“Extendió Moshé su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas en toda la tierra de Egipto por tres días. No se veían unos a otros, nadie se levantó de su lugar por tres días, pero todos los hijos de Israel tenían luz en sus moradas.”
(Éxodo/Shemot 10:22-23)
La novena de las diez plagas que visitó a Egipto (Mitzrayim) fue la plaga de la Oscuridad o Tinieblas. Esta era una demostración prominente de la grandeza de Yahvéh sobre el dios egipcio Ra, el dios del sol, y también Atom, Horus, deidades solares guardianes de la luz.
Estas tinieblas no fueron de la clase que nosotros conocemos, sino que era una oscuridad que tenía un elemento sobrenatural la cual la hacía palpable (era como un como un gel inmovilizador), y no hacía posible la existencia de la luz. Aunque encendían fuego, este no emitía luz. La oscuridad era como una ceguera en la cual las personas se chocaban unas con otras. Fue tan espesa que » ningún hombre se levantó de su lugar, quien estaba sentado no pudo pararse, y quien estaba parado no pudo sentarse». Todos estaban quietos en sus lugares durante tres días. Pero los hijos de Israel tenían luz en sus hogares.
No sabemos si esto era debido a que Yahvéh los libró de esta plaga o porque el Eterno les permitió Su presencia única, la cual les trajo una luz sobrenatural.
Lo cierto es que, según la revelación de la Torah, la Luz no es solamente una propiedad física; es un aspecto del carácter del Eterno. Dios es Luz, y no hay ningunas tinieblas en Él (1 Juan 1:5). En el juicio, Yahvéh puede retirar Su presencia tan significativamente que el vacío que queda es tinieblas que cualquiera puede palpar.
Por eso, debemos entender que la plaga física de la oscuridad tiene su raíz en la oscuridad espiritual que genera el alma humana, que puede ser definida como ausencia de la presencia revelada del Eterno.
La oscuridad, por naturaleza, produce dos obstáculos:
? Primero:ceguera o confusión («ninguna persona podía ver a su hermano«) y ? Segundo:inmovilidad o miedo paralizante («ninguna persona podía elevarse de su lugar«).
Al reflexionar en esta plaga entendemos lo que significa que los hijos de Luz andamos en luz y los hijos de las tinieblas están esclavizados cada uno en su “lugar”. La expresión hebrea «su lugar» es una metáfora de su atadura a la oscuridad; significa que los hijos de tinieblas (seres humanos sensuales) no logran levantarse de esta oscuridad para ver la luz de Elohim.
En este momento, debemos aceptar que hay dos planos existenciales, el Reino de la Luz, donde gobierna Yahvéh, sobre los que andan en la obediencia, y las tinieblas, donde domina el Satán (adversario) sobre los que andan en la desobediencia.
Según las Sagradas Escrituras, los tres días de tinieblas aluden a la muerte del Mesías, como paso de redención para los escogidos. Por ello, estar en Yeshúa es contar con el privilegio de haber entendido la buena noticia (heb. betsorá o evangelio en gr.) que el Eterno tiene para los que se encuentran en tinieblas; ésta asegura que podrán pasar de allí al Reino de la Luz Admirable del Eterno:
“Moradores de tinieblas y de sombra de muerte, prisioneros en miseria y en cadenas, porque fueron rebeldes a las palabras de Dios y despreciaron el consejo del Altísimo; humilló pues, sus corazones con trabajos tropezaron y no hubo quien los socorriera. Entonces en su angustia clamaron a Yahvéh y Él los salvó de sus aflicciones; los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte y rompió sus ataduras. Den gracias a Yahvéh por su misericordia y por sus maravillas para con los hijos de los hombres.” (Salmo 107:10-15)
Los discípulos del primer siglo eran conscientes de haber participado de esta transición redentora:
“Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” (1 Pedro 2:9)
Esta conciencia de ser hijos de Luz fundamentó la motivación de la proclamación de la Buena Noticia con la que las primeras comunidades salieron impulsadas por las naciones:
“ … para que abras sus ojos a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados.” (Hechos 26:18)
“Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado.” (Colosenses 1:13)
“ … porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas.” (1 Tesalonicenses 5:5)
En conclusión, lo que tuvo lugar en Egipto no fue simplemente ausencia de luz, sino que fue algo mucho más serio, que provocó todo tipo de ansiedad, dolor, tragedia y malestar físico. Y esto vino sin aviso. El Espíritu de la Profecía dice que esta plaga vendrán sobre la tierra al final de los siglos:
“El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se quedó en tinieblas, y se mordían la lengua de dolor.” (Revelación 16:10)
Si analizamos bien lo hasta aquí considerado debemos aceptar que ya vivimos en un tiempo de gran oscuridad espiritual. En estos días los seres humanos se chocan violentamente unos contra otros en su ceguera o confusión. Tratan de encontrar un «gurú» que les brinde “espiritualidad” para obtener una elevación en el más allá, cuando aún no se descubren en el aquí y ahora.
Cada vez más aumenta el número de seres humanos que alcanzaron un nivel de completa inmovilidad espiritual. Personas que caminan temerosos de caer en un pozo. Gente que se dio por vencida y se estancó en su zona de confort. Si están parados no pueden sentarse y si están sentados no pueden pararse. Nuestro Maestro Yeshúa HaMashiaj habló de esto:
“Estén alertas, no sea que su corazón se cargue con disipación y embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre ustedes como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.” (Lucas 21:34,35)
Por eso, debemos valorar que, en estos tiempos de gran oscuridad, es el esplendor y la pureza de la casa hebrea y todo lo que hay en ella, el que continúa brillando como un faro en un oscuro mundo, para que muchos puedan ser trasladados de las tinieblas a Su Luz Admirable.
¡Por lo tanto, predica todo el tiempo, y aún fuera de tiempo!…
“Entonces dirás a Faraón: «Así dice Yahvéh: ‘Israel es mi hijo, mi primogénito.
Shemot/ Éxodo 4:22
Por P.A. David Nesher
De acuerdo a lo que hemos aprendido en nuestra investigación del rollo de Bereshit (Génesis), que en los tiempos de los nuestros patriarcas, el hijo primogénito recibía la primogenitura (Gén. 43:33); por lo tanto, como herencia le correspondía ser el jefe de la familia al morir el padre. El primogénito tenía que ser digno de recibir esa responsabilidad (1 Cró. 5:1–2) y por iniquidad podía perderla. El hijo mayor recibía una porción doble de las posesiones de su padre (Deut. 21:17), y después de la muerte de este, era responsable del cuidado de la madre y de las hermanas.
También aprendimos que en la cosmovisión celestial, ser primogénito no significa siempre ser el primer nacido, sino que más bien señalada a aquello que puede denotar grandeza. Desde esta perspectiva lo podemos ver revelado en el salterio, aplicándose al Mesías:
«Yo también lo haré mi primogénito, el más excelso de los reyes de la Tierra.« (Salmo 89:27).
Entonces, volviendo al versículo 22 (del cap. 4 de Shemot), vemos que el término hebreo «beni vejori» que se ha traducido «Mi hijo primogénito«, se usa en sentido figurado. Israel es la nación más preciada y más valorada por Dios así como el primogénito ocupa un lugar especial en el corazón de sus padres (leído de la Torah según Rashi).
Convengamos que las mismas Sagradas Escrituras revelan que Israel es la más joven de las naciones de la Tierra que fueron formadas en Génesis capítulo 10. Aun así, y pese a ello, el Eterno revela que la nación de Israel ejerce el oficio de ser el primogénito de las naciones delante de todas las esferas celestiales. Es decir, es la nación que ha recibido la función de recibir la doble herencia del Padre de la luces, de oficiar como un reinado de sacerdotes y de gobernar desde esa Unción regia-sacerdotal sobre todos los planos existenciales. Por ello, el mensaje divino dado al Faraón es bien claro: Israel es la cabeza de las naciones (cf. Éxodo 19:5-6).
Así y con todo estos conceptos en nuestro corazón, debemos aceptar que Yah, al encomendarle ese mensaje a Moshé, estaba igualando Su relación con Israel a la relación que tenía Faraón con su hijo. Él le dijo a Moshé que hiciera esa relación para que Faraón pudiera ver cuan importante era Israel para el Eterno, y de esa manera unir por medio del Espíritu de la profecía el último rechazo de Faraón de dejar ir a Israel con el castigo que le causaría por ello, es decir la muerte de todos los primogénitos de Mitzrayim incluyendo el primogénito del soberano de Egipto.
Egipto y Su Culto al Primogénito.
En este momento de la bitácora, me obligo a informarles que en este tiempo de la historia, la sociedad egipcia estaba construida sobre el culto al primogénitode los dioses. Desde la mitología egipcia, el dios Osiris, el hijo primogénito de Ra, fue el primer Faraón debido exclusivamente al orden de su nacimiento.
Por eso, en aquel tiempo y cultura, el primogénito de cualquier familia egipcia recibía la mayor porción de la herencia paterna. Fundamentados en esto, los primogénitos generalmente llegaban a convertirse en la élite gobernante del país: generales y funcionarios militares, administradores principales y, con frecuencia, en los mismos faraones. [Teniendo en cuenta esto, es muy posible que este faraón en particular no haya sido el primogénito en su familia, ya que no murió a consecuencia de la plaga. Tal vez su hermano mayor había muerto siendo todavía joven y él era el siguiente en orden de sucesión. Sin embargo, su hijo que era quien lo sucedería como el próximo faraón, sí era primogénito, y por ello pereció en la décima plaga.]
Desde aquel mito, los egipcios creían que todo Faraón era también un dios, el hijo primogénito del primogénito llegando hasta Osiris mismo.Entonces, la plaga número diez destruyó la ilusión final de poder e inmortalidad del líder primogénito egipcio.
Con esta cosmovisión mitológica, la figura del faraón era la de una deidad encarnada que caminaba sobre la Tierra bendiciendo a todo hombre que se prosternara ante él. Del faraón decían los papiros que «el terror que inspira abate a los bárbaros en sus países». Todos sus súbditos lo veían como la encarnación del hijo primogénito de Ra (dios del Sol), razón por la que se lo consideraba también como el señor del universo y como el heredero del creador. Su figura rezumaba (transparentaba) poder ancestral y estaba rodeada además de la protección mágica de todas las divinidades. Por ello, atentar contra su vida significaba algo más que pensar en matar a un hombre. Era poner en peligro el equilibrio cósmico y cargar directamente contra la estabilidad del Estado. Tal era el temor que suscitaba a nivel esotérico el regicidio, que las leyes apenas contemplaban el castigo por llevarlo a cabo, pues la sola mención del asesinato era casi un tabú.
Comprendiendo estas creencias egipcias, discernimos que cuando el Eterno, nuestro Elohim, envió a Moshé donde Paró (Faraón) por primera vez, le dijo que «Israel es mi hijo primogénito»(Éxodo 4:22). Estas palabras divinas dejaban bien en claro que YHVH consideraba a Israel como su primogénito entre las naciones y le estaba advirtiendo al Faraón lo que sucedería sino permitía su liberación (Éxodo 4:22-23). Así fue como en la décima plaga, al matar al primogénito de Egipto y salvar a Israel, Yahvéh mostró que Su Pueblo es el primogénito verdadero y le dio el golpe final a la estructura religiosa egipcia basada en el primogénito de Ra, la serpiente antigua (leído de la obra de Rav Ari Kahn).
¿Por qué y Para qué Israel es Primogénito del Eterno?
Entonces, desde lo que el mismo Yahvéh le dijo a Faraón queda claro que Israel, el pueblo hebreo, como nación, es el hijo primogénito del Eterno. Esto es porque Dios mismo ha dado a luz ese pueblo, fue creado pre-existencialmente por Él, y por consiguiente tiene una herencia divina que le corresponde. Por ende, Israel para este tiempo final tiene la promesa de una bendición grande que ha de venir, y por consiguiente va a heredar el Reino prometido de David.
Ese Reino será restaurado conforme a la promesa divina, y es bajo ese Reino que Israel recibirá y tendrá paz permanente. De eso nos habla el oráculo del profeta Ezequiel:
«Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor.« (Ezequiel 34: 23)
Ahora bien, ¿quién ese ese pastor que heredará el Trono de David?
Yeshúa HaMashiaj: El Primogénito entre muchos Hermanos
Cuando venimos a los Escritos del Brit HaDashá (Pacto Renovado) notamos que en el Evangelio de Mateo, esta relación de Yahvéh con su Pueblo, fue personificada en Yeshúa.
El escritor Mateo dijo que la huida de la familia de Yosef y Miriam (José y María) a Egipto y su posterior retorno, en verdad era el cumplimiento de la profecía: «De Egipto llame a mi Hijo». El texto dice así:
“Y él despertando, tomó al niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: DE EGIPTO LLAMÉ A MI HIJO.” (Mateo 2:15)
Pero cuando leemos todo el versículo en el libro del profeta de Hoshea (Oseas) en donde se emitió dicho oráculo, podemos ver que el profeta se estaba refiriendo a Israel:
“Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.” (Hoshea/Oseas 11:1)
Relacionando pues esta profecía con lo que el evangelista Mateo escribe, se nos revela algo maravilloso: el Mesías es la encarnación de Israel. Él es el primogénito del Padre para cumplir con estas tres funciones. Cuando Israel fue sacado de Egipto, el hijo de YaH salió.
Los cinco pasajes de los Escritos Mesiánicos (Nuevo Testamento) donde aparece el término “primogénito” se relacionan con el Mesías o Cristo (Lc 2:7; Col 1:15, 18; Ro 8:29; Heb 1:6; Ap 1:5).
Justamente, en el evangelio según Lucas se habla de que Yeshúa fue el primogénito o primero en nacer de la virgen Miriam (Lc 2:7) y por ello fue consagrado según la Torah (Lucas 2:22-24).
Al Ungido (Mesías o Cristo) también se lo llama “primogénito” de entre los muertos. Esta frase no necesita explicación, ya que el mismo apóstol Pablo señala lo que implica:
“Él es también la cabeza del cuerpo que es la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía”
(Col 1:18).
Yeshúa es el primogénito de los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial. Él es el Unigénito del Padre en la carne y el primero en levantarse de entre los muertos en la Resurrección, como bien se lo expresaba el apóstol Pablo a los creyentes de la ciudad de Corinto:
“Cristo ha resucitado de entre los muertos; y llegó a ser primicias de los que durmieron”. (1 Corintios 15:20).
A través de su muerte y resurrección, Yeshúa es «las primicias» que garantizan la futura resurrección y vida eterna de muchos otros hijos e hijas de Dios (1 Corintios 15:20-23). Como Él mismo dijo, «porque yo vivo, vosotros también viviréis» (Juan 14:19). En pocas palabras, al llamar al Mashiaj el Primogénito entendemos que se está señalando a su acto de conquistar la muerte en todas sus formas (simbolizada en la palabra Egipto o Mitsrayim) para que “todos resuciten” (1 Corintios 15:22), es decir, para que todos podamos emularlo en Su forma de peregrinar la vida.
El mensaje del Brit HaDashá (Pacto Renovado) es claro en afirmar que Yeshúa HaMashiaj, al ser reconocido como primogénito de la creación, tiene supremacía sobre ella y goza de privilegios supremos y únicos que los creyentes debemos reconocer. Por eso el apóstol Pablo destacó:
“Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Romanos 8:29).
Es en el libro da los Hebreos, donde el Mesías (Cristo) es revelado como «heredero de todo» (Hebreos 1:2) y el «Primogénito en el mundo» de Dios, a quién se espera que los ángeles también reconozcan su divinidad, gloria y poder (Hebreos 1:6). Así como el hijo primogénito es la cabeza de su familia terrenal después de su padre, Yeshúa el Ungido es la cabeza de la Kehilá -la iglesia- después de Dios Padre (Efesios 1:20-23; Colosenses 1:18, Hebreos 2:10-12). Así como el hijo primogénito recibe la mayor herencia de su padre, Yeshúa el Ungido recibe el mundo como su herencia. El Eterno mismo le dice a su Hijo:
«Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra.« (Salmo 2:8).
Por último, y considerando todo este maravilloso tema de la primogenitura de Israel en el Mesías encarnado, diré que el fin supremo de la revelación especial del Eterno es dar a conocer Su proyecto de la redención para que toda la humanidad conozca y crea en el primogénito de la creación como su Señor y Salvador, y lo honren como al Padre.
“Por eso Jesús les decía: ‘En verdad les digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera. Pues el Padre ama al Hijo, y le muestra todo lo que Él mismo hace; y obras mayores que estas le mostrará, para que ustedes se queden asombrados. Porque así como el Padre levanta a los muertos y les da vida, asimismo el Hijo también da vida a los que Él quiere. Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo, para que todos honren al Hijo así como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió” (Juan 5:19-23).
«Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Yahvéh en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.«
Éxodo / Shemot 3: 1-3
Por un lapso de cuarenta años Moshé vivió como un pastor oculto en el desierto de Madián. Hasta este punto su vida era tan humilde que él no tenía ningún ganado al que pudiera llamar como propio,… ¡las ovejas pertenecían a su suegro!… Sin embargo, en aquel día, lo cotidiano se volvería para él en algo sobrenatural.
Siempre me imagino la escena. Cuando Moshé se levantó aquella mañana y contó las ovejas, no se dijo a sí mismo: «Creo que llevaré las ovejas al lado occidental del desierto, junto al Monte de Dios«. El monte Horeb era simplemente eso: el monte Horeb; una roca indistinta en el desierto como tantas otras colinas y montañas, de aspecto completamente ordinario. No tenía nada de especial. El monte Horeb se convirtió en el monte Sinaí, la montaña de Dios, simplemente porque el Eterno lo eligió, no porque fuera más alto, más poderoso o más santo que cualquiera de las colinas y montañas circundantes. (Horeb significa “desierto” o “desolación”)
De manera similar, Moshé se convirtió en Moshé, el Profeta del Altísimo porque Dios lo llamó, lo encontró y lo comisionó, no porque fuera más piadoso, más poderoso, más inteligente o más elocuente que otros hombres.
Con este relato descubrí que Dios está en lo ordinario,… ¡Él goza esconderse allí para ser hallado! Así mismo se me reveló que siempre los encuentros con Dios ocurren en lugares ordinarios. Lo diferente está en que cuando ese encuentro con Dios ocurre, lo ordinario se transforma inmediatamente en extraordinario y sobrenatural.
El muy común Monte Horeb se transformó en el extraordinario Monte Sinaí debido a que la presencia de Dios estaba allí. Así también, el Moshé muy común, un simple hebreo exiliado de Egipto, un pastor de ovejas perdido en el desierto, se transformó en Moshé, el Hombre de Dios, el mayor profeta de todos los tiempos porque se encontró con Dios. ¡El Eterno transformó al hombre común en algo extraordinario, y así continúa obrando hoy!
Estoy convencido que alguno de ustedes, a esta altura de la bitácora, se estará cuestionado: «¿Cómo podría Dios usarme para algo? No soy nadie en especial. Solo soy una persona normal con una vida normal.«
La mayoría de nosotros no nos consideramos personas extraordinarias. Probablemente, al igual que yo, tú te consideras una persona bastante corriente con una vida bastante común y ordinaria. Sin embargo, desde la perspectiva de Yahvéh, eso es perfecto. Tú eres la persona indicada para el cumplimiento de Su propósito eterno. Tú eres el alma perfecta con la que puede hacer cosas extraordinarias. ¡Él no busca profetas!; ¡Él solo busca personas normales que se desenvuelvan en circunstancias normales!
Lo que sí necesito que entiendas, es que cuando Moshé vio la zarza ardiendo, el relato destaca que él se desvió para investigar aquel fenómeno. Sólo entonces el Santo Bendito Sea se reveló a Moshé como el Dios de sus padres. Justamente allí está nuestro problema. Generalmente no nos tomamos el tiempo para desviarnos e investigar la Voz que se esconde en la zarza, es decir las Sagradas Escrituras.
Todos tenemos la intención de crecer espiritualmente. Todos imaginamos que un día, nos tomaremos un tiempo para estudiar, para crecer en Torah, para hacer un mitzváh (mandamiento) , para orar con regularidad. Pero no puedes llevarte las buenas intenciones a la tumba. Un rabino famoso dijo una vez:
“No te digas a ti mismo: ‘Cuando tenga más tiempo, estudiaré Torah. Quizás no tengas más tiempo ‘”
(m. Avot 2: 4)
Ante esto te propongo: ¡Dispónte a ejercer proactividad ante tu buena y correcta intención! ¡No digas, cuando tenga más tiempo, me desviaré, es posible que no tengas más tiempo!
El relato de Yehudáh y Tamar es una historia que a menudo se malinterpreta. Tamar se casa con el hijo mayor de Yehudáh, Er, quien deja de tener hijos y muere debido a sus pecados.
Yehudáh tiene su próximo hijo, Onán, que se casa con Tamar de acuerdo con los requisitos de yibum. Onán también evita concebir un hijo y muere.
Yehudáh no quiere que su último hijo muera, así que le pide a Tamar que espere hasta que él crezca. Tamar regresa a la casa de su padre, esperando.
El tiempo pasa y la esposa de Yehudáh fallece, pero aun así Yehudáh no le da el hijo que le queda a Tamar. A través de la astucia, Tamar se encuentra con Yehudáh y concibe con él. Ella toma como prenda tres de sus objetos personales.
Más tarde, cuando se supo que Tamar está embarazada, es condenada a muerte por su comportamiento inmoral. Al sacarla para quemarla, revela los tres objetos personales que tomó como garantía y declara que el dueño de estos objetos es el responsable. Yehudah admite que es él y Tamar es absuelta. Tamar da a luz a gemelos de los que descienden David y finalmente Mashiaj.
Hay muchas preguntas que surgen de esta cadena de eventos, aunque quizás la más desconcertante es, ¿quién fue esta mujer Tamar, que se convirtió en la madre de la dinastía davídica? ¿Por qué sucedió de esa manera?
Tamar descendía del hijo de Noé, Sem. Aunque la Torah no da el nombre de la esposa de Yehudáh, nos dice el nombre de Tamar ya que se distinguió por su propio valor personal.
A diferencia de quienes la rodeaban, llevaba una vida modesta y virtuosa. Tamar tenía un solo deseo: unirse a la sagrada familia de los Avot y tener hijos que serían parte de su nación.
Tamar era una mujer grande y justa que fue divinamente elegida para convertirse en la madre de la dinastía davídica, y ella deseaba apasionadamente cumplir esa misión. Cuando su matrimonio con Er no produjo hijos, ella no se rindió y se casó con su hermano, Onán. Cuando Onán también murió sin hijos, Tamar persistió en su búsqueda de tener hijos para sus difuntos maridos.
A veces, cuando existe un enorme potencial para un avance espiritual del bien, la mala inclinación ofrece una inmensa resistencia. Tamar se dio cuenta de que tenía que buscar medios poco convencionales, incluso desagradables (aunque halájicamente permisibles en ese momento), para atraer a Yehudáh y eludir los esfuerzos de la mala inclinación para sabotear el nacimiento de la dinastía davídica. Este era el plan del Eterno, porque quería que la dinastía viniera de Tamar a través de Yehudáh, que era más justo y puro que sus hijos (Sforno). Rashí explica que Tamar actuó por el bien del Cielo con intenciones puras.
Cuando el embarazo de Tamar se hizo evidente, fue condenada a muerte no por motivos legales, sino porque su comportamiento aparentemente relajado, como nuera de Yehudáh, era una afrenta a su condición de soberano de la tierra. Este juicio no se habría impuesto a un plebeyo (Ramban).
Tamar no lo acusó externamente, solo insinuó, para no avergonzar abiertamente a su suegro. Ella razonó que era mejor morir que exponer a Yehudah a la vergüenza pública. Esto indica además el carácter recto de Tamar y su completa fe en Hashem, a quien oró pidiendo un milagro.
¿Por qué Tamar esperó hasta el último momento, cuando la sacaron para ser ejecutada, para devolver las promesas de Yehudáh?
El sabio Elazar (Midrash; Sotah 10b) comenta que aquí también la mala inclinación hizo que ella olvidara dónde estaban los elementos para evitar que el futuro Mashiaj entrara en este mundo. Tamar suplicó la misericordia de YHVH con todo su corazón y justo cuando la llevaron a la ejecución, encontró los artículos de la promesa. Yehudáh admite su culpabilidad y responde «tzadkah mimeni – ella tiene razón, es mía». Rambam y Ramban dicen que Yehudáh gritó «¡Ella es más justa que yo!»
Aunque Tamar no nació en grandeza, reconoció la santidad y la alcanzó. Modesta y justa, Tamar persistió para lograr su santa misión. Ella era una mujer noble y desinteresada y conectada con Hashem en su emuná completa. No es de extrañar que Tamar mereciera ser la madre de la dinastía real davídica y de Mashiaj, nuestro futuro redentor.
Podemos alcanzar grandes alturas si lo anhelamos. Si perseveramos en nuestros esfuerzos de rectitud y tefilot sinceros, podemos dejar nuestra huella en la historia.
«Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.
«Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.
(Génesis 12: 10 -13)
Si vemos el relato de Bereshit 12, donde el patriarca le dice a su esposa Sara (en ese momento Sarai) que se haga pasar por su hermana. Esto, dado que la matriarca era una “mujer muy hermosa” y que a causa de ello lo matarían en Egipto; en cambio, si decía que eran hermanos a él le iría bien.
Si lo leemos en los términos literales y lineales propios de una mentalidad grecorromana occidental del siglo XXI, se podría pensar que Abram (antes de que el Eterno le cambiara el nombre), actuó como un inescrupuloso utilitarista que no tuvo reparos en entregar a su propia esposa a cambio de seguridad y bienes materiales.
Sin embargo, la versión Torat Emet (traducida: verdad absoluta) explica que el patriarca no miró con ojos meramente naturales, sino que proféticamente vio lo que ocurriría con sus descendientes. Ellos serían esclavos en Mitzrayim pero saldrían repletos de las riquezas.
Abram confió en que YHVH proveería salvación para su casa, que le daría de alguna u otra manera escapatoria para salir airoso de la tierra de la “estrechez”; y así fue. El Eterno castigó con una plaga al faraón y éste no pudo acostarse con Sarai, percibiendo que esto era un juicio divino por querer tomar a la esposa del patriarca, expulsó al matrimonio de su reino repleto de ganado y esclavos.
¿Por qué sería tan importante sentar ese precedente profético como para arriesgar la integridad de su esposa y el cumplimiento mismo de la promesa celestial de descendencia?.
Si analizamos la historia relatada en Shemot (Éxodo), el oro y demás tesoros dados por los egipcios a Israel al momento de su salida de la esclavitud fue utilizado para la construcción del mishkan.
Ese tabernáculo fue un centro espiritual que permitió el inicio del cumplimiento del Proyecto mesiánico Emanuel, es decir, Dios habitando en medio de su pueblo. Esto, permitiría la progresión de los tiempos del Eterno hasta la plena manifestación física de la promesa mesiánica: Yeshúa el Mesías, por medio de quien llegó la posibilidad de salvación para toda la humanidad (Jn.3:16-17).
Sarai, por su parte, fue llamada “hermosa”. Esta palabra es en hebreo “yafé”, cuyo valor gemátrico es 95. Según Bill Heindrick, una de las frases que tienen ese mismo valor es “Dios es juez”. Según la Torat Emet, la mujer le dijo al ángel (de YHVH) que castigara al faraón y éste lo hizo con una enfermad epidérmica que le impidió cohabitar con ella.
Por ende, esta mujer no era tan sólo la esposa de un hombre de fe, sino alguien con una fuerte conexión espiritual con los Cielos que supo confiar en la justicia de su Dios y reclamarla a su favor.
En conclusión: lejos de ser un acto de cobardía machista, los hechos relatados en este pasaje demuestran la importancia de tener una cosmovisión y fe hebrea (del otro lado) al leer las Sagradas Escrituras. No fue un acto de incredulidad el de Abram, sino por el contrario, una declaración profética de hechos futuros que serían de bendición para todos los seres humanos, tal como el Eterno se lo prometió en Bereshit 12:3:
Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.”
(Génesis/Bereshit 1:1-2 |Biblia de Jerusalén 1976)
Toda la instrucción del Eterno habla de orden, un orden que trae plenitud. Por eso es difícil pensar que el Creador hiciera originalmente la Tierra caótica y confundida, evidentemente algo pasó entre el versículo 1 y el 2.
Revelaciones (Apocalipsis) 12:7-10 haba de la expulsión de HaSatán (El Oponente) y sus ángeles del cielo, siendo arrojado a la tierra. Muy probablemente eso ayude a entender el caos reinante en el relato de Bereshit y la confusión en el planeta.
Si aceptamos eso, los siguientes versículos en realidad no serían la creación en sí de todas las cosas, sino más bien el restablecimiento de las mismas.
Esta idea podría ser apoyada por lo que establece la versión Biblia Textual:
“Y en el día sexto Elohim completó su obra que había hecho, y fueron ordenados los cielos y la tierra y todo su ejército (…) y bendijo Elohim el día séptimo y lo santificó, porque en él reposó de toda su labor de rehacer lo que había creado.” (Génesis 2:1-3)
Hasta este momento podemos tomar dos ideas:
1- El Eterno lo hace todo bien y con orden. (Ecl. 3:11; 1Cor. 14:40)
2- La intromisión del adversario trae desorden y confusión en la creación. (Stgo. 3:16)
Ahora bien, ¿cómo reordenó Elohim? Por medio de Su Palabra creativa (Jn. 1:1-3), y esta Palabra lo primero que hizo fue marcar separaciones (aguas de arriba y aguas de abajo; luz de tinieblas; agua de tierra) y después dio nombre, es decir, identidad:
“Después Dios dijo: «Que aparezca el firmamento en medio de las aguas, para que las separe. Así que Dios hizo el firmamento, para separar las aguas. De modo que una parte de las aguas quedó arriba del firmamento y otra, debajo de él. Al firmamento Dios lo llamó «cielo». Pasó la tarde y pasó la mañana, y se completó, así, el segundo día.” (Gén. 1:6-8 |NBV).
Posteriormente asignó funciones a su creación, es decir, le dio sentido de existencia:
“ Y dijo Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco; y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y al ayuntamiento de las aguas llamó Mares; y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: Produzca la tierra pasto verde, hierba que haga simiente; árbol de fruto que haga fruto según su naturaleza, que su simiente esté en él sobre la tierra; y fue así. Y produjo la tierra hierba verde, hierba que hace simiente según su naturaleza, y árbol que hace fruto, cuya simiente está en él según su naturaleza; y vio Dios que era bueno.” (Gén. 1:9-12| JBS).
Ahora bien, si avanzamos a los versículo 26 al 31 vemos que el Eterno creó al hombre a “su imagen” y luego de darle dominio sobre todo lo creado termina diciendo:
“vio Elohim todo lo que había hecho, y resulta que era muy bueno.” (versículo 31, Torat Emet adaptada).
Si al crear al hombre dijo que no sólo era bueno, como en todo lo anterior, sino “muy bueno”, es porque evidentemente lo hizo perfecto, con la función de administrar toda la creación para que estuviera en armonía. No lo hizo caótico y confuso.
Este es el punto al que quería llegar, al leer este relato del libro de Bereshit (Génesis) -al menos yo- encuentro un paralelismo entre el primer capítulo y mi vida (y me atrevo a decir, la de todos).
El Eterno nos hizo perfectos, ¿qué pecado, qué maldad refleja un recién nacido? Sin embargo, la influencia del otro lado, del Mentiroso, nos hizo entrar en caos, en confusión, hasta llegar el punto de sentirnos vacíos, sin una noción clara de identidad y propósito en la vida.
Pero ahí interviene la Palabra creativa, lo que en las biblias suele traducirse como el “Verbo” en el primer capítulo del evangelio de Juan. Esa Palabra, el Mesías, a quien al menos yo reconozco que es Yeshúa, nos llama a reaparecer, a emerger de la muerte.
De allí, empieza a marcar separaciones, a traer orden, y a restablecer funciones:
“Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-15| NBLA).
Por eso es importante conocer al Mesías que enseña Torah. Porque la Torah trae orden, sanas separaciones en un mundo que cada vez diluye más los límites originales y genera mezclas que confunden y sólo traen más vacío y caos al hombre.
Un amigo de buen corazón pero que aún se apoya en los dogmas cristianos me intentaba explicar recientemente que hay ciertas partes de la Torah que eran para un tiempo específico y no para ahora, no eran para cumplirlas en este tiempo.
Entonces le pregunté cómo diferenciaba esas supuestas partes de las que sí había que cumplir, y no me quedó muy clara su respuesta, me pareció que no se refirió más que un aparente “sentido común”.
Sin ánimo de condenar a mi amigo, la verdad es que esa idea trae caos y confusión, el creer en «un dios a nuestra manera» trae desorden. YHVH nos regala Su bendita instrucción para reordenar nuestra vida, reposicionarla al diseño original, pero para eso debemos buscar vivirla de principio a fin, y en su sentido más pleno.
