frente a las exigencias de un mundo que nos pide ser «productivos» 24/7?

      Conclusión: La Santidad en lo Cotidiano

      Mishpatim nos enseña que la espiritualidad no se queda en el humo del incienso o en la altura del Sinaí. La verdadera espiritualidad se pone a prueba en la tensión del trato diario, en el manejo del poder y en el respeto por el cuerpo del otro.

      En una modernidad donde todo fluye y nada parece sólido, la responsabilidad por el prójimo —especialmente por aquel que está en una posición de vulnerabilidad— debe ser nuestra roca firme. La libertad no es solo «hacer lo que uno quiere», sino construir una sociedad donde nadie sea lo suficientemente «dueño» de otro como para herirlo sin consecuencias.


      Pregunta para mis lectores: En un mundo de empleos volátiles y redes sociales, ¿quiénes son los «invisibles» a los que hoy deberíamos otorgarles la libertad y el respeto que Mishpatim exigía hace milenios?

      El Evangelio del Siervo: ¿Por qué el Amor decide no ser libre?

      Por. P.A. David Nesher

      A veces, las Sagradas Escrituras nos sorprende por su sentido del timing (capacidad de gestionar el tiempo, ritmo y sincronización para ejecutar acciones, decisiones o eventos en el momento preciso para maximizar resultados). Imagina la escena: el pueblo de Israel acaba de escuchar la voz de Yahvéh entre truenos y relámpagos en el Sinaí. Han recibido las Aseret HaDibrot (Decálogo o Diez Declaraciones). Uno esperaría que lo siguiente fueran leyes sobre templos majestuosos o rituales celestiales.

      Sin embargo, la Parashá Mishpatim aterriza de golpe. El Eterno comienza a hablar de… siervos.

      ¿Por qué empezar por lo más bajo de la escala social? Porque en el Reino del Eterno, la justicia no es una idea abstracta; es la forma en que tratamos al otro. Y en esta primera aliyá (Éxodo 21:1-19), se esconde un misterio que conecta directamente con la figura del Mesías.

      1. El Eved Ivri: Un retrato del Mesías

      La Torah establece que un siervo hebreo debe trabajar seis años y recuperar su libertad en el séptimo. Pero aparece una excepción fascinante: el siervo que, por amor a su señor y a su familia, decide renunciar a su libertad.

      «Yo amo a mi señor… no saldré libre» (Éxodo 21:5).

      Aquí vemos un destello de Yeshúa. Él no vino a la tierra como un conquistador forzado, sino como el Siervo por excelencia. Siendo libre en las cortes celestiales, decidió «esclavizarse» a nuestra humanidad por un solo motivo: Ahavti (Yo amo). Su servicio no fue una carga legal, fue una decisión del corazón.

      2. El Misterio de la Oreja y el Umbral

      El ritual es casi cinematográfico: el señor lleva al siervo al poste de la puerta y le horada la oreja con una lezna.

      • La Puerta: Es el mismo lugar donde se puso la sangre del cordero en Pésaj. Es el límite entre el afuera (el mundo) y el adentro (la familia).
      • La Oreja: Simboliza la obediencia. Un oído «abierto» o «horadado» es uno que ha aprendido a escuchar la voz del Padre por encima de los ruidos del ego.

      Cuando vemos a Yeshúa clavado en el madero, estamos viendo al Siervo que permitió que su cuerpo fuera «horadado» en el umbral de la eternidad para que nosotros pudiéramos entrar a la casa del Padre. Él es el Siervo que amó tanto a Su desposada (nosotros) que prefirió las marcas de la servidumbre antes que la libertad sin nosotros.

      3. Justicia que restaura, no que destruye

      La aliyá no se queda en lo místico; baja a lo cotidiano (v. 12-19). Habla de golpes, de riñas y de daños físicos. Pero fíjate en el detalle: la Torah exige que, si alguien hiere a otro, debe pagar por su tiempo perdido y hacer que le curen completamente.

      Esto nos enseña que la fe mesiánica es responsable. No basta con pedir perdón; el Reino de Dios nos pide restaurar. Si el Mesías es nuestro ejemplo, nuestro paso por la vida de los demás debería dejar sanidad, no cicatrices.


      Una reflexión para tu semana

      En un mundo que nos grita que la felicidad es hacer lo que uno quiera cuando quiera, la Parashá Mishpatim nos propone una paradoja: La verdadera libertad se encuentra al decidir a quién servimos.

      Yeshúa se hizo siervo para darnos dignidad. Hoy, la pregunta para nosotros es: ¿Estamos dispuestos a que nuestro «oído sea horadado» por el amor al prójimo y la obediencia al Padre?

      Mishpatim: Visión de una Sociedad de Derechos y Responsabilidades entrelazados

      Por Jessica Kirschner

      Mientras que la parashá de la semana pasada, Yitró, trataba sobre la Torah en su sentido más amplio y simbólico, la parashá de esta semana, Mishpatim, trata sobre la ley en una escala mucho más humana. Es la diferencia entre la Declaración de Independencia y los artículos y enmiendas de la Constitución: una declaración de visión versus una hoja de ruta. Con Mishpatim comenzamos a recibir el mapa que nos ayudará a atravesar el complicado territorio en el que nos encontramos: la vida con otras personas.

      Mishpatim es el comienzo del código legal que regía a la antigua comunidad de Israel. Sus principios proporcionan las bases de los sistemas y valores que nos guían hoy. Se refiere al trato a los demás, las lesiones personales, los daños causados ​​por negligencia y robo, los delitos como el asesinato y el secuestro, las prácticas comerciales desleales y el trato injusto por parte de los jueces. También describe las reglas para el Shabat, el año sabático y las celebraciones de las festividades.

      Mishpatim describe una visión de una sociedad de derechos y responsabilidades entrelazados, vida diaria y celebraciones sagradas, y nos advierte que recordemos tres principios en particular, que puede ser tentador ignorar u olvidar cuando no es de nuestro interés:

      • los privilegiados deben cuidar de los vulnerables,
      • tenemos responsabilidades incluso con nuestros enemigos, y
      • las personas encargadas de juzgar y hacer cumplir las leyes deben tener especial cuidado de no mostrar prejuicios, no sea que todo el sistema se desmorone.

      En su comentario sobre esta porción, el rabino Jonathan Sacks sostiene que “la grandeza del judaísmo no está simplemente en su noble visión de una sociedad libre, justa y compasiva, sino en la forma en que plasma esta visión en la realidad mediante una legislación detallada”. Cita un ejemplo de Éxodo 22:26-27: “Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélvelo antes de que se ponga el sol; es la única ropa disponible, es lo que cubre la piel. ¿Con qué otra cosa dormirá [tu prójimo]? Por tanto, si esa persona clama a Mí, Yo le prestaré atención, porque soy compasivo”. Sacks llama a esto “ley con rostro humano”. Si bien aquí se está produciendo una transacción económica (alguien pide dinero prestado y le da al prestamista una prenda de vestir como garantía), la Torah nos obliga a honrar también al ser humano involucrado. En términos estrictamente legales, el prestamista podría tener derecho a conservar la prenda, pero como una sociedad decente depende de más que los derechos legales, se nos enseña a notar y tener en cuenta la posibilidad de que esta persona sea pobre y necesite la capa para sobrevivir la noche.

