Estudios Bíblicos

De Jarán a Galut (Los Códigos Mesiánicos del Exilio Israelita)

Por P.A. David Nesher

“Y salió Yaakov de Beer-Sheva, y fue para Jarán.”

(Génesis/Bereshit 28:10)

 

 

La parashá «Vayetzé» se enfocará en el tema de los lazos familiares. El presente capítulo es continuación de la anterior lectura, «Toldot», que nos habló entre diversos temas, sobre la pugna entre los hermanos Yaakov y Esav que tuvieron por causa de los derechos de la primogenitura. En esta porción las disputas continuarán, pero ahora serán dos hermosas mujeres, dos hermanas, que pelearán por ganarse el amor del mismo varón.

El patriarca Yaakov es el primero que emigra de su tierra y emprende el camino al galut (exilio). En la porción «Lej Lejá», leímos sobre el patriarca Abraham Avinu que salía rumbo a la Tierra Prometida, porque allí estaba su futuro eterno. Ahora es su descendiente Yaakov quien deberá alejarse de su lugar de nacimiento, pero lo hace recorriendo cientos de kilómetros en un camino inverso, de sur a norte, al encuentro de su familia materna en la lejana Jarán. Yaakov deja su hogar, como le indicaron sus padres. En Jarán encontrará esposa y tendrá sus propios hijos con los que funda su propia familia que habrá de convertirse en una gran nación.

Uno sólo puede imaginar la extraña avalancha de sentimientos, en Yaakov, en este momento. El miedo, la soledad, el aislamiento, la emoción y la expectativa. Este fue un momento absolutamente estratégico en la vida del patriarca.

Jarán, un sitio en el que la Presencia Divina estaba oculta. Yaakov abandona el mundo puro y santificado hogar de sus padres para dirigirse a una región cuya sociedad estaba plagada de indecencia y corrupción. ¿Cuál es la razón de trasladarse a un lugar así? Porque en un lugar como Jarán es muy fácil cometer pecado, sumamente difícil cumplir las mitzvot y mantenerse virtuoso. Yaakov marcha con “corazón liviano” y convicción, pues tenía fe en el Altísimo. Por ello, se mantendría firme y pasaría exitosamente cada una de las pruebas experimentadas ahí.

Las almas de los hebreos, a través del tiempo, han seguido exactamente el mismo patrón, por ello vemos a Yaakov saliendo de la tierra santa, que es Eretz Israel, para luego encaminarse hacia tierras extrañas, territorios dominados por los paganos. Esto también nos habla del exilio del pueblo de Israel que experimentaría a lo largo de su historia viviendo y conviviendo entre goyim (paganos), empero sin quedarse de manera permanente en aquellas extrañas tierras, más regresando a casa, junto a todas las tribus, tras un “largo viaje”.

Por todo esto, esta salida de Yaakov avinu simbolizó (y anunciaba) las tres diásporas que sus hijos experimentarían en el futuro. Una diáspora sufriría el reino del norte, la Casa de Israel y dos diásporas sufriría el reino del sur, la Casa de Yehudá.

El primer destierro y el más grande es el de las diez tribus, que empezó en el año 722 a.E.C. con la invasión de Asiria. Ese destierro todavía no ha terminado. Sin embargo los profetas hablan de la vuelta en los últimos tiempos de “la casa de Israel”, “la casa de Yosef” y “Efrayim” que son los desterrados de las diez tribus, (Por favor, investiga más de esto estudiando: Ezequiel 37:15-28; Isaías 11:12; Jeremías 3:18; 16:14-16; 23:5-8; 30:3; 31:27-36; 33:7; 50:4-5; Oseas 1:11; 11:8-11; Zacarías 8:13, 23; 10:8-12).

La casa de Yehudá (Judá), el pueblo judío, ha experimentado dos destierros. El de Babilonia duró 70 años, y abarcó entre los años entre los años 586-516, si se cuenta desde la destrucción del primer templo hasta la restauración del culto.

El segundo destierro empezó en el año 70 E.C. (Era Común) si se cuenta desde la destrucción del segundo templo y, como todavía no se ha reiniciado el servicio en el tercer templo este destierro no ha terminado completamente.

Si se hace un cálculo desde la destrucción de Yerushalayim (Jerusalén) en el año 135 de nuestra era común, hasta su reconquista por el pueblo judío en el año 1967 hubo 1832 años de destierro. (Es bueno tener en cuenta que ha habido judíos viviendo en la tierra de Israel durante toda la historia desde la conquista en los tiempos de Yehoshúa (Josué).

Nuestro padre Yaakov estaría fuera de su tierra durante 20 años, los cuales corresponden simbólicamente a 2000 años. ¿Implicaría esto que el tercer templo será reconstruido en el año 2070? ¿O hay que contar los 2000 años desde la profecía del Mesías:

“Cuando se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: ¡Si tú también hubieras sabido en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Porque sobre ti vendrán días, cuando tus enemigos echarán terraplén delante de ti, te sitiarán y te acosarán por todas partes. Y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo de tu visitación.” (Lucas 19:41-44)

Esa profecía fue pronunciada, según algunos cálculos, el 10 de Nisán, que corresponde al 22 de abril del año 30 de la era común. ¿Será que la re-dedicación del culto en el tercer templo será en el año 2030? El Eterno, nuestro Abba, nos dará la respuesta en el tiempo oportuno.

Mientras tanto nuestro espíritu gime: ¡Maranhata! ¡Vene Señor Yeshúa!

¿Dos Naciones?… ¿Qué Naciones?… (Edom (Roma), Yaakov (Israel)

Por P.A. David Nesher

«Cuando le llegó el momento de dar a luz, resultó que en su seno había mellizos.
El primero en nacer era pelirrojo y tenía todo el cuerpo cubierto de vello.
A este lo llamaron Esaú.
Luego nació su hermano, agarrado con una mano del talón de Esaú. A este le llamaron Jacob.»

(Bereshit/Génesis 25: 24-26)

Al ir al libro de Hoshea (Oseas), el profeta, nos encontramos que en su oráculo él recuerda este nacimiento al decir:

“…Tomó por el talón a su hermano en el vientre…”

(Hoshea cap 12:4. Por favor, leer hasta el vers. 13).

En otras bitácoras he enseñado que Jacob (hebr Yaakov) la palabra hebrea para «talón» es akev. Por otro lado, la palabra hebrea para «mano» es yad y es representada por la letra hebrea yod y que está simbolizada en el paleo-hebreo por una «mano.» Es decir que el nombre Yaakov no significa ni «suplantador», ni «engañador», sino simplemente «mano en el talón.» De hecho su nombre en el hebreo Yaakov se deriva de la raiz hebrea que significa «proteger» por lo que su nombre también significa «que Dios proteja por medio de su mano» o «Dios ha protegido con su mano«

Los sabios intérpretes del hebreo bíblico explican por qué Yaakov cogió el talón (ekev) de su hermano. Ahora bien, el talón “akev” (‘עקב ‘), representa el fin de algo o su conclusión, así como “Rosh” (“cabeza”) significa el principio de algo.

Sin embargo, el talón, hay que señalar, es la característica anatómica que permite a un ser humano a ponerse de pie con la espalda recta. Al final, Yaakov (pueblo de Israel), resultará vencedor absoluto. Yaakov estaba frenando el avance de su hermano aferrándose de su pie; este es un signo profético de que Esav (o sus sanguinarios descendientes), no logrará completar su malvada misión en el mundo porque Yaakov lo tendrá sujetado del talón restándole dominio.

Al ser frenado por Yaakov, Esav es arrastrado hacia abajo hacia los niveles inferiores donde no podrá hacer más daño. Yaakov, es Israel. En el idioma hebreo, Israel (יִשְׂרָ אֵ֑ל ) se lee intercambiando el orden de las letras como “RoshLi”, que significa “tengo cabeza”. Israel sería cabeza y no cola (Deut. 28:13).

Esav puede compararse con la serpiente del Paraíso que el Eterno había maldecido en los siguientes términos:

“… El té apuntará a la cabeza y tú le herirás el talón (veatá teshupenú akev)…” (Gén. 3:15)

La expresión alude a la serpiente; al igual que ella, Esav actúa con malicia y doblez, y sus caminos son tortuosos, [llamado por los sabios «Proyecto Jai«]. Es Yaakov el “hijo primogénito” de Dios (Ex. 4:22), el bendito de Yahvéh; un alma elevada, que había sido predestinada para alejar del mundo las maldiciones que la “serpiente”, bajo engaños, introdujo a la humanidad.

A nivel geográfico, la mejor ilustración de la sentencia bíblica es la situación de la tierra de Israel que, desde los confines del Mediterráneo, pareciera estar extendiendo su mano en dirección al tacón de la “bota italiana” (Península itálica), feudo de Esaú (Gen 27: 39, Rashí) [Consultar un mapa].

En la parashah de esta semana (Toldot) hemos visto que la Torah registra a Esav con el apodo de Edom:

“…Y estos son los descendientes de Esav, él es Edom”

(Gén 36:1)

Es muy importante destacar que la identidad de Esav como Edom es repetida hasta cuatro veces en este mismo capítulo, (36:1, 8, 9, 19, 43).

El color rojo (Edom), significa que Esav y su descendencia serían derramadores de sangre. No es frecuente que el TaNaK (mal llamado Antiguo Testamento) describa los rasgos específicos de las personas, y menos aún, los de un niño que acaba de nacer; es por ello que estos detalles acerca de este niño nacido… “rojizo, todo él cual manto de vello…”; han servido de base para una amplia exégesis descriptiva de Esav. En los nombres de este niño nacido, los exégetas encuentran rasgos de su carácter, áspero y rudo.

Mucho más tarde en la historia, durante la ocupación romana de la tierra de Israel, los sabios del Talmud descubrirán en esta sección de la Torah (Toldot) a los sanguinarios romanos asociados con los códigos del nombre de Esav/Edom. Así encontraremos numerosas alusiones despectivas para Esav/Edom en el Midrash, que por supuesto, no pueden hacer alusión a la persona de Esav, individuo, sino a la salvaje Roma imperial.

La Torah registra que Esav es sinónimo de Edom:

“…Y estos son los descendientes de Esav, él es Edom”

(Gén 36:1)

Yaakov dará origen al pueblo de Israel, en tanto que Esav/Edom da origen a Roma (la Roma imperial y la “Roma religiosa”), como enseguida les explicaré.

Fue un israelita, el rey Shelomó, quien construyó el Gran Templo de Elokim, y fue un romano (Tito) el que lo destruyó en el año 70 d. E. C. Según explican los sabios de la Torah, la destrucción del Segundo Templo coincidirá con el nacimiento, la sistematización dogmática y la ascensión del cristianismo, que vendrá a ser la piedra angular de la moralidad y pensamiento filosófico occidental. Los ejércitos de Roma asesinaron millones de judíos entre los años 67 y 135 d. E. C, durante las guerras entre Roma y el Reino judío.

De acuerdo a la tradición judía, nos encontramos actualmente en el denominado “exilio de Edom”, el último de los cuatro exilios, el cual viene inmediatamente antes de la llegada del Mesías.
En el tiempo de Asuero, rey de Persia, Hamán, su primer ministro, descendiente de Esav, hizo decretar el exterminio de todos los judíos de su imperio. Ellos profirieron la misma grande amenaza dicha por Esav contra su hermano Yaakov.

Esav/Edom tiene, en los tiempos modernos, “hijos espirituales” que también han teñido de sangre inocente el mundo. Son las naciones cristianas que han causado el asesinato de millones de judíos a lo largo de la historia. Sólo hay que recordar, por ejemplo, aquello que se llamó la “Santa Inquisición”. El resto de las denominaciones cristianas existentes están igualmente asociadas con Roma, en su sentido teológico, ya que mantienen vínculos con su idolatría porque han surgido de ahí, por lo que comparten conceptos, vocabulario, ideario y no se interesan en las Leyes de la Torah.

REGISTROS HISTÓRICOS

Los sabios judíos nos enseñan que cuando la Roma imperial adoptó el cristianismo, Edom pasó a ser la denominación del mundo cristiano.

El historiador judío Flavio Josefo cuenta que Tsefo, nieto de Esav (Génesis 36: 11), fue el fundador de Roma, ciudad que más adelante se convertiría en la sede de la cristiandad (Véase Najmánides XLIX, 31). Desde entonces, la tradición judía considera a los cristianos en general, como descendientes de Esav y a los judíos como descendientes de Yaakov.

El antagonismo entre Yaakov y Esav simboliza, hoy, la lucha entre Roma (cristianismo) y Jerusalén (judaísmo). La rivalidad secular entre Roma y Jerusalén se manifestó pues desde antes del nacimiento de los niños gemelos.

Los profetas de la antigüedad sentencian la ruina total de Edom. Esto marca el fin de la idolatría, de la lengua falaz de las religiones ajenas a Israel y de los perseguidores del pueblo santo, su verdugo será el Mashiaj:

“… ¿Quién es éste que viene desde Edom teñido [de sangre] las ropas desde Bosra.
Este viene con espléndido vestido moviendo con su mucha fuerza?
Yo soy, quien habla con rectitud aumentando la salvación.
¿Por qué causa está roja tu vestimenta y tus vestidos como el que pisa el lagar?
Un lagar he hollado Yo solo, y de los pueblos no hay nadie conmigo.
Los pisaré con Mi furia y los hollaré con Mi ira, entonces salpicará su sangre sobre mis vestimentas, y todos mis vestidos ensuciaré…”

(Yeshayahu/Isaías 63:1-4)

La pelea entre estas dos naciones continuará hasta los días del Mashiaj. En los últimos tiempos Israel quitará el dominio de Edom/Roma/Cristianismo, que tiene en toda la Tierra. Sobre esta lectura, comenta la Tanaj Katz:

«…La metáfora del espléndido vestido se refiere a la grandeza del Creador que de pronto se mancha con sangre, queriendo decir que, no obstante la cualidad de la misericordia, Hashem castiga a los malvados. Edom fue un pueblo sanguinario con Benei Israel, y no se refiere únicamente a los descendientes de Esav, sino a todo aquel gentil que repite su proceder…», Pág 154.

EL PROFETA EDOMITA, OBADYAH (Abdías)

Ovadiah era un converso a la fe de Avraham; era un edomita (descendiente de Esaú). El libro del profeta Obadyah, que es el libro más corto del Tanak, dicta durísimos juicios contra Edom, contra las naciones que surgieron de él y contra sus “hijos ideológicos –religiosos”.

Obadyah, era un descendiente de Esaú y a la vez, un oficial de los ejércitos del rey israelita Ajab.

No obstante que todo el libro de Obadyah condena a Esaú, seleccionaremos aquí solo algunos pasukim (versículos):

“…Todos los hombres de tu pacto te incitaron y luego prevalecieron contra ti, los que comen tu alimento pusieron para dolencia debajo de ti. No tienes entendimiento (…)

¿Acaso no será aquel día que haré perecer los sabios [enseñadores] de Edom (…)

Para que sea cortado todo el monte de Esav… por el despojo tu hermano Yaakov te cubrirás de vergüenza y serás y serás cortado para siempre (…)

Pero en el monte de Tziyón habrá salvación y será sagrado; y tomará posesión la Casa de Yaakov de sus heredades. Será la Casa de Yaakov como un fuego y la Casa de Yosef como una llama, y la Casa de Esav como paja, que la encenderán y la consumirán. No quedará sobreviviente de la Casa de Esav, porque la boca del Eterno ha hablado…”,

Obadyah 1:7-10; 17-18. [Tanaj Katz].

Para la época mesiánica dice nuevamente Obadyah:

“…Y subirán al monte de Tziyón para juzgar al monte de Esav, y será reconocido el reinado del Eterno…”, (vers 21).

Numerosos pasajes proféticos de juicio contra Esaú/Edom contemplados para un futuro no muy lejano se hallan en Yeshayah 34, Irmiyah/Jeremías 49:7-22, Yejezkel/Ezequiel 25:12-14; 35:1-15, 36:5; Yoel 3:19; Amós 1:11; y Lam 4:21-22, entre otros pasukim.

El profeta Yejezkel/Ezequiel profetiza también contra Esaú:

“…Tus ciudades en ruinas dejaré y tú desolado estarás. Entonces sabrás que Yo Soy el Eterno, por cuanto has tenido un odio continuo sin motivo y arrojaste a los hijos de Israel a manos de la espada, en el momento de su tragedia, en el momento que la iniquidad se completó…”,

Yejezkel/Ezequiel 35:4-5 [Tanaj Katz]

Entonces, y conectándonos con lo expresado al inicio de este estudio, como la cabeza simboliza el principio de algo, el talón significa su final. El hecho de que Yaakov estaba agarrando el talón de Esav significa que finalmente él tomará el dominio en el mundo. Cuando el dominio del imperio romano sea destruido con la venida del Mesías, el Imperio Hebreo dominará el mundo entero:

“Estuviste mirando hasta que una piedra fue cortada sin ayuda de manos, y golpeó la estatua en sus pies de hierro y de barro, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados, todos a la vez, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro; quedaron como el tamo de las eras en verano, y el viento se los llevó sin que quedara rastro alguno de ellos. Y lapiedra que había golpeado la estatua se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra.”

(Daniel 2:34-35)

Las piernas y los pies de la estatua simbolizan el Imperio Romano. Ese imperio será golpeado en los pies, el mismo lugar que Yaakov agarró de su hermano, y así se establecerá el Imperio judeomesiánico en toda la tierra:

“En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido, y este reino no será entregado a otro pueblo; desmenuzará y pondrá fin a todos aquellos reinos, y él permanecerá para siempre, tal como viste que una piedra fue cortada del monte sin ayuda de manos y que desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha hecho saber al rey lo que sucederá en el futuro. Así, pues, el sueño es verdadero y la interpretación fiel.”

(Daniel 2:44-45)

Más adelante en el mismo libro de Daniel se presenta la influencia romana como una bestia terrible. El final de su influencia será cuando venga el hijo del Hombre con las nubes del cielo, como está escrito en :

“Seguí mirando en las visiones nocturnas, y he aquí, con las nubes del cielo venía uno como un Hijo de Hombre, que se dirigió al Anciano de Días y fue presentado ante Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido…

«Pero los santos del Altísimo recibirán el reino y poseerán el reino para siempre, por los siglos de los siglos.»…

«Pero el tribunal se sentará para juzgar, y su dominio le será quitado, aniquilado y destruido para siempre.

«Y la soberanía, el dominio y la grandeza de todos los reinos debajo de todo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo. Su reino será un reino eterno, y todos los dominios le servirán y le obedecerán.»

(Daniel 7:13-14, 18, 26-27)

En el rollo del profeta Abdías versículo 21 leemos lo siguiente:

Y subirán libertadores al monte Tzión para juzgar al monte de Esav, y el reino será del Eterno.” 

Así que el nombre de Yaakov también puede ser entendido como “el que vencerá al final” y “el que suplantará al final”. No existe ninguna profecía que hable de la restauración de Edom después de su destrucción en la historia y en los últimos tiempos.

Por el Espíritu de la profecía que es el testimonio de Yeshúa (Rev.  19:10) sabemos que el Eterno escogió a Yaakov, pues a través de uno de sus hijos (Yeudah), vendría el Mesías. Por ello, el enemigo desde el principio de todo ha tratado de evitar y destruir a los hijos de Israel (Yaakov), con el objetivo que no se manifieste el Mesías y el Proyecto Emanuel. Esto fue revelado por el mismo Yahvéh cuando de Su Espíritu dejó el oráculo conocido como Proto-Evangelio, cuando se produjo la caída de Adam HaRishón en el Edén:

«Pondré enemistad entre ti (la serpiente) y la mujer, y entre tu simiente y la de ella;

ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar (talón).»

Bereshit (Génesis) 3:15

Es decir que Israel, por medio de su simiente (un hijo primogénito) aplastaría la cabeza de la serpiente, pero ésta le perseguiría los talones a la simiente de Israel.  Por eso no es ninguna casualidad que el rey Herodes el Grande, quien mandó matar a los niños de Belén para matar al Mesías, era un Idumeo (expresión griega para decir Edomita), es decir un descendiente de Esav.

Sabiendo esto, la serpiente desde el principio, quiso revertir el oráculo divino. Entonces, surge un cuestionamiento trascendental: ¿Por qué Yaakov (Israel) le estaba sujetando el talón a Esav en el momento de nacer? ¿Sería porque Esav estaba tratando de aplastar la cabeza de Yaakov en el vientre de su madre? ¡Con todo lo dicho hasta aquí dejo que cada uno de ustedes exprese la respuesta!

¡“Jaque Mate” al Oponente (HaSatán)!

Por P.A. David Nesher

Vayomer haji kara shmo Ya’akov vayakveni zeh fa’amayim et-bejorati lakaj vehineh atah lakaj birjati vayomar halo-atsalta li berajah. Vaya’an Yitsjak vayomer le-Esav hen gevir samtiv laj ve’et-kol-ejav natati lo la’avadim vedagan vetirosh semajtiv uleja efo mah e’eseh beni. Vayomer Esav el-aviv havrajah ajat hi-leja avi barajeni gam-ani avi vayisa Esav kolo vayevk. «

En español el pasaje se traduce así:

«Entonces él dijo:
“¿Quizás por eso fue llamado Yaakov?, pues me ha engañado (acav) estas dos veces: tomó mi primogenitura y ahora me ha quitado mi bendición”.
Y agregó: “¿No has reservado una bendición para mí?
Yitzjak le respondió a Esav:
“Mira, lo puse como amo tuyo y le di como sirvientes a todos sus hermanos, y con trigo y vino le sustenté. Y para ti ¿dónde y qué podré hacer, hijo mío?
Esav le replicó a su padre:
“¿Sólo una bendición tienes, padre mío? Bendíceme también a mí, mi padre.”
Esav levantó su voz y lloró.”

(Bereshit/Génesis 27: 36)

Resulta que cuando Yitzjak culminó de bendecir a Yaakov y ni bien este acababa de salir de la presencia de su padre, llegó su hermano Esav (Esaú) de su jornada de caza. Esto estuvo muy cerca; si Esav hubiese llegado un momento antes, Yaakov no hubiera recibido la bendición y podría haber sido asesinado.

Esav, también preparó un guiso, se lo llevó a su padre y le dijo:

«Levántate, padre mío, y come de lo que ha cazado tu hijo. Luego podrás darme tu bendición«.

Su padre Isaac le preguntó:

«¿Quién eres tú?»