Para esta obra vino Yeshúa, no sólo para pagar el precio de los pecados de Su Pueblo, sino para ayudarlo con su enseñanza y con la bendita guía del Espíritu Santo a vivir plenamente la instrucción divina y así redimir a toda la creación.
Por eso, porque la Torah me muestra a Yeshúa, y porque Él me muestra la Torah, es que decido estudiarla. Para conocerlo y reconocerme, para entender mi lugar en el mundo.
«Luego el ángel de YHVH se ubicó en un sendero estrecho, entre las viñas, con sendos cercos de piedras a ambos lados del sendero. Cuando la asna vio al ángel de YHVH, se apretujó contra el cerco presionando el pie de Bilam contra la pared. Entonces él le pegó de nuevo. Entonces el ángel de Dios se paró en una senda estrecha a través de los viñedos, donde había una cerca a cada lado. Pero el ángel de YHVH se adelantó a ellos y se ubicó en un lugar tan estrecho, que no había espacio para desviarse ni hacia un lado ni hacia el otro. Cuando la asna vio al ángel de YHVH se echó al suelo, debajo de Bilam; por lo que Bilam se enojó y le pegó a la asna con una vara.YHVH le otorgó a la asna el don del habla. Y dijo [la asna] a Bilam: “¿Qué te he hecho para que me hayas castigado estas tres veces?”.
Bamidbar/Números 22:24-27
La agresión física de Bilam contra su asna, a la que no puede entender, lo degrada, y los pasukim (versículos) lo presentan como una persona cruel y de naturaleza perversa. [Aquí es importante recordar que la Instrucción divina prohíbe incurrir en lo que se denomina “tsáhar bahalé haím”, es decir, causar sufrimiento a un animal. Esto nos enseña acerca de la importancia de tratar bien a los animales. El mal trato de los animales es notado en las esferas celestiales (Proverbios 12:10)].
El asna, al desviarse nuevamente (v. 25), causó que Bilam se golpeara el pie con una barrera o valla hecha con piedras. Es entonces cuando el mago azotó otra vez a la asna.
El Asna Habla… ¿Cómo, Por qué y Para qué?
Es entonces cuando el Eterno, milagrosamente, le concedió al asna la habilidad de hablar, y la bestia así lo hizo; ella reprendió al profeta por su impío castigo.
Bilam, por causa de su furia, sea vuelto tan irracional, que él respondió de vuelta sin darse cuenta que su animal le hablaba. Él parecía no estar impresionado por la asna que llevaba una conversación inteligente con él.
Estas eran crueles palabras de un profeta impío. Esto es un escalofriante recordatorio de lo que los impíos han hecho a menudo a los verdaderos profetas quienes podrían dificultar sus caminos perversos.
Al leer el texto vemos que dice:
«Bilam le respondió a la asna: “¡Te burlaste de mí. Si tuviera en mi mano una espada, ya mismo te mataría!… Y el asna dijo a Bilam: ¿No soy yo tu asna? Sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿He acostumbrado a hacerlo así contigo? Y él respondió: No,… tienes razón« (vv. 29 -30)
¡Asombroso!… Notamos a este varón admitiendo lo que su asna le plantea. Así Bilam tiene que reconocer que el asna saco lo mejor de él en esta conversación. Bilam debía humillarse a sí mismo delante de la asna, admitiendo que ella no había sido de esta manera antes, así que quizás había una buena razón para ella de ser de esta manera ahora.
Ahora los invito a dirigir nuestra atención al mensaje ético que se deriva de este evento; si preguntáramos por el hecho mismo y su finalidad, es decir el por qué habló la asna. Los sabios explican: “…Para informarnos que la boca y la lengua están en poder de YHVH; que si alguien quiere maldecir, nuestra boca está bajo la supervisión divina…”, (Yalkut Shimoni). Es decir que toda la finalidad de este milagro era afianzar la fe en un solo Dios que supervisa y controla todo el Universo. Entonces es YHVH quien hace hablar al asna para demostrarle a Bilam que es Él y solo Él quien provee la capacidad del habla, y que por consiguiente no debe maldecir a nadie.
En toda la Torah, esta es la segunda ocasión en que un animal habla con las personas; la primera vez fue en el jardín del Edén cuando la serpiente sedujo a Java (Eva). Ahora una burra habla con un mago.
Los Ojos se abren, el Mensajero se Ve y la Palabra se Revela.
Entonces Yahvéh abrió los ojos de Bilam, y vio al ángel de Yahvéh que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Bilam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro. Y él ángel de Yahvéh le dijo: ¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí. El asna me ha visto, y se ha apartado luego de delante de mi estas tres veces; y sí de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría a ti, y a ella dejaría viva.« (vv. 31-33)
Este evento hizo la voluntad de Dios muy clara en cuestión. El Eterno le dijo a Bilam, bien fuerte y muy claro: “¡No vayas, regrésate ahora!” Pero Bilam no escucharía. Su codicia y avaricia eran tan grande como su orgullo mismo.
1. Significado del Triple Evento.
En estos pasukim (versículos) se cuenta un total de tres eventos en que participan Bilam y su burra. ¿Qué vio el ángel que lo obligó a pararse en tres sitios diferentes? ¿Qué significado tiene este número tres?
Notemos que en las primeras dos veces había un espacio libre en el cual el asna podía caminar, no así la última vez que el animal se rehusó a seguir su marcha.
Sobre el número 3, la enseñanza yahvista nos dice que, una vez que algo haya sido realizado tres veces es considerado como permanente; a eso se le llama «jazakáh«. Por lo tanto, el número tres representa permanencia y estabilidad.
Tres son las conjugaciones del “tiempo”: presente, pasado y futuro.
Del punto de vista de la Kabaláh, el número 3 es la cifra de la paz y de la integración.
También, entre otras cosas más, recordemos que también tres son los patriarcas de Israel; Abraham, Itzjak y Yaakov.
Sentado esto, pasemos ahora a la explicación sobre la secuencia del 3 en el evento de Bilam y su asna.
1) El ángel se paró en frente de Bilam pero dejando un espacio en cada lado. Esto quería decir que si el profeta quería emplear una fórmula de maldición para los descendientes de Avraham podía hacerlo, puesto que de Abraham nació Ismael y los hijos de otra esposa de Abraham.
2) El ángel se interpone por segunda vez obstaculizando, pero dejando espacio de un solo lado; esto significa que si el brujo quería maldecir a los descendientes de Itzjak, podía hacerlo ya que de él había nacido Esaú.
3) En el tercer evento, el asna se echa en el piso y se niega a andar, no había en absoluto paso libre, ello constituía una alusión a que por ningún motivo Bilam podía maldecir a los Benei Israel en tanto que eran descendientes de Yaakov.
De esta manera, el ángel de YHVH le mostraba a Bilam signos referentes a los tres patriarcas hebreos, lo cual significaba que no se podía maldecir a los Benei Israel.
Las tres apariciones del ángel representan al pueblo de Israel, que justamente es un pueblo tripartito compuesto de sacerdotes, levitas e israelitas; y es un pueblo que celebra anualmente tres festividades de peregrinación: Pésaj, Shavuot y Sucot.
El ángel le insinúa a Bilam que no podrá contra Israel, pues los israelitas trascienden las fuerzas naturales y están sujetos a la protección Divina.
2. El Camino del Perverso conduce a la Condenación.
El Ángel del Señor reprendió a Bilam por su mal trato a su asna, pero especialmente porque el camino que él estaba siguiendo era perverso para el Eterno. La palabra hebrea que se traduce como perverso sostiene la idea de “ir en el camino equivocado en una manera imprudente”. Este era exactamente el problema de Bilam.
Al leer la respuesta de Bilam notamos su indecisión en cuanto a si él realmente estaba desagradando a Dios. Él planteó al Ángel: “Si te parece mal.” El Eterno hizo clara Su voluntad a Bilam muchas veces, sin embargo él aún tomaba la respuesta divina que él quería, haciendo evidente que él en verdad no quería lo que el Eterno ya había claramente revelado.
“El ángel de YHVH respondió a Bilam: Ve con los hombres, pero hablarás sólo la palabra que yo te diga. Y Bilam se fue con los jefes de Balak.” (v. 35)
Así fue como finalmente, YHVH le dijo, a través de Su Ángel, que debía ir con esos hombres, pero le advirtió de que hablara sólo la cosa que Él le dijera. Recordemos que las palabras que salen de una persona tienen mucha influencia en los aires. Por eso Laván no podía hablar contra Yaakov ni bueno ni malo (cf. Génesis 31:24). Bilam no tenía permiso para hablar palabras propias. Nuestras palabras pueden hacer mucho daño. Hay momentos cuando no tenemos permiso para decir nada, (cf. Josué 6:10; Mateo 26:63).
En respuesta al corazón duro de Bilam, el Eterno le dio permiso sobre su deseo pecaminoso. Nuevamente, el Eterno no cambió Su mente. Por causa del corazón duro de Bilam, el Eterno lo envió al camino que Bilam quería seguir, aunque su final fuera un camino de juicio y muerte.
La raíz del pecado de Bilam era el amor por el dinero. En la carta de Judas (v. 11) se lo llama el error de Bilam.
Terminaré solo con lo que Rashí dijo explicando esta historia:
“…Por el camino que un hombre desea ir, por ese mismo camino es conducido…”.
«Elokim se enojó porque él fue [o sea, a pesar de que Bilam vio que YHVH no quería que fuera, él siguió insistiendo]. Entonces el ángel de YHVH se interpuso en el camino para impedírselo. Él iba montado en su asna, acompañado por dos asistentes. Cuando la asna vio al ángel de YHVH parado en el camino con su espada desenvainada en su mano, se apartó del camino hacia el campo. [La asna vio el ángel, pero Bilam no]. Entonces Bilam empezó a pegarle a la asna para hacerla volver al camino.
Bamidbar/Números 22: 22-23
Leer este pasuk (versículo) nos tienta a creer que existe una contradicción en el relato escritural. Primero el Eterno le dice a Bilam que vaya con ellos, y luego se aíra con él cuando va. ¿Cómo vamos a entender esto?
En otra bitácora expliqué que cuando un malvado se obstina en querer algo en contra de la voluntad del Eterno, Él se lo permite. Por eso, hemos visto que en el versículo 12 Dios le dijo a Bilam que no fuera, pero luego, en el versículo 20 le permite ir, y luego se enfada con él por haber ido, según el versículo 22. Algunos podrían pensar que esto era injusto, viendo que Dios fue quien dijo a Bilam que fuera y después se enojó porque fue. Pero Bilam sólo fue porque él primero había rechazado la voz del Eterno, tanto en conciencia y en mandato claro.
Pues bien, la ira del Eterno contra Bilam fue por causa del motivo por el cual se fue. Su deseo era ser pagado y honrado ante las autoridades por su profecía. Era una locura. La mente de este varón vibraba en la codicia de todo lo que otorga el dinero cuando se usan los poderes extrasensoriales del espíritu. ¡Pobre las almas humanas que procuran sacar beneficio económico personal de los dones espirituales que ha recibido del Eterno! Para el Eterno, lo más importante no es lo que estás haciendo sino el por qué y el para qué de lo que estás haciendo.
Entonces, Bilam sube a su asna y sale con el permiso de Dios, sumido en la esperanza e intención de burlar Su voluntad.
Una de las principales imágenes de la parashá Balak es la de Dos abriendo la boca de la asna de Bilam, para que pueda hablarle después que le pegara tres veces. Vale aquí aportar que la asna y el hechicero habían creado entre ellos lazos de “intimidad” interesantes y extraños, explican los sabios del judaísmo.
El brujo cargó su asna con todos los encantamientos y adivinaciones que conocía para maldecir a Israel. Tenía ansias por encontrarse con sus “clientes” pensando sacar el mayor beneficio de esta oportunidad. Él encontraría un flanco débil en los israelitas para justificar el lanzamiento de una maldición y de ese modo obtener una jugosa ganancia del rey. Estos pensamientos irritaron al Altísimo, por ello es que, en el camino eventos curiosos suceden.
En este pasuk (22) aparece una expresión hebrea bastante interesante en su traducción. La misma es: “BADEREJ LE-SATÁN”, en donde se ha traducido a la palabra “satán” como “obstáculo” o «adversario«, pero esto no significa que fue un ángel enviado por el adversario, sino un ángel que se oponía contra Bilam. Así lo explica el comentario de Sahadiáh Gaón y SR. Hirsh: “empero se encendió el furor de Elokim, ya que él estaba yendo, y se apostó el Emisario de Adonai en el camino, como obstáculo ante él. Empero él estaba montado sobre su asna y sus dos mozos estaban con él…” Esto nos enseña que la palabra satán significa adversario, alguien que se opone y trabaja en contra de otra persona.
El asna detiene su marcha.
Resulta imposible entender que este animal vio al emisario del Cielo, un ángel, el cual al no poseer un cuerpo material, no puede ser captado por el sentido de la vista, ni siquiera por seres humanos. El animal, pues, percibió de alguna forma al ángel. Este malak (ángel o mensajero) estaba obstaculizando el camino logrando desviar la dirección del asna.
Lo triste de esto es que el asna era más perceptiva espiritualmente que el profeta que la montaba. El asna no tenía dones espirituales, pero por lo menos reconocía a su Creador. El profeta tenía maravillosos dones espirituales, pero también un corazón y un caminar desobediente.
El asna, respondiendo al ángel de YHVH, se movió a un lado, luego al otro, después finalmente se sentó para evitar el juicio. Evidentemente, el profeta desobediente sufrió en el camino, y también hizo sufrir al asna. Los juicios no solo son para el malvado sino para todo su entorno.
El asna es una imagen perfecta del alma de un manso y humilde; nada espectacular, sin embargo obediente seguidor de Dios. Sensible a la dirección divina. Una espina al desobediente, y a la vez, una víctima de la ira del desobediente.
Lo cierto de todo esto es que las inusuales y difíciles circunstancias de este viaje deberían haberle sugerido a Bilam que esta empresa no era de Dios. Sin embargo Bilam probablemente usó su racionalidad para explicar todo, y tomó todo esto como ataques del enemigo. Así usó las circunstancias para justificarse a sí mismo y fortalecer la egoica esperanza de que Dios lo quería trabajando como un profeta de alquiler.
Esto muestra la gran dificultad que tenemos los redimidos de juzgar la voluntad de Dios discerniendo las circunstancias. Debemos entender y aceptar que muchas circunstancias pueden ser interpretadas de dos maneras: Dios quiere, o Dios no quiere.
¿Y tú lector amado cómo eres delante del Mensajero de Dios?… ¿Sensible o Burro?… ¿Estás aprendiendo a discernir con justo juicio el mensaje divino escondido en cada circunstancia de tu vida?
«Y en efecto, Elokim se presentó por la noche a Bilam, diciéndole: “Si esos hombres vinieron a buscarte, levántate y anda con ellos. Pero deberás hacer sólo lo que Yo te diga.
Bamidbar/Números 22:20
«VE, …ANDA CON ELLOS…», sí…, aunque parezca increíble, estas son las palabras con las que le respondió el Eterno a Bilam cuando este volvió a consultarlo por la oferta que traían los ancianos del rey Balak… Pero, ¿por qué el HaKadosh Baruj Hu (Santo y Bendito Sea) se digna a presentar ante un ser de oscuridad?
El Eterno tenía un propósito para los enemigos de Israel, y Bilam sería uno de los hilos que se moverían para el cumplimiento de lo designios divinos para la manifestación gloriosa de Israel.
Según el Talmud, Bilam era un profeta destinado por el Eterno para las naciones. Los distintos midrashim (enseñanzas) de este pasaje coinciden en en decir que el Altísimo no quería que las naciones se quejasen diciendo: «…Si tuviéramos un profeta como Moshé para encaminamos, también nosotros seríamos igual al pueblo de Israel”. Por eso, fue el mismo Dios arregló que los gentiles tuvieran a “Bilam rabeinu”, tal como Él proveyó a Israel de un Moshé Rabeinu.
Así pues, vemos que Bilam consultó a Yahvéh por primera vez para saber si debería o no maldecir a Israel, y el Eterno le respondió: «…No maldecirás al pueblo» (v. 12). Sin embargo, el Eterno sabía que el deseo de Bilam era maldecir a Israel a fin de obtener grandes ganancias monetarias como pago. Por eso, Bilam volvió a consultarlo (v. 19).
Entonces Yahvéh le responde: «Ve, anda con ellos«, como diciéndole: «Haz lo que quieras«. Este hecho nos da a comprender que el Eterno esclarece la mente del ser humano que acude a Él en consulta, pero cuando el alma consultante se obstina en hacer su propio deseo, más allá de la Intención divina que le es revelada, Yahvéh no lo detiene, sino que le deja ir por la senda equivocada que ha escogido.
