Enseñanzas

Un Nombre con Limitaciones (Mitzrayim)

Por P.A. David Nesher

Ve’eleh shemot beney Yisra’el haba’im Mitsraymah et Ya’akov ish uveyto ba’u.

«Estos son los nombres de los hijos de Israel que llegan con Yaakov a Egipto. Cada uno llegó con su familia.»

Shemot/Éxodo 1:1

La parashá Shemot, primera sección de estudio del segundo séfer (rollo o libro) de las Sagradas Escrituras (llamado Éxodo) nos obliga a pensar en la importancia de la identidad verdadera que se mantiene firme ante toda ofensiva de asimilación sistémica.

Por ello vemos que la palabra hebrea shemot se traduce «nombres«. Ahora bien, en la cosmovisión hebrea el nombre de un ser humano no conlleva la necesidad de simplemente otorgarle una identificación, sino que el nombre con el que una persona es llamado constituye su alma y fuerza vital. Es la identidad de su esencia de propósito que marca su misión y destino. Esto significa que cuando el alma habita el cuerpo, obtiene vitalidad a través de su nombre hebreo, y desde él se proyecta en méritos hacia el Olam Havá.

Sabemos que un nombre, en cualquier cultura, es tan inherente a la individualidad de una persona que es prácticamente imposible identificar a alguien sin nombre. Sin embargo, desde la visión celestial, hay un punto en lo más profundo del alma donde no hay un nombre ni un destino inevitable. En ese punto exacto el alma es una parte absoluta con su Creador, no hay manera de que pueda ser identificado.

Teniendo en cuenta esto, necesito ahora que hablemos de un nombre que contiene la encriptación de lo impuro que conlleva al caos. Estoy refiriéndome a Mitzrayim, que lamentablemente en las Biblias cristianas ha sido traducido como Egipto.

El nombre “Mitzrayim” ( מִצְרַ֙יִם֙ ), proviene de la raíz “mitzráh” que significa “comprimir” o “encerrar”.

Desde esta raíz se formará el término metzarím, que significa «límites», «límites de angustia«, refiriéndose a los condicionamientos y frenos que existen en el alma de cada persona programada por el sistema reptiliano imperante. Desde metzarím se conformará el nombre Mitzrayim.

Entonces, desde estas significaciones comprendemos que Mitzrayim es el concepto de la “restricción sin libertad de movimiento” que el sistema reptiliano que impera en la fisicalidad produce.

Esta fue la situación de los israelitas en Egipto, y a la vez, la condición limitada de nuestras vidas cuando somos gobernados por el caos que trae el Ketz (Inframundo).

Los sabios expertos en toralogía nos dicen que “Mitzrayim”, no se refiere solamente a la zona geográfica de Egipto en el NE africano, sino que es un código celestial que alude al “exilio” o «galut» en hebreo.

Por lo tanto, “Mitzrayim” se refiere igualmente a nuestro «exilio personal» que es el sufrimiento, el enojo, la enfermedad, la tristeza, el miedo paralizante y el dolor que se padecen en esta vida. Elementos de toda vida caótica. Así pues, el nombre Mitzrayim simbólicamente trasciende un lugar físico, y representa la esclavitud material y moral.

Entonces y tal como podemos apreciar, la historia de hoy es de un significado profundo ya que nos enseña sobre la penosa esclavitud de los israelitas en Mitzrayim que, en términos de mística, señalan los sabios, no es otra cosa que la relación existente entre el binomio cuerpo-alma, denominado “Egipto” y, el espíritu, que es llamado “Israel”. El simbolismo revelado aquí es que el cuerpo físico es la “prisión” de nuestra alma, y esta, por medio de la ignorancia, la cárcel del espíritu, y por ende, del Eterno, mismo.

Debemos aceptar que cada uno de nosotros, mediante programación sistémica, tenemos un “faraón interno”; cuando las letras que componen la palabra «Faraón» (en el idioma hebreo Parhó) las intercambiamos de lugar, encontramos que se nos forma el vocablo “haoref” que significa “nuca” (parte del cuello pegado a la espalda). El significado “haoref” (cuello o nuca), se comprende de la fraseología: “…Así ha dicho Yahvéh: deja ir a Mi pueblo…”. A lo que faraón se niega. Esta negativa es el “cuerpo” dándole la espalda (la nuca) al “alma”, que se interpreta también como una guerra entre la conciencia materialista contra el espíritu en plena supra-consciencia.

En hebreo, a la zona de unión del cuello y el pecho (parte de la garganta) es llamada: tzipor-hanefesh, es decir «el pájaro del alma«. Dicho esto, y considerando lo anterior, es muy fácil descubrir entonces qué relación «física» tiene Mitzrayim con la angustia.

Mitzrayim es lo que estrecha la garganta (tal como los collares que se les colocan a los esclavos), lo que provoca la angustia.

Mitzraim es angustia.

Durante 210 años lo hebreos padecieron la esclavitud angustiante. Los relatos históricos tradicionales cuentan que las vejaciones no tenían límite.


Entonces nos podemos preguntar, ¿por qué macabro designio el Eterno quiso esperar tantos decenios?
¿Él que es Todopoderoso, no podía liberar a los hebreos antes?
¿No quiso?
¿Qué pasó?

La Torá es muy clara al respecto (para el que sabe leerla con humildad y mansedumbre):

«Asimismo, Yo he escuchado el gemido de los hijos de Israel, a quienes los egipcios esclavizan, y me he acordado de mi pacto.«
(Shemot / Éxodo 6:5)

¿Cuándo se «acordó» el Eterno del pacto con los hebreos?


Obviamente que siempre, pero el relato revela que Él se puso en «campaña» para liberarlos, en el momento en que los hijos de Israel al menos pudieron «gemir» por causa del padecimiento, y a pesar del mismo.

Es decir, si los israelitas no hubieran reconocido su angustia, Dios no los hubiera redimido.

Por lo menos 210 años debieron sufrir lo «indecible», hasta que al menos un gemido colectivo y no egoísta brotó de sus estrechas gargantas:

«Los hijos de Israel gemían a causa de la esclavitud y clamaron a Elokim, y el clamor de ellos a causa de su esclavitud subió a Elokim.«
(Shemot / Éxodo 2:23)

Y, como veremos, eso fue lo único que atinaron a hacer como colectivo, como personas hartas de la esclavitud, pues:

«De esta manera habló Moshé [Moisés] a los hijos de Israel, pero ellos no escucharon a Moshé [Moisés], a causa del decaimiento de ánimo y de la dura esclavitud.» 
(Shemot / Éxodo 6:9)

Entonces, si lo disciernen bien, notarán que la angustia es una enfermedad terrible para el alma humana, ya que es una dura esclavitud que conduce al ser humano a vivir con el ánimo decaído.

Es mortal la esclavitud, que frente a la perspectiva de la liberación, ninguna fibra se exalta, ningún júbilo se expresa, sino que, todo lo contrario.

El libro de El Zohar nos enseña que, a medida que nuestro cuerpo físico crece en edad, lo mismo hace el alma. Esto significa que la fuerza del alma entra en el cuerpo de manera gradual, es decir, por etapas; en la misma manera en que Israel, gradualmente se convirtió en esclavo en Egipto.

Pero la guerra espiritual, en un hebreo empieza a la edad del Bar Mitzvá, justo después de que el alma fue dotada de “fuerza espiritual” (yetzer hatov), para dar la batalla a todo lo que en su mente colocó durante 13 años el yetzer hará o tendencia al mal.

LA PUERTA 49 DE IMPUREZA

El Midrash, por medio de una pregunta, plantea lo siguiente:

«Si los israelitas en Egipto estaban en la llamada «Puerta 49 de la negatividad», ¿merecían la redención? Ellos estaban en lo más bajo de la impureza, tanto que, en el momento de la separación del mar rojo, las fuerzas negativas decían al Eterno:
“… ¿Cómo puedes dejar que los israelitas sobrevivan y los egipcios se ahoguen? ¡Israelitas y egipcios están en el mismo nivel espiritual!…”.

Entonces, ¿qué permitió que los israelitas fuesen redimidos aunque estuviesen en ese nivel tan degradado?

Al encontrar la respuesta, nos damos cuenta en qué yace la belleza de la enseñanza de esta primera parasháh del libro de Shemot. Lo que permitió la redención fue que el Creador vio la parte del alma de los israelitas, la parte que está en el interior de cada individuo, esa que nunca se deteriora, el lado que nunca se ensucia a pesar de las acciones negativas que cometemos.

Entonces, entendemos que la redención pudo llegar porque el Creador no se concentró en la persona que está en el «Nivel 49 de negatividad», sino en la parte del alma que no se corrompe: sus 12 nombres, manifestados en el diseño denominado «tribu».

En este sentido, la interrogante de los sabios que estudian los secretos de la Torah es: ¿cómo podemos despertar ese mérito para nosotros, la gente de este tiempo?

Y la respuesta surge de una hermosa y sabia conclusión: sabemos que la manera en la que se comporta una persona, es la forma en la que se comporta la Luz del Creador con ella; la manera en la que nos comportemos con los demás será la forma en la que la Luz del Creador se comportará con nosotros. Eso significa que si eres una persona que encuentra la chispa de bondad en alguien que se conduce negativamente, entonces el Creador te verá y, sin importar lo que hagas, solo se concentrará en la chispa de bondad que hay en tu interior.

Para ir concluyendo, diré que en el caso de Israel en Mitzrayim, se nos hace por completo comprensible que el diseño oscuro de «mitzrayim» los acompañara luego, durante 40 años de «liberación» en el desierto. Ellos tenían a ese abatimiento psíquico totalmente presente en sus alma.

Lo entendemos porque la angustia de los hebreos era inmensa, pues vivían bajo el peor régimen esclavista y angustiante de todas las épocas, que como bien lo describe los jajamim (sabios) intérpretes, no tenía escapatoria, y sólo merced a los numerosos milagros y maravillas realizados por Dios, pudieron liberarse.

Ellos, con sus propios medios, no hubieran sacado ni siquiera un gramo del pesado yugo de Mitzrayim de sus espaldas, de sus gargantas, de sus vidas.
Ellos tuvieron el auxilio de Yahvéh, que cumplía en la oportunidad con lo prometido a los patriarcas (Génesis 15:16), y elevaba (Salmo 145:14) de la desolación al hundido (el conjunto de los israelitas) en el más profundo barro de la inmoralidad que hunde en lo infrahumano.

Así lograremos ver, al estudiar Shemot, nos daremos nuevamente cuenta que tan sólo un quinto de todos los hebreos fueron redimidos de Mitzrayim. Pero ahora, entenderemos mejor el por qué la mayoría «prefirió» el sabor amargo de la esclavitud a la aventura del gozo de la libertad.

Es que los adultos (mayores de 20 años) que salieron del Mitzrayim «físico», no lograron reconstruir su vida como personas saludables y libres. Siempre he enseñado este slogan refiriéndome a esto: «¡Ellos salieron de Egipto (Mitzrayim) per Egipto (Mitzrayim) no salió de ellos!«

Por todo esto hoy, sobre nosotros, recae la responsabilidad de «salir de Mitzrayim», es decir, de esforzarnos por emerger de nuestros propios padecimientos que nos angustian desde la temprana infancia, para ser realmente libres.

¿Cómo lo podemos hacer?

Las respuestas (de los métodos terapeúticos «yahvistas»  que se encuentran en el Seder del Pesaj… Pero de eso hablaremos en otras bitácoras.

¡Objeto de Violencia Son Sus Armas! (Simón y Leví)

Por P.A. David Nesher

Shim’on veLevi ajim kley 8amás mejeroteyhem. Besodam al-tavo nafshi bikehalam al-tejad kevodi ki ve’apam hargu ish uvirtsonam ikru-shor. Arur apam ki az ve’evratam ki kashatah ajalkem beYa’akov va’afitsem beYisra’el.

«Shimón y Leví son camaradas, instrumentos de violencia son sus armas.
¡En su maquinación no entre mi alma, ni te ligues, oh mi honor, con su congregación Pues en su saña mataron hombres y en su capricho pretendieron mutilar un toro.
¡Maldita sea su ira, porque es fuerte; y su furia, porque es cruel! Los dividiré en Yaakov y los esparciré en Israel.»

(Bereshit/Génesis 49_5-7)

Los dos hijos mayores siguientes fueron Shimón y Leví. Como siempre ellos, estaban de pie uno al lado del otro delante de Yaakov su padre. El nombre Shimón proviene de la palabra hebrea shemáh (o shamáh), que significa «escuchar«, «oír hasta obedecer«. Su nombre sugiere que Yaakov lo nombró como un hijo que escucharía a Yahvéh, y quizás lo más importante, para obedecer Su Palabra. Así que cuando recitamos cantando: «Shemáh Israel, YHVH Eloheinu, YHVH ejad» («Escucha Israel, YHVH nuestro Dios, YHVH es Uno«), significa que queremos escuchar y obedecer lo que YHVH nos ha dicho y mandado. En la mente hebrea, usted realmente no ha escuchado nada hasta que usted no actúa en consecuencia; las acciones hablan más que las palabras. Así que aquí tiene un hijo con el nombre Shemáh (o Shamáh) construyéndose a sí mismo de una manera egoica («A mi manera»). Él era quien debía escuchar a Yahvéh, pero francamente, con demasiada frecuencia Shimón actuaba como si estuviera sordo a Su Voz.

El nombre Leví significa «unido» o «conectado«. Como espíritus afines ellos se unieron «como carne y uña» desde que ellos eran jóvenes, «son camaradas» los describirá su padre. Ellos eran los hermanos más cercanos, y en este caso eso no era tan bueno. Así como Reuvén había mostrado inestabilidad y lujuria, estos dos hermanos habían mostrado traición y crueldad. Estas cabezas calientes habían deshonrado y puesto en peligro a toda la familia cuando ellos mataron a los hombres de Siquem para defender el honor de su hermana Dina (34:1-31). No hay nada más terrible en la vida que la traición, especialmente cuando, como en el caso de Shimón y Leví, está envuelto en honor, haciendo el mal en el nombre del bien.

Eran dos hermanos e hijos de Lea, pero también eran hermanos en la violencia y en el furor (49:5). Por eso, insisto en esto: Shimón y Leví contrariamente a Reuvén no han sido impulsivos, ellos conspiraron en tranquilidad y con tiempo contra los habitantes de Shejem (Siquem). Justamente la expresión “son camaradas” (v. 5) alude a la unidad de criterio que ambos tenían cuando mataron a la gente de Shejem y cuando acordaron vender a Yosef. Shimón fue probablemente el cabecilla cuando José fue vendido como esclavo. Por esto, cuando Yosef puso a prueba a sus hermanos, pensó que Shimón necesitaba la instrucción de un tiempo en la cárcel más que cualquiera de los otros hermanos y tomando de entre ellos a Shimón, lo ató ante sus ojos (42:24).

Shimón y Leví representan a las personas cuyo carácter es opuesto al de Reuvén, empero Yaakov condena su acción destructiva.

El verdadero problema de Shimón y Leví era su ira incontrolada (en su furor mataron a un hombre). Su ira incontrolada era pecado porque se basaba en la voluntad propia (en su propia voluntad incapacitaron un buey), que se convertía en enojo que generaba la cascada de la muerte: furor, odio, venganza y homicidio.

En cuanto a la palabra mejerotehem que se ha traducido como «armas» es un término no demasiado claro.
El sabio Onkelos traduce: «tierra de sus moradas«. El exégeta Ibn Hezra recoge también esta versión. Rashbam traduce como: “por su hermana”.
Abarbanel sugiere: “pensamientos”. Nuestra versión trata de entender a esta palabra de acuerdo a su contexto.

“…Y CON PLENA VOLUNTAD HAN DESGARRADO TOROS…”

Esto hace alusión al saqueo de la ciudad de Shejem por parte de los hijos de Yaakov si bien estos detalles no aparecen en el texto citado (Gén. 34).
Onkelos traduce la palabra Shor como si figurara Shur que quiere decir: muralla, haciendo alusión a la muralla de la ciudad de Shejem. Para el significado de la palabra Shur como muralla, veáse 2 Samuel 22:30.
Abarbanel recoge esa versión.

Rabí Itshak Arama sugiere, que Shor, que traducimos como toro, puede hacer referencia a Yosef, quien en la bendición que le dirige Moshé es comparado al Shor (Toro) por su fuerza y su poder.
De acuerdo a esta interpretación de Rabbí Itshak Arama, Yaakov está incriminando veladamente a Shimón y Leví por haber arrojado a Yosef a “la cisterna en el desierto”.

“…HABRÉ DE DIVIDIRLOS ENTRE YAAKOV Y DISPERSARLOS ENTRE ISRAEL”.

Shimón y Leví se habían unido para cometer sus crímenes en Siquem, y como castigo, ellos se dispersarían entre las tribus de Israel.

Yaakov profetizó: «Los dividiré entre Jacob, Y haré que se dispersen en Israel» (49:7), para nunca recibir sus propios territorios. Se les niega una de las principales bendiciones del pacto prometidas por Dios (15:18-20). Creciendo inseparablemente, ellos sacaron lo peor uno del otro. Así que, por su propio bien, ellos estarían separados.

En efecto la tribu de Leví estará diseminada por entre todas las tribus de Israel. Sus cuarenta y ocho ciudades estarán situadas en todo el territorio de Israel de Norte a Sur, y de Este a Oeste. (Véase números 35:2, 7)

Nótese que la función de los levitas como servidores en el Tabernáculo aparecerá, únicamente, después del episodio del becerro de oro.
En esa oportunidad la tribu de Leví se consagrará al aliarse con Moshé para destruir la idolatría del pueblo de Israel. (Véase Éxodo 33:26 y ss). Efectivamente los levitas se alinearon con Moshé por el pecado del becerro de oro en el monte Sinaí. Pero notemos que incluso entonces usaron sus armas como instrumentos de injusticia en el sacrificio de unos tres mil ese día.

Sin embargo, Yahvéh dirá que debido a su fidelidad en el incidente del becerro de oro, toda la tribu de Leví serán los sacerdotes de la nación y representante del Eterno ante Su pueblo y de Su pueblo ante el Eterno:

«Pero he tomado a los levitas en sustitución de todos los primogénitos entre los hijos de Israel. Y de entre los hijos de Israel he entregado a los levitas como dones para Aarón y sus hijos, para que sirvan en la obra de los hijos de Israel en la Tienda de Reunión, y hagan expiación a favor de los hijos de Israel, así no les sobrevendrá plaga a los hijos de Israel cuando se acerquen al Santuario.»
(Números 8:18-19)

Por lo tanto, vemos un ejemplo de la gracia maravillosa de Yahvéh en Leví. Si bien es cierto que sus descendientes fueron esparcidos por todo Israel, también es cierto que se convirtió en una bendición disfrazada porque ellos se convirtieron en una tribu de sacerdotes encabezados por Aharón, hermano de Moshé.

