Enseñanzas

Yeshúa y el Misterio del Mesías Leproso: Una Anatomía Espiritual de la Redención

Por P.A. David Nesher

Introducción La exégesis bíblica tradicional a menudo ha pasado por alto las dimensiones metafísicas de la enfermedad y la santidad, reduciéndolas a términos meramente físicos o morales. Sin embargo, al profundizar en las porciones de la Torah Tazría y Metzorá, se revela un código encriptado que vincula la condición humana, el poder de la palabra y la figura del Mesías bajo un epíteto aparentemente contradictorio: el «Mesías Leproso». Este concepto, fundamentado tanto en la Tanaj como en las reflexiones del Talmud, propone que la redención no es un acto de magia externa, sino un proceso de reintegración de la luz divina en una humanidad fragmentada.

La Naturaleza de la Tzaraat: Más allá de la Patología El análisis comienza corrigiendo una imprecisión histórica: la Tzaraat, traducida comúnmente como lepra, no es una enfermedad bacteriológica, sino una manifestación espiritual de origen divino. En el contexto de la Torah, la Tzaraat es una disciplina (un cela o pausa forzada) impuesta por el Eterno sobre aquel que ha incurrido en el Lashón Hará (el mal hablar).

El ser humano es definido esencialmente como «el hablante». Esta capacidad no es un rasgo biológico fortuito, sino el mecanismo diseñado para que el Verbo (Davar o Logos) se exprese en el mundo físico. Cuando el hombre utiliza su voz para el egoísmo, la división o la queja, desconecta su alma de la fuente de luz. La mancha de la «lepra» en las paredes de la casa o en la piel es, por tanto, una señal de que la energía de santidad (Kedushá) está chocando contra la impureza del receptor, provocando un cortocircuito que se manifiesta como juicio.

El Mesías como Siervo Leproso (Isaías 53) El núcleo de la enseñanza se encuentra en la reinterpretación de Isaías 53. Al cruzar el texto profético con el Talmud (Sanedrín 98b), se identifica al Mesías como aquel que está sentado a las puertas de Roma, vendando sus propias llagas entre los leprosos. El título de «Mesías Leproso» no es una depreciación de su dignidad, sino una descripción de su función vicaria.

Para que la humanidad sea restaurada, el Mesías asume la condición de Metzorá (leproso). Él se coloca «fuera del campamento» —el lugar de la exclusión y el dolor— para tomar sobre sí los rigores y juicios que la humanidad ha generado por su mala gestión de la luz. En este sentido, el sufrimiento del Mesías es un misterio dividido en tres partes: la humillación, el dolor inexplicable y la tristeza inconsolable. Al hacerse «lepra» por nosotros, él se convierte en el puente que permite que el impuro regrese a la presencia de Dios.

La Función del Cohen y la Limpieza Espiritual Un punto crucial de la enseñanza es la distinción entre «curar» y «limpiar». En el ministerio de Yeshua, no se trataba simplemente de eliminar un bacilo, sino de declarar al hombre «limpio» para que pudiera reintegrarse a la comunidad y al propósito divino. Al tocar al leproso, el Mesías no se contamina, sino que irradia una intensidad de santidad tal que consume la impureza.

La sanación, bajo la perspectiva de Yahvé Rafá, se entiende como un proceso que ocurre de adentro hacia afuera: el alma es sanada de su desconexión y, como consecuencia, el cuerpo refleja esa armonía. El rigor de Dios (Geburah), que para el desobediente parece castigo, para el redimido se revela como un poder intenso para generar milagros y reparar el mundo (Tikún).

Conclusión El ensayo de esta enseñanza nos invita a reconocer nuestra propia «cuarentena espiritual». La figura del Mesías Leproso nos confronta con la realidad de que todos, en algún momento, hemos estado fuera del campamento debido a un lenguaje y un deseo desconectados del diseño original. Sin embargo, la promesa mesiánica es que, a través de aquel que cargó con nuestras llagas, la humanidad puede ser purificada. La meta final es que cada ser humano recupere su función como administrador de la luz, utilizando la palabra no para el caos, sino para manifestar la justicia y la santidad del Eterno en la tierra.

Te invito a ver más de esto en el Aula Virtual de HOY

También te puede interesar leer estas BITÁCORAS:

¿Cómo Liberarse de las Emociones Reprimidas?

Por P.A. David Nesher

La parashá Sheminí muestra que la Torah (Instrucción) divina es eterna. No hay ciencia humana que pueda invalidarla ya que todas provienen de sus códigos lumínicos.

En esta oportunidad comprenderemos como manifestar nuestra nobleza, desarrollando una mentalidad regia por medio de una vida guiada por la Instrucción de la Luz Infinita, y una alimentación acorde a las leyes del kashrut que el Eterno ordena.

Te invito a escuchar esta enseñanza llena de códigos de Sabiduría con una menta abierta y dispuesta a desaprender:

También puedes considerar esta BITÁCORA:

¿Dios Protege al Pecador?… ¿Qué significa Jatat?

Por P.A. David Nesher

 “Habla a los hijos de Israel, diciendo: Si alguien peca inadvertidamente en cualquiera de las cosas que YHVH ha mandado que no se hagan, y hace alguna de ellas; si el que peca es el sacerdote ungido, trayendo culpa sobre el pueblo, que entonces ofrezca a YHVH un novillo sin defecto como ofrenda por el pecado, por el pecado que ha cometido.

(Vayikrá/Levítico 4:2-3) 

Sin duda alguna debo comenzar diciendo que, al mencionar las ofrendas del Mishkán o Tabernáculo (más tarde el Templo), las imágenes que se aparecen en la mente moderna son barbáricas, paganas y primitivas. Matanza de animales, sangre y tripas que son llevadas a altares, quema de incienso y sacerdotes con vestimentas elaboradas realizando rituales complejos pero aparentemente sin sentido.

Sin embargo, dado que una parte importante de la Torah (la mayoría del libro de Vayikrá Levítico) se dedica a las detalladas leyes de las ofrendas, parecería que este tema tiene una importancia más profunda que nos demanda una detenida y profunda investigación.

En el día de hoy nos toca considerar un korván (ofrenda) lleno de códigos que revelan la gracia infinita de nuestro Dios. El mismo es llamado en las Sagradas Escrituras con el nombre de jatat, que es el nombre que se le da a la ofrenda por el pecado.

Comenzaré comentándoles que palabra jatat, se puede traducir como “error” y “pecado”. Esta palabra proviene de la raíz jatá, que significa “fallar”, “errar”, “pecar”.

También les diré una interesante curiosidad escritural. Cuando leemos el versículo 23, de este capítulo 4, nos damos cuenta que esta ofrenda también es llamada korbán, término que nos revela que también es un medio para poder ascender a YHVH para sentirse más cerca de Él. Pero, lo interesante es saber que en el resto de los versículos de este capítulo normalmente no se usa la palabra korbán (“ofrenda” o “ascensión”), como en el caso de la olá y la minjá, sino sólo le-jatat, que en la versión Septuaginta fue traducida simplemente como “pecado”. Así que el término griego técnico para una ofrenda de pecado es simplemente “pecado”. Tendiendo en cuenta este hecho, podremos entender correctamente el texto griego de la segunda epístola a los discípulos de Corintios donde está escrito:

“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en él.”
(2 Corintios 5:21)

Esto significa que el Mesías fue hecho un sacrificio de pecado, en hebreo un le jatat, por nosotros. Es decir que no es que él haya sido hecho pecado, en el sentido literal de la palabra (como lo explican los líderes cristianos), sino que en esa expresión hay una alusión clara al sacrificio de pecado que encontramos en el capítulo cuatro de Levítico.

Pecados por omisión y por premeditación: ¿cómo los trata Dios?

Ahora quiero enseñarles una cosa más en cuanto a este interesante asunto. Existen dos tipos de sacrificios por el pecado: jatat y asham. El primero expía por ciertos pecados cometidos por error u omisión, el segundo expía por ciertos pecados cometidos con premeditación.

El jatat expía por los pecados cometidos contra los mandamientos negativos que si hubieran sido cometidos deliberadamente, el pecador hubiera sido reo del castigo de caret (extirpación) del Pueblo. Hay 43 pecados de este tipo, la mayoría de ellos son de relaciones sexuales prohibidas. El jatat sólo expía por estos pecados cuando son cometidos por ignorancia. Esto nos enseña que la falta de conocimiento no exime al pecador de su responsabilidad. El que peca sin saber también es culpable delante del Eterno.

Al leer el versículo que encabeza esta bitácora, vemos que en el primer caso se habla del sacerdote ungido que peca, trayendo culpa sobre el pueblo.

La Torah revela que como el Sumo Sacerdote (Kohen Gadol) representa al pueblo, su pecado repercute sobre toda la nación. El pecado también puede consistir en que el Kohen Gadol haga una mala interpretación de la Torah y luego él mismo siga esa decisión halájica equivocada resultando en que también el pueblo la siga. 

La expresión “el sacerdote ungido” es la traducción del hebreo ha-kohén ha-mashíaj. Ésta es la primera vez que aparece la expresión ha-mashíaj, “el ungido”, en la Torah. Dicha expresión aparece tres veces en esta aliyá (v. 3, 5 y 16). Ahora bien, no sé si logran darse cuenta de la maravilla que esto revela: ¡Es muy significativo que la primera vez que el Mesías es presentado en la Torah, es en relación con el sacrificio de pecado! Tenemos tres versículos como testigos firmes que muestran que la tarea primordial del Mesías es redimir el mundo por medio de su propio sacrificio de pecado “para que todo aquel que cree en él, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Al leer el versículo notamos que dice así: “si el que peca es el sacerdote ungido (HaMashíaj), trayendo culpa sobre el pueblo” En este texto está escrito que HaMashíaj es el que tiene pecado y ese pecado llega sobre el pueblo. La imagen de la sombra mesiánica está invertida, ya que en el arquetipo divino es el pecado del pueblo el que vino sobre el Mesías Yeshúa, y la justicia suya vino sobre el pueblo.

Al leer el versículo 5 vemos que está escrito:

“Luego el sacerdote ungido (HaMashíaj) tomará de la sangre del novillo y la traerá a la tienda de reunión”

Aquí está escrito que HaMashíaj es el que trae la sangre al Mishkán (Tabernáculo). Así mismo, en el arquetipo divino, fue Yeshúa el Mesías quien llevó su propia sangre al Santuario Celestial.

En el versículo 16 vuelve a aparece una expresión semejante:

“Entonces el sacerdote ungido (HaMashíaj) traerá sangre del novillo a la tienda de reunión”

La Torah revela aquí que parte de la sangre debía ser llevada sí o sí al Mishkán. Esto anunciaba el momento cuando el Mesías Yeshúa llevaría Su bendita sangre al Santuario Celestial, tal como queda explicado en el libro de Hebreos:

“… y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, habiendo obtenido redención eterna.”
(Hebreos 9:12)

Según el intérprete Rashí, el novillo tiene que tener tres años de edad, figurando así a Yeshúa, quien cumplir su obra redentora, ya tenía tres años de ministerio terrenal.

Enfocándonos más detalladamente en la halajá de este korbán nos encontramos con la revelación de que una vez que la sangre del novillo era llevada dentro del Tabernáculo, el resto del animal no se podía comer, sino que debía quemado fuera del campamento (cf. Levítico 4:21; 6:30; 16:27, Hebreos 13:11-12). Por favor, tengamos en cuenta que esto nos habla de la muerte del Mesías, cuya sangre fue llevada al interior del santuario celestial, pero su muerte ocurrió fuera de las murallas del Templo, cerca del altar que estaba en el Monte de los Olivos.

Es muy importante que al ver los korvanot, tengamos en nuestra mente que todos los sacrificios son sombras del sacrificio del Mesías ya que base del sacrificio del Señor estos sacrificios obtienen validez delante de YHVH.

Ahora quiero invitarlos a que miren un detalle asombroso de la gracia divina escondido en estos korvanot:

“Pondrá su mano sobre la cabeza del macho cabrío y lo degollará en el lugar donde se degüella la ofrenda de ascensión delante de HaShem; es una ofrenda por el pecado.” (v. 24)

Resulta que en el lugar donde era degollada la olá, es decir al lado norte del altar, se degollaba también el jatat, con un solo objetivo: no avergonzar al pecador (cf. v. 29, 33). Así los demás ofertantes no veían si el sacrificio era de ascensión o de pecado, y no se daba lugar para pensamientos prejuiciosos y lashón hará (lengua maligna) contra el pecador que regresaba a YHVH.

Es decir, que cuando una persona venía con un sacrificio al Tabernáculo todo el mundo podía ver esa acción. Pero lo interesante de esto es que no se sabía a qué venía el sacrificio, si era para una ofrenda de ascensión (olá) o una ofrenda de pecado (jatat), ya que ambas ofrendas se ofrecían en el mismo lugar. Nadie más que el pecador arrepentido y el sacerdote de turno sabían para qué era dicho sacrificio. De esa forma el pecador arrepentido quedaba protegido de las habladurías de la gente, porque no sabían que su ofrenda era de pecado.

Este detalle nos enseña que el Eterno es muy cuidadoso para no avergonzar al hombre, especialmente cuando tiene un corazón arrepentido. En lugar de exponerlo en público lo protege y no solamente cubre su pecado mediante el poder de la expiación del sacrificio sino también cubre su honra por medio de esta ley que estamos estudiando. ¡Es evidente que el Eterno protege de esa manera la fama de cualquier pecador arrepentido!… ¡Su amor es grande y asombroso!

Así mismo hoy la Torah divina persigue que aprendamos de nuestro Padre celestial y lo emulemos en lo mismo. En sus líneas está claro que no debemos actuar avergonzando a uno que está arrepentido de su pecado y, por lo tanto, jamás debemos revelar los pecados de los demás, si estos ya han sido perdonados por el Eterno en la Sangre preciosa de nuestro Señor Yeshúa.

¡Alabemos al Eterno por su amor, su perdón y su respeto al hombre!

¡¿Dios Justifica al Impío?!… ¿Cómo Puede Ser Eso?

Por P.A. David Nesher

«Aléjate de una palabra falsa, y no mates al inocente ni al justo, porque yo no absolveré al culpable.

(Éxodo/Shemot 23:7)

Al estudiar este mitzváh (mandamiento), notamos que los jueces establecidos por la Torah tienen prohibido decretar la pena capital en base a pruebas inconsistentes o en base a lo que su lógica y/o prejuicios le s indique. Sólo son válidos los testimonios certeros. Entendiendo esto, concluimos que la entrega de Yeshúa para ser ejecutado fue totalmente ilegal, contraria a la Torah. Todos los que participaron en su juicio y muerte sabían que Él era inocente. Sin embargo, y a pesar de ello, el Maestro fue ejecutado.

Ahora bien, si este mandamiento revela que el Eterno no absuelve al culpable, entonces ¿cómo puede perdonar al pecador y no darle conforme a sus pecados?

La respuesta es: cuando el pecador se arrepiente, YHVH suple con el sacrificio de su Hijo que murió en su lugar para llevar su pena de muerte y salvarle eternamente. La muerte de Yeshúa es la única base justa sobre la cual el Eterno puede perdonar al pecador y justificar al impío, tal y como lo dejó escrito la pluma del apóstol Pablo:

“… aquel que justifica al impío.”
(Romanos 4:5b)

¡Bendito Sea Su Nombre!… ¡El Eterno absuelve al culpable! ¡Esto es el evangelio!

Ahora bien, seguramente alguno de ustedes estará argumentando: sí, está bien, en Romanos 4:5 dice que Dios justifica al impío, pero al leer Proverbios (17:15) encontramos que el que justifica al impío es abominación a YHVH. ¿Cómo puede ser esto? ¿Cómo puede ser correcto para Dios hacer esto?

Pues bien, es un planteo muy interesante. Para responderlo, propongo que comencemos por dar lectura al texto que se encuentra en Proverbios 17:15 donde dice: «El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a YHVH.» (por favor, comparar también con Proverbios 24:24)

Para entender lo que este proverbio dice es necesario pensar en un juez injusto. ¿Qué es lo que hace injusto a un juez? Pues absolver al culpable, o al impío y condenar al inocente o al justo. Ambas cosas son abominación al Eterno, tal y como lo estamos viviendo en el mitzváh considerado en esta reflexión (Éxodo 23:7).

Al leer la versión Dios Habla Hoy, leemos este proverbio de la siguiente manera:

«Perdonar al culpable y condenar al inocente son dos cosas que no soporta el Señor.»

¿Logran ver el asunto? Ahora vamos a la otra cita paulina mencionada por mí más arriba. La misma, como lo he citado, se encuentra en Romanos 4:5, pero veo necesario aquí incluir el contexto. Por favor, leamos desde el versículo 1 hasta el versículo 8, donde dice:

«¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.
Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo:
Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.
Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.»

Como bien notamos aquí, Elohim no está absolviendo a un culpable así como lo haría un juez corrupto. Lo que está pasando es que Él esta viendo el corazón de un culpable y allí en ese corazón existe fe para reconocer que Yeshúa es el Mashiaj del Eterno, y que recibió en la cruz el castigo que ese pecador culpable merecía por su pecado. Por esta emunáh (fe), Elohim perdona a ese pecador.

La TaNaK por tanto declara: ¡Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas! Es así es como el Eterno justifica al impío que cree en el Mesías como su Salvador y Dueño. No es que el Eterno se hace de la vista gorda para dejar pasar el pecado del impío. YHVH tuvo que pagar con la vida de su Hijo unigénito, para poder perdonar los pecados del hombre y de esa manera justificar al impío. ¿Logran ver la diferencia?

