Angeología

Metatrón: ¡El Ángel de Dios!

Por P.A. David Nesher

Mira, Yo envío un ángel ante ti para protegerte en el camino y para llevarte al sitio que tengo preparado. Sé prudente delante de él y obedece su voz; no seas rebelde contra él, pues no perdonará vuestra rebelión, porque en él está mi nombre.


(Shemot/Éxodo 23:20-21)

Estos pasukim que el Eterno nos otorga para meditar en este día, tienen una maravillosa finalidad: enseñarnos que en el Camino de peregrinación de nuestra fe (emunáh) jamás estaremos solos. Un enviado de Dios, que conlleva el Nombre Santo del Eterno en Su esencia constitutiva nos cuidará todos los días en el Camino.

El Eterno quería que Israel viviera con alegría y seguridad porque Su amor perfecto los cuidará siempre con su maravillosa Presencia (Shekinah). Él guardará por siempre a Su Pueblo Escogido, mandando a sus ángeles para que nos protejan. La misión de sus ángeles guardianes (o custodios) es cuidar a cada integrante de Israel para que su misión sacerdotal en esta vida se complete. Esta misión es sagrada. Es el propósito eterno de Dios en la vida terrenal de cada redimido en la sangre pascual. Dichos ángeles cuidan que los pasos de cada hebreo para que se encamine hacia la realización de esa misión, y se manifieste Israel como una Reino de Sacerdotes (Éxodo/Shemot 19:6).

Estas huestes de ángeles guardianes protegen a los que integramos Israel, defendiéndonos físicamente, y nos fortaleciéndonos al momento de combatir con las fuerzas del mal. Ellos luchan con todo su poder por y con nosotros.

La Torah Kabalística dice:

«…Los ángeles de la guarda son enviados de Dios para protegernos. Una vez que aprendemos a reconocer su presencia y las señales que envían a nuestro camino, nos damos cuenta de los mucho que nos ayudan. No estamos solos…»

[Torah Kabalística, pág 226]

En algunos textos de las Sagradas Escrituras se ve a los malakim (ángeles) tomando apariencia humana. Explicando esta capacidad misional, en el Zohar, (Behalotejá 152:1), se lee:

«…En el momento en que ellos descienden se revisten con ropajes de este mundo terreno y de no ser así, ni ellos pueden mantenerse en este mundo, ni tampoco el mundo podría concebirlos a ellos…».

Retornando a la consideración de los dos versículos que encabezan nuestra bitácora, debo decir que ellos nos revelan que todas las legiones destinadas a nuestro servicio (Hebreos 1:14) se encuentran organizadas corporativamente y en sujeción absoluta a la autoridad de un Heraldo celestial muy particular.

Ese Heraldo de Yahvéh, es uno de los personajes más misteriosos en el TaNaK (mal llamado Antiguo Testamento) es conocido como “El Ángel de YHVH” o “El Ángel del Señor” traducido de la expresión hebrea “Malak YHVH”. El tema en sí radica en el hecho de que la palabra hebrea Mal’ak traducida en las Escrituras como “ángel” proviene de una raíz poco usada, que significa “enviado como representante y/o sustituto.

El primer problema se encuentra exactamente en el malentendido del significado de la palabra “ángel”  (del  hebreo “Malak”, del griego “Angelos”) ya que ambas palabras se han traducido en su nivel llano como “mensajero”. Por ende, la precisión de todo argumento referido a este ser celestial se determina sobre la manera en cómo se define el significado de esta palabra, para evitar llegar a una conclusión errónea.

Lo primero que debemos comprender es si la palabra “ángel” está siendo usada para definir los siguientes tres tipos o clases de mensajeros:

  1. Un Mensajero Celestial
  2. Un Mensajero Humano (1Reyes 19:2; Job 1: 14; Hageo 1: 13; Lucas 7:24, 9:52)
  3. El Mesías como mensajero de la Buena Noticia (betsoráh o evangelio) del Reino de Dios.

Esto es lo que tenemos que distinguir por medio de la investigación de las Sagradas Escrituras en su contexto mismo. Normalmente interpretamos la palabra “ángel” como un ser espiritual creado por Dios, y como un agente y ministro de Su voluntad. Esta función es lo que define la responsabilidad de ser Su mensajero. Pero, ahora ya entendemos que las Sagradas Escrituras definen una variedad de mensajeros,

Entonces, y con el fin de re-configurar nuestra cosmovisión, nos haremos la pregunta:

¿Qué es un ángel?

Así mismo se lo preguntaba el sabio Agustín, antes de responderse a sí mismo desde su investigación en el texto hebreo:

Ángel designa una función y no una naturaleza. ¿Tú preguntas cómo se llama esta naturaleza? Espíritu. ¿Preguntas la función? Ángel. En cuanto a lo que es, es un espíritu. En cuanto a lo que hace, es un ángel”.

Para comprender la misión del ángel, uno debe entender el concepto hebreo de la “Ley de la Agencia”. Definiendo esto, el Talmud dice:

(שלוחא דמלכא כמלכא)
El agente del gobernante es como el gobernante mismo”.
[Baba Kama 113b, cf. Jaguiga 10b, Nedarim 72b, Soncino Press Edition].

La palabra para “agente” en hebreo es “shaliaj” que significa “enviado” (como el griego apostolos -apóstol-). El shaliaj actúa como representante del emisor (meshuleiaj).

El Tratado Jagiga dice:

שלוחו של אדם כמותו
“El agente de un hombre es como él mismo”.
[Jagigá 10b, cf. Nedarim 72b, Soncino Press Edition].

Teniendo esta cosmovisión en su mente, Yeshúa aclara el principio del Shaliaj:

El que os recibe me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe al que me envió. El que recibe a un profeta en nombre de un profeta recibirá la recompensa de un profeta; y el que recibe un tzadik “justo” en nombre de un tzadik recibirá la recompensa de tzadik.”
(Mateo 10: 40-41).

Ahora bien, desde las entrañas de la Edad Media, fruto de los textos cabalistas, surgirá a la fama pública el nombre de Metatrón. Así, este “Ángel” se convertirá en el tema más controversial de la dogmática judeocristiana. Para ambos bandos, el “Ángel” Metatrón será un ser difícilmente comprensible a través de los múltiples textos que a lo largo de la historia lo han descrito de manera dual y en ocasiones contradictoria. Sin embargo, en cualquiera de sus acepciones, se trata del ser más poderoso en el ámbito de las esferas celestiales, lo que le ha valido el título de “Pequeño Yahvé”.

La opinión de los sabios que interpretan hebreo, y que unifica toda controversia, señala que, este “Malak” (“Ángel“), es el gran jefe y príncipe de los ejércitos Celestiales. En el judaísmo místico se lo menciona anteponiéndole el título del arcángel Metatrón. Para todo exégeta del texto que estamos aquí considerando, este es el Ángel que actúa como la Voz misma de Dios en todos los asuntos. La verdadera voz del Eterno tiene la autoridad de matar a cualquiera que lo escuchara, y no obedeciera.

