Enseñanzas

El Llamado Divino a la Discriminación

La Torah (Instrucción) de Dios es un llamado a que el ser humano practique la santa discriminación que permite la adquisición del producto celestial llamado la igualdad.

Es decir, que la Torah es un llamado a que el hombre discrimine entre el Levita, y el Israelita; entre el creyente, y el no creyente; entre el Israelita, y el Gentil; entre animales puros, y animales impuros; entre el día de Shabbat, y los otros días de la Semana; entre lo santo, y lo profano; entre lo moral, y lo inmoral; entre la obediencia, y la desobediencia; entre la bendición, y la maldición.

Este continuo proceso de discriminación, dará al ser humano la oportunidad de escoger hacer aquello que es mejor y conveniente (lo bueno). Y, en su compromiso con hacer lo bueno, el ser humano entenderá que, la igualdad que desea el Eterno para los hombres, consiste precisamente en que todos (sin importar su raza, o su credo) estén igualmente comprometidos con hacer solamente lo conveniente para que se manifieste la Paz (Shalom) y los Derechos Humanos por fin se manifiesten para todos.

El Código de Noaj: La Trampa Oculta en el Viñedo de la Autoprofanación

Por P.A. David Nesher

«Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam es el padre de Canaán. Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena toda la tierra. Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda.  Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre.
Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven, y dijo: Maldito sea Canaán; Siervo de siervos será a sus hermanos. Dijo más: Bendito por Yahvéh mi Dios sea Sem, Y sea Canaán su siervo. Engrandezca Dios a Jafet, Y habite en las tiendas de Sem, Y sea Canaán su siervo. Y vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años. Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años; y murió.«

(Génesis 9.18-29)

De toda esta porción escritural, existe un versículo clave que exige nuestra máxima atención investigativa si anhelamos descodificar la embriaguez de Noaj y las dramáticas consecuencias que este acto desencadenó sobre la humanidad. Me refiero a Génesis 9:20:

“Y comenzó (Vaiajel) Noaj, el hombre de la tierra, y plantó un viñedo”.

Lograrás darte cuenta que tras el inmenso trauma del Mabul (Diluvio), Noaj y sus hijos emergieron del arca con la formidable misión de repoblar el planeta Tierra, estableciendo una nueva humanidad preñada de la esperanza mesiánica dada por el Eterno (ver Génesis 3:15). Sin embargo, resulta sumamente extraño que el patriarca decidiera que la forma más apropiada de inaugurar este nuevo asentamiento humano fuera, precisamente, plantando un viñedo.

Así, leído rápidamente y a simple vista, esto podría parecernos un detalle agrícola intrascendente. No obstante, el investigador agudo notará de inmediato que la Torah utiliza un término muy inusual para expresar que Noaj «comenzó» que en el hebreo original es vaiajel. Si el texto se refiriera a un mero inicio cronológico, la palabra hebrea más exacta y habitual habría sido vaiatjil. Ante esto, surge un interrogante hermenéutico insoslayable: ¿Qué nos está revelando realmente la Torah con esta elección léxica?

Como bien sabemos en nuestras aulas de estudio, el hebreo es el idioma matriz con el que el Eterno codificó la Creación y, por lo tanto, alberga múltiples dimensiones de significado oculto. El relato de la desgracia de Noaj inicia con un pasaje que, transliterado, resuena así:

«Vaiajel Noaj, Ish HaAdamá, Vaitá Carem«

Esta frase encierra una dualidad fascinante y puede traducirse de dos maneras:

  1. «Y Noaj comenzó a ser un hombre de la tierra, y plantó un viñedo.«
  2. «Y Noaj se profanó a sí mismo, [volviéndose]un hombre de la tierra y plantó un viñedo.«

Mientras la primera lectura es puramente descriptiva, la segunda nos sumerge en una profunda advertencia espiritual: ¿Qué significa exactamente «autoprofanarse»?

La raíz hebrea de la palabra vaiajel es jol, que se traduce directamente como «profano» o «mundano». Los sabios y comentaristas nos advierten que, a través de la mismísima acción de plantar este viñedo, Noaj degradó su estado de consciencia espiritual, profanándose a sí mismo e impactando catastróficamente en su matriz familiar y en las generaciones venideras.

Pero detengámonos un momento a meditar. Si bien es innegable que Noaj actuó de forma irresponsable al embriagarse, plantar un viñedo no constituye en sí mismo una transgresión moral. Entonces, ¿por qué la Torah decreta que la profanación ocurrió en el acto de plantar, y no simplemente en el de beber de manera inapropiada? Y no solo eso; un análisis fino del texto revela un orden específico: primero se profanó a sí mismo y, como consecuencia, plantó el viñedo.

¿Por qué la Torah hace esta afirmación?

La respuesta reside en una regla de oro que rige las dimensiones de la espiritualidad: «Todo va de acuerdo con la intención (kavaná) de quien realiza la acción». La acción material no es el determinante último; lo verdaderamente crucial es la motivación subyacente que la impulsa.

Entonces, en este caso de la vida de Noaj, lo importante es determinar cuál fue la intención que él tuvo al plantar el viñedo.

Debemos recordar que en las Sagradas Escrituras el vino posee un diseño dual. Por un lado, ostenta un propósito espiritual elevadísimo, siendo el elemento con el que santificamos el Nombre del Eterno en el sagrado ritual del Kiddush. Por el otro, acarrea un riesgo puramente carnal: el de la embriaguez irresponsable. En el Tanaj (Antiguo Testamento), el fruto de la vid es símbolo de gozo, vitalidad y prosperidad plena (Salmo 80:8-16; Isaías 5:1-7; Zacarías 8:12), pero advierte severamente sobre el letargo que produce su abuso (Proverbios 20:1; 23:29-35).

Lamentablemente, (y siendo más realista trágicamente), en la euforia de su nuevo comienzo, Noaj disoció ambos aspectos y no supo poner límites a su gozo. La expresión vaiajel (traducida «y profanó») nos indica que extrajo el vino del ámbito sagrado y lo arrojó a la esfera de lo mundano. De esa fractura espiritual brotó la corrupción que afectó irremediablemente su vida y su linaje.

Ahora podemos entender por qué está escrito que él se profanó a sí mismo incluso antes de plantar el viñedo, ya que como dijimos anteriormente, “Todo va de acuerdo a la intención del que realiza la acción”. En este caso, el posterior comportamiento inapropiado de Noaj al utilizar el vino para emborracharse fue sólo la manifestación física de su intención inicial, ya que, desde un comienzo, él había plantado el viñedo con intenciones básicamente materiales, y es por eso que la Torah dice que en el preciso instante en el que decidió plantar el viñedo, él ya se había profanado a sí mismo.

Entonces, el pasuk (versículo) nos entrega la clave de su intención al llamarlo «Ish HaAdamá» (el hombre de la tierra). Antes siquiera de hundir las semillas en el lodo, su mente ya operaba en frecuencias y términos puramente materiales. Ese título no es un halago agrícola; indica el descenso de su estado espiritual. El vergonzoso comportamiento posterior en su tienda fue tan solo la manifestación física de su kavaná inicial materialista. Noaj se comprometió más con lo físico que con su diseño celestial. Podemos aprender de acá que no sólo nuestras acciones importan, sino que debemos incluso preocuparnos de que cuando actuamos, nuestras intenciones deben ser siempre las apropiadas.

De esta manera la Torah está enseñando a todo integrante del Israel de Yahvéh, que el comienzo del descenso espiritual de un ser humano es el volverse mundano a través de las actividades diarias. Cuando los asuntos que en realidad son triviales se vuelven (a los ojos de la persona) las cuestiones más importantes en la vida, la persona se auto-profana, volviéndose un «Ish HaAdamá«, es decir «un ser humano de la tierra«. Aparece así una persona tan ocupada y preocupada por los asuntos terrenales y mundanos de la vida (familia, estudio, negocios, jefes, trabajo, academia, etc.), que se profana y se vuelve mundano él mismo. Entonces, según lo que relata la Torah, las desgracias más extrañas comienzan a ocurrir y el entorno se vuelve un perverso enemigo.

Para concluir tengo una pregunta: ¿Cómo nos salvamos de esta autoprofanación en medio de nuestra sociedad tan líquida y agotada?

Pues bien, el antídoto radica en la fijación innegociable de tiempos para el estudio y la meditación de la Torah, que es, en verdad, nuestra vida y la longitud de nuestros días. Son sus códigos lumínicos los que nos elevan por encima de nuestras propias limitaciones terrenales, conectándonos con Yahvéh a través de Su Hijo Yeshúa HaMashiaj, la Fuente suprema de todas las bendiciones espirituales.

Dios… ¿es Olvidadizo?

Por P.A. David Nesher

«Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas.»

(Génesis 8:1)

Que sensación extraña provoca al lector sincero cunado llega a este versículo. Mientras Noaj y su familia se encontraban encerrados dentro del arca durante el diluvio; mientras las aguas prevalecían sobre la tierra y el arca era sacudida espantosamente de un lado para otro en medio de la tormenta,… Dios: ¿estaba distraído?… ¿se había olvidado de que en este planeta Él había enviado juicios?

Pues bien, para responder este planteo típico de todo lector, necesito considerar, una vez más, el famoso adagio italiano que dice “traduttore, traditore”. Esta expresión se traduce a nuestro idioma: “Toda traducción contiene una traición·. Esto siempre lo hago porque necesito que entendamos este proverbio italiano en el juego de palabras que es. El mismo está basado en el hecho de que traición y traducción tienen una raíz latina similar; forman parte de un conglomerado de ideas que incluye también la palabra tradición. Y es justamente esta última (la tradición) la que estamos obligados a juzgar, y hasta desechar si es necesario, de nuestra tarea interpretativa del texto sagrado.

Acerca del versículo mencionado (Genesis 8:1 «y se acordó Dios de Noe…»), debo decir que no está correctamente traducido, ya que en el original hebreo tenemos al adverbio ”et» que significa «a» y que aquí fue erróneamente traducido como «de». O sea, debemos decir que el Eterno recordó «a Noaj«, por lo que debemos entender que No es posible decir «Dios se acordó «de Noaj», por ser esa interpretación incorrecta.

Por lo tanto, la traducción correcta del versículo sería «y recordó Di-s a Noaj, a todos los animales silvestres, y a todos los animales domésticos que estaban con él en el arca».

Pues bien, el planteo no está aun completamente respondido ya que el problema lo sigue presentando la expresión se acordó. Entonces, para continuar la explicación, diré que, en hebreo, la palabra para recordar aquí utilizada es Zakar (Strong AT 2142). Este verbo expresa el recordar algo, evocarlo o traerlo constantemente a la mente para su propósito.

¿Qué es lo que Yahvéh recordó?

Insisto en que la expresión no quiere expresar que Dios se había olvidado de Noaj y todos los seres vivientes que estaban con él en el arca. Por lo que expliqué anteriormente, “Se acordó…” en el hebreo no es recordar en la mente o refrescar la memoria un hecho olvidado. Por el contrario, significa otorgar un cuidado amoroso sobre alguien para intervenir en su favor en el tiempo de propósito (hebreo: et).

Por lo tanto, la expresión en realidad describe que el Eterno recordó el pacto previo que había hecho con Noé. Esto lo mantuvo providencialmente sobre el arca y todos sus tripulantes, hasta encontrar las circunstancias propicias para otorgarles su promoción a nuevos comienzos.

El tiempo transcurrió, y el tiempo de propósito (et) del Eterno llegó. Ahora era su turno para activar las promesas que había hecho a Noaj, su familia y las criaturas del arca. El Eterno les anuncia que el cumplimiento de su promesa finalmente está al alcance de la mano. Él está a punto de actuar sobre su Palabra.

El sabio intérprete judío Rash’i explica, que el Eterno les recordó la buena conducta llena de fe y esperanza que mantuvieron antes del diluvio, y también en el arca.

Por eso, a continuación, ese mismo versículo revela el premio de Yahvéh para ellos por la conducta paciente y llena de esperanza que mantuvieron:

«…e hizo pasar Elohim viento sobre la tierra, y cesaron las aguas».

Al leer esto, viene a nuestra memoria lo que en Génesis cap. 1: verso 2 leemos: «El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». De igual manera, este capitulo rescata el mismo obrar restaurador del Eterno haciendo que soplara un fuerte viento sobre la tierra, y las aguas comenzaron a bajar (8:1).

Ahora, para poder continuar profundizando esta idea, les solicito que abran bien sus mentes y disciernan perfectamente lo que aquí se revela en todos los detalles del texto.

Primeramente, notamos el uso que hace el escritor (Moshé) de los temas de la creación que ha tocado en los capítulos 1 y 2, cuando retrocede el agua, aparece tierra seca y la vegetación crece. El texto aquí hace notar la benevolencia (jesed) y la disciplina rigurosa (guevurá) del el Eterno usan el viento para evaporar el agua, aunque podría haber logrado el mismo resultado con sólo hablar, tal como Él lo revela en el rollo de Isaías:

“Yo mando que se seque lo profundo del mar, y ordeno que se sequen sus corrientes.”
(Isaías 44:27)

De igual modo, vemos como durante una fuerte tormenta en el mar de Galilea, Jesús reprendió a los vientos y las olas, y se volvieron a completa calma. No pudieron reconocer quién era él; y los discípulos dijeron: «¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y las olas le obedecen?» (Mateo 8:23-27).

Es maravilloso notar el verdadero significado de la expresión Zakar, “se acordó”.  Yahvéh actúa para hacer desaparecer la masa de agua de sobre la Tierra, no de manera estruendosa o rimbombante, sino más bien con su providencia. Utilizando los elementos de la naturaleza para restaurar el medio ambiente, gradual y lentamente. El viento evapora el agua, entonces el suelo lentamente absorbe y dispersa el agua, cerrando las fuentes principales de este elemento (especialmente el abismo) asegurándose el cese de todo juicio:

“Se cerraron las fuentes del mar profundo y las compuertas del cielo, y dejó de llover.” (8:2)

Una vez que se interrumpieron estas dos fuentes, poco a poco las aguas se fueron retirando de la tierra (8:3a). La palabra hebrea para retirar es shub (o shuv), lo que significa volverse a su lugar. Así se volvieron las aguas, tanto hacia abajo, como hacia arriba por medio de la evaporación (Salmo 104:6-9). El resultado fue que “… al cabo de ciento cincuenta días las aguas habían disminuido» (8:3b). Obviamente el agua no dejó de existir, sino que simplemente volvió a su antigua posición en los arroyos, ríos, lagos y océanos.

Esta es la primera vez que Yahvéh liberó a sus escogigos a través del agua: la próxima ocasión sería en el Mar Rojo (Éxodo Capitulo 14). Evidentemente, el rollo de Bereshit y sus historia fue escrito por Moshé con el objetivo de capacitar al Israel del desierto en su vocación sacerdotal. Este admirable líder pretendía que los hebreos apreciaran el mover del Eterno a través de la creación y sus circunstancia favoreciendo el cumplimiento de sus promesas hechas por medio de pactos.

Ante esto, y meditando el texto, entendemos que el mismo apunta a que el lector entienda que el “zakar” de Yahvéh tiene que ver con la sinergia de las acciones divinas y la humanas, ocurriendo en una complementación de fidelidad y espera paciente para llegar nuevamente a una restauración total de todas las cosas y así inaugurar la Nueva Humanidad.

Ahora, para comprender más profundamente este concepto de “se acordó Dios” (zakar) que encontramos en el texto, notemos la revelación escondida en la referencia escritural misma: capítulo ocho, versículo uno (8:1).