Para entenderlo mejor, les diré que el apóstol Pablo, en esta epístola, ha mostrado hasta el capítulo 3, que todos los seres humanos están bajo pecado y quedan bajo el juicio de Elohim. Pero, desde el versículo 21, el apóstol dirige su atención hacia el remedio de la enfermedad universal, que es el pecado, y al juicio, al escribir:

“Pero ahora, aparte de la Torah, se ha manifestado la Justicia de Dios, testificada por la Torah y por los profetas; la Justicia de Dios por medio de la fe en Yeshúa HaMashiaj, para todos los que creen en él.»
(Romanos 3: 21-22)

Esta es la mejor noticia del mundo para quienes sentimos nuestra culpa ante YHVH y conocemos que nuestra justicia es completamente inadecuada para ganar el favor de Dios. La buena noticia es que el Eterno, en su gran amor benevolente, ha provisto una justicia disponible para todo aquel que encuentre su confianza para la vida, en Yeshúa HaMashiaj. Así, comprendemos y aceptamos que no podemos trabajar para ganarnos este regalo, ameritarlo, o merecerlo; pero está allí para todo aquel que ponga su esperanza en el Mesías, y acepte Su Yugo como vocación para su ministerio de servicio en la Tierra.

Lo cierto, que en el mensaje de Pablo y los demás apóstoles, esta inmensamente buena noticia creaba un problema de acuerdo a la Luz de la Torah misma. Para responder, con la ayuda del Espíritu de Dios, el apóstol Pablo lidia en los versículos 24-26, en los que escribe: “… siendo justificados gratuitamente por su gracia” (v-24). Pero no se detiene ahí. Va más profundo y da las bases o los cimientos de la justificación. La absolución del culpable tiene lugar sobre las bases de una transacción divina que ocurre en la experiencia del Mesías hecho carne. Esta transacción es llamada en este mismo versículo “redención” (en hebreo Guehulá), es decir, la «compra» o «rescate del exilio«. O sea, que para los discípulos del primer siglo, algo había ocurrido en la muerte injusta de Yeshúa que sirve poderosamente como base para perdonar a millones y millones de pecadores que confían en Él como el Mashiaj de Elohim. ¿Qué fue lo que ocurrió?

Pablo da la respuesta en los versículos 25 y 26:
“… a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.”

Aquí vemos el problema que la justificación del impío causaba para Pablo. La justicia de Dios está llamada a ser cuestionada por haber pasado por alto los pecados. El Eterno está ahora pasando por alto los pecados de aquellos que confían en Yeshúa. Y el capítulo 4 en los versículos 6 al 8 muestra que Dios ha estado haciendo lo mismo durante generaciones, a los que confían en él:

“Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.”

Pablo, en su enseñanza a los creyentes de Roma, está diciendo que YHVH ha pasado por alto los pecados de ancianos cuando justificó a Abraham y a David por fe, y ahora está pasando por alto los pecados de todos los que confíen en Yeshúa. Y afirma en el versículo 25 que a causa de esto la justicia de Dios está siendo cuestionada, tanto que tiene que demostrar su justicia poniendo a Mashiaj como propiciación mediante la fe en su sangre.

Entonces, la solución al gran conflicto cósmico, en una palabra, es la muerte de Yeshúa. Según el versículo 25, el Eterno pone a Mashiaj como propiciación “por medio de […] su sangre.”, (dicho de otro modo: por medio de su muerte).

¿Cómo podría YHVH mantener el valor de su propia gloria y todavía ser justo; y, sin embargo, justificar al impío cuyo pecado ha mancillado y despreciado esa gloria? La respuesta dada (y que ya hemos leído en los versículos 25 y 26), es: Enviando a Yeshúa como Su Mashiaj para que muriera en la cruz, demostrando así la justicia de Dios.

Entonces, todo lo que vemos en este texto paulino es que lo que Yeshúa sufrió, lo sufrió primordialmente para el bien de la Gloria de Dios. Por tanto, todo su dolor, vergüenza, deshonra, y humillación sirvió para magnificar la Gloria del Padre, porque mostró cuan infinitamente valiosa es la gloria de Dios, de manera que una perdida como esa debía ser sufrida por su bien.

Así pues, cuando miramos a la terrible muerte que sufrió el perfectamente inocente e infinitamente valioso Hijo de Dios en la cruz, y escuchamos que sufrió todo eso para que la Gloria de su Padre pudiera ser restaurada, entonces sabemos que el Eterno no ha negado el valor de su propia Gloria.

YHVH no ha dejado de ser justo y verdadero consigo mismo; no ha dejado de defender su honra y mostrar su gloria, Él es eternamente justo. La horrible muerte del Hijo es el medio por el cual el Padre puede ser ambas cosas, justo, y el único que justifica al impío que tiene fe en Yeshúa.

Este es un pensamiento glorioso, dado en herencia de fe a nuestras almas. Nuestra justificación no está basada en un sentimentalismo débil y barato. Está basada en la inconmovible Roca de la inaccesible justicia de YHVH, demostrada en la muerte y certificada en la resurrección de nuestro Señor Yeshúa HaMashiaj.

Terminaré aquí con unas palabras de un famoso predicador cristiano :

«Las únicas personas que pueden necesitar justificación son aquellas que no son justas en sí mismas. La obra de Dios no consiste en hacer justo a quien es justo; pues esa sería una labor para un necio; por el contrario, hacer justo a quien es injusto, esa es una obra de amor y misericordia. Justificar al impío: ese es un milagro digno de Dios.

Charles Spurgeon

Y ahora, antes de despedirme, sólo me queda elevar mi oración para que la aliyáh de hoy, y especialmente esta catequesis, sea una raíz profunda y una gran fortaleza a nuestra fe cuando conmemoremos la muerte de nuestro Señor Yeshúa juntos en la próxima Mesa de Partimiento del Pan…

Shalom!

¡Para que te Crean para Siempre!

Autor: Profeta Tony Yosef González

Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron:
«Todo lo que Yahvéh ha dicho, haremos.
Y Moisés refirió a Yahvéh las palabras del pueblo.
Entonces Yahvéh dijo a Moisés:
He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre.
Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Yahvéh
.

(Éxodo/Shemot 19:8-9)

¿Acaso el Eterno no escuchó lo que el pueblo había dicho?

Una vez más vemos el tipo de relación que mantenía Moshé con el Eterno, el profeta tuvo el detalle de humildad de dar el reporte al Eterno de lo que el pueblo había dicho.

Esto me enseña que mientras más cedamos nuestra voluntad ante Abba, más seremos uno con Él, por lo tanto, más nuestras palabras serán sus palabras.

Moshé desde su humildad fue la puerta para todos los hombres que lo sucederían , marcó la senda a seguir para que las palabras del Eterno fueran creíbles en la boca de sus profetas, para siempre.

Moshé descubrió que la única manera de tener una estrecha y especial relación con el Eterno debía sustentarse solo en un cimiento. “LA OBEDIENCIA”.

La única manera de manifestar la verdadera humildad no es con hecho heroicos, con palabras elocuentes u oraciones kilométrica, sino “obedeciendo incondicionalmente”. Desde la verdadera mentalidad hebrea, escuchar humildemente, implica hacer obedientemente.

Esta es la única manera para lograr que nuestras palabras sean las palabras del Eterno. Desde ello nuestras declaraciones tendrán un verdadero asidero de credibilidad. A tal punto es esto, que lo que declaremos, así mismo sucederá.

Para que nuestras generaciones nos crean para siempre, tal cual a Moshé, los primeros que debemos ser coherentes y consecuentes con nuestras palabras, debemos ser nosotros. Es decir que nuestra forma de vivir se debe conformar a nuestras declaraciones.

Porque es imposible hablar mal y vivir bien, así como también lo es, pensar mal y hablar bien .

Mis amados, para que nuestras palabras estén cargadas de “eternidad” es decir, que lo que digamos se cumpla, respondiendo al propósito del Eterno, debemos hablar tal cual Moshé lo hizo, en “OBEDIENCIA y con HUMILDAD”.

Moshé trató siempre de no hablar por su propia cuenta, por ello vivió conforme al propósito del Eterno, es decir que su vida fue tal cual sus palabras.

¿Cómo lo logró Moshé?

Simplemente hablando Torah (Instrucción) todo el tiempo posible, por eso su credibilidad es eterna, tal cual él, así debemos hacer nosotros hoy.

«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa…»
(Deuteronomio/Devarín 6:6-96)

Muchas veces cambiamos según las circunstancias, en un mundo donde nadie quiere reconocer que es falible, tratamos la mayoría del tiempo de justificarnos, atribuyendo que nuestros errores son por “culpa” de los demás. Precisamente es esto lo que no nos hace creíbles, no digo que todo el tiempo andemos confesando nuestros yerros. Pero tal vez eso sea el principio para comenzar a vivir la verdadera vida de emunáh (fe) y teshuváh (arrepentimiento).

Debemos tomar verdadera consciencia para que nuestras palabras sean creídas para siempre tal cual Moshé, debemos aprender a rectificar nuestros errores, eso es precisamente vivir coherentemente con lo que declaramos.

Si vivimos como hablamos tendremos seguridad y certeza en nuestro interior, si lo que hablamos es Torah, seremos creíbles al 100%, aunque eso implique muchas veces no caer del todo simpáticos.

Para concluir, la manera en cómo las palabras de Moshé, son creídas para siempre, es porque se esforzó por no hablar por su propia cuenta, cuando eso sucede hablamos Torah, de lo contrario es nuestro “ego” quien edifica nuestra realidad y eso será siempre nefasto y caótico.Aprendamos pues de Moshé y de nuestro Mesías y también acudamos a la ayuda del Consolador (Ruaj Ha Kodesh), de esta manera también nuestras palabras serán creídas para siempre.

«Porque yo no he hablado por mi PROPIA CUENTA; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.»
(Juan 12:49)


«¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi PROPIA CUENTA, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.»
(Juan 14:10)


«Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su PROPIA CUENTA, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.«
(Juan 16:13 )

Sean bendecidos.

Yosef Gonzalez.

La “Shirá HaYam” o «Canción del Mar»… ¿Qué Misterio Tiene?

Por P.A. David Nesher

Az yashir-Moshe uveney Yisra’el et-hashirah hazot l’Adonay vayomeru lemor ashirah l’Adonay ki-ga’oh ga’ah sus verojevo ramah vayam.

«Entonces, al ver el milagro divino, Moshé, junto a los israelitas, entonó este cántico a YHVH, que declara:
“Cantaré a YHVH porque es sumamente exaltado, y al caballo con su jinete arrojó al mar.»


(Éxodo/Shemot 15: 1)

Si lo pensamos bien notaremos que la salida de Mitsrayim (Egipto) no garantizó la libertad, ya que a los pocos días el Faraón y su ejército persiguieron al pueblo de Israel y lo alcanzaron a las orillas del Yam Suf (Mar Rojo). Recién en este hecho, aquello que parecía una nueva desgracia se convirtió en la salvación definitiva. Y es que el paso del mar colocó a Israel fuera de las fronteras de Egipto, y la destrucción de ejército egipcio ponía el sello a la liberación total… (Aclaración: Israel quedó fuera de las fronteras de Mitsarayim pero, lamentablemente no se liberó de la influencia egipcia pues los paradigmas reptilianos de este imperio aún impregnaban su forma de pensar; como siempre lo expreso: «¡Ellos salieron de Egipto, pero Egipto nunca salió de ellos!»

Lo cierto es que el Eterno hizo cruzar al pueblo de Israel el mar Rojo ordenándoles que partieran las aguas y en el momento que los egipcios tomaron el mismo camino en la persecución, el Eterno hizo que las aguas a su curso normal ahogándolos.

En ese momento de inspiración, el pueblo de Israel entonó junto a Moshé uno de los cantos más bellos, el conocido «Shirá HaYam«, que se traduce como “El Canto del Mar”, expresando su agradecimiento a YHVH por la milagrosa salvación en la que les permitió participar.

Ningún suceso de la historia de Israel mereció una manifestación de alegría tan grande, que se conservará en la historia israelita como un modelo de inspiración divina para renovar a través de los siglos las victorias que el Eterno concederá a los suyos. Un ejemplo de ello lo vemos en el libro de los Jueces, en donde Débora celebra la victoria de Israel sobre los cananeos, surgiendo desde las pautas profética que marca el Shirá HaYam. Así será tan fuerte la Presencia del Espíritu de la Profecía que este cántico, traspasará las dimensiones geográficas de la historia universal, y se convertirá en un canto que, según la revelación divina, servirá incluso para alabar en el Olam Havá (Mundo Venidero).

Una Canción con Connotaciones Cósmicas.

En verdad, y desde una sencilla consideración, notamos que esta canción es una verdadera alabanza dirigida al Creador, que tiene como único propósito agradarlo a Él, exaltando Su Santo Nombre. Muestra al Eterno manifestándose en el plano de la historia factual en una lucha frontal contra el Faraón y su ejército, pero revelando una confrontación cósmica contra las fuerzas del mal que quieren conducir la existencia al caos, tal como quedará escrito en los Salmo y los profetas:

«Dividiste el mar con tu poder;
Quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas.
Magullaste las cabezas del Leviatán,
Y lo diste por comida a los moradores del desierto
.»
(Salmo 74: 13 – 14)

«En aquel día YHVH castigará con su espada dura, grande y fuerte al Leviatán serpiente veloz, y al Leviatán serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar«.
(Isaías 27: 1)

Entonces, debemos aceptar que estamos ante una poesía profética que canta la Gloria y Poder de Yahvéh, que se ha mostrado venciendo a los poderosos egipcios, y anegando al «caballo y al jinete» (v.1), símbolos de los engranajes astrales llamados Tanin (Dragón).

Considerado así, es claro que el texto del cántico describe que el pueblo participó corporativamente de una experiencia mística en la que vieron como el «sar» («príncipe» o «principado«) de Mitsrayim, que controlaba los mecanismos principales del sistema reptiliano, se vio bloqueado en su obra por la Gloria del Eterno que lo anuló dándole vuelta sus «carros«, imagen viva de las asignaciones astrológicas siendo tambaleadas por la Voluntad del que pelea por Israel.

¿Quién era ese «Sar» (Princípe) de Egipto?

Según los sabios, Samael, (en hebreo: סַמָּאֵל, que se traduce como «Veneno de Dios» o «Ceguera de Dios»; también conocido como «Samemel«, «Smil«, «Samil» , «Samiel«), el «rosh» (o «cabeza«) de todos los «Sarim» (principados) que supervisan al Sitrá Ajrá (que se traduce como «El Otro Lado» y es el defensor mismo de Esav).

Así pues, al volcar las ruedas de los carros egipcios, les fue revelado a los israelitas que este príncipe primordial del mal quedó derrumbado en todos sus planes celestiales astrológicos contra el Pueblo Escogido de YHVH, tal como más tarde lo reconocería el malvado hechicero Bilam en un oráculo:

«Porque no hay agüero contra Jacob, ni hay adivinación contra Israel.
A su tiempo se le dirá a Jacob y a Israel:
¡Ved lo que ha hecho Dios!«
(Números 23: 23)

Entonces el Shirá HaYam será un cántico en el que el Eterno es reconocido como el único responsable del acto de la Redención (hbr. «Guehuláh«), a tal punto, que no sólo Israel es mencionado en forma marginal (v. 19) sino que Moshé queda ausente en todo este cántico.

De este modo, al cantar todo Israel el Shirá HaYam, logrará conformar un himno profético que dará sentido cósmico al seder del Pesaj que hicieron la noche del 14 de Aviv, y fortalecerá el sentido mesiánico de esta festividad dando la impronta celestial que necesitarían las futuras generaciones al celebrarla. La historia conmemorada en el Pesaj se haría así vivencial cada vez que los descendientes de Yaakov se reunieran para celebrarla.

Así mismo, Israel comprendió por qué y para qué el Eterno los condujo por este camino. Él quería mostrar su gran y único amor a Israel llevándolos al Sinaí para revelarle los secretos del Esplendor (hbr. «Zohar«) de la Sabiduría (Jokmáh) de su propósito eterno. Por ello, necesitaba asegurar ese amor por medio de una Alianza Matrimonial que garantizaría Su Protección, tal como un esposo promete proteger a su esposa. Este pacto de amor quedaría sellado con un contrato (ketuváh) escrito que es la Torah (Instrucción) divina.

Por eso, toda aquella alma redimida que estudia los secretos del Cielo (codificados en la Torah) cada mañana al despertar, vincula su vida en una relación de alianza marital con el Boré Olam (Creador del Universo), quien como esposo vuelva a asegurarle provisión y protección sobreabundantes.

Teniendo en cuenta lo explicado hasta aquí, podemos entender por qué los midrashim («estudios» o «comentarios«) registran que cuando los israelitas cruzaron el mar y entonaron la “Shirá HaYam”, los ángeles, que participaron desde los ámbitos celestes en este evento, también quisieron cantarlo, pero entonces Elohim les dijo: “…Los israelitas cantarán primero, y solo después lo harán ustedes…”.

Así, el “Cántico del Mar” (o también conocido como «Cántico de Moshé»), es el documento poético-profético más antiguo de la literatura hebrea. Está animado por una auténtica emoción que expresa lo que se conoce como el gozo de la salvación (Salmo 51:12). Desde esta sensación celestial, el alma redimida de cada israelita logra hacer que la emunáh (la fe) y la bitajón (confianza) en Yahvéh se manifestaran como fuerzas mesiánicas que produjeron la apertura de Yam Suf.

