Laura Arco

¿Cómo Lograr una Cita que Cambie mi Destino?

Por Laura Arco

Cuarta aliyáh: (Shemot/Éxodo 19:1-6) ✍🏼

Shalom!

En relación a la aliyáh de hoy he considerado dos aspectos.

El primero, es tiempo y espacio.

Todas las citas se dan en un punto marcado por esas coordenadas. Moshé sabía con Quién quería encontrarse, por eso dirigió al pueblo a ese lugar. Y llegó en el mes de Sivan. Cuando hay una intención clara, se marcha en dirección definida. No se deambula.

Así, el que quiere ser médico no “visita” otras universidades y facultades, sino sólo donde pueden prepararlo para ser médico. Del mismo modo, los hijos de Israel se encaminaron al Monte, no a cualquiera, donde recibirían la capacitación que deseaban.

El otro tema es el Pacto.

Todo pacto supone al menos dos partes y un propósito. Saber con quién se pacta y qué y para qué se pacta.

Creo que muchos hemos hecho pactos incorrectos y/o con persona incorrectas.

Creo que muchos han pactado con el dios incorrecto y algo incorrecto y ese pacto los ha esclavizado en vez de promocionarlos a un estándar superior.
YHVH es un DIOS TODOPODEROSO y Su Pacto es perfecto. Por eso, si después de haber pactado con Él no hay promoción hay que verificar el propósito. ¿Qué pacté? ¿Para qué?

Está parashá es crucial. Es el corazón de la cita que transforma vidas y destinos.

Deseo que concluyamos en el mismo punto de las Sagradas Escrituras, si no, sólo habremos deambulando por un libro de la Biblia.

La Sabiduría de José

Por Lic. Laura Arco

Y dijo (José) a la mujer de su amo:

(…) ¿cómo , pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?

(Bereshit/Génesis 39:9)

A veces nos encontramos en la encrucijada de negociar con el mundo para conservar aquello que hemos conseguido legítimamente o conservar la amistad del que es el legítimo dueño de todo lo que existe y perder aquellos beneficios.

La sabiduría de José fue permanecer en la convicción de la fe transmitida por Abraham, Isaac e Israel: el temor de Yahvéh.

Ningún hombre puede llamarse sabio si olvida este principio. David ( Sal. 34:9), Salomón ( Ec. 12:13-14), Pablo (He. 13:6) nos marcan el camino del éxito y la prosperidad al instruirnos en el temor y la obediencia solo a Dios, el Eterno.

Al finalizar la aliyah de hoy leemos “porque Yahvéh estaba con José, y lo que él hacía , Yahvéh lo prosperaba“. De ser el mayordomo en la casa de un noble y tener todo el gobierno sobre ella, descendió a la cárcel para ser un prisionero más , carente de toda autoridad y derecho. Sin embargo, su oportuna y sabia decisión fue el salvoconducto que lo convirtió en el hombre de confianza del jefe de la cárcel y volvió a tener autoridad, porque quien se sujeta al Eterno ya es hombre de autoridad y dondequiera que se halle quedará en eminencia.

No era lo mismo la mayordomía de una mansión a la de una cárcel, pero era necesaria esa capacitación para acceder al poder de Egipto. (Para llegar a tener autoridad e idoneidad en un quirófano no basta con ir a la universidad, es necesario pasar y permanecer en la morgue.

Todo se resumen en el gran mandamiento. José amó a Potifar, como no lo amaba su mujer. José sabía que esa honra al amo humano era , en lo terrenal, reflejo de su amor a Elohim. Nadie puede decir que ama a Dios a quien no ve si no ama a su prójimo que sí ve (1Jn. 4:20).

Hermanos amados, atrevámonos a romper con toda intimidación que el príncipe de este siglo intente contra nuestra prosperidad. Solo temamos a Dios y lancémonos con fe a su eterna y perfecta fidelidad.

Shalom.

Lic. Laura Arco
(Maestra)

Hay profetas y… ¡Ay, profetas! (Por Laura Arco)

Por: Lic. Laura Arco

Días atrás al llegar al colegio donde doy clases, me sorprendió un comité de bienvenida que me salió al encuentro. Tanta gentileza, en estos tiempos es más que sorprendente; es más bien sospechoso.