Él respondió: «Yo«, usando el pronombre aní para enfatizar la persona, «soy tu hijo, tu primogénito, Esav» (27:31-32). He aquí un hecho que no se puede pasar por alto: Esav había cometido el pecado de vender su primogenitura a su hermano Yaakov por un guiso de lentejas, por ende sostener él era el primogénito ya no tenía sentido en su vida.

Sin embargo, ahora y de repente, ¡Esav está preocupado por la primogenitura! Anteriormente estuvo dispuesto a vender su primogenitura por un plato de guisado, y despreciándola sin temor alguno (Génesis 25:22-34). Ahora quería los privilegios materiales y políticos de la primogenitura. Cuando la apreció como un privilegio jurídico de orden profético y/o espiritual, Esav no valoró la primogenitura, pero ahora que la mira en términos materiales y políticos, él la quiere.

Esav estaba confundido y enojado mientras se quejaba diciendo:

“¿Quizás por eso fue llamado Yaacov?, pues me ha engañado (acav) estas dos veces: tomó mi primogenitura y ahora me ha quitado mi bendición”. Y agregó: “¿No has reservado una bendición para mí?”

En otras palabras, Esav está diciendo de sí mismo: “¡Mi hermanito me estafó como a un niño!”. De este modo, él reconoció que el engaño de Yaakov, no fue precisamente contra su padre sino contra él. De esta manera, dicen los entendidos del hebreo bíblico, que lo que hace Yaakov es revertir y devolver el engaño que HaSatán, la serpiente antigua, hizo a Java en el Edén, provocando la caída de toda la humanidad.

Las Sagradas Escrituras revelan que una manera de restaurar las cosas es usando la astucia frente al engañador:

«Con el benigno te muestras benigno,
con el hombre íntegro te muestras íntegro;
con el puro eres puro,
y con el engañador eres sagaz.»

(2Samuel 22: 26-27)

Entonces, debemos profundizar este evento, y aceptar que de esta forma, Yaakov le devuelve la misma moneda al Oponente al “engañar” a Esav, quien contiene la simiente de la serpiente en su interior. De este modo, la bendición como primogénito, la recibe el hijo justo, Yaakov, no el rashá (malvado) Esav. Así también el Código Sagrado de la «Simiente de la Mujer«, anunciado por Yahvéh en el Gan Edén (Gén. 3:15) se mantiene vibrante y a salvo en los lomos de Yaakov, hasta que de la nación de Israel, nazca como Mashiaj.

En realidad, Yaakov había recibido su nombre por haberse asido al calcañar de su hermano gemelo, pero ahora Esav, sintiéndose engañado, interpreta el nombre de Yaakoov como: el sinuoso, el engañoso. Ahora bien, notamos aquí un juego de palabras entre las voces hebreas akev (calcañar) y akov (engañar).  Sabemos que el nombre de Yaakov viene de la raíz hebrea akav, que significa el talón; pero también debemos conocer que tiene otro significado pues la expresión akav es también la forma verbal de tomar por el talón para llegar antes en una carrera. En palabras del profeta Jeremías (en otro contexto, por supuesto) encontramos esta expresión dando la idea del engaño entre hermanos cuando dice:

“Cada hombre que de su compañero se cuide, y en el hermano no confíe, ya que todo hermano HAKOB YAAKOV – engañar ha de engañar”

(Jeremías 9:4)

Entonces el significado aquí es doble:

Primeramente, Yaakov venció a Esav, haciéndole una zancadilla y venciéndolo en la carrera. Esav no lo entendía. La razón por la que él fue engañado dos veces no estaba en el nombre, estaba en la voluntad divina de Dios. La primera vez, como Esav lo dice, fue cuando Yaakov tomó su primogenitura, pero eso era mentira porque él había vendido su primogenitura a su hermano menor. En segundo lugar, según lo descrito por Esav, fue cuando Yaakov le quitó su bendición. Esta fue también una mentira, porque el que tenía la bendición era el que iba a recibir la primogenitura. Una vez más en el texto hebreo hay un juego de palabras, que suenan igual. Literalmente Esav dice: «Se llevó mi derecho de nacimiento y existencia, se llevó mi bendición ontológica«.

YAAKOV (el espíritu). ESAV (el alma y el cuerpo): CAMBIO DE CUNAS.

En segundo lugar, debemos sumergirnos aquí en el mensaje metafísico encriptado para nosotros.

Sabemos que el alma es la vasija de la esencia del ser humano (el espíritu). Si Adam no hubiera pecado la humanidad habría sido capaz de vivir una vida puramente espiritual. El conflicto entre el espíritu contra el alma y el cuerpo (ego u hombre natural), como vasijas, lo vemos hermosamente ilustrado en uno de los cuentos clásicos del rabí Najmán de Breslov, titulado “Los niños cambiados”:

«…Esta historia comienza cuando la reina y su sierva dan a luz a sus respectivos hijos. La comadrona cambia a los niños, de modo que el hijo de la sierva crece como un príncipe mientras que el príncipe es criado en la casa de la sierva. Al correrse el rumor que los niños habían sido intercambiados en su nacimiento, el usurpador expulsa al príncipe de su reino. Este recorre el mundo dejándose llevar por los deseos de su corazón, pero eventualmente comienza a reflexionar sobre su situación y a cuestionarse su forma de vida (…) En una interesante vuelta de la historia, el siervo, que había sido criado como príncipe, se vuelve siervo del príncipe…»,

[“Anatomía del alma”, Rabí Najmán de Breslov, págs., 25-27].

Rabí Natán explica que la oscuridad que reina en las “cámaras de los intercambios” (hebreo Heijalei HaTemurot); la confusión entre lo correcto y lo incorrecto está simbolizada en el intercambio del “Príncipe y el Siervo”. Es la oscuridad la que lleva a los conflictos entre Yitzjak e Yishmael, entre Yaakov y Esav, entre Yosef y sus hermanos, como también entre la nación de Israel y las naciones del mundo; y es la fuente de la constante batalla entre el cuerpo y el alma, [Tomado de “Anatomía del alma”].

Por su parte, algunos sabios explican que el HaSatán (el Oponente o la serpiente antigua), hizo nacer primero al malvado Esav, a fin de que recibiera la bendición Celeste y le fuera negada al genuino primogénito que era Yaakov. Así pues, el HaSatán “cambió las cunas” (cambió al bebé), y nació primero quien debería haber nacido de último para que el mal gobernara el mundo. Solo que Yaakov se interpuso en los planes de maldad de la serpiente y de esta forma, la humanidad no quedó bajo el yugo de la mentira de Esav, y finalmente Esav recibe la “bendición” de ser siervo de su hermano Yaakov.

Yitzjak supo entonces que Esav no sería el heredero espiritual de los patriarcas y suplicó al Eterno que le concediera por lo menos las bendiciones de este mundo bajo.

Esav exigía al menos una bendición a su padre. No las merecía ya que su comportamiento, al momento, había sido ruin y malvado, pero sobre todo por mostrar desprecio por todo lo divino. Tal conducta lo invalida como heredero y sucesor del legado de Abraham e Yitzjak.

En cuanto a Yaakov, él recibió ese día numerosas bendiciones. Las bendiciones consisten en obtener los siguientes beneficios:

  • 1) El rocío del cielo.
  • 2) las grosuras (= fertilidad) de la tierra.
  • 3) abundancia de trigo.
  • 4) mosto: vides, vino.
  • 5) naciones a su servicio.
  • 6) civilizaciones postradas ante Yaakov.
  • 7) Yaakov, Señor (autoridad) sobre sus hermanos.
  • 8) los hijos de su madre se postrarán.
  • 9) malditos los que maldigan a Yaakov.
  • 10) benditos los que bendigan a Yaakov.

“… ¿Qué sentido tiene bendecirte”? Pues al ser siervo de tu hermano, todo lo que tú adquieras le pertenecerá a él…”; dijo Yitzjak a Esav.

ESAV LLORA Y PEGA EL GRITO EN EL CIELO.

El relato revela que evidentemente Esav no estaba hecho para las cosas grandes. Esa alzó su voz llorando arrepentido como niño, pero todo estaba hecho. Las lágrimas de Esav, fueron lágrimas de egoísmo frustrado, no de remordimiento por su propio pecado y por despreciar su primogenitura. Refiriéndose a esto, el autor de la Carta a los Hebreos señala:

«Mirad bien, para que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios, y para que no brote ninguna raíz de amargura que os perturbe y contamine a muchos. Que no haya ningún fornicario o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no tuvo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.»
(Hebreos 12:15-17)

Esav es quizás la persona más triste y sin Dios en las Sagradas Escrituras fuera de Judas. Ambos tuvieron gran luz. Tuvieron todas las oportunidades posibles, tanto como cualquier persona en sus tiempos, de conocer y seguir a Yahvéh. Sabían Su Palabra, habían oído Sus promesas, habían visto Sus milagros y tenían comunión con Su pueblo. Sin embargo, con decidida voluntad dieron la espalda a Él.

Aquí, Esav amargamente lamentó haber vendido su primogenitura a Yaakov, pero él no se arrepintió. Él quería egoístamente las bendiciones de Dios, sin embargo él no quería a Dios.


Bitácora que también te puede interesar:

¡“Soy Yo”!; ¡Esaú es!… La Voz versus las Manos

Por P.A. David Nesher

 

 Vayavo el-aviv vayomer avi vayomer hineni mi atah beni. Vayomer Ya’akov el-aviv anoji Esav bejoreja asiti ka’asher dibarta elay kum-na shevah ve’ajlah mitse’idi ba’avur tevarajani nafsheja.»


«Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío?
Y Jacob dijo a su padre:
Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas.
Entonces Isaac dijo a su hijo:
¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío?
Y él respondió:
Porque Yahvéh tu Dios hizo que la encontrase delante de mí.
E Isaac dijo a Jacob:
Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no. Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo:
La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo.
Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú?
Y Jacob respondió: Yo soy.
Dijo también:
Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió. Y le dijo Isaac su padre:
Acércate ahora, y bésame, hijo mío.
Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos…”

(Génesis 27:18-27)

En este texto notamos como Yaakov, sin duda laguna con mucha vacilación, se acercó a su padre Itzjak y le dijo: «padre mío«. Pues bien, lo que más nos interesa de esta historia es saber que la decodificación de las palabras hebreas de estos versículos permiten descubrir que a la llegada de Yaakov, Yitzjak siente inmediatamente la presencia de la Shekinah y la inspiración profética.

Ya siendo sospechoso, Itzjak le preguntó: «¿Quién eres hijo mío?» Entonces Yaakov dijo su primera mentira cuando contestó a su padre: «yo soy Esaú tu primogénito» (27:19a). En el hebreo existen dos formas de decir el pronombre «yo«. La primera manera está diciendo aní, y la segunda manera es diciendo anojí. La diferencia entre ambas siempre se nota al hablar.

Teniendo en cuenta el dato lingüístico que les acabo de compartir, los Sabios dicen que cuando Yaakov dijo «yo«, utilizó anojí en lugar de aní. La palabra anojí cuando se utiliza con un complemento sustantivo enfatiza el sujeto pronominal. Sin embargo, la palabra aní se utiliza para enfatizar el predicado nominativo, como será el caso más tarde (en 27:32), que hace hincapié en la persona. Así que aquí, Yaakov debe mentir, pero él usa anojí en lugar de aní por lo que él no tenía que hacer hincapié en la persona.

Yaakov intentó rápidamente desviar la atención de sí mismo, y el tema en cuestión, diciendo: «He hecho como me hablaste«. Es así mismo importante que entendamos aquí que la Torah enseña que el pecado está en el engaño al padre, no en recibir la bendición patriarcal. Pues bien, entonces como Yaakov no quería llamar la atención sobre sí mismo, él cambió de tema diciendo:

«Siéntate a la mesa, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma«.

La expresión hebrea “siéntate a la mesa”, que sale de la boca de Yaakov, dicen los Sabios que debe ser interpretada como que fue dicha en un tono amable y refinado, lo cual era muy común en la forma de hablar de Yaakov. Era como decirle: “Padre, siéntate por favor a la mesa y come de lo que gustosamente he preparado para ti”. Pues bien, Esav no tenía esos modales.

Por eso es que Yitzjak dirá: 

“La voz es la voz de Yaakov”. 

El pasuk (versículo) se refiere aquí a su “forma” de hablar. Es decir, la voz define quién es Yaakov. Al hablar Yaakov delicadamente invocó el nombre de Yahvéh, cosa que Esav tampoco hacía. A pesar de que la voz de los dos hermanos era totalmente idéntica, las palabras de Yitzjak no se refieren al timbre particular de la voz o fonética de cada persona, aquí se habla de la manera de expresarse. Las expresiones y vocabulario de Esav y de Yaakov eran muy distintas.

En vista de que Esav no solía invocar el Nombre de Dios, fue por lo que Yitzjak empezó a pensar que al que tenía delante era a Yaakov. Sin embargo, las manos vellosas eran como las de Esav. El rabí Shlomo explica que Yitzjak quiso decir esto:

«…La voz pertenece a Yaakov y las manos a Esav. La fuerza interna que emana del corazón es la «voz» y la fuerza externa, la acción, son las «manos». Estas manos no se conforman con dominar al mundo sino que desean estar constantemente subyugando a la voz…».

Es decir, que el patriarca (consciente o no) estaba profetizando una característica constante de la lucha de estos dos hermanos. Él está anunciando que las manos de Esav (sus actitudes), se introducirán siempre con violencia dentro de las entrañas de Yaakov, manos burdas sondeando en lo más íntimo del ser construyendo ídolos en el Santuario del alma hebrea. Las manos estrangulando a la voz, la voz de la oración vacía y sin sentimiento; la voz de una mitzvá cumplida mecánicamente. Y la voz se oye cada vez más lejana. Pero a pesar de todo, “la voz es la voz de Yaakov”, destinada a elevarse, destinada a santificar y a purificar las manos. Entonces, mientras se escuche la voz de Yaakov, las manos de Esav no podrán destruirlo.

Algunos comentaristas sostienen que Yitzjak pensó que era Esav quien estaba frente a él. El patriarca creyó que Esav había adquirido la voz de Yaakov, y que por fin se había santificado y elevado a los niveles del entendimiento divino (Binah). La verdad fue que Esav no cambió, sino que fue Yaakov quien estuvo frente a él, disfrazado de Esav. La voz de Yaakov penetró hasta los confines más lejanos del mundo material. La “voz”, es la esencia de Yaakov, es la voz de las plegarias y de la Torah que las manos de Esav no podrán apagar nunca.

Dos Mentalidades Corren Dentro de Mí (Esaú y Jacob)

P.A. David Nesher

“Y los hijos luchaban dentro de ella; y ella dijo: Si esto es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar al Eterno.
Y el Eterno le dijo:
Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos se dividirán desde tus entrañas; un pueblo será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor.”

(Bereshit/Génesis 25:22-23)

Las Sagradas Escrituras nos relatan que durante el difícil embarazo de nuestra matriarca Rivkah (Rebeca), los bebés luchaban dentro de su seno. Esto la llevó a preguntarse: ¿para qué sigo viviendo? ¿Por qué es mi dolor tan grande?

La lucha de estos dos bebés, que comenzó antes de sus nacimientos, representa la lucha que aún continúa en el mundo de hoy. Justamente la porción describe por primera vez la lucha fundamental entre el bien y el mal que tiene lugar en el mundo físico. Es la historia de los dos hermanos; יַעֲ קב (Yaakov o Jacob) y עשָָֽו (Esav o Esaú), los cuales están destinados a formar dos naciones independientes, con caracteres, ideales y objetivos muy distintos, por no decir opuestos. Hay una lucha entre la luz y las tinieblas, entre el bien y el mal, entre el Espíritu y la carne que Pablo nos expone en Romanos capítulo 7, y que se libra dentro del alma humana.

Yaakov y Esaú representan dos fuerzas en pugna en el interior humano que determinan dos mentalidades o cosmovisiones. Uno de ellos, el primogénito biológico (Esav), es la representación misma de la mala inclinación (o “yétzer hará”) que se instala al lado del ser humano apenas nace; el otro (Yaakov), simboliza la inclinación al bien (yétzer hatov), fuerza que comienza a acompañar al alma humana a partir de su temprana juventud (12 años en las mujeres, 13 años en los varones).

La palabra hebrea que ha sido traducida como “luchaban”, es vayitrotsatsú, una expresión con dificultad para traducir y entender en los demás idiomas. Sucede que esta palabra (vayitrotsatsú) procede de la raíz ratzatz que significa luchar; pero también está relacionada con la palabra ratz que significa correr. Por esta razón, los rabinos interpretaron esta palabra en el sentido de que los niños estaban luchando dentro de su vientre para salir corriendo. De allí surgió el midrash que dice que cuando Rivká pasaba por un lugar donde se estudiaba la Torah Yaakov “corría” dentro de ella, agitándose para salir. Pero cuando pasaba al lado de una casa de idolatría Esav se agitaba para salir. El Targum traduce el texto diciendo que se empujaban entre sí.

Entonces la expresión “los hijos pugnaban”, literalmente dice, “corrían”. Ello significa que los niños se movían como en combate en las entrañas de la madre. Esta lucha intrauterina era también una cuestión de la legítima defensa, ya que implicará una lucha por la dominación moral en el mundo.

Estos dos hermanos, distintos en caracteres y costumbres, contenderán permanentemente uno contra el otro. A veces el victorioso sería derrotado y en otras, el elevado caería. Por esta razón es que en el seno materno estaban “agitándose”. Las figuras de Esav (Esaú) y Yaakov aparecen en una lucha la cual perdurará hasta los últimos tiempos.

Como lo expresé en el primer párrafo, los dolores de ella eran tan fuertes que se preguntaba para qué oraba pidiendo un hijo. Si hubiera sabido que el embarazo iba a ser tan difícil no hubiera orado. ¿Por qué ella fue la única mujer que sentía estas cosas durante el embarazo? Al final tomó la decisión de ir a preguntar al Eterno. ¿Adónde fue? El pasuk (versículo) 22 finaliza diciendo que Rivka “salió a consultar a Yahvéh”, lo que significa que acudió a los profetas de Dios que había en aquel tiempo. Los Midrashim, incluyendo el Libro de Yashar, señalan que Rivka fue a la tierra de Moriah, a la Yeshivah (Centro de Estudios) de Shem y Ever, y ellos le dieron el mensaje de lo Alto:

Vayomer YHVH lah shney goyim bevitnej ushney le’umim mime’ayj yiparedu ule’om mil’om ye’emats verav ya’avod tsa’ir.»

Esto se traduce así:

(«Yahvéh le contestó: “Dos pueblos hay en tu vientre y dos reinos serán separados de tu seno. Un reino prevalecerá sobre el otro reino, y el mayor servirá al menor.”)

Del Midrash recogemos las siguientes palabras:

«…Serás madre de dos naciones; las llevas a las dos juntas, pero una vez que hayan nacido, ni el mundo entero podrá albergarlos juntos en paz. ¿Cómo, pues esperas que coexistan pacíficamente dentro de tu vientre?…», [Midrash, pág 204.]

Los dos hijos que llevas simbolizan el eterno conflicto que opone la Torah Divina a la fuerza bruta del hombre… así queda revelado que el odio implacable de Esaú por su hermano no se remonta a su nacimiento sino a una época anterior; el camino de cada uno de los hermanos parece estar trazado a priori, desde antes de su nacimiento. Su futura personalidad empieza a dibujarse ya en su estado embrionario. En ellos existirán tendencias naturales altamente divergentes. Yaakov y Esaú darán origen a dos naciones que estarán enemistadas desde su misma concepción; uno para seguir su maldad y el otro para desarrollar integridad y valores. Para los sabios, Yaakov es símbolo del alma del hombre, en tanto que Esaú representa al cuerpo físico sujeto al “ego”.

Estas dos naciones jugarían un papel muy importante en la historia, y especialmente durante los últimos tiempos en relación con la venida del Mesías. Yaakov es el padre de Israel, y Esav es el padre de Edom y el Imperio Romano. Siempre habría tensión entre estos dos. Si uno estaría por encima, el otro estaría por debajo y viceversa. De los dos saldrían grandes reyes. De uno saldría el rey Shlomó (Salomón) que edificaría el primer Templo en Yerushalayim (Jerusalén) y del otro saldría el emperador Tito que destruiría el segundo Templo. Finalmente el menor será el principal. ¡Al final Yerushalayim será más poderosa que Roma!

Así, Yaakov y Esav darán origen a “dos mundos” que estarán en oposición todo el tiempo; de Yaakov surge el pueblo santo, Israel (יִשְׂרָ אֵ֑ל ), en tanto que de Esaú, que es la viva imagen de Satán, emergerá la perversa y sanguinaria Roma con todo su sistema cazador de almas. Asimismo habrá más raíces ideológicas de Esaú; son los sistemas religiosos cuyas tendencias son las de hacer a un lado a Israel, rechazar la Torah y creerse dueños de las eternas bendiciones que por orden divino le corresponden a Yaakov y a sus descendientes. ¿Quién sería el más fuerte y tendría el dominio del mundo? ¿Sería Yaakov y su fuerza espiritual? ¿O sería Esav (el lado negativo) y los poderes de la impureza? Las Escrituras nos responderán enseguida.

Mediante este oráculo divino, nuestra madre Rivká tenía muy claro el panorama desde el momento que ella recibe la indicación que el hijo mayor (el primogénito biológico) sería siervo del hijo menor. Solo habría que esperar el momento del parto para saber quién era quién. Al respecto comenta el apóstol Pablo de Tarso:

“… Y no solo esto, sino también cuando Rivka concibió de uno, de Yitzjak nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían tenido la ocasión de decidirse por la obediencia o la desobediencia), para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese por el que llama, no por lo que el hombre haga por sí mismo, se le dijo:
El mayor servirá al menor. 
Como está escrito:
A Yaakov amé más que a Esav…”

(Rom 9:10-13 – Código Real del NT]).

Sobre los dos hermanos, el comentarista hebreo Isaa Abarbanel explica que, no obstante, que ambos son hijos del mismo padre y madre, han de ser de caracteres totalmente distintos, como lo son dos pueblos y naciones diferentes, como si uno fuera habitante del oriente y otro del occidente. Este maestro dice que a pesar de que estos hermanos eran mellizos (idénticos), sus acciones no se parecerían en absoluto; Esav se comportaría como un cerdo; un cerdo coloca sus patas por delante para presentarse como animal kosher, ocultando su verdadera naturaleza impura en su interior. Esav tampoco muestra interés por las leyes divinas. Teniendo en cuenta esta interpretación, los sabios dicen que Esav es la representación e imagen del Satán (oponente) o mensajero del “lado oscuro” que todo hombre lleva en su interior. Esav representa las fuerzas del mal, las cuales fueron creadas con el único propósito de que la persona las transforme en energía positiva.

