El capítulo 24 de Bereshit (Génesis) narra la historia de la búsqueda de una mujer para el hijo de Abraham. Siguiendo una interpretación alegórica, podemos destacar los hechos mesiánicos que podrás comprender mirando este video.
Raíces Hebreas
Las Vidas de Sarah
Por P.A. David Nesher
«Fueron los días de Sará cien años y veinte años y siete años, los años de la vida de Sará. Sará murió en Kiriat-Arba- ahora Hebrón, en la tierra de Canaán, y Abraham vino a honrar a Sará y a llorarla.»
Génesis 23:1-2
En el momento de la muerte de Sarah, la familia evidentemente, se había vuelto de Bersheba a Jevrón. Ahora bien, ella es la única mujer cuya edad se menciona tanto en el Tanak (Antigua Alianza) como en el Brit Jadashah (Nueva Alianza). Esto indica que tiene un lugar especial en la historia bíblica y es un ejemplo a seguir (Isaías 51:1-2).
Sarah vivió ciento veintisiete años (23:1). Como la madre del hijo de la promesa, se convirtió en la madre de todos los creyentes (1Pedro 3:6). Esta expresión conlleva los códigos lumínicos de cómo se deben mantener las tres áreas de nuestro ser y sus funciones.
Nuestra madre Sarah vivió 127 años, período de vida que en la Torah está detallado curiosamente así: «100 año y 20 año y 7 años«. Esta división particular señala obviamente que detrás de ellos se esconde un mensaje importante para nosotros. El sabio intérprete Rashí, el comentador bíblico más importante, cita la explicación de los sabios: a la edad de 100 años seguía teniendo el alma tan pura como a los 20, y a los 20 Sarah era tan bella como una niña de 7.
Los invito a meditar en esta catequesis tan especial para traer sanidad a toda alma redimida en la Sangre de Yeshúa.
¿Conoció Abraham la Torah o Simplemente tuvo Fe en el Eterno?
Por P.A. David Nesher
“Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes…”
(Bereshit/Génesis 26:5)
Mientras más peregrino en este maravilloso Camino de Emunáh (Fe certera) revelado por la Instrucción (Torah) divina, me encuentro en mi día a día con voces de personas manipuladas por la programación dogmática de la Gran Ramera, Babilonia la Grande que me atacan con sus prejuicios mentales para que yo termine «arrepentido» del «error en el que he caído». Dichos varones (y mujeres), repiten cual cotorras lo que sus maestros religiosos le han implantado mediante el cruel adoctrinamiento reptiliano de las religiones anti-Mashiaj. Dichos líderes les han asegurado que los mandamientos dados por medio de Moisés se aplicaban únicamente a la antigua Israel, la que salió con Moisés de Egipto, y por lo tanto, no afectan a los creyentes en Cristo de la actualidad. Pero, lo lamentable de esto, es que para llegar a esta conclusión, la mayoría pasa por alto el significado de lo que el Eterno dijo acerca de la obediencia de Abraham cientos de años antes de que hablara con Moisés en el monte Sinaí, según está escrito en el Rollo de Bereshit (Génesis):
“…porque Abraham obedeció mi voz, y guardó mi ordenanza, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.»
(Génesis 26:5).
A esta altura de nuestro peregrinar sabemos que la Torah existe desde antes de que el Mundo fuera creado. Es el diseño pre-existencial desde el que YHVH comenzó a crear todas las cosas, visibles e invisibles.
Lo que necesito aclarar de antemano es que en este caso que estamos considerando, no debemos entender por Torah lo que nosotros conocemos hoy como tal, con sus relatos y estructura, sino su médula, su esencia. Por lo que, entonces comprenderemos y aceptaremos que los patriarcas ya habían recibido del Eterno la parte ontológica (esencial) de la Torah, y eso era lo que estudiaban y aplicaban. Veamos con mayor detenimiento esto.
Las palabras hebreas que Yahvéh utiliza en este versículo son muy importantes, tal como lo explica el Expositor’s Bible Commentary [“Comentario bíblico del expositor”] donde se lee:
“El Señor luego agregó un comentario muy relevante: Abraham ‘guardó mi precepto [mismarti], mis mandamientos [misvotay], mis estatutos [huqqotay] y mis leyes [vetorotay]’ (v. 5).
Lo impresionante es que esta es precisamente la forma en que se expresa la obediencia al pacto del Sinaí en Deuteronomio 11:1: «Amarás, pues, al Eterno tu Dios, y guardarás sus ordenanzas [mismarto], sus estatutos [jukotay], sus decretos [mishpatim] y sus mandamientos [misvotaym], todos los días . . . Así, Abraham es un ejemplo de uno que demuestra que tiene la ley escrita en su corazón (Jeremías 31:33). El escritor lo muestra como el ejemplo máximo de verdadera obediencia a la ley, aquel del cual el Señor pudo decir: ‘Abraham obedeció mi voz’ (v. 5). Al mostrarnos a Abraham como un ejemplo de alguien que ‘guardó la ley’, el escritor nos ha mostrado la naturaleza de la relación que existe entre la ley y la fe. Abraham, un hombre que vivió por fe, podría ser descrito como aquel que guardó la ley”
(1990, 2:186-187, énfasis añadido).
Aquí aparecen cinco palabras diferentes.
- Voz – Abraham obedeció mi voz – En hebreo se dice shamá Avraham be-kolí. Esta expresión se utiliza para describir la obediencia a la voz del Eterno en los momentos de prueba. También podemos destacar su obediencia a la voz del Espíritu del Eterno en el caminar diario en la relación íntima con Él: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.” (Romanos 8:14)
- Guardar – y guardó mi ordenanza – En hebreo se dice va-yishmor mishmartí, literalmente “y guardó mi guardia”. Esto tiene que ver con decretos de prevención relacionados con las prohibiciones de la Torah. De esto aprendemos que Avraham tenía una actitud de vigilancia y cuidado en cuanto a las cosas del Eterno que había que guardar.
- Mandamientos – mis mandamientos – Aquí se encuentra la palabra mitsvot que normalmente incluye todos los mandamientos del Eterno. Sin embargo Rashí le da aquí un significado limitado, refiriéndose a las leyes de carácter social que son naturales para el ser humano, como el no robar y no derramar sangre etc. Las leyes de carácter social normalmente son llamadas mishpatim en la Torá.
- Estatutos – mis estatutos – En hebreo jukotai. Son aquellos mandamientos que no tienen explicación lógica, contra los cuales se revela la inclinación al mal más que contra los otros mandamientos.
- Leyes – y mis leyes – En hebreo ve-torotai, y esta viene de la palabra torah, instrucción, enseñanza. Se refiere tanto a la Torah que luego fue escrita en Sinaí, como la Torah oral que también fue dada en Sinaí.
¡Muy interesante es todo esto para nuestra fe! Abraham es destacado por su obediencia a todo lo que el Eterno había establecido, tanto los mandamientos que fueron transmitidas desde Adam, como los mandamientos que fueron dados a Noaj, como los mandamientos que le fueron revelados proféticamente. Y a esto se le añadía lo que Abraham aprendió de la obra de Yahvéh como modos correctos de vida, tales como el amor en justicia social, generosidad, amabilidad, hospitalidad, juicio, etc. Y por último, el empeño que tenía Abraham por compenetrarse con el Eterno, tanto en acción como en pensamiento, empeño apoyado en su grado de profecía, pues de lo contrario sería vanidad. Esto demuestra que si bien él no contaba con la Torah como guía escrita, si la contenía a través de la escritura que hacía Yahvéh con su Espíritu Santo en su mente y corazón.
Una cosa maravillosa se destaca en este primer libro del Pentateuco, y es que a pesar de que la Torah fue promulgada en el Sinaí es bien conocido que esta vigente desde el principio. Para dar solo algunos ejemplos, citaré que en Bereshit vemos que HaSatán (Satanás) comete el pecado de la codicia, desde antes de la caída de Adam; Caín infringe el mandamiento de «no mataras» desde antes que naciera Abraham. El rey de Egipto estaba por cometer el pecado de adulterio con la mujer de Abraham. En tiempo de los patriarcas se practicaba el levirato (Génesis 38:8), que sería uno de los mandamientos dados luego por escrito, (cf. Deuteronomio 25:5-6). Otro ejemplo es cuando Yehudá, como juez, ordena que sea quemada Tamar, por su relación fornicaria, (cf. Génesis 38:24). Según la tradición ella fue la hija de un sacerdote (este mandamiento luego se escribió en Levítico 21:9). También podemos mencionar el mandamiento del diezmo que fue practicado tanto por Avraham como por Yaakov, (cf. Génesis 14:20; 28:22. Ver también Levítico 27:30-32), y muchos otros ejemplos. Podríamos ver otros pasajes más pero lo que sí o sí queda vibrando en nuestra mente es el hecho de que la Torah se observaba desde de la fundación del mundo. Vemos por lo tanto que varios de los mandamientos que luego fueron escritos, estaban rigiendo la vida de los patriarcas y sus generaciones (toldot).
Algunos líderes religiosos aseguran que la Torah fue «promulgada» en Sinaí lo que, según su interpretación, esta antes no existía, y por ende, el Eterno la entregó solamente para Israel, y para un determinado tiempo o dispensación. Sin embargo, el hecho de que haya sido promulgada en Sinaí no contradice el hecho de que ella ya existiera. Recordemos que el significado de la palabra promulgar es:»publicar oficialmente una ley u otra disposición.» Y que según la significación juridica «la promulgación tiene por finalidad autentificar la existencia de una ley y ordenar su ejecución.» Como podemos ver entonces, promulgar no es «inventarse algo en el momento«, sino dar a conocer de manera OFICIAL una ley existente y practicada.
Entonces es muy importante aceptar que la justicia de Abraham avinu no era una cuestión de fe sin obediencia. Cualquiera que enseña que observar las leyes de Eterno es contrario a la vida de fe, debe considerar este versículo. Las Sagradas Escrituras (Biblia) dicen que Yahvéh pasó las bendiciones y promesas a Isaac porque Abraham obedeció Sus leyes. Esto está en consonancia con lo que el apóstol Pablo enseña cuando dice:
“¿Es entonces la Torah contraria a las promesas de Dios? ¡De ningún modo!”
(Gálatas 3:21)
Así mismo, Santiago, el hermano de nuestro Señor Yeshúa , demuestra que la vida de fe resulta siempre en obediencia a la Instrucción (Torah) de Dios :
“Ya ves que la fe actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada”
(Santiago 2:22 )
En un encuentro con líderes religiosos de su época, nuestro amado Maestro Yeshúa les respondió acerca de la característica principal que tiene aquel que dice poseer linaje de Abraham:
“Le respondieron diciéndole:
Nuestro padre es Abraham.
Les dice Jesús:
Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham harías”
(Juan 8:39 )
Con esta respuesta, el Mesías Yeshúa, nuestro Dueño y Maestro, está dejando bien en claro que Abraham conocía y guardaba la Torah de Yahvéh. Y además, deja también establecido que guardar los mandamientos de Yahvéh es una parte importante de la práctica de la fe de Abraham, y de aquellos que dicen tener su fe, y por lo tanto su linaje (Gálatas 3:29).
¡Anhelo que esto te fortalezca y logres soportar la lucha de todos los detractores de la Luz que te rodean en tu diario vivir!
¿»Camellos Humildes» o Discípulos Adoradores?
Por P.A. David Nesher
“Y en las afueras de la ciudad, hizo arrodillar los camellos junto a un pozo de agua, al tiempo del atardecer, al momento en que salen las aguadoras… Entonces el hombre se postró y adoró a Yahveh.»
(Génesis/Bereshit 24:26)
Estudiando la parashá (porción) Vayerá, hemos visto que Eliezer, el siervo de mayor confianza de Abraham, se fue a Mesopotamia (a Aram Naharayim, a la ciudad de Nacor) para buscar esposa para Yitzjak (Isaac).
El relato nos dice que llevaba consigo diez camellos cargados de toda clase de bienes.
Necesito que entendamos que el damasceno Eliezer se había criado en el ambiente espiritual que había creado aquí en la Tierra, la emunáh (fe) de su amo. Es por eso que Abraham avinu tenía total confianza en él porque sabía que era completamente leal a la visión del llamado divino que sostenía su peregrinar.
Notamos que Eleazar como, buen siervo, no buscaba sus propios intereses cuando estaba sirviendo en su misión de shalíaj (emisario, apóstol). Lo único que le interesaba era cumplir la voluntad del que le había enviado y en este caso él sabía que no se trataba de una misión meramente humana. Su conciencia se movía en la certeza de que debía colaborar con un proyecto divino para la redención futura del mundo. Debido a esto, él entendía que era importantísimo que Yitzjak recibiera una esposa designada por el Cielo. Esta era la razón por la que el siervo no confiaba en sus propias capacidades de discernimiento, sino había aprendido de su amo a confiar absolutamente en el Eterno, y así actuar en fe.
El viaje habría tomado por lo menos 20 días, y había viajado más de 720 Km. Sus camellos habían recorrido un largo camino, probablemente no había tomado agua en varios días y estaban muy sedientos.
La caravana se detuvo junto a un pozo a las fuera de la ciudad, al atardecer cuando las mujeres salen a buscar agua. Él conocía que las mujeres pronto estarían saliendo, y este sería el mejor lugar para reunirse con ellas. Fue allí donde Eliezer confiaba que Yahvéh le daría una guía específica para cumplir con éxito su comisión.
El fiel servidor de Abraham avinu hizo arrodillar a los camellos junto a un pozo de agua (24:11). Este hecho de que Eliezer hizo arrodillar a los diez camellos no puede pasar rápidamente ante nuestros ojos, ya que es una alegoría de lo que Abraham había estado enseñando a sus seguidores.
En primer lugar, el camello tiene una simbología encontrada, ya que representa la tozudez y la altanería, en tanto y en cuanto vive salvajemente. Pero, una vez domesticado, se convierte en el símbolo de la humildad, y el servicio paciente. En este sentido, tiene un simbolismo metafísico y antropológico: el ser humano que se lanza, humilde y pacientemente, a la búsqueda de lo trascendente y que logra así superar los distintos obstáculos que se le presentan en su camino.
Es sabido que los camellos necesitan arrodillarse para poder descansar. El hecho de que la Torah mencione este detalle natural nos desafía a investigar la enseñanza alegórica de la Luz Infinita escondida aquí.
Pues bien, primeramente les diré que la expresión hebrea para arrodillar que aparece aquí es baraj (ברך) ). La palabra baraj también significa bendecir (24:1). Es la palabra que se usa cuando bendecimos al Eterno: “Baruj Yahvéh” (Bendito Yahveh). Baruj significa bendito. Lo curioso de esto es que baraj tiene relación con berej (ברך) ) rodilla. Esto último nos conduce a una codificación muy interesante, ya que aquí se revela que la bendición está íntimamente relacionada con la rodilla.
Esta verdad la había aprendido Abraham y la había transmitido a todos los discípulos que vivían con él. El secreto profético aquí escondido es que el que sabe humillarse, doblando sus rodillas, está apto para hacer descender las bendiciones celestiales y convertirlas en recompensas materiales. ¡El que se humilla será ensalzado!
De la misma manera como Eliezer hizo que sus siervos, los camellos, se arrodillaran, así Abraham avinu había estado enseñando a sus discípulos a humillarse y arrodillarse ante el Eterno. Abraham era amigo del Eterno, y por eso él conocía lo que le agrada al Eterno, y lo que más desea entre los humanos (Miqueas 6:8).
Abraham sabía qué es lo que el Eterno busca: adoradores en Espíritu y en Verdad. Es lo que nuestro amado Yeshúa revelará a la mujer samaritana:
“Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren.”
(Juan 4:23)
Abraham había ganado muchas almas (12:5) y a todas ellas había enseñado a ser adoradores del Nombre del Eterno. El único deseo de su alma era satisfacer los deseos de su Señor y por eso se dedicaba a enseñar a su pueblo a ser adoradores que sabían inclinar sus corazones y doblar sus rodillas ante el Eterno.
Habiendo decodificado esta alegoría, podemos entender por qué cuando el siervo de Abraham había recibido una respuesta clara a su petición (de una mujer para Yitzjak de una hija de sus familiares), se inclinó en tierra y adoró al Eterno.
Hoy, desde estos detalles proféticos de la Luz Infinita, te animo a que seas un adorador del Eterno. Acostúmbrate a inclinar, no solamente tus rodillas, sino también tu corazón, ante el Eterno. De esa manera serás un hijo seguidor de Abraham que imita fielmente su fe, porque los que son de fe, esos son hijos de Avraham (Rom. 4:12; Gal. 3:7).
Que seas bendecido junto con tu padre Abraham en el Mesías Yeshúa, nuestro Dueño.
BeerSheva: Pacto ¿Con Quién?
Por P.A. David Nesher
“ Y él respondió: Tomarás estas siete corderas de mi mano para que esto me sirva de testimonio de que yo cavé este pozo. Por lo cual llamó aquel lugar Beer-Shava, porque allí juraron los dos. Así hicieron pacto en Beerseba; y se levantó Abimelec, y Ficol príncipe de su ejército, y volvieron a tierra de los filisteos.
Y plantó un tamarisco en Beer-Sheva, y allí invocó el nombre de Yahvéh, el Dios eterno. Y peregrinó Avraham en la tierra de los filisteos por muchos días.”
Habían pasado unos dos o tres años desde que Abimelec le había dado permiso a Abraham de vivir en cualquier lugar que él deseara de lo que se convertiría en territorio filisteo (20:13). Abraham estaba viviendo a unos cuarenta kilómetros de la ciudad de Gerar. Este pacto ocurre días después del momento en que Ishmael y Hagar fueron echados.
“Sucedió en aquel tiempo que Abimelec y Ficol, capitán de su ejército, se dirigieron a Abraham diciendo: Elohim está contigo en todo lo que tú haces.”
(21:22 BTX).
Yahvéh estaba bendiciendo materialmente a Abraham, y esto se había hecho evidente. Incluso los gentiles habían llegado a reconocer la presencia del Eterno en la vida de Abraham, y por lo tanto, Abimelec deseó proteger su propio futuro, tanto como el de su descendencia, mediante la formación de una alianza con Abraham. Era hora de que los dos hombres hicieran un pacto.
La Torah menciona ese lugar primero como Beer-Shava y más adelante como Beer-Sheva. La palabra hebrea beer significa «pozo«, la expresión shava viene de shevuáh, que se traduce como juramento, y de shevá que significa siete. La raíz de shava y sheva es la misma. Así que Beer-Sheva debe ser entendido como «Pozo del Juramento«, o el «Pozo de los Siete«, por lo que quedaría mejor el «Pozo del Juramento Séptuple«, y esto es porque cuando juraban, lo hacían repitiendo siete veces el pacto.
En este pacto debemos tener en cuenta que el agua no sólo es vital para el ser humano, sino también para el ganado y las cosechas. Dado que Canaán no tiene ríos que la alimenten, ellos dependían de la lluvia del cielo en invierno y de los pozos en verano.
Los pozos en las Sagradas Escrituras son símbolo de bendición espiritual afectando con sobreabundancia a la vida material. Por esto, los pozos en las Escrituras son figuras de Salvación y Gracia divina. Por ello, la esposa para Isaac será encontrada en el pozo (junto a aguas vivas); también la mujer samaritana (que representa las diez Tribus de Israel y la novia del Mesías) tiene su encuentro con Yeshúa en el pozo de Yaakov.
El Tamarisco y el Dios que conoce el Futuro.
Ahora bien, para sellar esta alianza consideraremos algo muy especial: Nuestro padre Abrahamlo hizo con un tamarisco, y aunque parece indescriptible este detalle, este acto tiene un hecho connotativo para el pacto.
El tamarisco es un árbol de larga vida. Tiene madera dura y sus ramas son espesas y se mantienen verdes todo el año. Es un árbol visualmente muy atractivo y de ramas finas. Se arraiga hasta la profundidad del suelo aprovechando las aguas subterráneas. Puede crecer en zonas áridas y dispersarse en el agua. Se utiliza para fijar suelos de arena y su hábitat original es cerca a los arroyos y el mar.
