Estudios Bíblicos

Lej Lejá!… Una Vocación y Tres Partidas (El llamado de Abraham)

Por P.A. David Nesher

 

“Y Yahvéh dijo a Avram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”

 

(Bereshit/Génesis 12:1-3)

 

Comenzaré esta bitácora recordándoles a todos los lectores de mi Blog que la Torah no nos sirve únicamente como un conjunto de cinco rollos llenos meros hechos históricos. Es un libro que nos enseña cómo vivir nuestras vidas, y así sumarle a la humanidad un poder transformador que beneficia los hechos históricos actuales, y en esto consiste nuestra enseñanza de hoy.

Por eso, quiero invitarlos a meditar en la esencia del llamado supremo del Altísimo: Lej Lejá!

Con esta vocación de Abraham empieza la historia israelita. El autor sagrado da a entender con el relato de la confusión de las lenguas en Babel, que la humanidad en su mayoría seguía alejándose del Eterno a pesar de la catástrofe del diluvio, y por eso Yahvéh se reserva una porción fiel, que se ala mantenedora del fuego sagrado de la fe que otorga Su Instrucción (Torah) y el vínculo de transmisión de sus revelaciones en orden a la salvación de la misma humanidad descarriada. Así da orden a Avram (Abram) de abandonar su parentela y encaminarse a una región nueva aislándose del ambiente idólatra de su familia y de los lazos de sangre, que podían crearle dificultades en su nueva vida con misión profética. El patriarca es desafiado a abandonar su pasado pagano y emigrar a la tierra que Yahvéh ha escogido para él.

Ahora bien, cuando leemos el discurso del diácono Esteban en el libro de los Hechos de los apóstoles nos encontramos con el curioso dato que Yahvéh, nuestro Dios, ya se había aparecido a Avram en Ur-Kasdim (Ur de los caldeo), dándole esta vocación:

“El Dios de gloria apareció a nuestro padre Avraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Jarán, y le dijo: «SAL DE TU TIERRA Y DE TU PARENTELA, Y VE A LA TIERRA QUE YO TE MOSTRARE.» Entonces él salió de la tierra de los caldeos y se radicó en Jarán. Y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora vosotros habitáis.”

(Hechos 7:2-4)

 

Esto nos enseña que Avram ya había recibido este llamado en el país donde nació. Por lo tanto, podemos entender que el llamado a Avram en Jarán es más bien una repetición divina del aquel que había recibido ya estando en Ur, antes de que su padre tomara la decisión de salir de dicha ciudad, y terminar sus días en Jarán. Lo cierto y claro de este asunto es que este llamado del Eterno a Abram, la iniciativa no es del hombre, sino de Yahvéh, que lo eligió. Al darle su sí a Dios, Abram se lanza por fe (emuná) a un peregrinaje hacia un mundo mejor hecho por Yahvéh.

Yahvéh es el sujeto de la primera palabra que desencadena una acción, al comienzo mismo de la frase primera y por ende de toda la subsiguiente historia de la salvación. Este discurso de Yahvéh comienza exigiendo una ruptura total de todas las raíces naturales. La vinculación más amplia, la del país, es citada en primer lugar, vienen luego, reduciéndose paulatinamente, las de sippe, es decir, la parentela en sentido amplio, más la familia en sentido estricto. Esto tres conceptos indican que el Eterno sabe muy cuan cuán difíciles son tales separaciones; Avram tiene que dejarlo todo, pura y simplemente, y confiarse de la guía del Altísimo.

El secreto oculto de esta porción está en el movimiento, salir de la inercia y de la pereza, que imposibilitan que el propósito eterno de Dios se manifieste. Por eso, la interpretación más conocida de este pasúk (versículo), es “Ve hacia ti” o «Vete por ti«. Abram debe ir hacia el mismo. Encaminarse a su interior. Él debe buscar respuestas, y encontrar lo que no tuvo en la casa de sus padres, ni recibió por la influencia de la cultura de su región. El Eterno le está diciendo: “asume el desafío, libérate de todo aquello que te mantiene atado, y accede a un nivel espiritual superior».

A partir de las ideas que están ocultas en este versículo podemos aprender una regla fundamental para vivir una vida de fe. Las letras de Lej lejá forman también la palabra hebrea lijluj que significa suciedad. Con esto Yahvéh quiso insinuarle nuestro padre en la fe que el lugar en el cual se había criado estaba lleno de suciedad y de placeres mundanos. Estos placeres son suciedad para el alma humana y lo obstaculizaban a Abram en su camino hacia Eretz Israel, porque en ella hay luz (or). Como está escrito: “a la tierra que Yo te mostraré”. La expresión “Te mostraré” en hebreo está escrito “ereka”, que contiene las letras alef y reish, al igual que la palabra or (luz). Es decir que en la palabra “ereka” («te mostraré») está insinuada la luz de la Torah que hay en Eretz Israel. Cuando la persona está desconectada de todos los placeres de este mundo, que son equivalentes a la suciedad que hay en una casa, entonces puede recibir la luz de la Torah y de la Sagrada Tierra de Israel sobre la cual fue dicho: “Una tierra sobre la cual están permanentemente los ojos del Eterno, desde el principio del año hasta su fin” (Devarim/Deuteronomio 11:12). En ella hay todo lo que hace falta para completar la luz de la Torah.

Desde la consideración de estos códigos fundamentales de la vocación de Abram, surgen para nosotros los lineamientos que nos permiten realizar el mismo viaje espiritual que el Eterno le hizo vivir a nuestro padre. Notamos que Yahvéh le dice a Abram que, para ir a la tierra prometida, primero tiene que irse tres veces, es decir: irse de su tierra, irse del lugar de su nacimiento, e irse de la casa de su padre.

La Voz del Eterno llama a Abram y le exige que parta a otra tierra. Partir es también partirse. «Irse» hacia el ser de uno, hacia el ser más verdadero y profundo.

En pocas palabras esta vocación confronta. Hay que elegir, la rutina que se hace ignorancia y mediocridad o el Propósito Eterno de Dios que es aventura hacia la transformación que lleva a la Excelencia.

En el hebreo dice: “Vete de ti, para ti”, esto indica huye o exíliate de lo que hasta ahora eres. Para empezar a ser hay que irse. Pero este irse tiene que ver con exiliarse de si mismo. Huir de la comodidad y el conformismo de todos los días organizados. Vete de ti y para ti para empezar una nueva vida, una vida auténtica regida por los valores que te vienen de adentro y no de segunda mano.

Este “Vete de ti, para ti”. Vete para tu propio beneficio de propósito. Este llamado divino está indicando que estas tres huidas o tres abandonos que Yahvéh propone como diseño espiritual serían beneficiosos para Abram.

Veámoslo con nuestros espíritus bien abiertos:

 

  • PRIMER IRSE: ¡Vete de tu tierra!

 

‘Eretz ‘ es la palabra hebrea para tierra, y esta palabra deriva etimológicamente de la raíz hebrea ‘ratzon‘, cuyo significado es: ‘voluntad y deseo‘. Así, «tu tierra» se traduce también como «tus deseos naturales«. De este modo lo que Yahvéh estaba diciendo a Abram es:

“¡Abandona tu voluntad, tus deseos personales, renuncia a ellos!”

 Este es el primer paso que debe dar un creyente para poder entrar en la tierra prometida, la tierra de la bendición y de la prosperidad, la tierra donde todo es en abundancia. El mejor ejemplo de esto lo encontramos en la persona de Yeshúa, el Mesías:

‘Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la

voluntad del que me envió’.

 

(Juan 6:38)

 

‘Padre, si quieres, pasa de mi esta copa; pero no se haga mi voluntad,

sino la tuya’.

 

(Lucas 22:42)

Muchas veces nosotros, como seres humanos, debemos abandonar nuestra voluntad, y tal vez sea esto ante nuestros ojos un acto humillante, ya que es reconocer que siguiendo nuestra propia voluntad vamos camino a la derrota, pero abandonándola y siguiendo la de Nuestro Padre celestial, obtendremos el triunfo y éxito que tanto deseamos.

 

  • SEGUNDO IRSE: ¡Vete de “Tu lugar natal”!

 

En hebreo la expresión es: ‘moladteja ‘.

Esta palabra se refiere a la influencia del hogar y la sociedad.

Con esto Yahvéh estaba diciendo a Abram que abandone sus ‘costumbres familiares‘, sus ‘tradiciones familiares’ las cuales eran paganas, que se vaya de lo que para la sociedad es bueno, y ponga sobre todas las cosas lo que Yahvéh estipula como mandato.

Hay costumbres que existen en nuestro país, o en nuestro pueblo que nosotros NO debemos de hacer, sino más bien guardarnos de hacerlas y con temor reverente debemos de hacer aquello que el Señor nos deja escrito en Su Instrucción (Torah). Hay ciertas fechas de conmemoración que no están de acuerdo a las celebraciones que Dios ha establecido en el diseño de su Palabra y Propósito.

“Porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada. Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo YHVH vuestro Dios”.

(Levítico. 19:27 y 30)

Pero no son solamente las costumbres de los pueblos o naciones, sino las que quizás hemos heredado de nuestros padres, como está escrito:

‘sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación…’

(1 Pedro 1:18, 19)

  • TERCER IRSE: Vete de “La casa de tu padre”

 

Esta expresión se traduce del hebreo: “Y beit avíja”, y en su profundidad significa “El lugar de desarrollo de tu mente”. Se refiere al ser humano como un ser maduro y racional, forjando su marco mental, su carácter y comportamiento, con la trascendente objetividad del intelecto. El intelecto es llamado ‘padre’ porque de alguna manera es el progenitor de cada comportamiento del hombre, la autoridad de lo que se piensa.

Por último, Yahvéh le dice a Abram que abandone su ‘inteligencia babilónica‘, su forma de pensar de segunda mano.

El apóstol Pablo instará a los discípulos mesiánicos a realizar este “irse” escribiéndoles así:

‘renovaos en el espíritu de vuestra mente’.

(Efesios 4:23)

Esta escrito que, si cambiamos nuestra manera de pensar, cambiara nuestra manera de vivir (Rom. 12: 2), puesto que todo lo que somos y todo lo que hacemos y haremos, pende y depende de cómo sea nuestra manera de pensar.

El que piensa que es pobre vive como pobre, habla como pobre, mira como pobre; el que piensa que es feo vive como si lo fuera; y así todo depende de como nosotros pensamos.

Por tal razón el Eterno nos dice que no solo abandonemos nuestra voluntad para hacer la de Dios, no solo que abandonemos las costumbres de nuestros países, pueblos y familiares, sino que abandonemos también nuestra manera de pensar y adoptemos su manera ilimitada de pensar. Esta es la mente que Yeshúa, reveló que se puede desarrollar, y es la que los apóstoles exhortaban a los discípulos del Mesías a desarrollar también:

‘Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.‘

(1 Corintios 2:16)

‘Haya, pues, en vosotros esta manera de pensar que hubo también en Cristo Jesús’

(Filipenses 2:5)

‘Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos – dice el Señor’.

(Isaías 55:8)

En su viaje de descubrimiento y transformación, Avraham debe obviamente abandonar la «tierra, lugar natal y casa paterna» de su Mesopotamia nativa; debe obviamente rechazar la cultura pagana de Ur, y Jarán. Pero ésta no es la partida de la que hablamos en el versículo citado arriba. Pues Avraham recibió este llamado muchos años después de haber renunciado a las modalidades paganas de su familia y lugar de nacimiento, haber reconocido a Yahvéh, y ejercido un profundo impacto sobre su sociedad.

Con todo, se le dice: ¡Vete! (Lej lejá!) Parte de tu naturaleza, parte de tus hábitos, parte de tu ser racional. Después de rechazar tus orígenes negativos, idólatras, debes ahora también trascender tu pasado positivo y lucrativo, para dejar sitio a las buenas virtudes. a las midot tovot. Llega allende ti mismo, si bien un ser perfecto.

La perfección humana simplemente no basta. Pues cualquier cosa humana – incluso el objetivo y trascendente intelecto- es todavía parte de la realidad creada, siempre sujeta y definida por ella.

Sin embargo, Dios nos invita en esta primera ordenanza al primer varón de fe, a experimentar aquello que trasciende todo límite y definición: experimentarlo a El Mismo.  Aquellos que consigan abandonar su propia voluntad para hacer la de Dios, sus costumbres mundanas para guardar las ordenanzas de Dios y su antigua manera de pensar, para pensar como Cristo Jesús, los tales entraran a Canaán, a la tierra prometida, a la tierra de la SOBREABUNDANCIA de DIOS.

Al meditar en esta vocación la conclusión surge fácil: ¡Dios pide!

Pero, ¿qué pide?

Simplemente un cambio, siempre un cambio; un esfuerzo de transformación en nuestra manera de pensar para así lograr un cambio en nuestra manera de vivir.

 

A continuación les comparto la Conferencia en la que expuse estos códigos lumínicos en Lima (Perú):

El oscuro secreto en la tienda de Noé: ¿Por qué Canaán pagó el precio?

Autor: Ariel Álvarez Valdés (*)

Una de las escenas más extrañas de la Torah es la que cuenta que un día Noé se quedó dormido a causa de una borrachera, y su hijo Cam entró a la habitación y vio su desnudez. Por ello Cam recibió una tremenda maldición.

El incidente tuvo lugar después del diluvio universal, cuando Noé y su familia bajaron del arca y se establecieron en tierra firme. El Génesis lo relata así:

“Los hijos de Noé que salieron del arca eran Sem, Cam (padre de Canaán), y Jafet. Noé era agricultor y había plantado una viña. Cierto día, en que había bebido vino, se embriagó y quedó tirado y desnudo en medio de su tienda. Cam (padre de Canaán) vio la desnudez de su padre, y avisó a sus dos hermanos que estaban afuera. Entonces Sem y Jafet entraron a la tienda mirando para otro lado, y con un manto cubrieron a su padre, pero no vieron su desnudez. Cuando Noé despertó de su borrachera y se enteró lo que su hijo menor había hecho, dijo: ‘Maldito sea Canaán. Será el sirviente de sus dos hermanos’. Luego añadió: ‘Bendito sea Yahvé, el Dios de Sem, y que Canaán sea esclavo suyo. Que Dios permita a Jafet extenderse, que habite en los campamentos de Sem, y que Canaán sea esclavo suyo«


(9: 18-27).

¿Qué pecado puede ser?

¿Cuál fue el pecado de Cam? ¿Era tan grave haber visto a su padre desnudo? ¿Por qué la Torah conservó el recuerdo de este hecho? Tales preguntas nos hacen sospechar que detrás del relato se esconde algo que no se capta a simple vista. ¿Qué es?

Ya al comienzo hay un detalle curioso. Noaj (Noé) aparece como agricultor, plantando una viña. Y se nos ocurre preguntar: ¿de dónde sacó la cepa de la vid, si el diluvio había exterminado toda forma de vida?

El relato no lo dice, ni le importa la incoherencia. Sólo busca con esta escena dejarnos un mensaje, y es el siguiente: la tierra había quedado maldita por el pecado de Adán y Eva (Gn 3: 17-19). Era un inmenso desierto y sólo producía abrojos y espinas. Pero ahora las aguas del diluvio habían saneado otra vez el mundo y lo habían purificado. Esto se comprende por las palabras que Dios le dijo a Noé al terminar la catástrofe: “De ahora en adelante, y mientras exista la tierra, siempre habrá siembra y cosecha, hará frío y calor, habrá invierno y verano, existirá el día y la noche” (Gn 8; 21-22). Es decir, el mundo se había normalizado.

El diluvio sanador.

Por eso el autor del Génesis muestra a Noé cultivando una vid (la más preciosa y noble de todas las plantas de la Torah), sin importarle si esto era posible o no después del diluvio. Porque quiere indicarnos que la maldición había sido levantada. Que Dios le había devuelto a la tierra la fecundidad, al punto tal de producir nada menos que viñedos. Que, en el fondo, los enojos de Dios duran poco.

Noé, pues, aparece haciendo lo contrario de Adán. Adán con su pecado había traído el sufrimiento y la esterilidad a la tierra. Noé, por su bondad, había traído el alivio y el consuelo al mundo. Con razón cuando nació, su padre lo llamó así. Porque “Noé” en hebreo significa “consolar”.

La enseñanza del autor es clara: cuando alguien bueno como Noé aparece sobre la tierra, la tierra vuelve a ser buena.

Una maldición para el nieto.

A continuación el autor pasa a relatar el hecho central. Un día Noé se embriagó con el vino que producía su viña, y se durmió desnudo en su tienda. En ese momento entró su hijo Cam, que aparece presentado como el “padre de Canaán”. ¿Por qué el relato insiste en que es el padre de Canaán (dos veces lo dice, en los versículos 18 y 22), cuando Cam todavía ni siquiera tiene hijos?

Entonces, sigue la narración, Cam vio la desnudez de su padre y avisó a sus dos hermanos que estaban afuera, los cuales no vieron la desnudez de su padre. ¿Qué pecado hay aquí? ¿Qué falta de respeto es ver a un padre desnudo?

Y cuando Noé se despierta y advierte lo que ha pasado, reacciona de una manera doblemente inesperada. Primero, lanza una dura maldición tremendamente exagerada para lo que Cam ha hecho. Y segundo, no maldice a Cam, responsable del hecho, sino al hijo de éste, esto es, a Canaán. ¿Por qué Noé maldice a su futuro nieto y no al hijo que cometió el pecado? A esta altura del relato ya no entendemos nada.

Prohibido entre parientes.

Pero si analizamos la historia con cuidado, notaremos algo que nos puede ayudar: el texto original no dice que Cam vio a su padre desnudo, sino que “vio la desnudez de su padre”, que no es lo mismo. Y repite tres veces esta expresión. ¿Qué significa “ver la desnudez”, en la Torah?

El libro del Levítico trae unas 30 veces esta frase, y la emplea para referirse a las relaciones sexuales con una persona. Por ejemplo, dice: “No descubrirás la desnudez de la mujer de tu padre” (es decir, no tendrás relaciones con la mujer de tu padre) (18,8). “No descubrirás la desnudez de tu hermana” (es decir, no tendrás relaciones con tu hermana) (18,9). “No descubrirás la desnudez de tu nieta” (es decir, no tendrás relaciones con tu nieta) (18,10). “No descubrirás la desnudez de tu tía” (es decir, no tendrás relaciones con tu tía) (18,12). “No descubrirás la desnudez de tu nuera” (es decir, no tendrás relaciones con tu nuera) (18,15).

Por lo tanto, que Cam haya visto “la desnudez de su padre”, alude a una relación sexual de Cam. Pero ¿con quién? ¿Con su padre Noé? A primera vista no es eso lo que sugiere el texto; no hay aquí ninguna referencia a un acto homosexual. Además, que dos veces se diga que “Cam es el padre de Canaán” más bien nos aleja de un posible acto homosexual.

El lenguaje de la Torah y todas las Sagradas Escrituras.

¿Con quién, entonces, tuvo relaciones sexuales Cam? Aquí el Levítico nos ayuda otra vez. Cuando “la desnudez” que se prohíbe ver a un hombre no es la de una mujer, sino la de otro hombre, no se está prohibiendo la relación homosexual con “ese” hombre (las relaciones sexuales entre hombres se sobreentendían prohibidas), sino con la esposa de ese hombre.

Para decirlo con otras palabras: en la Torah, la desnudez de un hombre es “su esposa”. Por ejemplo, la desnudez del padre es “la esposa” del padre. La desnudez del hermano es “la esposa” del hermano.

Eso lo expresa claramente también el Levítico: “No descubrirás la desnudez del hermano de tu padre, es decir, la de su esposa”. (18,14). O: “Si un hombre se acuesta con la mujer de su padre, ha descubierto la desnudez de su padre” (20,11). O también: “Un hombre ha descubierto la desnudez de su hermano, si se casa con la mujer de él” (20,21).

En todos los casos, “la desnudez” de un hombre es su esposa. Por lo tanto, y volviendo a nuestra historia, que Cam haya visto la desnudez de su padre Noé significa, en lenguaje bíblico, que se acostó con la esposa de Noé. En definitiva, con su propia madre.

Nacido con vergüenza.

De este modo se aclaran todos los interrogantes; a) se entiende por qué Noé al enterarse lanzó una maldición: porque su hijo, aprovechando su borrachera, cometió un incesto, uno de los pecados más aberrantes que existe en las Sagradas Escrituras; b) se entiende por qué Noé no maldice a su hijo Cam sino a su nieto Canaán: porque nacerá como producto del incesto; c) se entiende por qué se insiste que Cam es el padre de Canaán: porque el relato no pretende centrar la atención en Cam el pecador, sino en su futuro hijo Canaán, que será maldito desde sus orígenes por haber nacido como fruto de un pecado.

Después de que Cam “vio la desnudez de su padre”, dice el Génesis que “avisó a sus dos hermanos que estaban afuera”. Este “aviso” era, evidentemente, una invitación para que ellos hicieran lo mismo. Pero el libro aclara que ellos “no vieron la desnudez de su padre”, sino que entraron a la tienda de espaldas y lo cubrieron. Con esto se muestra la negativa de Sem y Jafet a caer en el incesto, y explica la posterior bendición que su padre les dio a ellos.

¿Recuerdos de alcoba?

Nos falta resolver una última cuestión. ¿Por qué el recuerdo de un pecado tan doméstico y privado, como fue el incesto de Cam y su madre, fue conservado en las Sagradas Escrituras? ¿Sólo para decirnos que está mal el incesto?

No, porque si atendemos a las palabras finales del relato, o sea, a las maldiciones y bendiciones que lanza Noé al despertar (versículo 25-27), veremos que éste no es un simple acontecimiento familiar, sino que está cargado de intenciones políticas.

En efecto, los personajes principales de la historia son los tres hijos de Noé, es decir, Sem, Cam (con su futuro hijo Canaán) y Jafet. Y para la mentalidad popular hebrea, estos tres hermanos simbolizaban a tres pueblos. Sem representaba a los “semitas”, y por lo tanto a ellos mismos. Canaán, a los cananeos, sus tradicionales enemigos. Y Jafet, a los filisteos, pueblo que compartió con los israelitas la Tierra Prometida durante varios siglos.

Ahora bien, cuando Israel se apoderó de la Tierra Prometida (que entonces se llamaba Canaán), pudo derrotar a sus principales habitantes (los cananeos) y esclavizarlos (Jos 24: 11-13). Pero en Canaán hubo también un pueblo al que jamás logró dominar ni someter: los filisteos. Éstos habían llegado a la Tierra Prometida casi al mismo tiempo que los israelitas, sólo que por otro lado: éstos entraron por el este, mientras que los filisteos lo hicieron por el oeste, y se instalaron en la costa del país, de la cual nunca pudieron ser expulsados.

El pueblo misterioso.

Israel veía cómo, siglo tras siglo, fallaba en su intento de dominar a los filisteos. Éstos se mantenían libres y fuertes, e incluso llegaron también a someter a los cananeos vecinos. Y una duda comenzó a atormentar a los israelitas: ¿acaso Dios no les había dado la Tierra Prometida a ellos? ¿No les había asegurado que someterían a todos los pueblos que la habitaban (Ex 23: 23)? ¿Qué pasó con los filisteos? ¿No tuvo Yahvéh el poder suficiente para cumplir su promesa hasta el final? Esta cuestión los perturbaba enormemente.

Hasta que, reflexionando, e inspirados por Dios, encontraron la respuesta. Los filisteos se quedaron en el país, no porque Dios no pudiera expulsarlos, sino porque ésa fue su voluntad desde el principio. Dios había dispuesto que los filisteos también se apoderaran de una parte de la Tierra Prometida, así como los israelitas se adueñaron del resto. Únicamente a los cananeos había que esclavizar y someter, por los pecados aberrantes que cometían.

Por eso imaginaron este relato, con finalidad didáctica, en el que Noé ya al principio del mundo aparece profetizando lo que en realidad ellos descubrieron más tarde en la historia: “que Canaán (es decir, los cananeos) sea maldito, y sea el sirviente de sus dos hermanos. Que Sem (es decir, los israelitas) sea bendito y que Canaán sea esclavo suyo. Que Jafet (es decir, los filisteos) se extienda y habite en medio de los campamentos de Sem, y que Canaán sea esclavo suyo”. (versículo 25-27).