La relación entre Yaakov y Esaú será un tema recurrente a lo largo de todo el Tanak (mal llamado Antiguo Testamento) y la historia de Israel. El hijo mayor, Esav aparece ligado a la perversidad en tanto que Yaakov avinu a la integridad.  Por ello es que al final, Esav elegirá la idolatría y la impiedad, en tanto que el otro (Yaakov), se conducirá por el camino de la fe y lo sagrado; Yaakov avinu sería la “voz de la Torah”. Así pues veremos que cuando Israel se mantuvo leal al Eterno, Esav careció de poder. Es que, la falta de apego a la Torah y el antisemitismo son una relación “causa-efecto”. Existe entonces aquí la revelación divina de un método totalmente efectivo para controlar el antisemitismo: intensificar el estudio de la Torah, y darle cumplimiento.

Los sabios enseñan que estos pasajes contienen un gran secreto en el aspecto espiritual:

«…Hay dos fuerzas dentro de cada persona: la del cuerpo y la del alma. Esaú representa preocupaciones del cuerpo: egoísmo, materialismo (cosmovisión el ego). Por ello es que generalmente nos ocupamos más de nuestros deseos corpóreos, somos esclavos de nuestras necesidades y deseos corpóreos; nos ocupamos más de comida, la renta, facturas, sexo, placer, etc. Mientras que Yaakov representa la conciencia del alma, el deseo de conectarse con la espiritualidad, el significado y la benevolencia. En nuestro mundo, el primogénito es el cuerpo. El cuerpo precede al alma…».

Una perspectiva mística afirma que «la cáscara precedió a la fruta». Mientras que el fruto madura, su cáscara, como el cuerpo en el cual el alma madura, lo protege. Es para este propósito que la mayor parte de la educación de un niño que tiene lugar en sus años formativos consiste en superar a Esaú dentro de esos impulsos y deseos corporales hasta que el alma gana el control sobre el cuerpo en el momento de llegar a su juventud (12 años las mujeres, 13 años los varones).

Por ello agregan los místicos que, cuando convencemos al cuerpo de que una persona espiritual llega a ser más saludable, esa fe refuerza el éxito en todos los campos, influenciamos nuestro sentido del razonamiento invirtiendo tiempo y dinero en el desarrollo espiritual. Lo que Esav quería vender era lo que Yaakov quería comprar, Esav gusta de la persecución de los placeres mundanos, y en esta parashá Toldot, la Torah compara los placeres mundanos con un guiso de lentejas, ya que el bienestar del mundo, la tranquilidad y el honor, son “circulares”, van constantemente de un lado a otro, así como lo es una lenteja, que es redonda. Es por eso que Esav vende e intercambia la “vida eterna”, o sea, el servicio sacerdotal (avodah) de Dios que le correspondía a los primogénitos, por la efímera vida de este mundo. Este es el camino que nos legaron nuestros patriarcas a nosotros y a nuestros hijos: optar siempre por el camino del servicio a Yahvéh y el temor a Su Divinidad, siguiendo el Camino que es Yeshúa HaMashiaj y Su Yugo sobre nosotros.


Puedes escuchar una explicación sintética de esto en esta catequesis:


Bitácora Relacionada:

Ismael y Su Grito de Alabanza Final

Por P.A. David Nesher

 

«Aquí está la genealogía de Yishmael, el hijo de Avraham, a quien Hagar la Mitzrayimi había dado a luz a Avraham.
Estos son los nombres de los hijos de Yishmael, nombrados en el orden de su nacimiento.

El primogénito de Yishmael fue Nevayot; seguido de Kedar, Adbeel, Mivsam,Mishma, Dumah, Massa,
Hadad, Teima, Yetur, Nafish y Kedmah.
Estos son los hijos de Yishmael, y estos son sus nombres, conforme a sus asentamientos y sus campamentos, doce jefes de tribus. 
Esto es cuanto tiempo Yishmael vivió: 137 años. Entonces él espiró por última vez, murió y fue reunido a su pueblo.
Los hijos de Yishmael habitaron entre Havilah y Shur, cerca de Mitzrayim como cuando uno va hacia Ashur; él se asentó cerca de todos sus hermanos.»

(Génesis/Bereshit 25:12 – 18)

Pensar que Avraham avinu decidió darle una ayudita a Dios. Es una forma amable de mi parte de decir que él, aconsejado por su esposa Sarah, decidió adelantarse a Dios en cuanto al cumplimiento de Su promesa. Ellos determinaron darle esa ayuda a Dios haciendo que Avraham concibiera un hijo por medio de Hagar, la esclava egipcia de su esposa. El niño nacido de esa unión fue nombrado Yishmael, que significa «Dios lo escuchará» o mejor traducido: «el Poderoso escuchará«. Hemos aprendido que la voz de la aflicción de Hagar fue escuchada por el Eterno y precisamente por eso el niño recibió el nombre Yishmael (16:11). Luego el Eterno escuchó la voz del joven cuando estaba llorando al estar a punto de morir (21:17).

Entonces Yishmael es el hijo del apresuramiento de Avraham y Sarah en cumplir el propósito de Dios con recursos humanos. Sin embargo, al considerar este pasaje descubrimos que este varón no quedó en el olvido divino. Este relato, justamente tiene el propósito de demostrar el cumplimiento pleno de la promesa del Eterno a Avraham, en lo referente a su simiente, y también a Hagar, de convertir la descendencia de Yishmael en una nación. Recordemos lo que ya hemos estudiado. Cuando Hagar concibió, entendió esto como una elevación a su estatus y no estaba dispuesta a ser la sirviente de Saráh. Por esto fue que Sarah tuvo que reconfirmar su autoridad sobre Hagar tratándola con duro rigor (Guevurah). Por esto Hagar huyó. Entonces el Eterno mandó un ángel a persuadir a Hagar para que regrese. El ángel le dijo que tendría un hijo (Yishmael) quien sería un poder muy grande en el mundo. Describiendo su grandeza el mensajero celestial dijo:

«Será un hombre salvaje. Su mano estará contra todos, y la mano de todos estará contra él. Igual vivirá sin ser molestado entre sus hermanos»

(Génesis 16,12)

Yishmael fue bendecido por los Cielos de tal manera que doce príncipes, cada uno con una tribu, salieron de sus lomos. Esto confirma la promesa dada a Avraham y Hagar sobre su futuro:

“Y en cuanto a Ismael, te he oído; he aquí, yo lo bendeciré y lo haré fecundo y lo multiplicaré en gran manera. Engendrará a doce príncipes y haré de él una gran nación.”

(Génesis 17:20)

 “Y también del hijo de la sierva haré una nación, por ser tu descendiente.”

(Génesis 21:13)

“Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano; porque yo haré de él una gran nación.”

(Génesis 21:18)

Yishmael tomó a una esposa egipcia (Génesis 21:21) «Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto», y se convirtió en el padre de 12 tribus. Estas tribus se convertirían en el núcleo de los pueblos árabes, un pueblo con una mezcla de sangres semítica y egipcia. Otras tribus árabes rastrean su origen a los seis hijos de Avraham que le nacieron de su segunda esposa, Keturah (Génesis 25:1-4)

Vemos que tres veces el Eterno prometió que iba a hacer de Yishmael una gran nación, y en el texto que nos ocupa vemos que el Eterno es fiel para cumplir su promesa. Sus descendientes fueron doce patriarcas, número requerido en la antigüedad para que los clanes familiares pudieran comenzar la formación de una nación. Por todo esto, con el tiempo, la descendencia de Yishmael se convirtió en una nación identificable étnica, cultural y territorialmente.

En este pasaje vemos como se indica que los ismaelitas tenían una organización política bien definida. Algunos son de vida nómada y otros son seminómadas, es decir, que su territorio se organizaba en aldeas y campamentos.

Se especifica que territorio geográfico les fuera asignado: desde Hávila hasta Shur, es decir un territorio frente a Egipto y en dirección al camino a Asiria en la península de Sinaí. Esta asignación territorial está fuera de Canaán lo que aseguraba la ausencia de disputa territorial con Itzjak y sus descendientes. Se menciona también la muerte de Yishmael en los términos nuevos de ser reunido a su pueblo Los ismaelitas serán mencionados varias veces en la Torah, ya que mantuvieron una relación estrecha con los israelitas.

En nuestros días, podemos contemplar como el Eterno ha sido fiel a esas promesas. En la actualidad, hay 21 naciones árabes con una población combinada de 175 millones de personas. Los árabes ocupan un área total de 12,9 millones de km² (la totalidad de países de habla hispana del Hemisferio Occidental) de territorio rico en petróleo. En contraste, sólo hay un Estado Judío, llamado Israel, con una población de 4 millones de personas que están apretujadas en sólo 20.700 km² de espacio. Ésa es una proporción de población de 43 a 1 y una proporción de tierra de 662 a 1. Los árabes ciertamente han sido bendecidos pero por su ignorancia la cambian a maldición por desechar a Israel en el diseño celestial del Eterno.

La bendición sobre Yishmael no implica solamente la multiplicación de sus descendientes para que sean muchos y prósperos en el mundo, sino también una dimensión espiritual. Esa bendición está reservada de una manera especial para los últimos tiempos cuando el Islam sea quebrado.

Aceptemos un código importante. Yishmael era el hijo de Abraham. Pues bien, la cualidad más grande de Avraham fue la benevolencia.  Avraham fue alrededor del mundo enseñando que Yahvéh es infinitamente benevolente, misericordioso y la fuente de todas las bendiciones.  El Eterno no practica benevolencia como respuesta al comportamiento humano, hace el bien simplemente porque es bueno.  El mundo está basado en pura benevolencia (Salmos 83;3). Así mismo, Avraham enseñó que la esencia de este bien que el Eterno da sin razón alguna es el hecho de que Él nos da una oportunidad. Yahvéh le da al hombre la oportunidad de obtener el bien verdadero al perfeccionarse espiritualmente por medio de sus esfuerzos en aprender los secretos del Cielo y así llegar a elevarse hasta tal punto que se gana el derecho de estar conectado con el Creador.

Reflexionando en lo dicho en el párrafo anterior, entendemos que el mundo pudo haber sido fundado con pura benevolencia pero estaba planeado para acabar en pura justicia. Por eso también comprendemos que Yishamel internalizó solamente la primera mitad del mensaje de Avraham.  Estaba más que listo para recibir la infinita bondad de Dios, pero no estaba preparado para tomar el desafío que la acompaña.

Sin embargo, leemos en este pasaje la expresión: «Entonces él espiró por última vez». El intérprete  Rashí dice que la palabra hebrea que ha sido traducida como “expiró” es gueviah, que sólo es usada en referencia a hombres justos. ¡Así que Yishmael murió como un hombre justo (tzadik)! Esto tiene un alto grado profético de injerencia para los últimos días de esta era que vale la pena considerar.

Si lo recordamos bien, al inicio de este estudio he dicho que Yishmael significa «el Poderoso escuchará«. Interesante es decir que el Yishmael actual sabe gritar. Sus descendientes, los pueblos árabes, gritan mucho. Esto es porque el Eterno ha capacitado a esta etnia para gritar. He aquí pues que el nombre Yishmael encierra una profecía sobre su fin; él gritará y el Poderoso escuchará su grito. Veamos con más detalle esto:

Las Sagradas Escrituras anuncian que el Eterno derramará juicio sobre las naciones árabes en los tiempos del fin por su hostilidad hacia los judíos y por su intento de reclamar como propia la patria judía (por favor, antes de seguir leyendo considere, por ejemplo, Sal 83:4-12, Joel 3:19). Por ello es que primero, Yishmael dará un grito de ayuda, como aquella vez cuando estaba a punto de morir, porque muchos males vendrán sobre los países árabes en los últimos tiempos, como lo viera y anunciara el profeta Daniel:

“Y al tiempo del fin, el rey del sur (Egipto) se enfrentará con él, y el rey del norte (Siria) lo atacará con carros, jinetes y con numerosas naves; entrará en sus tierras, las invadirá y pasará. También entrará a la Tierra Hermosa, y muchos países caerán; mas éstos serán librados de su mano: Edom, Moab y lo más selecto de los hijos de Amón (la actual Jordania). Y extenderá su mano contra otros países, y la tierra de Egipto no escapará. Se apoderará de los tesoros ocultos de oro y plata y de todas las cosas preciosas de Egipto. Libios y etíopes seguirán sus pasos. Pero rumores del oriente y del norte lo turbarán, y saldrá con gran furor para destruir y aniquilar a muchos.”

(Daniel 11:40-44)

Los países árabes, y especialmente Egipto, tendrán muchos sufrimientos por las guerras que vendrán al tiempo del fin. Esto producirá un grito muy grande entre ellos. Pero el grito irá cambiando y se producirá un grito muy distinto en la boca de Yishmael. En lugar de gritar con odio contra su hermano Yitsjak y echarle la culpa por todo lo que le pasa a él mismo, o gritar por el sufrimiento de las guerras que está viviendo, empezará a clamar al Cielo (no al falso dios del islam) sino al Poderoso de Israel, Yahvéh es Su Nombre. 

Así, al igual que los judíos, un remanente de los árabes emergerá de su sufrimiento con sus corazones vueltos hacia el único y verdadero Dios:

«Así dijo YHVH contra todos mis malos vecinos, que tocan la heredad que hice poseer a mi pueblo Israel:

He aquí que yo los arrancaré de su tierra, y arrancaré de en medio de ellos a la casa de Judá. Y después que los haya arrancado, volveré y tendré misericordia de ellos, y los haré volver cada uno a su heredad y cada cual a su tierra. 

Y si cuidadosamente aprendieren los caminos de mi pueblo, para jurar en mi nombre, diciendo:

Vive YHVH, así como enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, ellos serán prosperados en medio de mi pueblo.  Más si no oyeren, arrancaré esa nación, sacándola de raíz y destruyéndola, dice el Señor.

(Jeremías 12:14-17)

Entonces Él, el Dios de Avraham, escuchará y responderá, tal como lo anunciara el profeta Isaías: 

“Y YHVH herirá a Egipto; herirá pero sanará; y ellos volverán a YHVH, y Él les responderá y los sanará”

(Isaías 19:22)

Así, después de haber recibido esa maravillosa sanidad del Elokim de los hebreos, los hijos de Yishmael elevarán otro tipo de grito, el cual ha sido descripto por el profeta Isaías de este modo:

“Levanten la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar (el segundo hijos de Yishmael).

Canten de júbilo los habitantes de Sela, desde las cimas de los montes griten de alegría.

Den gloria a YHVH, y proclamen en las costas su alabanza.”

(Isaías 42:11-12)

El oráculo es bien claro. El último grito de Yishmael será un grito de alabanza al Eterno, el Elokim de Israel, que no ha puesto su Nombre en Meca sino en Yerushalayim (Jerusalén). Y a Yerushalayim vendrán los hijos de Yishmael en un futuro no muy lejano a ofrecer sacrificios en el tercer templo, como también lo anunciara el profeta Isaías:

“Todos los rebaños de Cedar (el segundo hijos de Yishmael) serán reunidos para ti (Yerushalayim),

los carneros de Nebaiot (el primogénito de Yishmael) estarán a tu servicio;

subirán como ofrenda agradable sobre mi altar, y yo glorificaré la casa de mi gloria.”

(Isaías 60:7)

De esta manera se cumplirá el propósito del nombre Yishmael en sus descendientes. El Poderoso los escuchará y les hará un gran pueblo que traerá mucha bendición material y espiritual a toda la tierra.

En conclusión, todo ser humano debe aceptar que no existe ninguna parcialidad para con el Eterno (Romanos 2:11). Él escogió a Israel y sus miembros, no para ser un repositorio de Sus bendiciones, sino para ser un vehículo a través del cual Él bendeciría a todas las naciones del mundo, incluyendo a los árabes. Pero el requisito fundamental para recibir las bendiciones de Yahvéh (ya sea para los judíos y los árabes, así como para todas las personas), es aceptar el regalo de amor de Yahvéh en Yeshúa, Su Hijo, al recibirlo como Mesías y Dueño. Con este mensaje vibrando en su mente y corazón, el apóstol Pablo escribió al considera la gracia de Dios hacia sus hermanos judíos:

“!Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! !Cuán insondables son Sus juicios, e inescrutables Sus caminos!”

(Romanos 11:33)

Esto es también lo que hoy vibra en mi esencia al meditar en lo que este mensaje me ha implantado al considerar a los pueblos árabes.

¡Que ese día llegue pronto y en nuestros días!

¡Amén!

 

¿Con Quiénes se Reunió Avraham después de Morir?

Por P.A. David Nesher

«Avraham expiró, y murió en buena vejez, anciano y lleno de días, y fue reunido a su pueblo.»

(Bereshit/Génesis 25:8)

 

El relato escritural de la muerte y sepultura de Avraham avinu es breve y conciso. Sin embargo, este pasaje está lleno de detalles codificados que son normativos de la verdadera fe (emunah).

Leemos que Avraham vivió ciento setenta y cinco años (25:7). Este lapso de vida terrenal en realidad fue el cumplimiento de la promesa que le dio Yahvéh cuando le aseguró que iba a ser sepultado cuando ya fuese muy anciano (15:15). Isaac (en hebreo: Yitz’jak) tenía 75 años, y sus nietos Yaakov y Esav tenían 15 años. Así que él fue capaz de ver a sus nietos crecer. Esto muestra que el libro de Bereshit (Génesis) no se escribió en estricto orden cronológico. Es básicamente cronológico, pero no lo es estrictamente. Por esto debemos entender que al leer las historias notaremos que a veces, cuando una de ellas llega a su fin, vuelve y recoge una nueva línea de la historia, como es el caso de Yaakov y Esav que viene en breve.

De la vida de nuestro padre en la fe aprendemos que una cosa es vivir una larga vida, pero otra muy distinta es vivir una larga vida que también sea satisfactoria. La Torah nos dice que Abraham murió en buena vejez, luego de haber vivido muchos años, y fue a reunirse con sus antepasados (25:8). Literalmente la expresión «buena vejez» o «llenos de días» es un modismo que se usaba para indicar que se llevó una vida bien vivida. Da la idea de satisfecho, lleno de plenitud (shelemut). Esto significa que Avraham avinu vio todos los deseos de su corazón cumplidos. Las Sagradas Escrituras nos aseguran que Abraham logró este nivel de vida simplemente por transitar sus días confiado en la benevolencia ilimitada del Eterno. El modismo indica que en todos sus años, todos sus días, estuvieron dedicados a santificar el Nombre del Eterno. Todo fue aprovechado por Abraham avinu, no solo cada día sino cada instante, todo lleno de integridad, no le faltó ni una parte de un día que no estuviera dedicada al Creador. Por eso es que Avraham estaba viviendo por la fe cuando murió (Hebreos 11:13-16). Esta es la gran idea del Eterno al ofrecernos una vida que confíe plenamente en Él y Su Gracia misericordiosa.

Hasta aquí hay una cosa cierta y segura que podemos comentar. Más allá de una vida consagrada a la búsqueda de la benevolencia divina, y al deseo de conocer al Eterno, todo tzadik (justo) también debe enfrentar su hora de morir físicamente. La vida del ser humano , por más instrumento que sea en las manos y en el propósito de Yahvéh, tiene su límite. No es inmortal.

Ahora bien, al leer este versículo, nos surge un planteo. Si nuestro padre Avraham había salido de su tierra natal y ya no vivía en el lugar de sus parientes ¿cómo es posible que la Torah diga que fue reunido a su pueblo cuando murió?

Sabemos que antes de morir, Avraham había recibido de parte del Eterno la visión de la porción del Olam HaBá (Mundo Venidero) que le esperaba, por eso sabemos que falleció tranquilo y feliz (Hebreos 11: 8-10).

Por esto último, tenemos que aceptar que la expresión “reunido a su pueblo” no quiere enseñar que el alma humana posiblemente sigue existiendo después de la muerte en un lugar desconocido e inalcanzable para los vivos. Eso es un pensamiento griego que se meterá en el judaísmo por medio del rabinato farisaico esotérico del siglo II E.C. Por lo tanto, cuando leemos que nuestro padre fue “reunido a su pueblo” debemos aceptar que no se trata de que su alma se haya reunido al pueblo de los justos que habían muerto antes que él.

Entonces, para entender bien el mensaje que aquí encontramos, debemos saber que esta expresión es un hebraísmo que señala a la antigua manera de enterrar a los muertos, y la cosmovisión que tenían los orientales con respecto a su conexión ancestral.

En primer lugar, debemos saber que las tumbas antiguas tenían lugar para varios cuerpos porque normalmente eran tumbas familiares. Dentro de la tumba, que podía ser una cueva, se solía excavar aperturas en la pared suficientemente grandes para poder introducir allí los cuerpos muertos. En el centro de la tumba había un lugar en el suelo, con un nivel más bajo, llamado “el valle de los huesos secos”. Aquí era la zona mortuoria en donde finalmente se reunían los huesos de los cuerpos ya descompuestos (cf. Ez. 37:1).

En aquellos tiempos existía la costumbre de realizar dos entierros por cada difunto. En el primer entierro, ocurrido apenas fallecía la persona, se colocaba el cuerpo en la cavidad en la pared. Luego se esperaba hasta su descomposición y para entonces realizar la ceremonia del segundo entierro, la que normalmente acontecía un año después del primero. En este segundo entierro sacaban los huesos del cuerpo ya descompuesto y los juntaban apilándolos en el «valle de los huesos secos». En un cementerio del primer siglo de la Era Común, que se encuentra en el Monte de los Olivos, se puede ver que había una costumbre de meter el hueso más grande, el fémur, en una cajita de piedra con inscripciones que identificaban el muerto y que se guardaba como recuerdo. De este modo se simbolizaba que la fuerza del andar que realizó el difunto se sumaba a la energía que dejaron con sus conductas sus antepasados.

En los días del Segundo Templo aún se mantenía la costumbre de repartir la herencia en el segundo entierro cuando los familiares se reunían. Esta será la excusa que le presentará un varón a quien Yeshúa llamó para ser un seguidor de su yugo (cf. Mat. 8:21-22).

