Consejos de Vida

¿Por qué se Trenza la Jalá?

Por Chana Weisberg

 

Shabat representa la idea de la unión. Los seis días de la semana son el paradigma de la diversidad. Representan las seis direcciones de nuestro mundo tridimensional: norte, sur, este, oeste, arriba y abajo. Durante estos días, estamos en una búsqueda hacia el exterior llenos de acción e iniciativa tratando de dominar nuestro entorno.

Shabat, representa el punto interno. Shabat apunta hacia adentro y está lleno de unión y de paz que vienen con esa búsqueda interior. Es por eso que nos saludamos con un “Shabat Shalom!”, es decir, «¡que tengas un Shabat de paz y unión!».

Shabat también representa la conciencia de absorber las bendiciones de los seis días laborales y re-direccionarlas a nuestros hogares y vidas.

Tal vez el trenzado de la jalá que se come en la mesa de shabat, también, represente esta idea de fusión: todo se unifica y trae toda la diversidad a nuestra vida para una unión pacífica y armónica que sólo el Shabat puede lograr.

Muchos jalot son trenzados con seis tiras de masa. Los dos jalot juntas (tres y tres tiras) son simbólicas de los doce panes que se colocaban cada shabat en la mesa en el Templo Sagrado.


Recomiendo leer también los siguientes ESTUDIOS:

¡Para Dios Eres Único! (Parashá Bamidbar)

 

«Hagan el censo de toda la asamblea de Israel …»

(Bamidbar/Números 1: 2)

 

Esta semana hemos comenzado la lectura e investigación de la primera parashá (sección) del libro Bamidbar (Números), que también se conoce como «el Libro de los Números«. Los traductores primigenios le dieron también este nombre debido a que Yahvéh solicita el censar en Israel para darnos la bienvenida al número de integrantes que lo formaban en ese momento. Es usual que los derechos se ajustan a las necesidades de cada uno de los miembros que lo componen. ¿Acaso el Eterno necesita solicitar un conteo para recabar estos datos? ¡Es absurdo pensar que Yahvéh lo requiera! Entonces, ¿cuál es el objetivo de este censo?

Yahvéh, a través de Yeshúa HaMashiaj, es nuestro Padre. Todos sabemos cuánto cariño un padre dispensa a su hijo. Sin embargo, no conocemos a padres que para demostrarlo se dediquen a contar a sus hijos. Más aún, el Libro de Shemot (Éxodo) comienza a mencionar a los hijos de Yaacob Abinu (Shemot/Éxodo 1:1) Comenta Rashi: “aunque la Torá ya los había contado por Sus nombres en vida, vuelve a contarlos PESE una cola ya habían muerto con el propósito de dar a conocer el cariño que el Eterno les tiene, pues habían sido comparados con las estrellas a las que Yahvéh saca y mete por número y por sus nombres, como dice el versículo: Aquel que saca por número a Sus ejércitos, a todos llama con un nombre » [Yeshayá 40:26; Shemot Rabá 1:3].

La Torah revela que cada uno de los integrantes del Pueblo de Israel es como una piedra preciosa ante los ojos del Eterno. Es como alguien que posee un tesoro y no se cansa de contar y contemplar cada una de sus piezas, valorando desde la más pequeña hasta la más grande, ya que todas son valiosas. De igual forma, no hay diferencias ante los ojos de Yahvéh; todos sus hijos valemos por igual, todos somos parte de Su tesoro, no importa el cargo ni la posición social ni el coeficiente intelectual. Ni siquiera nuestro nivel espiritual cuenta a la hora de supervisar cada uno de nuestros movimientos. Amado es el Pueblo de Israel, pues ellos son llamados Hijos de Yahvéh.[Pirké Abot 3:14]

Él confirió a Israel las coronas de la Torah, del Sacerdocio y de la Realeza.[Rambam, Talmud Torá 3:1] Por eso, cuando ordenó contar al pueblo utilizó la palabra seú, que además del significado literal, que es “cuenten”, también significa “eleven”. Fuimos contados para que cada judío se percatara de que es un ser único y especial.  El calificativo no sólo nos enorgullece, sino que nos obliga, nos compromete a vivir en forma honesta y bajo los lineamientos que el Eterno nos dio. Con esta expresión, Yahvéh quiere mostrarnos que cada uno posee características diferentes y que cada quien tiene un valor, un propósito y una misión determinados en el mundo.[R Shimshon Raphael Hirsch; Seforno]

Debes tener presente que nunca hubo una persona exactamente igual a ti, ni la habrá hasta el final de los días. Eres una persona singular, que posee una combinación precisa de talentos. El Eterno te colocó en un hogar en un determinado momento de la historia y en un lugar exacto. Yahvéh te asignó una tarea específica. Gozas de una porción especial en la Torah. El mundo, en su totalidad, te espera. No existe otra persona que pueda cumplir tu misión particular en la vida.

La palabra Adam, que es como nombró el Eterno al primer hombre, no tiene plural en hebreo, enseñándonos así que no existe suplente para lo que cada uno debe hacer.

 

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores estaban muriendo. El roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el pino.

El rey fue a observar al pino y lo halló caído, porque no podía dar uvas como la vid.

El rey se acercó a la vid y la encontró agonizante, argumentando que no podía florecer como la rosa.

La rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el roble.

El rey caminaba cavilando sobre la deplorable situación en la que se encontraba su jardín. Entonces encontró una planta, una hermosa orquídea que florecía e irradiaba una belleza como nunca antes había visto. El monarca se alegró y le preguntó:

_ “¿Cómo es que creces tan saludable en medio de este jardín inconforme y sombrío?”.

_ “No lo sé, su majestad”, respondió la flor. “Quizás sea porque siempre supuse que cuando usted me plantó, quería una orquídea. Si su majestad hubiera querido un roble o una rosa, los habría plantado aquí. Por eso desde el momento en que me sembró, me dije: ‘¡Intentaré ser orquídea de la mejor manera que pueda…!”.

[Historias, cuentos y reflexiones, pág 45; Nelly Kaufman K. de Klein]

Debemos aceptar que cada uno de nosotros es una personalidad importante e insustituible. Por ello, hay que procurar ser auténticos y hacer lo que realmente nos corresponde. Si buscamos imitar a otros, nunca lo conseguiremos, pues no poseemos ni las virtudes ni el permiso del Cielo para ocupar su lugar. Así, debes mostrarte tal como eres. Ten presente que el Eterno te creó con características que sólo tú posees. No existe otro en el mundo como tú.

Esto debe hacerte sentir dichoso y seguro, mas no altivo. ¿Acaso existe alguien que pueda atestiguar sobre sí mismo que se comporta de acuerdo con todos los requerimientos que debe cumplir alguien querido por Yahvéh? La persona que se considera importante no puede vestir cualquier clase de ropa sólo porque todos los demás lo hacen, ni tampoco comer en cualquier lugar público o cometer errores que quizá otra persona sí podría cometer. Por el contrario, debe ser un ejemplo en toda su vida, ya que permanentemente es observado por todos para ver su proceder. *La persona que busca comportarse como Yahvéh desea, debe estudiar el Manual de Instrucciones (la Torá), donde se detalla cuál debe ser la conducta, el criterio y la forma en que cada hebreo logre su cometido, y cuando se presente delante del Rey de los reyes, podrá decir con orgullo: “¡Misión cumplida!”.

“Cada hebreo es hijo único del Eterno.”

 

 

© Autor anónimo (me llegó por Whatsapp)


Te invito a que puedas ahora escuchar este SEMINARIO dado a líderes del Ministerio:


¡Tú eres la Luz! (El Fósforo y la Vela)

Cierto día, el fósforo le dijo a la vela:
_ Hoy te encenderé.
_ ¡Oh no!, dijo la vela. Tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados?; no me hagas una maldad de ésas.

_Entonces tú quieres permanecer así toda tu vida? Dura, fría y sin haber brillado nunca?, preguntó el fósforo.
_Pero tienes que quemarme? Éso duele y además consume todas mis fuerzas. Murmuró la vela.

Entonces, respondió el fósforo:
_ Tienes toda la razón! pero ésa es nuestra misión. Tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo, como fósforo puedo hacer, es muy poco, mi llama es pequeña y corta; pero si te paso mi llama, cumpliré con el sentido de mi vida. Yo fui hecho justamente para eso. Para comenzar el fuego. Ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar. Todo tu dolor y energía se transformarán en luz y calor por un buen tiempo.

Oyendo éso, la vela miró al fósforo que ya estaba en el final de su llama y le dijo:
_ ¡Por favor, enciéndeme!

Y produjo una linda llama.

Así como la vela, a veces es necesario pasar por experiencias duras, experimentar el dolor y sufrimiento, para que lo mejor que tenemos sea compartido y podamos ser luz.

Entonces, si tuvieras que pasar por la experiencia de la vela, recuerda que compartir el amor y las experiencias es el combustible que nos mantiene vivos.

Todos nosotros somos la luz del mundo….Hagamos brillar nuestra luz delante de todos, para que puedan ver las buenas obras y alaben a Yahvéh nuestro Creador y Padre.

 

«Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.»