El misterio se develó cuando una joven me preguntó si podríamos ver el partido de fútbol de Argentina-Bolivia que se transmitiría precisamente en el horario de nuestra clase.

La respuesta fue contundente. “¡No!

Varios argumentos poco sólidos surgieron por uno y otro ángulo del aula. Cerré el bombardeo con la pregunta “¿Quieren saber quién gana?” (Silencio). Yo se lo digo y nos ponemos a trabajar. (Más silencio)

Gana Bolivia– martillé.

Brotaron algunos reclamos y quejas, pero débiles como llanto de muñeco Yolibel.

La clase terminó antes que el partido,

Dos días después nos volvimos a encontrar y mis jóvenes discípulos me interrogaron “¿Cómo sabía que Argentina perdía?” Sonriente les dije:” Tal vez soy profeta”. Y muchos rieron. (Yo también).

Lo demás de la conversación no viene al cuento, es un asunto meramente áulico.

En mis soledades he seguido sonriendo al recordar el episodio. ¡“Tal vez soy profeta”!

Me dije “sí hay profetas… pero también ¡Ay, profetas!”.

Así como  por todos lados  ha brotado la Apostolitis, también ha brotado una epidemia de Profetrosis aguda. Hoy cualquiera que predice un acontecimiento tiene la aspiración de Profeta del Altísimo. Ruego a Dios que los meteorólogos no entren en este síndrome porque como dice el refrán ¡“éramos pocos y parió la abuela”!.

Si tomamos las cosas en serio, como debe ser, cualquiera, es decir todo hijo de Dios está habilitado para profetizar, pues sólo debe decir lo que el Padre dice y ya está. Ese bendito libro al que llamamos Biblia no es otra cosa que la palabra de Dios, por lo tanto, decir lo que dice la Biblia es hablar en nombre de Dios, es profetizar.

Ahora bien, hay apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.

No nos debe sorprender que cualquiera que no ha profetizado nunca, en un “de repente”, diga algo de parte de Dios, pues si es voluntad de Él, así será,  como ya lo anunció por boca de profeta justamente.

         “Y después de esto derramaré mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones”.

“Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.

(Jl. 2:28-29)

   Dios es el Padre del ser humano; si alguno cree tener un perfil simiesco, lamento desilusionarlo y decirle que el útero donde se gestó el diseño de la humanidad se llama mente de Dios, y es El quien nos parió, desde luego, a su manera, a la manera de Dios. Lo que ocurre es que no todos los humanos quieren ser hijos suyos, y han optado y adoptado otra paternidad. Pero eso es harina de otro costal. No nos alejemos del asunto de hoy.

Dios prometió la democratización del Espíritu Santo. En tiempos antiguos éste se concedía a personas especiales en tiempos especiales, para cumplir tareas especiales. Pero en Pentecostés ya vimos que esa promesa tuvo su primer cumplimiento (Hch. 2) ¿Qué nos hace pensar que aquello no volvería a producirse?¿No se nos anunció que manifestaciones aún mayores veríamos?

Que no nos asombre que se levanten voces profetizando por doquier. Eso es lo que debe ocurrir. El problema está en discernir quién es profeta (don profeta),  quién tiene un don profético y quién, por derramamiento del Espíritu Santo, en determinado ocasión, habla lo que Dios le manda  hablar.

No todo el que profetiza es profeta.

Como hija de Dios, cada vez que digo lo que está en las Sagradas Escrituras, profetizo.

Si anuncio que “los que sembraron con lágrimas cosecharán con regocijo”, no hago otra cosa que profetizar lo que Él ha dicho que ocurría. (Salmo 126:5). Mi boca habla su palabra que es fiel y verdadera y que permanece para siempre y por lo tanto sigue siendo poderosa y efectiva.

Yo les anticipé a mis alumnos el final del partido. Eso no me hace profeta, aunque el resultado fue acorde a mis palabras. Fue una simple deducción dado que los jugadores argentinos están acostumbrados a la presión atmosférica a nivel del mar y luego jugarían sin haberse aclimatado, y menos adaptado, a la altitud boliviana.

