Israel

Cuando la Gracia Divina se manifiesta en Justicia.

“No digas en tu corazón cuando Yahvéh tu Dios los haya echado de delante de ti: «Por mi justicia Yahvéh me ha hecho entrar para poseer esta tierra», sino que es a causa de la maldad de estas naciones que Yahvéh las expulsa de delante de ti. No es por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón que vas a poseer su tierra, sino que por la maldad de estas naciones Yahvéh tu Dios las expulsa de delante de ti, para confirmar el pacto que Yahvéh juró a tus padres Avraham, Yitsjak y Yaakov. Comprende, pues, que no es por tu justicia que Yahvéh tu Dios te da esta buena tierra para poseerla, pues eres un pueblo de dura cerviz.

Acuérdate; no olvides cómo provocaste a ira a Yahvéh tu Dios en el desierto; desde el día en que saliste de la tierra de Egipto hasta que llegasteis a este lugar, habéis sido rebeldes contra Yahvéh. Hasta en Jorev provocasteis a ira a Yahvéh, y Yahvéh se enojó tanto contra vosotros que estuvo a punto de destruiros.”

(Deuteronomio/Devarim 9: 4- 9)

 

Estamos ante una parte del discurso de Moshé en el que el mensaje desarrolla una idea central: Yahvéh está a punto de despojar a las naciones que habitan Canaán debido a los graves pecados que han cometido. Pero esto no quiere decir que Israel sea justo y por ello merecedor de que se le entregue la tierra de Promisión. La única razón que se puede encontrar para semejante acto divino es su enorme benevolencia manifestada en amor y gracia a favor de las tribus de Israel.

Por lo tanto, el ingreso de Israel para tomar posesión de la Tierra Prometida estaba relacionado con el “colmo” de la iniquidad de los amorreos. Así Yahvéh se lo había manifestado en un oráculo a nuestro padre Abraham: “…aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo.” (Génesis 15:16).

Pero llega un momento en que los pecados de un pueblo llegan “al colmo”. Ese es el momento para un juicio decisivo. El instrumento designado del juicio de Dios era el ejército de Israel. Este es el significado de la matanza de los pueblos de Canaán. El Eterno programó la llegada de Sus juicios con la plenitud del pecado para ser juzgado. No antes. Yahvéh no se precipitó. De hecho, Él estaba soportando pacientemente la idolatría y los pecados sexuales de las naciones durante siglos, dándoles “lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría [sus] corazones” (Hechos 14:17).

Es decir, que el instrumento designado del juicio de Yahvéh era el ejército de Israel. Pero el Eterno se ve a Sí Mismo como el guerrero efectivo detrás de la derrota de los amorreos. Él le dice a Josué:

Yo os introduje en la tierra de los amorreos… los cuales pelearon contra vosotros; mas Yo los entregué en vuestras manos, y poseísteis su tierra, y los destruí de delante de vosotros

(Josué 24:8).

¡Es Yahvéh quien hizo la destrucción! Fue por la mano de Israel, pero fue el juicio de Dios. Esto no significa que el motivo de Israel siempre era santo. A veces no lo era. Pero los propósitos justos de Dios estaban siendo llevados a cabo, incluso si Israel a veces tenía motivos equivocados.

En otras palabras, esta carnicería no se trata de la injusticia humana, sino del juicio divino. Los amorreos provocaron a Yahvéh en ira durante siglos por su idolatría de tal manera que siglos después el rey impío Acab fue comparado con los amorreos: “Él fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó Yahvéh de delante de los hijos de Israel” (1 Reyes 21:26).

Es importante aceptar que mucho antes de comenzar a decir palabras llenas de orgullo tenemos pensamientos orgullosos en nuestros corazones. Es por eso que Israel no debe de pensar en su corazón que era por medio de su justicia que el Señor les ha entregado la tierra.

Esa será la razón por la que Moshé enfatizará que la única razón que se puede encontrar para semejante acto divino es su enorme amor y gracia a favor de Israel (capítulos 1 al 6) Para dejar bien establecida esta verdad, Moshé recapitula nuevamente los episodios de la historia pasada, que le recuerdan a la nación cuan rebelde habían sido contra el Señor (capítulos 7 al 29).

Es más, Moshé dará un oráculo encriptado en el que anunciará las veces en que la justicia de la gracia divina obraría a favor de Israel, pese a la rebeldía de este pueblo. “No digas… por mi justicia… sino a causa de la maldad de estas naciones… No es por tu justicia… sino que por la maldad de estas naciones… para confirmar el pacto… No es por tu justicia…” – Para enfatizar el hecho, la Torah habla tres veces de que no es por la justicia de Israel que ellos van a recibir la tierra. Estas tres veces también aluden a las tres veces cuando el pueblo de Israel volvería a la tierra.

  1. La primera vuelta fue cuando entró bajo Yehoshúa por causa de la maldad de estas naciones, (versículo 4).
  2. La segunda vuelta fue cuando volvieron de Babilonia bajo Ezrá (Esdras) y Nejemyá (Nehemías) por la maldad de estas naciones, y para confirmar el pacto incondicional con Avraham, versículo 5.
  3. La tercera y última vuelta, de todas las naciones en los últimos tiempos no por la justicia del pueblo de Israel, sin mencionar la maldad de las naciones, versículo 6.

El Eterno le dice a Su Pueblo: «Porque pueblo duro de cerviz eres tú» La idea divina expresada aquí es que Israel, como un animal doméstico rebelde, endurecían la cerviz en contra del yugo que Dios quería poner sobre ellos. No se sometían a la dirección de Yahvéh para sus vidas. Justamente la expresión «duro de cerviz» es una expresión figurativa para decir terco, intratable, obstinado y cabeza dura.

El propósito de Yahvéh al recordarle a Israel su rebelión en contra de Él no era para desanimarlos o hacerlos sentirse derrotados. El propósito era que reconocieran su propia debilidad y confiaran en el Eterno .

Este texto nos enseña la importancia de ver a Israel como un cuerpo colectivo. Los que estaban allí presentes no habían hecho el becerro de oro. Sin embargo, fueron señalados como causantes de la ira del Eterno en el desierto y tuvieron que llevar la culpa del pecado de sus padres. Los hijos son responsables para llevar las consecuencias de los errores de sus padres. Pero el propósito principal por el que Moshé destaca los momentos de rebeldía del pueblo, es enseñarles los errores de sus antepasados para que los hijos no vuelvan a cometer los mismos.

Esta es una vista previa de la salvación por gracia por medio de la fe, en la cual no podemos pensar que es por nuestra justicia que la hemos obtenido. Sino que es por medio de la justicia que hemos recibido por medio de Yeshúa HaMashiaj.

Cuando recibimos cualquier regalo de parte de Dios, tenemos la tentación de tomarlo y utilizarlo para glorificarnos a nosotros mismos. Israel no debe de hacer esto con referencia a la Tierra Prometida, y nosotros no debemos de hacerlo con referencia a cualquier regalo que Dios nos dé.

Las Ocho Razones de la Pobreza en un Hijo de Dios

Por P.A. David Nesher

 

“Mas acuérdate de Yahvéh tu Dios, porque Él es el que te da poder para hacer riquezas, a fin de confirmar su pacto, el cual juró a tus padres como en este día.”

(Deuteronomio/Devarim 8:18) 

 

En mis años de servicio pedagógico para capacitar a los santos, he notado que es una tendencia común en el ser humano redimido que, en tiempos de abundancia, se olvide fácilmente del Eterno, dejando de buscarlo con la urgencia que una vez tuvo. Seguramente, alguno de mis lectores  preguntará: ¿en verdad puede el dinero interferir en cosas más importantes? Y la respuesta es: , lamentablemente las riquezas pueden llegar a convertirse en el centro de nuestras vidas y tomar el lugar de que al Eterno le corresponde. Las riquezas pueden producir en nosotros actitudes negativas acerca de las cosas materiales. Nuestro Maestro y Dueño Yeshúa lo advirtió así:

 «… Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee».

(Lucas 12:15)

«Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.«
(Mateo 6:24)

Por esto también la exhortación profética advierte de este modo:

«Así dijo Yahvéh:

No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.

Más alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Yahvéh, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Yahvéh».

(Jeremías 9:23-24)

Al mirar en las Sagradas Escrituras, en la sección llamada Ekev, descubrimos que ellas revelan en sus líneas un paradigma muy importante que todo hijo primogénito debe tener en su conciencia constantemente: las riquezas son un resultado del pacto entre el Eterno e Israel. Entonces el asunto queda perfectamente claro: si cumplimos nuestra parte del pacto podremos disfrutar también de bendiciones materiales, tal y como está escrito en la enseñanza paulina:

“Dios… nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos.”

(1 Timoteo 6:17)

Hemos visto que el Eterno saco a Su Pueblo de Mitzrayim (Egipto) para llevarlos a la tierra de promesa. Un lugar donde ellos tendrían la manifestación de muchas bendiciones en diversas áreas de su materialidad. Sus vidas prosperarían al punto de tener más allá de lo suficiente. ¡Las bendiciones sobreabundantes iban a ser evidente en sus vidas!

Por ello, Moshé le dice a los israelitas que debían recordar lo que Yahvéh había hecho por ellos durante sus cuarenta años en el desierto. Él recontaba la fidelidad de Dios y su prueba con el maná. Él les dice:

«no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.«

Es decir que si Israel pusiera cuidado en cada palabra que procede de la boca de Yahvéh, entonces el SEÑOR tendría cuidado de sus necesidades materiales, y los traería hacia una tierra llena de bienes materiales. Así queda demostrado que Dios no está en contra de bienes materiales en la vida de sus hijos redimidos, excepto cuando se interponen entre nosotros y Él. El Eterno quería, quiere y querrá bendecir materialmente a un Israel espiritualmente obediente.

Ante eso, Moshé les recuerda acerca de la corrección paternal de Yahvéh. Durante su lucha de cuarenta años, «Sus vestiduras no se gastaron, ni sus pies se hincharon…» Él les dijo que Dios estaba con ellos durante todas sus luchas.

También habla de un tiempo y lugar en el futuro donde comerán buena comida, sus cosechas florecerán, vivirán en casas que no construyeron, y su tierra recibirá una bendición sobrenatural de productividad. Por eso, les ordena:

“Así que comerán y estarán satisfechos, y bendecirán a YHVH su Elohim por La Tierra buena que Él les ha dado.”

(Deuteronomio 8:10)

El Eterno manifestó que el futuro de Israel era un futuro glorioso y lleno de la provisión divina. Pero existía un peligro, …¡el peligro del olvido de Su Nombre! Por eso, Yahvéh les advierte a todo el pueblo que estén vigilantes para no cometer el error de olvidarse que Él era la Fuente que les daba la habilidad poderosa de adquirir riquezas.

Es común que tengamos en gran estima a nuestro arduo trabajo e inteligencia, y no está mal. Sin embargo, debemos también pensar constantemente en que Yahvéh nos da el cuerpo, el cerebro y el talento para lograr todo cometido. ¡Todo es de Dios!

Por eso, cada vez que estemos viviendo en escasez tendremos que hacernos el siguiente planteo: Si los bienes materiales son parte del pacto que tenemos con el Eterno ¿por qué no tenemos más riquezas?

Para contestar esta pregunta presentamos aquí ocho razones posibles:

  1. Presencia activa de maldiciones. Estas pueden ser de tres categorías:
    • Maldiciones ocasionadas por la iniquidad familiar generacional: Es decir, que sufrimos las consecuencias de la desobediencia de nuestros antepasados. Si confesamos los pecados de nuestros antepasados y pedimos perdón por ellos, cambiando nuestra conducta, y no haciendo más como ellos hicieron, obedeciendo los mandamientos, podremos romper esas maldiciones.
    • Maldiciones regionales y/o nacionales: Por vivir en un país pobre es posible ser parte del ambiente de pobreza que hay allí. Las maldiciones que han causado esa pobreza no son levantadas sin el arrepentimiento del pueblo, de aquellos pecados que causaron esas maldiciones. Especialmente los tres pecados cardinales causan este tipo de maldiciones en las naciones: idolatría y ocultismo, derramamiento de sangre inocente y sexo libre. Es posible romper la maldición sobre una tierra de manera parcial, como vemos en la vida de Yitsjak en Génesis 26.
    • Maldiciones pronunciadas: Por medio de tu lengua podrás traer pobreza o abundancia sobre tu vida. Por eso no digas “No tengo” o “soy pobre”. Cambia tu Programación Neuro Lingüística (PNL) y di en voz audible: “el Eterno me dará todo lo que yo necesito.” Acostúmbrate a confesar con tus labios lo que está escrito: “nunca he visto desamparado al justo ni a sus hijos mendigando pan” (Salmo 37:25). “Yahvéh es mi pastor nada me faltará” (Salmo 23:1). En la carta a los Romanos, el apóstol Pablo dejó escrito: “Con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10). Recuerda que Salvación implica que el hombre sea rescatado de una situación que lo limita en angustia para que no logre cumplir el propósito del Eterno. Así que, salvación implica también la liberación de la pobreza económica, y para obtener esa salvación hay que confesar la Torah con la boca. La confesión de las Palabras del Eterno te salvará de la pobreza.

2. Desobediencia a los mandamientos (cf. Deuteronomio 28, Levítico 26).

3. Retención del diezmo y las ofrendas (cf. Malaquías 3:9).

4. Hurto no restituido (cf. Zacarías 5:1-3).

5. Prioridades equivocadas (cf. Hageo 1). Las prioridades del Eterno tienen que ser las mías. Lo que él considera importante tiene que ser importante para mí. Si puedes gastar en un restaurante más dinero para una comida que en la ofrenda para apoyar al que te enseña la Torá, has mostrado que tu estómago es más importante que tu amor por Yahvéh. Estás más interesado en satisfacer tus deseos naturales que buscar el Reino del Eterno.

6. Motivaciones equivocadas (cf. Stg. 4:2-4; Proverbios 22:4).

7. Falta de oración (cf. Stg. 4:2).

8. Mala administración: Cuando hemos aprendido a administrar lo que tenemos de manera correcta, Yahvéh nos da mucho más. Si hay una mala administración de los bienes materiales, el Eterno retiene su mano, porque no confía en nosotros. Si no sabemos administrar poco, ¿cómo él nos confiará mucho?

El versículo 18 es claro en cuanto al propósito de las riquezas que el Eterno quiere otorgar a sus hijos:

«A fin de confirmar su pacto»

Esto nos recuerda por qué Yahvéh nos ha bendecido. Su objetivo es que al se cumpla su propósito eterno: la Redención plena del mundo. Es por esto que nuestras riquezas materiales deben ser utilizadas para expandir Su Reino en la Tierra, no en el cumplimiento de nuestros deseos egoístas.

Yahvéh, nuestro Dios, quiere que disfrutemos de los beneficios, pero hay un propósito más grande que nosotros y nuestra comodidad personal. Él anhela que Su pueblo sea conducto de Sus bendiciones por el propósito de Su Reino y justicia, no solo recipientes de la bendición (Mateo 6:33).

