Bendición Sacerdotal

Rubén y Su Temperamento Anti-Primogenitura

Por P.A. David Nesher

Re’uven bejori atah koji vereshit oni yeter set veyeter az. Pajaz kamayim al-totar ki alita mishkevey avija az jilalta yetsu’i alah.

“Rubén, tú eres mi primogénito, mi poderío y el principio de mi vigor, prominente en dignidad y prominente en poder. Incontrolable como el agua, no tendrás preeminencia, porque subiste a la cama de tu padre, y la profanaste: él subió a mi lecho.”

(Bereshit/Génesis 49:3-4)

Reuvén (Rubén) era el hijo primogénito de Yaakov (Jacob). Como tal, le pertenecía el liderazgo de la familia y la doble porción, los cuales eran los derechos de primogenitura (Deut. 21:17). Sin embargo, en sus últimas palabras, Jacob le dijo a Reuvén que él había perdido su derecho como primogénito, a causa del pecado que había cometido (Gen. 35:22).

Antes de continuar, necesito que primero entiendan que la primogenitura, de acuerdo a estos versículos, y a la cosmovisión hebrea, no sólo significa derechos sino también deberes.

Reuvén debió ser primero en conducción y en privilegio, pero su carácter impulsivo le hace perder su preeminencia.

Reuvén era el resultado de la pureza sexual de Yaakov, el primogénito de Itzjak. Yaakov nunca hizo mal uso de su sexualidad como hiciera su hermano gemelo Esaú (Esav). Por lo que Reuvén es un hijo creado en pureza absoluta, gestado en el vientre de Leáh. Sin embargo, son varias las faltas de Reuvén que Yaakov toma en cuenta a la hora de impartirle la bendición; la más seria fue la de interferir impulsivamente en la vida marital de su padre e irrumpir en la habitación de su madrastra Bilháh.

Reuvén fue presuroso como el agua cuando originó el episodio con Bilháh esposa de Yaakov (Gén. 35:22).

Yaakov describe a Reuvén como que es “incontrolable como el agua” (heb. Pajaz kamayim) lo que literalmente quiere decir que su temperamento hierve o bulle como el agua. Es decir, que Reuvén era un hombre que se dejaba llevar por las emociones, en lugar de guiarse por los principios celestiales del Zeir Anpin (“El Semblante Pequeño“) . Es decir, el semblante de la imagen divina que controla las facultades emotivas del alma. Él era apasionado, pero carecía de autocontrol. Desafortunadamente, Reuvén resultó ser débil y hedonista.

Evidentemente, para el Eterno, alguien así no puede ser un buen líder. Si no pudo contenerse en este asunto de la concubina de su padre, difícilmente lo haría en otras cosas.

Lo triste de esto es que, de acuerdo a la profecía que Yaakov está pronunciando, no sólo Reuvén perdió el liderazgo de Israel, sino también sus descendientes. En toda la historia de la nación, nadie sobresalió de esa tribu. En efecto, en la historia bíblica no encontraremos ninguna posición de liderazgo o acción importante atribuida a la tribu de Reuvén .

El Tanak no nombra ningún Juez, rey o profeta proveniente de esta tribu. Un hombre de carácter presuroso difícilmente pueda lograr la obediencia de los otros. Por eso un sabio judío llegó a expresar lo siguiente:

Un hombre que no puede controlarse a sí mismo d pueda controlar y conducir a los demás”.
(Benno Jacob).


La Torah hace mención de unos descendientes de Reuvén que perdieron también el control y se rebelaron contra la autoridad: Datán, Abiram y On. Ellos se unieron a Coré para rebelarse en contra de la autoridad espiritual de Moisés y Aarón (Num. 16:1-3). La consecuencia de esa rebelión fue la muerte de muchos de la tribu de Rubén (Num. 16:31-34).

Como ustedes recordarán, al salir de Mitzraim (Egipto), el censo indicaba que la tribu de Reuvén contaba con 46.500 hombres (Num. 1:20). Luego de los cuarenta años en el desierto, su población disminuyó, en lugar de aumentar. El segundo censo contó 43.730 rubenitas (Num. 26:7).