En el capítulo uno de Números (vv. 22-23) aprendemos que después de que los israelitas habían recibido la Torá en la base del monte Sinaí había 59.300 hombres de la tribu de Shimón mayores de veinte años. Pero varias décadas después nos enteramos de que los descendientes de Shimón se habían reducido a 22.200 hombres mayores de veinte años (Números 26:12-14). Hagamos bien las cuentas, y nos daremos cuenta que esta tribu estuvo siempre bajo juicios de la Guevuráh divina. Justo antes de este segundo censo, el pueblo comenzó a fornicar y a apegarse a las hijas de Moab y lo convencieron de ofrecer sacrificios a Baal Peor que conducían a la idolatría (Números 25:1-3). Como resultado, la Torah nos dice que 24.000 israelitas murieron en una plaga (Números 25:9). Los rabinos enseñan que estos eran todos de la tribu de Shimón.

Así Shimón y sus descendientes resultaron ser la más pequeña de todas las tribus y se omite de las bendiciones tribales de Moshé en Deuteronomio capítulo 33.

Después de la conquista de Canaán por Josué, los simeonitas se dispersaron, estableciéndose en la parte sur del territorio de Judá (Josué 19:1-9, Jueces 1:3).

Consecuentemente, ellos perdieron mucho de su propia identidad y poco se oyó sobre ellos después de los días del rey Asa. Así que Jacob dijo que debido al enojo de Simeón y Leví y la actitud de obstinación, eligiendo hacer lo que querían, estarían dispersos.

En última instancia, los levitas tuvieron un cambio de corazón y desarrollaron un celo por el Eterno, mientras que los simeonitas continuaron su pasión por la violencia y la crueldad. Así, los simeonitas comenzaron a declinar en la oscuridad mientras los levitas ascendían a la prominencia de la tribu sacerdotal, y ellos serían los custodios del Tabernáculo y el sacerdocio.

Ahora bien, y más allá de toda la historia de estos dos tzadikim y sus tribus, sabemos que en el futuro escatológico lejano tanto Shimón como Leví recibirán territorio en el reino mesiánico.

» Simeón, tendrá otra porción junto al límite de Benjamín, desde el lado oriental hasta el lado del mar.»
(Ezequiel 48:24)

No sólo eso, sino que el apóstol Juan fue llevado en espíritu a la cima de un monte grande y alto y le mostró la ciudad santa, Jerusalén descendiendo del cielo, de Dios, que tenía la gloria de Dios: su fulgor es semejante a una piedra preciosísima, como piedra jaspe, transparente como el cristal. Tiene un muro grande y alto, el cual tiene doce puertas, y sobre las puertas, doce ángeles, y unos nombres inscritos, que son de las doce tribus de los hijos de Israel (Apocalipsis 21:10-12). Estas son las mismas puertas que se ven en Ezequiel 48:31-34. De la parte del oriente tiene tres puertas, del norte, tres puertas, el sur, tres puertas, y del poniente, tres puertas (Apocalipsis 21:13).Y en el lado del sur, será la puerta de Simeón.

Interesante resulta notar y aceptar que ninguna puerta se llamará Mateo, o Marcos, Lucas o Juan. Pero habrá una puerta llamada Shimón (Ezequiel 48:33), y habrá una puerta llamada Leví (Ezequiel 48:31). Por toda la eternidad las doce tribus de Israel serán recordadas. Cuando las naciones gentiles entren en la Jerusalén milenial, pasarán a través de las puertas con los nombres de los hijos de Israel.

Ahora bien, una sola y triste conclusión surge de esta bendición: los pecados de nuestro pasado pueden volver y nos acechan. Incluso cuando se perdonan, nos pueden llevar a consecuencias que debemos enfrentar para toda la vida.

Pero también la gracia de Dios muestra que puede transformar a todo pecador, como usted y yo, en un reino de sacerdotes. Por ello, a todos los creyentes en el Mesías se los llama sacerdotes hoy.

«Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, que vuestros padres os legaron, no con cosas corruptibles, como la plata o el oro; sino con la sangre preciosa del Mesías, como de un cordero sin mancha y sin defecto.»
(1 Pedro 1:18-19)

Entonces Pedro también nos dice:

«Vosotros también, como piedras vivas, estáis siendo edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesús el Mesías.»
(1 Pedro 2:5).

¿De quiénes está hablando? ¡De los que hemos sido redimidos por la preciosa sangre de Yeshúa HaMashiaj! ¡Aleluya!

«Acérquense y Escuchen a vuestro Padre» (dijo Jacob)

Por P.A. David Nesher

«Llamó Jacob a sus hijos y dijo:
—Acercaos y os declararé lo que ha de aconteceros en los días venideros. Acercaos y oíd hijos de Jacob;escuchad a vuestro padre Israel.»

(Bereshit/Génesis 49: 1-2)

Todas las palabras comprendidas entre los versículos 1 a 27 de este capítulo 40 de Bereshit (Génesis) son conocidas como «la bendición de Yaakov a los hijos de Israel«. Más tarde, Moshé (el escritor del Sefer Bereshit) dará el mismo estilo profético-mesiánico de bendición antes de su muerte (Deut. 33). Por ello, es que él escribe este pasaje a fin de que los benei Israel (Hijos de Israel) comprendan por qué y para qué él está bendiciéndolos.

Así pues, vemos como Yaakov, en lo que es su último y más significativo acto como patriarca y como heredero de Avraham y de Itzjak, bendijo uno por uno a sus doce hijos.

No obstante, en las palabras de Yaakov encontramos no solamente bendiciones sino también amonestaciones, reprimendas y vaticinios de futuro.
En la bitácora anterior, les comenté que leyendo el Midrash encontré que los sabios sostienen que “la intención del patriarca Yaakov en los últimos momentos de su vida había sido revelar a sus hijos el fin de todo el sistema babilónico. Empero se apartó de él la Divinidad (el espíritu de la Profecía) y continuó diciendo otras cosas” (Bereshit Rabbáh).

Lo primero que notamos al leer este capítulo es  que el orden de los hijos como él les profetiza no es el mismo que se encuentra en el capítulo 29 vers. 31 al cap. 30 vers. 25, o el cap. 35 vss. 16 al18 excepto, para los cuatro primeros.

Yaakov se dirige a sus hijos en este orden: Comienza con los seis hijos de Leah: Rubén, Shimeón, Leví, Yehudáh, Zebulón e Isajar (si bien Zebulón aparece antes que Isajar cuando correspondería lo contrario). 

Luego trata con el hijo de Bilháh, Dan, y luego con los dos hijos de Zilpáh, Gad y Aser, Luego con el otro hijo de Bilháh, Neftalí.

Después culminará tratando con los hijos de Raquel (Rajel), Yosef y Benjamín. Efraín y Manasés estaban también en ese momento junto al lecho de muerte de Yaakov. Así como la bendición de los hijos se convirtió en la bendición del padre, la profecía del padre se convirtió en la profecía de los hijos. Por lo tanto, Efraín y Manasés fueron profetizados, como podría decirse, a través de José.

El estilo idiomático de esta bendición es poético, arcaico y, con cierta frecuencia, poco claro. No fue una conversación común.

Cualquier cosa que un hombre diga en su lecho de muerte es importante porque generalmente, si alguna vez dice la verdad, lo dice en su lecho de muerte. Yaakov habló poéticamente y con gran imaginación. Sus expresiones sugieren que él estaba hablando en el Espíritu. Estaba en pleno uso de sus facultades, aunque estaba cerca de morir.

Como estaba hablando en lenguaje poético, los hijos no podían dejar de reconocer la importancia de las palabras de su padre.

Casi instintivamente, ellos al entrar en la habitación, se reunieron agrupados por subfamilia, en una posición circular alrededor de la cama. El resultado neto fue que catorce hijos se reunieron alrededor del lecho de muerte de su padre Israel. A medida que los oscuros ojos de Yaakov los reconocieron gradualmente, procedió a hablar a uno por vez, alrededor del círculo concéntrico del ahava (amor) de Yaakov.

Por eso conviene considerar aquí lo que el sabio intérprete Abarbanel dice refiriéndose a este pasaje:

“En cuanto a la intención de las palabras de Yaakov y las bendiciones, me inclino a pensar que Yaakov, en su lecho de muerte quiso aclarar de cuál de sus hijos surgirá la tribu que reinará y gobernará en su descendencia. Ya que él había visto y había vislumbrado, por el espíritu de profecía, que su descendencia iba a ser prolífica y, por lo tanto, quiso orientar acerca de la conducción de las tribus, para que no hubieren luchas ni disensiones entre sus hijos.
Por ello él calará profundamente en cada uno de sus hijos, de acuerdo a su naturaleza y carácter, buscando a quién corresponderá el reino o la conducción; ya que la naturaleza de los descendientes de sus hijos tenderá a parecerse a la de sus progenitores. Es por ello que Yaakov, en sus palabras, a veces hablará de las cualidades y caracteres de sus hijos y a veces vaticinará el futuro de su descendencia.
Ello no implicará, a veces, ni bendición ni reprimenda ni vaticinio de futuro ni lo que ocurrirá en la tierra de su asentamiento, sino que hablará de la cualidad de sus hijos para el reino y la conducción”.

Por último, veremos que el autor del libro de Crónicas sintetiza las palabras de Yaakov en lo referente a la conducción de las tribus de Israel con estas palabras:

“Y los hijos de Reuvén primogénito de Israel; ya que él era el primogénito. Empero al profanar el lecho de su padre le fue dada la primogenitura a los hijos de Yosef, hijos de Israel…»
(1 Crónicas 5:1)

El rabí Itzjak Aramáh entiende que en el versículo 1 de capítulo 49 se revela que la intención de Yaakov había sido develar el fin de los tiempos pero como “la profecía se apartó de Yaakov” él les hablará de otras cosas y por ello retorna y dice:

¡Congregaos y escuchad…!

“…y escuchad a Israel, vuestro padre.” Este fue un lugar de madurez espiritual, dándose cuenta de lo que tanto el Eterno lo hizo (Israel) y tenía que luchar contra (Jacob). Más tarde la Torah les pedirá la fe en el Eterno casi con las mismas palabras: “Shemah Israel” (— «Escucha Israel«).

Si bien esto es un paralelo estilístico frecuente en la poesía bíblica, Abarbanel descubre alguna insinuación cuando dice: “Escuchad a Yaakov porque es vuestro padre y porque es Israel, el que ha contendido ante Elohim y con los hombres.”

Es muy interesante notar como Yaakov habla en tercera persona (él cambiará a primera persona en el versículo siguiente cuando se dirige individualmente a un hijo). El patriarca se refiere a sí mismo como Yaakov y como tu padre Israel, y aparece como el sabio padre de Proverbios que aconseja a sus hijos a escuchar su instrucción:

«Escuchad, hijos, la instrucción de un padre, Y estad atentos para adquirir entendimiento, y no os apartéis de los dichos de mi boca: porque los que guardan mis caminos son bienaventurados.»
(Proverbios 4:1; 5:7b y 8:32b).

Abarbanel, considerando esta frase (… «congregaos y escuchad«) explica lo siguiente:

“También al decir congregaos, él está insinuando que ningún hijo quedará excluido de las bendiciones que él les otorgará, cosa que no ocurrió ni con los hijos de Abraham ni con los hijos de Itzjak, donde hubo exclusiones.”

En conclusión, y considerando todo lo que hasta aquí hemos hablado, en ese momento, previo a su muerte física, Yaakov llegó a entender proféticamente que el proceso de selección mesiánica ya había terminado. Yahvéh, nuestro Dios, no iba a elegir a uno de sus hijos y rechazar a otros. Por el contrario, a partir de ese momento, y por medio de esta bendición, todos iban a formar parte de la nación que el Eterno estaba formando para traer bendición a todas las familias de la Tierra, tal como lo había prometido a Avraham e Itzjak (Gen. 12:1-3; Gen. 26:3-4).

Yahvéh había reiterado las bendiciones de Avraham a Yaakov (Génesis 28:10-15) diciendo que los descendientes de Yaakov serían tan numerosos como “el polvo de la tierra” y ellos se esparcirían finalmente hasta las cuatro esquinas del mundo desde la región de la Tierra Prometida. Por esta razón, el nombre de Yakoov fue cambiado más tarde a “Israel” (Génesis 32:28), y él tuvo 12 hijos que llegaron a ser las “12 tribus de Israel”.

En las bendiciones registradas en Génesis 49, vemos que Israel dio profecías para cada una de las tribus designadas con los nombres de sus 12 hijos. Los 12 hijos de Israel son (en español): Rubén, Simeón, Leví, Judá, Zabulón, Isacar, Dan, Gad, Aser, Neftalí, José y Benjamín.

La tribu más reconocida por los lectores modernos es Judá. Los descendientes de Judá han sido llamados por mucho tiempo “judíos”. No obstante, Judá es tan sólo uno de los hijos de Israel. La gran mayoría de los descendientes de Israel vinieron de los otros hijos que no fueron llamados judíos. A estos se los debe llamar con el genérico de israelitas.

En el relato de la Historia Universal podemos notar, mediante muchas evidencias científicas, que las 12 tribus de Israel finalmente se convirtieron en grandes naciones e imperios tal como Yahvéh lo había predicho. Identificar estas naciones en la actualidad nos ayuda a entender lo que ocurrirá antes del regreso del Mesías.

Muchas son las personas que piensan erróneamente que, desde el establecimiento de la «Iglesia del Nuevo Testamento», las identidades de estos pueblos ya no tienen ningún propósito. Ellos creen lo que sus líderes religiosos les enseñan mediante los dogmas de la dibólica «Teología del Reemplazo».
Sin embargo, la verdad de todo es que Yahvéh tiene muchos planes más para las personas que han descendido de las 12 tribus de Israel después de que el Mesías regrese. Para mayo información les invito a continuar su investigación a través de lo diferentes artículos que en este Blog proclaman la pura Verdad de la Historia de la Salvación.

«¿Quiénes Son Éstos?»… Efraín y Manasés

Por P.A. David Nesher

Ve’atah shney-vaneycha hanoladim lecha be’erets Mitsrayim ad-bo’i eleycha Mitsraymah li-hem Efrayim uMenasheh kiR’uven veShim’on yihyu-li.

«Ahora, tus dos hijos Efraim y Menashé, que nacieron en Egipto antes de que yo viniese hacia ti, a Egipto, serán considerados míos, tal como son míos Reuvén y Shimón.»

(Bereshit/Génesis 48:5) 

Después de recibir el juramento de Yosef que lo llevaría fuera de Egipto para enterrarlo con Abraham e Itzjak (Isaac), Yaakov continuó postrado en la cama mucho tiempo más.

Un día, cuando Yosef vino a visitarlo con sus dos hijos mayores, el Eterno inspiró a Yaakov a profetizar sobre ellos. Esto dio lugar a la adopción de Efrayim y Menashéh (Efraín y Manasés) por Yaakov como hijos propios, elevándolos así a la categoría de tribus de Israel junto a los otros hermanos de Yoséf, con derecho a adjudicación territorial en la Tierra Prometida.

Yahvéh le había dado a Yaakov la tierra Sagrada, por lo tanto, al ser considerado Yoséf como primogénito en lugar de Reuvén, le corresponde doble porción o dos regiones geográficas en Eretz Israel; una parte sería para Menashé y la otra para Efrayim.

Al considerar Yaakov a Efrayim y Menashéh, hijos de Yoséf, como Reuvén y Shimón; él les está otorgando el derecho de primogenitura, ya que, de acuerdo a las normas vigentes y que más tarde serán sancionadas por la misma Toráh, el primogénito recibía dos parte de la herencia paterna.
[Este comentario está basado en lo que relata el primer libro de Crónicas capítulo 5 vers. 1, donde leemos que la primogenitura de Reuvén fue dada a los hijos de Yosef, hijo de Israel.]

Yaakov le explicó a Yosef lo que acababa de hacer sobre sus hijos mayores de la siguiente manera: Efrayim y Menashéh pasaron a ser hijos mis hijos, por medio de esta adopción, tomando el lugar de herencia territorial de Rubén y Simeón, «en cambio, la descendencia que habrás engendrado después de ellos, serán tuyos, y en nombre de sus hermanos recibirán su heredad» (48:6). Esto se refiere a la distribución territorial de la tierra de promisión. Es decir, que si Yoséf tuviere todavía descendencia, después de Efrayim y Menashéh, ellos no participarían, directamente, de la distribución de la tierra, como estos dos últimos, pero sí, indirectamente, bajo el nombre de Yoséf; ya que Yoséf, a partir de ahora, estará dividido en Efrayim y Menashéh. Estos dos últimos, si bien eran nietos de Yaakov se ven elevados ahora a la categoría de tribus, por este evento de adopción que el patriarca realiza. Yaakov evidentemente, está motivado en esta situación por el fuerte amor que siempre había profesado por Yoséf y que ahora transfiere a sus dos hijos.

Entonces, y para entenderlo bien, Reuvén y Shimón, los dos hijos mayores de Yaakov y Leah, se encontraban en un sentido descalificados de la posición de estatus y liderazgo en la familia de Israel a causa de su pecado (Génesis 34:25, 35:22). Yaakov le dice a Yosef que el resto de los hijos que tuvo después de Erayim y Menashéh, heredarían de él, no de Yaakov. Estos otros hijos de Yosef no se mencionan en ninguna parte de las Sagradas Escrituras, pero sus descendientes están incluidos dentro de las familias de Efraín y Manasés (Números 26:28-37 y I Crónicas 7:14-29).

Esta adopción que hace Yaakov a Erayim y Menashéh permite explicar el por qué hay a menudo diferentes combinaciones de las 12 tribus en distintos lugares de las Sagradas Escrituras. A causa de esta adopción, en realidad hay 13 hijos de Israel. Nacieron los 12, pero José se dividió en dos tribus. Así que, como las tribus se enumeran a través de toda la Tanak (mal llamado Antiguo Testamento), que pueden hacer trucos y seguir siendo las 12 tribus. Esto genera más de 20 formas diferentes para enlistar las tribus en la Tanak.

“Entonces Yosef los hizo salir de las rodillas de Yaakov, y se inclinó con su rostro en tierra.” (48:12) 

Los dos hijos de Yosef, que tenían más de 25 años en ese momento, fueron introducidos entre las rodillas de Yaakov y luego retirados. Esto constituía un acto oficial de adopción, como si los dos hubieran salido directamente de entre sus lomos. Así llegaron a ser legalmente sus hijos, con plenos derechos dentro de Israel, al igual que Reuvén y Shimón. Este acto impactó tanto a Yosef, que se inclinó y adoró al Padre celestial.