 

NOTA PROFÉTICA:

Mientras meditaba en todo esto, me doy cuenta por qué en estos últimos tiempos el Eterno me ha permitido, a través de este Blog, tomar contacto con un grupo de varones y mujeres del mercado que anhelan ser canales de bendición para que el Evangelio del Reino (la Torah en la mente y el corazón del hombre) sea proclamado en las naciones. Estos son personas profesionales alrededor del mundo con pericia y experiencia, que me han manifestado que están estableciendo negocios con el único objetivo de generar grandes cantidades de dinero para que las almas alrededor del mundo tengan el conocimiento que en este Blog se comparte. Son personas con experiencia en el mercado, dotadas con habilidades para los negocios. Ellas me han manifestado que sólo estarán satisfechas cuando los códigos de la Torah produzcan la transformación cultural de ciudades y naciones enteras. No piensan en una congregación, sino más bien en llenar una nación entera con congregaciones que capaciten a los santos para la obra del ministerio.

Muchos de ellos me han solicitado que los guíe a formar alianzas del Reino. compuestas de equipos ungidos, que usarán sus empresas para generar ganancias con el solo propósito de hacer llegar este evangelio del Reino hasta lo último de la Tierra.

Intercediendo por ellos, Yahvéh me ha mostrado que dará a estos varones y mujeres «invenciones y estrategias ingeniosas» mientras duermen. Él me ha manifestado que estas personas tienen una unción especial para liderazgo en negocios o gobierno. Ellos son persona de abundantes recursos que prefieren conducir su trabajo en privado, lejos del centro de atención del hombre, pero bajo el centro de atención del Cielo. Varones y mujeres que despiertan en el medio de la noche para orar para que el Reino de Elokim venga. Su tiempo de oración está enfocado en la promesa: «Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la Tierra» (Salmos 2:8). Sus empresas y ganancias jugarán un papel dominante en la implementación de estrategias en estos días postreros.

Arden con el fuego del Eterno en su ser con el interés de generar millones solamente para el Reino. Ellos caminan humildemente delante del Señor. ¡Ellos viven Deuteronomio 8:18!

El Eterno me ha encomendado que ayune y ore a fin de recibir la capacitación que me conducirá a pastorear a estos varones y mujeres y comisionarlos y enviarlos a generar dinero para la Cosecha del Tiempo Final.

¡Bendito sea Su Santo Nombre!

En amor y servicio: David Nesher

 

La Mezuzah: Herramienta para Proteger el Hogar.

Por P.A. David Nesher

«Y los escribirás [las palabras del Shemá] en las jambas de tu casa y en tus portones»

Deuteronomio 6:9; 11:20

 

Como cualquier dueño de casa sabe, no son los pequeños dispositivos con luces intermitentes los que protegen su hogar. La protección está en la seccional de la policía. Lo único que tienes que verificar es que los dispositivos estén conectados.

Una Mezuzah en la jamba de la puerta de tu casa funciona de la misma manera, sólo que está conectada a un sistema orgánico superior de protección. Una entidad muy superior: Or EinSof (la Luz Infinita).

Por eso, según Tosafot y Shulchan Aruch , la función principal de la Mezuzah es proteger la casa del mal. Debido a este atributo, la Mezuzah ha sido llamada «el escudo de armas en la caballería de Dios «.

Tener una Mezuzah es un acto de alta  inteligencia emocional (Binah), porque básicamente es como si contratáramos a un guardia de seguridad 24 horas, los 7 días a la semana para que esté parado en la puerta de nuestra casa. De hecho cada dos o tres años hay que revisarla para verificar que no se haya roto ninguna letra, porque cuando esto sucede es señal de que la Mezuzah quedó inválida, es decir  ya cumplió su misión. Esto es, porque cuando una letra se rompe, significa que ella sirvió de escudo contra una energía del Mundo Oscuro donde gobierna HaSatán y su séquito de espíritus de rigor, y la anuló. Sin embargo, una Mezuzah es también inválida  en una casa en donde no se cultiva el amor, la armonía y la Shalom. Así que su efectividad no depende solo de lo kosher que sea, también depende de mantener los nombres divinos en nuestro corazón y llevarlos a todos lados. El corazón es el cesto del cual nos habla la Torah.

De hecho, es así que funciona cada mitzvá (mandamiento), los tzitziyot, las velas de Shabat, el estudio de la Torah, las buenas acciones. Piensa en ellos como conexiones dedicadas que te conectan con el Servidor infinito de todas las cosas: Yeshúa HaMashiaj, nuestro Gran Sumo Sacerdote celestial.

Sin embargo, las mezuzot tienen una cualidad especial: están directamente conectadas a la función de protección. Y, como nos enseñan los sabios del Talmud, si colocas una mezuzá en la puerta de tu casa estarás protegido, tanto dentro como fuera de ella. Eso sí que es algo que ningún servicio terrenal puede ofrecer.

En realidad, una Mezuzah es un recordatorio diario – y una declaración pública – de la identidad y fe hebrea.

A pesar de que Mezuzah significa literalmente “marco» o «jamba«de puerta, comúnmente se refiere a un rollo de pergamino que contiene versículos bíblicos, el cual es puesto en ese lugar.

La Mezuzah recuerda el éxodo de Egipto (Mitzraim), cuando la sangre del cordero untada en los marcos de las puertas “identificó” las casas hebreas que Yahvéh pasó por alto durante la última plaga (la muerte de los primogénitos).

La Mezuzah, que colocamos en la puerta de nuestras casas, contiene un fragmento de pergamino en el cual están escritos dos versículos determinados (Devarim 6:4 y Devarim 11:13-21). Estos versículos corresponden al rezo conocido como el Shemá, que expresa la unicidad de El Eterno. El escribir los fragmentos en el pergamino, es efectuado por un escriba ritual especializado, llamado Sofer Stam, que es quien también escribe a mano los rollos de la Torah. En su parte externa, la Mezuzah lleva inscriptas la palabra «שַׁדַּי«, «Shadday», uno de los nombres de Dios. Estas letras permiten que se realice la lectura de un acrónimo usándolas como las iniciales de  «Shomer Delet Israel» que significa: «El que cuida las puertas de Israel».

En hebreo, la palabra para el lugar en donde vive un humano es dirá, mientras que para el lugar en donde vive un animal es dir. La diferencia entre estas dos palabras es la letra hei – la cual representa el Nombre de Dios. La presencia de Dios en nuestro hogar es lo que nos distingue como humanos, que hemos comprendido la Buena Noticia (Betzorah) de Salvación que Yahvéh ha dado al mundo entero en Su Mesías.

¿Por qué tocamos la Mezuzah?

El versículo que está escrito en hebreo dice: “Escucha, oh, Israel, El Eterno es nuestro Elohim, El Eterno uno es”, y a continuación nos encomienda amar a el Eterno con todo nuestro corazón. El pergamino se coloca en una caja pequeña hecha a medida y se fija en el marco de la puerta de las casas.

La tradición en muchos hogares hebreos es tocar la Mezuzah con la mano al entrar o al salir. Hay quienes luego se besan la mano con la cual la han tocado.

Algunos comentaristas sostienen que esto nos recuerda la unicidad de El Eterno, tal como explica el Rambam en su código sobre la ley judía:

“Las personas deben ser muy cuidadosas respecto de la observancia de la Mezuzá, ya que eso le corresponde a cada individuo todos los días”.

Por medio de la Mezuzah, cada vez que se entre o se salga del hogar, se recordará la unicidad de El Eterno y el amor por El Eterno. De este modo, se despertará del “sueño” y se reconocerá la propia obsesión por la vanidad del tiempo, y se entenderá que no hay nada que dure eternamente, más allá del conocimiento del creador del mundo que otorga el estudio de los secretos de la Torah.

Igualmente, al salir de la casa tocamos la mezuzá y pensamos en el nombre divino “El Shadday”, lo cual constituye también un precepto que traslada el nombre de Yahvéh a donde vayamos. El Ari agrega que uno debe besarse el dedo con el que tocó la mezuzá, como si la santidad se hubiese transferido a la mano.

Al contemplarla, las personas tomarán conciencia y seguirán el camino del bien.

El rabino Isaac Luria, más conocido como el Arizal, agrega que uno debe besarse el dedo con el que tocó la Mezuzah, como si la santidad se hubiera transferido a la mano.

El rabino Menajem Mendel Schneerson, en una charla en 1987, elogió la costumbre de que los niños besen la Mezuzah antes de acostarte en la cama. Explicó que las cosas que uno ve y escucha cuando es niño influyen en su práctica como adulto, y que para los niños “besar la Mezuzá afianza el reconocimiento de que existe un solo Elohim (Di-s), que vela por ellos y por todo lo que hay en sus cuartos”.

Si queremos que nuestro mundo privado refleje los ideales de Yahvéh, entonces tenemos que protegerlo del mundo exterior en el punto de conexión: la puerta. Al tener una parte de las Escrituras en las puertas hay un recuerdo de que son nuestro modelo de vida y la base para nuestras conversaciones en la casa. En una casa donde está la Torah en las puertas no se puede vivir de cualquier manera. Tampoco se puede hablar de cualquier manera o de cualquier cosa en esa casa. Tampoco se puede introducir por medio de las puertas o por la televisión o internet cualquier cosa en esa casa. Esto significa que cada padre de familia se compromete con las esferas celestes a monitorear el contenido de los libros, juegos y videos que ponemos frente a nuestros niños y frente a nosotros mismos. Una casa con Mezuzah en cada puerta es una casa apartada para servir al propósito eterno de Dios en el Mesías.

El sabio Maimónides declara que aquellos que consideran a la Mezuzah como un amuleto para alejar los males, son unos ignorantes, pues no entienden que su verdadero objetivo que es mantenernos siempre conscientes de la Unicidad divina y los deberes morales y es esa conciencia la que nos protege y aleja los males.

Entonces efectivamente la Mezuzah ha sido otorgada por el Eterno para mantener lejos a los malos espíritus. Pero no a esos que flotan por ahí, en la imaginación supersticiosa de gente educada por las producciones de Hollywood; sino a aquellos espíritus que podemos controlar y dominar, Es decir, esas formas de pensamientos producidas por el yetzer hará (tendencia a lo malo)  que están dentro  de nuestros corazones por causa del ego, portal impuro por el que logran ingresar los espíritu del mal del llamado Sitra Ajrá, o «el otro lado».

Con la observancia de esta mitzvá (mandamiento divino) introducimos una medida de espiritualidad y de seguridad en nuestros hogares.

La Mezuzahes una de los pocos mitzvot(mandamientos divinos) por la cual la Torá declara su recompensa. La Torah promete que cualquier persona que observa cuidadosamente la mitzvá de Mezuzah vivirá una vida más larga y rica, junto a sus hijos; como indica Deuteronomio 11:21:

«De modo que prolonguéis vuestros días y los días de vuestros hijos… «

Tu B`Av y Su Luna de Fuego

“Pondré prodigios en el cielo y la tierra: sangre, fuego y columnas de humo; el sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día grande de Dios.»
(Joel 3: 3)
Somos una generación privilegiada. No me cansaré de decirlo. Los acontecimientos celestiales que están ocurriendo en nuestros días, y de los cuales venimos siendo testigos desde que comenzara este milenio, demuestran que el Espíritu de la Profecía sigue activo en su misión de dar testimonio de Yeshúa.
Dentro de unos días más, el eclipse lunar total más largo del siglo XXI estará aconteciendo delante de nuestros ojos. La fase total del eclipse de luna de sangre del 27 de julio durará una hora y cuarenta y tres minutos, durante los cuales el satélite natural de la Tierra adquirirá un color rojo o rojizo espectacular. De principio a fin, todo el evento celestial durará casi cuatro horas.
Como se observa en la siguiente imagen de la ruta del eclipse, no será visible para los espectadores en América del Norte. Pero los observadores en gran parte de África, Oriente Medio, el sur de Asia y la región del Océano Índico tendrán una idea, dependiendo del clima cooperativo, según el científico lunar Noah Petro, del Goddard Space Flight Center de la NASA en Greenbelt, Maryland.
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El 27 de julio de 2018, un eclipse lunar total será visible desde América del Sur, Europa, África, Asia y Australia. Este gráfico de la NASA por el experto en eclipses Fred Espenak muestra detalles y proyecciones de visibilidad para este eclipse de «luna de sangre». Crédito: Fred Espenak / NASA GSFC
¿Eclipse de Luna de Sangre?
Este eclipse lunar se llama “luna de sangre” o “luna de fuego” ya que se teñirá de un rojo anaranjado bastante llamativo. Desde que salga por el horizonte, la luna aparecerá ya eclipsada.
A diferencia de los eclipses solares, no necesita ningún equipo especial para observar los eclipses lunares. Estos últimos eventos, que ocurren cuando la luna pasa a la sombra de la Tierra, son seguros para ver directamente a simple vista, telescopios o binoculares.
La luna se vuelve de color rojo intenso o marrón rojizo durante los eclipses, en lugar de oscurecer por completo. Eso se debe a que parte de la luz solar que atraviesa la atmósfera de la Tierra se curva alrededor del borde de nuestro planeta y cae sobre la superficie de la luna. El aire de la Tierra también dispersa más luz de longitud de onda más corta (en colores como verde o azul); lo que queda es la longitud de onda más larga, el extremo más rojo del espectro.
¿Por qué es el más largo del siglo?
La luna estará en su punto más alejado de la Tierra a lo largo de su órbita. Eso significa que la luna aparecerá un poco más pequeña en el cielo, por lo que tardará un poco más en atravesar la sombra de la Tierra.
¿Marte también implicado?
Otro fenómeno interesante estará ocurriendo, Marte se verá más grande y brillante, se alineará con la Tierra y el Sol. Así, el planeta rojo podrá verse a simple vista, ya que pasará junto la Tierra en su punto más cercano a nosotros desde 2003.
¿Señales Proféticas?
El pastor John Hagee dice que los Eclipses Lunas de Sangre son señales proféticas, primeramente para Israel y después para el mundo. Que marcan el inicio de juicios y bendiciones de Dios.
Los rabinos cabalísticos no se quedan atrás. Ellos afirman que revelan tiempos proféticos que demuestran cambios drásticos que nos acercan a la era mesiánica. Algunos conspiracionistas y rabinos afirman que la aparición del Planeta Asteroide está por ocurrir, y que estos eventos dictan que cada día estamos más cerca del apocalipsis de Nibiru. De hecho, hace unos días ocurrió un enorme destello en los cielos a una velocidad indescriptible, no se trata de una Nova, según los expertos. Es un misterio para los científicos, algo ocurrió en el cosmos y no tienen idea que pudo haber ocasionado tal explosión, señaló Breaking Israel News. Pero los rabinos afirman que podría ser otra Señal Profética de que Nibiru está cerca,o que la aparición de la Estrella del Mesías es inminente.
 El Calendario Hebreo y las Lunas Sangrientas.
La luna pasará por el centro de la sombra de la Tierra. Por lo tanto, estará directamente en línea con Jerusalén y completamente visible en todo Israel.

