Estudios Bíblicos

La “Shirá HaYam” o «Canción del Mar»… ¿Qué Misterio Tiene?

Por P.A. David Nesher

Az yashir-Moshe uveney Yisra’el et-hashirah hazot l’Adonay vayomeru lemor ashirah l’Adonay ki-ga’oh ga’ah sus verojevo ramah vayam.

«Entonces, al ver el milagro divino, Moshé, junto a los israelitas, entonó este cántico a YHVH, que declara:
“Cantaré a YHVH porque es sumamente exaltado, y al caballo con su jinete arrojó al mar.»


(Éxodo/Shemot 15: 1)

Si lo pensamos bien notaremos que la salida de Mitsrayim (Egipto) no garantizó la libertad, ya que a los pocos días el Faraón y su ejército persiguieron al pueblo de Israel y lo alcanzaron a las orillas del Yam Suf (Mar Rojo). Recién en este hecho, aquello que parecía una nueva desgracia se convirtió en la salvación definitiva. Y es que el paso del mar colocó a Israel fuera de las fronteras de Egipto, y la destrucción de ejército egipcio ponía el sello a la liberación total… (Aclaración: Israel quedó fuera de las fronteras de Mitsarayim pero, lamentablemente no se liberó de la influencia egipcia pues los paradigmas reptilianos de este imperio aún impregnaban su forma de pensar; como siempre lo expreso: «¡Ellos salieron de Egipto, pero Egipto nunca salió de ellos!»

Lo cierto es que el Eterno hizo cruzar al pueblo de Israel el mar Rojo ordenándoles que partieran las aguas y en el momento que los egipcios tomaron el mismo camino en la persecución, el Eterno hizo que las aguas a su curso normal ahogándolos.

En ese momento de inspiración, el pueblo de Israel entonó junto a Moshé uno de los cantos más bellos, el conocido «Shirá HaYam«, que se traduce como “El Canto del Mar”, expresando su agradecimiento a YHVH por la milagrosa salvación en la que les permitió participar.

Ningún suceso de la historia de Israel mereció una manifestación de alegría tan grande, que se conservará en la historia israelita como un modelo de inspiración divina para renovar a través de los siglos las victorias que el Eterno concederá a los suyos. Un ejemplo de ello lo vemos en el libro de los Jueces, en donde Débora celebra la victoria de Israel sobre los cananeos, surgiendo desde las pautas profética que marca el Shirá HaYam. Así será tan fuerte la Presencia del Espíritu de la Profecía que este cántico, traspasará las dimensiones geográficas de la historia universal, y se convertirá en un canto que, según la revelación divina, servirá incluso para alabar en el Olam Havá (Mundo Venidero).

Una Canción con Connotaciones Cósmicas.

En verdad, y desde una sencilla consideración, notamos que esta canción es una verdadera alabanza dirigida al Creador, que tiene como único propósito agradarlo a Él, exaltando Su Santo Nombre. Muestra al Eterno manifestándose en el plano de la historia factual en una lucha frontal contra el Faraón y su ejército, pero revelando una confrontación cósmica contra las fuerzas del mal que quieren conducir la existencia al caos, tal como quedará escrito en los Salmo y los profetas:

«Dividiste el mar con tu poder;
Quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas.
Magullaste las cabezas del Leviatán,
Y lo diste por comida a los moradores del desierto
.»
(Salmo 74: 13 – 14)

«En aquel día YHVH castigará con su espada dura, grande y fuerte al Leviatán serpiente veloz, y al Leviatán serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar«.
(Isaías 27: 1)

Entonces, debemos aceptar que estamos ante una poesía profética que canta la Gloria y Poder de Yahvéh, que se ha mostrado venciendo a los poderosos egipcios, y anegando al «caballo y al jinete» (v.1), símbolos de los engranajes astrales llamados Tanin (Dragón).

Considerado así, es claro que el texto del cántico describe que el pueblo participó corporativamente de una experiencia mística en la que vieron como el «sar» («príncipe» o «principado«) de Mitsrayim, que controlaba los mecanismos principales del sistema reptiliano, se vio bloqueado en su obra por la Gloria del Eterno que lo anuló dándole vuelta sus «carros«, imagen viva de las asignaciones astrológicas siendo tambaleadas por la Voluntad del que pelea por Israel.

¿Quién era ese «Sar» (Princípe) de Egipto?

Según los sabios, Samael, (en hebreo: סַמָּאֵל, que se traduce como «Veneno de Dios» o «Ceguera de Dios»; también conocido como «Samemel«, «Smil«, «Samil» , «Samiel«), el «rosh» (o «cabeza«) de todos los «Sarim» (principados) que supervisan al Sitrá Ajrá (que se traduce como «El Otro Lado» y es el defensor mismo de Esav).

Así pues, al volcar las ruedas de los carros egipcios, les fue revelado a los israelitas que este príncipe primordial del mal quedó derrumbado en todos sus planes celestiales astrológicos contra el Pueblo Escogido de YHVH, tal como más tarde lo reconocería el malvado hechicero Bilam en un oráculo:

«Porque no hay agüero contra Jacob, ni hay adivinación contra Israel.
A su tiempo se le dirá a Jacob y a Israel:
¡Ved lo que ha hecho Dios!«
(Números 23: 23)

Entonces el Shirá HaYam será un cántico en el que el Eterno es reconocido como el único responsable del acto de la Redención (hbr. «Guehuláh«), a tal punto, que no sólo Israel es mencionado en forma marginal (v. 19) sino que Moshé queda ausente en todo este cántico.

De este modo, al cantar todo Israel el Shirá HaYam, logrará conformar un himno profético que dará sentido cósmico al seder del Pesaj que hicieron la noche del 14 de Aviv, y fortalecerá el sentido mesiánico de esta festividad dando la impronta celestial que necesitarían las futuras generaciones al celebrarla. La historia conmemorada en el Pesaj se haría así vivencial cada vez que los descendientes de Yaakov se reunieran para celebrarla.

Así mismo, Israel comprendió por qué y para qué el Eterno los condujo por este camino. Él quería mostrar su gran y único amor a Israel llevándolos al Sinaí para revelarle los secretos del Esplendor (hbr. «Zohar«) de la Sabiduría (Jokmáh) de su propósito eterno. Por ello, necesitaba asegurar ese amor por medio de una Alianza Matrimonial que garantizaría Su Protección, tal como un esposo promete proteger a su esposa. Este pacto de amor quedaría sellado con un contrato (ketuváh) escrito que es la Torah (Instrucción) divina.

Por eso, toda aquella alma redimida que estudia los secretos del Cielo (codificados en la Torah) cada mañana al despertar, vincula su vida en una relación de alianza marital con el Boré Olam (Creador del Universo), quien como esposo vuelva a asegurarle provisión y protección sobreabundantes.

Teniendo en cuenta lo explicado hasta aquí, podemos entender por qué los midrashim («estudios» o «comentarios«) registran que cuando los israelitas cruzaron el mar y entonaron la “Shirá HaYam”, los ángeles, que participaron desde los ámbitos celestes en este evento, también quisieron cantarlo, pero entonces Elohim les dijo: “…Los israelitas cantarán primero, y solo después lo harán ustedes…”.

Así, el “Cántico del Mar” (o también conocido como «Cántico de Moshé»), es el documento poético-profético más antiguo de la literatura hebrea. Está animado por una auténtica emoción que expresa lo que se conoce como el gozo de la salvación (Salmo 51:12). Desde esta sensación celestial, el alma redimida de cada israelita logra hacer que la emunáh (la fe) y la bitajón (confianza) en Yahvéh se manifestaran como fuerzas mesiánicas que produjeron la apertura de Yam Suf.

Vibrando en esta dimensionalidad de poder, Moshé supo expresar con palabras llenas de entusiasmo, todo lo que cada israelita sintió en su alma por este maravilloso acontecimiento. El Pueblo escogido de Yahvéh aprendió el gran secreto de la guerra espiritual: los hombres pueden vencer a sus enemigos en el campo de batalla. Pero no existe poder humano que sea capaz de aniquilar al adversario, hundiéndolo hasta el fondo del abismo, como se hunden las piedras o el plomo.

Discusiones literarias… ¿Pérdidas de tiempo?

Me veo obligado aquí ha comentarles que se ha discutido mucho acerca del género literario de este cántico. Algunos dicen que es un himno, otros aseguran que se trata de una letanía antigua, otros postulan que más bien se trata de un cántico de coronación al estilo de los Salmos 96 y 99.

En medio de todas estas discusiones de expertos, lo cierto es que la mayoría de ellos admite que estamos ante un texto bastante homogéneo, pero profundamente rico en matices estilísticos, que no admite ser clasificado en su totalidad. Ellos dicen que esto es lo que lo convierte en un poema misterioso con un mensaje poblado de encriptaciones (mensajes codificados que sólo pueden leerse aplicándose una clave).

Por eso, hay que decir algo importante en cuanto al recurso literario. En materia de poesía, los hebreos no usaban la versificación. El historiador Flavio Josefo escribe a este propósito que el canto, así como su bendición a las doce tribus, escrita al final del Pentateuco (c.f. Deut. capítulo 33), fueron escritos en forma hexamétrica. En cuanto al rey David, compuso algunos de sus salmos en trímetros y otros en pentámetros.

Desde esto, diré que el cántico de Moshé encierra una belleza insuperable, debido al mensaje cósmico que encierra. Por eso, su traducción a cualquier idioma hace que pierda gran parte de su majestuosidad y disminuya el magno sentido de sus palabras celestiales.

Para nosotros, y desde nuestra sencillez para acercarnos al texto divino, es importante saber que este Cántico tiene tres temas principales:

  • 1) La Grandeza del Eterno.
  • 2) La Liberación de los egipcios.
  • 3) La entrada futura en Eretz Israel con una sutil alusión al reino del Mashíaj.

Interesante será considerar aquí lo que El Zohar dice:

«… Se nos ha enseñado [desde la antigüedad misma de nuestra existencia como Pueblo] que cada uno que canta este himno diariamente con devoción verdadera será digno de cantarlo en la Redención que se acerca en el futuro, porque se refiere a la vez al mundo pasado y al mundo venidero; contiene confirmaciones de fe y misterios que se relacionan a los días del Mesías. …».

Al igual que el Zohar, el libro de las Revelaciones (Apocalipsis), nos explica que este cántico resonará en el tiempo de la redención final y la resurrección de los justos.

“… Vi en cielo otra señal, extraordinariamente grande y espeluznante: siete ángeles armados con siete plagas, las últimas, porque a través de ellas, la ira justa de Dios fue finalmente satisfecha.
Y vi algo parecido a un mar transparente, como el cristal pero mezclado con fuego, y a los vencedores de la bestia, y de su estatua, y del código secreto de su nombre, en pie, sobre el mar transparente como el cristal, teniendo en sus manos arpas dadas por Dios.
Y cantan el cántico de Moshé, siervo de Dios, que es también el cántico del tierno Cordero, introduciéndolo así:
«¡Grandes y maravillosas son tus obras, YHVH Dios, El Shaddai, justos y verdaderos tus caminos, Rey de todas las naciones!

¿Quién no te temerá YHVH y glorificará Tu Nombre?
Porque solo Tú eres el Santo, por lo cual, todas los gentiles vendrán, y te rendirán culto postrados ante Ti, porque tu justicia ha sido manifiesta a todos.«
(Apoc 15:1-4) [Código Real del NT].

En pocas palabras, el «Cántico de Moshé y del Cordero” (Mashiaj), son los cánticos del final de la redención. Al igual que Moshé y los hijos de Israel salieron del mar, así será también la resurrección de los muertos en el Mesías. Es decir, que todos los que pongan su confianza en Mashiaj y en la Torah de Moshé, serán redimidos de la muerte para poder cantar en el “otro lado” este cántico al Eterno.

Escucha con tu corazón esto:


Te invito a LEER también las siguientes BITÁCORAS RELACIONADAS:

El Rosh Jodesh: Regalo Divino para los Primogénitos…(Mandamiento de Lunas Nuevas).

Por P.A. David Nesher

*“ _Este mes será para vosotros el principio de los meses; será el primer mes del año para vosotros_.”*

(Shemot/Éxodo 12:2)

El primer mandamiento (mitzváh) que el Eterno le entregó a los hebreos para que se destacaran como pueblo escogido fue el de Rosh Jodesh, traducido como «Cabeza de Mes«, “Nuevo Mes” o «Luna Nueva«.

De ese modo, el mes del Aviv, (cf. 13:4), quedó establecido por el Eterno como el primero de los meses del año hebreo. Desde entonces, los israelitas tendrían una responsabilidad nacional de contar los meses y de crear un calendario que estuviese basado en el año lunar según la cosmovisión mesiánica que YHVH ahora les otorgaba.

Ese mes coincide más o menos con la última mitad de marzo y la primera mitad de abril, según el calendario romano. La palabra aviv [Dicc. Strong H24] significa “espigas verdes”. En la Edad Media tomó el significado de “primavera” y así es usada en el hebreo moderno. En el mes de las espigas verdes, el de la primavera, el pueblo de Israel salió de Egipto. Es el mes de la redención.

Este mes también tiene el nombre babilónico de Nisán (cf. Nehemías 2:1; Ester 3:7), nombre con el que se lo ha llamado después del regreso del cautiverio en Babilonia y Persia hasta hoy.

Ahora bien, más allá de estos detalles técnicos, ocurre que al estudiar este mitzváh, surgen en la mente de todo investigador el siguiente planteo: ¿acaso no es éste un extraño primer mandamiento?

Uno pensaría que el desarrollo de un calendario vendría sólo después de que fuesen establecidos los fundamentos básicos, como los Aseret HaDibrot (Decálogo). Entonces, se suman otras preguntas más:

  • ¿Por qué la Torah considera el proceso de establecer el nuevo mes como un gran avance en la creación de una nación?
  • ¿Qué tenía de malo el calendario solar que todos los demás habían estado usando?
  • ¿Y cuál es la importancia de basar el Calendario Hebreo en la luna?
El Derecho Humano de Ser Dueño del Tiempo.

Nuestro calendario determina en qué día se celebrará cada festividad del Eterno. Hemos aprendido que cada fiesta en particular trae consigo una realidad espiritual concreta que está disponible en ese día específico que se convierte en una zona de tiempo en el que el Mundo de Arriba se une al Mundo de Abajo por medio de portales cósmicos que se abren en dichas jornadas. Pesaj, por ejemplo, contiene la oportunidad de alcanzar la libertad espiritual; Yom Teruáh es el momento del juicio.

De este modo, y con esta perspectiva divina, la determinación de este calendario es puesta directamente por el Eterno en manos humanas. Entonces, si la luna apareciese un lunes pero nadie la ve realmente sino hasta el martes, «ver es creer» y la corte decidiría que el primero del mes fue el martes. Como resultado, Yahvéh, por así decirlo, seguiría la decisión de la corte y actuaría de acuerdo a ella, por lo que en el caso de Yom Teruáh, ¡Él pospondría Su juicio a nivel mundial por un día!

Con este mandamiento, el Eterno pretendía darle un fortalecedor mensaje a Su Pueblo. Hasta ahora, ellos habían sido esclavos de los egipcios. Su tiempo no era propio. Pero ahora, el Eterno les está diciendo: «Ustedes se convertirán en amos de su propio tiempo. Pero no solamente de su propio tiempo, ¡sino que también de Mi tiempo!«

Así el Eterno entregó por medio de este mandamiento su propio sistema de medición del tiempo. Dicho sistema, si seguía incondicionalmente este mandamiento, permitiría a cada israelita hacerse cargo de su responsabilidad de dar forma a la realidad física con la energía de la innovavión (hbr. jidush), que permitiría renovar ciclos y así llegar a las distintas festividades evitando el ritualismo tradicional que encapsula a los hombres en el sistema dogmático de la religión.

Es decir que el Eterno entregó en este mandamiento una herramienta cósmica que permitiera el control sobre la naturaleza en sus distintos niveles.

¡Aleluya!…. Mientras que el tiempo avanza constantemente, sin nunca detenerse, marchando en un espiral cíclico y repetitivo, a nosotros, los primogénitos del Padre, nos ha sido entregado el poder de detener o iniciar el tiempo a voluntad, con lo cual se nos permitió «compartir» con Yahvéh esa creatividad especial de determinar la renovación de la realidad, y la ascensión de todas las cosas.

Pero, ¿Por qué la Luna?

En el Salterio leemos lo siguiente:

“Él hizo la luna para medir los meses.”

(Salmo 104:19a)

Como parte de este fortalecedor mensaje, era esencial que la Luna fuese nuestro factor determinante para fundar nuestro calendario en vez del Sol. La característica única del satélite terrestre (la Luna) es que siempre aparece ante nuestros ojos aumentando y disminuyendo, despareciendo y reapareciendo, para crecer, decrecer y crecer nuevamente. Es también la más pequeña de las dos luminarias.

Así entonces, mientras nuestra estrella regia (el Sol) es el símbolo de la invariable naturaleza, saliendo por el este y poniéndose por el oeste día tras día, cada día del año; la Luna cambia constantemente a través de un ciclo de fases. Esto es lo que esconde un mensaje ontológico muy importante para la conciencia de Israel. La Luna, en ciclo de fases, parece estar diciéndonos: «puedes ser pequeño y puedes disminuir hasta casi desaparecer, pero entonces, cuando las cosas se ven sumamente oscuras, brota la eterna esperanza. Puedes comenzar a mirar hacia arriba nuevamente. Puedes cambiar una situación y a ti mismo para mejor, sin importar cuán malo parezca. Nada es estático o inamovible«.

Con esto, cualquiera de los hijos primogénitos del Eterno, acepta el hecho de que los seres humanos tenemos libre albedrío y en ello radica nuestro poder de renovación; una siempre presente lucha contra la constante, cíclica, repetitiva y predecible marcha del tiempo y la naturaleza.

¿Cuándo comienza entonces el Año del Eterno y cómo se organizan sus meses?

La Torah dice que en primer lugar hay que basarse en la Luna para medir los meses. Sin embargo, el Sol también fue creado para mostrar los años, a través de las estaciones como está escrito en el libro de Génesis:

“Entonces dijo Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y sean para señales y para estaciones y para días y para años.”
(Génesis 1:14)

Como vemos el Creador ha establecido que el sistema de medición solar determine el año (en hebreo «shaná«), que viene de la misma raíz que «repetir«, «repasar» e indica el inicio de las estaciones a través de los solsticios (primavera – otoño) y equinoccios (verano – invierno).

En cambio, la lumbrera menor, la luna, por otro lado, es la que indica los meses que en hebreo se dice «jodesh«, palabra que que viene de la raíz hebrea «jadash«, que significa «nuevo», «cambio», «algo diferente». Es interesante aportar aquí que jadash es también la raíz que da origen a la palabra «jidush» que significa «renovación» o «innovación», señalando así la energía que se esconde en cada rosh jodesh. En pocas palabras: cada jodesh (mes) contiene la energía de jidush (innovación o renovación), trayendo una nueva y nunca antes vista revelación de la luz divina al mundo.

La luna comienza a iluminar el primer día del mes (luna nueva), y su luz se va haciendo cada vez más intensa hasta el día quince, cuando se completa su disco (luna llena). Desde el día quince en adelante, la luz comienza a menguar, y el treinta ya no es visible.

Así mismo como la luna respeta un ciclo: nace, crece, declina y desaparece para luego volver a renovarse, el alma de un hebreo está en permanente cambio y transformación. De esta manera, el hecho de guardar el mandamiento de la luna nueva (rosh jodesh) fomenta en el alma redimida la importancia de renovarse y establecer un orden en la vida usando la energía de la innovación que permite un uso efectivo de la creatividad.

Por ello es que el pueblo de Israel es comparado a la luna. A pesar de que son pequeños y de que el sufrimiento ha sido parte integral de su historia entre las naciones, el israelita sabe que nunca debe darse por vencido. Como individuo y como nación, él se levantará nuevamente e iluminará la noche.

Cada miembro de Israel vive con esta creencia en el poder de los milagros, en que el Eterno supervisa el mundo y que éste no depende de predecibles leyes de la naturaleza. La nación Israel tiene una relación especial con Dios e incluso cuando ha estado en los escalones espirituales más bajos, a punto de asimilarse y desaparecer, el Eterno ha mantenido Su amor constante, al igual que un padre ama a su hijo.

Relación aproximada entre el Calendario Romano y el Calendario Hebreo.

