Israel

El Efod: Las Fuerzas de Hombros Eternos

Por P.A. David Nesher

“Harán también el efod de oro, de lana azul, lana púrpura y lana carmesí y lino trenzado, obra de diseñador… Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel, seis de los nombres en una piedra, y los seis nombres restantes en la otra piedra, según el orden de su nacimiento. Así como un joyero graba un sello, tú grabarás las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; las engastarás en filigrana de oro. Y pondrás las dos piedras en las hombreras del efod, como piedras memoriales para los hijos de Israel, y Aharón llevará sus nombres delante de Yahvéh sobre sus dos hombros por memorial.” 

(Éxodo 28:6, 9-12)

Entendemos, por la revelación de la Instrucción (Torah) divina, que para que Aharón pudiera ejercer el sacerdocio como sumo sacerdote tenía que utilizar ciertas prendas de vestir. Y las vestiduras señalaban simbólicamente al Mesías y Su Misión. Debo reconocer que es cierto que la mayoría de las instrucciones dadas en el libro del Shemot (Éxodo) no constituyen una lectura apasionante, pero sí nos revelan las dimensiones místicas de la persona de Yeshúa HaMashiaj.

Para comprender las profundidades de la Sabiduría divina, tengamos en cuenta que el Sumo Sacerdote en la Tierra es una sombra del Sumo Sacerdote celestial. Todo lo que Moshé tenía que hacer en el Mishkán (tabernáculo) terrenal era una copia de lo que había visto del cielo. Esto nos enseña que Moshé vio el Sumo Sacerdote celestial.

Tengamos en cuenta que en el cielo no existe el factor físico espacio-tiempo, por lo que las estructuras metafísicas que allí existen no se conforman al factor tiempo que hay en la Tierra. Así que, a pesar de que el Mesías Yeshúa todavía no había nacido, ni había muerto, ni había sido resucitado, ni había sido glorificado ni instalado en su ministerio celestial eterno según el orden de Malki-Tzedek, Moshé lo vio. Lo que vio fue el ministerio futuro del Mesías en el templo celestial.

Con esta cosmovisión en nuestra mente, llegamos ahora a uno de los más esenciales partes de la vestimenta que completa y ensalza la vestidura del sumo sacerdote: el efod.

El efod era esencialmente un ornato, como un delantal, hecho de oro, tela azul, púrpura, lino fino y carmesí. Para que ustedes puedan entenderlo bien, digamos que era una pieza muy elaborada semejante, posiblemente a un chaleco sostenido por dos tirantes. Cada tirante tenía una piedra preciosa en las que estaban grabados seis de los nombres de las doce tribus de Israel. Esto representaba que el Sumo Sacerdote llevaba la carga de toda la nación de Israel sobre los hombros al representarla delante de Yahvéh.

Tal como pueden notar, en este pasaje, el efod es la pieza más colorida portada por el sumo sacerdote, a la vez de ser la más compleja. Tal como todas las otras partes de la vestimenta, el efod representa un aspecto específico del carácter de Yeshúa, el cual nosotros debemos apropiarnos.

¿Qué es lo que el efod significa?

El efod trae un significado espiritual de responsabilidad y fidelidad al propósito eterno de Dios. Después que Yahvéh llena al creyente con Su Espíritu, Él demanda que se vistan con la responsabilidad y fidelidad del Mesías, nuestro gran Sumo Sacerdote, de tal manera que ellos puedan utilizar el poder de Yahvéh, su kedushá (santidad) de una forma responsable, hasta convertirse en justos (tzadikim).

Considerando pues este paradigma de nuestra Gran Vocación, los invito a que analicemos los códigos lumínicos escondidos en la composición de esta prenda.

El efod estaba hecho de los siguientes cinco materiales (o colores): oro, púrpura, morado, y fino lino (blanco). Estos cinco materiales son mencionados siete veces en, exactamente, el mismo orden a través del Éxodo. De hecho, estos materiales siempre aparecen en el mismo orden a través de toda la Escritura. Esto nos sugieres que hay algo espiritualmente significante en estos materiales y en la forma en que son ordenados.

Según Rashí, el efod estaba hecho como una especie de delantal que el kohén ceñía por la espalda a la altura del corazón, debajo de los codos. Su anchura era un poco más grande que la anchura de la espalda de un hombre y llegaba hasta los talones.

El cinto estaba tejido a su borde superior, siguiendo su ancho y prolongándose hacia ambos lados para que pudiera rodearlo completamente y ceñirse con él.

Las hombreras estaban unidas al cinto, en la parte de atrás y llegaban hasta los hombros y un poco más de modo que se doblaban hacia delante hacia abajo. Las piedras de ónice estaban incrustadas, una en cada hombrera. Las dos cadenas de oro fueron insertadas en los dos anillos superiores del pectoral, una a la derecha y otra a la izquierda, y las dos puntas de cada cadena fueron insertadas en el engaste de cada hombrera. Así el pectoral colgaba de los engastes del efod hasta la altura del corazón.

Los dos anillos que estaban en las dos esquinas bajas del pectoral coincidían con los dos anillos que estaban en la parte de arriba del cinto efod, descansando unos sobre otros. Estos anillos fueron atados entre sí con un hilo de lana azul para que el pectoral estuviese pegado al cinto del efod y no se moviese.

Según el Talmud, las cinco clases de materiales estaban trenzadas en cada hilo. El oro se aplanaba en láminas delgadas que se cortaban en hilos finos. Luego se retorcía una hebra de oro con seis hebras de lana azul, una hebra de oro con seis hebras de lana púrpura y así también con la lana carmesí y con el lino. Luego se retorcían los cuatro hilos juntos y así formaban un hilo con veintiocho hebras.

El mensaje revelado en esto es que el ser responsables y fieles al propósito eterno de Dios conlleva el derecho y deber de apropiarse de las virtudes espirituales que estos cinco materiales significan. Estos cinco materiales de hecho forman el efod. Sin estas cinco virtudes, no podemos, fiel y responsablemente ponernos ante el Eterno y solicitar su socorro. Con esto en mente, consideremos ahora el significado espiritual de estos cinco materiales.

  • ORO: Símbolo de lo incorruptible, lo más valioso. En esta prenda representa la Justicia Divina (la rectitud, pureza, santidad), y vindicación de Dios, su perfección y todos sus atributos juntos.
  • AZUL: Representa la majestad y completitud de la deidad. El color azul, en hebreo es Tekheleth, del hebreo “kahlah” que significa perfección, o completitud. El filamento azul en los bordes de su manto era precisamente símbolo de completitud.
  • PURPURA: Significa la autoridad que juzga.
  • CARMESÍ: Representa lo humano. También se le asocia a la sangre y a la vida (Génesis 9:4-5, Deuteronomio 12:23), el sacrificio (Éxodo 12: 13; 23:18;, la remisión de los pecados (Hebreos 9:22, I Juan 1:7; Apocalipsis 1:5), señal del pacto (Éxodo 24:8, Mateo 26:28, Romanos 5:9, Hebreos 9:12; 13:12), la guerra (1Reyes 2:05, 1Crónicas 22:8).
  • LINO TORCIDO: En la antigüedad, era la vestimenta de los nobles y de los sacerdotes, y se escogió debido a que representaba la frescura y limpieza del alma humana. El fino lino torcido en el efod sacerdotal habla de la pureza de vida que se manifiesta en la conducta producto de poner en práctica la Torah y sus preceptos. En la medida que somos limpiados por la sangre del Mesías, nuestra conciencia se limpia, y entonces estamos capacitados para caminar sobre una vida pura, que siempre garantiza el éxito.
El Gran Sumo Sacerdote Intercediendo por la Restauración de las Doce Tribus.

Al comienzo de esta bitácora comenté que sobre las dos piedras de ónice, debían estar grabados los nombres de las doce tribus de Israel (seis en cada piedra). También dije que cuando el Sumo Sacerdote entraba en el Mishkán (Tabernáculo), llevaba escritos dichos nombres sobre sus hombros. Este detalle destaca el poder y la representatividad del Sumo Sacerdote delante del Trono del Altísimo.

¿Recuerdas la parábola que Jesús pronunció sobre la oveja perdida? El pastor del rebaño salió a buscarla y al encontrarla, la trajo de vuelta sobre sus hombros. En los Escritos Mesiánicos (mal llamado Nuevo Testamento) y hablando de Yeshúa HaMashiaj, nuestro Gran Sumo Sacerdote, cumpliendo su rol sacerdotal dice:

«Por lo cual El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.»

(Hebreos 7:25)

En estos días, nosotros estamos disfrutando de vivir después de la primera manifestación del Mesías, cuando vino como siervo sufriente. Después de su resurrección fue elevado, glorificado, investido e instalado en el servicio celestial como nuestro Gran Sumo Sacerdote.

Entonces al estudiar la ropa del sumo sacerdote terrenal podemos saber qué tipo de vestidura tiene el Mesías en el cielo en estos momentos. Sobre sus dos hombros hay dos piedras de ónice. Sobre una de las dos piedras hay seis de los nombres de los hijos de Israel, y sobre la otra los otros seis nombres. El propósito de estas piedras es llevar los nombres de las doce tribus delante del Eterno en memoria para que el Eterno se acuerde de cada una de esas tribus y sus descendientes

Esto nos revela que cuando el Mesías está sirviendo día y noche en el templo celestial como Gran Sumo Sacerdote, está mencionando delate del Todopoderoso los descendientes de los hijos de Israel que están viviendo en el mundo, y posiblemente también los que han muerto esperando la resurrección. Yeshúa el Mesías lleva casi dos mil años intercediendo por la restauración de las doce tribus. ¿Crees que su oración será oída?

Cuando los hijos de Israel habían clamado al cielo durante cuatrocientos años vino una respuesta poderosísima desde el cielo, con la liberación de la esclavitud egipcia con todos esos milagros y prodigios maravillosos. ¿Cómo será la respuesta a la oración del Mesías que ha estado clamando durante un tiempo que es cinco veces más largo, con un alma totalmente pura y justa y desde su posición celestial?

¿Cómo será la restauración de las doce tribus?

El profeta Isaías nos da la respuesta, según lo que escribió:

“Y ahora dice el SEÑOR (el que me formó desde el seno materno para ser su siervo, para hacer que Jacob vuelva a El y que Israel se reúna con El, porque honrado soy a los ojos del SEÑOR y mi Dios ha sido mi fortaleza), dice El: Poca cosa es que tú seas mi siervo, para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a los que quedaron de Israel; también te haré luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.”

(Isaías 49:5-6)

Y en  el oráculo del profeta Zacarías leemos:

“Fortaleceré la casa de Judá y la casa de José salvaré, y los haré volver porque me he compadecido de ellos; y serán como si no los hubiera rechazado, porque yo soy el SEÑOR su Dios, y les responderé.”

 (Zacarías 10:6)

 La oración de nuestro Gran Sumo Sacerdote celestial será oída de manera muy poderosa. Las doce tribus serán recordadas delante del Eterno. Y no sólo eso, la salvación llegará a los confines de la tierra junto con la restauración de las tribus. El mundo verá cosas tan poderosas que si se contaran ahora nadie las creería. ¡La oración del Malki-Tzedek celestial será oída! Los nombres que están escritos sobre sus hombros serán recordados y restaurados, y entonces el mundo nacerá de nuevo.

Me imagino que a esta altura del estudio tú te estarás preguntando: ¿dónde está el nombre de mi tribu si yo no pertenezco a las tribus de Israel?   Por el momento solo debes saber que Yahvéh hizo lugar para ti en la Tribu de Benjamín, la cual es la última generación antes de que el Señor regrese. Esto lo sabemos por el oráculo de Moshé que cuando bendijo a Benjamín le dijo:

«El amado del Señor vivirá confiado cerca de él,  y se apoyará sobre sus hombros, pues el Señor lo protegerá siempre.» 

(Deut. 33:12)

Y es que nuestro amado Mesías es capaz de salvarnos más allá de que conozcamos o no nuestra genealogía hebrea. Yeshúa, nuestro Gran Sumo Sacerdote, tiene la fuerza y el poder para hacerlo.

Pues bien, esta es la verdad que sostiene nuestra fe. Cargados en sus hombros, donde Él vaya, nosotros vamos. Él nos lleva sostenidos en sus hombros, su poder nos mantiene lejos de todo principado y potestad, por encima de toda pobreza, enfermedad, caída financiera, por encima de HaSatán (Satanás). Solo ahí podemos tener vista de águila de todo lo que sucede.

Los nombres de las tribus están engravados perpetuamente, no solo escritos, nunca podrán ser borrados por nadie, así que podemos estar seguros que así es con nuestras vidas. Estas cosas están escritas para que sepamos que Él nos sostiene en sus hombros, de donde no nos caemos, no por lo muy bien agarrados que estemos, sino por lo muy bien que él nos tiene agarrados. Aquel que cuida de nosotros no duerme ni se adormece (Salmo 121:4).

¡Bendito sea el Eterno por sus grandes planes! ¡Y bendito sea el Eterno por haber levantado a Yeshúa como el Sumo Sacerdote celestial! ¡Bendito sea Yeshúa por haber sido fiel en llevar la carga y la memoria de los hijos de Israel delante del Eterno durante aproximadamente dos mil años! ¡Digno el Yeshúa el Mesías de recibir honra, gloria, poder y alabanza por su ministerio sacerdotal!

Las Letras Hebreas: Un Cuerpo con Alma

Las letras hebreas son consonantes: sin vocales, no pueden ser pronunciadas sino que permanecen como un cuerpo sin alma. Sin el alma, el cuerpo no puede moverse ni hacer nada.

Las vocales, el alma que anima las letras, se forman a través del anhelo y el deseo, ya sea para bien o para mal. El anhelo del mal crea malas vocales, que hacen que las letras se unan e interactúen para producir efectos negativos. Pero si una persona anhela arrepentirse, se crean buenas vocales, buenas almas, y las letras se unen e interactúan para producir buenos resultados.

No es suficiente que una persona sienta añoranza y anhelo solo en su corazón. Debe expresar su anhelo y anhelo en sus labios. Esta es la base de nuestro servicio de oración.

El anhelo en el corazón de la persona crea alma y letras en potencial, pero es cuando la persona expresa su deseo con la boca que el alma se produce en la realidad. Porque el alma sale de la boca, como dice: “salió mi alma por su hablar” (Cantares 5: 6).

Para traer tu alma de la existencia potencial a la existencia real, debes expresar tu anhelo y deseo en palabras.

Así es como conviertes tu deseo en una realidad y logras lo que deseas, y es por eso que es tan importante hablarle a Dios todos los días y articular tus deseos y buenas intenciones con tus labios. (Likutey Moharan I, 31).

Rabbeinu nos enseña un secreto a voces: ¡así como HaShem creó el mundo con la palabra, nuestras palabras crean mundos pequeños, que influencian nuestra vida y la de los demás!

Debemos de tener cuidado con lo que hablamos y debemos de tener cuidado, más aún, con lo que pensamos, ya que del pensamiento deriva la acción y toda expresión de anhelos está precedida por el pensamiento.

¡O el desenfreno cuando no pensamos!

 

Tomado del «Jardin de Breslev«

 

Un Apellido Sacerdotal

Cohen es uno de los apellidos judíos más reconocidos de forma instantánea. Tomemos, por ejemplo, al cantante folclórico canadiense Leonard Cohen, a la patinadora artística estadounidense Sasha Cohen y a los cineastas estadounidenses, los hermanos Coen. Todos los apellidos de estas personas derivan de la palabra hebrea kohen, que significa “sacerdote”. Según la Biblia, los kohanim son los descendientes de Aarón que prestaron su servicio en el Templo hace miles de años (Éxodo 28:1). Esto significa que cada persona que tenga el apellido Cohen se encuentra vinculada genealógicamente a esta dinastía sagrada.

La Vestimentas Metafísicas de un Sacerdote

Por P.A. David Nesher

 “Y harás vestiduras sagradas para tu hermano Aharón, para gloria y para hermosura.
Y hablarás a todos los hábiles artífices, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, y ellos harán las vestiduras de Aharón para consagrarlo, a fin de que me sirva como sacerdote. 
Estas son las vestiduras que harán: un pectoral, un efod, un manto, una túnica tejida a cuadros, un gorro y un cinturón; y harán vestiduras sagradas para tu hermano Aharón y para sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes.

(Éxodo/Shemot 28:2-4)

 Las vestiduras sacerdotales debían estar en consonancia con el señorío del Eterno, a quien los sacerdotes servían, y con la suntuosidad del Mishkán (Tabernáculo) mismo. De ahí la razón de las riquezas de las vestiduras sacerdotales. Las vestimentas  no son para los kohanim (sacerdotes) sólo algo complementario y añadido, sino una parte integral y esencial de su sacerdocio. Por ello, las mismas debían confeccionarse de acuerdo con normas establecidas por el mismo Yahvéh a fin de que nada quedara a merced del azar o la opinión humana.

El servicio de un sacerdote que sirve en el Templo que lleve ropa de todos los días y no las vestiduras sacerdotales no es válido. Del mismo modo, el Sumo Sacerdote es ordenado como tal usando las vestiduras del Sumo Sacerdote. Así pues, las vestiduras servían para tres cosas:

  1. para gloria, (en hebreo kavod),
  2. para esplendor, (en hebreo tiferet) y
  3. para consagrar, (en hebreo kadash), para el ministerio sacerdotal.

Por estas razones, cada prenda estaba metafísicamente diseñada para un máximo desempeño, desde la placa de oro que se colocaba en la frente, hasta las campanas en la basta de la toga (no preguntes por el calzado ya que los kohanim servían descalzos).

Todo sacerdote que servía en el santuario tenía cuatro prendas. Las cuatro fueron:

  • Ketónet– la túnica.
  • Mijnasáyim– los pantalones.
  • Avnét– el cinto, que medía 32 codos (16 metros).
  • Migbáat– el gorro, una larga cinta de lino enrollado.

Todas estas vestimentas estaban hechas de lino blanco.

Maimónides señala que las vestiduras del sacerdote no estaban destinadas a glorificar a los sacerdotes que los usaban. En cambio, las vestiduras de los sacerdotes recordaban al pueblo sobre la grandeza de Yahvéh.

El Sumo Sacerdote tenía también estas cuatro prendas, pero según el Midrash,  el gorro (migbáat) del kohén ordinario era puntiagudo arriba mientras que el gorro del Kohén Ha-Gadol (Sumo Sacerdote) era redondo y por eso era llamado “mitsnefet”.

Además de estas cuatro vestimentas arriba mencionadas, el sumo sacerdote tenía cuatro prendas más. De este modo su vestimenta sumaba un total ocho. En las Sagradas Escrituras, el número ocho simboliza lo sobrenatural que se introduce en lo natural y otorga nuevos comienzos. Por esto también simboliza la salvación. El octavo día es el día después del séptimo día, el día de la resurrección del Mesías, y el día cuando los nuevos cielos y la nueva tierra vendrán, después del séptimo milenio después de Adam. En el octavo día el niño hebreo entra en el pacto por medio de la circuncisión de su carne. Ocho personas fueron salvas por las aguas del diluvio etc. Las cuatro prendas adicionales del sumo sacerdote fueron:

  • Meil– el manto azul.
  • Efod– el delantal.
  • Joshen– el pectoral.
  • Tzitz– la diadema.

