Día del Perdón

Saber Perdonar

Por Salo Michán M.

En el centro y eje de toda discusión o pelea hay un punto en que, si se pudiera “perdonar”, el conflicto podría desaparecer por completo. Sabemos que las discusiones y los entredichos son el mejor combustible para el lashón hará.

¿Cuál es “ese punto” con el que lograríamos apagar el fuego destructor de cualquier pelea?

La respuesta es: “Saber perdonar con humildad y resignación”.

Perdonar es la palabra poderosa que todo lo transforma. El Gaón Rab Menajem Man Shaj dijo a uno de sus parientes, quienes eran testigos de una fuerte discusión entre dos personas importantes: “¡Qué lástima! Estas personas no conocen la dulzura del perdón”.

En otra oportunidad dijo a un discípulo: “Toda mi vida he perdonado y te aseguro que nunca salí perdiendo”.

Para ilustrar cómo logró aprender esa tan simple, pero efectiva regla, contó lo que, en una oportunidad, en su juventud, le ocurrió antes de su casamiento.

Había sido invitado a comer en la casa del Saba de Slabodka para la cena de Shabat. Después de la cena, la Rabanit (esposa del Rab) sirvió jalea de postre. El joven la probó y desistió de comerla, ya que estaba tan amarga que era casi imposible hacerlo. El Saba de Slabodka le preguntó:

—¿Por qué no comes el postre?

El joven, por vergüenza, no respondió.

Entonces el Rab, con cara de comprender lo que pasaba, le dijo:

—Déjala. Yo como mi postre y luego el tuyo. Pero quiero que sepas que llevo comiendo esta jalea, que tú consideras amarga, más de cuarenta años y nunca me quejé. Ahora que estás por casarte, debes aprender que la base de la armonía en el matrimonio es saber dejar pasar y perdonar al cónyuge.

Esa conducta fue la que adoptó Rab Shaj durante toda su vida.

En una oportunidad, su esposa, ya de avanzada edad, estaba internada y contó a un familiar que había ido a visitarla que, cuando eran novios, ella y Rab Shaj habían hecho un acuerdo: ante cualquier diferencia de idea u opinión, alguno de los dos debería ceder para, de esta forma, cuidar la unión y armonía de la familia. El acuerdo fue que se turnarían una vez cada uno. Ella con emoción dijo:

—Te digo la verdad: nunca llegó mi turno.

Siempre fue él quien cedió.

Los Preparativos para el Día de Expiación (Yom Kippur)

Por P.A. David Nesher

Recordemos que nos encontramos en lo que se llaman los Yomim Norayim, o “Días Terribles” o “Días Memorables“. Orar, agradecer, pedir, reflexionar, pensar en buenos deseos… son algunas de las muchas acciones que se hacen es estas épocas de fiestas que va desde Yom Teruah a  Yom Kippur, en los que se despierta una conciencia más o menos común con la esperanza de una mejora en lo que resta del año, y grandes cosas para el próximo.

Es en estos días cuando reconocemos nuestras faltas ante los demás, para recibir su perdón. Por eso, es costumbre hebrea que a los dos días próximo al Día de la Expiación pedirle perdón a las personas para que tengas un año de mucha bendición manifiesta. Se considera a esto un paso imprescindible.

Son días especiales en los que el Eterno presenta a cada hijo primogénito la oportunidad de reparar, de pedir perdón a las personas que se lastimó, de arrepentirse… ¿Pero cómo pedir una disculpa que realmente limpie el alma?

Generalmente, el ser humano desconoce si causa daño a otros de manera inconscientemente. Aceptemos que aunque a veces nuestras intenciones son buenas, sin querer pueden manifestarse en una actitud negativa que termina afectando a otros.

Lo cierto es que en el diseño de la vida, el perdón forma parte de cotidianidad, podemos ofender, decir o hacer algo molestando a los demás, asimismo en este mismo rango está el callar lo qué sentimos quizás porque no estamos acostumbrados a expresarlo o, por miedo a molestar con nuestros comentarios a otra persona.

La sabiduría de la Torah explica en sus códigos que “perdón” no es un simple pedido que se hace de la boca hacia afuera, sino una fase especial, en la que el hombre comienza a comprender que en el mundo espiritual existe una fuerza que une todas las almas en una unidad única y maravillosa.

Esta inmensa distancia que el hombre descubre entre él y esta fuerza que prevalece entre las almas, la fuerza de amor y unidad, lleva al hombre a hacer un profundo examen interno. Éste ve que él mismo actúa a través de motivaciones egoístas de explotar y aprovechar al prójimo para su propio beneficio y que no puede hacer nada para cambiar esta situación. Entonces, irrumpe de su interior el perdón, como un grito de las profundidades, como una petición de un cambio interno, como una plegaria.

¡Qué difícil que es disculparse, sobre todo cuando uno se equivoca. Saber reconocer que ha lastimado sin querer es un acto de verdadera teshuvá!

Disculparse sinceramente es incómodo; pero hay que reconocer que aceptar el error cometido y reparar los daños causados, conduce a mejores relaciones, sin tantas complicaciones y sobretodo, sin discusiones innecesarias y justificaciones vanas. La mayoría de los grandes conflictos siempre se generan por un pequeño incidente que no se resolvió adecuadamente.

Cuando se pide una disculpa, se libera el alma, además de que se gana el mérito del perdón, con lo que se hace justicia y lo más importante, es que da la pauta para que uno sea juzgado con la misma benevolencia y compasión.

El pedir perdón puede ser uno de los atributos más grandes y más humildes que se puede hacer. Así que el pedir disculpas, actúa y beneficia directamente a la persona que lo hace.

Saben lo que acontece ahora verdad… Pues debo extender mis disculpas por toda palabra aquí vertida que te haya podido ofender o incomodar.

Si de algo nos caracterizamos de los demás pueblos es que podemos estar durante un año discutiendo, intercambiando impresiones y generando controversia pero existe una fecha especial que en nuestra nación y desde nuestra condición hay que hacerla notar para ser hijos nuestro Abba kadosh; dicho lo cual he aquí prestos y solícitos para iniciar una nueva relación en Shalom.

Yom Kipur selijáh! (Son palabras desde mi corazón)

Yom Kippur es un Tiempo de Perdón, pero… ¿En qué Nivel?

 

Por:  Eitiel Goldwicht* (rabino)

¿Cómo perdonas a alguien que realmente te hirió?

 

Yom Kippur es un tiempo de perdón, pero…

 

¡¿No puedes simplemente pretender que no ocurrió?!

 

¡Te hicieron daño!

 

¿Cómo funciona realmente el perdón?

 

Hay tres palabras diferentes en hebreo para perdón:

 

  1. Selijá,
  2. Mejilá, y
  3. Kapará.

Y cada una revela un aspecto diferente sobre el significado del perdón:

 

1. Selijá

 

La palabra Salaj, “perdonar”, tiene las mismas letras que la palabra hebrea Jasal, “terminar”.

A veces uno puede sentir que no quiere perdonar…

¿Por qué debería perdonar?

Los estaría dejando ganar, ¡y yo quiero que paguen!

Pero la verdad es que si no perdonamos, estamos permitiéndole al dolor del pasado quedarse con nosotros en el presente.

Estamos dándole espacio gratis en nuestra mente a quien sea que nos hizo daño.

Selijá es tomar la decisión de que acabamos con el dolor…, acabamos con el dolor que alguien nos causó. Jasal, ¡Terminado!

Vamos a dejar ir el pasado y enfocarnos en el futuro.

Puede ser que no nos guste la persona que nos hizo daño y que elijamos ya no ser su amigo, pero tomamos la decisión de seguir adelante y no dejar que esa persona y el dolor que ella causó controle nuestra vida.

 

2. Mejilá

 

Mejilá lleva el perdón al siguiente nivel.

Mejilá también significa “túnel”, queriendo decir que escarbamos profundamente en nuestro corazón para arrancar el dolor.

¿Pero, cómo podemos hacer eso?

¿Cómo podemos deshacernos del dolor y perdonar?

La palabra Mejilá comparte su raíz con la palabra hebrea Majol que significa “regocijo”.

