Estudios Bíblicos

Mujer: Una Construcción Divina desde la Esencia del Hombre

“Hizo caer El Eterno un profundo sueño sobre el hombre y este se durmió. Tomó una de sus costillas y cerro la carne por debajo”

(Génesis 2:21)

Una vez que la Torah explica porque la mujer tuvo la necesidad de ser creada. Procede a contar como esto fue llevado a cabo.

 

El TodoPoderoso creó a la mujer dividiendo al primer hombre en dos partes: una parte femenina y la otra parte viril. Al separar a Adam en dos facetas, ambas no totalmente autosufientes, El dio al hombre la oportunidad de colmar el vacío que la mujer pudiera tener y viceversa. Obrando así. El Eterno formó un “ayudante frente a él”. Esto significa que la mujer fue creada con el mismo potencial que el hombre para ayudar (Génesis 2:20).

“Y el Eterno Dios hizo de la costilla que tomó del hombre, una mujer, y la trajo al hombre”

(Génesis 2;22).

La Toráh dice que el Eterno creó a la mujerconstruyéndolade la costilla de Adam (Vayiven). Algunos lo interpretan diciendo que el Eterno dotó a la mujer de un mayor entendimiento y comprensión (Binah) de las emociones y relaciones humanas, de lo que Él dio al hombre (Nida 45b). Ambas palabras ”Binah” y “Vayiven” tienen una misma raíz que significa “dentro”. Por lo tanto, construir es el acto de tomar algo de adentro y expandirlo. La compresión es el logro de entender algo desde lo profundo.

El hecho de que la mujer fue “construida” de una parte interna del hombre la predispone a entender a comprender cualquier situación, íntegramente desde el fondo. Esto significa que la mujer es capaz, generalmente de divisar un bosque sin necesidad de haber visto antes un árbol.

Y dijo el hombre esta vez, esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne; ella se debe llamar Varona (Isha) porque fue tomada del varón (ish) . Por esto, dejara el varón a padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne.

(Génesis 2:23-24).

En conclusión la mujer fue creada para ser compañera en igualdad de condiciones que el hombre (Génesis 2:22) . La mujer posee una santidad intrínseca, de la que se supone debe hacer uso para ayudar al varón a reconocer su fortaleza, así como a vencer sus limitaciones en lo espiritual, ejerciendo el poder y el control.

 

 

Tomado y Condensado de libro Mesilot Hatora de Lisa Aiken.

 

Dos Sábados (Shabatot) en Un Solo Día

Por P.A. David Nesher

 «Y los hijos de Israel cuidarán el Shabat, para hacer del Shabat un pacto eterno por todas las generaciones.

(Sehmot/Éxodo 31: 16)

Al estudiar la parashá Ki Tisá, nos encontramos con este versículo en el que leemos que los hijos de Israel tienen que guardar el Shabat. Es interesante saber que el verbo guardar en la cosmovisión hebrea tiene que ver con una actitud de vigilancia y celo para protegerlo de ser profanado mediante melajá.

También este pasuk (versículo) dice que los hijos de Israel tienen que hacerlo un pacto perpetuo en todas sus generaciones. Este mandamiento revela que el Shabat seguirá hasta que pasen los Cielos y la Tierra, según lo que asegura Yeshúa, nuestro Dueño al explicar el propósito de su misión mesiánica:

«No penséis que llegó a abolir la Torah o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir, porque de cierto os digo que antes que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Torah, hasta que todo se haya cumplido. De modo que cualquiera que quebrase uno de estos mandamientos muy pequeños y así se enseñó a los hombres, muy pequeño se llamó al reino de los cielos; pero cualquiera que los cumpla y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos.«

(Mateo 5:17-19)

Ahora bien, debe asombrarnos conocer que la Sabiduría divina explica que existen Dos Sábados (“Shabatot”) dentro de esta sagrada jornada denominada Shabat. En primer lugar, está el “Shabat” que se debe “cuidar”, así es como leemos: “Y los hijos de Israel cuidarán el Shabat”. Pero también, en segundo lugar, está el “Shabat” que está para “hacer”: “para hacer del Shabat”, y por tal motivo el texto menciona dos veces la palabra “Shabat”.

El “Shabat” esencialmente está santificado por El Eterno, siendo desde la misma creación, el sagrado séptimo día, por eso debe ser cuidado. Pero, además de la santidad intrínseca del Shabat, se pretende que cada persona “haga” lo posible para aumentar la santidad del Shabat.

El Eterno creó el mundo pretendiendo que el ser humano que se sujeta a su Instrucción (Torah) revele la divinidad, por medio de sus acciones. Se pude apreciar que las piernas pueden llevar a la cabeza a lugares que sola no puede ir, de la misma forma, los redimidos pueden atraer con sus acciones la santidad celestial.

Por eso, el alma humana mesiánica, tiene, como primera medida, “cuidarse” de no profanar el “Shabat”, cumpliendo con todas sus estipulaciones, pero además, debe “hacer” que su Shabat sea cada vez más sagrado.

La señal del pacto entre Yahvéh e Israel tiene que ver con la obra de la creación. Como él hizo, así ellos también hacen. La palabra “cesar” es la primordial. Es la traducción del término Shabat. Luego viene la palabra “reposar”, en hebreo nafash, es la segunda prioridad. Así que el Shabat también fue creado para que el hombre descanse y renueve sus fuerzas para la siguiente semana. Esto es lo que significa la expresión «Shabatot» («dos sábados«) que vibra dentro de un mismo día (cada shabat). Esto es la doble porción que el alma alcanza en cada séptimo día: descanso y renuevo. Estas son las aptitudes mesiánicas que permiten la liberación, expiación y transformación del mundo, por medio de la melajá que el alma redimida ejerce durante los seis días laborables de la semana.

Hay dos tipos de santuario en el mundo, un santuario en el factor espacio  y otro en el factor tiempo. En el relato de la construcción del Santuario (Mishkán) en el espacio, viene entrelazado el relato del santuario que cada israelita debía construir en el tiempo: el Shabat.


BITÁCORAS RELACIONADAS:

Betzalel: Bajo la Sombra de lo Profético

“Habló Yahvéh a Moisés, diciendo:
Mira, yo he llamado a Betzaleel… y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, inteligencia, ciencia y todo arte, para inventar diseños y trabajar en oro, plata y bronce… y he puesto con él a Aholiab, para que hagan todo lo que te he mandado… 
Entonces Moisés dijo a los hijos de Israel:
«Mirad, el Señor ha nombrado a Betzaleel hijo de Uri hijo de Hur, de la tribu de Judá.
Y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, en la talla de piedras de engaste y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa. Ha puesto en su corazón el don de enseñar, tanto a él como a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, y los ha llenado de habilidades para que hagan toda obra de arte y de invención, de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en telar, para que hagan toda labor e inventen todo diseño.”

(Éxodo  31:1-6; 35:30-35)

 

Un personaje destacado que aparece en la parashá de esta semana (Pekudei) es Betzalel hijo de Uri, hijo de Jur. Según el Talmud (Sanhedrín13 b), Betzalel sólo tenía 13 años cuando construyó el tabernáculo. ¿De dónde sacó tanta sabiduría?

Yahvéh, nuestro Dios y Abba, dio inteligencia a Betzalel, capacitándolo para investigar materiales en su esencia simbólica, y estudiar sus beneficios proféticos para realizar las obras ordenadas del Mishkán, el templo itinerante de la fe. Betzalel recibió así de lo alto la habilidad para usar piedras, metales, tintas, tejidos y maderas para tan importante trabajo, para “crear invenciones”, como lo dice en el versículo bíblico.

Por ese motivo, Betzalel, puede ser considerado un maestro en varias especialidades: diseñador, científico, arquitecto, ingeniero, artesano, orfebre y decorador. Y otra función muy importante: la del profesor, pues el Señor le encargó, así como a su Aoliabe, enseñar el conocimiento adquirido de ahí en adelante.

Destacando dos de las funciones más importantes citadas, Betzalel es uno de los primeros arquitectos e ingenieros registrados en la historia. Obviamente, ya existían esos profesionales en otras culturas, aunque no se los conociera con esos nombres -pirámides erguidas en Egipto y otras construcciones no habrían sido erguidas sin ellos y sus proyectos.

Estos dos varones fueron grandes profetas para el pueblo de Israel mientras peregrinaba la pedagogía del Eterno en el desierto. Bajo la dirección de Moisés, quien tuvo una clara imagen del Reino Celestial y escuchó las descripciones detalladas del diseño que el Eterno deseaba para el Mishkán (Tabernáculo) representación física del Proyecto Emanuel. Estos artistas recibieron de Moisés la visión y el diseño, pero en verdad, ellos fueron los responsables de traer ese diseño espiritual al plano terrenal. Ellos dependían del Espíritu Santo para hacer evidente y visible la experiencia de Moisés para el resto de Israel y las naciones de la Tierra.

Según el Talmud (Berajoth 55 a), Betzalel hijo de Uri, hijo de Jur era nada más y nada menos que un experto en guematría, un sistema alfanumérico de código/cifra que asigna valor numérico a una palabra / nombre / frase en la certeza de que las palabras o frases con valores numéricos idénticos llevan alguna relación entre sí o tienen alguna relación con el número mismo. En pocas palabras, la guematría es el cálculo de la equivalencia numérica de las letras, palabras o frases hebreas, y sobre esta base lograr un aumento de la comprensión de la interrelación entre los diferentes conceptos y explorar la relación entre palabras e ideas. En la cosmovisión hebrea se asume que de momento que el mundo fue creado a través del «habla» de Yahvéh Elohim, cada letra representa una fuerza creativa diferente.

Betzalel conocía la sabiduría de unir las letras con la que se creó los Cielos y la Tierra. Debido a esta sabiduría, él construyó el Mishkán (Tabernáculo) y él fue elegido entre todo el pueblo de Israel. Y así como fue elegido en lo alto, el Creador quiso que fuese elegido abajo. En lo alto está escrito que el Creador dijo a Moisés, “Mira que he designado a Betzalel”, y abajo está escrito que Moisés dijo a Israel, “Miren, el Señor ha designado a Betzalel”. Su nombre fue designado por el superior, Betzalel, que deriva de dos palabras: Betzel El; por lo que su nombre significa «a la sombra de Dios«. Es decir, que este varón es un justo, que se sienta a la sombra de Dios. Es decir, que practicaba, con su corta edad, una comunión con ese Dios que ilumina en lo alto con el objetivo de, a través de un justo, iluminar abajo con los diseños de Su Malkut (Reino).

Ese significado del nombre Betzalel, ha orientado a los comentaristas ha descubrir diversas guematrías muy interesantes. En primer lugar la del nombre mismo Betzalel que es 153, porque es el número secreto de Tov (טוב), “bien”. De ello se deduce que Betzalel (בצלאל) representa al bien llevado a su máxima expresión.
ב = 2
צ = 90
ל = 30
א = 1
ל = 30
Total: 153

El siguiente secreto se encuentra en la guematría de la expresión: “Betzalel, hijo de Uri, hijo de Jur”. “Ben Uri”, significa el hijo de la primera luz que el Creador creó en la obra de la creación. “El hijo de Jur”, quiere decir el hijo de Jerut (libertad) de todo. Este es Betzalel, a quien por medio de este nombramiento divino, se le designó el bastón de Judá, para comprender los fundamentos mesiánicos del Reino Celestial, y así exponerlos físicamente a través de la estructura del Mishkán.

Cuando calculamos la guematria de Betzalel ben Uri, ben Jur (בצלאל בן-אורי בן-חור) vemos que es 688:
בצלאל = 153
בן-אורי = 269
בן-חור = 266
————-
Total: 688

בסוד = 72
התורה = 616
————–
Total: 688

Se trata de la misma guematría que la de la expresión BeSod Torah (בסוד התורה), “en el Secreto de la Torah”. ¿De qué secreto nos están hablando? Sin duda de la ciencia de la guematría, ya que según el Talmud, Berajoth (55 a) «Betsalel sabía cómo combinar las letras con las que fueron creados los Cielos y la Tierra», pero de algo más: de sus profecías mesiánicas ocultas.

Por otra parte, el sabio Baal haTurim nos explica que el nombre de Betzalel aparece en tres ocasiones en la Torah, en Éxodo (31:1), Éxodo (35: 30) y Éxodo (38: 22), concretamente al principio de esta parashá. Esto corresponde según este gran sabio a tres atributos de Betzalel: sabiduría, inteligencia y conocimiento.

Betzalel, como artesano ungido tenía la habilidad sobrenatural de traer en su arte una obra de la realidad espiritual de Yahvéh a nuestra realidad visible para así poder experimentar las verdades que la revelación contiene en lo referente al Código Sagrado, es decir el Mesías prometido para fundar el Proyecto Emanuel («Dios con nosotros») perfectamente develado en el diseño del Mishkán.

Betzalel era un gaón (erudito) en las ciencias proféticas. No sólo era un experto artesano y artista, sino un varón que entendía cómo diseñar los nombres que representan los atributos de Dios en su obra. Él heredó un sentido del celo y de la misión de ambos sus abuelos. A los trece años de edad se adelantó y fue ordenado desde arriba como «en la Sombra de Dios». Diseñó y construyó la estructura más sagrada y más bella de la historia, y luego desapareció. A lo largo del resto de Tanak nunca se lo menciona de nuevo. Evidentemente es un tipo perfecto de Yeshúa HaMashiaj, el León de la Tribu de Judá. Al igual que lo haría nuestro amado Mesías, Betzalel, el jefe de la obra del Tabernáculo dio total espacio al Espíritu de Dios para que Él actuase en su vida. Habilidad, conocimiento, inteligencia, eficiencia y respeto fueron solamente algunos de los muchos frutos de la sumisión correcta y saludable.

Betzalel tenía su único propósito en el mundo, y humildemente lo encontró aceptando con mansedumbre la tarea que se le encomendaba. El Pirkei Avot («Tratado de los Padres») dice: «No existe persona que no tenga un momento«. Esto significa que en el mundo del Eterno hay una razón por la que cada uno de nosotros nació. Cada uno tiene sus «quince minutos (al menos) de fama«.

La lección que da la vida de Betzalel,  es que la próxima vez que se te pida que hagas una tarea, por incómoda que sea, para tu familia, tus amigos o tu gente, hazlo como un héroe. ¿Quién sabe? Tal vez fue para ese mismo momento que naciste en el mundo.

Vida Humana en Corto Circuito (el Pecado del Becerro de Oro)

Por P.A. David Nesher

«Mas viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se allegaron entonces a Aarón, y le dijeron:
Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, aquel varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 
«Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, y de vuestros hijos, y de vuestras hijas, y traédmelos.
Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y lo trajeron a Aarón. El cual los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición.
Entonces dijeron:
Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.
Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo:
Mañana será fiesta a Yahvéh.
Y el día siguiente madrugaron y ofrecieron holocaustos, y presentaron pacíficos: y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantaron a regocijarse.

(Éxodo 32:1-6)

El tema principal de la porción (parashá) de la Instrucción (Torah) de esta semana, llamado Ki Tisá, es el pecado del becerro de oro (en hebreo: Jet HaEguel), el cual es considerado como la máxima transgresión del pueblo de Israel hacia el Eterno. Por eso es importante entender de qué se trata y cómo se relaciona con nosotros.

Primeramente, debemos aceptar que la grandeza de la denominada «Generación del Desierto» no puede ser subestimada en ningún aspecto.

Esto se debe a que los hebreos, después de pronunciar «naasé venishmá» («haremos y escucharemos«), sus vidas se revistieron de inmortalidad, llegando sus cuerpos a glorificarse, recuperando así, el nivel de Adam HaRishón (primer Adán) antes de que pecara, tal como lo explica proféticamente el rey David en el salterio (Salmo 119:1).

Es decir que el Eterno les reveló la Luz de Bilá HaMávet LaNétsaj (la eliminación total del dolor, el sufrimiento y la muerte) o libertad del Ángel de la Muerte. De este modo habían quedado transformados por Yahvéh, en un abrir y cerrar de ojos, y así estar libres del ángel de la muerte. Así pues, por causa del ejercicio de su emunah (fe) ellos se transformaron en tzadikim (justos), contando con un espíritu fuerte que lograba controlar el yetzer harála inclinación al mal«).

Siendo todo así, habiendo alcanzado pues los hebreos este nivel existencial, ¿por qué tropezaron en el Jet HaEguelPecado del Becerro de Oro«)?

Algunos comentaristas explican que el pueblo en realidad no intentó crear un substituto de Dios, sino que más bien sustituyeron a Moshé por un falso líder, el becerro, creyendo erróneamente que aquel los había abandonado. Por lo tanto el pecado arquetípico del pueblo como un todo es ir detrás de un falso liderazgo. Otros sabios aseguran que Israel pretendió representar al Eterno en ese becerro de oro.

Es muy importante saber que desde Abraham avinu, hasta Moisés la humanidad vivió un proceso de acercamiento a Dios en forma progresiva y colectiva, por eso el pecado del becerro de oro se asocia con idolatría.

Entonces en concreto el pecado del becerro de oro significa el deseo de reemplazar al Eterno y a Moshé su Ungido, es decir al ver que Moshé no aparecía, el pueblo dudó a pesar de todo lo que presenciaron desde su salida de Egipto y pensaron en reemplazarlo. Esta duda rompió el eslabón que por siete generaciones los patriarcas habían formado y que terminaría de ser completado con la revelación de la Torah escrita, del monte Sinaí, por eso fue tan grave.

Entonces, el becerro no era un simple ídolo de un becerro. Era más bien un símbolo de un sistema de culto y creencias que tarde o temprano penetraría a Israel y destruir el sistema litúrgico de adoración, dividiéndolos en dos Reinos (Casa de Efraín y Casa de Judá).

El becerro de oro es por lo tanto un código que indica el retroceso que la humanidad hizo en su separación con el Creador, por lo cual se destruyeron estas primeras tablas.

Los Tres Pecados del Eguel

Como ya habrás observado, la expresión becerro en hebreo se escribe Eguel (עגל). Esta palabra está compuesta de tres letras (Ayin, Gimel, Lamed). Dichas letras convierten a la expresión Eguel en el acrónimo de tres pecados muy fuertes que son los que conducen a que una vida justa caiga en las aberraciones de las tinieblas a través de la idolatría.

Considerando pues a Eguel como un acrónimo, entendemos que el becerro de oro significa lo siguiente:

  • Ayin: Ayin Hará (עַיִן הָרַע‎- Mal de ojo), es decir, la envidia.
  • Guimel: Gilui Arayot (גילוי עריות- Uniones prohibidas), es decir, desperdiciar la energía sexual a través de la lujuria.
  • Lamed: Lashón Hará (לשון הרע- Hablar mal de otros)

Estas tres cualidades (midot) negativas son las causantes que una vida humana, y también toda una comunidad, queden por muchos años estancados, dando vueltas alrededor de la misma estructura errónea de pensamiento, sin la posibilidad de trascender (Deuteronomio 1:&). Veamos atentamente cómo es esto.

Eguel, también quiere decir «redondo«, pues viene de la raíz gilgul que significa cíclico o periódico. Entonces el «Pecado del Becerro de Oro» estaría relacionado con mantenerse preso de los impulsos instintivos, recibiendo los golpes de «los ciclos naturales” que nos dominan siendo incapaces de mantener el equilibrio en nuestras vidas. La redondez es un fenómeno neutro que puede ser positivo o negativo. La redondez negativa es cuando una persona sigue los ciclos de la naturaleza, sin reconocer la Providencia Divina en el mundo. La palabra hebrea para “naturaleza” es teváh, también es circular y significa “anillo”. Lo Divino y el camino de la Torah es rectitud. Si una persona está inmersa sólo en los ciclos de la naturaleza, siempre estará dando vueltas y nunca penetrará los confines del círculo. Este también puede ser un círculo político negativo.

Por eso, otra palabra con la raíz ain-guimel-lamed es agalá, que significa “carro”. Al ser un cierto tipo de vehículo, la conexión obvia con la redondez son sus ruedas giratorias. En hebreo, hay siete sinónimos para el concepto “camino”. El séptimo es maagal, “circuito”, cuya raíz también es agalá. La aparición más importante de la palabra maagal la encontramos en el Salmo 23: “maaglei tzedek” (sendas de justicia), en el cual el rey David le implora a Yahvéh que lo guíe por caminos justos circulares. La palabra tzedek (“justicia”), siempre aparece en conjunción con maljut (“reinado”). Siendo que maagal es el séptimo sinónimo de “camino”, entendemos que también corresponde a reino. Por lo tanto, el reinado rectificado es el sendero circular rectificado. El reinado debe penetrar los ciclos y rectificarlos.