Por esto, el tamarisco simboliza la fortaleza de hacer pactos para invocar el Nombre del Eterno. Así es como a la vez se hace un símbolo de profundidad, firmeza y permanencia, tal y como el Pacto con Dios es. Esto significa que Abraham no plantó el tamarisco como señal del pacto con Abimelec, sino del pacto con Dios (Génesis 17:7-9). Es decir que con este acto, en verdad Abraham avinu, manifestó ante todos los ámbitos existenciales la intención de quedarse en esa tierra no porque los hombres lo permitían, sino porque el Eterno lo había establecido con promesas fundamentadas en Su voluntad que es buena, agradable y perfecta.
Los rabinos Rav y Shmuel discutieron sobre el significado de la palabra eshel, traducida aquí como tamarisco. El primero dijo que se trataba de un huerto de este tipo de árbol del cual se comenzaría a ofrecer los frutos a los viajeros durante su comida; y el segundo interprete dijo que, en verdad, Abraham construyó un albergue u hostería para poder recibir a los transeúntes y donde había muchos árboles frutales.
Lo cierto es que este lugar se convirtió en un centro de proclamación del nombre del Eterno. Según el Midrash, Avraham invitaba a los que pasaban para que comieran y se confortaran gratis. Después de haber comido les dijo: “Vengan y bendigamos al Rey Altísimo y Santo, Aquél que de los suyo ustedes han comido.» Les explicó que no habían comido de su comida sino de Aquél que habló y el mundo fue creado. Cuenta la historia que, de este modo, Abraham ganó muchas almas para el Reino de Yahvéh.
Lo evidente del relato es que este lugar se convirtió en un centro de adoración de referencia para todas las generaciones. En ese lugar, Abraham volvió a invocar el Nombre de Dios y esta vez, el Nombre de Yahvéh, conquistó un título más: el de “Dios eterno”. Esta expresión en hebreo El Olam. La expresión “El“ significa “Poderoso” y la palabra “olam” tiene varios significados: “larga duración”, “eternidad”, “siempre”, “futuro”, “tiempo indefinido”, “hace mucho”; “mundo”. También significa “universo”. Este nombre no sólo implica eterno en cuanto a “todos los tiempos”, sino también en cuanto a “todos los lugares y naciones”. Por eso, también se traduce como “Dios del universo”, que sería la forma más fiel a su significado.
Esto quiere decir que Abraham estaba inaugurando un centro de proclamación del Reino que revelaba a los hombres que Yahvéh tiene la calidad de ser el Amo del tiempo, por lo que toda circunstancia está bajo su control que persigue que todo evento sea de beneficio a su propósito eterno escondido en cada alma humana: alcanzar semejanza son Su divinidad.
Lo cierto est que con esto, Abraham avinu mostraba que, aunque él hizo un pacto con un rey terrenal, era Yahvéh quien en verdad había hecho un pacto de sangre eterno con él, y a su descendencia daría toda la tierra prometida para siempre. Isaac probablemente nació allí y creció hasta ser un hombre joven. Y justo cuando la vida de Abraham llegaba a la rutina, tomó un giro sorprendente.
Aun en este tiempo de conflicto en su familia y entre sus vecinos Abraham mantuvo un caminar vivo y profundo con el Eterno. Puede que todo conflicto en la vida tiende a alejarnos de Yahvéh, pero debemos permitir que el Eterno los use para acercarnos más a Él.
Abraham era como el árbol tamarisco, plantado en tierras difíciles y desérticas, pero Yahvéh bendijo a Abraham en tierra de nada, donde faltaba el agua. Allí abría pozos y hallaba agua para sí mismo, sus seres queridos y su ganado. Allí sus esperanzas no se apagaron por la contrariedad de la sequedad.
¿Te habla de algo el estudio de hoy? Árboles, pozos de agua, tierra seca. Nuestro caminar a veces no tiene mucho sentido, miramos el horizonte y vemos sequedales, pero allí nuestro Abba espera que «plantemos árboles», que, en los momentos más inhóspitos de la vida, plantemos vida y esperanza, no sólo para nosotros, sino para los que seguirán después de nosotros. Planta tu tamarisco e invoca a Yahvéh porque Él no te abandonará en tu » Beersheba«, allí estará para dar crecimiento a tu vida como árbol junto a corrientes de aguas.
La Expulsión de Ismael… ¿Justicia o Injusticia?
Por P.A. David Nesher
“Por eso dijo a Abraham:
(Bereshit/Génesia 21:10)
—Echa a esta sierva y a su hijo, pues el hijo de esta sierva no ha de heredar junto con mi hijo, con Itzjak.”
Hemos aprendido, a través de nuestros viajes de investigación por la Torah, que sus leyes no permiten que los padres, ni siquiera las autoridades legales, expulsen a un hijo o hija de la casa por ningún motivo. Según la Torah, nadie puede ser despojado de su condición legal en el hogar al que pertenece. Entonces, un tema muy difícil de entender y de explicar es el que nos propone el pasaje que estamos aquí considerando.
Cabe decir también que esta no era una práctica entre otros pueblos del antiguo Cercano Oriente. Varios antiguos códices y documentos legales, algunos incluso anteriores a la época de Abraham, atestiguan que expulsar a la descendencia de la casa de los padres, es decir, despojar a un niño de su estatus legal en la casa de su padre, era un procedimiento legal legítimo solamente en casos de faltas cometidas contra los padres, es decir, no sujetarse a las normas éticas que estos establecieran en su hogar. Es el caso de lo que la Torah denomina hijo contumaz (Deuteronomio 21:18-21).
Teniendo en cuenta este contexto, el pasaje que estamos considerando nos trae un tema muy difícil de entender y de explicar: el maltrato recibido por Ishmael en la casa de su padre Abraham. Este texto nos presenta una anomalía llena de interrogantes ya que encontramos que Sara exige que Abraham arroje a Hagar e Ishmael del ámbito de su hogar.
Aunque Sara se refiere a Ishmael como “el hijo de esta sierva “, no puede haber duda de que Ishmael era considerado por todos, y aún por ella, un hijo legal de Abraham, como se evidencia en los siguientes versos:
“Entonces Abraham tomó a su hijo Ishmael”
(17:23);
“Su hijo Ishmael tenía trece años cuando fue circuncidado en la carne de su prepucio, y así Abraham y su hijo Ishmael fueron circuncidados en aquel mismo día”
(17: 25-26)
Así mismo, si analizamos las propias palabras de Sara: “Echad a aquella esclava y a su hijo, porque el hijo de esa sierva no participará en la herencia con mi hijo Itzjak” (21:10), llegamos a la conclusión de que, en su cosmovisión, Ishmael tenía derechos a la herencia de Abraham en virtud de ser su hijo. Nuestro padre Abraham accedió a la demanda de Sara después de que le ordenó que lo hiciera y vemos que el Eterno le prometió que el futuro de Ishmael estaba salvaguardado:
«Entonces Dios dijo a Abraham:
—No te parezca mal lo referente al muchacho ni lo referente a tu sierva. En todo lo que te diga Sara, hazle caso, porque a través de Isaac será contada tu descendencia. Pero también del hijo de la sierva haré una nación, porque es un descendiente tuyo.»
(versículos 12-13)

Primeramente, nos enfocaremos en las palabras del Eterno que le solicita a Abraham avinu que haga caso a Sara. En el hebreo no está escrito que Abraham solamente tiene que escuchar a Sara, sino “la voz” de Sara. Aquí es usada la palabra kol que significa voz, expresión que se usa para describir una voz profética. Por esto, la expresión hebrea de lo que Abba nuestro dice, literalmente es: “presta atención a la voz profética de Sara”, dándole así a entender a Abraham que la voz de su esposa era en este consejo palabras de Providencia divina. Es decir, que esta palabra no fue inspirada por el yetser hará (inclinación al mal) de Sara, sino por el Espíritu profético que vino sobre ella para prevenir el futuro de destino mesiánico escondido en Itzjak.
Desde esta consideración de lo dicho por el Eterno, la expulsión de Ishmael plantea la siguiente pregunta: ¿cuáles son las razones por las cuales Sara exigió que Ishmael fuera despojado de su condición de hijo y heredero de Abraham? La respuesta a esta cuestión se encuentra en el siguiente relato:
“Sara vio al hijo de Agar la egipcia, que esta le había dado a luz a Abraham, que se burlaba (metzajek) de su hijo Isaac,…”
(Génesis 21:9)
La palabra metzajek puede ser traducida como “jugando” o “divirtiéndose”. Explica Rashi (intérprete póstumo de la Torah) que en este contexto “diversión” puede ser interpretado como alguien entregado a la idolatría, a la lujuria, y al crimen.
Entre las diversas opiniones para encontrar la explicación de esta expulsión, algunos comentaristas dicen que Sara estaba disgustada con la idea que Ishmael, el hijo de su esclava estaba jugando con Itzjak o incluso acercándose a él. Algunos comprenden que Sara, viendo a los hermanos en juego, veía esta situación como un peligro para el estatus de Itzjak como heredero de Abraham.
La palabra metzajek está relacionada con tzejok y por lo tanto se refiere sólo y exclusivamente a la herencia. De la respuesta de la matriarca Sara a Abraham, que este hijo de una esclava no heredará con su hijo, aprendemos que él [Ishmael] no heredará con su hijo Itzjak”.
Esta idea se puede ver en el comentario de Rashbam: “Él había crecido mucho, y ella no quería tenerlo por más, no sea que quiera tomar posesión de la herencia de su padre con Itzjak”. A medida que Ishmael crecía, se convertiría en un rival más difícil para Itzjak y, en última instancia, podría compartir la herencia con Itzjak. Sara decidió que Ishmael tenía que ser despojado inmediatamente del estatus de hijo y heredero.
Otra opinión sostiene que metzajek significa despreciar, burlarse (en nuestras expresiones “hacer bullying”). En otras palabras, Sara vio que Ishmael se burlaba de Itzjak, incluyendo en sus palabras de desprecio los nombres de Abraham o de Sara. Esto ocurrió el día que Itzjak fue destetado, y ella lo vio burlándose de Itzjak o de la gran fiesta que se estaba realizando en honor a esta nueva etapa en la vida de Itzjak. Por ello es que la Escritura dice, “el hijo que Hagar la egipcia había dado a Abraham” e “Ishmael burlándose”.
Otras autoridades de la exégesis de la Instrucción (Torah) como Rabí Akiva, sostienen que metzajek se refiere a relaciones sexuales ilícitas (lujuria) como en la descripción del momento romántico entre Itzjak y Ribka:
“Y sucedió que después de haber estado allí largo tiempo, Avimelej, rey de los filisteos, miró por una ventana, y he aquí, vio a Isaac acariciando (tsajak) a Rivká su mujer.”
(Génesis 26:8)
Y también lo vemos en el caso de la esposa de Potifar acusando a José:
“… llamó a los sirvientes de su casa y les dijo: Mirad, nos ha traído un hebreo para que se burle (tsajak) de nosotros; vino a mí para acostarse conmigo, pero yo grité a gran voz… y entonces le contó esa misma historia. Le dijo: El hebreo Esclavo que tú trajiste a nuestra casa vino a mí a flirtear (letzajek bi) conmigo.”
(Génesis 39: 14, 17)
Es decir, que el significado llano demetzajek significa hacer algo prohibido en el ámbito de la conducta sexual. En el hebreo bíblico, el verbo tz-j-k significa tanto reír, bromear, jugar y divertirse, como disfrutar de sí mismo sexualmente. Por extensión, significa ser seductor, atraer a una persona a acciones sexuales que van en contra de la norma aceptada.
Esto estaría indicando que nuestra matriarca Sara vio a Ishmael haciendo algo sexual que aparentemente no era consistente con un comportamiento moral aceptable en la casa de Abraham. La expresión da a entender que observó que Ishmael estaba comportándose de manera vergonzosa, acosando a mujeres casadas del campamento de discípulos y abusando de ellas (aprovechando su condición de heredero de Abraham). En este sentido el uso de la palabra tzejok no se refiere a otra cosa que idolatría, como se dice, “Al día siguiente por la mañana se levantaron y ofrecieron holocaustos y sacrificios de reconciliación. Después el pueblo se sentó a comer y beber, y luego se levantaron a divertirse (Letzajek).” (Shemot7Éxodo 32: 6). Lo que también insinuaría este texto es que Sara observó algunas actitudes malintencionadas de Ishmael al niño Itzjak (¿posible intento de abuso incestuoso?).
Por todo esto, Sara discernió que Ishmael, en lugar de desarrollar amor entre hermanos, estaba despreciando al pequeño, por lo cual comenzó a perseguirlo, tal como el apóstol Pablo lo explica:
“Pero, así como entonces el que nació según la carne persiguió al que nació según el Espíritu, así también sucede ahora.”
(Gálatas 4:29)
Esta persecución podía tener un sesgo de mala intención lujuriosa. Por lo tanto, es muy posible que la burla que hizo Ishmael de Itzjak era una mezcla de violencia, sexo e idolatría, los tres pecados cardinales. Sará lo vio y le sentó muy mal. Esa influencia no era buena para su hijo. Además, Itzjak corría el peligro de morir por un “accidente”.
Esta fue la razón de su exigencia inequívoca de que Abraham expulsara a la esclava y a su hijo. La Torah, de hecho, no dice que Sara le dijo a Abraham que había visto a Ishmael haciendo esto, pero podemos razonablemente asumir que ella le dijo a Abraham acerca de esto, porque ella debió haberle dado justificación para exigirle que tomara tan cruel acción contra Ishmael.
Aquí debemos recordar que el Eterno le dio a Abraham el mandamiento de la circuncisión. Este acto quirúrgico, practicado en el miembro viril de los varones descendientes de Abraham, así como toda su casa, esclavos nacidos en el hogar y los comprados de forasteros, tenía la intención de servir como una marca del pacto entre Yahvéh y los hijos de Abraham y los que se unían a ellos. La circuncisión tenía la intención de distinguir de la manera más clara posible entre la descendencia de Abraham y los miembros de otras culturas. La distinción, simbolizada por la eliminación de la carne del prepucio, significaba observar costumbres sexuales diferentes.
El hijo de Abraham Ishmael fue circuncidado a la edad de trece años (Gén. 17:25). Como hijo de Abraham, su conducta sexual tenía que ser completamente diferente de la de los cananeos, sin embargo, Sara lo vio metzajek. Si esta palabra se toma como un eufemismo por un comportamiento sexual inaceptable, podríamos decir que Sara lo vio cometiendo una ofensa muy seria. Ishmael no había cumplido con las reglas de comportamiento que se esperaban de la descendencia de Abraham. A lo mejor Sara le dijo a Abraham lo que había visto e inmediatamente le exigió desterrar a la esclava y su hijo. En la cosmovisión profética de Sara, Ishmael, por su conducta sexual ilícita, había decidido dejar de ser el hijo de Abraham, y ser únicamente sólo “el hijo de esa esclava”.
Sara dijo que Agar e Ishmael debían ser echados. Este mismo verbo, garásh (echar, expulsar, enviar a otra dimensión), se utilizó para describir el momento en que Adam fue expulsado del Gan Edén (3:24), y cuando Caín fue expulsado de la presencia de Yahvéh(4:14). Por lo tanto, lo que había ocurrido en esta familia era algo muy serio que no permitía la benevolencia y el perdón.

Abraham era un hombre amable y generoso; sin embargo, este asunto angustió mucho a Abraham porque se trataba de (Ismael) su propio hijo (21:11). Abraham se enfrentó a una doble tragedia. Su hijo primogénito había cometido un terrible pecado, y además su esposa había pedido que le diera a Ishmael el castigo más severo que se conoce entre los pueblos del antiguo Cercano Oriente: despojar a un hijo de su condición filial y de su herencia. Mientras pasaba por esta terrible situación. Fue entonces cuando Yahvéh se le apareció a Abraham y lo consoló instruyéndolo en lo que debía hacer.
Yahvéh dijo:
“…no te angusties por el muchacho ni por la esclava.
Dijo además:
Hazle caso a Sara, porque tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.”
(Génesis 21:12)
En todas las épocas el mensaje de nuestro Abba a su pueblo ha sido:
“No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí.”
(Juan 14:1 – BTX)
Sin lugar a duda, la presencia de Ishmael en la casa habría hecho extremadamente difícil que se cumplan los propósitos de Yahvéh para Isaac. No había ninguna duda al respecto, Ishmael tenía que irse. Ser discípulo implica siempre soportar el rigor de la disciplina, ya que esta es siempre necesaria para la bendición espiritual. Yahvéh estaba tomando los hilos enredados de la vida de Abraham, tejiéndolos en Su propio patrón divino, y guiando todo para bien del propósito eterno: el Mesías entre los hombres.
¡Maravillosa dicha tenemos al confiar en “la profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios” (Romanos 11:33)!
El espíritu de Sodoma peregrinando hasta Roma
Por P.A. David Nesher
«Y llamaron a Lot, y le dijeron:
(Bereshit/Génesis 19:5)
¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos.
Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí, y dijo:
Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.«
El mismo Yahvéh, en su visita a Abraham avinu, decidió contarle al patriarca, el otro propósito de su venida: el final inminente de las ciudades de la llanura, y esto por dos razones; porque Abraham era el heredero de la promesa, y porque «mandaría a sus hijos y a su casa después de sí, y guardarán el camino de Yahvéh, para hacer justicia, y juicio«. Justamente por estas últimas palabras, se discierne que el final de Sodoma y sus ciudades aliadas (Gomorra, Admá, Soar y Zeboim — cf. Oseas 11: 8). fue comunicado al patriarca para que sirviera de advertencia a los hijos de Israel. Por lo tanto, no se debe considerar como un juicio aislado; sino que la escena de desolación que ocuparía para siempre los lugares de las ciudades de la llanura, también para siempre mostraría a Israel las consecuencias del pecado, y serviría para ellos como una figura del juicio futuro.
Recordemos que Moshé no está escribiendo el Bereshit como un simple historiador sagrado, sino más bien como un profeta. Por lo tanto, su principal propósito al narrarnos los hechos históricos es ponernos ante los ojos los atributos divinos. El vicio de Sodoma, pecado contra la naturaleza, es denunciado como una práctica que era comúnmente aceptada tanto en esta Pentápolis (cinco ciudades) como lo era en otros pueblos orientales. Documentación histórica demuestran que este espíritu de profanación de la sexualidad estaba extendida de varias maneras por Fenicia, Siria, Frigia, Asiria y Babilonia. Astarot (o Astarté) será la divinidad femenina que programará desde sus ritos esta cultura en la mente de los habitantes de estas regiones. Desde estos puntos geográficos se propagó a los griegos, y desde la influencia cultural de estos terminará estableciéndose en Roma. Cabe aquí señalar que en las religiones de estos pueblos, la sodomía, tanto como la fornicación, formaba parte del culto.
Las Sagradas Escrituras muchas veces nos hablan de «los perros«, traducida de la expresión hebrea «keleb» (Deut. 23:17-18; Apoc. 22:15), refiriéndose despectivamente a los varones que se dedicaban a la prostitución. Esta perversión llegaba en dichos pueblos a tal extremo que se señalaba a sus adeptos como kadeshim (los sagrados), lo cual alude netamente a sodomía consagrada al propósito espiritual porque se consideraban a este estilo de sexualidad como los más sagrado que conseguía experimentar la virilidad humana, y por ello, siempre estaban vinculados a algún santuario idolátrico, y no necesariamente cobraban por su servicio.
Estos testimonios culturales nos muestran que Israel nunca estuvo exento de este vicio, y a condenarlo se dirige el relato del Juicio a Sodoma y Gomorra, y el resto de las ciudades de la Pentápolis.
Leyendo los libros históricos de la TaNaK (en el cristianismo: Antiguo Testamento) notamos que en muchas ocasiones, los israelitas se contaminaron con tales prácticas (1 Ry 14:24; 15.12; Job 36:14) llegando a su existencia en ciertas épocas idolátricas del pueblo israelita. Pero, a pesar de tanto alejamiento de Yahvéh en los días de los reyes de la TaNaK, hubo unos cuantos de estos soberanos que pusieron manos a la obra y limpiaron al país de semejante degeneración. Por ejemplo leemos acerca del rey Asa:
“Asa hizo lo recto ante los ojos de Yahvéh, como David su padre. Porque quitó del país a los sodomitas, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho”
(1 Reyes 15:11, 12)
No sabemos qué hizo él con los sodomitas, pero nos basta la expresión “quitó del país a los sodomitas”.