(Mateo 5: 14-16)

Herramientas Cósmicas para Prolongar la Vida

«Y observaréis sus estatutos y mis juicios, pues cumpliéndolos el hombre vivirá por ellos; Yo soy el Eterno.»

(Levítico/Vayikrá 18:5)

 

Este texto nos muestra que hay vida en la obediencia a los mandamientos. Según el sabio intérprete (exégeta) judío Rashí, esto hace alusión a la vida eterna en el Mundo Venidero (Olam HaBá), ya que en este mundo el ser humano muere en definitiva. Sin embargo, la pregunta que surge es: ¿Hay vida eterna en el cumplimiento de la Torah o hay una larga vida en la tierra? La respuesta es: ambas cosas. En verdad, hay mandamientos que producen una vida larga debajo del sol y hay otros mandamientos que fueron dados para dar vida eterna al hombre. Por ejemplo el mandamiento que nos ordena creer en el profeta como Moshé (cf. Deuteronomio 18:15, 18) es uno de los que dan vida eterna, como está escrito en:

“Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús (Yeshúa), y serás salvo, tú y tu casa.”

(Hechos 16:31)

El apóstol Pablo, escribiendo a los discípulos de Roma enseñaba:

“Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios. Porque el Mesías es la meta de la Torah para justicia a todo aquel que cree. Porque Moshé escribe que el hombre que practica la justicia que es de la Torah, vivirá por ella. 

Además, la justicia que es de la fe, dice así:

NO DIGAS EN TU CORAZÓN: «¿QUIÉN SUBIRÁ AL CIELO?» (esto es, para hacer bajar al Mesías), o «¿ QUIÉN DESCENDERÁ AL ABISMO?» (esto es, para subir al Mesías de entre los muertos). Mas, ¿qué dice? CERCA DE TI ESTA LA PALABRA, EN TU BOCA Y EN TU CORAZÓN, es decir, la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca a Yeshúa por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.”

(Romanos 10:3-10)

Pues bien, considerando todo texto en el contexto correcto de la Instrucción, podemos afirmar que no existe contradicción alguna entre Moshé (Moisés) y Yeshúa (Jesús). Si fuese así, Yeshúa sería un falso mesías. Lo que el escritor a los Romanos enseña en el capítulo 10, es lo mismo que se revela en Levítico (18:5). Hay vida para aquel que practica la Torah, porque ella lleva a la persona humana al Mesías y a la justicia de la fe, la cual está citada en la Torah (cf. Deuteronomio 30:12-14). El problema surge cuando una persona intenta usar aquellos mandamientos que no son dados para vida eterna y cumplirlos en su propia fuerza para así obtener la salvación de su alma por los propios méritos.

Otra enseñanza falsa, que existe dentro de la parte apóstata del judaísmo (como los kabalistas), es que uno tendrá el derecho de entrar en el mundo venidero si las obras buenas pesan más que las obras malas. Esos caminos son engañosos y sumamente combatidos en Los Escritos Mesiánicos por los apóstoles del Mesías. Por ejemplo, permítanme compartirles lo que dice la traducción hecha por Dr. David H. Stern de Gálatas 3:12:

“Sin embargo, el legalismo no está basado en la confianza y la fidelidad, sino en una mala interpretación del texto que dice, EL QUE LAS HACE, VIVIRÁ POR ELLAS.”

Retomando el hilo conductor de nuestro versículo, diré que en el mismo se revela que la obediencia a los estándares de Yahvéh sobre la conducta sexual es esencial para la vida, y mucho más ahora es verdad en nuestros días donde prolifera el SIDA y otras enfermedades sexualmente transmitidas.

Lo que más llama la atención es que en nuestro versículo se habla de» אדם «, «Adám«, traducido como persona humana. Esta idea incluye a cualquier hombre, sea varón, sea mujer, de cualquier confesión. Es decir que la Torah en este caso no está hablando ni a los Kohaním (sacerdotes), ni a los levíim (levitas), ni a Israel, exclusivamente, sino a toda persona humana que quisiera aceptar los enunciados de la Torah. Esta idea tocó su punto culminante cuando los sabios del Midrásh dijeron: «Afilu goi vehosók baToráh Haré Hu que-Kohén Gadól» o sea que «cuando un gentil se dedica a la Toráh, es comparable en mérito al Sumo Sacerdote de Israel«.

Así el Eterno recalca que los mitzvot (mandamientos) son fuente de vida según la predisposición que tenga la persona al cumplir con los mismos. Yahvéh nos enseña que existen distintas motivaciones (entre los distintos grupos de personas) para la observancia de los preceptos de la Torah; pues hay algunos que observan pensando en la recompensa material de los mismos, mientras que otros observan la Torah desinteresadamente, buscando simplemente elevación espiritual.

Por eso, cuando los versículos de la Toráh hablan de la recompensa por el cumplimiento de las mitzvot, dicen: … «para que se prolonguen tus días» … «para que vivas y tengas largos días» … ya que este lenguaje de los versículos implica distintas categorías de «vida«, todas de acuerdo con lo que correspondiere a cada cual de los grupos de personas enunciadas.

Cuando leemos «…el hombre vivirá por ellos«, debemos entender que estas palabras han servido de base inequívoca para la idea enunciada de que los mitzvot (mandamientos) son fuente de vida, y no de muerte:  «Vajai bahém, Velo Sheiamut bahém«, es decir para que viva con ellos (los preceptos) y no para que muera por ellos. Por lo tanto, todos los mitzvot pueden ser transgredidos cuando la vida humana está en peligro. Sin embargo, esta ley general está limitada por tres excepciones, a saber:

  1. ejercer la idolatría,
  2. incurrir en derramamiento de sangre, y
  3. incurrir en relaciones incestuosas.

¡Por favor, eniténdalo bien! Un mitzvá (madamiento) es una conexión entre el mundo del ser humano y una Fuerza Superior, Su Fuente, Yahvéh, el Creador. A través de un mitzvá, usted toma parte de su pequeño mundo terrenal y lo hace más elevado.

¿La meta? Obtener de la vida todo lo que la vida debe darle. Y convertir al mundo en lo que el mundo debe ser. Porque la vida debe ser hermosa y el mundo debe ser divino.

 

El Sexualidad Mesiánica frente al Sexo Reptiliano

Por P.A. David Nesher

 

 

 

«No haréis según la práctica de la tierra de Egipto donde morasteis; ni obraréis conforme al uso de la tierra de Canaán, adonde Yo os llevo, ni actuaréis según sus costumbres. Cumpliréis con mis juicios y mis estatutos guardaréis, siguiéndolos; Yo soy el Eterno, vuestro Dios.» 

(Levítico 18:3-4)

En el capítulo anterior hemos estudiado cómo la Torah legisla leyes y promulga mandatos cuya finalidad última era desarraigar las normas y costumbres paganas, en las cuales la humanidad en general, e Israel en particular, estaban inmersos. Pero en este capítulo 18 de Vayikrá (Levítico), la Torah enfrentará a los hebreos con leyes claras y pertinentes todo lo referente a la sexualidad del hombre y de la mujer. Leyes para salvaguardar la moral social e individual, presentadas en un estilo parenético, con la fórmula estereotipada y enfática «Yo Yahvéh» («Yo Soy el Eterno«). Con esta afirmación, el Eterno establecerá una clara separación entre Israel y el resto de las naciones, al declarar este principio: “Me pertenecen, no harán como el mundo hace.”

Este texto muestra que los hijos de Israel han sido llamados a ser diferentes a los demás pueblos del mundo, especialmente cuando los pueblos son tan inmorales como los egipcios y los cananeos.  Los persas, por ejemplo, animaban a los varones a realizar uniones maritales con madres, hijas y hermanas, en base de que dichas relaciones tenían un mérito especial delante de los ojos de los dioses.

Israel está sujeta a una vocación que proviene del Mundo de Arriba. Cada miembro de Israel debía ver en estos paradigmas jurídicos las bases de una cultura verdaderamente humana, que los comprometía a ver en estas leyes una obligación moral estrechamente relacionada con la Alianza de Yahvéh que hacía de ellos un pueblo santo diferente de los demás.

Los hebreos hemos sido llamados a comer de una manera integral y diferente, vestir con estilos diferentes, hablar claramente diferenciados, etc. ¿Podemos entonces mirar las prácticas de los demás pueblos y hacer lo contrario? ¿Es eso lo que Yahvéh quiere enseñarnos con esta palabra? Hasta cierto punto esto está bien, pero si vamos a dejar que las prácticas de los paganos determinen nuestra conducta, es posible que dejemos de hacer algo que Yahvéh aprueba e incluso manda. ¡No vamos a dejar de hacer algo bueno sólo porque los demás lo hacen!

Por lo tanto, sigue el versículo 4 diciendo: “…habréis de cumplir MIS estatutos y guardar MIS leyes para andar en ellos.” Dejando así bien claro que no son los paganos los que determinan nuestra conducta, sino la Torah de Yahvéh. En el camino de restauración hay muchos ex cristianos que rechazan todas las cosas que hacen los cristianos. Pero sólo por el hecho de que se hagan ciertas cosas en el mundo cristiano no es una razón suficientemente fuerte para rechazarlo. Por ejemplo, no podemos dejar de leer las Escrituras porque los satanistas las estén leyendo. Esa actitud no es sana y al final llevará a la persona a desviarse del camino recto.