También hemos ya estudiado como cuando los israelitas llegaron a la Tierra Prometida, la tribu de Reuvén prefirió quedarse del otro lado del río Jordán, en lo que hoy en Jordania (Num. 32), acompañados de la tribu de Gad. Ellos pidieron esto pensando en sus ganados, y no en sus hijos (Num. 32:1-5). Moshé (Moisés) los confrontó por pedir tal cosa, pero ellos insistieron prometiendo que sus guerreros pelearían en la conquista de la Tierra, y luego regresarían al lugar que habían escogido en el Valle del Jordán (Num. 32:16-19).

En otro orden de cosas, en el período de los jueces, los rubenitas volvieron a desentenderse de sus tribus hermanas cuando tuvieron necesidad.  Al principio, la tribu de Reuvén prometió ayudarles, pero luego se desentendieron a una.  Así como su antecesor, los rubenitas probaron ser “inestables”. Por esto, Deboráh la profetisa de Israel, ironizará en su cántico la actitud pasiva de “las divisiones de Reuvén”, en los momentos críticos, para la seguridad del territorio de las tribus de Israel (Véase Jueces 5:15-16).

Otro grave yerro de Reuvén es sugerir descabelladamente a su padre que tome a sus hijos en garantía haciéndoles lo que quiera (Gén 42:37). Traducido de otra manera el pasuk 49:4, nos dirá así:

“…La impetuosidad y la precipitación con la que te apresuraste a manifestar tu enojo es semejante a las aguas que se precipitan en su curso. Así que no tomarás estas ventajas que por nacimiento te corresponden…”.

Con tan graves problemas de autocontrol, ¿con qué estabilidad podría dirigir Reuvén los destinos de un gran pueblo? ¿Cómo podría gobernar a sus súbditos (el resto de las tribus) bajo una situación de emergencia? Por todo ello, Reuvén causa que él y sus descendientes pierdan sus tres coronas que son:

  • 1) la primogenitura, que significa una doble porción de la herencia;
  • 2) el sacerdocio, que era el privilegio de ejercer el servicio divino representando a sus hermanos;
  • 3) la monarquía, el derecho a ser rey entre sus hermanos. Tendría que ser Principal en dignidad, y el Principal en poderío, a fin de permitir por su linaje la manifestación del Mesías.

Para Yaakov avinu un primogénito tan inestable y despreocupado por el bienestar de sus hermanos no merecía contar con la autoridad en la familia. Recordémoslo nuevamente: la primogenitura no sólo es un derecho, sino sobre todo es una responsabilidad, la cual Reuvén no estaba preparado para asumir (ni él ni sus descendientes).

Así pues, la decisión de Yaakov es por el propio bien de Reuvén, de sus descendientes y de todo Israel. Por ello, al final esto resulta ser de gran bendición, quizás un tanto discutible, pero el Eterno sabe qué es lo mejor para Su pueblo.

Entonces, debido a la inestabilidad de Reuvén, el derecho de primogenitura termina siendo dividida. Por lo general,el primogénito era el líder espiritual y social del”clan”, pero los derechos de la bendición, el sacerdocio y la autoridad gobernante se dividió entre los hijos de Israel en lugar de fluir centralizada en una sola.

Así, y más allá de que vemos la gran sabiduría providencial del Eterno en”descentralizar” la autoridad entre los hijos de Israel, Reuvén pago un alto precio por su inestabilidad.Más que nada, Dios busca un carácter estable en aquellos que lideraran su pueblo.

Por causa de este carácter ancestral, Moshé extenderá una bendición especial orando en favor de la tribu de Reuvén de esta manera:

“Viva Rubén, y no muera, y no sean pocos sus hombres.”
(Deut. 33:6)

Interesante les resultará saber que, según algunas investigaciones del sabio Rashí, hechas en el siglo XI, los descendientes de Reuvén estaban esparcidos en Francia, habiendo sido quizás el origen de algunos de sus pueblos, como los galos.