Es interesante saber que, hasta este momento histórico, el ciclo de los meses comenzaba en Tishrei. Pero observamos que cuando Israel estaba a punto de salir de Egipto, el Eterno ordenó que el primero de los meses, a los efectos del cálculo de las festividades, fuese Aviv (Nisán), el mes del éxodo, para que así tuviésemos siempre presente la gran epopeya, pues entonces los meses quedarían vinculados a tal episodio. Por ejemplo decir: El primer mes desde el éxodo, el segundo mes desde el éxodo, etc. El calendario hebreo es básicamente lunar, pero ajustado con el Calendario solar para que la Festividad de Pésaj siempre tenga lugar en la primavera boreal [Torat Emet].

Veamos cómo quedan distribuidos estos meses lunares en relación al calendario solar actual:

1. Nisán (Aviv) … Marzo/Abril
2. Iyar … Abril/Mayo
3. Sivan … Mayo/Junio
4. Tamúz … Junio/Julio
5. Av … Julio/Agosto
6. Elul … Agosto/Septiembre
7. Tishrei (Etanim) … Septiembre/Octubre
8. Jeshván (Bul) … Octubre/Noviembre
9. Kislev … Noviembre/Diciembre
10. Tevet … Diciembre/Enero
11. Sh´vat … Enero/Febrero
12. Adar … Febrero/Marzo
13. Adar II … Marzo.

(NOTA: Los nombres de los meses que aparecen entre paréntesis son los que aparecen en la Biblia)

Los nombres de los meses romanos septiembre hasta diciembre nos muestran que había una relación antigua entre el cómputo bíblico y el romano. Septiembre corresponde al séptimo mes Tishrei, octubre corresponde al octavo mes Jeshván, noviembre corresponde al noveno mes Kislev, y diciembre corresponde al décimo mes Tevet. Luego hubo cambios en el calendario romano y estos meses ya no corresponden al nombre que llevan. Septiembre ahora es el noveno mes del año romano.

He dicho más arriba que el calendario hebreo es una combinación entre la Luna y el Sol. El año lunar tiene aproximadamente 354,36 días y el año solar aproximadamente 365,25 días. Por esta razón, si se sigue solamente la Luna, van a faltar 11 días al año para llegar al año solar, que es la que rige en la naturaleza. El calendario árabe sigue solamente la Luna y el calendario romano sigue solamente el Sol. Ninguno de los dos cumplen los requisitos de la Torah. Tanto el Sol como la Luna tienen que ser la base para medir los años.

Un mes bíblico siempre empieza con la luna nueva. Según la Torah, el primer mes, aviv, tiene que caer en la primavera, cuando la cebada está lista para ser cosechada en la tierra de Israel. Si nos regimos sólo por el año lunar, (con 354 días), que no sigue el ciclo de la naturaleza, la primavera no caería en el mismo mes cada año. Y si seguimos solamente el año solar, no podríamos celebrar las fiestas según la luna nueva, como manda la Torá. Tenemos que tener una combinación entre la luna y el sol.

Para ajustar la diferencia entre el año lunar y el año solar, en tiempos bíblicos se añadía un mes extra al final del año en el caso de que la cebada no estuviera lista para ser cosechada. Para la fiesta del primer mes hacía falta un sacrificio de harina de cebada y si no había cebada no se podía celebrar la fiesta. Así que hasta el siglo IV de la Era Común. La misma naturaleza de Israel decidía cuando iba a ser el primer mes de cada año. Si la primavera venía tarde un año, se añadía un mes extra a los doce meses del año. Si la cebada estaba madura, no se añadía. Más adelante se estableció un calendario fijo, que es el que se usa en la actualidad, elaborado por el sabio Hillel HaShení (Hilel II) en el año 358 (E.C.). En el mismo se añade por reglas matemáticas un mes extra (Adar II) cada dos o tres años. En total son añadidos 7 meses durante un periodo de 19 años.

Antes de que el Calendario hebreo fuera elaborado por Hillel II, las autoridades del Culto en Jerusalem, fijaban las neomenias con el nacimiento de la luna.

Hombres de confianza observaban la luna en determinados lugares, y de acuerdo con su informe, el Gran Senado Judaico (Sanhedrín) fijaba los principios de los meses y las fiestas. Es por lo que en Jerusalem, donde la noticia de la luna nueva se publicaba inmediatamente, se celebraba la fiesta en el día fijado. Pero en las provincias, donde la proclamación de la neomenia por las autoridades religiosas de Jerusalem no llegaba a tiempo, se celebraba por preocupación un día más. Por ejemplo, si la fiesta de Pésaj era de siete días en Jerusalem, en las comunidades distantes de la capital duraba ocho días. Esta costumbre se sigue hasta hoy, y por eso, en la diáspora, tenemos un día festivo más que los judíos de Israel.

Cambios Cósmicos en el Movimiento del Eje Terrestre.

Ahora bien, si leemos las Sagradas Escrituras, notaremos que el año bíblico es de 360 días (cf. Daniel 7:25; Revelación 13:5; 11:2-3; 12:6, 14). No hay ningún testimonio bíblico de que hay que añadir un mes extra cada dos o tres años. La Torah no lo contempla (cf. Génesis 7:11, 24; 8:3-4; Ester 1:4). Esto nos da pie a pensar que al principio no hubo diferencia entre el año solar y el año lunar. El mes lunar tendría exactamente 30 días y así los 12 meses darían un año de 360 días. Esto significa que la tierra sólo necesitaría 360 días para dar una vuelta alrededor del sol. ¿Cómo puede ser esto?… ¿Qué pasó en la historia para que el año solar llegara a tener 365 días?

Existe una gran cantidad de documentos arqueológicos e históricos de varias culturas antiguas que muestran que hubo un cambio en el sistema solar en el siglo VIII a.E.C., cuando fueron añadidos 5 (cinco) días al año solar.

Parece que algo pasó en nuestro sistema solar que causó un desajuste entre el año lunar y el año solar. La tierra se alejó del Sol y la Luna se acercó a la Tierra.

Existe un acontecimiento relatado en las Escrituras que coincide con la fecha dada en las culturas antiguas, y que nos da pie a pensar que fue en ese momento cuando sucedió este desajuste en nuestro sistema solar, según está escrito en 2 Reyes 20:8-11; Isaías 38:7-8.

Este cambio causó que la Luna Nueva a partir de entonces ya no se podía saber con exactitud, puesto que el mes lunar llegó a tener 29 ½ días, en lugar de 30 que probablemente había tenido antes. En tiempos del rey Shaúl se sabía con exactitud cuándo iba a ser la luna nueva (cf. 1 Samuel 20:5).

Por este acontecimiento fue que más adelante se necesitaban dos testigos cada mes para saber cuándo celebrar la fiesta de la luna nueva. Entonces ya no se podía saber con antelación cuándo iba a ser la fiesta anual de Yom Teruáh, que cae el primer día del séptimo mes. Nadie sabe el día ni la hora cuando se verá la luna nueva de Yom Teruáh. Esto nos enseña que el regreso del Mesías será en el primer día del séptimo mes (cf. Mateo 25:13).

El Calendario del Proyecto Cósmico llamado Emanuel.

Ahora hay algo aún más hermoso y maravilloso que destacar. Aún con todas las consideraciones que hemos visto más arriba respecto a los secretos cósmicos que esconde el mitzváh del Rosh Jodesh, debo decir que en verdad que esta forma de contar los tiempos apunta al mover divino de Su Proyecto de Redención.

La redención es el inicio del proyecto de salvación del Eterno que se convertirá con el transcurrir de los tiempos en el Proyecto Emanuel.

Sabemos que todo empieza con el sacrificio del cordero, cuya sangre libera de la muerte. Después viene la libertad de la esclavitud. Todo el programa redentivo está revelado en las Fiestas del Eterno, y por esto el rosh jodesh primero (Aviv o Nisán) tiene que ser el primero del año, para que el programa esté en el orden correcto. Al alterar el orden de los meses se altera el plan de redención del Eterno y no se entenderá.

La redención, en la mentalidad hebrea, representa el emerger de la oscuridad a la luz admirable; por eso, quien nunca padeció la opresión de la esclavitud, no valorará la redención.

La esencia misma de la redención es la libertad que resulta de la sumisión misma. Si el pueblo de Israel no hubiera sido esclavizado, nunca habría experimentado la verdadera libertad; pero una vez que lo fue, esa misma esclavitud dio origen a su redención. De en medio de esa oscuridad (y de ningún otro lugar) surgió la luz.

«Será…la cabeza de los meses«, dijo el Eterno, pues todo conteo que realicen deberán hacerlo desde Aviv/Nisán. ¿Por qué? Pues el día de la redención es más significativo que el día del nacimiento, y la redención es en sí misma más trascendente que cualquier otro acontecimiento o evento.

Hasta antes de salir de Mitsrayim (Egipto) el pueblo de Israel calculaba los meses y años en base a la Creación, o desde la época en que el mundo se renovó luego del Diluvio, como declara el versículo «dos años después del Diluvio» (Génesis 11:10), o desde el nacimiento de Avraham, o desde “el pacto de las mitades” entre Dios y Avraham (Génesis 15:13), al cual alude el versículo: «Y fue al cabo de cuatrocientos treinta años«… (Exodo 12:41). Sin embargo, tan pronto como la nación redimida salió de Egipto, dejó de lado todos estos cálculos y comenzó a contar únicamente a partir de la redención: Este mes será para vosotros la cabeza de los meses.

En el Talmud [Rosh HaShaná 10a-11b] existe una discusión entre dos rabinos si el mundo fue creado en el mes de Nisán o  Tishrei. La última tuvo más fuerza y por esto la Casa de Judá ha establecido que el cómputo de los años desde la creación del mundo es a partir del 1 de Tishrei, que es el séptimo mes en el anuario bíblico. Hay una fiesta anual establecida en la Torah para ese día, llamada Yom Teruah, («Día del Clamor» o «Día de Alarma»), pero el rabinato judío decidió cambiarle el nombre que el Eterno puso por el de Rosh HaShaná («Cabeza de Año» o «Año Nuevo«)

«Este mes será…» En el Talmud existe una analogía que comienza con la pregunta: «¿Con qué puede compararse ello?» Inmediatamente la respuesta es: «con un rey que al nacer su hijo fijó esa fecha como día de fiesta y alegría. Años más tarde, el hijo fue tomado prisionero y mantenido en cautiverio durante largo tiempo. Cuando finalmente fue rescatado, el rey estableció el día de su liberación como la fecha de celebración más importante del año [por encima de la primera].

Asimismo, antes de que los hebreos descendieran a Egipto, calculaban los años en base al “decreto de esclavitud”, es decir, cuántos años habían transcurrido desde “el pacto de las mitades” entre Yahvéh y Avraham cuando se selló el decreto de cuatrocientos años de esclavitud que debían soportar en tierra extranjera (Génesis: 15:13). Pero luego de que descendieran a Egipto y fueran esclavizados allí, y el Eterno realizara grandes milagros en su favor y los liberara, comenzaron a contar los meses desde el momento de ese magno acontecimiento, como declara el versículo: Este mes será para vosotros cabeza de meses (Shemot Rabá 15).

Estudiando la historia de Israel, observamos que todas las dificultades y sufrimientos padecidos por la descendencia de Yaakov a lo largo de los tiempos se transformaron en luz y salvación; cuanto mayor fue la oscuridad, tanto mayor fue la luz resultante. De igual forma sucederá con la redención final: su luz surgirá de entre la oscuridad; en el mismo momento en que los corazones se estremecen con desesperanza, brillará la gloria de Yahvéh. ¿Y cuándo acontecerá esto? En el mes de Nisán, que el Eterno estableció como período de redención para todas las generaciones. Toda tribulación o desgracia que se abate sobre Israel durante este mes no es más que una afirmación del florecimiento de la redención que está a punto de comenzar.

Así explicaron nuestros Sabios en el Midrash: «El versículo Este mes será para vosotros… (Exodo 12:2) guarda una estrecha relación con los siguientes dos: El consejo de Dios se yergue para siempre (Salmo 33:11) y Afortunada es la nación cuyo Dios es YHVH (Salmo 33:12). Cuando el Santo, bendito sea, escogió Su mundo, estableció los comienzos de meses y los años —éste es el consejo que se yergue para siempre—; y cuando eligió a Yaakov y a sus hijos, fijó un mes de redención — un mes en el cual serían redimidos de Egipto y lo serán en el futuro. En ese mismo mes nació Itzjak, en ese mes fue atado como ofrenda sobre el altar, en ese mes Yaakov recibió las bendiciones de su padre, y en ese mes Dios insinuó a los Hijos de Israel que el mismo sería el comienzo de su redención, como expresa el versículo (Éxodo 2:2): …el primero de los meses del año para vosotros. Respecto de ello fue dicho: Afortunada es la nación cuyo Dios es YHVH«(Shemot Rabá 15).

Con estas consideraciones, los sabios expertos en toralogía señalan al mes de Aviv (Nisán) com el mes de la redención, y aseguran que debe ser considerado aún más grandioso que Tishrei, el mes en el que el mundo material fue creado. Ellos dicen que el mundo fue creado con un propósito, que es que nosotros, los humanos, lo insuflemos de significado, rectificándonos de esa forma tanto en un nivel individual como en un nivel global (Tikun Olam). Así pues, ellos aseguran que para lograr esa misión, el Eterno otorgó al mes de Aviv (Nisán) como el tiempo en que nuestro Israel emergió redimido como un pueblo sacerdotal con este objetivo como su definición de propósito nacional.

¿Qué podrían representar para un pueblo esclavo los días, las estaciones y las Festividades? Para un sirviente el tiempo no tiene un curso, y su existencia es como una noche eterna. Abarbanel explica que la Torah no viene precisamente para establecer las bases de un calendario hebraico sino para pedir en nombre de Dios, que con el fin de recordar la liberación de Egipto se conceda la primacía a este mes, que habrá de ser el primero de todos los meses del año, y a partir del mismo habrán de contar los meses, a saber: segundo, tercero, etc. Esa es la esencia de esta mitzvá, la primera que recibe el pueblo de Israel como nación a ser constituida.

Por eso, y de acuerdo a la revelación de la Torah, el mes de Aviv (Nisán) es el mes de la liberación del pueblo israelita por cuya razón celebramos Pésaj, es decir el inicio del Programa de Redención del Eterno a través del korbán Pesaj: un cordero sacrificado por el padre de familia que evitó el exterminio del Ángel de la Muerte.

¡El mes de Aviv es el comienzo del Año de YHVH!

Un Método Cósmico Para Controlar al Tiempo Exclusivo para Hijos Primogénitos.

Yahvéh le dijo a Moshé un mensaje para que él le diera al faraón y al pueblo de Israel antes de que las diez plagas comenzaran: «Mi hijo primogénito es Israel» (Éxodo 4:22). Los Israelitas estaban en su punto más bajo en este momento; no eran merecedores de ningún milagro por su propio derecho. Y sin embargo, ese momento fue justamente cuando el Eterno nos elevó, sacándonos de la oscuridad de Egipto, iniciando el proceso de movimiento ascendente hasta 50 días después, cuando fuimos merecedores de recibir la Torah y de convertirnos en una nación.

Qué momento y lugar tan perfectos para entregarle al pueblo judío aquel alentador mensaje en el mandamiento de santificar la luna nueva cada mes y de determinar nuestro calendario de esta forma:

«Y Dios le dijo a Moshé… en la tierra de Egipto, dile al pueblo judío: Este mes es para vosotros el comiendo de los meses…«
(Éxodo 12:1-2).

La Torah dice que “para vosotros”, es decir, para los hijos de Israel, el mes del Aviv es el primero del año.

El Eterno nos había dado el poder de la renovación y del cambio, es decir, el regalo de expandirnos, iluminarnos y crecer nuevamente después de haber sido disminuidos.

Es necesario aceptar que esta capacidad de renovación es exclusiva del pueblo de Israel y ella lo distingue de todas las demás naciones. Por este motivo les fue concedido el mes lunar, que representa la renovación constante: para que lo bendigan, siempre se guíen por él, y sean bendecidos con esta cualidad. Aunque su luz parezca totalmente ausente, Israel ha sido bendecido con la capacidad perpetua de renovación.

En esta característica única radica el secreto de la existencia y la eternidad del pueblo redimido por Yahvéh en Mitsrayim (Egipto).

La expresión “para vosotros” nos da a entender que no es así para otros. Desde el principio los pueblos de las naciones contaron los meses desde el día de la creación de Adam, el primer día del primer mes. Cuando Adam fue creado el sexto día de la semana, él empezó a contar el tiempo. Para él fue el primer día del primer mes. Esto nos enseña que Adam probablemente fue creado el día de la luna nueva. Desde entonces sus descendientes contaron los meses y los años según marcaba el sol y la luna (cf. Génesis 1:14).

Ahora el Eterno dice “para vosotros”, dando a entender que para otros no lo es. Ellos seguirán contando de otra manera. Antes de la salida de Egipto, los hijos de Israel no celebraban el mes del Aviv como el primero del año. Pero cuando el Eterno empieza su programa de redención, cambia todo. El mes que antes fue el primero, de repente es considerado como el séptimo. Tishrei, que antes era el primer mes, llegó a ser el séptimo. “Para vosotros” es así, pero los demás no lo van a ver así, porque no son parte de la gran redención, y por lo tanto no tiene parte en el Olam HaVá (Mundo Venidero).

El Midrash, explicando esta expresión, señala lo siguiente:

Corresponde que los grandes [pueblos gentiles] lleven la cuenta según lo grande [el sol], y los pequeños [Israel] lo hagan según lo pequeño [la luna]. Esav [Roma] se guía por el sol que es prominente; así como el sol gobierna durante el día y no durante la noche, del mismo modo Esav tiene una porción en este mundo pero no en el Mundo Venidero. Yaakov (Israel) se basa en la luna que es pequeña; así como la luna gobierna en el día y en la noche, del mismo modo Israel tiene una porción en este mundo y en el Mundo Venidero. Siempre que la luz del más grande brilla en el mundo, la del más pequeño no se destaca. Pero cuando la luz del más grande se oculta, la del más pequeño gana prominencia. De igual modo, mientras la luz de Esav brilla, la luz de Iaacov no se apaga. Pero cuando la luz de Esav se oculta, la luz de Iaacov se difunde. A ello alude el versículo (Isaías 60:1-2) «Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz y la gloria de Dios brilla sobre ti. Pues he aquí que tinieblas cubren la tierra…».

(Bereshit Rabá 6)

Las naciones del mundo se comparan al Sol, en tanto que el pueblo de Israel se asemeja a la Luna. Pese a que Israel es la nación más débil y numéricamente mas pequeña, está destinada a inmensa gloria luego de que el dominio del mal sea erradicado por el Eterno de la faz de la tierra.

Esta capacidad de renovación es exclusiva del pueblo de Israel y ella lo distingue de todas las demás naciones. Por este motivo les fue concedido el mes lunar, que representa la renovación constante: para que lo bendigan, siempre se guíen por él, y sean bendecidos con esta cualidad. Aunque su luz parezca totalmente ausente, Israel ha sido bendecido con la capacidad perpetua de la renovación (jidush).

En esta característica única radica el secreto de la existencia y la eternidad del pueblo de Israel.

Puesto que Rosh Jodesh constituye la base de la que dependen todas las Festividades que distinguen la santidad de Israel de la vida de cualquier otro pueblo, la mitzvá de consagrar el nuevo mes (hbr. Kidush HaJódesh) le fue entregada antes que las demás.

Mientras que el pueblo de Israel todavía se encontraba en Egipto, antes de que se le encomendaran otras mitzvot, se le entregó precepto de fijar los meses. El versículo expresa:

 «Y habló Dios a Moshé y a Aharón en la tierra de Egipto, diciendo: este mes será para vosotros el primero de los meses (Nisán-Aries), primero es él para los meses del año.»
(Exodo 12:12)

«Este mes será para vosotros»: esta renovación es vuestra fuerza y vuestra gloria por siempre.

Lectura Recomendada para Profundizar este Tema:

Las Claves para Reconocer las Siete Plagas Emocionales del Alma.

Por P.A. David Nesher

La Torah, más allá de relatar eventos históricos referidos a la relación redentora del Eterno hacia Israel, es una metáfora acerca de la lucha contra el dualismo del sistema reptiliano. En la Instrucción divina hayamos los códigos lumínicos que otorgan las claves para obtener la victoria en esa lucha diaria en la que el mundo de la materia no quiere dejar libre al alma para que manifieste su propósito esencial.

Justamente la palabra Mitsrayim (traducida como Egipto) en su raíz señala a aquellos pensamientos limitantes que por medio de la angustia paralizan al alma al hacerla producir miedos.

Las primeras plagas de Egipto, son ni más ni menos que mensajes divinos que nos permiten ver nuestro propósito más allá de lo que sensorialmente captamos. A través de una profundización en el simbolismo ontológico que cada una de estas plagas tiene, lograremos ingresar en un proceso curativo de nuestra alma intoxicada por las creencias y los paradigmas propios del sistema reptiliano de cosas, que impera en este mundo.

