Enseñanzas

¿Qué Clase de Paz practicaba Finees (Pinjás)?

Por P.A. David Nesher

“Por tanto, di: «He aquí, yo le doy mi pacto de paz…”

(Bamidbar/Números 25:12) –

Los capítulos de la parashá Pinjás continúan el relato de la sección Balak en donde lo encontramos protagonizando un episodio en el que la autoridad de Moshé fue retada por Zimrí, hijo del jefe de la tribu de Shimón. Resulta que Zimrí se presentó con una midianita llamada Kozbí, desobedeciendo el mandato formal de separarse de estas mujeres. En ese momento, cuando el pueblo esperaba la respuesta a la osadía del varón de la tribu de Shimeón, con la posible consecuencia de la humillación de Moshé, Pinjás atravesó con una lanza tanto a Zimrí como a Kozbí. La Torah nos relata como este lascivo acto cortó la conexión de los israelitas a la sefiráh (esfera) celestial de Yesod, lo que provocó una fuga inmediata de energía mesiánica. Se creó así una abertura que permitió que la negatividad viniera en una plaga que se extendió entre los israelitas, matando a 24.000 de ellos.

Lo cierto de todo esto es que dicho evento tiene una serie de códigos lumínicos que lo convierten en blanco de muchas controversias. Por eso, haremos una serie de preguntas para lograr enfocarnos en la enseñanza de esto: ¿Procedió Pinjás conforme a la Voluntad de Yahvéh o actuó dominado por un ataque de celo? ¡Qué contradictorio! Pinjás mató a un israelita y la Torah lo califica como “persona que hace la paz”. ¿Cómo explicamos esto? Sea cual fuese la respuesta correcta, nada semejante a esta acción había sido vista en Israel hasta entonces.

La Torah nos relata que por este acto de celo por el Nombre de Dios, el mismo Eterno ofrece a Pinjás, su Pacto de Shalom. Ahora bien: ¿cómo se puede armonizar la conducta beligerante de Pinjás con su condición de Kohén, cuya característica fundamental es la paz que debe diferenciar a los descendientes de Aharón? ¿Por qué el Eterno le dio un premio tan grande como el Pacto de la Paz? ¿Qué paz trajo Pinjás al pueblo?

La explicación fluye sola de las mismas Escrituras: Pinjás trae la paz entre el pueblo y Yahvéh a través de su actitud del shomer (atalaya o guarda) que evita que la comunidad toda sufra cortocircuitos espirituales por causa del pecado de algunos.

Para explicarlo mejor, diré que Pinjás era básicamente un hombre de paz, al igual que su padre Elazar y su abuelo Aarón, el Sumo Sacerdote, sobre el cual fue dicho:

 “Sé de los estudiantes de Arón HaKohén: amando la paz, persiguiendo la paz, amando a las personas y acercándolas a la Torá”.

(Avot 1:12)

Sin embargo, cuando Pinjás vio que se estaba profanando el Nombre del Eterno de manera pública, él actuó de manera totalmente ajena a su naturaleza (Números 25:6). Al hacer esto él demostró gran fortaleza de carácter, ya que se sobrepuso a su naturaleza pacífica para santificar el Nombre de Dios.

Con su acción decisiva, Pinjás puso punto final a las orgías con las mujeres midianitas, conducta que amenazaba con desviar al pueblo de su recientemente adquirido compromiso con la emunáh de Avraham, Izjak y Yaakov, para conquistar territorios llenos de idolatría.

Así, el Pacto que el Eterno ofreció a Pinjás incluye la palabra Shalom, que es uno de los Nombres divinos. Por ello, se trata de una relación permanente, porque Dios es eterno.

De esto nos resultará interesante señalar que en el texto hebreo, la palabra para “paz” (shalom), tiene un aparente “defecto”. La letra vav, que corresponde a la letra o, está partida. Si así fue escrito en el original. La pregunta es: ¿por qué el Eterno escribió la palabra para paz completa, shalom, con una letra no completa? Hay una opinión que dice que Pinjás sólo tuvo justicia en su mente cuando ejecutó a los pecadores, sin tener una actitud de misericordia. Por eso el pacto con él no fue perfecto.

Entonces, comprendemos que las Sagradas Escrituras enseñan que no hay paz en la sociedad si no hay justicia. Está escrito que el fruto de la justicia es shalom (cf. Hebreos 7:2), donde primeramente habla de justicia y luego de paz (cf. Salmo 72:1-4; 85:10; Isaías 32:17; 48:22; 57:21; 60:17). Sin embargo, la paz no es perfecta si sólo se emplea la justicia, sin tener misericordia. Además no es correcto sentir sólo venganza sino también debe haber un sentimiento de pena por los que son ejecutados. Algunos intérpretes sostienen que es posible que Pinjás no tenía una actitud de misericordia a la hora de ejecutar la justicia. De esta manera sólo reflejaba una parte del carácter de Yahvéh que es justo y misericordioso a la vez. Pinjás tenía un celo por la justicia, pero le faltaba la misericordia, y por eso el pacto de paz no fue completo.

Por otro lado, encontré un respuesta dada por el comentarista de la Torah Obadiah ben Jacob Sforno (1475-1550), que me ha parecido espléndida y nos podría guiar hacia el motivo del “premio divino” de Pinjás.

Sforno hace ver que gracias a este Pacto de Paz que el Eterno le dio a Pinjás, este tuvo una larga vida, viviendo incluso durante la época del Mishkán situado en Siloh, es decir, incluso después de la muerte de Yehoshúa.

Pinjás es la persona que más años vivió en su generación. La razón de esto es, según el Sforno, debido a que la pérdida solo se encuentra en la confrontación de los opuestos. Es decir, que Pinjás logró vivir una vida larga debido a que no tenía confrontación de intereses internos opuestos uno de otro. Pinjás logró vivir una vida larga gracias a su paz interior.

Allá por la década de los años 60, profesores de la Universidad de Harvard guiados por investigaciones científicas llegaron a la conclusión de que la salud física humana depende mucho de la salud mental de la persona. Si uno no está tranquilo mentalmente y emocionalmente, su cuerpo tampoco está tranquilo y esto lleva a que la persona se enferme y muera. La paz interior hace que la persona esté sana y tenga larga vida.

La paz interior es un producto, como ya mencionamos, del estado mental y emocional y de la confrontación de intereses opuestos dentro de la persona. Cuanto más sincera y verdadera sea la persona consigo misma, menos stress y conflictos esta va a poseer.

Pinjas tuvo el merito de recibir el pacto de la paz debido a que este no llevaba dentro suyo ninguna confrontación de intereses. El solamente buscaba tranquilizar el enojo de D-os y devolver el pueblo a su lugar correcto. Si Pinjas hubiese tenido un conflicto de intereses, seria imposible saber dónde hubiese terminado esta historia. Gracias a que Pinjas no dudó ni un minuto en cual era la acción que se debía tomar en tal momento, este fue garantizado con un pacto de paz para la eternidad. Gracias a que Pinjas actuó de forma “pura y simple, sin ningún conflicto de intereses que generen dudas”, este fue premiado con el pacto de la paz.

Pinjás no solo marcó un avance en términos de paz hasta esa época y hasta hoy en día, sino que su avance es el que refleja verdaderamente lo que es la paz. Muchos piensan que paz es un término teórico y no práctico. Muchos opinan que para llegar a un estado de paz hay que “levantar las manos” y dejarse llevar. Pinjás nos enseñó que justamente para poder llegar a la paz hay que accionar. Hay que trabajar por ella. Para poder llegar a estar en un estado de paz interior hace falta no quedarse inactivo.

Que siempre podamos estar en paz interiormente para así poder llegar a generar una paz exteriormente.

Shalom!

¿Qué diferencias hay entre un profeta verdadero y uno falso?

Por P.A. David Nesher

«Entonces Elokim le dijo a Bilam:
“No vayas con ellos, no maldigas a ese pueblo, ¡es un pueblo bendito!”.
Bilam se levantó por la mañana y les dijo a los emisarios de Balak:
“Vuelvan a su tierra porque YHVH se niega a permitirme ir con ustedes.
”

(Números/Bamidbar 22:12-13)

Debo confesar que si existe una parashá (porción) de la Instrucción divina que realmente abarque la Luz de profecía, esa es Balak. Claro está que, a lo largo de la Torah tenemos al humilde Moshé quien fue el ejemplo primordial del diseño profeta, así como también podemos leer los Sefirot Nevaim (Libros de los Profetas) y así sumergirnos en cómo debe ser un profeta considerando la vida de estos importantes varones y sus oráculos. Pero esta semana que culminará en el Shabat Balak es que nos ofrece otro tipo de profeta, un ser humano con muy malas inclinaciones a la hora de usar la Profecía: Bilaam.

Por eso quiero meditar junto a ustedes acerca de la diferencia entre la profecía de Moshé y la de Bilaam, y de ese modo establecer las diferencias que hay entre un profeta verdadero y uno falso:

Primeramente, deseo guiarlos a darse de cuenta de lo siguiente: Bilam conocía al Eterno, por ello lo llama “mi Dios” (cf. v. 18). Entonces, debemos aceptar que la fuente de su profecía no era demoníaca, sino del Espíritu de Dios (cf. 24:2). Para comprender mejor esto, convendremos que la adivinación viene de los espíritus impuros, y la profecía viene del Espíritu de YHVH, y esta última persigue dar testimonio del paradigma divino denominado Mesías (cf. Apoc. 19:10).

Por eso es que la revelación escritural deja bien en claro que la profecía no proviene de una fuente humana. Esto significa que por mucho que el profeta quiera dar un mensaje, no podrá hacerlo en sí mismo, porque la iniciativa de la profecía no viene del profeta sino de Yahvéh, tal como lo enseñaba el apóstol Pedro al escribir:

“Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu de santidad hablaron de parte de Dios.”
(2 Pedro 1:20-21)

Pero cuando la profecía del Eterno se usa con motivos personales y manipuladores, se convierte en herramienta de brujería. Por eso, el sabio intérprete Maimónides dice lo siguiente en cuanto a la profecía:

  • Los profetas ostentan diversos grados. Al igual que en sabiduría hay sabios mayores que otros sabios, así en profecía hay profetas mayores que otros profetas. Pero todos ellos ven sus visiones proféticas sólo en sueños, de noche, o de día si han caído en trance, como está escrito: «En una visión me daré a conocer a él, en sueños le hablaré» (Número 12: 6). Cuando profetizan, sus miembros se estremecen, su cuerpo desfallece y sus pensamientos quedan confundidos, de modo que la mente queda libre para comprender lo que vea.­
  • Las cosas comunicadas al profeta en la visión profética llegan a él en forma de parábola. De inmediato queda grabada en su corazón la interpretación de la parábola contenida en la visión profética, de modo que sabe qué significa.­
  • Los profetas no profetizan cuando les place, sino tras concentrar sus mentes, lograr un ánimo alegre y benévolo y aislarse, pues la profecía no se posa sobre nadie que esté melancólico o indolente, sino sobre quien está alegre. Por eso los profetas jóvenes hacían tañer ante ellos laúdes, panderetas, flautas y liras cuando querían profetizar (1 Samuel 10: 5). La palabra mit­nab’im, en este contexto, significa que estaban en tren de llegar a la profecía, como quien dice «Fulano se agranda».
  • Esos que tratan de profetizar son los denominados hijos de los profetas, y aunque se concentren puede ser que la Presencia Divina se pose sobre ellos, y puede ser que no se pose.

Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, comprendemos que, la línea divisoria entre un profeta verdadero y un profeta falso es a veces difícil de discernir. Todos los que tiene éxito en las prácticas ocultas tienen un don natural dado por el Eterno que les hace sensibles para recibir los impulsos que hay en el mundo espiritual. Cuando estas personas se vuelven al Eterno y se arrepienten de sus pecados, permanece su capacidad para ser sensible espiritualmente. Esto significa que podrán ser muy utilizados por el Espíritu del Eterno, pero también es cierto que pueden ser influenciados por los malos espíritus guías que tenían en su vieja vida, si no se cuidan.

El poder de una bendición y una maldición.

Antes de continuar considerando este asunto de las diferencias entre un profeta verdadero y uno falso, deseo considerar con ustedes el asunto del poder de una bendición y una maldición. Sabemos, por lo que revela el Eterno en Su (Instrucción) Torah, que la bendición y la maldición son fuerzas incompatibles. Esto significa que a una persona que ha sido bendecida por el Eterno no se le puede transmitir una maldición. La bendición misma actúa como un escudo de protección contra las fuerzas del mal.

Sin embargo, la Instrucción divina también revela que una persona que ha sido bendecida podrá ser alcanzada por la maldición en áreas de su vida en donde hay desobediencia. La bendición opera poderosamente en ciertas áreas de su vida, pero no aquellas áreas de su vida donde la Torah no es obedecida. Es en ellas en donde la maldición logrará su cometido.

Una profeta falso y tendencia al aislamiento social.

Considerando el relato, les diré que el nombre hebreo Bilam, se escribe con las letras: bet, lamed, ayin y mem. Como el texto original no tiene vocales es posible también entender su nombre como «bli am«, que significa “sin pueblo”. Este era uno de los problemas de Bilam, que no estaba en el pueblo de Israel. Él podía haber hecho como Yitró y unirse al pueblo del Eterno, pero prefirió no ser parte de Israel. Él escogió ser un profeta solitario. Yahvéh había dotado a este varón con una capacidad natural para poder recibir y transmitir palabras de profecía, pero él no usó ese don para el bien común, sino para sus propios beneficios. Bilam no dirigía ningún pueblo.

Los estudiosos expertos en los códigos hebreos de las Sagradas Escrituras, aseguran que Bilam podría haber llegado a ser para las naciones gentiles lo que Moshé fue para los hijos de Israel. Es decir, que hubiera sido uno de los personajes más influyentes en el mundo gentil revelando el Nombre del Eterno, por el don de profecía que tenía. Pero era un varón caído que, por su naturaleza infrahumana, solamente funcionaba proféticamente yendo detrás de ganancias monetarias, obsesionado por conseguir la honra de los hombres importantes de este mundo. Esta es la actitud que lo le llevó a la ruina, y es la que siempre ha hecho que varones y mujeres con manto profético terminen cayendo en los grados más bajo de la inmoralidad a lo largo de la historia de la Salvación.

Por esto, nuestro Maestro Yeshúa nos advirtió en los paradigmas fundamentales de su enseñanza lo que leemos en el evangelio de Mateo:

“ Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.”

(Mateo 7:15-20)

Con esto, nuestro Señor deja en evidencia que si los falsos profetas fueran fáciles de distinguir no haría falta una advertencia contra ellos. El hecho de que Yeshúa tenga que advertirnos de tener cuidado con ellos, nos enseña que no es fácil saber si un profeta está hablando de parte de Yahvéh o de parte de un espíritu engañoso, que lo influye para provocar fatalidad y caos.

Las Sagradas Escrituras enseñan que los mensajes de los falsos profetas aparentemente son buenos. Por eso, lo importante para nosotros será mirar el fruto de la influencia de ese profeta. Para esto debemos entrenarnos en analiza lo profético de un varón o una mujer, aprendiendo a respondernos estas preguntas cuando estamos delante de alguno de ellos:

⁉ ¿Cómo es su conducta?

⁉ ¿Cómo es su vida moral, sexual y económica?

⁉ ¿Cómo habla en la intimidad?

⁉ ¿Cómo viven sus seguidores?

⁉ ¿Cómo está su familia, su esposa y sus hijos?

⁉ ¿Qué dice su esposa de él?

⁉ ¿Qué dicen sus hijos de su padre?

Todas estas cuestiones, y otras de igual tenor, son los frutos de la vida de ese profeta. Por eso Yeshúa dijo: “por los frutos los conoceréis”.

Ahora bien, también me es necesario aclarar que, según las Sagradas Escrituras, una cosa es probar la profecía, y otra cosa es probar el profeta. El profeta es probado por sus frutos y la profecía es probada por medio de dos varas: la Torah y el Espíritu de Yahvéh. Hay profecías que son dadas según la Torah, pero con un espíritu ajeno a lo que ella revela y exige. Tenemos un ejemplo relatado en el libro de los Hechos de los apóstoles:

“ Y sucedió que mientras íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha esclava que tenía espíritu de adivinación, la cual daba grandes ganancias a sus amos, adivinando. Ésta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba diciendo:
«Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os proclaman el camino de salvación.»
Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando esto a Pablo, se volvió y dijo al espíritu:
«¡Te ordeno, en el nombre de Yeshúa el Mesías, que salgas de ella!»
Y salió en aquel mismo momento.”

(Hechos 16:16-18)

Si observamos con cuidad el relato, notaremos que el mensaje de la muchacha era verdadero, pero estaba dado bajo la influencia de un espíritu inmundo, llamado espíritu de pitonisa. El apóstol Pablo, que tenía el don de discernimiento de espíritus, supo inmediatamente en su propio espíritu que la fuente de esa profecía venía de un espíritu de pitón. Por eso, el apóstol Pablo atacó al espíritu de pitón en esta joven, y lo expulsó en el Nombre de Yeshúa HaMashíaj.