Así pues, lo primero que podemos aprender de esto es que la expresión “fue reunido a su pueblo” tiene que ver con la costumbre de reunir los huesos de los familiares muertos en la misma tumba. Recordemos que, al comienzo de esta parashah (sección Yajey Sarah) Avraham enterró a su esposa Sarah en una cueva que había comprado de los hijos de Jet. Justamente, Él será enterrado en la misma cueva por sus hijos Yitzjak e Yishmael (25:9) y de esa manera fue reunido a los huesos de Sarah que era parte de su pueblo. Luego sus hijos Yitsjak y Yaakov fueron enterrados en la misma cueva, junto con sus esposas Rivká y Leah. En total hay seis cuerpos de los patriarcas y sus esposas enterrados en esa cueva. Todavía se sabe dónde está la tumba, porque hasta hoy se ha mantenido la tradición del lugar.

Hay aquí un detalle no menor que se destaca y que no quiero que pasemos de largo. Las Sagradas Escrituras enseñan que el cuerpo muerto tiene que volver a la tierra de donde fue tomado (Gén. 3:19), lo cual significa que la cremación no es una opción para el que teme al Eterno. Por eso, ante un mundo que cada día practica más la cremación, te pido que sigas el ejemplo de tu padre Avraham y no aceptes dicha práctica idolátrica.

Ahora sí, y volviendo al hilo principal de este estudio, debemos entender que en segundo lugar, también tenemos que conocer que en la cosmovisión de los pueblos antiguos, el pasado ancestral era menos que un tren que se movía hacia ellos, y más como una aldea esparcida por un valle. Es decir que ellos se veían a sí mismo más bien enfrentando el pasado, más bien que al futuro. Esto quiere decir que cualquier contemporáneo de nuestros patriarcas vivía sopesando en su conciencia las acciones que había realizado sumándose a aquellas que sus ancestros había hecho. Por esto, la expresión fue  “reunido a su pueblo” expresaba la idea de ser enterrado en la tumba familiar, así como también reunirse a los rasgos genealógicos en la «aldea ancestral» que comprendía al pasado. Es decir que esta expresión era más una visión de la historia familiar que de la vida en el más allá en sí misma. 

Entonces, después de estas consideraciones, podemos agregar unas pautas más para concluir la idea de que todo ser humano debe enfrentarse con la muerte física. Y es que en este mundo físico se destaca siempre la labor de aquel ser humano que vivió en la justicia divina, disfrutando la benevolencia ilimitada de Yahvéh. Es decir, que la vida fructífera, llena de significado y logros en el propósito eterno de Dios, será la que verdaderamente perdurará en la memoria de las generaciones futuras, ya que ha reparado con su testimonio toda vaciedad que puedan haber producido las malas acciones de sus ancestros. De ahí que sea tan importante cortar con la iniquidad de nuestros padres.

Apreciado discípulo de Yeshúa, anhelo que Aquel que bendijo a Avraham, Yitzjak y Yaakov, hoy te bendiga para que puedas llenar tus días según Su propósito enterno en el Mesías, para que no te permita morir antes de tiempo. Amén.

El Poder de una Bendición Familiar

Por P.A. David Nesher

 

«Y bendijeron a Rebeca y le dijeron:
Que tú, hermana nuestra, te conviertas en millares de miríadas, y posean tus descendientes la puerta de los que los aborrecen.»

(Bereshit/Génesis 24:60)

 

Todos sabemos que bendecir significa desear y querer incondicionalmente la benevolencia ilimitada del Creador. En los códigos de las Sagradas Escrituras se revela que dar una bendición es el método en el que lo divino logra dar rápidamente «cien pasos» hacia los hombres. Es experimentar la fuerza de lo divino despertando a lo humano a dar todo su potencial generando la fuerza del impulso creativo que la fisicalidad aguarda y necesita. Entonces bendecir será el Eterno usando humanos para impartir su mensaje e imagen de identidad y destino al corazón de otro ser humano.

Por ello es que en este pasaje notamos como los familiares de Rivká, teniendo la conciencia del poder de bendecir, la despidieron con una berakah (bendición) poderosa. La misma rebalsaba  de palabras proféticas sobre sus descendientes y su conexión misional con el propósito eterno de Yahvéh. Justamente estas palabras, respaldadas por el Cielo, permitirían que los descendientes de Rivká llegaran a multiplicarse de tal manera que hoy en día todo el mundo postmoderno aún depende de ellos. En primer lugar se refiere al pueblo de Israel. Pero también es una referencia a todos los que de entre los gentiles adopten la fe de Avraham incorporándose al olivo de Israel.

Lo interesante de esta expresión de bendición soltada sobre Rivká es que dos mil años después, el descendiente principal de Avraham, Yitsjak, Yaakov. Aquel que siendo del linaje del rey David, era el destinatario de todas las promesas dadas a los padres, se levantó y proclamó:

“Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella.”

(Mat. 16:18 NVI)

Ahora bien, al volver a leer esta bendición, y considerando todo lo que los dogmas romanos han implantado como error en los seguidores del cristianismo, debemos saber que la misma no hace referencia a la Iglesia cristiana. Por el contrario, el Mesías la utiliza para confirmar lo que había sido profetizado sobre nuestra matriarca Rivká como perfecto tipo o sombra del diseño arquetípico denominado Israel. Yeshúa se está refiriendo aquí en forma específica a la congregación mesiánica conocida como la Jerusalén Celestial (muy bien revelada en esta parashah por medio de los códigos de la Cueva de Makpelah).

Cuando el Mesías pronuncia la expresión “las puertas del reino de la muerte”, lo hacía utilizando la siguiente frase en hebreo:

(שערי שאול)

shearei sheol 

Esto es un hebraísmo que habla del poder gubernamental de los gentiles inspirados en las pautas reptilianas de la Serpiente Antigua para opresionar las masas humanas.

A la misma vez, tenemos que saber que, en el Oriente Medio, las puertas de las ciudades antiguas eran los lugares donde se reunían los ancianos de la ciudad para juzgar y tomar las decisiones que regían la ciudad.

Entonces cuando se entrega el oráculo de que los descendientes de Rivká (que son el pueblo de Israel) poseerán las puertas de sus enemigos, equivale exactamente a lo mismo que lo que nuestro Maestro Yeshúa dice acerca de las puertas del Sheol. La expresión apunta al hecho de tener poder político y espiritual sobre aquellos que dominan los pueblos de la gentilidad. Esta es la misión del pueblo de Israel, y muy específicamente la misión de la congregación mesiánica (Sión, la Jerusalén Celestial).

Por ello, se infiere desde las palabras del Señor que la congregación mesiánica no será dominada por los gobiernos gentiles. Muy por el contrario, acorde a lo anunciado en los oráculos de los profetas, finalmente tomará total dominio sobre las ciudades de los gentiles.  Poseer las puertas del enemigo conlleva la la idea de conquistar lo que nos parece difícil, de imponernos sobre las dificultades, de vencer los obstáculos que se nos oponen. Poseer las puertas de nuestros enemigos es una promesa divina muy particular y peculiar. Esta promesa es para la simiente de Abraham. Tú y yo somos parte de la simiente de Abraham.

Finalmente, debo decir que los hijos de Betuel eran descendientes de Shem, el hijo de Noaj. Por lo tanto, ellos sabían muy bien lo que significaba dar una bendición. Entendían claramente que el poder de una bendición dirige el futuro de una persona y los designios de sus descendientes. Por eso los hermanos de Rivká querían enviarle esas palabras cargadas de poder para que tuvieran influencia sobre todo el mundo por toda la eternidad.

¿Quién entiende el poder que se esconde en una bendición?

Bendecir es sumamente positivo para ti, es realmente beneficioso. La bendición es tan poderosa que rompe con cualquier maldición. Así que siempre debemos bendecir incluso a los que nos maldigan, de esta manera la bendición viene sobre ti, te alcanza y te llena de abundancia.

Desde todo esto, el Eterno, nuestro Abba, nos está instando a usar nuestra boca para bendecir, no solamente Su Nombre cien veces al día, sino también a cada uno de aquellos seres humanos que nos rodean y conforman el mundo que Yahvéh nos entregó para rectificar por medio de la Avodah (el servicio) a Su Nombre. Si eres de los hijos primogénitos del Eterno, que están en el monte de Sión, debes asumir que tus palabras tienen poder para influenciar sobre el futuro de todos aquellos que conforman el concepto de prójimo, según la cosmovisión de Yeshúa HaMashiaj.

¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Yeshúa HaMashíaj que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en el Mesías!

¿Quién fue la Esposa de Lot?… ¿Cómo terminó ese Yugo Matrimonial?  

Por P.A. David Nesher

 

Acordaos de la mujer de Lot«

(Lucas 17:32)

«Él dio vuelta [destruyó] aquellas ciudades y toda la planicie, con todos los habitantes de las ciudades y toda la vegetación de la tierra. Pero su mujer miró por detrás de él y se convirtió en un pilar de sal.»

(Bereshit/Génesis 19:25-26)

El Malak (ángel) enviado por el Eterno para aplicar Su rigor (guevurah) en la Pentápolis (complejo de cinco ciudades) encabezada por Sedom (Sodoma), liberó a Lot y su familia poco antes del amanecer.

Enseguida llegaría la destrucción, justo en el momento de la mañana en el que tanto el sol como la luna son visibles de forma simultánea. Dicho de otra forma, la aniquilación sucede mientras la luna y el sol gobiernan en lo alto. Rashí dice que esto era significativo ya que la costumbre religiosa de Sodoma era la adoración al sol y a la luna, por lo que ninguno de los dos cultos podría afirmar posteriormente: «¡Si mi dios hubiera estado ahí, nos habría salvado!«

El Midrash advierte además que la palabra “rabbá” ha sido empleada ya anteriormente a propósito del diluvio, de lo que se entiende que los habitantes de Sedom (Sodoma) y Amorá (Gomorra) eran reincidentes, que cometieron las mismas iniquidades que la generación del diluvio; ésta fue castigada por un diluvio de agua; y aquellas cinco ciudades por un diluvio de fuego. El Eterno destruyó Sedom con rayos solares y azufre hirviente. Todo lo que contenían las ciudades ardió; personas, cosas, así como lo que crecía del suelo.

“¡No mires detrás de ti!”, fueron las palabras de aquel mensajero celestial como advertencia para Lot y su casa (19:17). Lamentablemente su esposa desobedeció la orden. 

Es muy evidente la enseñanza de que de aquí se desprende: un pasado malsano debe quedar atrás, para salvación y bendición nuestra, de lo contrario las consecuencias nos alcanzarán. Evidentemente en el peregrinar de la vida, la familia necesita la unanimidad del matrimonio que la ha fundado. Por eso, en cierta oportunidad, el apóstol Pablo exhortó a los creyentes de Corinto acerca del peligro de enyugarse en alianzas con incrédulos:

«No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas?»
(2 Corintios 6: 14)

Pues bien, este consejo es simplemente la síntesis de la verdad surgida de las mismas historias relatadas en la inspiración escritural. Uno de los ejemplos en el que el apóstol está pensando al hablar de yugo desigual es el del justo Lot.

¿Lot estaba en Yugo Desigual?

El texto hebreo nos muestra que los hombres dijeron que Lot había venido sólo a Sedom soltero, puesto que tenía muchos siervos y siervas. Esto lo prueba lo que se tradujo en el capítulo 19 versículo 9 como “… este vino como extranjero” (– en hebreo dice: haejad ba lagur – האחד בא לגור –), en realidad debería decir literalmente: “… este vino a vivir siendo uno”.

Considerado así, esto nos enseña que Lot había tomado una mujer de Sedom (Sodoma), que respondía al nombre de Adit (o Idit), según distintos manuscritos históricos. Ella era descendiente de Kenáan (Canaán) quien recordamos (ver parashá Noaj) había tratado tan perversamente a Noaj su padre cuando este se había emborrachado, y por lo tanto fue maldecido. La depravación de las mentes de los descendientes de Kenáan causó su entrega a toda clase de inmoralidades, especialmente la sexual.

Adit, no convencida del propósito de esta huida, quería ver lo que había sido de sus otras dos hijas que habían quedado en Sodoma junto a sus esposos, entonces se detuvo en el camino para ver si ellas venían, pero al igual que el suelo y los habitantes de Sodoma, fue víctima del fenómeno de petrificación sulfuro salino que se produjo en toda la región, [Midrash, pág 154]. El historiador judío Flavio Josefo narra que, antes de salir, ella quiso echar una última mirada:

«…La mujer de Lot, llena de curiosidad se volteó mirando atrás, a pesar que Dios lo había prohibido. Al momento fue convertida en un pilar de sal. Yo la he visto, todavía está ahí…»

[Antigüedades de los judíos, Tomo I, Pág 33].

Idit estaba muy allegada a su cultura sodomita, por ello su castigo fue ser convertida en una columna de sal en Sodoma, donde estaba su corazón. Mientras el Ángel exterminador no ve el rostro del hombre, no tiene ningún poder sobre él. La mujer de Lot cometió ese error y se convirtió en estatua de sal. Así explicaesto el Zohar:

«…De detrás de Lot, dado que el Ángel destructor lo seguía. Pero su mujer miró hacia atrás de él, volviendo así su rostro al Ángel destructor, y se convirtió en una columna de sal, pues mientras el ángel destructor no ve el rostro de un ser humano no lo daña…».

Rashí sugiere en su comentario que ella fue con los vecinos a pedir un poco de sal, pero que en realidad fue a chismear e inconformarse por las acciones hospitalarias de Lot:

«…Ella había pecado por medio de la sal, y por eso mismo fue también castigada por medio de la sal. Lot le había dicho: “Da un poco de sal a estos huéspedes (los ángeles)”. Pero ella respondió: “También esta mala costumbre de dar de comer a forasteros deseas imponer en este sitio”?…»

[Torah Rashí].

Lo triste de esto es que la esposa de Lot no estaba dispuesta a ser influenciada por su marido. Al leer los Evangelios notamos que Yeshúa la usa como ejemplo cuando dijo:

«En aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas dentro de la casa, que no baje a buscarlas. Así mismo el que esté en el campo, que no regrese por lo que haya dejado atrás. ¡Acuérdense de la esposa de Lot!»
(Lucas 17:31-32)

¿Por qué la mujer de Lot miraría hacia atrás?

Hay dos razones que estarían explicando el por qué la esposa de Lot desobedeció la orden celestial:

En primer lugar amaba la vida cómoda de Sedom, y no quería abandonarla (Luc. 17:31, 32). Su cuerpo salió de la ciudad, pero ella sin duda dejó su corazón allí. Todos tenemos cosas y personas en esta tierra que no queremos dejar atrás. Pero cuando el Señor regrese, sabemos que las dejaremos atrás. La Palabra de Dios enseña que:

«El que procure conservar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará. Les digo que en aquella noche estarán dos personas en una misma cama: una será llevada y la otra será dejada. Dos mujeres estarán moliendo juntas: una será llevada y la otra será dejada.»
(Lucas 17:33-35).

En segundo lugar, ella miró hacia atrás simplemente porque ella no creía que el Eterno había dicho que salieran de la ciudad y no miran hacia atrás. Lot creyó al Señor y no miró hacia atrás, lo mismo que sus hijas solteras, pero la señora de Lot no creyó. Ella no era creyente y no se sintió segura en la Palabra que Yahvéh había dado por medio de sus mensajeros. Ella estaba atrapada y superada por la caída de los materiales fundidos y se convirtió en un pilar de sal (19:26). Esta es una imagen de los que dan la espalda a Dios (Hebreos 10:38-39).

En honor a la verdad, esta es la situación de la mayoría de los creyentes evangélicos que creen en el amor de Dios, en Su compasión, misericordia y consideración, pero que no creen en Su Justicia.

Piensan que el Eterno atenuará el rigor de Su Palabra con respecto a su desobediencia. La mujer de Lot también pensaba así.

Los rebeldes se olvidan de que la desobediencia es una clara demostración de falta de fe en la Palabra.

A causa de eso, son verdaderas estatuas de sal dentro y fuera de las iglesias.

Según los distintos intérpretes, la mujer de Lot permanecerá en ese estado hasta la resurrección de los muertos. Los sabios judíos conocen la zona donde ella quedó petrificada [Midrash, pág 154].

El Zohar indica que las dos malvadas ciudades no tendrán parte al mundo futuro, aunque sí resucitarán para el Juicio Final. Rabí Abba añade: “…Todas las criaturas asistirán a este Juicio, pues el Eterno es clemente. Cuando los pecadores han sufrido su castigo, (la Justicia Divina) deja de perseguirlos con excesivo rigor…”.

¡Cuidado!… ¡El Yugo desigual te lleva a vibrar en la inmoralidad materialista!

A la distancia, Abraham alzaba su vista hacia las regiones de Sedom y Amora (Sodoma y Gomorra), advirtiendo un humo muy denso que se elevaba hacia las nubes. Estas ciudades estaban situadas dentro de la Tierra Prometida. Precisamente por eso, la corrupción y la perversión de sus habitantes acarrearon su destrucción. Al contemplar la región desolada del Mar Muerto y sus aguas de elevada densidad en sal, el observador advertirá la naturaleza volcánica del lugar donde estaban emplazadas aquellas ciudades tan prósperas en su época.

Ahora bien, al meditar el relato, notamos que Abraham era muy cuidadoso en la administración del linaje.  Él procuraba que su descendencia no entremezclara su simiente con los descendientes de Kenáan por la baja moral que estos tenían (ver 24:3). Sin embargo, Lot no tenía esa fuerza interior para decir no a los valores del mundo que le rodeaba. Esto le hizo ceder poco a poco ante las presiones de su esposa y los demás conciudadanos de Sedom (Sodoma). Era cierto que su alma justa sufría por causa del pecado de los hijos de Kenáan (Canaán) tal como lo comenta el apóstol Pedro:

“… si rescató al justo Lot, abrumado por la conducta sensual de hombres libertinos (porque ese justo, por lo que veía y oía mientras vivía entre ellos, diariamente sentía su alma justa atormentada por sus hechos inicuos)”
(2 Pedro 2:7-8).

Pero él no tenía fuerza espiritual para dirigir a sus hijos por el camino de la moral alta, como lo tenía Abraham nuestro padre (18:19). Esa era una de las razones por las que Abrahán tenía que apartarse de Lot.

El Eterno tenía misericordia de Lot a causa de la intervención intercesora de su amigo Abraham avinu. Por ello, lo salvó de la destrucción, pero lamentablemente Lot perdió la mayoría de su familia.  El relato cuenta que su esposa se convirtió en una estatua de sal por haberse vuelto atrás, posiblemente por su instinto materno, pensando en aquellos hijos que se habían quedado y por su amor al sistema cultural en el que había vivido desde su nacimientos.

Lot perdió también todos sus bienes y todo lo que le quedaba fueron dos hijas solteras, hijas de Sedom, cuya moral no era mejor que el resto de los descendientes de Kenáan.

Avraham rehusó dirigirse por los valores del mundo que le rodeaba, y por eso fue escogido y bendecido. Su fuerza moral sigue bendiciendo al mundo entero hoy. Pero Lot cedió ante la moral baja y perdió prácticamente todo. Sin embargo el Eterno tuvo misericordia de él y le salvó con sus hijas, porque tenía un plan maravilloso para el futuro de ellas dentro de su proyecto mesiánico.

El Yugo Desigual conduce al despropósito.

Al meditar este relato, debemos aceptar que la vida de Lot transcurría tan en despropósito, tanto como la vida de Abraham estaba llena de promesas para el devenir perfecto del propósito eterno de Dios. El capítulo anterior (18) terminó con Abraham intercediendo como profeta por los justos de Sodoma y sus ciudades aliadas, mientras que este capítulo termina con el incesto de un borracho en una cueva, y la manifestación de la simiente de la serpiente en los dos hijos que nacieron de este pecado.

pilar de sal que los judíos señalan como la esposa de Lot

Lamentablemente, debemos aceptar que este contraste lo vemos hoy en la asamblea gozosa de hijos primogénitos. Nos damos cuenta que contamos con dos tipos de creyentes hoy. Por un lado están aquellos que viven una vida fructífera, y por otra parte, encontramos a los que viven una vida de completa sequedad, sin fruto alguno. Creyentes infructuosos son los que realmente han hecho un lío de sus vidas; que han seguido enteramente fuera de la voluntad de Yahvéh, y han visto renacer las iniquidades ancestrales en sus descendientes. Yo no me atrevo a asegurar, ni por un momento que han perdido su salvación, pero sí que no conocen lo que significa disfrutar del gozo que da la misma. Como dijo el apóstol Pablo, son salvos, pero, tal como Lot lo descubriría, serán salvos, pero como quien pasa por el fuego (1 Corintios 3:15).

Por todo esto, los invito a rechazar la conducta de Lot y seguir el ejemplo de Abrahán avinu (nuestro padre). Rehusemos como él, manchar nuestras almas con el pecado del sistema reptiliano que nos rodea. Mandemos y exhortemos todo el tiempo a nuestros hijos y nietos a guardar el camino del Eterno, haciendo justicia y juicio para que ellos puedan seguir dentro de la línea de bendición otorgada en el Mesías desde el cielo. Por esto último, este consejo divino no es solamente para los que son descendientes físicos de Abrahán, sino también para todos aquellos que siguen su fe, porque todos los que son del Mesías son simiente de Abrahán y herederos según la promesa (Romanos 4:9-13; Gálatas 3:29).

Por esto te aconsejo que escuches el mensaje celestial; “¡No mires detrás de ti!” Recuerda que mirar atrás nos estanca. Mirar atrás nos produce pérdidas. Mirar atrás produce dolor en las relaciones familiares. Mirar atrás expresa el anhelo de no abandonar el pasado que desagrada a Yahvéh. Es fundamental avanzar sin temor y sin mirar atrás, pues al otro lado hay un mejor nivel de vida esperándote esperándote.

Anhelo que seas fuerte y bendecido (Jazak uvaruj) con estas palabras.

Como siempre en amor y amistad de servicio: P.A. David Nesher


Bitácoras Relacionadas:


¿Se Debe Interceder por las Ciudades de Maldad?

Por P.A. David Nesher

 

 

«Vayomer YHVH za’akat Sdom va’Amorah ki-rabah vechatatam ki chavedah me’od…

Ulay yesh chamishim tsadikim betoch ha’ir ha’af tispeh velo-tisa lamakom lema’an chamishim hatsadikim asher bekirbah. Chalilah lecha me’asot kadavar hazeh lehamit tsadik im-rasha vehayah hatsadik karasha chalilah lach hashofet kol-ha’arets lo ya’aseh mishpat.»