Por lo tanto, ésta narración no tiene connotaciones sexuales sino políticas, y fue compuesta para explicar una situación que se había dado en la historia de Israel: la esclavitud de los cananeos y la supervivencia de los filisteos.

Dos hijas en malos pasos.

Que esta interpretación es correcta se ve por otro episodio del Génesis: el origen de los moabitas y amonitas (19, 30-38). Éstos eran dos pueblos vecinos de Israel, que habitaban al oriente del río Jordán, y sumamente odiados por los israelitas. Tal odio se debía a que, en varias oportunidades a lo largo de la historia, habían cruzado la frontera para invadir, saquear y cometer toda clase de vejaciones contra las poblaciones hebreas. Incluso cuando Nabucodonosor destruyó la ciudad sagrada de Jerusalén, ellos colaboraron con la destrucción, cosa que jamás perdonaron los judíos (2 Re 24,2).

Tanto era el odio que sentían por estos dos pueblos, que la Ley judía prohibía terminantemente admitir a alguno de ellos en el pueblo elegido hasta la décima generación. Es decir, no sólo a los amonitas o moabitas, sino a todo aquél que tuviera a uno de ellos entre sus antepasados, aunque fuera remotísimo (Dt 23,4).

¿Y cómo cuenta la tradición judía el origen de ambos pueblos? Dice que cierto día las dos hijas de Lot (el sobrino de Abraham), tuvieron un diálogo muy angustioso. No quedaban hombres con quiénes casarse, ya que recientemente había bajado fuego del cielo sobre Sodoma y Gomorra, y había destruido también las ciudades de los alrededores. ¿Morirían ellas solteras y sin hijos?

Otro padre emborrachado.

No podían remediar su soltería. Pero sí, al menos, la falta de hijos. Esa noche, la mayor emborrachó a su padre y luego se acostó con él. Al día siguiente la menor hizo lo mismo. De esta manera, ambas quedaron embarazadas ¡de su propio padre! El hijo de la mayor se llamó Moab, y de él descendieron todos los moabitas. El hijo de la menor se llamó Ben Ammí, y de él descendieron todos los amonitas.

Así, mediante estos relatos degradantes y vergonzosos, nacidos de la chispa politiquera y no de la historia, los israelitas se vengaron de sus aborrecidos enemigos, por todos los males que les habían infligido.

Como vemos, esta narración tiene una coincidencia asombrosa con la de Noé: el padre borracho, la relación incestuosa, el hijo concebido por ella, un pueblo enemigo que desciende de él. Las dos narraciones, pues, fueron compuestas con el mismo fin: explicar y justificar la situación política que había entre Israel y estos pueblos.

La esclavitud tan temida.

Había tres hermanos: Sem, Cam y Jafet. Nacidos en la misma familia, del mismo padre y la misma madre. Felices. Llenos de proyectos magníficos. Llamados por Dios para algo grande y glorioso. Pero uno terminó esclavo, y los otros dos libres. Uno quedó sometido, y los otros se volvieron sus amos. A uno la vida se le volvió un infierno, y a los otros una plenitud. Y todo por culpa del pecado.

Esta es la primera vez que la Torah habla de la esclavitud, la institución más espantosa que haya inventado el ser humano. Donde uno prueba la muerte en vida. Donde uno no puede decidir por sí mismo, ni hacer lo que le gusta, ni ir a donde quiere, ni tener amigos, ni ser feliz. Sólo tiene un amo que lo manda; alguien que desde arriba le ordena lo que él no quiere hacer, que lo priva de sus sueños, le amputa sus ilusiones y lo degrada.

Y aunque hoy entre nosotros no existe ya esa institución, sin embargo en la vida diaria, con cada pecado nuestro, nos volvemos esclavos, menos libres, menos dueños de nosotros mismos, más dependientes. De lo que hicimos, lo que dijimos, del mal que generamos, del vicio en el que nos empecinamos. Hasta que ya no podemos levantar la cabeza, ni mirar al mundo de frente, ni ir a donde queremos. Debemos hacer lo que nos pida el nuevo amo que hemos adquirido: el pecado.

Jesús lo dice con toda crudeza, sin historias de por medio: “El que peca, se vuelve esclavo” (Jn 8: 34). Y hay que creerle.

Por eso, librarse del pecado es sacarse de encima un pesado yugo que no nos deja gozar de la libertad de los hijos de Dios. Jesús vino para devolvernos esa libertad. Para que todos los hombres vuelvan a ser como aquellos tres hermanos, antes de que Cam pecara.


(*) El Lic. Ariel Álvarez Valdés es licenciado en Teología Bíblica por la Facultad Bíblica Franciscana de Jerusalén (Israel), y doctor en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca (España).


Bitácora Relacionada:
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¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

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Noé y el Altar de la Ascensión Planetaria

Por P.A. David Nesher

«Y edificó Noé un altar a YHVH, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos en el altar. Y Yavéh percibió el aroma agradable, y dijo YHVH para sí:
Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud; nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho. Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán.
«

(Bereshit/Génesis 8: 20 – 22)

Al meditar en el relato del Diluvio (en hebreo mabul) notamos que la era noájica que se abre en la historia de la Salvación, es diseñada con gran precisión y sutileza divina. Por eso, y para lograr entender el espíritu pedagógico de este texto es esencial saber que Moshé al escribirlo no habla de cosas remotas concerniente a la historia (prehistoria de la humanidad primitiva), sino que responde a cuestiones elementales y con importancia actual para la fe del Israel que en el desierto se capacitaba para conquistar la Tierra Prometida.

Entonces, Moshé, por medio de este relato, se propone conducir a los hebreos a considerar el Diluvio Universal como un castigo purificador de la humanidad, y ahora, se abre una etapa de una Nueva Humanidad de la que Noaj había de ser el nuevo padre.

Los hombres, por el pecado antes del Mabul (Diluvio), habían alterado sus relaciones con el Eterno, y ahora es preciso normalizarlas, una vez que la justicia divina se ha realizado. Justamente, el discurso que Yahvéh tiene en este primer culto post-diluviano presupone como dato una grave perturbación, una degeneración profunda de la creación que había salido “perfecta” de Sus manos. Violencia y muerte caracterizan la vida colectiva de las criaturas, el estado de paz entre ellas había desaparecido.

Esta porción escritural contiene las respuestas que Israel necesita, y que le permitirán una reflexión sobre el tesoro de su fe desde todos los ángulos, y de las conclusiones que de esta historia lograra extraer a lo largo de los siglos y de sus generaciones. La doctrina surgida de la meditación de este texto será digna para la vida de un Pueblo llamado a construir un reinado de sacerdote (Éx. 19: 6).

Por eso, el primer acto de Noaj después de salir del arca fue un ritual de invocación para adorar a Yahvéh través del sacrificio. La gratitud y la admiración de la grandeza de Dios lo llevo a adorarlo a fin de santificar Su Nombre. El Midrash cuenta que Noaj se vistió con las prendas Celestiales que el Eterno había hecho para Adam y que Noaj llevó al arca. Ataviado con estas preciosas prendas, ofreció cuatro sacrificios Oláh (ígneos) sobre un altar construido por sus propias manos:

«Y construyó Noé un altar a YHVH, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos sobre el altar.«

(Génesis 8: 20)

Este fue un principio correcto. Durante un lapso mayor de un año Yahvéh había permanecido en silencio, pero ahora, esta actitud de búsqueda de Noaj produjo agrado a su corazón.

¿Por qué la construcción de un altar y la ofrenda en él ofrecida produjeron respuesta por parte de Yahvéh?

Interesante resultará saber para nuestra búsqueda que esta es la primera mención en la Torah de la palabra altar. En este punto, el huerto del Edén ha sido destruido por el Diluvio. Por lo tanto, los seres humanos ya no contaban con la presencia visible Shekináh a quien podían traer su ofrenda. Así que Noé establece el modelo que finalmente se registra en el libro de Vayikrá (Levítico) y construye un altar.

La palabra hebrea usada aquí para altar es mizbeaj. La misma viene de la raíz zavaj que significa sacrificar. En la mentalidad de los antiguos el altar es una mesa donde se ofrece una “comida” al Eterno. El altar es un lugar de encuentro entre el hombre y Dios. (Ver: Altar: códigos del corazón humano sujeto al Eterno Dios)

Numerosos pasajes de las Sagradas Escrituras muestran que el altar es una elevación de tierra construida por el hombre, lo que explica que el profeta Ezequiel lo califique de “monte de Dios”.

El altar debía ser construido con piedras, pero su característica fundamental era la de ser un promontorio levantado por el hombre y dedicado por éste a Yahvéh. Tomar una simple piedra y ofrecer los sacrificios en ella hubiera significado, para el hombre permanecer al nivel de la naturaleza. En cambio, un altar fabricado por sus manos expresa su deseo de elevarse por encima del estado de naturaleza para alcanzar el nivel del ser humano libre que se consagra al Eterno a partir de aquella base natural.

Noaj tenía que construir ese altar. Tenía que hacer un esfuerzo para poder mostrar al Eterno su amor y sometimiento. Con esto, la Torah deja en claro que cada persona humana tiene la responsabilidad de edificar un altar al Eterno. Cada alma redimida debe constituirse alrededor de un lugar de encuentro íntimo, un sitio donde pueda relacionarse con Yahvéh, como Padre Celestial, por medio de un sacrificio costoso.

Noaj sabía que al levantar un altar a Yahvéh en la Tierra restaurada, como el antepasado de la humanidad futura, estaba haciendo del planeta un lugar dedicado al SEÑOR donde los hombres habrían de colocar sus piedras, las unas sobre las otras, hasta convertir la Tierra entera en una montaña sagrada, el Monte Santo de Dios, símbolo de que la Tierra, por medio del ser humano en propósito, se constituía en el Reino de Elohim.

Recordemos que Noaj era plenamente consciente de la tradición oral que Adam había dado acerca del sistema de culto que con el tiempo sería escrito por Moshé en el libro de Vayikrá (Levítico). Por lo tanto, su ofrenda no fue sólo aceptable porque se utilizaron animales y aves puros, sino también porque Noé ofreció holocaustos sobre ese altar (8:20b). Las ofrendas quemadas eran un acto de adoración voluntaria y expiatoria por el pecado no intencional en general. Ellas eran una expresión de la devoción, el compromiso y la entrega total al Señor.

El holocausto consiste en quemar todo el animal. El animal que es sacrificado sobre el altar representa al ser humano que lo ofrece. De esta manera el sacrificio de holocausto constituye una simbología de entrega total al Eterno. “Toda mi vida es tuya”, es lo que dice el ofertante por medio de su ofrena. «Todo lo que soy y todo lo que tengo te pertenece”, proclama el adorador a los cuatro vientos. “Mi vida no significa nada para mí mismo”, confiesa el que ama a Yahvéh. «Lo único que me importa es agradarte, Yahvéh”. Todo esto, se esconde en el mensaje de la ofrenda de ascensión (holocausto) cuando es ofrecido correctamente.

La palabra traducida aquí como holocausto es la palabra hebrea oláh, que viene de la raíz alá,  que significa “subir”. Así que una traducción literal sería “ofrenda de ascensión”.

Una vida entregada totalmente para cumplir los propósitos del Eterno es como un sacrificio cuando sube como un “olor fragante” al Cielo. La expresión hebreo «olor agradable” designa un goce de tipo espiritual. En efecto, el olfato es, de todos los sentidos, el que proporciona las sensaciones más puras e inmateriales.  La satisfacción espiritual que la ofrenda de Noaj proporcionó al Eterno se debía al concepto sustancial mismo de “sacrificio” u «holocausto«.

El aroma no vino de la carne quemada de un animal muerto. Nuestro Padre celestial no se deleita en el derramamiento de la sangre y la quema de la carne de un ser inocente. Lo que produce el aroma agradable es el corazón que está detrás de ese sacrificio. En este caso fue el corazón de Noaj. Él estaba dispuesto a sacrificar estos animales preciosos como representación de su propia devoción al Creador. Pero, al mismo tiempo estaba profetizando acerca del sacrificio del Cordero de Dios que iba a venir más adelante para quitar su pecado y los de todo el mundo.

Los animales sacrificados no expían el pecado, tal como el escritor de la epístola a los Hebreos lo expresa tan bellamente:

“es imposible que la sangre de toros y machos cabríos quite los pecados”
(Hebreos 10:4).

Sólo el Mesías, la Simiente de la Mujer, puede hacer eso. Así que antes de la venida del Mesías, los pecados de los creyentes del Tanak (Antiguo Pacto) se colocaron temporalmente a un lado cuando trajeron una ofrenda aceptable como lo hizo Abel.

¿Sobre qué base se puso su pecado a un lado? Fue su emunáh (fe). Cuando trajeron sus ofrendas demostraron su fe, sabiendo que sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). La razón por la que el aroma del animal quemado era grato al Señor, era porque representaba la fe. Y entonces «Yahvéh dijo en Su corazón» (Binah o Inteligencia Emocional):

 “Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud; nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho. Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán.”

(Génesis 8:21-22)

Al repetir el Eterno las palabras “nunca más volveré” estas palabras se convierten en un juramento. Un juramento es parte de un pacto.

Esto era agradable para el Eterno y por eso pronunció un juramento, como también está escrito en:

“Porque esto es para mí como en los días de Noaj, cuando juré que las aguas de Noaj nunca más inundarían la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reprenderé.”
(Isaías 54:9)

Así que aquí se instituye un Pacto con el Cielo y la Tierra, tal como lo dejara explicado el profeta Jeremías en su oráculo:

“Así dice el Eterno:
«Si pudierais romper mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de modo que el día y la noche no vinieran a su tiempo…
Así dice el Eterno:
«Si no permanece mi pacto con el día y con la noche, y si no he establecido las leyes del cielo y de la tierra”

(Jeremías 33:20 y 25)

La expresión “Y Yahvéh dijo en Su corazón”, indica que se trataba de algo muy importante en que Él iba a comprometerse. Pero, tenía aspectos tanto negativos como positivos.

Negativamente, Yahvéh prometió esto:

aunque las intenciones del ser humano son perversas desde su juventud, nunca más volveré a maldecir la tierra por culpa suya. Tampoco volveré a destruir a todos los seres vivientes, como acabo de hacerlo (8:21b).

Esta es la manera del Señor para revelar que la humanidad tiene la naturaleza de pecado. Esto se convierte en la fuente de la doctrina de la inclinación al mal (Yetser Hará) que da origen al ego (falsa identidad del hombre). Esta doctrina enseña que todo ser humano nace con una inclinación al mal y una inclinación a lo bueno. Pero la inclinación al mal a menudo gana dominio sobre la inclinación al bien. Pero a pesar del hecho de que toda inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud, Yahvéh prometió que Él nunca más volvería a destruiría todo ser viviente, como lo había hecho con el Diluvio. Ya con este evento, el Eterno había enseñado a la humanidad que el pecado inevitablemente trae juicio. La destrucción de la humanidad cada tanta generación no serviría a ningún propósito útil.

Ahora positivamente, mientras la tierra exista, habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, y días y noches (8:22). En primer lugar, la siembra y la cosecha; en segundo lugar, el frío y el calor; en tercer lugar, el verano y el invierno; y en cuarto lugar, el día y la noche. Mientras exista la tierra, el ciclo de la vida continúa (8:22).

Esto es lo que Jeremías llama el pacto con el día y la noche (Jeremías 31:35-37, 33:17-26). Esto enseña que este juramento sólo se aplica siempre y cuando la Tierra exista, y el ser humano se asuma responsable de todo lo que en ella acontezca.


Bitácora Relacionada:

Querido lector y seguidor, te sugiero que te esfuerces y estudies esto:

El Código de Noaj: La Trampa Oculta en el Viñedo de la Autoprofanación

Por P.A. David Nesher

«Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam es el padre de Canaán. Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena toda la tierra. Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda.  Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre.
Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven, y dijo: Maldito sea Canaán; Siervo de siervos será a sus hermanos. Dijo más: Bendito por Yahvéh mi Dios sea Sem, Y sea Canaán su siervo. Engrandezca Dios a Jafet, Y habite en las tiendas de Sem, Y sea Canaán su siervo. Y vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años. Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años; y murió.«

(Génesis 9.18-29)

De toda esta porción escritural, existe un versículo clave que exige nuestra máxima atención investigativa si anhelamos descodificar la embriaguez de Noaj y las dramáticas consecuencias que este acto desencadenó sobre la humanidad. Me refiero a Génesis 9:20:

“Y comenzó (Vaiajel) Noaj, el hombre de la tierra, y plantó un viñedo”.

Lograrás darte cuenta que tras el inmenso trauma del Mabul (Diluvio), Noaj y sus hijos emergieron del arca con la formidable misión de repoblar el planeta Tierra, estableciendo una nueva humanidad preñada de la esperanza mesiánica dada por el Eterno (ver Génesis 3:15). Sin embargo, resulta sumamente extraño que el patriarca decidiera que la forma más apropiada de inaugurar este nuevo asentamiento humano fuera, precisamente, plantando un viñedo.

Así, leído rápidamente y a simple vista, esto podría parecernos un detalle agrícola intrascendente. No obstante, el investigador agudo notará de inmediato que la Torah utiliza un término muy inusual para expresar que Noaj «comenzó» que en el hebreo original es vaiajel. Si el texto se refiriera a un mero inicio cronológico, la palabra hebrea más exacta y habitual habría sido vaiatjil. Ante esto, surge un interrogante hermenéutico insoslayable: ¿Qué nos está revelando realmente la Torah con esta elección léxica?

Como bien sabemos en nuestras aulas de estudio, el hebreo es el idioma matriz con el que el Eterno codificó la Creación y, por lo tanto, alberga múltiples dimensiones de significado oculto. El relato de la desgracia de Noaj inicia con un pasaje que, transliterado, resuena así:

«Vaiajel Noaj, Ish HaAdamá, Vaitá Carem«

Esta frase encierra una dualidad fascinante y puede traducirse de dos maneras:

  1. «Y Noaj comenzó a ser un hombre de la tierra, y plantó un viñedo.«
  2. «Y Noaj se profanó a sí mismo, [volviéndose]un hombre de la tierra y plantó un viñedo.«

Mientras la primera lectura es puramente descriptiva, la segunda nos sumerge en una profunda advertencia espiritual: ¿Qué significa exactamente «autoprofanarse»?

La raíz hebrea de la palabra vaiajel es jol, que se traduce directamente como «profano» o «mundano». Los sabios y comentaristas nos advierten que, a través de la mismísima acción de plantar este viñedo, Noaj degradó su estado de consciencia espiritual, profanándose a sí mismo e impactando catastróficamente en su matriz familiar y en las generaciones venideras.

Pero detengámonos un momento a meditar. Si bien es innegable que Noaj actuó de forma irresponsable al embriagarse, plantar un viñedo no constituye en sí mismo una transgresión moral. Entonces, ¿por qué la Torah decreta que la profanación ocurrió en el acto de plantar, y no simplemente en el de beber de manera inapropiada? Y no solo eso; un análisis fino del texto revela un orden específico: primero se profanó a sí mismo y, como consecuencia, plantó el viñedo.

¿Por qué la Torah hace esta afirmación?

La respuesta reside en una regla de oro que rige las dimensiones de la espiritualidad: «Todo va de acuerdo con la intención (kavaná) de quien realiza la acción». La acción material no es el determinante último; lo verdaderamente crucial es la motivación subyacente que la impulsa.

Entonces, en este caso de la vida de Noaj, lo importante es determinar cuál fue la intención que él tuvo al plantar el viñedo.

Debemos recordar que en las Sagradas Escrituras el vino posee un diseño dual. Por un lado, ostenta un propósito espiritual elevadísimo, siendo el elemento con el que santificamos el Nombre del Eterno en el sagrado ritual del Kiddush. Por el otro, acarrea un riesgo puramente carnal: el de la embriaguez irresponsable. En el Tanaj (Antiguo Testamento), el fruto de la vid es símbolo de gozo, vitalidad y prosperidad plena (Salmo 80:8-16; Isaías 5:1-7; Zacarías 8:12), pero advierte severamente sobre el letargo que produce su abuso (Proverbios 20:1; 23:29-35).

Lamentablemente, (y siendo más realista trágicamente), en la euforia de su nuevo comienzo, Noaj disoció ambos aspectos y no supo poner límites a su gozo. La expresión vaiajel (traducida «y profanó») nos indica que extrajo el vino del ámbito sagrado y lo arrojó a la esfera de lo mundano. De esa fractura espiritual brotó la corrupción que afectó irremediablemente su vida y su linaje.

Ahora podemos entender por qué está escrito que él se profanó a sí mismo incluso antes de plantar el viñedo, ya que como dijimos anteriormente, “Todo va de acuerdo a la intención del que realiza la acción”. En este caso, el posterior comportamiento inapropiado de Noaj al utilizar el vino para emborracharse fue sólo la manifestación física de su intención inicial, ya que, desde un comienzo, él había plantado el viñedo con intenciones básicamente materiales, y es por eso que la Torah dice que en el preciso instante en el que decidió plantar el viñedo, él ya se había profanado a sí mismo.

Entonces, el pasuk (versículo) nos entrega la clave de su intención al llamarlo «Ish HaAdamá» (el hombre de la tierra). Antes siquiera de hundir las semillas en el lodo, su mente ya operaba en frecuencias y términos puramente materiales. Ese título no es un halago agrícola; indica el descenso de su estado espiritual. El vergonzoso comportamiento posterior en su tienda fue tan solo la manifestación física de su kavaná inicial materialista. Noaj se comprometió más con lo físico que con su diseño celestial. Podemos aprender de acá que no sólo nuestras acciones importan, sino que debemos incluso preocuparnos de que cuando actuamos, nuestras intenciones deben ser siempre las apropiadas.

De esta manera la Torah está enseñando a todo integrante del Israel de Yahvéh, que el comienzo del descenso espiritual de un ser humano es el volverse mundano a través de las actividades diarias. Cuando los asuntos que en realidad son triviales se vuelven (a los ojos de la persona) las cuestiones más importantes en la vida, la persona se auto-profana, volviéndose un «Ish HaAdamá«, es decir «un ser humano de la tierra«. Aparece así una persona tan ocupada y preocupada por los asuntos terrenales y mundanos de la vida (familia, estudio, negocios, jefes, trabajo, academia, etc.), que se profana y se vuelve mundano él mismo. Entonces, según lo que relata la Torah, las desgracias más extrañas comienzan a ocurrir y el entorno se vuelve un perverso enemigo.

Para concluir tengo una pregunta: ¿Cómo nos salvamos de esta autoprofanación en medio de nuestra sociedad tan líquida y agotada?

Pues bien, el antídoto radica en la fijación innegociable de tiempos para el estudio y la meditación de la Torah, que es, en verdad, nuestra vida y la longitud de nuestros días. Son sus códigos lumínicos los que nos elevan por encima de nuestras propias limitaciones terrenales, conectándonos con Yahvéh a través de Su Hijo Yeshúa HaMashiaj, la Fuente suprema de todas las bendiciones espirituales.

Dios… ¿es Olvidadizo?

Por P.A. David Nesher

«Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas.»

(Génesis 8:1)

Que sensación extraña provoca al lector sincero cunado llega a este versículo. Mientras Noaj y su familia se encontraban encerrados dentro del arca durante el diluvio; mientras las aguas prevalecían sobre la tierra y el arca era sacudida espantosamente de un lado para otro en medio de la tormenta,… Dios: ¿estaba distraído?… ¿se había olvidado de que en este planeta Él había enviado juicios?

Pues bien, para responder este planteo típico de todo lector, necesito considerar, una vez más, el famoso adagio italiano que dice “traduttore, traditore”. Esta expresión se traduce a nuestro idioma: “Toda traducción contiene una traición·. Esto siempre lo hago porque necesito que entendamos este proverbio italiano en el juego de palabras que es. El mismo está basado en el hecho de que traición y traducción tienen una raíz latina similar; forman parte de un conglomerado de ideas que incluye también la palabra tradición. Y es justamente esta última (la tradición) la que estamos obligados a juzgar, y hasta desechar si es necesario, de nuestra tarea interpretativa del texto sagrado.

Acerca del versículo mencionado (Genesis 8:1 «y se acordó Dios de Noe…»), debo decir que no está correctamente traducido, ya que en el original hebreo tenemos al adverbio ”et» que significa «a» y que aquí fue erróneamente traducido como «de». O sea, debemos decir que el Eterno recordó «a Noaj«, por lo que debemos entender que No es posible decir «Dios se acordó «de Noaj», por ser esa interpretación incorrecta.