La conclusión entonces de este shiur (lección) es sencilla pero muy profunda: quien lleva a cabo estas tres malas midot está adorando al becerro de oro y todas las bendiciones celestiales son obstruidas. Por eso, quien comete el pecado del becerro de oro no tiene acceso a la Torah y se encuentra bloqueado espiritualmente dando su vida vuelta siempre en el mismo «puntito», sin la posibilidad de trascender la «redondez» de la vida física, para ascender a mayores dimensionalidades cíclicas en Yeshúa.


Bitácoras Relacionadas:

¿Cómo se produce un Avivamiento Espiritual? (Parashá Ki Tisá)

Por P.A. David Nesher

 

 

«Moisés le dijo al Señor:
―Tú insistes en que yo debo guiar a este pueblo, pero no me has dicho a quién enviarás conmigo. También me has dicho que soy tu amigo y que cuento con tu favor. Pues si realmente es así, dime qué quieres que haga. Así sabré que en verdad cuento con tu favor. Ten presente que los israelitas son tu pueblo.
―Yo mismo iré contigo y te daré descanso —respondió el Señor.
―O vas con todos nosotros —replicó Moisés—, o mejor no nos hagas salir de aquí. Si no vienes con nosotros, ¿cómo vamos a saber, tu pueblo y yo, que contamos con tu favor? ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?»

(Éxodo 33:12-16)

 

Evidentemente, el episodio del becerro de oro había conmovido los fundamentos mismos de la fe de Israel. En aquel episodio hemos visto tanto el castigo implacable como el perdón magnánimo concedido por el Eterno. Era necesario que la Vida volviera a esta gran comunidad de redimidos. ¡Era urgente una avivamiento!

Por eso, en esta porción (parashá) la Torah nos lleva a meditar en la cúspide de  la relación de intimidad espiritual y el grado de percepción profética de Moshé. Esta idea está plasmada en las palabras siguientes:

 “… y hablaba Yahvéh a Moshé cara a cara «

(ודבר ה´ אל משה פנים אל פנים » – “Vedibber YHVH el Mosheh panim el panim”)

 

Esto ha sido la consecuencia del amor manifestado por Yahvéh a Moshé desde los inicios, pues así leemos en Shemot:

«Yo me aparecí a Abraham, a Yitzjak y a Yaakov por El-Shaddai, empero por Mi Nombre YHVH no Me he dado a conocer a ellos.«

(Éxodo 6: 3)

En el libro de Badmibar/Números (12:8) pone en claro lo que esto significa. Allí el Eterno contrastó el cómo habló a Moshé en comparación de cómo habló a otros profetas; Moshé escuchó clara y plenamente, y los otros profetas escuchaban en sueños y visiones.

Esto posiblemente también significa que Yahvéh se apareció a Moshé en forma humana, de la forma que Él lo hizo con Abraham (Génesis 18). Pero también la frase “cara a cara” es una forma figurativa que significa tener un compañerismo abierto y sin censura.

Como consecuencia de este grado de cercanía veremos que Moshé pedirá «conocer los caminos de Dios«. Esto no será una mera «curiosidad» u osadía espiritual, sino más bien, el poder conocer los caminos del Eterno para poder conducir al pueblo de Israel en tiempos difíciles como había sido el «mahaseh haheguel» (episodio del becerro de oro).

En estos versículos (33: 12-23) estamos muy limitados. Todos los comentaristas de la Biblia abordan el texto con mucha aprehensión, ya que el mismo nos conduce hasta los límites del conocimiento de Dios. Límites impuestos por los alcances de la razón humana. El texto hace alusión a lo que está más allá de la razón humana y su lógica, posiblemente para indicarnos que existe un dominio trascendente, inaccesible a nuestro entendimiento, por lo cual no resulta fácil conocer su pensamiento exacto al respecto.

En síntesis: el camino que nos queda es reunir todos los elementos que el Tanak (Antiguo Testamento) ofrece al respecto, limitándonos a ellos, por supuesto, y tomando las palabras siempre en su contexto.

El esquema resultante sería el siguiente:

De acuerdo con Éxodo 23:20, Dios le dice a Moshé:

«He aquí que Yo envío a un Emisario delante de ti para custodiarte en el camino y para traerte al lugar que Yo he predispuesto«.

Esta promesa corrió el peligro de ser alterada por causa del  «mahaseh haheguel»  (episodio del becerro de oro); así leemos:

«Y ahora déjame y que se encienda Mi furor contra ellos y los exterminaré. Mas haré de ti un pueblo grande.»

(Éxodo 32: 10)

Ante la oración de Moshé, Dios desiste de ello. Pero, de acuerdo con Éxodo 33:10, no será Dios quien estará con Su pueblo en lo sucesivo, pareciendo que la Divinidad se «alejaría» del pueblo de Israel.

Pero Moshé, amparado en el perdón prodigado por Yahvéh por el episodio del becerro de oro, encuentra un «het ratson» (tiempo de benevolencia) para tratar de restablecer la cercanía de Yahvéh con Su pueblo Israel. Para Moshé no era suficiente el saber que él e Israel lograrían llegar a la Tierra Prometida. Para su estima, la Tierra Prometida no era nada especial sin la especial presencia del Señor. Esto fue audaz. Moshé tenía la determinación de tener la presencia de Yahvéh lo más cerca posible para con Israel. Este era el siguiente paso hacia el avivamiento y restauración de su relación con el Eterno.

Moisés estaba preocupado en obtener una garantía de esa presencia para su pueblo, y también del gozo de una experiencia más cercana para él mismo. Él conocía que la misericordia del Señor es eterna, mientras que Su ira es efímera y por eso Moshé formulará dos pedidos, a saber: conocer los caminos de Dios y ver la manifestación de Su Gloria.

Como respuesta al primer pedido el Eterno le contesta:

» … Yo haré pasar toda Mi bondad ante ti y proclamaré el Nombre de Yahvéh ante ti, y agraciaré a quien agracie y Me apiadaré de quien Me apiade«

(Éxodo 33: 19)

Esto quiere decir que Yahvéh hará conocer Sus atributos de bondad y misericordia. La Gloria de Dios descansa en Su bien. Cuando Moshé vio la Gloria de Dios, su primer entendimiento era que Yahvéh era bueno. Si no sabemos que Dios es bueno, entonces no sabemos mucho de Él. En la forma de pensar de los antiguos hebreos (y también en otras culturas antiguas), el nombre representaba el carácter y naturaleza de una persona. Dios prometió el revelar Su carácter a Moisés, y no solamente un título.

Lloyd-Jones nos da una idea de lo que el Eterno le dijo a Moisés:

Yo me bajaré a tu debilidad. Te dejaré ver algo. Pero aún más importante que eso, Yo haré que todo mi bien pase delante de ti. Te daré revelación más profunda y un entendimiento de yo mismo, de mi carácter, de lo que Yo soy. Esto es lo que realmente necesitas saber.”

Al segundo pedido, la respuesta fue: » … No podrás ver Mi presencia, ya que no puede verme el hombre y vivir.» (Éxodo 33:20). Yahvéh asegura que Moshé no podrá ver su rostro, es decir, la plenitud de su perfección y la grandeza de su estructura esencial, y vivir, ya que ningún humano podría soportar, en su estado actual, todo este descubrimiento completo. Pero Él agrega, “y verás mis espaldas”, que quiere decir que lo que Moshé podrá conocer serán los caminos de Dios a través de Sus acciones, en la naturaleza y en la historia. En palabras del Salmista:

» … El hace conocer Sus caminos a Moshé y Sus acciones a los hijos de Israel… «

(Salmos 1 03: 7)

Esta hambre de más de Dios es una marca de una verdadera relación de avivamiento y restauración. Fuera lo que Moshé hubiera experimentado con Yahvéh, ahora él quería más. Cuanto más un hombre conoce acerca de Dios, él tendrá un deseo mayor de conocerlo.

Como consecuencia de este «het ratson»  (tiempo de benevolencia) el Eterno le dirá a Moshé que recibirá otra vez:

» … Dos tablas de piedra como las primeras y Yo escribiré sobre las tablas las palabras que estaban sobre las tablas primeras, que quebraste«

(Éxodo 34: 1)

Moshé sabía que nada que lo que Yahvéh pudiera darles los haría verdaderamente diferentes de las otras naciones. Sólo la fuerte Presencia de Yahvéh mismo podría hacer eso.

La relación de Israel con Yahvéh los hacía diferentes de todos los pueblos antiguos. El Eterno entre ellos los hizo diferentes. Era importante que Israel supiera esto por ellos mismos; y también era importante que las otras naciones supieran esto.

Yahvéh honró la intercesión audaz de Moisés, y Él prometió el restaurar Su relación con Israel.

“¿Pues en qué se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo? ¿No es acaso en que tú vayas con nosotros, para que nosotros, yo y tu pueblo, nos distingamos de todos los demás pueblos que están sobre la faz de la tierra?” (33:16)

Vemos que la gracia dada a Moshé es pasada al pueblo. La palabra “gracia” en hebreo jen, significa “gracia”, “belleza”, “favor”, “aprecio”. La raíz de jen es janán, que significa “inclinarse para mostrar benevolencia a un inferior”, “compadecerse”, “conceder un favor”. La palabra “jen” aparece seis veces en este contexto. La primera vez que aparece en las Escrituras es en Génesis donde está escrito:

“Mas Noaj halló gracia (jen) ante los ojos de Yahvéh.”

(Génesis 6:8)

El Midrash dice: “Noaj fue salvado no porque lo merecía, sino porque halló gracia.” Moshé halló gracia en los ojos del Eterno y el pueblo de Israel recibió el perdón por el pecado del becerro por medio de la gracia y el pacto fue renovado a base de esa gracia. Según esta parashá, hallar gracia ante los ojos del Eterno implica cinco cosas:

  • Conocer los caminos del Eterno, (v. 13).
  • Conocer al Eterno, (v. 13).
  • Caminar con el Eterno, (v. 16).
  • Distinguirse de todos los pueblos de la tierra, (v. 16-17, cf. 34:9).
  • Obtener el perdón del Eterno, (34:9).

Este acto, que denota el perdón prodigado por Dios, devolverá las cosas a su estado anterior, y culminará con la concertación de un pacto entre Yahvéh y el pueblo de Israel. Así leemos:

 «Dijo Él: he aquí que Yo voy a concertar un pacto; frente a todo tu pueblo habré de hacer portentos que no han sido obrados en tierra alguna ni en pueblo alguno. Y verá todo el pueblo -el que tú estás en medio de ella obra de Yahvéh, ya que imponente es, lo que Yo voy a hacer contigo.»

(Éxodo 34: 10)

¡Este es el método efectivo para lograr un avivamiento en una comunidad de fe!

 

¡Solo…, Nadie es Nada! (La Enseñanza del Medio Shekel)

“ Cuando hagas un censo de los hijos de Israel para contarlos, cada uno dará a Yahvéh un rescate por su alma cuando sean contados, para que no haya plaga entre ellos cuando los hayas contado. Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Yahvéh. Todo el que sea contado, de veinte años arriba, dará la ofrenda a Yahvéh. Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá del medio siclo, cuando dieren la ofrenda a Yahvéh para hacer expiación por vuestras personas. Y tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones, y lo darás para el servicio del tabernáculo de reunión; y será por memorial a los hijos de Israel delante de Yahvéh, para hacer expiación por vuestras personas.”

(Shemot/Éxodo 30:12-16)

Para comenzar, necesito que nuestra memoria se remonte a lo que aprendimos en nuestros estudios del libro de Bereshít (Génesis). Por medio de este ejercicio recordaremos específicamente que según la promesa hecha por el mismo Elohim a Abraham, no se podía contar a los hijos de Israel (cf. Génesis 15:5; 32:12). En base a esta promesa divina, los hebreos comprendieron que si se cuenta a los hijos de Israel se expone al Pueblo escogido al peligro de las zonas del rigor (Guevurah) y por ende a ser blanco de plagas. Así pues, y teniendo en cuenta esta revelación del libro de Bereshit, ahora podemos entender el por qué cuando el rey David intentó censar al pueblo una vez, con el fin de saber con qué recurso específico contaba para la guerra, vino una plaga de parte de Dios sobre el pueblo (cf. 2 Samuel 24:1-10; 1 Crónicas 21:7).

Entonces, al ingresar en el estudio de la parashá Ki Tisá, hayamos que, para evitar la extinción de Israel como Pueblo escogido del Eterno, aquellos que eran sus hijos reciben la instrucción divina de hacer dos estrategias celestiales que no viniera plaga alguna sobre ellos:

  • La primera estrategia consistía que cada uno dé una moneda y así se puede contar las monedas en lugar del pueblo directamente.
  • La segunda estrategia era que esa moneda de plata serviría como un precio de rescate, una expiación para que no venga la plaga al ser contados.
¿Cuál es el significado de este mitzváh (mandamiento)?

Encontré toda una discusión en el Zohar acerca del hecho de dar ½ shékel, que en parte se trata de unir y reconectar cada una de las almas hebreas con la Luz del Creador.

Recordemos que esta era ya la tercera ocasión que los Benei Israel eran contabilizados; la primera vez que fueron computados es cuando viajaron a Egipto, en esa ocasión el número fue de 70 almas. La vez segunda, cuando abandonaron Egipto la cantidad ascendió considerablemente, fueron contabilizados 600.000 hombres en edad militar. No obstante, que ahora son enumerados por tercera vez, tal conteo no se realizó directamente sino que se ordenó que cada israelita hiciera una donación, esta era la mitad de un shékel. Contando la plata se obtiene el censo.

Ahora surge una pregunta de interés para nuestro estudio: ¿Cuál es la razón por el que se pide un cómputo indirecto de la población?

En las fuentes de Sabiduría judía como el Talmud o el Zohar leemos:

«…La bendición no puede hallarse en lo que se cuenta, en lo que se mide ni en lo que se pesa, a causa del «mal de ojo», la bendición está solamente en aquello que está oculto a la vista…».

¿Qué características tuvo este censo?

Para comprender bien este mandamiento, debemos captar la idea central del Eterno:

La Torah enseña que está prohibido contar a los Benei Yisrael (Hijos de Israel) de la manera usual en las demás naciones (censos político-económicos), y que cuando sea necesario hacer un censo la gente debe donar objetos, los que a su vez serán contados. Por medio de dichas donaciones se logrará inferir el número de los israelitas.

Por ello, en el caso del censo en el desierto, se le pidió a las personas, tanto ricas como pobres, que cada una donase medio shékel para la edificación y mantenimiento del Mishkán (Tabernáculo). De aquí que la condición de los hijos de Israel se dignifica cuando contribuyen a proyectos filantrópicos, y tal es la razón fundamental de que hayan sido contados por medio de un donativo de toda la nación unificada en aras de una causa sagrada. Este concepto se deriva del mandamiento impartido en el versículo 12, el que literalmente dice «Cuando eleves en censo [per cápita] a los hijos de Israel según su número» (Baba Batrá 10b. Pesikta Zutreta), implicando que la función de estas contribuciones no sólo era facilitar un censo y proveer bienes materiales para el Tabernáculo, sino también el nivel espiritual y ético de los contribuyentes.

La participación de todo el pueblo por igual en esta estrategia dejaba un claro mensaje de parte del Eterno:  todos los Hijos de Israel deben coparticipar en la realización de los objetivos nacionales; todos deben estar incluidos en el censo (v. 14) dejando de lado sus intereses personales y/o egoístas por el bien de la nación. Quien así actúe, obtendrá un beneficio inconmensurable, puesto que la misión de Israel pende de la unidad de la nación como un todo (de los comentarios de Rabí Hirsch). 

El censo que Yahvéh ordena a Moshé incluía a todo aquel varón que tenía de veinte años para arriba (hasta 60 años). Esta era la edad en que el israelita alcanzaba su máxima madurez para salir a cumplir misiones militares. A partir de esta edad el joven israelita era considerado un hombre adulto, apto ya para el ejército. Esta posición era denominada: יוצא צבא , «íotse tsava» (véase Números 1:3).

Otra característica para tener en cuenta, es que en esta estrategia divina no se contaba a las mujeres. Las mujeres no tenían la obligación de pagar este impuesto para el Tabernáculo ni de ir al ejército.

Leemos que cada alma tenía un precio de rescate de medio siclo. De ese modo, los ricos no pagaban más ni los pobres pagaban menos. Así el varón israelita que participaba aprendía la lección divina de que cada alma tiene el mismo valor delante del Eterno, no importa el estatus económico que la misma haya alcanzado. Es muy interesante notar que, el hecho de que se pida medio siclo y no uno completo, quería indicar que toda contribución no representa más que un fragmento del conjunto. Toda persona necesita a la otra para formar la tan anhelada unión. El mensaje: solo, nadie es nada. Por eso, entendemos que el medio shekel alude al hecho de que cada uno de nosotros es solo la mitad. Desde esto cada varón de Israel se cuestionaba: ¿Cuál es la Otra Mitad?… Y la respuesta surgía rápidamente: el Otro.

En primer lugar, el varón israelita meditaba en la Otra Mitad es el Eterno. Su mente lograba la reflexión: «soy un ser creado y mi existencia es relativa (sólo la mitad). Pero creo en Dios, quien es la realidad absoluta y el Creador de todo.» Por medio de este dinero de rescate, la Torah hablaba con claridad: todos y cada uno de los hebreos le deben a Yahvéh; por lo tanto, todos están obligados a Él. El Eterno mandó que cada varón mayor de veinte años debía de pagar medio siclo como dinero de rescate, confesando que él merecía morir, dando lo que era en deuda hacia Dios, y dando la suma demandada como un tipo de gran redención la cual sería más tarde pagada por las almas de los hijos de los hombres.

En segundo lugar, estos versículos asimismo hablan en términos de la expiación que se obtiene al participar en este cómputo «del medio shékel», porque cuando la nación se unifica esforzándose en alcanzar un objetivo común, la misma se hace más robusta. Es decir que cuando todos y cada uno se suman a una causa constructiva, los méritos espirituales de los individuos se unen a su vez, de tal manera que no sólo sus donativos, sino asimismo sus logros personales son unificados en solidaridad mutua (T. Avot 2:2). Un solo ser humano puede rara vez sobrevivir al escrutinio divino, pues, ¿quién está libre de pecados y carencias? Sin embargo, cuando se manifiesta la unión nacional, ésta se eleva a un plano superior, como resultado del hecho de que todos sus miembros individuales fusionan sus virtudes propias con las de los demás. Y el fruto de ello es que dicho colectivo nacional es juzgado con mucha mayor benevolencia (el rav Kuzarí explica que esta es también la razón por la cual es tan importante rezar con un Minián [quórum] en vez de individualmente). Este sería el motivo por el cual la mujer shunamita (II Melajim 4:13), que fue tan extraordinariamente generosa con el profeta Elishá (Eliseo), se rehusó a su ofrecimiento de rezar por ella o interceder ante las autoridades a favor suyo, pues ella conjeturó que si se le destacaba de entre los demás, sería juzgada de manera más severa en la balanza Celestial. Esto cobra mayor sentido desde el momento que, como enseñan los Sabios, tal incidente tuvo lugar en Yom Teruah, el Día del Juicio (comentario de Rabenu Bejaie).

Dicen algunos comentaristas que este impuesto no se tomó solamente una vez, sino en el futuro también. El medio siclo servía para el servicio del Tabernáculo. La primera vez sirvió para las basas y demás objetos de plata (cf. Éxodo 38:25-28). El Talmud de Jerusalén cuenta que este impuesto anual se usó para la adquisición de las ofrendas comunales (cf. 2 Reyes 12:4; 2 Crónicas 24:6; Nehemías 10:32; Mateo 17:24-27).

En el tiempo del segundo templo se recordaba anualmente en todas las ciudades en el primer día de adar (último mes del año) que cada uno preparara medio shekel para el Beit HaMikdash (templo). La colecta ocurría entre el 15 de adar y rosh jódesh (el primer día) Nisán.

¿Yeshúa obedeció este mandamiento?

Sí, nuestro Maestro y Dueño fue fiel en el cumplimiento de este mitzváh. Así lo apreciamos al leer en el relato evangélico la ocasión en que vinieron a nuestro Maestro a pedir el impuesto anual del Templo, según lo que relata el apóstol Mateo:

“Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo:
¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?
Pedro le respondió: De los extraños.
Jesús le dijo:
Luego los hijos están exentos.
Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.”

