Estudios Bíblicos

La Sumisión a los Mandamientos Divinos: Uno de los Milagros Más Grandes del Universo

Por P.A. David Nesher

 

Es muy interesante saber que las Sagradas Escrituras, en sus códigos hebreos, tienen una particular forma de referirse al espíritu (o «impulso«) que impele al ser humano a rebelarse contra la voluntad de su Creador, expresada en Sus Mandamientos. Me estoy refiriendo al epíteto de «HaSatán» que literalmente significa «El Opositor«, «El Adversario» o «El Oponente«. Es decir, que la Escritura divina muestra que todo aquel que se opone abiertamente a la voluntad del Eterno se convierte a si mismo en un HaSatán (un “opositor” u «oponente» a Dios).

Ahora bien, preguntémonos: ¿Cual es esa voluntad divina?

Pues que el ser humano se aleje de lo malo, para hacer en cambio el bien; tal como lo entendió y escribió el salmista:

“Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre”

(Salmo 37:27)

En otras palabras, Yahvéh, nuestro Dios, quiere que el hombre haga lo bueno, absteniéndose de mentir, de robar, de hurtar, de matar a la persona inocente, de fornicar, de adulterar, de deshonrar a sus padres, de trabajar siete días a la semana, y de adorar a la creación (imágenes) en vez de al Creador.

Yahvéh, como nuestro Creador, desea que entendamos que, guardar Su Instrucción (Torah) que Él escribió con sus propios “dedos” sobre las dos tablas de piedra, así como cada uno de sus mandamintos (mitzvot), deben ser el todo de nuestras vidas, ya que ellos serán la regla por la cual todos habremos de ser juzgados. Así al menos esta escrito:

“Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala”

(Eclesiastés 12:13)

Así pues, tanto el judío, como el cristiano, o el musulmán que rehúsa guardar los mandamientos, esta esclavizado por HaSatán, y se ha enfermado con la lepra del pecado. Y, esta lepra espiritual que es la rebelión a los mandamientos de Yahvéh, no puede ser sanada sino por la operación de un milagro divino.

La Curación del «Mal Hablado» (Leproso)

Por P.A. David Nesher

 

”Esta será la ley tocante al leproso, en el día de su purificación, cuando será llevado al sacerdote;”

(«Zot tihyeh torat hametsora beyom tahorato vehuva el-hakohen«.)

(Levítico/Vayikrá 14:2)    

 

En la parashá anterior (Tazría), la Torah nos había relatado minuciosamente las distintas afecciones y erupciones cutáneas, y el consiguiente aislamiento de la persona afectada.

Insistiré aquí en un importante detalle, el kohén (sacerdote) en modo alguno era médico, ni usaba prácticas médicas en su diario ministrar. Él sólo se limitaba a declarar impuro al afectado y hacerlo recluir, o declararlo puro y devolverlo a su sociedad y a su familia.

Ahora, la parashá que iniciamos hoy (Metzorá), se enfoca en mostrar por qué el pecado de Lashón HaRá (lengua perversa) era la causal única y principal de adquirir “lepra” (Tzaarat).

En primer lugar, les mencionará que algunos exégetas (intérpretes), basándose en el sentido literal de las palabras » en el día de su purificación» (léase: cuando el afectado ha sanado), insiste en que nadie cura al enfermo (en este caso el leproso) sino su propia decisión de curarse. Esto se lograba ya que, en su período de reclusión, el enfermo debía pensar, meditar y decidir un cambio de rumbo en sus actitudes esenciales hacia la vida, y por consiguiente, modificaba su comportamiento. Si eso ocurría, el metzorá (“leproso”) sanaba.

Por eso la Torah habla del «hish hamítaher«, que se debería traducir “el hombre que se está autopurificando”, y que está decidiendo ser otra vez el ser humano que tiene lugar en la sociedad.

Cuando leemos nuestro capítulo en lectura simple, tenemos la sensación de encontramos frente a un texto casi intrascendente, que está usando un lenguaje que nos parece poco elocuente para nuestra generación. Es por eso por lo que se debe entender la Torah, no solamente en su sentido literal, sino también en sus parábolas y alegorías. Este capítulo necesariamente debe ser entendido captando el lenguaje simbólico usado por el mismo. Es decir, que habrá de usar el sistema exegético llamado » Parshanút HaRémez», es decir, la interpretación alegórica. De este modo, veremos que los elementos intervinientes en la purificación del leproso que permitían su reincorporación a la sociedad están llenos de códigos celestiales que permiten conocer el obra de la Gracia divina a favor del ser humano. Dichos elementos o herramientas cósmicas son los siguientes:

  • ✔ madera de cedro,
  • ✔ hisopo,
  • ✔ dos pájaros puros, vivos,
  • ✔ púrpura escarlata y
  • ✔ aguas surgentes.

Esta ceremonia de purificación se realizaba de la siguiente manera: un ave era sacrificada en un recipiente de barro sobre agua que fluye. Su sangre era aplicada sobre el ave viva, a algo de madera de cedro, a algo de tela escarlata, y a algo de hisopo. Luego, usando estas cosas, la sangre era rociada en aquel que había sido limpiado de la lepra. Finalmente, el ave viva se dejaba en libertad.

Ahora veamos las analogías de estos instrumentos cósmicos, a fin de entender la codificación de Luz Infinita escondida en esta terapia celestial:

El cedro, cuando es usado simbólicamente representa la fuerza metal y corporal del hombre, y por lo tanto, la soberbia que desde ellos se desarrolla. Es innecesario citar los múltiples textos que hablan de los cedros del Líbano en este sentido.

Mientras que el «ezob» («אזב «) que aquí se traduce como «hisopo«, pero que quiere decir también «musgo que crece entre las piedras y en las paredes», representa, en el mundo de los símbolos, el punto más bajo en la escala social; o sea, a la persona carente de fuerza material, y por supuesto no afectada por el orgullo ni la soberbia. Es la humildad que puede alcanzar el alma contrita.

Por lo tanto, el «metzorah» (“leproso”) que había sido afectado en la misma piel de su cuerpo por incurrir en calumnia, soberbia, maledicencia…, para curarse debía quebrar su rigidez en pedazos, y pensar en «la modestia del hisopo o del musgo que crece en las paredes«. Entonces, el metzorah se obligaba a pensar que él, en esta vida, es sólo un trocito de madera de cedro, y no el cedro mismo. Influenciado por estas ideas, el rey David, cuando invoca a Yahvéh por su purificación, dice: «Rocíame con hisopo y quedaré purificado» (Salmos 51:9).

La púrpura escarlata simboliza, por su color, la perfidia (o deslealtad) y la mala conducta, mientras que las aguas surgentes (aguas vivas) representan la vida continua, natural y las nuevas ideas vivificantes que deben surgir de nuestra mente para curar «nuestra piel» de nuestras afecciones «cutáneas». Pero para que ello ocurra, es decir, para que encontremos esas fuentes benefactoras de aguas surgentes, habrá que «soltar el pájaro vivo para que vuele en el campo abierto». En pocas palabras tenemos que deshacemos definitivamente de nuestros hábitos corruptos, producto de nuestra mente y «nuestra lengua».

Por eso, los dos pájaros representan, la palabra irresponsable e irrestricta. Esto es porque los pájaros trinan constantemente, y este hombre fue afectado por la lepra por hablar constante e indiscriminadamente de su sociedad. Por eso, según este autor, los dos pájaros representan los lados positivos y negativos de la palabra. Por eso uno de los dos pájaros tendrá que ser inmolado, queriendo significar que habrá que desarraigar de nosotros la palabra calumniadora y destructiva.

Esta terapia penitencial demandaba grandes esfuerzos. Es que al mismo tiempo que causaba dolor por el hecho de admitir que se había dañado con la lengua, también se debía aceptar que se había incurrido en «derramamiento de sangre» (hebreo: Shefijút Damím), que en el lenguaje hebreo quiere decir también denigrar a nuestro prójimo en público y causar vergüenza u oprobio por medio del Lashón HaRá (Mal Hablar).

Esta última idea estaba representada por la sangre de uno de los pájaros que el kohen había inmolado y con el cual rociaba al pájaro vivo.

Todo lo ocurrido en este rito de purificación ritual es una tipología de la muerte de Yeshúa y su aplicación espiritual sobre nuestras vidas. Un ser “celestial” (así como un ave es “de los cielos”) muere en un recipiente de barro, mientras que permanece limpio (debido al agua que fluye). La muerte del ave está asociada con sangre y agua: la sangre está conectada con la vida (aplicada al ave viva), y luego aplicada a aquel que fue hecho limpio.

Por otro lado, el cedro es extremadamente resistente a la enfermedad y a pudrirse, y estas cualidades pueden ser la razón por la que se incluye aquí – así como una referencia simbólica a la madera de la cruz. Distintos historiadores aseguran que la cruz donde fue crucificado Yeshúa estaba hecha de cedro de acuerdo con la usanza romana.
La conexión con el hisopo es también importante. A Jesús se le ofreció beber de una rama de hisopo en la cruz (Mateo 27:48).

Después de la ceremonia de sacrificio con las aves, el leproso purificado debía de lavar sus prendas y tenía que rasurarse todo el pelo, a fin de quedar como un bebé recién nacido. Así estaba listo para comenzar de nuevo, como si fueran un bebé recién nacido. Así, por medio de este ritual, los hebreos aprendieron el concepto de ser “nacido de nuevo” para poder participar del Reino de Dios.

¡Bendito es el Nombre de Abba nuestro por las maravillas reveladas en Su Instrucción! Elevo mis plegarias para que cada uno de ustedes esté disfrutando de estas ascensiones en la emunah (fe) que hemos recibido al nacer de nuevo en Yeshúa, nuestro Dueño.

Shavuá Tov!

 

Bitácora Relacionada:

Tzaraat: ¡Un Problema Espiritual que Afecta a la Piel, la Ropa y la Casa de un Impuro!

Alimentos para una Personalidad Sana (Las Leyes Alimentarias)

Por P.A. David Nesher

Notamos que desde los albores mismos de la historia bíblica, cuando el Eterno hubo establecido a Adám en el Huerto de Edén, el primer mandamiento que fue dado al hombre tenía que ver con la comida. Así pues, leemos:

«Dijo Dios:
«He aquí que os doy toda planta que porta simiente -que hay en toda la faz de la tierra y todo árbol que contiene fruto portador de simiente, para vosotros será como alimento.»

(Génesis 1:29)

Posteriormente descubrimos que el pecado entró en el mundo por medio de una comida prohibida.

«De todo árbol del huerto comer, podrás comer, empero del árbol del conocimiento del bien y del mal, no habrás de comer de él … «
(Génesis 2:16-17)

Con estas palabras se manifiesta la preocupación divina por la alimentación de los seres (Adám y su mujer) a quienes había creado. Por tanto, si el Eterno considera que es importante lo que el ser humano come, debe serlo también para el hombre mismo. Es Yahvéh quien establece lo que es muy importante y lo que no es tan importante para el hombre. Las Sagradas Escrituras enseñan que la comida es muy importante. En la cosmovisión yahvista la comida tiene mucho que ver con la santidad y con el pecado.

Siguiendo esta idea advertiremos en la Torah tres etapas de revelación divina en lo que a la alimentación del hombre se refiere:

  1. Desde la Creación hasta el Diluvio. En esta etapa, los únicos alimentos permitidos al ser humano eran los arriba citados (Gén. 1: 29), es decir, vegetales y frutos.
  2. Desde el Diluvio hasta Moisés: «Todo lo que se mueve, todo lo que vive, para vosotros será para comer, como la verdura y las plantas, a vosotros os he entregado todo. Pero, carne con su vida -su sangre- no habréis de comer» (Génesis 9:3).
  3. Desde Moisés hasta hoy: En nuestro capítulo, Levítico 11 y Deuteronomio 14:3-21, donde la Toráh enuncia las normas que tipifican y dividen a los animales, peces y aves, en dos categorías los «hatehorím venatemeím» (los puros y los impuros), permitiéndonos la Torah comer solamente los tipificados como puros, y pidiéndonos rechazar como abominables a todos los impuros.

Ahora bien, esta sucesión de hechos, y las mismas leyes alimentarias que la Torah enuncia, han sido motivo de profundos estudios por parte de los exégetas e intérpretes de la Torah en cada generación.

De limitamos rigurosamente al contexto bíblico, resulta evidente que las leyes alimentarias persiguen una finalidad: convertimos en personas consagradas a la Torah y a la bondad forjando en nosotros un carácter sobrio, y desarrollando en nosotros la moderación en los hábitos alimentarios, para que ello repercuta en nuestras actitudes y nuestras acciones.

En palabras de la Toráh:

«Veanshé kódesh tihiun li ubasár basadéh terefáh lo tojelu laquelev tashlijún otó»

(«Y hombres consagrados habréis de ser para Mí. y carne devorada en el campo no habréis de comer, a los perros habréis de arrojarla.»)

(Éxodo, 22:30)

Además, en Deuteronomio se nos recuerda que, ya que somos un pueblo consagrado por Yahvéh y para Él, por lo que no deberemos comer nada que sea abominable. Y a renglón seguido, la Torah enuncia los nombres y características de los animales, peces y aves que podemos comer, alejándonos de los otros, que deberemos repudiar.

Para lograr una sincera comprensión de todo esto, es necesario recordar que aquellos mandamientos que tratan sobre animales que son comestibles o no, son considerados jukim, lo que implica que no tienen ninguna explicación lógica. Se han intentado dar muchas explicaciones acerca del por qué ciertos animales son considerados impuros y otros puros, pero al fin y al cabo el hombre tiene que reconocer que no entiende del todo la razón por la que el Eterno dio estas instrucciones. Es muy probable que nunca podamos tener una explicación satisfactoria en cuanto a la razón por la que ciertos animales son considerados impuros por Yahvéh. La razón por la que debemos considerar estos animales como impuros es porque la Instrucción divina dice que son impuros. Profundizar más allá de lo escrito, siempre conlleva el riesgo de producir interpretaciones erróneas que pueden llevar a la confusión mental de los escogidos.

Una comida o un objeto que es considerado apto para el uso de un hebreo es llamado kasher, que significa “correcto”, “recto”, “aceptable”, “apto”. La palabra aparece tres veces en las Escrituras, (cf. Eclesiastés 10:10; 11:6; Ester 8:5).

Por lo tanto, la finalidad principal de las leyes alimentarias de la Torah tienden a «kedusháh vetaharáh«, que traducido es «la consagración y la pureza» del alma redimida.

Cabe recordar que las leyes de «kashrut» (alimentación apta para ser comida de acuerdo con nuestra Torah) incluyen el no ingerir sangre animal, ni comer ningún alimento que mezcle carne con leche, en ninguna de las formas posibles. Por lo tanto, el objetivo de las normas del kashrut es en realidad proteger y cuidar la salud espiritual y la pureza interior del ser humano.

Está científicamente comprobado que el ser humano es lo que come. La calidad de la comida que uno ingiere afecta su salud, personalidad y sensibilidad. Los animales que la Torah nos prohíbe contienen características negativas. El consejo divino apunta a que nos abstengamos de comerlos para no incorporar sus características en nosotros.

