Estudios Bíblicos

¿Quién Reina en tu «Reino»?

«Jueces y policías pondrán para todos en los puertos de las ciudades que YHVH te da para habitar y juzgarán al pueblo con justicia»

(Devarim/Deuteronomi 16:18).

 

Así comienza la parashá  (porción) de la Torah que nos toca investigar esta semana.

En la cosmovisión hebrea dada por el Creador, la función de un juez es decidir qué es lo que se debe dejar pasar por las puertas de una ciudad. A su vez, la función del policía, es controlar que lo que ingresa sea exactamente lo que ha determinado el juez.

Pero, ¿pasar adónde? ¿Cuáles son estas puertas? La codificación de este mitzvot revela que se trata del individuo, y que las entradas son los cinco sentidos. Y pasar no sólo implica lo que entra, sino también lo que sale (por ejemplo, lo que se dice, en el caso de la boca).

La clave de todo esto está en saber si lo que dejo atravesar esas puertas me altera espiritualmente, si me acerca al mal (al RA, el deseo egoísta) por medio del yetzer hará (tendencia al mal) que me acompaña y hostiga desde el día de mi nacimiento.

Para corregir estas conductas nocivas es necesaria una gran dosis de voluntad y, principalmente, entronar a un rey que nos gobierne y conduzca nuestros actos para llevarnos hacia la evolución espiritual diseñada en el propósito eterno de Dios. No se trata de un gobernante externo, que nos diga qué hacer, sino de uno interno. Acudir a otro para resolver nuestros problemas hace que le cedamos también el beneficio espiritual que resulte de nuestra acción. Se trata de Aquel que, siendo la Luz Infinita, habitó entre los hombres en forma de hombre y hoy ha sido coronado como el Rey de reyes y Señor de señores. Estoy hablando de Yeshúa HaMashiaj.

Esta semana, indaga en esas cosas que haces aunque sabes que te perjudican y esfuérzate por cambiar al menos una. Si crees que no vas a poder con ella, un secreto puede ser elegir uno de los 248 preceptos positivos que sientas que podrás cumplir, y usar la energía ganada para debilitar la fuerza opositora del cuerpo.

Aprovecha la energía presente que te otorga la presencia del Rey y corona a tu conciencia para que Él reine en ti, enseñándote los secretos del Cielo que se esconden en la Instrucción (Torah) divina.

Shalom!

 

La Jalah (Pan de Shabat) y la Trascendencia de Tu Familia

Por P.A. David Nesher

 

 

Lectura que conviene hacer antes de hacer la Jalah:

וְרֵאשִׁית כָּל-בִּכּוּרֵי כֹל וְכָל-תְּרוּמַת כֹּל מִכֹּל תְּרוּמֹתֵיכֶם לַכֹּהֲנִים יִהְיֶה וְרֵאשִׁית עֲרִיסוֹתֵיכֶם תִּתְּנוּ לַכֹּהֵן לְהָנִיחַ בְּרָכָה אֶל-בֵּיתֶךָ

VERESHÍT  KOL-BIKURÉ  JÓL  VEJOL-TRUMAT  KÓL  MIKÓL  TRUMOTEJÉM  LAKOHANÍM  IHIÉH  VERESHÍT  ÄRISOTEJÉM  TITENÚ  LAKOHÉN  LEHANÍAJ  BRAJÁH  EL-BETÉJA

“Y las primicias de todos los primeros frutos de todo, y toda ofrenda de todo lo que se ofreciere de todas vuestras ofrendas, será de los sacerdotes; daréis asimismo las primicias de todas vuestras masas al sacerdote, para que haga reposar la bendición en vuestras casas” 

(Yejezkél/Ezequiel 44:30)

וִיהִי נֹעַם אֲדֹנָי אֱלֹהֵינוּ עָלֵינוּ וּמַעֲשֵׂה יָדֵינוּ כּוֹנְנָה עָלֵינוּ וּמַעֲשֵׂה יָדֵינוּ כּוֹנְנֵהוּ

VIHÍ  NOÄM  ADO-NÁI  ELO-HÉNU  ÄLÉNU  UMAÄSÉH  YÁDENU  KONENÁH  ÄLÉNU  UMAÄSÉH  YADÉNU  KONENÉHU

“Y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros.

Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos; sí, la obra de nuestras manos confirma” 

(Tehilim/Salmo 90:17)

Debes saber que cuando haces la Jalah el Creador del Universo se convierte en tu pareja, tu socio de alianza en la vida. Disciernes que en tu casa, donde Shabat ha sido aceptado como el alma de la semana, hacer pan se convierte en algo más elevado; algo esencial de la manera en que Shabat conecta los dos mundos, el espiritual y el material (99 % con el 1%) en los cuales vivimos.

En realidad, debo decir que la palabra «jalah» en hebreo no significa pan, masa, o cualquier otra palabra de las que al parecer describen estos panes exquisitos. La raíz de la palabra es jol que significa «corriente» o «secular«. Con esto en mente comprendemos el mensaje que proclamamos al cumplir este mitzvah: la vida «corriente» tiene una fuente sagrada, y es nuestra responsabilidad usarla bien. Esto es especialmente correcto en relación al pan. Nada es más «corriente» que comer. Sin embargo, en un nivel intuitivo, nos podemos conectar con la energía mística de la tierra misma al hacer pan, en la sensación y la textura. Nos debe tocar profundamente, y la halajah (literalmente, «la manera de caminar«) nos dice como usar bien este poder.

Por eso, literalmente, Jalah es un mitzvah (mandamiento) en la Torah (Números 15:17-21), el cual nos impone separar un pedazo de masa cada vez que horneamos, como dice:

«…Será cuando comas el pan en la tierra, deberás separar un pedazo [de masa] para Dios.»

Por todo esto, los sabios estudiosos de los secretos de la Torah aseguran que observar el mitzvah (mandamiento) de separar la Jalah causa bendiciones en el hogar de la mujer. La mujer tiene tanta influencia en el moldeo de las actitudes y valores de los miembros de su familia que inspira emuná/fe en todos los miembros.

La mitzvah de separar la Jalah es símbolo de la práctica entera del Kashrut (leyes de alimentación de la Torah), con el énfasis de elevar lo físico y mundano a lo santificado y puro. En este ritual, el ama de casa proclama que tanto ella como su familia aceptan que la comida es la fuente de energía para el cuerpo y para el alma. Así, y a medida que prepara alimentos para el Shabat, la mujer utiliza el tiempo para darle gracias al Eterno por la comida y para pedir todo lo que tu corazón desee.

¿Por qué la Jalah es de tan grande significación?

La Torah se refiere a la Jalah como reishit, que se traduce como «lo primero«, relacionado con la primera palabra de Génesis, Bereishit («en el comienzo»). La Jalah es llamada «lo primero» porque es primordial para el propósito del mundo. Por esto el Midrásh, en Parashát Bereshít, describe que Adán fue creado del polvo que fue recogido de la Tierra. Formado de 4 elementos. Es decir que la Jalah, representa al primer hombre, Adán, que fue separado de la masa del Mundo.

Así como la Jalah es la Comida y la Berakah (bendición) más elevadas de todas las comidas, el hombre es la Creación más elevada y espiritual del mundo. Cuando Javah/Eva causó que su esposo tomara del fruto del Etz HaDaät (Árbol del Conocimiento), a ella fue asignada la Mitzváh de rectificar el pecado.

Desde este simbolismo el Maharal explica más esta idea señalando que el mundo es como un humano enorme y que cada humano es como un mini-universo. Así como el mundo es tierra y agua, de la misma forma está compuesto el humano de tierra (comparada con harina) y espíritu e intelecto (comparado con agua). Los humanos, una combinación de cuerpo y alma, harina y agua, son como una masa. Al separar la Jalah consagramos nuestra identidad multifacética, la «masa». Como resultado, el Eterno nos permite usar su masa en el proceso de rectificarnos a nosotros mismos y al mundo. Uno de los grandes sabios y místico, el Shla, lleva ésta idea aun más allá. Comienza preguntando una pregunta clásica que ha sido planteada por eruditos a través de los siglos. Estar vivo significa que el alma está en el cuerpo. Para vivir, debemos comer. Sin embargo, ¿qué tiene el comer que mantiene al alma (la cual claramente no necesita nutrientes) dentro del cuerpo?

El Shla explica que todo lo que observamos en este mundo tiene un paralelo espiritual. La nutrición que la comida le da al cuerpo tiene una nutrición paralela que mantiene el alma. «El hombre no vive sólo de pan, sino que por lo que viene desde la boca de Dios vive el hombre» (Deuteronomio 8:3). La Torah nos dice que mientras basta sólo con pan para mantener el cuerpo, es la Palabra de Dios (oculta entre las propiedades físicas del pan) la que mantienen el alma. Y separar Jalah inicia este proceso de alimentación espiritual.

Por ello, cuando la Jalah está lista y horneada, la mujer ha declarado ante los Cielos que el cuerpo de cada integrante de su familia se ha unido firmemente a la neshamá o alma superior, que es el Trono mismo del Espíritu divino. De esta manera, cada miembro de su hogar está declarado completo y puro

El rabino Ben Ish Jái dice que cuando la mujer comienza dando Tzedaká (dinero para caridad). En ese momento, el cumplimiento de su misión es un “Et Ratzón”, es decir que es el momento cuando Dios está disponible para escuchar tus súplicas.

La práctica de amasar Jalah, convierte a la casa de esa mujer en un símbolo del Beit Hamikdásh (Templo Sagrado). Por eso, ella oficia como el Kohén Gadol (Sumo Sacerdote), preparando la comida para su familia. Su cocina es un lugar sagrado: la mesa es el Mizbéaj (altar), la comida es como un Korbán (ofrenda). Por lo tanto, cuando ella hornea la Jalah, participa de un buen tiempo para orar clamando por la transformación de su hogar y, desde este, la rectificación del mundo.

En el tiempo del Beit Hamikdásh, se tenía una Mitzvah especial: traer los pedacitos de Hafrasat Jalá al sacerdote como ofrenda. Esta era la manera de agradecer a Yahvéh por la comida que le pertenecía. Hoy, no tenemos Beit Hamikdásh (el Templo de Jerusalem) y las ofrendas no están permitidas comer. Sin embargo, la mujer continúa separando la Jalah como siempre ella lo hizo, sin embargo los pedacitos son quemados, y está prohibido consumirlos.

Apreciada mujer, debes comprender y aceptar que el separar la Jalah, estas diciendo en nombre de tu familia que Yahvéh está acá en el mundo físico. Estas proclamando que Él es la Fuente de nuestros espíritus, de nuestras almas, de nuestros cuerpos, y de las fuerzas que los sostienen. ¡Él es Uno, y nada está separado de su unidad trascendental.

INCLUYE AL PUEBLO DE ISRAEL EN TODAS TUS ORACIONES.

Mujer redimida, tienes que ser específica en lo que pides cuando elevas tu oración mientras haces la Jalah.

Cuando pidas por vida larga para ti o para alguien especifica que esa vida incluya con salud, bienestar, felicidad, parnasá tová (sustento divino) y en el derecho de la Toráh.

Cuando pidas que alguien tenga hijos, especifica que nazcan y crezcan con salud y alegrías, que tengan satisfacción en sus vidas y se dirijan en el camino debido y correcto. Que encuentren sus zivuguim tovim (buenas parejas) y que tengan a su vez la alegría de tener descendencia saludable y en el buen camino hacienda Mitzvót y Tefilót.

Se dice que todo el que coma de este pan sea bendecido con salud, parnasá tová, amor, etcétera.

Supervisen con reflexión cuanta santidad y amor se pone en cada ingrediente, en el amasado y cuando se hornea , que cuando estamos en la mesa frente a este pan y lo bendecimos para comer pidiéndole al Eterno lo que estamos comiendo y bendiciendo las chispas espirituales que hay en cada alimento esto entra a nuestro organismo para salud y bendición.

Y así vemos milagros en nuestro cuerpo , en nuestra vida y en la vida de nuestros seres queridos.

¡Es muy importante que cada mujer bendiga y separe su jalah!

¡Que veamos milagros!

SHABAT SHALOM!

 

Nota: 

Si quieres saber más sobre este diseño profético puedes leer también: Un Pan para Elevar la Conciencia (El Precepto de la Jalah)

Noé y el Arco Iris

El arco iris, como Pacto, es otro símbolo del cuidado del brit (el sexo del varón). Como hemos visto, la Torah refleja la historia de la humanidad.

Al analizar la historia de Noé y del Diluvio podemos ver cómo ésta refleja la batalla universal en contra de la inmoralidad (ver Génesis 6-9).

Las almas de la Generación del Diluvio estaban sumergidas en la inmoralidad. Practicaban el adulterio, la homosexualidad, la masturbación y el bestialismo (ver Bereshit Rabah 6:5). Su constante de noche de simiente invocó terribles juicios, al punto en que la humanidad debió ser eliminada.

El castigo de esta generación estuvo «de acuerdo con su crimen«. El pecado principal de la Generación del Diluvio fue la emisión en vano de simiente. Afirma el Talmud que aquél que emite simiente en vano es considerado como si hubiera traído el diluvio al mundo (Nidá 13a). Podemos comprenderlo mejor cuando vemos que una sola descarga de semen contiene varios cientos de millones de células espermáticas, cada una de las cuales tiene el potencial de fertilizar el óvulo femenino. Esta simiente está ‘viva» con el poder de dar vida, de modo que toda emisión en vano es una pérdida de vida – tal como una inundación apareja pérdida de vidas.

Noé fue el único hombre de esa generación considerado digno de ser salvado del Diluvio que Dios trajo al mundo. Él era la única figura bíblica con el título de Tzadik. Porque el Tzadik es alguien que guarda su Pacto, y Noé era el único guardián del brit en esa generación inmoral.

Para escapar del Diluvio, Noé debió construir un Arca para protegerse y proteger a su familia junto con al menos dos animales de cada especie. El Rebe Najmán enseña que la palabra hebrea para «Arca» es teivá, que también puede traducirse como ‘palabra». La «palabra» de Noé fue la plegaria. Esencialmente, fue esta «palabra» de plegaria, la manera más sagrada y efectiva de utilizar el habla, lo que protegió a aquéllos que estaban en el Arca de las aguas destructivas del Diluvio (Likutey Moharán I, 14:10).

Vemos entonces que la única opción de salvación que tuvo Noé, como Tzadik de esa generación, fue elevar sus plegarias a Dios. El Tzadik, como hemos visto, es llamado así debido a que guarda su Pacto. Esto le permite unirse con Maljut, que representa el habla (ver más arriba) y así fortalecer la plegaria y dirigirla de manera apropiada. Fue gracias a sus plegarias que Noé pudo salvarse de la destrucción del Diluvio. Como Tzadik, capaz de fortalecer sus plegarias, pudo también salvar a su familia.

Luego del Diluvio y al salir del Arca, Noé fue abrumado por la visión de la destrucción del mundo. Oró entonces a Dios, Quien le prometió que nunca más traería un diluvio así sobre la tierra. Como prueba de esta promesa, Dios le ofreció a Noé la señal del arco iris como recordatorio de Su Pacto.

Cuando Dios ofreció Su Pacto, esperaba que a cambio de su protección el hombre hiciera lo mismo y tuviese respeto por la moralidad humana. Pero poco después, Jam, el hijo menor de Noé, produjo un tremendo daño a través de su transgresión sexual. Noé lo maldijo duramente, diciéndole, (ver Génesis 9:18-29), «Esclavo serás».

Jam, el hijo de Noé, transgredió en contra de la misma fuerza que le había permitido a Noé sobrevivir – el brit. Jam se traduce como «caliente», indicando la «sangre caliente de la lujuria» que arrastra a la persona (Tikuney Zohar #18, 37a). Debido al «calor» descontrolado de esta transgresión y por haberse hecho esclavo de sus deseos, Jam fue maldecido con la esclavitud. Este es el destino que le aguarda a aquél que no controla su lujuria.

Llevando estos conceptos hacia una aplicación más práctica, el Rebe Najmán enseña que el brit de Noé y el brit de Abraham tienen mucho en común: el arco iris, que señala el brit de Dios con Noé, es llamado keshet, que también se traduce como arco. El Pacto de Abraham es también llamado el keshet habrit, el arco del Pacto; y alude al brit cuando éste funciona en pureza. El órgano del brit es visto como un arco; la simiente, como la flecha (Zohar 111, 272a; Likutey Moharán 1, 29:6). Al cuidar el brit, se obtiene el poder de una plegaria efectiva; al rectificar el Pacto (arco), uno puede transformarse en un «lanzador de flechas», alcanzando el «blanco» con sus plegarias de la manera más efectiva (Likutey Moharán 11, 83:1).

La plegaria se ve por el brit debido a que Zeir Anpin corresponde a la voz y Maljut, a la palabra (ver Zohar II, 230b). lesod, que es una manifestación de Zeir Anpin, representa el brit, y Maljut recibe de lesod. Por lo tanto, aquél que guarda el brit rectifica la voz y le da poder al habla, a la plegaria. Por otro lado, aquél que degrada su brit daña su voz, perdiendo el sentimiento por la plegaria; al dañar el brit se disminuye el poder de la plegaria (ver Likutey Moharán l, 27:6; ibid. ll, 1:10).

Esto también se alude en el hecho de que la tráquea está sostenida por seis anillos de cartílago (ver arriba, Capítulo 26). lesod es la sexta Sefirá de Zeir Anpin. Así, al degradar lesod, el «sexto» aspecto de Zeir Anpin, se daña la voz.

Hemos visto que la simiente proviene de todo el cuerpo (arriba, Capítulo 40). El Rebe Najmán enseña que aquél que guarda el Pacto merece sentir en todo su cuerpo la dulzura de sus plegarias. Todos sus huesos sienten esta dulzura, tal como cantó el Rey David (Salmos 35:10), «Todos mis huesos dirán: ‘Oh Dios, ¿Quién es como Tú?’ .» Sus plegarias son como flechas disparadas hacia el objetivo con precisión, rectitud y verdad (Likutey Moharán I, 50:1).


Fuente:

Fragmento final – Capítulo 42
Parte Nueve
EL SISTEMA REPRODUCTIVO

Libro ANATOMÍA DEL ALMA. Rabí Najmán de Breslov

¿Qué Significa ser Hijo de Dios?

Por P.A. David Nesher

 

“Vosotros sois hijos de Yahvéh vuestro Dios; no os sajaréis ni os rasuraréis la frente a causa de un muerto.”

(Devarim/Deuteronomio 14:1) 

En el año 2015, el Papa Francisco, máxima autoridad de la Iglesia Católica Romana, publicó la primera entrega de su nuevo blog, El Video del Papa, con el título “Diálogo Interreligioso”. En este corto, pero impactante video, el Papa dice entre otras cosas que “muchos piensan distinto, sienten distinto, buscan a Dios o encuentran a Dios de diversa manera”, para luego concluir afirmando que: “¡TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS!”.