Sin embargo, los anteriores eclipses de sangre se han desarrollado en la víspera de las grandes fiestas bíblicas, como Tabernáculos (Sukkot) y Pascua (Pesaj). Pero ahora, no será así. El 27 de julio es 15 de Av de 5778 y ninguna fiesta está vinculada con ella. No obstante, esta fecha es una de las más misteriosas del calendario hebreo, ocurrieron tantos eventos y confesiones según el Talmud. Da inicio las noches más largas y por lo tanto mayor estudio de la Torah.

Es importante aportar que las lunas de sangre siempre han marcado el calendario de Israel, y también el de las naciones.

Se cree que fue un 27 de julio 586 a. E. C.:, cuando ocurrió la destrucción de Jerusalén y el Templo a manos de los babilonios, (2 Reyes 25:8-21).
Hubo una luna de sangre en 1493, cuando Tomás de Torquemada, el primer español Inquisidor, comenzó la matanza de judíos. También en este caso, la sangre judía se derramó.

Existió una luna de sangre en la víspera de la declaración de independencia de Israel en 1948, tras una sangrienta guerra que tuvo lugar pocos años después del Holocausto, cuando seis millones de judíos fueron asesinados.

Una luna de sangre coincidió con la Guerra de los Seis Días en 1967, cuando Israel liberó a Jerusalem; a partir de aquí  judíos dispersados fueron capaces de volver a Jerusalem después de 2.000 años de exilio. Tristemente, la sangre judía se derramó durante esta guerra.

Así pues, y de acuerdo a las palabras finales de Joel, las lunas de sangre son una señal del Eterno de que estamos un paso más cerca de la venida del Mesías.

«Delante de él temblará la tierra, se estremecerán los cielos; el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor.»

(Joel: 2:10)

Las Llamas que Consumieron al Segundo Templo

(Selección extraída del libro “Jerusalem de Oro”, © Ed. Jerusalem de México)


El diecisiete de Tamuz, los muros del Monte del Templo fueron abiertos. Ese fue un día trágico para los habitantes de Jerusalén. Ahora los crueles romanos tenían el camino abierto para atacar el corazón mismo de la nación: el Beit Hamikdash.

Ese día aciago, se suspendió el sacrificio diario. Hasta el momento, el servicio sagrado del Templo habla continuado sin interrupción a pesar del hambre creciente. Todos los días se encontraba algún cordero u oveja para dar como ofrenda. Los sacerdotes seguían cumpliendo su función a pesar de las flechas y las piedras que les llovían encima. Cuando moría un sacerdote, venía otro y tomaba su lugar. De esa manera, el servicio se siguió realizando durante las semanas finales del sitio.

Cuando llegó el diecisiete de Tamuz, no se pudo encontrar ni siquiera una oveja en toda la ciudad. Los ciudadanos de Jerusalén comprendieron que el Eterno ya no deseaba sus sacrificios. Los romanos ya estaban en el Monte del Templo. Los defensores de Jerusalén entraron en pánico. Se escondieron en las habitaciones y los corredores que conducían de la fortaleza de Antonia hasta el Beit Hamikdash, con la esperanza de resistir el ataque de los soldados romanos. Durante el lapso de diez días entre el diecisiete y el veintiocho de Tamuz, los defensores libraron una feroz batalla contra los romanos. Eran treinta mil de los mejores soldados de Titus luchando contra los pobres hambrientos judíos. Pero éstos no se rendían. Por el contrario, mataron a miles de enemigos, y finalmente los romanos se vieron forzados a emprender la retirada.

Yojanán y sus hombres disfrutaron de la victoria, pero comprendieron que en realidad estaban perdiendo. “Mis hombres jamás soportarán otro ataque,” pensó Yojanán. “Debo idear otro plan.”

Observó el corredor donde estaban recluidos sus hombres. Qué hermoso era, con sus columnas de piedra. Recordó cómo en los días de fiesta los judíos iban allí a descansar bajo sus enormes columnas. De pronto, Yojanán tuvo una idea. Dio unos pasos y constató el estado de las columnas, y una sonrisa apareció en el rostro fatigado. Entonces reunió a los soldados que le quedaban y les explicó su plan. Sus hombres reunieron todas las tablas que pudieron encontrar y las cubrieron de azufre. Luego colocaron las tablas más largas contra las columnas y las amarraron firmemente. Cuando finalizó el trabajo, Yojanán dio una orden y todos sus hombres retrocedieron hasta el fin del corredor. Sólo dos hombres permanecieron en su lugar, porque su tarea era cerrar las enormes puertas en el momento indicado.

La noche era silenciosa. Había tanta paz, que la guerra parecía ser tan sólo un mal sueño. Sin embargo, cubierto en la oscuridad, el ejército de Titus se acercó a la guardia de los judíos. Pretendían sorprenderlos y sumarlos en la confusión. Despacio, y con gran cuidado, los soldados romanos penetraron en el escondrijo. No llevaban luces, para no advertir a los judíos de su presencia. En muy poco tiempo, el amplio salón estaba lleno de miles de soldados. De pronto, se oyó un ruido fortísimo. Las puertas de hierro se cerraron a un mismo tiempo. Antes de que los romanos pudieran ver quién habla cerrado las puertas, había estallado un incendio en el corredor, que se extendió rápidamente. Las altas columnas, a las que los judíos hablan atado las tablas cubiertas de azufre, comenzaron a estallar y prenderse fuego, explotando en las caras de los aterrorizados romanos. Pronto, el corredor era una infierno que devoraba a miles de soldados enemigos con sus llamas. Los gritos de los soldados llegaron a; los oídos de Titus. El no podía hacer nada para salvarlos, por lo que su ira aumentó hasta estallar. ¿Cómo podía ser que le ocurriera una cosa así justo ahora, cuando estaba tan cerca del muro del Templo?

El pasillo ardió hasta el día veintisiete de Tamuz, diez días después de que se abrieran las murallas del Monte del Templo. Titus estaba decidido a llegar al Beit Hamikdash a toda costa; incluso si significaba la muerte del último de sus soldados; incluso si significaba su propia muerte. No iba a presentarse ante su padre, el emperador Vespasiano, derrotado.

El dos de Av, Titus recomenzó la guerra. Ordenó que sus tropas construyeran nuevas plataformas y torres alrededor del muro del Beit Hamikdash. Día y noche las armas golpearon el muro, pero las piedras no se movían de su lugar. Los romanos colocaron altas escaleras alrededor del muro, con la esperanza de ingresar trepando el muro por arriba. Pero los soldados judíos estaban listos para resistirlos y arrojaron las escaleras con los soldados encima. Titus no podía contener su ira. ¿Acaso la audacia de estos judíos no tenla fin? Sus soldados otra vez estaban inquietos y hablaban de revueltas, mientras que los judíos permanecían fuertes y decididos a pesar del hambre. ¿Cuál era la fuente de su fuerza?. Titus estaba convencido de que los judíos obtenían fuerza de su Templo. El sabia que mientras hubiera Beit Harnikdash, los judíos lucharían como fieras.

Debo hacer cenizas este Templo”, pensó. “Pero, ¿cómo? ¿Cómo puedo destruirlo?»

Titus se paseaba de aquí para allá, tratando de maquinar un plan. Parado frente a la puerta de oro del lado occidental del Templo, Titus admiraba esa obra de arte. Iluminada por los rayos del sol poniente, parecía que la puerta era de fuego.

Qué imagen espectacular”, pensó Titus. Luego vio algo que lo hizo temblar. “¡Pero claro! ¿Cómo no lo pensé antes? ¡Fuego! Tan sólo con fuego podré conquistar el Templo. ¡Si el Primer Templo también fue incendiado!”. Inmediatamente Titus ordenó que se le trajera una antorcha. Titus tomó la antorcha, se acercó a la puerta dorada, y colocó sobre ella la antorcha. En un instante, el oro comenzó a derretirse como cera. Titus entendió que era una señal del cielo de que el Beit Hamikdash sería destruido. Ahora el camino al Kodesh ha Kodashim estaba abierto ante él.

Entre gritos de victoria, las tropas romanas atravesaron el patio del Templo. Los defensores judíos vieron cómo los romanos penetraban. Ya no tenían más fuerzas. Pero Yojanán dijo a sus hombres: “Hermanos, no escapen. ¡Debemos evitar que el enemigo entre a nuestro Templo sagrado!”. Los judíos encontraron nuevas fuerzas en las palabras de Yojanán y enfrentaron a los soldados una vez más.

El nueve de Av, comenzó el ataque final romano. Quemaron los pasillos y el muro que rodeaban el Beit Hamikdash, pero el Kodesh ha Kodashim no sufrió ningún daño. Las tropas enemigas cubrían el terreno como hormigas. Las puertas se abrieron ante ellos y entonces penetraron al Templo. Los sacerdotes todavía estaban en medio de su servicio cuando llegaron los soldados. Los levitas todavía estaban cantando el salmo del día. Estos hombres santos no cesaron su sagrada tarea hasta que fueron asesinados por los paganos.

Los romanos entraron el patio del Templo. Pronto estuvieron parados frente al salón sagrado. Ante ellos estaba la vifia de oro que había hecho el Rey Salomón. Los soldados jamás hablan visto algo semejante. La contemplaron un momento y luego comenzaron a tirar de los racimos de oro y guardárselos en los bolsillos.

¡Todos quietos!”, bramó una voz detrás de ellos. Era su general, Titus, que corría a impedir que sus soldados viciosos saquearan el Templo. Estaba furioso porque sus soldados hablan penetrado en el salón sagrado antes que él.

Titus llamó a un alto a sus tropas para poder moverse a la linea de frente. “¡Al que dé un paso más, lo mataré!” gritó. “Cuando lleguemos al salón sagrado, yo lideraré el camino”.

Los soldados dieron un paso al costado y dejaron pasar al general. Con la cabeza en alto, Titus atravesó las puertas sagradas. Lo que vieron sus ojos fue algo imponente. Allí estaba la menorah de oro con sus siete brazos. Allí estaba la mesa de oro para el pan y el altar de oro para el incienso. La santidad del lugar podía ser percibido incluso por los paganos romanos. Titus, sin embargo, estaba ebrio por la victoria. No prestó atención a lo que habla frente a sus ojos. Se acercó a la cortina del Kodesh ha Kodashim, tomó su espada, y la partió en dos.

De pronto ocurrió algo muy raro. En el lugar donde la espada hacía un tajo, emanaba sangre. Titus arrojó su espada al suelo. Reunió todas las vasijas del Templo y las colocó sobre la cortina. Sus soldados enrollaron la cortina, transformándola en una bolsa y se llevaron todas las vasijas sagradas.

Los judíos que hablan presenciado esa visión horrible no pudieron hacer nada. Entonces uno de los soldados romanos entró corriendo con una antorcha en la mano y la dejó caer en el suelo. De pronto, las cuatro puntas del Kodesh ha Kodashim ardían en llamas. Estas alcanzaron todo el Beit Hamikdash. Los mismos soldados romanos apenas lograron escapar con vida. Los gritos de los judíos se oían por todas partes. “¡Se incendia el Templo! ¡Se incendia el Templo!»

Yojanán y sus hombres trataron de extinguir el fuego, pero éste era demasiado fuerte. Los soldados judíos que hablan luchado tan valientemente ahora agachaban la cabeza y lloraban. La batalla estaba perdida.

El nueve de Av, cerca del anochecer, el Beit Hamikdash fue destruido. Toda esa noche y el díaa siguiente el fuego siguió arrasándolo. Parecía un altar cuyas llamas se dirigían al cielo. Esa noche no hubo oscuridad en Jerusalén. Las llamas del Templo ardiente iluminaban la ciudad como si fuese de día. Los soldados romanos continuaron avanzando por la ciudad, matando sin piedad a los judíos indefensos.

El Beit Hamikdash se quemó hasta los mismos cimientos, pero uno solo de sus muros permaneció en pie. Titus no logró destruir las enormes piedras del muro occidental. Eso fue todo lo que quedó de ese hermoso edificio. Y la Presencia Divina no se ha ido de allí hasta nuestros días.

 

Bitácora Relacionada:

Tisha b’Av: el Ayuno del Quinto Mes y nuestra Victoria sobre toda angustia

La Inmanencia Divina en el Primer Templo

En el Primer Templo, había diez milagros constantes que todos podían ver. Uno de ellos era que sin importar cómo soplara el viento, el humo del altar siempre ascendía en forma recta hacia el cielo, y sin importar cuánta gente hubiera, en el momento del servicio que todos debían postrarse, siempre había suficiente espacio para todos. Cualquiera que visitara el Templo podía ver estos milagros, estas desviaciones en las leyes de la física, simplemente al entrar al recinto del Templo.

Mientras el primer Templo (y el Tabernáculo antes que él) estuvieron en pie, la profecía (escuchar la voz de Dios dentro de uno mismo) era algo común. El Talmud testifica que en el Israel antiguo, algo así como 3.000.000 de judíos fueron privilegiados con el más alto nivel espiritual posible. Abundaban las escuelas de profecía. Tan abundante era la revelación Divina que el Talmud pudo afirmar que todos los judíos eran profetas o hijos de profetas.

La inmanencia de la Presencia Divina durante los tiempos del Templo, no significaba que todos escogían elevación espiritual. Incluso cuando Dios está presente, los humanos pueden (y de hecho lo hicieron) ir en Su contra. El Talmud cuenta la historia de Yerovoam ben Navat, quien luego de la muerte del Rey Salomón, dividió el reino, usurpó el trono de la mitad del norte y puso dos becerros de oro para adorar. Dios se le apareció y le dijo, “Arrepiéntete, y (de esta manera) tú, yo y Ben Ishai (el Rey David) vamos a caminar juntos en el Paraíso”. Yerovoam tuvo el descaro de responder: “¿Quién va a ir primero?”. Cuando escuchó que David le precedería, Yerovoam rechazó la oferta divina. El aspecto más destacable de esta conversación es que Dios se le apareció a alguien tan malvado como Yerovoam. La Presencia Divina durante la era del Templo era tan penetrante y aparente que cualquiera que se molestara en abrir sus ojos podía percibirla.

¡Cuán diferente es el mundo en el que nosotros vivimos! Cuando el Templo fue destruido, la persistente ilusión de ausencia Divina se asentó sobre nuestro mundo como una neblina perpetua. En este mundo donde el encubrimiento divino ha reemplazado a la revelación divina, nosotros andamos a tientas buscando pruebas de la existencia de Dios, como peces que debaten sobre la existencia del agua. Estamos relegados a “creer” que una vez simplemente sabíamos. Luchamos, a través de los rezos y la meditación, para experimentar un indicio momentáneo de Presencia Divina cuando alguna vez simplemente gozábamos de ella. Somos como amnésicos que tienen vagos y fugaces recuerdos de una vida diferente, de una verdadera identidad, pero el verdadero entendimiento se nos escapa.