(Mateo 17:24-27)

Al leer el relato evangélico, e interpretarlo desde las costumbres de Israel, notamos que lo que nuestro Maestro y Dueño quiso revelar al cumplir con este precepto del medio shekel, es que cada miembro del Pueblo escogido está obligado a creer y aceptar que todo lo que posee incluyendo su misma vida es una bendición de Yahvéh. El ser humano hebreo, especialmente el varón, tiene que aceptarlo con modestia, entendiendo lo efímero que es todo lo que posee, incluyendo su vida.

Cuando el hombre cuenta su riqueza o el número de personas que componen su grupo, tribu, ejército, se debe a una suerte de soberbia humana, pareciendo indicar con ello la posesión absoluta de las cosas o personas, cosa que provoca la ira de divina. La misma se manifestará por medio de la naturaleza misma creada por Dios que afectará al hombre soberbio o al hombre que asume actitudes de soberbia.

Por último, escuchando a Yeshúa Rabeinu en esta anécdota evangélica, el texto hace notar otra creencia que surgía de la práctica de pagar el medio shekel: la «Otra Mitad» es mi prójimo, aquel a quien estoy obligado a amar, y compartir los bienes del Olam HaZé (Mundo actual), particularmente el cónyuge. Es decir esa persona en cuyo mérito un hebreo logra su transformación en una persona completa. Por ello, en última instancia, hay algo muy importante en sentirse a la mitad desconectado de la otra mitad. Esta es la sensación de «un corazón contrito y humillado«, es decir, el desarrollo de la humildad necesaria para encontrar el favor a los ojos de Yahvéh.

Doce Sensibilidades en el Corazón de Dios

“Y montarás en él cuatro hileras de piedras. La primera hilera será una hilera de un rubí, un esmeralda y un carbunclo” (LBLA revisada) – Hoy no se sabe con exactitud cuál es la identidad de estas doce piedras… y la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe; todas estarán engastadas en filigrana de oro. Las piedras serán doce, según los nombres de los hijos de Israel, conforme a sus nombres; serán como las grabaduras de un sello, cada uno según su nombre para las doce tribus.” 

(Shemot/Éxodo 28:17, 20-21)

Mientras investigamos y meditamos en los códigos de la parashá (porción) tetzevá, hemos aprendimos que estas piedras preciosas engastadas en oro nos enseñan acerca del inmenso valor que tiene cada uno de los hijos de Israel delante del Eterno. No solamente habla del valor y la importancia de cada individuo, sino de que cada uno está en el corazón del Mesías para ser llevado delante del Eterno perpetuamente. Querido hijo de Israel, tú estás en el corazón del Mesías en este momento. Él está mencionando tu nombre delante del Padre en todo momento. Él lleva casi 2000 años sirviendo como intercesor delante del trono, orando por cada uno de los hijos de Israel. ¡Bendito sea el Eterno por el ministerio de su Mesías!

Hemos estudiado que los sacerdotes tenían que usar vestimentas especiales para el servicio en el santuario. Todas estaban hechas de lino blanco y constaban de una camisa, pantalones, cinturón y turbante. El Kohén Gadol (Sumo Sacerdote) usaba además las vestimentas de oro; jóshen (pectoral), efod (delantal) y tzítz (banda de la cabeza).El sumo sacerdote llevaba un pectoral sobre el cual había piedras brillantes, que llevaban cada una de ellas los nombres de cada una de las tribus de Israel. Pero además es una figura de lo cerca que está Yahvéh de sus escogidos  y lo mucho que ama a cada uno de los creyentes, de tal modo que su propio Gran Sumo Sacerdote (Yeshúa) los lleva sobre Su pecho y muy cerca de Su corazón.

Los nombres de los doce hijos de Israel estaban en estas doce piedras. La piedra número once fue un ónice (cf. v. 20). Esa piedra corresponde al nombre Yosef. Mashíaj ben Yosef, Mesías hijo de Yosef, es el nombre que se ha dado al Mesías sufriente. La piedra de Yosef, ónice, también estaba sobre los hombros. Esto nos enseña que el Mesías como siervo sufriente, hijo de Yosef, llevó las doce tribus sobre sus hombros.

Según el Midrash, junto con los doce nombres de los hijos de Israel también fueron grabadas las letras de los nombres de los tres patriarcas, Abraham, Yitzjak y Yaakov y luego las palabras Shivtei Yeshurún, que significan “las tribus de Yeshurún”. El nombre Yeshurún es el nombre más sublime del pueblo. Los tres nombres del pueblo son, Yaakov, Israel y Yeshurún, (cf. Deuteronomio 32:15; 33:5, 26; Isaías 44:2).

El pectoral estaba formado por doce cuadros ordenados en cuatro hileras de tres piedras preciosas cada una correspondiendo a cada tribu, tal como vemos en las siguiente imagen:

De esta manera había seis letras en cada piedra, en total 72 letras, incluyendo las 22 letras del alfabeto hebreo. Las seis letras en cada tribu, simbolizaban la creación del mundo en seis días. Esto era necesario para que las sentencias pudieran ser construidas combinando las letras a fin de transmitir mensajes por medio del Urim y el Tumim.

[Nota: Cabe aclarar aquí que las letras que aparecen en esta imagen no fueron las mismas que se grabaron en el pectoral del juicio. Allí fueron grabadas las letras hebreas arcaicas. Las letras que actualmente son llamadas “hebreas” en realidad están derivadas de las letras arameas. Después del cautiverio babilónico fueron sustituidas las letras originales hebreas por las arameas, inclusive en el texto sagrado del rollo de la Torá. Así que hoy en día estamos leyendo hebreo con letras arameas, o judaicas, de la misma manera como estamos leyendo español con letras latinas.]

Volviendo a la distribución de las doce piedras, diremos que, además del nombre de la tribu, las piedras llevaban el nombre de los Patriarcas, Abraham, Itzjak y Yaakov, así como las palabras Shivtei Yeshurún (las tribus de Dios), distribuidos de tal modo que en cada piedra había seis letras, lo que totalizaba todo el alfabeto, necesario para la combinación de los mensajes de los urim ve´tumim.

Las matriarcas estaban representadas en las cuatro filas.

El total de letras, 72, corresponde a las 72 letras que componen el nombre de Dios y que sostuvieron la creación durante la formación del mundo. Los urim ve´tumim eran pergaminos en los cuales Moshé había escrito las 72 letras del nombre oculto de Dios y que hacían que el pectoral se alumbrara para dar respuestas a través de las distintas combinaciones de letras, a las consultas o decisiones que afectaban a todo el pueblo de Israel o a un tribunal para la obtención de una sentencia definitiva.

Recordemos que las piedras estaban colocadas según el orden de nacimiento de los hijos de Yaacov.

La Sabiduría divina enseña que cada una de las tribus de Israel representa una sensibilidad o sentido particular del alma mesiánica:

  • Yehudá se asocia al habla,
  • Isacar al pensamiento,
  • Zebulún al movimiento,
  • Reubén a la vista,
  • Shimón a la audición,
  • Gad al trabajo,
  • Efraim a la sexualidad,
  • Menashé al olfato,
  • Benjamín al dormir y los sueños,
  • Dan a la ira justiciera,
  • Asher al comer y
  • Neftalí a la risa.

Cada tribu tiene su propio sentido o sensibilidad, donde encuentra gracia (jen). Justamente la palabra para pectoral, joshen (חושן) es en realidad una abreviatura de jush jen, que significa «un sentido de gracia«. Por supuesto, cada idea codifica una riqueza de información que debe ser elavorada en profundidad para ser apreciada. Es también importante recordar el principio de interinclusión, según el cual todos los sentidos tienen dentro de si una traza de todos los otros. No son mutuamente excluyentes, sino que más bien están conectados esencialmente y entramados con los otros, formando un sólo conjunto unificado.

Las piedras están colocadas sobre el pectoral de arriba abajo y de derecha a izquierda, según el orden del nacimiento. Había tres piedras en cada hilera habiendo un total de cuatro hileras. La siguiente es una lista de los nombres de las tribus (hijos) de Israel, el significado del nombre, la piedra y el color de la misma. (Nota: es difícil traducir algunas de las palabras antiguas por términos modernos. Por lo que es factible que encuentre usted diferentes listas de piedras, dependiendo de la traducción de la Biblia que use usted. Esta lista procede del «Temple Institute»). En las distintas fuentes y traducciones (Onkelos, Yerushalmi, Yonatán y otras) se le asignan diferentes identidades y colores a aquellas piedras del pectoral que figuran en las Escrituras y que en esta ocasión se hará mención a la utilización con mayor frecuencia.

  • Rubén significa hijo de y la piedra es el rubí (roja)
  • Shimon significa erudición y la piedra es el jade (verde)
  • Levi significa señorío y la piedra es la ágata (roja, blanca y con franjas negras)
  • Judá significa adoración y la piedra es el carbunclo (azul verdoso)
  • Isacar significa asociación y la piedra es lapis-lazuli (azul)
    Zabulón significa compañerismo y la piedra es el cuarzo de cristal (transparente)
  • Dan significa juicio y la piedra es la turquesa (azul)
  • Neftalí significa mano de obra, arte y la piedra es la amatista (púrpura)
  • Gad significa compañerismo y la piedra es la ágata (gris)
  • Aser significa comunión y la piedra es la aguamarina (Azul verdosa)
  • José significa liderazgo y la piedra es el onix (negra)
  • Benjamín significa herencia y la piedra es el ópalo (una piedra que posee todos los colores)

La composición del pectoral del Sumo Sacerdote muestra que sólo cuando cada tribu cumple su rol y realiza su contribución particular y necesaria a la nación en conjunto, el alma colectiva de Israel puede alcanzar la perfección y la consumación. Y sólo entonces la voluntad objetiva de Dios para la creación, representada por las letras brillantes del pectoral, se pondrá de manifiesto como un estado de gracia, paz y armonía dentro del pueblo de Israel y entre las naciones.

Dicho de otra manera, el Sumo Sacerdote procuraba el consejo divino por medio del pectoral cuando era necesario para el pueblo hebreo conocer el deseo del Eterno en relación a un asunto específico del momento. El oráculo tenía doce piedras, organizadas en un cuadrado de tres por cuatro, representando a cada una de las tribu y como tal simbolizaba la unificación y armonía perfectas de los doce arquetipos o clases de personalidades de Israel. Cuando cada uno lograba su máximo potencial, individualmente y en relación a los demás, entonces la armoniosa perfección, que era la revelación de la voluntad de Yashvéh, se revelaba como profecía en el pectoral.

El Corazón Pastoral de un Líder.

Un tzadik (justo) como Aharón percibe el sentido especial de cada persona. El Sumo Sacerdote (Kohen Gadol), en su corazón era sensible a los cambios sutiles que tienen lugar en cada tribu, así como aquellos que se producen en cada alma. Está lleno de amor y preocupación por todos. Él «ama la paz/integridad y persigue la paz/integridad«.

¿Qué significa el «Pectoral del Juicio«? Rashi dice que significa «expía la corrupción de la justicia«. Pues bien, este elemento de la vestimenta  representaba que el corazón de Aarón, y de todo Sumo Sacerdote, infunde a todos el amor mutuo, hasta que todos se perdonan mutuamente de todo corazón si han adquirido o hecho algo injustamente. De esta manera todo queda expiado.

Aharón es todo corazón. Su nombre en hebreo אהרן es igual a ocho veces lev (לב), que significa corazón. Este número está relacionado a las ocho vestiduras del Sumo Sacerdote. En guematráa, joshen es igual a Mashiaj (משיח), lo que revela que el Mashíaj siente a toda la nación de Israel dentro de su corazón, tal como está escrito en el libro del profeta Ishaiahu:

«Él seguramente carga nuestros padecimiento». 

(Isaías 23:4)

Este es el secreto del liderazgo del Mesías. Esta es la clave de Su diseño de Corazón Pastoral. En el cuarto evangelio, el apóstol Juan nos presenta a Yeshúa como el Pastor que conoce a sus ovejas por su nombre:

«A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y á sus ovejas llama por nombre, y las saca.»

(Juan 10:3)

Los nombres de la tribus en el pectoral representan también los nombres de los auténticos creyentes, que están escritos en el corazón de Yeshúa, nuestro Gran Sumo Sacerdote. Los nombres están grabados en la piedra y no pueden ser borrados, de la misma manera que nosotros tampoco podemos perder la vida eterna una vez que hemos depositado nuestra fe y confianza en Él.

«Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.»

(Juan 10:28)

Por último, es interesante notar que las piedras con los nombres de los hijos de Israel están más lejos del corazón que el Urim y el Tumim. Esto nos revela que la voluntad del Eterno siempre debe ser más importante para un sacerdote que los hombres. Por lo tanto, tiene la máxima prioridad, y es la cosa más cercana al corazón. Este es el resultado del Pacto Renovado, como está escrito en :

Porque por una ofrenda él ha hecho perfectos (tumim) para siempre a los que son santificados. Y también el Espíritu de santidad nos da testimonio; porque después de haber dicho: 

ESTE ES EL PACTO QUE HARÉ CON ELLOS DESPUÉS DE AQUELLOS DÍAS: PONDRÉ MIS LEYES EN SU CORAZÓN, Y EN SU MENTE LAS ESCRIBIRÉ (urim),

añade: 

Y NUNCA MAS ME ACORDARE DE SUS PECADOS E INIQUIDADES (tumim).

(Hebreos 10:14-17)

Cada vez que un líder mesiánico ora por los preciosos hermanos que están en su corazón, tiene el Urim y el Tumim como base, pidiendo que la voluntad del Eterno sea revelada y que las personas puedan cumplirla y llegar a ser perfectas, como está escrito por el apóstol Pablo en su epístola a los Filipenses:

“Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros (todos los nombres en los hombros), por vuestra participación en las buenas nuevas desde el primer día hasta ahora, estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra (urim), la perfeccionará (tumim) hasta el día del Mesías Yeshúa. Es justo que yo sienta esto acerca de todos vosotros, porque os llevo en el corazón (el pectoral), pues tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación de las buenas nuevas, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia.”

(Filipenses 1:3-7)

A los discípulos de Corinto les escribía:

“Y rogamos a Dios que no hagáis nada malo (urim)… 

Pues nos regocijamos cuando nosotros somos débiles, pero vosotros sois fuertes; también oramos por esto: que vosotros seáis hechos perfectos (tumim).”

(2 Corintios 13: 7a, 9)

Así mismo a los creyentes de Colosas les escribía:

Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por vosotros (todos los nombres en los hombros) y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual (urim)para que andéis como es digno del Señor (tumim), agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios (urim); fortalecidos con todo poder (tumim) según la potencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia (tumim), con gozo dando gracias al Padre que nos ha capacitado (tumim) para compartir la herencia de los santos en luz (urim).”

(Colosenses 1:9-12)

“A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría (urim), a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en el Mesías (tumim).”

(Colosenses 1:28 )

Evidentemente estas dos aristas regían la pedagogía paulina:

“…porque en todo fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en todo conocimiento (urim)

… el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesús el Cristo (tumim).”

(1 Corintios 1:5, 8)

Así mismo Pablo da revela que para esto fueron dados como hombres-dones los cuatro ministerios del corazón pastoral:

“Y él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos (tumim) para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo del Mesías; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno (urim) del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud del Mesías (tumim).

(Efesios 4:11-13 )

¡Que Glorioso es nuestro Abba! Nuestro Gran Sumo Sacerdote, Yeshúa HaMashiaj, nos guarda, nos ama, y nos guía, diariamente mientras se mueve en intercesión delante del Trono del Eterno.

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¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

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Sólo hay Buen Futuro, si existe Arrepentimiento y Amor

Por P.A. David Nesher

 

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.”

(Mateo 6:14-15)

 

Nuestro Maestro y Mesías Yeshúa dijo que si no perdonamos las ofensas que los demás nos han infligido, tampoco nuestras ofensas serán perdonadas.

Aunque esto es una consecuencia lógica de «la ley de la siembra y la cosecha», también es parte de la tradición ética del pensamiento hebreo que siempre ha sostenido que:

«Quien quiere «Olam Haba», se asegura primordialmente que a su «Teshuvah» no le falte «Ahavah»».

 

«Olam Habah» es la expresión hebrea para «el Mundo que ha de Venir» (también llamado «la vida eterna«).

«Teshuvah» es el hebreo para «arrepentimiento«.

«Ahavah» es la palabra hebreo para «amor«.

 

Este juego de palabras, significa que:

«Quien quiere entrar en la Vida Eterna (o Mundo Venidero),debe asegurarse de que a su «arrepentimiento», se fundamente y manifieste en el amor perfecto que practica el perdón compasivo.»

Debemos perdonar a otros hombres sus ofensas, de lo contrario el Padre no nos perdonará las nuestras. Siempre tengamos en cuenta que nuestro corazón deber ser un Templo donde sólo reine Yahvéh. Él es el amor perfecto, como dice el apóstol Juan en su primera epístola, y como tal aborrece el odio y el temor. Este trabajo cotidiano garantiza un Reposo maravilloso en ese Reino Milenial del que Yeshúa quiere que formemos parte.

¿Dos «Piedras Mágicas» o Dos Hombros Compasivos?

Por P.A. David Nesher

«Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel; seis de sus nombres en una piedra, y los otros seis nombres en la otra piedra, conforme al orden de nacimiento de ellos.
De obra de grabador en piedra, como grabaduras de sello, harás grabar las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; les harás alrededor engastes de oro. Y pondrás las dos piedras sobre las hombreras del efod, para piedras memoriales a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Yahvéh sobre sus dos hombros por memorial.
Harás, pues, los engastes de oro, y dos cordones de oro fino, los cuales harás en forma de trenza; y fijarás los cordones de forma de trenza en los engastes.»

(Éxodo/Shemot 28: 9-14)

Hemos ya visto que el pectoral era una prenda que el Sumo Sacerdote llevaba sobre el pecho cuando entraba en el Mishkán (Santuario) o tenía que decidir cuestiones de gran importancia.

Era la vestidura más importante que llevaba el Sumo Sacerdote. Esta prenda representa la parte de sus vestiduras descrita  como «vestiduras de salvación«:

«En gran manera me gozaré en Yahvéh, mi alma se alegrará en mi Dios;

porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas.»

(Isaías 61:10)

Recordemos que esta prenda consistía en una pieza de bordado doble, cuadrada de 25 centímetros, de tela muy fina. Estaba engarzado con doce piedras preciosas, cada una de las cuales tenía grabado uno de los nombres de las doce tribus y estaban colocadas en el mismo orden que le correspondía a las tribus en su campamento en el desierto. Así, el sumo sacerdote llevaba simbólicamente los nombres de las doce tribus sobre su corazón cuando estaba delante de Yahvéh.

El material del efod del sumo sacerdote era de la misma clase al usado en la confección del velo del Mishkán, con hebras de oro tejidas en él para añadirle a su «honra y hermosura».

El frente y parte posterior del efod estaban unidos con «hombreras». Se colocaron dos «piedras de ónice», en «engastes de oro», sobre estas hombreras.

La palabra hebrea para «ónice» (shoham). Es interesante saber que la expresión “shohám” ( שהם ) podría remitirse a la raíz “séh”, que significa “cordero”, o bien a la raíz “shovéh”, que significa “ser semejante«. Shohám (traducido como «ónice») se refiere a una piedra muy preciosa que podía «brillar como el fuego». Esto marca diferencia respecto al  ónice que se conoce hoy, «que no es ni precioso ni brillante».

El ónice es una piedra que tiene capas blancas que se alternan con otras negras, marrones, rojas, grises o verdes. Parece que el color pálido producido por la combinación de las capas rojas que se transparentan a través de las translúcidas capas blancas de esta piedra les recordaba a los griegos la uña, llamada en griego ó·nyx. Desde tiempos remotos se ha utilizado el ónice en adornos, sortijas y cuentas. Sus capas de diversos colores lo convirtieron en una gema especialmente popular para los camafeos.

Es la primera piedra preciosa mencionada en la Torah. En sus primeras líneas se nos cuenta que la “tierra de Hávilá” era rica en ónice en los albores de la historia.:

“El oro de aquella tierra es bueno; allí hay bedelio y ónice” 

(Génesis 2:12)

Ahora bien, el Eterno mostró a Moshé diseños celestiales que enseñaban cómo el Mesías actuaría en Su misión. Por ello, considerar estas dos ónices en las hombreras del efod, resultará muy edificante para nuestra fe. Sabemos por lo que revela este pasaje que en una piedra estaban los nombres Reuvén, Shimón, Leví, Yehudá, Dan y Naftalí. En la otra piedra Gad, Asher, Yisajar, Zvulún, Yosef y Binyamín. Esto significa que había 25 (veinticinco) letras hebreas en cada piedra, 50 (cincuenta) letras en las dos.