Por eso, no todo eran malas noticias para Reuvén. Hemos leído como Moshé profetizó una promesa posterior para él y sus descendientes. El “bekor” quien perdió tanto, quien debería haber estado liderando, y fue perdido debido a sus actos pecaminosos, todavía tendría esperanza. Moshé anucnió en un solo versículo que, aunque sus varones sean pocos, Reuvén no moriría como tribu. Sus descendientes estarían alrededor aunque su antepasado tuviera problemas. De hecho, estarían caminando con Dios en la fe. Que bendición: la promesa y el cumplimiento.

La profecía de Yaakov acerca de Rubén continuó siendo cumplida, y debido a su inestabilidad, los rubenitas se desvanecieron sin hacer ningún impacto significativo en la historia de la nación de Israel. Sin embargo, su futuro escatológico lejano será mucho más brillante. Debido a la gracia del Señor, la tribu de Reuvén está incluida en la división de la tierra en el Reino Mesiánico. Junto al límite de Efrayím, desde el lado oriental hasta el lado del mar, Reuvén tendrá otra parte (Ezequiel 48:6).

Para finalizar diré que todos nosotros podemos relacionarnos de una u otra forma con la naturaleza de Reuvén. El apóstol Pablo lo expresó justamente así:

Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo, habiendo sido vendido a la esclavitud del pecado, soy carnal. Porque lo que hago no lo comprendo, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, eso hago, apruebo que la ley es buena. Así que ya no soy yo el que hace eso, sino el pecado que mora en mí. Porque yo sé que en mí (esto es, en mi carne) no mora el bien, porque el querer está en mí, pero no el hacer lo bueno; pues no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, éste hago.”
(Romanos 7:14-19)

Todos tenemos una lucha cotidiana con la carga de pecado del ego que queremos volcar fuera de nuestra vida. Pecamos, lo confesamos todos los días, en cada Shabat, y en cada Yom Kippur (1 Juan 1:8-10). Somos conscientes que no podemos poner una cinta autoadhesiva sobre el pecado, tenemos que llegar a la raíz del problema, y erradicarlo para no perder nuestra primogenitura en Yeshúa HaMashiaj.

La buena noticia para usted y para mí es que Yahvéh puede arreglar nuestro problema de pecado a través de la Gran Vocación: tomar el Yugo de Yeshúa haciéndonos sus discípulos. Pero no es fácil seguir a Yeshúa. Si fuera fácil, todo el mundo lo estaría haciendo. El TaNaK nos enseña a no menospreciar el castigo de YHVH, ni fatigarnos de su corrección, porque YHVH al que ama disciplina, como el padre al hijo en quien se complace.

“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, que es árbol de vida a los que echan mano de ella, Y los que la retienen son bienaventurados.”
(Proverbios 3:11-18)

No podemos pasar por nuestras vidas poniendo bandas autoadhesivas sobre nuestros pecados. Como dice nuestro amado profeta Tony González, no necesitamos auto-ayuda o auto-realización, necesitamos la enseñanza de Yeshúa y la realización en Él por medio de Su Espíritu. Esto es más que suficiente para nosotros. La promesa de los profetas fue que tendríamos un corazón nuevo, y desde ese diseño en nuestra alma lograríamos la afinidad con el Eterno. ¡En Yeshúa eso hoy es posible!

¿Bendiciones o Reproches?… ¿En qué quedamos Jacob?

Por P.A. David Nesher

“Llamó Jacob a sus hijos y dijo:
—Acercaos y os declararé lo que ha de aconteceros en los días venideros. Acercaos y oíd, hijos de Jacob;escuchad a vuestro padre Israel.”
(Bereshit/Génesis 49:1-2)

Al ir cerrándose el Sefer (Libro) de Bereshit con la parasháh (sección) Vayejí, nos encontramos con el patriarca Yaakov bendiciendo a sus hijos mientras yace en su lecho de muerte. Uno a uno los llama, y proféticamente les augura su camino futuro, a veces promisoriamente, otras, como consecuencia de sus errores.

Yaakov está convocando a cada uno de sus hijos para bendecirlos. Para autorizarlos como herederos de este mensaje. Para darles autonomía y a su vez, legado.