He recibido profecías y profecías. Algunas advierten acerca de los tiempos que se avecinan y dan instrucciones para vencer la adversidad, y explican el qué, el cómo, el dónde, el porqué y el para qué. Estas son como maquetas de las próximas batallas que nos permiten conocer para no perecer. Es el mismo Dios que nos muestra lo oculto porque Él pelea la batalla y todo aquél que en El confíe estará seguro bajo su abrigo y protección (2 Cr.20:20). Cuando  el profeta habla y dice que hay que matar un cordero y ungir el dintel de la puerta, está diciendo  viene una catástrofe, Dios quiere salvarte una vez más. Da evidencia de que aceptas el amor de Dios pintado con sangre, es decir, haz una señal profética.

Las profecías de Ezequiel no son como las de Amós, ni profetizó Jeremías como Habacuc. Jonás no es comparable con Isaías, pero, ¿podríamos decir que alguno no fuera como Daniel, profeta del Señor?

A cada uno, conforme le ha placido al Dueño de la Viña, le ha encomendado hacer su tarea.

No se profetiza al modo judío o no judío, se profetiza desde quién se es, desde la individualidad de cada escogido.

Para un neófito no hay distinción entre cuchilla o cuchillo, basta con una hoja de metal bien afilada y un mango en su extremo. Pero un especialista sabría distinguir y llamar por su nombre a cada variedad y no sólo eso, también sabría seleccionar y escoger conforme a la necesidad y ocasión.        ¡Cuánto más sabe nuestro Creador qué hombre le es instrumento útil para cada mensaje que quiere dar a los hombres de cada tiempo!

Hay profecías de entrecasa, hay profecías para ciudades, para naciones y para los siglos.

Hay profecías que se construyen con las promesas espirituales y hablan de justicia para los que confían en el Señor y castigo para los impíos, de riqueza para los justos y escasez para los avaros.

¿No será de Dios? Claro que sí, pero no hace falta ser profeta para profetizarlas. Por el amor de Dios, ninguno diga de sí lo que Dios no dijo antes, no sea cosa que por sus palabras sea juzgado.

¿Hay profetas? Sí, los hay. ¿Hay falsos profetas? Sí, los hay.

¿Cómo los discernimos? Por el mensaje que dan: no hablan de lo suyo, sino lo de Él; no contradicen las Escrituras sino que se sostienen por ellas; revelan acontecimientos próximos que serán señal; son como espada de doble filo para separar lo santo de lo inmundo; arriesgan su reputación por obedecer a Dios.

Es bueno que unos y otros nos alentemos con las promesas divinas pues “las promesas de Dios son en El sí, y en Él Amén” (2 Co. 1:20), pero no nos autodenominemos profetas, sin su consentimiento. Es peligroso tomar su nombre en vano, así como jugar con el fuego.

Tamuz; un espíritu patrocinador de una farsa

“Mi Pueblo fue destruido porque le faltó concocimiento” 
Oseas 4:6


Y el dicho popular nos enseña que “no hay peor tonto que el que no quiere aprender“.

Año tras año la cristiandad celebra la Navidad y aun los no cristianos. El mundo entero festeja el 25 de diciembre “algo”, especialmente los comerciantes si han logrado buenas ventas.

Las familias, crean o no en el Mesías, se reúnen en una cena a la cual es ofensivo faltar. (La ofensa es grave y suele acarrear celos y contiendas serias entre las distintas ramas sanguíneas).

¿Qués es Navidad?, es la pregunta. Y una respuesta vulgar e infantil sacia la curiosidad del necio: “el cumpleaños de Jesús“.

Entonces nos cuestionamos ¿qué papel cumple Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás o como quieran llamarlo?

Pues, muy sencillo: es el patrocinador de toda esta farsa. Creo que es necesario aclarar que no fue una invención de Coca Cola; no sólo oficio de agente publicitario y de difusión de una campaña iniciada miles de años atrás en Babel. La historia lo registra como Tamuz, Shemot, Moloc, Odín.

Pero, ¿qué puede tener de peligroso este simpático gordito barbudo? ¿ Acaso no trabaja todo el año con sus sumisos y abnegados duendes para complacer a los pequeños “a cambio de nada”?

El necio es peor que el ciego porque pudiendo ver, escoge no hacerlo. La humanidad se ha dejado engañar, ha otorgado licencia para ser embaucada. Ha preferido alegrarse y divertirse con las farsas aparentemente inocentes, en vez de gozarse con la verdad. 

