Estudios Bíblicos

¿Dos «Piedras Mágicas» o Dos Hombros Compasivos?

Por P.A. David Nesher

«Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel; seis de sus nombres en una piedra, y los otros seis nombres en la otra piedra, conforme al orden de nacimiento de ellos.
De obra de grabador en piedra, como grabaduras de sello, harás grabar las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; les harás alrededor engastes de oro. Y pondrás las dos piedras sobre las hombreras del efod, para piedras memoriales a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Yahvéh sobre sus dos hombros por memorial.
Harás, pues, los engastes de oro, y dos cordones de oro fino, los cuales harás en forma de trenza; y fijarás los cordones de forma de trenza en los engastes.»

(Éxodo/Shemot 28: 9-14)

Hemos ya visto que el pectoral era una prenda que el Sumo Sacerdote llevaba sobre el pecho cuando entraba en el Mishkán (Santuario) o tenía que decidir cuestiones de gran importancia.

Era la vestidura más importante que llevaba el Sumo Sacerdote. Esta prenda representa la parte de sus vestiduras descrita  como «vestiduras de salvación«:

«En gran manera me gozaré en Yahvéh, mi alma se alegrará en mi Dios;

porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas.»

(Isaías 61:10)

Recordemos que esta prenda consistía en una pieza de bordado doble, cuadrada de 25 centímetros, de tela muy fina. Estaba engarzado con doce piedras preciosas, cada una de las cuales tenía grabado uno de los nombres de las doce tribus y estaban colocadas en el mismo orden que le correspondía a las tribus en su campamento en el desierto. Así, el sumo sacerdote llevaba simbólicamente los nombres de las doce tribus sobre su corazón cuando estaba delante de Yahvéh.

El material del efod del sumo sacerdote era de la misma clase al usado en la confección del velo del Mishkán, con hebras de oro tejidas en él para añadirle a su «honra y hermosura».

El frente y parte posterior del efod estaban unidos con «hombreras». Se colocaron dos «piedras de ónice», en «engastes de oro», sobre estas hombreras.

La palabra hebrea para «ónice» (shoham). Es interesante saber que la expresión “shohám” ( שהם ) podría remitirse a la raíz “séh”, que significa “cordero”, o bien a la raíz “shovéh”, que significa “ser semejante«. Shohám (traducido como «ónice») se refiere a una piedra muy preciosa que podía «brillar como el fuego». Esto marca diferencia respecto al  ónice que se conoce hoy, «que no es ni precioso ni brillante».

El ónice es una piedra que tiene capas blancas que se alternan con otras negras, marrones, rojas, grises o verdes. Parece que el color pálido producido por la combinación de las capas rojas que se transparentan a través de las translúcidas capas blancas de esta piedra les recordaba a los griegos la uña, llamada en griego ó·nyx. Desde tiempos remotos se ha utilizado el ónice en adornos, sortijas y cuentas. Sus capas de diversos colores lo convirtieron en una gema especialmente popular para los camafeos.

Es la primera piedra preciosa mencionada en la Torah. En sus primeras líneas se nos cuenta que la “tierra de Hávilá” era rica en ónice en los albores de la historia.:

“El oro de aquella tierra es bueno; allí hay bedelio y ónice” 

(Génesis 2:12)

Ahora bien, el Eterno mostró a Moshé diseños celestiales que enseñaban cómo el Mesías actuaría en Su misión. Por ello, considerar estas dos ónices en las hombreras del efod, resultará muy edificante para nuestra fe. Sabemos por lo que revela este pasaje que en una piedra estaban los nombres Reuvén, Shimón, Leví, Yehudá, Dan y Naftalí. En la otra piedra Gad, Asher, Yisajar, Zvulún, Yosef y Binyamín. Esto significa que había 25 (veinticinco) letras hebreas en cada piedra, 50 (cincuenta) letras en las dos.

El Midrash cuenta como fueron grabadas las piedras. La expresión «en el orden de su nacimiento«, quiere decir que se iban colocando los nombres en las dos piedras de ónix simultáneamente, empezando por la piedra situada a la derecha. A modo de ejemplo, el nombre de Reuvén estaría grabado en la piedra de la derecha, mientras que el nombre de Shimhón, segundo hijo de Israel, estaría grabado en la piedra de la izquierda, y así sucesivamente; de esto resulta que no figuraban seis nombres de acuerdo con el orden de nacimiento en una piedra, y seis en otra, sino más bien, que figuraban alternadamente (Minhah Belulah).

El Midrash también cuenta como fueron grabadas las piedras. Los nombres de las tribus fueron escritos con tinta. Luego fue traído un gusano pequeño como el grano de cebada que se llama shamir. El shamir tenía la capacidad para partir la piedra. Cuando el shamir se comió la tinta, cortó dentro de cada piedra con tal precisión que ni siquiera una minúscula astilla de un diamante se perdió. Como resultado de la incisión. fue grabado el nombre de cada una de las tribus en la piedra de una manera perfecta.

Hemos dicho que Aharón es un tipo del Mesías (es decir, lo representa proféticametne). Aharón llevaba los nombres de Israel ante Yahvéh siempre que el entrara en la Tienda, y se identificaba a si mismo con ellos. Justamente la expresión que se ha traducido «… para piedras memoriales a los hijos de Israel«, debería en verdad decir: «como piedras de recuerdo a favor de los hijos de Israel«. Los sabios intérpretes del hebreo dicen que esto «…quiere decir, que aquellas piedras harán que Aharón recuerde siempre en su pensamiento y en sus oraciones a los hijos de Israel, fijando permanentemente en ellos su pensamiento, y ello lo prepararía para recibir la profecía concerniente a los asuntos de los hijos de Israel. «(Minhah Belulah)

Considerando todo esto, aprendemos que sobre los hombros del Mesías se encuentran los nombres de las doce tribus de Israel, sobre dos piedras negras. Esto nos enseña que cuando el Mesías llevó el madero sobre sus hombros desde la ciudad hasta el lugar donde fue colgado, estaba llevando el pecado de las doce tribus de Israel. Como Israel es la nación sacerdotal, representa a todas las naciones. Así que sobre los hombros del Mesías cargaba el pecado de todo el mundo:

“Debido a la angustia de su alma, él lo verá y quedará satisfecho. Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos.”

(Isaías 53:11)

Es bajo esta cosmovisión que el apóstol Juan relató la pasión del Señor:

“Tomaron, pues, a Jesús, y él salió cargando su viga al sitio llamado el Lugar de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota” 

(Juan 19:17)

En  la primera epístola que Juan escribiera, él testifica acerca de esto así:

“El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros (los judíos), sino también por los del mundo entero.” 

(1 Juan 2:2)

Las dos piedras de ónice sobre los hombros no solamente hablan de la carga del pecado de los hijos de Israel, sino del gran peso que conlleva ser responsable para el desarrollo espiritual de los demás, tal como lo experimentará el apóstol Pablo en su misión :

“Además de tales cosas externas, está sobre mí la presión cotidiana de la preocupación por todas las congregaciones.”

(2 Corintios 11:28)

Esta carga es conocida como la carga del intercesor. La intercesión es un ministerio sacerdotal (cf. Lucas 22:32; Juan 17:9). Sobre los hombros del intercesor pesan aquellos nombres que también están en su corazón. Tiene que llevarlos delante del Eterno en todo momento y mencionar sus nombres constantemente:

“…orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros”

 (Filipenses 1:4)

“no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo mención de vosotros en mis oraciones.”

(Efesios 1:16)

“Doy gracias a Dios, a quien sirvo con limpia conciencia como lo hicieron mis antepasados, de que sin cesar, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones”

 (2 Timoteo 1:3)

“Doy gracias a mi Dios siempre, haciendo mención de ti en mis oraciones.”

 (Filemón 4)

“¿Quién es el que condena? Jesús, el Cristo, es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” 

(Romanos 8:34)

Aquí será muy importante abrir nuestros espíritus para recepcionar una curiosidad profunda en significados celestes. Sabemos que el ministerio del Mesías según el orden de Malki-Tsedek fue entregado a sus discípulos cincuenta días después de su resurrección, en el día de la Fiesta de Shavuot (Pentecostés), cuando el Espíritu fue dado (cf. Hechos capítulo 2). Interesante resultará saber que esos cincuenta días corresponden a las 50 letras de los nombres de los hijos de Israel que están sobre los hombros del Mesías. Yeshúa estuvo 40 días con sus discípulos después de su resurrección (cf. Hechos 1:3). Los diez últimos días antes de Shavuot estaba en el cielo. Si cada letra corresponde a un día, vemos como la letra número 41 corresponde al primer día en el cielo. Esa letra es la primera del nombre Yosef, la yud, que tiene el valor 10. En ese día cuando Mashíaj ben Yosef entró en el cielo empezó el proceso de su glorificación y luego consagración como Sumo Sacerdote. Él fue investido en el cielo con esa ropa verdadera, que también tiene los nombres de los hijos de Israel sobre sus hombros. Así él puede llevar la memoria de los hijos de Israel delante del Padre constantemente:

“Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.” 

(Hebreos 7:25)

Como el Mesías está llevando los nombres de los hijos de Israel en las dos piedras que están sobre sus hombros, hay un constante recuerdo de su muerte delante del Padre a favor de todos nosotros.


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El Efod: Las Fuerzas de Hombros Eternos

Por P.A. David Nesher

“Harán también el efod de oro, de lana azul, lana púrpura y lana carmesí y lino trenzado, obra de diseñador… Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel, seis de los nombres en una piedra, y los seis nombres restantes en la otra piedra, según el orden de su nacimiento. Así como un joyero graba un sello, tú grabarás las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; las engastarás en filigrana de oro. Y pondrás las dos piedras en las hombreras del efod, como piedras memoriales para los hijos de Israel, y Aharón llevará sus nombres delante de Yahvéh sobre sus dos hombros por memorial.” 

(Éxodo 28:6, 9-12)

Entendemos, por la revelación de la Instrucción (Torah) divina, que para que Aharón pudiera ejercer el sacerdocio como sumo sacerdote tenía que utilizar ciertas prendas de vestir. Y las vestiduras señalaban simbólicamente al Mesías y Su Misión. Debo reconocer que es cierto que la mayoría de las instrucciones dadas en el libro del Shemot (Éxodo) no constituyen una lectura apasionante, pero sí nos revelan las dimensiones místicas de la persona de Yeshúa HaMashiaj.

Para comprender las profundidades de la Sabiduría divina, tengamos en cuenta que el Sumo Sacerdote en la Tierra es una sombra del Sumo Sacerdote celestial. Todo lo que Moshé tenía que hacer en el Mishkán (tabernáculo) terrenal era una copia de lo que había visto del cielo. Esto nos enseña que Moshé vio el Sumo Sacerdote celestial.

Tengamos en cuenta que en el cielo no existe el factor físico espacio-tiempo, por lo que las estructuras metafísicas que allí existen no se conforman al factor tiempo que hay en la Tierra. Así que, a pesar de que el Mesías Yeshúa todavía no había nacido, ni había muerto, ni había sido resucitado, ni había sido glorificado ni instalado en su ministerio celestial eterno según el orden de Malki-Tzedek, Moshé lo vio. Lo que vio fue el ministerio futuro del Mesías en el templo celestial.

Con esta cosmovisión en nuestra mente, llegamos ahora a uno de los más esenciales partes de la vestimenta que completa y ensalza la vestidura del sumo sacerdote: el efod.

El efod era esencialmente un ornato, como un delantal, hecho de oro, tela azul, púrpura, lino fino y carmesí. Para que ustedes puedan entenderlo bien, digamos que era una pieza muy elaborada semejante, posiblemente a un chaleco sostenido por dos tirantes. Cada tirante tenía una piedra preciosa en las que estaban grabados seis de los nombres de las doce tribus de Israel. Esto representaba que el Sumo Sacerdote llevaba la carga de toda la nación de Israel sobre los hombros al representarla delante de Yahvéh.

Tal como pueden notar, en este pasaje, el efod es la pieza más colorida portada por el sumo sacerdote, a la vez de ser la más compleja. Tal como todas las otras partes de la vestimenta, el efod representa un aspecto específico del carácter de Yeshúa, el cual nosotros debemos apropiarnos.

¿Qué es lo que el efod significa?

El efod trae un significado espiritual de responsabilidad y fidelidad al propósito eterno de Dios. Después que Yahvéh llena al creyente con Su Espíritu, Él demanda que se vistan con la responsabilidad y fidelidad del Mesías, nuestro gran Sumo Sacerdote, de tal manera que ellos puedan utilizar el poder de Yahvéh, su kedushá (santidad) de una forma responsable, hasta convertirse en justos (tzadikim).

Considerando pues este paradigma de nuestra Gran Vocación, los invito a que analicemos los códigos lumínicos escondidos en la composición de esta prenda.

El efod estaba hecho de los siguientes cinco materiales (o colores): oro, púrpura, morado, y fino lino (blanco). Estos cinco materiales son mencionados siete veces en, exactamente, el mismo orden a través del Éxodo. De hecho, estos materiales siempre aparecen en el mismo orden a través de toda la Escritura. Esto nos sugieres que hay algo espiritualmente significante en estos materiales y en la forma en que son ordenados.

Según Rashí, el efod estaba hecho como una especie de delantal que el kohén ceñía por la espalda a la altura del corazón, debajo de los codos. Su anchura era un poco más grande que la anchura de la espalda de un hombre y llegaba hasta los talones.

El cinto estaba tejido a su borde superior, siguiendo su ancho y prolongándose hacia ambos lados para que pudiera rodearlo completamente y ceñirse con él.

Las hombreras estaban unidas al cinto, en la parte de atrás y llegaban hasta los hombros y un poco más de modo que se doblaban hacia delante hacia abajo. Las piedras de ónice estaban incrustadas, una en cada hombrera. Las dos cadenas de oro fueron insertadas en los dos anillos superiores del pectoral, una a la derecha y otra a la izquierda, y las dos puntas de cada cadena fueron insertadas en el engaste de cada hombrera. Así el pectoral colgaba de los engastes del efod hasta la altura del corazón.

Los dos anillos que estaban en las dos esquinas bajas del pectoral coincidían con los dos anillos que estaban en la parte de arriba del cinto efod, descansando unos sobre otros. Estos anillos fueron atados entre sí con un hilo de lana azul para que el pectoral estuviese pegado al cinto del efod y no se moviese.

Según el Talmud, las cinco clases de materiales estaban trenzadas en cada hilo. El oro se aplanaba en láminas delgadas que se cortaban en hilos finos. Luego se retorcía una hebra de oro con seis hebras de lana azul, una hebra de oro con seis hebras de lana púrpura y así también con la lana carmesí y con el lino. Luego se retorcían los cuatro hilos juntos y así formaban un hilo con veintiocho hebras.

El mensaje revelado en esto es que el ser responsables y fieles al propósito eterno de Dios conlleva el derecho y deber de apropiarse de las virtudes espirituales que estos cinco materiales significan. Estos cinco materiales de hecho forman el efod. Sin estas cinco virtudes, no podemos, fiel y responsablemente ponernos ante el Eterno y solicitar su socorro. Con esto en mente, consideremos ahora el significado espiritual de estos cinco materiales.

  • ORO: Símbolo de lo incorruptible, lo más valioso. En esta prenda representa la Justicia Divina (la rectitud, pureza, santidad), y vindicación de Dios, su perfección y todos sus atributos juntos.
  • AZUL: Representa la majestad y completitud de la deidad. El color azul, en hebreo es Tekheleth, del hebreo “kahlah” que significa perfección, o completitud. El filamento azul en los bordes de su manto era precisamente símbolo de completitud.
  • PURPURA: Significa la autoridad que juzga.
  • CARMESÍ: Representa lo humano. También se le asocia a la sangre y a la vida (Génesis 9:4-5, Deuteronomio 12:23), el sacrificio (Éxodo 12: 13; 23:18;, la remisión de los pecados (Hebreos 9:22, I Juan 1:7; Apocalipsis 1:5), señal del pacto (Éxodo 24:8, Mateo 26:28, Romanos 5:9, Hebreos 9:12; 13:12), la guerra (1Reyes 2:05, 1Crónicas 22:8).
  • LINO TORCIDO: En la antigüedad, era la vestimenta de los nobles y de los sacerdotes, y se escogió debido a que representaba la frescura y limpieza del alma humana. El fino lino torcido en el efod sacerdotal habla de la pureza de vida que se manifiesta en la conducta producto de poner en práctica la Torah y sus preceptos. En la medida que somos limpiados por la sangre del Mesías, nuestra conciencia se limpia, y entonces estamos capacitados para caminar sobre una vida pura, que siempre garantiza el éxito.
El Gran Sumo Sacerdote Intercediendo por la Restauración de las Doce Tribus.

Al comienzo de esta bitácora comenté que sobre las dos piedras de ónice, debían estar grabados los nombres de las doce tribus de Israel (seis en cada piedra). También dije que cuando el Sumo Sacerdote entraba en el Mishkán (Tabernáculo), llevaba escritos dichos nombres sobre sus hombros. Este detalle destaca el poder y la representatividad del Sumo Sacerdote delante del Trono del Altísimo.

¿Recuerdas la parábola que Jesús pronunció sobre la oveja perdida? El pastor del rebaño salió a buscarla y al encontrarla, la trajo de vuelta sobre sus hombros. En los Escritos Mesiánicos (mal llamado Nuevo Testamento) y hablando de Yeshúa HaMashiaj, nuestro Gran Sumo Sacerdote, cumpliendo su rol sacerdotal dice:

«Por lo cual El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.»

(Hebreos 7:25)

En estos días, nosotros estamos disfrutando de vivir después de la primera manifestación del Mesías, cuando vino como siervo sufriente. Después de su resurrección fue elevado, glorificado, investido e instalado en el servicio celestial como nuestro Gran Sumo Sacerdote.

Entonces al estudiar la ropa del sumo sacerdote terrenal podemos saber qué tipo de vestidura tiene el Mesías en el cielo en estos momentos. Sobre sus dos hombros hay dos piedras de ónice. Sobre una de las dos piedras hay seis de los nombres de los hijos de Israel, y sobre la otra los otros seis nombres. El propósito de estas piedras es llevar los nombres de las doce tribus delante del Eterno en memoria para que el Eterno se acuerde de cada una de esas tribus y sus descendientes

Esto nos revela que cuando el Mesías está sirviendo día y noche en el templo celestial como Gran Sumo Sacerdote, está mencionando delate del Todopoderoso los descendientes de los hijos de Israel que están viviendo en el mundo, y posiblemente también los que han muerto esperando la resurrección. Yeshúa el Mesías lleva casi dos mil años intercediendo por la restauración de las doce tribus. ¿Crees que su oración será oída?

Cuando los hijos de Israel habían clamado al cielo durante cuatrocientos años vino una respuesta poderosísima desde el cielo, con la liberación de la esclavitud egipcia con todos esos milagros y prodigios maravillosos. ¿Cómo será la respuesta a la oración del Mesías que ha estado clamando durante un tiempo que es cinco veces más largo, con un alma totalmente pura y justa y desde su posición celestial?

¿Cómo será la restauración de las doce tribus?

El profeta Isaías nos da la respuesta, según lo que escribió:

“Y ahora dice el SEÑOR (el que me formó desde el seno materno para ser su siervo, para hacer que Jacob vuelva a El y que Israel se reúna con El, porque honrado soy a los ojos del SEÑOR y mi Dios ha sido mi fortaleza), dice El: Poca cosa es que tú seas mi siervo, para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a los que quedaron de Israel; también te haré luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.”

(Isaías 49:5-6)

Y en  el oráculo del profeta Zacarías leemos:

“Fortaleceré la casa de Judá y la casa de José salvaré, y los haré volver porque me he compadecido de ellos; y serán como si no los hubiera rechazado, porque yo soy el SEÑOR su Dios, y les responderé.”