El Midrash cuenta como fueron grabadas las piedras. La expresión «en el orden de su nacimiento«, quiere decir que se iban colocando los nombres en las dos piedras de ónix simultáneamente, empezando por la piedra situada a la derecha. A modo de ejemplo, el nombre de Reuvén estaría grabado en la piedra de la derecha, mientras que el nombre de Shimhón, segundo hijo de Israel, estaría grabado en la piedra de la izquierda, y así sucesivamente; de esto resulta que no figuraban seis nombres de acuerdo con el orden de nacimiento en una piedra, y seis en otra, sino más bien, que figuraban alternadamente (Minhah Belulah).

El Midrash también cuenta como fueron grabadas las piedras. Los nombres de las tribus fueron escritos con tinta. Luego fue traído un gusano pequeño como el grano de cebada que se llama shamir. El shamir tenía la capacidad para partir la piedra. Cuando el shamir se comió la tinta, cortó dentro de cada piedra con tal precisión que ni siquiera una minúscula astilla de un diamante se perdió. Como resultado de la incisión. fue grabado el nombre de cada una de las tribus en la piedra de una manera perfecta.

Hemos dicho que Aharón es un tipo del Mesías (es decir, lo representa proféticametne). Aharón llevaba los nombres de Israel ante Yahvéh siempre que el entrara en la Tienda, y se identificaba a si mismo con ellos. Justamente la expresión que se ha traducido «… para piedras memoriales a los hijos de Israel«, debería en verdad decir: «como piedras de recuerdo a favor de los hijos de Israel«. Los sabios intérpretes del hebreo dicen que esto «…quiere decir, que aquellas piedras harán que Aharón recuerde siempre en su pensamiento y en sus oraciones a los hijos de Israel, fijando permanentemente en ellos su pensamiento, y ello lo prepararía para recibir la profecía concerniente a los asuntos de los hijos de Israel. «(Minhah Belulah)

Considerando todo esto, aprendemos que sobre los hombros del Mesías se encuentran los nombres de las doce tribus de Israel, sobre dos piedras negras. Esto nos enseña que cuando el Mesías llevó el madero sobre sus hombros desde la ciudad hasta el lugar donde fue colgado, estaba llevando el pecado de las doce tribus de Israel. Como Israel es la nación sacerdotal, representa a todas las naciones. Así que sobre los hombros del Mesías cargaba el pecado de todo el mundo:

“Debido a la angustia de su alma, él lo verá y quedará satisfecho. Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos.”

(Isaías 53:11)

Es bajo esta cosmovisión que el apóstol Juan relató la pasión del Señor:

“Tomaron, pues, a Jesús, y él salió cargando su viga al sitio llamado el Lugar de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota” 

(Juan 19:17)

En  la primera epístola que Juan escribiera, él testifica acerca de esto así:

“El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros (los judíos), sino también por los del mundo entero.” 

(1 Juan 2:2)

Las dos piedras de ónice sobre los hombros no solamente hablan de la carga del pecado de los hijos de Israel, sino del gran peso que conlleva ser responsable para el desarrollo espiritual de los demás, tal como lo experimentará el apóstol Pablo en su misión :

“Además de tales cosas externas, está sobre mí la presión cotidiana de la preocupación por todas las congregaciones.”

(2 Corintios 11:28)

Esta carga es conocida como la carga del intercesor. La intercesión es un ministerio sacerdotal (cf. Lucas 22:32; Juan 17:9). Sobre los hombros del intercesor pesan aquellos nombres que también están en su corazón. Tiene que llevarlos delante del Eterno en todo momento y mencionar sus nombres constantemente:

“…orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros”

 (Filipenses 1:4)

“no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo mención de vosotros en mis oraciones.”

(Efesios 1:16)

“Doy gracias a Dios, a quien sirvo con limpia conciencia como lo hicieron mis antepasados, de que sin cesar, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones”

 (2 Timoteo 1:3)

“Doy gracias a mi Dios siempre, haciendo mención de ti en mis oraciones.”

 (Filemón 4)

“¿Quién es el que condena? Jesús, el Cristo, es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” 

(Romanos 8:34)

Aquí será muy importante abrir nuestros espíritus para recepcionar una curiosidad profunda en significados celestes. Sabemos que el ministerio del Mesías según el orden de Malki-Tsedek fue entregado a sus discípulos cincuenta días después de su resurrección, en el día de la Fiesta de Shavuot (Pentecostés), cuando el Espíritu fue dado (cf. Hechos capítulo 2). Interesante resultará saber que esos cincuenta días corresponden a las 50 letras de los nombres de los hijos de Israel que están sobre los hombros del Mesías. Yeshúa estuvo 40 días con sus discípulos después de su resurrección (cf. Hechos 1:3). Los diez últimos días antes de Shavuot estaba en el cielo. Si cada letra corresponde a un día, vemos como la letra número 41 corresponde al primer día en el cielo. Esa letra es la primera del nombre Yosef, la yud, que tiene el valor 10. En ese día cuando Mashíaj ben Yosef entró en el cielo empezó el proceso de su glorificación y luego consagración como Sumo Sacerdote. Él fue investido en el cielo con esa ropa verdadera, que también tiene los nombres de los hijos de Israel sobre sus hombros. Así él puede llevar la memoria de los hijos de Israel delante del Padre constantemente:

“Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.” 

(Hebreos 7:25)

Como el Mesías está llevando los nombres de los hijos de Israel en las dos piedras que están sobre sus hombros, hay un constante recuerdo de su muerte delante del Padre a favor de todos nosotros.


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El Efod: Las Fuerzas de Hombros Eternos

Por P.A. David Nesher

“Harán también el efod de oro, de lana azul, lana púrpura y lana carmesí y lino trenzado, obra de diseñador… Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel, seis de los nombres en una piedra, y los seis nombres restantes en la otra piedra, según el orden de su nacimiento. Así como un joyero graba un sello, tú grabarás las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; las engastarás en filigrana de oro. Y pondrás las dos piedras en las hombreras del efod, como piedras memoriales para los hijos de Israel, y Aharón llevará sus nombres delante de Yahvéh sobre sus dos hombros por memorial.” 

(Éxodo 28:6, 9-12)

Entendemos, por la revelación de la Instrucción (Torah) divina, que para que Aharón pudiera ejercer el sacerdocio como sumo sacerdote tenía que utilizar ciertas prendas de vestir. Y las vestiduras señalaban simbólicamente al Mesías y Su Misión. Debo reconocer que es cierto que la mayoría de las instrucciones dadas en el libro del Shemot (Éxodo) no constituyen una lectura apasionante, pero sí nos revelan las dimensiones místicas de la persona de Yeshúa HaMashiaj.

Para comprender las profundidades de la Sabiduría divina, tengamos en cuenta que el Sumo Sacerdote en la Tierra es una sombra del Sumo Sacerdote celestial. Todo lo que Moshé tenía que hacer en el Mishkán (tabernáculo) terrenal era una copia de lo que había visto del cielo. Esto nos enseña que Moshé vio el Sumo Sacerdote celestial.

Tengamos en cuenta que en el cielo no existe el factor físico espacio-tiempo, por lo que las estructuras metafísicas que allí existen no se conforman al factor tiempo que hay en la Tierra. Así que, a pesar de que el Mesías Yeshúa todavía no había nacido, ni había muerto, ni había sido resucitado, ni había sido glorificado ni instalado en su ministerio celestial eterno según el orden de Malki-Tzedek, Moshé lo vio. Lo que vio fue el ministerio futuro del Mesías en el templo celestial.

Con esta cosmovisión en nuestra mente, llegamos ahora a uno de los más esenciales partes de la vestimenta que completa y ensalza la vestidura del sumo sacerdote: el efod.

El efod era esencialmente un ornato, como un delantal, hecho de oro, tela azul, púrpura, lino fino y carmesí. Para que ustedes puedan entenderlo bien, digamos que era una pieza muy elaborada semejante, posiblemente a un chaleco sostenido por dos tirantes. Cada tirante tenía una piedra preciosa en las que estaban grabados seis de los nombres de las doce tribus de Israel. Esto representaba que el Sumo Sacerdote llevaba la carga de toda la nación de Israel sobre los hombros al representarla delante de Yahvéh.

Tal como pueden notar, en este pasaje, el efod es la pieza más colorida portada por el sumo sacerdote, a la vez de ser la más compleja. Tal como todas las otras partes de la vestimenta, el efod representa un aspecto específico del carácter de Yeshúa, el cual nosotros debemos apropiarnos.

¿Qué es lo que el efod significa?

El efod trae un significado espiritual de responsabilidad y fidelidad al propósito eterno de Dios. Después que Yahvéh llena al creyente con Su Espíritu, Él demanda que se vistan con la responsabilidad y fidelidad del Mesías, nuestro gran Sumo Sacerdote, de tal manera que ellos puedan utilizar el poder de Yahvéh, su kedushá (santidad) de una forma responsable, hasta convertirse en justos (tzadikim).

Considerando pues este paradigma de nuestra Gran Vocación, los invito a que analicemos los códigos lumínicos escondidos en la composición de esta prenda.

El efod estaba hecho de los siguientes cinco materiales (o colores): oro, púrpura, morado, y fino lino (blanco). Estos cinco materiales son mencionados siete veces en, exactamente, el mismo orden a través del Éxodo. De hecho, estos materiales siempre aparecen en el mismo orden a través de toda la Escritura. Esto nos sugieres que hay algo espiritualmente significante en estos materiales y en la forma en que son ordenados.

Según Rashí, el efod estaba hecho como una especie de delantal que el kohén ceñía por la espalda a la altura del corazón, debajo de los codos. Su anchura era un poco más grande que la anchura de la espalda de un hombre y llegaba hasta los talones.

El cinto estaba tejido a su borde superior, siguiendo su ancho y prolongándose hacia ambos lados para que pudiera rodearlo completamente y ceñirse con él.

Las hombreras estaban unidas al cinto, en la parte de atrás y llegaban hasta los hombros y un poco más de modo que se doblaban hacia delante hacia abajo. Las piedras de ónice estaban incrustadas, una en cada hombrera. Las dos cadenas de oro fueron insertadas en los dos anillos superiores del pectoral, una a la derecha y otra a la izquierda, y las dos puntas de cada cadena fueron insertadas en el engaste de cada hombrera. Así el pectoral colgaba de los engastes del efod hasta la altura del corazón.

Los dos anillos que estaban en las dos esquinas bajas del pectoral coincidían con los dos anillos que estaban en la parte de arriba del cinto efod, descansando unos sobre otros. Estos anillos fueron atados entre sí con un hilo de lana azul para que el pectoral estuviese pegado al cinto del efod y no se moviese.

Según el Talmud, las cinco clases de materiales estaban trenzadas en cada hilo. El oro se aplanaba en láminas delgadas que se cortaban en hilos finos. Luego se retorcía una hebra de oro con seis hebras de lana azul, una hebra de oro con seis hebras de lana púrpura y así también con la lana carmesí y con el lino. Luego se retorcían los cuatro hilos juntos y así formaban un hilo con veintiocho hebras.

El mensaje revelado en esto es que el ser responsables y fieles al propósito eterno de Dios conlleva el derecho y deber de apropiarse de las virtudes espirituales que estos cinco materiales significan. Estos cinco materiales de hecho forman el efod. Sin estas cinco virtudes, no podemos, fiel y responsablemente ponernos ante el Eterno y solicitar su socorro. Con esto en mente, consideremos ahora el significado espiritual de estos cinco materiales.

  • ORO: Símbolo de lo incorruptible, lo más valioso. En esta prenda representa la Justicia Divina (la rectitud, pureza, santidad), y vindicación de Dios, su perfección y todos sus atributos juntos.
  • AZUL: Representa la majestad y completitud de la deidad. El color azul, en hebreo es Tekheleth, del hebreo “kahlah” que significa perfección, o completitud. El filamento azul en los bordes de su manto era precisamente símbolo de completitud.
  • PURPURA: Significa la autoridad que juzga.
  • CARMESÍ: Representa lo humano. También se le asocia a la sangre y a la vida (Génesis 9:4-5, Deuteronomio 12:23), el sacrificio (Éxodo 12: 13; 23:18;, la remisión de los pecados (Hebreos 9:22, I Juan 1:7; Apocalipsis 1:5), señal del pacto (Éxodo 24:8, Mateo 26:28, Romanos 5:9, Hebreos 9:12; 13:12), la guerra (1Reyes 2:05, 1Crónicas 22:8).
  • LINO TORCIDO: En la antigüedad, era la vestimenta de los nobles y de los sacerdotes, y se escogió debido a que representaba la frescura y limpieza del alma humana. El fino lino torcido en el efod sacerdotal habla de la pureza de vida que se manifiesta en la conducta producto de poner en práctica la Torah y sus preceptos. En la medida que somos limpiados por la sangre del Mesías, nuestra conciencia se limpia, y entonces estamos capacitados para caminar sobre una vida pura, que siempre garantiza el éxito.
El Gran Sumo Sacerdote Intercediendo por la Restauración de las Doce Tribus.

Al comienzo de esta bitácora comenté que sobre las dos piedras de ónice, debían estar grabados los nombres de las doce tribus de Israel (seis en cada piedra). También dije que cuando el Sumo Sacerdote entraba en el Mishkán (Tabernáculo), llevaba escritos dichos nombres sobre sus hombros. Este detalle destaca el poder y la representatividad del Sumo Sacerdote delante del Trono del Altísimo.

¿Recuerdas la parábola que Jesús pronunció sobre la oveja perdida? El pastor del rebaño salió a buscarla y al encontrarla, la trajo de vuelta sobre sus hombros. En los Escritos Mesiánicos (mal llamado Nuevo Testamento) y hablando de Yeshúa HaMashiaj, nuestro Gran Sumo Sacerdote, cumpliendo su rol sacerdotal dice:

«Por lo cual El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.»

(Hebreos 7:25)

En estos días, nosotros estamos disfrutando de vivir después de la primera manifestación del Mesías, cuando vino como siervo sufriente. Después de su resurrección fue elevado, glorificado, investido e instalado en el servicio celestial como nuestro Gran Sumo Sacerdote.

Entonces al estudiar la ropa del sumo sacerdote terrenal podemos saber qué tipo de vestidura tiene el Mesías en el cielo en estos momentos. Sobre sus dos hombros hay dos piedras de ónice. Sobre una de las dos piedras hay seis de los nombres de los hijos de Israel, y sobre la otra los otros seis nombres. El propósito de estas piedras es llevar los nombres de las doce tribus delante del Eterno en memoria para que el Eterno se acuerde de cada una de esas tribus y sus descendientes

Esto nos revela que cuando el Mesías está sirviendo día y noche en el templo celestial como Gran Sumo Sacerdote, está mencionando delate del Todopoderoso los descendientes de los hijos de Israel que están viviendo en el mundo, y posiblemente también los que han muerto esperando la resurrección. Yeshúa el Mesías lleva casi dos mil años intercediendo por la restauración de las doce tribus. ¿Crees que su oración será oída?

Cuando los hijos de Israel habían clamado al cielo durante cuatrocientos años vino una respuesta poderosísima desde el cielo, con la liberación de la esclavitud egipcia con todos esos milagros y prodigios maravillosos. ¿Cómo será la respuesta a la oración del Mesías que ha estado clamando durante un tiempo que es cinco veces más largo, con un alma totalmente pura y justa y desde su posición celestial?

¿Cómo será la restauración de las doce tribus?

El profeta Isaías nos da la respuesta, según lo que escribió:

“Y ahora dice el SEÑOR (el que me formó desde el seno materno para ser su siervo, para hacer que Jacob vuelva a El y que Israel se reúna con El, porque honrado soy a los ojos del SEÑOR y mi Dios ha sido mi fortaleza), dice El: Poca cosa es que tú seas mi siervo, para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a los que quedaron de Israel; también te haré luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.”

(Isaías 49:5-6)

Y en  el oráculo del profeta Zacarías leemos:

“Fortaleceré la casa de Judá y la casa de José salvaré, y los haré volver porque me he compadecido de ellos; y serán como si no los hubiera rechazado, porque yo soy el SEÑOR su Dios, y les responderé.”

 (Zacarías 10:6)

 La oración de nuestro Gran Sumo Sacerdote celestial será oída de manera muy poderosa. Las doce tribus serán recordadas delante del Eterno. Y no sólo eso, la salvación llegará a los confines de la tierra junto con la restauración de las tribus. El mundo verá cosas tan poderosas que si se contaran ahora nadie las creería. ¡La oración del Malki-Tzedek celestial será oída! Los nombres que están escritos sobre sus hombros serán recordados y restaurados, y entonces el mundo nacerá de nuevo.

Me imagino que a esta altura del estudio tú te estarás preguntando: ¿dónde está el nombre de mi tribu si yo no pertenezco a las tribus de Israel?   Por el momento solo debes saber que Yahvéh hizo lugar para ti en la Tribu de Benjamín, la cual es la última generación antes de que el Señor regrese. Esto lo sabemos por el oráculo de Moshé que cuando bendijo a Benjamín le dijo:

«El amado del Señor vivirá confiado cerca de él,  y se apoyará sobre sus hombros, pues el Señor lo protegerá siempre.» 

(Deut. 33:12)

Y es que nuestro amado Mesías es capaz de salvarnos más allá de que conozcamos o no nuestra genealogía hebrea. Yeshúa, nuestro Gran Sumo Sacerdote, tiene la fuerza y el poder para hacerlo.

Pues bien, esta es la verdad que sostiene nuestra fe. Cargados en sus hombros, donde Él vaya, nosotros vamos. Él nos lleva sostenidos en sus hombros, su poder nos mantiene lejos de todo principado y potestad, por encima de toda pobreza, enfermedad, caída financiera, por encima de HaSatán (Satanás). Solo ahí podemos tener vista de águila de todo lo que sucede.

Los nombres de las tribus están engravados perpetuamente, no solo escritos, nunca podrán ser borrados por nadie, así que podemos estar seguros que así es con nuestras vidas. Estas cosas están escritas para que sepamos que Él nos sostiene en sus hombros, de donde no nos caemos, no por lo muy bien agarrados que estemos, sino por lo muy bien que él nos tiene agarrados. Aquel que cuida de nosotros no duerme ni se adormece (Salmo 121:4).

¡Bendito sea el Eterno por sus grandes planes! ¡Y bendito sea el Eterno por haber levantado a Yeshúa como el Sumo Sacerdote celestial! ¡Bendito sea Yeshúa por haber sido fiel en llevar la carga y la memoria de los hijos de Israel delante del Eterno durante aproximadamente dos mil años! ¡Digno el Yeshúa el Mesías de recibir honra, gloria, poder y alabanza por su ministerio sacerdotal!

La Vestimentas Metafísicas de un Sacerdote

Por P.A. David Nesher

 “Y harás vestiduras sagradas para tu hermano Aharón, para gloria y para hermosura.
Y hablarás a todos los hábiles artífices, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, y ellos harán las vestiduras de Aharón para consagrarlo, a fin de que me sirva como sacerdote. 
Estas son las vestiduras que harán: un pectoral, un efod, un manto, una túnica tejida a cuadros, un gorro y un cinturón; y harán vestiduras sagradas para tu hermano Aharón y para sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes.

(Éxodo/Shemot 28:2-4)

 Las vestiduras sacerdotales debían estar en consonancia con el señorío del Eterno, a quien los sacerdotes servían, y con la suntuosidad del Mishkán (Tabernáculo) mismo. De ahí la razón de las riquezas de las vestiduras sacerdotales. Las vestimentas  no son para los kohanim (sacerdotes) sólo algo complementario y añadido, sino una parte integral y esencial de su sacerdocio. Por ello, las mismas debían confeccionarse de acuerdo con normas establecidas por el mismo Yahvéh a fin de que nada quedara a merced del azar o la opinión humana.

El servicio de un sacerdote que sirve en el Templo que lleve ropa de todos los días y no las vestiduras sacerdotales no es válido. Del mismo modo, el Sumo Sacerdote es ordenado como tal usando las vestiduras del Sumo Sacerdote. Así pues, las vestiduras servían para tres cosas:

  1. para gloria, (en hebreo kavod),
  2. para esplendor, (en hebreo tiferet) y
  3. para consagrar, (en hebreo kadash), para el ministerio sacerdotal.

Por estas razones, cada prenda estaba metafísicamente diseñada para un máximo desempeño, desde la placa de oro que se colocaba en la frente, hasta las campanas en la basta de la toga (no preguntes por el calzado ya que los kohanim servían descalzos).

Todo sacerdote que servía en el santuario tenía cuatro prendas. Las cuatro fueron:

  • Ketónet– la túnica.
  • Mijnasáyim– los pantalones.
  • Avnét– el cinto, que medía 32 codos (16 metros).
  • Migbáat– el gorro, una larga cinta de lino enrollado.