El Rey David dijo:

Afacta mispedí lemajol li” (tú has convertido mi dolor en regocijo para mí).

Nosotros podemos arrancar el dolor cuando nos damos cuenta que hay una razón de por qué teníamos que pasar por algo.

Puede ser que tome meses, e incluso años, entender por qué “esto” me ocurrió a mí, y apreciar cómo es que fue para nuestro bien.

Cuando hacemos eso, entonces podemos dejar atrás el dolor.

Si no podemos alcanzar la libertad que viene a través de Mejilá (perdón), y estamos ocupados culpando a otros por lo que ha ocurrido, entonces cargamos con nosotros el dolor dondequiera que vayamos.

Esto puede ser peligroso; saben ustedes que las mismas letras de Mejilá también forman la palabra Majalá, que significa “enfermedad”.

Nos estamos envenenando al no seguir adelante.

 

3. Kapará

 

El paso final del perdón se llama Kapará, que viene de la palabra hebrea Kofer, que significa “reemplazar una cosa por otra”.

Tomemos por ejemplo una pareja casada, tienen una pelea horrible y ambos lados se sienten realmente heridos.

Se alejan y ni siquiera quieren hablarse.

Un día después la distancia es simplemente demasiado dolorosa.

Ellos anhelan superar la pelea y volver a estar cerca.

Así que empiezan a discutirlo:

“Sabes, lo que dijiste realmente me hizo daño”.

Ellos trabajan para entenderse, se disculpan y comienzan a reparar la relación.

Y cuando se reconcilian y se reúnen, algo increíble ocurre, ellos se sienten incluso más cercanos el uno con el otro de lo que se sentían antes.

Su pelea ahora es reemplazada por un amor nuevo y más profundo que quizá no hubiera estado allí de otra forma.

¡Eso es Kapará!

Es limpiar toda la negatividad y reemplazarla con un amor más fuerte y más profundo.

A medida que Yom Kippur se acerca, pensemos a quien debiéramos llamar para pedir perdón, y encontremos la fuerza para perdonar a aquellos que pueden habernos herido y comencemos una nueva temporada, limpios y libres.

 

 

*Rabí Eitiel Goldwicht estudió en Yeshivat Kerem BeYavneh y obtuvo su licenciatura en Finanzas de Sy Syms School of Business. Luego asistió al Colegio Rabínico de Ner Israel en Baltimore, recibiendo un Master en Derecho Talmúdico, y continuó su educación en la Escuela de Graduados Azrieli de Educación y Administración Judía. Rabí Eitiel completó el plan de estudios para Semicha a través del Rabinato Principal del Estado de Israel. Él está particularmente involucrado con la contingencia israelí de Aish Hatorah, y sus muchos papeles en este programa vital incluyen hablar a miles de soldados que vienen a visitar el kotel, dirigiendo un programa de Slichos en Rosh Hashaná, y un programa de Chanukah al público secular israelí.

 

Fuente: Diario Judío

¡Bien Sellados para el Libro de la Vida! (Gmar Jatimá Tova)

 

Por todo lo que hemos aprendido en nuestra transición, sabemos que en Yom Kippur recordamos y festejamos la misericordia del Eterno para con el pueblo de Israel, después de haber provocado la ira de Yahvéh con el becerro de oro. Cuando estábamos a punto de ser destruidos como nación, Moshé suplico por misericordia.

 

Entonces bajo del monte Sinaí con las nuevas tablas de la Instrucción (Torah), y con la excelente noticia de que no seriamos destruidos. El ayuno corporativo de la nación y la súplica de cada hebreo habían ayudado a las de Moshé.

 

Por eso todo hebreo ayuna y hace teshuvá (arrepentimiento, regreso, retorno) para pedir por su inscripción en la buena vida del próximo año. No solamente clamamos por vivir, sino por seguir en los caminos de Yahvéh, y no flaquear en obedecer sus mandamientos a fin de tener una vida justa delante de Sus ojos.

 

También todos los bnei noaj (hijos de Noé o gentiles) deben de aprovechar la energía divina de esta festividad para reflexionar y regresar al buen camino, el de la Torah. La teshuvá y la tzedaká (caridad o justicia social) deben ir de la mano. Entendamos que sin estas dos el ayuno de este Gran Día del Eterno solo es una dieta alimentaria sin sentido ni razón (cf. Isaías cap. 58).

 

Hoy, viernes 29 de septiembre de 2017 y mientras el atardecer nos envuelve los hijos primogénitos del Monte Sano celebramos el inicio de Yom Kippur que dura 26 horas, y que nos prepara para abandonar definitivamente toda creencia limitante, y de ese modo adentrarnos en una nueva era de prosperidad.

 

Uno de los deseos más nobles que podemos expresar, antes y durante Yom Kippur (el Día del Perdón), es “Gmar Jatimá Tová”. Su traducción literal en español es “que tengamos un buen sellado final”, pero en verdad, su significado es “el deseo de que seamos inscriptos en el Libro de la Vida”.

 

Esto significa que pedimos que renueve por un año más nuestra posibilidad de estar vivos, basándose en nuestras acciones.

 

Es cierto que si bien Yahvéh creó al hombre a su imagen… no lo hizo perfecto. Por el contrario, le dio su imagen, pero espera que voluntariamente se conforme a Su semejanza. Por eso, este día festivo brinda la posibilidad de reconocer nuestros errores, asumirlos, aprender de ellos, pedir perdón y poder perdonar.

 

Tal como ayunaron nuestros antepasados al pie del monte Sinaí, cuando Yahvéh fue misericordioso y les dio una nueva oportunidad luego de que construyeran un becerro de oro al que adorar, cada Yom Kippur, reflexionamos, nos arrepentimos, nos disculpamos y nos comprometemos a un nuevo tiempo de tzedaka (justicia) y buenas acciones.

 

Justamente hacemos teshuvá, que literalmente significa retorno o regreso. Retorno a la Intención de Yahvéh, nuestra Fuente. Es el momento de una profunda introspección, de un sinceramiento total. Aquel al que el Eterno le renueva su confianza se lo conoce como Baal Teshuvá (el que habita en el regreso o el retornante), ya que considera que retornó a su camino siguiendo los mandatos del Eterno. De este tipo de persona se asegura que tuvo finalmente Jatimá Tová, un buen sellado.

 

Por la revelación de las Sagradas Escrituras, somos conscientes que Yahvéh es quien nos juzga, y juzgará al final de nuestra vida en la Tierra. Por eso, somos conscientes que es con Él que re-pautamos, mediante nuestro compromiso y disculpas, un nuevo periodo de vida, para generar un nuevo año pleno de justicia. El desearnos Gmar Jatimá Tová debe ser no sólo una frase, sino más bien, una declaración profética que surja desde lo más profundo de nosotros, al igual que el perdonar a los demás y aceptar su pedido de disculpas.

 

Por todo esto, querido discípulo de Yeshúa, recuerda que Yahvéh evalúa todas nuestras acciones, no sólo durante Yom Kippur, sino en cada día del año en que renovó su confianza en nosotros.

 

¡Gmar Jatimá Tová!

Cuando el Perdón de Dios invade Su Reposo… (Yom Kippur en Shabat)

Por P.A. David Nesher

 

 

La Fiesta de Yom Kippur marca el final de los tradicionalmente  denominados “Diez Días del Arrepentimiento”. Es el Día más Santo del calendario hebreo en el que el Eterno le ofrece al pueblo de Israel la última oportunidad de obtener el perdón y la absolución de sus pecados del año que comienza a irse.

Según la Torah, en Yom Kippur se somete a juicio a todas las personas para el año venidero. Para activar el perdón de los pecados obtenido por el Gran Sumo Sacerdote Yeshúa, el día se dedica al arrepentimiento espiritual (teshuvá) y se adopta el compromiso de llevar una vida pura los seis meses que restan del año a fin de iniciar un año nuevo con la conciencia plena de la seguridad de saber que el Eterno perdona a todas las personas que se arrepiente de verdad de sus malos actos.