Dijo Yahvéh [a Abraham]:
“Puesto que el clamor contra Sedom y Amorá [Gomorra] es grande y su pecado es tan grave…
Quizás haya 50 justos dentro de la ciudad, ¿igualmente la destruirías y no perdonarías al lugar en virtud de los 50 justos que pudiera haber allí? Sería sacrilegio para Ti hacer una cosa como ésta, que hagas morir al justo con el malvado y que el justo sea tratado como el malvado! ¡Sería sacrilegio para Ti! ¿¡Acaso el Juez de toda la tierra no ha de hacer justicia!?”

(Génesis/Bereshit 18: 20, 24-25)

Al estudiar esta perícopa podemos apreciar que el Supremo había ordenado la aniquilación de los habitantes de Sedom y Amorah (Sodoma y Gomorra). El juicio divino sucedería en pocas horas.

Así mismo en estos versículos aparece la revelación de un asunto yahvista importantísimo: el Eterno no quiere que Avraham conozca por terceras personas la terrible catástrofe que acontecerá a esta alianza de cinco ciudades del Valle de Sidim: Sedom, Amorah, Adma, Zoar y Zeboim. Por el contrario, Él mismo desea darle la noticia de ella, ya que lo ha llamado a entrar en una relación de íntima confianza (hebreo yéda`tiv: «le he hecho un íntimo«) a fin de que le sea también revelada la acción exterior de Dios en la historia, habitualmente oculta a los seres humanos.

¡Avraham debe comprender lo que acontecerá en Sedom y toda la Pentápolis maldita! El motivo de esta sorprendente intención de Yahvéh nos viene dado de modo particular en el versículo 19: Avraham ha sido investido por el Cielo de una función magisterial respecto a sus descendientes, y en ese sentido el suceso de Sedom conserva un valor ejemplar para todas las épocas (2Ped. 2:6)

Necesitamos recordar que el Eterno, debido al Pacto de las Mitades que estableció con Abraham avinu (nuestro padre), consideraba al patriarca su amigo (Santiago 2:23). Por esta causa Él no le ocultaría nada. Por eso, Yahvéh primero reforzó su promesa en Abraham de convertirlo en padre de una gran nación si él guardaba el camino revelado en Su Instrucción (Torah), y se la transmitía a sus generaciones (Gn. 18: 17-19). Abraham amaba a Yahvéh y la norma es que el que ama devela sus cosas ocultas a la persona a quien ama, a fin de garantizar la estabilidad del mundo que los dos comparten. Con este fundamento firme el Eterno develará sus propósitos de juicio a Abraham en esta oportunidad.

Avraham tenía que saber la razón de la terrible destrucción que las ciudades estaban a punto de experimentar. Tendría que explicárselo a sus hijos, y ellos a todos sus descendientes. La desolada región de Sodoma, en los siglos venideros, sería una advertencia permanente para Israel que, aunque Yahvéh es clemente, misericordioso y paciente, Él también es un Dios de justicia y rigor, por lo que no perdonará cuando llegue el momento de Su juicio.

Así pues, Yahvéh compartió con Abraham Su Intención de ir a supervisar a Sodoma, Gomorra y las ciudades aliadas. El Eterno revela además su propósito de juicio contra dichas ciudades por la extrema pecaminosidad de sus habitantes.

Cuando Avraham se coloca delante de Yahvéh condicionándolo con la expresión “cincuenta justos”, estaba refiriéndose a la posibilidad que existieran diez justos en cada ciudad, ya que eran cinco las metrópolis condenadas. Pero ante la promesa divina de no destruir a aquellos lugares caso de hallarse cincuenta justos en ellos, Abraham implorando Su gracia, le pide primero que salve a cuatro de las cinco ciudades, si encuentra cuarenta justos en ellas. Luego que salve a tres ciudades, si el número de justos asciende a treinta. Después a dos ciudades, si el número de justos asciende a veinte. Y por último, pide que salve a una sola ciudad por lo menos si el número de gente justa asciende a diez. El Eterno le asegura a Abraham que la existencia de diez justos tiene tanto valor como la de cincuenta (pasuk 32). Por lo tanto, todas las ciudades quedarían en ruinas.

Avraham se acordó que Noaj había guardado silencio, que no le había pedido nada al Eterno cuando se le anunció “el fin de toda carne”. Por ello decidió interceder inmediatamente cuando Yahvéh le comunicó su intención de aniquilar a las ciudades perversas. Avraham era un gran tzadik, y solamente un tzadik (justo) ora intercediendo por las personas malvadas. Es la diferencia entre Noaj y Abraham; Noaj no elevó tefilah alguna por los habitantes del mundo antiguo, solamente se remitió a proclamar el oráculo de la destrucción, y construir el tevah (arca). En cambio, en esta ocasión Avraham apela a la misericordia divina en favor de esas perversas ciudades.

Él tenía compasión por Sodoma y le rogó al Eterno que los perdonara por el mérito de diez personas justas que pudiesen hallarse ahí, (18:32). La presencia de aquellos Sodomitas pervertidos y depravados, que disfrutaban; sin embargo, de una vida opulenta en medio de una naturaleza exuberante y paradisíaca (Ezequiel 16:49), constituía un desafío permanente para el patriarca que predicaba la obediencia al Abba Kadosh, la bondad, la moralidad y la virtud desinteresada.

“DIEZ JUSTOS”
Vayomer al-na yichar l’Adonay va’adabrah ach-hapa’am ulay yimats’un sham asarah vayomer lo ashchit ba’avur ha’asarah.

«Y dijo: Que no se enoje mi Amo, hablaré sólo una vez más. ¿Quizá haya allí [solo] 10?”
Y respondió:
“No la destruiré, en consideración de los 10”.

(Génesis/Bereshit 18:32)

“Quizás haya ahí diez”, sugirió Avraham. Puede escucharse extraño que nuestro patriarca rogase por la salvación de aquellas ciudades de corrupción y de maldad, las peores del mundo (leer verso 24). Pero Avraham entendía que, por muy malvada que sea una persona, esta posee una chispa de Dios, por ser creada a tzelem (imagen divina), por lo tanto todo ser humano es un hijo de la Creación, aunque no sea aún hecho hijo de Dios por medio de Su redención (Juan 1: 12).

El ejemplo de Abraham nos enseña a orar por la salvación de todo el género humano, no importa a qué raza o religión pertenezca. Avraham conocía el secreto de que en las esferas celestiales el mérito de un número importante de justos tiene más alcance que el de un número de personas comunes. Por eso Yahvéh le asegura que la existencia de diez justos tiene tanto valor como la de un número de cincuenta.

En las Sagradas Escrituras el número diez representa la totalidad.

  • En el primer capítulo de Bereshit (Génesis) aparece la frase “dijo Dios” diez veces, en relación con la creación de todo.
  • Diez justos representarían toda la ciudad de Sedom.
  • Diez expresiones o palabras (Decálogo) representan toda la Torah toda.
  • Diez espías representaban todo el pueblo.
  • El diezmo representa todos los ingresos de un justo, etc.
  • Diez constituye el número mínimo para que, en una congregación se asiente la Shejiná del Eterno.

Por todo esto, en la tradición de Israel se necesitan diez varones justos para poder constituir un minyán, una asamblea legal representativa para todo Israel. Tanto para la oración en la sinagoga como para ciertos trámites legales se considera necesario tener un minyán.

Avraham supuso equivocadamente que habían por lo menos diez almas piadosas en Sedom, a saber: Lot con su esposa, sus cuatro hijas y cuatro yernos. Rabí Shimón Bar Yojáy solía decir que el mundo puede ser salvado por el mérito de un solo justo, tal como está escrito: “…El justo es el fundamento del mundo…” (Prov 10: 16, 21, 25). Sin embargo, este maestro aseguraba que debe tratarse de un justo de una perfección y de una santidad excepcional. Si hubiera habido diez justos en las ciudades proscritas, la justicia divina no hubiera perdido la esperanza de que sus habitantes pudiesen enmendarse y conocer un porvenir mejor. Los hubiera preservado de la destrucción en consideración a aquel porvenir.

Por ello, el Todopoderoso le asegura que no había diez personas justas en esa ciudad, pues los yernos de Lot no eran meritorios, según se advertirá en Gen 19:14. Una vez que Abraham se convence de que la catástrofe es inminente, los malakim (mensajeros o ángeles) se abrieron paso hacia Sedom.

El Midrash, con la intención de dejar bien claro esto, registra esta explicación:

«…En la generación del diluvio hubo ocho justos, Noaj, su mujer, sus tres hijos y sus esposas. Sin embargo, su mérito no fue suficiente para salvar a su generación. Aparentemente un número menor a diez no es suficiente para salvar a otros. Cuando los malakim llegaron a destruir Sedom rescataron a Lot sobrino de Abraham, a su mujer y a sus dos hijas antes de comenzar a ejecutar el juicio de El Eterno…».

Como el Señor estaba hablando con Abraham, los dos ángeles partieron de las colinas de Hebrón, y fueron hacia Sodoma. Sin embargo, Abraham, presintiendo lo que iba a suceder, se quedó en el camino con vista a la llanura del Mar Muerto para abogar por las personas inocentes que no habían participado en la maldad allí abajo.


Bitácoras Relacionadas:

La Vocación de Abraham: Santificar el Nombre del Eterno

Por P.A. David Nesher

 
“Y Yahvéh dijo a Avram:
Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”
(Berseshit/Génesis 12:1-3)

Después de cinco años en Harán (o Jarán), el Eterno le recuerda lo que originalmente le había dicho a Abram en la tierra de los caldeos. Cuando leemos el relato que el diácono Esteban hace en el libro de los Hechos, descubrimos que Yahvéh ya se había aparecido a Avram en Ur-Kasdim:

“El Dios de gloria apareció a nuestro padre Avraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Jarán, y le dijo:

«SAL DE TU TIERRA Y DE TU PARENTELA, Y VE A LA TIERRA QUE YO TE MOSTRARÉ.«

Entonces él salió de la tierra de los caldeos y se radicó en Jarán. Y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora vosotros habitáis.”

(Hechos 7: 2-4)

Así pues nos queda claro que Avram ya había recibido su vocación divina en el país donde nació. Al leer el primer libro de las Sagradas Escrituras no encontramos la razón por la que Teraj, el padre de Avram, tomó la decisión de salir de Ur con parte de su familia.

Sin embargo, cuando acudimos al testimonio del libro de Yashar, junto con otros midrashim (enseñanzas), nos enteramos que Teraj había sido el general del ejército del rey Nimrod cuando tuvo a su hijo Avram, y por causa de un mensaje de los astrólogos Nimrod había decidido matar a todos los niños recién nacidos en su reino porque temía que un nuevo rey había nacido que le iba a quitar de su puesto. Por esto, Teraj escondió a Avram en una cueva durante 13 años y con astucia le entregó un niño recién nacido de una de sus siervas, diciendo que era Avram. De este modo Avram pudo sobrevivir el primer ataque contra su vida. Esta fue la primera de las diez pruebas que tuvo que pasar nuestro padre.

La segunda prueba que cuentan los midrashim fue cuando Avram no quiso adorar a los dioses de madera y piedra que su padre Teraj servía. También desafió la idolatría del rey Nimrod y por eso fue puesto en la cárcel durante diez años y luego echado en un horno de fuego junto con su hermano Harán. Yahvéh lo liberó milagrosamente de esa prueba pero su hermano fue consumido por las llamas.

Entonces, pareciera ser que por causa de todo esto Teraj tomó la decisión de salir de Ur para tener paz en su familia. Su plan era ir hasta la tierra de Kenáan, pero nunca llegó. Se quedó por la mitad, en Jarán, en la parte sur-este de lo que hoy es Turquía. La obediencia parcial de Avram no quitó la promesa de Yahvéh. En lugar de esto, significaba que la promesa estaba “en espera” hasta que Abram estuviera listo para hacer lo que el Señor dijo.

Es que es muy difícil dejar el propio país donde uno tiene todas sus relaciones. Es muy difícil salir de su pueblo, y todavía más, salir de la casa del padre de uno. Pero eso es lo que le pidió el Señor a Abram. A partir de estas palabras se descubre un doble fracaso por parte de Abram. Hay tres cosas que le fueron ordenadas por el Eterno. En primer lugar, él tenía que dejar su tierra y a las personas que vivían allí. Con respecto al primer requisito Abram obedeció, pero en referencia a los dos últimos fracasó. En segundo lugar, él tenía que separarse de su padre y de la casa de su padre. Pero en lugar de dejar a su padre y a su familia, llevo a su padre Teraj y su sobrino Lot con él. En esto no fue obediente. Teraj significa retardo, y Abram estaba atascado en Harán.

Los estudiosos no saben bien si el Eterno repitió su llamado a Avram en Jarán, o es que simplemente Avram tomó la decisión de salir por causa del llamado que había recibido ya estando en Ur, antes de que su padre había tomado la decisión de salir de allí. Lo cierto, es que ahora vemos como Avram obedece el llamado de salir de su tierra y de su familia. Sin embargo, aún lleva consigo a su sobrino Lot, cuyo nombre significa “velo”, que con el tiempo le causará muchos problemas.

 “Y tomó Avram a Sarai su mujer, y a Lot su sobrino, y todas las posesiones que ellos habían acumulado, y las almas que habían hecho en Jarán, y salieron para ir a la tierra de Kenáan; y a la tierra de Kenáan llegaron.”

(12:5)

Las almas que habían hecho es una referencia a que habían ganado personas para la fe de ellos. Según Rashí, Avraham convertía a los hombres y Sará convertía a las mujeres. Según el midrash, Avram convocó asambleas públicas en Jarán, para proclamar la verdad de Un Creador, e instó a servirlo. Luego de los discursos públicos, estaba dispuesto a debatir sus propuestas con cualquier persona que las cuestionara. Así ganó decenas de miles de adeptos que reconocieron la existencia de Yahvéh como el único Boré Olam (Creador).

“Y atravesó Avram el país hasta el lugar de Shejem, hasta el planicie de Moré. Y el cananeo estaba entonces en la tierra. Y Yahvéh se apareció a Avram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Entonces él edificó allí un altar a Yahvéh que se le había aparecido.”

(12:6-7 )

Abram atravesó toda esa región hasta llegar a Shejem (Siquén), donde se encuentra la encina sagrada de Moré. Shejem era una ciudad pagana y fue el centro cananeo de la idolatría y las prácticas ocultas. Los cananeos tenían santuarios en arboledas de robles y Moré puede haber sido uno de sus centros de culto. Ahora bien, por un lado, el nombre Shejem significa “hombro”, “cerviz”, “nuca”, en relación con levantar una carga o llevar un yugo, y el nombre Moré significa “maestro”. Por otro lado, Abram no había llegado a ser influenciado por los cananeos, ni él a adorar a sus dioses. Por el contrario, el venía con una misión: proclamar que Yahvéh es único y verdadero Dios. Por eso, la primera experiencia espiritual profunda que tuvo Avram después de haber obedecido al Eterno al salir de Mesopotamia, fue una aparición del Eterno en Shejem y Moré. Es sólo cuando nos separamos del mundo y caminamos en obediencia al propósito eterno de Dios que podemos entrar en comunión con Él.

Esta experiencia le marcó tanto que tomó la decisión de edificar en ese lugar un altar. Ese altar representa la primera experiencia en la vida de la fe de todos los que van a ser contados por Dios como hijos, se trata de la entrega del yo. Edificar un altar en la antigüedad significaba que junto al mismo se construía y constituía una yeshivah (escuela) o centro de estudios de la doctrina de la divinidad que en dicho altar se invocaba. Es decir, que nuestro padre Avram hizo un altar desde el que invitaba a muchos habitantes de Kenan a venir a conocer al Eterno.

El altar es un lugar de sacrificio, un animal es ofrecido como representación del hombre. La ofrenda de ascensión (holocausto) simboliza una entrega total. El altar es el lugar donde la voluntad del hombre se somete a la voluntad del Eterno. “No se haga mi voluntad sino la tuya.” “Que no sea como yo quiero sino como tú quieras.” Eran las expresiones comunes que un ofertante daba como oración junto a su sacrificio. Después de esto, la construcción de altares se convirtió en una costumbre de los patriarcas (12:8, 13:18, 22:9, 26:25, 33:20, 35:7).

Un dato curioso para mencionar aquí es que todo el relato de los patriarcas es una anticipación de lo que le pasó a sus descendientes. Esto pone de relieve los incidentes en su vida, tales como la perforación de pozos y sus varios viajes, lo que de otro modo serian poco importantes. Por lo tanto, la primera parada de Abram estaba en Shejem, una indicación de que este sería el primer lugar para ser tomado por sus descendientes, incluso antes de que llegara el momento para que ellos conquisten la tierra prometida.

  • La historia posterior a Avraham nos muestra que Shejem llegó a ser un lugar de grandes decisiones para sus descendientes (cf. Génesis 33:18-20, Génesis 28:20-21; 37:12-17; Josué 24:1, 14-27; Jueces 21:19; 1 Reyes 12:1; 12:25).
  • Shejem fue elegido como un lugar de refugio (cf. Josué 20:7).
  • Yosef fue sepultado en Shejem esperando la resurrección de los muertos. Su tumba se encuentra allí todavía hoy, cf. Josué 24:32.

Así que, Shejem representa en la vida de Avraham el lugar de conversión, el lugar donde muere de sí mismo y reconoce a Yahvéh como su único Dios verdadero, invitando a todo ser humano a venir a Él como Fuente. Es el lugar donde el Eterno le prometió por primera vez que su descendencia recibiría esa tierra.

Y de la misma manera como Avraham tuvo esa experiencia, todos los que en el día del juicio van a ser finalmente contados como sus hijos tendrán que tener la misma experiencia. Todos sus hijos tendrán que pasar por Shejem, donde reconocen al Dios único y mueren de sus propias vidas en el primer altar.

Como hemos dicho, Shejem significa “cerviz”, “hombro” o “espalda” y viene de una raíz que tiene que ver con inclinarse para levantar una carga sobre su espalda. Esto nos lleva a pensar en el momento cuando el Mesías se inclinó para llevar sobre sus hombros el madero de tormento sobre el cual iba a ser sacrificado para la redención eterna de todos los hijos de Avraham. Shejem simboliza la muerte de Yeshúa. Fue el primer lugar donde Avraham tuvo que pasar para poder ser el padre de la gran nación y obtener la tierra de Israel. La muerte y resurrección de Yeshúa es la base sobre la cual Yahvéh entrega la tierra a los hijos de Avraham.

También hemos visto que junto a Shejem está la llanura de Moré. Moré significa “maestro” y viene de una raíz que significa “fluir”; “poner”, “echar”, “tirar”; “señalar”; “enseñar”. Es la misma raíz que se encuentra en la palabra Torah. Así que cuando Avram primero tuvo la experiencia profunda de conversión en Shejem al mismo tiempo tuvo la experiencia de lo que implica tener un Moré, un Maestro que le enseñaba la Torah. La Torah (Enseñanza) es algo que marca la diferencia entre lo santo y lo común, lo verdadero y lo falso, luz y tinieblas, vida y muerte, etc. Por lo tanto, el Eterno mismo fue quien le enseñó los mandamientos a nuestro padre Avraham:

“Avraham me obedeció, y guardó mi ordenanza, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.”

(Génesis 26:5)

Más adelante, después de la entrada en la Tierra, los hijos de Israel tuvieron que marcar la diferencia entre la bendición y la maldición precisamente en el valle de Moré.

En el norte tenían el monte Eival, que representa la maldición que es producida por la desobediencia a los mandamientos, y en el sur tenían el monte Guerizim, que representa la bendición por obedecer los mandamientos, cf. Deuteronomio 11:26-32; 27:12; Josué 8:33.

Moré es el lugar donde se reconoce la Torahdel Eterno como el patrón de nuestra vida.

Moré representa también a Yeshúa HaMashíaj como el gran Maestro (Rabino) que enseña a sus seguidores de mentalidad hebrea a vivir según la Torah que fue dada en Sinai, tal como Él mismo lo aseguró en su enseñanza de la montaña:

“No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.”

(Mateo 5:17-20:)

Combinando los dos lugares Shejem y Moré, vemos también una conexión entre nuestra aceptación de la muerte del Mesías y la aceptación del Mesías como nuestro Maestro de Torah.

Shejem y Moré representan los dos pasos para ser salvo tal como el apóstol Pablo se lo recordaba a los discípulos de Roma:

“si confiesas con tu boca a Yeshúa por Señor (hebreo Adón; griego Kyrios), y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.”

(Romanos 10:9-10)

Tanto el término hebreo Adón como el griego Kyrios significa “señor”, ”maestro”, ”gobernante” y ”jefe”.

Aprovechando esta charla con ustedes, debo decirles que en la literatura rabínica de Israel de todos los tiempos, encontramos que los sabios hablan del “yugo de la Torah”, el “yugo del Reino de los Cielos”, el “yugo de los mandamientos” y el “yugo del arrepentimiento”, y todos estos “yugos” son términos para tomar o aceptar la Torah. Es decir que la palabra “yugo” normalmente representa la Torah.

Así pues nos encontramos con Yeshúa que al llamar seguidores les decía:

«Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí»
(Mateo 11:28).

Aquí Yeshúa se refiere al entendimiento de los hebreos del «aprendizaje» que se puede ver como dos bueyes unidos para arar. Uno mas viejo, el buey más fuerte con más experiencia se coloca en un yugo al lado de un buey joven con menos experiencia. El joven entonces se entera de sus responsabilidades de la edad a través del yugo. El descanso que ofrece Yeshúa es el yugo con el que estamos obligados a él. ¿Cuál es el yugo? ¿Cómo podemos, como el buey más jóvenes, aprender de Yeshúa, el buey viejo? El yugo es la Torah, las enseñanzas de Dios. Como Yeshúa caminó la Torah, nosotros estamos unidos a él para aprender los caminos de Yeshúa a través del yugo de la Torah. Por eso, cuando Yeshúa dice que su yugo es fácil y su carga ligera, hay una referencia implícita al estilo de vida itinerante que llevaba; a esa alusión de no tener dónde reposar la cabeza, situación compensada por la recompensa de recibir las enseñanzas de un maestro de Torah.