 (Zacarías 10:6)

 La oración de nuestro Gran Sumo Sacerdote celestial será oída de manera muy poderosa. Las doce tribus serán recordadas delante del Eterno. Y no sólo eso, la salvación llegará a los confines de la tierra junto con la restauración de las tribus. El mundo verá cosas tan poderosas que si se contaran ahora nadie las creería. ¡La oración del Malki-Tzedek celestial será oída! Los nombres que están escritos sobre sus hombros serán recordados y restaurados, y entonces el mundo nacerá de nuevo.

Me imagino que a esta altura del estudio tú te estarás preguntando: ¿dónde está el nombre de mi tribu si yo no pertenezco a las tribus de Israel?   Por el momento solo debes saber que Yahvéh hizo lugar para ti en la Tribu de Benjamín, la cual es la última generación antes de que el Señor regrese. Esto lo sabemos por el oráculo de Moshé que cuando bendijo a Benjamín le dijo:

«El amado del Señor vivirá confiado cerca de él,  y se apoyará sobre sus hombros, pues el Señor lo protegerá siempre.» 

(Deut. 33:12)

Y es que nuestro amado Mesías es capaz de salvarnos más allá de que conozcamos o no nuestra genealogía hebrea. Yeshúa, nuestro Gran Sumo Sacerdote, tiene la fuerza y el poder para hacerlo.

Pues bien, esta es la verdad que sostiene nuestra fe. Cargados en sus hombros, donde Él vaya, nosotros vamos. Él nos lleva sostenidos en sus hombros, su poder nos mantiene lejos de todo principado y potestad, por encima de toda pobreza, enfermedad, caída financiera, por encima de HaSatán (Satanás). Solo ahí podemos tener vista de águila de todo lo que sucede.

Los nombres de las tribus están engravados perpetuamente, no solo escritos, nunca podrán ser borrados por nadie, así que podemos estar seguros que así es con nuestras vidas. Estas cosas están escritas para que sepamos que Él nos sostiene en sus hombros, de donde no nos caemos, no por lo muy bien agarrados que estemos, sino por lo muy bien que él nos tiene agarrados. Aquel que cuida de nosotros no duerme ni se adormece (Salmo 121:4).

¡Bendito sea el Eterno por sus grandes planes! ¡Y bendito sea el Eterno por haber levantado a Yeshúa como el Sumo Sacerdote celestial! ¡Bendito sea Yeshúa por haber sido fiel en llevar la carga y la memoria de los hijos de Israel delante del Eterno durante aproximadamente dos mil años! ¡Digno el Yeshúa el Mesías de recibir honra, gloria, poder y alabanza por su ministerio sacerdotal!

La Vestimentas Metafísicas de un Sacerdote

Por P.A. David Nesher

 “Y harás vestiduras sagradas para tu hermano Aharón, para gloria y para hermosura.
Y hablarás a todos los hábiles artífices, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, y ellos harán las vestiduras de Aharón para consagrarlo, a fin de que me sirva como sacerdote. 
Estas son las vestiduras que harán: un pectoral, un efod, un manto, una túnica tejida a cuadros, un gorro y un cinturón; y harán vestiduras sagradas para tu hermano Aharón y para sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes.

(Éxodo/Shemot 28:2-4)

 Las vestiduras sacerdotales debían estar en consonancia con el señorío del Eterno, a quien los sacerdotes servían, y con la suntuosidad del Mishkán (Tabernáculo) mismo. De ahí la razón de las riquezas de las vestiduras sacerdotales. Las vestimentas  no son para los kohanim (sacerdotes) sólo algo complementario y añadido, sino una parte integral y esencial de su sacerdocio. Por ello, las mismas debían confeccionarse de acuerdo con normas establecidas por el mismo Yahvéh a fin de que nada quedara a merced del azar o la opinión humana.

El servicio de un sacerdote que sirve en el Templo que lleve ropa de todos los días y no las vestiduras sacerdotales no es válido. Del mismo modo, el Sumo Sacerdote es ordenado como tal usando las vestiduras del Sumo Sacerdote. Así pues, las vestiduras servían para tres cosas:

  1. para gloria, (en hebreo kavod),
  2. para esplendor, (en hebreo tiferet) y
  3. para consagrar, (en hebreo kadash), para el ministerio sacerdotal.

Por estas razones, cada prenda estaba metafísicamente diseñada para un máximo desempeño, desde la placa de oro que se colocaba en la frente, hasta las campanas en la basta de la toga (no preguntes por el calzado ya que los kohanim servían descalzos).

Todo sacerdote que servía en el santuario tenía cuatro prendas. Las cuatro fueron:

  • Ketónet– la túnica.
  • Mijnasáyim– los pantalones.
  • Avnét– el cinto, que medía 32 codos (16 metros).
  • Migbáat– el gorro, una larga cinta de lino enrollado.

Todas estas vestimentas estaban hechas de lino blanco.

Maimónides señala que las vestiduras del sacerdote no estaban destinadas a glorificar a los sacerdotes que los usaban. En cambio, las vestiduras de los sacerdotes recordaban al pueblo sobre la grandeza de Yahvéh.

El Sumo Sacerdote tenía también estas cuatro prendas, pero según el Midrash,  el gorro (migbáat) del kohén ordinario era puntiagudo arriba mientras que el gorro del Kohén Ha-Gadol (Sumo Sacerdote) era redondo y por eso era llamado “mitsnefet”.

Además de estas cuatro vestimentas arriba mencionadas, el sumo sacerdote tenía cuatro prendas más. De este modo su vestimenta sumaba un total ocho. En las Sagradas Escrituras, el número ocho simboliza lo sobrenatural que se introduce en lo natural y otorga nuevos comienzos. Por esto también simboliza la salvación. El octavo día es el día después del séptimo día, el día de la resurrección del Mesías, y el día cuando los nuevos cielos y la nueva tierra vendrán, después del séptimo milenio después de Adam. En el octavo día el niño hebreo entra en el pacto por medio de la circuncisión de su carne. Ocho personas fueron salvas por las aguas del diluvio etc. Las cuatro prendas adicionales del sumo sacerdote fueron:

  • Meil– el manto azul.
  • Efod– el delantal.
  • Joshen– el pectoral.
  • Tzitz– la diadema.

Seguramente, con lo que hasta aquí vamos considerando, nos damos cuenta que las vestimentas que debían colocarse los sacerdotes distan de lo que acostumbramos ver y usar en nuestro días. Entonces algunos preguntarán: ¿para qué estudiar esto? Pues bien, la Sabiduría del Eterno quiso que con la explicación de cada una de ellas, ya sea por el nombre, el material del cual estaban preparadas, la forma y la parte del cuerpo que cubrían, descubriéramos el rol espiritual de la vestimenta en nuestra vidas.

Cada vestidura sacerdotal eleva y purifica el significado de cada una de las partes del cuerpo al mismo tiempo que hace tomar consciencia acerca de las cualidades humanas necesarias para canalizar los instintos corporales hacia lo divino.

Para dar algunos ejemplo de lo que dije el párrafo anterior los invito a considerar esto: El “tzitz” (una vincha en la frente) subordina la osadía. La “migbáat” (turbante) sublima el orgullo. El “Joshen” (pectoral) habla de un buen corazón. Los “mijnasáyim” elevan la pasión hacia lo sagrado. Con el mitsnefet cubriendo la cabeza del Sumo Sacerdote, cada hebreorecordaba  que solo debe existir en su conciencia la certeza de que su existencia se debe gracias a que ha sido apartado en este mundo para Yahvéh. Por medio de esto, cada israelita aprendía a desarrollar la cualidad de la humildad. Este turbante se usaba para perder el pecado de la vanidad, y desarrollar la actitud de la sobriedad. Es en la cabeza donde los sentimientos de vanidad se colocan para dominar al ser humano.

Por ello, aún cuando no somos Sumos Sacerdotes en el cargo que cumplían éstos en el “Mishkán” (Santuario), no dejamos de serlo todos en cierto nivel en cada actividad que debemos realizar en el diario vivir. Las formas de nuestro cuerpo responden hasta en su menor detalle a la Sabiduría Divina que así los quiere y pueden y deben ser considerados sagrados en el rol que tienen.

De acuerdo a lo considerado, y para comprender las razones espirituales de la vestimenta, necesitamos, en primer lugar, preguntarnos ¿por qué los seres humanos deben utilizar ropa?

Todos recordamos la historia de Adam y Java (Eva) en el Huerto (Pardes) del Edén. Ellos empezaron «desnudos y sin vergüenza» (Génesis 2:25), pero después de haber comido del árbol del conocimiento del bien y el mal, «ellos se dieron cuenta de su desnudez, y se hicieron vestimentas» (Génesis 3:7). [Recomiendo leer: ¡Desnudos!… ¿De Qué?]

¿Por qué este cambio?

La Sabiduría explica que antes de comer del árbol, Adam y Eva se veían a sí mismos, en principio y por sobre todo, como almas plenas de luz. Ellos sabían que el alma es la esencia del ser humano, y que el cuerpo les servía solamente como una cubierta protectora. Debido a que Adam y Java se enfocaban en el lado espiritual, no estaban conscientes de sus propios cuerpos. Sin embargo, después de comer del árbol, su nivel espiritual bajó y «sus ojos se abrieron» al aspecto corporal exclusivamente. A partir de entonces, el cuerpo comenzó a ser visto como una distracción del alma y por ello debe ser cubierto. Es decir, que el hecho de vestirse está relacionado con el rol que asumió el cuerpo frente al alma cuando se identificaron Adam y Javá con el sabor y el aspecto del fruto prohibido. Así es como nació el concepto de la vestimenta.

Sin embargo, la Torah nos muestra que la ropa, aparte de cubrir a la persona de su vergüenza y de las inclemencias del tiempo, también le sirve como distinción y estado. Desde los códigos de la Torah, el ser humano a diferencia de los animales se viste con ropa. Las vestimentas hablan de la persona.

La palabra ropa en hebreo se dice “Begued”, y está conformada por la segunda, tercera y cuarta letra del abecedario hebreo: Bet, Guimel y Dalet. Sabemos que la primera letra es la “Alef” y alude al Eterno, y todo lo que Él le suministra a la persona humana naturalmente, mientras que a continuación se pretende que la persona desarrolle su potencial, por eso luego de la “Alef”, siguen las letras “Bet, Guimel, Dalet”. Esa es la idea de “Begued” (ropa en hebreo).

Entonces diremos que si bien es más importante ser que parecer, el parecer, también, es importante. La ropa que usamos expresa lo que pensamos que somos y cómo queremos que los demás nos vean. En esta cosmovisión los hebreos más fieles a la revelación llaman a su ropa: «las que me honran«. Cada estilo de ropa irradia una imagen y energía diferente. Si vas caminando por la calle y te encuentras con una persona vestida de verde y botas negras, y portando un rifle; o si tiene una persona con blanco y un estetoscopio colgando de su cuello, ¿acaso necesita preguntar cuál es su oficio?

Vemos en esta porción (parashá) que la Torah nos dice que las vestimentas le confieren status y esplendor a la persona. El Eterno le dijo a Moshé que le hiciera vestimentas sacerdotales a su hermano Aharón, «para gloria y para esplendor«. En otras palabras, la ropa le confiere honor y status a la persona. No es el mismo sentimiento el que provoca ver alguien vestido en ropa de cirujano, al que provoca la ropa de un policía, o la de un deportista. Cada estilo de ropa transmite un mensaje diferente. La ropa que usa una persona de pensamiento hebreo tiene como objetivo apuntar hacia la humildad y la dignidad humana.

En definitiva, las vestimentas son la prolongación de la persona, aludiendo a que se debe dejar las tendencias naturales, para cultivar y desarrollar el potencial, a diferencia del animal que nace desnudo y muere desnudo, no pretendiendo de los mismos, ningún tipo de desarrollo moral.

El servicio del Kohen (sacerdote) es un servicio interno. Tiene lugar en privado, lejos de los ojos del mundo. Vemos entonces que todo lo interno requiere una vestimenta. De acuerdo a las enseñanzas de la Torah el aspecto más importante de una persona humana es su dimensión espiritual (su interioridad); sus talentos, esperanzas, sueños, y otros poderes internos. Por esta razón, el alma humana también tiene su “ropa”: el pensamiento, el habla y la acción. Estas tres «vestimentas» son los canales por medio de los cuales nos expresamos e interactuamos con el mundo que nos rodea. La humildad y la dignidad se expresan no solo por medio de la ropa física; se expresan también ( y yo diría principalmente) por medio de la ropa espiritual, o sea la conducta. Es justamente por medio de esta “ropa” espiritual, (el pensamiento, el habla y la acción) que un redimido se conecta con Yahvéh más que por medio otros poderes internos del alma.

¡Entonces, debemos aceptar que la forma en que vestimos puede traer honor o deshonra a Yahvéh!

Lamentablemente, en muchas iglesias cristianas, e incluso en algunas asambleas del Ministerio Monte Santo, se ha vuelto una pandemia el vestirse casualmente. Es más normal ver a los que se dicen creyente vestirse elegantemente cuando van a un restaurante caro que cuando asisten a los servicios de adoración del Altísimo. Incluso en nuestras asambleas mesiánicas la gente rara vez se viste con lo mejor para guardar el sábado ¿Jeans y camisetas en la Mesa del Cierre de Shabat? La ropa inmodesta e indecorosa se exhibe incluso en presencia de los santos elementos de la Mesa de Comunión. Lo que es más triste, es que muchos creyentes han adoptado el razonamiento que dice así: «Dios no mira el exterior. Él mira y pesa el corazón. Por lo tanto, el exterior no debe importar.» Irónicamente, aquellos que llevan jeans y zapatillas deportivas en los servicios parecen considerarse más intrínsecamente espirituales que los “rígidos” que todavía visten formalmente, porque suponen que su vestido casual refleja un corazón más genuino, que aquellos que ellos denominan (según la viga de su ojo) «legalistas».

Sin embargo, las leyes de las vestiduras sacerdotales demuestran que Yahvéh mira tanto el exterior como el interior, y le preocupa cómo su pueblo se presenta a los ojos del mundo. La forma en que nos vestimos a menudo revela lo que está pasando dentro de nosotros. También refleja sobre quién es Yahvéh para nosotros, y qué significa Su Mesías para nuestras vidas. Vestirse irrespetuosamente en Sus días santos y en Sus santas asambleas es faltar el respeto a su Majestuoso Presencia (Shekinah).

El Kohén (sacerdote) era el transmisor de las órdenes divinas (por medio de los Urim VeTumim ). Además generaba la Paz entre las personas de las doce tribus. También intercedía y buscaba el indulto ante sus hermanos y el Creador (por medio de los Sacrificios en el Mizbeaj). Así pues al observar el atuendo majestuoso que portaba, comprendía las responsabilidades que llevaba encima, y así se motivaba a cumplir con solicitud su trabajo (abodá) sagrado. También su vestimenta le ayudaba a mantener su mente concentrada en el servicio divino, y en la misión para con su nación y el mundo.

Nosotros somos hebreos. En el Mesías, linaje escogido, real sacerdocio (1Pedro 2:9). Representamos el Reinado del Creador.  Somos sus embajadores en este plano físico (2Corintios 5:20). Tenemos que vestir acorde con nuestra misión. El alma humana quiere distinción, mientras que el cuerpo está detrás de otros deleites y placeres. Al cuerpo no le interesa el honor, debido a que esto implica responsabilidad. Si nos consideramos dignos de ser honrados como hijos del Rey, nosotros enviaremos la responsabilidad de estar a la altura de las circunstancias. El cuerpo quiere la libertad de gratificarse sin pensar en las consecuencias. Nuestra alma pide arropar al cuerpo a la usanza de un sacerdote hebreo.

La Torah nos dice que el tipo de ropa que usamos habla mucho sobre nuestro honor y nuestra gloria como seres humanos, creados a imagen de Dios. Este no es un tema masculino o femenino. Es más un tema de dignidad humana. Es por eso que la Torah es tan estricta en cuanto a dignificar la vestimenta. Desviar la atención de la apariencia superficial es esencial para que nos valoren como personas. El Eterno no nos exige vestirnos de manera desagradable. Sino que, no debemos dirigir la atención al cuerpo siendo exuberantes o provocativos.

La parashá Tetzaveh nos revela que en nuestra vocación mesiánica las vestimentas tienen el poder de comunicar . Por lo tanto, necesitamos ser sensibles al mensaje que estamos transmitiendo. Nuestra salud espiritual depende de ello. Porque mientras más digna es nuestra ropa, más libres somos para vernos a través de la luz pura de nuestras almas. Es verdad lo que dicen: la ropa hace al hombre. Cuando nos vestimos dignos, somos tratados de esa manera.

Bitácoras Relacionadas (Muy recomendada para Mujeres):

«Lo Verdadero» del Santuario y el Sacerdocio Celestial

 “Entonces harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aharón, y con él sus hijos, para que me sirvan como sacerdotes: Aharón, con Nadav y Avihú, Elazar e Itamar, hijos de Aharón”

(Éxodo/Shemot 28:1)

 

Hemos llegado a la porción de la Torah que nos relata la elección de Aharón como el Sumo Sacerdote del Israel salido de Egipto. En la porción (parashá) semanal que pasó vimos que el mismo Mishkán representa la Presencia permanente («Shekinah» – שכנה) entre los hombres, por medio del pueblo de Israel.

Ahora, el autor de la Vida, Yahvéh nuestro Dios, quiere que ocurra este «acercamiento» para que Israel comprenda que aquí, en Sinaí, se dio la reparación en la historia espiritual del ser humano. Esto significa que en el inicio de la historia «Adam» (el primer hombre) se ocultó de ante el Eterno y se alejó de Él por su transgresión, mientras que ahora, el ser humano, representado en este caso por Aharon, «será acercado» a Dios a través de Su culto racional. La brecha habrá sido cerrada.

Ahora bien, nosotros, los discípulos de Yeshúa HaMashiaj, entendemos que su ministerio (abodá) sacerdotal es una sombra de un ministerio celestial, en el Tabernáculo verdadero, el Celestial. Por ende, la correcta comprensión del ministerio en el Santuario Celestial nos ratifica en el fundamento de fe que descansamos, y nos edifica para no regresar a los lazos de la religión. Aumentan los días en los que surgen más y más engaños, de toda clase, en materia de dogmas, y por ende necesitamos terreno sólido para nuestros pies. Necesitamos sólidos pilares para el edificio.

Entendemos que Moshé vio todo lo que había en el Tabernáculo Celestial:

“Y mira que hagas según el diseño que te ha sido mostrado en el Monte.” 

(Éxodo 25:40 )

Por ello, sabemos que también vio al Sumo Sacerdote eterno según el Orden de Malki-Tzedek, como nos dejara atestiguado el salmista al decir:

“Yahvéh ha jurado y no se retractará:

Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Malki-Tzedek.”

(Salmo 110:4)

Teniendo en su mente y corazón esto, el autor de la epístola a los Hebreos escribió:

“…siendo constituido por Dios sumo sacerdote según el Orden de Malki-Tsedek.”

(Hebreos 5:10)

En unas líneas más adelante amplio la enseñanza de con estas palabras:

“…detrás del velo, donde Yeshúa entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Malki-Tsedek, sumo sacerdote para siempre.”

(Hebreos 6:19-20)

“Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es éste: tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del Trono de la Majestad en los cielos, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre. Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios, por lo cual es necesario que éste también tenga algo que ofrecer. Así que si él estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es copia y sombra de las cosas celestiales, tal como Moshé fue advertido por Dios cuando estaba a punto de erigir el tabernáculo; pues, dice él: Mira, haz todas las cosas CONFORME AL MODELO QUE TE FUE MOSTRADO EN EL MONTE.”