Así mismo hay otra expresión bíblica sobre la política regia de Josafat en referencia al sodomismo que dice:
“Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había quedado en el tiempo de su padre Asa”
(1 R. 22:46)
El rey Josías que fue un monarca recto que hizo la voluntad de YHVH y expulsó toda esta casta de sodomitas que tenían lugares de preeminencia en el mismísimo templo dedicado a YHVH, el Dios de Israel:
“Además, derribó las casas de los sodomitas que estaban en la casa de Yahvéh, en las cuales las mujeres tejían pabellones para Asera.”
(2 Reyes 23:7)
Los Escritos Mesiánicos (mal llamados por el cristianismo Nuevo Testamento) describen este principado sexual dominando con su pecado la mente de todos los súbditos del Imperio que gobernaba desde Roma. El apóstol Pablo enseñará en su epístola a los romanos (Ro. 1: 18-32), que esta praxis es una de las terribles consecuencias de la rebelión de la humanidad que, practicando la idolatría, se pondrá contra el señorío del Eterno y Su Instrucción (Torah):
“Por esa razón, Dios ha dejado que esa gente haga todo lo malo que quiera. Por ejemplo, entre ellos hay mujeres que no quieren tener relaciones sexuales con los hombres, sino con otras mujeres.Y también hay hombres que se comportan de la misma manera, pues no volvieron a tener relaciones sexuales con sus mujeres, sino que se dejaron dominar por sus deseos de tener relaciones con otros hombres. De este modo, hicieron cosas vergonzosas los unos con los otros, y ahora sufren en carne propia el castigo que se buscaron. Como no han querido tener en cuenta a Dios, Dios los ha dejado hacer todo lo malo que su mente inútil los lleva a hacer.”
(Romanos 1:26-28)
Es muy interesante considerar el hecho de que algunos de los practicantes de las religiones paganas que tenían estas prácticas en su vida, al convertirse al Evangelio del Reino que proclamaban los apóstoles habían abandonado dichos vicios profanos:
“No se dejen engañar. Ustedes bien saben que los que hacen lo malo no participarán en el reino de Dios. Me refiero a los que tienen relaciones sexuales prohibidas, a los que adoran a los ídolos, a los que son infieles en el matrimonio, a los afeminados, a los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, a los ladrones, a los que siempre quieren más de lo que tienen, a los borrachos, a los que hablan mal de los demás, y a los tramposos. Ninguno de ellos participará del reino de Dios.Y algunos de ustedes eran así. Pero Dios les perdonó esos pecados, los limpió y los hizo parte de su pueblo. Todo esto fue posible por el poder del Señor Jesús el Cristo, y del Espíritu de nuestro Dios.”
(1Corintios 6: 9-11)
Vemos en este pasaje la enumeración de los pecados comunes (vistos como normales) en la cosmovisión greco-romana de los días paulinos, que predominaban en los santuarios y templos de centros comerciales como Corintios y ciudades populosas semejantes. Es muy importante tener en cuenta que la mención de los pecados sexuales (fornicación, adulterio dos palabras para referirse a la homosexualidad: “los afeminados” y “los que se echan con varones”) están relacionadas con las prácticas idolátricas de los rituales paganos, lo cual naturalmente, intensificaba el peligro contra el cual el apóstol advierte a los discípulos corintios (Romanos 8: 13; Gálatas 5: 19-20; 1Timoteo 1: 9-10; Tito 1: 12).
La palabra griega malakós (μαλακός), traducida por “afeminado”, es un adjetivo que literalmente significa “suave” o “flexible”, pero en este texto, es usado como sustantivo y su significado es polémico. Sucede que este término griego también era usado para referirse a aspectos morales, donde “flexible” significaría «inestable moralmente«, así como disoluto, cobarde, perezoso, débil, inestable, fácil de influenciar al mal… Quizás por esta significación, esta expresión se usaba para señalar no solamente al varón con praxis lasciva, sino también a aquel que tiene adicción general a los pecados de la carne en lo sexual, y se deja manipular por las «modas» o «tendencias» sociales de la misma. La Biblia de Jerusalén (en su versión al inglés) traduce la palabra malakós como catamitas, es decir, aquellos jóvenes impúberes que eran tenidos como “mascotas” sexuales. Particularmente se refería a los efebos o varones jóvenes que tenían la costumbre de ofrecerse a varones mayores como sus “queridas”, vestidos con atavíos de mujer. En la antigua Roma, y a lo largo de su Imperio, se denominaba así a un acompañante joven, generalmente un esclavo, apartado para uso sexual.
Sin embargo, el apóstol comienza el v. 11 con las palabras: “Y esto erais algunos” (gr. “Kai tauta tines”), en donde el neutro “tauta” es despectivo, por lo que debería traducirse: “esta abominación erais algunos de vosotros”. En esta palabra, Pablo encontró el equivalente griego de la expresión hebrea “toevá” que aparece en la Torah en el libro de Vayikrá (Levítico):
“No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación”
(Levítico 18:22)
y también está escrito:
“Si alguno se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación; ciertamente han de morir. Su culpa de sangre sea sobre ellos”
(Levítico 20:13)
Existen varias razones para explicar por qué el término “tohevá” es el más adecuado para describir esta depravación moral y espiritual. Primeramente aceptaremos que su significado no es el que habitualmente se usa (como el de “algo muy desagradable”). El significado básico de “tohevá” (abominación) es ‘detestar’, ‘odiar’, ‘aborrecer’. Es decir, es lo que es odiado y detestado por el Eterno, y es por lo tanto, degradante y ofensivo al sentido moral. Desde estas significaciones básicas tohevá se referirá a todo aquello con «impureza ritual».
Pero la explicación que hace más comprensible esta palabra es entender a tohevá como un acróstico. Un acróstico es una composición poética o normal en la que las letras iniciales, medias o finales de cada verso u oración, leídas en sentido vertical, forman un vocablo o una locución. Para el caso de la expresión hebrea tohevá, el acróstico sería ‘Toe ata ba’ que traducido es: “tú te equivocas grandemente”. Es decir, que no se trata de una equivocación, sino de “LA” equivocación. Es la peor equivocación. Pueden darse muchas equivocaciones de todo tipo, pero este es un error gravoso en la comprensión misma de la esencia del ser humano. Porque claramente el versículo dice: “Y creó Dios al hombre (adam)… varón y mujer los creó” (Bereshit 1:27). Más adelante, el hagiógrafo recordará mejor esto al escribir: “varón y mujer los creó, y los bendijo y llamó su nombre Adam” (Bereshit 5:2). Sólo varón y mujer juntos se llaman Adam. Sólo varón y mujer juntos manifiestan plenamente la correcta imagen (tzelem) para lograr conformarse a la Semejanza (demut) divina.
Esa es la peor equivocación, y por ello es considerada la peor abominación de todas las relaciones sexuales prohibidas, más aún que la prostitución o las relaciones con animales.
Es un agravio a la naturaleza espiritual del ser humano en sí, es decir, de la plenitud del varón y la mujer juntos, trabajando por la unidad. Es una unión estéril, sin frutos, sin continuación, sin provecho.
Es la anulación de la dignidad humana, es borrar la vocación a la plenitud mesiánica que la humanidad tiene en el propósito eterno de Dios.
Por último, debo agregar que la palabra abominación (toevá), en un sentido amplio y puramente conceptual, esta directamente relacionada con la idolatría. Yahvéh quería prevenir a su Pueblo de las practicas idolátricas que las naciones y tribus circundantes llevaban a cabo mediante los cultos de fertilidad, donde la prostitución cúltica era practicada por varones y mujeres… «Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío. Y como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen;…» (Romanos 1: 26 – 28).
Considerando todo lo hasta aquí expuesto, les solicito que abran su espíritu al discernimiento espiritual y noten como cada vez que en las Sagradas Escrituras se reporta y denuncia la existencia y tolerancia de la sodomía en Israel, seguramente dicha práctica ésta acompañada de la idolatría. Leyendo entonces los lineamientos bíblicos con mayor profundidad entendemos que el Eterno denuncia los pecados de su pueblo, tales como la estafa, la explotación de los pobres, la injusticia social, la falta de imparcialidad por parte de los jueces, sacerdotes y reyes (líderes) que provienen de la decadencia que trae la idolatría como matriz de todo pecado parecido. Pero, en todos los casos, la maldad de los hombres termina con la sodomía como la praxis más baja de las tinieblas que han entenebrecidos las mentes rebeldes, a tal punto que dicha perversión termina ingresando en la casa de Dios.
Hoy, notamos que esta situación ha llegado al seno mismo de la denominada Iglesia cristiana. Así llamados “cristianos”, especialmente los jerarcas que los manipulan, en lugar de proclamar el Evangelio del Reino en el Yugo que ofrece el Mesías, pierden el tiempo reuniéndose en cónclaves para discutir el lugar que los sodomitas merecen en su medio. La única esperanza para detener la abominación de la sodomía es sin duda alguna generar una asamblea vigorosa y sana, desde un regreso a las sendas antiguas, es decir, al Camino que nuestro padre Abraham decidió transitar en la Instrucción (Torah) de Yahvéh. Pero, lamentablemente aquellos que pretenden representar a la “Iglesia de Cristo”, hacen día a día declaraciones desde sus dogmas ayornados a los lineamientos de del establishment reptiliano y su protocolo gay. De este modo tratan de evitar la menor condena de este horrible pecado.
Bitácoras Relacionadas:
Cuando Abraham trabajó como Abogado de Sodoma
Por P.A. David Nesher
“Y Avraham se acercó, y dijo:
(Génesis 18: 23, 32)
¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?…
No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.”
Transcurrida la primera etapa de esta aparición profética y culminando con la nueva del nacimiento de un hijo de Abraham y Saráh, los varones que Abraham avinu hospedó, giran y cambian de dirección y de función, apuntando hacia Sedom (Sodoma) y Amorá (Gomorra), que serán destruidas.
El Eterno, debido al Bein HaBetarim (traducido como Pacto de las Mitades) que estableció con Abraham avinu, consideró este su amigo así que no le ocultaría nada. Pero primero Él reforzó su promesa en Abraham de hacerle padre de una gran nación si él guardaba el camino revelado en Su Instrucción (Torah), y se la transmitía a sus generaciones (Gn. 18: 17-19).
Entendemos que Abraham amaba a Yahvéh, y la norma es que el que ama devela sus cosas ocultas a la persona a quien ama. Por ello el Eterno develará sus propósitos de juicio a Abraham en esta oportunidad.
Así pues, Yahvéh compartió con Abraham Su Intención de ir a supervisar a Sedom (Sodoma), Amorá (Gomorra) y las ciudades aliadas. El Eterno revela además su propósito de juicio contra dichas ciudades por la extrema pecaminosidad de sus habitantes.
Esta decisión del Altísimo de revelarle a su amigo Abraham lo que tenía pensado hacer es fundamental, ya que indica su fidelidad de hacer posible la comunión del ser humano con Su Presencia.
Abraham aparece aquí en toda su dimensión de profeta, compartiendo el conocimiento previo de la futura acción de Dios en cuanto a Sodoma y Gomorra se refiere. Desde este hecho en adelante, Yahvéh determina no hacer nada sin revelar a Su Pueblo, a través de sus profetas lo que Él ha de realizar en la historia humana (Amós 3: 7).
Desde aquí, y gracias a esta actitud virtuosa de Abraham, la nación de Israel (su descendencia) fue escogida como recipiente de la revelación de Dios y depositaria de las Sagradas Escrituras (Rom. 3: 1-2).
Interesante es destacar que antes de la ejecución del juicio, el Eterno decide comprobar personalmente la realidad del pecado, ofreciendo una último oportunidad a estas ciudades impenitentes. Pero el mensaje de vida antecede al mensaje de destrucción. Hay una esperanza todavía, pues “Abraham iba con ellos, para despedirlos«, expresión que en sus códigos hebreos da a entender que nuestro padre iba con ellos para empezar a introducirse en su nueva función de “padre de multitud de gentes” que también abarca, por supuesto, a los habitantes de las ciudades arriba mencionadas, aunque sean perversas.
Y entonces dice Yahvéh a Abraham:
» El clamor de Sodoma y Gomorra ciertamente es grande, y su pecado es sumamente grave. Descenderé ahora y veré si han hecho en todo conforme a su clamor, el cual ha llegado hasta mí; y si no, lo sabré.»(Génesis 18: 20-21)
Este versículo es objeto de una profunda controversia entre los exégetas tradicionales del TaNaK (llamado en la teología Antiguo Testamento), ya que el versículo aparentemente reflejaría una limitación de la Omnisciencia Divina, cosa que nuestra fe rechaza por completo.
El sabio médico y filósofo judío Maimónides lo resuelve diciendo:
“El Santo, Bendito Él conoce Su verdad, tal como ella es, y no la conoce por medio de un conocimiento externo a Él, como en nuestro caso.’ ya que nosotros y nuestro conocimiento no somos uno”
(Mishné Toráh — Libro del Conocimiento — Hilijot Iesodé Toráh Cap. II Halajáh 10).
El comentarista Abarbanel sostiene que cuando el verbo ירד — descender — es usado en el TaNaK referido a el Eterno, debe ser entendido en una de estas cuatro acepciones:
- Revelación de la Divinidad,
- La Providencia Divina manifestándose en una tierra que no es consagrada a Él.
- Cuando Yahvéh se relaciona con el ser humano a través de la profecía descendiendo el Verbo Divino hasta niveles de percepción humana.
- Cuando el Eterno desciende para retribuir al hombre por sus acciones, con Su justicia.
Lo común a estas cuatro acepciones es, en palabras de Maimónides, “…el descenso del Pensamiento Divino hasta el hombre finito y limitado.”
En el caso de Sodoma y Gomorra, Yahvéh desciende para retribuir a sus habitantes de acuerdo a sus acciones y Él no necesita “inquirir e investigar” aun cuando la Toráh habla en términos inteligibles para el ser humano.
Abraham es informado para que su corazón de intercesor pueda empezar a realizar la misión de mediación.
Abraham permaneció ante el Eterno mientras los dos ángeles seguían su camino. Entones nuestro padre comenzó a rogar por amor de cualquiera que fuese justo, y residiese en alguna de estas ciudades. Él le recordó a Yahvéh su carácter justo para juzgar con imparcialidad.
«Y Abraham se acercó, y dijo:
¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?»
(Génesis 18: 23)
Nos encontramos aquí con la primera oración de intercesión clara que nos ofrece las Sagradas Escrituras, pero al mismo tiempo es tal vez la oración de mayor confianza que un intercesor humano dirige a Dios en la historia de la intercesión.
Abraham estaba pensando en su sobrino Lot quien estaba viviendo en Sodoma. Abraham rogó al Eterno para salvar las ciudades por amor de cincuenta, cuarenta y cinco, cuarenta, treinta, veinte y diez personas justas. Yahvéh estaba agradado con la oración intercesora de Abraham y luego salvaría a Lot de la destrucción (19:29).
La palabra hebrea traducida como “se acercó” en hebreo es vayigash. Esta palabra es usada en tres sentidos:
- · Guerrear, (cf. 2 Samuel 10:13).
- · Humillarse, (cf. Génesis 44:18).
- · Interceder, (cf. 1 Reyes 18:36).
Con todas estas intenciones Avraham se acercó al Eterno. Por ello el intérprete Abarbanel dijo:
«Abraham se acerca para luchar y orar por los habitantes de las ciudades perversas».
Abraham deberá sobreponerse y vencer su propia resistencia en cada frase de su oración. El inicia sus palabras no menos de seis veces, cautelosamente, preparando el próximo paso. Si su oración va a ser rechazada, él no quiere exponerse a ello prematuramente, y él también sabrá detenerse en el momento correcto.
En los versículos 23-26 hay un desafío del Eterno, en los versículos 27-29 hay humillación y en los versículos 30-32 predomina la intercesión.
Abraham expresa dos ideas:
A) El justo, que seguramente debe existir en cada pueblo, no tiene que ser destruido junto con el impío. Esto es incompatible con la rectitud del Juez del Universo.
B) La existencia de un número determinado de hombres justos debe ser una razón para merecer la Misericordia Divina. Pero entiéndase bien, Abraham no intercede en favor de los impíos, como generalmente se cree. La justicia exige el castigo del culpable; así como la absolución del inocente.
Abraham empieza a hablar desde el sentido común y la razón. Ambos son dones que Yahvéh nos ha concedido para que los usemos. Él empieza a hablar a Yahvéh del mismo modo que hablaría un abogado ante un juez de la tierra.
Con palabras llenas de una gran valentía, Abraham plantea a Yahvéh la necesidad de evitar la justicia sumaria: si la ciudad es culpable, es justo condenar el crimen e infligir la pena, pero (afirma nuestro padre en la fe) sería injusto castigar de modo indiscriminado a todos los habitantes. Si en la ciudad hay justos, estos no pueden ser tratados como culpables. Yahvéh, que es un juez justo, no puede actuar así, dice Abraham, justamente, al Eterno Dios.
La opinión de los exégetas es que Abraham en un acto de osadía no entiende la Justicia Divina y la invoca con vehemencia. Pero su sorpresa será grande cuando como respuesta a este pedido de justicia, el Eterno contesta no sólo con justicia sino con misericordia:
“Entonces el Eterno dijo:
Si hallo en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a toda la región por consideración a ellos.” (versículo 26)
La expresión tzadikim, traducido aquí por justos, quiere decir que si son temerosos de Dios en público. Como dice el profeta:
“Deambulad por las calles de Ierushalaim y ved y conoced y buscad en sus calles; si habréis de encontrar hombre, si hay quien haga justicia, quien busca la fe, (entonces) Yo la perdonaré”
(Jeremías 5:1).
El hombre justo debe serlo especialmente en público. Los justos ocultos no salvan a la humanidad, según lo revelan las Sagradas Escrituras. Su influencia es beneficiosa cuando es ejercida. La ciudad que no permite a sus justos actuar en público y los obliga a una auto-reclusión no tiene derecho a ser salvada.
Deduzcamos, pues, que todo el ímpetu de la intervención de Abraham, si bien acompañado de reverencia y de profunda sumisión, terminará en el silencio de Abraham, y con sus argumentos de pedido de Justicia Divina, perdiendo significado ante la misericordiosa respuesta por parte del Eterno.
Después del silencio absoluto de Abraham y de la falta de recursos convincentes para sí mismo y sólo después de ésto, se interrumpe la revelación profética de Yahvéh para con él.
Qué grande y qué sublime la idea expresada por el pasuk (versículo):
“Y el Señor se fue tan pronto como acabó de hablar con Abraham; y Abraham volvió a su lugar.”
(vers. 33)
En palabras de Rashí leemos esta explicación:
“Una vez que se hubo sumido en silencio el defensor, el Juez se retiró.”
El Eterno hizo cambiar a Abraham en su cosmovisión. El patriarca sabia que el Eterno es Justo y que castiga el pecado, pero quizás dudó de su misericordia. Parece ser que Abraham estaba probando al Eterno para saber lo misericordioso que era. Aquella conversación con Yahvéh lo convenció que era a la vez perfectamente Justo y riquísimo en misericordia (Jesed y Guevurá en equilibrio).
Esto muestra que la oración intercesora es el medio por el cual el ser humano escogido por el Eterno puede comprender mejor la voluntad divina que siempre es buena, agradable y perfecta.
Ahora bien, la pregunta que surge es: ¿por qué permitió Yahvéh que Abraham cuestionara su justicia e intercediera por una ciudad malvada?
Bien, Abraham sabía que Yahvéh debía castigar el pecado, pero también conocía por experiencia propia que el Eterno es misericordioso con los pecadores. Yahvéh sabía que ni siquiera había diez hombre justo en la ciudad; sin embargo fue tan misericordioso, que envió a sus mensajeros para que los recibieran con hospitalidad, y además permitió que Abraham, su amigo, intercediera por estas ciudades. El Eterno no se goza en destruir a los malvados, pero sí o sí debe castigar las obras del pecado.
