Israel

El Sexualidad Mesiánica frente al Sexo Reptiliano

Por P.A. David Nesher

 

 

 

«No haréis según la práctica de la tierra de Egipto donde morasteis; ni obraréis conforme al uso de la tierra de Canaán, adonde Yo os llevo, ni actuaréis según sus costumbres. Cumpliréis con mis juicios y mis estatutos guardaréis, siguiéndolos; Yo soy el Eterno, vuestro Dios.» 

(Levítico 18:3-4)

En el capítulo anterior hemos estudiado cómo la Torah legisla leyes y promulga mandatos cuya finalidad última era desarraigar las normas y costumbres paganas, en las cuales la humanidad en general, e Israel en particular, estaban inmersos. Pero en este capítulo 18 de Vayikrá (Levítico), la Torah enfrentará a los hebreos con leyes claras y pertinentes todo lo referente a la sexualidad del hombre y de la mujer. Leyes para salvaguardar la moral social e individual, presentadas en un estilo parenético, con la fórmula estereotipada y enfática «Yo Yahvéh» («Yo Soy el Eterno«). Con esta afirmación, el Eterno establecerá una clara separación entre Israel y el resto de las naciones, al declarar este principio: “Me pertenecen, no harán como el mundo hace.”

Este texto muestra que los hijos de Israel han sido llamados a ser diferentes a los demás pueblos del mundo, especialmente cuando los pueblos son tan inmorales como los egipcios y los cananeos.  Los persas, por ejemplo, animaban a los varones a realizar uniones maritales con madres, hijas y hermanas, en base de que dichas relaciones tenían un mérito especial delante de los ojos de los dioses.

Israel está sujeta a una vocación que proviene del Mundo de Arriba. Cada miembro de Israel debía ver en estos paradigmas jurídicos las bases de una cultura verdaderamente humana, que los comprometía a ver en estas leyes una obligación moral estrechamente relacionada con la Alianza de Yahvéh que hacía de ellos un pueblo santo diferente de los demás.

Los hebreos hemos sido llamados a comer de una manera integral y diferente, vestir con estilos diferentes, hablar claramente diferenciados, etc. ¿Podemos entonces mirar las prácticas de los demás pueblos y hacer lo contrario? ¿Es eso lo que Yahvéh quiere enseñarnos con esta palabra? Hasta cierto punto esto está bien, pero si vamos a dejar que las prácticas de los paganos determinen nuestra conducta, es posible que dejemos de hacer algo que Yahvéh aprueba e incluso manda. ¡No vamos a dejar de hacer algo bueno sólo porque los demás lo hacen!

Por lo tanto, sigue el versículo 4 diciendo: “…habréis de cumplir MIS estatutos y guardar MIS leyes para andar en ellos.” Dejando así bien claro que no son los paganos los que determinan nuestra conducta, sino la Torah de Yahvéh. En el camino de restauración hay muchos ex cristianos que rechazan todas las cosas que hacen los cristianos. Pero sólo por el hecho de que se hagan ciertas cosas en el mundo cristiano no es una razón suficientemente fuerte para rechazarlo. Por ejemplo, no podemos dejar de leer las Escrituras porque los satanistas las estén leyendo. Esa actitud no es sana y al final llevará a la persona a desviarse del camino recto.

Cuando Dios creó el mundo, bendijo al varón y a la mujer con la capacidad de procrearse y perpetuar su simiente en esta, nuestra Tierra (Génesis 1:28). Sin embargo, cuando la primera humanidad escuchó la enseñanza de la serpiente, le entregó a esta la potestad de manipular la sexualidad como un instrumento de degradación, que conduzca a la humanidad al caos.

Por ello, más adelante la Torah reflejará la ira divina desatada por la actitud perversa asumida por los, «Bené Elohím» («בני אלהים») , aquellos ángeles que violaron su naturaleza, y se unieron por medio de pactos chamánicos con las hijas de Caín, violando así las más mínimas normas de moral sexual, como leemos en los versículos siguientes:

«Vieron los Bené Elohim a las hijas del hombre que eran bellas y tomaron mujeres para ellos, de todas las que preferían. Dijo Yahvéh: ¡No contenderá eternamente Mi Espíritu por causa del hombre porque es carne! Serán sus días, ciento veinte años». (Génesis 6: 2-3)

El sabio exégeta judío Rambán ha entendido que en los códigos del versículo 2 estamos frente a un caso de perversión sexual donde: «…los hombres, emulando la conducta de ángeles caídos, tomaban a las mujeres en contra de la voluntad de las mismas, amén de posesionarse de mujeres desposadas«. Así, esta perversión sexual irá en aumento hasta que el Eterno traiga el Diluvio sobre la humanidad.

Por eso, en el capítulo 18 de Levítico, la Instrucción (Torah) divina prevendrá a los hebreos, explicándoles por qué los liberó de los riesgos y peligros que involucraba permanecer en la tierra de Egipto. Este imperio, a pesar de ser una nación que había llegado a la cumbre de la civilización, logrando picos en la ciencia y en las artes, habían permitido en su seno el desarrollo de perversiones y aberraciones, en lo que a la sexualidad se refiere, que lo había conducido a alcanzar lo 40 grados de degradación moral a los que puede llegar la humanidad (ya en el grado 50 no hay manera de regresar al diseño original). A tal punto era esta degradación moral que la Torah,  llama Hukót HaTohebot (normas aberrantes) a todos los paradigmas que regían las costumbre egipcias en el área de los sexual.

Lo mismo ocurría en la tierra de Quenahan (Canaán), que el pueblo de Israel se aprestaba a conquistar. El Eterno les revela con estas leyes que ellos corren el peligro de conquistar la tierra, pero a la vez, «ser conquistado» por las costumbres y normas aberrantes de los pueblos que la habitaban. Cosa que en realidad ocurrió (Véase el libro de Jueces 2:11 y subsiguientes).

Entendamos que la misma religión que estos pueblos practicaban, rindiendo culto a dioses de la fecundidad, pretendía santificar los actos sexuales desordenados, fomentando así la inmoralidad entre sus adeptos y seguidores.

Así nuestro capítulo Levítico 18 enunciará todas las uniones prohibidas entre hombre y mujer, ya sea por consanguinidad, o por la perversión que pueden generar las mismas. Por lo tanto, la existencia misma del pueblo de Israel dependerá de la capacidad que demuestre para cortar en forma clara y nítida con un pasado atentatorio contra la idea del ser humano creado por Dios para desarrollarse en nombre de Él, y lograr su bienestar rechazando perversiones y aberraciones. Para ello será necesario constituir una familia sana, que es el núcleo básico de toda sociedad.
En cuanto al futuro del pueblo, dependerá de su capacidad, de desarrollarse de acuerdo con las normas de la Torah.

Los israelitas debían mantenerse puros y apartados para Yahvéh. Él no quería que su pueblo fuera absorbido por la cultura y/o el ambiente que los rodeaba: «… ni actuaréis según sus costumbres«, les ordenó. El término «costumbres«, por supuesto, hace alusión a las perversiones sexuales vigentes en esos pueblos, y que la Torah enuncia en nuestro capítulo.

A nosotros, de igual manera, la sociedad occidental post-moderna puede presionarnos a que nos conformemos a su manera de vivir y de pensar. Sin embargo, si cediéramos ante la presión nos confundiríamos, y no sabríamos a cuál grupo pertenecemos. Además perderíamos nuestra efectividad para servir a Dios, que es al fin y al cabo nuestra vocación esencial.

Tristemente, aquellos que se llaman hoy en día cristianos a menudo toman el estándar de su conducta sexual de parte de los estándares que marca el sistema de cosas imperante, rechazando la Instrucción del Señor. Claramente ellos saben que debieran de ser diferente del mundo en su moralidad sexual, y deberían de seguir el estándar bíblico para la conducta sexual trazada por el Creador. Es paradójico, en las congregaciones primigenias, a cuyos miembros se los señalaba burlonamente como cristianos, un argumento que ellos daba para mostrar la veracidad del Evangelio del Reino era: “Pueden saber que esto es Verdad absoluta al ver a nuestras vidas, especialmente en la conducta sexual.” Hoy, ese mundillo que dice vivir como aquellos, autodenominándose  cristianos dice: “No me mires a mí, mira a Jesús.”

Por eso, es mejor que tú, que has salido de la Gran Babilonia (el cristianismo) obedezcas al Eterno y no permitas que la cultura de este sistema reptiliano afecte tus pensamientos, habla y acciones.


Bitácoras relaciones y recomendadas:

¡Evita hacer lo que ellos hacen!

https://davidnesher.com.ar/herramientas-cosmicas-para-prolongar-la-vida/

Cuando la Tierra vomita al Pecador…

Por P.A. David Nesher

 

 

«Guardad, por tanto, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y cumplidlos, a fin de que no os vomite la tierra a la cual os llevo para morar en ella…
No se hagan inmundos por ninguna de estas cosas; porque todas las naciones que Yo estoy echando delante de ustedes están profanadas con ellas. La tierra se ha vuelto inmunda, y por eso es que Yo la estoy castigando. La tierra misma vomitará a sus habitantes
Si ustedes hacen a la tierra inmunda, los vomitará a ustedes también, así como está vomitando a la nación que estaba allí antes que ustedes.»

(Levítico/Vayikrá 20:22, 24-25, 28)

 

Desde la cosmovisión celestial que la Instrucción (Torah) divina revela, es evidente que cuando el ser humano obedece los mandamientos que recibió del Creador  refleja el carácter mesiánico del Eterno, permitiendo que su entorno se vea afectado positivamente por poderes cósmicos que producen una armonía total, que promueve a la plenitud total, y elimina el caos. La naturaleza toda se ve beneficiada por esta correcta actitud. Las aves se encuentran bien, la población marina disfruta de lo pleno, el mundo vegetal reluce y se multiplica en energía beneficiosa para el ecosistema. El estilo de vida del hombre mesiánico afecta incluso las nubes en el cielo, los rayos del sol, la velocidad de la luna y el magnetismo de la tierra. Toda la creación depende de si el ser humano obedece los mandamientos del Señor, o se rebela contra ellos. Cabe recordar que ya, en los albores de la historia de la humanidad, Adán había sido expulsado del huerto del Edén por haber de alguna manera . . mancillado el lugar al transgredir el mandato divino.

El concepto «mancillar la tierra» es usado por las Sagradas Escrituras en cuatro ocasiones, a saber:

  1. la idolatría,
  2. las relaciones incestuosas,
  3. el derramamiento de sangre y
  4. hacer pernoctar el cadáver de un ajusticiado (sin darle sepultura).

De acuerdo con este texto, resulta que el concepto «Tumáh» (impureza) aquí utilizado no hace referencia a algún concepto ritual, sino que más bien se refiere a tres de las más graves transgresiones que el hombre puede cometer.

Los cananeos que en ese entonces vivían en la Tierra Prometida estaban envueltos profundamente en todos estos tipos de cosas inmorales y ocultas. Esta es la razón por la que fueron expulsados de la tierra de Israel. El Eterno mismo determinó utilizar a Israel para juzgarlos y echarlos fuera.

Por eso, Yahvéh le pidió a Israel que le obedeciera, para que el mismo destino no cayera a ellos y sus descendientes.

La tierra de Israel está separada por el Eterno para un propósito específico. Los que moran allí está obligados a obedecer más que todos los hombres de la faz de la tierra. Así como el estómago, cuando está colmado de alimentos que no quiere, los rechaza vomitándolos, la tierra de Israel expulsa a los habitantes que no tienen normas de conducta dignas del ser humano. Es por eso que la Toráh empleó el término «vomitar» en este caso. Como es la tierra del Eterno el pecado contra Él y Su Instrucción trae consecuencias mucho más graves en relación con la tierra. La tierra de Israel podrá vomitar a sus habitantes si no obedecen los mandamientos del Eterno.

La Torah quiere indicar que si el pueblo de Israel incurre en estas graves transgresiones será pasible, no solamente de la pena de expulsión de la tierra («… para que no os vomite la tierra«), sino que será pasible también de la pena de «caret» (vida truncada) De lo que resulta que el pueblo de Israel tiene una responsabilidad colectiva por sus acciones frente a Yahvéh, pero el individuo de Israel asume también una responsabilidad personal por sus acciones frente al Eterno. Y es lo que leemos: » … serán truncadas las almas … » (versículo 29).

En la cosmovisión divina, eecar en Israel es mucho peor que pecar en España. Pecar en Jerusalén es mucho peor que pecar en Eilat. Los profetas muestran que cuando el pecado de Yerushalayim (Jerusalén) llegue a cierta medida todo el pueblo tendrá que ir al destierro.

Por eso, cuando la nación estaba divida en dos Reino, el Eterno envió profetas, como Oseas para advertirles:

“Escuchad la palabra de Yahvéh, hijos de Israel, porque Yahvéh tiene querella contra los habitantes de la tierra, pues no hay fidelidad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Sólo hay perjurio, mentira, asesinato, robo y adulterio. Emplean la violencia, y homicidios tras homicidios se suceden. Por eso la tierra está de luto, y languidece todo morador en ella junto con las bestias del campo y las aves del cielo; aun los peces del mar desaparecen.”

(Oseas 4:1-3)

Desafortunadamente la obediencia no se mantuvo firme por mucho tiempo. Los hebreos de los dos reinos (Israel, al norte, y Judá, al sur) se desviaron tras los pecados de las naciones, tal como lo relata el salterio: «… sino que se mezclaron con las naciones (goyim) y aprendieron a seguir sus costumbres.» (Salmo 106: 35). Así pues, eventualmente la tierra echó a Israel fuera, resultando en el exilio tanto de la nación del norte (Israel), como de la nación del sur, Judá.

No fue el pecado de los babilonios y los romanos que causaron la destrucción de los dos templos. Fue el Eterno que les dio poder para hacerlo porque los pecadores de Sión no se arrepintieron. No es el pecado de los musulmanes que hace que hay guerras en Israel hayan causado millares de muertos y causarán cientos de miles de muertos en los enfrentamientos futuros. Es el Santo de Israel que cumple sus amenazas cuando su pueblo no cumple Sus mandamientos.

El apóstol Pablo, trabajando estos códigos de Luz Infinita con los discípulos de las primera comunidades mesiánicas, insistía en este consejo:

«Nadie los engañe con palabras huecas; pues es por estas cosas que el juicio de Dios cae sobre los que le desobedecen.

¡Así que no sean copartícipes con ellos!

Pues ustedes estaban en tinieblas; pero ahora están unidos con el Señor, son luz, vivan como hijos de luz, pues el fruto de la luz es todo tipo de bondad, justicia y verdad; traten de determinar lo que le agrada al Señor.»

(Efesios 5: 6-10)

No hay dudad alguna, la obediencia trae paz y vida. La desobediencia trae guerras y muerte.

Nosotros escogemos. Así pues, de acuerdo a nuestra elección, la Tierra que habitamos nos recepciona, o nos excluye.

 

Sorprendente Discurso del Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu

 

«Sólo hace 70 años los judíos fueron llevados al matadero como ovejas.

Hace 60 años no teníamos país ni ejército.

Apenas unas horas después de su creación, siete países árabes declararon la guerra a nuestro pequeño Estado judío.

Éramos sólo 650 judíos contra el resto del mundo árabe, sin ningún Ejército de Defensa de Israel (FDI).

Ninguna fuerza aérea poderosa, sólo personas valientes.

Líbano, Siria, Irak, Jordania, Egipto, Libia, Arabia Saudita, todos nos atacaron al mismo tiempo.

El país que las Naciones Unidas nos dio fue 65% desierto. El país estaba en la nada!

Hace 35 años hemos luchado contra los tres ejércitos más poderosos en el Oriente Medio, y nosotros los barrimos, sí… en seis días.

Hemos luchado en contra de diversas coaliciones de países árabes, que tenían ejércitos modernos y muchas armas soviéticas, y siempre los hemos derrotado!