A esta altura de nuestro estudio les puedo enseñar un concepto de lo que es la profecía. Entonces les diré que la profecía significa esencialmente obtener una directriz del Creador. Por lo general, la mayoría de los seres humanos tiende a pensar que las profecías son para las almas elevadas, como Moshé, Shmuel o Yeshayahu, etc.,… pero en este Shabat Balak aprendemos que eso no es cierto; el don de la profecía también está presente en Bilaam, un ser humano muy bajo. Si ese don estaba disponible para Bilaam, por lo tanto, también debe estarlo hoy para nosotros. Y eso, en general, es en lo que consiste este Shabat: cómo ascender a un estado en el que más aspectos de nuestra vida sean dirigidos por la Luz del Creador.

Las palabras que salieron por la boca de Bilam son eternas, porque son del Eterno. Pero Bilam murió la muerte de los impíos y perdió su alma porque su vida no correspondía a sus palabras.

¡Qué el Eterno nos dé sabiduría para discernir entre una cosa y otra!

Moshé y Bilaam ¿Qué tipo de profecía utilizaba?

Ahora bien, queda un tema más para tratar con Uds., y lo abordaré por medio de una pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre la profecía de Moshé y la de Bilaam? Ante este planteo, el gran Sabio Najmánides, conocido como el Rambán, explica que ellos tenían una experiencia profética totalmente diferente. Por eso, al principio, casi parecía que Bilaam estaba en un nivel superior de profecía que Moshé.

El mismo Bilaam nos explica, en la parashá Balak, el tipo de profecía que recibió y cómo la recibió. Una de las cosas que Bilaam dijo de sí mismo y su profecía es que notó la visión de la Luz del Eterno Lo que quiso decir con la expresión visión era que él poseía un estado de claridad tal que fuese totalmente obvio para él lo que el Creador deseaba que hiciera. Bilaam llegó a ese estado de claridad por lo que se dijo: “Esto es exactamente lo que el Creador quiere que haga”.

Sin embargo, el Rambán dice que había una diferencia entre la profecía que Bilaam recibió y la manera en la que Moshé la recibía. Moshé no tenía idea de cuándo el Creador le hablaría o sobre qué lo haría. No obstante, está escrito que Bilaam ya sabía con antelación lo que el Eterno le diría. Además, sin importar dónde estuviera Moshé, la profecía le llegaba de repente, mientras que Bilaam, por otro lado, sabía cuándo le hablaría el Eterno. Está escrito en los anales talmúdicos que Bilaam decía de sí mismo: “Conozco la mente del Creador; sé cuándo y qué me dirá Él”.

Pensemos en esto que dice Najmánides, el Rambán. Hay dos profetas, uno de ellos es Bilaam, quien sabe cuándo el Creador le hablará y qué le dirá. El otro, Moshé, no sabe cuándo le hablará el Creador ni qué le dirá. Si observamos objetivamente e intentamos decidir quién es el más grande profeta, podríamos decir que Bilaam; porque él sabe más, pues tiene más claro cuándo le hablará el Creador y sabe qué le dirá.

Para explicar la diferencia entre los dos, el Rambán cita una metáfora del Midrash que compara la profecía de Moshé con la profecía de Bilaam, y así logra explicar esta diferencia. Dicha fábula compara a Bilaam con el cocinero del rey. Él, como cocinero, sabe qué plato está preparando, cuánto cuesta, cómo prepararlo y cuánto toma hacerlo. El Midrash dice que Moshé puede ser comparado con el amigo del rey que está sentado en la mesa y no tiene idea de cuánto cuesta la comida, cómo es preparada y demás; está allí simplemente para estar con el rey.

Así pues, el Midrash dice que si quieres entender el secreto de la profecía de Bilaam en oposición al secreto de la profecía de Moshé, compara la situación con un amigo del rey que va a comer con él y el cocinero que prepara la comida. Moshé, al igual que el amigo del rey, no tenía idea de cuál sería el tema general de la directriz del rey; él sólo estaba siempre preparado para lo que fuese. Moshé no se preocupaba por lo que iba a ser. Sólo quería hacer lo que el Creador quería que haga y quería recibir el mensaje que el Creador quería darle. Su enfoque y deseo particular era: “Sólo quiero saber”, a diferencia de Bilaam que se jactaba porque ya sabía lo que quería saber.

A menudo los seres humanos, desesperados por sus aflicciones, acuden a videntes porque necesitan tomar una decisión y quieren saber qué deben hacer. Bilaam era así. Él sabía lo que quería que pasara, o tenía una idea general de lo que quería que pasara, pero también quería tener la directriz. Por ejemplo, ocurre como cuando alguien pregunta si debe ir hacia la izquierda o hacia la derecha en el camino en el que está, ni siquiera considerando la posibilidad de voltear por completo e ir en sentido contrario. 

Sin embargo, Moshé no le estaba pidiendo al Creador que lo ayudara a tomar una decisión. Era una hoja completamente en blanco, siempre con la conciencia de: “Sea lo que fuere, no me interesa, sólo quiero saber”. Esa es la diferencia entre los dos.

Así pues, como vemos Bilaam ya había decidido lo que quería que ocurriera. ¿Cuántas veces hacemos esto? Verdaderamente sabemos lo que queremos hacer, pero pedimos ayuda al Eterno de todas formas, pero orando algo como: “Sé a dónde quiero llegar al final, así que, por favor, ayúdame a llegar de buena manera”. Mientras que el consejo verdadero o la directriz verdadera es: “No sé a dónde quiero ir, sólo quiero ir adonde la Luz del Creador quiera que vaya”. Ese tipo de apertura y deseo es lo que diferenció la profecía de Moshé de la de Bilaam.

Moshé dijo: “No quiero saber cuándo me hablarás, no quiero saber qué me dirás… No me interesa. Sólo hay algo que me importa. Quiero ser guiado por la Luz del Creador”. Y, debido a eso, el Creador se dirigía a él todo el tiempo y le decía exactamente a dónde ir y qué hacer; por lo tanto, toda la vida de Moshé fue guiada.

Bilaam tenía el poder de la profecía. Tenía el poder de la Luz del Eterno que le daba cualquier respuesta que necesitaba. Pero, como tenía una idea general de lo que quería hacer, el Eterno sólo podía guiarlo dentro de ese límite. Y seguramente por esto, tal y como sabemos, él se convirtió en el más bajo de los seres que jamás hayan vivido y fue asesinado de manera terrible.

De esa profecía aprendemos que estar conectado con la Luz del Eterno no le garantiza a un individuo terminar haciendo lo que vino a hacer en este mundo. Recuerda que tanto Moshé como Bilaam tenían la misma capacidad para ser guiados. La gran diferencia es que Moshé estaba completamente abierto a la Voluntad del Abba kadosh que es buena, agradable y perfecta (Rom. 12:2). Por eso el Rambán dice que es muy importante tener una conciencia expansiva de: “No me importa nada. Estoy abierto a absolutamente cualquier posibilidad de orientación”. Cuando tenemos esa conciencia podemos obtener la directriz divina exacta, y lograr alcanzar la meta: el premio del supremo llamamiento de Dios en Yeshúa HaMashiaj (Filip. 3:14).

Esto es muy importante para nosotros porque siempre estamos limitados, incluso cuando pedimos orientación de parte de la Luz del Creador. La limitamos, pedimos que el mensaje esté en los límites de lo que sea que queramos. No obstante, al hacerlo de este modo nunca obtendremos orientación real, sino que obtendremos la orientación como Bilaam. Sí, Bilaam recibió orientación de la Luz del Creador, le dijo qué hacer, pero como no estaba abierto a cualquier posibilidad de lo que el Creador podía haberle dicho, nunca llegó al propósito por el que su alma vino a este mundo. Este es un increíble entendimiento que nos da la parashá Balak a fin de llegar al Shabat revestidos de una conciencia abierta a todas las posibilidades celestiales, pero humildemente sujeta a la Voluntad del Eterno, nuestro Abba Santo.

Mi Sanación depende de mi Visión… (La Serpiente de Bronce)

Por P.A. David Nesher

«Entonces YVH mandó contra el pueblo serpientes venenosas para morder a la gente. Falleció una gran multitud de Israel… YHVH le dijo a Moshé:
“Hazte una serpiente venenosa de bronce y ponla en un mástil. Cuando la miren los que fueron mordidos, se salvarán”.
Moshé hizo la serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y en efecto, cuando una serpiente mordía a alguien, ése miraba a la serpiente de bronce y se salvaba.»

(Números/Bamidbar 21:6, 8-9)

Los rigores del viaje surtieron su efecto, e Israel se quejó sin justificación alguna. La la ira del Eterno fue provocada, y está se manifestó inmediatamente en el campamento, hasta que Moshé los salvó nuevamente.

La protección que antes tenían con la presencia de las llamadas «HaNanei Kavod» (Nubes de Gloria), había desaparecido al fallecer el Sumo Sacerdote Aharón. El miedo paralizante que activa la mente egoica se había encendido. Entonces el ánimo del pueblo se impacientó y hablaron contra el Eterno, el Invisible, y contra Moshé, su líder visible. Ya no se quejaron solamente por causa del camino sino empezaron a criticar la comida que Yahvéh les estaba dando todos los días.

Por ello, las nejashim (נְ חשִַּ֣ים – serpientes) serafim (abrasadoras) pudieron entrar en el campamento de Israel. Los Benei Israel (Hijos de Israel) fueron mordidos por serpientes venenosas que el Eterno había enviado al campamento porque habían hablado mal del maná. El resultado de la queja contra la comida fue mortal. La protección que antes tenían con la presencia de las «Hananei Kavod» (Nubes de Gloria), ya no estaba, y las serpientes pudieron entrar en el campamento, por mandato del Eterno y muchos murieron por causa de ellas.

Esto enseña que la lashón hará (lengua de maldad), manifestada en murmuración, y la falta de gratitud, desata toda clase de peligros en nuestras vidas. La Torah revela aquí que los malos espíritus tienen libre acceso a una persona que habla mal de los regalos que el Eterno da en su bondad. Las serpientes eran un castigo para aquellos quejosos, difamadores y malagradecidos israelitas.

Según los códigos hebreos del relato, la ponzoña en los colmillos de estas hanejoshim haserafim (serpientes ardientes) hacía sentir a sus víctimas un ardor fortísimo como si se estuvieran quemando por dentro. Así que, por causa de este veneno sobrenatural, mucha gente empezó a morir.

Esta plaga demostraba que era un reflejo de lo que había en cada israelita. En las bocas de esa gente solo había mortal veneno. En el libro del Zohar (Jukat 10:71), se registra lo siguiente:

«…Habló el pueblo contra Dios y contra Moshé. Ellos murmuraron calumnias contra HaKadosh Baruj Hu y se pelearon con Moshé. “¿Por qué nos han subido?” Ellos trataron a todo aspecto por igual, pues igualaron a Dios y Moshé, al decirles, “¿Por qué nos han hecho subir?” Es por esta razón que les enviaron serpientes abrasadoras como el fuego. El fuego entró en sus entrañas y cayeron muertos, como está escrito, “Envió entonces el Eterno contra el pueblo serpientes serafines (…) Las serpientes llegaban con la boca silbando y mordiendo, y ellos morían (…) Había un fuego abrasador en sus bocas. Mordían y lanzaban sobre ellos el fuego, quemando sus entrañas y ellos morían…».

¿Por qué serpientes?

En el Midrash existe una alegoría con la que los sabios explican esto. En la misma se le pregunta a una culebra ¿por qué muerde si no tiene ningún placer?, ella simplemente responde: …»¿Y qué placer físico recibe un calumniador…?”.

Los sabios con esto, hacen ver que las culebras no tienen papilas gustativas por lo que toda comida les sabe igual. Es decir que la mordida de la serpiente a diferencia de los demás animales, es sin beneficio para la propia serpiente. Por eso, dicen los sabios, cada serpiente de esta plaga divina es un símbolo de la lengua activa en habladurías, que generalmente es realizada sin ningún beneficio por parte de quien habla

El castigo del principio yahvista denominado «midáh kenegued midáh» (traducido como «medida por medida«), por reclamar a causa del maná (que sabía a lo que cada uno de ellos quisiera), fue el ser mordidos por serpientes; animales para quienes toda comida sabe igual.

Con esto, Israel aprendió que la palabra hebrea najash [(נְ חַּ֣ש) – «serpiente], es también aplicable a la tendencia a actuar negativamente, esa que ser humano carga dentro de sí (y que es parte integral de nuestra personalidad humana). La “serpiente” es un símbolo de las “habladurías”, un ícono de “lashón hará” y, en este sentido, Israel pecaba constantemente con su filosa lengua calumniando, difamando, quejándose de Dios y su líder Moshé, etc.

La NEJASH NEJOSHET (Serpiente de Bronce)

Lo cierto es que a causa de este mortal azote, los israelitas se arrepiniteron y Moshé rogó por ellos. Entonces el Creador les proveyó una fuente de salud: una serpiente de bronce. Las víctimas, donde ellos se hallaran, solo tenían que mirar de lejos a la serpiente, invocar al Cielo, y luego esperar sobrevivir.

Desde su altura profética (es decir desde la altura de Bináh), Moshé hace una serpiente en el nivel inanimado de la naturaleza como si de verdad lo fuera y no de la forma en que es representada a una persona.

De este modo, el Eterno quiere que Israel comprenda que la serpiente de bronce es también un símbolo que representa a la persona humana influenciada por su ídolo egoísta (a esto se le llama egolatría: adoración del ego). La Torah parece decirnos “mira, está simplemente hecha de bronce, ¿por qué te inclinas ante ella?” Es por esto que si tú “ves la serpiente” ahora, es decir si la sientes dentro de ti en ese nivel, eso te cura.

Los sabios comentan desde una pregunta: «¿acaso una serpiente puede dar la vida o provocar la muerte?» Inmediatamente contestan, que no, más bien, cuando ellos alzaban la vista y subyugaban su corazón al Av Celestial, se curaban, pero si no, morían. Eso fue exactamente así porque Dios pudo haberlos curado sin la serpiente; pero ellos entonces habrían pensado que se curaron por medios naturales.

La serpiente de Moshé era un mensaje divino de exhortación que le dice a cada israelita que el ego es meramente un ídolo, una estructura síquica construida en el interior del alma humana con el veneno materialista del sistema reptiliano. Por eso era que donde quiera que el israelita moribundo la viera, ya sea como naturaleza inanimada que se encuentra en un palo, inmediatamente se curaría porque se da cuenta que no hay razón para rezarle a un ídolo. Es decir, que los israelitas comprendieron y aceptaron en este castigo que no existe razón alguna de confiar en el ego que ha sido forjado por la influencia del sistema reptiliano que HaSatán controla y desde donde inocula al alma humana distintas tentaciones para lograr su condenación.

El secreto del presente texto radica en que, para mirar la serpiente había que observar hacia “Arriba”, esto significaba que debían orientar sus pensamientos hacia el Creador, lo que los inducía a abandonar sus malas conductas y entonces se sanaban. La solución para ser libre de ese veneno destructor que corría en su cuerpo, el ratzón atmutz («deseo de recibir sólo para sí» o el ego), era mirar con fe la figura de bronce y hacer teshuváh desde lo que reflexionaban al comprender el simbolismo de esa serpiente de bronce.

Tomando en cuenta lo dicho hasta aquí, vemos que esta historia nos muestra, de la forma más gráfica posible, uno de los principios básicos de la vida espiritual. El pueblo de Israel, después de haber pecado, se encontró con una nueva y distinta realidad (una realidad donde todos son mordidos y todos necesitan ser salvos).

Aquí está la lección aprendida: cuando pecamos, cuando elegimos alejarnos de Dios, nuestra elección siempre tiene consecuencias muy reales e inevitables. Cambia y distorsiona la realidad, tanto en nuestro interior como en nuestro exterior (a menudo en ambas), aunque estos cambios no siempre son visibles como en nuestra historia de la Torah. Después, cuando las consecuencias de nuestro pecado inevitablemente empiezan a ‘mordernos’, comenzamos a clamar al Señor, pidiendo que nos salve (que elimine las serpientes, que aparte las consecuencias). Sin embargo, incluso el Eterno mismo, no restaura simplemente las cosas como si nuestras elecciones pecaminosas nunca hubiesen acontecido; incluso Él mismo simplemente no borra nuestro pecado o el mal que causó.

Al leer el texto en hebreo, logramos asombrarno por la abundancia de silencios y sonidos silbantes de aquí: Nashaj (morder), Najash (serpiente), Nejoshet (bronce)… como si efectivamente el silbido de las serpientes llenasen estos versículos. No es del todo accidental que hayan serpientes en esta historia: en el principio, el pecado entró por la víbora (la serpiente antigua o HaSatán) y qué más, si no pecado (arrastrándose, silbando y mordiendo) ¿está representado por esas serpientes en nuestra porción de la Torah? Sí, no es suficiente eliminar las serpientes, el veneno ya está haciendo su efecto, y por eso, el Eterno tiene que traer un remedio para que todos los que fueron mordidos, vivan.

El Poder de la Visión sobre el Destino Humano.

Resulta que cuando leí el comentario de Rashí, me sorprendí, ya que este exégeta dice que el texto hebreo usa una palabra que significa que tenían que mirar fijamente con concentración.

Los kabalistas enseñan que el sistema de sanación de Dios dependía totalmente del enfoque de la visión de cada israelita.

Uniendo estas dos perspectivas pedagógicas, aprendemos que nuestros ojos son herramientas de gran alcance que pueden extraer energía específica que afectan nuestra materia. Sin duda alguna, la sanación tiene que ver con la visión. La luz que se reflejaba desde la serpiente de bronce generaba ondas cerebrales que activaban una fuerza sanadora.