Yom Kippur es el momento en el calendario de Yahvéh cuando dedicamos nuestra mente, alma y cuerpo a la reconciliación con el Eterno, con nuestros semejantes y con nosotros mismos. Se espera de nosotros que nos volvamos a los que primero hemos ofendido, reconociendo nuestros pecados y el dolor que pudimos haber causado. Al mismo tiempo, debemos estar dispuestos a perdonar y dejar ir ciertas ofensas y los sentimientos de resentimiento que provocaron en nosotros. En este viaje, somos buscadores y donadores de perdón. Sólo entonces podemos recurrir a Yahvéh y pedir perdón: “Y por todo esto, Dios del perdón, perdónanos, perdónanos y concédenos la expiación en Yeshúa nuestro Gran Sumo Sacerdote”.

Éste año Yom Kippur se celebra desde el ocaso del 29 de septiembre hasta el anochecer del sábado 30 de septiembre.

Al leer la Torah notamos que la orden respecto a Yom Kippur establece: “ninguna labor haréis en ese mismo día, porque es el día de la Expiación, para hacer expiación por vosotros delante del Eterno vuestro Dios.” (Vayikrá / Levítico 23:28). Note la parte que he  remarcado en negrita, en donde se dice claramente que es ESE es el día de la expiación, es decir el 10 de Tishrei, y no otro. Por lo tanto, cuando cae Kippur en Shabbat, no se puede dejar de lado la expresa y concreta ordenanza de cumplir en ESE día con los preceptos relativos a Kippur. ¡Yom Kipur se respeta plenamente aunque coincida con Shabat!

Tengamos en cuenta que en Shabbat reposamos de ciertos aspectos del mundo mundanal, para así abocarnos a lo espiritual, sin embargo, es parte del ambiente del día el regocijar el cuerpo, con cantos, siestas, buenas coladas, etc. Así pues, Shabbat es la abstención del mundo físico, para gozar tanto de lo espiritual como de lo físico.

En Kippur, por su parte, hemos de abstenernos casi por completo de lo físico, para vivir en la medida de lo posible como seres espirituales, tal como si fuéramos ángeles celestiales. Es el día de lo meta-físico (“lo que está más allá de lo físico“); el día que nos conecta con todo lo que está más allá de lo material. Es el día del año donde cada uno ha de poner la mirada en lo que está más allá del sí mismo, e incluso más allá de lo humano.

Por esto, también, es que las leyes prohibitivas de Kippur (llamado en Vayikrá / Levítico 16:30 Shabbatón, algo así como el “gran Shabbat“) relegan a las placenteras de Shabbat. Porque Shabbat con su esplendor y gozo es un sorbo del mundo espiritual, pero Kippur es un trozo grande y apetitoso de los planos celestes.

Por último comentaré que la mayoría de los eventos cósmicos poseen un menor nivel de energía espiritual que el de Shabat. Esto es porque la energía de los eventos cósmicos y festividades divinas se extienden por todo un año, mientras que la energía obtenida y disponible en Shabat es más potente, ya que controla un periodo de tiempo más corto. Así que cuando un evento cósmico como Yom Kippur cae en Shabat, este evento nos ofrece un mayor nivel de energía espiritual.

Tengan en cuenta que en la víspera de Yom Kippur se acostumbra a realizar una cena festiva, tras la cual y con la puesta de sol, comienza el ayuno. Definitivamente debe terminar la comida antes de la puesta del sol y antes de Shabat comienza. Obviamente, no hay Kiddush ni nada relacionado con la comida que transpira en este Shabat.

El bendito día de oración y ayuno (Yom Kippur) finaliza cuando se hace sonar el tradicional Shofar (un cuerno de carnero).

Creo conveniente recordar que, al contrario de la creencia popular judía, Yom Kipur no es un día triste, sino una celebración para el ayuno y oración en un ambiente pleno de alegría. El ayuno libera a todo redimido de los asuntos físicos, para concentrarse en la oración y en la introspección espiritual.

 

Los hijos primogénitos del Monte Santo celebrando Yom Kippur

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¿Cómo debo festejar Yom Kippur?

Por P.A. David Nesher

En estos años de transicionar hacia la perfecta voluntad de Abba en lo referente a valorar la Vida como una Fiesta, hemos comprendido que Yom Kipur es un día festivo especial de introspección y de profundo examen personal. Un día en el que se nos ha dado la posibilidad de acercarnos al verdadero propósito de nuestra vida, el sacerdocio de la Luz Infinita (Or Einsof) y por ese hecho, es considerado una festividad bendita y de suma importancia. Yom Kipur es la fiesta del Eterno que abre ante nosotros un mundo entero de discernimientos espirituales, refinados y maravillosos.

Yom Kipur es la forma hebrea de nombrar al Día de la Expiación. Fiesta especial del Eterno en la que el perdón y del arrepentimiento de corazón (teshuvá) se manifiestan con un poder transformador de circunstancias. Es considerado el día más santo y más solemne del año.

Yom Kipur es el ayuno más solemne del Pueblo de Dios. Durante el mismo, ningún alimento puede ser consumido en forma alguna (en todo el día), y está prohibido todo tipo de trabajo servil.  La Instrucción (Torah) dice:

 “A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Yahvéh. Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Yahvéh vuestro Dios. Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo. Y cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo. Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis. Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo.”

(Levítico/Vayikrá 23:27-32)

«Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de YHWH. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo»

(Levítico/Vayikrá 16:30-31)

En el calendario hebreo, y como se lee en las Escrituras, Yom Kipur comienza con un servicio de adoración en el anochecer del noveno día del mes séptimo (Tishri), y continúa hasta el anochecer del siguiente día. Al terminar el día de Yom Kipur, se celebra un servicio más que marca el cierre de las fiesta. Esta culminación debe realizarse con el sonar del shofar, marcando con ella la conclusión del ayuno ofrecido a Abba.

El ayuno de Yom Kipur obedece al mandato bíblico de “afligiréis vuestras almas” (Lv. 23:32). La expresión aflicción debe ser interpretada como un ayuno completo: un alejarse, por espacio de un día, de las necesidades materiales del cuerpo humano, para poder dedicarse con más concentración a las oraciones y al contenido espiritual de la fecha.

Al decir esto, creo que primero debo aclarar el espíritu de este día a fin de ser mal interpretado en mi enseñanza. Nosotros, los primogénitos de Su Santo Monte, no ayunamos para que seamos absueltos de nuestros pecados, ni para que nuestros nombres sean inscriptos en el ‘Séfer ha’Jaim’ (Libro de la Vida).  Sabemos y tenemos la certeza que ya hemos sido redimidos, y nuestros pecados han sido perdonados, por lo que nuestros nombres ya se escribieron en el Libro de la Vida, gracias a la sangre bendita de Yeshúa, que habla más fuerte que la de Abel.

Ustedes han llegado a Jesús, el mediador del nuevo pacto entre Dios y la gente, y también a la sangre rociada, que habla de perdón en lugar de clamar por venganza como la sangre de Abel“.

(Hebreos 12:24 -NTV)

Necesito que esto quede bien claro en la conciencias de todos y cada uno de nosotros.  Yeshúa nuestro Mesías y amado Dueño, ha hecho un Buen y Eficiente Trabajo; ha cumplido Su misión expiando perfectamente nuestros pecados; cumplió todos los tipos y figuras de los sacrificios realizados en el Tabernáculo de Moisés y en el Templo de Jerusalén del Antiguo Pacto.

La epístola a los Hebreos es el mejor comentario que nos habla del cumplimiento de los sacrificios típicos del Día de Expiación. Nos demuestra que el sacrificio de Cristo por los pecados de la gente, cuando murió en la cruz, no fue un día anual de ayuno y expiación para ser repetido cada año, sino que único para un completo y final sacrificio por el pecado (Heb. 9:11-12, 24-26; 10:12). La lectura de esta carta apostólica no guía a entender que Yom Kipur es un Festival día de alegría por el alivio que  otorga saber que nuestros pecados han sido confesado al Eterno Dios, a través de nuestro Sumo Sacerdote Jesucristo, y el arrepentimiento (teshuvá) que hacemos durante ese día es para testificar que nuestros pecados fueron expiados, una vez y para siempre, y que además nunca serán repetidos.