Una pregunta crucial: ¿Por qué Avraham no bajó más el número de su intercesión?
El texto en sí no explica por qué Abraham se detuvo en diez.
Leyendo el Midrash me encontré con la explicación de que, como el Eterno no salvó la generación del diluvio por causa de ocho personas justas, no valdría la pena intentar bajar más.
Lo cierto es que en las Sagradas Escrituras el número diez representa la totalidad. En el primer capítulo del libro de Bereshit (Génesis) aparece la frase “dijo Dios” repetida diez veces, en relación con la creación de todo. Diez justos representarían toda la ciudad de Sedom. Diez mandamientos representan toda la Torah. Diez espías representaban todo el pueblo en su actitud negativa e incrédula. El diezmo representa todos los ingresos etc.
En la cultura hebrea se necesita diez varones justos que amen la Torah para poder constituir un minyán, es decir, número que indica un núcleo comunitario mínimo para una asamblea legal representativa para todo Israel. Es el quórum necesario, tanto para la oración en la sinagoga, como para ciertos trámites legales. En esta tierra diez justos se considera el número necesario para contar con el respaldo de Yahvéh. De todas maneras, se trata de un número escaso, una pequeña partícula de bien para salvar un gran mal. Pero ni siquiera diez justos se encontraban en Sodoma y Gomorra, y las ciudades fueron destruidas.
La oración intercesora de Abraham servirá para finalmente demostrar que esta destrucción es necesaria. La oración intercesora de Abraham ha revelado la voluntad salvífica de Yahvéh. El Señor siempre estuvo dispuesto a perdonar, deseaba hacerlo, pero las ciudades estaban neciamente encerradas en un mal total y paralizante. Ellas ni siquiera valoraron la presencia de unos pocos justos residiendo en medio de ellas, de los cuales se lograría la transformación del mal en bien. Porque es este precisamente el camino de salvación que también Abraham pedía: ser salvados no quiere decir simplemente escapar del castigo, sino ser liberados del mal que hay en nosotros. En el propósito eterno de Dios, no es el castigo el que debe ser eliminado, sino el pecado. Es necesario acabar con ese rechazo al Eterno y Su Torah (Instrucción de amor perfecto), que ya lleva en sí mismo el castigo. Con el tiempo, el profeta Jeremías dirá al pueblo rebelde:
«En tu maldad encontrarás el castigo, tu propia apostasía te escarmentará. Aprende que es amargo y doloroso abandonar al Señor, tu Dios»
(Jeremías2: 19)
Los justos son necesarios dentro de las ciudades. Por ello, es que Abraham repite continuamente: «…quizás allí se encuentren…». Ese «allí» es dentro de la realidad enferma donde tiene que estar ese germen de justicia que puede sanar y devolver la vida y el bien a un territorio.
Son palabras que hoy también nos hablan a cada uno de nosotros. Nuestro Abba necesita que en nuestras ciudades post-modernas haya un germen de justicia mesiánica; Él anhela que sus hijos primogénitos hagan todo lo necesario para que no sean sólo diez justos.
Abba nuestro desea realmente que nuestras ciudades vivan y se salven de esta amargura interior que late en el corazón de sus masas, y que en las Sagradas Escrituras se denomina ausencia de Dios. De esta tristeza y amargura quiere Yahvéh salvar al ser humano, liberándolo del pecado. Por eso, es necesaria una transformación desde el interior, un inicio desde el cual partir para transformar el mal en bien, el temor paralizante en amor perfecto, la venganza en perdón.
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¡Para Enamorarse Bien Hay que Venir al Sur!
Por P.A. David Nesher
“Y viajó Abraham yendo y viajando hacia el Neguev.”
(Génesis 12: 9)
Viajar hacia el Sur, una expresión digna de ser decodificada. Cuando bajamos desde el norte hacia el Sur como Abraham, ¿cómo describe esto la Torah? ¿qué sucede cuando viajamos hacia el sur? ¿qué significado tiene para nosotros?
Es claro que Moshé, al escribir este relato, quiere presentar la marcha de Abram como una prueba paradigmática de una gran fe. Nuestro patriarca, en medio de la incertidumbre absoluta, se pone en el Camino trazado por el llamado y las promesas del Eterno, para averiguar una vez alcanzada la meta, que esa marcha hacia lo desconocido era en verdad un movimiento espiritual al encuentro de un bien salvífico más elevado que terminaría redimiendo a las generaciones de los milenios venideros (v.7).
Para gozar de más libertad, Avram prosiguió su camino hacia el mediodía de la Tierra Prometida, que se hallaba menos poblado, el Negueb ( que significa «región seca» o «región de sequedad«), una región semidesértica, que se extiende desde Gaza y llega hasta Cades.
Todo esto es revelado respecto a las fronteras de la tierra de Israel, yendo de norte a sur. Cada vez que se realiza esta trayectoria, la expresión en la Torah para describirla es “y bajó el límite”. La idea revelada en los códigos hebreos de este pasuk (versículo) es la tarea que tiene un escogido de retirar las fronteras. En este sistema reptiliano existen fronteras que separan a las personas; este fulano es así, el otro es de otra manera, este mengano pertenece a esta creencia o a esta religión, este otro pertenece a otra creencia u otra religión; uno tiene cierta costumbre, otro tiene otra costumbre; este ser humano es más religioso, este otro es menos religioso. Incluso, y lamentablemente, estas fronteras, están entre hermanos y familiares cercanos. Existe el más exitoso, el más pudiente, el más aplicado, el más exitoso, el más espiritual, y estas son fronteras que no solamente demarcan separación, sino que inducen a la construcción de murallas por medio de los perjuicios, que terminan acabando con los vínculos de amor que los seres humanos necesitamos para promocionarnos a mejores niveles del propósito eterno.
Abram comienza yendo al sur. Luego, más al sur,… y aún más. Al hacer este «Camino» eliminando estas fronteras existentes en su interior, y en la interioridad de los otros. De este modo, su viaje se destacará en tarea altruista que llevando la divinidad y su cualidades de Luz permitirá la unificación de las almas.
Hay dos atributos del alma humana redimida que permiten la eliminación de las fronteras. Uno de ellos es el amor, y el otro atributo es la alegría.
Si el escogido del Eterno está muy alegre, todas las fronteras humanas existentes en su entorno también se caen, se anulan y/o desaparecen.
Si a esto se le suma también mucho amor entre las personas las diferencias son vencidas, y las faltas cubiertas (1Pedro 4:8). Si yo te amo y tú me amas, y no importa lo que tengas o carezcas, nada importa, si hay amor todas las fronteras se anulan. Y esto es exactamente lo que quiere Yahvéh.
¿Qué sucede en la Torah cuando Abraham sigue bajando y anulando fronteras?
Dice el texto:
“Y Abraham bajo a Egipto».
Es decir, Avram eliminó tantas fronteras que llegó a colocarse frente a la frontera más grande: Mitzrayim (Egipto).
Sabemos que cuando las Sagradas Escrituras hacen referencia a Egipto no es un código que describe simplemente un país para nosotros, sino que es el nivel de estrechez y/o límite que alcanza el alma humana. Avram fue tan capaz de eliminar las fronteras del Neguev (vínculos en sequía), que aún el nivel o la frontera más grande que es la estrechez de su alma y las limitaciones de su mente, no pudo resistir el obrar de la divinidad en su vida. Es así como logrará recibir la acción de la Divinidad logrando una conexión total con el Creador, por lo que fue llamado «amigo de Dios» (Isaías 42: 8; Sant. 2:23) convirtiéndose así en el padre de los que tienen fe.
Entonces, con nosotros, los del linaje de Abraham por la fe en el Mesías (Gálatas 3: 29), sucede exactamente lo que experimentó nuestro padre. Se eliminan las fronteras hasta el máximo necesario. Nuestra mente se eleva a la consciencia de que es correcto eliminarlas, y por ende caminamos diariamente eliminando las fronteras, buscando la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12: 14). Así, en el esfuerzo de acabar con la sequía vincular con nuestro prójimo, seguimos bajando aún más, y logramos llegar a la frontera más grande, la más asfixiante del alma: Mitzrayim (Egipto), que significa “zona que me limita con pensamientos de estrechez”.
Así, cuando alcanzamos con nuestro peregrinar diario la profundidad del sur, que es la profundidad del amor y la alegría que se encuentra en forma infinita en todo hebreo, nos manifestamos como amigos del Señor, que anhelan acercar a todo el mundo para servir al Eterno hombro con hombro, pero de la forma correcta, es decir, en obediencia a Su Instrucción (Torah).
Anhelo que, después de entender este secreto de la misión de fe que tenemos, podamos hoy eliminar las fronteras, entre nuestros amigos, familiares, compañeros y demás personas de nuestro entorno. Y que lleguemos a eliminar la frontera más grande, la de nuestra estrechez y limitaciones del alma que es Mitzraim pues de esa manera podemos hacer la transformación de la realidad que queremos vivir, cada día más cercana y fuerte, teniendo el principio del amor perfecto y alegría como fuente de ello.
Bendiciones en la Luz Infinita…
Lej Lejá!… Una Vocación y Tres Partidas (El llamado de Abraham)
Por P.A. David Nesher
“Y Yahvéh dijo a Avram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”
(Bereshit/Génesis 12:1-3)
Comenzaré esta bitácora recordándoles a todos los lectores de mi Blog que la Torah no nos sirve únicamente como un conjunto de cinco rollos llenos meros hechos históricos. Es un libro que nos enseña cómo vivir nuestras vidas, y así sumarle a la humanidad un poder transformador que beneficia los hechos históricos actuales, y en esto consiste nuestra enseñanza de hoy.
Por eso, quiero invitarlos a meditar en la esencia del llamado supremo del Altísimo: Lej Lejá!
Con esta vocación de Abraham empieza la historia israelita. El autor sagrado da a entender con el relato de la confusión de las lenguas en Babel, que la humanidad en su mayoría seguía alejándose del Eterno a pesar de la catástrofe del diluvio, y por eso Yahvéh se reserva una porción fiel, que se ala mantenedora del fuego sagrado de la fe que otorga Su Instrucción (Torah) y el vínculo de transmisión de sus revelaciones en orden a la salvación de la misma humanidad descarriada. Así da orden a Avram (Abram) de abandonar su parentela y encaminarse a una región nueva aislándose del ambiente idólatra de su familia y de los lazos de sangre, que podían crearle dificultades en su nueva vida con misión profética. El patriarca es desafiado a abandonar su pasado pagano y emigrar a la tierra que Yahvéh ha escogido para él.
Ahora bien, cuando leemos el discurso del diácono Esteban en el libro de los Hechos de los apóstoles nos encontramos con el curioso dato que Yahvéh, nuestro Dios, ya se había aparecido a Avram en Ur-Kasdim (Ur de los caldeo), dándole esta vocación:
“El Dios de gloria apareció a nuestro padre Avraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Jarán, y le dijo: «SAL DE TU TIERRA Y DE TU PARENTELA, Y VE A LA TIERRA QUE YO TE MOSTRARE.» Entonces él salió de la tierra de los caldeos y se radicó en Jarán. Y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora vosotros habitáis.”
(Hechos 7:2-4)
Esto nos enseña que Avram ya había recibido este llamado en el país donde nació. Por lo tanto, podemos entender que el llamado a Avram en Jarán es más bien una repetición divina del aquel que había recibido ya estando en Ur, antes de que su padre tomara la decisión de salir de dicha ciudad, y terminar sus días en Jarán. Lo cierto y claro de este asunto es que este llamado del Eterno a Abram, la iniciativa no es del hombre, sino de Yahvéh, que lo eligió. Al darle su sí a Dios, Abram se lanza por fe (emuná) a un peregrinaje hacia un mundo mejor hecho por Yahvéh.
Yahvéh es el sujeto de la primera palabra que desencadena una acción, al comienzo mismo de la frase primera y por ende de toda la subsiguiente historia de la salvación. Este discurso de Yahvéh comienza exigiendo una ruptura total de todas las raíces naturales. La vinculación más amplia, la del país, es citada en primer lugar, vienen luego, reduciéndose paulatinamente, las de sippe, es decir, la parentela en sentido amplio, más la familia en sentido estricto. Esto tres conceptos indican que el Eterno sabe muy cuan cuán difíciles son tales separaciones; Avram tiene que dejarlo todo, pura y simplemente, y confiarse de la guía del Altísimo.
El secreto oculto de esta porción está en el movimiento, salir de la inercia y de la pereza, que imposibilitan que el propósito eterno de Dios se manifieste. Por eso, la interpretación más conocida de este pasúk (versículo), es “Ve hacia ti” o «Vete por ti«. Abram debe ir hacia el mismo. Encaminarse a su interior. Él debe buscar respuestas, y encontrar lo que no tuvo en la casa de sus padres, ni recibió por la influencia de la cultura de su región. El Eterno le está diciendo: “asume el desafío, libérate de todo aquello que te mantiene atado, y accede a un nivel espiritual superior».
A partir de las ideas que están ocultas en este versículo podemos aprender una regla fundamental para vivir una vida de fe. Las letras de Lej lejá forman también la palabra hebrea lijluj que significa suciedad. Con esto Yahvéh quiso insinuarle nuestro padre en la fe que el lugar en el cual se había criado estaba lleno de suciedad y de placeres mundanos. Estos placeres son suciedad para el alma humana y lo obstaculizaban a Abram en su camino hacia Eretz Israel, porque en ella hay luz (or). Como está escrito: “a la tierra que Yo te mostraré”. La expresión “Te mostraré” en hebreo está escrito “ereka”, que contiene las letras alef y reish, al igual que la palabra or (luz). Es decir que en la palabra “ereka” («te mostraré») está insinuada la luz de la Torah que hay en Eretz Israel. Cuando la persona está desconectada de todos los placeres de este mundo, que son equivalentes a la suciedad que hay en una casa, entonces puede recibir la luz de la Torah y de la Sagrada Tierra de Israel sobre la cual fue dicho: “Una tierra sobre la cual están permanentemente los ojos del Eterno, desde el principio del año hasta su fin” (Devarim/Deuteronomio 11:12). En ella hay todo lo que hace falta para completar la luz de la Torah.
Desde la consideración de estos códigos fundamentales de la vocación de Abram, surgen para nosotros los lineamientos que nos permiten realizar el mismo viaje espiritual que el Eterno le hizo vivir a nuestro padre. Notamos que Yahvéh le dice a Abram que, para ir a la tierra prometida, primero tiene que irse tres veces, es decir: irse de su tierra, irse del lugar de su nacimiento, e irse de la casa de su padre.
La Voz del Eterno llama a Abram y le exige que parta a otra tierra. Partir es también partirse. «Irse» hacia el ser de uno, hacia el ser más verdadero y profundo.
En pocas palabras esta vocación confronta. Hay que elegir, la rutina que se hace ignorancia y mediocridad o el Propósito Eterno de Dios que es aventura hacia la transformación que lleva a la Excelencia.
En el hebreo dice: “Vete de ti, para ti”, esto indica huye o exíliate de lo que hasta ahora eres. Para empezar a ser hay que irse. Pero este irse tiene que ver con exiliarse de si mismo. Huir de la comodidad y el conformismo de todos los días organizados. Vete de ti y para ti para empezar una nueva vida, una vida auténtica regida por los valores que te vienen de adentro y no de segunda mano.
Este “Vete de ti, para ti”. Vete para tu propio beneficio de propósito. Este llamado divino está indicando que estas tres huidas o tres abandonos que Yahvéh propone como diseño espiritual serían beneficiosos para Abram.
Veámoslo con nuestros espíritus bien abiertos:
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PRIMER IRSE: ¡Vete de tu tierra!
‘Eretz ‘ es la palabra hebrea para tierra, y esta palabra deriva etimológicamente de la raíz hebrea ‘ratzon‘, cuyo significado es: ‘voluntad y deseo‘. Así, «tu tierra» se traduce también como «tus deseos naturales«. De este modo lo que Yahvéh estaba diciendo a Abram es:
“¡Abandona tu voluntad, tus deseos personales, renuncia a ellos!”
Este es el primer paso que debe dar un creyente para poder entrar en la tierra prometida, la tierra de la bendición y de la prosperidad, la tierra donde todo es en abundancia. El mejor ejemplo de esto lo encontramos en la persona de Yeshúa, el Mesías:
‘Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la
voluntad del que me envió’.
(Juan 6:38)
‘Padre, si quieres, pasa de mi esta copa; pero no se haga mi voluntad,
sino la tuya’.
(Lucas 22:42)
Muchas veces nosotros, como seres humanos, debemos abandonar nuestra voluntad, y tal vez sea esto ante nuestros ojos un acto humillante, ya que es reconocer que siguiendo nuestra propia voluntad vamos camino a la derrota, pero abandonándola y siguiendo la de Nuestro Padre celestial, obtendremos el triunfo y éxito que tanto deseamos.
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SEGUNDO IRSE: ¡Vete de “Tu lugar natal”!
En hebreo la expresión es: ‘moladteja ‘.
Esta palabra se refiere a la influencia del hogar y la sociedad.
Con esto Yahvéh estaba diciendo a Abram que abandone sus ‘costumbres familiares‘, sus ‘tradiciones familiares’ las cuales eran paganas, que se vaya de lo que para la sociedad es bueno, y ponga sobre todas las cosas lo que Yahvéh estipula como mandato.
Hay costumbres que existen en nuestro país, o en nuestro pueblo que nosotros NO debemos de hacer, sino más bien guardarnos de hacerlas y con temor reverente debemos de hacer aquello que el Señor nos deja escrito en Su Instrucción (Torah). Hay ciertas fechas de conmemoración que no están de acuerdo a las celebraciones que Dios ha establecido en el diseño de su Palabra y Propósito.
“Porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada. Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo YHVH vuestro Dios”.
(Levítico. 19:27 y 30)
Pero no son solamente las costumbres de los pueblos o naciones, sino las que quizás hemos heredado de nuestros padres, como está escrito:
‘sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación…’
(1 Pedro 1:18, 19)
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TERCER IRSE: Vete de “La casa de tu padre”
Esta expresión se traduce del hebreo: “Y beit avíja”, y en su profundidad significa “El lugar de desarrollo de tu mente”. Se refiere al ser humano como un ser maduro y racional, forjando su marco mental, su carácter y comportamiento, con la trascendente objetividad del intelecto. El intelecto es llamado ‘padre’ porque de alguna manera es el progenitor de cada comportamiento del hombre, la autoridad de lo que se piensa.
Por último, Yahvéh le dice a Abram que abandone su ‘inteligencia babilónica‘, su forma de pensar de segunda mano.
El apóstol Pablo instará a los discípulos mesiánicos a realizar este “irse” escribiéndoles así:
‘renovaos en el espíritu de vuestra mente’.
(Efesios 4:23)
Esta escrito que, si cambiamos nuestra manera de pensar, cambiara nuestra manera de vivir (Rom. 12: 2), puesto que todo lo que somos y todo lo que hacemos y haremos, pende y depende de cómo sea nuestra manera de pensar.
El que piensa que es pobre vive como pobre, habla como pobre, mira como pobre; el que piensa que es feo vive como si lo fuera; y así todo depende de como nosotros pensamos.
Por tal razón el Eterno nos dice que no solo abandonemos nuestra voluntad para hacer la de Dios, no solo que abandonemos las costumbres de nuestros países, pueblos y familiares, sino que abandonemos también nuestra manera de pensar y adoptemos su manera ilimitada de pensar. Esta es la mente que Yeshúa, reveló que se puede desarrollar, y es la que los apóstoles exhortaban a los discípulos del Mesías a desarrollar también:
‘Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.‘
(1 Corintios 2:16)
‘Haya, pues, en vosotros esta manera de pensar que hubo también en Cristo Jesús’
(Filipenses 2:5)
‘Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos – dice el Señor’.
(Isaías 55:8)
En su viaje de descubrimiento y transformación, Avraham debe obviamente abandonar la «tierra, lugar natal y casa paterna» de su Mesopotamia nativa; debe obviamente rechazar la cultura pagana de Ur, y Jarán. Pero ésta no es la partida de la que hablamos en el versículo citado arriba. Pues Avraham recibió este llamado muchos años después de haber renunciado a las modalidades paganas de su familia y lugar de nacimiento, haber reconocido a Yahvéh, y ejercido un profundo impacto sobre su sociedad.