El Midrash Hagadol, cita a Mishnat Rabí Eliézer (cap 10), señalando:
«…Dios suele encumbrar a los enemigos de Israel antes de destruirlos. Bilam merecía ser castigado por su gran deseo de maldecir a toda una nación que no había hecho nada contra él, por lo cual Dios lo dejó pensar que se le permitiría ir siempre y cuando Balak le diese suficiente dinero y honores…».
De esta historia, los sabios sacan la enseñanza de que por el camino que el ser humano desee obsesivamente ir, será guiado, dando igual que dicha senda sea buena o mala. Esto es porque no hay nada que se oponga a la voluntad humana, ni el Creador mismo.
Entonces, podemos decir que el Eterno no cambio Su voluntad. Él había claramente declarado Su voluntad, y Bilam la había rechazado decisivamente. Ahora Elokim preparo a Bilam para el juicio que él mismo estaba escogiendo y revelar así la maldad que residía y motivaba el corazón de Bilam.
Amados, sabemos que en ocasiones, el Eterno dice “NO” a las oraciones de los que integramos Su pueblo, porque Él nos ama. Pero también, algunas veces Dios dice “SÍ” a los deseos de los obstinados en practicar la impiedad, porque Él va a juzgarlos y revelará así lo maravilloso de Su Gracia.
Cuando pecamos, cuando elegimos alejarnos de Dios, nuestra elección siempre tiene consecuencias muy reales e inevitables. Cambia y distorsiona la realidad, tanto en nuestro interior como en nuestro exterior (a menudo en ambas), aunque estos cambios no siempre son visibles como en nuestra historia de la Torah. Después, cuando las consecuencias de nuestro pecado inevitablemente empiezan a ‘mordernos’, comenzamos a clamar al Señor, pidiendo que nos salve (que elimine las serpientes, que aparte las consecuencias). Sin embargo, incluso el Eterno mismo, no restaura simplemente las cosas como si nuestras elecciones pecaminosas nunca hubiesen acontecido; incluso Él mismo simplemente no borra nuestro pecado o el mal que causó.
“… Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él..…
(Juan 3:14-17)
Las palabras que presiden esta bitácora pertenecen a mi Maestro: Yeshúa. Él estaba conversando con un experto en códigos hebreos de la Torah: Nicodemo. Éste había venido a Yeshúa de noche a fin de preguntarle acerca del Reino de Dios y la redención final. Entre las cosas a las que se refirió Yeshúa en esta charla, el Evangelio de Juan nos revela que el Maestro citó el pasaje en el cual Moisés había levantado la serpiente en el desierto:
«Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Yahvéh envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Yahvéh, y contra ti; ruega a Yahvéh que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Yahvéh dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.»
(Números 21:5-9 RV60)
El Maestro enseñó que el poder de la serpiente de bronce anticipaba Su muerte expiatoria, señalando proféticamente que Él sería levantado en una cruz a fin de dar vida a todos los que miran a Él. Así lo indicó Yeshúa mismo a Nicodemo en ese diálogo que tuvieron según el pasaje del Evangelio de Juan.
¿Por qué y Para qué una Serpiente de Bronce?
La serpiente debía ser de bronce, ya que este material, por efecto del sol, era fulgurante y por lo tanto, dada la altura del mástil, cada individuo del extenso campamento de Israel podría ver su brillo desde el lugar en que estaba.
La serpiente del desierto era una herramienta cósmica que permitía una perfecta conexión entre el Eterno y su pueblo Israel para otorgarles salud redentora.
Los invito a que volvamos al cuarto evangelio, y que leamos lo que dice Yeshúa al respecto:
“…Y como Moshé levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Ben Adam sea levantado, para que todo el que creyendo en él ponga por obra sus dichos, tenga vida eterna.…”
[Juan/Yohanán 3:14-15, – Código Real del NT-].
Para comprender lo que nuestro Dueño y Maestro quería decirle a Nicodemo necesito invitarlos a considerar con mucha atención los siguientes detalles guemátricos.
En hebreo, serpiente se dice נחש (najash), cuya guematría es:
(נ) Nun=50; (ח) Jet=8, y (ש) Shin=300, es decir que su sumatoria da un total de 358.
Es interesante saber que 358 es la misma numeración contiene el vocablo hebreo “Mashiaj” (מָשִׁי חַ ) cuyos signos son:
(מ) Mem=40; (ש) Shin=300; (י) Yiud=10; y (ח) Jet=8. Total de 358.
¿Qué significa esto?
Que la imagen de una serpiente sobre un mástil que los Benei Israel (Hijos de Israel) vieron, era la imagen misma del Mashiaj alzada en la cruz. Es decir, que el espíritu del Mashiaj fue en realidad el espíritu sanador de los israelitas en el desierto. De ese modo, ayudados por Mashiaj, pudieron entrar a la Tierra Prometida.
En este contexto, el Mashíaj alzado en el monte del Gólgota, otorga salvación a todo aquel que le recibe como emisario (apóstol) de Dios. De las enseñanzas de los sabios Maharal de Praga y el Bnei Yisajar visualizamos otra perspectiva de este mismo punto:
«…Una persona está compuesta de tres elementos: el cuerpo, el Alma y el Intelecto (…) Es importante señalar que Najash y Mashíaj poseen la misma guematría, significando que la victoria del Mashíaj no es evitar el uso del cuerpo, alma e intelecto. Al contrario, cada uno de estos tiene su lugar en el servicio a Dios. Necesitamos servir a HaShem con un cuerpo saludable. Nuestras emociones y nuestros deseos pueden usarse para actos de santidad. Y claro, el intelecto –sobre todo los adelantos de ciencia, tecnología y comunicación–, nos refuerzan como individuos y permiten hacer llegar a las masas el conocimiento espiritual que era hasta ahora inalcanzable. Como estamos frente al advenimiento de Mashíaj, las herramientas del najash: cuerpo, alma e intelecto –cada uno de los cuales podría parecer estar contra la santidad–, deben transformarse en los instrumentos para servir bien a Dios…».
Ahora bien, es muy importante señalar aquí que el Eterno nunca mandó rendir culto a la serpiente ni postrarse ante ella; sólo ordenó mirarla como un acto de obediencia. Está especificado en el TaNaK que, cientos de años después, la figura de la serpiente fue destruida porque el pueblo estaba idolatrándola, corrompiendo su original significado, desencaminándose de su emunáh (fe) en el Eterno. Leamos el siguiente relato histórico.
“Y aconteció que en el año tercero de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías, hijo de Acaz, rey de Judá. Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre era Abi, hija de Zacarías. Él hizo lo recto ante los ojos del Eterno, conforme a todo lo que su padre David había hecho. Quitó los lugares altos, derribó los pilares sagrados y cortó la Asera. También hizo pedazos la serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque hasta aquellos días los hijos de Israel le quemaban incienso; y la llamaban Nehustán. Confió en el Eterno, Dios de Israel; y después de él, no hubo ninguno como él entre todos los reyes de Judá, ni entre los que fueron antes de él, porque se apegó al Eterno; no se apartó de Él, sino que guardó los mandamientos que el Eterno había ordenado a Moisés.“
(2ª Reyes 18:1-6)
Lamentablemente así es, los hijos de Israel habían guardado la serpiente de bronce unos setecientos años hasta el tiempo del rey Jizkiyahu (Ezequías) que finalmente la destruyó por el mal uso que se le había dado. Este texto nos enseña que algo positivo, que fue dado por el Eterno para la bendición del pueblo, puede convertirse en un culto idolátrico y una maldición. De la misma manera en el mundo occidental cristiano, se ha convertido a la imagen de la muerte del Mesías, e incluso la misma cruz, en un objeto de culto, que se adora, se canta y se quema incienso y velas etc. Por ende, comprendemos por qué ese culto idolátrico a los crucifijos y a la cruz es una abominación para el Eterno y serán hechos pedazos cuando venga el Mesías Yeshúa de nuevo a la tierra.
Además, esto nos deja la evidencia de que cuando un redimido pierde su relación con el símbolo, se cae en idolatría, transformando al objeto en un vulgar ídolo, que a la final será destruido. Lamentablemente, el hombre caído puede tomar cualquier buena y gloriosa cosa de Dios y encontrar un uso idolatra para ello.
Por eso, lo que las Sagradas Escrituras quieren hacer ver con todo lo anterior, es que la idolatría, no esta referida solamente templos gigantescos, con grandes imágenes, y sacrificios humanos. Sino a un idolatra común, en el aislamiento de cada varón (o mujer) en la paz de su propio hogar. Con un trabajo, una familia, unos créditos por pagar, y en vez de mostrar fidelidad a Dios, él o ella la manifiestan hacia ídolos, con dos, tres o incluso varias docenas. De ese modo, sólo se acarrea muerte ontológica para sí y su familia, para terminar en una eterna condenación.
Por todo esto, aceptaremos que todo ser humano ha sido dañado por el veneno del pecado y está en el camino a la muerte y la destrucción. La única solución para su supervivencia es que se fije en un milagro y ponga su fe en el Eterno por medio de ese milagro.
Un Asta para Provocar el Milagro Divino.
Continuando con nuestra investigación de este misterio salvífico, resulta interesante saber que la palabra hebrea que ha sido traducida como “asta” o “poste”, es nes (–נס – c.f. Núm. 21: 9) puede también ser traducida como “milagro” y/o “señal”. Así pues, comprendemos mucho mejor el oráculo encerrado en aquella serpiente: la muerte de Yeshúa fue un milagro y una señal divina para la Salvación de todo ser humano.
La vara de Moshé era un símbolo del Mesías. Esta vara era el poder de Elohim para lograr la salvación para los israelitas. En muchos lugares de las Sagradas Escritura vemos que la vara es un símbolo del Mesías. Por ejemplo, el profeta Isaías anuncia:
” Y brotará un retoño (vara) del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto.” (Isaías 11:1)
“…sino que juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad por los afligidos de la tierra; herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío.” (Is. 11:4)
La vara es un instrumento de poder. Se nos dice en otro lugar que Mesías gobernará las naciones con vara de hierro. Él es la vara de la boca de Yahvéh, porque Él es llamado la Palabra de Dios, y una Palabra que sale de Su boca.
Por ello, durante su estadía en la Tierra, Yeshúa demostró gran poder durante Su ministerio, resucitó a los muertos, sanó a los enfermos, haciendo que los ciegos vieran, calmando la tormenta con tan solo una Palabra; y muchas otras exhibiciones increíbles de poder ocurrían sólo por Su Palabra. Sin embargo, Su mayor acto, y el que aplastó la cabeza de HaSatán, fue cuando dio Su cuerpo para que fuera crucificado y cargó sobre sí todos los pecados del mundo.
“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.” ( 2 Corintios 5:21)
Yeshúa se hizo pecado. Se convirtió en (semejante a) la Serpiente. Él nació en semejanza de carne de pecado (Romanos 8:3), pero se hizo pecado para deshacer las obras del HaSat´n y poner a los hombres libres de la maldición. El Mesías estuvo en el lugar del hombre. Se convirtió en una maldición para que los hombres pudieran ser liberados de la maldición. Como está escrito:
“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO).” ( Gálatas 3:13)
Entonces, aceptemos que una serpiente de bronce sí habla del mal; pero el mal habiendo sido ya tratado y juzgado. Es decir que, Yeshúa que no conocía pecado, se volvió pecado por nosotros en la cruz, y nuestro pecado fue tratado y juzgado en Yeshúa.
La serpiente en el poste y la vara que se convirtió en una serpiente, ambas señalaban a que el Mesías tomaría sobre Sí el pecado del mundo. De esta manera el poder del enemigo se haría añicos y los hombres podrían estar libres de la naturaleza de la bestia y convertirse a la imagen y semejanza de Dios.
Los que estaban infectados con el veneno de la serpiente, que es el pecado, podrían ser curados por mirar al Mesías, que se hizo pecado en su nombre. Un gran cambio se produjo en la Cruz, porque Yeshúa tomó sobre sí todos los pecados del hombre, y a cambio dio al hombre Su justicia.
Yeshúa se identifica con la serpiente de bronce. Una serpiente simboliza el carácter delmaligno. El yetzer hará, la “mala inclinación” o “inclinación al mal“, el pecado, de todos los hombres, que hemos recibido desde el huerto de Edén al ser “mordidos” por la serpiente antigua, fue introducido en Yeshúa para que pudiera ser condenado en él por el Juez Supremo y los hombres ser liberados de la ira y el castigo eterno que vino como una consecuencia de esa inclinación al mal, tal como lo enseñaba el apóstol Pablo a los creyentes de Roma:
“Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne.” ( Romanos 8:3 )
Volviendo a los oráculos del profeta Isaías podemos leer lo siguiente:
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero HaShem hizo que cayera sobre él la iniquidad de todos nosotros… Debido a la angustia de su alma, él lo verá y quedará satisfecho. Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes y con los fuertes repartirá despojos, porque derramó su alma hasta la muerte y con los transgresores fue contado, llevando él el pecado de muchos, e intercediendo por los transgresores.” (Isaías 53:6, 11-12)
Debo aquí aclarar que cuando las Sagradas Escrituras hablan de EL pecado, en singular, se refiere a lo que se llama “yetzer hará”, la inclinación al mal, que es sinónimo a la carne, que es el carácter del maligno. En cambio, cuando las Sagradas Escrituras hablan de LOS pecados, en plural, se refiere a los resultados de esa inclinación, los pensamientos, las palabras y las obras que manan de esa naturaleza.
Entendido así este asunto, debemos aceptar que Yeshúa llevó tanto el pecado como los pecados para liberar a todos los que por fe ponen su mirada y su concentración fija en lo que él hizo cuando murió en la cruz. Así lo dejó bien claro el apóstol Pedro cuando escribió:
“… y él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados.” (1 Pedro 2:24)
El autor de la epístola a los Hebreos enfatizó también esta enseñanza al escibir:
“así también el Mesías, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan.” ( Hebreos 9:28 )
¡El hijo del Hombre tenía que ser levantado de la misma manera que la serpiente de bronce!
La Torah nos dio a conocer de qué manera el hijo del Hombre tenía que morir para salvar al pueblo de Israel y al mundo del pecado y de la muerte eterna.
Yeshúa es la única solución final para el ser humano, tanto judío como no judío. Sin él nadie se escapa de la muerte eterna. En cambio, aquella persona que fija sus ojos espirituales en su muerte expiatoria será salvo eternamente. Tal como el Eterno lo expresa a través del oráculo de Isaías:
“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.” (Isaías 45:22)
Podríamos estar dispuestos a hacer cientos de cosas para ganar nuestra salvación, pero el Eterno nos manda a solo confiar en Él y verlo a Él en Su obra Redentora plena y perfecta a través de Yeshúa HaMashiaj.
“¿Por ventura te parece poca cosa el que nos hayas hecho subir de una tierra que mana leche y miel para hacernos morir en este desierto, para que quieras también hacerte señor absoluto de nosotros? Ni tampoco nos has traído a una tierra que mana leche y miel, ni nos has dado posesiones de campos y de viñas. ¿Acaso quieres arrancar (cegar) los ojos de estos hombres? No subiremos.Y se encendió la ira de Moisés en gran manera, y dijo al Eterno: No atiendas a su ofrenda; ni un solo asno de ellos tomé, y no he hecho mal a ninguno de ellos.
(Números/Bamidbar 16:13-15)
Basándome en estos versículos observo una insatisfacción que lleva a ser mal agradecidos, a nunca estar conformes con nada. Siempre hay un “pero” para todo, hasta para cuando estamos alegres.
En Kóraj (Coré) notamos una vez más esa klipá (cáscara, concha, y/o caparazón) y también están incluidos esos tres gigantes que vimos en el parashá Shelaj Lejá (Bamidbar 13:22) con los que día a día tenemos que luchar:
Ajiman, el bloqueador;
Sesay: el blanqueador (la religión) y
Talmay: el acumulador.
Esto arrastró a ese levita a una envidia que invadió su corazón, lo enfrió y lo llevó a él y a tantos otros a rebelarse.
Si tan solo le hubiera dado lugar a la humildad como Moshé lo hizo, quizás todo hubiera sido distinto. Pero Abba nuestro nos prueba para que quede expuesto quién de verdad lo obedece o quién, como Kóraj y sus seguidores, ante cualquier situación siempre tiene el “pero” perfecto para no congregarse, o para mirar en qué momento va a caer su hermano para decir que en ese puesto no tendría que estar, etc.