Seguramente, con lo que hasta aquí vamos considerando, nos damos cuenta que las vestimentas que debían colocarse los sacerdotes distan de lo que acostumbramos ver y usar en nuestro días. Entonces algunos preguntarán: ¿para qué estudiar esto? Pues bien, la Sabiduría del Eterno quiso que con la explicación de cada una de ellas, ya sea por el nombre, el material del cual estaban preparadas, la forma y la parte del cuerpo que cubrían, descubriéramos el rol espiritual de la vestimenta en nuestra vidas.

Cada vestidura sacerdotal eleva y purifica el significado de cada una de las partes del cuerpo al mismo tiempo que hace tomar consciencia acerca de las cualidades humanas necesarias para canalizar los instintos corporales hacia lo divino.

Para dar algunos ejemplo de lo que dije el párrafo anterior los invito a considerar esto: El “tzitz” (una vincha en la frente) subordina la osadía. La “migbáat” (turbante) sublima el orgullo. El “Joshen” (pectoral) habla de un buen corazón. Los “mijnasáyim” elevan la pasión hacia lo sagrado. Con el mitsnefet cubriendo la cabeza del Sumo Sacerdote, cada hebreorecordaba  que solo debe existir en su conciencia la certeza de que su existencia se debe gracias a que ha sido apartado en este mundo para Yahvéh. Por medio de esto, cada israelita aprendía a desarrollar la cualidad de la humildad. Este turbante se usaba para perder el pecado de la vanidad, y desarrollar la actitud de la sobriedad. Es en la cabeza donde los sentimientos de vanidad se colocan para dominar al ser humano.

Por ello, aún cuando no somos Sumos Sacerdotes en el cargo que cumplían éstos en el “Mishkán” (Santuario), no dejamos de serlo todos en cierto nivel en cada actividad que debemos realizar en el diario vivir. Las formas de nuestro cuerpo responden hasta en su menor detalle a la Sabiduría Divina que así los quiere y pueden y deben ser considerados sagrados en el rol que tienen.

De acuerdo a lo considerado, y para comprender las razones espirituales de la vestimenta, necesitamos, en primer lugar, preguntarnos ¿por qué los seres humanos deben utilizar ropa?

Todos recordamos la historia de Adam y Java (Eva) en el Huerto (Pardes) del Edén. Ellos empezaron «desnudos y sin vergüenza» (Génesis 2:25), pero después de haber comido del árbol del conocimiento del bien y el mal, «ellos se dieron cuenta de su desnudez, y se hicieron vestimentas» (Génesis 3:7). [Recomiendo leer: ¡Desnudos!… ¿De Qué?]

¿Por qué este cambio?

La Sabiduría explica que antes de comer del árbol, Adam y Eva se veían a sí mismos, en principio y por sobre todo, como almas plenas de luz. Ellos sabían que el alma es la esencia del ser humano, y que el cuerpo les servía solamente como una cubierta protectora. Debido a que Adam y Java se enfocaban en el lado espiritual, no estaban conscientes de sus propios cuerpos. Sin embargo, después de comer del árbol, su nivel espiritual bajó y «sus ojos se abrieron» al aspecto corporal exclusivamente. A partir de entonces, el cuerpo comenzó a ser visto como una distracción del alma y por ello debe ser cubierto. Es decir, que el hecho de vestirse está relacionado con el rol que asumió el cuerpo frente al alma cuando se identificaron Adam y Javá con el sabor y el aspecto del fruto prohibido. Así es como nació el concepto de la vestimenta.

Sin embargo, la Torah nos muestra que la ropa, aparte de cubrir a la persona de su vergüenza y de las inclemencias del tiempo, también le sirve como distinción y estado. Desde los códigos de la Torah, el ser humano a diferencia de los animales se viste con ropa. Las vestimentas hablan de la persona.

La palabra ropa en hebreo se dice “Begued”, y está conformada por la segunda, tercera y cuarta letra del abecedario hebreo: Bet, Guimel y Dalet. Sabemos que la primera letra es la “Alef” y alude al Eterno, y todo lo que Él le suministra a la persona humana naturalmente, mientras que a continuación se pretende que la persona desarrolle su potencial, por eso luego de la “Alef”, siguen las letras “Bet, Guimel, Dalet”. Esa es la idea de “Begued” (ropa en hebreo).

Entonces diremos que si bien es más importante ser que parecer, el parecer, también, es importante. La ropa que usamos expresa lo que pensamos que somos y cómo queremos que los demás nos vean. En esta cosmovisión los hebreos más fieles a la revelación llaman a su ropa: «las que me honran«. Cada estilo de ropa irradia una imagen y energía diferente. Si vas caminando por la calle y te encuentras con una persona vestida de verde y botas negras, y portando un rifle; o si tiene una persona con blanco y un estetoscopio colgando de su cuello, ¿acaso necesita preguntar cuál es su oficio?

Vemos en esta porción (parashá) que la Torah nos dice que las vestimentas le confieren status y esplendor a la persona. El Eterno le dijo a Moshé que le hiciera vestimentas sacerdotales a su hermano Aharón, «para gloria y para esplendor«. En otras palabras, la ropa le confiere honor y status a la persona. No es el mismo sentimiento el que provoca ver alguien vestido en ropa de cirujano, al que provoca la ropa de un policía, o la de un deportista. Cada estilo de ropa transmite un mensaje diferente. La ropa que usa una persona de pensamiento hebreo tiene como objetivo apuntar hacia la humildad y la dignidad humana.

En definitiva, las vestimentas son la prolongación de la persona, aludiendo a que se debe dejar las tendencias naturales, para cultivar y desarrollar el potencial, a diferencia del animal que nace desnudo y muere desnudo, no pretendiendo de los mismos, ningún tipo de desarrollo moral.

El servicio del Kohen (sacerdote) es un servicio interno. Tiene lugar en privado, lejos de los ojos del mundo. Vemos entonces que todo lo interno requiere una vestimenta. De acuerdo a las enseñanzas de la Torah el aspecto más importante de una persona humana es su dimensión espiritual (su interioridad); sus talentos, esperanzas, sueños, y otros poderes internos. Por esta razón, el alma humana también tiene su “ropa”: el pensamiento, el habla y la acción. Estas tres «vestimentas» son los canales por medio de los cuales nos expresamos e interactuamos con el mundo que nos rodea. La humildad y la dignidad se expresan no solo por medio de la ropa física; se expresan también ( y yo diría principalmente) por medio de la ropa espiritual, o sea la conducta. Es justamente por medio de esta “ropa” espiritual, (el pensamiento, el habla y la acción) que un redimido se conecta con Yahvéh más que por medio otros poderes internos del alma.

¡Entonces, debemos aceptar que la forma en que vestimos puede traer honor o deshonra a Yahvéh!

Lamentablemente, en muchas iglesias cristianas, e incluso en algunas asambleas del Ministerio Monte Santo, se ha vuelto una pandemia el vestirse casualmente. Es más normal ver a los que se dicen creyente vestirse elegantemente cuando van a un restaurante caro que cuando asisten a los servicios de adoración del Altísimo. Incluso en nuestras asambleas mesiánicas la gente rara vez se viste con lo mejor para guardar el sábado ¿Jeans y camisetas en la Mesa del Cierre de Shabat? La ropa inmodesta e indecorosa se exhibe incluso en presencia de los santos elementos de la Mesa de Comunión. Lo que es más triste, es que muchos creyentes han adoptado el razonamiento que dice así: «Dios no mira el exterior. Él mira y pesa el corazón. Por lo tanto, el exterior no debe importar.» Irónicamente, aquellos que llevan jeans y zapatillas deportivas en los servicios parecen considerarse más intrínsecamente espirituales que los “rígidos” que todavía visten formalmente, porque suponen que su vestido casual refleja un corazón más genuino, que aquellos que ellos denominan (según la viga de su ojo) «legalistas».

Sin embargo, las leyes de las vestiduras sacerdotales demuestran que Yahvéh mira tanto el exterior como el interior, y le preocupa cómo su pueblo se presenta a los ojos del mundo. La forma en que nos vestimos a menudo revela lo que está pasando dentro de nosotros. También refleja sobre quién es Yahvéh para nosotros, y qué significa Su Mesías para nuestras vidas. Vestirse irrespetuosamente en Sus días santos y en Sus santas asambleas es faltar el respeto a su Majestuoso Presencia (Shekinah).

El Kohén (sacerdote) era el transmisor de las órdenes divinas (por medio de los Urim VeTumim ). Además generaba la Paz entre las personas de las doce tribus. También intercedía y buscaba el indulto ante sus hermanos y el Creador (por medio de los Sacrificios en el Mizbeaj). Así pues al observar el atuendo majestuoso que portaba, comprendía las responsabilidades que llevaba encima, y así se motivaba a cumplir con solicitud su trabajo (abodá) sagrado. También su vestimenta le ayudaba a mantener su mente concentrada en el servicio divino, y en la misión para con su nación y el mundo.

Nosotros somos hebreos. En el Mesías, linaje escogido, real sacerdocio (1Pedro 2:9). Representamos el Reinado del Creador.  Somos sus embajadores en este plano físico (2Corintios 5:20). Tenemos que vestir acorde con nuestra misión. El alma humana quiere distinción, mientras que el cuerpo está detrás de otros deleites y placeres. Al cuerpo no le interesa el honor, debido a que esto implica responsabilidad. Si nos consideramos dignos de ser honrados como hijos del Rey, nosotros enviaremos la responsabilidad de estar a la altura de las circunstancias. El cuerpo quiere la libertad de gratificarse sin pensar en las consecuencias. Nuestra alma pide arropar al cuerpo a la usanza de un sacerdote hebreo.

La Torah nos dice que el tipo de ropa que usamos habla mucho sobre nuestro honor y nuestra gloria como seres humanos, creados a imagen de Dios. Este no es un tema masculino o femenino. Es más un tema de dignidad humana. Es por eso que la Torah es tan estricta en cuanto a dignificar la vestimenta. Desviar la atención de la apariencia superficial es esencial para que nos valoren como personas. El Eterno no nos exige vestirnos de manera desagradable. Sino que, no debemos dirigir la atención al cuerpo siendo exuberantes o provocativos.

La parashá Tetzaveh nos revela que en nuestra vocación mesiánica las vestimentas tienen el poder de comunicar . Por lo tanto, necesitamos ser sensibles al mensaje que estamos transmitiendo. Nuestra salud espiritual depende de ello. Porque mientras más digna es nuestra ropa, más libres somos para vernos a través de la luz pura de nuestras almas. Es verdad lo que dicen: la ropa hace al hombre. Cuando nos vestimos dignos, somos tratados de esa manera.

Bitácoras Relacionadas (Muy recomendada para Mujeres):

«Lo Verdadero» del Santuario y el Sacerdocio Celestial

 “Entonces harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aharón, y con él sus hijos, para que me sirvan como sacerdotes: Aharón, con Nadav y Avihú, Elazar e Itamar, hijos de Aharón”

(Éxodo/Shemot 28:1)

 

Hemos llegado a la porción de la Torah que nos relata la elección de Aharón como el Sumo Sacerdote del Israel salido de Egipto. En la porción (parashá) semanal que pasó vimos que el mismo Mishkán representa la Presencia permanente («Shekinah» – שכנה) entre los hombres, por medio del pueblo de Israel.

Ahora, el autor de la Vida, Yahvéh nuestro Dios, quiere que ocurra este «acercamiento» para que Israel comprenda que aquí, en Sinaí, se dio la reparación en la historia espiritual del ser humano. Esto significa que en el inicio de la historia «Adam» (el primer hombre) se ocultó de ante el Eterno y se alejó de Él por su transgresión, mientras que ahora, el ser humano, representado en este caso por Aharon, «será acercado» a Dios a través de Su culto racional. La brecha habrá sido cerrada.

Ahora bien, nosotros, los discípulos de Yeshúa HaMashiaj, entendemos que su ministerio (abodá) sacerdotal es una sombra de un ministerio celestial, en el Tabernáculo verdadero, el Celestial. Por ende, la correcta comprensión del ministerio en el Santuario Celestial nos ratifica en el fundamento de fe que descansamos, y nos edifica para no regresar a los lazos de la religión. Aumentan los días en los que surgen más y más engaños, de toda clase, en materia de dogmas, y por ende necesitamos terreno sólido para nuestros pies. Necesitamos sólidos pilares para el edificio.

Entendemos que Moshé vio todo lo que había en el Tabernáculo Celestial:

“Y mira que hagas según el diseño que te ha sido mostrado en el Monte.” 

(Éxodo 25:40 )

Por ello, sabemos que también vio al Sumo Sacerdote eterno según el Orden de Malki-Tzedek, como nos dejara atestiguado el salmista al decir:

“Yahvéh ha jurado y no se retractará:

Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Malki-Tzedek.”

(Salmo 110:4)

Teniendo en su mente y corazón esto, el autor de la epístola a los Hebreos escribió:

“…siendo constituido por Dios sumo sacerdote según el Orden de Malki-Tsedek.”

(Hebreos 5:10)

En unas líneas más adelante amplio la enseñanza de con estas palabras:

“…detrás del velo, donde Yeshúa entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Malki-Tsedek, sumo sacerdote para siempre.”

(Hebreos 6:19-20)

“Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es éste: tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del Trono de la Majestad en los cielos, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre. Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios, por lo cual es necesario que éste también tenga algo que ofrecer. Así que si él estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es copia y sombra de las cosas celestiales, tal como Moshé fue advertido por Dios cuando estaba a punto de erigir el tabernáculo; pues, dice él: Mira, haz todas las cosas CONFORME AL MODELO QUE TE FUE MOSTRADO EN EL MONTE.”

(Hebreos 8:1-5)

La palabra hebrea que en las Sagradas Escrituras ha sido traducida como “diseño” es tavnit, que significa “forma”, “imagen”, “plano”, “modelo”, “copia”, “estructura”.  Esta expresión viene de la raíz baná, que significa “edificar”, “construir”, “tener hijos”, “reparar”, “levantar”.

La palabra “verdadero” tiene que ser entendida desde el punto de vista hebreo, ya que la carta apunta a una comunidad que posee esta mentalidad. Esta tarea de comprensión es muy necesaria realizarla ya que, según el concepto griego, lo que se denomina “verdadero” se entiende, en primer lugar, como algo que está en contraste con lo falso, lo ficticio, lo irreal. Esa es también, la cosmovisión occidental que nosotros tenemos al leer (o escuchar) esta expresión. Pero según el pensamiento hebreo, lo verdadero tiene que ver más con lo seguro, lo estable, lo duradero, lo fiable y lo eterno.

La palabra greiga que se usó en la traducción griega de Hebreos capítulo 8, para verdadero es aletheía  que significa “lo que ya no está escondido”, “lo que revela lo oculto”, “lo que realmente existe”, “la realidad que está detrás de toda realidad ficticia”. Por lo tanto, el concepto griego de lo verdadero está relacionado con el dualismo filosófico donde se cree que lo que verdaderamente existe es lo invisible al ojo humano, lo inmaterial, el mundo de las ideas. Según la filosofía griega, lo material es algo irreal, falso y malo. Con estos conceptos débiles del raciocinio griego, la Roma Imperial someterá la doctrina mesiánica de los discípulos del Camino, y lo transmutará a lo que decidieron llamar cristianismo.

En cambio, el concepto hebreo de lo verdadero no está basado en ese dualismo platónico, sino en lo que es firme, duradero y fiel. La palabra hebrea para verdadero es emet (verdad). Esa palabra viene de aman, “soportar”, “confirmar”, “ser fiel”, “creer”. De amán se deriva la palabra hebrea para fe, emuná. Así mismo, la palabra amén viene de la misma raíz.

Así que cuando se habla del “Tabernáculo Verdadero”, no se está refiriendo a que el tabernáculo terrenal no sea real, sino que se debe entender como un tabernáculo estable, duradero y eterno. Entonces, cuando en las Escrituras hebreas las cosas celestiales son comparadas con las terrenales son llamadas “verdaderas”, pero esto no significa que las terrenales sean falsas, o ficticias, insignificantes o malas. Más bien tiene que ver con la idea de que las cosas celestiales son FIRMES y DURADERAS. Así lo enseñaba el apóstol Pablo a sus comunidades de discípulos, al insistir en que las cosas invisibles son eternas, pero las cosas visibles son temporales:

“…al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 

(2 Corintios 4:18)

En los profetas existía esta cosmovisión. Así por ejemplo lo expresaba el profeta Jeremías:

“Más Yahvéh es el Dios verdadero (emet); él es Dios vivo y Rey eterno”

(Jeremías 10:10)

Observemos la comparación entre “verdadero” y “eterno”.

En el cuarto Evangelio, escrito por el apóstol Juan (emparentado con la casa sacerdotal) prevalece también esta forma de considerar lo verdadero. Veamos algunos ejemplos:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.” 

(Juan 1:9)

 

“Y Yeshúa les dijo: De cierto, de cierto os digo:

No os dio Moshé el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.” 

(Juan 6:32)

:

“Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.” 

(Juan 6:55)

 

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.”

(Juan 15:1 )

En todas las comunidades mesiánicas del primer siglo está latente esta forma de considerar a lo verdadero. Por ello, el autor de la epístola a los Hebreos escribió:

“Porque no entró el Mesías en el santuario hecho de mano, figura del verdadero.” 

(Hebreos 9:24)

Desde todas estas consideraciones, podemos llegar a la conclusión de que cuando en las Sagradas Escrituras se habla del “verdadero” Tabernáculo no es en contraste con el terrenal. La palabra “verdadero”, en referencia al Santuario Celestial, no está usada para menospreciar el Tabernáculo (Mishkán) en el desierto o el Templo que estaba en Jerusalén, sino resaltar la grandeza, la perfección y la estructura eterna del Tabernáculo Celestial, el cual es el modelo original para el Tabernáculo y el Templo terrenales. Por eso es que en el libro de la carta a los Hebreos está escrito: “el más amplio y más perfecto Tabernáculo”  (Hebreos 9:11 )

Lo “verdadero” es lo más amplio, lo más perfecto y lo más duradero en contraste con lo terrenal que es más pequeño, menos perfecto y corruptible.

Ahora bien, ya posicionados en esta mentalidad, debemos reflexionar y decir que, así como hay un Tabernáculo verdadero eterno y celestial, también existe un sacerdocio verdadero, eterno y celestial como también está escrito en la carta a los Hebreos:

“De la misma manera, el Mesías no se glorificó a sí mismo para hacerse sumo sacerdote, sino que lo glorificó el que le dijo:

HIJO MÍO ERES TU, YO TE HE ENGENDRADO HOY (habla de la resurrección); como también dice en otro pasaje:

TÚ ERES SACERDOTE PARA SIEMPRE SEGÚN EL ORDEN DE MALKI-TSEDEK. 