Ocho es el número de los nuevos comienzos. Uno es el número que habla de la naturaleza misma del Eterno (Deuter. 6: 4). Es evidente que el Eterno necesitaba que Noaj y su tripulación comprendieran que estaban ante el umbral de un nuevo comienzo que les permitiría ser los pioneros de una Nueva Humanidad que aprendería a aguardar con fe y esperanza la promesa del cumplimiento del Código Sagrado: la Simiente de la Mujer. Por eso, ellos debían aprender a vencer todo tipo de ansiedad, y contentarse con el proceso pedagógico del Eterno que acontece en cada circunstancia de la vida.

Las lluvias habían cesado y la tormenta había pasado. El arca tocó tierra de la cima del Monte Ararat y las aguas comenzaron a descender, mostrando finalmente que la esquina estaba allí y que podían alcanzar la promesa. Pero aún no pueden descender, hay que esperar un poco más en concordancia con la voluntad del Eterno.

Monte Ararat

Noaj, por su parte, se mantendrá con toda paciencia esperando y buscando una y otra vez las señales divinas (ocultas en cada situación) que comprueben el avance de la restauración que el Eterno le estaba encomendado.

Entonces, después de cuarenta días más, Noaj abrió la ventana y envió un cuervo y una paloma (Génesis 8:6-8). El cuervo iba y venía como quería, pero la paloma volvió al arca porque no había otro lugar donde descansar sus pies. Esto le decía a Noaj que no era el tiempo para dejar la seguridad del arca. Él pudo interpretar dichas señales inteligentemente pero nunca actuando de por sí, sino más bien sumiso a la indicación del Eterno.

De ese modo, sabia y pacientemente, Noaj esperó siete días más antes de enviar a la paloma por segunda vez (verso 10). Esta vez el ave regresó con una rama de olivo fresco en su pico, señalando que el portal de una nueva vida estaba mucho más cerca. Sin embargo, Noaj esperó otros siete días antes de enviar a la paloma por tercera vez (verso 12), pero esta vez la paloma no volvió; aun así, Noaj esperó hasta oír al Eterno hablándole para recibir la orden de abandonar el arca (verso 15). La paloma y el cuervo tienen un significado importante. Si seguimos el ejemplo del cuervo, volaremos en círculos, sin encontrar descanso para nuestra alma cansada. Sin embargo, la paloma, un símbolo del mover suave y pautado del Espíritu de Yahvéh, nos guiará hacia toda verdad mientras esperamos en Él (cf. Juan 16:13.)

Amado discípulo de Yeshúa, es muy frecuente encontrarnos en situaciones en las cuales sentimos como si estuviéramos “estancados dentro de nuestra arca”. Pues bien, debes aceptar que realmente es Yahvéh, nuestro Abba kadosh, quien nos está guardando para protegernos de algo.

Entiendo que el problema que se levanta durante el proceso de espera es que nuestras mentes comienzan a vagar y se ve tentada a cruzar la puerta de la duda para meterse en la zona de la incredulidad. Podemos decepcionarnos mientras esperamos una y otra vez, como si Dios nunca fuera a actuar. Incluso comenzamos a preguntarnos si lo oímos correctamente. Aún si somos hijos primogénitos entendidos en los tiempos, no quiere decir que seamos inmunes a las estrategias del adversario (HaSatán). Quizá no nos demos cuenta, pero es en esos tiempos donde somos más vulnerables que la serpiente susurra a nuestro corazón: “¿Con que Dios dijo…?” (Génesis 3:1b).

Yo te aconsejo que te aferres a estos dos pasajes:

“Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!”

(Salmo 46:10)

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros”

(Isaías 49:15)

Ten siempre presente que, en verdad, el Eterno siempre recuerda, y está siempre trabajando para completar su destino de propósito en nuestra vida.

¡Anhelo que verdaderamente seas fortalecido!


Bitácora relacionada:

¿Dónde se fue el Agua del Diluvio?

Por P.A. David Nesher

 

«El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo á diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas;
… y las aguas aumentaron más y más sobre la tierra, y fueron cubiertos todos los altos montes que hay debajo de todos los cielos» 

(Génesis 7 :11, 19)

Una de las principales objeciones lógicas que presentan los detractores reptilianos de la fe verdadera, especialmente aquellos que, desde postulados científicos, pretenden refutar o ridiculizar la idea de un Diluvio de dimensiones asombrosas, es la que sostiene que con toda el agua que actualmente hay en los polos, de fundirse ésta, no se podría alcanzar a cubrir la cima de las actuales montañas más altas.

Sin embargo, y para el dolor del ego de aquellos, la creencia en un diluvio de alcance mundial, no solamente está claramente relatada en las Sagradas Escrituras, sin que también cuenta con el respaldo del Mesías mismo en sus enseñanzas y  distintas teoría nuevas de la ciencia, basadas en descubrimientos arqueológicos de los últimos años. Además, hay que recordar que este hecho fue tan impactante para la pupila humana de aquella humanidad que ha quedado sostenido a lo largo de los siglos, y se encuentra presente en las leyendas y mitos de todas las culturas del mundo por todos los continentes.

Por eso, necesitamos recordar primeramente que la intención de Moshé al recopilar documentos de su época y armar una síntesis histórica del mundo antiguo, no era la de ofrecer un conocimiento científico. Por el contrario, su objetivo descansaba en la intención de revelar a Israel como el Eterno había determinado desde antes de la fundación del mundo la elección que esta tendría como Pueblo especial que fundaría una nación de sacerdotes para bendecir con la Simiente mesiánica al resto de las naciones (Shemot/Éxodo 19: 6).

Luego de esto, es también importante que tomemos conciencia que el planeta Tierra previo al llamado «Diluvio Universal» no era como el mundo que actualmente conocemos con montañas de grandes alturas y grandes continentes separados por mares.

Las líneas de estos seis primero capítulos dejan entrever dice cosas tan sorprendentes sobre las condiciones de la Tierra anteriores al cataclismo del Diluvio como que, por ejemplo, no había sistema de lluvias (Génesis 2: 5-6). La palabra hebrea utilizada aquí para «vapor» no sólo sugiere un vapor con su humedad asociada, como lo entenderíamos hoy en día, sino también fuentes como geysers o manantiales. Después de todo había cuatro ríos que fluían del Gan Edén (Huerto del Edén), y si no existía lluvia entonces estos manantiales antes nombrados serian la fuente de agua que después iba en cuatro direcciones como ríos a través del Huerto. La importancia de estas fuentes en la Creación original o inicial se enfatiza de nuevo en el libro de Revelación, donde se nos dice que un ángel predicará el evangelio eterno con las palabras:

«… adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.»

(Apocalipsis 14:7)

Otro dato importante es no existían las estaciones tal como las conocemos hoy (Génesis 8:22). Científicos especializados en unir los descubrimientos y teorías actuales, analizando todos los datos obtenidos y cotejándolos con los que el relato bíblico ofrece lograron postular un modelo científico que encajaría perfectamente con lo que Bereshit cuenta en lo referente un diluvio que cubrió la superficie de la Tierra.

Tras los terremoto de Indonesia (diciembre de 2004), Chile (febrero 2010) y el de Japón (marzo de 2011) hemos escuchado a los científicos informar que la inclinación del eje de la tierra ha variado algunos centímetros.

Sabemos desde la escuela que las estaciones terrestres son el resultado precisamente de que el eje de la tierra esté inclinado poco más de 23 grados respecto a su plano de giro entorno al sol. Fue el gran astrónomo Edmund Halley que en 1690 sugirió que una causa inmediata e evidente del Diluvio pudo haber sido que su eje de rotación se desplazase de la perpendicular a la inclinación de 23º y medio que ahora presenta.

De este modo se ha postulado un modelo pre-diluviano donde las misteriosas «aguas de arriba» (Génesis 1:7) cayeron en el Diluvio produciendo junto a una Tierra sin eje de inclinación respecto a su giro entorno al sol, un clima cálido y constante y un efecto invernadero tal y como nos relata el Bereshit (Gén. 2: 5-6) que sucedía antes de la catástrofe del Diluvio.

Cuando se realiza este postulado científico con un modelo que encaja con los indicios, no se hace otra cosa que lo que hacen los científicos evolucionistas. Ellos realizan sus postulados y modelos a base de mucha imaginación, descreimiento, ideas preconcebidas, etc… Estos científicos teístas realizan sus teorías basados en la Palabra de Dios y en los hechos científicamente posibles y comprobables hoy.

EL MUNDO PRE-DILUVIANO ERA DIFERENTE AL ACTUAL.

Todos ya sabemos, mediante el entrenamiento académico recibido y la observación criteriosa y objetiva de un modelo a escala del globo terráqueo, que la tierra no siempre ha sido como es ahora.

En una antigüedad indeterminada (desde el punto de vista científico más literal no hay forma de demostrar una antigüedad de millones de años) se sabe que los continentes actuales formaban un único super-continente que en un momento determinado, por algún motivo catastrófico comenzó a separarse. Los científicos evolucionistas, que creen en una antigüedad extrema -cifrada en millones de años- de la Tierra, se refieren a este super-continente con el nombre de «Pangea«. Nosotros lo llamaremos el mundo prediluviano.

El libro de Bereshit nos otorga datos muy interesantes relacionados con esta Tierra anti-diluviana que los escépticos y muchos cristianos no conocen, y que sirven para explicar después la idea que quiero exponer en esta bitácora.

Al leer el libro de Bereshit (Génesis) en su relato del Diluvio Universal y los cambios que nuestro planeta, encontramos  mucha información sobre la procedencias del agua que provocó semejante catástrofe natural, y también deja en claro dónde fue a parar dicha cantidad.

Lo primero que debemos aceptar es que la Torah da a entender, por sus descripciones, que el Diluvio fue algo más que simple «lluvia» que provocó inundaciones en la región del Medio y Cercano Oriente. Para entenderlo, los invito a que sigamos con mucha atención a esas «aguas de arriba» que cayeron.

Hemos leído que la Escritura nos dice que se abrieron «las fuentes del Gran abismo«:

«...en ese mismo día se rompieron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo fueron abiertas…«

(Génesis 7:11)

Vemos que la Torah (Instrucción) nos habla de dos fuentes de agua en esta devastación:

  • La primera proviene del cielo, de esas extrañas «Aguas de arriba» de las que nos habla el primer capítulo del Génesis: Posiblemente una capa de agua (diferente a las actuales nubes -que NO son vapor, sino gotas minúsculas-) que rodeaba la tierra de alguna forma. Aquí se mencionan como «Las compuertas del Cielo». ¿Cuánta agua había allí arriba? No lo sabemos pero podemos deducirlo sabiendo que en nuestros cielos una pequeña nube de tan solo 1 Km3 pesa más de ¡un millón de toneladas!
  • La segunda fuente de agua proviene de «las Fuentes del Gran Abismo«. Se nos habla que del manto de la Tierra o del propio mar. Posiblemente Tsunamis gigantescos a causa de una conmoción terrible en la corteza terrestre.  Según la idea del original hebreo brotaron tremendas cantidades de agua que se unieron a la inundación proveniente del cielo (Ver Aseguran que existe un Océano a 644 km por debajo de la superficie de nuestro planeta).

 

Todas estas estuvieron fusionadas y activas en su misión destructiva durante 150 días durante el Diluvio, aún cuando las lluvias sólo duraron 40 días y 40 noches, mostrando así que había un límite de agua sobre la atmósfera (las cataratas de los cielos).

Si las fuentes del gran abismo fueron la mayor fuente de agua, funcionando durante los 150 primeros días del año del Diluvio, evidentemente existía un gran y voluminoso deposito de agua. Algunos sugieren que cuando Yahvéh hizo que la tierra apareciese de debajo del agua en el tercer día de la creación, parte del agua que cubría la tierra quedo atrapada debajo y en el interior de la tierra seca.

En cualquier caso, en cuanto a la erupción de estas fuentes el día en el que el Diluvio comenzó, la Torah nos dice que las fuentes del abismo «fueron rotas«, esto implica la aparición de grandes fisuras en la tierra. Así, las aguas que se habían mantenido bajo presión debajo de las profundidades terrestres reventaron trayendo consecuencias catastróficas. Es interesante resaltar el hecho de que el 90 % de lo que sale de los volcanes actualmente es agua, a menudo en forma de vapor. Y dado que en el registro morfológico (de las rocas) encontramos muchas rocas volcánicas mezcladas con los estratos fósiles – estratos depositados, obviamente, durante el Diluvio – se puede teorizar que esas fuentes del gran abismo podrían, perfectamente, haber involucrado una serie de erupciones volcánicas con prodigiosas cantidades de agua saliendo a través de la tierra.

De acuerdo a lo que Edmund Halley propuso, dos veces al día los océanos enviarían poderosas olas de aguaje alrededor del mundo, llegando a un máximo cada 150 días con una altura de agua de 10 km. en el ecuador. Etas olas hubieran viajado a 1.600 km/h… ¡era imposible encontrar tierra seca en ninguna parte! Las montañas más elevadas quedaron cubiertas. Esta inmensa ola comprimió el aire al frente de ella y provocó una depresión detrás de ellas. El aire que se precipitó allí, precedente de las regiones polares, provocó una pérdida de calor y una repentina helada en las zonas polares… formando las capas de hielo que traerían las glaciaciones, que terminarían determinando los polos actuales.

La inexistencia de estas grandes diferencias de temperaturas entre los polos y el ecuador significa que los grandes movimientos de viento del mundo actual no existían. Más tarde veremos que las montañas no eran tan altas como ahora antes del Diluvio. En nuestra Tierra actual, esos grandes vientos y las grandes cordilleras de montañas son una parte muy importante del ciclo que lleva la lluvia a los continentes. Antes del Diluvio, sin embargo, no hacían falta ni unas ni otras, dada la forma en que la tierra recibía el agua.

(Para comprender más acerca de esto los invito a leer la teoría de la hidroplaca que explico en esta bitácora).

«Las Cataratas de los Cielos.»

La Torah también nos cuenta que la otra fuente de agua del Diluvio Universal fue la apertura de las cataratas de los cielos. Se nos dice que llovió durante 40 días y 40 noches sin parar, implicando que la apertura de esas cataratas fue el comienzo de la primera caída de agua. Ya hemos dicho, que las afirmaciones del libro de Bereshit implican que no hubo lluvia hasta el Diluvio, cuando se abrieron las cataratas de los cielos y sus aguas cayeron. Esto también explicaría porqué Noaj predicó durante tanto tiempo que iba a llover y porque la gente no le creyó. Nunca habían tenido lluvias ni diluvios locales cuando él predicaba y por eso se burlaron de sus advertencias:

«Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.»

(Hebreos 11: 7)

¿Que son esas cataratas de los cielos y por que no llovió durante tanto tiempo antes del Diluvio?

Al leer el primer capítulo del Bereshit se nos dice que en el segundo día de la creación, Elohim (Dios) separó las aguas que había en la Tierra, de las que Él había puesto sobre la Tierra, y entre estas dos aguas puso una expansión a la que denominó Cielos (o atmósfera). Es en esa atmósfera donde más tarde puso los pájaros, así que sabemos que se refiere a la atmósfera que hoy respiramos. Esto significa que había agua sobre esta atmósfera. Una cantidad de agua que obviamente no se encuentra ahí hoy en día. No se puede referir a las nubes dado que estas producirían lluvias. Tampoco había arco iris. La Torah dice, que Dios estableció un pacto con Noé que consistía en que nunca más ocurriría un diluvio como el que acababa de ocurrir, y el arco iris en el cielo es la señal de este pacto o promesa (Génesis 9 :8-17). El Eterno afirma claramente: «Mi arco he puesto en las nubes…» (versículo 13), lo cual denota el hecho de que hacen falta nubes para producir el arco iris. Las nubes están hechas de gotas de agua, cuando los rayos de sol las atraviesan, estas actúan como prismas de cristal, de forma que la luz se divide en sus colores básicos y vemos un arco iris. Esta promesa o pacto era una cosa nueva que Dios hacia, era por lo tanto la primera vez que se veía un arco iris.