Por lo tanto, la traducción correcta del versículo sería «y recordó Di-s a Noaj, a todos los animales silvestres, y a todos los animales domésticos que estaban con él en el arca».

Pues bien, el planteo no está aun completamente respondido ya que el problema lo sigue presentando la expresión se acordó. Entonces, para continuar la explicación, diré que, en hebreo, la palabra para recordar aquí utilizada es Zakar (Strong AT 2142). Este verbo expresa el recordar algo, evocarlo o traerlo constantemente a la mente para su propósito.

¿Qué es lo que Yahvéh recordó?

Insisto en que la expresión no quiere expresar que Dios se había olvidado de Noaj y todos los seres vivientes que estaban con él en el arca. Por lo que expliqué anteriormente, “Se acordó…” en el hebreo no es recordar en la mente o refrescar la memoria un hecho olvidado. Por el contrario, significa otorgar un cuidado amoroso sobre alguien para intervenir en su favor en el tiempo de propósito (hebreo: et).

Por lo tanto, la expresión en realidad describe que el Eterno recordó el pacto previo que había hecho con Noé. Esto lo mantuvo providencialmente sobre el arca y todos sus tripulantes, hasta encontrar las circunstancias propicias para otorgarles su promoción a nuevos comienzos.

El tiempo transcurrió, y el tiempo de propósito (et) del Eterno llegó. Ahora era su turno para activar las promesas que había hecho a Noaj, su familia y las criaturas del arca. El Eterno les anuncia que el cumplimiento de su promesa finalmente está al alcance de la mano. Él está a punto de actuar sobre su Palabra.

El sabio intérprete judío Rash’i explica, que el Eterno les recordó la buena conducta llena de fe y esperanza que mantuvieron antes del diluvio, y también en el arca.

Por eso, a continuación, ese mismo versículo revela el premio de Yahvéh para ellos por la conducta paciente y llena de esperanza que mantuvieron:

«…e hizo pasar Elohim viento sobre la tierra, y cesaron las aguas».

Al leer esto, viene a nuestra memoria lo que en Génesis cap. 1: verso 2 leemos: «El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». De igual manera, este capitulo rescata el mismo obrar restaurador del Eterno haciendo que soplara un fuerte viento sobre la tierra, y las aguas comenzaron a bajar (8:1).

Ahora, para poder continuar profundizando esta idea, les solicito que abran bien sus mentes y disciernan perfectamente lo que aquí se revela en todos los detalles del texto.

Primeramente, notamos el uso que hace el escritor (Moshé) de los temas de la creación que ha tocado en los capítulos 1 y 2, cuando retrocede el agua, aparece tierra seca y la vegetación crece. El texto aquí hace notar la benevolencia (jesed) y la disciplina rigurosa (guevurá) del el Eterno usan el viento para evaporar el agua, aunque podría haber logrado el mismo resultado con sólo hablar, tal como Él lo revela en el rollo de Isaías:

“Yo mando que se seque lo profundo del mar, y ordeno que se sequen sus corrientes.”
(Isaías 44:27)

De igual modo, vemos como durante una fuerte tormenta en el mar de Galilea, Jesús reprendió a los vientos y las olas, y se volvieron a completa calma. No pudieron reconocer quién era él; y los discípulos dijeron: «¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y las olas le obedecen?» (Mateo 8:23-27).

Es maravilloso notar el verdadero significado de la expresión Zakar, “se acordó”.  Yahvéh actúa para hacer desaparecer la masa de agua de sobre la Tierra, no de manera estruendosa o rimbombante, sino más bien con su providencia. Utilizando los elementos de la naturaleza para restaurar el medio ambiente, gradual y lentamente. El viento evapora el agua, entonces el suelo lentamente absorbe y dispersa el agua, cerrando las fuentes principales de este elemento (especialmente el abismo) asegurándose el cese de todo juicio:

“Se cerraron las fuentes del mar profundo y las compuertas del cielo, y dejó de llover.” (8:2)

Una vez que se interrumpieron estas dos fuentes, poco a poco las aguas se fueron retirando de la tierra (8:3a). La palabra hebrea para retirar es shub (o shuv), lo que significa volverse a su lugar. Así se volvieron las aguas, tanto hacia abajo, como hacia arriba por medio de la evaporación (Salmo 104:6-9). El resultado fue que “… al cabo de ciento cincuenta días las aguas habían disminuido» (8:3b). Obviamente el agua no dejó de existir, sino que simplemente volvió a su antigua posición en los arroyos, ríos, lagos y océanos.

Esta es la primera vez que Yahvéh liberó a sus escogigos a través del agua: la próxima ocasión sería en el Mar Rojo (Éxodo Capitulo 14). Evidentemente, el rollo de Bereshit y sus historia fue escrito por Moshé con el objetivo de capacitar al Israel del desierto en su vocación sacerdotal. Este admirable líder pretendía que los hebreos apreciaran el mover del Eterno a través de la creación y sus circunstancia favoreciendo el cumplimiento de sus promesas hechas por medio de pactos.

Ante esto, y meditando el texto, entendemos que el mismo apunta a que el lector entienda que el “zakar” de Yahvéh tiene que ver con la sinergia de las acciones divinas y la humanas, ocurriendo en una complementación de fidelidad y espera paciente para llegar nuevamente a una restauración total de todas las cosas y así inaugurar la Nueva Humanidad.

Ahora, para comprender más profundamente este concepto de “se acordó Dios” (zakar) que encontramos en el texto, notemos la revelación escondida en la referencia escritural misma: capítulo ocho, versículo uno (8:1).

Ocho es el número de los nuevos comienzos. Uno es el número que habla de la naturaleza misma del Eterno (Deuter. 6: 4). Es evidente que el Eterno necesitaba que Noaj y su tripulación comprendieran que estaban ante el umbral de un nuevo comienzo que les permitiría ser los pioneros de una Nueva Humanidad que aprendería a aguardar con fe y esperanza la promesa del cumplimiento del Código Sagrado: la Simiente de la Mujer. Por eso, ellos debían aprender a vencer todo tipo de ansiedad, y contentarse con el proceso pedagógico del Eterno que acontece en cada circunstancia de la vida.

Las lluvias habían cesado y la tormenta había pasado. El arca tocó tierra de la cima del Monte Ararat y las aguas comenzaron a descender, mostrando finalmente que la esquina estaba allí y que podían alcanzar la promesa. Pero aún no pueden descender, hay que esperar un poco más en concordancia con la voluntad del Eterno.

Monte Ararat

Noaj, por su parte, se mantendrá con toda paciencia esperando y buscando una y otra vez las señales divinas (ocultas en cada situación) que comprueben el avance de la restauración que el Eterno le estaba encomendado.

Entonces, después de cuarenta días más, Noaj abrió la ventana y envió un cuervo y una paloma (Génesis 8:6-8). El cuervo iba y venía como quería, pero la paloma volvió al arca porque no había otro lugar donde descansar sus pies. Esto le decía a Noaj que no era el tiempo para dejar la seguridad del arca. Él pudo interpretar dichas señales inteligentemente pero nunca actuando de por sí, sino más bien sumiso a la indicación del Eterno.

De ese modo, sabia y pacientemente, Noaj esperó siete días más antes de enviar a la paloma por segunda vez (verso 10). Esta vez el ave regresó con una rama de olivo fresco en su pico, señalando que el portal de una nueva vida estaba mucho más cerca. Sin embargo, Noaj esperó otros siete días antes de enviar a la paloma por tercera vez (verso 12), pero esta vez la paloma no volvió; aun así, Noaj esperó hasta oír al Eterno hablándole para recibir la orden de abandonar el arca (verso 15). La paloma y el cuervo tienen un significado importante. Si seguimos el ejemplo del cuervo, volaremos en círculos, sin encontrar descanso para nuestra alma cansada. Sin embargo, la paloma, un símbolo del mover suave y pautado del Espíritu de Yahvéh, nos guiará hacia toda verdad mientras esperamos en Él (cf. Juan 16:13.)

Amado discípulo de Yeshúa, es muy frecuente encontrarnos en situaciones en las cuales sentimos como si estuviéramos “estancados dentro de nuestra arca”. Pues bien, debes aceptar que realmente es Yahvéh, nuestro Abba kadosh, quien nos está guardando para protegernos de algo.

Entiendo que el problema que se levanta durante el proceso de espera es que nuestras mentes comienzan a vagar y se ve tentada a cruzar la puerta de la duda para meterse en la zona de la incredulidad. Podemos decepcionarnos mientras esperamos una y otra vez, como si Dios nunca fuera a actuar. Incluso comenzamos a preguntarnos si lo oímos correctamente. Aún si somos hijos primogénitos entendidos en los tiempos, no quiere decir que seamos inmunes a las estrategias del adversario (HaSatán). Quizá no nos demos cuenta, pero es en esos tiempos donde somos más vulnerables que la serpiente susurra a nuestro corazón: “¿Con que Dios dijo…?” (Génesis 3:1b).

Yo te aconsejo que te aferres a estos dos pasajes:

“Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!”

(Salmo 46:10)

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros”

(Isaías 49:15)

Ten siempre presente que, en verdad, el Eterno siempre recuerda, y está siempre trabajando para completar su destino de propósito en nuestra vida.

¡Anhelo que verdaderamente seas fortalecido!


Bitácora relacionada:

La Rebelión: su Origen y Consecuencias

Por Moisés Franco

Cuando leemos el capítulo 6 de Bereshit, vemos cómo los “hijos de Dios” se unieron a las mujeres y de allí surgieron “gigantes” que fueron los grandes héroes (dioses) del pasado.

Inmediatamente luego de explicar esto, el Espíritu Santo nos dice que: “…la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal…”

O sea, que podemos relacionar la rebelión de los ángeles que se corporizaron para tener relaciones sexuales contra naturales con el aumento de la perversión y maldad humana.

El Eterno busca combatir constantemente la rebelión y la desobediencia, porque ambas llaman al caos y a la maldad.

En un principio, cuando quien era conocido como Lucifer se rebeló contra el diseño divino (el del ser humano en propósito) vemos cómo la rebelión de este ser no quedó en sí mismo, sino que por la “multitud de sus contrataciones” (Ez. 28:16) “con la cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra” (Rev.12:4).

La rebelión es combatida vehementemente por YAHVEH porque es como una enfermedad viral que rápidamente se contagia pervirtiendo todo a su paso.

“El rebelde no busca sino mal; y mensajero cruel será enviado contra él”

(Prov. 17:11)

Si buscamos distintos ejemplos de rebelión en la torah (hijo, profetas, etc.) vemos que usualmente el castigo era la muerte, ya que de esa manera se extirpaba el mal de en medio de la asamblea.

Por eso es maravilloso que el Eterno haya perdonado la rebelión de Israel, y que hoy gracias a Yeshúa nos diga:

“Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por amor a mí mismo, y no recordaré tus pecados”

(Is.43:25)

Pero, aún así debemos cuidar nuestra posición de gobierno, “porque la rebelión es pecado de hechicería, e iniquidad e idolatría el quebrantar la palabra de Dios. Y por cuanto tú desechaste la palabra del SEÑOR, él también te ha desechado para que no seas rey” (1Sm. 15:23).

Es decir, que si no somos obedientes a Su gobierno, tampoco nosotros podremos gobernar en Su nombre en la Tierra.

Es curioso que la palabra allí usada para rebelión es merí, que también significa “amargura”. Y ahora entendemos por qué el Espíritu Santo nos revela en la epístola a los Hebreos:

“Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos;

y de que nadie sea inmoral ni profano como Esaú, quien por un solo plato de comida vendió sus derechos de hijo mayor”.

(Hebreos 12:14-16)

Vemos que la amargura trae rebelión que corrompe comunidades, ahora, el Señor nos da pistas sobre cómo surge esa amargura. Primero nos habla de buscar “la paz con todos, y la santidad”, o sea que lo contrario a la amargura es la santidad y paz.

 

“Al de carácter firme
lo guardarás en perfecta paz,
porque en ti confía”.

Is. 26:3 (NVI)

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, Porque en ti ha confiado”. (Is. 26:3 – Biblia Textual)

O sea, que la paz se consigue poniendo nuestros pensamientos y acciones (confianza) en YHVH y no en nuestras fuerzas y en el sistema. Por eso la segunda pista en Hebreos, nos advierte de ser profanos como Esaú, ejemplo claro de un calamitoso materialismo.

En conclusión, la rebelión es contagiosa y trae perversión y muerte, se origina en la amargura y para evitarla debemos poner nuestros pensamientos en Abba y nuestra confianza en Él. Así “destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo” (2Cor. 10:5).

“Y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”

(Fil. 4:7)

 

Moisés Franco

¿Dónde se fue el Agua del Diluvio?

Por P.A. David Nesher

 

«El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo á diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas;
… y las aguas aumentaron más y más sobre la tierra, y fueron cubiertos todos los altos montes que hay debajo de todos los cielos» 

(Génesis 7 :11, 19)

Una de las principales objeciones lógicas que presentan los detractores reptilianos de la fe verdadera, especialmente aquellos que, desde postulados científicos, pretenden refutar o ridiculizar la idea de un Diluvio de dimensiones asombrosas, es la que sostiene que con toda el agua que actualmente hay en los polos, de fundirse ésta, no se podría alcanzar a cubrir la cima de las actuales montañas más altas.

Sin embargo, y para el dolor del ego de aquellos, la creencia en un diluvio de alcance mundial, no solamente está claramente relatada en las Sagradas Escrituras, sin que también cuenta con el respaldo del Mesías mismo en sus enseñanzas y  distintas teoría nuevas de la ciencia, basadas en descubrimientos arqueológicos de los últimos años. Además, hay que recordar que este hecho fue tan impactante para la pupila humana de aquella humanidad que ha quedado sostenido a lo largo de los siglos, y se encuentra presente en las leyendas y mitos de todas las culturas del mundo por todos los continentes.

Por eso, necesitamos recordar primeramente que la intención de Moshé al recopilar documentos de su época y armar una síntesis histórica del mundo antiguo, no era la de ofrecer un conocimiento científico. Por el contrario, su objetivo descansaba en la intención de revelar a Israel como el Eterno había determinado desde antes de la fundación del mundo la elección que esta tendría como Pueblo especial que fundaría una nación de sacerdotes para bendecir con la Simiente mesiánica al resto de las naciones (Shemot/Éxodo 19: 6).

Luego de esto, es también importante que tomemos conciencia que el planeta Tierra previo al llamado «Diluvio Universal» no era como el mundo que actualmente conocemos con montañas de grandes alturas y grandes continentes separados por mares.

Las líneas de estos seis primero capítulos dejan entrever dice cosas tan sorprendentes sobre las condiciones de la Tierra anteriores al cataclismo del Diluvio como que, por ejemplo, no había sistema de lluvias (Génesis 2: 5-6). La palabra hebrea utilizada aquí para «vapor» no sólo sugiere un vapor con su humedad asociada, como lo entenderíamos hoy en día, sino también fuentes como geysers o manantiales. Después de todo había cuatro ríos que fluían del Gan Edén (Huerto del Edén), y si no existía lluvia entonces estos manantiales antes nombrados serian la fuente de agua que después iba en cuatro direcciones como ríos a través del Huerto. La importancia de estas fuentes en la Creación original o inicial se enfatiza de nuevo en el libro de Revelación, donde se nos dice que un ángel predicará el evangelio eterno con las palabras:

«… adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.»

(Apocalipsis 14:7)

Otro dato importante es no existían las estaciones tal como las conocemos hoy (Génesis 8:22). Científicos especializados en unir los descubrimientos y teorías actuales, analizando todos los datos obtenidos y cotejándolos con los que el relato bíblico ofrece lograron postular un modelo científico que encajaría perfectamente con lo que Bereshit cuenta en lo referente un diluvio que cubrió la superficie de la Tierra.

Tras los terremoto de Indonesia (diciembre de 2004), Chile (febrero 2010) y el de Japón (marzo de 2011) hemos escuchado a los científicos informar que la inclinación del eje de la tierra ha variado algunos centímetros.

Sabemos desde la escuela que las estaciones terrestres son el resultado precisamente de que el eje de la tierra esté inclinado poco más de 23 grados respecto a su plano de giro entorno al sol. Fue el gran astrónomo Edmund Halley que en 1690 sugirió que una causa inmediata e evidente del Diluvio pudo haber sido que su eje de rotación se desplazase de la perpendicular a la inclinación de 23º y medio que ahora presenta.

De este modo se ha postulado un modelo pre-diluviano donde las misteriosas «aguas de arriba» (Génesis 1:7) cayeron en el Diluvio produciendo junto a una Tierra sin eje de inclinación respecto a su giro entorno al sol, un clima cálido y constante y un efecto invernadero tal y como nos relata el Bereshit (Gén. 2: 5-6) que sucedía antes de la catástrofe del Diluvio.

Cuando se realiza este postulado científico con un modelo que encaja con los indicios, no se hace otra cosa que lo que hacen los científicos evolucionistas. Ellos realizan sus postulados y modelos a base de mucha imaginación, descreimiento, ideas preconcebidas, etc… Estos científicos teístas realizan sus teorías basados en la Palabra de Dios y en los hechos científicamente posibles y comprobables hoy.

EL MUNDO PRE-DILUVIANO ERA DIFERENTE AL ACTUAL.

Todos ya sabemos, mediante el entrenamiento académico recibido y la observación criteriosa y objetiva de un modelo a escala del globo terráqueo, que la tierra no siempre ha sido como es ahora.

En una antigüedad indeterminada (desde el punto de vista científico más literal no hay forma de demostrar una antigüedad de millones de años) se sabe que los continentes actuales formaban un único super-continente que en un momento determinado, por algún motivo catastrófico comenzó a separarse. Los científicos evolucionistas, que creen en una antigüedad extrema -cifrada en millones de años- de la Tierra, se refieren a este super-continente con el nombre de «Pangea«. Nosotros lo llamaremos el mundo prediluviano.

El libro de Bereshit nos otorga datos muy interesantes relacionados con esta Tierra anti-diluviana que los escépticos y muchos cristianos no conocen, y que sirven para explicar después la idea que quiero exponer en esta bitácora.

Al leer el libro de Bereshit (Génesis) en su relato del Diluvio Universal y los cambios que nuestro planeta, encontramos  mucha información sobre la procedencias del agua que provocó semejante catástrofe natural, y también deja en claro dónde fue a parar dicha cantidad.

Lo primero que debemos aceptar es que la Torah da a entender, por sus descripciones, que el Diluvio fue algo más que simple «lluvia» que provocó inundaciones en la región del Medio y Cercano Oriente. Para entenderlo, los invito a que sigamos con mucha atención a esas «aguas de arriba» que cayeron.

Hemos leído que la Escritura nos dice que se abrieron «las fuentes del Gran abismo«:

«...en ese mismo día se rompieron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo fueron abiertas…«

(Génesis 7:11)

Vemos que la Torah (Instrucción) nos habla de dos fuentes de agua en esta devastación:

  • La primera proviene del cielo, de esas extrañas «Aguas de arriba» de las que nos habla el primer capítulo del Génesis: Posiblemente una capa de agua (diferente a las actuales nubes -que NO son vapor, sino gotas minúsculas-) que rodeaba la tierra de alguna forma. Aquí se mencionan como «Las compuertas del Cielo». ¿Cuánta agua había allí arriba? No lo sabemos pero podemos deducirlo sabiendo que en nuestros cielos una pequeña nube de tan solo 1 Km3 pesa más de ¡un millón de toneladas!
  • La segunda fuente de agua proviene de «las Fuentes del Gran Abismo«. Se nos habla que del manto de la Tierra o del propio mar. Posiblemente Tsunamis gigantescos a causa de una conmoción terrible en la corteza terrestre.  Según la idea del original hebreo brotaron tremendas cantidades de agua que se unieron a la inundación proveniente del cielo (Ver Aseguran que existe un Océano a 644 km por debajo de la superficie de nuestro planeta).

 

Todas estas estuvieron fusionadas y activas en su misión destructiva durante 150 días durante el Diluvio, aún cuando las lluvias sólo duraron 40 días y 40 noches, mostrando así que había un límite de agua sobre la atmósfera (las cataratas de los cielos).

Si las fuentes del gran abismo fueron la mayor fuente de agua, funcionando durante los 150 primeros días del año del Diluvio, evidentemente existía un gran y voluminoso deposito de agua. Algunos sugieren que cuando Yahvéh hizo que la tierra apareciese de debajo del agua en el tercer día de la creación, parte del agua que cubría la tierra quedo atrapada debajo y en el interior de la tierra seca.

En cualquier caso, en cuanto a la erupción de estas fuentes el día en el que el Diluvio comenzó, la Torah nos dice que las fuentes del abismo «fueron rotas«, esto implica la aparición de grandes fisuras en la tierra. Así, las aguas que se habían mantenido bajo presión debajo de las profundidades terrestres reventaron trayendo consecuencias catastróficas. Es interesante resaltar el hecho de que el 90 % de lo que sale de los volcanes actualmente es agua, a menudo en forma de vapor. Y dado que en el registro morfológico (de las rocas) encontramos muchas rocas volcánicas mezcladas con los estratos fósiles – estratos depositados, obviamente, durante el Diluvio – se puede teorizar que esas fuentes del gran abismo podrían, perfectamente, haber involucrado una serie de erupciones volcánicas con prodigiosas cantidades de agua saliendo a través de la tierra.

De acuerdo a lo que Edmund Halley propuso, dos veces al día los océanos enviarían poderosas olas de aguaje alrededor del mundo, llegando a un máximo cada 150 días con una altura de agua de 10 km. en el ecuador. Etas olas hubieran viajado a 1.600 km/h… ¡era imposible encontrar tierra seca en ninguna parte! Las montañas más elevadas quedaron cubiertas. Esta inmensa ola comprimió el aire al frente de ella y provocó una depresión detrás de ellas. El aire que se precipitó allí, precedente de las regiones polares, provocó una pérdida de calor y una repentina helada en las zonas polares… formando las capas de hielo que traerían las glaciaciones, que terminarían determinando los polos actuales.

La inexistencia de estas grandes diferencias de temperaturas entre los polos y el ecuador significa que los grandes movimientos de viento del mundo actual no existían. Más tarde veremos que las montañas no eran tan altas como ahora antes del Diluvio. En nuestra Tierra actual, esos grandes vientos y las grandes cordilleras de montañas son una parte muy importante del ciclo que lleva la lluvia a los continentes. Antes del Diluvio, sin embargo, no hacían falta ni unas ni otras, dada la forma en que la tierra recibía el agua.

(Para comprender más acerca de esto los invito a leer la teoría de la hidroplaca que explico en esta bitácora).

«Las Cataratas de los Cielos.»

La Torah también nos cuenta que la otra fuente de agua del Diluvio Universal fue la apertura de las cataratas de los cielos. Se nos dice que llovió durante 40 días y 40 noches sin parar, implicando que la apertura de esas cataratas fue el comienzo de la primera caída de agua. Ya hemos dicho, que las afirmaciones del libro de Bereshit implican que no hubo lluvia hasta el Diluvio, cuando se abrieron las cataratas de los cielos y sus aguas cayeron. Esto también explicaría porqué Noaj predicó durante tanto tiempo que iba a llover y porque la gente no le creyó. Nunca habían tenido lluvias ni diluvios locales cuando él predicaba y por eso se burlaron de sus advertencias:

«Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.»

(Hebreos 11: 7)

¿Que son esas cataratas de los cielos y por que no llovió durante tanto tiempo antes del Diluvio?

Al leer el primer capítulo del Bereshit se nos dice que en el segundo día de la creación, Elohim (Dios) separó las aguas que había en la Tierra, de las que Él había puesto sobre la Tierra, y entre estas dos aguas puso una expansión a la que denominó Cielos (o atmósfera). Es en esa atmósfera donde más tarde puso los pájaros, así que sabemos que se refiere a la atmósfera que hoy respiramos. Esto significa que había agua sobre esta atmósfera. Una cantidad de agua que obviamente no se encuentra ahí hoy en día. No se puede referir a las nubes dado que estas producirían lluvias. Tampoco había arco iris. La Torah dice, que Dios estableció un pacto con Noé que consistía en que nunca más ocurriría un diluvio como el que acababa de ocurrir, y el arco iris en el cielo es la señal de este pacto o promesa (Génesis 9 :8-17). El Eterno afirma claramente: «Mi arco he puesto en las nubes…» (versículo 13), lo cual denota el hecho de que hacen falta nubes para producir el arco iris. Las nubes están hechas de gotas de agua, cuando los rayos de sol las atraviesan, estas actúan como prismas de cristal, de forma que la luz se divide en sus colores básicos y vemos un arco iris. Esta promesa o pacto era una cosa nueva que Dios hacia, era por lo tanto la primera vez que se veía un arco iris.