Los versículos 9-12 muestran la adopción de estos hijos dentro de Israel y los versículos 13-22 hablan de la bendición que estos dos hijos recibieron por su padre.

¿Qué significado profético hay en que Manashéh y Efrayim se acerquen a su abuelo Yaakov?

Quiere decir que, gente de todas las naciones vendrán para unirse al pueblo de Israel; fundamentalmente la descendencia de Yoséf, es decir, gentiles que tienen ADN hebreo que están mezclados entre los goyim (gentiles paganos). Efrayim y Menashéh vendrán de entre todos los países, tribus, pueblos y lenguas para sumarse al pueblo de Israel a recibir la bendición de Yahvéh (Zac 8:22-23). Por ello, el profeta habla específicamente de “10 hombres de las naciones”, que es muy probablemente una alusión a la Casa de Israel del Norte, las diez tribus asimiladas.

Les solicito que abramos nuestras consciencias y entendamos que aquí se revela una cosa muy importante: Israel estaba enfermo y cerca de morir. Sus ojos físicos estaban oscuros, pero sus ojos espirituales estaban bien abiertos. Lo profético estaba tan activo en él, que podía ver los acontecimientos de los últimos días, que nosotros aún no hemos visto. El Eterno le estaba revelando toda la Historia de Salvación hasta los últimos días de la Era Mesiánica.

Reflexionemos en este profundo misterio escatológico. Durante más de veinte años Israel pensó que Yosef estaba muerto. Sin embargo, en ese tiempo nacieron los dos hijos Efrayim y Menashéh en el mundo gentil por una madre procedente de los gentiles que había abrazado la fe de Israel.

El nombre Yosef significa “añadirá” o “agregará”, y por medio de él se añadirían más hijos a Israel en el tiempo de su ceguera y de su enfermedad.

Es interesante notar que cuando Israel estaba a punto de adoptar a los hijos de Yosef como sus propios hijos, preguntó quiénes eran, para estar seguro de lo que estaba haciendo. Él quería evitar que pasara lo mismo que ocurrió cuando él engañó a su padre Itzjak y se llevó la bendición. Luego le pidió a Yosef que los acercara para que los pudiera bendecir.

Todas estas cosas tienen una proyección profética para los últimos tiempos. Recordemos que Yosef representa al Mesías, que la Casa de Judá ha considerado muerto durante dos mil años. Sin embargo, durante estos dos milenios han nacido muchos hijos primogénitos en el Mesías entre los gentiles. Mayormente están en el mundo cristiano y por eso aprendieron tanto la vida gentil como parte de la fe de Israel. En los últimos tiempos estos hijos, al igual que Efrayim y Menashéh, serán acercados a la fe de Israel, aprendiendo las raíces de la fe de Avraham, el hebreo. Los ojos de la Casa de Judá se abrirán proféticamente para que pueda ver estos hijos y adoptarlos como sus propios hijos para el mundo venidero.

La pregunta que hace Yaakov “¿Quiénes son estos?” aparece en dos lugares más de las Sagradas Escrituras (Isa. 49:18-22 y Rev. 7:13-14). En estos pasajes proféticos se habla de los hijos nuevos que serán añadidos a Israel en los últimos tiempos, y especialmente en la gran tribulación, cuando Israel estará enfermo y a punto de morir. Pero la venida de Yeshúa HaMashiaj, esta vez como Ben David (Hijo de David) le dará a la nación santa del Eterno nueva vida.

El interés por las raíces hebreas que en nuestros días se está manifestando en el sistema cristiano ha sido despertado por el Mesías Yeshúa. Él está en el cielo intercediendo por todos los hijos de Yahvéh en la tierra para que despierten de su letargo babilónico, e investiguen las raíces de la verdadera emunáh. Es un movimiento profético que terminará abriendo los corazones de los hijos primogénitos del Eterno para que abracen la fe de Abraham y dejen el cristianismo, atreviéndose a ascender al diseño de Su Monte Santo.

Esto último, no significa que tendrán que convertirse y hacerse judíos, sino que más bien que decidan adoptar un estilo de vida y una teología y hermenéutica (interpretación) que estén afín con Israel para que ya no sean piedras de tropiezo para los judíos.

Entendámoslo bien, en el Mesías hay lugar para los dos pueblos sin que el uno tenga que convertirse en el otro. El judío no puede dejar sus tradiciones para poder unirse con los hijos del Mesías de entre los gentiles (la Casa de Efrayím o Israel). Son los no-judíos que tendrán que cambiar sus costumbres babilónicas para poder vivir con los judíos y formar un solo pueblo, multifacético pero unido.

La escena de este pasaje escritural revela el movimiento tierno de nuestro Abba en los últimos días. Justamente simboliza que aquellos que hoy son obedientes a Mashiaj Ben Yosef serán llevados por él hasta las rodillas de Israel para que este los pueda besar y abrazar y adoptar como sus propios hijos. Sólo cuando los hijos de Ben Yosef estén dispuestos a acercarse completamente a Israel y ser besados y abrazados por él podrán recibir su gran bendición.

Los hijos de Ben Yosef  de nuestros días serán introducidos en Israel y restablecidos como hijos con pleno derecho de herencia dentro de Israel. 

Que el Eterno nos otorgue dones proféticos a fin de que nuestros ojos espirituales puedan discernir qué es lo que nos toca hacer como Ministerio en este movimiento profético de acercamiento entre las dos Casas.

¡Bendito sea el Eterno!

Bitácora Relacionada:

Yaakov vio al Mesías…, Cruzó sus Manos Adrede…, y la Historia Se Transformó….

Los Hermanos de Yosef ascendidos a Pastores Reales.

Por P.A David Nesher

Va’amartem anshey mikneh hayu avadeyja mine’ureynu ve’ad-atah gam-anajnu gamavoteynu ba’avur teshvu be’erets Goshen ki-to’avat Mitsrayim kol-ro’eh tson.

«Respóndanle:
«Nosotros -servidores suyos- siempre hemos sido ganaderos desde nuestra juventud hasta ahora, tanto nosotros como nuestros padres’. Así podrán habitar en el distrito de Goshen, porque todo pastor de ovejas es abominación para los egipcios”.

Bereshit/Génesis 46:34

Las palabras de Yoséf son una combinación interesante de principios celestiales y prudencia. Él los alentó a enfatizar que ellos atendían el ganado en lugar de pastorear ovejas:


«Cuando Faraón os llame y diga: ¿Cuál es vuestro oficio? vosotros responderéis: Tus siervos son pastores desde su juventud hasta ahora, lo mismo nosotros que nuestros padres. Así podréis vivir en la tierra de Gosén, porque todo pastor de ovejas es abominación para los egipcios». 
(Génesis 46:33-34).

Yoséf, ante esta superstición de la cultura egipcia se aseguró que sus hermanos y familias no se asentarían cerca de las poblaciones egipcias. 


Dicen los sabios expertos en Torah que Yosef se aseguró con esta estrategia política  que su familia se estableciera en un área donde no hubiera negatividad; no quería que estuvieran rodeados por las fuerzas caóticas de los egipcios. Yoséf evitó así una futura asimilación de los israelitas mediante las atrayentes costumbres egipcias.


Para los egipcios, este tipo de trabajo era una abominación. Despreciaban a todos los pastores porque despreciaban a las ovejas como alimento y como sacrificio, pues las ovejas, especialmente el cordero, eran muy sagrados. Tenían monumentos que constantemente mostraban a los pastores como figuras lánguidas, marchitas, distorsionadas, demacradas y a veces casi fantasmales. No querían que fueran vecinos cercanos, y preferirían que se establecieran en la región de Goshén, una parte de Egipto que era particularmente adecuada para pastorear el ganado. 
Por esto fue que Faraón los hizo establecerse en esta tierra considerada como la mejor de Egipto (vers. 6). 

Él anhelaba que los hijos de Israel vivieran como una comunidad separada en la tierra de Goshén por los siguientes motivos:

  • Evitar la asimilación.
  • Evitar que los hijos de Israel tuvieran cargos en la corte real o fueran reclutados para el ejército.
  • Poder criar ganado menor sin molestar a los egipcios que aborrecían a los pastores de ovejas porque la oveja fue uno de sus falsos dioses.
  • Lograr tener siempre buenos pastos para su ganado.

Justamente la tierra de Goshén es una de las mejores del mundo, quizás la mejor de todas las tierras. Allí nunca hay falta de agua, no existen las plagas, nunca hace frío, no hay vientos fuertes, es llano y la tierra es húmeda. Es un suelo de aluvión donde hay materias orgánicas y minerales de los ríos, especialmente selenio, cobre y hierro, que hacen que las placentas de los animales y los hombres siempre fecundan. 
Por ello, podemos entender mejor loa que se nos relata en el libro de Shemot (Éxodo) en lo referente a las mujeres israelitas dando luz a sus hijos:

“Respondieron las parteras a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias, pues son robustas y dan a luz antes que la partera llegue a ellas.”
(Éxodo 1:19)


Así Goshén se convirtió en la propiedad legal de los benei (hijos) Israel (47:6) porque en el pasado, faraón había donado esta tierra a Sarah imenu (nuestra madre).

Luego de que se estableciera la familia de Yosef, Faraón nombró a los más destacados de los hijos de Yaakov cuidadores del ganado real, en señal de gratitud por los servicios de Yosef.

El exilio comienza aquí, con una noble invitación por parte del rey egipcio a Yaakov para radicar en Egipto.

La “invitación” se convertiría después en una horrible esclavitud que culminaría con la expulsión de los hijos de Israel y su rescate por mano de Moshé rabenu. La profecía señalaba:

“…Entonces dijo [Elokim] a Abram:
“Sabe que -ciertamente-, tu descendencia será extranjera en tierra ajena, donde la esclavizarán y oprimirán 400 años
…”,
[Gén 15:13, Torat Emet],

¡Esto debía cumplirse a cabalidad!

El Sentido Profético-Mesiánico de la Colisión Judá-José.

Por P.A. David Nesher

Hemos ya estudiado que fue Yehudáh quien en el pasado sugirió la “venta” de Yosef, por lo que a él le toca reclamar a Binyamín para de este modo cumplir su “tikun” (reparación total) y cubrir aquel yerro. Pero también debo decir que no todo es falta en las acciones de Yehudáh. Al leer comentarios de los sabios exégetas del hebreo, me he encontrado que ellos destacan que fue un mérito de Yehudáh el causar que Yosef mostrara sus signos hebraicos y se manifestara como el hijo “perdido” de Yaakov.

Meditando en la encriptación mesiánica del texto, logré enfocarme en algunos paralelismos y simbolismos de la vida de Yoséf con la vida de Yeshúa HaNotzrí (Jesús de Nazaret), encontramos que “Yehudáh”, representa a la autoridad judía del primer siglo. No habló del pueblo común, sino del Sanedrín, el máximo tribunal de Justicia de la Torah, entidad quien dio (o entregó) a su hermano Yeshúa a los gentiles (Mat 20:18-19. Así, y del mismo modo en que a Yosef se le vistió con ropas egipcias y luego lo “bautizaron” con un sobrenombre pagano, el Rabino Yeshúa recibió también un “alias” grecolatino, además de ser ataviado con una sotana religiosa con estampas de cruz.

Y también así como Yosef tuvo que vivir apartado de los suyos y rechazado por ellos viviendo entre los gentiles. Del mismo modo, Mashiaj Yeshúa fue rechazado e injustamente aborrecido por la mayoría de la Casa de Judá; no obstante, fue adoptado por la gente de las naciones y, como hemos señalado, le impusieron una identidad ajena a su cultura e idioma.

Por ello, Yeshúa quien hasta hoy lleva colocado un disfraz “egipcio” (greco romano), se ha convertido en sí mismo en el obstáculo que impide el reconocimiento y aceptación por parte de sus hermanos del pueblo de la Casa de Judá.

El texto, en su médula profética, anuncia que en un futuro escatológico el encuentro de estos dos reyes hebreos (Yehudáh y Yosef), traería finalmente la paz a todas las tribus hebreas y daría fortalecimiento al cansado espíritu de Yaakov avinu.

Por ello, encuentro importante para nuestra trascendencia considera lo que el Zohar registra sobre Yosef (Mashiaj) y la reconciliación con Yehudáh y el resto de las tribus:

«…Rav Yehudá dijo:

¡Felices son los justos, cuya llegada juntos trae paz al mundo, porque ellos saben cómo traer simultaneidad y se acercan uno al otro para aumentar la paz en el mundo! Porque hasta que Yosef y Yehudáh se acercaron uno al otro, no hubo paz. Una vez que se acercaron uno al otro, la paz aumentó en el mundo. La alegría abundó “arriba” y “abajo”, cuando Yosef y Yehudáh se aproximaron y todas las tribus se juntaron con Yosef…»,

[Zohar Vayigash 6:61].

Entonces, es necesario que el «Yehudáh moderno» complete su “tikún” (corrección), esto es:

  1. que la Casa de Yehudáh admita su falta por haber arrojado (vendido) a Yeshúa a los paganos y;
  2. que lo reconozcan como parte de ellos y no verlo como ajeno.

Sólo así, y a través de esta “cercanía”, los yehudim (judíos) podrán advertir más claramente la identidad mesiánica de Yeshúa como ocurrió cuando los hermanos se “acercaron” a reconocer los signos hebraicos de Yosef (45:4), y entonces creyeron.

Cabe en este momento señalar que dentro del rabinismo en todas sus divisiones (ortodoxos y liberales), y a lo largo de todos estos dos mil años, han aparecido quienes piensan que Yeshúa es el Mashiaj anunciado por todas las Escrituras del Tanak, pero sus compromisos religiosos y el temor al rechazo de la comunidad judía toda, les ha impedido decirlo.

Un Rebe jasídico enseñaba:

«…Lo que falta hoy para que venga Mashiaj es que realmente queramos que venga. La llave está en nuestras manos; usémosla…».

Luego pues, mucho aportará la confesión abierta y el reclamo osado de Yeshúa Hanotzrí como “patrimonio” judío por parte de aquellos yehudim que anhelan que Mashiaj Yeshúa gobierne “prontamente y en nuestros días”.

Así es, y tal cual lo están leyendo, para muchos eruditos (del mundo judío y gentil), Yeshúa es «Mashiaj Ben Iosef» quien, para los tiempos finales volverá a Eretz Israel como «Mashiaj Ben David», [recuerden lo visto en la sección «Mikets», acerca de “Mashiaj Ben Iosef-Mashiaj Ben David…”].

Así mismo, estudiamdp el encuentro entre Yehudáh y Yosef, los sabios del Talmud llegaron a la conclusión que existen dos tipos de Mashiaj:

«…Hay dos reinados, uno es el de Yosef y el otro el de Yehudáh, está escrito que van a venir dos Mashiaj, uno de la “Casa de Yosef”, y otro de la “Casa de David”. El Mashiaj que viene de la Casa de Yosef es el que va a preparar el mundo para la venida del Mashiaj de la Casa de David que es Yehudáh. A estos eventos profético-mesiánico aludían también las visiones de Yosef…».

[Tomado de Keter Le Israel]
Por todo lo dicho hasta aquí, el Eterno nos conduce a que estemos atentos a los tiempos y las señales de los mismos, ya que el reconocimiento del «hermano judío» Yeshúa, por parte de la Casa de Judá (Yehdáh) podría ocurrir de golpe de un momento a otro en esta época.

Por eso, existen testimonios varios en forma de reflexiones escritas de diferente tipos de pensadores judíos (rabinos, intelectuales y académicos de altos títulos) que después de haber analizado en sus mentes los dos mil años transcurrido hasta nuestros días, señalan cómo el tal “Jesús romanizado” de la Iglesia Cristiana, puede ser interpretado como el Mesías, si se lo examina y medita como lo que en realidad fue; un varón judío de obediencia estricta a la Torah cuyo nombre hebreo es Yeshúa Ben Yosef (nombre del varón que se casó con su madre Miriam).

“Judá se Acercó a José” (Parasháh Vayigash)

Por P.A. David Nesher

Vayigash elav Yehudah vayomer bi adoni yedaber-na avdeja davar be’ozney adoni ve’al-yijar apja be’avdeja ki kamoja keFar’oh.

«Entonces Yehudá se acercó a él [a Yoséf] y le dijo:
“Por favor, mi amo, permítame que yo, su servidor, le diga algo [sea receptivo a mi mensaje]; no se enoje contra mí, pues usted es como Parhó.»

(Bereshit/Génesis 44:18)

Sobre este pasuk (versículo), dicen los sabios del judaísmo que, al aproximarse a Yoséf, Yehudáh estaba dispuesto a todo, incluso a guerrear. Al igual que la sección «Miketz», esta lectura también está empapada del espíritu del Mashiaj y de la redención final del pueblo de Israel. Los invito a abrir vuestras mentes a fin de permitir al Espíritu del Eterno implantar en ella todos las segulot (energías mesiánicas) que nos permitirán cumplir con nuestra misión mesiánica: unir el Mundo de Arriba con el Mundo de Abajo.

¿Por qué se interpuso Yehudáh con tanta firmeza para interceder por Binyamín?

Las palabras del propio Yehudáh a Yoséf lo responden:

“…Porque tu servidor se constituyó en garante del muchacho…”.

Es decir, Yehudá había garantizado a su padre, Yaakov, que retornaría de Egipto, cueste lo que cueste, trayendo consigo a su hermano Binyamín. Al respecto, Itzjak Abarbanel comenta:

«…De acuerdo a la opinión de nuestros sabios, la intención de Yehudáh, con este discurso es poner en evidencia las falsas acusaciones que Yoséf ha armado contra él y sus hermanos. Sin embargo, yo pienso que, de acuerdo al sentido literal del texto, la intención ha sido despertar la misericordia de Yoséf, ofreciéndose Yehudáh como esclavo para que Binyamín quede libre, vuelva a su padre y no muera éste de pena y tristeza. Es para convencer a Yosef de la veracidad de sus argumentos que Yehudáh relata minuciosamente detalles acerca de la vida de su familia. Yehudáh cuenta con la benevolencia del Gobernador de la tierra, que ya había dicho: “A Elokim yo venero” y, por lo tanto, no podía endurecer su corazón ante la pena de un anciano ausente y en tierra lejana. Iehudáh se acerca e inicia una conversación privada, casi íntima….».

