Estudios Bíblicos

¡Firmes por el Camino de la Vida!… (Nitzavim y Vaielej)

¡Shalom, amado discípulo y buscador de la Verdad!

Qué gozo me da encontrarnos una vez más en este espacio de instrucción y mistagogía, justo en los umbrales de un tiempo trascendental. Nos encontramos en los días previos a Yom Teruá (el Día de la Aclamación o Fiesta de las Trompetas), esa sagrada coordenada en el tiempo donde el Eterno evalúa los frutos de nuestra dinámica vital y define los diseños para el ciclo que se aproxima.

Y es precisamente aquí donde la sabiduría de la Torah nos sale al encuentro con una maravillosa paradoja lingüística que esconde el secreto de nuestra existencia. Esta semana, la liturgia nos invita a estudiar dos porciones que parecen contradecirse en su raíz misma: Nitzavim y Vayélej.

 Nitzavim significa “parados firmemente” y Vayélej, tiene un significado que marca todo lo contrario “y caminó”. En verdad, el mensaje que resulta de la unión de las dos ideas, nos revela cuál es la intención del Eterno con respecto a la dinámica de vida que Él diseño para Su Pueblo. ¿Cómo experimentar ambas realidades a la vez? Aquí radica la genialidad del diseño de nuestro Creador: Yahvéh no diseñó a Su pueblo para la apatía de la inmovilidad ni para el vagabundeo sin rumbo. Nos hizo peregrinar cuarenta años en el desierto para enseñarnos una gran verdad: la vida es una transición que exige avanzar permanentemente en nuestro desarrollo espiritual, pero con los pies firmemente asentados en la roca de Sus instrucciones (la Torah). Cuando logras este equilibrio, tu caminar adquiere un sentido celestial: avanzas derecho, adelante y hacia arriba.

Moshé entendía esto perfectamente. En el último día de sus ciento veinte años de vida terrenal, convocó a una asamblea extraordinaria. No importaba si eras un líder de tribu o el encargado de cortar la leña; allí no había distinción de clases, riqueza o intelecto. En ese momento, se formalizó un pacto eterno que atravesó el tejido del tiempo. Tus ojos y los míos no estaban físicamente allí, pero nuestras almas sí lo estaban, unidas espiritualmente bajo el mismo compromiso de alcanzar la kedushá (santidad) que nuestro Abba Kadosh anhela entregarnos como herencia.

«Pues este mitzvá (mandamiento) que te ordeno hoy, no está oculta de ti y no está lejos. No está en el cielo, para decir: ‘¿Quién subirá para nosotros al cielo y la tomará para nosotros, y nos la hará entender y la haremos?’. Y tampoco del otro lado del mar está ella, para decir: ‘¿Quién cruzará el mar para nosotros y la tomará para nosotros y nos la hará entender y la haremos?’. Porque esta cosa está muy cercana a ti, en tu boca y en tu corazón, para hacerla.«

(Devarim/Deuteronomio 30:11 – 14)

¿En qué consiste el verdadero arrepentimiento (teshuvá)?

Sin embargo, el Eterno conoce nuestra fragilidad. Sabe que en el camino de la vida podemos tropezar y perder el rumbo. Por eso, en el corazón de Nitzavim, nos regala el mapa de retorno: la Teshuvá.

Moisés, en esta sección (parashá) lo explica perfectamente al pueblo del Eterno:

“ Y vuelvas (teshuvá) a Yahvéh tu Dios, tú y tus hijos, y le obedezcas con todo tu corazón y con toda tu alma conforme a todo lo que yo te ordeno hoy.”

(Deuteronomio 30: 2)

El concepto de volver a Yahvéh es traducido generalmente al español como “arrepentimiento” (teshuvá, תשובה). Notamos que teshuvá es uno de los mensajes más importantes de las Sagradas Escrituras. La teshuvá o regreso es el eje central de la enseñanza de Yeshúa y Su imperativo evangélico. El mensaje de Yeshúa comenzó con esta orden mesiánica:

“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”

(Mateo 4:17; Marcos 1: 14-15).

Todas las líneas amorosas de las Sagradas Escrituras dejan bien claro que el Eterno acepta y recibe el arrepentimiento verdadero. Él no se aparta de un ser humano que pide perdón en el nombre de su Hijo Yeshúa y de todo corazón que se esfuerza por rectificar, reparar su vida, para que la kedushá (santidad) divina lo transforme. Más aún, el Altísimo recibe esa petición y otorga el don del perdón. De este modo, el pecado de dicha persona es limpiado y se borran los registros de culpa que el mismo había originado. De este modo el Eterno quita el pecado del arrepentido, y lo acepta libremente de nuevo en su amor.

La persona que se arrepiente sinceramente con su corazón y alma, y pide perdón en el nombre de Yeshúa se vuelve a conectar inmediatamente con el Padre. Es como si un interruptor de luz se enciende, y donde había oscuridad, la sala arde con luz. Un momento antes, los pecados de la persona se interponían entre él y Yahvéh. En el momento de la teshuvá (arrepentimiento o regreso), la persona se encuentra en la misma presencia de Yahvéh, disfrutando del poder de la kedushá (santidad). ¡El Eterno ama y protege a quien elige la Vida!

¿Quieres saber qué tan poderosa es la verdadera teshuvá? Cuando te vuelves de corazón a Yahvéh, reconociendo tus faltas y esforzándote por reparar y rectificar tu vida en el nombre de Yeshúa, ocurre un milagro inmediato. El Altísimo no solo perdona; Él borra el registro de tu culpa y limpia tu pecado.

Olvídate de la definición religiosa fría que reduce la teshuvá a un remordimiento estéril. La teshuvá es, en su raíz hebrea más pura, un regreso a casa. Es el eje sobre el cual gira toda la instrucción de las Escrituras y el motor del mensaje mesiánico de Yeshúa. Moshé nos lo recuerda con palabras de una cercanía conmovedora: esta instrucción no está oculta en los cielos inaccesibles ni más allá de océanos infranqueables. Está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, lista para que la vivas.

Es como entrar a una habitación en penumbras y presionar el interruptor de luz: en una millonésima de segundo, la oscuridad se disipa por completo y la habitación resplandece. Así es la teshuvá: en el instante en que tu corazón se vuelve con sinceridad, la desconexión se acaba y te encuentras nuevamente rodeado por el abrazo protector y la luz de la kedushá del Padre.

Amado discípulo, en esta semana de preparación, atrévete a presentarte ante el trono de la Gracia. No temas confesar tus errores ni comenzar de nuevo, aunque tengas que hacerlo muchas veces al día. ¡Atrévete a elegir la Vida! Disfruta profundamente de cada decodificación que el Espíritu de Santidad te revele en el estudio de cada aliá en estos días propicios 

¡Atrévete a disfrutar del Amor y la Vida que da nuestro Abba kadosh!

AQUÍ te comparto el video resumen para que puedas sumar a tu corazón los desafíos de nuestro Padre:

Los Tiempos de Prueba Definen lo Mejor de la Vida

«Preséntate al sacerdote que esté a cargo en ese momento y dile:
“Con esta ofrenda reconozco ante el Señor su Dios que he entrado en la tierra que él juró a nuestros antepasados que nos daría”. 
Entonces el sacerdote tomará la canasta de tus manos y la colocará frente al altar del Señor tu Dios.
En la presencia del Señor tu Dios tendrás que decir:
“Mi antepasado Jacob era un arameo errante que fue a vivir como extranjero a Egipto. Su familia era poco numerosa cuando llegó, pero en Egipto creció hasta volverse una nación grande y poderosa. Y los Egipcios nos maltrataron, y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Yahvéh Dios de nuestros padres; y oyó Yahvéh nuestra voz, y vio nuestra aflicción, y nuestro trabajo, y nuestra opresión: Y nos sacó Yahvéh de Egipto con mano fuerte, y con brazo extendido, y con grande espanto, y con señales y con milagros: Y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel. Y ahora, he aquí, he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Yahvéh. Y lo dejarás delante de Yahvéh tu Dios, e inclinarte has delante de Yahvéh tu Dios.»

 

(Deuteronomio 26: 3-10)

 

Después las canastas eran colocadas al lado del altar y se recitaba el texto de . Esta maravillosa confesión de gratitud le hizo recordar al pueblo de Israel el tiempo de Jacob y su familia en la tierra de Canaán, hasta el momento en que la familia fue a Egipto (Mitzraim). Así también se obligaban a recordar la liberación de Egipto y el éxodo hacia la tierra prometida.

De este modo, los hebreos aprendían una y otra vez que Israel pasó unos cuatrocientos años en Egipto. Sin embargo, en el transcurso del propósito eterno de Dios, no fue más que una pequeña temporada. Con esto, queda bien claro que muchas veces caemos en el error de enfocarnos tanto en nuestro tiempo de prueba y miseria que pensamos que esto define toda nuestra vida; Yahvéh vio la experiencia de Israel en Egipto como una pequeña temporada.

También, mediante el rito del Bikurim, y la confesión de fe que allí recitaban, los hebreos se hacían conscientes de la razón principal por la que Yahvéh envió a Jacob y a su familia por una pequeña temporada a Egipto. Cuando vivieron en Canaán, existía un gran riesgo de que la familia se integrara a los pueblos malvados y paganos de su alrededor (como lo vemos en el libro de Bereshit). Para prevenir esto, y para permitir que el pueblo creciera, Yahvéh envió a Jacob y sus hijos a Egipto, el cual tenía una sociedad muy racista y excluyente, por lo tanto, no interactuaría con Israel. Gracias a esto, ellos irían siendo “ pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa.»

Por todo esto, esta entrega inicial de las primicias cuando Israel llegó a la Tierra Prometida era la manera apropiada de decir “gracias” al Señor. Esta entrega, y cualquier cosa que damos con el corazón correcto, es una manera apropiada de adorar delante de Yahvéh tu Dios. Por esta razón era que las cosas que había en las canastas eran comidas sólo por los sacerdotes.

Primicias Productoras de Gratitud y Providencia

“Cuando hayas entrado en la tierra que YHVH tu Dios te da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites, entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que YHVH tu Dios te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar que YHVH tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre. Y te presentarás al sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: Declaro hoy a YHVH tu Dios, que he entrado en la tierra que juró YHVH a nuestros padres que nos daría. Y el sacerdote tomará la canasta de tu mano, y la pondrá delante del altar de YHVH tu Dios.»

(Deuteronomio 26: 1-4)

La tierra prometida estaba allí, frente a sus ojos, justamente al cruzar el Río Jordán. Muchos obstáculos habían también delante de esta comisión, tales como el aumento del río Jordán por las inundaciones de primavera, y los fuertes ejércitos de los cananeos, aun así el Eterno les aseguró que entrarían en la tierra.

Ya hemos estudiado en el libro de Bamidbar (Números 18:12) acerca de las primicias que deben ser entregadas regularmente al sacerdote, pero las primicias descritas en esta aliyá son una ofrenda especial obtenida de la primera cosecha en la tierra prometida.

Esta ofrenda también es mencionada en Éxodo 23:19 y 34:26, donde está escrito:

“Traerás lo primero (reshít) de las primicias (bicurim) de tu tierra a la casa de Yahvéh tu Dios…” (v. 2)

La palabra hebrea que ha sido traducida como “primicias” es reshit, y aparece en todos los tres textos. La palabra bicurim, “primicias” no aparece en el texto de Deuteronomio, sólo reshít, “lo primero”. Aun así, esta ofrenda es llamada bicurim.

En la ofrenda de bicurim se da del fruto de la tierra de Israel y, específicamente de las siete especies (minim) mencionadas en Deuteronomio (8:8).

Dar las primicias obviamente honraba a Yahvéh, porque daba al Señor la primera porción, antes de usar cualquier parte para sí mismo.

La expresión miel no se refiere a la miel de abeja sino a la obtenida de los dátiles. En la tierra de Israel, no se entrega una ofrenda de bicurim de otras especies. El propósito de entregar los primeros frutos, que son los que más se aprecian, es mostrarle al Eterno que Él es el primero en nuestras vidas.

Cuando los primeros frutos empezaron a brotar eran marcados con un hilo rojo. De esta manera el agricultor sabía a ciencia cierta cuál era la primicia de sus frutos.

En el tiempo del Templo de Yerushalayim (Jerusalén) era maravilloso ver llegar familias enteras junto con otras personas de la misma ciudad. Iban caminando con sus canastas cargadas de las siete especies detrás de un toro cuyos cuernos fueron cubiertos de oro, y había sido enyugado con una guirnalda de ramas de olivo alrededor del cuello. El toro era sacrificado como ofrenda de paz.

Al acercarse a Yerushalayim la gente salía a recibirlos con gritos de alegría y con toque de flautas.

Los levitas cantaban el Salmo 30 (que es una referencia a la resurrección del Mesías, la cual es simbolizada en las primicias o bicurim).

Al llegar al monte del templo colocaban las canastas sobre los hombros para entrar en el atrio en esa posición física.

Los sacerdotes, junto con el jefe de familia, colocaban luego su mano debajo de cada canasta y juntos la mecían (tenufá) en todas las direcciones, para mostrar así que es una pertenencia del Eterno, y por lo tanto los cuatro puntos cardinales estaban sometidos a Su bendita Voluntad de bendecir y prosperar a Israel, su hijo primogénito.

BIKURIM: La Evidencia de que NO soy un INGRATO

“Vendrás al kohen que esté en esos días y le dirás: ‘Declaro hoy a Yahvéh, tu Dios, que he entrado a la Tierra que el Eterno juró darnos.”
(26:3)

Al hacer esta declaración, cada israelita, estaba diciendo es:
“Yahvéh, reconozco que me diste esta Tierra y el regalo de todos estos frutos abundantes”.

Pero eso no es todo. En las palabras hebreas “veamartá elav” traducidas aquí: ‘y le dirás’, el sabio Rashí explica que al llevar los bikurim, con esa actitud y con esta declaración se le informaba al kohen que tanto el que ofrendaba, como cada integrante de su familia, no era un kafuf tov, es decir, un ‘ingrato’.

¿Por qué debes decirle eso al kohen? ¿No alcanza con no ser kafuf tov? No, debes articularlo y decirlo en voz alta. Él habla es un puente entre lo interno y lo externo. Hablar de algo concretiza tus pensamientos y los hace reales. Por eso en el Beit HaMikdash (Santo Templo) ante la presencia de Dios, cada israelita le decía al kohen de turno que el Eterno le había dado regalos sin ninguna condición. Debía mirar al kohen a los ojos y convencerlo de que realmente sentía gratitud. El sacerdote discernía en la mirada del israelita si era sincero o no, si estaba lleno de alegría y pensaba que la vida es hermosa, o no. El hecho de decirlo en voz alta permitía que el alma de cada hijo de Israel se discierna a sí misma en dónde se encuentraba en la emunáh (fe).

Con esto descubrimos que la Torah enfatiza que la gratitud es la base de toda relación amorosa, incluyendo nuestra relación con Yahvéh, y es el primer paso para aprovechar el poder del mes de Elul de aní ledodí vedodí li.

Con este ritual, cada hebreo confirmaban su fe de que la tierra de Israel y su producción pertenecen a Yahvéh, quien es el único Amo (Señor) de todo lo existente. Entonces surgía la gratitud por la abundancia que se disfrutaba, mediante esto las dimensiones celestiales eran movilizadas a manifestar mayores acciones de Su Providencia, ya que cada hebreo demostraba en estos ritos que su vida depende solamente de Yahvéh, la Fuente de todo ser humano.

¿Que Rol cumple el Divorcio en la Voluntad del Eterno?

Por P.A. David Nesher

 

«Cuando alguno toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable en ella, y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, y ella sale de su casa y llega a ser mujer de otro hombre; si el segundo marido la aborrece y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, o si muere este último marido que la tomó para ser su mujer, al primer marido que la despidió no le es permitido tomarla nuevamente como mujer, porque ha sido menospreciada; pues eso es abominación ante Yahvéh. No traerás pecado sobre la tierra que Yahvéh tu Dios te da por heredad.”

(Devarim/Deuteronomio 24:1-4)

En la mentalidad general del diseño original, la Torah revela que Yahvéh considera al matrimonio como una unión de alianza amorosa para toda la vida. Una unión que manifiesta físicamente el misterio de Su Unidad (Ejad) y que, por lo tanto, solo termina cuando muere uno de los cónyuges (1 Corintios 7:39). Entonces, y dado que se trata de una institución sagrada, una vasija de Luz totalmente celestial, los hijos primogénitos no deberíamos tomar a la ligera la idea de disolverla.

La Torah revela que un matrimonio israelita sólo era válido si se hacía bajo la denominada jupáh (símbolo del respaldo celestial), y con la firma de la ketubáh (documento legal de alianza matrimonial) que era la representación de lo civil.

Estudiando este texto nos damos cuenta que el divorcio era permitido en Israel, pero cuidadosamente regulado por autoridades espirituales expertos en justicia divina. Solamente una autoridad espiritual puede dictaminar un divorcio, y por motivos graves, ya que el matrimonio en la cosmovisión yahvista es un compromiso sagrado e inviolable, pero a causa de la naturaleza caída del ser humano, no indisoluble.

Así pues, bajo la Torah de Yahvéh, el matrimonio no se puede simplemente disolver en cuanto uno de los cónyuges quiera hacerlo; debe de haber una causa para extender un guet (o carta de divorcio). Es decir que la despedida de una mujer tiene que ser por un acto oficial de entrega de esa guet ( גט). Con este documento se le devuelve a la mujer el estatus de no casada y, por lo tanto, la dignidad y el derecho a casarse de nuevo con otro. Esta carta de divorcio es precisamente el documento oficial y legal que da el derecho a la mujer de casarse de nuevo. Sin un guet, sería una adúltera si se uniera a otro hombre.

Mediante esta legislación, en la mentalidad hebrea, el divorcio nunca se veía como una opción preferida o fácil. La palabra hebrea traducida como divorcio tiene en su raíz la idea de “separar por medio de un corte”, y transmitía la imagen de la amputación que sufría aquello que es una sola carne. Así cada miembro de Israel consideraba el divorcio como cortar o mutilar a un cuerpo viviente, y dejarlo para siempre inválido.