Este nombre se forma desde dos expresiones hebrea (Meta-trón) y así, enlazadas, significarían, “el que sirve detrás del Trono”, o “el que sirve sobre el Trono“. Algunos también sostienen que Metatrón proviene de la expresión hebrea “guardián de la entrada“. Así mismo, esta expresión está muy relacionada también con la palabra antigua “metator” que se usaba para designar a un ministro que iba delante de un rey. Este era el ministro principal del rey, y su sola presencia representaba la esencia regia del soberano mismo. Así, y sólo desde su significación etimológica, esto significaría que Metatrón es el “ángel principal” que dirige a todos los demás ángeles. Para sellar esta explicación etimológica, debemos también saber que metator también se puede traducir como “expresador de legiones” o “el que crea y activa legiones con su boca“.

Les contaré aquí que dado que no es mencionado explícitamente, ni en el Antiguo, ni el Nuevo Testamento, la figura del arcángel Metatrón no es aceptada por el cristianismo, en ninguna de sus variantes. En cambio, sí aparece en el Talmud, lo que llevó a la tradición rabínica a contemplarlo como el escribano celestial y el más importante de los arcángeles. Los estudiosos de la Cábala, encuentran en el texto del Zohar una identificación con el Ángel que guió al pueblo de Israel durante su éxodo y lo describe como el Rey de los Ángeles, que reina sobre el árbol del bien y del mal.

Interesante será para nosotros conocer que las Sagradas Escrituras también llaman a este ser:

el Ángel de Su faz” [en hebreo Malak Panayu] (Isaías 63:9),
el Ángel del Pacto” [del hebreo Malak Beriyth] (Malaquías 3:1) y
el Ángel de Dios” [del hebreo Malak Elokim] (Génesis 31:11).

Lo que convierte en misterioso (y tan controversial) a este ser, es que cada vez que aparece en el TaNaK, se lo ve actuando con atributos que le corresponden pura y exclusivamente al Eterno. Es decir que lo podemos encontrar hablando como el Eterno mismo, haciendo promesas, perdonando los pecados, confortando, aceptando adoración, actuando como juez y vengador de Israel, y hasta haciéndose llamar YHVH. Para ejemplificar lo aseverado hasta aquí, los invito a ver algunos pasajes que lo muestran así:

“De tal manera multiplicaré tu descendencia, que no se podrá contar…. Como Yahvéh le había hablado, Agar le puso por nombre “El Dios que me ve” pues se decía: “Ahora he visto al que me ve.”
(Bereshit/Génesis 16:10, 13)

Entonces tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo, pero en ese momento el Ángel de YHVH le gritó desde el cielo…. Ahora sé que temes a Dios, porque ni siquiera te has negado a darme a tu único hijo.
(Bereshit/Génesis 22:10, 12)

“Estando allí, el Ángel de Yahvéh se le apareció entre las llamas de una zarza ardiente… “Yo soy el Dios de tu padre. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.”
(Shemot/Éxodo 3:2, 6)

“El Ángel del Señor subió de Guilgal a Boquín y dijo: “Yo los saqué a ustedes de Egipto y los hice entrar en la tierra que juré darles a sus antepasados…”
(Shofetim/Jueces 2:1)

“Mientras la llama subía desde el altar hacia el cielo, el Ángel de Yahvéh ascendía en la llama. Al ver eso, Manoa y su esposa se postraron en tierra sobre sus rostros. Entonces Manoa se dio cuenta de que aquél era el ángel del Señor. ¡Estamos condenados a morir! Le dijo a su esposa. ¡Hemos visto a Dios!”
(Shofetim/Jueces 13:20-22)

Dado que este mensajero del cielo poseía títulos especiales y una autoridad que sólo se le atribuye a Elokim (Dios), los estudiosos del hebreo describen sus encuentros con seres humanos como “teofanías”, es decir, “manifestaciones visibles de la deidad del Eterno.” [Baker’s Evangelical Dictionary (Diccionario evangélico de Baker)]. O sea que este ser que se apareció ante varias personas en la TaNaK (Antiguo Testamento) era el mismo ser divino que más adelante se manifestó en la Tierra como Yeshúa HaMashiaj (Jesús el Cristo) quien revela corporalmente a la divinidad:

Nadie ha visto jamás a Dios; pero el Único, que es Dios, está íntimamente ligado al Padre. Él nos ha revelado a Dios.
(Juan 1:18).

Lo más interesante es que en este ángel está el Nombre del Eterno. Por ello, vale la pena comentar el interesante hecho de que en los antiguos sidurim (libros judíos de oración) de la celebración de Rosh HaShanáh está escrito la expresión “Metatrón es Yeshúa“, que traducida es “Metatrón es la Salvación de Yahvéh“. El texto dice exactamente lo siguente:

Sea voluntad tuya que el sonido del Shofar. Sea llevado al Tabernáculo de Dios por intermedio de nuestro delegado “Tartiel,” cuyo nombre a Elías, sea su memoria bendecida, le fue dado, y a través de Yeshúa el Príncipe del Rostro y del Príncipe Metatrón, que la gracia sea dada a nosotros.Bendito seas Señor, Dios de gracia.”

Podemos ver que esta oración identifica el delegado “Tartiel”, “Yeshua el Príncipe del Rostro” y “Metatrón” uno con otro. El origen del nombre Tartiel es desconocido, pero algunos especialistas sugieren que es un derivado de las palabras tartei El, que significa “la otra forma de Dios” en cual YHVH se revela en plenitud.

Con todas estas consideraciones podemos discernir que este Ángel Metatrón es el representante de YHVH. Al menos así el famosos Rebbe Najman explica:

“El ángel Metatrón es el shaliaj de Dios, su agente a cargo de este mundo físico”.
[Mayim, Breslov Research Institute, pág. 79]

El Rebbe Najman también dice en su libro Likutey Moharan:

“Porque el nombre de Metatrón es como el de su Maestro, como está escrito (Éxodo 23:21)” porque mi nombre está en él “.
Esta es la unificación inferior. En otras palabras, el Santo, Bendito es, se viste de Metatrón durante los seis días de la semana y gobierna el mundo a través de él.”