Vibrando en esta dimensionalidad de poder, Moshé supo expresar con palabras llenas de entusiasmo, todo lo que cada israelita sintió en su alma por este maravilloso acontecimiento. El Pueblo escogido de Yahvéh aprendió el gran secreto de la guerra espiritual: los hombres pueden vencer a sus enemigos en el campo de batalla. Pero no existe poder humano que sea capaz de aniquilar al adversario, hundiéndolo hasta el fondo del abismo, como se hunden las piedras o el plomo.

Discusiones literarias… ¿Pérdidas de tiempo?

Me veo obligado aquí ha comentarles que se ha discutido mucho acerca del género literario de este cántico. Algunos dicen que es un himno, otros aseguran que se trata de una letanía antigua, otros postulan que más bien se trata de un cántico de coronación al estilo de los Salmos 96 y 99.

En medio de todas estas discusiones de expertos, lo cierto es que la mayoría de ellos admite que estamos ante un texto bastante homogéneo, pero profundamente rico en matices estilísticos, que no admite ser clasificado en su totalidad. Ellos dicen que esto es lo que lo convierte en un poema misterioso con un mensaje poblado de encriptaciones (mensajes codificados que sólo pueden leerse aplicándose una clave).

Por eso, hay que decir algo importante en cuanto al recurso literario. En materia de poesía, los hebreos no usaban la versificación. El historiador Flavio Josefo escribe a este propósito que el canto, así como su bendición a las doce tribus, escrita al final del Pentateuco (c.f. Deut. capítulo 33), fueron escritos en forma hexamétrica. En cuanto al rey David, compuso algunos de sus salmos en trímetros y otros en pentámetros.

Desde esto, diré que el cántico de Moshé encierra una belleza insuperable, debido al mensaje cósmico que encierra. Por eso, su traducción a cualquier idioma hace que pierda gran parte de su majestuosidad y disminuya el magno sentido de sus palabras celestiales.

Para nosotros, y desde nuestra sencillez para acercarnos al texto divino, es importante saber que este Cántico tiene tres temas principales:

  • 1) La Grandeza del Eterno.
  • 2) La Liberación de los egipcios.
  • 3) La entrada futura en Eretz Israel con una sutil alusión al reino del Mashíaj.

Interesante será considerar aquí lo que El Zohar dice:

«… Se nos ha enseñado [desde la antigüedad misma de nuestra existencia como Pueblo] que cada uno que canta este himno diariamente con devoción verdadera será digno de cantarlo en la Redención que se acerca en el futuro, porque se refiere a la vez al mundo pasado y al mundo venidero; contiene confirmaciones de fe y misterios que se relacionan a los días del Mesías. …».

Al igual que el Zohar, el libro de las Revelaciones (Apocalipsis), nos explica que este cántico resonará en el tiempo de la redención final y la resurrección de los justos.

“… Vi en cielo otra señal, extraordinariamente grande y espeluznante: siete ángeles armados con siete plagas, las últimas, porque a través de ellas, la ira justa de Dios fue finalmente satisfecha.
Y vi algo parecido a un mar transparente, como el cristal pero mezclado con fuego, y a los vencedores de la bestia, y de su estatua, y del código secreto de su nombre, en pie, sobre el mar transparente como el cristal, teniendo en sus manos arpas dadas por Dios.
Y cantan el cántico de Moshé, siervo de Dios, que es también el cántico del tierno Cordero, introduciéndolo así:
«¡Grandes y maravillosas son tus obras, YHVH Dios, El Shaddai, justos y verdaderos tus caminos, Rey de todas las naciones!

¿Quién no te temerá YHVH y glorificará Tu Nombre?
Porque solo Tú eres el Santo, por lo cual, todas los gentiles vendrán, y te rendirán culto postrados ante Ti, porque tu justicia ha sido manifiesta a todos.«
(Apoc 15:1-4) [Código Real del NT].

En pocas palabras, el «Cántico de Moshé y del Cordero” (Mashiaj), son los cánticos del final de la redención. Al igual que Moshé y los hijos de Israel salieron del mar, así será también la resurrección de los muertos en el Mesías. Es decir, que todos los que pongan su confianza en Mashiaj y en la Torah de Moshé, serán redimidos de la muerte para poder cantar en el “otro lado” este cántico al Eterno.

Escucha con tu corazón esto:


Te invito a LEER también las siguientes BITÁCORAS RELACIONADAS:

El Secreto para Hacer Milagros

Por P.A. David Nesher

(Parashá Beshalaj – Aula 1)

¿Por qué los israelitas, al llegar al Mar Rojo, se llenaron de miedo paralizante?

Los invito a escuchar con el corazón esta enseñanza y dejar que el alma medite en estos códigos lumínicos permitiendo una Programación Neurolingüística acorde a la mente del Eterno.

El Rosh Jodesh: Regalo Divino para los Primogénitos…(Mandamiento de Lunas Nuevas).

Por P.A. David Nesher

*“ _Este mes será para vosotros el principio de los meses; será el primer mes del año para vosotros_.”*

(Shemot/Éxodo 12:2)

El primer mandamiento (mitzváh) que el Eterno le entregó a los hebreos para que se destacaran como pueblo escogido fue el de Rosh Jodesh, traducido como «Cabeza de Mes«, “Nuevo Mes” o «Luna Nueva«.

De ese modo, el mes del Aviv, (cf. 13:4), quedó establecido por el Eterno como el primero de los meses del año hebreo. Desde entonces, los israelitas tendrían una responsabilidad nacional de contar los meses y de crear un calendario que estuviese basado en el año lunar según la cosmovisión mesiánica que YHVH ahora les otorgaba.

Ese mes coincide más o menos con la última mitad de marzo y la primera mitad de abril, según el calendario romano. La palabra aviv [Dicc. Strong H24] significa “espigas verdes”. En la Edad Media tomó el significado de “primavera” y así es usada en el hebreo moderno. En el mes de las espigas verdes, el de la primavera, el pueblo de Israel salió de Egipto. Es el mes de la redención.

Este mes también tiene el nombre babilónico de Nisán (cf. Nehemías 2:1; Ester 3:7), nombre con el que se lo ha llamado después del regreso del cautiverio en Babilonia y Persia hasta hoy.

Ahora bien, más allá de estos detalles técnicos, ocurre que al estudiar este mitzváh, surgen en la mente de todo investigador el siguiente planteo: ¿acaso no es éste un extraño primer mandamiento?

Uno pensaría que el desarrollo de un calendario vendría sólo después de que fuesen establecidos los fundamentos básicos, como los Aseret HaDibrot (Decálogo). Entonces, se suman otras preguntas más:

  • ¿Por qué la Torah considera el proceso de establecer el nuevo mes como un gran avance en la creación de una nación?
  • ¿Qué tenía de malo el calendario solar que todos los demás habían estado usando?
  • ¿Y cuál es la importancia de basar el Calendario Hebreo en la luna?
El Derecho Humano de Ser Dueño del Tiempo.

Nuestro calendario determina en qué día se celebrará cada festividad del Eterno. Hemos aprendido que cada fiesta en particular trae consigo una realidad espiritual concreta que está disponible en ese día específico que se convierte en una zona de tiempo en el que el Mundo de Arriba se une al Mundo de Abajo por medio de portales cósmicos que se abren en dichas jornadas. Pesaj, por ejemplo, contiene la oportunidad de alcanzar la libertad espiritual; Yom Teruáh es el momento del juicio.

De este modo, y con esta perspectiva divina, la determinación de este calendario es puesta directamente por el Eterno en manos humanas. Entonces, si la luna apareciese un lunes pero nadie la ve realmente sino hasta el martes, «ver es creer» y la corte decidiría que el primero del mes fue el martes. Como resultado, Yahvéh, por así decirlo, seguiría la decisión de la corte y actuaría de acuerdo a ella, por lo que en el caso de Yom Teruáh, ¡Él pospondría Su juicio a nivel mundial por un día!

Con este mandamiento, el Eterno pretendía darle un fortalecedor mensaje a Su Pueblo. Hasta ahora, ellos habían sido esclavos de los egipcios. Su tiempo no era propio. Pero ahora, el Eterno les está diciendo: «Ustedes se convertirán en amos de su propio tiempo. Pero no solamente de su propio tiempo, ¡sino que también de Mi tiempo!«

Así el Eterno entregó por medio de este mandamiento su propio sistema de medición del tiempo. Dicho sistema, si seguía incondicionalmente este mandamiento, permitiría a cada israelita hacerse cargo de su responsabilidad de dar forma a la realidad física con la energía de la innovavión (hbr. jidush), que permitiría renovar ciclos y así llegar a las distintas festividades evitando el ritualismo tradicional que encapsula a los hombres en el sistema dogmático de la religión.

Es decir que el Eterno entregó en este mandamiento una herramienta cósmica que permitiera el control sobre la naturaleza en sus distintos niveles.

¡Aleluya!…. Mientras que el tiempo avanza constantemente, sin nunca detenerse, marchando en un espiral cíclico y repetitivo, a nosotros, los primogénitos del Padre, nos ha sido entregado el poder de detener o iniciar el tiempo a voluntad, con lo cual se nos permitió «compartir» con Yahvéh esa creatividad especial de determinar la renovación de la realidad, y la ascensión de todas las cosas.

Pero, ¿Por qué la Luna?

En el Salterio leemos lo siguiente:

“Él hizo la luna para medir los meses.”

(Salmo 104:19a)

Como parte de este fortalecedor mensaje, era esencial que la Luna fuese nuestro factor determinante para fundar nuestro calendario en vez del Sol. La característica única del satélite terrestre (la Luna) es que siempre aparece ante nuestros ojos aumentando y disminuyendo, despareciendo y reapareciendo, para crecer, decrecer y crecer nuevamente. Es también la más pequeña de las dos luminarias.

Así entonces, mientras nuestra estrella regia (el Sol) es el símbolo de la invariable naturaleza, saliendo por el este y poniéndose por el oeste día tras día, cada día del año; la Luna cambia constantemente a través de un ciclo de fases. Esto es lo que esconde un mensaje ontológico muy importante para la conciencia de Israel. La Luna, en ciclo de fases, parece estar diciéndonos: «puedes ser pequeño y puedes disminuir hasta casi desaparecer, pero entonces, cuando las cosas se ven sumamente oscuras, brota la eterna esperanza. Puedes comenzar a mirar hacia arriba nuevamente. Puedes cambiar una situación y a ti mismo para mejor, sin importar cuán malo parezca. Nada es estático o inamovible«.

Con esto, cualquiera de los hijos primogénitos del Eterno, acepta el hecho de que los seres humanos tenemos libre albedrío y en ello radica nuestro poder de renovación; una siempre presente lucha contra la constante, cíclica, repetitiva y predecible marcha del tiempo y la naturaleza.

¿Cuándo comienza entonces el Año del Eterno y cómo se organizan sus meses?

La Torah dice que en primer lugar hay que basarse en la Luna para medir los meses. Sin embargo, el Sol también fue creado para mostrar los años, a través de las estaciones como está escrito en el libro de Génesis:

“Entonces dijo Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y sean para señales y para estaciones y para días y para años.”
(Génesis 1:14)

Como vemos el Creador ha establecido que el sistema de medición solar determine el año (en hebreo «shaná«), que viene de la misma raíz que «repetir«, «repasar» e indica el inicio de las estaciones a través de los solsticios (primavera – otoño) y equinoccios (verano – invierno).

En cambio, la lumbrera menor, la luna, por otro lado, es la que indica los meses que en hebreo se dice «jodesh«, palabra que que viene de la raíz hebrea «jadash«, que significa «nuevo», «cambio», «algo diferente». Es interesante aportar aquí que jadash es también la raíz que da origen a la palabra «jidush» que significa «renovación» o «innovación», señalando así la energía que se esconde en cada rosh jodesh. En pocas palabras: cada jodesh (mes) contiene la energía de jidush (innovación o renovación), trayendo una nueva y nunca antes vista revelación de la luz divina al mundo.

La luna comienza a iluminar el primer día del mes (luna nueva), y su luz se va haciendo cada vez más intensa hasta el día quince, cuando se completa su disco (luna llena). Desde el día quince en adelante, la luz comienza a menguar, y el treinta ya no es visible.

Así mismo como la luna respeta un ciclo: nace, crece, declina y desaparece para luego volver a renovarse, el alma de un hebreo está en permanente cambio y transformación. De esta manera, el hecho de guardar el mandamiento de la luna nueva (rosh jodesh) fomenta en el alma redimida la importancia de renovarse y establecer un orden en la vida usando la energía de la innovación que permite un uso efectivo de la creatividad.

Por ello es que el pueblo de Israel es comparado a la luna. A pesar de que son pequeños y de que el sufrimiento ha sido parte integral de su historia entre las naciones, el israelita sabe que nunca debe darse por vencido. Como individuo y como nación, él se levantará nuevamente e iluminará la noche.

Cada miembro de Israel vive con esta creencia en el poder de los milagros, en que el Eterno supervisa el mundo y que éste no depende de predecibles leyes de la naturaleza. La nación Israel tiene una relación especial con Dios e incluso cuando ha estado en los escalones espirituales más bajos, a punto de asimilarse y desaparecer, el Eterno ha mantenido Su amor constante, al igual que un padre ama a su hijo.

Relación aproximada entre el Calendario Romano y el Calendario Hebreo.

Es interesante saber que, hasta este momento histórico, el ciclo de los meses comenzaba en Tishrei. Pero observamos que cuando Israel estaba a punto de salir de Egipto, el Eterno ordenó que el primero de los meses, a los efectos del cálculo de las festividades, fuese Aviv (Nisán), el mes del éxodo, para que así tuviésemos siempre presente la gran epopeya, pues entonces los meses quedarían vinculados a tal episodio. Por ejemplo decir: El primer mes desde el éxodo, el segundo mes desde el éxodo, etc. El calendario hebreo es básicamente lunar, pero ajustado con el Calendario solar para que la Festividad de Pésaj siempre tenga lugar en la primavera boreal [Torat Emet].

Veamos cómo quedan distribuidos estos meses lunares en relación al calendario solar actual:

1. Nisán (Aviv) … Marzo/Abril
2. Iyar … Abril/Mayo
3. Sivan … Mayo/Junio
4. Tamúz … Junio/Julio
5. Av … Julio/Agosto
6. Elul … Agosto/Septiembre
7. Tishrei (Etanim) … Septiembre/Octubre
8. Jeshván (Bul) … Octubre/Noviembre
9. Kislev … Noviembre/Diciembre
10. Tevet … Diciembre/Enero
11. Sh´vat … Enero/Febrero
12. Adar … Febrero/Marzo
13. Adar II … Marzo.

(NOTA: Los nombres de los meses que aparecen entre paréntesis son los que aparecen en la Biblia)

Los nombres de los meses romanos septiembre hasta diciembre nos muestran que había una relación antigua entre el cómputo bíblico y el romano. Septiembre corresponde al séptimo mes Tishrei, octubre corresponde al octavo mes Jeshván, noviembre corresponde al noveno mes Kislev, y diciembre corresponde al décimo mes Tevet. Luego hubo cambios en el calendario romano y estos meses ya no corresponden al nombre que llevan. Septiembre ahora es el noveno mes del año romano.

He dicho más arriba que el calendario hebreo es una combinación entre la Luna y el Sol. El año lunar tiene aproximadamente 354,36 días y el año solar aproximadamente 365,25 días. Por esta razón, si se sigue solamente la Luna, van a faltar 11 días al año para llegar al año solar, que es la que rige en la naturaleza. El calendario árabe sigue solamente la Luna y el calendario romano sigue solamente el Sol. Ninguno de los dos cumplen los requisitos de la Torah. Tanto el Sol como la Luna tienen que ser la base para medir los años.

Un mes bíblico siempre empieza con la luna nueva. Según la Torah, el primer mes, aviv, tiene que caer en la primavera, cuando la cebada está lista para ser cosechada en la tierra de Israel. Si nos regimos sólo por el año lunar, (con 354 días), que no sigue el ciclo de la naturaleza, la primavera no caería en el mismo mes cada año. Y si seguimos solamente el año solar, no podríamos celebrar las fiestas según la luna nueva, como manda la Torá. Tenemos que tener una combinación entre la luna y el sol.

Para ajustar la diferencia entre el año lunar y el año solar, en tiempos bíblicos se añadía un mes extra al final del año en el caso de que la cebada no estuviera lista para ser cosechada. Para la fiesta del primer mes hacía falta un sacrificio de harina de cebada y si no había cebada no se podía celebrar la fiesta. Así que hasta el siglo IV de la Era Común. La misma naturaleza de Israel decidía cuando iba a ser el primer mes de cada año. Si la primavera venía tarde un año, se añadía un mes extra a los doce meses del año. Si la cebada estaba madura, no se añadía. Más adelante se estableció un calendario fijo, que es el que se usa en la actualidad, elaborado por el sabio Hillel HaShení (Hilel II) en el año 358 (E.C.). En el mismo se añade por reglas matemáticas un mes extra (Adar II) cada dos o tres años. En total son añadidos 7 meses durante un periodo de 19 años.

Antes de que el Calendario hebreo fuera elaborado por Hillel II, las autoridades del Culto en Jerusalem, fijaban las neomenias con el nacimiento de la luna.