En el tiempo del Segundo Templo, después de regresar del exilio babilónico y hasta los días de Yeshúa, habían aparecido dos interpretaciones principales de la palabra “reprochable”, en hebreo erváh – ערוה – (palabra que también se traduce como «desnudez«, «desgracia«, «defecto«, «indecencia«, «inmundicia», «confusión«, «vergüenza«, «impureza«, y/o «promiscuidad«); por un lado, se encontraba la interpretación de la casa del maestro Hillel que decía que se puede despedir a una mujer por cualquier cosa que cause molestia en el esposo, incluso si ella fracasa en la cocina. Por el otro lado, la casa del maestro Shamai era más estricta ya que sólo permitía divorcio cuando había un comportamiento sexual indecente en la mujer.

Por eso, al leer el Evangelio de Mateo, nos encontramos con la siguiente historia en la vida de nuestro Mesías:

“Entonces se le acercaron los fariseos, tentándolo y diciéndole:
– ¿Está permitido al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?
Él, respondiendo, les dijo:
– ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, “hombre y mujer los hizo”, y dijo: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó no lo separe el hombre.*
Le dijeron:
– ¿Por qué, pues, mandó Moisés darle carta de divorcio y repudiarla?
Él les dijo:
– Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. Le dijeron sus discípulos: –Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.”

(Mateo 19:3-10 _ RV1995)

Vemos aquí como Yeshúa, nuestro Maestro, en concordancia con este Midrásh, se atrevió a entrar en la discusión que había entre la casa de Hillel y la casa de Shamai dando razón a la interpretación de éste último.

Considerando este relato de la enseñanza de nuestro Maestro, podemos sacar cuatro conclusiones fundamentales de este texto:

1. El divorcio NO pertenece a los lineamientos y pautas del diseño original del Eterno para el ser humano.
2. El divorcio fue permitido por el Eterno, nunca ordenado.
3. El Eterno permitió el divorcio por causa de la «dureza del corazón» del hombre y la mujer.
4. La causa de un divorcio para poder casarse con otra persona no puede ser cualquiera. Sólo puede ocurrir por algo indecente tal como vemos que Yeshúa da sentido a la expresión hebrea “ervat davar”, traducido como fornicación (RV) e infidelidad (LBLA) en Mateo cap. 19 vers. 9.

Desde esto, y continuando con lo que la Torah revela en esta porción, debemos conocer que cuando leemos la expresión ervat davar (que ha sido traducida: «alguna promiscuidad«) nos encontramos con la clave en toda esta discusión. Según la respuesta de Yeshúa, en Mateo cap. 19, vers. 9, un varón no comete adulterio al despedir a su mujer y casarse con otra, si hay en ella una conducta sexual indecente – ervat davar.

Debo contarles que el concepto de ervat davar se encuentra también en el capítulo anterior en esta misma parashá (Deut. 23:14) refiriéndose a los excrementos humanos, que no podían ser vistos por la Presencia del Eterno ni dentro ni fuera del campamento de guerra. Sería algo indecente para la Presencia divina. Por eso, la expresión no puede interpretarse como “cualquier causa” o “cualquier cosa que desagrade al marido”, sino tiene que ver con una desviación sexual, que convierten a la sexualidad como un instrumento que energiza a las fuerzas del Sitrá Ajrá («el Otro Lado»). Luego, en la Septuaginta (Versión de los LXX) la expresión ervat davar fue traducida al griego como porneia – πορνεία –, que significa fornicación, es decir inmoralidad sexual. Lo más interesante de esto, es que en la enseñanza de Yeshúa se está usando esta idea y la misma se aplica tanto a la mujer como al varón que adultera.

Concluyamos pues, que la expresión ervat davar en el capítulo 24 de Devarim (Deuteronomio) no se está refiriendo ni a cualquier conducta desagradable de la mujer, según los caprichos del varón, sino a una desviación sexual de la mujer muy desagradable para el esposo, de la misma manera que los excrementos puestos en el suelo, dentro o cerca del campamento de guerra santo, causarían disgusto a la Presencia divina.

Así que, según la enseñanza de Yeshúa en Mateo capítulo 19, donde explica el texto de Deuteronomio 24, el divorcio está permitido, para las personas con corazones duros, cuando existe algún tipo de comportamiento causado por una perversión sexual muy desagradable en el cónyuge. Él dejó bien explicado que si alguien se divorcia por cualquier causa, que no sea infidelidad, si se vuelve a casar es como si estuviera en adulterio.

«También se dijo:

«Cualquiera que repudie a su mujer, que le dé carta de divorcio.» Pero yo os digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada, comete adulterio.”
(Mateo 5:31-32)

Un divorcio oficial, con la entrega de un documento legal, da el derecho a casarse de nuevo con otra persona. Sin embargo, las pautas proféticas de la Torah revelan que cada divorcio causa lágrimas en el cielo (Mal. 2:13-15).

No obstante, si alguien tiene motivos bíblicos de divorcio (los cuales, de acuerdo con 1 Corintios 7: 15, incluyen abandono por el cónyuge no creyente), ellos ciertamente tienen permiso de divorcio, y el Eterno no se los “sostendrá en su contra” amenos, claro, que Él les haya dicho específicamente que no se divorcie y estarían desobedeciendo la palabra especifica para sus vidas.

Por eso, y teniendo en cuenta el Yugo de Yeshúa, los que han recibido el Espíritu del Mesías por medio del nuevo nacimiento cuentan con una orden más, según lo que está escrito en la primera epístola a los Corintios: “A los casados instruyo, no yo, sino el Señor: que la mujer no debe dejar al marido (pero si lo deja, quédese sin casar, o de lo contrario que se reconcilie con su marido), y que el marido no abandone a su mujer.” (1 Corintios 7:10-11) Reafirmando que en un matrimonio creyente se debe priorizar el servicio de la reconciliación antes de llegar a un divorcio por cualquier causa. Las Sagradas Escrituras dejan bien claro que nuestro Abba odia el divorcio (Malaquías 2:16) y esa reconciliación y perdón deberían ser las marcas de la vida de un creyente heredero de Su Salvación (Lucas 11:4; Efesios 4:32).

Ahora, al terminar este encuentro con tu alma, elevo mi tefiláh (oración de alianza) en intercesión para que nuestro Abba nos dé gracia a fin de que no existan divorcios entre nosotros.

¡Bendiciones en Su Paz!

Una Vida Sin «Excrementos»

Por P.A. David Nesher

 

«Cuando salieres a campaña contra tus enemigos, te guardarás de toda cosa mala. Si hubiere en medio de ti alguno que no fuere limpio, por razón de alguna impureza acontecida de noche, saldrá fuera del campamento, y no entrará en él. Pero al caer la noche se lavará con agua, y cuando se hubiere puesto el sol, podrá entrar en el campamento. Tendrás un lugar fuera del campamento adonde salgas; tendrás también entre tus armas una estaca; y cuando estuvieres allí fuera, cavarás con ella, y luego al volverte cubrirás tu excremento; porque Yahvéh tu Dios anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti; por tanto, tu campamento ha de ser santo, para que él no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de en pos de ti.»

(Devarim/Deuteronomio 23: 9 – 14)

 

Estudiando la parashá de la semana pasada (Shoftim), vimos como el Eterno ordenó que el ejército hebreo estuviera integrado por varones justos (tzadikim) que amaran la Torah (Instrucción) y se mantuvieran en kedushá (santidad). Solamente así, podrían ver el cumplimiento de sus promesas en lo referente a la victoria para cada batalla. El Eterno mora entres sus soldados solamente si estos son santos.

Este texto trata con una situación específica en tiempos de guerra: la conciencia de la Shekiná o Presencia del Eterno en lo cotidiano de la lucha. Los hebreos debían entender que, de acuerdo a las promesas divinas, la Shekiná tiene que estar presente en el ejército de Israel para que este pueda vencer sobre sus enemigos. El paradigma del Reino de Dios que aquí se establece es fuerte: las guerras de Israel dependen de la presencia Divina.

Por eso, para que esta Shekiná pueda manifestarse, el ejército tiene que vivir en un nivel alto de santidad (kedushá). Esta idea incluye la pureza ritual y también física. Por ello, en este caso es mencionado como cosa mala, la impureza ritual causada por el derramamiento seminal y los excrementos dentro del campamento.

”Tendrás también entre tus armas una estaca.”

Yahvéh, con este mandamiento, se aseguraba primeramente la limpieza sanitaria entre el ejército de Israel, necesaria para impedir la contaminación de las aguas y la propagación de enfermedades parasitarias. Con esta profilaxis, nuestro Dios estaba asegurando la fortaleza física en sus filas; cada soldado debía de cargar con un tipo de pala, con la cual pudiera cubrir su excremento.

Lo primero que vemos en este mandamiento es como la Torah se encarga de dar cobertura a todas las áreas de la vida humana, incluso el momento de ir al baño. A nuestro Padre no se le escapa nada. Hay mandamiento incluso para ese momento. Él nos instruye en los detalles más íntimos de nuestra vida para que actuemos siempre de manera correcta y nos da la oportunidad de servirlo por medio de nuestra vida práctica diaria.

Pero, además, debemos saber que este mandato fue dado con un sentido pedagógico totalmente espiritual, para que los soldados hebreos se aseguraran siempre de meditar su conducta en medio del campamento de guerra.

El Eterno compara el excremento (desecho orgánico de los seres vivos) con las cosas inmundas que Él desaprueba y que se mantienen en nuestro interior. Por esto, cada integrante del ejército debía asegurarse de llevar una personalidad limpia, libre de todo pensamiento inmundo, que produzca una intención repudiable. De este modo, con este mandamiento, Yahvéh se aseguraba que cada soldado de Israel ejerciera el dominio propio sobre el yeser hará (inclinación al mal).

Por medio de estos ritos se lograba:

✔ Prevenir irritación los unos con los otros;
✔ Preservar y ejercer la modestia y honestidad natural;
✔ Evitar toda inmundicia moral y física;
✔ y principalmente, habituar a cada soldado a ejercitarse en la mayor reverencia a la Majestad Divina presente en medio de ellos.

Entonces, la enseñanza de ese versículo para nosotros es que debemos meditar en nuestro carácter y temperamento para evitar lo desagradable, aprendiendo a sepultar todo lo que es detestable para Yahvéh. Así determinarnos a no seguir eso malo que abandonamos al circuncidarnos en nuestro corazón.

Este mandato nos recalca de no salir a pelear nuestras batallas con pecado oculto en nuestro interior, aún no eliminado y enterrado. El Eterno quiere que nos aseguremos que el enemigo no tenga argumento para derrotarnos, es decir, que no exista en nosotros pecado que no haya sido declarado, perdonado y enterrado en el fondo del mar (Miqueas 7: 19). Es necesario que estemos limpios de toda acusación, de todo lo que el enemigo pueda usar en nuestra contra. Es muy importante que llevemos todo aquello que hemos hecho mal, al Eterno pidiéndole que nos libre de todo pecado escondido en nuestra interioridad.

Entendamos que para que Yahvéh pueda liberarnos de los peligros, tenemos que vivir vidas intachables, no alcanzables para Satanás.

La santidad es la mejor defensa que tenemos tal y como lo expresa el salmista: “…la santidad conviene a tu casa…” (Salmo 93: 5). Por lo tanto, conviene usarla como energía divina que purifica y promociona.

La maldad abre brecha en la defensa espiritual que rodea a los justos. Por lo tanto, cuando hay luchas en nuestras vidas, tenemos que cuidarnos de una manera especial para que el enemigo no tenga motivos para acusarnos y dañarnos. Si permitimos el mal entre nosotros no vamos a poder vencer en los enfrentamientos con nuestros enemigos, ni los visibles ni los invisibles. Por ello, las comunidades primigenias de discípulos mantenían viva en sus mentes la idea de estar participando de una guerra espiritual cotidiana:

“Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales.”

(Efesios 6:12)

Amados discípulos de Yeshúa, los exhorto a que vivamos de manera limpia y pura ante el Eterno siempre para así ganar todas las batallas.

Shavuá Tov!

«Shiluaj Haken»: Un Mandamiento Sencillo lleno de «Buenos Futuros»

Por P.A. David Nesher

 

 

«“Si por casualidad encuentras en tu camino un nido de pájaro, ya sea en un árbol o en la tierra, con pichones o huevos, entonces, si la madre está recostada sobre los pichones o los huevos, no tomes a la madre junto con ellos. Ahuyenta primero a la madre y sólo luego toma los pichones o los huevos para ti. Así te irá bien y se prolongarán tus días.»

 

(Devarim/Deuteronomio 22: 6)

 

Encontrarse con un nido de pájaros, y determinar mi futuro. Suena extraño, pero así lo ha determinado Yahvéh. «¿Cómo es esto?«, seguramente estarás preguntándote. Pues bien, yo descubrí esto sumergiéndome en los códigos lumínicos de la Torah. Todo ocurrió cuando un discípulo del Grupo de Whatsapp (“La Bendición Torah”) me solicitó que explicara este “extraño” y a la vez sencillo mandamiento que nuestro Abba da a Israel. Discerní que muchos de ustedes albergarían la misma inquietud, con respecto a la significación esencial de este mandamiento divino. Por eso, decidí escribir esta bitácora.

Comenzaré mencionando la triste realidad que surge revelada de este mandamiento: la crueldad del ser humano le acorta los días de su vida.

Desde esto, les comento que a este mandamiento (mitzvá) se lo conoce con el nombre de Shiluaj Haken (lit. “el envío del nido”), porque tiene como imperativo mandar lejos del nido a la madre antes de tomar sus huevos o pichones. El dato curioso es que este mitzvá es considerado como el más fácil de la Torah.

Por otro lado, podemos ver que la recompensa que Abba nuestro promete por este mitzvá es larga vida (arijut yamim), es decir la longevidad. El único otro mitzvá positivo que la Torah especifica su recompensa en larga vida, es honrar a los padres (Kibbud Av VaEm), el cual, paradógicamente, es considerado el mitzvá más difícil de toda la Torah. Cabe rescatar aquí, que del hecho deque el mitzvá más fácil y el más difícil reciben la misma recompensa, nos conduce a comprender que no podemos clasificar los Mitzvot (mandamientos) del Señor, y debemos hacerlos cuando la oportunidad se presenta.

Leyendo el mitzvá Shiluaj Haken, a primera vista parecería que la razón del mismo es hacer comprender que no debemos exhibir crueldad con los pájaros o cualquier otra de las creaciones del Eterno. Por eso sería que Él nos manda ahuyentar a la madre para que no vea a sus polluelos tomados de ella, lo que le produce una gran agonía y dolor. Sin embargo, nos encontramos con fuentes en la Torah que parecen indicar que esta mitzvá no es sólo acerca de la compasión con aves u otros animales. Sabemos que el principal propósito y objetivo de los mitzvot (mandamientos) es inculcar en nosotros los buenos rasgos y valores del carácter sacerdotal mesiánico, por lo que podemos emular al Eterno y acercarnos más a Él. ¡Nuestro amado Abba nos dio mandamientos con la única razón de perfeccionar nuestros rasgos de carácter, por medio de su observancia, y así asemejarnos a Su Hijo, Yeshúa!

Entonces, meditando más profundamente en el mitzvá Shiluaj Haken se nos revela que en verdad, Yahvéh decretó que enviáramos fuera a la madre antes de tomar sus crías, para inculcar en nosotros el rasgo fundamental de la compasión hacia el prójimo. Si actuamos con crueldad con los pájaros y los animales, vamos a terminar haciendo lo mismo con los seres humanos que nos rodean.

¿Cuál será el motivo de este accionar cuando uno se encuentra frente a la madre y sus crías? Distintos sabios exégetas hebreos explicaron el motivo de esta ley, entre ellos, existe un famoso debate entre Maimónides (Rambam) y Najmánides (Rambán) al respecto.

Maimónides incluye esta ley dentro de un valor muy conocido que es el de evitar “Tzaar Baalei Jaim”, que significa evitar dolor en los seres vivientes, refiriéndose especialmente a los animales. Desde esta perspectiva, descubrimos que hay muchos preceptos que pueden asociarse con este principio como por ejemplos: “Y un animal vacuno u ovino, a él y a su cría no habréis de degollar en un mismo día” (Vayikrá/Levítico 22: 28). También se incluyen aquí las leyes denominadas Shjitá, las cuales se rigen por la idea de que se puede matar al animal para comerlo, pero hacerlo de la manera menos dolorosa para éste. En este sentido, el motivo del mandamiento de Shiluaj Haken es evitar sufrimiento en la madre al ver que se llevan a sus crías. Si de todas maneras hay que hacerlo, mejor realizarlo de la manera menos dolorosa.

Najmánides difiere con el exegeta anterior y sostiene que esta ley tiene como objetivo educarnos a nosotros como personas benevolentes. Personas piadosas, compasivas y misericordiosas con el mundo que nos rodea. Sería una técnica educativa para alejar de nosotros actitudes crueles e interiorizar conductas piadosas.

Maimónides pone el énfasis en el animal, en evitarle dolor o que sufra lo menos posible, en cambio, Najmánides, en los seres humanos. Él explica que este mitzvá nos ayuda a perfeccionarnos para erradicar toda crueldad que anidamos en nuestro corazón. Ya que los mitzvot (mandamientos) nos fueron dados para nuestro bienestar. Yahvéh no se beneficia cuando las hacemos, somos nosotros quienes a través de ellos purificamos nuestras almas y mejoramos el mundo. El objetivo, por lo tanto, no es ser piadosos con los animales sino enseñarnos a ejercer todo el tiempo buenas cualidades para reparar nuestro entorno y así transformarlo en su presente para asegurarle un mejor destino.

Al considerar estas dos sabias exégesis, bien podríamos pensar que cuando se cumple este mitzvá hacemos ambas cosas a la vez, es decir, ayudamos a evitarle sufrimiento al animal, y por otro lado, nos ayuda a nosotros a ser mejores personas, más piadosas y compasivas con nuestro entorno, y particularmente con nuestro prójimo.

Teniendo en cuenta lo que hasta aquí he explicado, necesito que recordemos que una cualidad muy valorada por el Eterno en la vida de sus hijos es que sean “rajmanim”, es decir piadosos o misericordiosos con el mundo que los rodea. Justamente ésta es la virtud que más se necesita en nuestros días. Son millones de seres humanos que claman a los Cielos por misericordia manifestada en los vínculos humanos. Vivimos en una época en que la tecnología y los medios de comunicación han avanzado a tal punto que podemos, entre otras cosas, llegar a ver diariamente cientos de imágenes con contenidos violentos tanto reales como de ciencia ficción. Décadas atrás no existía el poder estar sentado cómodamente en la casa mirando una guerra, un asalto y tantos crímenes en diferentes partes del mundo. Quizás sucedían igual que ahora, pero era imposible ver las imágenes como si uno estuviera en el lugar del hecho.