Para nosotros, los primogénitos del Nuevo Pacto (Hb. 12:23) la Fiesta de Yom Kipur es una inmersión que puede eliminar completamente toda negatividad (carnalidad) que tengamos adherida en nuestra alma. Pero la negatividad sólo puede ser liberada si estamos completamente inmersos en el poder de nuestro Sumo Sacerdote y apóstol de nuestra Fe: Yeshúa HaMashiah (Heb. 3:1).  Para disfrutar de la energía que esta fiesta propone nos conviene mucho recordar y deshacernos de cada uno de los aspectos de nosotros mismos que queremos cambiar.

Yom Kipur representa también dos momentos escatológicos de la profecía:

  • el Juicio de los redimidos frente al Tribunal de Cristo, con el posterior establecimiento del Milenio;
  • y  el Día del Juicio Final cuando el Eterno juzgará a la humanidad frente a Su Gran Trono Blanco.
¿Qué se debe o puede hacer en Yom Kipur?

Es sumamente sencillo, solo debemos tener en cuenta que Yom Kipur es un día de oración y ayuno. Así que comenzamos el ayuno al anochecer del comienzo del 10 de Thisrei.

  • Tomamos una buena cena antes de la puesta del sol.
  • Si tenemos la bendición de contar con una asamblea local asistimos a un servicio especial de Kippur en la Casa de Asamblea esa noche; así que se debe asistir a la congregación, en caso de tener un lugar al cual asistir. Sino se tiene un lugar para congregarse, se debe convocar a la familia para que se reúna, para una reunión o servicio propio de este día. O asistir a una congregación virtual, en Internet,  como puede ser nuestro caso. Se pueden reunir por la noche para un servicio simple, con lecturas dirigidas a estimular la revisión, y el arrepentimiento. Y luego ir a descansar, para tener energías para el día siguiente, que es cuando se realizan mayor cantidad de actividades, aprovechando el día libre, pero tratando de no cansar el cuerpo, debido esto al ayuno. Es importante esto pues el apoyo de otros te ayudará a pasar el desafío de este día. También es más fácil concentrarse y meditar en un ambiente como el que produce una asamblea de magistrado en un santuario.  Y recuerda siempre: ¡El “sacrificio” no sirve la “misericordia” sí, y recordemos que este es un día para “ayunar” no para “morir”!
  • Luego, por la mañana, uno se puede reunir, para un servicio especial de Kipur que puede durar todo el día, o hasta el medio día, según las fuerzas y la disposición de la congregación, donde se estudie las escrituras, se ore, se cante alabanzas, se presentan testimonios, reflexiones… por parte de los miembros; y se presenta uno o varios temas escriturales por parte de los líderes de la asamblea. Luego se debe descansar un poco, se puede haber un receso al medio día para descansar y para que tomen sus alimentos los que no estén ayunando (los niños, los muy ancianos, los que padecen de alguna condición que les impide ayunar, y las mujeres embarazadas).
  • Por la tarde todos pueden reunirse nuevamente para un estudio final más, al que se le puede añadir también algunas oraciones y meditaciones que lleven a una profunda reflexión.
  • Kippur es el día especial para hacer reconciliaciones, restaurar amistades, pedir perdón y dar perdón; esa es la esencia de este Día Sagrado. Es un Día muy solemne en el que buscamos de manera especial el perdón de Yahvéh y también de aquéllos a quienes quizás hemos ofendido inadvertidamente; es un Día de Reconciliación.
  • En este Día también damos gracias por la expiación lograda en nuestro favor por el Mesías Yeshúa mediante su vida perfecta y su muerte cruenta en el Gólgota. Es muy importante, incentivar sobre todo, la toma de conciencia, respecto a que este es un día para pedir perdón al Altísimo, en actitud de meditación y arrepentimiento que involucra la “teshuváh” es decir volverse hacia Yahvéh, no solo por el arrepentirse para nuestro propio bien, sino también volverse a Yahvéh por amarlo y no poder estar alejado de el debiéndole, al tener cuentas sin saldar. Es por tanto fundamental, aprovechar este día y esta Moed, para que se adquiera una real conciencia de la magnitud del sacrificio expiatorio del Mesías Yahoshúa por nosotros. Uno se abstiene de alimentos, baile, sexo, juegos, diversiones, etc.
  • En este Día también estudiamos sobre el significado profético de esta ocasión, que representa el Día de juicio y expiación para Israel en el Reino Mesiánico venidero.
  • Kipur es el Día más sagrado del año bíblico; y es la antesala del gran Día de las Cabañas, en el que se representa el comienzo del Reino Milenial Mesiánico sobre las naciones de la Tierra.
  • Y por último, después de la caída del sol se acaba con el ayuno, ingiriendo una comida  muy liviana, evitando toda comida que pudiere ser pesada y afectara al aparato digestivo. Además hay que estar organizados, ya que los menores de edad y los enfermos, los cuales están exentos de ayunar, deben comer a las horas regulares y acostumbradas del día.

Ahora veamos unas cortas preguntas que muchos de ustedes aún realizan al acercarse este precioso día…

¿Yom Kipur es solo ayunar?

No, Yom Kipur es reposo y ayuno, ambas cosas. Como bien el Eterno nos lo dice (ver Números 29:7; Levítico 16:29 o 23:32).

¿Se puede hacer el reposo, sin ayuno?

Si se puede. Ya que una persona grave o enferma no puede ayunar, pero puede estar en reposo. Pero si se tiene salud se deben hacer ambas cosas. Una cosa no quita la otra.

Y lo contrario… ¿Se puede ayunar sin hacer reposo?

No se puede. Ya que no se debe ir a trabajar y ayunar a la vez. Debido a que el ayuno de Kipur implica ambas cosas, negación propia y reposo. Solo los enfermos pueden hacer una de las dos (es decir solo estar en reposo), lo cual es una excepción, aunque aun así sería un cumplimiento incompleto, o bien un memorial. Ayunar en kipur, pero trabajar, es quebrar kipur.

Entonces… ¿Sino se pueden cumplir con esas condiciones?

Pues sencillamente no se hace Kippur, sino más bien se realiza el “memorial”. O sea, se participa en las reuniones, haciendo “recuerdo” de esta fiesta santa (Moed Kadosh) que se debe hacer en el Templo de Jerusalén, a manera de respeto. Y teniendo en mente pedir a Abba nuestro que nos ayude el año próximo a poder hacerlo como Él ordena, en Su Palabra.

¿Qué pasa al no cumplir con Yom Kipur?

Pues, sea por una u otra razón, tenemos abogado en el Mesías. Lo cual nos da alivio, aunque no permiso para hacer lo que nos parezca. El Altísimo pasa por alto la ignorancia, pero no la negligencia, y debemos reconocer que muchos de Uds. hace ya tiempo que vienen mirando de lejos la Fiestas del Eterno, pero no se deciden a llevarla a la práctica.

Por último, solamente me queda asegurarles que la verdadera transformación es posible para cada alma humana que se comprometa a una contemplación y limpieza en Yom Kipur.

¡Envío un abrazo fuerte y fraternal para todos y cada uno de los amables compañeros de ruta que se tomaron el tiempo y el esfuerzo por leer y compartir estas líneas!

Anhelo que vuestros estén (o sean) inscritos y sellados en el Libro de la Vida, con bien, bondad, salud, prosperidad, paz, alegría, buenas nuevas y deleite de la bendición que gozamos mediante la fe en el Mesías que hemos heredados.

¿Qué se considera Arrepentimiento Completo?