La sangre contiene la fuerza vital del animal. No conviene ingerir esa faceta tan animal para que forme parte de nosotros.

La mezcla de carne con leche representa la mezcla de la vida con la muerte. No corresponde. Cada uno tiene su lugar.

La calidad de kashrut de los alimentos que comemos y de los cuales el cuerpo se nutre y se desarrolla determina si el cuerpo será un estorbo para el alma o una herramienta sensible por medio del cual el alma se podrá expresar con facilidad.

De este modo para el hebreo, la santidad no se limita a los lugares y momentos sagrados, por que toda la vida en si es sagrada. Incluso la actividad aparentemente frívola como es comer es de por si un acto divino.

Por lo tanto, el kashrut no fue establecidas por razones médicas; es más bien una senda para alcanzar la perfección espiritual, descrita en la Torah como «kedusháh» (o santidad). 

Todo el sistema de Torah actúa, en última instancia, conforme a la relación que tenemos con el deseo, lo material, lo sensorial y corpóreo. Al transformar el aspecto animal e instintivo que hay en el hombre logramos forjar el recipiente apto para contener los grados superiores, es decir: lo espiritual por excelencia. Eso es santidad en la cosmovisión divina. Justamente en Vayikrá/Levítico 11, al final de la sección que se dedica a especificar lo que se puede y lo que no se puede comer, concluye con este llamado divino:

«Porque yo soy Yahvéh, vuestro Dios; vosotros os santificaréis y seréis santos, porque Yo soy santo»
(Vayikrá/Levítico 11:44)

Ahora, te invito a considerar esta ENSEÑANZA del por qué y para qué de las LEYES DEL KASHRUT:
Bitácoras Relacionadas:

La Alimentación que Conecta con el Eterno

Escamas y Aletas: Raíz y Base de la Verdadera Espiritualidad

Escamas y Aletas: Raíz y Base de la Verdadera Espiritualidad

Por: P.A.

 

«Esto podréis comer de todo lo que hay en el agua:
todo lo que tiene aletas y escamas en el agua, en los mares y en los ríos, ésos podréis comer.»

(Levítico 11:9)

Dos detalles tenían que ser tenidos en cuenta por los hebreos al comer pescados: que estos tuvieran aletas y escamas a la vez. Estos detalles anatómicos trascendían el aspecto físico de estas criaturas marinas. Por el contrario, poseían un fuerte contenido profético, ya que su simbología establecía la calidad de adoración que un hebreo debía presentar en su diario vivir.

Recordemos que los peces en el agua también simbolizan a Israel y la Torah; así como el pez solo puede vivir en su medio propicio, el agua, también Israel vive solo por medio de la Torah, sumergida totalmente en sus «aguas». Por esto, el mandamiento de comer todo pez que posea aletas y escamas simultáneamente está impregnado de una codificación yahvista que permite al alma hebrea desarrollar plenamente su propósito mesiánico en este mundo. Decodifiquemos pues los detalles divinamente requeridos.

Las “escamas”, simbólicamente hacen referencia al temor al Cielo, es decir a los juicios. Mientras que las “aletas” hacen referencia en su simbología al amor al Eterno.

Las “escamas” protegen al pez, del mismo modo, el temor al cielo protege a la persona de no ir por mal camino.

Las “aletas” permiten al pez avanzar, del mismo modo, el amor al Eterno, hace a la persona progresar en su vínculo con la divinidad.

Dice el Talmud para explicar esto dice: “Todo pez que tiene escamas tiene aletas, pero no todo pez que tiene aletas tiene escamas”. Esto significa que toda persona que se sumerge en el “agua” de la Torah, y por ende desarrolla “escamas” (Temor al Cielo), de seguro que desarrollará a lo largo de su peregrinar el amor al Eterno, ya que tiene una buena base para fundamentar su comunión con Él. Pero quien solo tiene “aletas” (amor al Eterno), no necesariamente tiene “escamas”, es decir temor al Cielo, ya que el amor en el ser humano puede ser un sentimiento fugaz y no fundamentado.

El temor que produce la sumisión a la voluntad del Eterno, conforman la raíz y base del servicio divino. Sin dicho temor no hay crecimiento sólido.

Luego de que la persona humana toma conciencia ante quien está parado, puede construir su espiritualidad edificándola en el amor a Dios.

Bitácora Relacionada:

La Alimentación que Conecta con el Eterno

También puedes VER esta EXPLICACIÓN:


Una Canción de Alabanza en el Desierto

«Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Yahvéh se apareció a todo el pueblo.
Y salió fuego de delante de Yahvéh, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.»

 

(Levítico 9:23-24)

 

En los códigos mismos de los secretos que vibran en las letras de la Instrucción (Torah) divina el “fuego proveniente de los alto” demostró como el Eterno estaba complacido con la obra de sus criaturas en la Tierra.

Cuando Yahvéh creó el mundo, Su Gloria llenaba toda la Tierra, provocando esto una grande, profunda e ilimitada alegría en todas las dimensiones existenciales del planeta.

Los errores de comportamiento la primera humanidad (Adán y Eva) originaron que la gloria divina se alejara de este mundo. Sin embargo, esta dimensionalidad de alegría celestial logró retornar nuevamente a la Tierra, cuando la Presencia divina entregó la Torah en Sinaí, y posteriormente cuando el Eterno ordenó erigir el Santuario (Mishkán) en el desierto.

Es por eso que dice la Torah en referencia a la iniciación del Santuario que el pueblo “vio y entonó una canción de alabanza…” (hebreo original), ya que la alegría había vuelto al mundo con el objeto de restaurarlo a su diseño original para que el Mesías se manifestara y elevara toda la creación a Yahvéh como Padre Eterno.

Con esto aprendemos que la tristeza es la falta del Eterno en el interior de la persona humana, cuando esta no cumple con su propósito y misión. Por eso, debemos aceptar que la función de cada ser humano es atraer la Gloria divina sobre su persona, logrando así el estado de alegría y regocijo permanente.

El Sudario Doblado de la Tumba… y un Amo que Regresará a Su Mesa

Por P.A. David Nesher

«El primer día de la semana, maría magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. 
 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: «se han llevado del sepulcro al señor, y no sabemos dónde le han puesto.
Y salieron pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.
Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que pedro, y llegó primero al sepulcro.
Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.
Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,
 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.
Porque aún no habían entendido la escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.
Y volvieron los discípulos a los suyos.«

(Juan 20: 1-10)

Al sumergirnos en el estudio y la meditación de los hechos acontecidos en los días de la crucifixión, sepultura y resurrección de nuestro Dueño y Maestro, encontramos que el Evangelio de Juan relata que el sudario, que le fue colocado en el rostro a Yeshúa (Jesús) en su sepelio, no sólo estaba a un lado, aparte de las vendas, sino doblado. Resulta curioso que el autor dedique un versículo entero para decirnos que el sudario fue bien doblado, y que fue colocado en un lugar aparte (posiblemente en donde estuvo tendido).

Antes de considerar bien este asunto, recordemos los hechos inmediatos del relato:

El primer día de la semana, después del Shabat semanal, siendo aún muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y encontró que la piedra había sido removida de la entrada. Ella corrió y le contó a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Yeshúa amaba, y les dijo:

“Se han llevado el cuerpo del Señor del sepulcro, y no sabemos dónde lo han puesto”.

Pedro y el otro discípulo salieron hacia el sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el relato detalla que el otro discípulo corrió más rápido que Pedro y llegó antes. Estando en la tumba, como se inclinara, vio los lienzos caídos, pero no entró.

Luego, Simón Pedro llegó detrás y entró en el sepulcro y vio las vendas en el suelo. El detalle que se destaca es que el sudario o servilleta que había cubierto su cabeza no estaba junto a los lienzos, sino plegado en un lugar aparte (ver Jn 20:1-7).

Ahora bien, preguntémonos: ¿es importante esto para nosotros?… ¡Por supuesto!… ¿Es realmente relevante este detalle para nuestra fe?… ¡Podemos asegurar que sí!… ¿Por qué?… Pues, bien para responder todo esto veamos lo siguiente:

En primer lugar, vemos que todo estaba exactamente igual, excepto el cadáver de Yeshúa, dando a entender que no se trataba de un robo. Un ladrón jamás habría dejado todo tan ordenado. Si hubiera sido un robo, aquello aparecería todo desordenado. Precisamente Juan Crisóstomo, comentando esto en el siglo IV, dice a sus oyentes:

«“Esto era prueba de resurrección, porque si alguno lo hubiera trasladado no hubiera desnudado su cuerpo. Ni si lo hubieran robado, los ladrones no hubiesen cuidado de quitarle y envolver el sudario poniéndolo en un sitio diferente del de los lienzos, sino que hubieran tomado el cuerpo como se encontraba. Ya había dicho San Juan que al sepultarle lo habían ungido con mirra, la cual pega los lienzos al cuerpo. Y no creas a los que dicen que fue robado, pues no sería tan insensato el ladrón que se ocupara tanto en algo tan inútil.»

(«In Ioannem«, pag. 84).

Justamente esto es fundamental para el evangelista, que nos cuenta estos detalles tan interesantes de la tumba vacía, para asegurarnos que la resurrección del Maestro verdaderamente ocurrió, y nada tenía que ver con un plan de hombres.

En segundo lugar, y yendo a nuestro tema, para lograr comprender más profundamente el significado del sudario doblado, consideraremos un poco la tradición hebrea en esa época. Para Israel, una servilleta doblada sobre la mesa tenía un significado muy particular, ya que hace referencia a una costumbre hebrea (y también oriental) sobre un amo y su siervo en los protocolos de una cena.

Resulta que cuando el siervo ponía la mesa de la cena para el amo, se aseguraba de ponerla exactamente de la manera en que su señor le gustaba. La mesa debía estar decorada a la perfección, casi como para un ritual sagrado. Luego el criado tenía que esperar fuera de la vista de los comensales, hasta que el amo hubiera terminado de comer. El siervo no se atrevía a acercarse a la mesa, hasta que el su dueño hubiese concluido. Para hacerlo, debía estar a la espera de una señal…

Si el amo había terminado de comer, se levantaba de la mesa, se limpiaba los dedos, la boca y la barba, y haciendo un nudo con la servilleta, la lanzaba sobre la mesa. El siervo, al ver esto, entendía entonces que era el momento para limpiarla. Entonces, la costumbre de aquella época era que la servilleta anudada significaba que el amo decía: “ya he terminado”, y era el momento para que el siervo ingresara a la sala del banquete, y limpiara el lugar.

Pero si el amo se levantaba de la mesa, doblaba la servilleta y la ponía junto a su plato, el siervo entendía que no debía acercarse a la mesa. ¿Por qué? Porque la servilleta doblada significaba “aún no he terminado, volveré”.

Con esto en mente, podemos comprender que al ver el sudario doblado, Juan interpretó lo siguiente: “el Maestro volverá”, por eso no entró al sepulcro, respetando esta costumbre tradicional. Yeshúa estaba diciendo a sus discípulos, “podría estar fuera de tu vista ahora, pero regresaré para terminar el banquete que hemos comenzado!” El Mesía, al resucitar y doblar el sudario, quería decir, que Él regresaba pronto y con un mensaje nuevo, lleno del poder de la Resurrección para realizar el Tikún Olam (reparación del Mundo). Es decir, el volvería con un mensaje de Vida Nueva. .

Es decir que el texto evangélico relata una de las experiencias que los discípulos tuvieron con el Mesías Resucitado. No se trata de un aparición, sino literalmente de una de las etapas que los discípulos han tenido que recorrer en el Camino para comenzar a vislumbrar los nuevos horizontes de esperanza que el hecho de la Resurrección abriría en sus vidas. El acontecimiento se insinuaba ya en la tumba vacía, en las vendas que yacían en el suelo y en el sudario plegado en un lugar aparte. Ante estos hechos el apóstol Juan sentía que una certeza se fue apoderando de su corazón, la certeza de la fe: «¡Yeshúa está vivo, está realizando su tarea celestial como Sumo Sacerdote, y luego regresará!«. Al considerarlo así nos damos cuenta que esta convicción llena el corazón de todo creyente verdadero.

Así como la tradición lo indica, lo que Jesús quiso decirnos cuando dobló el sudario fue la promesa de su venida, de que el ascendería a los cielos, pero que aun su labor no había terminado y que regresaría a terminar lo que empezó.

Tan grande fue esta experiencia en la mente y el corazón del apóstol Juan, que siempre lo sostendría en su fe, a tal punto que muchos años después, estando exiliado como preso político en la isla prisión de Patmos, escribió:

“El que da testimonio de todo esto dice: ‘Sí, voy a venir pronto’ ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!”

Juan, Simón Pedro, y el resto de los discípulos del primer siglo se estimularon con esta señal entendiendo que somos siervos a las órdenes del Amo. Y así como el siervo no puede sentarse a la mesa hasta que su amo no regrese, nosotros tampoco podemos hacerlo. ¡No podemos dejar de trabajar para el Señor, porque es hasta que el vuelva que podremos sentarnos a la mesa, y no cualquier mesa, sino la de las bodas del cordero! Por lo tanto, procuremos estar preparados para el día de Su Venida. ¡Ya hemos sido advertidos acerca de Su Venida, así que estemos vigilantes, seamos prudentes y mantengamos nuestras lámparas encendidas, porque el novio viene de camino!

Y ahora, antes de terminar esta bitácora, tengo una buena noticia para ti lector que estás leyendo esta bitácora. No sé cual es la tumba en la cual te encuentras pero el mismo Yeshúa que dejó los lienzos puestos allí y el sudario enrollado en la tumba, es el mismo que hoy está dejando tus lienzos puestos allí en tu tumba ontológica y está enrollando el sudario en señal que nunca más volverás a esa tumba en la cual te habían metido por que estabas muerto en delitos y pecados.

En verdad, no sé si tu tumba se llamaba fracaso, soledad, tristeza, angustia, dolor, miedo, desánimo, depresión… pero sin importar el nombre que tenga la tumba ontológica en la cual estas hoy, Yeshúa se encuentra junto a ti en esa tumba y ha llegado no para quedarse y hacerte compañía en esa tumba si no para levantarte de entre los «muertos vivos» (Efesios 2:1).

En este día Yeshúa te dice: «vamos deja esos lienzos con que te cubrieron y abandona ese sudario enrollado para que al verlo todos sepan que estuviste aquí pero que nunca volverás a este lugar. Luego, ven y sígueme y abandonemos esta zona reptiliana de muerte, porque aquel que me levantó de entre los muertos a mí, es el mismo que me ha enviado para levantarte a ti.«

¿Te atreverás a aceptar su invitación para salir de toda tumba ontológica que te había encerrado hasta hoy?

¿Cómo Arder Constantemente para Dios?

Por P.A. David Nesher

 

“El fuego del altar ha de mantenerse encendido en él…
El fuego se mantendrá encendido sobre el altar; no se apagará, sino que el sacerdote quemará leña en él todas las mañanas…
El fuego se mantendrá encendido continuamente en el altar; no se apagará.”