(Hebreos 8:1-5)

La palabra hebrea que en las Sagradas Escrituras ha sido traducida como “diseño” es tavnit, que significa “forma”, “imagen”, “plano”, “modelo”, “copia”, “estructura”.  Esta expresión viene de la raíz baná, que significa “edificar”, “construir”, “tener hijos”, “reparar”, “levantar”.

La palabra “verdadero” tiene que ser entendida desde el punto de vista hebreo, ya que la carta apunta a una comunidad que posee esta mentalidad. Esta tarea de comprensión es muy necesaria realizarla ya que, según el concepto griego, lo que se denomina “verdadero” se entiende, en primer lugar, como algo que está en contraste con lo falso, lo ficticio, lo irreal. Esa es también, la cosmovisión occidental que nosotros tenemos al leer (o escuchar) esta expresión. Pero según el pensamiento hebreo, lo verdadero tiene que ver más con lo seguro, lo estable, lo duradero, lo fiable y lo eterno.

La palabra greiga que se usó en la traducción griega de Hebreos capítulo 8, para verdadero es aletheía  que significa “lo que ya no está escondido”, “lo que revela lo oculto”, “lo que realmente existe”, “la realidad que está detrás de toda realidad ficticia”. Por lo tanto, el concepto griego de lo verdadero está relacionado con el dualismo filosófico donde se cree que lo que verdaderamente existe es lo invisible al ojo humano, lo inmaterial, el mundo de las ideas. Según la filosofía griega, lo material es algo irreal, falso y malo. Con estos conceptos débiles del raciocinio griego, la Roma Imperial someterá la doctrina mesiánica de los discípulos del Camino, y lo transmutará a lo que decidieron llamar cristianismo.

En cambio, el concepto hebreo de lo verdadero no está basado en ese dualismo platónico, sino en lo que es firme, duradero y fiel. La palabra hebrea para verdadero es emet (verdad). Esa palabra viene de aman, “soportar”, “confirmar”, “ser fiel”, “creer”. De amán se deriva la palabra hebrea para fe, emuná. Así mismo, la palabra amén viene de la misma raíz.

Así que cuando se habla del “Tabernáculo Verdadero”, no se está refiriendo a que el tabernáculo terrenal no sea real, sino que se debe entender como un tabernáculo estable, duradero y eterno. Entonces, cuando en las Escrituras hebreas las cosas celestiales son comparadas con las terrenales son llamadas “verdaderas”, pero esto no significa que las terrenales sean falsas, o ficticias, insignificantes o malas. Más bien tiene que ver con la idea de que las cosas celestiales son FIRMES y DURADERAS. Así lo enseñaba el apóstol Pablo a sus comunidades de discípulos, al insistir en que las cosas invisibles son eternas, pero las cosas visibles son temporales:

“…al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 

(2 Corintios 4:18)

En los profetas existía esta cosmovisión. Así por ejemplo lo expresaba el profeta Jeremías:

“Más Yahvéh es el Dios verdadero (emet); él es Dios vivo y Rey eterno”

(Jeremías 10:10)

Observemos la comparación entre “verdadero” y “eterno”.

En el cuarto Evangelio, escrito por el apóstol Juan (emparentado con la casa sacerdotal) prevalece también esta forma de considerar lo verdadero. Veamos algunos ejemplos:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.” 

(Juan 1:9)

 

“Y Yeshúa les dijo: De cierto, de cierto os digo:

No os dio Moshé el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.” 

(Juan 6:32)

:

“Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.” 

(Juan 6:55)

 

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.”

(Juan 15:1 )

En todas las comunidades mesiánicas del primer siglo está latente esta forma de considerar a lo verdadero. Por ello, el autor de la epístola a los Hebreos escribió:

“Porque no entró el Mesías en el santuario hecho de mano, figura del verdadero.” 

(Hebreos 9:24)

Desde todas estas consideraciones, podemos llegar a la conclusión de que cuando en las Sagradas Escrituras se habla del “verdadero” Tabernáculo no es en contraste con el terrenal. La palabra “verdadero”, en referencia al Santuario Celestial, no está usada para menospreciar el Tabernáculo (Mishkán) en el desierto o el Templo que estaba en Jerusalén, sino resaltar la grandeza, la perfección y la estructura eterna del Tabernáculo Celestial, el cual es el modelo original para el Tabernáculo y el Templo terrenales. Por eso es que en el libro de la carta a los Hebreos está escrito: “el más amplio y más perfecto Tabernáculo”  (Hebreos 9:11 )

Lo “verdadero” es lo más amplio, lo más perfecto y lo más duradero en contraste con lo terrenal que es más pequeño, menos perfecto y corruptible.

Ahora bien, ya posicionados en esta mentalidad, debemos reflexionar y decir que, así como hay un Tabernáculo verdadero eterno y celestial, también existe un sacerdocio verdadero, eterno y celestial como también está escrito en la carta a los Hebreos:

“De la misma manera, el Mesías no se glorificó a sí mismo para hacerse sumo sacerdote, sino que lo glorificó el que le dijo:

HIJO MÍO ERES TU, YO TE HE ENGENDRADO HOY (habla de la resurrección); como también dice en otro pasaje:

TÚ ERES SACERDOTE PARA SIEMPRE SEGÚN EL ORDEN DE MALKI-TSEDEK. 

El Mesías, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente; y aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció; y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen, siendo constituido por Dios sumo sacerdote según el orden de Malki-Tsedek.” 

(Hebreos 5:5-10)

Este texto nos enseña que después de la resurrección, el Mesías Yeshúa fue introducido en el Sacerdocio Celestial, según el Orden de Malki-Tsedek.

En la misma epístola podemos leer:

“Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Yeshúa, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe.”

(Hebreos 4:14)

La expresión “trascendió los cielos” hace referencia a la investidura sacerdotal de Yeshúa, de la misma manera como el sumo sacerdote Aharón entró en su ministerio por medio de una investidura. En las Escrituras los cielos son comparados con la ropa del hombre. Los cielos son la ropa del Mesías:

“Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos.

Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados.

Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin.” 

(Salmo 102:25-26)

Considerando estas maravillas de la Revelación, entonces podemos decir que la consagración de Aharón fue una sombra profética de la consagración celestial futura del Mesías.

 

“Harás asimismo el manto del efod todo de lana azul. La abertura para la cabeza estará doblada hacia dentro; alrededor de la abertura habrá un borde de labor de tejedor, como la abertura de un coselete será, no se romperá.”

(Éxodo 28:31-32)

 

Las vestiduras sacerdotales eran hechas para honra y hermosura. Ya que había en si algo gloriosos y hermoso en verdad, algo celestial sobre el servicio sacerdotal, y era apropiado el hacer vestiduras gloriosas y hermosas.

Cuando Aharón fue vestido con el manto azul del efod, estaba haciendo un acto profético que hablaba acerca del momento cuando el Mesías iba a trascender los cielos, después de su resurrección. La cabeza de Aharón estaba encima del manto azul y su cuerpo debajo. De la misma manera el Mesías, que es la cabeza de su cuerpo, está sentado sobre los cielos, y su cuerpo está debajo de los cielos.

Cuando dice “no se romperá” el Eterno estaba revelando que el ministerio celestial del Mesías, según el orden de Malki-Tsedek, no se acabaría por falta de lugar o genealogía. Es eterno. El ministerio levítico está basado sobre hombres mortales, pero el ministerio según el orden de Malki-Tsedek esta basado sobre una vida indestructible:

“Y esto es aún más evidente, si a semejanza de Malki-Tsedek se levanta otro sacerdote, que ha llegado a serlo, no sobre la base de una ley de requisitos físicos, sino según el poder de una vida indestructible. Pues de El se da testimonio:

TÚ ERES SACERDOTE PARA SIEMPRE SEGÚN EL ORDEN DE MALKI-TSEDEK.”
(Hebreos 7:15-17)

Como Malki-Tsedek es presentado en Génesis 14 sin genealogía, es como si fuera eterno. Por eso el Eterno jura que el ministerio sacerdotal del Mesías tiene que ser según el orden de Malki-Tsedek que es de carácter eterno. Esto nos enseña que Yeshúa no pudo entrar en ese ministerio hasta después de su resurrección, puesto que no era inmortal antes de morir. El ministerio de Malki-Tsedek fue iniciado cuando el Mesías fue levantado de los muertos y luego elevado muy por encima de los cielos.

Todo el ministerio del sumo sacerdote Aharón en el tabernáculo, incluyendo su vestimenta, nos habla del ministerio que el Mesías tiene desde su resurrección hasta ahora. Esta es la razón por la que la Torá está entrando en todos los detalles acerca de la ropa del sumo sacerdote. Cuando la Torá resalta un tema y lo repite, es porque es muy importante para el Eterno. Y lo que es importante para él es importante para sus hijos.

El Sumo Sacerdote Aharón simboliza al Mesías en su ministerio celestial. Los hijos de Aharón simbolizan los hijos que el Mesías subió a la Gloria (Heb. 2:10), es decir todos los que son sus discípulos. Ellos también recibieron un ministerio sacerdotal según el orden de Malki-Tsedek a partir de la resurrección y glorificación del Mesías.

Por todo lo que hasta aquí hemos considerado, es importante que estudiemos y entendamos todas estas sombras (o tipos) para entender nuestra función actual en el Tabernáculo Celestial, por medio de la obra de nuestro Gran Sumo Sacerdote Yeshúa, HaMashiaj.

 

 

Tips Divinos para Tratar con el «Buey» de tu Enemigo

Por P.A. David Nesher

» Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo.
Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo.

(Éxodo/Shemot 23: 4-5)

Al investigar los códigos de Sabiduría de la Torah (Instrucción) divina, descubrimos que en sus esencia misma vibra la idea celestial de no guardar rencor contra el enemigo. Por ello, el mandamiento de hacer bien al enemigo era muy importante, en la adquisición de la energía divina de kedushá (santidad). Esta norma mostraba que la bondad (heb. tov = bien, bondad) y generosidad ( heb. jésed = misericordia) en Israel no era solamente requeridas para aquellos que eran queridos o amados, sino para todo ser humano que perteneciera al entorno de un hebreo. Uno bien no podría necesitar el mandamiento para hacer esto por un amigo, pero era necesario para el enemigo y para aquella persona que lo aborrecía.

El principio de Reino de esta mishpá (norma) era claro: tus sentimientos por otros no determinan el buen o mal comportamiento hacia ellos. Hay principios de justicia los cuales deben de observarse por encima de nuestros sentimientos.

La expresión “enemigo«, en este contexto, tal vez signifique «adversario legal«. La justicia demanda que nosotros les tratemos como a cualquier otro vecino.

Una persona con mentalidad hebrea comprendía, mediante estas sentencias, que la Torah no permite que uno guarde rencor contra el enemigo. Esta es una manera práctica de mostrar amor al enemigo. Así lo expresó el sabio rey Salomón al escribir este protocolo de nobleza gubernamental:

“Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan, y si tiene sed, dale de beber agua.”

(Proverbios 25:21)

La enemistad con alguien puede afectarnos más a nosotros que a ellos; además, no obtenemos ningún beneficio al revivir viejas heridas. Si queremos ser completamente libres, dejemos que el pasado quede enterrado. Entiende que el pasado no se puede cambiar, así que no debemos aferrarnos a él. Si no avanzamos y dejamos ir al pasado, entonces nunca podremos ser libres (Isaías 43:18).

Por ello, nuestro amado Maestro y Mesías Yeshúa, teniendo esta parashá en su corazón, abogó para que sus discípulos vivieran diariamente este tipo de amor:

«Pero Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen, para que ustedes sean hijos de su Padre que está en los cielos; porque El hace salir Su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.»

(Mateo 5: 44-45)

Amar a nuestros enemigos, a quienes nos persiguen y nos hacen sufrir, es difícil; ni siquiera es un «buen negocio». Sin embargo, es el camino indicado y recorrido por Yeshúa para nuestra salvación.

También nosotros, todos nosotros, tenemos enemigo. ¡Todos! Algunos enemigos débiles, algunos fuertes. También nosotros muchas veces nos convertimos en enemigos de otros; no los queremos. Yeshúa nos dice, desde su cosmovisión de esta parashá, que debemos amar a los enemigos.

Recuerda que el amor no es un sentimiento, sino más bien una praxis que se cultiva voluntariamente cada día. La perseverancia es la clave. No olvidemos evitar caer en la posición de víctima, y siempre veamos el ejemplo de Yeshúa.

Seguramente llegar a esta praxis demande tiempo, esfuerzo y mucha paciencia. No obstante, debemos aceptar a estas personas tal y como son; con defectos y virtudes, incluso cuando estemos en desacuerdo con ellos. Recordemos que el Eterno hizo lo mismo con nosotros, Él nos aceptó y amó sin tener en cuenta nuestros pecados.

Por lo tanto, permitamos que Yahvéh sane nuestras heridas y restaure la relación perdida, pero también oremos por el bien de los demás. Pedirle a Dios que nos ayude a entender y amar a estas personas; y nunca perdamos la constancia de esta oración intercesora por aquellos que nos aborrecen y persiguen.

Shalom!

¡Es Tiempo de Restitución!

Por P.A. David Nesher

«Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas. Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte. Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto. Si fuere hallado con el hurto en la mano, vivo, sea buey o asno u oveja, pagara el doble.»

(Éxodo/Shemot 22: 1-4)

Existe un aspecto fundamental para destacar de las mishpatim. Este es que, además de ser instrumentos para resolver conflictos, las mismas contienen el “alma” de la Torah. Es decir, están llenas enseñanzas éticas aplicables más allá del caso particular. Una ley con alma significa que la misma va más allá de una simple consideración monetaria. Un ejemplo de esto lo vemos en cada una de las normas que conforman la aliyá de hoy.

Entre las distintas normativas que el Eterno le dio a Israel en el monte Sinaí, encontramos la llamada «LEY DE RESTITUCIÓN«; una herramienta jurídica, que les permitía a los hebreos contrarrestar las injusticias, y los abusos cometidos contra aquellos que habían sido víctimas de algún robo o perdida de sus bienes de manera injusta. La misma les aportaba además pautas claras acerca de la manera como deberían ser indemnizados los implicados.

La pena por el robo de una oveja que había sido degollada o vendida era restituir el cuádruple; por el robo de un buey, el quíntuple, a causa de su mayor utilidad en el trabajo; pero, si el animal robado era recuperado vivo, una compensación doble era todo lo que se exigía, porque se presumía que el ladrón no era sujeto hábil en el fraude. El ladrón debía restituir el trabajo conforme a los bienes que tomó (Job 20:18).

De este modo, la víctima tenía asegurado el hecho de que todo lo que te ha sido robado, tendría que volver como lo tenía antes. Se le restablecería o se le pondría ese algo en el estado que antes tenía. Volverá al lugar de donde había salido (Lv. 6:1-6; Nm. 5:6-8).

Hoy, el alma de esta norma nos garantiza una promesa divina: saber que cualquier pérdida que hayamos tenido, puede ser restituida si clamamos por la justicia divina, denunciando al ladrón.

Lo primero que necesitamos saber y aceptar es que la restitución es una parte de la teshuváh («arrepentimiento» o «regreso«) que el Eterno anhela en aquellos que ha redimido. Si no hay restitución del daño hecho a las personas no es un arrepentimiento completo. Hay que hacer todo lo que esté al alcance de uno para que se haga una restitución completa con el 20 % de aumento, como lo vemos en la conversión (teshuváh) que hizo Zaqueo (heb. Zakai):

“Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado. Y Yeshúa le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa, ya que él también es hijo de Avraham.”

(Lucas 19:8)

La salvación había venido a la casa de Zakai y por esto él estaba dispuesto a restituir el daño económico que había hecho contra las personas, incluso más allá de la letra de la Torah. La evidencia de que la salvación había llegado a su casa fue que él estaba devolviendo a los que había hurtado y/o engañando.

Apreciado discípulo de Yeshúa, si no devuelves lo que hayas hurtado, y restituyes el daño que hayas causado a otras personas, según todas tus posibilidades, no hay arrepentimiento en tu corazón y la salvación no te ha alcanzado.

No te dejes engañar por la idea dogmática de que todo ha sido hecho nuevo en el Mesías para no asumir tu responsabilidad de restituir a las personas por el daño que hayas causado antes de entregarte al Mesías Yeshúa.

El Camino a la salvación pasa sí o sí por la teshuvá (arrepentimiento y conversión). Los siete pasos de una teshuvá completa son:

♥ Reconocimiento de pecado, (cf. 2 Samuel 12:13).

♥ Sentimiento de pesar, (cf. Jeremías 8:6).

♥ Confesión abierta a Yahvéh y a los hombres, (cf. Josué 7:19; 1 Juan 1:9; Snt. 5:16).

♥ Petición de perdón a Yahvéh y a los hombres, (cf. Salmo 25:11; Lucas 15:18).

♥ Determinación de cambio, (cf. Proverbios 28:13).

♥ Restitución del daño, (cf. Números 5:7; Éxodo 22:1-15; 2 Samuel 21:3).

Si estás meditando en todo esto, me atrevo entonces a solicitarte que no sigas pensando que el Eterno es el causante o promotor de las pérdidas que ha sufrido, no lo culpes más de lo malo que le pueda estar sucediendo; más bien exáltalo por haber creado esta «LEY DE RESTITUCIÓN»; el decreto que en el Mundo de Arriba (el Reino de la Luz) establece que una persona jamás puede ser despojada injustamente de lo que le pertenece, y esto absolutamente nadie lo puede invalidar.

Esta LEY te favorece, ¡¡HAZLA VALER!!

Toma ahora mismo la autoridad que se te ha dado en Yeshúa y demanda delante de Elohim, por medio de la oración, al enemigo, ordenándole que te devuelva absolutamente todo lo que financiera, física, familiar, y ministerialmente te ha robado durante todos estos años, porque él no podrá oponerse más al cumplimiento del propósito eterno de Dios en tu vida.

¡Es tiempo de RESTITUCIÓN!

Te invito a ampliar más la ciencia de este tema ingresando en la Bitácora siguiente:

La Esencia de la Kedushá (Santidad)

Por P.A. David Nesher

“Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron:
Haremos todo lo que Yahvéh ha dicho.
Y llevó Moshé a Yahvéh las palabras del pueblo. Y Yahvéh dijo a Moshé:
He aquí, vendré a ti en una densa nube, para que el pueblo oiga cuando yo hable contigo y también te crean para siempre.
Entonces Moshé comunicó a Yahvéh las palabras del pueblo.
Yahvéh dijo también a Moshé:
Ve al pueblo y consagrarlos hoy y mañana, y que laven sus vestidos y que estén preparados para el tercer día, porque al tercer día Yahvéh descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí. Y pondrás límites alrededor para el pueblo, y dirás: «Guardaos de subir al monte o tocar su límite; cualquiera que toque el monte, ciertamente morirá. Ninguna mano lo tocará, sino que será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá.» Cuando suene largamente la bocina ellos subirán al monte.”

(Éxodo/Shemot 19:8-13)

El Eterno aparecería a Israel de una forma espectacular; y antes de que esto pudiera pasar, el pueblo debería prepararse para ese momento sobrenatural. La gente de las doce tribus debía estar alistado física y espiritualmente para que este encuentro con la divinidad de Yahvéh les permitiera elevarse al plano de las todas las posibilidades de la existencia misma (el 99%). Una vez que sus almas vibraran en esa dimensionalidades metafísicas, cada uno de los israelitas lograría lo que se conoce como Bilá HaMavet LaNétzaj, que se traduce aproximadamente así: «la eliminación el final del dolor, sufrimiento y muerte para siempre«. Este nivel sería el que tenía Adam HaRishón e Ishá en el Gan Eden, antes de la caída. Es el nivel donde se puede saborear el Árbol de la Vida.

Discerniendo esto, el pueblo de Israel contestó por la tarde el segundo día del tercer mes cuando Moshé había bajado del monte. En la mañana siguiente, el tercer día de siván, Moshé subió de nuevo al monte con la respuesta del pueblo: la propuesta divina había sido aceptada sin discusión ni preguntas.