Sabemos, por la revelación divina que otorga la Torah, que el alma humana está compuesta en su esencia por la Tzelem Elohim (traducida como «Imagen de Dios«) que llena de las Sefirot (Virtudes) divinas, permite que el espíritu humano se conecte a su psiquismo a fin de lograr acciones de Luz Infinita que permitan el tikkun Olam (reparación del mundo).

Dichos actos de reparación y transformación del mundo físico se logra ejerciendo el don divino llamado libre albedrío que permite escoger entre el camino de la vida y el camino la muerte.

¿Qué significa elegir entre estos dos caminos (vida o muerte)?

Escoger por la vida, significa decidir ser refinado. Es decir elegir por el refinamiento psíquico que permite reparar el mundo físico. Escoger por la muerte, es elegir la perversión para ocasionar corrupción.

La parashá Vaerá, invita al alma redimida a trabajar a través de las primeras siete plagas para ver si se está pervirtiendo o refinando.

Para saber cómo es esta técnica cósmica de sanación, te invito a escuchar esta shiur (lección) o catequesis mistagógica que impartí para los santos que buscan el Reino de Dios y Su Justicia


También, puedes profundizar esta enseñanza conociendo todos los detalles de las Diez Plagas en el siguiente estudio:

Señalar al Culpable

por Rav Ari Kahn

Vaerá (Shemot/Éxodo 6:2-9:35)

Ideas avanzadas basadas en el Midrash y la Kabbalah.

Tal como Dios le había prometido a Abraham cientos de años antes, los hebreos, sus descendientes, saldrían de Egipto, pero el éxodo no sería instantáneo sino que se desarrollaría lenta y deliberadamente. Moshé es enviado a «negociar» la liberación de los esclavos israelitas, pero el Faraón niega conocer al Dios de Israel (Shemot 5:2) y se mantiene firme. Desde el comienzo, el Faraón elige hacer las cosas «por las malas».

A Moshé y Aharón les ordenaron mostrar la fuerza y el poder del Dios que el Faraón afirma no conocer, y sus instrucciones son bastante específicas: deben usar la vara, un símbolo con el que Dios ya le mostró Sus milagros a Moshé. Debemos resaltar que la vara, el símbolo del pastor, se transforma en un cocodrilo,1 uno de los símbolos más importantes de Egipto.2 Cuando los hechiceros del Faraón logran imitar esta misma muestra de poder, el Faraón piensa que ese «milagro» no es nada más que un truco de magia. Pero cuando la vara de Aharón3 se traga la representación simbólica de Egipto, el Faraón comienza a preocuparse. Para él, la escena que acaba de presenciar es un presagio apocalíptico. Los hebreos, que llegaron a Egipto siendo pastores, fueron excluidos, menospreciados4 y eventualmente esclavizados. Ahora estaban allí, sugiriendo que los pastores esclavizados se tragarían a todo Egipto, que lo harían desaparecer. Sin embargo, pese a sus temores, el Faraón pone cara de malo y sigue adelante.

Poco después se convierte en sangre el Nilo, un pilar no sólo de la economía egipcia sino también de su teología.5 Ante los ojos egipcios, la deidad que adoran como una poderosa fuente de vida parece mortalmente herida. Una vez más los hechiceros del Faraón repiten el milagro y crean más sangre, dándole al Faraón una excusa para continuar con su comportamiento desafiante.

Si el Faraón hubiera analizado la situación con objetividad, la lógica le hubiera dictado un curso completamente diferente. Incluso en esta etapa temprana, el Faraón debería haber entendido que ya había perdido la guerra, aunque sus hechiceros lograron terminar cada batalla con un aparente empate. Cada uno de los pequeños y simbólicos ataques de los representantes de los hebreos se enfocó en un símbolo egipcio de poder, un símbolo de lo que hacía poderoso al Faraón. A medida que continúa el proceso de liberación de los judíos, se verán atacados más símbolos fundamentales de Egipto, incluyendo la oscuridad que eclipsará al dios sol, que es el Faraón mismo.

Pero el Faraón no efectúa un análisis desapasionado. La plaga siguiente, ranas, sigue rápidamente a la primera. Como si el descalabro generado por Moshé y Aharón no hubiera sido suficiente, casi cómicamente los hechiceros del Faraón crean todavía más ranas, incrementando el ruido y la destrucción.

Nuevamente el Faraón se envalentona cuando su equipo se mantiene a la altura del desafío. Sus hechiceros apuntalan su coraje lo suficiente para enfrentar el siguiente castigo: piojos. Aunque puede ser que esta no sea la peor de las plagas, sin dudas es molesta. Pero esta vez la plaga desciende sobre Egipto sin previo aviso. Los piojos simplemente aparecen, y todo el polvo de la tierra se transforma en piojos o es consumido por ellos. Esta vez, aunque los hechiceros intentan imitar la maniobra, no lo consiguen.

Los magos hicieron lo mismo con sus hechizos para producir piojos, pero no pudieron 
(Shemot 8:14)

Al fracasar, los hechiceros debieron ser particularmente cuidadosos: una palabra fuera de lugar podía llevar a un final dramático y repentino de sus carreras… y de sus vidas. Midiendo sus palabras, transmiten a su rey una declaración meticulosamente pensada:

Los magos le dijeron al Faraón:
«¡Este es el dedo de Dios!».
Pero el corazón del Faraón se endureció y no los escuchó 

(Shemot 8:15).

El texto hebreo de esta declaración es extremadamente breve, sólo tres palabras. Pero esas palabras tienen una importancia crítica. Si las leemos como se debe, entendemos que transmiten un mensaje muy fuerte. En primer lugar, es posible que los magos hayan intimidado al Faraón al decir que el Dios de los judíos existe y que es más poderoso que los dioses egipcios. Por otro lado, como señalan muchos comentaristas, los magos usaron una forma muy genérica para referirse a Dios. ¿Quizás se estaban refiriendo a una deidad egipcia y no al Dios de los judíos? ¿Trataban de impartir un nuevo escepticismo respecto al dominio continuo del Faraón sobre los judíos, o estaban atribuyendo los milagros a una fuente ajena al Dios de los judíos?

Los comentaristas debaten sobre la intención de las palabras de los hechiceros. Su declaración habla sobre el poder de un dios, ¿pero qué dios?6 Desde la primera confrontación con los nuevos líderes de los hebreos, el Faraón negó conocer al Dios de Israel. La pregunta respecto al nombre con el que Dios es conocido es un tema central del libro de Shemot. Moshé presenta este tema en su primer encuentro con Dios en la zarza ardiente. La respuesta de Dios fue muy precisa: el «Nombre Inefable«, con el que Moshé debía presentar a Dios tanto a los israelitas como a los egipcios. Sin embargo, los hechiceros no usaron este nombre, ni ningún otro apodo claramente identificable. El término que usaron, «Elohim«, es un nombre más genérico y no específico de Dios, uno que a menudo se usa para referirse a dioses de idolatría e incluso puede utilizarse para hablar de poderosos jueces o gobernantes humanos. ¿Cuál fue la intención de los hechiceros al usar el término que traducimos como «el Todopoderoso»? Quizás, tan importante como la pregunta anterior, ¿qué fue lo que entendió el Faraón?

Como dijimos, la plaga de los piojos llegó sin una advertencia previa, lo que dejó la puerta abierta para que la atribuyeran a causas naturales. Al parecer los magos no deseaban darle al Faraón el consejo que necesitaba escuchar: «Esta es la mano del Dios Inefable de los hebreos, que vino a castigarte por tus pecados en contra de Su pueblo«. En cambio, le restaron importancia al ataque describiéndolo como «el dedo de Dios«, un término poco claro que el Faraón podía elegir entender como una «fuerza de la naturaleza» o incluso como «el acto de un dios egipcio«.7

La falta de advertencia previa, que hace que la plaga de piojos parezca ser sólo un evento fortuito de la naturaleza, junto a la minimización de la responsabilidad de Dios en la plaga, le permitió al Faraón continuar con su negación. Sus «consejeros» resultaron ser empleados serviles que temían decir lo que sabían, lo que era obvio que su jefe no quería escuchar: que Egipto estaba perdido, y que enfrentaban un poder incomprensible e incomparable. En cambio, alentaron al Faraón a mantenerse firme y seguir abusándose.

De todas formas, la culpa de las malas decisiones del Faraón no yace exclusivamente en los hechiceros, sino que es compartida. Un jefe mejor hubiera tenido mejores consejeros. Si el Faraón hubiera creado una atmósfera de diálogo sincero, si hubiera permitido opiniones discrepantes, su equipo no habría sido tan reticente. Si el Faraón hubiese alentado la expresión y la discusión honesta, sus consejeros podrían haber expresado sus dudas o realizado sugerencias novedosas para enfrentar esa amenaza.

Por otro lado, en base a lo que sabemos del Faraón, el cruel asesino, tirano paranoico y xenófobo que esclavizó toda una nación y decretó el asesinato de los inocentes, no nos sorprende que no haya conquistado las mentes y los corazones de quienes lo rodeaban. Un hombre mejor hubiera tenido mejores amigos, pero un hombre mejor no hubiera esclavizado a otra nación ni hubiese llevado a su imperio a esa situación imposible.

Aparentemente el Faraón se merecía el abuso que recibió. Su propia tiranía ayudó a crear la atmósfera que eventualmente provocó su caída. Si bien mucho antes se había decretado que los israaelitas sufrirían el exilio y la esclavitud antes de su eventual redención, la crueldad y la obstinación del Faraón fueron sus propias decisiones. Si hubiera tomado un camino diferente, no necesariamente habría tenido que sufrir los horrores de las plagas. De una u otra forma los judíos iban a ser liberados. El Faraón, y sólo él, fue responsable de elegir cómo iba a ocurrir. Debería haber elegido el camino fácil, admitir que se había equivocado y escoger el camino de la reconciliación. Pero en cambio eligió el camino difícil.

Tomado de: Aish Latino


NOTAS:

1. Shemot 7:9-10.
2. Ver Iejézquel 29:3.
3. Una lectura cuidadosa del texto sugiere que fue la vara de Aharón la que se tragó a las otras, y no su vara en la forma de un cocodrilo.
4. Bereshit 46:34, y citado por Moshé en Shemot 8:22.
5. Ver Iejézquel 29:3.
6. Ver Ibn Ezra, Shemot 8:15.
7. Ver Malbim, Shemot 8:15.

¡Si te Tranquilizas… Pierdes!… ¡Malgastas Tu Tiempo, y Abortas Tu Propósito!

Por P.A. David Nesher

«Y habitó Yaakov en la tierra …»

(Génesis/Bereshit 37: 1).

Al estudiar la parashá VaYéshev, observamos que Yaakov avinu anhelaba asentarse en la tierra de Kenáan para tener una vida tranquila. Así pues, cuando él creyó encontrar el lugar indicado para hacerlo, en ese mismo momento los problemas cayeron sobre él, poniendo en el blanco a su hijo favorito: Yosef, el soñador.

¿Por qué no se puede anhelar la Tranquilidad?

Si analizamos profundamente la vida que hasta aquí le toque peregrinar a nuestro patriarca, encontraremos muy lógico y razonable que surja en él ese anhelo.

Esav quiso matarlo desde que se encontraban en el vientre de su madre; así vivió un tiempo debidamente acosado hasta que se vio obligado a huir. En el camino, Elifaz, su sobrino, lo despojó de todas sus pertenencias; en un principio, él iba a matarlo, pero luego se conformó con robarlo.

Entonces, tuvo que irse a morar junto a la casa de Labán, su tío idólatra, famoso hechicero de Jarán, con quien se comprometió obligadamente a trabajara fin de obtener la mano de Rajel, la hija de Labán a la que Yaakov amaba. Después de que cumplió el plazo, Labán le entregó a Leáh sin que se diera cuenta y tuvo que trabajar otros siete años para poder casarse con Rajel.

Continuó trabajando sin descanso ni tregua junto a su suegro, hasta que, temiendo por su vida, resolvió escapar una vez más y trasladarse con su familia a su tierra. Finalmente, estando en Eretz Israel, su esposa Rajel murió al dar una luz a su segundo hijo, Benyamim.

¡Entonces es lógico y justo! ¡Cualquier ser humano bajo estas circunstancias rogaría establecerse con un poco de tranquilidad acompañado de su familia!

¿Acaso podríamos pensar que Yaakov quería serenidad para descansar o para pasar el tiempo tranquilamente con su familia?

¡Por supuesto que no pretendía eso! Seguramente él deseaba dedicarse de lleno a sus quehaceres espirituales. Sin embargo, desde el propósito eterno de Dios para Yaakov, no fue correcto pedir serenidad.

El Eterno quiso demostrarnos, por medio de esta experiencia de Yaakov, que el propósito de nuestro tránsito por este mundo es hacer avodáh, es decir servicio sacerdotal (verdadera adoración). Para lograr esto, como escogidos debemos trabajar y esforzarnos en superar todos los desafíos de la vida, hasta conformar una personalidad semejante a la medida de la plenitud del Mashiaj (Efesios 4:13). Según el propio Eterno esta avodáh dura solamente 120 años (Génesis/Bereshit 6:3).

El sabio Rabán Gamliel ben Yehudá HaNasí dijo:

«Es bueno el estudio de Torah junto con el trabajo, porque el esfuerzo requerido para ambos hace olvidar el pecado«.

El Rab de Kotzk dijo:

«La razón por la que una persona no debería pecar no es solo porque está prohibido, sino que la permanencia del hombre en el mundo es tan breve que no debería tener tiempo libre para pecar«.

Sabemos por lo que la revelación divina otorga que cada ser humano llegó al mundo con una asignación. Por lo tanto, si cada uno de nosotros tomamos con seriedad y responsabilidad las obligaciones que dicha asignación demanda, no tenemos tiempo para el ocio y el relajamiento egoico.

Entiéndase bien que al compartir esto no estoy refiriéndome a que no se puede tomar un respiro de vez en cuando, pues también el Eterno enseña que eso es esencial para el bienestar físico y mental de toda criatura humana.

Lo que estoy aquí enfatizando es que generalmente aquellos redimidos que trabajan en la búsqueda del sustento también deben buscar su tiempo especial y específico para esforzarse en el estudio de los Secretos del Cielo y en la realización práctica de cada mitzvot que ordena YHVH. Esto debe darse incluso descansando para reponer sus fuerzas.

Entonces se entiende que una ser humano con estas características no tiene tiempo para el ocio egoico, es decir no puede darse un plazo para recibir sólo para sí. En consecuencia, tampoco tiene tiempo para pecar.

Con este pensamiento celestial en su mente, se cuentan que para Jafetz Jaim (sabido rabino del siglo XIX) cada instante de su vida era tan preciado como la más valiosa joya. A tal punto era esta praxis de fe que él calzaba zapatos sin agujetas (cordones) porque había calculado que el tiempo que pierde la persona calzando y atacando los cordones de sus zapatos es de un minuto. ¡Sesenta segundos por día! Esto son 365 minutos al año, que equivalen a seis horas. Calculado en 70 años, son 420 horas ganadas, que él invertía en estudiar más Torah… ¡Realmente asombroso!… ¡Esto es saber apreciar nuestro tesoro más valioso!

Lo más caro que poseemos es el tiempo, porque lo pagamos con la vida misma (Eclesiastés 3: 1-11) . Nuestro estudio de Torah tiene que ser lo más valioso en todo el día. Una vez que nos sentamos a estudiar, no podemos permitir que nada ni nadie nos interrumpa. No es lo mismo estudiar una hora que dos medias horas.

Leí la siguiente historia que permite ilustrar esto que estamos hablando:

Un campesino que andaba por un valle recorriendo las vías del ferrocarril, se quedó observándola y pensó para sí:
_ “¡Este metal es justo lo que necesito para cercar el corral!”.
Sin vacilar, puso manos a la obra y arrancó un par de metros de vía.
Afortunadamente unos policías pasaban por allí y detuvieron de inmediato al individuo.
Una vez que se notifica el aviso para que se interrumpa el avance del ferrocarril, se condujo a aquel campesino frente al juez para que le dicta la sentencia.
Cuando estuvo delante del magistrado, este le preguntó:
_ «¿Tienes idea de la gravedad y las consecuencias de su acto?».
_ «Su señoría, ¿qué le hacen un par de metros de vía a los kilómetros de kilómetros que tienen tirados allí?«.
_ “¡Tirados! Si esos ‘pocos metros’ no están colocados en su lugar en el momento que el ferrocarril pasa por allí, Esto se descarrilará y volcará provocará una tragedia que no quiero ni pensar. Por tanto, ¡lo sentencio a 30 años de trabajos forzados! ”, dictaminó el juez.

Amados discípulos de Mashiaj, al estudiar la parashá de esta semana necesitamos entender y aceptar que tenemos un tiempo limitado para cumplir con nuestro propósito en la vida.

La conciencia hebrea en la fe de Avraham, Itzjak y Yaakov, dice que el peor crimen es el asesinato. El peor asesinato es el predeterminado, y dentro de este pecado, podemos encontrar algo que es más grave: el asesinato de uno mismo (suicidio). Este crimen se subdivide en dos: el asesinato físico y el espiritual. Matar el tiempo es una de los crímenes más condenables que pueden cometerse en la vida. El ser humano que ha sido redimido por la Gracia del Eterno no puede matar al tiempo, pero el tiempo sí lo puede matar a él.

Me encontré con una historia talmúdica semejante a la parábola de los talentos (Mateo 25: 14 – 30). Se trata de un rey que debía declarar por heredero a alguno de sus tres hijos.

Este monarca sabía que llegaría un día en el cual necesitaría que ceder la corona a uno de los tres, pero necesitamos saber quién de ellos era el más capaz para sentarse en el trono desde dónde beneficiaría a todos los súbditos.

Entonces se le ocurrió probarlos con el asunto de la administración de las finanzas. Entregó a cada uno una importante suma de dinero para que, durante un año, la administrara y entonces rindiera cuenta de su mayordomía.

Así, terminó el plazo y el monarca exigió que le rindieran cuentas.

El primero presentó un balance positivo de sus acciones, por lo que recibió la aprobación y el consentimiento de su padre para continuar con el negocio.

El segundo hijo se disculpó con su padre, ya que, por desgracia, había invertido el dinero en un proyecto que consideró en un principio de mucho éxito, pero la realidad le demostró su equivocación. El padre aceptó la disculpa y le entregó otra cantidad de dinero; además, lo alentó para que siguiera intentando en el nuevo año de desafíos regios.

Cuando el tercer hijo le devolvió el dinero en el mismo sobre, tal como lo había recibido, el padre se molestó mucho con él. Ante el insospechado comportamiento de su padre, el hijo le increpa exigiéndole la explicación sobre el motivo de su enojo. No entendía por qué él, que había cuidado con esmero el dinero, era criticado por su padre, y su hermano, que había perdido todo, había recibido incluso otra dotación.

El padre le respondió:

“Tu hermano, aunque perdió todo lo invertido, cumplió con lo encomendado. Hizo todo el esfuerzo posible por invertir bien el dinero que ganó. En cambio tú, no entiendo cómo te atreves a preguntar el porqué de mi enojo. ¿Acaso te di el dinero para que lo guardaras? ¿Acaso crees que no tengo cómo cuidar el dinero, que necesito de ti para guardarlo?«

De la misma forma, cuando un ser humano llega a este mundo, el Eterno le asigna cierto número de días. Así es cada ser humano viene marcado con el día exacto de su muerte.

Ahora bien, en adición, el Creador otorga a cada una de sus criaturas humanas el intelecto necesario para adquirir conocimientos de Torah y observar los preceptos que en ella se revelan para vestir el alma de Luz.

Así mismo, le otorga también el suficiente sentido común para manejarse en este mundo.

Sin embargo, en nuestra naturaleza caída, y para nuestra vergüenza, no logramos vivir a la altura plena de nuestra misión. Despilfarramos una gran parte de nuestras vidas, recursos y habilidades haciendo negocios que solo nos producen pérdidas, es decir, transgresiones por las que algún día seremos juzgados. Gastamos mucho más tiempo del que necesitamos para sobrevivir e ir en pos de las vanidades de este mundo. Nos complacen enormemente las cosas que hemos adquirido durante nuestra vida.

Lamentablemente, cuando nuestro Padre Celestial nos exija, después de 120 años, rendir cuentas con el tiempo que nos dio, ¿qué responderemos? En ese momento se nos indagará (y nosotros mismo nos preguntaremos) qué hicimos con cada minuto de nuestras vidas.