Pero aún no está todo dicho. Permítanme peregrinar con ustedes unos niveles más de lo que se esconde en este texto. Para ello leamos lo que se relata a continuación:

 “De allí se trasladó hacia el monte al oriente de Betel, y plantó su tienda, teniendo a Betel al occidente y Ai al oriente; y edificó allí un altar a Yahvéh, e invocó el nombre de YHVH.”

(12:8)

Diré que Betel significa “casa de Dios”, “casa del Poderoso”. En el contexto de una mentalidad hebrea la palabra casa puede significa dos cosas:

  1. Núcleo familiar
  2. Lugar de habitación

En este caso Betel simboliza tanto la Familia de Dios como el Templo de Dios. Pues bien, la vocación de Avram nos está diciendo que no podemos quedarnos solamente en la experiencia de Shejem y Moré, que representa la conversión al Dios de Israel por medio de Yeshúa HaMashíaj y la aceptación de la Torah dada por Moshé y explicada por el Mesías. ¡El Eterno asegura que hay más!

Ya les expresé que en la mente hebrea se habla de dos yugos, el yugo del Reino y el yugo de la Torah. El yugo del Reino está representado en el significado de Shejem, y el yugo de la Torah está representado por Moré. Estos dos yugos están también expresados en los primeros textos de la confesión del Shemah. En el primer texto del Shemah está escrito:

“Escucha, Israel, YHVH es nuestro Dios, YHVH es uno. Y amarás a YHVH tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.”

(Deuteronomio 6:4-9 )

Este texto representa el yugo del Reino, el cual implica aceptar al Eterno como nuestro único Dios de manera personal. Por esto está escrito en singular: “amarás, tu, tu, tu, enseñarás etc.”

Ahora, el amor por el Eterno se manifiesta en la obediencia a sus mandamientos. Shejem nos lleva a Moré.

El segundo yugo, el de la Torah, se encuentra en Deuteronomio 11:13-21 donde leemos lo siguiente:

“Y sucederá que si obedecéis mis mandamientos que os ordeno hoy, de amar a YHVH vuestro Dios y de servirle con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, El dará a vuestra tierra la lluvia a su tiempo, lluvia temprana y lluvia tardía, para que recojas tu grano, tu mosto y tu aceite. Y El dará hierba en tus campos para tu ganado, y comerás y te saciarás. Cuidaos, no sea que se engañe vuestro corazón y os desviéis y sirváis a otros dioses, y los adoréis. No sea que la ira de YHVH se encienda contra vosotros, y cierre los cielos y no haya lluvia y la tierra no produzca su fruto, y pronto perezcáis en la buena tierra que YHVH os da. Grabad, pues, estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma; atadlas como una señal a vuestra mano, y serán por insignias entre vuestros ojos. Y enseñadlas a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y escríbelas en los postes de tu casa y en tus puertas, para que vuestros días y los días de vuestros hijos sean multiplicados en la tierra que YHVH juró dar a vuestros padres, por todo el tiempo que los cielos permanezcan sobre la tierra.”

En este yugo de la TorAH vemos como el pronombre se va cambiando a una forma plural. En el primer yugo, el del Reino el texto está escrito de una forma solamente personal, singular, “amarás, tu, tu, tu, enseñarás, escribirás etc.”

En este yugo de la Torá vemos que se usa la forma plural “obedecéis, os, vuestro, vuestro, vuestra, vuestra” pero luego, en el versículo 14 va pasando al singular: “recojas… etc.” para luego volver al plural en los versículos 16-19a: “cuidaos…”, después al singular en los versículos 19b-20: “te…” y, finalmente, al plural en el versículo 21.

De esto aprendemos que el yugo de la TorAH nos enseña a vivir nuestra vida privada en obediencia en una relación con el pueblo del Eterno. Por lo tanto no es suficiente vivir solos delante del Eterno. Necesitamos formar parte de un colectivo. Y este es precisamente el resultado del trabajo de la Torah en nuestras vidas.

Uno no puede amar al Eterno y aborrecer al hermano. Es imposible, porque el amor al Eterno te lleva forzosamente a amar a tu prójimo, primero los más cercanos y luego los que están más allá de los conocidos.

En esto pensaba el apóstol Pablo cuando le escribía a los discípulos de Éfeso:

“Yo, pues, prisionero del Señor, os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también vosotros fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.”

(Efesios 4:1-6)

Así mismo a los filipenses les insistía en esto diciéndoles:

“Por tanto, si hay algún estímulo en el Mesías, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.”

(Filipenses 2:1-4)

Y a los de Colosas los animaba así:

“Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesús el Cristo, orando siempre por vosotros, al oír de vuestra fe en Jesús el Cristo y del amor que tenéis por todos los santos… Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como el Mesías os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad. Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.” 

(Colosenses 1:3-4; 3:12-15)

En todos estos textos vemos la importancia de tener una relación correcta con el pueblo de Dios, valorándolo como la Familia de Dios y el Templo de Dios para cada uno de los redimidos.

La experiencia de salvación con la aceptación del yugo del Reino y el yugo de la Torah es maravillosa, y transforma nuestra vida personal. Pero hay más. Conforme vayamos creciendo en el conocimiento del Eterno por medio de Su Torah revelada por medio de Moshé y el Mesías Yeshúa, entraremos en una dimensión nueva de nuestra vida espiritual, la dimensión de colectivismo y así pasamos de Shejem y Moré a Betel, la familia del Eterno.

Es cierto que tenemos una responsabilidad delante del Eterno de nuestras vidas personales, cada uno será juzgado según su propia obra, en pensamientos, palabras y hechos, pero nuestras vidas no fueron creadas para ser islas separadas en un lago, sino miembros de un cuerpo, un colectivo, una gran familia, la gran familia de los hijos de Avraham.

“… al oriente de Betel, y plantó su tienda, teniendo a Betel al occidente y Ai al oriente; y edificó allí un altar al Eterno, e invocó el nombre del Eterno” 

Ai significa montón o ruina. Betel significa casa de Dios. ¡Un montón de piedras no es una casa!

Avram se colocó entre Betel y Ai. Cada día al salir de su tienda por la mañana vio que Ai estaba delante y Betel detrás, porque las tiendas siempre se colocan con la entrada hacia el oriente. Para poder ver la casa de Dios – Betel – tuvo que dar las espaldas al montón de piedras – Ai. De la misma manera nosotros tenemos que escoger entre ser una piedra solitaria, aunque sea parte en un montón de piedras juntas, o ser parte de una casa donde hay orden y disciplina.

Para ser parte de una casa hace falta pasar por un proceso de corrección, ser una piedra viva, labrada, y ajustada y colocada en un lugar específico en el edificio. Ya uno no puede hacer lo que le parezca, lo que le plazca.  Hay constructores que han sido puestos para edificar una casa del Eterno en todo lugar, esforzándose para que las piedras sean ajustadas y colocadas cada una en su lugar.

Así que ya terminó el tiempo de ser una persona espiritual solitaria. Llegó el tiempo de ser parte de una casa, un cuerpo, y unirse definitivamente a los hermanos.

Por este espíritu velaban y trabajaban los apóstoles del Señor en las primeras comunidades de seguidores de Yeshúa:

“Por tanto, desechando toda malicia y todo engaño, e hipocresías, envidias y toda difamación, desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis probado la benignidad del Señor. Y viniendo a El como a una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios, también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Yeshúa el Mesías. Pues esto se encuentra en la Escritura: HE AQUI, PONGO EN SION UNA PIEDRA ESCOGIDA, UNA PRECIOSA piedra ANGULAR, Y EL QUE CREA EN EL NO SERA AVERGONZADO. Este precioso valor es, pues, para vosotros los que creéis; pero para los que no creen, LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS CONSTRUCTORES, ESA, EN PIEDRA ANGULAR SE HA CONVERTIDO, y, PIEDRA DE TROPIEZO Y ROCA DE ESCANDALO; pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y para ello estaban también destinados. Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia.”

(1 Pedro 2:1-10)

La Torah no relata que Avram plantó su tienda en Shejem. Pero aquí en Betel sí. Es un lugar donde hay que plantar la tienda. Es un lugar donde hay que afirmar su estancia. Hazte miembro de un colectivo de personas que creen igual que tú y sé fiel a esa comunidad.

El relato nos cuenta que Avram “edificó allí un altar a Yahvéh, e invocó el nombre del Eterno” y este altar representa la entrega total al Eterno dentro de un contexto colectivo, en la congregación de los creyentes, en la casa del Eterno. Invocar el Nombre no significa solamente tomarlo en los labios, sino dar a conocer al mundo entero que Él es el único. Después de haber estado en Mesopotamia y luego en Egipto, Avraham toma sobre sus hombros la tarea de hacer conocer el Nombre del Eterno al mundo entero, para que supieran que El es el único Dios verdadero, fundando Centros de Instrucción (yeshivot) para capacitar a todo ser humano que quisiera obtener su santidad y justicia. Esto será la pauta más importante de la misión que la vocación mesiánica marca. Así es como lo dejó en claro nuestro Mesías:

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Yeshúa el Mesías, a quien has enviado.” 

(Juan 17:3)

Avram dio a conocer el Nombre del Eterno en Shejem, Moré, y entre Betel y Ai. De esto aprendemos que lo que más impacta al mundo no es nuestra propia experiencia de aceptación del yugo del reino y de la Torá, nuestra experiencia con  el Mesías Yeshúa como Salvador y Señor, sino nuestra convivencia en amor en la congregación de los creyentes, y por sobre todo nuestra proclamación de la buena noticia de Su Reino entre los hombres:

“Un mandamiento nuevo os doy (Moré):
que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado (Shejem), así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos (Proclamó el Nombre) que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros (Betel).”

(Juan 13:34-35)

Amado discípulo de Yeshúa te aconsejo que ya no vivas como una piedra solitaria, sin más bien déjate edificar como una casa espiritual y así proclamar el Nombre del Eterno entre los que te conocen.

Ahora, antes de despedirme de cada uno de ustedes, quiero compartirles un dato muy curioso y lleno de los misterios metafísicos de los Cielos. Existe un fenómeno natural muy interesante en el lugar donde Avram invocó el Nombre del Eterno por primera vez, allí en la Tierra prometida. El nombre hebreo de YHVH está escrito con las letras actuales hebreas, en las montañas en el mismo lugar donde nuestro padre plantó la tienda y edificó altar. Esto se puede ver en las imágenes de los satélites.

El Aleteo del Nesher de Israel

Por Tony Gonzalez

«Como el águila que excita su nidada, Revolotea sobre sus polluelos, Extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas.»

(Devarim/Deuteronomio 32:11)

​​

EL VUELO MESIÁNICO

Esta imagen que describe el cántico de Moisés, muestra al águila sobrevolando su nido, donde están sus pichones, es muy fuerte y poderosa.

El águila bate sus alas sobre el nido , no tan fuerte como para desarmarlo, pero tampoco tan suave como para no alborotar a los cómodos ocupantes de este. Hoy el Eterno hace lo mismos sobre sus escogidos.

Me imagino un enorme águila batiendo sus grandes y plumosas alas sobre su nidada, tal acción implica un fuerte soplido de aire sobre los diminutos e indefensos polluelos, que los sacude y despierta de su cómodo y confortable sueño.

Esta imagen atrae mucho mi atención, ya que desde mi parecer implica un llamado a despertar.

Este es el llamado mesiánico, para volar a la libertad y expansión.

Sobre sus alas.

«Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.»

Éxodo 19:4

Uniendo los versículos podemos comprender más ampliamente a lo que se refiere Moisés.

El águila bate sus alas sobre el nido, para despertar a sus polluelos, también es una invitación ineludible a que se apresten para que ellos aprendan a volar en las alturas. Es muy conocida la costumbre de las águilas, que ponen a sus crias sobre sus lomos (unión de las alas), para finalmente impulsar a sus polluelos a tener su propio vuelo, en medio de la expansión de los cielos.

Esto es lo que el Eterno hizo con Israel al sacarlo de Mitzraim (Egipto) el lugar de las limitaciones y estrecheces, donde al parecer por 430 años, habían estado cómodos y aggiornados a un sistema de vida totalmente erróneo.

Según este canto profético, Moisés declara que, para poseer la tierra de la promesa, Israel debía esta vez atreverse despertar, salir del nido y volar como un águila. Pero nunca olvidando que no era por sus propias fuerzas, sino por el despertar de la fuerza del Eterno en su interior.

Hoy, para nosotros el llamado es el mismo, es el aleteo del Eterno que, por medio de su Santo Espíritu, nos quiere despertar, para que no nos aggiornemos al sistema imperante (Rom. 12:2) y nos subamos a las alas de Yeshúa Ha Mashiaj y volemos con sus fuerzas a las dimensiones celestiales poderosas.

Alas y plumas

En el hebreo, “alas»: se dice Kanáf y “plumas” Ebrá, analicemos estas dos palabras, según la concordancia Strong:

Kanáf: alas

· Arista (segmento de línea donde se encuentran dos caras)

· Ala como borde de un vestido o manto, sábanas o cobijas

· Vuelo

· Cuadrante (un antiguo instrumento utilizado para medir ángulos en astronomía y navegación)

· Pináculo (Parte superior y más alta de un edificio)

· Borde

· Confín

· Postrero

· Punta.

· Regazo

· Proyectar lateralmente.

· Proyectar reflexivamente.

Ebrá: Pluma

· Elevarse

· Volar

Como vemos las palabras usadas por Moisés no solo describen la acción protectora de un ave, sino más bien expresan la profundidad profética de cada letra del idioma celestial.

En este pequeño versículo, podemos ver la promesa mesiánica del Eterno, a favor de Israel (su Primogénito).

También podemos ver proféticamente la acción mesiánica de Yeshúa Ha Mashiaj. El Hijo del Hombre, quien realmente, reúne sobre si todos los significados:

· Por Él es posible unir las caras, es decir es posible estar cara a cara con el Padre. (Juan 14:9)

· Por Él estamos bajo el manto protector del Eterno. (Juan 14:23)

· Por Él podemos dominar los bordes de nuestra vida, para nunca caer a los abismos tenebrosos. (Mateo 18:6-9)

· Por Él (la Torá hecha carne) es que podemos comprender los confines del tiempo y el espacio. (Marcos 13)

· Por Él, el postrer Adán estamos vivificados. (1ªCor. 15:45)

· Por Él, somos como la punta de una lanza, somos la vanguardia, somos cabeza y no cola. (Dt. 28:13)

· Por Él, podemos acceder cada día al regazo del Padre. (Juan 6:37)

· Por Él, podemos tener verdadera proyección lateral, es decir en la posición de 90º, esto equivale unir la tierra y el cielo. (Juan 14:6)

· Por Él, podemos tener una proyección reflexiva, desde una consciencia de luz. (Mt. 5:14; Fil. 2:15)

· Por Él podemos elevarnos hacia los planos celestiales y volar por sobre los abismos tenebrosos de la vida. (Juan 8:12; Salmos 91:12; Salmos 121:3; Prov. 3:23)

Como vimos Israel fue llevado de la chatura y aplastamiento de Egipto, a las alturas del Monte Sinaí, al encuentro con el Eterno y su Torá. Fueron llevados, sobre las alas del Águila. También, vemos que, para tomar posesión de la tierra de la promesa, Moisés habla del Águila aleteando sobre su nidal.

Tomando estos dos ejemplos, para nosotros en este tiempo, podemos decir que el Eterno nos sacó de debajo de la pesadez aplastante del pecado y del dominio de la muerte, y nos está llevando a la verdadera libertad y verdadera vida, montados sobre las alas del Águila (Yeshúa nuestro Mesías).

El Aleteo del Águila

​Antes de que el águila tome a sus crias sobre sus alas, primero los despierta. El águila es un ave de tamaño considerable, por lo cual si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones.

Podemos entonces ver que en este versículo se describe al ave sobrevolando sobre su nido, dirigiéndose hacia sus hijos como la más delicada de las criaturas, manifestando un perfecto balance y estabilidad.

​Sobrevolar o revolotear en hebreo es RAKÁF, esta palabra aparece describiendo al movimiento del Espíritu del Eterno Génesis 1:2 «… y el espíritu de Dios sobrevolaba sobre las aguas». Acá vemos que el aleteo describe la acción mesiánica del Eterno a favor de la creación.

Tanto en Génesis, como en el cántico de Moisés la acción del aleteo del Eterno es un llamado a la “teshuvá”, principio para terminar con el caos y la vaciedad. Esto es el llamado del Padre a través del Mesías y su Santo Espíritu para que la humanidad regrese al principio (Bereshit).

​Contextualizando esta palabra «sobrevolar» podemos ver entonces que estos dos pasajes en Génesis (Bereshit) y Deuteronomio (Devarím) son absolutamente complementarios. Ambos apuntan hacia el despertar de los hombres a la realidad mesiánica de retornar a la fuente esencial. ​

El Águila está sobrevolando sobre su nido, así como el Ruaj (Espíritu) del Eterno lo hace sobre los hombres, esto es como un toque casi imperceptible, que muchos lo sienten y otros no.

Este aleteo no es una fuerza invasiva, sino más bien es un suave viento soplando sobre todos. ​

Este sobrevuelo es el poder del amor perfecto (ajabá) soplando suavemente, que quiere involucrarse, sin forzar, que inspira, pero sin obligar, que llama, pero sin presionar.

El aleteo casi imperceptible del Eterno (el Águila) no trasgrede el nido (nuestro ritmo de vida), sino que permite que nosotros sus pichones ejerzamos el libre albedrío. De tal manera que nuestra alma pueda despertarse por sí misma en el deseo de ascender hacia las alturas.

El Eterno por medio de Yeshúa Ha Mashíaj, nos inspira a todos por igual, pero a la vez, paradójicamente, nos permite incorporar lentamente la nueva realidad mesiánica de acuerdo con nuestro propio ritmo individual.

​El águila y el nido

La palabra usada por Moisés para “águila» es nesher. El idioma hebreo no tiene vocales, pero al hablarlo se le agregan sonidos de vocales, por eso las palabras tienen tesoros ocultos en sus raíces y combinaciones.

Volviendo a la palabra “nesher” (águila) debemos saber que las dos letras finales forman la palabra shar, que es en el idioma hebreo el verbo «cantar». Precisamente Devarím 32 (Deuteronomio) es un cántico, por lo que me arriesgo a asumir que es “EL CÁNTICO DEL ÁGUILA”.

​Entonces notamos que el Águila cuando se acerca a su nido bate sus alas, creando un cántico, preparando delicadamente a sus pichones para su descenso sobre ellos. Que hermoso es saber que Abba a través del Mesías despierta nuestras almas, con su aleteo y su cántico mesiánico de amor incondicional.

Eso mismo nos debe animar a activarnos en la verdadera acción mesiánica, que es el aleteo y el cántico del águila sobre el nidal, para que muchos despierten de su confortable nido de muerte óntica. Por eso es fundamental que proclamemos proféticamente, tal cual lo hizo Moisés en Devarím.

Devarím 32:11 describe al águila incitando a los pichones en el nido. ​

La palabra hebrea para «nido» es Ken, que está asociada con «posesión». Esto nos habla que, para poseer las promesas, primero debo tener posesión del lugar en el que estoy.

Esto me hace reflexionar que mi posesión debe ser la Torá, cuando la posesión es la Instrucción del Padre, tengo la conciencia desarrollada en el Reino y su justicia, por lo tanto todo lo demás se me añade.

La palabra para «pichones o polluelos» es gozal, » cuya raíz es gazal, que quiere decir entre muchos significados, “desarrollar, fuerza, impulso, arrebatar”

De manera que cuando el Eterno, aletea sobre nosotros, nuestra alma desarrolla la fuerza necesaria para impulsarse y arrebatar las promesas que están en los cielos. Esto se evidencia sobre todo por la certeza a la hora de orar y proclamar la besorah del Reino (buena noticia).

Somos los pichones despertados por el aleteo del Gran Águila, para elevarnos sobre las alas mesiánicas.

Demos gracias al Eterno porque aletea sobre nuestras vidas, y nos despierta por medio de su Santo Espíritu y nos impulsa a volar a las verdaderas alturas celestiales, por medio de la Torá hecha carne, Yeshúa Ha Mashiaj.

Sean bendecidos.

Profeta Tony Gonzalez.


Bitácora Relacionada:

La Tarde y la Mañana: “Un Día” ¿De qué Duración?

Por P.A. David Nesher

 

  «Vayikrá Elohim la-or yom velajoshej kará laylah vayehí-erev vayehi-voker yom ejad.»

«Llamó Elokim a la luz “día” y a la oscuridad llamó “noche”. Fue el anochecer y fue la mañana, un día.»

(Génesis/Bereshit 1:5)

A partir de una lectura superficial y rápida del primer capítulo de Bereshit (Génesis), surge la impresión de que todo el proceso creador tuvo lugar en seis días de 24 horas. De haber sido esa la intención del autor, pareciera estar en contradicción con la moderna investigación científica, que indica que el planeta tierra fue creado hace miles de millones de años. Ante esto, muchos se preguntan si esto fue un día literal de 24 horas (como la noción que nosotros tenemos de un día) o si fue una era geológica. Por eso, es que algunos dicen que Dios creó al mundo en seis días, y otros dicen que lo creó en seis eras geológicas enormes. Ahora bien, si los días no fueron días, ¿Dios daría su aprobación a la palabra? ¿Tiene Él que ver con inexactitudes, sin importar lo edificante que son? La cuestión depende del uso y entendimiento correcto del idioma hebreo.

Por ello, y para comenzar a hablar de esto, es preciso admitir que un día de la Creación no equivale a un día ordinario de 24 horas, porque el Sol y la Luna son los que definen este lapso y ellos aparecieron hasta el Cuarto Día.

El secreto de este planteo se encuentra en el análisis de la expresión “…tarde y mañana, un día…” (vayehí-erev vayehi-voker yom ejad): Este es el fundamento del Calendario hebreo, en el que el día no comienza por la mañana, sino al atardecer. Por eso, la fraseología no debe entenderse en términos terrenales, más bien hay que apreciarla en una perspectiva divina; como un período de tiempo indefinido.

A ver un momento… alguno se estará cuestionando: «la expresión “…tarde y mañana, un día…” (vayehí-erev vayehi-voker yom ejad) con relación a los periodos de creación, ¿no indica que estos duraron 24 horas?» Pues la respuesta es: NO NECESARIAMENTE.