¿Que eran esas aguas sobre la atmósfera antes del Diluvio?

El término normalmente utilizado es una ‘bóveda de vapor de agua’, implicando una ‘sabana’ de vapor de agua alrededor de toda la Tierra. Muchos estudiosos consideran que era agua en forma de vapor, que atrapaba los rayos del sol con más efectividad que lo que lo consigue ahora nuestra atmósfera, y proveyendo un clima semitropical a todas las partes del mundo. Es difícil imaginar como podría el agua líquida mantenerse suspendida sobre la atmósfera, pero el vapor de agua, en cambio, es mucho más ligero que el agua.

El Dr. Joseph Dillow ha calculado cuanto vapor de agua seria físicamente posible que estuviera suspendido sobre la atmósfera como una sábana alrededor de la Tierra. Logró llegar a la conclusión de que seria el vapor de agua equivalente a alrededor de 12 metros (40 pies) de grosor de agua líquida. Eso no fue todo, con este dato, el Dr. Dillow logró también calcular que esta cantidad seria suficiente para generar 40 días y 40 noches de lluvia torrencial. De esta investigación, los científicos descubrieron que si en cambio estas aguas sobre la atmósfera se hubieran encontrado en forma de nubes, entonces si la humedad en la atmósfera se precipitase a la tierra en forma de lluvia, seria el equivalente de menos de cinco centímetros (dos pulgadas) de grosor de agua líquida, difícilmente suficiente para sustentar 40 días y 40 noches de lluvia en la época del Diluvio.

Por lo tanto parece claro que la frase en Génesis 7:11 que dice «...las cataratas de los cielos fueron abiertas...» es una referencia al colapso de esta bóveda de vapor de agua, que de alguna forma se hizo inestable y cayó en forma de agua líquida.

Entendamos bien, que aquellos que fueron testigos de esto, describieron dichos acontecimientos como la apertura de «las cataratas de los cielos«. Algunos sugieren que cuando las fuentes del gran abismo se rompieron y abrieron, presumiblemente en la forma de erupciones volcánicas, el polvo generado por estas erupciones se expandió entrando en contacto con la bóveda de vapor de agua, causando el aglutinamiento de partículas de agua con partículas de polvo, formando gotas de agua que entonces cayeron como agua de lluvia.

Cuando leemos los primeros capítulos de Génesis, descubrimos que los primeros patriarcas vivían durante mucho tiempo. Vivían una media aproximada de 900 años. Mucha gente no puede creer eso porque hoy en día sólo vivimos aproximadamente 70 años. Sin embargo  otra utilidad de la bóveda de vapor de agua hubiera sido el proteger a los habitantes de la Tierra de las dañinas radiaciones cósmicas, que son, en parte, responsables del proceso de envejecimiento. Otros han sugerido que una mayor presión parcial de oxígeno debajo de una bóveda de estas características también podría haber aumentado el tiempo de vida del hombre y de los animales. En las burbujas de aire atrapadas en ámbar (resina de árbol fosilizada) existe una concentración de oxígeno un 50 por ciento mayor que la actual. Por lo tanto el hecho de que los patriarcas anteriores al Diluvio vivieran durante tanto tiempo es una evidencia que corrobora la existencia de la bóveda de vapor de agua.

Teniendo en cuenta el colapso de la bóveda de vapor de agua en los tiempos del Diluvio (la apertura de «las cataratas de los cielos») no es sorprendente pensar que el tiempo de vida de los seres humanos se redujera drásticamente durante los años siguientes a ese acontecimiento. Los descendientes inmediatos de Noé vivieron menos de 900 años, y en unas pocas generaciones los tiempos de vida se redujeron a los 70 años de vida que aún hoy en día se mantienen.

Hay otras importantes implicaciones que derivan de la existencia de una bóveda de vapor de agua antes del Diluvio, y la evidencia de estas corrobora a su vez la existencia de tal bóveda. Aquellos que estén interesados en estudiar este tema más profundamente pueden consultar el libro del Dr. Joseph Dillow.

 

La Gran Pregunta: ¿A dónde se fue el agua ?

Toda la Tierra estaba cubierta con las aguas del Diluvio, y el mundo que entonces existía fue destruido por las mismas aguas de las cuales la Tierra emergió en un principio, a las órdenes de Dios (Génesis 1 :9 ; 2 Pedro 3 :5-6). Pero, muchos se pregunta ¿que pasó luego con todo ese agua ?

Bueno, las mismas Sagradas Escrituras tienen muchos pasajes que responden esta pregunta, identificando las aguas del Diluvio con los mares y océanos actuales (Amós 9 :6 y Job 38 : 8-11).

Ahora bien, el planteo que inmediatamente surge ante esta respuesta es el siguiente: si el agua todavía está aquí, ¿como es que las grandes montañas no están todavía cubiertas de agua como en el tiempo de Noaj?

El Salterio nos brinda la respuesta en el capítulo 104:

«¡Con las aguas del abismo la cubriste!
Las aguas se detuvieron sobre los montes,
pero las reprendiste, y huyeron;
al escuchar tu voz, bajaron presurosas.
Subieron a los montes, bajaron por los valles,
al sitio que les habías destinado. Les pusiste un límite, que no debían cruzar,
para que no volvieran a cubrir la tierra.«

(Salmo 104: 6-8)

El salmista dice que sobre los montes estaban las aguas (versículo 6), pero el Eterno las reprendió y estas huyeron (versículo 7); entonces las montañas subieron, los valles descendieron (versículo 8) y Yahvéh les puso límite, el cual no traspasarán ni volverán a cubrir la Tierra (versículo 9). Entonces nos asombramos al descubrir que las aguas planetarias actuales… ¡son las mismas aguas del Diluvio!

Por ende, las Sagradas Escrituras deja bien claro que Yahvéh alteró la topografía de la Tierra. Nuevas masas continentales de tierra con nuevas cordilleras montañosas de pliegues de estratos rocosos fueron levantadas de debajo de las aguas que cubrían la Tierra que había erosionado y nivelado la topografía pre-diluviana, mientras cuencas oceánicas muy profundas fueron formadas para recibir y acomodar las aguas del Diluvio que entonces abandonaron la tierra de los continentes emergentes.

Por eso los océanos son tan profundos y por eso hay cordilleras montañosas con pliegues. Es más, si hoy niveláramos toda la tierra suavizando la topografía no solo de la superficie continental sino también la superficie del fondo oceánico, el agua del océano cubriría toda la superficie terrestre con una profundidad de más de tres kilómetros (dos millas). Claramente, entonces, las aguas del Diluvio Universal están en las cuencas oceánicas actuales. Tenemos que recordar que cerca del 70 por ciento de la superficie de la Tierra está, aún hoy, cubierta por agua.

¿Un mecanismo ?

Si al final del Diluvio las montañas se levantaron, mientras los valles se hundieron, entonces esos movimientos de tierra tuvieron que ser sobretodo verticales, en marcado contraste con el movimiento horizontal propuesto por la teoría de la deriva continental y las placas tectónicas propuestas por la mayoría de científicos hoy en día. Pero de hecho hay un mecanismo para movimientos verticales de tierra, para el cual tenemos una evidencia indirecta muy buena y alguna evidencia directa.

¿El agua podría haber cubierto el Mt. Everest?

Ya hemos dicho que la altura máxima de las aguas del Diluvio sobre una Tierra teóricamente nivelada hubieran sido de alrededor de tres kilómetros (dos millas). Pero resulta que el Mt. Everest, por ejemplo, tiene más de ocho kilómetros de altura. ¿Entonces como pudieron las aguas del Diluvio cubrir todos los montes altos de debajo de los cielos?

Pues bien, ya hemos dicho que las montañas altas no eran necesarias para la lluvia en el mundo pre-diluviano, y que las montañas de hoy en día fueron formadas después del Diluvio a través de el mecanismo vertical antes citado. En apoyo de esto podemos observar que las capas que forman las partes más altas del Mt. Everest están compuestas de capas depositadas por agua que contienen fósiles. (ver: Hallan Fósiles Marinos en el Monte Everest).

Este proceso de levantamiento de nuevas masas continentales de debajo de las aguas del Diluvio conllevaría que, mientras las montañas se elevaban, los valles se hundían, y las aguas abandonasen rápidamente las nuevas masas continentales emergentes. Este rápido movimiento de grandes volúmenes de agua causaría una gran erosión. No es difícil contemplar la rápida ‘excavación’ de muchas de las formas rocosas que observamos hoy en día en la Tierra, incluyendo, por ejemplo, el Gran Cañón del Colorado en USA, y las rocas Ayers en Australia central. (La forma actual de este monolito es el resultado de un ladeo y levantamiento de los previamente horizontales lechos de arena dejada por el agua seguido de la erosión.

Es por esto que también vemos, en muchos casos, ríos en valles que son mucho mayores de lo que deberían ser si hubieran sido hechos por el mismo río, que es diminuto en comparación con el valle, que ahora fluye por el valle. En otras palabras, el volumen de agua responsable de crear esos valles tan grandes tiene que haber sido mayor que el volumen de agua de los ríos de hoy en día. Esto es consistente con la idea de grandes volúmenes de aguas diluvianas abandonando las masas de tierra emergentes al final del Diluvio, y yendo a parar a las nuevas y profundas cuencas oceánicas.

 

Biografía: 

«Mitos y Milagros» _ David C. C. Watson (Ed. Clie)

«El Enigma del Arca de Noé y el Diluvio» _ Claudio Soler & Mónica Quirón

Un Cambio de Deseo Originó la Guerra de los Sexos

Por P.A. David Nesher

«A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.«

(Bereshit(Génesis 3: 16)

Al investigar y sumergirnos en la Instrucción (Torah) del Eterno, poco a poco vamos desintoxicando nuestras mentes del dogmatismo babilónico-reptiliano con el que se nos programó desde el sistema de cosas imperante que la serpiente antigua ha establecido sobre los miles de millones que componemos la humanidad.

Entendemos por lo que Génesis revela en su tercer capítulo que la religión se hizo presente el día en que Adam Harishón (Primera Humanidad) escuchó la propuesta de una enseñanza totalmente anti-Torah. Así aquellos primeros regentes y padres de la humanidad (Adán y Javá) dieron lugar a una serie de paradigmas de tinieblas que comenzarón a tomar potestad destructora sobre el más grande diseño de la Luz: la sexualidad expresada en el binomio sacerdotal varón-mujer.

De este modo la mujer  han sido erróneamente devaluada, ignorada y omitida dentro la historia. Hasta la misma teología tradicional de la mujer en la Iglesia Romana y sus hijas (Ap. 17) ha sido marcada por una aversión a la mujer expresada en la  misoginia de sus prácticas, que ha producido el machismo que ha regido a occidente por siglos.

Ahora bien, ¿cómo comenzó esta degradación sexual?

Según el tercer capítulo de Bereshit, Adán y Javá desconfiaron de la benevolencia, la disciplina y la compasión del Eterno, y voluntariamente se apartaron de Él dependiendo de su propia opinión para encontrar cómo lograr la felicidad extrema. Ellos decidieron unánimemente rechazar Su Instrucción (Torah) y determinaron comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Poreesto, el Eterno los llamó a rendir cuentas y les describió la maldición que recaería sobre ellos y la vida humana que desde ellos descendería, a causa del pecado.

En este capítulo logramos ver como el mundo de la mujer, y por ende el de la familia, fue afectado lamentablemente por el pecado de la misma Javá (Eva). El relato de la caída humana revela que a causa del mismo yetser hará (tendencia al mal) de la mujer, las cosas que ya existían en pequeña escala fueron ahora aumentadas para convertirse en algo muy doloroso (el parir y la sujeción marital).

La palabra hebrea teshuqá, traducida en este texto como «deseo«, viene de la raís shuq que significa:

  • «voltearse para ir obsesivamente en pos de algo«,
  • «tener un intenso anhelo u obsesión de una cosa«,

Desde estas dos significaciones, la expresión «deseo» está implicando el uso de la lujuria de parte de la mujer para poder manipular al hombre y conseguir así sus anhelos egoístas de control y dominio. Por eso es que la Septuaginta o «Versión de los Setenta«, traducirá esta palabra en griego como “voltearse”. Visto así, el verdadero significado de teshuqá es de hecho “voltearse” cambiando el blanco del deseo.

Con este acto de desobediencia Javá se esta volteando o alejándose del señorío de Yahvéh y enfocándose hacia el varón, poniéndolo a él entre ella y el Eterno. Dios le advierte a Eva que esta decisión de voltearse hacia el varón para sentir significado de propósito traerá como resultado que ella venga a caer bajo el dominio del hombre. Esta expresión habla de un desafío inherente de querer adoptar el papel del marido como jefe del hogar y la familia.

Esta es una descripción de la maldición. Es una descripción de miseria, no un modelo para el matrimonio. Esta es la historia que se presentará siempre que el pecado prevalezca. Pero, ¿qué es lo que realmente se dice aquí? ¿Cuál es la naturaleza de esta relación que ha quedado en ruinas después del pecado?

El paralelismo clave en Génesis 4:7

La clave para comprender profundamente esta sentencia, está en aprender la conexión que existe entre las últimas palabras de este versículo (3:16b), y las últimas palabras de Génesis cap. 4 vers. 7. Aquí el Eterno está advirtiendo a Caín acerca de su resentimiento y enojo contra Abel, su hermano. Yahvéh le dice que el pecado está a punto de enseñorearse de su vida. Por favor, les solicito que observen con mucho discernimiento el final del versículo 7:

«… el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.

El paralelo entre el cap.  3 vers. 16 y el cap. 4 vers. 7 es extraordinariamente cercano. Las palabras son prácticamente las mismas en hebreo, y también pueden verse en español. En 3:16 vemos que Elohim dice a la mujer: «Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti«. En el cap. 4 vers. 7 Elohim dice a Caín: «a ti será su deseo, y tú te enseñorearas de él«.

Ahora, la razón por la cual es importante ver esto, es porque nos muestra más claramente lo que se entiende por «deseo«. Cuando el versículo 7 de capítulo 4 dice que el pecado está a la puerta del corazón de Caín (como un león, -Génesis 49:9-) y que a él será su deseo, significa que el pecado quiere enseñorearse de Caín, quiere derrotarlo, someterlo y hacerlo esclavo del pecado.

Ahora, si volvemos al versículo 16 del capítulo 3, probablemente deberíamos ver el mismo significado en el pecaminoso deseo de la mujer. Cuando dice, «Tu deseo será para tu marido«, que significa que cuando el pecado se enseñorea de la mujer, su deseo será el de dominar, someter o explotar hombre. Y cuando el pecado de la mujer se enseñorea del varón, este va a responder de la misma manera y con mayor fuerza la someterá, o se enseñoreara sobre ella.

Entonces, lo que se describe realmente en esta maldición acontecida sobre la condición de ser mujer ( 3:16) es el conflicto de siglos entre varones y mujeres que ha marcado la historia de la humanidad. La masculinidad como el Eterno la creó se ha depravado y corrompido por el pecado. De igual modo la feminidad como Yahvéh la creó se ha depravado y corrompido por el pecado. La esencia del pecado es la autosuficiencia y la auto-exaltación. Primero en la rebelión contra el Eterno y luego, como consecuencia, en la explotación de unos a otros.

Por lo tanto, la esencia de la virilidad corrupta es el esfuerzo que auto-exalta el poder dominar, controlar y explotar a las mujeres para sus propios deseos privados. Y la esencia de la feminidad corrupta es el esfuerzo que auto-exalta el poder dominar, controlar y explotar a los hombres para sus propios deseos privados. La diferencia la establecerán la distinción de debilidades que pueden  explotar el uno del otro.

La mujer con su acto de yetser hará (inclinación al mal) quebrantó su relación con el varón, señalado por los lineamientos del diseño divino original. En vez de ser una «ayuda idónea» (ezer kenegdó) para él, se iría convirtiendo en su seductora enemiga. Por eso Yahvéh advirtió que esto la conduciría a perder su condición de igualdad con el varón; él terminaría siempre «enseñoreándose» de ella como amo y señor. En el pasaje que nos tiene meditando durante todo este estudio, se describe a una esposa como que es «poseída» por su señor. Por eso, vemos que a lo largo de la historia, entre la mayoría de los pueblos, la mujer ha estado sometida, a través de los siglos, a la degradación y a una esclavitud. Sin embargo, entre los hebreos la condición de la mujer era de una clara subordinación aunque no de opresión ni esclavitud.

Por esto será que Yahvéh liberará a Israel de Mitzraim (Egipto). Él quería que Su Pueblo se convirtiera en una nación sacerdotal (Éxodo 19: 6) para que el ser humano (tanto varón como mujer) aprendiera a rectificar, reparar y transformar el diseño de la sexualidad de acuerdo a los código de la Luz Infinita. Por eso, desde Israel aparecerá el yugo de Yeshúa quien colocará a la mujer en la misma plataforma que el varón en todo lo que atañe a las bendiciones del Evangelio del Reino de Elohim:

«Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

(Gálatas 3: 28)

Aunque el esposo debe ser la cabeza del hogar, los principios mesiánicos llevarán al varón y a su esposa a experimentar un verdadero compañerismo, donde cada uno está tan consagrado a la felicidad y bienestar del otro, que nunca ocurre que cualquiera de ellos trate de «enseñorearse» del otro:

«Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
(Colosenses 3: 18-19)

En conclusión, recordemos que lo que somos como varones y mujeres va al corazón de nuestra identidad personal. Si se confunden aquí, las repercusiones serán muy profundas y afectarán muchos aspectos.

Hoy, el pequeño remanente de los hijos de Sión están llamado a reconstruir a partir de la Instrucción divina, y con la mejor praxis posible, la imagen destruida del varón y la mujer a la imagen que Yahvéh les había asignado antes de la caída.

Hoy, el SEÑOR nos pide recuperemos al diseño matrimonial, invitando a cada pareja a aceptar la invitación mesiánica de recibir el yugo de Yeshúa. Por eso, solicito a los que leen oraciones intercesora a favor de mi vida y los miembros de mi ministerio, para que podamos llevar fiel y rápidamente todos estos misterios a las naciones del mundo. A la vez invito a cada lector a que que considere seriamente estas cosas, y decida sumarse a todos los hijos primogénitos que habitamos el  Monte Santo del Eterno.

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Una Genealogía con Códigos de Esperanza Salvífica.

Por P.A. David Nesher

 “Éste es el libro de los descendientes de Adam. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.Hombre y mujer los creó; y los bendijo, y les puso por nombre Adam el día en que fueron creados. Cuando Adam había vivido ciento treinta años, engendró un hijo en su semejanza, conforme a su imagen, y le puso por nombre Shet.”

(Génesis5: 1-3)

«Les puso por nombre Adam» es una expresión que puede también ser traducida: «Y los llamó la Humanidad…» Como podemos asumir desde este dato, La palabra adam significa “ser humano” o»humanidad«, y no necesariamente ser humano varón. El nombre Adam, está estrechamente relacionado con las palabras hebreas adam, que significa “rojizo”, adamá, que significa “tierra” y dam, que significa “sangre”.

Teniendo en cuenta toda esta significación, logramos comprender que cuando el Mesías Yeshúa es llamado Hijo del Hombre, en hebreo “Ben Adam”, significa que está tomado de la tierra y tiene carne y sangre por ser un descendiente físico del primer hombre Adam. El Hijo del Hombre es un ser terrenal, pero que tiene su origen en el cielo, (cf. 1 Corintios 15:47). Ahora bien, este capítulo está presente en el rollo de Bereshit con un propósito mucho mayor que simplemente ofrecernos nombres de varones superlongevos. El texto está plagados de códigos lumínicos que persiguen generar esperanza especialmente en los tiempos de crisis y de violencia que la historia humana debe atravesar. El Eterno persigue que sus hijos primogénitos, Israel, mantengan su memoria activa en el maravilloso hecho de que el Mesías que vendría al mundo desde su seno, sería el cumplimiento a un ADN vibrante de fe, esperanza y amor a la Intención de Yahvéh.

Tenemos el problema, que cuando se lee rápidamente el texto sagrado, para colmo acompañada la mente de los dogmas cristianos, las genealogías y nombres que aparecen en la ella son saltadas por nuestra atención, ya que parecieran a simple vista que se tratasen de detalles sin importancia en la vida del lector.

De este modo el quinto capítulo de Bereshit (Génesis) se convierte en un texto que se hace blanco de esta indiferencia intelectual dogmática.

Sin embargo, el Eterno se aseguró que Su Pueblo encontrara en este listado un mensaje de Salvación que trastocaría el alma humana ante cualquier duda acerca de la promesa mesiánica que Él realizó a Adam HaRishon en el Gan Eden.

 

Hay una curiosidad en el versículo tres ya que aparecen las mismas dos expresiones que en el capítulo 1 verso 26, donde se habla de la creación del hombre con la imagen divina para que se conforme según la semejanza de Elohim, (be-tsalmenu ki-demutenu), pero con el orden inverso, bi-demutó ke-tsalmó “en (o con) su semejanza, según su imagen”. Es decir, que Adam, ya caído en naturaleza pecadora, inició una humanidad heredera de la misma naturaleza impregnada con la misma tendencia o inclinación al mal (yetser hará). Sin embargo, en medio de sus constituyentes genéticos brillaba una Luz proveniente del tzelem (imagen divina) que permitía que el Código Sagrado o Proto-Evangelio (Génesis 3: 15) vibrara manteniendo a cada generación humana consciente de la Salvación que del Eterno vendría a la Tierra, surgida de la humanidad misma. Para comprender mejor esto, nos sumergiremos en los códigos de la genealogía aquí expresada.

Pero también deberemos entender que Moshé comienza el capítulo 5 con las terminologías de los capítulos 1 y 2 (creó…, en la imagen de Dios…, varón y hembra…, los bendijo…) para indicar al lector que el propósito eterno de Dios y el programa para el hombre empezados en el primer capítulo son trasladados a través de la descendencia de Adán, no a través de la línea de Caín, sino la de Set. Todo el capítulo 5 es una descripción más estrecha de la línea por la que vendrá el Mesías.

Este quinto capítulo de Bereshit, en contraposición con lo relatado en el capítulo precedente, traza la línea elegida del hijo de Adam, Seth, de la cual procedía un hombre justo llamado Noaj (Noé) (Génesis 6: 9). Pero, ¿qué es lo que se enfatiza de la línea genealógica de Set? En ella no encontraremos mención de grandes contribuciones o logros que estos varones hubieran hecho a la humanidad de entonces. Solamente dos cosas marcaron a los hombres de este capítulo.

La primera contribución será el hecho de que ellos fueron hombres de fe (ej. Enoc –5: 18, 21-24–; Lamec –5:28–31–). Estos hombres miraron atrás y entendieron el hecho que el pecado era la raíz de todos los problemas y sufrimientos. Entonces, ellos miraron adelante con la esperanza de marchar hacia una redención que Yahvéh mismo iba a proveer a través de su descendencia.

Eso nos lleva a analizar la segunda contribución de estos varones sethitas (del capítulo 5). Ellos produjeron una descendencia piadosa, por medio de quienes el programa de salvación divina y su propósito eterno continuarían custodiados por un servicio sacerdotal de justicia (malki tzedek) . Sabemos que a través de esta descendencia la piedad sacerdotal continuó hasta Noaj. Mientras que la humanidad de aquel tiempo se degeneraría y sería destruida en el diluvio, a través de Noaj, la raza humana (y más que esto, la descendencia de Javá) sería preservada. La esperanza del hombre descansaba en la preservación de una buena simiente a fin que de ella se manifestara Mashiaj.

El listado genealógico de nombres que va desde Adán hasta Noé, formando un total de diez generaciones. Como lo expresé anteriormente, a primera vista, no parece ser trascendental en las Escrituras, pero sin embargo encontramos un impresionante mensaje codificado en sus nombres, algo que fue un misterio para aquellos que lo leyeron por primera vez. Este misterio es en verdad el mensaje del evangelio en el Antiguo Pacto y a toda la generación pre-diluviana.