Con todo, se le dice: ¡Vete! (Lej lejá!) Parte de tu naturaleza, parte de tus hábitos, parte de tu ser racional. Después de rechazar tus orígenes negativos, idólatras, debes ahora también trascender tu pasado positivo y lucrativo, para dejar sitio a las buenas virtudes. a las midot tovot. Llega allende ti mismo, si bien un ser perfecto.
La perfección humana simplemente no basta. Pues cualquier cosa humana – incluso el objetivo y trascendente intelecto- es todavía parte de la realidad creada, siempre sujeta y definida por ella.
Sin embargo, Dios nos invita en esta primera ordenanza al primer varón de fe, a experimentar aquello que trasciende todo límite y definición: experimentarlo a El Mismo. Aquellos que consigan abandonar su propia voluntad para hacer la de Dios, sus costumbres mundanas para guardar las ordenanzas de Dios y su antigua manera de pensar, para pensar como Cristo Jesús, los tales entraran a Canaán, a la tierra prometida, a la tierra de la SOBREABUNDANCIA de DIOS.
Al meditar en esta vocación la conclusión surge fácil: ¡Dios pide!
Pero, ¿qué pide?
Simplemente un cambio, siempre un cambio; un esfuerzo de transformación en nuestra manera de pensar para así lograr un cambio en nuestra manera de vivir.
A continuación les comparto la Conferencia en la que expuse estos códigos lumínicos en Lima (Perú):
Noé y el Altar de la Ascensión Planetaria
Por P.A. David Nesher
«Y edificó Noé un altar a YHVH, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos en el altar. Y Yavéh percibió el aroma agradable, y dijo YHVH para sí:
(Bereshit/Génesis 8: 20 – 22)
Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud; nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho. Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán.«
Al meditar en el relato del Diluvio (en hebreo mabul) notamos que la era noájica que se abre en la historia de la Salvación, es diseñada con gran precisión y sutileza divina. Por eso, y para lograr entender el espíritu pedagógico de este texto es esencial saber que Moshé al escribirlo no habla de cosas remotas concerniente a la historia (prehistoria de la humanidad primitiva), sino que responde a cuestiones elementales y con importancia actual para la fe del Israel que en el desierto se capacitaba para conquistar la Tierra Prometida.
Entonces, Moshé, por medio de este relato, se propone conducir a los hebreos a considerar el Diluvio Universal como un castigo purificador de la humanidad, y ahora, se abre una etapa de una Nueva Humanidad de la que Noaj había de ser el nuevo padre.
Los hombres, por el pecado antes del Mabul (Diluvio), habían alterado sus relaciones con el Eterno, y ahora es preciso normalizarlas, una vez que la justicia divina se ha realizado. Justamente, el discurso que Yahvéh tiene en este primer culto post-diluviano presupone como dato una grave perturbación, una degeneración profunda de la creación que había salido “perfecta” de Sus manos. Violencia y muerte caracterizan la vida colectiva de las criaturas, el estado de paz entre ellas había desaparecido.
Esta porción escritural contiene las respuestas que Israel necesita, y que le permitirán una reflexión sobre el tesoro de su fe desde todos los ángulos, y de las conclusiones que de esta historia lograra extraer a lo largo de los siglos y de sus generaciones. La doctrina surgida de la meditación de este texto será digna para la vida de un Pueblo llamado a construir un reinado de sacerdote (Éx. 19: 6).
Por eso, el primer acto de Noaj después de salir del arca fue un ritual de invocación para adorar a Yahvéh través del sacrificio. La gratitud y la admiración de la grandeza de Dios lo llevo a adorarlo a fin de santificar Su Nombre. El Midrash cuenta que Noaj se vistió con las prendas Celestiales que el Eterno había hecho para Adam y que Noaj llevó al arca. Ataviado con estas preciosas prendas, ofreció cuatro sacrificios Oláh (ígneos) sobre un altar construido por sus propias manos:
«Y construyó Noé un altar a YHVH, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos sobre el altar.«
(Génesis 8: 20)
Este fue un principio correcto. Durante un lapso mayor de un año Yahvéh había permanecido en silencio, pero ahora, esta actitud de búsqueda de Noaj produjo agrado a su corazón.
¿Por qué la construcción de un altar y la ofrenda en él ofrecida produjeron respuesta por parte de Yahvéh?
Interesante resultará saber para nuestra búsqueda que esta es la primera mención en la Torah de la palabra altar. En este punto, el huerto del Edén ha sido destruido por el Diluvio. Por lo tanto, los seres humanos ya no contaban con la presencia visible Shekináh a quien podían traer su ofrenda. Así que Noé establece el modelo que finalmente se registra en el libro de Vayikrá (Levítico) y construye un altar.
La palabra hebrea usada aquí para altar es mizbeaj. La misma viene de la raíz zavaj que significa sacrificar. En la mentalidad de los antiguos el altar es una mesa donde se ofrece una “comida” al Eterno. El altar es un lugar de encuentro entre el hombre y Dios. (Ver: Altar: códigos del corazón humano sujeto al Eterno Dios)
Numerosos pasajes de las Sagradas Escrituras muestran que el altar es una elevación de tierra construida por el hombre, lo que explica que el profeta Ezequiel lo califique de “monte de Dios”.
El altar debía ser construido con piedras, pero su característica fundamental era la de ser un promontorio levantado por el hombre y dedicado por éste a Yahvéh. Tomar una simple piedra y ofrecer los sacrificios en ella hubiera significado, para el hombre permanecer al nivel de la naturaleza. En cambio, un altar fabricado por sus manos expresa su deseo de elevarse por encima del estado de naturaleza para alcanzar el nivel del ser humano libre que se consagra al Eterno a partir de aquella base natural.
Noaj tenía que construir ese altar. Tenía que hacer un esfuerzo para poder mostrar al Eterno su amor y sometimiento. Con esto, la Torah deja en claro que cada persona humana tiene la responsabilidad de edificar un altar al Eterno. Cada alma redimida debe constituirse alrededor de un lugar de encuentro íntimo, un sitio donde pueda relacionarse con Yahvéh, como Padre Celestial, por medio de un sacrificio costoso.
Noaj sabía que al levantar un altar a Yahvéh en la Tierra restaurada, como el antepasado de la humanidad futura, estaba haciendo del planeta un lugar dedicado al SEÑOR donde los hombres habrían de colocar sus piedras, las unas sobre las otras, hasta convertir la Tierra entera en una montaña sagrada, el Monte Santo de Dios, símbolo de que la Tierra, por medio del ser humano en propósito, se constituía en el Reino de Elohim.
Recordemos que Noaj era plenamente consciente de la tradición oral que Adam había dado acerca del sistema de culto que con el tiempo sería escrito por Moshé en el libro de Vayikrá (Levítico). Por lo tanto, su ofrenda no fue sólo aceptable porque se utilizaron animales y aves puros, sino también porque Noé ofreció holocaustos sobre ese altar (8:20b). Las ofrendas quemadas eran un acto de adoración voluntaria y expiatoria por el pecado no intencional en general. Ellas eran una expresión de la devoción, el compromiso y la entrega total al Señor.
El holocausto consiste en quemar todo el animal. El animal que es sacrificado sobre el altar representa al ser humano que lo ofrece. De esta manera el sacrificio de holocausto constituye una simbología de entrega total al Eterno. “Toda mi vida es tuya”, es lo que dice el ofertante por medio de su ofrena. «Todo lo que soy y todo lo que tengo te pertenece”, proclama el adorador a los cuatro vientos. “Mi vida no significa nada para mí mismo”, confiesa el que ama a Yahvéh. «Lo único que me importa es agradarte, Yahvéh”. Todo esto, se esconde en el mensaje de la ofrenda de ascensión (holocausto) cuando es ofrecido correctamente.
La palabra traducida aquí como holocausto es la palabra hebrea oláh, que viene de la raíz alá, que significa “subir”. Así que una traducción literal sería “ofrenda de ascensión”.
Una vida entregada totalmente para cumplir los propósitos del Eterno es como un sacrificio cuando sube como un “olor fragante” al Cielo. La expresión hebreo «olor agradable” designa un goce de tipo espiritual. En efecto, el olfato es, de todos los sentidos, el que proporciona las sensaciones más puras e inmateriales. La satisfacción espiritual que la ofrenda de Noaj proporcionó al Eterno se debía al concepto sustancial mismo de “sacrificio” u «holocausto«.
El aroma no vino de la carne quemada de un animal muerto. Nuestro Padre celestial no se deleita en el derramamiento de la sangre y la quema de la carne de un ser inocente. Lo que produce el aroma agradable es el corazón que está detrás de ese sacrificio. En este caso fue el corazón de Noaj. Él estaba dispuesto a sacrificar estos animales preciosos como representación de su propia devoción al Creador. Pero, al mismo tiempo estaba profetizando acerca del sacrificio del Cordero de Dios que iba a venir más adelante para quitar su pecado y los de todo el mundo.
Los animales sacrificados no expían el pecado, tal como el escritor de la epístola a los Hebreos lo expresa tan bellamente:
“es imposible que la sangre de toros y machos cabríos quite los pecados”
(Hebreos 10:4).
Sólo el Mesías, la Simiente de la Mujer, puede hacer eso. Así que antes de la venida del Mesías, los pecados de los creyentes del Tanak (Antiguo Pacto) se colocaron temporalmente a un lado cuando trajeron una ofrenda aceptable como lo hizo Abel.
¿Sobre qué base se puso su pecado a un lado? Fue su emunáh (fe). Cuando trajeron sus ofrendas demostraron su fe, sabiendo que sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). La razón por la que el aroma del animal quemado era grato al Señor, era porque representaba la fe. Y entonces «Yahvéh dijo en Su corazón» (Binah o Inteligencia Emocional):
“Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud; nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho. Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán.”
(Génesis 8:21-22)
Al repetir el Eterno las palabras “nunca más volveré” estas palabras se convierten en un juramento. Un juramento es parte de un pacto.
Esto era agradable para el Eterno y por eso pronunció un juramento, como también está escrito en:
“Porque esto es para mí como en los días de Noaj, cuando juré que las aguas de Noaj nunca más inundarían la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reprenderé.”
(Isaías 54:9)
Así que aquí se instituye un Pacto con el Cielo y la Tierra, tal como lo dejara explicado el profeta Jeremías en su oráculo:
“Así dice el Eterno:
«Si pudierais romper mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de modo que el día y la noche no vinieran a su tiempo…
Así dice el Eterno:
«Si no permanece mi pacto con el día y con la noche, y si no he establecido las leyes del cielo y de la tierra”
(Jeremías 33:20 y 25)
La expresión “Y Yahvéh dijo en Su corazón”, indica que se trataba de algo muy importante en que Él iba a comprometerse. Pero, tenía aspectos tanto negativos como positivos.
Negativamente, Yahvéh prometió esto:
aunque las intenciones del ser humano son perversas desde su juventud, nunca más volveré a maldecir la tierra por culpa suya. Tampoco volveré a destruir a todos los seres vivientes, como acabo de hacerlo (8:21b).
Esta es la manera del Señor para revelar que la humanidad tiene la naturaleza de pecado. Esto se convierte en la fuente de la doctrina de la inclinación al mal (Yetser Hará) que da origen al ego (falsa identidad del hombre). Esta doctrina enseña que todo ser humano nace con una inclinación al mal y una inclinación a lo bueno. Pero la inclinación al mal a menudo gana dominio sobre la inclinación al bien. Pero a pesar del hecho de que toda inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud, Yahvéh prometió que Él nunca más volvería a destruiría todo ser viviente, como lo había hecho con el Diluvio. Ya con este evento, el Eterno había enseñado a la humanidad que el pecado inevitablemente trae juicio. La destrucción de la humanidad cada tanta generación no serviría a ningún propósito útil.
Ahora positivamente, mientras la tierra exista, habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, y días y noches (8:22). En primer lugar, la siembra y la cosecha; en segundo lugar, el frío y el calor; en tercer lugar, el verano y el invierno; y en cuarto lugar, el día y la noche. Mientras exista la tierra, el ciclo de la vida continúa (8:22).
Esto es lo que Jeremías llama el pacto con el día y la noche (Jeremías 31:35-37, 33:17-26). Esto enseña que este juramento sólo se aplica siempre y cuando la Tierra exista, y el ser humano se asuma responsable de todo lo que en ella acontezca.
Bitácora Relacionada:
Querido lector y seguidor, te sugiero que te esfuerces y estudies esto:
El Código de Noaj: La Trampa Oculta en el Viñedo de la Autoprofanación
Por P.A. David Nesher
«Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam es el padre de Canaán. Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena toda la tierra. Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda. Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre.
Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven, y dijo: Maldito sea Canaán; Siervo de siervos será a sus hermanos. Dijo más: Bendito por Yahvéh mi Dios sea Sem, Y sea Canaán su siervo. Engrandezca Dios a Jafet, Y habite en las tiendas de Sem, Y sea Canaán su siervo. Y vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años. Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años; y murió.«
(Génesis 9.18-29)
De toda esta porción escritural, existe un versículo clave que exige nuestra máxima atención investigativa si anhelamos descodificar la embriaguez de Noaj y las dramáticas consecuencias que este acto desencadenó sobre la humanidad. Me refiero a Génesis 9:20:
“Y comenzó (Vaiajel) Noaj, el hombre de la tierra, y plantó un viñedo”.
Lograrás darte cuenta que tras el inmenso trauma del Mabul (Diluvio), Noaj y sus hijos emergieron del arca con la formidable misión de repoblar el planeta Tierra, estableciendo una nueva humanidad preñada de la esperanza mesiánica dada por el Eterno (ver Génesis 3:15). Sin embargo, resulta sumamente extraño que el patriarca decidiera que la forma más apropiada de inaugurar este nuevo asentamiento humano fuera, precisamente, plantando un viñedo.
Así, leído rápidamente y a simple vista, esto podría parecernos un detalle agrícola intrascendente. No obstante, el investigador agudo notará de inmediato que la Torah utiliza un término muy inusual para expresar que Noaj «comenzó» que en el hebreo original es vaiajel. Si el texto se refiriera a un mero inicio cronológico, la palabra hebrea más exacta y habitual habría sido vaiatjil. Ante esto, surge un interrogante hermenéutico insoslayable: ¿Qué nos está revelando realmente la Torah con esta elección léxica?
Como bien sabemos en nuestras aulas de estudio, el hebreo es el idioma matriz con el que el Eterno codificó la Creación y, por lo tanto, alberga múltiples dimensiones de significado oculto. El relato de la desgracia de Noaj inicia con un pasaje que, transliterado, resuena así:
«Vaiajel Noaj, Ish HaAdamá, Vaitá Carem«
Esta frase encierra una dualidad fascinante y puede traducirse de dos maneras:
- «Y Noaj comenzó a ser un hombre de la tierra, y plantó un viñedo.«
- «Y Noaj se profanó a sí mismo, [volviéndose]un hombre de la tierra y plantó un viñedo.«
Mientras la primera lectura es puramente descriptiva, la segunda nos sumerge en una profunda advertencia espiritual: ¿Qué significa exactamente «autoprofanarse»?
La raíz hebrea de la palabra vaiajel es jol, que se traduce directamente como «profano» o «mundano». Los sabios y comentaristas nos advierten que, a través de la mismísima acción de plantar este viñedo, Noaj degradó su estado de consciencia espiritual, profanándose a sí mismo e impactando catastróficamente en su matriz familiar y en las generaciones venideras.
Pero detengámonos un momento a meditar. Si bien es innegable que Noaj actuó de forma irresponsable al embriagarse, plantar un viñedo no constituye en sí mismo una transgresión moral. Entonces, ¿por qué la Torah decreta que la profanación ocurrió en el acto de plantar, y no simplemente en el de beber de manera inapropiada? Y no solo eso; un análisis fino del texto revela un orden específico: primero se profanó a sí mismo y, como consecuencia, plantó el viñedo.
¿Por qué la Torah hace esta afirmación?
La respuesta reside en una regla de oro que rige las dimensiones de la espiritualidad: «Todo va de acuerdo con la intención (kavaná) de quien realiza la acción». La acción material no es el determinante último; lo verdaderamente crucial es la motivación subyacente que la impulsa.
Entonces, en este caso de la vida de Noaj, lo importante es determinar cuál fue la intención que él tuvo al plantar el viñedo.
Debemos recordar que en las Sagradas Escrituras el vino posee un diseño dual. Por un lado, ostenta un propósito espiritual elevadísimo, siendo el elemento con el que santificamos el Nombre del Eterno en el sagrado ritual del Kiddush. Por el otro, acarrea un riesgo puramente carnal: el de la embriaguez irresponsable. En el Tanaj (Antiguo Testamento), el fruto de la vid es símbolo de gozo, vitalidad y prosperidad plena (Salmo 80:8-16; Isaías 5:1-7; Zacarías 8:12), pero advierte severamente sobre el letargo que produce su abuso (Proverbios 20:1; 23:29-35).
Lamentablemente, (y siendo más realista trágicamente), en la euforia de su nuevo comienzo, Noaj disoció ambos aspectos y no supo poner límites a su gozo. La expresión vaiajel (traducida «y profanó») nos indica que extrajo el vino del ámbito sagrado y lo arrojó a la esfera de lo mundano. De esa fractura espiritual brotó la corrupción que afectó irremediablemente su vida y su linaje.
Ahora podemos entender por qué está escrito que él se profanó a sí mismo incluso antes de plantar el viñedo, ya que como dijimos anteriormente, “Todo va de acuerdo a la intención del que realiza la acción”. En este caso, el posterior comportamiento inapropiado de Noaj al utilizar el vino para emborracharse fue sólo la manifestación física de su intención inicial, ya que, desde un comienzo, él había plantado el viñedo con intenciones básicamente materiales, y es por eso que la Torah dice que en el preciso instante en el que decidió plantar el viñedo, él ya se había profanado a sí mismo.
Entonces, el pasuk (versículo) nos entrega la clave de su intención al llamarlo «Ish HaAdamá» (el hombre de la tierra). Antes siquiera de hundir las semillas en el lodo, su mente ya operaba en frecuencias y términos puramente materiales. Ese título no es un halago agrícola; indica el descenso de su estado espiritual. El vergonzoso comportamiento posterior en su tienda fue tan solo la manifestación física de su kavaná inicial materialista. Noaj se comprometió más con lo físico que con su diseño celestial. Podemos aprender de acá que no sólo nuestras acciones importan, sino que debemos incluso preocuparnos de que cuando actuamos, nuestras intenciones deben ser siempre las apropiadas.
De esta manera la Torah está enseñando a todo integrante del Israel de Yahvéh, que el comienzo del descenso espiritual de un ser humano es el volverse mundano a través de las actividades diarias. Cuando los asuntos que en realidad son triviales se vuelven (a los ojos de la persona) las cuestiones más importantes en la vida, la persona se auto-profana, volviéndose un «Ish HaAdamá«, es decir «un ser humano de la tierra«. Aparece así una persona tan ocupada y preocupada por los asuntos terrenales y mundanos de la vida (familia, estudio, negocios, jefes, trabajo, academia, etc.), que se profana y se vuelve mundano él mismo. Entonces, según lo que relata la Torah, las desgracias más extrañas comienzan a ocurrir y el entorno se vuelve un perverso enemigo.
Para concluir tengo una pregunta: ¿Cómo nos salvamos de esta autoprofanación en medio de nuestra sociedad tan líquida y agotada?
Pues bien, el antídoto radica en la fijación innegociable de tiempos para el estudio y la meditación de la Torah, que es, en verdad, nuestra vida y la longitud de nuestros días. Son sus códigos lumínicos los que nos elevan por encima de nuestras propias limitaciones terrenales, conectándonos con Yahvéh a través de Su Hijo Yeshúa HaMashiaj, la Fuente suprema de todas las bendiciones espirituales.