Me gustaría invitarlos a que noten que el texto señala que Moshé convoca a los ancianos, pero quien responde es el Pueblo en su conjunto, y en unanimidad. De este modo se asegura la participación de todos en la Alianza Matrimonial con el Eterno que estaba a punto de acontecer.

El pueblo contestó a una: “…Haremos todo lo que ha dicho el Eterno…”!

Al llegar a esta expresión, los sabios de la codificación hebrea explican que, para ese momento todos los miembros de Israel habían llegado a la plenitud de pureza de Adam antes de su pecado, al punto de asemejarse a los ángeles. Antes de la entrega de la Torah, YHVH había curado a todas las enfermedades del pueblo así como defectos físicos, [Midrash, Pág 163-164].

Lo primero que se nota al decir «el pueblo contestó a una» es que en ese momento, ya no había mudos entre ellos, evidentemente había sido sanados en la trayectoria hacia Sinaí al revelarse YHVH Rafáh. Así mismo leemos que, en el cap. 20, vers. 18, está escrito que todo el pueblo vio las voces (cf. 19:11), lo que muestra que ya no había ciegos entre ellos. Más adelante, en el capítulo 24, verso 7 está escrito que todo el pueblo dijo que iba a escuchar, lo que muestra que tampoco había sordo entre ellos. Evidentemente, las murmuraciones de la primera parte del camino habían quedado atrás y ahora hay una aceptación del diseño del propósito divino para ellos, sin escatimar nada.

Así el Eterno, había preparado a Israel como una Esposa, a fin de «presentársela a sí mismo como una asamblea gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa y perfecta» (Efesios 5:27). Y ahí estaban, al pie del monte Sinaí cerca de tres millones de israelitas, a la espera de escuchar las Palabras celestiales que los elevaría a la misma naturaleza divina que el Adam HaRishón había perdido en su caída (Génesis cap. 3).

La Santidad Verdadera es un Poder divino para poner límites, no una condición de moralidad suprema.

Entonces ya sabemos que en el tercer día del tercer mes (llamado Siván), Yahvéh le comunicó estas palabras a Moshé en la cima del Monte Sinaí. Luego Moshé bajó y habló con el pueblo, y luego subió otra vez con las palabras del pueblo el cuarto día del mes. Esto significa que Moshé tenía que ver que el pueblo se santificara durante el cuarto y quinto días del mes tercero. [A modo de dato, les diré que según la tradición de la exégesis judía la Torah fue entregada el día 6 de Siván]. Aunque fue el día seis del mes, el Eterno está usando la expresión “tercer día” en alusión a la resurrección del Mesías en la cual también manifestó su gloria de una manera extraordinaria.

Un asunto se destaca aquí, y debemos considerarlo con suma atención. El Eterno prometió revelarse a Sí mismo en el Sinaí, pero para ello, Él dijo a Israel: «Guardaos de respetar los límites«. ¡Así es, el Eterno reveló que existían límites que no se podían cruzar! Israel debía de mantener su distancia detrás de dicho límite, y la penalidad por errar en mantener su distancia era la muerte. Cualquier persona o animal que haya sido muerto por acercarse demasiado debía ser tenido como impuro, de tal forma que no se le podría tocar, por lo que ellos debían ser ejecutados con piedras o saetas.

Con esto el pueblo entendió que la santidad (hbr. kedushá) implica reconocer los límites que definen una vida con propósito. Ellos debían aceptar la verdad de que los límites son los que santifican la vida de cualquier ser humano.

Con este método pedagógico Israel comprendió que Santidad (kedushá) significa hacer una división o separación entre una cosa y otra. Es decir que Kedushá es hacer discriminación entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo, lo conveniente de lo que no conviene. Para lograr esto hay que aprender a definir toda situación. Poner límites es la esencia misma de toda definición.

En el Reino de los Cielos hay muchos límites, como hemos visto en relación con la escalera de Yaakov. Hay niveles, límites. Cuanto más santa sea una persona, más podrá acercarse al Eterno. La santidad tiene que ver con acercamiento al Olam Azilut (Mundo de la Emanación).

El pueblo no podía traspasar esos límites. Es muy grave traspasar los límites que el Eterno marca. Siempre trae graves consecuencias. El pueblo no había aprendido esta lección y el Eterno le insta a Moshé varias veces a advertir al pueblo para que no traspase los límites.

El pueblo sólo se podía acercar cuando Dios los invitara, y la trompeta señalaba que la invitación estaba abierta. Al sonar de la trompeta ellos podían llegar al límite de la barrera, pero no podían ir más allá. La palabra hebrea que ha sido traducida como “bocina” o «trompeta» es yovel, que significa “cuerno”, especialmente cuerno de carnero. Según la tradición, este cuerno está representado por uno de los que Abraham tomó del carnero que fue sacrificado en lugar de Yitzjak.

Un Ser Humano con Límites es un Ser Humano verdaderamente Libre.

Volviendo al hilo de nuestra reflexión, entendemos que si hay algo básico sobre la naturaleza humana, es la de una necesidad de límites. Al poner estos límites y al traer la pena de muerte al quebrantarlos, Yahvéh le mostró a Israel que la obediencia es más importante que sus sentimientos. No dudamos de que algunos intrépidos Israelitas sintieron el ir más allá de los límites, pero ellos tuvieron que someter sus sentimientos a la obediencia.

Así Israel entendió el objetivo de su vocación: ser una nación santa (v.6). Lo que caracterizaba a Yahvéh a los ojos de los hebreos era, sobre todo, su santidad, atributo que significaba, además de la incontaminación y pureza, la idea de trascendencia. Esto pues hacía entender que, si Israel quería trascender los planos históricos-físicos, debía acercarse al Eterno e intimar con Él. Ahora bien, para que Israel logrará con éxito este acercamiento y pudiera gozar de la plenitud de dicha intimidad, debía también santificarse, purificarse espiritual y moralmente, llevando unas costumbres más puras que los otros pueblos.

La propuesta dejaba todo bien claro. Como pueblo escogido, Israel tiene que ser santo:

”Porque yo soy Yahvéh su Dios, ustedes se santificarán; y serán santos, porque yo soy santo. No se contaminen por causa de ningún reptil que se desplaza sobre la tierra.

(Levítico 11.44)

”Me serán santos, porque yo, el SEÑOR, soy santo y los he separado de los pueblos para que sean míos.”

(Levítico 20:26)

Por todo esto, el Eterno será llamado “el Santo de Israel”, es decir, el Ser Trascendente, que, a pesar de Su excelencia, e incontaminación, tiene relaciones íntimas con el Pueblo Elegido, para que este pueda cumplir plenamente su misión en la Historia de la Salvación.

Los hebreos entendieron el llamado divino: es necesario apartarse del pecado e incluso de la rutina diaria para dedicarse a indagar en los secretos del Cielo revelados en la Instrucción (Torah) del Eterno.

Evitar el contacto con todo lo que pueda corromper el alma humana es la clave para trascender el mundo ilusorio de la sensorialidad, y penetrar los lugares celestiales para lograr la manipulación de todas las leyes extrasensoriales. Eso es la esencia misa de la Kedushá (Santidad).

Espero que en esta tarde puedas apartarte para romper el estrés del día a través del uso de tu kedushá.

Siempre a tu servicio: P.A. David Nesher

Bitácora Relacionada:

¿Qué es Kedushá y cómo Practicarla?

¡Ven de Tu Esclavitud a Mi Palacio! (Parashá Bo)

Por P.A. David Nesher

 

Esta semana estamos investigando los códigos de la Luz (Or) escondidos en las tres plagas finales de las conocidas «Eser Macot» (Diez Plagas) que culminaron en la liberación de Israel de la esclavitud egipcia.

Se trata de una porción (parashá) de Torah muy especial, denominada Bo («ven ante») y recibe su nombre del primer versículo que lee:

«VaYomer Adoshem el Mosheh Bo el Paró ki ani hijadti et libo»

Traducido al español se lee:

(«Dios dijo: Ven ante el faraón porque he endurecido su corazón…»)

Encontramos esta parashá en el Libro de Shemot (Éxodo 10:1-13:16).

Como lo expresé al comenzar esta bitácora, la parashá Bo relata las tres últimas plagas de Egipto (Mitzraim):

  • la de las langostas,
  • la de la oscuridad y
  • la de la muerte de los primogénitos.

Como enseñan los comentaristas, estas plagas ya no se enfocan en el Imperio de Egipto, como ocurría con las siete primeras, sino que apuntan exclusivamente a la persona misma del faraón (en hebreo paróh).

La expresión Bo usada aquí tiene múltiples significados. Literalmente quiere decir Ven, pero también dicen los sabios de la Guemará aseguran que su significado más lumínico esta oculto en su guematría. Justamente, existe en esta porción de la Torah una maravillosa curiosidad. Es que el valor guemátrico o numérico de la expresión Bo (בא) equivalea 3:

 ב = 2
+
א = 1
_______
3

 Si nos fijamos en las dos letras que componen Bo (בא) vemos una letra Bet (ב) abierta hacia la izquierda donde está una letra Alef (א). Eso nos señala la dirección del propósito eterno de Dios para Su Pueblo.

La letra Bet (ב) significa “casa” y en este caso se refiere a Mitzraim (Egipto), que Éxodo 20:2 define como “casa de servidumbre”.

La letra Alef (א), que representa a la unidad, se refiere a la Torah, que es Una.

Bo (בא) es la porción que codifica la Intención divina: el pueblo de Israel saldría de Egipto para recibir la Torah. En Egipto eran esclavos, pero cuando hayan recibido la Torah serán un reinado de sacerdotes (Éxodo 19:6).

Lo más fuerte de esta curiosidad guemátrica es que esta parashá hay exactamente 106 versículos. Para que entiendan el sentido espiritual de esta curiosidad le diré que si asociamos este número (106) con el número 3, el valor numérico de Bo (בא), veremos que ambos se refieren a los tres componentes centrales del cuerpo humano, según las Sagradas Escrituras: cerebro, corazón e hígado.

Si sumamos las guematrías de Moaj (מח) “cerebro”, Lev (לב) “corazón” y Keved (כבד) “hígado” (48 + 32 + 26), respectivamente, obtenemos 106.

¿Cómo podemos relacionar estos tres componentes con las tres plagas de Bo (בא)?

Las langostas (ארבה) aluden al cerebro. Se ha comprobado que cuando estos insectos forman una plaga aumenta el tamaño de su cerebro.

La oscuridad (חושך) se refiere al corazón, ya que el corazón del faraón estaba oscurecido y era obstinado (Éxodo 10:1),y

La muerte de los primogénitos (מכת בכורות) al hígado, ya que Keved (כבד) pertenece a la misma raíz que Kavod (כבוד), “gloria”, y los hijos son la gloria de sus padres.

Interesante, me resultó haber leído al filósofo judío Maimónides quien enseñó que si unimos las letras iniciales de estos tres componentes, Mem (מ), Lamed (ל) y Kaf (כ), obtenemos la expresión hebrea Melek (מלך), que significa “Rey”. Este gran sabio también nos explica en su Mishnéh Torah:

“Con tres coronas fue coronado Israel, la corona de la Torah, la corona del sacerdocio y la corona de la realeza.”

Por eso, al recibirla, el pueblo de Israel dejó de ser un pueblo esclavizado en la sensualidad materialista para ser un pueblo coronado con la majestad del Eterno.

Entonces, cuando nos conectamos correctamente con la historia relatada en la porción Bo, el Eterno nos otorga, por medio de estos códigos, el poder mesiánico para presentir al Ángel de la Muerte cuando entra a nuestras vidas aprovechándose de nuestra obstinación que, nublando nuestro entendimiento, nos conduce a la pérdida de la gloria que se obtiene al tener la Presencia divina.

¿Qué ocasiona la muerte accidental o súbita en los seres humanos?

A lo largo de las Sagradas Escrituras encontramos claramente expresado que nadie muere de un ACV cerebral; nadie muere de un ataque al corazón; nadie muere de cirrosis hepática; nadie muere de algo que está escrito de un certificado médico de muerte. Ninguna de esas cosas son la verdadera causa de la muerte. La muerte es siempre causada por la manifestación de la energía negativa de la actividad del adversario (HaSatán), al cual nos hemos hecho vulnerables, por causa de no guardar los mitzvot (mandamientos) del Eterno.

Así, al ser vulnerables a HaSatán (el Oponente) y su cultura reptiliana permitimos la entrada para que el Ángel de la Muerte actúe en nuestras vidas, dentro de nuestras familias, y de nuestro mundo. Una vez que el camino de entrada ha sido abierto, entonces y sólo entonces el Ángel de la Muerte escoge las formas para ejecutar a su víctima. Él puede escoger el corazón, el cerebro, el hígado, como órganos generadores de esa energía mortal; él puede escoger la muerte en un accidente, etc. Pero esto es simplemente la forma en la cual el Ángel de la Muerte causa la muerte en el cuerpo humano. El camino fue abierto mucho antes.

¿Qué herramienta podemos usar para evitar esta actividad del Ángel de la Muerte?

Los entendidos en el hebreo, explican que hasta la quinta plaga el Faraón no estaba afectado por lo que sucedía en Egipto, es así como a partir de allí, las plagas comenzaron a tocar el interés personal del Faraón.  

No podemos olvidar que el Faraón representa nuestra falta de consciencia sobre el otro, nuestra parte egoísta. Esto nos enseña porque existe el juicio, existe porque solo a través de la afectación propia o del dolor propio comprendemos y somos conmovidos por el dolor del otro. Mientras no somos afectados por lo que sucede en lo externo, somos indiferentes a la pobreza, al hambre, a las penurias y tristezas que los otros experimentan.

Ya hemos aprendido que el Eterno revela que ocuparnos solo de nosotros obliga al sistema de las leyes de causa y efecto a ejecutar la sentencia completa del juicio. Es decir, con cada plaga el faraón tenía la oportunidad de rectificar, pero como no lo hacia entonces el juicio se profundiza aún más. Exactamente igual sucede en nuestras vidas. Si aprendemos después de experimentar el primer golpe, entonces la clemencia interviene deteniendo la sentencia, y anulando la acción ejecutora del Ángel de la Muerte sobre nuestra vida y familia. La idea de las leyes del sistema no es castigarnos, sino corregir el desorden  y caos que provocamos en él.

En otras palabras, si estar sordos y ajenos al dolor del otro profundiza el dolor al punto que abrimos una nueva dimensión de juicio en otro de los mundos, la Torah nos enseña aquí que ocuparnos del otro, tapa las arterias por medio el cual el juicio de muerte desciende. Por lo tanto, cualquier dolor que vivamos en nuestras vidas, cualquier caos, carencia o pérdida es producto de un juicio, y este se aminora o anula cuando ayudamos a los otros, que en el fondo se trata de colocarnos en el centro del Árbol de la Vida.

Por todo esto, el nivel que la parashá Bo otorga es el más básico de nuestra conciencia. Leer y meditar esta parashá nos ayudará a concentrar todos nuestros pensamientos en una dirección proactiva y positiva siempre a favor de nuestros semejantes. El altruismo divino podrá manifestarse permitiendo un mundo más humano.

Esto nos obliga a esforzarnos en la tarea maravillosa de primero conocernos a nosotros mismos. Dicho esfuerzo requiere de mucha auto-observación y auto-análisis. Solo así podemos empoderarnos, y ser el «Moisés» frente a nuestro «Faraón interno» el ego, que abre con su dureza de corazón el camino al Ángel de la Muerte.

En este primer día de la semana, te animo a estudiar esta parashá de Bo ya que en ella aprenderás en forma tácita la manera de aminorar un juicio, y evitar la muerte accidental, antes del tiempo de cumplimiento de tu propósito.

Entonces, ya aprendimos que las siete primeras plagas se refieren al mundo de las emociones, en cambio, al estudiar estas tres plagas notaremos que se toca otro mundo o nivel, que es el intelectual en el plano de lo suprarracional.

Recomiendo que escuchen esta enseñanza respecto a los lineamientos primordiales de la parashá Bo para nuestras almas.

Bitácora Relacionada:
Las 10 Plagas y los 10 «Y dijo Dios» del Bereshit

Cuatro Formas para Construir la Identidad de Israel en Egipto

Por P.A. David Nesher

«Éstos son los nombres de los hijos de Israel que entraron (que llegan a) en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia:
Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad y Aser.
Todas las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta.
Y José estaba en Egipto. Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación.
«

(Shemot/Éxodo 1: 1-6)

La historia del libro de Shemot (Éxodo) comienza donde la historia de Bereshit (Génesis) termina: en una gran familia con una posición crucial en el propósito eterno de Dios y su migración a Egipto.

El relato revela que los hijos de Israel, al descender a Mitzraim (Egipto), lejos de asimilarse a la sociedad egipcia dejándose encandilar por su cultura progresista, tanto en lo social, como en lo cultural y económico, prefirieron permanecer fieles a sus principios. Ellos decidieron mantener fidelidad a sus creencias y mantuvieron alta su fe a través de guardar su cultura hebrea a fin de no perder la identidad de Israel.

Los sabios intérpretes de los códigos de la Torah, aseguran que los doce patriarcas fueron redimidos de Mitzraim (Egipto) en mérito a cuatro cosas que los destacan en su fe y confianza. Estos cuatro méritos están aludidos en el primer verso y son los siguientes:

  1. No cambiaron sus nombres.
  2. No cambiaron su lenguaje, (continuaron hablando hebreo).
  3. No hubo en ellos lashón hará (hablar mal del otro).
  4. No hubo en ellos una conducta sexual inapropiada (fieles al brit milá o pacto de circuncisión).

Existe un principio de interpretación escritural según el cual, cuando hay una lista de ítems, el último siempre es el que tiene mayor peso. En este caso, esto significa que haber observado el pacto sexual (brit milá) fue lo más influyente en la conservación de la identidad y hacer posible la redención. Es que las primeras dos palabras Veele shemot (“estos son los nombres”), con las que comienza el libro aluden al origen del cuarto y más importante de los méritos: abstenerse de relaciones sexuales inapropiadas. El valor de וְאֵלֶה שְׁמוֹת (Veele shemot) , es exactamente igual al valor numérico de la expresión hebrea “paz y armonía familiar” (שְׁלוֹם בַּיִת , shalom bait).

Pero a fin de lograr cambiar nuestra manera de pensar para que cambie nuestra forma de vivir (Rom. 12: 2) tal como es la voluntad perfecta de nuestra Abba, necesitamos entender la fuerza de estos cuatro méritos.

Los Nombres

En primer lugar, notamos que el versículo comienza expresándose en presente («que llegan») significando que tanto los patriarcas, como sus hijos, durante los años de permanencia en Egipto (Mitzraim) jamás se sintieron arraigados, sino como si recién estuvieran llegando. Eso significa que ellos siempre fueron conscientes de que ese no era su hogar. Evidentemente cuando alguien es Israel tiene plena consciencia de que el mundo material no es su hogar definitivo.

En segundo lugar, consideraremos la expresión: «Los nombres de los Hijos de Israel”. La mismaalude a que ellos conservaron sus nombres en señal de no permitir que su identidad se intoxicara con costumbres egipcias ajenas a su fe. Los sabios describen esto en hebreo utilizando las palabras «descendieron» y «ascendieron” (najtún y salkún). Las iniciales de estas palabras (“descender” y “ascender”,  נַ חְתּוּן y סַ לְקוּן) forman la palabra hebrea “milagro” ( נס , nes ), insinuando así que los nombres hebreos contienen el poder milagroso del Mundo de Arriba para sacar a la persona de todo exilio.

Los hijos de Israel no cambiaron sus nombres, y este fue uno de los motivos excluyentes para ser salvados de Egipto. He aquí un gran secreto: ser hebreo y merecer la Gueulá (Redención) es poder perpetuar lo recibido y transmitirlo sin fisura alguna a quienes nos suceden. Y, por sobre todo, sostener nuestro Nombre, la “corona del buen nombre“, que nos libera de cualquier exilio y esclavitud.