Por eso, y para ahorrarnos ese momento amargo delante del Trono de Mashiaj, invito a cada uno de ustedes a preguntarse a sí mismo:
¿Regresaré una vida llena de vaciedad o presentaré un alma llena de Torah y actos buenos?

Medita y acepta hoy en tu corazón que debe ser bastante doloroso llegar ante el Eterno y contemplar la figura que Él esperaba de ti, ver lo que estableció como ser de propósito antes de colocarte en el vientre de tu madre, y contrastarlo con lo que te has convertido …

¡Calma!… ¡Estás aún a tiempo!

Encausa toda tu energía vital y todos tus talentos para vivir con el propósito que YHVH espera de ti.

Encuentro muy oportuno cerrar con esta frase de un gran sabio de la Torah que dijo:

«El día es corto y el trabajo mucho. Los trabajadores son holgazanes y la recompensa es enorme. El patrón los apura”.

(Rabí Tarfón)

Shalom para Todos!

¿Cuál es el Secreto para Ganar Batallas Espirituales?: Disminuir el Ego (Parashá Vayishlaj)

Por P.A. David Nesher

La Instrucción (Torah) divina revela que Yaakov avinu temía en su interior albergar la conciencia MEGUALÍ («me lo merezco»), es decir: «estoy muy seguro de mí mismo y de mis fuerzas» (autosuficiencia). Por ello, rechazó este espíritu de autodependencia y decidió confrontar la realidad que en ese momento su ego aún sostenía. Así fue como Yaakov se metió en el fondo de su propia oscuridad para experimentar la confrontación existencial más difícil de la vida humana: enfrentarse a uno mismo y sus temores egoicos.

Amado lector que tienes hambre por la ciencia de la Torah (toralogía), te invito a considerar la catequesis que he dado en esta aula virtual:

El Águila (Nesher) Mesiánica

Por P.A. David Nesher

«Como [con la ternura y la misericordia de] un águila que despierta su nido revoloteando sobre sus pichones, que extiende sus alas y los toma y lleva sobre sus ala. [de ese mismo modo] Yahvéh condujo a su pueblo; Él solo, sin que ningún ídolo ajeno pudiera enfrentarlo.«

(Devarim/Deuteronomio 32: 11-12)

La porción de la Torah llamada HaAzinu es el canto de Moshé al concluir su misión en la Tierra. Es uno de los dos grandes cantos incluidos en la Torah y relata toda la historia del pueblo de Israel, el pasado, el presente y el futuro.

Najmánides escribe que toda alma israelita puede hallar su biografía completa oculta en las letras de este canto. El sabio Maguid de Mezeritch, el discípulo y sucesor del Baal Shem Tov, enseñó que es importante aprender de memoria este canto, ya que toda nuestra vida se despliega dentro suyo.

Es justamente estudiando este cántico que me encontré con detalles trascencendentales para nuestro destino próximo y eternal en esta metáfora del Nesher divino.

En lo personal, y debo confesar que desde muy joven, al comenzar a peregrinar el Camino y la Verdad, me llamó mucho la atención como la Torah utiliza el símil del águila para describir la forma afectuosa en que Yahvéh cuida a Israel. Abba nuestro es comparado por Moshé con una mamá águila que con ternura cobija a sus aguiluchos y atiende a sus necesidades. Ésta es la imagen más poderosas en todo este canto. Animémonos pues a meditar en ella, decodificando su mensaje celestial.

Hemos visto cómo el Eterno guió a Israel a través del desierto con misericordia y compasión. Esta acción redentora es semejante al modo como el águila es compasiva con sus crías. Ella se asegura de realizar movimientos que no la lleven a entrar de improviso al nido. Entendamos que el águila es un ave enorme y poderosa, y si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones.

Así pues debe asegurarse antes agitar y revolotear encima de sus polluelos, batiendo sus alas y moviéndose de una rama a la otra para que sus crías despierten y tengan la fuerza necesaria para recibirla sobre ellos. El águila bate sus alas sobre el nido , no tan fuerte como para desarmarlo, pero tampoco tan suave como para no alborotar a los cómodos ocupantes de este. El águila madre no pone todo su peso sobre sus crías sino que los cubre tocándolas y no tocándolas simultáneamente.

Así mismo, cuando el águila se dispone a transportar sus crías de un lugar a otro, no lo hace usando sus garras. Sucede que el águila no tiene temor de otras aves, pero sí del ataque humano que siempre le arroja flechas o proyectiles desde abajo. Por ello, en lugar de cogerlas con sus poderosas garras, induce a sus pichones a subir sobre sus alas. De ese modo, si una flecha es lanzada desde abajo, solamente heriría al águila pero no a los polluelos. De igual modo el Creador toma a Sus hijos (los benei Israel), protegiéndolos y poniéndolos fuera del alcance del ataque enemigo. Esto hizo cuando sacó a los israelitas de Mitzrayim y los egipcios los alcanzaron en el Mar de Cañas, entonces HaKadosh Baruk Hu (El Bendito Sea) los cubrió con sus nubes, y se puso en medio de los egipcios y los israelitas. En esta metáfora, sin duda, es Dios el águila que viene a despabilar a sus polluelos, revolotea sobre ellos, despliega sus alas y finalmente los pone sobre ellas –sus alas- en un vuelo redentor cruzando el cielo.

Esta es la explicación más tradicional entre los sabios, sin embargo, existe una perspectiva por demás sorprendente que quiero que ustedes también conozcan.

Necesito que recordemos lo que ya hemos estudiado, en la parashá Yitró, en donde vimos que el Eterno también se refiere a su movimiento en la redención de Egipto como un nesher obrando a favor de su nidada, al expresar que los tomó «sobre las alas de las águilas» (Éxodo 19:4). Con esto, Abba nuestro se aseguró de reforzar en la mente de Su Pueblo la idea que el águila y sus alas tienen implicancias claramente mesiánicas.

Investigando me enteré que en el hebreo existen dos sinónimos para el vocablo «alas«:

  • uno es “kanaf”, de valor numérico 150, y
  • “evrá”, cuya guematría totaliza 208.

Teniendo en cuenta dichos datos de gematría, debemos comprender que las expresiones: «sus alas» (Kanafav)  y «sus plumas» (Evrató) esconden un secreto maravilloso:

Si las escribimos en hebreo en singular, y calculamos su valor numérico nos muestran una señal:

Ala =Kanaf de acuerdo al valor numérico de sus letras:

Caf =20,
Nun =50 y
Pé =80,

Valor total= 150

Pluma = Evrá de acuerdo al valor numérico de sus letras:

Álef = 1,
Bet = 2,
Resh = 200, y
Hei = 5,

Valor total = 208

Haciendo la sumatoria de la gematría de estas dos palabras obtenemos 358, que es el valor numérico de Mashíaj (Salmo/Tehilim 2:2), cuyas letras:
Mem=40,
Shin=300,
Yud=10 y
Jet =8; dan un total de 358.

¡Este el mismo valor numérico de Mashiaj!

Así comprendemos que Yahvéh le está revelando a Israel que el águila llevándolos sobre sus alas es el Mashíaj, llevando a cabo su misión Mesiánica Divina.

«TOCAR Y NO TOCAR» las Dos Acciones del Nesher en Su Nido.

Aprovechando que vuestras almas está elevadas, sé que también les resultará muy interesante conocer que en la interpretación kabbalística el revoloteo de las águilas es llamado «tocar y no tocar«.

He mencionado que el águila es capaz de hacer ambas acciones simultáneamente, permitiendo a sus pichones despertar poco a poco, de acuerdo con la capacidad de cada uno de captar su presencia. Es que antes de que el águila tome a sus hijos sobre sus alas primero debe despertarlos.

El águila es un ave enorme y poderosa y si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones. Por eso, nuestro versículo describe al ave sobrevolando sobre su nido, dirigiéndose hacia sus hijos como la más delicada de las criaturas, manifestando un perfecto balance y estabilidad.

El verbo usado en este texto es «rajef», que se traduce como «sobrevolar«, es muy raro que esté expresado en la Torah, siendo esta una de sus pocas apariciones. La primera vez que aparece es en el segundo versículo de Bereshit/Génesis:

«…Y el espíritu de Dios sobrevolaba sobre la superficie de las aguas…».

Explican todos los sabios expertos en hebreo que, en realidad, este es el espíritu del Mashíaj sobre las aguas de la teshuváh, produciendo el despertar de la conciencia de las almas para retornar a Yahvéh.

Entonces, los expertos del idioma bíblico, concuerda que estas dos expresiones de «sobrevolar» son absolutamente complementarias; ambas apuntan hacia el despertar del pueblo de las doce tribus de Israel en general (Casa de Judá y Casa de Efraím), a la realidad mesiánica de volver al Eterno.

Este «tocar y no tocar» es una codificación lumínica muy significante para entender la Gracia divina a nuestro favor. El poder de tocar es el de involucrarse, de inspirar al otro. El poder de no tocar, por su parte, le permite al otro ejercer el libre albedrío, de tal manera que su alma pueda despertarse por sí misma en su deseo de ascender hacia Dios. El águila (Mashíaj) nos inspira y a la vez, paradójicamente, nos permite incorporar lentamente la nueva realidad mesiánica de acuerdo a nuestro propio ritmo individual.

Conviene aquí conocer también que la palabra hebrea nesher (águila) está formada por las letras nun-shin-reish. Lo interesante de esto es que las dos letras finales forman la palabra shar, verbo que significa «cantar«. De todas las palabras del canto Haazinu, shar es la sílaba esencial de nesher.

Existen dos tipos de canto: el verbal (que incluye la poesía) y la melodía. En hebreo el «canto«, que incluye la poesía, es llamado shir, representado por la shin y reish de nesher. En hebreo melodía, por su parte, se dice nigún, que comienza con la letra nun, la primera letra de nesher. Por lo tanto nesher es el acrónimo de los dos tipos de canto.

Esto significa que cuando el águila (nesher) se acerca a su nido bate sus alas para crear un canto, preparando delicadamente a sus pichones para su arribo. Para despertar las almas del pueblo hebreo y junto con ellos al mundo entero, cada persona con su propia chispa del Mashíaj debe poseer el poder de la poesía y la melodía inherente al águila.

La palabra hebrea que aquí se usa para «nido» es ken, que está asociada con tikún («rectificación«, «reparación«) y también con kinián («posesión«). La posesión más perfecta es la nueva Torah del Mashíaj, el canto de las alas del águila, que comienza a resonar a medida que se va aproximando a su cría. Esta nueva Torah mesiánica dará lugar a nuestra rectificación, como el águila que se aproxima suavemente a su nido, tocando y no tocando, despertando a sus hijos que la esperan.

Así, el Espíritu de Yahvéh ha desarrollado en la mente del Pueblo Elegido la imagen del “águila mesiánica” y sus “pichones anhelantes”, encarnando al Mesías redentor e Israel junto con toda la humanidad. Entonces, cuando nos conectemos con esta imagen, podremos comenzar a afinar nuestros oídos espirituales para escuchar la música del águila que se aproxima y prepararnos para la inminente redención final.

Todo para Bien

La palabra que aquí se traduce como «pichones» es gozalav, «sus pichones«, cuyas letras son guimel – zain- lamed. Estas tres letras son un acrónimo de una frase muy conocida y básica nuestra fe: «Gam Zu Letová«, que se traduce: «Esto también es para bien«. El pichón esperando ser elevado sobre las alas mesiánicas debe ser despertado a la conciencia de que todo lo que nos sucede es para bien, y que llevará finalmente a la redención verdadera y completa, que lo recompensará en el Olam Havá (Mundo Venidero).


Los Secretos para Alcanzar una Vida Sin Barreras (Parashá Pinjás)

Por P.A. David Nesher

La parashá (porción) Pinjás (Números 25:10 – 29:40) revela en verdad esa conciencia mesiánica a la que podemos ascender por medio de Yeshúa HaMashiaj y que se nos hace especialmente accesible en este Shabat.

¿Qué diferencias hay entre un profeta verdadero y uno falso?

Por P.A. David Nesher

«Entonces Elokim le dijo a Bilam:
“No vayas con ellos, no maldigas a ese pueblo, ¡es un pueblo bendito!”.
Bilam se levantó por la mañana y les dijo a los emisarios de Balak:
“Vuelvan a su tierra porque YHVH se niega a permitirme ir con ustedes.
”

(Números/Bamidbar 22:12-13)

Debo confesar que si existe una parashá (porción) de la Instrucción divina que realmente abarque la Luz de profecía, esa es Balak. Claro está que, a lo largo de la Torah tenemos al humilde Moshé quien fue el ejemplo primordial del diseño profeta, así como también podemos leer los Sefirot Nevaim (Libros de los Profetas) y así sumergirnos en cómo debe ser un profeta considerando la vida de estos importantes varones y sus oráculos. Pero esta semana que culminará en el Shabat Balak es que nos ofrece otro tipo de profeta, un ser humano con muy malas inclinaciones a la hora de usar la Profecía: Bilaam.

Por eso quiero meditar junto a ustedes acerca de la diferencia entre la profecía de Moshé y la de Bilaam, y de ese modo establecer las diferencias que hay entre un profeta verdadero y uno falso:

Primeramente, deseo guiarlos a darse de cuenta de lo siguiente: Bilam conocía al Eterno, por ello lo llama “mi Dios” (cf. v. 18). Entonces, debemos aceptar que la fuente de su profecía no era demoníaca, sino del Espíritu de Dios (cf. 24:2). Para comprender mejor esto, convendremos que la adivinación viene de los espíritus impuros, y la profecía viene del Espíritu de YHVH, y esta última persigue dar testimonio del paradigma divino denominado Mesías (cf. Apoc. 19:10).

Por eso es que la revelación escritural deja bien en claro que la profecía no proviene de una fuente humana. Esto significa que por mucho que el profeta quiera dar un mensaje, no podrá hacerlo en sí mismo, porque la iniciativa de la profecía no viene del profeta sino de Yahvéh, tal como lo enseñaba el apóstol Pedro al escribir:

“Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu de santidad hablaron de parte de Dios.”
(2 Pedro 1:20-21)

Pero cuando la profecía del Eterno se usa con motivos personales y manipuladores, se convierte en herramienta de brujería. Por eso, el sabio intérprete Maimónides dice lo siguiente en cuanto a la profecía:

  • Los profetas ostentan diversos grados. Al igual que en sabiduría hay sabios mayores que otros sabios, así en profecía hay profetas mayores que otros profetas. Pero todos ellos ven sus visiones proféticas sólo en sueños, de noche, o de día si han caído en trance, como está escrito: «En una visión me daré a conocer a él, en sueños le hablaré» (Número 12: 6). Cuando profetizan, sus miembros se estremecen, su cuerpo desfallece y sus pensamientos quedan confundidos, de modo que la mente queda libre para comprender lo que vea.­
  • Las cosas comunicadas al profeta en la visión profética llegan a él en forma de parábola. De inmediato queda grabada en su corazón la interpretación de la parábola contenida en la visión profética, de modo que sabe qué significa.­
  • Los profetas no profetizan cuando les place, sino tras concentrar sus mentes, lograr un ánimo alegre y benévolo y aislarse, pues la profecía no se posa sobre nadie que esté melancólico o indolente, sino sobre quien está alegre. Por eso los profetas jóvenes hacían tañer ante ellos laúdes, panderetas, flautas y liras cuando querían profetizar (1 Samuel 10: 5). La palabra mit­nab’im, en este contexto, significa que estaban en tren de llegar a la profecía, como quien dice «Fulano se agranda».
  • Esos que tratan de profetizar son los denominados hijos de los profetas, y aunque se concentren puede ser que la Presencia Divina se pose sobre ellos, y puede ser que no se pose.

Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, comprendemos que, la línea divisoria entre un profeta verdadero y un profeta falso es a veces difícil de discernir. Todos los que tiene éxito en las prácticas ocultas tienen un don natural dado por el Eterno que les hace sensibles para recibir los impulsos que hay en el mundo espiritual. Cuando estas personas se vuelven al Eterno y se arrepienten de sus pecados, permanece su capacidad para ser sensible espiritualmente. Esto significa que podrán ser muy utilizados por el Espíritu del Eterno, pero también es cierto que pueden ser influenciados por los malos espíritus guías que tenían en su vieja vida, si no se cuidan.

El poder de una bendición y una maldición.

Antes de continuar considerando este asunto de las diferencias entre un profeta verdadero y uno falso, deseo considerar con ustedes el asunto del poder de una bendición y una maldición. Sabemos, por lo que revela el Eterno en Su (Instrucción) Torah, que la bendición y la maldición son fuerzas incompatibles. Esto significa que a una persona que ha sido bendecida por el Eterno no se le puede transmitir una maldición. La bendición misma actúa como un escudo de protección contra las fuerzas del mal.

Sin embargo, la Instrucción divina también revela que una persona que ha sido bendecida podrá ser alcanzada por la maldición en áreas de su vida en donde hay desobediencia. La bendición opera poderosamente en ciertas áreas de su vida, pero no aquellas áreas de su vida donde la Torah no es obedecida. Es en ellas en donde la maldición logrará su cometido.

Una profeta falso y tendencia al aislamiento social.

Considerando el relato, les diré que el nombre hebreo Bilam, se escribe con las letras: bet, lamed, ayin y mem. Como el texto original no tiene vocales es posible también entender su nombre como «bli am«, que significa “sin pueblo”. Este era uno de los problemas de Bilam, que no estaba en el pueblo de Israel. Él podía haber hecho como Yitró y unirse al pueblo del Eterno, pero prefirió no ser parte de Israel. Él escogió ser un profeta solitario. Yahvéh había dotado a este varón con una capacidad natural para poder recibir y transmitir palabras de profecía, pero él no usó ese don para el bien común, sino para sus propios beneficios. Bilam no dirigía ningún pueblo.

Los estudiosos expertos en los códigos hebreos de las Sagradas Escrituras, aseguran que Bilam podría haber llegado a ser para las naciones gentiles lo que Moshé fue para los hijos de Israel. Es decir, que hubiera sido uno de los personajes más influyentes en el mundo gentil revelando el Nombre del Eterno, por el don de profecía que tenía. Pero era un varón caído que, por su naturaleza infrahumana, solamente funcionaba proféticamente yendo detrás de ganancias monetarias, obsesionado por conseguir la honra de los hombres importantes de este mundo. Esta es la actitud que lo le llevó a la ruina, y es la que siempre ha hecho que varones y mujeres con manto profético terminen cayendo en los grados más bajo de la inmoralidad a lo largo de la historia de la Salvación.

Por esto, nuestro Maestro Yeshúa nos advirtió en los paradigmas fundamentales de su enseñanza lo que leemos en el evangelio de Mateo:

“ Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.”

(Mateo 7:15-20)

Con esto, nuestro Señor deja en evidencia que si los falsos profetas fueran fáciles de distinguir no haría falta una advertencia contra ellos. El hecho de que Yeshúa tenga que advertirnos de tener cuidado con ellos, nos enseña que no es fácil saber si un profeta está hablando de parte de Yahvéh o de parte de un espíritu engañoso, que lo influye para provocar fatalidad y caos.

Las Sagradas Escrituras enseñan que los mensajes de los falsos profetas aparentemente son buenos. Por eso, lo importante para nosotros será mirar el fruto de la influencia de ese profeta. Para esto debemos entrenarnos en analiza lo profético de un varón o una mujer, aprendiendo a respondernos estas preguntas cuando estamos delante de alguno de ellos:

⁉ ¿Cómo es su conducta?

⁉ ¿Cómo es su vida moral, sexual y económica?

⁉ ¿Cómo habla en la intimidad?

⁉ ¿Cómo viven sus seguidores?

⁉ ¿Cómo está su familia, su esposa y sus hijos?

⁉ ¿Qué dice su esposa de él?

⁉ ¿Qué dicen sus hijos de su padre?

Todas estas cuestiones, y otras de igual tenor, son los frutos de la vida de ese profeta. Por eso Yeshúa dijo: “por los frutos los conoceréis”.

Ahora bien, también me es necesario aclarar que, según las Sagradas Escrituras, una cosa es probar la profecía, y otra cosa es probar el profeta. El profeta es probado por sus frutos y la profecía es probada por medio de dos varas: la Torah y el Espíritu de Yahvéh. Hay profecías que son dadas según la Torah, pero con un espíritu ajeno a lo que ella revela y exige. Tenemos un ejemplo relatado en el libro de los Hechos de los apóstoles:

“ Y sucedió que mientras íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha esclava que tenía espíritu de adivinación, la cual daba grandes ganancias a sus amos, adivinando. Ésta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba diciendo:
«Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os proclaman el camino de salvación.»
Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando esto a Pablo, se volvió y dijo al espíritu:
«¡Te ordeno, en el nombre de Yeshúa el Mesías, que salgas de ella!»
Y salió en aquel mismo momento.”