Para explicar esto, primero debo entregarles los nombres y sus significados:

  1. Adán (Adam)_»Hombre» «el terrenal»
  2. Set (Sheth)  _»Puesto por Dios»
  3. Enós (Enosh)  _ «Enfermo», «mortal», «caído», «degenerado»
  4. Cainán (Kenan)  _«Aflicción, dolor, gran lamento»
  5. Mahalaleel (Mahalalel)  _«Alabado» (el) «Dios»
  6. Jared (Yeréd)  _ «El que descendió» «El que bajó»
  7. Enoc (Shanok)  _«Consagrado a Enseñar», «Consagrado a discipular»
  8. Matusalén (Methushelaj)  _«Cuando él muera enviará»
  9. Lamec (Lemek)  _«Poderoso, fuerte»
  10. Noé (Noáj) _ «Descanso», «Reposo», «Consolación»

Los hebreos acostumbraban a memorizar estos nombres de generación en generación, para no olvidar sus ancestros, pero primordialmente para recordar los pasos que el Eterno haría en la historia humana para mostrar Su Salvación. Juntando todos estos nombres en hebreo en el orden en que aparecen en el libro de Bereshit (Génesis 5) en una frase se tiene lo siguiente:

Adam – Sheth – Enosh – Qeynan – Mahalalel – Yered – Shanok – Methushelach – Lemek – Noaj

Si al significado de cada uno de estos nombres los entretejemos, y agregamos algunas palabras conectoras para formar una frase, obtendremos el siguiente mensaje, que era el que pronunciaban los hebreos cada vez que repetían y memorizaban estos nombres:

«El hombre terrenal – puesto por Dios – cayó – en gran dolor – pero el Dios alabado – descenderá – y nos enseñará – que cuando Él muera enviará – su poderoso – reposo y consolación».

El significado de los nombres de los diez primeros hombres de la genealogía desde Adam hasta Noaj constituye una profecía mesiánica. El Eterno se aseguró de grabar en esta genealogía su mensaje mesiánico de esperanza para toda la humanidad.

Por lo tanto, el proyecto de Salvación de Yahvéh para con la humanidad desde el principio hasta el fin de los tiempos vibra en estos nombres y en el mensaje que ellos conforman. El Eterno está diciéndonos que aunque la humanidad cayó pecado, Él mismo a través del Mesías proveería una muerte sustituta para traer el reposo de nuestras almas.

Esto nos recuerda que el mensaje de las Sagradas Escrituras se centra sólo en una persona: Yeshúa HaMashiaj.

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna»
(Juan 3:16)


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¡Desnudos!… ¿De Qué?

Por P.A. David Nesher

“Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.

(Génesis 2: 25)

Todos los que hemos nacidos dentro del encuadre mental llamado cristianismo, hemos crecido con el firme paradigma de que la primera pareja humana, Adán y Eva, en el principio de la creación, andaban corriendo en “pelotas” por los distintos ámbitos del Edén como si este fuera el campo de algún club naturista cinco estrellas de la prehistoria. Al menos, así es como el dogma lo enseña desde los distintos catecismos de las denominaciones (abominaciones diría yo) de la cristiandad, y así es como la mayoría de sus adeptos aceptan interpretarlo.

Sin embargo, si nos sumergimos en la investigación del contexto bíblico que el relato del Bereshit tiene, lograremos descubrir una realidad muy diferente a la que nuestra mente occidental ha desarrollado de acuerdo a la mitología romana que ha manipulado religiosamente la forma de pensar de millones de occidentales.

Cuentan las Sagradas Escrituras que Adam e Ishá (el primer nombre que recibió Javá – Eva-) comenzaron sus vidas “desnudos y sin avergonzarse” (Génesis 2:25), pero después de comer del Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal “se hicieron conscientes de su desnudez y se fabricaron ropas” (Génesis 3:7).

¿A qué se debió el cambio?

Colocando nuestra mirada investigadora en la primera pareja antes de pecar, discernimos que ellos estaban en un estado de inocencia, de perfección y de santidad; y en ese sentido estaban “desnudos” (Génesis 2:25)

Pero: ¿Estaban desnudos de qué? El texto hebreo da a comprender que estaban desprovistos de vestiduras humanas o vestidos confeccionados por la mente de seres humanos. Entonces comprendemos que esta carencia vestiduras humanas hace referencia a que el racionalismo no los cubría, sino que su cobertura venía de la revelación que el Eterno les daba diariamente por medio de Su Instrucción (Torah).

Ahora bien, el planteo lógico continúa: si ellos estaban desprovistos de vestiduras humanas, y en ese sentido se encontraban desnudos, ¿es posible que el Eterno los haya vestido de otra cosa al crearlos?

Si analizamos bien el momento cuando Adam y Java pecaron, lo primero que descubrimos con asombro fue de su reacción:

“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”
(Génesis 3:7)

Aquí la mente del investigador sincero se toma el derecho de elevar su primera duda, y entonces pregunta:

¿Cómo es posible que después de pecar, Adam Harishon (la Primera Humanidad) se dio cuenta que estaban desnudos, cuando antes de pecar la Torah dice que “ellos estaban desnudos y no se avergonzaban?” (Génesis 2: 25)?

La respuesta es muy sencilla:

En verdad ellos no estaban desnudos antes de caer en pecado. Ellos quedaron desnudos después de pecar.

Entonces la segunda pregunta que el derecho psíquico de la duda hace surgir es:

¿Si ellos no estaban desnudos, entonces de que estaban vestidos?

La respuesta la encontramos en el Salmo 104 cuando nos revela en qué consiste la vestimenta de Yahvéh:

 “Bendice, alma mía, a Yahvéh. Yahvéh Dios mío, mucho te has engrandecido; Te has vestido de gloria y de magnificencia.

(Salmo 104:1-2)

Presten toda su atención ahora al versículo 2:

“El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina”.

Según el texto, ¿Cuál es la vestidura de Yahvéh? Sé que todos admitirán que está expresado claramente: “el que se cubre de luz como vestidura”.

En ese sentido, cuando las Sagradas Escrituras dicen que Yahvéh está vestido de vestiduras blancas, en realidad está refiriéndose a vestidura de Luz. La misma luz que cubría a Adán y Eva. Entonces cuando en Génesis 2:25 se nos dice que estaban desnudos, lo que nos está diciendo el texto es que ellos estaban desprovistos “desnudos” de vestiduras humanas (racionalismo), y no se avergonzaban porque estaban cubiertos de la misma vestidura del Eterno. En pocas palabras, la Gloria de Yahvéh los cubría.

Fundamentados en todo esto, los sacerdotes de Israel siempre enseñaron que antes de que Adam pecara, Yahvéh lo había vestido con vestimentas de “jashmal”, un puro fuego espiritual, que le permitían estar conectado al Eterno. Como todavía no estaban revelados los 613 mitzvot, Adam necesitaba esa vestimenta para poder relacionarse con el Creador. Eran vestimentas de luz (“or”). Ésta era una ropa especial que Yahvéh les hizo, para que gracias a ella pudieran apegarse a Él y crear mundos de acuerdo con la Voluntad Divina. Incluso si cuidaban una sola mitzvá, eso se les consideraría como crear mundos, porque gracias a esa mitzvá sostendrían a toda la creación.

El rey David, en su actividad profética, expresó esta revelación en el Salterio:

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra…

(Salmo 8:3-5)

El contexto del pasaje nos habla de la creación de Adam y Java, pues el texto dice más adelante que su misión era señorear, y dominar la tierra, la misma orden que vemos expresada en el primer capítulo de Bereshit (Génesis 1:28). Pero lo interesante del texto es el hecho de que ellos estaban coronados de gloria, ¿Cuál gloria? La Gloria de Dios, y en ese sentido, no estaban desnudos sino vestidos de gloria (“jashmal”).

Dios cubrió a Adán y Eva de esplendor con un manto glorioso de luz: el jashmal o manto de Luz. El Manto de Luz representa la justicia, la perfección y la santidad de Yahvéh.

Cuando nuestro Mesías fue transfigurado (Mateo 17:2) el hagiógrafo nos revela en su evangelio que el vestido que tenía Yeshúa era blanco como la luz. En pocas palabras, eran vestiduras de luz la que tenía puesta Yeshúa. De igual manera, Adam y Java estaban cubiertos con la gloria de Yahvéh, en su estado de perfección y santidad antes de pecar.

Por eso, debemos comprender que antes de comer del Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal, Adam y Javá se veían principalmente como almas. Ellos sabían que el alma es la vestimenta de la esencia de un ser humano (el espíritu) y que el cuerpo simplemente sirve meramente como una cubierta protectora, que permite al binomio apostólico espíritu-alma accionar en el plano físico para transformarlo (tikun). Como Adam y Javá estaban enfocados en el aspecto espiritual, no tenían consciencia de sus cuerpos.

Sin embargo, después del comer del Árbol del Conocimiento, cambió la percepción humana del mundo físico. El manto de Luz se fue y ahora se dieron cuenta que estaban desnudos. Es decir, descubrieron que el pecado de desobediencia los desvistió del Manto de Luz (jashmal). El apóstol Pablo lo explica a los romanos de este modo:

“…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

(Romanos 3:23)

Entonces los sentidos físicos comenzaron a seducir como si tuvieran valor propio. Los ojos de Adam y Javá “se abrieron” para enfocarse en el cuerpo. Cuando esto ocurrió, el cuerpo se convirtió en una distracción para el alma. Para un ser espiritual, ¿puede haber una humillación mayor que ser reducido a algo físico y superficial?

Esto explica la razón de por qué los animales, que no tienen alma divina, nunca sienten la necesidad de vestirse. En contraste, para Adam y Javá el cuerpo necesitaba ser cubierto, para disminuir el énfasis en lo exterior y permitir que emanase el brillo del alma.

Pero la respuesta a cómo ellos lograron ser revestidos por Yahvéh, merece otra bitácora …

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Una Vasija para la Luz Infinita

Por P.A. David Nesher

“Y dijo Dios: Hagamos al hombre con nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre con la imagen suya, con la imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

(Bereshit/Génesis 1:26-27)

Iniciaré esta bitácora mencionando que el teólogo Leupold ha hecho un excelente trabajo de investigación en los códigos hebreos que conforma la expresión «Y dijo Dios: Hagamos al hombre con nuestra imagen…”, mostrando que la pluralidad de hagamos no puede ser solamente la pluralidad de la realeza divina, ni tampoco puede ser Dios hablando con los ángeles, como otras interpretaciones aseguran. Es un indicio perfecto de la Unidad del Eterno, manifestada en tres persona aunque no declarada detalladamente.

Ahora sí, sumergiéndonos en los versículos considerados en el encabezamiento, el texto aquí nos permite adquirir un entendimiento claro de quién es el ser humano frente a la perspectiva divina. Las líneas del mismo vibran en una codificación que implanta en nuestra mente y nuestro corazón, la certeza de saber que somos hechos a la Imagen de Dios ( lat. Imago Dei, según el término teológico cristiano). Queda de este modo revelado por el mismo Dios, que el ser humano, como creación divina, es diferente a cualquier otra clase de criatura porque ha sido creado, formado y hecho de una manera consistente con la naturaleza del Eterno.

El significado de estas palabras nos exhorta a aceptar que existe una cima intransitable entre la vida humana y la vida animal. En ningún lado de la revelación escritural se insinúa siquiera que los animales son hechos a la imagen de Dios. Por eso, el ser humano que es humilde ante la verdad, debe aceptar que aunque los seres humanos nos asemejamos biológicamente a ciertos animales, somos distintos en nuestras capacidades morales, intelectuales, y espirituales.

Este relato también nos conduce al hecho de que también existe una brecha insalvable entre la vida humana y la vida angelical. Los ángeles no pueden tener el mismo tipo de relación de amor y convivencia con el Eterno como nosotros. Ellos fueron creados y formados en una posición de intimidad inferior, a la que el hombre puede adquirir por la fe. Por ello, debemos aceptar que los seres humanos jamás pueden convertirse en ángeles ya que son de posición superior a ellos en cuanto a poder. Sin embargo, en la posición de filiación y herencia que el Eterno nos ha entregado en el Mesías, si debemos entender que dichos seres celestiales fueron creados en una funcionalidad de servicio para los escogidos (Hebreos 1: 14).

Ahora bien, considerar la doctrina del Imago Dei (o Tzelem Elohim según el hebreo) significa aceptar que la encarnación del Mesías fue verdaderamente posible. El Eterno (en Su segunda persona de Su Unidad) verdaderamente podía venir a ser hombre, porque aunque la deidad y la humanidad no son lo mismo, sí son compatibles en cuanto a la Intención.

La palabra “imagen” que aparece en estos versículos en hebreo es צֶלֶם (tzelem), es un bello ejemplo de cómo funciona el hebreo, el cual es un idioma con raíces. La palabra צֶלֶם se relaciona con la palabra “sombra” en hebreo: צֵל (tzel). Una sombra es una imagen imperfecta que se asemeja a la cosa real que proyecta. La “imagen de Dios”, tzelem Elohim, también puede ser entendida, por lo tanto, como tzel Elohim, “sombra de Dios”, en el sentido en que es una copia imperfecta de la imagen real perfecta.

Esto significa que la vida humana tiene valor intrínseco, muy aparte de la “calidad de vida” experimentado por un individuo, porque la vida humana es hecha a la imagen de Dios.

Existen ciertas cosas específicas en el ser humano que demuestran que es hecho a la imagen de Dios:

? Solo el hombre tiene un rostro que naturalmente mira hacia arriba.
? Solo el hombre tiene una variedad tan grande de expresiones faciales.
? Solo el hombre tiene un sentido de la culpabilidad que se muestra con un sonrojeo.
? Solo el hombre habla.
? Solo el hombre posee personalidad, moralidad, y espiritualidad.

Hay tres aspectos significativos de la idea de que somos hechos a la imagen de Dios:

✍? Significa que los humanos poseen personalidad: El ser humano es el único que posee conocimiento, emociones, y una voluntad. Esto aparta al hombre de todos los animales y de las plantas
✍? Significa que los humanos poseen moralidad: Somos capaces de hacer juicios morales y de tener una conciencia
✍? Significa que los humanos poseen espiritualidad: El hombre está hecho para tener una comunión íntima con Dios. Es a nivel espiritual que podemos comunicarnos con Dios.

Considerando todo esto, debemos entender que la expresión Imagen de Dios no significa que el Eterno tiene un cuerpo físico semejante al humano. Sabemos, por lo que el Maestro Yeshúa enseña, que Dios es Espíritu (Juan 4:24). Pero, aunque Dios no tiene un cuerpo físico, él diseño el cuerpo físico del hombre como vasija de la imagen que lo representa para que pudiera hacer muchas de las cosas que hace el Eterno como Ver, oír, oler, tocar, hablar, pensar, planear, etc., pero conectado corporalmente a todo el cosmos físico, con el fin de elevarlo a la plenitud. Por ello es que el ser humano es un microcosmos que contiene coincidentemente todos las estructuras de diseño del macrocosmos.

El Destino de un Hijo Idolatrado por sus Padres… (Caín y Abel)

Por P.A. David Nesher

 

 

«El hombre se unió íntimamente a su mujer Javá, y ella concibió y dio a luz a Kayin. Y dijo: «¡Con la ayuda de YHVH, he tenido un hijo varón!«

(Bereshit/ Génesis 4:1)

Al estudiar Bereshit comprendemos que la actitud desobediente de Adán y Eva fue la causal de sufrimiento a sus hijos (Romanos 5: 14). La muerte era una amenaza constante para sus intentos de ser fecundos y multiplicarse. El apetito de la tumba no tiene fin. El dolor del parto no se limita al dolor del trabajo de parto. Ahora, en vez de ser el feliz acontecimiento que debería haber sido el nacimiento de un niño, con el tiempo se convirtió en la fuente del dolor inevitable para todos. Un niño arruinado en un mundo arruinado. Los padres también sufren porque son incapaces de proteger a sus hijos de la angustia y la naturaleza caída del mundo.

En esta oración, el objeto es la concepción, seguido de la palabra Caín. La preposición «a» que aparece en esta traducción en realidad no está en el texto original hebreo (este dato de la traducción será importante tenerlo en cuenta para la segunda parte de este versículo).

Continuando ahora con el relato, será interesante considerar el juego de palabras entre la expresión hebrea para Caín  (es decir Kayín –Gen. 4:1a-), y la palabra hebrea para «tenido» que es el hebreo Kaná (4:1b). El nombre Kayín viene de la raíz kayín, que significa comprar adquirir. Pero la palabra para tener proviene de la raíz kin, que significa tener, dar forma (Salmo 139:13; Proverbios 8:22). Por lo tanto, el juego de palabras entre Caín y tener no se basa en las raíces de palabras similares, pero si únicamente en la pronunciación en hebreo. En otras palabras, suenan igual. Una vez más, esto apunta al hecho evidente de que el idioma original de la humanidad era el hebreo.

Entonces, el nombre de Kayín, básicamente, significa, “¡lo tengo!”, “¡lo logré adquirir!” o ”¡Aquí está por fin!”. Desde esto, queda evidenciado que el pensamiento de Javá era que Kayín fue la simiente que Yahvéh prometió. Ella estaba convencida que el Libertador Celestial (Mashiaj) vendría de su vientre (Génesis 3:15). Por eso tiene sentido en que ella dijera: “¡Tengo al varón del Señor!” Justamente aquí debemos tener en cuenta un dato importante. La frase «con la ayuda del …» (NVI), o «de parte…» (RV), no está en el texto hebreo. Fue el sacerdote agustino y reformador Martin Lutero quien tradujo este versículo de esta manera, y desde entonces todos los traductores bíblicos han incorporado este error en sus traducciones. Literalmente, según las raíces hebreas, Génesis 4:1 debe leerse:

“He adquirido un varón- YHVH”.

¡Caín fue el primer hijo varón que nació fuera del huerto del Edén! Por ende, Javá (Eva) supuso que este niño era el Dios–hombre.

Entonces el texto continúa diciendo:

«Después dio a luz a Abel, hermano de Caín»
(4:2)

La palabra hebrea para Abel es Hével, que significa soplo, vanidad o vaciedad (transitorio). Literalmente, significa «un soplo que dura poco» y hace hincapié en la brevedad de la vida humana (Job 7:16; Salmo 144:4). Al nombrar a su hijo Abel, discernimos que la maldición de la caída había comenzado a hacerse sentir en la vida de Adam y Javá. Cuando Abel nació, se dieron cuenta todo lo que él no iba a ser. Desde su punto de vista, él no sería un Dios–hombre.

En circunstancias normales, los padres quieren las mejoras cosas para sus hijos. Se preguntan si sus hijos están destinados a la grandeza. Adam y especialmente Javá, tenían estas expectativas por Kayín, pero la esperanza de los padres fue más allá de las expectativas. Adam y Javá esperaban que Kayín fuera el Mesías prometido de Dios.

Javá pensó que tenía en sus brazos al Mesías, el Salvador de todo el mundo, pero lo que en realidad sostenía en sus brazos era un Anti-Mesías homicida. Obviamente, ella estaba equivocaba. Pasaría un largo tiempo hasta que el Salvador vendría.

Pero, ¿quien fue Kayín en realidad?

Pues las Sagradas Escrituras lo describe como un instrumento homicida de HaSatán (1 Juan 3:12), por lo que fue utilizado por el maligno para intentar destruir a la simiente prometida. Sí, Kayín fue el instrumento en las manos de Satanás para destruir a los hijos del Eterno, a los adoradores verdaderos del único y verdadero Dios. La sorpresa que se llevó Javá cuando supo de lo que Kayín había hecho a su hermano fue probablemente increíble. ¿Cómo destruiría Yahvéh ahora a la serpiente, si su simiente se había implantado en su hijo idolatrado? ¿Cómo haría Yahvéh para acabar con el peor enemigo de la humanidad?

Más allá de todo error humano, Yahvéh es un Dios que cumple Sus promesas. Las Sagradas Escrituras lo describe como un Dios que no se arrepiente como los hombres, ¿por qué? Porque todo está bajo su soberanía. Él tiene el perfecto control de la historia. Yahvéh había prometido a Adam Harishom (la primera humanidad) una Simiente (el Mesías) que derrotaría a HaSatán y libertaría a la humanidad de la muerte espiritual. El Código Sagrado estaba por lo tanto establecido en pacto, por lo tanto, el Eterno lo cumpliría en tiempo y forma.

Por ello es que el hagiógrafo nos relata en los versos finales del cuarto capítulo lo siguiente:

“Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set: Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín. Y a Shet también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de YHVH.”
(Génesis 3: 25 -26)

Javá (Eva) reconoció tarde quien de sus hijos, Kayín y Hevel (Caín y Abel), era el verdadero adorador del Eterno. Kayín fue un asesino, un instrumento del enemigo para borrar la promesa divina de Yahvéh acerca del Mesías. Sin embargo, el Eterno, cumpliendo su palabra le dio otro hijo a Javá.

El nombre Shet significa “puesto”, “sustituto”, y por lo tanto habla proféticamente de varias cosas dadas en el ministerio del Mesías. El Mesías iba a ser un sustituto para el hombre que ha muerto. El Mesías también representa al hombre y puede hacer un intercambio de manera que su muerte pueda dar nuevamente vida al hombre muerto. La fe en una muerte y resurrección representativa del Mesías está escondida en la declaración de Javá.

Esta vez Shet, restauraría la línea sacerdotal de justicia (los conocidos com Malki Tzedek) que conduciría a los hombres a invocar el nombre de YHVH, y a través de quien vendría el Mesías victorioso anunciado en Gan Edén.

Caín y su Rostro Caído

Por P.A. David Nesher

 

Por P.A. David Nesher

“Y aconteció que, al transcurrir el tiempo, Káyin trajo a YHVH una ofrenda del fruto de la tierra. También Hevel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grosura de los mismos. Y YHVH miró con agrado a Hevel y a su ofrenda. Pero no miró así a Caín ni a su ofrenda. Por eso Caín se enfureció y andaba cabizbajo. Entonces YHVH le dijo: «¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo? Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo.”

(Bereshit/Génesis 4: 3-4)

En el tercer capítulo de Bereshit (Génesis) hemos apreciado como apareció en el mundo la raíz del pecado. Pues bien, al llegar al cuarto capítulo de Bereshit podemos percibir cómo se manifiesta el fruto del pecado.

Recordemos que el Eterno le había anunciado a Adam HaRishón (primera humanidad) acerca de un conflicto que vendría entre la Simiente de la Serpiente y la Simiente de la Mujer (3:15). Pues bien, Adam y Java (Eva) no tardarían en experimentar la realidad de este conflicto en la trágica historia de sus dos hijos.

Este pasaje persigue enseñar que Adam y Java, con su desobediencia también trajeron sufrimiento a sus hijos. La muerte era una amenaza constante para sus intentos de ser fecundos y multiplicarse. El apetito de la tumba no tiene fin. El dolor del parto no se limita al dolor del trabajo de parto. Ahora, en vez de ser el feliz acontecimiento que debería haber sido el nacimiento de un niño, con el tiempo se convirtió en la fuente del dolor inevitable para todos. Un niño arruinado en un mundo arruinado. Los padres también sufren porque son incapaces de proteger a sus hijos de la angustia y la naturaleza caída del mundo.

La historia de Kayin y Hevel (Caín y Abel), se debe entender, en todo sentido, como la historia real de las relaciones humanas, también es una imagen del viejo conflicto de las dos semillas.

Kayin pensó en ofrecer simbólicamente un sacrificio al Eterno. Sin embargo, razonó que, dado que Dios de todas maneras no comería, él podía ofrecer aquello que consideraba oportuno para el rito, según sus propios razonamientos. Hevel, en cambio, observó a su hermano, pero lo llevó un paso más allá: si simbólicamente estamos proclamando nuestra gratitud y amor a Yahvéh, debemos llevar lo mejor del ganado, para simbolizar nuestra esperanza mesiánica.

Hevel ofreció generosamente lo mejor que poseía, corderos que nunca habían esquilado o trabajado y que no tenían defectos. Yahvéh había revelado a Adam y Javá cuáles eran los animales limpios que valían para los sacrificios, (cf. Génesis 7:2), y por eso Hevel sabía qué clase de animales el Eterno podía recibir. Por medio de los códigos gemátricos, se interpreta que es muy probable que el animal que fue sacrificado en el huerto antes de la expulsión haya sido un cordero (cf. Revelación 13:8; 1 Pedro 1:19-20), por lo que se explica que Hevel se basara en la revelación que el Eterno había dado mediante ese sacrificio. Según el Midrash, los sacrificios de Káyin y Hevel fueron dados el 14 de Nisán, el mismo día que el sacrificio de Pesaj (pascua) iba a ser ofrecido más adelante.