“Tú salvas a los humildes, pero humillas a los orgullosos” (Salmos 18: 27)
Más claro échale agua. Un sabio dice: “la humildad es requisito indispensable del verdadero aprendiz, del verdadero discípulo”.
La solución no es poner a un hombre con hambre de poder en un cargo de responsabilidad, sino que se humille y aprenda a someterse a los líderes que Yahveh ha puesto sobre él. Pero muchos no quieren aceptar esto ni tratar con el pecado que los domina, sino que desarrollan su rebeldía hasta que apodera de su ser.
Pero si nos humillamos bajo la poderosa mano del Eterno, Él nos exalta en su debido tiempo, como está escrito en 1 Pedro 5:5-6.
“No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes.Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.» ¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “¿Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano”. (Mateo 7:1-5)
Basándome en este pasaje cierro esta meditación con la conclusión de que un líder puesto por Abba nuestro siempre va a dar su vida por las ovejas (Juan 10:11) como hizo Moshé, y luego Yeshúa nuestro Maestro y Dueño. Siempre va a procurar actuar con sabiduría, entendimiento y conocimiento por su pueblo, siempre intentará hacerle bien y no mal. Por ese motivo el Señor me lleva a observar cómo todo lo permite Él.
Nosotros como comunidad tenemos que apoyar a nuestros líderes, estar en ese cargo no es fácil, ya que se les demanda más. No podemos siempre buscar un “pero” a todo. “No oro porque fulano no me llamó, no me congrego porque el viento vino del Norte en vez del Sur, no me congrego porque el dólar subió. No me congrego porque no tengo internet”, etc.
¡A ver! Seamos agradecidos que hoy podemos aprender, no es válido culpar a esta plandemia de que te enfríes. Si te enfrías es porque sale a la luz lo que por muchos años no hiciste, solamente actuaste como cualquier religioso en calentar una silla, sólo que le agregaste de yapa el shabat.
Sí, puede que moleste lo que digo, pero si nos observáramos hacia dentro nos daríamos cuenta que mucha de la escasez que vivimos es porque seguimos siendo como Kóraj y lo que menos hicimos fue convertirnos al yugo de Yeshúa. Es decir, conocerlo, obedecerlo por medio de la indagación, meditación y oración de Su palabra, meramente por comodidad u argumentos humanos.
El Martín Fierro dice: «los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera«.
Si estás siendo devorado lamentablemente es porque no estás (y/o estamos) unidos como comunidad, porque somos mal agradecidos, no aprovechamos las herramientas que Abba nuestro nos da a través del maestro que nos ha dado.
¡Basta de tanta klipot!… ¡Basta de tanto «maquillaje»! Basta de sólo querer estar en los grupos de estudios para no sentirse excluido, o que nadie te quiere. La idea es que crezcas, que madures, es por el bien de todos nosotros.
Si no, siempre vivimos dando vueltas en la queja, en el desierto, en criticar al otro por nuestro mal. El mal muchas veces nos lo causamos nosotros mismos por no obedecer la palabra que con tanto tiempo en amor es bajada a nuestras vidas.
¡Cortémosla con tanta victimización! ¡Empecemos a caminar juntos! Porque si de algo no nos podemos esconder es de nuestro Rey, nuestro dueño que no va a permitir que una raíz de amargura contamine a Su Pueblo.
¡Todo sale a luz! Entoces seamos agradecidos, y en emunah (fe verdadera), caminemos juntos valorando que todo ya se nos dio.
Kóraj se rebeló y perdió todo; sólo se enfocó en observar y sus ojos lo engañaron. ¡Quizás viéndolo desde otra perspectiva no nos trague la tierra! ¡Pero la pobreza que hoy atraviesas es igual a que la tierra te trague!… Entonces, practiquemos la teshuvá, el arrepentimiento.
«Al día siguiente, Moshé vino a la Tienda del Testimonio y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había florecido; le salieron brotes y frutos, y maduraron almendras.
(Números/Bamidbar 17:23)
En la parashá de esta semana hemos visto como Koraj, Datan y Aviram, y los 250 líderes de Israel se rebelaron en contra de la autoridad de Moshé y Aarón. Como resultado de su rebelión, se los traga la tierra.
Sin embargo, y a pesar de este juicio divino, muchos que resienten la muerte de Koraj y de sus seguidores, responsabilizando a Moshé de este mal.
Entonces, la «ira» de YHVH se manifiesta a través de una plaga que acosa a la nación, y que causa la muerte de miles de personas. Una vez mas, Moshé intercede en favor del pueblo, e instruye a Aarón para que expíe el pecado cometido, tras lo cual la plaga llega a su fin.
Luego, el Eterno ordena a Moshé que en el Tabernáculo (Mishkán) se coloquen varas con los nombres de las distintas tribus.
Cuando Moshé entró al Mishkán a la mañana siguiente, la vara de Aarón estaba florecida con hojas, capullos, y almendras. Este milagro es muy singular ya que el mismo contenía otro dentro de él, pues notamos que los capullos no cayeron después de que la fruta apareció, como es usualmente el caso en lo natural. Más aún, el Nombre de Cuatro Letras del Eterno (Yud-Hei-Vav-Hei) fue milagrosamente grabado sobre la vara de Aarón como estaba grabado sobre el tzitz (vincha) del Kohén Gadol (Sumo Sacerdote). Con esto, las esferas celestes, demostraban que Aarón fue escogido como el Sumo Sacerdote, el que lleva el tzitz.
¿Por qué la vara de Aarón floreció?
En primer lugar, tenemos que aceptar que este milagro indicaba que la Shejiná imbuye aún a objetos inanimados de vida y les causa brotar. El hecho de reverdecer, nos habla de una especie de resurrección. Nada puede salir de algo seco y muerto, pero había algo como un imposible, nació de nuevo la vida. Nos enseña la unión entre la materia y el espíritu; la realidad nueva que surge cuando un pedazo de madera toma vida y se llena de sentido. Sin embargo, y más relevante, nos enseña la importancia del trabajo y la superación en la espiritualidad. ¡Ese es el poder del kehunáh (sacerdocio) que el Eterno ha otorgado a sus hijos primogénitos!
En segundo lugar, debemos saber que cada vez que vemos almendras, en conexión con una profecía o milagro, simbolizan que el Todopoderoso causará Su decreto de prisa. Así el Eterno insinuaba que cualquiera usurpador del kehunáh (sacerdocio) sería instantáneamente castigado. Así lo vemos demostrado en el caso del Rey Uziahu, cuando él entró al Beit Hamikdash (Sagrado Templo de Jerusalen) para realizar el Servicio sacerdotal, fue inmediatamente afligido con tzaraat (tipo de lepra).
Finalmente, regresando al pasaje que estamos considerando, vemos que después de la entera serie de señales y milagros, todos los israelitas fueron convencidos de que la profecía de Moshé era cierta en todos los detalles.
El bastón de Aarón nunca se marchitó; su tallo, capullos, y almendras permanecieron siempre verdes. El Eterno le ordenó a Moshé colocarlo cerca del arón como un testimonio para generaciones futuras de que, de todas las Tribus, Leví fue escogida para cuidar el kehunáh.
El sabio intérprete Rashé explica que la vara de Aharón debía ser puesta en el medio, porque el “medio” hace alusión a la armonía, no inclinándose ni a hacia un lado ni hacía el otro lado. Así pues, dice Rashí, “Aharón” representa al verdadero servidor del Eterno, quien tiene que procurar estabilidad, “medio”, no siendo por demás bondadoso, ni por demás riguroso. Así es como la Torah ayuda a la persona a seguir el camino de liderazgo armónico de Aharón.
Ahora bien, me resulta interesante compartirles la explicación que otros sabios dan al descodificar este milagro. “Aharón” hace referencia a la bondad o benevolencia (Jesed), mientras que “la casa de Leví” hace referencia a la severidad o restricción (Guevuráh).
Por eso, al leer “le salieron brotes y frutos, y maduraron almendras”, es necesario aceptar que para obtener bendición celestial de concreta en este mundo físico, se necesita que la bondad esté unida a su raíz la restricción que permite entendimiento del diseño original; eso estaría encriptado en la frase: “Aarón de la casa de Leví”.
Toda la bondad de Aarón provenía de la Torá de “Moshé”, quien pertenecía a la tribu de Levi.
Con esto cada israelita comprendió que recién cuando la persona se comporta con una bondad basada en el esfuerzo de meditar la Torah, es cuando ella obtiene que las bendiciones se materialicen en compensaciones y beneficios materiales.
El Eterno no sólo quería que Su Pueblo apreciáramos el producto final ya terminado, sino el proceso para obtenerlo. Él quería recordarnos que, con la Torah en la mente y el corazón, el esfuerzo y el proceso son tan importantes como el resultado.
La diferencia entre Koraj y Moshé, Aharón y los otros levitas no era el sacerdocio o la profecía; sino la dedicación de una vida entera dedicada a la búsqueda de la Voluntad divina. Su espiritualidad era mucho más profunda porque le habían dado mayor seriedad y mayor trabajo a su relación con la Divinidad. Si bien todos aquellos integrantes de Israel tuvieron profecía en el Monte Sinaí, y si bien todos escucharon a Dios; ninguno tuvo lo que Moshé y Aharón, porque la profecía que obtuvieron fue un regalo sin proceso; mientras que la de sus líderes fue el resultado de todo un esfuerzo a lo largo de años. Con este milagro, el Eterno nos recuerda que la Torah y sus mitzvot (mandamientos) hay que cuidarlas, plantarlas y trabajarlas como se cuida un árbol antes de que den frutos.
En síntesis, el milagro de las vara de Aharón (o tribu de Leví) mostró quién había sido escogido para entrar en la presencia del Eterno como representante de todo el pueblo. ¿En qué consistía el milagro? En la manifestación de vida en algo ya muerto. Las varas de cada uno estaban hechas de madera. La madera está muerta. Ahora la madera muerta de la tribu de Leví recibió vida nueva. El poder de la resurrección era la señal que muestra quién tiene el derecho a ser sumo sacerdote en la Tierra.
Lo mismo sucedió con el Gran Sumo Sacerdote Celestial. La vida de resurrección es la evidencia celestial de quién ha sido escogido para acercarse al Eterno en el Mishkán Celeste.
¡Yeshúa no está muerto!… ¡Él ha sido levantado de entre los muertos y vive para siempre! ¡Su vida habla por sí misma! ¡Él es el escogido para ser el Mesías, primero como Kohen celestial, y luego como Rey en la Tierra, desde la Nueva Jerusalén!… ¡Y ese día está cada vez más cerca!
Por eso, desde este estudio, te invito a que busques y sométete a los líderes que muestran señales de la vida de resurrección mesiánica, que son capaces de transformar vidas para bien. ¡Ellos tienen acceso al Eterno!
Con todo esto que te he escrito, anhelo que tu alma se predisponga a realizar día a día esa restricción que te permite esforzarte para así alcanzar el premio del supremo llamamiento de Dios en Yeshúa, el Ungido.
«Así se hará con cada buey, o carnero, o cordero de las ovejas, o cabrito. Conforme al número así haréis con cada uno, según el número de ellos. Todo natural hará estas cosas así, para ofrecer ofrenda encendida de olor grato a Yahvéh. Y cuando habitare con vosotros extranjero, o cualquiera que estuviere entre vosotros por vuestras generaciones, si hiciere ofrenda encendida de olor grato a Yahvéh, como vosotros hiciereis, así hará él. Un mismo estatuto tendréis vosotros de la congregación y el extranjero que con vosotros mora; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; como vosotros, así será el extranjero delante de Yahvéh. Una misma ley y un mismo decreto tendréis, vosotros y el extranjero que con vosotros mora.
(Números/Bamidbar 15: 11-16)
Me ha parecido muy interesante hacerles notar que, luego del incidente del informe negativo de los diez espías, el Eterno consoló al pueblo de Israel recordándoles que sus hijos eventualmente entrarían y tomarían posesión de la Tierra de Israel. Esto lo realizó dándoles algunas leyes que se aplicarían sólo una vez que entraran a Eretz Israel.
Vemos que la primera de esas leyes es que los sacrificios de animales tenían que ser acompañados de ofrendas de grano, aceite y vino.
Todo aquel que hiciera un sacrificio debía traerlo con la acción de gracias representada en el grano y el gozo simbolizado en el vino; Yahvéh no quería sacrificios avaros, quejumbrosos traídos a Él. Si un miembro de Israel no podía servir a YHVH con alegría, entonces Dios no quería su servicio en absoluto, y le cerraba las puertas a su providencial Presencia (ver Salmos 100:2).
Ahora bien, ese servicio con alegría tenía incluido una espiritualidad comprometida con la realidad cotidiana desde una praxis que permitiera evitar el misticismo monástico en la mentalidad de Israel. Es decir que su adoración tenía que demostrar su compromiso con el trabajo creativo que en lo cotidiano permitía el Tikún Olam (Reparación del Mundo).
El Eterno le dio al pueblo Israel justamente estas leyes porque contrarrestan el verdadero error de los espías por el que fueron movidos a presentar un informe pesimista. La realidad es que los espías querían permanecer en el desierto, estudiando Torah sin las distracciones de la vida material. Ellos se llenaron de pánico al darse cuenta que asentados en Eretz Israel, todos los hebreos pasarían a ser reyes y sacerdotes, alcanzando así el nivel de nobleza que estos diez príncipes habían logrado con el estudio de la Sabiduría de la Torah.
Ahora comprendían que en el propósito eterno de Dios, tanto ellos como el resto del Pueblo estaban obligados a esforzarse cada mañana, al despertar, a buscar primeramente el Reino de Dios y Su Justicia, para luego, salir a laborar con el fin de que todas las cosas se unificaran al nivel elevado de conciencia que la Torah otorga por medio de la meditación en sus códigos.
Captaron perfectamente la idea divina: «¡Primero tu animalidad (yetzer hará = tendencia al mal o ego) sacrificado muy temprano para que ascienda tu conciencia. Luego, tus acciones co-creadoras descendiendo a la fisicalidad para que todos los niveles terrestres se eleven a la unificación con el Boré Olam (Creador del Universo)!»
Este enfoque parcial sobre la espiritualidad era similar a los sacrificios animales, que ascienden en humo. El aceite y el vino, en cambio, eran vertidos hacia abajo. En otras palabras, tu búsqueda de cada mañana debe ser practicada en tu compromiso de salir a trabajar para transformar el mundo con los códigos de la benevolencia divina que la Instrucción divina te ha revelado.
Por ello, Yahvéh al instruir al pueblo de Israel con respecto a las ofrendas de aceite y vino, les estaba transmitiendo que el período de su “incubación” espiritual en el desierto eventualmente llegaría a su fin. La entrada de sus hijos a Eretz Israel marcaría el descenso del pueblo israelita al mundo físico, para manipular las leyes cósmicas y así cumplir el propósito eterno de Dios en la Creación: el Tikún Olam, es decir que esta sea reparada para transformarla en una morada para Yahvéh.
Esta ofrenda representa la capacidad humana de mezclar varios ingredientes del mundo físico para hacer algo nuevo, diferente de cualquiera de sus componentes y así promocionarlo a un nivel de mayor calidad. Por ejemplo, sabemos que hacer pan tiene mucho de milagroso. Mezclamos ingredientes muy simples: harina, agua, levadura, sal y aceite. Amasamos, le agregamos un poco de paciencia y todo eso se transforma en una masa que al salir del horno nos reconforta a través de los sentidos: aroma, gusto, vista, tacto. Reconocemos y agradecemos esta capacidad que tenemos de hacer algo tan especial con la bendición de nuestro trabajo manual.
De este modo, el Eterno establece el método para que las mentes de los que integraban Su Pueblo estuvieran siempre enfocadas en la Tierra Prometida, incluso a pesar que ellos estuvieran a una larga distancia de ella. Manteniendo sus mentes en Su promesa ayudará a verlos a través del desierto y preparar los corazones de la nueva generación para triunfar donde la vieja generación falló.
Similarmente, siempre que no nos sintamos preparados o renuentes a enfrentar los desafíos cotidianos de la vida, tenemos que recordarnos que nuestras vidas necesitan balancear la necesidad de elevarnos por encima del mundo y la devoción para descender en él para refinarlo y elevarlo promoviéndolo a la unificación con la Luz Infinita.