Aunque estos pasajes normalmente se conocen como las “Bendiciones de Yaakov”, notamos que sus primeras palabras no suenan para nada a bendiciones desde el concepto occidental que nuestras mentes manejan. De hecho, las primeras tres tribus sufren una dura reprimenda.

Desde un punto de vista más profundo, los intérpretes de la sabiduría mística de la Torah enseñan que hay dos niveles de bendición:

  • El nivel de las bendiciones normales. Son visibles: de ellas se habla abiertamente en público,
  • El nivel de las bendiciones especiales que deben permanecer ocultas. Se manifiestan encriptadas dentro de duras palabras de crítica constructiva y/o exhortación. Este tipo bendición emana de una fuente superior a la bendición revelada y abierta. La bendición está presente en las palabras de reprensión y sólo pueden disfrutarse si se sabe leer los versos correctamente.

Por eso, cuando el Todopoderoso afecta a un individuo con situación de aflicción, este lo debe aceptar con alegría y lleno del entendimiento de que, de hecho, dicha circunstancia negativa fue causada por la abundancia que emana de una fuente espiritual muy elevada, desde el mundo oculto que no puede ser revelado en nuestro mundo en forma de una bendición. Como tal, la aflicción es la expresión más profunda de la cercanía de Dios con nosotros; sujeto a esta cosmovisión de bendición, Job expresará: “Feliz es el hombre que Dios aflige.” (Job 5:17), y el profeta Jeremías asegurará: “Porque El no castiga por gusto, ni aflige a los hijos de los hombres.” (Lm. 3:33). Tanto es así esto que el salmista llegó a cantar:

“Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos.”
(Salmo 119:71)

El salterio afirma:

“Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Yahvéh.”
(Salmos 34:19)

Note que, a pesar de que las aflicciones del justo sean muchas, él no sale perjudicado de ninguna de ellas, porque dentro de las mismas se esconde una bendición (una chispa de la Luz Infinita), que hay que saber sacar para que se convierta en un beneficio físico.

El Eterno quiere librarte de todas tus aflicciones, no importa que nombre tengan, que lindo es saber que Dios no te olvidará, sino que de TODAS ELLAS TE LIBRARÁ, revelándote las bendiciones ocultas en ellas.

Gad. Zabulón. Dan. Isacar.

Ahora bien, retomando el tema de nuestro padre (avinu) Yaakov, aceptaremos que la bendición y la maldición de los doce hijos reiteran el tema principal del libro de Bereshit. La humanidad perdió la bendición de Yahvéh por medio del pecado y la rebelión en el huerto del Edén, pero el Eterno restaurará Sus bendiciones a través de la Semilla de Abraham. Por eso, es que nuestro padre Yaakov dará en su oráculo una profecía histórica cercana y una profecía escatológica lejana para cada tribu.

Las futuras historias de las tribus son presentadas aquí como una consecuencia del carácter actual de cada hijo como Jacob profetiza. Y el carácter del hijo, en cierta medida, se convierte en el carácter de la tribu.

Podemos ver así como nuestro padre Yaakov elabora, inspirado por la Shekinah, un cántico profético organizado deliberadamente en dos partes:

  • primero, los oráculos negativos acerca de Rubén, Simeón y Leví en los versículos 3-7,
  • y segundo, los oráculos positivos sobre Judá, Zabulón, Isacar, Dan, Gad, Aser, Neftalí, José y Benjamín en los versículos 8-27.

Por todo esto, y para que nuestra mente pueda expandirse en los parámetros virtuosos de la Compasión (Tiferet) divina que permite adquirir una disciplina (Guevuráh) por medio de las benevolencias ilimitadas (Jesed) de Yahvéh, los invito a visitar las distintas bitácoras escritas por cada tribu.

“Acérquense y Escuchen a vuestro Padre” (dijo Jacob)

Por P.A. David Nesher

“Llamó Jacob a sus hijos y dijo:
—Acercaos y os declararé lo que ha de aconteceros en los días venideros. Acercaos y oíd hijos de Jacob;escuchad a vuestro padre Israel.”