Todos nosotros hemos experimentado cómo el mirar algo puede generar un cambio pequeño o grande en el cuerpo. La mayoría de nosotros hasta podría vomitar con solo observar algo repugnante. Por otra parte, nuestra boca se hace “agua” cuando vemos algo que nos gusta; el corazón comienza a latir más rápido ante la vista de algo emocionante. Así pues, el sistema de curación que el Eterno le dio a Moshé era totalmente dependiente de la mirada ontológica. Con esto aprendemos que nuestros ojos son una poderosa herramienta que puede extraer del mundo metafísico una energía específica y puede afectar nuestra fisicalidad.

De este modo tenemos que, incluso lo que a nuestros ojos se presenta como malo o negativo, también tiene un sentido, pues en esencia, ningún mal proviene de Arriba, solo es cuestión de orientar la vista en la dirección adecuada.

Cuando el pueblo de Israel reconoció su pecado, el Eterno mostró a Moshé cómo poder sobrevivir en el momento de ser mordido por una serpiente. ¿Cuál es ese remedio? El secreto para la recuperación era mirar fijamente con atención a una serpiente de bronce colgada sobre una estaca.

Hoy, sabemos que para poder curar la mordedura de serpiente, podemos confiar completamente en un práctico remedio: el suero antiofídico, alguna medicina, tratamiento, acción. Sin embargo, en su lugar, a los hijos de Israel el Eterno les dice que miren a la serpiente de bronce (solo mirarla, para poder vivir). No necesitaban acercarse, tocarla o hacer algo con ella, solo tienen que mirarla, “y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá” (v.9). ¡Por mirar atentamente recibieron vida. La visión les salvó de la muerte!

Puedo imaginar que alguno de ellos dudó, incluso se volvió a quejar diciendo: «¿Qué bien puede hacerme, si solo miro a la serpiente?» Pero este es exactamente el eje de esta historia: no importa si Su remedio cumple con nuestras expectativas. ¿Recuerdas a Naamán, el comandante del ejército sirio, que era leproso? (leer 2Reyes cap. 5). Él fue a Eliseo para ser sanado, pero se enfureció y casi se marchó después de que Eliseo no llenó sus expectativas. Él dijo: «He aquí, yo pensé…» Y casi pierde su propia sanación, tan solo porque pensó que debía haberse efectuado de forma diferente. Cuan a menudo la gente se pierde algo de lo que Dios está haciendo, solo porque ellos piensan que debería ser hecho de manera diferente: «He aquí, yo pensé…»

Allí en el desierto, el Eterno ofrece su sanación a todos. Por más extraño e inesperado que pudiera parecerles, era su único medio para sobrevivir (para ser salvados). Aquellos que escogieron mirar a la serpiente de bronce, vivieron, todos los demás, perecieron.

Aprendemos de esto que lo que está delante de nuestros ojos tiene una tremenda influencia sobre nuestro futuro. Es sumamente importante lo que miramos. Lo que entra por los ojos físicos y lo que entra por los ojos espirituales tiene el potencial de matarnos o darnos vida.

Cuando Javáh (Eva) vio que el árbol prohibido era bueno, tomó de su fruto y murió. Cuando los israelitas vieron la serpiente de bronce recibieron vida. ¡Qué importante es fijar su mirada en lo que da vida en lugar de lo que da muerte!


Bitácora Relacionada y Recomendada:

http://Jesús: La Serpiente Mesiánica del Desierto para la Sanación del Mundo.

Jametz Vs Matzá

En tan solo 3 minutos podremos entender lo que significa vivenciar la Salida de Mitzrayim cuando se hace una excelente kasherización de nuestras casas.

Bitácoras que conviene estudiar y meditar para cumplir con este mandamiento divino:


El Pacto del «Brit Miláh» (la Circuncisión)

Por P.A. David Nesher

Notamos al estudiar la parashá Tazría, que junto con las leyes de embarazo, la Torah menciona que el “Brit miláh” (corte del prepucio o circuncisión), se le debe realizar a los niños cuando tienen ocho días de edad.

La “Brit Miláh”, que es el corte del prepucio al octavo día del nacimiento del niño varón, fue enunciada por primera vez en Bereshit/Gén cap 17 [repasar lo aprendido en las Parashot Lej lejá y Vayerá].

Justamente en esta parashá de Tazría, vemos que, en realidad, el Eterno, por medio de Moshé, está reafirmando el pacto que fue dado a los patriarcas, así como nuestro Maestro Yeshúa lo afirmara al decir :

“Por eso Moisés os ha dado la circuncisión (no porque sea de Moshé, sino de los padres), y en el shabat circuncidáis al hombre.”
(Juan 7:22

Con esto notamos que la circuncisión no viene del tiempo de Moshé sino de los patriarcas. Moshé no podía anular nada de lo que había sido establecido anteriormente. El pacto de la circuncisión no puede ser anulada por el pacto de Sinai. De la misma manera el nuevo pacto no puede anular los pactos anteriores, ni cambiarlos. Un pacto posterior siempre está basado sobre un pacto anterior. Cada pacto nuevo que es introducido confirma un pacto anterior y añade algo más para la santificación del pueblo. Esto nos enseña que el nuevo pacto en la sangre del Mesías no puede anular los pactos anteriores. Lo que hace el nuevo pacto es introducir elementos nuevos que hacen subir al pueblo en un nivel superior de santidad y de poder.

Biológicamente hablando, el octavo día es el mejor momento para circuncidar al hombre. Es el día cuando la coagulación de su sangre es más eficaz que ningún otro momento de su vida.

Trascendiendo los seis días de la Creación y el Shabat como 7º día, el 8º día de la circuncisión refleja las fuerzas del Infinito (EinSof) que se encuentran allende nuestra percepción, mientras que el acto de la circuncisión refleja la penetración de aquellas fuerzas de lo Infinito en la existencia finita de la humanidad en contacto con la fisicalidad. Y por eso la circuncisión se lleva a cabo al 8º día de vida, cuando el niño carece aún de la mínima posibilidad de elección o de razonamiento, pues no se trata de un acto voluntario ni de un acto que pueda someterse al juicio de la razón, sino más bien de una Energía divina imposible de ser analizada bajo el espectro de nuestros parámetros finitos, [Torat Emet].

A esta altura de nuestro peregrinar en el estudio de la Instrucción divina, ya conocemos que el número 8 representa lo que está más allá de lo físico, más allá de los siete días naturales. Es la representación de la dimensión sobrenatural, las «zonas de tiempo espiritual» de la eternidad.

Entendemos que todo descendiente de Abraham está obligado a entrar en el “Pacto abrahámico” (Brit miláh). En la tradición judía, la circuncisión es llamada «Ot Berit-Kodesh», conceptos que significan «el signo del Pacto para la consagración«.

En el momento de la circuncisión se bendice al niño con las palabras:

“…Así como ingresa al Pacto (de la circuncisión) del mismo modo ingrese a la Torah, al matrimonio y a los actos de bien…”.

El sentido de esta bendición es el siguiente: Así como uno ingresa al pacto de la circuncisión hasta la eternidad, ingresa también a la vida de Torah, del matrimonio sobrenatural y de los mandamientos divinos hasta la eternidad.

Del Talmud, en el Tratado de Shabat, en palabras del Rabí Shimón Ben Gamaliel aprendemos lo siguiente:

“…Toda Mitzváh que aceptaron con alegría, como el precepto de la miláh, como está escrito: Me alegro con Tu dicho como si encontrase un gran botín, la cumplen todavía con alegría…”.

La tradición judía nos dice que existen dos etapas en el proceso de la circuncisión: lo que se conoce como Miláh; donde se remueve la piel gruesa visible, y lo que se conoce como Priáh; donde se remueve la membrana traslúcida, revelando la corona del brit, (el «pacto«) con Dios, como se manifiesta físicamente en el bebé.

Se considera que la circuncisión es similar a una ofrenda (korbán) debido a que el niño es llevado a través de ella bajo las alas de la Shekináh (Presencia divina). Por lo tanto, se requiere que el niño haya vivido al menos un Shabat para ser santificado y para que su kedusháh (santidad) sea elevada. El Shabat le confiere al niño el status de sagrado y lo prepara para la santidad suprema de la mitzváh del Pacto.

La circuncisión del recién nacido en el día octavo es para permitir a la madre participar y regocijarse con este evento, ya que durante los siete días anteriores ella estaba afectada por la impureza.

Algunos de los objetivos del Brit Miláh, son los siguientes:

  • Ingresar al Pacto Eterno con Dios, por medio de esta ceremonia involuntaria, en el que la obediencia es de los padres.
  • Posibilitar que, de adulto, ingrese voluntariamente en el servicio a YHVH, cuando el individuo debe circuncidar el “prepucio” (la cobertura) de su corazón (Dt 10:16; 30:6; Jr 4:4; Ro 2:29). Esto hacer referencia a aquellos aspectos de su personalidad y naturaleza interior que obstruyen su vínculo con lo Divino, ya que incluso el “prepucio” espiritual más sutil, si no es retirado, puede evolucionar de manera progresiva y decadente hasta convertirse en algo concretamente burdo y áspero.

En la Torah se revela que el varón ha sido llamado a servir al Eterno de una manera diferente a la mujer. Por lo tanto es importante que el hijo varón sea introducido en el culto delante de YHVH cuanto antes. Por el brit miláh (el pacto de circuncisión), será marcada en su cuerpo la señal de la responsabilidad de presentarse ante Yahvéh durante toda su vida, como está escrito: “…tres veces al año se presentará todo varón…” (Éxodo 23:17).

Leyendo el Zohar encontré este comentario:
«…Observa cómo el gran amor del Todopoderoso a Abraham se manifestó en el hecho de que Yitzjak no le nació hasta que se hubiera circuncidado. De esta manera se hizo cierto que su simiente sería santa, de acuerdo a las palabras de la Escritura: “En que la simiente es según su especie”. Si Abraham hubiera engendrado antes de ser circuncidado, su simiente no habría sido santa, porque habría salido del estado de orlah (coraza impura-prepucio), y, así, habría adherido a este estado aquí abajo; en cambio, después de la circuncisión de Abraham, la simiente brotó de un estado de santidad…».

¿Qué Provecho tiene Ser Circunciso?

Ante el hecho que este tema lo estoy investigando, por lo cual reconozco mi inmadurez intelectual respecto al mismo, citaré para responder el planteo a el Rabino Akiva ben Iosef, también conocido como Rebi quien señala:

«…El mérito de la circuncisión es muy grande. A pesar de todos los actos de devoción que hizo nuestro patriarca Abraham, la Torah no se refirió a él como completo sino hasta que se circuncidó, como está escrito; camina delante de Mí y sé completo…». (Génesis 17:1).

Entiendo que con una respuesta así, los planteos continúan aflorando y podemos sintetizarlos en la siguiente pregunta: ¿Qué importancia puede tener la remoción de un pliegue de piel del cuerpo humano?

La tradición judía responde a ello:
«…Siendo el Pacto concertado entre Dios y Abrahám una idea, un compromiso contraído por éste, debe ser simbolizado en nuestro mismo cuerpo para demostrar que las ideas deben estar acompañadas de acciones; el Pacto tiene que ser tangible y el mismo marcará el órgano de nuestro cuerpo por el cual somos progenitores de nuestros hijos, quiere decir: las futuras generaciones, la continuidad del Pueblo del Pacto…».

Como podemos ver, el pacto de la circuncisión en la carne fue establecido entre el Eterno y Avraham y sus descendientes físicos por todas las generaciones. Es un pacto eterno. Esto quiere decir que todos los varones que son descendientes físicos de Avraham tienen la obligación de circuncidar el prepucio para poder seguir estando dentro de ese pacto. Un descendiente de Avraham que no es circuncidado a los ocho días de nacimiento o más tarde perderá el derecho de pertenecer al pueblo de Israel.

Según la ley halájica judía uno tiene que haber nacido de madre judía para poder ser reconocido como judío. Es decir, si alguien no tiene una madre judía no tiene la obligación de circuncidarse en la carne. Esta es la razón por la cual vemos que Pablo circuncidó a Timoteo, porque era hijo de una mujer judía (Hech. 16:1-3).

Si uno dice que la circuncisión de la carne para los que han nacido de madres judías no es necesaria si han experimentado la circuncisión del Mesías, está negando lo establecido en el pacto de la circuncisión entre el Eterno y Avraham y sus descendientes para siempre. No podemos mezclar los diferentes tipos de circuncisión y decir que si tenemos uno no nos hace falta el otro. Eso sería una grave desviación de la verdad y haría del Eterno un infiel y su Nombre sería manchado.

Así mismo, debo también decir que el varón que no ha nacido de madre judía no tiene la obligación de circuncidarse en la carne de su prepucio. Un gentil que ha experimentado la circuncisión en el Mesías no tiene la obligación de circuncidarse en la carne.

¿Cuál es la ventaja o beneficio de ser circunciso?

El Rav Shaúl de Tarso, más conocido como el apóstol Pablo, enseña:

“… ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿O de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, desde todo punto de vista. Primero, ciertamente, que les ha sido dada en custodia la Torah de Dios…”
(Romanos 3:1-2 – Biblia Código Real).

La mitzvá de la circuncisión se ha visto bajo ataque muchas veces por los pueblos invasores en diversas épocas. Aún en la actualidad, algunos países se refieren a la circuncisión judía como un ritual barbárico.

En una muy interesante polémica, el emperador romano Turnus Rufus le llegó a preguntar al Rabí Akiva:

_ «…¿Qué es superior, la obra de Dios o la del hombre?»
_ “La del hombre,” respondió Rabí Akivá.
_ “Su respuesta me sorprende,” -exclamó Turnus Rufus-.
_ “¿Trata de decir que el hombre puede crear algo que se asemeje al cielo o la tierra?»
_ “No me refiero a las creaciones que superen las habilidades manuales de los seres humanos,” contestó Rabí Akivá, “sino a aquellas que estén dentro de sus posibilidades.»
_ “¿Por qué es que ustedes los judíos se circuncidan?” Turnus Rufus continuó con sus preguntas, “¿Acaso ustedes presumen que el trabajo del Creador necesita ser mejorado?”
_ “Esta es precisamente la pregunta a la que yo me había anticipado,” Rabí Akivá explicó, “y yo por lo tanto sostengo que los logros humanos son superiores a los del Creador.«
_ “Si esta es su opinión, pruébela,” -le exigió Turnus Rufus-.
Rabí Akivá regresó a su casa y le ordenó a su esposa: “horneá un delicioso pan que esté compuesto con harina, aceite y especias.”
Al volver a ver al emperador le llevaba, un pan en una mano y un puñado de granos de trigo en la otra.
_ “Ahora dígame, Oh rey, ¿cuál de los dos es superior – el trigo o el pan?” le preguntó.
_ “El pan, por supuesto,” respondió Turnus Rufus.
_ “ Ya ve,” replicó Rabí Akivá, “usted mismo confesó que el trabajo del hombre es mejor que el del Creador. Cuando Él diseñó el universo, le dejó al hombre la misión de perfeccionarlo; el grano debe ser cortado y horneado para convertirse en pan, y los vegetales deben ser cocinados y condimentados. Por lo tanto, al realizar la Brit milá en un niño perfeccionamos la obra del Creador.»
_ “Si Dios quería que el niño fuese circuncidado, lo pudo haber creado de esa forma,” -insistió Turnus Rufus-.
_ “¿Por qué es que hace esa afirmación solo con respecto a la circuncisión?” respondió Rabí Akivá.
_ “Se podría preguntar también por qué es que Hashem dejó el cordón umbilical unido al recién nacido, dejando al hombre para que lo corte.”

A pesar de que Rabí Akivá concluyó el debate con este comentario, nuestros sabios nos revelaron la verdadera razón por la cual los niños llegan al mundo sin la circuncisión. YHVH hizo que el niño fuera imperfecto para otorgarnos el mérito de realizar Sus mitzvot cuyo cumplimiento nos purifica y nos eleva.

Investigando cómo se realiza el cumplimiento de este precepto en la Casa de Judá, me resulta complicado de entender cómo el precepto más difícil de cumplir de toda la Torah es aceptado en su inmensa mayoría hasta por el más alejado de los judíos. He notados que judíos no observantes, generalmente por principios y no por conocimientos, llegan a negar cualquiera veracidad y hasta dudar de la existencia Divina, sin embargo, en el momento del nacimiento de su hijo buscan urgentemente al mohel no solo para realizar la circuncisión a su hijo, sino que no se avergüenzan en realizarlo con una gran fiesta en la que la gran mayoría de los participantes son “no creyentes” tan adictos como él. Rambam, Rabí Moshé Ben Najmán (Najmánides), analizando esta conducta comunitaria mundial dice: “insinúo acá la época del Mashíaj cuando la generación no tenga méritos y haya olvidado la Torah y crezca la insolencia y el descaro, no les quedará sino el Precepto de la circuncisión…”.

El BRIT MILÁH en el Nivel “SOD”

Lo sabios explican que uno de los propósitos del Brit Miláh es evitar la pérdida de semen. ¿Qué se quiere decir esto? Cada vez que un israelita mira “Brit” entiende que su zerá (semen/semilla), no debe ser desperdiciada.

Rav Shimon Bar Yojai dice:
«…No hay pecado en el mundo que provoque más la ira del Todopoderoso como el pecado de descuidar el Pacto (el Brit Milá)…».