Desde Edén a la actualidad ha aceptado el paradigma de que lo prohibido es mejor que lo lícito y lo deprabado más gracioso que lo honesto. Por lo tanto, “inventar” un personaje bonachón, panzón, que con gran elocuencia simplemente ríe Jo Jo, es más sano que fortalecer la relación de padres e hijos dando reconocimiento al verdadero canal de bendición.

Papá Noel es el mismo espíritu perverso que por los siglos ha perseguido a la Simiente de la Mujer, sólo ha cambiado de atuendo y estrategia; sigue seduciendo a los padres para que le entreguen a sus hijos.Es más emocionante esperar con ansiedad el regalo de Santa que irse a la cama con la paz de saber que hay un Padre que vela día y noche por su bienestar. Implantar y cuidar el desarrollo de la semilla del consumismo es, para muchos, un negocio, mientras que para todos es un magnicidio.

Si gestamos hijos deseosos de varatijas, cosecharemos una generación de pragmáticos materialistas incapaces de discernir, porque el discernimiento es una capacidad del espíritu humano y el consumista es un esclavo de sus deseos sensuales.

¡Ah!…y “¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS! ¡JO JO JO!”
M.A. Laura Arco
Después de estas excelentes líneas los invito a ver este interesante video:

Partida sin regreso

 Autora: Laura Arco

(Todos los Derechos Reservados)

Como dije alguna vez, ¡Dios tiene tantísimos y tan variados métodos para enseñar a sus hijos! Quizás, como educadora que soy, hay en mí una habilidad especial para advertir y admirar métodos y estrategias pedagógicas. Hoy, cuando quedé en la quietud y el silencio de las casa, pues algunos ya no estaban y otros todavía no se levantaban, le preguntaba al Maestro qúe tenía que meditar, aprender y compartir en este día; y quedé a la espera.

Un rato más tarde mi esposo puso música de películas famosas y pude reconocer la banda sonora de “Cinema Paradiso”. Una sola escena vino a mi memoria: cuando el operador del cine, Alfredo, ya ciego, le dice al joven Salvatore que se vaya del pueblo y no vuelva nunca más. Y como cartelitos luminosos se encendieron estas palabras en mi mente:

Ningún profeta es bien recibido en su propia tierra
(Lucas 4:24)
No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.”
(Marcos 6:4)
“…habéis invalidado el mandamiento de Dios por guardar vuestra tradición
(Marcos 7:9)
Vete de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre
(Génesis 12:1)

El joven protagonista de esa película tenía aspiraciones que no se amoldaban a la cultura tradicionalista de su comunidad. Si quería verlas concretadas debía ser en otro ámbito en donde no hubiera “familiaridad”, donde no fuera el “Toto”, sino un hombre con proyectos personales y superlativos.

Cuando Dios le manda a Abram abandonar sus orígenes le está diciendo que Él lo llevará a buen puerto. Lo lleva a un lugar donde Abram podría prosperar de adentro hacia afuera.

¡Cuántas riquezas han permanecido toda una vida encofradas en un ser humano que no pudo ser fructífero al extremo a causa de las ataduras de las convenciones sociales del lugar donde se crió!

¡Cuántos hay que emigran buscando mejores pastos, pero siguen tan atados a esas estructuras mentales como los que se quedaron!

¡Cuántos, sin haber salido jamás de su comarca, llegan a recorrer toda la esfera terrestre y aun alcanzan su centro, o la ven desde la luna!

Así lo hizo Julio Verne, quien jamás cruzó los límites de París ¡pero sí los de su tiempo y cultura!

Desde Mendoza, Argentina, yo me uno a todos Uds., los que leen estas reflexiones y los invito a que nos unamos al que está más allá de las estrellas quebrantando todas las fronteras para ser varones y mujeres superlativos como el mismo Jesús que rompió a todas las barreras que nos separaban del Altísimo.

Oración:
“Amado Papá, te agredezco este llamado a salir de mi conformismo. Siempre me llamas a subir a un nivel mejor. Gracias por mirarme como a Abraham, capaz de engendrar multitudes. Gracias por romperme los moldes una y mil veces, ya que soy adicta a ellos. Gracias por llamarme a la expansión y la libertad. Oigo tu voz _eres mi Papi_ y la sigo. Hágase tu voluntad en mí. Amén.”
Laura Arco
 Maestra Apostólica

El Desagradable Arte de la Queja

Por  Lic. Laura Arco
Maestra Apostólica
Coach del Reino
 

“¿Quién puede anunciar algo y hacerlo realidad sin que el Señor dé la orden?¿No es acaso por mandato del Altísimo que acontece lo bueno y lo malo?