Por P.A. David Nesher

 

“Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento”
(Mateo 3:8)

 

Según los códigos amorosos de las Sagradas Escrituras, el arrepentimiento completo es aquel que incluye el abandono del pecado y conduce al alma humana a sujetarse a la guía de la Torah (Instrucción) de Yahvéh. ¿Hasta qué punto? Hasta que Él, nuestro Amado Consolador, quien conoce lo oculto, da testimonio en Yeshúa, al Padre, de que esa persona no reincidirá en el pecado.
La palabra teshuvá (mal traducida como arrepentimiento) indica la idea de regreso. La voz hebrea “teshuvá” tiene su raíz en “shuv”, que quiere decir “volver”, “volverse”, “darse la vuelta con intención de regresar a una posición anterior”. Desde esta significación, se entiende que en la cosmovisión divina (yahveísta) en la idea de arrepentimiento el pecador vuelve al diseño pre-existencial: un ser humano en propósito lleno de capacitación celestial (idea encerrada en la expresión hebrea Mesías, el Ungido). En otras palabras, un hombre en la Palabra del Eterno Dios. Esta ubicación original le permite al hombre ser aceptable ante el Eterno Dios, tan amado por Él como antes del pecado. Esto significa que la teshuvá, en la cosmovisión yavehista, borra totalmente todo resto de pecado para el futuro. La teshuvá, hecha en el amor perfecto, saca de raíz el pecado desde su inicio, y es como si ese ser humano nunca hubiera pecado. Este es el verdadero resultado de la obra expiatoria del Mesías Yeshúa en el hombre escogido.
Con todo esto, será importante enfatizar que arrepentirse o hacer teshuvá es “volverse a la Torah”. Hacer “teshuvá”, es decir, proceder al arrepentimiento, es convertirse hacia un lugar o posición que se ocupó en un tiempo, y que después se abandonó. Así se podrá comprender las palabras de nuestro Señor quien nos dice cuál es el motivo de su venida para estar entre nosotros: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). Y es que hubo un tiempo áureo en que la humanidad caminaba diariamente con el Eterno Dios, por lo que la llamada del Señor al regreso es precisamente a andar en el camino del Eterno. De ahí que esa vocación no sea solamente para los hijos de Israel, sino que en Yeshúa el Mesías es una vocación de carácter universal, sin discriminación por procedencia ni género.
El fruto de teshuvá, al que Juan el Bautista llamaba en Su mensaje pre-mesiánico, es volver a mostrar en la práctica, que retornamos a una vida conforme Torah nos manda.
Puesto que el arrepentimiento genuino –teshuvá– es tan complejo, un escogido en Cristo nunca debe sentirse conforme ya que siempre debe inspeccionar de si cumplió adecuadamente el mandato de teshuvá o no; se preguntará si sus nuevos pecados son tal vez el resultado de pecados anteriores que aún no abandonó por entero.
La teshuvá o el retorno al Eterno Dios (YHWH) es una actitud que tiene que tomar el hombre de retractarse de algo que está incorrecto. Es una reacción apropiada que lleva a reconciliarse con el Eterno y tiene que ver con el arrepentimiento, el retorno a YHWH. ¿por qué?. Porque la oración a veces de clamor y de pedir perdón sin la actitud de un verdadero arrepentimiento no es aceptada por YHVH.

El versículo 6, del capítulo 55, del libro del profeta Isaías declara: “Buscad a Dios mientras Él puede ser hallado“. Los sabios de Israel explicaron que el profeta realizaba este llamado se refiriéndose a los diez días entre Yom Teruáh y Yom Kippur.

Es por ello que muchas personas nos ocupamos de no dejar pasar estos días sin rectificar al menos una acción incorrecta. Cada año asumen el compromiso de enmendar otro pecado y construir en el poder de nuestro Sumo Sacerdote, otra valla protectora que jamás volverán a violar.

La esencia del arrepentimiento consiste en darse cuenta de cuáles son los pecados que lo dominan, para así poder concentrar todos los esfuerzos en superarlos, hasta alcanzar la etapa en que el Eterno Dios testifica que nunca más reincidirá en esa actitud insensata.

Aunque la acción elegida sea insignificante, y aun si rectificarla no demanda demasiado esfuerzo, su arrepentimiento sigue siendo de gran valor pues le permite relacionarse con el auténtico arrepentimiento –teshuvá– que permite con su acción reparadora una nueva dimensionalidad del amor perfecto gobernando el entorno.

Los Días Memorables del Eterno Dios

Por P.A. David Nesher

 

“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”
(Hebreos 4:13) 
Desde el día de ayer, estamos caminando en el Mesías los tiempos espirituales más especiales. Y es que de acuerdo a lo que el Eterno revela en su diseño festivo, desde el Yom Teruah (Día del Clamor) y hasta el Yom Kippur (Día de la Expiación) los llamados y escogidos de Israel, deben vivir el poder que se esconde en ese intervalo de esas diez jornadas, llamado los Yomim Norayím, es decir, los “Días Terribles“, “Días de Asombro” y/o “Días Memorables“.  También los podríamos traducir “Los Días Reverenciales“.
Según la codificación de la Torah, durante estos días el Trono de la Gracia del Eterno se manifiesta con Rigor y Justicia sobre todos los habitantes del planeta. En este periodo de días los libros celestiales se abren y los hombres son juzgados de acuerdo a las obras realizadas a lo largo de los siete meses del año, contando desde el mes portador de la Pascua (Pesaj).
Estos días son un tiempo de cuidado, y de muchas plegarias de perdón. Son jornadas dónde nos auto-contemplamos guiados por el Santo Espíritu del Señor, y nos disponemos a reparar todo daño que hayamos provocado a nuestro prójimo y nuestro medio ambiente.
Este es un tiempo muy especial y específico que nos permite analizar nuestras vidas, evaluar qué hemos hecho, lo que hemos hablado acerca de otros, y aquellas cosas negativas que albergamos en nuestros corazones. (Mat. 7:4-5).
Durante estos diez días nuestros corazones están llamados a vibrar espiritualmente sujetos a las pautas expresadas por Yeshúa cuando dijo:
“Más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.
(Mateo 6:15)
La clave para el éxito de estos días esta en este texto. Pues YHVH no nos perdonara, sino nos perdonamos, y si no pedimos perdón por las ofensas que hemos ocasionado. Si sabemos la verdad, y si no estamos dispuestos a pedir perdón por nuestras faltas, no recibiremos los beneficios de Su Shalom (Paz que sobrepasa entendimiento).
En este periodo de días, nuestro Mesías y Dueño nos quiere guiar a una vida llena de palabras vivificadoras, portadoras de reconciliación y del poder de resurrección. Su Espíritu activa nuestras consciencias desde las palabras expresadas por el profeta:
 “No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca;
Porque el Dios de todo saber es Yahvéh, y a Él toca el pesar las acciones.”
(1 Samuel 2:3)

La actividad mesiánica de nuestro espíritu será arrojar fuera toda jactancia en nuestra forma de hablar a fin de que la balanza con la que Yahvéh pesa en estos días a los seres humanos nos favorezca según los méritos del Mesías a favor nuestro.

En estos días toda criatura queda totalmente expuesta delante de los ojos del Altísimo y Soberano Juez del Universo. Por ello, no nos conviene ser indiferente a este llamado a arrepentimiento (teshuvá) que Su Espíritu nos hace, pues no existe lugar dónde escondernos ante esta contemplación divina.

 

“¿Se ocultará alguno, dice Yahvéh, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Yahwéh, el cielo y la tierra.”
(Jeremías 23:24)

 

Es necesario que la reflexión y meditación de cada escogido se centre en la idea de que Yahvéh se manifiesta en estos días en el rigor de un juez que supervisa las acciones de los hombres y determina sus premios y/o castigos para el próximo año.
“Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo. Tú has obrado neciamente en esto. Ciertamente, desde ahora habrá guerras contra ti”.
(2 Crónicas 16:9)

 

El Balance del Despertar (Yom Teruah)