[Rebbe Najman de Breslov, Likutey Moharan 11.5, Instituto de Investigación Breslov, pg 183]

El Comentario de Breslov explica lo siguiente:

Shabat está en un nivel mucho más elevado de santidad que los días de la semana. Es completamente sagrado, con las fuerzas y cualidades negativas del mal, el mal, la falsedad, etc., que no tienen lugar allí. Esto no es verdad de los días de la semana. Durante los seis días de la semana, predomina una mezcla de bien y mal, falso y verdadero, etc. Del mismo modo, Dios es, por así decirlo, completamente santo. La regencia del mundo en Shabat está enteramente bajo su jurisdicción y dominio personal. Sin embargo, durante los días de la semana, Dios se viste como el ángel Metatron (Yevamot 16b, Tosafot, Zohar I, 126a). A través de él, Dios gobierna el mundo, no directamente y abiertamente, sino indirectamente a través de un velo. Este distanciamiento de la santidad absoluta permite la aparición de una creación separada e incluso desprovista de Dios, que en última instancia es lo que le proporciona al hombre el máximo de libre albedrío para servir a Dios por su propia voluntad.
[Comentario sobre Likutey Moharan 11.5, Instituto de Investigación Breslov, pg 183]

El erudito judío del primer siglo Filón de Alejandría preservó la tradición de este ángel y sus muchos títulos (que encierran los 72 Nombres de Dios). Esto nos ilustra la antigüedad del concepto en la mente hebea:

Y aun si todavía no hay alguien digno de ser llamado hijo de Dios, no obstante, que trabaje seriamente para ser adornado según su Palabra primogénita, el Mayor de sus ángeles, como el Gran Arcángel de muchos nombres; porque él es llamado, la Autoridad y el Nombre de Dios, y la Palabra, y el Hombre según la imagen de Dios, y el que ve a Israel. Por eso fui inducido hace poco a alabar los principios de aquellos que dijeron: “Todos somos hijos de un solo hombre”. Porque incluso si todavía no somos aptos para ser llamados hijos de Di-s, aún podemos merecer ser llamados los hijos de su Imagen Eterna, de su Palabra más sagrada; porque la Imagen de Dios es su Palabra más antigua. Y, de hecho, en muchos pasajes de la ley, los hijos de Israel son llamados oidores de él que ve, ya que el oído es honrado con el segundo rango después del sentido de la vista, y dado que lo que necesita instrucción es en absoluto segundo después de lo que puede recibir impresiones claras de los sujetos que se le presentan sin dicha información.
[Filón de Alejandría, Sobre la confusión de las lenguas” p. 28]

El Ramban (acrónimo por el que se conoce al sabio judío Maimónides) responde la pregunta de la etimología del nombre diciendo:

“Este es el gran ángel, que por eso se llama Metatrón, el significado de la palabra es” la guía del camino “. Así los Rabinos han dicho en el Sifre:” El Santo, bendito sea Él, era el metatron (guía) para Moshé, y Él le mostró toda la Tierra de Israel.”
[Ramban, Éxodo 12, Bo, traducido por el Rabino C. Chavel, Shilo Publishing House, pág. 410-411, 413]

A fin de alcanzar una mayor comprensión de quién es este ser, nos remitiremos a la gematría (valor numérico) del nombre. Así pues, Metatrón es igual al Nombre Divino “Shaday”.

שדי = 314 [Shaday (10 + 4 + 300)] 

314 = מטטרון [Metatrón (50 + 6 + 200 + 9 + 9 + 40)]

Ahora bien, la palabra Shaday en sus letras Shin-Dalet-Yud forma también un notarikón (es decir un acróstico) de la frase, “Shomer Daltot Israel”, que se traduce: “Guardián de las Puertas de Yisrael”.

Si hacemos memorias de lo que hemos aprendido en los ciclos anteriores de estudio de la Torah, recordaremos que ella ordena poner las palabras de YHVH sobre los postes de la puerta (mitzváh mezuzot).

“Y los escribirás sobre los postes de tu casa y sobre tus puertas”. (Deuteronomio 11:18)

Por otra parte, es increíble que, de acuerdo a lo que se le reveló a Yaakov, la Puerta del Cielo sea Jerusalén, específicamente el Monte del Templo.

“(Yaakov) tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! ¡Esto no es más que la casa de Dios y esta es la Puerta del Cielo!”
(Génesis 28:17).

Jerusalén está formada por tres valle; el Cedrón en el oriente, el Tyropoeon en el centro, y el Hinom en el oeste. Estos tres se encuentran en el sur. Juntos forman la letra Hebrea Shin. ¡Así es! ¡Sorprendentemente, como si el anillo de YHVH se hubiera impreso como un sello, la letra hebrea Shin está estampada en Jerusalén! Veamos esto en detalle. Los tres valles que la forman son:

  • El valle de Kidron
  • El valle del Tyropeón
  • El valle de Hinnom

Pues bien: estas huellas en la topografía reproducen la letra “Shin” invertida (lo que habla de un misterio oculto relacionado con el significado de esa letra).

Leyendo El Zohar me asombré al leer una declaración que identifica a Metatrón como La Puerta:

Y, además, aquellos que dominan en este mundo lo hacen a través de él, METATRÓN. Y aquellos a quienes se les impide gobernar, caen a través de él. Todos ellos dependen de esta escalera, METATRÓN. Yud Hei Vav Hei los domina a todos. Como está escrito:
“Y he aquí YHVH estaba sobre él”.
Cuando se despertó, está escrito:
“Esto no es otra cosa que la casa de Elokim, y esta es la Puerta del Cielo”.
De seguro, METATRÓN es la Casa de Elokim, la puerta por la cual uno pasa para entrar, como está escrito:
“ábreme las puertas de la justicia, entraré a ellos, y alabaré a Yah (Yud-Hei)” (Tehilim 118: 19). ) Y “esta es la puerta a YHVH (Yud Hei Vav Hei)” (Tehilim/Salmo 118: 20) es la Puerta del cielo. Y todo es Uno, lo que significa que las puertas de la justicia son la puerta de YHVH y la Puerta del Cielo, y esa es Metatrón.”

[Fin de Sitrei Torah (Secretos de la Torá – Zohar, Vayetze]

Encarnando todos estos secretos de la Sabiduría de la Torah, nuestro amado Yeshúa se identifica a sí mismo como la Puerta o Puerta en el evangelio de Juan:

Yo soy la Puerta. Si alguien entra por mí, se salvará, entrará y saldrá, y encontrará pastos.
(Juan 10: 9).


Para ir finalizando este extenso y profundo estudio, comentaré que, de acuerdo a los especialista bíblicos, en la cosmovisión de Israel, Metatrón ha sido siempre identificado con la Palabra (hbr. Davar o gr. Logos) de Dios.

Así pues, Metatrón es Dios en acción; por eso es que la tradición exegética hebrea lo llama el “pequeño YHVH” o “manifestación universal del Gran Yo Soy“. También recibe el Nombre de Sar HaPanim (“Príncipe del Divino Rostro”) pues se lo considera como la primera revelación de la Shekináh. Por ende, cuando se las Sagradas Escrituras se refieren a Él con la expresión Malak (Ángel) se está señalando al descenso espiritual total del Eterno, por medio del cual la totalidad de sus Sefirot (virtudes o emanaciones) ser realizan en el mundo, siendo así el Mediador universal.