Las reacciones de sectores dentro y fuera de la Iglesia Católica no se dieron a esperar ya que dicha declaración es interpretada como controversial, infame y hasta herética aun entre su propio círculo de feligreses y seguidores. Y es que el dogmatismo que el sistema reptiliano implanta en la mente de las masas asegura desde su «espiritualidad» que todos los seres humanos somos hijos de Dios, puesto que todos los seres humanos fuimos creados por Él y que por lo tanto el Eterno nos ama como a hijos, y está intrínsecamente comprometido a bendecirnos por tal condición.

Ahora bien, cuando leemos este pasaje de la Torah que la parashá Ree nos proporciona, notamos que en primera instancia, Yahvéh revela que los hijos de Israel son los únicos llamados por El como hijos de Dios.

Al pasar los años, el mensaje del profeta Isaías deja en claro, por medio de sus oráculos, que Israel habían de alguna manera perdido la oportunidad de concretar en acto su condición de hijos de Dios, debido a su conducta rebelde:

“Oíd, cielos, y escucha, tierra, porque Yahvéh habla: hijos crié y los hice crecer, más ellos se han rebelado contra mí.”

(Isaías 1:2)

Aún así, queda claro en el mensaje profético que los hijos físicos de Israel son considerados por el Eterno como hijos suyos, incluso los que se hayan rebelado contra Él.

En el Talmud, para explicar esto, podemos leer que los sabios dicen lo siguiente:

Rabí Yehudá dijo: “Cuando os comportáis como hijos sois llamados hijos; si no, sois llamados esclavos del Eterno”.

Rabí Meír decía: “De todas formas sois “hijos” pues se dice: “Son hijos insensatos”, (cf. Jeremías 4:22; Deuteronomio 32:20).

Por ello, el apóstol Juan dejó como testimonio en su Evangelio que el Mesías venía en la misión de reunir a las dos casas de Israel, pues sus integrantes eran considerados los hijos de Dios:

“Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa, sino que siendo el sumo sacerdote ese año, profetizó que Yeshúa iba a morir por la nación (judía); y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos.”

(Juan 11:51-52)

Hasta aquí todo es perfectamente entendible, pero aún es necesario decir algo muy importante. A las misma vez que las Sagradas Escrituras enseñan, por un lado, que los hijos de Israel son llamados hijos de Dios, por otro lado, revelan que debe cumplirse con ciertos requisitos para llegar a serlo en acto.

Nuestro Maestro fue el primero en establecer dichos requisitos, al enseñar Su yugo a aquellos primeros discípulos que lo seguían. Él mismo expresó lo que luego las comunidades del primer siglo sostendrían:

“Dichosos los de limpio corazón, pues ellos serán llamados hijos de Dios… Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.”

(Mateo 5:9, 44-45)

Es interesante notar aquí la tensión que se da entre la expresión “para que seáis”, y la frase “vuestro Padre”. Desde esto surge el siguiente planteo: si el Eterno ya era su Padre, ¿por qué tenían que amar a los enemigos para llegar a ser sus hijos? Entonces notamos que en esta enseñanza, nuestro amado Dueño Yeshúa deja en claro que existen diferentes significados de la palabra hijo, y el hecho de tener a Dios por Padre.

Entonces, para comprender bien este tema tan profundo, nuestra alma debe continuar escuchando al Gran Maestro, quien en otra ocasión dijo lo siguiente:

“Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo; porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos. Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso.”

(Lucas 6:35-36)

Aquí notamos que Yeshúa vuelve a generar la misma tensión de expresiones. Por un lado Él dice «vuestro Padre» a aquellos que necesitan amar y prestar sin esperar nada a cambio para poder llegar a ser hijos de Altísimo. Evidentemente, el yugo de Yeshúa tenía una mensaje profético muy importante para todo el Pueblo Elegido. Por un lado ya eran hijos, pero por el otro necesitaban vivir de acuerdo a los mandamientos para llegar a serlo. Comparemos con dos textos escritos después de la resurrección del Mesías.

Este mensaje se sostendrá a lo largo del primer siglo en todas las comunidades de los discípulos del Camino que se establecían en el mundo. Los invito a considerar solamente dos pasajes de los Escritos Mesiánicos que demostrarán esto:

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.”

(Efesios 5:1 )

Así mimo, el apóstol Pablo les escribió a los creyentes de Filipos lo siguiente:

“Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa…”

(Filipenses 2:15)

Como podemos notar, los mismo pensamientos presentados por Yeshúa referentes a la potencia y acto de ser hijos de Dios, eran conceptos permanentemente proclamados y meditados en las enseñanzas apostólicas.

Volviendo a los días del ministerio terrenal de nuestro Maestro, nos encontramos con una conversación radical entre Yeshúa y algunos de los hijos físicos de Israel en  donde está escrito:

“Entonces Yeshúa decía a los judíos que habían creído en él… Sé que sois descendientes de Avraham; y sin embargo procuráis matarme porque mi palabra no tiene cabida en vosotros…. Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais, porque yo salí de Dios y vine de él… sois de vuestro padre el diablo… El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios.”

(Juan 8:31, 37, 42, 44, 47)

A través de este diálogo, Yeshúa nos enseña que no es suficiente ser hijos físicos de Avraham para ser contados como Hijos de Dios. Estos judíos era hijos físicos de Avraham, circuncidados en la carne, pero no fueron reconocidos como hijos de Dios por Yeshúa, sino todo lo contrario, como hijos del adversario  (HaSatán).

Por lo considerado hasta aquí, notamos que según el pensamiento hebreo, el hecho de ser hijo tiene que ver con dos cosas:

  • por un lado significa haber nacido físicamente y ser un heredero genético de aquel que es llamado padre.
  • por el otro lado significa ser un representante y un seguidor de alguien.

Con estos conceptos en mente, podemos también decir que la idea de tener a HaSatán como padre no significa que el adversario tenga el poder de engendrar hijos físicos. De igual modo, cuando las Escrituras hablan de ser hijo de Dios, no significa que Yahvéh pueda engendrar, sino más bien que reconoces que Él es la Fuente que te da origen y que tú eres su representante y fiel seguidor de Su Instrucción. Teniendo en cuenta esto, es fácil entender por qué el Mesías y el apóstol Pablo enseñan que uno tiene que cumplir los mandamientos de Dios para llegar a ser un hijo del Padre celestial. De esa manera uno actúa como un buen seguidor y su manera de ser representa la manera de ser de tu Padre celestial, y de esa manera llegas a ser su hijo. Entonces, como ser un hijo no significa obligatoriamente, que uno haya sido engendrado en el sentido biológico, sino puede significar ser un seguidor, un imitador, un discípulo y un representante. Por eso es que en las Sagradas Escrituras los jueces son también llamados “hijos de Dios” por haber recibido puestos de autoridad y representan al Eterno en la sociedad (cf. Salmo 82).

Entonces, ¿en qué términos se refiere la Escritura Sagrada a aquellos que no rigen sus vidas conforme a Su Instrucción (Torah) y viven ajenos a los mandatos de Dios? Las líneas bíblicas nos lo dicen así:

«…en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, en los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de la carne, haciendo la voluntad de la carne, y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.»

(Efesios 2.2-3)

Acá el Espíritu de Dios se refiere a los que no son sus hijos, a los que no viven conforme a Su Instrucción, a los corruptos e inmorales e,incluso, a los que son «buenas personas» según los criterios humanos, pero viven alejados de la guía de Yahvéh como «hijos de desobediencia» e «hijos de ira». Así, las Sagradas Escrituras clasifican a la humanidad solo en dos grupos: los «hijos de Dios» y los «hijos de desobediencia» (o hijos de HaSatán).

Antes de continuar, necesito hacer una alto en la dinámica del tema que estamos tratando, para solicitarte que entiendas que aquí no estamos hablando de la Salvación, sino del camino para llegar a ser un fiel representante de Yahvéh aquí en la Tierra, y así lograr unir el Mundo de Arriba con el Mundo de Abajo, evitando el caos y la propagación de toda forma de mal.

Ahora sí, continuando con esta maravillosa temática, debemos aceptar que las Sagradas Escrituras también revelan otro aspecto en cuanto a ser hijo de Dios: la adopción como hijos.

Será el apóstol Pablo quien tendrá el privilegio celestial de desarrollar este tema escribiéndole a los creyentes romanos lo siguiente:

“Esto es, no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa son considerados como descendientes… Y acontecerá que en el lugar donde les fue dicho:

«Vosotros no sois mi pueblo», allí serán llamados hijos del Dios viviente.”

(Romanos 9:8, 26)

“Porque desearía yo mismo ser anatema, separado del Mesías por amor a mis hermanos, mis parientes según la carne, que son israelitas, a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la Torá, el culto y las promesas.”

(Romanos 9:3-4)

Según este texto, el derecho de ser hijos de Dios pertenece a los hijos físicos de Avraham, Yitsjak e Israel, los judíos, que el apóstol dice que eran parientes en la carne. Estos versículos enseñan que el derecho de ser hijos de Dios es algo que pertenece a los hijos de Israel. Pero también nos enseña que, de alguna manera, muchos de los hijos de Israel pierden ese derecho por causa de su infidelidad contra el Nombre del Eterno (cf. Lucas 15).

Lo que el apóstol Pablo estaba enseñando, estaba relacionado con el oráculo que el profeta Oseas había dejado siglos antes:

“Y el número de los hijos de Israel será como la arena del mar, que no se puede medir ni contar; y sucederá que, en el lugar donde se les dice: No sois mi pueblo, se les dirá: hijos del Dios viviente.”

(Oseas 1:10 )

Sabemos por el relato histórico que los hijos de la Casa de Israel, es decir, las diez tribus del Reino del Norte, perdieron el derecho de ser pueblo de Yahvéh, y por lo tanto no fueron contados más como hijos. Este oráculo profético nos enseña, lo mismo que hemos visto antes,  que los israelitas pueden perder lo que les pertenece, por su infidelidad al pacto con Yahvéh. Pero, a la misma vez, notamos que el profeta habla de una restauración de ese privilegio. Hoy, sabemos que, mediante la redención en Yeshúa el Mesías. todos los descendientes de la casa de Israel, que se habían perdido entre las naciones, cuentan con el privilegio de regresar al derecho de ser llamados hijos de Dios.

Estando sujeto a esta idea divina, el apóstol Juan, al escribir su Evangelio, escribirá:

“Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no fueron engendrados de sangre ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.”

(Juan 1:12-13)

Según este texto, todos los que reciben a Yeshúa y creen en su Nombre llegan a ser hijos de Dios. De esa manera son engendrados por Dios para ser sus hijos. Este texto está hablando tanto a los judíos como a los no judíos. Esta forma de ser hijo de Dios no se puede obtener por medio de ser descendiente de Israel según la sangre, ni por la voluntad de la carne, ni por la voluntad de ningún hombre, porque es una obra sobrenatural hecha por el mismo Yahvéh. Obviamente, en este contexto están excluidos como hijos de Dios, los que reclaman serlo únicamente por medio de ser descendientes físicos de Israel. Necesitan esta experiencia divina, activada por medio del Mesías, para poder recibir la potestad de llegar a ser hechos hijos de Dios.

Así es como pensaban y se manejaban en su metodología de enseñanza las primeras comunidades de creyentes en Yeshúa. El apóstol Pablo demuestra esto al escribir su epístola a los Gálatas diciéndoles:

“A fin de que redimiera a los que estaban bajo ley, para que recibiéramos la adopción de hijos. Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando ¡Abba! ¡Padre!”

(Gálatas 4:5)

Vemos que los que estaban «bajo ley» (Halajah) necesitaban ser redimidos para poder recibir esa adopción de hijos, que realmente les pertenecía como hijos de Israel, y miembros del Pacto. (NOTA: Dejo en claro que la expresión “Bajo la ley” es una expresión que significa legalismo, y alude a la parte legalista del judaísmo de la época, que se jactaba de ser mejor que el resto de las naciones por guardar la Halajah o ley de costumbres y tradiciones que explicaban la praxis de la Torah).

Este mismo pensamiento podemos también verlos en la epístola de Pablo a los efesios, cuando les escribió:

“Nos escogió (a los judíos) en él (Mesías) antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Yeshúa el Mesías, conforme al beneplácito de su voluntad… a fin de que nosotros (los judíos), que fuimos los primeros en esperar en el Mesías, seamos para alabanza de su gloria. En él también vosotros (los gentiles), después de escuchar el mensaje de la verdad, las buenas nuevas de vuestra salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados con el Espíritu de santidad de la promesa, que nos es dado (a judíos y no judíos que recibieron el mensaje de la verdad) como garantía de nuestra herencia…”

(Efesios 1:4-5, 12-14)

Algunos puede que se estén haciendo esta pregunta: ¿No eran Moshé y David, que vivían antes de Yeshúa, verdaderos hijos de Dios? Pues bien, en el versículo 12 tenemos la respuesta a este cuestionamiento:

“a fin de que nosotros (los judíos y sus ancestros), que fuimos los primeros en esperar en el Mesías, seamos para alabanza de su gloria.” 

 

Aquí habla de los que eran los primeros en esperar en el Mesías. Los que esperaban en el Mesías eran los que vivían antes de Yeshúa. Entonces, según este contexto, los que antes estaban esperando al Mesías están incluidos entre los que han sido predestinados desde antes de la fundación del mundo para recibir la adopción como hijos de Dios, mediante Yeshúa el Mesías, en quien tienen redención mediante su sangre, el perdón de los pecados según las riquezas de la gracia del Padre (cf. versos 1-7). Entonces los que antes habían estado esperando en el Mesías y habían puesto su confianza en lo que el Eterno iba a hacer por medios de Él, fueron considerados como hijos de Dios. Tuvieron el privilegio de gozar de este diseño, antes que el Mesías se manifestara, sencillamente porque colocaron toda su fe en lo que de Él se anunciaba en los oráculos divinos.

De la misma manera como nosotros miramos hacia atrás en una obra redentora eterna y terminada con la muerte, resurrección y ascención del Mesías, así también ellos miraron hacia el futuro esperando y creyendo en la misma obra salvadora, aunque no tenían todos los detalles tan claros como nosotros. Los que vivían antes de Yeshúa fueron salvos por medio de la fe en el poder redentor de Yahvéh al igual que nosotros que vivimos después de la primera venida de Yeshúa. Es la misma fe en la misma obra redentora mediante la sangre del Mesías, testificada y afirmada por las Sagradas Escrituras desde el principio hasta el fin.

En  esta cosmovisión hebrea el Mesías mismo afirmó:

“Examináis las Escrituras, porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí…

Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.”

(Juan 5:39, 46)

En la epístola del apóstol Pedro  está escrito:

“Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a vosotros, diligentemente inquirieron e indagaron, procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu del Mesías dentro de ellos, al predecir los sufrimientos del Mesías y las glorias que seguirían.”

(1 Pedro 1:10-11)

Según este texto, el Espíritu del Mesías indicaba cosas dentro de los profetas que vivían antes del Mesías. Ellos sabían que el Mesías iba a venir para morir y luego resucitar, y así lo proclamaban en sus oráculos. El pueblo que creyó el mensaje de los profetas recibieron la salvación por la fe en Yahvéh que iba a enviar al Redentor, que los iba a liberar del pecado y de la muerte (cf. Génesis 3:15).

La pregunta surge si estos profetas verdaderamente tenían el Espíritu del Mesías morando dentro de ellos todo el tiempo o si solamente estaba sobre ellos e indicaba cosas dentro de ellos. Es obvio que Moshé y David tenían el Espíritu del Mesías sobre ellos, pero no sé si verdaderamente tenían el Espíritu morando dentro de ellos como nosotros lo estamos experimentando en esta Era Mesiánica (cf. Juan 14:17; Hechos 5:32; 19:2; Romanos 5:5; 8:9, 11, 15-16; 1 Corintios 3:16; 6:19; 2 Corintios 1:21-22; 5:5; Gálatas 3:2, 14; 4:5; Efesios 1:13-14; 4:23, 30; 5:18; 2 Timoteo 1:14; Hebreos 6:4b; Jacobo 4:5; 1 Juan 1:27; 3:24; 4:13).

El apóstol Pablo escribió lo siguiente:

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.”

(Romanos 8:16)

Parece ser que los que vivieron y murieron antes de la resurrección del Mesías no podían experimentar en su interior lo que es la regeneración de sus espíritus. Lo tenían potencialmente, pero no en acto. Lo tenían en la esperanza del Olam Havá (Mundo Venidero), pero no en la experiencia y la vivencia cotidiana.

Esto era así, ya que nadie podía experimentar el resultado de la resurrección del Mesías en su interior hasta después de ese evento mismo (cf. 1 Pedro 1:3). Esta experiencia sobrenatural sólo pudo ser vivida después que el Mesías resucitó y se apareció a sus testigos. Así fue como ocurrió con los discípulos cuando Yeshúa sopló sobre ellos después de su resurrección (cf. Juan 20:22). Ellos experimentaron la Nueva Creación por el soplo del Hijo de Dios. De la misma manera que Adam experimentó la vida por primera vez, por un soplo del Eterno, estos varones vivieron por primera vez el espíritu del Gan Eden. Por ende, la experiencia de la nueva vida en el Mesías es un resultado de su resurrección, y esa experiencia sobrenatural ocurrió con los discípulos cuando Yeshúa sopló sobre ellos después de haber resucitado. Por lo tanto, los que vivían antes de la resurrección de Yeshúa, no habían podido experimentar la regeneración del espíritu. No podían recibir el Espíritu de Santidad ni como una fuente dentro de sí (cf. Juan 4:14, ni como ríos de agua viva en su interior, cf. Juan 7:37-39; 2 Corintios 3).

En el Evangelio de Juan, notamos que este es el tema principal de sus líneas, por ello encontramos que está escrito lo siguiente:

“Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Ayudador para que esté con vosotros para siempre; el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros.”

(Juan 14:16-17)

Considerando esto, podemos entender que la fuente dentro del ser humano, de la cual se habla en Juan 4:14, es un resultado de la experiencia de la regeneración del espíritu del hombre, cuando el Espíritu de Padre entra a morar dentro del creyente, en su espíritu. Los ríos de agua viva, de los cuales se hablan en Juan capítulo 7 versículos 37 al 39, es la experiencia del sumergimiento (bautismo) en el Espíritu de santidad, que no era posible experimentar antes de que Yeshúa fuese glorificado. Vemos como los discípulos del Mesías experimentaron, por primera vez, este sumergimiento espiritual en la Fiesta de Shavuot (Pentecostés), según lo relatado en Hechos capítulo dos.

En la carta a los Gálatas en apóstol Pablo afirmará esto diciendo:

“Pues todos sois hijos de Dios mediante la fe en el Mesías Yeshúa.”

(Gálatas 3:26)

Así mismo, a los discípulos residentes en la ciudad de Roma el apóstol Pablo les expresó:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos ¡Abba! ¡Padre!”

(Romanos 8:14-15)

Por lo tanto, una persona que no se guía por la Instrucción (Torah) divina en su estilo de vida, espiritualidad, fe y moral, no puede dar señal de que es un verdadero hijo de Dios. El Espíritu Santo pone en nosotros el deseo de obedecer su Palabra y esa misma Palabra nos limpia, según lo que Jesús mismo dijo:

«Ya vosotros estáis limpios por medio de la Palabra que os he dado»

(Juan 15.3)

Está bien claro: son hijos de Dios “los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios”.  Y dejarse guiar por el Espíritu de Dios es ir descubriendo y aceptando incondicionalmente la Voluntad de Dios para nuestra vida que es buena, agradable y perfecta.  Es ir descubriendo “el tesoro de su gracia” encerrado en “el misterio de su Voluntad”. (Efesios 1: 5-6) Entonces, ¿cómo podemos decir ser hijos de Dios si la Escritura Sagrada es clara en que los verdaderos hijos se guían por su Palabra y no lo hacemos, ni la leemos, ni la conocemos?