Un Respetado Rabino reveló que Yeshúa es el Nombre del Mesías
Para comenzar les presento una nota hecha a mano por un rabino judío sefardí, en el 2005, un año antes de que aconteciera su partida de este mundo. En esta nota, desvelaba el que, en su opinión forjada desde una visión, era el nombre del Mesías. Este varón llegó a esta conclusión a partir de los profundos estudios que había llevado a la práctica a lo largo de su vida, siendo como era uno de los más respetados cabalistas.
“En cuanto a la abreviatura de la letra del nombre del Mesías, Él levantará a la gente y demostrar que Su Palabra y Su Ley son válidas. Esto lo he firmado en el mes de la misericordia.”
La frase: “Él levantará a la gente y demostrará que Su Palabra y Su Ley son válidas” es la traducción española de “Yarim Ha’Am Veyojiaj Shedvaro Vetorato Omdim”, lo que da el acróstico (al que tan aficionados son los cabalistas) “YHVSVO”, que a su vez, sugiere la palabra “Yehoshúa” o “Yeshúa”… es decir, Jesús.
Ni la nota ni ningún escrito o relato del rabino explicaba cómo había llegado a semejante conclusión, más allá de la revelación hecha por él mismo de que el 4 de enero de 2003 se había encontrado en persona con el Mesías, un prodigio que, por otro lado, le habrían profetizado ocurriría dos de sus maestros muchos años antes.
Imagino que a esta altura, muchos de ustedes vibrando en una ansiosa curiosidad, estarán anhelando que les diga quién es el autor de esta nota tan relevante para la Casa de Judá. Pues bien, estoy hablando del rabino Isaac Kaduri, (יצחק כדורי). Había nacido en Bagdad, capital de Irak, en una familia de judíos sefardíes. Fue hijo de un comerciante de especias, el Rabino Katchouri Diba ben Aziza. Fue un aventajado y por ende un muy destacado estudiante de la prestigiosa escuela de estudios judíos Porat Yosef Yeshiva. Dedicó su entera vida a la lectura y estudio de la literatura clásica judía, el Talmud, la Cábala. Tradujo con perfecta objetividad los más extraños manuscritos de la cultura hebrea. Dichos textos, mientras eran traducidos, los aprendía de memoria con su portentosa capacidad fotográfica, razón probable de que dejara tan escasa obra escrita. Logró dominar memorísticamente la Torah, El Zohar, el Talmud, a Rashí y otros escritos judíos.
Kaduri funda su propia escuela la Nachalat Isaac Yeshiva. De hecho, se trataba de uno de los rabinos más solicitados por políticos y creyentes que sufrían enfermedades, en busca del favor divino para recibir su bendición y obtener la anhelada sanación. Por todo esto, sus palabras eran muy respetadas por los judíos de Medio Oriente.
A la muerte del Rabino Efraim Hakoken en 1989, Kaduri es elegido máxima autoridad de la Cábala y su carisma raya tan alto que se le atribuirán profecías, exorcismos, milagros y curaciones. Todo lo cual no es óbice para que se conduzca en todo momento con austeridad y sobriedad notables.
Isaac Kaduri muere en Jerusalén el 28 de enero de 2006 con aproximadamente 103 años (ya que no se sabe a ciencia cierta cuando había nacido), a su funeral acudirán nada menos que trescientas mil personas, entre los cuales el entonces presidente de Israel, Moshe Katsav, el Gran Rabino sefardí Shlomo Amar y el ex ministro de Exteriores Silvan Shalom.
Durante la última década de su vida sus seguidores vieron y disfrutaron la enseñanza de un frágil Kaduri que no hablaba lo suficientemente fuerte como para ser escuchado. Por lo que sus hijos se encargaban de repetir lo que decía.
De hecho, Kaduri profetizó en su sinagoga en Yom Kippur o Día del Perdón, que el Mesías aparecería a Israel unos pocos años después de la muerte de Ariel Sharón. El militar y político falleció en enero de 2014. Interesantemente es agregar aquí que otros grandes rabinos también profetizaron lo mismo, el Rabí Haim Cohen, Rabi Nir Ben Artzi y la esposa del Rabí Haim Kneiveskzy.
En 2007, el periódico Israel Today informó que meses antes de morir, Yitzhak Kaduri, escribió el nombre del Mesías en una pequeña nota que solicitaba permaneciera cerrada hasta un año después de su muerte. Cuando la nota fue abierta, reveló lo que muchos han conocido durante siglos, el nombre del Mesías como «Yehoshúa o Yeshúa». Al parecer producto de una visión que tuvo cara a cara con el Mesías en 2003, quien le reveló su santo nombre.
Sabemos que Jesús es la transliteración castellana del nombre hebreo/arameo del Mesías Yeshúa/Yehoshua. El rabino cabalista describe su nombre usando seis palabras y dando a entender que en sus letras iniciales formaban el nombre del Mesías.
Yehoshúa en arameo y Yeshúa en hebreo son el mismo nombre, derivado de la misma raíz hebrea de la palabra «salvación» como se documenta en Zacarías 6:11 y Esdras 3:2. El mismo relato narrado en Esdras llama al hijo de Josadac «Yeshua (ישוע) [Jesúa]», mientras Zacarías lo llama «Yehoshúa (יהושוע) [Josúe] hijo de Jozadac».
Israel Today señaló que la noticia, como era de esperar, no fue bien recibida por la comunidad judía ultraortodoxa e incluso cuenta con su reprobación, procurando todo el tiempo que esto no sea nombrado entre los miembros de la Casa de Judá para quedar en el olvido. Por eso es que la revelación de Kadurí recibió tan escasa cobertura en los medios de comunicación israelíes.
En una entrevista con Israel Today, el rabino David Kaduri, el hijo de 80 años del rabino Yitzhak, confirmó que, en su último año de vida, su padre había hablado y soñado casi exclusivamente sobre el mesías y su regreso. «Mi padre había conocido al mesías en una visión, y nos dijo que vendría pronto».
Israel Today mostró los manuscritos del rabino, para uso exclusivo de sus alumnos. Lo más impactante fueron los símbolos parecidos a cruces utilizados por Kaduri en todas las páginas. En la tradición judía no se utilizan cruces, de hecho, incluso el uso de signos de suma o adición se desaconseja ya que podrían confundirse con cruces.
Pero allí estaban, manuscritas por el rabino, cuando se le preguntó por el significado de esos signos, el rabino David Kaduri dijo que eran «signos del ángel», presionándolo un poco más sobre este significado, dijo que no lo sabía. El rabino David Kaduri tan sólo explicó que únicamente su padre había tenido una relación espiritual con Dios y que había conocido al Mesías en sus sueños.
Los judíos ortodoxos que viven en las proximidades del Nahalat Yitzhak Yeshiva dijeron a Israel Today, una semana después del reportaje sobre la nota secreta del rabino Kaduri, que eso nunca debió haberse sabido y que ha dañado el nombre de un sabio anciano reverenciado.
¿Qué opinión te despierte esta noticia?
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«Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas.»
(Génesis 8:1)
Que sensación extraña provoca al lector sincero cunado llega a este versículo. Mientras Noaj y su familia se encontraban encerrados dentro del arca durante el diluvio; mientras las aguas prevalecían sobre la tierra y el arca era sacudida espantosamente de un lado para otro en medio de la tormenta,… Dios: ¿estaba distraído?… ¿se había olvidado de que en este planeta Él había enviado juicios?
Pues bien, para responder este planteo típico de todo lector, necesito considerar, una vez más, el famoso adagio italiano que dice “traduttore, traditore”. Esta expresión se traduce a nuestro idioma: “Toda traducción contiene una traición·. Esto siempre lo hago porque necesito que entendamos este proverbio italiano en el juego de palabras que es. El mismo está basado en el hecho de que traición y traducción tienen una raíz latina similar; forman parte de un conglomerado de ideas que incluye también la palabra tradición. Y es justamente esta última (la tradición) la que estamos obligados a juzgar, y hasta desechar si es necesario, de nuestra tarea interpretativa del texto sagrado.
Acerca del versículo mencionado (Genesis 8:1 «y se acordó Dios de Noe…»), debo decir que no está correctamente traducido, ya que en el original hebreo tenemos al adverbio ”et» que significa «a» y que aquí fue erróneamente traducido como «de». O sea, debemos decir que el Eterno recordó «a Noaj«, por lo que debemos entender que No es posible decir «Dios se acordó «de Noaj», por ser esa interpretación incorrecta.
Por lo tanto, la traducción correcta del versículo sería «y recordó Di-s a Noaj, a todos los animales silvestres, y a todos los animales domésticos que estaban con él en el arca».
Pues bien, el planteo no está aun completamente respondido ya que el problema lo sigue presentando la expresión se acordó. Entonces, para continuar la explicación, diré que, en hebreo, la palabra para recordar aquí utilizada es Zakar (Strong AT 2142). Este verbo expresa el recordar algo, evocarlo o traerlo constantemente a la mente para su propósito.
¿Qué es lo que Yahvéh recordó?
Insisto en que la expresión no quiere expresar que Dios se había olvidado de Noaj y todos los seres vivientes que estaban con él en el arca. Por lo que expliqué anteriormente, “Se acordó…” en el hebreo no es recordar en la mente o refrescar la memoria un hecho olvidado. Por el contrario, significa otorgar un cuidado amoroso sobre alguien para intervenir en su favor en el tiempo de propósito (hebreo: et).
Por lo tanto, la expresión en realidad describe que el Eterno recordó el pacto previo que había hecho con Noé. Esto lo mantuvo providencialmente sobre el arca y todos sus tripulantes, hasta encontrar las circunstancias propicias para otorgarles su promoción a nuevos comienzos.
El tiempo transcurrió, y el tiempo de propósito (et) del Eterno llegó. Ahora era su turno para activar las promesas que había hecho a Noaj, su familia y las criaturas del arca. El Eterno les anuncia que el cumplimiento de su promesa finalmente está al alcance de la mano. Él está a punto de actuar sobre su Palabra.
El sabio intérprete judío Rash’i explica, que el Eterno les recordó la buena conducta llena de fe y esperanza que mantuvieron antes del diluvio, y también en el arca.
Por eso, a continuación, ese mismo versículo revela el premio de Yahvéh para ellos por la conducta paciente y llena de esperanza que mantuvieron:
«…e hizo pasar Elohim viento sobre la tierra, y cesaron las aguas».
Al leer esto, viene a nuestra memoria lo que en Génesis cap. 1: verso 2 leemos: «El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». De igual manera, este capitulo rescata el mismo obrar restaurador del Eterno haciendo que soplara un fuerte viento sobre la tierra, y las aguas comenzaron a bajar (8:1).
Ahora, para poder continuar profundizando esta idea, les solicito que abran bien sus mentes y disciernan perfectamente lo que aquí se revela en todos los detalles del texto.
Primeramente, notamos el uso que hace el escritor (Moshé) de los temas de la creación que ha tocado en los capítulos 1 y 2, cuando retrocede el agua, aparece tierra seca y la vegetación crece. El texto aquí hace notar la benevolencia (jesed) y la disciplina rigurosa (guevurá) del el Eterno usan el viento para evaporar el agua, aunque podría haber logrado el mismo resultado con sólo hablar, tal como Él lo revela en el rollo de Isaías:
“Yo mando que se seque lo profundo del mar, y ordeno que se sequen sus corrientes.”
(Isaías 44:27)
De igual modo, vemos como durante una fuerte tormenta en el mar de Galilea, Jesús reprendió a los vientos y las olas, y se volvieron a completa calma. No pudieron reconocer quién era él; y los discípulos dijeron: «¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y las olas le obedecen?» (Mateo 8:23-27).
Es maravilloso notar el verdadero significado de la expresión Zakar, “se acordó”. Yahvéh actúa para hacer desaparecer la masa de agua de sobre la Tierra, no de manera estruendosa o rimbombante, sino más bien con su providencia. Utilizando los elementos de la naturaleza para restaurar el medio ambiente, gradual y lentamente. El viento evapora el agua, entonces el suelo lentamente absorbe y dispersa el agua, cerrando las fuentes principales de este elemento (especialmente el abismo) asegurándose el cese de todo juicio:
“Se cerraron las fuentes del mar profundo y las compuertas del cielo, y dejó de llover.” (8:2)
Una vez que se interrumpieron estas dos fuentes, poco a poco las aguas se fueron retirando de la tierra (8:3a). La palabra hebrea para retirar es shub (o shuv), lo que significa volverse a su lugar. Así se volvieron las aguas, tanto hacia abajo, como hacia arriba por medio de la evaporación (Salmo 104:6-9). El resultado fue que “… al cabo de ciento cincuenta días las aguas habían disminuido» (8:3b). Obviamente el agua no dejó de existir, sino que simplemente volvió a su antigua posición en los arroyos, ríos, lagos y océanos.
Esta es la primera vez que Yahvéh liberó a sus escogigos a través del agua: la próxima ocasión sería en el Mar Rojo (Éxodo Capitulo 14). Evidentemente, el rollo de Bereshit y sus historia fue escrito por Moshé con el objetivo de capacitar al Israel del desierto en su vocación sacerdotal. Este admirable líder pretendía que los hebreos apreciaran el mover del Eterno a través de la creación y sus circunstancia favoreciendo el cumplimiento de sus promesas hechas por medio de pactos.
Ante esto, y meditando el texto, entendemos que el mismo apunta a que el lector entienda que el “zakar” de Yahvéh tiene que ver con la sinergia de las acciones divinas y la humanas, ocurriendo en una complementación de fidelidad y espera paciente para llegar nuevamente a una restauración total de todas las cosas y así inaugurar la Nueva Humanidad.
Ahora, para comprender más profundamente este concepto de “se acordó Dios” (zakar) que encontramos en el texto, notemos la revelación escondida en la referencia escritural misma: capítulo ocho, versículo uno (8:1).
Ocho es el número de los nuevos comienzos. Uno es el número que habla de la naturaleza misma del Eterno (Deuter. 6: 4). Es evidente que el Eterno necesitaba que Noaj y su tripulación comprendieran que estaban ante el umbral de un nuevo comienzo que les permitiría ser los pioneros de una Nueva Humanidad que aprendería a aguardar con fe y esperanza la promesa del cumplimiento del Código Sagrado: la Simiente de la Mujer. Por eso, ellos debían aprender a vencer todo tipo de ansiedad, y contentarse con el proceso pedagógico del Eterno que acontece en cada circunstancia de la vida.
Las lluvias habían cesado y la tormenta había pasado. El arca tocó tierra de la cima del Monte Ararat y las aguas comenzaron a descender, mostrando finalmente que la esquina estaba allí y que podían alcanzar la promesa. Pero aún no pueden descender, hay que esperar un poco más en concordancia con la voluntad del Eterno.
Noaj, por su parte, se mantendrá con toda paciencia esperando y buscando una y otra vez las señales divinas (ocultas en cada situación) que comprueben el avance de la restauración que el Eterno le estaba encomendado.
Entonces, después de cuarenta días más, Noaj abrió la ventana y envió un cuervo y una paloma (Génesis 8:6-8). El cuervo iba y venía como quería, pero la paloma volvió al arca porque no había otro lugar donde descansar sus pies. Esto le decía a Noaj que no era el tiempo para dejar la seguridad del arca. Él pudo interpretar dichas señales inteligentemente pero nunca actuando de por sí, sino más bien sumiso a la indicación del Eterno.
De ese modo, sabia y pacientemente, Noaj esperó siete días más antes de enviar a la paloma por segunda vez (verso 10). Esta vez el ave regresó con una rama de olivo fresco en su pico, señalando que el portal de una nueva vida estaba mucho más cerca. Sin embargo, Noaj esperó otros siete días antes de enviar a la paloma por tercera vez (verso 12), pero esta vez la paloma no volvió; aun así, Noaj esperó hasta oír al Eterno hablándole para recibir la orden de abandonar el arca (verso 15). La paloma y el cuervo tienen un significado importante. Si seguimos el ejemplo del cuervo, volaremos en círculos, sin encontrar descanso para nuestra alma cansada. Sin embargo, la paloma, un símbolo del mover suave y pautado del Espíritu de Yahvéh, nos guiará hacia toda verdad mientras esperamos en Él (cf. Juan 16:13.)
Amado discípulo de Yeshúa, es muy frecuente encontrarnos en situaciones en las cuales sentimos como si estuviéramos “estancados dentro de nuestra arca”. Pues bien, debes aceptar que realmente es Yahvéh, nuestro Abba kadosh, quien nos está guardando para protegernos de algo.
Entiendo que el problema que se levanta durante el proceso de espera es que nuestras mentes comienzan a vagar y se ve tentada a cruzar la puerta de la duda para meterse en la zona de la incredulidad. Podemos decepcionarnos mientras esperamos una y otra vez, como si Dios nunca fuera a actuar. Incluso comenzamos a preguntarnos si lo oímos correctamente. Aún si somos hijos primogénitos entendidos en los tiempos, no quiere decir que seamos inmunes a las estrategias del adversario (HaSatán). Quizá no nos demos cuenta, pero es en esos tiempos donde somos más vulnerables que la serpiente susurra a nuestro corazón: “¿Con que Dios dijo…?” (Génesis 3:1b).
Yo te aconsejo que te aferres a estos dos pasajes:
“Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!”
(Salmo 46:10)
“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros”
(Isaías 49:15)
Ten siempre presente que, en verdad, el Eterno siempre recuerda, y está siempre trabajando para completar su destino de propósito en nuestra vida.
¡Anhelo que verdaderamente seas fortalecido!
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Una Genealogía con Códigos de Esperanza Salvífica.
Por P.A. David Nesher
“Éste es el libro de los descendientes de Adam. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.Hombre y mujer los creó; y los bendijo, y les puso por nombre Adam el día en que fueron creados. Cuando Adam había vivido ciento treinta años, engendró un hijo en su semejanza, conforme a su imagen, y le puso por nombre Shet.”
(Génesis5: 1-3)
«Les puso por nombre Adam» es una expresión que puede también ser traducida: «Y los llamó la Humanidad…» Como podemos asumir desde este dato, La palabra adam significa “ser humano” o»humanidad«, y no necesariamente ser humano varón. El nombre Adam, está estrechamente relacionado con las palabras hebreas adam, que significa “rojizo”, adamá, que significa “tierra” y dam, que significa “sangre”.
Teniendo en cuenta toda esta significación, logramos comprender que cuando el Mesías Yeshúa es llamado Hijo del Hombre, en hebreo “Ben Adam”, significa que está tomado de la tierra y tiene carne y sangre por ser un descendiente físico del primer hombre Adam. El Hijo del Hombre es un ser terrenal, pero que tiene su origen en el cielo, (cf. 1 Corintios 15:47). Ahora bien, este capítulo está presente en el rollo de Bereshit con un propósito mucho mayor que simplemente ofrecernos nombres de varones superlongevos. El texto está plagados de códigos lumínicos que persiguen generar esperanza especialmente en los tiempos de crisis y de violencia que la historia humana debe atravesar. El Eterno persigue que sus hijos primogénitos, Israel, mantengan su memoria activa en el maravilloso hecho de que el Mesías que vendría al mundo desde su seno, sería el cumplimiento a un ADN vibrante de fe, esperanza y amor a la Intención de Yahvéh.
Tenemos el problema, que cuando se lee rápidamente el texto sagrado, para colmo acompañada la mente de los dogmas cristianos, las genealogías y nombres que aparecen en la ella son saltadas por nuestra atención, ya que parecieran a simple vista que se tratasen de detalles sin importancia en la vida del lector.
De este modo el quinto capítulo de Bereshit (Génesis) se convierte en un texto que se hace blanco de esta indiferencia intelectual dogmática.
Sin embargo, el Eterno se aseguró que Su Pueblo encontrara en este listado un mensaje de Salvación que trastocaría el alma humana ante cualquier duda acerca de la promesa mesiánica que Él realizó a Adam HaRishon en el Gan Eden.
Hay una curiosidad en el versículo tres ya que aparecen las mismas dos expresiones que en el capítulo 1 verso 26, donde se habla de la creación del hombre con la imagen divina para que se conforme según la semejanza de Elohim, (be-tsalmenu ki-demutenu), pero con el orden inverso, bi-demutó ke-tsalmó “en (o con) su semejanza, según su imagen”. Es decir, que Adam, ya caído en naturaleza pecadora, inició una humanidad heredera de la misma naturaleza impregnada con la misma tendencia o inclinación al mal (yetser hará). Sin embargo, en medio de sus constituyentes genéticos brillaba una Luz proveniente del tzelem (imagen divina) que permitía que el Código Sagrado o Proto-Evangelio (Génesis 3: 15) vibrara manteniendo a cada generación humana consciente de la Salvación que del Eterno vendría a la Tierra, surgida de la humanidad misma. Para comprender mejor esto, nos sumergiremos en los códigos de la genealogía aquí expresada.