Todas estas vestimentas estaban hechas de lino blanco.

Maimónides señala que las vestiduras del sacerdote no estaban destinadas a glorificar a los sacerdotes que los usaban. En cambio, las vestiduras de los sacerdotes recordaban al pueblo sobre la grandeza de Yahvéh.

El Sumo Sacerdote tenía también estas cuatro prendas, pero según el Midrash,  el gorro (migbáat) del kohén ordinario era puntiagudo arriba mientras que el gorro del Kohén Ha-Gadol (Sumo Sacerdote) era redondo y por eso era llamado “mitsnefet”.

Además de estas cuatro vestimentas arriba mencionadas, el sumo sacerdote tenía cuatro prendas más. De este modo su vestimenta sumaba un total ocho. En las Sagradas Escrituras, el número ocho simboliza lo sobrenatural que se introduce en lo natural y otorga nuevos comienzos. Por esto también simboliza la salvación. El octavo día es el día después del séptimo día, el día de la resurrección del Mesías, y el día cuando los nuevos cielos y la nueva tierra vendrán, después del séptimo milenio después de Adam. En el octavo día el niño hebreo entra en el pacto por medio de la circuncisión de su carne. Ocho personas fueron salvas por las aguas del diluvio etc. Las cuatro prendas adicionales del sumo sacerdote fueron:

  • Meil– el manto azul.
  • Efod– el delantal.
  • Joshen– el pectoral.
  • Tzitz– la diadema.

Seguramente, con lo que hasta aquí vamos considerando, nos damos cuenta que las vestimentas que debían colocarse los sacerdotes distan de lo que acostumbramos ver y usar en nuestro días. Entonces algunos preguntarán: ¿para qué estudiar esto? Pues bien, la Sabiduría del Eterno quiso que con la explicación de cada una de ellas, ya sea por el nombre, el material del cual estaban preparadas, la forma y la parte del cuerpo que cubrían, descubriéramos el rol espiritual de la vestimenta en nuestra vidas.

Cada vestidura sacerdotal eleva y purifica el significado de cada una de las partes del cuerpo al mismo tiempo que hace tomar consciencia acerca de las cualidades humanas necesarias para canalizar los instintos corporales hacia lo divino.

Para dar algunos ejemplo de lo que dije el párrafo anterior los invito a considerar esto: El “tzitz” (una vincha en la frente) subordina la osadía. La “migbáat” (turbante) sublima el orgullo. El “Joshen” (pectoral) habla de un buen corazón. Los “mijnasáyim” elevan la pasión hacia lo sagrado. Con el mitsnefet cubriendo la cabeza del Sumo Sacerdote, cada hebreorecordaba  que solo debe existir en su conciencia la certeza de que su existencia se debe gracias a que ha sido apartado en este mundo para Yahvéh. Por medio de esto, cada israelita aprendía a desarrollar la cualidad de la humildad. Este turbante se usaba para perder el pecado de la vanidad, y desarrollar la actitud de la sobriedad. Es en la cabeza donde los sentimientos de vanidad se colocan para dominar al ser humano.

Por ello, aún cuando no somos Sumos Sacerdotes en el cargo que cumplían éstos en el “Mishkán” (Santuario), no dejamos de serlo todos en cierto nivel en cada actividad que debemos realizar en el diario vivir. Las formas de nuestro cuerpo responden hasta en su menor detalle a la Sabiduría Divina que así los quiere y pueden y deben ser considerados sagrados en el rol que tienen.

De acuerdo a lo considerado, y para comprender las razones espirituales de la vestimenta, necesitamos, en primer lugar, preguntarnos ¿por qué los seres humanos deben utilizar ropa?

Todos recordamos la historia de Adam y Java (Eva) en el Huerto (Pardes) del Edén. Ellos empezaron «desnudos y sin vergüenza» (Génesis 2:25), pero después de haber comido del árbol del conocimiento del bien y el mal, «ellos se dieron cuenta de su desnudez, y se hicieron vestimentas» (Génesis 3:7). [Recomiendo leer: ¡Desnudos!… ¿De Qué?]

¿Por qué este cambio?

La Sabiduría explica que antes de comer del árbol, Adam y Eva se veían a sí mismos, en principio y por sobre todo, como almas plenas de luz. Ellos sabían que el alma es la esencia del ser humano, y que el cuerpo les servía solamente como una cubierta protectora. Debido a que Adam y Java se enfocaban en el lado espiritual, no estaban conscientes de sus propios cuerpos. Sin embargo, después de comer del árbol, su nivel espiritual bajó y «sus ojos se abrieron» al aspecto corporal exclusivamente. A partir de entonces, el cuerpo comenzó a ser visto como una distracción del alma y por ello debe ser cubierto. Es decir, que el hecho de vestirse está relacionado con el rol que asumió el cuerpo frente al alma cuando se identificaron Adam y Javá con el sabor y el aspecto del fruto prohibido. Así es como nació el concepto de la vestimenta.

Sin embargo, la Torah nos muestra que la ropa, aparte de cubrir a la persona de su vergüenza y de las inclemencias del tiempo, también le sirve como distinción y estado. Desde los códigos de la Torah, el ser humano a diferencia de los animales se viste con ropa. Las vestimentas hablan de la persona.

La palabra ropa en hebreo se dice “Begued”, y está conformada por la segunda, tercera y cuarta letra del abecedario hebreo: Bet, Guimel y Dalet. Sabemos que la primera letra es la “Alef” y alude al Eterno, y todo lo que Él le suministra a la persona humana naturalmente, mientras que a continuación se pretende que la persona desarrolle su potencial, por eso luego de la “Alef”, siguen las letras “Bet, Guimel, Dalet”. Esa es la idea de “Begued” (ropa en hebreo).

Entonces diremos que si bien es más importante ser que parecer, el parecer, también, es importante. La ropa que usamos expresa lo que pensamos que somos y cómo queremos que los demás nos vean. En esta cosmovisión los hebreos más fieles a la revelación llaman a su ropa: «las que me honran«. Cada estilo de ropa irradia una imagen y energía diferente. Si vas caminando por la calle y te encuentras con una persona vestida de verde y botas negras, y portando un rifle; o si tiene una persona con blanco y un estetoscopio colgando de su cuello, ¿acaso necesita preguntar cuál es su oficio?

Vemos en esta porción (parashá) que la Torah nos dice que las vestimentas le confieren status y esplendor a la persona. El Eterno le dijo a Moshé que le hiciera vestimentas sacerdotales a su hermano Aharón, «para gloria y para esplendor«. En otras palabras, la ropa le confiere honor y status a la persona. No es el mismo sentimiento el que provoca ver alguien vestido en ropa de cirujano, al que provoca la ropa de un policía, o la de un deportista. Cada estilo de ropa transmite un mensaje diferente. La ropa que usa una persona de pensamiento hebreo tiene como objetivo apuntar hacia la humildad y la dignidad humana.

En definitiva, las vestimentas son la prolongación de la persona, aludiendo a que se debe dejar las tendencias naturales, para cultivar y desarrollar el potencial, a diferencia del animal que nace desnudo y muere desnudo, no pretendiendo de los mismos, ningún tipo de desarrollo moral.

El servicio del Kohen (sacerdote) es un servicio interno. Tiene lugar en privado, lejos de los ojos del mundo. Vemos entonces que todo lo interno requiere una vestimenta. De acuerdo a las enseñanzas de la Torah el aspecto más importante de una persona humana es su dimensión espiritual (su interioridad); sus talentos, esperanzas, sueños, y otros poderes internos. Por esta razón, el alma humana también tiene su “ropa”: el pensamiento, el habla y la acción. Estas tres «vestimentas» son los canales por medio de los cuales nos expresamos e interactuamos con el mundo que nos rodea. La humildad y la dignidad se expresan no solo por medio de la ropa física; se expresan también ( y yo diría principalmente) por medio de la ropa espiritual, o sea la conducta. Es justamente por medio de esta “ropa” espiritual, (el pensamiento, el habla y la acción) que un redimido se conecta con Yahvéh más que por medio otros poderes internos del alma.

¡Entonces, debemos aceptar que la forma en que vestimos puede traer honor o deshonra a Yahvéh!

Lamentablemente, en muchas iglesias cristianas, e incluso en algunas asambleas del Ministerio Monte Santo, se ha vuelto una pandemia el vestirse casualmente. Es más normal ver a los que se dicen creyente vestirse elegantemente cuando van a un restaurante caro que cuando asisten a los servicios de adoración del Altísimo. Incluso en nuestras asambleas mesiánicas la gente rara vez se viste con lo mejor para guardar el sábado ¿Jeans y camisetas en la Mesa del Cierre de Shabat? La ropa inmodesta e indecorosa se exhibe incluso en presencia de los santos elementos de la Mesa de Comunión. Lo que es más triste, es que muchos creyentes han adoptado el razonamiento que dice así: «Dios no mira el exterior. Él mira y pesa el corazón. Por lo tanto, el exterior no debe importar.» Irónicamente, aquellos que llevan jeans y zapatillas deportivas en los servicios parecen considerarse más intrínsecamente espirituales que los “rígidos” que todavía visten formalmente, porque suponen que su vestido casual refleja un corazón más genuino, que aquellos que ellos denominan (según la viga de su ojo) «legalistas».

Sin embargo, las leyes de las vestiduras sacerdotales demuestran que Yahvéh mira tanto el exterior como el interior, y le preocupa cómo su pueblo se presenta a los ojos del mundo. La forma en que nos vestimos a menudo revela lo que está pasando dentro de nosotros. También refleja sobre quién es Yahvéh para nosotros, y qué significa Su Mesías para nuestras vidas. Vestirse irrespetuosamente en Sus días santos y en Sus santas asambleas es faltar el respeto a su Majestuoso Presencia (Shekinah).

El Kohén (sacerdote) era el transmisor de las órdenes divinas (por medio de los Urim VeTumim ). Además generaba la Paz entre las personas de las doce tribus. También intercedía y buscaba el indulto ante sus hermanos y el Creador (por medio de los Sacrificios en el Mizbeaj). Así pues al observar el atuendo majestuoso que portaba, comprendía las responsabilidades que llevaba encima, y así se motivaba a cumplir con solicitud su trabajo (abodá) sagrado. También su vestimenta le ayudaba a mantener su mente concentrada en el servicio divino, y en la misión para con su nación y el mundo.

Nosotros somos hebreos. En el Mesías, linaje escogido, real sacerdocio (1Pedro 2:9). Representamos el Reinado del Creador.  Somos sus embajadores en este plano físico (2Corintios 5:20). Tenemos que vestir acorde con nuestra misión. El alma humana quiere distinción, mientras que el cuerpo está detrás de otros deleites y placeres. Al cuerpo no le interesa el honor, debido a que esto implica responsabilidad. Si nos consideramos dignos de ser honrados como hijos del Rey, nosotros enviaremos la responsabilidad de estar a la altura de las circunstancias. El cuerpo quiere la libertad de gratificarse sin pensar en las consecuencias. Nuestra alma pide arropar al cuerpo a la usanza de un sacerdote hebreo.

La Torah nos dice que el tipo de ropa que usamos habla mucho sobre nuestro honor y nuestra gloria como seres humanos, creados a imagen de Dios. Este no es un tema masculino o femenino. Es más un tema de dignidad humana. Es por eso que la Torah es tan estricta en cuanto a dignificar la vestimenta. Desviar la atención de la apariencia superficial es esencial para que nos valoren como personas. El Eterno no nos exige vestirnos de manera desagradable. Sino que, no debemos dirigir la atención al cuerpo siendo exuberantes o provocativos.

La parashá Tetzaveh nos revela que en nuestra vocación mesiánica las vestimentas tienen el poder de comunicar . Por lo tanto, necesitamos ser sensibles al mensaje que estamos transmitiendo. Nuestra salud espiritual depende de ello. Porque mientras más digna es nuestra ropa, más libres somos para vernos a través de la luz pura de nuestras almas. Es verdad lo que dicen: la ropa hace al hombre. Cuando nos vestimos dignos, somos tratados de esa manera.

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«Lo Verdadero» del Santuario y el Sacerdocio Celestial

 “Entonces harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aharón, y con él sus hijos, para que me sirvan como sacerdotes: Aharón, con Nadav y Avihú, Elazar e Itamar, hijos de Aharón”

(Éxodo/Shemot 28:1)

 

Hemos llegado a la porción de la Torah que nos relata la elección de Aharón como el Sumo Sacerdote del Israel salido de Egipto. En la porción (parashá) semanal que pasó vimos que el mismo Mishkán representa la Presencia permanente («Shekinah» – שכנה) entre los hombres, por medio del pueblo de Israel.

Ahora, el autor de la Vida, Yahvéh nuestro Dios, quiere que ocurra este «acercamiento» para que Israel comprenda que aquí, en Sinaí, se dio la reparación en la historia espiritual del ser humano. Esto significa que en el inicio de la historia «Adam» (el primer hombre) se ocultó de ante el Eterno y se alejó de Él por su transgresión, mientras que ahora, el ser humano, representado en este caso por Aharon, «será acercado» a Dios a través de Su culto racional. La brecha habrá sido cerrada.

Ahora bien, nosotros, los discípulos de Yeshúa HaMashiaj, entendemos que su ministerio (abodá) sacerdotal es una sombra de un ministerio celestial, en el Tabernáculo verdadero, el Celestial. Por ende, la correcta comprensión del ministerio en el Santuario Celestial nos ratifica en el fundamento de fe que descansamos, y nos edifica para no regresar a los lazos de la religión. Aumentan los días en los que surgen más y más engaños, de toda clase, en materia de dogmas, y por ende necesitamos terreno sólido para nuestros pies. Necesitamos sólidos pilares para el edificio.

Entendemos que Moshé vio todo lo que había en el Tabernáculo Celestial:

“Y mira que hagas según el diseño que te ha sido mostrado en el Monte.” 

(Éxodo 25:40 )

Por ello, sabemos que también vio al Sumo Sacerdote eterno según el Orden de Malki-Tzedek, como nos dejara atestiguado el salmista al decir:

Yahvéh ha jurado y no se retractará:

Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Malki-Tzedek.”

(Salmo 110:4)

Teniendo en su mente y corazón esto, el autor de la epístola a los Hebreos escribió:

“…siendo constituido por Dios sumo sacerdote según el Orden de Malki-Tsedek.”

(Hebreos 5:10)

En unas líneas más adelante amplio la enseñanza de con estas palabras:

“…detrás del velo, donde Yeshúa entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Malki-Tsedek, sumo sacerdote para siempre.”

(Hebreos 6:19-20)

“Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es éste: tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del Trono de la Majestad en los cielos, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre. Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios, por lo cual es necesario que éste también tenga algo que ofrecer. Así que si él estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es copia y sombra de las cosas celestiales, tal como Moshé fue advertido por Dios cuando estaba a punto de erigir el tabernáculo; pues, dice él: Mira, haz todas las cosas CONFORME AL MODELO QUE TE FUE MOSTRADO EN EL MONTE.”

(Hebreos 8:1-5)

La palabra hebrea que en las Sagradas Escrituras ha sido traducida como “diseño” es tavnit, que significa “forma”, “imagen”, “plano”, “modelo”, “copia”, “estructura”.  Esta expresión viene de la raíz baná, que significa “edificar”, “construir”, “tener hijos”, “reparar”, “levantar”.

La palabra “verdadero” tiene que ser entendida desde el punto de vista hebreo, ya que la carta apunta a una comunidad que posee esta mentalidad. Esta tarea de comprensión es muy necesaria realizarla ya que, según el concepto griego, lo que se denomina “verdadero” se entiende, en primer lugar, como algo que está en contraste con lo falso, lo ficticio, lo irreal. Esa es también, la cosmovisión occidental que nosotros tenemos al leer (o escuchar) esta expresión. Pero según el pensamiento hebreo, lo verdadero tiene que ver más con lo seguro, lo estable, lo duradero, lo fiable y lo eterno.

La palabra greiga que se usó en la traducción griega de Hebreos capítulo 8, para verdadero es aletheía  que significa “lo que ya no está escondido”, “lo que revela lo oculto”, “lo que realmente existe”, “la realidad que está detrás de toda realidad ficticia”. Por lo tanto, el concepto griego de lo verdadero está relacionado con el dualismo filosófico donde se cree que lo que verdaderamente existe es lo invisible al ojo humano, lo inmaterial, el mundo de las ideas. Según la filosofía griega, lo material es algo irreal, falso y malo. Con estos conceptos débiles del raciocinio griego, la Roma Imperial someterá la doctrina mesiánica de los discípulos del Camino, y lo transmutará a lo que decidieron llamar cristianismo.

En cambio, el concepto hebreo de lo verdadero no está basado en ese dualismo platónico, sino en lo que es firme, duradero y fiel. La palabra hebrea para verdadero es emet (verdad). Esa palabra viene de aman, “soportar”, “confirmar”, “ser fiel”, “creer”. De amán se deriva la palabra hebrea para fe, emuná. Así mismo, la palabra amén viene de la misma raíz.

Así que cuando se habla del “Tabernáculo Verdadero”, no se está refiriendo a que el tabernáculo terrenal no sea real, sino que se debe entender como un tabernáculo estable, duradero y eterno. Entonces, cuando en las Escrituras hebreas las cosas celestiales son comparadas con las terrenales son llamadas “verdaderas”, pero esto no significa que las terrenales sean falsas, o ficticias, insignificantes o malas. Más bien tiene que ver con la idea de que las cosas celestiales son FIRMES y DURADERAS. Así lo enseñaba el apóstol Pablo a sus comunidades de discípulos, al insistir en que las cosas invisibles son eternas, pero las cosas visibles son temporales:

“…al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 

(2 Corintios 4:18)

En los profetas existía esta cosmovisión. Así por ejemplo lo expresaba el profeta Jeremías:

“Más Yahvéh es el Dios verdadero (emet); él es Dios vivo y Rey eterno

(Jeremías 10:10)

Observemos la comparación entre “verdadero” y “eterno”.

En el cuarto Evangelio, escrito por el apóstol Juan (emparentado con la casa sacerdotal) prevalece también esta forma de considerar lo verdadero. Veamos algunos ejemplos:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.” 

(Juan 1:9)

 

“Y Yeshúa les dijo: De cierto, de cierto os digo:

No os dio Moshé el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.” 

(Juan 6:32)

:

“Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.” 

(Juan 6:55)

 

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.”

(Juan 15:1 )

En todas las comunidades mesiánicas del primer siglo está latente esta forma de considerar a lo verdadero. Por ello, el autor de la epístola a los Hebreos escribió:

“Porque no entró el Mesías en el santuario hecho de mano, figura del verdadero.” 

(Hebreos 9:24)

Desde todas estas consideraciones, podemos llegar a la conclusión de que cuando en las Sagradas Escrituras se habla del “verdadero” Tabernáculo no es en contraste con el terrenal. La palabra “verdadero”, en referencia al Santuario Celestial, no está usada para menospreciar el Tabernáculo (Mishkán) en el desierto o el Templo que estaba en Jerusalén, sino resaltar la grandeza, la perfección y la estructura eterna del Tabernáculo Celestial, el cual es el modelo original para el Tabernáculo y el Templo terrenales. Por eso es que en el libro de la carta a los Hebreos está escrito: “el más amplio y más perfecto Tabernáculo”  (Hebreos 9:11 )

Lo “verdadero” es lo más amplio, lo más perfecto y lo más duradero en contraste con lo terrenal que es más pequeño, menos perfecto y corruptible.

Ahora bien, ya posicionados en esta mentalidad, debemos reflexionar y decir que, así como hay un Tabernáculo verdadero eterno y celestial, también existe un sacerdocio verdadero, eterno y celestial como también está escrito en la carta a los Hebreos:

“De la misma manera, el Mesías no se glorificó a sí mismo para hacerse sumo sacerdote, sino que lo glorificó el que le dijo:

HIJO MÍO ERES TU, YO TE HE ENGENDRADO HOY (habla de la resurrección); como también dice en otro pasaje:

TÚ ERES SACERDOTE PARA SIEMPRE SEGÚN EL ORDEN DE MALKI-TSEDEK. 

El Mesías, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente; y aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció; y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen, siendo constituido por Dios sumo sacerdote según el orden de Malki-Tsedek.” 

(Hebreos 5:5-10)

Este texto nos enseña que después de la resurrección, el Mesías Yeshúa fue introducido en el Sacerdocio Celestial, según el Orden de Malki-Tsedek.

En la misma epístola podemos leer:

“Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Yeshúa, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe.”