El Mesías, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente; y aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció; y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen, siendo constituido por Dios sumo sacerdote según el orden de Malki-Tsedek.” 

(Hebreos 5:5-10)

Este texto nos enseña que después de la resurrección, el Mesías Yeshúa fue introducido en el Sacerdocio Celestial, según el Orden de Malki-Tsedek.

En la misma epístola podemos leer:

“Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Yeshúa, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe.”

(Hebreos 4:14)

La expresión “trascendió los cielos” hace referencia a la investidura sacerdotal de Yeshúa, de la misma manera como el sumo sacerdote Aharón entró en su ministerio por medio de una investidura. En las Escrituras los cielos son comparados con la ropa del hombre. Los cielos son la ropa del Mesías:

“Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos.

Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados.

Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin.” 

(Salmo 102:25-26)

Considerando estas maravillas de la Revelación, entonces podemos decir que la consagración de Aharón fue una sombra profética de la consagración celestial futura del Mesías.

 

“Harás asimismo el manto del efod todo de lana azul. La abertura para la cabeza estará doblada hacia dentro; alrededor de la abertura habrá un borde de labor de tejedor, como la abertura de un coselete será, no se romperá.”

(Éxodo 28:31-32)

 

Las vestiduras sacerdotales eran hechas para honra y hermosura. Ya que había en si algo gloriosos y hermoso en verdad, algo celestial sobre el servicio sacerdotal, y era apropiado el hacer vestiduras gloriosas y hermosas.

Cuando Aharón fue vestido con el manto azul del efod, estaba haciendo un acto profético que hablaba acerca del momento cuando el Mesías iba a trascender los cielos, después de su resurrección. La cabeza de Aharón estaba encima del manto azul y su cuerpo debajo. De la misma manera el Mesías, que es la cabeza de su cuerpo, está sentado sobre los cielos, y su cuerpo está debajo de los cielos.

Cuando dice “no se romperá” el Eterno estaba revelando que el ministerio celestial del Mesías, según el orden de Malki-Tsedek, no se acabaría por falta de lugar o genealogía. Es eterno. El ministerio levítico está basado sobre hombres mortales, pero el ministerio según el orden de Malki-Tsedek esta basado sobre una vida indestructible:

“Y esto es aún más evidente, si a semejanza de Malki-Tsedek se levanta otro sacerdote, que ha llegado a serlo, no sobre la base de una ley de requisitos físicos, sino según el poder de una vida indestructible. Pues de El se da testimonio:

TÚ ERES SACERDOTE PARA SIEMPRE SEGÚN EL ORDEN DE MALKI-TSEDEK.”
(Hebreos 7:15-17)

Como Malki-Tsedek es presentado en Génesis 14 sin genealogía, es como si fuera eterno. Por eso el Eterno jura que el ministerio sacerdotal del Mesías tiene que ser según el orden de Malki-Tsedek que es de carácter eterno. Esto nos enseña que Yeshúa no pudo entrar en ese ministerio hasta después de su resurrección, puesto que no era inmortal antes de morir. El ministerio de Malki-Tsedek fue iniciado cuando el Mesías fue levantado de los muertos y luego elevado muy por encima de los cielos.

Todo el ministerio del sumo sacerdote Aharón en el tabernáculo, incluyendo su vestimenta, nos habla del ministerio que el Mesías tiene desde su resurrección hasta ahora. Esta es la razón por la que la Torá está entrando en todos los detalles acerca de la ropa del sumo sacerdote. Cuando la Torá resalta un tema y lo repite, es porque es muy importante para el Eterno. Y lo que es importante para él es importante para sus hijos.

El Sumo Sacerdote Aharón simboliza al Mesías en su ministerio celestial. Los hijos de Aharón simbolizan los hijos que el Mesías subió a la Gloria (Heb. 2:10), es decir todos los que son sus discípulos. Ellos también recibieron un ministerio sacerdotal según el orden de Malki-Tsedek a partir de la resurrección y glorificación del Mesías.

Por todo lo que hasta aquí hemos considerado, es importante que estudiemos y entendamos todas estas sombras (o tipos) para entender nuestra función actual en el Tabernáculo Celestial, por medio de la obra de nuestro Gran Sumo Sacerdote Yeshúa, HaMashiaj.

 

 

¡Es Tiempo de Restitución!

Por P.A. David Nesher

«Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas. Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte. Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto. Si fuere hallado con el hurto en la mano, vivo, sea buey o asno u oveja, pagara el doble.»

(Éxodo/Shemot 22: 1-4)

Existe un aspecto fundamental para destacar de las mishpatim. Este es que, además de ser instrumentos para resolver conflictos, las mismas contienen el “alma” de la Torah. Es decir, están llenas enseñanzas éticas aplicables más allá del caso particular. Una ley con alma significa que la misma va más allá de una simple consideración monetaria. Un ejemplo de esto lo vemos en cada una de las normas que conforman la aliyá de hoy.

Entre las distintas normativas que el Eterno le dio a Israel en el monte Sinaí, encontramos la llamada «LEY DE RESTITUCIÓN«; una herramienta jurídica, que les permitía a los hebreos contrarrestar las injusticias, y los abusos cometidos contra aquellos que habían sido víctimas de algún robo o perdida de sus bienes de manera injusta. La misma les aportaba además pautas claras acerca de la manera como deberían ser indemnizados los implicados.

La pena por el robo de una oveja que había sido degollada o vendida era restituir el cuádruple; por el robo de un buey, el quíntuple, a causa de su mayor utilidad en el trabajo; pero, si el animal robado era recuperado vivo, una compensación doble era todo lo que se exigía, porque se presumía que el ladrón no era sujeto hábil en el fraude. El ladrón debía restituir el trabajo conforme a los bienes que tomó (Job 20:18).

De este modo, la víctima tenía asegurado el hecho de que todo lo que te ha sido robado, tendría que volver como lo tenía antes. Se le restablecería o se le pondría ese algo en el estado que antes tenía. Volverá al lugar de donde había salido (Lv. 6:1-6; Nm. 5:6-8).

Hoy, el alma de esta norma nos garantiza una promesa divina: saber que cualquier pérdida que hayamos tenido, puede ser restituida si clamamos por la justicia divina, denunciando al ladrón.

Lo primero que necesitamos saber y aceptar es que la restitución es una parte de la teshuváh («arrepentimiento» o «regreso«) que el Eterno anhela en aquellos que ha redimido. Si no hay restitución del daño hecho a las personas no es un arrepentimiento completo. Hay que hacer todo lo que esté al alcance de uno para que se haga una restitución completa con el 20 % de aumento, como lo vemos en la conversión (teshuváh) que hizo Zaqueo (heb. Zakai):

“Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado. Y Yeshúa le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa, ya que él también es hijo de Avraham.”

(Lucas 19:8)

La salvación había venido a la casa de Zakai y por esto él estaba dispuesto a restituir el daño económico que había hecho contra las personas, incluso más allá de la letra de la Torah. La evidencia de que la salvación había llegado a su casa fue que él estaba devolviendo a los que había hurtado y/o engañando.

Apreciado discípulo de Yeshúa, si no devuelves lo que hayas hurtado, y restituyes el daño que hayas causado a otras personas, según todas tus posibilidades, no hay arrepentimiento en tu corazón y la salvación no te ha alcanzado.

No te dejes engañar por la idea dogmática de que todo ha sido hecho nuevo en el Mesías para no asumir tu responsabilidad de restituir a las personas por el daño que hayas causado antes de entregarte al Mesías Yeshúa.

El Camino a la salvación pasa sí o sí por la teshuvá (arrepentimiento y conversión). Los siete pasos de una teshuvá completa son:

♥ Reconocimiento de pecado, (cf. 2 Samuel 12:13).

♥ Sentimiento de pesar, (cf. Jeremías 8:6).

♥ Confesión abierta a Yahvéh y a los hombres, (cf. Josué 7:19; 1 Juan 1:9; Snt. 5:16).

♥ Petición de perdón a Yahvéh y a los hombres, (cf. Salmo 25:11; Lucas 15:18).

♥ Determinación de cambio, (cf. Proverbios 28:13).

♥ Restitución del daño, (cf. Números 5:7; Éxodo 22:1-15; 2 Samuel 21:3).

Si estás meditando en todo esto, me atrevo entonces a solicitarte que no sigas pensando que el Eterno es el causante o promotor de las pérdidas que ha sufrido, no lo culpes más de lo malo que le pueda estar sucediendo; más bien exáltalo por haber creado esta «LEY DE RESTITUCIÓN»; el decreto que en el Mundo de Arriba (el Reino de la Luz) establece que una persona jamás puede ser despojada injustamente de lo que le pertenece, y esto absolutamente nadie lo puede invalidar.

Esta LEY te favorece, ¡¡HAZLA VALER!!

Toma ahora mismo la autoridad que se te ha dado en Yeshúa y demanda delante de Elohim, por medio de la oración, al enemigo, ordenándole que te devuelva absolutamente todo lo que financiera, física, familiar, y ministerialmente te ha robado durante todos estos años, porque él no podrá oponerse más al cumplimiento del propósito eterno de Dios en tu vida.

¡Es tiempo de RESTITUCIÓN!

Te invito a ampliar más la ciencia de este tema ingresando en la Bitácora siguiente:

¿Ley de Talión o Ley del Amor?

Por P.A. David Nesher

 

 

“ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.”

(Éxodo/Shemot 21:24-25)

 

Lamentablemente, al leer sin comprensión adecuada, la mayoría de las personas quedan expuestas a sacar conclusiones distorsionadas sobre la naturaleza de la «Justicia», como enseña la Torah, y de hecho permitir falsas suposiciones sobre la naturaleza de Yahvéh, el Autor de la moralidad que la Torah enseña.

Para muchos estudiosos cristianos de la Biblia, estos versos parecen exigir una interpretación literal y expresar una actitud de venganza que ha sido llamada justicia «ojo por ojo» o Ley del Talión. Es decir que, si el autor ha causado la pérdida de un ojo (pie, mano, etc), su castigo es ocasionarle violentamente la pérdida su ojo (pie, mano, etc). A este tipo de justicia también se la denomina Justicia Talibán.

Sin embargo, al leer el Talmud Bava Kama en la sección Masejet (capítulo HaJovel , «El que hiere«), logramos encontrar la interpretación correcta. Este texto explica la verdadera posición de la Torah con respecto a la sanción de las personas que causan a otros a perder sus extremidades o la utilización de sus órganos sensoriales.

Entonces, según el Talmud, la Torah aquí no se refiere a tomar los órganos del otro en recompensa por un daño hecho. Más bien, la Torah está legislando el hecho de pagar con dinero el valor del miembro dañado, según la disminución del valor de la persona en comparación con una persona intacta, en el caso de que hubiese sido vendida en un mercado. Por ejemplo, si una persona, trabajando con dos manos y dos pies, ganaba 100 y, después de la pérdida de alguno de sus órganos, sólo podrá ganar 40, el agresor tendrá que indemnizarle el 60% durante el resto de su vida, para recompensarle la pérdida.

Insisto en esto: la Torah no enseña esta ley para que se entienda de manera literal sino desde una interpretación muy diferente. No se trata de la amputación de algún miembro del victimario, sino más bien de una compensación económica. La palabra “ por” de “Ojo por ojo”, es el hebreo tajat, que significa también “a cambio”, “en sustitución”. Según esto, el responsable tiene que pagar una indemnización económica en caso de mutilación o daño físico.

Para lograr entender esto, debemos saber que la Torah exige un castigo monetario clasificado en cinco partes, que consiste en:
⚖ Nezek, el pago por la reducción en el poder adquisitivo,
⚖ Tzaar, el pago por el dolor sufrido,
⚖ Ripuy, el pago de gastos médicos,
⚖ Shevet, Compensación «desempleo» y
⚖ Boshet, el pago de la vergüenza y la humillación.

Para entender este procedimiento jurídico tomaremos un ejemplo. Supongamos que la víctima era un pianista virtuoso, y la lesión implicó la pérdida de su mano derecha, los pagos podrían ser calculado de la siguiente manera:

Nezek, una estimación que se hace de su potencial de ganancias futuras como pianista, ahora perdido para siempre con él. Así, suponiendo que hubiera realizado un centenar de conciertos adicionales durante el resto de su carrera, ganando $ 100.000 por cada uno, la pérdida sería de $ 10.000.000.
Tzaar, el pago para el dolor, la cantidad dependerá de la estimación del Bet Din (Casa de Justicia) de su tolerancia al dolor. En este caso, la estimación podría ser $ 1.000.000.
Ripuy, el pago de los gastos médicos, suponiendo una operación de emergencia inicial, treinta pagos para la rehabilitación y veinte pagos para el montaje y la fijación de una mano artificial: $ 950.000.

Shevet, seguro de desempleo, para el período de tres meses, cuando estaba «de espaldas», y ni siquiera podía trabajar por el salario mínimo: $ 3.000.

Boshet, el pago por la vergüenza, la estimación se realiza, según el Talmud, que corresponde a la persona que avergonzó y el que fue avergonzado. Puesto que un artista intérprete o ejecutante artístico suele ser bastante sensible, el monto de este pago podría ser de alrededor de $ 20.000.000.

El pago total, por lo tanto, sería de aproximadamente 31.953.000 dólares, una suma grande de dinero, pero no es grande en comparación con la pérdida de una carrera, y la pérdida de la mano.

La primera de las cinco clases de compensación, por daño físico (nezek), es empleada, de por vida, en el caso de que una persona tenga pérdidas en su trabajo por ese daño.

Vemos así que la Torah intenta castigar al culpable, pero por medio de una indemnización económica; se trata de reparar el daño de alguna manera, hacerse responsable por el perjuicio ocasionado, pero no mediante caminos violentos y vengativos. Se insiste en reparar el daño.

Por lo tanto, lo que la Torah busca al dar esta mishpá es la compensación del agraviado.

Nadie en su sano juicio creerá que al sacarle un ojo sano al que causó la pérdida, causará que el agraviado vuelva a tener un ojo, o que al sacarle un diente al que hiere, se producirá que el agraviado pueda volver a comer como antes, de hecho, es imprescindible conocer el contexto.

Debemos aceptar que el concepto de rectificar y reparar (Tikún) está muy ligado al mundo de la revelación que da la Torah.

El desafío y la misión que tenemos como seres humanos, según este modelo de pensamiento, es esforzarnos por buscar, por medio de nuestras acciones, el Tikún Olam (la Reparación del Mundo) a través de la reparación de las vasijas destruidas. Por ende, reflexionando correctamente en la idea de esta mishpá, podemos pensar que cada vez que cometemos un daño a nuestro prójimo, y no me refiero solamente a un daño físico, es nuestro deber repararlo de alguna manera y de este modo tratar de corregir el mundo y lograr el Tikún Olam, es decir, la reparación del universo. Debemos pagar los daños, no con violencia y agresión sino con sensibilidad, comprensión por lo que causamos, y empatía con la persona que ha sufrido por alguna acción consciente o inconsciente que hemos realizado.

Shalom!

La Anatomía de la Torah (Mitzvot) y Su Fisiología (Mishpatim, Jukim, Edot)

Por P.A. David Nesher

“Y estas son las ordenanzas que pondrás delante de ellos.”

(Shemot/Éxodo 21:1)

Esta parashá es muy diferente de las otras cinco que hemos leído en las semanas previas, ya que no nos está contando la historia del Éxodo sino que describe, las diferentes leyes que permite al hebreo descubrir y reflexionar los secretos de la Ley Espiritual por los que nuestro universo funciona: causa y efecto. En esta parashá, el Eterno asegura que tomará de la mano cotidianamente a sus hijos primogénitos a fin de conducirlos con éxito al Olama Havá (Mundo Venidero).

La palabra hebrea que en este versículo ha sido traducida como “ordenanzas”, (“reglas” o “leyes” RV60) es mishpatim. Antes de continuar, y a los efectos de captar toda la decodificación que haremos de la parashá (porción) de esta semana será necesario dejar en claro algunos términos jurídicos que se usan en las regiones celestiales. Justamente por ello, la grandeza de las leyes o normas mencionadas en Mishpatim está en el enfoque. En lugar de afirmar que la necesidad de las leyes es meramente social, tenemos el concepto de que las leyes espirituales universales tienen un propósito para conectarnos con la Luz del Creador. Eso significa que cada vez que dañemos a nuestro prójimo nos alejamos de la abundancia del Creador. El vacío que tomará el lugar de la Luz siempre se sentirá como miseria y dolor que finalmente volveremos a experimentar ya que el universo tiene sus propios controles y equilibrios, las reglas de causa y efecto.

Encuentro conveniente hacer un alto aquí para enseñar que en las Sagradas Escrituras aparecen varias palabras que hablan de los mandamientos que el Eterno ha dado a su pueblo. El Dr. K. Blad explica que las cinco palabras más comunes para expresar esta idea son:

⚖ Torah (en plural: torot) significa “Instrucción”, “norma”, “enseñanza”, “doctrina”. La misma viene de la raíz hebrea yará, que significa “señalar”. Hace referencia a varias cosas. Estas son las más importantes:
? Una instrucción cualquiera, por ejemplo, Proverbios 3:1 “Hijo mío, no te olvides de mi instrucción (torá)…”
? Una instrucción específica en cuanto a un asunto específico, por ejemplo, la instrucción de cada sacrificio, Levítico 6:9 “esta es la instrucción (torá) del holocausto…”; Levítico 7:11 “Esta es la instrucción (torá) del sacrificio de la ofrenda de paz…”, Romanos 7:2 “la ley en cuanto al marido”.
? La Instrucción general entregada por el Eterno al pueblo de Israel (llamada también La Torá de Moshé), que son los cinco libros de Moshé, conocido como el Jumash (en hebreo) o el Pentateuco (cinco libros en griego. Dicho término ha sido mal traducido con la expresión “la ley” (por ejemplo Deuteronomio 32:26, Josué 1:7-8, Mateo 5:17, Lucas 24:44).
? Toda la Escritura hebrea inspirada divinamente: el TanaK (se pronuncia tanaj) que es un acrónimo para Torá (Instrucción), Neviím (Profetas), Ketuvim (Escrituras).

⚖ Mitsvá: significa “mandamiento” (en plural se dice mitsvot). Es el término general para todo tipo de mandamientos. Viene de la raíz tsavá que significa “ordenar”, “encomendar”, “encargar”, “mandar”.

⚖ Mishpat: (en plural mishpatim) que significa «ordenanza», “sentencia”, “norma”, “decreto”, “costumbre”, “proceso judicial”, “derecho”, “jurisdicción”, “modelo” «regla». Viene de la raíz shafat que significa “juzgar”, “hacer justicia”, “gobernar”. El sustantivo es shofet, “juez”. El término Mishpatim se refiere a las leyes racionales, es decir, comprensibles al intelecto humano. Aún si el Eterno no las hubiese dicho, los seres humanos las hubiésemos pensado y son fundamentales para tener una sociedad sana, basada en el respeto mutuo.