Hombres de confianza observaban la luna en determinados lugares, y de acuerdo con su informe, el Gran Senado Judaico (Sanhedrín) fijaba los principios de los meses y las fiestas. Es por lo que en Jerusalem, donde la noticia de la luna nueva se publicaba inmediatamente, se celebraba la fiesta en el día fijado. Pero en las provincias, donde la proclamación de la neomenia por las autoridades religiosas de Jerusalem no llegaba a tiempo, se celebraba por preocupación un día más. Por ejemplo, si la fiesta de Pésaj era de siete días en Jerusalem, en las comunidades distantes de la capital duraba ocho días. Esta costumbre se sigue hasta hoy, y por eso, en la diáspora, tenemos un día festivo más que los judíos de Israel.

Cambios Cósmicos en el Movimiento del Eje Terrestre.

Ahora bien, si leemos las Sagradas Escrituras, notaremos que el año bíblico es de 360 días (cf. Daniel 7:25; Revelación 13:5; 11:2-3; 12:6, 14). No hay ningún testimonio bíblico de que hay que añadir un mes extra cada dos o tres años. La Torah no lo contempla (cf. Génesis 7:11, 24; 8:3-4; Ester 1:4). Esto nos da pie a pensar que al principio no hubo diferencia entre el año solar y el año lunar. El mes lunar tendría exactamente 30 días y así los 12 meses darían un año de 360 días. Esto significa que la tierra sólo necesitaría 360 días para dar una vuelta alrededor del sol. ¿Cómo puede ser esto?… ¿Qué pasó en la historia para que el año solar llegara a tener 365 días?

Existe una gran cantidad de documentos arqueológicos e históricos de varias culturas antiguas que muestran que hubo un cambio en el sistema solar en el siglo VIII a.E.C., cuando fueron añadidos 5 (cinco) días al año solar.

Parece que algo pasó en nuestro sistema solar que causó un desajuste entre el año lunar y el año solar. La tierra se alejó del Sol y la Luna se acercó a la Tierra.

Existe un acontecimiento relatado en las Escrituras que coincide con la fecha dada en las culturas antiguas, y que nos da pie a pensar que fue en ese momento cuando sucedió este desajuste en nuestro sistema solar, según está escrito en 2 Reyes 20:8-11; Isaías 38:7-8.

Este cambio causó que la Luna Nueva a partir de entonces ya no se podía saber con exactitud, puesto que el mes lunar llegó a tener 29 ½ días, en lugar de 30 que probablemente había tenido antes. En tiempos del rey Shaúl se sabía con exactitud cuándo iba a ser la luna nueva (cf. 1 Samuel 20:5).

Por este acontecimiento fue que más adelante se necesitaban dos testigos cada mes para saber cuándo celebrar la fiesta de la luna nueva. Entonces ya no se podía saber con antelación cuándo iba a ser la fiesta anual de Yom Teruáh, que cae el primer día del séptimo mes. Nadie sabe el día ni la hora cuando se verá la luna nueva de Yom Teruáh. Esto nos enseña que el regreso del Mesías será en el primer día del séptimo mes (cf. Mateo 25:13).

El Calendario del Proyecto Cósmico llamado Emanuel.

Ahora hay algo aún más hermoso y maravilloso que destacar. Aún con todas las consideraciones que hemos visto más arriba respecto a los secretos cósmicos que esconde el mitzváh del Rosh Jodesh, debo decir que en verdad que esta forma de contar los tiempos apunta al mover divino de Su Proyecto de Redención.

La redención es el inicio del proyecto de salvación del Eterno que se convertirá con el transcurrir de los tiempos en el Proyecto Emanuel.

Sabemos que todo empieza con el sacrificio del cordero, cuya sangre libera de la muerte. Después viene la libertad de la esclavitud. Todo el programa redentivo está revelado en las Fiestas del Eterno, y por esto el rosh jodesh primero (Aviv o Nisán) tiene que ser el primero del año, para que el programa esté en el orden correcto. Al alterar el orden de los meses se altera el plan de redención del Eterno y no se entenderá.

La redención, en la mentalidad hebrea, representa el emerger de la oscuridad a la luz admirable; por eso, quien nunca padeció la opresión de la esclavitud, no valorará la redención.

La esencia misma de la redención es la libertad que resulta de la sumisión misma. Si el pueblo de Israel no hubiera sido esclavizado, nunca habría experimentado la verdadera libertad; pero una vez que lo fue, esa misma esclavitud dio origen a su redención. De en medio de esa oscuridad (y de ningún otro lugar) surgió la luz.

«Será…la cabeza de los meses«, dijo el Eterno, pues todo conteo que realicen deberán hacerlo desde Aviv/Nisán. ¿Por qué? Pues el día de la redención es más significativo que el día del nacimiento, y la redención es en sí misma más trascendente que cualquier otro acontecimiento o evento.

Hasta antes de salir de Mitsrayim (Egipto) el pueblo de Israel calculaba los meses y años en base a la Creación, o desde la época en que el mundo se renovó luego del Diluvio, como declara el versículo «dos años después del Diluvio» (Génesis 11:10), o desde el nacimiento de Avraham, o desde “el pacto de las mitades” entre Dios y Avraham (Génesis 15:13), al cual alude el versículo: «Y fue al cabo de cuatrocientos treinta años«… (Exodo 12:41). Sin embargo, tan pronto como la nación redimida salió de Egipto, dejó de lado todos estos cálculos y comenzó a contar únicamente a partir de la redención: Este mes será para vosotros la cabeza de los meses.

En el Talmud [Rosh HaShaná 10a-11b] existe una discusión entre dos rabinos si el mundo fue creado en el mes de Nisán o  Tishrei. La última tuvo más fuerza y por esto la Casa de Judá ha establecido que el cómputo de los años desde la creación del mundo es a partir del 1 de Tishrei, que es el séptimo mes en el anuario bíblico. Hay una fiesta anual establecida en la Torah para ese día, llamada Yom Teruah, («Día del Clamor» o «Día de Alarma»), pero el rabinato judío decidió cambiarle el nombre que el Eterno puso por el de Rosh HaShaná («Cabeza de Año» o «Año Nuevo«)

«Este mes será…» En el Talmud existe una analogía que comienza con la pregunta: «¿Con qué puede compararse ello?» Inmediatamente la respuesta es: «con un rey que al nacer su hijo fijó esa fecha como día de fiesta y alegría. Años más tarde, el hijo fue tomado prisionero y mantenido en cautiverio durante largo tiempo. Cuando finalmente fue rescatado, el rey estableció el día de su liberación como la fecha de celebración más importante del año [por encima de la primera].

Asimismo, antes de que los hebreos descendieran a Egipto, calculaban los años en base al “decreto de esclavitud”, es decir, cuántos años habían transcurrido desde “el pacto de las mitades” entre Yahvéh y Avraham cuando se selló el decreto de cuatrocientos años de esclavitud que debían soportar en tierra extranjera (Génesis: 15:13). Pero luego de que descendieran a Egipto y fueran esclavizados allí, y el Eterno realizara grandes milagros en su favor y los liberara, comenzaron a contar los meses desde el momento de ese magno acontecimiento, como declara el versículo: Este mes será para vosotros cabeza de meses (Shemot Rabá 15).

Estudiando la historia de Israel, observamos que todas las dificultades y sufrimientos padecidos por la descendencia de Yaakov a lo largo de los tiempos se transformaron en luz y salvación; cuanto mayor fue la oscuridad, tanto mayor fue la luz resultante. De igual forma sucederá con la redención final: su luz surgirá de entre la oscuridad; en el mismo momento en que los corazones se estremecen con desesperanza, brillará la gloria de Yahvéh. ¿Y cuándo acontecerá esto? En el mes de Nisán, que el Eterno estableció como período de redención para todas las generaciones. Toda tribulación o desgracia que se abate sobre Israel durante este mes no es más que una afirmación del florecimiento de la redención que está a punto de comenzar.

Así explicaron nuestros Sabios en el Midrash: «El versículo Este mes será para vosotros… (Exodo 12:2) guarda una estrecha relación con los siguientes dos: El consejo de Dios se yergue para siempre (Salmo 33:11) y Afortunada es la nación cuyo Dios es YHVH (Salmo 33:12). Cuando el Santo, bendito sea, escogió Su mundo, estableció los comienzos de meses y los años —éste es el consejo que se yergue para siempre—; y cuando eligió a Yaakov y a sus hijos, fijó un mes de redención — un mes en el cual serían redimidos de Egipto y lo serán en el futuro. En ese mismo mes nació Itzjak, en ese mes fue atado como ofrenda sobre el altar, en ese mes Yaakov recibió las bendiciones de su padre, y en ese mes Dios insinuó a los Hijos de Israel que el mismo sería el comienzo de su redención, como expresa el versículo (Éxodo 2:2): …el primero de los meses del año para vosotros. Respecto de ello fue dicho: Afortunada es la nación cuyo Dios es YHVH«(Shemot Rabá 15).

Con estas consideraciones, los sabios expertos en toralogía señalan al mes de Aviv (Nisán) com el mes de la redención, y aseguran que debe ser considerado aún más grandioso que Tishrei, el mes en el que el mundo material fue creado. Ellos dicen que el mundo fue creado con un propósito, que es que nosotros, los humanos, lo insuflemos de significado, rectificándonos de esa forma tanto en un nivel individual como en un nivel global (Tikun Olam). Así pues, ellos aseguran que para lograr esa misión, el Eterno otorgó al mes de Aviv (Nisán) como el tiempo en que nuestro Israel emergió redimido como un pueblo sacerdotal con este objetivo como su definición de propósito nacional.

¿Qué podrían representar para un pueblo esclavo los días, las estaciones y las Festividades? Para un sirviente el tiempo no tiene un curso, y su existencia es como una noche eterna. Abarbanel explica que la Torah no viene precisamente para establecer las bases de un calendario hebraico sino para pedir en nombre de Dios, que con el fin de recordar la liberación de Egipto se conceda la primacía a este mes, que habrá de ser el primero de todos los meses del año, y a partir del mismo habrán de contar los meses, a saber: segundo, tercero, etc. Esa es la esencia de esta mitzvá, la primera que recibe el pueblo de Israel como nación a ser constituida.

Por eso, y de acuerdo a la revelación de la Torah, el mes de Aviv (Nisán) es el mes de la liberación del pueblo israelita por cuya razón celebramos Pésaj, es decir el inicio del Programa de Redención del Eterno a través del korbán Pesaj: un cordero sacrificado por el padre de familia que evitó el exterminio del Ángel de la Muerte.

¡El mes de Aviv es el comienzo del Año de YHVH!

Un Método Cósmico Para Controlar al Tiempo Exclusivo para Hijos Primogénitos.

Yahvéh le dijo a Moshé un mensaje para que él le diera al faraón y al pueblo de Israel antes de que las diez plagas comenzaran: «Mi hijo primogénito es Israel» (Éxodo 4:22). Los Israelitas estaban en su punto más bajo en este momento; no eran merecedores de ningún milagro por su propio derecho. Y sin embargo, ese momento fue justamente cuando el Eterno nos elevó, sacándonos de la oscuridad de Egipto, iniciando el proceso de movimiento ascendente hasta 50 días después, cuando fuimos merecedores de recibir la Torah y de convertirnos en una nación.

Qué momento y lugar tan perfectos para entregarle al pueblo judío aquel alentador mensaje en el mandamiento de santificar la luna nueva cada mes y de determinar nuestro calendario de esta forma:

«Y Dios le dijo a Moshé… en la tierra de Egipto, dile al pueblo judío: Este mes es para vosotros el comiendo de los meses…«
(Éxodo 12:1-2).

La Torah dice que “para vosotros”, es decir, para los hijos de Israel, el mes del Aviv es el primero del año.

El Eterno nos había dado el poder de la renovación y del cambio, es decir, el regalo de expandirnos, iluminarnos y crecer nuevamente después de haber sido disminuidos.

Es necesario aceptar que esta capacidad de renovación es exclusiva del pueblo de Israel y ella lo distingue de todas las demás naciones. Por este motivo les fue concedido el mes lunar, que representa la renovación constante: para que lo bendigan, siempre se guíen por él, y sean bendecidos con esta cualidad. Aunque su luz parezca totalmente ausente, Israel ha sido bendecido con la capacidad perpetua de renovación.

En esta característica única radica el secreto de la existencia y la eternidad del pueblo redimido por Yahvéh en Mitsrayim (Egipto).

La expresión “para vosotros” nos da a entender que no es así para otros. Desde el principio los pueblos de las naciones contaron los meses desde el día de la creación de Adam, el primer día del primer mes. Cuando Adam fue creado el sexto día de la semana, él empezó a contar el tiempo. Para él fue el primer día del primer mes. Esto nos enseña que Adam probablemente fue creado el día de la luna nueva. Desde entonces sus descendientes contaron los meses y los años según marcaba el sol y la luna (cf. Génesis 1:14).

Ahora el Eterno dice “para vosotros”, dando a entender que para otros no lo es. Ellos seguirán contando de otra manera. Antes de la salida de Egipto, los hijos de Israel no celebraban el mes del Aviv como el primero del año. Pero cuando el Eterno empieza su programa de redención, cambia todo. El mes que antes fue el primero, de repente es considerado como el séptimo. Tishrei, que antes era el primer mes, llegó a ser el séptimo. “Para vosotros” es así, pero los demás no lo van a ver así, porque no son parte de la gran redención, y por lo tanto no tiene parte en el Olam HaVá (Mundo Venidero).

El Midrash, explicando esta expresión, señala lo siguiente:

Corresponde que los grandes [pueblos gentiles] lleven la cuenta según lo grande [el sol], y los pequeños [Israel] lo hagan según lo pequeño [la luna]. Esav [Roma] se guía por el sol que es prominente; así como el sol gobierna durante el día y no durante la noche, del mismo modo Esav tiene una porción en este mundo pero no en el Mundo Venidero. Yaakov (Israel) se basa en la luna que es pequeña; así como la luna gobierna en el día y en la noche, del mismo modo Israel tiene una porción en este mundo y en el Mundo Venidero. Siempre que la luz del más grande brilla en el mundo, la del más pequeño no se destaca. Pero cuando la luz del más grande se oculta, la del más pequeño gana prominencia. De igual modo, mientras la luz de Esav brilla, la luz de Iaacov no se apaga. Pero cuando la luz de Esav se oculta, la luz de Iaacov se difunde. A ello alude el versículo (Isaías 60:1-2) «Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz y la gloria de Dios brilla sobre ti. Pues he aquí que tinieblas cubren la tierra…».

(Bereshit Rabá 6)

Las naciones del mundo se comparan al Sol, en tanto que el pueblo de Israel se asemeja a la Luna. Pese a que Israel es la nación más débil y numéricamente mas pequeña, está destinada a inmensa gloria luego de que el dominio del mal sea erradicado por el Eterno de la faz de la tierra.

Esta capacidad de renovación es exclusiva del pueblo de Israel y ella lo distingue de todas las demás naciones. Por este motivo les fue concedido el mes lunar, que representa la renovación constante: para que lo bendigan, siempre se guíen por él, y sean bendecidos con esta cualidad. Aunque su luz parezca totalmente ausente, Israel ha sido bendecido con la capacidad perpetua de la renovación (jidush).

En esta característica única radica el secreto de la existencia y la eternidad del pueblo de Israel.

Puesto que Rosh Jodesh constituye la base de la que dependen todas las Festividades que distinguen la santidad de Israel de la vida de cualquier otro pueblo, la mitzvá de consagrar el nuevo mes (hbr. Kidush HaJódesh) le fue entregada antes que las demás.

Mientras que el pueblo de Israel todavía se encontraba en Egipto, antes de que se le encomendaran otras mitzvot, se le entregó precepto de fijar los meses. El versículo expresa:

 «Y habló Dios a Moshé y a Aharón en la tierra de Egipto, diciendo: este mes será para vosotros el primero de los meses (Nisán-Aries), primero es él para los meses del año.»
(Exodo 12:12)

«Este mes será para vosotros»: esta renovación es vuestra fuerza y vuestra gloria por siempre.

Lectura Recomendada para Profundizar este Tema:

¿Qué Significa ser «Esposo de Sangre» (Jatán Danim)?

Por P.A. David Nesher

“Aconteció en el camino, en una posada, que el Eterno le salió al encuentro y procuró matarlo.
Entonces Tzipora [Séfora] tomó un pedernal afilado, cortó el prepucio de su hijo y tocó con él sus pies, y dijo: -¡Tú eres para mí un esposo de sangre!
Entonces le dejó.

Ella había dicho ‘esposo de sangre’ a causa de la circuncisión.
”

(Shemot / Éxodo 4:24-26)

Estamos frente a un confuso episodio relatado por la Torah que conlleva a que esta parte de las Sagradas Escrituras se haya convertido en un texto controversial a lo largo de los siglos… Pocos relatos bíblicos resultan tan extraño como este al momento de una interpretación.

¿Por qué el Eterno hace esto!… ¿Es acaso un Dios bipolar?

La segunda pregunta del planteamiento que hago arriba, surge del hecho que los detractores ateos que recurren a la falsa crítica bíblica como herramienta de interpretación, utilizan este pasaje para argüir que el Dios de Israel es una divinidad con las características propias de los dioses de la antigüedad: la bipolaridad; un día se presenta tierno y cariñoso, y al día siguiente se vuelve furioso, riguroso y destructor. Estos detractores de la emunáh arguyen de que YHVH había convencido a Moshé que era Su escogido para liberar a Su Pueblo, pero ahora, en viaje a dicha misión, se le aparece queriendo matarlo.

