«Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Yahvéh en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.«
Éxodo / Shemot 3: 1-3
Por un lapso de cuarenta años Moshé vivió como un pastor oculto en el desierto de Madián. Hasta este punto su vida era tan humilde que él no tenía ningún ganado al que pudiera llamar como propio,… ¡las ovejas pertenecían a su suegro!… Sin embargo, en aquel día, lo cotidiano se volvería para él en algo sobrenatural.
Siempre me imagino la escena. Cuando Moshé se levantó aquella mañana y contó las ovejas, no se dijo a sí mismo: «Creo que llevaré las ovejas al lado occidental del desierto, junto al Monte de Dios«. El monte Horeb era simplemente eso: el monte Horeb; una roca indistinta en el desierto como tantas otras colinas y montañas, de aspecto completamente ordinario. No tenía nada de especial. El monte Horeb se convirtió en el monte Sinaí, la montaña de Dios, simplemente porque el Eterno lo eligió, no porque fuera más alto, más poderoso o más santo que cualquiera de las colinas y montañas circundantes. (Horeb significa “desierto” o “desolación”)
De manera similar, Moshé se convirtió en Moshé, el Profeta del Altísimo porque Dios lo llamó, lo encontró y lo comisionó, no porque fuera más piadoso, más poderoso, más inteligente o más elocuente que otros hombres.
Con este relato descubrí que Dios está en lo ordinario,… ¡Él goza esconderse allí para ser hallado! Así mismo se me reveló que siempre los encuentros con Dios ocurren en lugares ordinarios. Lo diferente está en que cuando ese encuentro con Dios ocurre, lo ordinario se transforma inmediatamente en extraordinario y sobrenatural.
El muy común Monte Horeb se transformó en el extraordinario Monte Sinaí debido a que la presencia de Dios estaba allí. Así también, el Moshé muy común, un simple hebreo exiliado de Egipto, un pastor de ovejas perdido en el desierto, se transformó en Moshé, el Hombre de Dios, el mayor profeta de todos los tiempos porque se encontró con Dios. ¡El Eterno transformó al hombre común en algo extraordinario, y así continúa obrando hoy!
Estoy convencido que alguno de ustedes, a esta altura de la bitácora, se estará cuestionado: «¿Cómo podría Dios usarme para algo? No soy nadie en especial. Solo soy una persona normal con una vida normal.«
La mayoría de nosotros no nos consideramos personas extraordinarias. Probablemente, al igual que yo, tú te consideras una persona bastante corriente con una vida bastante común y ordinaria. Sin embargo, desde la perspectiva de Yahvéh, eso es perfecto. Tú eres la persona indicada para el cumplimiento de Su propósito eterno. Tú eres el alma perfecta con la que puede hacer cosas extraordinarias. ¡Él no busca profetas!; ¡Él solo busca personas normales que se desenvuelvan en circunstancias normales!
Lo que sí necesito que entiendas, es que cuando Moshé vio la zarza ardiendo, el relato destaca que él se desvió para investigar aquel fenómeno. Sólo entonces el Santo Bendito Sea se reveló a Moshé como el Dios de sus padres. Justamente allí está nuestro problema. Generalmente no nos tomamos el tiempo para desviarnos e investigar la Voz que se esconde en la zarza, es decir las Sagradas Escrituras.
Todos tenemos la intención de crecer espiritualmente. Todos imaginamos que un día, nos tomaremos un tiempo para estudiar, para crecer en Torah, para hacer un mitzváh (mandamiento) , para orar con regularidad. Pero no puedes llevarte las buenas intenciones a la tumba. Un rabino famoso dijo una vez:
“No te digas a ti mismo: ‘Cuando tenga más tiempo, estudiaré Torah. Quizás no tengas más tiempo ‘”
(m. Avot 2: 4)
Ante esto te propongo: ¡Dispónte a ejercer proactividad ante tu buena y correcta intención! ¡No digas, cuando tenga más tiempo, me desviaré, es posible que no tengas más tiempo!