(Vayikrá/Levítico 6:9, 12, 13)

 

Como desde hace años lo hago, hoy remarco una vez más que la característica del holocausto que arde por un largo tiempo es una ilustración apropiada de la obra de darnos diariamente a nosotros mismos completamente al Eterno. Estoy convencido que todos ustedes entenderán que el venir a Yahvéh, nuestro Abba, como un sacrificio vivo no es una obra repentina, ni mucho menos fácil.

En la meditación de hoy, notamos que la Torah repite tres veces la importancia de no dejar que el fuego se apague sobre el altar.

Recordemos que el fuego que estaba en el altar del Mishkán (Tabernáculo) había caído desde el cielo. Era el mismo Yahvéh quien lo había otorgado como don, y lo había depositado en el altar de bronce. Lo único que debían hacer los sacerdotes era encargarse de mantenerlo vivo constantemente. Esto no significa que los sacerdotes trabajaban durante la noche, sino que el sacrificio de la tarde se dejaba allí hasta la mañana, momento en el que el sacerdote limpiaba las cenizas y preparaba el altar para el sacrificio contínuo de la mañana (Éxodo 29:38-46).

El sacerdote, desencinte de Aarón, amante de la paz y la bondad, debe encender “el fuego sagrado”, para erradicar el fuego devastador que consume todo lo bueno. Esto sí o sí se hace “a la mañana”, cuando ilumina su atributo, el atributo de claridad y bondad.

Al hacerlo en forma constante, “todos los días”, compactándose con bondad, la Torah nos garantiza que “no se apagará” nunca la luz de la fe y de la santidad.

Por eso, el fuego perpetuo se conecta a la idea de que estas ofrendas deben ser hechas continuamente. Antes del perfecto sacrificio de Yeshúa en la cruz, era imposible el completarlas de una manera perfecta.

Al buscar sumergirnos en la simbología del fuego, sabemos que tres son los ingredientes que el mismo necesita para poder existir: combustible, oxígeno y calor. Si falta alguno de estos tres, el fuego no arde.

El calor se mantenía en las llamas y en los carbones encendidos. El oxígeno venía del aire ambiental. Sólo hacía falta añadir la leña. Esto nos enseña acerca de la importancia de mantener el fuego celestial encendido sobre el altar personal que cada uno de nosotros tenemos en nuestro interior. Cada mañana hay que poner más leña sobre el fuego. Ahora bien, la pregunta es:

¿Qué simboliza la leña?

La leña es el producto de la vida y la muerte de un árbol. Está escrito que la Torah es un Árbol de Vida (cf. Proverbios 3:18). También Mashíaj se compara a sí mismo con un Árbol (cf. Lucas 23:31; Juan 15:1). Esto nos enseña que el combustible que alimenta el fuego en nuestro corazón es el producto de una doble procedencia: la Torah (Palabra Escrita) y el Mesías (Palabra Encarnada). La vida y la muerte del Mesías ha creado suficiente leña para que podamos arder eternamente delante de Yahvéh. Cada mañana hay que poner más leña en su corazón para arder continuamente delante del Eterno.

La leña es añadida en la oración, la alabanza y el estudio de las Escrituras que cada creyente hace todas las mañanas. La única manera de poder mantener el fuego celestial ardiendo en nuestra vida es ponerle más leña. Es una tarea diaria.

Querido lector, si experimentas que el fuego de tu vida espiritual se está apagando, necesitas tomar en serio este mandamiento y orar cada mañana y leer y estudiar las Escrituras santas.

El oxígeno es parte del aire. La palabra hebrea para viento es ruaj. También a Ruaj se la traduce como “Espíritu”. Esto nos enseña que el oxígeno para el fuego celestial es el Espíritu del Señor. Si falta el Espíritu Santo en la oración y la lectura, el fuego se apagará.

Que tampoco falte el calor en nuestra devoción a Yahvéh. El calor podría simbolizar el amor y la intensidad de nuestra entrega (en hebreo kavaná).

¿Por qué repite que “el fuego del Altar debe mantenerse encendido»?

El Altar representa al corazón del ser humano. Sucede que a medida que pasa el tiempo y la persona redimida se va familiarizando con los preceptos, puede llegar a perder el entusiasmo primario que alguna vez tuvo, al comenzar la peregrinación por sus códigos. Es por eso que la Torah nos dice que el fuego debe estar siempre, al principio, y luego otra vez, en el futuro.

¡Asegúrate que el fuego no se apague en tu vida!

“Por lo cual te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos.” (2 Timoteo 1:6)

En este caso se trata del fuego del don de ser anunciador de las buenas nuevas (en griego “evangelista”).

Bitácora Relacionada:

Altar: códigos del corazón humano sujeto al Eterno Dios.

¡Bailar Pegados al Eterno!… ¡La Terapia para Vivir Bien!

Al leer los libros del Tanak (Torah, Neviím, Ketuvim), también mal llamado Antiguo Testamento, encontramos la pedagogía espiritual de la danza. Justamente en cada lección, la lección será la misma: la danza es una expresión de alegría, aceptada por el Eterno como una ofrenda espiritual que lo glorifica como Creador y Dueño de todas las cosas.

La adoración a través de la danza ha sido parte de la historia y la tradición de Israel durante todos los años de su existencia. Entre tantos versos del salterio, podemos rescatar una que pone a la danza como un imperativo en la liturgia profética del Santo Templo:

 

“Alábenlo a son de trompeta; alábenlo con salterio y arpa. Alábenlo con pandero y DANZA; alábenlo con cuerdas y flauta. Alábenlo con címbalos resonantes; alábenlo con címbalos estruendosos…”

(Sal. 150:3-5 VIN)

Esto se remonta a los tiempos de Moshé (Moisés), siendo una expresión de fe, adoración y alabanza a YHVH en la que cada movimiento del cuerpo tiene un significado y cada gesto de las manos tiene un sentido propio de adoración. Seguramente esta cosmovisión hebrea de la danza como instrumento cúltico, se desarrolló desde el mismo momento en que Israel fue librado del látigo opresor de Mitzraim (Egipto). Así lo vemos en la misma Instrucción (Torah) cuando nos relata:

“Entonces Miryam la profetisa, la hermana de Aharón, tomó un pandero en sus manos, y todas las mujeres fueron tras ella en DANZA con panderos…”

(Ex. 15:20 VIN)

Así pues, se instaló en la mentalidad hebrea que una de las manera de adorar a YHVH era demostrando el gozo de la salvación (simjáh). Por ello, para Israel bailar de alegría por el cumplimiento de una mitzvá es un privilegio celestial maravilloso.

Los códigos de la Torah revelan que cuando la alegría se comienza a irradiar en el interior del ser humano, se extiende a las piernas hasta que, literalmente, la persona comienza a danzar de gozo. Este acto profético disipa las fuerzas de la impureza (tumá), que se apoderan de las piernas para enfermarlas; además, atenuará juicios severos de los Cielos y permite recibir bendiciones. El fervor con el que se baila en un culto divino es “una ofrenda encendida de olor grato al Señor” (Números 28: 8).

En el folclore israelita existen mas de cuatro mil estilos de danzas diferentes: de adoración, de guerra, de paz, de dolor, etc. Como ejemplo de esto vemos que en el libro Shofetim (Jueces) encontramos la costumbre de danzar en alegría y gratitud por las cosechas:

“Tan pronto vean a las muchachas de Shiloh salir para unirse a los bailes, salgan de las viñas; que cada uno de ustedes escoja una esposa de entre las hijas de Shiloh…”

(Jue. 21:21 VIN)

Esta danza comenzaba en rueda y luego cada hombre seleccionaba una pareja.

También era costumbre sana y terapéutica danzar para conmemorar el gozo del regreso de algún ser querido:

“Cuando Yiftaj llegó a su hogar en Mitspah, ¡ahí salió su hija a recibirlo, con pandero y danza!”

(Jue. 11:34 VIN)

Es muy conocida la historia del rey David danzando fervientemente ante la llegada del Aron HaBrit (Arca del pacto) a Jerusalén. Notamos que él expresaba su gozo sin ningún tipo de prejuicio:

«David danzaba con toda su fuerza delante de YHVH; David estaba vestido con un efod de lino…”

(2 Samuel 6:14 – VIN)

Esta anécdota enseña como Mikal, quien se opuso a esta forma de adoración, quedó estéril (2 Samuel 6:14-23). Así pues, quedó claro en la mente de los hebreos que burlarse de la danza litúrgica produce un corte en la productividad de la vida.

Por esto, su hijo el rey Salomón (en hebreo: Sh’lomó HaMélek) enseñó que en la vida del hombre existe un tiempo de bailar, y que esto está marcado en el propósito eterno de Dios (Kohelet/Eclesiastés 3:4).

Así es como los profetas en sus oráculos afirmaban que en la restauración de todas las cosas también estaría incluida la danza como una forma legítima de diversión y gratitud a Nuestro Creador:

«De nuevo te edificaré, y serás reedificada, Virgen de Israel;

de nuevo tomarás tus panderos, y saldrás a las DANZAS con los que se divierten»

(Irmiyahu/Jeremías 31:4)

En los tiempos de Yeshúa ha Mashíaj, era una parte importante de la liturgia del Templo y el pueblo la utilizaba, en las fiestas de Israel, para conmemorar las victorias, los eventos históricos y los eventos de citas divinas o fiestas.

Por eso, cuando venimos al Evangelio (Buena Noticia) de nuestra Salvación, nos encontramos con que nuestro Maestro y Mesías Yeshúa enseñó que la danza era una expresión legítima de alegría a la hora de expresar gratitud al Eterno, nuestro Abba. Esto lo hizo en forma sutil cuando hablando del regreso del hijo pródigo, describió como era el momento de la shelamim que el padre ofreció a Yahvéh por esta alegría:

«…Y su hijo mayor estaba en el campo, y cuando vino y se acercó a la casa, oyó música y danzas«

(Lucas 15:25)

También entendemos que en la boda de Caná (Qanah), nuestro Señor vio las danzas que se producían en esta celebración, e incluso no es descabellado pensar que él participó como cualquier joven judío, pues esto era parte integral de su cultura. Los discípulos del Mashíaj eran de mentalidad hebrea y ellos tuvieron que haber conocido este folclore.

¡Evidentemente estar alegre es una bendición, y bailar para expresar dicha alegría también lo es! Sin embargo, también las Sagradas Escrituras dejan en claro que cuando una persona baila con el calor de la inclinación al mal (yetzer hará), está encendiendo un “fuego extraño” (Levítico 10: 1), mientras que el vino que bebe es el “vino de la embriaguez”, que permite a las fuerzas de la impureza afianzarse. Por eso, desde sus líneas, Yahvéh nos hace distintos llamado de atención, ya que el desenfreno puede llevar a que una misma acción tenga diferentes intenciones y, por lo tanto, diferentes consecuencias.

Debemos buscar la alegría pero no el desenfreno. Debemos estar exultantes de gozo, pero, siempre, tener presente el motivo de la alegría: nuestra gratitud al Eterno. Por esto, es recomendable que en todas las fiestas, los varones y las mujeres dancen por separado o en todo caso evitando el contacto físico, aunque esta recomendación no aplica a las pareja unidas en santo matrimonio.

 

 

Energía para la Vida y Pesadez para la Muerte

Por P.A. David Nesher

«Sacrificará el toro ante El Eterno; los hijos de Aarón, los sacerdotes, traerán “la sangre” y la arrojarán sobre el altar… y “las grasas” sobre la leña que está sobre el fuego del altar.»

(Levítico/Vayikrá 1:5)

La mayoría de la gente cristiana de hoy en día tiene dificultad para comprender el concepto de los sacrificios animales. A pesar de eso, debe aceptarse que existió una buena razón para que estos sacrificios abarquen una sección tan grande de la Torah. Por eso vamos a tratar de entender su significado simbólico en algunos de los aspectos requeridos en estos ritos dela Altar divino.

Es interesante saber que  aquel que traía la ofrenda podía degollarla, si deseaba. Pero sólo los sacerdotes podrían ofrecer la sangre sobre el altar. Esto era para que el penitente entendiera que se sacrifica delante de Yahvéh. Así, los sacerdotes podían enseñar que estos sacrificios eran un oráculo de la muerte del Mesías, la cual ocurriría (y ocurrió) delante de Yahvéh.

Vemos que Yahvéh, ordenaba que la sangre fuera arrojada sobre el altar. Este procedimiento lo realizaba sí o sí el sacerdote, quien se ponía al pie del altar, y arrojaba la sangre desde un recipiente hacia la pared del altar debajo de la mitad, hacia sus esquinas. 

Tanto la sangre como la grasa del animal debían ser arrojadas sobre el Altar.

Uno de los significados espirituales de “la sangre” en la Torah, es que guarda relación con la vitalidad, la velocidad y la energía motora del alma. Y “la grasa”, por el contrario, se relaciona con la pesadez, la pasividad y la inacción mental y emocional.

Según la cosmovisión divina, estos dos elementos deben ser ofrendados a Yahvéh con el fin de permitir la manifestación justa de Su proceso santificador en nuestras vidas. Por un lado el redimido tiene que ser incondicionalmente enérgico al momento de cumplir una ordenanza divina, y a la vez tiene que ser lento y pesado en el momento de ser tentado a cometer un pecado. Es decir que un hijo primogénito de Yahvéh debe ser entusiasta acerca de hacer lo mandado por Él para manifestar un acto de bondad. Por otro lado, cada hijo primogénito debe ser “flojo” y desistir de hacer lo impropio en su vida y entorno.

Sabemos que la Torah contiene 248 mandamientos positivos, y 365 mandamientos negativos. Pues bien, cada israelita, al ofrendar, activaba en su mente y corazón la certeza de que para la ejecución de un mandamiento positivo, uno debe actuar con rapidez y entusiasmo. Cuando una persona es tentada en aquello que Yahvéh lo prohíbe, transgrede un comando de la Torah, puede evitarla siendo “flojo” e inactivo.

Alguien que comete una transgresión aparentemente ha confundido sus prioridades. En el caso de los mandamientos positivos que descuidó, era perezoso, y en el caso del negativo que violó, actuó con vigor. Colocar la sangre y la grasa en el altar actúa como un recordatorio del propósito de cada rasgo y de lo que cada cosa sea usada según la voluntad de HaShem.

La sangre fue rociada en dos esquinas del altar, la noreste y la suroeste. Así la sangre fue rociada en los cuatro lados del altar por medio de dos rociamientos. Estos últimos era dos porque representaban el obrar redentor del Eterno a favor del pecador (el número 2 representa pecado, y también alianza); y los cuatro lados señalan a los cuatro puntos cardinales y a la creación toda, aduciendo así que cuando el hombre se pone a cuenta con el Eterno, todo su entorno se beneficia, gracias a las bendiciones que este comienza a irradiar.