Con todo este peso de argumentos enemigos, y para poder realizar nuestra búsqueda de respuestas a estos planteos, primeramente debemos entender y aceptar que este relato, como todos y cada uno de los que componen la Torah, tiene varios niveles de lectura. Uno de ellos, el primordial es el nivel literal, es el de comprensión de los hechos tal y cual están narrados, y tal como acontecieron realmente. Es entender la historia, el suceso, lo que concretamente pasó. Por ello, conviene que analicemos la historia paso a paso.

Después de su encuentro con el Eterno, y de aceptar su vocación divina, Moshé deja el lugar de la teofanía y regresa a su casa. Allí solicita a su suegro Yitro permiso para ir a Egipto con el fin de ver si sus hermanos están aún con vida. Aquí ya hay algo que llama la atención ya que la razón aducida por Moshé no responde a la verdadera realidad del mandato divino que ha recibido. Aquí pues sale la primera pregunta: ¿por qué no le habla a Yitro de su experiencia en el desierto?

Muchos sabios, tratando de dar respuesta a esta cuestión coinciden en decir que hubiera sido demadiado fuerte y hasta increíble para Yitro saber que YHVH se había aparecido a este forastero errante, hijo de esclavos hebreos, que él había adoptado para salvarle la vida. Así pues, y debido a su condición de sacerdote de Madián, él no estaría en condiciones de entender el particular mensaje del Dios de Israel, y particularmente el Proyecto al que Dios convocaba a Moshé e Israel. Resulta más difícil de asumir el proyecto de liberación que aceptar que un arbusto (la zarza) pueda brillar intensamente mientras mientras arde sin consumirse.

De esta explicación surge evidentemente la respuesta a nuestro cuestionamiento: la razón por la cual Moshé intenta disimular sus próximos pasos es porque la liberación a la que es llamado es un plan riesgoso y teme una reacción adversa de su suegro que influencia a una buena parte de la nación madianita. Visto esto así, podremos entender mejor la palabra de despedida de Yitro: «¡Vé!» que hebreo es lek y es un imperativo que sólo podían usar los jefes de familias que lideraban clanes y tribus. En esa condición Yitro envía a Moshé a visitar a su familia y parientes. Así mismo le agrega el saludo «Shalom» (Paz) que no es un simple deseo, sino la fórmula de bendición que usaban aquellos que ejercían autoridad y que deseaban a un súbdito lo mejor para su viaje y los suyos.

Así pues Moshé, conforme a la orden divina, se puso en camino de Mitzrayim (Egipto) con su mujer y su hijos Gershón, el primogénito, y Eliezer, que aparentemente era un bebé.

Durante el camino ocurre un incidente singular: Yahvéh le sale al paso en actitud amenazadora: «quería matarlo» (v. 24)

¿Por qué YHVH quiere acabar con la vida de Moshé cuando lo ha escogido para una misión tan importante y trascendental?… ¿Por qué esto?… Además, ¿a quién quiere matar el Eterno?

Una gran mayoría de estudiosos aseguran que el Eterno quería matar a Moshé, pues él, al haberse criado en la corte del faraón, no había recibido ese rito prescrito por Yahvéh a Avraham y el cual había que efectuar en el niño a los ocho días de nacido. Fue a esa falta que se atribuyó la enfermedad y/o fiebre que lo puso en peligro de muerte queriendo acabar con su vida en el viaje a Egipto. Estos mismos intérpretes aseguran que por esto Ziporáh tomó de prisa a su hijo mayor, lo circuncidó, y con su prepucio tocó el pene de Moshé manchándolo con sangre como si hubiera circuncidado a su marido. En efecto, si bien el texto dice que Tzipora tocó sus pies, la palabra hebrea “régel” (que aquí se traduce “pies”) también suele emplearse en la TaNaK (Antiguo Testamento) como un eufemismo para referirse a los genitales (cf. 1Samuel 24:4; Isaías 6:2; 7:20). Desde esta concepción, los estudiosos concluyen que Tzipora entonces untó el miembro viril de Moshé logrando así que Dios se calmara; y salvó a Moisés de la muerte. Pero esta interpretación, que actualmente es la más extendida entre los biblistas cristianos, crea más problemas de los que resuelve.

Ahora, recurriremos a la herramienta espiritual que nos otorga la Jokmáh (Sabiduría) divina: preguntar.

En primer lugar, ¿cómo es posible que Moisés no estuviera circuncidado?

Según lo que leemos en el rollo de Shemot, Moshé, al nacer, estuvo con sus padres biológicos un mínimo de tres meses (probablemente fue un año), antes de dejarlo en una cesta en el río Nilo (Ex. 2:2). Este era un tiempo de sobra para circuncidarlo, ya que se trataba de un precepto sagrado entre los hebreos, y especialmente prioritario para la tribu de Leví a la que él pertenecía. Pero aún cuando sus padres no lo hubieran hecho, Moshé fue después criado en el palacio real de Egipto; y los egipcios también practicaban la circuncisión, aunque no al nacer el niño, sino cuando llegaba a la pubertad. Y suponiendo que tampoco los egipcios lo hubieran circuncidado, más tarde Moisés se instaló entre los madianitas, nación beduina descendiente de Avraham y Cetura, en la que dicho rito era considerado obligatorio antes del matrimonio. Entonces resulta imposible admitir que a Moshé no lo hubieran circuncidado, ya sea sus padres al nacer (entre los hebreos), al llegar a la adolescencia (entre los egipcios) o al casarse (entre los madianitas).

Más allá de estas evidencias que demuestran que Moshé estaba circuncidado, propongo una especulación más: imaginemos que a Moshé le faltaba la circuncisión… ¿Por qué entonces Tziporah soluciona dicho problema circuncidando a su hijo?

Quienes sostienen la explicación biblista aseguran que fue así para continuar su viaje y cumplir su misión. Por eso prefirió circuncidar a Guershón, y tocar con su prepucio los genitales de Moshé, realizando así una “circuncisión vicaria”, es decir, sustituta que rehabilitaba a Moshé delante del Eterno.

Lamentablemente, esta última explicación resulta absurda, ya que jamás ha
existido en Israel la “circuncisión vicaria”. Más aún, dicha expresión es un oxímoron, es decir, un concepto contradictorio, porque la circuncisión era un pacto personal e intransferible del israelita con YHVH. Nadie podía circuncidarse por otro. Si Tzipora circuncidó a Guershón, sólo pudo deberse a que éste carecía de esa operación, y no Moshé. Esto nos lleva a una primera conclusión: Moshé ya estaba circuncidado, y lo que el texto relata es simplemente la circuncisión de su hijo primogénito.

Así es como todo el contexto literal inmediato lo insinúa: su hijo no estaba circuncidado, y, por lo tanto, carecía de la señal del Pacto que el Eterno hizo con Avraham, por la que se formaba parte del Pueblo Elegido. Pero entonces, ¿por qué Dios decidió atacar y dar muerte a Moshé? ¿Acaso no dice la Torah que, si en Israel un niño no es circuncidado, el castigo debe recaer sobre el propio niño y no sobre su padre? (Gn. 17:14).

No hay razón para que Dios ataque a Moshé. Llegamos así a una segunda conclusión: el objeto de la agresión divina (“darle muerte”) también era Guershón, y no Moshé.

Entonces, y a causa de esto, el Eterno para resaltar la enormidad de esta falta, hace ademán de atentar contra la vida de Moshé, mostrando así que él es el único responsable de este inexplicable olvido… A Moshé, el Eteno le causa la plaga que conducirá a la muerte del hijo primogénito, si él y no hiciera la teshuváh correspondiente.

Ahora bien, estas dos conclusiones firmes (es decir, que el blanco del ataque era el niño, y que la razón fue porque no estaba circuncidado), plantea a su vez otros interrogantes que debemos despejar para poder llegar a la conclusión y revelación correcta:

  • ¿Por qué YHVH quiso matarlo, si en la Torah el castigo por no estar circuncidado era la expulsión de la comunidad, y no la muerte?
  • ¿Y por qué Dios esperó a que entraran en el viaje a Egipto para atacarlo, en vez de hacerlo antes de comenzar el mismo?
  • ¿Por qué Tziporah tocó con el prepucio ensangrentado los genitales de Moisés, si Moisés ya estaba circuncidado?
  • ¿Por qué fue ella quien lo circuncidó si según el mitzváh (mandamiento) de la Torah, esta es una tarea masculina?
  • ¿Qué quizo decir con la expresión: «Tú eres para mí esposo de sangre»?
  • Y la pregunta más importante: ¿Por qué el Eterno decidió que el relator contara este episodio en la Torah misma?
La Décima Plaga Anunciada en un Acto Profético de Fe.

Para resolver cada uno de estos enigmas debemos recurrir a la pista que el propio redactor bíblico nos ha dejado: el contexto del relato.

Si prestamos atención al texto notaremos que en los versículos inmediatamente anteriores, YHVH ordena a Moshé:

“Cuando vayas a Egipto, dirás al Faraón:
«Así dice Yahvé:
Israel es mi hijo primogénito.
Por eso, deja salir a mi hijo para que me dé culto.
Si no lo dejas partir, yo mataré a tu hijo primogénito”
(Éxodo 4:21-23).

Es decir, antes de que Moshé emprenda el viaje de misión apostólica para llevar guehuláh (redención) a Israel, el mismo Dios le informa que piensa mandar contra Mitsrayim (Egipto) un castigo muy grande (más tarde conocido como la “décima plaga” o «muerte de los primogénitos«).

Dicho castigo consistió en que, el día fijado, a la medianoche, YHVH pasó por el país matando a los primogénitos de cada familia que vivía en Egipto, tanto egipcia como extranjera (Ex. 11: 4-8). Los únicos que se salvaron fueron los niños israelitas, “porque Yahvé sabe distinguir entre los hijos de Egipto y los hijos de Israel” (Ex. 11: 7).

Después de anunciar la amenaza de muerte de los niños, sigue el episodio que estamos estudiando. Ahora bien, si un momento antes el redactor hablaba de la muerte de los primogénitos, es lógico pensar que, cuando a continuación dice que Yahvé “quiso darle muerte”, y no aclara a quién, el “le” se refiera al primogénito de Moshé, es decir, Guershón. El contexto, pues, confirma que el agredido no fue Moshé sino su hijo primogénito.

Ataque a la Hora Señalada por el Espíritu de la Profecía

La vinculación de estas dos escenas nos permite entender por qué el Eterno quiso atacar a Guershón. Éste no estaba circuncidado, debido a que Moshé había vivido todos esos años entre los madianitas, y ellos postergaban la circuncisión hasta el momento del matrimonio, como una iniciación a la vida de liderazgo familiar. En cambio, los israelitas realizaban el Brit Miláh (Pacto de Circuncisión) a los ocho días de nacido el bebé varón, señalando que pasaba a formar parte del pacto avráhmico y así recibía protección como parte del Pueblo que el Eterno estaba formando para bendecir a las naciones con la simiente mesiánica.

Por lo tanto Gershón, al aproximarse a Mitsrayim (Egipto) con su familia, no lo hace como un niño israelita sino como un extranjero. Entonces Dios, representado en el Ángel de la Muerte, decide atacarlo y darle muerte, como demostración de la terrible plaga que había predicho en la escena anterior que le acontecería a faraón y los egipcios. Según esta interpretación, la intención de Yahvé no era castigar al niño, ni tampoco a Moshé, sino mostrar que Él es un Dios veraz y que por lo tanto piensa cumplir en serio lo que ha anunciado, y liberar a Israel con todas las consecuencias.

De esta forma también se explicaría el porqué del ataque de Yahvéh al pequeño Guershón durante la noche. Porque es la hora en la que la décima plaga atacará a los primogénitos extranjeros.

En las Pierna del Cuerpo y los Postes de las Puertas

Así se nos aclara, también, otro detalle: ¿a quién tocó Tzipora con el prepucio ensangrentado? Como lo dije más arriba, muchos estudiosos interpretan que fue a Moshé, para fingir su circuncisión. Pero es difícil pensar que el Eterno se hubiera dejado engañar con semejante maniobra supuestamente vicaria. Más bien hay que pensar que tocó al mismo niño.

¿Pero con qué objetivo, si ya lo había circuncidado?

Nuevamente el contexto anterior, que anuncia la décima plaga, nos ayuda a entenderlo.

En efecto, durante la décima plaga, los niños hebreos no se salvaron de la muerte únicamente por estar circuncidados, sino también porque los postes y el dintel de sus casas estaban marcados con sangre (Éx. 12:22), de modo que al pasar el Ángel de la Muerte y notar las manchas de sangre en un lugar visible, siguió de largo preservándoles la vida.

Ahora bien, hemos leído que el texto dice literalmente que Tzipora tocó los “pies”. Aunque dijimos que algunos piensan que podría ser un eufemismo para aludir a los genitales, los sabios aseguran que es mejor aquí tomar la palabra en su sentido corriente, es decir, los pies; o más exactamente las “piernas” o “muslos” (traducción también del hebreo régel).

¿Por qué? Porque las piernas son como los postes de las casas de una familia. Es decir que Tzipora está haciendo (inconscientemente) un acto profético mediante el cual el Eterno señala cómo se salvarán los hijos de los hebreos cuando acontezca la décima plaga, donde cada padre de familia seguirá incondicionalmente la orden de Yahvéh:

«Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque YHVH pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará YHVH aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir.»
(Éxodo 12: 22-23).

Entiéndase bien esto, el dintel (la zona de la entrepierna del niño) ya estaba marcada por la circuncisión; faltaban sólo los postes, que es lo que Tzipora completó, cumpliendo así el rito que, días más tarde, los padres hebreos
cumplirán en sus casas para salvar a sus hijos.

Por ello, cuando el Eterno, representado en Su ángel, vio al primogénito de Moshé circuncidado, y las marcas de sangre en sus piernas, lo soltó y se alejó de la posada, como más tarde seguirá de largo en las casas marcadas, la noche de la décima plaga.

En verdad, que esta interpretación puede ser correcta, lo confirma
otro detalle. El texto original no dice que Séfora “tocó” las piernas de Guershón con sangre, sino que “untó” sus piernas. Y este verbo es el mismo que se utilizará más adelante cuando se cuente la décima plaga: Dios ordenará “untar” el dintel y los postes de las casas con sangre (Ex. 12:22).

¿Pero por qué fue Tzipora quien practicó el rito, y no Moisés, siendo que se trataba de una función masculina?

Porque en aquel tiempo, las mujeres de Madián eran las encargadas de las tareas familiares, incluida la circuncisión. Cuando más tarde el rito se impregnó de sentido profético a través de los mitzvot (mandamientos) de la Torah, quedó en manos de los varones, particularmente de los sacerdotes. Aún así, las mujeres podían practicarlo en caso de emergencia.

Entonces el autor bíblico muestra a Tzipora circuncidando a su hijo para resaltar lo urgente de la situación, y para reeditar el contexto de la décima plaga, donde todo hubo que hacerlo de prisa (Ex. 12:11).

¿Un hijo por esposo?… ó… ¿Un primogénito que salva al esposos?

Queda un último enigma por descifrar, el más intrigante, y es la exclamación de Tzipora al untar las piernas de su hijo con sangre: “¡Tú eres para mí esposo de sangre!”.

¿Qué significan estas palabras?

La frase hebrea jatán damim (traducida aquí como “esposo de sangre”) es muy extraña, y no vuelve a aparecer nunca más en toda la Tanak (A.T.). Por lo tanto, es muy conveniente que la consideremos tanto en su contexto histórico-cultural como lingüístico.

Por todo lo que hemos dicho, evidentemente está dirigida a Guershón, porque Tzipora la pronuncia al circuncidarlo (Éx. 4:26). Pero la pregunta es evidente y lógica: ¿por qué lo llama jatán (“esposo”)?

Según los exegetas, en tiempos antiguos la palabra hebrea jatán (que aquí se traduce por “esposo” y que también se usa para «novio«) tenía un significado más amplio e impreciso, y se utilizaba para referirse a cualquier pariente. Será más tarde cuando esta expresión quedará restringida al esposo o novio.

Ahora bien, como el relato es muy antiguo, la expresión “Jatán Danim” debe traducirse más bien por “pariente de sangre”; y el grito de Sefora deberá entonces ser leído:

¡“Tú eres para mí pariente de sangre”!

Así esta expresión debe tomarse como una frase ritual. Es decir que son palabra que expresan más bien una especie de jaculatoria (oración piadosa) o exclamación profética, que se empleaba al cortar el prepucio.

Esta expresión en los labios de Tzipora indicaba que el niño, hasta ese momento identificado como un extraño por su falta de circuncisión, adquiría un nuevo parentesco con el clan de su padre: en este caso Gershón pasaba definitivamente a ser miembro del pueblo de Israel.

En este pasaje, la expresión da a entender que Tzipora vio un efecto poderoso en la sangre del hijo para salvar la vida del padre y la misión que este tenía para con Israel, tanto como para ella pasar a ser una mujer israelita por adopción.

Es que con esta declaración Tzipora aludía a que si bien hubo un descuido de Moshé en circuncidar a su hijo de acuerdo al mitzváh del Eterno dado a Avraham, el derramamiento de sangre que acaba de practicar en su hijo primogénito conlleva a reparar el descuido que ocasionó tal cortocircuito en el Mundo de Arriba, y le garantizaba a ella el traspaso de pueblo y de pacto.