El Zohar registra en la Parashat Noaj (62a):
«…Porque inmediatamente después que una persona comete este acto despreciable, -derramar su semen en vano-, regalando así su semen a los demonios, su imagen divina desaparece de él dejándole convertido en una bestia del mal…».

Con la teshuváh (arrepentimiento o regreso), el hombre puede deshacerse de todas las “klipot” (cáscaras/impurezas), y de los demonios que engendró con sus acciones perversas.

Para los sabios, el desperdicio del semen es más grave que el derramamiento de la sangre inocente. Aún más, la sangre de aquellas almas potenciales y la sangre de sus descendientes es lo que el hombre derramó en el acto.

Otra enseñanza de los sabios nos dice que nuestra cabeza tiene “radares” (o receptores) que detectan movimiento, espacio y tiempo. Estos son los ojos, los oídos, la nariz y la boca. Lo que percibimos del mundo físico está determinado por estos radares. Para ver más allá de lo físico y para escuchar el mensaje de lo infinito requiere un control especial sobre los ojos y oídos que no viene programado de forma innata en el hombre. Expliquemos esto. La Brit Milá (circuncisión), es un acto físico que tiene un efecto espiritual; es la ruptura de una “klipá” (concha) construida por el ego, que deja luz al descubierto y, a su vez, despeja las vías para que la luz entre a nuestra “vasija”.

¿Acaso ser circuncidado es suficiente para quitar la “klipá” (capa/concha), o negatividad que causa el miembro masculino? Naturalmente, la respuesta es, no.

La Torah nos enseña que existen varias clases de circuncisión:

  • la del corazón,
  • la de los labios (boca);
  • la de los ojos, el tacto, el oído, y
  • la del miembro masculino.

La circuncisión del miembro masculino no proporciona mayor beneficio espiritual si simplemente es considerado un acto médico, físico, porque ésta debe ser acompañada de la circuncisión del corazón. Por ello, la simple cirugía de la circunscisión en un quirófano de hospital no garantiza que dicho varón ingrese en el Pacto divino. Conviene a dicho varón, si quiere elevar dicha cirugía a niveles sobrenaturales, consagrarlo con óleo y oración de autoridades que amen la Torah.

En la Brit Miláh, la remoción del prepucio representa la remoción de la «cáscara» o «concha» llamada ego. Entendemos que YHVH quiere verter Su bondad en nuestro interior pero la cáscara del ego necesita ser retirada para que el flujo de bondad ingrese. El prepucio es una capa de negatividad que nos impide conectarnos con las esferas superiores.

Como lo expresé en líneas arriba, la Torah habla de circuncidar el corazón, los oídos, la vista y de los labios (brit halashón, la circuncisión de la lengua o boca). Básicamente, nos propone circuncidar nuestros 5 sentidos. Raro, ¿no? Porque al hablar de la circuncisión física en el miembro masculino, esto es un acto médico físicamente posible, pero si se habla de “circuncidar el corazón”, no hay manera científica o material de hacer eso. Por ello, la Brit Miláh es un recurso cósmico que permite el perfeccionamiento espiritual en el ser humano que lo tiene.

Circuncisión del CORAZÓN: ¿Qué es?

En verdad, al estudiar estos códigos, discernimos que la circuncisión en la carne es una señal que habla de otra circuncisión, la del corazón. Esta es el acto voluntario que realizamos escondidos en el Mesías. La misma consiste en limpiarnos de los propósitos de nuestra vida que son diferentes a la adhesión al Creador.

Debemos aceptar que la circuncisión del corazón ya existía en el tiempo de Moshé, quien escribió: “Circuncidad, pues, vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.” (Deuteronomio 10:16).

Desde este mitzváh (mandamiento) se nos revela que el Eterno requiere de su pueblo no solamente la circuncisión de la carne, sino también la del corazón. Pero es muy importante entender que las cosas invisibles no anulan las cosas visibles y viceversa. Las cosas celestiales no anulan las cosas terrenales y vice versa. Estas realidades existen en los dos mundos al mismo tiempo y una cosa habla de la otra y una cosa está conectada con la otra.

Dicho, con otras palabras, si un judío experimenta la circuncisión de su corazón, eso no anula su circuncisión en la carne ni le quita la responsabilidad de circuncidar a sus hijos a los ocho días de nacer. Por el otro lado, un judío circuncidado en la carne no es completo hasta que haya circuncidado su corazón. Porque su circuncisión en la carne no le exime de la responsabilidad de circuncidar su corazón.

Entiéndase bien este asunto. Si todo lo que hacemos es por amor al Eterno, y para acercarnos a Él, entonces las vías de este objetivo deben estar despejadas para lograr ser cumplido.

La «circuncisión del corazón» es compleja y por ello, los rabinos de la Casa de Judá aseguran, entre sus tantas opiniones, que esta circuncisión (la del corazón) ocurrirá al final de los tiempos, recién cuando el Mesías se manifieste en el mundo. Por esto, a esta circuncisión tan especial se la conoce como la «circuncisión final», y se asegura que tendrá el efecto de remover completamente la inclinación hacia el pecado, y permitir el correcto apego amoroso al Eterno, tal y como lo anunciara Moshé:

“…YHVH tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tu descendencia, para amar a YHVH tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, para que vivas…”,
(Deuteronomio 30:6).

Esto que menciona Moshé es algo que nosotros podemos hacer. ¿Cómo? Quitando de nuestros corazones todo lo que lo hace insensible a lo espiritual. Un corazón incircunciso es un corazón insensible a lo espiritual. Un corazón circuncidado es uno que no solamente obedece los mandamientos del Eterno sino lo hace de corazón, con gozo y amor. Un corazón circuncidado es un corazón que escucha la voz del Espíritu.

Ahora bien, en el Mesías existe una circuncisión del corazón mucho más poderosa que la que habla Moshé. En la circuncisión en el Mesías ocurre algo profundo dentro del corazón del hombre. Parte del yetzer hará ( la mala inclinación), que Pablo llama “la carne”, es eliminada, como está escrito en la carta a los Colosenses:

“…en Él también fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Mesías”
(Colosenses 2:11).

Sin embargo, no toda la carne es eliminada en la circuncisión del Mesías porque aquellos que hemos experimentado el nuevo nacimiento en el Mesías, somos concientes que seguimos teniendo yetzer hará (carne). Sin embargo, también podemos dar testimonio que el poder dominador de esa naturaleza pecaminosa, ha sido quebrado. Aquellos que estamos en el Mesías ya no somos esclavos del pecado y el temor paralizante que el mismo genera. Podemos dominar nuestros instintos e inclinaciones mucho más poderosamente que aquellos que no están en el Mesías.         

Este hecho es el resultado del pacto renovado en el Mesías, como vemos que el Eterno lo anunció por medio del oráculo del profeta Ezequiel:

“Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas.” (LBLA) y Jeremías 31:33: “porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días –declara el SEÑOR–. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.”
(Ezequiel 36:26-27).

Otras Circuncisiones: La de los Oídos y la de Los Labios

La circuncisión del oído también aparece en la Torah, y dice así:

¿”…A quién hablaré y atestiguaré para que me oigan?
He aquí están tapados sus oídos y no pueden prestar atención.
He aquí la Palabra del Eterno fue para ellos una afrenta, no la han deseado…”
[Irmiyahu/Jeremías 6:10 _ Tanaj Katz].

Esta “circuncisión de oídos” tiene connotaciones muy profundas, pero vamos a dejarla en el plano de la intuición, que es la voz del Todopoderoso; nuestros oídos son incircuncisos cuando no sabemos distinguir esa voz: La voz del Eterno.

La manera de circuncidar nuestros oídos es a través del crecimiento espiritual, haciendo descender Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo) a nuestra alma. Esta voz de Dios se hace cada vez más nítida, más clara, hasta que se convierte en una verdadera guía. Pero, sin embargo, desde pequeños hemos sido entrenados a escuchar la voz del Opositor (HaSatán). Por eso, esta suele ser más fuerte, y solo expresa los deseos del cuerpo y de la satisfacción inmediata.

La circuncisión de labios también está llena de profundos secretos. Convengamos que nuestro hablar es un poder impresionante, por lo cual resulta siempre peligroso.

En el Zohar se explica que las fuerzas impuras del Sitrá Ajrá (el Otro Lado) brincan abismos para venir a atrapar las palabras negativas que salen de nuestra boca. ¿Podríamos imaginar esto?

Durante el día hablamos cualquier cantidad de barbaridades y emitimos muchos decretos que solo habrán de revertirse en contra de nosotros, -en un efecto “boomerang-”.

Procuremos guardar silencio y no opinar sobre lo que vemos. Esforcémonos y tomemos conciencia de lo que está a punto de salir de nuestra boca sobre cualquier situación o persona. Esto es una forma de circuncidar la Voz (boca) para que se manifieste el Verbo.

Es interesante notar que la Torah es única pues nos habla expresamente de la circuncisión de los ojos, de los oídos y de los labios, y sin embargo, nada se dice sobre la nariz, y es porque ésta, según los sabios, simboliza al mundo de la “esfera superior”. Es decir, el sentido menos contaminado de negatividad. Por eso, cuando el juicio se activa y sentimos que algo de apariencia negativa se aproxima, decimos “esto me huele mal”. La nariz forma parte de la cabeza; la nariz es entonces el instrumento de nuestra intuición.

Querido discípulo de Yeshúa (seas varón o mujer), aprende la lección acerca de la relación entre lo material y lo espiritual. Una cosa no anula la otra y una cosa complementa la otra. Ambos pueden convivir perfectamente y lo deben hacer. De esta manera se crea una unidad entre el mundo inferior y el mundo superior, lo cual es el propósito eterno de Dios en tu vida para bendecir a la Creación.

Sabemos que cuando venga el reino mesiánico, será anulado totalmente el yetzer hará, la carne, pero intertanto tendremos que seguir viviendo en la lucha interna a fin de manifestar cada vez más nuestro carácter mesiánico adquirido a través de Yeshúa nuestro Dueño.

Elevo una tefiláh para que el Eterno te dé de su gracia para siempre poder vivir en los poderes del pacto renovado en el Mesías y tener victoria sobre el pecado, acorde al proceso de Su circuncisión en ti.

¿Corazón Sabio? ¿Qué Significa?

Por P.A. David Nesher

» Toda persona dotada de talento natural [«sabio de corazón»] entre ustedes que vaya y haga todo lo que YHVH ha ordenado: El Tabernáculo, su Tienda y su Cubierta, sus ganchos y sus tablones, sus travesaños, sus pilares y sus zócalos [o bases].»

(Shemot/Éxodo 35:10-11)

En el propósito eterno de Dios, el Mishkán (Tabernáculo) será la antena cósmica para traer toda la Fuerza y Luz del Creador, y dejar así que se irradiara a todo el universo físico, para que este pudiera elevarse al dominio pleno de las esferas celestiales. Así, Israel unida al Mesías como cabeza, recibirían toda potestad.

Además, el Mishkán sería también el lugar para que la Shekináh (Presencia Divina) pueda residir en cada israelita, desde el mayor de los mayores hasta los menores de los menores, sin que nadie fuera afectado por la muerte propia de estar en la Presencia divina (cf. Shemot/Éxodo 33:10)

Por estas razones, la construcción de semejante nave cósmica debía ser realizada bajo la supervisión de almas humanas con característica espirituales muy elevadas.

¿Quiénes fueron ordenados a realizar todas estas tareas?

Interesante nos resultará la respuesta: los hombres que un año atrás estaban en condición de esclavos, utilizando paja y barro, para construir ladrillos, y para hacer todo tipo de trabajo del campo. Eran los súbditos más despreciables de un Imperio reptiliano encabezado por el Faraón. Entre ellos no había carpinteros ni orfebres. No había costureros ni joyeros. Tampoco curtidores de cueros ni bordadores. ¿De dónde podíamos sacar artesanos y especialistas en tantos tipos de actividades? La Torah contesta todas nuestras preguntas:

“…Y se acercó todo hombre que puso su corazón…”.

Entre ellos no había quién pudiera enseñarles un trabajo tan especial como lo que debían hacer, tampoco existían los artesanos o profesionales que sabían determinada tarea. Lo que sí encontramos en esa generación es esto:

“hombres que podían poner todo su corazón en el Camino de YHVH y que se presentaron ante Moshé diciendo:
«¡Yo haré todo lo que Mi Señor me diga!» …

Este tipo de corazón presentará entre sus actitudes positivas dos características fundamentales que garantizan la manifestación física de las bendiciones divinas: trabajar por la unidad para lograr reparar el entorno. Meditemos un poco más en esto:

Solícitos para trabajar por la Unidad.

El Eterno indica que la construcción debe ser desarrollada por Betzalel hijo de Uri hijo de Hur, de la tribu de Yehudá, que según la tradición histórica era un joven que contaba con apenas 13 años de edad, y que Aholiav de la tribu de Dan, (una de las tribus más pequeñas en la escala social puesto que él no procede de Rajel ni Leah), deberá unirse a él para apoyarlo en la Obra que Yahvéh había encomendado. [Si quieres conocer más sobre los códigos guemátricos del nombre Betzalel haz click aquí].

Estuve leyendo al Dr. Adolfo Roitman, de la Universidad Hebrea de Jerusalem, quien refiriéndose a este pasaje destaca:

«…El hecho de que los dos artesanos del Tabernáculo hayan sido miembros de las tribus de Judá (reino del sur), y Dan (reino del Norte), no puede ser ninguna causalidad. Probablemente se haya querido indicar con este dato tan sutil, que el primer Santuario de Israel había sido construido por toda la nación representada por sus respectivos artesanos, viendo así en la construcción misma del Santuario, la expresión más excelsa de la Unidad Nacional…»

[cita de la obra: “Del Tabernáculo al Templo”, pág 41].

Preparados para Rectificar.

Vemos en los pasukim (versículos) la orden de recolectar oro, plata y cobre de los israelitas para construir el Santuario. Estos pasukim nos conectan con un trabajo de preparación; preparamos nuestra corrección y la entregamos a un objetivo que nos trasciende. Los textos nos abren pórticos específicos para realizar cambios en nosotros, cambios en cada uno, cambios quizás pequeños, imperceptibles, pero que van en una dirección clara y segura: cambiar nuestra intención.

Corregirnos mediante un cambio en la intención, de «querer recibir» a «dar compasivamente». Este es el significado de estos poderosos códigos, y la base para la construcción de una vida diferente. Rabí Jaim Ben Atar nos dice:

“…Dios no necesita nuestros obsequios sino el deseo sincero del donante de elevarse y unirse a Él…”.

Cuando el Amor Duele

Por pastor Moisés Franco

A todo ser viviente le agrada el amor, porque fue hecho por y para el amor (Rm. 11:36). A los seres humanos en particular nos impulsa la alegría de sabernos amados, pero debido a nuestra tendencia al mal, no nos gusta respetar las condiciones para preservar y madurar el amor en nosotros.

A un niño no le causa placer que su papá le niegue comer todo el tiempo comida chatarra, pero el amor de un buen padre jamás permitiría que la salud de su hijo se ponga en riesgo voluntariamente por ese capricho.

Pero, más allá de esa tendencia humana a buscar sólo nuestro placer, el mundo actual está fuertemente caracterizado por el hedonismo, es decir por la “actitud vital basada en la búsqueda de placer” (RAE).

Placer no es lo mismo que amor, éste puede ser placentero, pero no siempre. Hoy por hoy se busca el placer del sexo y el enamoramiento, pero no el rigor del compromiso.

En la fe también se da el hedonismo, donde hay gente que busca los beneficios del amor del Eterno sin querer pagar el precio que éste demanda; ¿y cuál es?

En Shemot 19:10 YHVH ordena a Moshé que le diga al pueblo que se purifique y abstenga de tener relaciones sexuales por tres días. Luego, le dice que establezca límites entorno al monte y que advirtiera que cualquier ser viviente (hombre o animal) que los sobrepasara moriría indefectiblemente.

Si Él ama a Israel y le ha transmitido su deseo de convertir a la asamblea en su “especial tesoro”, entonces ¿por qué límites tan rigurosos y que de ser traspasados traerán la muerte?

La relación que el Eterno le está proponiendo a Israel es semejante a la de un matrimonio (Jer. 31:32). Todo matrimonio desde el diseño divino, es una alianza basada en el amor; y por ende deben establecerse ciertos límites de respeto entre los cónyuges para preservar ese amor.

Por eso en distintas cartas apostólicas se habla de que la mujer respete a su esposo y que éste ame y respete a su esposa, incluso de la misma manera en que ama “a su propio cuerpo” (Ef. 5:28).

Sabemos que lo visible proviene de lo invisible (Heb. 11:3) y por ende, si en un matrimonio humano deben darse estas pautas, cuánto más entre Aquel que es el esposo por excelencia y su amada, es decir, Israel.

Proverbios 15:32 dice: “El que rechaza la corrección se desprecia a sí mismo; el que la atiende gana entendimiento” (NVI).

Si entendemos que YHVH es amor (1 Jn. 4:8), entonces debemos confiar en que cada límite que nos marca será para nuestro bien; para que nuestra relación desde lo personal hacia lo comunitario pueda crecer en amor. De esta manera, cada individuo conectado con los límites de su instrucción nos establece, no sólo crece en entendimiento, sino que lo hacen también sus vínculos, y especialmente la familia de la fe que conforma (Ef. 2: 19).

Por eso es tan importante erradicar el pecado de nosotros mismos y de nuestras asambleas. Porque así como la obediencia desde lo individual bendice a todo el cuerpo del Mesías; el pecado contamina las asambleas y estorba su crecimiento.