El sistema reptiliano ha logrado exponernos diariamente a situaciones de violencia e inseguridad, y el peligro de esto es que nos estemos acostumbrando. Nos estamos adormeciendo a tal punto que confundimos una película con la realidad y todo lo veamos al mismo nivel.  Periodistas y empresas, obsecuentes de la élite imperante, se ocupan de los medios de comunicación sabiendo muy bien que uno de los temas que más se vende son aquellos en que hay sangre, violencia y armas. Por supuesto que es una gran ventaja estar informado y que exista la tecnología que tenemos, pero creo que lo que no debemos es perder la capacidad de ser sensibles a lo que ocurre alrededor nuestro. Es importante que nos sintamos conmovidos por el dolor ajeno y podamos actuar al respecto manifestando empatía benevolente. Por ello, es que Yahvéh quiere que Su gente sea misericordiosa. Con el mitzvá Shiluaj Haken, el Eterno nos capacita en el hecho que si nosotros aprendernos a ser sensibles a los sentimientos de un pájaro, entonces ciertamente nos vamos a ocupar empática y solidariamente por nuestro prójimo. Practicar el Shiluaj Hakén nos educa para ser personas piadosas y compasivas, que sepan también sensibilizarse por las imágenes trágicas y violentas que vemos y busquemos maneras de hacer algo para revertir el sufrimiento de nuestro prójimo.

Con este mitzvá la Torah quiere enseñarnos el valor de la conservación de las especies. Así, por medio de este mandamiento el Eterno decodifica el lineamiento de Luz acerca de la responsabilidad que ha entregado al ser humano de velar por el futuro próspero de todos los seres vivientes del planeta. Es bien conocido el dicho hebreo: “quien salva a un hombre, salva a la humanidad toda”. Y esto lo es por el valor intrínseco de cada uno de nosotros y por lo que representamos. Como dijera el filósofo español Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mis circunstancias”. Por lo tanto, yo soy yo, y todos mis futuros. La mamá pájaro es ella y todos sus futuros. Puedo tomar a sus pichones, pero no eliminar la especie pájaro que encarna esa madre. Por eso el premio deivino de prolongar y dar calidad total a mi futuro, porque al respetar a la especie pájaro, estoy asegurándome a mi, a mis entornos y al universo un futuro de diversidad, de calidad total, de plenitud excelente, que glorifique el Nombre de Yahvéh.

Entendamos que es solo una mitzvá ocasional. Esto significa, que en cada momento de mi vida puedo aplicar mi obediencia a la Torah comprometido con el mundo entero. Sin embargo, la enseñanza del mitzvá Shiluaj Haken determina mis futuros, simplemente por ocuparme del futuro del «Otro». ¡Eso es un misterio maravilloso!

¡Por eso, después de toda esta meditación los animo a mejorar nuestras midot – cualidades- para llegar a perfeccionar nuestra alma a la estatura del Mesías!

 

Shalom!

En amor y servicio P.A. David Nesher

Los Barandales de la Felicidad

Por P.A. David Nesher

 

 

“Cuando edifiques casa nueva, harás pretil a tu terrado, para que no eches culpa de sangre sobre tu casa, si de él cayere alguno.”

 

(Deuteronomio/Devarim 22: 8)

 

Cuando los hebreos entraron a la Terra Prometida, comenzaron a poseer terrenos que ellos no habían comprado, ciudades que ellos no habían construido y casas que ellos no habían edificado. Josué (Yehoshúa) los introdujo en Canaán y les señaló los límites que cada una de las tribus deberían tener. Conquistaron a los pueblos que ahí estaban, y entonces los príncipes de cada una de las tribus distribuyeron la tierra por familias; así encontramos a los hebreos habitando ciudades y casas que ellos no conocían, que ellos no habían construido. Como ellos siempre habían vivido en tiendas en el desierto no sabían lo que era vivir en una casa propia, pero cuanto debió ser su entusiasmo cuando entraron a la tierra y Josué les dijo a los príncipes de cada tribu “distribuyan a las familias” y las familias tuvieron su propia casa, su propia vivienda. Los hebreos celebraron en sus mentes y corazones ese llegar a la Tierra Prometida, comenzaron a comer del producto de la tierra, del producto de los animales y empezaron una nueva vida aprovechando de ella los momentos de confort y esparcimiento que les brindaba.

En Canaán tenían la costumbre de usar los techos de las casas como terrazas. Esto era debido el clima tan cálido, y especialmente por el fresco de la tarde y de la noche que permitía un buen relax y un reparador descanso. Mucha parte de su vida la llevaban en el terrado. Era un gusto placentero de ellos. Era una costumbre confortable de ellos. Por ello, este mandamiento no les quita esa costumbre, sino que les concede esa práctica revelando que Yahvéh se complace en nuestras costumbres placenteras de recreación, esparcimiento y relajación.

Sin embargo, el Eterno ordenaba que se hiciera un barandal o pretil (hebreo: maaké) para el techo, para que las personas fueran protegidas de caer. Aquí hay un mandamiento que primordialmente habla a favor de la protección de la vida humana. De aquí se sacan muchas aplicaciones. No habla solamente de una casa, sino de tomar todo el tiempo medidas para proteger al ser humano en todos los aspectos. El Eterno tiene interés en la manera en que los seres humanos construyen sus casas. Quiere que su casa sea dedicada a Él, y quiere que esa casa sea un lugar seguro.

Como vemos este mitzvá (mandamiento) deja establecido lo importante que es para cualquier institución (desde la familia al estado mismo) priorizar las normas de higiene y seguridad: poner vallas y señales de tráfico en las carreteras, tapar los agujeros de los enchufes para que los niños no metan los dedos allí, etc. Fallar en construir de una manera segura traería culpa (responsabilidad) sobre el dueño o constructor de la casa. Eran responsables por la seguridad de aquellos que usarían el hogar.

Ahora bien, si bien en la aliyá (ascensión) de hoy se habla específicamente de construir una casa asegurándose de colocar seguridad en ella como cobertura, hay un significado más profundo para aquellos que nos gusta sumergirnos en las profundidades de los códigos de la Torah.

Cuando la Torah dice: “cuando edifiques casa nueva“ está enseñando aquí que ellos iban a tener nuevas oportunidades, nuevos deseos, nuevos comienzos en su nueva vida y deberían tener cuidado y precaución de aquellas nuevas oportunidades que llegarían ofreciéndoles mayor dicha y confort.

Los pretiles, se refería a unos parapetos, de hecho, la palabra maaké en el hebreo quiere decir “parapeto”, “pretil” o “barandal”. Es muy importante para la seguridad del alma humana la existencia de un muro (pretil) alrededor del terrado. Así como debía de haber barandales en los techos por el bien de la seguridad de los hogares de los israelitas de la misma forma, un hebreo, cada vez que se le presenta una oportunidad de mejor calidad de vida, debe asegurarse de colocar barandales espirituales para la protección del propósito eterno de Dios para él y su familia.

Cuando el Eterno refiere a las nuevas etapas o oportunidades de nuestra vida para progresar, debemos asegurarnos de que el dominio propio vaya activo en nuestra mente y corazón. Recorremos que terrado (terraza) simboliza a las costumbres de esparcimiento o relax que nosotros tenemos como familia. Entonces maaké (pretiles, barandas) simbolizan los límites que debemos poner a nuestra vida para no extralimitarnos en orgullo y desenfreno a causa de dichas costumbres. Nuestro Abba quiere que aceptemos que en las nuevas oportunidades que nos da la vida y en la celebración de nuestras costumbres debemos poner normas, límites, marcas claras para nosotros y nuestra familia. “Desde aquí para allá no puedes pasar, ni de allá te puedes meter para acá”.

Muchas personas, con referencia al pecado que despiertan la recreación, se acercan demasiado a la orilla y se caen. ¡Entonces es demasiado tarde! Necesitamos tener “barandales” protegiéndonos de la orilla. Tales barandales no solo nos protegerán a nosotros, sino a otros también.

Hoy en día, muchas iglesias cristianas evangélicas se dividen. Muchas denominaciones cristianas están viendo a sus muchachos irse al mundo, sus matrimonios destruirse por falta de pretiles. Por no atreverse sus líderes a establecer normas. Muchos padres de familia pretenden que sus hijos entren en razón por sí mismos. Quieren que sus muchachos alcancen una buena consciencia por sí mismos. Esperan que sus muchachos tengan criterio propio. Sin embargo, la Torah dice “…harás pretil a tu terrado”. Es decir, que son los constructores de la casa, es decir los padres (Salmo 127: 1) quienes deben poner los claros lineamientos que definan la ética o mentalidad familiar (techo/terraza). Con dichas normas de convivencias establecidas a la Luz de la Instrucción divina, dirán a sus hijos “de aquí para adelante no pasas, no te acerques ahí”. Porque si alguno se cae, Yahvéh te hará responsable, cargando la culpa de sangre sobre tu casa.

El Eterno dice: “harás pretil a tu terrado“. ¡No es un consejo, es una orden!

¿Cómo están los pretiles en tu casa? ¿Cómo están los pretiles en tu vida personal? ¿Cómo están los pretiles en sus diversiones? ¿Cómo están los pretiles en tu manera de vivir? ¿Nuestros hijos hacen lo que quieren? ¿Crecen cómo quieren o tienen pretiles muy claros? ¿Proteges a tus hijos de las cosas de este mundo? ¿Tus hijos salen sin tú saber a dónde van?

Estamos en el mes de Elul. Es un lapso que permite la apertura de nuevas oportunidades. Pero recuerda que es un requisito para poder disfrutar de esta energía, hacer una auditoria personal y familiar. Es fundamental practicar teshuvá a fin de que nuestro nuevo tiempo no tenga castigo divino.

¡Qué bueno que tienes un nuevo trabajo! ¡Qué maravilloso que tienes un nuevo negocio! ¡Qué alegría que tienes una nueva oportunidad en tu vida! Pero, recuerda el mandamiento, harás pretil a tu terrado. Si no pones baranda a tu terrado, el sistema reptiliano hará contigo lo que le dé la gana. “Echarás culpa de sangre sobre tu casa“.

Meditando en esto, los invito a rezar en unánimes esta oración:

“Abba nuestro, santificado sea tu Nombre.

Queremos clamar a ti por la manifestación de tu misericordia en nuestra familia, nuestros jóvenes y niños.

Reconocemos que tenemos barandales que arreglar y por ello te pedimos sabiduría de lo alto para edificar con los pretiles de tu bendita Instrucción (Torah).

Toma control de nuestras familias, y danos la fortaleza para hacer lo que nos ordenas.

Te lo pedimos en Yeshúa HaMashiaj. Amén.”

Un Mes de Prueba para el Amor (Ley de la Iefat Toar)

Por P.A. David Nesher

 

“Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y Yahvéh tu Dios los entregare en tu mano, y tomares de ellos cautivos, y vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer, la meterás en tu casa; y ella rapará su cabeza, y cortará sus uñas, y se quitará el vestido de su cautiverio, y se quedará en tu casa; y llorará a su padre y a su madre un mes entero; y después podrás llegarte a ella, y tú serás su marido, y ella será tu mujer. Y si no te agradare, la dejarás en libertad; no la venderás por dinero, ni la tratarás como esclava, por cuanto la humillaste.”

(Devarim/Deuteronomio 21:10 – 14)

 

Si hay algo que caracteriza a los niños párvulos es el hecho de no entender el significado de la palabra “después”. Ellos lo quieren todo ahora mismo, en el aquí y ahora de su antojo. Pero, lamentablemente deberé decir que la misma actitud la he encontrado a lo largo de mi carrera  en personas adultas, que no han madurado de su experiencia de vida, y pretenden salir victoriosos con su «aquí y ahora» llenos de caprichos egotistas. Así he aprendido, que hoy en día aumenta el número de los seres humanos inmaduros que no saben esperar ante las circunstancias negativas. Menos ante un sistema imperante que presiona a vivir lo instantáneo y exprés.

 

Entendemos que el Eterno entregó la Torah (Instrucción) para forjar el carácter mesiánico del pueblo Israelita. Su objetivo es que cada hebreo alcanzara madurez en su vida. En los códigos de la Instrucción divina queda claramente expresado que una cosa importante, en cuanto a un carácter aprobado, es el ejercicio del dominio propio. Es nada más y nada menos que el fruto del Espíritu Santo promovido por la Torah.

 

Es claro también que los lineamientos de la Instrucción (Torah) divina revelan que si los niños reciben todo lo que en sus caprichos egoístas desean, sin aprender a esperar, tendrán muchos problemas en el futuro porque en la vida existen muchas cosas que no son accesibles a corto plazo sino que demandan mucho tiempo, y hasta gran esfuerzo. Por esto, la Instrucción insiste en sus pautas que todo niño debe ser enseñado en el hecho de que tener que esperar y no disfrutar de los placeres de manera inmediata es bueno para el desarrollo de la madurez. El mismo aprendizaje requiere el Eterno de sus hijos primogénitos. Aquel que sabe esperar y soporta la presión de los deseos inmediatos, es una persona madura que puede llegar muy alto en la escala de responsabilidad y espiritualidad.

 

En este texto, el Eterno quiere que sus hijos primogénitos se pregunten: ¿quién es el verdadero enemigo? Por ello, con estos lineamientos Yahvéh, guiará al alma hebrea a darse cuenta de que el verdadero y único enemigo es el denominado Yetzer Hará (tendencia al mal o inclinación a lo malo). ¿Cómo acecha esta tendencia en el interior del alma humana? ¿Cómo logra HaSatán activar esto dentro del ser humano? Aquí se revela que el yetzer hará se manifiesta después de una victoria. Cada vez, que un hijo del Eterno siente éxito en su camino espiritual, pensando que la batalla ganada le asegura la victoria final, HaSatán (el adversario) activa desde el yetzer hará y conduce a dicho redimido a la caída, mediante sus propias pasiones. Entonces la arrogancia se eleva desde el corazón hasta la mente de dicho hijo del Eterno, alimentándole la idea de que todo está bajo control, y que a todo error se le puede encontrar rápida solución. Finalmente esta actitud equivocada terminará conduciendo a un futuro con serias consecuencias.

 

Para implantar esta enseñanza, la parashá de esta semana comienza hablando acerca de las leyes de la cautiva hermosa (Iefat Toar).

 

En el mundo antiguo, era común para un varón guerrero tomar a una esposa de entre los cautivos, especialmente si era una mujer hermosa. Sin embargo, obviamente, esta costumbre hedonista habilitaba los abusos contra la dignidad de una mujer. El yetser hará brotaba en los corazones de los hombres produciendo destinos caóticos. Por ello, el Eterno dio señalamientos específicos para gobernar sobre esta práctica de las naciones entre los miembros de Israel, a fin de asegurar que las generaciones recibieran solamente bendición.

 

Cuando un hebreo iba a la guerra y encontraba entre los cautivos una mujer hermosa, antes de poseerla debía permitirle que durante treinta días guardara luto por su familia perdida, dejándose crecer las uñas, con el cabello cubierto de cenizas y vestida con ropas de duelo. Luego de ese período el captor debía desposarla, y si no quería hacerlo debía liberarla, no teniendo permitido venderla, pues ya la había afligido.

 

El soldado que se enamora de una prisionera de guerra no tiene el derecho a entrar en una relación íntima con ella sin haber pasado por un tiempo de prueba de un mes. La Torah no le permite seguir sus impulsos inmediatos (yetser hará) porque podrán crear problemas importantes más adelante.

 

El impulso perverso (yetser hará) del soldado tiene que ser sometido a las normas de la Torah. Él tiene que dejar que la mujer que ha elegido llore durante un mes en su casa para que la vea de cerca y la conozca bien antes de casarse con ella. Tendrá que aprender a no ser dirigido por sus impulsos sensoriales y esperar todo un mes hasta poder allegarse a ella por medio de una alianza matrimonial fundada en la inteligencia emocional. El varón tenía prohibido tocarla antes del casamiento. Para ello, debía asegurarse funcionar como un maestro de la Torah conduciendo a la mujer escogida en los siguientes pasos discipulares:

✔ “Ella rapará su cabeza, y cortará sus uñas.” Primero, la mujer cautiva tenía que ser enseñada en la idea de la santidad por medio de la purificación y el aprendizaje de la humildad. Esto denotaba una separación de su pasado, y la voluntad de comenzar de nuevo, humildemente, con una actitud de niño.
✔ “Se quitará el vestido de su cautiverio, y se quedará en tu casa.” Segundo, la mujer cautiva debía de demostrar un cambio de alianza. Esto demostraba que la mujer cautiva ya no consideraba su antigua nación ni su familia; ahora era una ciudadana de Israel que amaba la cultura hebrea.
✔ “Llorará a su padre y a su madre un mes entero.” Tercero, la mujer cautiva tenía, que llorar por sus asociaciones pasadas. Este tiempo seria cuando ella arreglaría los asuntos de su corazón con respecto a su familia, y su futuro esposo viviría con ella por un mes entero sin relaciones íntimas. De este modo, él podía corroborar en su corazón maduramente si realmente quería tomar a esta mujer como esposa. Así, el Eterno permitía que el varón se asegurase de no estar tomando una decisión basada en apariencia física o por su atractivo.
✔ “No la venderás por dinero, ni la tratarás como esclava.” Después de este mes de luto, el futuro esposo tenía la libertad de casarse con la mujer cautiva. No obstante, no tenía que hacerlo. Sin embargo, si decidía hacerlo, tenía que dejarla en libertad con dignidad. Esta era una protección extraordinaria para los derechos de las mujeres cautivas.

 

El propósito de este trato con esta mujer es que no sea agradable para el varón simplemente porque su apariencia hermosa lo ha seducido. No es una situación ideal que él se case con ella guiado por el simple deseo sexual, porque puede traer consecuencias negativas en el futuro. Es por esto que Yahvéh establece estas reglas para que finalmente el varón se dé cuenta que no le conviene casarse con ella. La Torah no prohíbe este tipo de matrimonio, más bien lo desanima con estas medidas. Si el hombre se quiere casar a pesar de esto, puede hacerlo.

 

También, por medio de estas pautas, el Eterno se aseguraba que el varón tomara consciencia de que es determinante sentir que la mujer que ha escogido es lo más importante para él. Así también, enseñaba al varón a expresarle a esa mujer que ella fue elegida no por su apariencia, sino por ser valorizada en su esencia como la compañía más importante en el destino de dicho varón.