Esa expresión insólita de Tzipora: “¡Eres para mí novio de sangre!” evidentemente se hizo porque la circuncisión tenía que ver con un pacto. Ella reconocía que el autor de aquel pacto era YHVH, el Dios de Avraham, Itsjak, y Yaakov, representado aquí por el Ángel de la Muerte. Por consiguiente, al dirigirse al Eterno por medio de su ángel representativo llamándolo “novio de sangre” no parece que Zípora hubiera estado hablando en son de crítica, sino en reconocimiento de su propia sumisión ahora a las estipulaciones de aquel pacto, y no de las tradiciones de Madián, su nación de origen.

Al cumplir con los requisitos del pacto de la circuncisión, ella reconoció que existía un pacto con YHVH y el alma pre-existencial llamada Israel.

Era como si ella hubiese aceptado una posición como de esposa en el pacto de la circuncisión, con YHVH como el esposo. De este modo ella también se declaraba ahora una mujer israelita en todas las letras de la emunáh de Avraham, que se comprometería a que sus hijos y generaciones buscaran ajustarse siempre a las normas y ética revelada por el Eterno a través de las sabiduría de Su Instrucción.

El pacto de la Torah establecido posteriormente con los israelitas dejó claro que en un pacto, el Eterno asume, por decirlo así, el papel de esposo, y la otra parte, el de esposa (Jeremías 31:32). 

Por este acto de obediencia al requisito apropiado de Dios, la vida de su hijo ya no estaba en peligro, y la misión redentora de Moshé estaba libre de todo rigor celestial. Así el proyecto de liberación divina comenzó a fluir con un poder inimaginable para aquella familia y para Israel mismo.

Vemos que Tzipora no necesita matar al «enemigo» que amenaza la supervivencia de su hogar; más bien, en su acto de liberación, ella cumple una de los mandamientos de la Torah y así salva a su familia del mal que la acecha. Tzipora nos presenta una consigna fundamental en la formación de identidad y representa un gran desafío para nosotros hoy: cuando la familia nuclear está bajo ataque, los conflictos y las dificultades pueden resolverse cumpliendo los mandamientos que dejarán su huella en las generaciones futuras.

El Dolor de Un Padre ante la Muerte de Su Primogénito.

Pero aún queda un midrash (enseñanza) más que creo importantísimo destacar. Es la enseñanza de cómo debe ser un líder que sigue el llamado del corazón pastoral de YHVH.

Volviendo a leer el pasuk (versículo) 23 leemos:

«hineh anoji horeg et-binja bejoreja«

«voy a matar a tu hijo primogénito.«

El Eterno le está ordenando a Moshé que en algún momento tendrá que decirle al Faraón:

«¡El Eterno dará muerte a tu hijo primogénito!»

Por lo tanto, YHVH, como Dios verdadero, necesita que Moshé se acerque al Faraón, y desde él a cada padre egipcio, con empatía y compasión a fin de no ser sádico a la hora de ver el cumplimiento de esta plaga.

El Eterno quiere que Moshé salga de ser el centro del universo, y logre ver aún a su enemigos como gente que merece ser entendidas desde el lugar que ocupan y en el destino al que se dirigen. ¡Sólo así su misión será correctamente cumplida!

Así pues, desde este evento, el ego de Moshé quedará totalmente eliminado, y la humildad lo caracterizará a la hora de representar a YHVH frente al Faraón y los egipcios.

Moshé tendrá en su alma el claro entendimiento de que el Eterno llegará a utilizar esta terrible plaga con gran dolor en su corazón, pues Moshé, a partir de este evento, adquirirá una conciencia de lo que significa tener a su primogénito en riesgo de muerte por causa de una plaga que el propio Ángel de la Muerte ocasiona.

Por lo tanto, Moshé al elevar su vara y hacer uso del poder delegado por la Guevuráh divina, no deberá hacerlo sin la previa activación de la compasión (Tiferet). Así logrará no hacer abuso de autoridad sobre las multitudes a las que está llamado a servir.

¡Este será el modelo revelado para ejercer un liderazgo mesiánico!…

¿Bebé… Maduro… o… Inmortal?… ¿Qué Eres? (Las Edades del Alma)

Por P.A. David Nesher

Durante 12 semanas el Eterno estuvo implantando en nuestras almas Su Keter, es decir, la clara cosmovisión de como vibra Su Intensión en el cosmos para que nuestra mente se fortalezca con Su Sabiduría y así vivir diariamente con alegría interior (simjá) dentro de las circunstancias de aprieto y aflicción.

Te invito a escuchar con el corazón la biodescodificación que nos dio el Eterno a través de esta parashá, ingresando en esta aula virtual:

Aprende más acerca de todos los temas de la sección Vayejí ingresando en este enlace:

https://davidnesher.com.ar/tag/parasha-vayeji/

¡Si te Tranquilizas… Pierdes!… ¡Malgastas Tu Tiempo, y Abortas Tu Propósito!

Por P.A. David Nesher

«Y habitó Yaakov en la tierra …»

(Génesis/Bereshit 37: 1).

Al estudiar la parashá VaYéshev, observamos que Yaakov avinu anhelaba asentarse en la tierra de Kenáan para tener una vida tranquila. Así pues, cuando él creyó encontrar el lugar indicado para hacerlo, en ese mismo momento los problemas cayeron sobre él, poniendo en el blanco a su hijo favorito: Yosef, el soñador.

¿Por qué no se puede anhelar la Tranquilidad?

Si analizamos profundamente la vida que hasta aquí le toque peregrinar a nuestro patriarca, encontraremos muy lógico y razonable que surja en él ese anhelo.

Esav quiso matarlo desde que se encontraban en el vientre de su madre; así vivió un tiempo debidamente acosado hasta que se vio obligado a huir. En el camino, Elifaz, su sobrino, lo despojó de todas sus pertenencias; en un principio, él iba a matarlo, pero luego se conformó con robarlo.

Entonces, tuvo que irse a morar junto a la casa de Labán, su tío idólatra, famoso hechicero de Jarán, con quien se comprometió obligadamente a trabajara fin de obtener la mano de Rajel, la hija de Labán a la que Yaakov amaba. Después de que cumplió el plazo, Labán le entregó a Leáh sin que se diera cuenta y tuvo que trabajar otros siete años para poder casarse con Rajel.

Continuó trabajando sin descanso ni tregua junto a su suegro, hasta que, temiendo por su vida, resolvió escapar una vez más y trasladarse con su familia a su tierra. Finalmente, estando en Eretz Israel, su esposa Rajel murió al dar una luz a su segundo hijo, Benyamim.

¡Entonces es lógico y justo! ¡Cualquier ser humano bajo estas circunstancias rogaría establecerse con un poco de tranquilidad acompañado de su familia!

¿Acaso podríamos pensar que Yaakov quería serenidad para descansar o para pasar el tiempo tranquilamente con su familia?

¡Por supuesto que no pretendía eso! Seguramente él deseaba dedicarse de lleno a sus quehaceres espirituales. Sin embargo, desde el propósito eterno de Dios para Yaakov, no fue correcto pedir serenidad.

El Eterno quiso demostrarnos, por medio de esta experiencia de Yaakov, que el propósito de nuestro tránsito por este mundo es hacer avodáh, es decir servicio sacerdotal (verdadera adoración). Para lograr esto, como escogidos debemos trabajar y esforzarnos en superar todos los desafíos de la vida, hasta conformar una personalidad semejante a la medida de la plenitud del Mashiaj (Efesios 4:13). Según el propio Eterno esta avodáh dura solamente 120 años (Génesis/Bereshit 6:3).

El sabio Rabán Gamliel ben Yehudá HaNasí dijo:

«Es bueno el estudio de Torah junto con el trabajo, porque el esfuerzo requerido para ambos hace olvidar el pecado«.

El Rab de Kotzk dijo:

«La razón por la que una persona no debería pecar no es solo porque está prohibido, sino que la permanencia del hombre en el mundo es tan breve que no debería tener tiempo libre para pecar«.

Sabemos por lo que la revelación divina otorga que cada ser humano llegó al mundo con una asignación. Por lo tanto, si cada uno de nosotros tomamos con seriedad y responsabilidad las obligaciones que dicha asignación demanda, no tenemos tiempo para el ocio y el relajamiento egoico.

Entiéndase bien que al compartir esto no estoy refiriéndome a que no se puede tomar un respiro de vez en cuando, pues también el Eterno enseña que eso es esencial para el bienestar físico y mental de toda criatura humana.

Lo que estoy aquí enfatizando es que generalmente aquellos redimidos que trabajan en la búsqueda del sustento también deben buscar su tiempo especial y específico para esforzarse en el estudio de los Secretos del Cielo y en la realización práctica de cada mitzvot que ordena YHVH. Esto debe darse incluso descansando para reponer sus fuerzas.

Entonces se entiende que una ser humano con estas características no tiene tiempo para el ocio egoico, es decir no puede darse un plazo para recibir sólo para sí. En consecuencia, tampoco tiene tiempo para pecar.

Con este pensamiento celestial en su mente, se cuentan que para Jafetz Jaim (sabido rabino del siglo XIX) cada instante de su vida era tan preciado como la más valiosa joya. A tal punto era esta praxis de fe que él calzaba zapatos sin agujetas (cordones) porque había calculado que el tiempo que pierde la persona calzando y atacando los cordones de sus zapatos es de un minuto. ¡Sesenta segundos por día! Esto son 365 minutos al año, que equivalen a seis horas. Calculado en 70 años, son 420 horas ganadas, que él invertía en estudiar más Torah… ¡Realmente asombroso!… ¡Esto es saber apreciar nuestro tesoro más valioso!

Lo más caro que poseemos es el tiempo, porque lo pagamos con la vida misma (Eclesiastés 3: 1-11) . Nuestro estudio de Torah tiene que ser lo más valioso en todo el día. Una vez que nos sentamos a estudiar, no podemos permitir que nada ni nadie nos interrumpa. No es lo mismo estudiar una hora que dos medias horas.

Leí la siguiente historia que permite ilustrar esto que estamos hablando:

Un campesino que andaba por un valle recorriendo las vías del ferrocarril, se quedó observándola y pensó para sí:
_ “¡Este metal es justo lo que necesito para cercar el corral!”.
Sin vacilar, puso manos a la obra y arrancó un par de metros de vía.
Afortunadamente unos policías pasaban por allí y detuvieron de inmediato al individuo.
Una vez que se notifica el aviso para que se interrumpa el avance del ferrocarril, se condujo a aquel campesino frente al juez para que le dicta la sentencia.
Cuando estuvo delante del magistrado, este le preguntó:
_ «¿Tienes idea de la gravedad y las consecuencias de su acto?».
_ «Su señoría, ¿qué le hacen un par de metros de vía a los kilómetros de kilómetros que tienen tirados allí?«.
_ “¡Tirados! Si esos ‘pocos metros’ no están colocados en su lugar en el momento que el ferrocarril pasa por allí, Esto se descarrilará y volcará provocará una tragedia que no quiero ni pensar. Por tanto, ¡lo sentencio a 30 años de trabajos forzados! ”, dictaminó el juez.

Amados discípulos de Mashiaj, al estudiar la parashá de esta semana necesitamos entender y aceptar que tenemos un tiempo limitado para cumplir con nuestro propósito en la vida.

La conciencia hebrea en la fe de Avraham, Itzjak y Yaakov, dice que el peor crimen es el asesinato. El peor asesinato es el predeterminado, y dentro de este pecado, podemos encontrar algo que es más grave: el asesinato de uno mismo (suicidio). Este crimen se subdivide en dos: el asesinato físico y el espiritual. Matar el tiempo es una de los crímenes más condenables que pueden cometerse en la vida. El ser humano que ha sido redimido por la Gracia del Eterno no puede matar al tiempo, pero el tiempo sí lo puede matar a él.

Me encontré con una historia talmúdica semejante a la parábola de los talentos (Mateo 25: 14 – 30). Se trata de un rey que debía declarar por heredero a alguno de sus tres hijos.

Este monarca sabía que llegaría un día en el cual necesitaría que ceder la corona a uno de los tres, pero necesitamos saber quién de ellos era el más capaz para sentarse en el trono desde dónde beneficiaría a todos los súbditos.

Entonces se le ocurrió probarlos con el asunto de la administración de las finanzas. Entregó a cada uno una importante suma de dinero para que, durante un año, la administrara y entonces rindiera cuenta de su mayordomía.

Así, terminó el plazo y el monarca exigió que le rindieran cuentas.

El primero presentó un balance positivo de sus acciones, por lo que recibió la aprobación y el consentimiento de su padre para continuar con el negocio.

El segundo hijo se disculpó con su padre, ya que, por desgracia, había invertido el dinero en un proyecto que consideró en un principio de mucho éxito, pero la realidad le demostró su equivocación. El padre aceptó la disculpa y le entregó otra cantidad de dinero; además, lo alentó para que siguiera intentando en el nuevo año de desafíos regios.

Cuando el tercer hijo le devolvió el dinero en el mismo sobre, tal como lo había recibido, el padre se molestó mucho con él. Ante el insospechado comportamiento de su padre, el hijo le increpa exigiéndole la explicación sobre el motivo de su enojo. No entendía por qué él, que había cuidado con esmero el dinero, era criticado por su padre, y su hermano, que había perdido todo, había recibido incluso otra dotación.

El padre le respondió:

“Tu hermano, aunque perdió todo lo invertido, cumplió con lo encomendado. Hizo todo el esfuerzo posible por invertir bien el dinero que ganó. En cambio tú, no entiendo cómo te atreves a preguntar el porqué de mi enojo. ¿Acaso te di el dinero para que lo guardaras? ¿Acaso crees que no tengo cómo cuidar el dinero, que necesito de ti para guardarlo?«

De la misma forma, cuando un ser humano llega a este mundo, el Eterno le asigna cierto número de días. Así es cada ser humano viene marcado con el día exacto de su muerte.

Ahora bien, en adición, el Creador otorga a cada una de sus criaturas humanas el intelecto necesario para adquirir conocimientos de Torah y observar los preceptos que en ella se revelan para vestir el alma de Luz.

Así mismo, le otorga también el suficiente sentido común para manejarse en este mundo.

Sin embargo, en nuestra naturaleza caída, y para nuestra vergüenza, no logramos vivir a la altura plena de nuestra misión. Despilfarramos una gran parte de nuestras vidas, recursos y habilidades haciendo negocios que solo nos producen pérdidas, es decir, transgresiones por las que algún día seremos juzgados. Gastamos mucho más tiempo del que necesitamos para sobrevivir e ir en pos de las vanidades de este mundo. Nos complacen enormemente las cosas que hemos adquirido durante nuestra vida.

Lamentablemente, cuando nuestro Padre Celestial nos exija, después de 120 años, rendir cuentas con el tiempo que nos dio, ¿qué responderemos? En ese momento se nos indagará (y nosotros mismo nos preguntaremos) qué hicimos con cada minuto de nuestras vidas.

Por eso, y para ahorrarnos ese momento amargo delante del Trono de Mashiaj, invito a cada uno de ustedes a preguntarse a sí mismo:
¿Regresaré una vida llena de vaciedad o presentaré un alma llena de Torah y actos buenos?

Medita y acepta hoy en tu corazón que debe ser bastante doloroso llegar ante el Eterno y contemplar la figura que Él esperaba de ti, ver lo que estableció como ser de propósito antes de colocarte en el vientre de tu madre, y contrastarlo con lo que te has convertido …

¡Calma!… ¡Estás aún a tiempo!

Encausa toda tu energía vital y todos tus talentos para vivir con el propósito que YHVH espera de ti.

Encuentro muy oportuno cerrar con esta frase de un gran sabio de la Torah que dijo:

«El día es corto y el trabajo mucho. Los trabajadores son holgazanes y la recompensa es enorme. El patrón los apura”.

(Rabí Tarfón)

Shalom para Todos!

¿Cuál es el Secreto para Ganar Batallas Espirituales?: Disminuir el Ego (Parashá Vayishlaj)

Por P.A. David Nesher

La Instrucción (Torah) divina revela que Yaakov avinu temía en su interior albergar la conciencia MEGUALÍ («me lo merezco»), es decir: «estoy muy seguro de mí mismo y de mis fuerzas» (autosuficiencia). Por ello, rechazó este espíritu de autodependencia y decidió confrontar la realidad que en ese momento su ego aún sostenía. Así fue como Yaakov se metió en el fondo de su propia oscuridad para experimentar la confrontación existencial más difícil de la vida humana: enfrentarse a uno mismo y sus temores egoicos.

Amado lector que tienes hambre por la ciencia de la Torah (toralogía), te invito a considerar la catequesis que he dado en esta aula virtual:

«La Curiosidad Mató al Gato»… ¡Y a Dina la Deshonró!

Por P.A. David Nesher

«Resulta que Dináh, hija de Leáh, que ella diera a luz para Yaakov, salió a conocer a las chicas del lugar. Y la vio Shejem, hijo de Jamor el jivita, príncipe de la tierra, que la tomó, se acostó con ella y la violó. Y él se prendó de Dináh, hija de Yaakov, y amó a la joven y le habló tiernamente.  Entonces Shejem habló a su padre Hamor, diciendo: Consígueme a esta muchacha por mujer”»

(Génesis/Bereshit 34:1-4)

La Torah de repente expande su relato y nos lleva a conocer uno de los episodios más dolorosos en la vida de Yaakov avinu y su casa.

La Torah nos cuenta que en el tiempo que Yaakov y su familia viajaron desde Padan- Aram a Canaan, compro un lote de tierra a Jamor, rey de Shejem (Siquem). Una vez instalados allí, resulta que Dináh, la hija de Yaakov y Leá, salió de su mundo de moral alta para flirtear con un mundo de moral baja. Ella decidió ir sola a ver cómo era la vida en Siquem. Esta curiosidad le causo muchos problemas a ella y a su familia. Su errada actitud la marcó abortando así su propósito, y determinando un destino ajeno a lo que el Eterno había diseñado para ella.