(Hebreos 4:14)

La expresión “trascendió los cielos” hace referencia a la investidura sacerdotal de Yeshúa, de la misma manera como el sumo sacerdote Aharón entró en su ministerio por medio de una investidura. En las Escrituras los cielos son comparados con la ropa del hombre. Los cielos son la ropa del Mesías:

“Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos.

Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados.

Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin.” 

(Salmo 102:25-26)

Considerando estas maravillas de la Revelación, entonces podemos decir que la consagración de Aharón fue una sombra profética de la consagración celestial futura del Mesías.

 

“Harás asimismo el manto del efod todo de lana azul. La abertura para la cabeza estará doblada hacia dentro; alrededor de la abertura habrá un borde de labor de tejedor, como la abertura de un coselete será, no se romperá.”

(Éxodo 28:31-32)

 

Las vestiduras sacerdotales eran hechas para honra y hermosura. Ya que había en si algo gloriosos y hermoso en verdad, algo celestial sobre el servicio sacerdotal, y era apropiado el hacer vestiduras gloriosas y hermosas.

Cuando Aharón fue vestido con el manto azul del efod, estaba haciendo un acto profético que hablaba acerca del momento cuando el Mesías iba a trascender los cielos, después de su resurrección. La cabeza de Aharón estaba encima del manto azul y su cuerpo debajo. De la misma manera el Mesías, que es la cabeza de su cuerpo, está sentado sobre los cielos, y su cuerpo está debajo de los cielos.

Cuando dice “no se romperá” el Eterno estaba revelando que el ministerio celestial del Mesías, según el orden de Malki-Tsedek, no se acabaría por falta de lugar o genealogía. Es eterno. El ministerio levítico está basado sobre hombres mortales, pero el ministerio según el orden de Malki-Tsedek esta basado sobre una vida indestructible:

“Y esto es aún más evidente, si a semejanza de Malki-Tsedek se levanta otro sacerdote, que ha llegado a serlo, no sobre la base de una ley de requisitos físicos, sino según el poder de una vida indestructible. Pues de El se da testimonio:

TÚ ERES SACERDOTE PARA SIEMPRE SEGÚN EL ORDEN DE MALKI-TSEDEK.”
(Hebreos 7:15-17)

Como Malki-Tsedek es presentado en Génesis 14 sin genealogía, es como si fuera eterno. Por eso el Eterno jura que el ministerio sacerdotal del Mesías tiene que ser según el orden de Malki-Tsedek que es de carácter eterno. Esto nos enseña que Yeshúa no pudo entrar en ese ministerio hasta después de su resurrección, puesto que no era inmortal antes de morir. El ministerio de Malki-Tsedek fue iniciado cuando el Mesías fue levantado de los muertos y luego elevado muy por encima de los cielos.

Todo el ministerio del sumo sacerdote Aharón en el tabernáculo, incluyendo su vestimenta, nos habla del ministerio que el Mesías tiene desde su resurrección hasta ahora. Esta es la razón por la que la Torá está entrando en todos los detalles acerca de la ropa del sumo sacerdote. Cuando la Torá resalta un tema y lo repite, es porque es muy importante para el Eterno. Y lo que es importante para él es importante para sus hijos.

El Sumo Sacerdote Aharón simboliza al Mesías en su ministerio celestial. Los hijos de Aharón simbolizan los hijos que el Mesías subió a la Gloria (Heb. 2:10), es decir todos los que son sus discípulos. Ellos también recibieron un ministerio sacerdotal según el orden de Malki-Tsedek a partir de la resurrección y glorificación del Mesías.

Por todo lo que hasta aquí hemos considerado, es importante que estudiemos y entendamos todas estas sombras (o tipos) para entender nuestra función actual en el Tabernáculo Celestial, por medio de la obra de nuestro Gran Sumo Sacerdote Yeshúa, HaMashiaj.

 

 

Tips Divinos para Tratar con el «Buey» de tu Enemigo

Por P.A. David Nesher

» Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo.
Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo.

(Éxodo/Shemot 23: 4-5)

Al investigar los códigos de Sabiduría de la Torah (Instrucción) divina, descubrimos que en sus esencia misma vibra la idea celestial de no guardar rencor contra el enemigo. Por ello, el mandamiento de hacer bien al enemigo era muy importante, en la adquisición de la energía divina de kedushá (santidad). Esta norma mostraba que la bondad (heb. tov = bien, bondad) y generosidad ( heb. jésed = misericordia) en Israel no era solamente requeridas para aquellos que eran queridos o amados, sino para todo ser humano que perteneciera al entorno de un hebreo. Uno bien no podría necesitar el mandamiento para hacer esto por un amigo, pero era necesario para el enemigo y para aquella persona que lo aborrecía.

El principio de Reino de esta mishpá (norma) era claro: tus sentimientos por otros no determinan el buen o mal comportamiento hacia ellos. Hay principios de justicia los cuales deben de observarse por encima de nuestros sentimientos.

La expresión “enemigo«, en este contexto, tal vez signifique «adversario legal«. La justicia demanda que nosotros les tratemos como a cualquier otro vecino.

Una persona con mentalidad hebrea comprendía, mediante estas sentencias, que la Torah no permite que uno guarde rencor contra el enemigo. Esta es una manera práctica de mostrar amor al enemigo. Así lo expresó el sabio rey Salomón al escribir este protocolo de nobleza gubernamental:

“Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan, y si tiene sed, dale de beber agua.”

(Proverbios 25:21)

La enemistad con alguien puede afectarnos más a nosotros que a ellos; además, no obtenemos ningún beneficio al revivir viejas heridas. Si queremos ser completamente libres, dejemos que el pasado quede enterrado. Entiende que el pasado no se puede cambiar, así que no debemos aferrarnos a él. Si no avanzamos y dejamos ir al pasado, entonces nunca podremos ser libres (Isaías 43:18).

Por ello, nuestro amado Maestro y Mesías Yeshúa, teniendo esta parashá en su corazón, abogó para que sus discípulos vivieran diariamente este tipo de amor:

«Pero Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen, para que ustedes sean hijos de su Padre que está en los cielos; porque El hace salir Su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.»

(Mateo 5: 44-45)

Amar a nuestros enemigos, a quienes nos persiguen y nos hacen sufrir, es difícil; ni siquiera es un «buen negocio». Sin embargo, es el camino indicado y recorrido por Yeshúa para nuestra salvación.

También nosotros, todos nosotros, tenemos enemigo. ¡Todos! Algunos enemigos débiles, algunos fuertes. También nosotros muchas veces nos convertimos en enemigos de otros; no los queremos. Yeshúa nos dice, desde su cosmovisión de esta parashá, que debemos amar a los enemigos.

Recuerda que el amor no es un sentimiento, sino más bien una praxis que se cultiva voluntariamente cada día. La perseverancia es la clave. No olvidemos evitar caer en la posición de víctima, y siempre veamos el ejemplo de Yeshúa.

Seguramente llegar a esta praxis demande tiempo, esfuerzo y mucha paciencia. No obstante, debemos aceptar a estas personas tal y como son; con defectos y virtudes, incluso cuando estemos en desacuerdo con ellos. Recordemos que el Eterno hizo lo mismo con nosotros, Él nos aceptó y amó sin tener en cuenta nuestros pecados.

Por lo tanto, permitamos que Yahvéh sane nuestras heridas y restaure la relación perdida, pero también oremos por el bien de los demás. Pedirle a Dios que nos ayude a entender y amar a estas personas; y nunca perdamos la constancia de esta oración intercesora por aquellos que nos aborrecen y persiguen.

Shalom!

¡Es Tiempo de Restitución!

Por P.A. David Nesher

«Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas. Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte. Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto. Si fuere hallado con el hurto en la mano, vivo, sea buey o asno u oveja, pagara el doble.»

(Éxodo/Shemot 22: 1-4)

Existe un aspecto fundamental para destacar de las mishpatim. Este es que, además de ser instrumentos para resolver conflictos, las mismas contienen el “alma” de la Torah. Es decir, están llenas enseñanzas éticas aplicables más allá del caso particular. Una ley con alma significa que la misma va más allá de una simple consideración monetaria. Un ejemplo de esto lo vemos en cada una de las normas que conforman la aliyá de hoy.

Entre las distintas normativas que el Eterno le dio a Israel en el monte Sinaí, encontramos la llamada «LEY DE RESTITUCIÓN«; una herramienta jurídica, que les permitía a los hebreos contrarrestar las injusticias, y los abusos cometidos contra aquellos que habían sido víctimas de algún robo o perdida de sus bienes de manera injusta. La misma les aportaba además pautas claras acerca de la manera como deberían ser indemnizados los implicados.

La pena por el robo de una oveja que había sido degollada o vendida era restituir el cuádruple; por el robo de un buey, el quíntuple, a causa de su mayor utilidad en el trabajo; pero, si el animal robado era recuperado vivo, una compensación doble era todo lo que se exigía, porque se presumía que el ladrón no era sujeto hábil en el fraude. El ladrón debía restituir el trabajo conforme a los bienes que tomó (Job 20:18).

De este modo, la víctima tenía asegurado el hecho de que todo lo que te ha sido robado, tendría que volver como lo tenía antes. Se le restablecería o se le pondría ese algo en el estado que antes tenía. Volverá al lugar de donde había salido (Lv. 6:1-6; Nm. 5:6-8).

Hoy, el alma de esta norma nos garantiza una promesa divina: saber que cualquier pérdida que hayamos tenido, puede ser restituida si clamamos por la justicia divina, denunciando al ladrón.

Lo primero que necesitamos saber y aceptar es que la restitución es una parte de la teshuváharrepentimiento» o «regreso«) que el Eterno anhela en aquellos que ha redimido. Si no hay restitución del daño hecho a las personas no es un arrepentimiento completo. Hay que hacer todo lo que esté al alcance de uno para que se haga una restitución completa con el 20 % de aumento, como lo vemos en la conversión (teshuváh) que hizo Zaqueo (heb. Zakai):

Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado. Y Yeshúa le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa, ya que él también es hijo de Avraham.”

(Lucas 19:8)

La salvación había venido a la casa de Zakai y por esto él estaba dispuesto a restituir el daño económico que había hecho contra las personas, incluso más allá de la letra de la Torah. La evidencia de que la salvación había llegado a su casa fue que él estaba devolviendo a los que había hurtado y/o engañando.

Apreciado discípulo de Yeshúa, si no devuelves lo que hayas hurtado, y restituyes el daño que hayas causado a otras personas, según todas tus posibilidades, no hay arrepentimiento en tu corazón y la salvación no te ha alcanzado.

No te dejes engañar por la idea dogmática de que todo ha sido hecho nuevo en el Mesías para no asumir tu responsabilidad de restituir a las personas por el daño que hayas causado antes de entregarte al Mesías Yeshúa.

El Camino a la salvación pasa sí o sí por la teshuvá (arrepentimiento y conversión). Los siete pasos de una teshuvá completa son:

Reconocimiento de pecado, (cf. 2 Samuel 12:13).

Sentimiento de pesar, (cf. Jeremías 8:6).

Confesión abierta a Yahvéh y a los hombres, (cf. Josué 7:19; 1 Juan 1:9; Snt. 5:16).

Petición de perdón a Yahvéh y a los hombres, (cf. Salmo 25:11; Lucas 15:18).

Determinación de cambio, (cf. Proverbios 28:13).

Restitución del daño, (cf. Números 5:7; Éxodo 22:1-15; 2 Samuel 21:3).

Si estás meditando en todo esto, me atrevo entonces a solicitarte que no sigas pensando que el Eterno es el causante o promotor de las pérdidas que ha sufrido, no lo culpes más de lo malo que le pueda estar sucediendo; más bien exáltalo por haber creado esta «LEY DE RESTITUCIÓN»; el decreto que en el Mundo de Arriba (el Reino de la Luz) establece que una persona jamás puede ser despojada injustamente de lo que le pertenece, y esto absolutamente nadie lo puede invalidar.

Esta LEY te favorece, ¡¡HAZLA VALER!!

Toma ahora mismo la autoridad que se te ha dado en Yeshúa y demanda delante de Elohim, por medio de la oración, al enemigo, ordenándole que te devuelva absolutamente todo lo que financiera, física, familiar, y ministerialmente te ha robado durante todos estos años, porque él no podrá oponerse más al cumplimiento del propósito eterno de Dios en tu vida.

¡Es tiempo de RESTITUCIÓN!

Te invito a ampliar más la ciencia de este tema ingresando en la Bitácora siguiente:

La Esencia de la Kedushá (Santidad)

Por P.A. David Nesher

“Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron:
Haremos todo lo que Yahvéh ha dicho.
Y llevó Moshé a Yahvéh las palabras del pueblo. Y Yahvéh dijo a Moshé:
He aquí, vendré a ti en una densa nube, para que el pueblo oiga cuando yo hable contigo y también te crean para siempre.
Entonces Moshé comunicó a Yahvéh las palabras del pueblo.
Yahvéh dijo también a Moshé:
Ve al pueblo y consagrarlos hoy y mañana, y que laven sus vestidos y que estén preparados para el tercer día, porque al tercer día Yahvéh descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí. Y pondrás límites alrededor para el pueblo, y dirás: «Guardaos de subir al monte o tocar su límite; cualquiera que toque el monte, ciertamente morirá. Ninguna mano lo tocará, sino que será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá.» Cuando suene largamente la bocina ellos subirán al monte.”

(Éxodo/Shemot 19:8-13)

El Eterno aparecería a Israel de una forma espectacular; y antes de que esto pudiera pasar, el pueblo debería prepararse para ese momento sobrenatural. La gente de las doce tribus debía estar alistado física y espiritualmente para que este encuentro con la divinidad de Yahvéh les permitiera elevarse al plano de las todas las posibilidades de la existencia misma (el 99%). Una vez que sus almas vibraran en esa dimensionalidades metafísicas, cada uno de los israelitas lograría lo que se conoce como Bilá HaMavet LaNétzaj, que se traduce aproximadamente así: «la eliminación el final del dolor, sufrimiento y muerte para siempre«. Este nivel sería el que tenía Adam HaRishón e Ishá en el Gan Eden, antes de la caída. Es el nivel donde se puede saborear el Árbol de la Vida.

Discerniendo esto, el pueblo de Israel contestó por la tarde el segundo día del tercer mes cuando Moshé había bajado del monte. En la mañana siguiente, el tercer día de siván, Moshé subió de nuevo al monte con la respuesta del pueblo: la propuesta divina había sido aceptada sin discusión ni preguntas.

Me gustaría invitarlos a que noten que el texto señala que Moshé convoca a los ancianos, pero quien responde es el Pueblo en su conjunto, y en unanimidad. De este modo se asegura la participación de todos en la Alianza Matrimonial con el Eterno que estaba a punto de acontecer.

El pueblo contestó a una: “…Haremos todo lo que ha dicho el Eterno…”!

Al llegar a esta expresión, los sabios de la codificación hebrea explican que, para ese momento todos los miembros de Israel habían llegado a la plenitud de pureza de Adam antes de su pecado, al punto de asemejarse a los ángeles. Antes de la entrega de la Torah, YHVH había curado a todas las enfermedades del pueblo así como defectos físicos, [Midrash, Pág 163-164].

Lo primero que se nota al decir «el pueblo contestó a una» es que en ese momento, ya no había mudos entre ellos, evidentemente había sido sanados en la trayectoria hacia Sinaí al revelarse YHVH Rafáh. Así mismo leemos que, en el cap. 20, vers. 18, está escrito que todo el pueblo vio las voces (cf. 19:11), lo que muestra que ya no había ciegos entre ellos. Más adelante, en el capítulo 24, verso 7 está escrito que todo el pueblo dijo que iba a escuchar, lo que muestra que tampoco había sordo entre ellos. Evidentemente, las murmuraciones de la primera parte del camino habían quedado atrás y ahora hay una aceptación del diseño del propósito divino para ellos, sin escatimar nada.

Así el Eterno, había preparado a Israel como una Esposa, a fin de «presentársela a sí mismo como una asamblea gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa y perfecta» (Efesios 5:27). Y ahí estaban, al pie del monte Sinaí cerca de tres millones de israelitas, a la espera de escuchar las Palabras celestiales que los elevaría a la misma naturaleza divina que el Adam HaRishón había perdido en su caída (Génesis cap. 3).

La Santidad Verdadera es un Poder divino para poner límites, no una condición de moralidad suprema.

Entonces ya sabemos que en el tercer día del tercer mes (llamado Siván), Yahvéh le comunicó estas palabras a Moshé en la cima del Monte Sinaí. Luego Moshé bajó y habló con el pueblo, y luego subió otra vez con las palabras del pueblo el cuarto día del mes. Esto significa que Moshé tenía que ver que el pueblo se santificara durante el cuarto y quinto días del mes tercero. [A modo de dato, les diré que según la tradición de la exégesis judía la Torah fue entregada el día 6 de Siván]. Aunque fue el día seis del mes, el Eterno está usando la expresión “tercer día” en alusión a la resurrección del Mesías en la cual también manifestó su gloria de una manera extraordinaria.

Un asunto se destaca aquí, y debemos considerarlo con suma atención. El Eterno prometió revelarse a Sí mismo en el Sinaí, pero para ello, Él dijo a Israel: «Guardaos de respetar los límites«. ¡Así es, el Eterno reveló que existían límites que no se podían cruzar! Israel debía de mantener su distancia detrás de dicho límite, y la penalidad por errar en mantener su distancia era la muerte. Cualquier persona o animal que haya sido muerto por acercarse demasiado debía ser tenido como impuro, de tal forma que no se le podría tocar, por lo que ellos debían ser ejecutados con piedras o saetas.

Con esto el pueblo entendió que la santidad (hbr. kedushá) implica reconocer los límites que definen una vida con propósito. Ellos debían aceptar la verdad de que los límites son los que santifican la vida de cualquier ser humano.

Con este método pedagógico Israel comprendió que Santidad (kedushá) significa hacer una división o separación entre una cosa y otra. Es decir que Kedushá es hacer discriminación entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo, lo conveniente de lo que no conviene. Para lograr esto hay que aprender a definir toda situación. Poner límites es la esencia misma de toda definición.

En el Reino de los Cielos hay muchos límites, como hemos visto en relación con la escalera de Yaakov. Hay niveles, límites. Cuanto más santa sea una persona, más podrá acercarse al Eterno. La santidad tiene que ver con acercamiento al Olam Azilut (Mundo de la Emanación).

El pueblo no podía traspasar esos límites. Es muy grave traspasar los límites que el Eterno marca. Siempre trae graves consecuencias. El pueblo no había aprendido esta lección y el Eterno le insta a Moshé varias veces a advertir al pueblo para que no traspase los límites.

El pueblo sólo se podía acercar cuando Dios los invitara, y la trompeta señalaba que la invitación estaba abierta. Al sonar de la trompeta ellos podían llegar al límite de la barrera, pero no podían ir más allá. La palabra hebrea que ha sido traducida como “bocina” o «trompeta» es yovel, que significa “cuerno”, especialmente cuerno de carnero. Según la tradición, este cuerno está representado por uno de los que Abraham tomó del carnero que fue sacrificado en lugar de Yitzjak.

Un Ser Humano con Límites es un Ser Humano verdaderamente Libre.

Volviendo al hilo de nuestra reflexión, entendemos que si hay algo básico sobre la naturaleza humana, es la de una necesidad de límites. Al poner estos límites y al traer la pena de muerte al quebrantarlos, Yahvéh le mostró a Israel que la obediencia es más importante que sus sentimientos. No dudamos de que algunos intrépidos Israelitas sintieron el ir más allá de los límites, pero ellos tuvieron que someter sus sentimientos a la obediencia.

Así Israel entendió el objetivo de su vocación: ser una nación santa (v.6). Lo que caracterizaba a Yahvéh a los ojos de los hebreos era, sobre todo, su santidad, atributo que significaba, además de la incontaminación y pureza, la idea de trascendencia. Esto pues hacía entender que, si Israel quería trascender los planos históricos-físicos, debía acercarse al Eterno e intimar con Él. Ahora bien, para que Israel logrará con éxito este acercamiento y pudiera gozar de la plenitud de dicha intimidad, debía también santificarse, purificarse espiritual y moralmente, llevando unas costumbres más puras que los otros pueblos.

La propuesta dejaba todo bien claro. Como pueblo escogido, Israel tiene que ser santo:

”Porque yo soy Yahvéh su Dios, ustedes se santificarán; y serán santos, porque yo soy santo. No se contaminen por causa de ningún reptil que se desplaza sobre la tierra.

(Levítico 11.44)

”Me serán santos, porque yo, el SEÑOR, soy santo y los he separado de los pueblos para que sean míos.”