 

Con esto cada varón de Israel aprendía que aquel que da rienda suelta a su deseo sexual es una bestia y no un varón verdadero. Los varones fuertes son los que saben dominar su mente y sus emociones y los canalizan dentro de los parámetros del amor establecidos por la Torah.

 

Una persona esclava de sus impulsos es inconstante, infiel y peligrosa. Una persona que sobrepone los principios divinos sobre sus emociones será constante, fiel y amorosa.

 

Una sociedad cuyos ciudadanos no han aprendido el dominio propio de sus padres se vuelve pobre, corrupta y violenta. Una sociedad dirigida por los principios de la Torah se vuelve rica, libre y segura.

 

Amado discípulo de Yeshúa, estudia la Torah todos los días y aprende a dominar tu yetse hará (tendencia al mal) Así no terminará esclavo de tus deseos, y vencerás a tu verdadero enemigo: tu ego. No te dejes vencer por lo que tus ojos ven. No sigas detrás de tus ojos ni detrás de las emociones que ellos despiertan. Sé constante y fiel con tu compromiso de peregrinar con el Yugo de Yeshúa. Cumple con tus deberes ante el Eterno y ante los hombres. Piensa bien antes de tomar la decisión de casarte. El matrimonio es para toda la vida.

Los Ancianos, la Becerra Desnucada y la Responsabilidad Colectiva de un Asesinato.

Por P.A. David Nesher

«Si en la tierra que Yahvéh tu Dios te da para que la poseas, fuere hallado alguien muerto, tendido en el campo, y no se supiere quién lo mató, entonces tus ancianos y tus jueces saldrán y medirán la distancia hasta las ciudades que están alrededor del muerto. Y los ancianos de la ciudad más cercana al lugar donde fuere hallado el muerto, tomarán de las vacas una becerra que no haya trabajado, que no haya llevado yugo; y los ancianos de aquella ciudad traerán la becerra a un valle escabroso, que nunca haya sido arado ni sembrado, y quebrarán la cerviz de la becerra allí en el valle. Entonces vendrán los sacerdotes hijos de Leví, porque a ellos escogió Yahvéh tu Dios para que le sirvan, y para bendecir en el nombre de Yahvéh; y por la palabra de ellos se decidirá toda disputa y toda ofensa. Y todos los ancianos de la ciudad más cercana al lugar donde fuere hallado el muerto lavarán sus manos sobre la becerra cuya cerviz fue quebrada en el valle; Y protestarán y dirán: Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos lo han visto. Perdona a tu pueblo Israel, al cual redimiste, oh Yahvéh; y no culpes de sangre inocente a tu pueblo Israel. Y la sangre les será perdonada. Y tú quitarás la culpa de la sangre inocente de en medio de ti, cuando hicieres lo que es recto ante los ojos de Yahvéh.»

(Devarim/Deuteronomio 21: 1 – 9)

Al llegar al final de nuestra Parashá Shoftim, nos encontramos que la Torah se ocupa del tema de la egláh arufáh («becerra desnucada«), que expía por el homicidio de un muerto encontrado en el campo cuyo asesino es desconocido. Aquí vemos la importancia que el Eterno da al derramamiento de sangre inocente. Un asesinato es algo muy grave. Esto era un tema de mucha importancia tal como ya Moshé lo había revelado en el rollo de Bamidbar:

«Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre contaminará la tierra; y la tierra no será reconciliada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó.

No contaminéis, pues, la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo YHVH habito en medio de los hijos de Israel.«

(Bamidbar/Números 35:33-34)

El pasaje de Devarim que hoy estamos considerando, se suma a la enseñanza dada en Bamidbar de que la noticia de la muerte de una sola persona, de forma violenta, debe estremecer las almas de un pueblo redimido. El Eterno enseña así que las muertes no resueltas, como el asesinato sin justicia, mancha y contamina la tierra, atrayendo juicios de las zonas del rigor (Guevuráh) celestial. Por lo tanto, si hay un asesinato por el cual no se ha tomado justicia, es necesario un tipo de limpieza, para que la tierra no sea contaminada, y el Eterno no envíe maldición sobre la misma.

El proceso judicial para este tipo de caso es ordenado para que esa sangre no traiga maldición sobre la tierra y el pueblo. Si hay algo que trae maldición sobre un pueblo y sobre la tierra de una nación, es el derramamiento de sangre inocente. Para Yahvéh es muy grave, y por lo tanto, también lo debe ser para nosotros.

De este modo, el Eterno reveló a Su Pueblo que Él toma muy en serio un acontecimiento semejante. Él no está a favor de que un ser humano mate a otra sin derecho y autorización. En la cosmovisión divina el hombre laico no tiene el derecho a quitar la vida de otro hombre, excepto que sea atacado de manera que su vida corra peligro. En tal caso puede actuar en defensa de su propia vida, pero jamás actuar por venganza.

El derramamiento de sangre inocente es uno de los pecados más graves que el hombre puede cometer y el Eterno no observa ese pecado con ligereza. Las Sagradas Escrituras revelan que por el derramamiento de sangre inocente vino el diluvio sobre el mundo antiguo y más tarde el Eterno no quiso perdonar la mucha sangre inocente derramada por un rey malvado, de nombre Joacim, razón primordial por la que vino la deportación a Babilonia (2 Rey. 24:4).

La Torah ordena a los ancianos de la ciudad más próxima al cadáver encontrado, a bajar a una becerra de un año de edad a un valle y proclamar: «nuestras manos no derramaron esta sangre y nuestros ojos no vieron». Esta acción tiene como objetivo la expiación por el asesinato y también la difusión del hecho delictivo a fin de encontrar al culpable. Entonces, una vez cumplido este requisito, el Eterno promete perdonar la culpa colectiva que había venido sobre todo el pueblo por ese pecado.

El principio espiritual de la  egláh arufáh («becerra desnucada«) deja en claro un fuerte paradigma: «todos los integrantes de Israel son responsables el uno por el otro«.  Esto enseña claramente a todo grupo  social que en las regiones celestes existe una culpa colectiva. Este ritual, era un acto profético-jurídico, por medio del que se solicitaba perdón por el pecado colectivo del pueblo cuando una persona ha cometido este crimen terrible.

La responsabilidad por la víctima fatal recae no sólo sobre el asesino, sino también sobre todos los residentes de la ciudad más próxima, e incluso sobre los ancianos de la misma, hasta alcanzar también al Gran Tribunal («y saldrán tus ancianos”, es decir, los selectos entre tus ancianos, refiriéndose al Gran Sanhedrín).

Es muy importante que esto se entienda bien: un hombre asesinado trae culpa sobre todo el pueblo si no se encuentra el asesino y lo sentencia, o si se sabe quién es el asesino y no se lo sentencia.

Por favor, solicito que comprendamos bien (y meditemos profundamente) la verdad revelada. La muerte injusta de un ser humano trae consecuencias graves sobre todo el pueblo y si ese pecado no es perdonado el pueblo entero, aún su nación, tendrá que sufrir la ira del Eterno por ello.

El procedimiento judicial consistía en los siguientes pasos:

Cinco de los jueces visitan personalmente la escena del crimen. Hacían mediciones en todas direcciones a fin de determinar cuál ciudad está más próxima al cuerpo. Aun si la identificación de la ciudad más próxima era evidente, igual debían realizar el acto de medición, pues es un mitzváh (mandamiento).

La víctima era enterrada en el mismo lugar donde se la había encontrado. Luego los jueces del Sanedrín se retiran, una vez que cumplieron su parte del procedimiento. Ahora los jueces y los Ancianos (líderes de la Torah) de la ciudad más cercana se hacían cargo de los siguientes pasos.

Los Ancianos traen una ternera de un año que nunca haya trabajado y que fuera comprada de un fondo comunitario. La conducen a un valle donde la tierra es dura y rocosa – no apropiada para el cultivo – y que nunca fue trabajada. Según algunas opiniones, el valle debía tener una corriente fuerte de agua que lo atraviesa.

Los Ancianos matan a la ternera mediante un corte con un hacha en la parte trasera del cuello y la ternera es enterrada allí.

Los ancianos son quienes deben proclamar frente a la comunidad y al pueblo: «nuestras manos no derramaron esta sangre«.

¿Cual es el significado de esta declaración? Seguramente nadie sospecharía que los Ancianos de la ciudad hubiesen cometido el crimen. Lo que en verdad sucedía era que ellos están obligados a demostrar frente a todos que sus manos estaban limpias. En realidad los Ancianos declaraban que no eran responsables ni siquiera en forma indirecta del crimen. “Nunca hemos despedido a ningún extraño de nuestra ciudad sin comida (de manera que se sintiera forzado a robar comida y fuera matado a cuenta de ello), o sin compañía (de manera que tuviera que transitar desprotegido en caminos peligrosos)». Sucede que para cada israelita estaba bien clara en su cosmovisión yahvista que no ser hospitalario con cualquier persona es un pecado mayor pues los resultados pueden ser fatales.

A continuación le tocaba el turno a los kohanim (sacerdotes) quienes continuaban con el proceso de egláh arufáh rogando al Eterno con las siguientes palabras: “Redime a tu pueblo Israel, al que rescataste de Egipto y no consideres a tu pueblo Israel responsable de la sangre inocente derramada en tu medio”.

Los kohanim debían pedir perdón a Yahvéh por el asesinato, pues el acontecimiento mismo del crimen podía atribuirse parcialmente a una falta en sus plegarias cotidianas y falta de calidad total en su avodáh. Si hubieran sido perfectos en su Servicio a Dios, seguramente Él habría evitado tal desgracia.

Por favor, entendamos y aceptemos que esto se hacía porque el hecho de hallarse a un hombre asesinado se consideraba un caso de responsabilidad social y colectiva. De este modo, el Eterno se aseguraba la cosmovisión de que cada israelita es responsable de los actos de su camarada israelita; por lo tanto, todo el pueblo debe ser redimido si ocurre un asesinato en Klal Israel (Cuerpo de Israel).

Si se cumplimentaban bien las leyes de egláh arufáh como se ordena aquí, la misma Torah promete: “el derramamiento de sangre será expiado”.

El Midrash cuenta que en tiempos en que los israelitas eran perfectos tzadikim (justos), un milagro ocurría al final del proceso:

Los kohanim imploraban a Yahvéh: “Revela la identidad del asesino, para expiar la sangre de la víctima”. En ese momento, un ejército de lombrices emergían del estómago de la ternera y se arrastraban al lugar de residencia del asesino. Entonces era aprehendido por el Beit Din (Casa de Justicia) y llevado a juicio, para luego ser ejecutado.

Ahora bien, si bien las leyes de egláh arufáh son jukim, es decir leyes cuyas motivaciones están ocultas a toda lógica human, los Sabios comentaristas del idioma hebreo encuentran alusiones en varias partes del proceso que podremos entender mediante las siguientes preguntas:

  • ¿Por qué prescribe la Torah que una ternera que no ha estado preñada aun sea destruida sobre tierra yerma?

Es algo que simboliza el crimen: al quitarle la vida a la víctima, el asesino lo privó de la posibilidad de ‘procrear y tener hijos’, es decir, de cumplir más mizvot y de tener hijos para así bendecir con su tikun a las generaciones.

  • ¿Por qué los ancianos de la ciudad más próxima al crimen rompen el cuello de la ternera? 

Lo más probable era que el asesino proviniera de la ciudad más cercana, por lo tanto, sus ancianos debían realizar la expiación (por haber fallado en educar y reprender con la Torah a la comunidad y así evitar que ocurriera dicho crimen).

Sin embargo, la Torah ordena que los jueces del Sanedrín midan la distancia hacia todas las ciudades del área del crimen, indicando que la culpa de este crimen horrendo debe ser compartido por toda la región.

En resumen, vemos que los ancianos y los levitas representan al pueblo entero y, como tal, pueden pedir perdón por este pecado en nombre del pueblo, para que no vengan las consecuencias de este pecado sobre todos. La culpa es perdonada, cuando no se sabe quién es el causante de la muerte, al hacer una declaración de reconocimiento del crimen y de inocencia de los líderes, junto con el sacrificio de una novilla joven que es matada en un lugar que no ha sido sembrado o trabajado por el hombre. El animal inocente tiene que morir en lugar del culpable para que Yahvéh no derrame la ira sobre la nación.

Este lavamiento de manos se hacía en la presencia de los hijos de Leví, quienes por la palabra de ellos decidían toda disputa y toda ofensa. Este ritual era una proclamación poderosa por estos ancianos: “Hemos hecho todo lo que podemos para arreglar este asunto, pero no lo logramos. Somos limpios de toda culpa de la muerte de este homicidio.”

Por supuesto, esta ceremonia de lavarse las manos sobre el animal del sacrificio no significaba nada si los ancianos en realidad no habían hecho todo lo posible por vengar esta muerte; de ser esto último, este lavamiento de manos se convertía en un gesto tan vacío como el lavamiento de manos de Pilato en el juicio de Yeshúa (Mateo 27:24).

Como podemos ver, las leyes de egláh arufáh destacan la santidad de la vida humana. Si se destruye una vida, la Torah lo considera una tragedia terrible que involucra al Sanedrín, los Ancianos y los hijos de Leví (sacerdotes y levitas).

La Intrucción revelaba que el derramamiento de sangre causa que la Shekináh se aleje y que el Beit Hamikdash (Santo Templo) sea destruido.

La historia de Israel relata que cuando los asesinatos se repetían con mucha frecuencia antes de la Segunda Destrucción, el Sanedrín decidió interrumpir el procedimiento de egláh arufáh.

Ahora bien, reflexionemos juntos. Si la ira del Eterno viene sobre una nación entera por el derramamiento injusto de sangre de un solo ser humano, ¿qué sucederá en los países donde se cometen asesinatos diarios de los niños no nacidos, en el lugar que el Eterno creó para ser el más seguro para su bienestar y desarrollo, la matriz? El asesinato más cruel que un ser humano puede hacer es matar a sus propios hijos. No hay excusas, ni legalidad válida, para asesinar a los no nacidos. El aborto es el crimen juzgado en esta parashá por el Eterno mismo.

¿Dónde están las voces que hablan a favor de los no nacidos asesinados y los que están en peligro de muerte? ¡No callemos ante la barbaridad del aborto! No votes a favor de un partido que está a favor del aborto.

Por último, volviendo al pasaje en cuestión, es necesario recordar que Yahvéh ya había revelado este disgusto abominable a la nueva humanidad que se formó después del Gran Diluvio:

“Y ciertamente pediré cuenta de la sangre de vuestras vidas; de todo animal la demandaré. Y de todo hombre, del hermano de todo hombre demandaré la vida del hombre.”

(Génesis 9:5)

Cuando Israel siguió las instrucciones de Yahvéh para la expiación, Él honraba su palabra quitando la culpa. No obstante, el remover la culpa siempre se basaba en el sacrificio de sangre, en una expiación sustitutiva, con la vista siempre enfocada hacia la futura obra del Mesías Yeshúa en la cruz por todo el mundo. Por ende, de este mandamiento y ritual podemos concluir que los animales, como esta becerra, podían representar a los hombres y morir en lugar de ellos para que se hallara perdón divino. Pero estos animales no pudieron jamás sustituir verdaderamente a los hombres en su culpabilidad, ya que sólo eran sombras del “hermano de todo hombre” que tenía que morir en lugar de nosotros para que hubiera eterno perdón de los pecados.

¡Bendito sea el Eterno por ese hermano mayor, nuestro amado Yeshúa HaMashiaj!

Shoftim: La Importancia de nombrar Jueces y Oficiales del Alma

Por P.A. David Nesher

«Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades que Yahvéh tu Dios te dará en tus tribus, los cuales juzgarán al pueblo con justo juicio. No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos. La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Yahvéh tu Dios te da.»

(Devarim/Deuteronomio 16: 18 – 20)

La parashá (porción) de esta semana se llama Shoftim, expresión hebrea que significa jueces y abarca al libro de Deuteronomio desde el capítulo 16 vers. 18 al cap. 21 vers. 9. En ella, el Eterno revela a Israel la importancia de tener jueces justos y oficiales para una nación.

En esta sección la Torah ordena designar una jerarquía de jueces en cada ciudad y provincia. A nivel literal, este mandamiento se refiere a los jueces que resuelven las cuestiones civiles, penales y aún religiosas. Por eso, el pueblo tenía que asegurarse el nombramiento de jueces y policías en todas las ciudades de la Tierra Prometida a fin de mantener el orden en la sociedad y evitar el caos que atrae al inframundo.

Para comprender mejor esto, será bueno destacar que la función de los jueces, e incluso la de los policías que «reprendían a la gente«, no era la de impartir castigo. Su objetivo primordial era lograr purificación y refinación en los hábitos y conductas de las personas, a fin de devolver al infractor a su estado original, y por lo tanto, ser aceptada ante Yahvéh como antes del pecado.  Desde esta cosmovisión hacer justicia significa encontrar el mérito en el prójimo, revelar que en todo hijo primogénito, más allá de su pecado, también hay poder de teshuváh (regreso).

Con este mandamiento Yahvéh dejó establecida el primer paradigma fundamental de toda comunidad humana: la justicia es la base de toda convivencia. Para que una sociedad permita un clima de desarrollo personal y general, es imprescindible la existencia de un marco legal estable que asegure un orden respetado por todos.

Tzedek, tzedek tirdof

“Justicia, Justicia perseguirás (tzedek tzedek tirdof), para que vivas y heredes la tierra que el Eterno Tu Dios te dio”
(Deuteronomio 16:20).

Notamos que en este pasaje, la Torah repite la palabra justicia (en hebreo tzedek, – צדק –) dos veces. Con esto, la Torah nos esta enseñando que es fundamental para la vida de todo ser humano, vivir de acuerdo a leyes, y que estas sean impuestas por funcionarios y jueces que piensen en el bienestar de la sociedad toda, y no en el propio, sumado a la formulación de normas igualitarias para todos los habitantes de este maravilloso planeta. Obviamente que no es fácil lograr que las personas se comporte justamente, pero tampoco es imposible.

Esta repetición tiene la intención divina de enfocar a Israel en la importancia de establecer y mantener la justicia en la sociedad. Con esto la revelación implantó en la conciencia social de Israel un segundo paradigma fundamental de toda comunidad humana: una sociedad sin justicia se hunde en el caos.

También se entiende la repetición de la expresión justicia como un anuncio de que la justicia sólo se puede obtener por medios justos. Es decir, que la justicia se logra sí o sí por medio de la justicia, no por medios injustos. Con otras palabras, la Torah está en contra de la idea que dice: “el fin justifica los medios”. La Torah prohíbe que un estado de derecho utilice medios injustos para establecer y mantener la justicia.