      Una cosa es hacer un esfuerzo por ayudar a los que son evidentemente pobres o vulnerables, y otra muy distinta es pensar en hacerlo por un enemigo. Pero en Éxodo 23:5, eso es exactamente lo que se nos desafía a hacer: “Si ves el asno de tu enemigo desgarbado bajo su carga, no pases de largo, sino que lo ayudarás”. Aquí entran en juego dos principios.

      • En primer lugar, está nuestra obligación de prestar atención al sufrimiento de otras criaturas vivientes. El hecho de que dos seres humanos sean enemigos no significa que un animal inocente deba sufrir.
      • En segundo lugar, estamos obligados a recordar que nuestro enemigo también es una persona de nuestra comunidad hacia la que todavía tenemos obligaciones.

      En Bava Metzia 32b, el Talmud lleva esta idea más allá, al afirmar: «Si (el animal de) un amigo requiere ser descargado, y el de un enemigo, primero debes ayudar a tu enemigo, para suprimir la inclinación al mal«. Ambas partes necesitan ayuda, pero, en el caso del enemigo, también existe el desafío de superar la antipatía y el distanciamiento. Sin duda, es el camino más difícil, pero nuestros sabios dicen que debe tener prioridad.

      Vale la pena destacar la línea en nuestra parashá que dice: “Sin duda dejarás ir [la carga] con [tu enemigo]”. Las traducciones arameas Targum Onkelos y Targum Yonatan extienden el concepto de liberación más allá de lo físico a lo psicológico: “Sin duda dejarás ir el odio que tienes en tu corazón hacia ellos”. Pero esto sólo es posible cuando el trabajo se hace en conjunto, por lo que enfatiza que debe hacerse con ellos. Si el problema es la enemistad entre personas, los esfuerzos de una sola parte para resolverlo siempre serán insuficientes. Sólo cuando ambas personas trabajan juntas es posible un cambio significativo. La Torah no nos pide que seamos sobrehumanos: si el propietario es capaz pero se niega a ayudar, estás liberado de la obligación. Sin embargo, la Torah nos pide que nos esforcemos más allá de nuestra zona de confort porque este es el camino hacia la paz. Este trabajo no es fácil, pero es profundamente honorable. En palabras del Rabino Natan: “¿Quién es un héroe? Aquel que convierte a un enemigo en amigo” (Avot de-Rabbi Natan , 23).

      Si bien muchas de las leyes de Mishpatim son principalmente interpersonales, nuestra porción también habla directamente del papel especial de los jueces, un reconocimiento de que las mejores leyes no valen el pergamino en el que están escritas si la comunidad no puede confiar en la imparcialidad de quienes están encargados de hacerlas cumplir. Éxodo 23:6-8 dice:

      «No perjudiques a tus necesitados en sus pleitos. No acuses falsamente a nadie; no hagas morir a los inocentes, porque yo no absolveré al culpable. No aceptes sobornos, porque los sobornos ciegan a los que ven con claridad y trastornan los derechos de los justos.

      Es difícil resistir la tentación de favorecer a los ricos y poderosos, de dar preferencia a quienes conocemos o por quienes sentimos simpatía. Pero un sistema social basado en el imperio de la ley depende de que las personas tengan un juicio justo y una expectativa razonable de que se hará justicia, independientemente de a quién favorezca.

      La Familia: Prioridad para la Vida Humana

      Por P.A. David Nesher

      Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, saldrá él y su mujer con élSi su amo le hubiere dado mujer, y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo. Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre. 

      Éxodo 21: 3-6

      La exclamación de aquellos israelitas que salieron con Moisés, debe haber sido algo así: «¡Sí, estamos libres de la esclavitud de Egipto! ¡Hemos aceptado nuestra suerte como pueblo elegido de YHVH! Ahora pasamos con entusiasmo a…» ¡Un momento, el Eterno quiere primero otra cosa! ¿Una lista de normas para una sociedad hipotética que todavía no podemos construir? y entonces surgirá en todas las generaciones la pregunta: ¿Por qué está aquí la parashá Mishpatim?

      Antes de avanzar en esta bitácora, tengamos en cuenta que no podemos entender este pasaje en particular a menos que sepamos que hay otros dos pasajes en la Torah que complementan estas palabras; uno en Levítico 25, los versículos 39 a 55, y el otro Deuteronomio 16, los versículos 12 a 18. Luego, de leer estos pasajes, deberemos revisar todo este asunto en el libro del profeta Jeremías (34:8-22). Sólo con estos tres pasajes lograremos obtener la cosmovisión completa que necesitamos para la comprensión de este mandato divino. 

      Desde toda esta consideración quiero decir que lo que tenemos aquí en Levítico 25, versículos 39 a 55, es que se habla muy claramente de cómo realmente no puedes maltratar a tu sirviente hebreo. En realidad, la palabra utilizada en hebreo es “eved”, que es “esclavo”. Así que no puedes maltratar a tu esclavo hebreo. Esencialmente, el esclavo hebreo asume el papel de, al menos, el sirviente contratado. Trabaja durante seis años y en el séptimo año, queda libre. En el versículo 39 de Levítico 25: “Cuando tu hermano se vuelve pobre contigo y te es vendido, no le hagas la obra de un esclavo”. Lo que la Torah dice aquí es: “debería ser como un trabajador contratado o un residente extranjero contigo. Y él te servirá, él trabajará para ti, hasta el año del Jubileo.” Esto es significativo porque, en este pasaje de Éxodo, habla de si decide quedarse contigo, se quedará contigo, dice «para siempre» (versículo 6). Sin embargo este “para siempre” queda perfectamente definido en Levítico 25 como «hasta el año del jubileo», que es un máximo de 49 años, y en el año 50 se va libre.

      Ahora bien, buscando la clave esencial de este pasaje de mishpatim la hallamos en el primer tema: las normas para tratar a los esclavos hebreos con dignidad. Justamente en este momento de transición de la impotencia a la autonomía, de la mera supervivencia a la providencia divina en una Tierra Prometida, los israelitas necesitan que se les recuerde que tienen una responsabilidad moral hacia los más vulnerables de su sociedad.

      Y esto es lo que me sorprende de esta parashá, la medida de humanidad que Mishpatim le otorga al “esclavo hebreo”, dado el contexto de un mundo en el que la esclavitud y la servidumbre legal eran normativas que permitían el trato inhumano a un esclavo. El Eterno quiere que se entienda que el esclavo hebreo es en realidad un pariente que ha pasado por tiempos difíciles y debe entrar en servidumbre temporal para pagar sus deudas. Al final de su período de seis años, la Torá dice:

      Si tenía mujer, su mujer se marchará con él. Si su amo le dio mujer y ella le dio hijos, la mujer y sus hijos serán del amo, y él se marchará solo. Pero si el esclavo declara: «Amo a mi amo, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre»,… (Éxodo 21:3-6) entonces seguirá siendo su esclavo de por vida.