Cuando Dios creó el mundo, bendijo al varón y a la mujer con la capacidad de procrearse y perpetuar su simiente en esta, nuestra Tierra (Génesis 1:28). Sin embargo, cuando la primera humanidad escuchó la enseñanza de la serpiente, le entregó a esta la potestad de manipular la sexualidad como un instrumento de degradación, que conduzca a la humanidad al caos.

Por ello, más adelante la Torah reflejará la ira divina desatada por la actitud perversa asumida por los, «Bené Elohím» («בני אלהים») , aquellos ángeles que violaron su naturaleza, y se unieron por medio de pactos chamánicos con las hijas de Caín, violando así las más mínimas normas de moral sexual, como leemos en los versículos siguientes:

«Vieron los Bené Elohim a las hijas del hombre que eran bellas y tomaron mujeres para ellos, de todas las que preferían. Dijo Yahvéh: ¡No contenderá eternamente Mi Espíritu por causa del hombre porque es carne! Serán sus días, ciento veinte años». (Génesis 6: 2-3)

El sabio exégeta judío Rambán ha entendido que en los códigos del versículo 2 estamos frente a un caso de perversión sexual donde: «…los hombres, emulando la conducta de ángeles caídos, tomaban a las mujeres en contra de la voluntad de las mismas, amén de posesionarse de mujeres desposadas«. Así, esta perversión sexual irá en aumento hasta que el Eterno traiga el Diluvio sobre la humanidad.

Por eso, en el capítulo 18 de Levítico, la Instrucción (Torah) divina prevendrá a los hebreos, explicándoles por qué los liberó de los riesgos y peligros que involucraba permanecer en la tierra de Egipto. Este imperio, a pesar de ser una nación que había llegado a la cumbre de la civilización, logrando picos en la ciencia y en las artes, habían permitido en su seno el desarrollo de perversiones y aberraciones, en lo que a la sexualidad se refiere, que lo había conducido a alcanzar lo 40 grados de degradación moral a los que puede llegar la humanidad (ya en el grado 50 no hay manera de regresar al diseño original). A tal punto era esta degradación moral que la Torah,  llama Hukót HaTohebot (normas aberrantes) a todos los paradigmas que regían las costumbre egipcias en el área de los sexual.

Lo mismo ocurría en la tierra de Quenahan (Canaán), que el pueblo de Israel se aprestaba a conquistar. El Eterno les revela con estas leyes que ellos corren el peligro de conquistar la tierra, pero a la vez, «ser conquistado» por las costumbres y normas aberrantes de los pueblos que la habitaban. Cosa que en realidad ocurrió (Véase el libro de Jueces 2:11 y subsiguientes).

Entendamos que la misma religión que estos pueblos practicaban, rindiendo culto a dioses de la fecundidad, pretendía santificar los actos sexuales desordenados, fomentando así la inmoralidad entre sus adeptos y seguidores.

Así nuestro capítulo Levítico 18 enunciará todas las uniones prohibidas entre hombre y mujer, ya sea por consanguinidad, o por la perversión que pueden generar las mismas. Por lo tanto, la existencia misma del pueblo de Israel dependerá de la capacidad que demuestre para cortar en forma clara y nítida con un pasado atentatorio contra la idea del ser humano creado por Dios para desarrollarse en nombre de Él, y lograr su bienestar rechazando perversiones y aberraciones. Para ello será necesario constituir una familia sana, que es el núcleo básico de toda sociedad.
En cuanto al futuro del pueblo, dependerá de su capacidad, de desarrollarse de acuerdo con las normas de la Torah.

Los israelitas debían mantenerse puros y apartados para Yahvéh. Él no quería que su pueblo fuera absorbido por la cultura y/o el ambiente que los rodeaba: «… ni actuaréis según sus costumbres«, les ordenó. El término «costumbres«, por supuesto, hace alusión a las perversiones sexuales vigentes en esos pueblos, y que la Torah enuncia en nuestro capítulo.

A nosotros, de igual manera, la sociedad occidental post-moderna puede presionarnos a que nos conformemos a su manera de vivir y de pensar. Sin embargo, si cediéramos ante la presión nos confundiríamos, y no sabríamos a cuál grupo pertenecemos. Además perderíamos nuestra efectividad para servir a Dios, que es al fin y al cabo nuestra vocación esencial.

Tristemente, aquellos que se llaman hoy en día cristianos a menudo toman el estándar de su conducta sexual de parte de los estándares que marca el sistema de cosas imperante, rechazando la Instrucción del Señor. Claramente ellos saben que debieran de ser diferente del mundo en su moralidad sexual, y deberían de seguir el estándar bíblico para la conducta sexual trazada por el Creador. Es paradójico, en las congregaciones primigenias, a cuyos miembros se los señalaba burlonamente como cristianos, un argumento que ellos daba para mostrar la veracidad del Evangelio del Reino era: “Pueden saber que esto es Verdad absoluta al ver a nuestras vidas, especialmente en la conducta sexual.” Hoy, ese mundillo que dice vivir como aquellos, autodenominándose  cristianos dice: “No me mires a mí, mira a Jesús.”

Por eso, es mejor que tú, que has salido de la Gran Babilonia (el cristianismo) obedezcas al Eterno y no permitas que la cultura de este sistema reptiliano afecte tus pensamientos, habla y acciones.


Bitácoras relaciones y recomendadas:

¡Evita hacer lo que ellos hacen!

https://davidnesher.com.ar/herramientas-cosmicas-para-prolongar-la-vida/

La Sumisión a los Mandamientos Divinos: Uno de los Milagros Más Grandes del Universo

Por P.A. David Nesher

 

Es muy interesante saber que las Sagradas Escrituras, en sus códigos hebreos, tienen una particular forma de referirse al espíritu (o «impulso«) que impele al ser humano a rebelarse contra la voluntad de su Creador, expresada en Sus Mandamientos. Me estoy refiriendo al epíteto de «HaSatán» que literalmente significa «El Opositor«, «El Adversario» o «El Oponente«. Es decir, que la Escritura divina muestra que todo aquel que se opone abiertamente a la voluntad del Eterno se convierte a si mismo en un HaSatán (un “opositor” u «oponente» a Dios).

Ahora bien, preguntémonos: ¿Cual es esa voluntad divina?

Pues que el ser humano se aleje de lo malo, para hacer en cambio el bien; tal como lo entendió y escribió el salmista:

“Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre”

(Salmo 37:27)

En otras palabras, Yahvéh, nuestro Dios, quiere que el hombre haga lo bueno, absteniéndose de mentir, de robar, de hurtar, de matar a la persona inocente, de fornicar, de adulterar, de deshonrar a sus padres, de trabajar siete días a la semana, y de adorar a la creación (imágenes) en vez de al Creador.

Yahvéh, como nuestro Creador, desea que entendamos que, guardar Su Instrucción (Torah) que Él escribió con sus propios “dedos” sobre las dos tablas de piedra, así como cada uno de sus mandamintos (mitzvot), deben ser el todo de nuestras vidas, ya que ellos serán la regla por la cual todos habremos de ser juzgados. Así al menos esta escrito:

“Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala”

(Eclesiastés 12:13)

Así pues, tanto el judío, como el cristiano, o el musulmán que rehúsa guardar los mandamientos, esta esclavizado por HaSatán, y se ha enfermado con la lepra del pecado. Y, esta lepra espiritual que es la rebelión a los mandamientos de Yahvéh, no puede ser sanada sino por la operación de un milagro divino.

Hoy Dios Te Grita lo de Siempre: «¡NO ERES TAN MALO!»

Por P.A. David Nesher

 

 

 

«…vendrá aquel de quien fuere la casa y dará aviso al sacerdote, diciendo: Algo como plaga ha aparecido en mi casa. 

Entonces el sacerdote mandará desocupar la casa antes que entre a mirar la plaga, para que no sea contaminado todo lo que estuviere en la casa; y después el sacerdote entrará a examinarla.»

(Levítico 14:35-36)

 

 

Ayer un discípulo de Yeshúa me consultó lo siguiente:
«¿Es posible que cada uno de nosotros hablemos mal de nosotros mismos? Esto lo digo por cada ocasión en que nos decimos: “no puedo” , “no tengo”, etc., no valorando como Abba nos ve. ¿Estamos entonces practicando lashon hará (mal hablar) contra nosotros, y también nos alcance esta impureza?»

Para responder a esto, diré que el texto que encabeza nuestra meditación recalca el idioma cauto y prudente con el cual debía expresarse el dueño de la casa presuntamente afectada. Aquí vemos que la tendencia de la Toráh es evitar el daño, incluso el material que pudiera ser causado al dueño de la casa, a causa de la declaración de tzaraat que este haga. En verdad, lo que la Torah quiere evitar aquí es la pérdida de utensilios de «arcilla» cuya impureza es irreparable; quiere decir que, si la Torah cuida aun este daño material insignificante, con mucha mayor razón habrá de cuidarse cuando se trata de daños materiales grandes, y especialmente los que se hagan a vidas humanas.