¡Que gran contraste! Una vivencia celestial en la cumbre; un resultado inframundano a los pies del Monte Sianí. Esa es la síntesis del mensaje de este shiur (lección). Para el pueblo de Israel, Moisés se demoraba en el Monte y eso le hacía perder su confianza (emunáh). Sus percepciones sensoriales prevalecieron sobre toda certeza extrasensorial. El líder no regresaba, quizás había fallecido. En ausencia de Moisés, el pueblo se intranquilizó. Sin su líder, quedaron abandonados a sus propios recursos.
Es cierto que Moisés tardaba, pero Dios tenía un propósito maravilloso por la tardanza de Moisés, y muy pronto terminaría. El Eterno quería que ellos comprendieran que su relación con Él ya era directa, pues ya contaban Su Instrucción en sus mentes y corazones. Todo lo que ellos necesitaban era ser pacientes un día más y la preciada Torah sería de ellos para reparar o rectificar (tikún) el mundo entero. Pero debido a que el pueblo no pudo ver la razón de la tardanza, ellos permitieron que esto les fuera de tropiezo.
La descripción de la misión de propósito que tiene el alma humana. Ella es la vasija que el Espíritu Santo de YHVH, apegado al espíritu humano, utiliza par elevar lo físico a la noción de lo limitado y eterno.
Si una persona, por asestar un golpe a otra, le causó daño en una o varias de las cinco siguientes formas, debe hacer restitución:
1. nezek – causando daño físico
2. tzaar– causando dolor
3. ripui– causando gastos médicos
4. shevet– causando ausencia del trabajo
5. boshet– causando humillación
Nosotros explicaremos ahora en más amplio detalle los precedentes tipos de daños:
1. Nezek: Si el agresor causó a la víctima perder, o lesionar un ojo, diente, mano, pie o cualquier otro miembro u órgano, el Beit Din calcula por cuánto el valor de este hombre se disminuiría por causa del impedimento si él fuera a ser vendido como esclavo. El asaltante debe pagar la suma que el Beit Din calculó como valor del miembro. (El valor de miembros u órganos no puede ser estandarizado dado que su importancia varía de acuerdo con la ocupación del hombre. Alguien que se gana la vida por medio de labor manual y pierde una mano recibe una compensación más grande que la de un intelectual que pierde una mano.)
2. Tzaar: Además de compensar a la víctima por el daño que sufrió por la pérdida o lesión de un miembro, él es requerido de pagarle por todo dolor físico causado por el accidente. La suma de retribución depende de la severidad del dolor.
3. Ripui: El atacante es responsable de los honorarios médicos y otras expensas médicas resultantes de su golpe.
La Torá expresa (Shemot 21:19), «y él pagará los honorarios del facultativo,» de lo cual nosotros podemos deducir la regla de que es permisible para un Judío ocuparse de curar a los enfermos.
Cuando R. lshmael y R Akibá caminaban juntos en las calles de Ierushalaim, ellos fueron abordados por un hombre enfermo que ‘Os Interrogó, «Mis maestros, por favor aconsejadme, ¿cómo seré curado?»
Ellos le dieron instrucciones acerca de las medicinas apropiadas para tomar.
Entonces él los interrogó, «¿Quién me causó volverme enfermo?»
«El Creador,» ellos replicaron.
«Si es así,» él arguyó, «vosotros no deberíais entremeteros en Sus asuntos. Dado que El me enfermó, ¿por qué vosotros transgredís Su voluntad intentando curarme?»
Ellos le explicaron la respuesta formulando una pregunta.
«¿Cuál es vuestra profesión?» demandaron de él.
«Soy un granjero,» él replicó.
«¿Quién hizo crecer a las uvas en vuestro viñedo?» ellos preguntaron adicionalmente.
«El Creador,» fue su réplica.
«¿Por qué entonces vos podáis y aráis y trabajáis el viñedo, entrometiéndoos en Sus asuntos?» ellos inquirieron.
«¡El viñedo no producirá,» él respondió, «al menos que yo libre la tierra de piedras, fertilice, y la are!»
Ellos entonces opusieron, «¡Ahora vos seguramente comprendéis la estupidez de vuestra pregunta! El hombre reacciona en la misma manera como las plantas del campo; al igual que una planta sólo se desarrollará apropiadamente si ella es nutrida y regada, así el cuerpo humano puede florecer sólo si es provisto con las nutrientes y medicinas apropiadas.»