Justamente, esta es la razón por la cual estamos llamados a ser guardas de nuestros hermanos, conduciéndolos a cumplir los límites que en amor nos ha dado nuestro Dios. “Asegúrense de que a nadie le falte el amor de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause problemas y envenene a muchos” (Heb. 11:15 | NBV)

A decir verdad, como dije al principio, a nadie le gusta obedecer todo el tiempo naturalmente y menos ser disciplinado, pero la disciplina aunque genere aflicción en un principio, es un entrenamiento que “…después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella” (Heb. 12:11 | NVI)

En conclusión, el precio que demanda YHVH para disfrutar de su amor es la obediencia (1 Sm. 15:22). Por ende, tengamos perseverancia en obedecer los límites de amor que nuestro amado nos da, porque son para preservar nuestra vida, son la muestra más clara de cuánto nos ama. Y en caso de pecar, sabemos que tenemos un abogado que nos redime mediante su sangre (1 Jn. 2:1), Yeshúa el Mesías, dado por el mismo Padre, por amor a nosotros.

Las “ASERET HADIBROT” (DECÁLOGO/ DIEZ PALABRAS) y sus Secretos Develados.

Por P.A. David Nesher

«Elokim habló todas estas palabras, diciendo:


(Shemot/Éxodo 20:1).

Es muy importante para mí resaltar el hecho de que la Torah no emplea jamás el término “Mandamientos” para señalar a estas declaraciones divinas que Israel vio y recibió allí en el Monte Sinaí.

Siendo fiel a la verdad, debo decir (y remarcar) que la expresión “diez mandamientos” no aparece en las Sagradas Escrituras. Es más, siendo aún más sincero, debo decirte amado lector que los llamados «Diez Mandamientos» por la teología cristiana, en realidad contienen catorce mandamientos (mitzvot). Es justamente a causa de una incorrecta traducción de los eruditos cristianos que hemos heredado impropiamente esta incongruente expresión. Por ello, en este tiempo de transición, es nuestro deber desterrarla de nuestro lenguaje y especialmente de nuestra manera de pensar.

Si vamos al capítulo 34 del Rollo de Shemot (Éxodo), veremos que en el versículo 28 se encuentra la expresión “las Diez Palabras”, que en hebreo se dice: «Aseret Ha-Divrot«, en referencia a las declaraciones divinas que aparecen en Éxodo 20: 2-17. Esta misma expresión hebrea la volveremos a encontrar desde la pluma de Moshé (Moisés) en el quinto libro del Jumash o Pentateuco (cf. Deuteronomio 4:13 y 10:4) Así pues es evidente que es más exacto hablar de las “Diez Palabras” que los “diez mandamientos”. El nombre griego «Decálogo» significa igual: “Diez Palabras”, y por lo tanto puede también ser usado en nuestro léxico como una forma correcta de señalar a este maravilloso pasaje de las Sagradas Escrituras.

Profundizando más en esta expresión, les comentaré que en hebreo, el término Divrot es traducido como «locuciones«, «enunciados«, «menciones«, «frases«, «palabras«, (Nota: el singular de divrot se dice: diveráh, diver y vienen de davar – palabra activa y creadora-) Así pues, los mal llamados «Diez Mandamientos» pueden ser llamados «Los Diez Enunciados», «Los Diez Dichos», «Las Diez Palabras», pero jamas «Diez Mandamientos».

Para que ustedes puedan comprender mejor todo esto, diré que un mandamiento supone la existencia de hombres a los cuales es dirigido y que están listos a reconocerlo como tal; por eso, un mandamiento que ninguna persona respete o que todo el mundo viole, cesa de ser un mandamiento. Puede entonces ser relegado al estante de las viejas reliquias. No es así con las Leyes Divinas. El Eterno las designa bajo el nombre de “Palabras” o “Sentencias” «Dichos«. De ese modo, el que éstas sean escuchadas o no no las afecta en su trascendencia. Las Palabras permanecen siendo tal como han sido pronunciadas. Permanecen siendo las Palabras de Dios, que son la expresión de la Única y Absoluta Verdad, inalterable por siempre. Y aún en el caso de que el pueblo de Israel, todo entero, dé la espalda al Creador y a Su Ley, las Palabras del Decálogo permanecerán hasta la Eternidad, sin verse afectadas en nada por esta falta. Ellas son pre-existenciales a todo lo creado, por lo tanto, ellas vibrarán en potestad más allá de la creación misma.

Por las razones hasta aquí explicadas, nos damos cuenta que las «Aseret Ha-Divrot« (Decálogo) no tienen en sí mismas el carácter de “deber hacer”, sino que más bien son indicaciones para el Camino de justicia que permite la capacitación de tzadikim (“justos”) que se convertirán en un reinado de sacerdotes para Yahvéh. Visto así, debemos aceptar que las “Diez Palabras” determinan el lugar del hombre en el mundo, como vasija que contiene a la Luz Infinita y creadora. Las «Aseret Ha-Divrot« expresan lo que el hombre es y como llega a su meta. El Eterno mismo las ha escrito con su propio dedo sobre las Tablas de Piedra (Éxodo 31:18). Sólo Él, desde Su mundo, puede indicar cuál es la estructura del hombre. Sus normas provienen de otro mundo, porque si fueran sólo de este mundo no serían válidas más allá de la muerte. Con esto, entendemos por qué estas Diez Palabras son la única porción de la Torah escrita por el Eterno mismo, y que justamente este hecho marcará la importancia que YHVH le da a estos enunciados. (Éxodo 31:18)

El Decálogo es en realidad la Carta Magna o Constitución de la naciente nación de Israel. En ella están representados todos los demás mandatos o instrucciones que Abba nuestro dio a nuestros ancestros (y nosotros) para que vivir como hijos suyos, y protegerse de toda adversidad que impone el sistema reptiliano desde las leyes de Causa y Efecto.

“Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis leyes, por los cuales el hombre vivirá si los cumple; yo soy YHVH Adonay”.
(Levítico 18:5.)

Así pues, sabiendo ya que en las Escrituras el número diez representa la totalidad, estas diez palabras representan toda la Torah en su máxima expresión esencial.

La Torah misma nos revela que estas diez palabras estaban escritas en dos tablas de piedra. Hemos visto que “piedra”, en hebreo, se dice “EBeN”; que contiene, eternamente, lo inmodificable. Todo aquello que tiene que ver con el hombre, contiene la forma de lo incambiable. Aquello que hace del hombre un ser divino frente al Eterno y frente al mundo, está determinado por Dios en su forma inmodificable.

La tradición histórica enseña que en la primera tabla había cinco palabras y en la segunda había cinco. Las cinco primeras tienen que ver con la relación entre el hombre y el Eterno y las cinco últimas tienen que ver con la relación entre el hombre y su prójimo. En las cinco primeras palabras aparece el nombre YHVH ocho veces, pero en las últimas cinco palabras no aparece. Las diez van desde lo más importante hasta lo menos importante. La primera es la más importante pero la última es la más difícil porque es más fácil controlar las acciones que los pensamientos.

“Dos” Tablas se entregan; a pesar de que forman una Unidad, son “Dos” como la Letra Alef, dividida y unificada; el “cinco” superior se refleja armónicamente en el “cinco” inferior.

La tradición de los sabios también comenta que las letras estaban grabadas atravesando diagonalmente las Dos Tablas, sin manifestarse del lado opuesto como escritura “en espejo”. Así el Eterno revelaba a Israel el gran secreto del propósito eterno: aquello que tiene que mostrarse en el mundo como bilateral, es unilateral en su esencia. Los Dos lados mostraban una Unidad incomprensible para nosotros.

Entonces, ¿cuál es el sentido de estas “Diez Palabras”, de estos “Dos 5”?

Ellas muestran al hombre en su esencia misma. No son leyes morales, ni higiénicas, ni mucho menos sociales. Éstas son sólo sus imágenes. Cuando la Sexta Palabra dice: “No debes matar”, ella significa literalmente “no debes matar a otro ser humano”; pero el principio en sí es “no deber matar” abarca la vida humana en la totalidad de sus expresiones, en todos los niveles. Por ejemplo no se debe avergonzar al prójimo en público. Retar a “alguien” en presencia de terceros cae bajo el principio de “derramar sangre”. Ello puede, por lo tanto, suceder en distintos niveles.

Otro maravilloso mensaje encriptado aquí surge del hecho que la Sexta Palabra se encuentra en la segunda Tabla exactamente frente a la Primera Palabra de la Primera Tabla, es decir, aquella Tabla en la cual el Eterno estableció en cinco Palabras lo que ÉL ES. Entonces el mensaje es que cada uno de los hijos del Altísimo tiene que relacionarse con el hombre, imagen de Dios en la tierra, de la misma manera que con Dios mismo .

Entonces, con esta explicación en nuestra mente, logramos captar porque en las primeras comunidades mesiánica se insistía en lo siguiente:

«Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?»
(1Juan 4:20).

Así pues, queda bien claro en la mente hebrea que el ser humano no es sólo una tuerca en la gran sociedad, dentro del gran aparato reptiliano que la domina; así cada israelita lo fue en Egipto (mundo de la forma), donde se lo trató sólo estadísticamente. Donde fue un “número más en la ficha” que archivaba el Faraón y toda la élite que con él manipulaba con maldad a la masa del Imperio.

La Primera Palabra expresa que Dios llevó al pueblo fuera de Egipto. Y justamente allí se encuentra la síntesis del sentido de la Redención: toda la Creación descansa en el hecho de regresar del exilio de Egipto, símbolo del mundo de la dualidad. El concepto “dualidad” abarca la creación, creación de la dualidad. La vuelta del camino 1 -2 al camino 2 -1. Es el milagro expresado en el Éxodo de Egipto. Esta “vuelta” sólo puede venir de YHVH, de la fuerza del “Uno”, de Elohim en su origen, de Yahvéh manifestándose en el mundo, como el Único y Verdadero Elokim. El hombre, como imagen de Yahvéh lleva dentro de sí el deseo (suspiro/anajáh) por esta vuelta. El ser humano tiene en su interior el hambre de Dios, y su anhelo de regresar a Él como fuente. El hombre quiere hacer teshuváh (regreso). Por eso, la busca en todos los terrenos, tiene la necesidad de llevar la creación de vuelta a su descanso.

Las Tablas entonces obligan a ejercer la correcta cosmovisión mesiánica. Cada hombre tiene que ser visto entonces como una imagen-espejo, como una imagen de Dios. Respecto de “humillar a un ser humano o matar en él esta conciencia”, la Torah manifiesta que tal situación es como si toda la creación fuese aniquilada.

Interesante resulta considerar que las Diez Palabras de la creación (cap. 1 de Génesis) comienzan con el “Dos”, es decir con la letra “Bet” de la Palabra Bereshit («En el comienzo«); mientras que las “Diez Palabras” («Aseret Ha-Divrot«) , sin embargo, comienzan con el “Uno”, es decir con la letra Alef de la voz “Anojí” (“Yo”), del versículo:

“Yo Soy YHVH Tú Dios”
(Éxodo 20.2).

Precisamente “Anojí” se escribe como (1-50-20-10 = 81), porque aquí termina el mundo de la “dualidad”. Dios mismo ha terminado en este octavo ciclo la liberación de las 26 generaciones de la dualidad. Esta revelación comienza con el “Uno” (el Aleph), tal como la Creación había comenzado con el “Dos” (la Bet).

En este momento, el largo camino a través de los cuatro “ele toldot” (traducidas como “estas son las generaciones”), es decir el Camino de Salvación recorrido por la Luz en las cuatro historias generacionales de la humanidad, ha encontrado su fin, llegó a Su tiempo de Propósito (ET). La humanidad toda ya está libre de las fuerzas del desarrollo, del veneno de “la mordedura de la serpiente”.

El desarrollo dinámico y aplicación vital de estos Diez Enunciados están descritos de forma pragmática en los 613 mitzvot (mandamientos), que tratan con detalle todos los aspectos de la vida, de la nación, y el culto de Israel. Ellos (los mitzvot) completan el significado, y otorgan el método exacto par la aplicación del Decálogo.

Por ello, existen distintos tipos de mitzvot. Unos son para los pensamiento, como por ejemplo creer en que nuestro Abba Yahvéh es Único. Están también los mitzvot de la lengua, que son muy importantes, como la mentira, el chisme y el falso testimonio. Así mismo, nos encontramos con los mitzvot de acción o ejecución, como honrar a los padres o dar tzedakah. Existen los mitzvot de retracción (o de abstenerse), como las leyes dietéticas (kashrut) y el evitar el adulterio. Y por supuestos están los mitzvot de culto al Creador que son los más importantes de todos, pues están llenos de códigos lumínicos que revelan como dominar y sobreponerse a toda asignación astrológica del sistema reptiliano que alimenta al gran dragón escarlata.

Pero esencialmente todos los mandamientos están basados en el amor perfecto de nuestro Abba, según lo define La Escritura misma:

«Solamente de tus padres se agradó YHVH, y los amó, y de entre todos los pueblos escogió a su descendencia después de ellos, es decir, a ustedes, como hoy pueden verlo.»
(Deuteronomio 10:15).

Entonces, a esta altura de nuestra investigación, comprendemos y aceptamos que estas Diez Palabras contienen una “alternativa” para este mundo. El hombre está frente a una dualidad. Él puede preferir el camino de las imágenes, seguir el desarrollo, o elegir otro camino, el camino de vuelta de la dualidad a la unidad. El prime camino es el de la muerte ontológica, es decir, el optar por pervertirse egoicamente en sus pensamientos para terminar corrompiendo el mundo. El segundo camino es el de la Vida, o sea, la opción por aceptar el trabajo del refinamiento de conciencia para alcanzar la potestad de reparara y transformar el mundo.

Justamente este principio de la “alternativa ontológica” de la vida se expresa por el número de vocablos de estas “Diez Palabras”: 172. Este número es el valor total de la voz EQeV, (70 + 100 + 2 = 172), que significa “Si”, condicional que encontramos a lo largo de todo el Pentateuco o Jumash.

El hombre está libre, está en el límite, tiene la posibilidad de elegir. Todo está dado por el Eterno; sólo la “actitud” del hombre frente a Él está abierta para que en su retorno se deje guiar por amor, confianza y bondad, sin expectativas de premios y sin tasar mecánicamente sus obras.

El hombre puede lograr la Unidad en esta vida “Si” vive según la estructura divina; pero también puede no querer seguir este camino. Puede permanecer en la corriente del desarrollo material continuo, pero entonces no encontrará la unificación en esta vida, sino sólo después del largo camino lleno de angustias, de muerte, después del camino “inestable y fugitivo” de Caín.

Amado lector, ¡tú debes elegir! … Yo sólo espero que lo hagas correctamente.

Shalom!

El Impulso Natural a Rebelarnos.


Autor: Rabino Elisha Coffman* 

“Y Moshé hizo que los hijos de Israel viajasen del Mar Rojo…”

(Shemot/Éxodo 15:22)

De este verso se entiende que fue Moshé, no El Eterno, quien los hizo viajar inmediatamente después de haber cruzado el mar. Sobre esto, el Midrash comenta (1):

“Rabí Eliézer dice:
‘No viajaron por instrucción del Eterno, sino que fue Moshé quien los hizo viajar con un palo, pues una vez que vieron los cadáveres de los egipcios que estaban flotando sobre el mar, dijeron: ‘No sobrevivió ninguno de ellos, nombremos un líder y regresemos, hagamos un ídolo que vaya delante de nosotros y regresemos a Egipto’.

Quizás pensarías que lo pensaron pero no trataron de hacerlo, sobre esto dice el verso:

“Pero ellos, nuestros padres se comportaron malvadamente y endurecieron sus cuellos y no escucharon Tus mandamientos. Y se rehusaron a escuchar y no recordaron Tus maravillas y endurecieron sus cuellos y nombraron a un líder para regresar a la esclavitud en su rebeldía”
(Nejemia/Nehemías 9:17).

Por eso el verso señala que fue Moshé quien los obligó a avanzar después que se partió el mar.

Como siempre, el Midrash nos sorprende. Después que los hijos de Israel presenciaron las plagas, salieron de la esclavitud egipcia y cruzaron el mar, se rehusaron inmediatamente a seguir avanzando y trataron de regresar a Egipto. Pero no sólo eso, pues el verso en Nejemia es bastante claro: “Y se rehusaron a escuchar y no recordaron Tus maravillas y endurecieron sus cuellos y nombraron a un líder para regresar a la esclavitud en su rebeldía”. El deseo de rebelarse contra El Eterno fue tan poderoso que estuvieron dispuestos a regresar a la esclavitud en su rebeldía.

Todo ser humano posee un impulso natural a rebelarse contra cualquier autoridad superior a él. De hecho, gracias a este impulso es que los habitantes de algún país cambian gobiernos y se sublevan en contra de los líderes que los oprimen. Pero no sólo contra gobiernos: este impulso a la rebeldía nos lleva a atentar contra todo aquello que nos limita, inclusive si es benéfico para nosotros.

El impulso a la rebeldía es un impulso natural que nos lleva a rebelarnos contra aquello que nos limita, simplemente porque nos limita.

El Talmud (2) relata un diálogo entre Rabino Yehudá haNasí y Antoninus acerca de cuál es el primer momento en el cual el iétzer hará (inclinación al mal) ingresa al ser humano. Rabino Yehudá haNasí le da la razón a Antoninus que es partir de que el ser humano nace y no desde el momento en que fue concebido, tal como Rabino Yehudá haNasí opinaba.