La enseñanza que deriva de este hecho es que el ser humano tiene que cuidarse mucho en la forma de expresar lo que está ocurriendo en su intimidad personal y familiar antes de «impurificar las cosas». A veces se causan grandes y graves daños por declaraciones o afirmaciones apresuradas.

Preguntan los sabios intérpretes de la Torah: ¿Por qué debe decir la persona: “Ha aparecido algo parecido a una afección”, y no “ha aparecido una afección”?

Ellos mismos responden: Es sabido que la Torah revela que no sólo no se puede hablar mal de los demás, sino que tampoco se puede hablar mal de uno mismo.

Si la persona dice “Estoy afectada”, de manera contundente, sin ver sus puntos de luz, le será muy difícil hacer teshuvá y lograr una verdadera reparación (tikún).

Pero si dice: “Ha aparecido algo parecido a una afección”, no está siendo tan drástica consigo misma, y se somete al análisis objetivo del kohen (sacerdote), su líder espiritual.

Una de las bases de la teshuvá es saber que, a pesar de todas las “manchas”, existen en el interior de todo ser humano puntos de luz, capaces de iluminar todos los puntos oscuros que le han producido caos en su vida y entorno.

El texto sugiere que la persona no debía decir al kohen (el sabio que lo instruye y lidera) toda la oscuridad que considera que tiene, ya que de esta manera se puede estar sentenciando a sí misma, desde su autoagresión y/o su autocompasión. Más bien, debe dar a insinuar sus errores, y será el sabio quien, por medio de preguntas, encontrará el camino para que la persona encuentre los puntos de luz de su interior y así pueda hacer teshuvá de la manera correcta.

Espero que esta respuesta ayuda a cada uno de ustedes a tener el concepto correcto de sí que demanda nuestro amado Señor:

«Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.»

(Romanos 12:3)

 

Lo que Fue, eso Será

Por P.A. David Nesher

 

“Lo que fue, eso mismo será; lo que se hizo, eso mismo se hará:
¡no hay nada nuevo bajo el sol!”

(Eclesiastés 1:9)

 

Para el Qohelet (Eclesiastés) «no hay nada nuevo debajo del sol«. Todos los procesos humanos parecen ser una repetición de lo ya hecho. Grandes historiadores han hecho popular el dicho: «La historia se repite a sí misma«. Tal parece que el presente y el futuro están condicionados por los hechos del pasado. Desde luego esta parece ser la opinión humana. La opinión divina contrasta mucho con ésta.

Por eso, el sabio Qohelet está enseñando en este verso que todo, pero todo, lo que el Eterno quiso decir está en la Torah. Por eso, “lo que fue”, es decir los sucesos del pasado, “eso mismo será”, debiendo la persona aprender de la historia, y “lo que se hizo”, lo que sucedió, “eso mismo se hará”, acorde a las reglas que el Eterno implantó en la creación.

Desde esto, el rey Salomón quiere que la persona que lea esto no piense que logrará en sus propios esfuerzos descubrir caminos alternativos a la felicidad, porque en realidad, “no hay nada nuevo bajo el sol”. La vida «bajo del sol» es una referencia que el sabio hace a la independencia absoluta de la criatura racional egoísta con el Eterno y a la falta de comunión directa con el Creador.  Aquí el Qohelet, en su consideración de la vida no toma en cuenta los descubrimientos científicos ni los inventos tecnológicos. En realidad, él tiene en mente las ralaciones inmeditaas del ser humano dentro de los límites de su propia existencia ontológica. El sabio está llevando a meditar más que todo, en la esclavitud a los anti-valores que defiende el materialismo y que están en pugna con los valores de índole espiritual y eternos que revela la Instrucción (Torah) divina.

Así pues, lo que el sabio quiere expresar es que con solo considerar en detalles los acontecimientos del pasado se podrá apreciar que el Eterno beneficia a los que siguen Su Camino, y alecciona a quienes se desvían del mismo.

Por eso, la persona debe ser inteligente y descubrir en la Torah y sus sucesos, el sendero a la bendición.

Los Milagros de Hoy en Día

Por Rav Shraga Simmons

 

«Y Dios nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido y con temor y con señales y milagros».
(Deuteronomio 26:8)

 

La gente pregunta a menudo: «¿Por qué no hay milagros hoy en día? Si viera las señales y milagros del Éxodo, yo también creería«.
El Talmud cuenta la historia de un padre que pone a su hijo en sus hombros y lo lleva con el día y noche, a donde sea que vaya. A la hora de comer, el padre alza sus manos y alimenta al niño. Silenciosa y consistentemente, el padre se preocupa por cada una de las necesidades de su hijo. Entonces, un día, al cruzar a otro viajero el niño grita:  «¡Ey!,… ¿has visto a mi padre?»
Todos somos propensos a dar la Providencia de Dios por sentado. En realidad, los milagros abundan en nuestra vida. La única diferencia entre los milagros del Éxodo y los milagros de nuestro sistema inmunológico es la frecuencia. Un milagro que ocurre una sola vez evoca nuestro temor. Un milagro repetido y constante provoca un bostezo. Tristemente, mientras más constantes son los milagros de Dios, más aptos somos para ignorarlos. En las palabras de Oscar Wilde: «Las Cataratas del Niágara son lindas. Pero la real emoción sería verlas correr hacia atrás«.

 

¿Apreciamos realmente el milagro de que los árboles respiren dióxido de carbono para que nosotros podamos respirar oxigeno? ¿Reconocemos el milagro de que un cigoto unicelular se convierta en un ser humano con cerebro, rodillas, pestañas y papilas gustativas? Pesaj nos enseña a amar a Dios por el milagro de las Cataratas del Niágara corriendo hacia delante.

¿Cómo Arder Constantemente para Dios?

Por P.A. David Nesher

 

“El fuego del altar ha de mantenerse encendido en él…
El fuego se mantendrá encendido sobre el altar; no se apagará, sino que el sacerdote quemará leña en él todas las mañanas…
El fuego se mantendrá encendido continuamente en el altar; no se apagará.”

(Vayikrá/Levítico 6:9, 12, 13)

 

Como desde hace años lo hago, hoy remarco una vez más que la característica del holocausto que arde por un largo tiempo es una ilustración apropiada de la obra de darnos diariamente a nosotros mismos completamente al Eterno. Estoy convencido que todos ustedes entenderán que el venir a Yahvéh, nuestro Abba, como un sacrificio vivo no es una obra repentina, ni mucho menos fácil.

En la meditación de hoy, notamos que la Torah repite tres veces la importancia de no dejar que el fuego se apague sobre el altar.

Recordemos que el fuego que estaba en el altar del Mishkán (Tabernáculo) había caído desde el cielo. Era el mismo Yahvéh quien lo había otorgado como don, y lo había depositado en el altar de bronce. Lo único que debían hacer los sacerdotes era encargarse de mantenerlo vivo constantemente. Esto no significa que los sacerdotes trabajaban durante la noche, sino que el sacrificio de la tarde se dejaba allí hasta la mañana, momento en el que el sacerdote limpiaba las cenizas y preparaba el altar para el sacrificio contínuo de la mañana (Éxodo 29:38-46).

El sacerdote, desencinte de Aarón, amante de la paz y la bondad, debe encender “el fuego sagrado”, para erradicar el fuego devastador que consume todo lo bueno. Esto sí o sí se hace “a la mañana”, cuando ilumina su atributo, el atributo de claridad y bondad.

Al hacerlo en forma constante, “todos los días”, compactándose con bondad, la Torah nos garantiza que “no se apagará” nunca la luz de la fe y de la santidad.

Por eso, el fuego perpetuo se conecta a la idea de que estas ofrendas deben ser hechas continuamente. Antes del perfecto sacrificio de Yeshúa en la cruz, era imposible el completarlas de una manera perfecta.

Al buscar sumergirnos en la simbología del fuego, sabemos que tres son los ingredientes que el mismo necesita para poder existir: combustible, oxígeno y calor. Si falta alguno de estos tres, el fuego no arde.

El calor se mantenía en las llamas y en los carbones encendidos. El oxígeno venía del aire ambiental. Sólo hacía falta añadir la leña. Esto nos enseña acerca de la importancia de mantener el fuego celestial encendido sobre el altar personal que cada uno de nosotros tenemos en nuestro interior. Cada mañana hay que poner más leña sobre el fuego. Ahora bien, la pregunta es:

¿Qué simboliza la leña?

La leña es el producto de la vida y la muerte de un árbol. Está escrito que la Torah es un Árbol de Vida (cf. Proverbios 3:18). También Mashíaj se compara a sí mismo con un Árbol (cf. Lucas 23:31; Juan 15:1). Esto nos enseña que el combustible que alimenta el fuego en nuestro corazón es el producto de una doble procedencia: la Torah (Palabra Escrita) y el Mesías (Palabra Encarnada). La vida y la muerte del Mesías ha creado suficiente leña para que podamos arder eternamente delante de Yahvéh. Cada mañana hay que poner más leña en su corazón para arder continuamente delante del Eterno.