En su primera epístola, el apóstol Juan exhortaba a los creyentes en Yeshúa a recordar lo siguiente:

“Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y eso somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él porque le veremos como él es… En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del adversario: todo aquel que no practica la justicia (expresada en la Torá), no es de Dios: tampoco aquel que no ama a su hermano… En esto sabemos que amamos a los hijos de Dios: cuando amamos a Dios y hacemos sus mandamientos.”

(1 Juan 3:1-2, 10; 5:2)

Así pues, notamos que a lo largo de los Escritos Mesiánicos se enseña enfáticamente que los que creen en Yeshúa reciben la adopción como hijos de Dios. En el momento de recibir a Yeshúa, el espíritu del hombre es regenerado y el Espíritu de Dios entra a morar dentro de su cuerpo que se convierte en un templo santo.

Pero al mismo tiempo vemos que la adopción como hijos de Dios contiene una connotación futura. No nos hemos convertido en hijos de Dios totalmente, puesto que nuestros cuerpos no han sido transformados todavía, según  donde está escrito:

“Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios… la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios… Aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo.”

(Romanos 8:19, 21, 23)

Así pues, después de todo lo que juntos hemos considerado en este estudio, podemos realizar el siguiente sumario:

  • Los hijos de Israel son hijos de Dios por ser parte de los pactos.
  • Ser hijo significa por un lado ser parte de un pacto familiar y por el otro ser un imitador fiel y un representante del Padre.
  • Solamente los hijos de Israel, que son creyentes en el Mesías redentor, serán finalmente reconocidos como hijos de Dios.
  • Uno puede ser hijo de Dios en un nivel sin serlo en otro nivel más alto.
  • Los santos que vivían antes de Yeshúa fueron salvos por medio de la fe en El que había prometido la venida del Mesías sufriente, pero no podían experimentar la regeneración de sus espíritus, porque el Mesías Yeshúa todavía no había resucitado.
  • Para poder ser hijo de Dios, mediante la regeneración del espíritu, hay que recibir a Yeshúa HaMashíaj, aceptándolo como el Salvador y Dueño de nuestras vidas.
  • No seremos plenamente hijos de Dios hasta la Segunda Venida (Parusía) del Mesías.

En el primer capítulo del Evangelio de Juan claramente se dice quiénes son los hijos de Dios y cómo se logra esto: «Creer en Él y recibirlo«. Eso implica una renuncia a una vida de pecado y un acercamiento sincero, humilde y genuino, sin condicionamientos, a vivir una vida conforme a su Instrucción y el yugo de la misma que Él ofrece. No se trata de una religión, no se trata de qué uno cree, no se trata de buenas obras, se trata de qué dice Yahvéh. No hay otro camino.

«Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo»

(Romanos 10:9)

¿Lashon Hará?… ¡Conmigo NO!

Por P.A. David Nesher

Estudiar los códigos de la sabiduría de la Torah divina resulta ser una tarea maravillosa. Justamente, abordar a la porción Tazría con hambre de sabiduría de lo alto no conducirá a descubrir que ella habla sobre la importancia de las palabras que decimos. Esto lo realizará revelando lo peligroso que resulta practicar la negatividad que es creada a través del habla maliciosa (la lashón hará).

Por medio de esta parasháh (porción) de Tazría, el Eterno nos enseña que la lashón hará (la mala lengua) es la peor forma de oscuridad que existe. La mala lengua es más comúnmente entendida como hablar de manera negativa sobre alguien más, el cual es el nivel más obvio y la peor forma de lashón hará.

Así pues, la lashón hará es la fuente de muchos males sociales. A tal punto que ha causado la disolución de amistades, el término de incontables matrimonios generando un sufrimiento inconmensurable. Ellas es la matriz de odios, celos y disputas los cuales se esparcen tal y como las enfermedades, y los gérmenes que la provocan, se esparcen a través de la suciedad.

La carta del judío Yaakovo (conocido como Santiago), hermano y emisario (apóstol) de Yeshúa, ofrece un planteamiento lleno de sabiduría. Leamos con mucha atención:

“…Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende de palabra, éste es un varón perfeccionado, capaz de poner en sujeción todo el cuerpo. He aquí que ponemos frenos en las bocas de los caballos para que nos obedezcan y dirigimos así todo su cuerpo, para un lado y para el otro. Observad también los barcos, aunque tan grandes y llevados por vientos imponentes, son gobernados por un pequeño timón y dirigidos por donde el timonel desea. De la misma manera, la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. ¡Mirad cómo un fuego que se inicia tan pequeño, incendia un bosque tan grande! Y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad como un bosque; la lengua está ubicada entre nuestros miembros y contamina todo el cuerpo e inflama el curso de nuestra existencia de generación en generación y es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, así como de aves, de reptiles y también de criaturas marinas, puede y de hecho ha sido domesticada por la naturaleza humana. Pero ningún hombre puede tener absoluto dominio de su lengua; un mal que no puede ser controlado, llena de veneno letal. Con ella bendecimos al Eterno y Padre y con ella maldecimos a los hombres creados a semejanza de Di-os. (10) De la misma boca sale bendición y maldición. Hermanos míos, no conviene que esto suceda. ¿Acaso puede una higuera, hermanos míos, producir aceitunas o una vid higos? La fuente de agua salada no produce agua dulce. ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por su buena conducta sus obras en sabiduría humilde. Pero si tenéis celos amargos y rivalidades en vuestros corazones, ni os jactéis ni mintáis contra la verdad. No es ésta la sabiduría que desciende de lo alto, sino terrenal, sensual, de espíritus bajos y corruptos. Porque donde hay celos y pleitos, allí hay divisiones y toda obra perversa. Mas la sabiduría que desciende de lo alto, primeramente, es en verdad, pura, en shalom, comprensiva, dispuesta a razonar, repleta de misericordia, sincera, imparcial y que produce buenos frutos. Y para los que son pacificadores, el fruto de la Justicia se siembra en Shalom…”

[Santiago 3:2-18 – Código Real del NT].

De este modo, los discípulos de la primeras comunidades aprendían y aceptaban que los seres humanos tienen la responsabilidad intrínseca de darse cuenta de que, una vez que uno pronuncia una palabra, ésta no se evapora en el aire sin dejar rastro, sino que produce efectos muy graves.

Sobre la maledicencia encontré en un libro de sabiduría hebrea la siguiente anécdota:

«…Cierta vez, Rabi Shimon ben Gamaliel pidió a su asistente que le trajera algo bueno del mercado.
El asistente fue, compró lengua y regresó.
Rabi Shimon ben Gamliel le pidió entonces que le trajera algo malo del mercado. Fue y retornó con otra lengua.
Rabi Shimon ben Gamliel le planteó:
“¡Cuando te pedí algo bueno me trajiste lengua, y cuando te pedí algo malo nuevamente me trajiste lengua!, ¿Cómo puede ser?”
El asistente respondió: “De la lengua proviene lo bueno y lo malo. Cuando de ella proviene lo bueno, no hay nada mejor que ella, pero cuando de ella proviene lo malo, no hay nada peor que ella…».

El único miembro del cuerpo que parece no se cansa es la lengua. Cada uno de nosotros puede hablar 24 horas y seguir y seguir… y si esta activa tanto tiempo hay que tener cuidado. Por algo, es una boca contra dos oídos y dos ojos Por ello, la enseñanza de nuestro Maestro Yeshúa se enfocará en este órgano corporal, tan pequeño y a las vez tan poderoso. Él mismo se encargó de enseñar el paradigma de que cada palabra que uno pronuncia graba una marca que queda eternamente y es imposible de borrar (Mateo 12:26-37).

La persona que habla Lashon Hará provoca daño y muertes en su comunidad de muchas maneras, tanto de quien hablaste, quien hablo y también a quien se lo comento.

La Sabiduría escondida en los códigos de la Torah considera que una expresión es lashón hará cuando los argumentos son verdaderos, aunque desconocidos públicamente, y no se persigue intención de reparar una situación negativa.

Constituye el mismo pecado independientemente del medio utilizado (comunicación cara a cara, reuniones, redes sociales, teléfono, o correo electrónico).

Por otro lado, se llama Hotzaat shem rá al acto de difamar a otra persona utilizando mentiras, y consiste un pecado muy grave que deriva de aquellos que se acostumbran a la práctica del lashón hará.

Los chismes (contar cosas de la intimidad de otro aunque no sea algo negativo), que son la forma práctica del lashón hará, reciben el nombre de rejilut y están también prohibidos por las halajot que se desprenden de la Torah (Levítico 19:16 .

La gravedad del pecado de lashón hará y sus derivados está demostrado por el hecho de que el Talmud reconoce a “quienes hablan lashon hará constantemente” como un grupo que no merece la Shekináh (Divina presencia).

El rey David compara las palabras con flechas (Salmos 64:4) . Una explicación es que son similares en que ambas, antes de largardas uno es el dueño sobre ellas; después de largarlas, son ellas las dueñas sobre uno.

Según el Midrash (Vaikrá Rabá, 26:2), el Lashon Hará, o hablar mal del prójimo, se denomina el «Triple Asesino» ya que mata a quien habla, al que escucha y a la persona de quien están hablando.

No sé quién dijo «la diferencia entre el sabio y el necio es un instante; el sabio piensa un instante antes de hablar mientras que el necio piensa un instante después de haber hablado«… pero que oportuna me resulta esta frase para hablar al corazón de cada uno de ustedes.

Obviamente se infiere que, así como la Torah nos prohíbe hablar lashon hará, así también nos prohíbe escucharlo. Esto tiene mucho sentido ya que si yo no puedo escuchar lashon hará, ¡entonces tú no puedes hablarlo!. Sucede que al escuchar palabras negativas sólo alimentamos nuestro lado negativo y nos hacemos insensibles al efecto que tienen sobre los demás.

Una ley interesante para aplicar es que si alguien te dice algo personal, está prohibido divulgarlo hasta que no te autorice hacerlo. Mucha gente piensa al revés, “si no me dijo que no lo repita, ¿por qué no repetirlo?” La halajáh determina que hasta no tener autorización para divulgarlo, debe permanecer en reserva.

Encontré que el Talmud, explicando todo lo referente al «mal hablar» o «lengua perversa» que legisla Sefer Vayikrá (Libro de Levítico) dice que el cuerpo humano fue construido para ayudar a que la persona se abstenga de hablar lashon hará. Los dientes y los labios sirven como «puertas» para regular lo que sale de nuestra boca, mientras que la lengua se encuentra en una posición horizontal de descanso. Además, si bien los seres humanos tienen dos ojos, dos oídos y dos fosas nasales y sólo tenemos una boca para recordarnos que debemos minimizar la charla. Y dice también el Talmud, ¿con qué finalidad creó Dios los lóbulos de las orejas? Por si nos encontramos en una situación en la que se habla lashon hará, ¡podamos convenientemente doblarlos hacia arriba como tapones para los oídos!

Cuando la Gracia Divina se manifiesta en Justicia.

“No digas en tu corazón cuando Yahvéh tu Dios los haya echado de delante de ti: «Por mi justicia Yahvéh me ha hecho entrar para poseer esta tierra», sino que es a causa de la maldad de estas naciones que Yahvéh las expulsa de delante de ti. No es por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón que vas a poseer su tierra, sino que por la maldad de estas naciones Yahvéh tu Dios las expulsa de delante de ti, para confirmar el pacto que Yahvéh juró a tus padres Avraham, Yitsjak y Yaakov. Comprende, pues, que no es por tu justicia que Yahvéh tu Dios te da esta buena tierra para poseerla, pues eres un pueblo de dura cerviz.

Acuérdate; no olvides cómo provocaste a ira a Yahvéh tu Dios en el desierto; desde el día en que saliste de la tierra de Egipto hasta que llegasteis a este lugar, habéis sido rebeldes contra Yahvéh. Hasta en Jorev provocasteis a ira a Yahvéh, y Yahvéh se enojó tanto contra vosotros que estuvo a punto de destruiros.”

(Deuteronomio/Devarim 9: 4- 9)

 

Estamos ante una parte del discurso de Moshé en el que el mensaje desarrolla una idea central: Yahvéh está a punto de despojar a las naciones que habitan Canaán debido a los graves pecados que han cometido. Pero esto no quiere decir que Israel sea justo y por ello merecedor de que se le entregue la tierra de Promisión. La única razón que se puede encontrar para semejante acto divino es su enorme benevolencia manifestada en amor y gracia a favor de las tribus de Israel.

Por lo tanto, el ingreso de Israel para tomar posesión de la Tierra Prometida estaba relacionado con el “colmo” de la iniquidad de los amorreos. Así Yahvéh se lo había manifestado en un oráculo a nuestro padre Abraham: “…aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo.” (Génesis 15:16).

Pero llega un momento en que los pecados de un pueblo llegan “al colmo”. Ese es el momento para un juicio decisivo. El instrumento designado del juicio de Dios era el ejército de Israel. Este es el significado de la matanza de los pueblos de Canaán. El Eterno programó la llegada de Sus juicios con la plenitud del pecado para ser juzgado. No antes. Yahvéh no se precipitó. De hecho, Él estaba soportando pacientemente la idolatría y los pecados sexuales de las naciones durante siglos, dándoles “lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría [sus] corazones” (Hechos 14:17).

Es decir, que el instrumento designado del juicio de Yahvéh era el ejército de Israel. Pero el Eterno se ve a Sí Mismo como el guerrero efectivo detrás de la derrota de los amorreos. Él le dice a Josué:

“Yo os introduje en la tierra de los amorreos… los cuales pelearon contra vosotros; mas Yo los entregué en vuestras manos, y poseísteis su tierra, y los destruí de delante de vosotros”

(Josué 24:8).

¡Es Yahvéh quien hizo la destrucción! Fue por la mano de Israel, pero fue el juicio de Dios. Esto no significa que el motivo de Israel siempre era santo. A veces no lo era. Pero los propósitos justos de Dios estaban siendo llevados a cabo, incluso si Israel a veces tenía motivos equivocados.

En otras palabras, esta carnicería no se trata de la injusticia humana, sino del juicio divino. Los amorreos provocaron a Yahvéh en ira durante siglos por su idolatría de tal manera que siglos después el rey impío Acab fue comparado con los amorreos: “Él fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó Yahvéh de delante de los hijos de Israel” (1 Reyes 21:26).

Es importante aceptar que mucho antes de comenzar a decir palabras llenas de orgullo tenemos pensamientos orgullosos en nuestros corazones. Es por eso que Israel no debe de pensar en su corazón que era por medio de su justicia que el Señor les ha entregado la tierra.

Esa será la razón por la que Moshé enfatizará que la única razón que se puede encontrar para semejante acto divino es su enorme amor y gracia a favor de Israel (capítulos 1 al 6) Para dejar bien establecida esta verdad, Moshé recapitula nuevamente los episodios de la historia pasada, que le recuerdan a la nación cuan rebelde habían sido contra el Señor (capítulos 7 al 29).

Es más, Moshé dará un oráculo encriptado en el que anunciará las veces en que la justicia de la gracia divina obraría a favor de Israel, pese a la rebeldía de este pueblo. “No digas… por mi justicia… sino a causa de la maldad de estas naciones… No es por tu justicia… sino que por la maldad de estas naciones… para confirmar el pacto… No es por tu justicia…” – Para enfatizar el hecho, la Torah habla tres veces de que no es por la justicia de Israel que ellos van a recibir la tierra. Estas tres veces también aluden a las tres veces cuando el pueblo de Israel volvería a la tierra.

  1. La primera vuelta fue cuando entró bajo Yehoshúa por causa de la maldad de estas naciones, (versículo 4).
  2. La segunda vuelta fue cuando volvieron de Babilonia bajo Ezrá (Esdras) y Nejemyá (Nehemías) por la maldad de estas naciones, y para confirmar el pacto incondicional con Avraham, versículo 5.
  3. La tercera y última vuelta, de todas las naciones en los últimos tiempos no por la justicia del pueblo de Israel, sin mencionar la maldad de las naciones, versículo 6.

El Eterno le dice a Su Pueblo: «Porque pueblo duro de cerviz eres tú» La idea divina expresada aquí es que Israel, como un animal doméstico rebelde, endurecían la cerviz en contra del yugo que Dios quería poner sobre ellos. No se sometían a la dirección de Yahvéh para sus vidas. Justamente la expresión «duro de cerviz» es una expresión figurativa para decir terco, intratable, obstinado y cabeza dura.

El propósito de Yahvéh al recordarle a Israel su rebelión en contra de Él no era para desanimarlos o hacerlos sentirse derrotados. El propósito era que reconocieran su propia debilidad y confiaran en el Eterno .

Este texto nos enseña la importancia de ver a Israel como un cuerpo colectivo. Los que estaban allí presentes no habían hecho el becerro de oro. Sin embargo, fueron señalados como causantes de la ira del Eterno en el desierto y tuvieron que llevar la culpa del pecado de sus padres. Los hijos son responsables para llevar las consecuencias de los errores de sus padres. Pero el propósito principal por el que Moshé destaca los momentos de rebeldía del pueblo, es enseñarles los errores de sus antepasados para que los hijos no vuelvan a cometer los mismos.

Esta es una vista previa de la salvación por gracia por medio de la fe, en la cual no podemos pensar que es por nuestra justicia que la hemos obtenido. Sino que es por medio de la justicia que hemos recibido por medio de Yeshúa HaMashiaj.

Cuando recibimos cualquier regalo de parte de Dios, tenemos la tentación de tomarlo y utilizarlo para glorificarnos a nosotros mismos. Israel no debe de hacer esto con referencia a la Tierra Prometida, y nosotros no debemos de hacerlo con referencia a cualquier regalo que Dios nos dé.

Las Ocho Razones de la Pobreza en un Hijo de Dios

Por P.A. David Nesher

 

“Mas acuérdate de Yahvéh tu Dios, porque Él es el que te da poder para hacer riquezas, a fin de confirmar su pacto, el cual juró a tus padres como en este día.”

(Deuteronomio/Devarim 8:18) 

 

En mis años de servicio pedagógico para capacitar a los santos, he notado que es una tendencia común en el ser humano redimido que, en tiempos de abundancia, se olvide fácilmente del Eterno, dejando de buscarlo con la urgencia que una vez tuvo. Seguramente, alguno de mis lectores  preguntará: ¿en verdad puede el dinero interferir en cosas más importantes? Y la respuesta es: Sí, lamentablemente las riquezas pueden llegar a convertirse en el centro de nuestras vidas y tomar el lugar de que al Eterno le corresponde. Las riquezas pueden producir en nosotros actitudes negativas acerca de las cosas materiales. Nuestro Maestro y Dueño Yeshúa lo advirtió así:

 «… Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee».