Pero también deberemos entender que Moshé comienza el capítulo 5 con las terminologías de los capítulos 1 y 2 (creó…, en la imagen de Dios…, varón y hembra…, los bendijo…) para indicar al lector que el propósito eterno de Dios y el programa para el hombre empezados en el primer capítulo son trasladados a través de la descendencia de Adán, no a través de la línea de Caín, sino la de Set. Todo el capítulo 5 es una descripción más estrecha de la línea por la que vendrá el Mesías.
Este quinto capítulo de Bereshit, en contraposición con lo relatado en el capítulo precedente, traza la línea elegida del hijo de Adam, Seth, de la cual procedía un hombre justo llamado Noaj (Noé) (Génesis 6: 9). Pero, ¿qué es lo que se enfatiza de la línea genealógica de Set? En ella no encontraremos mención de grandes contribuciones o logros que estos varones hubieran hecho a la humanidad de entonces. Solamente dos cosas marcaron a los hombres de este capítulo.
La primera contribución será el hecho de que ellos fueron hombres de fe (ej. Enoc –5: 18, 21-24–; Lamec –5:28–31–). Estos hombres miraron atrás y entendieron el hecho que el pecado era la raíz de todos los problemas y sufrimientos. Entonces, ellos miraron adelante con la esperanza de marchar hacia una redención que Yahvéh mismo iba a proveer a través de su descendencia.
Eso nos lleva a analizar la segunda contribución de estos varones sethitas (del capítulo 5). Ellos produjeron una descendencia piadosa, por medio de quienes el programa de salvación divina y su propósito eterno continuarían custodiados por un servicio sacerdotal de justicia (malki tzedek) . Sabemos que a través de esta descendencia la piedad sacerdotal continuó hasta Noaj. Mientras que la humanidad de aquel tiempo se degeneraría y sería destruida en el diluvio, a través de Noaj, la raza humana (y más que esto, la descendencia de Javá) sería preservada. La esperanza del hombre descansaba en la preservación de una buena simiente a fin que de ella se manifestara Mashiaj.
El listado genealógico de nombres que va desde Adán hasta Noé, formando un total de diez generaciones. Como lo expresé anteriormente, a primera vista, no parece ser trascendental en las Escrituras, pero sin embargo encontramos un impresionante mensaje codificado en sus nombres, algo que fue un misterio para aquellos que lo leyeron por primera vez. Este misterio es en verdad el mensaje del evangelio en el Antiguo Pacto y a toda la generación pre-diluviana.
Para explicar esto, primero debo entregarles los nombres y sus significados:
- Adán (Adam)_»Hombre» «el terrenal»
- Set (Sheth) _»Puesto por Dios»
- Enós (Enosh) _ «Enfermo», «mortal», «caído», «degenerado»
- Cainán (Kenan) _«Aflicción, dolor, gran lamento»
- Mahalaleel (Mahalalel) _«Alabado» (el) «Dios»
- Jared (Yeréd) _ «El que descendió» «El que bajó»
- Enoc (Shanok) _«Consagrado a Enseñar», «Consagrado a discipular»
- Matusalén (Methushelaj) _«Cuando él muera enviará»
- Lamec (Lemek) _«Poderoso, fuerte»
- Noé (Noáj) _ «Descanso», «Reposo», «Consolación»

Los hebreos acostumbraban a memorizar estos nombres de generación en generación, para no olvidar sus ancestros, pero primordialmente para recordar los pasos que el Eterno haría en la historia humana para mostrar Su Salvación. Juntando todos estos nombres en hebreo en el orden en que aparecen en el libro de Bereshit (Génesis 5) en una frase se tiene lo siguiente:
Adam – Sheth – Enosh – Qeynan – Mahalalel – Yered – Shanok – Methushelach – Lemek – Noaj
Si al significado de cada uno de estos nombres los entretejemos, y agregamos algunas palabras conectoras para formar una frase, obtendremos el siguiente mensaje, que era el que pronunciaban los hebreos cada vez que repetían y memorizaban estos nombres:
«El hombre terrenal – puesto por Dios – cayó – en gran dolor – pero el Dios alabado – descenderá – y nos enseñará – que cuando Él muera enviará – su poderoso – reposo y consolación».
El significado de los nombres de los diez primeros hombres de la genealogía desde Adam hasta Noaj constituye una profecía mesiánica. El Eterno se aseguró de grabar en esta genealogía su mensaje mesiánico de esperanza para toda la humanidad.
Por lo tanto, el proyecto de Salvación de Yahvéh para con la humanidad desde el principio hasta el fin de los tiempos vibra en estos nombres y en el mensaje que ellos conforman. El Eterno está diciéndonos que aunque la humanidad cayó pecado, Él mismo a través del Mesías proveería una muerte sustituta para traer el reposo de nuestras almas.
Esto nos recuerda que el mensaje de las Sagradas Escrituras se centra sólo en una persona: Yeshúa HaMashiaj.
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna»
(Juan 3:16)
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“Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.
(Génesis 2: 25)
Todos los que hemos nacidos dentro del encuadre mental llamado cristianismo, hemos crecido con el firme paradigma de que la primera pareja humana, Adán y Eva, en el principio de la creación, andaban corriendo en “pelotas” por los distintos ámbitos del Edén como si este fuera el campo de algún club naturista cinco estrellas de la prehistoria. Al menos, así es como el dogma lo enseña desde los distintos catecismos de las denominaciones (abominaciones diría yo) de la cristiandad, y así es como la mayoría de sus adeptos aceptan interpretarlo.
Sin embargo, si nos sumergimos en la investigación del contexto bíblico que el relato del Bereshit tiene, lograremos descubrir una realidad muy diferente a la que nuestra mente occidental ha desarrollado de acuerdo a la mitología romana que ha manipulado religiosamente la forma de pensar de millones de occidentales.
Cuentan las Sagradas Escrituras que Adam e Ishá (el primer nombre que recibió Javá – Eva-) comenzaron sus vidas “desnudos y sin avergonzarse” (Génesis 2:25), pero después de comer del Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal “se hicieron conscientes de su desnudez y se fabricaron ropas” (Génesis 3:7).
¿A qué se debió el cambio?
Colocando nuestra mirada investigadora en la primera pareja antes de pecar, discernimos que ellos estaban en un estado de inocencia, de perfección y de santidad; y en ese sentido estaban “desnudos” (Génesis 2:25)
Pero: ¿Estaban desnudos de qué? El texto hebreo da a comprender que estaban desprovistos de vestiduras humanas o vestidos confeccionados por la mente de seres humanos. Entonces comprendemos que esta carencia vestiduras humanas hace referencia a que el racionalismo no los cubría, sino que su cobertura venía de la revelación que el Eterno les daba diariamente por medio de Su Instrucción (Torah).
Ahora bien, el planteo lógico continúa: si ellos estaban desprovistos de vestiduras humanas, y en ese sentido se encontraban desnudos, ¿es posible que el Eterno los haya vestido de otra cosa al crearlos?
Si analizamos bien el momento cuando Adam y Java pecaron, lo primero que descubrimos con asombro fue de su reacción:
“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”
(Génesis 3:7)
Aquí la mente del investigador sincero se toma el derecho de elevar su primera duda, y entonces pregunta:
¿Cómo es posible que después de pecar, Adam Harishon (la Primera Humanidad) se dio cuenta que estaban desnudos, cuando antes de pecar la Torah dice que “ellos estaban desnudos y no se avergonzaban?” (Génesis 2: 25)?
La respuesta es muy sencilla:
En verdad ellos no estaban desnudos antes de caer en pecado. Ellos quedaron desnudos después de pecar.
Entonces la segunda pregunta que el derecho psíquico de la duda hace surgir es:
¿Si ellos no estaban desnudos, entonces de que estaban vestidos?
La respuesta la encontramos en el Salmo 104 cuando nos revela en qué consiste la vestimenta de Yahvéh:
“Bendice, alma mía, a Yahvéh. Yahvéh Dios mío, mucho te has engrandecido; Te has vestido de gloria y de magnificencia.
(Salmo 104:1-2)
Presten toda su atención ahora al versículo 2:
“El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina”.
Según el texto, ¿Cuál es la vestidura de Yahvéh? Sé que todos admitirán que está expresado claramente: “el que se cubre de luz como vestidura”.
En ese sentido, cuando las Sagradas Escrituras dicen que Yahvéh está vestido de vestiduras blancas, en realidad está refiriéndose a vestidura de Luz. La misma luz que cubría a Adán y Eva. Entonces cuando en Génesis 2:25 se nos dice que estaban desnudos, lo que nos está diciendo el texto es que ellos estaban desprovistos “desnudos” de vestiduras humanas (racionalismo), y no se avergonzaban porque estaban cubiertos de la misma vestidura del Eterno. En pocas palabras, la Gloria de Yahvéh los cubría.
Fundamentados en todo esto, los sacerdotes de Israel siempre enseñaron que antes de que Adam pecara, Yahvéh lo había vestido con vestimentas de “jashmal”, un puro fuego espiritual, que le permitían estar conectado al Eterno. Como todavía no estaban revelados los 613 mitzvot, Adam necesitaba esa vestimenta para poder relacionarse con el Creador. Eran vestimentas de luz (“or”). Ésta era una ropa especial que Yahvéh les hizo, para que gracias a ella pudieran apegarse a Él y crear mundos de acuerdo con la Voluntad Divina. Incluso si cuidaban una sola mitzvá, eso se les consideraría como crear mundos, porque gracias a esa mitzvá sostendrían a toda la creación.
El rey David, en su actividad profética, expresó esta revelación en el Salterio:
“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra…
(Salmo 8:3-5)
El contexto del pasaje nos habla de la creación de Adam y Java, pues el texto dice más adelante que su misión era señorear, y dominar la tierra, la misma orden que vemos expresada en el primer capítulo de Bereshit (Génesis 1:28). Pero lo interesante del texto es el hecho de que ellos estaban coronados de gloria, ¿Cuál gloria? La Gloria de Dios, y en ese sentido, no estaban desnudos sino vestidos de gloria (“jashmal”).
Dios cubrió a Adán y Eva de esplendor con un manto glorioso de luz: el jashmal o manto de Luz. El Manto de Luz representa la justicia, la perfección y la santidad de Yahvéh.
Cuando nuestro Mesías fue transfigurado (Mateo 17:2) el hagiógrafo nos revela en su evangelio que el vestido que tenía Yeshúa era blanco como la luz. En pocas palabras, eran vestiduras de luz la que tenía puesta Yeshúa. De igual manera, Adam y Java estaban cubiertos con la gloria de Yahvéh, en su estado de perfección y santidad antes de pecar.
Por eso, debemos comprender que antes de comer del Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal, Adam y Javá se veían principalmente como almas. Ellos sabían que el alma es la vestimenta de la esencia de un ser humano (el espíritu) y que el cuerpo simplemente sirve meramente como una cubierta protectora, que permite al binomio apostólico espíritu-alma accionar en el plano físico para transformarlo (tikun). Como Adam y Javá estaban enfocados en el aspecto espiritual, no tenían consciencia de sus cuerpos.
Sin embargo, después del comer del Árbol del Conocimiento, cambió la percepción humana del mundo físico. El manto de Luz se fue y ahora se dieron cuenta que estaban desnudos. Es decir, descubrieron que el pecado de desobediencia los desvistió del Manto de Luz (jashmal). El apóstol Pablo lo explica a los romanos de este modo:
“…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.
(Romanos 3:23)
Entonces los sentidos físicos comenzaron a seducir como si tuvieran valor propio. Los ojos de Adam y Javá “se abrieron” para enfocarse en el cuerpo. Cuando esto ocurrió, el cuerpo se convirtió en una distracción para el alma. Para un ser espiritual, ¿puede haber una humillación mayor que ser reducido a algo físico y superficial?
Esto explica la razón de por qué los animales, que no tienen alma divina, nunca sienten la necesidad de vestirse. En contraste, para Adam y Javá el cuerpo necesitaba ser cubierto, para disminuir el énfasis en lo exterior y permitir que emanase el brillo del alma.
Pero la respuesta a cómo ellos lograron ser revestidos por Yahvéh, merece otra bitácora …
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EZER KENEGDÓ: «Una Ayuda que Confronta»
Por P.A. David Nesher
«Y dijo Yahvéh Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él»
(Génesis 2: 18)
Vayomer YHVH Elohim lo-tov jeyot ha’adam levado e’eseh-lo ezer kenegdo.
Hasta ahora, las Sagradas Escrituras nos venía narrando la creación de todo cuanto conocemos de una manera maravillosa. Yahvéh, nuestro Dios, por medio de su Palabra creó todas las cosas. Él habló y todo fue hecho conforme a su voluntad perfecta.
Leemos como Yahvéh se tomó el trabajo de formarlo con sus manos y soplar aliento de vida sobre él. Dios preparó un lugar hermoso y propicio para el hombre, lo llenó de animales, vegetación, sol, luna y estrellas y vio Dios que todo aquello que había creado era bueno en gran manera, entonces, en su perfección trina decide crear al hombre, no de cualquier manera sino a su imagen y semejanza, creado no solo para que fuese un mayordomo en la tierra sino para que tuviera una relación filial e íntima con Él. Pero ahora con el hombre ocurrió algo diferente. Al llegar a esta porción del texto sagrado nos encontramos con el hecho de que Dios, por primera vez, vio algo que no es bueno: la soledad del hombre.
Por eso, a fin de lograr comprender la esencia de esta preocupación divina, comenzaremos realizando un análisis de la declaración del Eterno sobre su decisión nos ayudará a despejar toda duda. El libro de Bereshit (Génesis) primeramente dice: «heesé lo ezer kenegdó» (Génesis 2:18), y luego: «lo matzá ezer kenegdó» (Génesis 2:20), refiriéndose a los términos utilizados para definir la declaración de Yahvéh.
El primer término –Ezer– significa, ayuda.
La palabra hebrea que ha sido traducida como “ayuda” es ezer, cuya raíz es «azar”, que significa “rodear”, “proteger”, “defender”, “ayudar”, “socorrer”. Esta palabra no tiene nada despectivo en sí, sino que refleja lo mejor que pueda recibir una persona cuando hay necesidad.
Distintos estudios sociales demuestran que el varón está menos capacitado para poder vivir solo que la mujer. La Torah enseña que el varón es el que necesita una ayuda, no la mujer.
Para entender la dimensionalidad poderosa de la palabra ezer, es importante comentar que esta aparece en la mayoría de los textos en las Sagradas Escrituras como una referencia al Eterno, (cf. Éxodo 18:4; Deuteronomio 33:7). El uso de la palabra ezer en los libros de la Tanak (Antiguo Testamento) muestra que en la mayoría de los casos el Eterno es un ezer a los seres humanos, lo que nos obliga a preguntarnos si la palabra ayuda idónea es una interpretación válida al ezer hebreo en el contexto que se utiliza para referirse a la mujer. La palabra ezer aparece veintitrés veces en el Antiguo Testamento, 2 veces se utiliza para referirse a la mujer, y 14 veces para referirse a Dios. En muchos de los pasajes, se utiliza en paralelismo con palabras que denotan fuerza, poder o energía. Algunos ejemplos son:
Lo primero que surge del correcto significado de ezer, es que la ayuda que la mujer, sujeta al diseño divino, brinda al varón desarrolla en él la certeza de que ella es una ayuda que viene del cielo. El varón humilde, sujeto a la Torah, acepta los consejos sabios y la ayuda que el Eterno le esté dando a través de su esposa.
La palabra ezer hace referencia a un poder o fuerza para salvar (socorro). Por lo tanto, podríamos concluir que Génesis 2:18 bien puede ser traducido como:
“Le haré un poder (fuerza o socorro) que sea digna de estar al lado del hombre.”
Esta línea de pensamiento es confirmada por la declaración de Génesis 2:23, en donde Adam declara de Ishá:
«Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: ésta será llamada Varona (Ishá), porque del varón (Ish) fue tomada.”
El sentido idiomático de esta frase «hueso de mis huesos« es similar a la de un pariente muy cercano, a uno de nosotros, o mi otro igual. La mujer nunca significó para Yahvéh un ayudante del varón, tal y como los dogmas religiosos han enseñado por los siglos. La enseñanza tradicional, especialmente de la religión cristiana, ha hecho ver a la mujer como la ayudante idónea, es decir, como una asistente o ayuda subordinada al que está socorriendo. Sin embargo, considerando las raíces hebreas del texto que estamos estudiando, comprendemos que la mujer fue creada para estar en frente del varón como su perfecto otro. Es decir, que en la cosmovisión yahveísta, la mujer sería el Otro igual del varón con quien manejaría adecuadamente los beneficios que Yahvéh estaba próximo a otorgarles.
El Segundo Término – ke-negdó- significa «en su contra» .
Ahora, nos resta nada más entender cómo debemos concebir el otro término hebreo, nos referimos a ke-negdó. Ella aparece en la Tanak (Antiguo Testamento) exclusivamente para definir la ayuda que el Eterno estaba pensando para el hombre, no es posible contrastarlo con otros usos dentro del mismo texto bíblico, por lo que generalmente se traduce como «idónea», pero literalmente es: «frente a él«, «enfrentada a él«, o «en su contra«, o «opuesta a él”. Sucede que ke-negdó, tiene su raíz en negued, que significa “en el frente contrario”.
Visto desde esta perspectiva, comprendemos que la palabra ke-negdó califica a ezer, y entonces la expresión refleja más que un significado etimológico, un sentido de propósito; en ese contexto kenegdó refiere qué clase de ayuda es la que tendrá el hombre. Dado que la palabra tiene dos significados, ambos contrapuestos el uno al otro, no es posible hacer una traducción literal del término porque en español no tenemos una palabra que refiera ambos significados juntos, y no podemos usar un sentido y descartar el otro porque ello dejaría coja la interpretación.
La palabra ke-negdó puede ser traducida “que le lleve la contraria”. Esto significa que ke-negdó adopta el sentido que las actitudes y las acciones del esposo le otorgan, así por ejemplo si sus acciones son acordes al propósito declarado en la visión que Yahvéh les ha otorgado como familia, la mujer se convierte en la ayuda que anima, añade confianza y esfuerza a su marido; en cambio, si el hombre pierde esa visión, la mujer se volverá contra él y le recriminará su actitud y acción, y le conminará a adoptar aquellas decisiones que le hagan volver a encontrarse en la ruta correcta. En ambos casos, frente a él o en su contra, ella es un ezer que busca que el hombre cumpla sus propósitos.
Entonces, si el varón se porta de manera correcta, su mujer, que es temerosa del Eterno, le va a tratar bien, pero si él no hace lo que el Eterno le ha llamado a hacer, entonces la mujer se convertirá en su enemiga. La mujer ha sido hecha por el Eterno para ser así. Esa es la mejor ayuda que el varón puede tener, aparte del Eterno mismo. La mujer fue diseñada para ver las cosas de otra manera, para estar en un ángulo diferente y tener otro modo de comprender el entorno. El varón tiene más capacidad para ver las cosas de manera general, pero no tiene la capacidad de ver todos los detalles de dicha cosa o situación. La mujer ha sido capacitada para ver ciertas minucias que el varón no puede ver, y él tiene la obligación de escucharla para poder tener una imagen más completa de las cosas antes de tomar las decisiones finales y dirigir correctamente su familia.
Así visto, y siguiendo estas líneas de pensamiento, la traducción de Génesis 2:18, sería:
“Le haré un poder (fuerza o socorro) que sea digna de estar al lado del hombre, para que lo esfuerce a continuar con sus propósitos, y que le corrija cuando se salga de estos.”
Por favor, escuchemos atentamente lo que el Eterno dice:
“HAGAMOS QUE ADAM DESCUBRA EL PRINCIPIO DE SU FUERZA EN SU ENCUENTRO TOTAL CONSIGO MISMO”
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¿Una Costilla con Forma de Mujer?