Hoy tenemos:
*Un país
*Un ejército
*Una potente fuerza aérea
*Un Estado cuya economía exporta millones de dólares
*Intel – Microsoft – IBM desarrolla productos para todo el mundo.
*Nuestros médicos reciben premios por investigación médica.
*Tenemos numerosos premios Nobel en todas las áreas.

Hemos hecho florecer el desierto, vendemos naranjas, flores y vegetales a todo el mundo.

¡Israel ha enviado sus propios satélites al espacio! ¡Tres satélites al mismo tiempo!

Nos sentimos bienaventurados por  estar en el mismo rango que los Estados Unidos, que tiene 250 millones de habitantes; Rusia, que tiene 200 millones de habitantes; China que tiene 1.300 millones de habitantes; Europa (Francia, Gran Bretaña, Alemania), con 350 millones de habitantes. Esos son los únicos países en el mundo que envían objetos al espacio. Israel es ahora parte de la familia de las potencias nucleares, con Estados Unidos, Rusia, China, India, Francia y Gran Bretaña.

Nunca lo hemos admitido oficialmente, (pero todo el mundo lo sabe): ¡sólo hace 60 años, nos llevaron, avergonzados y desesperados al sacrificio!

Tenemos recientes las ruinas humeantes de Europa y ganamos nuestras guerras aquí con menos que nada. Hemos construido nuestro pequeño «Imperio» de la nada.

¿Quién es Hamas para querer asustarnos, para amedrentarnos? ¡Ustedes nos hacen reír!

La Pascua se celebró; no olvidemos de qué se trata. 

Hemos sobrevivido al Faraón.
Sobrevivimos a los griegos.
Hemos sobrevivido a los romanos.
Hemos sobrevivido a la inquisición de España y a los pogroms en Rusia.
Hemos sobrevivido a Hitler.
Hemos sobrevivido a los alemanes.
Hemos sobrevivido al Holocausto.
Hemos sobrevivido a los ejércitos de siete países árabes.
Hemos sobrevivido a Saddam.
Seguiremos sobreviviendo también a los enemigos de hoy.

¡Piense en cualquier otro momento de la historia humana! ¡Pensar en ello, para nosotros, el pueblo judío, la situación nunca ha sido mejor! ¡Vamos a afrontar el mundo!

Recordemos: ¡todas las naciones o culturas que alguna vez trataron de destruirnos, hoy ya no existen y todavía vivimos!

¿Egipto?
¿Los griegos? ¿Alejandro de Macedonia?
¿Los romanos? ¿Alguien habla latín en estos días? 

¿Y el Tercer Reich?

Y mírennos:
La Nación de la Biblia, los esclavos de Egipto, todavía estamos aquí.

¡Y hablamos el mismo idioma! ¡Antes y ahora! ¡Los árabes no lo saben todavía, pero aprenderán que hay un Dios! ….¡mientras mantengamos nuestra identidad, estaremos por siempre!

Así que les pedimos perdón por no preocuparnos.
Por no llorar.
Por no tener miedo.
Las cosas están bien aquí.
Podrían ser ciertamente mejor.

Sin embargo: no crean en los medios de comunicación, ya que no dicen que las fiestas siguen teniendo lugar, la gente sigue viviendo, la gente sigue saliendo, la gente sale para ver a sus amigos.

Sí, nuestra moral es baja. ¿Por qué? Sólo porque lloramos a nuestros muertos, mientras que otros se regocijan en la sangre derramada. Es por eso que vamos a ganar al final.

Él nunca duerme o nunca dormirá… el guardián de Israel…YHVH, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.»

 

La Curación del «Mal Hablado» (Leproso)

Por P.A. David Nesher

 

”Esta será la ley tocante al leproso, en el día de su purificación, cuando será llevado al sacerdote;”

(«Zot tihyeh torat hametsora beyom tahorato vehuva el-hakohen«.)

(Levítico/Vayikrá 14:2)    

 

En la parashá anterior (Tazría), la Torah nos había relatado minuciosamente las distintas afecciones y erupciones cutáneas, y el consiguiente aislamiento de la persona afectada.

Insistiré aquí en un importante detalle, el kohén (sacerdote) en modo alguno era médico, ni usaba prácticas médicas en su diario ministrar. Él sólo se limitaba a declarar impuro al afectado y hacerlo recluir, o declararlo puro y devolverlo a su sociedad y a su familia.

Ahora, la parashá que iniciamos hoy (Metzorá), se enfoca en mostrar por qué el pecado de Lashón HaRá (lengua perversa) era la causal única y principal de adquirir “lepra” (Tzaarat).

En primer lugar, les mencionará que algunos exégetas (intérpretes), basándose en el sentido literal de las palabras » en el día de su purificación» (léase: cuando el afectado ha sanado), insiste en que nadie cura al enfermo (en este caso el leproso) sino su propia decisión de curarse. Esto se lograba ya que, en su período de reclusión, el enfermo debía pensar, meditar y decidir un cambio de rumbo en sus actitudes esenciales hacia la vida, y por consiguiente, modificaba su comportamiento. Si eso ocurría, el metzorá (“leproso”) sanaba.

Por eso la Torah habla del «hish hamítaher«, que se debería traducir “el hombre que se está autopurificando”, y que está decidiendo ser otra vez el ser humano que tiene lugar en la sociedad.

Cuando leemos nuestro capítulo en lectura simple, tenemos la sensación de encontramos frente a un texto casi intrascendente, que está usando un lenguaje que nos parece poco elocuente para nuestra generación. Es por eso por lo que se debe entender la Torah, no solamente en su sentido literal, sino también en sus parábolas y alegorías. Este capítulo necesariamente debe ser entendido captando el lenguaje simbólico usado por el mismo. Es decir, que habrá de usar el sistema exegético llamado » Parshanút HaRémez», es decir, la interpretación alegórica. De este modo, veremos que los elementos intervinientes en la purificación del leproso que permitían su reincorporación a la sociedad están llenos de códigos celestiales que permiten conocer el obra de la Gracia divina a favor del ser humano. Dichos elementos o herramientas cósmicas son los siguientes:

  • ✔ madera de cedro,
  • ✔ hisopo,
  • ✔ dos pájaros puros, vivos,
  • ✔ púrpura escarlata y
  • ✔ aguas surgentes.

Esta ceremonia de purificación se realizaba de la siguiente manera: un ave era sacrificada en un recipiente de barro sobre agua que fluye. Su sangre era aplicada sobre el ave viva, a algo de madera de cedro, a algo de tela escarlata, y a algo de hisopo. Luego, usando estas cosas, la sangre era rociada en aquel que había sido limpiado de la lepra. Finalmente, el ave viva se dejaba en libertad.

Ahora veamos las analogías de estos instrumentos cósmicos, a fin de entender la codificación de Luz Infinita escondida en esta terapia celestial:

El cedro, cuando es usado simbólicamente representa la fuerza metal y corporal del hombre, y por lo tanto, la soberbia que desde ellos se desarrolla. Es innecesario citar los múltiples textos que hablan de los cedros del Líbano en este sentido.

Mientras que el «ezob» («אזב «) que aquí se traduce como «hisopo«, pero que quiere decir también «musgo que crece entre las piedras y en las paredes», representa, en el mundo de los símbolos, el punto más bajo en la escala social; o sea, a la persona carente de fuerza material, y por supuesto no afectada por el orgullo ni la soberbia. Es la humildad que puede alcanzar el alma contrita.

Por lo tanto, el «metzorah» (“leproso”) que había sido afectado en la misma piel de su cuerpo por incurrir en calumnia, soberbia, maledicencia…, para curarse debía quebrar su rigidez en pedazos, y pensar en «la modestia del hisopo o del musgo que crece en las paredes«. Entonces, el metzorah se obligaba a pensar que él, en esta vida, es sólo un trocito de madera de cedro, y no el cedro mismo. Influenciado por estas ideas, el rey David, cuando invoca a Yahvéh por su purificación, dice: «Rocíame con hisopo y quedaré purificado» (Salmos 51:9).

La púrpura escarlata simboliza, por su color, la perfidia (o deslealtad) y la mala conducta, mientras que las aguas surgentes (aguas vivas) representan la vida continua, natural y las nuevas ideas vivificantes que deben surgir de nuestra mente para curar «nuestra piel» de nuestras afecciones «cutáneas». Pero para que ello ocurra, es decir, para que encontremos esas fuentes benefactoras de aguas surgentes, habrá que «soltar el pájaro vivo para que vuele en el campo abierto». En pocas palabras tenemos que deshacemos definitivamente de nuestros hábitos corruptos, producto de nuestra mente y «nuestra lengua».

Por eso, los dos pájaros representan, la palabra irresponsable e irrestricta. Esto es porque los pájaros trinan constantemente, y este hombre fue afectado por la lepra por hablar constante e indiscriminadamente de su sociedad. Por eso, según este autor, los dos pájaros representan los lados positivos y negativos de la palabra. Por eso uno de los dos pájaros tendrá que ser inmolado, queriendo significar que habrá que desarraigar de nosotros la palabra calumniadora y destructiva.

Esta terapia penitencial demandaba grandes esfuerzos. Es que al mismo tiempo que causaba dolor por el hecho de admitir que se había dañado con la lengua, también se debía aceptar que se había incurrido en «derramamiento de sangre» (hebreo: Shefijút Damím), que en el lenguaje hebreo quiere decir también denigrar a nuestro prójimo en público y causar vergüenza u oprobio por medio del Lashón HaRá (Mal Hablar).

Esta última idea estaba representada por la sangre de uno de los pájaros que el kohen había inmolado y con el cual rociaba al pájaro vivo.

Todo lo ocurrido en este rito de purificación ritual es una tipología de la muerte de Yeshúa y su aplicación espiritual sobre nuestras vidas. Un ser “celestial” (así como un ave es “de los cielos”) muere en un recipiente de barro, mientras que permanece limpio (debido al agua que fluye). La muerte del ave está asociada con sangre y agua: la sangre está conectada con la vida (aplicada al ave viva), y luego aplicada a aquel que fue hecho limpio.

Por otro lado, el cedro es extremadamente resistente a la enfermedad y a pudrirse, y estas cualidades pueden ser la razón por la que se incluye aquí – así como una referencia simbólica a la madera de la cruz. Distintos historiadores aseguran que la cruz donde fue crucificado Yeshúa estaba hecha de cedro de acuerdo con la usanza romana.
La conexión con el hisopo es también importante. A Jesús se le ofreció beber de una rama de hisopo en la cruz (Mateo 27:48).

Después de la ceremonia de sacrificio con las aves, el leproso purificado debía de lavar sus prendas y tenía que rasurarse todo el pelo, a fin de quedar como un bebé recién nacido. Así estaba listo para comenzar de nuevo, como si fueran un bebé recién nacido. Así, por medio de este ritual, los hebreos aprendieron el concepto de ser “nacido de nuevo” para poder participar del Reino de Dios.

¡Bendito es el Nombre de Abba nuestro por las maravillas reveladas en Su Instrucción! Elevo mis plegarias para que cada uno de ustedes esté disfrutando de estas ascensiones en la emunah (fe) que hemos recibido al nacer de nuevo en Yeshúa, nuestro Dueño.

Shavuá Tov!

 

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Una Canción de Alabanza en el Desierto

«Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Yahvéh se apareció a todo el pueblo.
Y salió fuego de delante de Yahvéh, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.»

 

(Levítico 9:23-24)

 

En los códigos mismos de los secretos que vibran en las letras de la Instrucción (Torah) divina el “fuego proveniente de los alto” demostró como el Eterno estaba complacido con la obra de sus criaturas en la Tierra.

Cuando Yahvéh creó el mundo, Su Gloria llenaba toda la Tierra, provocando esto una grande, profunda e ilimitada alegría en todas las dimensiones existenciales del planeta.

Los errores de comportamiento la primera humanidad (Adán y Eva) originaron que la gloria divina se alejara de este mundo. Sin embargo, esta dimensionalidad de alegría celestial logró retornar nuevamente a la Tierra, cuando la Presencia divina entregó la Torah en Sinaí, y posteriormente cuando el Eterno ordenó erigir el Santuario (Mishkán) en el desierto.

Es por eso que dice la Torah en referencia a la iniciación del Santuario que el pueblo “vio y entonó una canción de alabanza…” (hebreo original), ya que la alegría había vuelto al mundo con el objeto de restaurarlo a su diseño original para que el Mesías se manifestara y elevara toda la creación a Yahvéh como Padre Eterno.

Con esto aprendemos que la tristeza es la falta del Eterno en el interior de la persona humana, cuando esta no cumple con su propósito y misión. Por eso, debemos aceptar que la función de cada ser humano es atraer la Gloria divina sobre su persona, logrando así el estado de alegría y regocijo permanente.

Energía para la Vida y Pesadez para la Muerte

Por P.A. David Nesher

«Sacrificará el toro ante El Eterno; los hijos de Aarón, los sacerdotes, traerán “la sangre” y la arrojarán sobre el altar… y “las grasas” sobre la leña que está sobre el fuego del altar.»

(Levítico/Vayikrá 1:5)

La mayoría de la gente cristiana de hoy en día tiene dificultad para comprender el concepto de los sacrificios animales. A pesar de eso, debe aceptarse que existió una buena razón para que estos sacrificios abarquen una sección tan grande de la Torah. Por eso vamos a tratar de entender su significado simbólico en algunos de los aspectos requeridos en estos ritos dela Altar divino.

Es interesante saber que  aquel que traía la ofrenda podía degollarla, si deseaba. Pero sólo los sacerdotes podrían ofrecer la sangre sobre el altar. Esto era para que el penitente entendiera que se sacrifica delante de Yahvéh. Así, los sacerdotes podían enseñar que estos sacrificios eran un oráculo de la muerte del Mesías, la cual ocurriría (y ocurrió) delante de Yahvéh.

Vemos que Yahvéh, ordenaba que la sangre fuera arrojada sobre el altar. Este procedimiento lo realizaba sí o sí el sacerdote, quien se ponía al pie del altar, y arrojaba la sangre desde un recipiente hacia la pared del altar debajo de la mitad, hacia sus esquinas. 

Tanto la sangre como la grasa del animal debían ser arrojadas sobre el Altar.

Uno de los significados espirituales de “la sangre” en la Torah, es que guarda relación con la vitalidad, la velocidad y la energía motora del alma. Y “la grasa”, por el contrario, se relaciona con la pesadez, la pasividad y la inacción mental y emocional.

Según la cosmovisión divina, estos dos elementos deben ser ofrendados a Yahvéh con el fin de permitir la manifestación justa de Su proceso santificador en nuestras vidas. Por un lado el redimido tiene que ser incondicionalmente enérgico al momento de cumplir una ordenanza divina, y a la vez tiene que ser lento y pesado en el momento de ser tentado a cometer un pecado. Es decir que un hijo primogénito de Yahvéh debe ser entusiasta acerca de hacer lo mandado por Él para manifestar un acto de bondad. Por otro lado, cada hijo primogénito debe ser “flojo” y desistir de hacer lo impropio en su vida y entorno.

Sabemos que la Torah contiene 248 mandamientos positivos, y 365 mandamientos negativos. Pues bien, cada israelita, al ofrendar, activaba en su mente y corazón la certeza de que para la ejecución de un mandamiento positivo, uno debe actuar con rapidez y entusiasmo. Cuando una persona es tentada en aquello que Yahvéh lo prohíbe, transgrede un comando de la Torah, puede evitarla siendo “flojo” e inactivo.

Alguien que comete una transgresión aparentemente ha confundido sus prioridades. En el caso de los mandamientos positivos que descuidó, era perezoso, y en el caso del negativo que violó, actuó con vigor. Colocar la sangre y la grasa en el altar actúa como un recordatorio del propósito de cada rasgo y de lo que cada cosa sea usada según la voluntad de HaShem.