(Lucas 12:15)

«Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.«
(Mateo 6:24)

Por esto también la exhortación profética advierte de este modo:

«Así dijo Yahvéh:

No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.

Más alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Yahvéh, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Yahvéh».

(Jeremías 9:23-24)

Al mirar en las Sagradas Escrituras, en la sección llamada Ekev, descubrimos que ellas revelan en sus líneas un paradigma muy importante que todo hijo primogénito debe tener en su conciencia constantemente: las riquezas son un resultado del pacto entre el Eterno e Israel. Entonces el asunto queda perfectamente claro: si cumplimos nuestra parte del pacto podremos disfrutar también de bendiciones materiales, tal y como está escrito en la enseñanza paulina:

“Dios… nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos.”

(1 Timoteo 6:17)

Hemos visto que el Eterno saco a Su Pueblo de Mitzrayim (Egipto) para llevarlos a la tierra de promesa. Un lugar donde ellos tendrían la manifestación de muchas bendiciones en diversas áreas de su materialidad. Sus vidas prosperarían al punto de tener más allá de lo suficiente. ¡Las bendiciones sobreabundantes iban a ser evidente en sus vidas!

Por ello, Moshé le dice a los israelitas que debían recordar lo que Yahvéh había hecho por ellos durante sus cuarenta años en el desierto. Él recontaba la fidelidad de Dios y su prueba con el maná. Él les dice:

«no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.«

Es decir que si Israel pusiera cuidado en cada palabra que procede de la boca de Yahvéh, entonces el SEÑOR tendría cuidado de sus necesidades materiales, y los traería hacia una tierra llena de bienes materiales. Así queda demostrado que Dios no está en contra de bienes materiales en la vida de sus hijos redimidos, excepto cuando se interponen entre nosotros y Él. El Eterno quería, quiere y querrá bendecir materialmente a un Israel espiritualmente obediente.

Ante eso, Moshé les recuerda acerca de la corrección paternal de Yahvéh. Durante su lucha de cuarenta años, «Sus vestiduras no se gastaron, ni sus pies se hincharon…» Él les dijo que Dios estaba con ellos durante todas sus luchas.

También habla de un tiempo y lugar en el futuro donde comerán buena comida, sus cosechas florecerán, vivirán en casas que no construyeron, y su tierra recibirá una bendición sobrenatural de productividad. Por eso, les ordena:

“Así que comerán y estarán satisfechos, y bendecirán a YHVH su Elohim por La Tierra buena que Él les ha dado.”

(Deuteronomio 8:10)

El Eterno manifestó que el futuro de Israel era un futuro glorioso y lleno de la provisión divina. Pero existía un peligro, …¡el peligro del olvido de Su Nombre! Por eso, Yahvéh les advierte a todo el pueblo que estén vigilantes para no cometer el error de olvidarse que Él era la Fuente que les daba la habilidad poderosa de adquirir riquezas.

Es común que tengamos en gran estima a nuestro arduo trabajo e inteligencia, y no está mal. Sin embargo, debemos también pensar constantemente en que Yahvéh nos da el cuerpo, el cerebro y el talento para lograr todo cometido. ¡Todo es de Dios!

Por eso, cada vez que estemos viviendo en escasez tendremos que hacernos el siguiente planteo: Si los bienes materiales son parte del pacto que tenemos con el Eterno ¿por qué no tenemos más riquezas?

Para contestar esta pregunta presentamos aquí ocho razones posibles:

  1. Presencia activa de maldiciones. Estas pueden ser de tres categorías:
    • Maldiciones ocasionadas por la iniquidad familiar generacional: Es decir, que sufrimos las consecuencias de la desobediencia de nuestros antepasados. Si confesamos los pecados de nuestros antepasados y pedimos perdón por ellos, cambiando nuestra conducta, y no haciendo más como ellos hicieron, obedeciendo los mandamientos, podremos romper esas maldiciones.
    • Maldiciones regionales y/o nacionales: Por vivir en un país pobre es posible ser parte del ambiente de pobreza que hay allí. Las maldiciones que han causado esa pobreza no son levantadas sin el arrepentimiento del pueblo, de aquellos pecados que causaron esas maldiciones. Especialmente los tres pecados cardinales causan este tipo de maldiciones en las naciones: idolatría y ocultismo, derramamiento de sangre inocente y sexo libre. Es posible romper la maldición sobre una tierra de manera parcial, como vemos en la vida de Yitsjak en Génesis 26.
    • Maldiciones pronunciadas: Por medio de tu lengua podrás traer pobreza o abundancia sobre tu vida. Por eso no digas “No tengo” o “soy pobre”. Cambia tu Programación Neuro Lingüística (PNL) y di en voz audible: “el Eterno me dará todo lo que yo necesito.” Acostúmbrate a confesar con tus labios lo que está escrito: “nunca he visto desamparado al justo ni a sus hijos mendigando pan” (Salmo 37:25). “Yahvéh es mi pastor nada me faltará” (Salmo 23:1). En la carta a los Romanos, el apóstol Pablo dejó escrito: “Con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10). Recuerda que Salvación implica que el hombre sea rescatado de una situación que lo limita en angustia para que no logre cumplir el propósito del Eterno. Así que, salvación implica también la liberación de la pobreza económica, y para obtener esa salvación hay que confesar la Torah con la boca. La confesión de las Palabras del Eterno te salvará de la pobreza.

2. Desobediencia a los mandamientos (cf. Deuteronomio 28, Levítico 26).

3. Retención del diezmo y las ofrendas (cf. Malaquías 3:9).

4. Hurto no restituido (cf. Zacarías 5:1-3).

5. Prioridades equivocadas (cf. Hageo 1). Las prioridades del Eterno tienen que ser las mías. Lo que él considera importante tiene que ser importante para mí. Si puedes gastar en un restaurante más dinero para una comida que en la ofrenda para apoyar al que te enseña la Torá, has mostrado que tu estómago es más importante que tu amor por Yahvéh. Estás más interesado en satisfacer tus deseos naturales que buscar el Reino del Eterno.

6. Motivaciones equivocadas (cf. Stg. 4:2-4; Proverbios 22:4).

7. Falta de oración (cf. Stg. 4:2).

8. Mala administración: Cuando hemos aprendido a administrar lo que tenemos de manera correcta, Yahvéh nos da mucho más. Si hay una mala administración de los bienes materiales, el Eterno retiene su mano, porque no confía en nosotros. Si no sabemos administrar poco, ¿cómo él nos confiará mucho?

El versículo 18 es claro en cuanto al propósito de las riquezas que el Eterno quiere otorgar a sus hijos:

«A fin de confirmar su pacto»

Esto nos recuerda por qué Yahvéh nos ha bendecido. Su objetivo es que al se cumpla su propósito eterno: la Redención plena del mundo. Es por esto que nuestras riquezas materiales deben ser utilizadas para expandir Su Reino en la Tierra, no en el cumplimiento de nuestros deseos egoístas.

Yahvéh, nuestro Dios, quiere que disfrutemos de los beneficios, pero hay un propósito más grande que nosotros y nuestra comodidad personal. Él anhela que Su pueblo sea conducto de Sus bendiciones por el propósito de Su Reino y justicia, no solo recipientes de la bendición (Mateo 6:33).

 

NOTA PROFÉTICA:

Mientras meditaba en todo esto, me doy cuenta por qué en estos últimos tiempos el Eterno me ha permitido, a través de este Blog, tomar contacto con un grupo de varones y mujeres del mercado que anhelan ser canales de bendición para que el Evangelio del Reino (la Torah en la mente y el corazón del hombre) sea proclamado en las naciones. Estos son personas profesionales alrededor del mundo con pericia y experiencia, que me han manifestado que están estableciendo negocios con el único objetivo de generar grandes cantidades de dinero para que las almas alrededor del mundo tengan el conocimiento que en este Blog se comparte. Son personas con experiencia en el mercado, dotadas con habilidades para los negocios. Ellas me han manifestado que sólo estarán satisfechas cuando los códigos de la Torah produzcan la transformación cultural de ciudades y naciones enteras. No piensan en una congregación, sino más bien en llenar una nación entera con congregaciones que capaciten a los santos para la obra del ministerio.

Muchos de ellos me han solicitado que los guíe a formar alianzas del Reino. compuestas de equipos ungidos, que usarán sus empresas para generar ganancias con el solo propósito de hacer llegar este evangelio del Reino hasta lo último de la Tierra.

Intercediendo por ellos, Yahvéh me ha mostrado que dará a estos varones y mujeres «invenciones y estrategias ingeniosas» mientras duermen. Él me ha manifestado que estas personas tienen una unción especial para liderazgo en negocios o gobierno. Ellos son persona de abundantes recursos que prefieren conducir su trabajo en privado, lejos del centro de atención del hombre, pero bajo el centro de atención del Cielo. Varones y mujeres que despiertan en el medio de la noche para orar para que el Reino de Elokim venga. Su tiempo de oración está enfocado en la promesa: «Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la Tierra» (Salmos 2:8). Sus empresas y ganancias jugarán un papel dominante en la implementación de estrategias en estos días postreros.

Arden con el fuego del Eterno en su ser con el interés de generar millones solamente para el Reino. Ellos caminan humildemente delante del Señor. ¡Ellos viven Deuteronomio 8:18!

El Eterno me ha encomendado que ayune y ore a fin de recibir la capacitación que me conducirá a pastorear a estos varones y mujeres y comisionarlos y enviarlos a generar dinero para la Cosecha del Tiempo Final.

¡Bendito sea Su Santo Nombre!

En amor y servicio: David Nesher

 

El Mejor Refugio para el Alma (Torah y Mashiaj)

“Todas las ciudades que daréis a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades, junto con sus tierras de pasto.”

(Números/Bamidbar 35:7) 

Cuando Yahvéh ordenó a Moshé la repartición de la Tierra Prometida entre las tribus de Israel, los leviím (levitas) no recibieron ningún territorio. En lugar de ello se les otorgaron cuarenta y ocho ciudades a ambos lados del Jordán. Seis de ellas, tres a cada lado de este río, fueron instituidas como arei miklat (“ciudades de refugio”).

En este texto notamos como el Eterno continúa su método pedagógico que permitía a Israel entrenarse en la midot (cualidades) de la benevolencia (Jesed) en balance con la disciplina (Guevurah) a través de la práctica de la generosidad compasiva (Tiferet) para con el prójimo. Cada tribu recibió la orden de dar ciudades y tierras a los levitas dentro de sus fronteras. Es interesante ver que Yahvéh no dictó cuáles serían todas las 48 ciudades de los levitas, sino cedió a sus hijos decidir qué ciudades querían dar a los levitas. El Eterno dio a cada tribu un área de la tierra y luego cada tribu tenía que dar de lo que había recibido a los levitas.

Alrededor de cada ciudad existía un terreno de dos mil codos (1 km) en cada dirección. En el versículo 4 aparece una aparente contradicción, ya que se habla de mil codos, pero en el versículo 5 se habla de dos mil codos. El Talmud resuelve esto diciendo que los primeros mil codos fueron dejados como un espacio abierto, y los otros mil codos servían para campos y viñas.

Recordemos que el mitzvah (mandamiento) de Yahvéh sobre la santidad de la sangre era muy explícito. El derramamiento de sangre humana contaminaba la tierra en la que vivían los hijos de Israel, en medio de la que residía la Shekinah (Presencia) del Eterno, y solo se podía expiar por medio de la sangre del que la había derramado. (Gn. 9:5, 6; Nm. 35:33, 34), preferiblemente a manos del “vengador de sangre,” el pariente masculino más cercano. Así, en el caso de un asesino, cuando el vengador de la sangre le daba muerte “sin falta” (Ex. 21:23; Nm. 35:21), quedaba vengada la sangre de su víctima y se satisfacía la ley de “alma por alma”. El vengador de sangre o goel tenía el derecho y la responsabilidad de matar al asesino: “No tendrás piedad de él; sino que limpiarás de Israel la sangre del inocente, para que te vaya bien”. (Dt. 19:13).

Hasta aquí todo muy entendible, pero, ¿qué pasaba con el homicida involuntario, aquel que, por ejemplo, mataba a su hermano cuando por accidente se desprendía la cabeza del hacha al cortar leña? (Dt 19:4, 5) Para tales desafortunados el Eterno amorosamente proveyó las ciudades de refugio, donde el que derramaba sangre por accidente podía hallar asilo y protección del vengador de la sangre. (Nm. 35:6-32; Jos. 20:2-9).

Lo asombroso que aquí podemos ver, es que no hay prisión en la cosmovisión de la Torah. Evidentemente el Eterno revela que el diseño humano de las prisiones no corrige. Todos sabemos que la gente que sale de la cárcel, en su gran mayoría, sigue conectada con la mentalidad criminal y terrorista. Por lo tanto, según la voluntad divina, la persona que cometió homicidio involuntario debe ir a una ciudad de refugio. Las ciudades que fueron construidas para tales asuntos, indican la intervención directa del gobierno de Yahvéh que quiere separarlos de los demás. De esta manera el Creador mismo marca Su línea entre ellos. La persona debe vivir en esta ciudad, sin derecho a salir de ella. Si viola esta condición, puede ser muerta a manos del vengador de sangre.

Por eso, notamos que las leyes de la Torah de las ciudades de refugio son singulares. Si una persona mata a otra accidentalmente debe huir a una de estas ciudades, tres a cada lado del río Jordán. Mientras se encuentre dentro de los límites de la ciudad, ningún pariente del difunto tiene permitido dañarlo. Si quiere estar a salvo, el perpetrador de ese crimen involuntario debe permanecer en la ciudad de refugio sin abandonar sus límites hasta la muerte del Sumo Sacerdote.

Ahora bien, de las 48 ciudades de los sacerdotes y levitas había dos clases de ciudades de refugio. Todas daban refugio a los homicidas involuntarios. Pero seis de ellas también recibían a los homicidas que habían matado a sabiendas hasta que una sentencia fuese dictada. Los que huían a las 42 ciudades tenían que pagar por su vivienda y la comida mientras que los que huían a las seis ciudades tenían el derecho de una cama y comida sin costo, por la provisión de los levitas. De esta manera también los levitas fueron entrenados a ser generosos, incluso con los asesinos. Así, el Eterno proveyó una “salida celestial” para proteger a Su pueblo de asesinatos cíclicos provenientes del sentimiento de venganza que plagaban a tantas naciones circundantes. Les proveyó una respuesta para no tan sólo proteger al que accidentalmente derramara sangre, sino que también protegía a la persona que procurara la venganza.

Aunque el término “Ciudad de Refugio” pudiera dar la impresión de un lugar indulgente, en realidad era un lugar de juicio (din) divino. El homicida involuntario sólo podía quedarse allí si era declarado inocente de asesinato por premeditación y alevosía. Si la persona huía a dicha ciudad, su caso era escuchado en la puerta de la ciudad por los ancianos gobernantes. Si era hallado culpable, no se le permitía entrar y era entregado a manos del vengador de sangre para darle muerte. La ciudad de refugio estaba allí simplemente para asegurar que la persona pudiera hacer su defensa y asegurar que nadie inocente fuera muerto antes de que su caso fuera escuchado.

La vida dentro de la ciudad estaba llena de beneficios celestiales para el delincuente, además de la evidente seguridad y poder escapar de la muerte. Entendamos que estas ciudades eran administradas por los levitas, quienes proveían un ambiente educativo saludable para la persona hallada culpable de homicidio involuntario. Si el ofensor finalmente lograba regresar al mundo fuera de la ciudad, sería un mejor ciudadano y seguidor de Yahvéh. Al ser expuesto al estilo de vida en esa ciudad, podría resultar ser más sabio y mejor, obteniendo el favor de Yahvéh y muchas bendiciones que él mismo aprendía a hacer descender para rectificar un mundo mejor.

Para comprender mejor el funcionamiento de este diseño judicial, comprende poner atención a los procedimientos que se seguían. Cuando un fugitivo llegaba a una ciudad de refugio, tenía que exponer su caso a los ancianos en la puerta de la ciudad, y debía extendérsele hospitalidad. A fin de evitar que los que cometían asesinatos intencionados se aprovechasen de esta provisión, después de exponer el caso en la ciudad de refugio, el fugitivo tenía que someterse a juicio y probar su inocencia en las puertas de la ciudad bajo cuya jurisdicción había ocurrido la muerte. En caso de hallarle inocente, era devuelto a la ciudad de refugio. Sin embargo, solo podía garantizarse su seguridad si permanecía en la ciudad el resto de su vida o hasta la muerte del sumo sacerdote. No era posible aceptar ningún rescate con el fin de alterar estos términos. (Nm 35:22-29, 32; Jos 20:4-6.) Ni siquiera el altar sagrado de Jehová podía proteger a los asesinos, como se mostró en el caso de Joab. (Éx 21:14; 1Re 1:50; 2:28-34).

Nuestro Refugio Psíquico.

Para comprender los códigos mesiánicos que se esconden en este diseño divino de justicia necesitamos sumergirnos y meditar en muchos detalles que él se encuentran.

Según la explicación del Talmud se sabe que en los tiempos bíblicos existían señales de tránsito esparcidas literalmente por toda la tierra de Israel señalando hacia la ciudad de refugio más cercana. Cada cartel tenía dos palabras: Miklat Miklat. El valor numérico de la palabra miklat es 179, un número primo, que al estar dos veces suma 358. Este número (358) es también la guematría de «Mashíaj«.  De esto inferimos que la señal del camino apuntando hacia la ciudad de refugio, en realidad es una codificación que apunta a una nueva conciencia, la mesiánica. Mentalidad que era necesario que cada hebreo adquiriera a fin de acelerar los tiempos de la manifestación mesiánica que el Eterno prometiera a Avraham su simiente daría en bendición a las naciones.

Debemos saber que para dar refugio a la persona culpable de homicidio accidental, y que se salvara del vengador de sangre, se tomó una medida para asegurar que los principales caminos que conducían a estas ciudades se mantuvieran siempre abiertos. Ninguna parte del territorio de Israel estaba a más de 50 km. de distancia de una ciudad de refugio. Este era un tramo que podía fácilmente cubrirse en un día. Se proporcionaron las ciudades de refugio para proteger a una persona hasta que se decidiera adecuadamente sobre su caso. El derecho de asilo era sí o sí solamente para quienes sin intención habían tomado la vida de otro.

Como lo habrán notado más arriba, la palabra hebrea para «refugio», es miklat, aparece 10 veces en esta sección de la Torah en dos grupos de cinco. El primer concepto comparable que viene inmediatamente a la mente es el del Aseret HaDibrot (el Decálogo, también mal llamados Diez Mandamientos), los que también fueron entregados en dos tablas de 5. El hecho que la palabra miklat aparezca diez veces asocia a las ciudades de refugio con la esencia del número 10. Este número perfecto corresponde a los diez poderes del alma, que debemos rectificar e iluminar con la luz divina de nuestras almas. Debemos activar los diez poderes de nuestra alma para correr hacia la ciudad de refugio (que representa a la Torah) e incorporar Su mensaje.