      Con esto, el Eterno se asegura por medio de Su Torah que Su Pueblo entienda que el diseño de familia es una prioridad para el establecimiento de Su Reino en la Tierra.

      Yah, deja bien establecido que las relaciones amorosas deben ser respetadas, incluso en circunstancias difíciles y degradantes, como vemos en la apertura de esta porción. El esclavo hebreo tiene el derecho de determinar el futuro de su familia dentro de sus limitadas circunstancias: puede elegir trabajar para proveer y criar a sus hijos.

      Ésta es, entonces, la lección que la parashá Mishpatim nos enseña en este momento. Quienes tienen seguridad deben recordar ejercer su influencia con cuidado hacia quienes no la tienen. Así como una sociedad de esclavos recién liberados necesitaba tratar a los demás con humanidad una vez que conseguían un poco de poder, también nosotros, en tiempos en los que las naciones se llenan de inmigrantes, refugiados, esclavos y pueblos oprimidos, necesitamos priorizar los valores de la familia y la dignidad para todos, sin importar cuán recién llegados sean.

      Está bien claro que el recurrir a la misericordia de los demás en tiempos difíciles no despoja a una persona de su humanidad fundamental, ya sea en la época de la Torah o en la actualidad.

      Debemos proteger los derechos de las familias migrantes mientras buscan una vida mejor en nuestra nación, otorgándoles un trato humano y el debido proceso. Debemos vivir los “Mishpatim”, encarnando el conjunto de valores que el Eterno ha establecido en Su Instrucción para gobernar nuestra sociedad en forma justa, asegurando una equidad que construya un mundo más humano.

      La Paz y Gracia de nuestro SEÑOR esté con cada uno de ustedes.

      David Nesher

      ¿Qué es el Milenio en la Torah?…. La Ley del Esclavo Hebreo en Mishpatim

      Por P.A. David Nesher

      Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; y en la séptima saldrá libre de balde.

      Shemot/Éxodo 21: 2

      La porción de la Torah de Mishpatim sienta las bases de un sistema de justicia yahvista, con muchas leyes y castigos diferentes. Una de esas leyes, la ley del esclavo hebreo, sus seis años de trabajo y su libertad en el séptimo año, apunta hacia la Era Mesiánica y nuestra dedicación a Dios.

      En la Era Mesiánica, el Mesías será rey sobre todo el mundo. En Isaías 11:3-4 dice que él “no juzgará según la vista de sus ojos, ni decidirá según el oír de sus oídos; Mas con justicia juzgará a los pobres, Y juzgará con equidad por los mansos de la tierra; Y herirá la tierra con la vara de su boca, Y con el aliento de sus labios matará a los impíos.” Y en Isaías, 9:7 dice: “Para que el principado se multiplique, y la paz no tenga fin, sobre el trono de David y sobre su reino, para afirmarlo y sustentarlo por el derecho y la justicia. De ahora en adelante y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

      Los creyentes en Yeshua ya están actuando bajo la autoridad de ese futuro reino. A medida que estudiamos los mandamientos de la Torá, aprendemos acerca de los fallos del Rey Mesías, el máximo campeón de la justicia. Es como dice en Isaías 56:1 “Así ha dicho Yahvéh: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi favor para manifestarse”.

      Te invito a escuchar esta enseñanza:

      Los seis años de trabajo por los que debe pasar un esclavo hebreo simbolizan lo que le está sucediendo al pueblo judío en el mundo de hoy, con aflicción, subyugación y exilio. La liberación del esclavo hebreo en el séptimo año simboliza el fin de los tiempos y la redención final.

      La libertad que se recibe en el séptimo año corresponde al séptimo día de la semana, como dice Éxodo 23:12: “Seis días harás tu trabajo, mas el séptimo día descansarás”. Esto también corresponde al ciclo sabático de años en Éxodo 23:10-11, “Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás sus frutos; pero el séptimo año lo dejarás descansar y quedar en barbecho.” Este patrón de tiempo refleja el comienzo mismo de la creación, donde Dios creó las cosas durante seis días y descansó el séptimo día. Algunos sabios en el Talmud vieron los siete días de la creación como un bosquejo amplio de la historia de la humanidad, como dice en el Salmo 90:4, “Porque mil años ante Tus ojos Son como ayer cuando pasó”. Según esta visión, cada día se refería a un milenio diferente de la historia.

      Los primeros creyentes en Yeshúa tenían una opinión similar, los libros de Hebreos hablan del Shabat como una muestra de la era mesiánica. El libro de Apocalipsis habla de un milenio venidero de paz.

      ¿Qué Significa «El Trono de Gloria» revelado en la Sección Mishpatim?

      Autor: Tang Dafei

      El azul es el color del mar, el color del cielo y el color del Trono de Gloria, como está escrito:

      «… y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un enlosado de piedra de zafiro, y como el mismo cielo para claridad
      (Shemot/ Éxodo 24:10)

      El maestro kabbalista Jaim Vital enseña que existe una sola luz, en la forma de un hombre, que se irradia a través de los Cuatro Mundos (Atzilut, Beriah, Yetzirah y Asiyah) y llega hasta los elementos físicos. Todas las almas de abajo están enraizadas en esta luz.

      Estas almas descienden al mundo físico donde se revisten de cuerpos físicos. Sus raíces permanecen unidas a la fuente que es la luz única.

      La parábola es la de un árbol invertido, con la raíz del árbol originada en la luz, y las ramas del árbol en el mundo físico revestidas de cuerpos físicos.

      Cuando un alma peca, es “cortada” de las ramas y queda separada hasta que es redimida.

      De ello se deduce que la única luz es Yejidah, y la raíz se llama la «raíz de Isaí«, ambos son el concepto de Mashíaj, la guematria es 1157:

      Yejidá = 37

      Raíz de Jesé = 1120

      Total: 1157

      El punto medio del 1 al 1157 es 579, que es la guematria de:

      אֱלֹהִים, יָשַׁב עַל-כִּסֵּא

      Dios se sienta en el Trono” 
      (Salmo 47:8),

      … en forma de hombre, como está escrito:

      «Y sobre el firmamento que estaba sobre sus cabezas había la semejanza de un trono, como la apariencia de una piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado encima de él.«
      (Ezequiel 1: 26)

      La luz que se manifiesta en el hombre como “pensamiento” ( מֻשְׂכָּל), y por la cual al hombre se le llama “pensador” (מַשְׂכִּיל), en el nivel de la raíz se llama “pensamiento puro” (שֵׂכֶל). Es decir, que el principio es el “pensamiento puro”, y el final es el “pensador”, lo que conecta a los dos es el “pensamiento”, cuando los tres están unidos, se llama “iluminación” (הַשְׂכָּלָה).