El  escritor de la epístola a los Hebreos escribió explicando esto:

“Por la fe Hevel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Káyin, por lo cual alcanzó el testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y por la fe, estando muerto, todavía habla.”
(Hebreos 11: 4)

Hevel sacrificó por la fe. No dice “por fe”, sino “por la fe”. No era por cualquier fe, sino la fe, la de siempre, la única que fue dada desde el principio, la fe de los hebreos. Es evidente que Hevel tenía fe en el sacrificio futuro del Mesías, según lo que el Eterno había revelado anteriormente en la promesa mesiánica del Proto-Evangelio (cf. 3:15, 21). Y fue por esa fe fue que fue justificado, es decir declarado inocente y libre de la culpa de su pecado.

El Eterno miró con agrado a Hevel, en primer lugar, y luego su ofrenda. Vio la actitud de su corazón de amor, entrega y fe, y esa actitud fue recompensada con la manifestación de su agrado. El Midrash cuenta que cayó fuego del cielo y consumió su sacrificio. ¡Sí!,… ¡así es!… bajó un fuego y consumió el sacrificio de Hevel, pero no el de Kayin. Esto dejó a Kayin preso de sentimientos negativos. Entonces vemos que Yahvéh lo consoló y le explicó como la nueva serpiente (también conocida como “la inclinación al mal” – yetser hará-) está en cuclillas para atacar al hombre. Pero el hombre tiene el poder de vencerla si así lo desea y decide.

Kayin, el primogénito de Adam y Javá, pasó por una crisis muy profunda. Su ofrenda para el Eterno no había sido bien recibida. El problema no era que al Eterno no le gustase lo que él ofreció, sino los motivos de su corazón cuando lo ofreció. El Eterno ve lo que hay en el corazón y la intención ( en hebr. kavaná) que hay detrás de las acciones humanas. Para Él no es lo más importante lo que hagas, sino por qué estás haciendo lo que estás haciendo. Caín dio una ofrenda, pero no fue bien recibida.

El texto que nos ocupa dice que el Eterno no miró a Kayin y su ofrenda. Notemos que para Yahvéh, primero se trata de Kayin, y luego de su ofrenda. Es decir, que el Eterno no miró con agrado a Kayin y por eso no pudo recibir su ofrenda.

Entonces: ¿Cuál fue el problema de Kayin? Sus motivos no eran correctos. Su corazón no estaba entregado al Eterno. Buscaba sus propios intereses y no los de Yahvéh. Presentó una ofrenda por causa de sí mismo o por causa de lucir ante los demás, pero no por tener un corazón recto ante el Eterno. El Eterno no se impresiona por las acciones exteriores sin kavaná (intención adecuada). (Aquí, haré un parate y elevaré una exhortación: ¡Acuérdate de esto, querido discípulo: no es lo que hagas lo más importante delante del Eterno sino el POR QUÉ lo estás haciendo!)

Ahora bien, sabemos que el Eterno, que no puede ser engañado (Gálatas 6: 7), por eso aprovechó esta ocasión para enseñar amorosamente a Kayin una lección importantísima que pudo haber salvado su vida y la de su hermano. El Eterno le expresó, de alguna manera a este varón, por qué no se agradó de él ni de su ofrenda. Pero, Kayin, en lugar de revisar su corazón y de cambiar su actitud (hacer teshuvá), optó por seguir su inclinación al mal (el yetser hará) y así dejar lugar para la emoción ira que tenía, se convirtiera en enojo, y este produjera un odio que lo quemaba de tal manera que su rostro cayó.

¡Un momento!… ¡No vayamos tan rápido!… ¿Qué quiere significar el texto hebreo con la expresión “cayó su rostro”? Bueno, primero, da a entender que la cara cae por causa de un cambio de postura de los músculos faciales; segundo, se produce una mirada hacia abajo o desviada; tercero, se ofrece una cabeza inclinada hacia abajo.

En pocas palabras, cuando la ira llenó el alma de Kayin, ya no pudo tener una cara alegre. Toda su expresión corporal comenzó a hablar acerca de lo que había en su interior. El Eterno le pregunta por qué está ardiendo de enojo y por qué su rostro está caído. De esta manera le concedía una oportunidad para reflexionar y cambiar de actitud (hacer teshuvá). Pero en lugar de hacer caso a las correcciones del Eterno, Caín decidió continuar el camino de maldad que estaba formándose en su alma.

El Eterno le dio una palabra muy precisa para no tener que seguir en su camino a la muerte y escoger la vida. Con esa palabra Kayin hubiera podido elegir por la alternativa correcta: el Camino de la Vida. ¿Cómo? Por medio de hacer una elección interior de cambio de actitud. El Eterno dijo que Kayin tenía la posibilidad para dominar el mal que estaba deseando tomar control de todo su ser. Caín podía haber dominado la ira. Kayin podía haber impedido que su rostro cayera. Kayin había sido creado para ejercer dominio en este mundo y también en su mundo interior donde había una guerra entre el bien y el mal. Yahvéh le entregó la llave para salir de su cárcel de pecado. ¿Cómo podría haberlo hecho? Por medio de escoger lo correcto y decir no al enojo, la envidia y el deseo de dañar al hermano. Se trataba simplemente de una decisión. En eso consistía el poder que tenía Kayin en su interior. De este modo, Yahvéh le dio autoridad a Kayin para dominar el pecado en ese mismo momento cuando el mal estaba invadiendo su alma. Siempre esa será la clave para trazar destino: tomar una decisión determinante. Pero, lamentablemente, vemos que Kayin no quiso cambiar, y las consecuencias fueron desastrosas.

Por eso esta historia, nos permite ver claramente el simbolismo expresado por Yahvéh. Por un lado, Kayin tipifica la simiente de la Serpiente, mientras que Hevel  es un tipo de Mesías, la Simiente de la Mujer. Similarmente hoy en día, Caín y Abel representan a las dos familias del mundo. Caín representa a aquellos fuera de la fe que siguen a su padre el diablo, y son, en un sentido espiritual, la simiente de la serpiente, y Abel representa a aquellos de la fe que están en el Mesías (Efesios 1:4) y por lo tanto, en un sentido espiritual, representan a la Simiente de la mujer.  Kayin cedió ante el mal agazapado en su interior y, finalmente, el pecado lo desbordó.

Una vez que la inundación del pecado fue liberada en el mundo no había forma de detenerlo. Todo el mundo en la tierra fue ahogado por él y tiñendo todo lo que entrara en contacto. Siguiendo el ejemplo de Adán y Eva, sus hijos se rebelaron abiertamente contra el Señor. Puesto que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios. Por ello, el Eternos los entregó a una mente reprobada, para hacer lo que no se debe hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; inventan maneras de hacer el mal, desobedientes a los padres, que son sin sentido, desleales, sin afecto y despiadado (Romanos 1:28-31).

El denominado “camino de Caín” (Judas 11) es la falta de fe que se manifiesta en estos actos terribles, en la negación de la responsabilidad y la negativa a aceptar los justos castigos de un Dios justo. Y el primer ejemplo que vemos de esto es cuando Caín mata a su hermano Abel.

Dos lecciones podemos sacar de esta trágica historia familiar. Primero, si el pecado quiere dominar nuestra alma, tenemos la capacidad dada por el Eterno para decir NO y optar por lo correcto y conveniente. Si pecamos no podemos echar la culpa a nada ni nadie, porque somos nosotros los responsables por haber dejado lugar al mal en nuestra alma. En cambio, si optamos por lo justo, aunque nuestras emociones estén ardiendo en nuestro interior, el Eterno nos ayudará a dominar nuestra mente y superar el pecado y sus consecuencias desastrosas. Recordemos que el reya Salomón, refiriéndose a esto, enseñaba que hace falta un poder muy grande para dominar la mente humana, más que para la conquista de una ciudad:

“Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad.”
(Proverbios 16:32)

Ese poder está en el interior de cada ser humano. Es el poder de la decisión. El Eterno dijo a Kayin que podía dominar el pecado. Por eso sólo él era responsable por haber decidido negar la justicia, y haber optado por el mal y sus consecuencias. Recordemos que el mal siempre comienza en nuestro interior, y es en el interior dónde diariamente tenemos que vencer la batalla entre el bien y el mal.

La segunda lección que podemos aprender de esto es que al Eterno no le agrada un rostro caído. Él nos creó para estar alegres y no deprimidos, ni amargados. Nosotros podemos optar por no dejar caer nuestros rostros en los momentos de lucha y de adversidad en la vida. NOSOTROS podemos optar por otra cara y levantarla utilizando la gratitud constante o alabanza.

Kayin y Hevel tuvieron que tomar una decisión, al igual que usted y yo tenemos que tomar una decisión. Podemos elegir ser como Kayin o como Hevel. Por un lado, de la misma manera que luego lo haría nuestro padre Abraham, Hevel creyó a Yahvéh, y le fue contado por justicia (Gén. 15:6). Pero Kayin decidió por su propio derrotero, y así generó «el camino de Caín» que condujo desde entonces a la civilización humana a estar tan enemistada contra el Espíritu de Yahvéh, que el mismo Dios verdadero tuvo que traer un diluvio sobre todo el planeta, y empezar de cero con los de la fe. ¿Cuál es tu elección?

¡Que hoy tu decisión sea la correcta para que tu rostro siempre esté levantado!


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EZER KENEGDÓ: «Una Ayuda que Confronta»

 

Por P.A. David Nesher

«Y dijo Yahvéh Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él»

(Génesis 2: 18)

 

Vayomer YHVH Elohim lo-tov jeyot ha’adam levado e’eseh-lo ezer kenegdo.

  

 

Hasta ahora, las Sagradas Escrituras nos venía narrando la creación de todo cuanto conocemos de una manera maravillosa. Yahvéh, nuestro Dios, por medio de su Palabra creó todas las cosas. Él habló y todo fue hecho conforme a su voluntad perfecta.

 

Leemos como Yahvéh se tomó el trabajo de formarlo con sus manos y soplar aliento de vida sobre él. Dios preparó un lugar hermoso y propicio para el hombre, lo llenó de animales, vegetación, sol, luna y estrellas y vio Dios que todo aquello que había creado era bueno en gran manera, entonces, en su perfección trina decide crear al hombre, no de cualquier manera sino a su imagen y semejanza, creado no solo para que fuese un mayordomo en la tierra sino para que tuviera una relación filial e íntima con Él. Pero ahora con el hombre ocurrió algo diferente. Al llegar a esta porción del texto sagrado nos encontramos con el hecho de que Dios, por primera vez, vio algo que no es bueno: la soledad del hombre.

 

Por eso, a fin de lograr comprender la esencia de esta preocupación divina, comenzaremos realizando un análisis de la declaración del Eterno sobre su decisión nos ayudará a despejar toda duda.  El libro de Bereshit (Génesis) primeramente dice: «heesé lo ezer kenegdó» (Génesis 2:18), y luego: «lo matzá ezer kenegdó» (Génesis 2:20), refiriéndose a los términos utilizados para definir la declaración de Yahvéh.

 

El primer término –Ezer–  significa, ayuda.

 

La palabra hebrea que ha sido traducida como “ayuda” es ezer, cuya raíz es «azar”, que significa “rodear”, “proteger”, “defender”, “ayudar”, “socorrer”. Esta palabra no tiene nada despectivo en sí, sino que refleja lo mejor que pueda recibir una persona cuando hay necesidad.

Distintos estudios sociales demuestran que el varón está menos capacitado para poder vivir solo que la mujer. La Torah enseña que el varón es el que necesita una ayuda, no la mujer.

 

Para entender la dimensionalidad poderosa de la palabra ezer, es importante comentar que esta aparece en la mayoría de los textos en las Sagradas Escrituras como una referencia al Eterno, (cf. Éxodo 18:4; Deuteronomio 33:7).     El uso de la palabra  ezer  en los libros de la Tanak (Antiguo Testamento) muestra que en la mayoría de los casos el Eterno es un ezer a los seres humanos, lo que nos obliga a preguntarnos si la palabra ayuda idónea es una interpretación válida al ezer hebreo en el contexto que se utiliza para referirse a la mujer. La palabra ezer aparece veintitrés veces en el Antiguo Testamento, 2 veces se utiliza para referirse a la mujer, y 14 veces para referirse a Dios. En muchos de los pasajes, se utiliza en paralelismo con palabras que denotan fuerza, poder o energía. Algunos ejemplos son:

 

Lo primero que surge del correcto significado de ezer, es que la ayuda que la mujer, sujeta al diseño divino, brinda al varón desarrolla en él la certeza de que ella es una ayuda que viene del cielo. El varón humilde, sujeto a la Torah, acepta los consejos sabios y la ayuda que el Eterno le esté dando a través de su esposa.

 

 

La palabra ezer hace referencia a un poder o fuerza para salvar (socorro). Por lo tanto, podríamos concluir que Génesis 2:18 bien puede ser traducido como:

“Le haré un poder (fuerza o socorro)  que  sea digna de estar al lado del hombre.”

 

Esta línea de pensamiento es confirmada por la declaración de Génesis 2:23, en donde Adam declara de Ishá:

«Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: ésta será llamada Varona (Ishá), porque del varón (Ish) fue tomada.”

El sentido idiomático de esta frase «hueso de mis huesos« es similar a la de un pariente muy cercano,  a uno de nosotros,  o mi otro igual.  La mujer nunca significó para Yahvéh un ayudante del varón, tal y como los dogmas religiosos han enseñado por los siglos. La enseñanza tradicional, especialmente de la religión cristiana, ha hecho ver a la mujer como la ayudante idónea, es decir, como una asistente o ayuda subordinada al que está socorriendo. Sin embargo, considerando las raíces hebreas del texto que estamos estudiando, comprendemos que la mujer fue creada para estar en frente del varón como su perfecto otro. Es decir, que en la cosmovisión yahveísta, la mujer sería el Otro igual del varón con quien manejaría adecuadamente los beneficios que Yahvéh estaba próximo a otorgarles.

 El Segundo Término – ke-negdó- significa «en su contra» .

 

Ahora, nos resta nada más entender cómo debemos concebir el otro término hebreo, nos referimos a ke-negdó. Ella aparece en la Tanak (Antiguo Testamento) exclusivamente para definir la ayuda que el Eterno estaba pensando para el hombre, no es posible contrastarlo con otros usos dentro del mismo texto bíblico, por lo que generalmente se traduce como «idónea», pero literalmente es: «frente a él«, «enfrentada a él«, o «en su contra«, o «opuesta a él”. Sucede que ke-negdó, tiene su raíz en negued, que significa “en el frente contrario”.

 

 

Visto desde esta perspectiva, comprendemos que la palabra ke-negdó califica a ezer, y entonces la expresión refleja más que un significado etimológico, un sentido de propósito;  en ese contexto kenegdó refiere qué clase de ayuda es la que tendrá el hombre.  Dado que la palabra tiene dos significados, ambos contrapuestos el uno al otro, no es posible hacer una traducción literal del término porque en español no tenemos una palabra que refiera ambos significados juntos, y no podemos usar un sentido y descartar el otro porque ello dejaría coja la interpretación.

 

La palabra ke-negdó puede ser traducida “que le lleve la contraria”. Esto significa que ke-negdó adopta el sentido que las actitudes y las acciones del esposo le otorgan, así por ejemplo si sus acciones son acordes al propósito declarado en la visión que Yahvéh les ha otorgado como familia, la mujer se convierte en la ayuda que anima, añade confianza y esfuerza a su marido; en cambio, si el hombre pierde esa visión, la mujer se volverá contra él y le recriminará su actitud y acción, y le conminará a adoptar aquellas decisiones que le hagan volver a encontrarse en la ruta correcta. En ambos casos, frente a él o en su contra, ella es un ezer que busca que el hombre cumpla sus propósitos.

Entonces, si el varón se porta de manera correcta, su mujer, que es temerosa del Eterno, le va a tratar bien, pero si él no hace lo que el Eterno le ha llamado a hacer, entonces la mujer se convertirá en su enemiga. La mujer ha sido hecha por el Eterno para ser así. Esa es la mejor ayuda que el varón puede tener, aparte del Eterno mismo. La mujer fue diseñada para ver las cosas de otra manera, para estar en un ángulo diferente y tener otro modo de comprender el entorno. El varón tiene más capacidad para ver las cosas de manera general, pero no tiene la capacidad de ver todos los detalles de dicha cosa o situación. La mujer ha sido capacitada para ver ciertas minucias que el varón no puede ver, y él tiene la obligación de escucharla para poder tener una imagen más completa de las cosas antes de tomar las decisiones finales y dirigir correctamente su familia.

 

Así visto, y siguiendo estas líneas de pensamiento, la traducción de Génesis 2:18, sería:

“Le haré un poder (fuerza o socorro)  que  sea digna de estar al lado del hombre, para que lo esfuerce a continuar con sus propósitos, y que le corrija cuando se salga de estos.”

Por favor, escuchemos atentamente lo que el Eterno dice:

“HAGAMOS QUE ADAM DESCUBRA EL PRINCIPIO DE SU FUERZA EN SU ENCUENTRO TOTAL CONSIGO MISMO”

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¿Una Costilla con Forma de Mujer?

 

El «Hexamerón» o Himno de la Creación.

P.A. David Nesher

«En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Y la tierra estaba vana y vacía, y había oscuridad sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se cernía sobre la Faz de las aguas.
Y dijo Dios: Haya luz y hubo luz. 
Y vio Dios la luz, que era buena; y separó Dios la luz de la oscuridad.
Y llamó Dios a la luz, día, y a la oscuridad llamó noche.
Y fue tarde y fue mañana: día uno
”

(Bereshit/Génesis 1: 1-5)

Debemos reconocer que el primer problema que la vista del Universo excita en la mente humana, llenándola de preguntas, es el del origen del mundo y de sí mismo. Lo cierto es que la sabiduría humana, desde su trabajo filosófico, no alcanzó la explicación verdadera de este problema existencial. Los más grandes filósofos griegos apenas llegaron, con su esfuerzo reflexivo, a concebir, al lado de la idea de un Dios desconocido que poblaba la eternidad, una materia asimismo eterna, de la cual había salido el «Cosmos» con todas las riquezas que lo componen. Si investigáramos a las religiones de los pueblos orientales, descubriríamos que no alcanzaron a llegar a tanto. Apenas pudieron imaginarse a esa materia caótica, que, puesta en movimiento, no lograron entender cómo dio origen, primero a los dioses, y luego al mundo con todos lo elementos que lo constituyen.

Sin embargo, llegamos al texto sagrado y nos encontramos con una canción repleta de cosmogonía. Ella es una descripción poética, plena de un movimiento mesurado y mayestático* que revelan los pasos sucesivos de la creación enmarcada en un número que espiritualmente habla de plenitud y perfección: el siete. Una canción, sí, un himno lleno de códigos lumínicos acerca del origen de todo lo existente. En toda literatura, científica u otras, no se ha logrado encontrar un relato más sublime del origen de todas las cosas. Esta canto es llamado también, canto etiológico, o Himno de la Creación del universo cosmos. Técnicamente es conocido con el nombre de «Hexamerón» (significa «Los Seis Días«. La palabra deriva su nombre de las raíces griegas hexa– , que significa «seis«, y hemer– , que significa «día«).

Entonces la pregunta fluye sola: ¿quién escribió el «Himno de la Creación«? Ya he explicado en otro estudio que Moshé (Moisés) lo usó, pero sin duda alguna este cántico se compuso mucho antes. En la actualidad se descarta la objeción que levantaron algunos escépticos, que decían que en la época de Moisés no se conocía la escritura. P. J. Wiseman indica en su libro New Discoveries in Babylonia About Genesis (1949, pág. 35) que la investigación arqueológica prueba exhaustivamente que “el arte de la escritura empezó en los albores mismos de la historia conocida”. Prácticamente todos los doctos modernos reconocen que ya existía la escritura mucho antes del tiempo de Moisés, que vivió en el segundo milenio a. E.C..  Por ejemplo, sabemos que los preceptos, mandamientos, estatutos y leyes del Eterno ya existían de manera oral y escrita en la época de nuestro padre Abraham, es decir unos seiscientos años antes que Moshé naciera (Génesis 26: 5).

¿Cómo supo el escritor lo que sucedió antes de que apareciera el ser humano en la escena terrestre? Sin duda alguna, el Eterno reveló a Adán el pasado remoto pre-humano de mismo modo que después dará a conocer el futuro a los profetas.

Seguramente Adán entonaba este himno y lo transmitió oralmente a sus descendientes. Así, de un círculo familiar a otro, este cántico se elevaba en el ritual primitivo de los sacerdotes que seguían la Orden de Melquisedec. Excavaciones arqueológicas han demostrado que los himnos constituían una basta extensión de la literatura primigenia. Así fue como de generación a generación este cántico fue pasando hasta que se inventó la escritura. Evidentemente la Providencia divina se fue encargando de guardar esta transmisión hasta que al fin encontró su debido lugar como al afirmación inicial en el divino libro de las edades: la Torah.

El autor sagrado, ilustrado por el Eterno, nos ofrece en este himno profético la doctrina más alta, a la vez la más sencilla, sobre el origen de las cosas en su relación con el propósito mesiánico de Israel. El cántico es esquemático, muy reflexivo, destacando la trascendencia divina sobre todo lo creado. Es en verdad una verdadera cosmogonía ya que ofrece una cosmovisión metafísica completa del origen de los seres según un diseño perfectamente meditado en su Intención original. En ningún momento se da a entender una creación «ex nihilo» (de la nada), sino que deja bien establecido que todo ha venido a la existencia por orden de Elokim (Dios), y todo es creado según un orden ascendente de dignidad. Así queda bien establecido en la mentalidad hebrea que Elokim es anterior (e increado) a toda la Creación, y todos los seres han recibido de Él el don de la existencia, mediante el poder creativo de Su Palabra. En esto estaba enfocado el pensamiento del escritor a los Hebreos cuando declaró:

«Por la fe entendemos haber sido constituidos el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.»

(Hebreos 11:3)

Este himno litúrgico de Bereshit se comenzó a usar en la liturgia del Primer Templo para dar gracias por la bondad, belleza y perfección de la Creación.  Por esta razón, era un himno muy popular en la iglesia primigenia y en los períodos medievales.

El mismo, esta dividido en cinco tiempos:

  • Decreto.
  • Ejecución.
  • Descripción.
  • Alabanza.
  • Sucesión.

Veamos más claramente este himno en el siguiente esquema:

Este Himno marcará en sus estrofas que el varón y la mujer , creados, formados y hechos a imagen de Dios,  se hallan en el centro de todo lo creado; han recibido por la perfecta voluntad de Elohim el dominio sobre el resto de los seres vivientes. Así pues, el ser humano se revela aquí como una criatura mesiánica, es decir, con vocación a capacitarse para usar su potestad de regencia a favor de promocionar a todo lo creado a la completud existencial en el propósito eterno de Dios.

Esta enseñanza teológica encuadra en el aspecto más inmediatamente evidente, es decir, el origen de todas las cosas en Elokim, en el marco de un segundo aspecto maravilloso de la ingeniería divina: el descanso (Shabat) del Día Séptimo (sábado).

El himno está conformado por estrofas arregladas de acuerdo con el número de días de la semana creativa donde hay una correspondencia entre los días uno y cuatro, dos y cinco, y tres y seis, quedando sin paralelo el día séptimo; así el «descanso» (shabat) de Dios en el día séptimo se convierte en el modelo que el hombre debe imitar en su misión mesiánica. Por eso, el poema de este Himno es primordialmente un llamado divino al Pueblo de Israel a entender por qué debe santificar y guardar el Shabat, y meditar el sentido de propósito para el cual este día séptimo fue creado. Como vemos entonces, detrás de este relato se perfila la justificación sacerdotal del sábado. Puesto que Elokim mismo ha celebrado y prescrito el sábado, también el pueblo de Israel debe de celebrarlo y respetarlo para poder elevarse a la consciencia sacerdotal que Yahvéh mismo ha pretendido en su Intención (Éxodo 19: 6)

Los israelitas comprenderán mediante la cosmogonía aquí revelada que esta creación es un proceso temporal e histórico, ya que la semana era para los hebreos un concepto elemental del tiempo. Por eso, debemos aceptar que este relato de la creación está destinado de modo absoluto a la instrucción y capacitación del pueblo hebreo en su destino sacerdotal. El Eterno revela aquí el QUÉ de la revelación; el CÓMO, es secundario, y lo dejará en las manos de la investigación humana, como parte de la tarea mesiánica que le encomendará a Adam HaRishón (el Primer Hombre). Lo importante para el hebreo que se capacita con esta canción es que Elokim ha creado todo, no se pretende decir científicamente el cómo. Por lo tanto, no puede ser considerado como un documento de información científica, sino como una codificación de la Luz Infinita, que pretende revelara ingeniería metafísica a fin de evitar el caos y la vaciedad (tohú y bohú) por medio del ejercicio sacerdotal del principio de la separación.