La Tentación de Probar del Árbol del Conocimiento y el Pecado… (Una cosmovisión tomada de la Midrash)
Todas las narraciones de la Torah fueron relatadas para que las estudiemos, y aprendamos de ellas.
¿Por qué nos relata la Torah acerca del pecado de Adam?
El propósito de la narración es que tomemos conciencia de los peligros espirituales que debemos evitar y que mejoremos nuestra forma de vida.
Los ángeles caídos, en el Cielo exclamaron:
“¡Ideemos un plan para que Adam peque ante su Creador!”
Samael era el gran maestro entre los ángeles. Bajó a la tierra para encontrar la criatura adecuada con el objeto de tentar a Adam y Java (Adán y Eva) para que los hiciera transgredir el precepto de Hashem. No encontró a ninguno más astuto que a la serpiente. Originariamente, Hashem propuso que la serpiente fuera superior al resto de los animales y fuera como un sirviente para la humanidad. Con éste propósito, la dotó de dos características: la habilidad de hablar y de caminar erguido.
Samael eligió a la serpiente para éste propósito. Descendió a la tierra y montó sobre la espalda de la serpiente como si fuera sobre un camello e impregnó a la serpiente de su espíritu. A partir de ese momento todo lo que dijera la serpiente estaba inspirado en Samael.
Antes de pecar, los malos impulsos no integraban la personalidad de Adam y Java; su personalidad era pura y buena. En ese momento la serpiente/Samael se les acercó con la propuesta de probar del Árbol del Conocimiento – para inculcarles el conocimiento del mal.
Samael, corporizado en la serpiente, razonó:
-“Cualquier intento de seducir a Adam seguramente fallará. Me acercaré primero a la mujer porque ella escucha y es más fácil de persuadir”.
La serpiente esperó el momento en que Adam estuviera dormido y entabló una conversación con Java preguntandole:
– “¿Hashem te ordenó no comer de ningún árbol frutal del jardín? Si no puedes comer de ellos, ¿para qué fueron creados?”
– “Podemos comer el fruto de todos los árboles” – contestó la mujer – “excepto del árbol en medio del jardín. No sólo no debemos comer sus frutos, tampoco siquiera podemos tocarlo, pues si lo hacemos, moriremos”.
La verdad era que Hashem no había prohibido tocarlo sino que Adam se había impuesto esta prohibición como una seguridad adicional por la cual evitarían cualquier contacto cercano con aquel árbol. Adam estaba tan satisfecho con esta idea que olvidó mencionarle a Java que era solamente una precaución autoimpuesta a fin de salvaguardar la ley de Hashem.
El yetzer hara («inclinación al mal») encontró la oportunidad que estaba buscando en el leve rasgo egoísta desplegado por Adam.
La serpiente astutamente exclamó:
-“¿Conoces la verdadera razón por la cual Hashem te prohibió probar de ese árbol? Todo artesano detesta a sus competidores. Hashem Mismo comió de el mismo y creó el universo. Ahora esta tratando de advertirles que se aparten de él para que no se asemejen a El y creen otros mundos también”.
La serpiente actuó. Empujó a Java hacia el árbol y le dijo:
-“Ves no has muerto al tocar el árbol. Tampoco morirás cuando comas su fruto. La razón por la cual El te prohibió comer de sus frutos era para que no obtengas el conocimiento del bien y del mal que El posee”.
El árbol yacía frente a Java, tentador por su belleza y ofreciendo la promesa de descubrir el mundo nuevo y desconocido del conocimiento.
Java fue persuadida por el razonamiento de la serpiente. Sucumbió ante la tremenda tentación. Tomó de su fruto y comió.
Es interesante notar que la Torah no especifica el nombre del Árbol Prohibido. ¿Por qué Hashem no revela su identidad? Su deseo era eximir a la especie del árbol de ser acusada de traer la muerte al mundo.
Sin embargo, algunos jajamim (sabios intérpretes) opinaron respecto de cuál árbol frutal realmente fue, y aquí comparto dichas elucubraciones
1. Era la vid. (Ninguna otra fruta causa tanta miseria y angustias como el vino; por lo tanto, debió haber sido este fruto el que trajo la muerte a la humanidad).
2. Fue el trigo, que en aquellos tiempos crecía en árboles. (El trigo representa el conocimiento porque, por ejemplo, un niño únicamente desarrolla la capacidad de llamar a su padre y a su madre por sus nombres a la edad en que comienza a comer productos hechos con harina. Por lo tanto, el “Árbol del Conocimiento” debía ser el trigo).
3. Fue la higuera (pues Adam y Java se ataviaron con hojas de higuera. Corrigieron su error con las hojas del árbol con el que habían pecado.)
4. Fue un árbol de etrog. (Esta perspectiva se basa en el pasuk (3:6) “Y vió la mujer que era agradable el árbol para comer”. Aparentemente, no sólo la fruta sino la madera del árbol también tenía un rico sabor. Esto ocurre únicamente en el árbol del etrog).
Tan pronto como Java comió del fruto, tuvo una visión del Angel de la Muerte que se le acercaba. Ella exclamó – “Parece que estoy condenada a morir y Hashem creará una nueva esposa para Adam. Déjame ofrecerle un poco del fruto también. Si morimos, moriremos ambos. Si vivimos, viviremos ambos. Ella le ofreció a Adam del fruto y él comió.
¿Cómo es posible que Adam haya aceptado el fruto del Arbol del Conocimiento que Hashem había prohibido?
El Midrash nos da tres respuestas:
1. No era consciente de la identificación del fruto, pues Java se lo ofreció en forma de jugo que había exprimido del mismo. (Esto en concordancia con la versión de que era una vid. Java le ofreció a Adam jugo de uva).
Entonces, parece extraño que Adam fuera consecuentemente castigado. ¿Por qué era culpable de haber comido el fruto prohibido? La respuesta es que era obligación de Adam determinar el orígen de cualquier fruto que ingiriera. Para él, era sólamente “kasher” si no derivaba del etz hada-at (Árbol del Conocimiento). Era culpable de consumirlo sin cerciorarse si pertenecía a una especie permitida.
2. Java prevaleció con su argumento. Le dijo a Adam: – “Por haber comido del etz hada-at, Yo moriré. Si piensas que se te otorgará una nueva Java, estás equivocado. Después de los Seis Días de la Creación, nada nuevo será jamás creado bajo el sol. Si, por otra parte, tú crees que después de mi muerte quedarás soltero, también estás equivocado porque el mundo fue creado para ser poblado. Es mejor que ambos nos quedemos juntos y compartamos un destino en común”. Adam la escuchó y más tarde tuvo que compartir la responsabilidad.
3. Java gritó hasta que Adam finalmente le hizo caso.
Después de pecar, Adam y Java tomaron conciencia de una transformación en su carácter. El yetzer hara penetró en sus corazones, el deseo por el mal formó parte de su personalidad. Se dieron cuenta que habían despojado al mundo de una enorme cantidad de bondad para las generaciones futuras. De repente se sintieron despojados y desnudos, tanto espiritual como físicamente – espiritualmente porque se habían apartado de una mitzva decisiva que debió ser su misión en la vida, y físicamente porque la capa de escamas que cubría su cuerpo cayó y las Nubes de Gloria que los cobijaban, partieron, dejando sus cuerpos expuestos.
La lección que se desprende de la narración del error cometido por Adam concierne a todas las generaciones. Cada persona se siente atraída por la tentación de lo desconocido. Enfrentados ante la atracción de un nuevo libro, una novedosa información o una impresión sensorial desconocida, tendemos a razonar que ampliará nuestros horizontes y enriquecerá nuestras personalidades, por lo tanto, debe ser buena. El hecho que el libro introduce elementos extraños a la Torá, la información nueva contiene apikorsut, el show misterioso obscenidades es apartado en la creencia que rechazaremos firmemente su influencia corruptiva.
Ese es el error cometido por Adam y reiterado a nuestro nivel.
Los efectos secundarios del fruto del conocimiento del bien y del mal fueron la partida de la shejina y la expulsión del Gan Eden.
Los Siete Diseños Divinos Preexistentes
“Porque él estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros”
(1 Pedro 1:20)
Según la mentalidad hebrea desarrollada por los códigos de la Luz Infinita de la Instrucción (Torah) divina, existen siete cosas preexistentes (anterior en el tiempo a todas las cosas).
Desde tiempos antiguos en ciertos escritos interpretativos no agregados a la Tanak (mal llamado Antiguo Testamento), se dice que siete cosas fueron creadas antes de los Cielos. Es decir, que antes de crear el Universo existencial todo, Yahvéh concibió en Él mismo siete conceptos fundamentales para el perfecto funcionamiento de los Olamot (mundos). Esto quiere decir, que estos diseños vibraban ya en el Eterno antes que el mundo fue creado:
- La Torah, (Instrucción, cf. Proverbios 8:22).
- La Teshuváh (el arrepentimiento, cf. Salmo 90:2-3). Fue concebida en la mente divina para mantener la existencia humana, y asegurarse así la armonía en el mundo.
- El Gan Eden (Huerto del Edén o el paraíso, cf. Génesis 2:8). Diseñado con el propósito de asegurar una recompensa para el espíritu de los justos.
- El Gehinom (el lago de fuego, cf. Isaías 30:33). Concebido para dar castigo a todo malvado.
- Kise HaKavod o Trono Celestial de Gloria, (cf. Salmo 93:2). Fue concebido en el Eterno con el fin de manifestar físicamente la Gloria divina en los planos físicos.
- El Beit Hamikdash o Templo Santo, (cf. Jeremías 17:12). Fue concebido como una condición para la Creación para que la Shekinah more en medio de ella permanentemente.
- El Nombre del Mesías, (cf. Salmo 72:17).
A fin de entender de qué manera estas siete creaciones en particular son vitales para la humanidad y que por lo tanto debieron ser concebidas antes de la Creación, dejaré esta síntesis que permitirá captar conceptos tan altos y profundos:
● El mundo fue creado solamente con el propósito de estudiar Torah y cumplir sus dictámenes.
● Teshuváh fue concebida para mantener su existencia. Un mundo sin teshuvá perecería inevitablemente a los ojos del juicio de YHVH.
● El Gan Eden fue concebido a fin de asegurar una recompensa para los justos.
● El Guehinom fue concebido a fin de dar castigo al malvado.
● El Trono Celestial de la Gloria fue concebido antes que el Universo a fin de manifestar la gloria de YHVH en el mundo.
● El lugar donde moraba la Shekináh (divinidad) permanentemente era el Beit Hamikdash. Por lo tanto, el concepto de Beit Hamikdash fue concebido como una condición para la Creación.
● El objetivo final de la humanidad es llegar a los días del Mashiaj; por lo tanto, el nombre del Mashiaj debía ser formulado aún antes de la iniciación.
Así pues, logramos entender y aceptar que el Eterno, de acuerdo con Su Intención, creó el mundo físico con relación a estas siete cosas.
La Torah fue el primero de estos siete conceptos fundamentales. Ella es el instrumento arquitectónico del Eterno de toda la creación. Ha permitido la construcción de todos los Mundos. ¿Por qué fue esto necesario?
La Torah sirvió como el instrumento arquitectónico en la construcción del mundo.
Si un constructor erige una casa sin consultar un arquitecto, ¿cómo será el producto final? La casa podría carecer de las puertas, ventanas o escaleras necesarias. Podría cometer un error en la viga básica de sostén de manera que toda la casa se derrumbaría poco tiempo después de su terminación. Por lo tanto, cada construcción debe estar precedida por un proyecto. El primer paso en la construcción es el plano completo dibujado por el arquitecto, incluyendo cada una de las divisiones, entradas y salidas. Luego el constructor siguiendo el proyecto de la construcción, lo convierte en realidad. – ¿Siguiendo qué diagrama fue construido el mundo?
Por otra, parte y para lograr profundizar mejor en la idea de qué es el propósito eterno de Dios, diremos que el hecho de que se hable del arrepentimiento como algo que precede la creación, nos enseña que aunque el Eterno no haya decidido de antemano que el hombre pecara, ya había diseñado una solución para el pecado del hombre:
“El Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo”
(Revelación 13:8)
La Creación del Mundo y su Semejanza con la Creación de los Pueblos
«Acuérdate de los días de antaño; considera los años de todas las generaciones. Pregunta a tu padre, y él te lo hará saber; a tus ancianos, y ellos te lo dirán. Cuando el Altísimo dio a las naciones su herencia, cuando separó los hijos del hombre, fijó los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel.»
(Deut. 32:7-8)
He considerado muy importante en esta semana meditar en los secretos que esta canción encierra. Al entonarla Moshé en su último día de vida, tenía la intención de usar este cántico como un oráculo testigo en contra de un Israel rebelde. Moshé le recordó al Pueblo Escogido del Eterno, por medio de la letra de esta canción, lo bueno que Yahvéh había sido con ellos en el pasado, aún en el inicio planetario mismo. Esto era tanto para traer gran convicción de pecado, como para recordarles el gran amor y la infinita gracia del Eterno a la que podían regresar sin duda alguna.
Para lograr comprender, lo más importante de este secreto develado, deberemos hacer la comparación de los dos términos que el profeta usa. Dos expresiones aparentemente paralelas, que por lo tanto parecen que dicen una misma cosa de manera diferente. Sin embargo, esto no es así. Sino que el paralelismo de estas expresiones sitúa a la mente del pueblo hebreo en dos dimensionalidades del propósito eterno de Yahvéh. Esas expresiones son: los días de antaño y los años de todas las generaciones.
Cuando Moshé usa en su cántico la expresión «los días de antaño» (– en hebreo ימות עולם, yemót olam, “los días eternos” o “los días del mundo” –) y «los años de todas las generaciones» (– en hebreo שנות דור ודור, shenót dor va-dor, “los años de una generación y otra generación” –) en verdad está queriendo expresar dos cosas bien diferentes. Por eso, los invito a abrir sus mentes, y profundizar conmigo en estos códigos de Luz.
Por un lado, notamos que se habla de días, y por el otro lado, vemos que se hace referencia a años. La expresión «los días de antaño» se refieren a los seis días de creación del mundo descripto en el primer capítulo de Bereshit. En cambio, la expresión «los años de las generaciones» se refieren a la historia de la humanidad. Entonces vemos que aquí la Torah dice que hay que acordarse de los seis días de la creación y, profundizando en dicho relato, lograr también entender los años de las generaciones. Lo primero que se destaca literalmente, es que corresponde al padre de familia, y a los ancianos del pueblo, guardar la memoria de estas cosas. Esto nos enseña que es muy importante conocer no sólo el relato de la creación sino también la historia de la humanidad. Pero de repente nuestros pensamientos, profundizando la meditación de estos códigos hebreos, pueden captar una revelación aún más sorprendente. Moshé está dando a Israel el conocimiento de este secreto, para que valore la benevolencia infinita de Yahvéh para con ellos y sus generaciones.
Notamos que Moshé exhorta a Israel a entender, aceptar, y siempre recordar que estos dos períodos hablan de la bondad de Yahvéh manifestada desde antes de la creación del mundo para con el diseño preexistencial llamado Israel.
Entonces, preguntémonos: ¿qué relación hay entre los días de la creación del mundo y la formación del pueblo de Israel?
Vamos a destacar algunas cosas del relato de la creación de los cielos y la Tierra (Génesis cap. 1) que corresponden en el diseño divino a la creación pre-existencial del pueblo sagrado y su relación con las naciones.
En el primer día el mundo estaba en un caos hasta que el Todopoderoso hizo brotar la Luz. Esa Luz es la Or EinSof (Luz Infinita), es decir el Mesías. Después hubo una separación entre la luz y las tinieblas, lo cual representa la separación entre los que son del Mesías y los que no lo son.
A continuación, el Eterno continúo haciendo separaciones en el mundo. Así fue como separó las aguas de abajo de la expansión, de las aguas sobre la expansión. Esto representa claramente que entre las naciones hay personas que son del Cielo y otras que sólo son de este mundo (sistema reptiliano).
En el texto del cántico de Moshé la Torah dice que el Eterno primero dividió las naciones y luego puso un límite entre las naciones y los hijos de Israel según la cantidad de estos últimos. Esto corresponde a lo que hizo el Eterno en la creación cuando puso un límite entre los mares y lo seco. Los mares representan las naciones y lo seco representa a Israel. El límite que hay entre las naciones e Israel es el límite que la Torah pone entre el pueblo escogido y las demás naciones del mundo. El Todopoderoso vio que esto era bueno.
“Cuando el Altísimo dio a las naciones su herencia, cuando separó los hijos del hombre, fijó los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel.” (Deuteronomio 32: 8)
De repente, con este oráculo cantado, Moshé logró guiar el aprendizaje de los hebreos a un maravilloso hecho. Israel descubrió, al escuchar este cántico, que las fronteras de las naciones fueron fijadas según la cantidad de israelitas que descendieron a Egipto con Yaakov, en los días de Yosef. Entonces, comprendemos que las fronteras de Israel han sido reservadas y reveladas a los profetas del pueblo de Israel.
El texto de Devarim también nos enseña que las naciones dependen de los hijos de Israel. Vemos por un lado que el Eterno creó setenta naciones según la cantidad de los hijos de Israel que bajaron a Egipto, setenta personas (Gén. 46:27). Y por otro lado aprendemos que el Eterno va a permitir que el territorio de Israel sea expandido con la vuelta y la restauración de las doce tribus en la Tierra. De esa manera las fronteras entre las naciones e Israel dependerán de la cantidad de hijos de Israel que volverán a la tierra en los últimos tiempos. Los profetas aseguraron que ni uno de ellos se quedará entre las naciones (Ez. 39:28).
Por todo esto, entendemos que lo que sucede en nuestros días con las dos Casas de Israel (Efraim y Judá) tiene una influencia muy considerable en la historia del mundo. Las Escrituras muestran que esa influencia determina el destino de cada nación. No solamente la historia muestra que lo que sucede con los hijos de Israel afecta directamente a las naciones, tanto positivamente como negativamente, sino también se puede ver que la vida espiritual del mundo depende de la nación sacerdotal. Yeshúa mismo afirmó que la salvación viene de los judíos (Juan 4:22).
“Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra… Sírvante pueblos, y póstrense ante ti naciones; sé señor de tus hermanos, e inclínense ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldigan, y benditos los que te bendigan… Se agazapa, se echa como león, o como leona ¿quién se atreverá a despertarlo? Benditos los que te bendigan, y malditos los que te maldigan.”
(Gén. 12:3; 27:29; Núm. 24:9)
Entonces lo peor que pueden hacer las naciones es hacer guerra contra Israel y el pueblo judío. Por el contrario, lo mejor que pueden hacer es colaborar con el Eterno en el restablecimiento del pueblo sagrado para que sea esa nación sacerdotal que fue creada para ser lo cual beneficiará a todos.
Sabemos que todavía Israel no ha llegado a tener todo el territorio que el Eterno ha prometido. Eso significa que las promesas quedan por cumplirse. Por eso, estamos convencidos, de acuerdo a las Sagradas Escrituras, que cuando vuelva Mashíaj, Israel tendrá todo el territorio prometido.
Los límites prometidos a Avraham fueron fijados según la cantidad de hijos de Israel que van a poblar esa área durante el reino mesiánico, (cf. Génesis 12:7; 15:18-21; Éxodo 23:31; Números 34:2-12; Deuteronomio 11:24; 34:4; 1 Reyes 4:21; 1 Crónicas 9:26; Salmo 80:11; Romanos 4:13).
El Mesías dijo:
“Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la Torah hasta que toda se cumpla.”
(Mateo 5: 18)
Esto quiere decir que si Israel no recibe todo el territorio según las promesas que el Eterno ha dado a Avraham, tanto Él como su Mashíaj serían mentirosos. ¿Puede mentir Dios? ¡No! Él no puede hacer tal cosa, (cf. Tito 1:2). Por lo tanto, durante el reino mesiánico (el milenio), Israel obtendrá todo el territorio desde el río Eúfrates, hasta el Mar Rojo, tal y como el Eterno lo ha anunciado y prometido.