Asumiendo y meditando todo esto, podemos decir claramente que Yeshúa Raveinu, nuestro Mesías, “es una forma de la manifestación de Dios”; “El se sienta en el trono de Dios”, y “El Nombre de Dios está en Él”. Por lo tanto, “en Yeshúa, vemos el Rostro de Dios” No en vano Yeshúa mismo dijo:

El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.
(Juan 14:9)

Y por último, con todo esto en nuestra mente podemos profundizar mejor Su promesa dada en la Gran Comisión:

” …y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”
(Mateo 28: 20)

“Un Hombre lo Descubrió”

Por P.A. David Nesher 

Vayimtsa’ehu ish vehineh to’eh basadeh vayish’alehu ha’ish lemor mah-tevakesh.

“Un hombre lo descubrió confundido en el campo y le preguntó: “¿Qué estás buscando”?”

(Bereshit(Génesis 37:15)

Yosef caminaba sin rumbo y buscando a sus hermanos. Así se internó en el campo por los lugares de pastoreo.

Este relato pone de manifiesto las muchas formas de las que dispone la Providencia divina para alcanzar sus propósitos; pues ella fue quien envió a un “hombre” en el momento oportuno, para que, revistiendo una apariencia humana, se dirigiese a Yosef y le indicase el camino correcto. Ese “hombre”, según el Midrash Tanjumá, era el malaj Gavriel. Gavriel es el “ángel de los sueños”, por eso estaba cerca de Yosef.

Yosef no estaba solo, al igual que su padre, tenía un malak (ángel o mensajero) de Dios que lo cuidaba. Ellos entran en conversación y el malak lo guía informándole que sus hermanos se hallaban en Dotán.

Yosef se convirtió así en un peregrino en el campo, siendo sombra del prototipo, Yeshúa (Jesús) quien se convirtió en un peregrino en el mundo. En su interpretación de la parábola de la cizaña, Yeshúa dijo: “El campo es el mundo” (Mateo 12:38). Como Yosef, el Mesías Yeshúa se convirtió en un peregrino, un desconocido sin hogar, en el mundo.

“Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.”

(Lucas 9:58).

Qué palabra más conmovedora en el Evangelio de Juan:

“Y cada uno se fue a su casa. Y Jesús se fue al monte de los Olivos.”

(Juan 7:53-8:1)

Cada hombre tenía su propia casa para regresar a ella, pero Yeshúa era un peregrino sin hogar en esta tierra.

 

Beney HaElohim… ¿Hombres o Ángeles?

Por P.A. David Nesher

Y fue cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijos; y vieron los hijos de los señores que las hijas del hombre eran hermosas, y tomaron para sí mujeres entre todas las que habían escogido. Y dijo el Eterno: no luchará para siempre conmigo mi espíritu por causa del hombre, porque él es también carne; y serán sus días (de vida) ciento veinte años. Los gigantes estaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando conocieron los hijos de los señores a las hijas del hombre y les parieron hijos; éstos fueron los valientes que siempre hubo, varones de fama. Y vio el Eterno que era grande la maldad del hombre en la tierra, y que todo el impulso de los pensamientos de su corazón era exclusivamente malo todos los días. Y se arrepintió el Eterno de haber hecho al hombre en la tierra, y se afligió en su corazón. Y dijo el Eterno: borraré al hombre que cree, de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta el cuadrúpedo, hasta el reptil y hasta el ave de los cielos; porque estoy arrepentido de haberlos hecho. Más Noé halló gracia ante los ojos del Eterno”.(Bereshit / Génesis 6: 1-8)

Antes que nada, conviene que les exprese una realidad. Todos los hechos pre-diluvianos suelen ser oscuros e imposibles de abordar desde la documentación científica, pues el Mabul (Diluvio) fue una gran debacle que borró o alteró perpetuamente los rastros de épocas anteriores. Por lo cual, el único documento fiable y veraz con el que contamos es el relato que el Eterno hizo de los acontecimientos en el sexto capítulo del libro Bereshit (Génesis). Relato que se encuentra exclusivamente en la Torah (Instrucción), y que debe ser interpretado a la luz de las explicaciones que oralmente el Creador trasmitiera a Moshé (Moisés), y éste a los sacerdotes de la nación de Israel para ser transmitida a las generaciones de escogidos que formarían Israel por todos los siglos.

Recordemos que el relato de los documentos usados por Moshé en los diez primeros capítulos de este libro no persigue el objetivo de otorgar información científica (para eso está el trabajo humano), sino que buscan crear una concientización de características celestiales en las mentes de los Beney Israel (hijos de Israel) que estaban siendo entrenados por Moshé en el desierto a fin de convertirse en una nación de sacerdotes (Shemot 19:6).

Muchos comentaristas sostienen que estos ‘hijos de Dios’ (hebreo: Beney HaElohim) eran descendientes varones de Seth, el hijo de Adam que sustituyó a Abel en el sacerdocio de justicia (Malki-tzedek). Estos estudiosos de los códigos escriturales se basan en la premisa de que el fiel Noaj (Noé) procedía de la línea de Set, mientras que los demás linajes que descendieron de Adán —el de Caín y los de sus otros hijos (Gé 5:3, 4.)— perecieron en el Diluvio. Por ello alegan que el que los “hijos del Dios” tomaran por esposas a “las hijas de los hombres” (que bien interpretan como descendientes de Caín). Por ello, aseguran en sus comentarios bíblicos que hubo uniones matrimoniales entre los sethitas y las descendientes del malvado Caín.

Sin embargo,  no hay nada que muestre que en aquel tiempo Dios hiciera tal distinción entre los linajes humanos. El resto de las Escrituras no confirma esta conclusión, a saber, que las dos líneas hicieran enlaces maritales de los que nacieron los “poderosos” (hb. guibborim) de que habla el Génesis  6 versículo 4. Si bien es cierto que la fórmula “hijos de los hombres” [o “de la humanidad”] que los defensores de la postura antes indicada contrastan con el apelativo ‘hijos de Dios’, se suele emplear de manera peyorativa, no siempre es así. (Compárese con Sal. 4:2; 57:4; Pr 8:22, 30, 31; Jer 32:18, 19; Da 10:16.)

Los partidarios de la interpretación citada con anterioridad cuestionan que los “hijos del Dios verdadero” (de Génesis 6:2-4) sean criaturas angélicas, pues objetan que el contexto se refiere exclusivamente a la maldad humana. Sin embargo, no es una objeción válida, pues la interferencia malévola de espíritus en los asuntos del hombre podría contribuir o potenciar el aumento de la iniquidad humana. Aunque estos seres no se materializaron cuando Yeshúa HaMashiaj estuvo en la Tierra, fueron responsables de conducta humana sumamente degradada.

Estudiando sin prejuicio este pasaje, resulta lógico que Bereshit (Génesis) mencione la interferencia de algunos hijos angélicos de Dios en los asuntos humanos, ya que da cuenta a buen grado de la gravedad de la situación existente en la Tierra antes del Diluvio.