¿Por qué habría de quejarse en vida quien es castigado por sus pecados?

Hagamos un examen de conciencia y volvamos al camino del Señor.

Elevemos al Dios de los cielos nuestro corazón y nuestras manos.

Hemos pecado, hemos sido rebeldes, y tú no has querido perdonarnos.”

 

Lamentaciones 3:37-42
Hace tiempo entendí que igual que el tabaco, el alcohol y el chisme, la queja también es un vicio (que los argentinos pueden llegar en convertir en deporte y hasta en arte).
Quien se dedica a ella se considera superior moral o intelectualmente a otros u otros, pues aquello de lo que se queja se debe a una incapacidad para hacer lo bueno y/o correcto. Si somos víctimas de alguna injusticia es a causa de la inmoralidad de alguien; si lo somos de alguna ineficacia es a causa de la torpeza o ignorancia (o de ambas) de alguien. Pero siempre, en cualquiera de los casos, nos consideramos víctimas y que nosotros podríamos hacerlo mejor.
Todos los humanos somos así, ¿acaso el mismo pueblo de Dios liberado de la esclavitud de Egipto no se quejaba de continuo? Pero los argentinos tenemos la cultura del tango incorporada: la vida es dura, injusta, nos trata mal y nos hace vivir con el ¡ay! en la boca.
Reconozco que yo misma suelo caer en esta trama, tal vez porque he sido entrenada para detectar el error (del otro). Más me hubiera gustado ser entrenada para ver los aciertos.
Si así actuamos en lo intrascendente también lo hacemos con lo trascendente. Si nos quejamos a Dios por lo que nos acontece, y de Él viene lo bueno y lo malo, ¿no le estamos diciendo que Él es moralmente malo o un incompetente?
“Alguien” está obrando en injusticia para que yo esté sufriendo tal situación. Sería bueno considerar que si Dios sólo tiene pensamientos de bienestar para conmigo (Jeremías 29:11) tal vez el injusto sea yo. Es hora de invertir la mirada, de redireccionarla: en lugar del ojo ajeno, miremos el propio (Lucas 6:41).
Nada ganamos con quejarnos, pues ella nos ofusca y obsesiona; nos impide abrirnos a considerar otros ángulos y lo peor los beneficios de las situaciones adversas.
Hagamos las cosas bien y no tendremos de qué quejarnos. Es mucha la tarea y no es fácil, pero es más que necesaria. Sino vivimos la gloria que creemos merecer es porque el Señor la retiene porque su bendición alcanza al contrito y humillado y rechaza al soberbio.
Dios Todopoderoso, nuestro Padre, no mira nacionalidad, y el pecado no discrimina raza o lengua. Seas o no argentino, esta palabra está en la Escritura y es para todos.
Hagamos ayuno de queja y arrepintámonos de nuestras rebeldías que son la causa de todos nuestros males.
Oración:
“Papá, te doy gracias por tu Palabra que alumbra mi camino para que yo pueda corregir mi rumbo. Extiende tu braza y quema mis labios para que sea santificada mi manera de hablar. Sea tu Espíritu Santo mi guía y compañero en esta expedición a mi interior hasta encontrar la raíz de mis males. Sé que amas y nunca me dejarás sola. Me humillo ante Ti y te pido perdón. Bendíceme con una nueva oportunidad. En el nombre de Jesús, el Cristo, nuestro Señor, te lo pido. Amén”.