¿Que eran esas aguas sobre la atmósfera antes del Diluvio?

El término normalmente utilizado es una ‘bóveda de vapor de agua’, implicando una ‘sabana’ de vapor de agua alrededor de toda la Tierra. Muchos estudiosos consideran que era agua en forma de vapor, que atrapaba los rayos del sol con más efectividad que lo que lo consigue ahora nuestra atmósfera, y proveyendo un clima semitropical a todas las partes del mundo. Es difícil imaginar como podría el agua líquida mantenerse suspendida sobre la atmósfera, pero el vapor de agua, en cambio, es mucho más ligero que el agua.

El Dr. Joseph Dillow ha calculado cuanto vapor de agua seria físicamente posible que estuviera suspendido sobre la atmósfera como una sábana alrededor de la Tierra. Logró llegar a la conclusión de que seria el vapor de agua equivalente a alrededor de 12 metros (40 pies) de grosor de agua líquida. Eso no fue todo, con este dato, el Dr. Dillow logró también calcular que esta cantidad seria suficiente para generar 40 días y 40 noches de lluvia torrencial. De esta investigación, los científicos descubrieron que si en cambio estas aguas sobre la atmósfera se hubieran encontrado en forma de nubes, entonces si la humedad en la atmósfera se precipitase a la tierra en forma de lluvia, seria el equivalente de menos de cinco centímetros (dos pulgadas) de grosor de agua líquida, difícilmente suficiente para sustentar 40 días y 40 noches de lluvia en la época del Diluvio.

Por lo tanto parece claro que la frase en Génesis 7:11 que dice «...las cataratas de los cielos fueron abiertas...» es una referencia al colapso de esta bóveda de vapor de agua, que de alguna forma se hizo inestable y cayó en forma de agua líquida.

Entendamos bien, que aquellos que fueron testigos de esto, describieron dichos acontecimientos como la apertura de «las cataratas de los cielos«. Algunos sugieren que cuando las fuentes del gran abismo se rompieron y abrieron, presumiblemente en la forma de erupciones volcánicas, el polvo generado por estas erupciones se expandió entrando en contacto con la bóveda de vapor de agua, causando el aglutinamiento de partículas de agua con partículas de polvo, formando gotas de agua que entonces cayeron como agua de lluvia.

Cuando leemos los primeros capítulos de Génesis, descubrimos que los primeros patriarcas vivían durante mucho tiempo. Vivían una media aproximada de 900 años. Mucha gente no puede creer eso porque hoy en día sólo vivimos aproximadamente 70 años. Sin embargo  otra utilidad de la bóveda de vapor de agua hubiera sido el proteger a los habitantes de la Tierra de las dañinas radiaciones cósmicas, que son, en parte, responsables del proceso de envejecimiento. Otros han sugerido que una mayor presión parcial de oxígeno debajo de una bóveda de estas características también podría haber aumentado el tiempo de vida del hombre y de los animales. En las burbujas de aire atrapadas en ámbar (resina de árbol fosilizada) existe una concentración de oxígeno un 50 por ciento mayor que la actual. Por lo tanto el hecho de que los patriarcas anteriores al Diluvio vivieran durante tanto tiempo es una evidencia que corrobora la existencia de la bóveda de vapor de agua.

Teniendo en cuenta el colapso de la bóveda de vapor de agua en los tiempos del Diluvio (la apertura de «las cataratas de los cielos») no es sorprendente pensar que el tiempo de vida de los seres humanos se redujera drásticamente durante los años siguientes a ese acontecimiento. Los descendientes inmediatos de Noé vivieron menos de 900 años, y en unas pocas generaciones los tiempos de vida se redujeron a los 70 años de vida que aún hoy en día se mantienen.

Hay otras importantes implicaciones que derivan de la existencia de una bóveda de vapor de agua antes del Diluvio, y la evidencia de estas corrobora a su vez la existencia de tal bóveda. Aquellos que estén interesados en estudiar este tema más profundamente pueden consultar el libro del Dr. Joseph Dillow.

 

La Gran Pregunta: ¿A dónde se fue el agua ?

Toda la Tierra estaba cubierta con las aguas del Diluvio, y el mundo que entonces existía fue destruido por las mismas aguas de las cuales la Tierra emergió en un principio, a las órdenes de Dios (Génesis 1 :9 ; 2 Pedro 3 :5-6). Pero, muchos se pregunta ¿que pasó luego con todo ese agua ?

Bueno, las mismas Sagradas Escrituras tienen muchos pasajes que responden esta pregunta, identificando las aguas del Diluvio con los mares y océanos actuales (Amós 9 :6 y Job 38 : 8-11).

Ahora bien, el planteo que inmediatamente surge ante esta respuesta es el siguiente: si el agua todavía está aquí, ¿como es que las grandes montañas no están todavía cubiertas de agua como en el tiempo de Noaj?

El Salterio nos brinda la respuesta en el capítulo 104:

«¡Con las aguas del abismo la cubriste!
Las aguas se detuvieron sobre los montes,
pero las reprendiste, y huyeron;
al escuchar tu voz, bajaron presurosas.
Subieron a los montes, bajaron por los valles,
al sitio que les habías destinado. Les pusiste un límite, que no debían cruzar,
para que no volvieran a cubrir la tierra.«

(Salmo 104: 6-8)

El salmista dice que sobre los montes estaban las aguas (versículo 6), pero el Eterno las reprendió y estas huyeron (versículo 7); entonces las montañas subieron, los valles descendieron (versículo 8) y Yahvéh les puso límite, el cual no traspasarán ni volverán a cubrir la Tierra (versículo 9). Entonces nos asombramos al descubrir que las aguas planetarias actuales… ¡son las mismas aguas del Diluvio!

Por ende, las Sagradas Escrituras deja bien claro que Yahvéh alteró la topografía de la Tierra. Nuevas masas continentales de tierra con nuevas cordilleras montañosas de pliegues de estratos rocosos fueron levantadas de debajo de las aguas que cubrían la Tierra que había erosionado y nivelado la topografía pre-diluviana, mientras cuencas oceánicas muy profundas fueron formadas para recibir y acomodar las aguas del Diluvio que entonces abandonaron la tierra de los continentes emergentes.

Por eso los océanos son tan profundos y por eso hay cordilleras montañosas con pliegues. Es más, si hoy niveláramos toda la tierra suavizando la topografía no solo de la superficie continental sino también la superficie del fondo oceánico, el agua del océano cubriría toda la superficie terrestre con una profundidad de más de tres kilómetros (dos millas). Claramente, entonces, las aguas del Diluvio Universal están en las cuencas oceánicas actuales. Tenemos que recordar que cerca del 70 por ciento de la superficie de la Tierra está, aún hoy, cubierta por agua.

¿Un mecanismo ?

Si al final del Diluvio las montañas se levantaron, mientras los valles se hundieron, entonces esos movimientos de tierra tuvieron que ser sobretodo verticales, en marcado contraste con el movimiento horizontal propuesto por la teoría de la deriva continental y las placas tectónicas propuestas por la mayoría de científicos hoy en día. Pero de hecho hay un mecanismo para movimientos verticales de tierra, para el cual tenemos una evidencia indirecta muy buena y alguna evidencia directa.

¿El agua podría haber cubierto el Mt. Everest?

Ya hemos dicho que la altura máxima de las aguas del Diluvio sobre una Tierra teóricamente nivelada hubieran sido de alrededor de tres kilómetros (dos millas). Pero resulta que el Mt. Everest, por ejemplo, tiene más de ocho kilómetros de altura. ¿Entonces como pudieron las aguas del Diluvio cubrir todos los montes altos de debajo de los cielos?

Pues bien, ya hemos dicho que las montañas altas no eran necesarias para la lluvia en el mundo pre-diluviano, y que las montañas de hoy en día fueron formadas después del Diluvio a través de el mecanismo vertical antes citado. En apoyo de esto podemos observar que las capas que forman las partes más altas del Mt. Everest están compuestas de capas depositadas por agua que contienen fósiles. (ver: Hallan Fósiles Marinos en el Monte Everest).

Este proceso de levantamiento de nuevas masas continentales de debajo de las aguas del Diluvio conllevaría que, mientras las montañas se elevaban, los valles se hundían, y las aguas abandonasen rápidamente las nuevas masas continentales emergentes. Este rápido movimiento de grandes volúmenes de agua causaría una gran erosión. No es difícil contemplar la rápida ‘excavación’ de muchas de las formas rocosas que observamos hoy en día en la Tierra, incluyendo, por ejemplo, el Gran Cañón del Colorado en USA, y las rocas Ayers en Australia central. (La forma actual de este monolito es el resultado de un ladeo y levantamiento de los previamente horizontales lechos de arena dejada por el agua seguido de la erosión.

Es por esto que también vemos, en muchos casos, ríos en valles que son mucho mayores de lo que deberían ser si hubieran sido hechos por el mismo río, que es diminuto en comparación con el valle, que ahora fluye por el valle. En otras palabras, el volumen de agua responsable de crear esos valles tan grandes tiene que haber sido mayor que el volumen de agua de los ríos de hoy en día. Esto es consistente con la idea de grandes volúmenes de aguas diluvianas abandonando las masas de tierra emergentes al final del Diluvio, y yendo a parar a las nuevas y profundas cuencas oceánicas.

 

Biografía: 

«Mitos y Milagros» _ David C. C. Watson (Ed. Clie)

«El Enigma del Arca de Noé y el Diluvio» _ Claudio Soler & Mónica Quirón

Un Cambio de Deseo Originó la Guerra de los Sexos

Por P.A. David Nesher

«A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.«

(Bereshit(Génesis 3: 16)

Al investigar y sumergirnos en la Instrucción (Torah) del Eterno, poco a poco vamos desintoxicando nuestras mentes del dogmatismo babilónico-reptiliano con el que se nos programó desde el sistema de cosas imperante que la serpiente antigua ha establecido sobre los miles de millones que componemos la humanidad.

Entendemos por lo que Génesis revela en su tercer capítulo que la religión se hizo presente el día en que Adam Harishón (Primera Humanidad) escuchó la propuesta de una enseñanza totalmente anti-Torah. Así aquellos primeros regentes y padres de la humanidad (Adán y Javá) dieron lugar a una serie de paradigmas de tinieblas que comenzarón a tomar potestad destructora sobre el más grande diseño de la Luz: la sexualidad expresada en el binomio sacerdotal varón-mujer.

De este modo la mujer  han sido erróneamente devaluada, ignorada y omitida dentro la historia. Hasta la misma teología tradicional de la mujer en la Iglesia Romana y sus hijas (Ap. 17) ha sido marcada por una aversión a la mujer expresada en la  misoginia de sus prácticas, que ha producido el machismo que ha regido a occidente por siglos.

Ahora bien, ¿cómo comenzó esta degradación sexual?

Según el tercer capítulo de Bereshit, Adán y Javá desconfiaron de la benevolencia, la disciplina y la compasión del Eterno, y voluntariamente se apartaron de Él dependiendo de su propia opinión para encontrar cómo lograr la felicidad extrema. Ellos decidieron unánimemente rechazar Su Instrucción (Torah) y determinaron comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Poreesto, el Eterno los llamó a rendir cuentas y les describió la maldición que recaería sobre ellos y la vida humana que desde ellos descendería, a causa del pecado.

En este capítulo logramos ver como el mundo de la mujer, y por ende el de la familia, fue afectado lamentablemente por el pecado de la misma Javá (Eva). El relato de la caída humana revela que a causa del mismo yetser hará (tendencia al mal) de la mujer, las cosas que ya existían en pequeña escala fueron ahora aumentadas para convertirse en algo muy doloroso (el parir y la sujeción marital).

La palabra hebrea teshuqá, traducida en este texto como «deseo«, viene de la raís shuq que significa:

  • «voltearse para ir obsesivamente en pos de algo«,
  • «tener un intenso anhelo u obsesión de una cosa«,

Desde estas dos significaciones, la expresión «deseo» está implicando el uso de la lujuria de parte de la mujer para poder manipular al hombre y conseguir así sus anhelos egoístas de control y dominio. Por eso es que la Septuaginta o «Versión de los Setenta«, traducirá esta palabra en griego como “voltearse”. Visto así, el verdadero significado de teshuqá es de hecho “voltearse” cambiando el blanco del deseo.

Con este acto de desobediencia Javá se esta volteando o alejándose del señorío de Yahvéh y enfocándose hacia el varón, poniéndolo a él entre ella y el Eterno. Dios le advierte a Eva que esta decisión de voltearse hacia el varón para sentir significado de propósito traerá como resultado que ella venga a caer bajo el dominio del hombre. Esta expresión habla de un desafío inherente de querer adoptar el papel del marido como jefe del hogar y la familia.

Esta es una descripción de la maldición. Es una descripción de miseria, no un modelo para el matrimonio. Esta es la historia que se presentará siempre que el pecado prevalezca. Pero, ¿qué es lo que realmente se dice aquí? ¿Cuál es la naturaleza de esta relación que ha quedado en ruinas después del pecado?

El paralelismo clave en Génesis 4:7

La clave para comprender profundamente esta sentencia, está en aprender la conexión que existe entre las últimas palabras de este versículo (3:16b), y las últimas palabras de Génesis cap. 4 vers. 7. Aquí el Eterno está advirtiendo a Caín acerca de su resentimiento y enojo contra Abel, su hermano. Yahvéh le dice que el pecado está a punto de enseñorearse de su vida. Por favor, les solicito que observen con mucho discernimiento el final del versículo 7:

«… el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.

El paralelo entre el cap.  3 vers. 16 y el cap. 4 vers. 7 es extraordinariamente cercano. Las palabras son prácticamente las mismas en hebreo, y también pueden verse en español. En 3:16 vemos que Elohim dice a la mujer: «Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti«. En el cap. 4 vers. 7 Elohim dice a Caín: «a ti será su deseo, y tú te enseñorearas de él«.

Ahora, la razón por la cual es importante ver esto, es porque nos muestra más claramente lo que se entiende por «deseo«. Cuando el versículo 7 de capítulo 4 dice que el pecado está a la puerta del corazón de Caín (como un león, -Génesis 49:9-) y que a él será su deseo, significa que el pecado quiere enseñorearse de Caín, quiere derrotarlo, someterlo y hacerlo esclavo del pecado.

Ahora, si volvemos al versículo 16 del capítulo 3, probablemente deberíamos ver el mismo significado en el pecaminoso deseo de la mujer. Cuando dice, «Tu deseo será para tu marido«, que significa que cuando el pecado se enseñorea de la mujer, su deseo será el de dominar, someter o explotar hombre. Y cuando el pecado de la mujer se enseñorea del varón, este va a responder de la misma manera y con mayor fuerza la someterá, o se enseñoreara sobre ella.

Entonces, lo que se describe realmente en esta maldición acontecida sobre la condición de ser mujer ( 3:16) es el conflicto de siglos entre varones y mujeres que ha marcado la historia de la humanidad. La masculinidad como el Eterno la creó se ha depravado y corrompido por el pecado. De igual modo la feminidad como Yahvéh la creó se ha depravado y corrompido por el pecado. La esencia del pecado es la autosuficiencia y la auto-exaltación. Primero en la rebelión contra el Eterno y luego, como consecuencia, en la explotación de unos a otros.

Por lo tanto, la esencia de la virilidad corrupta es el esfuerzo que auto-exalta el poder dominar, controlar y explotar a las mujeres para sus propios deseos privados. Y la esencia de la feminidad corrupta es el esfuerzo que auto-exalta el poder dominar, controlar y explotar a los hombres para sus propios deseos privados. La diferencia la establecerán la distinción de debilidades que pueden  explotar el uno del otro.