4. Shevet: Si el agresor causó a la víctima una pérdida financiera por impedirle ir a trabajar, él debe pagar por ello.
5. Boshet: Aún si un hombre insultó a otro verbalmente o asestó un golpe el cual no causó daño real sino meramente lo humilló, la cuestión es traída ante el Beit Din. Los Jueces estiman el monto de la compensación financiera que es debida a la víctima por la vergüenza que sufrió. El atacante debe pagar la suma determinada por el Beit Din.
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HaShem luego explicó a Moshé las detalladas halajot de hacer restitución por haber causado daño poniendo un obstáculo o trampa sobre propiedad pública, por haber causado un fuego, y por un propietario cuyo animal causó daño. El Beit Din está a cargo de calcular la cantidad que la parte culpable tiene que pagar, de acuerdo con las reglas expuestas en parshát Mishpatím.
Reembolso de Propiedad Robada y Prohibición de Engaño
Si dos testigos observan una cosa robada entre las posesiones de un hombre o en su propiedad, el ladrón debe retornar al propietario la misma cosa, y en adición el efectivo equivalente de su valor. Si el objeto robado ya no es recuperable, él debé reembolsar en efectivo doble del valor del objeto robado. Esta ley se aplica sólo a uno que actuó furtivamente (Ganab). Sin embargo, quien roba a plena luz del día (Gazlan) necesita devolver sólo el objeto robado, mas no el efectivo equivalente. El ganav es considerado más culpable, porque actuando secretamente él demostró que teme sólo a las personas, pero no al todo vidente Ojo del Todopoderoso.
Por un buey o un cordero robado la Torá demanda un reembolso más grande: Si alguien robó un buey, lo sacrificó y vendió, él debe devolver cinco bueyes. A cambio de un cordero robado, el ladrón debe pagar cuatro corderos.*
*La Torá castiga el robo de bueyes y corderos más severamente que aquel de toda otra propiedad, dado que estos animales son la propiedad más vital de un granjero sin los cuales su subsistencia es puesta en peligro (Torá Temimá)
¿Por qué el reembolso por una oveja robada es cuádruple, mientras la Torá demanda por un buey robado un reembolso de cinco bueyes?
1. El buey es el más valioso de los dos animales dado que realiza labor para su amo, mientras la oveja no lo hace.
2. Hashem con esto nos enseña a nosotros que El está interesado en el honor de todo ser humano, aún aquél de un ladrón.
robar la oveja el ladrón tuvo que degradarse a sí mismo, porque él
llevó sobre sus hombros. Un buey, sin embargo, es fácilmente conducido fuera. Hashem toma su vergüenza en consideración y disminuye su reintegro.
La Torá considera un ladrón no sólo a uno que roba propiedad, sino también a alguien que actúa de una manera engañosa hacia otros.
Incluidos en esta categoría están:
* Quien insiste en que otro coma con él, mientras en su corazón nó desea tenerlo como huésped.
* Quien ofrece presentes a otro sabiendo de antemano que el otro no los aceptará.
* Un vendedor que es deshonesto respecto de sus pesos y medida.
*Un vendedor que mezcla mercancías de alta calidad con mercaderías más pobres, engañando al comprador.
La Torá considera a uno que actúa fraudulentamente como un ladrón; un tal ejemplo es Abshalóm, el hijo del Rey David.
Abshalóm, el hijo de David, se rebeló en contra de su padre. Buscando establecerse a sí mismo como rey. El solía levantarse temprano y pararse junto a la entrada del Beit Din. Cuando alguien entraba para ser juzgado por el Rey David, Abshalóm lo comprometía a él en conversación, preguntando, «¿De que ciudad vienes?» El hombre contestaba, y entonces Abshalóm astutamente le decía, «Vuestros alegatos son justos, no obstante nadie en la corte de ley del rey os escuchará ¡Si sólo yo fuera hecho Juez de la tierra, aseguraría justicia para todos!» Cuandoquiera que alguien se aproximaba a Abshalóm para hacerle una reverencia, el príncipe extendía su brazo, acercaba al hombre, y lo besaba. Así, Abshalóm robó los corazones de los hombres de Israel.
Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: «Todo lo que Yahvéh ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Yahvéh las palabras del pueblo. Entonces Yahvéh dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre. Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Yahvéh.