Tishá B’Av (9 de Av) nos convirtió a todos los seres humanos en huérfanos.

 

Tomado de Aish Latino

Cuando Jerusalén fue Arada (9 de Av, año 130 E.C.)

Por P.A. David Nesher
 
 

Seguramente muchos de ustedes ya han leído la bitácora en la que destaco los eventos trágicos que recordamos en el 9 de Ab, día de duelo nacional del pueblo judío. Ahora bien, este terrible acontecimiento que describiré aquí, quizás el menos conocido, se llama en hebreo: “el arado de la ciudad” de Jerusalem (חרישת העיר).  

Luego de que el emperador romano Adriano volviera sobre sus pasos y se arrepintiera de su decisión de reconstruir el Bet haMiqdash, las relaciones entre los judíos y el imperio romano comenzaron a empeorar.  

Uno de los momentos más tensos fue cuando Adriano al viajar por Medio Oriente (129-130 E.C.), identificó que una de las prácticas más comunes que se llevaban a cabo en esa región, que pertenecía casi en su totalidad al imperio romano, era la castración, especialmente de esclavos y sirvientes (eunucos). En Roma esa práctica se consideraba aberrante y se castigaba estrictamente. Expliquemos de paso que la castración también está terminantemente prohibida por la Torah, no sólo la castración humana sino también la castración de animales, algo que sí era (y es) totalmente aceptado en el mundo de la gentilidad. 

Adriano, entonces, prohibió la castración humana y la penalizó con la pena de muerte. Hasta acá todo bien. El gran problema fue que, por alguna razón, Adriano extendió el crimen de castración al Berit Milá, es decir el pacto de la circuncisión.  

De nada sirvió que los sabios judíos tratarán de explicar la naturaleza de la circuncisión a los romanos, y que ésta nada tenía que ver con la castración. Adriano igual prohibió la circuncisión bajo pena de muerte.  

Algunos historiadores especulan que Adriano fue influenciado por los primeros cristianos, que se oponían a la práctica de la circuncisión y creían que ésta había sido remplazada por el bautismo. Abolir la circuncisión era una gran victoria para su causa.  

Este decreto, que tuvo lugar alrededor del año 129, afectó aún más los ánimos de los yehudim (judíos), quienes estuvieron dispuestos a sacrificarlo todo antes de dejar de cumplir el primer precepto que corresponde a un niño judío. Y también los llevó a la desesperación colectiva. Ya habían perdido esperanza de ver el Bet haMiqdash reconstruido y ahora veían que el futuro de su pueblo corría un inminente peligro de extinción. A tal punto fue este temor que el rabino Yishmael ben Elishá llegó a decir: “Quizás haya llegado el momento de que dejemos de casarnos y de traer hijos al mundo (Babá Batrá 60 b)”.  

Pero la anulación del Berit Milá fue sólo el preludio de algo tan malo, o peor, que estaba por pasar…  

En ese fatídico viaje de Adriano por medio oriente, Adriano tomó otra terrible determinación que resultaría atroz y fatal para el pueblo judío: Adriano decidió reconstruir Jerusalem, pero la transformaría en una colonia romana. Su plan era “borrar” toda memoria judía de la ciudad, y hasta cambiar su nombre y así los judíos finalmente se olvidarían de “Yerushalayim”. Para colmo, el plan de Adriano incluía la construcción de un templo pagano para el ídolo romano Jupiter, en el mismo lugar donde estuvo el Bet haMiqdash….  

Esto provocó un estado de indignación aún mayor en el pueblo, que motivó a los Yehudim a planear una rebelión “suicida” contra el imperio. De esta rebelión hablaremos más adelante, ya que ahora debemos comprender por qué recordamos en Tishá beAb “que la ciudad fue arada”.   En el año 130 Adriano decretó que el nombre de Yerushalayim sería erradicado, y que la nueva ciudad se llamaría de ahora en más: “Aelia Capitolina” (“Aelio”, en honor a Adriano, ya que era uno de sus nombres y “Capitolina”, en honor al ídolo mitológico romano, Jupiter capitolino, al cual los santuarios paganos de la nueva ciudad estarían dedicados…).  

Ahora bien: ¿Cómo hacían los romanos para re-inaugurar una ciudad y renombrarla? Como sabemos, hay todo tipo de ceremonias de inauguración: como ser la colocación de la piedra fundamental, el cortado de una cinta, etc.  La ceremonia de inauguración de una ciudad romana consistía en arar la ciudad, más específicamente, demarcar con surcos labrados los bordes de la ciudad. La ceremonia del arado de Yerushalayim, y la inauguración de la ciudad pagana ocurrió el 9 de Av del año 130.  

La inauguración de la nueva ciudad fue celebrada por los romanos, como era su costumbre, acuñando una moneda ilustrativa. El texto de mila moneda, que también se ve en la imagen arriba, dice: Col(onia) Ael(ia) Capit(olina). En la moneda se puede ver claramente a Adriano, representando a Roma, arando los surcos de la nueva colonia romana, inaugurándola demarcado sus limites.

En el Año 2017 Israel Ayudó a Más de 2 Millones de Personas.

Más de dos millones de personas en 20 países diferentes fueron ayudadas por israelíes. ¡Buen trabajo Israel!

El estado judío ha sido reconocido como el líder mundial en ayuda humanitaria en 2017, ayudando a más de dos millones de personas en 20 países diferentes.

Israel ha continuado con su excelente trayectoria en 2018 y ha enviado a algunos de sus expertos en salvamento a Guatemala y Japón.

Israel tiene una maravillosa historia de asistencia humanitaria, médica y logística a lugares en peligro en todo el mundo, incluyendo víctimas de tornados en Oklahoma, refugiados por los tifones en Filipinas o las víctimas del terremoto en Haití.

¡Gran trabajo, Israel! ¡Estamos muy dichosos de ti!

 

 

Cuando la Enemistad produce Destrucción (Kamtza y Bar Kamtza)

La historia que destruyó el Templo Sagrado.

 

El Talmud (Gittin 56) habla de Shemaia, uno de los mas prestigiosos judíos de Jerusalén que quería organizar una fiesta para todos sus amigos, por lo que elaboró ​​una lista de invitados e instruyó a su sirviente para que enviara las invitaciones. Uno de los varones en la lista de invitados se llamaba » Kamtza » , pero el sirviente cometió un error e invitó a » Bar Kamtza » en su lugar. Vaya, Bar Kamtza era en realidad un enemigo declarado del anfitrión.

Cuando Bar Kamtza recibió su invitación, estaba muy agradecido de pensar que el anfitrión finalmente había hecho las paces.

Reinaba gran alegría en el espacioso salón de la casa de Shemaia. Se oían jubilosos aplausos y una conversación animada. Un exquisito aroma brotaba del lugar, signos de una suntuosa fiesta que habla sido preparada en honor de sus invitados. Había extensas filas de mesas largas ya servidas con los manjares. Se acomodaron alrededor de las mismas los invitados que apetitosamente se servían.

Todos conversaban acerca de lo mismo: «¿Habría revolución en Jerusalém? ¿Estallará la guerra contra los romanos? ¿O, a cambio, se oirá la voz de la paz?«

Entre los invitados se hallaban estudiosos de Torah que estaban embuidos en problemas de Halajá (ley) .

Shemaia, el anfitrión, de pie en la puerta recibía a sus invitados. De vez en cuando pasaba entre las mesas para verificar que todo estuviera en orden. De pronto, quedó asombrado al darse cuenta que, su amigo Kamtza no habla asistido al festin.

_ «No, no ha venido, mi mejor amigo no llegó al banquete«, pensó. «Envié a uno de los sirvientes especialmente para que lo invite. Quién sabe qué es lo que está ocurriendo en Jerusalén«.

Prosiguió controlando la asistencia de sus invitados. Se acercó a uno de los comensales, helado ante lo que sus ojos veían.

_ «¿Puede ser? ¿Acaso, mi peor enemigo, Bar Kamtza, está sentado en mi mesa, disfrutando de los manjares? ¿Acaso ha asistido para enfadarme?«

El anfitrión con una mirada llena de resentimiento, ordenó a su sirviente que inmediatamente expulsara a Bar Kamtza del local.

Cuando se le pidió que se fuera, Bar Kamtza dijo:

_ «Entiendo el error. Pero es vergonzoso que deje la fiesta. Con mucho gusto pagaré el costo de mi comida si me permite quedarme«.

El anfitrión no escucharía nada de esto, y reiteró su exigencia de que se elimine a Bar Kamtza.

Bar Kamtza apeló nuevamente:

_ «Incluso estaría dispuesto a pagar la mitad del costo de todo el partido, si solo me permitieran quedarme«.

De nuevo, la solicitud fue denegada. En ese momento, el angustiado Bar Kamtza suplicó:

_ «¡Pagaré por toda la fiesta! ¡Por favor, no me avergüences de esta manera!«

El anfitrión, sin embargo, se mantuvo firme y arrojó a Bar Kamtza. Los rabinos presentes habían observado este intercambio, sin embargo ninguno protestó; Bar Kamtza entendió que esto significaba que aprobaban el comportamiento del anfitrión.

El Talmud informa que Bar Kamtza estaba tan dolido y molesto, que se sentía humillado. Por eso, Bar Kamsa juró venganza contra los rabinos presentes que no lo defendieron y le permitieron avergonzarse públicamente.

Ese mismo día, preparó su equipaje y se encaminó hacia Roma, a solicitar una cita con el emperador romano.Delante de enormes escalinatas de mármol pulido, se encontraba un hombre judío, de la ciudad de Jerusalén, que miraba confuso a los soldados ubicados en la entrada.

_ «¡Ey, judio! ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué asuntos te traen por aquí?«

_ «Sí,…mmm… Quiero hablar con el emperador«, murmuró el judío.

_ «¿De veras? ¿Y qué le dirás?«

El hombre arregló sus ropas y dijo:

Me llamo Bar Kamtza. He venido desde Jerusalén, y tengo un mensaje secreto para el emperador«.

Los soldados se miraron entre ellos,

_ «Bien», dijeron, «si» es como dices, ven, te llevaremos ante el emperador».

Así fue como llegó hasta el emperador.

_ «¿Qué es lo que te trae desde Jerusalén, judío? Me dijeron que tienes un secreto para mi«.

_ «Tengo malas noticias para su majestad. Los judíos están planeando una rebelión. Quieren destronar al rey «.

El emperador no se sintió a gusto. Hasta el momento habla escuchado que la ciudad estaba tranquila, y ahora Bar Karmtza venía con novedades.

Me traes graves anuncios, judío. ¿Cómo sé que me dices la verdad?«

_ «Vea por usted mismo», aseguró Bar Kamtza. «Pruebe a enviar un carnero para que lo sacrifiquen en nombre del emperador. Y veremos si es que lo aceptan.«

El emperador mandó con Bar Kamtza un carnero tierno y ordenó:

_ «Este carnero llévalo a Jerusalén y diles a los sacerdotes: «Este camero lo envió el emperador para que lo ofrezcan como sacrificio de paz en vuestro Templo, para el bien del Emperador y del Imperio romano«. Y tú verás si lo aceptan o no, y me lo comunicas» .

Bar Kamtza viajó a Jerusalén. En el camino dañó al carnero en el lugar que implica un defecto para los judíos pero no para los gentiles. Al llegar a Jerusalén, los sacerdotes del Templo, lo revisaron y enseguida notaron que tenía un defecto.

Al ver al animal desfigurado, los rabinos del Sanedrín presentes en el Templo tienen que tomar una decisión sobre cómo responder a la delicada situación presentada. Algunos defienden prescindir de la ley y ofrecer el animal de todos modos para evitar la guerra. Este plan es vetado por el rabino Zecharia ben Avkolos, quien teme que las personas comiencen a llevar animales manchados al Templo para ser sacrificados. Luego sugieren matar a Bar Kamsa para demostrar que tiene la culpa, pero el rabino Zecharia ben Avkolos nuevamente se niega, porque esta no es la penalización obligatoria por traer intencionalmente una ofrenda descalificada al Templo.

El rabino Yochanan dice que debido a las acciones del rabino Zecharia ben Avkolos, el templo fue destruido y los judíos fueron exiliados de la tierra.

Lo cierto es que Bar Kamtza no fue asesinado, y el sacrificio no fue ofrecido. Bar Kamtza retornó a Roma, como temían los sacerdotes, con el informe de que los judíos se hablan negado a aceptar su ofrenda. Esta era toda la prueba que el emperador necesitaba para comprobar que los judíos estaban por rebelarse.

El César, indignado, envió un ejército para sitiar a Jerusalén, que finalmente condujo a su caída en el año 70 E.C. El historiador judío Josefo (Guerras II, 17: 2) también atribuye el comienzo de la guerra a la negativa a aceptar la ofrenda del emperador . El registro del Talmud está destinado a ilustrar cómo las tensiones internas entre el pueblo judío exacerbaron la amenaza externa de los conquistadores romanos.

Haciendo la reparación

Podríamos pensar que el Segundo Templo fue destruido por una combinación de razones complejas, una serie de eventos fuera de nuestro control. Sin embargo, no es tan así. Fue simplemente debido al pecado del odio injustificado entre los judíos, que los condujo a fisuras en sus vínculos, que ocasionaron enemistades dogmáticas, por las que llegó la destrucción y el caos. El resentimiento y el rencor entre hermanos fueron en verdad las causales de la derrota ante los enemigos.

Cuando deseamos la redención de nuestra gente, la clave es centrarse en arreglar lo que hemos arruinado. La forma de reparar esta tragedia es opuesta a su causa: todos deben hacer un esfuerzo máximo para amar a cada miembro del pueblo escogido.

Esto es lo que nos falta hoy, y esto es lo que lloramos en Tisha B’Av. Cada vez que entras en una pelea con alguien y no lo resuelves, piensa por mucho tiempo que eres personalmente responsable de retener el cumplimiento final de nuestra redención. Y cada vez que amas a un hermano en la fe de Avraham incondicionalmente, lo acercamos un paso más.

(Basado en el Talmud Babli, Guitin Páginas 55 y 56)

¡La Redención Final está Cerca!