La leña es añadida en la oración, la alabanza y el estudio de las Escrituras que cada creyente hace todas las mañanas. La única manera de poder mantener el fuego celestial ardiendo en nuestra vida es ponerle más leña. Es una tarea diaria.

Querido lector, si experimentas que el fuego de tu vida espiritual se está apagando, necesitas tomar en serio este mandamiento y orar cada mañana y leer y estudiar las Escrituras santas.

El oxígeno es parte del aire. La palabra hebrea para viento es ruaj. También a Ruaj se la traduce como “Espíritu”. Esto nos enseña que el oxígeno para el fuego celestial es el Espíritu del Señor. Si falta el Espíritu Santo en la oración y la lectura, el fuego se apagará.

Que tampoco falte el calor en nuestra devoción a Yahvéh. El calor podría simbolizar el amor y la intensidad de nuestra entrega (en hebreo kavaná).

¿Por qué repite que “el fuego del Altar debe mantenerse encendido»?

El Altar representa al corazón del ser humano. Sucede que a medida que pasa el tiempo y la persona redimida se va familiarizando con los preceptos, puede llegar a perder el entusiasmo primario que alguna vez tuvo, al comenzar la peregrinación por sus códigos. Es por eso que la Torah nos dice que el fuego debe estar siempre, al principio, y luego otra vez, en el futuro.

¡Asegúrate que el fuego no se apague en tu vida!

“Por lo cual te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos.” (2 Timoteo 1:6)

En este caso se trata del fuego del don de ser anunciador de las buenas nuevas (en griego “evangelista”).

Bitácora Relacionada:

Altar: códigos del corazón humano sujeto al Eterno Dios.

El Día en que Arnold Schwarzenegger tuvo que Dormir en la Calle…

En enero de 2016, el actor y ex-gobernador de California Arnold Schwarzenegger revolucionó las redes sociales al publicar en su cuenta de Instagram una foto de sí mismo durmiendo en la calle frente a su monumento de bronce en la ciudad de Ohio. Acompañando la misma, estaba la triste frase:

“¡Cómo cambiaron los tiempos!”.

Algún que otro ingenuo admirador llegó a creer que el eterno Terminator atravesaba serios problemas económicos. Pero, teniendo en cuenta que el patrimonio de Schwarzenegger está valorado entre 100 y 200 millones de dólares, casi nos atrevemos a descartar esta posibilidad.

La razón por la que escribió esto no fue porque él se sintiera anciano, sino que responde a otra anécdota de su vida. Resulta, que cuando él era gobernador de California, inauguró un hotel con la estatua de él. Los funcionarios del hotel le dijeron a Arnold: “en cualquier momento puede venir y tener una habitación reservada a su nombre”. Lo cierto es que cuando Arnold dejó el puesto y fue al hotel, la administración se negó a darle una habitación argumentando que el hotel estaba completamente reservado.

Ante esta situación, él decidió traer un sleeping bag y durmió debajo de la estatua, explicando posteriormente lo que quería transmitir:

“Cuando estuve en una importante posición siempre me alabaron, y cuando perdí esta posición se olvidaron de mi y no cumplieron su promesa. Sí, los tiempos han cambiado. No confíes en tu posición ni en la cantidad de dinero que tengas, ni en tu poder, ni en tu inteligencia. Todo esto no durará”.

Herencia para los Hijos

El rabino Meir era un escriba distinguido; de hecho, un escriba fenomenal. Por medio de su duro trabajo, ganaba tres sela a la semana. Un sela lo gastaba en comida y bebida; otro sela lo gastaba en vestimenta, y el tercero lo utilizaba para proveer sustento a los discípulos de los sabios (estudiantes de la Torah).

Enterados de esto, sus discípulos le dijeron:

_»Nuestro maestro, ¿que acontecerá con tus hijos que no tendrán nada para heredar?»

El les contesto:

_ «Si son justos, les acontecerá lo escrito por David- ‘No he visto justo desamparado, ni su descendencia mendigando pan’ (Salmo 37:25). Pero si no [son justos], ¿por que habría de dejar lo mio a los enemigos de aquel que esta en todas partes?»

La Vida: Valor y Derecho Supremo

Sin duda alguna, el tema del aborto reaparece constantemente en el debate público occidental como una cuestión política que pretende superar y vencer toda reflexión ética. Por ello, es fundamentalmente un tema de constante debate parlamentario y jurídico. Esto se debe al gran avance de movimientos feministas y progresistas que buscan impulsarlo para que el mismo se considerado legal, quedando consagrado de esta manera, el derecho de toda mujer embarazada a decidir libremente sobre la vida del niño por nacer, es decir, sobre su propio hijo.

Lo cierto es que la «interrupción voluntaria del embarazo«, como estas ideologías postmodernas pretenden llamar al aborto, es un tema controvertido en todos los rincones del planeta, pero también el enfoque de esta cuestión varía según el contexto cultural de cada región.

La paradoja es que, si bien la mayoría de las personas están de acuerdo respecto a que la libertad individual no permite el asesinato, cuando se trata del aborto el tema gira en torno a la definición misma de cuándo comienza la vida. La respuesta a esta pregunta está influenciada por aspectos religiosos o ideológicos, y de esta manera, el tema del aborto de inmediato involucra las más sagradas creencias y opiniones que tienen las personas sobre Dios, el alma y la naturaleza de la existencia. Así pues, la forma de afrontar esta problemática por parte de un europeo católico o protestante difiere de la que puede tener un budista, un musulmán o un judío. Al parecer, y justificado en lo que he dicho en este párrafo, los grupos opuestos “a favor de la vida” y “a favor de la elección” estarán eternamente en pugna. Es que el tema del aborto tiende a generar fuertes emociones, tanto en los que están a favor como en los que están en contra. Sin embargo, las cuestiones éticas no pueden decidirse en base a argumentos emocionales, ni tampoco por consenso. Lo que debe debatirse es la naturaleza del embrión en gestación. Ése es el centro de esta cuestión. Por ello, vale la pena que hoy tomemos un tiempo para considerar el enfoque yahvista sobre el asunto, y de esa manera lograr una cosmovisión desde la fe de Abraham, Isaac y Jacob.

El Valor de la Vida.

Antes de sumergirme en el desafío de dicha tarea de fe, conviene hacer un racconto muy sintético acerca de la cosmovisión primigenia de la humanidad ante este tema. Comenzaré diciendo que la mayoría de los sistemas religiosos y legales en las culturas antiguas se oponían a inducir el aborto. De esta manera, encontramos evidencias documentadas de que tanto los asirios, como los hindúes y así como el antiguo Egipto, entre otros, se oponían a inducir el aborto. Así mismo, entre los antiguos griegos había diversas opiniones. En contraste, los romanos prohibieron el aborto y establecieron severos castigos para quienes lo realizaran.

Una actitud negativa hacia la inducción del aborto es también evidente en la mayor parte de los juramentos médicos conocidos. Incluso si la actitud negativa no está explícita, queda implícita como parte de la conducta ética general de los médicos. El famoso Juramento Hipocrático afirma:

“Nunca le daré una pócima a una mujer ni utilizaré ningún instrumento para inducir un aborto”; aunque otras escuelas griegas de medicina no se oponían al aborto…»

Ahora sí, metiéndonos de lleno en nuestra herencia espiritual (la emunah -Fe-), debo confesar que nuestra certeza en los códigos de la Luz concibe a la vida como un don de la divinidad misma, por lo que debe ser apreciado y valorado sin importar su dimensión temporal. Esa gracia divina tiene un valor intrínseco e infinito. Es por ello que siendo un regalo sagrado no está en el dominio de los hombres decidir su suerte. Este paradigma estaba bien arraigado en aquellos discípulos de Yeshúa que proclamaban el Reino de Dios a las naciones:

“…pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas…

Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos”

(Hechos 17:25, 28)

Sus profetas llamaban constantemente a los israelitas a no olvidar esta verdad, tal como el mensaje de Ezequiel lo anunciaba:

“He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía.”

(Ezequiel 18:4)

El rey David, como salmista experto en lo profético, hacia cantar a Israel así:

 “De Yahvéh es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan”.

(Salmo 24:1)

Así mismo, el mismo salmista aseguraba en otro salmo que a los ojos del Eterno, la vida, y primordialmente la vida humana, es sagrada:

«Porque en ti está la fuente de la vida; en tu luz vemos la luz.»

(Salmo 36:9)

También lo es la vida de la criatura que está en el vientre de su madre, el lugar que Yahvéh, como Creador diseñó para que los bebés estén protegidos durante su formación. El rey David, como profeta entendido en los códigos lumínicos del propósito eterno le cantó a Yahvéh:

“Porque Tú formaste mis entrañas;
Me hiciste en el seno de mi madre...

Tus ojos vieron mi embrión,
Y en Tu Libro se escribieron todos
Los días que me fueron dados,
Cuando no existía ni uno solo de ellos.”

(Salmo 139:13, 16)

Enfocado en esta cosmovisión, Job, el varón de fe, discípulo del Eterno en la «Escuela del Dolor», llegó a expresar desde su sabias reflexiones:

«¡El mismo Dios nos dio vida en el vientre!
¡A ellos y a mí nos dio forma en la matriz!»