Yom Teruah es una de las llamadas Altas Fiestas que el Eterno dio a Su Pueblo en el anuario bíblico.
Esta convocación no es un festejo frívolo ni un simple aniversario; como ninguna otra fecha reúne devoción, oración, arrepentimiento, pero también alegría. Es este el momento en el cual somos llamados a hacer una introspección, un balance espiritual, de cada uno de los actos realizados u omitidos durante el año que finaliza, y por ello es un hermosa posibilidad, la que Yahvéh nos brinda, de renovarnos y comenzar de nuevo. Es un día especial en el que podemos recrearnos para el nuevo ciclo que se avecina.
La convocación de Yom Teruáh (o también llamado “El Trompetazo del Despertar”) es una oportunidad para realizar el “corte de caja” (balance) de nuestros actos, para formularnos preguntas claves como:
  •  ¿Quién soy? ¿Estoy siendo quien debiera ser en Yeshúa?
  • ¿Ejerzo el testimonio de Yeshúa, la Torah (Instrucción) del Eterno, en mi vida cotidiana?
  • ¿Estoy viviendo de acuerdo al alto nivel espiritual que me indica el Padre en Su Palabra?
  • ¿Me he planteado que ser un hijo de Yahvéh significa serlo todo el tiempo, en cualquier lugar, en pensamiento, sentimiento y acción?
  • ¿Brindo a mi familia un ambiente mesiánico de fe en el hogar?
  • ¿Estoy satisfecho de mis logros?
  • ¿Estoy llevando una vida de arrepentimiento (teshuvá), oración (tefilá) y justicia (tzedaká)?
  • ¿Qué malos hábitos tengo que romper? ¿Qué nuevos y buenos hábitos debo desarrollar?
  • ¿Estoy cumpliendo los mandamientos y preceptos del Eterno?
  • ¿Qué cosas de mi alma deber ser restauradas?
  • ¿A quién he ofendido? ¿A quién debo pedir perdón? ¿A quién debo perdonar?
  • ¿Qué cosas debo restituir?

 

El gran mensaje del Yom Teruah es que mientras somos llamados a dar cuenta de nuestros hechos, también tenemos la oportunidad de disfrutar del perdón del Padre si nos hemos arrepentido de corazón de todos nuestros pecados por los méritos de Su Hijo Yeshúa, nuestro Mesías y Dueño.

Yom Kippur: Un Día para Diferenciar el Obrar Mesiánico

 
Por P.A. David Nesher
 
 
 
 

“Con todo eso, Yahvéh quiso
quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en
expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de 

Yahvéhserá en su mano prosperada”

(Isaías 53:10)  

La mención de la palabra expiación en las Sagradas Escrituras, apunta básicamente a la acción de cubrir el pecado limpiándolo y erradicándolo en su causa y efecto. Es eso lo que justamente está hizo y aún sigue realizando nuestro amado Mesías. Él extiende un manto de Justicia sobre nosotros para poder cubrir el pecado que nos impedía llegar a Dios.  

Hoy nuestra certeza de lo que esperamos en Su Segunda Venida nos demanda detenernos y estudiar el significado de la palabra expiación, a fin de comprender por qué celebramos la festividad profética del Yom Kippur.   Diré en primer lugar que expiación, o mejor expresado propiciación, en hebreo viene de la raíz Kaphar, que es definida por el diccionario hebreo como:

  • cubrir,
  • hacer reconciliación,
  • reparar el daño,
  • apaciguar,
  • aplacar,
  • perdonar,
  • reconciliar.

El concepto de propiciación llevaba implícita la idea de aplacar la ira y ganar el favor de la divinidad.  El mecanismo para alcanzar este objetivo radicaba en los dones presentados por el adorador, que era siempre estaba representado en el Sumo Sacerdote, el presentador del acto propiciador. Desde este movimiento de adoración surgía la expiación que presupone la actividad sacerdotal que borra una culpa (y sus miedos) a través de un sacrificio que logra la cobertura de la divinidad en reconciliación con el ser humano hasta hacerse los dos uno.   Los invito a descubrir como el rey David usa este concepto cuando escribió los Salmos:  

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”
(Sal 32:1).    

“Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; Todos los pecados de ellos cubriste”
(Sal 85:2).  

La idea que se encierra en esta palabra hebrea es reconciliar a los que antes eran enemigos. La palabra hace referencia a la sangre del sacrificio como paga por las transgresiones, las que separaban las dos partes que ahora son llamadas a ser reconciliadas. Por ello el apóstol Pablo, y desde esta mentalidad hebrea, escribía:   “…siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su hijo…” (Ro. 5:10)  

De esta manera, al celebrar Yom Kippur, quedaba claramente establecido en la mente de cada israelita que el sacrificio “elimina” la culpabilidad del pecado del hombre ante Yahvéh. Así, la eliminación definitiva de la causa y efecto del pecado realiza la reconciliación entre el hombre y el Eterno, fusionándolos en una entidad espiritual. Quizás esta es la razón por lo que los sacerdotes lo llamaron el “Día” o el “Gran Día“.   Los eventos de ese Día de la Expiación contienen percepciones fenomenales dentro de las cosas que Yeshúa haría en su misión sacerdotal “…para expiar los pecados del pueblo” (He 2:17).  

Nunca podremos comprender totalmente nuestra gran salvación hasta que nos familiaricemos íntimamente con los detalles relativos al “Día de la Expiación” (Yom Kippur).  

Tiene bastante importancia destacar que la expiación difiere sensiblemente de la redención.

En el libro de Éxodo se yergue el gran tipo de la redención, y en Levítico el de la expiación. La verdad en ambos se centra en la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. En la Antigua Alianza la redención fue la liberación de Israel del Faraón y de Egipto. En Su misericordia, Dios intervino para liberar al pueblo de la casa de servidumbre, y así como la Pascua (Pesaj) presentó su terreno justo en la sangre del cordero, así estaba allí la figura de la muerte y resurrección del Mesías en el paso del mar Rojo, o más bien de la muerte con Cristo, y por lo tanto de la fe viviendo para Dios. Pero esto no es tanto lo que se enseña en el libro de Levítico, sino  más bien un sacrificio por el pecado glorificando perfectamente a Dios dentro del Lugar Santísimo, y un testimonio al pueblo afuera de que sus pecados fueron confesados y llevados lejos para no ser recordados nunca más por Él.

En un solo día cada año en Israel se hacía una obra sacrificial que tenía por objeto hacer aptos al pueblo y a los sacerdotes para sus respectivas medidas de acercamiento a Dios. Ahora era un asunto, no de enemigos, ni siquiera de Israel siendo liberado, sino de conciliar con la santidad y justicia de Dios a un pueblo culpable e inmundo.

¿Podía Él reconocer, en relación de vida, a un pueblo con pecados y rebeliones sobre ellos? ¿Estaban ellos completamente incapacitados a causa de estas inmundicias de venir o a estar en la presencia de Dios en la persona del sumo sacerdote?

La expiación responde a la necesidad de ellos y a Su gloria; porque en ella Yahvéh propuso para ese pueblo mientras estaba en el desierto, el lugar donde abunda la impureza y los hombres están siempre expuestos a ella. proporcionar un camino digno de Sí mismo y adecuado a ellos por el cual su representante podría acercarse a Él.

Yahvéh se propuso a Sí mismo darles un terreno de acceso a Su santuario, y esto de tal forma que no iba a haber ninguna disminución de Su carácter por una parte y, por otra parte, ninguna negación de la impureza de ellos, pero ambas cosas conocidas mucho mejor y sentidas más profundamente que antes. Sus males quedaban tan desnudos y exhibidos delante de Dios en ese gran día como nunca se había presenciado en otro día del año. Pero la misma institución que los exponía, también los cubría, juzgando, al mismo tiempo, y borrando su culpa, y esto, uno puede añadir, por medio del trato más severo por parte de Dios y la más solemne confesión de parte del hombre. No obstante, ese juicio no caía en el culpable sino en un sacrificio designado por el Eterno.

Lo que vemos en el capítulo 16 de Levítico, por supuesto, no es sino una figura; pero la figura de una más bendita y eficaz realidad, del mayor interés para nosotros a quienes el Eterno ha revelado ahora su plenitud en la muerte de Cristo. Porque el Espíritu de Dios toma en el Nuevo Pacto esta figura de la expiación en Israel para mostrar, no simplemente que nosotros tenemos un sacrificio expiatorio así como ellos, sino que el de ellos no era sino una débil sombra y no la imagen misma de lo que la gracia nos ha dado ahora en la sola ofrenda de nuestro Señor Jesucristo. (Hebreos capítulos 9 y 10).

La muerte y resurrección de Yeshúa, nuestro Mesías, es el cumplimiento de todo lo que fue representado en el sistema expiatorio del Antiguo Pacto. Yahvéh estaba en el Mesías reconciliando consigo al mundo (2 Cor. 5:19).