Todo lo que existe en la creación es referido al Dios Uno (Ejad) y omnipotente, que siendo increado y existente antes de todo lo creado, llamó a la existencia al cosmos entero, sin fatiga, sólo con Su palabra. No hay otros principios ni medios de creación. Elokim crea todo por medio de Su Palabra y con Su Espíritu ha dado vida a todas las cosas.

Con este Himno de la Creación, el pueblo de Israel podrá adorar y glorificar a su Dios, defendiéndose contra las concepciones idolátricas de la antigüedad influenciada por Nimrod. De este modo su adoración en espíritu y en verdad los desintoxicaba de los distintos mitos sobre la creación que se difundían entre los pueblos en los cuales tuvo que tener contacto en su agitada historia (egipcios, babilonios, asirios, cananeos, etc). Por eso, se entiende que cuando se ensalza a Elokim en el cuarto día de la creación, del sol, la luna y las estrellas (Gen.1: 14 -19), esta afirmación está permitiendo desenmascarar y anular a las divinidades astrales adoradas en las religiones babilónicas. Con todas estas características literarias de contenido teológico, el sentido «anti‑mitológico» del relato permitía la toma de consciencia sacerdotal verdadera que terminaba definitivamente con el pensamiento mágico implantado por la serpiente antigua a través de su sistema babilónico.

Para sintetizar, vemos que existe en este Himno un orden metafísico de descripción de la creación que va de lo macro a lo micro. Es una obra que se caracteriza por el principio divino de separación de elementos, y de tikun (reparación y transformación) de la Tierra. Esta será la característica del obrar divino: realizar un proceso lumínico que va del macrocosmos al microcosmos, para que luego, desde ese microcosmos, retorne el Camino de la Luz hacia Él. Por ello, el culmen de toda la Creación es la Criatura Humana (varón y mujer), creada a su imagen, con la posibilidad de conformarse a su semejanza, mediante la capacitación que otorga Su Instrucción (Torah). Varón y mujer tienen igualdad en dignidad, diferencia de sexualidad, complementariedad existencial. Y Elokim les dio un mandato: «Creced y multiplicaos y dominad todo lo creado«.

Por todo lo hasta aquí visto, hay algo que deberá tener en bien claro quien acometa la exégesis de el primer capítulo del Génesis; el mismo recoge una enseñanza sacerdotal. Todo aquí ha sido meditado y sopesado, y debemos recibirlo con precisión. Hablándolo de otra manera, o con mayor propiedad, cualquiera de ustedes que pretenda estudiar seriamente este capítulo, deberá ir esponjando con todo pormenor, frase a frase, palabra por palabra, una doctrina de Luz tan apeñuscada y muy esotérica*.

¡Que glorioso mensaje! Elokim crea, por medio de su Palabra y con su Espíritu dio vida a todo lo creado. Y lo creó todo de la nada. Bondad y belleza de la creación: «Y vio Dios que todo era bueno en gran manera«.


Glosario: * mayestático, mayestática adjetivo. Que tiene las características que se consideran propias de la majestad (solemnidad, elegancia o grandeza capaz de infundir admiración y respeto).

 
 

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¿Quién escribió el Bereshit (Génesis)?

 

Adam Harishón y las Vestiduras Mesiánicas de Teshuvá

Por P.A. David Nesher

“Pero del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal no comerás, pues el día en que comas de él ciertamente morirás”.

(Génesis/Bereshit 2:17)

Seguramente, todos nosotros conocemos este pasaje debido a tanta lectura y re-lectura. Sabemos, casi de memoria, que el Eterno le dijo a Adam Harishón (en hebreo significa «el primer hombre«): “Si comes del Árbol del Conocimiento, en castigo morirás”. Pero, también nos ha ocurrido que no nos resultó fácil entender este castigo. Hoy, necesitamos pues, reflexionar en esto.

Después de tanto tiempo de meditar en la Torah, desde sus raíces hebreas, surgen mayores planteos existenciales al considerar el significado verdadero de este castigo divino. Si el primer hombre (Adam Harishón) moría: ¿Quién iba a santificar y guardar el Shabat como herramienta divina  para dominar el factor tiempo? ¿Quién iba a estudiar y meditar en la Torah para conducir al universo a la plenitud de su propósito? ¿Y quién cumpliría todas las mitzvot como secretos divinos claves para la ética del mundo? ¿Acaso por un solo pecado de Adam Harishón, Yahvéh destruiría a todo el mundo al privarlo de un regente que lo representara sacerdotalmente? Pero, lo que resulta aún más complicado de entender es cómo Adam Harishón iba a poder hacer teshuvá (arrepentirse) por su pecado si moría de inmediato. Esto último lo planteo porque sabemos, por la misma revelación escritural, que el Eterno preparó la teshuvá (regreso o arrepentimiento) aún antes de crear el mundo (Salmo 90: 2-3).

Bien, para comenzar a responder a estas inquietudes, diré que entendemos que en verdad Adam Harishón no murió el mismo día que comió del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Por eso, entiendo que entenderemos con mayor claridad en qué consistió este castigo si explicamos a qué llama “muerte” el Eterno, según lo revelado en Su Instrucción (Torah).

Pues bien, en primer lugar, en la cosmovisión divina, el concepto muerte no implica simplemente el fin de la vida biológica. Por el contrario, muerte en la concepción celestial se refiere a la muerte espiritual o separación de la Fuente (Intención divina). Por lo tanto, lo que el Eterno le estaba enseñando a Adam Harishón era que si él pecaba comiendo del árbol del conocimiento, sería considerado como un malvado. En la Torah se entiende que los malvados, son seres humanos que, aunque estén vivos, son llamados “muertos” en sus delitos y pecados. Así lo expresó pedagógicamente el apóstol Pablo cuando escribía a los discípulos del primer siglo los siguiente:

«Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,…»
(Efesios 2: 1)

«Antes, ustedes estaban muertos en sus pecados; aún no se habían despojado de su naturaleza pecaminosa. Pero ahora, Dios les ha dado vida juntamente con él, y les ha perdonado todos sus pecados.

(Colosenses 2: 13)

A esta clase de muerte se refiere la Torah. Y a pesar de que la Torah y el Shabat no fueron anulados del mundo, el hombre fue considerado como muerto hasta que surgiera una persona de su propia simiente que se manifestara plenamente tzadik (justo) como para revivir al mundo desde su Unción.

El relato del Bereshit, nos dice que luego del pecado, Adam Harishón se dio cuenta de que estaba desnudo. Pues bien, esto en su decodificación, se refiera al hecho de que al pecar, la humanidad quedó desprovista de cobertura divina. El relato en verdad dice que ellos asumieron que estaban desnudos. Es decir, que conocieron el sentimiento de culpabilidad, que les generó un sentimiento de vergüenza, que los llevo a ser conscientes que había sido despojados de los mitzvot (mandamientos) que les permitía manifestar la ética del Padre que había sido hasta ese momento el Eterno  (Bereshit 3:7). Por ello, es que el hombre cosió un cinturón (jagurá) de hojas de higuera para cubrirse de su vergüenza.  Esta acción del ser humano se considera como el símbolo del principio de teshuvá en la historia de la humanidad. Simbólicamente, este acto implica su intención de regresar a la cobertura paternal de Yahvéh, pero lamentablemente, también fue el primer acto de la religión: sentirse desnudo de moral divina, entonces esforzarse por cubrirse a sí mismo con buenas obras, y así adquirir salvación. Desde entonces, innumerables integrantes de la humanidad, tratan de cubrir su culpa y la vergüenza, escogiendo una túnica muy pobre: la religión y sus obras. De este modo el ser humano intenta crear soluciones para el pecado y la culpa que nunca funcionan. Las hojas de higuera de las obras religiosas nunca cubrirán al pecador culpable y lo harán justo (tzadik) ante el Eterno.

Por eso, el Eterno rechazó sus hojas de higuera (Gn. 3:7) y sacrificó un animal para ofrecer ropa de piel. El Eterno eligió pieles (alimentadas del nefesh que fluye por la sangre) para cubrir a Adam Harishón:

«Y Yahvéh Dios hizo para el hombre y su mujer túnicas de pieles, y los vistió.

(Génesis 3:21)

La misma palabra se usa en Bereshit cap. 27 v. 16 para pieles de cabritos. Por eso es que en todas partes de las Sagradas Escrituras, las prendas son símbolos de la justicia; toda la justicia suficiente de Yahvéh o la justicia auto hecha del hombre. El profeta Isaías escribió:

«En gran manera me gozaré con YHVH,
Mi alma se alegrará en mi Dios;
Porque me vistió con vestiduras de salvación,
Me rodeó de manto de justicia,
Como a novio me atavió,
Y como a novia adornada con sus joyas.

(Isaías 61:10)

El profeta Isaías también habla de la justicia propia en la siguiente declaración:

«pues todos nosotros somos como cosa impura, todas nuestras justicias como trapo de inmundicia. Todos nosotros caímos como las hojas y nuestras maldades nos llevaron como el viento.

(Isaías 64:6).

Las túnicas de piel con las que el Señor vistió a Adam Harishón representan la justicia proporcionada por Él; en el cual ellos podrían estar en Su santa presencia. Estas túnicas de piel, son un tipo de lo que el Eterno proveyó para nosotros en la atribución de Su justicia por medio del Mesías prometido en el denominado protoevangelio (Génesis 3: 15) Detrás de esas prendas, se revela lo que Yahvéh hizo para Adam Harishón: sacrificio y la muerte. El hecho revela una verdad maravillosa: una vida tuvo que ser sacrificada antes de que Adam Harishón pudiera haber sido vestido con «túnicas de pecados». Una muerte sustitutiva se produjo. Yahvéh siempre debe proporcionar la túnica adecuada para que el hombre se presente delante de Él vestido en la justicia correcta. Sólo en el Mesías esta siempre el ser humano correctamente vestido.

En este momento del relato, notamos que por primera vez, Adam Harishón vio lo que significaba la muerte física. Al ser testigo de la muerte del animal, se dio cuenta de que lo mismo les sucedería con el tiempo a ellos. Este es el fundamento que Moshé otorga a los hebreos para comprender el sistema de sacrificios en Vayikrá (Levítico). Yahvéh puso así, en Gan Edén, los cimientos para los sacrificios de animales mediante las prendas de piel. En este pasaje vemos el patrón de toda la historia de la salvación. Yahvéh tomó un animal para el sacrificio (probablemente un cordero), lo mató ante los ojos de Adam Harishón y envolvió las pieles sobre sus cuerpos desnudos. Sin duda, en ese momento, el Eterno les dio instrucciones sobre el sacrificio y la cobertura de los pecados. Así, por  la revelación de este principio, Israel entendía que los sacrificios de animales serían esenciales para la provisión de Yahvéh de un antídoto temporal contra la maldición; una vida pagando por otra vida.

Físicamente, Yahvéh vistió la desnudez de Adam Harishón, y espiritualmente cubrió su pecado. El Eterno mismo proporcionaría una cobertura por el derramamiento de sangre inocente. Este es el comienzo de la revelación progresiva. Se señala el hecho de que debía ser hecha la expiación. La sangre tenía que ser derramada para perdonar sus pecados. Más luz se derrama sobre este tema en el Pacto Renovado, donde aprendemos que sin derramamiento de sangre no hay perdón de los pecados (Hebreos 9:22). Hay cuatro grandes lecciones aquí.

En primer lugar, la humanidad debe tener la cobertura adecuada para acercarse a Yahvéh. No se puede llegar a Él en base a buenas obras. Usted debe ir tal como es: un pecador.

En segundo lugar, las hojas de higuera son inaceptables. Yahvéh no toma una vestidura hecha por el hombre y sus «obras de justicia», ya que esto es religión.

En tercer lugar, Yahvéh mismo debe proporcionar la vestidura o cobertura.

En cuarto lugar, una vestidura aceptable sólo se puede obtener a través de la muerte del Mesías, Yeshúa, nuestro Dueño.

De este modo, el ser humano no encontraría jamás excusas, la salvación es por la pura y exclusiva obra de la gracia divina. El animal fue un regalo de Yahvéh y no el trabajo del hombre. El Señor proporcionó las pieles para cubrir a Adam Harishón. Ellos (Adán y Eva) no hicieron nada, absolutamente nada para cubrirse satisfactoriamente. El único sacrificio que Yahvéh aceptará será Su trabajo y Su don. Las hojas de higuera de Adán fueron suficientes sólo para cubrir ciertas partes de su cuerpo. La provisión de Dios fue suficiente para cubrir todo su cuerpo, toda su alma y todo su espíritu a fin de presentarse ante Yahvéh de manera irreprensible (1 Tesalonicenses 5: 23). «El Señor Dios hizo túnicas de piel para Adán y su esposa, y los vistió.» ¡Dios lo hizo todo! Esa es la forma en que opera la gracia.

El profeta Ezequiel dice que todo el que peque merece la muerte (Ezequiel 18:20; Romanos 6:23). Sin embargo, el que pone su fe en la benevolencia misericordiosa del Eterno vivirá, porque Él ha provisto un Sustituto, tal como nuestro padre Abrahán lo conocía (Gén. 22:1-19). Los rabinos tienen una tradición muy interesante sobre el destino que tuvieron esta ropa de pieles. Ellos aseguran que Adán se las dio a Caín. Y cuando Caín fue asesinado, pasaron a ser propiedad de Nimrod. Esaú la tomó de Nimrod, y Jacob finalmente las llevaba en el momento de la bendición de Isaac (Gen. 27:1-40).

Para finalizar, les diré que de acuerdo con algunas interpretaciones (midrash), Adam Harishón fue cubierto por el Eterno con estas vestiduras el mismo día en el que hoy festejamos Yom Teruah (1º del séptimo mes o Tishrei). La idea es que como el Eterno le perdonó su pecado, lo cubrió con su obra expiatoria, por medio de un sacrificio que Él mismo realizó a favor del hombre, y sin intervención alguna de este, este día se convirtió para Adam en un jag (día de fiesta). Y esto está implícito en la palabra jagurá (cinturón) ya que si se toma esta palabra en hebreo חגור ה, se puede dividir en “ר ה”-“ ו”-“ח ג” (jag-u-ra). Esto implica: pecó el sexto día de la creación “ ו” (el valor numérico de la letra vav es seis), pero hizo teshuvá en el día que Adán determinó que sea Rosh Hashaná (“ר ה” son las iniciales de Rosh Hashaná) o cabeza del año. Por eso, este día se convirtió para él, y su descendencia en “ח ג”(jag, fiesta) de año nuevo, que en el calendario del Eterno pasará a ser Yom Teruah (Día de Aclamación).

En la plenitud de los tiempos, Yahvéh proveyó Su propio sacrificio perfecto para cubrir nuestros pecados y darnos Su Justicia. Como creyentes en Yeshúa HaMashiaj, nosotros somos revestidos con Su Justicia perfecta. Qué trágico que andamos confiando en revestimientos inadecuados para nuestros pecados, cuando sólo el perfecto sacrificio suficiente de Yeshúa lo hará.

En la plenitud de los tiempos, Yahvéh el SEÑOR envió a Su Hijo Yeshúa para hacer expiación por el pecado de una vez por todas. Desde esto, vemos que lo que comienza como un pequeño rayo de luz en Bereshit (Génesis) resplandece en pleno sol del mediodía en los Evangelios. Yeshúa murió por nuestros pecados, los tuyos y los míos. El Eterno lo hizo pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Corintios 5:21; 1 Pedro 1:18-21).

Bitácora Relacionada:

¡Desnudos!… ¿De Qué?

Los Siete Diseños Divinos Preexistentes

“Porque él estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros”

(1 Pedro 1:20)

Según la mentalidad hebrea desarrollada por los códigos de la Luz Infinita de la Instrucción (Torah) divina, existen siete cosas preexistentes (anterior en el tiempo a todas las cosas).

Desde tiempos antiguos en ciertos escritos interpretativos no agregados a la Tanak (mal llamado Antiguo Testamento), se dice que siete cosas fueron creadas antes de los Cielos. Es decir, que antes de crear el Universo existencial todo, Yahvéh concibió en Él mismo siete conceptos fundamentales para el perfecto funcionamiento de los Olamot (mundos). Esto quiere decir, que estos diseños vibraban ya en el Eterno antes que el mundo fue creado:

  1. La Torah, (Instrucción, cf. Proverbios 8:22).
  2. La Teshuváh (el arrepentimiento, cf. Salmo 90:2-3). Fue concebida en la mente divina para mantener la existencia humana, y asegurarse así la armonía en el mundo.
  3. El Gan Eden (Huerto del Edén o el paraíso, cf. Génesis 2:8). Diseñado con el propósito de asegurar una recompensa para el espíritu de los justos.
  4. El Gehinom (el lago de fuego, cf. Isaías 30:33). Concebido para dar castigo a todo malvado.
  5. Kise HaKavod o Trono  Celestial de Gloria, (cf. Salmo 93:2). Fue concebido en el Eterno con el fin de manifestar físicamente la Gloria divina en los planos físicos.
  6. El Beit Hamikdash o Templo Santo, (cf. Jeremías 17:12). Fue concebido como una condición para la Creación para que la Shekinah more en medio de ella permanentemente.
  7. El Nombre del Mesías, (cf. Salmo 72:17).

A fin de entender de qué manera estas siete creaciones en particular son vitales para la humanidad y que por lo tanto debieron ser concebidas antes de la Creación, dejaré esta síntesis que permitirá captar conceptos tan altos y profundos:

● El mundo fue creado solamente con el propósito de estudiar Torah y cumplir sus dictámenes.

● Teshuváh fue concebida para mantener su existencia. Un mundo sin teshuvá perecería inevitablemente a los ojos del juicio de YHVH.

● El Gan Eden fue concebido a fin de asegurar una recompensa para los justos.

● El Guehinom fue concebido a fin de dar castigo al malvado.

● El Trono Celestial de la Gloria fue concebido antes que el Universo a fin de manifestar la gloria de YHVH en el mundo.

● El lugar donde moraba la Shekináh (divinidad) permanentemente era el Beit Hamikdash. Por lo tanto, el concepto de Beit Hamikdash fue concebido como una condición para la Creación.

● El objetivo final de la humanidad es llegar a los días del Mashiaj; por lo tanto, el nombre del Mashiaj debía ser formulado aún antes de la iniciación.

Así pues, logramos entender y aceptar que el Eterno, de acuerdo con Su Intención, creó el mundo físico con relación a estas siete cosas.

La Torah fue el primero de estos siete conceptos fundamentales. Ella es el instrumento arquitectónico del Eterno de toda la creación. Ha permitido la construcción de todos los Mundos. ¿Por qué fue esto necesario?

La Torah sirvió como el instrumento arquitectónico en la construcción del mundo.

Si un constructor erige una casa sin consultar un arquitecto, ¿cómo será el producto final? La casa podría carecer de las puertas, ventanas o escaleras necesarias. Podría cometer un error en la viga básica de sostén de manera que toda la casa se derrumbaría poco tiempo después de su terminación. Por lo tanto, cada construcción debe estar precedida por un proyecto. El primer paso en la construcción es el plano completo dibujado por el arquitecto, incluyendo cada una de las divisiones, entradas y salidas. Luego el constructor siguiendo el proyecto de la construcción, lo convierte en realidad. – ¿Siguiendo qué diagrama fue construido el mundo?

Por otra, parte y para lograr profundizar mejor en la idea de qué es el propósito eterno de Dios, diremos que el hecho de que se hable del arrepentimiento como algo que precede la creación, nos enseña que aunque el Eterno no haya decidido de antemano que el hombre pecara, ya había diseñado una solución para el pecado del hombre:

“El Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo”

(Revelación 13:8)

Un Autor, Cinco Libros y un Escritor (Moisés)

Por P.A. David Nesher

 

 

Durante los dos siglos que han pasado, la conspiración masónica-illuminati, disfrazada de racionalismo, logró implantar en la creencia popular que Moisés no fue el escritor inspirado de los cinco primeros libros de la Biblia o Pentateuco. 

Para que quede claro en cada uno de ustedes les diré que hace dos siglos atrás, un grupo de eruditos de tendencia racionalista, puso en duda la paternidad mosaica del Jumash o Pentateuco (hebreo y griego para decir: «Cinco Rollos» o “volumen quíntuplo” ), y desarrollaron la Teoría documentaria de la Alta Crítica. La misma considera que los primeros cinco libros de la Biblia son una compilación de documentos redactados en su mayor parte en el período del sacerdote Esdras (aprox. 444 a. E.C.). Debo aquí comentarles que en la actualidad, desde el punto de vista de la investigación histórica, la hipótesis documentaria es muy difícilmente aceptable precisamente por sus prejuicios metodológicos y su carencia de base historiográfica.

Por sobre todo, en la actualidad, se está derrumbando dicha hipótesis, ya que ha caído el fundamento primordial de la misma. Sucede que la objeción que levantaron aquellos escépticos contra Moisés como escritor de la Torah, se fundamentaba en el supuesto de que en la época de Moisés no se conocía aún la escritura. Pero el especialista en expedientes antiguos P. J. Wiseman indicó en su libro New Discoveries in Babylonia About Genesis (1949, pág. 35) que la investigación arqueológica actual ha probado exhaustivamente que “el arte de la escritura empezó en los albores de la historia conocida”. Así mismo, todos los doctos modernos reconocen que ya existía la escritura mucho antes del tiempo de Moisés, que vivió dos mil años a. E.C.

Por eso, el testimonio de los mismos códigos que componen las Sagradas Escrituras testifica una sola cosa: ¡no existe sino un solo escritor del Pentateuco, y su nombre es Moisés!

El Eterno mismo da evidencias contundentes repetidamente en la Escritura de que Moisés fue el escritor que Él escogió para inspirar tan profundos códigos lumínicos de Su sabiduría. Expresiones como “Escribe esto como memoria en el libro” (Éxodo 17:14), demuestran claramente que la escritura era común en los días de Moisés. Como el Eterno le dio al hombre perfecto Adán un idioma sagrado con el cual era capaz de dominar todos los ámbitos creativos a la perfección, y con el que hasta compondría poesía, cabe pensar que Adán ideara algún medio de ponerlo por escrito. (Gén 2:19, 23.)

Dando un paseo por todo el Pentateuco, podemos leer en muchos pasajes que Moisés escribió la Torah del Eterno. A modo de ejemplo veamos algunas de estas afirmaciones:

  • – “Y Moisés escribió todas las palabras de Yahvéh” (Éxodo 24:4).
  • – “Y Yahvéh dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras…” (Éxodo 34:27).
  • – “Moisés escribió sus salidas conforme a sus jornadas por mandato de Yahvéh” (Núm. 33:2).

Al extender nuestro viaje de exploración por el resto de la Tanak (lo que la teología cristiana llama Antiguo Testamento) encontramos que los distintos autores dieron crédito a Moisés por todo lo escrito desde Bereshit (Génesis) a Devarim (Deuteronomio). Para ejemplificar lo dicho podemos considerar los siguientes textos: “También escribió allí sobre las piedras una copia de la ley de Moisés, la cual [Moisés] escribió” (Josué 8:32). Note también lo  declarado en las Crónicas de Israel: “[E]l sacerdote Hilcías halló el libro de la ley de Jehová dada por medio de Moisés” (2 Crónicas 34:14; cf. Esdras 3:2; 6:18; Nehemías 13:1; Malaquías 4:4).