La sangre fue rociada en dos esquinas del altar, la noreste y la suroeste. Así la sangre fue rociada en los cuatro lados del altar por medio de dos rociamientos. Estos últimos era dos porque representaban el obrar redentor del Eterno a favor del pecador (el número 2 representa pecado, y también alianza); y los cuatro lados señalan a los cuatro puntos cardinales y a la creación toda, aduciendo así que cuando el hombre se pone a cuenta con el Eterno, todo su entorno se beneficia, gracias a las bendiciones que este comienza a irradiar.

Este rociamiento sobre el altar representa el momento cuando Mashiaj murió, disponiendo su vitalidad y energía motora a todos los hombres del mundo que anhelaran cumplir la voluntad del Padre que es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

Herencia para los Hijos

El rabino Meir era un escriba distinguido; de hecho, un escriba fenomenal. Por medio de su duro trabajo, ganaba tres sela a la semana. Un sela lo gastaba en comida y bebida; otro sela lo gastaba en vestimenta, y el tercero lo utilizaba para proveer sustento a los discípulos de los sabios (estudiantes de la Torah).

Enterados de esto, sus discípulos le dijeron:

_»Nuestro maestro, ¿que acontecerá con tus hijos que no tendrán nada para heredar?»

El les contesto:

_ «Si son justos, les acontecerá lo escrito por David- ‘No he visto justo desamparado, ni su descendencia mendigando pan’ (Salmo 37:25). Pero si no [son justos], ¿por que habría de dejar lo mio a los enemigos de aquel que esta en todas partes?»

Claves para Entender el Espíritu del Rollo Vayikrá (Levítico)

Por P.A. David Nesher

 

En los años que llevo sirviendo al alma de muchos santos, he descubierto que la mayoría de ellos, han evitado por mucho tiempo la lectura de este Libro. La razón: ellos aseguran que sus líneas están llenas de cosas algo extrañas para la vida cotidiana de un redimido en estos días. Seguramente, alguno de mis lectores mantiene aún esta posición, por lo que hallo oportuno solicitarles que se detengan unos momentos y consideren lo que en esta bitácora he escrito a fin de romper todo falso paradigma que evite el estudio de un libro tan lleno de códigos lumínicos para la fe.

El título Levítico procede de la versión Septuaginta o De Los Setenta, la antigua traducción griega de la Tanak (mal llamado Antiguo Testamento) que lo tituló «Levitikon» que quiere decir «relativo a los levitas» o «destinado a los levitas«, y que se convirtió en la palabra castellana Levítico.

Como ya se los he enseañado, el patrón para nombrar los libros en la Torah, es con la primera palabra del mismo; en este caso, nuestro libro se llama «Vayikra«, que traducido es «Y llamó«. La palabra «Vayikrá» implica que Yahvéh llamó a Moshé con afecto, así como los ángeles se llaman unos a otros. El Eterno lo llamó y Moshé fue. Así mismo, Yahvéh llama a sus escogidos, con el anhelo, que acudan incondicionalmente a su vocación.

El tema principal de Vayikrá es la Santidad del Eterno:

«Se santo porque yo, Yahvéh tu Dios, soy santo»(19:2)

La palabra santidad (hebreo kedushá) se menciona 152 veces. Mucho más que en cualquier otro libro de las Sagradas Escrituras.

Pero, ¿cómo podría un pueblo con tendencia al pecado acercarse a un Dios santo?

Tengamos en cuenta que no ha pasado un año desde que los israelitas fueron liberados de la esclavitud en Egipto. Convertidos ahora en una nueva nación, se dirigen a la tierra de Canaán. El propósito del Eterno es que una nación santa more allí. Sin embargo, la forma de vida y las costumbres religiosas de los cananeos son muy degradadas. Por eso, el Dios verdadero establece normas para la congregación de Israel que la separarán para Su servicio.

Así pues, el libro nos provee de leyes rituales, sacrificios, expansión de temas y obligaciones éticas de los hijos de Israel, y al final, las bendiciones y maldiciones del pacto entre Israel y Yahvéh. Es decir, el rollo está llenos de una asombrosa codificación que permite a cada hebreo tratar con el yetzer hará o tendencia al mal a fin de tratar con el asunto del pecado (jet) en forma correcta y de ese modo echar fuera de sus vidas al HaSatán y su influencia. Por esta razón, , los primeros capítulos de Vayikrá dan instrucciones detalladas (y por lo tanto llena de códigos lumínicos) acerca de cómo ofrecer los sacrificios, los cuales servían para ser leídos en el Mundo de Arriba como símbolos de arrepentimiento (teshuvá) y obediencia.

 

Desde estos métodos de sacrificios o acercamientos (korbanot) a la Luz Infinita, el Eterno se aseguró presentar a Israel principios generales de la sanidad integral (espiritual, psíquica y física-social) que permiten una conexión correcta con el Mundo de Arriba y el Mundo de Abajo, generando el poder de «anudar» los dos planos existenciales, y lograr así la armonía (Shalom) que evita la manifestación del caos.

Se anuncian así en las líneas de Vayikrá las características y prácticas que llevarán a Israel a vivir el sacerdocio universal de todo creyente y realizar el propósito del Eterno: «Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa» (cf. 1Pedro 2:9). Esto permitirá que todos los seres humanos sean servidos con las enseñanzas de los secretos de la Instrucción (Torah) divina.

Entonces, aceptemos que este libro se escribió principalmente para que el Pueblo de Dios comprendiera plenamente qué significa vivir santamente. Así es como da un bosquejo de las leyes que rigen la vida santa , y da instrucciones al sacerdocio representado por la tribu de Leví, que había sido escogida por su fidelidad incondicional (Ex.32:28).

Entendiendo esto que les he explicado, lograrán que el espíritu de las letras de este rollo los impregne, y de ese modo se contagien de la propuesta que Vayikrá tiene: Celebrar. Así pues podrán vivir cotidianamente el lema que Yahvéh nos dio como ministerio desde que comenzamos: ¡LA VIDA ES UNA FIESTA!

 

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Sefer Vayikrá o el Libro de la Comunicación Eficaz

 

 

Israel y los Gentiles según un judío

“No todo el Israel físico actual es en verdad Israel, ni todos los gentiles son gentiles, porque existen israelitas que son espiritualmente gentiles y existen gentiles que son espiritualmente Israel”.

Israel, aunque es un pueblo cuya herencia es genealógica, en realidad tiene una potencia más alta: su herencia espiritual. 

Por esa razón en el futuro muchos gentiles que se sienten espiritualmente parte de Israel reconocerán dentro de sus almas su calidad energética de ser partes fragmentadas del pueblo de Israel.»

Mario Javier Saba

7 de Marzo del 321: El Día en que el «Sol oscureció al Shabat»

Desde el análisis objetivo de muchos historiadores modernos, el emperador Constantino marcó con sus decisión políticas el tránsito del mundo antiguo al mundo medieval.

Recordemos que Constantino gobernó el Impero Romano durante treinta años, hasta su muerte en Nicomedia (actual Izmir, Turquía) el 22 de mayo de 337. Fue el Fundador de Constantinopla en lo que era la antigua ciudad griega de Bizancio. Lamentablemente, en la Iglesia ortodoxa hoy se lo venera como santo, y la Iglesia Católica, lo considera como su gran benefactor, ya que permitió la fundación del cristianismo, religión del Estado romano adaptada a las necesidades del Imperio, y bajo la apariencia de una nueva Iglesia institucionalizada, que más tarde terminaría llamándose Católica Apostólica Romana. Esta religión, Constantino la legalizó promulgando un edicto de tolerancia en el año 313. Al mismo se lo conoce como el  Edicto de Milán. De este modo, los desde entonces denominados cristianos, no sólo deberían obediencia a Dios, representado en el obispo de Roma, sino al Emperador. Paradójicamente, con el devenir de los siglos, acabaron siendo los monarcas cristianos quienes tuvieron que rendir obediencia a los papas, herederos de los antiguos césares, y someterse a su voluntad.

Lo cierto de todo es que el emperador Constantino (280-337 E.C.), notó que el poder político de Roma estaba debilitándose, por la división de estas dos grandes espiritualidades: los paganos adoradores del sol, y sus cultos esotérico-místicos; y los «cristianos», según los denominaban sus detractores y perseguidores, los paganos. La historia confirma que se propuso unir estas dos grandes corrientes ideológicas; volviendo a los «cristianos», a la religión pagana; y a los paganos cristianizarlos por medio de la ética que practicaban los «cristianos».

Así fue como lo más fuerte de todas estas artimañas babilónicas desencadenó que el 7 de marzo del año 321 el emperador Constantino I el Grande decretó mediante edicto la llamada «Ley del Dies Solis«, con la que establecía “el día del Sol” como festividad pública (en latin dies festus) en el calendario oficial romano. Esta medida tendría un carácter revolucionario, pues hacía claramente referencia al domingo cristiano, día que convertiría en la jornada más importante de la nueva religión romana. El principal propósito de Constantino era reforzar la autoridad imperial a efectos administrativos, adoptando una política religiosa distinta.  Así fue infiltrándose gradualmente en las tradiciones de la Iglesia, sustituyendo definitivamente al día sábado, hasta entonces el más sagrado por los seguidores de Cristo en todo el mundo.

En las costumbres primitivas, los sábados eran el día sagrado tanto para los judíos, como también de los discípulos de Cristo, pero el edicto de Constantino modificaría esto, estableciendo que el domingo será el último día de la semana y el dedicado especialmente al culto solar del Cristo eterno, copia romana del verdadero Mesías hasta entonces proclamado por los discípulos de Yeshúa. Esta decisión será un enorme guiño de Constantino a los líderes cristianos de Roma, dándoles el gusto de acomodar el calendario anual en torno a las festividades cristianas y abandonando el domingo como un día dedicado al sol (como se celebraba en tiempos paganos).

El cardenal John Henry Newman, en su libro «The Development of Christian Doctrine«, pág. 373, declara:

«Eusebio nos dice de diferentes maneras que Constantino, a fin de recomendar la nueva religión a los paganos, transfirió a ella los ornamentos exteriores a los cuales ellos estaban acostumbrados en la suya… El uso de templos, los dedicados a santos particulares, los ornamentos hechos, en ocasiones con ramas de árboles; el incienso, las lámparas y velas; las ofrendas votivas para el restablecimiento de enfermedades; el agua bendita, los asilos, las fiestas y estaciones; el uso de calendarios, las procesiones, las bendiciones de los campos; las vestiduras sacerdotales, la tonsura, el anillo de casamiento, el volverse hacia el este, más tarde las imágenes, tal vez el canto eclesiástico y el Kyrie Eleison, son de origen pagano y santificados por haber sido adoptados en la iglesia”.

 

Por su parte, la Enciclopedia Británica, novena edición, en el artículo “domingo” dice:

“La más antigua documentación de la observancia del domingo como imposición legal es el edicto de Constantino, en el año 321 DC. (7 de marzo), que decreta que las cortes de justicia, los habitantes de las ciudades y el comercio en general, deben reposar en domingo (venerabili die Solis) exceptuándose apenas los que se empeñaban en trabajos agrícolas”.

Tiempo después, el 3 de noviembre de 383, otro emperador, Teodosio I, establecerá que el día de descanso, el «dies solis» (Día del dios Sol), pasará llamarse «dies dominicus» (Día del Señor), quedando ya oficialmente reconocido como el último día de la semana, tal y como lo conocemos hoy en día. De esta manera surgió la palabra española domingo.

Para que podamos apreciar los lineamientos babilónicos establecidos por la La ley dada por Constantino relativa al día de descanso, los invito a leer y considerar los siguientes estratos de la misma:

“Que todos los jueces, y todos los habitantes de la ciudad, y todos los mercaderes y artesanos descansen el venerable día del sol. Empero que los labradores atiendan con plena libertad al cultivo de los campos; ya que acontece a menudo que ningún otro día es tan adecuado para la siembra del grano o para plantar la viña; de aquí que no se deba dejar pasar el tiempo favorable concedido por el cielo.

[Codex Justinianus, lib. 3, tít. 12, párr. 2 (3).]

“Descansen todos los jueces, la plebe de las ciudades, y los oficios de todas las artes el venerable día del sol. Pero trabajen libre y lícitamente en las faenas agrícolas los establecidos en los campos, pues acontece con frecuencia, que en ningún otro día se echa el grano a los surcos y se plantan vides en los hoyos más convenientemente, a fin de que con ocasión del momento no se pierda el beneficio concedido por la celestial
providencia.” 

–Código de Justiniano, [lib. 3, tít. 12, párr. 2 (3) (en la edición, en Latín y castellano, por García
del Corral, del Cuerpo del derecho civil romano, tomo 4, pág. 333, Barcelona, 1892). El original en latín se halla además en J. L. v. Mosheim: Institutionem Historia Ecclesiastica antiquioris et
recensioris, sig. 4, parte 2, cap. 4, sec. 5, y en otras muchas obras.]

El Diccionario Enciclopédico Hisp.- Amer., art. Domingo, dice:

“El emperador Constantino, en el año 321, fue el primero que ordenó una rigurosa observación del domingo, prohibiendo toda clase de negocios jurídicos, ocupaciones y trabajos; únicamente se permitía a los labradores que trabajaran los domingos en faenas agrícolas, si el tiempo era favorable. Una ley posterior del año 425 prohibió la celebración de toda clase de representaciones teatrales, y finalmente en el siglo VIII se aplicaron en todo su rigor al domingo cristiano las prohibiciones del Sábado judaico.”

Por medio de esta anécdota histórica los romanos, tomaron la cabeza de la nueva religión, obligando al mundo entero a adoptar la semana de siete días que había heredado de la tradición mesopotámica (sede de Babel) mucho antes de nuestra era.  Así pues dedicaron cada uno de los días a los astros o planetas de nuestro sistema solar visibles desde la tierra, surgiedon las denominaciones:

  • Dies lunae: ‘día de la luna’, hoy lunes.
  • Dies Martis: ‘día de marte’, hoy martes.
  • Dies Mercurii: ‘día de mercurio’, hoy miércoles.
  • Dies Iovis: ‘día de júpiter’, hoy jueves.
  • Dies Veneris: ‘día de venus’, hoy viernes.
  • Dies Saturni ‘día de saturno’
  • Dies Solis: ‘día del sol’

Habrá dos cambios generados por la ley de Constantino: dies Saturni por Sabbatum (del hebreo Shábbath) y dies Solis por dies Dominicus (del latín Dominus ‘señor’). Como rezago de esta historia basta con notar que en otras lenguas el domingo sigue estando dedicado al Sol, por ejemplo, el inglés donde se dice Sunday, y en alemán «Sontag«, es decir, ‘día del Sol’.

 

El Eterno aborreció siempre esta falsa adoración.

Para lograr llegar a una sabia conclusión, comenzaré citando lo que el cardenal Gibbons en su obra «Faith of our Fathers» [«La Fe de Nuestros Padres»], dice:

“Usted puede leer la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis, y no encontrará una simple linea autorizando la santificación del domingo. Las Escrituras refuerzan la observancia religiosa del sábado, un día que nunca santificamos”.

(edición 92ª, p.89)

Y es tal cual este clérigo lo dice, en todas las líneas de las Sagradas Escrituras está totalmente ausente la idea del día domingo como día del Señor. Sin embargo, si encontramos testimonio que cada vez que Israel se apartaba del Camino revelado por la Instrucción (Torah) divina, una de las prácticas abominables que buscaba era la espiritualidad del primer día de la semana.

Vemos a Manasés, uno de los reyes de Israel, apartándose de Yahvéh y, seducido por el espíritu babilónico-cananeo, oficializando el culto al Sol (2 Reyes 21:3).