(Hechos 16:16-18)

Si observamos con cuidad el relato, notaremos que el mensaje de la muchacha era verdadero, pero estaba dado bajo la influencia de un espíritu inmundo, llamado espíritu de pitonisa. El apóstol Pablo, que tenía el don de discernimiento de espíritus, supo inmediatamente en su propio espíritu que la fuente de esa profecía venía de un espíritu de pitón. Por eso, el apóstol Pablo atacó al espíritu de pitón en esta joven, y lo expulsó en el Nombre de Yeshúa HaMashíaj.

A esta altura de nuestro estudio les puedo enseñar un concepto de lo que es la profecía. Entonces les diré que la profecía significa esencialmente obtener una directriz del Creador. Por lo general, la mayoría de los seres humanos tiende a pensar que las profecías son para las almas elevadas, como Moshé, Shmuel o Yeshayahu, etc.,… pero en este Shabat Balak aprendemos que eso no es cierto; el don de la profecía también está presente en Bilaam, un ser humano muy bajo. Si ese don estaba disponible para Bilaam, por lo tanto, también debe estarlo hoy para nosotros. Y eso, en general, es en lo que consiste este Shabat: cómo ascender a un estado en el que más aspectos de nuestra vida sean dirigidos por la Luz del Creador.

Las palabras que salieron por la boca de Bilam son eternas, porque son del Eterno. Pero Bilam murió la muerte de los impíos y perdió su alma porque su vida no correspondía a sus palabras.

¡Qué el Eterno nos dé sabiduría para discernir entre una cosa y otra!

Moshé y Bilaam ¿Qué tipo de profecía utilizaba?

Ahora bien, queda un tema más para tratar con Uds., y lo abordaré por medio de una pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre la profecía de Moshé y la de Bilaam? Ante este planteo, el gran Sabio Najmánides, conocido como el Rambán, explica que ellos tenían una experiencia profética totalmente diferente. Por eso, al principio, casi parecía que Bilaam estaba en un nivel superior de profecía que Moshé.

El mismo Bilaam nos explica, en la parashá Balak, el tipo de profecía que recibió y cómo la recibió. Una de las cosas que Bilaam dijo de sí mismo y su profecía es que notó la visión de la Luz del Eterno Lo que quiso decir con la expresión visión era que él poseía un estado de claridad tal que fuese totalmente obvio para él lo que el Creador deseaba que hiciera. Bilaam llegó a ese estado de claridad por lo que se dijo: “Esto es exactamente lo que el Creador quiere que haga”.

Sin embargo, el Rambán dice que había una diferencia entre la profecía que Bilaam recibió y la manera en la que Moshé la recibía. Moshé no tenía idea de cuándo el Creador le hablaría o sobre qué lo haría. No obstante, está escrito que Bilaam ya sabía con antelación lo que el Eterno le diría. Además, sin importar dónde estuviera Moshé, la profecía le llegaba de repente, mientras que Bilaam, por otro lado, sabía cuándo le hablaría el Eterno. Está escrito en los anales talmúdicos que Bilaam decía de sí mismo: “Conozco la mente del Creador; sé cuándo y qué me dirá Él”.

Pensemos en esto que dice Najmánides, el Rambán. Hay dos profetas, uno de ellos es Bilaam, quien sabe cuándo el Creador le hablará y qué le dirá. El otro, Moshé, no sabe cuándo le hablará el Creador ni qué le dirá. Si observamos objetivamente e intentamos decidir quién es el más grande profeta, podríamos decir que Bilaam; porque él sabe más, pues tiene más claro cuándo le hablará el Creador y sabe qué le dirá.

Para explicar la diferencia entre los dos, el Rambán cita una metáfora del Midrash que compara la profecía de Moshé con la profecía de Bilaam, y así logra explicar esta diferencia. Dicha fábula compara a Bilaam con el cocinero del rey. Él, como cocinero, sabe qué plato está preparando, cuánto cuesta, cómo prepararlo y cuánto toma hacerlo. El Midrash dice que Moshé puede ser comparado con el amigo del rey que está sentado en la mesa y no tiene idea de cuánto cuesta la comida, cómo es preparada y demás; está allí simplemente para estar con el rey.

Así pues, el Midrash dice que si quieres entender el secreto de la profecía de Bilaam en oposición al secreto de la profecía de Moshé, compara la situación con un amigo del rey que va a comer con él y el cocinero que prepara la comida. Moshé, al igual que el amigo del rey, no tenía idea de cuál sería el tema general de la directriz del rey; él sólo estaba siempre preparado para lo que fuese. Moshé no se preocupaba por lo que iba a ser. Sólo quería hacer lo que el Creador quería que haga y quería recibir el mensaje que el Creador quería darle. Su enfoque y deseo particular era: “Sólo quiero saber”, a diferencia de Bilaam que se jactaba porque ya sabía lo que quería saber.

A menudo los seres humanos, desesperados por sus aflicciones, acuden a videntes porque necesitan tomar una decisión y quieren saber qué deben hacer. Bilaam era así. Él sabía lo que quería que pasara, o tenía una idea general de lo que quería que pasara, pero también quería tener la directriz. Por ejemplo, ocurre como cuando alguien pregunta si debe ir hacia la izquierda o hacia la derecha en el camino en el que está, ni siquiera considerando la posibilidad de voltear por completo e ir en sentido contrario. 

Sin embargo, Moshé no le estaba pidiendo al Creador que lo ayudara a tomar una decisión. Era una hoja completamente en blanco, siempre con la conciencia de: “Sea lo que fuere, no me interesa, sólo quiero saber”. Esa es la diferencia entre los dos.

Así pues, como vemos Bilaam ya había decidido lo que quería que ocurriera. ¿Cuántas veces hacemos esto? Verdaderamente sabemos lo que queremos hacer, pero pedimos ayuda al Eterno de todas formas, pero orando algo como: “Sé a dónde quiero llegar al final, así que, por favor, ayúdame a llegar de buena manera”. Mientras que el consejo verdadero o la directriz verdadera es: “No sé a dónde quiero ir, sólo quiero ir adonde la Luz del Creador quiera que vaya”. Ese tipo de apertura y deseo es lo que diferenció la profecía de Moshé de la de Bilaam.

Moshé dijo: “No quiero saber cuándo me hablarás, no quiero saber qué me dirás… No me interesa. Sólo hay algo que me importa. Quiero ser guiado por la Luz del Creador”. Y, debido a eso, el Creador se dirigía a él todo el tiempo y le decía exactamente a dónde ir y qué hacer; por lo tanto, toda la vida de Moshé fue guiada.

Bilaam tenía el poder de la profecía. Tenía el poder de la Luz del Eterno que le daba cualquier respuesta que necesitaba. Pero, como tenía una idea general de lo que quería hacer, el Eterno sólo podía guiarlo dentro de ese límite. Y seguramente por esto, tal y como sabemos, él se convirtió en el más bajo de los seres que jamás hayan vivido y fue asesinado de manera terrible.

De esa profecía aprendemos que estar conectado con la Luz del Eterno no le garantiza a un individuo terminar haciendo lo que vino a hacer en este mundo. Recuerda que tanto Moshé como Bilaam tenían la misma capacidad para ser guiados. La gran diferencia es que Moshé estaba completamente abierto a la Voluntad del Abba kadosh que es buena, agradable y perfecta (Rom. 12:2). Por eso el Rambán dice que es muy importante tener una conciencia expansiva de: “No me importa nada. Estoy abierto a absolutamente cualquier posibilidad de orientación”. Cuando tenemos esa conciencia podemos obtener la directriz divina exacta, y lograr alcanzar la meta: el premio del supremo llamamiento de Dios en Yeshúa HaMashiaj (Filip. 3:14).

Esto es muy importante para nosotros porque siempre estamos limitados, incluso cuando pedimos orientación de parte de la Luz del Creador. La limitamos, pedimos que el mensaje esté en los límites de lo que sea que queramos. No obstante, al hacerlo de este modo nunca obtendremos orientación real, sino que obtendremos la orientación como Bilaam. Sí, Bilaam recibió orientación de la Luz del Creador, le dijo qué hacer, pero como no estaba abierto a cualquier posibilidad de lo que el Creador podía haberle dicho, nunca llegó al propósito por el que su alma vino a este mundo. Este es un increíble entendimiento que nos da la parashá Balak a fin de llegar al Shabat revestidos de una conciencia abierta a todas las posibilidades celestiales, pero humildemente sujeta a la Voluntad del Eterno, nuestro Abba Santo.

Mi Sanación depende de mi Visión… (La Serpiente de Bronce)

Por P.A. David Nesher

«Entonces YVH mandó contra el pueblo serpientes venenosas para morder a la gente. Falleció una gran multitud de Israel… YHVH le dijo a Moshé:
“Hazte una serpiente venenosa de bronce y ponla en un mástil. Cuando la miren los que fueron mordidos, se salvarán”.
Moshé hizo la serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y en efecto, cuando una serpiente mordía a alguien, ése miraba a la serpiente de bronce y se salvaba.»

(Números/Bamidbar 21:6, 8-9)

Los rigores del viaje surtieron su efecto, e Israel se quejó sin justificación alguna. La la ira del Eterno fue provocada, y está se manifestó inmediatamente en el campamento, hasta que Moshé los salvó nuevamente.

La protección que antes tenían con la presencia de las llamadas «HaNanei Kavod» (Nubes de Gloria), había desaparecido al fallecer el Sumo Sacerdote Aharón. El miedo paralizante que activa la mente egoica se había encendido. Entonces el ánimo del pueblo se impacientó y hablaron contra el Eterno, el Invisible, y contra Moshé, su líder visible. Ya no se quejaron solamente por causa del camino sino empezaron a criticar la comida que Yahvéh les estaba dando todos los días.

Por ello, las nejashim (נְ חשִַּ֣ים – serpientes) serafim (abrasadoras) pudieron entrar en el campamento de Israel. Los Benei Israel (Hijos de Israel) fueron mordidos por serpientes venenosas que el Eterno había enviado al campamento porque habían hablado mal del maná. El resultado de la queja contra la comida fue mortal. La protección que antes tenían con la presencia de las «Hananei Kavod» (Nubes de Gloria), ya no estaba, y las serpientes pudieron entrar en el campamento, por mandato del Eterno y muchos murieron por causa de ellas.

Esto enseña que la lashón hará (lengua de maldad), manifestada en murmuración, y la falta de gratitud, desata toda clase de peligros en nuestras vidas. La Torah revela aquí que los malos espíritus tienen libre acceso a una persona que habla mal de los regalos que el Eterno da en su bondad. Las serpientes eran un castigo para aquellos quejosos, difamadores y malagradecidos israelitas.

Según los códigos hebreos del relato, la ponzoña en los colmillos de estas hanejoshim haserafim (serpientes ardientes) hacía sentir a sus víctimas un ardor fortísimo como si se estuvieran quemando por dentro. Así que, por causa de este veneno sobrenatural, mucha gente empezó a morir.

Esta plaga demostraba que era un reflejo de lo que había en cada israelita. En las bocas de esa gente solo había mortal veneno. En el libro del Zohar (Jukat 10:71), se registra lo siguiente:

«…Habló el pueblo contra Dios y contra Moshé. Ellos murmuraron calumnias contra HaKadosh Baruj Hu y se pelearon con Moshé. “¿Por qué nos han subido?” Ellos trataron a todo aspecto por igual, pues igualaron a Dios y Moshé, al decirles, “¿Por qué nos han hecho subir?” Es por esta razón que les enviaron serpientes abrasadoras como el fuego. El fuego entró en sus entrañas y cayeron muertos, como está escrito, “Envió entonces el Eterno contra el pueblo serpientes serafines (…) Las serpientes llegaban con la boca silbando y mordiendo, y ellos morían (…) Había un fuego abrasador en sus bocas. Mordían y lanzaban sobre ellos el fuego, quemando sus entrañas y ellos morían…».

¿Por qué serpientes?

En el Midrash existe una alegoría con la que los sabios explican esto. En la misma se le pregunta a una culebra ¿por qué muerde si no tiene ningún placer?, ella simplemente responde: …»¿Y qué placer físico recibe un calumniador…?”.

Los sabios con esto, hacen ver que las culebras no tienen papilas gustativas por lo que toda comida les sabe igual. Es decir que la mordida de la serpiente a diferencia de los demás animales, es sin beneficio para la propia serpiente. Por eso, dicen los sabios, cada serpiente de esta plaga divina es un símbolo de la lengua activa en habladurías, que generalmente es realizada sin ningún beneficio por parte de quien habla

El castigo del principio yahvista denominado «midáh kenegued midáh» (traducido como «medida por medida«), por reclamar a causa del maná (que sabía a lo que cada uno de ellos quisiera), fue el ser mordidos por serpientes; animales para quienes toda comida sabe igual.

Con esto, Israel aprendió que la palabra hebrea najash [(נְ חַּ֣ש) – «serpiente], es también aplicable a la tendencia a actuar negativamente, esa que ser humano carga dentro de sí (y que es parte integral de nuestra personalidad humana). La “serpiente” es un símbolo de las “habladurías”, un ícono de “lashón hará” y, en este sentido, Israel pecaba constantemente con su filosa lengua calumniando, difamando, quejándose de Dios y su líder Moshé, etc.

La NEJASH NEJOSHET (Serpiente de Bronce)

Lo cierto es que a causa de este mortal azote, los israelitas se arrepiniteron y Moshé rogó por ellos. Entonces el Creador les proveyó una fuente de salud: una serpiente de bronce. Las víctimas, donde ellos se hallaran, solo tenían que mirar de lejos a la serpiente, invocar al Cielo, y luego esperar sobrevivir.

Desde su altura profética (es decir desde la altura de Bináh), Moshé hace una serpiente en el nivel inanimado de la naturaleza como si de verdad lo fuera y no de la forma en que es representada a una persona.

De este modo, el Eterno quiere que Israel comprenda que la serpiente de bronce es también un símbolo que representa a la persona humana influenciada por su ídolo egoísta (a esto se le llama egolatría: adoración del ego). La Torah parece decirnos “mira, está simplemente hecha de bronce, ¿por qué te inclinas ante ella?” Es por esto que si tú “ves la serpiente” ahora, es decir si la sientes dentro de ti en ese nivel, eso te cura.

Los sabios comentan desde una pregunta: «¿acaso una serpiente puede dar la vida o provocar la muerte?» Inmediatamente contestan, que no, más bien, cuando ellos alzaban la vista y subyugaban su corazón al Av Celestial, se curaban, pero si no, morían. Eso fue exactamente así porque Dios pudo haberlos curado sin la serpiente; pero ellos entonces habrían pensado que se curaron por medios naturales.

La serpiente de Moshé era un mensaje divino de exhortación que le dice a cada israelita que el ego es meramente un ídolo, una estructura síquica construida en el interior del alma humana con el veneno materialista del sistema reptiliano. Por eso era que donde quiera que el israelita moribundo la viera, ya sea como naturaleza inanimada que se encuentra en un palo, inmediatamente se curaría porque se da cuenta que no hay razón para rezarle a un ídolo. Es decir, que los israelitas comprendieron y aceptaron en este castigo que no existe razón alguna de confiar en el ego que ha sido forjado por la influencia del sistema reptiliano que HaSatán controla y desde donde inocula al alma humana distintas tentaciones para lograr su condenación.

El secreto del presente texto radica en que, para mirar la serpiente había que observar hacia “Arriba”, esto significaba que debían orientar sus pensamientos hacia el Creador, lo que los inducía a abandonar sus malas conductas y entonces se sanaban. La solución para ser libre de ese veneno destructor que corría en su cuerpo, el ratzón atmutz («deseo de recibir sólo para sí» o el ego), era mirar con fe la figura de bronce y hacer teshuváh desde lo que reflexionaban al comprender el simbolismo de esa serpiente de bronce.

Tomando en cuenta lo dicho hasta aquí, vemos que esta historia nos muestra, de la forma más gráfica posible, uno de los principios básicos de la vida espiritual. El pueblo de Israel, después de haber pecado, se encontró con una nueva y distinta realidad (una realidad donde todos son mordidos y todos necesitan ser salvos).

Aquí está la lección aprendida: cuando pecamos, cuando elegimos alejarnos de Dios, nuestra elección siempre tiene consecuencias muy reales e inevitables. Cambia y distorsiona la realidad, tanto en nuestro interior como en nuestro exterior (a menudo en ambas), aunque estos cambios no siempre son visibles como en nuestra historia de la Torah. Después, cuando las consecuencias de nuestro pecado inevitablemente empiezan a ‘mordernos’, comenzamos a clamar al Señor, pidiendo que nos salve (que elimine las serpientes, que aparte las consecuencias). Sin embargo, incluso el Eterno mismo, no restaura simplemente las cosas como si nuestras elecciones pecaminosas nunca hubiesen acontecido; incluso Él mismo simplemente no borra nuestro pecado o el mal que causó.

Al leer el texto en hebreo, logramos asombrarno por la abundancia de silencios y sonidos silbantes de aquí: Nashaj (morder), Najash (serpiente), Nejoshet (bronce)… como si efectivamente el silbido de las serpientes llenasen estos versículos. No es del todo accidental que hayan serpientes en esta historia: en el principio, el pecado entró por la víbora (la serpiente antigua o HaSatán) y qué más, si no pecado (arrastrándose, silbando y mordiendo) ¿está representado por esas serpientes en nuestra porción de la Torah? Sí, no es suficiente eliminar las serpientes, el veneno ya está haciendo su efecto, y por eso, el Eterno tiene que traer un remedio para que todos los que fueron mordidos, vivan.

El Poder de la Visión sobre el Destino Humano.

Resulta que cuando leí el comentario de Rashí, me sorprendí, ya que este exégeta dice que el texto hebreo usa una palabra que significa que tenían que mirar fijamente con concentración.

Los kabalistas enseñan que el sistema de sanación de Dios dependía totalmente del enfoque de la visión de cada israelita.

Uniendo estas dos perspectivas pedagógicas, aprendemos que nuestros ojos son herramientas de gran alcance que pueden extraer energía específica que afectan nuestra materia. Sin duda alguna, la sanación tiene que ver con la visión. La luz que se reflejaba desde la serpiente de bronce generaba ondas cerebrales que activaban una fuerza sanadora.

Todos nosotros hemos experimentado cómo el mirar algo puede generar un cambio pequeño o grande en el cuerpo. La mayoría de nosotros hasta podría vomitar con solo observar algo repugnante. Por otra parte, nuestra boca se hace “agua” cuando vemos algo que nos gusta; el corazón comienza a latir más rápido ante la vista de algo emocionante. Así pues, el sistema de curación que el Eterno le dio a Moshé era totalmente dependiente de la mirada ontológica. Con esto aprendemos que nuestros ojos son una poderosa herramienta que puede extraer del mundo metafísico una energía específica y puede afectar nuestra fisicalidad.

De este modo tenemos que, incluso lo que a nuestros ojos se presenta como malo o negativo, también tiene un sentido, pues en esencia, ningún mal proviene de Arriba, solo es cuestión de orientar la vista en la dirección adecuada.

Cuando el pueblo de Israel reconoció su pecado, el Eterno mostró a Moshé cómo poder sobrevivir en el momento de ser mordido por una serpiente. ¿Cuál es ese remedio? El secreto para la recuperación era mirar fijamente con atención a una serpiente de bronce colgada sobre una estaca.

Hoy, sabemos que para poder curar la mordedura de serpiente, podemos confiar completamente en un práctico remedio: el suero antiofídico, alguna medicina, tratamiento, acción. Sin embargo, en su lugar, a los hijos de Israel el Eterno les dice que miren a la serpiente de bronce (solo mirarla, para poder vivir). No necesitaban acercarse, tocarla o hacer algo con ella, solo tienen que mirarla, “y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá” (v.9). ¡Por mirar atentamente recibieron vida. La visión les salvó de la muerte!

Puedo imaginar que alguno de ellos dudó, incluso se volvió a quejar diciendo: «¿Qué bien puede hacerme, si solo miro a la serpiente?» Pero este es exactamente el eje de esta historia: no importa si Su remedio cumple con nuestras expectativas. ¿Recuerdas a Naamán, el comandante del ejército sirio, que era leproso? (leer 2Reyes cap. 5). Él fue a Eliseo para ser sanado, pero se enfureció y casi se marchó después de que Eliseo no llenó sus expectativas. Él dijo: «He aquí, yo pensé…» Y casi pierde su propia sanación, tan solo porque pensó que debía haberse efectuado de forma diferente. Cuan a menudo la gente se pierde algo de lo que Dios está haciendo, solo porque ellos piensan que debería ser hecho de manera diferente: «He aquí, yo pensé…»

Allí en el desierto, el Eterno ofrece su sanación a todos. Por más extraño e inesperado que pudiera parecerles, era su único medio para sobrevivir (para ser salvados). Aquellos que escogieron mirar a la serpiente de bronce, vivieron, todos los demás, perecieron.