La defensa de Yehudáh se apoya en dos fuertes argumentos que, a la postre harán que Yoséf no resista más:

  1. Siendo consecuente con sus actitudes anteriores para con los hermanos, Yoséf no puede retener a Binyamín.
  2. Yehudáh no puede volver a casa de su padre sin Binyamín, el hijo menor. El estilo y las palabras empleadas por Yehudáh salen del corazón y llegan al corazón.

Como lo dije ya en un estudio anterior, en el libro de El Zohar los sabios se preguntan en un debate por qué en la Torah se emplea el vocablo וַיִּגַַּ֨שׁ (“Vayigash”), siendo que existen otras expresiones para indicar un “acercamiento”. La respuesta es que la raíz hebraica de “vayigash” es “nagsh” (Nun נ, Guimel ג , Shin ש), que es igualmente la raíz de la palabra “hitnagshut”, que significa “colisión”, o choque. Por eso es que vemos que un nudo dramático se forma aquí y un intenso debate surge entre dos grandes potencias.

Cuando en los Tehilim-Salmos (48:4) leemos: «Pues he aquí que los reyes se reunieron…”, es una alusión a Yehudáh y Yosef, que ambos fueron reyes y se juntaron en una disputa. Sigue diciendo El Zohar que la “proximidad” de los dos hermanos es un choque entre “dos mundos”, porque por un lado Yehudáh es un rey (es la tribu de los futuros reyes judíos), y Yosef HaTzadik en ese momento era el rey –ejecutivo- de Egipto. En medio de esta pelea se encuentra el menor de los doce hermanos, Binyamin. Ambos reyes lo disputan con todo su vigor.

Como lo dije en la bitácora anterior,  Yehudáh representa el “Mundo físico” y así mismo también simboliza al Brit Miláh (Pacto de Circuncisión), que no es simplemente una circuncisión o el corte de piel, sino el Pacto de la procreación biológica. En tanto que Yoséf representa el “Mundo de las visiones proféticas” (revelaciones). La expresión “Yehudáh se acercó a Yosef”, habla de dos mundos que colisionan pero que a la vez se unen; el “Mundo de Arriba” (que es Yoséf), con el “Mundo de Abajo” (Yehudáh).

Pero la motivación fundamental de Yehudáh estaba en su anciano padre, por lo que procuraba evitarle más tristezas de las que había ya sufrido; no quería que su padre muriera por el hecho de que Binyamín no volviera a casa. Cuando Rajel (Raquel) murió, fue Yoséf quien le dio consuelo a su padre. Después que Yoséf fue vendido, Yaakov aún tenía a Binyamín. Ahora sin Binyamín, sería como si los tres se fueran al mismo tiempo.

No obstante, la confrontación entre estos dos gigantes tuvo, en definitiva, resultados positivos. Pues lo que condiciona el establecimiento de relaciones armoniosas en el seno de la familia y de la sociedad es la unión del poder temporal representado por Yehudáh, fundador de la tribu real y, del poder espiritual representado por Yoséf Ha-Tzadik (José el Justo). En efecto, ninguna fuente de bendiciones es más generosa para los hombres que la que brota de la alianza entre la monarquía y los ideales religiosos.

ÓPTICA PROFÉTICA

“Yehudáh se acercó a Yoséf”, una expresión con profundos y múltiples códigos proféticos.

En relación al reencuentro de estos dos personajes, cabe precisar que, algo semejante ocurre en nuestros días: Yehudáh (pueblo judío moderno) se está “acercando” a Yoséf, está buscándolo, ya que se encuentra asimilado en “Egipto” (las naciones idólatras). En la actualidad podemos percatarnos que de poco en poquito, miembros de la Casa de Efrayím (descendiente de Yoséf), están volviendo a la unidad familiar y a sus raíces espirituales, tal como Yoséf volvió a sus costumbres hebreas al convivir nuevamente con su padre y hermanos.

La lucha que está desarrollándose aquí, solo cesará en los días de Mashiaj, como lo anuncia el profeta Ishayahu cuando evoca la venida del Redentor:

“…Entonces cesará el afán de rivalidad de Efrayím el representante de los descendientes de Yoséf y los odios de Yehudah desaparecerán; Efrayím dejará de envidiar a Yehudah y Yehudah dejará de ser enemigo de Efrayím”
(Isaías 11: 13)

En efecto, si enfocamos los hechos desde una perspectiva histórica, observamos que la reconciliación entre los dos hermanos no sobrevivió al pasar el tiempo: cuando, tras la muerte del rey Shelomó, el reino de Israel se escondió en dos partes antagónicas, una se llamó Yehudáh y la otra Efrayím. En cuanto a Binyamín, permaneció siempre junto a Yehudáh, su gran protector, y nunca se alió con Efrayím y Menashéh, hijos de Yoséf, cosa que éste presintió dolorosamente desde el principio.

LA VARA DE YEHUDÁH Y LA VARA DE YOSEF SE VUELVEN UNA SOLA.

Cuando se consideran los acontecimientos de la historia de Yoséf que provocaron el “acercamiento” entre éste y sus hermanos, podemos comprender la naturaleza monumental de las expectativas del profeta Yejezkel (Ezequiel) para la restauración definitiva del pueblo judío.

El libro de El Zohar enseña que, el hecho de que Yoséf se manifestara ante sus hermanos, es una descripción del nuevo tiempo cuando HaKadosh Baruj Hu (El Santo Bendito Sea) levante a todo Israel del polvo de la tierra “resucitándolos”, para fusionarse Él directamente con ellos. Y así como en el palacio de Yoséf retiraron a todos los extraños a fin de que solo estuviesen los 12 hijos de Yaakov desahogándose juntos, tampoco habrá naciones idólatras cuando Yahvéh habite en medio de Sus doce tribus (dos Casas) de Israel.

Por este motivo el profeta enseña sobre la resurrección de los muertos mediante la ilustración de unos “huesos secos” (Ezequiel 37), pero específicamente la «Haftaráh Vayigash» (Yejezkel/Ezequiel 37:15-28), nos habla de “dos varas” (o palos); uno representa al reino de Yehudáh y el otro al reino de Yoséf (o Casa de Efrayim).

Esta hermosa Haftará del profeta Ezequiel trata de lo que sucederá en los tiempos del Mashíaj.

El profeta anteriormente había tenido una visión de ensayo de resurrección de muertos. Inmediatamente después empezó a profetizar lo que sucederá después de esa resurrección, cuando llegue el Mashíaj. Uno de los efectos fundamentales del Mashíaj es la Unión Total del Pueblo de Israel que por causa de su dispersión, se dividieron en muchísimos grupos con diferentes costumbres y leyes.

La relación de la Haftaráh con la Parasháh es evidente, ya que en esta parashá se menciona la unión de los hermanos con Yoséf. Probablemente también se explica en esta parasháh porque Binyamím se unió al reinado de Yehudáh; quizá por el hecho que Yehudáh entregó su vida por Binyamím, como lo vemos en esta Parashá Vayigash.

La fusión de los dos palos representa la unidad de los reinos que transpirarán durante la Era Mesiánica, con Mashiaj, un descendiente del rey David al frente de este imperio unificado. Hasta el día de hoy, la re-patriación de las tribus perdidas de Israel sigue siendo un componente del sueño de la redención final. “Que ocurra pronto y en nuestros días”; reza el pueblo judío. Yo a esta declaración digo ¡Amén!

Colisionar para Fusionarse Reconciliados (Parashá Vayigash)

Por P.A. David Nesher 

 

Vayigash elav Yehudah vayomer bi adoni yedaber-na avdeja davar be’ozney adoni ve’al-yijar apja be’avdeja ki kamoja keFar’oh.

«Entonces Yehudá se acercó a él [a Yosef] y le dijo: “Por favor, mi amo, permítame que yo, su servidor, le diga algo [sea receptivo a mi mensaje]; no se enoje contra mí, pues usted es como Faraón (Parhó).

(Bereshit/Génesis 44:18)

 

En esta parashá continuamos con la historia de Yosef y su encuentro con sus hermanos. Vayigash (וַיִּגַַּ֨שׁ ) significa literalmente “Y se acercó”.

En el libro de El Zohar los sabios se preguntan en un debate por qué en la Torah se emplea el vocablo וַיִּגַַּ֨שׁ (“Vayigash”), siendo que existen otras expresiones para indicar un “acercamiento”. La respuesta es que la raíz hebraica de “vayigash” es “nagsh” (Nun נ, Guimel ג , Shin ש), que es igualmente la raíz de la palabra “hitnagshut”, que significa “colisión”, o choque. Por eso, también puede traducirse como «Y colisionó para fusionarse» (en otra bitácora ampliaré más esto).

Si la primera palabra de la porción es Vayigash («se acercó«) es porque allí se encierra la esencia de la lección de la semana.  En el clímax de la «Parashat Vayigash», Yosef revela su identidad a sus hermanos que lo habían vendido como esclavo años atrás. A través de besos y lágrimas, Yaakov y sus 12 hijos volverán a ser una sola familia. Todos se reconcilian dejando a sus espaldas el difícil y desgarrador pasado. Pero antes de estos hechos, Yehudáh (Judá) confrontará a Yosef por la acusación que hizo sobre el robo de su “copa de la adivinación”. A fin de cuentas, ¿qué sentido hay en que Yosef desee tomar a Binyamín como siervo si supuestamente es un ladrón? ¿Para qué quiere el Virrey un mozo cleptómano? Esto no es coherente y Yehudá lo sabe. “Aquí hay gato encerrado”, diría Yehudáh usando una frase de nuestros días.

Así vemos que Yehudáh no soportó más y dio un paso adelante para explicar lo que había sucedido. Esto era peligroso pues Yoséf podría haber mandado que lo mataran. Pero Yehudáh defendió con valor su vida y la de sus hermanos e imploró misericordia. Y ofreció ocupar el lugar de Binyamín. Hay momentos en que debemos guardar silencio, pero hay momentos en que debemos hablar, incluso si esto tiene serias repercusiones. Cuando enfrente una situación que necesita una voz fuerte y una acción valerosa, acuérdese de Yehudáh y hable.

Esta es sin duda, una de las lecturas más emocionantes registradas en la Torah y el Tanak, ya que se narra el emotivo reencuentro de Yosef con sus once hermanos y su padre Yaakov. Por otro lado, resulta muy interesante que la Torah ocupe más pasukim para hablar de Yosef que de los mismos patriarcas Abraham avinu, Itzjak avinu y Yaakov avinu, especialmente teniendo en cuenta que Yosef solo representa a una de las 12 tribus de Israel (aunque en realidad son dos tribus las que provienen de él), mientras que los patriarcas son la fuente misma de toda la nación hebrea.

En esta sección Yehudáh representa a la sefiráh Malkut (Mundo Físico) y Yosef a la sefiráh Yesod (esfera celestial de vinculación con todos los ámbitos del Mundo de Arriba). Por tanto, el poder de la energía de esta semana se concentra en cerrar la distancia que hay entre Malkut y Yesod. No olvidemos entonces que Yesod representa al Cielo y Malkut a la Tierra.

La colisión mencionada en el segundo párrafo está detallada en el Midrash y se refiere a dos impulsos opuestos: nuestro deseo ontológico (esencial) de conectar con nuestro Creador y las necesidades, impulsos y deseos de nuestro cuerpo de someterse a los impulsos sensoriales que pugnan por dominar nuestras emociones.

Justamente Yesod es la esfera celestial donde la actividad sacerdotal del Mesías transfiere luz a Malkut (la Tierra), pero somos nosotros mismos los que determinamos con nuestras acciones cuanto recibiremos de Él desde esa dimensionalidad celestial (Yesod). Recordemos y aceptemos que nuestras acciones son las que hacen que la zona de Yesod se contenga o que fluya. Pues bien, la energía de esta semana nos ayuda a aprender a evitar que Yesod se contenga. Comprenderemos que estar asociados con Yeshúa HaMashiaj permite que el chorro de Yesod se abra y todo lo que suceda en consecuencia sea siempre milagroso. 

¿Qué más podemos pedirle a la vida? Todo lo que queremos es construir el Paraíso (Gan Edén) en la Tierra. Hacer descender el Cielo a nuestro mundo (Mateo 6:10). Pues bien, esta porción es la que nos da esa materia prima para que descienda el Cielo en todos los aspectos de nuestra vida (amor, familia trabajo, dinero, salud, etc.). Yesod es el almacén de todo lo que podemos desear, así que para cerrar la distancia que tenemos con él, tenemos que eliminar el caos de nuestra vida. ¿Cómo? Removiéndolo, y esto requiere mucho valor, porque a veces es muy doloroso. El dolor de esta lucha cotidiana de colisión para fusión lo describía el apóstol Pablo, cuando a los romanos les decía:

«¡Miserable de mí!

¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Gracias doy a Dios, por Jesús, el Cristo Señor nuestro.

Así que, yo mismo con la mente sirvo a la Torah de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.»

(Romanos 7:24-25)

Por ello, en esta semana estaremos conectados a la gratitud al Eterno por habernos dado a Yeshúa quien demostró en su propio cuerpo con unir los dos planes de la existencia desde el correcto uso de su esencia: ser Deseo. Así lograremos que nuestro cuerpo (instrumento propio de Malkut) sea utilizado por el Espíritu Santificador de Yahvéh para ascender todo lo material hasta sublimarlo con lo celestial.

Debemos saber y aceptar que en Malkut (el cuerpo) es donde nuestro mundo psicoemocional (hebreo Zeir Anpin) se materializa. Tenemos muchos rincones oscuros, muchas sombras del pasado que, consciente o inconscientemente, ocultamos en lo profundo de nuestra psiquis. Entendemos, por los experimentos de las neurociencias, que esto funciona como un mecanismo de protección, está bien, pero que saber y aceptar que no porque escondemos nuestros traumas y frustraciones, ellos no nos están corroyendo por dentro. Por ello, muchas disciplinas de las ciencias de la salud, en su apertura holística, aseguran que las enfermedades son la purga de esas emociones no sanadas. Arrastramos traumas infantiles toda la vida sin poder sanarlos conscientemente, y, a veces, eso desata una enfermedad mortal, como el cáncer. Yo sé que nadie quiere sufrir, pero el dolor debe salir a través del trabajo espiritual o por medio de una enfermedad.

Malkut es puro deseo egoísta (ratzón atzmut) y por cada deseo hay una vasija. Cuando un espacio de la vasija está ocupado con una situación no resuelta, esto es igual a una vasija cerrada como una nuez. La Luz Infinita no tiene manera de penetrar. Por tanto, esa nuez hay que romperla, y es eso lo que duele (en el idioma paulino, a esto se le llama «castigar el cuerpo» – ver 1 Corinitios cap. 9 vers. 27). Salir de un trauma duele porque para el subconsciente es como si fuera un hijo y ha vivido con él durante años (es lo único que conoce). Nos cuesta romperlo porque lo desconocido causa miedo.

Te invito, estimado lector, a que imagines que cada problema o dolor que se te presenta es una nuez que vas a romper. En cuanto se rompe, sentirás la tristeza, el dolor, llorarás… pero debes saber que estás en el proceso verdadero de acercarte a Yeshúa como Salvador. Ese proceso de sanación es la semilla de la nuez que te estás comiendo y digiriendo, pero una vez que termine, te queda el espacio para que la vasija se llene de Luz mesiánica. Ella es simple y tiene una sola programación: dar. No puede haber una vasija vacía, porque en cuanto el espacio esté disponible, enseguida se llenará de Luz.

Justamente de esto se trata el proceso de salvación que el Eterno ha realizado con sus llamados, tal y como lo describe el apóstol Pablo al escribir:

«Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó…»

(Romanos 8:30)

Es decir que a través de Yeshúa HaMashiaj hemos escapado del mundo sensoro-emocional en donde habita el miedo limitante, la ira y el sentimiento de ser una víctima (emociones estas que nos bajan la frecuencia), para ir a la cabeza, que son los niveles superiores intelectuales que conectan con las dimensiones de Yesod; las zonas donde todo le es posible al que cree (Marcos 9: 23).

En esta semana seremos capacitados por el Espíritu de la profecía (Apoc. 19:10) para entender que nuestra propia naturaleza reactiva que siempre busca detenernos, volvernos lentos o paralizarnos psíquica y emocionalmente, se vale del mecanismo de la víctima como la principal herramienta del cuerpo, para evitar los cambios que anhelamos a hacer, y que a ese nuestro satán no le gustan nada. La naturaleza corpórea rechaza los cambios porque ello incluye una actividad psíquica, emocional, química o celular nueva, que terminará produciendo un movimiento interno de conexión con la energía de la vida eterna (es decir, una vida con la calidad del Eterno); y el cuerpo, por causa del pecado, tiene implícito una memoria de muerte, porque constantemente se está regenerando, es decir, una parte nuestra muere y otra renace, por lo tanto debemos encontrar una manera diferente que nos llevará a un verdadero cambio y transformación, es por eso que se ha revelado públicamente el yugo de Yeshúa, que están provocando que cada día despierten más varones y mujeres, salgan de la zona de la Gran P… (Babilonia) y acepten hacerse sus discípulos a fin de sanar sus almas hasta lograr unir el Mundo de Arriba con el Mundo de Abajo. Así cuando los redimidos logran su misión en plenitud uniendo Cielo y Tierra, el Nombre de YHVH es santificado y se activa produciendo un flujo de milagros en la fisicalidad.

Anhelo que te interese caminar conmigo en estos seis días de ascensión y promoción mesiánica.

Shalom!

 

Los Hermanos de José Bajan a Egipto

Por P.A. David Nesher

 

«Jacob, viendo que había grano en Egipto, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando unos a otros?
Y dijo:

Mirad, he oído que hay grano en Egipto. Bajad allá y compradnos grano para que podamos vivir y no muramos.

Entonces diez hermanos de José descendieron para comprar grano en Egipto.»

(Génesis/Bereshit 42: 1-3)

Hasta el presente hemos sido testigos de cómo Yoséf interpreta los sueños de personas extrañas y cómo estos se cumplen.

Cabe recordar que la primera vez que la Torah relaciona a Yoséf con sueños lo hace relatándonos sus propios sueños que empezarán a cobrar realidad a partir del encuentro con sus hermanos.
Años han transcurrido desde que Yoséf fuera odiado por sus “sueños y sus palabras”.

El hambre en Egipto y en las comarcas que circundan a esa tierra no es más que uno de los elementos que conducirán al cumplimiento de los sueños de Yoséf, que no son un fin en sí mismos, sino que a su vez son los caminos a través de los cuales los descendientes de Abraham llegarán a Egipto y se acrisolarán como pueblo de Israel. Así pues, el hambre no perdonó a ningún pueblo, incluida Eretz Kenaán, país de los hijos de Yaakov. De esta forma se cumple el sueño de Yoséf; la gavilla de él es “levantada” más arriba que los de sus hermanos. Una pregunta surge aquí: ¿Qué hizo Yoséf para que sus sueños se cumplieran? Mantenerlos frescos en su memoria, no olvidarlos, solo de esa forma podían volverse realidad. Un buen sueño nunca debe olvidarse. Si el hombre olvida sus sueños nunca se le cumplirán y también él será olvidado.