También podemos notar que en los primeros quince versículos del capítulo ocho de Ezequiel se nos muestran una creciente apostasía en el pueblo de Israel (Casa de Judá) que se jactaba de ser el Pueblo del Eterno. Ellos habían caído en la práctica de la adoración  al dios sol.

El profeta Ezequiel vio en el templo de Yahvéh “como veinticinco varones… sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol...” (Ezequiel 8:16).

Yahvéh expresó una dura sentencia sobre aquel culto (Ezequiel 6:4-6).

Los documentos históricos del primer siglo de nuestra Era Común demuestran como los discípulos de las primeras comunidades resistieron la tentación constante de adorar al sol. Es más, durante los dos primeros siglos fueron perseguidos obsesiva y atrozmente por los emperadores romanos, por causa de esta supuesta rebelión al sistema, muriendo unos cuatro millones de redimidos. A pesar de eso, aumentaban en número, y aquellos que se iban convirtiendo del paganismo, recibían con alegría el diseño del Shabat o séptimo día.

Entendiendo que el Eterno es siempre el mismo tal y como lo proclamaba el profeta Malaquías:

«Porque yo Yahvéh no cambio»

(Malaquías 3:6)

También entendemos que el accionar de Yahvéh no se parece en nada al actuar sentimental del ser humano:

«Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta»

(Números 23:19)

 

«He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo; sobre ello no se añadirá, ni de ello se disminuirá…»

(Eclesiastés 3:14)

Por esto mismo, nuestro amado Mesías manifestó que la intensión primordial de su propósito en la Tierra, era dar plenitud al día que la Torah revelaba, quedando claro para sus discípulos que Él no venía a anular ni cambiar nada:

«No penséis que he venido a abrogar la Torah… sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasarán de la Torah…»

(Mateo 5:17-18)

«Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la Torah»

(Lucas 16:17)

 

Y si «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (Hebreos 13:8), tenemos que aceptar que los cambios de calendario que se dieron en el siglo IV de nuestra Era Común (E.C.) fueron la manifestación caprichosa del egotismo de hombres hambrientos del poder materialista que la Gran Ramera siempre ofrece en su copa llena de abominaciones. El domingo no fue colocado por Yahvéh, nuestro Dios, como día de reposo pero sí el sábado (Shabat) que nos recuerda a la creación, a la salvación, a la paz que tenemos en Yeshúa HaMashiaj y es un pre-anuncio semanal del reposo feliz en el Mundo Venidero, el Milenio.

Por eso, para finalizar debemos aceptar que que para guardar el sábado (Shabat) existen en muchas luchas, ya que las cosas del sistema reptiliano imperante marcha en otra dirección. Pero el Eterno promete a los fieles que nunca les faltará el pan (Salmos 37:25), y que tendremos prosperidad:

«¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!»

(Deuteronomio 5:29)

Atrévete a ofrecerle al Eterno tu lealtad y amor (Juan 14:15) dedicando el Shabat (sábado) a Su Nombre. Toma tu decisión ahora. Dile en oración:

«Gracias Señor por haber conocido tu santa Instrucción.

Perdóname si no he guardado tu santo día como tú lo quieres.

Te acepto como mi Salvador y Señor a través de tu Hijo Yeshúa.

Te ruego que me ayudes a obedecerte, por amor, todos los días de mi vida.

Gracias porque me amas.

En el nombre de Yeshúa, tu Hijo.

Amén»

¿Qué es Trabajar según el Eterno?

”Seis días se trabajará, pero el séptimo día tendréis un día santo, día de completo reposo para el SEÑOR; cualquiera que haga trabajo alguno en él, morirá.”

(Éxodo 35:2)

 

La parashá de esta semana (Vayakhel) comienza con un breve recordatorio a los hebreos sobre la observancia del Shabat. He sido consultado al respecto por un discípulo, por lo que encuentro conveniente explicar el por qué de esto.

Primeramente, la Torah anticipa el precepto de Shabat a la construcción misma del Mishkán queriendo decir que el reposo del Shabat tenía que ser respetado, deteniendo aun todos los trabajos concernientes a la construcción del Mishkán.

El idioma hebreo tiene dos palabras principales que se traducen como trabajo:
melajá – מלאכה – («trabajo creativo«) y
avodá – עבדה – («servicio sacerdotal«o “ministerio”)

Por eso, se entiende que la prohibición para el Shabat es hacer melajá no avodá.

Entonces para saber lo que está prohibido hacer en Shabat es necesario definir lo que es melajá. Y como la palabra melajá la encontramos como resumen de toda la obra de la creación (Gén. 2:3) se puede entender el término como todo trabajo creativo, toda obra que interviene en la creación.

El Shabat declara el testimonio que Yahvéh es el único Creador de este mundo y todo su contenido. El hombre dedica su vida y tiempo con su esfuerzo mediante la inteligencia, la energía y la destreza. Es decir que coloca todos los dones con los cuales Yahvéh los bendijo, en función conquistar sus fines. En, este proceso, el ser humano lamentablemente tiende a olvidar cuál es la fuente genuina de sus habilidades y proezas. En este mundo tan olvidadizo le fue entregado al pueblo de Israel la tarea de recordar y proclamar esta verdad fundamental: la procedencia del poder humano de dominar la naturaleza viene del Eterno. Por lo tanto, al cesar sus actividades en sábado, el hebreo reconoce y muestra que sus poderes proceden únicamente de Yahvéh.

La definición de Melajá es entonces:
“Una acción que muestra al hombre como dominante sobre el mundo, al emplear constructivamente su inteligencia y habilidad.”

Resulta que, como la palabra melajá también aparece en los textos que hablan de la construcción del Tabernáculo (Miskán), los sabios de Israel relacionaron melajá con todo lo que tiene que ver con la obra del Tabernáculo (Mishkán).

Aprendieron de esta cercanía que durante los seis días laborales de la semana se debía construir el Mishkán, es decir, hacer las 39 actividades requeridas, pero, en Shabat las mismas se debían interrumpir. De allí se sacan los 39 trabajos generales prohibidos para el Shabat.

Amado discípulo del Mesías, nuestro Maestro nunca quebrantó el Shabat. Sigamos su ejemplo, tal como está escrito en la primera epístola de Juan:

“El que dice que permanece en El, debe andar como Él anduvo.”

(1 Juan 2:6)

Dos Sábados (Shabatot) en Un Solo Día

Por P.A. David Nesher

 «Y los hijos de Israel cuidarán el Shabat, para hacer del Shabat un pacto eterno por todas las generaciones.

(Sehmot/Éxodo 31: 16)

Al estudiar la parashá Ki Tisá, nos encontramos con este versículo en el que leemos que los hijos de Israel tienen que guardar el Shabat. Es interesante saber que el verbo guardar en la cosmovisión hebrea tiene que ver con una actitud de vigilancia y celo para protegerlo de ser profanado mediante melajá.

También este pasuk (versículo) dice que los hijos de Israel tienen que hacerlo un pacto perpetuo en todas sus generaciones. Este mandamiento revela que el Shabat seguirá hasta que pasen los Cielos y la Tierra, según lo que asegura Yeshúa, nuestro Dueño al explicar el propósito de su misión mesiánica:

«No penséis que llegó a abolir la Torah o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir, porque de cierto os digo que antes que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Torah, hasta que todo se haya cumplido. De modo que cualquiera que quebrase uno de estos mandamientos muy pequeños y así se enseñó a los hombres, muy pequeño se llamó al reino de los cielos; pero cualquiera que los cumpla y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos.«

(Mateo 5:17-19)

Ahora bien, debe asombrarnos conocer que la Sabiduría divina explica que existen Dos Sábados (“Shabatot”) dentro de esta sagrada jornada denominada Shabat. En primer lugar, está el “Shabat” que se debe “cuidar”, así es como leemos: “Y los hijos de Israel cuidarán el Shabat”. Pero también, en segundo lugar, está el “Shabat” que está para “hacer”: “para hacer del Shabat”, y por tal motivo el texto menciona dos veces la palabra “Shabat”.

El “Shabat” esencialmente está santificado por El Eterno, siendo desde la misma creación, el sagrado séptimo día, por eso debe ser cuidado. Pero, además de la santidad intrínseca del Shabat, se pretende que cada persona “haga” lo posible para aumentar la santidad del Shabat.

El Eterno creó el mundo pretendiendo que el ser humano que se sujeta a su Instrucción (Torah) revele la divinidad, por medio de sus acciones. Se pude apreciar que las piernas pueden llevar a la cabeza a lugares que sola no puede ir, de la misma forma, los redimidos pueden atraer con sus acciones la santidad celestial.

Por eso, el alma humana mesiánica, tiene, como primera medida, “cuidarse” de no profanar el “Shabat”, cumpliendo con todas sus estipulaciones, pero además, debe “hacer” que su Shabat sea cada vez más sagrado.

La señal del pacto entre Yahvéh e Israel tiene que ver con la obra de la creación. Como él hizo, así ellos también hacen. La palabra “cesar” es la primordial. Es la traducción del término Shabat. Luego viene la palabra “reposar”, en hebreo nafash, es la segunda prioridad. Así que el Shabat también fue creado para que el hombre descanse y renueve sus fuerzas para la siguiente semana. Esto es lo que significa la expresión «Shabatot» («dos sábados«) que vibra dentro de un mismo día (cada shabat). Esto es la doble porción que el alma alcanza en cada séptimo día: descanso y renuevo. Estas son las aptitudes mesiánicas que permiten la liberación, expiación y transformación del mundo, por medio de la melajá que el alma redimida ejerce durante los seis días laborables de la semana.

Hay dos tipos de santuario en el mundo, un santuario en el factor espacio  y otro en el factor tiempo. En el relato de la construcción del Santuario (Mishkán) en el espacio, viene entrelazado el relato del santuario que cada israelita debía construir en el tiempo: el Shabat.


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Condiciones Celestiales para Casarse

Por P.A. David Nesher

 

«Luego los oficiales le dirán al ejército:
“Si alguno de ustedes ha construido una casa nueva y no la ha estrenado, que vuelva a su casa, no sea que muera en batalla y otro la estrene.
Y si alguno ha plantado una viña y no ha disfrutado de las uvas, que vuelva a su finca, no sea que muera en batalla y sea otro el que disfrute de ellas.
Y si alguno se ha comprometido con una mujer y no se ha casado, que regrese a su pueblo, no sea que muera en batalla y sea otro el que se case con ella.”

(Deuteronomio 20:5-7)

 

 

Sirviendo por tanto años a jóvenes de mentalidad evangélica protestante, he notado la falta de sabiduría que la mayoría de los varones tienen a la hora de pensarse en pareja, y por ende, en familia. La gran mayoría cae en el mismo «error edomita», amando pues primordialmente el guisado, y desechando la potencialidad de la primogenitura que sus almas tienen. Dicho de otro modo, casi todos los varones con mentalidad greco-romana, comienzan este maravilloso camino del amor perfecto por el final: procuran obsesivamente tener su mujer, y luego, quizás piensen en su destino laboral y económico.

Justamente en estos versículos, la Instrucción (Torah) divina señala que los oficiales tienen aquí la función de tratar y supervisar casos de carácter social, como el hecho de un varón que desea constituir un hogar.

Las tres cosas mencionadas, una casa, una viña y una esposa, representan los momentos más felices de la vida natural del varón en edad de guerra, es decir en edad juvenil apropiada para casarse (mayor de 20 años). Para que un soldado israelita no pierda la oportunidad de disfrutar de estos momentos, no podrá hacer cierto servicio militar mientras esté involucrado en uno de ellos.

Estas tres cosas aparecen aquí en el orden natural. Primero el hombre debe tener casa y trabajo, y luego es apto para casarse. Con este bosquejo la Instrucción (Torah) divina enseña en Su Sabiduría la conducta apropiada que un varón redimido debe ejercer para realmente formar un hogar exitoso: el hombre debe primero construir una casa, luego plantar una viña (obtener un trabajo). Solo entonces puede tomar una esposa.

Cuando el hombre fue creado, Yahvéh le dio primero una casa, el huerto, luego un trabajo, la jardinería (melajá y abodá).Luego, cuando el varón se especializó en eso, le otorgó una mujer como recompensa a dicho esfuerzo ministerial. Si vienen maldiciones sobre una persona, primero es tocada la relación con la mujer, luego la casa y finalmente la vida laboral (cf. Deuteronomio 28:30).  El filósofo judío Maimónides dice en su libro «Mishné Torá»:

“Es costumbre de personas sensatas que el hombre asegure primero un trabajo que lo alimente, luego construya una casa y finalmente despose a una mujer, como está dicho: “haber plantado una viña, construido una casa y luego desposado a una mujer”.

Entendamos que en la cosmovisión hebrea, la novia es presentada en las Escrituras con estos tres términos, casa, viña y mujer.

El rey Salomón, experto en los códigos de Luz Infinita escondida en estos pasukim (versículos) dijo también:

“Prepara primero tus faenas de cultivo (fuera) y ten listos tus campos para la siembra; después de eso, construye después tu casa.”

(Proverbios 24:27)

Aquí queda perfectamente señalado el esquema actitudinal que debe seguir un varón que decide amar a una mujer en espíritu y en verdad. Dicho esquema se sujeta a los siguientes tres lineamientos:

  • “Prepara tus labores fuera”… es decir construye una casa;
  • “…ten listos tus campos”,… es decir planta una viña; genera una empresa
  • “ y construye después tu casa”; es decir toma una mujer por esposa.

Salomón había aprendido estas pautas proféticas especialmente de la vivencia mesiánica de su padre el rey David:

«Y David prosperaba en todas sus empresas, pues el Señor estaba con él.»

(1 Samuel 18:14)

Por todo esto, cualquier varón soltero que está ahora frente a este estudio, debe aceptar que primordialmente es adecuado elegir una ocupación que le proporcione el justo sustento que le permita adquirir el justo recurso con el que luego podrá acceder a la compra del bien primario que una familia necesita: la casa. Luego, asegurarse que su economía se expandirá por medio de proyectarse en una empresa, para así entender que puede tomar sexualmente a la mujer que ha escogido como esposa.

No es sabio casarse primero y luego buscar trabajo y casa. Sólo los varones insensatos inician el camino al revés. Estos, envueltos en una locura lujuriosa, comienzan casándose, luego, si es que lo logran, se compran una casa, para finalmente intentar en sus fuerzas generar un sustento seguro, si es que no terminan sobreviviendo gracias a la caridad sistémica de los subsidios estatales de turno.

¿Cómo se produce un Avivamiento Espiritual? (Parashá Ki Tisá)

Por P.A. David Nesher

 

 

«Moisés le dijo al Señor:
―Tú insistes en que yo debo guiar a este pueblo, pero no me has dicho a quién enviarás conmigo. También me has dicho que soy tu amigo y que cuento con tu favor. Pues si realmente es así, dime qué quieres que haga. Así sabré que en verdad cuento con tu favor. Ten presente que los israelitas son tu pueblo.
―Yo mismo iré contigo y te daré descanso —respondió el Señor.
―O vas con todos nosotros —replicó Moisés—, o mejor no nos hagas salir de aquí. Si no vienes con nosotros, ¿cómo vamos a saber, tu pueblo y yo, que contamos con tu favor? ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?»

(Éxodo 33:12-16)

 

Evidentemente, el episodio del becerro de oro había conmovido los fundamentos mismos de la fe de Israel. En aquel episodio hemos visto tanto el castigo implacable como el perdón magnánimo concedido por el Eterno. Era necesario que la Vida volviera a esta gran comunidad de redimidos. ¡Era urgente una avivamiento!