(Bereshit/Génesis 49: 1-2)

Todas las palabras comprendidas entre los versículos 1 a 27 de este capítulo 40 de Bereshit (Génesis) son conocidas como “la bendición de Yaakov a los hijos de Israel“. Más tarde, Moshé (el escritor del Sefer Bereshit) dará el mismo estilo profético-mesiánico de bendición antes de su muerte (Deut. 33). Por ello, es que él escribe este pasaje a fin de que los benei Israel (Hijos de Israel) comprendan por qué y para qué él está bendiciéndolos.

Así pues, vemos como Yaakov, en lo que es su último y más significativo acto como patriarca y como heredero de Avraham y de Itzjak, bendijo uno por uno a sus doce hijos.

No obstante, en las palabras de Yaakov encontramos no solamente bendiciones sino también amonestaciones, reprimendas y vaticinios de futuro.
En la bitácora anterior, les comenté que leyendo el Midrash encontré que los sabios sostienen que “la intención del patriarca Yaakov en los últimos momentos de su vida había sido revelar a sus hijos el fin de todo el sistema babilónico. Empero se apartó de él la Divinidad (el espíritu de la Profecía) y continuó diciendo otras cosas” (Bereshit Rabbáh).

Lo primero que notamos al leer este capítulo es  que el orden de los hijos como él les profetiza no es el mismo que se encuentra en el capítulo 29 vers. 31 al cap. 30 vers. 25, o el cap. 35 vss. 16 al18 excepto, para los cuatro primeros.

Yaakov se dirige a sus hijos en este orden: Comienza con los seis hijos de Leah: Rubén, Shimeón, Leví, Yehudáh, Zebulón e Isajar (si bien Zebulón aparece antes que Isajar cuando correspondería lo contrario). 

Luego trata con el hijo de Bilháh, Dan, y luego con los dos hijos de Zilpáh, Gad y Aser, Luego con el otro hijo de Bilháh, Neftalí.

Después culminará tratando con los hijos de Raquel (Rajel), Yosef y Benjamín. Efraín y Manasés estaban también en ese momento junto al lecho de muerte de Yaakov. Así como la bendición de los hijos se convirtió en la bendición del padre, la profecía del padre se convirtió en la profecía de los hijos. Por lo tanto, Efraín y Manasés fueron profetizados, como podría decirse, a través de José.

El estilo idiomático de esta bendición es poético, arcaico y, con cierta frecuencia, poco claro. No fue una conversación común.

Cualquier cosa que un hombre diga en su lecho de muerte es importante porque generalmente, si alguna vez dice la verdad, lo dice en su lecho de muerte. Yaakov habló poéticamente y con gran imaginación. Sus expresiones sugieren que él estaba hablando en el Espíritu. Estaba en pleno uso de sus facultades, aunque estaba cerca de morir.

Como estaba hablando en lenguaje poético, los hijos no podían dejar de reconocer la importancia de las palabras de su padre.

Casi instintivamente, ellos al entrar en la habitación, se reunieron agrupados por subfamilia, en una posición circular alrededor de la cama. El resultado neto fue que catorce hijos se reunieron alrededor del lecho de muerte de su padre Israel. A medida que los oscuros ojos de Yaakov los reconocieron gradualmente, procedió a hablar a uno por vez, alrededor del círculo concéntrico del ahava (amor) de Yaakov.

Por eso conviene considerar aquí lo que el sabio intérprete Abarbanel dice refiriéndose a este pasaje:

“En cuanto a la intención de las palabras de Yaakov y las bendiciones, me inclino a pensar que Yaakov, en su lecho de muerte quiso aclarar de cuál de sus hijos surgirá la tribu que reinará y gobernará en su descendencia. Ya que él había visto y había vislumbrado, por el espíritu de profecía, que su descendencia iba a ser prolífica y, por lo tanto, quiso orientar acerca de la conducción de las tribus, para que no hubieren luchas ni disensiones entre sus hijos.
Por ello él calará profundamente en cada uno de sus hijos, de acuerdo a su naturaleza y carácter, buscando a quién corresponderá el reino o la conducción; ya que la naturaleza de los descendientes de sus hijos tenderá a parecerse a la de sus progenitores. Es por ello que Yaakov, en sus palabras, a veces hablará de las cualidades y caracteres de sus hijos y a veces vaticinará el futuro de su descendencia.
Ello no implicará, a veces, ni bendición ni reprimenda ni vaticinio de futuro ni lo que ocurrirá en la tierra de su asentamiento, sino que hablará de la cualidad de sus hijos para el reino y la conducción”.