‘‘No teman… YHVH, que va delante de ustedes, Él combatirá… así como has visto, que te ha llevado YHVH como un hombre a su hijo, por todo el camino…’’

(Deuteronomio 1: 29-31)

Encontré un cuento que puede hacernos captar la esencia de lo que aquí Yahvéh nuestro Dios quiere que aprendamos:

En un país lejano había un excelente médico. No había enfermedad que no pudiera curar ni medicamento que no conociera. Esto provocó la envidia de los demás doctores. Lo calumniaron hasta que consiguieron encerrarlo en la prisión. Lo encerraron en una celda, lo encadenaron junto a los peores criminales y de cuando en cuando les arrojaban una miserable ración de pan y agua. El gobernador encargó al guardia que registrara todos sus movimientos y que le reportara cualquier cosa extraña que observara en el reo. Pasaron varios días y el prisionero se mantenía imperturbable; no conversaba con nadie. El gobernador estaba sumamente extrañado debido a que no recibía noticias del celador, así que acudió al presidio y observó al condenado. Se le veía radiante, sereno. El ministro se acercó e intentó conversar con él. Sus palabras fluían con sabiduría y tranquilidad; a pesar de las terribles condiciones del entorno, el hombre se veía como si nada estuviera sucediendo allí.

El ministro no pudo ocultar más su curiosidad y le preguntó: “¿Cómo logras conservar esa actitud ante condiciones tan deprimentes?”. El hombre respondió: “Su señoría, ¿acaso usted desconoce que yo soy médico? Si soy capaz de curar a otras personas, también puedo curarme a mí mismo. Fabriqué un medicamento con cinco ingredientes y diariamente ingiero una pequeña dosis. Esto me mantiene estable y tranquilo”. Los ojos del ministro brillaron y dijo: “¡Qué interesante! Te propongo un trato: tú me das esa receta y yo te otorgo la libertad. Por la naturaleza de mi investidura, en varias ocasiones me encuentro enredado en circunstancias estresantes en las que quisiera salir corriendo. Por lo que veo contigo, no dudo que tu receta va a cambiar mi vida. Entonces, ¿qué dices? ¿Cerramos el trato?”.

El médico le extendió la mano y comenzó a hablar: “El primer ingrediente que lleva mi fórmula es confianza en el Creador. El segundo, conciencia de que mis pecados causaron mi infortunio y, por tanto, ¿por qué he de quejarme? El tercero, el conocimiento de que el Eterno me manda todo para mi bienestar y para que corrija mis actos. El cuarto, soy consciente de que hay mayores desgracias que la que estoy viviendo ahora. El quinto, sé que la ayuda del Todopoderoso puede llegar en el parpadeo de un ojo”. El ministro cumplió su palabra y ambos vivieron libres por el resto de su vida. (Cuentos tomado de Menorat Hamaor, del autor medieval Yishac Aboab)

Nos encontramos aquí con Moshé exhortando al pueblo a confiar en el Eterno, ya que para conquistar la Tierra Prometida debían librar varias batallas. Entonces les dijo: Yahvéh ha marchado delante y detrás de ustedes, al igual que un padre que viaja por el camino junto con su hijo (Shemot/Éxodo 14:20) El exégeta hebreo Rashí explica esto así: “Cuando vinieron asaltantes, el padre lo tomó de delante de él y lo colocó detrás. Cuando vino un lobo por detrás, el padre lo puso frente a él. Cuando vinieron asaltantes por delante y lobos por detrás, el padre lo tomó en sus brazos y peleó contra ellos”. Rashí, por medio de esta metáfora, explica que Moshé está en este discurso haciendo referencia a la columna de nubes que viajaba con Am Israel en el desierto.

Ahora bien, la lectura de esta parashá generalmente se lee cerca del día de Tishá BeAv (9 de Av). Refiriéndose a la espiritualidad negativa que tiene este día, Moshé profetizó que 852 (ochocientos cincuenta y dos) años después del Éxodo de Egipto, los hebreos pecarían tanto que merecerían la aniquilación. Al ver la historia de Israel notamos que el Eterno, en Su Misericordia, prefirió destruir el Bet HaMikdash (Templo Santo) en lugar de Klal Israel [1], quienes al sufrir el exilio pudieron sobrevivir. Moshé aseguró en sus palabras lo siguiente: si requieren a Yahvéh aun en el exilio, lo encontrarán, sólo si lo buscan con todo su corazón y alma (y no con sus labios). Por momentos la Presencia de Yahvéh es visible y, por otros momentos, no. A veces nos responde de inmediato y otras no. A veces puede ser encontrado y otras está oculto. A veces se encuentra cerca y a veces se aleja. Durante el exilio, el Eterno está más lejos que nunca; sin embargo, la Torah nos asegura que Él puede ser alcanzado a pesar de todo. Lo encontrarán sólo si lo buscan con todo su corazón.

Así vemos que aunque en todas las generaciones han surgido enemigos que buscan borrar a Israel de la faz de la Tierra, nunca han logrado acabar con el Pueblo de Yahvéh, pues Él, como un padre piadoso, los ha protegido de todo mal. Para nosotros hoy esto es algo maravilloso, ya que el Eterno mantiene vigente su promesa de que nunca nos abandonará.

Yahvéh es misericordioso; no te soltará y no te exterminará, y no olvidará el pacto con nuestros padres Abraham, Itzajk y Yaakov, el cual les juró a ellos (Deuteronomio 4:31). Es cierto que Israel ha tenido infortunios a lo largo de la historia, todos provocados por el terrible exilio. Por todo eso, ansiamos la redención final. El hecho de que la Klal Israel esté aún intacta en las naciones, es un vivo testimonio que el Pueblo de Dios es eterno y que nada ni nadie podrá aniquilarnos. Yahvéh siempre será nuestro Padre protector.

Pero esa no es la vida a la que aspiramos. Queremos que la Presencia Divina esté tan cerca de nosotros como lo estuvo en los gloriosos días de Am Israel, durante su peregrinación en el desierto.

La redención (Gueulá) depende, en esencia, de la fe (emunah) de arriba. Pues la raíz del exilio es simplemente la falta de emunah. ¿Qué podemos hacer nosotros para traer la redención en su etapa final? El problema radica en que no la deseamos con toda el alma.

«Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella;»
(Isaías/Yeshayá 66:10)

De este versículo se entiende que todo el que se enluta por Yerushaláim verá su pronta reconstrucción. El rabino Arié Leib de Gur explicando este versículo profético decía: “Sentir lo amargo del exilio es el principio de la redención.”

Pero surge la pregunta: si en las generaciones anteriores, en que había grandes justos que entregaron su vida al servicio de Yahvéh, la Gueulá (redención) no llegó en su tiempo, una generación huérfana como la nuestra, ¿qué esperanza tiene de que llegue ahora?

Esta es una idea proveniente del instinto maligno. Aunque hayan pasado generaciones de tzadikim (justos) y no se haya hecho presente Yeshúa Mashíaj en su Segunda Venida, no debemos bajar los brazos. Porque nosotros somos como un niño que está subido en los hombros de un hombre alto, y a pesar de que nuestra estatura es muy baja, nos encontramos “más alto que aquellos que nos están sosteniendo”.

¡Entonces retornemos a Yahvéh! La teshuvah sincera atraviesa todas las barreras y alcanza el Trono Celestial. Cumplamos con nuestra misión en el mundo: destacarnos entre los paganos por nuestras leyes justas y por nuestro gran nivel ético y moral, el cual está fundamentado en nuestra Sagrada Torah. Para ello, debemos estudiarla, entenderla, meditarla y cumplirla. Así lograremos unir el Cielo y la Tierra, evitando el dominio del caos.

Elevemos nuestras plegarias hacia el Eterno para que este día de Tishá BeAb que se aproxima se convierta en una fecha festiva, llena de gozo, alegría tal como lo anunciara el profeta (Zacarías 8:19). Así habremos logrado que la Verdad sea absorvida por nuestra mente, y amemos sólo la paz entre los hombres.

 

 

[1] Klal Israel: Término rabínico que denota el «cuerpo general de hebreos«, es decir el Pueblo de Israel en su totalidad (Efraím y Yehudah); incluye el sentido de unión nacional y destino, de responsabilidades comunes, de «fe comunitaria» y del rol de pueblo elegido.

El Mejor Refugio para el Alma (Torah y Mashiaj)

Todas las ciudades que daréis a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades, junto con sus tierras de pasto.”

(Números/Bamidbar 35:7) 

Cuando Yahvéh ordenó a Moshé la repartición de la Tierra Prometida entre las tribus de Israel, los leviím (levitas) no recibieron ningún territorio. En lugar de ello se les otorgaron cuarenta y ocho ciudades a ambos lados del Jordán. Seis de ellas, tres a cada lado de este río, fueron instituidas como arei miklat (“ciudades de refugio”).

En este texto notamos como el Eterno continúa su método pedagógico que permitía a Israel entrenarse en la midot (cualidades) de la benevolencia (Jesed) en balance con la disciplina (Guevurah) a través de la práctica de la generosidad compasiva (Tiferet) para con el prójimo. Cada tribu recibió la orden de dar ciudades y tierras a los levitas dentro de sus fronteras. Es interesante ver que Yahvéh no dictó cuáles serían todas las 48 ciudades de los levitas, sino cedió a sus hijos decidir qué ciudades querían dar a los levitas. El Eterno dio a cada tribu un área de la tierra y luego cada tribu tenía que dar de lo que había recibido a los levitas.

Alrededor de cada ciudad existía un terreno de dos mil codos (1 km) en cada dirección. En el versículo 4 aparece una aparente contradicción, ya que se habla de mil codos, pero en el versículo 5 se habla de dos mil codos. El Talmud resuelve esto diciendo que los primeros mil codos fueron dejados como un espacio abierto, y los otros mil codos servían para campos y viñas.

Recordemos que el mitzvah (mandamiento) de Yahvéh sobre la santidad de la sangre era muy explícito. El derramamiento de sangre humana contaminaba la tierra en la que vivían los hijos de Israel, en medio de la que residía la Shekinah (Presencia) del Eterno, y solo se podía expiar por medio de la sangre del que la había derramado. (Gn. 9:5, 6; Nm. 35:33, 34), preferiblemente a manos del “vengador de sangre,” el pariente masculino más cercano. Así, en el caso de un asesino, cuando el vengador de la sangre le daba muerte “sin falta” (Ex. 21:23; Nm. 35:21), quedaba vengada la sangre de su víctima y se satisfacía la ley de “alma por alma”. El vengador de sangre o goel tenía el derecho y la responsabilidad de matar al asesino: No tendrás piedad de él; sino que limpiarás de Israel la sangre del inocente, para que te vaya bien”. (Dt. 19:13).

Hasta aquí todo muy entendible, pero, ¿qué pasaba con el homicida involuntario, aquel que, por ejemplo, mataba a su hermano cuando por accidente se desprendía la cabeza del hacha al cortar leña? (Dt 19:4, 5) Para tales desafortunados el Eterno amorosamente proveyó las ciudades de refugio, donde el que derramaba sangre por accidente podía hallar asilo y protección del vengador de la sangre. (Nm. 35:6-32; Jos. 20:2-9).

Lo asombroso que aquí podemos ver, es que no hay prisión en la cosmovisión de la Torah. Evidentemente el Eterno revela que el diseño humano de las prisiones no corrige. Todos sabemos que la gente que sale de la cárcel, en su gran mayoría, sigue conectada con la mentalidad criminal y terrorista. Por lo tanto, según la voluntad divina, la persona que cometió homicidio involuntario debe ir a una ciudad de refugio. Las ciudades que fueron construidas para tales asuntos, indican la intervención directa del gobierno de Yahvéh que quiere separarlos de los demás. De esta manera el Creador mismo marca Su línea entre ellos. La persona debe vivir en esta ciudad, sin derecho a salir de ella. Si viola esta condición, puede ser muerta a manos del vengador de sangre.

Por eso, notamos que las leyes de la Torah de las ciudades de refugio son singulares. Si una persona mata a otra accidentalmente debe huir a una de estas ciudades, tres a cada lado del río Jordán. Mientras se encuentre dentro de los límites de la ciudad, ningún pariente del difunto tiene permitido dañarlo. Si quiere estar a salvo, el perpetrador de ese crimen involuntario debe permanecer en la ciudad de refugio sin abandonar sus límites hasta la muerte del Sumo Sacerdote.

Ahora bien, de las 48 ciudades de los sacerdotes y levitas había dos clases de ciudades de refugio. Todas daban refugio a los homicidas involuntarios. Pero seis de ellas también recibían a los homicidas que habían matado a sabiendas hasta que una sentencia fuese dictada. Los que huían a las 42 ciudades tenían que pagar por su vivienda y la comida mientras que los que huían a las seis ciudades tenían el derecho de una cama y comida sin costo, por la provisión de los levitas. De esta manera también los levitas fueron entrenados a ser generosos, incluso con los asesinos. Así, el Eterno proveyó una “salida celestial” para proteger a Su pueblo de asesinatos cíclicos provenientes del sentimiento de venganza que plagaban a tantas naciones circundantes. Les proveyó una respuesta para no tan sólo proteger al que accidentalmente derramara sangre, sino que también protegía a la persona que procurara la venganza.

Aunque el término “Ciudad de Refugio” pudiera dar la impresión de un lugar indulgente, en realidad era un lugar de juicio (din) divino. El homicida involuntario sólo podía quedarse allí si era declarado inocente de asesinato por premeditación y alevosía. Si la persona huía a dicha ciudad, su caso era escuchado en la puerta de la ciudad por los ancianos gobernantes. Si era hallado culpable, no se le permitía entrar y era entregado a manos del vengador de sangre para darle muerte. La ciudad de refugio estaba allí simplemente para asegurar que la persona pudiera hacer su defensa y asegurar que nadie inocente fuera muerto antes de que su caso fuera escuchado.

La vida dentro de la ciudad estaba llena de beneficios celestiales para el delincuente, además de la evidente seguridad y poder escapar de la muerte. Entendamos que estas ciudades eran administradas por los levitas, quienes proveían un ambiente educativo saludable para la persona hallada culpable de homicidio involuntario. Si el ofensor finalmente lograba regresar al mundo fuera de la ciudad, sería un mejor ciudadano y seguidor de Yahvéh. Al ser expuesto al estilo de vida en esa ciudad, podría resultar ser más sabio y mejor, obteniendo el favor de Yahvéh y muchas bendiciones que él mismo aprendía a hacer descender para rectificar un mundo mejor.

Para comprender mejor el funcionamiento de este diseño judicial, comprende poner atención a los procedimientos que se seguían. Cuando un fugitivo llegaba a una ciudad de refugio, tenía que exponer su caso a los ancianos en la puerta de la ciudad, y debía extendérsele hospitalidad. A fin de evitar que los que cometían asesinatos intencionados se aprovechasen de esta provisión, después de exponer el caso en la ciudad de refugio, el fugitivo tenía que someterse a juicio y probar su inocencia en las puertas de la ciudad bajo cuya jurisdicción había ocurrido la muerte. En caso de hallarle inocente, era devuelto a la ciudad de refugio. Sin embargo, solo podía garantizarse su seguridad si permanecía en la ciudad el resto de su vida o hasta la muerte del sumo sacerdote. No era posible aceptar ningún rescate con el fin de alterar estos términos. (Nm 35:22-29, 32; Jos 20:4-6.) Ni siquiera el altar sagrado de Jehová podía proteger a los asesinos, como se mostró en el caso de Joab. (Éx 21:14; 1Re 1:50; 2:28-34).