 

SANTA CLAUS UNA FARSA DIVERTIDA DE UNA CULTURA ASESINA

“Mi Pueblo fue destruido porque le faltó concocimiento” 

Oseas 4:6

Y el dicho popular nos enseña que “no hay peor tonto que el que no quiere aprender“.
Año tras año la cristiandad celebra la Navidad y aun los no cristianos. El mundo entero festeja el 25 de diciembre “algo”, especialmente los comerciantes si han logrado buenas ventas.
Las familias, crean o no en el Mesías, se reúnen en una cena a la cual es ofensivo faltar. (La ofensa es grave y suele acarrear celos y contiendas serias entre las distintas ramas sanguíneas).
¿Qués es Navidad?, es la pregunta. Y una respuesta vulgar e infantil sacia la curiosidad del necio: “el cumpleaños de Jesús“.
Entonces nos cuestionamos ¿qué papel cumple Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás o como quieran llamarlo?
Pues, muy sencillo: es el patrocinador de toda esta farsa. Creo que es necesario aclarar que no fue una invención de Coca Cola; no sólo oficio de agente publicitario y de difusión de una campaña iniciada miles de años atrás en Babel. La historia lo registra como Tamuz, Shemot, Moloc, Odín.
Pero, ¿qué puede tener de peligroso este simpático gordito barbudo? ¿ Acaso no trabaja todo el año con sus sumisos y abnegados duendes para complacer a los pequeños “a cambio de nada”?

El necio es peor que el ciego porque pudiendo ver, escoge no hacerlo. La humanidad se ha dejado engañar, ha otorgado licencia para ser embaucada. Ha preferido alegrarse y divertirse con las farsas aparentemente inocentes, en vez de gozarse con la verdad.

Desde Edén a la actualidad ha aceptado el paradigma de que lo prohibido es mejor que lo lícito y lo deprabado más gracioso que lo honesto. Por lo tanto, “inventar” un personaje bonachón, panzón, que con gran elocuencia simplemente ríe Jo Jo, es más sano que fortalecer la relación de padres e hijos dando reconocimiento al verdadero canal de bendición.

Papá Noel es el mismo espíritu perverso que por los siglos ha perseguido a la Simiente de la Mujer, sólo ha cambiado de atuendo y estrategia; sigue seduciendo a los padres para que le entreguen a sus hijos.Es más emocionante esperar con ansiedad el regalo de Santa que irse a la cama con la paz de saber que hay un Padre que vela día y noche por su bienestar. Implantar y cuidar el desarrollo de la semilla del consumismo es, para muchos, un negocio, mientras que para todos es un magnicidio.
Si gestamos hijos deseosos de baratijas, cosecharemos una generación de pragmáticos materialistas incapaces de discernir, porque el discernimiento es una capacidad del espíritu humano y el consumista es un esclavo de sus deseos sensuales.
¡Ah!…y “¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS! ¡JO JO JO!”
M.A. Laura Arco
Después de estas excelentes líneas los invito a ver este interesante video:

Pequeñas Coberturas

M.A. Laura Arco

Mendoza, Argentina

 

Hay situaciones cotidianas y de poca relevancia que suelen funcionar como disparadores para la reflexión.

A mí me agradan, tal vez porque ponen en evidencia varias cosas, por ejemplo, que no somos seres meramente carnales, sino que desde nuestra naturaleza material y sensible estamos siempre listos para brincar y entrar y funcionar en el medio que nos es más propio y propicio, el espiritual.

 

“Lo que ha nacido de la carne, carne es;
y lo que ha nacido del Espíritu, espíritu es”.

(Juan 3:6)

Por otro lado, porque entiendo que toda la realidad es un sistema de códigos que conllevan en forma latente mensajes superiores. Todo está a la vista y, paradójicamente, oculto. Cada cosa es como una moneda, con dos caras; la una exhibe un aspecto y la otra un valor. Normalmente vemos sólo una, la material, externa, sensible; a la otra sólo la intuimos.

Cuando miramos un semáforo no vemos solamente tres luces de color encendiéndose alternadamente. Por la vista captamos las señales lumínicas, pero en ellas y a través de ellas está lo más preciado, que es el mensaje. Entendemos que éste es más importante que la estética de esa organización cromática. Sin embargo, por importante que el mensaje sea está sujeto al esquema visual.
Así observo que Jesús mostraba los semáforos para que se conociera la verdad y el funcionamiento de las leyes espirituales; me refiero a las parábolas.

” …a vosotros os es dado saber
los misterios del reino de los cielos…
les hablo en parábolas porque
viendo no ven y oyendo no oyen
ni entienden 
Abriré en parábolas mi boca;
declararé cosas escondidas
desde la fundación del mundo.”
(Mateo 13: 11, 13; 35)

El tema de la codificación de la verdad, invisible y sobrenatural, diseño eterno, es muy amplio y complejo y merece un abordaje más sistemático y extenso. Sin embargo, era necesario este breve comentario para poder compartir mi observación, y, a partir de ella, leer el mensaje oculto.