Por último, veremos que el autor del libro de Crónicas sintetiza las palabras de Yaakov en lo referente a la conducción de las tribus de Israel con estas palabras:

“Y los hijos de Reuvén primogénito de Israel; ya que él era el primogénito. Empero al profanar el lecho de su padre le fue dada la primogenitura a los hijos de Yosef, hijos de Israel…”
(1 Crónicas 5:1)

El rabí Itzjak Aramáh entiende que en el versículo 1 de capítulo 49 se revela que la intención de Yaakov había sido develar el fin de los tiempos pero como “la profecía se apartó de Yaakov” él les hablará de otras cosas y por ello retorna y dice:

¡Congregaos y escuchad…!

“…y escuchad a Israel, vuestro padre.” Este fue un lugar de madurez espiritual, dándose cuenta de lo que tanto el Eterno lo hizo (Israel) y tenía que luchar contra (Jacob). Más tarde la Torah les pedirá la fe en el Eterno casi con las mismas palabras: “Shemah Israel” (— “Escucha Israel“).

Si bien esto es un paralelo estilístico frecuente en la poesía bíblica, Abarbanel descubre alguna insinuación cuando dice: “Escuchad a Yaakov porque es vuestro padre y porque es Israel, el que ha contendido ante Elohim y con los hombres.”

Es muy interesante notar como Yaakov habla en tercera persona (él cambiará a primera persona en el versículo siguiente cuando se dirige individualmente a un hijo). El patriarca se refiere a sí mismo como Yaakov y como tu padre Israel, y aparece como el sabio padre de Proverbios que aconseja a sus hijos a escuchar su instrucción:

“Escuchad, hijos, la instrucción de un padre, Y estad atentos para adquirir entendimiento, y no os apartéis de los dichos de mi boca: porque los que guardan mis caminos son bienaventurados.”
(Proverbios 4:1; 5:7b y 8:32b).

Abarbanel, considerando esta frase (… “congregaos y escuchad“) explica lo siguiente:

“También al decir congregaos, él está insinuando que ningún hijo quedará excluido de las bendiciones que él les otorgará, cosa que no ocurrió ni con los hijos de Abraham ni con los hijos de Itzjak, donde hubo exclusiones.”

En conclusión, y considerando todo lo que hasta aquí hemos hablado, en ese momento, previo a su muerte física, Yaakov llegó a entender proféticamente que el proceso de selección mesiánica ya había terminado. Yahvéh, nuestro Dios, no iba a elegir a uno de sus hijos y rechazar a otros. Por el contrario, a partir de ese momento, y por medio de esta bendición, todos iban a formar parte de la nación que el Eterno estaba formando para traer bendición a todas las familias de la Tierra, tal como lo había prometido a Avraham e Itzjak (Gen. 12:1-3; Gen. 26:3-4).

Yahvéh había reiterado las bendiciones de Avraham a Yaakov (Génesis 28:10-15) diciendo que los descendientes de Yaakov serían tan numerosos como “el polvo de la tierra” y ellos se esparcirían finalmente hasta las cuatro esquinas del mundo desde la región de la Tierra Prometida. Por esta razón, el nombre de Yakoov fue cambiado más tarde a “Israel” (Génesis 32:28), y él tuvo 12 hijos que llegaron a ser las “12 tribus de Israel”.

En las bendiciones registradas en Génesis 49, vemos que Israel dio profecías para cada una de las tribus designadas con los nombres de sus 12 hijos. Los 12 hijos de Israel son (en español): Rubén, Simeón, Leví, Judá, Zabulón, Isacar, Dan, Gad, Aser, Neftalí, José y Benjamín.