El relato al decir que Dináh se fue a ver a las hijas de la tierra, da a entender que su corazón no se mantenía firme a las enseñanzas de su casa y por ende su comportamiento abrió la puerta para que un joven pagano se la llevara y se acostara con ella y la tratara denigrantemente. Sin embargo, lo triste de esta historia es que ella no huyó de él, sino que por el contrario, ella decidió convivir con él en su casa formando así una pareja en estado de fornicación.

Debo aquí recordarles que el Eterno prohíbe tener relaciones sexuales fuera de la alianza matrimonial que el diseñó para la promoción del alma humana. Además, necesito remarcar aquí que este mandamiento no es solamente para Israel, sino para todos los descendientes de Noaj, pues aquello que escribió el mismo Adam HaRishón, continúa hasta hoy vigente:

«…dejará el hombre a su padre y su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.»
(Gén. 2:24).

Eso significa que aquel que no ha anunciado formalmente en su comunidad que ahora deja su padre y su madre, en un acto público, no puede ser una sola carne con una mujer. El que no se ha unido a una mujer en un acto público de matrimonio establecido por las normas de las autoridades del país, no tiene el derecho de tener relaciones sexuales con ella. Aquel que no ha adquirido una mujer de la cual se puede decir que es “su mujer” mediante las normas establecidas para el matrimonio, no puede unirse físicamente, ni vivir junto con ella. Los juicios celestiales están contra esa pareja y su descendencia.

Los invito a regresar ahora al relato para observar detalles en la conducta de Dináh que conviene tener en cuenta a la hora de valorar la esencia de una mujer.

«Salir» ¿a qué?

Dicen los relatos midráshicos que los habitantes de ese lugar estaban celebrando una fiesta y Dináh no pudo resistirse a su curiosidad y deseos juveniles. Ella se encaminó a la ciudad de Shejem (Siquem) a mirar especialmente los atavíos de las mujeres. Así Dináh, única mujer entre los hijos de Yaakov, que debía ser el adorno de la corona del patriarca, se convertiría en tristeza y vergüenza de la familia. Para algunos sabios, fue tal vez un error de su madre Leah permitir a Dináh ir de paseo a aquel lugar desconocido. Así pues, apartándose Dinah de las buenas costumbres y la decencia familiar, sale de su casa. Sin duda, fue una imprudencia muy costosa, ya que fue raptada y violada por Shejem, el príncipe de la ciudad, hijo del rey Jamor. Terrible lección la que hoy leemos y, que primordialmente enseña a la mujer (particularmente si es bella y virgen), a cuidarse, y de cómo la curiosidad y la falta de sensatez pueden llevarla al precipicio de la indignidad humana.

Los sabios enseñan que Dináh era una joven curiosa que quería ver a las mujeres jóvenes de este nuevo país y entender sus prácticas. No hubo provocación ni falta de modestia; el texto declara claramente que estaba interesada en “las doncellas”, no en “los muchachos”. Los invito a considerar lo expresado por el rabino Malbim (1809 – 1879), experto en hebreo torájico, al explicar este episodio:

“‘Y él la vio’. No pienses que ella lo sedujo, porque el texto especifica que él fue quien la vio primero. ‘Y la tomó’ por la fuerza y nadie pudo salvarla, dado que era el príncipe de la tierra. Su crimen tuvo tres partes:
(A) La secuestró, esto es robar.
(B) Se acostó con ella; esto es violarla, particularmente siendo que no estaba circunciso.
(C) ‘Y la atormentó’ dado que fue violación y ella no consintió, y eso es violarla personalmente
”

(Malbim, Génesis 34:2)

Por lo que también comentan otros expertos, parece que el texto da a entender que Shejem, el hijo de Jamor, era un príncipe muy malcriado acostumbrado a obtener todo lo que su corazón deseaba. Creía que merecía todo, que era todopoderoso y que ninguna gratificación necesitaba ser postergada. Apenas deseaba algo, su anhelo era satisfecho de inmediato. Cuando llegó a la ciudad la nueva familia, cuyo padre era conocido en la región por ser poderoso y bendecido con muchas posesiones y grandes hijos, Shejem debe haberse molestado. Debe haberse enamorado de Dina por su belleza, pero no en menor medida porque era la “hija de Yaakov”. Entonces los sabios aseguran que el texto muestra que Shejem quería superar a Yaakov y aplastarlo, para que no hubiera dudas respecto a quién mandaba en esa ciudad.

Por esto, los sabios comentan que Shejem ideó una forma para que Dináh saliera y ella, cediendo ante la curiosidad natural de una joven en un nuevo entorno, cayó en la trampa. Fue inmediatamente secuestrada y violada.

Muchos de los comentaristas parecen bastante convencidos de que Dináh no tuvo ninguna culpa por el comportamiento de Shejem. Desde este punto de vista, hasta el hecho de “salir” se lo atribuyen a la perversión de Shejem. Consideremos lo que dice este comentarista:

“La hija de Yaakov se sentó en su tienda y no salía. ¿Qué hizo Shejem, el hijo de Jamor? Trajo muchachas afuera de su tienda para que jugaran y tocaran instrumentos musicales. Dina salió a verlas tocar y él la agarró y la violó”

(Pirkei deRabí Eliezer 38)

En este relato pareciera que Shejem planeó su crimen con premeditación. ¿Qué hizo que se enamore tanto para tomarla, violarla y luego apegarse a ella aún más?

“Si no hubiera sabido que era la hija de Yaakov, quien era mundialmente famoso y tenía buena reputación por sus hijos, nunca hubiera hecho lo que hizo.”

(Or HaJaim, Génesis 34:2)

Podremos entender mejor todo esto si consideramos que el verbo hebreo que se traduce «salir» o mejor, “solía salir”, está en el tiempo imperfecto, lo cual indica acción continua que estableció un hábito. Por esto este verbo en el mismo tiempo se vierte también, según el marco de circunstancias, “con regularidad salía” y “comúnmente subía” (c.f. 1 Samuel 18:13; 1 Reyes 10:29). De modo que la aventura de Dináh no resultó de su primer paseo. Ella aparentemente quería “ver” a sus vecinos de la ciudad, familiarizarse mejor con ellos, y así tomó el hábito de asociarse con ellos participando en sus fiestas. Entonces está bien claro que no esta mal sentir curiosidad acerca del mundo que nos rodea. Para ello, el Eterno nos dio atributos mentales para pensar con criterio y quiere que los usemos. Lo que sí es incorrecto es ponernos nosotros y a los demás en peligro sólo por satisfacer nuestra curiosidad creando hábitos inconvenientes para el propósito eterno de Dios en nuestras vidas.

El Peligro de Entrar a Curiosear el Ambiente de Otros.

Posiblemente, al principio ni Shejem ni Dináh pensaban en las relaciones sexuales, pero a medida que los encantos de aquella doncella curiosa despertaron la pasión de él, quien carecía de todo límite moral piadoso, él hizo lo que la mayoría de los varones cananeos hubieran considerado natural. Después de todo, ¡ella había entrado en el ambiente de él! Cuando Dina evidentemente se opuso a “ir tan lejos”, él simplemente la dominó. Ciertamente la violación es algo grotesco y una gran afrenta a la mujer.  Pero debemos entender que en la cultura de los cananeos, eso era aceptable. Esto no lo digo para excusar a Shejem (porque no tiene excusa), sino para hacer entender el contexto cultural en el que eso sucedió. Las mujeres jóvenes sin compromiso eran consideradas caza legal en las ciudades de aquel tiempo. La promiscuidad no solo era común sino que era parte del mismo sistema religioso que ellos practicaban

En la cultura cananea era aceptable que los hombres tomaran a las mujeres que les gustaban. Ellos las tomaban y las hacían suyas. Si los padres no querían que esto les pasara a sus hijas, las protegían y no les permitían salir solas.

Dejar la Cobertura del Padre Atrae la Amargura del Mundo.

Lo que sí vemos en esta historia es que aun si no hubo ninguna medida de consentimiento por parte de Dináh, ella todavía era en parte responsable de perder su virginidad. Aunque ella solo visitaba a “las hijas del país”, quiero que te imagines el tipo de moral que ellas tenían. El hecho de que las esposas jivitas (o cananeas) de Esav eran “fuente de amargura de espíritu” para los piadosos Itzjak (Isaac) y Rivkáh (Rebeca) es ciertamente una indicación de la maldad que ya era manifiesta entre “las hijas del país” (Génesis 26:34, 35; 27:46).

Recordemos que la inmoralidad sexual, incluso el incesto, la homosexualidad, la sodomía y la bestialidad, con el tiempo llegó a ser parte de “la manera que hacía la tierra de Canaán” (Levítico 18:2-25). De modo que, ¿de qué hablaba Dináh durante aquellas visitas? ¿Creía ella realmente que podía evitar la compañía de los hermanos y los amigos de las muchachas?

El que una mujer se mezclara, aparentemente sola, con gente tan inmoral era buscarse problemas. Dináh sabía lo que había ocurrido a sus antecesoras Saráh y Rivkáh mientras estaban en Canaán. A los ojos de los depravados hombres de Canaán, Dináh llegó a ser una víctima lógica. Ella decidió colocarse en una situación comprometedora y pagó por ello con la pérdida de su virginidad, a pesar de cualquier resistencia de última hora. (Génesis 20:2, 3; 26:7).

La salida y curiosidad de Dináh por conocer personas “del mundo” nos muestra el peligro de estar por fuera de la cobertura del padre, apartados de la Instrucción divina. Está perfectamente revelado que hacer algo contrario a la Palabra de Dios nos conduce siempre a tener problemas y desde allí seguramente a un desastre. Por esto el apóstol Juan escribí a los seguidores de Yeshúa lo siguiente:

«No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.«
(1 Juan 2:15-17)

Las Tristes Consecuencias del Apegarse al Hedonismo

Leemos en este relato que después de este triste suceso, Shejem retuvo a Dináh en su hogar y “siguió hablándole persuasivamente”, por decirlo así, ‘a su corazón’. El padre de él dijo: “Su alma se ha apegado a Dináh” (v.8). Estas palabras demuestran que es poco probable que dicho apego ardiente se hubiera desarrollado simplemente como resultado de un solo encuentro.

Shejem sentía un amor almático por Dina, no un amor espiritual y piadoso. Con esto quiero decir que la amaba por lo que podía ser y lo que le podía dar, no por lo que él podía ser y darle a ella. Su corazón egoísta se denota en las palabras: “Tómame por mujer a esta joven”. Era un amor del alma tipo “consígueme”, «quiero recibirlo sólo para mí«. Con esto la Torah revela que es posible que un varón sea atraído a una mujer y que sea amable con ella por razones que tienen poco o nada que ver con el amor verdadero y perfecto. Lo triste de esto, es que, en su deseo de conectarse de manera romántica con un varón, muchas veces a las mujeres se les olvida esto.

Él aparentemente había notado las buenas cualidades de ella antes, quizás durante las frecuentes visitas de ella. Ahora quería casarse con ella. Puede que él y su padre también hayan creído que la propuesta de matrimonio expiaría de alguna manera el acto del hijo y arreglaría la situación, de modo que mantuvieran relaciones pacíficas con la próspera casa de Yaakov. (Génesis 34:3, 8).

Lo cierto y triste de todo este episodio es que terminó con la matanza de Siquem, su padre y todos los varones de la ciudad, por parte de los hijos de Yaakov. Esto ocasionó ostracismo a la casa de Yaakov y llevó a que él condenara severamente la cólera de sus hijos muchos años después (Génesis 34:30; 49:5-7). ¡Qué horrenda cadena de sucesos, y todo porque Dináh no vigiló como mujer sus asociaciones! Este episodio del registro inspirado es una advertencia para las jóvenes de mentalidad hebrea de hoy que tal vez, por curiosidad, se sientan tentadas a mezclarse socialmente con los que no son siervos de Dios. Es importante tener en cuenta el consejo del sabio rey Shlomo:

«El que anda con sabios, sabio será;
Mas el que se junta con necios será quebrantado.
«
(Proverbios 13:20).

Cada jovencita y muchacho que está leyendo estas líneas debe aceptar que en el Israel del Santo y bendito sea, no se puede cometer fornicación. Los que son verdaderos israelitas se cuidan mucho del pecado de fornicación, porque ninguno que vive practicando fornicación puede heredar el Olam HaVá (Mundo venidero). Por eso, en las comunidades de discípulos de Yeshúa del primer siglo se procuraba todo el tiempo que este tema estuviera vibrando en las consciencias de los redimidos:

“Huid de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo.”
(1 Corintios 6:18)

“Sabéis esto, que ningún fornicario o inmundo o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos.”
(Efesios 5:5-7_ RVR 1995)

“Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría. Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas.”
(Colosenses 3:5-6)

“Pero los perros estarán afuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y todo aquel que ama y practica la mentira.” (Revelación 22:15 – RV 1995)

Si alguno de ustedes ha practicado fornicación, lo invito a regresar a la Fuente, nuestro Abba, tomando la decisión de no volver a hacerlo. Pídele perdón al Eterno para que puedas ser limpiado por la sangre del Mesías Yeshúa que es efectivo en todos los que abandonan el pecado.

Y por último, esta historia nos da una gran de lección a los que ya somos padres. El Eterno quiere que aceptemos que debemos aprender a tener cuidado de nuestros hijos, guardándolos de no exponerlos demasiado al sistema reptiliano y sus propuestas hedonistas.

Anhelo que todo esto sirva para vuestra edificación.

Shalom!

La Lucha Interior de Todo Humano (Jacob y Esaú)

Por P.A. David Nesher

Hay dos fuerzas dentro de cada persona: la del cuerpo y la del alma.

Esaú representa preocupaciones del cuerpo: egoísmo, materialismo (cosmovisión el ego). Por ello es que generalmente nos ocupamos más de nuestros deseos corpóreos, somos esclavos de nuestras necesidades y deseos corpóreos; nos ocupamos más de comida, la renta, facturas, sexo, placer, etc. Mientras que Yaakov representa la conciencia del alma, el deseo de conectarse con la espiritualidad, el significado y la benevolencia. En nuestro mundo, el primogénito es el cuerpo. El cuerpo precede al alma.

Los invito a leer, estudiar y meditar la bitácora que a continuación les comparto.

Llamado a Tener un Exitoso Destino (Parashá Lej Leja)

Por P.A. David Nesher

Alguien recuerda esta consigna celestial?:

«Cuando tu dejas «TODO» lo de afuera (Mundo de Abajo) lograrás alcanzar el TODO del TODO.«

Ella es la que permite que tengas verdaderos avances de FE… Esa CERTEZA que te permite salir de tu nivel Kadnut (mente pequeña) del nefesh y adentrarte en los niveles ilimitados de gadlut (mente superior) que tu neshamáh desarrolla cuando el Eterno te revela Su justicia.

Si te atreves ingresa en este link y luego comentar lo que esto te inspiró:

¡Ábrete a Más, y tu Destino se Manifestará en Grande!…

Por P.A. David Nesher

La palabra Haazinu, en su sentido más fiel, significa «hablo a los Cielos porque previamente los he escuchado». Moshé está revelando al Pueblo de Israel que antes de hablar y actuar es conveniente detenerse y esperar a que venga al corazón Luz Celestial y repose como corona en nuestra mente.

El Águila (Nesher) Mesiánica

Por P.A. David Nesher

«Como [con la ternura y la misericordia de] un águila que despierta su nido revoloteando sobre sus pichones, que extiende sus alas y los toma y lleva sobre sus ala. [de ese mismo modo] Yahvéh condujo a su pueblo; Él solo, sin que ningún ídolo ajeno pudiera enfrentarlo.«

(Devarim/Deuteronomio 32: 11-12)

La porción de la Torah llamada HaAzinu es el canto de Moshé al concluir su misión en la Tierra. Es uno de los dos grandes cantos incluidos en la Torah y relata toda la historia del pueblo de Israel, el pasado, el presente y el futuro.

Najmánides escribe que toda alma israelita puede hallar su biografía completa oculta en las letras de este canto. El sabio Maguid de Mezeritch, el discípulo y sucesor del Baal Shem Tov, enseñó que es importante aprender de memoria este canto, ya que toda nuestra vida se despliega dentro suyo.

Es justamente estudiando este cántico que me encontré con detalles trascencendentales para nuestro destino próximo y eternal en esta metáfora del Nesher divino.

En lo personal, y debo confesar que desde muy joven, al comenzar a peregrinar el Camino y la Verdad, me llamó mucho la atención como la Torah utiliza el símil del águila para describir la forma afectuosa en que Yahvéh cuida a Israel. Abba nuestro es comparado por Moshé con una mamá águila que con ternura cobija a sus aguiluchos y atiende a sus necesidades. Ésta es la imagen más poderosas en todo este canto. Animémonos pues a meditar en ella, decodificando su mensaje celestial.

Hemos visto cómo el Eterno guió a Israel a través del desierto con misericordia y compasión. Esta acción redentora es semejante al modo como el águila es compasiva con sus crías. Ella se asegura de realizar movimientos que no la lleven a entrar de improviso al nido. Entendamos que el águila es un ave enorme y poderosa, y si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones.