⚖ Jok: (en plural: jukim) que significa ”límite”, “tarea”, “porción”, “obligación”, “mandato”. Viene de la raíz jakak que significa “grabar”, “determinar”, “mandar”. La expresión jukim hace referencia a preceptos irracionales, es decir, aún después de que la Torá mandó a cumplirlos, no dejan de ser incomprensibles para la mente humana, como no comer ciertos animales (leyes de Cashrut), no mezclar lana y lino, etc.

⚖ Edá: (en plural edot), que significa “prueba”, “testimonio”. Son leyes cuyo objetivo es recordar un cierto evento a través de realizar una determinada acción, como el Shabat, que recuerda el evento de la Creación en siete días; Pesaj, recuerdo de la Salida de Egipto; Shavuot, recuerdo de la Entrega de la Torah, etc.

La relación entre estas cinco palabras la encontramos perfectamente explicadas en el libro de Devarim:

“Esta es, pues, la ley (Torah) que Moshé puso delante de los hijos de Israel. Estos son los testimonios (edot), los estatutos (jukim) y las ordenanzas (mishpatim) que Moshé dio a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto.”

(Deuteronomio 4:44-45)

Para entender mejor este tema, podemos esquematizar lo expresado en este pasuk (versículo) de la siguiente manera:

Entonces, la Torah es la Instrucción General que YHVH mismo dio a Israel desde el cielo por medio de Moshé. Los mitzvot son todos los 613 mandamientos que determinan la anatomía de la Torah de Moshé. Existen tres diferentes tipos mitzvot dentro de estos 613 que determinan el funcionamiento (Fisiología) de la Instrucción. Ellos son: mishpatim, jukim y edot.

Entonces, el texto de la parashá que estaremos investigando esta semana encontraremos las leyes sociales que rigen la comunidad de Israel en sus áreas de convivencia. En estos mishpatim encontraremos los principios lumínicos que persiguen refinar al ser humano en sus vínculos a fin de lograr una transformación del mundo, y así asegurar el destino de propósito divino para todas las generaciones.

Estos versículos, que investigaremos, conllevan en sus códigos la idea muy importante de Yahvéh respecto a la visión que tiene la Torah sobre el jésed (“bondad” o “benevolencia”) manifestado desde el ser humano para transformar el mundo físico.

Ya se habían entregado las diez palabras de forma audible desde el monte Sinaí. Estas diez palabras o Decálogo (hebreo Aseret HaDibrot) son el resumen de todos los 613 mandamientos (mitzvot) que iban a ser entregados al pueblo de Israel.

La parashá Mishpatim empieza con la pequeña palabra hebrea «va«, que significa “y”. Esto nos enseña que lo que viene a continuación está en relación con lo que había antes. Así que estos mishpatim, leyes sociales, están relacionadas con lo que está escrito en capítulo 20. Esto significa que para entender estas normas necesitamos aceptar que los principios de la Luz están en las palabras de la Torah, y la praxis o aplicación de dichos principios se encuentran revelados en estos mishpatim. Es decir, que debemos pedir sabiduría y discernimiento de espíritu para captar la conexión entre el principio de la Torah y su mishpá correspondiente.

Esta Parashá (porción) contiene más de 50 mandamientos que son de carácter social, exceptuando algunos pocos. El Eterno entregó esto a Israel para que se abocara al trabajo de investigar la conexión de ellos con los principios celestiales que vibraban en la Torah entregada por Su Voz en sus mentes y corazones.

Después de haber recibido todas estas leyes Moshé escribió un rollo, llamado “el libro del pacto” (ver Éxodo 24:7). Los sabios discuten acerca de cuál fue el contenido de ese libro, si incluía todo desde el relato de la creación del universo, en Bereshit (Génesis) 1:1 en adelante, o si empezó desde algún otro lugar. El sabio intérprete Rashí dice que allí estaba escrito todo desde la creación hasta la entrega de la Torah.

En esta parashá, el Eterno se ocupa de las acciones de sus escogidos y sus efectos en el mundo físico. Él se propone conducir a sus primogénitos a tomar consciencia de la ley de causa y efecto, y los capacita para que puedan manipular los secretos de la misma en el mundo material, a través de la armonía en sus vínculos. Pero también revela acerca del impacto de nuestras acciones en la dimensión espiritual, preparando las recompensas que tendremos en el Olam Habá (Mundo Venidero o Milenio).

Si ellos, se disponían a meditar en los códigos de la Torah, encontrando su conexión práctica con estos mishpatim, el carácter de Mashiaj se hubiera manifestado mientras esperaban que Moshé subiera y descendiera una vez más del Monte Sinaí, trayendo la Torah escrita en las dos tablas de piedra. Sin embargo, ellos desperdiciaron su tiempo escuchando sus pensamientos de temor paralizante, elucubrando ideas que los condujeron a la fabricación de Becerro de Oro.

En Mishpatim, el Eterno nos entregó las reglas espirituales básicas para vivir. Y así, si no entendemos las enseñanzas que son reveladas en Mishpatim, en consecuencia toda la entrega de la Torah es incomprendida. Es casi como si no hubiese ni siquiera una razón para recibir la Torah. Así que aquí, el Creador realmente quiere enviarnos el mensaje de que si no entiendes algunas enseñanzas básicas de Mishpatim, no puedes entender el propósito de la entrega de la Torah. No puedes entender el propósito de la Revelación en el Sinaí. Y casi no tiene sentido tener la Revelación en el Sinaí sin estos conocimientos. Este es uno de los entendimientos de por qué Mishpatim aparece entre la entrega de la Torah… porque si esta no es una de las reglas guía de las elecciones espirituales, entonces habremos perdido todo el propósito de la entrega de la Torah.

Mishpatim: la Perfecta Metodología de la Justicia Social

Por P.A. David Nesher

Esta Porción abarca el estudio desde Éxodo 21:20 – 22:4

A partir de la teofanía momentánea en el Sinaí, que leímos en la parasháh anterior (Yitró), la Torah viene ahora a enseñarnos que el Dios de la revelación es simultáneamente el Dios que comanda, que ordena, que tiene todo en control. Desde esto los escogidos hebreos deberán comprender que la unicidad de Israel se apoya en esta legislación holística que abarca todos los aspectos de la vida, tanto de la persona como de la comunidad. Sólo desde la concreción de estos mitzvot (mandamientos)… aquellos que son Su Pueblo producirán una expansión cuántica que promocionará al cosmos en su regreso al Infinito.

Recordemos que el pueblo hebreo no recibió una copia escrita de la Torah hasta el final de sus cuarenta años en el desierto, justo antes de la muerte de Moshé (ver Deuteronomio 31:24).

Por eso, durante estos 40 años, ellos estudiaban Torah oralmente y ya sabían todos sus conceptos. La forma escrita es básicamente un esquema de esta información. Es decir que, durante 40 años, todos los hebreos, aprovechando la estructura organizacional de gobierno sugerida a Moshé por Yitró, se convocaban en encuentros de reflexión mediante los cuales podían establecer normas de convivencias, sujetas a los códigos develados en mishpatim. Justamente, la Torah (Instrucción) divina contiene estas leyes, aparte de otro tipos de mandamientos (mitzvot), a fin de otorgarnos las reglas de relación social. Los mishpatim son leyes cívicas para juzgar con justicia en acorde con la voluntad divina.

Lo más remarcable de esta parashá parece ser la compenetración mutua entre lo “civil” y lo “ritual”, el entrelazamiento de los derechos y daños sobre la propiedad con la santidad del Shabat y los detalles del Kashrut. Es decir, la perfecta convivencia de alianza entre el Mundo de Arriba con el Mundo de Abajo. Justamente por eso es que la yuxtaposición de esta Sidrá (que trata principalmente acerca de las leyes civiles y de la responsabilidad civil) con los Aseret HaDibrot (Diez Mandamientos) y las leyes del Altar, nos abre los ojos a una característica del judaísmo que muchos juzgarán sorprendente.

Debo aquí decir que para el Eterno no existe el ámbito de la «religión», o en el sentido coloquial del término. La mayoría de la gente circunscribe la religión a la esfera de lo estrictamente ritual y espiritual. La cultura occidental traza una línea divisoria entre Iglesia y Estado. Sin embargo, para la Torah no existe tal distinción. Por el contrario: todos los ámbitos de la vida están entrelazados y la santidad que se genera al hacer negocios —por ejemplo— según la forma prescrita por las halajot o leyes necesarias surgidas de esta sección (Mishpatim) no es inferior a la que proviene de la devoción en los asuntos rituales. Los Sabios enseñan que quien desea ser jasid, es decir, una persona escrupulosamente piadosa y devota, debe ser muy meticuloso en áreas relacionadas con las leyes civiles y la responsabilidad civil (leer Bava Kamá 30a).

Por esto es que el concepto del «Templo» en el judaísmo se aplica tanto en la corte como en la sinagoga. Ese es el mensaje central que nos transmite la ubicación contigua de ambos capítulos.

Con base en esta proximidad, los Sabios deducen que el Sanhedrín —la corte de setenta y un jueces que constituía la suprema autoridad en temas halájicos— debía tener su asiento en el monte del Templo, junto al Templo mismo, pues tanto uno como el otro son expresiones de santidad y de servicio a Dios.

Un juez que dicta sentencia acertadamente es considerado como socio en la Creación, en tanto que quien comete atropellos judiciales es un destructor del mundo de Dios. Por Io tanto, es lógico que la Torah -inmediatamente después de habernos permitido reconocer el poder de Yah, manifestado en los milagros de la partición del mar, y la Revelación del Sinaí— ahora nos presente leyes que parecen casi mundanas, aunque en realidad, de mundano no tienen nada. Más bien, son expresiones de la grandeza de YHVH no menos intensas que el primer mandamiento, con su elocuente proclamación de la existencia y soberanía Divina. Este punto aparece gráficamente ilustrado en el primer grupo de leyes de la Sidrá, el de los siervos israelitas. Hasta las personas del más bajo escalafón en la sociedad —los siervos y siervas—, han sido creadas a imagen de Yahvéh, por lo cual la Torah legisla el trato que debemos dispensarles con una atención al detalle no inferior a la que dedica a los rituales del servicio del Templo en Yom Kippur.

Lo primero que notamos es que YHVH le revela a Israel que Él quiere involucrarse en las relaciones interpersonales de su pueblo. Por ello, al igual que un padre desarrollará una estrategia pedagógica que permita generar la convivencia ideal que conduzca a la unanimidad de visión y causa.

El método de enseñanza que utiliza Yahvéh a través de Su Torah, es presentar un caso extremo a partir del cual se pueden extrapolar principios claves para aplicarlos a la vida diaria.

Estas diferentes regulaciones son singulares, dado la justicia y la prudencia que garantizan que sean normas llenas de humanidad.

La conclusión a la que permanentemente arribaba un hebreo que estudiaba las mishpatim era que la vida humana era el valor más preciado en todo el cosmos. Por ello, se necesitaba tener paz y un buen entendimiento en cada vecindario. Esta será la calidad de estos mitzvot, revelando así que todas las leyes buenas y sanas deben tener como propósito el evitar el desencuentro entre los hombres, que conduzca a la aparición de crímenes, que produzcan una sociedad esclava de la impunidad.

Estas “leyes”, o mejor dicho, estos “juicios” o “normas” (mishpatim), son dados como precedentes para guiar a los magistrados civiles de Israel en los casos de asuntos civiles. El amplio rango de carácter de estas sentencias o normas muestra que Yahvéh las dio como leyes para ellos mismos, pero también para asentar los principios y precedentes, necesarios para la praxis jurídicas de todas las generaciones venideras.

El mensaje de esta parashá nos enseña que la ley ciertamente provee un sentido trascendente a nuestras vidas cotidianas; y también demanda de nosotros un compromiso de emuná hacia la ética yahvista; al tiempo que sostiene una visión perfecta de lo verdaderamente humano y lo correctamente social.

El rabino Eli Levi dice al respecto:

«En mishpatim leemos muchas leyes en la Torah que tienen que ver en la relación del hombre y el resto de la sociedad, desde cómo tratar a los sirvientes, como cuidar la propiedad del prójimo, y en síntesis como manejar y sostener una sociedad justa. Mishpatim es una continuidad directa de las diez declaracioness, incluso los textos están enlazados con el texto de la semana pasada. Muchos podemos pensar que solo aquellas leyes que atañen a las Aseret HaDibrot (Diez Palabras) son de más importancia. Pero el trato con nuestros empleados o socios comerciales no es algo que sea de la incumbencia de la Torah. Pero justamente ahí se revela que tan profundo una persona recibió y acepto en su corazón las enseñanzas de la Torah, en el trato sensible y cuidadoso con su prójimo. Si una persona estudia y cumple la Torah pero es insensible al dolor y al sufrimiento ajeno, es probable que la Torah no haya permeado en el, pero si una persona actúa honestamente según las leyes que leemos en nuestra parashá entonces realmente entendió lo que El Eterno quiso transmitir en los 10 mandamientos.«

Con esto El Eterno nos da un mensaje muy interesante que luego el Mesías ratificaría en la Enseñanza del Monte. Dios insertó la lectura de Mishpatim antes de retornar al pasado para abordar aspectos claves de la narración sobre la entrega de la Torah. Con estos mitzvot, Yahvéh estaba diciendo a aquel pueblo: “¡Antes de poder recibir la Torah por completo, … mientras Moshé recibe mi ketubáh escrita, quédense estudiando las Mishpatim! ¡Aprendan a ser humanos bondadosos, decentes, y rectos que respetan el ser, la dignidad y la propiedad de otros. Una vez que lo hayan hecho, entonces podré entregarles la Torah y elevarlos para ser una ‘goi kadosh’, una nación santa, llena de mi sacerdocio”.

¿Cuál es el Significado de Tu B’Shevat en nuestro Tiempo?

Por P.A. David Nesher

«Cuando ustedes entren en la tierra y planten toda clase de árboles frutales, tendrán por prohibido su fruto. Por tres años les será prohibido; no se comerá.

Levítico 19:23 (NBLH)

En Israel, desde el comienzo de los asentamientos agrícolas en la conquista con Josué, el día 15 del mes 11º del calendario hebreo ha adquirido gran importancia, simbolizando el resurgimiento y la redención de la Tierra.

Por ello Tu B’Shvat (que significa 15 de Shevat) ofrece una oportunidad única para comprender el crecimiento personal en el peregrinar el Camino de la Vida. 

Este día se pensó como el cumpleaños del árbol y se usó para demarcar un nuevo año fiscal para la agricultura de la Tierra Santa. Por eso Tu B’Shvat tiene una gran importancia en las leyes agrícolas que son relevantes en la Tierra de Israel.

Como «año nuevo de los árboles«, el Tu B’Shvat es la fecha límite en el calendario hebreo para calcular la edad de un árbol frutal.

La relevancia práctica de esto es que durante los tres primeros años de un árbol sus frutos están prohibidos bajo el requerimiento bíblico de no comer Orlá (Levítico 19:23).

Más aún, Tu B’Shvat es el año nuevo para determinar los diezmos. En los años 1, 2, 4 y 5 del ciclo de siete años de Shemitáh, el 10 por ciento del producto de Israel es Maaser Shení, que debe ser redimido con una moneda. En los años 3 y 6 del ciclo, ese 10 por ciento es Maaser Aní, que debe ser entregado a los pobres.

Una midrash (explicación) antigua se ha vuelto muy relevante hoy en día para entender la función profética de este día:

«En la hora en que el Santo creó a la primera persona, Dios le mostró a su creación los árboles en el Jardín del Edén, y dijo:

«Vea Mis obras, qué tan buenas son; ahora todo lo que he creado, lo creé para su beneficio. Piensa en esto y no corrompas y destruyas Mi mundo. Porque si lo destruyes, no hay nadie para restaurarlo después de ti.»

(Eclesiastés Rabá 7:28 -no es el libro de la Biblia)

Recordemos que, a lo largo de los siglos, tanto los sacerdotes, como los profetas, han usado el árbol como una metáfora para entender la relación de Yahvéh con los mundos espiritual y físico, por medio de los tzadikim (justos).

Desde la enseñanza oral de Moshé, se enseña en Israel que los mundos espirituales superiores son raíces invisibles (llenas de misterios divinos) cuyo tronco y ramas se extienden (hacia abajo) hacia nosotros, para finalmente manifiestar su influencia a través de ramas y hojas en los reinos inferiores concentrados todos en el ser humano Ungido (Mashiaj), a quien se denomina Árbol de Vida del Eterno. A través de este Árbol, fluye el río final de la vida universal, tal como lo describe el oráculo apocalíptico de Juan en Patmos:

«En medio de la calle principal de la ciudad y a cada lado del río, crecía el Árbol de la Vida, que da fruto cada mes, es decir, doce veces al año; y las hojas del árbol sirven para sanar a las naciones.«
(Revelación/Apocalipsis 22:2)

El Árbol de la Vida se origina en el inimaginable Ein Sof o el Infinito, y se vuelve progresivamente más en contacto con nuestro mundo, en el que la creación está teniendo lugar continuamente por medio del servicio sacerdotal (hebreo: avodáh) del ser humano redimido en Él.

Otra imagen relacionada con la historia del Jardín del Edén es el Árbol de la Vida. El sabio compara a la Torah con un Árbol de Vida (en hebreo: Etz Jayim) . La aplicación es simple y sencilla: así como tomamos sustento para la vida de un árbol natural, la Torah como nuestra forma de vida cotidiana nos sostiene en fortaleza y belleza.

Tu B’Shevat es considerado como un tiempo sagrado lleno de poder profético para hacer riquezas. Se celebra la conexión que los hebreos tenemos con el Eterno y la Tierra de Israel. Por esto, al decir bendiciones y participar de muchas clases de frutas, tenemos la oportunidad de agradecer a Yahvéh por la maravilla de la vida renovada y de volver a despertar nuestras propias conexiones espirituales. Además, honramos a la Tierra de Israel disfrutando de sus frutos, especialmente los de las siete especies mencionadas en el rollo de Devarim (Deuteronomio): trigo, cebada, uvas, higos, granadas, aceitunas y dátiles:

“…una tierra de trigo, cebada, viñas, higueras y granada, una tierra de olivos y miel [de dátiles]”

(Deuteronomio 8:8)

Tu B’Shevat también se ha convertido en un día de compromiso para proteger el medio ambiente. Las Sagradas Escrituras enseñan que la Tierra es de Yahvéh, el Creador, y por lo tanto todos los seres humanos debemos ser socios y colaboradores con el Eterno en la preservación de nuestro planeta y sus recursos.

Por todo esto, en el Israel contemporáneo, Tu B’Shvat es una especie de “Día del Árbol” en el que se aprovecha para tomar conciencia ambiental, por lo que se plantan árboles en celebración. Gracias a esta tradición activa, Israel es uno de los pocos países del mundo que terminó el siglo pasado con más árboles de los que comenzó, ha plantado más de 240 millones de árboles durante casi los últimos 100 años, dándole la rara distinción de tener una ganancia neta de árboles al entrar al siglo 21, una hazaña impresionante teniendo en cuenta que todos estaban plantados a mano. La forestación se toma en serio aquí, como uno de los sueños de David Ben-Gurion era hacer florecer el desierto.