Nuestro Refugio Psíquico.

Para comprender los códigos mesiánicos que se esconden en este diseño divino de justicia necesitamos sumergirnos y meditar en muchos detalles que él se encuentran.

Según la explicación del Talmud se sabe que en los tiempos bíblicos existían señales de tránsito esparcidas literalmente por toda la tierra de Israel señalando hacia la ciudad de refugio más cercana. Cada cartel tenía dos palabras: Miklat Miklat. El valor numérico de la palabra miklat es 179, un número primo, que al estar dos veces suma 358. Este número (358) es también la guematría de «Mashíaj«.  De esto inferimos que la señal del camino apuntando hacia la ciudad de refugio, en realidad es una codificación que apunta a una nueva conciencia, la mesiánica. Mentalidad que era necesario que cada hebreo adquiriera a fin de acelerar los tiempos de la manifestación mesiánica que el Eterno prometiera a Avraham su simiente daría en bendición a las naciones.

Debemos saber que para dar refugio a la persona culpable de homicidio accidental, y que se salvara del vengador de sangre, se tomó una medida para asegurar que los principales caminos que conducían a estas ciudades se mantuvieran siempre abiertos. Ninguna parte del territorio de Israel estaba a más de 50 km. de distancia de una ciudad de refugio. Este era un tramo que podía fácilmente cubrirse en un día. Se proporcionaron las ciudades de refugio para proteger a una persona hasta que se decidiera adecuadamente sobre su caso. El derecho de asilo era sí o sí solamente para quienes sin intención habían tomado la vida de otro.

Como lo habrán notado más arriba, la palabra hebrea para «refugio», es miklat, aparece 10 veces en esta sección de la Torah en dos grupos de cinco. El primer concepto comparable que viene inmediatamente a la mente es el del Aseret HaDibrot (el Decálogo, también mal llamados Diez Mandamientos), los que también fueron entregados en dos tablas de 5. El hecho que la palabra miklat aparezca diez veces asocia a las ciudades de refugio con la esencia del número 10. Este número perfecto corresponde a los diez poderes del alma, que debemos rectificar e iluminar con la luz divina de nuestras almas. Debemos activar los diez poderes de nuestra alma para correr hacia la ciudad de refugio (que representa a la Torah) e incorporar Su mensaje.

Como ya he mencionado en el párrafo anterior, la palabra miklat aparece en dos grupos de cinco. El primero de estos grupos aparece al comienzo de la discusión de los asesinatos involuntarios. En este grupo, la palabra miklat aparece tres veces vinculada a la palabra hebrea ir, que se traduce como «ciudad«, y dos veces como lemiklat, que significa «al refugio«. Todas estas referencias son impersonales. A continuación de esta discusión inicial del asesinato accidental, la Torah continúa relatando las leyes de la persona que mató intencionalmente, retomando luego nuevamente la discusión de las muertes accidentales. Pero esta segunda vez miklat aparece en un contexto personal, utilizando la forma miklató, «su refugio«.

Además de refugio, la raíz hebrea de miklat (kuf- lamed-tet), tiene otros dos significados: absorción e integración. Ambos están incluidos en nuestra comprensión de la función de la ciudad de refugio. El proceso de absorción comienza cuando una persona ingresa a una nueva realidad absorbido por el nuevo ambiente que lo rodea. Lentamente se va familiarizando con sus nuevo vecindario, comienza a amarlo y aprende cómo funcionar alegre y efectivamente en él. Ha sido absorbido dentro de la luz abarcadora de su nueva realidad. Esta absorción es relativamente impersonal, correspondiente al primer grupo de las 5 palabras de «refugio» ya mencionado. El proceso de integración es una dinámica diferente e incluso opuesta. Integrar una nueva realidad es absorberla dentro de uno, dejándola penetrar y pernear nuestro ser. La integración es totalmente personal, ingresando dentro de la psique de la persona y cambiando su forma de vida. Esto, por supuesto, corresponde al segundo grupo de 5.

Ante todo esto, podemos deducir que cuando una persona huye a la ciudad de refugio (una nueva conciencia de Torah y particularmente su dimensión interior, la mesiánica) primero debe ser absorbida completamente y enamorarse de ella, sin querer irse jamás. En este estado inicial, la Torah rodea todo su ser, y es absorvida en su conciencia, y no es de una importancia crítica que entienda todo lo que estudia.

Cuando huimos a la ciudad de refugio (la Torah), el sentimiento interior más importante que debemos desarrollar es que se nos ha brindado luz y sabiduría divinas infinitas como un regalo inmerecido. Cuanto más se desarrolla este sentimiento, más se va absorbiendo dentro de la conciencia mesiánica de la Torah.

Entonces, para que su nueva conciencia mesiánica permanezca eternamente como parte de su ser, protegiéndolo de dañarse y de dañar a los demás, la persona debe redirigir su experiencia, integrándola conscientemente dentro de su ser.

El texto sagrado mismo explica que sólo la Torah puede rodear completamente a una persona y simultáneamente encontrarse totalmente dentro de ella misma.Esto es porque la sabiduría de la Torah es infinita. No es así el caso de la sabiduría finita mundana que la persona puede no entenderla, en cuyo caso la sabiduría lo rodea por fuera, o si por el contrario la comprende totalmente la sabiduría está sólo dentro suyo. Como es limitada, no puede rodear a la persona y a la vez estar adentro simultáneamente. Sólo la sabiduría infinita incluye ambas dinámicas de absorción e integración. Este pensamiento está reflejado en los Salmos, 1:2, que describe a la persona feliz que se conduce en los senderos de la Torah. La primera parte del versículo reza: «…su deseo está puesto solamente en la Torah de Di-s». Esta es la etapa de la absorción. La Torah es del Eterno y el único deseo de la persona es ser absorbida dentro de ella. La segunda parte del versículo dice: «y en su Torah se sumergirá día y noche». En este punto la Torah ya ha sido integrada en el alma de la persona, más todavía cuando es llamada «su Torah», del propio estudiante.

Espiritualmente, la máxima ciudad de refugio es la Torah, como Yahvéh le ordenó a Yehoshúa: «y la estudiarás día y noche» (Jos. 1:8). Cuando corremos hacia la Torah, mostramos que nuestra voluntad desea sus códigos de Luz Infinita para continuar el camino de la vida (en hebreo correr se dice ratz, semejante a la palabra «voluntad», ratzón). Expresamos así un deseo muy fuerte de sumergirnos completamente en sus profundidades, refugiándonos en sus palabras reparadoras. Cuando nuestra conciencia está completamente alineada con la Torah, ya no somos vulnerables a los daños y más importante aún, ya no estamos en una situación mental que nos posibilite o de cabida a herir a otro, incluso involuntariamente.

Cuando corremos hacia la dimensión interior mesiánica de la Torah, somos absorbidos en ella y la integramos dentro de nuestras almas. Así ingresamos a un estado de conciencia mesiánica, en a que somos uno con Mashiaj mismo. Desde este estado podemos misionar rectificando nuestras almas, y trayendo así la verdadera redención al mundo entero.

Las 42 Estaciones del Viaje de la Vida

Por P.A. David Nesher

Y Moshé anotó los puntos de partida según sus jornadas, por el mandamiento de YHVH, y estas son sus jornadas, conforme a sus puntos de partida.

(Números/Bamidbar 33:2)

Moshé registró el itinerario de los hijos de Israel a través del desierto desde el momento en que abandonaron Egipto hasta su llegada a las llanuras de Moav… Moshé anotó los 42 (7×6) viajes que los hijos de Israel hicieron en la estepa. Ahora bien, ¿por qué «viajes» y no «viaje»?

Los sabios del hebreo dicen que el proceso de liberación de «Egipto» (hebreo Mitzraim) no es un hecho de una vez, sino que es algo que continúa en cada generación, hasta ingresar a la verdadera y completa redención a manos del Mashiaj. De aquí que existen varios propósitos por los cuales estos lugares fueron escritos:

  1. Fueron escritos para mostrar a la posteridad que la salida de Egipto de millones de personas no es un cuento. Hay datos específicos de lugares y sucesos, que muestran que realmente estuvieron allí. La mayoría de los desiertos descritos en este relato eran completamente inhabitables porque allí no había ni agua ni vida vegetal. Una gran población de hombres, mujeres y niños jamás hubieran podido sobrevivir de manera natural. Sólo la intervención divina podía sostenerlos en aquellos lugares inhabitables.
  2. Fueron escritos para dar a conocer la bondad del Eterno en medio de una sentencia de tener que dar vueltas durante 40 años en el desierto. En 40 años sólo hubo 42 viajes. Así que no estuvieron vagando de un lado para otro todo el tiempo, sino que en varios lugares se quedaron acampados durante mucho tiempo. Rashí menciona que sólo hubo 20 viajes en 38 años, porque se hicieron 14 viajes durante el primer año, y ocho viajes después de la muerte de Aharón en el cuadragésimo año. Además estuvieron en Kadesh durante 19 años. Durante el resto del tiempo estuvieron en 19 campamentos durante 19 años, que corresponde a un promedio de un viaje por año.
  3. Fueron escritos para que los hijos de Israel supieran que sus peregrinajes fueron dictados por un diseño espiritual definido.
  4. Fueron escritos para que nos acordemos del viaje en el desierto. Cuando estamos viviendo en la prosperidad hay que recordar los momentos difíciles que nos han llevado hasta allí. Así nos mantendremos humildes y agradecidos. Si no hubiera sido por el sostenimiento mediante la gracia del Eterno, nunca hubiéramos podido llegar a donde estamos en estos momentos.

Como podemos apreciar, la Torah no nos cuenta cosas sin razón. Siempre hay en ella una enseñanza que podemos tomar para nuestras vidas.

La vida es un constante viaje. Es un viaje permanente desde que nacemos: de la infancia a la juventud; de esa juventud, a la edad adulta; de la edad adulta a la ancianidad; de la ancianidad a… Y en un viaje hay dos aspectos:

  1. tanto cuanto hayas viajado hasta ahora, hay más para viajar y
  2. aunque sólo hayas hecho un viaje, ¡no deja de ser un viaje!

Esos cuarenta y dos viajes, no son simplemente estaciones, son más bien episodios de vidas. Son nuevos viajes que traen enseñanzas. Hay instancias en nuestras vidas que pueden ser consideradas hitos: finalizar una carrera, iniciar una familia, obtener el empleo soñado, materializar algún proyecto largamente deseado… A pesar que la consecución de las metas nos genera satisfacción, pronto descubrimos que siempre hay nuevos caminos por explorar, experiencias inesperadas acechando en la vuelta de la esquina. En definitiva, nuestras vidas no son mas que un entramado de viajes continuos, efímeros, inconclusos y no siempre satisfactorios.

Eso es lo que todos nosotros vivimos durante nuestra existencia para llegar a entender lo que somos. Para llegar a descubrir quiénes somos… mediante una continua búsqueda del camino correcto. Todos hemos vivido vidas diferentes en la vida única que hemos tenido. Esos han sido nuestros personales viajes de aprendizaje, que no son detenciones para descansar en un largo caminar.

Nunca un día es igual a otro día. Nunca un instante se repite y dentro de ese continuo y distinto pasar, debemos elegir el mejor camino para lograr como meta de nuestro corazón… la ALEGRÍA (simjah) del VIVIR.

Todos nosotros hemos emprendido muchos viajes a lo largo de nuestras vidas, tanto físicos como espirituales. Hacemos muchas paradas en el camino. Estas paradas son importantes, son etapas hacia nuestro destino. Todo es muy fácil, una vez que llegamos y nos olvidamos de lo que pasamos. A veces, nos olvidamos de las personas que nos ayudaron durante el recorrido.

La Torah nos recuerda que a pesar de que hayamos llegado a nuestro destino, siempre debemos ser conscientes del camino que nos llevó y no dar por sentado sobre lo que nos han alentado y guiado a través de nuestros “viajes”. Esas etapas previas pueden parecer como “piedras” en el camino una vez que llegamos a la meta, pero son importantes. En su momento, representaron un paso más cerca hacia nuestro destino. Siguen siendo importantes ahora, porque sin ellos no estaríamos donde nos encontramos.

Desde esto, aceptamos que a nivel espiritual, nuestra vida también es un viaje de una etapa a otra, y esto es ilustrado por nuestra parashá, el salir de Mitzraim fue solo el comienzo. Salimos de las estrecheces (hebreo meitzarim) para iniciar un camino de elevación y perfeccionamiento en nuestro viaje a la Tierra Prometida, aquella en la que construiremos una morada para el Eterno en este mundo.

En otro sentido, el momento en que decidimos liberarnos y dejar atrás todo aquello que nos esclaviza y nos impide crecer como seres humanos, no es un evento único e irrepetible. Muy por el contrario, es un proceso continuo, que durará mientras tengamos aliento.

Así como el peregrinar de Israel en el desierto solo tenía sentido por tener un objetivo y una guía claros, el entramado de viajes que constituye nuestra vida no tendrá sentido alguno si no tomamos como guía a Aquel gracias el cual respiramos, nos movemos y somos.

Un joven estaba viajando desde Jerusalem hasta Galilea. Llegó a un cruce de caminos de cuatro vías y vio que el cartel se había caído. Ahora no tenía forma de saber qué camino tomar. ¿Qué iba a hacer?

La respuesta fue simple. Sabía de donde venía, Jerusalem. Arreglando entonces las señales de tal forma que Jerusalem quedara apuntado el camino en el que venía, pudo darse cuenta de qué camino tomar.

Cuando sabemos de dónde venimos, podemos saber hacia dónde nos dirigimos. Esta porción de la Torah nos recuerda esto. Que todos podemos luchar y, finalmente, llegar a nuestro destino:

«… hasta que todos lleguemos a la unidad de la ciencia y el conocimiento del Hijo de Dios, un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.»

(Efesios 4:13)

En conclusión, la parashá Masei nos enseña que todos los viajes son parte del gran viaje hacia la redención mesiánica. A pesar de los obstáculos y las amenazas que encontremos en nuestros viajes no debemos olvidar algo: los descensos de las travesías son parte integral del ascenso. Entonces, cuando nos encontremos en las llanuras de la incertidumbre, no nos debemos desesperar. Por el contrario: es el momento en que debemos fortalecernos con mayor intensidad y vigor, teniendo presente de que justamente en ese momento (el momento en que todo parece más sombrío) está a punto de suceder la más grande y extraordinaria elevación: la verdadera y completa redención a manos del Mashiaj.

Los bendigo, declarando Shalom para sus vidas.

¿Niños en la Cueva de Tailandia o en los Brazos de Israel?

Por David Nesher

 

Todos sabemos que los medios de comunicación masiva, actúan muchas veces con mala intención, informando mal a la gente, especialmente cuando se trata de Israel.