La mujer con su acto de yetser hará (inclinación al mal) quebrantó su relación con el varón, señalado por los lineamientos del diseño divino original. En vez de ser una «ayuda idónea» (ezer kenegdó) para él, se iría convirtiendo en su seductora enemiga. Por eso Yahvéh advirtió que esto la conduciría a perder su condición de igualdad con el varón; él terminaría siempre «enseñoreándose» de ella como amo y señor. En el pasaje que nos tiene meditando durante todo este estudio, se describe a una esposa como que es «poseída» por su señor. Por eso, vemos que a lo largo de la historia, entre la mayoría de los pueblos, la mujer ha estado sometida, a través de los siglos, a la degradación y a una esclavitud. Sin embargo, entre los hebreos la condición de la mujer era de una clara subordinación aunque no de opresión ni esclavitud.

Por esto será que Yahvéh liberará a Israel de Mitzraim (Egipto). Él quería que Su Pueblo se convirtiera en una nación sacerdotal (Éxodo 19: 6) para que el ser humano (tanto varón como mujer) aprendiera a rectificar, reparar y transformar el diseño de la sexualidad de acuerdo a los código de la Luz Infinita. Por eso, desde Israel aparecerá el yugo de Yeshúa quien colocará a la mujer en la misma plataforma que el varón en todo lo que atañe a las bendiciones del Evangelio del Reino de Elohim:

«Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

(Gálatas 3: 28)

Aunque el esposo debe ser la cabeza del hogar, los principios mesiánicos llevarán al varón y a su esposa a experimentar un verdadero compañerismo, donde cada uno está tan consagrado a la felicidad y bienestar del otro, que nunca ocurre que cualquiera de ellos trate de «enseñorearse» del otro:

«Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
(Colosenses 3: 18-19)

En conclusión, recordemos que lo que somos como varones y mujeres va al corazón de nuestra identidad personal. Si se confunden aquí, las repercusiones serán muy profundas y afectarán muchos aspectos.

Hoy, el pequeño remanente de los hijos de Sión están llamado a reconstruir a partir de la Instrucción divina, y con la mejor praxis posible, la imagen destruida del varón y la mujer a la imagen que Yahvéh les había asignado antes de la caída.

Hoy, el SEÑOR nos pide recuperemos al diseño matrimonial, invitando a cada pareja a aceptar la invitación mesiánica de recibir el yugo de Yeshúa. Por eso, solicito a los que leen oraciones intercesora a favor de mi vida y los miembros de mi ministerio, para que podamos llevar fiel y rápidamente todos estos misterios a las naciones del mundo. A la vez invito a cada lector a que que considere seriamente estas cosas, y decida sumarse a todos los hijos primogénitos que habitamos el  Monte Santo del Eterno.

https://davidnesher.com.ar/contacto/

Una Vasija para la Luz Infinita

Por P.A. David Nesher

“Y dijo Dios: Hagamos al hombre con nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre con la imagen suya, con la imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

(Bereshit/Génesis 1:26-27)

Iniciaré esta bitácora mencionando que el teólogo Leupold ha hecho un excelente trabajo de investigación en los códigos hebreos que conforma la expresión «Y dijo Dios: Hagamos al hombre con nuestra imagen…”, mostrando que la pluralidad de hagamos no puede ser solamente la pluralidad de la realeza divina, ni tampoco puede ser Dios hablando con los ángeles, como otras interpretaciones aseguran. Es un indicio perfecto de la Unidad del Eterno, manifestada en tres persona aunque no declarada detalladamente.

Ahora sí, sumergiéndonos en los versículos considerados en el encabezamiento, el texto aquí nos permite adquirir un entendimiento claro de quién es el ser humano frente a la perspectiva divina. Las líneas del mismo vibran en una codificación que implanta en nuestra mente y nuestro corazón, la certeza de saber que somos hechos a la Imagen de Dios ( lat. Imago Dei, según el término teológico cristiano). Queda de este modo revelado por el mismo Dios, que el ser humano, como creación divina, es diferente a cualquier otra clase de criatura porque ha sido creado, formado y hecho de una manera consistente con la naturaleza del Eterno.

El significado de estas palabras nos exhorta a aceptar que existe una cima intransitable entre la vida humana y la vida animal. En ningún lado de la revelación escritural se insinúa siquiera que los animales son hechos a la imagen de Dios. Por eso, el ser humano que es humilde ante la verdad, debe aceptar que aunque los seres humanos nos asemejamos biológicamente a ciertos animales, somos distintos en nuestras capacidades morales, intelectuales, y espirituales.

Este relato también nos conduce al hecho de que también existe una brecha insalvable entre la vida humana y la vida angelical. Los ángeles no pueden tener el mismo tipo de relación de amor y convivencia con el Eterno como nosotros. Ellos fueron creados y formados en una posición de intimidad inferior, a la que el hombre puede adquirir por la fe. Por ello, debemos aceptar que los seres humanos jamás pueden convertirse en ángeles ya que son de posición superior a ellos en cuanto a poder. Sin embargo, en la posición de filiación y herencia que el Eterno nos ha entregado en el Mesías, si debemos entender que dichos seres celestiales fueron creados en una funcionalidad de servicio para los escogidos (Hebreos 1: 14).

Ahora bien, considerar la doctrina del Imago Dei (o Tzelem Elohim según el hebreo) significa aceptar que la encarnación del Mesías fue verdaderamente posible. El Eterno (en Su segunda persona de Su Unidad) verdaderamente podía venir a ser hombre, porque aunque la deidad y la humanidad no son lo mismo, sí son compatibles en cuanto a la Intención.

La palabra “imagen” que aparece en estos versículos en hebreo es צֶלֶם (tzelem), es un bello ejemplo de cómo funciona el hebreo, el cual es un idioma con raíces. La palabra צֶלֶם se relaciona con la palabra “sombra” en hebreo: צֵל (tzel). Una sombra es una imagen imperfecta que se asemeja a la cosa real que proyecta. La “imagen de Dios”, tzelem Elohim, también puede ser entendida, por lo tanto, como tzel Elohim, “sombra de Dios”, en el sentido en que es una copia imperfecta de la imagen real perfecta.

Esto significa que la vida humana tiene valor intrínseco, muy aparte de la “calidad de vida” experimentado por un individuo, porque la vida humana es hecha a la imagen de Dios.

Existen ciertas cosas específicas en el ser humano que demuestran que es hecho a la imagen de Dios:

? Solo el hombre tiene un rostro que naturalmente mira hacia arriba.
? Solo el hombre tiene una variedad tan grande de expresiones faciales.
? Solo el hombre tiene un sentido de la culpabilidad que se muestra con un sonrojeo.
? Solo el hombre habla.
? Solo el hombre posee personalidad, moralidad, y espiritualidad.

Hay tres aspectos significativos de la idea de que somos hechos a la imagen de Dios:

✍? Significa que los humanos poseen personalidad: El ser humano es el único que posee conocimiento, emociones, y una voluntad. Esto aparta al hombre de todos los animales y de las plantas
✍? Significa que los humanos poseen moralidad: Somos capaces de hacer juicios morales y de tener una conciencia
✍? Significa que los humanos poseen espiritualidad: El hombre está hecho para tener una comunión íntima con Dios. Es a nivel espiritual que podemos comunicarnos con Dios.

Considerando todo esto, debemos entender que la expresión Imagen de Dios no significa que el Eterno tiene un cuerpo físico semejante al humano. Sabemos, por lo que el Maestro Yeshúa enseña, que Dios es Espíritu (Juan 4:24). Pero, aunque Dios no tiene un cuerpo físico, él diseño el cuerpo físico del hombre como vasija de la imagen que lo representa para que pudiera hacer muchas de las cosas que hace el Eterno como Ver, oír, oler, tocar, hablar, pensar, planear, etc., pero conectado corporalmente a todo el cosmos físico, con el fin de elevarlo a la plenitud. Por ello es que el ser humano es un microcosmos que contiene coincidentemente todos las estructuras de diseño del macrocosmos.

El Destino de un Hijo Idolatrado por sus Padres… (Caín y Abel)

Por P.A. David Nesher

 

 

«El hombre se unió íntimamente a su mujer Javá, y ella concibió y dio a luz a Kayin. Y dijo: «¡Con la ayuda de YHVH, he tenido un hijo varón!«

(Bereshit/ Génesis 4:1)

Al estudiar Bereshit comprendemos que la actitud desobediente de Adán y Eva fue la causal de sufrimiento a sus hijos (Romanos 5: 14). La muerte era una amenaza constante para sus intentos de ser fecundos y multiplicarse. El apetito de la tumba no tiene fin. El dolor del parto no se limita al dolor del trabajo de parto. Ahora, en vez de ser el feliz acontecimiento que debería haber sido el nacimiento de un niño, con el tiempo se convirtió en la fuente del dolor inevitable para todos. Un niño arruinado en un mundo arruinado. Los padres también sufren porque son incapaces de proteger a sus hijos de la angustia y la naturaleza caída del mundo.

En esta oración, el objeto es la concepción, seguido de la palabra Caín. La preposición «a» que aparece en esta traducción en realidad no está en el texto original hebreo (este dato de la traducción será importante tenerlo en cuenta para la segunda parte de este versículo).

Continuando ahora con el relato, será interesante considerar el juego de palabras entre la expresión hebrea para Caín  (es decir Kayín –Gen. 4:1a-), y la palabra hebrea para «tenido» que es el hebreo Kaná (4:1b). El nombre Kayín viene de la raíz kayín, que significa comprar adquirir. Pero la palabra para tener proviene de la raíz kin, que significa tener, dar forma (Salmo 139:13; Proverbios 8:22). Por lo tanto, el juego de palabras entre Caín y tener no se basa en las raíces de palabras similares, pero si únicamente en la pronunciación en hebreo. En otras palabras, suenan igual. Una vez más, esto apunta al hecho evidente de que el idioma original de la humanidad era el hebreo.

Entonces, el nombre de Kayín, básicamente, significa, “¡lo tengo!”, “¡lo logré adquirir!” o ”¡Aquí está por fin!”. Desde esto, queda evidenciado que el pensamiento de Javá era que Kayín fue la simiente que Yahvéh prometió. Ella estaba convencida que el Libertador Celestial (Mashiaj) vendría de su vientre (Génesis 3:15). Por eso tiene sentido en que ella dijera: “¡Tengo al varón del Señor!” Justamente aquí debemos tener en cuenta un dato importante. La frase «con la ayuda del …» (NVI), o «de parte…» (RV), no está en el texto hebreo. Fue el sacerdote agustino y reformador Martin Lutero quien tradujo este versículo de esta manera, y desde entonces todos los traductores bíblicos han incorporado este error en sus traducciones. Literalmente, según las raíces hebreas, Génesis 4:1 debe leerse:

“He adquirido un varón- YHVH”.

¡Caín fue el primer hijo varón que nació fuera del huerto del Edén! Por ende, Javá (Eva) supuso que este niño era el Dios–hombre.

Entonces el texto continúa diciendo:

«Después dio a luz a Abel, hermano de Caín»
(4:2)

La palabra hebrea para Abel es Hével, que significa soplo, vanidad o vaciedad (transitorio). Literalmente, significa «un soplo que dura poco» y hace hincapié en la brevedad de la vida humana (Job 7:16; Salmo 144:4). Al nombrar a su hijo Abel, discernimos que la maldición de la caída había comenzado a hacerse sentir en la vida de Adam y Javá. Cuando Abel nació, se dieron cuenta todo lo que él no iba a ser. Desde su punto de vista, él no sería un Dios–hombre.

En circunstancias normales, los padres quieren las mejoras cosas para sus hijos. Se preguntan si sus hijos están destinados a la grandeza. Adam y especialmente Javá, tenían estas expectativas por Kayín, pero la esperanza de los padres fue más allá de las expectativas. Adam y Javá esperaban que Kayín fuera el Mesías prometido de Dios.

Javá pensó que tenía en sus brazos al Mesías, el Salvador de todo el mundo, pero lo que en realidad sostenía en sus brazos era un Anti-Mesías homicida. Obviamente, ella estaba equivocaba. Pasaría un largo tiempo hasta que el Salvador vendría.

Pero, ¿quien fue Kayín en realidad?

Pues las Sagradas Escrituras lo describe como un instrumento homicida de HaSatán (1 Juan 3:12), por lo que fue utilizado por el maligno para intentar destruir a la simiente prometida. Sí, Kayín fue el instrumento en las manos de Satanás para destruir a los hijos del Eterno, a los adoradores verdaderos del único y verdadero Dios. La sorpresa que se llevó Javá cuando supo de lo que Kayín había hecho a su hermano fue probablemente increíble. ¿Cómo destruiría Yahvéh ahora a la serpiente, si su simiente se había implantado en su hijo idolatrado? ¿Cómo haría Yahvéh para acabar con el peor enemigo de la humanidad?

Más allá de todo error humano, Yahvéh es un Dios que cumple Sus promesas. Las Sagradas Escrituras lo describe como un Dios que no se arrepiente como los hombres, ¿por qué? Porque todo está bajo su soberanía. Él tiene el perfecto control de la historia. Yahvéh había prometido a Adam Harishom (la primera humanidad) una Simiente (el Mesías) que derrotaría a HaSatán y libertaría a la humanidad de la muerte espiritual. El Código Sagrado estaba por lo tanto establecido en pacto, por lo tanto, el Eterno lo cumpliría en tiempo y forma.

Por ello es que el hagiógrafo nos relata en los versos finales del cuarto capítulo lo siguiente:

“Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set: Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín. Y a Shet también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de YHVH.”
(Génesis 3: 25 -26)

Javá (Eva) reconoció tarde quien de sus hijos, Kayín y Hevel (Caín y Abel), era el verdadero adorador del Eterno. Kayín fue un asesino, un instrumento del enemigo para borrar la promesa divina de Yahvéh acerca del Mesías. Sin embargo, el Eterno, cumpliendo su palabra le dio otro hijo a Javá.

El nombre Shet significa “puesto”, “sustituto”, y por lo tanto habla proféticamente de varias cosas dadas en el ministerio del Mesías. El Mesías iba a ser un sustituto para el hombre que ha muerto. El Mesías también representa al hombre y puede hacer un intercambio de manera que su muerte pueda dar nuevamente vida al hombre muerto. La fe en una muerte y resurrección representativa del Mesías está escondida en la declaración de Javá.

Esta vez Shet, restauraría la línea sacerdotal de justicia (los conocidos com Malki Tzedek) que conduciría a los hombres a invocar el nombre de YHVH, y a través de quien vendría el Mesías victorioso anunciado en Gan Edén.

Caín y su Rostro Caído

Por P.A. David Nesher

 

Por P.A. David Nesher

“Y aconteció que, al transcurrir el tiempo, Káyin trajo a YHVH una ofrenda del fruto de la tierra. También Hevel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grosura de los mismos. Y YHVH miró con agrado a Hevel y a su ofrenda. Pero no miró así a Caín ni a su ofrenda. Por eso Caín se enfureció y andaba cabizbajo. Entonces YHVH le dijo: «¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo? Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo.”

(Bereshit/Génesis 4: 3-4)

En el tercer capítulo de Bereshit (Génesis) hemos apreciado como apareció en el mundo la raíz del pecado. Pues bien, al llegar al cuarto capítulo de Bereshit podemos percibir cómo se manifiesta el fruto del pecado.

Recordemos que el Eterno le había anunciado a Adam HaRishón (primera humanidad) acerca de un conflicto que vendría entre la Simiente de la Serpiente y la Simiente de la Mujer (3:15). Pues bien, Adam y Java (Eva) no tardarían en experimentar la realidad de este conflicto en la trágica historia de sus dos hijos.