Cuando la Torah nos exige: «La justicia estricta perseguirás, para que vivas«, no es tan sólo un mandamiento, sino una enseñanza de vida.  El Espíritu de Yahvéh revela que para vivir es básica la presencia de la justicia estricta o verdadera. Él anhela que vivamos la justicia sin adulterarla, sin escatimarle ni una pequeña parte. Pues, cuando se comienza a comerciar con la justicia, se cancelan las libertades, se disuelven las seguridades, y el antojo fugaz es lo que adquiere predominio.

El Eterno, al ser un Juez de estricta Justicia, pretende que sus máximas criaturas lo imiten, y que de ese modo puedan establecer reinos de armonía, bienestar y Shalom (paz y plenitud).  Andar por otras veredas, es encaminarse hacia lo que no es correcto.

Además, se puede entender la repetición de la palabra justicia como dos significados diferentes de la palabra tzedek (uno masculino o teórico y otro femenino o práctico). Como hemos visto antes, la palabra tzedaká (que es la forma femenina de tzedek) significa ayuda a los necesitados (caridad o justicia social). De esta manera se destaca que existe un aspecto de misericordia en la justicia.

Esto corresponde a dos atributos del Eterno (jesed y guevurá), la justicia y la misericordia; la verdad y la gracia. La justicia como rectitud es la parte principal, pero necesita de la misericordia para mantener la sociedad en armonía al propósito eterno. Una sociedad que emplea solamente una justicia rígida se vuelve cruel y dura. Una sociedad que sólo emplea la misericordia y el amor se vuelve floja y corrupta. Las dos cosas son necesarias para obtener un equilibrio y mantener el orden en la sociedad.

“Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el YHVH de ti, sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?”

(Miqueas 6:8)

“… lo más importante de la Torah: la justicia, la misericordia y la fe.”

(Mateo 23:23)

Tzedaká y tzedek los dos engranajes claves del mecanismo social diseñado por Yahvéh para resolver dificultades y también para avanzar en el mejoramiento de la existencia humana personal y colectiva.

Ahora bien, considerando otro orden de cosas, resulta interesante notar que la parashá de esta semana, siempre es leída en el primer shabat del mes de Elul. Como a esta altura de nuestro peregrinar en la fe de Yeshúa hemos aprendido que nada ocurre por accidente, discernimos que esta parashá conlleva alguna enseñanza importante para implementar en nuestras almas, durante este mes tan auspicioso.

Recordemos una vez más que la expresión hebrea Shoftim significa “jueces”. Meditando con esta palabra, en un nivel más profundo, descubrimos que este mandamiento, así como sus detalles, tiene un gran significado para cada uno de nosotros y nuestras vidas personales.

El Eterno nos otorga secretos específicos para que nos aseguremos un sano crecimiento personal. Él quiere que aprendamos a colocar jueces en nuestro interior (inteligencia emocional), y oficiales (policías) en nuestros portones, los sentidos (Salmo 141: 3). Los distintos sabios de Israel, a lo largo de los siglos, afirmaron que el ser humano tiene siete puertas: dos ojos, dos orejas, dos orificios en la nariz y la boca.

El Eterno quiere que sus hijos comprendan ante todo, que la esencia del ser humano es estar comprometido con el conocimiento de lo correcto y lo incorrecto. Desde allí, decidir que camino determinará su destino. Para que esto se haga en total libertad, es importante tener dos procesos en nuestra vida de crecimiento:

La CLARIDAD ÉTICA que permite definir qué es lo correcto y qué no lo es, y una capacidad de CONSTANTE EVALUACIÓN de que si se están llevando a cabo o no, dichos estándares de vida. Es decir que si el ser humano redimido no está cumpliendo sus principios éticos, el Eterno le ordena habilitar una especie de “poder policial” interior que habilite las disciplinas necesarias que aseguren que eso pase y coloque “multas” a los sentidos, que garanticen que el propósito personal fluya al cumplimiento de su plenitud en el Mesías. Esto sería el establecimiento de jueces y policías (shoftím y shotrím).

«No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos ...»

Meditando en esta expresión no pude evitar el planteo. Si la Torah ya prohíbe la perversión de la justicia, ¿cuál es la necesidad de prohibir el soborno? ¿Acaso el soborno no es la manera más obvia de pervertir la justicia? Investigando, me encontré que Rashi, el prominente comentarista judío de las Sagradas Escrituras, explica que la Torah prohíbe el soborno, inclusive si el que lo da lo hace con la condición de que el juez imparta un veredicto justo. Pues tan pronto como el juez es “sobornado”, está tentado de actuar en favor de dicha parte y no será capaz de emitir una decisión objetiva, que materialice la justicia divina. Como continúa el versículo: …porque el soborno ciega los ojos de los sabios. Tan pronto como existe una afinidad entre un juez y uno de los litigantes, este no está capacitado para presidir el caso.

Entonces me di cuenta de la propuesta para la sanación de nuestra alma durante el mes de Elul. El Eterno nos desafía en este tiempo a juzgar nuestras acciones y los logros de lo que va del año. Sin embargo, todos somos conscientes que estamos “sobornados” de cierta manera por nuestro amor propio y somos incapaces de hacer una evaluación completamente justa.

Ser un juez justo de nosotros mismos resulta una tarea bastante difícil, en apariencia imposible. Es que siempre hay una excusa para convertirnos en nuestro abogado defensor… Sin embargo, la Torah asegura que para mejorarnos debemos apreciar nuestros defectos, así como nuestras reales virtudes… pues ese es el único camino hacia la realización. Lleva un esfuerzo de introspección y virtud ser objetivos y sin mancha, sin embargo esto es lo que se exige de nosotros cuando nos encontramos en una situación en que debemos juzgar. A la hora de autoauditarnos, es difícil mantenerse neutral, ser totalmente objetivo y no influido por factores externos o inapropiados. Sin embargo, esta es la marca de la verdadera justicia. Por lo tanto, cada persona debe nombrar a un «juez», un mentor espiritual imparcial que pueda emitir una opinión objetiva. Ese mentor espiritual es la unción activa del Espíritu del Mesías en nuestra comunión diaria, y en nuestras entrevistas pastorales. Con esta asignación de jueces internos y externos lograremos responder la pregunta:

¿Qué tantas cosas de nuestra ética tenemos bien esquematizados en nuestras conciencias y están siendo llevados a cabo en integridad?

Amados, busquemos la justicia en todo momento, y hagamos también misericordia, al prójimo, tanto como a nosotros mismos, para que podamos tener vida y paz en nuestras tierras.


SUGERENCIA:
Para comprender mejor todo lo que aquí he escrito te invito a escuchar esta conferencia:

El Efecto Regio de la Investigación Diaria de la Torah

Por P.A. David Nesher

 

«Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Yahvéh su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel..»

(Devarim/Deuteronomio 17:19-20)

Cuando leemos los evangelios, encontramos que Yeshúa enfatizó varias veces acerca de los futuros trabajos de sus seguidores. En un momento de su entrenamiento, los discípulos le preguntaron:

“He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? Y Jesús le dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna”

(Mateo 19:28-29).

 

Las Sagradas Escrituras nos revelan que el Eterno prometió al rey David que un descendiente suyo ocuparía el Trono del Reino de Dios para siempre. Ese descendiente fue Yeshúa (Jesús), quien hoy día gobierna como Rey en los cielos (Salmo 89:4 y Lucas 1:32, 33).

 

Entre las  certezas que nos da nuestra fe, está el hecho glorioso que cuando Yeshúa HaMashiaj regrese, establecerá el Reino milenial de Yahvéh, dándole a todos los seres humanos lo que siempre han querido: paz, seguridad, una vida con significado, familias felices y una relación con el Eterno y los códigos de su Sabiduría. Para ello, colocará a sus hijos primogénitos como responsables de gobernar cada una de las naciones y sus ciudades con la autoridad que da la Torah.

 

Una de las parábolas del Mesías describe cómo uno de sus seguidores recibe “autoridad sobre diez ciudades”, otro sobre cinco y así sucesivamente. Esto muestra que aquellos que utilizan las responsabilidades dadas a ellos para beneficio del Reino, podrán servir mejor a la humanidad como gobernantes bajo la unción regia del Mesías (Lucas 19:11-27; Mateo 25:13-30).

 

Por eso, el apóstol Juan escuchó de boca del Mesías exaltado y coronado Rey la siguiente promesa:

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones”

(Ap. 3:21)

 

Así es, Yeshúa prometió que los vencedores, los que guardan sus obras (los que lo imitan fielmente) hasta el fin, tendrán autoridad sobre las naciones.

 

¿Cómo nos entrenamos para responsabilidades tan extraordinarias?

 

La Torah dejó bien establecido como es el entrenamiento de un rey que representa aquí en la Tierra las dimensionalidades del Keter (Corona) del Eterno.

 

El rey de Israel estaba obligado a tener un rollo de la Torah consigo en todo momento. Para cumplir con este requirimiento, primeramente el rey debía copiar de su propia mano los cinco libros de Moshé. Es impresionante pensar en el rey de Israel, trabajando en un pergamino con pluma, haciendo una copia personal de la ley de Israel. Esto demuestra lo mucho que Yahvéh quiere que Su Palabra esté en los corazones de sus gobernantes; El Eterno quería que cada rey también fuera un escriba.

 

 

Esto lo conducía a su segunda obligación: leer, investigar y meditar los códigos de luz de dicho rollo, todos los días de su vida. Esto era lo único que le garantizaba ser un rey según el corazón del Eterno. Moshé nos enseña que si el rey lee la Torá todos los días de su vida aprenderá a temer al Eterno para guardar sus mandamientos poniéndolos por obra. Además la lectura diaria de la Torá evitará que su corazón se eleve sobre sus hermanos y que no se desvíe del mandamiento ni a la derecha ni a la izquierda. Así su vida y la vida de sus hijos serán largos en el reino.

 

 

Lee una porción de la Torah todos los días de tu vida y notarás como tu corazón vibrará en el temor del Eterno. También aprenderás a guardar los mandamientos y no desviarte de ellos. Así te irá bien a ti y a tus hijos.

 

¡Alégrate día a día en saber que Yeshúa nos ha llamado para ser parte de su gabinete gubernamental!

 

NOTA CURIOSA:

Incidentalmente, la frase una copia de esta ley (v. 18) aparece incorrectamente en la versión Septuaginta (De los Setenta) como «esta segunda ley«, (en greigo para Deuteronomio touto). Fue este malentendido que dio surgimiento al nombre Deuteronomio.

Amor al Prójimo: Receta contra Toda Enfermedad.

Por P.A. David Nesher

 

 

“Y YHVH apartará de ti toda enfermedad; y no pondrá sobre ti ninguna de las enfermedades malignas de Egipto que has conocido, sino que las pondrá sobre los que te odian.»

 

(Devarim/Deuteronomiio 7:15)

 

Mientras peregrinamos la fe junto a Yeshúa, aprendiendo los códigos de Su Luz, si presencia se nos manifiesta sanadora. Ésta salud que el Señor comunica desde la Torah de nuestro Abba, y esta transformación de sanidad que Yeshúa con su presencia regala, quiere llegar y alcanzar también las entrañas más hondas de nuestra vida social. Allí donde se entreteje nuestro ser más personal y particularmente allí donde en el más hondo entretejido de lo personal, estamos heridos, enfermos, en las heridas que tenemos en el corazón, por causa de nuestros vínculos.

Justamente, escribí esta bitácora con un intención: invitarlos a que permitan al Espíritu Santo implantar la revelación de la aliyá (ascensión) de hoy, en lo más profundo de sus almas. Si dejan que esto suceda, comprobarán la afirmación divina que asegura que Su sanidad es una consecuencia de la obediencia a los mishpatim (mandamientos sociales) entre los integrantes del pacto (su asamblea de primogénitos). Esta práctica nos permite gozar de todos los beneficios del pacto, que también incluyen la prosperidad económica, y el poder sobre los enemigos (incluso los demonios). Por el contrario, si tenemos relaciones de enemistad entre nosotros, no podremos hacer frente a los embates de las distintas jerarquías demoníacas.

El Eterno enseña que, si no hay una relación armoniosa con nuestro prójimo, las enfermedades no sanarán, la escasez económica aumentará y la sequía espiritual invadirá el alma.

Sobre nuestro mundo social quiere venir hoy Yeshúa para implantarnos este conocimiento transformador. Él ofrece llevar Su Yugo con el fin de sanar nuestras heridas relacionales. Heridas que se expresan en angustias y en tristezas. Heridas que se manifestaron por causa de algún desencuentro con nuestro prójimo. Heridas que se hacen presentes en nuestros proyectos de vida, revelando faltas de horizontes y de esperanzas. Heridas profundas que han dejado sembrado el odio y la desconfianza. Heridas que en la vida hemos recibido y que en lo vincular nos han distanciado de seres muy queridos. Heridas que nos han enfermado psicológica y físicamente.

Nuestro Mesías, en Su interpretación de la Instrucción (Torah) de Abb transforma y cura las heridas. Sus palabras pedagógicas nos regalan la Presencia del Eterno, que toca nuestra vida en donde está golpeada y allí mismo nos repara y transforma, nos cura y nos sana. Para ser nosotros sanadores heridos o heridos sanados para sanar.

Por esto, nuestro amado Mesías y Dueño dijo:

”Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”
(Juan 13:34-35 _RVR1960)

 

Elevo plegaria para que tu vida se vuelva un instrumento de Su Shalom en medio de todas tus conexiones.

Remedios Divinos para Evitar la Avaricia.

” Él te condujo a través del inmenso y terrible desierto, con sus serpientes abrasadoras y escorpiones, tierra sedienta donde no había agua; El sacó para ti agua de la roca de pedernal. En el desierto te alimentó con el maná que tus padres no habían conocido, para humillarte y probarte, y para finalmente hacerte bien. No sea que digas en tu corazón: «Mi poder y la fuerza de mi mano me han producido esta riqueza.» Mas acuérdate de Yahvéh tu Dios, porque Él es el que te da poder para hacer riquezas, a fin de confirmar su pacto, el cual juró a tus padres como en este día.”

(Devarim/Deut. 8:15-18)

 

Estudiando los códigos de la Torah, especialmente Devarim (Deuteronomio), nos hemos alegrado ante la revelación de que nuestro Abba santo está muy interesado en capacitar nuestra mente para que domine la materia, desarrollando así en plenitud el propósito mesiánico para nuestras vidas. Está escrituralmente establecido que Yahvéh, nuestro Dios, desea bendecir a sus hijos primogénitos con muchas riquezas materiales. Pero, también aceptábamos que, por causa de la tendencia pecaminosa del hombre, es muy fácil olvidarse del Eterno y Su Instrucción (Torah) cuando las riquezas aparecen y comienzan a multiplicarse.

Hoy nos toca ver cómo Moshé advierte sobre este peligro diciendo a los israelitas de la nueva generación que tengan mucho cuidado de no olvidar al Eterno en el momento de obtener muchas riquezas materiales.

He aquí el primero de los remedios contra esta desviación pecaminosa (avaricia): acordarse en todo tiempo del Eterno, haciendo caso a lo que la Torah dice al respecto. El que pone esta palabra de la Torah en su corazón toma todos los recaudos para no olvidar a Yahvéh a la hora de obtener riquezas, reconociendo todo el tiempo que es el Eterno, y sólo Él, quien nos da la capacidad para hacer riquezas y alabándolo entonces por ello, en todo lugar y tiempo.

El segundo remedio que ayuda al ser humano redimido a ser guardado de la avaricia, y así olvidarse del Eterno, es su fidelidad con la entrega de los diezmos. Las Sagradas Escrituras revelan que la generosidad practicada en esta disciplina guarda el corazón de la avaricia.

El tercer remedio que el Eterno tiene para guardar a sus redimidos del orgullo y la idolatría de las riquezas es hacerlos pasar por el desierto. La experiencia del desierto el método divino que otorga la mejor preparación para poder aguantar las bendiciones materiales sin volverse autosuficiente, orgulloso y conformista.

El propósito de Yahvéh de introducirnos y mantenernos en el desierto es humillarnos para finalmente hacernos bien como recompensa a la humildad adquirida. Al estudiar este método celestial debemos aceptar que a veces hay hijos primogénitos tan egocéntricos que deben pasar mucho tiempo en el desierto. Otros son tan orgullosos ante la voluntad de nuestro Abba, que deben soportar el proceso pasando por muchos desiertos, a lo largo de su peregrinar en la vida mesiánica. ¡Yahvéh sabe bien lo que cada uno necesita!

Por lo tanto, si hoy estás en un terrible desierto con serpientes, escorpiones, sequía y sed, te pido que no te alejes del Eterno. Por el contrario, te aconsejo que lo busques en tu angustia y confía en que Él es capaz de sacar agua de la roca para saciar tu sed y alimentarte de manera sobrenatural. A lo mejor no vas a tener en abundancia, pero te aseguro que no vas a perecer en el desierto. Tendrás suficiente para sobrevivir y para aprender a depender del Eterno, hasta que al fin puedas pisar la Tierra de Su Promisión destinada en Yeshúa sólo para ti.

Recuerda y acepta humildemente que tu Padre celestial es muy sabio. Él conoce tu corazón. Él sabe que, según las muchas bendiciones que te quiere dar, tendrás que permanecer en el desierto. Esto no lo hará para quitar tus derechos, sino para formar tu carácter y para entrenarte para el tiempo de la promoción material sobreabundante.

Así que, aprende a alabarlo porque te está dando lo suficiente para no morir en una situación humanamente imposible. Levanta tu corazón, tus ojos y tus manos al Cielo. Aprende a darle las gracias siempre por lo que recibes, sea poco o mucho. Ten en cuenta que una vez que hayas aprendido la lección, te espera mucha abundancia. Y luego de recibir esa abundancia en esta vida, ten también por certeza que el Eterno es bueno para continuar promocionándote en la vida venidera.

 

Kol tuv! (¡Toda Bendición!)

Condiciones para la Verdadera Prosperidad

“ Y como consecuencia de que escuchéis estos decretos (mishpatim) y los guardéis y los cumpláis, YHVH tu Dios guardará su pacto contigo y su misericordia que juró a tus padres. Y te amará, te bendecirá y te multiplicará; también bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu cereal, tu mosto, tu aceite, el aumento de tu ganado y las crías de tu rebaño en la tierra que Él juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá varón ni hembra estéril en ti, ni en tu ganado. Y YHVH apartará de ti toda enfermedad; y no pondrá sobre ti ninguna de las enfermedades malignas de Egipto que has conocido, sino que las pondrá sobre los que te odian. Y destruirás a todos los pueblos que YHVH tu Dios te entregue.”