Canaán y el mundo fueron golpeados con hambruna en la buena, agradable y perfecta Voluntad (Ratzón) del Eterno. Yaakov avinu y sus hijos estaban en peligro de muerte. Como el hambre se propagaba en la tierra prometida a Avraham e Itzjak, la familia de Israel estaba empezando a caer en desgracia. En la tierra prometida ya no fluía leche y miel. La mano invisible de Yahvéh había cerrado todo grifo celestial. Los canales sefiróticos del Eterno estaban sufriendo pérdidas en otras dimensionalidades de la existencia, por lo que en el plano físico la tierra de Canaán estaba experimentando dicha negatividad. Se había convertido en una tierra de hambre y desesperación.

Sabemos que el hambre no es algo bueno, pero el Eterno lo usó. Él puede, y hace uso del material necesario, que necesitamos en nuestra vida para que lleguemos a hacer cosas que normalmente no haríamos. Normalmente, los hermanos de Yoséf nunca hubieran descendido a Egipto.Pero la necesidad los llevó a esa nación.

El negocio de la familia de Yaakov era principalmente criar ganado vacuno y ovino en lugar de la agricultura. Ellos habían soportado un año antes la hambruna y tenían reservas para tal ocurrencia. Pero cuando el segundo año de la hambruna vino sobre ellos sus reservas se habían agotado y era el momento de actuar. Tenían que encontrar grano para mantenerse a sí mismos y sus familias, alrededor de ochenta personas en total. Pero a pesar de tener ellos una gran riqueza, no había grano para comprar en Canaán. Así Yaakov envió a sus diez hijos a Mitzraím (Egipto) para comprar allí. Toda esta circunstancia negativa, permitida por la Providencia del Eterno, los expulsó de sus tierras, y los llevó a Mitzraím (Egipto) un símbolo del mundo o gentilidad. Todo esto sería una tipología perfecta, ya que esta profecía  se cumpliría dos mil años más tarde, cuando Yeshúa el Mesías también sería entregado por sus hermanos (los judíos) en manos de los gentiles,  y tantos años después, los hijos de Israel (Casa de Judá), después de rechazar al Mesías (o Cristo) fueron obligados por los romanos (enviados por Dios) a abandonar sus tierras y se dispersaron en todo el mundo gentil (goyim).

«Así que los hijos de Israel fueron a comprar grano entre los que iban, pues la hambruna estaba en la tierra de Canaán.»

(Génesis/Bereshit 42:5)

Imaginemos la escena. Al igual que el terrible silencio de Avraham e Itzjak (Isaac) viajando al Monte Moriah, ellos viajaban en resignado silencio. No está registrada ni una sola palabra de la conversación. Sólo podemos imaginar los pensamientos y sentimientos de los diez hermanos, que viajaban a Egipto y recordaban la venta de su hermano veintidós años antes. Lo que no sabían es lo que habría en los depósitos de granos para ellos.

Los hijos de Yaakov estaban muy lejos de imaginar que al vender a Yoséf a los mercaderes que se dirigían a Egipto estaban sellando el destino de toda su familia y el de las generaciones venideras. La disposición divina tenía que cumplirse; para ello ellos debían ir a Egipto, posteriormente lo haría la familia entera con la finalidad de sobrevivir al hambre que azotaba a aquellas regiones. La profecía de Yahvéh a Abraham estaba en proceso de cumplirse:

«…Peregrina será tu descendencia en tierra que no le pertenece, y los harán servir…»,

(Gén 15: 13)

Yoséf era el visir (virrey) del país, y no obstante, jamás delegó en nadie la responsabilidad de la distribución física de los productos de primera necesidad a la gente que los requería. Él era el que vendía el cereal a todo el pueblo de la tierra (v. 6). Él personalmente cumplía esa función, para asegurarse de que nadie fuese engañado y para constituirse en un ejemplo vivo de la celeridad y la urgencia con que se debe atender los menesteres de los más necesitados. [Torat Emet].

Vinieron los hermanos de Yoséf y se prosternaron con el rostro a tierra. ¡Así y tal como lo leemos! Los hermanos de Yoséf llegan a Egipto y se presentan ante él inclinando sus rostros por tratarse de un varón de autoridad. Ahora bien, si usted no cree que el Eterno puede llevarlo al fin de usted mismo, mire esta imagen. Aquellos que se rieron del adolescente en el pozo ahora están postrados delante de él rostro en tierra. Necesitamos ser humildes ante el Dueño del universo. Nuestra expresión española humilde viene de la palabra griega humas, que significa tierra. Es decir, que cuando usted ruega a Dios debe acostumbrarse a «poner su cara en tierra«. Si los ángeles lo hacen, ¿por qué no hacerlo nosotros? La Sagrada Escritura dice que hay que humillarse ante Dios (Daniel 10:12), porque si usted no se humilla, Él lo humillará, porque tarde o temprano toda rodilla se inclinará ante Él (Filipenses 2:10-11). No es si usted va a humillarse, es cuando va a humillarse. Usted puede inclinarse hoy, o puede inclinarse en el Día del Juicio, pero se inclinará. Su elección es de que manera.

Volviendo a este encuentro fraternal. En realidad, Yoséf quien mandó a buscar a sus hermanos apenas los reconoció. Ellos no sabían que estaban ante su hermano “perdido”. Era imposible identificar a Yoséf detrás de esa barba, con un collar de oro en el cuello, con vestimentas de seda y carmín, y sin su inconfundible cabellera peinada-trenzada. Además llevaba en su cabeza una corona real de oro puro. Sin embargo, él sí reconoció a cada uno de ellos, a pesar de no verlos durante más de 20 años.

Yoséf no era reconocible porque había cambiado, pero ellos ¿habían cambiado? Él no lo sabía, pero a lo largo de los años había decidido que si sus hermanos llegaban ante él, primero los probaría antes de revelárseles. Finalmente ellos se quedaron allí. En el versículo 7 hay un juego de palabras en hebreo. Fueron reconocidos, pero él se hizo irreconocible y fingió ser un extraño. Por eso, decidió hablarles duramente a través de un intérprete. Dicho intérprete sabía a la perfección el idioma egipcio y el hebreo; el Midrash cuenta que este intérprete era Menashé, hijo mayor de Yoséf. Pasados 22 años, se volvieron a ver. Yoséf no reveló su identidad a sus hermanos, sino que los trató con rudeza.

YOSÉF TRATA DURAMENTE A SUS HERMANOS.

 Vayizkor Yosef et hachalomot asher chalam lahem vayomer alehem meraglim atem lir’ot et-ervat ha’arets batem.


«Yoséf recordó los sueños que había soñado acerca de ellos y les dijo:

“¡Ustedes son espías. Vinieron a investigar el punto débil de la tierra para luego atacarnos!»

(Génesis 42:9)

Explica el Midrash que, los hermanos de Yoséf enfrentan el cargo de “espías”, ya que Yoséf advirtió que ellos ingresaron de forma estratégica a Egipto; cada uno por puertas distintas.

¿Por qué los acusa de espías?

Los hermanos de Yoséf lo habían calificado de esa manera cuando trabajaba para su padre Yaakov.

Durante la hambruna Yoséf había ordenado que se registrara a cada individuo que entraba Egipto. Él estaba seguro que sus hermanos tendrían que llegar al país en búsqueda de alimentos. Los midrashim narran que, llegando a Egipto, los hermanos comienzan a buscar a Yoséf para tratar de recuperarlo. Esta acción es profética: Actualmente, Yoséf (Casa de Efrayím), está disperso entre los gentiles y los judíos (Estado judío moderno), están ayudando a la recuperación de sus descendientes, las “tribus perdidas de los hijos de Yaakov”.

Volviendo al momento de la acusación que Yoséf les hace, no habiendo ofrecido ellos ninguna respuesta ante la misma, Yoséf los confina por tres días como sospechosos, hasta que se aclare su situación.

El primero en admitir su culpa, entre ellos, fue Yehudá quien reconoce haber maltratado a Yoséf y participar en el complot contra él. También reconoce que él sugirió la venta de Yoséf, pero fue una manera de salvarlo de morir en el pozo. Sin embargo, todos eran culpables de darle la tristeza de su vida a su anciano padre Yaakov.

La dureza — aparente o real — con la cual Yosef trata a sus hermanos es objeto de interpretaciones variadas.

Existe un detalle maravilloso que debo destacar antes de continuar con el hilo de esta bitácora. Como quiera que sea, en las Sagradas Escrituras los protagonistas de sus relatos son seres humanos con pasiones y amores, odios y lealtades. Por esto, no veremos a un Yoséf indiferente frente a sus hermanos, ni indolente por el sufrimiento que ellos le causaron. Abarbanel sugiere que, en última instancia, los propósitos de daños maquinados por sus hermanos no afectaron a Yosef, ya que él sobrevive y alcanza la gloria, entendiendo que todo estaba dominado por la soberana Intención de Yahvéh. Pero, en la mentalidad básica de ellos anidó la voluntad de dañar.

Por lo tanto Yoséf responderá en la misma forma. El los interrogará, les hará preguntas difíciles, quizás algunas con poco fundamento, pero velará por su bienestar físico; les venderá alimentos y al mismo tiempo ordenará, en secreto, la devolución de su dinero, tal vez para no empobrecerlos. Les hablará con dureza en público, pero se ocultará muy cerca de ellos y llorará.

El reconocerá a sus hermanos físicamente y más aún reconocerá su grado de parentesco y no los dañará, cosa que los hermanos ignoraron cuando lo arrojaron a “la cisterna, en el desierto”.
Evidentemente hay grandeza de alma en Yoséf, sin olvidar su condición humana.

Personas y no héroes protagonizan estos relatos.

Entonces aceptemos bien lo que aquí se esconde. Cuando Yosef probó a sus hermanos, él buscaba dos cosas antes de revelarse a ellos. En primer lugar, quería ver si ellos habían cambiado. La última vez que los vio, lo habían arrojado a un pozo y luego lo vendieron como esclavo. Entonces, como prueba definitiva de sus corazones cambiados, Yosef necesitaba ver cómo ellos tratarían a su hermano menor Benjamín. ¿Iban a ser ellos tan celoso de Benjamín como lo habían sido de él? ¿Podía confiar en ellos?

Muchas veces el Eterno puede y debe utilizar formas que pensamos que son muy duras para llamarnos a estar donde Él quiere que estemos. No debemos resistirnos nunca, porque es la dureza de nuestro corazón la que lo demanda.

«Antes que fuera humillado, yo erraba, pero ahora guardo tu Palabra.»

(Salmo 119: 67)

Existe en estos códigos una tipología profética maravillosa. Ni Yoséf ni Yeshúa fueron reconocidos por sus propios hermanos.

Yoséf había sido exaltado sobre todo Egipto, pero Israel no lo sabía. Todos esos años él creyó que Yosef estaba muerto, y luego, por causa del hambre mundial, los hijos de Israel descendieron a Egipto, pero no lo reconocieron. Así ha sido con los descendientes de Israel en la Casa de Judá desde el momento en que rechazaron a su Mesías:

«A lo suyo vino, y los suyos no lo recibieron.»

(Juan 1:11)

Los judíos no han aceptado que el Eterno había enviado y criado a Yeshúa. Ellos creyeron que, después de su crucifixión Él está muerto, y a lo largo de todo este exilio de Edom (Roma) un velo se ha puesto sobre sus corazones y mentes. Incluso el comienzo de la Gran Tribulación los encontrará aún ignorantes de la exaltación y gloria del Señor Yeshúa HaMashiaj (2 Tesalonicenses 2:14).

José y Su Nuevo Nombre: Zafnat Panea

Por P.A. David Nesher

 Vayikra Far’oh shem-Yosef Tsofnat Paneaj vayiten-lo et-Osnat bat-Poti Fera kohen On le’ishah vayetse Yosef al-erets Mitsrayim.

«Y Parhó llamó a Iosef “Tzafenat Paneaj”, [“Interpretador de mensajes crípticos”] y le dio por esposa a Asenat, hija de Poti Fera [Potifar], ministro de On. [Después], Iosef salió por la tierra de Egipto.»

(Bereshit/Génesis 41:45)

 

La civilización egipcia era tan antigua como el tiempo. Los egipcios eran descendientes de Mitzraim, uno de los nietos de Noé. El Faraón era conocido como el Rey de las Dos Tierras porque Egipto estaba dividido en dos grandes zonas: El Alto y el Bajo Egipto. La producción de trigo de esa nación era inmensa, tanto que siglos después se convertirá en el granero del imperio Romano. Estaba repleto de grandes matemáticos, arquitectos, músicos y las calles de sus ciudades rebosaban de mercaderes, malabaristas y muchas prostitutas. Un ejército de médicos mantenía a raya la malaria. Los científicos modernos desconocen que técnicas usaban o de qué medicamentos se valían pero eran bastante eficaces para combatir esa enfermedad. La magia era el pan nuestro de cada día al igual que las sectas esotéricas. Y allí estaba, el bisnieto de Abraham, descendiente de Sem, el hebreo Yoséf… el esclavo con el don divino de interpretar sueños. Allí estaba, de pie frente al hombre más poderoso del mundo que ellos conocían, el Parhó (Faraón), quien le daría una esposa y un nuevo nombre: Zafnat Panea (hbr. Tzafnat Panéaj)

Yoséf se casó con Osnat (Asenat), hija de Poti-Fera. Hay diversas opiniones sobre este Potifera; algunos intérpretes piensan que es el antiguo amo de Yoséf (Potifar), si así fuere, esta es la ironía del destino; Egipto era el país de las castas y de las jerarquías, de los faraones y los esclavos, donde toda mezcla sanguínea con seres de inferior rango eran repudiados. Ahora el gran cortesano de Egipto, Poti-Fera debía entregar a su propia hija al esclavo hebreo. Por otra parte, la mujer de Potifar entregará a su hija al hombre que ella deseaba para sí, y deberá elevar al hombre a quien envió a una tenebrosa prisión. En síntesis, las ruedas del destino giran prontas y misteriosamente, y todo lo absurdo empieza a acontecer. De este modo, el siervo se convierte en amo, y el amo se prosterna ante el siervo.

También encuentro honesto contarles que debido a que a los rabinos no les gusta el hecho de que Yoséf tuviera una novia gentil, entonces aplican una leyenda que dice que Asenat era realmente la hija de Dina y Siquem. Ellos enseñan que ella fue expulsada de la casa de Yaakov avinu,  abandonada en la frontera de Egipto, y entonces, supuestamente fue adoptada por Potifera sacerdote de On y su esposa, para finalmente casarse providencialmente con Yosef.

Desde el momento en que Yoséf subió al poder, se propuso desarraigar el mal social y convencer a los egipcios de que llevasen una vida moral más sana y más pura.

YOSÉF ES TZAFENAT PANEAJ

“Tzafnat Panéaj” (צָפְנַת פַּעְנֵּ ח) Es el nombre que Faraón dio a Yoséf al ungirlo como gobernador de Egipto. Esto de cambiar el nombre corresponde a una costumbre de la nobleza egipcia y, a veces también a la usanza hebrea (ver Núm 13: 16).

No es un nombre importante, sin embargo, se le dio con el propósito de distinguirlo a causa de su especial don.

Para Faraón el título quiere significar “revelador de cosas ocultas”, o “el que descifra misterios”.

Según Rashí y Flavio Josefo, el nombre Tzafnat Panéaj significa “revelador de misterios”. Tzafnat podría derivar de la raíz tzafán, que significa “esconder”, “ocultar”. La versión LXX (Setenta) y la versión Copta tradujo este nombre como “salvador del mundo”.

Este cambio de nombre tuvo su importancia en el posterior desarrollo de nuestra historia ya que contribuyó a disimular la identidad de Yoséf cuando sus hermanos llegaron a Egipto.

Para algunos judíos, el significado viene a ser: “¿Quién es capaz de descifrar lo que hay oculto tras esta máscara?»

Lo más probable es que el significado del nombre sea «Dios habla y vive«, refiriéndose a la Palabra de Dios viniendo a través de Yoséf, asegurando la preservación del país, por medio de métodos celestiales. Todo esto porque Yoséf demostró con su vida que Dios vive y habla y que sería la salvación de Egipto, de Israel y las naciones vecinas. Con este nombre, el Parhó (Faraón) reconocía en Yoséf a un hombre que reflejo que Dios existe y quería salvar a la humanidad de toda destrucción que el caos ocasiona.

Hoy, para nosotros el mensaje es bien fuerte. Este mundo que esta por perecer necesita de cada uno de nosotros, los redimidos. Sí necesita de usted que ama la Torah, y es un hijo primogénito en Yeshúa. El mundo necesita que usted le refleje que hay un Dios que Vive y habla. El Eterno uso a Yoséf para salvarlos. Él también lo usará a usted si  acepta el desafío. Ese es su propósito de estar vivo aquí y ahora.

TIPOLOGÍA MESIÁNICA.

Así como Yoséf adquirió una identidad pagana (egipcia), Yeshúa por su parte fue secuestrado y desfigurado; se lo romanizó y luego cristianizó. La eclesiástica cristiana le dio un sobrenombre latino: “Jesucristo”. Pero todo esto no es más que un antifaz que le colocaron en su rostro para que no se le identifique como lo que es, un hijo de Israel que observó la Torah y que llegó a ser reconocido como Mashíaj por millares de su nación, durante los dos primeros siglos de la Era Común.

¿Significará esto que nuestros hermanos yehudim (judíos) de nuestra época podrán descifrar lo que “hay oculto tras la máscara” del nazareno Yeshúa? En un primer momento, los hermanos de Yoséf, estando aún frente a él, no lograron reconocerlo; sin embargo, fue hasta la segunda entrevista que les fue revelada la identidad de su hermano.

¡Yosef pasó De Mesías a Visir! (El Faraón Eligió a Yosef como Virrey)

Por P.A. David Nesher

 

Vayomer Par’oh el-avadav hanimtsa kazeh ish asher ruach Elohim bo.

Vayarkev oto bemirkevet hamishneh asher-lo vayikre’u lefanav avrej venaton oto al kol-erets Mitsrayim.

«Dijo Parhó a sus sirvientes:

“¿Podrá, acaso, ser hallado otro hombre como éste, en quien se encuentre el espíritu de Elokim?”…

Y lo hizo subir en su segunda carroza y proclamaban ante él:

“¡El Virrey!”.