(Levítico 20:26)

Por todo esto, el Eterno será llamado “el Santo de Israel”, es decir, el Ser Trascendente, que, a pesar de Su excelencia, e incontaminación, tiene relaciones íntimas con el Pueblo Elegido, para que este pueda cumplir plenamente su misión en la Historia de la Salvación.

Los hebreos entendieron el llamado divino: es necesario apartarse del pecado e incluso de la rutina diaria para dedicarse a indagar en los secretos del Cielo revelados en la Instrucción (Torah) del Eterno.

Evitar el contacto con todo lo que pueda corromper el alma humana es la clave para trascender el mundo ilusorio de la sensorialidad, y penetrar los lugares celestiales para lograr la manipulación de todas las leyes extrasensoriales. Eso es la esencia misa de la Kedushá (Santidad).

Espero que en esta tarde puedas apartarte para romper el estrés del día a través del uso de tu kedushá.

Siempre a tu servicio: P.A. David Nesher

Bitácora Relacionada:

¿Qué es Kedushá y cómo Practicarla?

¡Ven de Tu Esclavitud a Mi Palacio! (Parashá Bo)

Por P.A. David Nesher

 

Esta semana estamos investigando los códigos de la Luz (Or) escondidos en las tres plagas finales de las conocidas «Eser Macot» (Diez Plagas) que culminaron en la liberación de Israel de la esclavitud egipcia.

Se trata de una porción (parashá) de Torah muy especial, denominada Bo («ven ante») y recibe su nombre del primer versículo que lee:

«VaYomer Adoshem el Mosheh Bo el Paró ki ani hijadti et libo»

Traducido al español se lee:

Dios dijo: Ven ante el faraón porque he endurecido su corazón…»)

Encontramos esta parashá en el Libro de Shemot (Éxodo 10:1-13:16).

Como lo expresé al comenzar esta bitácora, la parashá Bo relata las tres últimas plagas de Egipto (Mitzraim):

  • la de las langostas,
  • la de la oscuridad y
  • la de la muerte de los primogénitos.

Como enseñan los comentaristas, estas plagas ya no se enfocan en el Imperio de Egipto, como ocurría con las siete primeras, sino que apuntan exclusivamente a la persona misma del faraón (en hebreo paróh).

La expresión Bo usada aquí tiene múltiples significados. Literalmente quiere decir Ven, pero también dicen los sabios de la Guemará aseguran que su significado más lumínico esta oculto en su guematría. Justamente, existe en esta porción de la Torah una maravillosa curiosidad. Es que el valor guemátrico o numérico de la expresión Bo (בא) equivalea 3:

 ב = 2
+
א = 1
_______
3

 Si nos fijamos en las dos letras que componen Bo (בא) vemos una letra Bet (ב) abierta hacia la izquierda donde está una letra Alef (א). Eso nos señala la dirección del propósito eterno de Dios para Su Pueblo.

La letra Bet (ב) significa “casa” y en este caso se refiere a Mitzraim (Egipto), que Éxodo 20:2 define como “casa de servidumbre”.

La letra Alef (א), que representa a la unidad, se refiere a la Torah, que es Una.

Bo (בא) es la porción que codifica la Intención divina: el pueblo de Israel saldría de Egipto para recibir la Torah. En Egipto eran esclavos, pero cuando hayan recibido la Torah serán un reinado de sacerdotes (Éxodo 19:6).

Lo más fuerte de esta curiosidad guemátrica es que esta parashá hay exactamente 106 versículos. Para que entiendan el sentido espiritual de esta curiosidad le diré que si asociamos este número (106) con el número 3, el valor numérico de Bo (בא), veremos que ambos se refieren a los tres componentes centrales del cuerpo humano, según las Sagradas Escrituras: cerebro, corazón e hígado.

Si sumamos las guematrías de Moaj (מח) “cerebro”, Lev (לב) “corazón” y Keved (כבד) “hígado” (48 + 32 + 26), respectivamente, obtenemos 106.

¿Cómo podemos relacionar estos tres componentes con las tres plagas de Bo (בא)?

Las langostas (ארבה) aluden al cerebro. Se ha comprobado que cuando estos insectos forman una plaga aumenta el tamaño de su cerebro.

La oscuridad (חושך) se refiere al corazón, ya que el corazón del faraón estaba oscurecido y era obstinado (Éxodo 10:1),y

La muerte de los primogénitos (מכת בכורות) al hígado, ya que Keved (כבד) pertenece a la misma raíz que Kavod (כבוד), “gloria”, y los hijos son la gloria de sus padres.

Interesante, me resultó haber leído al filósofo judío Maimónides quien enseñó que si unimos las letras iniciales de estos tres componentes, Mem (מ), Lamed (ל) y Kaf (כ), obtenemos la expresión hebrea Melek (מלך), que significa “Rey”. Este gran sabio también nos explica en su Mishnéh Torah:

Con tres coronas fue coronado Israel, la corona de la Torah, la corona del sacerdocio y la corona de la realeza.”

Por eso, al recibirla, el pueblo de Israel dejó de ser un pueblo esclavizado en la sensualidad materialista para ser un pueblo coronado con la majestad del Eterno.

Entonces, cuando nos conectamos correctamente con la historia relatada en la porción Bo, el Eterno nos otorga, por medio de estos códigos, el poder mesiánico para presentir al Ángel de la Muerte cuando entra a nuestras vidas aprovechándose de nuestra obstinación que, nublando nuestro entendimiento, nos conduce a la pérdida de la gloria que se obtiene al tener la Presencia divina.

¿Qué ocasiona la muerte accidental o súbita en los seres humanos?

A lo largo de las Sagradas Escrituras encontramos claramente expresado que nadie muere de un ACV cerebral; nadie muere de un ataque al corazón; nadie muere de cirrosis hepática; nadie muere de algo que está escrito de un certificado médico de muerte. Ninguna de esas cosas son la verdadera causa de la muerte. La muerte es siempre causada por la manifestación de la energía negativa de la actividad del adversario (HaSatán), al cual nos hemos hecho vulnerables, por causa de no guardar los mitzvot (mandamientos) del Eterno.

Así, al ser vulnerables a HaSatán (el Oponente) y su cultura reptiliana permitimos la entrada para que el Ángel de la Muerte actúe en nuestras vidas, dentro de nuestras familias, y de nuestro mundo. Una vez que el camino de entrada ha sido abierto, entonces y sólo entonces el Ángel de la Muerte escoge las formas para ejecutar a su víctima. Él puede escoger el corazón, el cerebro, el hígado, como órganos generadores de esa energía mortal; él puede escoger la muerte en un accidente, etc. Pero esto es simplemente la forma en la cual el Ángel de la Muerte causa la muerte en el cuerpo humano. El camino fue abierto mucho antes.

¿Qué herramienta podemos usar para evitar esta actividad del Ángel de la Muerte?

Los entendidos en el hebreo, explican que hasta la quinta plaga el Faraón no estaba afectado por lo que sucedía en Egipto, es así como a partir de allí, las plagas comenzaron a tocar el interés personal del Faraón.  

No podemos olvidar que el Faraón representa nuestra falta de consciencia sobre el otro, nuestra parte egoísta. Esto nos enseña porque existe el juicio, existe porque solo a través de la afectación propia o del dolor propio comprendemos y somos conmovidos por el dolor del otro. Mientras no somos afectados por lo que sucede en lo externo, somos indiferentes a la pobreza, al hambre, a las penurias y tristezas que los otros experimentan.

Ya hemos aprendido que el Eterno revela que ocuparnos solo de nosotros obliga al sistema de las leyes de causa y efecto a ejecutar la sentencia completa del juicio. Es decir, con cada plaga el faraón tenía la oportunidad de rectificar, pero como no lo hacia entonces el juicio se profundiza aún más. Exactamente igual sucede en nuestras vidas. Si aprendemos después de experimentar el primer golpe, entonces la clemencia interviene deteniendo la sentencia, y anulando la acción ejecutora del Ángel de la Muerte sobre nuestra vida y familia. La idea de las leyes del sistema no es castigarnos, sino corregir el desorden  y caos que provocamos en él.

En otras palabras, si estar sordos y ajenos al dolor del otro profundiza el dolor al punto que abrimos una nueva dimensión de juicio en otro de los mundos, la Torah nos enseña aquí que ocuparnos del otro, tapa las arterias por medio el cual el juicio de muerte desciende. Por lo tanto, cualquier dolor que vivamos en nuestras vidas, cualquier caos, carencia o pérdida es producto de un juicio, y este se aminora o anula cuando ayudamos a los otros, que en el fondo se trata de colocarnos en el centro del Árbol de la Vida.

Por todo esto, el nivel que la parashá Bo otorga es el más básico de nuestra conciencia. Leer y meditar esta parashá nos ayudará a concentrar todos nuestros pensamientos en una dirección proactiva y positiva siempre a favor de nuestros semejantes. El altruismo divino podrá manifestarse permitiendo un mundo más humano.

Esto nos obliga a esforzarnos en la tarea maravillosa de primero conocernos a nosotros mismos. Dicho esfuerzo requiere de mucha auto-observación y auto-análisis. Solo así podemos empoderarnos, y ser el «Moisés» frente a nuestro «Faraón interno» el ego, que abre con su dureza de corazón el camino al Ángel de la Muerte.

En este primer día de la semana, te animo a estudiar esta parashá de Bo ya que en ella aprenderás en forma tácita la manera de aminorar un juicio, y evitar la muerte accidental, antes del tiempo de cumplimiento de tu propósito.

Entonces, ya aprendimos que las siete primeras plagas se refieren al mundo de las emociones, en cambio, al estudiar estas tres plagas notaremos que se toca otro mundo o nivel, que es el intelectual en el plano de lo suprarracional.

Recomiendo que escuchen esta enseñanza respecto a los lineamientos primordiales de la parashá Bo para nuestras almas.

Bitácora Relacionada:
Las 10 Plagas y los 10 «Y dijo Dios» del Bereshit

Cuatro Formas para Construir la Identidad de Israel en Egipto

Por P.A. David Nesher

«Éstos son los nombres de los hijos de Israel que entraron (que llegan a) en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia:
Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad y Aser.
Todas las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta.
Y José estaba en Egipto. Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación.
«

(Shemot/Éxodo 1: 1-6)

La historia del libro de Shemot (Éxodo) comienza donde la historia de Bereshit (Génesis) termina: en una gran familia con una posición crucial en el propósito eterno de Dios y su migración a Egipto.

El relato revela que los hijos de Israel, al descender a Mitzraim (Egipto), lejos de asimilarse a la sociedad egipcia dejándose encandilar por su cultura progresista, tanto en lo social, como en lo cultural y económico, prefirieron permanecer fieles a sus principios. Ellos decidieron mantener fidelidad a sus creencias y mantuvieron alta su fe a través de guardar su cultura hebrea a fin de no perder la identidad de Israel.

Los sabios intérpretes de los códigos de la Torah, aseguran que los doce patriarcas fueron redimidos de Mitzraim (Egipto) en mérito a cuatro cosas que los destacan en su fe y confianza. Estos cuatro méritos están aludidos en el primer verso y son los siguientes:

  1. No cambiaron sus nombres.
  2. No cambiaron su lenguaje, (continuaron hablando hebreo).
  3. No hubo en ellos lashón hará (hablar mal del otro).
  4. No hubo en ellos una conducta sexual inapropiada (fieles al brit milá o pacto de circuncisión).

Existe un principio de interpretación escritural según el cual, cuando hay una lista de ítems, el último siempre es el que tiene mayor peso. En este caso, esto significa que haber observado el pacto sexual (brit milá) fue lo más influyente en la conservación de la identidad y hacer posible la redención. Es que las primeras dos palabras Veele shemot (“estos son los nombres”), con las que comienza el libro aluden al origen del cuarto y más importante de los méritos: abstenerse de relaciones sexuales inapropiadas. El valor de וְאֵלֶה שְׁמוֹת (Veele shemot) , es exactamente igual al valor numérico de la expresión hebrea “paz y armonía familiar” (שְׁלוֹם בַּיִת , shalom bait).

Pero a fin de lograr cambiar nuestra manera de pensar para que cambie nuestra forma de vivir (Rom. 12: 2) tal como es la voluntad perfecta de nuestra Abba, necesitamos entender la fuerza de estos cuatro méritos.

Los Nombres

En primer lugar, notamos que el versículo comienza expresándose en presente («que llegan») significando que tanto los patriarcas, como sus hijos, durante los años de permanencia en Egipto (Mitzraim) jamás se sintieron arraigados, sino como si recién estuvieran llegando. Eso significa que ellos siempre fueron conscientes de que ese no era su hogar. Evidentemente cuando alguien es Israel tiene plena consciencia de que el mundo material no es su hogar definitivo.

En segundo lugar, consideraremos la expresión: «Los nombres de los Hijos de Israel”. La mismaalude a que ellos conservaron sus nombres en señal de no permitir que su identidad se intoxicara con costumbres egipcias ajenas a su fe. Los sabios describen esto en hebreo utilizando las palabras «descendieron» y «ascendieron” (najtún salkún). Las iniciales de estas palabras (“descender” y “ascender”,  נַ חְתּוּן y סַ לְקוּן) forman la palabra hebrea “milagro” ( נס , nes ), insinuando así que los nombres hebreos contienen el poder milagroso del Mundo de Arriba para sacar a la persona de todo exilio.

Los hijos de Israel no cambiaron sus nombres, y este fue uno de los motivos excluyentes para ser salvados de Egipto. He aquí un gran secreto: ser hebreo y merecer la Gueulá (Redención) es poder perpetuar lo recibido y transmitirlo sin fisura alguna a quienes nos suceden. Y, por sobre todo, sostener nuestro Nombre, la “corona del buen nombre“, que nos libera de cualquier exilio y esclavitud.

El Lenguaje

Nuevamente nos enfocaremos en la expresión “que llegan a Egipto”. La misma también sugiere que ellos no cambiaron su lenguaje. Los comentaristas preguntan por qué el verbo “venir” está en presente y no en pasado, porque cuando el libro de Éxodo comienza los hijos de Israel ya estaban en Egipto desde hace muchos años. Esta pregunta gramatical acerca de esta palabra sugiere que por cierto alude al lenguaje. De esto aprendemos que mientras la persona conserve su lengua madre logra continuar con el sentimiento de que acaba de llegar de su patria. De ese modo, no se cae bajo la influencia de la cultura local.

Por eso, retener su lenguaje los ayudó a retener su sentido de espacio sagrado, la Tierra de Israel. Por la misma razón, el pueblo descendiente de Yaakov continuó siendo conocido como hebreos durante su exilio en Egipto, un nombre que sólo tiene significado en la Tierra de Israel (significa literalmente, “quien ha cruzado el río”, refiriéndose específicamente el Iardén o Jordán).

Habla

Cuando el versículo utiliza aquí la expresión “…con Yaakov” está en verdad aludiendo al mérito de abstenerse de hablar lashón hará (habla dañina), del hermano.

Recordemos que Yaakov es el alma arquetípica de la belleza que produce la compasión. La Torah describe a Yaakov (antes de estancia con su tío Labán) como “un hombre sincero que mora en tiendas “haciendo referencia a su prioridad de estudiar los secretos de de la Torah a fin de servir empáticamente a su prójimo.

Por eso a la virtud divinade Belleza (Tiferet) se la describe como el cuerpo en plena acción de servicio. El pueblo hebreo está asociado con el sentido del corporativismo comunitario. Esto significa que mientras que su sentido de identidad sea fuerte conscientes que todos están “con Yaakov”, no se harán daño, así como la mano izquierda no lastimará a la derecha mientras la mente funcione y ambas manos se identifiquen como parte del mismo organismo. Esto se notará en la manera de hablar unos de otros.

La Familia

Finalmente existe en el versículo una expresión clave: “cada uno entró con su familia”. Eso corresponde explícitamente al mérito de la pureza familiar que se logra al abstenerse de una conducta sexual inadecuada.

En las Sagradas Escrituras la mujer es llamada ”la casa del marido” ( בֵּיתו , beitó ). Incluso una pareja que vive en Egipto, que en hebreo significa literalmente “constricción”, simbolizan la naturaleza difícil y restrictiva que los rodea, en la medida en que permanezcan incondicional y eternamente fieles uno al otro, eventualmente emergerán con riqueza y posesiones como salió el pueblo hebreo de Egipto. Esta fue la promesa que el Eterno le hizo a Abraham avinu cuando le reveló la naturaleza del exilio de Egipto.

Por cierto, la guematría (valor numérico) de las tres palabras “cada uno entró con su familia” ( אִישׁ וּבֵיתוֹ בָּאוּ , ish ubeitó bau ) es exactamente tres veces la guematría del nombre “Abraham” (אַבְרָהָם ). Abraham es el alma arquetípica de la bondad y el amor, indicando que el amor entre marido y mujer puede sobreponerse a todas las formas de los «Egiptos» físicos y espirituales. El amor infinito entre ellos es el reflejo de su amor eterno por Yahvéh.

Los Cuatro Méritos y el Tetragramatón (YHVH)

El mensaje profético que dan estos cuatro méritos es elocuente: los hijos primogénitos del Eterno debemos enarbolar las banderas de la identidad, no sólo en la teoría retórica de los discursos, sino fundamentalmente a través de la proclamación perfecta que realiza la acción, es la única forma de luchar contra toda asimilación reptiliana.

También vale aquí comentar, que los cuatro méritos enumerados son acciones que se corresponden con las cuatro letras del Nombre (HaShem) esencial de nuestro Dios: YHVH (Yahvéh), conformado por las letras yud, hei, vav, hei.

Yud ( י ) Sabiduría: No cambiaron sus nombres.
Hei ( ה ) Entendimiento: No cambiaron su lenguaje.
Vav ( ו ) Belleza o Compasión: No hubo en ellos lashón hará .
Hei ( ה ) Nobleza (Reinado): No hubo en ellos una conducta sexual inapropiada.

(Nota: La explicación de este misterio celestial revelado en este versículo merece una bitácora aparte. Espero que se atrevan a ingresar en ella).


¿Quién es Israel?

Por P.A. David Nesher

Según el libro de Bereshit cuando Yaakov (Jacob) recibió la bendición, después de pelear con el Ángel de Yahvéh en Peniel, se le cambió el nombre por el de “Israel” (Génesis 32:22 -32). A partir de ese momento se les llamó a los hijos de Jacob, que formaron las doce tribus, “israelitas”. El nombre Israel se usa con más frecuencia a partir del peregrinaje por el desierto, cuando salieron de Egipto (Mitzraim), como alusión sustitutiva al término peyorativo de “hebreos”, que le fue dado por los Egipcios durante el cautiverio (Éxodo 32:4, Deuteronomio 4:1, 27:9).

Pero, más allá del dato histórico del relato, es interesante remarcar que, cada vez que el Eterno se dirige a su pueblo siempre le llama “Israel” (Deuteronomio 4:1, 27:9), y esto permaneció hasta que apareció la crisis que dividió el reino, después de la muerte de Salomón.

Ahora bien, es necesario hacernos una pregunta: ¿Quién es Israel?

Volviendo a la primera vez que aparece este nombre, aplicándose a Yaakov avinu, notamos que hasta que el patriarca no logró vencer al Ángel de YHVH no se llamó Israel. Recordemos que «Yaakov» significa «que lo sostendrá por el talón», lo que quiere decir, el que tiene un bajo nivel espiritual.. El nombre Yaakov proviene del sustantivo «akav» que significa «talón». Lo que describe al patriarca en su vieja naturaleza, antes del encuentro en Peniel. Él estaba en su fondo, conectado completamente a su situación terrenal llena de aflicciones.

Pero cuando llega la mañana, Yaakov puede derrotar al mal, eliminando y sobreponiéndose a esa duda. Es en ese preciso instante Yaakov le pide al ángel que le bendiga, y éste le bendice diciéndole: “…ya no te llamarás más Yaakov sino que tu nombre será Israel, porque luchaste con Dios y con los hombres y has vencido…”.

El significado de la expresión “luchaste con Dios” significa que Yaakov luchó con el pensamiento de “… tal vez Dios me haya abandonado, tal vez no valió la pena todo este camino espiritual que yo elegido, tal vez no fue la elección correcta…”, pero al final por la mañana, luchó y venció, es decir, aprender a ver los acontecimientos como pruebas que vienen a despertarnos, como oportunidades de superación que se nos presentan.

El Ángel del Señor le dijo:

“Ya no te llamarás Yaakov, sino Israel”

Fue recién cuando se determinó a pasar de lo más bajo (lo terrenal) a lo más alto (la corona de lo Celestial) que desde lo alto se lo llamó Israel.