Por último, les contaré que tanto en la Torah (Deuteronomio 20:19), como en las Sagradas Escrituras,  al ish tzadik (hombre justo) se lo ve como una palmera datilera fructífera:

«El justo florecerá como la palmera;…»
(Salmo 92:12)

Esta cosmovisión da a entender que el hombre redimido por el poder del Mesías, es visto en las regiones celestes como un árbol que a través de la Torah, se cuida, endereza sus ramas y se da la posibilidad de dar muchísimo más fruto, para transformar a la humanidad y el mundo.

Por ello, Tu B’Shevat es un día especial para cultivar fuertes raíces espirituales mediante el aumento de las buenas obras. Es un tiempo oportuno que permite contemplar los métodos para llevar una vida más fructífera.


BITÁCORA RELACIONADA:

Onkelos usando el Poder de la Fe

Onkelos, el sobrino del emperador romano Adriano, abandonó la corte romana. Él viajó a Eretz Israel y se convirtió al judaísmo.

 

El emperador despachó sus tropas para traer a su sobrino de regreso a Roma. Cuando los soldados arribaron, Onkelos los convenció de convertirse al judaísmo también.

El emperador por tanto envió a una segunda división con instrucciones estrictas de no comprometerse en ninguna conversación con Onkelos. Los soldados lo forzaron a él a retornar con ellos al emperador, pero en el camino él les dijo, «Permitídme sólo mencionar un punto de interés para vosotros. Si un grupo de personas de noble rango viajaran juntas, un barón sostendría una linterna para un duque, un duque iluminaría el camino para un príncipe, y un príncipe para un monarca. ¿Mas alguna vez vosotros escuchásteis de un monarca que encendiera el camino para la totalidad de la población?»
«Nunca,» ellos replicaron.

«Bien, el Dios de los judíos iluminó el camino para Su pueblo íntegro durante su estada en el desierto,» explicó Onkelos.

Cuando los soldados escucharon esto, todos ellos se convirtieron en guerím (extranjeros prosélitos).

 

Tomado del «Midrash Dice» (El Libro de Shemot)

¡Ven de Tu Esclavitud a Mi Palacio! (Parashá Bo)

Por P.A. David Nesher

 

Esta semana estamos investigando los códigos de la Luz (Or) escondidos en las tres plagas finales de las conocidas «Eser Macot» (Diez Plagas) que culminaron en la liberación de Israel de la esclavitud egipcia.

Se trata de una porción (parashá) de Torah muy especial, denominada Bo («ven ante») y recibe su nombre del primer versículo que lee:

«VaYomer Adoshem el Mosheh Bo el Paró ki ani hijadti et libo»

Traducido al español se lee:

(«Dios dijo: Ven ante el faraón porque he endurecido su corazón…»)

Encontramos esta parashá en el Libro de Shemot (Éxodo 10:1-13:16).

Como lo expresé al comenzar esta bitácora, la parashá Bo relata las tres últimas plagas de Egipto (Mitzraim):

  • la de las langostas,
  • la de la oscuridad y
  • la de la muerte de los primogénitos.

Como enseñan los comentaristas, estas plagas ya no se enfocan en el Imperio de Egipto, como ocurría con las siete primeras, sino que apuntan exclusivamente a la persona misma del faraón (en hebreo paróh).

La expresión Bo usada aquí tiene múltiples significados. Literalmente quiere decir Ven, pero también dicen los sabios de la Guemará aseguran que su significado más lumínico esta oculto en su guematría. Justamente, existe en esta porción de la Torah una maravillosa curiosidad. Es que el valor guemátrico o numérico de la expresión Bo (בא) equivalea 3:

 ב = 2
+
א = 1
_______
3

 Si nos fijamos en las dos letras que componen Bo (בא) vemos una letra Bet (ב) abierta hacia la izquierda donde está una letra Alef (א). Eso nos señala la dirección del propósito eterno de Dios para Su Pueblo.

La letra Bet (ב) significa “casa” y en este caso se refiere a Mitzraim (Egipto), que Éxodo 20:2 define como “casa de servidumbre”.

La letra Alef (א), que representa a la unidad, se refiere a la Torah, que es Una.

Bo (בא) es la porción que codifica la Intención divina: el pueblo de Israel saldría de Egipto para recibir la Torah. En Egipto eran esclavos, pero cuando hayan recibido la Torah serán un reinado de sacerdotes (Éxodo 19:6).

Lo más fuerte de esta curiosidad guemátrica es que esta parashá hay exactamente 106 versículos. Para que entiendan el sentido espiritual de esta curiosidad le diré que si asociamos este número (106) con el número 3, el valor numérico de Bo (בא), veremos que ambos se refieren a los tres componentes centrales del cuerpo humano, según las Sagradas Escrituras: cerebro, corazón e hígado.

Si sumamos las guematrías de Moaj (מח) “cerebro”, Lev (לב) “corazón” y Keved (כבד) “hígado” (48 + 32 + 26), respectivamente, obtenemos 106.

¿Cómo podemos relacionar estos tres componentes con las tres plagas de Bo (בא)?

Las langostas (ארבה) aluden al cerebro. Se ha comprobado que cuando estos insectos forman una plaga aumenta el tamaño de su cerebro.

La oscuridad (חושך) se refiere al corazón, ya que el corazón del faraón estaba oscurecido y era obstinado (Éxodo 10:1),y

La muerte de los primogénitos (מכת בכורות) al hígado, ya que Keved (כבד) pertenece a la misma raíz que Kavod (כבוד), “gloria”, y los hijos son la gloria de sus padres.

Interesante, me resultó haber leído al filósofo judío Maimónides quien enseñó que si unimos las letras iniciales de estos tres componentes, Mem (מ), Lamed (ל) y Kaf (כ), obtenemos la expresión hebrea Melek (מלך), que significa “Rey”. Este gran sabio también nos explica en su Mishnéh Torah:

“Con tres coronas fue coronado Israel, la corona de la Torah, la corona del sacerdocio y la corona de la realeza.”

Por eso, al recibirla, el pueblo de Israel dejó de ser un pueblo esclavizado en la sensualidad materialista para ser un pueblo coronado con la majestad del Eterno.

Entonces, cuando nos conectamos correctamente con la historia relatada en la porción Bo, el Eterno nos otorga, por medio de estos códigos, el poder mesiánico para presentir al Ángel de la Muerte cuando entra a nuestras vidas aprovechándose de nuestra obstinación que, nublando nuestro entendimiento, nos conduce a la pérdida de la gloria que se obtiene al tener la Presencia divina.

¿Qué ocasiona la muerte accidental o súbita en los seres humanos?

A lo largo de las Sagradas Escrituras encontramos claramente expresado que nadie muere de un ACV cerebral; nadie muere de un ataque al corazón; nadie muere de cirrosis hepática; nadie muere de algo que está escrito de un certificado médico de muerte. Ninguna de esas cosas son la verdadera causa de la muerte. La muerte es siempre causada por la manifestación de la energía negativa de la actividad del adversario (HaSatán), al cual nos hemos hecho vulnerables, por causa de no guardar los mitzvot (mandamientos) del Eterno.

Así, al ser vulnerables a HaSatán (el Oponente) y su cultura reptiliana permitimos la entrada para que el Ángel de la Muerte actúe en nuestras vidas, dentro de nuestras familias, y de nuestro mundo. Una vez que el camino de entrada ha sido abierto, entonces y sólo entonces el Ángel de la Muerte escoge las formas para ejecutar a su víctima. Él puede escoger el corazón, el cerebro, el hígado, como órganos generadores de esa energía mortal; él puede escoger la muerte en un accidente, etc. Pero esto es simplemente la forma en la cual el Ángel de la Muerte causa la muerte en el cuerpo humano. El camino fue abierto mucho antes.

¿Qué herramienta podemos usar para evitar esta actividad del Ángel de la Muerte?

Los entendidos en el hebreo, explican que hasta la quinta plaga el Faraón no estaba afectado por lo que sucedía en Egipto, es así como a partir de allí, las plagas comenzaron a tocar el interés personal del Faraón.  

No podemos olvidar que el Faraón representa nuestra falta de consciencia sobre el otro, nuestra parte egoísta. Esto nos enseña porque existe el juicio, existe porque solo a través de la afectación propia o del dolor propio comprendemos y somos conmovidos por el dolor del otro. Mientras no somos afectados por lo que sucede en lo externo, somos indiferentes a la pobreza, al hambre, a las penurias y tristezas que los otros experimentan.

Ya hemos aprendido que el Eterno revela que ocuparnos solo de nosotros obliga al sistema de las leyes de causa y efecto a ejecutar la sentencia completa del juicio. Es decir, con cada plaga el faraón tenía la oportunidad de rectificar, pero como no lo hacia entonces el juicio se profundiza aún más. Exactamente igual sucede en nuestras vidas. Si aprendemos después de experimentar el primer golpe, entonces la clemencia interviene deteniendo la sentencia, y anulando la acción ejecutora del Ángel de la Muerte sobre nuestra vida y familia. La idea de las leyes del sistema no es castigarnos, sino corregir el desorden  y caos que provocamos en él.

En otras palabras, si estar sordos y ajenos al dolor del otro profundiza el dolor al punto que abrimos una nueva dimensión de juicio en otro de los mundos, la Torah nos enseña aquí que ocuparnos del otro, tapa las arterias por medio el cual el juicio de muerte desciende. Por lo tanto, cualquier dolor que vivamos en nuestras vidas, cualquier caos, carencia o pérdida es producto de un juicio, y este se aminora o anula cuando ayudamos a los otros, que en el fondo se trata de colocarnos en el centro del Árbol de la Vida.

Por todo esto, el nivel que la parashá Bo otorga es el más básico de nuestra conciencia. Leer y meditar esta parashá nos ayudará a concentrar todos nuestros pensamientos en una dirección proactiva y positiva siempre a favor de nuestros semejantes. El altruismo divino podrá manifestarse permitiendo un mundo más humano.

Esto nos obliga a esforzarnos en la tarea maravillosa de primero conocernos a nosotros mismos. Dicho esfuerzo requiere de mucha auto-observación y auto-análisis. Solo así podemos empoderarnos, y ser el «Moisés» frente a nuestro «Faraón interno» el ego, que abre con su dureza de corazón el camino al Ángel de la Muerte.

En este primer día de la semana, te animo a estudiar esta parashá de Bo ya que en ella aprenderás en forma tácita la manera de aminorar un juicio, y evitar la muerte accidental, antes del tiempo de cumplimiento de tu propósito.

Entonces, ya aprendimos que las siete primeras plagas se refieren al mundo de las emociones, en cambio, al estudiar estas tres plagas notaremos que se toca otro mundo o nivel, que es el intelectual en el plano de lo suprarracional.

Recomiendo que escuchen esta enseñanza respecto a los lineamientos primordiales de la parashá Bo para nuestras almas.

Bitácora Relacionada:
Las 10 Plagas y los 10 «Y dijo Dios» del Bereshit

Cuatro Formas para Construir la Identidad de Israel en Egipto

Por P.A. David Nesher

«Éstos son los nombres de los hijos de Israel que entraron (que llegan a) en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia:
Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad y Aser.
Todas las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta.
Y José estaba en Egipto. Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación.
«

(Shemot/Éxodo 1: 1-6)

La historia del libro de Shemot (Éxodo) comienza donde la historia de Bereshit (Génesis) termina: en una gran familia con una posición crucial en el propósito eterno de Dios y su migración a Egipto.

El relato revela que los hijos de Israel, al descender a Mitzraim (Egipto), lejos de asimilarse a la sociedad egipcia dejándose encandilar por su cultura progresista, tanto en lo social, como en lo cultural y económico, prefirieron permanecer fieles a sus principios. Ellos decidieron mantener fidelidad a sus creencias y mantuvieron alta su fe a través de guardar su cultura hebrea a fin de no perder la identidad de Israel.

Los sabios intérpretes de los códigos de la Torah, aseguran que los doce patriarcas fueron redimidos de Mitzraim (Egipto) en mérito a cuatro cosas que los destacan en su fe y confianza. Estos cuatro méritos están aludidos en el primer verso y son los siguientes:

  1. No cambiaron sus nombres.
  2. No cambiaron su lenguaje, (continuaron hablando hebreo).
  3. No hubo en ellos lashón hará (hablar mal del otro).
  4. No hubo en ellos una conducta sexual inapropiada (fieles al brit milá o pacto de circuncisión).

Existe un principio de interpretación escritural según el cual, cuando hay una lista de ítems, el último siempre es el que tiene mayor peso. En este caso, esto significa que haber observado el pacto sexual (brit milá) fue lo más influyente en la conservación de la identidad y hacer posible la redención. Es que las primeras dos palabras Veele shemot (“estos son los nombres”), con las que comienza el libro aluden al origen del cuarto y más importante de los méritos: abstenerse de relaciones sexuales inapropiadas. El valor de וְאֵלֶה שְׁמוֹת (Veele shemot) , es exactamente igual al valor numérico de la expresión hebrea “paz y armonía familiar” (שְׁלוֹם בַּיִת , shalom bait).

Pero a fin de lograr cambiar nuestra manera de pensar para que cambie nuestra forma de vivir (Rom. 12: 2) tal como es la voluntad perfecta de nuestra Abba, necesitamos entender la fuerza de estos cuatro méritos.

Los Nombres

En primer lugar, notamos que el versículo comienza expresándose en presente («que llegan») significando que tanto los patriarcas, como sus hijos, durante los años de permanencia en Egipto (Mitzraim) jamás se sintieron arraigados, sino como si recién estuvieran llegando. Eso significa que ellos siempre fueron conscientes de que ese no era su hogar. Evidentemente cuando alguien es Israel tiene plena consciencia de que el mundo material no es su hogar definitivo.

En segundo lugar, consideraremos la expresión: «Los nombres de los Hijos de Israel”. La mismaalude a que ellos conservaron sus nombres en señal de no permitir que su identidad se intoxicara con costumbres egipcias ajenas a su fe. Los sabios describen esto en hebreo utilizando las palabras «descendieron» y «ascendieron” (najtún y salkún). Las iniciales de estas palabras (“descender” y “ascender”,  נַ חְתּוּן y סַ לְקוּן) forman la palabra hebrea “milagro” ( נס , nes ), insinuando así que los nombres hebreos contienen el poder milagroso del Mundo de Arriba para sacar a la persona de todo exilio.

Los hijos de Israel no cambiaron sus nombres, y este fue uno de los motivos excluyentes para ser salvados de Egipto. He aquí un gran secreto: ser hebreo y merecer la Gueulá (Redención) es poder perpetuar lo recibido y transmitirlo sin fisura alguna a quienes nos suceden. Y, por sobre todo, sostener nuestro Nombre, la “corona del buen nombre“, que nos libera de cualquier exilio y esclavitud.

El Lenguaje

Nuevamente nos enfocaremos en la expresión “que llegan a Egipto”. La misma también sugiere que ellos no cambiaron su lenguaje. Los comentaristas preguntan por qué el verbo “venir” está en presente y no en pasado, porque cuando el libro de Éxodo comienza los hijos de Israel ya estaban en Egipto desde hace muchos años. Esta pregunta gramatical acerca de esta palabra sugiere que por cierto alude al lenguaje. De esto aprendemos que mientras la persona conserve su lengua madre logra continuar con el sentimiento de que acaba de llegar de su patria. De ese modo, no se cae bajo la influencia de la cultura local.

Por eso, retener su lenguaje los ayudó a retener su sentido de espacio sagrado, la Tierra de Israel. Por la misma razón, el pueblo descendiente de Yaakov continuó siendo conocido como hebreos durante su exilio en Egipto, un nombre que sólo tiene significado en la Tierra de Israel (significa literalmente, “quien ha cruzado el río”, refiriéndose específicamente el Iardén o Jordán).

Habla

Cuando el versículo utiliza aquí la expresión “…con Yaakov” está en verdad aludiendo al mérito de abstenerse de hablar lashón hará (habla dañina), del hermano.

Recordemos que Yaakov es el alma arquetípica de la belleza que produce la compasión. La Torah describe a Yaakov (antes de estancia con su tío Labán) como “un hombre sincero que mora en tiendas “haciendo referencia a su prioridad de estudiar los secretos de de la Torah a fin de servir empáticamente a su prójimo.

Por eso a la virtud divinade Belleza (Tiferet) se la describe como el cuerpo en plena acción de servicio. El pueblo hebreo está asociado con el sentido del corporativismo comunitario. Esto significa que mientras que su sentido de identidad sea fuerte conscientes que todos están “con Yaakov”, no se harán daño, así como la mano izquierda no lastimará a la derecha mientras la mente funcione y ambas manos se identifiquen como parte del mismo organismo. Esto se notará en la manera de hablar unos de otros.

La Familia

Finalmente existe en el versículo una expresión clave: “cada uno entró con su familia”. Eso corresponde explícitamente al mérito de la pureza familiar que se logra al abstenerse de una conducta sexual inadecuada.

En las Sagradas Escrituras la mujer es llamada ”la casa del marido” ( בֵּיתו , beitó ). Incluso una pareja que vive en Egipto, que en hebreo significa literalmente “constricción”, simbolizan la naturaleza difícil y restrictiva que los rodea, en la medida en que permanezcan incondicional y eternamente fieles uno al otro, eventualmente emergerán con riqueza y posesiones como salió el pueblo hebreo de Egipto. Esta fue la promesa que el Eterno le hizo a Abraham avinu cuando le reveló la naturaleza del exilio de Egipto.

Por cierto, la guematría (valor numérico) de las tres palabras “cada uno entró con su familia” ( אִישׁ וּבֵיתוֹ בָּאוּ , ish ubeitó bau ) es exactamente tres veces la guematría del nombre “Abraham” (אַבְרָהָם ). Abraham es el alma arquetípica de la bondad y el amor, indicando que el amor entre marido y mujer puede sobreponerse a todas las formas de los «Egiptos» físicos y espirituales. El amor infinito entre ellos es el reflejo de su amor eterno por Yahvéh.

Los Cuatro Méritos y el Tetragramatón (YHVH)

El mensaje profético que dan estos cuatro méritos es elocuente: los hijos primogénitos del Eterno debemos enarbolar las banderas de la identidad, no sólo en la teoría retórica de los discursos, sino fundamentalmente a través de la proclamación perfecta que realiza la acción, es la única forma de luchar contra toda asimilación reptiliana.

También vale aquí comentar, que los cuatro méritos enumerados son acciones que se corresponden con las cuatro letras del Nombre (HaShem) esencial de nuestro Dios: YHVH (Yahvéh), conformado por las letras yud, hei, vav, hei.