Estos códigos nos permiten establecer en nuestras mentes pensamientos enfocados hacia la Promesa. Incluso si un hijo de Dios no está caminando en las riquezas de las promesas divinas ahora, él (o ella) necesita establecer sus mentes en los lugares celestiales en donde Pablo revela que Dios nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Jesús el Cristo (Efesios 2:6) ¡incluso si no se siente como eso ahora, establece tu mente en estos lugares celestiales! (Cf. Colosenses 3:2)
En la actual configuración de nuestra civilización, lo que el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman denominó «amor líquido» ha transformado los vínculos humanos en conexiones precarias, transitorias y, a menudo, carentes de un centro de gravedad. Vivimos en una era donde el deseo es consumista y el compromiso es percibido como un obstáculo para la libertad individual. Ante este panorama, la antigua sabiduría de la Torá, específicamente la porción de Kedoshim, emerge no como un código de prohibiciones arcaicas, sino como una propuesta terapéutica y revolucionaria para restaurar la integridad del ser.
1. El Malentendido de la Santidad: De lo Intocable a lo Distinguido
Históricamente, la palabra «santo» ha sido secuestrada por una tradición latina que la asocia con lo inviolable, lo místico-estático o lo inaccesible. El término sanctus evocaba aquello que estaba sellado por sanciones imperiales. Sin embargo, al despojar el texto de sus capas de traducción, encontramos la raíz hebrea Kadosh (קדוש), cuya esencia es la distinción y la separación para un propósito específico.
Ser Kadosh no es recluirse en un monasterio ni habitar en una nube de piedad abstracta. Es, por el contrario, desarrollar la capacidad de separar la luz de la densidad de la materia. En la práctica, la santidad es un ejercicio de discernimiento: saber extraer el beneficio y la chispa divina de las circunstancias más complejas del espacio-tiempo.
2. La Sexualidad como Tecnología de Conexión (Kiddushin)
Uno de los puntos más disruptivos de la enseñanza en Kedoshim es la vinculación directa entre la santidad y la sexualidad. En el pensamiento hebreo, el matrimonio se denomina Kiddushin (consagración/santificación). Este concepto rompe con la visión de la sexualidad como mero placer biológico o como un tabú religioso.
En el marco de la «modernidad líquida», el sexo se ha convertido en un bien de consumo más, sujeto a la obsolescencia programada. Frente a esto, el concepto de Kiddushin propone que la sexualidad es una herramienta cósmica. Es el espacio donde las dos polaridades fundamentales de la existencia —lo masculino (benevolencia/expansión) y lo femenino (disciplina/vasija)— alcanzan una armonía que permite la manifestación de lo mesiánico.
Cuando la Torá nos insta a ser «santos», nos está llamando a cuidar nuestra Zera (semilla/simiente). Esta semilla no es solo biológica; es la codificación de nuestro propósito. En un tiempo de encuentros fortuitos y vacíos, la propuesta es la exclusividad operativa: apartarse para ser una vasija única donde el Eterno pueda hablar a las naciones.
3. Terapia Divina contra la Sociedad del Cansancio
Siempre insisto en entender y aceptar que el libro de Vayikrá(Levítico) funciona como un manual de terapia divina. La instrucción no busca someter al hombre, sino liberarlo de la presión del sistema. El valor numérico de la palabra «depresión» y «miedo paralizante» coincide con los 51 mandamientos escondidos en esta parashá, sugiriendo que la observancia de estos códigos es el antídoto contra el caos emocional.
La reflexión pragmática para el siglo XXI es clara: la santidad es coherencia. No podemos ser «espirituales» en el momento de la oración y «animales» en nuestros tratos comerciales o en la intimidad de nuestra alcoba. El carácter mesiánico se refleja en la integridad de las 24 horas del día.
4. Conclusión: El Desafío de la Rectificación
Para vencer los obstáculos de una sociedad que nos empuja a la fatiga y a la fragmentación, debemos reclamar nuestro estatus de Kedoshim. Esto implica:
Discernir: Extraer luz de lo oculto en cada circunstancia cotidiana.
Armonizar: Usar nuestra energía creativa (sexualidad y palabra) no para el consumo, sino para la construcción de una alianza matrimonial con el Espíritu.
Trascender: Entender que nuestra vida es un Mishkán (tabernáculo) en movimiento.
En definitiva, ser santos hoy es el acto más rebelde que podemos ejercer contra el amor líquido: es la decisión de permanecer, de profundizar y de ser «distintos» en un mundo que nos quiere uniformemente mediocres. La santidad es, en última instancia, la libertad de vivir en alianza.
Te invito a escuchar el desarrollo de todo esto en el siguiente video:
“Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos. Ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan? ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis? ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis? ¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos? Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.
(Mateo 16:6-12)
Cuando leemos los Escritos Mesiánicos y estudiamos acerca de los enemigos de Yeshúa, usualmente nos enfocamos en los escribas y fariseos. Conocemos muy bien la manera arrogante de los fariseos, tanto que logramos asociar “fariseo” e “hipócrita” como términos casi sinónimos.
Pero, por otra parte, debemos reconocer que poco y nada sabemos de los saduceos, ya que notamos en los relatos evangélicos que los mismos mantuvieron su distancia del Maestro, sin realmente confrontar a Yeshúa frecuentemente.
Entonces, comenzaré diciéndoles que los saduceos eran más un grupo político que una secta de estudio de la Torah, aunque eran miembros de familias sacerdotales aristocráticas.
Se les menciona directamente algo de 12 veces en los libros del Pacto Renovado (o Nuevo Testamento según la teología cristiana). Frecuentemente estuvieron incluidos entre los “sumo sacerdotes”.
Para hablar del origen de esta secta, diré que Josefo hace referencia por primera vez a los saduceos en su obra Antigüedades (XIII.x.5-7). Allí, él describe la decisión de Hircano I (rey macabeo de los judíos, 135-105 a.C.) de aliarse con ellos. De esto se logra deducir que esta secta existía antes de dicho reinado. Por eso, en los días de Yeshúa, se pensaba que el nombre se había derivado del Sumo Sacerdote Tzadok, contemporáneo del rey David y su hijo el rey Salomón (2 Sam. 15.27; 19.11; 1 Reyes 1.8), cuyos descendientes eran considerados como la línea pura de la Casa de Aharón ( Ez. 44:15) y los conservadores del sacerdocio hasta la rebelión de los Macabeos.
Sin embargo, varias dificultades filológicas e históricas obligan a buscar otra explicación. T.W. Manson propone que la derivación del nombre debería encontrarse en la palabra griega syndikoi, que significaba “autoridades fiscales” en el estado de Atenas desde el siglo IV a.C. En Israel, los reyes griegos otorgaron a los saduceos la facultad de fiscalizar los impuestos. Por eso, se dice que al principio los saduceos no eran un grupo religioso, pero con el tiempo, para defender sus intereses, apoyaron al Sumo Sacerdote descendiente del linaje de Sadok por lo que fusionaron su nombre griego (syndikoi) con el de sadokite (equivalente a dicho Sumo Sacerdote), y produjeron la expresión: sadokitas o saduceos.
Como podemos notar, este grupo sectario en verdad se convirtió en un partido político prominente que, como dije antes, aparecen por primera vez en el reinado de Juan Hircano (135-105 a.C.). Se caracterizaron por abrazar las tendencias helenizantes de los príncipes asmoneos en las que se oponían fuertemente por los asideos (un partido que evolucionó hasta convertirse en los fariseos, o separatistas), y que aborrecía todas las formas de la cultura griega como perjudicial para los intereses de la fe judía.
Bajo Aristóbulo I y Alejandro Janeo, los sucesores inmediatos de Juan Hircano, el poder de los saduceos se fue empoderando cada vez más, y aunque la facción opuesta de los fariseos fue favorecida durante la regencia de la reina Alexandra Salomé (78-69 a.C.), los saduceos recuperaron su ascenso bajo el rey Aristóbulo II (69-63 a.C.), a quien apoyaban en sus conflictos con Hircano II, Antípatro y los romanos.
Precisamente por esa circunstancia se apegaban mucho a los grupos y poderes extranjeros, de los que llegaban incluso a adoptar ciertas tradiciones o costumbres. Lamentablemente, los saduceos se comprometieron con la cultura greco-latina, adoptando todas sus costumbres. Se vistieron como los griegos. Nombraron a sus hijos con nombres griegos. Los ejercicios en los gimnasios los llevaron desnudos como los griegos y romanos, etc. Y se olvidaron de aquel mandamiento del Eterno en el que debía ser un pueblo santo (apartado) y no mezclarse con la gente del mundo reptiliano.
La historia cuenta que cuando el romano Pompeyo conquistó a Jerusalén (63 a.C.), ejecutó a muchos líderes saduceos, como lo hizo también el idumeo Herodes el Grande cuando accedió al poder (37 a.C.).
Sin embargo, los saduceos conservaron sus funciones sacerdotales tradicionales y también una preponderancia variable en el sanedrín, pero incluso en este sentido su influencia disminuyó mucho a través de la política de Herodes y luego de los procuradores romanos de Judea, que designaban y removían a los sumos sacerdotes a su antojo arbitrariamente y sobre todo por razones políticas.
Como lograrán discernir, en esta síntesis de sus orígenes, los saduceos eran naturalmente impopulares entre las masas debido marcada tendencia a estar en estrecha colaboración con el poder dominante, mientras que los exclusivos y patrióticos fariseos se convirtieron cada vez más en los líderes del pueblo. Así mismo, y por esta situación que provocaba el enfado y la repulsa del resto del pueblo, aparecieron los llamados zelotes, que una agrupación celosa de la Torah que su extremismo salía a enfrentar a todo apóstata y extranjero, armados con con sicas o dagas cortas.
Lo cierto es que de esto modo, y hasta la mitad del siglo I de nuestra Era Común, este grupo logró controlar el Sanedrín (Tribunal más alto de la Justicia judía). Después, al serles quitado el poder secular, primero por los Zelotes y después por los romanos, desaparecieron del judaísmo. Aquí creo conveniente comentar que muchos estudiosos sostienen que los karaítas son el remanente de los saduceos más todos los grupos antitalmúdicos (o anti rabinato farisaico) que nacieron en la altísima Edad Media.
Principales Perseguidores de los del Camino.
En su enseñanza y proclamación profética, Juan el Bautista, señalaba que los saduceos eran una generación de víboras, demandándoles de parte de Yahvéh que tenían que producir frutos propios de teshuváh (regreso o arrepentimiento). Eso se debía a que no habían guardado fielmente la Torah de Dios, como tampoco habían hecho los fariseos. (Mt 3:7, 8.) El propio Yeshúa comparó su enseñanza corruptora a la levadura. (Mt 16:6, 11, 12).
Quizás por este mensaje de exhortación profética, los saduceos, después del día de Pentecostés relatado en el libro de los Hechos (cap. 2), estuvieron muy activos en contra de la naciente congregación de hijos primogénitos.
Arrestaron a Pedro y a Juan y los pusieron en prisión (Hch. 4:1-22)
Un poco después, arrestaron a todos los apóstoles y planificaron matarlos: “Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública.” (Hch. 5:17-18)
El apóstol Pablo compareció ante el Sanedrín, constituido por saduceos y fariseos, y usó las diferencias entre ellos acerca de la resurrección para salvar su vida (Hch. 23: 6-10).
No existe registro alguno de saduceos que se haya completado en Yeshúa y haya sido admitido en las comunidades del primer siglo. De acuerdo con Josefo (Antig. 20.9.1), ellos fueron los responsables de la muerte de Santiago, el hermano del Señor.
¿Cuáles eran las Creencias que formaban su Cuerpo Dogmático?
«Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu, mas los fariseos creen todo esto.
(Hechos 23:8)
En los Escritos Mesiánicos podemos ver como un grupo de saduceos trató de entrampar a Yeshúa en la cuestión de la resurrección y el matrimonio de levirato. Pero él los hizo callar, apoyándose en los escritos de Moisés, que los saduceos afirmaban aceptar, y así refutó su punto de vista de que no había resurrección. (Mt 22:23-34; Mr 12:18-27; Lu 20:27-40.) Más tarde, cuando el apóstol Pablo estuvo ante el Sanedrín, logró dividir al alto tribunal judío enfrentando a fariseos con saduceos, un enfrentamiento propiciado por las diferencias religiosas que existían entre ellos. (Hch 23:6-10.)
Su actitud hacia los que se conocía como «las tradiciones de los ancianos» era completamente hostil. Para que este rechazo también se lograra en el Pueblo, se centraron en el mantenimiento del culto en el Santo Templo. Su interpretación de la Torah giraba alrededor de los preceptos ritual y el mensaje que en ellos se escondía.
A esta altura del estudio entiendo que comprenderán que la mayoría de los sacerdotes pertenecían a esta secta, otros no, como por ejemplo Zacarías el padre de Juan el Bautista (quien posiblemente era esenio). Así mismo debemos aceptar que no todos los saduceos eran sacerdotes, sino que aquí se sumaban comerciantes y funcionarios públicos que veían conveniente este sector de fe con el fin de mantener su «statu quo«.
Por su ideal mesiánico era un estado teocrático encabezado por el Sumo Sacerdote. Por eso veían con sospecha la esperanza mesiánica que amenazaba con derrotar el orden social y político existente. Por eso, el conflicto de Yeshúa con los saduceos se agudizó mayormente en la última semana de su ministerio, cuando su popularidad entre el pueblo (Marcos 12.12) parecía amenazar la paz y el orden gubernamental de la ciudad de Jerusalén y sus alrededores. En cambio el conflicto entre Yeshúa y los fariseos, debido a la influencia de estos entre el pueblo común, se advierte desde el principio de su ministerio.
Por todo lo hasta aquí expresado, debo señalar que los saduceos tenían un número de creencias distintivas, contrastándolos fuertemente con las de los fariseos:
1. Se atenían únicamente a la Torah escrita y rechazaron las tradiciones de los fariseos. En otras palabras, los saduceos creían que la Palabra de Dios revelada en la Torah (Instrucción) escrita era el único centro de la autoridad espiritual. Los fariseos, por el contrario, creían que tan obligatoria como era la Torah escrita misma lo eran la supuesta Torah oral de las enseñanzas de Moisés y las reglas (halajot) de la Torah hechas por los escribas a través de los años.
2. Negaban la resurrección del cuerpo, la retribución en el Mundo Venidero, afirmando que el alma muere juntamente con el cuerpo, y luego no hay nada más. Su negación de la resurrección se basaba, según ellos, en el hecho de que la Torah de Moisés no contiene textos explícitos acerca de estas doctrinas. Los saduceos no tenían en cuenta la creencia de los patriarcas en el Mundo Venidero después de la resurrección de los muertos tal como Yeshúa se lo reprochará (Mat 22:23; Mar 12:18; Luk 20:27; Hech 23:8; comparar Hech 4:1-2).
3. Negaban la existencia de los ángeles y del Espíritu Santo (Hech 23:8). Un número de factores pudo haber sido responsable de esto: su indiferencia general hacia la trascendencia del alma humana, su disposición racionalista y las extravagancias exageradas de la angelología y demonología de los fariseos.
4. Los saduceos no creían en la predestinación y del libre albedrío de la voluntad humana. Enseñaban que sufrimos las consecuencias directas de nuestros actos, buenos o malos, y que aparte de esto Dios no se ocupa providencialmente de nuestra conducta y de nuestra vida. Ellos desechaban todas las ideas de interposición divina en el gobierno del mundo. Es indudable que empezaron negando lo que no estuviera expresamente revelado en la letra de la Escritura. Después, influenciados por las concepciones helenísticas, acabaron por asumir la filosofía de Aristóteles, descartando toda doctrina que no pudiera ser demostrada racionalmente.
En comparación con los otros grupos judíos de la época, los saduceos son señalados como más liberales y materialistas. Al sostener que el Eterno retribuía a las buenas personas en el mundo terrenal, los saduceos defendían su bondad y valor a partir de sus riquezas materiales. Es más ellos ofrecían su yugo de enseñanzas fundamentando que ellos eran tzadikim (justos) evidenciándose en las posesiones materiales que el Eterno les había dado en compensación a sus rectas decisiones.
Como lo saduceos no veían en la Torah la noción de una vida después de la muerte; su horizonte era sólo esta vida, y en ella procuraban mantener su posición de poder y de privilegio. Su pecado era el materialismo, pues sus objetivos en la vida eran el dinero y el poder, anexos a la posición social que ocupaban.
Solo aceptaban la pervivencia de los hombres en sus hijos que engendraban, y que continuaban su sangre; es decir, era más un pervivir de la especie que un vivir detrás de la muerte de cada varón y mujer en el Mundo Venidero.
Ellos eran depositarios de buena parte de los tesoros del templo, de allí que estaban seguros, con esta vida, la tenían acomodada.
Como era inevitable, el resultado de comprometerse con el error al enseñar algo diferente mientras que ignoraba las Escrituras de Dios. Este grupo de personas perdió su identidad como parte del pueblo especial. Le dieron gran importancia a los asuntos seculares de la nación, ocuparon cargos públicos teniendo una gran influencia y así, poco a poco se desviaron del camino dándole mayor importancia a las cosas materiales, pues ellos eran de la filosofía “comamos y bebamos que mañana moriremos” y olvidaron su propósito original.