Aprendemos de esto que lo que está delante de nuestros ojos tiene una tremenda influencia sobre nuestro futuro. Es sumamente importante lo que miramos. Lo que entra por los ojos físicos y lo que entra por los ojos espirituales tiene el potencial de matarnos o darnos vida.

Cuando Javáh (Eva) vio que el árbol prohibido era bueno, tomó de su fruto y murió. Cuando los israelitas vieron la serpiente de bronce recibieron vida. ¡Qué importante es fijar su mirada en lo que da vida en lugar de lo que da muerte!


Bitácora Relacionada y Recomendada:

http://Jesús: La Serpiente Mesiánica del Desierto para la Sanación del Mundo.

¿Cómo fue la Esclavitud en Egipto?

Por Rav Yosef Bitton

Creo que la mayoría de nosotros preservamos una imagen superficial, infantil o en el mejor de los casos incompleta de lo que nuestros padres sufrieron en Egipto; imágenes –que no supimos desarrollar– de los dibujos que pintábamos en el jardín de infantes. Y esto sucede a pesar de la obligación explícita de recordar, lo más seria y fielmente posible, lo que experimentaron nuestros padres en Egipto.

Durante el Seder de Pésaj debemos recrear y visualizar los detalles de la redención hasta sentir que nosotros mismos estamos saliendo de Egipto. Parte de esta experiencia es rememorar el sufrimiento de la esclavitud y así poder valorar más plenamente el placer de la libertad e incrementar nuestro agradecimiento a Dios.

Los Sabios, los grandes maestros del Talmud, agregaron de lo que ellos conocían por la historia y la tradición, para hacer más real, y especialmente más visual, la experiencia del Seder.

Dijeron por ejemplo, que en el Seder debemos sentarnos reclinados como los nobles; que debemos continuar comiendo el maror, a pesar de que estas hierbas amargas eran dependientes del sacrificio de Pesaj, y al no haber ya sacrificio, dejan de ser obligatorias. Y también agregaron un precepto enteramente nuevo: el Jaroset, con el propósito de representar mas vivencialmente la esclavitud.

Soy muy consciente de que casi nadie se pone a pensar de una forma seria lo que este alimento representa, es decir, qué memorias se supone que debe despertar. Hasta este año, que me forcé a estudiar un poco más sobre este tema, yo también pensaba que el Jaroset era sólo una cuestión de recetas y que todo lo que se podía decir del mismo era cuánta canela, nueces o vino le agregamos….

Pero estudiar sobre el inocente Jaroset me ha llevado a valorar mucho más allá de mis expectativas originales su valor educativo y admirar, una vez más, la sofisticación de nuestros sabios, de bendita memoria.

Lo más importante que he aprendido es que el Jaroset abre una ventana al aspecto más terrible de la esclavitud en Egipto. Nos permite (o nos obliga) a ver la característica de los trabajos forzados a los cuales estaban sometidos nuestros ancestros.

La palabra clave para entender la naturaleza de esclavitud de los hebreos, y comprender por qué fue diferente, por ejemplo, de la servidumbre de los esclavos griegos, o romanos o incluso de los esclavos africanos en Estados Unidos hasta 1865, es “párej” (פרך), un término que curiosamente se repite dos veces en dos versículos seguidos: los pasukim 13 y 14 del primer capítulo de Shemot, el libro de Éxodo.

Comenzaremos por explicar que la esclavitud a la que sometió el Faraón a los judíos tuvo dos fases, con dos propósitos distintos.

«Entonces impusieron sobre ellos capataces para debilitarlos con duros trabajos. Y los judíos edificaron para Faraón las ciudades fortificadas de Pitom y Ramsés.»
(Éxodo 1:11)

En la primera fase de la esclavitud el Faraón hace trabajar a los hijos de Israel para construir Pitom y Ramsés. Los hebreos trabajaban “para el gobierno”. Esta esclavitud era un procedimiento “legal”. El monarca egipcio –irónicamente desde el tiempo de Yosef –era también el “Amo y Señor” de todos los egipcios. Los egipcios eran sus súbditos y el Faraón podía demandar de ellos cualquier tipo de servicio: sumarse a su ejército para defender su territorio o trabajar en los proyectos de construcción que el soberano consideraba necesario.

En esta primera fase, el trabajo de los hebreos consistía en construir las ciudades de Pitom y Ramsés, que según la interpretación más aceptada, eran fortificaciones posiblemente de uso militar. Este dato no es superfluo. Estas fortificaciones no eran construidas con ladrillos comunes (adobe) como las casas o templos, sino con piedras talladas. Podemos suponer que los hebreos trabajaban en las canteras extrayendo la roca, tallándolas (“los egipcios fueron los primeros en emplear la piedra tallada para erigir templos, pirámides y otras edificaciones monumentales”) y cargando las pesadísimas piedras, que a veces, como en el caso de las pirámides, pesaban varias toneladas, y montarlas una encima de la otra.

Por último, debemos comprender cuál era el verdadero propósito de la esclavitud en esta primera fase. Cuando el Faraón pronuncia su famoso discurso de propaganda denunciando el supuesto peligro que los hebreos representan para Egipto, propone un plan estratégico para afectar su procreación. Esclavizarlos y hacerlos trabajar en la construcción de día y de noche, era la manera de evitar que cuando regresaran a sus casas no tuvieran ni el tiempo ni la energía de procrear. Así, de una manera sofisticada, legal y no violenta ( הבה נתחכמה לו ) se reduciría significativamente la tasa de natalidad de los hijos de Israel. La construcción de estas fortificaciones, por lo tanto, no era el propósito de la esclavitud, sino la excusa para frenar el crecimiento demográfico de los hebreos. Pero, como la Torah lo dice explícitamente en el próximo versículo, el plan del Faraón no produjo los resultados esperados.

«Pero cuanto más oprimían a los hebreos con trabajos forzados, los hebreos más procreaban y más se multiplicaban. Y los egipcios se sintieron amenazados por los hijos de Israel.«
(Shemot/Éxodo 1:12)

El plan del Faraón falló. El pueblo de Israel no se debilitó sino que por el contrario, se fortaleció y siguió creciendo.

En este punto, el Faraón decide comenzar con la fase 2 de la esclavitud de los hebreos, los trabajos forzados que se consideran “párej”.

«Y entonces los egipcios hicieron trabajar a los hijos de Israel con “párej”.
(Shemot/Éxodo 1:13)

Continurá…

Fuente: halaja.org

Enfermarse es Cerrarse a la Luz (la Tzaraat o Lepra)

Por P.A. David Nesher

«Cuando una persona tuviese en su piel una seet [mancha blanca], una sapajat [decoloración] o una baheret [erupción] y se transforma en tzaraat, será llevada ante Aharón, el Sacerdote [principal], o ante uno de sus hijos, los Sacerdotes.»

(Vayikráh/Levítico 13:2)

Seguramente tendré que decirlo una y mil veces; y es que necesito considerar, una vez más, el famoso adagio italiano que dice “traduttore, traditore”. Esta expresión se traduce a nuestro idioma: “Toda traducción contiene una traición». Me remito una vez a esa frase ya que necesito que entendamos el juego de palabras que radica en ella. Dicho juego está basado en el hecho de que traición y traducción tienen una raíz latina similar; forman parte de un conglomerado de ideas que incluye también la palabra tradición. Y es justamente esta última (la tradición) la que estamos obligados a juzgar, y hasta desechar si es necesario, de nuestra tarea interpretativa del texto sagrado.

Esto que acabo de decir debemos tenerlo en nuestra mente a la hora de investigar los códigos de sabiduría que la Instrucción (Torah) divina revela a la hora de hablar del «leproso» y su mal: la lepra.

«Tzara’at» es el vocablo que normalmente se traduce como “lepra”. Sin embargo, por diversas razones, la traducción no es la más apropiada. Esto último se debe principalmente al hecho de que la lepra es una dolencia cutánea generada por el bacilo de Hansen. En cambio, el tzara’at que aparece en las Sagradas Escrituras era la manifestación física de una conducta espiritual grave causada principalmente por la difamación, la altanería, la maledicencia y/o la envidia. Esta es la razón por lo que dicha afección debía ser diagnosticada por un Kohen (Sacerdote).

El sabio Moshéh Alshej señala que el kohen en modo alguno ejercía funciones de médico, ni usaba prácticas médicas. La Torah legislaba que él solo se limitara a declarar impuro al afectado y hacerlo recluir, o declararlo puro y devolverlo a u sociedad y a su familia.

Esta plaga se describe en detalle en la Torah, aunque bajo diferentes variables que afectan la vida del israelita. El cáncer, o el SIDA, por ejemplo, que son las “plagas” de nuestra generación, podría decirse que son los equivalentes a la tzara’at de aquella época.

De acuerdo a las descripciones que nos ofrecen las palabras hebreas que leemos en el versículo que encabeza este estudio, notamos que la tzara’at era una especie de llagas semejantes a una de las plagas que azotara a Egipto. La diferencia con estas últimas radica en el detalle, no menor, de que la tzara’at era una afección que el Eterno enviaba sobre sus escogidos con el objetivo de disciplinarlos y guiarlos a realizar teshuváh y tikún.

Citaré a modo de ejemplo una fuente que nos ayudará a entender esta concepción. En Shemot leemos:

«…Dijo:
Si obedeces a Dios tu Señor y haces lo que es recto a Sus ojos, prestando cuidadosa atención a todos Sus mandamientos y cumpliendo todos Sus decretos, entonces no te golpearé con ninguna de las enfermedades que traje sobre Egipto. Yo Soy Dios quien te cura…»
(Shemot/Ex 15:26) [Torah Viviente].

Leyendo el Zohar, encontré la explicación sabia de que la frase “plaga de lepra”, hace referencia a los juicios severos que penden sobre el mundo como resultado de la negatividad colectiva de la humanidad. Allí mismo, en el Zohar, el vocablo “lepra” o tzsara’at, se define como “cierre”. ¿Qué quiere decir esto?

Pues bien, el Zohar explica que la palabra tzsara’at al ser traducida al arameo es llamada seguirú, lo que significa “cerrado”.

El Zohar en su explicación enseña que la Torah utiliza la palabra nega (conformada por las letras nun, guimel, ayin) para denotar oscuridad, lepra, o seguirú, todas expresiones que señalan a la condición espiritual de estar cerrados a la Luz del Creador. Por ende, no es coincidencia que estas tres letras (nun, guimel, ayin) al transmurtarse formen otra palabra: oneg (ayin, nun, guimel) que significa “placer”. Pues bien, estas dos palabras: nega (desconexión de la Luz del Creador) y oneg (placer) están interconectadas. Todos tenemos cierta cantidad de Luz que está destinada a venir a nosotros, y es a través de nuestras acciones que colocamos una coraza de Luz positiva o de Luz negativa alrededor de nuestra alma.

Esto nos indica que las porciones de Tazría y Metsorá no se tratan acerca de enfermedad física, sino más bien conciernen a la enfermedad espiritual que todos sufrimos en algún grado: estar cerrados a la Luz.

De este modo, los comentarios de El Zohar refieren que el “cierre” de las puertas que protegen el reino del 99 % de la luz espiritual, es la fuente de toda enfermedad psíquico-física que obstaculiza toda dicha, bienestar y realización duradera. Cuando estas puertas están cerradas, la luz no puede ingresar en nuestro mundo y la oscuridad y el juicio reinan. El concepto de “cierre”, se refiere asimismo a la manera en que nuestro «ego» nos cierra ante nuestra alma. De aquí que el salmista exhorta a los redimidos que llegan a Jerusalén para cada festividad a elevar conciencia a los niveles celestiales de la Torah a fin de que el Rey de la Gloria pueda entrar en la historia humana (por favor leer Salmo 24: 7-10).

Cuando hablamos lashón hará, («mal hablar» o «lengua perversa«) tomamos de nuestro banco de Luz y la guardamos en una coraza de nega, (desconexión de la Luz del Creador). Sigue siendo Luz pero ahora está cubierta por una coraza de oscuridad y esto nos causa dolor porque pudimos haber utilizado esta Luz en el sentido contrario, asistiendo a otra persona, por ejemplo. Pudimos haber tomado esta misma Luz y colocar una coraza de Luz a nuestro alrededor la cual nos sustentaría con placer.

Oneg y nega, placer y dolor, no son dos realidades separadas, sino un resultado de nuestras acciones. La Luz que atraemos proviene del mismo banco, independientemente de si será utilizada para hablar mal o para una acción de compartir. Todo necesita ser sostenido por nuestra Luz, y cuando retiramos de nuestro banco de Luz y cubrimos esta Luz en oscuridad, ahora esta oscuridad se sostendrá y manifestará en nuestra vida en diferentes formas. Lo opuesto es también verdad, cuando realizamos acciones de compartir o actuamos y hablamos de manera positiva, exactamente la misma Luz del banco alimentará el placer y lo positivo en nuestra vida.

Los códigos de sabiduría de parashá Tazría revelan que el dolor físico y emocional proviene de una fuente, nega, la cual es la Luz que nosotros hemos cubierto en una coraza de negatividad a través de nuestras palabras y acciones. Ahora entendemos que la tremenda oscuridad que atraemos a partir de lashón hará proviene de la misma Luz que sostiene la negatividad o el placer positivo en nuestras vidas. El tipo de Luz que nos sustentará depende de nosotros. Podemos tomar un oneg potencial, un placer positivo en potencia, y cubrirlo con una coraza de oscuridad a través de nuestras acciones y palabras negativas.

Comprendiendo todo esto, discernimos entonces que la “oscuridad” espiritual es la “plaga de las plagas”, es decir, la madre de todas las plagas. Ella es el suelo fértil que produce todos los demás tipos de plagas, sea el cáncer, o enfermedades cardíacas, virus, pobreza, terrorismo, depresión o cualquier otra clase de aflicción individual o social. [Torah Kabbalística Vayikrá, pág 116].

Por ello, y de acuerdo con los sabios, toda enfermedad es una especie de purificación. Cuando alguien se enferma, es una señal de alerta que inicia el proceso de “limpieza” de la persona. Una forma de alcanzar el bienestar es a través de la purificación, y una de sus vertientes es el dolor y el sufrimiento. La Torah revela que el cuerpo es el reflejo físico del alma; cuando un cuerpo se enferma es porque parte del alma necesita atención y trabajo espiritual. Una vez que comenzamos la auto-transformación, la enfermedad deja de ser una herramienta para despertar el cambio, de modo que es eliminada.

En la obra que cité anteriormente (Torah Kabalística) también se puede leer:
«…Tzaráat era un tipo de “limpieza espiritual” que creaba una protección a la persona afectada. Pero sin duda, es mejor limpiarnos a nosotros mismos de forma proactiva en lugar de ser purificados por un proceso que no está en nuestro control. Estudiar estos pasajes y pasar por una transformación espiritual es un tipo de limpieza que podemos escoger proactivamente, pero no es un proceso que ocurrirá de la noche a la mañana. El potencial para muchas enfermedades existe dentro de nosotros y existen muchas formas de limpiarlas. Los problemas cutáneos, indicarían un problema que necesita limpiarse a través de nuestras acciones. Por ejemplo, una inflamación en la piel, bien pudiera estar asociada con un “ego inflado”. Problemas asociados con la cabeza pudieran estar conectados con problemas de conciencia; si estamos en un espacio negativo, mental o emocionalmente, esto puede expresarse mediante enfermedades en la cabeza. Enfermedades de la boca, pueden igualmente, estar en conexión con el habla maliciosa, calumnia, chisme o difamación. Cada clase de aflicción física tiene su raíz en un defecto espiritual que gobierna nuestro comportamiento y acciones con las demás personas. Luego pues, la limpieza y transformación espiritual no solo curan la enfermedad sino que pueden evitar que las enfermedades ocurran en primer lugar, prevenir su reaparición…».
[Definición de “proactivo”: Que tiene iniciativa y capacidad para anticiparse a problemas o necesidades futuras produciendo respuesta y soluciones al mismo].

A lo largo de mi trabajo ministerial he encontrado que las personas nos convertimos en transmisores de plagas. Así también la obra del Zohar lo afirma y sostiene al decir:

«…Así como el castigo es aplicado al hombre por hablar maliciosamente, así es castigado debido a que pudo haber pronunciado buenas palabras pero no lo hizo. Porque él manchó a ese espíritu parlante que está compuesto como para “hablar arriba y hablar abajo”, y todo está en santidad. Esto es aún más cierto, si la nación camina por el camino equivocado y él pude hablarles y reprobarlos, pero si se queda callado y no habla, está dicho de él: enmudecí con silencio, contuve mi paz y no tuve reposo, y mi pena se agitó, agitada por plagas de impureza, (Tehilim/Salmos 39:3)…»,
[Zohar Tazría 18:87].

Estudiando en la versión Torah Emet, me pareció muy importante compartirles el siguiente comentario:

«…En una oportunidad, un gran maestro de la Torah recibió la visita de uno de sus discípulos que se acercó a consultarle acerca de su deprimente estado espiritual, y se explayó contándole por qué se consideraba a sí mismo un hombre tan vil e indigno. El maestro le interrumpió diciéndole: “¡Basta ya. No se debe hablar mal de nadie, ni siquiera de uno mismo! …».

Notamos que de acuerdo al mandato de la Torah, la enfermedad de tzsara’at debía ser tratada exclusivamente por los kohanim (sacerdotes), y no por doctores, ya que en ningún caso debía interpretarse como un simple problema médico, sino más bien como una patología netamente espiritual. ¡El alma de ese integrante de Israel estaba gritando a través del cuerpo!

En los códigos de la sabiduría de la Torah encontramos que, el sacerdote, al ser “luz de lo Alto”, está ordenado de encender diariamente las lámparas del Candelero (Menoráh), a fin de hacer llover sobre nosotros las bendiciones para sanar la aflicción, y este secreto, es una semejanza de lo de “arriba”, ya que la luz Celestial es el aceite de ungir que primero escurre sobre la cabeza del «Gran Sacerdote Celestial», el Mesías. Él enciende entonces las lámparas del MalKut (Reino físico), y las hace iluminar. Como está escrito:

“…Es como el buen aceite sobre la cabeza, que baja sobre la barba, la barba de Aharón; que baja sobre el cuello de sus vestimentas (…)
El aceite de ungir de YHVH está sobre él
…»,
(Tehilim/Salmos 133:2; Lv 21:12).

Amados discípulos de Yeshúa, aceptemos que en estos días, debemos abrirnos ante la sabiduría de la Torah; esta luz divina es libre para fluir y satisfacernos, ella abre las puertas de nuestra alma hacia el “Mundo de Arriba” de par en par lo que hace que elimine la oscuridad y el juicio, y erradica todo tipo de plagas.

Por eso, en el próximo Shabat tenemos el gran obsequio de poder tomar todas estas corazas de oscuridad alrededor de nuestra Luz, abrirlas y no sólo remover la oscuridad, sino también traer incluso más Luz de su interior para conducir nuestro Mundo a nuevas temporadas de bendiciones celestiales.

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El Pacto del «Brit Miláh» (la Circuncisión)

Por P.A. David Nesher

Notamos al estudiar la parashá Tazría, que junto con las leyes de embarazo, la Torah menciona que el “Brit miláh” (corte del prepucio o circuncisión), se le debe realizar a los niños cuando tienen ocho días de edad.

La “Brit Miláh”, que es el corte del prepucio al octavo día del nacimiento del niño varón, fue enunciada por primera vez en Bereshit/Gén cap 17 [repasar lo aprendido en las Parashot Lej lejá y Vayerá].

Justamente en esta parashá de Tazría, vemos que, en realidad, el Eterno, por medio de Moshé, está reafirmando el pacto que fue dado a los patriarcas, así como nuestro Maestro Yeshúa lo afirmara al decir :

“Por eso Moisés os ha dado la circuncisión (no porque sea de Moshé, sino de los padres), y en el shabat circuncidáis al hombre.”
(Juan 7:22

Con esto notamos que la circuncisión no viene del tiempo de Moshé sino de los patriarcas. Moshé no podía anular nada de lo que había sido establecido anteriormente. El pacto de la circuncisión no puede ser anulada por el pacto de Sinai. De la misma manera el nuevo pacto no puede anular los pactos anteriores, ni cambiarlos. Un pacto posterior siempre está basado sobre un pacto anterior. Cada pacto nuevo que es introducido confirma un pacto anterior y añade algo más para la santificación del pueblo. Esto nos enseña que el nuevo pacto en la sangre del Mesías no puede anular los pactos anteriores. Lo que hace el nuevo pacto es introducir elementos nuevos que hacen subir al pueblo en un nivel superior de santidad y de poder.