Este pasaje persigue enseñar que Adam y Java, con su desobediencia también trajeron sufrimiento a sus hijos. La muerte era una amenaza constante para sus intentos de ser fecundos y multiplicarse. El apetito de la tumba no tiene fin. El dolor del parto no se limita al dolor del trabajo de parto. Ahora, en vez de ser el feliz acontecimiento que debería haber sido el nacimiento de un niño, con el tiempo se convirtió en la fuente del dolor inevitable para todos. Un niño arruinado en un mundo arruinado. Los padres también sufren porque son incapaces de proteger a sus hijos de la angustia y la naturaleza caída del mundo.

La historia de Kayin y Hevel (Caín y Abel), se debe entender, en todo sentido, como la historia real de las relaciones humanas, también es una imagen del viejo conflicto de las dos semillas.

Kayin pensó en ofrecer simbólicamente un sacrificio al Eterno. Sin embargo, razonó que, dado que Dios de todas maneras no comería, él podía ofrecer aquello que consideraba oportuno para el rito, según sus propios razonamientos. Hevel, en cambio, observó a su hermano, pero lo llevó un paso más allá: si simbólicamente estamos proclamando nuestra gratitud y amor a Yahvéh, debemos llevar lo mejor del ganado, para simbolizar nuestra esperanza mesiánica.

Hevel ofreció generosamente lo mejor que poseía, corderos que nunca habían esquilado o trabajado y que no tenían defectos. Yahvéh había revelado a Adam y Javá cuáles eran los animales limpios que valían para los sacrificios, (cf. Génesis 7:2), y por eso Hevel sabía qué clase de animales el Eterno podía recibir. Por medio de los códigos gemátricos, se interpreta que es muy probable que el animal que fue sacrificado en el huerto antes de la expulsión haya sido un cordero (cf. Revelación 13:8; 1 Pedro 1:19-20), por lo que se explica que Hevel se basara en la revelación que el Eterno había dado mediante ese sacrificio. Según el Midrash, los sacrificios de Káyin y Hevel fueron dados el 14 de Nisán, el mismo día que el sacrificio de Pesaj (pascua) iba a ser ofrecido más adelante.

El  escritor de la epístola a los Hebreos escribió explicando esto:

“Por la fe Hevel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Káyin, por lo cual alcanzó el testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y por la fe, estando muerto, todavía habla.”
(Hebreos 11: 4)

Hevel sacrificó por la fe. No dice “por fe”, sino “por la fe”. No era por cualquier fe, sino la fe, la de siempre, la única que fue dada desde el principio, la fe de los hebreos. Es evidente que Hevel tenía fe en el sacrificio futuro del Mesías, según lo que el Eterno había revelado anteriormente en la promesa mesiánica del Proto-Evangelio (cf. 3:15, 21). Y fue por esa fe fue que fue justificado, es decir declarado inocente y libre de la culpa de su pecado.

El Eterno miró con agrado a Hevel, en primer lugar, y luego su ofrenda. Vio la actitud de su corazón de amor, entrega y fe, y esa actitud fue recompensada con la manifestación de su agrado. El Midrash cuenta que cayó fuego del cielo y consumió su sacrificio. ¡Sí!,… ¡así es!… bajó un fuego y consumió el sacrificio de Hevel, pero no el de Kayin. Esto dejó a Kayin preso de sentimientos negativos. Entonces vemos que Yahvéh lo consoló y le explicó como la nueva serpiente (también conocida como “la inclinación al mal” – yetser hará-) está en cuclillas para atacar al hombre. Pero el hombre tiene el poder de vencerla si así lo desea y decide.

Kayin, el primogénito de Adam y Javá, pasó por una crisis muy profunda. Su ofrenda para el Eterno no había sido bien recibida. El problema no era que al Eterno no le gustase lo que él ofreció, sino los motivos de su corazón cuando lo ofreció. El Eterno ve lo que hay en el corazón y la intención ( en hebr. kavaná) que hay detrás de las acciones humanas. Para Él no es lo más importante lo que hagas, sino por qué estás haciendo lo que estás haciendo. Caín dio una ofrenda, pero no fue bien recibida.

El texto que nos ocupa dice que el Eterno no miró a Kayin y su ofrenda. Notemos que para Yahvéh, primero se trata de Kayin, y luego de su ofrenda. Es decir, que el Eterno no miró con agrado a Kayin y por eso no pudo recibir su ofrenda.

Entonces: ¿Cuál fue el problema de Kayin? Sus motivos no eran correctos. Su corazón no estaba entregado al Eterno. Buscaba sus propios intereses y no los de Yahvéh. Presentó una ofrenda por causa de sí mismo o por causa de lucir ante los demás, pero no por tener un corazón recto ante el Eterno. El Eterno no se impresiona por las acciones exteriores sin kavaná (intención adecuada). (Aquí, haré un parate y elevaré una exhortación: ¡Acuérdate de esto, querido discípulo: no es lo que hagas lo más importante delante del Eterno sino el POR QUÉ lo estás haciendo!)

Ahora bien, sabemos que el Eterno, que no puede ser engañado (Gálatas 6: 7), por eso aprovechó esta ocasión para enseñar amorosamente a Kayin una lección importantísima que pudo haber salvado su vida y la de su hermano. El Eterno le expresó, de alguna manera a este varón, por qué no se agradó de él ni de su ofrenda. Pero, Kayin, en lugar de revisar su corazón y de cambiar su actitud (hacer teshuvá), optó por seguir su inclinación al mal (el yetser hará) y así dejar lugar para la emoción ira que tenía, se convirtiera en enojo, y este produjera un odio que lo quemaba de tal manera que su rostro cayó.

¡Un momento!… ¡No vayamos tan rápido!… ¿Qué quiere significar el texto hebreo con la expresión “cayó su rostro”? Bueno, primero, da a entender que la cara cae por causa de un cambio de postura de los músculos faciales; segundo, se produce una mirada hacia abajo o desviada; tercero, se ofrece una cabeza inclinada hacia abajo.

En pocas palabras, cuando la ira llenó el alma de Kayin, ya no pudo tener una cara alegre. Toda su expresión corporal comenzó a hablar acerca de lo que había en su interior. El Eterno le pregunta por qué está ardiendo de enojo y por qué su rostro está caído. De esta manera le concedía una oportunidad para reflexionar y cambiar de actitud (hacer teshuvá). Pero en lugar de hacer caso a las correcciones del Eterno, Caín decidió continuar el camino de maldad que estaba formándose en su alma.

El Eterno le dio una palabra muy precisa para no tener que seguir en su camino a la muerte y escoger la vida. Con esa palabra Kayin hubiera podido elegir por la alternativa correcta: el Camino de la Vida. ¿Cómo? Por medio de hacer una elección interior de cambio de actitud. El Eterno dijo que Kayin tenía la posibilidad para dominar el mal que estaba deseando tomar control de todo su ser. Caín podía haber dominado la ira. Kayin podía haber impedido que su rostro cayera. Kayin había sido creado para ejercer dominio en este mundo y también en su mundo interior donde había una guerra entre el bien y el mal. Yahvéh le entregó la llave para salir de su cárcel de pecado. ¿Cómo podría haberlo hecho? Por medio de escoger lo correcto y decir no al enojo, la envidia y el deseo de dañar al hermano. Se trataba simplemente de una decisión. En eso consistía el poder que tenía Kayin en su interior. De este modo, Yahvéh le dio autoridad a Kayin para dominar el pecado en ese mismo momento cuando el mal estaba invadiendo su alma. Siempre esa será la clave para trazar destino: tomar una decisión determinante. Pero, lamentablemente, vemos que Kayin no quiso cambiar, y las consecuencias fueron desastrosas.

Por eso esta historia, nos permite ver claramente el simbolismo expresado por Yahvéh. Por un lado, Kayin tipifica la simiente de la Serpiente, mientras que Hevel  es un tipo de Mesías, la Simiente de la Mujer. Similarmente hoy en día, Caín y Abel representan a las dos familias del mundo. Caín representa a aquellos fuera de la fe que siguen a su padre el diablo, y son, en un sentido espiritual, la simiente de la serpiente, y Abel representa a aquellos de la fe que están en el Mesías (Efesios 1:4) y por lo tanto, en un sentido espiritual, representan a la Simiente de la mujer.  Kayin cedió ante el mal agazapado en su interior y, finalmente, el pecado lo desbordó.

Una vez que la inundación del pecado fue liberada en el mundo no había forma de detenerlo. Todo el mundo en la tierra fue ahogado por él y tiñendo todo lo que entrara en contacto. Siguiendo el ejemplo de Adán y Eva, sus hijos se rebelaron abiertamente contra el Señor. Puesto que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios. Por ello, el Eternos los entregó a una mente reprobada, para hacer lo que no se debe hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; inventan maneras de hacer el mal, desobedientes a los padres, que son sin sentido, desleales, sin afecto y despiadado (Romanos 1:28-31).

El denominado “camino de Caín” (Judas 11) es la falta de fe que se manifiesta en estos actos terribles, en la negación de la responsabilidad y la negativa a aceptar los justos castigos de un Dios justo. Y el primer ejemplo que vemos de esto es cuando Caín mata a su hermano Abel.

Dos lecciones podemos sacar de esta trágica historia familiar. Primero, si el pecado quiere dominar nuestra alma, tenemos la capacidad dada por el Eterno para decir NO y optar por lo correcto y conveniente. Si pecamos no podemos echar la culpa a nada ni nadie, porque somos nosotros los responsables por haber dejado lugar al mal en nuestra alma. En cambio, si optamos por lo justo, aunque nuestras emociones estén ardiendo en nuestro interior, el Eterno nos ayudará a dominar nuestra mente y superar el pecado y sus consecuencias desastrosas. Recordemos que el reya Salomón, refiriéndose a esto, enseñaba que hace falta un poder muy grande para dominar la mente humana, más que para la conquista de una ciudad:

“Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad.”
(Proverbios 16:32)

Ese poder está en el interior de cada ser humano. Es el poder de la decisión. El Eterno dijo a Kayin que podía dominar el pecado. Por eso sólo él era responsable por haber decidido negar la justicia, y haber optado por el mal y sus consecuencias. Recordemos que el mal siempre comienza en nuestro interior, y es en el interior dónde diariamente tenemos que vencer la batalla entre el bien y el mal.

La segunda lección que podemos aprender de esto es que al Eterno no le agrada un rostro caído. Él nos creó para estar alegres y no deprimidos, ni amargados. Nosotros podemos optar por no dejar caer nuestros rostros en los momentos de lucha y de adversidad en la vida. NOSOTROS podemos optar por otra cara y levantarla utilizando la gratitud constante o alabanza.

Kayin y Hevel tuvieron que tomar una decisión, al igual que usted y yo tenemos que tomar una decisión. Podemos elegir ser como Kayin o como Hevel. Por un lado, de la misma manera que luego lo haría nuestro padre Abraham, Hevel creyó a Yahvéh, y le fue contado por justicia (Gén. 15:6). Pero Kayin decidió por su propio derrotero, y así generó «el camino de Caín» que condujo desde entonces a la civilización humana a estar tan enemistada contra el Espíritu de Yahvéh, que el mismo Dios verdadero tuvo que traer un diluvio sobre todo el planeta, y empezar de cero con los de la fe. ¿Cuál es tu elección?

¡Que hoy tu decisión sea la correcta para que tu rostro siempre esté levantado!


Bitácoras Relacionadas y Recomendadas:

¿Quién creó al Mundo?

 

Un apikoros (epicureo) le preguntó una vez a Rav Akiva:

– ¿Quién creó al mundo?

–Yahvéh– contestó R. Akiva.

–Pruébalo– exigió el apikoros.

R. Akiva contestó únicamente:

– Vuelve mañana.

Cuando el hombre volvió al día siguiente, R. Akiva le preguntó:

– ¿Qué llevas puesto?

–Una túnica-Respondió el epicureo.

– ¿Quién la hizo?

– El tejedor.

– No te creo. Pruébalo– exigió R. Akiva.

– Esto es ridículo. ¿Acaso no te das cuenta por la tela y el diseño que un tejedor la hizo? – dijo el hombre.

– ¿Y tú no te das cuenta que el Eterno creó el mundo?

Después que se fue el apikoros, R. Akiva explicó a sus alumnos:

– Así como una casa fue obviamente construida por un constructor y una prenda obviamente cosida por un sastre, así el mundo (que sigue un orden natural) fue obviamente creado por el Creador.

Los Siete Diseños Divinos Preexistentes

“Porque él estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros”

(1 Pedro 1:20)

Según la mentalidad hebrea desarrollada por los códigos de la Luz Infinita de la Instrucción (Torah) divina, existen siete cosas preexistentes (anterior en el tiempo a todas las cosas).

Desde tiempos antiguos en ciertos escritos interpretativos no agregados a la Tanak (mal llamado Antiguo Testamento), se dice que siete cosas fueron creadas antes de los Cielos. Es decir, que antes de crear el Universo existencial todo, Yahvéh concibió en Él mismo siete conceptos fundamentales para el perfecto funcionamiento de los Olamot (mundos). Esto quiere decir, que estos diseños vibraban ya en el Eterno antes que el mundo fue creado:

  1. La Torah, (Instrucción, cf. Proverbios 8:22).
  2. La Teshuváh (el arrepentimiento, cf. Salmo 90:2-3). Fue concebida en la mente divina para mantener la existencia humana, y asegurarse así la armonía en el mundo.
  3. El Gan Eden (Huerto del Edén o el paraíso, cf. Génesis 2:8). Diseñado con el propósito de asegurar una recompensa para el espíritu de los justos.
  4. El Gehinom (el lago de fuego, cf. Isaías 30:33). Concebido para dar castigo a todo malvado.
  5. Kise HaKavod o Trono  Celestial de Gloria, (cf. Salmo 93:2). Fue concebido en el Eterno con el fin de manifestar físicamente la Gloria divina en los planos físicos.
  6. El Beit Hamikdash o Templo Santo, (cf. Jeremías 17:12). Fue concebido como una condición para la Creación para que la Shekinah more en medio de ella permanentemente.
  7. El Nombre del Mesías, (cf. Salmo 72:17).

A fin de entender de qué manera estas siete creaciones en particular son vitales para la humanidad y que por lo tanto debieron ser concebidas antes de la Creación, dejaré esta síntesis que permitirá captar conceptos tan altos y profundos:

● El mundo fue creado solamente con el propósito de estudiar Torah y cumplir sus dictámenes.

● Teshuváh fue concebida para mantener su existencia. Un mundo sin teshuvá perecería inevitablemente a los ojos del juicio de YHVH.

● El Gan Eden fue concebido a fin de asegurar una recompensa para los justos.

● El Guehinom fue concebido a fin de dar castigo al malvado.

● El Trono Celestial de la Gloria fue concebido antes que el Universo a fin de manifestar la gloria de YHVH en el mundo.

● El lugar donde moraba la Shekináh (divinidad) permanentemente era el Beit Hamikdash. Por lo tanto, el concepto de Beit Hamikdash fue concebido como una condición para la Creación.

● El objetivo final de la humanidad es llegar a los días del Mashiaj; por lo tanto, el nombre del Mashiaj debía ser formulado aún antes de la iniciación.

Así pues, logramos entender y aceptar que el Eterno, de acuerdo con Su Intención, creó el mundo físico con relación a estas siete cosas.

La Torah fue el primero de estos siete conceptos fundamentales. Ella es el instrumento arquitectónico del Eterno de toda la creación. Ha permitido la construcción de todos los Mundos. ¿Por qué fue esto necesario?

La Torah sirvió como el instrumento arquitectónico en la construcción del mundo.

Si un constructor erige una casa sin consultar un arquitecto, ¿cómo será el producto final? La casa podría carecer de las puertas, ventanas o escaleras necesarias. Podría cometer un error en la viga básica de sostén de manera que toda la casa se derrumbaría poco tiempo después de su terminación. Por lo tanto, cada construcción debe estar precedida por un proyecto. El primer paso en la construcción es el plano completo dibujado por el arquitecto, incluyendo cada una de las divisiones, entradas y salidas. Luego el constructor siguiendo el proyecto de la construcción, lo convierte en realidad. – ¿Siguiendo qué diagrama fue construido el mundo?