Pero creo que es importante destacar en medio de la alegría que todos tenemos de este rescate victorioso que Israel y su acción solidaria internacional estuvo no sólo presente, sino que fue vanguardia en toda la praxis rescatista ejercida.

Recordemos que los niños de la cueva en Tailandia estuvieron 10 días incomunicados sin que las autoridades supieran de su ubicación .

Los muchachos, entre los 11 y 16 años, son integrantes de un equipo de fútbol. Quedaron atrapados por una inundación repentina en la inmensa maraña de cuevas de 10 kms de extensión después de un partido de fútbol.

Los primeros intentos de rescate se vieron obstaculizados no sólo por las aguas que seguían subiendo, sino por la falta de comunicación entre los rescatistas, pues los sistemas de comunicación existentes no podían funcionar en la complejidad de las cuevas, situadas en la región de Chiang Rai, al norte del país.

Fue cuando llego un equipo israelí con la tecnología Maxitech de la compañía Ness que se logró establecer una red de comunicación casi perfecta que hizo que todo el mundo supiera donde y como estaban.

El 25 de junio, el ingeniero de software de Maxtech, Yuval Zalmanov abordó un avión con 17 unidades de radio Max-Mesh de emergencia de la compañía rumbo a Tailandia con el objetivo de entrenar a los rescatistas en su uso. La compañía no cobró por el uso de los equipos y el entrenamiento.

Zalmanov se convirtió en parte integrante y primordial del equipo de rescate, que estaba compuesto por fuerzas especiales tailandesas y expertos del Reino Unido, China, Australia y Estados Unidos.

El dispositivo de Maxtech parece un walkie talkie, pero opera con algoritmos de software que permiten que los usuarios se comuniquen entre sí a una distancia de hasta 3 kms.

Israel en silencio y dentro de la cueva desconocida e inundada de agua estuvo trabajando sin ningún interés político, pero una vez más la prensa internacional no se hizo eco de este milagro y tecnológico israelí.

Por ello, decidí escribir esta bitácora para todos mis familiares y amigos a fin de que veamos una vez más la poderosa mano del Eterno, actuando a través de Su Comunidad, Israel.

¡Que tome nota la prensa!

Estableciendo Prioridades Correctas.

Por P.A. David Nesher

«Los descendientes de Reuvén y de Gad tenían mucho, muchísimo ganado. Cuando observaron la tierra de Yazer y la tierra de Guilad, ubicadas al este del Yardén* (Jordán), vieron que el lugar eran aptas para ganado…la tierra que YHVH conquistó delante de la congregación de Israel es tierra para ganado; y tus siervos tienen ganado. Y le dijeron: “Si nos hemos congraciado contigo, que esa tierra nos sea entregada a nosotros —tus servidores—, en propiedad eterna. Por favor, no nos hagas atravesar el Yardén para hacernos establecer allí.

(Números/Bamidbar 32:1; 4-5)

Antes de conquistar la Tierra Prometida, integrantes de las tribus de Reuven y Gad (más tarde acompañados por media tribu de Menashé), se adelantan para pedirle a Moshé los territorios del reino de Sijón, rey del emoreo, y de Og, rey de Bashán, en lo que hoy es Transjordania (más allá del Jordán). Lo solicitan como su porción de la herencia, siendo estas tierras aptas para la cría de ganado y ellos tenían abundantes rebaños.

Ante esta solicitud, Moshé los regaña con dureza. ¿Por qué? En realidad, los códigos de este pasaje revelan que Moshé no estaba enojado porque ellos estaban eligiendo quedarse fuera de los límites de Israel; en realidad ellos estaban ayudando a expandir chispas de santidad por todo el mundo, al extender la Kedushá/Santidad del Creador. Por el contrario, Moshé se molestó con las tribus de Reuvén y Gad por el erróneo orden de prioridades que demostraron, poniendo los negocios y necesidades de su ganado por encima de las necesidades psicofísicas de sus hijos (Num 32:4, 32:16).

Para darnos cuenta de esto, los invito a leer nuevamente el versículo 16, donde podemos apreciar que el ganado es mencionado antes que los hijos. Evidentemente los niños no eran apreciados por los hijos de Gad y de Reuvén. Esto explica por qué ambas tribus habían menguado durante los 38 años en el desierto. Los jefes de familia de estas tribus estaban más interesados en sus negocios que en su familia.

Así la Torah revela el eterno problema de todo varón, preocuparse más por su vida laboral y su estado financiero que por sus propios hijos. Y esto es una iniquidad que atraviesa las generaciones, así podemos comprobarlo si leemos el libro de Génesis cuando dice: “Entonces Reuvén habló a su padre, diciendo: Puedes dar muerte a mis dos hijos, si no te lo traigo; ponlo bajo mi cuidado, y yo te lo devolveré.” (Gn. 42:37) Es bien claro que la actitud del patriarca Reuvén en cuanto a la valoración de sus hijos era lamentable ya que él no valoraba la vida de sus hijos. Él no captó la sabiduría de lo alto que enseña que el valor de una persona supera el valor de los negocios.

Moshé, discerniendo este error de prioridades, corrigió esa actitud egoica, diciendo: “Edificaos ciudades para vuestros pequeños, y apriscos para vuestras ovejas…” (versículo 24), poniendo así a los niños antes que a las ovejas.

Comprendiendo esta codificación yahvista, logramos entender mejor el oráculo del profeta Oseas cuando profetizó a esta zona de Israel diciendo:

Guilad es ciudad de malhechores, con huellas de sangre.
(Oseas 6:8).

Evidentemente, de acuerdo a este oráculo de Oseas, en el siglo VIII a.E.C., la zona ubicada al oriente del río Yardén, donde se establecieron las dos tribus y media, era muy conflictiva. El profeta describe que allí la vida humana sufría diariamente una devaluación considerable. Esa será la razón por la que esta zona necesitaría tres ciudades de refugio para dos tribus y media, en contraste con las tres ciudades de refugio para las nueve y media tribus del otro lado del Yardén. Esto nos enseña que la violencia y el bajo valor del ser humano dominaban el área de las dos tribus y media, y habían convertido a esa zona en un hervidero de inseguridad social.

Por causa de esto, esta área terminó siendo la que más sufrió en las guerras contra los enemigos de Israel, y los que vivían allí fueron los primeros en ser llevados al cautiverio por los asirios y los demás pueblos en el año 722 (a.E.C.).

Reflexionando en esto, comprenderemos por qué los expertos en las ciencias sociales aseguran que una sociedad donde la profesión, el trabajo y la empresa preceden a la educación y supervisión paternal de los hijos, termina convirtiéndose en una sociedad enferma, destinada a hundirse en actos de corrupción.

Por todo esto, pido a cada varón que lee esto, especialmente los que ya son padres, que se ejerciten por medio de la oración y el estudio de la Torah en tener en alta estima a sus hijos.

Precioso varón de Yahvéh, no permitas que otros, allá afuera, los eduquen. Separa un tiempo para estar con ellos. Dialoga con ellos; edúcalos, instrúyelos, corrígelos en amor, y juega con ellos revelándoles cuánto los aprecias. Recuerda siempre que en la cosmovisión divina los hijos son mucho más importantes que tu profesión, trabajo o negocio. Acepta lo que Abba nuestro te dice hoy: ¡tus hijos necesitan mucho más de tu tiempo que de tu dinero!

¡Anhelo que esto te haga volver en sí y logres reconfigurar el orden de tus prioridades!

Las Cinco Señales de Sanación y Protección de Pinjás

Por P.A. David Nesher.

Esta porción de la Torah, llamada Pinjás, es muy particular ya que existen en ella lo que se conoce en hebreo como «simanim«, que significa señales. Esto término se refiere a una curiosidad llena de misterios que tiene la Torah, ya que ella fue escrita por Moshé, inspirado por el mismo Yahvéh. Lo cierto es que en ciertos momentos especiales del texto, el mismo se ve escrito por letras que aparecen más chicas o más grande que lo normal, o cortadas en su estructura, etc.

Pues bien, esta sección presenta cinco sinamin tales como una yud pequeña en el nombre mismo de Pinjás; una vav dividida en la palabra «shalom«; un espacio en medio del versículo; una nun sofit especialmente grande, en la palabra «mishpatan«; así como un punto sobre una vav en la palabra «isarón«. Todos estos son acontecimientos únicos y especiales, pues no es nada común que este tipo de señales aparezcan en la Torah. Esto es lo que convierte a esta sección en una fuente de información celestial, llena de códigos que señalan a la Era Mesiánica.

La Historia de Pinjás y sus maravillas encriptadas.

Pinjás es un héroe que en forma absolutamente desinteresada, arriesgando su posición personal, salva al pueblo de Israel de una terrible plaga (hbr. meguefá) propiciada por la perversa acción de Zimri, príncipe de la casa de Shimón, quien sucumbe ante la seducción de la midianita Kozbí bat (hija de) Tzur, sosteniendo relaciones sexuales públicamente, ante todo el pueblo de Israel.

Ante el riesgo de que Israel perdiera los privilegios del sacerdocio (hebr. kehunah), se nos relata que Pinjás, que no era sacerdote, tomó su lanza, que hebreo se dice rómaj, y prensó con ella a los transgresores causándoles la muerte. Sin embargo, este acto permitió que la megefá (plaga) se detuviera. Por ello, Pinjás es reconocido por el Eterno quien no sólo no le descalifica para el sacerdocio, sino que se lo otorga eternamente; a él y a sus descendientes. Resultará interesante aquí mencionar que la expresión rómaj (lanza) tiene un valor guemátrico de 248. Este número coincide con la cantidad de palabras que conforman el Shemah Israel, y con las 248 partes corporales que la cosmovisión hebrea contempla como «eibarim». Por ello, las palabras del Shemah están estrechamente relacionadas con la unificación del alma y el cuerpo.

Por otro lado, el nombre de nuestro padre Abraham, tiene como valor guemátrico 248, razón por la que esta cifra nos remite al aspecto de la misericordia y del dar del Eterno. Por ende, cuando se nos informa en la Torah que Pinjás prensó a los transgresores con su lanza (-romaj-) causándoles la muerte, en realidad se nos habla de como la fuerza del amor y la misericordia lo puede todo, derrotando al mal en su expresión más intensa, por medio del celo de Dios. Es decir, que el acto de Pinjás no fue un asesinato, sino una acción heroíca, llena de celo, que estaba poniendo en orden aquello que se había desconectado del pacto del Eterno con Abraham mismo. Pacto que estaba bien sellado y simbolizado en el brit milah o circuncisión. Entonces, debemos aceptar que Pinjás fue premiado por el Eterno a causa de esta actitud apasionada, propia de la madurez emocional, que es ejercer el celo para que las cosas transicionen del caos al mundo rectificado.

Por lo dicho hasta aquí, nos es necesario dejar a un lado el relato textual e histórico, y considerar las profundidades de la codificación de los secretos que la Torah contiene, entendemos que Pinjás es una forma de conciencia mesiánica a la que podemos ascender por medio de Yeshúa, y que se nos hace especialmente accesible en este Shabat.

¿Cuáles son las características de esta forma de conciencia llamada Pinjás?

Pinjás simboliza el potencial máximo de cada uno de nosotros. Potencial que se manifiesta al asumir nuestra responsabilidad espiritual frente a sí mismos y frente a los demás, adoptando un compromiso existencial para llevar a cabo esa responsabilidad. Esta fuerza es la que a los redimidos nos permite presentarnos en la sociedad, no sólo como gente que se porta bien, y por tanto, tiene una buena moral, sino más bien como gente ubicada en una posición totalmente pro-activa, debido a que encontró su misión de propósito, y está dispuesta a luchar por ella, arriesgando el todo por el todo.

Así como las fuerzas del mal son perseverantes e implacables, la fuerza simbolizada en Pinjás nos anima a continuar enfocados constantemente en nuestra misión inyectándole diariamente pasión, más allá de los retos que se presenten diariamente para desmotivarnos e instarnos a claudicar. A esto se lo conoce como el celo de Dios (en hebreo kinah).

  1. La yud pequeña en el nombre de Pinjás, representa a la humildad. Virtud primordial e indispensable que necesitamos para hacer efectiva la fuerza del celo en nosotros. La humildad nos deja el entendimiento de que, al abandonarnos a la buena y perfecta Voluntad del Creador, nuestro Padre, minimizando nuestra agenda personal y nuestros intereses egoístas, nos convertimos en canales auténticos para traer Luz Infinita y abundancia a nuestras vidas y a los nuestros. Nos asumimos canales del Creador por lo que toda arrogancia sostenida en distintos títulos sociales cae, ya que es sólo desde la humildad que podemos estar en el lugar que el Eterno nos quiere: recibiendo de Él para dar a nuestro entorno.
  2. La vav dividida en la palabra shalom, que significa al mismo tiempo paz, perfección y plenitud, representa a la oportunidad que nos da el Eterno para actuar como co-creadores, restaurando nuestro ser y nuestro mundo. Oportunidad que nos permite intervenir en la creación, a manera de socios. Pero, esta chance sólo se puede aprovechar cuando, ya humildes, nos presentamos al Señor con un espíritu contrito, es decir, un corazón roto que quiere convertirse de duro a blando para así experimentarse realmente como una persona humana totalmente íntegra (entera, completa). Es decir, que la unión con lo espiritual y lo físico se logra mediante un trabajo de alianza entre Yahvéh y su primogénito. Esto nos convierte en verdaderos sacerdotes
  3. El espacio dentro del versículo, después de la palabra «maguefá» (plaga) que significa epidemia. Esto nos habla de nuestra capacidad de blindaje e inoculación que tenemos en contra de las fuerzas de la enfermedad, misma que se manifiesta no sólo como un impedimento o merma en nuestro cuerpo, sino como toda forma de desconexión con el Flujo Divino, desde el enojo, la envidia, el miedo, hasta el odio, la guerra y la destrucción provocada por el ser humano.
  4. La nun sofit en la palabra «mishpatán» (27:5) es la protección ante el juicio severo y la caída (nefilah).  Nos habla de nuestra protección de una de las tendencias destructoras que acosan al ser humano: el afán de juzgar con severidad al prójimo, cuando lo vemos caído. Si esperamos misericordia y oportunidades en nuestra vida, atendiendo a la ley de causa- efecto, debemos asumirnos como seres misericordiosos, tomando en cuenta no sólo los rasgos negativos de los demás, dando oportunidad a la reivindicación de los demás. Esta nun sofit habla de nuestra vacuna contra la nefilah (caída).
  5. El punto sobre la vav, en la palabra «isarón» (28:13) nos remite a infundirnos con la fuerza del compartir. La vav representa el conducto de la Luz de abundancia, en este caso específico. Por tanto, es un llamado divino a provocar abundancia en nuestra vida, y el mundo a través de las acciones de compartir. Esta cualidad de plenitud solamente se dará cuando desarrollemos la capacidad de estar constantemente en flujo, es decir, en recibir del Eterno para dar a nuestro entorno y rectificarlo.