Así, lo puso a cargo de toda la tierra de Egipto.»

(Bereshit/Génesis 41:38 y 43)

 

Yoséf ha pasado desde lo más bajo hasta lo más alto, pero tomó 13 años para que esto sucediera. Para los del exterior, el empoderamiento de Yoséf parecía un”éxito repentino”, pero duró más de trece años en la fabricación.

Antes de salir de la prisión Yoséf tenía apenas el control de los reos, pero jamás imaginaría que después de abandonar definitivamente ese lugar tendría control sobre el poderoso Imperio de Egipto. Yoséf es un buen ejemplo de un hombre que parecía tener todos los dones y talentos para el liderazgo, pero el Eterno debía desarrollar primeramente el carácter mesiánico durante muchos años. Dones y talentos pueden ser impresionantes e inmediatos, pero el carácter de un ungido (mesías) es lo que el Eterno busca y siempre toma tiempo para desarrollarlo. Yoséf había aprendido la obediencia y así logró ser fiel en todas las pequeñas cosas que Yahvéh le había enviado; Yoséf ahora se convertiría en gobernador de toda la tierra de Egipto bajo el Faraón.

Parhó (Faraón) nombra a Yosef como Virrey de Egipto. A pesar de todo, Yosef poseía una muy buena imagen; tenía un porte distinguido y no se parecía en nada a los esclavos comunes. Pero esto despertó la envidia y celos del resto de los ministros del palacio quienes objetaron la decisión del rey. A Yoséf se le aplicaron diversas y complicadas pruebas las cuales superó de manera exitosa.

Yoséf tendría plena autoridad para llevar a cabo su plan. Esta sería la tercera casa en la que Yosef fue colocado. Fue de la casa de Potifar a la cárcel, y de esta, a la casa de Faraón. La única cosa que no le fue permitido poseer a Yoséf fue el trono de Faraón. Por lo tanto, la relación de Yoséf con el Faraón es paralela a su relación con Potifar. Sólo la mujer de Potifar estaba prohibida a Yoséf mientras que el Faraón solamente retuvo su trono.

«Y Faraón dijo a José: He aquí, te pongo sobre toda la tierra de Egipto.»

(41:41)

Entonces el Faraón vuelve a enfatizar lo que acababa de decir. Así como Potifar levantó a Yoséf para estar a cargo de su casa, y al igual que el jefe de la cárcel lo puso a cargo de la prisión, el Faraón lo levantó para estar sobre toda la tierra de Egipto. La frase: te pongo sobre toda la tierra de Egipto, literalmente, significa: «y todo mi pueblo será obediente a usted, o toda mi gente va a besar la tierra en sumisión a ti«. Las funciones del visir o primer ministro eran críticas y variadas. Él tenía el control total del gobierno, fijar y recaudar los impuestos, designar los funcionarios, controlar la obra pública, construir nuevos monumentos, supervisar el cementerio real, mantener los registros y el suministro de alimentos. En otras palabras, era su responsabilidad asesorar a Faraón y velar por que el país funcione sin problemas.

Según los sabios la palabra hebrea “avrej” traducida aquí por virrey, significa «arrodillarse«, «consejero«, o «amigo principal«. En este caso la expresión quiere decir: “Este es el maestro del rey”, es decir, que así Faraón está presentando a Yoséf ante todos sus súbditos. Ahora Yosef no solo recuperaba su dignidad sino que llega a superar su posición anterior.

De esta forma Yoséf sale de los sucios calabozos para ascender de manera directa al trono de Egipto en calidad de Virrey (el segundo puesto después de faraón).

Faraón lo pone por sobre toda la tierra de Mitzrayim (Egipto) dándole su anillo de sellar y vistiéndole con finas ropas de lino, colocándole asimismo un collar de oro en su cuello. Enseguida lo transporta en su segundo carro y todos proclaman delante de él “¡Avrej!” La palabra abrej puede dividirse en dos partes:

▶ las letras jaf y bet suman veintidós, igual que la cantidad de letras con las cuales está escrita la Torah.

▶ Las letras reish y bet forman la palabra a rab (rabino _ maestro), dando testimonio de que a pesar de que Yosef actuó con humildad, su sabiduría era muy grande, tal como corresponde al carácter de un rabino.

¡Maravillosa enseñanza para nuestra alma! Así es como opera la Salvación del Cielo, primero, pareciera que no le ocurre nada positivo a los hijos de Dios, pero en un segundo, les sobrevienen las recompensas más grandiosas.

¿A Quién le Cuentas tus Sueños?… (José interpreta los Sueños de Faraón)

Por P.A.  David Nesher

«Entonces habló Faraón a José:
En mi sueño, he aquí yo estaba en pie a la orilla del Nilo, y he ahí, del Nilo subían siete vacas gordas y de hermoso aspecto que apacentaban entre el junco. Pero, he ahí, tras ellas subían otras siete vacas de mal aspecto y enjutas de carne, como no había visto en toda la tierra de Egipto. Y las vacas flacas y malas devoraron a las siete primeras vacas gordas, y éstas entraban en sus entrañas, pero no se notaba que hubieran entrado en sus entrañas, porque su apariencia era tan mala como al inicio.
Luego, desperté. Entonces desperté con problemas.
Después vi en mi sueño que siete espigas llenas y buenas brotaban de un mismo tallo. Pero, he ahí, siete espigas marchitas, menudas y resecas por el viento oriental crecían después de ellas, y las espigas menudas devoraban a las siete espigas buenas.«

(Bereshit/Génesis 41: 17-24)

 

El alma del Faraón (Parhó) estaba agitada pues no le cabía duda que una doble visión onírica de tal claridad y tan semejante, indicaba por fuerza algo que iba a ocurrir. Por lo pronto el narrador nos muestra con gran plasticidad el camino equivocado por el que al principio el Faraón iba, cuando erróneamente suponía que el conocimiento de las cosas futuras era un arte humano accesible a una determinada ciencia mántica (adivinatoria). Error que resulta especialmente ostensible en la interprelación le dirige a Yoséf, llevado ya a su presencia. Leemos que en su frustración, el Parhó (Faraón) dijo: «lo he referido a los magos, pero no hay quien me lo interprete» (41:24). Era una creencia común en Egipto (Mitzraim), que los dioses se comunicaban a través de sueños. Los egipcios creían que cuando los sueños se repetían o llegaban en dos juntos estos eran especiales, por lo que se determinó en conseguir alguna ayuda,  de modo que hizo llamar a «los magos (hebreo: jartumim) de Egipto, y a todos sus sabios» para que interpretaran su sueños. Los jartumim eran los encargados, mediante secretos milenarios de la magia cusita (fundada por Cus, padre de Nimrod) de explicar los sueños. Los magos y adivinos conservaban diferentes interpretaciones de los sueños del pasado en libros de sueños, que eran supuestamente fiables. Por ende, lo que Faraón está reconociendo frente a Yoséf es que los dioses de Egipto, los sabios y los magos eran incapaces de interpretar los sueños del Faraón, y por lo tanto eran impotentes también de hacer frente a los próximos problemas que los sueños sugerían.

Por esta razón, nos encontramos ante un pasaje de importancia teológica programática; la diferencia entre la adivinación profesional de los agentes reptilianos (abocada al fracaso) y la iluminación carismática que no precisa técnica alguna, queda fuertemente subrayada. ¡La ciencia de los hombres siempre será eclipsada por los dones que el Eterno otorga a los suyos!

«¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?«

(1Corintios 10: 20)

Entendamos y aceptemos que Yoséf tiene una cosmovisión muy distinta a la de los egipcios en cuanto al valor de los sueños. Según el Talmud, en la revelación de la Torah los sueños, muchas veces son un medio de comunicación de Yahvéh con las personas (algunas), pues está escrito:

«Aunque esconda mi rostro a Israel, me comunicaré con él por medio de los sueños»

(Jaguigá 5)

Es también muy interesante remarcar aquí que los sueños importantes en la vida de Yoséf siempre parecían venir de dos en dos. En primer lugar, él mismo tuvo dos sueños (37:5-9); luego él interpretó los sueños del copero y el panadero (40:1-23); y ahora, el Faraón, rey de Egipto, tuvo dos sueños. Aún así, los sueños del Faraón sucedieron dos años después de su interpretación de los sueños del copero y el panadero. Al final de dos años exactos, sucedió que Faraón soñaba. Y he aquí estaba en pie junto al Nilo (41:1).

Según lo relata el Midrash, Faraón empieza a contar sus visiones a Yoséf pero ocultaba detalles para ver si éste conocía en realidad sus sueños. Naturalmente, Yosef se percataba de los intentos del Faraón por despistarlo, entonces Yosef le rectificaba diciendo: “has visto esto y esto”, [Midrash, Miketz]. Por ello, es que notamos que salieron más detalles del sueño en el segundo relato. Cuando las vacas flacas habían comido las vacas gordas, ellas mismas no sé hicieron gordas.

Ver una vaca comiendo pasto es normal, pero vera una vaca tragándose a otra, sí que genera algo de terror. En el caso del sueño del Faraón, la clave de la interpretación no estaba en las vacas y espigas en sí, sino en la gordura y flaqueza de éstas (ver Rashí, vers. 2). Siendo los egipcios la nación más poderosa de ese tiempo, el granero del mundo, era imposible imaginar que tendrían que enfrentarse a una terrible escasez.

Yoséf discernió el significado del sueño del Faraón tan rápido como había discernido el del copero y del panadero. Entonces Yoséf dijo a Faraón:

«Los sueños de Faraón son uno solo»

(41:25)

«Los dos sueños del Faraón tienen el mismo significado«. Parece que el rey de Egipto ya lo había sospechado (41:17-24), y ahora Yoséf lo confirmó pero en el Nombre del Eterno.

Las siete vacas y siete espigas de trigo representan cada uno siete años. Los cuatro símbolos eran realmente dos conjuntos de siete años. Las siete vacas buenas son siete años, y las espigas buenas son siete años. El sueño es uno solo.

«También las siete vacas flacas y de mal aspecto que subían tras ellas son siete años, y las siete espigas menudas y resecas por el viento oriental significan siete años de hambruna.»

(Génesis/Bereshit 41:26-27)

Habrá siete años de abundancia y luego de siete años de escasez y hambre. Yoséf enfatiza claramente la hambruna de siete años más que los siete años de abundancia. Con eso dejaba bien claro que los años de hambre serán tan malos que los buenos años serán olvidados. ¡Los años de escasez consumirían todas las reservas hechas durante los años de abundancia! Así pues, Yoséf entrando en detalles dijo:

«He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto. Después de ellos, se levantarán siete años de hambruna, y toda la abundancia en la tierra de Egipto será olvidada, y la hambruna consumirá el país.»

(Génesis 41:29-30)

Yoséf sabía que el asunto estaba completamente en manos de Yahvéh. El Eterno tenía un propósito para el sueño, un propósito en su elección del el momento, un propósito por el hambre, un propósito para tener a Yoséf en la cárcel y un propósito para todo lo que Su voluntad perfecta hiciera con la historia humana a fin de implantarle la Simiente de la Historia de la Salvación.

Faraón había visto las siete vacas gordas que salían del río Nilo, que era la línea de vida de Egipto. Debido a que Egipto no tiene prácticamente lluvias durante todo el año, se basa en la inundación del Nilo para abastecer de agua a sus cultivos. Durante los primeros siete años las aguas del Nilo desbordarán sus riberas y habrá mucha tierra fértil, pero durante la hambruna disminuirán y no se producirá ninguna inundación.

Esta hambruna afectaría a la reputación de los dioses egipcios. El dios Osiris, representado como un toro, era el dios del Nilo. También, y por sobre todo, afectaría a la diosa Isis, que fue descrita como una vaca, (ella era la forma egipcia de recordar a Semirámis, la esposa de Nimrod). En Siria, era llamada Ishtar. En Fenicia, fue llamada Astarté. En Grecia, era Afrodita. En Roma era Venus, pero en Egipto, fue llamada Isis. Ella era la diosa-reina que era adorada por tener el poder sobre la vida y la muerte. A ella rezaban como fuente divina de la fertilidad y de la sabiduría, invocándola con el título de Reina del Cielo.

«En cuanto a la repetición del sueño a Faraón dos veces, es porque el asunto está determinado por Elohim, y Elohim se apresura a ejecutarlo.»

(Génesis 41:32)

La interpretación de Yoséf era una refutación de la visión del mundo de Faraón (Parhó), y una confirmación para el rey. Faraón era adorado como dios en la tierra de Egipto, pero Yoséf presentó al rey una realidad diferente. Sólo Yahvéh era divino y Él había revelado los eventos que estaban a punto de ocurrir a Faraón. El soberano egipcio sólo podía responder a lo que Yahvéh Elokim ya había puesto en marcha. Qué escena irónica, un esclavo hebreo que explica el funcionamiento del Dios verdadero al poderoso Faraón de Egipto (ya los años de prisión lo habían preparado en mente y emoción para ese momento).

Yosef había interpretado correctamente los misteriosos y perturbadores sueños del Faraón. Eso significaba que la tierra de Egipto se dirigía hacia problemas. ¿Cómo haría el Faraón al respecto? El pueblo egipcio tenía una buena vida. Pero ¿cómo iban a reaccionar cuando llegara la hambruna? ¿Lo culparían ellos a él? ¿Iban a perder ellos la fe en sus dioses? ¿Habría una revolución? Sobre todo si este Faraón era un miembro de la odiada dinastía de los hicsos, pensamientos como éstos deben haberlo molestado enormemente.

Aquí es cuando Yoséf muestra su audacia y su don de administración. Él continuó hablando y sugirió que los egipcios debían tener un plan para enfrentar el hambre venidera. Dijo:

«Actúe Faraón, y designe superintendentes sobre el país, y quinte la tierra de Egipto (o un impuesto del veinte por ciento) en los siete años de abundancia.»

(41:34).

Ningún administrador responsable presentaría este tipo de noticias, sin que también sugiera un plan para enfrentar la crisis que viene. Su sagacidad aconsejó al rey aplicar un impuesto de aproximadamente una quinta parte del producto de la tierra durante los años de abundancia. Eso sería duplicar el impuesto habitual en grano, que normalmente era un diez por ciento. Para que ellos recojan toda la provisión de estos buenos años que vienen, y almacenen el grano bajo la mano de Faraón y lo guarden en las ciudades para sustento (41:35).

En su argumento convenció al soberano egipcio que esta cantidad, considerada como impuesto, no sería muy gravosa, si se tiene en cuenta que se trataba de años de una abundancia excepcional; considerado como una medida fiscal, resultaba beneficioso en comparación con lo que podemos suponer que había sido anteriormente un sistema de tributación arbitrario, que en realidad era una exacción tiránica; al mismo tiempo que impedía la destrucción del pueblo. Finalmente, a la luz de una modificación superior, es muy notable que esta proporción de dar, por parte de los súbditos de Faraón, llegar a se posteriormente la base de lo que Yahvéh pidiera a Israel, como su rey celestial (maazer o diezmo).

He aquí un gran secreto de la mayordomía celestial. Yoséf ofreció a Faraón un Plan de Supervivencia para los siguiente catorce años. La única manera de prevenir la hambruna era por medio de una planificación cuidadosa que garantizara la calidad total de vida para todo los habitantes del reino. Sin esta planificación responsable de los bienes para combatir la escasez y el hambre, Egipto hubiera pasado de la prosperidad a la ruina. Lamentablemente, conozco a muchos redimidos que se congregan alrededor de mis enseñanzas, a quienes se les hace innecesario los planes detallados. Es más, hasta se aburren ante la idea de planificar. Pero lamentablemente, la Torah revela que planificar es una responsabilidad propia de la dignidad humana, no una opción.

Yoséf pudo salvar a toda una nación y territorios vecinos al transformar en planificación eficaz lo que el diseño del Eterno le había revelado. Así las acciones prácticas o implementación de cada pauta estratégica logró el dominio del tiempo, convirtiéndolo en oro sobreabundante para el reino. Del mismo modo, estamos llamados a tomar las circunstancias del tiempo para provocar en ellas eventos económicos milagrosos, producto de las acciones prácticas que surjan de la planificación excelente de los recursos que ya el Eterno nos ha entregado.

Todo esta maravillosa expansión económica fue posible para aquella civilización, gracias a que el Faraón supo a quien contarle su sueño. Así mismo, todo milagro económico en tu vida dependerá de tus sueños y especialmente de a quién se los cuenta. ¡Ten mucho cuidado a quién le cuentas un sueño, porque su interpretación puede que se cumpla!

Yosef Aprendió a Pasar del «Alma Gorda» al «Alma Flaca»

Por P.A. David Nesher

«Y del Nilo subían siete vacas gordas y de hermoso aspecto, que apacentaban en el juncal.
Tras ellas, subían del Nilo otras siete vacas de mal aspecto y enjutas de carne, y se paraban junto a aquellas vacas a la orilla del Nilo. Y las vacas de mal aspecto y enjutas de carne devoraban a las siete vacas gordas y de hermoso aspecto. Y despertó Faraón.
Y se volvió a dormir, y soñó por segunda vez, y he aquí siete espigas gordas y buenas crecían de un mismo tallo. Sin embargo, he ahí otras siete espigas menudas y resecas por el viento oriental brotaban después de ellas.»

(Génesis 41:2-6)

 

El Faraón (hebreo Parhó) soñó. Él sabía que hacía dos años su almohada era visitada por oráculos en forma de sueños. Pero esta vez soñó, y recordó sus sueños. Eran dos sueños sucesivos. Pero en su alma, el Faraón tenía la intuición que era dos formas de un mismo mensaje divino.

En el primer sueño, siete vacas gordas pacían en la «hierba del pantano» junto al río Nilo (sostén divino de la ganadería y agricultura egipcia). Pero después subieron del río siete vacas enjutas, que devoraron a las hermosas, sin, no obstante, engordar con ello.

El segundo sueño mostró un tallo de grano con siete espigas «llenas y hermosas», cuando a su lado brotó otro tallo, también con siete espigas, pero «abatidas del viento solano»; «y las espigas menudas devoraban a las siete espigas buenas». El sueño fue tan vivo que a Faraón le pareció realidad así lo asegura el sabio intérprete Rashbam que explica que «el texto revela que hasta este momento Faraón había creído que era una visión real y no un sueño» (vv. 5-7). Así era, sólo un sueño y, no obstante, la impresión de su realidad todavía le oprimía. Como él era considerado un dios encarnado, por lo tanto era inusual que solicitara la interpretación de sus sueños. Se entendía que él sabía lo suficiente como para estar preocupado, pero no lo suficiente para ser su propio intérprete. Se revolvió toda la noche en su cama porque los sueños parecían ser muy reales. Los egipcios creían que cuando los sueños se repetían o llegaban en dos juntos estos eran especiales, por lo que se determinó en conseguir alguna ayuda,  de modo que hizo llamar a «los magos (hebreo: jartumim) de Egipto, y a todos sus sabios» para que interpretaran su sueños.