Yud ( י ) Sabiduría: No cambiaron sus nombres.
Hei ( ה ) Entendimiento: No cambiaron su lenguaje.
Vav ( ו ) Belleza o Compasión: No hubo en ellos lashón hará .
Hei ( ה ) Nobleza (Reinado): No hubo en ellos una conducta sexual inapropiada.

(Nota: La explicación de este misterio celestial revelado en este versículo merece una bitácora aparte. Espero que se atrevan a ingresar en ella).


¿Quién es Israel?

Por P.A. David Nesher

Según el libro de Bereshit cuando Yaakov (Jacob) recibió la bendición, después de pelear con el Ángel de Yahvéh en Peniel, se le cambió el nombre por el de “Israel” (Génesis 32:22 -32). A partir de ese momento se les llamó a los hijos de Jacob, que formaron las doce tribus, “israelitas”. El nombre Israel se usa con más frecuencia a partir del peregrinaje por el desierto, cuando salieron de Egipto (Mitzraim), como alusión sustitutiva al término peyorativo de “hebreos”, que le fue dado por los Egipcios durante el cautiverio (Éxodo 32:4, Deuteronomio 4:1, 27:9).

Pero, más allá del dato histórico del relato, es interesante remarcar que, cada vez que el Eterno se dirige a su pueblo siempre le llama “Israel” (Deuteronomio 4:1, 27:9), y esto permaneció hasta que apareció la crisis que dividió el reino, después de la muerte de Salomón.

Ahora bien, es necesario hacernos una pregunta: ¿Quién es Israel?

Volviendo a la primera vez que aparece este nombre, aplicándose a Yaakov avinu, notamos que hasta que el patriarca no logró vencer al Ángel de YHVH no se llamó Israel. Recordemos que «Yaakov» significa «que lo sostendrá por el talón», lo que quiere decir, el que tiene un bajo nivel espiritual.. El nombre Yaakov proviene del sustantivo «akav» que significa «talón». Lo que describe al patriarca en su vieja naturaleza, antes del encuentro en Peniel. Él estaba en su fondo, conectado completamente a su situación terrenal llena de aflicciones.

Pero cuando llega la mañana, Yaakov puede derrotar al mal, eliminando y sobreponiéndose a esa duda. Es en ese preciso instante Yaakov le pide al ángel que le bendiga, y éste le bendice diciéndole: “…ya no te llamarás más Yaakov sino que tu nombre será Israel, porque luchaste con Dios y con los hombres y has vencido…”.

El significado de la expresión “luchaste con Dios” significa que Yaakov luchó con el pensamiento de “… tal vez Dios me haya abandonado, tal vez no valió la pena todo este camino espiritual que yo elegido, tal vez no fue la elección correcta…”, pero al final por la mañana, luchó y venció, es decir, aprender a ver los acontecimientos como pruebas que vienen a despertarnos, como oportunidades de superación que se nos presentan.

El Ángel del Señor le dijo:

“Ya no te llamarás Yaakov, sino Israel”

Fue recién cuando se determinó a pasar de lo más bajo (lo terrenal) a lo más alto (la corona de lo Celestial) que desde lo alto se lo llamó Israel.

La metáfora es bien clara: «para pasar del talón a la cabeza hay que ascender con esfuerzo la distancia que los separa«. Es decir, que solamente cuando algún ser humano acepta salir de las dimensiones físicas y se propone entrar en las dimensiones espirituales, puede ser considerado Israel.

Ahora bien, es muy interesante saber que a la palabra Israel (ישראל) cuando se cambian sus letras se la puede leer de dos formas que expanden la consciencia de su significado. Esas expresiones son:

  • Yashar-El (ישר-אל-Directo a Dios)  esto es, la persona que es recta con Dios, encerrando la idea del ser humano que tiene el anhelo de agradar a Yahvéh en justicia. Señala la actitud que se opone a un dios extraño. Significa que su única intención es que todo sea directo al Creador. En otras palabras, su único pensamiento y deseo es llegar directamente a la adhesión con el Creador. Está hablando de búsqueda apasionada por el Eterno y las ganas de fundirse con Él, haciendo caso omiso al «deseo de recibir sólo para sí» (yetzer hará = inclinación al mal). La expresión Yashar-El también da origen a «shir- El«. Y por eso Yaakov se transforma en Israel “Shir- El”, el que sabe cantar y agradecer a Dios en todas las circunstancias.
  • Rosh Li (ראש לי- «Mi cabeza» o «Una cabeza para mí«) Interpretándose como «Ya soy cabeza» o «Tengo una Cabeza» haciendo alusión a un alto nivel espiritual. Esto significa que él cree que tiene una mente de Kedushá (Santidad) que le permite ascender más allá de toda potestad celestial.

Con esto, nos damos cuenta, al investigar el libro de Shemot, que la Sabiduría de lo alto revela que Israel es el Pueblo único y deseado por YHVH, que se deja conducir por Su Ungido (Mashiaj) a la redención del exilio que provoca Mitzrayim (Egipto), a la zona de verdadera libertad que representa la Tierra Prometida.

A fin de explicar mejor todo esto, necesito recordarles que la palabra Egipto en hebreo es Mitzraim, y viene de la raíz metzar que significa “angostura”, «lugar de límites por angustia«. Esta angostura se refiere a la conciencia limitada en la que vivimos, pensando que la materia controla nuestra vida, la victimización y el egocentrismo.

A su vez «israelitas» no representa una nación sino que la palabra «Israel» viene de la raíz Li Rosh que significa «yo soy la cabeza». Ser la cabeza es todo lo contrario de la angostura, ya que representa la expansión de la conciencia, el poder de la mente sobre la materia y la total responsabilidad en la vida.

Para simplificar lo dicho, la misión de sacar a «Israel de Egipto» significaba liberar a la humanidad de la ceguera espiritual que produce el materialismo, y ser un canal de consciencia espiritual.

Entonces, ¿quién es llamado Israel? Aquel ser humano que ha pasado de talón a cabeza, es decir, que ha subido por los planos espirituales directo en búsqueda de su Creador para estar totalmente unido a Él. Aquel que es capaz de meditar los secretos de la Torah (Instrucción) divina para penetrar las dimensiones celestiales,  venciendo la «zona de confort» que le impusieron sus cinco sentidos.

¿Cuál es la misión del Mashiaj?

Hacer retornar a todos los hijos hebreos, descendientes de las diez tribus perdidas, a la tierra de Israel, es decir, elevar y sublimarlos a lo más alto, hasta ser uno con el Eterno.

Este retorno lo hará ofreciendo y revelando Su Yugo (Mateo 11: 28-29) como Camino correcto para llegar al Eterno, y conocerlos como Padre (Juan 14:6).


Bitácoras Relacionadas:

La Plenitud de los Gentiles y la Verdadera Misión de Yeshúa.

Por P.A. David Nesher

 

“Cuando Yosef vio que su padre había puesto su mano derecha sobre la cabeza de Efraim, esto le desagradó; y asió la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efraim a la cabeza de Menashé. Mas su padre rehusó y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; él también llegará a ser un pueblo, y él también será grande. Sin embargo, su hermano menor será más grande que él, y su descendencia llegará a ser plenitud de naciones.”

(Bereshit/Génesis 48:17 – 19 _ LBLA)

Comenzaré esta bitácora solicitando un favor: ten presente en todo momento que en las dimensiones celestes, el orden profético siempre tiene preferencia sobre el orden natural.

El hijo mayor de Yosef (José), llamado Menashéh (Manasés), llegó a convertirse en una tribu grande dentro de Israel. Su territorio inmenso se distribuyó a los dos lados del río Yardén (Jordán).

Cuando leemos los datos  del censo que registra el libro de Badmibar (Números cap. 1), notamos que Menashéh era la tribu más pequeña de la nación que recién salía de Mitzraim (Egipto). Pero, según Números capítulo 26 vers. 34, ocurrió un aumento milagroso del 64 % de su población durante los 38 años en el desierto. De este modo, vemos que fue la tribu que más creció durante ese tiempo de proceso divino en el desierto. Sabemos que luego, instalada en Canaán, también llegó a ser una tribu grande debido a la influencia del juez Guidón (Gedeón) que surgió de Menashé (cf. Jueces 7-8) para liberar al pueblo escogido de la opresión madianita.

Sin embargo, vemos que fue Efraim quien recibió una bendición superior a la de Menashéh. La profecía que Yaakov avinu liberó en su bendición, aseguró que Efraim sería mayor. Justamente de esta tribu salió Yehoshúa, el sucesor de Moshé. La tribu de Efraim fue puesta como la principal de la nación norteña, la casa de Israel, y cuando los profetas hablan de Efraim están incluidas todas las diez tribus del norte.

Efraim recibe como palabra profética la promesa de que llegaría a ser una plenitud de naciones, en hebreo se dice meló ha-goyim, y puede ser entendida de varias maneras. La palabra ha-goyim –הגוים – es plural definido de goy ­–גוי – cuyo significado principal es nación. Esta palabra se usa tanto para la nación de Israel como las otras naciones. En la forma plural normalmente significa las naciones gentiles en el sentido de los no israelitas. De esa manera el término en su forma singular goy ­–גוי – llegó a significar gentil, en el sentido no hebreo/israelita/judío.

Yehoshúa (Josué), el sucesor de Moshé, era descendiente de Efraim. Por eso mismo, el sabio intérprete Rashí, basándose en los midrashim, asegura que la expresión plenitud de naciones (hbre. meló ha-goyim) significa que la descendencia de Efraim llenará los pueblos, en el sentido de que la fama de Yehoshúa (Josué) produciría un impacto entre las naciones por haber detenido el sol en Guivón (Gabaón) y la luna en el valle de Ayalón, (cf. Josué 10:12).

No obstante, la expresión meló ha-goyim (–מלא הגוים –) va mucho más allá de la fama de Yehoshúa, puesto que el texto hebreo dice que la simiente de Efraim sería la llenura de las naciones, o plenitud de los gentiles. Esto significa en primer lugar que por el rechazo del Eterno de las diez tribus los gentiles serían llenados de estos descendientes de manera que ya no se podrán contar por su gran cantidad (Os. 1:10). Las diez tribus, con Efraim a la cabeza, están hoy en día mezcladas entre todas las naciones de la tierra y son gentiles.

Por eso, la manera más simple de entender el texto de Bereshit (Génesis) que estamos analizando es que Efraim se convertiría en mucha gente. Sin embargo, la elección de términos que hay en el hebreo nos da a entender que aquí no se trata sólo de que Efraim se convertiría en mucha gente, sino de algo proféticamente más profundo.

Necesitamos tener en cuenta que la palabra hebrea meló –מלא – no significa simplemente multitud, montón o cantidad, sino más bien llenura, o plenitud. Viene de la raíz malé –מלא – que significa llenar. La expresión que usa nuestro padre Yaakov se traduce literalmente como “su descendencia será llenura de las naciones (gentiles)” lo que parece indicar que se dispersarían entre los pueblos gentiles, lo cual no es una bendición de acuerdo a lo revelado por la Torah misma.

Por todo lo dicho, debemos entender que el texto hebreo invita a una consideración mayor de lo que se lee a simple vista. Literalmente dice “y su descendencia será plenitud de las naciones (gentiles)”. Hay un lugar más en las Escrituras donde aparece la misma expresión. Se trata de la epístola a los romanos, en la que el apóstol Pablo expresó:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis sabios en vuestra propia opinión: que a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y así, todo Israel será salvo; tal como está escrito: EL LIBERTADOR VENDRÁ DE TZIÓN; APARTARA LA IMPIEDAD DE YAAKOV.”

(Romanos 11:25-26)

De este texto paulino podemos sacar varias conclusiones importantes:

  • Sólo una parte de Israel ha sido endurecida durante un tiempo limitado. No se trata de todo Israel ni para siempre.
  • Esto es un misterio, es decir, es parte del plan divino para la salvación del mundo que es difícil de entender.
  • La plenitud de los gentiles tiene que entrar en esa salvación que pertenece a Israel.
  • La salvación de todo Israel depende de la entrada de la plenitud de los gentiles.
  • Todo Israel incluye no solamente el pueblo judío, sino también la plenitud de los gentiles.
  • La impiedad será quitada de Yaakov, que son las doce tribus, no solamente los judíos que representan dos tribus de Israel, Yehudá y Binyamín y posiblemente Leví.

Este lineamiento perfecto de salvación del Eterno es uno de los misterios más maravillosos a los que un hijo primogénito de Dios puede acceder. Es tan profundo lo codificado en esta medida de fe, que es imposible explicarlo en un espacio como este. Intentaré trazarlo con pocas palabras, esperando en el Señor poder ser claro en la explicación, anhelando que Su Santo Espíritu lleve a cada lector a una mayor investigación de este asunto profético o escatológico.

En el capítulo 12 del primer libro de Reyes, se relata como el reino de Israel se dividió en dos naciones, posterior a la muerte del rey Salomón. Esto ocurrió por causa de una rebelión que se originó en el territorio de Efraim, en la ciudad de Shejem (Siquem), que fue entregado a Yosef (Génesis 48:22).

A partir de esta revuelta tribal, Efraim llegó a ser la tribu principal para el territorio que se conocería como «el Reino del Norte» o «Casa de Israel».  El primer rey de las diez tribus del norte fue Yeravam (Jeroboam), de la tribu de Efraim, (1 Reyes 11:26, 28). Desde ese día, y en adelante sólo hubo división entre las Dos Casas de Israel (1 Reyes 12:19; 2 Crónicas 10:19). Este desencuentro vino siempre controlado por la Providencia del Eterno (1 Reyes 12:24; 2 Crónicas 10:15). Este es uno de los misterios del proyecto divino de salvación para todo el mundo gentil.

El Reino del Norte se paganizó rápidamente con la introducción de una religión sincretista (1 Reyes 12:28-33). Por causa de esta abominación, los profetas Amós y Hoshea fueron enviados por Yahvéh al Reino del Norte para anunciar su pronta destrucción, sino no procedían a una teshuvá corporativa. El oráculo divino fue siempre bien claro: la Casa de Israel iba a ser enviada a las naciones y para mezclarse entre ellas. Así lo dejó documentado en su rollo profético el profeta Oseas:

“Efraim se mezcla con las naciones”
(Oseas 7:8a)

Esto ya había sido anunciado por Moshé en pleno proceso de entrenamiento, durante los treinta y ocho años en el desierto:

“A vosotros, sin embargo, os esparciré entre las naciones”
(Levítico 26:33)

Pero existe un hecho escatológico muy interesante en el mensaje del profeta Hoshea que permite entender mejor todo el movimiento profético que estamos protagonizando en estos días:

“Y el Eterno dijo a Hoshea: Ponle por nombre Yizreel, porque dentro de poco castigaré a la casa de Yehú por la sangre derramada en Yizreel, y pondré fin al reino de la casa de Israel. Y sucederá que en aquel día quebraré el arco de Israel en el valle de Yizreel.”
(Oseas 1:4-5 )

Este Yizreel aquí mencionado fue el primer hijo del profeta con su mujer, quien se había dedicado a ser lo que se conocía como «prostituta sagrada», involucrada en cultos sexuales en honor a Baal y Aserá.

Por eso, el matrimonio entre el profeta y esta mujer refleja el pacto entre la casa de Israel, es decir, las diez tribus del norte, y el Eterno. El primer hijo fue llamado Yizreel que significa “Dios sembrará”.  Así que los hijos de la casa de Efraim eran las semillas para la siembra que Yahvéh esparciría entre las naciones.  Teniendo en cuenta esto, podemos profundizar la interpretación de la parábola del Sembrador que Yeshúa dio a sus discípulos:

“He aquí, el sembrador salió a sembrar.”
(Mateo 13:3)

Esta siembra que nuestro Mesías describe dará un fruto en los últimos tiempos, tal cual Él mismo lo explica:

“…la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.”
(Mateo 13:39)

Con esta cosmovisión profética en nuestra mente, podemos volver al oráculo del profeta Hoshea, y enfocarnos en el siguiente mensaje:

“Ella concibió otra vez y dio a luz una hija.
Y el Señor le dijo: Ponle por nombre Lo-Rujamá (ninguna compasión), porque ya no me compadeceré de la casa de Israel, pues no los perdonaré jamás. Pero me compadeceré de la casa de Yehudá (el pueblo judío) y los salvaré por el Eterno su Dios; y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni jinetes.Después de haber destetado a Lo-Rujamá, ella concibió y dio a luz un hijo. Y el Señor dijo:
Ponle por nombre Lo-Amí, porque vosotros no sois mi pueblo y yo no soy vuestro Dios. Y el número de los hijos de Israel será como la arena del mar, que no se puede medir ni contar; y sucederá que en el lugar donde se les dice: No sois mi pueblo, se les dirá: Sois hijos del Dios viviente.
Y los hijos de Yehudá y los hijos de Israel se reunirán, y nombrarán para sí un solo jefe, y subirán de la tierra, porque grande será el día de Yizreel.”
(Oseas 1:6-11)

El profeta dibuja en su oráculo el desarrollo escatológico del Proyecto del Eterno para la Casa de Israel con unos pocos brochazos, que podemos describir así:

  • Primero, la casa de Israel será rechazada.
  • Segundo, se convertirá en una cantidad tan grande que no se puede contar, como la arena del mar, lo cual indica que están dentro de las naciones del mundo.
  • Tercero, se habla de una restauración de la identidad israelita en el mismo lugar donde fueron rechazados, en la tierra de Israel. Esto será el resultado de una unificación entre los hijos de Yehudá, los judíos, que nunca perdieron su identidad, y los hijos de Israel que hayan dejado su identidad gentil en los últimos tiempos. Juntos reconocerán a Yeshúa como el Mesías.
  • Por último, dice que subirán de la tierra lo cual es una alusión al arrebatamiento de todos los que son del Mesías. Como el día de Yizreel, el día de la siembra de Dios, era grande, los hijos de Israel están entre todas las naciones gentiles, y desde allí serán arrebatados para encontrarse con el Mesías cuando vuelva a la tierra.