(Devarim/Deuteronomiio 7:12-16)

 

Al recorrer los versículos que sistematizan los códigos de la Torah (Instrucción), nuestra conciencia inmediatamente comprende que existen condiciones para que Yahvéh guarde (cumpla) el pacto que juró a los padres (Abrahán, Isaac, y Jacob), con los hijos primogénitos de Israel,. De este modo queda bien claro, que desde la cosmovisión divina existen consecuencias que se obtienen por la fidelidad de cada creyente al pacto del Eterno

Entonces, comprendemos según esta revelación que hay unas condiciones y unas consecuencias en la dinámica de la Alianza con el Eterno.

Las condiciones para la verdadera prosperidad, según la cosmovisión divina, son las siguientes:

✍? Oír y obedecer (shamá) los mishpatim (leyes sociales).
✍? Guardar (shamar) los mishpatim.
✍? Cumplir (asá) los mishpatim.

Ahora bien, si has tomado nota en tu mente y corazón de de esta triada condicional, notarás que las consecuencias que Israel (y cada uno de sus integrantes) reciben son infinitamente asombrosas, y pueden sintetizarse en estas trece líneas:

❣ YHVH guardará su pacto con Israel.
❣ YHVH guardará su misericordia con Israel.
❣ YHVH amará a Israel.
❣ YHVH bendecirá a Israel.
❣ YHVH multiplicará a Israel.
❣ YHVH bendecirá los hijos de los israelitas.
❣ YHVH bendecirá los productos agrícolas de los israelitas.
❣ YHVH bendecirá la producción de los animales de los israelitas.
❣ YHVH permitirá que cada integrante de Israel tenga más bienestar que otros pueblos.
❣ YHVH no permitirá esterilidad en los hombres o en los animales israelitas.
❣ YHVH no permitirá enfermedades entre los israelitas.
❣ YHVH hará que las enfermedades alcanzarán los enemigos de Israel.
❣ YHVH dará a Israel el poder para exterminar a las siete naciones.

Ahora bien, notamos en esta ascensión (aliyá) que la Torah permite a nuestra conciencia, que las condiciones para obtener los beneficios del pacto en primer lugar tienen que ver con la fidelidad a las leyes relacionadas con el amor al prójimo. La obediencia a los mishpatim, que son las leyes sociales, es una condición incondicional para poder recibir el amor de Yahvéh y sus recompensas. Esto nos enseña que el amor que el Eterno nos muestre cotidianamente, siempre estará relacionado con el amor que mostremos a nuestro prójimo. El mismo principio se encuentra en los Escritos Mesiánicos, donde vemos que el amor que mostramos hacia el prójimo es un reflejo del amor que tenemos hacia el Padre:

“Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte… Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesús, el Cristo, y nos amemos unos a otros como Él nos ha mandado… El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor… Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto.”

(1 Juan 3:14, 23; 4:8, 12, 20).

Por lo tanto, el Señor anhela que aceptemos humildemente ante Él que la relación entre nosotros y el prójimo determina nuestra relación con el Padre. Es imposible servir al Eterno sin amar a los hermanos. Es imposible recibir los beneficios del pacto sin estar bien con los demás.

¡Cada Día con el Shemá! El Secreto de la Consciencia Mesiánica

Por P.A. David Nesher

 «Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno»

שְׁמַע יִשְׂרָאֵל יְהוָה אֱלֹהֵינוּ יְהוָה אֶחָד

Pronunciación: Shemá Israel, YHVH Eloheinu, YHVH Ejad

(Deuteronomio 6: 4) 

En la parashá (sección o porción) Vaetjanan nos encontramos con las bases de nuestra creencia. Se repite en nuestra memoria el momento supremo de recibir la Torah (kabalá Torá). También tenemos el primero de los tres párrafos del *Shemá Israel:

  • «Shemá Israel«, Escucha Pueblo de Israel,
  • «Yahvéh Eloheinu«, Yahvéh es nuestro Dios,
  • «Yahvéh Ejad«, es Uno y Único.

En el lenguaje hebreo la palabra Shemá (escucha), puede también significar «acepta hasta que vibre en todo tu ser«. Por eso, debemos saber que cuando recitamos el Shemá, estamos aceptando la soberanía del Eterno sobre nosotros. Esto quiere decir que aceptamos y nos comprometemos con cumplir Su voluntad tal como se nos indica e instruye en la Torah, con todos los preceptos positivos y negativos (prohibiciones) que el Todopoderoso ordenó observar.

En estas palabras, llamadas El Shemá, encontramos la clave para poder vivir cerca del Eterno en todo momento. Por ello, quiero permitirme el lujo celestial de desglosar esta expresión en cada uno de sus términos, y poder sumergirnos en las profundidades de su significación:

Shemá: Significa «Escuchen con atención y tomen esto seriamente» Es la aceptación de que lo primero que el ser humano tiene que hacer para estar cerca del Eterno es escuchar y obedecer. El Eterno toma la iniciativa para acercarse a nosotros y nosotros sólo tenemos que hacerle caso para poder obtener su gracia. Acércate cada mañana al Eterno y toma unos minutos para escuchar, sin hacer nada más, y deja que el Espíritu de Yahvéh te hable por las palabras de la Torah que has leído. No seas tan rápido en tus oraciones que sólo hables y no escuches. Es mejor escuchar a Yahvéh que hablarle. El shemá nos enseña a poner el escuchar con atención como la máxima prioridad en nuestras vidas, para luego obedientemente llevarlo a la práctica.

Israel: La segunda cosa que es necesario que se destaque en nuestra conciencia es nuestra identidad como pueblo exclusivo del Eterno. El gentil que ha hecho la conversión al Dios de Israel por medio del Mesías Yeshúa es parte del Pueblo escogido, pero no se convierte en judío (no necesita hacerlo), y puede identificarse con el pueblo (Efesios 2:19).

«YHVH Eloheinu» (Yahvéh nuestro Dios): Esta es la declaración de los que son parte de Israel. Al pronunciar esta expresión aceptamos nuestra certeza de que Yahvéh es nuestro Dios personal además de ser el Dios universal. Él mantiene una relación exclusiva con cada uno de nosotros individualmente y establece todas las circunstancias de la vida para extraer y aplicar toda la grandeza con la que fuimos creados. Este versículo revela que Yahvéh es únicamente el Dios de Israel. Los que tienen otros dioses no son parte de Israel. Pero los profetas aseguraron que en el futuro sería el Dios de toda la humanidad a través del Mesías:

“En ese tiempo daré a los pueblos labios puros, para que todos ellos invoquen el nombre de Yahvéh, para que le sirvan de común acuerdo.”

(Sofonías 3:9)

“Y YHVH será rey sobre toda la tierra; aquel día YHVH será uno, y uno su nombre.”

(Zacarías 14:9)

Hoy, las naciones gozan del cumplimiento mesiánico de estas promesas, y es responsabilidad de nosotros, los hijos primogénitos de Su Monte que demos a conocer Su Nombre entre los pueblos.

«YHVH Ejad” (Yahvéh Uno es): La palabra traducida como “uno” (ejad), implica unidad y unicidad. Es decir que el énfasis de esta frase es revelara que Yahvéh es Uno y Único.

Primeramente, es interesante decir que las Sagradas Escrituras usan este término para marcar la unidad entre varios elementos o personas, pero que se manifiestan como uno solo. El hebreo usado aquí para uno es ejad, el cual habla literalmente de una unidad compuesta, en lugar de utilizar la palabra hebrea yajeed, la cual se refiere a una unidad absoluta o singularidad (Génesis 22:2 y Salmo 25:16).

La primera vez que se utilizó ejad en la Torah es en Génesis 2:24 donde se usa esta expresión diciendo «y serán una sola carne”. Nuevamente, la idea de una unidad (una sola carne), haciendo una pluralidad (varón y mujer). En Éxodo 26:6 y 11, los cincuenta corchetes de oro son utilizados para unir cortinas para que la tienda pueda ser una (ejad), una unidad (una) compuesta por una pluralidad (las muchas partes del tabernáculo). En Ezequiel 37:17 el Señor dice a Ezequiel que debe unir dos palos (representando proféticamente a Efraín y a Judá) en uno (ejad), hablando nuevamente de una unidad (un palo) compuesto por una pluralidad (dos palos). No hay ninguna manera en que ejad pueda tener la idea de una singularidad absoluta; la idea de un Dios en tres personas encaja perfectamente con el termino de ejad.

Por lo tanto, la palabra ejad tiene los siguientes dos significados en este contexto: que Yahvéh no es plural (no hay dentro Él dioses en alianza) y que no hay otro igual a Él. Él es el único Dios que existe y esa unicidad, esa singularidad, lo ha revelado a Israel, especialmente a través del Mesías.

La vida eterna consiste en conocer – por experiencia vivencial – al único Dios verdadero, y a quién ha enviado, Yeshúa el Mesías:

“ Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Yeshúa el Mesías, a quien has enviado.”

(Juan 17:3)

“…para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para Él; y un Señor, Jesús el Cristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual existimos nosotros. Sin embargo, no todos tienen este conocimiento…”

(1 Corintios 8:6-7a).

Así mismo, hasta el título Dios (hb. Elohim) en esta línea sugiere la pluralidad del Eterno en una absoluta y perfecta Unidad. La palabra hebrea es Elohim, gramáticamente, es una palabra plural siendo utilizada como una palabra singular. El rabí Simeón ben Joaji, comentando acerca de la palabra Elohim: “Venir y ver el misterio de la palabra Elohim; son tres grados, y cada grado por si solo, sin embargo, todos son uno, y uniéndose se hicieron uno, y no están divididos entre sí.” El teólogo y reformador alemán Martín Lutero al explicar la exégesis de Elohim usado en este versículo destacó: “Pero tenemos el claro testimonio que Moisés pretendió indicar a las tres personas en una y única naturaleza divina.” ¡No son tres dioses, sino Uno y Único!

Sólo hay UN Dios. Adoramos a UN Dios, existiendo en tres personas, no tres dioses diferentes.

Un redimido, de mentalidad hebrea, debe saber que el Eterno es Uno Arriba, Abajo y en los cuatro puntos cardinales.

El significado de UNO incluye:

Es la única Verdad absoluta pues todas las demás realidades dependen de Él para su existencia. La idea significa que no solo hay un Dios, sino que Dios y toda la creación son una cosa. No hay nada aparte de Yahvéh. Nada existe fuera de Él; cada cosa que percibimos, cada partícula de existencia no es sino una manifestación del Eterno.

La esencia del Eterno es Una, si bien podemos percibirlo solamente a través de diversos atributos.

Él es una Unidad, no puede ser dividido ni comparte Su soberanía. Él es el Rey del Universo.

Es Uno por encima del tiempo y el espacio. Aunque podemos aceptar los eventos y las personas únicamente en términos del pasado, el presente y el futuro, debemos entender que Yahvéh es eterno; y aunque podamos pensar de cualquiera como confinado en un lugar, debemos saber que Yahvéh está presente en todas partes (Omnipresente).

Está por encima de cualquier atributo corporal. Aunque estemos obligados a referirnos a Él en términos comprensibles para nosotros, como son: «Su Voz», «Su Brazo», etc. debemos comprender que en realidad no tiene ningún atributo físico y no está sujeto a ninguna condición o limitación alguna.

Esta es la verdad esencial de Yahvéh, nuestro Dios. Él es una persona y no una fuerza vaga panteísta. Siendo Uno, Él no puede ser representado por imágenes contradictorias. Ya que Yahvéh nuestro Dios es uno, Él no es Baal, ni Astarté. Él es Yahvéh, el verdadero Dios, y el Señor de todos, y esos dioses no lo son.

Este es el motivo por el cual tenemos que amar a Yahvéh con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todos nuestros medios o recursos.

Por eso necesitamos elevar nuestra conciencia ante el hecho de que el Shemá es una de las herramientas más poderosa para atraer energía sanadora a nuestra vida. El verdadero poder del Shemá es liberado cuando recitamos esta oración mientras meditamos con ella al despertar, y antes de acostarnos. Decir el Shemá por la mañana y por la noche es una hermosa mitzvá (mandamiento) que garantiza la atmósfera de milagros que necesitamos para cada día.

El Shemá Israel proviene de la tecnología espiritual de la Torah, y está diseñada para ayudarnos a traer la consciencia Mashiaj a nuestra vida y la de nuestra familia.

Para finalizar, debo decir que al tiempo que un hijo primogénito debe creer en la Unicidad de Yahvéh en todo momento, está obligado a proclamarlo verbalmente cada mañana y cada noche por donde quiera que vaya y a toda criatura que encuentre en su peregrinar.

Ahora los invito a que consideren la decodificación de la palabra EJAD (Uno) en este imagen:

La Tecnología Espiritual de la Torah

Entender que el Eterno es UNO (Ejad) significa asimilar que Él es la única Verdad absoluta. Él no comparte Su soberanía, está por encima del tiempo (Eterno) y del espacio (Omnipresente), y no está sujeto a limitaciones físicas. Él es un único Ser, no una vaga fuerza panteísta.

Saber esto eleva el Shemá de un simple rezo a lo que verdaderamente es: la tecnología espiritual de la Torah.

El Shemá está diseñado para ayudarnos a traer la consciencia Mashíaj (mesiánica) a nuestra vida y a la de nuestras familias. El verdadero poder de esta oración se libera cuando la recitamos meditando en ella al despertar y antes de acostarnos. Proclamar el Shemá por la mañana y por la noche no es ritualismo vacío; es una hermosa mitzvá (mandamiento) que garantiza la atmósfera de milagros que necesitamos para cada día.

Como hijos primogénitos de Su Monte, asumamos este compromiso. Permitamos que el Shemá vibre en todo nuestro ser, escuchando con atención, y proclamemos verbalmente Su unicidad dondequiera que nuestro peregrinar nos lleve.


El Poder Transformador de la Torah

Por P.A. David Nesher

“ Estas palabras Yahvéh habló a toda vuestra asamblea en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de las densas tinieblas con una gran voz que no cesó. Y las escribió en dos tablas de piedra y me las dio.”

(Deuteronomio 5:22)

Al venir a las Sagradas Escrituras, notamos que aquello que desde la dogmática cristiana se conoce como los Diez Mandamientos están repetidos en la Torah. La primera mención está en la Parashá Yitró y la segunda en la Parashá Vaetjanán.

Ahora bien, si tomamos en cuenta que Vaetjanán está ubicada en el libro de Devarim (Deuteronomio), el quinto volumen de la Torah (el cual contiene los discursos de Moshé que recapitulan muchos sucesos anteriores) está claro que estos «Diez Mandamientos» merecían ser enumerados de nuevo. Cabe mencionar que la Torah relata que las Tablas sobre las cuales estaban escritos los Diez Mandamientos fueron destrozadas por Moshé cuando presenció la danza frenética de nuestros antepasados alrededor de un becerro de oro, hecho descrito en este texto semanal.

Por lo antedicho, Moshé tuvo que permanecer nuevamente cuarenta días y cuarenta noches en el Sinaí para recibir un segundo conjunto de Tablas con el texto escrito de los «Diez Mandamientos». De tal manera que la repetición de este texto en Vaetjanán simboliza las dos ediciones de las Tablas.

¿Existe alguna diferencia entre ellas? Bien, desde un asunto de codificación los sabios han interpretado que la primera versión de los Diez Mandamientos no fueron escritos en tabletas de piedra planas, sino en unas figuras en forma de cubos. En cambio, el segundo set hecho por Moisés fue en dos tablas de piedra planas.

Pero, lo más importante es que entre ambos sete se alcanza a apreciar un cambio textual importante: la razón de observar el Shabat. Las primeras Tablas fundamentan el cumplimiento de este día en la Creación del universo, mientras que las segundas aducen que el motivo escondido en esto es el éxodo de Egipto. Meir Simhah Feldblum, profesor de Yeshivá University, concluye que la diferencia de las Tablas refleja un cambio de actitud que recién se consolidará dentro del seno del pueblo durante la época de Mordekai (Mardoqueo) y Ester, cuando el pueblo reafirmó su compromiso con el cumplimiento de las leyes de la Torah, a pesar de que sus antepasados ya lo habían hecho en el monte Sinaí. Esta vez, el pueblo optó por la Instrucción después de largas y arduas experiencias, pero especialmente porque se había desarrollado una Torah paralela: Torah Shebealpé, (la Torah oral), que explica con abundancia de detalles el texto de la Torah escrita e inspira a la halajáh que se necesita para no salir de la senda lumínica que marca cada mitzvot. Esto será el sentido ontológico de la fiesta del Purim.

Las primeras Tablas fueron recibidas por un pueblo que recientemente había salido de la esclavitud y que no estaba preparado para ejercer la libertad, condición que puede aterrorizar a la mente esclavizada, que ha sido magistralmente analizada por Erich Fromm en su libro «Miedo a la Libertad» (que recomiendo). Incluso nuestros jajamim sostuvieron que el pueblo aceptó el cumplimiento de los Diez Mandamientos bajo coerción divina.

Lo cierto es que Moshé al reunir al pueblo recuenta la Torah ante la cual se comprometieron los que estaban presentes y a sus generaciones venideras. Moshé continúa su discurso pedagógico recordando capítulos de la historia reciente de Israel. También vuelve a dictar y clarificar muchos de los mandamientos que Dios ya había establecido para Su Pueblo. Por esto, el sefer (libro) Devarim es conocido también como “Mishné Torá”, que significa “la repetición de la Enseñanza”, o Deuteronomio (repetición de la ley) como se le llamó más tarde en griego al realizarse la traducción de La Septuaginta (o Versión de Los Setenta). Como ya lo he explicado muchas veces, el texto hebreo no habla de Diez Mandamientos (término dogmático del cristianismo), sino de «Diez Palabras» (gr. Decálogo traducción del hebro «Aserete HaDibrot«).

Este Decálogo es la mejor terapia que el Eterno ofrecía para que Israel lograra alcanzar sus objetivos de manera íntegra. Por ello, Moshé en esta ocasión pondrá el énfasis sobre el estudio y la transmisión de los conocimientos de sus códigos de Luz para asegurar la indispensable transmisión de valores a las generaciones futuras.

El Decálogo es sustancialmente igual al relato que encontramos en Éxodo 20, salvo en el precepto de la observancia del sábado (Shabat).