Biológicamente hablando, el octavo día es el mejor momento para circuncidar al hombre. Es el día cuando la coagulación de su sangre es más eficaz que ningún otro momento de su vida.

Trascendiendo los seis días de la Creación y el Shabat como 7º día, el 8º día de la circuncisión refleja las fuerzas del Infinito (EinSof) que se encuentran allende nuestra percepción, mientras que el acto de la circuncisión refleja la penetración de aquellas fuerzas de lo Infinito en la existencia finita de la humanidad en contacto con la fisicalidad. Y por eso la circuncisión se lleva a cabo al 8º día de vida, cuando el niño carece aún de la mínima posibilidad de elección o de razonamiento, pues no se trata de un acto voluntario ni de un acto que pueda someterse al juicio de la razón, sino más bien de una Energía divina imposible de ser analizada bajo el espectro de nuestros parámetros finitos, [Torat Emet].

A esta altura de nuestro peregrinar en el estudio de la Instrucción divina, ya conocemos que el número 8 representa lo que está más allá de lo físico, más allá de los siete días naturales. Es la representación de la dimensión sobrenatural, las «zonas de tiempo espiritual» de la eternidad.

Entendemos que todo descendiente de Abraham está obligado a entrar en el “Pacto abrahámico” (Brit miláh). En la tradición judía, la circuncisión es llamada «Ot Berit-Kodesh», conceptos que significan «el signo del Pacto para la consagración«.

En el momento de la circuncisión se bendice al niño con las palabras:

“…Así como ingresa al Pacto (de la circuncisión) del mismo modo ingrese a la Torah, al matrimonio y a los actos de bien…”.

El sentido de esta bendición es el siguiente: Así como uno ingresa al pacto de la circuncisión hasta la eternidad, ingresa también a la vida de Torah, del matrimonio sobrenatural y de los mandamientos divinos hasta la eternidad.

Del Talmud, en el Tratado de Shabat, en palabras del Rabí Shimón Ben Gamaliel aprendemos lo siguiente:

“…Toda Mitzváh que aceptaron con alegría, como el precepto de la miláh, como está escrito: Me alegro con Tu dicho como si encontrase un gran botín, la cumplen todavía con alegría…”.

La tradición judía nos dice que existen dos etapas en el proceso de la circuncisión: lo que se conoce como Miláh; donde se remueve la piel gruesa visible, y lo que se conoce como Priáh; donde se remueve la membrana traslúcida, revelando la corona del brit, (el «pacto«) con Dios, como se manifiesta físicamente en el bebé.

Se considera que la circuncisión es similar a una ofrenda (korbán) debido a que el niño es llevado a través de ella bajo las alas de la Shekináh (Presencia divina). Por lo tanto, se requiere que el niño haya vivido al menos un Shabat para ser santificado y para que su kedusháh (santidad) sea elevada. El Shabat le confiere al niño el status de sagrado y lo prepara para la santidad suprema de la mitzváh del Pacto.

La circuncisión del recién nacido en el día octavo es para permitir a la madre participar y regocijarse con este evento, ya que durante los siete días anteriores ella estaba afectada por la impureza.

Algunos de los objetivos del Brit Miláh, son los siguientes:

  • Ingresar al Pacto Eterno con Dios, por medio de esta ceremonia involuntaria, en el que la obediencia es de los padres.
  • Posibilitar que, de adulto, ingrese voluntariamente en el servicio a YHVH, cuando el individuo debe circuncidar el “prepucio” (la cobertura) de su corazón (Dt 10:16; 30:6; Jr 4:4; Ro 2:29). Esto hacer referencia a aquellos aspectos de su personalidad y naturaleza interior que obstruyen su vínculo con lo Divino, ya que incluso el “prepucio” espiritual más sutil, si no es retirado, puede evolucionar de manera progresiva y decadente hasta convertirse en algo concretamente burdo y áspero.

En la Torah se revela que el varón ha sido llamado a servir al Eterno de una manera diferente a la mujer. Por lo tanto es importante que el hijo varón sea introducido en el culto delante de YHVH cuanto antes. Por el brit miláh (el pacto de circuncisión), será marcada en su cuerpo la señal de la responsabilidad de presentarse ante Yahvéh durante toda su vida, como está escrito: “…tres veces al año se presentará todo varón…” (Éxodo 23:17).

Leyendo el Zohar encontré este comentario:
«…Observa cómo el gran amor del Todopoderoso a Abraham se manifestó en el hecho de que Yitzjak no le nació hasta que se hubiera circuncidado. De esta manera se hizo cierto que su simiente sería santa, de acuerdo a las palabras de la Escritura: “En que la simiente es según su especie”. Si Abraham hubiera engendrado antes de ser circuncidado, su simiente no habría sido santa, porque habría salido del estado de orlah (coraza impura-prepucio), y, así, habría adherido a este estado aquí abajo; en cambio, después de la circuncisión de Abraham, la simiente brotó de un estado de santidad…».

¿Qué Provecho tiene Ser Circunciso?

Ante el hecho que este tema lo estoy investigando, por lo cual reconozco mi inmadurez intelectual respecto al mismo, citaré para responder el planteo a el Rabino Akiva ben Iosef, también conocido como Rebi quien señala:

«…El mérito de la circuncisión es muy grande. A pesar de todos los actos de devoción que hizo nuestro patriarca Abraham, la Torah no se refirió a él como completo sino hasta que se circuncidó, como está escrito; camina delante de Mí y sé completo…». (Génesis 17:1).

Entiendo que con una respuesta así, los planteos continúan aflorando y podemos sintetizarlos en la siguiente pregunta: ¿Qué importancia puede tener la remoción de un pliegue de piel del cuerpo humano?

La tradición judía responde a ello:
«…Siendo el Pacto concertado entre Dios y Abrahám una idea, un compromiso contraído por éste, debe ser simbolizado en nuestro mismo cuerpo para demostrar que las ideas deben estar acompañadas de acciones; el Pacto tiene que ser tangible y el mismo marcará el órgano de nuestro cuerpo por el cual somos progenitores de nuestros hijos, quiere decir: las futuras generaciones, la continuidad del Pueblo del Pacto…».

Como podemos ver, el pacto de la circuncisión en la carne fue establecido entre el Eterno y Avraham y sus descendientes físicos por todas las generaciones. Es un pacto eterno. Esto quiere decir que todos los varones que son descendientes físicos de Avraham tienen la obligación de circuncidar el prepucio para poder seguir estando dentro de ese pacto. Un descendiente de Avraham que no es circuncidado a los ocho días de nacimiento o más tarde perderá el derecho de pertenecer al pueblo de Israel.

Según la ley halájica judía uno tiene que haber nacido de madre judía para poder ser reconocido como judío. Es decir, si alguien no tiene una madre judía no tiene la obligación de circuncidarse en la carne. Esta es la razón por la cual vemos que Pablo circuncidó a Timoteo, porque era hijo de una mujer judía (Hech. 16:1-3).

Si uno dice que la circuncisión de la carne para los que han nacido de madres judías no es necesaria si han experimentado la circuncisión del Mesías, está negando lo establecido en el pacto de la circuncisión entre el Eterno y Avraham y sus descendientes para siempre. No podemos mezclar los diferentes tipos de circuncisión y decir que si tenemos uno no nos hace falta el otro. Eso sería una grave desviación de la verdad y haría del Eterno un infiel y su Nombre sería manchado.

Así mismo, debo también decir que el varón que no ha nacido de madre judía no tiene la obligación de circuncidarse en la carne de su prepucio. Un gentil que ha experimentado la circuncisión en el Mesías no tiene la obligación de circuncidarse en la carne.

¿Cuál es la ventaja o beneficio de ser circunciso?

El Rav Shaúl de Tarso, más conocido como el apóstol Pablo, enseña:

“… ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿O de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, desde todo punto de vista. Primero, ciertamente, que les ha sido dada en custodia la Torah de Dios…”
(Romanos 3:1-2 – Biblia Código Real).

La mitzvá de la circuncisión se ha visto bajo ataque muchas veces por los pueblos invasores en diversas épocas. Aún en la actualidad, algunos países se refieren a la circuncisión judía como un ritual barbárico.

En una muy interesante polémica, el emperador romano Turnus Rufus le llegó a preguntar al Rabí Akiva:

_ «…¿Qué es superior, la obra de Dios o la del hombre?»
_ “La del hombre,” respondió Rabí Akivá.
_ “Su respuesta me sorprende,” -exclamó Turnus Rufus-.
_ “¿Trata de decir que el hombre puede crear algo que se asemeje al cielo o la tierra?»
_ “No me refiero a las creaciones que superen las habilidades manuales de los seres humanos,” contestó Rabí Akivá, “sino a aquellas que estén dentro de sus posibilidades.»
_ “¿Por qué es que ustedes los judíos se circuncidan?” Turnus Rufus continuó con sus preguntas, “¿Acaso ustedes presumen que el trabajo del Creador necesita ser mejorado?”
_ “Esta es precisamente la pregunta a la que yo me había anticipado,” Rabí Akivá explicó, “y yo por lo tanto sostengo que los logros humanos son superiores a los del Creador.«
_ “Si esta es su opinión, pruébela,” -le exigió Turnus Rufus-.
Rabí Akivá regresó a su casa y le ordenó a su esposa: “horneá un delicioso pan que esté compuesto con harina, aceite y especias.”
Al volver a ver al emperador le llevaba, un pan en una mano y un puñado de granos de trigo en la otra.
_ “Ahora dígame, Oh rey, ¿cuál de los dos es superior – el trigo o el pan?” le preguntó.
_ “El pan, por supuesto,” respondió Turnus Rufus.
_ “ Ya ve,” replicó Rabí Akivá, “usted mismo confesó que el trabajo del hombre es mejor que el del Creador. Cuando Él diseñó el universo, le dejó al hombre la misión de perfeccionarlo; el grano debe ser cortado y horneado para convertirse en pan, y los vegetales deben ser cocinados y condimentados. Por lo tanto, al realizar la Brit milá en un niño perfeccionamos la obra del Creador.»
_ “Si Dios quería que el niño fuese circuncidado, lo pudo haber creado de esa forma,” -insistió Turnus Rufus-.
_ “¿Por qué es que hace esa afirmación solo con respecto a la circuncisión?” respondió Rabí Akivá.
_ “Se podría preguntar también por qué es que Hashem dejó el cordón umbilical unido al recién nacido, dejando al hombre para que lo corte.”

A pesar de que Rabí Akivá concluyó el debate con este comentario, nuestros sabios nos revelaron la verdadera razón por la cual los niños llegan al mundo sin la circuncisión. YHVH hizo que el niño fuera imperfecto para otorgarnos el mérito de realizar Sus mitzvot cuyo cumplimiento nos purifica y nos eleva.

Investigando cómo se realiza el cumplimiento de este precepto en la Casa de Judá, me resulta complicado de entender cómo el precepto más difícil de cumplir de toda la Torah es aceptado en su inmensa mayoría hasta por el más alejado de los judíos. He notados que judíos no observantes, generalmente por principios y no por conocimientos, llegan a negar cualquiera veracidad y hasta dudar de la existencia Divina, sin embargo, en el momento del nacimiento de su hijo buscan urgentemente al mohel no solo para realizar la circuncisión a su hijo, sino que no se avergüenzan en realizarlo con una gran fiesta en la que la gran mayoría de los participantes son “no creyentes” tan adictos como él. Rambam, Rabí Moshé Ben Najmán (Najmánides), analizando esta conducta comunitaria mundial dice: “insinúo acá la época del Mashíaj cuando la generación no tenga méritos y haya olvidado la Torah y crezca la insolencia y el descaro, no les quedará sino el Precepto de la circuncisión…”.

El BRIT MILÁH en el Nivel “SOD”

Lo sabios explican que uno de los propósitos del Brit Miláh es evitar la pérdida de semen. ¿Qué se quiere decir esto? Cada vez que un israelita mira “Brit” entiende que su zerá (semen/semilla), no debe ser desperdiciada.

Rav Shimon Bar Yojai dice:
«…No hay pecado en el mundo que provoque más la ira del Todopoderoso como el pecado de descuidar el Pacto (el Brit Milá)…».

El Zohar registra en la Parashat Noaj (62a):
«…Porque inmediatamente después que una persona comete este acto despreciable, -derramar su semen en vano-, regalando así su semen a los demonios, su imagen divina desaparece de él dejándole convertido en una bestia del mal…».

Con la teshuváh (arrepentimiento o regreso), el hombre puede deshacerse de todas las “klipot” (cáscaras/impurezas), y de los demonios que engendró con sus acciones perversas.

Para los sabios, el desperdicio del semen es más grave que el derramamiento de la sangre inocente. Aún más, la sangre de aquellas almas potenciales y la sangre de sus descendientes es lo que el hombre derramó en el acto.

Otra enseñanza de los sabios nos dice que nuestra cabeza tiene “radares” (o receptores) que detectan movimiento, espacio y tiempo. Estos son los ojos, los oídos, la nariz y la boca. Lo que percibimos del mundo físico está determinado por estos radares. Para ver más allá de lo físico y para escuchar el mensaje de lo infinito requiere un control especial sobre los ojos y oídos que no viene programado de forma innata en el hombre. Expliquemos esto. La Brit Milá (circuncisión), es un acto físico que tiene un efecto espiritual; es la ruptura de una “klipá” (concha) construida por el ego, que deja luz al descubierto y, a su vez, despeja las vías para que la luz entre a nuestra “vasija”.

¿Acaso ser circuncidado es suficiente para quitar la “klipá” (capa/concha), o negatividad que causa el miembro masculino? Naturalmente, la respuesta es, no.

La Torah nos enseña que existen varias clases de circuncisión:

  • la del corazón,
  • la de los labios (boca);
  • la de los ojos, el tacto, el oído, y
  • la del miembro masculino.

La circuncisión del miembro masculino no proporciona mayor beneficio espiritual si simplemente es considerado un acto médico, físico, porque ésta debe ser acompañada de la circuncisión del corazón. Por ello, la simple cirugía de la circunscisión en un quirófano de hospital no garantiza que dicho varón ingrese en el Pacto divino. Conviene a dicho varón, si quiere elevar dicha cirugía a niveles sobrenaturales, consagrarlo con óleo y oración de autoridades que amen la Torah.

En la Brit Miláh, la remoción del prepucio representa la remoción de la «cáscara» o «concha» llamada ego. Entendemos que YHVH quiere verter Su bondad en nuestro interior pero la cáscara del ego necesita ser retirada para que el flujo de bondad ingrese. El prepucio es una capa de negatividad que nos impide conectarnos con las esferas superiores.

Como lo expresé en líneas arriba, la Torah habla de circuncidar el corazón, los oídos, la vista y de los labios (brit halashón, la circuncisión de la lengua o boca). Básicamente, nos propone circuncidar nuestros 5 sentidos. Raro, ¿no? Porque al hablar de la circuncisión física en el miembro masculino, esto es un acto médico físicamente posible, pero si se habla de “circuncidar el corazón”, no hay manera científica o material de hacer eso. Por ello, la Brit Miláh es un recurso cósmico que permite el perfeccionamiento espiritual en el ser humano que lo tiene.

Circuncisión del CORAZÓN: ¿Qué es?

En verdad, al estudiar estos códigos, discernimos que la circuncisión en la carne es una señal que habla de otra circuncisión, la del corazón. Esta es el acto voluntario que realizamos escondidos en el Mesías. La misma consiste en limpiarnos de los propósitos de nuestra vida que son diferentes a la adhesión al Creador.

Debemos aceptar que la circuncisión del corazón ya existía en el tiempo de Moshé, quien escribió: “Circuncidad, pues, vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.” (Deuteronomio 10:16).

Desde este mitzváh (mandamiento) se nos revela que el Eterno requiere de su pueblo no solamente la circuncisión de la carne, sino también la del corazón. Pero es muy importante entender que las cosas invisibles no anulan las cosas visibles y viceversa. Las cosas celestiales no anulan las cosas terrenales y vice versa. Estas realidades existen en los dos mundos al mismo tiempo y una cosa habla de la otra y una cosa está conectada con la otra.

Dicho, con otras palabras, si un judío experimenta la circuncisión de su corazón, eso no anula su circuncisión en la carne ni le quita la responsabilidad de circuncidar a sus hijos a los ocho días de nacer. Por el otro lado, un judío circuncidado en la carne no es completo hasta que haya circuncidado su corazón. Porque su circuncisión en la carne no le exime de la responsabilidad de circuncidar su corazón.

Entiéndase bien este asunto. Si todo lo que hacemos es por amor al Eterno, y para acercarnos a Él, entonces las vías de este objetivo deben estar despejadas para lograr ser cumplido.

La «circuncisión del corazón» es compleja y por ello, los rabinos de la Casa de Judá aseguran, entre sus tantas opiniones, que esta circuncisión (la del corazón) ocurrirá al final de los tiempos, recién cuando el Mesías se manifieste en el mundo. Por esto, a esta circuncisión tan especial se la conoce como la «circuncisión final», y se asegura que tendrá el efecto de remover completamente la inclinación hacia el pecado, y permitir el correcto apego amoroso al Eterno, tal y como lo anunciara Moshé:

“…YHVH tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tu descendencia, para amar a YHVH tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, para que vivas…”,
(Deuteronomio 30:6).

Esto que menciona Moshé es algo que nosotros podemos hacer. ¿Cómo? Quitando de nuestros corazones todo lo que lo hace insensible a lo espiritual. Un corazón incircunciso es un corazón insensible a lo espiritual. Un corazón circuncidado es uno que no solamente obedece los mandamientos del Eterno sino lo hace de corazón, con gozo y amor. Un corazón circuncidado es un corazón que escucha la voz del Espíritu.

Ahora bien, en el Mesías existe una circuncisión del corazón mucho más poderosa que la que habla Moshé. En la circuncisión en el Mesías ocurre algo profundo dentro del corazón del hombre. Parte del yetzer hará ( la mala inclinación), que Pablo llama “la carne”, es eliminada, como está escrito en la carta a los Colosenses:

“…en Él también fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Mesías”
(Colosenses 2:11).

Sin embargo, no toda la carne es eliminada en la circuncisión del Mesías porque aquellos que hemos experimentado el nuevo nacimiento en el Mesías, somos concientes que seguimos teniendo yetzer hará (carne). Sin embargo, también podemos dar testimonio que el poder dominador de esa naturaleza pecaminosa, ha sido quebrado. Aquellos que estamos en el Mesías ya no somos esclavos del pecado y el temor paralizante que el mismo genera. Podemos dominar nuestros instintos e inclinaciones mucho más poderosamente que aquellos que no están en el Mesías.         

Este hecho es el resultado del pacto renovado en el Mesías, como vemos que el Eterno lo anunció por medio del oráculo del profeta Ezequiel:

“Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas.” (LBLA) y Jeremías 31:33: “porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días –declara el SEÑOR–. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.”
(Ezequiel 36:26-27).

Otras Circuncisiones: La de los Oídos y la de Los Labios

La circuncisión del oído también aparece en la Torah, y dice así:

¿”…A quién hablaré y atestiguaré para que me oigan?
He aquí están tapados sus oídos y no pueden prestar atención.
He aquí la Palabra del Eterno fue para ellos una afrenta, no la han deseado…”
[Irmiyahu/Jeremías 6:10 _ Tanaj Katz].

Esta “circuncisión de oídos” tiene connotaciones muy profundas, pero vamos a dejarla en el plano de la intuición, que es la voz del Todopoderoso; nuestros oídos son incircuncisos cuando no sabemos distinguir esa voz: La voz del Eterno.

La manera de circuncidar nuestros oídos es a través del crecimiento espiritual, haciendo descender Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo) a nuestra alma. Esta voz de Dios se hace cada vez más nítida, más clara, hasta que se convierte en una verdadera guía. Pero, sin embargo, desde pequeños hemos sido entrenados a escuchar la voz del Opositor (HaSatán). Por eso, esta suele ser más fuerte, y solo expresa los deseos del cuerpo y de la satisfacción inmediata.

La circuncisión de labios también está llena de profundos secretos. Convengamos que nuestro hablar es un poder impresionante, por lo cual resulta siempre peligroso.

En el Zohar se explica que las fuerzas impuras del Sitrá Ajrá (el Otro Lado) brincan abismos para venir a atrapar las palabras negativas que salen de nuestra boca. ¿Podríamos imaginar esto?