Así pues debe asegurarse antes agitar y revolotear encima de sus polluelos, batiendo sus alas y moviéndose de una rama a la otra para que sus crías despierten y tengan la fuerza necesaria para recibirla sobre ellos. El águila bate sus alas sobre el nido , no tan fuerte como para desarmarlo, pero tampoco tan suave como para no alborotar a los cómodos ocupantes de este. El águila madre no pone todo su peso sobre sus crías sino que los cubre tocándolas y no tocándolas simultáneamente.

Así mismo, cuando el águila se dispone a transportar sus crías de un lugar a otro, no lo hace usando sus garras. Sucede que el águila no tiene temor de otras aves, pero sí del ataque humano que siempre le arroja flechas o proyectiles desde abajo. Por ello, en lugar de cogerlas con sus poderosas garras, induce a sus pichones a subir sobre sus alas. De ese modo, si una flecha es lanzada desde abajo, solamente heriría al águila pero no a los polluelos. De igual modo el Creador toma a Sus hijos (los benei Israel), protegiéndolos y poniéndolos fuera del alcance del ataque enemigo. Esto hizo cuando sacó a los israelitas de Mitzrayim y los egipcios los alcanzaron en el Mar de Cañas, entonces HaKadosh Baruk Hu (El Bendito Sea) los cubrió con sus nubes, y se puso en medio de los egipcios y los israelitas. En esta metáfora, sin duda, es Dios el águila que viene a despabilar a sus polluelos, revolotea sobre ellos, despliega sus alas y finalmente los pone sobre ellas –sus alas- en un vuelo redentor cruzando el cielo.

Esta es la explicación más tradicional entre los sabios, sin embargo, existe una perspectiva por demás sorprendente que quiero que ustedes también conozcan.

Necesito que recordemos lo que ya hemos estudiado, en la parashá Yitró, en donde vimos que el Eterno también se refiere a su movimiento en la redención de Egipto como un nesher obrando a favor de su nidada, al expresar que los tomó «sobre las alas de las águilas» (Éxodo 19:4). Con esto, Abba nuestro se aseguró de reforzar en la mente de Su Pueblo la idea que el águila y sus alas tienen implicancias claramente mesiánicas.

Investigando me enteré que en el hebreo existen dos sinónimos para el vocablo «alas«:

  • uno es “kanaf”, de valor numérico 150, y
  • “evrá”, cuya guematría totaliza 208.

Teniendo en cuenta dichos datos de gematría, debemos comprender que las expresiones: «sus alas» (Kanafav)  y «sus plumas» (Evrató) esconden un secreto maravilloso:

Si las escribimos en hebreo en singular, y calculamos su valor numérico nos muestran una señal:

Ala =Kanaf de acuerdo al valor numérico de sus letras:

Caf =20,
Nun =50 y
Pé =80,

Valor total= 150

Pluma = Evrá de acuerdo al valor numérico de sus letras:

Álef = 1,
Bet = 2,
Resh = 200, y
Hei = 5,

Valor total = 208

Haciendo la sumatoria de la gematría de estas dos palabras obtenemos 358, que es el valor numérico de Mashíaj (Salmo/Tehilim 2:2), cuyas letras:
Mem=40,
Shin=300,
Yud=10 y
Jet =8; dan un total de 358.

¡Este el mismo valor numérico de Mashiaj!

Así comprendemos que Yahvéh le está revelando a Israel que el águila llevándolos sobre sus alas es el Mashíaj, llevando a cabo su misión Mesiánica Divina.

«TOCAR Y NO TOCAR» las Dos Acciones del Nesher en Su Nido.

Aprovechando que vuestras almas está elevadas, sé que también les resultará muy interesante conocer que en la interpretación kabbalística el revoloteo de las águilas es llamado «tocar y no tocar«.

He mencionado que el águila es capaz de hacer ambas acciones simultáneamente, permitiendo a sus pichones despertar poco a poco, de acuerdo con la capacidad de cada uno de captar su presencia. Es que antes de que el águila tome a sus hijos sobre sus alas primero debe despertarlos.

El águila es un ave enorme y poderosa y si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones. Por eso, nuestro versículo describe al ave sobrevolando sobre su nido, dirigiéndose hacia sus hijos como la más delicada de las criaturas, manifestando un perfecto balance y estabilidad.

El verbo usado en este texto es «rajef», que se traduce como «sobrevolar«, es muy raro que esté expresado en la Torah, siendo esta una de sus pocas apariciones. La primera vez que aparece es en el segundo versículo de Bereshit/Génesis:

«…Y el espíritu de Dios sobrevolaba sobre la superficie de las aguas…».

Explican todos los sabios expertos en hebreo que, en realidad, este es el espíritu del Mashíaj sobre las aguas de la teshuváh, produciendo el despertar de la conciencia de las almas para retornar a Yahvéh.

Entonces, los expertos del idioma bíblico, concuerda que estas dos expresiones de «sobrevolar» son absolutamente complementarias; ambas apuntan hacia el despertar del pueblo de las doce tribus de Israel en general (Casa de Judá y Casa de Efraím), a la realidad mesiánica de volver al Eterno.

Este «tocar y no tocar» es una codificación lumínica muy significante para entender la Gracia divina a nuestro favor. El poder de tocar es el de involucrarse, de inspirar al otro. El poder de no tocar, por su parte, le permite al otro ejercer el libre albedrío, de tal manera que su alma pueda despertarse por sí misma en su deseo de ascender hacia Dios. El águila (Mashíaj) nos inspira y a la vez, paradójicamente, nos permite incorporar lentamente la nueva realidad mesiánica de acuerdo a nuestro propio ritmo individual.

Conviene aquí conocer también que la palabra hebrea nesher (águila) está formada por las letras nun-shin-reish. Lo interesante de esto es que las dos letras finales forman la palabra shar, verbo que significa «cantar«. De todas las palabras del canto Haazinu, shar es la sílaba esencial de nesher.

Existen dos tipos de canto: el verbal (que incluye la poesía) y la melodía. En hebreo el «canto«, que incluye la poesía, es llamado shir, representado por la shin y reish de nesher. En hebreo melodía, por su parte, se dice nigún, que comienza con la letra nun, la primera letra de nesher. Por lo tanto nesher es el acrónimo de los dos tipos de canto.

Esto significa que cuando el águila (nesher) se acerca a su nido bate sus alas para crear un canto, preparando delicadamente a sus pichones para su arribo. Para despertar las almas del pueblo hebreo y junto con ellos al mundo entero, cada persona con su propia chispa del Mashíaj debe poseer el poder de la poesía y la melodía inherente al águila.

La palabra hebrea que aquí se usa para «nido» es ken, que está asociada con tikún («rectificación«, «reparación«) y también con kinián («posesión«). La posesión más perfecta es la nueva Torah del Mashíaj, el canto de las alas del águila, que comienza a resonar a medida que se va aproximando a su cría. Esta nueva Torah mesiánica dará lugar a nuestra rectificación, como el águila que se aproxima suavemente a su nido, tocando y no tocando, despertando a sus hijos que la esperan.

Así, el Espíritu de Yahvéh ha desarrollado en la mente del Pueblo Elegido la imagen del “águila mesiánica” y sus “pichones anhelantes”, encarnando al Mesías redentor e Israel junto con toda la humanidad. Entonces, cuando nos conectemos con esta imagen, podremos comenzar a afinar nuestros oídos espirituales para escuchar la música del águila que se aproxima y prepararnos para la inminente redención final.

Todo para Bien

La palabra que aquí se traduce como «pichones» es gozalav, «sus pichones«, cuyas letras son guimel – zain- lamed. Estas tres letras son un acrónimo de una frase muy conocida y básica nuestra fe: «Gam Zu Letová«, que se traduce: «Esto también es para bien«. El pichón esperando ser elevado sobre las alas mesiánicas debe ser despertado a la conciencia de que todo lo que nos sucede es para bien, y que llevará finalmente a la redención verdadera y completa, que lo recompensará en el Olam Havá (Mundo Venidero).


¿Qué Significa «TODOS USTEDES» en la Cosmovisión Divina?

Por P.A. David Nesher

La palabra hebrea «Nitzavim» tiene varios significados, aquí se trata de estar firmes, de pie, esperando algo trascendental; es estar parados para hacer algo en específico y también significa estar parados para que una fuerza superior venga a chequearnos y validarnos. Por eso, esta sección se lee siempre en el Shabat que antecede a Yom Teruah.

El mensaje primordial de esta parashá se enfoca en que cada persona tiene una finalidad en su propia existencia, y es una parte de la comunidad. Fue este principio de conciencia corporativa en constante solidaridad la que convirtió al pueblo de Israel en un pueblo inmortal; «¡Vosotros todos estáis hoy presentes!». El Eterno está profetizando sobre ellos, diciéndoles: «Cuántos pueblos del pasado histórico hoy ya no lo están. En cuanto a vosotros, lo estaréis siempre, a partir del momento en que seáis solidarios unos con los otros y reconociereis el pacto del Eterno vuestro Dios con vosotros.» Ese es el espíritu del calificativo de «pueblo apartado«.

En la expresión “TODOS USTEDES” se incluye a todo el pueblo, sin importar su calibre espiritual, desde “las cabezas” (líderes) de tribus, los infantes, las mujeres, los extranjeros prosélitos, hasta el escalón más bajo, a saber; “el leñador y el aguatero”. Todos están congregados para “hacerlos pasar por el Pacto de su Dios”, esto es la “avodáh” (el servicio sacerdotal al Santo y Bendito), a pesar de haber pecado tantas veces en Su Presencia. Lo novedoso de este pacto era que introducía el concepto de responsabilidad mutua, en virtud del cual cada israelita está obligado a ayudar a sus hermanos para que observen la Torah e impedir que la infrinjan.

Este es el motivo por el cual Moshé comenzó este discurso pedagógico relacionando entre sí, y a un mismo nivel de propósito, a todos los distintos estratos sociales de Israel que se encontraban de pie ante él. Es este el motivo por el cual dijo: que Dios no les considera responsables por pecados cometidos a hurtadillas, pero que sí cargarían con la culpa por transgresiones perpetradas en forma abierta. Esta noción resulta fundamental para la cosmovisión hebrea, pues ofrece el motivo por el cual no podemos permanecer impávidos ante los errores de los demás, y explica por qué cada varón y/o mujer de Israel de buena conciencia debe conmoverse ante cualquier acto que constituya una profanación pública de los mandamientos de la Torah.

Por todo ello, cuando leemos la expresión “los niños” (v. 10) se entiende que la Torah revela que, en tanto que son menores de edad, no podían legalmente aceptar un pacto, pero aun así, el Eterno quería que compartieran el privilegio de participar en este magno evento [según la explicación de Ramban], o bien, Dios quiso enseñar que sus mayores eran responsables de procurar que los niños se criaran como buenos israelitas [según interpretación de Seforno].

Así pues, y volviendo a nuestra consideración del vocablo “ todos ustedes”, nos damos cuenta que el mismo abarca también a las futuras generaciones de israelitas. Todos juntos, ciertamente, como si fueran Uno solo. Todos formando una entidad indivisible, llegando como un “borrón y cuenta nueva” a los pies del Santo y Bendito dispuestos a renunciar a los problemas y cargas de las generaciones del ayer e iniciar a un nuevo comienzo para asegurar bendiciones en las generaciones futuras.

Entonces queda claro que cuando un israelita se conecta con Yahvéh por medio del estudio de la Torah y la observancia de Sus Preceptos (Mitzvot), los cuales derivan de un nivel espiritual que trasciende la dimensión de tiempo y espacio, se conecta a la vez con la esencia del pueblo hebreo, fuente única de sustento e identidad del ser de Israel. Y allí, en aquel nivel trascendental, en el que el tiempo y el espacio pierden su sentido físico, todas las generaciones -pasadas, presentes y futuras-, se funden en una única entidad. Justamente del Midrash recogemos las siguientes palabras:

«… El Pacto obliga a los israelitas que nazcan en el futuro. Aunque no estén físicamente presentes, sus almas están presentes en esta asamblea. En Matán Tora, estaban también todas las almas hebreas presentes…»
[Midrash, pág 288].

De igual modo encontré en el Zohar la siguiente explicación:

» … Las almas de las generaciones por venir estuvieron ahí presentes y todos recibieron la Torah en el Sinaí, como está escrito: “sino con los que se paran aquí con nosotros en este día y también con aquellos que no están aquí con nosotros en este día (…) Estaban todos ahí, cada uno de acuerdo a su mérito, y vio y recibió las Palabras…»,
[Zohar, Yitró 20:346].

Para concluir, les diré que la Torah emplea diferentes denominaciones para referirse a los descendientes de Yaakov; de todas ellas, la denominación “ Israel” es la más sublime y elevada. El nombre Israel (en Deut 29:9), denota magnitud y poder, significación e importancia. Metafóricamente, el pueblo israelita constituye un único Cuerpo, y cada integrante del mismo es un miembro vital del de dicho Cuerpo Místico.

Ahora sí lograrán ustedes entender por qué mi labor profética es primordialmente conducirlos a despertar y valorar la correcta idea de Cuerpo del Mesías en la Mesa de Comunión de cada sábado que nos permite meditar en este profundo secreto divino revelado perfectamente en Su Pacto Renovado.

Shavuá tov!

Activando la Red de Conexión Humana hacia el Bien.

Autor: Dr. Rav Michael Laitman

Siempre que los seres humanos se hallaron juntos en un mismo lugar lucharon entre sí. Al principio lo hicieron con piedras, lanzas, arcos y flechas. Luego se desarrollaron a un ritmo vertiginoso y lucharon con escopetas, cañones, tanques y aviones de guerra. Finalmente lanzaron una bomba atómica. Cuanto más poderoso es el armamento, más oculto está, y sus implicaciones son más peligrosas. También en el ámbito virtual, las armas de combate se hacen cada vez más sofisticadas a un ritmo acelerado. El campo cibernético, por ejemplo, podría convertirse rápidamente en un frente de guerra.   

De igual manera, el arma más potente y más delicada que se está revelando hoy en día es la fuerza del pensamiento. Muchos científicos sostienen que estamos interconectados a nivel humano en un solo campo, y así como hay un campo de electricidad y magnetismo y un campo de fuerza de gravedad, también existen otros campos de fuerzas. La sabiduría de la Torah también explica que existimos en una red de fuerzas que nos conectan. La fuerza del pensamiento es inmensa y su espacio de acción es la red de conexión entre nosotros: uno puede pensar y otro de repente capta el pensamiento, uno siente un deseo en su corazón y este se manifiesta en el otro.

No obstante, nos hacen falta dos cosas para ver la imagen completa: una es el conocimiento de que nosotros somos quienes activamos la red constantemente, y la otra es el conocimiento sobre cómo activar la red a nuestro favor y de forma consciente.

Actualmente, la fuerza que gobierna sobre el internet es una fuerza negativa, una fuerza destructiva que divide, una fuerza de rechazo y odio que estamos creando constantemente por causa de nuestra naturaleza egoísta. Estamos proyectando esa fuerza negativa ya sea consciente o inconscientemente. Los resultados están a la vista: cada uno está lleno de  su propio orgullo, cada uno se impone sobre el otro, cada uno explota al otro.

Lo que nuestros ojos nos ocultan es la fuerza negativa que estamos generando y esparciendo por la red; no en la red de internet, sino en la red de las relaciones humanas. Más aún, la influencia de esta fuerza regresa en contra de nosotros con más potencia y nos golpea con olas de odio por parte del mundo. Las naciones del mundo, aún sin estar conscientes de ello, están señalando a los judíos como los protagonistas centrales de la red. Mediante su actitud antisemita nos están  empujando a reconocer nuestro destino y cumplir nuestro rol en la red.

Ellos tienen razón. “Así como los órganos del cuerpo no podrán existir ni un momento sin corazón”, dice el Libro del Zóhar, “tampoco los pueblos podrán existir en el mundo sin Israel”. Y, ¿cómo debemos actuar debidamente en la red? Muy simple. Demostrar amabilidad, proyectar afecto, sonreír, respetar, no ser despreciativos, no pisotear. Si cada uno de nosotros refina su actitud hacia el otro, estaremos ya en un comienzo acertado. Lo que se nos exige es tener un anhelo mínimo de estar en unión.

Los pensamientos de unión que proyectemos por encima de los pensamientos egoístas innatos en nosotros despertarán una fuerza positiva en la red de conexión entre nosotros, una fuerza capaz de neutralizar gradualmente el odio y llevar a un equilibrio. Esa es la fuerza que nos protegerá y nos conducirá a un futuro mejor.

No se trata de modales o de predicaciones. Tampoco de frases artificiales o eslóganes. De ninguna manera es psicología barata. Esta es la sabiduría original de Israel, la antigua sabiduría de la Torah. Tampoco es necesario profundizar en miles de sus páginas escritas, sino actuar como un enfermo que recibe un medicamento sin estudiar medicina. Así debemos aceptar su esencia: la ley de la naturaleza de la conexión y el amor.

No dejen que las dudas les ganen; un pequeño pensamiento de su parte a favor de la conexión entre los seres humanos puede realizar un cambio inmenso. La fuerza del pensamiento es el arma más poderosa y es capaz de crear un cambio gigante en la red.

Activemos de forma positiva la red de conexión entre nosotros. Hagan un “me gusta” o escriban aquí debajo un comentario. ¡Transmitan amor con toda su fuerza!

Los Secretos para Alcanzar una Vida Sin Barreras (Parashá Pinjás)

Por P.A. David Nesher

La parashá (porción) Pinjás (Números 25:10 – 29:40) revela en verdad esa conciencia mesiánica a la que podemos ascender por medio de Yeshúa HaMashiaj y que se nos hace especialmente accesible en este Shabat.