      Pensamiento de acción (שֵׂכֶל הַפּוֹעֵל) en guematria es 541, lo mismo que Israel (יִשְׂרָאֵל), pues el concepto de Israel es el “pensamiento” que actúa en el mundo físico. “En su pensamiento” (בָשִׂכְלוֹ) en guematria es 358, lo mismo que “luz del mundo” (אוֹר הָעוֹלָם) y Mashíaj (מָּשִׁיחַ), cuyas cuatro letras pueden permutarse para deletrear “hay mente” (יֵשׁ מֹ ). Por eso Mashiaj es llamado la “cabeza” del cuerpo que es Israel.

      La luz se oculta a través de una prenda llamada Jashmal (חַשְׁמַל) que en guematria es 378, lo mismo que la prenda (מַלְבּוּשׁ).

      La aparición de un hombre en el Trono de Gloria es también el conjunto antropomórfico de las Sefirot.

      El Trono de Gloria es la luz de las almas, ya que las almas son referidas como “gloria”:

      «… para que mi gloria Te cante alabanzas, y no calle; Oh YHVH, Dios mío, te daré gracias por siempre.» 
       (Salmo 30:13)

      Y la “semejanza de trono” es la “vestidura de hombre”:

      semejanza de tronoדְּמוּת כִּסֵּא531
      ropa de hombreכְּסוּת אָדָם531

      Secreto del Jashmal

      «Y vi como color de electrum, como apariencia de fuego en derredor, cercándolo, desde el aspecto de sus lomos para arriba; y desde el aspecto de sus lomos hacia abajo vi como si tuviera el aspecto de un fuego, y había un resplandor alrededor de él.«
      (Ezequiel 1:27)

      Según el maestro kabalista Rabino Abraham Abulafia, el secreto de “sus lomos” es “la imagen”, según su permutación de letras y gematria:

      sus lomosמָתְנָיו506
      La imagenהַתְּמוּנָה506

      Por eso está prohibido adorar cualquier imagen (Ex. 20:4), “y YHVH os habló de en medio del fuego. Oíste el sonido de las palabras, pero no viste la forma” (Dt 4:12).

      Por encima de sus lomos, el fuego está «alrededor de ella (לָהּ)», y debajo de sus lomos, el fuego es «brillo alrededor de él (לוֹ)».

      Se explica que el secreto de lo que sobre sus lomos es el secreto del alma, como sigue:

      alrededor de encerrar a ellaבֵּית-לָהּ סָבִיב521
      Vav alrededor del almaוו סָבִיב הַנֶּפֶשׁ521
      Y fundamento del almaוִיסוֹד הַנֶּפֶשׁ521

      Y el secreto de lo que debajo de sus lomos es el secreto del cuerpo, como sigue:

      brillo alrededor de élוְנֹגַהּ לוֹ סָבִיב174
      Hey alrededor del cuerpoהא סָבִיב הַגוּף174
      Fundación del cuerpoיְסוֹד הַגוּף174

      Arriba está encerrando a ella (בֵּית-לָהּ) que es femenino, abajo está el brillo a él (וְנֹגַהּ לוֹ) que es masculino, el nombre YHVH.

      El secreto del Jashmal es el secreto de la “cortina” que tiene la misma gematría de los siguientes conceptos:

      El hombre a la imagen de Diosאָדָם בְּצֶלֶם אֱלֹהִים293
      YHVH descendió en el Hombreוַיֵּרֶד יְהוָה בָּאָדָם293
      Cuatro (seres vivientes) están en unoאַרְבָּעָה בְּאֶחָד293
      naturaleza de la luzטֶבַע הָאוֹר293
      Bien y malטוֹב וָרָע293
      Cortinaפַּרְגּוֹד293
      En la tierraבְּאֶרֶץ293

      Los Ejercicios para un Ministerio de Liberación Exitoso (Parashá Mishpatim)

      Por P.A. David Nesher

      La descripción de la misión de propósito que tiene el alma humana. Ella es la vasija que el Espíritu Santo de YHVH, apegado al espíritu humano, utiliza par elevar lo físico a la noción de lo limitado y eterno.

      El Deseo de Ser Persona Elevada… (Parashá Mishpatim)

      Recuerda diariamente superar tu animalidad elevándote al claro propósito de tu esencia: ser persona que agrada al Creador.

      Te invito a considerar tres minutos de tu tiempo, y meditar en lo que este video tiene para decirnos:

      ¡¿Dios Justifica al Impío?!… ¿Cómo Puede Ser Eso?

      Por P.A. David Nesher

      «Aléjate de una palabra falsa, y no mates al inocente ni al justo, porque yo no absolveré al culpable.

      (Éxodo/Shemot 23:7)

      Al estudiar este mitzváh (mandamiento), notamos que los jueces establecidos por la Torah tienen prohibido decretar la pena capital en base a pruebas inconsistentes o en base a lo que su lógica y/o prejuicios le s indique. Sólo son válidos los testimonios certeros. Entendiendo esto, concluimos que la entrega de Yeshúa para ser ejecutado fue totalmente ilegal, contraria a la Torah. Todos los que participaron en su juicio y muerte sabían que Él era inocente. Sin embargo, y a pesar de ello, el Maestro fue ejecutado.

      Ahora bien, si este mandamiento revela que el Eterno no absuelve al culpable, entonces ¿cómo puede perdonar al pecador y no darle conforme a sus pecados?

      La respuesta es: cuando el pecador se arrepiente, YHVH suple con el sacrificio de su Hijo que murió en su lugar para llevar su pena de muerte y salvarle eternamente. La muerte de Yeshúa es la única base justa sobre la cual el Eterno puede perdonar al pecador y justificar al impío, tal y como lo dejó escrito la pluma del apóstol Pablo:

      “… aquel que justifica al impío.
      (Romanos 4:5b)

      ¡Bendito Sea Su Nombre!… ¡El Eterno absuelve al culpable! ¡Esto es el evangelio!

      Ahora bien, seguramente alguno de ustedes estará argumentando: sí, está bien, en Romanos 4:5 dice que Dios justifica al impío, pero al leer Proverbios (17:15) encontramos que el que justifica al impío es abominación a YHVH. ¿Cómo puede ser esto? ¿Cómo puede ser correcto para Dios hacer esto?

      Pues bien, es un planteo muy interesante. Para responderlo, propongo que comencemos por dar lectura al texto que se encuentra en Proverbios 17:15 donde dice: «El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a YHVH.» (por favor, comparar también con Proverbios 24:24)

      Para entender lo que este proverbio dice es necesario pensar en un juez injusto. ¿Qué es lo que hace injusto a un juez? Pues absolver al culpable, o al impío y condenar al inocente o al justo. Ambas cosas son abominación al Eterno, tal y como lo estamos viviendo en el mitzváh considerado en esta reflexión (Éxodo 23:7).