(Job 31: 15)

Con su mente lleno de esta verdad, el profeta Jeremías hace notar a sus oyentes el tierno interés que el Eterno siente por esa delicada vida que crece en la matriz:

«Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré, te puse por profeta a las naciones.»

(Jeremías 1:5)

La vida, según lo que revela la Instrucción divina resulta un bien indisponible a los seres humanos. Es por ello que nuestro bagaje cultural no permite el suicidio ni avala el asesinato piadoso (eutanasia). Ejemplo de ello lo tenemos cuando el rey David condenó al soldado que terminó con la vida del rey Saúl, que había intentado suicidarse y no lo logró, (dice el relato que cuando Saúl agonizando de dolor le pidió a su asistente que terminara con su vida). Se desprende de la condena de David que era considerado un delito al asesinar a alguien, aunque estaba sufriendo y agonizando y a punto de morir.

Así mismo, considerando esta cosmovisión yahvista la Instrucción (Torah) divina se opone al aborto ya que es contrario al desarrollo natural de las cosas. Se trata de un acto espiritual y físicamente dañino, que siguiendo los designios de la vida no debería realizarse.

Debemos saber, que el proceso de la concepción y embarazo corresponden en la revelación divina a los Tres Mundos Inferiores («Tres Cielos» u Olamot), tal como lo revela el profeta Isaías (43:7). La concepción corresponde al mundo de la Creación (Briah), el período de 40 días desde la concepción corresponde al mundo de Formación (Yetzirah) y el nacimiento que tiene lugar luego del período subsecuente corresponde al mundo de la Acción (Asiah).

Desde sus comienzos las Sagradas Escrituras se refieren a estos tres momentos del embarazo: el momento de la concepción, de la formación y del nacimiento, que es el del completo desarrollo del feto en el útero. En hebreo este momento es llamado Asiah, también significa el “ser completo”. El feto está completo y ahora puede nacer al mundo y continuar creciendo. Así y según la Torah, la vida es un proceso que va adquiriendo con el tiempo mayor relevancia hasta considerarse una vida humana en plenitud mesiánica.

Por encima de estos tres mundos está la unión del padre y de la madre que corresponde al mundo de Atzilut, que es el nivel de la Conciencia Divina, total y absoluta unidad. Este da nacimiento a los tres mundos inferiores. La unión expresa la unión Divina. Si la semilla es concebida apropiadamente entonces tiene lugar el proceso Divino de procreación. Está absolutamente prohibido destruir este proceso divino que realmente comienza desde el momento de la concepción. Este es el secreto de la creación, como si fuera, ex-nihilo.

En suma, desde nuestra perspectiva de fe, vivir es una responsabilidad frente a Yahvéh, pero también con la sociedad, por cuanto todos estamos aquí como parte de un diseño en el que el amor al prójimo se expresa en poner a disposición las fuerzas propias al servicio del otro, a fin de que ese otro logre llegar a la plenitud de su propósito sin obstáculo alguno.

La Instrucción Divina para Proteger la Vida.

La emunah, como don celestial, nos permite aceptar que lo que Yahvéh piensa sobre la vida de un bebé no nacido se refleja, por un lado, en la Torah y por otro, en nuestra propia conciencia. Ahora bien, vamos a repasar las principales fuentes en la Torah que se señalan al aborto como un anti-diseño. Tres pasajes de la Torah se relacionan específicamente con el aborto.

La primera fuente es entendida por el Talmud como una prohibición del aborto para quienes cumplen las leyes de Noaj, lo cual luego es extendido por el Talmud aplicándose también para los hebreos, hijos de Abraham, que están bajo la Alianza divina. Antes de seguir, debemos recordar que las leyes de Noaj son la prohibición respecto a la práctica de la idolatría, el asesinato, el robo, las relaciones sexuales prohibidas, la blasfemia,  y el precepto positivo de establecer cortes de justicia para hacer cumplir las leyes, aún ejecutando la pena capital como castigo.

«El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.»

(Génesis 9:6)

Tanto el Talmud, como una gran cantidad de exégetas expertos en el hebreo, explican que este versículo se refiere al aborto:

«Fue dicho en nombre de Rabi Ishmael:

Un hijo de Noaj debe ser condenado a muerte incluso por matar a un feto.

¿Cuál es la fuente de Rabi Ishmael?

Porque está escrito:

“Al que derrame sangre humana por el hombre se derramará su propia sangre” [si lo leemos literalmente: el que derrama sangre de una persona dentro de otra persona, etc.].” (Bereshit 9:6).

¿Qué persona está dentro de otra persona?

Esto se refiere al feto en el útero de la madre.»

[Talmud Bavli (Talmud de Babilonia), Sanhedrín 57b]
La segunda fuente de la Torah prohibiendo el aborto es la prohibición general de matar en el Decálogo (mal llamado «Diez Mandamientos» por la teología cristiana):

«No matarás.» 

(Éxodo 20:13)

En verdad la expresión «Lo tirtzaj» debe ser traducida: «No asesinarás». Ahora bien, ¿qué quiere decir el Eterno con esa frase? Entender esto es vital para poder comprender y apreciar el verdadero enfoque de la moralidad de la Torah.

En hebreo, la palabra que hace referencia a “matar” es “harigá”, que es un verbo completamente diferente. Hay un mundo de significados en esta elección de palabras. Cualquier diccionario nos informa las diferencias entre el asesinato y la muerte. Aunque el final para el difunto sea similar, las intenciones, motivos, modos, del perpetrador son diferentes sea si es matador o asesino.

Considerando esto así, entendemos que en la cosmovisión del Señor, asesinato, es tomar la vida de un ser inocente, y es un acto prohibido siempre. Sin embargo, matar, es tomar cualquier vida, que a veces es permitido y hasta podría llegar a ser una obligación. Por ello, en las Sagradas Escrituras existen situaciones en las cuales está permitido, e incluso puede resultar imperativo matar:

  • Aplicación de pena capital tras juicio justo, apelaciones, defensas, etc., en los casos extremos que era acorde a la ley su ejecución.
  • En defensa propia ante agresiones que pueden ser mortales.
  • Similar a la anterior pero en resguardo de la vida inocente ajena.

De lo anterior se deduce que matar en la guerra es un acto necesario, cuando lo fuera, aunque no deseable. Ejemplo escritural de esto lo encontramos en las guerras de Yehoshúa (Josué) que fueron parte de la estrategia divina para que los israelitas pudieran re-establecerse en las tierras que les fueron dispensadas por Yahvéh a Abraham, Itzjak y Yaakov. Estas guerras, dolorosas por cierto, son comprensibles con ese sentido. Y sus muertes, son parte de lo despreciable que tienen las guerras. Por causa de esta cosmovisión el ejército israelí se llama Tzvá Haganá LeIsrael que traducido es: Ejército de DEFENSA de Israel.

En cambio, asesinar, en todas su formas está prohibido por el Eterno. Esto incluye:

  • Crimen (ese al que la TV nos tiene tan lamentablemente habituados)
  • Eutanasia
  • Suicidio
  • Aborto (cuando no cuenta con consentimiento legal/médico)

La tercera fuente de la Torah que se refiere al aborto es en un caso en el cual hay dos personas que se encuentran en un combate mortal. La mujer embarazada de uno de los combatientes entra en la lucha para salvar a su marido. Accidentalmente, un golpe mortal dirigido al hombre, llega a la mujer, matándola a ella o al niño que está en su vientre. La Torah dice que en ambas instancias la ley es la siguiente:

«Y si algunos hombres luchan entre sí y golpean a una mujer encinta, y ella aborta, sin haber otro daño, ciertamente el culpable será multado según lo que el esposo de la mujer demande de él; y pagará según lo que los jueces decidan. Pero si hubiera algún otro daño, entonces pondrás como castigo, vida por vida,…»

(Éxodo 21:22, 23)

Esta es la ley que se aplicaba cuando dos hombres luchaban y accidentalmente se dañaba a una mujer embarazada, provocándole un aborto. Si no hay un daño fatal a la mujer, entonces la parte culpable debía pagar una pena monetaria. El esposo de la mujer debe efectuar la demanda, y la cantidad que se deberá pagar es determinada por las cortes. Los jueces primero tenían que evaluar las intenciones y circunstancias de cada caso. Sin embargo, si ocurría un daño fatal a la mujer, entonces debía pagar una compensación completa por su vida es decir, que era condenado a la pena capital. Así pues, el asesino pagaba la vida de la criatura con la suya propia (Números 35:22-24, 31).

Sin duda alguna, la Instrucción nos revela que la vida humana prenatal es un magnífico don de Yahvéh. El ideal del Eterno para los seres humanos establece la santidad de la vida humana, a imagen de Dios, y exige respeto por la vida prenatal. No obstante, las decisiones acerca de la vida deben ser tomadas en el contexto de un mundo caído. El aborto nunca es un acto de pequeñas consecuencias morales. De esta manera la vida prenatal no debe ser destruida irreflexivamente. El aborto debería ser practicado únicamente por razones muy serias.

Valorando la Vida en Potencia.