Como ya he mencionado en el párrafo anterior, la palabra miklat aparece en dos grupos de cinco. El primero de estos grupos aparece al comienzo de la discusión de los asesinatos involuntarios. En este grupo, la palabra miklat aparece tres veces vinculada a la palabra hebrea ir, que se traduce como «ciudad«, y dos veces como lemiklat, que significa «al refugio«. Todas estas referencias son impersonales. A continuación de esta discusión inicial del asesinato accidental, la Torah continúa relatando las leyes de la persona que mató intencionalmente, retomando luego nuevamente la discusión de las muertes accidentales. Pero esta segunda vez miklat aparece en un contexto personal, utilizando la forma miklató, «su refugio«.

Además de refugio, la raíz hebrea de miklat (kuf- lamed-tet), tiene otros dos significados: absorción e integración. Ambos están incluidos en nuestra comprensión de la función de la ciudad de refugio. El proceso de absorción comienza cuando una persona ingresa a una nueva realidad absorbido por el nuevo ambiente que lo rodea. Lentamente se va familiarizando con sus nuevo vecindario, comienza a amarlo y aprende cómo funcionar alegre y efectivamente en él. Ha sido absorbido dentro de la luz abarcadora de su nueva realidad. Esta absorción es relativamente impersonal, correspondiente al primer grupo de las 5 palabras de «refugio» ya mencionado. El proceso de integración es una dinámica diferente e incluso opuesta. Integrar una nueva realidad es absorberla dentro de uno, dejándola penetrar y pernear nuestro ser. La integración es totalmente personal, ingresando dentro de la psique de la persona y cambiando su forma de vida. Esto, por supuesto, corresponde al segundo grupo de 5.

Ante todo esto, podemos deducir que cuando una persona huye a la ciudad de refugio (una nueva conciencia de Torah y particularmente su dimensión interior, la mesiánica) primero debe ser absorbida completamente y enamorarse de ella, sin querer irse jamás. En este estado inicial, la Torah rodea todo su ser, y es absorvida en su conciencia, y no es de una importancia crítica que entienda todo lo que estudia.

Cuando huimos a la ciudad de refugio (la Torah), el sentimiento interior más importante que debemos desarrollar es que se nos ha brindado luz y sabiduría divinas infinitas como un regalo inmerecido. Cuanto más se desarrolla este sentimiento, más se va absorbiendo dentro de la conciencia mesiánica de la Torah.

Entonces, para que su nueva conciencia mesiánica permanezca eternamente como parte de su ser, protegiéndolo de dañarse y de dañar a los demás, la persona debe redirigir su experiencia, integrándola conscientemente dentro de su ser.

El texto sagrado mismo explica que sólo la Torah puede rodear completamente a una persona y simultáneamente encontrarse totalmente dentro de ella misma.Esto es porque la sabiduría de la Torah es infinita. No es así el caso de la sabiduría finita mundana que la persona puede no entenderla, en cuyo caso la sabiduría lo rodea por fuera, o si por el contrario la comprende totalmente la sabiduría está sólo dentro suyo. Como es limitada, no puede rodear a la persona y a la vez estar adentro simultáneamente. Sólo la sabiduría infinita incluye ambas dinámicas de absorción e integración. Este pensamiento está reflejado en los Salmos, 1:2, que describe a la persona feliz que se conduce en los senderos de la Torah. La primera parte del versículo reza: «…su deseo está puesto solamente en la Torah de Di-s». Esta es la etapa de la absorción. La Torah es del Eterno y el único deseo de la persona es ser absorbida dentro de ella. La segunda parte del versículo dice: «y en su Torah se sumergirá día y noche». En este punto la Torah ya ha sido integrada en el alma de la persona, más todavía cuando es llamada «su Torah», del propio estudiante.

Espiritualmente, la máxima ciudad de refugio es la Torah, como Yahvéh le ordenó a Yehoshúa: «y la estudiarás día y noche» (Jos. 1:8). Cuando corremos hacia la Torah, mostramos que nuestra voluntad desea sus códigos de Luz Infinita para continuar el camino de la vida (en hebreo correr se dice ratz, semejante a la palabra «voluntad», ratzón). Expresamos así un deseo muy fuerte de sumergirnos completamente en sus profundidades, refugiándonos en sus palabras reparadoras. Cuando nuestra conciencia está completamente alineada con la Torah, ya no somos vulnerables a los daños y más importante aún, ya no estamos en una situación mental que nos posibilite o de cabida a herir a otro, incluso involuntariamente.

Cuando corremos hacia la dimensión interior mesiánica de la Torah, somos absorbidos en ella y la integramos dentro de nuestras almas. Así ingresamos a un estado de conciencia mesiánica, en a que somos uno con Mashiaj mismo. Desde este estado podemos misionar rectificando nuestras almas, y trayendo así la verdadera redención al mundo entero.

La Forma que Dios tiene para Dar Dinero a sus Hijos

Por P.A. David Nesher

 

«Porque no por salir hacia el oeste, ni del desierto a las montañas, porque Dios es el Juez, El humilla a uno y levanta a otro»

(Tehilím/Salmos 75:6- 7)

 

¿Cuál es el significado de estos versículos?

Antes que nada debo explicar que este tipo de texto pertenece al fruto literario de lo que se conoce como el movimiento sapiencial de Israel. El movimiento de la sabiduría (jokmah) o sapiencial en su triple dimensión, intelectual, moral y religiosa, influyó poderosamente en el pueblo. El mismo comenzó con David, continuó con Salomón y se diseminó como reguero por diferentes caminos humanos, entre ellos los profetas pre-exilicos. Su principal finalidad era orientar la vida práctica en consonancia con la fe, aplicando a las mil y una situaciones de la existencia humana las enseñanzas de la Instrucción (Torah) de Dios de modo que se asegure una vida dichosa, digna de ser vivida. El género sapiencial aparece en la TaNaK entrelazado con la poesía y constituye lo esencial de tres libros: Job, Proverbios y Eclesiastés, bien que en otros hallamos pasajes del mismo carácter en forma de máximas, refranes, acertijos, parábolas, etc. (Jue. 9:8-15; 14:14; 1 S. 24:13; 2 S. 12:1-6, entre otros).

En la sabiduría hebrea de Israel, a diferencia de la de otros pueblos orientales, se combina el conocimiento adquirido por la experiencia con la revelación que otorgan los códigos de la Luz Infinita, escritos en la Torah. Es una cualidad natural que se cultiva mediante la instrucción de padres a hijos, y de maestro a discípulos; pero también es un don de Yahvéh (Job 11:6, Pro 2:6 y ss.; Ec. 2:26), fruto de la acción inspiradora de su Espíritu (Job 32:8), y que solamente se adquiere por la fe verdadera (emunah).

Ahora sí, dicho esto, y respondiendo a la pregunta que inició esta bitácora, dire que estos versículos revelan que una persona no necesariamente se vuelve rica por viajar, por negocios de este a oeste, o por aventurarse a lugares distantes, tales como montañas y desiertos. Más bien, sí así ha sido ordenado, Dios despoja de dinero a una persona y provee para algún otro.

Por esta razón, aquellos que estamos redimidos en el Mesías debemos educar a nuestra conciencia para que no cometamos error alguno a la hora de conectarnos con el dinero. El Espíritu de Yahvéh, quien nos unge con su poder, también nos da la inteligencia para administrar los recursos financieros. La sabiduría te puede ayudar a prosperar mucho, pero la falta de ella te deja pobre. Shakespeare decía: «La gente que vive comprando bienes superfluos, llega a tener que vender los bienes necesarios.» Si sigues el camino de la sabiduría y el dominio propio, llegará el día que tendrás con que comprarte lo que quieras; pero si te apresuras, pronto te endeudarás.

Por esto, conviene mucho a nuestra salud integral conocer la cosmovisión que Israel adquirió por medio de lo que las palabras hebreas que usaba a la hora de hablar de dinero. Los nombres hebreos relativos a dinero indican su movilidad:

  • Nejasím, traducida como posesiones.La palabra nejasím indica que después del fallecimiento de una persona, sus pertenencias son sustraídas de ella, y entregadas a otro. (Nejasím está íntimamente relacionada a la raíz mejusé/ ellas son ocultadas de él)
  • Zuzím (un tipo de moneda) significa que aún cuando una persona está viva, su dinero cambia de manos, moviéndose de uno al otro. (Zuzím es derivado de la palabra raíz mover.)
  • Mamón: Mamón es una contracción de la expresión: «Ma ata mone», que al traducirla queda: «¿Qué estáis contando? ¡Es realmente nada!»
  • Maot, traducido como dinero, significa realmente «ma laet» que se traduce: «¿Qué acerca del futuro?» Con ella se da a entender que el dinero no es una posesión eterna (como son  al Torah y sus mitzvot -mandamientos-), sino que permanece con una persona sólo por un cierto período ordenado por Yahvéh.

Todos estos términos para dinero enseñan a una persona con mentalidad hebrea que sus finanzas sirven a su propósito apropiado sólo si ella lo usa en el Servicio de Yahvéh. El dinero debe usarse de una manera que agrade a Dios (Lucas 16:9). Se debe emplear con responsabilidad y honradez (Hebreos 13:18).

Por ello, los textos sapienciales animaban a un israelita a mirar sus bienes como un medio de la materialidad que garantizaba la elevación de las generaciones en el conocimiento y la proclamación de los secretos celestiales revelados en la Instrucción (Torah) divina.

«La herencia del bueno alcanzará a los hijos de sus hijos, pero la riqueza del pecador está guardada para el justo.»

(Proverbios 13:22)

Yahvéh nos quiere bendecir tanto que podamos llegar a dejar herencia aún a nuestros nietos. Por ello, debemos hacer nuestros bienes en el orden que el Eterno establece.

«Prepara tus labores fuera, dispónlas en tus campos y edifica después tu casa.»

(Proverbios 24:27)

El orden que Yahvéh aquí nos enseña para hacer las riquezas es primero «en los campos», es decir en un proyecto de destino bien planificado, después la «casa», representando a aquellos bienes que a corto plazo el ritmo de vida mismo suele proponer, pero con no hacen al orden prioritario de la economía real.

La Trasferencia divina de riquezas.

La herencia del bueno alcanzará a los hijos de sus hijos, pero la riqueza del pecador está guardada para el justo. 

 

Dice la última parte del verso que la riqueza del pecador está guardada para el justo.»

En vedad, la sabiduría está señalando a un nivel alto de prosperidad que apunta a ese momento específico cuando un escogido ya no sólo trabaja para hacer las riquezas, sino también cuando las riquezas trabajan para él y su propósito. Las Sagradas Escrituras dicen en esta porción que el Eterno trasladará las riquezas de los pecadores al justo. La pregunta que cada uno debe hacerse es: «¿soy yo una persona productiva e íntegra en mi trabajo, para que el Eterno se agrade de mí y me entregue las riquezas de los impíos?»

lo dice así:

«Porque, ¿quién comerá y quién se gozará sino uno mismo?

Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; pero al pecador le da el trabajo de recoger y amontonar, para dejárselo al que agrada a Dios.

También esto es vanidad y aflicción de espíritu.»

(Eclesiastés 2:25-26)

Cuando un redimido ha trabajado de una manera que agrada a Yahvéh, el mismo Dios tomará la riqueza de otros y la pondrá en las manos de aquel hijo que agrada Su corazón. En la parábola de los talentos, el amo ordenó que al siervo malo que no produjo lo echaran a las tinieblas, y que el talento que le tenía se lo dieran al que tenía diez talentos. Porque al que tiene se le dará más, y el que no tiene, aún lo que piensa tener, se le quitará (Mateo 25: 28-30). Así se cumplió el verso que dice que las riquezas de los impíos serán trasladadas a las manos de los justos. Es cómo si el Eterno dijera: «He encontrado un hombre que producirá conforme a mi voluntad, a las manos de él ordeno que pasen las riquezas de otros.»

¡Esto es maravilloso! Un redimido puede prosperar por su buen trabajo, y por el mal trabajo que otros hacen.

Bendito sea el Eterno por Su Instrucción que nos exhorta y anima a ser mejor cada día. Esto nos permite esforzarnos por salir adelante, y continuar a una mayor ascensión de consciencia. Por esto, bendice al Señor por las adversidades que tengas, ya que ellas te hacen cada día mejor, y te provocan a buscar más la presencia del Espíritu Santo y vivir en santidad.

Al observar las características de las comunidades mesiánicas del primer siglo, notamos que aquellos discípulos traían los bienes y las propiedades a los pies de los apóstoles. Y si a ellos les traían los bienes, era porque ellos podían producir una multiplicación en esa bendición. El Señor habló a mi espíritu respecto a esto y me reveló que a los apóstoles tenemos autoridad para bendecir la vida económica de los fieles a Su Yugo. Por eso, hoy quiero bendecirte, declarando que en todo lo que haces vas a ser una persona productiva, vas a poder hacer crecer primero tu negocio, y luego tu casa, y también tanto como para darle a otros sembrando en los centros de capacitación que enseñan a decodificar los secretos del Cielo revelados en la Torah. ¡Serás próspero en todas cosas!

Te declaro ¡Shalom!

 

Estableciendo Prioridades Correctas.

Por P.A. David Nesher

«Los descendientes de Reuvén y de Gad tenían mucho, muchísimo ganado. Cuando observaron la tierra de Yazer y la tierra de Guilad, ubicadas al este del Yardén* (Jordán), vieron que el lugar eran aptas para ganado…la tierra que YHVH conquistó delante de la congregación de Israel es tierra para ganado; y tus siervos tienen ganado. Y le dijeron: “Si nos hemos congraciado contigo, que esa tierra nos sea entregada a nosotros —tus servidores—, en propiedad eterna. Por favor, no nos hagas atravesar el Yardén para hacernos establecer allí.

(Números/Bamidbar 32:1; 4-5)

Antes de conquistar la Tierra Prometida, integrantes de las tribus de Reuven y Gad (más tarde acompañados por media tribu de Menashé), se adelantan para pedirle a Moshé los territorios del reino de Sijón, rey del emoreo, y de Og, rey de Bashán, en lo que hoy es Transjordania (más allá del Jordán). Lo solicitan como su porción de la herencia, siendo estas tierras aptas para la cría de ganado y ellos tenían abundantes rebaños.

Ante esta solicitud, Moshé los regaña con dureza. ¿Por qué? En realidad, los códigos de este pasaje revelan que Moshé no estaba enojado porque ellos estaban eligiendo quedarse fuera de los límites de Israel; en realidad ellos estaban ayudando a expandir chispas de santidad por todo el mundo, al extender la Kedushá/Santidad del Creador. Por el contrario, Moshé se molestó con las tribus de Reuvén y Gad por el erróneo orden de prioridades que demostraron, poniendo los negocios y necesidades de su ganado por encima de las necesidades psicofísicas de sus hijos (Num 32:4, 32:16).

Para darnos cuenta de esto, los invito a leer nuevamente el versículo 16, donde podemos apreciar que el ganado es mencionado antes que los hijos. Evidentemente los niños no eran apreciados por los hijos de Gad y de Reuvén. Esto explica por qué ambas tribus habían menguado durante los 38 años en el desierto. Los jefes de familia de estas tribus estaban más interesados en sus negocios que en su familia.

Así la Torah revela el eterno problema de todo varón, preocuparse más por su vida laboral y su estado financiero que por sus propios hijos. Y esto es una iniquidad que atraviesa las generaciones, así podemos comprobarlo si leemos el libro de Génesis cuando dice: “Entonces Reuvén habló a su padre, diciendo: Puedes dar muerte a mis dos hijos, si no te lo traigo; ponlo bajo mi cuidado, y yo te lo devolveré.” (Gn. 42:37) Es bien claro que la actitud del patriarca Reuvén en cuanto a la valoración de sus hijos era lamentable ya que él no valoraba la vida de sus hijos. Él no captó la sabiduría de lo alto que enseña que el valor de una persona supera el valor de los negocios.

Moshé, discerniendo este error de prioridades, corrigió esa actitud egoica, diciendo: “Edificaos ciudades para vuestros pequeños, y apriscos para vuestras ovejas…” (versículo 24), poniendo así a los niños antes que a las ovejas.

Comprendiendo esta codificación yahvista, logramos entender mejor el oráculo del profeta Oseas cuando profetizó a esta zona de Israel diciendo:

“Guilad es ciudad de malhechores, con huellas de sangre.”
(Oseas 6:8).

Evidentemente, de acuerdo a este oráculo de Oseas, en el siglo VIII a.E.C., la zona ubicada al oriente del río Yardén, donde se establecieron las dos tribus y media, era muy conflictiva. El profeta describe que allí la vida humana sufría diariamente una devaluación considerable. Esa será la razón por la que esta zona necesitaría tres ciudades de refugio para dos tribus y media, en contraste con las tres ciudades de refugio para las nueve y media tribus del otro lado del Yardén. Esto nos enseña que la violencia y el bajo valor del ser humano dominaban el área de las dos tribus y media, y habían convertido a esa zona en un hervidero de inseguridad social.

Por causa de esto, esta área terminó siendo la que más sufrió en las guerras contra los enemigos de Israel, y los que vivían allí fueron los primeros en ser llevados al cautiverio por los asirios y los demás pueblos en el año 722 (a.E.C.).

Reflexionando en esto, comprenderemos por qué los expertos en las ciencias sociales aseguran que una sociedad donde la profesión, el trabajo y la empresa preceden a la educación y supervisión paternal de los hijos, termina convirtiéndose en una sociedad enferma, destinada a hundirse en actos de corrupción.

Por todo esto, pido a cada varón que lee esto, especialmente los que ya son padres, que se ejerciten por medio de la oración y el estudio de la Torah en tener en alta estima a sus hijos.

Precioso varón de Yahvéh, no permitas que otros, allá afuera, los eduquen. Separa un tiempo para estar con ellos. Dialoga con ellos; edúcalos, instrúyelos, corrígelos en amor, y juega con ellos revelándoles cuánto los aprecias. Recuerda siempre que en la cosmovisión divina los hijos son mucho más importantes que tu profesión, trabajo o negocio. Acepta lo que Abba nuestro te dice hoy: ¡tus hijos necesitan mucho más de tu tiempo que de tu dinero!

¡Anhelo que esto te haga volver en sí y logres reconfigurar el orden de tus prioridades!

La Guerra contra los Bajos Instintos (Yetzer HaRá)

Por P.A. David Nesher

«Y dijo a ellos Moshé:
¿Acaso dejaron con vida a todas las mujeres? Si ellas fueron una trampa en el consejo de Bilam…,  fueron infieles a Yahvéh en el asunto de Peor, por lo que hubo plaga entre la congregación de Yahvéh.»

(Números/Bamidbar 31:15-16)

Una de las porciones (parashot) que leemos esta semana, Matot, nos relata acerca de la batalla que los israelitas enfrentaron a los medianitas y de su posterior victoria.

Allí la Torah nos cuenta como Moshé reprendió a los soldados debido a que habían traído al campamento mujeres midianitas que fueron tomadas como botín.

El texto deja bien claro que antes de la batalla Moshé les había ordenado acabar con toda la población y ellos, cegados por el deseo, dejaron con vida a aquellas mujeres, cuya seducción había provocado el pecado que atrajo la plaga que costó miles de vidas. Los soldados argumentaron delante de Moshé que no tuvieron la fuerza para resistirse a la tentación.