Creo que esta es una reflexión importante todo hijo primogénito de Dios. ¿Por qué? Porque hay ocasiones en que encontramos hermanos que creen, practican, enseñan y defienden doctrinas que van en contra de las Escrituras. Aprendamos de esto y luchemos para hacer la voluntad de Dios y así no perder nuestra identidad como discípulos de Yeshúa, por quienes Él derramó Su preciosa y bendita sangre.
Te invito a escuchar esta lección que di en mi Canal de Youtube:
“Habla a los hijos de Israel, diciendo: Si alguien peca inadvertidamente en cualquiera de las cosas que YHVH ha mandado que no se hagan, y hace alguna de ellas; si el que peca es el sacerdote ungido, trayendo culpa sobre el pueblo, que entonces ofrezca a YHVH un novillo sin defecto como ofrenda por el pecado, por el pecado que ha cometido.
(Vayikrá/Levítico 4:2-3)
Sin duda alguna debo comenzar diciendo que, al mencionar las ofrendas del Mishkán o Tabernáculo (más tarde el Templo), las imágenes que se aparecen en la mente moderna son barbáricas, paganas y primitivas. Matanza de animales, sangre y tripas que son llevadas a altares, quema de incienso y sacerdotes con vestimentas elaboradas realizando rituales complejos pero aparentemente sin sentido.
Sin embargo, dado que una parte importante de la Torah (la mayoría del libro de Vayikrá Levítico) se dedica a las detalladas leyes de las ofrendas, parecería que este tema tiene una importancia más profunda que nos demanda una detenida y profunda investigación.
En el día de hoy nos toca considerar un korván (ofrenda) lleno de códigos que revelan la gracia infinita de nuestro Dios. El mismo es llamado en las Sagradas Escrituras con el nombre dejatat, que es el nombre que se le da a la ofrenda por el pecado.
Comenzaré comentándoles que palabra jatat, se puede traducir como “error” y “pecado”. Esta palabra proviene de la raíz jatá, que significa “fallar”, “errar”, “pecar”.
También les diré una interesante curiosidad escritural. Cuando leemos el versículo 23, de este capítulo 4, nos damos cuenta que esta ofrenda también es llamada korbán, término que nos revela que también es un medio para poder ascender a YHVH para sentirse más cerca de Él. Pero, lo interesante es saber que en el resto de los versículos de este capítulo normalmente no se usa la palabra korbán (“ofrenda” o “ascensión”), como en el caso de la olá y la minjá, sino sólo le-jatat, que en la versión Septuaginta fue traducida simplemente como “pecado”. Así que el término griego técnico para una ofrenda de pecado es simplemente “pecado”. Tendiendo en cuenta este hecho, podremos entender correctamente el texto griego de la segunda epístola a los discípulos de Corintios donde está escrito:
“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en él.” (2 Corintios 5:21)
Esto significa que el Mesías fue hecho un sacrificio de pecado, en hebreo un le jatat, por nosotros. Es decir que no es que él haya sido hecho pecado, en el sentido literal de la palabra (como lo explican los líderes cristianos), sino que en esa expresión hay una alusión clara al sacrificio de pecado que encontramos en el capítulo cuatro de Levítico.
Pecados por omisión y por premeditación: ¿cómo los trata Dios?
Ahora quiero enseñarles una cosa más en cuanto a este interesante asunto. Existen dos tipos de sacrificios por el pecado: jatat y asham. El primero expía por ciertos pecados cometidos por error u omisión, el segundo expía por ciertos pecados cometidos con premeditación.
El jatat expía
por los pecados cometidos contra los mandamientos negativos que si hubieran
sido cometidos deliberadamente, el pecador hubiera sido reo del castigo
de caret (extirpación) del Pueblo. Hay 43 pecados de este
tipo, la mayoría de ellos son de relaciones sexuales prohibidas. El jatat sólo
expía por estos pecados cuando son cometidos por ignorancia. Esto nos enseña
que la falta de conocimiento no exime al pecador de su responsabilidad. El que
peca sin saber también es culpable delante del Eterno.
Al leer el versículo que encabeza esta bitácora, vemos que en el primer caso se habla del sacerdote ungido que peca, trayendo culpa sobre el pueblo.
La Torah revela que como el Sumo Sacerdote (Kohen Gadol) representa al pueblo, su pecado repercute sobre toda la nación. El pecado también puede consistir en que el Kohen Gadol haga una mala interpretación de la Torah y luego él mismo siga esa decisión halájica equivocada resultando en que también el pueblo la siga.
La expresión “el sacerdote ungido” es la traducción del hebreo ha-kohén ha-mashíaj. Ésta es la primera vez que aparece la expresión ha-mashíaj, “el ungido”, en la Torah. Dicha expresión aparece tres veces en esta aliyá (v. 3, 5 y 16). Ahora bien, no sé si logran darse cuenta de la maravilla que esto revela: ¡Es muy significativo que la primera vez que el Mesías es presentado en la Torah, es en relación con el sacrificio de pecado! Tenemos tres versículos como testigos firmes que muestran que la tarea primordial del Mesías es redimir el mundo por medio de su propio sacrificio de pecado “para que todo aquel que cree en él, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Al leer el versículo notamos que dice así: “si el que peca es el sacerdote ungido (HaMashíaj), trayendo culpa sobre el pueblo” En este texto está escrito que HaMashíaj es el que tiene pecado y ese pecado llega sobre el pueblo. La imagen de la sombra mesiánica está invertida, ya que en el arquetipo divino es el pecado del pueblo el que vino sobre el Mesías Yeshúa, y la justicia suya vino sobre el pueblo.
Al leer el versículo 5 vemos que está escrito:
“Luego el sacerdote ungido (HaMashíaj)tomará de la sangre del novillo y la traerá a la tienda de reunión”
Aquí está escrito que HaMashíajes el que trae la sangre al Mishkán (Tabernáculo). Así mismo, en el arquetipo divino, fue Yeshúa el Mesías quien llevó su propia sangre al Santuario Celestial.
En el versículo 16 vuelve a aparece una expresión semejante:
“Entonces el sacerdote ungido (HaMashíaj) traerá sangre del novillo a la tienda de reunión”
La Torah revela aquí que parte de la sangre debía ser llevada sí o sí al Mishkán. Esto anunciaba el momento cuando el Mesías Yeshúa llevaría Su bendita sangre al Santuario Celestial, tal como queda explicado en el libro de Hebreos:
“… y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, habiendo obtenido redención eterna.” (Hebreos 9:12)
Según el intérprete Rashí, el novillo tiene que tener tres años de edad, figurando así a Yeshúa, quien cumplir su obra redentora, ya tenía tres años de ministerio terrenal.
Enfocándonos más detalladamente en la halajá de este korbán nos encontramos con la revelación de que una vez que la sangre del novillo era llevada dentro del Tabernáculo, el resto del animal no se podía comer, sino que debía quemado fuera del campamento (cf. Levítico 4:21; 6:30; 16:27, Hebreos 13:11-12). Por favor, tengamos en cuenta que esto nos habla de la muerte del Mesías, cuya sangre fue llevada al interior del santuario celestial, pero su muerte ocurrió fuera de las murallas del Templo, cerca del altar que estaba en el Monte de los Olivos.
Es muy importante que al ver los korvanot, tengamos en nuestra mente que todos los sacrificios son sombras del sacrificio del Mesías ya que base del sacrificio del Señor estos sacrificios obtienen validez delante de YHVH.
Ahora quiero invitarlos a que miren un detalle asombroso de la gracia divina escondido en estos korvanot:
“Pondrá su mano sobre la cabeza del macho cabrío y lo degollará en el lugar donde se degüella la ofrenda de ascensión delante de HaShem; es una ofrenda por el pecado.” (v. 24)
Resulta que en el lugar donde era degollada la olá, es decir al lado norte del altar, se degollaba también el jatat, con un solo objetivo: no avergonzar al pecador (cf. v. 29, 33). Así los demás ofertantes no veían si el sacrificio era de ascensión o de pecado, y no se daba lugar para pensamientos prejuiciosos y lashón hará (lengua maligna) contra el pecador que regresaba a YHVH.
Es decir, que cuando una persona venía con un sacrificio al Tabernáculo todo el mundo podía ver esa acción. Pero lo interesante de esto es que no se sabía a qué venía el sacrificio, si era para una ofrenda de ascensión (olá) o una ofrenda de pecado (jatat), ya que ambas ofrendas se ofrecían en el mismo lugar. Nadie más que el pecador arrepentido y el sacerdote de turno sabían para qué era dicho sacrificio. De esa forma el pecador arrepentido quedaba protegido de las habladurías de la gente, porque no sabían que su ofrenda era de pecado.
Este detalle nos enseña que el Eterno es muy cuidadoso para no avergonzar al hombre, especialmente cuando tiene un corazón arrepentido. En lugar de exponerlo en público lo protege y no solamente cubre su pecado mediante el poder de la expiación del sacrificio sino también cubre su honra por medio de esta ley que estamos estudiando. ¡Es evidente que el Eterno protege de esa manera la fama de cualquier pecador arrepentido!… ¡Su amor es grande y asombroso!
Así mismo hoy la Torah divina persigue que aprendamos de nuestro Padre celestial y lo emulemos en lo mismo. En sus líneas está claro que no debemos actuar avergonzando a uno que está arrepentido de su pecado y, por lo tanto, jamás debemos revelar los pecados de los demás, si estos ya han sido perdonados por el Eterno en la Sangre preciosa de nuestro Señor Yeshúa.
¡Alabemos al Eterno por su amor, su perdón y su respeto al hombre!
‘Cuando alguien ofrezca una ofrenda de grano al SEÑOR, su ofrenda será de harina fina. Y él le echará aceite, y le pondrá incienso. Se lo traerá a los hijos de Aarón, los sacerdotes, uno de los cuales tomará de él su puñado de harina fina y aceite con todo el incienso. Y el sacerdote lo quemará como un memorial en el altar, una ofrenda hecha por fuego, un aroma dulce para el SEÑOR. El resto de la ofrenda de granos será de Aarón y sus hijos. Es la más santa de las ofrendas al Señor hechas por fuego.Y si traes como ofrenda una ofrenda de granos horneados en el horno, serán tortas sin levadura de harina fina mezcladas con aceite, o obleas sin levadura untadas con aceite. Pero si su ofrenda es una ofrenda de granos horneados en una sartén, será de harina fina, sin levadura, mezclada con aceite. Lo romperás en pedazos y le echarás aceite; que es una ofrenda de grano. ‘Si su ofrenda es una ofrenda de grano horneada en una sartén cubierta, estará hecha deharina fina con aceite. Traerás al Señor la ofrenda de grano que está hecha de estas cosas. Y cuando se presente al sacerdote, él lo traerá al altar. Entonces el sacerdote tomará de la ofrenda de grano una porción memorial, y quemar que en el altar. Es una ofrenda hecha por el fuego, un aroma dulce para el Señor. Y lo que queda de la ofrenda de grano será de Aarón y sus hijos. Es la más santa de las ofrendas al Señor hechas por fuego.
Levítico/Vayikrá 2: 1-10
De una u otra manera, la mayoría de nosotros conocemos que nuestro Maestro Yeshúa enseñó que Dios le da a cada hombre talentos según la capacidad que tenga para emplearlos en la misión de reparar el mundo.
En dicha enseñanza queda bien claro que algunos tienen varios talentos, otros menos; lo cierto es que nadie carece totalmente de ellos. Por ello, también se destaca el hecho que el Eterno no se complace cuando los hombres sólo le devuelven la cantidad de simiente (símbolo del potencial del alma) que les fue confiada. Esa semilla está llena de códigos (talentos) que deben ser manifestados. Por eso, Yahvéh quiere que los hombres siembren la semilla, la cuiden, la cosechen, la limpien de toda impureza, la muelan entre las dos piedras del molino, sacando de ella toda la vida mediante la trituración, y luego se la presenten como “flor de harina“. El Eterno espera que cada talento humano sea mejorado, refinado y ennoblecido a fin de que el potencial de cada hombre sea manifestado en acto pleno. ¡A esto Él llama verdadera prosperidad!
Por lo anterior, entendemos pues que la ofrenda de granos era típicamente harina fina , mezclada con un poco de aceite e incienso . Al ser traída al Mishkán, una porción de la harina era quemada ante Yahvéh en el altar. El resto se entregaba a los sacerdotes para su propio uso (“el resto de la ofrenda de granos será de Aarón y sus hijos”).
La ofrenda de granos es la simbología que sugiere cómo debe ser nuestro servicio diario a Dios. Sucede que esta ofrenda de comida era la obra de las manos de los hombres, es decir, que era el resultado del cultivo, la fabricación y la preparación; y era el símbolo del servicio ofrecido por medio del uso creativo de los talentos con los que el ser humano nace.
Esta ofrenda no se hacía sola. Siempre se hizo con la ofrenda de los holocaustos (olamot) descripta en el primer capítulo. Recordemos por lo que ya hemos visto que el sacrificio de olá (ascensión, holocausto) se daba de animales. Estos animales representan la vida del hombre. Es decir, que cuando se entregaba un animal para ser quemado enteramente se estaba dando un mensaje a todas las esferas celestes: “Yo pertenezco enteramente a Yahvéh”. Por eso, la ofrenda de ascensión representa nuestra entrega total que realizamos al Eterno apenas nos despertamos.
En cambio el sacrificio de ofrenda de cereal se daba de los productos agrícolas. Estos productos representan el trabajo cotidiano del hombre. Así pues cuando se entregaba estos productos al Eterno se decía a las dimensiones celestes: “Mi trabajo diario le pertenece enteramente a Yahvéh”. La oblación representa nuestro servicio al Eterno a través del trabajo de nuestras manos.
Para lograr entender la idea esencial de esta ofrenda, debemos aceptar que tanto los granos y como las cosas que crecen desde la tierra son de gran necesidad y beneficio para el ser humano. Dichas cosas deben ser obtenidas con el trabajo diario. O sea que la flor de harina (o harina refinada), es el producto que surge de la cooperación entre el Creador y los hombres. El Eterno coloca el principio de vida en la semilla, da sol y lluvia, y la hace crecer. El hombre siembra la semilla, la cuida, la cosecha, la muele para hacer harina, y luego presenta esta harina ante el Señor, o la prepara en tortas cocidas al horno. Es la suma del don original de Yahvéh más el trabajo del hombre. Es devolverle a Dios lo suyo con interés. Es símbolo de la obra de la vida del hombre, de talentos perfeccionados. Era la señal del gran reconocimiento que el ofrendante hacía de deberle todo a Dios, del mismo modo que deseaba asegurarse su favor y bendición para las tareas que venían por delante.
Con la oblación de aceptada que es apropiado honrar al Eterno con tales cosas, para evitar todo engaño egoico. Esto estaba perfectamente expresado al traer los granos necesarios y útiles (y todas las cosas cultivadas) para los sacerdotes, pues por medio del ejercicio sacerdotal dicho producto final del trabajo cotidiano era elevado a las dimensiones celestiales en señal que se estaba haciendo tikún a favor de las generaciones venideras. En pocas, palabras, quien daba oblación estaba proclamando: «¡no trabajo para recibir sólo para mí, sino que me esfuerzo en poner en acción todos mis talentos a fin de hacer un mundo mejor para aquellos que aún no han nacido!«.
Lo más destacado del ejercicio de esta ofrenda de granos era que incluso los más pobres podían participar de ella. Así el Eterno revelaba por medio de este mitzváh (mandamiento) que la puerta celestial estaba abierta aún para que los pobres le trajeran ofrendas sujetas a esa actitud mental, a fin de que sus trabajos fueran considerados en las esferas celestes como propicios instrumentos para prosperar y expandirse a mayor nivel económico.
Detalles Pedagógicos para alcanza la Prosperidad verdadera.
Ahora los invito a considerar detalladamente este interés que el Eterno tiene para que los hijos de Israel, especialmente los más pobres, prosperen en el mundo físico.
La palabra hebrea que aquí ha sido traducida como “alguien” es nefesh, que significa “alma” y/o “energía vital”, refiriéndose a esa fuerza psíquica que nos impulsa a mantenernos con vida en este mundo, para este mundo. Es la parte de nuestra alma que se nutre con la energía que se encuentra en la materia, la que proviene de nuestros alimentos.