Por otra, parte y para lograr profundizar mejor en la idea de qué es el propósito eterno de Dios, diremos que el hecho de que se hable del arrepentimiento como algo que precede la creación, nos enseña que aunque el Eterno no haya decidido de antemano que el hombre pecara, ya había diseñado una solución para el pecado del hombre:

“El Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo”

(Revelación 13:8)

Un Autor, Cinco Libros y un Escritor (Moisés)

Por P.A. David Nesher

 

 

Durante los dos siglos que han pasado, la conspiración masónica-illuminati, disfrazada de racionalismo, logró implantar en la creencia popular que Moisés no fue el escritor inspirado de los cinco primeros libros de la Biblia o Pentateuco. 

Para que quede claro en cada uno de ustedes les diré que hace dos siglos atrás, un grupo de eruditos de tendencia racionalista, puso en duda la paternidad mosaica del Jumash o Pentateuco (hebreo y griego para decir: «Cinco Rollos» o “volumen quíntuplo” ), y desarrollaron la Teoría documentaria de la Alta Crítica. La misma considera que los primeros cinco libros de la Biblia son una compilación de documentos redactados en su mayor parte en el período del sacerdote Esdras (aprox. 444 a. E.C.). Debo aquí comentarles que en la actualidad, desde el punto de vista de la investigación histórica, la hipótesis documentaria es muy difícilmente aceptable precisamente por sus prejuicios metodológicos y su carencia de base historiográfica.

Por sobre todo, en la actualidad, se está derrumbando dicha hipótesis, ya que ha caído el fundamento primordial de la misma. Sucede que la objeción que levantaron aquellos escépticos contra Moisés como escritor de la Torah, se fundamentaba en el supuesto de que en la época de Moisés no se conocía aún la escritura. Pero el especialista en expedientes antiguos P. J. Wiseman indicó en su libro New Discoveries in Babylonia About Genesis (1949, pág. 35) que la investigación arqueológica actual ha probado exhaustivamente que “el arte de la escritura empezó en los albores de la historia conocida”. Así mismo, todos los doctos modernos reconocen que ya existía la escritura mucho antes del tiempo de Moisés, que vivió dos mil años a. E.C.

Por eso, el testimonio de los mismos códigos que componen las Sagradas Escrituras testifica una sola cosa: ¡no existe sino un solo escritor del Pentateuco, y su nombre es Moisés!

El Eterno mismo da evidencias contundentes repetidamente en la Escritura de que Moisés fue el escritor que Él escogió para inspirar tan profundos códigos lumínicos de Su sabiduría. Expresiones como “Escribe esto como memoria en el libro” (Éxodo 17:14), demuestran claramente que la escritura era común en los días de Moisés. Como el Eterno le dio al hombre perfecto Adán un idioma sagrado con el cual era capaz de dominar todos los ámbitos creativos a la perfección, y con el que hasta compondría poesía, cabe pensar que Adán ideara algún medio de ponerlo por escrito. (Gén 2:19, 23.)

Dando un paseo por todo el Pentateuco, podemos leer en muchos pasajes que Moisés escribió la Torah del Eterno. A modo de ejemplo veamos algunas de estas afirmaciones:

  • – “Y Moisés escribió todas las palabras de Yahvéh” (Éxodo 24:4).
  • – “Y Yahvéh dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras…” (Éxodo 34:27).
  • – “Moisés escribió sus salidas conforme a sus jornadas por mandato de Yahvéh” (Núm. 33:2).

Al extender nuestro viaje de exploración por el resto de la Tanak (lo que la teología cristiana llama Antiguo Testamento) encontramos que los distintos autores dieron crédito a Moisés por todo lo escrito desde Bereshit (Génesis) a Devarim (Deuteronomio). Para ejemplificar lo dicho podemos considerar los siguientes textos: “También escribió allí sobre las piedras una copia de la ley de Moisés, la cual [Moisés] escribió” (Josué 8:32). Note también lo  declarado en las Crónicas de Israel: “[E]l sacerdote Hilcías halló el libro de la ley de Jehová dada por medio de Moisés” (2 Crónicas 34:14; cf. Esdras 3:2; 6:18; Nehemías 13:1; Malaquías 4:4).

Al considerar todo lo que la Tanak relata, no encontramos contradicciones.: Uno es el autor (Yahvéh), que la dictó, y el otro fielmente es el escritor (Moisés) que iba plasmando letra tras letra, espacio tras palabra, renglón tras renglón. De este modo resulta que la Torah es una asociación entre el Eterno y su siervo Moshé, tal como leemos: «el libro de la Torah de Moshé [Moisés], que el Eterno había dado a Israel» (Nejemiá / Nehemías 8:1).

Ahora bien, al intentar considerar los dicho en los Escritos Mesiánicos o Nuevo Testamento, encontramos que nadie se atrevió a dudar  que Moisés escribiera el Pentateuco (la Torah).

El apóstol Juan escribió: “Pues la ley (Torah) por medio de Moisés fue dada” (Jn. 1:17).

El médico y evangelista Lucas registró en cuanto al Jesús resucitado: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba [a Sus discípulos] en todas las Escrituras lo que de él decían” (Luc. 24:27).

Jacobo, hermano del Mesías, y obispo de la congregación de Jerusalén, sostuvo  también la autoría mosaica: “Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo” (Hechos 15:21).

También el apóstol Pablo, constructor de los lineamientos de la fe mesiánica, estuvo de acuerdo en afirma que Moisés escribió los cinco rollos de la Torah al escribir a los discípulos de Roma: “Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas” (Romanos 10:5, énfasis añadido; cf. Levítico 18:5).

Finalmente, notamos que nuestro amado Mesías Yeshúa (Jesús) declaró que “la Torah” vino por medio de Moisés. El evangelista Marcos en el cap. 7  verso 10, relata que Yeshúa hizo referencia a Éxodo 20 y 21, y atribuyó la escritura de estas palabras a Moisés. Luego en el mismo evangelio de Marcos, leemos que Yeshúa preguntó a los saduceos, “Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?” (Mc. 12:26). Pero tal vez el pasaje más convincente se encuentra en el evangelio del apóstol Juan, donde el Mesías expresó:

“Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.

Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?”

(Juan 5:46-47; cf. Deuteronomio 18:15-18).

Es verdad que hoy no contamos con las copias mosaicas originales del Pentateuco, pero tenemos numerosos enunciados inspirados a través de la Escritura, incluyendo el Pentateuco, que declaran que Yahvéh inspiró a Moisés para que escribiera los primeros cinco libros del Antiguo Pacto o Tanak. Con esta bitácora y este estudio no pretendo sugerir que la autoría mosaica del Pentateuco es la verdad más importante que un discípulo de Yeshúa debería llegar a saber y creer, sino que ciertamente sostengo que es la verdad  que deberíamos respetar y defender ante tanta conspiración reptiliana contra el Reinado del Eterno a través de Su Mesías Yeshúa.

Yom Kippur es un Tiempo de Perdón, pero… ¿En qué Nivel?

 

Por:  Eitiel Goldwicht* (rabino)

¿Cómo perdonas a alguien que realmente te hirió?

 

Yom Kippur es un tiempo de perdón, pero…

 

¡¿No puedes simplemente pretender que no ocurrió?!

 

¡Te hicieron daño!

 

¿Cómo funciona realmente el perdón?

 

Hay tres palabras diferentes en hebreo para perdón:

 

  1. Selijá,
  2. Mejilá, y
  3. Kapará.

Y cada una revela un aspecto diferente sobre el significado del perdón:

 

1. Selijá

 

La palabra Salaj, “perdonar”, tiene las mismas letras que la palabra hebrea Jasal, “terminar”.

A veces uno puede sentir que no quiere perdonar…

¿Por qué debería perdonar?

Los estaría dejando ganar, ¡y yo quiero que paguen!

Pero la verdad es que si no perdonamos, estamos permitiéndole al dolor del pasado quedarse con nosotros en el presente.

Estamos dándole espacio gratis en nuestra mente a quien sea que nos hizo daño.

Selijá es tomar la decisión de que acabamos con el dolor…, acabamos con el dolor que alguien nos causó. Jasal, ¡Terminado!

Vamos a dejar ir el pasado y enfocarnos en el futuro.

Puede ser que no nos guste la persona que nos hizo daño y que elijamos ya no ser su amigo, pero tomamos la decisión de seguir adelante y no dejar que esa persona y el dolor que ella causó controle nuestra vida.

 

2. Mejilá

 

Mejilá lleva el perdón al siguiente nivel.

Mejilá también significa “túnel”, queriendo decir que escarbamos profundamente en nuestro corazón para arrancar el dolor.

¿Pero, cómo podemos hacer eso?

¿Cómo podemos deshacernos del dolor y perdonar?

La palabra Mejilá comparte su raíz con la palabra hebrea Majol que significa “regocijo”.

El Rey David dijo:

“Afacta mispedí lemajol li” (tú has convertido mi dolor en regocijo para mí).

Nosotros podemos arrancar el dolor cuando nos damos cuenta que hay una razón de por qué teníamos que pasar por algo.

Puede ser que tome meses, e incluso años, entender por qué “esto” me ocurrió a mí, y apreciar cómo es que fue para nuestro bien.

Cuando hacemos eso, entonces podemos dejar atrás el dolor.

Si no podemos alcanzar la libertad que viene a través de Mejilá (perdón), y estamos ocupados culpando a otros por lo que ha ocurrido, entonces cargamos con nosotros el dolor dondequiera que vayamos.

Esto puede ser peligroso; saben ustedes que las mismas letras de Mejilá también forman la palabra Majalá, que significa “enfermedad”.

Nos estamos envenenando al no seguir adelante.

 

3. Kapará

 

El paso final del perdón se llama Kapará, que viene de la palabra hebrea Kofer, que significa “reemplazar una cosa por otra”.

Tomemos por ejemplo una pareja casada, tienen una pelea horrible y ambos lados se sienten realmente heridos.

Se alejan y ni siquiera quieren hablarse.

Un día después la distancia es simplemente demasiado dolorosa.

Ellos anhelan superar la pelea y volver a estar cerca.

Así que empiezan a discutirlo:

“Sabes, lo que dijiste realmente me hizo daño”.

Ellos trabajan para entenderse, se disculpan y comienzan a reparar la relación.

Y cuando se reconcilian y se reúnen, algo increíble ocurre, ellos se sienten incluso más cercanos el uno con el otro de lo que se sentían antes.

Su pelea ahora es reemplazada por un amor nuevo y más profundo que quizá no hubiera estado allí de otra forma.

¡Eso es Kapará!

Es limpiar toda la negatividad y reemplazarla con un amor más fuerte y más profundo.

A medida que Yom Kippur se acerca, pensemos a quien debiéramos llamar para pedir perdón, y encontremos la fuerza para perdonar a aquellos que pueden habernos herido y comencemos una nueva temporada, limpios y libres.

 

 

*Rabí Eitiel Goldwicht estudió en Yeshivat Kerem BeYavneh y obtuvo su licenciatura en Finanzas de Sy Syms School of Business. Luego asistió al Colegio Rabínico de Ner Israel en Baltimore, recibiendo un Master en Derecho Talmúdico, y continuó su educación en la Escuela de Graduados Azrieli de Educación y Administración Judía. Rabí Eitiel completó el plan de estudios para Semicha a través del Rabinato Principal del Estado de Israel. Él está particularmente involucrado con la contingencia israelí de Aish Hatorah, y sus muchos papeles en este programa vital incluyen hablar a miles de soldados que vienen a visitar el kotel, dirigiendo un programa de Slichos en Rosh Hashaná, y un programa de Chanukah al público secular israelí.

 

Fuente: Diario Judío

¡Firmes por el Camino de la Vida!… (Nitzavim y Vaielej)

¡Shalom, amado discípulo y buscador de la Verdad!

Qué gozo me da encontrarnos una vez más en este espacio de instrucción y mistagogía, justo en los umbrales de un tiempo trascendental. Nos encontramos en los días previos a Yom Teruá (el Día de la Aclamación o Fiesta de las Trompetas), esa sagrada coordenada en el tiempo donde el Eterno evalúa los frutos de nuestra dinámica vital y define los diseños para el ciclo que se aproxima.

Y es precisamente aquí donde la sabiduría de la Torah nos sale al encuentro con una maravillosa paradoja lingüística que esconde el secreto de nuestra existencia. Esta semana, la liturgia nos invita a estudiar dos porciones que parecen contradecirse en su raíz misma: Nitzavim y Vayélej.

 Nitzavim significa “parados firmemente” y Vayélej, tiene un significado que marca todo lo contrario “y caminó”. En verdad, el mensaje que resulta de la unión de las dos ideas, nos revela cuál es la intención del Eterno con respecto a la dinámica de vida que Él diseño para Su Pueblo. ¿Cómo experimentar ambas realidades a la vez? Aquí radica la genialidad del diseño de nuestro Creador: Yahvéh no diseñó a Su pueblo para la apatía de la inmovilidad ni para el vagabundeo sin rumbo. Nos hizo peregrinar cuarenta años en el desierto para enseñarnos una gran verdad: la vida es una transición que exige avanzar permanentemente en nuestro desarrollo espiritual, pero con los pies firmemente asentados en la roca de Sus instrucciones (la Torah). Cuando logras este equilibrio, tu caminar adquiere un sentido celestial: avanzas derecho, adelante y hacia arriba.

Moshé entendía esto perfectamente. En el último día de sus ciento veinte años de vida terrenal, convocó a una asamblea extraordinaria. No importaba si eras un líder de tribu o el encargado de cortar la leña; allí no había distinción de clases, riqueza o intelecto. En ese momento, se formalizó un pacto eterno que atravesó el tejido del tiempo. Tus ojos y los míos no estaban físicamente allí, pero nuestras almas sí lo estaban, unidas espiritualmente bajo el mismo compromiso de alcanzar la kedushá (santidad) que nuestro Abba Kadosh anhela entregarnos como herencia.

«Pues este mitzvá (mandamiento) que te ordeno hoy, no está oculta de ti y no está lejos. No está en el cielo, para decir: ‘¿Quién subirá para nosotros al cielo y la tomará para nosotros, y nos la hará entender y la haremos?’. Y tampoco del otro lado del mar está ella, para decir: ‘¿Quién cruzará el mar para nosotros y la tomará para nosotros y nos la hará entender y la haremos?’. Porque esta cosa está muy cercana a ti, en tu boca y en tu corazón, para hacerla.«

(Devarim/Deuteronomio 30:11 – 14)

¿En qué consiste el verdadero arrepentimiento (teshuvá)?

Sin embargo, el Eterno conoce nuestra fragilidad. Sabe que en el camino de la vida podemos tropezar y perder el rumbo. Por eso, en el corazón de Nitzavim, nos regala el mapa de retorno: la Teshuvá.

Moisés, en esta sección (parashá) lo explica perfectamente al pueblo del Eterno:

“ Y vuelvas (teshuvá) a Yahvéh tu Dios, tú y tus hijos, y le obedezcas con todo tu corazón y con toda tu alma conforme a todo lo que yo te ordeno hoy.”

(Deuteronomio 30: 2)

El concepto de volver a Yahvéh es traducido generalmente al español como “arrepentimiento” (teshuvá, תשובה). Notamos que teshuvá es uno de los mensajes más importantes de las Sagradas Escrituras. La teshuvá o regreso es el eje central de la enseñanza de Yeshúa y Su imperativo evangélico. El mensaje de Yeshúa comenzó con esta orden mesiánica:

“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”

(Mateo 4:17; Marcos 1: 14-15).