Ahora bien, en unas líneas más adelante leemos en nuestra parashá, leemos:

“Y dijo Elazar el sacerdote a los hombres del ejército que vinieron a la guerra:

Toda cosa (utensilio) que sea pasada por fuego (para cocinar), será pasada por fuego y se purificará…”.

(Bamidbar 31:21-239)

Si lo volvemos a leer, nos encontramos con algo extraño en el texto:

¿por qué dice que «venían a la guerra», cuando en realidad regresaban de la batalla con Midián?

La respuesta es un codificación para nosotros que conviene mucho considerar. Como bien sabemos, la Torah no es sólo un libro histórico, sino que es un texto encriptado cuyos códigos describen el proceso del alma humana aquí y ahora. Es decir, que existe un nivel de interpretación de la Torah, que nos permite entender los eventos es nivel interno.

Las naciones hostiles a quienes el pueblo de Israel encontró en las páginas de la Instrucción (Torah) representan a esas fuerzas negativas que han ido haciendo nido dentro del ser humano mismo.

Justamente el nombre Madián (hebreo Midián), se relaciona con la palabra hebrea madon que significa “lucha, contienda, rencilla» cotidiana. A la vez, Midián guarda relación con la palabra “Din” que significa juicio, tratando siempre de separar y discriminar. Por ende, las constantes batallas del pueblo de Israel representan las continuas luchas del redimido en el Mesías contra cualidades negativas de su ego que «alimentan» y «energizan» a las fuerzas de HaSatán (el Adversario), que busca activar los juicios de maldición contra el creyente (Efesios 6:10-18).

Frente a la guerra que un escogido libra diariamente contra su instinto maligno denominado en hebreo yetzer hará (tendencia al mal), la guerra física resulta insignificante. El yetzer hará es un enemigo despiadado, ya que no cesa de atacar a la esencia de la persona humana, ni siquiera en su último respiro de vida. Con esto aprendemos que un redimido, sea varón o mujer, está obligado a tomar precauciones para aislarse de malas incitaciones, ya que se lo considera responsable de sus acciones.

Los soldados que habían luchado contra los midianitas, venían con una victoria física sobre sus hombros, pero ahora se enfrentaban a la soberbia y el deseo lascivo, representados en las mujeres midianitas cautivas. Esta es la batalla más difícil; esto es lo que quiere enseñarnos la Torah cuando dice que vinieron a la guerra.

Debes estar siempre alerta; el adversario (HaSatán) te acecha y busca sorprenderte en todo momento.

Ahora bien, seguramente te estarás preguntando: ¿Dónde se encuentra el instinto maligno? Y la respuesta es simple y reveladora: en los lugares en que piensas que no se encuentra.

Por eso, debemos ser sobrios y velar en oración (1Pedro 5:8), a fin de tener siempre presente en nuestras conciencias que el enfrentamiento con el yetzer hará es incesante. En realidad es una conflagración que nunca termina.

Esta estrategia profética la aprendemos de lo que está escrito en el rollo de Devarim:

«Cuando salgas a la guerra sobre tu enemigo, y te lo entregará Yahvéh en tu mano.»

(Deuteronomio 20:1)

Si sabes que todos los días sales a la guerra contra tu enemigo íntimo (el yétzer hará), entonces, Yahvéh te lo entregará en tu mano y podrás vencerlo. Pero si crees que ya lo venciste, y te asientas en la zonas de confort que ofrece el sistema, perderás siempre la batalla.

Por ese motivo, inmediatamente después de que regresaron los soldados de la guerra, les fue encomendado el mitzvá (mandamiento) de la purificación de los utensilios de cocina, también lleno de códigos lumínicos para nosotros.

El precepto ordenaba que toda cosa que fuera pasada por fuego. Resulta interesante la revelación que surge de este mandamiento: un utensilio que pudo haber sido utilizado por un idólatra practicante de hechicería, hay que pasarlo por fuego, para que lo que esté allí impregnado sea destruido con la acción del fuego.

Pero, buscando la praxis ontológica de esto, notamos que esta codificación es una perfecta representación de lo que sucede con el ser humano en su lucha cotidiana. Cuando el alma humana cae en manos del yetzer hará, que es producto de la pasión egoísta, simbolizada en el fuego, debe ser vencido con el fuego de la Torah. No existe otra forma de escapar de él. Por eso, los sabios intérpretes que escribieron el Talmud al explicar el origen de este instinto tan bajo dicen: «He creado el yétzer hará (instinto maligno) y también he creado su antídoto, que es la Torah. Si ustedes estudian Torah, no caerán en su trampa« (Kidushín 30b).

También en esta obra de sabiduría hebrea existe un consejo más:

«Si te encuentras con ese villano (el yétzer hará), llévalo al Bet HaMidrash (Templo Santo). Si es una roca, se desmoronará; si es de hierro, se hará pedazos. Porque la Torah es la luz que ilumina al hombre por el camino que debe ir. No es lo mismo caminar por un sendero oscuro y lleno de trampas que recorrer la misma senda bien iluminada. Aunque estudiemos Torah, debemos ser cautos y saber utilizar su fuego, pues cuando es mal empleado, daña y perjudica. Cuanto más elevado sea el nivel que alcance una persona, mayor será la lucha que tendrá que librar contra su fuerte impulso al mal.» (Suka 52)

Al reflexionar sumergiéndonos en estas profundidades de la Sabiduría divina notamos el compromiso que debemos asumir a diario de buscar en los libros de las Sagradas Escrituras, aquellas estrategias adecuadas para protegernos del yétzer hará que nos asecha constantemente. Además, y sellando esa búsqueda, debemos elevar tefilot (oraciones de alianza) al Todopoderoso pidiéndole que nos fortalezca con Su Unción para salir sanos y salvos de la batalla contra nuestro más grande enemigo.

Entonces, la próxima vez que el yétzer hará venga a provocarte, no lo escuches. Pues una vez que caigas en sus lazos, y HaSatán con sus ángeles te vean pecar,  volarán para acusarte de todo lo que te atreviste a realizar, y así lograr que el rigor divino suelte sus juicios de maldición en tu vida y entorno.

Aceptemos que las dificultades que conseguimos nos dan la oportunidad de mostrar nuestras verdaderas capacidades, revelar nuestra fuerza, valentía y la magnificencia de quien realmente somos en la redención conseguida por nuestro Dueño Yeshúa, HaMashiaj.

¡Gracias por siempre estar junto a mí aprendiendo Torah!

Shalom!

¿A Quién Mató Pinjás?

P.A. David Nesher

“El nombre del hombre de Israel que fue muerto con la madianita era Zimri, hijo de Salu, jefe de una casa paterna de Simeón.15 Y el nombre de la mujer madianita
que fue muerta era Cozbi, hija de Zur, el cual era cabeza del pueblo de una casa paterna en Madián.”

(Bamidbar/Números 25: 14-15)

Al comenzar esta sección (parashá) de la Instrucción (Torah) divina, nos encontramos con una escena un poco extraña: el nieto de Aarón, Pinjás (Finees o Fineas en español), es premiado por su acto de celosía al matar al príncipe de la tribu de Shimón, Zimrí junto a la princesa Midianita, Cozbí. La recompensa consiste en que Yahvéh le otorga un pacto de paz y la kehuná (sacerdocio) por perpetuidad. Ahora bien, no podemos comprender los códigos de esta porción en su esencia de Luz, sin previamente recordar el contexto histórico que aprendimos en la parashá anterior (Balak). Recordemos pues los mismos:

Los israelitas alcanzaron las exuberantes llanuras de Moab. En verdad, un hermoso oasis comparado con el húmedo desierto en el que habían estado vagando por cuarenta años. Descansaron un poco y se sentían bien. Los moabitas (descendientes de Lot, el sobrino de Abraham) y los malvados midianitas  (madianitas), sacaron ventaja de esta situación y se dieron cuenta que su guardia estaría baja. Entonces, implementaron el plan del malvado profeta Bilaam (Números 31:16) de inducir a los hebreos al pecado. Bilaam dijo: “Su Dios es un Dios moral. Si puedes lograr que los hebreos sean inmorales, entonces Dios se va a deshacer de ellos”.

La Torah relata el método que implementaron los Moabitas para hacer caer a los judíos:

Primero, los Moabitas enviaron a sus mujeres más bellas, lideradas por una princesa midianita llamada Kosbí, a seducir a los varones hebreos al pecado de la lujuria, y así hacerlos caer en la idolatría, que finalmente los condenaría a destrucción.

Kosbí y sus amigas llegaron a las afueras del campamento hebreo con sus dioses paganos para incentivar y/o motivar a los hebreos a fin de que los adoren y así conseguir que pequen contra el Eterno. La misión de Kosbí lo consiguió.Muchos hebreos se dejaron llevar por la belleza de estas mujeres, y empezaron a pecar contra Dios. Por ello, Yahvéh envió una fuerte plaga para los hebreos del campamento.más no para los pecadores.

Ahora bien, cuando analizamos los nombres de estas dos personas a la luz de su etimología y de la guematría, sus significados son cuanto menos sorprendentes. En el primer lugar Zimri (זמרי) puede leerse como “mi canto”, “mi canción”. Viene del verbo hebreo Zimer (זמר), que significa “cantar”. Pero, también está relacionado con la expresión Zamar (זמר) que quiere decir “cortar”. Si ahora invertimos las letras de esta palabra (zamar) obtenemos Mazar (מזר), que significa “pudrirse”, “corromperse”. Con estas concepciones de las raíces hebreas logramos captar una revelación divina encriptada en el texto.

Ahora los invito a considerar la guematria de ambas palabras (zimri y mazar) que es 247:

ז = 7

מ = 40

ר = 200

————-

247

En cuanto a Kozbí (כזבי) encontramos en ella la  expresión hebrea Kozeb (כזב), que significa “embustero”, “mentiroso”. Su guematría es 39. La misma está relacionada con algo prohibido que profana lo sagrado (por ejemplo los 39 trabajos que están prohibidos en Shabbat).

כ = 20

ז = 7

ב = 2

י = 10

———–

39

Hasta aquí seguramente nuestras mentes se elevan ante estos secretos develados. Pero lo más sorprendente ocurre cuando sumamos la guematría de Kozbí, 39, con la de Zimrí, 247. El resultado que obtenemos es 286.

Entendemos que el pecado de Zimrí y Kozbí habían causado un cortocircuito en las bendiciones que vienen de la mano del Eterno. Buscando la guematría de mano, la misma es 10, valor de la letra Yud, con la que comienza el Nombre Bendito del Eterno. (Recordemos que Pinjás recibió en el Pacto de Paz, una letra yud pequeña en su nombre.)

Entonces, si a la cifra 286 le sumamos el valor de la letra yud que es 10, el resultado obtenido coincide con mismo valor guemátrico que la palabra Acor (עכור), palabra que significa “turbio”, “siniestro”.

כזבי = 39

זמרי = 247

————–

286 + 10 = 296

Acor

ע = 70

כ = 20

ו = 6

ר = 200

————

296

De este modo vemos que con quien en realidad se enfrentó Pinjas. Él en verdad, arremetió contra HaSatán mismo y sus fuerzas destructivas. Pinjás fue contra la corrupción y la mentira, que genera lo siniestro en la mente y el corazón humano, para convertirlo en un portal del lado oscuro (Sitrah AjRá).

Nota:

Los invito a leer también:
Las Cinco Señales de Sanación y Protección de Pinjás

Los 49 Portales de la Torah

Por P.A. David Nesher

 

«Habló el Señor a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y dile: Cuando enciendas las lámparas, las siete lámparas alumbrarán hacia adelante del candelero. Y Aarón lo hizo así; encendió hacia la parte anterior del candelero sus lámparas, como el Señor lo mandó a Moisés. Y esta era la hechura del candelero, de oro labrado a martillo; desde su pie hasta sus flores era labrado a martillo; conforme al modelo que Jehová mostró a Moisés, así hizo el candelero.»

 (Números 8:1-4).

Aharon y sus hijos los kohanim (sacerdotes), recibieron de parte de Moshé, el secreto de que la Menorah misma revela el obrar de la Luz de la Torah en el alma del ser humano redimido.

Lo primero que ellos captaron fue que la Torah es el plano cósmico elaborado por el diálogo privado del EinSof (Infinito) en Su gloriosa eternidad, antes de la creación, y contemplado por Él para concebir Su obra. Así, ellos recibieron la revelación que el término Torah (Instrucción) está estrechamente relacionado con la expresión Oraitah, traducida muchas veces Torah de Fuego, pero que en realidad significa Enseñanza de la Luz (de aquí es que a Torah también se la traduce como enseñanza).

Aharón y sus hijos descubrieron la relevante trascendencia que tenía el simbolismo de la Menorah por lo que ella se convertía en el instrumento que alumbra el trayecto conducente a la Torah, el plano de todo el Cosmos.

La primera Menorah fue detalladamente descripta por Yahvéh a Moshé, que debía encargarse de su producción en una sola pieza grande de oro, con un mástil principal y seis brazos salidos de cada lado, con un recipiente en cada una de esas siete puntas, que recibirían el aceite que sería encendido, con adornos de flores y almendros:

«Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores, serán de lo mismo. Y saldrán seis brazos de sus lados; tres brazos del candelero a un lado, y tres brazos al otro lado. Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salen del candelero; y en la caña central del candelero cuatro copas en forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores. Habrá una manzana debajo de dos brazos del mismo, otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, así para los seis brazos que salen del candelero. Sus manzanas y sus brazos serán de una pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro. Y le harás siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante. También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro. De un talento de oro fino lo harás, con todos estos utensilios. Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.»

(Shemot/Éxodo 25:31-40)

Hasta los utensilios para usar el candelabro debían ser de oro puro (el matacandela y la despabiladera). El oro, metal precioso por excelencia, nos habla de lo que es imperecedero, aquello que no se devalúa, que no se corrompe. El oro ha sido empleado desde tiempos inmemoriales como expresión de los más altos valores y prueba de ello es que en la ceremonia de casamiento se emplea un anillo de oro, denominado comúnmente alianza, para denotar la permanencia y trascendencia de las promesas que ese hombre y esa mujer están haciéndose. Así como el oro resiste las agresiones de agentes externos y hasta el mismo paso del tiempo, también el matrimonio quiere aspirar a perdurar a través de todas las pruebas y vicisitudes, siendo ese anillo la expresión de tal clase de amor.

La Menorah estaba formada por siete brazos que culminaban en siete lámparas que debían arder desde la tarde hasta la mañana (Éxodo 27:21), siendo tarea diaria del sacerdote su encendido, su suministro, realizado con aceite puro de olivas machacadas (Éxodo 27:20) y su limpieza (Levítico 24:4).

La llama del mástil central era llamada “auxiliar”, cuyo fuego servía para alimentar a los otros seis.

La Menorah tenía una característica sumamente particular, todas las lámparas estaban reclinadas hacia la del medio y alumbraban en dirección de esta vela central.

Aharón y los sacerdotes que lo sucedieron debían encender la menorah todos los días por la mañana, reemplazando el aceite y limpiando las lámparas.

La Torah: Ciencia Divina para el Alma Humana.

Con el conocimiento de este diseño, los kohanim disfrutaban de la ciencia celestial que revelaba que la Torah es el regalo divino que alumbra al mundo con sus enseñanzas. Esta es la causa por la que la Menorah estaba ubicada en el lugar central de la casa de Yahvéh, en el sitio más selecto. Así este sistema codificado nos lega un mensaje valiosísimo: «Para llegar a los secretos de la Torah, hace falta guiarse por la Luz de la Menorah, sin desviarse a diestra ni a siniestra.»

¿Cómo se logra esto?

Siguiendo las enseñanzas que emanan de la estructura de la Menorah misma.

En el rollo de Shemot, encontramos la descripción estructural de la Menorah (Éxodo 25: 31-38) con los siguientes datos:

  • 7 brazos
  • 11 flores,
  • 9 botones,
  • 22 cálices.

La altura de la Menorah, es un dato que los sabios dedujeron después de años de ardua investigación. Para lograrlo, ellos analizaron exhaustivamente el tema, reuniendo todos los testimonios posibles de quienes sabían las dimensiones de la Menorah realizada por Moshé en el desierto. Así, y luego de arduos debates, llegaron a la conclusión que la altura de la Menorah debía ser de 17 tefajim (puños).

Tomando estos cinco pormenores estructurales (es decir, cantidad de brazos, flores, botones, cálices y altura), podemos hacer una análisis escrupuloso de los códigos que se encuentran escondido en ellos, y señalan a la importancia de la Torah en el alma humana.

Los kohanim descubrieron que los siete brazos de la Menorah, aluden al Séfer Bereshit (Libro de Génesis), coinciden exactamente con la cantidad de palabras que contiene el primer versículo de este libro:

(1)Bereshit (2)Bará (3)Elohim (4)Et (5)Hashamáyim (6)Veet (7)Haáretz./

(«En el principio Creó Dios los cielos y la tierra.»)

Llegaron a la conclusión también que las once flores de la Menorah simbolizaban al Séfer Shemót (Libro de Éxodo) en sus primeras once palabras:

(1) Eleh (2) Shemot (3) Benei (4) Israel (5) Habaim (6) Mitzrayma (7) Et (8) Yaacov (9) Ish (10) Ubeitó (11) Bau./

(«Estos son los nombres de los hijos de Israel que vinieron a Egipto con Yaacov, cada uno con su casa vino.»)

Los nueve botones de la Menorah coinciden exactamente con las primeras nueve palabras del libro de Vayikrá:

(1) Vayikrá (2) El (3) Moshé (4) Vaydaber (5) A. Elav (6) (7) Meohel (8) Moed (9) Lemor.

Llamó a Moshé y Le Habló El Eterno desde el tabernáculo de reunión diciendo.

Asimismo la altura de la Menorah (17 puños) coincide exactamente con las primeras diecisiete palabras del libro de Bamidbar:

(1) Vaydaber (2) A. (3) El (4) Moshé (5) Bamidbar (6) Sinaí (7) Meohel (8) Moed (9) Beejad (10) Lejódesh (11) Bashení (12) Hashaná (13) Hashenit (14) Letzetam (15) Meéretz (16) Mitzráyim (17) Lemor.

(Habló El Eterno a Moshé en el desierto de Sinaí desde el tabernáculo de reunión, en el primero del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, diciendo.)

Por último, los veintidós cálices de la Menorah simbolizan a los primeras veintidós palabras del Séfer Devarim:

(1) Eleh (2) Hadevarim (3) Asher (4) Diver (5) Moshé (6) El (7) Kol (8) Israel (9) Veever (10) Hayardén (11)Bamidbar (12) Baaravá (13) Mol (14) Suf (15) Bein (16) Parán (17) Ubein (18) Tofel (19) Belaván (20) Vajatzerót (21) Vedi (22) Zaháv.

(Estas son las palabras que Moshé habló a todo Israel en el otro lado del Yardén, en el desierto, en la llanura frente a Suf entre Parán y entre Tofel y Laván, Jatzerót y Di Zaháv.)