Según el sabio intérprete de la Torah Najmánides, las palabras vayehí erev, no quiere decir en realidad “y fue la tarde”, sino “y hubo desorden”, porque la raíz de erev, significa “caos”, “mezcla”, “desorden”. Es por eso que la noche es llamada erev, porque cuando el sol baja, la visión se hace confusa. La palabra de la Torah para “mañana” es boker, que es lo opuesto. Cuando el sol sale, el mundo se hace bikoret, es decir “ordenado”, «claro para discernir«. De esta manera se explica que los primero días son contados a base de la obra de poner las cosas en orden que antes estaban desordenadas. Cuando un elemento es transformado de desorden a orden se habla de tarde y mañana, “del caos a la armonía”.

Entonces debemos comprender y aceptar que la Torah no describe las cosas de una manera estrictamente lineal, sino más bien avanza de manera circular o espiral. Por esta razón no se debe entender estas palabras como un seguimiento de lo que ocurrió antes, sino como un resumen de lo que pasó durante todo ese día. Según la Torah, el día comienza con la noche. Primero había oscuridad y luego vino la luz. Ese es un día. El texto hebreo no dice propiamente “día primero”, en cuyo caso tendría que haber dicho yom rishon, ya que esta es la palabra para designar el comienzo de algo como puede ser: germen, brote, primero, etc., sino que lo llama yom ejad, día único. Aquí no dice que fue el primer día, porque los demás días no habían venido todavía, y por eso no se podía hablar de una secuencia de días, sino sólo de un día, por lo tanto dice “un día” o “día uno”, en hebreo yom ejad. La palabra ejad es la misma que se usa para el Eterno que es uno (cf. Deuteronomio 6:4). Ejad es una palabra masculina que se usa comúnmente en el hebreo para decir uno, en referencia a un objeto masculino. El día ejad era un día único, porque sólo durante ese día Dios era único. El término aparece así para expresar con rotundidad la absoluta unidad y soberanía del Eterno por cuanto es el único y no hay nadie más fuera de Él. De allí que tanto el Midrash y Rashí sacan la idea errónea de que los ángeles no fueron creados sino hasta el segundo día.

Con todo este contenido mental de cosmovisión hebrea, comprendemos que para Yahvéh al expresión “un día”no es lo mismo que lo que significa para el hombre:

«…Pues mil años en tus ojos son como día de ayer que se fue, y como una de las vigilias de la noche…».

(Tehilim/Salmos 90:4)

Por eso, es importante tener en cuenta que la palabra traducida como «día« es el hebreo yom, y tiene cuatro significados principales:

  • Día, como el tiempo cuando hay luz (aproximadamente12 horas) [cf. Génesis 1:5a].
  • Día, como jornada de 24 horas (cf. Génesis 1:5b).
  • Un tiempo más largo limitado, una época. El mismo texto de Bereshit usa el término yom traduciéndolo como «el día» refiriéndose así al conjunto de los seis días creativos (cf. Génesis 2:4; 30:14; Prov. 25:13).
  • Mil años (cf. Salmo 90:4; 2Pedro 3:8).

El historiador judío Flavio Josefo (Yosef ben Matityahu), resume lo acontecido en el primer día:

«…Al principio Dios creó el Cielo y la Tierra. Pero como la Tierra no se veía sino que estaba cubierta de espesas tinieblas y un aire recorría la superficie, ordenó el Eterno que se hiciera la Luz. Hecha la luz, consideró la mole en su totalidad y separó la luz de las tinieblas y a las tinieblas las llamó “noche” y a la luz “día”; y al comienzo de la luz y a la hora del descanso la llamó “tarde y mañana”. Y este fue el primer día que existió…».

En el Midrash Levítico (Vayikrá Rabá 29:1), leemos que Yom Teruah conmemora la creación de Adam, y que los seis días anteriores están separados de nuestro sistema de medición del tiempo.

El Talmud, por su parte, registra que los 31 versículos de Bereshit/Génesis que hablan de los 6 días creacionales son una parábola. Es decir, no son literales. La conclusión de los eruditos es que estos seis días de la Creación, no es posible contabilizarlos como días “humanos” de 24 horas, porque sus parámetros son totalmente distintos.

Sucede otra cosa interesante con el tiempo: lo percibimos de una manera muy diferente dependiendo de dónde estemos situados. Comencemos con un ejemplo sencillo: como dice la moderna sabiduría popular; pedirle un deseo a una estrella del firmamento es inútil, porque cabe la posibilidad de que esa estrella ya no exista, simplemente, su luz ha tardado tanto en llegar a nuestro campo visual que, literalmente, estamos viendo algo que existió hace millones de años. Eso significa que estamos viendo el pasado. La ciencia ha demostrado ya que la velocidad y la gravedad son factores que afectan al tiempo. Si nosotros nos moviésemos a la velocidad de la luz, o estuviésemos en un lugar con una densidad gravitacional distinta, el tiempo transcurriría bajo otros parámetros.

Encontré un comentario hecho por el Dr. Gerald Schroeder, judío ortodoxo y científico, miembro de la Comisión de Energía Nuclear de los Estados Unidos de Norteamérica, que considero de suma importancia:

«…Cuando un científico refiere que el Universo tiene casi 14 mil millones de años de antigüedad, lo está expresando desde la perspectiva del tiempo que tenemos aquí en la tierra. Si estuviésemos en otro lugar del Universo, la perspectiva del tiempo sería otra. Por lo tanto, la cifra no sería de 14 mil millones de años, sino otra, probablemente… ¡seis días! …».

Schroeder entonces regresa a la pregunta clásica: los seis días de la Creación que menciona el Génesis ¿son días de 24 horas? Y contesta: ¡Seguro que sí! Todo depende desde dónde estés observando, si desde la ubicación de Dios, o desde nuestra ubicación.

Lo cierto de todo es que, sea cual haya sido su duración, recordemos que la obra de cada día se desarrolló como resultado del mandato soberano del Eterno. Este capítulo, como ya lo expliqué en otra bitácora, no es un tratado de ciencias sino más bien un poema himno cosmogónico lleno de los misterios de Yahvéh y Su propósito eterno en el Mesías. Sin embargo, su armonía con los actuales conocimientos biológicos y zoológicos es sorprendente.

“Guedaliah: un Justo, un Ayuno, un Templo”

Por P.A. David Nesher

En las Sagradas Escrituras encontramos que el profeta Zacarías hace referencia a un día de ayuno conocido como «el ayuno del séptimo«, ya que es observado en Tishrei, el séptimo mes contando a partir de Nisán (Zacarías 7:5; 8:19).

Este ayuno conocido como Tzom Guedaliah (Ayuno de Gedaliah)  fue decretado por los sabios para conmemorar el asesinato de Guedaliah, el hijo de Ajikám, a manos de Ishmael, hijo de Netaniáh, instigado por el rey de Amón. Sucede que con la muerte de Guedaliah se extinguió la última llama de esperanza para mantener la autonomía de Judá luego de la destrucción del primer Beit HaMíkdash. Miles de personas fueron masacradas, y aquellas que sobrevivieron fueron conducidas al exilio.

Esto realmente no tiene nada que ver con los días del temor o expiación, salvo que se produce en medio de ellos. No es una ordenanza divina, sino más bien resulta de la tradición de la Casa de Judá. Este ayuno comienza temprano en la mañana, con el alba, y termina al anochecer.

La Historia que dio origen a este Ayuno.

Cuando Nebujadnetsar (Nabucodonosor) destruyó el Templo del Eterno (año 586 antes de la era común), asesinó a una gran parte de la población del Reino de Yehudáh (Judá), cuya capital era Jerusalem. También llevó como cautivos de Babilonia a decenas de miles de judíos. Y permitió que una parte de la población vencida, campesinos muy pobres, permanecieran en Israel trabajando la tierra y pagando exorbitantes tributos a Babilonia.

Flight of the Prisioners luego de la destrucción de Jerusalén

Nebujadnetsar nombró como gobernador de estos judíos a Guedaliah ben Ajiqam, que pertenecía a la familia Shafán, que vivían en Babilonia desde el exilio de Yejoniá (597 A.E.C.) y se consideraban leales al rey. Fue un gesto positivo inesperado. ¡Era todo un milagro!, que un judío fuera nombrado para cuidar de Judea.

Muchos de los judíos exiliados en Babel esperaban que Guedaliah, siguiendo las directivas del profeta Yirmiyahu (Jeremías) lograría  ganarse nuevamente la confianza del rey de Babilonia hasta que el rey, o su sucesor, accedieran a permitir que todos los judíos regresaran a Israel y eventualmente pudieran reconstruir el Bet haMiqdash (Templo Santo). Por esta razón, y llenos de esperanza, muchos judíos que habían huido a Moab, Amón, Edom, y otros países vecinos regresaron a la tierra de Judá, atendía a los viñedos que se les eran dados por el rey de Babilonia, y disfrutar de un descanso después de la opresión vivida. Así, gradualmente, más y más judíos que habían escapado de los horrores de la guerra y se habían refugiado en países vecinos, comenzaron a volver a sus hogares en Israel.

Así con Guedaliáh a cargo, la esperanza de volver a una vida normal y reconstruir el Beit HaMíkdash era ahora más real que nunca

Por toda esta situación, Ba’alis, el rey de Amón, (hoy Jordania), un reino que se alió con Egipto, hostil y envidioso de los restos de Judá envió un judío leal a sus asuntos, Ishmael Ben Netaniah, para asesinar a Gedalías. El rey Ba’alis sabía que si Guedaliah continuaba como gobernador de Judá eso significaría que le sería más fácil a Babilonia conquistar a Amón. Por ello, este malvado amonita animó a Yishhma’el Ben Netaniá a asesinar a Guedaliáh y le ofreció su ayuda.

Yishma’el era un hombre muy violento que descendía del rey David (cf. 2 Samuel 5:16). Aprovechándose de su linaje davídico se opuso a la designación de Guedaliah, justificando su oposición con el argumento que este último no pertenecía a la dinastía de David, y por eso no podía ostentar el cargo de gobernador de Judá.

Así, al comenzar el séptimo mes hebreo (Tishrí) Yishma’el y un grupo de hombres tan violentos como él, llegaron a la ciudad de Mitzpá, donde fueron cordialmente recibidos por Guedaliah con los honores debidos a un descendiente de la dinastía de David.

Guedaliah había sido advertido de la posibilidad de un atentado contra su vida, pero se negó a dar crédito a sus informantes, convencido de que un yehudí nunca mataría a otro yehudí, y además, ¿por qué alguien con un mínimo de sentido común pondría en peligro las renovadas esperanzas de la redención de Israel que se estaban cristalizando?… ¿Por qué pondría en peligro las esperanzas de redención de todo el pueblo de Israel?

Sin embargo, Yishma’el y diez de sus hombres asesinaron a Guedaliah y a los otros hombres que estaban con él en Mitzpá (ver Jeremías capítulos 41, 42, 43 y 44). Todo acerca de Yishma’el era una desgracia para el nombre de David su ancestro, quien se había soportado todo impulso ‘de asesinar para obtener el trono’ y había esperado por el tiempo de Dios y la voluntad de su pueblo. Este no era un David sino un Jehú.

Después del asesinato de Guedaliah, los judíos temieron represalias del rey de Babilonia. Pensaron en huir a Egipto para salvarse, pero dado que Egipto era una sociedad moralmente corrupta, se encontraron frente a un gran dilema – debían sopesar la amenaza física de quedarse en Babilonia versus el peligro espiritual de ir a Egipto. Por esta razón fueron donde el profeta Jeremías, quien estaba recluido haciendo duelo, para pedirle consejo.

Durante toda una semana Yirmiyahu (Jeremías) le rogó al Eterno por una respuesta, hasta que finalmente la obtuvo en Yom Kipur.

Jeremías llamó a los judíos y les dijo que debían quedarse en Israel y que todo estaría bien. Dios estaba planeando hacer que los babilonios actuasen con misericordia hacia ellos y, poco tiempo después, todos los judíos exiliados tendrían permitido volver a su propio suelo. Pero, les dijo Jeremías, si deciden ir a Egipto la espada de la que están huyendo los mataría allí.

Por desgracia las palabras del profeta no penetraron en los oídos del pueblo, y ellos se rehusaron a creer en ellas. Todos los judíos que quedaban en Israel empacaron sus maletas y se fueron a Egipto. ¡Incluso secuestraron a Jeremías y lo llevaron con ellos! Ahora la destrucción estaba completa; la Tierra de Israel estaba completamente desolada.

Puedes adivinar lo que ocurrió a continuación. Unos pocos años después, Babilonia conquistó Egipto y miles de judíos exiliados fueron asesinados. El único sobreviviente de esta masacre fue Jeremías; su profecía se había convertido dolorosamente en verdad.

La tierra de Israel permaneció por muchos años con poquísimos yehudim, y así el exilio del pueblo de Israel de su tierra alcanzó su pico más alto, y las esperanzas de volver a Yerushalayim se desvanecieron (2 Melakim/Reyes, 25:23-26).

Y así, la tierra de Israel permaneció virtualmente sin población judía durante 52 años. Y las esperanzas de regresar a Yerushalayim y reconstruir el Bet HaMiKdash prontamente se desvanecieron. Fue como revivir una vez más el exilio que tuvo lugar unos años atrás. Era como si el Primer Templo hubiese sido destruido por segunda vez… O peor, porque esta vez, el exilio fue causado por el Pueblo de Dios, al no valorar a su hermanos como piedras vivas de la Casa espiritual de YHVH …

El evento inicial (el asesinato de Guedaliah) ha sido comparado a la destrucción del Templo Sagrado; causó la pérdida de miles de vidas judías y desencadenó el fin del asentamiento judío en Israel por muchos años. Por ende, los profetas declararon que el aniversario de esta tragedia fuese un día de ayuno. Este día es el tres de Tishrei, dos días inmediatamente posterior a Yom Teruah.

Los Sabios estudiosos de la TaNaK (Antiguo Testamento) señalan respecto de este ayuno lo siguiente:

«Esto nos enseña que la muerte de un justo equivale al incendio de la Casa de Dios, ya que así como se decrete un ayuno en conmemoración de la destrucción del Beit HaMíkdash, así también se decrete un ayuno en conmemoración de la muerte de Guedaliá«.
(Rosh HaShaná 18b)

¿Cuál es el significado de este ayuno y por qué ocurre entre Yom Teruah y Yom Kippur?

La respuesta a esta cuestión la podemos encontrar en la Guemarah (parte del Talmud que contiene comentarios rabínicos y análisis de la Mishnah) que afirma que el ayuno en este día nos enseña que la muerte de un justo es comparable con la destrucción del Gran Templo. Sabemos que la muerte de un hombre justo es comparable con la tragedia de la destrucción del Templo, porque el versículo de Zacarías menciona al ayuno de Guedaliah junto con los otros ayunos que conmemoran la destrucción del Templo.

Desde este concepto, podemos considerar la historia de este tzadik (justo) y desglosarla en tres lecciones…

Tres Lecciones para el Ayuno de Guedaliah 

Lección nº 1:

El pueblo judío se había hundido hasta uno de sus niveles más bajos de la historia. El Templo había sido destruido, la mayoría de los judíos estaban exiliados y la situación parecía desesperanzadora. Pero Dios cambió las desesperadas circunstancias del pueblo e hizo que el recto Guedaliah fuese designado como líder. Sin embargo, Guedaliah fue asesinado y toda la esperanza desapareció.

Pero fue precisamente en ese momento que Jeremías le rezó a Dios para obtener algo de claridad y convicción. Esto fue durante los 10 días entre Yom Teruah y Yom Kippur. Esta historia es conmemorada para enseñarnos un importante mensaje para estos días: no importa cuán lejos estés, siempre puedes regresar y Dios te perdonará.

Lección nº 2:

Los judíos que fueron a aconsejarse con Jeremías estaban, subconscientemente, seguros de que Dios daría la respuesta que querían escuchar. Entonces, cuando Dios les respondió de una forma diferente, se rebelaron.

Pero ellos no eran personas malvadas. ¿Qué pasó?

A pesar de que estos judíos eran, en un sentido, dependientes de la voluntad de los babilonios, no estaban dispuestos a depender de la voluntad de Dios. La lección es que apegarse a Dios significa seguirlo siempre, no sólo cuando coincide con lo que buscas.

Una buena regla para la vida: cuando te enfrentes a un complicado problema moral, pregúntate: «¿Qué diría Dios? ¿Qué es lo que Dios quiere que yo haga?».

Lección nº 3:

Cuando un israelita asesina a otro es una tragedia terrible que puede tener enormes repercusiones históricas. Tal violencia es inexcusable. ¿Tenemos diferencias políticas y filosóficas? Debemos solucionarlas con calma y tolerancia; ésta es la única manera aceptable.

Después de dos días en que la nación entera de Israel había clamado con esperanza por un buen destino, y larga vida, sufrió una gran caída. Por ello, nosotros debemos atrevernos a usar este día para pensar y preocuparnos por nuestra devoción hacia Yahvéh. Debemos enfocar nuestras plegarias a pedirle compasión al Eterno, no sentirnos tan seguros de las plegarias que hicimos el día de Yom Teruah y pedirle a Yahvéh que nos levante del abismo al que hemos caído tras nuestros errores y que nos dé la certeza de estar construyendo un año de vida bueno para la nación.

El propósito de este, como los demás días de ayuno, es despertarnos de nuestro letargo, al conmover nuestros corazones hacia el arrepentimiento (teshuvah), recordando nuestros propios pecados así como también los de nuestros ancestros, que fueron similares a los nuestros.  Al recordar estos pecados, los cuales continuamos cometiendo, y siguen provocando calamidades similares a aquellas que nuestro pueblo ya sufrió en el pasado – somos motivados a retornar al camino correcto de la vida, como dice la Torah: «Y ellos confesarán sus pecados y los pecados de sus ancestros…» (Vayikrá/Levítico 26:40).

Cada persona debe aprovechar estos días de ayuno y reflexión para hacer un profundo auto-examen de sus acciones, puesto que el propósito esencial de un día de ayuno no es el ayuno en sí, sino motivar a la persona a arrepentirse, es decir regresar a la Fuente, y apegarse en amor a ella, sentido perfecto de teshuvah.

Es por eso que aquellos que cuidan el ayuno pero no meditan sobre los cambios internos que su realidad exige están desperdiciando el día. Ellos sólo enfatizan lo que es secundario (el ayuno) y desprecian lo que es esencial (el arrepentimiento). Sin embargo, tomar el arrepentimiento solamente, sin ayunar, es insuficiente, porque el ayunar es una orden establecida por los profetas, y todo el pueblo de Israel ha cumplido estos días de ayuno, a través de todas las generaciones.

¿Quienes están exentos de este ayuno?
  1. Es un ayuno obligatorio para todos, a partir de la edad de la Bar Mitsvá (13 años cumplidos) para los hombres y de 12 años cumplidos para las mujeres.
  2. Si el 3 de Tishrí cae en Shabat, se aplaza el ayuno al Domingo, pues, a excepción de Yom Kipur, ningún ayuno puede tener lugar en Shabat.
  3. Una persona enferma, aun si gravedad, esta exenta de ayunar en Tsom Guedaliáh. (Ver las leyes concernientes al ayuno del 17 de Tamuz).
  4. Las madres embarazadas y las que están en periodo de lactancia.
  5. Los ancianos deben consultar a su médico para hacer este ayuno.

Fuente utilizada para esta bitácora: Estudio del Tzom Guedaliah hecho por por los rabinos Arie Leiv Nivin y Shraga Simmons


Maldición: Paquete de Milagros y Alegría (Resumen Parashat Ki Tavó)

Por Prof. José Alberto Fuentes

Devarim (Deuteronomio) 26:1-29:9
Haftará: Yeshayahu (Isaías) 60:1-22

 

Esta parashá es una porción muy solemne. En ella encontramos un contenido espiritual tremendo tanto para bien como para mal. A muchos nos impacta leer la parte que se lee con voz baja en las sinagogas, la parte de las maldiciones. Cuando leí la parashá en esa parte fue como un flash de la historia del pueblo judío, como si todo eso ya hubiera pasado y un rayo de luz se asomara para anunciar que el tiempo de la redención está cerca.

Quiero compartir algo que me parece muy interesante y que muestra la otra cara de la moneda. Nadie pensaría que de lo que pareciera ser algo malo – como la montaña de las maldiciones – que, dicho sea de paso, es una montaña árida, podamos sacar una lección de bendición maravillosa. Es por eso que comparto el estudio de Rav Ginsburgh para entender las riquezas del texto de la Torá.

Y mandó Moisés al pueblo en aquel día, diciendo:

«Cuando hayas pasado el Jordán, éstos estarán sobre el monte Guerizim para bendecir al pueblo: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín. Y éstos estarán sobre el monte Ebal para pronunciar la maldición: Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí.»

(Deuteronomio 27:11-13)

¿Cómo es posible que ese lugar de maldición se convierta en un lugar de bendición, con la bendición de la Torah?

Cuando, pues, hayas pasado el Jordán, levantarás estas piedras que yo os mando hoy, en el monte Ebal, y las revocarás con cal; y edificarás allí un altar a YHVH tu Dios, altar de piedras; no alzarás sobre ellas instrumento de hierro. De piedras enteras edificarás el altar de Hashem tu Dios, y ofrecerás sobre el holocausto a Hashem tu Dios; y sacrificarás ofrendas de paz, y comerás allí, y te alegrarás delante de YHVH tu Dios. Y escribirás muy claramente en las piedras todas las palabras de esta ley. (Ibíd. 4:8)

¿Puedes ver y entender el mensaje – como un lugar dónde se declaró muerte y calamidades terribles, es un lugar que puede producir vida y restauración?, pues la Torah del Eterno es integra que restaura el alma, como lo dijo el salmista. ¡Bendito sea el Eterno!

Ahora veamos lo que enseña Rav Ginsburgh.

En la porción Ree profundizamos acerca de las bendiciones y maldiciones que el pueblo hebreo recibió en los montes Guerizim y Eival. La porción de esta semana se centra en el Monte Eival, con el mandamiento de construir sobre él un altar de enormes rocas que no hayan sido cortadas por el hierro. Este altar es único porque Dios nos ordenó escribir todas las palabras de la Torah en sus piedras, por lo que sirve para dos propósitos:

1) para la ofrenda de sacrificios, que representa nuestro servicio a Dios, y

2) como símbolo material de la transmisión de las enseñanzas de Dios al pueblo de Israel y a toda la humanidad.