Por eso, en esta porción (parashá) la Torah nos lleva a meditar en la cúspide de  la relación de intimidad espiritual y el grado de percepción profética de Moshé. Esta idea está plasmada en las palabras siguientes:

 “… y hablaba Yahvéh a Moshé cara a cara «

(ודבר ה´ אל משה פנים אל פנים » – “Vedibber YHVH el Mosheh panim el panim”)

 

Esto ha sido la consecuencia del amor manifestado por Yahvéh a Moshé desde los inicios, pues así leemos en Shemot:

«Yo me aparecí a Abraham, a Yitzjak y a Yaakov por El-Shaddai, empero por Mi Nombre YHVH no Me he dado a conocer a ellos.«

(Éxodo 6: 3)

En el libro de Badmibar/Números (12:8) pone en claro lo que esto significa. Allí el Eterno contrastó el cómo habló a Moshé en comparación de cómo habló a otros profetas; Moshé escuchó clara y plenamente, y los otros profetas escuchaban en sueños y visiones.

Esto posiblemente también significa que Yahvéh se apareció a Moshé en forma humana, de la forma que Él lo hizo con Abraham (Génesis 18). Pero también la frase “cara a cara” es una forma figurativa que significa tener un compañerismo abierto y sin censura.

Como consecuencia de este grado de cercanía veremos que Moshé pedirá «conocer los caminos de Dios«. Esto no será una mera «curiosidad» u osadía espiritual, sino más bien, el poder conocer los caminos del Eterno para poder conducir al pueblo de Israel en tiempos difíciles como había sido el «mahaseh haheguel» (episodio del becerro de oro).

En estos versículos (33: 12-23) estamos muy limitados. Todos los comentaristas de la Biblia abordan el texto con mucha aprehensión, ya que el mismo nos conduce hasta los límites del conocimiento de Dios. Límites impuestos por los alcances de la razón humana. El texto hace alusión a lo que está más allá de la razón humana y su lógica, posiblemente para indicarnos que existe un dominio trascendente, inaccesible a nuestro entendimiento, por lo cual no resulta fácil conocer su pensamiento exacto al respecto.

En síntesis: el camino que nos queda es reunir todos los elementos que el Tanak (Antiguo Testamento) ofrece al respecto, limitándonos a ellos, por supuesto, y tomando las palabras siempre en su contexto.

El esquema resultante sería el siguiente:

De acuerdo con Éxodo 23:20, Dios le dice a Moshé:

«He aquí que Yo envío a un Emisario delante de ti para custodiarte en el camino y para traerte al lugar que Yo he predispuesto«.

Esta promesa corrió el peligro de ser alterada por causa del  «mahaseh haheguel»  (episodio del becerro de oro); así leemos:

«Y ahora déjame y que se encienda Mi furor contra ellos y los exterminaré. Mas haré de ti un pueblo grande.»

(Éxodo 32: 10)

Ante la oración de Moshé, Dios desiste de ello. Pero, de acuerdo con Éxodo 33:10, no será Dios quien estará con Su pueblo en lo sucesivo, pareciendo que la Divinidad se «alejaría» del pueblo de Israel.

Pero Moshé, amparado en el perdón prodigado por Yahvéh por el episodio del becerro de oro, encuentra un «het ratson» (tiempo de benevolencia) para tratar de restablecer la cercanía de Yahvéh con Su pueblo Israel. Para Moshé no era suficiente el saber que él e Israel lograrían llegar a la Tierra Prometida. Para su estima, la Tierra Prometida no era nada especial sin la especial presencia del Señor. Esto fue audaz. Moshé tenía la determinación de tener la presencia de Yahvéh lo más cerca posible para con Israel. Este era el siguiente paso hacia el avivamiento y restauración de su relación con el Eterno.

Moisés estaba preocupado en obtener una garantía de esa presencia para su pueblo, y también del gozo de una experiencia más cercana para él mismo. Él conocía que la misericordia del Señor es eterna, mientras que Su ira es efímera y por eso Moshé formulará dos pedidos, a saber: conocer los caminos de Dios y ver la manifestación de Su Gloria.

Como respuesta al primer pedido el Eterno le contesta:

» … Yo haré pasar toda Mi bondad ante ti y proclamaré el Nombre de Yahvéh ante ti, y agraciaré a quien agracie y Me apiadaré de quien Me apiade«

(Éxodo 33: 19)

Esto quiere decir que Yahvéh hará conocer Sus atributos de bondad y misericordia. La Gloria de Dios descansa en Su bien. Cuando Moshé vio la Gloria de Dios, su primer entendimiento era que Yahvéh era bueno. Si no sabemos que Dios es bueno, entonces no sabemos mucho de Él. En la forma de pensar de los antiguos hebreos (y también en otras culturas antiguas), el nombre representaba el carácter y naturaleza de una persona. Dios prometió el revelar Su carácter a Moisés, y no solamente un título.

Lloyd-Jones nos da una idea de lo que el Eterno le dijo a Moisés:

“Yo me bajaré a tu debilidad. Te dejaré ver algo. Pero aún más importante que eso, Yo haré que todo mi bien pase delante de ti. Te daré revelación más profunda y un entendimiento de yo mismo, de mi carácter, de lo que Yo soy. Esto es lo que realmente necesitas saber.”

Al segundo pedido, la respuesta fue: » … No podrás ver Mi presencia, ya que no puede verme el hombre y vivir.» (Éxodo 33:20). Yahvéh asegura que Moshé no podrá ver su rostro, es decir, la plenitud de su perfección y la grandeza de su estructura esencial, y vivir, ya que ningún humano podría soportar, en su estado actual, todo este descubrimiento completo. Pero Él agrega, “y verás mis espaldas”, que quiere decir que lo que Moshé podrá conocer serán los caminos de Dios a través de Sus acciones, en la naturaleza y en la historia. En palabras del Salmista:

» … El hace conocer Sus caminos a Moshé y Sus acciones a los hijos de Israel… «

(Salmos 1 03: 7)

Esta hambre de más de Dios es una marca de una verdadera relación de avivamiento y restauración. Fuera lo que Moshé hubiera experimentado con Yahvéh, ahora él quería más. Cuanto más un hombre conoce acerca de Dios, él tendrá un deseo mayor de conocerlo.

Como consecuencia de este «het ratson»  (tiempo de benevolencia) el Eterno le dirá a Moshé que recibirá otra vez:

» … Dos tablas de piedra como las primeras y Yo escribiré sobre las tablas las palabras que estaban sobre las tablas primeras, que quebraste«

(Éxodo 34: 1)

Moshé sabía que nada que lo que Yahvéh pudiera darles los haría verdaderamente diferentes de las otras naciones. Sólo la fuerte Presencia de Yahvéh mismo podría hacer eso.

La relación de Israel con Yahvéh los hacía diferentes de todos los pueblos antiguos. El Eterno entre ellos los hizo diferentes. Era importante que Israel supiera esto por ellos mismos; y también era importante que las otras naciones supieran esto.

Yahvéh honró la intercesión audaz de Moisés, y Él prometió el restaurar Su relación con Israel.

“¿Pues en qué se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo? ¿No es acaso en que tú vayas con nosotros, para que nosotros, yo y tu pueblo, nos distingamos de todos los demás pueblos que están sobre la faz de la tierra?” (33:16)

Vemos que la gracia dada a Moshé es pasada al pueblo. La palabra “gracia” en hebreo jen, significa “gracia”, “belleza”, “favor”, “aprecio”. La raíz de jen es janán, que significa “inclinarse para mostrar benevolencia a un inferior”, “compadecerse”, “conceder un favor”. La palabra “jen” aparece seis veces en este contexto. La primera vez que aparece en las Escrituras es en Génesis donde está escrito:

“Mas Noaj halló gracia (jen) ante los ojos de Yahvéh.”

(Génesis 6:8)

El Midrash dice: “Noaj fue salvado no porque lo merecía, sino porque halló gracia.” Moshé halló gracia en los ojos del Eterno y el pueblo de Israel recibió el perdón por el pecado del becerro por medio de la gracia y el pacto fue renovado a base de esa gracia. Según esta parashá, hallar gracia ante los ojos del Eterno implica cinco cosas:

  • Conocer los caminos del Eterno, (v. 13).
  • Conocer al Eterno, (v. 13).
  • Caminar con el Eterno, (v. 16).
  • Distinguirse de todos los pueblos de la tierra, (v. 16-17, cf. 34:9).
  • Obtener el perdón del Eterno, (34:9).

Este acto, que denota el perdón prodigado por Dios, devolverá las cosas a su estado anterior, y culminará con la concertación de un pacto entre Yahvéh y el pueblo de Israel. Así leemos:

 «Dijo Él: he aquí que Yo voy a concertar un pacto; frente a todo tu pueblo habré de hacer portentos que no han sido obrados en tierra alguna ni en pueblo alguno. Y verá todo el pueblo -el que tú estás en medio de ella obra de Yahvéh, ya que imponente es, lo que Yo voy a hacer contigo.»

(Éxodo 34: 10)

¡Este es el método efectivo para lograr un avivamiento en una comunidad de fe!

 

¡Solo…, Nadie es Nada! (La Enseñanza del Medio Shekel)

“ Cuando hagas un censo de los hijos de Israel para contarlos, cada uno dará a Yahvéh un rescate por su alma cuando sean contados, para que no haya plaga entre ellos cuando los hayas contado. Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Yahvéh. Todo el que sea contado, de veinte años arriba, dará la ofrenda a Yahvéh. Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá del medio siclo, cuando dieren la ofrenda a Yahvéh para hacer expiación por vuestras personas. Y tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones, y lo darás para el servicio del tabernáculo de reunión; y será por memorial a los hijos de Israel delante de Yahvéh, para hacer expiación por vuestras personas.”

(Shemot/Éxodo 30:12-16)

Para comenzar, necesito que nuestra memoria se remonte a lo que aprendimos en nuestros estudios del libro de Bereshít (Génesis). Por medio de este ejercicio recordaremos específicamente que según la promesa hecha por el mismo Elohim a Abraham, no se podía contar a los hijos de Israel (cf. Génesis 15:5; 32:12). En base a esta promesa divina, los hebreos comprendieron que si se cuenta a los hijos de Israel se expone al Pueblo escogido al peligro de las zonas del rigor (Guevurah) y por ende a ser blanco de plagas. Así pues, y teniendo en cuenta esta revelación del libro de Bereshit, ahora podemos entender el por qué cuando el rey David intentó censar al pueblo una vez, con el fin de saber con qué recurso específico contaba para la guerra, vino una plaga de parte de Dios sobre el pueblo (cf. 2 Samuel 24:1-10; 1 Crónicas 21:7).

Entonces, al ingresar en el estudio de la parashá Ki Tisá, hayamos que, para evitar la extinción de Israel como Pueblo escogido del Eterno, aquellos que eran sus hijos reciben la instrucción divina de hacer dos estrategias celestiales que no viniera plaga alguna sobre ellos:

  • La primera estrategia consistía que cada uno dé una moneda y así se puede contar las monedas en lugar del pueblo directamente.
  • La segunda estrategia era que esa moneda de plata serviría como un precio de rescate, una expiación para que no venga la plaga al ser contados.
¿Cuál es el significado de este mitzváh (mandamiento)?

Encontré toda una discusión en el Zohar acerca del hecho de dar ½ shékel, que en parte se trata de unir y reconectar cada una de las almas hebreas con la Luz del Creador.

Recordemos que esta era ya la tercera ocasión que los Benei Israel eran contabilizados; la primera vez que fueron computados es cuando viajaron a Egipto, en esa ocasión el número fue de 70 almas. La vez segunda, cuando abandonaron Egipto la cantidad ascendió considerablemente, fueron contabilizados 600.000 hombres en edad militar. No obstante, que ahora son enumerados por tercera vez, tal conteo no se realizó directamente sino que se ordenó que cada israelita hiciera una donación, esta era la mitad de un shékel. Contando la plata se obtiene el censo.

Ahora surge una pregunta de interés para nuestro estudio: ¿Cuál es la razón por el que se pide un cómputo indirecto de la población?

En las fuentes de Sabiduría judía como el Talmud o el Zohar leemos:

«…La bendición no puede hallarse en lo que se cuenta, en lo que se mide ni en lo que se pesa, a causa del «mal de ojo», la bendición está solamente en aquello que está oculto a la vista…».

¿Qué características tuvo este censo?

Para comprender bien este mandamiento, debemos captar la idea central del Eterno:

La Torah enseña que está prohibido contar a los Benei Yisrael (Hijos de Israel) de la manera usual en las demás naciones (censos político-económicos), y que cuando sea necesario hacer un censo la gente debe donar objetos, los que a su vez serán contados. Por medio de dichas donaciones se logrará inferir el número de los israelitas.

Por ello, en el caso del censo en el desierto, se le pidió a las personas, tanto ricas como pobres, que cada una donase medio shékel para la edificación y mantenimiento del Mishkán (Tabernáculo). De aquí que la condición de los hijos de Israel se dignifica cuando contribuyen a proyectos filantrópicos, y tal es la razón fundamental de que hayan sido contados por medio de un donativo de toda la nación unificada en aras de una causa sagrada. Este concepto se deriva del mandamiento impartido en el versículo 12, el que literalmente dice «Cuando eleves en censo [per cápita] a los hijos de Israel según su número» (Baba Batrá 10b. Pesikta Zutreta), implicando que la función de estas contribuciones no sólo era facilitar un censo y proveer bienes materiales para el Tabernáculo, sino también el nivel espiritual y ético de los contribuyentes.

La participación de todo el pueblo por igual en esta estrategia dejaba un claro mensaje de parte del Eterno:  todos los Hijos de Israel deben coparticipar en la realización de los objetivos nacionales; todos deben estar incluidos en el censo (v. 14) dejando de lado sus intereses personales y/o egoístas por el bien de la nación. Quien así actúe, obtendrá un beneficio inconmensurable, puesto que la misión de Israel pende de la unidad de la nación como un todo (de los comentarios de Rabí Hirsch). 

El censo que Yahvéh ordena a Moshé incluía a todo aquel varón que tenía de veinte años para arriba (hasta 60 años). Esta era la edad en que el israelita alcanzaba su máxima madurez para salir a cumplir misiones militares. A partir de esta edad el joven israelita era considerado un hombre adulto, apto ya para el ejército. Esta posición era denominada: יוצא צבא , «íotse tsava» (véase Números 1:3).

Otra característica para tener en cuenta, es que en esta estrategia divina no se contaba a las mujeres. Las mujeres no tenían la obligación de pagar este impuesto para el Tabernáculo ni de ir al ejército.

Leemos que cada alma tenía un precio de rescate de medio siclo. De ese modo, los ricos no pagaban más ni los pobres pagaban menos. Así el varón israelita que participaba aprendía la lección divina de que cada alma tiene el mismo valor delante del Eterno, no importa el estatus económico que la misma haya alcanzado. Es muy interesante notar que, el hecho de que se pida medio siclo y no uno completo, quería indicar que toda contribución no representa más que un fragmento del conjunto. Toda persona necesita a la otra para formar la tan anhelada unión. El mensaje: solo, nadie es nada. Por eso, entendemos que el medio shekel alude al hecho de que cada uno de nosotros es solo la mitad. Desde esto cada varón de Israel se cuestionaba: ¿Cuál es la Otra Mitad?… Y la respuesta surgía rápidamente: el Otro.

En primer lugar, el varón israelita meditaba en la Otra Mitad es el Eterno. Su mente lograba la reflexión: «soy un ser creado y mi existencia es relativa (sólo la mitad). Pero creo en Dios, quien es la realidad absoluta y el Creador de todo.» Por medio de este dinero de rescate, la Torah hablaba con claridad: todos y cada uno de los hebreos le deben a Yahvéh; por lo tanto, todos están obligados a Él. El Eterno mandó que cada varón mayor de veinte años debía de pagar medio siclo como dinero de rescate, confesando que él merecía morir, dando lo que era en deuda hacia Dios, y dando la suma demandada como un tipo de gran redención la cual sería más tarde pagada por las almas de los hijos de los hombres.