Al considerar todo lo que la Tanak relata, no encontramos contradicciones.: Uno es el autor (Yahvéh), que la dictó, y el otro fielmente es el escritor (Moisés) que iba plasmando letra tras letra, espacio tras palabra, renglón tras renglón. De este modo resulta que la Torah es una asociación entre el Eterno y su siervo Moshé, tal como leemos: «el libro de la Torah de Moshé [Moisés], que el Eterno había dado a Israel» (Nejemiá / Nehemías 8:1).

Ahora bien, al intentar considerar los dicho en los Escritos Mesiánicos o Nuevo Testamento, encontramos que nadie se atrevió a dudar  que Moisés escribiera el Pentateuco (la Torah).

El apóstol Juan escribió: “Pues la ley (Torah) por medio de Moisés fue dada” (Jn. 1:17).

El médico y evangelista Lucas registró en cuanto al Jesús resucitado: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba [a Sus discípulos] en todas las Escrituras lo que de él decían” (Luc. 24:27).

Jacobo, hermano del Mesías, y obispo de la congregación de Jerusalén, sostuvo  también la autoría mosaica: “Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo” (Hechos 15:21).

También el apóstol Pablo, constructor de los lineamientos de la fe mesiánica, estuvo de acuerdo en afirma que Moisés escribió los cinco rollos de la Torah al escribir a los discípulos de Roma: “Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas” (Romanos 10:5, énfasis añadido; cf. Levítico 18:5).

Finalmente, notamos que nuestro amado Mesías Yeshúa (Jesús) declaró que “la Torah” vino por medio de Moisés. El evangelista Marcos en el cap. 7  verso 10, relata que Yeshúa hizo referencia a Éxodo 20 y 21, y atribuyó la escritura de estas palabras a Moisés. Luego en el mismo evangelio de Marcos, leemos que Yeshúa preguntó a los saduceos, “Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?” (Mc. 12:26). Pero tal vez el pasaje más convincente se encuentra en el evangelio del apóstol Juan, donde el Mesías expresó:

“Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.

Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?”

(Juan 5:46-47; cf. Deuteronomio 18:15-18).

Es verdad que hoy no contamos con las copias mosaicas originales del Pentateuco, pero tenemos numerosos enunciados inspirados a través de la Escritura, incluyendo el Pentateuco, que declaran que Yahvéh inspiró a Moisés para que escribiera los primeros cinco libros del Antiguo Pacto o Tanak. Con esta bitácora y este estudio no pretendo sugerir que la autoría mosaica del Pentateuco es la verdad más importante que un discípulo de Yeshúa debería llegar a saber y creer, sino que ciertamente sostengo que es la verdad  que deberíamos respetar y defender ante tanta conspiración reptiliana contra el Reinado del Eterno a través de Su Mesías Yeshúa.

¿Yeshurún, Israel o Yaakov?… ¡Esa es la cuestión!

Por P.A. David Nesher

«Nadie hay como el Dios de Jesurún, que cabalga los cielos para venir en tu ayuda, y las nubes, en su majestad.» 

(Devarim/ Deut. 33:26)

Hemos llegado a los versículos de conclusión de la bendición que Moshé está salmodiando proféticamente sobre el Pueblo escogido de Yahvéh. Es la segunda vez que aparece la palabra Yeshurún (Jesurún) en las Escrituras (anteriormente Moshé la ha usado en su shirá – c.f. Devarim 32:15). Es evidente que esta expresión es un título para Israel, y literalmente significa «el que es justo porque ama lo que es recto» (c.f. Isaías 44:2).

La mayoría de los intérpretes modernos coinciden en tomarlo como un título poético e ideal de Israel, derivado de la expresión yashar, (el «recto«); se considera que contiene una referencia tácita a la palabra Israel (yisra’el _יִשְׂרָאֵל  _), de la cual las tres primeras consonantes son casi las mismas que las de «Yeshurun» ( יְשֻׁרוּן ).

En el libro de Números (o Bamidbar) se supone que el término «los justos» (yesharim) contiene una referencia similar (Números 23:10). La mayoría de los comentaristas comparan también «el Sefer Yashar» (El Libro del Justo), y se ha sostenido que «Yashar» es similarmente un nombre por el cual Israel es llamado.

En la Versión de los Setenta o Septuaginta (primera traducción de las Sagradas Escrituras al griego), la expresión Yeshurún (Jesurún) se considera un término afectuoso y se traduce por “amado”.

Es interesante saber que el nombre Yeshurún estaba grabado junto con las doce tribus en las piedras preciosas del pectoral del juicio del Sumo Sacerdote. Según el Talmud (Yoma 73b), el pectoral del kohen gadol estaba inscrito con los nombres de los tres patriarcas, las 12 tribus y la frase “Las tribus de Yeshurun”. El Jasam Sofer (1762-1839) de Yoma 73b escribe que solo el peto de Aharon tenía esta frase. Los petos posteriores leen “Las tribus de Israel”.

Los sabios del hebreo también explican que “Yeshurún” está relacionado con “shur”, que significa «mirada» y recuerda el hecho de que cada integrante del Pueblo de Israel fue de las personas que más se acercaron a contemplar la santa presencia del Eterno cuando se les reveló en el Monte Sinaí.

Este nombre, Yeshurún (Jesurún), debería haber recordado a Israel su llamamiento como pueblo en relación de pacto con Yahvéh y, por lo tanto, su obligación de ser rectos. (Dt. 33: 5,26;) para lograr que toda la creación sea completada en la plenitud de la justicia. Sin embargo, también Moshé escribió lo siguiente:

«Pero Jesurún engordó y dio coces, has engordado, estás cebado y rollizo; entonces abandonó a Dios que lo hizo, y menospreció a la Roca de su salvación.»
Devarim/Deut. 32: 15)

En este pasaje el nombre Yeshurún (“Jesurún”) está siendo empleado por Moshé de una manera irónica. De este modo, él les está señalando que en vez de vivir en armonía con lo que ese nombre indicaba, Israel se hizo ingobernable, abandonó a su Hacedor y despreció a su Salvador.

También resulta interesante señalar que la palabra Yeshurún aparece sólo cuatro veces en todas las Sagradas Escrituras: tres en la Torah de Moshé y una entre los profetas (rollo de Isaías más precisamente).

Por todo lo dicho, considero que es importante conocer y destacar que existen tres nombres en las Sagradas Escrituras para referirse al pueblo del Eterno:

  • Yaakov (Jacob),
  • Yisrael (Israel) y
  • Yeshurún (cf. 33:26, 28).

Como creo que ustedes estarán ya discerniendo, éstos tres nombres, representan tres niveles de espiritualidad, en los que Yaakov es el más bajo y Yeshurún es el más alto. Así pues, ordenando mejor nuestro conocimiento diremos que:

  • Yaakov representa al pueblo escogido en su conciencia y misión terrenal, ocupado de la mayordomía de todos los elementos que componen  la fisicalidad;
  • Israel representa al pueblo escogido en su conciencia espiritual, ocupado en la investigación de los códigos de la Torah;
  • Yeshurún representa al pueblo escogido ya en su conciencia celestial, apegado completamente al Eterno y gobernando la existencia en todos sus planos.

Veamos cómo el profeta Isaías usó este término al dar este oráculo:

“Mas ahora escucha, Jacob, siervo mío, Israel, a quien yo he escogido. Así dice Yahvéh que te creó, que te formó desde el seno materno, y que te ayudará:

«No temas, Jacob, siervo mío, ni tú, Jesurún, a quien he escogido.”
(Isaías 44:1-2)

Insisto que la ocurrencia de los tres nombres usados aquí es muy notable, y el orden en que se encuentran no es accidental. El profeta habla aquí de estos tres niveles espirituales del pueblo del pacto.  Isaías comienza con el nombre que perteneció al patriarca de nacimiento; el nombre de su naturaleza, que contenía algunas indicaciones de su temperamento y carácter. Pasa al nombre que conmemoraba el misterioso conflicto en el que, como príncipe, Jacob tenía poder con el Eterno y prevaleció. Por último, el patriarca, esta vez representado en sus descendientes, termina con el nombre Yeshurún , cuyo significado es «el justo«, y que fue otorgado al pueblo como un recordatorio de lo que deberían ser.

El nombre Yaakov se aplica a la parte física de la personalidad de nuestro patriarca. Señala a los asuntos relacionados con su existencia terrestre. En cambio, el nombre de Yisrael (Israel) se refiere a aspectos espirituales de su personalidad. Es decir, a los asuntos relacionados con su existencia eterna vinculada con las regiones celestiales.

Recordando la historia patriarcal, cuando Yaakov recibió por primera vez su nombre, la Torah declaró que esto se debió a que reflejaba su aferramiento al talón de su hermano Esav (Esaú). Luego, encontramos que el nombre Israel se utilizó por primera vez, cuando Yaakov, habiendo luchado exitosamente con la fuerza celestial que representaba a su hermano Esav, salió victorioso. Por lo tanto, es evidente que el nombre adicional de Israel tenía como objetivo principal reflejar los logros espirituales de Yaakov. Este nombre recordaba el hecho de que Yaakov había alcanzado una dimensión adicional en su desarrollo de la personalidad. Por causa de esta historia patriarcal, el nombre Yaakov quedó proféticamente subordinó al de Israel. El uso de estos nombres enseña entre otras cosas que si alguien hace su dimensión espiritual subordinada a sus preocupaciones físicas , terrestres esto «lo mata», conduce a su muerte tarde o temprano.

Después de este examen detallado, notaremos que cuando la Torah emplea el nombre de Yaakov para describir a nuestro patriarca, se refiere a sus preocupaciones terrenales (el atributo femenino de la Luz Infinita) y, por lo tanto, a su tendencia a retener. Con esto el Eterno revela que dichas preocupaciones son indispensables para cualquier ser humano. Mientras que cuando cambia llamándolo Israel se refiere a sus preocupaciones espirituales, asuntos que son en gran medida abstractos (atributo masculino de la Luz Infinita). Esto es lo que el profeta tenía en mente cuando dijo:

  «¿Quién te creó, oh Yaakov, que te formó, oh Yisrael?»
(Yeshayahu/Isaías 43: 1)

Por todo esto, entendemos que el nombre Yaakov es el que ha sido designado para servir al Eterno y cumplir sus propósitos en la tierra. Él no recibió ninguna promesa de tener una descendencia como las estrellas, como Avraham e Yitzjak, sólo como la arena y el polvo. De ese modo el nombre Yaakov representa el pueblo del pacto que vive en el mundo natural, rectificando y reparando el mundo físico; por lo tanto tiene su parte y función en esta edad presente.

El nombre Israel representa la descendencia de Yaakov espiritual, que ha tenido la experiencia de un quebranto en sí mismo y que reconoce su urgente necesidad de ayuda del cielo para poder vivir. Es el pueblo del pacto que lucha junto con el Eterno y vence sobre las fuerzas del mal tanto interiores como exteriores en el mundo físico y en el mundo espiritual.

Ahora bien, hemos dicho al iniciar este estudio que el nombre Yeshurún viene de la raíz ישר (yashar), que significa «recto«, «justo«, «directo«, «fino«, «honesto«. La misma palabra encierra la idea de «ver lo recto por medio de la meditación de la Torah«. Este nombre representa al pueblo del pacto que ha llegado al nivel ideal, diseñado por Dios mismo, y que Él tanto anhela que Su Pueblo alcance. El mismo es un nivel de obediencia inmediata e incondicional tal en el que nadie puede encontrar motivos para argumentar contra él reproches, acusarlo y/o condenarlo. Es el pueblo justo y celestial que conoce a su Elokim y camina con Él adorándolo en el Espíritu y en Verdad.

Todos sabemos qué tan lejos debajo del ideal del nombre cayó el pueblo israelita, y sin embargo, el nombre se aplica a ellos hasta hoy desde los cielos. Aunque la realización del ideal ha sido tan imperfecta, el ideal no se destruye. Aunque han hecho tantos pecados, sin embargo, Yahvéh los llama por su nombre de «justo«.

Entonces, considerando el texto y el mensaje del profeta Isaías, nos damos cuenta que habla de dos pueblos escogidos, Israel y Yeshurún. De esa manera Israel puede representar los redimidos que están dentro del pueblo del pacto y Yeshurún puede ser entendido como los que han sido escogidos de entre los de Israel para llegar a un nivel más alto de justicia. Esos que han recibido la justicia del Eterno por la fe prometida a los antiguos y que ha sido perfectamente cumplida por medio de la muerte expiatoria y resurrección de Yeshúa.

Los que alcanzan este tercer nivel de santidad son los señalados escrituralmente como las estrellas del cielo, los que tienen una ciudadanía celestial y los que habitarán la Yerushalayim (Jerusalén) celestial futura que vendrá a la tierra. Son los que han experimentado, por su fe en el Mesías, los poderes de la resurrección, y han recibido así el don del Espíritu del Santo por medio de la glorificación de Yeshúa en el cielo (Juan 7:37-39; Hch. 2).

Al captar el mensaje del Evangelio del Reino de Dios desde su contexto hebreo, comprendemos que la oferta de salvación ha llegado también a los gentiles; así pues aquellos que de entre ellos responden al llamado al arrepentimiento y abandono de la idolatría para volverse al Elohim de Israel y creer en Su testimonio acerca de la resurrección de Yeshúa recibirán el mismo Espíritu que los hebreos que han llegado a ese nivel y también serán contados entre los rectos y podrán ser llamados Yeshurún.

De esa manera hay una puerta abierta para los integrantes de la gentilidad a ser parte del pueblo celestial, el pueblo escogido entre los hijos de Israel y también entre las naciones. ¡Qué grande es poder ser parte del pueblo Yeshurún!

Llegando al final de todo esto, aceptamos que el texto de la Torah de hoy nos enseña que los que son de Yeshurún tienen un Dios que está por encima de todo y muestra su poder en este mundo desde el Cielo. Los que han aprendido a confiar en Él y no en sus propias obras ni en su propia justicia son el pueblo escogido celestial, es decir, Yeshurún.

Pueblo de Yeshurún entre judíos y gentiles: ¡Regocíjate en tu Dios que pronto viene en tu ayuda!


Bitácoras Relacionadas:

El Shirat Haazinu y Sus Códigos de Luz.

Por P.A. David Nesher

“ Escuchad, cielos, y hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca. Goteará como la lluvia mi enseñanza; destilará como el rocío mi razonamiento; como la llovizna sobre la grama, y como las gotas sobre la hierba; porque el nombre de Yahvéh proclamaré. Engrandeced a nuestro Dios.
El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto.
La corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha, generación torcida y perversa.
¿Así pagáis a Yahvéh, pueblo loco e ignorante? ¿No es él tu padre que te creó? El te hizo y te estableció.”

(Devarim/Deuteronomio 32:1-6)

Hemos arribado a la penúltima parashá del ciclo anual de la Torah. La porción (parashá) de esta semana consiste únicamente de un capitulo, pero ¡Vaya que capítulo!

En este capítulo leemos un cántico profético con contenido escatológico. Consiste en una «canción» (en hebreo se dice: shirat) que consta de 70 líneas, y que fue cantada por el mismo Moshé al pueblo de Israel en el último día de su vida. 

Esta canción es conocida con el título de «Shirát Haazinu» (traducida como “Cántico de Moshé”), y en realidad es un himno de despedida, registrado luego de que el gran líder terminara la misión que le encargó el Eterno. Este es el canto del cual Moshé habló en la sección anterior.

Haciendo un poco de historia, sabemos que esta no es la primera vez que Moshé canta. Él fue el que entonó, inspirado en el Espíritu de la Profecía, la “Shirá”, después de abrir el Mar de los Juncos (hoy Mar Rojo). Sabemos también que esta es, por supuesto, la canción más famosa de Moshé. Pero aquel cántico fue su respuesta ante una acción Divina incomparable en el que los 72 Nombres divinos entretejieron un cántico de poder. Aquella fue una canción inspirada por el éxtasis; esa vez, Moshé lideró el cántico y todo el pueblo lo siguió. En esta ocasión Moshé se encuentra cantando solo. El inmenso “coro” de israelitas que salió de Egipto había muerto durante la marcha y pronto ocurriría lo mismo con Moshé.

Pareciera ser un momento muy extraño para que Moshé irrumpa en canto, pero en momentos así es donde se aprecia la grandeza de nuestro Profeta.

En este poema, Moshé resalta la fidelidad y justicia de Yahvéh, frente a la desobediencia del Pueblo amado.

Es una recitación que resume la historia de los israelitas, proyectando situaciones futuras, y al mismo tiempo continuamente girando alrededor de un eje central: YHVH como el Todopoderoso y como el Padre amoroso de Su pueblo. 

En este cántico se describe la historia de Israel, desde la entrada a la Tierra Prometida hasta la Era Mesiánica; y aún hasta la Tejiat HaMetim (la Resurrección de los Muertos). Por eso es un testimonio a lo largo de los siglos de cómo el Eterno ha sido fiel y cómo una parte de su pueblo ha sido infiel. No obstante, por la gracia y misericordia del Eterno él cumplirá el propósito que tiene con su pueblo y finalmente triunfará en gloria.

Un Cántico que Describe una Mística Conexión Cósmica.

El amor de YHVH y el cuidado por Israel forman el telón de fondo contra el cual el pasado y el futuro de Israel son respectivamente descritos y lanzados. Según el poema, la relación del pueblo con YHVH parece ser una causa primaria de los eventos (pasado, presente y futuro) que les suceden; esta canción también explica que los sucesos mundiales giran en torno a este eje de la conexión mística llamada YHVH-Israel.

En relación a este nuevo canto de Moshé, el Rabi Behayéh Ben Asher señala:

«…La esencia de este Cántico es que Moshé devela ante el pueblo de Israel todos los acontecimientos de su futuro. Comienza desde la Creación del mundo, de los pueblos y de Israel, finalizando en los días del Mashíaj…».

El cántico dice que, desde el mismo momento de la Creación, Yahvéh Elohim eligió a Israel como Su pueblo y por ello es que lo acompaña a través de las vicisitudes del desierto. Sin embargo, el pueblo de Israel olvida todas estas bondades y sucumbe ante el paganismo.

Este acto de ingratitud se debió al exceso de bien y de quietud en que estaban inmersos. El exilio sobrevendrá como castigo divino; pero Yahvéh no los extermina, no sea que los enemigos se vanaglorien y lo atribuyan a su poder. Por ello, en un futuro porvenir, Dios reivindicará la causa de Israel y retribuirá a sus adversarios por la sangre de Israel derramada. En última instancia, el Omnipotente vindicará a Su Pueblo. Por esta causa nos dirá el Midrash que «Haazinu» está describiendo de forma poética lo que le ocurrirá a Israel en el fin de los días.

Por su parte, Rav Ginsburgh destaca algo aún más profundo, él nos dice que en la «Shirát Haazinu» están codificadas las historias personales de cada alma israelita y todo lo que habrá de experimentar desde ese momento hasta la llegada de Mashiaj y la resurrección de los muertos.

Escuchar la Voz divina para Manifestarla en la Tierra

Esta canción comienza diciendo

הַאֲזִ֥ינוּ הַשָּׁמַ֖יִם וַאֲדַבֵּ֑רָה וְתִשְׁמַ֥ע הָאָ֖רֶץ אִמְרֵי־פִֽי

(“Haazinu HaShamáyim Veadaberah Vetishma Haáretz Imerei Fi”)

“Presta oído (Escuchad) Cielos que voy a hablar, y permite que la Tierra oiga las palabras que salen de mi boca…. “

Otra versión dice: “Pon la oreja, Cielo, y hablaré; escucha, Tierra, las palabras de mi boca.”

A. Dos Testigos Veraces de las Obras de Israel.

Lo primero que vemos en este himno es que Moshé comenzó llamando la atención, no solo de Israel, sino de toda la creación. Los cielos y la tierra son los dos testigos que el Eterno ha puesto contra Israel (cf. 30:19; 31:28). En ellos está documentado toda la historia del Pueblo escogido.

Hablando correctamente, en realidad son tres testigos, ya que la palabra hebrea para cielos es shamayim, y está escrita de forma dual, es decir se trata de un par de Cielos. Ante esto necesito que enredamos esta revelación: la historia de Israel está escrita tanto en los Cielos como en la Tierra. Con esto Yahvéh está diciendo que estos testigos serán los primeros en “tirar piedras” contra Israel si comete infidelidad contra el pacto (cf. Deuteronomio 11:17; 17:7).

Esa es la razón por la que el Eterno deberá crear nuevos cielos y nueva tierra después del milenio, para que estos testigos no sigan hablando en contra de Israel, recordando su historia pecaminosa. Así lo atestiguó el profeta Isaías en su oráculo:

“Pues he aquí, yo creo cielos nuevos y una tierra nueva, y no serán recordadas las cosas primeras ni vendrán a la memoria. Pero gozaos y regocijaos para siempre en lo que yo voy a crear; porque he aquí, voy a crear a Yerushalayim para regocijo, y a su pueblo para júbilo.”

(Isaías 65:17-18)

Así fue como lo vio proféticamente el apóstol Juan en la isla de Patmos:

“Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe.”
(Apocalipsis/Revelación 21:1)

Los cielos y la tierra son tomados como testigos por causa de su firmeza (cf. Jeremías 31:35-37). El rollo de la Torah puede ser quemado, pero no las estrellas ni las piedras. Son testigos muy firmes.

B. Escuchar lo Metafísico y Oír lo Físico.

Recordemos que el hebreo es una lengua profunda y poética, lo que hace difícil la traducción al español. Tiene matices que a veces el español no puede transmitir. La palabra haazinu, que se traduce como “poner la oreja” (ozen significa “oreja”) sugiere una cierta proximidad. Si hay alguien parado a tu lado, puedes hablarle al oído. Por contraste, la palabra que se traduce como “escucha” sugiere una distancia mayor, como si se llamara a alguien que está lejos.

Moshé usa el término más cercano cuando se refiere a los Cielos, y el más distante cuando habla de la Tierra. Con esto él señala la característica de una persona muy espiritual. Es decir, nos describre a alguien que tiene siempre en su caso los Cielos muy cercanos, y por contraste, en lo que a esa persona respecta, la Tierra y todo lo material siempre está más lejos.

¡Un momento!… Detengámonos aquí y preguntémonos: ¿No es nuestra tarea como seres humanos redimidos en Yeshúa revelar la presencia del Eterno en el mundo? Entonces, ¿no tenemos que estar inmersos en las preocupaciones materiales de la vida cotidiana?

Por supuesto que estamos activos en el mundo. Pero al mismo tiempo, por medio del Mesías, tenemos una afinidad cercana con el Cielo y todas sus dimensionalidades. Por eso, las palabras de Moshé tienen una relevancia directa para nosotros también. Estamos activos en el mundo pero, en un sentido más profundo, no nos limitamos a ello. Yeshúa mismo, intercediendo por nosotros, lo expresó delante de Abba así:

«Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo.”

(Juan 17: 16-18)

El mismo apóstol Juan, más tarde escribiría a las comunidad de discípulos que él tenía a su cargo:

«No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo …»

(1 Juan 2: 15-16)

Esta misma idea se expresa cuando se acerca la festividad de Sukot (enramadas). La sucá (cabaña o enramada) representa nuestra casa y nuestra vida de todos los días. A la vez, es una esfera espiritual. Una de las enseñanzas de Sukot es que sí, estamos en un mundo material. Pero en cada momento tenemos el poder de hacerlo sagrado.

Podríamos resumir el contenido de esta “canción profética” según las seis primeras lecturas:
1-6 El Nombre y la obra de Yahvéh por el mundo y por Israel.
7-12 El origen de Israel.
13-18 La prosperidad y la apostasía de Israel.
19-26 La pérdida de Israel después de su apostasía.
29-39 La dispersión de Israel entre las naciones.
40-43 La salvación de Israel y su influencia mundial.

Como ya lo he dicho, la porción inicia con el verbo “haazinu” (escuchar). Al respecto, la Torah nos está enseñando que tal vez oímos pero no escuchamos, que muy a menudo nos bloqueamos para no escuchar la verdad. Las personas que necesitan escuchar no lo hacen, mientras que otros que no parecen tener problemas en esta área sí escuchan y aprenden. Yahvéh puede enseñarnos y darnos solo si estamos listos para escuchar y recibir. Si nos preparamos para aprender, el maestro debe aparecer. Por ello, está dicho lo siguiente: “…Cuando el estudiante está listo, aparece el maestro” (refrán).

¡Anhelo que te atrevas a volar con tu espíritu con esta canción sobre toda la semana poderosa que hoy iniciamos!