Al hablar de la expresión hebrea Elohim podemos notar que en Shemot o Éxodo (4: 16; 7:1), el nombre Elohim [plural de Eloha] en términos generales significa señorío, autoridad, y/o poder. Dependiendo del contexto, puede referirse a Dios mismo o a una autoridad terrenal. Cuando se refiere a Dios, indica un atributo (por oposición a  que es Su Nombre propio): el hecho de que Él es el “Señor” o máximo poder y autoridad en el mundo; por eso también esta íntimamente ligado al concepto de juicio.

Como vemos Elohim es una palabra que denota poder, autoridad y por eso también esta palabra se aplica al Eterno, pero no quiere decir que su significado sea solamente “Dios”. Al Eterno también se le llama el Gran Elohim, porque por su puesto Él tiene gran poder, tiene gran autoridad, es majestuoso.

La palabra por extensión, también es aplicada a los dioses de los idolatras.

Por lo tanto, el término hebreo Elohim puede referirse más bien a los que están en eminencia sobre muchas personas y ello puede ser para bien o para mal.

Entonces aquellos Beney HaElohim (“hijos de Dios”) no eran seres humanos, sino hijos angélicos de Yahvéh (compárese con Job 1:6; 2:1). Asimismo, no cabe duda de que los “hijos de Dios” que ‘gritaron en aplauso’ cuando Él ‘colocó la piedra angular’ de la Tierra (Job 38:4-7) eran hijos angélicos y no descendientes de Adán, que evidentemente por este relato del libro de Job, estaba recién siendo creado, por lo que los seres angelicales estallaron en ovación. Del mismo modo, es evidente que los “hijos de Dios” mencionados en el Salmo 89:6 también son criaturas celestiales, no humanos.

El escritor bíblico Judas (hermano de sangre de Yeshúa), dice acerca de algunos ángeles: “y además que a los ángeles, que no mantuvieron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada” (Judas 6). En otras palabras: dejaron su lugar de asignación jerárquica celestial prefiriendo vivir con mujeres hermosas en la Tierra.

Lo que nos resulta aún más interesante para nuestra consideración es que Judas añade que aquellos ángeles rebeldes fueron como los habitantes de Sodoma y Gomorra, que ‘que como ellos fornicaron y se fueron tras una carne diferente, contra naturaleza,… (Judas 7).

De igual modo, el apóstol Pedro lo corrobora, pues hace referencia a “los espíritus en prisión, que en un tiempo habían sido desobedientes cuando la paciencia de Dios estaba esperando en los días de Noé” (1Pe 3:19, 20), así como a los “ángeles que pecaron”, a los que menciona en conexión con el “mundo antiguo” del tiempo de Noaj. (2Pe 2:4, 5).

Las mismas líneas de las Sagradas Escrituras nos revelan que en ciertas ocasiones hubo ángeles que materializaron cuerpos humanos y que hasta comieron y bebieron con hombres. (Génesis 18:1-22; 19:1-3.)

La declaración de nuestro Mesías de que los resucitados no se casan ni se dan en matrimonio, sino que son como los “ángeles en el cielo”, muestra que entre tales criaturas celestiales no existe el matrimonio, pues no son seres sexuados. (Mt 22:30.)

Ahora bien, de esto no se infiere que no pudieran materializar cuerpos humanos y formar vínculos matrimoniales con mujeres, como los teóricos pro-setitas aducen. Cabe notar que la referencia de Judas a los ángeles que no guardaron su posición original y abandonaron su “propia morada” (entiéndase como lugar habitacional de propósito del ámbito de los espíritus) precede de manera inmediata a las palabras: “Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas —después que ellas de la misma manera que ellos habían fornicado, y habían seguido la carne extraña, (otra versión: “yendo en pos de carne para uso contranatural”) fueron puestas por ejemplo”. (Judas 6: 7).

La versión griega Septuaginta (o Versión de Los Setenta) usa el mismo término en Deuteronomio 32:8, y se refiere a los ángeles. Otra variación de esto es Beney HaElohim, que significa que los hijos de los poderosos (Salmo 29:1, 89:6, 82:6). Otra forma que está en arameo, bar Elohim, que significa un hijo de los dioses. Por lo tanto, en todas partes en que se utiliza, es una referencia a los ángeles.

Por lo tanto, las pruebas escriturales señalan de manera contundente a que en los días de Noaj algunos ángeles se descarriaron y cometieron actos contrarios a su naturaleza de espíritus. Por consiguiente, no parece que haya razones válidas para cuestionar que los ‘hijos de Dios’ de Génesis 6:2-4 fuesen ángeles.

Por lo tanto, y considerando también la opinión estudiosos de los dos primeros siglo de nuestra Era Común, como Filón, Flavio Josefo, Tertuliano, Justino, Clemente de Alejandría, (entre otros), aceptaremos que la expresión hebrea Beney HaElohim se refiere a los ángeles que son enviados en misión por el Omnipresente. En este contexto, esta expresión señala a los nobles y los dignatarios jueces de las dimensiones celestes que determinaron abandonar su puestos asignados en la organización celestial conocida como elohim, prefiriendo los ámbitos terrenales como lugar de habitación para poder tener conexiones carnales con las mujeres pecaminosas que los invocaban con sus ritos de maquillaje mágico.

Desde esta rebelión contra el diseño divino, estos seres se pervirtieron, y aprovechándose de la fuerza e inteligencia sobrehumanas de su naturaleza, estos ángeles caídos ejercieron una influencia nefasta sobre la humanidad. De hecho, es muy probable que controlaran y dominaran a toda la sociedad humana. No trabajaban en secreto, como lo haría un criminal que oculta su identidad para llevar a cabo sus fechorías en la sombra. Al contrario, actuaban abiertamente, en descarada rebelión contra Dios y sus mandatos.

Las Sagradas Escrituras no da todos los pormenores sobre lo que hicieron aquellos ángeles desobedientes. Pero eso será tema para otra bitácora. Por ahora, considero que tu mente, querido lector, ya acumuló lo suficiente para meditar.

¡Shalom!

Con amor y amistad en servicio: P.A. David Nesher


Bitácoras Relacionadas:

La Creación de las Huestes Celestiales (Ángeles)

Por P.A. David Nesher

[VayeJulu hashamayim veJa’arets veJol-tseva’am.]

Y acabaron (de ser creados) los cielos y la tierra, y todas sus huestes“.

(Bereshit / Génesis 2:1)

Debo decir al comenzar esta bitácora que disfruto mucho proclamar en mi alabanza cotidiana que solamente el Eterno ha existido desde siempre y para siempre; ¡que sólo Él es sin principio ni fin! Siempre sumo a mi corazón y declaro con mis labios lo que dice el salmista:

“Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.”
(Salmos 90:2)

Pero a la vez debo confesar mi consciencia certera de la existencia de seres incorpóreos y superpoderosos creados por Yahvéh, nuestro Dios, para hacer conocer Su voluntad perfecta y cumplir Sus órdenes. Y es que no puedo callar que mi vivencia de fe en el Mesías, iluminada por las Sagradas Escrituras, me ha permitido  experimentar, a lo largo de mi peregrinar, la verdad sobre la existencia de los ángeles como seres puramente espirituales, creados por el Eterno.