Había cinco frases en cada tabla de piedra. Las cinco primeras frases hablan de la relación entre el Eterno y el hombre y las cinco últimas hablan de la relación entre los hombres entre sí. Cabe aquí señalar, que la relación entre los hijos y los padres es un reflejo de la relación que hay entre el Eterno y los hombres y por eso esta palabra está en la primera tabla.

De acuerdo con la enseñanza de Yeshúa, existe un mandamiento que resume las cinco palabras de la primera tabla: “Amarás al Eterno tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu posibilidad”, (Deuteronomio 6:5). Esto deja en evidencia que el amor al Eterno se expresa en la obediencia a los mandamientos, (5:10).

También, Yeshúa enseñó que hay un mandamiento que resume las cinco palabras de la segunda tabla: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, (Levítico 19:18).

Este es el amor perfecto en el cual se capacitaban los discípulos de las primeras comunidades. Ellos aprendían a enfocarse en la praxis cotidiana de un amor que vibra y actúa en dos planos existenciales, por lo que se lo conoce también como el amor gemelo [Invito a cotejar esto leyendo el evangelio de Mateo 22: 34-40].

Un dato curioso y lleno de enseñanza para destacar es el hecho de que en la primera tabla hay muchas más palabras que en la segunda, por lo que sus letras deben haber sido mucho más chicas que las de la otra. Esto, lo hizo Yahvéh a propósito para que las mitzvot (mandamientos) entre el ser humano y su prójimo sean más fácilmente advertibles que las mitzvot entre el hombre y Dios. La causa es que el yétzer hará (inclinación al mal) del ser humano es mayor en el área entre el hombre y su prójimo. De este modo el Eterno reveló que quería que la gente se enfocara más en las mitzvot entre el hombre y su prójimo porque requieren un mayor esfuerzo para superar el yétzer hará.

Moshé remarcó, al repetir la Torah, el hecho de que estas Diez Palabras o Diez Sentencias forman la Constitución que debe regular la vida individual y colectiva de la nación Israel, una vez establecida en la Tierra Prometida. Es el camino marcado por Yahvéh para establecer una vida de paz, de prosperidad, de entendimiento, de concordia, con los pueblos extranjeros, con los hermanos y consigo mismo.

Con esto la nueva generación comprendió que la Torah no está proponiendo una religión, ni una conducta ritual. Sino que su propuesta radica en un plan de vida integral, de perfeccionamiento, de crecimiento, de armonía bajo la sabia y amorosa guía que el Eterno nos brinda con su Instrucción.

Pensemos por un momento: si todas las personas cumplieran con los mandamientos que les corresponden, ¿no estaríamos ya viviendo en un verdadero paraíso terrenal? Porque la mayor parte de las cosas desagradables que nos suceden no son causadas por la naturaleza, ni por accidentes imprevisibles. Realmente, los daños que nos sobrevienen son casi siempre debido a la intervención del hombre, ya sea porque actúa erróneamente o porque está incumpliendo con algunas de sus responsabilidades, al dejarse guiar por su iétzer hará (inclinación al mal).

¿Habías considerado este punto anteriormente? ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad en lo que nos sucede, como individuos y como comunidad?

Te dejo meditando. Nos encontraremos en otra bitácora.

Shalom!

El Poder de Cumplir con lo que se Promete.

Por P.A. David Nesher

«Entonces Moisés habló a los jefes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que el SEÑOR ha ordenado. Si un hombre hace un voto al SEÑOR, o hace un juramento para imponerse una obligación, no faltará a su palabra; hará conforme a todo lo que salga de su boca.»

(Números 30:1-2)

En los días que transitamos es sorprendente la manera tan fácil y natural con que los seres humanos asumen sus promesas, como si la vida fuera un juego en el que puedes prometer cualquiera cosa, sin saber siquiera si están en condiciones de afrontarla en el futuro, y por ende, sin importar si podrán cumplirlas o no. Total, hoy nadie demanda a cumplir nada, y si alguien se atreviera a hacerlo, qué importancia tiene.

Hay pocas cosas peores que una persona que hace promesas de forma constante y no las cumple, bien sea porque no puede o simplemente no quiere. Van de pacto en pacto creando expectativas y causando decepción cuando fallan en satisfacerlas, sin siquiera medir o conocer (al menos en muchos casos) el impacto de lo que están haciendo.

Por todo esto, no sé qué es peor, si dar la palabra y romperla o nunca darla. Lo cierto es que, hoy vivimos en sociedades en la que ambas cosas son frecuentes, e insisto, a nadie le importa. En todo esto, es la palabra “compromiso” la que se ha convertido en una palabra desagradable que puede destruir una relación o dividir una sociedad de negocios. Hoy en día, el compromiso, no sólo se evita, sino que también se rompe con facilidad. Los matrimonios, una vez instituciones sagradas, se han vuelto desechables, y romper los acuerdos verbales es ahora una costumbre.

¡Muy lejos han quedado los día de nuestros abuelos en que honrar una promesa, era poco menos que verte con un compromiso de vida o muerte!

Necesitamos entender que nuestra palabra es nuestro único bien con valor. Las cosas materiales son circunstanciales y un día podemos encontrarnos sin ellas.No deberíamos conferirles más valor del que tengan para permitirnos sobrellevar nuestra vida. Por el contrario, nuestra palabra y nuestros actos, nos acaban definiendo como personas a largo plazo.

Por eso, en la parashá (porción) de estudio de esta semana, denominada Matot (que significa «tribus«), nos encontramos con un gran discurso disertando acerca de la importancia y el poder de cumplir las promesas.

La Torah destaca a los líderes (jefes) en relación con el cumplimiento de las promesas. Esto nos enseña en primer lugar que un jefe o líder (desde una familia, hasta una nación) tiene mucha más responsabilidad para cumplir sus promesas que aquellos a los que preside. Esto se debe al hecho de que él, o ella, representa a YHVH ante los suyos. En consecuencia, si un líder no cumple con sus promesas, el colectivo que preside tendrá una imagen equivocada del Eterno que le ha puesto como Su representante. Desde esto, debemos inferir también que desde la cosmovisión yahvista toda sociedad tiene que ser fundada sobre fidelidad, especialmente entre los líderes que la ministran.

Desde estas pautas divinas queda bien claro que un líder político que fluye en promesas durante una campaña electoral y luego, al ser elegido, no cumple con ellas, profana el nombre de YHVH, y propicia juicios sobre su persona y los colectivos que preside. Sin embargo, y pese a que está bien claro en las Sagradas Escrituras, en el occidente cristiano actual es costumbre de todos los gobiernos prometer mucho y cumplir poco (o nada). A esos «señores» sería bueno anunciarles que la actitud de no cumplir las promesas es más grave de lo que parece y/o piensan. No cumplir con lo que se promete tiene que ver con el honor de YHVH y la armonía de las esferas celestiales.

Como lo di a entender más arriba, este principio es prioritariamente válido para los padres de una familia. Los dos, papá y mamá, deben aceptar que al dar una promesa a los hijos es muy importante cumplirla para que así ellos conozcan la fidelidad de YHVH a través del ejemplo de los padres.

Por eso, cuando son los padres los que se convierten en infractores comunes de las promesas que les hacen a sus hijos (especialmente cuando son pequeños), el escenario, sin duda alguna, se agrava de manera esencial. Y es que en estos casos, la confianza en papá o mamá, y en los adultos en general, se rompe, pues los niños aprenden a esperar lo que se les garantiza.

De acuerdo con los profesionales de la salud psíquica, en niños y adolescentes, las promesas que no les cumplen pueden, incluso, afectarles la autoestima, pues pueden llegar a pensar que sus padres no los quieren lo suficiente como para hacer valer su palabra. De ese modo, las promesas incumplidas quitan la autoridad como padres. Hacen que se pierda la credibilidad que los hijos tienen en sus progenitores, generándose entonces mucha desilusión, que suscita desconfianza en los seres humanos todos, en el ambiente y hasta en la Divinidad.

Por favor padres, entiendan que la imagen que ustedes proyectan sobre sus hijos es la que los hijos aplican sobre el Eterno. Los hijos siempre piensan que YHVH es como sus padres. Por esto es muy importante que los padres cumplan sus promesas a los hijos y no cambien su palabra. Si alguna vez es necesario cambiar la palabra dada a los hijos hay que pedirles perdón para que ellos entiendan que ese comportamiento no es correcto y así no van a pensar que YHVH quiebra sus promesas.

Siendo más amplios y globales en este estudio, agregaré que este texto también implica que un ser humano es responsable para cumplir su palabra ante las autoridades y que, en ciertos momentos, las autoridades tienen la posibilidad de anular las promesas que hayan sido hechas por el pueblo.

Entonces, aceptémoslo: hacer y mantener nuestros compromisos da a los demás confianza en nosotros, pero lo más importante, da confianza en uno mismo. Esto nos permite crecer más allá de nuestras limitaciones actuales, y nos ayuda a navegar a través de las tentaciones y otros peligros espirituales. Mientras muchas personas erróneamente piensan que hacer un compromiso los restringirá y evitará que hagan otras cosas, la verdad es todo lo contrario. Sólo cuando podemos dar nuestra palabra y mantenerla, es que tenemos la capacidad para movernos y crecer de forma progresiva.

Matrimonio, hijos, carrera, espiritualidad (lo que sea) todos requieren que seamos capaces de dar nuestra palabra y cumplirla. Cuanto más mantenemos nuestra palabra, más poderosa se vuelve.

El pueblo del Eterno está llamado a mantener su palabra (compromiso), aunque esto no quiere decir que vamos a cumplir con algo que sabemos no se puede. Nunca debes estar en una situación en la que has dejado de cumplir a alguien porque prometiste algo que sabías de antemano que no podías cumplir. Yeshúa advirtió en contra del juramento (en el sentido de hacer votos o promesas que no podremos cumplir) cuando dijo:

«Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.”

(Mateo 5:37)

Pero, si se trata de la promesa de pagar a alguien, mantener un secreto que se nos ha confiado o realizar algún tipo de trabajo (tarea) entonces debemos cumplir con el compromiso.

Nuestra palabra (compromiso) debería ser suficiente. Si sentimos que debemos fortalecerla con un juramento, algo anda mal con nuestra sinceridad, y especialmente con nuestra ética.

Yahvéh enseñó a los israelitas que al hacer un voto con Él, no debían arrepentirse de su promesa aun si esta resultaba más costosa de lo que esperaban. El Eterno toma seriamente nuestras promesas. Si usted hizo un voto (compromiso) de dar, donar, y/o hacer algo para el Señor y repentinamente surgen imprevistos, su fiel mayordomía será costosa. Sin embargo, Yahvéh espera que usted cumpla con su promesa, aun cuando le sea difícil.

En algunas ocasiones queremos comprometernos con el Eterno en forma parcial. Pero el compromiso y la obediencia al Señor no son negociables. Cuando se tiene que obedecer a Dios, la mitad de la obediencia no servirá de nada.

Tal vez pensamos que esto no traerá consecuencia sobre nosotros porque no vemos que nada nos suceda. Pero un día daremos cuenta de todo lo que hablemos y prometamos. El Señor dice:

“Más yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.

(Mateo 12:36-37

¿Sabías que al hacer una promesa o un pacto con Yahvéh quedamos ligados por las palabras de nuestra boca y que debemos cumplirla? Su Palabra dice:

“Te has enlazado con las palabras de tu boca, Y has quedado preso en los dichos de tus labios».

(Proverbios 6:2)

Hacer una promesa a Yahvéh es como una atadura porque después de prometerle algo a Él te has comprometido y has ligado tu alma a las palabras que has hablado.

Aceptar una responsabilidad significa llevarla a cabo con determinación y valor, a pesar del sacrificio personal.

Estemos atentos para que nuestra fe en Yeshúa no esté basada solamente en ciertos rituales, sino en prometerle nuestro amor y manifestarlo con obras concretas para transformar nuestro mundo todos los días.

Por eso, mi amado discípulo del Mesías, te pido que seas muy cuidadoso en cumplir lo que has prometido. De esa manera serás como Yahvéh y honrarás Su Nombre entre los hombres.

Piénsalo la próxima vez que estés tentado a prometer… ¿estás dispuesto a cumplir esta promesa pase lo que pase?

Lo Sagrado que es el Shabat

Por P.A. David Nesher

 

«Cierto día, mientras el pueblo de Israel estaba en el desierto, descubrieron a un hombre que recogía madera durante el día de descanso. Los que lo encontraron lo llevaron ante Moisés, Aarón y el resto de la comunidad. Lo mantuvieron bajo vigilancia, pues no sabían qué hacer con él.»

(BaMidbar/Núm 15:32-34)

 

A este israelita lo hallaron recogiendo y apilando su leña. La Torah no dice que el hombre tuvo arrepentimiento. Según el comentarista Rashí, los que lo hallaron le advirtieron de que eso estaba prohibido en Shabat bajo pena de muerte, pero él no hizo caso. Según la Torah misma, una persona no puede ser sentenciada a muerte si no hay dos o tres testigos que le hayan advertido antes de cometer el crimen. Como el hombre no había hecho caso a la advertencia, el Eterno dictó la sentencia de lapidación. Moshé consultó con Yahvéh sólo para saber qué tipo de pena de muerte le tenía que dar, puesto que ya se había dado el mandamiento del Shabat con la pena capital en el caso de que se quebrantara, (Éxodo 31:14-15). En la Torá hay cuatro formas de ejecutar una persona, y Moshé no sabía cuál de ellas aplicar en este caso, y por eso consultó. También se puede pensar que Moshé no estaba seguro si el hecho de apilar leña deber ser considerada una melachah y por eso debería consultar a Yahvéh. Este texto nos enseña cuán importante es el Shabat para nuestro Padre celestial.

Con el ejemplo de este israelita que cortó leña en Shabat,  el Eterno está enseñándonos que, quien profana Shabat, es como si hiciera idolatría, y que observar el Shabat es tan importante  como guardar todos los otros preceptos (613) en uno solo. Como está escrito:

«Y sobre el monte Sinaí bajaste y le diste a Tu pueblo Torá y preceptos, y de Shabat su santidad les anunciaste a ellos». 

(Nehemías 9: 13, 14)

 

La persona que verdaderamente cree en Yahvéh, como verdadero Dios y como el Creador, debe rendir un testimonio no sólo con la voz, sino con acciones que demuestren esa creencia. Sus acciones deben manifestar que él cree en esto y él debe tratar de emularlo. Al no trabajar en Shabat el observante imita a Yahvéh, porque la Torah nos dice que la observancia del Shabat está relacionada con el hecho de que Dios dejó de trabajar en Shabat y tratamos de ser como él.

 

¿Pero por qué es la falta de observancia del Shabat comparada con la idolatría?

 

Porque la observancia del Shabat es un testimonio vívido de la emuná (fe). No es sólo fe en que Yahvéh creó el mundo en el pasado o en el principio de los tiempos. Es también una expresión de fe que el Eterno mantiene su creación en una base diaria, y que su creación tiene un orden y propósito a la misma. Es también un testimonio de que Yahvéh mantiene el control de todo lo creado, incluso los detalles históricos de cada ser humano. Él es el sustentador de todos. Desde que creó el mundo, mantiene la soberanía sobre él. Creer en Yahvéh significa que se reconoces que Él es Todopoderoso. La naturaleza misma de un «Dios» significa que tiene poder ilimitado y que todo depende de Él.

Si una persona no es observante del Shabat el rinde un testimonio (falso) de que hay otras fuerzas que tal vez tienen más influencia en su vida que el Eterno. Utilizando el ejemplo de un trabajo. Tal vez por ir a trabajar en Shabat el testimonio de que la persona está dando es que él/ella puede creer en el concepto de Dios, pero cree que sus poderes son de alguna manera limitados. ¿cómo funciona esta correlación? ¿si usted cree que Dios es todopoderoso no tendría miedo de ir a trabajar en Shabat? Más bien, el que dice que «tiene que trabajar en Shabat», está en realidad diciendo, que si no fuera al trabajo, no tendría ninguna otra ayuda, entonces  esa persona no cree en el Dios verdadero. A lo mejor cree que Dios puede existir pero que hay otras fuerzas como el dinero que de alguna manera pueden co-gobernar el mundo o que Dios no tiene poder sobre el movimiento de dinero.

 

Si una persona viola el Shabat, al trabajar para ganar dinero o por salir a divertirse, etc., lo que están presentando es un testimonio de que sus propias normas son más importante que las normas de Yahvéh, ellos son los dueños de su propio destino. y por eso pueden ser reconocidos como idólatras. Ellos se adoran a sí mismos y no al verddero Dios.

 

 

¿Qué importancia tiene el Shabat para nosotros? ¿Qué hago yo para que el día de Shabat sea diferente al resto de los días de la semana?

 

El Shabat fue consagrado por Yahvéh entre los días de la semana, para descansar, para estar reunidos en familia y comunidad; para dedicarlo a la oración; al estudio de la Torah; al placer de comer reunidos todos en torno a la mesa; para descansar nuestras mentes del trabajo realizado en la semana; para hacer un parate en nuestras vidas y mirar hacia atrás viendo que nos ha sucedido en la semana que paso, intentando mejorar y corregir aquellas cosas que hemos hecho mal y regocijándonos con los logros obtenidos.

 

Por eso yo los invito a transformar nuestras vidas; a que una vez en la semana nos renovemos, participando de las tefilot (oraciones) de shabat el viernes a la noche y el sábado a la mañana; que enciendan las velas de Shabat junto a sus familias; que tengan sus cenas sabáticas en casa, con la familia y amigos.

 

Si son dueño de sus vidas y el sábado a la mañana en lugar de trabajar, ir de compras, sentarte a tomar un café pueden asistir a la asamblea para tener Minián y leer la Torah, seguramente que se enriquecerás mucho más.

 

Ser un hijo primogénito tiene un significado profundo e ilimitado. Hay que cumplir con todas las mitzvot (mandamientos). Hay que venir a la asamblea; cerrar los negocios en Shabat; no usar el celular y tantas otras cosas. Por eso no juzguemos a los demás sin saber. Lo importante es comenzar por algo. Cada paso que damos es importante; quizás no puedas cumplir con todo, pero si empiezas a cambiar tu vida de a poco creo que vale mucho, puesto que hay mucha gente que se escuda en decir como no puedo hacer “todo” directamente no hago nada y eso no sirve.

 

El mundo cambió, no dejemos que se pierda todo lo bello que tiene nuestra emuná (fe) y de disfrutar cada Shabat, seguramente no te arrepentirás.