(Éxodo/Shemot 19:8-9)
¿Acaso el Eterno no escuchó lo que el pueblo había dicho?
Una vez más vemos el tipo de relación que mantenía Moshé con el Eterno, el profeta tuvo el detalle de humildad de dar el reporte al Eterno de lo que el pueblo había dicho.
Esto me enseña que mientras más cedamos nuestra voluntad ante Abba, más seremos uno con Él, por lo tanto, más nuestras palabras serán sus palabras.
Moshé desde su humildad fue la puerta para todos los hombres que lo sucederían , marcó la senda a seguir para que las palabras del Eterno fueran creíbles en la boca de sus profetas, para siempre.
Moshé descubrió que la única manera de tener una estrecha y especial relación con el Eterno debía sustentarse solo en un cimiento. “LA OBEDIENCIA”.
La única manera de manifestar la verdadera humildad no es con hecho heroicos, con palabras elocuentes u oraciones kilométrica, sino “obedeciendo incondicionalmente”. Desde la verdadera mentalidad hebrea, escuchar humildemente, implica hacer obedientemente.
Esta es la única manera para lograr que nuestras palabras sean las palabras del Eterno. Desde ello nuestras declaraciones tendrán un verdadero asidero de credibilidad. A tal punto es esto, que lo que declaremos, así mismo sucederá.
Para que nuestras generaciones nos crean para siempre, tal cual a Moshé, los primeros que debemos ser coherentes y consecuentes con nuestras palabras, debemos ser nosotros. Es decir que nuestra forma de vivir se debe conformar a nuestras declaraciones.
Porque es imposible hablar mal y vivir bien, así como también lo es, pensar mal y hablar bien .
Mis amados, para que nuestras palabras estén cargadas de “eternidad” es decir, que lo que digamos se cumpla, respondiendo al propósito del Eterno, debemos hablar tal cual Moshé lo hizo, en “OBEDIENCIA y con HUMILDAD”.
Moshé trató siempre de no hablar por su propia cuenta, por ello vivió conforme al propósito del Eterno, es decir que su vida fue tal cual sus palabras.
¿Cómo lo logró Moshé?
Simplemente hablando Torah (Instrucción) todo el tiempo posible, por eso su credibilidad es eterna, tal cual él, así debemos hacer nosotros hoy.
«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa…» (Deuteronomio/Devarín 6:6-96)
Muchas veces cambiamos según las circunstancias, en un mundo donde nadie quiere reconocer que es falible, tratamos la mayoría del tiempo de justificarnos, atribuyendo que nuestros errores son por “culpa” de los demás. Precisamente es esto lo que no nos hace creíbles, no digo que todo el tiempo andemos confesando nuestros yerros. Pero tal vez eso sea el principio para comenzar a vivir la verdadera vida de emunáh (fe) y teshuváh (arrepentimiento).
Debemos tomar verdadera consciencia para que nuestras palabras sean creídas para siempre tal cual Moshé, debemos aprender a rectificar nuestros errores, eso es precisamente vivir coherentemente con lo que declaramos.
Si vivimos como hablamos tendremos seguridad y certeza en nuestro interior, si lo que hablamos es Torah, seremos creíbles al 100%, aunque eso implique muchas veces no caer del todo simpáticos.
Para concluir, la manera en cómo las palabras de Moshé, son creídas para siempre, es porque se esforzó por no hablar por su propia cuenta, cuando eso sucede hablamos Torah, de lo contrario es nuestro “ego” quien edifica nuestra realidad y eso será siempre nefasto y caótico.Aprendamos pues de Moshé y de nuestro Mesías y también acudamos a la ayuda del Consolador (Ruaj Ha Kodesh), de esta manera también nuestras palabras serán creídas para siempre.
«Porque yo no he hablado por mi PROPIA CUENTA; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.» (Juan 12:49)
«¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi PROPIA CUENTA, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.» (Juan 14:10)
«Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su PROPIA CUENTA, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.« (Juan 16:13 )
Dios les habló a Moshé y a Aharón y les ordenó respecto a los hijos de Israel…
(Éxodo 6:13)
A menudo nos encontramos en situaciones en las que tenemos que consolar y alentar a personas que atraviesan una situación difícil y sienten que ya no pueden seguir adelante.