En su oráculo el profeta también describe con líneas llenas de romanticismo el proceso mesiánico que la Casa de Israel viviría desde la deportación a Asiria hasta el regreso a la Tierra Prometida bajo el Mesías, según está escrito:

“Por tanto, he aquí, la seduciré, la llevaré al desierto ( es decir, a las naciones gentiles), y le hablaré al corazón.
Le daré sus viñas desde allí, y el valle de Ajor por puerta de esperanza. Y allí cantará como en los días de su juventud, como en el día en que subió de la tierra de Egipto. 
Sucederá en aquel día–declara el Eterno– que me llamarás Ishí y no me llamarás más Baalí. Porque quitaré de su boca los nombres de los Baales, y nunca más serán mencionados por sus nombres.
En aquel día haré también un pacto por ellos con las bestias del campo, con las aves del cielo y con los reptiles de la tierra; quitaré de la tierra el arco, la espada y la guerra, y haré que ellos duerman seguros.
Te desposaré conmigo para siempre; sí, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en misericordia y en compasión; te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás al Eterno.  
Y sucederá que en aquel día yo responderé–declara el Eterno–, responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra, y la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite, y ellos responderán a Yizreel.
La sembraré para mí en la tierra, y tendré compasión de la que no recibió compasión, y diré al que no era mi pueblo: Tú eres mi pueblo, y él dirá: Tú eres mi Dios.”
(Oseas 2:14-23)

Ahora bien, convengamos que para que todo este proceso sea una bendición, tiene que existir un proyecto divino con lineamientos perfectos que permitan la restauración de la simiente de estas diez tribus que ha sido sembrada entre las naciones gentiles. Todos entendemos bien que cuando hay una siembra, los granos mueren para luego dar fruto abundante. Ese es el Proyecto Emanuel con el que el Eterno tiene pensado dar salvación aún a los gentiles. Una semilla plantada esta escondida en el suelo con el propósito de salir para traer mucho fruto. El profeta Amós aseguró que Yahvéh zarandeará estas tribus entre todas las naciones, y aun así Él no perderá ningún grano en la tierra (Amós 9:9). ¡“José” algún día será reunido con Judá! (Ezeq. 37:15 y ss.)

Entonces, Efraim fue sembrado entre todas las naciones con el fin de producir un fruto para el Reino de los Cielos. Por lo tanto, los gentiles que van entrando en el reino representan algo de la vuelta de Efraim a casa. Para expresarlo de otra manera, cuando un gentil nace de nuevo y recibe la salvación, es injertado en Israel y de esa manera se cumple en parte las profecías que hablan de la vuelta de Efraim a su casa para ser llamado pueblo de nuevo (Os. 1:10; 2:1, 23; Rom. 9:24-26). El apóstol Pablo utiliza exactamente la misma expresión meló hagoyim en su epístola a los discípulos de Roma  (Romanos 11:25) que nuestro padre Yaakov en utilizó al bendecir al segundo hijo de Yosef (Génesis 48:19).

Sin embargo, todos los profetas hablan de algo aún más grande todavía. El oráculo completo asegura que será el Mesías quien tendrá como prioridad la misión de restaurar las doce tribus de Israel (Isa 49:6). Entiéndase bien, el Mesías fue enviado a las ovejas perdidas de la Casa de Israel (Mateo 15: 24) que se encuentran diseminados entre las naciones gentiles. Esto tira a tierra todo dogma que habla que el Mesías murió por todo el mundo. Evidentemente muchos cristianos, que incluso aseguran ser nacidos de nuevo, no han entendido la Misión de Yeshúa del mismo modo que sus primeros seguidores. Por lo tanto, debemos aceptar que entre todos los gentiles (el mundo) hay innumerables descendientes de Efraim que serán restaurados por completo dentro del pacto renovado de Yeshúa y todo lo que este implica, para luego ser unidos con el pueblo judío como un solo palo (Ezequiel 37:15-28).

El Eterno aseguró por su profeta:

«…hacedlo saber en las costas que están lejos, y decid; El que espació a Israel, lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño.»
(Jeremías 31:10)

Este es el contexto escritural que permite entender a  Yeshúa cuando se identifica así mismo como el «Buen Pastor» (Juan 10:11, 14). Con esta cosmovisión profética logramos entonces comprender cuando Él dijo que tenía otras ovejas que «no eran de este redil» (Judá). Yeshúa se estaba haciendo cargo de ser el cumplimiento de la profecía de Jeremías y Ezequiel que anunciaron que llegaría un pastor para ambos reino, Judá e Israel (34:23). Por esto, tenemos que leer los libros del Pacto Renovado (mal llamado «Nuevo Testamento») a la luz de estas promesas escatológico-proféticas de recoger a Efraim. De no hacer esta re-lectura, perderemos una porción maravillosa de nuestra herencia en el Mundo Venidero, porqué Yeshúa vino a recoger las tribus de Israel esparcidas por las naciones en innumerables descendientes.

Ahora bien, no debemos confundir, ni mezclar, la entrada de los gentiles con la restauración de las diez tribus norteñas. Los gentiles que reciben la salvación no son la restauración de Efraim, ni son todos Efraim en su restauración total. La restauración de Efraim implicará la total vuelta al pacto de Avraham y el pacto de Sinaí junto con la renovación del pacto por la sangre del Mesías Yeshúa (Jer. 31:31, 33). Dicho en otras palabras, para que haya una restauración total, los restaurados efraimitas de entre las naciones tendrán que hacerse hebreos, en el sentido jurídico de la palabra. Por eso, esto no es para todos los gentiles que hoy aseguran haber nacido de nuevo.

En la profecía de Ezequiel del cap. 37 verso 19 se puede entender el texto hebreo de manera que Yahvéh dará al palo de Yehudá el papel de estar sobre el palo de Efraim y así se unirán los dos palos. El trabajo del Mesías Yeshúa es unir los dos pueblos. Entonces, un movimiento que los separe no puede jamás venir de Él. Y, como venimos dándonos cuenta, será la persona proveniente de la gentilidad la que tendrá que adaptar su estilo de vida con la mentalidad hebrea de la Torah, para así estar unido al judío. Nunca puede pretenderse que sea  al revés.

Clamemos día y noche para que  el Eterno cumpla su Proyecto de Salvación con todas las naciones y que podamos ver la restauración de las doce tribus de Israel pronto y en nuestros días. ¡Amén!

Los Gitanos… ¿Descendientes de la Tribu Perdida de Shimón?

Cientos de gitanos llegaron a Israel tras la afirmación de un rabino israelí que sostiene que ellos tienen vínculos con el pueblo judío, en base a pasajes de la Torá.

Shmuel Avokia del asentamiento Kojav Yaakov, uno de los organizadores de la conferencia del Primer Forum Judeo-Gitano, sostiene que son descendientes de la tribu perdida de Shimón.

“Hace algunos años comencé a estudiar los textos bíblicos de una manera muy profunda”, dice Avokiah, quien ha estado investigando la conexión gitana durante varios años. “He encontrado algunas cosas muy interesantes con respecto a su relación con el pueblo judío. Es un tema muy grande, y empecé a hablar un poco sobre ello en Facebook e Internet, y la respuesta ha sido enorme. He recibido muchas respuestas, y decidí dar un paso más allá y establecer el Foro de judíos y gitanos”, declaró al portal de noticias Ynet.

El Foro se reunió por primera vez en Jerusalén este mes. Cerca de 60 gitanos de Francia vinieron a Israel para una serie de reuniones con Avokia y otros amigos. En la reunión crearon un símbolo que combina la estrella de David y la rueda identificada con la comunidad gitana.

En la reunión, Avokia presentó las conclusiones de su estudio, que afirman que los gitanos son judíos de la tribu de Shimón:

“Los gitanos saben que son de ascendencia hebrea, pero no tienen ninguna prueba. Creo que junto con mi investigación he aprendido cosas sobre la comunidad gitana, sus tradiciones y orígenes, y podemos atar cabos”.

Dirigiéndose a un grupo de la delegación gitana dijo que una frase del Génesis bíblico contiene una referencia semántica a los gitanos:

וַיֹּאמֶר עֵשָׂו אַצִּיגָה נָּא עִמְּךָ מִן הָעָם אֲשֶׁר אִתִּי וַיֹּאמֶר לָמָּה זֶּה אֶמְצָא חֵן בְּעֵינֵי אֲדֹנִי

“Entonces Esaú dijo: ´Deja que asigne contigo a algunos del pueblo que está conmigo.´Pero él dijo: ´¿Para qué esto? Halle yo gracia en los ojos de mi señor”

(Génesis 33-15, Tanaj traducido por Aryeh Coffman, Editorial Jerusalem, México).

 

Según él, el fragmento del texto que dice “atziga-na” אציגה נא tiene una resonancia semántica con uno de los nombres más comunes de los gitanos, en muchos idiomas (en inglés tzigane, en español zíngaro, en alemán ziganer, en francés tzigane, en ruso tsygane, en húngaro cigány, etc.).

Desde la publicación del artículo, Avokia se ha comunicado con miles de miembros de la comunidad gitana, y cientos de ellos vienen a Israel estos días para reuniones adicionales. “Estoy en contacto con varios representantes de comunidades gitanas de Francia, Finlandia, España, Rusia e incluso los Estados Unidos”, declaró.

Interrogado por Ynet sobre su motivación para buscar un vínculo judío que nunca ha sido probado, respondió: “Vemos una conexión entre las naciones, por ejemplo, los nazis intentaron destruir totalmente sólo a los dos pueblos, al judío y al gitano”.

 

Fuente: Aurora

 

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Las Matriarcas y Su Ejemplo Generacional

Interesante será darnos cuenta que la primera mujer, Javá (Eva), fue llamada la “madre de todos los vivientes”, en tanto que jamás se hizo referencia a Adán como el padre de todos los seres vivientes. Se trata de un hecho significativo que, desde el comienzo mismo, establece las cualidades esenciales de la mujer como “madre”, dadora y perpetuadora de la vida.

La historia de la fe hebrea comienza con Abraham y Sará, unos dos mil anos después de la Creación. Al estudiar la vida de nuestros antepasados, tal como se relata en la Torah, vemos no sólo su grandeza, sino también el modo en que transmitieron esta grandeza a sus hijos. Son nuestros padres y madres quienes sentaron un precedente para nosotros. Es gracias a este precedente que pudimos, en generaciones pasadas, y presentes, hacer gala de gran fuerza espiritual, ya sea en nuestra fe bondad, justicia, o cualquier otra característica hebrea.

La sabiduría de la Torah siempre condujo a un hecho significativo en relación con la palabra Israel (nombre dado a Yaacov y por el que se conoce a todos los escogidos de mentalidad hebrea).

Cada letra del nombre “Israel” corresponde a uno de nuestros Patriarcas y Matriarcas. Veamos esto atentamente:

  • la iud corresponde a Itzjak: y Yaakov,
  • la shin corresponde a Sará,
  • la reish a Rivká y Rajel,
  • la alef a Abraham y
  • la lamed a Leá.

Este detalle de codificación, significa que todo hebreo, es decir todo Israel, lleva dentro de sí las características y el potencial de grandeza de nuestros padres y madres. Por lo tanto, en el interior de cada hebreo vibra el potencial de ser tan grandes como fueron éstos en sus acciones mesiánicas.

Sará, la primera de nuestras madres, junto con Abraham, trabajaron para educar a las mujeres y los varones de su generación, ayudándolos a comprender la existencia del Solo y Único Dios. Cuán grandes fueron los logros de Sará dentro de la comunidad en general. Mayor aún fue su repercusión en el hogar. Sará estableció un hogar consagrado a los valores de la Torah. Un hogar en el que imperaban la paz, la bondad y la honestidad. En este hogar crió a su hijo Itzjak.

Sará se esmeró por educar a su hijo y luchó denodadamente por impedir que toda mala influencia penetrara en su hogar. Por esta razón Sará pidió a Abraham que echara a Hagar, su sirvienta, y a Ishmael, el hijo de ésta (un joven de hábitos salvajes y malos). El Eterno instruyó a Abraham en el sentido de que “todo lo que Sará te diga – has de escuchar su voz” (Génesis 21:12). Entonces Abraham echó a Hagar e Ishmael.

La Torah nos enseña que mientras Sará vivió, su hogar fue bendecido de varias formas. De acuerdo a los códigos hebreos del relato en el rollo de Bereshit (Génesis), siempre había una nube de gloria (la Presencia Divina) sobre su tienda (correspondiente al mitzvá de la Pureza de la Familia). Dicha nube se desvaneció cuando Sará murió. Pero volvió a aparecer cuando llegó Rivká, la esposa de Itzjak. Las Sagradas Escrituras dan a entender que en su tienda siempre brillaba una luz, desde erev Shabat. Cuando murió Sará, la luz se extinguió y volvió a brillar una vez más cuando Rivká entró en la tienda. Del mismo modo, la masa que preparaba estaba bendita.

Al elegir una esposa, Itzjak buscó una mujer realmente piadosa y recta que continuase la labor de Sará y contribuyese a sentar raíces firmes para el pueblo hebreo que de ellos surgiría. Halló esto en Rivká, nuestra segunda matriarca. Pese al medio ambiente maligno de Jarán, en el que ella se crió.

Rivká resultó ser una mujer virtuosa capaz de transmitir la Torah a sus hijos. Por eso es que era suficientemente sensible y perspicaz como para comprender la diferencia que mediaba entre sus dos hijos: Yaakov y Esav (Génesis 25:28). Era suficientemente valiente como para actuar conforme a esta diferencia y alentar a Yaakov a fin de que desarrollara su potencial pleno.

Yaakov, a su vez, contrajo matrimonio con Rajel y Leá (nuestras tercera y cuarta matriarcas), madres de las doce tribus de Israel. Ambas hermanas se dejaron procesar por el Eterno hasta alcanzar el nivel espiritual de Sará y Rivká. Por ello, los doce hijos que tuvieron fueron rectos y de ellos surgieron las seiscientas mil almas originales (Éxodo 12:37), el núcleo de nuestro pueblo, que saldrá de Mitzraim para entrar en Alianza Matrimonial con Yahvéh mismo, al pie del Monte Sinaí.

El Pozo de la Envidia

Por P.A. David Nesher

 

 

«Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? Venid, y vendámoslo a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él. Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.»

(Bereshit/Génesis 37: 23-28)

 

 

¿Puede la envidia causarte el deseo de matar a alguien? Antes de que digas: “¡Claro que NO!”, te solicito que medites en esta historia. Diez hombres adultos, se dispusieron en complot para matar a su hermano por causa de una túnica rayada de colores especiales y un par de sueños. Su envidia se había convertido en un profundo enojo con pensamientos llenos de cosas terribles.

La túnica de colores era la señal del favor del padre. La entrega de Yaakov de esta prenda a Yosef, en reconocimiento al nivel de obediencia que este le entregaba en honra, había despertado la envidia de los hijos mayores. No hay duda alguna que los hermanos deben haber tenido un placer perverso al arrancársela a Yosef y debía haber sido particularmente doloroso para Yosef que se la arrancaran. De igual modo, a cada creyente en Yeshúa se le ha entregado la cobertura del Espíritu Santo que es garantía especial del favor del Padre (2 Corintios 1:22; 5:5; Efesios 1:13-14; 4:30). Ciertamente, muchos son los enemigos espirituales que quieren arrancar del creyente la seguridad del favor del Padre. Pero uno de los más peligrosos es, sin duda alguna, la envidia.

Es asombroso ver como el maltrato de los hermanos de Yosef no disminuyó el apetito de ellos. La Torah dice que se sentaron a comer pan (37:25), mientras que Yosef les rogaba por su vida desde el pozo (42:21). Pero ellos no escucharon. Un físico podría calcular el tiempo exacto para que el grito de Yosef llegara a los oídos de sus hermanos. Pero, metafísicamente, tuvieron que pasar veintidós años para que aquel grito pasara desde sus tímpanos hasta sus corazones.

El carácter despiadado de estos hermanos es evidente. Podían sentarse y disfrutar de la comida, mientras que sus corazones estaban decididos a asesinar a su hermano. Fue justamente a esta dureza y crueldad a la que el profeta Amós se refiere, cuando dijo: “Ustedes beben vino en tazones y se perfuman con las esencias más finas sin afligirse por la ruina de José.” (Amos 6:6 – NVI). Los hermanos (que habían matado a todos los hombres de Siquem) era probable que no se molestaran con los gritos de alguien al que ellos envidiaban y por ende, ahora odiaban.

En ese momento, alzando sus ojos vieron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad, donde Labán y Yaakov tuvieron sus enfrentamientos algunos años antes. Ellos eran descendientes de Ismael (25:13-16); llevando en sus camellos especias, bálsamo y mirra para hacerlos bajar a Egipto para comerciar (37:25). Es irónico que estos tres elementos fueran los mismos regalos que los hermanos de Yosef le llevaron cuando él ya estaba reinando junto al Faraón, en Egipto (43:11).

El relato es tan impactante como paralizante. No sabemos si debemos pensar bien de los hermanos de Yosef, ya que decidieron perdonarle la vida o pensar mal de ellos, ya que imaginaron que podían deshacerse de él y hacer un poco de dinero al mismo tiempo. La envidia los llevó a mirar tan en menos a Yosef que consideraban que su hermano sólo tenía un valor de veinte piezas de plata, menos que un esclavo.

Vemos que aquí es cuando Judá asume un papel de liderazgo en relación con el destino de Yosef. Será él quien dirá: “¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y ocultemos su sangre?… Después de todo, él es nuestro hermano, así que sólo vendámoslo como un esclavo en lugar de matarlo.” (37:26). Lo paradójico e irónico de todo, es que este será el hijo de Yaakov, que se convertirá en el ancestro del Mesías.

Desde este punto Judá adquiere un papel cada vez más destacado en la familia. Él dijo: vendámoslo a los ismaelitas, y no sea nuestra mano contra él. Sus hermanos aceptaron su sugerencia. Ellos podrían evitar el pecado de asesinato y obtener un beneficio al mismo tiempo. Los hermanos de Yosef, que hipócritamente no quisieron contaminarse con su sangre, lo vendieron a los ismaelitas, así mismo, siglos después, los judíos, que hipócritamente no querían contaminarse con la sangre del Mesías, llevaron a Yeshúa a Pilato (Juan 18:28).

Entonces, cuando pasaron los mercaderes madianitas, sacaron a Yosef de la cisterna, lo subieron y lo vendieron por veinte piezas de plata. Y llevaron a Yosef a Egipto (37:28). A causa de este incidente, más tarde, Moisés, inspirado por el Eterno, fijaría el valor de rescate de un jovencito entre cinco y veinte piezas de plata (Levítico 27:5); y el precio promedio de un esclavo en treinta siclos (Éxodo 21:32).

Lo maravilloso de esta historia es que los hermanos de Yosef no se dieron cuenta, pero cuando lo vendieron se aseguraron el cumplimiento de los dos sueños que él les había relatado. Es que la Providencia divina utiliza todas las circunstancia para beneficio del cumplimiento de su propósito eterno (Romanos 8:28).

Cabe aquí también decir que, tanto para la ley del Eterno, como para los códigos jurídicos de la época, lo que sus hermanos le hicieron a Yosef era considerado un crimen y una ofensa capital.

Tipológicamente hablando, Yeshúa y Yosef fueron traicionados a cambio de plata. Yosef fue vendido por el precio de un esclavo por su hermano Judá y Yeshúa fue vendido por el precio de un esclavo por su discípulo (talmid) Judas (forma griega de decir Judá). Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que habían condenado a Yeshúa, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos. —He pecado —les dijo—porque he entregado sangre inocente (Mateo 27:3-4a).

Volviendo al relato, notamos que a los hermanos de Yosef les preocupaba cargar con la culpa de su muerte. Por eso, Judá ofreció una alternativa que no era correcta, pero que los libraba de cometer homicidio. Nosotros también, muchas veces, guiados por el sentimentalismo, optamos por soluciones que son “menos malas” pero están igualmente infectadas de errores. Muchas de estas “soluciones” son el producto de la impulsividad que provoca la envidia que se ha desarrollado en nuestro corazón.