La tribu más reconocida por los lectores modernos es Judá. Los descendientes de Judá han sido llamados por mucho tiempo “judíos”. No obstante, Judá es tan sólo uno de los hijos de Israel. La gran mayoría de los descendientes de Israel vinieron de los otros hijos que no fueron llamados judíos. A estos se los debe llamar con el genérico de israelitas.

En el relato de la Historia Universal podemos notar, mediante muchas evidencias científicas, que las 12 tribus de Israel finalmente se convirtieron en grandes naciones e imperios tal como Yahvéh lo había predicho. Identificar estas naciones en la actualidad nos ayuda a entender lo que ocurrirá antes del regreso del Mesías.

Muchas son las personas que piensan erróneamente que, desde el establecimiento de la “Iglesia del Nuevo Testamento”, las identidades de estos pueblos ya no tienen ningún propósito. Ellos creen lo que sus líderes religiosos les enseñan mediante los dogmas de la dibólica “Teología del Reemplazo”.
Sin embargo, la verdad de todo es que Yahvéh tiene muchos planes más para las personas que han descendido de las 12 tribus de Israel después de que el Mesías regrese. Para mayo información les invito a continuar su investigación a través de lo diferentes artículos que en este Blog proclaman la pura Verdad de la Historia de la Salvación.

Jacob y el “Fin de los Tiempos”

Por P.A. David Nesher

Vayikra Ya’akov el-banav vayomer he’asefu ve’agidah lajem et asher-yikra etjem be’ajarit hayamim.

“Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Reuníos, y os anunciaré lo que os acontecerá en los días postreros.”
(Bereshit/Génesis 49:1) 

En la aliyáh (ascensión) de hoy estudiaremos un capítulo muy interesante, porque la acción transcurre junto al lecho de muerte del anciano Yaakov, nuestro padre (avinu). Como recordarán, en el capítulo anterior lo vimos ya postrado por la enfermedad y consideramos el momento en que cobró fuerzas, se sentó en la cama y bendijo a los dos hijos mayores de José (Yoséf).

El exégeta Abarbanel, refiriéndote al contexto de todo este relato, comenta lo siguiente:
Después de concluir con la bendición a los hijos de Yosef, en un ambiente de cercanía e intimidad, llama al resto de sus hijos y les bendice también, para no fomentar en ellos, celos o envidias..

Así y en este tramo de nuestra peregrinación de fe por las aliyot (ascensiones) de la parasháh Vayejí,  llegamos a una expresión importante. Encontramos que hay ciertas expresiones que las Sagradas Escrituras usan una y otra vez. Una de esas expresiones es “los últimos días“. 

La expresión hebrea ajarit-hayamim, en verdad debe traducirse literalmente como “al final de los días“. Esta frase merece ser explicada en su debido contexto, ya que cuando aparece en los libros proféticos hace referencia a Lemot HaMashíaj (traducido como “los días del Mesías”). Por ejemplo, en el rollo de Yeshayah (Isaías) cap. 2 vers. 2 y en el profeta Yejezkel (Ezequiel) cap. 38 vers. 16. Por eso, el Rambán interpreta que este pasuk (versículo 1)  relata a Yaakov haciendo referencia a la llegada de Mashiaj. El sabio Onkelos en el Targurn traduce ajarit-hayamim como “en el final de los días”.

Por causa de este matiz profético debemos entender que Yaakov dará mucho más que una bendición patriarcal estándar. Más bien, será una profecía que prefigurará el desarrollo de las doce tribus de Israel y los ambientes en los que vivirán cuando se instalen en la tierra de Canaán. Desde esta bendición Moshé continuará trazando la historia profética de Israel al enumerar el futuro de las doce tribus en el capítulo 33 del Sefer Devarim (Libro de Deuteronomio).

Nos encontramos aquí con la primera profecía conscientemente hablada por el hombre en las Sagradas Escrituras. Había muchas profecías anunciadas por el Eterno como es el caso del Proto-Evangelio (donde está anunciada la promesa del triunfo de la simiente de la mujer en Génesis 3:15), y otras profecías veladas por los hombres, pero esta es la primera profecía proveniente de boca humana conocida en la Tanak.