Últimamente he prestado atención a un hecho trivial y rutinario, que en verano se repite con frecuencia diaria. (Entiendo que Dios tiene una didáctica infinitamente variada para enseñarnos y advertirnos.)

¿Cuál es el hecho en cuestión? Cuando mi esposo y yo nos acostamos, como hace calor, lo hacemos sobre la sábana inferior, muy ligeros de ropa, y no nos cubrimos (¿Quién no, verdad?) A medida que nos vamos relajando y entrando en el sueño nuestra temperatura corporal baja al punto que ambos, simultáneamente, sin habernos puesto de acuerdo, acudimos a extender la sábana superior y cubrir nuestra desnudez. Nos basta esa sola y liviana cobertura para sentirnos cómodos y continuar nuestro descanso.

Varias noches consecutivas ocurrió lo mismo, sin que yo le prestara atención a la coincidencia. Pero un día, al despertar, vi lo que antes no había visto, y esta acción rutinaria cobró sentido. Me llamó la atención nuestra sincronización para buscar la sábana, pero más aún el ver que una cobertura tan liviana nos brindara tanto bienestar. Y he aquí el brinco de la vulgar a lo significativo.
Desde unos años a esta parte oigo hablar de coberturas ministeriales y miro a mi alrededor buscando ejemplos de coberturas y le pregunto a Dios qué es, en qué consiste y cómo debe ser, porque lo que veo en derredor me confunde y no me satisface.

En algunos casos, basta que alguien solicite a otro una extensión de su registro de culto y una bendición para funcionar, y otras, una larga lista de requisitos a cumplir para conceder al otro esa tan anhelada cobertura. Pero…¿Qué es?

¿Una cuestión legal? ¿Una formalidad? ¿Un convencionalismo social o eclesiástico? ¿Una credencial para ser reconocido como “un alguien” y no como un NN?

Creo que haberle hecho la pregunta al que Todolosabe me hizo observar el asunto de la sábana de mi lecho conyugal.

Descubrí que no la busca uno u otro, sino que ambos, los dos que integramos esta unidad de amor llamada matrimonio, pareja de pacto, nos movemos en el mismo sentido.

Descubrí que la cobertura nos alcanza a ambos y cubre toda nuestra desnudez, modo que si algún intruso se atreve a invadir nuestra zona privada, sólo verá nuestras cabezas.

Descubrí que esa cobertura es tan liviana que nos permite mover en libertad, como el cuerpo lo desee o necesite. Nos cubre, no nos aplasta. No es una carga pesada, sino ligera.

Descubrí que nos protege de lo que nos pudiera afectar desde afuera, como de los mosquitos, y no permite que se nos escape el calor propio, o que el fresco de la madrugada nos incomode o dañe. Esta cobertura es tan agradable que podemos estar en reposo.

Las parábolas, en el sentido más estricto, no son más que comparaciones, es decir “lo que se pone al lado para conocer mejor”. Si debo interpretar esta experiencia como parábola que el Padre me puso para que yo, por fin, viera, debo aplicar las características de cobertura física a la espiritual.

Y así descubro que algo anda mal, pero muy mal. Un registro de Culto no ofrece lo que ofrece mi sábana; tampoco una denominación. Si entendemos que cada congregación es una unidad de amor, igual que un matrimonio, también entendemos que el pacto tiene el mismo carácter. Ningún registro proporciona amor; sólo el reconocimiento de parte del Estado de que un cierto número de personas concuerdan en una práctica de fe, la cual le permite llevar estadísticas que podrán o no incidir en políticas socioculturales.

 

Por otra parte, las denominaciones, al menos las que yo he podido conocer, se asemejan más a las sectas de fariseos, saduceos, zelotes y herodianos que a una comunidad en la que los ancianos se convierten en mentores de los más jóvenes desplegando paternidad sobre ellos.

Meditando sobre este punto el Espíritu Santo me trajo a memoria la historia del joven profeta que fue instado a desobedecer a Dios por un viejo profeta, hombre de experiencia, lo cual le significó la muerte y fin de su ministerio (1Reyes 13).