La palabra oblación (que se significa ofrenda de cereal), en hebreo es minjá, y es el nombre con el que se señala al sacrificio de los pobres, que no tienen medios suficientes para ofrecer un animal. El Talmud, destaca este hecho diciendo que cuando el pobre ofrece una minjá, es contado en los cielos como si hubiera ofrecido su propia alma a Yahvéh.
Está bien claro aquí que el sacrificio de minjá se da de los productos agrícolas. Estos productos representan el trabajo cotidiano del hombre. Cuando un israelita entregaba estos productos a Yahvéh estaba dando testimonio a los cielos diciendo: “Mi trabajo diario pertenece enteramenteal Eterno, quien es mi socio en todo esto”. De este modo, para nosotros hoy, la oblación o minjá representa nuestro servicio al Eterno desde el correcto uso de nuestros talentos que son activados cada día cuando realizamos nuestras labores.
Características de la Oblación.
Notamos que la oblación tiene que ser de harina de trigo, que es considerada como la mejor harina. La cebada era más barata (cf. 2 Reyes 7:1; Revelación 6:6). Tengo aquí que contarles que las semillas del trigo no eran sembrabas por dispersión, es decir de la manera que se echaban a grandes cantidades sobre un campo, sino que eran cultivadas haciendo que el sembrador tuviera que poner grano por grano en la tierra. [Esto nos enseña que el sembrador de la parábola del sembrador (citada en Mateo 13:3-9), en realidad sembró cebada].
También debemos saber que la sémola que aquí se habla, en hebreo se dice solet, y señala a la harina de trigo de mayor calidad, la más fina y tamizada. Los sabios explican que esta harina también es llamada en español “flor de harina” o “harina candeal”. Esta harina fina tiene tres conceptos que el israelita debía decodificar y meditar:
Colina
Montaña
Anillo
Esto llevaba a darse cuenta diariamente que Israel fue redimida por el Eterno de la esclavitud de Egipto, y llevada amorosamente al monte Sinaí para celebrar una Alianza Matrimonial con Él.
El aceite de oliva de las tres calidades sirve para esta ofrenda. Era la representación misma de la Unción del Espíritu Santo que es lo que habilita para un servicio a Dios aceptable.
El incienso es quemado en su totalidad.
En cada ofrenda se debía añadir sal.
Más allá de que cada uno de estos elementos tiene distintas simbologías, hay algo general a destacar, y es que todos estos productos eran elaborados por el hombre a través del ejercicio creativo correcto de sus talentos.
Me parece interesante agregar que el Rabí Hirsche explica que el vocablo minjá implica la idea de dar tributo a un superior y, en tanto los alimentos de primera necesidad de la dieta humana como serían los cereales, simbolizan la existencia humana misma; en tal sentido, la oblación proclama el reconocimiento de quien la ofrece, de que su vida está puesta totalmente en las manos del Creador.
Según Rashi, se echaba aceite sobre toda la harina, y se ponía incienso sobre una parte de la harina. Según otra opinión se mezclaba la harina con el aceite. Este versículo revela que uno que no es kohén (sacerdote) puede preparar esta ofrenda ejerciendo domésticamente función sacerdotal.
Lo cierto es que el aceite simboliza la comodidad material; y el incienso represente alegría y satisfacción de los recursos obtenidos. Entonces, por medio de todos estos ofrecimientos, quien los traía reconocía también que toda comodidad y satisfacción que le causara alegría, tienen su origen último sólo en Yahvéh.
Por eso, el incienso que representa la oración y la alabanza a Yahvéh, (cf. Sal. 141:2, Rev. 5:8) tenía que ser ofrecido en la oblación, evidenciando así el ofrendante que vivía en en este mundo sólo para darle la alabanza suprema al Eterno como Padre, y no a ser humano alguno (ni siquiera a sí mismo).
Pero, cuando llegaba al Santuario con la oblación, el adorador también reconocía que no se puede servir a Yahvéh sin servir a los hombres, y especialmente los líderes que el Eterno ha puesto como sus dones de sabiduría. En las comunidades del Mesías del primer siglo, esto estaba bien claro, tal y como está escrito en la epístola a los Corintios:
“… y esto no como lo habíamos esperado, sino que primeramente se dieron a sí mismos al Señor, y luego a nosotrospor la voluntad de Dios.” (2 Corintios 8:5)
Notemos el orden descripto en este versículo. Dice que primero se dieron al Señor, lo cual hace referencia al sacrificio de olá (holocausto), de entrega total, a Yahvéh. Pero luego, en segundo lugar, se dieron a los emisarios o apóstoles, los líderes, que Yahvéh había puesto sobre ellos. Es evidente que en la perspectiva de la mente de Israel, no puede existir una entrega total a Yahvéh sin un servicio y sometimiento a los líderes que Él ha puesto.
Los Tipos de Oblación
Nos encontramos con cinco tipos de oblación (2:1-10), el común denominador es que todas tienen harina de trigo más fina. La diferencia entre ellas consiste en su manera de preparación.
Los
cinco tipos de oblación son los siguientes:
Solet – Una
décima de una efá de sémola, junto con un log de
aceite e incienso, 2:1-3.
Jalot – Diez
tortas (hogazas) de sémola, revueltas con aceite y horneadas, 2:4.
Rekikím – Diez
obleas de sémola, untadas con aceite y horneadas, 2:4.
Majabat –
Oblaciones crujientes de sémola mezclada con aceite y frita en aceite en un sartén
poco profundo que había en el templo, 2:5-6.
Marjeshet –
Oblaciones de sémola mezclada con aceite y frita con aceite en un sartén hondo
que había en el templo, 2:7-10.
¿Qué es ser un Adorador?
Según Rashí, estaba permitido para un israelita entrar 11 codos, (5,5 metros), en el atrio del Mishkán desde la entrada. Desde allí el sacerdote tomó un puñado, la cantidad que cabe en los tres dedos centrales de la mano, y lo quemaba en el altar junto con todo el incienso. El resto fue comido por los sacerdotes.
Nuestro Maestro y Dueño Yeshúa HaMashiaj, aseguró a la mujer de Samaria que el Padre busca adoradores (Jn. 4:24). De acuerdo a la cosmovisión divina que revela la Torah sabemos que un adorador es alguien que se ha entregado enteramente a Yahvéh. Uno que ha pasado por la experiencia de la olá. Uno que es consciente que sólo quien pasa por la olá puede luego servir a Yahvéh con sus obras cotidianas. Por eso la olá debía ser presentada antes que la minjá. De ese modo el mensaje que se proclamaba desde el Tabernáculo era bien claro: el Eterno busca corazones entregados y dispuestos a hacer su voluntad.
Querido discípulo, quisiera pedirte que me dejes hacerte algunas preguntas: ¿Has entregado tu corazón al Eterno? ¿Eres completamente suyo? ¿Estás reteniendo algo de tu vida para no ser entregado a tu Padre? ¿Has dado un sacrificio de olá de ti mismo?
En tal caso podrás servirle correctamente. Si no, tus obras y tu servicio a Yahvéh no van a ser totalmente agradables para Él.
No es lo mismo servir y obedecer al Padre sin una relación con el Padre, que hacerlo a base de una relación filial y bien íntima. La diferencia entre estas dos cosas no se ve por fuera, tiene que ver con el corazón, con la actitud interior. Lo más importante es nuestra relación con nuestro Papá celestial y con su hijo Yeshúa el Mesías, enviado por Él. En esa relación está la vida máxima, la vida eterna. El mismo Maestro lo dejó así establecido:
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Yeshúa el Mesías, a quien has enviado.” (Juan 17:3)
«Aléjate de una palabra falsa, y no mates al inocente ni al justo, porque yo no absolveré al culpable.
(Éxodo/Shemot 23:7)
Al estudiar este mitzváh (mandamiento), notamos que los jueces establecidos por la Torah tienen prohibido decretar la pena capital en base a pruebas inconsistentes o en base a lo que su lógica y/o prejuicios le s indique. Sólo son válidos los testimonios certeros. Entendiendo esto, concluimos que la entrega de Yeshúa para ser ejecutado fue totalmente ilegal, contraria a la Torah. Todos los que participaron en su juicio y muerte sabían que Él era inocente. Sin embargo, y a pesar de ello, el Maestro fue ejecutado.
Ahora bien, si este mandamiento revela que el Eterno no absuelve al culpable, entonces ¿cómo puede perdonar al pecador y no darle conforme a sus pecados?
La respuesta es: cuando el pecador se arrepiente, YHVH suple con el sacrificio de su Hijo que murió en su lugar para llevar su pena de muerte y salvarle eternamente. La muerte de Yeshúa es la única base justa sobre la cual el Eterno puede perdonar al pecador y justificar al impío, tal y como lo dejó escrito la pluma del apóstol Pablo:
“… aquel que justifica al impío.” (Romanos 4:5b)
¡Bendito Sea Su Nombre!… ¡El Eterno absuelve al culpable! ¡Esto es el evangelio!
Ahora bien, seguramente alguno de ustedes estará argumentando: sí, está bien, en Romanos 4:5 dice que Dios justifica al impío, pero al leer Proverbios (17:15) encontramos que el que justifica al impío es abominación a YHVH. ¿Cómo puede ser esto? ¿Cómo puede ser correcto para Dios hacer esto?
Pues bien, es un planteo muy interesante. Para responderlo, propongo que comencemos por dar lectura al texto que se encuentra en Proverbios 17:15 donde dice: «El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a YHVH.» (por favor, comparar también con Proverbios 24:24)
Para entender lo que este proverbio dice es necesario pensar en un juez injusto. ¿Qué es lo que hace injusto a un juez? Pues absolver al culpable, o al impío y condenar al inocente o al justo. Ambas cosas son abominación al Eterno, tal y como lo estamos viviendo en el mitzváh considerado en esta reflexión (Éxodo 23:7).
Al leer la versiónDios Habla Hoy, leemos este proverbio de la siguiente manera:
«Perdonar al culpable y condenar al inocente son dos cosas que no soporta el Señor.»
¿Logran ver el asunto? Ahora vamos a la otra cita paulina mencionada por mí más arriba. La misma, como lo he citado, se encuentra en Romanos 4:5, pero veo necesario aquí incluir el contexto. Por favor, leamos desde el versículo 1 hasta el versículo 8, donde dice:
«¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.»
Como bien notamos aquí, Elohim no está absolviendo a un culpable así como lo haría un juez corrupto. Lo que está pasando es que Él esta viendo el corazón de un culpable y allí en ese corazón existe fe para reconocer que Yeshúa es el Mashiaj del Eterno, y que recibió en la cruz el castigo que ese pecador culpable merecía por su pecado. Por esta emunáh (fe), Elohim perdona a ese pecador.
La TaNaK por tanto declara: ¡Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas! Es así es como el Eterno justifica al impío que cree en el Mesías como su Salvador y Dueño. No es que el Eterno se hace de la vista gorda para dejar pasar el pecado del impío. YHVH tuvo que pagar con la vida de su Hijo unigénito, para poder perdonar los pecados del hombre y de esa manera justificar al impío. ¿Logran ver la diferencia?
Para entenderlo mejor, les diré que el apóstol Pablo, en esta epístola, ha mostrado hasta el capítulo 3, que todos los seres humanos están bajo pecado y quedan bajo el juicio de Elohim. Pero, desde el versículo 21, el apóstol dirige su atención hacia el remedio de la enfermedad universal, que es el pecado, y al juicio, al escribir:
“Pero ahora, aparte de la Torah, se ha manifestado la Justicia de Dios, testificada por la Torah y por los profetas; la Justicia de Dios por medio de la fe en Yeshúa HaMashiaj, para todos los que creen en él.» (Romanos 3: 21-22)
Esta es la mejor noticia del mundo para quienes sentimos nuestra culpa ante YHVH y conocemos que nuestra justicia es completamente inadecuada para ganar el favor de Dios. La buena noticia es que el Eterno, en su gran amor benevolente, ha provisto una justicia disponible para todo aquel que encuentre su confianza para la vida, en Yeshúa HaMashiaj. Así, comprendemos y aceptamos que no podemos trabajar para ganarnos este regalo, ameritarlo, o merecerlo; pero está allí para todo aquel que ponga su esperanza en el Mesías, y acepte Su Yugo como vocación para su ministerio de servicio en la Tierra.
Lo cierto, que en el mensaje de Pablo y los demás apóstoles, esta inmensamente buena noticia creaba un problema de acuerdo a la Luz de la Torah misma. Para responder, con la ayuda del Espíritu de Dios, el apóstol Pablo lidia en los versículos 24-26, en los que escribe: “… siendo justificados gratuitamente por su gracia” (v-24). Pero no se detiene ahí. Va más profundo y da las bases o los cimientos de la justificación. La absolución del culpable tiene lugar sobre las bases de una transacción divina que ocurre en la experiencia del Mesías hecho carne. Esta transacción es llamada en este mismo versículo “redención” (en hebreo Guehulá), es decir, la «compra» o «rescate del exilio«. O sea, que para los discípulos del primer siglo, algo había ocurrido en la muerte injusta de Yeshúa que sirve poderosamente como base para perdonar a millones y millones de pecadores que confían en Él como el Mashiaj de Elohim. ¿Qué fue lo que ocurrió?
Pablo da la respuesta en los versículos 25 y 26: “… a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.”
Aquí vemos el problema que la justificación del impío causaba para Pablo. La justicia de Dios está llamada a ser cuestionada por haber pasado por alto los pecados. El Eterno está ahora pasando por alto los pecados de aquellos que confían en Yeshúa. Y el capítulo 4 en los versículos 6 al 8 muestra que Dios ha estado haciendo lo mismo durante generaciones, a los que confían en él:
“Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.”
Pablo, en su enseñanza a los creyentes de Roma, está diciendo que YHVH ha pasado por alto los pecados de ancianos cuando justificó a Abraham y a David por fe, y ahora está pasando por alto los pecados de todos los que confíen en Yeshúa. Y afirma en el versículo 25 que a causa de esto la justicia de Dios está siendo cuestionada, tanto que tiene que demostrar su justicia poniendo a Mashiaj como propiciación mediante la fe en su sangre.
Entonces, la solución al gran conflicto cósmico, en una palabra, es la muerte de Yeshúa. Según el versículo 25, el Eterno pone a Mashiaj como propiciación “por medio de […] su sangre.”, (dicho de otro modo: por medio de su muerte).
¿Cómo podría YHVH mantener el valor de su propia gloria y todavía ser justo; y, sin embargo, justificar al impío cuyo pecado ha mancillado y despreciado esa gloria? La respuesta dada (y que ya hemos leído en los versículos 25 y 26), es: Enviando a Yeshúa como Su Mashiaj para que muriera en la cruz, demostrando así la justicia de Dios.
Entonces, todo lo que vemos en este texto paulino es que lo que Yeshúa sufrió, lo sufrió primordialmente para el bien de la Gloria de Dios. Por tanto, todo su dolor, vergüenza, deshonra, y humillación sirvió para magnificar la Gloria del Padre, porque mostró cuan infinitamente valiosa es la gloria de Dios, de manera que una perdida como esa debía ser sufrida por su bien.
Así pues, cuando miramos a la terrible muerte que sufrió el perfectamente inocente e infinitamente valioso Hijo de Dios en la cruz, y escuchamos que sufrió todo eso para que la Gloria de su Padre pudiera ser restaurada, entonces sabemos que el Eterno no ha negado el valor de su propia Gloria.
YHVH no ha dejado de ser justo y verdadero consigo mismo; no ha dejado de defender su honra y mostrar su gloria, Él es eternamente justo. La horrible muerte del Hijo es el medio por el cual el Padre puede ser ambas cosas, justo, y el único que justifica al impío que tiene fe en Yeshúa.
Este es un pensamiento glorioso, dado en herencia de fe a nuestras almas. Nuestra justificación no está basada en un sentimentalismo débil y barato. Está basada en la inconmovible Roca de la inaccesible justicia de YHVH, demostrada en la muerte y certificada en la resurrección de nuestro Señor Yeshúa HaMashiaj.
Terminaré aquí con unas palabras de un famoso predicador cristiano :
«Las únicas personas que pueden necesitar justificación son aquellas que no son justas en sí mismas. La obra de Dios no consiste en hacer justo a quien es justo; pues esa sería una labor para un necio; por el contrario, hacer justo a quien es injusto, esa es una obra de amor y misericordia. Justificar al impío: ese es un milagro digno de Dios.
Charles Spurgeon
Y ahora, antes de despedirme, sólo me queda elevar mi oración para que la aliyáh de hoy, y especialmente esta catequesis, sea una raíz profunda y una gran fortaleza a nuestra fe cuando conmemoremos la muerte de nuestro Señor Yeshúa juntos en la próxima Mesa de Partimiento del Pan…