Al abrir nuestra conciencia a este conocimiento, logramos entonces realizar una relectura de lo que está escrito en Tehilah (Salmo) capítulo 119, vers. 130: «El principio de tus palabras alumbra; hace entender a los simples.» Es decir, que en las primeras expresiones de cada rollo de la Torah se evidencia que la voluntad del Eterno es conducir al alma humana al pleno desarrollo de su diseño original.

Atendiendo a esta cosmovisión yahvista, vale la pena realizar una lectura al siguiente versículo de los Salmos:

«¡La Suma de Tu Palabra es Verdad!«

(Salmo 119:160)

Ahora, conociendo que en la Menorah hay una codificación llena de certezas que permiten valorar el origen divino de la Torah (Instrucción), también podemos aceptar, sin duda alguna, el origen inspiracional divino que tienen el resto de los escritos de las Sagradas Escrituras (mal llamadas Biblia). Esto se demuestra realizando la siguiente contabilidad:

Contando los adornos de los 3 primeros brazos hasta el brazo central obtenemos:

  9 + 9 + 9 + 12 = 39 (treinta y nueve)

¡Los 39 (treinta y nueve) Libros que conforman el denominado Antiguo Pacto!

Y si contamos los adornos de los 3 últimos brazos que nos que nos quedan obtenemos:

   9 + 9 + 9 = 27

¡ Todos los 27 Libros del Pacto Renovado!

Aún queda un dato más para compartir y así mostrar como la menorah era en verdad un mecanismo de gran entrenamiento profético para los kohanim, y desde estos, para todos los integrantes de Israel. En el libro de Shemot (Éxodo) vemos que cada brazo de la Menorah debía tener 9 cosas (devarim, que se traduce «cosas», es la misma palabra hebrea para “palabras profeticas”) o adornos, es decir, cada brazo tendría 3 cálices con su bulbo y una flor (Éxodo 25:31-40).Pero vemos que el brazo del medio que le llama “Lámpara” (Ex 25:34) tendría 4 cálices con sus bulbos y flores, en total 12 devarim (cosas).

Pues bien, la Lámpara o Menorah era una herramienta que permitía entender el cuándo, cómo, por qué y para qué de las Fiestas del Eterno. Por ello, el brazo central representa la Fiesta de Shavuot (mal llamada Pentecostés) que fue allí donde vino el Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo) sobre Israel, sellando sus almas en matrimonio con el Eterno. Más tardes, en medio de esta celebración, los apóstoles y una comunidad de 120 talmidim (discípulos) de Yeshúa, recibieron en ese bendito Espíritu del Señor la impartición de autoridad para predicar las Besorot (Buenas Nuevas, el Evangelio).

En el Yugo de Yeshúa se alude a los discípulos como luz del mundo (Mateo 5:14), cuyas lámparas han de estar siempre encendidas (Lucas 12:35). Y de la misma manera que el ministro del santuario era el encargado de encender las lámparas del candelabro, así es tarea de los ministros del evangelio encender la luz de la Palabra, al exponerla y aplicarla rectamente. Las lámparas alumbraban hacia delante (Números 8:2), a fin de iluminar los otros objetos del Mishkán (Tabernáculo); no era, pues, su propósito que su luz quedara restringida para sí, sino para alumbrar a otros (Mateo 5:15; Juan 8:12).

Entonces, considerando la maravillosa posición del sacerdocio que se nos ha entregado en el Mesías, te animo a que estés iluminando con tu conocimiento de las Sagradas Escrituras a todos aquellos que aún duermen en la ignorancia.

 

Los Excesos de Comida como Fuente de Inmoralidad

Por P.A. David Nesher

 

La multitud mezclada que había entre ellos empezó a sentir un antojo y los Hijos de Israel lloraron una vez más, diciendo: ¿Quién nos dará de comer carne? Recordamos el pescado que comimos en Egipto sin pagar nada, y los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajo, pero ahora nuestra vida está reseca, no hay nada; no tenemos nada por delante salvo el maná.»

(Números/Bamidbar 11: 4)

Lo normal del mecanismo psíquico de defensa de un ser humano es olvidarse de las emociones negativas, para sólo quedarse con las positivas conformando sus recuerdos. En este episodio los hijos de Israel ya no se acordaban de la esclavitud. Por eso, el planteo lógico-racional que surge de la literalidad del texto es: si habían estado trabajando duramente como esclavos, ¿cómo ahora dicen que comían gratis? El intérprete del hebreo Rashí asegura que aquí se refieren a que pudieron comer gratis en Egipto en cuanto a no tener que cumplir ningún mandamiento divino.

Por eso, los expertos en decodificar la Torah explican que con dicha queja, queriendo comer carne, en verdad pretendían sacarse el yugo de los mitzvot (preceptos), pretendiendo permitir, desde esta actitud negativa, las relaciones prohibidas. Como esclavos, los israelitas crecieron acostumbrados a vivir de la generosidad de Mitzraim (Egipto). Por ello, a un año de su liberación, hicieron escuchar su voz de protesta, porque a partir del momento en que ingresaran a la Tierra Prometida debían trabajar arduamente para obtener la bendición de lo Alto.

Así pues, descubrimos el secreto ontológico que este texto revela: detrás de cada queja prepotente que el ser humano realiza al Eterno, se esconden cuestiones de índole moral, ya que la persona plena está contenta con lo que tiene, no codiciando lo que tiene el prójimo.

El ser humano necesita variar el gusto de la comida para no fastidiarse. Ahora, los hijos de Israel estaban en una situación de tránsito y, por influencia de los extranjeros, consideraron que la Providencia divina les estaba dando una comida de emergencia, para que sobrevivieran durante el paso por el desierto que no debería durar tanto tiempo.

El Midrash explica que el maná cambiaba de sabor, según el deseo de cada uno de los israelitas. Esto lo hace combinando las dos enseñanzas que la Torah tiene al describir cómo era el sabor del maná, según lo que está escrito en Éxodo 16:31b: “su sabor era como de hojuelas con miel”; uniéndolo con lo que se expresa en Números 11:8: “tenía el sabor de tortas cocidas con aceite”.

Así notamos que el maná era un alimento muy refinado, de origen sobrenatural (cf. Salmo 78: 25), el maná adoptaba el gusto que cada uno quería, y verdaderamente podía asumir el gusto de la carne también. Pero el pueblo tenía un “antojo” en su naturaleza pecadora (Yetzer HaRá). Dicho antojo los llevó a exigir prepotentemente el querer comer carne, para caer en definitiva en adulterio espiritual y físico. Esto lo entendemos desde la expresión «empezó a sentir un antojo» o «tuvo un vivo deseo, se traduce de la palabra hebrea ta’avah; (es también usada en pasajes como Génesis 3:6, 1 Samuel 2:16, Job 33:20, Salmos 10:3) y hace referencia al fuerte deseo egoísta de algo placentero, pero quizás pecaminoso.

Esencialmente, sus quejas en contra del maná eran, “No es lo suficientemente emocionante. Es aburrido.” Esta espantosa falta de gratitud no era nada menos que haber menospreciado al Señor mismo (Números 11:20). Yahvéh es nuestro proveedor; el despreciar lo que Él provee es despreciarlo a Él. No es el trabajo del Eterno entretenernos, y nosotros deberíamos ser más que hijos que demandan ser entretenidos y entusiasmados.

Pedir es algo muy bueno, y de hecho es un precepto pedir por las necesidades (Mateo 7:7-11). Pero esta acción debe ser realizada siempre con humildad, y no de manera prepotente, ya que de está manera la persona demuestra faltante y carencia, no percibiendo de buena manera lo que uno ya tiene.

Exigir de mala manera opaca el alma, comenzando la persona a querer comer de más (en este caso carne), y engordar, conllevando a las bajezas más grandes de índole moral.

Cuando uno come de más, no es la cuestión la comida en sí, sino que con este comer de más la persona está manifestando insuficiencia, debiendo la persona trabajar sobre las satisfacción real y verdadera de estar en el camino correcto, sin tener luego que lamentarse por los excesos.

Cuando una persona no muestra agradecimiento por la comida que recibe, desata maldiciones sobre su vida. Por medio de las bendiciones que damos a Yahvéh antes y después de comer, estamos dándole culto por medio de las cosas materiales y somos liberados de todo tipo de codicia.

“Porque no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar; y en Moisés todos fueron sumergidos en la nube y en el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los seguía; y la roca era el Mesías. Sin embargo, Dios no se agradó de la mayor parte de ellos, pues quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, a fin de que no codiciemos lo malo, como ellos lo codiciaron.”
(1 Corintios 10:1-6)

En este texto se habla de un “alimento espiritual”, una “bebida espiritual” y una “roca espiritual”. Así que el maná y el agua que fueron dados en el desierto eran alimento y bebida espirituales. ¿Cómo es que la Sagrada Escritura llama estas cosas materiales “espirituales”?

Según la filosofía griega que domina a la cosmovisión occidental, algo espiritual no puede ser algo físico. Sin embargo, el maná sí era físico, el agua sí era física, así como la roca era física. Así que la expresión “espiritual” no puede ser entendida desde el punto de vista filosófico, sino tiene que ser entendido desde una mentalidad hebrea. Según el punto de vista de la cosmovisión yahvista, algo espiritual es algo que viene del mundo espiritual, o que tiene la aprobación del Cielo, y que tiene una relación y un punto de contacto con el mundo espiritual. Considerado así, una comida espiritual es una comida avalada, bendecida, entregada y santificada por el Eterno mismo. Nuestra misión sacerdotal mesiánica tiene, entre otras cosas, la función de elevar los elementos meramente naturales a un nivel espiritual para que así puedan rendir culto al Eterno. La comida se convierte en algo espiritual cuando es recibida con una bendición basada en la Palabra de Dios, como está escrito en

“Porque todo lo creado por Dios es bueno y nada se debe rechazar si se recibe con acción de gracias; porque es santificado mediante la palabra de Dios y la oración.”
(1 Timoteo 4:4-5)

En todo elemento de la creación, y por ende, en todo alimento que ingiere el ser humano, se halla presente un resplandor de la energía vital de Or EinSof (la Luz Infinita), que es en definitiva la que le da la que da existencia física a ese elemento en particular; incluso una mera roca inherente también tiene esa fuerza dentro de sí. De hecho, si Yahvéh quisiera hacer desaparecer algún elemento físico de la Tierra, no tendría más que quitarle la Energía divina que lo impregna y sustenta, y entonces aquel desaparecería como si jamás antes hubiera existido. Ahora bien, cuando tú, que perteneces al reino humano, ingieres elementos de los tres reinos inferiores de la naturaleza (mineral, vegetal y animal), lo haces parte de tu sangre y de tu carne, y así los elevas a un plano superior. En definitiva, ese es el objetivo de la existencia del ser humano: sublimar la materia. Y por eso los israelitas reclamaron ante Moshé por la falta de alimento acorde a sus deseos egoístas.

Israel tenía que rendirse a esta ansia intensa; no sería cumplida a menos que cooperaran con ello. Teniendo en cuenta esta tendencia hedonista en el alma humana, el apóstol Jacobo, hermano de nuestro Señor Yeshúa, enseñaba a las comunidades hebreas a su cargo, lo siguiente:

«…sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido»
(Santiago 1:14)

Por todo lo expresado, debemos pues aceptar que la atracción al pecado está constantemente presente entre nosotros, sin embargo debemos evitar ceder a ella en eligiendo en humildad servir a Yahvéh y su propósito eterno en nosotros.



Estudio Relacionado que recomiendo LEER:

¡Para Dios Eres Único! (Parashá Bamidbar)

 

«Hagan el censo de toda la asamblea de Israel …»

(Bamidbar/Números 1: 2)

 

Esta semana hemos comenzado la lectura e investigación de la primera parashá (sección) del libro Bamidbar (Números), que también se conoce como «el Libro de los Números«. Los traductores primigenios le dieron también este nombre debido a que Yahvéh solicita el censar en Israel para darnos la bienvenida al número de integrantes que lo formaban en ese momento. Es usual que los derechos se ajustan a las necesidades de cada uno de los miembros que lo componen. ¿Acaso el Eterno necesita solicitar un conteo para recabar estos datos? ¡Es absurdo pensar que Yahvéh lo requiera! Entonces, ¿cuál es el objetivo de este censo?

Yahvéh, a través de Yeshúa HaMashiaj, es nuestro Padre. Todos sabemos cuánto cariño un padre dispensa a su hijo. Sin embargo, no conocemos a padres que para demostrarlo se dediquen a contar a sus hijos. Más aún, el Libro de Shemot (Éxodo) comienza a mencionar a los hijos de Yaacob Abinu (Shemot/Éxodo 1:1) Comenta Rashi: “aunque la Torá ya los había contado por Sus nombres en vida, vuelve a contarlos PESE una cola ya habían muerto con el propósito de dar a conocer el cariño que el Eterno les tiene, pues habían sido comparados con las estrellas a las que Yahvéh saca y mete por número y por sus nombres, como dice el versículo: Aquel que saca por número a Sus ejércitos, a todos llama con un nombre » [Yeshayá 40:26; Shemot Rabá 1:3].

La Torah revela que cada uno de los integrantes del Pueblo de Israel es como una piedra preciosa ante los ojos del Eterno. Es como alguien que posee un tesoro y no se cansa de contar y contemplar cada una de sus piezas, valorando desde la más pequeña hasta la más grande, ya que todas son valiosas. De igual forma, no hay diferencias ante los ojos de Yahvéh; todos sus hijos valemos por igual, todos somos parte de Su tesoro, no importa el cargo ni la posición social ni el coeficiente intelectual. Ni siquiera nuestro nivel espiritual cuenta a la hora de supervisar cada uno de nuestros movimientos. Amado es el Pueblo de Israel, pues ellos son llamados Hijos de Yahvéh.[Pirké Abot 3:14]

Él confirió a Israel las coronas de la Torah, del Sacerdocio y de la Realeza.[Rambam, Talmud Torá 3:1] Por eso, cuando ordenó contar al pueblo utilizó la palabra seú, que además del significado literal, que es “cuenten”, también significa “eleven”. Fuimos contados para que cada judío se percatara de que es un ser único y especial.  El calificativo no sólo nos enorgullece, sino que nos obliga, nos compromete a vivir en forma honesta y bajo los lineamientos que el Eterno nos dio. Con esta expresión, Yahvéh quiere mostrarnos que cada uno posee características diferentes y que cada quien tiene un valor, un propósito y una misión determinados en el mundo.[R Shimshon Raphael Hirsch; Seforno]

Debes tener presente que nunca hubo una persona exactamente igual a ti, ni la habrá hasta el final de los días. Eres una persona singular, que posee una combinación precisa de talentos. El Eterno te colocó en un hogar en un determinado momento de la historia y en un lugar exacto. Yahvéh te asignó una tarea específica. Gozas de una porción especial en la Torah. El mundo, en su totalidad, te espera. No existe otra persona que pueda cumplir tu misión particular en la vida.

La palabra Adam, que es como nombró el Eterno al primer hombre, no tiene plural en hebreo, enseñándonos así que no existe suplente para lo que cada uno debe hacer.

 

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores estaban muriendo. El roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el pino.

El rey fue a observar al pino y lo halló caído, porque no podía dar uvas como la vid.

El rey se acercó a la vid y la encontró agonizante, argumentando que no podía florecer como la rosa.

La rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el roble.

El rey caminaba cavilando sobre la deplorable situación en la que se encontraba su jardín. Entonces encontró una planta, una hermosa orquídea que florecía e irradiaba una belleza como nunca antes había visto. El monarca se alegró y le preguntó:

_ “¿Cómo es que creces tan saludable en medio de este jardín inconforme y sombrío?”.

_ “No lo sé, su majestad”, respondió la flor. “Quizás sea porque siempre supuse que cuando usted me plantó, quería una orquídea. Si su majestad hubiera querido un roble o una rosa, los habría plantado aquí. Por eso desde el momento en que me sembró, me dije: ‘¡Intentaré ser orquídea de la mejor manera que pueda…!”.

[Historias, cuentos y reflexiones, pág 45; Nelly Kaufman K. de Klein]

Debemos aceptar que cada uno de nosotros es una personalidad importante e insustituible. Por ello, hay que procurar ser auténticos y hacer lo que realmente nos corresponde. Si buscamos imitar a otros, nunca lo conseguiremos, pues no poseemos ni las virtudes ni el permiso del Cielo para ocupar su lugar. Así, debes mostrarte tal como eres. Ten presente que el Eterno te creó con características que sólo tú posees. No existe otro en el mundo como tú.

Esto debe hacerte sentir dichoso y seguro, mas no altivo. ¿Acaso existe alguien que pueda atestiguar sobre sí mismo que se comporta de acuerdo con todos los requerimientos que debe cumplir alguien querido por Yahvéh? La persona que se considera importante no puede vestir cualquier clase de ropa sólo porque todos los demás lo hacen, ni tampoco comer en cualquier lugar público o cometer errores que quizá otra persona sí podría cometer. Por el contrario, debe ser un ejemplo en toda su vida, ya que permanentemente es observado por todos para ver su proceder. *La persona que busca comportarse como Yahvéh desea, debe estudiar el Manual de Instrucciones (la Torá), donde se detalla cuál debe ser la conducta, el criterio y la forma en que cada hebreo logre su cometido, y cuando se presente delante del Rey de los reyes, podrá decir con orgullo: “¡Misión cumplida!”.

“Cada hebreo es hijo único del Eterno.”

 

 

© Autor anónimo (me llegó por Whatsapp)


Te invito a que puedas ahora escuchar este SEMINARIO dado a líderes del Ministerio:


Herramientas Cósmicas para Prolongar la Vida

«Y observaréis sus estatutos y mis juicios, pues cumpliéndolos el hombre vivirá por ellos; Yo soy el Eterno.»

(Levítico/Vayikrá 18:5)

 

Este texto nos muestra que hay vida en la obediencia a los mandamientos. Según el sabio intérprete (exégeta) judío Rashí, esto hace alusión a la vida eterna en el Mundo Venidero (Olam HaBá), ya que en este mundo el ser humano muere en definitiva. Sin embargo, la pregunta que surge es: ¿Hay vida eterna en el cumplimiento de la Torah o hay una larga vida en la tierra? La respuesta es: ambas cosas. En verdad, hay mandamientos que producen una vida larga debajo del sol y hay otros mandamientos que fueron dados para dar vida eterna al hombre. Por ejemplo el mandamiento que nos ordena creer en el profeta como Moshé (cf. Deuteronomio 18:15, 18) es uno de los que dan vida eterna, como está escrito en:

“Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús (Yeshúa), y serás salvo, tú y tu casa.”

(Hechos 16:31)

El apóstol Pablo, escribiendo a los discípulos de Roma enseñaba:

“Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios. Porque el Mesías es la meta de la Torah para justicia a todo aquel que cree. Porque Moshé escribe que el hombre que practica la justicia que es de la Torah, vivirá por ella. 

Además, la justicia que es de la fe, dice así:

NO DIGAS EN TU CORAZÓN: «¿QUIÉN SUBIRÁ AL CIELO?» (esto es, para hacer bajar al Mesías), o «¿ QUIÉN DESCENDERÁ AL ABISMO?» (esto es, para subir al Mesías de entre los muertos). Mas, ¿qué dice? CERCA DE TI ESTA LA PALABRA, EN TU BOCA Y EN TU CORAZÓN, es decir, la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca a Yeshúa por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.”