Con esta festividad se nos revela el gran fundamente de nuestras fe. Son el sacrificio de Yeshúa y Su sumo sacerdocio los que garantizan nuestra “eterna redención.” Lo que el  imperfecto sacrificio de los animales no puede hacer, Yeshúa lo hizo de una vez por todas para todos los que en Él creen.

El Mesías, nos representó en Su muerte. Él es nuestro sustituto. “Uno murió por todos” (2 Cor. 5:14). Sin embargo, todo no terminó allí, hoy Él continúa su ministerio mesiánico ya que es nuestro abogado ante el Padre en defensa de nuestro caso, con Su sangre (1 Jn. 2:2).

El Eterno gentilmente proveyó el sacrificio perfecto por nuestros pecados. Fue un acto de Gracia de Dios para el hombre pecador. La muerte de Yeshúa  es lo que ofrece expiación por el pecador. Nosotros podemos venir ante la presencia de Dios solamente por la sangre (Mat. 26:28; Lc. 22:20; Col. 1:20).

¡La expiación que Yeshúa el Mesías hizo, es de una vez por todas, nunca se repite!

Por lo tanto, te invito a apropiarte de sus beneficios hoy mismo… ¡Quizás sea tu última oportunidad!

Una bitácora que recomiendo leer y meditar para completar estas ideas es:
¿Cómo Debo Festejar Yom Kippur?

Yom Kippur: un ayuno de alegría que echa a Azazel al desierto

Por P.A. David Nesher

En el Evangelio de San Marcos 9: 14-29 se nos relata que los discípulos de Yeshúa no pudieron echar fuera un demonio de un niño epiléptico. Entonces el Mesías apareció en la escena, y de una forma sencillísima, reprendió al espíritu inmundo, y el demonio tuvo que abandonar aquel cuerpo joven, quedando el muchacho integralmente sano.
Los discípulos le preguntaron al Señor: ¿ Por qué no pudimos nosotros expulsarlo? Les dijo: Ese género no puede ser expulsado sino con oración y ayuno. En esta sentencia, el Maestro, dejará bien claro que cierto género de demonios , de ninguna manera salen de un alma humana, si no es con oración y ayuno. (versículo 29).
La oración con ayuno nos da la autoridad y poder para reprender demonios. Nos es muy necesario recordar que el Cristo Resucitado dijo: “En mi nombre echarán fuera demonios”(Marcos 16:17). Esas palabras se refieren a una promesa específica que tiene que ver con las señales que seguirán a los que creen en el Evangelio del Reinado de Yahvéh. Por lo tanto, y como se trata de una autoridad que el Señor dio a los creyentes, para que se manifieste plenamente es necesario ayunar sujetos al Propósito Eterno de Dios.
Si algo necesitamos en estos días finales y decisivos es poder contra el diablo para así liberar a los oprimidos.
 Al preguntarle los discípulos porque no habían podido echar fuera al demonio, él dijo: “POR VUESTRA FALTA DE FE” y añadió: “Pues estos no salen sino con oración y ayuno“. Ahora, Yeshúa revela una cosa más: para tener el don carismático de FE había que orar y ayunar.
Si analizamos la proclamación del profeta Isaías citada en el cap. 58, vers. 6 vemos que dice: “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?“. Cuando Yavhéh, por medio del profeta, habla del “ayuno que yo escogí”, lo hace refiriéndose al ayuno ordenado por Él mismo en la Torah para celebrar el Yom Kippur (Día de la Expiación), ya que ese es el único ayuno escogido por Abba Padre. Bien, si prestamos atención a Sus palabras notaremos que se nos revela que dicho ayuno más que una parte de un ritual anual, perseguía la vivencia de la Verdad espiritual. Es decir, que según Yahvéh, el ayuno del Día de la Expiación, implica romper las ataduras satánicas establecidas sobre los seres humanos.
Por todo ello, creemos que a través de este Ayuno del DÍA DE EXPIACIÓN (Yom Kippur), muchas almas oprimidas por Satanás serán liberadas. Este es el ayuno que el Eterno ama pues trae salvación a todos los perdidos. Con este ayuno, escogido por Yahvéh, se rompen las ligaduras del diablo que atan a tus seres queridos y estos vienen al Mesías, son salvados en su poder redentor e incorporados a Su Cuerpo Mesiánico en la Tierra. Entonces, comprendemos que con el ayuno de esta fiesta se obtienen grandes victorias que glorifican al Eterno Dios y llenan de gozo nuestros corazones. En este día especial el eterno nos activa el don de la fe y lo hace un arma poderosa para presentar la más clara señal de lo mesiánico en este planeta: el poder de echar demonios.
¡No dejemos pues de celebrar esta fiesta como Él mismo lo estableció! ¡Veremos una avivamiento en nuestras vidas que transformará nuestro exterior!
Una bitácora que recomiendo leer y meditar para completar estas ideas es:
¿Cómo Debo Festejar Yom Kippur?

El Ayuno: Herramienta para Avivar el Fuego Interior

Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se volvía a mi seno
(Salmo 35:13) 

Es asombroso ver aquí cómo el rey David quería identificarse con el dolor por gente que él conocía y estaba enferma. Para lograrlo, cuenta que se vistió de cilicio, que es una forma profética de humillarse. A este acto, el rey-profeta le sumó el ayuno como instrumento propicio del espíritu humano que está en comunión con el Espíritu Santo del Eterno Dios.

 

Por todo esto, es importante decir que el Dios Verdadero instituyó el ayuno por primera vez en el día de la Expiación, el décimo día del séptimo mes. Esté día, los israelitas tenían el mandamiento de “afligir el alma” o hacer morir de hambre el alma (centro de residencia del ego, la falsa identidad del hombre).

Ayunar, según la revelación del Eterno, significa empobrecer el alma. Hacer que el alma no sea un instrumento de poder para el caos del sistema de cosas que gobierna la serpiente. Esto se logra a través de la concentración que se hace rehusándose a la subsistencia de las obras de la carne, por medio de abstenerse de alimento.

El ayuno en las sagradas escrituras descansa sobre la verdadera auto-humillación y penitencia. Entendemos por penitencia al  acto o acción que el hijo arrepentido realiza para manifestar exteriormente el poder del arrepentimiento que ha provocado el deseo de reparar todo daño efectuado contra el Propósito Eterno de Yahvéh.

El ayuno es el método de Dios para subyugar el alma carnal bajo la soberanía de Su Santo Espíritu.
El ayuno es un acto que permite expresar y demostrar pena por el pecado., Es justamente una manifestación externa de la pena y dolor interno por el pecado. Es de este modo como el Eterno nos ayuda a humillar nuestra naturaleza carnal debajo de su mano sublime y poderosa.
El ayuno aclara y libera nuestras mentes para entender lo que Dios está diciendo a nuestros espíritus. Esto condiciona nuestros cuerpos para llevar a cabo su perfecta voluntad. Al perseverar a través de las molestias físicas iniciales y mentales, experimentaremos una calma de alma para concentrarnos en las cosas de Dios sin que ni siquiera los apetitos legítimos del cuerpo interrumpan la dulce comunión con el Señor.
Esto fue lo que pasó con el Señor Jesucristo cuando ayunó cuarenta días y cuarenta noches, y lo mismo con Moisés y con Elías. Ellos alcanzaron ese grado mental en el que el ingerir alimento dejó de ser atractivo en comparación de la delicia de la comunión con el Señor.
En estas circunstancias, la persona que ayuna se hará más dócil a la guía del Espíritu Santo.¡Lo milagroso comienza a fluir sin obstáculo alguno!
Lo más interesante es que después de que el Señor Jesucristo terminó de ayunar, dice el Nuevo Pacto en Lucas 4: 14 que Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.
De todo esto, se nos revela que el ayuno trae avivamiento personal y agrega poder a nuestras oraciones. Esto último tiene su explicación en el hecho que ayunando nos ponemos más sensibles a la guía del Espíritu Santo y podemos discernir mejor la voluntad de Dios en determinado asunto y en consecuencia podemos orar pidiéndole conforme a su perfecta y agradable voluntad y no de acuerdo a la nuestra.
La palabra de Dios garantiza que todas las oraciones hechas en Su voluntad serán respondidas favorablemente por Dios Su Gracia y Poder.
En esto quisiera ser enfático, el ayuno no es la forma de torcer el brazo del Eterno para obligarlo a que haga lo que nosotros queremos. El ayuno no es un método para chantajear a Dios. Debe quedar bien claro, en nuestro entendimiento, que el ayuno no hace que automáticamente cualquier oración nuestra va a ser respondida por Yahvéh favorablemente. Lo que sí hace es crear la oportunidad de adorar en espíritu y verdad, de auto examinarnos delante del Eterno, confesar cualquier cosa que esté mal en nuestras vidas, pedir perdón por ello y discernir la voluntad perfecta del Padre para nuestras vidas a fin de pedirle conforme a esa voluntad.
En este escenario de cosas, el Eterno siempre hará algo especial para usted, bien sea interna o externamente, o ambas cosas. Lo cierto es que cuando usted se niega a sí mismo y enfoca su amor, fe, y obediencia solamente en Él, las circunstancias serán invadidas por la intervención de Su benevolencia, generando eventos milagrosos en su historia.