El Lenguaje

Nuevamente nos enfocaremos en la expresión “que llegan a Egipto”. La misma también sugiere que ellos no cambiaron su lenguaje. Los comentaristas preguntan por qué el verbo “venir” está en presente y no en pasado, porque cuando el libro de Éxodo comienza los hijos de Israel ya estaban en Egipto desde hace muchos años. Esta pregunta gramatical acerca de esta palabra sugiere que por cierto alude al lenguaje. De esto aprendemos que mientras la persona conserve su lengua madre logra continuar con el sentimiento de que acaba de llegar de su patria. De ese modo, no se cae bajo la influencia de la cultura local.

Por eso, retener su lenguaje los ayudó a retener su sentido de espacio sagrado, la Tierra de Israel. Por la misma razón, el pueblo descendiente de Yaakov continuó siendo conocido como hebreos durante su exilio en Egipto, un nombre que sólo tiene significado en la Tierra de Israel (significa literalmente, “quien ha cruzado el río”, refiriéndose específicamente el Iardén o Jordán).

Habla

Cuando el versículo utiliza aquí la expresión “…con Yaakov” está en verdad aludiendo al mérito de abstenerse de hablar lashón hará (habla dañina), del hermano.

Recordemos que Yaakov es el alma arquetípica de la belleza que produce la compasión. La Torah describe a Yaakov (antes de estancia con su tío Labán) como “un hombre sincero que mora en tiendas “haciendo referencia a su prioridad de estudiar los secretos de de la Torah a fin de servir empáticamente a su prójimo.

Por eso a la virtud divinade Belleza (Tiferet) se la describe como el cuerpo en plena acción de servicio. El pueblo hebreo está asociado con el sentido del corporativismo comunitario. Esto significa que mientras que su sentido de identidad sea fuerte conscientes que todos están “con Yaakov”, no se harán daño, así como la mano izquierda no lastimará a la derecha mientras la mente funcione y ambas manos se identifiquen como parte del mismo organismo. Esto se notará en la manera de hablar unos de otros.

La Familia

Finalmente existe en el versículo una expresión clave: “cada uno entró con su familia”. Eso corresponde explícitamente al mérito de la pureza familiar que se logra al abstenerse de una conducta sexual inadecuada.

En las Sagradas Escrituras la mujer es llamada ”la casa del marido” ( בֵּיתו , beitó ). Incluso una pareja que vive en Egipto, que en hebreo significa literalmente “constricción”, simbolizan la naturaleza difícil y restrictiva que los rodea, en la medida en que permanezcan incondicional y eternamente fieles uno al otro, eventualmente emergerán con riqueza y posesiones como salió el pueblo hebreo de Egipto. Esta fue la promesa que el Eterno le hizo a Abraham avinu cuando le reveló la naturaleza del exilio de Egipto.

Por cierto, la guematría (valor numérico) de las tres palabras “cada uno entró con su familia” ( אִישׁ וּבֵיתוֹ בָּאוּ , ish ubeitó bau ) es exactamente tres veces la guematría del nombre “Abraham” (אַבְרָהָם ). Abraham es el alma arquetípica de la bondad y el amor, indicando que el amor entre marido y mujer puede sobreponerse a todas las formas de los «Egiptos» físicos y espirituales. El amor infinito entre ellos es el reflejo de su amor eterno por Yahvéh.

Los Cuatro Méritos y el Tetragramatón (YHVH)

El mensaje profético que dan estos cuatro méritos es elocuente: los hijos primogénitos del Eterno debemos enarbolar las banderas de la identidad, no sólo en la teoría retórica de los discursos, sino fundamentalmente a través de la proclamación perfecta que realiza la acción, es la única forma de luchar contra toda asimilación reptiliana.

También vale aquí comentar, que los cuatro méritos enumerados son acciones que se corresponden con las cuatro letras del Nombre (HaShem) esencial de nuestro Dios: YHVH (Yahvéh), conformado por las letras yud, hei, vav, hei.

Yud ( י ) Sabiduría: No cambiaron sus nombres.
Hei ( ה ) Entendimiento: No cambiaron su lenguaje.
Vav ( ו ) Belleza o Compasión: No hubo en ellos lashón hará .
Hei ( ה ) Nobleza (Reinado): No hubo en ellos una conducta sexual inapropiada.

(Nota: La explicación de este misterio celestial revelado en este versículo merece una bitácora aparte. Espero que se atrevan a ingresar en ella).


¿Quién es Israel?

Por P.A. David Nesher

Según el libro de Bereshit cuando Yaakov (Jacob) recibió la bendición, después de pelear con el Ángel de Yahvéh en Peniel, se le cambió el nombre por el de “Israel” (Génesis 32:22 -32). A partir de ese momento se les llamó a los hijos de Jacob, que formaron las doce tribus, “israelitas”. El nombre Israel se usa con más frecuencia a partir del peregrinaje por el desierto, cuando salieron de Egipto (Mitzraim), como alusión sustitutiva al término peyorativo de “hebreos”, que le fue dado por los Egipcios durante el cautiverio (Éxodo 32:4, Deuteronomio 4:1, 27:9).

Pero, más allá del dato histórico del relato, es interesante remarcar que, cada vez que el Eterno se dirige a su pueblo siempre le llama “Israel” (Deuteronomio 4:1, 27:9), y esto permaneció hasta que apareció la crisis que dividió el reino, después de la muerte de Salomón.

Ahora bien, es necesario hacernos una pregunta: ¿Quién es Israel?

Volviendo a la primera vez que aparece este nombre, aplicándose a Yaakov avinu, notamos que hasta que el patriarca no logró vencer al Ángel de YHVH no se llamó Israel. Recordemos que «Yaakov» significa «que lo sostendrá por el talón», lo que quiere decir, el que tiene un bajo nivel espiritual.. El nombre Yaakov proviene del sustantivo «akav» que significa «talón». Lo que describe al patriarca en su vieja naturaleza, antes del encuentro en Peniel. Él estaba en su fondo, conectado completamente a su situación terrenal llena de aflicciones.

Pero cuando llega la mañana, Yaakov puede derrotar al mal, eliminando y sobreponiéndose a esa duda. Es en ese preciso instante Yaakov le pide al ángel que le bendiga, y éste le bendice diciéndole: “…ya no te llamarás más Yaakov sino que tu nombre será Israel, porque luchaste con Dios y con los hombres y has vencido…”.

El significado de la expresión “luchaste con Dios” significa que Yaakov luchó con el pensamiento de “… tal vez Dios me haya abandonado, tal vez no valió la pena todo este camino espiritual que yo elegido, tal vez no fue la elección correcta…”, pero al final por la mañana, luchó y venció, es decir, aprender a ver los acontecimientos como pruebas que vienen a despertarnos, como oportunidades de superación que se nos presentan.

El Ángel del Señor le dijo:

“Ya no te llamarás Yaakov, sino Israel”

Fue recién cuando se determinó a pasar de lo más bajo (lo terrenal) a lo más alto (la corona de lo Celestial) que desde lo alto se lo llamó Israel.

La metáfora es bien clara: «para pasar del talón a la cabeza hay que ascender con esfuerzo la distancia que los separa«. Es decir, que solamente cuando algún ser humano acepta salir de las dimensiones físicas y se propone entrar en las dimensiones espirituales, puede ser considerado Israel.

Ahora bien, es muy interesante saber que a la palabra Israel (ישראל) cuando se cambian sus letras se la puede leer de dos formas que expanden la consciencia de su significado. Esas expresiones son:

  • Yashar-El (ישר-אל-Directo a Dios)  esto es, la persona que es recta con Dios, encerrando la idea del ser humano que tiene el anhelo de agradar a Yahvéh en justicia. Señala la actitud que se opone a un dios extraño. Significa que su única intención es que todo sea directo al Creador. En otras palabras, su único pensamiento y deseo es llegar directamente a la adhesión con el Creador. Está hablando de búsqueda apasionada por el Eterno y las ganas de fundirse con Él, haciendo caso omiso al «deseo de recibir sólo para sí» (yetzer hará = inclinación al mal). La expresión Yashar-El también da origen a «shir- El«. Y por eso Yaakov se transforma en Israel “Shir- El”, el que sabe cantar y agradecer a Dios en todas las circunstancias.
  • Rosh Li (ראש לי- «Mi cabeza» o «Una cabeza para mí«) Interpretándose como «Ya soy cabeza» o «Tengo una Cabeza» haciendo alusión a un alto nivel espiritual. Esto significa que él cree que tiene una mente de Kedushá (Santidad) que le permite ascender más allá de toda potestad celestial.

Con esto, nos damos cuenta, al investigar el libro de Shemot, que la Sabiduría de lo alto revela que Israel es el Pueblo único y deseado por YHVH, que se deja conducir por Su Ungido (Mashiaj) a la redención del exilio que provoca Mitzrayim (Egipto), a la zona de verdadera libertad que representa la Tierra Prometida.

A fin de explicar mejor todo esto, necesito recordarles que la palabra Egipto en hebreo es Mitzraim, y viene de la raíz metzar que significa “angostura”, «lugar de límites por angustia«. Esta angostura se refiere a la conciencia limitada en la que vivimos, pensando que la materia controla nuestra vida, la victimización y el egocentrismo.

A su vez «israelitas» no representa una nación sino que la palabra «Israel» viene de la raíz Li Rosh que significa «yo soy la cabeza». Ser la cabeza es todo lo contrario de la angostura, ya que representa la expansión de la conciencia, el poder de la mente sobre la materia y la total responsabilidad en la vida.

Para simplificar lo dicho, la misión de sacar a «Israel de Egipto» significaba liberar a la humanidad de la ceguera espiritual que produce el materialismo, y ser un canal de consciencia espiritual.

Entonces, ¿quién es llamado Israel? Aquel ser humano que ha pasado de talón a cabeza, es decir, que ha subido por los planos espirituales directo en búsqueda de su Creador para estar totalmente unido a Él. Aquel que es capaz de meditar los secretos de la Torah (Instrucción) divina para penetrar las dimensiones celestiales,  venciendo la «zona de confort» que le impusieron sus cinco sentidos.

¿Cuál es la misión del Mashiaj?

Hacer retornar a todos los hijos hebreos, descendientes de las diez tribus perdidas, a la tierra de Israel, es decir, elevar y sublimarlos a lo más alto, hasta ser uno con el Eterno.

Este retorno lo hará ofreciendo y revelando Su Yugo (Mateo 11: 28-29) como Camino correcto para llegar al Eterno, y conocerlos como Padre (Juan 14:6).


Bitácoras Relacionadas:

«¿Cuál es tu Nombre?»… EHYEH ASHER EHYEH… (Yahvéh)

Por P.A. David Nesher

«Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo:
El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?
Y respondió Dios a Moisés:
EHYEH ASHER EHYEH (En hebreo es: «SERÉ EL QUE ACONTECERÉ»)
Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: EHYEH (SERE) me envió a ustedes.
Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel:
Yahvéh el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.» 

(Shemot/Éxodo 3: 14-15)

En este evento sobrenatural en el que Moshé se encuentra con el Creador a través de una zarza ardiente que no se consumía, vemos que Dios presenta su identidad de un manera misteriosa. Moshé imaginaba justamente que el pueblo reaccionaría con una pregunta. Al anunciar el encargo, preguntará: “¿Cuál es Su Nombre?”

Esta pregunta es clave, y es una duda directa hacia la identidad de Dios. El cuestionamiento es al mismo tiempo una petición de información sobre Su Nombre, y de explicación de su significado.

Moshé le manifiesta al Creados que ciertamente el pueblo de Israel querrá saber algo más sobre la Intención de Él hacia ellos. Al preguntarle Su Nombre, en verdad, Moshé no está manifestando que no conozca cuál es el mismo, sin que busca comprender el nuevo tipo de relación que el Eterno establecerá con la Comunidad a la que lo está enviando. En el pasado el Eterno se había relacionado como el Dios de los padres. ¿Qué Intención de relación tendrá ahora con Israel?

El Todopoderoso entrega a Moshé una respuesta que se distingue de aquella destinada al pueblo, en respuesta a su eventual petición. El hecho que la respuesta esté dirigida a Moisés, indica que la pregunta no es tomada de manera superficial. Ésta revela algo de Moisés y del pueblo. Dios dijo: “Yo soy aquel que soy” o mejor dicho «Yo soy el que seré«… o más cercanamente traducido en su literalidad: «Yo fui, soy y seré lo que aconteceré«.  Esta expresión divina es ultra paradójica, ya que se trata tanto una respuesta como un rechazo divino a responder. «Seré» como contestación a la pregunta «¿Cuál es tu Nombre?» parece como la bofetada de un maestro a su discípulo, como un severo rechazo a la propia pregunta.

Entonces para captar realmente la esencia del texto en cuestión, debemos entender que esta pregunta, en realidad, está en el marco de la segunda objeción que Moshé presenta a Dios para el cumplimiento de su misión vocacional. Dios quiere hacerle entender a Moisés que se manifestará según su proyecto de propósito eterno, más allá de todo lo que sus escogidos hayan planificado para sus vidas.

Por ello, enseguida Dios dará una respuesta a la pregunta del pueblo dado a Moisés, «Así dirás a los israelitas: Yahvéh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros». (v. 15). También el pueblo experimentará el Proyecto del Altísimo en su futuro más allá que Israel quiera o no. Una vez explicado el significado del nombre, en una propuesta que es paralela a la del versículo 14, se le da el mismo nombre inefable: Yahvéh el Dios con el que los padres se había revelado. Es él quien ha enviado a Moshé. La parte final del versículo 15 está dirigida nuevamente a Moshé: “Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación”. El nombre se revela no para satisfacer la curiosidad de Israel, sino para ser instrumento de una adoración continua, que permitirá que este Pueblo se transforme en un reinado de sacerdotes (Éxodo 19:6).

Por lo explicado, debemos aceptar que el texto llega aquí a un lugar que se encuentra más allá de las palabras, a la vez que trata de crear una apertura en nuestra conciencia que permita una ascensión al mundo de arriba.

Debo aquí decir que cuando se habla de las cuatro letras o tetragrama no estamos hablando de un nombre civil o una identidad distintiva entre muchas. Más bien estamos hablando de una naturaleza divina que solamente posee en sí mismo el Creador de todo lo existente. Es obvio que si no existe otro Elohim entonces no es necesario distinguir entre lo únicamente distinguido que existe, ya que no hay otro que pueda ser competencia o variedad. Su naturaleza divina consiste en la eternidad del supremo reino que sobrepasa aun los límites del tiempo y del espacio.

Nombre en el idioma hebreo se dice Shem y cuya percepción por un hijo de Israel no es limitado a una identidad civil como sucede en occidente sino a una esencia del ser a quien se refiere. Por ejemplo notemos que cuando Moshé le pregunta por Su nombre, Él responde: «ehyéh asher ehyéh»  («Seré El Que Seré«) y eso fue todo lo que El respondió en cuanto a Su nombre. Buscar una fonética al tetragrama es como tomar literal la Torah, lo cual si sucede así nunca se llegará a comprender su sentido y objetivo, y por mucho que se luche por conseguirlo lo único que se logra es que el tiempo pase sin darnos cuenta y de esta manera descuidamos lo más importante que es accionar en base a la voluntad divina.

«Seré el que Seré» puede querer decir «No tengo nombre, porque ningún nombre podría abarcar lo que realmente soy«. También se puede interpretar: «No importa cómo Me llames , porque lleno todos los nombres (todas la palabras, todas las cosas, todos lo tiempos, y todos los lugares), y cualquier nombre que pretenda describirme Me será realmente un título que exalte Mi Esencia«. El Midrash explica que esta expresión significa: “Yo no soy llamado por ningún nombre permanente; Mi Nombre varía de acuerdo con el modo en que Mis acciones son percibidas por el hombre… El nombre Ehiyé asher ehiyé significa que al igual que Yo estoy con ellos en este exilio; así estaré con ellos en sus futuros exilios.”

La palabra “Ehyêh” (אֶהְיֶה), viene de la raíz primaria “hayâh” (הָיָה) que es un pasado en hebreo que se conoce como conjugación “qatâl”, en la que “hayâh” significa, “el que fue, o ha sido” Por tanto, al ser “Ehyêh” un futuro en primera persona se entiende como “Yo seré”.

La respuesta se vuelve más clara cuando, a lo largo de todas las Sagradas Escrituras, el Tetragramatón (Yud, Hei, Vav, Hei), una combinación imposible del verbo «ser» (Havah). Es decir, que el nombre יהוה  no existe como palabra corriente, sino que es construida a partir del presente del verbo ser: הוה  (Havéh)  y el prefijoי (yod) que indica la tercera persona del futuro, indicando el ser que es ahora y continúa siendo en el futuro. Se revela como el Nombre correcto para señalar al verdadero Dios, y estaría dando a entender «El que hace Ser«, «El que da el Ser«, o «El que trae las cosas a la existencia«, y desde este supuesto equivaldría en cierto modo a la idea de «Creador omnipotente y eterno». Este nombre fue considerado por Israel como el representante del Or Ein Sof  (Luz Infinita) manifestándose en la Creación con la Intención de traer todo al

Veamos detenidamente esto. La expresión: «Yo Soy El Que Seré», nos indica eternidad sobre todo lo existente. Está diciendo que Dios es el Ser mismo. Todo el Ser; y de aquí surge la frase para definir Su naturaleza divina («El que fue, el que es, y el que vendrá a Ser») que en hebreo se dice:

Cuando se toman las primeras letras de cada término entonces se forma el conocido Tetragrama o Tetragramatón (YHVH). Esta palabra YHVH (Yud, Hey, Vav, Hey) está relacionada con los dos verbos hayá (ser, estar, existir) y havá (existir, devenir, llegar a ser, ocurrir). De este modo el estas cuatro letras estarían pautando que Él Creador que habla y envía es Todo el Ser.

En la mente de Moshé la consciencia se elevó hacia las certezas que aseguran que Todo contiene a Dios. No hay ningún lugar, ningún momento, ninguna cosa, por cierto ninguna persona que no esté llena hasta rebosar de la Divina Presencia. Por esto, el Nombre Y-H-V-H, no debería ser traducido como Dios o Señor, sino más bien como «Es-Fue-Será» o «Es-Fue-Vendrá«. No es en absoluto un verdadero sustantivo, sino que es un verbo que se detiene artificialmente mientras está en movimiento y que se lo hace actuar como si fuera un sustantivo. Un sustantivo que en realidad es un verbo nunca puede ser sujetado de forma muy firme. Ni bien crees que «lo entiendes», cuando entiendes a Dios como «entidad» más o menos claramente definida, ese sustantivo se te escapa y se convierte en verbo otra vez.

Dios es el Ser. Las cuatro letras del Nombre, tomadas a la inversa, deletrean la palabra HVYH, que se pronuncia HaVaYaH, la cual significa «existencia«. Todo lo que es existe dentro de Dios, tal como lo expresara el apóstol Pablo a los atenienses (Hechos 17: 28). Pero cuando damos vueltas esas letras y las convertimos en el Nombre, se agrega el misterio que se le reveló a Moshé desde la zarza. El cosmos que es infinitamente variado le da paso a un único Ser, a Uno en cuya presencia sentimos que estamos de pies, Uno a quien nos permitimos dirigirnos en la oración. Este Uno a quien nos dirigimos en su integridad es infinitamente más que la suma de sus partes. «Dios es el lugar del mundo, pero el mundo no es el lugar de Dios«, será la frase con la que los sabios intérpretes del Tanak (Antiguo Testamento) asegurarán que el universo existe enteramente, y en todos sus planos existenciales, dentro de Dios, pero Dios a su vez permanece trascendente al universo. Un misterio que nunca el ser humano terminará de entender, YHVH (Yahvéh) es infinitamente mayor que HVYH (Havayah).