Este rociamiento sobre el altar representa el momento cuando Mashiaj murió, disponiendo su vitalidad y energía motora a todos los hombres del mundo que anhelaran cumplir la voluntad del Padre que es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

Claves para Entender el Espíritu del Rollo Vayikrá (Levítico)

Por P.A. David Nesher

 

En los años que llevo sirviendo al alma de muchos santos, he descubierto que la mayoría de ellos, han evitado por mucho tiempo la lectura de este Libro. La razón: ellos aseguran que sus líneas están llenas de cosas algo extrañas para la vida cotidiana de un redimido en estos días. Seguramente, alguno de mis lectores mantiene aún esta posición, por lo que hallo oportuno solicitarles que se detengan unos momentos y consideren lo que en esta bitácora he escrito a fin de romper todo falso paradigma que evite el estudio de un libro tan lleno de códigos lumínicos para la fe.

El título Levítico procede de la versión Septuaginta o De Los Setenta, la antigua traducción griega de la Tanak (mal llamado Antiguo Testamento) que lo tituló «Levitikon» que quiere decir «relativo a los levitas» o «destinado a los levitas«, y que se convirtió en la palabra castellana Levítico.

Como ya se los he enseañado, el patrón para nombrar los libros en la Torah, es con la primera palabra del mismo; en este caso, nuestro libro se llama «Vayikra«, que traducido es «Y llamó«. La palabra «Vayikrá» implica que Yahvéh llamó a Moshé con afecto, así como los ángeles se llaman unos a otros. El Eterno lo llamó y Moshé fue. Así mismo, Yahvéh llama a sus escogidos, con el anhelo, que acudan incondicionalmente a su vocación.

El tema principal de Vayikrá es la Santidad del Eterno:

«Se santo porque yo, Yahvéh tu Dios, soy santo»(19:2)

La palabra santidad (hebreo kedushá) se menciona 152 veces. Mucho más que en cualquier otro libro de las Sagradas Escrituras.

Pero, ¿cómo podría un pueblo con tendencia al pecado acercarse a un Dios santo?

Tengamos en cuenta que no ha pasado un año desde que los israelitas fueron liberados de la esclavitud en Egipto. Convertidos ahora en una nueva nación, se dirigen a la tierra de Canaán. El propósito del Eterno es que una nación santa more allí. Sin embargo, la forma de vida y las costumbres religiosas de los cananeos son muy degradadas. Por eso, el Dios verdadero establece normas para la congregación de Israel que la separarán para Su servicio.

Así pues, el libro nos provee de leyes rituales, sacrificios, expansión de temas y obligaciones éticas de los hijos de Israel, y al final, las bendiciones y maldiciones del pacto entre Israel y Yahvéh. Es decir, el rollo está llenos de una asombrosa codificación que permite a cada hebreo tratar con el yetzer hará o tendencia al mal a fin de tratar con el asunto del pecado (jet) en forma correcta y de ese modo echar fuera de sus vidas al HaSatán y su influencia. Por esta razón, , los primeros capítulos de Vayikrá dan instrucciones detalladas (y por lo tanto llena de códigos lumínicos) acerca de cómo ofrecer los sacrificios, los cuales servían para ser leídos en el Mundo de Arriba como símbolos de arrepentimiento (teshuvá) y obediencia.

 

Desde estos métodos de sacrificios o acercamientos (korbanot) a la Luz Infinita, el Eterno se aseguró presentar a Israel principios generales de la sanidad integral (espiritual, psíquica y física-social) que permiten una conexión correcta con el Mundo de Arriba y el Mundo de Abajo, generando el poder de «anudar» los dos planos existenciales, y lograr así la armonía (Shalom) que evita la manifestación del caos.

Se anuncian así en las líneas de Vayikrá las características y prácticas que llevarán a Israel a vivir el sacerdocio universal de todo creyente y realizar el propósito del Eterno: «Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa» (cf. 1Pedro 2:9). Esto permitirá que todos los seres humanos sean servidos con las enseñanzas de los secretos de la Instrucción (Torah) divina.

Entonces, aceptemos que este libro se escribió principalmente para que el Pueblo de Dios comprendiera plenamente qué significa vivir santamente. Así es como da un bosquejo de las leyes que rigen la vida santa , y da instrucciones al sacerdocio representado por la tribu de Leví, que había sido escogida por su fidelidad incondicional (Ex.32:28).

Entendiendo esto que les he explicado, lograrán que el espíritu de las letras de este rollo los impregne, y de ese modo se contagien de la propuesta que Vayikrá tiene: Celebrar. Así pues podrán vivir cotidianamente el lema que Yahvéh nos dio como ministerio desde que comenzamos: ¡LA VIDA ES UNA FIESTA!

 

Bitácoras Relacionadas:

Sefer Vayikrá o el Libro de la Comunicación Eficaz

 

 

7 de Marzo del 321: El Día en que el «Sol oscureció al Shabat»

Desde el análisis objetivo de muchos historiadores modernos, el emperador Constantino marcó con sus decisión políticas el tránsito del mundo antiguo al mundo medieval.

Recordemos que Constantino gobernó el Impero Romano durante treinta años, hasta su muerte en Nicomedia (actual Izmir, Turquía) el 22 de mayo de 337. Fue el Fundador de Constantinopla en lo que era la antigua ciudad griega de Bizancio. Lamentablemente, en la Iglesia ortodoxa hoy se lo venera como santo, y la Iglesia Católica, lo considera como su gran benefactor, ya que permitió la fundación del cristianismo, religión del Estado romano adaptada a las necesidades del Imperio, y bajo la apariencia de una nueva Iglesia institucionalizada, que más tarde terminaría llamándose Católica Apostólica Romana. Esta religión, Constantino la legalizó promulgando un edicto de tolerancia en el año 313. Al mismo se lo conoce como el  Edicto de Milán. De este modo, los desde entonces denominados cristianos, no sólo deberían obediencia a Dios, representado en el obispo de Roma, sino al Emperador. Paradójicamente, con el devenir de los siglos, acabaron siendo los monarcas cristianos quienes tuvieron que rendir obediencia a los papas, herederos de los antiguos césares, y someterse a su voluntad.

Lo cierto de todo es que el emperador Constantino (280-337 E.C.), notó que el poder político de Roma estaba debilitándose, por la división de estas dos grandes espiritualidades: los paganos adoradores del sol, y sus cultos esotérico-místicos; y los «cristianos», según los denominaban sus detractores y perseguidores, los paganos. La historia confirma que se propuso unir estas dos grandes corrientes ideológicas; volviendo a los «cristianos», a la religión pagana; y a los paganos cristianizarlos por medio de la ética que practicaban los «cristianos».

Así fue como lo más fuerte de todas estas artimañas babilónicas desencadenó que el 7 de marzo del año 321 el emperador Constantino I el Grande decretó mediante edicto la llamada «Ley del Dies Solis«, con la que establecía “el día del Sol” como festividad pública (en latin dies festus) en el calendario oficial romano. Esta medida tendría un carácter revolucionario, pues hacía claramente referencia al domingo cristiano, día que convertiría en la jornada más importante de la nueva religión romana. El principal propósito de Constantino era reforzar la autoridad imperial a efectos administrativos, adoptando una política religiosa distinta.  Así fue infiltrándose gradualmente en las tradiciones de la Iglesia, sustituyendo definitivamente al día sábado, hasta entonces el más sagrado por los seguidores de Cristo en todo el mundo.

En las costumbres primitivas, los sábados eran el día sagrado tanto para los judíos, como también de los discípulos de Cristo, pero el edicto de Constantino modificaría esto, estableciendo que el domingo será el último día de la semana y el dedicado especialmente al culto solar del Cristo eterno, copia romana del verdadero Mesías hasta entonces proclamado por los discípulos de Yeshúa. Esta decisión será un enorme guiño de Constantino a los líderes cristianos de Roma, dándoles el gusto de acomodar el calendario anual en torno a las festividades cristianas y abandonando el domingo como un día dedicado al sol (como se celebraba en tiempos paganos).

El cardenal John Henry Newman, en su libro «The Development of Christian Doctrine«, pág. 373, declara:

«Eusebio nos dice de diferentes maneras que Constantino, a fin de recomendar la nueva religión a los paganos, transfirió a ella los ornamentos exteriores a los cuales ellos estaban acostumbrados en la suya… El uso de templos, los dedicados a santos particulares, los ornamentos hechos, en ocasiones con ramas de árboles; el incienso, las lámparas y velas; las ofrendas votivas para el restablecimiento de enfermedades; el agua bendita, los asilos, las fiestas y estaciones; el uso de calendarios, las procesiones, las bendiciones de los campos; las vestiduras sacerdotales, la tonsura, el anillo de casamiento, el volverse hacia el este, más tarde las imágenes, tal vez el canto eclesiástico y el Kyrie Eleison, son de origen pagano y santificados por haber sido adoptados en la iglesia”.

 

Por su parte, la Enciclopedia Británica, novena edición, en el artículo “domingo” dice:

“La más antigua documentación de la observancia del domingo como imposición legal es el edicto de Constantino, en el año 321 DC. (7 de marzo), que decreta que las cortes de justicia, los habitantes de las ciudades y el comercio en general, deben reposar en domingo (venerabili die Solis) exceptuándose apenas los que se empeñaban en trabajos agrícolas”.

Tiempo después, el 3 de noviembre de 383, otro emperador, Teodosio I, establecerá que el día de descanso, el «dies solis» (Día del dios Sol), pasará llamarse «dies dominicus» (Día del Señor), quedando ya oficialmente reconocido como el último día de la semana, tal y como lo conocemos hoy en día. De esta manera surgió la palabra española domingo.

Para que podamos apreciar los lineamientos babilónicos establecidos por la La ley dada por Constantino relativa al día de descanso, los invito a leer y considerar los siguientes estratos de la misma:

“Que todos los jueces, y todos los habitantes de la ciudad, y todos los mercaderes y artesanos descansen el venerable día del sol. Empero que los labradores atiendan con plena libertad al cultivo de los campos; ya que acontece a menudo que ningún otro día es tan adecuado para la siembra del grano o para plantar la viña; de aquí que no se deba dejar pasar el tiempo favorable concedido por el cielo.

[Codex Justinianus, lib. 3, tít. 12, párr. 2 (3).]

“Descansen todos los jueces, la plebe de las ciudades, y los oficios de todas las artes el venerable día del sol. Pero trabajen libre y lícitamente en las faenas agrícolas los establecidos en los campos, pues acontece con frecuencia, que en ningún otro día se echa el grano a los surcos y se plantan vides en los hoyos más convenientemente, a fin de que con ocasión del momento no se pierda el beneficio concedido por la celestial
providencia.” 

–Código de Justiniano, [lib. 3, tít. 12, párr. 2 (3) (en la edición, en Latín y castellano, por García
del Corral, del Cuerpo del derecho civil romano, tomo 4, pág. 333, Barcelona, 1892). El original en latín se halla además en J. L. v. Mosheim: Institutionem Historia Ecclesiastica antiquioris et
recensioris, sig. 4, parte 2, cap. 4, sec. 5, y en otras muchas obras.]

El Diccionario Enciclopédico Hisp.- Amer., art. Domingo, dice:

“El emperador Constantino, en el año 321, fue el primero que ordenó una rigurosa observación del domingo, prohibiendo toda clase de negocios jurídicos, ocupaciones y trabajos; únicamente se permitía a los labradores que trabajaran los domingos en faenas agrícolas, si el tiempo era favorable. Una ley posterior del año 425 prohibió la celebración de toda clase de representaciones teatrales, y finalmente en el siglo VIII se aplicaron en todo su rigor al domingo cristiano las prohibiciones del Sábado judaico.”

Por medio de esta anécdota histórica los romanos, tomaron la cabeza de la nueva religión, obligando al mundo entero a adoptar la semana de siete días que había heredado de la tradición mesopotámica (sede de Babel) mucho antes de nuestra era.  Así pues dedicaron cada uno de los días a los astros o planetas de nuestro sistema solar visibles desde la tierra, surgiedon las denominaciones:

  • Dies lunae: ‘día de la luna’, hoy lunes.
  • Dies Martis: ‘día de marte’, hoy martes.
  • Dies Mercurii: ‘día de mercurio’, hoy miércoles.
  • Dies Iovis: ‘día de júpiter’, hoy jueves.
  • Dies Veneris: ‘día de venus’, hoy viernes.
  • Dies Saturni ‘día de saturno’
  • Dies Solis: ‘día del sol’

Habrá dos cambios generados por la ley de Constantino: dies Saturni por Sabbatum (del hebreo Shábbath) y dies Solis por dies Dominicus (del latín Dominus ‘señor’). Como rezago de esta historia basta con notar que en otras lenguas el domingo sigue estando dedicado al Sol, por ejemplo, el inglés donde se dice Sunday, y en alemán «Sontag«, es decir, ‘día del Sol’.

 

El Eterno aborreció siempre esta falsa adoración.

Para lograr llegar a una sabia conclusión, comenzaré citando lo que el cardenal Gibbons en su obra «Faith of our Fathers» [«La Fe de Nuestros Padres»], dice:

“Usted puede leer la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis, y no encontrará una simple linea autorizando la santificación del domingo. Las Escrituras refuerzan la observancia religiosa del sábado, un día que nunca santificamos”.

(edición 92ª, p.89)

Y es tal cual este clérigo lo dice, en todas las líneas de las Sagradas Escrituras está totalmente ausente la idea del día domingo como día del Señor. Sin embargo, si encontramos testimonio que cada vez que Israel se apartaba del Camino revelado por la Instrucción (Torah) divina, una de las prácticas abominables que buscaba era la espiritualidad del primer día de la semana.

Vemos a Manasés, uno de los reyes de Israel, apartándose de Yahvéh y, seducido por el espíritu babilónico-cananeo, oficializando el culto al Sol (2 Reyes 21:3).

También podemos notar que en los primeros quince versículos del capítulo ocho de Ezequiel se nos muestran una creciente apostasía en el pueblo de Israel (Casa de Judá) que se jactaba de ser el Pueblo del Eterno. Ellos habían caído en la práctica de la adoración  al dios sol.

El profeta Ezequiel vio en el templo de Yahvéh “como veinticinco varones… sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol...” (Ezequiel 8:16).

Yahvéh expresó una dura sentencia sobre aquel culto (Ezequiel 6:4-6).

Los documentos históricos del primer siglo de nuestra Era Común demuestran como los discípulos de las primeras comunidades resistieron la tentación constante de adorar al sol. Es más, durante los dos primeros siglos fueron perseguidos obsesiva y atrozmente por los emperadores romanos, por causa de esta supuesta rebelión al sistema, muriendo unos cuatro millones de redimidos. A pesar de eso, aumentaban en número, y aquellos que se iban convirtiendo del paganismo, recibían con alegría el diseño del Shabat o séptimo día.