Los jartumim egipcios que traducimos como magos eran muy conocidos en la corte del Faraón (Parhó).  Ellos eran los encargados, mediante secretos milenarios de la magia cusita (fundada por Cus) de explicar los sueños. Los veremos actuar en repetidas ocasiones en los relatos incluidos en los primeros capítulos del libro de Éxodo (Éx. 7:11). Era una creencia común en Egipto (Mitzraim), que los dioses se comunicaban a través de sueños. Los magos y adivinos conservaban diferentes interpretaciones de los sueños del pasado en libros de sueños, que eran supuestamente fiables.

Parhó relató sus sueños, “más no había quién se los interprete a Parhó”. El sabio exegeta Rashí dice que esta expresión debe traducirse: “Le fueron ofrecidas varias interpretaciones por parte de los magos más ninguna era aceptable para Faraón porque no le satisfacían”. La incapacidad de los magos para desentrañar el sueño del Faraón fue provocada por el mismo Espíritu del Eterno, con el fin de convertir el triunfo de Yoséf en un evento más grande aún, que aseguraría el empoderamiento del tzadik en la corte egipcia.

Los sueños del Faraón están muy en armonía con la naturaleza de Egipto. El ganado vacuno abundaba en el valle del Nilo. Por eso, el Parhó, desde su cosmovisión y juicio, discierne que su padre, el dios Ra, le está enviando esos sueños con el fin de amonestarlo sobre los sucesos venideros y darle ocasión de tomar medidas oportunas.

Las vacas deben haber impresionado a Faraón especialmente en un sentido religioso pues en la mitología de Mitzraim (Egipto) la vaca era el símbolo de las diosas Isis y de Hathor, divinidades de la fertilidad, la cual en este caso sería muy grande o muy escasa, según lo indica el número siete, representante simbólico de la perfección, la intensidad y la plenitud divina. En el libro egipcio «Libro de los Muertos», la principal escritura del antiguo Egipto, Osiris, es el dios de la vegetación y del inframundo y se representa como un gran toro acompañado por siete vacas. Por esto, el Parhó  (Faraón) estaba perplejo con los detalles oníricos que aún perduraban en su mente, haciéndolo víctima de grandes temores. Él estaba convencido que la interpretación de los magos y sabios intentando tocar los puntos mitológicos del Imperio no tenía nada que ver con el camino que se debía seguir; pero… ¿cuál era ese Camino?

Bien, cuando todos los magos y sabios fueron llamados y el Faraón les contó sus sueños, el jefe de los coperos estaba escuchando. Después de todo, su posición era estar al lado de Faraón y atender a todas sus necesidades. Así pues, cuando ninguno de los magos podría dar una interpretación a Parhó (Faraón), el copero se acordó de Yoséf.

A menudo, la gente se olvida de lo que en el pasado alguien ha hecho por ellos; esto se llama ingratitud. Por la alegría de ser liberado de la cárcel, el jefe de los coperos se olvidó de Yoséf por dos años. Ahora no tuvo más remedio que hablar de Yoséf a Parhó (Faraón), aunque sin alabar al cautivo, se refirió así sobre él:

“…En la prisión había con nosotros un jovenzuelo hebreo (extranjero que apenas conoce nuestro idioma)…”.

El copero tuvo cuidado de no elogiar a Yoséf para que éste no hallara gracia ante el Parhó (Faraón) y de ese modo no se le diera un puesto de altura en el gobierno egipcio, lo que finalmente sucedió. El copero se refirió a él como un “jovenzuelo hebreo”, es decir, un individuo que no merece grandeza, pero al menos descifraba visiones.

Faraón (Parhó) no perdió tiempo en enviar por Yoséf. En circunstancias normales, probablemente no habría buscado la ayuda de un hebreo, y mucho menos uno en la cárcel, pero no tenía a quién recurrir. Qué imagen tiene que haber sido, el poderoso rey y el esclavo desconocido.

«Entonces Parhó mandó llamar a Yoséf y prontamente lo hicieron salir de la fosa. Se rasuró su cabello, se cambió de ropa y se presentó ante Parhó» (v. 14). Yoséf no se había cortado el cabello, ahora tendría que mostrar una buena presentación por respeto al rey.

Ahora bien, gracias al obrar amoroso del Eterno, para este momento Yoséf ya no era el joven inmaduro de 17 años que solía presumir y jactarse de sus visiones. Pasó doce años encarcelado y ahora tenía 30 años de edad.  Los lujos, la grandeza, y la adulación no conmueven la ahora fe (emunah) sólida de Yoséf en Yahvéh. Yoséf, al escuchar que se le califica como un intérprete de sueños, rechaza delicadamente este título y opta por presentarse como un simple instrumento de Yahvéh, que habrá de proporcionar la tranquilidad y la paz al reino:

“…No es mérito mío, es Elohim quien dará a Faraón respuesta satisfactoria…” (v. 16)

Puntualizó Yosef con toda humildad. Literalmente se lee: «Dios responderá el shalom del Faraón». La palabra shalom a menudo lleva la idea de completo, perfección, o completamente, y eso es lo que quiere decir aquí. El Eterno le responderá a Faraón (Parhó) completamente. Por esta respuesta, Yosef exhibió un gran crecimiento en la madurez espiritual desde la época de sus propios sueños anteriores en Canaán. Entonces, él había antagonizado con su familia llamando la atención sobre su propia superioridad. Ahora, sin embargo, él se ganó la confianza y el respeto de un rey pagano y su corte por su habilidad propia y dando todo el crédito a Yahvéh. Sus años de esclavitud y encarcelamiento de hecho le habían enseñado humildad y paciencia. En lugar de llamar la atención sobre los fracasos de los magos y haciendo hincapié en sus propias fuerzas, él actuó con la mayor cortesía y moderación, y dirigió toda la alabanza solo a Yahvéh, el Verdadero y Único Dios.

Es evidente que, sin la intervención divina, Yoséf habría sido dejado languidecer en prisión hasta que morir. Fue el Eterno quien turbando el espíritu del Parhó (Faraón) en un sueño, provocó su liberación. El mismo Yoséf reconoció esto, como se desprende de sus palabras a sus hermanos más adelante: Por eso «Elohim me envió delante de vosotros para preservaros un remanente en esta tierra y para daros vida por medio de una gran liberación. Así que, no me enviasteis vosotros acá, sino Elohim.» (45:7-8).

Después de trece largos años de prisión, el Eterno había despojado a Yoséf de su yo carnal, el ego o ratzón atzmut («deseo de recibir sólo para sí«). No estaba pavoneándose en su túnica real de muchos colores que le había dado su padre. No estaba diciendo, «yo puedo hacerlo por todas las aptitudes que poseo«; por el contrario, él decía: «… y ya no vivo yo, sino que el Mesías vive en mí.» (Gálatas 2:20). Estaba diciendo: «No puedo Yo hacer nada de mí mismo. Según oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.» (Juan 5:30). Él estaba diciendo que ser un servidor es la base del liderazgo. Yeshúa dijo de sí mismo: «porque ni el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos.» (Marcos 10:45).

Aquel que anuncia a Yeshúa también se convierte en un servidor.

¿Es usted un servidor? ¿A quién sirve?

El servicio es la llave de oro que abre la puerta al éxito en el Reino de Dios.

«Porque vosotros hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como oportunidad para la carne, sino servíos los unos a los otros por medio del amor.»

(Gálatas 5:13)

Somos como bestias cuando muerden y se devoran unos a otros; somos como seres humanos cuando nos criticamos unos a otros, pero somos como Dios cuando servimos a los otros en amor. Eso es lo que hizo Yosef aquí. ¿Qué decide usted hacer hoy aquí y ahora?

 

José, Ministro de Economía de Egipto

Autor:  Wenceslao Calvo

 

Los tiempos en los que le tocó vivir no fueron muy diferentes a los nuestros. Aquella gran nación estaba al borde de una gran encrucijada, ya que a un ciclo de prosperidad sin precedentes le seguiría otro de pobreza hasta entonces desconocida. La política social y económica que se delineara sería determinante para el futuro de aquella generación y de las subsiguientes, pudiendo darse estos dos extremos según fueran las medidas tomadas: preservación o hundimiento de la nación.

El hombre al que me refiero es José, el hijo de Jacob; alguien a quien con justicia se le puede denominar un gobernante con visión de Estado. Porque abundan los gobernantes con visión de partido, en los que prima un horizonte delimitado por consignas e ideologías sectarias que buscan, por encima de todo, llevar el agua a su molino; también abundan los gobernantes con visión personal, a quienes les importa, sobre todo, la búsqueda del poder o la permanencia en el mismo como un fin en sí mismo. Pero hombres de Estado, que son instrumentos providenciales para el bien de sus naciones en momentos cruciales, se pueden contar con los dedos de la mano. Esa clase de hombres (y mujeres) son uno de los más preciosos y grandes activos que pueda tener cualquier nación, a los cuales verdaderamente se les puede llamar padres de la patria.

Creo que hay cuatro facetas que hacen de José esa clase de personaje: Capacidad profesional, clarividencia y sabiduría, integridad personal y temor de Dios. Estas cuatro están indisolublemente unidas entre sí, de manera que no podemos quedarnos con el José profesional, prescindiendo de su faceta moral o de su perfil personal. Y aquí es donde a muchos se les atraganta tal unidad, al estar acostumbrados por su visión secular a separar lo profesional de lo personal. Pero si intentamos hacer eso con José nos encontraremos con el mismo resultado con el que se halló aquel Comité Olímpico que en 1924 intentó convencer en vano a Eric Liddell, cristiano comprometido, para que corriera la carrera de los 100 metros en domingo. Las palabras del duque de Sutherland, presidente de dicho Comité, no dejan lugar a dudas sobre el craso error de la miope óptica secularizadora: ´Ese muchacho… es un hombre de principios y un gran atleta. Su velocidad es parte integral de su vida, de su fuerza, y nosotros hemos intentado separar una cosa de la otra. (1)

Hay algo que me llama la atención en el hecho de que fuera José el promovido a tan altas responsabilidades de gobierno, porque se trata de un hombre sin imagen y sin currículum. Me temo que más de uno y de una que ostentan carteras ministeriales en nuestros días son producto de la imagen, esa gran mentira tirana de nuestro tiempo, y del currículum brillante, sin el cual están cerrados los accesos a determinadas esferas profesionales.

Aquí tenemos a un joven, totalmente desconocido, extranjero, esclavo y convicto por delincuente. ¿Se puede tener peor imagen? ¿Hay un currículum más pésimo que el que ostentaba José? Pero la imagen es mera apariencia y en ocasiones el currículum también. Lo que importa son hombres y mujeres de auténtica valía y con José estamos ante alguien así. No tenía imagen ni falta que le hacía. Y en cuanto a currículum tenía el más importante de todos, a saber, el de haber dado muestras de su competencia administrativa en dos lugares especialmente difíciles: la casa de Potifar (2) y la cárcel (3). Allí aprendió lo que en ninguna escuela superior de economía egipcia hubiera aprendido nunca: los rudimentos para el manejo y la administración de la economía de una hacienda particular, la de Potifar, y de una institución oficial, la cárcel estatal. Estos dos lugares fueron la universidad de José en materia económica y más que económica. De allí salió sobradamente preparado, aunque sin títulos oficiales, para los cargos de primer ministro y de ministro de Economía y Hacienda.

Menos mal que Faraón no actuó como tantos gobernantes de nuestro tiempo, para los cuales la imagen y el currículum brillante son los factores decisivos a la hora de elegir a sus ministros.

Es interesante que José pasó de ser mayordomo doméstico e intendente carcelario a ministro de Economía, lo cual nos enseña que los principios básicos por los que se rige una economía doméstica y otra más extendida son los mismos por los que se rige una economía nacional. De ahí mi propuesta, ya expresada en otra ocasión, de poner al frente de los ministerios de economía a amas de casa, que saben lo que es llegar a fin de mes con pocos ingresos y muchas bocas que alimentar. Tal vez nunca hayan ido a la universidad, pero saben de economía real, que es la economía que importa, más que muchos profesionales que están dando muestras de no saber por dónde se andan en estos tiempos de crisis económica.

Fuente: Protestante Digital

 

Referencias:

(1) Carros de fuego

(2) Génesis 39:4

(3) Génesis 39:22

 

Yahvéh, el Señor de la Providencia.

Por P.A. David Nesher

«Y aconteció que después de dos años, Faraón tuvo un sueño. Soñó que estaba de pie junto al Nilo.»

(Génesis/Bereshit 41: 1-2) 

El pasaje que nos toca estudiar hoy (Gén. 41:15-38) relata las características maravillosas de las misericordias del Eterno operando a favor de Yosef, Egipto y los pueblos cercanos. En estas líneas se resalta asimismo la fidelidad providencial de Yahvéh en guiar todas las circunstancias para llegar al cumplimiento perfecto del propósito mesiánico de Su Salvación.

Detrás de los personajes y del escenario de este hermoso relato descubrimos a un Dios soberano que controla y dirige la historia y la vida de los seres humanos y las naciones para llevar a cabo su diseño profético de salvación.

Yosef había pasado doce largos y muy dolorosos años en la cárcel. En todo este tiempo su alma no sabía si alguna vez volvería a ver la Luz de la libertad. Sin embargo, el Eterno había decretado que su vida no terminaría en el cautiverio de un presidio. Simplemente Él esperaba que esos años de prisión permitieran la expiación de las transgresiones de Yosef

Diez años de la prisión correspondía al tikún (reparación) que Yosef debía hacer por causa de haber usado lashón hará (Mal Hablar) contra sus diez hermanos.

Los otros dos años en la cárcel eran en castigo por haberle dicho al copero del Faraón: “Recuérdame y sácame de esta prisión”. Dos palabras que develaban la errada confianza que Yosef puso en las conexiones humanas. Dos años por cada palabra.

Pero al mismo tiempo, debemos discernir que los dos últimos años de Yosef en prisión, fueron una bendición enmascarada de la Providencia divina, pues si el copero lo hubiera nombrado delante de Faraón dos años antes, ¿cuál hubiera sido el destino de Yosef?

Si el Faraón lo hubiera liberado en esos años, seguramente Yosef se hubiera convertido en un intérprete profesional de sueños de toda la corte, ganando de ese modo dinero suficiente para sólo asegurarse una vida acomodada. Entonces, el propósito eterno de Dios hubiera sido abortado en él, y la Historia de la Salvación se hubiera truncado para toda la humanidad.

Pero ahora, dos años más tarde, después de los extraños sueños del rey, ¿qué le ocurrió a Yosef como consecuencia de su interpretación? Fue llevado al poder, convirtiéndose en el virrey de Mitzraim (Egipto).

Los expertos en el idioma hebreo bíblico aseguran que el versículo 1 revela en realidad que, por dos años consecutivos, el Faraón tuvo sueños extraños cada noche, pero no podía recordarlos cuando despertaba. Sin embargo, cuando llegó el momento de propósito para liberar a Yosef, el monarca egipcio despertó esa mañana muy turbado mentalmente pues recordaba el sueño en todos sus detalles.

De acuerdo con los códigos guemátricos del texto, se puede calcular la fecha de la noche del sueño, y coincide en el calendario divino con el primer día del séptimo mes, es decir Yom Teruah, tiempo cuando el Eterno decide la suerte del mundo entero y decreta la escasez y la abundancia para cada país. Es el día en el que la Justicia divina revela al obrar providencial del Eterno sobre los eventos naturales, para que todo esté siempre en armonía a Su diseño Lumínico.

Por ello, al considerar esta historia debemos tomar en cuenta cinco momentos significativos que nos permiten reconocer sin lugar a duda que Yahvéh es el Señor de la Providencia:

  1. El Eterno hace que el Faraón sueñe porque desea mostrarle sus diseños y voluntad perfecta (v. 25). Este es un buen ejemplo de cuando los sueños que Yahvéh utiliza para dar a conocer su voluntad a fin de preparar a la persona, a una familia o a una nación (o conjunto de naciones) para un evento especial.
  2. El Eterno hizo que el copero se recordara de Yosef (v. 9) Habían pasado dos años desde que el copero había vuelto a su puesto en el palacio y ahora bajo las condiciones exactas, recuerda su falta de gratitud y su falta de memoria.
  3. El Eterno otorgó a Yosef la interpretación y el significad correcto de los sueños del Faraón (v. 16). Yosef no se atribuye a sí mismo la capacidad de interpretar los sueños y con toda humildad confiesa: “No está en mí. Dios responderá para el bienestar del Faraón.”
  4. El Eterno sacó a Yosef de la cárcel y lo llevó a ser el Primer Ministro del Faraón (v. 39). Es asombroso e impresionante ver como el Faraón mismo reconoce la mano de Yahvéh en todo este asunto.
  5. El Eterno concede a Yosef la sabiduría para administrar los productos de la tierra para salvar a los egipcios, a otras naciones y en especial a la propia familia de Yosef (vv. 56-57)

Como vemos, en el diseño mesiánico providencial, Yosef es el instrumente de información del propósito divino y de previsión para la sobrevivencia de Egipto (Mitzraim) de donde siglos más tarde saldría elevada la nación de Israel. Así, por medio de Yosef, el Eterno permite que la abundancia de Egipto beneficie primeramente a la población local, luego a aquellos habitantes de las regiones vecinas donde el hambre se había extendido. La prominencia de Mitzraim (Egipto) en esta crisis y el papel directivo de Yosef son preparativos providenciales de la Divinidad indispensables para la supervivencia de la familia de Yaakov, y los descendientes que constituirían al Pueblo que daría finalmente al Mesías como pan a las naciones.

¡Con Todo… El Eterno Jamás te Olvidará! (parashah Vayeshev)

Por P.A. David Nesher

«Velo-zachar sar-hamashkim et-Yosef vayishkachehu.»

«Pero el Maestro de coperos no se acordó de Iosef, sino se olvidó de él.»

(Bereshit/Génesis 40:23)

Evidentemente, la felicidad le hizo olvidar al copero la desgracia de su compañero de celda. Este fenómeno es, desgraciadamente, muy humano, y lamentablemente bastante común en la historia de las relaciones humanas. Es simple, se llama ingratitud. El ser humano, en su naturaleza caída, tiende a olvidar al prójimo que estuvo junto a él en los momentos difíciles, pero el Eterno no olvida a Sus fieles. Sin duda se cumplen estas hermosas palabras: “…Muchos males hay acechando al justo, pero de todos los salva el Eterno…” (Tehilim/Salm 34:20).