Tomás de Aquino dijo que “la envidia consiste en una tristeza ante el bien del prójimo, considerado como mal propio, o en cuanto se piensa que disminuye la propia excelencia, felicidad, bienestar o prestigio”. Por eso, la Torah enseña que la caridad o justicia social (hebreo tzedaká) permite que nos alegremos del bien de los demás, haciendo que la envidia se debilite y muera.

Lamentablemente la envidia es el pecado capital más difícil de reconocer por el ser humano, ya que constantemente este busca justificar su manifestación. Sin embargo, debemos aceptar que la envidia fuera de control puede crecer rápidamente y conducir a acciones pecaminosas muy serias. Mientras más tiempo el ser humano cultive la envidia, más difícil será desarraigarla de su vida. El mejor momento para comenzar a tratar con la envidia es cuando te des cuenta de que estás llevando un registro mental de lo que poseen y alcanzan los demás.

Apreciado discípulo, te invito a que en este momento eleves tu corazón al Eterno y permitas que Él lo examine en cuanto a este pecado capital (Salmo 139:23-24)

Una Túnica con Códigos de Reino

Por P.A. David Nesher

 

 
«Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores.» 

(Bereshit/Génesis 37:3)

 

José (hebreo Yosef) era el primogénito de Raquel (hebreo Rajel) la esposa favorita de Yaakov devenido ahora en Israel.

Es evidente que Israel reconoció, por medio de sus dones proféticos, las cualidades de liderazgo escondidas en Yosef. Por eso, lo puso a cargo de la supervisión del pastoreo del numeroso rebaño familiar, a pesar de que era más joven que todos los hermanos a excepción de Benjamín. Todo esto, seguramente ocurrió ya que los eventos en Siquem habían sacudido mucho a Israel y ahora nos damos cuenta.

Algunos intérpretes comentan que Israel fue probablemente imprudente en favorecer a Yosef. Pero, en verdad, él tuvo buenas razones para creer que Yosef era en quien mejor podía confiar para tener tal autoridad entre los hermanos. En pocas palabras; Israel vio espiritualmente cualidades en Yosef que no discernía en sus otros hijos. Fue debido a esto, que hizo a José una túnica de diversos colores.

Esta prenda no era la que llevaba un hombre de trabajo, más bien, era una prenda de vestir para los privilegiados y los que tenían un mayor estatus social. Por eso, los hermanos de Yosef entendieron los códigos del mensaje que su padre les estaba dando con esta acción. La misma otorgaba a Yosef el derecho de la primogenitura a pesar de que él era el undécimo hijo. Israel estaba reemplazando a Rubén como heredero de la primogenitura a causa de su pecado con Bilha (35:22). La túnica de colores era una señal de que Israel lo había marcado para el liderazgo. Cabe aquí recordar, que tiempo más tarde, de hecho, Yosef recibirá una doble porción a través de sus hijos, Manasés y Efraín (48:1-20).

 

Sus hermanos, al ver que su padre lo prefería entre todos ellos, lo aborrecían y no le podían hablar pacíficamente (37:4). El amor de Israel por Yosef era tan ofensivo para ellos como el regalo de la túnica de colores, el talit de oración de esos días. Entendamos este asunto: cuando Israel miró a sus hijos y los comparó con Yosef, vio en él cualidades que sus otros hijos no tenían. Aunque Yosef fuera impulsivo y, probablemente un poco engreído en su juventud, sus normas morales y los intereses espirituales que el poseía eran claramente superiores a los de sus hermanos. De hecho, una vez más Yahvéh había elegido al más joven para gobernar sobre el mayor. Los hermanos de Jacob odiaban a Yosef debido a su amor por su padre. Hasta ahora todo lo que Yosef había hecho (37:2b) y recibido (37:3), sólo sirvió para alejar a sus hermanos, pero cuando él compartió sus sueños con ellos, sólo empeoró las cosas.

Pero mi intención en este estudio no es hablar sobre meros hechos que reflejan actitudes o pensamientos que dividieron a una familia. Intentaré aquí estudiar sobre la raíz del asunto. El motivo que provocó los acontecimientos posteriores. Leamos de nuevo nuestro pasuk (versículo) en cuestión:

«… Israel amaba a Yosef más que a todos sus hermanos, pues hijo de ancianidad él era para él, y le hizo a él una ketonet pasim« 

(37:3)

 

Antes de entrar de lleno en el tema conceptual de esta expresión analicemos el aspecto lingüístico del mismo. Por eso, los invito ahora a decodificar la verdadera idea detrás de la antigua frase hebreo para “túnica de diversos colores”.

Dice la Torah que Yaakov le hizo a Yosef una «ketonet pasim«. La palabra ketonet significa túnica en hebreo y aparece en varias oportunidades en el Tanak (Antiguo Testamento). Sin embargo, es bastante dificultoso precisar lo que significa el término pas del cual proviene la palabra pasim (plural de pas), y de hecho los comentaristas de la Torah están divididos respecto de la connotación de esta palabra. Citaremos algunas de las opiniones:

El Targum (versión en arameo) de Yonatán Ben Uziel y el Targum Yerushalmi traducen: túnica «con dibujos«. Rashí, basado en el Talmud, dice que significa: «de lana pura«. El Rashbam dice que es una prenda que se usa por encima de las demás. Rabí Abraham Ibn Ezra dice: «bordada con arte de telar«. El Radak explica que la túnica era rayada con rayas de distintos colores (pas: raya) semejantes a los del kashet (arco) del pacto (profanamente llamado arcoiris).

La raíz que conforma la palabra «pasim« sólo aparece en otras dos oportunidades en todo el Tanaj. La primera, en el segundo libro del profeta Shemuel (2Samuel 13:18 y 19); y en una segunda oportunidad, en el libro del profeta Daniel (5:5 y 24). De allí se puede entender que pas significa palma (de la mano). Basados en este dato podríamos decir tal vez, que «ketonet pasim« significa «túnica de manga larga rayada a colores» (que llega hasta las palmas de las manos).

Este dato nos puede enseñar que Yaacov Avinu mediante este regalo quiso distinguirlo a Yosef. Tal vez, las mangas de las ropas de los líderes o de las personas importantes que no trabajaban, eran un poco más largas que las del resto de las personas que, por tener la necesidad de trabajar, se acortaban un poco las mangas (que eran amplias en sus extremos) a través de cintas que las ajustaban un poco más arriba, para que no les molesten en su quehacer diario. Evidentemente, nuestro padre Yaakov vislumbró en Yosef al futuro líder y conductor del pueblo de Israel. Por esa razón, sintió designarlo como tal, antes de partir de este mundo.

Ahora bien, la clave en la túnica de Yosef es la palabra “RAYADA” o “A RAYAS”, y es aquí donde se encuentra u acróstico que reflejaba los detalles del destino profético de Yosef.

 

Por eso debemos aceptar que ningún detalle descripto en la Torah es por pura coincidencia o casualidad.

 

La palabra Rayas en hebreo es PASIM. La misma es un acróstico profético que contiene los códigos que detallan las personas que tendrían que ver con el destino de Yosef.

 

PASIM

P. –Potifar (oficial de Faraón).

S. –Sojarim (comerciantes, refiriendo a los midyanim-madianitas-medanim)

I. –Ishmeelim (ismaelitas)

M. –Mitzrayim (Egipto).

 

Con esto en nuestra mente, leamos los siguientes pasukim (versículos) que muestran el cumplimiento de lo anunciado en la tunica que Israel confeccionó para Yosef:

 

«Entonces dijo Yahuda a sus ajim (hermanos):

¿Qué ganaremos si mataremos a nuestro aji y taparemos su sangre?

Vamos, lo venderemos a los ishmeelim, pero nuestra mano no éste sobre él. Y lo oyeron sus ajim.

Pasaron unos hombres midyanim (madianitas) COMERCIANTES (Sojarim), lo asieron, lo subieron a Yosef del pozo, y vendieron a Yosef a los ISMEELIM (ismaelitas), por veinte monedas de plata; y trajeron a Yosef a MITZRAYIM (Egipto)…

Mientras, los MEDANIM (madianitas) vendieron a Yosef en MITZRAYIM (Egipto), a POTIFAR, oficial del Faraón, jefe de los matarifes.«

(Bereshit 37:26-28, 36)

Por eso, cuando Yaacob se entera de la supuesta “tragedia” de Yosef, actuó de la siguiente manera:

“Entonces rasgó Yaacob su manto, colocó cilicio en su n cintura, y estuvo de duelo por su hijo muchos días.

Se levatarón todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo, pero se negó a consolarse, y dijo: *Porque he de bajar en duelo por mi hijo a la tumba*.

Y LLORÓ POR ÉL SU PADRE ITZJAC.»

Bereshit 37:34-35

 

El libro (no canónico) de Jaser narra que Itzjak todavía vivía en ese tiempo, y lo que narra el texto de Bereshit sobre porque lloraba Itzjac era por el sufrimiento de su hijo Yaakov. Es decir, que que Itzjac no entró en duelo junto a Yaakov porque sabía (mediante profecía) que Yosef vivía, pero no podía revelarlo por orden divina.

 

En la Torah se revela el gran secreto: ¡En la vida de un escogido nada es por coincidencia o casualidad, todo es para el propósito eterno de Dios!


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer contribuciones a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

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El Fin… ¿Justifica los Medios?

Por P.A. David Nesher

 

 

Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer.
Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo:
«He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Yahvéh antes que yo muera.
Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando. Vé ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta; y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte.»

(Génesis 27: 5-10)

 

Seguramente que al leer este relato histórico del rollo de Bereshit (Génesis), las preguntas que surgen en vuestras mentes son:

  • ¿Es correcto lo que hicieron Rivkah (Rebeca) y Yaakov (Jacob) engañando a Yitzjak de esa manera?
  • ¿Estuvo bien Yaakov en tomar la bendición de Esaú disfrazado?
  • ¿Fue correcto que Rivkah concibiera el plan en primer lugar y alentara a Yaakov a llevarlo a cabo?
  • ¿Puede el fin justificar los medios?

Entiendo que estas son cuestionamientos fundamentales ya que lo que está en juego aquí no es solo la interpretación bíblica sino la vida moral en sí misma. Según cómo leamos y meditemos este texto, así será el tipo de persona ética en que nos convirtamos.

Desde el contexto completo del relato, entendemos que nuestra madre Rivka hizo bien en proponer lo que ella consideraba correcto que Yakoov hiciera. Rivka sabía que sería Jacob, no Esaú, quien continuaría el pacto que el Eterno había hecho con Abraham avinu, y llevaría la misión del padre de la fe al futuro internacional. Ella sabía esto por dos motivos diferentes:

En primer lugar, ella lo había escuchado de Yahvéh mismo en el oráculo que recibió antes de que nacieran los gemelos:

«Dos naciones están en tu vientre,

y dos pueblos de los que serás separada;

un pueblo será más fuerte que el otro,

y el mayor servirá al menor.»

(Gen. 25:23)

 

Esav era el mayor, Yaakov el menor. De esto, ella infería correctamente que era Yaakov quien emergería con gran fortaleza. Rivkah tenía claro en su mente y corazón que su hijo Yaakov había sido elegido por el Eterno.

En segundo lugar, Rivkah los vio crecer. Ella, como buena madre, sabía que Esav era cazador, expresión que en hebreo describe a un hombre que posee la misma violencia que desarrolló Nimrod (Gén. 10: 19). Ella había visto que él era impetuoso, mercurial (con repentinos giros de estado de ánimo y manierismo), un varón exageradamente impulsivo, de poca reflexión. En un momento determinado podía ser cálido y afectivo, pródigo en su afectuoso trato con todo el mundo pero, de repente, podía volverse frío y hostil, evitando el contacto, desvinculado y distante.

Ella lo había visto vender su derecho de nacimiento por un plato de lentejas. Ella había visto mientras él “comió, bebió, se paró y se fue. Entonces Esaú despreció su derecho de primogenitura” (Gen. 25:34). Nadie que desprecie su derecho de nacimiento puede ser el guardián confiable de un pacto pensado para la eternidad y todas las generaciones de la Tierra.

En tercer lugar, justo antes del episodio de la bendición leemos:

“Cuando Esaú tenía cuarenta años, el se casó con Judith hija de Beeri el hitita, y también Basemath hija de Elón el hitita. Ellas eran una fuente de dolor para Isaac y Rivka.”

(Gen. 26:34)

Esta también era una evidencia del fracaso de Esaú para entender lo que el pacto requiere. Casándose con mujeres hititas él se probó a sí mismo indiferente a los sentimientos de sus padres y al autocontrol en la elección de su pareja de matrimonio que era esencial para ser el heredero de Abraham.

Rivká era bien consciente que esto, después de todo, no sólo era un asunto de relaciones dentro de la familia. Era más bien un asunto profético que se enfocaba en la Intención divina y el destino y la vocación espiritual de su descendencia. Ella sabía que la impartición de Ytzjak versaría sobre el futuro de un pueblo entero desde que Yahvéh repetidamente le dijo a Abraham que él sería el ancestro de una gran nación, la que se transformaría en una bendición para la humanidad toda. Y si Rivká estaba en lo correcto, entonces Jacob debería seguir sus instrucciones.

Por favor, conviene a esta altura de la meditación, recordar que esta era la mujer a quien Eliezer, el sirviente de Abraham, había elegido, por guía de Yahvéh, para ser la esposa del hijo de su amo. Era la mujer que el Eterno reveló porque era servicial y bondadosa, porque en el pozo ella le había dado agua a un extraño y a sus diez camellos también. Rivka era la personificación del servicio que tipifica el alma de los redimidos de la Asamblea Mesiánica. Por esto, nos damos cuenta que ella no estaba actuando por favoritismo o ambición. Y si ella no tenía otra forma de asegurarse que la bendición fuera a quien la apreciaría y la viviría, entonces desde su cosmovisión, el fin justificaba los medios.

Parece que la única manera de entender esta situación es concluir que a pesar de que la forma en que Yaakov y Rivká actuaron para obtener la bendición de Ytzjak estaba mal, el pecado de Isaac y Esaú era aún mayor. El Eterno no aprueba la mentira; Yakoov y Rivká sabían esto. Ellos eran personas sensibles y espirituales, pero habían decidido que, a pesar de ser tan malo el engaño ante los ojos de Yahvéh, era necesario actuar así en este caso, con el fin de evitar un pecado mayor: transmitir la más santa de las promesas del Eterno a un hombre que no la quería ni habría de honrarla. Dijimos que Rebeca ya había recibido la revelación del Señor que el mayor serviría al más joven (25:23b). Entonces entendemos que aquí, ella tenía que confiar y esperar en que en el tiempo de Yahvéh se manifestara sobre su hijo Yaakov y recibiera la bendición patriarcal. Pero debido a no querer edificar la esperanza que sostiene a la fe, ella sintió que tenía que tomar el asunto en sus propias manos, ya que parecía que nada podía detener a Ytzjak en su determinación de bendecir al hijo desechado. Esav podía volver en cualquier momento, sólo podemos imaginar lo desesperados que ellos se sentían. Esta era una situación llena de riesgos para la historia de la humanidad.

Sin embargo, Yaakov albergaba sus justas dudas:

«Pero Jacob le dijo a su madre: Hay un problema: mi hermano Esaú es muy velludo, y yo soy lampiño.»

(Gen. 27:11)

Isaac podría haber perdido la vista, pero sus sentido de tacto y olfato permanecía indemne. «Si mi padre me toca, se dará cuenta de que quiero engañarlo, y esto hará que me maldiga en vez de bendecirme. Hijo mío, ¡que esa maldición caiga sobre mí! , le contestó su madre. Tan sólo haz lo que te pido, y ve a buscarme esos cabritos» (27:12-13). Debido a que Jacob era un hombre justo (25:27), y él sabía que no honrar a su padre era un pecado ante los ojos de Yahvéh, preguntó: ¿Qué pasa si mi padre me toca? puede pensar que me estoy burlando de su ceguera y esto hará que me maldiga en vez de bendecirme. Pero su madre le dijo: «Hijo mío, que la maldición caiga sobre mí. Asumo toda la responsabilidad, sólo haz lo que te pido; ve a buscar por mí«. Estaba tan segura de que esta era la voluntad del Eterno que ella creía que los fines justificaban los medios y no temía la posibilidad de una maldición. Yaakov también creía firmemente que era la voluntad de Yahvéh que él recibiera la primogenitura y esto fue lo que hizo que creyera conveniente seguir la estrategia de su madre. Después de todo, ¿no le había dicho Yahvéh a ella, «…el mayor servirá al menor» (25:23)?

Ahora bien, de acuerdo al plan trazado, Yitzjak avinu no se dio cuenta y no maldijo a Yaakov, y por lo tanto Rivká tampoco recibió maldición alguna.

Entonces ¿sólo hubo bendición en la vida de Yaakov por haber engañado a su padre? Cierta y obviamente no. Las consecuencias de ese engaño llegaron a ser muy graves para toda la familia. Primero despertó odio y planes de homicidio en Esav contra su hermano. Sembrar discordia entre hermanos es uno de los delitos más aborrecidos por el Eterno (Prov. 6:16, 19). La conspiración engañosa también causó veinte años de sufrimientos en la galut (diáspora en griego, destierro en castellano) para nuestro padre Yaakov. Yaakov no solamente tuvo que sufrir la experiencia traumática de quedarse sin contacto con su familia, para no hablar de la pena de sus padres, sino que durante esos veinte años fue engañado asombrosamente por su tío Labán, quien lo condujo a casarse con una mujer que no quería y le cambió el salario de su trabajo diez veces.

Es cierto que Yaakov se quedó con la bendición, pero tanto él como su madre tuvieron que sufrir las graves consecuencias por haber engañado a su padre. Sólo después de haber sido quebrantado sicológicamente, y marcado físicamente por un ángel, pudo reconciliarse con su hermano y obtener la bendición de manera lícita.

Pero si el Eterno no quiso que Esav recibiera la bendición, ¿no era correcto lo que hicieron Rivká y Yaakov? No, no era correcto. El Eterno es muy sabio y suficientemente poderoso para cambiar las circunstancias para que Su voluntad se cumpla en la tierra según su eterno propósito. Él hubiera podido arreglar la situación de otra manera para que Yaakov recibiera la bendición en lugar de Esav, lo cual era Su plan.

Pero el que intenta ayudar al Eterno con medios sucios, mentirosos y engañosos, trae sobre sí su desagrado y tendrá que pagar un alto precio hasta que se humille y aprenda la lección de nunca más hacer algo semejante.

En la historia humana ya ha quedado demostrado: ningún fin podrá justificar medios ilícitos. Todo lo que el hombre siembre, también lo segará (Gálatas 6:7).

Sé honesto y ama la verdad y no intentes conseguir bendiciones espirituales a través de medios sucios. Así evitarás muchos años de exilio con engaños gravísimos y duro trabajo.