Entendiendo que el Eterno es siempre el mismo tal y como lo proclamaba el profeta Malaquías:

«Porque yo Yahvéh no cambio»

(Malaquías 3:6)

También entendemos que el accionar de Yahvéh no se parece en nada al actuar sentimental del ser humano:

«Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta»

(Números 23:19)

 

«He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo; sobre ello no se añadirá, ni de ello se disminuirá…»

(Eclesiastés 3:14)

Por esto mismo, nuestro amado Mesías manifestó que la intensión primordial de su propósito en la Tierra, era dar plenitud al día que la Torah revelaba, quedando claro para sus discípulos que Él no venía a anular ni cambiar nada:

«No penséis que he venido a abrogar la Torah… sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasarán de la Torah…»

(Mateo 5:17-18)

«Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la Torah»

(Lucas 16:17)

 

Y si «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (Hebreos 13:8), tenemos que aceptar que los cambios de calendario que se dieron en el siglo IV de nuestra Era Común (E.C.) fueron la manifestación caprichosa del egotismo de hombres hambrientos del poder materialista que la Gran Ramera siempre ofrece en su copa llena de abominaciones. El domingo no fue colocado por Yahvéh, nuestro Dios, como día de reposo pero sí el sábado (Shabat) que nos recuerda a la creación, a la salvación, a la paz que tenemos en Yeshúa HaMashiaj y es un pre-anuncio semanal del reposo feliz en el Mundo Venidero, el Milenio.

Por eso, para finalizar debemos aceptar que que para guardar el sábado (Shabat) existen en muchas luchas, ya que las cosas del sistema reptiliano imperante marcha en otra dirección. Pero el Eterno promete a los fieles que nunca les faltará el pan (Salmos 37:25), y que tendremos prosperidad:

«¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!»

(Deuteronomio 5:29)

Atrévete a ofrecerle al Eterno tu lealtad y amor (Juan 14:15) dedicando el Shabat (sábado) a Su Nombre. Toma tu decisión ahora. Dile en oración:

«Gracias Señor por haber conocido tu santa Instrucción.

Perdóname si no he guardado tu santo día como tú lo quieres.

Te acepto como mi Salvador y Señor a través de tu Hijo Yeshúa.

Te ruego que me ayudes a obedecerte, por amor, todos los días de mi vida.

Gracias porque me amas.

En el nombre de Yeshúa, tu Hijo.

Amén»

Mujer: Una Construcción Divina desde la Esencia del Hombre

“Hizo caer El Eterno un profundo sueño sobre el hombre y este se durmió. Tomó una de sus costillas y cerro la carne por debajo”

(Génesis 2:21)

Una vez que la Torah explica porque la mujer tuvo la necesidad de ser creada. Procede a contar como esto fue llevado a cabo.

 

El TodoPoderoso creó a la mujer dividiendo al primer hombre en dos partes: una parte femenina y la otra parte viril. Al separar a Adam en dos facetas, ambas no totalmente autosufientes, El dio al hombre la oportunidad de colmar el vacío que la mujer pudiera tener y viceversa. Obrando así. El Eterno formó un “ayudante frente a él”. Esto significa que la mujer fue creada con el mismo potencial que el hombre para ayudar (Génesis 2:20).

“Y el Eterno Dios hizo de la costilla que tomó del hombre, una mujer, y la trajo al hombre”

(Génesis 2;22).

La Toráh dice que el Eterno creó a la mujer “construyéndola” de la costilla de Adam (Vayiven). Algunos lo interpretan diciendo que el Eterno dotó a la mujer de un mayor entendimiento y comprensión (Binah) de las emociones y relaciones humanas, de lo que Él dio al hombre (Nida 45b). Ambas palabras ”Binah” y “Vayiven” tienen una misma raíz que significa “dentro”. Por lo tanto, construir es el acto de tomar algo de adentro y expandirlo. La compresión es el logro de entender algo desde lo profundo.

El hecho de que la mujer fue “construida” de una parte interna del hombre la predispone a entender a comprender cualquier situación, íntegramente desde el fondo. Esto significa que la mujer es capaz, generalmente de divisar un bosque sin necesidad de haber visto antes un árbol.

“Y dijo el hombre esta vez, esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne; ella se debe llamar Varona (Isha) porque fue tomada del varón (ish) . Por esto, dejara el varón a padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne.”

(Génesis 2:23-24).

En conclusión la mujer fue creada para ser compañera en igualdad de condiciones que el hombre (Génesis 2:22) . La mujer posee una santidad intrínseca, de la que se supone debe hacer uso para ayudar al varón a reconocer su fortaleza, así como a vencer sus limitaciones en lo espiritual, ejerciendo el poder y el control.

 

 

Tomado y Condensado de libro Mesilot Hatora de Lisa Aiken.

 

Dos Sábados (Shabatot) en Un Solo Día

Por P.A. David Nesher

 «Y los hijos de Israel cuidarán el Shabat, para hacer del Shabat un pacto eterno por todas las generaciones.

(Sehmot/Éxodo 31: 16)

Al estudiar la parashá Ki Tisá, nos encontramos con este versículo en el que leemos que los hijos de Israel tienen que guardar el Shabat. Es interesante saber que el verbo guardar en la cosmovisión hebrea tiene que ver con una actitud de vigilancia y celo para protegerlo de ser profanado mediante melajá.

También este pasuk (versículo) dice que los hijos de Israel tienen que hacerlo un pacto perpetuo en todas sus generaciones. Este mandamiento revela que el Shabat seguirá hasta que pasen los Cielos y la Tierra, según lo que asegura Yeshúa, nuestro Dueño al explicar el propósito de su misión mesiánica:

«No penséis que llegó a abolir la Torah o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir, porque de cierto os digo que antes que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Torah, hasta que todo se haya cumplido. De modo que cualquiera que quebrase uno de estos mandamientos muy pequeños y así se enseñó a los hombres, muy pequeño se llamó al reino de los cielos; pero cualquiera que los cumpla y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos.«

(Mateo 5:17-19)

Ahora bien, debe asombrarnos conocer que la Sabiduría divina explica que existen Dos Sábados (“Shabatot”) dentro de esta sagrada jornada denominada Shabat. En primer lugar, está el “Shabat” que se debe “cuidar”, así es como leemos: “Y los hijos de Israel cuidarán el Shabat”. Pero también, en segundo lugar, está el “Shabat” que está para “hacer”: “para hacer del Shabat”, y por tal motivo el texto menciona dos veces la palabra “Shabat”.

El “Shabat” esencialmente está santificado por El Eterno, siendo desde la misma creación, el sagrado séptimo día, por eso debe ser cuidado. Pero, además de la santidad intrínseca del Shabat, se pretende que cada persona “haga” lo posible para aumentar la santidad del Shabat.

El Eterno creó el mundo pretendiendo que el ser humano que se sujeta a su Instrucción (Torah) revele la divinidad, por medio de sus acciones. Se pude apreciar que las piernas pueden llevar a la cabeza a lugares que sola no puede ir, de la misma forma, los redimidos pueden atraer con sus acciones la santidad celestial.

Por eso, el alma humana mesiánica, tiene, como primera medida, “cuidarse” de no profanar el “Shabat”, cumpliendo con todas sus estipulaciones, pero además, debe “hacer” que su Shabat sea cada vez más sagrado.

La señal del pacto entre Yahvéh e Israel tiene que ver con la obra de la creación. Como él hizo, así ellos también hacen. La palabra “cesar” es la primordial. Es la traducción del término Shabat. Luego viene la palabra “reposar”, en hebreo nafash, es la segunda prioridad. Así que el Shabat también fue creado para que el hombre descanse y renueve sus fuerzas para la siguiente semana. Esto es lo que significa la expresión «Shabatot» («dos sábados«) que vibra dentro de un mismo día (cada shabat). Esto es la doble porción que el alma alcanza en cada séptimo día: descanso y renuevo. Estas son las aptitudes mesiánicas que permiten la liberación, expiación y transformación del mundo, por medio de la melajá que el alma redimida ejerce durante los seis días laborables de la semana.

Hay dos tipos de santuario en el mundo, un santuario en el factor espacio  y otro en el factor tiempo. En el relato de la construcción del Santuario (Mishkán) en el espacio, viene entrelazado el relato del santuario que cada israelita debía construir en el tiempo: el Shabat.


BITÁCORAS RELACIONADAS:

Betzalel: Bajo la Sombra de lo Profético

“Habló Yahvéh a Moisés, diciendo:
Mira, yo he llamado a Betzaleel… y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, inteligencia, ciencia y todo arte, para inventar diseños y trabajar en oro, plata y bronce… y he puesto con él a Aholiab, para que hagan todo lo que te he mandado… 
Entonces Moisés dijo a los hijos de Israel:
«Mirad, el Señor ha nombrado a Betzaleel hijo de Uri hijo de Hur, de la tribu de Judá.
Y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, en la talla de piedras de engaste y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa. Ha puesto en su corazón el don de enseñar, tanto a él como a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, y los ha llenado de habilidades para que hagan toda obra de arte y de invención, de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en telar, para que hagan toda labor e inventen todo diseño.”

(Éxodo  31:1-6; 35:30-35)

 

Un personaje destacado que aparece en la parashá de esta semana (Pekudei) es Betzalel hijo de Uri, hijo de Jur. Según el Talmud (Sanhedrín13 b), Betzalel sólo tenía 13 años cuando construyó el tabernáculo. ¿De dónde sacó tanta sabiduría?

Yahvéh, nuestro Dios y Abba, dio inteligencia a Betzalel, capacitándolo para investigar materiales en su esencia simbólica, y estudiar sus beneficios proféticos para realizar las obras ordenadas del Mishkán, el templo itinerante de la fe. Betzalel recibió así de lo alto la habilidad para usar piedras, metales, tintas, tejidos y maderas para tan importante trabajo, para “crear invenciones”, como lo dice en el versículo bíblico.

Por ese motivo, Betzalel, puede ser considerado un maestro en varias especialidades: diseñador, científico, arquitecto, ingeniero, artesano, orfebre y decorador. Y otra función muy importante: la del profesor, pues el Señor le encargó, así como a su Aoliabe, enseñar el conocimiento adquirido de ahí en adelante.

Destacando dos de las funciones más importantes citadas, Betzalel es uno de los primeros arquitectos e ingenieros registrados en la historia. Obviamente, ya existían esos profesionales en otras culturas, aunque no se los conociera con esos nombres -pirámides erguidas en Egipto y otras construcciones no habrían sido erguidas sin ellos y sus proyectos.

Estos dos varones fueron grandes profetas para el pueblo de Israel mientras peregrinaba la pedagogía del Eterno en el desierto. Bajo la dirección de Moisés, quien tuvo una clara imagen del Reino Celestial y escuchó las descripciones detalladas del diseño que el Eterno deseaba para el Mishkán (Tabernáculo) representación física del Proyecto Emanuel. Estos artistas recibieron de Moisés la visión y el diseño, pero en verdad, ellos fueron los responsables de traer ese diseño espiritual al plano terrenal. Ellos dependían del Espíritu Santo para hacer evidente y visible la experiencia de Moisés para el resto de Israel y las naciones de la Tierra.

Según el Talmud (Berajoth 55 a), Betzalel hijo de Uri, hijo de Jur era nada más y nada menos que un experto en guematría, un sistema alfanumérico de código/cifra que asigna valor numérico a una palabra / nombre / frase en la certeza de que las palabras o frases con valores numéricos idénticos llevan alguna relación entre sí o tienen alguna relación con el número mismo. En pocas palabras, la guematría es el cálculo de la equivalencia numérica de las letras, palabras o frases hebreas, y sobre esta base lograr un aumento de la comprensión de la interrelación entre los diferentes conceptos y explorar la relación entre palabras e ideas. En la cosmovisión hebrea se asume que de momento que el mundo fue creado a través del «habla» de Yahvéh Elohim, cada letra representa una fuerza creativa diferente.

Betzalel conocía la sabiduría de unir las letras con la que se creó los Cielos y la Tierra. Debido a esta sabiduría, él construyó el Mishkán (Tabernáculo) y él fue elegido entre todo el pueblo de Israel. Y así como fue elegido en lo alto, el Creador quiso que fuese elegido abajo. En lo alto está escrito que el Creador dijo a Moisés, “Mira que he designado a Betzalel”, y abajo está escrito que Moisés dijo a Israel, “Miren, el Señor ha designado a Betzalel”. Su nombre fue designado por el superior, Betzalel, que deriva de dos palabras: Betzel El; por lo que su nombre significa «a la sombra de Dios«. Es decir, que este varón es un justo, que se sienta a la sombra de Dios. Es decir, que practicaba, con su corta edad, una comunión con ese Dios que ilumina en lo alto con el objetivo de, a través de un justo, iluminar abajo con los diseños de Su Malkut (Reino).

Ese significado del nombre Betzalel, ha orientado a los comentaristas ha descubrir diversas guematrías muy interesantes. En primer lugar la del nombre mismo Betzalel que es 153, porque es el número secreto de Tov (טוב), “bien”. De ello se deduce que Betzalel (בצלאל) representa al bien llevado a su máxima expresión.
ב = 2
צ = 90
ל = 30
א = 1
ל = 30
Total: 153

El siguiente secreto se encuentra en la guematría de la expresión: “Betzalel, hijo de Uri, hijo de Jur”. “Ben Uri”, significa el hijo de la primera luz que el Creador creó en la obra de la creación. “El hijo de Jur”, quiere decir el hijo de Jerut (libertad) de todo. Este es Betzalel, a quien por medio de este nombramiento divino, se le designó el bastón de Judá, para comprender los fundamentos mesiánicos del Reino Celestial, y así exponerlos físicamente a través de la estructura del Mishkán.

Cuando calculamos la guematria de Betzalel ben Uri, ben Jur (בצלאל בן-אורי בן-חור) vemos que es 688:
בצלאל = 153
בן-אורי = 269
בן-חור = 266
————-
Total: 688

בסוד = 72
התורה = 616
————–
Total: 688

Se trata de la misma guematría que la de la expresión BeSod Torah (בסוד התורה), “en el Secreto de la Torah”. ¿De qué secreto nos están hablando? Sin duda de la ciencia de la guematría, ya que según el Talmud, Berajoth (55 a) «Betsalel sabía cómo combinar las letras con las que fueron creados los Cielos y la Tierra», pero de algo más: de sus profecías mesiánicas ocultas.

Por otra parte, el sabio Baal haTurim nos explica que el nombre de Betzalel aparece en tres ocasiones en la Torah, en Éxodo (31:1), Éxodo (35: 30) y Éxodo (38: 22), concretamente al principio de esta parashá. Esto corresponde según este gran sabio a tres atributos de Betzalel: sabiduría, inteligencia y conocimiento.

Betzalel, como artesano ungido tenía la habilidad sobrenatural de traer en su arte una obra de la realidad espiritual de Yahvéh a nuestra realidad visible para así poder experimentar las verdades que la revelación contiene en lo referente al Código Sagrado, es decir el Mesías prometido para fundar el Proyecto Emanuel («Dios con nosotros») perfectamente develado en el diseño del Mishkán.

Betzalel era un gaón (erudito) en las ciencias proféticas. No sólo era un experto artesano y artista, sino un varón que entendía cómo diseñar los nombres que representan los atributos de Dios en su obra. Él heredó un sentido del celo y de la misión de ambos sus abuelos. A los trece años de edad se adelantó y fue ordenado desde arriba como «en la Sombra de Dios». Diseñó y construyó la estructura más sagrada y más bella de la historia, y luego desapareció. A lo largo del resto de Tanak nunca se lo menciona de nuevo. Evidentemente es un tipo perfecto de Yeshúa HaMashiaj, el León de la Tribu de Judá. Al igual que lo haría nuestro amado Mesías, Betzalel, el jefe de la obra del Tabernáculo dio total espacio al Espíritu de Dios para que Él actuase en su vida. Habilidad, conocimiento, inteligencia, eficiencia y respeto fueron solamente algunos de los muchos frutos de la sumisión correcta y saludable.