El copero olvidó a Yosef, y con ello, la “llave” que le abriría la prisión se le negó. Yosef permaneció en prisión 12 años en total; los primeros diez años le habían sido decretados como corrección por haber contado a su padre habladurías (o Lashón Hará), contra sus hermanos, (excepto Binyamin). Dos años adicionales le fueron decretados como castigo por haber confiado en que su salvación vendría de un ser humano, es decir, por confiar en las influencias del copero. Yosef le había pedido: “…Háblale bien de mí al faraón……». Por haber confiado en un hombre, tuvo que pasar dos años más en la cárcel. Esa corrupción no se permite a los líderes del Reino. Dos años de cárcel merece esa actitud de manipulación, intentando usar un “enchufe, rosca, palanca, cuello”. Si no vas por la vía legal mereces «dos años de cárcel» (códigos en metáfora) según la justicia celestial. Era pues necesario que Yosef comprendiera y aceptara que su estancia en la cárcel no dependía del copero ni del faraón sino de Yahvéh, nuestro Dios.

Ahora pues Yosef estaba penando por duplicado, triplicado, cuadriplicado; estaba preso, era esclavo, era extranjero y ya no había esperanza de cambiar su amarguísima situación.

Los días se hicieron meses, estos se volvieron años y no había rescate para Yosef. Tantas esperanzas, tantos sueños, tantas promesas y proyectos que quedarían sepultados en la espesura terrible del pozo en el cual se encontraba. Pero, he aquí una importante lección, a veces lo que parece un fracaso en verdad es la semilla de un éxito verdadero.

Dos largos, crudos y terribles años transcurrieron para que el jefe de coperos se acordara de Yosef. No lo hizo gratuitamente, sino para ayudar a su amo el Faraón (en hbr. Paró), que estaba en problemas, justamente por un sueño que complicaba a los sabios egipcios. Y recién entonces, pudo salir Yosef del pozo para transformarse en un arrebato veloz e inesperado en el segundo hombre más poderoso de la tierra. O quizás el primero, ya que Faraón confió todo lo suyo a su ingenio.

Yosef ya había aprendido de la peor manera, cuando recibió el castigo de parte de sus hermanos, y su venta, y la esclavitud, y la falsa acusación, y el lastimoso pasaje por la cárcel. Ahora estaba seguro de que el camino debía ser el de la construcción de paz, no más orgullo, chismes, y holgazanerías, ya no más el “ego” (ratzón atmutz = «deseo de recibir sólo para sí»). Así pues, un sueño (el primero que Yosef contó a sus hermanos), había causado que Yosef cayera. Ahora otro sueño (el que aclararía a faraón), lo encumbraría por encima de todos los demás mortales.

Enseñan los sabios que, el hombre guarda su alma con toda su pureza cuando doblega su cuerpo con cuatro herramientas espirituales:

  1. El ayuno;
  2. El estudio de los secretos de la Torah;
  3. Las veladas de estudio;
  4. La resistencia al instinto animal.

Recapitulemos. ¿Por qué son importantes estos relatos? Si analizamos en detalle el destino de Yosef, notaremos la similitud con la historia del Pueblo de Israel en el exilio.

Yosef, un muchacho de 17 años, hijo predilecto de Yaakov, es arrancado de repente del seno familiar, erradicado de su país y vendido como esclavo en un país extraño. El joven se ve envuelto en circunstancias difíciles y crueles, y dichos acontecimientos le suceden siendo él inocente. Cualquier otra persona en su lugar se hubiera deprimido, entristecido, sintiendo inclusive cierta indiferencia a todo como consecuencia de su condición. Sin embargo Yosef entendió que debía ponerse a la altura de las circunstancias. Como esclavo cumplió sus tareas óptimamente, hasta que por mérito de Yosef, su amo Potifar tuvo éxito en cualquiera de sus emprendimientos. Esa es la particularidad de todo israelita, que en toda situación y circunstancia trata de cumplir con su misión de la mejor forma.

Los sabios nos explican que cada justo se distingue por la práctica de una virtud (midah) o de un mitzvah (mandamiento) por la que siente especial predilección. La mitzvah que caracterizó a Abraham fue la circuncisión, la de Yitzjak, fue la oración, y la de Yosef fue la profunda piedad que manifestó a través de su castidad, el cuidado de su brit milah (circuncisión).

Los sabios nos dicen que, lo ocurrido a Yosef no fue un error de alguien. Todo lo que ocurrió tenía que suceder así para que Yosef fuera a Egipto y pudiera plantar la semilla para la redención de los israelitas. Todos estos registros son narraciones preparatorias para la introducción de Mashiaj en Israel y el mundo. Si desconectamos al Mashiaj de los relatos de la Torah creamos un falso Mashiaj, un híbrido sin soporte histórico. El Mashiaj está conectado de manera profunda con la historia misma del pueblo de Israel. Yosef es un hijo de Yaakov quien es al mismo tiempo una sombra profética que apunta al Mesías y rey de los judíos: “…Yeshúa’ Hanotsrí Mélej Hayehudim…”, (Mat 27: 29, 37, 42; Juan 19:19).

Conclusión:

A semejanza de lo ocurrido a Yaakov, las cosas negativas que llegan a sucedernos son las llaves que abren las puertas de la transformación, permitiéndonos ver que hay más niveles para que nosotros ascendamos.

Puede que no siempre seamos capaces de controlar la situación, pero sin duda podemos controlar nuestra actitud hacia ella, y cómo elegimos enfrentar cualquier situación. Por eso, ya que nuestra vida refleja las elecciones que hemos hecho en el pasado, si estamos buscando resultados diferentes, debemos hacer elecciones diferentes. En cualquier momento, nos estamos moviendo hacia el cambio y el crecimiento, o nos estamos alejando de ambos. Escoger movernos hacia adelante cuando sentimos que todo está perdido, es lo que logra atravesar la negatividad y nos cambia para siempre.

Por esto no te desesperes cuando las cosas van en dirección contraria a lo que esperabas al ser fiel y amante de la justicia y la verdad. Sigue amando y confiando en el Eterno que constantemente está cerca de los justos, y con el tiempo te sacará del apuro. Aprende a amar a todos, no hables mal de nadie y no intentes aprovecharte de los contactos para obtener beneficios personales. Cuando hayas aprendido esa lección estarás preparado para ser levantado y elevado.

Recuerda que movernos derecho, adelante y hacia arriba es una decisión para conectarnos más e involucrarnos con la energía espiritual. Que Yahvéh, el Abba nuestro, nos permita alcanzar el mérito del atributo de *emunah (confianza en el Eterno), en verdad y de causar que descienda sobre nosotros toda la buena abundancia espiritual y material desde ahora y para siempre. Amén.

Las “Tribus” Venden a Yosef y pretenden llamarlo «Yeshú»

Por P.A. David Nesher

Vayeshvu le’echol-lechem vayis’u eyneyhem vayir’u vehineh orchat Yishme’elim ba’ah miGil’ad ugemaleyhem nos’im nechot utsri valot holchim lehorid Mitsraymah. 26) Vayomer Yehudah el-echav mah-betsa ki naharog et-achinu vechisinu et-damo.

«Luego se sentaron a comer pan, levantaron la vista y vieron una caravana de ishmaelitas que venían de Guilead cuyos camellos transportaban especias, bálsamos y aristoloquia [hierba medicinal de raíces aromáticas], que llevaban a Egipto.
Entonces dijo Yehudáh a sus hermanos.
“¿Qué beneficio tendremos de matar a nuestro hermano y encubrir su sangre?»

(Bereshit/Génesis 37:25-26)

Hemos estudiado como Yosef (José), el hijo favorito del patriarca Yaakov, en la flor de la edad, es separado de la casa paterna y de su tierra natal. Yosef es vendido por las “tribus” (sus hermanos), a unos extranjeros, al que más tarde abandonan en medio de una nación depravada, mientras sus hermanos, en casa, tratan por todos los medios de hacer olvidar hasta, si es posible, su nombre.

Ahora bien, desde un plano profético-mesiánico, y entendiendo que Yosef con su vida es una representación del arquetipo celestial Yeshúa HaMashiaj, debemos discernir que esta acción de los hermanos contra Yosef, para que sea olvidado su nombre, es semejante a la actitud religiosa que hoy existe casi en la totalidad del judaísmo rabínico ante nuestro Señor.

Ellos evitan mencionar el nombre de Yeshúa HaNotzri (Jesús de Nazaret – ישוע הנוצרי), modificándolo a propósito al omitir la letra final, “ayin” (ע), quedando solo las consonantes Yud, Shin, Vav (ישו) que se lee “Yeshú” y es una palabra que el rabinato detractor del SEÑOR usa como un título y/o acróstico empleado despectivamente para significar: “Yimaj shemó u´zincro” (ימח שמו וזכרו), que traducido es “que su recuerdo y nombre sean borrados para siempre”. 

La obra rabínica «Toldoth Yeshú«, un antiguo tratado medieval, escrito, según algunos en el siglo V después del Mesías, señala que el nombre original del Maestro de Nazaret era Yehoshúa (en griego: Josué) o su variante Yeshúa (español: Jesús). Luego, cuando vino a ser considerado por los líderes judíos como hereje, su nombre fue cambiado a Yeshú como un insulto rabínico deliberado eliminando la última letra de su nombre el sonido que equivale a nuestra “A” para evitar toda implicación del Redentor de la salvación, quedando las tres letras restantes “YeSHú”.

Esas palabras (“Yimaj shemó u´zincro”) adoptan y expanden sacado de los libros del verso “que su nombre sea borrado” (Mishlé/Proverbios 10:7) y de la última frase del Tehilim/Salmos 109:13. Así es como el nombre Yeshú (ישו) el cual lo relacionan al Mashíaj en la forma que cada vez que quiere hacer referencia de él lo hacen de una forma despectiva y humillante

Entonces, el nombre Yeshú se convirtió en un juego de palabras despectivo, en un conjuro en contra del cristianismo romano y bizantino. Siendo bastante común en la literatura polémica medieval hebrea y pueda ser encontrada hasta en el Talmud (SANEDRÍN B. 43) También tenemos, en el Talmud que son cinco las enseñanzas atacadas principalmente (SANHEDRIN 49B).

Sin embargo, como el «humor divino» es insondable y misterioso, esta expresión usada por la mayoría de los judíos actuales esconde una ironía profética maravillosa. Y es que de lo que no se percataron los oponentes del Mesías es que al maldecirlo con este acrónimo y su frase, lo que en realidad estaban haciendo era confirmarlo como Mesías ¿Por qué?

Porque si usamos las cuatro primeras letras de la frase, es decir Yud, Mem, Hei y Shin (YiMáJ SHemó…) cuando se las recombinan forma la palabra hebrea MaSHiaJ (Mem, Shin, Yud, Hei) es decir MESÍAS o CRISTO, es decir el Ungido de Dios.

Como dijera Yosef HaTzadík (José el Justo) a sus hermanos:

“Ustedes pensaron hacerme mal, pero Elohím lo cambió en bien”
(Bereshít/Génesis 50:20)


Bitácoras Relacionadas que pueden interesarte:

La Sabiduría de José

Por Lic. Laura Arco

«Y dijo (José) a la mujer de su amo:

(…) ¿cómo , pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?«

(Bereshit/Génesis 39:9)

A veces nos encontramos en la encrucijada de negociar con el mundo para conservar aquello que hemos conseguido legítimamente o conservar la amistad del que es el legítimo dueño de todo lo que existe y perder aquellos beneficios.

La sabiduría de José fue permanecer en la convicción de la fe transmitida por Abraham, Isaac e Israel: el temor de Yahvéh.

Ningún hombre puede llamarse sabio si olvida este principio. David ( Sal. 34:9), Salomón ( Ec. 12:13-14), Pablo (He. 13:6) nos marcan el camino del éxito y la prosperidad al instruirnos en el temor y la obediencia solo a Dios, el Eterno.

Al finalizar la aliyah de hoy leemos «porque Yahvéh estaba con José, y lo que él hacía , Yahvéh lo prosperaba«. De ser el mayordomo en la casa de un noble y tener todo el gobierno sobre ella, descendió a la cárcel para ser un prisionero más , carente de toda autoridad y derecho. Sin embargo, su oportuna y sabia decisión fue el salvoconducto que lo convirtió en el hombre de confianza del jefe de la cárcel y volvió a tener autoridad, porque quien se sujeta al Eterno ya es hombre de autoridad y dondequiera que se halle quedará en eminencia.

No era lo mismo la mayordomía de una mansión a la de una cárcel, pero era necesaria esa capacitación para acceder al poder de Egipto. (Para llegar a tener autoridad e idoneidad en un quirófano no basta con ir a la universidad, es necesario pasar y permanecer en la morgue.

Todo se resumen en el gran mandamiento. José amó a Potifar, como no lo amaba su mujer. José sabía que esa honra al amo humano era , en lo terrenal, reflejo de su amor a Elohim. Nadie puede decir que ama a Dios a quien no ve si no ama a su prójimo que sí ve (1Jn. 4:20).

Hermanos amados, atrevámonos a romper con toda intimidación que el príncipe de este siglo intente contra nuestra prosperidad. Solo temamos a Dios y lancémonos con fe a su eterna y perfecta fidelidad.

Shalom.

Lic. Laura Arco
(Maestra)

Lo que Significa Estar en Un Pozo

Por P.A. David Nesher

Vayikachuhu vayashlichu oto haborah vehabor reyk eyn bo mayim.

«Lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna. La cisterna estaba vacía, no tenía agua.»

(Génesis/Bereshit 37:24)

Después de que le fueron quitadas sus finas ropas, Yosef fue arrojado a un pozo seco (vers 23). Allí, Yosef, se convierte, en la idea de sus hermanos, en el «Rey del pozo”, lo cual apuntaría a otro tipo de reino más adelante.

El pozo simboliza la muerte, el abismo (cf. Salmo 30:3) donde aparece la misma palabra hebrea bor. Según Rashí, era un lugar de escorpiones y serpientes. Por eso, la decodificación de esto establece que si está el pozo está vacío está claro que no tiene agua, de lo que los sabios desprendieron el siguiente paradigma celestial:

“Agua no tiene. Culebras y escorpiones sí tendrá”.

La Torah se compara al agua. Donde no hay Torah, las serpientes y escorpiones, o sea, el impulso al mal (Yetzer HaRá), reina sin impedimentos, porque la Torah es la única defensa que tenemos contra nuestros malos impulsos.

Es en ese momento angustioso que Yosef entiende que algo no está funcionando bien para él, hay algo que está haciendo está mal y que debe cambiar.

Así mismo para nosotros existen momentos en que nos ocurren cosas semejantes; nos sobreviene alguna situación desagradable y dolorosa que nos pone a reflexionar, lo que nos hace modificar nuestro comportamiento.

Este es el secreto de la vida; es necesario que recordemos que todo el dolor y los sufrimientos que experimentamos, son oportunidades de rectificación, de mejora y de cambio.

Tipología Mesiánica:

Tanto Yosef como Yeshúa fueron echados al pozo. Veamos por lo tanto, qué significa esta simbología.

Dos veces aparece la palabra pozo en la historia de Yosef, aquí y en el cap. 41, vers. 14, donde la palabra bor se tradujo como “cárcel» o “calabozo”. La Torah muestra dos pozos en el relato de Yosef. El primero fue en la tierra de Israel y el segundo fue en la tierra de Egipto.

Esto nos enseña que la muerte del Mesías ben Yosef fue para los hijos de Israel («las ovejas perdidas de la Casa de Israel» – Mateo 15:24) y también para el mundo entero, representado en Egipto.

Bitácoras Relacionadas que te puede también interesar:

El Liderazgo de Yehudah como Intercesor

Lechu venimkerenu la-Yishme’elim veyadenu al-tehi-vo ki-achinu vesarenu hu vayishme’u echav.

«Vamos, vendámoslo a los ishmaelitas y no pongamos nuestra mano sobre él, porque es nuestro hermano, nuestra misma carne”. Y sus hermanos lo escucharon.»

(Bereshit/Génesis 37:27)

 

Al considerar la expresión: “Y sus hermanos lo escucharon”,  el intérprete Rashí, siguiendo la traducción de Onkelos, asegura que el verbo “escuchar” significa aquí “obedecer”. Por lo tanto, la traducción más fiel debería decir: “Sus hermanos le obedecieron.” Así pues vemos que es esta la primera vez que Judá (hebreo Yehudah) toma la palabra, y podemos observar que sabe imponerse sobre sus hermanos. Yehudah ahora asume un papel de liderazgo en relación con el destino de Yosef (José).

Yehudah tenía, en efecto, una autoridad natural que ninguno de ellos cuestionaba. Reuvén (Rubén), en cambio no conseguía que le obedecieran de esta manera, no tenía el suficiente carácter. Desde este punto Yehudah adquiere un papel cada vez más destacado en la familia. Él dijo: vendámoslo a los ismaelitas, y no sea nuestra mano contra él. Sus hermanos aceptaron su sugerencia. Ellos podrían evitar el pecado de asesinato y obtener un beneficio al mismo tiempo. Los rabinos enseñan que los hermanos trataron de castigarlo a él medida por medida. Debido a que Yosef quería gobernar sobre ellos, se convertiría en un esclavo.

Así pues, Yehudá, en una hábil demostración táctica, logró por medio de su intercesión dar expresión a la furia de los hermanos, y al mismo tiempo, salvar a Yosef de una muerte segura. Sin embargo, la esclavitud no constituía una garantía de vida; por el contrario, Yehudah en su interior sabía que lo más probable era que la muerte fuese el destino final de Yosef.

Ahora bien, pese a esta significativa influencia de autoridad, Yehudah no supo utilizar convenientemente el ascendiente que ejercía sobre sus hermanos, tuvo que sufrir las consecuencias de su error. En el capítulo siguiente veremos la “caída”. Rashí comenta:

«…Este relato nos informa de que los hermanos de Yehudah le despojaron de su dignidad de jefe cuando vieron el sufrimiento de su padre. Le dijeron: “Tú fuiste el que nos aconsejó venderle. Si nos hubieras pedido que le trajésemos de vuelta a casa, te hubiéramos obedecido…».

Aquí vemos como los hermanos de Yosef, que hipócritamente no querían contaminarse con su sangre, lo vendieron a los ismaelitas, siglos más tarde, vemos como los judíos, que hipócritamente no querían contaminarse con la sangre del Mesías Yeshúa, llevaron a Yeshúa a Pilato (Juan 18:28).