Encontrar las palabras adecuadas en esas ocasiones nunca es fácil, pero ese fue el desafío que enfrentó Moshé cuando se dirigió a sus hermanos que sufrían la esclavitud en Egipto. Al comienzo de la parashá, Dios le encargó a Moshé la misión de anunciarle al pueblo judío que el momento de la liberación estaba cerca. YHVH usó cuatro expresiones diferentes para describir su redención:
«…Yo los sacaré de debajo de las cargas de Egipto; los liberaré del trabajo de ellos, los redimiré con brazo extendido y con grandes juicios. Los tomaré como pueblo para Mí y seré Dios para ustedes. Sabrán que Yo Soy YHVH, su Dios, quien los saca de debajo de las cargas de Egipto. Yo los llevaré a la tierra por la cual he alzado Mi mano para entregarla a Abraham, a Itzjak y a Iaakov, y la daré a ustedes en heredad. Yo soy YAHVH.» (Éxodo 6:6-8).
A pesar de esta asombrosa promesa, el pueblo de Israel permaneció desanimado e incapaz de asimilar las buenas noticias. La explicación de esto revela la naturaleza del sufrimiento y la forma en que se puede consolar a quienes sufren.
Cuando alguien sufre, no tiene la paciencia ni la capacidad para entender lo que ocurrirá en el futuro. Su agonía es tan abrumadora que sólo puede concentrarse en el presente. Por eso Dios instruyó una vez más a Moshé y a Aharón y les ordenó que sacaran a los Hijos de Israel de Egipto,1 lo que nos enseña que cuando alguien sufre debemos brindarle ayuda de inmediato. Por lo tanto, al alentar a quienes perdieron las esperanzas no debemos contentarnos con visiones de futuro, sino que debemos hacer inmediatamente algo concreto para imbuirles fe y fortaleza.
PACIENCIA Y FORTALEZA DE CARÁCTER.
En el mismo pasaje, Dios también le instruye a Moshé que sea gentil y paciente con el pueblo, un ingrediente básico para cualquier líder. El Midrash enseña que YHVH les dijo a Moshé y a Aharón: «Mis hijos a menudo son obstinados y testarudos. Se enojan rápidamente y son fastidiosos. Ustedes deben aceptar ser sus líderes bajo estas circunstancias…». Esta enseñanza es relevante no sólo para los líderes, sino para cada persona. En cada familia hay situaciones que ponen a prueba nuestra paciencia. En esos momentos debemos ejercitar la paciencia y la tolerancia, permanecer en calma y responder con fortaleza y dignidad.
CONVERTIR EL SUFRIMIENTO EN BENDICIÓN.
El pasaje que acabamos de citar tiene también una tercera interpretación. Dice el Talmud que en ese momento de crisis del pueblo judío, Dios le dijo a Moshé que ordenara a la nación lo relativo a la emancipación de los esclavos, algo que ocurriría una vez que entraran a la Tierra Prometida. A primera vista, parece algo descabellado. En ese momento la nación estaba esclavizada, ¿qué importancia podían tener esas instrucciones? Pero la Torá nos enseña que precisamente cuando uno atraviesa un sufrimiento debe comprometerse a eliminar el sufrimiento, a convertir el dolor en una experiencia de curación… en una bendición. Con este propósito la Torá nos exige recordar nuestra esclavitud y el Éxodo de Egipto. Una y otra vez la Torá conecta nuestras mitzvot con ietziat Mitzráim, con nuestras experiencias durante el Éxodo de Egipto.
Un ejemplo de esta conexión la encontramos en el versículo: Amarás al extranjero, porque fuiste extranjero en la tierra de Egipto.2 Nuestro sufrimiento en Egipto nos permite sentir empatía con el dolor de los demás, llegar a Sinaí y convertirnos en «una nación de rajmanimy benei rajmanim» – compasivos y descendientes de compasivos.
Quien nunca sufrió, quien nunca experimentó el dolor, no puede entender a alguien que llora de angustia. Quien nunca experimentó retorcijones de hambre no puede identificarse con los hambrientos. Sin embargo, todos tenemos opciones respecto a cómo responder a la adversidad. El sufrimiento puede volvernos crueles, amargos y cínicos, o puede volvernos sensibles, compasivos y afectuosos. Al aceptar la Torá en el Sinaí, escogimos lo segundo.
ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS TANTO EN LOS BUENOS COMO EN LOS MALOS TIEMPOS.
El Faraón vio que hubo un alivio [de la plaga de ranas] y continuó endureciendo su corazón . (Éxodo 8:11).
La Torá nos enseña una lección sobre la naturaleza humana. Bajo estrés, nos sentimos obligados a clamar a Dios y pedir Su ayuda. Pero apenas pasa la crisis, volvemos a «la normalidad». De hecho, este es el «Síndrome del Faraón»: con cada plaga la aflicción se intensificaba, pero el Faraón se rehusaba a «entender» y retornaba a sus viejos hábitos.
¿No sería maravilloso si pudiéramos mantener las promesas que hicimos en los momentos de angustia: ser más dadivosos, más comprensivos, más compasivos, estar más comprometidos con la observancia de las mitzvot, con el estudio de Torá y rezar con mayor sinceridad? Suelen decir que «en la trinchera no hay ateos», pero el nivel de la persona se reconoce por su capacidad de hablar con Dios en momentos de plenitud, cuando la fortuna le sonríe, si reconoce que todas sus bendiciones son regalos de Dios. Nuestro objetivo es rezar desde la inspiración, en lugar de rezar desde la desesperación.
La Rebetzin Esther Jungreis fue fundadora y presidenta de Hineni, también fue una charlista, personalidad de radio y televisión, columnista de periodicos y autora de «Jewish Soul On Fire», «Vivir Comprometido», «Matrimonio con compromiso» y «La vida es una prueba» (Mesorah/Artscroll).
La Torah, más allá de relatar eventos históricos referidos a la relación redentora del Eterno hacia Israel, es una metáfora acerca de la lucha contra el dualismo del sistema reptiliano. En la Instrucción divina hayamos los códigos lumínicos que otorgan las claves para obtener la victoria en esa lucha diaria en la que el mundo de la materia no quiere dejar libre al alma para que manifieste su propósito esencial.
Justamente la palabra Mitsrayim (traducida como Egipto) en su raíz señala a aquellos pensamientos limitantes que por medio de la angustia paralizan al alma al hacerla producir miedos.
Las primeras plagas de Egipto, son ni más ni menos que mensajes divinos que nos permiten ver nuestro propósito más allá de lo que sensorialmente captamos. A través de una profundización en el simbolismo ontológico que cada una de estas plagas tiene, lograremos ingresar en un proceso curativo de nuestra alma intoxicada por las creencias y los paradigmas propios del sistema reptiliano de cosas, que impera en este mundo.
Sabemos, por la revelación divina que otorga la Torah, que el alma humana está compuesta en su esencia por la Tzelem Elohim (traducida como «Imagen de Dios«) que llena de las Sefirot (Virtudes) divinas, permite que el espíritu humano se conecte a su psiquismo a fin de lograr acciones de Luz Infinita que permitan el tikkun Olam (reparación del mundo).
Dichos actos de reparación y transformación del mundo físico se logra ejerciendo el don divino llamado libre albedrío que permite escoger entre el camino de la vida y el camino la muerte.
¿Qué significa elegir entre estos dos caminos (vida o muerte)?
Escoger por la vida, significa decidir ser refinado. Es decir elegir por el refinamiento psíquico que permite reparar el mundo físico. Escoger por la muerte, es elegir la perversión para ocasionar corrupción.
La parashá Vaerá, invita al alma redimida a trabajar a través de las primeras siete plagas para ver si se está pervirtiendo o refinando.
Para saber cómo es esta técnica cósmica de sanación, te invito a escuchar esta shiur (lección) o catequesismistagógica que impartí para los santos que buscan el Reino de Dios y Su Justicia
También, puedes profundizar esta enseñanza conociendo todos los detalles de las Diez Plagas en el siguiente estudio:
Ideas avanzadas basadas en el Midrash y la Kabbalah.