Las últimas dos palabras de la ordenanza de escribir las palabras de la Torah sobre las piedras sonbaer heitev, «explicar perfectamente«. El famoso comentador bíblico Rashí, nos explica que esta frase es una directiva de escribir toda la Torah en las piedras de su altar en 71 idiomas, hebreo y los 70 lenguajes de los pueblos de la Tierra, cosa que en si es algo milagroso. Esto nos enseña que las palabras de la Torah son para toda la humanidad y deben llegar a todos los pueblos de la Tierra.

Las rocas de hierro que no pueden ser tocadas por el hierro.

Sus piedras fueron tomadas del lecho del río Jordán, con la especificación de que debían ser grandes y enteras, sin que ninguna herramienta de hierro se haya posado sobre ellas, prohibición que también se aplica a las piedras del Templo de Jerusalén. Explican nuestros sabios que los instrumentos de hierro, tales como cuchillos y espadas, son usados para cortar la vida, por lo que son la antítesis del altar, cuyo propósito es prolongar la vida, tanto cuantitativa como cualitativamente. Sin embargo, en una aparente contradicción con este concepto, la porción de la Torah Ekev (Deuteronomio 8:9) describe las piedras de la Tierra de Israel como «hechas de hierro«.

Malkut – el reinado – es el atributo del corazón más vulnerable a la negatividad.

En la Torah se mencionan siete metales, correspondientes a los siete atributos del corazón. El hierro es el metal que corresponde al atributo de malkut, “reinado” o «nobleza», el atributo del corazón más vulnerable a la negatividad. Puede ser positivo, pero más a menudo experimentamos un reinado negativo, ya que la conducta que lo rige deriva del egocentrismo en el alma. Esto deriva en el reinado negativo que utiliza el hierro para cercenar la vida. Por el contrario, las piedras ferrosas de la Tierra de Israel representan el reinado sagrado, positivo. El Templo del futuro será construido con hierro porque entonces el atributo del reinado será absolutamente santo.

Los Diez Mandamientos.

La primera vez que las palabras de la Torah fueron grabadas en la piedra lo fue sobre las dos tablas del Décalogo (conocido por el cristianismo como Los Diez Mandamientos), cinco en cada una.

En el conjunto de versos que nos ordena tallar las palabras de la Torah sobre las piedras del altar del monte Eival, la palabra avanim, «piedras», está escrita cinco veces, siempre en plural. En el Talmud aprendemos que siempre que cada cosa es mencionada en la forma plural, se refiere a dos, que es la mínima forma del plural. En dos de las cinco instancias aparece como haavanim, «las piedras«. Enseñan nuestros sabios que esto significa que se agrega otra adicional. Entonces, hay diez piedras aludidas en las cinco apariciones de avanim, más dos adicionales por cada haavanim. Esto hace que haya en total 12 piedras, una por cada tribu de Israel. El hecho de que avanim aparezca dos veces como haavanim alude a la división de las diez piedras en dos secciones de cinco y cinco, como en los Diez Mandamientos. Vemos así que las piedras del altar del monte Eival son una manifestación más completa de los Diez Mandamientos.

El árbol de la vida – el altar sobre el que está grabada la Torá brinda sustento espiritual al mundo entero.

En nuestro versículo las palabras mizbaj avanim, traducido como «altar de piedras«, tienen el mismo valor numérico que etz, «árbol»:160. Aunque el Monte Eival es estéril, el altar a ser construido específicamente sobre esta montaña equivale y alude a un «árbol«. El altar sobre el cual está grabada la Torah para todos los pueblos de la tierra brinda sustento espiritual al mundo entero. El árbol de esta montaña estéril es el árbol de la vida. Luego de referirse a este como un «altar de piedras«, también lo llama «altar de Di-s, tu Di-s«, mizbaj Hashem Elokeja. El valor numérico de esta frase es 149, que sumado a 160 suma 309, el valor numérico de sadé, «campo«. Así, las dos frases que describen el altar apuntan al árbol del campo, tema discutido en la porción Shoftim.

Las rocas enyesadas.

De manera excepcional, Dios ordenó que las rocas del altar del monte Eival sean cubiertas con sid, “yeso”. Las letras de sid, shin-iud-dalet, son una permutación de las letras del Nombre de Dios Shadai, shin-dalet-iud. El valor numérico de sid es 314, igual que hasadé, «el campo«, por lo tanto, vemos que este altar de rocas alude al árbol del campo. Como meditamos en nuestra meditación de la parashá Shoftim, el árbol del campo representa al hombre en justicia. La frase «el árbol del campo» equivale a «la afabilidad y la serenidad del Todopoderoso«, que se manifiestan ahora en la montaña de la maldición en este altar milagroso.

Transformando el Milagro en Alegría.

La imagen de este altar de piedras es el punto culminante de nuestra meditación de las porciones Ekev, Ree y Shoftim. Representa la síntesis de nuestro servicio divino – nuestro sacrificio a Dios – y la alegría de entrar a la Tierra de Israel para servir a Dios, como narra el comienzo de la presente perashá. La alegría es la dimensión interior de binah, «entendimiento». El monte Eival representa a binah, y aunque parece ser una fuente de maldición, en realidad es la fuente de la alegría. Esta alegría se exterioriza y esparce a través de las palabras de la Torah talladas en la cúspide del monte para abrazar a todas las naciones de la Tierra.

Creo que esto nos ayuda a que ese sentimiento de tristeza por la lectura de las maldiciones, y lo que ha pasado en la historia de Israel sea erradicado, y nos enfoquemos en lo positivo de esa montaña, esperando que la redención acompañada de todas las bendiciones se manifieste pronto y en nuestros días.

Shabat Shalom!

Hidratación Celestial

P.A. David Nesher

 

«El Eterno hará que la lluvia de tu Tierra sea polvo y tierra; del cielo descenderá sobre ti hasta que seas destruido.»

(Deuteronomio/Devarim 28:24 – parashá Ki Tavó)

Habiendo aprendido cuáles son los niveles de interpretación para la Torah (es decir el PaRDeS) Podemos decir que en este pasuk (versículo), desde una interpretación en el nivel Peshat (literal) Yahvéh asegura que una Israel desobediente sería maldecida en su clima, y perjudicada en su producción agrícola.

Sin embargo, desde una interpretación más profunda (Sod), encontramos que en este texto existe una codificación de Luz maravillosa. La expresión hebrea “cielo” hace referencia al dador, mientras que la expresión “tierra” hace referencia al receptor.

Entonces el “cielo”, el dador, debe transmitir frescura e hidratación con mensaje llenos de bendiciones, simbolizado en la misión de la “lluvia” misma sobre la tierra. Por eso, la Instrucción divina revela que lo triste es cuando el “cielo” solo genera “polvo”, es decir, un mensaje seco y desabrido, lleno de rigor, que establece juicios y produce maldiciones.

Entonces este pasuk revela que la bendición ocurre cuando los que tienen que influenciar transmiten una Torah fresca y “humectada” que señala hacia la obra redentora del Mesías.

Una Receta que No Puede Fallar

Por Moisés Franco

“…Señor mi Dios, yo te he obedecido y he hecho todo lo que me mandaste. 15 Mira desde el cielo, desde el santo lugar donde resides y, tal como se lo juraste a nuestros antepasados, bendice a tu pueblo Israel y a la tierra que nos has dado, tierra donde abundan la leche y la miel.”

(Deuteronomio 2:14-15)

 

El pasaje da una idea simple: obedecimos todo, por eso queremos ser bendecidos. Debemos recordar siempre que la palabra “torah”, mal traducida como ley, significa instrucción. Toda instrucción consiste en un conjunto de directivas que, si son cumplidas adecuadamente, permiten alcanzar un objetivo; es decir, cumplir un propósito.

La pregunta es, ¿cuál sería el propósito de la Torah del Eterno?

Romanos 10:4 dice:

“Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (RVA 2015).

Este versículo ha sido utilizado (en el sentido más utilitarista del término) para justificar la doctrina errada de que por medio de Jesús, el Eterno anuló la Torah (mal llamada ley) ya que Él la cumplió para que ahora vivamos “por la gracia”.

Esto no es así. Primeramente, porque antes de la llegada del Mesías también se vivía por gracia, dado que nadie alcanzaba la salvación por las obras de cumplimiento de la “ley” sino que por la fe en la promesa mesiánica se obedecía la instrucción. Como demuestra el capítulo 11 de Hebreos.

En segundo lugar, las traducciones no son inocentes: una ley puede anularse, una instrucción es válida siempre. Sólo dependerá de los individuos el seguirla o no para llegar a su objetivo, pero una vez cumplido el objetivo, la instrucción no deja de ser, sigue ahí para todo el que la quiera seguir.

Un ejemplo simple pero didáctico de esto sería: una ley de la Constitución se puede anular, pero una receta (que es una instrucción) para una torta, no se anulará porque alguien cocine esa torta, sino que será válida para todo el que quiera seguirla y hacer una y otra vez el platillo.

Volviendo a Romanos, la palabra traducida como “fin” es telós en griego y además de límite o finalización, significa “propósito”. Es decir, que el Espíritu Santo está revelando en Pablo que el propósito, la intención, el objetivo de la torah es Cristo.

Ahora bien, si creemos que el término “cristo” se reduce a un nombre propio, como si fuese el segundo nombre de Jesús, se puede pensar que el objetivo de la “ley” se cumplió con la venida del Salvador.

Sin embargo, cristo o mesías (hebreo) significa ungido, esto es alguien capacitado. ¿Para qué? Para unir Cielo y Tierra, lo cual es la función de todo sacerdote. Entonces, entendemos según 1 Pedro 2:9 que YAHVÉH nuestro Dios, por medio de Jesús el Mesías, nos hizo sacerdotes, no para anular la torah sino que por medio de la fe en Su Hijo, pudiésemos obedecer la Torah con su ayuda e interpretación (yugo) a fin de llegar a ser justos.

Por eso el pasaje citado dice: “…para justicia a todo aquel que cree”.

En este sentido se puede entender mejor lo declarado por nuestro Maestro:

“Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre”

(Jn. 14:12).

Jesús nos habilitó con su sangre el perdón de nuestros pecados y por la fe en Él podemos estar en Él y así en el Padre.

Pero la fe en el Hijo no anula la instrucción, sino por el contrario, nos habilita para hacer las mismas cosas que Él hizo, que básicamente se resumen en reconciliar, elevar, reconectar el mundo físico para que esté unido en amor al Creador.

Por eso, Juan 14, es decir, el mismo capítulo donde dice que haremos las mismas obras que Cristo, declara: “Judas (no el Iscariote) le dijo:

―¿Por qué, Señor, estás dispuesto a manifestarte a nosotros, y no al mundo?

23 Le contestó Jesús:

―El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él. 24 El que no me ama, no obedece mis palabras. Pero estas palabras que ustedes oyen no son mías, sino del Padre, que me envió”. (Jn 14:22-24)

La condición para que la presencia de El Señor viva en nosotros es que obedezcamos su Palabra, no en nuestras fuerzas sino desde la fe en el Mesías. Porque, ¿cómo podría Jesús haber anulado la Torah y al mismo tiempo decir que quien lo ama debe cumplir las palabras de Su Padre?

Y al cumplirla, el Eterno nos bendecirá como juró que lo haría a Abraham, Isaac y Jacob, como declara el versículo con el que encabezamos esta reflexión. Es simple, sólo debemos creer y obedecer.

¡No Te Duermas en tus Laureles!… ¡La Batalla aún No ha Terminado!

Por P.A. David Nesher

 

«Cuando salgas a la guerra sobre tu enemigo …»

(Dt 20: 1)

Entre las naciones, a lo largo de la historia humana, ha existido una guerra que se libra cuerpo a cuerpo contra el enemigo que invade y destruye el patrimonio de una nación. Cada vez que esto sucede, los soldados salen a salvaguardar la seguridad del país que ha sufrido afrenta. Pero, en nuestros días somos testigos de otro tipo de guerra. Un conflicto internacional es más difícil de librar: la lucha contra el terrorismo fundamentalista. Esta guerra se destaca en el hecho de que el adversario se encuentra dentro de la misma nación, viviendo en alguna ciudad de la misma. Muchas veces es un ciudadano nativo que ha sido fascinado por los dogmas y la cosmovisión de dichos sentimentalismos del terror. Este enemigo, se comporta la mayoría de las veces como un aliado de la causa nacional, esperando el momento exacto para cometer el atentado que debilite la vida de dicho país, llevando a todo el territorio al desbalance y el caos.

De igual modo, todo redimido en la sangre de Yeshúa debe aceptar que vive un constante enfrentamiento ideológico contra su yetzer hará (tendencia al mal) descripto por el apóstol Pablo en el capítulo 7 de su carta a los romanos. Ese instinto maligno, en las manos del adversario (HaSatán) tiene por misión terrorista intentar que el miembro de la asamblea de primogénitos de Yahvéh se aparte del camino de la justicia, trazado por Yeshúa el Tzadik (Hechos 22:14). Esta tendencia al mal, es nada más y nada menos que el «veneno de la serpiente«, que implantado en el fluir psíquico de cada hombre, se muestra como una falta identidad de cada persona humana. Estoy refiriéndome al ego, esa cáscara que el oponente (HaSatán) ha instalado en la humanidad caída, y que logra una programación anárquica en la mente de cada individuo de la misma, mediante los dogmas del sistema reptiliano, que el mismo adversario gobierna.

Para conseguir que el ego se manifieste mediante el yetzer hará, HaSatán utiliza todo tipo de artimañas para engañarnos y así conseguir su vil cometido. Entre tantas estrategias que utiliza, la que mejor funciona es la de hacernos pensar que ya lo vencimos, y que podemos continuar tranquilos nuestra marcha por esta vida. Este será el principio de la perdición de quien se jacta de su aparente triunfo, una vez más el oponente habrá logrado recapturar a su antigua víctima.

Por eso nos advierte la Torah: «Cuando salgas a la guerra contra tu enemigo» … Esta expresión divina quiere significar en su codificación:

“Si te mantienes alerta, si tomas las medidas precautorias y estás consciente de que cada día debes salir a la guerra contra tu enemigo (el ietzer hará )”, ENTONCES Yahvéh lo entregará en tu mano y podrás vencerlo.»

Por lo tanto, la parashá de esta semana nos llama a reconocer que si no fuera por la Presencia bendita del Eterno, a través del Espíritu de Su Hijo, el redimido en Su sangre no podría vencer a su inclinación malvada.

Por eso te solicito que nunca te confíes, ¡no te duermas en los laureles!, pues aunque le hayas ganado un poco de terreno, la fuerza del mal nunca se rendirá. HaSatán es una fuerza que trabaja contra ti 365, 24, 7 (los 365 días del año, durante las 24 horas, de cada una de las semanas). En otras palabras, el oponente nunca descansa. Pero hay una buena noticia (betsorah): ¡La Luz Infinita (Or EinSof) tampoco descansa! Por eso, ella ha prometido estar contigo «todos los días hasta el fin del sistema de cosas» (Mateo 28:20).

¡Así es, tendrás que luchar contra él durante toda tu vida! Esa lucha terminará cuando el Eterno haga sonar su Trompeta final, anunciando el triunfo de la fe. En ese momento se verá quién fue el vencedor y quién el vencido.

Por eso debemos cuidarnos de nunca pensar que ya lo vencimos, porque esa es su arma más letal. La táctica por emplear es ir ganándole poco a poco. Para eso tenemos armas que no son de este mundo (2 Corintios 10:4-6). Ellas son primordialmente: la meditación en la Torah, el estudio y la praxis de los mitzvot y la vida de tefilah (oración de alianza).

Considerando todo esto, debo agregar en mi consejo que la más pequeña victoria que obtengas en tu cotidianidad sobre el espíritu maligno, apréciala como significativa para tu propósito, de forma que sea un peldaño hacia una victoria mayor. Desde ello, aprende a ser más cauteloso, aceptando que mientras más te fortalezcas, el enemigo lo hará también…

Para que esto se entienda mejor, te invito a considerar esta historia.

Cierta vez un campesino se dirigió a la ciudad para abastecerse de comida y todo lo necesario para su familia. Entró a una tienda y pidió harina.

_ “¿De qué tamaño quieres tu bolsa?”, preguntó el tendero.

_ “Pues… una grande”, respondió el cliente.

El vendedor le mostró un costal que se encontraba cerca de una de las paredes.

_ “Aquí tienes tu bolsa. Dentro del costal vas a encontrar una pequeña pala para que te surtas de toda la harina que desees.”

El campesino fue hacia el costal, lo abrió y comenzó a llenar de harina la bolsa que había recibido. Llenó la bolsa hasta un cuarto de su capacidad y la entregó al tendero, quien la colocó en uno de los platillos de la balanza y, del otro lado, colocó las pesas medir.

_ “¿Quieres aumentar la cantidad de harina, o así te parece bien?”, preguntó al campesino.

El aldeano fue hacia el costal, tomó la pala y la vació en la bolsa que todavía se encontraba en la balanza.

_ “¿Eso es todo lo que quieres llevar?”, preguntó de nuevo el tendero con amabilidad.

_ “¿Puedo agregar más?”, preguntó el campesino con timidez.

_ “¡Claro, hombre! ¡Toma todo lo que desees!”, fue la respuesta del tendero.

El cliente dijo con entusiasmo: “Mi abuela me enseñó que no debe despreciarse ningún ofrecimiento, así que con permiso…”.

Tomó la bolsa, la llevó hacia el costal y la llenó hasta el borde. La llevó a la balanza y la depositó de nuevo en el platillo. El tendero colocó del otro lado las pesas correspondientes y le dijo:

_ “Son cincuenta rublos”.

_ “¡¿Cincuenta rublos!?”, dijo sorprendido el campesino.

_“Mi esposa me pidió un solo rublo de harina. ¿Cómo pretendes que te pague cincuenta?”.

_ “¡Si serás necio!”, le gritó el tendero.

_ “¿Por qué me hiciste perder mi valioso tiempo con tus juegos? ¡¿Crees que no tengo cosas que hacer en todo el día..?!”. “¡Tú tuviste la culpa!”, se defendió el campesino. “Tú me incitaste una y otra vez a agregar harina a la bolsa.”

_ “¡Eres más necio de lo que creí!”, le dijo el tendero. “¿No sabes que nada en la vida es gratis? ¿Acaso no te fijaste en que por cada palada de harina que ponías en la bolsa yo agregaba la misma cantidad en peso del otro lado de la balanza, y el precio subía equivalentemente…?”. [Tomado de: Mathamim LeShulján Shabat; Perashat Vayikrá]

En ocasiones la persona olvida que nada en esta vida es gratis. No se da cuenta de que a cada “cucharada de harina” que adquiere le están agregando al mismo tiempo, en el otro platillo de la balanza, el peso equivalente al mal instinto que acompaña cada “éxito” que obtiene. Cuanto más elevado sea el nivel que alcance una persona, mayor será la lucha que debe librar contra su fuerte impulso al mal.

¿Desafío difícil? ¡Vaya que lo es! Pero es para el bienestar de la persona. Si fuera de otra manera, se convertiría en una contienda desigual y el propósito de la creación del hombre ya no tendría razón de ser debido a que, desde la caída, cada ser humana vino a este mundo a ganarse, por medio de la lucha contra su instinto negativo, su lugar en el Mundo Venidero.

Antes de enfrentar a un enemigo, lo primero que debemos hacer es conocer sus fortalezas y sus debilidades. ¿Sabes dónde se encuentra el instinto maligno? En los lugares que piensas que no se encuentra. Él intenta incansablemente encontrar tu lado débil, para hacerte caer en sus engaños. Otra de sus artimañas es apresurar a su víctima a cometer el acto; cuando se te antoja algo, te apremia para que actúes precipitadamente con el fin de no darte tiempo para reflexionar, pues si piensas en lo poco que dura el gusto te darás cuenta de que no fue tan placentero ni tan delicioso como te lo presentó.

Otra de sus estrategias es menospreciar lo bueno que haces. Te hace pensar que no es gran cosa, que podrías hacerlo mejor; hasta te muestra otros que te superan en el acto en cuestión y te dice: “¿Para qué sigues? No lo haces tan bien”. Y después de perder el valor de tus acciones, pierdes la alegría, quedando impuro en tu alma. Es entonces que te encuentras vulnerable para caer en el pecado. Por eso los sabios de Israel siempre aconsejaron: “Aléjate de toda tentación y de toda persona que pudiera influenciarte para pecar”. Desde este dicho se fundamentaba el apóstol Pablo al decir a los creyentes de la ciudad griega de Corinto:

«¡No se dejen engañar! Bien dice el dicho, que «Las malas amistades echan a perder las buenas costumbres.»

(1 Corintios 15:33)

¿Cuál es la debilidad del yetzer hará? ¿Cómo podemos contener su ataque?

El Todopoderoso puso en nuestras manos ciertas defensas que, si las utilizamos adecuadamente, nos ayudarán a lograrlo. Primero necesitamos saber qué es lo que HaSatán busca cuando nos tienta usando el yetzer hará. Este villano atenta contra nuestra vida. Los 120 años que Yahvéh nos concede en este mundo no le interesan; el adversario va sobre algo mucho más valioso: quiere abatir la vida eterna. Si tenemos esto siempre presente, vamos a defenderla sin tregua. Sacaremos, si es necesario, nuestras fuerzas ocultas para huir del peligro que nos acecha.

Hay una frase llena de sabiduría que se encuentra en la Guemarah, que dice:

“Si te encuentras con ese villano (el yetzer hará), llévalo al Bet HaMidrash. Si es una roca, se desmoronará; si es de hierro, se hará pedazos”

(Sucá 52b)

Este es el consejo exacto. El Bet HaMidrash (Templo Santo) es ese momento de encuentro íntimo que un creyente en el Mesías se asegura para estar meditando los secretos celestiales revelados en la Torah. Sin embargo, para lograr esto exitosamente, hay una condición divina: Ki Tetzé (“cuando salgas”), es decir, cuando te sientes a estudiar en tu interioridad o aposento, “sal” primero de tu negocio, de tu casa, de cualquier cosa que pueda distraerte; y así Yahvéh pondrá en tu mano a tu enemigo interno, el ego, que busca vencerte por medio de yetzer hará.

La inclinación al mal (yetzer hará) ataca principalmente el estudio de la Torah. Ella trata de evitar con todas sus fuerzas que la persona estudie la Instrucción del Eterno. Porque una pequeña porción de luz aleja mucha oscuridad. Por eso, el antídoto contra ese enemigo es la Torah. Si tú la estudias y meditas, no caerás en su trampa.