      Al leer la versión Dios Habla Hoy, leemos este proverbio de la siguiente manera:

      «Perdonar al culpable y condenar al inocente son dos cosas que no soporta el Señor

      ¿Logran ver el asunto? Ahora vamos a la otra cita paulina mencionada por mí más arriba. La misma, como lo he citado, se encuentra en Romanos 4:5, pero veo necesario aquí incluir el contexto. Por favor, leamos desde el versículo 1 hasta el versículo 8, donde dice:

      «¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.
      Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo:
      Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.
      Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado

      Como bien notamos aquí, Elohim no está absolviendo a un culpable así como lo haría un juez corrupto. Lo que está pasando es que Él esta viendo el corazón de un culpable y allí en ese corazón existe fe para reconocer que Yeshúa es el Mashiaj del Eterno, y que recibió en la cruz el castigo que ese pecador culpable merecía por su pecado. Por esta emunáh (fe), Elohim perdona a ese pecador.

      La TaNaK por tanto declara: ¡Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas! Es así es como el Eterno justifica al impío que cree en el Mesías como su Salvador y Dueño. No es que el Eterno se hace de la vista gorda para dejar pasar el pecado del impío. YHVH tuvo que pagar con la vida de su Hijo unigénito, para poder perdonar los pecados del hombre y de esa manera justificar al impío. ¿Logran ver la diferencia?

      Para entenderlo mejor, les diré que el apóstol Pablo, en esta epístola, ha mostrado hasta el capítulo 3, que todos los seres humanos están bajo pecado y quedan bajo el juicio de Elohim. Pero, desde el versículo 21, el apóstol dirige su atención hacia el remedio de la enfermedad universal, que es el pecado, y al juicio, al escribir:

      Pero ahora, aparte de la Torah, se ha manifestado la Justicia de Dios, testificada por la Torah y por los profetas; la Justicia de Dios por medio de la fe en Yeshúa HaMashiaj, para todos los que creen en él
      (Romanos 3: 21-22)

      Esta es la mejor noticia del mundo para quienes sentimos nuestra culpa ante YHVH y conocemos que nuestra justicia es completamente inadecuada para ganar el favor de Dios. La buena noticia es que el Eterno, en su gran amor benevolente, ha provisto una justicia disponible para todo aquel que encuentre su confianza para la vida, en Yeshúa HaMashiaj. Así, comprendemos y aceptamos que no podemos trabajar para ganarnos este regalo, ameritarlo, o merecerlo; pero está allí para todo aquel que ponga su esperanza en el Mesías, y acepte Su Yugo como vocación para su ministerio de servicio en la Tierra.

      Lo cierto, que en el mensaje de Pablo y los demás apóstoles, esta inmensamente buena noticia creaba un problema de acuerdo a la Luz de la Torah misma. Para responder, con la ayuda del Espíritu de Dios, el apóstol Pablo lidia en los versículos 24-26, en los que escribe: “… siendo justificados gratuitamente por su gracia” (v-24). Pero no se detiene ahí. Va más profundo y da las bases o los cimientos de la justificación. La absolución del culpable tiene lugar sobre las bases de una transacción divina que ocurre en la experiencia del Mesías hecho carne. Esta transacción es llamada en este mismo versículo “redención” (en hebreo Guehulá), es decir, la «compra» o «rescate del exilio«. O sea, que para los discípulos del primer siglo, algo había ocurrido en la muerte injusta de Yeshúa que sirve poderosamente como base para perdonar a millones y millones de pecadores que confían en Él como el Mashiaj de Elohim. ¿Qué fue lo que ocurrió?

      Pablo da la respuesta en los versículos 25 y 26:
      “… a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.”

      Aquí vemos el problema que la justificación del impío causaba para Pablo. La justicia de Dios está llamada a ser cuestionada por haber pasado por alto los pecados. El Eterno está ahora pasando por alto los pecados de aquellos que confían en Yeshúa. Y el capítulo 4 en los versículos 6 al 8 muestra que Dios ha estado haciendo lo mismo durante generaciones, a los que confían en él:

      Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.”

      Pablo, en su enseñanza a los creyentes de Roma, está diciendo que YHVH ha pasado por alto los pecados de ancianos cuando justificó a Abraham y a David por fe, y ahora está pasando por alto los pecados de todos los que confíen en Yeshúa. Y afirma en el versículo 25 que a causa de esto la justicia de Dios está siendo cuestionada, tanto que tiene que demostrar su justicia poniendo a Mashiaj como propiciación mediante la fe en su sangre.

      Entonces, la solución al gran conflicto cósmico, en una palabra, es la muerte de Yeshúa. Según el versículo 25, el Eterno pone a Mashiaj como propiciación “por medio de […] su sangre.”, (dicho de otro modo: por medio de su muerte).

      ¿Cómo podría YHVH mantener el valor de su propia gloria y todavía ser justo; y, sin embargo, justificar al impío cuyo pecado ha mancillado y despreciado esa gloria? La respuesta dada (y que ya hemos leído en los versículos 25 y 26), es: Enviando a Yeshúa como Su Mashiaj para que muriera en la cruz, demostrando así la justicia de Dios.

      Entonces, todo lo que vemos en este texto paulino es que lo que Yeshúa sufrió, lo sufrió primordialmente para el bien de la Gloria de Dios. Por tanto, todo su dolor, vergüenza, deshonra, y humillación sirvió para magnificar la Gloria del Padre, porque mostró cuan infinitamente valiosa es la gloria de Dios, de manera que una perdida como esa debía ser sufrida por su bien.

      Así pues, cuando miramos a la terrible muerte que sufrió el perfectamente inocente e infinitamente valioso Hijo de Dios en la cruz, y escuchamos que sufrió todo eso para que la Gloria de su Padre pudiera ser restaurada, entonces sabemos que el Eterno no ha negado el valor de su propia Gloria.

      YHVH no ha dejado de ser justo y verdadero consigo mismo; no ha dejado de defender su honra y mostrar su gloria, Él es eternamente justo. La horrible muerte del Hijo es el medio por el cual el Padre puede ser ambas cosas, justo, y el único que justifica al impío que tiene fe en Yeshúa.

      Este es un pensamiento glorioso, dado en herencia de fe a nuestras almas. Nuestra justificación no está basada en un sentimentalismo débil y barato. Está basada en la inconmovible Roca de la inaccesible justicia de YHVH, demostrada en la muerte y certificada en la resurrección de nuestro Señor Yeshúa HaMashiaj.

      Terminaré aquí con unas palabras de un famoso predicador cristiano :

      «Las únicas personas que pueden necesitar justificación son aquellas que no son justas en sí mismas. La obra de Dios no consiste en hacer justo a quien es justo; pues esa sería una labor para un necio; por el contrario, hacer justo a quien es injusto, esa es una obra de amor y misericordia. Justificar al impío: ese es un milagro digno de Dios.

      Charles Spurgeon

      Y ahora, antes de despedirme, sólo me queda elevar mi oración para que la aliyáh de hoy, y especialmente esta catequesis, sea una raíz profunda y una gran fortaleza a nuestra fe cuando conmemoremos la muerte de nuestro Señor Yeshúa juntos en la próxima Mesa de Partimiento del Pan…

      Shalom!

      El Libro de Ezequiel y el Virus del Coronavirus

      Por Adam Eliyahu Berkowitz; (16 de febrero de 2020)

      «Servirás a YHVH tu Dios, y Él bendecirá tu pan y tu agua. Y quitaré la enfermedad de en medio de ti. 