Ha sido así como he comprendido que hay una relación muy estrecha entre los seres humanos y los ángeles.  Siempre me inspiró y llenó de confianza lo que el autor de la epístola a los Hebreos escribe al decir que los ángeles son “espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1.14). He disfrutado de seguridad al dejar a mis cuatro hijos bajo la revelación que mi amado Maestro y Dueño otorga  al referirse a los niños, dice:

Sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos
(Mateo 18.10)

Por esto, afirmo que la existencia de los ángeles, una verdad de nuestra emunah (certeza) en Yahvéh.

Hoy, desde las teologías judeo-cristiana, a estos seres se los  identifica de otra manera, señalándolos con el nombre genérico de su misión: “mensajeros” (en hebreo: “malakim” o en griego “ángeles“), ya que son los portadores de ordenes del Eterno. El teólogo y filósofo Agustín de Hipona dice respecto a ellos: “El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel“. Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan “constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18: 10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal 103: 20).

Según las Escrituras Sagradas (La Biblia), los ángeles son espíritus, tal como Dios es un Espíritu (Salmo 104:4; Juan 4:24). Ellos forman una gran familia compuesta de millones de miembros, todos los cuales son “poderosos en potencia” _ hebreo gibbor koakj_ [Salmo 103:20; Revelación (Apocalipsis) 5:11].  En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales (cf Lc 20, 36). Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello (cf. Dn 10, 9-12).

Entendemos que por medio del Mesías, el Eterno creó millones y millones de ángeles en el cielo:

“… porque en Él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles: tronos, dominios, principados, potestades; todo fue creado por Él y para Él,…”

(Colosenses 1:16)

Acerca de estos, el Tanak (A. T.) señala que:

….millares de millares lo servían, y millones de millones estaban de pie ante su presencia…
(Daniel 7:10).

Ahora me interesa que ustedes sepan que estas numerosas criaturas espirituales están tan bien organizadas en jerarquías de misión guerrera. Por eso es que se las llama “los ejércitos”  (tseba-am) de Yahvéh” (Sal. 103:21).

¿Cuál es el origen de los ángeles? ¿Relata el Libro del Bereshit su creación?

A simple vista, en una lectura superficial y rápida, resulta curiosamente raro que en el Libro de Bereshit (en griego Génesis) que nos habla de toda la creación se nos omita directamente este gran detalle para referirnos claramente cuándo fue que YHVH creó a los ángeles. Sin embargo, esto no es así. Sin profundizamos en Bereshit (Génesis) capítulo 2 verso 1 vemos que expresa “los cielos y la tierra fueron acabados y todas sus HUESTES”.  Esta última palabra (HUESTES) ¿Se está refiriendo a los ángeles celestiales?

Para poder descubrir la respuesta correcta los invito a que leamos por un momento lo que nos relata el Primer Libro de Reyes:

” …Yo vi al Altísimo sentado en su trono y todo el ejército de los cielos (tseba-am) estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda…”
(1 de Reyes 22:19)

Este relato de Micaías, el profeta, nos muestra la situación en los cielos, en donde uno de sus ángeles se convierte en “espíritu de mentira” para hablar por la boca de todos los falsos profetas del malvado Rey Acab, esposo de la malvada Jezabel. ¡Interesante, ¿no? que la mentira venga directamente desde el trono del Eterno! Pero, sigamos con nuestro tema central.

Al leer a Nehemías también encontramos una referencia similar, cuando nos advierte:

¡Tú solo eres YHVH! Tú hiciste los cielos, los cielos de los cielos y todas sus huestes (tseba-am)…”

(Nehemías 9: 6)

El Rey David en uno de los Salmos también nos refiere de la creación de estos seres:

“Por la palabra de YHVH fueron hechos los cielos; todo el ejercito (tseba-am) de ellos fué hecho por el soplo de su boca

(Salmo 33:6)

El profeta Yeshayahu (Isaíaas) también toma parte en esta discusión aportándonos su relato:

“Levantad en alto vuestros ojos y mirad quién ha creado estas cosas. El saca y cuenta al ejército (tseba-am) de ellas; a todas llama por su nombre…”

(Isa. 40:26).

Asimismo, este profeta nos da una breve semblanza de lo que hizo el Creador:

“…Son mis propias manos las que han desplegado los cielos, y soy yo quien ha dado órdenes a todo su ejército (tseba-am)“.

(Isa.45:12)

Con esta breves referencia ya entendemos que Yahvéh, nuestro Dios, fue quien creó a las “Huestes” o “Ejércitos(tseba-am) celestiales.

Después de estar seguros de que fueron creados en esos primeros días de la Creación nos toca ahora conocer cuándo fueron creados exactamente.

El tiempo exacto de su creación no está específicamente definido, pero por la evidencia bíblica entendemos que lo más probable es que hayan sido creados en el momento en que también fueron hechos los cielos, como se narra en Génesis 1:1. Esto significaría que posiblemente el Eterno haya creado los ángeles inmediatamente después de haber creado los cielos y antes de crear la tierra.  Para demostrar esto, necesito remitirme al libro de Job en donde no cabe duda de que los “hijos de Dios” que ‘gritaron en aplauso’ cuando Él ‘colocó la piedra angular’ de la Tierra (Job 38: 4-7) eran seres angélicos y no descendientes de Adán (ya que este aún no había sido creado). Del mismo modo, es evidente que los “hijos de Dios” o “hijos de los potentados” mencionados en el Salmo 89:6 también son criaturas celestiales, no humanos.

Es interesante mencionar que uno de los Rollos encontrados en la Cueva No. 11 de Qumram nos dice al respecto: “Dividiendo la luz de las tinieblas El estableció el amanecer en Su decisión mental. Cuando todos los ángeles vieron esto ellos se regocijaron en gran manera porque Él les mostró lo que ellos no previamente no habían conocido. El coronó las colinas con cosechas, abundante alimento para todos los vivientes” [(11QPsª) Rollo: “Himno al Creador”].

El testimonio de la obra seudoepigráfica llamada “Libro de los Jubileos” dice:

 “Porque en el primer día El creó los cielos que están arriba y la tierra y las aguas y todos los espíritus los cuales sirven delante de El -los ángeles de la Presencia, los ángeles de Santidad, y los ángeles de los espíritus de fuego y los ángeles de los espíritus de los vientos, y los ángeles de los espíritus de las nubes, y de las tinieblas, y de la nieve y del granizo y del hielo, y los ángeles de los sonidos, los truenos y los rayos, y los ángeles de los espíritus del frío y del calor y del invierno y de la primavera y del otoño y del verano y de todos los espíritus de Sus criaturas las cuales están en los cielos y en la tierra

(Jubileos 2:2)

Ante toda evidencia escritural ofrecida se evidencia que todos los ángeles fueron creados de una vez. Ningún ángel ha sido añadido desde entonces. Los ángeles no están sujetos a la muerte o a ninguna forma de extinción, por lo tanto, su número no decrece.