La metáfora es bien clara: «para pasar del talón a la cabeza hay que ascender con esfuerzo la distancia que los separa«. Es decir, que solamente cuando algún ser humano acepta salir de las dimensiones físicas y se propone entrar en las dimensiones espirituales, puede ser considerado Israel.

Ahora bien, es muy interesante saber que a la palabra Israel (ישראל) cuando se cambian sus letras se la puede leer de dos formas que expanden la consciencia de su significado. Esas expresiones son:

  • Yashar-El (ישר-אל-Directo a Dios)  esto es, la persona que es recta con Dios, encerrando la idea del ser humano que tiene el anhelo de agradar a Yahvéh en justicia. Señala la actitud que se opone a un dios extraño. Significa que su única intención es que todo sea directo al Creador. En otras palabras, su único pensamiento y deseo es llegar directamente a la adhesión con el Creador. Está hablando de búsqueda apasionada por el Eterno y las ganas de fundirse con Él, haciendo caso omiso al «deseo de recibir sólo para sí» (yetzer hará = inclinación al mal). La expresión Yashar-El también da origen a «shir- El«. Y por eso Yaakov se transforma en Israel “Shir- El”, el que sabe cantar y agradecer a Dios en todas las circunstancias.
  • Rosh Li (ראש לי- «Mi cabeza» o «Una cabeza para mí«) Interpretándose como «Ya soy cabeza» o «Tengo una Cabeza» haciendo alusión a un alto nivel espiritual. Esto significa que él cree que tiene una mente de Kedushá (Santidad) que le permite ascender más allá de toda potestad celestial.

Con esto, nos damos cuenta, al investigar el libro de Shemot, que la Sabiduría de lo alto revela que Israel es el Pueblo único y deseado por YHVH, que se deja conducir por Su Ungido (Mashiaj) a la redención del exilio que provoca Mitzrayim (Egipto), a la zona de verdadera libertad que representa la Tierra Prometida.

A fin de explicar mejor todo esto, necesito recordarles que la palabra Egipto en hebreo es Mitzraim, y viene de la raíz metzar que significa “angostura”, «lugar de límites por angustia«. Esta angostura se refiere a la conciencia limitada en la que vivimos, pensando que la materia controla nuestra vida, la victimización y el egocentrismo.

A su vez «israelitas» no representa una nación sino que la palabra «Israel» viene de la raíz Li Rosh que significa «yo soy la cabeza». Ser la cabeza es todo lo contrario de la angostura, ya que representa la expansión de la conciencia, el poder de la mente sobre la materia y la total responsabilidad en la vida.

Para simplificar lo dicho, la misión de sacar a «Israel de Egipto» significaba liberar a la humanidad de la ceguera espiritual que produce el materialismo, y ser un canal de consciencia espiritual.

Entonces, ¿quién es llamado Israel? Aquel ser humano que ha pasado de talón a cabeza, es decir, que ha subido por los planos espirituales directo en búsqueda de su Creador para estar totalmente unido a Él. Aquel que es capaz de meditar los secretos de la Torah (Instrucción) divina para penetrar las dimensiones celestiales,  venciendo la «zona de confort» que le impusieron sus cinco sentidos.

¿Cuál es la misión del Mashiaj?

Hacer retornar a todos los hijos hebreos, descendientes de las diez tribus perdidas, a la tierra de Israel, es decir, elevar y sublimarlos a lo más alto, hasta ser uno con el Eterno.

Este retorno lo hará ofreciendo y revelando Su Yugo (Mateo 11: 28-29) como Camino correcto para llegar al Eterno, y conocerlos como Padre (Juan 14:6).


Bitácoras Relacionadas:

«¿Cuál es tu Nombre?»… EHYEH ASHER EHYEH… (Yahvéh)

Por P.A. David Nesher

«Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo:
El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?
Y respondió Dios a Moisés:
EHYEH ASHER EHYEH (En hebreo es: «SERÉ EL QUE ACONTECERÉ»)
Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: EHYEH (SERE) me envió a ustedes.
Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel:
Yahvéh el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.» 

(Shemot/Éxodo 3: 14-15)

En este evento sobrenatural en el que Moshé se encuentra con el Creador a través de una zarza ardiente que no se consumía, vemos que Dios presenta su identidad de un manera misteriosa. Moshé imaginaba justamente que el pueblo reaccionaría con una pregunta. Al anunciar el encargo, preguntará: “¿Cuál es Su Nombre?”

Esta pregunta es clave, y es una duda directa hacia la identidad de Dios. El cuestionamiento es al mismo tiempo una petición de información sobre Su Nombre, y de explicación de su significado.

Moshé le manifiesta al Creados que ciertamente el pueblo de Israel querrá saber algo más sobre la Intención de Él hacia ellos. Al preguntarle Su Nombre, en verdad, Moshé no está manifestando que no conozca cuál es el mismo, sin que busca comprender el nuevo tipo de relación que el Eterno establecerá con la Comunidad a la que lo está enviando. En el pasado el Eterno se había relacionado como el Dios de los padres. ¿Qué Intención de relación tendrá ahora con Israel?

El Todopoderoso entrega a Moshé una respuesta que se distingue de aquella destinada al pueblo, en respuesta a su eventual petición. El hecho que la respuesta esté dirigida a Moisés, indica que la pregunta no es tomada de manera superficial. Ésta revela algo de Moisés y del pueblo. Dios dijo: “Yo soy aquel que soy” o mejor dicho «Yo soy el que seré«… o más cercanamente traducido en su literalidad: «Yo fui, soy y seré lo que aconteceré«.  Esta expresión divina es ultra paradójica, ya que se trata tanto una respuesta como un rechazo divino a responder. «Seré» como contestación a la pregunta «¿Cuál es tu Nombre?» parece como la bofetada de un maestro a su discípulo, como un severo rechazo a la propia pregunta.

Entonces para captar realmente la esencia del texto en cuestión, debemos entender que esta pregunta, en realidad, está en el marco de la segunda objeción que Moshé presenta a Dios para el cumplimiento de su misión vocacional. Dios quiere hacerle entender a Moisés que se manifestará según su proyecto de propósito eterno, más allá de todo lo que sus escogidos hayan planificado para sus vidas.

Por ello, enseguida Dios dará una respuesta a la pregunta del pueblo dado a Moisés, «Así dirás a los israelitas: Yahvéh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros». (v. 15). También el pueblo experimentará el Proyecto del Altísimo en su futuro más allá que Israel quiera o no. Una vez explicado el significado del nombre, en una propuesta que es paralela a la del versículo 14, se le da el mismo nombre inefable: Yahvéh el Dios con el que los padres se había revelado. Es él quien ha enviado a Moshé. La parte final del versículo 15 está dirigida nuevamente a Moshé: “Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación”. El nombre se revela no para satisfacer la curiosidad de Israel, sino para ser instrumento de una adoración continua, que permitirá que este Pueblo se transforme en un reinado de sacerdotes (Éxodo 19:6).

Por lo explicado, debemos aceptar que el texto llega aquí a un lugar que se encuentra más allá de las palabras, a la vez que trata de crear una apertura en nuestra conciencia que permita una ascensión al mundo de arriba.

Debo aquí decir que cuando se habla de las cuatro letras o tetragrama no estamos hablando de un nombre civil o una identidad distintiva entre muchas. Más bien estamos hablando de una naturaleza divina que solamente posee en sí mismo el Creador de todo lo existente. Es obvio que si no existe otro Elohim entonces no es necesario distinguir entre lo únicamente distinguido que existe, ya que no hay otro que pueda ser competencia o variedad. Su naturaleza divina consiste en la eternidad del supremo reino que sobrepasa aun los límites del tiempo y del espacio.

Nombre en el idioma hebreo se dice Shem y cuya percepción por un hijo de Israel no es limitado a una identidad civil como sucede en occidente sino a una esencia del ser a quien se refiere. Por ejemplo notemos que cuando Moshé le pregunta por Su nombre, Él responde: «ehyéh asher ehyéh»  («Seré El Que Seré«) y eso fue todo lo que El respondió en cuanto a Su nombre. Buscar una fonética al tetragrama es como tomar literal la Torah, lo cual si sucede así nunca se llegará a comprender su sentido y objetivo, y por mucho que se luche por conseguirlo lo único que se logra es que el tiempo pase sin darnos cuenta y de esta manera descuidamos lo más importante que es accionar en base a la voluntad divina.

«Seré el que Seré» puede querer decir «No tengo nombre, porque ningún nombre podría abarcar lo que realmente soy«. También se puede interpretar: «No importa cómo Me llames , porque lleno todos los nombres (todas la palabras, todas las cosas, todos lo tiempos, y todos los lugares), y cualquier nombre que pretenda describirme Me será realmente un título que exalte Mi Esencia«. El Midrash explica que esta expresión significa: “Yo no soy llamado por ningún nombre permanente; Mi Nombre varía de acuerdo con el modo en que Mis acciones son percibidas por el hombre… El nombre Ehiyé asher ehiyé significa que al igual que Yo estoy con ellos en este exilio; así estaré con ellos en sus futuros exilios.”

La palabra “Ehyêh” (אֶהְיֶה), viene de la raíz primaria “hayâh” (הָיָה) que es un pasado en hebreo que se conoce como conjugación “qatâl”, en la que “hayâh” significa, “el que fue, o ha sido” Por tanto, al ser “Ehyêh” un futuro en primera persona se entiende como “Yo seré”.

La respuesta se vuelve más clara cuando, a lo largo de todas las Sagradas Escrituras, el Tetragramatón (Yud, Hei, Vav, Hei), una combinación imposible del verbo «ser» (Havah). Es decir, que el nombre יהוה  no existe como palabra corriente, sino que es construida a partir del presente del verbo serהוה  (Havéh)  y el prefijoי (yod) que indica la tercera persona del futuro, indicando el ser que es ahora y continúa siendo en el futuro. Se revela como el Nombre correcto para señalar al verdadero Dios, y estaría dando a entender «El que hace Ser«, «El que da el Ser«, o «El que trae las cosas a la existencia«, y desde este supuesto equivaldría en cierto modo a la idea de «Creador omnipotente y eterno». Este nombre fue considerado por Israel como el representante del Or Ein Sof  (Luz Infinita) manifestándose en la Creación con la Intención de traer todo al

Veamos detenidamente esto. La expresión: «Yo Soy El Que Seré», nos indica eternidad sobre todo lo existente. Está diciendo que Dios es el Ser mismo. Todo el Ser; y de aquí surge la frase para definir Su naturaleza divina («El que fue, el que es, y el que vendrá a Ser») que en hebreo se dice:

Cuando se toman las primeras letras de cada término entonces se forma el conocido Tetragrama o Tetragramatón (YHVH). Esta palabra YHVH (Yud, Hey, Vav, Hey) está relacionada con los dos verbos hayá (ser, estar, existir) y havá (existir, devenir, llegar a ser, ocurrir). De este modo el estas cuatro letras estarían pautando que Él Creador que habla y envía es Todo el Ser.

En la mente de Moshé la consciencia se elevó hacia las certezas que aseguran que Todo contiene a Dios. No hay ningún lugar, ningún momento, ninguna cosa, por cierto ninguna persona que no esté llena hasta rebosar de la Divina Presencia. Por esto, el Nombre Y-H-V-H, no debería ser traducido como Dios o Señor, sino más bien como «Es-Fue-Será» o «Es-Fue-Vendrá«. No es en absoluto un verdadero sustantivo, sino que es un verbo que se detiene artificialmente mientras está en movimiento y que se lo hace actuar como si fuera un sustantivo. Un sustantivo que en realidad es un verbo nunca puede ser sujetado de forma muy firme. Ni bien crees que «lo entiendes», cuando entiendes a Dios como «entidad» más o menos claramente definida, ese sustantivo se te escapa y se convierte en verbo otra vez.

Dios es el Ser. Las cuatro letras del Nombre, tomadas a la inversa, deletrean la palabra HVYH, que se pronuncia HaVaYaH, la cual significa «existencia«. Todo lo que es existe dentro de Dios, tal como lo expresara el apóstol Pablo a los atenienses (Hechos 17: 28). Pero cuando damos vueltas esas letras y las convertimos en el Nombre, se agrega el misterio que se le reveló a Moshé desde la zarza. El cosmos que es infinitamente variado le da paso a un único Ser, a Uno en cuya presencia sentimos que estamos de pies, Uno a quien nos permitimos dirigirnos en la oración. Este Uno a quien nos dirigimos en su integridad es infinitamente más que la suma de sus partes. «Dios es el lugar del mundo, pero el mundo no es el lugar de Dios«, será la frase con la que los sabios intérpretes del Tanak (Antiguo Testamento) asegurarán que el universo existe enteramente, y en todos sus planos existenciales, dentro de Dios, pero Dios a su vez permanece trascendente al universo. Un misterio que nunca el ser humano terminará de entender, YHVH (Yahvéh) es infinitamente mayor que HVYH (Havayah).

Entonces el Nombre YHVH (Yahvéh) se vuelve garantía en la conciencia de Moshé. Este Nombre contiene el pasado, el presente y el futuro. Todo lo que fue, es y será existe en una sola simultaneidad porque el abrazo divino es más grande que cualquier división en tiempo lineal. Solo para los mortales , que nos vemos limitados por el tiempo, es real esa división. Yahvéh significa, “él estaba, está y estará”, “él está presente y en absoluto control”. Esto significa que Yahvéh es un Dios activo, cuyo señorío se manifiesta en su acción liberadora en la historia (Ex 3:7-10). Lo decisivo no es el valor lingüístico del nombre divino, sino la relación que en él se expresa entre Dios y los eventos históricos. Él es Eterno, Perfecto, Infinito, Omnisciente, Omnipresente, Omnipotente, Inefable, Incomprensible, Sabio, Santo, es el Creador de todas las cosas, no está limitado a nada, y es el único digno de ser adorado y de recibir culto por parte del ser humano. Él es el mismo de ayer, de hoy, y por los siglos de los siglos. (Hebreos 13:8).

Moshé deberá enseñar a Israel los códigos de este Nombre, ya que los hebreos podrán confiar en lo que dicho Nombre revela, promete y garantiza: un Dios será eficaz para Israel en todo momento.  Ellos captaron por medio de este Nombre el amor perfecto de YHVH por su Pueblo, pues estas letras proclamaban un mensaje de amor:

«Seré el que Seré» (o «Aconteceré en quien aconteceré«),

es decir:

«Estaré con ellos en esta aflicción y estaré con ellos cada vez que me requieran«.

Por esta causa, la fe de Israel no se basó nunca en la etimología del oscuro nombre de Ex 3:14, sino en el hecho que Yahvéh reveló su nombre en su acción poderosa y salvadora en favor de su Pueblo.  Así ellos caminarán en Nombre de su Dios, si Él camina «con ellos» (Miqueas 4:5).

Yahvéh revela a Moshé, desde la zarza, su Intención de darse a conocer y entrar en relación matrimonial con Israel, pero al mismo tiempo, se revela en un Nombre que no puede ser objetivado y manipulado, cuyo sentido puede ser captado sólo a través del actuar histórico del Eterno. Ninguna interpretación teológica podía abarcar su misterio.

Moshé asume así la certeza de que el Nombre que se acaba de revelar no es una definición filosófica de la esencia divina, sino más bien una descripción de su actuar benevolente en el mundo a favor del ser humano, a través de Su Pueblo Escogido. El nombre indica en la Sagradas Escrituras la identidad del Dios que actúa en la historia. Así Moshé encuentra la fortaleza que le garantiza la convicción del porqué y para qué sacará a los hebreos de la esclavitud en Mitzraim.

Ante todo esto, es maravilloso entender que Dios se manifiesta a Moshé revelando Su Nombre. El hombre esclavo de la religión pretende reducir a Dios a una imagen e introducirlo en sus propios esquemas.

En ese sentido se debe recordar cómo en la antigüedad la imagen de la divinidad era considerada como una realidad mágica, poseyéndola era posible dominar al mismo dios. La lucha contra las imágenes de Dios es una lucha contra cualquier intento por reducir al Eterno a un objeto manipulable del hombre, de hacerse un dios para su propio uso y consumo, un dios a su imagen que se conforma a su semejanza. Por lo tanto, al revelarse como Yahvéh, Israel aprenderá que Él es un Dios que se debe escuchar antes de ver.

Por lo tanto, el Altísimo se revela a sí mismo sin ofrecer una imagen, pero buscando una relación con el hombre. Y en la plenitud de los tiempos se descubrirá que esta imagen asume todos los rasgos de un hombre, Yeshúa HaMashiaj. Yahvéh se hará visible en Yeshúa, en el que podemos descubrir la verdadera imagen de Dios (Colosenses 1: 15).

Ampliando pues este estudio, recordaremos que la palabra YHVH (Yud, Hey, Vav, Hey) está relacionada con los dos verbos hayá y havá, lo cual implica que Él es (eternamente), Él vive (y no puede morir) y Él hace vivir (da existencia a todo ser vivo). Él es el que existe por si mismo, el único ser real, el eternamente presente. Él es la fuente de toda realidad, incomparable, sin límite, autosuficiente, eterno e inmutable. Por eso el profeta proclamó:

“¿Quién lo ha hecho y lo ha realizado, llamando a las generaciones desde el principio? Yo, HaShem (YHWH), soy el primero, y con los postreros estoy.”
(Isaías 41:4)

Esto nos enseña que el Eterno no está dentro del tiempo. Él es el primero y al mismo tiempo está con los postreros. Él está en estos momentos presente en el huerto del Edén cuando Adam toma el fruto prohibido. Él está en estos momentos presente cuando su Hijo está derramando su sangre en el madero. Él está presente en este mismo momento en la segunda venida del Mesías y en el juicio eterno. Él está en el pasado, el presente y el futuro al mismo tiempo. Él es Omnipresente. No necesita recordar el pasado, ya que Él está en el pasado. Él no necesita pronosticar el futuro, pues está en el futuro. Él es el primero y con los postreros está.

Esto implica que Él no necesitaba ver el futuro y el pasado en el momento cuando el Mesías murió por todos los hombres. Él estaba presente en todas las vidas de las personas que habían vivido, las que vivían en ese momento y las que iban a ser creadas en el futuro. Y por razón de que Él es YHVH, él puede trasladar los pecados de todos los hombres del pasado, presente y del futuro, y colocarlos en el cuerpo de su Hijo a fin de que él pueda morir por todos sin excepción. Así que en estos momentos el Eterno está viendo la muerte de Yeshúa, sangrando por ti. Su muerte está eternamente presente ante el trono celestial.

Por causa de esa muerte tú y yo tenemos acceso a su Trono de misericordia. Por causa de que ÉL ES, podemos nosotros estar con Él y recibir su vida eternamente y para siempre.

¡Bendito sea su Nombre!

Estudiar Torah es el Acto más Importante de un Escogido

«Y estas palabras que te ordeno hoy, han de permanecer sobre tu corazón; y las inculcarás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte y al levantarte;»

(Devarim/Deuteronomio 6: 6-7)

 

Convengamos que estudiar Torah (Instrucción) divina es un Mitzvá (Mandamiento) en sí mismo. Un redimido debe aceptar que la única razón por la que ha sido puesto en este mundo es para que aprenda los secretos de la Instrucción (Torah) del Eterno. Pero además, debe reconocer que este acto tiene sus características propias. Entre ellas podemos citar las siguientes:

La obligación es tanto de aprender como de enseñar. Como está escrito:

«…ושננתם לבניך ודיברת בם»

«Y enseñarás a tus hijos y les hablarás de ella

 

Es un mitzvá (mandamiento) de carácter permanente. Como está escrito:

«…בשבתך בביתך, בלכתך בדרך, ובשכבך ובקומך»

«Sentado en tu casa, cuando anduvieres por el camino, al acostarte y al levantarte

 

El estudio tiene por fin el cumpimiento, la puesta en práctica de aquello que se estudia. Como esta escrito en Dvarim 5:7:

«…ולמדתם אתם ושמרתם לעשתם …»

«Y la estudiarán y cuidarán de cumplirla.«

Hay un pasaje que proclama:

“Ordenaréis a vuestros hijos que los observen, cuidaos de observar todas las palabras de esta Torá… porque ella es tu vida…”

(Deuteronomio 32:46-47)

La implicación aquí es que “esta es tu vida eterna” como explica Rashi, el comentarista clásico de la Torah, respecto al versículo:

“Que un hombre debe realizar y según la cual debe vivir…”

(Levítico 18:5)

Mediante la observancia de la Torah, Yahvéh nos prometió vida eterna. Por esta razón Yeshúa explicó:

«Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesús, el Cristo, a quien has enviado.»

(Juan 17:3)