Para ir encontrando una conclusión a un tema tan extenso y profundo, diré que el término hebreo que se utiliza para hablar del aborto es hapalá  (הפלה) que proviene del verbo caer. Es decir, que en la mentalidad hebrea, el aborto es la caída de una vida potencial. Por otro lugar es importante destacar la importancia que la mentalidad hebrea de Israel le otorga a la procreación. El traer vida al mundo y poblar la tierra es el primer precepto que le es comandado al ser humano. Bajo estas consideraciones, se entiende que cuando un espermatozoide fecunda un óvulo, la Torah considera su desintegración un delito en la fase que sea, cuando no hay ninguna razón lógica para efectuarlo. Un aborto representa la devaluación de la vida, ya que el varón y la mujer, al tomar una decisión que compete al Juez Supremo, trascienden su rol como humanos e interfieren en el designio divino. En ese sentido, el aborto para la Instrucción (Torah) divina es un delito que atenta contra uno de los más santos mandamientos de la humanidad que es la procreación, y así es parangonable a un homicidio.

Ahora bien, alguien cuestionará: ¿qué se puede decir de una niña que concibe un hijo sin estar casada y carece de toda preparación para ser madre? ¿Debería permitírsele traer un niño al mundo? Los sentimientos de Yahvéh por la criatura no cambian solo porque su madre haya obrado de una manera insensata e inmoral. El nacimiento del niño puede ayudar a la madre a darse cuenta de los resultados naturales de su inmoralidad y grabar en ella la sabiduría de la Instrucción (Torah) divina. Eliminar la consecuencia de su acto sexual ilícito puede dejar en ella un profundo sentimiento de culpa o tal vez alentarla a cometer más actos de inmoralidad.

Si no hay un padre con quien compartir la carga, criar un hijo no será fácil. No obstante, una estrecha relación con nuestro Padre celestial puede proporcionar a la madre la fuerza, el apoyo y la guía morales y emocionales para hacerlo. Además, Dios también ha provisto la congregación cristiana para ayudar a aligerar la carga de las madres solteras.

Entonces otro objetará: ¿y si es un médico quien anuncia que una mujer puede correr poner en peligro su vida si desea llevar a término su embarazo? Pues bien, encontré la opinión del Dr. Alan Guttmacher quien aseguró: “Hoy día, casi toda mujer embarazada puede sobrevivir a su estado de gestación a menos que padezca alguna enfermedad mortal, como el cáncer o la leucemia, y en ese caso, es improbable que el aborto pueda prolongar su vida, y mucho menos salvársela”. También La Enciclopedia Americana dice: “Como la mayoría de las mujeres pueden llevar a término su embarazo aun padeciendo graves problemas médicos, son pocos los abortos que necesitan practicarse para proteger la salud de la madre. La mayoría de los abortos son para evitar tener un hijo”. De modo que esas situaciones extremas se presentan muy pocas veces. Sin embargo, si efectivamente se plantease esa situación en el momento del parto, entonces serían los padres de la criatura quienes deberían decidir entre la vida de la madre o la del niño. Es decisión suya.

Tengamos siempre en cuenta que el médico, según la concepción de la Torah, es un enviado del Eterno para tratar a las personas en sus enfermedades, pero no tiene derecho alguno para usar sus conocimientos con el fin de acortar o quitar la vida. No tiene el médico más autoridad que otro para opinar sobre la vida y la muerte, porque eso es un asunto humano y no biológico. Podría dar un diagnóstico o expresar sus probabilidades, pero nunca puede esa información conllevar al homicidio. Es por ello por lo que el médico no tiene atribuciones para decidir la fatalidad humana.

Fuera de las situaciones límite en las que hay que elegir entre una vida y otra, demás está decir que nuestra fe ve en el nacimiento de cada niño una enorme e induplicable bendición y herencia divina. Por lo tanto, no sólo tenemos la responsabilidad de preocuparnos por la propagación de niños, sino que tenemos la obligación de apoyar una conducta social general que respeta la vida al máximo y que fomenta la natalidad.

Por otra parte, ¿no es natural que el Creador de la vida haya establecido pautas claras con respecto al uso de nuestras facultades reproductivas? A sus ojos, crear una vida que no se tenga la intención de cuidar constituye un pecado semejante al de quitar una vida.

Es indudable que el debate continuará hasta el fin de este sistema. Pero en lo que respecta al Creador de la vida, Yahvéh nuestro Dios, y a los que respetan sus leyes, la cuestión no ofrece la menor duda. La vida es preciosa, es una dádiva celestial que se ha de cuidar y atesorar desde su mismo comienzo.

 

Por último, y antes que abandones esta bitácora te invito a mirar esta imagen, y meditar en la curiosidad que la misma informa… ¡Si te animas deja tu comentario!

 

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El Talento de Re-Escribir el Futuro por Medio de la Fe

Por David Nesher

 

Algunas personas sostienen que hay que mirar menos el pasado y enfocarse en realizar su visión de futuro…

Es verdad que al pasado no lo podemos cambiar, pero sí podemos torcerle el brazo al pesimismo que algunas vivencias pasadas han dejado. Esto lo digo porque sirviendo al alma de muchos seres humanos por medio de la curación de recuerdos, he descubierto que aquellos que han sufrido traumas, tienen una perspectiva desalentadora del futuro que les espera, y esa perspectiva es la causa de sus problemas, no los traumas que sufrieron.  Es más, también me he dado cuenta que quienes se imaginan un futuro con muchos riesgos y pocos escenarios positivos son propensos a la ansiedad, y no al contrario, como normalmente se piensa.

La Instrucción (Torah) divina revela que es necesario interpretar funcionalmente el pasado, y RESCATAR experiencias, aprendizajes y cada una de sus sabidurías implícitas y explícitas para crear una VISIÓN con sólida raíz que reescriba un futuro diferente para el mundo entero, fundamentado en la comprensión vivencial del propósito eterno de Dios en el Mesías.

Lo maravilloso de esta revelación es que significa que uno puede intervenir en el futuro, en lugar de seguir atribuyéndoles al pasado y al presente, sobre los cuales uno no tiene ningún control, un poder desmesurado.

Condiciones Celestiales para Casarse

Por P.A. David Nesher

 

«Luego los oficiales le dirán al ejército:
“Si alguno de ustedes ha construido una casa nueva y no la ha estrenado, que vuelva a su casa, no sea que muera en batalla y otro la estrene.
Y si alguno ha plantado una viña y no ha disfrutado de las uvas, que vuelva a su finca, no sea que muera en batalla y sea otro el que disfrute de ellas.
Y si alguno se ha comprometido con una mujer y no se ha casado, que regrese a su pueblo, no sea que muera en batalla y sea otro el que se case con ella.”

(Deuteronomio 20:5-7)

 

 

Sirviendo por tanto años a jóvenes de mentalidad evangélica protestante, he notado la falta de sabiduría que la mayoría de los varones tienen a la hora de pensarse en pareja, y por ende, en familia. La gran mayoría cae en el mismo «error edomita», amando pues primordialmente el guisado, y desechando la potencialidad de la primogenitura que sus almas tienen. Dicho de otro modo, casi todos los varones con mentalidad greco-romana, comienzan este maravilloso camino del amor perfecto por el final: procuran obsesivamente tener su mujer, y luego, quizás piensen en su destino laboral y económico.

Justamente en estos versículos, la Instrucción (Torah) divina señala que los oficiales tienen aquí la función de tratar y supervisar casos de carácter social, como el hecho de un varón que desea constituir un hogar.

Las tres cosas mencionadas, una casa, una viña y una esposa, representan los momentos más felices de la vida natural del varón en edad de guerra, es decir en edad juvenil apropiada para casarse (mayor de 20 años). Para que un soldado israelita no pierda la oportunidad de disfrutar de estos momentos, no podrá hacer cierto servicio militar mientras esté involucrado en uno de ellos.

Estas tres cosas aparecen aquí en el orden natural. Primero el hombre debe tener casa y trabajo, y luego es apto para casarse. Con este bosquejo la Instrucción (Torah) divina enseña en Su Sabiduría la conducta apropiada que un varón redimido debe ejercer para realmente formar un hogar exitoso: el hombre debe primero construir una casa, luego plantar una viña (obtener un trabajo). Solo entonces puede tomar una esposa.

Cuando el hombre fue creado, Yahvéh le dio primero una casa, el huerto, luego un trabajo, la jardinería (melajá y abodá).Luego, cuando el varón se especializó en eso, le otorgó una mujer como recompensa a dicho esfuerzo ministerial. Si vienen maldiciones sobre una persona, primero es tocada la relación con la mujer, luego la casa y finalmente la vida laboral (cf. Deuteronomio 28:30).  El filósofo judío Maimónides dice en su libro «Mishné Torá»:

“Es costumbre de personas sensatas que el hombre asegure primero un trabajo que lo alimente, luego construya una casa y finalmente despose a una mujer, como está dicho: “haber plantado una viña, construido una casa y luego desposado a una mujer”.

Entendamos que en la cosmovisión hebrea, la novia es presentada en las Escrituras con estos tres términos, casa, viña y mujer.

El rey Salomón, experto en los códigos de Luz Infinita escondida en estos pasukim (versículos) dijo también:

“Prepara primero tus faenas de cultivo (fuera) y ten listos tus campos para la siembra; después de eso, construye después tu casa.”