En segundo lugar, estos versículos asimismo hablan en términos de la expiación que se obtiene al participar en este cómputo «del medio shékel», porque cuando la nación se unifica esforzándose en alcanzar un objetivo común, la misma se hace más robusta. Es decir que cuando todos y cada uno se suman a una causa constructiva, los méritos espirituales de los individuos se unen a su vez, de tal manera que no sólo sus donativos, sino asimismo sus logros personales son unificados en solidaridad mutua (T. Avot 2:2). Un solo ser humano puede rara vez sobrevivir al escrutinio divino, pues, ¿quién está libre de pecados y carencias? Sin embargo, cuando se manifiesta la unión nacional, ésta se eleva a un plano superior, como resultado del hecho de que todos sus miembros individuales fusionan sus virtudes propias con las de los demás. Y el fruto de ello es que dicho colectivo nacional es juzgado con mucha mayor benevolencia (el rav Kuzarí explica que esta es también la razón por la cual es tan importante rezar con un Minián [quórum] en vez de individualmente). Este sería el motivo por el cual la mujer shunamita (II Melajim 4:13), que fue tan extraordinariamente generosa con el profeta Elishá (Eliseo), se rehusó a su ofrecimiento de rezar por ella o interceder ante las autoridades a favor suyo, pues ella conjeturó que si se le destacaba de entre los demás, sería juzgada de manera más severa en la balanza Celestial. Esto cobra mayor sentido desde el momento que, como enseñan los Sabios, tal incidente tuvo lugar en Yom Teruah, el Día del Juicio (comentario de Rabenu Bejaie).

Dicen algunos comentaristas que este impuesto no se tomó solamente una vez, sino en el futuro también. El medio siclo servía para el servicio del Tabernáculo. La primera vez sirvió para las basas y demás objetos de plata (cf. Éxodo 38:25-28). El Talmud de Jerusalén cuenta que este impuesto anual se usó para la adquisición de las ofrendas comunales (cf. 2 Reyes 12:4; 2 Crónicas 24:6; Nehemías 10:32; Mateo 17:24-27).

En el tiempo del segundo templo se recordaba anualmente en todas las ciudades en el primer día de adar (último mes del año) que cada uno preparara medio shekel para el Beit HaMikdash (templo). La colecta ocurría entre el 15 de adar y rosh jódesh (el primer día) Nisán.

¿Yeshúa obedeció este mandamiento?

Sí, nuestro Maestro y Dueño fue fiel en el cumplimiento de este mitzváh. Así lo apreciamos al leer en el relato evangélico la ocasión en que vinieron a nuestro Maestro a pedir el impuesto anual del Templo, según lo que relata el apóstol Mateo:

“Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo:
¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?
Pedro le respondió: De los extraños.
Jesús le dijo:
Luego los hijos están exentos.
Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.”

(Mateo 17:24-27)

Al leer el relato evangélico, e interpretarlo desde las costumbres de Israel, notamos que lo que nuestro Maestro y Dueño quiso revelar al cumplir con este precepto del medio shekel, es que cada miembro del Pueblo escogido está obligado a creer y aceptar que todo lo que posee incluyendo su misma vida es una bendición de Yahvéh. El ser humano hebreo, especialmente el varón, tiene que aceptarlo con modestia, entendiendo lo efímero que es todo lo que posee, incluyendo su vida.

Cuando el hombre cuenta su riqueza o el número de personas que componen su grupo, tribu, ejército, se debe a una suerte de soberbia humana, pareciendo indicar con ello la posesión absoluta de las cosas o personas, cosa que provoca la ira de divina. La misma se manifestará por medio de la naturaleza misma creada por Dios que afectará al hombre soberbio o al hombre que asume actitudes de soberbia.

Por último, escuchando a Yeshúa Rabeinu en esta anécdota evangélica, el texto hace notar otra creencia que surgía de la práctica de pagar el medio shekel: la «Otra Mitad» es mi prójimo, aquel a quien estoy obligado a amar, y compartir los bienes del Olam HaZé (Mundo actual), particularmente el cónyuge. Es decir esa persona en cuyo mérito un hebreo logra su transformación en una persona completa. Por ello, en última instancia, hay algo muy importante en sentirse a la mitad desconectado de la otra mitad. Esta es la sensación de «un corazón contrito y humillado«, es decir, el desarrollo de la humildad necesaria para encontrar el favor a los ojos de Yahvéh.

Doce Sensibilidades en el Corazón de Dios

“Y montarás en él cuatro hileras de piedras. La primera hilera será una hilera de un rubí, un esmeralda y un carbunclo” (LBLA revisada) – Hoy no se sabe con exactitud cuál es la identidad de estas doce piedras… y la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe; todas estarán engastadas en filigrana de oro. Las piedras serán doce, según los nombres de los hijos de Israel, conforme a sus nombres; serán como las grabaduras de un sello, cada uno según su nombre para las doce tribus.” 

(Shemot/Éxodo 28:17, 20-21)

Mientras investigamos y meditamos en los códigos de la parashá (porción) tetzevá, hemos aprendimos que estas piedras preciosas engastadas en oro nos enseñan acerca del inmenso valor que tiene cada uno de los hijos de Israel delante del Eterno. No solamente habla del valor y la importancia de cada individuo, sino de que cada uno está en el corazón del Mesías para ser llevado delante del Eterno perpetuamente. Querido hijo de Israel, tú estás en el corazón del Mesías en este momento. Él está mencionando tu nombre delante del Padre en todo momento. Él lleva casi 2000 años sirviendo como intercesor delante del trono, orando por cada uno de los hijos de Israel. ¡Bendito sea el Eterno por el ministerio de su Mesías!

Hemos estudiado que los sacerdotes tenían que usar vestimentas especiales para el servicio en el santuario. Todas estaban hechas de lino blanco y constaban de una camisa, pantalones, cinturón y turbante. El Kohén Gadol (Sumo Sacerdote) usaba además las vestimentas de oro; jóshen (pectoral), efod (delantal) y tzítz (banda de la cabeza).El sumo sacerdote llevaba un pectoral sobre el cual había piedras brillantes, que llevaban cada una de ellas los nombres de cada una de las tribus de Israel. Pero además es una figura de lo cerca que está Yahvéh de sus escogidos  y lo mucho que ama a cada uno de los creyentes, de tal modo que su propio Gran Sumo Sacerdote (Yeshúa) los lleva sobre Su pecho y muy cerca de Su corazón.

Los nombres de los doce hijos de Israel estaban en estas doce piedras. La piedra número once fue un ónice (cf. v. 20). Esa piedra corresponde al nombre Yosef. Mashíaj ben Yosef, Mesías hijo de Yosef, es el nombre que se ha dado al Mesías sufriente. La piedra de Yosef, ónice, también estaba sobre los hombros. Esto nos enseña que el Mesías como siervo sufriente, hijo de Yosef, llevó las doce tribus sobre sus hombros.

Según el Midrash, junto con los doce nombres de los hijos de Israel también fueron grabadas las letras de los nombres de los tres patriarcas, Abraham, Yitzjak y Yaakov y luego las palabras Shivtei Yeshurún, que significan “las tribus de Yeshurún”. El nombre Yeshurún es el nombre más sublime del pueblo. Los tres nombres del pueblo son, Yaakov, Israel y Yeshurún, (cf. Deuteronomio 32:15; 33:5, 26; Isaías 44:2).

El pectoral estaba formado por doce cuadros ordenados en cuatro hileras de tres piedras preciosas cada una correspondiendo a cada tribu, tal como vemos en las siguiente imagen:

De esta manera había seis letras en cada piedra, en total 72 letras, incluyendo las 22 letras del alfabeto hebreo. Las seis letras en cada tribu, simbolizaban la creación del mundo en seis días. Esto era necesario para que las sentencias pudieran ser construidas combinando las letras a fin de transmitir mensajes por medio del Urim y el Tumim.

[Nota: Cabe aclarar aquí que las letras que aparecen en esta imagen no fueron las mismas que se grabaron en el pectoral del juicio. Allí fueron grabadas las letras hebreas arcaicas. Las letras que actualmente son llamadas “hebreas” en realidad están derivadas de las letras arameas. Después del cautiverio babilónico fueron sustituidas las letras originales hebreas por las arameas, inclusive en el texto sagrado del rollo de la Torá. Así que hoy en día estamos leyendo hebreo con letras arameas, o judaicas, de la misma manera como estamos leyendo español con letras latinas.]

Volviendo a la distribución de las doce piedras, diremos que, además del nombre de la tribu, las piedras llevaban el nombre de los Patriarcas, Abraham, Itzjak y Yaakov, así como las palabras Shivtei Yeshurún (las tribus de Dios), distribuidos de tal modo que en cada piedra había seis letras, lo que totalizaba todo el alfabeto, necesario para la combinación de los mensajes de los urim ve´tumim.

Las matriarcas estaban representadas en las cuatro filas.

El total de letras, 72, corresponde a las 72 letras que componen el nombre de Dios y que sostuvieron la creación durante la formación del mundo. Los urim ve´tumim eran pergaminos en los cuales Moshé había escrito las 72 letras del nombre oculto de Dios y que hacían que el pectoral se alumbrara para dar respuestas a través de las distintas combinaciones de letras, a las consultas o decisiones que afectaban a todo el pueblo de Israel o a un tribunal para la obtención de una sentencia definitiva.

Recordemos que las piedras estaban colocadas según el orden de nacimiento de los hijos de Yaacov.

La Sabiduría divina enseña que cada una de las tribus de Israel representa una sensibilidad o sentido particular del alma mesiánica:

  • Yehudá se asocia al habla,
  • Isacar al pensamiento,
  • Zebulún al movimiento,
  • Reubén a la vista,
  • Shimón a la audición,
  • Gad al trabajo,
  • Efraim a la sexualidad,
  • Menashé al olfato,
  • Benjamín al dormir y los sueños,
  • Dan a la ira justiciera,
  • Asher al comer y
  • Neftalí a la risa.

Cada tribu tiene su propio sentido o sensibilidad, donde encuentra gracia (jen). Justamente la palabra para pectoral, joshen (חושן) es en realidad una abreviatura de jush jen, que significa «un sentido de gracia«. Por supuesto, cada idea codifica una riqueza de información que debe ser elavorada en profundidad para ser apreciada. Es también importante recordar el principio de interinclusión, según el cual todos los sentidos tienen dentro de si una traza de todos los otros. No son mutuamente excluyentes, sino que más bien están conectados esencialmente y entramados con los otros, formando un sólo conjunto unificado.

Las piedras están colocadas sobre el pectoral de arriba abajo y de derecha a izquierda, según el orden del nacimiento. Había tres piedras en cada hilera habiendo un total de cuatro hileras. La siguiente es una lista de los nombres de las tribus (hijos) de Israel, el significado del nombre, la piedra y el color de la misma. (Nota: es difícil traducir algunas de las palabras antiguas por términos modernos. Por lo que es factible que encuentre usted diferentes listas de piedras, dependiendo de la traducción de la Biblia que use usted. Esta lista procede del «Temple Institute»). En las distintas fuentes y traducciones (Onkelos, Yerushalmi, Yonatán y otras) se le asignan diferentes identidades y colores a aquellas piedras del pectoral que figuran en las Escrituras y que en esta ocasión se hará mención a la utilización con mayor frecuencia.

  • Rubén significa hijo de y la piedra es el rubí (roja)
  • Shimon significa erudición y la piedra es el jade (verde)
  • Levi significa señorío y la piedra es la ágata (roja, blanca y con franjas negras)
  • Judá significa adoración y la piedra es el carbunclo (azul verdoso)
  • Isacar significa asociación y la piedra es lapis-lazuli (azul)
    Zabulón significa compañerismo y la piedra es el cuarzo de cristal (transparente)
  • Dan significa juicio y la piedra es la turquesa (azul)
  • Neftalí significa mano de obra, arte y la piedra es la amatista (púrpura)
  • Gad significa compañerismo y la piedra es la ágata (gris)
  • Aser significa comunión y la piedra es la aguamarina (Azul verdosa)
  • José significa liderazgo y la piedra es el onix (negra)
  • Benjamín significa herencia y la piedra es el ópalo (una piedra que posee todos los colores)

La composición del pectoral del Sumo Sacerdote muestra que sólo cuando cada tribu cumple su rol y realiza su contribución particular y necesaria a la nación en conjunto, el alma colectiva de Israel puede alcanzar la perfección y la consumación. Y sólo entonces la voluntad objetiva de Dios para la creación, representada por las letras brillantes del pectoral, se pondrá de manifiesto como un estado de gracia, paz y armonía dentro del pueblo de Israel y entre las naciones.

Dicho de otra manera, el Sumo Sacerdote procuraba el consejo divino por medio del pectoral cuando era necesario para el pueblo hebreo conocer el deseo del Eterno en relación a un asunto específico del momento. El oráculo tenía doce piedras, organizadas en un cuadrado de tres por cuatro, representando a cada una de las tribu y como tal simbolizaba la unificación y armonía perfectas de los doce arquetipos o clases de personalidades de Israel. Cuando cada uno lograba su máximo potencial, individualmente y en relación a los demás, entonces la armoniosa perfección, que era la revelación de la voluntad de Yashvéh, se revelaba como profecía en el pectoral.

El Corazón Pastoral de un Líder.

Un tzadik (justo) como Aharón percibe el sentido especial de cada persona. El Sumo Sacerdote (Kohen Gadol), en su corazón era sensible a los cambios sutiles que tienen lugar en cada tribu, así como aquellos que se producen en cada alma. Está lleno de amor y preocupación por todos. Él «ama la paz/integridad y persigue la paz/integridad«.

¿Qué significa el «Pectoral del Juicio«? Rashi dice que significa «expía la corrupción de la justicia«. Pues bien, este elemento de la vestimenta  representaba que el corazón de Aarón, y de todo Sumo Sacerdote, infunde a todos el amor mutuo, hasta que todos se perdonan mutuamente de todo corazón si han adquirido o hecho algo injustamente. De esta manera todo queda expiado.

Aharón es todo corazón. Su nombre en hebreo אהרן es igual a ocho veces lev (לב), que significa corazón. Este número está relacionado a las ocho vestiduras del Sumo Sacerdote. En guematráa, joshen es igual a Mashiaj (משיח), lo que revela que el Mashíaj siente a toda la nación de Israel dentro de su corazón, tal como está escrito en el libro del profeta Ishaiahu:

«Él seguramente carga nuestros padecimiento». 

(Isaías 23:4)

Este es el secreto del liderazgo del Mesías. Esta es la clave de Su diseño de Corazón Pastoral. En el cuarto evangelio, el apóstol Juan nos presenta a Yeshúa como el Pastor que conoce a sus ovejas por su nombre:

«A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y á sus ovejas llama por nombre, y las saca.»

(Juan 10:3)

Los nombres de la tribus en el pectoral representan también los nombres de los auténticos creyentes, que están escritos en el corazón de Yeshúa, nuestro Gran Sumo Sacerdote. Los nombres están grabados en la piedra y no pueden ser borrados, de la misma manera que nosotros tampoco podemos perder la vida eterna una vez que hemos depositado nuestra fe y confianza en Él.

«Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.»

(Juan 10:28)

Por último, es interesante notar que las piedras con los nombres de los hijos de Israel están más lejos del corazón que el Urim y el Tumim. Esto nos revela que la voluntad del Eterno siempre debe ser más importante para un sacerdote que los hombres. Por lo tanto, tiene la máxima prioridad, y es la cosa más cercana al corazón. Este es el resultado del Pacto Renovado, como está escrito en :

“Porque por una ofrenda él ha hecho perfectos (tumim) para siempre a los que son santificados. Y también el Espíritu de santidad nos da testimonio; porque después de haber dicho: 

ESTE ES EL PACTO QUE HARÉ CON ELLOS DESPUÉS DE AQUELLOS DÍAS: PONDRÉ MIS LEYES EN SU CORAZÓN, Y EN SU MENTE LAS ESCRIBIRÉ (urim),

añade: 

Y NUNCA MAS ME ACORDARE DE SUS PECADOS E INIQUIDADES (tumim).”