Yaakov avinu entonces está hablando de los últimos días de la nación de Israel y de lo que sucederá a sus doce hijos y a las doce tribus que vendrán de ellos, hasta que se manifieste el Mesías (o el Cristo), el propósito eterno de Dios para los hombres.

El sabio intérprete Rabí Itshak Arama entiende que, el propósito de Yaakov avinu al pronunciar las palabras de esta bendición fue el de hablarles del «fin de los tiempos», interpretado en la cosmovisión hebrea como “el fin de todos los exilios“. Por eso, las tradiciones interpretativas judías dicen que Yaakov estaba a punto de bendecir a sus hijos dispuesto a decirles en detalles el “gran secreto sobre el fin del tiempo”. Pero en ese momento, la gloria de Dios (la Shekináh), la Profecía de lo Alto (Apoc. 19:10), lo visitó y se fue rápido de él porque no era adecuado hacerlo en ese instante. 

La Shekinah se apartó de Yaakov porque él quería revelar a sus hijos cómo y cuándo llegaría el Mashiaj, otorgándole minuciosamente los detalles de su venida. Él poseía todo el conocimiento del gran misterio de los siglos, pero no estaba en la Intención de Yahvéh darlas a conocer aún, por lo tanto Yaakov no podía decirle a sus hijos nada detallado. Con ansias, los hijos esperaban tal revelación, pero en un inesperado giro, Yaakov calla estos asuntos y les empieza a recitar bendiciones con una escatología encriptada. Sin embargo, en las pautas del libro «Birkat Yaakov» (“Bendiciones de Yaakov“), se encontrarán mensajes proféticos que habrán de revelar el futuro de cada tribu, algunas serán cumplidas hasta el momento de la aparición del Mashiaj.

El sabio Rashí interpreta, basado en el Talmud, que Yaakov quiso revelarles el final de los tiempos, pero en ese momento el Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo) se retiró de él, y comenzó a decir otras cosas.

Leyendo la Midrash [Etz Yosef] encontré la siguiente enseñanza:

Yaakov quiso revelar a sus hijos el momento de la llegada del Mesías. Supo que se mantendrían fieles a HaShem aun cuando supieran que el tiempo de la redención fuera lejano. Sin embargo, el Todopoderoso decidió que la fecha de la redención debía mantenerse en secreto de los hijos de Yaakov a causa de las generaciones futuras que no serían tan grandiosas como los hijos de Yaakov. Las generaciones futuras desesperarían en el exilio si supieran que el momento destinado estuviera tan lejano.”

Muchos hablan del hecho de que ciertas profecías concernientes a la nación de Israel se han cumplido, eso es verdad. Pero podemos reducir aún más, dividiendo a Israel en doce partes y reconociendo que el Eterno ha tenido algo que decir acerca de cada hijo y tribu. No sólo se han cumplido Sus profecías acerca de la nación, sino que también se han cumplido las profecías concernientes a cada tribu. Eso es lo que lo hace más sorprendente.

Lo cierto de todo esto es que la bendición de Yaakov no consistía en desear buenas cosas para los hijos. De aquí aprendemos que la bendición, según la cosmovisión hebrea, no está basada en pronunciar “buenos deseos”, sino en hacer una apreciación profética. Para ello, el padre que bendice se fundamenta en la apreciación del carácter de cada hijo, según lo discierne con sus ojos espirituales.

En otras palabras, en la cosmovisión celestial la “bendición paterna” son palabras proféticas que reflejan lo que el padre ha aprendido a convivir supervisando con ojos espirituales a sus hijos, y visualizando así qué clase de generaciones crearán ellos desde sus lomos.

Por eso, lo curioso de la bendición final de Yaakov es que sus palabras no sólo iban dirigidas a sus hijos, sino que estaban proyectadas también a su descendencia después de ellos hasta el final de la Historia de la Salvación.

En el capítulo que tenemos ante nosotros veremos las profecías de lo que sucederá en cada tribu en los últimos días. Mientras que algunas de ellas ya se han cumplido, la mayoría de ellas esperan un cumplimiento escatológico final. Pero como el desarrollo de estas bendiciones demanda un buen espacio, los invito a ir a la siguiente bitácora.