      Éxodo 23:25 (La Biblia de Israel ™)

      El surgimiento del coronavirus ha sido sorprendentemente rápido. El 31 de diciembre, el gobierno de China trató los primeros casos del coronavirus que aparecieron en la provincia de Wuhan. Las primeras muertes fueron reportadas solo once días después. Diez días después, el virus se había extendido a otros países de Asia y un día después de eso, el primer caso se informó en los EE. UU. Un mes después de que se informaron los primeros casos, la Organización Mundial de la Salud declaró una emergencia sanitaria mundial y se establecieron restricciones de viaje en su lugar.

      A principios de enero, cuando el coronavirus era un problema poco conocido en un remanso lejano en China, el rabino Yosef Pinto, un rabino místico israelí de fama internacional que actualmente vive en Marruecos, anunció que tenía una visión.

      «Todos saben que soy muy cuidadoso con lo que digo«, dijo el rabino Pinto a sus seguidores en un discurso grabado. “En Shabat, tuve una visión que no era para nada simple. Está a punto de producirse una enorme conmoción en el mundo en la escala del asesinato de un líder mundial o los ataques terroristas del 11 de septiembre. Será una escala muy difícil y vendrá en formas que son muy difíciles. Todos los judíos deben reunirse y fortalecerse para orar y arrepentirse. El mundo sufrirá una conmoción que pasará a la historia como una de las peores. Esto comenzará en unos pocos días. Tenemos que comenzar ahora mismo para ‘endulzar el juicio

      La semana pasada, el rabino Pinto hizo una declaración confirmando que su visión era sobre el coronavirus. 

      «Es importante no permanecer ambivalente«, dijo el rabino Pinto. “Debemos estar preparados. Lo que está sucediendo en China se está convirtiendo en una catástrofe global y las consecuencias llegarán a casi todos los rincones del mundo. Esto pronto quedará claro para todos. No estoy tratando de asustar a nadie. Solo vengo a decir la verdad . Desde el brote, decenas de miles han muerto en China, millones están retenidos en cuarentena durante varias semanas. Los que no mueren por la enfermedad mueren de hambre. Pronto, el suministro de alimentos se agotará y las fuerzas de seguridad se darán cuenta de que también están en cuarentena y tratarán de salvarse

      «Estamos hablando de una catástrofe en el mismo nivel que el Holocausto«.

      Muy pronto, la gente comenzará a darse cuenta de que se está ocultando tanta información al público sobre cómo el gobierno está encerrando a las personas en sus casas. Estamos entrando en el período más difícil que el mundo ha experimentado en varios siglos

      La economía del mundo está equilibrada en China, pero China está al borde del colapso total. Todas las tiendas que venden productos chinos deberán cerrar. Ya no hay China tal como la conocemos. Esto ya ha sucedido. Los únicos productos chinos que tenemos en las tiendas son los que estaban en los depósitos antes del virus. Y habrá aún más plagas, más epidemias. China estará completamente en cuarentena

      El rabino citó una fuente profética para el coronavirus.

      «Derramaré mi ira sobre Sin, la fortaleza de Egipto , y destruiré la riqueza de Noph. Encenderé a Egipto; el pecado se retorcerá de angustia y Nop se desgarrará; y Noph [se enfrentará] a los adversarios a plena luz del día
      (Ezequiel 30:15 -16)

      En hebreo moderno, ‘Sin‘ (סין) es el nombre de China

      Sé que lo que digo es aterrador, pero cada uno de nosotros tiene que rezar por el mundo entero, encender velas y buscar el perdón de Dios. Necesitamos orar por la redención como nunca antes.”

      El rabino Pinto tuvo varias palabras de consejo: dijo que se tuviera mucho cuidado de no tomar préstamos o contraer nuevas deudas.

      En una declaración separada, el rabino Pinto aseguró a sus seguidores que a Israel le irá mejor que a otros países.

      Cada nación tiene su ángel designado que es responsable de lo que le sucede a la nación, ya sea para bien o para mal. Cuando los ángeles pelean, hay guerras en la tierra entre esas naciones

      Cualquier judío que deba viajar en este momento debe prestar especial atención a leer las secciones de la Torá que tratan sobre la peregrinación de los judíos en el desierto. También debe aprender las secciones de la Torá que tratan sobre el incienso en el tabernáculo, ya que era una protección contra la enfermedad, pero esto solo se debe aprender durante el día.

      Tomado de: Breaking Israel News

      Compensación por Varios Tipos de Daños.

      El Midrash Dice

      Si una persona, por asestar un golpe a otra, le causó daño en una o varias de las cinco siguientes formas, debe hacer restitución:

      1. nezek – causando daño físico

      2. tzaar– causando dolor

      3. ripui– causando gastos médicos

      4. shevet– causando ausencia del trabajo

      5. boshet– causando humillación

      Nosotros explicaremos ahora en más amplio detalle los precedentes tipos de daños:

      1. Nezek: Si el agresor causó a la víctima perder, o lesionar un ojo, diente, mano, pie o cualquier otro miembro u órgano, el Beit Din calcula por cuánto el valor de este hombre se disminuiría por causa del impedimento si él fuera a ser vendido como esclavo. El asaltante debe pagar la suma que el Beit Din calculó como valor del miembro. (El valor de miembros u órganos no puede ser estandarizado dado que su importancia varía de acuerdo con la ocupación del hombre. Alguien que se gana la vida por medio de labor manual y pierde una mano recibe una compensación más grande que la de un intelectual que pierde una mano.)

      2. Tzaar: Además de compensar a la víctima por el daño que sufrió por la pérdida o lesión de un miembro, él es requerido de pagarle por todo dolor físico causado por el accidente. La suma de retribución depende de la severidad del dolor.

      3. Ripui: El atacante es responsable de los honorarios médicos y otras expensas médicas resultantes de su golpe.

      La Torá expresa (Shemot 21:19), «y él pagará los honorarios del facultativo,» de lo cual nosotros podemos deducir la regla de que es permisible para un Judío ocuparse de curar a los enfermos.

      Cuando R. lshmael y R Akibá caminaban juntos en las calles de Ierushalaim, ellos fueron abordados por un hombre enfermo que ‘Os Interrogó, «Mis maestros, por favor aconsejadme, ¿cómo seré curado?»

      Ellos le dieron instrucciones acerca de las medicinas apropiadas para tomar.

      Entonces él los interrogó, «¿Quién me causó volverme enfermo?»

      «El Creador,» ellos replicaron.

      «Si es así,» él arguyó, «vosotros no deberíais entremeteros en Sus asuntos. Dado que El me enfermó, ¿por qué vosotros transgredís Su voluntad intentando curarme?»

      Ellos le explicaron la respuesta formulando una pregunta.

      «¿Cuál es vuestra profesión?» demandaron de él.

      «Soy un granjero,» él replicó.

      «¿Quién hizo crecer a las uvas en vuestro viñedo?» ellos preguntaron adicionalmente.

      «El Creador,» fue su réplica.