El argumento de Antoninus con el cual convenció a Rabí Yehudá haNasí fue:

“Si el yétzer hará estuviese dentro de su madre estando ella embarazada, el bebé patearía a su madre para intentar salir”.

La implicación es tremenda: si el bebé sale de su madre estando aún ella embarazada y antes que sea el momento adecuado de nacer, el bebé moriría, pues su sustento depende de la madre.

Pero así es el impulso natural a la rebeldía: no importa que uno muera, no quiero depender de algo o alguien superior a mí, no quiero subyugar mi voluntad a una fuerza superior. Muchas personas no tienen problema alguno en aceptar a El Eterno como el Creador del universo, siempre y cuando Él no se inmiscuya en sus vidas.

El pueblo hebreo estuvo dispuesto a regresar a la esclavitud de Egipto en su rebeldía contra el Eterno.

En Egipto serían esclavos, pero no importa. El impulso a la rebeldía los llevó a revelarse contra HaShem, pues se dieron cuenta que dependían totalmente de Él.


(1) Shemot Rabá 23.
(2) Sanhedrín 91b.

Datos del Autor:

El Rav Elisha Coffman es mexicano de origen, donde estudió la Licenciatura de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Vivió 9 años en Israel, donde estudió en varias Ieshivot (Aish HaTorá, Binian Olam y Ieshivat Mir). Posteriormente regresó a México con su esposa e hijos y coordina el Midrash Or HaDaat, un centro de kiruv para jóvenes universitarios

Un Viento Soplado por Dios

Por P.A. David Nesher

Vayet Moshe et-yado al- hayam vayolej Adonay et-hayam beruaj kadim azah kol-halaylah vayasem et-hayam lejaravah vayibak’u hamayim. Vayavo’u veney-Yisra’el betoj hayam bayabashah vehamayim lahem jomah miyeminam umismolam.

«Moshé extendió su mano sobre el mar y Hashem hizo soplar el fuerte viento, [el viento] del Este, durante toda aquella noche, transformando el mar en tierra seca. Y las aguas se partieron. Los israelitas cruzaron por el lecho del mar, en seco. El agua estaba a los costados, en estado sólido, como sendos muros, a derecha y a izquierda.«

Shemot/Éxodo 14: 21-22)

Los egipcios cruzarían las aguas confiándose que este fuerte viento era un fenómeno de la naturaleza y no un poder supremo. Pensar de ese modo sería su trágico fin. ¿Quién da el primer paso para cruzar antes de ser divididas las aguas? Leamos el siguiente dato:

«…Parados en la orilla, las tribus pensaban quienes entrarían primero al mar. Benyamin avanzó primero (…) Pero fue Najshón Ben Aminadav quien saltó al agua. Al verlo, todo Yehudá siguió sus pasos. Luego ingresaron todas las tribus (…) Las tribus fueron ampliamente recompensadas, en premio a la santificación del Nombre de Dios al entrar al mar en primer término. La tribu de Benyamin fue digna de que la Presencia divina reposara en su porción del territorio (…) A excepción de Benyamin, todos los hijos de Yaakov nacieron mientras él seguía llamándose Yaakov. Recién después que regresó a Kenaan se le cambió el nombre y se lo llamó Israel (Gen 32:29, 35:10). Inmediatamente después nació Benyamin (…) El Templo Sagrado se encontraba, una mitad en la porción de Benyamin y la otra mitad en la porción de Yehudá, pero el Santo de Santos (Kodesh Hakedoshim), se encontraba solamente en la porción de Benyamin. En alusión a esto, está escrito: “Allí Benyamin, el más joven, los gobierna (Sal. 68:28)…»

[Meam Loez, pág 170-171].

En mérito a su acto de fe, Yahvéh recompensa a la tribu de Yehudá otorgándole el derecho a la realeza de toda la nación de Israel. Una vez partido el mar, cuentan así los midrashim:

«…La plaga de la obscuridad había durado seis días, el Eterno reservó el día siete de aquella plaga para emplearlo este día, previo al cruce del mar (…) Los egipcios intentaban lanzar sus flechas pero la nube de Elokim era el escudo protector de los hebreos. La nube gloriosa se interpuso entre los egipcios y los hebreos (…) Mientras los egipcios maldecían y lanzaban sus flechas bajo la obscuridad, los hijos de Israel comían, caminaban rumbo al mar y alababan a Elokim gozosos…».

El Faraón Envió al Pueblo… Y Dios les Trazó el Camino

Por P.A. David Nesher

Vayehi beshalaj Par’oh et-ha’am velo-najam Elohim derej erets Plishtim ki karov hu ki amar Elohim pen-yinajem ha’am bir’otam miljamah veshavu Mitsraymah.

“Y sucedió que cuando Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los guió por el camino de la tierra de los filisteos, ya que era cercana, porque dijo Dios: No sea que el pueblo se arrepienta cuando vea guerra y se vuelva a Egipto.”

(Éxodo/Shemot 13:17)

Luego de la décima plaga en la que murieran millares y millares de egipcios, los hebreos, finalmente salen libres viajando de Ramsés a Sucot, alrededor de seiscientos mil hombres a pie, que estaban en edad de pelear, además de las mujeres y los niños. Con este éxodo, concluyen 210 años de esclavitud, aunque su sufrimiento real fue de 86 años, desde el nacimiento de Miryam. Esta fue la razón de que se la llamara “Miryam”, que es un derivado de “maror” (“amargura”).

«El faraón había escoltado personalmente al pueblo de Israel cuando éste partió de Egipto pidiéndoles que intercedieran por él ante Yahvéh. Los escoltó con la esperanza de que ellos aceptaran orar. También todos los aristócratas y oficiales egipcios acompañaron a los israelitas hasta que éstos llegaron a Etam, (cap 13:20)» [Meam Loez, Beshalaj].

Así pues, el faraón dejó ir al pueblo con el fin de que no volviera (cf. 9:28; 11:1; 14:5). En tiempo y forma les he explicado que el Eterno no puede hacer nada ilegal, nada injusto, y por esto era muy importante que la salida fuera hecha con el consentimiento y decreto del faraón, si no, hubiera sido un hurto, un acto ilegal; un rapto de vidas humanas. Yahvéh no es un ladrón ni un mentiroso. Él no quebranta su propia Torah. La Torah es la expresión misma de su carácter.

Sin embargo, el “día después” de la salida de los hebreos, el rey se dijo: “… ¿Qué hice? ¿Por qué los dejé ir”…? A lo que sus propios consejeros le advirtieron que perseguirlos sería un gran error. El rey, con su mente obstinada se propuso ir tras ellos para matar a los hebreos y, de lo perdido, recuperar lo que se pudiera. Pasa que los malvados nunca aprenden la lección. De esta forma, Paróh volvía a caer en el juego de HaSatán. Como ya se los expresé en la bitácora de introducción a Beshalaj, ea estrategia de HaSatán es proporcionarnos los materiales que requerimos para continuar con nuestro caos.

Por tal motivo el Eterno no guió a Su Pueblo por el camino de los filisteos porque era corto. La ruta costera (conocida en la historia por su nombre latino Via Maris o “el camino del mar”) era la ruta más corta y más común para ir de Egipto a Canaán.

Hubiera sido muy fácil para los Israelitas el pensar que la Via Maris era el camino para andar; tenía caminos buenos y fácil de andar, era también la distancia más corta, era una ruta comercial, así que el agua y la comida podrían ser traídos con facilidad. Pero los peligros del camino también eran muy grandes, aunque ellos no los pudieran ver. Yahvéh, nuestro Dios, anticipó los peligros que no podían ver.

La Via Maris era el camino donde también estaban los puestos militares de Egipto. Yahvéh sabía que el pueblo de Israel no estaba preparado para enfrentarse a esto, así que Él les condujo por un camino diferente.

Existen dos razones por las que Yahvéh no quería que entraran en territorio de los filisteos:

  • Si los filisteos atacan, los hijos de Israel, temerosos por causa de su mentalidad de esclavos, querrían volver a Egipto.
  • Por el pacto de paz que hubo entre Abraham y Abimelek los hijos de Israel no podían atacar a los filisteos, (Génesis 21).

Por otra parte el Rabí Moshéh Sofér se refiere igualmente a nuestro versículo, pero en un sentido totalmente diferente. Polemizando contra la introducción de nuevos sistemas de educación en Israel, que tratan de conceder una parte importante al estudio de la cultura moderna (designada bajo el nombre de “dérej éretz”), él interpreta así:

«…El Eterno no condujo al Pueblo hacia la “dérej éretz” (cultura) de los filisteos, porque estaba cerca de la de los egipcios, a fin de que el pueblo no estuviera tentado a volver a caer en los errores del pasado egipcio. Al contrario, le hace falta hacer un gran rodeo para evitar toda influencia…», [Proyecto Jai].

Por el camino de los filisteos (pelishtím), los israelitas pudieron haber llegado a Kenaán, hasta en once días a un paso normal. Empero, viendo Yahvéh que no estaban preparados para constituir un pueblo bien disciplinado, con sus leyes y estatutos, les lleva por un camino opuesto a fin de entrenarles espiritualmente antes de ocupar la Tierra Prometida.

El mensaje es aplicable a nuestras vidas. De la misma manera que hizo con Israel cuando salió de Egipto, el Eterno nunca dejará que nos enfrentemos a más de lo que podamos soportar. Él conoce nuestro nivel de resiliencia (1 Corintios 10:13). Yahvéh escogió cuidadosamente el camino fuera de Egipto; no el más cerca, pero sí el más seguro desde el punto de vista de la fe (emuná). Él no nos prueba más de lo que podemos resistir: así que ordena a la materia, de modo que la maldad no esté lista sino hasta que nosotros lo estemos para enfrentarla con la certeza de Su Victoria.


Curiosidad

El nombre hebreo del Mar Rojo es Yam Suf, cuya traducción correcta es “Mar de las Cañas”.

Es probable que la razón por la que es llamado mar Rojo sea por un error de traducción. Sucede que en las primeras traducciones al inglés se tradujo como Reed Sea, que se traduce como “Mar de Cañas”. Pero todo indica que los que luego tradujeron la Biblia, usando el inglés como base, se confundieron y entendieron la palabra reed, “caña”, como red, rojo. El mar de Cañas no es rojo. Cuando uno va allí, lo ve bien azul, como todos los mares. El mar de Cañas es el nombre de todo el mar incluyendo los dos golfos, Suez y Aqabá.

Video Importante:

Choque con Hombres Postes (Plaga de Oscuridad)

Por P.A. David Nesher

«Vayet Moshe et-yado al-hashamayim vayehi joshej-afelah bejol-erets Mitsrayim shloshet yamim. Lo-ra’u ish et-ajiv velo-kamu ish mitajtav shloshet yamim ulejol-beney Yisra’el hayah or bemoshevotam.

«Moshé levantó su mano hacia el cielo y hubo una densa oscuridad en toda la tierra de Egipto, durante tres días. Nadie pudo ver a nadie, ni nadie pudo levantarse de su lugar durante tres días seguidos.»

(Éxodo/Shemot 10:22-23)

Yahvéh ataca así al dios “Ra”, dios sol de los egipcios. Todos los ciudadanos de Mitzrayim lo consideraban el dios del cielo, del sol y del origen de la vida. Sus creencias afirmaban que, todas las noches, Ra luchaba con la serpiente Apofis y, al vencerla, la luz derrotaba a las tinieblas y un nuevo día comenzaba.

La plaga de las tinieblas duró seis días, pero el pasuk (versículo) alude al segundo trío de días. En el primer trío de días murieron los perversos entre los israelitas que no querían salir de Egipto; Yahvéh les confirió el honor de morir en la oscuridad para que los egipcios no se deleitaran de su desgracia. Todas las plagas duraron siete días, excepto esta que duró seis, porque el 7º día de dicha plaga Yahvéh lo reserva para castigar a los egipcios cuando estos salgan a perseguir a los israelitas hasta el Yam Suf (Mar Rojo – Éx. 14:20).

La oscuridad física afectó a los egipcios de dos formas. La primera era que «ninguna persona podía ver a su hermano» y la segunda era que «ninguna persona podía elevarse de su lugar«. Enfocado en esto, el Midrash enseña que esta plaga duró seis días. Los primeros tres días los egipcios no podían verse uno al otro pero podían levantarse y moverse. Durante los últimos tres días la oscuridad se intensificó tanto hasta el punto que paralizó hasta el movimiento más simple. No podían levantarse de sus lugares. Ni por medio de luz natural ni por medio de luz artificial, ya que la densidad de la oscuridad era impenetrable. Los egipcios quedaron totalmente inmóviles.

Las tinieblas no eran del tipo que conocemos ya que, aunque los egipcios encendían fuego, este no emitía luz. Eran tinieblas tan compactas de manera que nadie se podía mover de un lugar a otro. Pero los hijos de Israel tenían luz al interior de sus hogares. No sabemos si esto era debido a que el Eterno los libró de esta plaga o porque Él les permitió palpar un anticipo de Su Presencia única (Shekináh), la cual les trajo una luz sobrenatural.

El sabio Rambam sostiene que esta oscuridad era un fenómeno peculiar y que no necesariamente era la oscuridad que provoca la ausencia de luz diurna. Él cita en su apoyo el versículo de Salmos 105: 28 que dice con respecto a esta plaga:

«Él envió oscuridad y sumió al país en oscuridad … «

Lo cierto es que, de acuerdo con los códigos del texto, la densidad de la oscuridad en Egipto era impenetrable. En lenguaje metafórico está dicho que esas tinieblas “casi se podían palpar”, y con dificultades se podía respirar a raíz de esta densidad.

Los egipcios habían quedado inmóviles. Era sumamente angustioso no saber lo que había a su alrededor. Debido a las tinieblas, ahora eran los egipcios quienes estaban siendo separados de sus familias. Por su parte, los hijos de Israel se regocijaban, comían y bebían sentados y tranquilos.

Este azote fue como castigo por haber encerrado a los israelitas en oscuros calabozos mientras estaban cautivos. También, apenas poco tiempo atrás, los hebreos trabajaban sosteniendo fijamente las veladoras de los egipcios sin moverse mientras aquellos disfrutaban alegremente la cena. Los egipcios castigaban con dureza a los benei Israel cuando hacían algún movimiento en falso con las lumbreras. Un ejemplo le leemos en el Midrash:
« … Sostén esta vela encendida sobre tu cabeza mientras yo ceno, pero tenla derecha, un movimiento que hagas, y te cortaré la cabeza con mi espada…».

Leyendo el libro apócrifo denominado “La Sabiduría de Salomón” en el capítulo 17, encontré una descripción elocuente de los tormentos, de los peligros y de las angustias provocadas por la plaga de las tinieblas que… “se extendió sobre los egipcios como una noche profunda, mientras que los santos estaban inundados de una luz resplandeciente…”.

El propósito del Eterno de Israel con esta nueva plaga fue demostrar Su Poder ante una de las divinidades más adoradas y, supuestamente poderosas, de la mitología egipcia. Los faraones se consideraban a sí mismos “hijos de Ra”, e incluso sus reencarnaciones, por lo que permanecer tres días en la más absoluta oscuridad fue un duro golpe para las creencias del pueblo.

Ahora bien, leyendo en la traducción del sabio Ibn Hezra encontré que en el versículo 21 el término hebreo וימש («Veiamesh«) debe ser traducido así:

» … Y que se palpe oscuridad».

Este exegeta asegura que el significado real de esta plaga adquiere una mayor magnitud cuando leemos en Devarim:

«Te castigará Yahvéh … con confusión de la mente. Y palparás al mediodía, como palpa el no vidente en la tiniebla y no prosperarás en tus caminos … «
(Deuteronomio 28: 28-29).

Según Ibn Hezrá, estas palabras parece insinuar que la oscuridad en Egipto no tenía por finalidad simplemente paralizar el país, sino cambiar la mente de los egipcios y llevarlos a la reflexión. Así pues, con esta descripción, el sabio asegura que este evento en la historia se convierte en un hecho contemporáneo y actual para cualquier humano que lo lee.

La plaga de la oscuridad se hizo parte de la historia atemporal del hombre, símbolo de aflicciones análogas que no admiten inmunidad. Oscuridad física simple de la noche se convierte en una enfermedad del individuo, del alma. No hay ceguera como el egoísmo que mancha a otros hombres en nuestro punto de vista, la oscuridad que previene a uno de ver a su hermano. Esta es la plaga dirigida hacia el exterior.

Es que en un sentido alegórico, la peor oscuridad es aquella en la que uno «no puede ver a otro», esto es, negándole la atención que aquel pudiera requerir. El que «no puede ver a otro» tampoco puede «levantarse de su lugar», es incapaz de despegarse de su chatura (mediocridad) humana y espiritual para crecer y evolucionar [Torat Emet].

La oscuridad tiene dos peligros:

  • 1) La oscuridad trae consigo confusión: un poste puede ser confundido con una persona.
  • 2) La oscuridad trae temor de chocar contra una pared. Una persona puede paralizarse en un estado de shock.

La plaga física de la oscuridad tiene su raíz en la oscuridad espiritual, que puede ser definida como ausencia de la presencia revelada de Yahvéh.