(Hebreos 10:14-17)

Cada vez que un líder mesiánico ora por los preciosos hermanos que están en su corazón, tiene el Urim y el Tumim como base, pidiendo que la voluntad del Eterno sea revelada y que las personas puedan cumplirla y llegar a ser perfectas, como está escrito por el apóstol Pablo en su epístola a los Filipenses:

“Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros (todos los nombres en los hombros), por vuestra participación en las buenas nuevas desde el primer día hasta ahora, estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra (urim), la perfeccionará (tumim) hasta el día del Mesías Yeshúa. Es justo que yo sienta esto acerca de todos vosotros, porque os llevo en el corazón (el pectoral), pues tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación de las buenas nuevas, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia.”

(Filipenses 1:3-7)

A los discípulos de Corinto les escribía:

“Y rogamos a Dios que no hagáis nada malo (urim)… 

Pues nos regocijamos cuando nosotros somos débiles, pero vosotros sois fuertes; también oramos por esto: que vosotros seáis hechos perfectos (tumim).”

(2 Corintios 13: 7a, 9)

Así mismo a los creyentes de Colosas les escribía:

“Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por vosotros (todos los nombres en los hombros) y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual (urim), para que andéis como es digno del Señor (tumim), agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios (urim); fortalecidos con todo poder (tumim) según la potencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia (tumim), con gozo dando gracias al Padre que nos ha capacitado (tumim) para compartir la herencia de los santos en luz (urim).”

(Colosenses 1:9-12)

“A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría (urim), a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en el Mesías (tumim).”

(Colosenses 1:28 )

Evidentemente estas dos aristas regían la pedagogía paulina:

“…porque en todo fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en todo conocimiento (urim)

… el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesús el Cristo (tumim).”

(1 Corintios 1:5, 8)

Así mismo Pablo da revela que para esto fueron dados como hombres-dones los cuatro ministerios del corazón pastoral:

“Y él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos (tumim) para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo del Mesías; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno (urim) del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud del Mesías (tumim).”

(Efesios 4:11-13 )

¡Que Glorioso es nuestro Abba! Nuestro Gran Sumo Sacerdote, Yeshúa HaMashiaj, nos guarda, nos ama, y nos guía, diariamente mientras se mueve en intercesión delante del Trono del Eterno.

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¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

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La Fisiología del Urim y el Tumim

Por P.A. David Nesher

 

 

“Y harás el pectoral de juicio, obra de hábil artífice; lo harás como la obra del efod: de oro, de lana azul, lana púrpura y lana escarlata y de lino trenzado lo harás.”

(Shemot/Éxodo 28:15)

 

Se desconoce la etimología y el significado exacto del término hebreo, traducido comúnmente por «pectoral«, siguiendo la antigua versión latina (pectorale) y teniendo en cuenta que se trata de un objeto colocado sobre el pecho del Kohen Gadol (Sumo Sacerdote).

Leemos que los vv. 15, 29 y 30, lo califican de «pectoral de juicio«(Joshen Mishpat). Se trata de un juicio o procedimiento de tipo oracular que servía para juzgar.

Hay dos explicaciones por las que el pectoral es llamado “de juicio”. La primera, que se encuentra en el Talmud, dice que es llamado así porque hace expiación por la perversión de la justicia civil. La otra interpretación que es presentada por Rashí, dice que es llamado pectoral de juicio porque prueba las afirmaciones que hace por medio del Urim y Tumim, y sus promesas son verdaderas, (cf. Números 27:21). Cuando había duda con respecto a qué hacer en cuanto a asuntos importantes para la nación, se acudía al Sumo Sacerdote. Él se volteaba hacia la Shekiná (la presencia divina), y el que preguntaba se colocaba detrás y hacía su pregunta.

Este sistema oracular era uno de los dos métodos para resolver cuestiones de importancia para la comunidad, donde no es aceptable el error humano. La mayoría de tales decisiones eran hechas por el Sanedrín, un consejo compuesto de setenta  de los sabios más grandes de la generación. Cada sabio se distinguía por haber alcanzado tal grado superior de conocimiento de la Torah, que incluso sus respuestas instintivas a las preguntas y las experiencias de la vida eran consistentes con las verdades de la Torah. Aun así, los prejuicios personales eran minimizados más todavía con el requerimiento de que se reglamente según el voto de la mayoría. Pero para ciertos interrogantes tales como ir a la guerra o no, se buscaba el consejo divino por medio este «pectoral».

En el pectoral estaban todas las letras del alefato (alfabeto hebreo). Las letras se alumbraban milagrosamente para formar la respuesta deseada. De este modo el pectoral aclaraba sus afirmaciones y fue llamado por eso, “pectoral de juicio”. Rashí enseña que la palabra hebrea para “juicio” (mishpat) usada en este sentido tiene tres significados:

  • Las palabras alegadas por los litigantes.
  • El veredicto, la sentencia.
  • La ejecución del castigo, capital, por azotes o monetario.

Por eso, según Rashí, en este caso mishpat significa “confirmar una afirmación”.

El Urim y el Tumim eran dos inscripciones del Nombre Divino. Cuando Moshé estaba en el cielo estudiando la Torah, Yahvéh le reveló el secreto de cómo hacer el Urim y el Tumim. Sólo Moshé, a quien el secreto le fuera revelado, podía hacerlos y ponerlos en el pliegue del pectoral. Por lo tanto, en ningún lugar está escrito que nadie haya contribuido en hacer el Urim y Tumim, o que se diera alguna instrucción a los trabajadores sobre como hacerlos.

En el idioma hebreo, Urim (אוּרִים),  plural de ur, significa “llamas”, «luces«,  y Tumim (תּוּמִים), plural de tum, significa “cumplimientos”, “perfecciones”, «sin culpa» o «Integridad«.  En consecuencia, Urim y Tumim se ha traducido tradicionalmente como las luces y perfecciones de la Voluntad divina. Sin embargo, aunque el significado aparente de las palabras es plural, el contexto sugiere que se trata de un pluralis intensivus (palabras en singular que son pluralizadas para realzar su majestad). Las formas singulares (ur y tum) han sido conectadas por antiguos eruditos con los términos babilónicos urtu y tamitu, que significan oráculo e instrucción, respectivamente. Muchos eruditos sostienen que אוּרִים (Urim) deriva simplemente del término hebreo אּרּרִים (Arrím), que significa condenado, de modo que Urim y Tumim significaría culpable o sin culpa, en referencia al juicio divino respecto de un acusado. En otras palabras que Urim y Tumim responderían a la pregunta de ¿inocente o culpable?. Todos los estudiosos del tema dan por sentado que se trataba de un instrumento diseñado para tomar decisiones en base a una pregunta concreta, susceptible de ser respondida por sí o por no (similar a una moneda que cae de cara o cruz).

Son la única forma de consulta que esta detalladamente escrita en la Torah y el  Tanak (Antiguo Testamento). Con ellos no se incurría en equivocación de utilizar la percepción para fines de adivinación, ego, lucro, falsedad, idolatría o vanidad. De este modo el Eterno evitó que incurriesen en pecado de superstición yendo a consultar a los oráculos gentílicos de los pueblos vecinos. Conforme a esto, el rey Salomón afirmará:

«La suerte se echa en el regazo, mas de Yahvéh viene toda decisión.»

(Proverbios 16: 33 – BLA)

El Urim y el Tumim eran utilizados por el Sumo Sacerdote, y tenemos dos ejemplos en los que se acudió a este sistema de oráculos: Josué al repartir las tierras, y el rey David para decidir adecuadamente. La confianza en estos medios únicos de revelación (Nm. 27:21; Dt. 33:8) parece haber cesado después del reinado de David, Aunque se dio un intento de reavivar la práctica durante el periodo post-exílico, en el siglo quinto a. EC. (Véase Esdras 2:63; Nehemías 7: 65).

El Talmud dice:

“¿Por qué fueron llamados “Urim y Tumim”? “Urim” porque hicieron que sus palabras se iluminaran y “Tumim” porque cumplieron sus palabras.”

Por esto en el Talmud, a la expresión el Urim y el Tumim se interpreta como “Revelación y Verdad”. Con estas dos gemas semipreciosas que forman parte viva de la Tierra, Yahvéh permitía utilizar una herramienta de la tierra como las piedras para evaluar cómo está la vibración, la energía, o las expectativas de cualquier cosa.

Según Rashí, Urim ve-Tumim es el nombre de un pergamino en el que estaba escrito el Nombre del Eterno. Ese pergamino fue puesto dentro de los pliegues del pectoral y causaba que las letras se iluminaran y se perfeccionaran cuando daba una respuesta divina.

El Urim y el Tumim se deberán colocar sobre el corazón de Aharón, cuando este delante de Dios, y discernirá para los hijos de Israel sobre su corazón ante Dios (Éxodo 28: 29-30). Así pues, cuando se traía un interrogante ante el Kohen Gadol (Sumo Sacerdote), él meditaba en el Santo Nombre del Urim. Esto provocaba que las letras sobre las piedras del pectoral se iluminaran o resaltaran. Estas letras formaban la respuesta a la pregunta. Sin embargo, dado que no estaban especialmente ordenadas, nuevamente el Kohen Gadol  tenía que meditar en el Santo Nombre del Tumim y entonces se le daba Ruaj Hakodesh (inspiración Divina) un nivel de profecía menor que aquel llamado “nevua” para ordenar las letras apropiadamente y transmitir la respuesta correcta.

Dicho de otra manera, el Sumo Sacerdote procuraba el consejo divino por medio del pectoral cuando era necesario para el pueblo hebreo conocer el deseo de Yahvéh en relación a un asunto específico del momento. El oráculo tenía doce piedras, organizadas en un cuadrado de tres por cuatro, representando a cada una de las tribu y como tal simbolizaba la unificación y armonía perfectas de los doce arquetipos o clases de personalidades del pueblo hebreo. Cuando cada uno lograba su máximo potencial, individualmente y en relación a los demás, entonces la armoniosa perfección, que era la revelación de la voluntad del Eterno, se revelaba como profecía en el pectoral.

Esto significa que el Urim y el Tumim representan la revelación de la voluntad del eterno. Urim – luces – es la revelación de su voluntad. Tumim – perfecciones – es el cumplimiento de su voluntad. En el ministerio de Malki-Tsedek Urim y el Tumim están dentro del corazón del sacerdote. Su único deseo es que se haga la voluntad del Eterno. Tiene una oración constante: “Señor, revélame tu voluntad y ayúdame a cumplirla perfectamente”.

Por último, vale agregar un dato interesante. El Urim y el Tumim deben haber sido pequeños objetos de metal o piedras inscritos con símbolos, posiblemente las 22 letras del alfabeto hebreo, en base al hecho de que la primera letra del Urim (Alef) y la primera letra del Tumim (Tav) son las primera y la última letra del alfabeto, respectivamente. Esto se refiere a la unificación del Mundo de Arriba (los Cielos) y el Mundo de Abajo (la Tierra) tanto en sus manifestaciones espirituales como físicas (alma y cuerpo). Esto nos lleva a merecer Ruaj HaKodesh (Espíritu de Santificación) y profecía.

En el mal llamado Nuevo Testamento, uno de los títulos que se le da al Mesías Yeshúa es «el Alfa y la Omega«, mala traducción de «Aleph y Tav» (את).

 

 

Por lo tanto, este sistema oracular de justicia tipificaba el perfecto obrar sacerdotal de Yeshúa, tal como lo anunciara el profeta Isaías:

«El se deleitará en el temor del Señor,
Y no juzgará por lo que vean Sus ojos,
Ni sentenciará por lo que oigan Sus oídos;
Sino que juzgará al pobre con justicia,
Y fallará con equidad por los afligidos de la tierra.
Herirá la tierra con la vara de Su boca,
Y con el soplo de Sus labios matará al impío.
La justicia será ceñidor de Sus lomos,
Y la fidelidad ceñidor de Su cintura.»

(Isaías 11: 3-5)

Este nivel mesiánico se logra por medio de las siete capacidades que da el Ruaj HaKodesh (Espíritu de Santificación) del Eterno (cf. Isaías 11: 1-2). Con esta cosmovisión, explican los apóstoles a las primeras comunidades de discípulos que para que un redimido pueda acceder a cumplir su objetivo en la vida, debe tener constantemente sobre su corazón, “pectoral de juicio”, debiendo analizar diariamente su senda. Pero el “juicio” solo no es suficiente, sino que hace falta tanto el “Urim” , como el «Tumim«. Importante es saber que “Urim” proviene de la palabra “Or” que significa “Luz”, haciendo alusión a la Torah escrita en la mente y grabada en el corazón. Es decir que el verdadero o justo “juicio” es a través de la Torah, ya que sin ella no se sabe lo que está bien y lo que está mal (Juan 7:24). Y “Tumim” es una palabra que proviene “Tam” que significa «simple«. Es decir que el verdadero “juicio” es cuando la persona posee “Torah” y  desde ella adquiere“simpleza” en su corazón, que permite la manifestación de la mansedumbre y la humildad. Esto es al fin y al cabo el objetivo final de la Gran Vocación que Yeshúa nos hace:

«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.»

(Mateo 11: 28-30)

¡Un Descubrimiento Increíble: Hallan Piedra del Pectoral del Sumo Sacerdote!

En ocasiones algunas historias increíbles resultan ser verdaderas y según expertos, tal vez sea este el caso de una pequeña piedra de ónice que se asegura que le fue entregada a un Caballero Templario hace más de mil años y que permaneció en una familia, pasando de generación en generación, y la cual parece ser de hecho, lo que su actual dueña asegura que es: una gema del pectoral del sumo sacerdote en Jerusalén.  Así lo informó en exclusiva Breaking Israel News (BIN).

 

En el año 2000, el doctor James Strange, un notable profesor en estudios religiosos y arqueología viajó a Sudáfrica.  Estando allí, una amiga le sugirió que se pusiera en contacto con una familia que ella había conocido, y que si podía les ayudara con el avalúo de una piedra preciosa. Ellos eran personas de escasos recursos y el doctor Strange era un tasador de gemas reconocido, cuyos servicios eran muy requeridos.

 

El doctor Strange se reunió con la familia con la intención de entretenerse un poco con ellos.  En lugar de eso, quedó muy sorprendido por lo que le mostraron y sobre esto le dijo al reportero de Breaking Israel News: “De hecho me quedé verdaderamente asombrado ante la piedra preciosa, aunque la gema en sí no era nada especial.  Un ónice semiprecioso, con poco valor intrínseco”.

 

Pero el doctor Strange estaba completamente desconcertado con el objeto que sostenía en sus manos, y comentó: “Ignoraba que alguien a finales de la edad media, contara con la tecnología para cortar el hemisferio de una piedra preciosa en tal forma, así que traté exhaustivamente de encontrar todas las explicaciones posibles”.

 

Incluso mucho más asombroso que la piedra, es la inscripción inexplicable dentro de ella, visible a través de la superficie transparente pueden verse dos letras en hebreo antiguo.  El doctor Stone escribió en su valoración de la gema: “No hay tecnología moderna o antigua conocida por mí, por medio de la cual un orfebre pudiera producir tal inscripción, ya que no se trata de un corte sobre la superficie de la piedra, sino en su interior”.

 

El doctor Strange es un experto, pero cuando se enfrentó a tal misterio buscó ayuda.  Se volvió a Ian Campbell, director del Laboratorio Independiente de Piedras Preciosas de Color en Johannesburgo, y uno de los principales gemólogos de Sudáfrica.  Campbell al ver la piedra quedó igualmente sin habla.