Entonces el Nombre YHVH (Yahvéh) se vuelve garantía en la conciencia de Moshé. Este Nombre contiene el pasado, el presente y el futuro. Todo lo que fue, es y será existe en una sola simultaneidad porque el abrazo divino es más grande que cualquier división en tiempo lineal. Solo para los mortales , que nos vemos limitados por el tiempo, es real esa división. Yahvéh significa, “él estaba, está y estará”, “él está presente y en absoluto control”. Esto significa que Yahvéh es un Dios activo, cuyo señorío se manifiesta en su acción liberadora en la historia (Ex 3:7-10). Lo decisivo no es el valor lingüístico del nombre divino, sino la relación que en él se expresa entre Dios y los eventos históricos. Él es Eterno, Perfecto, Infinito, Omnisciente, Omnipresente, Omnipotente, Inefable, Incomprensible, Sabio, Santo, es el Creador de todas las cosas, no está limitado a nada, y es el único digno de ser adorado y de recibir culto por parte del ser humano. Él es el mismo de ayer, de hoy, y por los siglos de los siglos. (Hebreos 13:8).

Moshé deberá enseñar a Israel los códigos de este Nombre, ya que los hebreos podrán confiar en lo que dicho Nombre revela, promete y garantiza: un Dios será eficaz para Israel en todo momento.  Ellos captaron por medio de este Nombre el amor perfecto de YHVH por su Pueblo, pues estas letras proclamaban un mensaje de amor:

«Seré el que Seré» (o «Aconteceré en quien aconteceré«),

es decir:

«Estaré con ellos en esta aflicción y estaré con ellos cada vez que me requieran«.

Por esta causa, la fe de Israel no se basó nunca en la etimología del oscuro nombre de Ex 3:14, sino en el hecho que Yahvéh reveló su nombre en su acción poderosa y salvadora en favor de su Pueblo.  Así ellos caminarán en Nombre de su Dios, si Él camina «con ellos» (Miqueas 4:5).

Yahvéh revela a Moshé, desde la zarza, su Intención de darse a conocer y entrar en relación matrimonial con Israel, pero al mismo tiempo, se revela en un Nombre que no puede ser objetivado y manipulado, cuyo sentido puede ser captado sólo a través del actuar histórico del Eterno. Ninguna interpretación teológica podía abarcar su misterio.

Moshé asume así la certeza de que el Nombre que se acaba de revelar no es una definición filosófica de la esencia divina, sino más bien una descripción de su actuar benevolente en el mundo a favor del ser humano, a través de Su Pueblo Escogido. El nombre indica en la Sagradas Escrituras la identidad del Dios que actúa en la historia. Así Moshé encuentra la fortaleza que le garantiza la convicción del porqué y para qué sacará a los hebreos de la esclavitud en Mitzraim.

Ante todo esto, es maravilloso entender que Dios se manifiesta a Moshé revelando Su Nombre. El hombre esclavo de la religión pretende reducir a Dios a una imagen e introducirlo en sus propios esquemas.

En ese sentido se debe recordar cómo en la antigüedad la imagen de la divinidad era considerada como una realidad mágica, poseyéndola era posible dominar al mismo dios. La lucha contra las imágenes de Dios es una lucha contra cualquier intento por reducir al Eterno a un objeto manipulable del hombre, de hacerse un dios para su propio uso y consumo, un dios a su imagen que se conforma a su semejanza. Por lo tanto, al revelarse como Yahvéh, Israel aprenderá que Él es un Dios que se debe escuchar antes de ver.

Por lo tanto, el Altísimo se revela a sí mismo sin ofrecer una imagen, pero buscando una relación con el hombre. Y en la plenitud de los tiempos se descubrirá que esta imagen asume todos los rasgos de un hombre, Yeshúa HaMashiaj. Yahvéh se hará visible en Yeshúa, en el que podemos descubrir la verdadera imagen de Dios (Colosenses 1: 15).

Ampliando pues este estudio, recordaremos que la palabra YHVH (Yud, Hey, Vav, Hey) está relacionada con los dos verbos hayá y havá, lo cual implica que Él es (eternamente), Él vive (y no puede morir) y Él hace vivir (da existencia a todo ser vivo). Él es el que existe por si mismo, el único ser real, el eternamente presente. Él es la fuente de toda realidad, incomparable, sin límite, autosuficiente, eterno e inmutable. Por eso el profeta proclamó:

“¿Quién lo ha hecho y lo ha realizado, llamando a las generaciones desde el principio? Yo, HaShem (YHWH), soy el primero, y con los postreros estoy.”
(Isaías 41:4)

Esto nos enseña que el Eterno no está dentro del tiempo. Él es el primero y al mismo tiempo está con los postreros. Él está en estos momentos presente en el huerto del Edén cuando Adam toma el fruto prohibido. Él está en estos momentos presente cuando su Hijo está derramando su sangre en el madero. Él está presente en este mismo momento en la segunda venida del Mesías y en el juicio eterno. Él está en el pasado, el presente y el futuro al mismo tiempo. Él es Omnipresente. No necesita recordar el pasado, ya que Él está en el pasado. Él no necesita pronosticar el futuro, pues está en el futuro. Él es el primero y con los postreros está.

Esto implica que Él no necesitaba ver el futuro y el pasado en el momento cuando el Mesías murió por todos los hombres. Él estaba presente en todas las vidas de las personas que habían vivido, las que vivían en ese momento y las que iban a ser creadas en el futuro. Y por razón de que Él es YHVH, él puede trasladar los pecados de todos los hombres del pasado, presente y del futuro, y colocarlos en el cuerpo de su Hijo a fin de que él pueda morir por todos sin excepción. Así que en estos momentos el Eterno está viendo la muerte de Yeshúa, sangrando por ti. Su muerte está eternamente presente ante el trono celestial.

Por causa de esa muerte tú y yo tenemos acceso a su Trono de misericordia. Por causa de que ÉL ES, podemos nosotros estar con Él y recibir su vida eternamente y para siempre.

¡Bendito sea su Nombre!

Estudiar Torah es el Acto más Importante de un Escogido

«Y estas palabras que te ordeno hoy, han de permanecer sobre tu corazón; y las inculcarás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte y al levantarte;»

(Devarim/Deuteronomio 6: 6-7)

 

Convengamos que estudiar Torah (Instrucción) divina es un Mitzvá (Mandamiento) en sí mismo. Un redimido debe aceptar que la única razón por la que ha sido puesto en este mundo es para que aprenda los secretos de la Instrucción (Torah) del Eterno. Pero además, debe reconocer que este acto tiene sus características propias. Entre ellas podemos citar las siguientes:

La obligación es tanto de aprender como de enseñar. Como está escrito:

«…ושננתם לבניך ודיברת בם»

«Y enseñarás a tus hijos y les hablarás de ella.»

 

Es un mitzvá (mandamiento) de carácter permanente. Como está escrito:

«…בשבתך בביתך, בלכתך בדרך, ובשכבך ובקומך»

«Sentado en tu casa, cuando anduvieres por el camino, al acostarte y al levantarte.»

 

El estudio tiene por fin el cumpimiento, la puesta en práctica de aquello que se estudia. Como esta escrito en Dvarim 5:7:

«…ולמדתם אתם ושמרתם לעשתם …»

«Y la estudiarán y cuidarán de cumplirla.«

Hay un pasaje que proclama:

“Ordenaréis a vuestros hijos que los observen, cuidaos de observar todas las palabras de esta Torá… porque ella es tu vida…”

(Deuteronomio 32:46-47)

La implicación aquí es que “esta es tu vida eterna” como explica Rashi, el comentarista clásico de la Torah, respecto al versículo:

“Que un hombre debe realizar y según la cual debe vivir…”

(Levítico 18:5)

Mediante la observancia de la Torah, Yahvéh nos prometió vida eterna. Por esta razón Yeshúa explicó:

«Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesús, el Cristo, a quien has enviado.»

(Juan 17:3)

 

Shemot: La Identidad que Otorga la Redención

Por P.A. David Nesher

“Estos son los nombres de los hijos de Israel que fueron a Egipto con Jacob; cada uno fue con su familia: Rubén, Simeón, Leví y Judá;Isacar, Zabulón y Benjamín; Dan, Neftalí, Gad y Aser. Todas las personas que descendieron de Jacob fueron setenta almas. Pero José estaba ya en Egipto.”

(Shemot/Éxodo 1: 1-5)

El título hebreo para el Libro de Éxodo fue tomado de las primeras palabras: «sefer ve’eleh shemot, «…. estos son los nombres de…» (abreviado generalmente a Shemot, “Nombres”). En el lenguaje original, la primera palabra de Éxodo es ‘y’ (éstos), lo cual marca su énfasis de que los relatos de este rollo son la continuidad de todo lo relatado arquetípicamente en el libro de Génesis (Bereshit). Es decir, que con los doce hijos de Yaakov, concluye para nosotros la historia de las “individualidades”, es decir, la historia de los patriarcas y se inicia la historia de un pueblo “Am Benei Israel”, nacido de una promesa, que deberá marchar hacia su “gueuláh” (redención), y que a través de él mismo surgirá la “gueuláh” para todas las familias del planeta en todas sus generaciones.

La porción registra los sucesos que desembocaron en la decisión faraónica de subyugar y esclavizar a los israelitas debido a su explosión demográfica y a su desproporcionado crecimiento económico en comparación con el nativo egipcio (pasuk 1: 13). Yoséf Ben Matityahu (más conocido como Flavio Josefo), historiador del siglo I, E.C., nacido en cuna sacerdotal, afiliado al partido fariseo, reseña esta época del siguiente modo:

«…Sucedió que los egipcios se volvieron holgazanes hasta la exageración y se entregaron a otros placeres, en particular, al amor al lucro. Se sintieron entonces descontentos de los hebreos y envidiosos de su prosperidad. Cuando vieron que la nación israelita florecíay estos se volvían eminentes y poseían riquezas abundantes que habían adquirido por sus virtudes y su inclinación natural al trabajo, pensaron que su progreso redundaría en perjuicio de los egipcios (…) Habiendo olvidado con el transcurso del tiempo los beneficios que recibieron de Yosef, sobre todo porque la corona había pasado a otra familia, sometieron a crueles abusos a los israelitas, e idearon muchos medios para angustiarlos. Les ordenaron abrir un gran número de canales para el río, construir muros para las ciudades y terraplenes para contener el río (…) También les mandaron levantar pirámides y con todos esos trabajos los agotaron…»,

[Antigüedades de los judíos, pag 83]

El título Éxodo es una abreviatura del título original que lleva este libro en la Septuaginta (Versión de los Setenta ), la traducción griega de la Biblia realizada para la comunidad judía que vivía en Alejandría. En la Septuaginta el título completo es Exodos Aigyptou, que significa “Salida de Egipto”.

Ante esta explicación, podemos decir que no sólo será el éxodo que testimonia la traducción latina al titular al libro el tema principal del mismo. Antes de este evento, el escritor quiere dar a entender que existen nombres (shemot). Estos hablan de personas, seres humanos, que amparados y unidos a Yaakov, descienden a Mitzraim (Egipto). Allí se aventuran a vivir distantes de esa geografía profética prometida por el Eterno, Canaán. Territorio que se irá convirtiendo en anhelo de destino en sus corazones, por lo que aprenderán a vencer la distancia, sujetándose a la espera del cumplimiento de los tiempos del Todopoderoso, según Su diseño de Intención y Propósito. Estos shemot (nombres) son personas conscientes de que sus identidades están sujetas a los tiempos relatados por Yahvéh a Abraham avinu en el Bein Habetarim (Pacto de las Mitades). Ellos son conscientes que sus vidas, y sus testimonios, están conjugando los distintos lineamientos proféticos entregados por el Eterno a Abraham, al concretar dicho pacto mesiánico.

A lo largo de este séfer (libro)leeremos cómo fue el retorno de los hijos de Yaakov a Eretz Kenaán (tierra de Canaán), lo cual nos enseña que tras vivir los hijos de Yaakov en Egipto, gobernados por su propio «yétzer hará» (mala inclinación), lo conveniente era volver al Camino, y hacer teshuvá. Así pues, mientras que el vocablo “Éxodo” literalmente se refiere a la salida de la cautividad, «Shemot» apunta a un tesoro espiritual escondido durante mucho tiempo, riqueza que será útil para liberarnos a nosotros mismos de los agentes opresores y esclavizantes de nuestra vida.

Es por esta razón, que Shemot se convierte en el Libro por excelencia que habla de exilio [hbr. galut] y redención [hbr. gueulá] No existe lugar a dudas que este rollo contiene la sabiduría (jojmá) divina que permite romper con las limitaciones que impone el sistema reptiliano. Por ello, se describe perfectamente a Mitzraim (forma hebrea de referirse a Egipto).

La palabra Mitzraim proviene del término metzarim, que significa «límites», «límites de angustia«, refiriéndose a los condicionamientos y frenos que existen en el alma de cada persona programada por el sistema reptiliano imperante. Por eso, debemos entender que la idea pues del libro apunta a elevar la consciencia de un redimido a que cada día debe llevar a cabo nuevamente un símil de “salir de Mitzraim”. Es decir, cotidianamente debe superar y librarse de esas limitaciones sistémicas y brindar a su alma la libertad espiritual de expresarse de acuerdo a sus verdaderas aspiraciones, conforme a su verdadera identidad.


(Nota: Para saber más de la negatividad que se esconde en el nombre Mitzrayim, los invito a leer este Estudio: Un Nombre con Limitaciones (Mitzrayim)


Ahora bien, continuando con la enseñanza de este estudio, debo decir que en este sefer (libro) podemos aprender los caminos de la Sabiduría (Jojmáh), a través de los cuales es posible “salir de los metzarim” existentes en el plano del alma.

El segundo libro de la Torah comienza citando los nombres de los hijos de Jacob (hbr. Yaakov). Esta repetición de los nombres (ver Gén. XLVI, 8) se atribuye  al hecho de destacar que ellos se conservaban fieles a las enseñanzas de los patriarcas en medio del Egipto idólatra. De estos nombres debería surgir un pueblo que más tarde llevaría el estandarte de nuestra fe.

A partir de estos pasukim (versículos) estamos obligados a preguntarnos por qué Yahvéh menciona a los israelitas una y otra vez, a pesar de que ya los había registrado de acuerdo con sus familias.

Para lograr entender esto, me es importante señalar que en la Torah, generalmente, no existe una repetición de algo que ya haya sido compartido o revelado previamente. Además, la Torah casi siempre sigue un orden cronológico. Sin embargo, lo relatado en esta porción es diferente. La historia de Yaakov y sus doce hijos, y los otros sesenta y nueve miembros de su familia, fue relatada previamente antes del final del libro Bereshit. Así que ¿por qué hay una repetición al comienzo de Shemot y por qué no hay un orden cronológico? ¿Qué códigos de Luz están aquí disponibles para que nosotros podamos tomar de esta porción tan particular?

El intérprete del hebreo Rashé explicará esto diciendo que el hecho de citarlos varias veces viene a dar testimonio de lo preciado que es el pueblo de Israel ante Sus ojos. Los israelitas son comparados con las estrellas del cielo que son contadas cada día, como está escrito:

“…Es Él que saca con cuenta a Sus ejércitos, a todos con un nombre llama…”

(Ieshaiahu/Isaías 40:26 – Tanak Katz-).

Pero leyendo la Midrash encontré que allí se nos dice que el secreto detrás de estos 12 nombres de los hijos de Yaakov es de hecho el secreto de la Redención Final; cada uno de los doce nombres representa un aspecto de la Redención Final.

La mención aquí de los doce nombres de las tribus no es simplemente el relato de la historia; es de hecho un despertar único de la Luz. Y el despertar de la Luz representa no sólo la eliminación global del dolor, el sufrimiento y la muerte, sino también el despertar de la Luz para alejar el dolor de cada individuo.

Una cuidadosa lectura de esta porción nos ofrece perspectivas interesantes sobre la importancia de la tradición israelita con respecto a los nombres propios y de cómo éstos son otorgados. Es que en la cosmovisión hebrea, el nombre con el que una persona es llamado constituye su alma y fuerza vital. Esto significa que cuando el alma habita el cuerpo, obtiene vitalidad a través de su nombre hebreo, o sea a través de la correcta unión de las letras de su apelativo. El pueblo de Israel fue meticuloso respecto de cuidar sus nombres, porque habían sido llamados, por Yaakov, de acuerdo con sus propias esencias sagradas. En contraste con ello, el poderoso rey de Egipto, solo será nombrado aquí por su título Paroh/Faraón, que es la denominación genérica de los monarcas egipcios. La Tora no le da importancia al nombre del gobernante.

Con esa explicación en mente, convenimos en que nuestros padres venidos a Egipto (Mitzraim) llevaban un tesoro singular. No sólo eran cuerpos humanos que anhelaban saciar el hambre que los aquejaba. Ellos eran seres humanos conscientes de portar una vocación mesiánica, que le había permitido adquirir los códigos de una cultura que traería la Luz Infinita a las naciones, para realizar el tikún (arreglo de reparación) definitivo: la Gueuláh (Redención) del mundo. Por esto, ellos se saben así presencias, pertenencias, receptáculos generacionales de toda una tradición que vive, fue transmitida y habrá que volver a transmitir a las generaciones venideras.

Es así, como estos nombres, que conocemos, en detalle desde los últimos capítulos del libro de Bereshit, acuden una vez más, al principio de nuestro libro, para «sumarse a los primeros» y ser los sostenedores, transmisores y ejecutores de una fidelidad (hebreo: neemanut) que afirma una fe (emunáh) y se erige sobre los días de un patriarca como Yaakov, sobre quien fue dicho: «Titén Emet le-Yaakov«(«Concédele la Verdad a Yaakov«). Es que, sólo preservando la Verdad (una y única) puede entretejerse la fina y delicada trama de la Gueuláh (Redención), aquella del Egipto bíblico, la de nuestro tiempo, la del Egipto de la estrechez y las angustias. Por esto es que la Gueuláh resiste el adjetivo de «shelemáh«, es decir, íntegra, completa, sin resquebrajamiento alguno. Los hijos de Israel no cambiaron sus nombres, y este fue uno de los motivos excluyentes para ser salvados de Egipto. He aquí un gran secreto: ser hebreo y merecer la Gueuláh (Redención) es poder perpetuar lo recibido y transmitirlo sin fisura alguna a quienes nos suceden. Y, por sobre todo, sostener nuestro Nombre, la «corona del buen nombre«, que nos libera de cualquier exilio y esclavitud.

¿Por qué la Torah, en este pasaje (Shemot 1:1-5). además de dar el número total de setenta almas, enumera las doce tribus por sus nombres? Y además, ¿por qué setenta?

Los sabios intérpretes aseguran que es para destacar el contraste entre la única nación profética y las setenta naciones de los gentiles (goyim) en el mundo. Además, los principados que presiden sobre las setenta naciones salen de doce ejes y se extienden a todos los puntos de la circunferencia. Este es el significado de las palabras:

“Él puso las fronteras de los pueblos de acuerdo al número de los hijos de Israel”

(Devarím/ Deuteronomio 32:8)

y

“Porque Yo os he extendido por fuera como los cuatro vientos del cielo”

(Zajariyahu/Zacarías 2:6)

Con estas sentencias proféticas, Yahvéh, nuestro Dios, reveló que así como el mundo no puede ser sin los cuatro puntos cardinales, así las naciones no pueden ser sin Israel. Por esto es que los hijos de Israel son nombrados. Ellos testificaron con su manera de vivir, que eran conscientes de su misión en el propósito eterno de Dios. Por eso, no cambiaron sus nombres, en señal de que no permitieron que la cultura astrológica e idolátrica de los egipcios los asimilara.