Arrepentimiento (griego Metanoia) la Transformación de la Conciencia

Por P.A. David Nesher
Al referirnos a “arrepentimiento”, ¿a que nos referimos? He notado que existe mucha confusión al respecto. Para poder entender el arrepentimiento que el Espíritu de Dios hoy nos reclama como pauta de oración, es necesario acudir a la escritura en su idioma original.
Arrepentimiento, viene del vocablo: Metanoia, y esto quiere decir “cambio de parecer” y “volver al estado original“; también se traduce como reconciliación, y dolor por haber ofendido a Dios.
Los griego aplicaban la palabra metanoia a un estado relacionado con el `regalo de las lágrimas’, es decir, un remordimiento mental que llevaba a un cambio de actitud para regresar con dolor a la Fuente del origen de la vida.
Metanoia está formada por dos palabras Griegas que son`meta´ y `nous´. El prefijo `meta´ significa ir más allá y también implica cambio y `nous´es el `intelecto´, aplicado no la inteligencia racional sino a la intuitiva. Es nuestro modo de saber intuitivamente que algo es verdad.
 
El maestro Eckart (s. XIII) habla de metanoia como el “conocimiento puramente espiritual, allí el alma es cautivada muy lejos de las cosas terrenales. Allí oímos sin escuchar sonido algunoy vemos sin ver…”  Es un modo de entender, más allá de lo común, es una transformación de la conciencia, es un ir más allá hacia una Realidad más profunda, en verdade es un encuentro con la Verdad misma revelándose en neustro interior (2Timoteo 2:25). Más Importante aún, metanoia es el modo “por el cual Dios puede ser visto”. En síntesis, metanoia (arrepentimiento) es “cambio de mente”, un cambio en nuestra forma de pensar que produce nuevos propósitos y se manifiesta en un cambio de conducta que produce un estilo de vida nuevo.
Desde toda esta consideración nos damos cuenta que el arrepentimiento es el divorcio del alma con el pecado. Es la reacción del individuo que vuelve en sí y por primera vez considera su pecado como la fuente de todas sus desgracias. Eso es arrepentimiento. Y sin ese arrepentimiento nadie puede disfrutar de la salvación que Dios ha provisto en Cristo Jesús Señor nuestro.
El hijo pródigo de la parábola no pidió perdón a su padre mientras continuaba aún viviendo perdidamente. Dice el relato que él se levantó y fue a su padre; él había tomado la decisión de cortar con ese estilo de vida que hasta ahora había seguido y entonces pidió perdón.
Nadie encontrará perdón para su alma mientras continúe casado con su pecado. Pero hay algo aquí que es indispensable aclarar si deseamos mantener la pureza del evangelio verdadero. El arrepentimiento no es un intento de parte del pecador de ordenar su vida para que entonces Cristo pueda aceptarlo. Si el pecador pudiese ordenar su vida sin Cristo, entonces ya no necesita a Cristo. Cristo vino a salvar a su pueblo de sus pecados, porque su pueblo no podía salvarse a sí mismo.
Estamos hablando más bien de una persona que reconoce su pecaminosidad y al mismo tiempo su incapacidad de escapar de semejante condición; es una persona que habiendo comprendido la maldad de su pecado y las terribles consecuencias que ese pecado le acarrea ahora y en la eternidad, acude a Cristo con la disposición de obedecerlo.
Es la disposición del pecador a abandonar su vida de pecado, para obedecer de ahora en adelante la voluntad de Dios revelada en Su Palabra, pero sabiendo de antemano que eso sólo será posible con la ayuda del Espíritu de Cristo. El pecador arrepentido no es aquel que dice: “Voy a reformarme primero y luego iré a Dios”; no. Es más bien el hombre que reconoce que no puede seguir luchando con la maldad de su corazón y, habiendo pedido perdón, pide también a Dios que le transforme, que le conceda la gracia que necesita para ser librado de la esclavitud de su propia corrupción.
Cuando hablamos de arrepentimiento (metanoia), nos referimos a que un hombre, antes pensaba que su condición espiritual dependía de sus obras, ahora cambia a pensar que él no puedo lograr nada espiritual por sus propios esfuerzos sino que Cristo es el único que lo ha limpiado del pecado y ha completado su nueva creación en él. Es necesario entender que el arrepentimiento “metanoia” es un arrepentimiento sobrenatural, que proviene de Dios.
El arrepentimiento, entonces, es el cambio de la mente y del corazón que da como resultado un cambio de acción y esto debido al ministerio de iluminación (revelación) y convencimiento del Espíritu Santo cuando Cristo, el Evangelio, es presentado. Es cuando la persona es iluminada y convencida por el Espíritu Santo para ver su verdadera condición. Necesitamos entender que hasta que una persona no se percate de que está en tinieblas, no tiene el deseo de la luz, como claramente se ve en el siguiente pasaje:
 ”Y esta es la condenación:
que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” 
(Juan 3:19)
A partir de hoy en nuestro ministerio nos determinamos a proclamar solamente el mensaje de Cristo, no lo que la gente quiere escuchar, no vamos a predicar mensajes de motivación que muchos falsos apóstoles anuncian y falsos maestros enseñan. Solo anunciaremos y enseñaremos lo que dice la Palabra de Dios. Muchos quieren fe, sin pasar por arrepentimiento, por esto la fe de muchos es vana, porque dicen tener fe y no obstante siguen con una vida llena de inmundicia y de mentiras. En cambio una persona que es responsable, que decide cambiar, es alguien confiable para Dios y su prójimo, y eso es vivir por revelación y no por religión.
Recuerda hoy el anhelo del Padre: Él quiere todo de ti, no un poco. Te aseguro que ya no serás un cristiano que se oculta detrás de una máscara religiosa para que los demás lo vean como el sistema quier verlo, sino que todos verán la Verdad manifestándose en ti.

EL VERBO SE HIZO CARNE Y PUSO SU TABERNÁCULO EN MEDIO DE NOSOTROS.

Es muy propicio en un día tan especial como hoy, Días del Perdón (Yom Kippur) tener en cuenta que aquel diseño que Dios le reveló en el Monte a Moisés (Hebreos 8:5). Esta figua y sombra de nuestro amado Cristo (Mesías) tiene hoy para nosotros la revelación concreta del Arquetipo o Anitipo: Cristo en medi de nuestras vidas y a favor de nosotros delante de Dios.

Hoy en Él somos el santuario de Dios de acuerdo al diseño que Moisés vio. Por ello, el Día del Perdón (Fiesta perpetua de Dios) nos invita hoy a meditar cada detalle de este Tabernáculo y, mediante la revelación del Espíritu Santo, disfrutar de un ayuno que libera el espíritu que se demanda a los que escuchan el evangelio del Reino: Arrepentimiento.
Coloquen todo su discernimiento en este video y dejense conducir hacia nuevos procesos de Gloria por la mano de nuestro Sumo Sacerdote y Apóstol de nuestra fe Jesucristo (Hebreos 3:1).