Es importante al terminar remarcar que estas criaturas celestiales se sintieron felices cuando se fundó la Tierra y realizaron con alegría sus tareas mientras Yahvéh preparaba esta extraordinaria joya del universo para que fuera el hogar de la humanidad, la máxima creación a la que los ángeles deberían servir (Job 38:4, 7). Sabemos que el Eterno creó al ser humano para reflejar sus sublimes cualidades (Heb. 2:7; Gén. 1:26). Si Adán y Eva hubieran usado bien el don del libre albedrío, podrían haber vivido junto con sus descendientes en un paraíso como parte de la familia universal de criaturas inteligentes de Yahvéh. Ellos podrían haber permitido que la presencia de las huestes celestiales se manifestaran visiblemente en todas las esferas del cosmos material que nos rodea.

De todos modos y más allá de la naturaleza pecadora del ser humano. Los ejércitos celestiales siempre han estado en actividad al servicio de la Salvación (en hebreo Yeshúa) del Eterno.

Desde la creación y a lo largo de toda la Historia de la Salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (Gn. 3: 24), protegen a Lot (Gn. 19), salvan a Agar y a su hijo (Gn. 21: 17), detienen la mano de Abraham (Gn. 22: 11), la Torah (Instrucción) es comunicada por su ministerio (Hch. 7:53), conducen el pueblo de Dios (Ex. 23: 20-23), anuncian nacimientos (Jueces 13) y vocaciones (Jc. 6: 11-24; Is 6: 6), asisten a los profetas (1 R 19: 5), por no citar más que algunos ejemplos.

Finalmente, y transitando los días de la Nueva Alianza, vemos al ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Yeshúa (Lc 1: 11.26).  Por ello, y  desde la Encarnación a la Ascensión del Mesías, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce “a su Primogénito en el mundo, dice: ‘adórenlo todos los ángeles de Dios‘ (Hb. 1: 6). Desde entonces su cántico de alabanza en el nacimiento del Mesías no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: “Gloria a Dios…” (Lc. 2: 14). Protegen la infancia de Yeshúa (Mt. 1: 20; 2: 13.19), sirven a Yeshúa en el desierto (Mc. 1: 12; Mt. 4: 11), lo reconfortan en la agonía (Lc. 22: 43), cuando Él habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos (Mt. 26: 53). Son también los ángeles quienes “evangelizan” (Lc. 2: 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación (Lc. 2: 8-14), y de la Resurrección (Mc. 16: 5-7) de nuestro Maestro y Dueño. Con ocasión de la segunda venida de Yeshúa HaMashiaj, anunciada por los ángeles (Hb. 1: 10-11), éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor (Mt. 13: 41; 25: 31 ; Lc. 12: 8-9).

Por todo esto, hoy creo y aseguro que los poderosos ángeles siguen más activos que nunca en su misión y propósito. Estoy más que convencido que estos ejércitos (tseba-am) celestiales protegen al pueblo de Dios, sobre todo de las cosas que ponen en peligro su espiritualidad. La Escritura dice: “El ángel de YHVH está acampando todo en derredor de los que le temen, y los libra” (Salmo 34:7).

Por último, sé que dentro de muy poco, el malvado sistema de Satanás será destruido y nosotros seremos liberados y manifestados como hijos del Eterno. Sé que los ángeles desempeñarán un papel muy importante en estos trascendentales sucesos, que harán posible la vindicación de la soberanía de nuestro Abba y la realización de su propósito para la Tierra y la humanidad a través de Su Mesías. Los ángeles realmente son espíritus enviados para servir a favor de los que van a heredar la salvación.

¡Alabemos al Eterno porque usa a sus ejércitos (los ángeles) para ayudarnos a cumplir su voluntad que es buena, agradable y perfecta!

Por último, confirmemos la Palabra de Verdad con la que comencé esta bitácora:

Así fueron terminados los Cielos y la Tierra y todos sus ocupantes

(Bereshit / Génesis 2:1)

Bitácoras Relacionadas:

Beney HaElohim… ¿Hombres o Ángeles?


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer contribuciones a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

Renzo Antonelli y la creencia errada de que los bebés se convierten en ángeles cuando mueren

Por P.A. David Nesher

A lo largo de los años que llevo sirviendo a las personas en el propósito de Dios, he descubierto que pocas experiencias pueden ser tan dolorosas como perder a un hijo. El desconsuelo domina de tal manera que no permite de manera alguna que se instale el consuelo. Por algo no existe término preciso que pueda describir y definir dicha situación. No hay palabra alguna que pueda expresar lo que un padre o una madre sienten ante este hecho. El lenguaje y los idiomas dicen que hay viudos y viudas cuando un cónyuge desaparece de esta vida. Denominamos huérfanos o huérfanas a aquellos que han enterrado a sus padres, pero ante la muerte de un hijo, solamente existe una pregunta: ¿cómo se nombra a un padre o madre que pierde a un hijo? Pues bien, no existe lengua o idioma que logre darle nombre. Y es así.

En esta bendita nación, la noticia del fallecimiento de Renzo Antonelli, el pequeño  de dos años de edad, al que le habían trasplantado el corazón, sacudió a todos los argentinos durante todo el día viernes. Hoy, sus restos serán inhumados en el cementerio privado Parque del Recuerdo, en su Corrientes natal.