Todos los que habiendo leído el Evangelio hemos creído y entregado nuestra vida a Jesucristo hemos aceptado el mensaje completo, sin restricciones, sin “peros” o quejas y nos hemos dispuesto a obedecer en todo, aun en lo que no entendemos. Como María, con la misma fe y disposición hemos dicho con asombro y sin dudar:

“¿Cómo será esto?” (Lucas 1:34)
“He aquí la sierva del Señor,
hágase conmigo conforme a tu palabra.” (Lucas 1:38)

Pero luego, los más viejos, experimentados teólogos, conocedores del oficio, repetidores de cientos y cientos versículos de memoria, expertos “críticos” de las Escrituras, empiezan a contaminar la fe de los nuevos siervos con los “sí, pero”, de modo que la obediencia es a medias, o sea, es servicio en desobediencia.

Y como hay dos formas de tener éxito: una dándole a la gente lo que la gente pide, y otra, dándole lo que la gente necesita, fácilmente se confunde el camino y los bien intencionados terminan siendo engañados y explotados. La primera forma da un resultado rápido, aunque efímero y sin fruto aceptable. La segunda, es dolorosa, ardua y a muy largo plazo, pues sólo los escogidos la pueden oír (ejecutar). (Juan 6:60)

La mayoría de las veces ocurre esto: la tradición de las denominaciones, defendida por los “viejos profetas”, invalidan la Palabra de Dios (Marco 7:13) y los jóvenes pierden su camino, pues ingenuamente aceptan su cobertura, comen su pan y beben su agua y toman otro rumbo, ya no es el que Dios les mostró.

Algunos dicen: “No, yo no sirvo a una denominación” y hablan de redes apostólicas y proféticas que no difieren mucho de las denominaciones tradicionales.
La era de la Apostolitis y el Redismo ha constituido comunidades que se dijeron:

 

“Vamos, edifiquémonos una ciudad
y una torre, cuya cúspide llegue
al cielo; hagámonos un nombre,
“por si” fuéremos esparcidos sobre
la faz de la tierra.”
(Génesis 11:4)

Alcanzar los cinco continentes con redes apostólicas que se extienden no por el poder del Espíritu Santo ni con el nombre de Jesucristo, sino por contrataciones y bajo el nombre de un profeta o apóstol, o ministerio de “tal”, no agrada al Señor y no da cumplimiento a las :últimas palabras de Jesús antes de ser ascendido:

“recibiréis poder cuando haya venido
sobre vosotros el Espíritu Santo y me seréis
testigos en Jerusalén, en toda Judea, en
Samaria, y hasta lo último de la tierra”
(Hechos 1:8)

No es suficiente predicar el Evangelio; eso lo hacen todas las religiones cristianas, y algo similar, las ideologías y filosofías de toda estirpe. Es preciso ser testigos con poder y eso sólo es posible creyendo y obedeciendo sin restricciones al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

¡¿Cuántos ministerios son testigos de otros nombres, y no de Cristo?! ¡Cuántos sienten su respaldo en el poder del marketing que da pertenecer a determinada red! ¡Cuántas contrataciones! El Señor ha prometido vaciar esas mansiones.

“A causa de la multitud de sus contrataciones
fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que
Yo te echaré del monte de Dios, y te arrojaré
de entre las piedras de fuego, oh querubín protector.”
(Ezequiel 27:16)

Parece que hoy en día es poco o insuficiente decir “Soy la Iglesia de Cristo”. Da más prestigio decir que “ese ministerio” o “esa red” me dan cobertura, que confiar que el poder del Altísimo cubrirá. (Salmo 91:1; Lucas 1:35).

 

No hay nombre de persona, ministerio, asociación, red o denominación que pueda cubrir nuestra desnudez. Sólo la gloria de Dios sobre una Iglesia que se reconoce esposa de Cristo y deja ver que la cabeza es Cristo es verdadera cobertura. Los demás son pequeñas coberturas. (Efesios 5:23).

 

De ningún modo quiero decir que no sean necesarias las coberturas. No. Todas las noches acudíamos a ella en el lecho. Pero no nos equivoquemos; si no hay paternidad no hay buena cobertura y una buena paternidad enseña a confiar en Dios Abba y a creerle siempre y todo lo que Él dice.

 

M.A. Laura Arco