Tal como Dios le había prometido a Abraham cientos de años antes, los hebreos, sus descendientes, saldrían de Egipto, pero el éxodo no sería instantáneo sino que se desarrollaría lenta y deliberadamente. Moshé es enviado a «negociar» la liberación de los esclavos israelitas, pero el Faraón niega conocer al Dios de Israel (Shemot 5:2) y se mantiene firme. Desde el comienzo, el Faraón elige hacer las cosas «por las malas».
A Moshé y Aharón les ordenaron mostrar la fuerza y el poder del Dios que el Faraón afirma no conocer, y sus instrucciones son bastante específicas: deben usar la vara, un símbolo con el que Dios ya le mostró Sus milagros a Moshé. Debemos resaltar que la vara, el símbolo del pastor, se transforma en un cocodrilo,1 uno de los símbolos más importantes de Egipto.2 Cuando los hechiceros del Faraón logran imitar esta misma muestra de poder, el Faraón piensa que ese «milagro» no es nada más que un truco de magia. Pero cuando la vara de Aharón3 se traga la representación simbólica de Egipto, el Faraón comienza a preocuparse. Para él, la escena que acaba de presenciar es un presagio apocalíptico. Los hebreos, que llegaron a Egipto siendo pastores, fueron excluidos, menospreciados4 y eventualmente esclavizados. Ahora estaban allí, sugiriendo que los pastores esclavizados se tragarían a todo Egipto, que lo harían desaparecer. Sin embargo, pese a sus temores, el Faraón pone cara de malo y sigue adelante.
Poco después se convierte en sangre el Nilo, un pilar no sólo de la economía egipcia sino también de su teología.5 Ante los ojos egipcios, la deidad que adoran como una poderosa fuente de vida parece mortalmente herida. Una vez más los hechiceros del Faraón repiten el milagro y crean más sangre, dándole al Faraón una excusa para continuar con su comportamiento desafiante.
Si el Faraón hubiera analizado la situación con objetividad, la lógica le hubiera dictado un curso completamente diferente. Incluso en esta etapa temprana, el Faraón debería haber entendido que ya había perdido la guerra, aunque sus hechiceros lograron terminar cada batalla con un aparente empate. Cada uno de los pequeños y simbólicos ataques de los representantes de los hebreos se enfocó en un símbolo egipcio de poder, un símbolo de lo que hacía poderoso al Faraón. A medida que continúa el proceso de liberación de los judíos, se verán atacados más símbolos fundamentales de Egipto, incluyendo la oscuridad que eclipsará al dios sol, que es el Faraón mismo.
Pero el Faraón no efectúa un análisis desapasionado. La plaga siguiente, ranas, sigue rápidamente a la primera. Como si el descalabro generado por Moshé y Aharón no hubiera sido suficiente, casi cómicamente los hechiceros del Faraón crean todavía más ranas, incrementando el ruido y la destrucción.
Nuevamente el Faraón se envalentona cuando su equipo se mantiene a la altura del desafío. Sus hechiceros apuntalan su coraje lo suficiente para enfrentar el siguiente castigo: piojos. Aunque puede ser que esta no sea la peor de las plagas, sin dudas es molesta. Pero esta vez la plaga desciende sobre Egipto sin previo aviso. Los piojos simplemente aparecen, y todo el polvo de la tierra se transforma en piojos o es consumido por ellos. Esta vez, aunque los hechiceros intentan imitar la maniobra, no lo consiguen.
Los magos hicieron lo mismo con sus hechizos para producir piojos, pero no pudieron (Shemot 8:14)
Al fracasar, los hechiceros debieron ser particularmente cuidadosos: una palabra fuera de lugar podía llevar a un final dramático y repentino de sus carreras… y de sus vidas. Midiendo sus palabras, transmiten a su rey una declaración meticulosamente pensada:
Los magos le dijeron al Faraón: «¡Este es el dedo de Dios!». Pero el corazón del Faraón se endureció y no los escuchó (Shemot 8:15).
El texto hebreo de esta declaración es extremadamente breve, sólo tres palabras. Pero esas palabras tienen una importancia crítica. Si las leemos como se debe, entendemos que transmiten un mensaje muy fuerte. En primer lugar, es posible que los magos hayan intimidado al Faraón al decir que el Dios de los judíos existe y que es más poderoso que los dioses egipcios. Por otro lado, como señalan muchos comentaristas, los magos usaron una forma muy genérica para referirse a Dios. ¿Quizás se estaban refiriendo a una deidad egipcia y no al Dios de los judíos? ¿Trataban de impartir un nuevo escepticismo respecto al dominio continuo del Faraón sobre los judíos, o estaban atribuyendo los milagros a una fuente ajena al Dios de los judíos?