(Romanos 10:3-10)

Pues bien, considerando todo texto en el contexto correcto de la Instrucción, podemos afirmar que no existe contradicción alguna entre Moshé (Moisés) y Yeshúa (Jesús). Si fuese así, Yeshúa sería un falso mesías. Lo que el escritor a los Romanos enseña en el capítulo 10, es lo mismo que se revela en Levítico (18:5). Hay vida para aquel que practica la Torah, porque ella lleva a la persona humana al Mesías y a la justicia de la fe, la cual está citada en la Torah (cf. Deuteronomio 30:12-14). El problema surge cuando una persona intenta usar aquellos mandamientos que no son dados para vida eterna y cumplirlos en su propia fuerza para así obtener la salvación de su alma por los propios méritos.

Otra enseñanza falsa, que existe dentro de la parte apóstata del judaísmo (como los kabalistas), es que uno tendrá el derecho de entrar en el mundo venidero si las obras buenas pesan más que las obras malas. Esos caminos son engañosos y sumamente combatidos en Los Escritos Mesiánicos por los apóstoles del Mesías. Por ejemplo, permítanme compartirles lo que dice la traducción hecha por Dr. David H. Stern de Gálatas 3:12:

“Sin embargo, el legalismo no está basado en la confianza y la fidelidad, sino en una mala interpretación del texto que dice, EL QUE LAS HACE, VIVIRÁ POR ELLAS.”

Retomando el hilo conductor de nuestro versículo, diré que en el mismo se revela que la obediencia a los estándares de Yahvéh sobre la conducta sexual es esencial para la vida, y mucho más ahora es verdad en nuestros días donde prolifera el SIDA y otras enfermedades sexualmente transmitidas.

Lo que más llama la atención es que en nuestro versículo se habla de» אדם «, «Adám«, traducido como persona humana. Esta idea incluye a cualquier hombre, sea varón, sea mujer, de cualquier confesión. Es decir que la Torah en este caso no está hablando ni a los Kohaním (sacerdotes), ni a los levíim (levitas), ni a Israel, exclusivamente, sino a toda persona humana que quisiera aceptar los enunciados de la Torah. Esta idea tocó su punto culminante cuando los sabios del Midrásh dijeron: «Afilu goi vehosók baToráh Haré Hu que-Kohén Gadól» o sea que «cuando un gentil se dedica a la Toráh, es comparable en mérito al Sumo Sacerdote de Israel«.

Así el Eterno recalca que los mitzvot (mandamientos) son fuente de vida según la predisposición que tenga la persona al cumplir con los mismos. Yahvéh nos enseña que existen distintas motivaciones (entre los distintos grupos de personas) para la observancia de los preceptos de la Torah; pues hay algunos que observan pensando en la recompensa material de los mismos, mientras que otros observan la Torah desinteresadamente, buscando simplemente elevación espiritual.

Por eso, cuando los versículos de la Toráh hablan de la recompensa por el cumplimiento de las mitzvot, dicen: … «para que se prolonguen tus días» … «para que vivas y tengas largos días» … ya que este lenguaje de los versículos implica distintas categorías de «vida«, todas de acuerdo con lo que correspondiere a cada cual de los grupos de personas enunciadas.

Cuando leemos «…el hombre vivirá por ellos«, debemos entender que estas palabras han servido de base inequívoca para la idea enunciada de que los mitzvot (mandamientos) son fuente de vida, y no de muerte:  «Vajai bahém, Velo Sheiamut bahém«, es decir para que viva con ellos (los preceptos) y no para que muera por ellos. Por lo tanto, todos los mitzvot pueden ser transgredidos cuando la vida humana está en peligro. Sin embargo, esta ley general está limitada por tres excepciones, a saber:

  1. ejercer la idolatría,
  2. incurrir en derramamiento de sangre, y
  3. incurrir en relaciones incestuosas.

¡Por favor, eniténdalo bien! Un mitzvá (madamiento) es una conexión entre el mundo del ser humano y una Fuerza Superior, Su Fuente, Yahvéh, el Creador. A través de un mitzvá, usted toma parte de su pequeño mundo terrenal y lo hace más elevado.

¿La meta? Obtener de la vida todo lo que la vida debe darle. Y convertir al mundo en lo que el mundo debe ser. Porque la vida debe ser hermosa y el mundo debe ser divino.

 

El Sexualidad Mesiánica frente al Sexo Reptiliano

Por P.A. David Nesher

 

 

 

«No haréis según la práctica de la tierra de Egipto donde morasteis; ni obraréis conforme al uso de la tierra de Canaán, adonde Yo os llevo, ni actuaréis según sus costumbres. Cumpliréis con mis juicios y mis estatutos guardaréis, siguiéndolos; Yo soy el Eterno, vuestro Dios.» 

(Levítico 18:3-4)

En el capítulo anterior hemos estudiado cómo la Torah legisla leyes y promulga mandatos cuya finalidad última era desarraigar las normas y costumbres paganas, en las cuales la humanidad en general, e Israel en particular, estaban inmersos. Pero en este capítulo 18 de Vayikrá (Levítico), la Torah enfrentará a los hebreos con leyes claras y pertinentes todo lo referente a la sexualidad del hombre y de la mujer. Leyes para salvaguardar la moral social e individual, presentadas en un estilo parenético, con la fórmula estereotipada y enfática «Yo Yahvéh» («Yo Soy el Eterno«). Con esta afirmación, el Eterno establecerá una clara separación entre Israel y el resto de las naciones, al declarar este principio: “Me pertenecen, no harán como el mundo hace.”

Este texto muestra que los hijos de Israel han sido llamados a ser diferentes a los demás pueblos del mundo, especialmente cuando los pueblos son tan inmorales como los egipcios y los cananeos.  Los persas, por ejemplo, animaban a los varones a realizar uniones maritales con madres, hijas y hermanas, en base de que dichas relaciones tenían un mérito especial delante de los ojos de los dioses.

Israel está sujeta a una vocación que proviene del Mundo de Arriba. Cada miembro de Israel debía ver en estos paradigmas jurídicos las bases de una cultura verdaderamente humana, que los comprometía a ver en estas leyes una obligación moral estrechamente relacionada con la Alianza de Yahvéh que hacía de ellos un pueblo santo diferente de los demás.

Los hebreos hemos sido llamados a comer de una manera integral y diferente, vestir con estilos diferentes, hablar claramente diferenciados, etc. ¿Podemos entonces mirar las prácticas de los demás pueblos y hacer lo contrario? ¿Es eso lo que Yahvéh quiere enseñarnos con esta palabra? Hasta cierto punto esto está bien, pero si vamos a dejar que las prácticas de los paganos determinen nuestra conducta, es posible que dejemos de hacer algo que Yahvéh aprueba e incluso manda. ¡No vamos a dejar de hacer algo bueno sólo porque los demás lo hacen!

Por lo tanto, sigue el versículo 4 diciendo: “…habréis de cumplir MIS estatutos y guardar MIS leyes para andar en ellos.” Dejando así bien claro que no son los paganos los que determinan nuestra conducta, sino la Torah de Yahvéh. En el camino de restauración hay muchos ex cristianos que rechazan todas las cosas que hacen los cristianos. Pero sólo por el hecho de que se hagan ciertas cosas en el mundo cristiano no es una razón suficientemente fuerte para rechazarlo. Por ejemplo, no podemos dejar de leer las Escrituras porque los satanistas las estén leyendo. Esa actitud no es sana y al final llevará a la persona a desviarse del camino recto.

Cuando Dios creó el mundo, bendijo al varón y a la mujer con la capacidad de procrearse y perpetuar su simiente en esta, nuestra Tierra (Génesis 1:28). Sin embargo, cuando la primera humanidad escuchó la enseñanza de la serpiente, le entregó a esta la potestad de manipular la sexualidad como un instrumento de degradación, que conduzca a la humanidad al caos.

Por ello, más adelante la Torah reflejará la ira divina desatada por la actitud perversa asumida por los, «Bené Elohím» («בני אלהים») , aquellos ángeles que violaron su naturaleza, y se unieron por medio de pactos chamánicos con las hijas de Caín, violando así las más mínimas normas de moral sexual, como leemos en los versículos siguientes:

«Vieron los Bené Elohim a las hijas del hombre que eran bellas y tomaron mujeres para ellos, de todas las que preferían. Dijo Yahvéh: ¡No contenderá eternamente Mi Espíritu por causa del hombre porque es carne! Serán sus días, ciento veinte años». (Génesis 6: 2-3)

El sabio exégeta judío Rambán ha entendido que en los códigos del versículo 2 estamos frente a un caso de perversión sexual donde: «…los hombres, emulando la conducta de ángeles caídos, tomaban a las mujeres en contra de la voluntad de las mismas, amén de posesionarse de mujeres desposadas«. Así, esta perversión sexual irá en aumento hasta que el Eterno traiga el Diluvio sobre la humanidad.

Por eso, en el capítulo 18 de Levítico, la Instrucción (Torah) divina prevendrá a los hebreos, explicándoles por qué los liberó de los riesgos y peligros que involucraba permanecer en la tierra de Egipto. Este imperio, a pesar de ser una nación que había llegado a la cumbre de la civilización, logrando picos en la ciencia y en las artes, habían permitido en su seno el desarrollo de perversiones y aberraciones, en lo que a la sexualidad se refiere, que lo había conducido a alcanzar lo 40 grados de degradación moral a los que puede llegar la humanidad (ya en el grado 50 no hay manera de regresar al diseño original). A tal punto era esta degradación moral que la Torah,  llama Hukót HaTohebot (normas aberrantes) a todos los paradigmas que regían las costumbre egipcias en el área de los sexual.

Lo mismo ocurría en la tierra de Quenahan (Canaán), que el pueblo de Israel se aprestaba a conquistar. El Eterno les revela con estas leyes que ellos corren el peligro de conquistar la tierra, pero a la vez, «ser conquistado» por las costumbres y normas aberrantes de los pueblos que la habitaban. Cosa que en realidad ocurrió (Véase el libro de Jueces 2:11 y subsiguientes).

Entendamos que la misma religión que estos pueblos practicaban, rindiendo culto a dioses de la fecundidad, pretendía santificar los actos sexuales desordenados, fomentando así la inmoralidad entre sus adeptos y seguidores.

Así nuestro capítulo Levítico 18 enunciará todas las uniones prohibidas entre hombre y mujer, ya sea por consanguinidad, o por la perversión que pueden generar las mismas. Por lo tanto, la existencia misma del pueblo de Israel dependerá de la capacidad que demuestre para cortar en forma clara y nítida con un pasado atentatorio contra la idea del ser humano creado por Dios para desarrollarse en nombre de Él, y lograr su bienestar rechazando perversiones y aberraciones. Para ello será necesario constituir una familia sana, que es el núcleo básico de toda sociedad.
En cuanto al futuro del pueblo, dependerá de su capacidad, de desarrollarse de acuerdo con las normas de la Torah.

Los israelitas debían mantenerse puros y apartados para Yahvéh. Él no quería que su pueblo fuera absorbido por la cultura y/o el ambiente que los rodeaba: «… ni actuaréis según sus costumbres«, les ordenó. El término «costumbres«, por supuesto, hace alusión a las perversiones sexuales vigentes en esos pueblos, y que la Torah enuncia en nuestro capítulo.

A nosotros, de igual manera, la sociedad occidental post-moderna puede presionarnos a que nos conformemos a su manera de vivir y de pensar. Sin embargo, si cediéramos ante la presión nos confundiríamos, y no sabríamos a cuál grupo pertenecemos. Además perderíamos nuestra efectividad para servir a Dios, que es al fin y al cabo nuestra vocación esencial.

Tristemente, aquellos que se llaman hoy en día cristianos a menudo toman el estándar de su conducta sexual de parte de los estándares que marca el sistema de cosas imperante, rechazando la Instrucción del Señor. Claramente ellos saben que debieran de ser diferente del mundo en su moralidad sexual, y deberían de seguir el estándar bíblico para la conducta sexual trazada por el Creador. Es paradójico, en las congregaciones primigenias, a cuyos miembros se los señalaba burlonamente como cristianos, un argumento que ellos daba para mostrar la veracidad del Evangelio del Reino era: “Pueden saber que esto es Verdad absoluta al ver a nuestras vidas, especialmente en la conducta sexual.” Hoy, ese mundillo que dice vivir como aquellos, autodenominándose  cristianos dice: “No me mires a mí, mira a Jesús.”

Por eso, es mejor que tú, que has salido de la Gran Babilonia (el cristianismo) obedezcas al Eterno y no permitas que la cultura de este sistema reptiliano afecte tus pensamientos, habla y acciones.


Bitácoras relaciones y recomendadas:

¡Evita hacer lo que ellos hacen!

https://davidnesher.com.ar/herramientas-cosmicas-para-prolongar-la-vida/

Cuando la Tierra vomita al Pecador…

Por P.A. David Nesher

 

 

«Guardad, por tanto, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y cumplidlos, a fin de que no os vomite la tierra a la cual os llevo para morar en ella…
No se hagan inmundos por ninguna de estas cosas; porque todas las naciones que Yo estoy echando delante de ustedes están profanadas con ellas. La tierra se ha vuelto inmunda, y por eso es que Yo la estoy castigando. La tierra misma vomitará a sus habitantes
Si ustedes hacen a la tierra inmunda, los vomitará a ustedes también, así como está vomitando a la nación que estaba allí antes que ustedes.»

(Levítico/Vayikrá 20:22, 24-25, 28)

 

Desde la cosmovisión celestial que la Instrucción (Torah) divina revela, es evidente que cuando el ser humano obedece los mandamientos que recibió del Creador  refleja el carácter mesiánico del Eterno, permitiendo que su entorno se vea afectado positivamente por poderes cósmicos que producen una armonía total, que promueve a la plenitud total, y elimina el caos. La naturaleza toda se ve beneficiada por esta correcta actitud. Las aves se encuentran bien, la población marina disfruta de lo pleno, el mundo vegetal reluce y se multiplica en energía beneficiosa para el ecosistema. El estilo de vida del hombre mesiánico afecta incluso las nubes en el cielo, los rayos del sol, la velocidad de la luna y el magnetismo de la tierra. Toda la creación depende de si el ser humano obedece los mandamientos del Señor, o se rebela contra ellos. Cabe recordar que ya, en los albores de la historia de la humanidad, Adán había sido expulsado del huerto del Edén por haber de alguna manera . . mancillado el lugar al transgredir el mandato divino.

El concepto «mancillar la tierra» es usado por las Sagradas Escrituras en cuatro ocasiones, a saber:

  1. la idolatría,
  2. las relaciones incestuosas,
  3. el derramamiento de sangre y
  4. hacer pernoctar el cadáver de un ajusticiado (sin darle sepultura).

De acuerdo con este texto, resulta que el concepto «Tumáh» (impureza) aquí utilizado no hace referencia a algún concepto ritual, sino que más bien se refiere a tres de las más graves transgresiones que el hombre puede cometer.

Los cananeos que en ese entonces vivían en la Tierra Prometida estaban envueltos profundamente en todos estos tipos de cosas inmorales y ocultas. Esta es la razón por la que fueron expulsados de la tierra de Israel. El Eterno mismo determinó utilizar a Israel para juzgarlos y echarlos fuera.

Por eso, Yahvéh le pidió a Israel que le obedeciera, para que el mismo destino no cayera a ellos y sus descendientes.

La tierra de Israel está separada por el Eterno para un propósito específico. Los que moran allí está obligados a obedecer más que todos los hombres de la faz de la tierra. Así como el estómago, cuando está colmado de alimentos que no quiere, los rechaza vomitándolos, la tierra de Israel expulsa a los habitantes que no tienen normas de conducta dignas del ser humano. Es por eso que la Toráh empleó el término «vomitar» en este caso. Como es la tierra del Eterno el pecado contra Él y Su Instrucción trae consecuencias mucho más graves en relación con la tierra. La tierra de Israel podrá vomitar a sus habitantes si no obedecen los mandamientos del Eterno.

La Torah quiere indicar que si el pueblo de Israel incurre en estas graves transgresiones será pasible, no solamente de la pena de expulsión de la tierra («… para que no os vomite la tierra«), sino que será pasible también de la pena de «caret» (vida truncada) De lo que resulta que el pueblo de Israel tiene una responsabilidad colectiva por sus acciones frente a Yahvéh, pero el individuo de Israel asume también una responsabilidad personal por sus acciones frente al Eterno. Y es lo que leemos: » … serán truncadas las almas … » (versículo 29).

En la cosmovisión divina, eecar en Israel es mucho peor que pecar en España. Pecar en Jerusalén es mucho peor que pecar en Eilat. Los profetas muestran que cuando el pecado de Yerushalayim (Jerusalén) llegue a cierta medida todo el pueblo tendrá que ir al destierro.

Por eso, cuando la nación estaba divida en dos Reino, el Eterno envió profetas, como Oseas para advertirles:

“Escuchad la palabra de Yahvéh, hijos de Israel, porque Yahvéh tiene querella contra los habitantes de la tierra, pues no hay fidelidad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Sólo hay perjurio, mentira, asesinato, robo y adulterio. Emplean la violencia, y homicidios tras homicidios se suceden. Por eso la tierra está de luto, y languidece todo morador en ella junto con las bestias del campo y las aves del cielo; aun los peces del mar desaparecen.”

(Oseas 4:1-3)

Desafortunadamente la obediencia no se mantuvo firme por mucho tiempo. Los hebreos de los dos reinos (Israel, al norte, y Judá, al sur) se desviaron tras los pecados de las naciones, tal como lo relata el salterio: «… sino que se mezclaron con las naciones (goyim) y aprendieron a seguir sus costumbres.» (Salmo 106: 35). Así pues, eventualmente la tierra echó a Israel fuera, resultando en el exilio tanto de la nación del norte (Israel), como de la nación del sur, Judá.

No fue el pecado de los babilonios y los romanos que causaron la destrucción de los dos templos. Fue el Eterno que les dio poder para hacerlo porque los pecadores de Sión no se arrepintieron. No es el pecado de los musulmanes que hace que hay guerras en Israel hayan causado millares de muertos y causarán cientos de miles de muertos en los enfrentamientos futuros. Es el Santo de Israel que cumple sus amenazas cuando su pueblo no cumple Sus mandamientos.

El apóstol Pablo, trabajando estos códigos de Luz Infinita con los discípulos de las primera comunidades mesiánicas, insistía en este consejo:

«Nadie los engañe con palabras huecas; pues es por estas cosas que el juicio de Dios cae sobre los que le desobedecen.

¡Así que no sean copartícipes con ellos!

Pues ustedes estaban en tinieblas; pero ahora están unidos con el Señor, son luz, vivan como hijos de luz, pues el fruto de la luz es todo tipo de bondad, justicia y verdad; traten de determinar lo que le agrada al Señor.»

(Efesios 5: 6-10)

No hay dudad alguna, la obediencia trae paz y vida. La desobediencia trae guerras y muerte.

Nosotros escogemos. Así pues, de acuerdo a nuestra elección, la Tierra que habitamos nos recepciona, o nos excluye.