Todas las líneas amorosas de las Sagradas Escrituras dejan bien claro que el Eterno acepta y recibe el arrepentimiento verdadero. Él no se aparta de un ser humano que pide perdón en el nombre de su Hijo Yeshúa y de todo corazón que se esfuerza por rectificar, reparar su vida, para que la kedushá (santidad) divina lo transforme. Más aún, el Altísimo recibe esa petición y otorga el don del perdón. De este modo, el pecado de dicha persona es limpiado y se borran los registros de culpa que el mismo había originado. De este modo el Eterno quita el pecado del arrepentido, y lo acepta libremente de nuevo en su amor.

La persona que se arrepiente sinceramente con su corazón y alma, y pide perdón en el nombre de Yeshúa se vuelve a conectar inmediatamente con el Padre. Es como si un interruptor de luz se enciende, y donde había oscuridad, la sala arde con luz. Un momento antes, los pecados de la persona se interponían entre él y Yahvéh. En el momento de la teshuvá (arrepentimiento o regreso), la persona se encuentra en la misma presencia de Yahvéh, disfrutando del poder de la kedushá (santidad). ¡El Eterno ama y protege a quien elige la Vida!

¿Quieres saber qué tan poderosa es la verdadera teshuvá? Cuando te vuelves de corazón a Yahvéh, reconociendo tus faltas y esforzándote por reparar y rectificar tu vida en el nombre de Yeshúa, ocurre un milagro inmediato. El Altísimo no solo perdona; Él borra el registro de tu culpa y limpia tu pecado.

Olvídate de la definición religiosa fría que reduce la teshuvá a un remordimiento estéril. La teshuvá es, en su raíz hebrea más pura, un regreso a casa. Es el eje sobre el cual gira toda la instrucción de las Escrituras y el motor del mensaje mesiánico de Yeshúa. Moshé nos lo recuerda con palabras de una cercanía conmovedora: esta instrucción no está oculta en los cielos inaccesibles ni más allá de océanos infranqueables. Está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, lista para que la vivas.

Es como entrar a una habitación en penumbras y presionar el interruptor de luz: en una millonésima de segundo, la oscuridad se disipa por completo y la habitación resplandece. Así es la teshuvá: en el instante en que tu corazón se vuelve con sinceridad, la desconexión se acaba y te encuentras nuevamente rodeado por el abrazo protector y la luz de la kedushá del Padre.

Amado discípulo, en esta semana de preparación, atrévete a presentarte ante el trono de la Gracia. No temas confesar tus errores ni comenzar de nuevo, aunque tengas que hacerlo muchas veces al día. ¡Atrévete a elegir la Vida! Disfruta profundamente de cada decodificación que el Espíritu de Santidad te revele en el estudio de cada aliá en estos días propicios 

¡Atrévete a disfrutar del Amor y la Vida que da nuestro Abba kadosh!

AQUÍ te comparto el video resumen para que puedas sumar a tu corazón los desafíos de nuestro Padre:

David: Un Pastor con Color Hebreo… (Curiosidad)

Por P.A. David Nesher

 

Muchas formas son las que ha adquirido la imagen del rey David a lo largos de las distintas expresiones iconográficas de la historia. Su más famosa representación es sin duda la del David de Miguel Angel, estatua de cuatro metros del famoso guerrero hebreo. Así, a lo largo de la historia, e influenciados por lo que dicen las versiones bíblicas más comunes como Reina Valera, Biblia de las Américas y Biblia de Jerusalén, todos los lectores de habla hispana de la Biblia  han tomado como cierto que David era rubio (1 Samuel 16:12). Lo mismo ha acontecido con las versiones en otros idiomas. Ahora bien, ¿de qué color eran la piel y el cabello del rey David? ¿De dónde sacó Lutero la idea de traducir la palabra hebrea «admoní» como “castaño” en este caso, contrario a lo que hacen las demás versiones y a lo que él mismo hizo con Esaú (Gen 25:25)?

 

El Primer libro de Samuel nos describe a David de la siguiente forma:

«Envió, pues, por él, y lo hizo entrar. Era rubio*, de hermosos ojos y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: «Levántate y úngelo, porque este es». (1º Samuel 16.12, Reina Valera Revisada, 1995)

 

Sin embargo, veamos en otras versiones de la Biblia la primera parte del mismo versículo:

• Jesé lo mandó llamar. Y el chico era de piel sonrosada, agradable y bien parecido. (1º Samuel 16.12a, Dios Habla Hoy)

• Jesé hizo llamar a David, que era un joven de piel morena, ojos brillantes y muy bien parecido. (1º Samuel 16.12a, Traducción en Lenguaje Actual)

• Isaí mando a buscarlo, y se lo trajeron. Era buen mozo, trigueño y de buena presencia. (1º Samuel 16.12a, Nueva Versión Internacional)

• Então, mandou chamá-lo e fê-lo entrar. Era ele ruivo, de belos olhos e boa aparência. (1º Samuel 16.12a, Almeida Revista e Atualizada; Biblia en portugués)

• And he sent, and brought him in. Now he was ruddy, and withal of a beautiful countenance, and goodly to look to. (1º Samuel 16.12a, King James Version)

• misit ergo et adduxit eum erat autem rufus (pelirrojo). et pulcher aspectu decoraque facie et ait Dominus surge ungue eum ipse est enim (1º Samuel 16.12, Vulgatam versionem)

 

Ahora bien la palabra hebrea usada para «rubio» en ambas citas es :

אַדְמֹנִי admoní; o (compl.) אַדְמוֹנִי admoní; de 119; rojizo (del cabello o la piel).

 

Entonces la palabra del hebreo que se emplea para esto, era admoní, cuya raíz proviene de Adan-aw-dam’- que da origen a adom, cuyo significado es rojo (Concordancia Strong H-119).

 

Por ende, la expresión admoní, da la idea de una piel que muestra rápidamente sangre en la cara. Es decir alguien que se pone rojo, o su piel se tiñe de este color.

Desde la Biblia del Oso (1569) hasta la de 1995, todas las revisiones de la traducción Reina-Valera sostienen que David era “rubio”, afirmación incorrecta probablemente tomada del Texto Masorético o de la Septuaginta.

 

Esta sería la razón por la que en otras traducciones bíblicas se cambia la expresión rubio por saludable, como en la versión Dios Habla Hoy (DHH). Lo cierto es que ninguna versión alude claramente si la expresión rubio atañe al color de su cabello o al de su rostro. Por todo esto, resulta interesante la curiosidad de que tanto los judíos sefardíes, como los askenazíes tienen tradiciones que aseveran que David era pelirrojo.

Lo cierto de todo lo dicho es que David no fue rubio de acuerdo al texto hebreo. Parece ser más bien que se describe a un varón de tez canela o trigueña (sin embargo, esto tampoco es concluyente). Evidentemente, y ante esta evidencia textual, hay que aceptar que el predominio de la exégesis europea, de matiz romano-antisemita, ha influido en los últimos siglos con sus estándares racistas de belleza, conduciendo tanto a los traductores, como a los editores de La Biblia a este errónea imagen.

 

Esta predominancia de Roma, condujo a que tanto el arte, como la literatura, produjeran una ignorancia del origen étnico de los personajes bíblicos, produciendo una iconografía mental europeizada, que distorsionó la identidad de los mismos. Este artilugio de la Gran Ramera, provocó finalmente la total indiferencia a lo hebreo, conduciendo a las masas sujetas a la cultura cristiana a mantenerse adormecidas bajo las faldas de esta prostituta, ajenas a la bendición para la fe que da la obtención de la mentalidad hebrea.

 

Lo verdaderamente importante de todo este tema, es que el Tanak (denominado Antiguo Testamento) nos presenta a personas de los más variados colores de piel, pero enfatizando siempre que no es el color de la piel, o la supuesta raza, o aún la apariencia física a lo que se importa en la elección divina, sino la cualidades morales y espirituales que dicho escogido presenta. Para el Eterno, por sobre todo aspecto físico pesan especialmente las conductas y actitudes.

 

Una Vida Sin «Excrementos»

Por P.A. David Nesher

 

«Cuando salieres a campaña contra tus enemigos, te guardarás de toda cosa mala. Si hubiere en medio de ti alguno que no fuere limpio, por razón de alguna impureza acontecida de noche, saldrá fuera del campamento, y no entrará en él. Pero al caer la noche se lavará con agua, y cuando se hubiere puesto el sol, podrá entrar en el campamento. Tendrás un lugar fuera del campamento adonde salgas; tendrás también entre tus armas una estaca; y cuando estuvieres allí fuera, cavarás con ella, y luego al volverte cubrirás tu excremento; porque Yahvéh tu Dios anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti; por tanto, tu campamento ha de ser santo, para que él no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de en pos de ti.»

(Devarim/Deuteronomio 23: 9 – 14)

 

Estudiando la parashá de la semana pasada (Shoftim), vimos como el Eterno ordenó que el ejército hebreo estuviera integrado por varones justos (tzadikim) que amaran la Torah (Instrucción) y se mantuvieran en kedushá (santidad). Solamente así, podrían ver el cumplimiento de sus promesas en lo referente a la victoria para cada batalla. El Eterno mora entres sus soldados solamente si estos son santos.

Este texto trata con una situación específica en tiempos de guerra: la conciencia de la Shekiná o Presencia del Eterno en lo cotidiano de la lucha. Los hebreos debían entender que, de acuerdo a las promesas divinas, la Shekiná tiene que estar presente en el ejército de Israel para que este pueda vencer sobre sus enemigos. El paradigma del Reino de Dios que aquí se establece es fuerte: las guerras de Israel dependen de la presencia Divina.

Por eso, para que esta Shekiná pueda manifestarse, el ejército tiene que vivir en un nivel alto de santidad (kedushá). Esta idea incluye la pureza ritual y también física. Por ello, en este caso es mencionado como cosa mala, la impureza ritual causada por el derramamiento seminal y los excrementos dentro del campamento.

”Tendrás también entre tus armas una estaca.”

Yahvéh, con este mandamiento, se aseguraba primeramente la limpieza sanitaria entre el ejército de Israel, necesaria para impedir la contaminación de las aguas y la propagación de enfermedades parasitarias. Con esta profilaxis, nuestro Dios estaba asegurando la fortaleza física en sus filas; cada soldado debía de cargar con un tipo de pala, con la cual pudiera cubrir su excremento.

Lo primero que vemos en este mandamiento es como la Torah se encarga de dar cobertura a todas las áreas de la vida humana, incluso el momento de ir al baño. A nuestro Padre no se le escapa nada. Hay mandamiento incluso para ese momento. Él nos instruye en los detalles más íntimos de nuestra vida para que actuemos siempre de manera correcta y nos da la oportunidad de servirlo por medio de nuestra vida práctica diaria.

Pero, además, debemos saber que este mandato fue dado con un sentido pedagógico totalmente espiritual, para que los soldados hebreos se aseguraran siempre de meditar su conducta en medio del campamento de guerra.

El Eterno compara el excremento (desecho orgánico de los seres vivos) con las cosas inmundas que Él desaprueba y que se mantienen en nuestro interior. Por esto, cada integrante del ejército debía asegurarse de llevar una personalidad limpia, libre de todo pensamiento inmundo, que produzca una intención repudiable. De este modo, con este mandamiento, Yahvéh se aseguraba que cada soldado de Israel ejerciera el dominio propio sobre el yeser hará (inclinación al mal).

Por medio de estos ritos se lograba:

✔ Prevenir irritación los unos con los otros;
✔ Preservar y ejercer la modestia y honestidad natural;
✔ Evitar toda inmundicia moral y física;
✔ y principalmente, habituar a cada soldado a ejercitarse en la mayor reverencia a la Majestad Divina presente en medio de ellos.

Entonces, la enseñanza de ese versículo para nosotros es que debemos meditar en nuestro carácter y temperamento para evitar lo desagradable, aprendiendo a sepultar todo lo que es detestable para Yahvéh. Así determinarnos a no seguir eso malo que abandonamos al circuncidarnos en nuestro corazón.

Este mandato nos recalca de no salir a pelear nuestras batallas con pecado oculto en nuestro interior, aún no eliminado y enterrado. El Eterno quiere que nos aseguremos que el enemigo no tenga argumento para derrotarnos, es decir, que no exista en nosotros pecado que no haya sido declarado, perdonado y enterrado en el fondo del mar (Miqueas 7: 19). Es necesario que estemos limpios de toda acusación, de todo lo que el enemigo pueda usar en nuestra contra. Es muy importante que llevemos todo aquello que hemos hecho mal, al Eterno pidiéndole que nos libre de todo pecado escondido en nuestra interioridad.

Entendamos que para que Yahvéh pueda liberarnos de los peligros, tenemos que vivir vidas intachables, no alcanzables para Satanás.

La santidad es la mejor defensa que tenemos tal y como lo expresa el salmista: “…la santidad conviene a tu casa…” (Salmo 93: 5). Por lo tanto, conviene usarla como energía divina que purifica y promociona.

La maldad abre brecha en la defensa espiritual que rodea a los justos. Por lo tanto, cuando hay luchas en nuestras vidas, tenemos que cuidarnos de una manera especial para que el enemigo no tenga motivos para acusarnos y dañarnos. Si permitimos el mal entre nosotros no vamos a poder vencer en los enfrentamientos con nuestros enemigos, ni los visibles ni los invisibles. Por ello, las comunidades primigenias de discípulos mantenían viva en sus mentes la idea de estar participando de una guerra espiritual cotidiana:

“Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales.”

(Efesios 6:12)

Amados discípulos de Yeshúa, los exhorto a que vivamos de manera limpia y pura ante el Eterno siempre para así ganar todas las batallas.

Shavuá Tov!

«Shiluaj Haken»: Un Mandamiento Sencillo lleno de «Buenos Futuros»

Por P.A. David Nesher

 

 

«“Si por casualidad encuentras en tu camino un nido de pájaro, ya sea en un árbol o en la tierra, con pichones o huevos, entonces, si la madre está recostada sobre los pichones o los huevos, no tomes a la madre junto con ellos. Ahuyenta primero a la madre y sólo luego toma los pichones o los huevos para ti. Así te irá bien y se prolongarán tus días.»

 

(Devarim/Deuteronomio 22: 6)

 

Encontrarse con un nido de pájaros, y determinar mi futuro. Suena extraño, pero así lo ha determinado Yahvéh. «¿Cómo es esto?«, seguramente estarás preguntándote. Pues bien, yo descubrí esto sumergiéndome en los códigos lumínicos de la Torah. Todo ocurrió cuando un discípulo del Grupo de Whatsapp (“La Bendición Torah”) me solicitó que explicara este “extraño” y a la vez sencillo mandamiento que nuestro Abba da a Israel. Discerní que muchos de ustedes albergarían la misma inquietud, con respecto a la significación esencial de este mandamiento divino. Por eso, decidí escribir esta bitácora.

Comenzaré mencionando la triste realidad que surge revelada de este mandamiento: la crueldad del ser humano le acorta los días de su vida.

Desde esto, les comento que a este mandamiento (mitzvá) se lo conoce con el nombre de Shiluaj Haken (lit. “el envío del nido”), porque tiene como imperativo mandar lejos del nido a la madre antes de tomar sus huevos o pichones. El dato curioso es que este mitzvá es considerado como el más fácil de la Torah.

Por otro lado, podemos ver que la recompensa que Abba nuestro promete por este mitzvá es larga vida (arijut yamim), es decir la longevidad. El único otro mitzvá positivo que la Torah especifica su recompensa en larga vida, es honrar a los padres (Kibbud Av VaEm), el cual, paradógicamente, es considerado el mitzvá más difícil de toda la Torah. Cabe rescatar aquí, que del hecho deque el mitzvá más fácil y el más difícil reciben la misma recompensa, nos conduce a comprender que no podemos clasificar los Mitzvot (mandamientos) del Señor, y debemos hacerlos cuando la oportunidad se presenta.