      «¿Por qué entonces vos podáis y aráis y trabajáis el viñedo, entrometiéndoos en Sus asuntos?» ellos inquirieron.

      «¡El viñedo no producirá,» él respondió, «al menos que yo libre la tierra de piedras, fertilice, y la are!»

      Ellos entonces opusieron, «¡Ahora vos seguramente comprendéis la estupidez de vuestra pregunta! El hombre reacciona en la misma manera como las plantas del campo; al igual que una planta sólo se desarrollará apropiadamente si ella es nutrida y regada, así el cuerpo humano puede florecer sólo si es provisto con las nutrientes y medicinas apropiadas.»

      4. Shevet: Si el agresor causó a la víctima una pérdida financiera por impedirle ir a trabajar, él debe pagar por ello.

      5. Boshet: Aún si un hombre insultó a otro verbalmente o asestó un golpe el cual no causó daño real sino meramente lo humilló, la cuestión es traída ante el Beit Din. Los Jueces estiman el monto de la compensación financiera que es debida a la víctima por la vergüenza que sufrió. El atacante debe pagar la suma determinada por el Beit Din.

      *************

      HaShem luego explicó a Moshé las detalladas halajot de hacer restitución por haber causado daño poniendo un obstáculo o trampa sobre propiedad pública, por haber causado un fuego, y por un propietario cuyo animal causó daño. El Beit Din está a cargo de calcular la cantidad que la parte culpable tiene que pagar, de acuerdo con las reglas expuestas en parshát Mishpatím.

      Reembolso de Propiedad Robada y Prohibición de Engaño

      Si dos testigos observan una cosa robada entre las posesiones de un hombre o en su propiedad, el ladrón debe retornar al propietario la misma cosa, y en adición el efectivo equivalente de su valor. Si el objeto robado ya no es recuperable, él debé reembolsar en efectivo doble del valor del objeto robado. Esta ley se aplica sólo a uno que actuó furtivamente (Ganab). Sin embargo, quien roba a plena luz del día (Gazlan) necesita devolver sólo el objeto robado, mas no el efectivo equivalente. El ganav es considerado más culpable, porque actuando secretamente él demostró que teme sólo a las personas, pero no al todo vidente Ojo del Todopoderoso.

      Por un buey o un cordero robado la Torá demanda un reembolso más grande: Si alguien robó un buey, lo sacrificó y vendió, él debe devolver cinco bueyes. A cambio de un cordero robado, el ladrón debe pagar cuatro corderos.*

      *La Torá castiga el robo de bueyes y corderos más severamente que aquel de toda otra propiedad, dado que estos animales son la propiedad más vital de un granjero sin los cuales su subsistencia es puesta en peligro (Torá Temimá)

      ¿Por qué el reembolso por una oveja robada es cuádruple, mientras la Torá demanda por un buey robado un reembolso de cinco bueyes?

      1. El buey es el más valioso de los dos animales dado que realiza labor para su amo, mientras la oveja no lo hace.

      2. Hashem con esto nos enseña a nosotros que El está interesado en el honor de todo ser humano, aún aquél de un ladrón.

      robar la oveja el ladrón tuvo que degradarse a sí mismo, porque él

      llevó sobre sus hombros. Un buey, sin embargo, es fácilmente conducido fuera. Hashem toma su vergüenza en consideración y disminuye su reintegro.

      La Torá considera un ladrón no sólo a uno que roba propiedad, sino también a alguien que actúa de una manera engañosa hacia otros.

      Incluidos en esta categoría están:

      * Quien insiste en que otro coma con él, mientras en su corazón nó desea tenerlo como huésped.

      * Quien ofrece presentes a otro sabiendo de antemano que el otro no los aceptará.

      * Un vendedor que es deshonesto respecto de sus pesos y medida.

      *Un vendedor que mezcla mercancías de alta calidad con mercaderías más pobres, engañando al comprador.

      La Torá considera a uno que actúa fraudulentamente como un ladrón; un tal ejemplo es Abshalóm, el hijo del Rey David.

      Abshalóm, el hijo de David, se rebeló en contra de su padre. Buscando establecerse a sí mismo como rey. El solía levantarse temprano y pararse junto a la entrada del Beit Din. Cuando alguien entraba para ser juzgado por el Rey David, Abshalóm lo comprometía a él en conversación, preguntando, «¿De que ciudad vienes?» El hombre contestaba, y entonces Abshalóm astutamente le decía, «Vuestros alegatos son justos, no obstante nadie en la corte de ley del rey os escuchará ¡Si sólo yo fuera hecho Juez de la tierra, aseguraría justicia para todos!» Cuandoquiera que alguien se aproximaba a Abshalóm para hacerle una reverencia, el príncipe extendía su brazo, acercaba al hombre, y lo besaba. Así, Abshalóm robó los corazones de los hombres de Israel.

      Tomado de: Chabad.org

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      Te invito a leer esta BITÁCORA relacionada con este tema:

      La Receta Satánica de la Carne Mezclada con Leche

      Por P.A. David Nesher

      … No cocines al cabrito en la leche de su madre.»


      (Shemot/ Éxodo 23:19)

      Al estudiar los Mishpatim que conforman el denominado Sefer HaBrit («Libro del Pacto» o «Código de la Alianza») tenemos que entender que todos los mandamientos que aquí se registran fueron dados individualmente, no obstante, los veamos agrupados juntos. Esto es así en cuanto a los miztvot dados en esta sección, así como en también en cualquiera otra parte. Es difícil pues, muchas veces, decir qué mandamiento va primero y cuál le sigue más tarde.

      El precepto de no cocinar al cabrito en la leche fue dictado en la Torah hasta en tres ocasiones (Ex. 23:19; Ex. 34:26, Deut. 14:21). Según algunas opiniones, ésta, que es la primera, fue para prohibir comer carne con leche y derivados; la segunda vez fue para prohibir el aprovechamiento de esta mezcla, y la tercera prohíbe cocinar estos dos alimentos juntos [Talmud Pesajim 26].

      Respecto de dicha mezcla, los sabios de Israel de todas las generaciones, han intentado encontrar alguna razón por la cual fue exigida esta mitzváh, aquí expondremos algunas de ellas.

      De acuerdo a lo que hemos aprendido, en la anatomía de la Torah este mandamiento pertenece a la categoría de leyes denominadas «jukim», que definen los preceptos cuyas razones no nos fueron reveladas expresamente.

      El sabio y médico Maimónides ve en este mandamiento un precepto de higiene psíquico-físico; Ibn Ezrá, agregará que por eso es un precepto de piedad.

      Muchas tribus primitivas consideraban a la leche como un equivalente de la sangre. O sea que para comer, entonces , un cabrito hervido en leche de su madre, quien lo hacía consideraba que lo comía con la sangre de su madre y la energía vital que ella poseía encerrada. Recordemos que por esa razón la Torah prohíbe consumir sangre.

      Por dicha razón, el sabio Abarbanel escribe que los pueblos idólatras antiguos lo hacían con el objeto de activar sobre ellos las fuerzas oscuras de la fertilidad, y por eso Yahvéh ordenó esto a fin de que lo israelitas no imitaran dichas costumbres.