Betzalel tenía su único propósito en el mundo, y humildemente lo encontró aceptando con mansedumbre la tarea que se le encomendaba. El Pirkei Avot («Tratado de los Padres») dice: «No existe persona que no tenga un momento«. Esto significa que en el mundo del Eterno hay una razón por la que cada uno de nosotros nació. Cada uno tiene sus «quince minutos (al menos) de fama«.

La lección que da la vida de Betzalel,  es que la próxima vez que se te pida que hagas una tarea, por incómoda que sea, para tu familia, tus amigos o tu gente, hazlo como un héroe. ¿Quién sabe? Tal vez fue para ese mismo momento que naciste en el mundo.

Vida Humana en Corto Circuito (el Pecado del Becerro de Oro)

Por P.A. David Nesher

«Mas viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se allegaron entonces a Aarón, y le dijeron:
Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, aquel varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 
«Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, y de vuestros hijos, y de vuestras hijas, y traédmelos.
Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y lo trajeron a Aarón. El cual los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición.
Entonces dijeron:
Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.
Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo:
Mañana será fiesta a Yahvéh.
Y el día siguiente madrugaron y ofrecieron holocaustos, y presentaron pacíficos: y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantaron a regocijarse.

(Éxodo 32:1-6)

El tema principal de la porción (parashá) de la Instrucción (Torah) de esta semana, llamado Ki Tisá, es el pecado del becerro de oro (en hebreo: Jet HaEguel), el cual es considerado como la máxima transgresión del pueblo de Israel hacia el Eterno. Por eso es importante entender de qué se trata y cómo se relaciona con nosotros.

Primeramente, debemos aceptar que la grandeza de la denominada «Generación del Desierto» no puede ser subestimada en ningún aspecto.

Esto se debe a que los hebreos, después de pronunciar «naasé venishmá» («haremos y escucharemos«), sus vidas se revistieron de inmortalidad, llegando sus cuerpos a glorificarse, recuperando así, el nivel de Adam HaRishón (primer Adán) antes de que pecara, tal como lo explica proféticamente el rey David en el salterio (Salmo 119:1).

Es decir que el Eterno les reveló la Luz de Bilá HaMávet LaNétsaj (la eliminación total del dolor, el sufrimiento y la muerte) o libertad del Ángel de la Muerte. De este modo habían quedado transformados por Yahvéh, en un abrir y cerrar de ojos, y así estar libres del ángel de la muerte. Así pues, por causa del ejercicio de su emunah (fe) ellos se transformaron en tzadikim (justos), contando con un espíritu fuerte que lograba controlar el yetzer hará («la inclinación al mal«).

Siendo todo así, habiendo alcanzado pues los hebreos este nivel existencial, ¿por qué tropezaron en el Jet HaEguel («Pecado del Becerro de Oro«)?

Algunos comentaristas explican que el pueblo en realidad no intentó crear un substituto de Dios, sino que más bien sustituyeron a Moshé por un falso líder, el becerro, creyendo erróneamente que aquel los había abandonado. Por lo tanto el pecado arquetípico del pueblo como un todo es ir detrás de un falso liderazgo. Otros sabios aseguran que Israel pretendió representar al Eterno en ese becerro de oro.

Es muy importante saber que desde Abraham avinu, hasta Moisés la humanidad vivió un proceso de acercamiento a Dios en forma progresiva y colectiva, por eso el pecado del becerro de oro se asocia con idolatría.

Entonces en concreto el pecado del becerro de oro significa el deseo de reemplazar al Eterno y a Moshé su Ungido, es decir al ver que Moshé no aparecía, el pueblo dudó a pesar de todo lo que presenciaron desde su salida de Egipto y pensaron en reemplazarlo. Esta duda rompió el eslabón que por siete generaciones los patriarcas habían formado y que terminaría de ser completado con la revelación de la Torah escrita, del monte Sinaí, por eso fue tan grave.

Entonces, el becerro no era un simple ídolo de un becerro. Era más bien un símbolo de un sistema de culto y creencias que tarde o temprano penetraría a Israel y destruir el sistema litúrgico de adoración, dividiéndolos en dos Reinos (Casa de Efraín y Casa de Judá).

El becerro de oro es por lo tanto un código que indica el retroceso que la humanidad hizo en su separación con el Creador, por lo cual se destruyeron estas primeras tablas.

Los Tres Pecados del Eguel

Como ya habrás observado, la expresión becerro en hebreo se escribe Eguel (עגל). Esta palabra está compuesta de tres letras (Ayin, Gimel, Lamed). Dichas letras convierten a la expresión Eguel en el acrónimo de tres pecados muy fuertes que son los que conducen a que una vida justa caiga en las aberraciones de las tinieblas a través de la idolatría.

Considerando pues a Eguel como un acrónimo, entendemos que el becerro de oro significa lo siguiente:

  • Ayin: Ayin Hará (עַיִן הָרַע‎- Mal de ojo), es decir, la envidia.
  • Guimel: Gilui Arayot (גילוי עריות- Uniones prohibidas), es decir, desperdiciar la energía sexual a través de la lujuria.
  • Lamed: Lashón Hará (לשון הרע- Hablar mal de otros)

Estas tres cualidades (midot) negativas son las causantes que una vida humana, y también toda una comunidad, queden por muchos años estancados, dando vueltas alrededor de la misma estructura errónea de pensamiento, sin la posibilidad de trascender (Deuteronomio 1:&). Veamos atentamente cómo es esto.

Eguel, también quiere decir «redondo«, pues viene de la raíz gilgul que significa cíclico o periódico. Entonces el «Pecado del Becerro de Oro» estaría relacionado con mantenerse preso de los impulsos instintivos, recibiendo los golpes de «los ciclos naturales” que nos dominan siendo incapaces de mantener el equilibrio en nuestras vidas. La redondez es un fenómeno neutro que puede ser positivo o negativo. La redondez negativa es cuando una persona sigue los ciclos de la naturaleza, sin reconocer la Providencia Divina en el mundo. La palabra hebrea para “naturaleza” es teváh, también es circular y significa “anillo”. Lo Divino y el camino de la Torah es rectitud. Si una persona está inmersa sólo en los ciclos de la naturaleza, siempre estará dando vueltas y nunca penetrará los confines del círculo. Este también puede ser un círculo político negativo.

Por eso, otra palabra con la raíz ain-guimel-lamed es agalá, que significa “carro”. Al ser un cierto tipo de vehículo, la conexión obvia con la redondez son sus ruedas giratorias. En hebreo, hay siete sinónimos para el concepto “camino”. El séptimo es maagal, “circuito”, cuya raíz también es agalá. La aparición más importante de la palabra maagal la encontramos en el Salmo 23: “maaglei tzedek” (sendas de justicia), en el cual el rey David le implora a Yahvéh que lo guíe por caminos justos circulares. La palabra tzedek (“justicia”), siempre aparece en conjunción con maljut (“reinado”). Siendo que maagal es el séptimo sinónimo de “camino”, entendemos que también corresponde a reino. Por lo tanto, el reinado rectificado es el sendero circular rectificado. El reinado debe penetrar los ciclos y rectificarlos.

La conclusión entonces de este shiur (lección) es sencilla pero muy profunda: quien lleva a cabo estas tres malas midot está adorando al becerro de oro y todas las bendiciones celestiales son obstruidas. Por eso, quien comete el pecado del becerro de oro no tiene acceso a la Torah y se encuentra bloqueado espiritualmente dando su vida vuelta siempre en el mismo «puntito», sin la posibilidad de trascender la «redondez» de la vida física, para ascender a mayores dimensionalidades cíclicas en Yeshúa.


Bitácoras Relacionadas:

¿Cómo se produce un Avivamiento Espiritual? (Parashá Ki Tisá)

Por P.A. David Nesher

 

 

«Moisés le dijo al Señor:
―Tú insistes en que yo debo guiar a este pueblo, pero no me has dicho a quién enviarás conmigo. También me has dicho que soy tu amigo y que cuento con tu favor. Pues si realmente es así, dime qué quieres que haga. Así sabré que en verdad cuento con tu favor. Ten presente que los israelitas son tu pueblo.
―Yo mismo iré contigo y te daré descanso —respondió el Señor.
―O vas con todos nosotros —replicó Moisés—, o mejor no nos hagas salir de aquí. Si no vienes con nosotros, ¿cómo vamos a saber, tu pueblo y yo, que contamos con tu favor? ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?»

(Éxodo 33:12-16)

 

Evidentemente, el episodio del becerro de oro había conmovido los fundamentos mismos de la fe de Israel. En aquel episodio hemos visto tanto el castigo implacable como el perdón magnánimo concedido por el Eterno. Era necesario que la Vida volviera a esta gran comunidad de redimidos. ¡Era urgente una avivamiento!

Por eso, en esta porción (parashá) la Torah nos lleva a meditar en la cúspide de  la relación de intimidad espiritual y el grado de percepción profética de Moshé. Esta idea está plasmada en las palabras siguientes:

 “… y hablaba Yahvéh a Moshé cara a cara «

(ודבר ה´ אל משה פנים אל פנים » – “Vedibber YHVH el Mosheh panim el panim”)

 

Esto ha sido la consecuencia del amor manifestado por Yahvéh a Moshé desde los inicios, pues así leemos en Shemot:

«Yo me aparecí a Abraham, a Yitzjak y a Yaakov por El-Shaddai, empero por Mi Nombre YHVH no Me he dado a conocer a ellos.«

(Éxodo 6: 3)

En el libro de Badmibar/Números (12:8) pone en claro lo que esto significa. Allí el Eterno contrastó el cómo habló a Moshé en comparación de cómo habló a otros profetas; Moshé escuchó clara y plenamente, y los otros profetas escuchaban en sueños y visiones.

Esto posiblemente también significa que Yahvéh se apareció a Moshé en forma humana, de la forma que Él lo hizo con Abraham (Génesis 18). Pero también la frase “cara a cara” es una forma figurativa que significa tener un compañerismo abierto y sin censura.

Como consecuencia de este grado de cercanía veremos que Moshé pedirá «conocer los caminos de Dios«. Esto no será una mera «curiosidad» u osadía espiritual, sino más bien, el poder conocer los caminos del Eterno para poder conducir al pueblo de Israel en tiempos difíciles como había sido el «mahaseh haheguel» (episodio del becerro de oro).

En estos versículos (33: 12-23) estamos muy limitados. Todos los comentaristas de la Biblia abordan el texto con mucha aprehensión, ya que el mismo nos conduce hasta los límites del conocimiento de Dios. Límites impuestos por los alcances de la razón humana. El texto hace alusión a lo que está más allá de la razón humana y su lógica, posiblemente para indicarnos que existe un dominio trascendente, inaccesible a nuestro entendimiento, por lo cual no resulta fácil conocer su pensamiento exacto al respecto.

En síntesis: el camino que nos queda es reunir todos los elementos que el Tanak (Antiguo Testamento) ofrece al respecto, limitándonos a ellos, por supuesto, y tomando las palabras siempre en su contexto.

El esquema resultante sería el siguiente:

De acuerdo con Éxodo 23:20, Dios le dice a Moshé:

«He aquí que Yo envío a un Emisario delante de ti para custodiarte en el camino y para traerte al lugar que Yo he predispuesto«.

Esta promesa corrió el peligro de ser alterada por causa del  «mahaseh haheguel»  (episodio del becerro de oro); así leemos:

«Y ahora déjame y que se encienda Mi furor contra ellos y los exterminaré. Mas haré de ti un pueblo grande.»

(Éxodo 32: 10)

Ante la oración de Moshé, Dios desiste de ello. Pero, de acuerdo con Éxodo 33:10, no será Dios quien estará con Su pueblo en lo sucesivo, pareciendo que la Divinidad se «alejaría» del pueblo de Israel.

Pero Moshé, amparado en el perdón prodigado por Yahvéh por el episodio del becerro de oro, encuentra un «het ratson» (tiempo de benevolencia) para tratar de restablecer la cercanía de Yahvéh con Su pueblo Israel. Para Moshé no era suficiente el saber que él e Israel lograrían llegar a la Tierra Prometida. Para su estima, la Tierra Prometida no era nada especial sin la especial presencia del Señor. Esto fue audaz. Moshé tenía la determinación de tener la presencia de Yahvéh lo más cerca posible para con Israel. Este era el siguiente paso hacia el avivamiento y restauración de su relación con el Eterno.

Moisés estaba preocupado en obtener una garantía de esa presencia para su pueblo, y también del gozo de una experiencia más cercana para él mismo. Él conocía que la misericordia del Señor es eterna, mientras que Su ira es efímera y por eso Moshé formulará dos pedidos, a saber: conocer los caminos de Dios y ver la manifestación de Su Gloria.

Como respuesta al primer pedido el Eterno le contesta:

» … Yo haré pasar toda Mi bondad ante ti y proclamaré el Nombre de Yahvéh ante ti, y agraciaré a quien agracie y Me apiadaré de quien Me apiade«

(Éxodo 33: 19)

Esto quiere decir que Yahvéh hará conocer Sus atributos de bondad y misericordia. La Gloria de Dios descansa en Su bien. Cuando Moshé vio la Gloria de Dios, su primer entendimiento era que Yahvéh era bueno. Si no sabemos que Dios es bueno, entonces no sabemos mucho de Él. En la forma de pensar de los antiguos hebreos (y también en otras culturas antiguas), el nombre representaba el carácter y naturaleza de una persona. Dios prometió el revelar Su carácter a Moisés, y no solamente un título.

Lloyd-Jones nos da una idea de lo que el Eterno le dijo a Moisés:

“Yo me bajaré a tu debilidad. Te dejaré ver algo. Pero aún más importante que eso, Yo haré que todo mi bien pase delante de ti. Te daré revelación más profunda y un entendimiento de yo mismo, de mi carácter, de lo que Yo soy. Esto es lo que realmente necesitas saber.”

Al segundo pedido, la respuesta fue: » … No podrás ver Mi presencia, ya que no puede verme el hombre y vivir.» (Éxodo 33:20). Yahvéh asegura que Moshé no podrá ver su rostro, es decir, la plenitud de su perfección y la grandeza de su estructura esencial, y vivir, ya que ningún humano podría soportar, en su estado actual, todo este descubrimiento completo. Pero Él agrega, “y verás mis espaldas”, que quiere decir que lo que Moshé podrá conocer serán los caminos de Dios a través de Sus acciones, en la naturaleza y en la historia. En palabras del Salmista:

» … El hace conocer Sus caminos a Moshé y Sus acciones a los hijos de Israel… «

(Salmos 1 03: 7)

Esta hambre de más de Dios es una marca de una verdadera relación de avivamiento y restauración. Fuera lo que Moshé hubiera experimentado con Yahvéh, ahora él quería más. Cuanto más un hombre conoce acerca de Dios, él tendrá un deseo mayor de conocerlo.