Para poder entender esta actitud de los patriarcas, diré que las Sagradas Escrituras enseñan que el nombre de la persona es su canal con la Luz del Creador; durante toda la vida de una persona, su nombre es el canal a través del cual la Luz del Creador viene a su vida. Por ello, cuando los padres hebreos dan nombre a su hijo, sin saberlo están inspirados por una chispa de profecía, la elección de un nombre es en realidad la definición de la vocación de sus hijos y su el destino en el mundo.

Teniendo en cuenta todo lo expresado, he hallado oportuno terminar este estudio con lo que el diácono Moisés Franco compartió en el Grupo de Whatsapp donde enseño toralogía. Él, meditando en esta porción, se iluminó en los códigos del listado de shemot (nombres) que aparece en este texto, con la certeza de que allí se encuentra revelada la misión de Israel como diseño espiritual hasta el fin de los tiempos en el Mesías. La explicación de esto parte desde la significación de los nombres, y el paradigma celestial que ellos conforman cuando se los une.

  • Rubén: vean ustedes un hijo
  • Simeón: escuchar con atención
  • Leví: sujetado, unir, permanecer
  • Judá: alabanza
  • Isacar: él traerá una recompensa
  • Zabulón: habitar
  • Benjamín: hijo de la derecha
  • Dan: Justicia
  • Neftalí: mi lucha
  • Gad: Invadir, acometer
  • Aser: feliz

Juntando pues todas estas significaciones, el Cielo deja este mensaje a Israel:

«Vean ustedes un hijo que me escucha con atención y permanece unido a mí, por lo cual me puede alabar y esto le traerá su recompensa.
Habitará como mi hijo de la derecha trayendo justicia. Haciendo mi lucha acometerá contra sus enemigos y será feliz (o traerá felicidad)»


Bitácora Relacionada:

Jacob: ¿Bendijo a su Hijos?…

Por P.A. David Nesher

 

 

 

«Llamó Jacob a sus hijos y dijo:
—Acercaos y os declararé lo que ha de aconteceros en los días venideros.
Acercaos y oíd, hijos de Jacob; escuchad a vuestro padre Israel.»

 

(Bereshit/Génesis 49:1-2)

 

 

En la mentalidad hebrea existe una tendencia espiritual que consiste en terminar todo lo que se hace por medio de bendiciones. Entre esas bendiciones, la que daba un patriarca a las generaciones siguientes era de suma importancia. Por ello, Yaakov antes de morir, reúne a sus doce hijos y los bendice.

Ahora bien, aunque en las versiones bíblicas de los distintos idiomas se suele hablar de bendiciones sobre los hijos de Yaakov poco antes de morir, en verdad sólo Yosef es bendito por nuestro padre, Yehudá es alabado, mientras que Reubén, Shimeón y Leví son reprochados.

Además, como se desprende del contenido, podemos ver que estas predicciones no afectan a los hijos Yaakov personalmente, sino a las tribus de  las que son epónimos; así de alude a lugares de residencia tal como tendrá lugar después de las distribución de Canaán. Entendiendo que la lengua tiene una connotación mucho más profunda y compleja que lo que la semántica externa puede mostrar, necesitamos comprender que la expresión bendiciones trasciende la idea que, en nuestro caso, el idioma español concede. Por ende, conviene que nos sumerjamos en la codificación hebrea de la expresión bendiciones.

Así pues, Brajá se traduce comúnmente como bendición (plural barajot = bendiciones). Pero en verdad, brajá es la reflexión mental, emocional y verbal que antecede la relación del ser humano con el mundo de la kedushá (santidad). Por ello, cuando un ser humano desea recibir bendiciones, se arrodilla ante el medio que lo bendecirá.

Conviene saber que la raíz etimológica de la palabra brajá es bérej, que significa rodilla. La idea entonces es que cuando uno bendice hace “arrodillar” los recursos celestiales  (bendiciones) como quien hace arrodillar un camello, bajándolo de su altura inaccesible hacia una más cerca de nuestra realidad, y por ende más manipulable.

Pero también el término proviene de leabrij, expresión que señalaba a la actividad agrícola con la que se buscaba conseguir un nuevo árbol a partir de una rama o esqueje. Este método es el llamado «acodado aéreo«, y consiste en lograr las condiciones necesarias para que un tallo desarrolle raíces sin necesidad de separarlo de la planta madre. Una vez que ha enraizado, se lo corta para que pueda seguir viviendo de manera independiente, alimentándose con sus raíces propias.

Entonces, desde estas ideas, comprendemos que recibir una brajá significa recibir un estímulo del ámbito original del que se procede, y así recibir la fortaleza irrevocable para un nuevo comienzo a grandes cosas. La brajá servía para el bien de un potencial existente dentro de gente y cosas. Se logra así, activar por medio de la palabra, lo que existe escondido en la esencia, y permitirle manifestarse de potencia a acto. Esto permite crear una nueva situación para un mejor destino.

La bendición que pronunciamos tiene como objetivo manifestar o bajar a nuestra consciencia la dimensión más profunda de lo que tenemos entre manos. Por medio de las bendiciones, expresamos nuestros deseos, ideas y sentimientos por medio de una de tres niveles más o menos tangibles: el pensamiento, el habla y la acción.

Cuando bendecimos a alguien, lo que pretendemos lograr es tangibilizar nuestro deseo por su bienestar. El hablar de algo lo hace más tangible. Lo trae más cerca de la acción.

La brajá es el discernimiento dentro del ámbito de la kedushá (traducida como santidad). Previo al acto de acercarme a la kedushá (energía que estamos preparados para recibir y emplear positivamente) discierno y tomo conciencia del objetivo de mi deseo a través del pensamiento y la palabra del modo en que éste se expande hacia todos los ámbitos de la realidad.

Así, cuando la vida está basada en la kedushá y la brajá surge la conciencia superior, siendo que ahora el ser humano logra relacionarse con el prójimo discerniéndolo con todos los ámbitos de la realidad, previendo las consecuencias de sus actos y ya no en forma mecánica e instintiva. Entonces, nuestro discernimiento de la realidad, fundamentada en la Luz, sucede a partir de palabras; las palabras nos permiten visualizar y transmitir a otros algo que no está presente materialmente aún, pero que con certeza sucederá.

Por todo esto, la brajá (bendición) así entendida es más bien un conjunto de pronunciamientos que tejen proféticamente eventos del pasado con situaciones del presente y generan la visión del futuro como historia desde la perspectiva del Eterno y sus promesas de propósito mesiánico.

Por ello, las palabras de nuestro padre Yaakov fueron una mezcla de oráculos activadores del potencial escondido en sus hijos: Doce Tribus formadoras de una Nación. Ante sus ojos, estaba la visión profética del despliegue histórico de las doce tribus que sus hijos encabezarían como progenitores; y lo que vio lo expresó a grandes rasgos usando las berajot como recurso profético ideal de activación.  Así el nombre de cada patriarca antepasado, más bien parece desplegar el carácter y la historia de la tribu. Entonces, dichas «bendiciones» (berajot) son rasgos de las tribus en sus características amplias, que permitirían la consciencia de como Israel enfrentaría distintos acontecimientos de su historia. Estos rasgos de carácter de cada tribu, permiten hasta el día de hoy, por ejemplo, vencer las asignaciones astrológicas con las que el sistema reptiliano manipula el pensamiento colectivo de las masas.

Está bien claro, que quien propiamente bendecía era el propio Yahvéh (vv.15 y subsiguientes). Las palabras que se usan en un brajá son ante todo una mera invocación intercesora ante el Eterno. Pero por otra parte también desempeña un papel decisivo la persona que bendice, ya que se sabe apoderada por el Espíritu de Dios para comunicar o denegar la bendición divina. Yaakov y sus hijos eran conscientes que en la bendición de Yahvéh a Abraham existían unos poderse para que el ser humano la transmitiese de generación en generación.

Por último, vemos que la manera como habían vivido ser reflejó en la bendición-oráculo dicha por Yaakov. Esto nos da a entender que nuestro pasado afecta el presente y el futuro. Mañana, al amanecer, nuestras acciones de hoy serán parte del nuestro pasado. Sin embargo, ya empezaron a forjar el futuro. Por lo tanto: ¿qué acciones puedes hoy llevar a cabo, o evitar, para forjar positivamente tu futuro, y asignar propósito divino a tus generaciones? ¿Cómo estás produciendo berajot para tu descendencia?

 

Yaakov vio al Mesías…, Cruzó sus Manos Adrede…, y la Historia Se Transformó….

Por P.A. David Nesher

 Vayishlach Yisra’el et-yemino vayashet al-rosh Efrayim vehu hatsa’ir ve’et-smolo al-rosh Menasheh sikel et-yadav ki Menasheh habechor.

“Pero Israel extendió su derecha y la puso sobre la cabeza de Efrayim, que era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Menashé, cruzando adrede sus manos, aunque Menashé era el primogénito.”

 (Bereshit/Génesis 48:14) 

Yaakov deliberadamente cruzó sus manos y colocó su mano derecha sobre Efrayim y la izquierda en la cabeza de Menashéh. Yosef, creyendo que su padre se había confundido intentó corregirle la posición de sus manos.

¡Que maravilloso signo profético se esconde en este relato! El Eterno reveló de tal modo los detalles del Mundo Venidero a Yaakov, que no le quedó otra a nuestro padre que encontrar inteligentemente un gesto corporal con el cual pudiera establecer un portal profético que sus generaciones comprendieran a la hora del perfecto cumplimiento del propósito eterno de Dios en Yeshúa, el Mesías.

Por ello debo primeramente decir que aquí nuevamente nos encontramos con un error de traducción, pues en hebreo se utiliza las palabras sikel et-yadav (שכל את ידיו) cuya traducción correcta sería: «GUIANDO CON INTELIGENCIA SUS MANOS LAS CRUZÓ«, y no por las palabras como aparece en las versiones al castellano, incluso en la Septuaginta. Esto quiere decir que Yaakov guió sus manos con inteligencia (Binah) y sabiduría (Jokmah), las dos esferas virtuosas de la mente de Yahvéh. Esto significa que él actuó deliberadamente, sujeto al propósito de la Intención divina.

Yaakov avinu ya sabía que Menashéh era el primogénito, pero aun así no quiso colocar su mano derecha sobre él, pues debía revelar el objetivo principal de la misión redentora del Mesías.

¿Qué significado tiene esto?

Sin duda, la acción de Yaakov es absolutamente profética.

En las Sagradas Escrituras la mano derecha siempre dala idea de la posición privilegiada, porque en términos generales, la mano derecha es la mano de la fuerza y habilidad. La “mano derecha” es un símbolo de «fuerza y poderío» (Salmo 21:8). Está asociada siempre con la fuerza de Yahvéh (Éxodo 15:6) en ayuda, protección y defensa de Israel (Salmo 16: 11; 20:6).

“…Dice el Eterno respecto a mi Señor: permanece a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies…”,

(Tehilim/Salmos 110:1).

Evidentemente, la mano derecha representa al Mesías, que está a la diestra del Padre en las alturas (Marcos 14:62) . La «mano derecha» es Mashiaj, siervo del Padre. La “mano” (o poder) del Mashiaj estará sobre la cabeza Efrayim aunque haya sido esparcido entre las naciones. Esa mano le está haciendo volver a casa ahora.

Las Escrituras aseguran que Yaakov cruzó las manos adrede, sabiendo que el menor iba a ser puesto sobre el mayor, pero por sobre todo proclamando el cumplimiento del Código Sagrado o Proto-Evangelio (Gén. 3:15) a favor de las tribus que Efrayim encabezaría.

Es muy importante saber que los brazos cruzados forman la letra X que, en el alfabeto hebreo arcaico, es la letra tav. La letra tav es la última letra del alefato hebreo y significa “señal”, “sello”, “pacto”. Tav representa la culminación de todas las cosas creadas llegando a su plenitud. Es la culminación de una enseñanza, una iniciación, un paso nuevo hacia perfección. Tav es el resumen de todo en el Todo, la ciencia integral de lo absoluto, el misterio revelándose directamente al alma. Es también la cruz que simboliza el camino completo y la meta final de un propósito.

Tav es el símbolo de la verdad llegando a la perfección o culminación de un proyecto de grandes dimensiones. Viene bien aportar la curiosidad de que las tres últimas letras del alfabeto hebreo forman la palabra “rishet” que significa: entrecruzarse, mostrando la creación completa, formada y estructurada. Con todo esto entendemos la expresión del texto: «GUIANDO CON INTELIGENCIA SUS MANOS LAS CRUZÓ«.

Con toda esta significación en su mente Yeshúa aseveró que él es la «alef y la tav« [mal traducido al español como «alfa y omega» (cf. Revelación 22:13)], lo cual implica que el Mesías es el inicio y el final de la Sagrada Escritura dada del Cielo. El Mesías es la tav, lo cual también significa que él va terminando la obra del Eterno. El mismo es la señal y ha sellado el pacto entre el Eterno e Israel con su propia sangre. Así que lo que hubo entre Israel y los hijos de Yosef fue una de las señales del Mesías que ha terminado la obra del Eterno, la X, la tav. El Mesías Yeshúa es la razón por la que los hijos de Yaakov (diez tribus perdidas) nacidos en el mundo gentil pueden volver a casa y ser bendecidos por Israel.

La letra X (tav) es también el símbolo del madero donde tuvo que morir el Hijo de Yosef para reconciliar al mundo con el Padre. De esta manera vemos que entre el Padre y los hijos de Ben Yosef está la muerte del Mesías. Yaakov al hacer este gesto profético estaba proclamando que ese es el lugar de bendición para el mundo, el holocausto de Yeshúa, en el Gólgota. Ese es el lugar de reconciliación entre los hijos de Israel y el Eterno. Ese es el único lugar de reconciliación entre el ser humano y el Creador:

“ …y para reconciliar con Dios a los dos en un cuerpo por medio del madero, habiendo dado muerte en ella a la enemistad. Y VINO Y ANUNCIO PAZ A VOSOTROS QUE ESTABAIS LEJOS, Y PAZ A LOS QUE ESTABAN CERCA; porque por medio de El los unos y los otros tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espíritu.”

(Efesios 2:16-18)

En la epístola a los Colosenses, el apóstol Pablo escribió:

“… y por medio de él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su madero, por medio de él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos. Y aunque vosotros antes estabais alejados y erais de ánimo hostil, ocupados en malas obras, sin embargo, ahora él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte, a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de él.”

(Colosenses 1:20-22)

Teniendo en cuenta estos códigos mesiánicos de la Luz Infinita (Yeshúa), el escritor de la epístola a los Hebreos nos dice que la bendición de Yosef a través de sus hijos fue un acto de fe de parte de Yaakov. Y de todas las cosas que el Espíritu Santo pudo haber escogido para ser un ejemplo de fe en la vida de Yaakov, estuvo la bendición de Yosef a través de sus dos hijos. Por fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón (Hebreos 11:21 y Génesis 47:31). Yaakov moriría como un hombre de fe, porque vislumbró al Mesías acabando con la simiente de la serpiente en la Tierra.

En los tiempos del fin, el Eterno resucitará la simiente de Yosef (diez tribus exiliadas (Zacarías 8:22-23). Y con Su «mano derecha», a decir, mediante Mashiaj, los unirá a Yehudá, Binyamin y Leví en Eretz Israel. Yeshúa Melej HaMashiaj hará está función. Otra de las intenciones de bendecir a Efráyim con su “mano fuerte” (mano dereha), porque Yehoshúa Bin Nun, lugarteniente de Moshé rabenu, desciende de Efrayim y también porque Yehoshúa será el conquistador de Eretz Israel.

La Técnica de Jesús para Reformar Pecadores

«Para este tiempo estaban acercándose a él todos los cobradores de impuestos y los que vivían alejados de la Torah, para escucharle.
Y tanto los perushim (fariseos) como los soferim (saduceos) que estaban allí, murmuraban diciendo:

«Este a los que viven sin Torah recibe y con ellos come»

(Lucas 15:1-2 – Código Real)

 

Si un rabino fiel a los textos bíblicos pretendía observar la Torah, como Jesús, aplicaba, una técnica por lo cual reformaba a los pecadores otorgándoles la posibilidad de que ellos pudieran oír a un rabino. Si todos eran pecadores, en mayor o en menor medida, Jesús como buen rabino podía sentarse con todos. Posteriormente pedía el arrepentimiento. lo que no queda claro es que si el pecador ya estaba haciendo teshuvá en el mismo momento que estaba comiendo con su rabi.

Es probable que no todos los pecadores actuaran de igual manera. Algunos pretendían aprender la Torah de manos un importante rabino, como era Jesús, para después eventualmente arrepentirse; otros, cuando ya llegaron a sentarse en la mesa con el rabí, llegaban convencidos o necesitados de un cambio interior; finalmente, otros jamas alcanzarían a arrepentirse de sus pecados.

Jesús no puede juzgar al prójimo, lo que puede hacer es recomendarle el mejor camino a seguir. En conformidad con el salmo cap. 5 vers. 15. Jesús quiere corregir a los pecadores, pero desde la misericordia de Dios. Aplica el concepto hebreo de la misericordia. Ahora bien, entre los estudiosos no queda clara la posición real de Jesús frente a los pecadores. Algunos dicen que la critica de los grupos fariseos de línea dura a Jesus se produce por que el acepta la comida en común con los pecadores(que hipotéticamente aun no se habían arrepentido de sus acto). Si aplicamos el salmo 51 ya citado, podríamos llegar a la conclusión de que un rabino tenia la libertad de enseñar a los malos el camino antes de que estos se arrepintieran de su maldad.

 

Tomado de: «El judaísmo de Jesús» _ de Mario Saban

¿Con Quién Debo Casarme?

Cuando un varón se casa con una mujer, es común que esta trate instintivamente de tomar el control; y de asumir la posición de autoridad en la relación de pareja.

Desafortunadamente, esto va en contra del diseño divino original para las relaciones entre varón y mujer en alianza. En dicha ingeniería celestial, la mujer esta llamada a “complementar” a su marido.

Por el otro lado, en este sistema actual de cosas, suele también darse el caso de que el varón que se casa se exceda en su posición; y, en vez de “disciplinar” a su esposa, termine abusando injustamente de ella.

La clave para evitar este conflicto de intereses, es que tanto el varón como la mujer renuncien a su propio ego (a adelantar sus agendas personales), y se comprometan con adelantar solamente la agenda divina. Esto se logra cuando cada uno se compromete con poner la voluntad de Yahvéh, por encima de su propia voluntad. Pero, ¿como evitamos que cada uno de ellos entienda de modo distinto cual es esa voluntad divina para con su vida? Pues asegurándonos de que, tanto el varón como la mujer, sigan la misma cultura de fe. De este modo, ambos cónyuges perseguirán la misma meta, tal y como la interpreta la cultura a la cual ambos pertenecen.

¿Por que es importante que ambos sigan la misma voluntad divina? Pues porque, de otro modo, se encontrarán siempre en desacuerdo, tratando de “mantenerse juntos”, a la misma vez que “caminan hacia direcciones distintas”, a causa de estar transitando caminos diferentes.

Por eso dice las Sagradas Escrituras:

«¿Andarán dos juntos (hacia la misma meta), si no estuvieren de acuerdo (en la dirección en la que esa meta se encuentra)?».

(Amós 3:3)

 

Por eso, es indispensable que cada creyente hebreo se asegure de que su futura pareja comparte la misma fe, a fin de promover la unidad y la armonía matrimonial.

En conclusión, a menos que medien razones de fuerza mayor, no es aconsejable que ningún varón creyente en la Torah (Instrucción) de Yahvéh, según el Yugo de Yeshúa, se case con una mujer incrédula. Esaú cometió este error, al casarse con dos mujeres cananeas. ¿Cual dice la Torah que fue el resultado de esta grave equivocación?:

 

«Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo; Y FUERON AMARGURA DE ESPÍRITU PARA ISAAC Y PARA REBECA.»