 

La estudió tratando de determinar su origen, ya que la historia del propietario de que pertenecía al pectoral del Sumo Sacerdote le parecía demasiado increíble.  Sin embargo, la familia tenía documentación que trazaba el origen de su antepasado, quien fue un varón del período de las cruzadas y estuvo en la Tierra Santa en la edad media, y quien además aseguró que la piedra se la había dado como recompensa el Sumo Sacerdote.  Pero… ¿era esto cierto?

 

La historia de mil años

De acuerdo con la tradición de la familia Auret, su antepasado llamado Croiz Arneet deTarn Auret, recibió la piedra del Sumo Sacerdote, en gratitud por haber ayudado en la liberación de Jerusalén alrededor del año 1189.  La custodia de la piedra fue pasada en la familia Auret, de generación en generación, a través de la línea masculina hasta el siglo XIX.  Esa tradición se rompió cuando Abraham Auret falleció en 1889, legando la piedra a su hija, Christina Elizabeth.

Después que ella se casó con William James Hurst, la piedra dejó de tener el nombre Auret y desde entonces fue pasando de madre a hija.  Los registros genealógicos meticulosamente conservados de la familia, corroboran esta historia.  La piedra siguió pasando como herencia y en la actualidad está en posesión de una mujer anciana en Sudáfrica que desea que su nombre se mantenga en el anonimato.

A lo largo de los siglos ha permanecido bien impreso, imbuido en la conciencia de cada uno de los miembros de esta familia, que fue la mano de Dios la que realizó la misteriosa inscripción dentro de la piedra.

Los expertos están de acuerdo.

El misterio de la piedra continúa.  El doctor Strange notó que la gema no tiene marcas externas, lo cual indica claramente que nunca fue montada sobre un anillo o un collar, viéndose por lo tanto forzado a concluir que probablemente se encontraba colocada sobre una placa grande o pectoral.   Dató la fecha en que se produjo esta gema, aproximadamente en el siglo quinto antes de Cristo.

Como un tasador el doctor Strange no podía borrar todas las dudas, pero ciertamente sí pudo avaluar la gema como algo único en el mundo.  Y el valor que la dio en su avalúo fue de $175 a $225 millones de dólares.

El señor Campbell, quien es gemólogo, fotografió la piedra a través del microscopio confirmando que la misma no había sido abierta, ni cortada o perforada en alguna forma para realizar la inscripción.  Cuando se le pidió que estimara su valor, escribió: “¿Cómo puede alguien lógicamente asignarle valor a algo como esto, que se ha demostrado que es un artefacto religioso?”.  Terminando por estimar que $200 millones de dólares era “un punto justo de partida”.

La propietaria de la piedra también consultó al profesor M. Sharon de la Universidad de Witwatersrand.  A este profesor, un experto en hebreo antiguo, se le dio una fotografía de la gema. La foto un poco borrosa, revelaba algo asombroso, pero él tenía que estar seguro. Intrigado, pidió que le permitieran examinar la piedra.

En su informe escrito, dijo que cuando la colocó bajo la luz, se asombró al ver muy claramente, en el interior de la propia piedra, dos letras hebreas antiguas.  Los caracteres parecían estar grabados o impresos con fuego dentro del corazón de la gema.

En su informe notarizado, escribió: “Debido a la claridad de las letras y su perfecta definición sería increíble suponer que se trata de una formación natural dentro de la piedra.  La falta de cualquier señal aparente de interferencia con la superficie, hace de la existencia de las letras dentro de ella, un verdadero enigma”.

Dibujo de la Gema encontrada

Notó las inscripciones en el hebreo antiguo, de lo que describió como “El equivalente de nuestra ‘B’ y ‘K’”.  Identificando el estilo de la escritura, como perteneciente al año 1000 antes de Cristo, o tal vez unos 200 a 300 años más, o tal vez menos.

En 1994, la doctora Joan Goodnick Westenholz, quien servía como Conservadora Jefe del Museo de las Tierras Bíblicas en Jerusalén, examinó la piedra y concluyó diciendo: “Es un objeto único, algo que no tiene similar o una contraparte idéntica; es único de su clase en este mundo”.

La doctora Goodnick Westenholz cree que la “gema no tiene precio” estimando el siglo séptimo antes de Cristo, como la fecha aproximada en que fue hecha.  E hizo este comentario sobre la inscripción “En la forma de una letra, se encuentra la figura arcaica de la letra hebrea bet”.

 

En su informe firmado por un notario, también dejó constancia de que observó, próximo a la letra bet, “…lo que se percibe como la imagen de un lobo”, haciendo notar que el lobo correspondía a la bendición que Jacob le dio a Benjamín, cuando dijo:

 “Benjamín es lobo arrebatador; a la mañana comerá la presa, y a la tarde repartirá los despojos”

(Gen. 49:27)

BIN investigó el material del fallecido Dr. Ian Campbell Westenholz, con Jeremy Rothon, aprendiz de Campbell, quien confirmó la valoración original y dijo a BIN que era muy consciente de la herencia de la piedra. Que había hecho una enorme impresión en Campbell y que había discutido largamente con él.

Mientras tanto el Dr. Strange recuerda la piedra muy bien, y está más convencido que nunca de su autenticidad. «Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces«, dijo el Dr. a BIN. «He calculado entonces que si se tratara de un fraude, entonces uno o más muy similares aparecerían en el mercado internacional, más pronto, pero que yo sepa, nadie tiene otra”.

«Creo que este objeto necesita una nueva evaluación y la mayor cantidad de pruebas científicas como sea posible para determinar si es efectivo«, dijo Strange. «Si resulta ser un artefacto importante para la historia del pueblo judío, entonces eso es realmente maravilloso. Si resulta ser un fraude magistral, a continuación, voy a estar dolido que estaba engañado”.

¿La piedra será devuelta a Israel?

El actual propietario ha contratado a un hombre de negocios de Sudáfrica para encontrar inversores que están dispuestos a comprar la piedra y llevarla a casa a Israel. Ambas partes prefieren permanecer en el anonimato. Cuando vio la piedra y comprendió lo que era, el hombre de negocios no se lo podía creer, entendió que podría fácilmente convertirse en una mercancía, un objeto de la codicia. Reconoció que esta pequeña piedra era una enorme parte de la historia judía y se dispuso a encontrar un inversor que recompense al propietario con la intención de llevarlo a Israel y donarlo al templo.

«He estado involucrado con ofertas como esto antes«, dijo BIN. «Hay piezas de herencia egipcia en los museos de todo el mundo. La gente encuentra algo y lo venden, sin pensar en lo que es. Eso es lo que se hace y es una lástima, más aún con esta piedra. Varias personas han estado tratando de comprar o vender esta piedra, convirtiéndola en un negocio. Todo lo que realmente quisiera hacer es conseguir la piedra de nuevo a Israel, donde pertenece”.

 

Tomado de: Profecía al Día

¿Dos «Piedras Mágicas» o Dos Hombros Compasivos?

Por P.A. David Nesher

«Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel; seis de sus nombres en una piedra, y los otros seis nombres en la otra piedra, conforme al orden de nacimiento de ellos.
De obra de grabador en piedra, como grabaduras de sello, harás grabar las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; les harás alrededor engastes de oro. Y pondrás las dos piedras sobre las hombreras del efod, para piedras memoriales a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Yahvéh sobre sus dos hombros por memorial.
Harás, pues, los engastes de oro, y dos cordones de oro fino, los cuales harás en forma de trenza; y fijarás los cordones de forma de trenza en los engastes.»

(Éxodo/Shemot 28: 9-14)

Hemos ya visto que el pectoral era una prenda que el Sumo Sacerdote llevaba sobre el pecho cuando entraba en el Mishkán (Santuario) o tenía que decidir cuestiones de gran importancia.

Era la vestidura más importante que llevaba el Sumo Sacerdote. Esta prenda representa la parte de sus vestiduras descrita  como «vestiduras de salvación«:

«En gran manera me gozaré en Yahvéh, mi alma se alegrará en mi Dios;

porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas.»

(Isaías 61:10)

Recordemos que esta prenda consistía en una pieza de bordado doble, cuadrada de 25 centímetros, de tela muy fina. Estaba engarzado con doce piedras preciosas, cada una de las cuales tenía grabado uno de los nombres de las doce tribus y estaban colocadas en el mismo orden que le correspondía a las tribus en su campamento en el desierto. Así, el sumo sacerdote llevaba simbólicamente los nombres de las doce tribus sobre su corazón cuando estaba delante de Yahvéh.

El material del efod del sumo sacerdote era de la misma clase al usado en la confección del velo del Mishkán, con hebras de oro tejidas en él para añadirle a su «honra y hermosura».

El frente y parte posterior del efod estaban unidos con «hombreras». Se colocaron dos «piedras de ónice», en «engastes de oro», sobre estas hombreras.

La palabra hebrea para «ónice» (shoham). Es interesante saber que la expresión “shohám” ( שהם ) podría remitirse a la raíz “séh”, que significa “cordero”, o bien a la raíz “shovéh”, que significa “ser semejante«. Shohám (traducido como «ónice») se refiere a una piedra muy preciosa que podía «brillar como el fuego». Esto marca diferencia respecto al  ónice que se conoce hoy, «que no es ni precioso ni brillante».

El ónice es una piedra que tiene capas blancas que se alternan con otras negras, marrones, rojas, grises o verdes. Parece que el color pálido producido por la combinación de las capas rojas que se transparentan a través de las translúcidas capas blancas de esta piedra les recordaba a los griegos la uña, llamada en griego ó·nyx. Desde tiempos remotos se ha utilizado el ónice en adornos, sortijas y cuentas. Sus capas de diversos colores lo convirtieron en una gema especialmente popular para los camafeos.

Es la primera piedra preciosa mencionada en la Torah. En sus primeras líneas se nos cuenta que la “tierra de Hávilá” era rica en ónice en los albores de la historia.:

“El oro de aquella tierra es bueno; allí hay bedelio y ónice” 

(Génesis 2:12)

Ahora bien, el Eterno mostró a Moshé diseños celestiales que enseñaban cómo el Mesías actuaría en Su misión. Por ello, considerar estas dos ónices en las hombreras del efod, resultará muy edificante para nuestra fe. Sabemos por lo que revela este pasaje que en una piedra estaban los nombres Reuvén, Shimón, Leví, Yehudá, Dan y Naftalí. En la otra piedra Gad, Asher, Yisajar, Zvulún, Yosef y Binyamín. Esto significa que había 25 (veinticinco) letras hebreas en cada piedra, 50 (cincuenta) letras en las dos.

El Midrash cuenta como fueron grabadas las piedras. La expresión «en el orden de su nacimiento«, quiere decir que se iban colocando los nombres en las dos piedras de ónix simultáneamente, empezando por la piedra situada a la derecha. A modo de ejemplo, el nombre de Reuvén estaría grabado en la piedra de la derecha, mientras que el nombre de Shimhón, segundo hijo de Israel, estaría grabado en la piedra de la izquierda, y así sucesivamente; de esto resulta que no figuraban seis nombres de acuerdo con el orden de nacimiento en una piedra, y seis en otra, sino más bien, que figuraban alternadamente (Minhah Belulah).

El Midrash también cuenta como fueron grabadas las piedras. Los nombres de las tribus fueron escritos con tinta. Luego fue traído un gusano pequeño como el grano de cebada que se llama shamir. El shamir tenía la capacidad para partir la piedra. Cuando el shamir se comió la tinta, cortó dentro de cada piedra con tal precisión que ni siquiera una minúscula astilla de un diamante se perdió. Como resultado de la incisión. fue grabado el nombre de cada una de las tribus en la piedra de una manera perfecta.

Hemos dicho que Aharón es un tipo del Mesías (es decir, lo representa proféticametne). Aharón llevaba los nombres de Israel ante Yahvéh siempre que el entrara en la Tienda, y se identificaba a si mismo con ellos. Justamente la expresión que se ha traducido «… para piedras memoriales a los hijos de Israel«, debería en verdad decir: «como piedras de recuerdo a favor de los hijos de Israel«. Los sabios intérpretes del hebreo dicen que esto «…quiere decir, que aquellas piedras harán que Aharón recuerde siempre en su pensamiento y en sus oraciones a los hijos de Israel, fijando permanentemente en ellos su pensamiento, y ello lo prepararía para recibir la profecía concerniente a los asuntos de los hijos de Israel. «(Minhah Belulah)

Considerando todo esto, aprendemos que sobre los hombros del Mesías se encuentran los nombres de las doce tribus de Israel, sobre dos piedras negras. Esto nos enseña que cuando el Mesías llevó el madero sobre sus hombros desde la ciudad hasta el lugar donde fue colgado, estaba llevando el pecado de las doce tribus de Israel. Como Israel es la nación sacerdotal, representa a todas las naciones. Así que sobre los hombros del Mesías cargaba el pecado de todo el mundo:

“Debido a la angustia de su alma, él lo verá y quedará satisfecho. Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos.”

(Isaías 53:11)

Es bajo esta cosmovisión que el apóstol Juan relató la pasión del Señor:

“Tomaron, pues, a Jesús, y él salió cargando su viga al sitio llamado el Lugar de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota” 

(Juan 19:17)

En  la primera epístola que Juan escribiera, él testifica acerca de esto así:

“El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros (los judíos), sino también por los del mundo entero.” 

(1 Juan 2:2)

Las dos piedras de ónice sobre los hombros no solamente hablan de la carga del pecado de los hijos de Israel, sino del gran peso que conlleva ser responsable para el desarrollo espiritual de los demás, tal como lo experimentará el apóstol Pablo en su misión :

“Además de tales cosas externas, está sobre mí la presión cotidiana de la preocupación por todas las congregaciones.”

(2 Corintios 11:28)

Esta carga es conocida como la carga del intercesor. La intercesión es un ministerio sacerdotal (cf. Lucas 22:32; Juan 17:9). Sobre los hombros del intercesor pesan aquellos nombres que también están en su corazón. Tiene que llevarlos delante del Eterno en todo momento y mencionar sus nombres constantemente:

“…orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros”

 (Filipenses 1:4)

“no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo mención de vosotros en mis oraciones.”

(Efesios 1:16)

“Doy gracias a Dios, a quien sirvo con limpia conciencia como lo hicieron mis antepasados, de que sin cesar, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones”

 (2 Timoteo 1:3)

“Doy gracias a mi Dios siempre, haciendo mención de ti en mis oraciones.”

 (Filemón 4)

“¿Quién es el que condena? Jesús, el Cristo, es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” 

(Romanos 8:34)

Aquí será muy importante abrir nuestros espíritus para recepcionar una curiosidad profunda en significados celestes. Sabemos que el ministerio del Mesías según el orden de Malki-Tsedek fue entregado a sus discípulos cincuenta días después de su resurrección, en el día de la Fiesta de Shavuot (Pentecostés), cuando el Espíritu fue dado (cf. Hechos capítulo 2). Interesante resultará saber que esos cincuenta días corresponden a las 50 letras de los nombres de los hijos de Israel que están sobre los hombros del Mesías. Yeshúa estuvo 40 días con sus discípulos después de su resurrección (cf. Hechos 1:3). Los diez últimos días antes de Shavuot estaba en el cielo. Si cada letra corresponde a un día, vemos como la letra número 41 corresponde al primer día en el cielo. Esa letra es la primera del nombre Yosef, la yud, que tiene el valor 10. En ese día cuando Mashíaj ben Yosef entró en el cielo empezó el proceso de su glorificación y luego consagración como Sumo Sacerdote. Él fue investido en el cielo con esa ropa verdadera, que también tiene los nombres de los hijos de Israel sobre sus hombros. Así él puede llevar la memoria de los hijos de Israel delante del Padre constantemente:

“Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.” 

(Hebreos 7:25)

Como el Mesías está llevando los nombres de los hijos de Israel en las dos piedras que están sobre sus hombros, hay un constante recuerdo de su muerte delante del Padre a favor de todos nosotros.


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