 

Un hijo primogénito del Eterno es un fiel observante de Shabat. Él (o ella) convierte al Shabat en un testimonio de que cree completamente que su vida depende de Yahvéh y que además cree que el Eterno es quien le da el sustento y que ninguna otra fuerza está en control del mundo. Prefiere decepcionar a su jefe en el trabajo que a su Jefe Celestial.

 

¡En Shabat se abren todos los senderos de la Luz Infinita! ¡Shabat siempre nos protegerá!… ¡No dudes en santificarlo!

 

¡Shabat Shalom!

Un Pan para Elevar la Conciencia (El Precepto de la Jalah)

Por P.A. David Nesher

 

«También habló Yahvéh a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra a la cual yo os llevo, cuando comencéis a comer del pan de la tierra, ofreceréis ofrenda a Yahvéh. De lo primero que amaséis, ofreceréis una torta en ofrenda; como la ofrenda de la era, así la ofreceréis. De las primicias de vuestra masa daréis a Yahvéh ofrenda por vuestras generaciones.»

(BaMidbar/Números 15: 17 – 21)

 

El pan especial que comemos en nuestra cena  de Shabat se llama «Jalah» (plural: jalot), el mismo tiene su origen en la necesidad que tiene Israel de cumplir este mandamiento perpetuo ordenado en este pasaje de Bamidbar, aún en el exilio.

Este pasaje revela cuan ricos en promesa y ánimo eran los mitzvot (mandamientos) de Yahvéh, con el objetivo de asegurarse siempre el correcto enfoque de la emunah (fe) de Abraham que les había entregado al santificarlos con la Torah.

Con este precepto, el Eterno establece sus mentes en la Tierra Prometida, incluso a pesar que ellos están a una larga distancia de ella todavía. Yahvéh sabe que manteniendo sus mentes enfocadas en Su promesa, ayudará a que ellos puedan auto-valorarse en Su propósito eterno a través del desierto y preparar así sus corazones como la nueva generación que Yahvéh posee para triunfar donde la vieja generación falló.

Esta ofrenda exige la presentación del primer pan hecho con el grano cosechado para el Señor. Era semejante a la ofrenda de paz. Con este “tributo” se indicaba la soberanía y el dominio absoluto del Eterno, a quien se hace partícipe de lo mejor y lo primero, en reconocimiento de que es Él, y solamente Él, quien da a los seres humanos los bienes de la Tierra.

Así se simbolizaba diariamente que todas las bendiciones provienen del Eterno y todo lo que se produce con la labor diaria le pertenece a Él. Esta regulación es señal de esperanza, ya que nuevamente, Yahvéh da por sentada la realidad de que los israelitas de la nueva generación entrarán en la Tierra Prometida.

Con este mitzvá, Yahvéh apunta a garantizar días de refrigerio que Él mismo haría venir para Su Pueblo una vez establecido en Canaán. Así la mente de Israel  descansaba plenamente en la gracia inagotable de Dios hacia un pueblo que se manifestaba rebelde y contradictor.

En estos versículos hay tres términos hebreos para considerar:

  1. Reshit– primicias de.
  2. Jalah– una parte de la masa que se aparta.
  3. Terumá– porción separada.

La palabra jalah se refiere a la terumá, la porción separada, que se aparta para entregar como ofrenda al Eterno. De este modo, el Eterno aseguraba a los Kohanim, servidores que se ocupaban permanentemente de las tareas del servicio divino, tengan lo necesario para su subsistencia sin hacer esfuerzo alguno. Lo que no era así en la porción de la cosecha del granero que recibían, con la que sí debían esforzarse para tener provecho de ella, al tener que colar los granos, molerlos y demás trabajos que debían hacer hasta transformarlos en comida.

La idea es que cada vez que se hornee un jalah (pan), debe retirarse una pequeña porción de masa (torta). Según los códigos de la Torah esto era con el fin de quebrar el “deseo de recibir para sí mismo” presente en la naturaleza egocéntrica del alma humana.

El fundamento de este mitzvá (mandamiento) es que siendo que la vida del ser humano depende de su alimento, y la mayoría del mundo vive a base de pan, quiso Yahvéh meritarnos por medio de una mitzva permanente con nuestro pan. De este modo, nuestro Abba se aseguró que la bendición recaiga en él por medio del cumplimiento de este mandamiento (mitzvá), y que sea un mérito para nuestras almas. De este modo, la masa del pan, elevado a Yahvéh, es el alimento no solo del cuerpo, sino que también del alma.

Este mitzvá (mandamiento) de separar una parte del jalah (pan), tiene la finalidad de traer de regreso la pureza de espíritu que se perdió con el pecado de Adam. Cada miembro de la familia puede hacer la separación de la jalah, pero la mitzvá es principalmente para la mujer, ya que así hacen tikun (rectificación) por el pecado de Java/Eva.

¡Cientos de pensamientos y anhelos embargan el corazón de una madre cuando separa el trozo de jalah al amasar su pan! ¡Incontables bendiciones alberga su alma para sus hijos! Ser madre implica no cesar nunca de interceder por los hijos. Que ellos sean fieles custodios de la Instrucción divina; que se consagren a ella y a las buenas acciones; que cumplan con alegría Sus preceptos; que sean personas bondadosas e inteligentes; que sean íntegros; que eleven el mundo con sus virtudes, etc., etc.

Además, al observar este mandamiento, un varón hebreo, y su familia, revelan su emuná (fe) en el Supremo y expresa su reconocimiento a Él, quien al vestirse en el ropaje de las leyes naturales le ha permitido obtener esa masa, de la cual toma una parte para ofrendar, cuando bien podría utilizarla para beneficio propio. De este modo, cada israelita atestigua a todos los ámbitos celestiales que está rechazando la idolatría (materialismo) como sistema de vida, y que simplemente se fortalece en la emuná (fe).

Interesante es aportar que la expresión traducida “vuestra masa” proviene del hebreo arisotejem, que también significa “cuna”, y “lecho de descanso” (cama). Entonces, la mente hebrea también entendía que este versículo está indicando que desde los primeros instantes de vida de un bebé (desde su cuna) debe ser elevado espiritualmente orientándolo en el camino de la Torah. Y lo mismo, se entendía al referirse a los primeros momentos del día, ni bien uno se levanta d su lecho de descanso, debe elevarse en mente y corazón a una causa espiritual a través de la tefilá (oración de alianza) y la meditación en la Torah. De este modo se garantiza el éxito en toda tarea emprendida en la jornada.

En tiempos modernos, a no estar el Templo restaurado, se separa una parte de la masa del pan y se quema, con el fin de cumplir parte de este mandamiento. En el versículo 21 está escrito que es “por vuestras generaciones”. No es un mandamiento temporal, lo cual se podía haber pensado según el versículo 18.

El mandamiento de la separación de la jalah solamente es obligatorio en la tierra de Israel cuando la Shekiná resida en el Santuario.

Este precepto aplica solamente cuando los israelitas habitan en Israel, pero se practica actualmente en la diáspora con el fin de que el mandamiento no sea olvidado. Antiguamente la jalah fue entregada al sacerdote, pero hoy en día es quemada. Por consiguiente, se separa la “jalah”, y como hoy no existe el Templo se la quema en el mismo horno en que se hornea el pan.Si uno olvida sacar la jalah de la masa cruda, debe ser tomada del pan.

El procedimiento es el siguiente:

Antes de separar el trozo de jalah se recita la siguiente bendición:

«Barúj ata Yahvéh Elohéinu, Mélej haolám, ashér kidshánu bemitzvotáv vetzivánu lehafrísh jalah.»

En español es:

(“Bendito eres Tú, Yahvéh nuestro Señor, Rey del universo, que nos ha santificado con Sus mandamientos, y nos ha ordenado separar jalah”).

Por supuesto también se puede proceder a hacer una oración espontánea que resalte al Eterno por liberar una vez más a nuestra familia de malas noticias.

A continuación se separa 1 kazáit (el tamaño de una aceituna grande) de masa. Después de separar la jalah se dice: “Haré zo Jalah”  o en español: “Esto es jalah”,  y se lo quema en el fuego. La costumbre es incinerarlo en el mismo horno en que se horneará el pan. Esto es cierto en los antiguos hornos a leña. En las cocinas modernas a gas o eléctricas, se lo debe quemar sobre el mechero hasta que se carbonice y luego dejar el mechero encendido unos 15 minutos más para kasherizarlo (purificarlo) o puede también dejarla en el horno hasta quemarse completamente.


Recomiendo leer también los siguientes ESTUDIOS:

La Intercesión del Justo logra vencer a la Incredulidad del Pueblo.

Por P.A. David Nesher

 

 

“ Y Yahvéh dijo a Moshé: ¿Hasta cuándo me desdeñará este pueblo? ¿Y hasta cuándo no creerán en mí a pesar de todas las señales que he hecho en medio de ellos?”

(Números 14:11)

El conflicto causado por la rebelión de Israel que decidió escuchar el informe negativo de los 10 espías perversos, tenía una causa: la incredulidad. Según el diccionario, incredulidad es la imposibilidad o reserva que tiene una persona para creer algo que no ve o que no está demostrado, aunque esté aceptado o consensuado por la mayoría. En pocas palabras, la incredulidad es la falta de confianza y la falta de fidelidad. El pueblo de Israel eligió no creerle al Eterno. Ellos escogieron las palabras de derrota de los príncipes perversos, en lugar de las promesas de victoria que el Eterno les había entregado; y así les alcanzó la derrota. Yahvéh ha sido únicamente bueno con Israel, y ha demostrado Su fuerza amorosa hacia ellos incontables veces. El rechazo de Israel a Yahvéh no tiene sentido alguno.

Ahora quiero invitarlos a hecho de que el Eterno no quiere hablar con la nación. Él sabe que ellos están más allá de escucharlo. Él ha determinado hablarle a Moshé, y sólo a Moshé. Aprovechando esto, quiero contarles que me he encontrado en mi carrera ministerial con muchos de los hijos de Dios que en medio de su rebelión se preguntan porque ellos ya no escuchan la voz de Dios… ¿Por qué deberían?… Ellos están rechazando lo que Yahvéh ya dijo. Él no tenía ninguna palabra más para agregar a sus promesas. Israel ya sabía, por el ejemplo de sus ancestros, que la fe se basa en lo que el Eterno ha dicho. Veamos cómo explica esto el apóstol Pablo:

“Él (Abrahán) creyó en esperanza contra esperanza, a fin de llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se le había dicho: ASÍ SERÁ TU DESCENDENCIA… Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

(Romanos 4:18; 10:17)

En la parasha Shelaj Lejá, vemos que todos los israelitas tenían suficientes palabras del Cielo para poder creer, pero tomaron la decisión de no hacerlo. Esa fue la razón por la que el Eterno se cansó de ellos.

“Los heriré con pestilencia y los desalojaré, y a ti te haré una nación más grande y poderosa que ellos.” (14:12)

Esta es una oferta celestial dramática para Moshé. Yahvéh le está diciendo que le dará a la rebelde Israel lo que merece: juicio. En realidad, Yahvé está diciendo que le daría a los israelitas lo que ellos mismos declaraban con sus bocas negativas que querían: ¡morir en el desierto! (v. 2). Pero de repente: ¡Yahvéh asegura que cumplirá Sus promesas de una tierra, una nación, y bendiciones para Abraham, Isaac y Jacob por medio de Moshé! Esto era materia pesada para Moshé; el Eterno le está ofreciendo la posición de “patriarca”, para volverse un padre de un nuevo Israel en la misma manera que Abraham, Isaac, y Jacob lo fueron.

Por favor, pido a cada uno que considere atentamente esto. Moshé tuvo la oportunidad de ser el padre de una gran nación. Sin embargo, él rechazó ese privilegio por amor al pueblo del SEÑOR al que servía. De la misma manera Yeshúa no vino para rechazar a Israel y crear un nuevo Israel (tal como enseña la teología del reemplazo). El Mashiaj Yeshúa, nuestro Dueño y Maestro no vino a fundar un pueblo nuevo llamado la Iglesia. Por el contrario, Él vino para restaurar las doce tribus de Israel y además, mientras lleva a cabo ese cometido, injertar a los gentiles en la parte espiritual del pueblo santo. Repito: ¡Yeshúa no creó una nueva entidad, aparte de Israel, llamada Iglesia! Para Él, Israel es la Kehiláh (Iglesia) que Él mismo desposó en el Monte Sinaí, a los cincuenta días de haber salido de Mitzraim, unos quince siglos antes de nuestra Era Común.

“Pero Moshé respondió a Yahvéh: Entonces lo oirán los egipcios, pues tú sacaste a este pueblo de en medio de ellos con tu poder.” (14:13)

Moshé tenía en su memoria el vivo recuerdo de que cuando Israel estuvo al borde del desastre después de haber pecado con el Becerro de Oro. El Eterno le enseñó en esa ocasión que ningún decreto celestial es inmutable frente a la contrición y la plegaria sinceras de almas tzadikim (justas). Es que “la oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16-b). Por ello es que ahora Moshé llevó aquella lección a la práctica, y se puso a interceder una vez más por su pueblo.

El elemento principal de su plegaria fue que la destrucción de Israel constituiría una profanación del Nombre Sagrado del Creador. El Eterno había manifestado Su Presencia en Israel de manera tan pública e inconfundible que ninguna de las naciones creería que Israel tuvo algo que ver con su propia ruina. En vez de ello, los egipcios y otros pueblos se regodearían en el argumento de que el ‘poderoso’ Dios que había hecho añicos su sociedad escogida había sido superado con los cananeos y sus dioses. Como declaró el profeta leshaiahu (Isaías 43:7), el propósito de la creación es el honor de Yahvéh, por lo cual, Moshé afirmó, Dios debe perdonar a Israel nuevamente para salvaguardar su propio honor.

¿Qué argumentos usó Moshé en la intercesión?

Veamos lo que Moshé dijo:

«Y ahora, te lo ruego, haz que se engrandezca tu fuerza, oh Eterno, según lo que hablaste, diciendo:…» (14:17)

La expresión que ha sido traducida como «que se engrandezca tu fuerza» en realidad encierra la clave de la cosmovisión hebrea que Moshé usó en su intercesión. Con estas palabras Moshé se interpuso en la brecha a favor de Israel para que el atributo de Yahvéh denotado por la expresión «Lento a Enojarse» (Shemot/Éxodo 34:6) prevaleciera sobre el atributo de Justicia estricta. «Moshé imploró a Dios que optara por la paciencia sobre la punición» (Rashi).

Para eso Moshé uso en su oración tres fundamentos:

  1.  Los egipcios oirán que tú no pudiste cumplir tu promesa. Está en juego el honor del Eterno, si Su promesa se cumplirá o no. El testimonio ante las naciones es muy importante.
  2. Las naciones de la tierra de Kenáan dirán: “Yahvéh no pudo…”. El honor del Eterno está en juego, y por eso Moshé está más interesado en él que de la supervivencia del pueblo. El pueblo merece morir. Pasaron las diez pruebas y fallaron todas. Por eso el argumento que usa Moshé no es que el pueblo sea salvo, sino de que el honor de Yahvéh sea salvado. Él entiende que podría asegurarse que el pecado y rebelión del ser humano era más grande que el poder y la bondad de Yahvéh.
  3. Basándose en la revelación de los trece atributos de la misericordia divina, Moshé reclama que el Eterno actúe según quien es, misericordioso, que perdona… “Muestra quien eres, conforme a lo que dijiste.” Vemos, por lo tanto, que también en este caso el Nombre de Yahvéh es el motivo de la intercesión de Moshé. El deseo de Moshé es que el Eterno sea conocido en el mundo, y por eso se interpone a la propuesta del exterminio del pueblo y un plan nuevo, aunque él mismo fuera el protagonista.

¡Qué corazón tenía Moshé! Tuvo la oportunidad de ser el padre de un nuevo Israel, pero no buscó su propia fama, ni que su propio nombre fuera engrandecido. Tenía más interés por el Nombre de Yahvéh que por su propio nombre. ¡Qué ejemplo para nosotros!

Moshé trajo la promesa de Dios delante de Él. Él rogó al Eterno que no le diera ninguna oportunidad a las naciones de pensar que Dios no había sido fiel a Su Palabra.

El celo de Moshé por la gloria de Dios era evidente. Él sabía que, si el Eterno borraba la nación actual y empezaba otra vez con Moshé, sería una marca negra en Su reputación delante de las naciones – especialmente Egipto.

Moshé básicamente dijo:

“Señor, te has revelado a ti mismo a mí por Tu palabra. Tu palabra declara Quien eres. Ahora Señor, por favor actúa hacia Israel de acuerdo a quien Tú mismo te has declarado ser en Tu palabra.”

Moshé conocía el poder de Yahvéh, y apelo a él. Moisés conocía la promesa del Eterno y apeló a ella. Moshé conocía la gloria de Dios y apeló a ella. Este era un espectacular ejemplo de lo que debe invocarse en el ejercicio de la intercesión.

Lo que hizo esta intercesión espectacular no era primitivamente el método de Moshé (apelando a la gloria de Dios, poder, y promesa); sino el corazón de Moshé colocándose en la brecha. Aquí, él está totalmente centrado en otros. Él no piensa para nada en su propia gloria, sino sólo en el destino Israel. Él clama para que se revele el corazón de Yahvéh hacia Su pueblo, y eso es lo que hizo la intercesión de Moshé espectacular. Esto es también hoy lo que hace al ejercicio de la intercesión, totalmente efectivo.

Esto, por supuesto, era la intención de Yahvéh desde el principio: el desarrollar y sacar de Moshé este tipo de corazón, transformándolo así la semejanza de Su Hijo Primogénito (Romanos 8:29), mucho antes del tiempo de la manifestación de Yeshúa.

“ Entonces Yahvéh dijo: Los he perdonado según tu palabra” (14:20)

He aquí el otro secreto del ministerio de intercesión de un creyente. Evidentemente las palabras de Moshé estaban de acuerdo con las palabras y el honor del Eterno y por eso su oración tuvo éxito.

Amado discípulo de Yeshúa, cuando ores, especialmente intercediendo, ora las palabras del Eterno y tu oración tendrá éxito. Es más, nunca se debe orar o hablar de cosas que no estén de acuerdo con la Torah:

“El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios”
(1 Pedro 4: 11a)

La lashón hará (lengua perversa) de los exploradores provocaron habladurías en el campamento que condujeron al levantamiento del pueblo. Y la generación selló su destino en el desierto.   ¡Cuidemos nuestras palabras, ya que a través de ellas se puede construir el mundo entero, así como también destruirlo!