(Génesis 26:34-35)

 

En base a esta triste mancha en la historia patriarcal, para ese pueblo de Israel el hecho de casarse con alguien que no profesa la misma cultura es una pesadilla para los padres y un escándalo enorme dentro de la comunidad misma. La explicación es muy simple: cuando alguien (varón o mujer) es guiado por el corazón, se olvida de la razón. ¿Cómo es posible construir un hogar unificado cuando la pareja tiene visiones tan diferentes? Y, en este caso, no son aquellas “diferencias complementarias”, son diferencias que guían hacia caminos opuestos. ¿Cómo caminar juntos si los caminos no son los mismos? Si la pareja pretende tener hijos, ellos crecerán en una casa dividida. Tendrán dos opciones de fe y, al mismo tiempo, no tendrán ninguna. Es tener que pedirles a ellos que elijan: “¿Quieres seguir al Dios de papá o al de mamá?”

 

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¿Qué quiere Dios que yo haga antes de casarme?

El Poderoso Valor del Dominio Propio… ¿Para qué Sirve?

Por P.A. David Nesher

 

Sin embargo, José se apartó de ellos y se echó a llorar. Luego regresó a donde estaban y ordenó que tomaran preso a Simeón, y que lo encadenaran.

(Bereshit/Génesis 42: 24)

Al leer este relato de elevación de conciencia, notamos que en él se destaca que Yosef tenía que dominar sus emociones y suprimir sus propios deseos para poder estar delante de sus hermanos y hablarles duramente. Esto no le era fácil, pero a la misma vez no le era imposible. Él había estado estudiando durante trece años en la escuela del sufrimiento. Yosef había desarrollado una de las características más importantes de un tzadik (justo): el dominio propio.

Según las Sagradas Escrituras, el dominio propio es una de las características del carácter del Mesías, y aquellos que en Él creen deben procurar a diario ejercer esta característica de la Unción.

Sabemos que el primer ser humano fue creado a la imagen divina diseñada en Mashiaj, y por eso, el dominio propio es un matiz primordial en el fruto del espíritu humano que anhela una ascensión de conciencia cotidiana (Gálatas 5:23).

Las Sagradas Escrituras revelan que después de la caída en pecado, el ser humano se destaca en su vida cotidiana en la falta de dominio propio. Por eso, cuando el Eterno trata con una persona para restaurarla y volver a hacerla conforme a la imagen del Mesías, también trabaja con esta área de su carácter. Así lo hizo con Yosef en aquellos 13 años, antes de ser visir de Egipto.

Por todo esto mi querido (querida) lector (lectora) si quieres alcanzar el carácter mesiánico que ofrece el Mesías, debes tener el rasgo que implica el dominio propio. Ten presente siempre que conquistarte y gobernarte a ti mismo es más valioso que conquistar una ciudad, y/o gobernar una nación. Cuando lo logres serás una persona satisfecha, más equilibrada y sana. Si no te dominas a ti mismo cualquier cosa te dominará.

¿Qué es el Dominio Propio?

De acuerdo a las Sagradas Escrituras es la capacidad que permite controlarnos a nosotros mismos, sujetando nuestras emociones a la Sabiduría divina. Esto es dado por el Creador al ser humano a través de la Unción del Espíritu Santo que le permite así negarse al pecado y todo aquello que desagrada a Dios.

El dominio propio está dispuesto a suprimir las pasiones temporales para obtener un placer mayor a largo plazo.

El dominio propio sabe decir no cuando el pecado le es presentado envuelto en un paquete muy hermoso.

El dominio propio no hace lo que no se puede hacer sin permiso y autorización o sin tener cierta edad o sin haber cumplido los requisitos para ello.

El dominio propio sabe esperar y ser fiel hasta llegar a metas largas y difíciles.

El dominio propio no da rienda suelta a las emociones en el momento de presión.

El dominio propio no elimina las emociones fuertes, pero sí las domina y sólo las deja salir cuando es el momento apropiado y de propósito para ello.

El dominio propio sabe callar cuando tiene ganas de hablar.

El dominio propio no revela secretos de otros.

El dominio propio no compra un producto cuando no lo necesita.

El dominio propio gusta de la compra con crédito.

El dominio propio usa el dinero para las cosas importantes y no lo malgasta en placeres.

El dominio propio no gasta lo que no tiene.

El dominio propio no compra nueva ropa cuando aún puede usar la que tiene en buen estado.

El dominio propio no come comidas deliciosas que no nutren, ni contribuyen a la salud.

El dominio propio no come comidas prohibidas por la Torah.

El dominio propio sabe decir no a un plato de lentejas cuando tiene mucha hambre porque su precio es demasiado alto.

El dominio propio siempre mira al Invisible para saber qué debe hacer en cada momento en lugar de actuar precipitadamente.

El hijo primogénito de Dios que tiene dominio propio puede gozar fácilmente de tener lo que quieren justo en sus manos.

El dominio propio no nace de la noche a la mañana. El mismo dependerá del amor, el temor y la vida de consagración que tengas con el Eterno.

El dominio propio va más allá de nuestra voluntad es un fruto que surge de la vida de Yeshúa en nosotros.

Así pues, una persona con dominio propio o templanza reaccionará siempre de manera equilibrada a sus propias decisiones y deleites ya que goza de un considerable control sobre sus emociones y es capaz de dominar sus impulsos. Esta actitud de carácter refleja la educación y completo dominio de la voluntad humana, y permite poner límites a los deseos generalmente vinculados al hedonismo individualista.

A esta altura de esta meditación, me veo obligado a dejar bien en claor que la templanza o dominio propio sólo surge cuando el carácter de Mesías está siendo formado en el interior de una persona. Es decir, cuando la energía de la kedusháh (santidad) divina empieza a ser una prioridad en la mente y el corazón de esa alma ungida. Es decir, cuando dicha alma se está entrenando en la producción del fruto del Espíritu para Santificar el Nombre de Dios.

Ante esto, te animo hoy a que comiences a vivir la Instrucción divina tal como está escrita, y goza así de los beneficios que esta contiene. Deja que el Eterno cambie tu carácter como creyente, enseñándote a ejercer el control de las emociones, tener firmeza en la toma de decisiones, lograr calidad total de todas tus actitudes, y empoderar tu manera de hablar en la capacidad de hacer milagros con todo lo que declares.

Justamente las promesas que el Eterno te ha dado en forma de sueños y anhelos, no se cumplirán solas y de manera automática. Abba nuestro en su Palabra nos dejó lo que tenemos que hacer:

“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia;«
(2 Pedro 1:3-6)

¡Ruego que el Eterno nos ayude a profundizar nuestra relación personal con Él para que se produzca el fruto de Su Espíritu en nosotros, para Su gloria!

El Pozo de la Envidia

Por P.A. David Nesher

 

 

«Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? Venid, y vendámoslo a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él. Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.»

(Bereshit/Génesis 37: 23-28)

 

 

¿Puede la envidia causarte el deseo de matar a alguien? Antes de que digas: “¡Claro que NO!”, te solicito que medites en esta historia. Diez hombres adultos, se dispusieron en complot para matar a su hermano por causa de una túnica rayada de colores especiales y un par de sueños. Su envidia se había convertido en un profundo enojo con pensamientos llenos de cosas terribles.

La túnica de colores era la señal del favor del padre. La entrega de Yaakov de esta prenda a Yosef, en reconocimiento al nivel de obediencia que este le entregaba en honra, había despertado la envidia de los hijos mayores. No hay duda alguna que los hermanos deben haber tenido un placer perverso al arrancársela a Yosef y debía haber sido particularmente doloroso para Yosef que se la arrancaran. De igual modo, a cada creyente en Yeshúa se le ha entregado la cobertura del Espíritu Santo que es garantía especial del favor del Padre (2 Corintios 1:22; 5:5; Efesios 1:13-14; 4:30). Ciertamente, muchos son los enemigos espirituales que quieren arrancar del creyente la seguridad del favor del Padre. Pero uno de los más peligrosos es, sin duda alguna, la envidia.

Es asombroso ver como el maltrato de los hermanos de Yosef no disminuyó el apetito de ellos. La Torah dice que se sentaron a comer pan (37:25), mientras que Yosef les rogaba por su vida desde el pozo (42:21). Pero ellos no escucharon. Un físico podría calcular el tiempo exacto para que el grito de Yosef llegara a los oídos de sus hermanos. Pero, metafísicamente, tuvieron que pasar veintidós años para que aquel grito pasara desde sus tímpanos hasta sus corazones.

El carácter despiadado de estos hermanos es evidente. Podían sentarse y disfrutar de la comida, mientras que sus corazones estaban decididos a asesinar a su hermano. Fue justamente a esta dureza y crueldad a la que el profeta Amós se refiere, cuando dijo: “Ustedes beben vino en tazones y se perfuman con las esencias más finas sin afligirse por la ruina de José.” (Amos 6:6 – NVI). Los hermanos (que habían matado a todos los hombres de Siquem) era probable que no se molestaran con los gritos de alguien al que ellos envidiaban y por ende, ahora odiaban.

En ese momento, alzando sus ojos vieron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad, donde Labán y Yaakov tuvieron sus enfrentamientos algunos años antes. Ellos eran descendientes de Ismael (25:13-16); llevando en sus camellos especias, bálsamo y mirra para hacerlos bajar a Egipto para comerciar (37:25). Es irónico que estos tres elementos fueran los mismos regalos que los hermanos de Yosef le llevaron cuando él ya estaba reinando junto al Faraón, en Egipto (43:11).

El relato es tan impactante como paralizante. No sabemos si debemos pensar bien de los hermanos de Yosef, ya que decidieron perdonarle la vida o pensar mal de ellos, ya que imaginaron que podían deshacerse de él y hacer un poco de dinero al mismo tiempo. La envidia los llevó a mirar tan en menos a Yosef que consideraban que su hermano sólo tenía un valor de veinte piezas de plata, menos que un esclavo.

Vemos que aquí es cuando Judá asume un papel de liderazgo en relación con el destino de Yosef. Será él quien dirá: “¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y ocultemos su sangre?… Después de todo, él es nuestro hermano, así que sólo vendámoslo como un esclavo en lugar de matarlo.” (37:26). Lo paradójico e irónico de todo, es que este será el hijo de Yaakov, que se convertirá en el ancestro del Mesías.

Desde este punto Judá adquiere un papel cada vez más destacado en la familia. Él dijo: vendámoslo a los ismaelitas, y no sea nuestra mano contra él. Sus hermanos aceptaron su sugerencia. Ellos podrían evitar el pecado de asesinato y obtener un beneficio al mismo tiempo. Los hermanos de Yosef, que hipócritamente no quisieron contaminarse con su sangre, lo vendieron a los ismaelitas, así mismo, siglos después, los judíos, que hipócritamente no querían contaminarse con la sangre del Mesías, llevaron a Yeshúa a Pilato (Juan 18:28).

Entonces, cuando pasaron los mercaderes madianitas, sacaron a Yosef de la cisterna, lo subieron y lo vendieron por veinte piezas de plata. Y llevaron a Yosef a Egipto (37:28). A causa de este incidente, más tarde, Moisés, inspirado por el Eterno, fijaría el valor de rescate de un jovencito entre cinco y veinte piezas de plata (Levítico 27:5); y el precio promedio de un esclavo en treinta siclos (Éxodo 21:32).

Lo maravilloso de esta historia es que los hermanos de Yosef no se dieron cuenta, pero cuando lo vendieron se aseguraron el cumplimiento de los dos sueños que él les había relatado. Es que la Providencia divina utiliza todas las circunstancia para beneficio del cumplimiento de su propósito eterno (Romanos 8:28).

Cabe aquí también decir que, tanto para la ley del Eterno, como para los códigos jurídicos de la época, lo que sus hermanos le hicieron a Yosef era considerado un crimen y una ofensa capital.

Tipológicamente hablando, Yeshúa y Yosef fueron traicionados a cambio de plata. Yosef fue vendido por el precio de un esclavo por su hermano Judá y Yeshúa fue vendido por el precio de un esclavo por su discípulo (talmid) Judas (forma griega de decir Judá). Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que habían condenado a Yeshúa, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos. —He pecado —les dijo—porque he entregado sangre inocente (Mateo 27:3-4a).

Volviendo al relato, notamos que a los hermanos de Yosef les preocupaba cargar con la culpa de su muerte. Por eso, Judá ofreció una alternativa que no era correcta, pero que los libraba de cometer homicidio. Nosotros también, muchas veces, guiados por el sentimentalismo, optamos por soluciones que son “menos malas” pero están igualmente infectadas de errores. Muchas de estas “soluciones” son el producto de la impulsividad que provoca la envidia que se ha desarrollado en nuestro corazón.

Tomás de Aquino dijo que “la envidia consiste en una tristeza ante el bien del prójimo, considerado como mal propio, o en cuanto se piensa que disminuye la propia excelencia, felicidad, bienestar o prestigio”. Por eso, la Torah enseña que la caridad o justicia social (hebreo tzedaká) permite que nos alegremos del bien de los demás, haciendo que la envidia se debilite y muera.

Lamentablemente la envidia es el pecado capital más difícil de reconocer por el ser humano, ya que constantemente este busca justificar su manifestación. Sin embargo, debemos aceptar que la envidia fuera de control puede crecer rápidamente y conducir a acciones pecaminosas muy serias. Mientras más tiempo el ser humano cultive la envidia, más difícil será desarraigarla de su vida. El mejor momento para comenzar a tratar con la envidia es cuando te des cuenta de que estás llevando un registro mental de lo que poseen y alcanzan los demás.

Apreciado discípulo, te invito a que en este momento eleves tu corazón al Eterno y permitas que Él lo examine en cuanto a este pecado capital (Salmo 139:23-24)

¿Qué significa «He sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel»?… (José busca a sus Hermanos)

Por P.A. David Nesher

 

 

“Después fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem. Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem: ven, y te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí. E Israel le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem. Y lo halló un hombre, andando él errante por el campo, y le preguntó aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas? José respondió: Busco a mis hermanos; te ruego que me muestres dónde están apacentando. Aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir: Vamos a Dotán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y los halló en Dotán.”

(Bereshit/Génesis 37: 12-17) –

 

Yosef (José) fue enviado por su padre a supervisar a sus diez hermanos, los hijos de Israel. A simple vista, no parece nada extraño esta misión, con la excepción de que los hermanos de Yosef están en Siquem, el lugar donde esta familia fue influenciada y perjudicada por la cultura corrupta de los cananitas. Siquem será siempre un lugar que simboliza pecado, ya que fue la zona de desastres para la descendencia de Israel. Allí pecaron los hermanos, Dina fue violada, y se dividió el Reino (1Reyes 12:1).

Yosef estaba dispuesto a obedecer a su padre, aunque implicara el rechazo y el sufrimiento causado por sus hermanos. En este sentido la historia se hace un tipo de nuestro arquetipo Yeshúa, ya que esto es lo mismo que le pasó en su venida a la Tierra:

“Entonces el dueño de la viña dijo: «¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá a él lo respetarán.» Pero cuando los labradores lo vieron, razonaron entre sí, diciendo: «Este es el heredero; matémoslo para que la heredad sea nuestra.» Y arrojándolo fuera de la viña, lo mataron.”

(Lucas 20:13-15)

Yosef fue enviado por su padre terrenal, al igual que Yahvéh, el Padre Celestial, envió a Su Hijo Yeshúa:

“En esto está el amor: No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.”

(1Juan 4:10).

Y vino a Su misión de amor: libre, voluntaria y alegremente. Al igual que Yosef, nuestro amado Mesías dijo:

» He aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. En la cabecilla del rollo está escrito acerca de mí.»

(Hebreos 10:7)

Debido a que Israel estaba preocupado por el bienestar de sus hijos, le dijo a Yosef:

“Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo se encuentra el rebaño, y tráeme un informe. Así lo envió desde el valle de Hebrón, cerca de treinta y dos kilómetros al sur de Jerusalén.” (37:14)

Yosef fue enviado desde Hebrón, y Yeshúa, nuestro hermano mayor, fue enviado desde el Cielo de los Cielos. Hebrón significa comunión o amistad plena, lo que apunta a la relación que el Hijo tenía con el Padre en el cielo antes de su encarnación y venir a este lugar de pecado, sudor y dolor. Él vino a los que le odiaba sin causa y querían matarlo. Del mismo modo, Yosef vivió en comunión pacífica con su padre; estaba en casa, conocido, amado y comprendido. Pero fue a un lugar lejano, a los que le odiaban sin causa y querían matarlo.

La palabra hebrea que ha sido traducida como “cómo están” es shalom que significa paz, bienestar, prosperidad, salud. Esto está revelando que el Mesías fue enviado por el Eterno para buscar el shalom de Israel, es decir, su paz, su bienestar, su prosperidad y su salud. El Mesías es el mensajero de shalom para Israel, los que están cerca:

“Y vino, y anunció paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca.”

(Efesios 2:17)

Con toda esta decodificación, interesante es saber que Shejem (Siquem) significa “hombro”. El hombro habla de soportar una carga e implica servicio o sujeción, y aquí alude proféticamente a la viga puesta sobre los hombros de Yeshúa.

Teniendo en cuenta esto, debe llamarnos la atención leer que, al salir de la comunión con su padre terrenal, Yosef llegó a Siquem. Esto presagió el camino que el Mesías hizo al salir de la comunión con su Padre celestial y venir a la tierra, a un lugar de pecado y de sufrimiento. Él se convirtió en un siervo, es decir una persona de servicio y en constante sujeción a su padre Israel quien lo comisionó en dicha tarea. Así mismo fue la actitud que hubo en el Mesías, «quien existiendo en forma de Dios, no quiso por usurpación ser igual con Dios, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo.» (Filipenses 2:6-7).

En la búsqueda de sus hermanos israelitas, en la misión de shalom, Yosef tuvo que ir a Shejem, tipificando a Yeshúa que tuvo que ir a morir en el madero.

Yosef fue obediente: » y llegó a Siquem sin demora alguna» (v. 14). Le habría tomado por lo menos dos días hacer el viaje de unos ciento veinte nueve kilómetros al norte. Esta rapidez y minuciosidad caracterizan su vida. Yosef combina todos los mejores atributos de su familia: la capacidad de Abraham, la tranquilidad de Itzjak (Isaac), la capacidad de Yaakov y el atractivo físico de su madre (véase 29:17 y 39:6). Y por esta razón sus hermanos lo odiaban. Sin embargo, más allá de estas virtudes personales, Yosef era obediente a su padre, y fue en la búsqueda de sus hermanos todos modos. El amor de su padre era más bien la motivación que él tenía, por la cual podía enfrentar el odio de sus hermanos.

“Yosef fue tras sus hermanos y los encontró” (v. 17). Después de haber estado en Shejem, que representa la muerte y resurrección, el Mesías se fue en búsqueda de los hijos de Israel hasta encontrarlos.

Al llegar en este día a esta investigación debemos atrevernos a desaprender para aprender lo correcto. Por lo tanto, los invito a deshacerse de todo dogma religioso y recepcionar la Luz que surge del texto sagrado.

Necesitamos aceptar que Yeshúa vino a la Tierra para buscar y salvar a lo que se había perdido, es decir, las ovejas perdidas de la casa de Israel (diez tribus del Reino del Norte), tal como Él mismo lo revela:

“No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”

(Mateo 15:24)

Nosotros hoy somos el resultado de esa búsqueda. Seguramente la gran mayoría de nosotros tenemos vibrando en nuestra genética los códigos de nuestro padre Israel repartido en esa diez tribus que se perdieron, pero que el Mesías está buscando.

La expresión: «y los encontró”, implanta la certeza de que todos los hijos de Israel (10 tribus perdidas) serán encontrados por el Mesías en los últimos días.

¡Oremos para que el Señor venga pronto con Su Reino!