(Proverbios 24:27)

Aquí queda perfectamente señalado el esquema actitudinal que debe seguir un varón que decide amar a una mujer en espíritu y en verdad. Dicho esquema se sujeta a los siguientes tres lineamientos:

  • “Prepara tus labores fuera”… es decir construye una casa;
  • “…ten listos tus campos”,… es decir planta una viña; genera una empresa
  • “ y construye después tu casa”; es decir toma una mujer por esposa.

Salomón había aprendido estas pautas proféticas especialmente de la vivencia mesiánica de su padre el rey David:

«Y David prosperaba en todas sus empresas, pues el Señor estaba con él.»

(1 Samuel 18:14)

Por todo esto, cualquier varón soltero que está ahora frente a este estudio, debe aceptar que primordialmente es adecuado elegir una ocupación que le proporcione el justo sustento que le permita adquirir el justo recurso con el que luego podrá acceder a la compra del bien primario que una familia necesita: la casa. Luego, asegurarse que su economía se expandirá por medio de proyectarse en una empresa, para así entender que puede tomar sexualmente a la mujer que ha escogido como esposa.

No es sabio casarse primero y luego buscar trabajo y casa. Sólo los varones insensatos inician el camino al revés. Estos, envueltos en una locura lujuriosa, comienzan casándose, luego, si es que lo logran, se compran una casa, para finalmente intentar en sus fuerzas generar un sustento seguro, si es que no terminan sobreviviendo gracias a la caridad sistémica de los subsidios estatales de turno.

Diez Frases para Cultivar la Gratitud

 

Sólo por hoy voy a ver la oportunidad en vez del obstáculo. Sólo por hoy voy a reconocer la bondad en vez de la apatía, la luz en vez de la oscuridad, el amor en vez del odio, la belleza en vez del caos, la bendición en vez de la carencia.

Sólo por hoy, quiero decir gracias. Por la salida del sol y las hojas de otoño. Por el refugio, el agua y la comida. Por mis brazos, mis piernas, mis ojos, mi corazón y por cada respiro que me concedes. Por el regalo de mis hijos. Por la Torá y todas las innumerables bendiciones que trae a mi vida. Por todo esto y por mucho más.

He aquí diez citas que pueden ayudarnos a cultivar la gratitud cada día.

  • “Cambia tu expectativa por valoración y tu mundo cambiará de forma instantánea”. Tony Robbins
  • “Lo mejor que puedes hacer para cambiar tu vida ahora mismo es empezar a estar agradecido por lo que tienes hoy”. Ofra Winfrey
  • “Podemos quejarnos porque los rosales tienen espinas o podemos alegrarnos de que los rosales tienen rosas”. Abraham Lincoln
  • “El agradecimiento tiene una conexión interna con la humildad. Nos ayuda a reconocer que lo que somos y lo que tenemos se debe a otros y, sobre todo, a Dios”. Rav Jonathan Sacks
  • “En medio de cada dificultad está la oportunidad”. Albert Einstein
  • “Reconoce tus regalos y se agradecido con la fuente. Porque si sabes de quién estás recibiendo, siempre puedes volver por más”. Rav Noaj Weinberg, zt”l
  • “Reflexiona sobre tus bendiciones presentes, de las cuales cada hombre tiene bastantes, en vez de sobre tus desagracias pasadas, de las cuales cada hombre tiene algunas”. Charles Dickens
  • “La gratitud también abre tus ojos al ilimitado potencial del universo, mientras que el descontento cierra tus ojos”. Stephen Richards
  • “Para mi cada hora es gracia. Y siento en mi corazón gratitud cada vez que puedo encontrarme con alguien y ver su sonrisa”. Elie Wiesel
  • “Aprende cómo ser feliz con lo que tienes mientras persigues todo lo que deseas”. Jim Rohn

¿De qué estás agradecido sólo por hoy? Si tienes comida en tu refrigerador, ropa en tu espalda, un techo sobre tu cabeza y un lugar para dormir, eres más rico que el 75 por ciento del mundo.

Si te despertaste esta mañana más sano que enfermo, tienes más bendición que el millón de personas que no sobrevivirá esta semana.

Si nunca has experimentado el peligro de la guerra, la agonía de la prisión y la tortura o los horribles espasmos de la hambruna, eres más afortunado que 500 millones de personas que están sufriendo.

Y si puedes leer esto, eres más afortunado que millones de personas en el mundo que no pueden leer.

Hoy es el día para reconocer las increíbles bendiciones en nuestras vidas. Sólo por hoy, detente, mira hacia arriba y ve la maravilla de todo lo que hay a nuestro alrededor y en nuestro interior.

 

 

Autora: Sara Debbie Gutfreund

Ester y sus Cinco Lecciones de Transformación

Imagina que eres una huérfana criada por su tío. Estás completamente sola en este mundo, siempre preguntándote de dónde viniste realmente y si alguna vez sentirás que perteneces a algún lugar.

De repente, te obligan a casarte con un hombre que no te gusta ni respetas. Estás atrapada en un palacio extranjero, donde sólo puedes comer frutas y semillas. No hay nadie con quien puedas hablar y nada que puedas hacer más que preguntarte por cuánto tiempo tendrás que seguir viviendo esa vida que otro escogió para ti.

Esa era la vida de la Reina Ester. Ella podría haber sentido pena por sí misma, pensar que era injusto haber nacido en este mundo sin tener padres. Y cómo, después de todo su sufrimiento, fue forzada a un rol que fácilmente podría haberle quitado su dignidad y su fe. Ella podría haberse dado por vencida. Podría haberse hundido en su propia desesperación. Pero, en cambio, la Reina Ester se convirtió en una heroína. Ella mantuvo su fe y su dignidad. Se rehusó a darse por vencida incluso cuando todo parecía perdido. Ella tomó su trágica historia y la utilizó para transformar su vida.

Aquí hay cinco lecciones de transformación personal que podemos aprender de la vida de Ester:

  1. El obstáculo es el camino.Ester tomó el sufrimiento que experimentó como huérfana y lo utilizó para fortalecerse. Ella sabía lo que era estar sola. Sabía que había superado el dolor de niña y que tenía la resiliencia necesaria para enfrentar nuevos desafíos. Cuando entró al palacio, ella utilizó esos obstáculos de su pasado como peldaños en vez de excusas. Ella escogió usar su dolor en vez de dejar que el mismo la sofocara.
  2. Vive por algo más grande que tú mismo.Mientras más uno busca encontrar la felicidad para sí mismo en este mundo, más esa felicidad parece eludirlo. Esto se debe a que la mayor felicidad la encontramos al darles a otros y al vivir por algo más grande que nuestros propios deseos. Ester podría haber decidido adaptarse a los lujos y los placeres del palacio e ignorar al mundo y al pueblo del otro lado de sus muros. Pero Ester no vivía para sí misma. Ella había crecido en la casa de Mordejai y sabía que tenía la responsabilidad de defender a su pueblo.
  3. Acércate a otros para buscar ayuda.A menudo pensamos que tenemos que forjar nuestros propios caminos sin el apoyo de nadie. Ester era la reina; ella podría haber decido usar sólo sus propios recursos para salvar al pueblo judío. Pero en cambio, decidió pedirle a cada persona de Am Israelque rezaran por ella. Ella necesitaba sus rezos. Ella sabía que, en última instancia, nos elevamos y caemos todos juntos. Ella tuvo la humildad de decir: “necesito su ayuda. Por favor, luchen a mi lado”.
  4. Fe es persistencia.Cuando Ester arriesgó su vida y caminó hacia el rey para suplicar por su nación, sintió que la Presencia Divina comenzaba a abandonarla. Se sintió débil y atemorizada, como que no podía seguir adelante. Pero tener fe no significa sentirnos siempre fuertes y valientes. Fe significa persistir incluso cuando estamos agotados y asustados. Ester no se dio por vencida cuando sintió que no podía continuar. En vez de eso, ella rezó. Ella exigió saber: Dios, Dios ¿por qué me abandonaste? Te necesito. Ella encontró la fe para acercarse, para rogar tener fuerzas y para encontrar una forma de hacer posible lo imposible. Ella siguió adelante, hasta que llegó al rey.
  5. Pelea contra el mal invitándolo al banquete.A menudo no podemos superar nuestros hábitos y deseos destructivos luchando directamente contra ellos. Son demasiado fuertes y demasiado engañosos para batallas frente a frente. Pero podemos engañarlos, tal como lo hizo Ester al invitar a Hamán a un banquete tras otro. Podemos hacerles sentir que son bienvenidos en nuestras vidas y luego darnos vuelta y canalizarlos en herramientas para el bien. Aprovecha el enojo para pelear por la justicia. Aprovecha la belleza para construir un hogar. Aprovecha el placer para conectarte con valores perdurables.

Purim es una oportunidad para transformar nuestros placeres mundanos en alegría espiritual. Nuestras comunidades fragmentadas en una nación unificada. Nuestra desesperanza en redención. Nuestro estancamiento en crecimiento. Sigamos el camino de la reina Ester, superemos los obstáculos y avancemos.

 

Autora: Sara Debbie Gutfreund