Por ello, debemos reconocer que vivimos en una época de gran oscuridad espiritual en la cual las personas chocan unas con otras en su ceguera. No pueden diferenciar entre un poste y un hombre. Si están parados no pueden sentarse y si están sentados no pueden pararse. Por ello, la gran mayoría de los que integran las masas de la Gran Ramera van de aquí para allá, tratando de encontrar un «gurú» para obtener una elevación espiritual instantánea. Prefieren la actividad mágica de esto líderes escrupulosos que esforzarse en alcanzar méritos personales en la búsqueda de la Luz que da la Instrucción (Torah) divina en su interior, por medio del Mesías.

En estos tiempos de oscuridad, es el esplendor y la pureza de cada casa hebrea y todo lo que hay en ella, el que continúa brillando como un faro en un oscuro mundo… «Y para todos los hijos de Israel hubo luz en sus moradas…”, cita la Escritura. Esto nos enseña que los hijos de Dios andamos en Luz y los hijos de las tinieblas están esclavizadas por la oscuridad de sus mentes y corazón. 

Lo maravilloso de esto es que aquellos que se encuentran bajo las tinieblas podrán pasar de allí al Reino de Su Luz Admirable:

“Moradores de tinieblas y de sombra de muerte, prisioneros en miseria y en cadenas, porque fueron rebeldes a las palabras de Dios y despreciaron el consejo del Altísimo; humilló pues, sus corazones con trabajos, tropezaron y no hubo quien los socorriera. Entonces en su angustia clamaron a Yahvéh y Él los salvó de sus aflicciones; los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte y rompió sus ataduras. Den gracias a Yahvéh por su misericordia y por sus maravillas para con los hijos de los hombres.”
(Salmo 107:10-15 )

Es por esto, que al leer los Escritos Mesiánicos notaremos que la pasión de los discípulos de las primeras comunidades mesiánicas era proclamar con denuedo el Evangelio del Reino divino a todas las naciones:

“ …para que abras sus ojos a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados.”
(Hechos 26:18 )

De este modo, con los paradigmas lumínicos de su mensaje, impactaban en los corazones y las mentes de sus oyentes, produciendo que multitudes salieran de la tinieblas y fueran promocionadas por el Espíritu del Eterno a la posición de hijos primogénitos en el Mesías:

“Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”
(1 Pedro 2:9 )

“Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado.”
(Colosenses 1:13 )

“…porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas.”
(1 Tesalonicenses 5:5 )

Por todo esto, los exhorto e incentivo a que no teman en predicar este evangelio a tiempo y destiempo, ya que no serán avergonzados. Por el contrario, el Señor los respaldará con señales y maravillas, provocando que multitudes de varones y mujeres se sometan a los principios mentales de Su amor.

Arvéh: El Golpe de Dios a la Oscuridad del Alma (Plaga de Langosta).

P.A. David Nesher

«Vayomer YHVH el-Moshe neteh yadeja al-erets Mitsrayim ba’arbeh veya’al al-erets Mitsrayim veyojal et-kol-esev ha’arets et kol-asher hish’ir habarad…Vayejas et-eyn kol-ha’arets vatejeshaj ha’arets vayojal et-kol-esev ha’arets ve’et kol-peri ha’ets asher hotir habarad velo-notar kol-yerek ba’ets uve’esev hasadeh bejol-erets Mitsrayim.

«Yahvéh le dijo a Moshé:
“Levanta tu mano sobre la tierra de Egipto, para que surjan las langostas sobre la tierra de Egipto, que consumirán toda la vegetación del país, todo lo que quedó del granizo…
Cubrió la superficie de todo el país [tan espesamente] que la tierra se oscureció. Consumió toda la vegetación de la tierra y todos los frutos de los árboles, remanentes del granizo. No quedó nada de verdor, ni en los árboles ni en las plantas del campo, en todo Egipto.«

(Shemot/Éxodo 10:12)

En la parashá (porción) Bo, de esta semana, se completa el relato precedente (desde la anterior parashá Vaerá) de los 10 golpes o “plagas” que el Altísimo asestó contra la tierra de Mitzrayim (Egipto). La porción inicia con el octavo golpe, la plaga de langostas, en hebreo ארבה – léase: Arvé-.

Haciendo memoria de lo visto hasta aquí, recordaremos que cuando Moshé se presentó por primera vez ante Faraón, este dijo con irónica soberbia:

«¿Quién es Yahvéh para que yo oiga su voz y deje ir a Israel?»
(Éxodo 5:2)

El hecho de que Faraón aún no se sometiera al Eterno mostraba de que él no sabía quien era el Señor aún. Esto fue a pesar de que Yahvéh, nuestro Dios, hubiera puesto en claro de quien era Él:

· Más grande que el dios Khnum (el guardián del Nilo)

· Más grande que el dios Hapi (el espíritu del Nilo)

· Más grande que el dios Osiris (quien tiene al Nilo como su torrente sanguíneo)

· Más grande que la diosa Heqt (la diosa rana de la fertilidad)

· Más grande que la diosa Hathor (madre diosa con forma de vaca)

· Más grande que el dios Imhotep (el dios de la medicina)

· Más grande que Nut (la diosa del cielo)

· Capaz de detener toda la adoración de los dioses egipcios con repugnantes piojos y enjambres de insectos.

A pesar de todo esto, Faraón mostró que él todavía no conocía a Yahvéh Dios. Por lo tanto, el Eterno le mostraría aún más.

Por ello, Moshé trajo una nueva plaga, las langostas que devoraron la vegetación del país.

Por decirlo de alguna manera, la plaga de langostas se convierte en una bisagra, entre el golpe anterior, el granizo, y el golpe inmediatamente siguiente, la oscuridad.

Entrando a considerar los códigos de este 8º golpe celestial, nos damos cuenta, que durante el relato de la plaga de langostas se menciona en tres ocasiones [Éxodo 10:5, 12 y 15] la palabra ברד –barad-, refiriéndose al granizo que había caído previamente. Pero también utiliza el término (חשך- joshek), quizá anunciando el siguiente golpe que vendría sobre Egipto, la oscuridad.

Necesitamos saber que justamente existe un denominador común para las tres últimas plagas, es el factor llamado “oscuridad” (en hebreo: Joshek) relacionada con el vers. 2 del primer capítulo de Bereshit (Génesis 1:2). Esto significa que en el lenguaje metafórico (amén del significado real de las mismas), la mente de Paróh ya estaba sumida en la contusión y la oscuridad propia de la influencia del infra-mundo.

En relación a la plaga de las langostas (hebreo: arvéh אַרְבֶֶׁ֔ה), leí que el rabino Ibn Hezra comenta acerca de la calamidad que suponía esta plaga. Él cita al profeta Yoel (Joel), en cuyos días se originó una devastadora plaga de langosta que afectó a la tierra de Israel. Llama la atención que, con referencia a dicho episodio, Yahvéh, por boca de su profeta Yoel denomina a la langosta חילי הגדול , («Heli haGadol«), que se traduce como “Mi Gran Ejército” (Yoel 2:25). No podemos menos que concluir remarcando la ironía que encierra el enfrentamiento de Paróh y el Creador de la Naturaleza, pues mientras Paróh contaba con un inmenso ejército bien pertrechado, el Creador de la Naturaleza enfrentará también con Su “gran ejército», que consiste en débiles y frágiles langostas que, por su numerosa cantidad, oscurecen la luz del día.

Esta es la referencia que el profeta Yoel hace acerca de la invasión de langostas en la tierra de Israel:

“…día de tinieblas y lobreguez, día nublado y de densa oscuridad. Como la aurora sobre los montes, se extiende un pueblo grande y poderoso; nunca ha habido nada semejante a él, ni tampoco lo habrá después por años de muchas generaciones.”
(Joel 2:2 )

¿Cómo es posible que en la Torah esté escrito que no habría tantas langostas (v.14) después cuando el profeta Yoel dice que nunca ha habido nada semejante?

El sabio Rashí dice que la profecía de Yoel muestra que esa plaga de langostas fue más severa que la de Moshé. Pero no hubo contradicción porque la plaga de Yoel estaba compuesta por numerosas especies de langostas en conjunto: las especies arvéh, yélek, jasil y gazam (Joel 2:25). Pero la plaga de Moshé consistió en una sola especie, e igual a ella no hubo antes ni habrá después.

También podríamos interpretar estos dos textos de manera que las dos plagas ocurrieron en dos países distintos, Egipto y la tierra de Israel. La promesa de que nunca será algo semejante se refiere sólo a Egipto. La plaga que se menciona en el libro del profeta Yoel está en relación con la tierra de Israel, y allí no había ocurrido nada semejante, ni tampoco habrá después.

La plaga dañaría lo verde que aún quedaba en Egipto y que pudiese servir como alimento. Esta octava plaga fue por el pecado de los egipcios de obligar a los hebreos a plantar y cosechar para que solamente los nativos gozaran de sus frutos.

Registran los antiguos midrashim (estudios/comentarios), que los egipcios se alegraron del anuncio de esta plaga porque vieron en estos insectos una oportunidad para atraparlas y comerlas; pensaban almacenar todas las que se pudiesen. Pero no imaginaban que estas langostas fuesen de una naturaleza diferente a las que esperaban, no eran una especie común, ni comestible.

Como se ha señalado, una plaga semejante se registra en el libro de Yoel 2:2. Sobre esta plaga, dice el pasuk (versículo) que no quedó nada verde en árbol ni en planta del campo en toda la tierra de Egipto (vers. 15). Esto significa que millares y millares de langostas se interpusieron entre el sol y la tierra. Desde lejos, el enjambre de langostas parecía como una pesada nube extendida por todo el territorio. Al acercarse ensombreció la atmósfera y oscureció el lugar por completo -al impedir que llegasen los rayos del sol-. Por dondequiera que pasaba este enjambre devastaba el suelo, y los últimos vestigios de verdor desaparecían de los campos.

Con esta plaga el Eterno se reveló a Sí mismo más grande que al equipo de divinidades egipcias conformado por:

  • Anubis: deidad de los campos.
  • Isis: deidad femenina protectora contra la langosta.
  • Serapis: deidad que resultaba de la asimilación de Apis, a su muerte, con Osiris.
  • Min: deidad de la fertilidad y la vegetación, protectora de la cosecha.
  • Nepri: el cual era el protector de los cultivos, las cosechas y el pan.

Aquí les pido que recordemos que con estas plagas Dios hizo con Faraón lo que Él hará siempre en nuestras vidas: exponer y derribar a cada dios falso que creamos en nuestra mente mística y dogmática. Cuando confiamos en estos dioses seguramente dolerá el verlos caer, pero es mejor que el verlos expuestos delante nuestro alimentando la cáscara del yetser hará (tendencia al mal) o ego.

Los consejeros de Paróh, le pedían a su rey que dejara en libertad a los hebreos, que no tenía sentido que ellos siguieran en Egipto. Faraón pide perdón a Elokim por su pecado pero siguió oponiéndose a Sus órdenes.

Trascendiendo su estricta literalidad, el texto nos interpela con agudeza y profundidad en relación a las dramáticas horas que vivimos.

Sabemos por la visión que tuvo el apóstol Juan en Patmos, que demonios en forma de langostas, que vendrán sobre el mundo en los últimos tiempos, (cf. Revelación 9:1-11). Justamente eso es lo que hoy estamos viviendo. La oscuridad en sus diversas formas, acecha nuestra humanidad. Avaricia de poder, desidia, indiferencia, intolerancia, egoísmo resultan en penumbras que nos abruman y confunden, al extremo de desconocernos; y tras este desconocimiento del prójimo, provocamos a la vez el desconocimiento de nuestra común condición humana. Así, sumidos en las penumbras, nos alejamos del camino de la Luz Infinita y de Su redención.

Es imperioso en los tiempos que corren, ejercitar la generosidad asumiendo el compromiso con y por el otro, a fin de que la solidaridad nos convierta en una vasija restaurada que puede volver a reconectarse con la Luz.

La actual crisis de la civilización postmoderna pone en el tapete la “cuestión espiritual” como posible instancia de refundación de nuevos proyectos de comunidad humana que posibiliten la coexistencia, a la vez que potencien todo lo divino que mora dentro de lo humano que somos.


Bitácoras Relacionadas con este Tema:

Las Razones Metafísicas de las 10 Plagas

Por P.A. David Nesher


Las dimensiones celestes del Altruismo divino están abiertas en esta semana para que logremos hacer el salto cuántico de pensamiento que nos permitirá salir libre de toda toxina dogmática inoculada por las distintas «academias» que nos educaron en la cultura occidental, especialmente la «academia» llamada FAMILIA.

En esta semana lograremos una trabajo de discipulado que nos permitirá una perfecta conexión entre nuestro mundo emocional y nuestra estructura mental.


Bitácora Relacionada:

El Poderoso Bastón de Moisés

Por P.A. David Nesher

Lech el-Par’oh baboker hineh yotse hamaymah venitsavta likrato al-sfat haYe’or vehamateh asher-nehepach lenachash tikach beyadecha.

«Por la mañana preséntate ante Paró, él saldrá hacia el río [Nilo] y tú ponte delante de él junto a la orilla del río.»

(Shemot/Éxodo 7:15)

Presumir, dice el diccionario de la RAE (Real Academia Española) que significa vanagloriarse, tenerse en alto concepto. Y justamente Paróh (Faraón) presumía de deidad, y como tal aparentaba no tener necesidades fisiológicas. A tal punto llegaba su presunción (y la de cada faraón egipcio) que a la madrugada, mientras el pueblo aún dormía, él iba al río a hacer sus necesidades. Sí, tal como lo han leído… ¡madrugaba para defecar! De ese modo, el rey preservaba su “imagen divina”, y mantenía la admiración de las masas que lo valoraban como la encarnación del dios Horus (hijo de Osiris e Isis) sobre la Tierra. 

Así es. Faraón (y cada uno de los soberanos egipcios a lo largo de la historia, aseguraba que se había creado a sí mismo, y que luego había creado el río Nilo. Por eso él, al ser él un “dios”, no requería satisfacer necesidad alguna, sino solamente sumergirse en el Nilo en la madrugada, para permitir que el Sol (Ra) tuviera libre su camino para amanecer y brindar sus luz cada día. ¡Imagínense… con una mentira de tal magnitud vibrando en la cabeza ancestralmente, no había forma de que un corazón humano sea sensible al amor perfecto del Eterno!

Los Midrashim siguen relatando que Moshé cuestionó a faraón diciéndole que resultaba extraño que un dios defecara igual que un simple humano:

«… – ¿Quién ha dicho que soy divino? –Preguntó faraón-.
Moshé responde con pregunta: ¿No le dices eso a los egipcios?
–¿Y quiénes son los egipcios? –Replicó faraón-. ¡Esos tontos no son seres humanos, sino asnos! ¡Qué importa lo que yo les diga a ellos!
…»

[Midrash, Pág 54]

En contraste con esta cosmovisión humana presuntuosa, nos encontramos con Moshé, un hombre muy humilde. En él nunca hubo ningún deseo de mostrar que era el mejor; los motivos de su corazón estaban muy por encima de esas actitudes de los carnales.

En la bitácora de ayer vimos que a pesar de que la vara (et) de Aharón tenía más fuerza que las varas/dragones de los magos egipcios y las devoró, no hubo cambio de actitud ni en los magos, ni en el Faraón. Moshé no ganó la batalla mostrando que su poder era superior al otro, ya que el corazón del faraón estaba endurecido. Este relato contiene la Intención divina de revelarnos un secreto importantísimo para ejercer con plenitud el liderazgo profético. Lo acontecido en esta historia es muy común en las discusiones; el que ha ganado la discusión ganó con su argumento, pero no ganó el corazón de su oponente, lo cual es lo más esencial.

No necesariamente se considera como ganador de una discusión a aquella persona que ofreció los argumentos más fuertes. Es posible que, en efecto, gane la discusión en sí, pero no ante el Eterno; el enfrentamiento de poderes entre Moshé y los magos de Egipto es un ejemplo de ello.

Por ello, es mejor perder una discusión que perder un corazón. Es mejor perder un argumento pero ganar el corazón y la apreciación del oponente cuando ve que no estás interesado en apoderarte de él ni tomar control sobre su mente ni jactarte y elevarte por encima de tu prójimo. Que el Eterno nos ayude a ser humildes en todo para no buscar nuestra propia exaltación en ninguna área de nuestra vida. “…Bienaventurados los humildes porque ellos heredarán la tierra…”, dijo un sabio de la Torah (Yeshúa Melej HaMashiaj – Mateo 5:5).

Ante estas consideraciones, logramos una mejor comprensión de por qué el Eterno hizo que Moshé pareciera «como Dios» al faraón (7:1), es decir, una persona poderosa que merecía ser escuchada. Al Paróh se lo consideraba un dios, así que Moshé estaría a su mismo nivel. Sin embargo, el hecho de que el Paróh se negara a ceder ante las demandas de Moshé demuestra que no estaba dispuesto a considerarse inferior en autoridad a nadie.

Entonces, el Eterno que mira lo que hay en los corazones de los hombres, sabiendo que el corazón de Paróh es pesado por naturaleza, pero que además se ha tornado más pesado y que permanece obstinado sin conmoverse ante lo que ven sus ojos, ordena a Moshé:

» y tú ponte delante de él junto a la orilla del río ,…»


El sabio intérprete Abarbanel dice que esto «quiere decir: «preséntate ante él de forma que no pueda escurrirse de ante ti, por acá o por allá …».