      Maimónides está de acuerdo también con esto y sostiene que mezclar carne roja con leche era una costumbre pagana que tenía lugar durante las celebraciones de los idólatras. Esta idea de Maimónides ha sido confirmada por algunos descubrimientos recientes de la ciencia arqueológica (los escritos de Ugarit). El rito mágico consistía en cocinar un cabrito en leche de su madre y rociar con ella luego el suelo para hacerlo más productivo por medio de las energías que se suponían las divinidades de la fertilidad hacían descender sobre ellos y su hacienda.

      Los sabios Abarbanel y Luzzatto consideran este mandamiento como una medida humanitaria destinada a desarraigar la insensibilidad y la crueldad.

      El rabbenu Levi ben Guershon ve en ello una finalidad sanitaria; mientras que Recanatti entiende que la mezcla de carne y leche está incluida en la prohibición de la mezcla de las especies en general (en hebreo: כלאים, «quilaím») . Así mismo, casi todos los sabios aseguran que cuando la Torah menciona “leche” no se refiere sólo a la de la madre sino que abarca la de los demás mamíferos kasher.

      Ante todas estas interpretaciones, Ibn Hezra entiende que no escapan a lo correcto, pero insistirá en que es vano tratar de buscar motivos específicos, ya que la razón de los חוקים, «jukim» escapa al intelecto humano. No tienen una explicación razonable, sino que deben ser obedecidas tal como un párvulo obedece a su padre, sin preguntar.

      Lo que sí se ha aceptado es que la mitzváh enseña que, así como está prohibido derivar cualquier beneficio de la leche cocinada con carne, está asimismo prohibido derivar cualquier beneficio de los primeros frutos (leer el pasuk como contexto). Leído así, logramos captar que en la circunstancia que la Torah menciona la prohibición dos veces, lo hace después de la orden dada sobre las fiestas … como que Yahvéh estuviera diciendo: «Cuando vengas delante de mí en tus fiestas, no hervirás los alimentos en la forma como los gentiles solían hacer.’’

      La mezcla de carne con leche deja de ser kasher; y dado que todo lo que consumimos se transforma en sangre y energía para nuestro cuerpo, es de vital importancia respetar la dieta que Yahvéh ha indicado.

      La prohibición de la mezcla de la carne con la leche, es mucho más estricta que cualquier otra ley dietética de la Torah. Y no obstante, que la Torah ni siquiera menciona la palabra “comer” en este precepto, aun así, la puerta se nos cierra y no hay manera en que la carne cocinada con la leche esté permitida. Podría parecer muy difícil comprender por qué una mezcla de carne y leche está prohibida, en tanto que cada elemento por separado es permitido. Sin embargo, es obvio que, si la Torah prohíbe cocinar carne y leche juntas, seguramente está prohibido comerlos juntos. Del Meam Loez compartimos el siguiente apunte:
      «…Jananía, Misael y Azaría pudieron escapar de muchos problemas porque tuvieron cuidado de no comer “alimento prohibido” (Dan 1:8). Aparte de la otra comida no-kasher, que Nabucodonosor sirvió, él acostumbraba siempre servir leche junto con carne. Esto era servido en cada comida (…) Es por esta razón que fue salvado en la cueva de los leones, ya que Daniel había sellado su boca para no comer cualquier alimento no-kasher, Dios selló la boca de los leones para que no pudieran dañarlo…», [Meam Loez, pág 123].

      El autor del libro Tzeror Hammor dice que, de acuerdo con los místicos de Israel, la razón sería el no mezclar «fuerzas«. Es decir, que la finalidad sería el no mezclar «fuerzas opuestas» como las culturas paganas pretendían para dominar el Mundo de Arriba. El Eterno está ordenando no mezclar la «fuerza» del rigor con la «fuerza» de la compasión y viceversa; ya que los estudiosos de estos códigos explican que la carne alude al atributo de “rigor” ( מדת הדין – «middat hadin»), por su color rojo proviniendo de un animal degollado y destazado, mientras que la “leche” representa al atributo de “Jésed” (Benevolencia ilimitada), por su color blanco, al provenir de un animal vivo. De tal forma que si se mezclan estas dos cosas se origina un choque espiritual en los dominios celestiales así como en el alma que ingiere la comida. Los seres humanos en la tierra pueden combinar dichos atributos pero sin mezclarlos sabiendo cuándo uno debe comportarse con severidad y cuándo con misericordia.

      Por otra parte, en el color rojo de la carne está simbolizada la idea del pecado (o muerte y corrupción), mientras que lo blanco de la leche representa la idea de la absolución (vida), y por eso hay que separar a ambos. Por esta misma razón, el Eterno ha prohibido la relación conyugal mientras la mujer está en sus días de impureza; YHVH no permite que la “vida” (semen del hombre) se mezcle con el flujo menstrual (tejido muerto), la vida es incompatible con la muerte.

      Según el intérprete Rashí, la palabra que ha sido traducida como “cabrito”, en hebreo guedí, y significa una cría de cualquier animal, no necesariamente la cabra, o sea que puede ser también de oveja o de vaca. Por ello, cabe aquí aclarar que aunque la Torah se refiere específicamente a “cabrito”, la restricción se extiende a todos los tipos de carne; vacuna, ovina y caprina. No se incluye pescado y las aves. Sin embargo, por una manipulación farisaica, el judaísmo, mediante un decreto del rabinato babilónico, hizo que el pollo y otras aves recibieran el nivel legal de “carne” con respecto a las leyes de «leche y carne». Más nosotros seguimos lo que las Sagradas Escrituras establecen en su códigos, y no tradiciones humanas.

      Yendo a partir de lo expuesto a una generalización que permita una praxis eficaz en nuestra vida cotidiana, entendemos que la carne representa muerte, la leche vida, por lo tanto, la persona de alma misericordiosa no mezcla la vida con la muerte, no tolera macular la pureza con la impureza.
      La persona misericordiosa, especialmente no soporta el dolor de un hijo con su madre, en pocas palabras, un israelita misericordioso no aprueba la injusticia social en el mundo que habita.

      En resumen, notemos que se habla de un cabrito, y no de carne, para que aprendamos que este mandamiento no es solamente algo referido a la digestión, sino eminentemente vinculado a la espiritualidad. Por lo tanto, y para finalizar debo señalar que las leyes dietéticas del kashrut, más que al bienestar físico apuntan primordialmente a asegurar el bienestar del alma redimida. El creyente mesiánico debe aceptar que cada alimento, además de ser un nutriente del cuerpo, lo es también del espíritu. Por eso, la emunáh (fe) en el Eterno debe primar ante preceptos de esta índole de forma incondicional.


      Nota:

      Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer donativos a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Los mismos serán usados en las actividades sociales que la Fundación Monte Santo realiza con los más carenciados de nuestra sociedad. Si esta intención vibra en ustedes los invito a ponerse en contacto conmigo, a fin de conseguir los datos bancarios para llevar a cabo dichas donaciones.

      ¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

      https://davidnesher.com.ar/contacto/