También desde ayer los comentarios en los medios y en las redes sociales, pretendiendo mostrar solidaridad con los padres del pequeño y dar consuelos con palabras, solamente han logrado proclamar una herejía que por siempre ha conducido a millones al caos producto del error doctrinal y la mentira. Estoy refiriéndome a ese paradigma heresiarca que asegura que cada vez que muere un bebé o párvulo, el mundo debe regocijarse ya que en realidad Dios quiso crear un nuevo angelito para que ilumine el camino de los seres humanos.
Ante esto me es necesario ejercer la pedagogía profética. La misma fluirá siempre de las Sagradas Escrituras. Justamente, la Biblia nos dice que aunque un infante o bebé no haya cometido pecados personales los mismos pertenecen a la especia humana, una clase de criaturas muy especial y a la vez muy particular en sus aspectos existenciales. Por ende, los bebés y niños pequeños, son culpables ante el verdadero Dios, por la herencia e imputación del pecado.
La herencia del pecado es aquella que es transmitida por nuestros padres. El rey David enseñó lo siguiente: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5). Como podemos meditar, David reconocía que aún desde la concepción él era un pecador. El muy triste hecho de que algunas veces los infantes mueren, demuestra que aún los pequeños son impactados por el pecado de Adán, puesto que la muerte física y espiritual fueron el resultado del pecado original de Adán (Romanos 5:12; comparar con 1ª Corintios 15:21-22). De hecho, las Escrituras revelan que no existe ninguna persona humana justa (Romanos 3:10-11); por cuando todos hemos pecado (Romanos 3:23). Por lo tanto, cada uno es culpable, desde su concepción, delante del Dios santo, justo sin importar cuán joven o cuán viejo es. Aún más, creer es un requisito necesario para la salvación (Juan 3:18-19; Hechos 16:31).
Ante esto no podemos negar que cada ser humano, infante o adulto, es culpable ante Dios. Cada persona humana ha ofendido la santidad de Dios. La única manera en que Dios puede ser justo y al mismo tiempo declarar justa a una persona, es cuando esa persona ha recibido el perdón por la fe en Cristo.
Sabemos, por la revelación misma de Su Palabra, que Jesucristo es el único camino para llegar al Padre.  En el evangelio de Juan se registra lo que dijo Jesús, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mí” (Juan 14:6). También el apóstol Pedro declara en Hechos 4:12, “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” La salvación es una elección individual.
Pero la pregunta no deja de fluir en la mente de todo humano verdaderamente pensante. ¿Qué sucede con los bebés y niños que nunca alcanzaron la habilidad para hacer esta decisión personal?  Ante esto la teología ha aportado el paradigma llamado “la edad de la conciencia” Este concepto enseña que aquellos que mueren antes de alcanzar “la edad en que son responsables” son salvados automáticamente, por la gracia y misericordia de Dios.
La edad de la conciencia” es la creencia de que Dios salva a todos aquellos que mueren antes de alcanzar la habilidad para hacer una decisión por o contra Cristo. Los trece primeros años de un ser humano, es la etapa comúnmente designada como la edad de la conciencia, basándose en la costumbre hebrea de que un niño se convierte en adulto a esta edad. Sin embargo, la Biblia no proporciona un soporte directo a la edad de los 13 años como la edad de la conciencia. Más bien, podríamos decir, que ésta varía de un niño a otro. He observado que un niño ha pasado la edad de la conciencia, una vez que es capaz de hacer una decisión de fe a favor o en contra de Cristo.
Con todo lo anterior en mente, también necesito considerar lo siguiente: la muerte de Cristo es presentada, en las Escrituras, como suficiente para toda la raza humana. La primera epístola de Juan dice que Jesús “…es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1ra Juan 2:2). Este verso es claro en que la muerte de Jesús fue suficiente por todos los pecados, no sólo los pecados de aquellos que específicamente han venido a Él en fe.
El hecho de que la muerte de Cristo fue suficiente por todos los pecados permitiría la posibilidad de que Dios aplicara ese pago en aquellos que nunca tuvieron la capacidad para creer.
El pasaje bíblico que parece identificarse con este tema de la muerte de los bebés, más que ningún otro, lo encontramos en el segundo libro del profeta Samuel (capítulo 12 vv. 21-23). El contexto de estos versos relata que el rey David cometió adulterio con Betsabé resultando ella embarazada. Dios envió al profeta Natán para informar a David que por su pecado, el Señor había decretado la muerte del niño. David respondió a esto con lamentos, aflicción, y oración por el niño. Pero, una vez que el niño murió, el lamento de David terminó. Sus siervos se sorprendieron de escuchar esto. Ellos le dijeron al rey David, “¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan. Y él respondió; Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo; ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.”  Esta no es la respuesta de un padre abatido en luto. Es la respuesta de confianza de un hombre conforme al corazón de Dios. La respuesta de David puede ser vista como un argumento de que aquellos que no pueden creer están a salvo en el Señor. David dijo que él podría ir al niño, pero que él no podría traer al niño de regreso con él. También, e igualmente importante, es que David parece ser confortado con esto. En otras palabras, David parecía estar diciendo que él vería al niño nuevamente (en la resurrección de los muertos) aunque él no lo pudiera traer de regreso.
Por último queda una pregunta para contestar: ¿cuándo un niño muere, se convierte en ángel?
 
Debemos decir que de acuerdo a la revelación escritural hay dos tipos de creación. Dios hizo un mundo físico, material con criaturas de carne y sangre, incluyendo los seres humanos. Asimismo Dios creó seres totalmente espirituales que se nombran ángeles. Ellos no están limitados por un cuerpo material como los seres humanos. La Biblia nos dice que Dios utiliza los ángeles como mensajeros a los seres humanos y que existen para alabar y dar culto a Dios y servir a aquellos que son herederos de su promesa.
El error de todos los paradigmas falsos que se proclaman al morir un infante, surge del hecho que resultando muy difícil plasmar una representación o imaginar como son los ángeles, los pintores y los escritores los representaron semejantes a los humanos, con cuerpo y alas. Una gran mayoría de estas representaciones eran niños pequeños con alas (el dios cupido de los mitos romanos).
Los niños que no alcanzaron la capacidad de razonamiento fueron creados como seres humanos. Siempre serán seres humanos. Cuando mueren, no se convierten en ángeles, una clase de criatura diferente. Así como Jesús no llegó a convertirse en ángel cuando murió y resucitó, así no se va a convertir en ángel ningún ser humano. En este mundo nosotros conocemos y amamos a los niños como seres humanos. Después de la muerte los niños siguen siendo seres humanos.
Por tanto, creo que los seres humanos que mueren como bebés o niños pequeños reciben el don de la salvación. No se les da ese regalo porque estén sin pecado; ellos también han heredado la maldición de Adán. Se les da la salvación sobre la base exclusiva de la gracia de Dios, por medio de la expiación de Cristo a su favor.

Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos

(Romanos 5:18-19).

Los bebés no tenían nada que ver con el hecho de ser herederos de la naturaleza pecaminosa de Adán. Por tanto, es lógico que se les pueda dar el regalo de la salvación sin que lo hayan aceptado conscientemente. Sólo el rechazo del amor de Cristo por ellos -algo que no puede ocurrir hasta que alcancen la edad en que les sea posible pecar conscientemente- puede dar como resultado el que pierdan el don de Cristo.

Desde estas líneas y volviendo a la noticia que me llevó a esta enseñanza, quiero expresar compasión y consuelo a los padres de Renzo en este largo camino pleno de coraje y ejemplaridad para apostar a la vida. Solamente puedo abrazarlos en estas pocas palabras, para no decir nada, pero sentir juntos que no están solos en el dolor, y que el amor de Renzo vivirá por siempre en todo aquello que, sin cancelar el duelo ni el dolor, lo recordarán en los días que estuvo vivo entre nosotros. Desde allí descubrirán que la muerte no mata. Sino que desde que el Mesías se manifestó entre los hombres y llevó el pecado humano en sí mismo hasta la muerte de cruz, aquel que está bajo su obrar (en este caso un bebé) aunque esté muerto vivirá en su poder de resurrección.