Como consecuencia de este «het ratson»  (tiempo de benevolencia) el Eterno le dirá a Moshé que recibirá otra vez:

» … Dos tablas de piedra como las primeras y Yo escribiré sobre las tablas las palabras que estaban sobre las tablas primeras, que quebraste«

(Éxodo 34: 1)

Moshé sabía que nada que lo que Yahvéh pudiera darles los haría verdaderamente diferentes de las otras naciones. Sólo la fuerte Presencia de Yahvéh mismo podría hacer eso.

La relación de Israel con Yahvéh los hacía diferentes de todos los pueblos antiguos. El Eterno entre ellos los hizo diferentes. Era importante que Israel supiera esto por ellos mismos; y también era importante que las otras naciones supieran esto.

Yahvéh honró la intercesión audaz de Moisés, y Él prometió el restaurar Su relación con Israel.

“¿Pues en qué se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo? ¿No es acaso en que tú vayas con nosotros, para que nosotros, yo y tu pueblo, nos distingamos de todos los demás pueblos que están sobre la faz de la tierra?” (33:16)

Vemos que la gracia dada a Moshé es pasada al pueblo. La palabra “gracia” en hebreo jen, significa “gracia”, “belleza”, “favor”, “aprecio”. La raíz de jen es janán, que significa “inclinarse para mostrar benevolencia a un inferior”, “compadecerse”, “conceder un favor”. La palabra “jen” aparece seis veces en este contexto. La primera vez que aparece en las Escrituras es en Génesis donde está escrito:

“Mas Noaj halló gracia (jen) ante los ojos de Yahvéh.”

(Génesis 6:8)

El Midrash dice: “Noaj fue salvado no porque lo merecía, sino porque halló gracia.” Moshé halló gracia en los ojos del Eterno y el pueblo de Israel recibió el perdón por el pecado del becerro por medio de la gracia y el pacto fue renovado a base de esa gracia. Según esta parashá, hallar gracia ante los ojos del Eterno implica cinco cosas:

  • Conocer los caminos del Eterno, (v. 13).
  • Conocer al Eterno, (v. 13).
  • Caminar con el Eterno, (v. 16).
  • Distinguirse de todos los pueblos de la tierra, (v. 16-17, cf. 34:9).
  • Obtener el perdón del Eterno, (34:9).

Este acto, que denota el perdón prodigado por Dios, devolverá las cosas a su estado anterior, y culminará con la concertación de un pacto entre Yahvéh y el pueblo de Israel. Así leemos:

 «Dijo Él: he aquí que Yo voy a concertar un pacto; frente a todo tu pueblo habré de hacer portentos que no han sido obrados en tierra alguna ni en pueblo alguno. Y verá todo el pueblo -el que tú estás en medio de ella obra de Yahvéh, ya que imponente es, lo que Yo voy a hacer contigo.»

(Éxodo 34: 10)

¡Este es el método efectivo para lograr un avivamiento en una comunidad de fe!

 

¡Solo…, Nadie es Nada! (La Enseñanza del Medio Shekel)

“ Cuando hagas un censo de los hijos de Israel para contarlos, cada uno dará a Yahvéh un rescate por su alma cuando sean contados, para que no haya plaga entre ellos cuando los hayas contado. Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Yahvéh. Todo el que sea contado, de veinte años arriba, dará la ofrenda a Yahvéh. Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá del medio siclo, cuando dieren la ofrenda a Yahvéh para hacer expiación por vuestras personas. Y tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones, y lo darás para el servicio del tabernáculo de reunión; y será por memorial a los hijos de Israel delante de Yahvéh, para hacer expiación por vuestras personas.”

(Shemot/Éxodo 30:12-16)

Para comenzar, necesito que nuestra memoria se remonte a lo que aprendimos en nuestros estudios del libro de Bereshít (Génesis). Por medio de este ejercicio recordaremos específicamente que según la promesa hecha por el mismo Elohim a Abraham, no se podía contar a los hijos de Israel (cf. Génesis 15:5; 32:12). En base a esta promesa divina, los hebreos comprendieron que si se cuenta a los hijos de Israel se expone al Pueblo escogido al peligro de las zonas del rigor (Guevurah) y por ende a ser blanco de plagas. Así pues, y teniendo en cuenta esta revelación del libro de Bereshit, ahora podemos entender el por qué cuando el rey David intentó censar al pueblo una vez, con el fin de saber con qué recurso específico contaba para la guerra, vino una plaga de parte de Dios sobre el pueblo (cf. 2 Samuel 24:1-10; 1 Crónicas 21:7).

Entonces, al ingresar en el estudio de la parashá Ki Tisá, hayamos que, para evitar la extinción de Israel como Pueblo escogido del Eterno, aquellos que eran sus hijos reciben la instrucción divina de hacer dos estrategias celestiales que no viniera plaga alguna sobre ellos:

  • La primera estrategia consistía que cada uno dé una moneda y así se puede contar las monedas en lugar del pueblo directamente.
  • La segunda estrategia era que esa moneda de plata serviría como un precio de rescate, una expiación para que no venga la plaga al ser contados.
¿Cuál es el significado de este mitzváh (mandamiento)?

Encontré toda una discusión en el Zohar acerca del hecho de dar ½ shékel, que en parte se trata de unir y reconectar cada una de las almas hebreas con la Luz del Creador.

Recordemos que esta era ya la tercera ocasión que los Benei Israel eran contabilizados; la primera vez que fueron computados es cuando viajaron a Egipto, en esa ocasión el número fue de 70 almas. La vez segunda, cuando abandonaron Egipto la cantidad ascendió considerablemente, fueron contabilizados 600.000 hombres en edad militar. No obstante, que ahora son enumerados por tercera vez, tal conteo no se realizó directamente sino que se ordenó que cada israelita hiciera una donación, esta era la mitad de un shékel. Contando la plata se obtiene el censo.

Ahora surge una pregunta de interés para nuestro estudio: ¿Cuál es la razón por el que se pide un cómputo indirecto de la población?

En las fuentes de Sabiduría judía como el Talmud o el Zohar leemos:

«…La bendición no puede hallarse en lo que se cuenta, en lo que se mide ni en lo que se pesa, a causa del «mal de ojo», la bendición está solamente en aquello que está oculto a la vista…».

¿Qué características tuvo este censo?

Para comprender bien este mandamiento, debemos captar la idea central del Eterno:

La Torah enseña que está prohibido contar a los Benei Yisrael (Hijos de Israel) de la manera usual en las demás naciones (censos político-económicos), y que cuando sea necesario hacer un censo la gente debe donar objetos, los que a su vez serán contados. Por medio de dichas donaciones se logrará inferir el número de los israelitas.

Por ello, en el caso del censo en el desierto, se le pidió a las personas, tanto ricas como pobres, que cada una donase medio shékel para la edificación y mantenimiento del Mishkán (Tabernáculo). De aquí que la condición de los hijos de Israel se dignifica cuando contribuyen a proyectos filantrópicos, y tal es la razón fundamental de que hayan sido contados por medio de un donativo de toda la nación unificada en aras de una causa sagrada. Este concepto se deriva del mandamiento impartido en el versículo 12, el que literalmente dice «Cuando eleves en censo [per cápita] a los hijos de Israel según su número» (Baba Batrá 10b. Pesikta Zutreta), implicando que la función de estas contribuciones no sólo era facilitar un censo y proveer bienes materiales para el Tabernáculo, sino también el nivel espiritual y ético de los contribuyentes.

La participación de todo el pueblo por igual en esta estrategia dejaba un claro mensaje de parte del Eterno:  todos los Hijos de Israel deben coparticipar en la realización de los objetivos nacionales; todos deben estar incluidos en el censo (v. 14) dejando de lado sus intereses personales y/o egoístas por el bien de la nación. Quien así actúe, obtendrá un beneficio inconmensurable, puesto que la misión de Israel pende de la unidad de la nación como un todo (de los comentarios de Rabí Hirsch). 

El censo que Yahvéh ordena a Moshé incluía a todo aquel varón que tenía de veinte años para arriba (hasta 60 años). Esta era la edad en que el israelita alcanzaba su máxima madurez para salir a cumplir misiones militares. A partir de esta edad el joven israelita era considerado un hombre adulto, apto ya para el ejército. Esta posición era denominada: יוצא צבא , «íotse tsava» (véase Números 1:3).

Otra característica para tener en cuenta, es que en esta estrategia divina no se contaba a las mujeres. Las mujeres no tenían la obligación de pagar este impuesto para el Tabernáculo ni de ir al ejército.

Leemos que cada alma tenía un precio de rescate de medio siclo. De ese modo, los ricos no pagaban más ni los pobres pagaban menos. Así el varón israelita que participaba aprendía la lección divina de que cada alma tiene el mismo valor delante del Eterno, no importa el estatus económico que la misma haya alcanzado. Es muy interesante notar que, el hecho de que se pida medio siclo y no uno completo, quería indicar que toda contribución no representa más que un fragmento del conjunto. Toda persona necesita a la otra para formar la tan anhelada unión. El mensaje: solo, nadie es nada. Por eso, entendemos que el medio shekel alude al hecho de que cada uno de nosotros es solo la mitad. Desde esto cada varón de Israel se cuestionaba: ¿Cuál es la Otra Mitad?… Y la respuesta surgía rápidamente: el Otro.

En primer lugar, el varón israelita meditaba en la Otra Mitad es el Eterno. Su mente lograba la reflexión: «soy un ser creado y mi existencia es relativa (sólo la mitad). Pero creo en Dios, quien es la realidad absoluta y el Creador de todo.» Por medio de este dinero de rescate, la Torah hablaba con claridad: todos y cada uno de los hebreos le deben a Yahvéh; por lo tanto, todos están obligados a Él. El Eterno mandó que cada varón mayor de veinte años debía de pagar medio siclo como dinero de rescate, confesando que él merecía morir, dando lo que era en deuda hacia Dios, y dando la suma demandada como un tipo de gran redención la cual sería más tarde pagada por las almas de los hijos de los hombres.

En segundo lugar, estos versículos asimismo hablan en términos de la expiación que se obtiene al participar en este cómputo «del medio shékel», porque cuando la nación se unifica esforzándose en alcanzar un objetivo común, la misma se hace más robusta. Es decir que cuando todos y cada uno se suman a una causa constructiva, los méritos espirituales de los individuos se unen a su vez, de tal manera que no sólo sus donativos, sino asimismo sus logros personales son unificados en solidaridad mutua (T. Avot 2:2). Un solo ser humano puede rara vez sobrevivir al escrutinio divino, pues, ¿quién está libre de pecados y carencias? Sin embargo, cuando se manifiesta la unión nacional, ésta se eleva a un plano superior, como resultado del hecho de que todos sus miembros individuales fusionan sus virtudes propias con las de los demás. Y el fruto de ello es que dicho colectivo nacional es juzgado con mucha mayor benevolencia (el rav Kuzarí explica que esta es también la razón por la cual es tan importante rezar con un Minián [quórum] en vez de individualmente). Este sería el motivo por el cual la mujer shunamita (II Melajim 4:13), que fue tan extraordinariamente generosa con el profeta Elishá (Eliseo), se rehusó a su ofrecimiento de rezar por ella o interceder ante las autoridades a favor suyo, pues ella conjeturó que si se le destacaba de entre los demás, sería juzgada de manera más severa en la balanza Celestial. Esto cobra mayor sentido desde el momento que, como enseñan los Sabios, tal incidente tuvo lugar en Yom Teruah, el Día del Juicio (comentario de Rabenu Bejaie).

Dicen algunos comentaristas que este impuesto no se tomó solamente una vez, sino en el futuro también. El medio siclo servía para el servicio del Tabernáculo. La primera vez sirvió para las basas y demás objetos de plata (cf. Éxodo 38:25-28). El Talmud de Jerusalén cuenta que este impuesto anual se usó para la adquisición de las ofrendas comunales (cf. 2 Reyes 12:4; 2 Crónicas 24:6; Nehemías 10:32; Mateo 17:24-27).

En el tiempo del segundo templo se recordaba anualmente en todas las ciudades en el primer día de adar (último mes del año) que cada uno preparara medio shekel para el Beit HaMikdash (templo). La colecta ocurría entre el 15 de adar y rosh jódesh (el primer día) Nisán.

¿Yeshúa obedeció este mandamiento?

Sí, nuestro Maestro y Dueño fue fiel en el cumplimiento de este mitzváh. Así lo apreciamos al leer en el relato evangélico la ocasión en que vinieron a nuestro Maestro a pedir el impuesto anual del Templo, según lo que relata el apóstol Mateo:

“Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo:
¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?
Pedro le respondió: De los extraños.
Jesús le dijo:
Luego los hijos están exentos.
Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.”

(Mateo 17:24-27)

Al leer el relato evangélico, e interpretarlo desde las costumbres de Israel, notamos que lo que nuestro Maestro y Dueño quiso revelar al cumplir con este precepto del medio shekel, es que cada miembro del Pueblo escogido está obligado a creer y aceptar que todo lo que posee incluyendo su misma vida es una bendición de Yahvéh. El ser humano hebreo, especialmente el varón, tiene que aceptarlo con modestia, entendiendo lo efímero que es todo lo que posee, incluyendo su vida.

Cuando el hombre cuenta su riqueza o el número de personas que componen su grupo, tribu, ejército, se debe a una suerte de soberbia humana, pareciendo indicar con ello la posesión absoluta de las cosas o personas, cosa que provoca la ira de divina. La misma se manifestará por medio de la naturaleza misma creada por Dios que afectará al hombre soberbio o al hombre que asume actitudes de soberbia.

Por último, escuchando a Yeshúa Rabeinu en esta anécdota evangélica, el texto hace notar otra creencia que surgía de la práctica de pagar el medio shekel: la «Otra Mitad» es mi prójimo, aquel a quien estoy obligado a amar, y compartir los bienes del Olam HaZé (Mundo actual), particularmente el cónyuge. Es decir esa persona en cuyo mérito un hebreo logra su transformación en una persona completa. Por ello, en última instancia, hay algo muy importante en sentirse a la mitad desconectado de la otra mitad. Esta es la sensación de «un corazón contrito y humillado«, es decir, el desarrollo de la humildad necesaria para encontrar el favor a los ojos de Yahvéh.

Doce Sensibilidades en el Corazón de Dios

“Y montarás en él cuatro hileras de piedras. La primera hilera será una hilera de un rubí, un esmeralda y un carbunclo” (LBLA revisada) – Hoy no se sabe con exactitud cuál es la identidad de estas doce piedras… y la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe; todas estarán engastadas en filigrana de oro. Las piedras serán doce, según los nombres de los hijos de Israel, conforme a sus nombres; serán como las grabaduras de un sello, cada uno según su nombre para las doce tribus.” 