Por otra parte, Ibn Hezra sugiere que Paróh (además de hacer sus necesidades fisiológicas) aprovechaba para constatar en cuántas gradas había crecido el río Nilo. Cabe recalcar que la primera de las plagas consistirá en transformar el agua del Nilo en sangre, por lo que la idea parecería ser presionar a Paróh en su vulnerabilidad, ya que su economía era agrícola y, por ende, su país dependía exclusivamente de la calidad de las aguas del Nilo.

Moshé primeramente habría de tomar la misma vara que se había convertido en serpiente/cocodrilo, en sus manos, y luego se la habría de entregar a Aharón, para que viera Paróh que desde el mismo instante en que Aharón golpeara el río, éste se convertida en sangre. Así demostrarían a los testigos presenciales que hubiere allí, que es Yahvéh el que cambia la naturaleza, y maneja soberanamente todas las leyes físicas.

Así es como el Eterno habilitará la vara (et) que le otorgó a Moshé en Sinaí, como representante simbólica de su esencia redentora, con la siguiente orden:

«… he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano…  Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto…»
(vv. 17, 19)

El sabio exegeta Ibn Hezra explicando estos versículos (pasukim) dice:

«De acuerdo con mi opinión, el sentido literal del versículo dice que Aharón extendió su mano y golpeó el río Nilo y tendió su mano hacia todos los puntos cardinales de la tierra de Egipto para trocar el agua en todo el país. »

En realidad, de acuerdo con el versículo 17, era Moshé quien había advertido a Paróh que él mismo golpearía las aguas del río, para trocarlas en sangre. Mientras que en el versículo 19 se le atribuye este acto a Aharón. Esto lleva a Rashí a decir:

«Ya que el río había protegido a Moshé cuando éste había sido arrojado al mismo y, por ende, le había salvado la vida, no será el mismo Moshé el que castigará a la fuente de su salvación. «

Entonces el sabio Rashbam, conciliando las dos opiniones, dice que Aharón golpeaba con su vara como emisario del mismo Moshé.

Es importante recordar aquí, que el río Nilo también era considerado un dios y por esto fue juzgado por el Dios de los hebreos. Yahvéh dice que Él golpeará las aguas del río, no Moshé. Es decir, que la vara de Moshé estaba también en la mano del Eterno. Vemos que hubo una colaboración íntima entre lo que estaba haciendo Moshé y lo que estaba haciendo el Eterno. El Eterno estaba golpeando las aguas del río por medio de su shalíaj, emisario, Moshé.

Por último, resulta muy interesante considerar lo que el Midrash cuenta acerca de la vara o bastón de Moshé. Parece ser que las plagas con las que el Eterno golpearía a Egipto estaban grabadas en el bastón de Moshé en forma de acróstico en tres palabras: Datzaj, Adash y Beajav.

Y este es su significado:

  • DaTzaJ: (dam=sangre, tzefardea=rana y jinim=piojos).
  • AdaSh: (arov=mezcla de animales, déber=epidemia, y shejin=llagas).
  • BeAJaV: (barad=granizo, arvé=langosta, jóshej=oscuridad, vejorot=primogénitos).

Con ese poderoso instrumento, Moshé traería a Egipto la ira de Yahvéh Elokim.

Ahora, lo que queda es considerar el relato de las plagas con las cuales el Eterno Eloah arrasará a aquel Mitzrayim opresor. Cada una de ellas correspondería al castigo que los benei Israel sufrieron de parte de sus esclavizadores.

Moisés Montó al Asno del Mesías y Alistó su Vara Redentora.

Por P.A. David Nesher

Vayikaj Moshe et-ishto ve’et-banav vayarkivem al-hajamor vayashov artsah Mitsrayim vayikaj Moshe et-mateh ha’Elohim beyado.

«Moshé tomó a su mujer y a sus hijos, los montó sobre el asno y se volvió a la tierra de Egipto. Moshé tomó en su mano el bastón de Elokim.»

Shemot/Éxodo 4:20

El Eterno le encomendó a Moshé llevar su vara con todo lo que ésta implica, es decir, la vara que identifica al gobernante y al conductor de una nación. Así también la vara da una prueba tangible del valor y coraje que deberá tener Moshé al presentarse delante de Parhóh y realizar todos los portentos, en nombre de Yahvéh y no como una suerte de sortilegio.

El Eterno le da a Moshé la vara que le acompañaría en su misión para persuadir al rey egipcio. Leyendo comentario de libro El Zohar encontré esta interesante explicación:

«…La vara de Moshé era especialmente sagrada porque el Nombre sagrado fue marcado sobre ella en las dimensionalidades del Gan Edén mismo (…) La vara de Moshé tenía por lado los 72 Nombres de Dios, y por el otro, el Nombre divino de 42 letras…»,
(Zohar Vaerá 15:17)

La vara en el Tanak (mal llamado Antiguo Testamento) representa a tres poderes:

  • el poder regio dado a los reyes (Génesis 49: 10)
  • el poder espiritual concedido a los sacerdotes (2Reyes 4:29)
  • el poder de la justicia Divina otorgado a los jueces (Isaías 10:5).

Por otra parte, la «serpiente» era símbolo mismo del poder real en Egipto (c.f. Ezequiel 29 :3). Por eso, el mensaje de Yahvéh era claro: el tiránico poder egipcio seria sometido por la justicia Divina anunciada por Moshé como profeta del Cielo.

Ahora bien, resulta interesante para fortalecer nuestra emunáh (fe), saber que la vara que Yahvéh entrega a Moshé tiene la Intención divina de representar al Mesías. Así lo dejará bien claro el contexto bíblico que Moshé mismo escribirá en la Torah:

“El cetro no se apartará de Yehudá, ni la vara de gobernante de entre sus pies, hasta que venga Shiló, y a él sea dada la obediencia de los pueblos.”
(Génesis 49:10 )

Así también en el rollo de Bamidbar/Números quedará escrito:

“Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca; una estrella saldrá de Yaakov, y un cetro se levantará de Israel que aplastará la frente de Moav y derrumbará a todos los hijos de Shet.”
(Números 24:17 )

En una forma maravillosa, este pasuk (versículo) conduce al lector a decodificarlo sumergiéndolo en las características de la misión y el carácter del Mashiaj.

El «BURRO del MASHIAJ»

Encontramos a Moshé partiendo hacia Egipto, llevando a su familia montada en un asno. Este animal es el signo más fuerte del Mashiaj obrando a favor de Israel.

¿Qué se entiende por el «burro del Mashíaj»?

La expresión «burro del Mashíaj», aparece por vez primera mientras Abraham se dirige a cumplir con la “Akedá de Itzjak” (atadura de Isaac) que el Eterno le había ordenado. Cuenta la Torah que Abraham se levantó muy temprano de mañana y preparó su asno; lo cargó con los elementos necesarios para el sacrificio y para la caminata de tres días desde Jevrón (Hebrón) al monte Moriáh. Esta escena está plena de códigos mesiánicos.

Siete generaciones después, Moshé también es despachado por Elokim a una importante misión. Leíamos en el pasuk (verrsículo):

“…Saca al pueblo de Israel de Egipto y llévalo al monte Sinaí, donde Yo les comunicaré su misión en la vida como Mi pueblo elegido…”
(Éx. 3:10)

Así pues, las imágenes de Avraham y Moshé junto a un burro, son de un profundo contenido mesiánico y profético que se complementan para dejar bien claro los detalles de la misión de Mashiaj.

El intérprete Rashí explica que el «Rey Mashiaj», se revelará entrando a la Santa Yerushalayim (Jerusalén), montado en un pollino. Agrega Rashí que, la misma bestia que ensillaron Avraham y Moshé en épocas antiguas, será el mismo en que ha de cabalgar Mashiaj para manifestarse a Israel [Zejariá 9:9; Pirké d’Rabí Eliézer 31].

El profeta judío Zejaryah (Zacarías) lo predice de la siguiente manera:

“…Regocíjate mucho, hija de Tzión (Sión), da voces de júbilo, hija de Yerushalayim. He aquí tu rey vendrá hacia ti, justo, y salvador es él, humilde [pobre] y montado sobre un asno, sobre un pollino hijo de asnas…”,
[Zejaryah 9:9, Tanaj Katz].

Al leer con atención notamos que el profeta Zejaryah describe a Mashíaj como “un pobre, cabalgando sobre un burro”. Explica el Rebe de Lubavitch que el significado simple de esta profecía es que Mashíaj, el más importante ser humano de la historia, es el epítome de la abnegación:

“…Será más grande que Abraham, más alto que Moshé, y más excelso que los ángeles supremos”
[Ialkut Shimoní sobre Isaías 52:13].

De hecho, la humildad es la marca de calidad de los justos: ellos reconocen que sus tremendos logros y talentos, y el poder investido en ellos como líderes, no son de ellos sino de su Creador. No viven para concretar y satisfacerse ellos mismos, sino para servir al propósito Divino de la Creación. En un nivel más profundo, el «burro del Mashíaj» representa la esencia misma del proceso mesiánico: un proceso que comenzó con el principio del tiempo y que constituye al alma misma de la historia.

El «burro del Mashíaj» tiene una larga y prestigiosa historia; una y otra vez hace su aparición en el curso de las generaciones, surgiendo en coyunturas claves del proceso mesiánico. Cada vez lo vemos cumpliendo la misma función, pero de una manera ligeramente diferente, reflejando los cambios que experimenta nuestro mundo a medida que evoluciona a su definitivo estado de perfección.

Jesús Montó un Asno y Entró en Jerusalén

Sabemos que Yeshúa montó un pollino cría de asna para entrar a la ciudad de Yerushalayim (Jerusalén). Ahora bien, al hacer él esto, ¿cumplió él la profecía de Zejaryah (Zacarias)? Para lograr responderlo, les pido que por favor leamos lo que el libro del Evangelio de Marcos dice:

«… Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, y les dijo: 
Id a la aldea enfrente de vosotros, y tan pronto como entréis en ella, encontraréis un pollino atado en el cual nadie se ha montado todavía; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dice: “¿Por qué hacéis eso?” decid: “El Señor lo necesita”; y enseguida lo devolverá acá. Ellos fueron y encontraron un pollino atado junto a la puerta, afuera en la calle, y lo desataron. Y algunos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? Ellos les respondieron tal como Jesús les había dicho, y les dieron permiso. Entonces trajeron el pollino a Jesús y echaron encima sus mantos, y Jesús se sentó sobre él. Y muchos tendieron sus mantos en el camino, y otros tendieron ramas que habían cortado de los campos. Los que iban delante y los que le seguían, gritaban:
¡Hosanna!
Bendito el que viene en el nombre del Señor;
Bendito el reino de nuestro padre David que viene;
¡Hosanna en las alturas!…”


(Marcos 11:1-10)

Montar un borrico era también una costumbre de los monarcas orientales, especialmente israelitas. Al menos así se aprecia en muy variados ejemplos, como el caso del rey Shelomó, (1Rey 1:32-38). De acuerdo a lo leído en las cartas apostólicas, Yeshúa ben Yosef, ben Miryam, que biológicamente desciende de reyes (David HaMélek y Shelomó), monta un asno y entra a Yerushalayim, en medio de un escenario de algarabía y júbilo -por parte de algunas multitudes-, de una forma muy apegada a como lo predijo Zejaryah (Zacarías), por favor leámoslo nuevamente:


“Da voces de júbilo (…)
Tu rey vendrá hacia ti, justo, y salvador es él, pobre y montado sobre un asno, sobre un pollino hijo de asnas…”

(Zacarías 9:9)

También resulta para nosotros muy interesante saber que los sabios del hebreo siempre aseguraron que, en un futuro, el verdadero Mashiaj sería reconocido pues cumpliría la profecía del profeta Zejaryah entrando a Yerushalayim (Jerusalén) montado en un burro. Es así como prepararon al pueblo de la Casa de Judá a estar listos a reconocerlo cuando esto sucediera delante de sus ojos. Por ello, el pueblo en su bendita injenuidad reconoció en Yeshúa al verdadero Mashiaj tal como los maestros le habían enseñando.

Pero a pesar de esto, cada vez que los discípulos de Yeshúa afirmamos que Yeshúa de Nazaret cumplió la predicción de Zejaryah, los maestros judíos esgrimen algunas refutaciones como ésta:
“Muchas personas, desde los tiempos antiguos llegaron a entrar y salir por las puertas de la Ciudad de Jerusalem montados en un burro, lo cual era bastante cotidiano…”.

En verdad, esto es cierto, pero tal objeción tiene sus partes débiles, por ejemplo; que ninguna de “aquellas personas” era Mashíaj, ya que dicha personalidad debe ser… “más grande que Avraham, más alto que Moshé, y más excelso que los ángeles supremos”, según he referido líneas atrás de acuerdo a lo que los sabios mismos sostuvieron a lo largo de todos los tiempos pre-mesiánicos. Por lo tanto, la profecía sigue en pie. Es incontrovertible que nadie en la historia del pueblo judío puede encuadrar mejor para el cumplimiento de esta profecía que el nuestro Mesías, Yeshúa HaNotzrí (de Nazaret), no hay competidores serios que se le acerquen.

Pero ante tan fuertes evidencias, algunas opiniones en el judaísmo, cerradas en su orgullosa necedad, señalan al gobernador Nehemiyah Nehemías) como “aquel que entró a Yerushalayim montado en un asno” (Nehemías 2:11-13), y que, consecuentemente, la profecía se ha cumplido en él. Sin embargo, esta conclusión, no es compartida del todo por la gran mayoría de los sabios.

Al respecto podríamos preguntarnos: ¿llegó ya el establecimiento de la época mesiánica? No. El mundo judío aguarda con paciencia esta hermosa Era. En el Talmud, una de las tradiciones más conocidas e interesantes que nos habla de la Edad Mesiánica y que merece la pena comentar, señala así:

«…Seis mil años existirá el mundo: dos mil años de caos, dos mil años de Torah y dos mil años de la llegada del Mesías (…)
En el tercer milenio que le sigue a los 2.000 años mesiánicos, la resurrección de los muertos ocurrirá…»,
[Avodá Zará 9; Sanedrín 97 a y b].

De acuerdo con este aporte profético de los talmudistas y haciendo los correspondientes cálculos, podríamos afirmar que nos encontramos, sin ninguna duda, en los «Tiempos de Mashiaj».

Lo maravilloso de todo esto es que la referencia del Talmud, cronológicamente coincide con la aparición de Yeshúa en Eretz Israel [y no precisamente con Nehemiyah (Nehemías) el gobernador). Así pues, según el tratado talmúdico, estaríamos justamente dentro de los dos milenios de “Época mesiánica”. Dos milenios han transcurrido del inicio de la predicación del Maljut Hashem (Reino de Dios) por parte de Yeshúa; dos mil años atrás, él entró a Yerushalayim montado en un pollino cría de asna y muchos le aclamaron como el “Ben David” esperado [Mattityahu/Mateo 21:4-11; Yohanan/Juan 12:12-15]. Por estas razones, hoy no son pocos los eruditos del ámbito judío que creen que Yeshúa HaNotzrí ha cumplido, en parte, la profecía de Zejaryah (Zac. 9:9).

Ahora bien, en su contexto etimológico, “burro” en hebreo se dice “jamor”. Este el vocablo está vinculado con la palabra hebrea “jomer” que significa “materia” (o “materialismo”). Por eso notamos que “jamor” y “jomer”, poseen la misma raíz hebraica. Teniendo en cuenta esto, logramos discernir que el «burro del Mashíaj», es la “bestia material alistada”; es lo físico encaminado a fines superiores y más excelsos, por la autoridad de aquel que logró colocarse sobre él (montarlo y dominarlo).

De aquí que en el nivel interpretativo llamado «Sod» (Secreto), la expresión “montar un asno” significa tener dominio sobre las fuerzas del mal; estar en dominio sobre la fisicalidad o materialismo. Considerando esto, nos damos cuenta que el rey del que nos habla el profeta Zejaryah, ha de dominar no solo a las propuestas materialistas del sistema, sino que logrará esta posición de autoridad porque primeramente ha domado toda tendencia egoica en su naturaleza humana, es decir sus instintos y pasiones (su yétzer hará). De este modo, Mashiaj pues, recibirá poder del Cielo para someter a las fuerzas de la oscuridad que dirigen al mundo en la Redención final, ya que primeramente aprendió la obediencia (Heb. 5:8) como clave para dominar todo plano de la existencia.

En la obra jasídica Likutei Sijot se explica que Mashíaj es quien representa la máxima plenitud de la Torah, él mismo cabalga el burro de lo material, pues él anuncia un mundo en el que la materia ya no es más el elemento “inferior” o secundario, sino un recurso totalmente refinado, una fuerza en nada menos central e importante para el bien que la creación más espiritual, [Likutéi Sijot, Vol. I, págs. 70-72].

Concluimos que, juntos, Abraham avinu, Moshé y por último, Mashiaj Yeshúa, dan ejemplo de cómo depurar y santificar los aspectos mundanos de nuestras vidas, y cómo integrar nuestro ser y ambiente materiales a nuestras metas espirituales.

Un último comentario lo he extraído de la obra “El Rebe enseña”. La misma señala lo siguiente al hablar del burro del Mesías:

«…Abraham, Moshé y Mashíaj: tres personajes que emplean este antiguo burro en su cumplimiento de la voluntad de Dios. Pero el alcance con que el burro está involucrado en su misión difiere. Con Avraham, lleva sus pertrechos; con Moshé, su esposa y niños; mientras que Mashíaj es descripto como cabalgando él mismo sobre el burro…»,
[Rebe Lubavitch].