Leyendo el mitzvá Shiluaj Haken, a primera vista parecería que la razón del mismo es hacer comprender que no debemos exhibir crueldad con los pájaros o cualquier otra de las creaciones del Eterno. Por eso sería que Él nos manda ahuyentar a la madre para que no vea a sus polluelos tomados de ella, lo que le produce una gran agonía y dolor. Sin embargo, nos encontramos con fuentes en la Torah que parecen indicar que esta mitzvá no es sólo acerca de la compasión con aves u otros animales. Sabemos que el principal propósito y objetivo de los mitzvot (mandamientos) es inculcar en nosotros los buenos rasgos y valores del carácter sacerdotal mesiánico, por lo que podemos emular al Eterno y acercarnos más a Él. ¡Nuestro amado Abba nos dio mandamientos con la única razón de perfeccionar nuestros rasgos de carácter, por medio de su observancia, y así asemejarnos a Su Hijo, Yeshúa!

Entonces, meditando más profundamente en el mitzvá Shiluaj Haken se nos revela que en verdad, Yahvéh decretó que enviáramos fuera a la madre antes de tomar sus crías, para inculcar en nosotros el rasgo fundamental de la compasión hacia el prójimo. Si actuamos con crueldad con los pájaros y los animales, vamos a terminar haciendo lo mismo con los seres humanos que nos rodean.

¿Cuál será el motivo de este accionar cuando uno se encuentra frente a la madre y sus crías? Distintos sabios exégetas hebreos explicaron el motivo de esta ley, entre ellos, existe un famoso debate entre Maimónides (Rambam) y Najmánides (Rambán) al respecto.

Maimónides incluye esta ley dentro de un valor muy conocido que es el de evitar “Tzaar Baalei Jaim”, que significa evitar dolor en los seres vivientes, refiriéndose especialmente a los animales. Desde esta perspectiva, descubrimos que hay muchos preceptos que pueden asociarse con este principio como por ejemplos: “Y un animal vacuno u ovino, a él y a su cría no habréis de degollar en un mismo día” (Vayikrá/Levítico 22: 28). También se incluyen aquí las leyes denominadas Shjitá, las cuales se rigen por la idea de que se puede matar al animal para comerlo, pero hacerlo de la manera menos dolorosa para éste. En este sentido, el motivo del mandamiento de Shiluaj Haken es evitar sufrimiento en la madre al ver que se llevan a sus crías. Si de todas maneras hay que hacerlo, mejor realizarlo de la manera menos dolorosa.

Najmánides difiere con el exegeta anterior y sostiene que esta ley tiene como objetivo educarnos a nosotros como personas benevolentes. Personas piadosas, compasivas y misericordiosas con el mundo que nos rodea. Sería una técnica educativa para alejar de nosotros actitudes crueles e interiorizar conductas piadosas.

Maimónides pone el énfasis en el animal, en evitarle dolor o que sufra lo menos posible, en cambio, Najmánides, en los seres humanos. Él explica que este mitzvá nos ayuda a perfeccionarnos para erradicar toda crueldad que anidamos en nuestro corazón. Ya que los mitzvot (mandamientos) nos fueron dados para nuestro bienestar. Yahvéh no se beneficia cuando las hacemos, somos nosotros quienes a través de ellos purificamos nuestras almas y mejoramos el mundo. El objetivo, por lo tanto, no es ser piadosos con los animales sino enseñarnos a ejercer todo el tiempo buenas cualidades para reparar nuestro entorno y así transformarlo en su presente para asegurarle un mejor destino.

Al considerar estas dos sabias exégesis, bien podríamos pensar que cuando se cumple este mitzvá hacemos ambas cosas a la vez, es decir, ayudamos a evitarle sufrimiento al animal, y por otro lado, nos ayuda a nosotros a ser mejores personas, más piadosas y compasivas con nuestro entorno, y particularmente con nuestro prójimo.

Teniendo en cuenta lo que hasta aquí he explicado, necesito que recordemos que una cualidad muy valorada por el Eterno en la vida de sus hijos es que sean “rajmanim”, es decir piadosos o misericordiosos con el mundo que los rodea. Justamente ésta es la virtud que más se necesita en nuestros días. Son millones de seres humanos que claman a los Cielos por misericordia manifestada en los vínculos humanos. Vivimos en una época en que la tecnología y los medios de comunicación han avanzado a tal punto que podemos, entre otras cosas, llegar a ver diariamente cientos de imágenes con contenidos violentos tanto reales como de ciencia ficción. Décadas atrás no existía el poder estar sentado cómodamente en la casa mirando una guerra, un asalto y tantos crímenes en diferentes partes del mundo. Quizás sucedían igual que ahora, pero era imposible ver las imágenes como si uno estuviera en el lugar del hecho.

El sistema reptiliano ha logrado exponernos diariamente a situaciones de violencia e inseguridad, y el peligro de esto es que nos estemos acostumbrando. Nos estamos adormeciendo a tal punto que confundimos una película con la realidad y todo lo veamos al mismo nivel.  Periodistas y empresas, obsecuentes de la élite imperante, se ocupan de los medios de comunicación sabiendo muy bien que uno de los temas que más se vende son aquellos en que hay sangre, violencia y armas. Por supuesto que es una gran ventaja estar informado y que exista la tecnología que tenemos, pero creo que lo que no debemos es perder la capacidad de ser sensibles a lo que ocurre alrededor nuestro. Es importante que nos sintamos conmovidos por el dolor ajeno y podamos actuar al respecto manifestando empatía benevolente. Por ello, es que Yahvéh quiere que Su gente sea misericordiosa. Con el mitzvá Shiluaj Haken, el Eterno nos capacita en el hecho que si nosotros aprendernos a ser sensibles a los sentimientos de un pájaro, entonces ciertamente nos vamos a ocupar empática y solidariamente por nuestro prójimo. Practicar el Shiluaj Hakén nos educa para ser personas piadosas y compasivas, que sepan también sensibilizarse por las imágenes trágicas y violentas que vemos y busquemos maneras de hacer algo para revertir el sufrimiento de nuestro prójimo.

Con este mitzvá la Torah quiere enseñarnos el valor de la conservación de las especies. Así, por medio de este mandamiento el Eterno decodifica el lineamiento de Luz acerca de la responsabilidad que ha entregado al ser humano de velar por el futuro próspero de todos los seres vivientes del planeta. Es bien conocido el dicho hebreo: “quien salva a un hombre, salva a la humanidad toda”. Y esto lo es por el valor intrínseco de cada uno de nosotros y por lo que representamos. Como dijera el filósofo español Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mis circunstancias”. Por lo tanto, yo soy yo, y todos mis futuros. La mamá pájaro es ella y todos sus futuros. Puedo tomar a sus pichones, pero no eliminar la especie pájaro que encarna esa madre. Por eso el premio deivino de prolongar y dar calidad total a mi futuro, porque al respetar a la especie pájaro, estoy asegurándome a mi, a mis entornos y al universo un futuro de diversidad, de calidad total, de plenitud excelente, que glorifique el Nombre de Yahvéh.

Entendamos que es solo una mitzvá ocasional. Esto significa, que en cada momento de mi vida puedo aplicar mi obediencia a la Torah comprometido con el mundo entero. Sin embargo, la enseñanza del mitzvá Shiluaj Haken determina mis futuros, simplemente por ocuparme del futuro del «Otro». ¡Eso es un misterio maravilloso!

¡Por eso, después de toda esta meditación los animo a mejorar nuestras midot – cualidades- para llegar a perfeccionar nuestra alma a la estatura del Mesías!

 

Shalom!

En amor y servicio P.A. David Nesher

Los Barandales de la Felicidad

Por P.A. David Nesher

 

 

“Cuando edifiques casa nueva, harás pretil a tu terrado, para que no eches culpa de sangre sobre tu casa, si de él cayere alguno.”

 

(Deuteronomio/Devarim 22: 8)

 

Cuando los hebreos entraron a la Terra Prometida, comenzaron a poseer terrenos que ellos no habían comprado, ciudades que ellos no habían construido y casas que ellos no habían edificado. Josué (Yehoshúa) los introdujo en Canaán y les señaló los límites que cada una de las tribus deberían tener. Conquistaron a los pueblos que ahí estaban, y entonces los príncipes de cada una de las tribus distribuyeron la tierra por familias; así encontramos a los hebreos habitando ciudades y casas que ellos no conocían, que ellos no habían construido. Como ellos siempre habían vivido en tiendas en el desierto no sabían lo que era vivir en una casa propia, pero cuanto debió ser su entusiasmo cuando entraron a la tierra y Josué les dijo a los príncipes de cada tribu “distribuyan a las familias” y las familias tuvieron su propia casa, su propia vivienda. Los hebreos celebraron en sus mentes y corazones ese llegar a la Tierra Prometida, comenzaron a comer del producto de la tierra, del producto de los animales y empezaron una nueva vida aprovechando de ella los momentos de confort y esparcimiento que les brindaba.

En Canaán tenían la costumbre de usar los techos de las casas como terrazas. Esto era debido el clima tan cálido, y especialmente por el fresco de la tarde y de la noche que permitía un buen relax y un reparador descanso. Mucha parte de su vida la llevaban en el terrado. Era un gusto placentero de ellos. Era una costumbre confortable de ellos. Por ello, este mandamiento no les quita esa costumbre, sino que les concede esa práctica revelando que Yahvéh se complace en nuestras costumbres placenteras de recreación, esparcimiento y relajación.

Sin embargo, el Eterno ordenaba que se hiciera un barandal o pretil (hebreo: maaké) para el techo, para que las personas fueran protegidas de caer. Aquí hay un mandamiento que primordialmente habla a favor de la protección de la vida humana. De aquí se sacan muchas aplicaciones. No habla solamente de una casa, sino de tomar todo el tiempo medidas para proteger al ser humano en todos los aspectos. El Eterno tiene interés en la manera en que los seres humanos construyen sus casas. Quiere que su casa sea dedicada a Él, y quiere que esa casa sea un lugar seguro.

Como vemos este mitzvá (mandamiento) deja establecido lo importante que es para cualquier institución (desde la familia al estado mismo) priorizar las normas de higiene y seguridad: poner vallas y señales de tráfico en las carreteras, tapar los agujeros de los enchufes para que los niños no metan los dedos allí, etc. Fallar en construir de una manera segura traería culpa (responsabilidad) sobre el dueño o constructor de la casa. Eran responsables por la seguridad de aquellos que usarían el hogar.

Ahora bien, si bien en la aliyá (ascensión) de hoy se habla específicamente de construir una casa asegurándose de colocar seguridad en ella como cobertura, hay un significado más profundo para aquellos que nos gusta sumergirnos en las profundidades de los códigos de la Torah.

Cuando la Torah dice: “cuando edifiques casa nueva“ está enseñando aquí que ellos iban a tener nuevas oportunidades, nuevos deseos, nuevos comienzos en su nueva vida y deberían tener cuidado y precaución de aquellas nuevas oportunidades que llegarían ofreciéndoles mayor dicha y confort.

Los pretiles, se refería a unos parapetos, de hecho, la palabra maaké en el hebreo quiere decir “parapeto”, “pretil” o “barandal”. Es muy importante para la seguridad del alma humana la existencia de un muro (pretil) alrededor del terrado. Así como debía de haber barandales en los techos por el bien de la seguridad de los hogares de los israelitas de la misma forma, un hebreo, cada vez que se le presenta una oportunidad de mejor calidad de vida, debe asegurarse de colocar barandales espirituales para la protección del propósito eterno de Dios para él y su familia.

Cuando el Eterno refiere a las nuevas etapas o oportunidades de nuestra vida para progresar, debemos asegurarnos de que el dominio propio vaya activo en nuestra mente y corazón. Recorremos que terrado (terraza) simboliza a las costumbres de esparcimiento o relax que nosotros tenemos como familia. Entonces maaké (pretiles, barandas) simbolizan los límites que debemos poner a nuestra vida para no extralimitarnos en orgullo y desenfreno a causa de dichas costumbres. Nuestro Abba quiere que aceptemos que en las nuevas oportunidades que nos da la vida y en la celebración de nuestras costumbres debemos poner normas, límites, marcas claras para nosotros y nuestra familia. “Desde aquí para allá no puedes pasar, ni de allá te puedes meter para acá”.

Muchas personas, con referencia al pecado que despiertan la recreación, se acercan demasiado a la orilla y se caen. ¡Entonces es demasiado tarde! Necesitamos tener “barandales” protegiéndonos de la orilla. Tales barandales no solo nos protegerán a nosotros, sino a otros también.

Hoy en día, muchas iglesias cristianas evangélicas se dividen. Muchas denominaciones cristianas están viendo a sus muchachos irse al mundo, sus matrimonios destruirse por falta de pretiles. Por no atreverse sus líderes a establecer normas. Muchos padres de familia pretenden que sus hijos entren en razón por sí mismos. Quieren que sus muchachos alcancen una buena consciencia por sí mismos. Esperan que sus muchachos tengan criterio propio. Sin embargo, la Torah dice “…harás pretil a tu terrado”. Es decir, que son los constructores de la casa, es decir los padres (Salmo 127: 1) quienes deben poner los claros lineamientos que definan la ética o mentalidad familiar (techo/terraza). Con dichas normas de convivencias establecidas a la Luz de la Instrucción divina, dirán a sus hijos “de aquí para adelante no pasas, no te acerques ahí”. Porque si alguno se cae, Yahvéh te hará responsable, cargando la culpa de sangre sobre tu casa.

El Eterno dice: “harás pretil a tu terrado“. ¡No es un consejo, es una orden!

¿Cómo están los pretiles en tu casa? ¿Cómo están los pretiles en tu vida personal? ¿Cómo están los pretiles en sus diversiones? ¿Cómo están los pretiles en tu manera de vivir? ¿Nuestros hijos hacen lo que quieren? ¿Crecen cómo quieren o tienen pretiles muy claros? ¿Proteges a tus hijos de las cosas de este mundo? ¿Tus hijos salen sin tú saber a dónde van?

Estamos en el mes de Elul. Es un lapso que permite la apertura de nuevas oportunidades. Pero recuerda que es un requisito para poder disfrutar de esta energía, hacer una auditoria personal y familiar. Es fundamental practicar teshuvá a fin de que nuestro nuevo tiempo no tenga castigo divino.

¡Qué bueno que tienes un nuevo trabajo! ¡Qué maravilloso que tienes un nuevo negocio! ¡Qué alegría que tienes una nueva oportunidad en tu vida! Pero, recuerda el mandamiento, harás pretil a tu terrado. Si no pones baranda a tu terrado, el sistema reptiliano hará contigo lo que le dé la gana. “Echarás culpa de sangre sobre tu casa“.

Meditando en esto, los invito a rezar en unánimes esta oración:

“Abba nuestro, santificado sea tu Nombre.

Queremos clamar a ti por la manifestación de tu misericordia en nuestra familia, nuestros jóvenes y niños.

Reconocemos que tenemos barandales que arreglar y por ello te pedimos sabiduría de lo alto para edificar con los pretiles de tu bendita Instrucción (Torah).

Toma control de nuestras familias, y danos la fortaleza para hacer lo que nos ordenas.

Te lo pedimos en Yeshúa HaMashiaj. Amén.”

¡El Rey está en el Campo!… (Elul: Días de Acceso Directo al Eterno)

Por P.A. David Nesher

 

 

El Eterno anhela venir a tu presencia para observar cómo están tus asuntos y así acompañarte en la búsqueda de la salida a toda circunstancia adversa.

 

Durante los días de este mes, mientras peregrinas en comunión con Su Presencia, escucharás en tu alma tres frases de Su Dulce Voz:

«Estoy aquí»

«Estoy disponible»

«¿Qué quieres que te haga?»