(Shemot/Éxodo 28:17, 20-21)

Mientras investigamos y meditamos en los códigos de la parashá (porción) tetzevá, hemos aprendimos que estas piedras preciosas engastadas en oro nos enseñan acerca del inmenso valor que tiene cada uno de los hijos de Israel delante del Eterno. No solamente habla del valor y la importancia de cada individuo, sino de que cada uno está en el corazón del Mesías para ser llevado delante del Eterno perpetuamente. Querido hijo de Israel, tú estás en el corazón del Mesías en este momento. Él está mencionando tu nombre delante del Padre en todo momento. Él lleva casi 2000 años sirviendo como intercesor delante del trono, orando por cada uno de los hijos de Israel. ¡Bendito sea el Eterno por el ministerio de su Mesías!

Hemos estudiado que los sacerdotes tenían que usar vestimentas especiales para el servicio en el santuario. Todas estaban hechas de lino blanco y constaban de una camisa, pantalones, cinturón y turbante. El Kohén Gadol (Sumo Sacerdote) usaba además las vestimentas de oro; jóshen (pectoral), efod (delantal) y tzítz (banda de la cabeza).El sumo sacerdote llevaba un pectoral sobre el cual había piedras brillantes, que llevaban cada una de ellas los nombres de cada una de las tribus de Israel. Pero además es una figura de lo cerca que está Yahvéh de sus escogidos  y lo mucho que ama a cada uno de los creyentes, de tal modo que su propio Gran Sumo Sacerdote (Yeshúa) los lleva sobre Su pecho y muy cerca de Su corazón.

Los nombres de los doce hijos de Israel estaban en estas doce piedras. La piedra número once fue un ónice (cf. v. 20). Esa piedra corresponde al nombre Yosef. Mashíaj ben Yosef, Mesías hijo de Yosef, es el nombre que se ha dado al Mesías sufriente. La piedra de Yosef, ónice, también estaba sobre los hombros. Esto nos enseña que el Mesías como siervo sufriente, hijo de Yosef, llevó las doce tribus sobre sus hombros.

Según el Midrash, junto con los doce nombres de los hijos de Israel también fueron grabadas las letras de los nombres de los tres patriarcas, Abraham, Yitzjak y Yaakov y luego las palabras Shivtei Yeshurún, que significan “las tribus de Yeshurún”. El nombre Yeshurún es el nombre más sublime del pueblo. Los tres nombres del pueblo son, Yaakov, Israel y Yeshurún, (cf. Deuteronomio 32:15; 33:5, 26; Isaías 44:2).

El pectoral estaba formado por doce cuadros ordenados en cuatro hileras de tres piedras preciosas cada una correspondiendo a cada tribu, tal como vemos en las siguiente imagen:

De esta manera había seis letras en cada piedra, en total 72 letras, incluyendo las 22 letras del alfabeto hebreo. Las seis letras en cada tribu, simbolizaban la creación del mundo en seis días. Esto era necesario para que las sentencias pudieran ser construidas combinando las letras a fin de transmitir mensajes por medio del Urim y el Tumim.

[Nota: Cabe aclarar aquí que las letras que aparecen en esta imagen no fueron las mismas que se grabaron en el pectoral del juicio. Allí fueron grabadas las letras hebreas arcaicas. Las letras que actualmente son llamadas “hebreas” en realidad están derivadas de las letras arameas. Después del cautiverio babilónico fueron sustituidas las letras originales hebreas por las arameas, inclusive en el texto sagrado del rollo de la Torá. Así que hoy en día estamos leyendo hebreo con letras arameas, o judaicas, de la misma manera como estamos leyendo español con letras latinas.]

Volviendo a la distribución de las doce piedras, diremos que, además del nombre de la tribu, las piedras llevaban el nombre de los Patriarcas, Abraham, Itzjak y Yaakov, así como las palabras Shivtei Yeshurún (las tribus de Dios), distribuidos de tal modo que en cada piedra había seis letras, lo que totalizaba todo el alfabeto, necesario para la combinación de los mensajes de los urim ve´tumim.

Las matriarcas estaban representadas en las cuatro filas.

El total de letras, 72, corresponde a las 72 letras que componen el nombre de Dios y que sostuvieron la creación durante la formación del mundo. Los urim ve´tumim eran pergaminos en los cuales Moshé había escrito las 72 letras del nombre oculto de Dios y que hacían que el pectoral se alumbrara para dar respuestas a través de las distintas combinaciones de letras, a las consultas o decisiones que afectaban a todo el pueblo de Israel o a un tribunal para la obtención de una sentencia definitiva.

Recordemos que las piedras estaban colocadas según el orden de nacimiento de los hijos de Yaacov.

La Sabiduría divina enseña que cada una de las tribus de Israel representa una sensibilidad o sentido particular del alma mesiánica:

  • Yehudá se asocia al habla,
  • Isacar al pensamiento,
  • Zebulún al movimiento,
  • Reubén a la vista,
  • Shimón a la audición,
  • Gad al trabajo,
  • Efraim a la sexualidad,
  • Menashé al olfato,
  • Benjamín al dormir y los sueños,
  • Dan a la ira justiciera,
  • Asher al comer y
  • Neftalí a la risa.

Cada tribu tiene su propio sentido o sensibilidad, donde encuentra gracia (jen). Justamente la palabra para pectoral, joshen (חושן) es en realidad una abreviatura de jush jen, que significa «un sentido de gracia«. Por supuesto, cada idea codifica una riqueza de información que debe ser elavorada en profundidad para ser apreciada. Es también importante recordar el principio de interinclusión, según el cual todos los sentidos tienen dentro de si una traza de todos los otros. No son mutuamente excluyentes, sino que más bien están conectados esencialmente y entramados con los otros, formando un sólo conjunto unificado.

Las piedras están colocadas sobre el pectoral de arriba abajo y de derecha a izquierda, según el orden del nacimiento. Había tres piedras en cada hilera habiendo un total de cuatro hileras. La siguiente es una lista de los nombres de las tribus (hijos) de Israel, el significado del nombre, la piedra y el color de la misma. (Nota: es difícil traducir algunas de las palabras antiguas por términos modernos. Por lo que es factible que encuentre usted diferentes listas de piedras, dependiendo de la traducción de la Biblia que use usted. Esta lista procede del «Temple Institute»). En las distintas fuentes y traducciones (Onkelos, Yerushalmi, Yonatán y otras) se le asignan diferentes identidades y colores a aquellas piedras del pectoral que figuran en las Escrituras y que en esta ocasión se hará mención a la utilización con mayor frecuencia.

  • Rubén significa hijo de y la piedra es el rubí (roja)
  • Shimon significa erudición y la piedra es el jade (verde)
  • Levi significa señorío y la piedra es la ágata (roja, blanca y con franjas negras)
  • Judá significa adoración y la piedra es el carbunclo (azul verdoso)
  • Isacar significa asociación y la piedra es lapis-lazuli (azul)
    Zabulón significa compañerismo y la piedra es el cuarzo de cristal (transparente)
  • Dan significa juicio y la piedra es la turquesa (azul)
  • Neftalí significa mano de obra, arte y la piedra es la amatista (púrpura)
  • Gad significa compañerismo y la piedra es la ágata (gris)
  • Aser significa comunión y la piedra es la aguamarina (Azul verdosa)
  • José significa liderazgo y la piedra es el onix (negra)
  • Benjamín significa herencia y la piedra es el ópalo (una piedra que posee todos los colores)

La composición del pectoral del Sumo Sacerdote muestra que sólo cuando cada tribu cumple su rol y realiza su contribución particular y necesaria a la nación en conjunto, el alma colectiva de Israel puede alcanzar la perfección y la consumación. Y sólo entonces la voluntad objetiva de Dios para la creación, representada por las letras brillantes del pectoral, se pondrá de manifiesto como un estado de gracia, paz y armonía dentro del pueblo de Israel y entre las naciones.

Dicho de otra manera, el Sumo Sacerdote procuraba el consejo divino por medio del pectoral cuando era necesario para el pueblo hebreo conocer el deseo del Eterno en relación a un asunto específico del momento. El oráculo tenía doce piedras, organizadas en un cuadrado de tres por cuatro, representando a cada una de las tribu y como tal simbolizaba la unificación y armonía perfectas de los doce arquetipos o clases de personalidades de Israel. Cuando cada uno lograba su máximo potencial, individualmente y en relación a los demás, entonces la armoniosa perfección, que era la revelación de la voluntad de Yashvéh, se revelaba como profecía en el pectoral.

El Corazón Pastoral de un Líder.

Un tzadik (justo) como Aharón percibe el sentido especial de cada persona. El Sumo Sacerdote (Kohen Gadol), en su corazón era sensible a los cambios sutiles que tienen lugar en cada tribu, así como aquellos que se producen en cada alma. Está lleno de amor y preocupación por todos. Él «ama la paz/integridad y persigue la paz/integridad«.

¿Qué significa el «Pectoral del Juicio«? Rashi dice que significa «expía la corrupción de la justicia«. Pues bien, este elemento de la vestimenta  representaba que el corazón de Aarón, y de todo Sumo Sacerdote, infunde a todos el amor mutuo, hasta que todos se perdonan mutuamente de todo corazón si han adquirido o hecho algo injustamente. De esta manera todo queda expiado.

Aharón es todo corazón. Su nombre en hebreo אהרן es igual a ocho veces lev (לב), que significa corazón. Este número está relacionado a las ocho vestiduras del Sumo Sacerdote. En guematráa, joshen es igual a Mashiaj (משיח), lo que revela que el Mashíaj siente a toda la nación de Israel dentro de su corazón, tal como está escrito en el libro del profeta Ishaiahu:

«Él seguramente carga nuestros padecimiento». 

(Isaías 23:4)

Este es el secreto del liderazgo del Mesías. Esta es la clave de Su diseño de Corazón Pastoral. En el cuarto evangelio, el apóstol Juan nos presenta a Yeshúa como el Pastor que conoce a sus ovejas por su nombre:

«A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y á sus ovejas llama por nombre, y las saca.»

(Juan 10:3)

Los nombres de la tribus en el pectoral representan también los nombres de los auténticos creyentes, que están escritos en el corazón de Yeshúa, nuestro Gran Sumo Sacerdote. Los nombres están grabados en la piedra y no pueden ser borrados, de la misma manera que nosotros tampoco podemos perder la vida eterna una vez que hemos depositado nuestra fe y confianza en Él.

«Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.»

(Juan 10:28)

Por último, es interesante notar que las piedras con los nombres de los hijos de Israel están más lejos del corazón que el Urim y el Tumim. Esto nos revela que la voluntad del Eterno siempre debe ser más importante para un sacerdote que los hombres. Por lo tanto, tiene la máxima prioridad, y es la cosa más cercana al corazón. Este es el resultado del Pacto Renovado, como está escrito en :

“Porque por una ofrenda él ha hecho perfectos (tumim) para siempre a los que son santificados. Y también el Espíritu de santidad nos da testimonio; porque después de haber dicho: 

ESTE ES EL PACTO QUE HARÉ CON ELLOS DESPUÉS DE AQUELLOS DÍAS: PONDRÉ MIS LEYES EN SU CORAZÓN, Y EN SU MENTE LAS ESCRIBIRÉ (urim),

añade: 

Y NUNCA MAS ME ACORDARE DE SUS PECADOS E INIQUIDADES (tumim).”

(Hebreos 10:14-17)

Cada vez que un líder mesiánico ora por los preciosos hermanos que están en su corazón, tiene el Urim y el Tumim como base, pidiendo que la voluntad del Eterno sea revelada y que las personas puedan cumplirla y llegar a ser perfectas, como está escrito por el apóstol Pablo en su epístola a los Filipenses:

“Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros (todos los nombres en los hombros), por vuestra participación en las buenas nuevas desde el primer día hasta ahora, estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra (urim), la perfeccionará (tumim) hasta el día del Mesías Yeshúa. Es justo que yo sienta esto acerca de todos vosotros, porque os llevo en el corazón (el pectoral), pues tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación de las buenas nuevas, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia.”

(Filipenses 1:3-7)

A los discípulos de Corinto les escribía:

“Y rogamos a Dios que no hagáis nada malo (urim)… 

Pues nos regocijamos cuando nosotros somos débiles, pero vosotros sois fuertes; también oramos por esto: que vosotros seáis hechos perfectos (tumim).”

(2 Corintios 13: 7a, 9)

Así mismo a los creyentes de Colosas les escribía:

“Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por vosotros (todos los nombres en los hombros) y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual (urim), para que andéis como es digno del Señor (tumim), agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios (urim); fortalecidos con todo poder (tumim) según la potencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia (tumim), con gozo dando gracias al Padre que nos ha capacitado (tumim) para compartir la herencia de los santos en luz (urim).”

(Colosenses 1:9-12)

“A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría (urim), a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en el Mesías (tumim).”

(Colosenses 1:28 )

Evidentemente estas dos aristas regían la pedagogía paulina:

“…porque en todo fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en todo conocimiento (urim)

… el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesús el Cristo (tumim).”

(1 Corintios 1:5, 8)

Así mismo Pablo da revela que para esto fueron dados como hombres-dones los cuatro ministerios del corazón pastoral:

“Y él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos (tumim) para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo del Mesías; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno (urim) del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud del Mesías (tumim).”

(Efesios 4:11-13 )

¡Que Glorioso es nuestro Abba! Nuestro Gran Sumo Sacerdote, Yeshúa HaMashiaj, nos guarda, nos ama, y nos guía, diariamente mientras se mueve en intercesión delante del Trono del Eterno.

Ahora, TE RECOMIENDO continuar investigando, más profundidades divinas. Ingresa en la siguiente BITÁCORA:


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer contribuciones a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

https://davidnesher.com.ar/contacto/

Sólo hay Buen Futuro, si existe Arrepentimiento y Amor

Por P.A. David Nesher

 

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.”

(Mateo 6:14-15)

 

Nuestro Maestro y Mesías Yeshúa dijo que si no perdonamos las ofensas que los demás nos han infligido, tampoco nuestras ofensas serán perdonadas.

Aunque esto es una consecuencia lógica de «la ley de la siembra y la cosecha», también es parte de la tradición ética del pensamiento hebreo que siempre ha sostenido que:

«Quien quiere «Olam Haba», se asegura primordialmente que a su «Teshuvah» no le falte «Ahavah»».

 

«Olam Habah» es la expresión hebrea para «el Mundo que ha de Venir» (también llamado «la vida eterna«).

«Teshuvah» es el hebreo para «arrepentimiento«.

«Ahavah» es la palabra hebreo para «amor«.

 

Este juego de palabras, significa que:

«Quien quiere entrar en la Vida Eterna (o Mundo Venidero),debe asegurarse de que a su «arrepentimiento», se fundamente y manifieste en el amor perfecto que practica el perdón compasivo.»

Debemos perdonar a otros hombres sus ofensas, de lo contrario el Padre no nos perdonará las nuestras. Siempre tengamos en cuenta que nuestro corazón deber ser un Templo donde sólo reine Yahvéh. Él es el amor perfecto, como dice el apóstol Juan en su primera epístola, y como tal aborrece el odio y el temor. Este trabajo cotidiano garantiza un Reposo maravilloso en ese Reino Milenial del que Yeshúa quiere que formemos parte.