Durante el día hablamos cualquier cantidad de barbaridades y emitimos muchos decretos que solo habrán de revertirse en contra de nosotros, -en un efecto “boomerang-”.

Procuremos guardar silencio y no opinar sobre lo que vemos. Esforcémonos y tomemos conciencia de lo que está a punto de salir de nuestra boca sobre cualquier situación o persona. Esto es una forma de circuncidar la Voz (boca) para que se manifieste el Verbo.

Es interesante notar que la Torah es única pues nos habla expresamente de la circuncisión de los ojos, de los oídos y de los labios, y sin embargo, nada se dice sobre la nariz, y es porque ésta, según los sabios, simboliza al mundo de la “esfera superior”. Es decir, el sentido menos contaminado de negatividad. Por eso, cuando el juicio se activa y sentimos que algo de apariencia negativa se aproxima, decimos “esto me huele mal”. La nariz forma parte de la cabeza; la nariz es entonces el instrumento de nuestra intuición.

Querido discípulo de Yeshúa (seas varón o mujer), aprende la lección acerca de la relación entre lo material y lo espiritual. Una cosa no anula la otra y una cosa complementa la otra. Ambos pueden convivir perfectamente y lo deben hacer. De esta manera se crea una unidad entre el mundo inferior y el mundo superior, lo cual es el propósito eterno de Dios en tu vida para bendecir a la Creación.

Sabemos que cuando venga el reino mesiánico, será anulado totalmente el yetzer hará, la carne, pero intertanto tendremos que seguir viviendo en la lucha interna a fin de manifestar cada vez más nuestro carácter mesiánico adquirido a través de Yeshúa nuestro Dueño.

Elevo una tefiláh para que el Eterno te dé de su gracia para siempre poder vivir en los poderes del pacto renovado en el Mesías y tener victoria sobre el pecado, acorde al proceso de Su circuncisión en ti.

El Código del Rey: La Conexión Oculta entre tu Hígado, tus Emociones y tu Destino

Una guía integral desde la sabiduría de la Torah para vencer el sistema reptiliano, recuperar tu honra y sanar la vasija de tu alma.

Por P.A. David Nesher

Como experto en la Torah y en salud holística, es un honor para mí presentarte este ensayo. A lo largo de mi investigación y experiencia, he podido comprobar que la división entre el cuerpo, el alma y el espíritu es tan solo una ilusión de la mente occidental moderna. La instrucción sagrada, en su profunda sabiduría codificada, nos revela que la anatomía humana es un mapa espiritual donde cada órgano tiene una función tanto fisiológica como anímica.

A continuación, expongo de manera pedagógica y académica la magistral interconexión entre nuestro sistema emocional, nuestro diseño cerebral y nuestra salud corporal, tomando como eje central el hígado, el verdadero motor de nuestra vitalidad psíquica.

La Consciencia de Reino: Cerebro, Corazón e Hígado.

Para comprender el diseño del ser humano desde una perspectiva superior, debemos mirar la figura del Rey. Quienes poseen una verdadera consciencia de reino deben cuidar estrictamente tres órganos principales, tal como lo hacen los monarcas físicos en la actualidad, quienes evalúan su salud empezando por el hígado.

El idioma hebreo nos revela este secreto anatómico de forma fascinante. La palabra hebrea para rey es Melek, la cual se forma con las letras iniciales de estos tres órganos vitales:

  • M por Moaj (Cerebro).
  • L por Lev (Corazón).
  • K por Kaved (Hígado).

Este código lingüístico (Mem, Lamed, Kaf) establece una jerarquía y un flujo de vida: un hígado sano garantiza un corazón seguro, lo cual permite que se desarrollen pensamientos de nobleza en el cerebro. Si el hígado fracasa en su función de procesar la toxicidad emocional, el corazón se vulnera y la mente pierde su claridad.

El Hígado (Kaved) y el Peso de la Honra (Kavod).

A nivel fisiológico, el hígado participa en un promedio de seiscientas funciones orgánicas, destacándose en la vitalidad, la asimilación y la desintoxicación del cuerpo. Sin embargo, su función espiritual es aún más profunda. La palabra hebrea para hígado, kaved, deriva de la misma raíz que kavod, que se traduce como honra o gloria.

El hígado es el centro absoluto del temperamento, el carácter y las respuestas emocionales. Por consiguiente, cuando una persona sufre deshonra —especialmente a través de maltratos, ausencias y agresiones durante sus primeros ciclos de vida (de 0 a 7 años, de 8 a 14 y de 14 a 21 años)—, el impacto se registra directamente en este órgano. El Zohar enseña que entidades espirituales de oscuridad, como Lilit y Samael, se especializan en atacar la vida intrauterina y la infancia temprana con el objetivo de bloquear las emociones desde la niñez, saboteando así el diseño original de salud y alegría.

Para sanar verdaderamente, he comprobado que el individuo debe abandonar el ocultamiento. Debe atreverse a contar los secretos dolorosos, perdonar las afrentas y reclamar la honra que le fue robada en la infancia.

El Sistema Reptiliano frente a la Vida Cíclica.

Uno de los grandes obstáculos para esta sanación es lo que denomino el «sistema reptiliano«. Anatómicamente, este sistema corresponde a la parte más baja del sistema nervioso central (cerebelo, bulbo raquídeo, médula espinal) y está genéticamente codificado para la supervivencia constante.

Vivir bajo el dominio de este sistema nos empuja a buscar el placer rápido, la gratificación inmediata (la mentalidad de Edom) y nos encierra en un pensamiento estrictamente analítico, lógico y lineal. En este estado, narramos nuestra vida como meros datos históricos, vaciándolos de toda emoción y vitalidad. Nos convertimos en víctimas, culpando al entorno y viviendo paralizados por el miedo y la culpabilidad, una condición espiritual análoga a la esclavitud en Egipto (Mitzrayim).

La Torah nos propone una salida terapéutica: abandonar la mentalidad lineal y abrazar un relato cíclico. La celebración de los ciclos espirituales, como la Luna Nueva (Rosh Jodesh), rompe la manipulación reptiliana. Al repetir cíclicamente estas festividades, no nos estancamos, sino que ascendemos a nuevos niveles de entendimiento y revelación, cerrando etapas dolorosas y experimentando una verdadera evolución.

La Alquimia Emocional: Riñones y Vesícula Biliar.

Junto al hígado, los riñones son el otro gran motor de la vitalidad corporal. Mientras el hígado procesa, los riñones equilibran nuestro interior con el exterior, otorgándonos la capacidad psíquica de saber reaccionar adecuadamente hacia nuestro entorno.

Por otro lado, debemos prestar especial atención a la vesícula biliar. El hígado produce la bilis, que se acumula en la vesícula. El término hebreo asociado a la bilis está relacionado con la raíz mar, que significa amargura. En la vesícula es donde se acumula «la fuerza de las decisiones». Cuando tomamos decisiones equivocadas o cerradas desde una mentalidad de supervivencia, generamos una profunda amargura. Físicamente, esta bilis amarga se cristaliza y se convierte en cálculos (piedras biliares). Para evitar llegar al quirófano, debemos vigilar de qué alimentamos nuestra alma para que acumule buen humor en lugar de rencor.

El Altar del Corazón y el Simbolismo de los Sacrificios.

En el libro de Levítico (capítulo 9), encontramos un manual de psicología espiritual codificado en forma de rituales. Se ordenaba quemar sobre el altar «la grosura (grasa) de los riñones y el diafragma del hígado» de la ofrenda de expiación.

El altar es una metáfora directa de tu corazón. La grasa del hígado y los riñones simboliza nuestras emociones obstruidas y pesimistas. Si no entregamos conscientemente estas emociones bloqueadas al Creador para que sean «quemadas» y purificadas, la Presencia Divina no podrá levantarnos en nuestra cotidianidad.

Asimismo, los sacrificios utilizaban la sangre para representar el dolor y la fricción de la vida, mientras que el humo blanco que se elevaba representaba la victoria sobre ese dolor sensorial. Lograr que nuestro dolor se transforme en elevación es la verdadera definición de santidad.

Inteligencia Emocional Espiritual (Binah) y el Poder del Presente.

Cuando un individuo desbloquea sus emociones —dejando de reprimir, pues la represión intoxica el hígado y desconecta el alma del cuerpo, de forma idéntica a una borrachera— recupera la claridad mental y la alegría.

Esta claridad es la base de lo que llamo Inteligencia Emocional Espiritual, o Biná. Biná no es una fantasía mágica; es la región mental donde vibran los pensamientos del Creador. Al tener un hígado sano y emociones purificadas, te conviertes en un canal para recibir «grandes ideas» capaces de cambiar la historia de tu comunidad y de bendecir a otros. El buen humor y la firmeza en las decisiones aseguran un destino de propósito.

Además, esta inteligencia emocional nos ancla en lo verdaderamente valioso: el presente. La gran idea de Dios no es una religión pasiva, sino manifestarse en la humanidad. Por ello, el día más importante en la vida de un redimido es «el hoy». Es en la cotidianidad donde, a través de pequeños actos de luz y benevolencia, demostramos que nuestro carácter ha sido transformado y que existe salvación.

El Cuidado Físico de la Vasija.

Nuestro cuerpo es la vasija de nuestra alma. Lo que le ocurre a la vasija afecta al alma, y viceversa. Por ello, la restauración debe ser holística.

Para asistir a nuestro hígado en su sanación, recomiendo prácticas concretas que detienen el daño físico y abren paso a la sanación emocional:

  • Tomar en ayunas jugo de limón exprimido con agua tibia y miel.
  • Darle descanso al hígado mediante ayunos semanales o días exclusivos de ingesta de frutas.
  • Limitar el consumo de carnes únicamente al día de reposo (Shabat).
  • Incorporar el consumo de infusiones amargas que estimulan la función hepática, como la carqueja, el ajenjo o el cardo mariano.
Conclusión

Como has podido observar en este análisis profundo, tu salud hepática es un reflejo de tu salud espiritual. Desbloquear tus emociones reprimidas no es solo una terapia, es un acto de redención. Al sanar las heridas y humillaciones de tu pasado, tu hígado se purifica, tu sangre fluye transportando vitalidad, tu corazón se estabiliza y tu cerebro se ilumina. Así, pasas de ser un esclavo del sistema reptiliano a convertirte en un verdadero Melek, un rey o reina que gobierna sus circunstancias con la sabiduría del Eterno, bendiciendo el «hoy» y transformando su entorno.

Si te interesa ampliar esta temática te invito a escuchar mi conferencia AQUÍ:

Puedes también considerar esta BITÁCORA:

El Día Más Importante Para YHVH Adonay (Parashá Sheminí)

Por P.A. David Nesher

Y en el Octavo día, Moisés llamó a Aarón, a sus hijos y a los ancianos de Israel. Y le dijo a Aarón:
”Toma para ti un becerro para sacrificio expiatorio y un carnero sin defecto para holocausto y ofrécelos al Eterno”.

(Vayikrá/Levítico 1:1-2)

Sheminí quiere decir octavo, y la parashá de esta semana comienza diciéndonos «y en el octavo día»… ¿Por qué el octavo día es tan importante que encabeza el nombre de una Parashá?. Porque el octavo es la posición de la sefiráh de Binah cuando la miramos desde  Malkut. El octavo es nuestro objetivo primordial.

«Así como el concepto «séptimo» alude a la naturaleza cíclica (como los siete días de la semana, los siete años del ciclo sabático, los siete ciclos que conforman el Jubileo), el concepto «octavo» alude a la ruptura de la rutina cíclica de lo natural y se erige como metáfora de los valores superiores que trascienden de la naturaleza.» [comentario de la Torat Emet].

Debemos recordar que el Mishkán (Tabernáculo) es para el pueblo de Israel el equivalente al corazón en el cuerpo del ser humano. Cuando el corazón hace circular la sangre por las arterias y venas, entonces la persona tiene vida y de la misma manera el Tabernáculo era la base que sostenía la espiritualidad del pueblo de Israel. Para que el pueblo fuera meritorio de que la Presencia Divina reposara entre ellos siendo el oxígeno que los mantiene vivos, tenían que demostrar que verdaderamente lo deseaban.

El Eterno eligió el octavo día para la inauguración del Tabernáculo porque el número ocho representa todo aquello que está por encima de la naturaleza, aludiendo a los mundos más elevados. Esto le enseña a la persona que el día en el cual YHVH descendió para posar Su Presencia entre el pueblo de Israel, ella debe intentar elevarse y apegarse a los mundos superiores. A pesar de que la persona es una creación de carne y hueso, hecha de materia inerte, ella recibió un alma espiritual que pertenece a los mundos más elevados y que le permite crecer y superarse, desconectándose de lo material y de las vanidades mundanas que la rodean, apegándose a los mundos que se encuentran por encima de la naturaleza.

El objetivo primordial de la existencia humana es lograr servir al Señor con calidad total, alcanzando día a día la manera más perfecta posible, hasta el punto de merecer que la Presencia Divina pueda posarse sobre la persona elevándola hacia el octavo mundo; es decir, más allá de la naturaleza.

Cuál es la función de la persona en este mundo: intentar apegarse a los actos de YHVH cumpliendo con lo que fue dicho en el Talmud: «Así como Él es, así también tú debes ser» (Shabat 133b), y de esta manera elevarse a los mundos superiores representados por el número ocho.

La cercanía con el Eterno exige sumo cuidado en todos nuestros actos aquí en la Tierra, ya que ellos son portales por los que el Rey de la Gloria ingresa al plano de la fisicalidad y la transforma por medio de milagros.

Al comenzar la bitácora dejé establecido que el octavo es nuestro objetivo primordial porque es la posición de la sefiráh de Binah cuando la miramos desde  Malkut, es decir desde el Mundo Físico.

Binah es la sefiráh divina cuya energía divina sostiene todos los planos existenciales. Por lo tanto, esta semana la energía de éxito y sustento está disponible para todos aquellos que la quieran. Sólo debemos clamar para que el Espíritu de la Profecía nos revela cómo lograr la certeza de esta conexión, lo cual nos permitirá tener la perseverancia que necesitamos para alcanzar la victoria que Yeshúa, el Mesías, ha obtenido para nosotros. Recuerden que victoria y perseverancia se escriben con la misma palabra hebrea: Netzaj. Esta sefiráh es la que extrae la Luz que  se genera en Tiferet (después que se logra un balance entre el dar de Jesed y el recibir de Guevuráh).

¿Cómo hacemos para que esta Luz de Binah entre en nuestro mundo? ¿Cómo hacemos para poder conectar con esa Luz? Pues estudiar esta porción es una de las maneras, porque los días de la semana son como un cóctel de influencias astrales, y traen impreso los desafíos de cada aspecto de las sefirot emocionales. Aceptemos una vez mas que el estudio de la sabiduría de la Torah es la herramienta más eficaz para transitar la vida con sabiduría y conocimiento.

Interesante resultará saber que esta parashá tiene 91 versos. Ya hemos dicho que muchos datos numéricos como este sirven para profundizar en la emunah (fe) escondida en las letras de las Sagradas Escrituras usando la gematría de las misma. Bien, resulta que el número 91 es el resultado de hacer una trenza entre las cuatro letras del Nombre de Dios ( יהוה Yud Hei Vav Hei) con Adonay (Señor), que es el mismo Nombre de Dios  que ha descendido a este mundo, cambiando de nivel.

Veamos esta ecuación y la herramienta de meditación que nos entrega la sabiduría de la Torah, en esta disciplina de santificar el Nombre de Dios:

Nombre de Dios: YHVH

 יהוה 

Éste es la expresión del sistema del Árbol de la Vida sin defecto alguno (por eso para muchos es impronunciable). Su guematria es:

  • י Yud=10;
  • ח He=5;
  • ו Vav=6;
  • ח  He=5.

Total: 26.

Nombre de Dios: Adonay

 אדני

A través de éste nombre, Dios actúa en nuestro mundo somo el Soberano de todo. Como en este Nombre Yud He Vav He se ha cambiado de ropaje (ha bajado su frecuencia) para adaptarse a nuestro mundo, podemos pronunciarlo: Adonay.

  • א Alef=1;
  •  ד Dalet=4;
  • נ  Nun=50;
  • י Yud=10.

Total: 65.

Al meditar y pronunciar Adonay, estamos declarando que el Eterno es el Amo y Señor majestuoso de toda la Creación. Decimos a todos los planos existenciales que el Eterno es nuestra autoridad plena.

¿Qué es esto de la trenza de los nombres y cómo se realiza?

La trenza o yijud (también traducido como unificación) de un Nombre Divino representa la unión de la Luz con la vasija. En este caso, el  Nombre de Dios Yud Hei Vav Hei es la Luz y Adonay es la vasija. Por lo tanto, se crea una secuencia al introducir las letras del nombre Adonay en medio de las letras del Nombre de Dios de más alta frecuencia (siempre comenzando de derecha a izquierda). Entonces, queda así:

יאהדונהי

Guematria 26 + 65 = 91.

Así pues, este Nombre Divino corresponde al número de versos de la parashá. Por tanto, meditando y orando con en este nombre todas las mañanas, atraemos la energía completa de esta porción: la energía del 8. Esto significa que cada mañana al despertar, debemos aceptar humildemente que estamos peregrinando hacia un Mundo Mejor que este que hoy conocemos a través de nuestros sentidos físicos, y que para llegar a alcanzarlo, deberé primeramente humillarme ante el Dueño de todo e invocarlo para que pueda santificar Su Nombre a lo largo de mi jornada laboral, en cada acción que realice.

Por eso, el Olam Havá (Mundo Venidero) está reservado para todos aquellos que formando parte del Pueblo de Israel, reconocen que HaMashiaj (el Mesías) ya vino en la persona de Yeshúa, y que este por su obediencia hasta la muerte, y muerte de cruz, ha sido elevado por Dios hasta lo sumo, y se le ha dado un Nombre que es sobre todo nombre. Dicho nombre es este yijud poderoso (YHVH Adonay), y sólo en este nombre se puede recibir la energía que esta parashá nos revela.

Considerando todo esto, lograremos entender que la razón por la cual la Torah nos prohibió consumir los animales impuros es porque estos provocan en la persona una tendencia hacia la crueldad y el pueblo de Israel debe ser un pueblo santo en el cual reine la cualidad de la benevolencia (jesed). En el futuro YHVH hablará con cada uno de los miembros del pueblo de Israel, tal como está escrito:

«Sus hijos y sus hijas profetizarán».
(Joel 3:1)

En consecuencia, ningún integrante del pueblo puede alimentarse con algo impuro porque sus bocas dirán las palabras de Yahvéh. Esto es lo que nos enseñan las palabras de este versículo: que Moshé y Aharón les avisen que en el futuro Dios les hablará a cada uno y por eso no deben comer animales impuros.

Estamos llamados a desarrollar la misma actitud que hubo en Yeshúa el Mesías, mientras caminó como el Hijo del Hombre sobre la Tierra (Malkut). Es decir, desarrollar tal calidad de Avodáh (servicio sacerdotal) que logre la sublimación y elevación de lo terrenal a las esferas celestiales. Así se permite a la Shekináh (Presencia) de la Luz Infinita manifestarse en medio del mundo natural, permeando a toda la materia, y haciendo que todo lo creado se someta al señorío absoluto del Eterno.

Entonces esta parashá nos deja bien claro el concepto que cada uno de los redimidos, con nuestras buena obras, refinamos las cosas de la fisicalidad y a la vez nos autorefinamos para elevarnos junto con ellas a dimensionalidad de plenitud celeste.

Para lograr la eficacia de esta vocación, y alcanzar excelencia en nuestra misión, debemos aceptar que necesitamos atraer la Luz al mundo material, acercándolo por medio de nuestro esfuerzo de elevarnos en conciencia. Por esto, tenemos que cuidarnos de nuestras obligaciones materiales para poder penetrar en el mundo espiritual.

Para lograr la eficacia de esta vocación, y alcanzar excelencia en nuestra misión, debemos aceptar que necesitamos atraer la Luz al mundo material, acercándolo por medio de nuestro esfuerzo de elevarnos en conciencia. Por esto, tenemos que cuidarnos de nuestras obligaciones materiales para poder penetrar en el mundo espiritual.

Tenemos que prepararnos para la llegada del Rey. Para ellos debemos cuidar nuestro aspecto físico, tanto interno como externo. Cuidar la forma de vestir, la imagen, la higiene tanto física como mental. Observando nuestra forma de ser sociales, hasta incluso alimentándonos equilibradamente, siguiendo una dieta estrictamente profética.

La implicación es elocuente: observar las normas de pureza e impureza tratadas en esta sección (parashá) y las posteriores, lleva a cada redimido a elevarse por sobre lo mundano e incorporar en su ser los valores supremos de lo «octavo», es decir el carácter mesiánico que todo lo puede.