Así, y de acuerdo a las enseñanzas de estas cinco señales (sinanim), la parashá Pinjás encierra el secreto de la sanación y la protección. Es a través de conectarnos a la Torah en los términos anteriormente descritos que nos infundimos con una formidable energía de sanación del cuerpo y del alma, que garantiza la protección que otorga la Ira divina.

Por todas estas maravillas, quiero invitarlos a que aprovechemos este enorme regalo que el Creador nos brinda y asumamos nuestro papel de sanadores. Sanadores para nosotros mismos y sanadores para el mundo.

Meditemos en traer paz a la Tierra de Israel, sanación a las almas hambrientas por la Palabra de Dios, que anhelan la trascender del caos, la muerte, y el sufrimiento, que el sistema reptiliano les ocasiona.

Que el Eterno, nuestro Abba, nos conceda su Gracia en Yeshúa el Mesías, Su Hijo, para sanarnos de todo aquello que nos distancia de Él y que pronto veamos emerger su Gloria Suprema trayendo la Unidad y la Paz entre su pueblo Israel y entre todos los seres humanos. Amén.

En el video que a continuación les comparto, podrán apreciar las cinco sinanim en el texto hebreo de la Torah, y lograran captar más profundamente, lo que aquí les he explicado:

También los invito a ampliar el conocimiento de los códigos encriptados en este texto estudiando: 

¿A Quién Mató Pinjás?

¿Por qué se Trenza la Jalá?

Por Chana Weisberg

 

Shabat representa la idea de la unión. Los seis días de la semana son el paradigma de la diversidad. Representan las seis direcciones de nuestro mundo tridimensional: norte, sur, este, oeste, arriba y abajo. Durante estos días, estamos en una búsqueda hacia el exterior llenos de acción e iniciativa tratando de dominar nuestro entorno.

Shabat, representa el punto interno. Shabat apunta hacia adentro y está lleno de unión y de paz que vienen con esa búsqueda interior. Es por eso que nos saludamos con un “Shabat Shalom!”, es decir, «¡que tengas un Shabat de paz y unión!».

Shabat también representa la conciencia de absorber las bendiciones de los seis días laborales y re-direccionarlas a nuestros hogares y vidas.

Tal vez el trenzado de la jalá que se come en la mesa de shabat, también, represente esta idea de fusión: todo se unifica y trae toda la diversidad a nuestra vida para una unión pacífica y armónica que sólo el Shabat puede lograr.

Muchos jalot son trenzados con seis tiras de masa. Los dos jalot juntas (tres y tres tiras) son simbólicas de los doce panes que se colocaban cada shabat en la mesa en el Templo Sagrado.


Recomiendo leer también los siguientes ESTUDIOS:

¡Para Dios Eres Único! (Parashá Bamidbar)

 

«Hagan el censo de toda la asamblea de Israel …»

(Bamidbar/Números 1: 2)

 

Esta semana hemos comenzado la lectura e investigación de la primera parashá (sección) del libro Bamidbar (Números), que también se conoce como «el Libro de los Números«. Los traductores primigenios le dieron también este nombre debido a que Yahvéh solicita el censar en Israel para darnos la bienvenida al número de integrantes que lo formaban en ese momento. Es usual que los derechos se ajustan a las necesidades de cada uno de los miembros que lo componen. ¿Acaso el Eterno necesita solicitar un conteo para recabar estos datos? ¡Es absurdo pensar que Yahvéh lo requiera! Entonces, ¿cuál es el objetivo de este censo?

Yahvéh, a través de Yeshúa HaMashiaj, es nuestro Padre. Todos sabemos cuánto cariño un padre dispensa a su hijo. Sin embargo, no conocemos a padres que para demostrarlo se dediquen a contar a sus hijos. Más aún, el Libro de Shemot (Éxodo) comienza a mencionar a los hijos de Yaacob Abinu (Shemot/Éxodo 1:1) Comenta Rashi: “aunque la Torá ya los había contado por Sus nombres en vida, vuelve a contarlos PESE una cola ya habían muerto con el propósito de dar a conocer el cariño que el Eterno les tiene, pues habían sido comparados con las estrellas a las que Yahvéh saca y mete por número y por sus nombres, como dice el versículo: Aquel que saca por número a Sus ejércitos, a todos llama con un nombre » [Yeshayá 40:26; Shemot Rabá 1:3].

La Torah revela que cada uno de los integrantes del Pueblo de Israel es como una piedra preciosa ante los ojos del Eterno. Es como alguien que posee un tesoro y no se cansa de contar y contemplar cada una de sus piezas, valorando desde la más pequeña hasta la más grande, ya que todas son valiosas. De igual forma, no hay diferencias ante los ojos de Yahvéh; todos sus hijos valemos por igual, todos somos parte de Su tesoro, no importa el cargo ni la posición social ni el coeficiente intelectual. Ni siquiera nuestro nivel espiritual cuenta a la hora de supervisar cada uno de nuestros movimientos. Amado es el Pueblo de Israel, pues ellos son llamados Hijos de Yahvéh.[Pirké Abot 3:14]

Él confirió a Israel las coronas de la Torah, del Sacerdocio y de la Realeza.[Rambam, Talmud Torá 3:1] Por eso, cuando ordenó contar al pueblo utilizó la palabra seú, que además del significado literal, que es “cuenten”, también significa “eleven”. Fuimos contados para que cada judío se percatara de que es un ser único y especial.  El calificativo no sólo nos enorgullece, sino que nos obliga, nos compromete a vivir en forma honesta y bajo los lineamientos que el Eterno nos dio. Con esta expresión, Yahvéh quiere mostrarnos que cada uno posee características diferentes y que cada quien tiene un valor, un propósito y una misión determinados en el mundo.[R Shimshon Raphael Hirsch; Seforno]

Debes tener presente que nunca hubo una persona exactamente igual a ti, ni la habrá hasta el final de los días. Eres una persona singular, que posee una combinación precisa de talentos. El Eterno te colocó en un hogar en un determinado momento de la historia y en un lugar exacto. Yahvéh te asignó una tarea específica. Gozas de una porción especial en la Torah. El mundo, en su totalidad, te espera. No existe otra persona que pueda cumplir tu misión particular en la vida.

La palabra Adam, que es como nombró el Eterno al primer hombre, no tiene plural en hebreo, enseñándonos así que no existe suplente para lo que cada uno debe hacer.

 

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores estaban muriendo. El roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el pino.

El rey fue a observar al pino y lo halló caído, porque no podía dar uvas como la vid.

El rey se acercó a la vid y la encontró agonizante, argumentando que no podía florecer como la rosa.

La rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el roble.

El rey caminaba cavilando sobre la deplorable situación en la que se encontraba su jardín. Entonces encontró una planta, una hermosa orquídea que florecía e irradiaba una belleza como nunca antes había visto. El monarca se alegró y le preguntó:

_ “¿Cómo es que creces tan saludable en medio de este jardín inconforme y sombrío?”.

_ “No lo sé, su majestad”, respondió la flor. “Quizás sea porque siempre supuse que cuando usted me plantó, quería una orquídea. Si su majestad hubiera querido un roble o una rosa, los habría plantado aquí. Por eso desde el momento en que me sembró, me dije: ‘¡Intentaré ser orquídea de la mejor manera que pueda…!”.

[Historias, cuentos y reflexiones, pág 45; Nelly Kaufman K. de Klein]

Debemos aceptar que cada uno de nosotros es una personalidad importante e insustituible. Por ello, hay que procurar ser auténticos y hacer lo que realmente nos corresponde. Si buscamos imitar a otros, nunca lo conseguiremos, pues no poseemos ni las virtudes ni el permiso del Cielo para ocupar su lugar. Así, debes mostrarte tal como eres. Ten presente que el Eterno te creó con características que sólo tú posees. No existe otro en el mundo como tú.

Esto debe hacerte sentir dichoso y seguro, mas no altivo. ¿Acaso existe alguien que pueda atestiguar sobre sí mismo que se comporta de acuerdo con todos los requerimientos que debe cumplir alguien querido por Yahvéh? La persona que se considera importante no puede vestir cualquier clase de ropa sólo porque todos los demás lo hacen, ni tampoco comer en cualquier lugar público o cometer errores que quizá otra persona sí podría cometer. Por el contrario, debe ser un ejemplo en toda su vida, ya que permanentemente es observado por todos para ver su proceder. *La persona que busca comportarse como Yahvéh desea, debe estudiar el Manual de Instrucciones (la Torá), donde se detalla cuál debe ser la conducta, el criterio y la forma en que cada hebreo logre su cometido, y cuando se presente delante del Rey de los reyes, podrá decir con orgullo: “¡Misión cumplida!”.

Cada hebreo es hijo único del Eterno.”

 

 

© Autor anónimo (me llegó por Whatsapp)


Te invito a que puedas ahora escuchar este SEMINARIO dado a líderes del Ministerio:


Herramientas Cósmicas para Prolongar la Vida

«Y observaréis sus estatutos y mis juicios, pues cumpliéndolos el hombre vivirá por ellos; Yo soy el Eterno.»

(Levítico/Vayikrá 18:5)

 

Este texto nos muestra que hay vida en la obediencia a los mandamientos. Según el sabio intérprete (exégeta) judío Rashí, esto hace alusión a la vida eterna en el Mundo Venidero (Olam HaBá), ya que en este mundo el ser humano muere en definitiva. Sin embargo, la pregunta que surge es: ¿Hay vida eterna en el cumplimiento de la Torah o hay una larga vida en la tierra? La respuesta es: ambas cosas. En verdad, hay mandamientos que producen una vida larga debajo del sol y hay otros mandamientos que fueron dados para dar vida eterna al hombre. Por ejemplo el mandamiento que nos ordena creer en el profeta como Moshé (cf. Deuteronomio 18:15, 18) es uno de los que dan vida eterna, como está escrito en:

“Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús (Yeshúa), y serás salvo, tú y tu casa.”

(Hechos 16:31)

El apóstol Pablo, escribiendo a los discípulos de Roma enseñaba:

“Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios. Porque el Mesías es la meta de la Torah para justicia a todo aquel que cree. Porque Moshé escribe que el hombre que practica la justicia que es de la Torah, vivirá por ella. 

Además, la justicia que es de la fe, dice así:

NO DIGAS EN TU CORAZÓN: «¿QUIÉN SUBIRÁ AL CIELO?» (esto es, para hacer bajar al Mesías), o «¿ QUIÉN DESCENDERÁ AL ABISMO?» (esto es, para subir al Mesías de entre los muertos). Mas, ¿qué dice? CERCA DE TI ESTA LA PALABRA, EN TU BOCA Y EN TU CORAZÓN, es decir, la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca a Yeshúa por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.”

(Romanos 10:3-10)

Pues bien, considerando todo texto en el contexto correcto de la Instrucción, podemos afirmar que no existe contradicción alguna entre Moshé (Moisés) y Yeshúa (Jesús). Si fuese así, Yeshúa sería un falso mesías. Lo que el escritor a los Romanos enseña en el capítulo 10, es lo mismo que se revela en Levítico (18:5). Hay vida para aquel que practica la Torah, porque ella lleva a la persona humana al Mesías y a la justicia de la fe, la cual está citada en la Torah (cf. Deuteronomio 30:12-14). El problema surge cuando una persona intenta usar aquellos mandamientos que no son dados para vida eterna y cumplirlos en su propia fuerza para así obtener la salvación de su alma por los propios méritos.

Otra enseñanza falsa, que existe dentro de la parte apóstata del judaísmo (como los kabalistas), es que uno tendrá el derecho de entrar en el mundo venidero si las obras buenas pesan más que las obras malas. Esos caminos son engañosos y sumamente combatidos en Los Escritos Mesiánicos por los apóstoles del Mesías. Por ejemplo, permítanme compartirles lo que dice la traducción hecha por Dr. David H. Stern de Gálatas 3:12:

“Sin embargo, el legalismo no está basado en la confianza y la fidelidad, sino en una mala interpretación del texto que dice, EL QUE LAS HACE, VIVIRÁ POR ELLAS.”

Retomando el hilo conductor de nuestro versículo, diré que en el mismo se revela que la obediencia a los estándares de Yahvéh sobre la conducta sexual es esencial para la vida, y mucho más ahora es verdad en nuestros días donde prolifera el SIDA y otras enfermedades sexualmente transmitidas.

Lo que más llama la atención es que en nuestro versículo se habla de» אדם «, «Adám«, traducido como persona humana. Esta idea incluye a cualquier hombre, sea varón, sea mujer, de cualquier confesión. Es decir que la Torah en este caso no está hablando ni a los Kohaním (sacerdotes), ni a los levíim (levitas), ni a Israel, exclusivamente, sino a toda persona humana que quisiera aceptar los enunciados de la Torah. Esta idea tocó su punto culminante cuando los sabios del Midrásh dijeron: «Afilu goi vehosók baToráh Haré Hu que-Kohén Gadól» o sea que «cuando un gentil se dedica a la Toráh, es comparable en mérito al Sumo Sacerdote de Israel«.

Así el Eterno recalca que los mitzvot (mandamientos) son fuente de vida según la predisposición que tenga la persona al cumplir con los mismos. Yahvéh nos enseña que existen distintas motivaciones (entre los distintos grupos de personas) para la observancia de los preceptos de la Torah; pues hay algunos que observan pensando en la recompensa material de los mismos, mientras que otros observan la Torah desinteresadamente, buscando simplemente elevación espiritual.

Por eso, cuando los versículos de la Toráh hablan de la recompensa por el cumplimiento de las mitzvot, dicen: … «para que se prolonguen tus días» … «para que vivas y tengas largos días» … ya que este lenguaje de los versículos implica distintas categorías de «vida«, todas de acuerdo con lo que correspondiere a cada cual de los grupos de personas enunciadas.

Cuando leemos «…el hombre vivirá por ellos«, debemos entender que estas palabras han servido de base inequívoca para la idea enunciada de que los mitzvot (mandamientos) son fuente de vida, y no de muerte:  «Vajai bahém, Velo Sheiamut bahém«, es decir para que viva con ellos (los preceptos) y no para que muera por ellos. Por lo tanto, todos los mitzvot pueden ser transgredidos cuando la vida humana está en peligro. Sin embargo, esta ley general está limitada por tres excepciones, a saber:

  1. ejercer la idolatría,
  2. incurrir en derramamiento de sangre, y
  3. incurrir en relaciones incestuosas.

¡Por favor, eniténdalo bien! Un mitzvá (madamiento) es una conexión entre el mundo del ser humano y una Fuerza Superior, Su Fuente, Yahvéh, el Creador. A través de un mitzvá, usted toma parte de su pequeño mundo terrenal y lo hace más elevado.

¿La meta? Obtener de la vida todo lo que la vida debe darle. Y convertir al mundo en lo que el mundo debe ser. Porque la vida debe ser hermosa y el mundo debe ser divino.