Los comentaristas debaten sobre la intención de las palabras de los hechiceros. Su declaración habla sobre el poder de un dios, ¿pero qué dios?6 Desde la primera confrontación con los nuevos líderes de los hebreos, el Faraón negó conocer al Dios de Israel. La pregunta respecto al nombre con el que Dios es conocido es un tema central del libro de Shemot. Moshé presenta este tema en su primer encuentro con Dios en la zarza ardiente. La respuesta de Dios fue muy precisa: el «Nombre Inefable«, con el que Moshé debía presentar a Dios tanto a los israelitas como a los egipcios. Sin embargo, los hechiceros no usaron este nombre, ni ningún otro apodo claramente identificable. El término que usaron, «Elohim«, es un nombre más genérico y no específico de Dios, uno que a menudo se usa para referirse a dioses de idolatría e incluso puede utilizarse para hablar de poderosos jueces o gobernantes humanos. ¿Cuál fue la intención de los hechiceros al usar el término que traducimos como «el Todopoderoso»? Quizás, tan importante como la pregunta anterior, ¿qué fue lo que entendió el Faraón?
Como dijimos, la plaga de los piojos llegó sin una advertencia previa, lo que dejó la puerta abierta para que la atribuyeran a causas naturales. Al parecer los magos no deseaban darle al Faraón el consejo que necesitaba escuchar: «Esta es la mano del Dios Inefable de los hebreos, que vino a castigarte por tus pecados en contra de Su pueblo«. En cambio, le restaron importancia al ataque describiéndolo como «el dedo de Dios«, un término poco claro que el Faraón podía elegir entender como una «fuerza de la naturaleza» o incluso como «el acto de un dios egipcio«.7
La falta de advertencia previa, que hace que la plaga de piojos parezca ser sólo un evento fortuito de la naturaleza, junto a la minimización de la responsabilidad de Dios en la plaga, le permitió al Faraón continuar con su negación. Sus «consejeros» resultaron ser empleados serviles que temían decir lo que sabían, lo que era obvio que su jefe no quería escuchar: que Egipto estaba perdido, y que enfrentaban un poder incomprensible e incomparable. En cambio, alentaron al Faraón a mantenerse firme y seguir abusándose.
De todas formas, la culpa de las malas decisiones del Faraón no yace exclusivamente en los hechiceros, sino que es compartida. Un jefe mejor hubiera tenido mejores consejeros. Si el Faraón hubiera creado una atmósfera de diálogo sincero, si hubiera permitido opiniones discrepantes, su equipo no habría sido tan reticente. Si el Faraón hubiese alentado la expresión y la discusión honesta, sus consejeros podrían haber expresado sus dudas o realizado sugerencias novedosas para enfrentar esa amenaza.
Por otro lado, en base a lo que sabemos del Faraón, el cruel asesino, tirano paranoico y xenófobo que esclavizó toda una nación y decretó el asesinato de los inocentes, no nos sorprende que no haya conquistado las mentes y los corazones de quienes lo rodeaban. Un hombre mejor hubiera tenido mejores amigos, pero un hombre mejor no hubiera esclavizado a otra nación ni hubiese llevado a su imperio a esa situación imposible.
Aparentemente el Faraón se merecía el abuso que recibió. Su propia tiranía ayudó a crear la atmósfera que eventualmente provocó su caída. Si bien mucho antes se había decretado que los israaelitas sufrirían el exilio y la esclavitud antes de su eventual redención, la crueldad y la obstinación del Faraón fueron sus propias decisiones. Si hubiera tomado un camino diferente, no necesariamente habría tenido que sufrir los horrores de las plagas. De una u otra forma los judíos iban a ser liberados. El Faraón, y sólo él, fue responsable de elegir cómo iba a ocurrir. Debería haber elegido el camino fácil, admitir que se había equivocado y escoger el camino de la reconciliación. Pero en cambio eligió el camino difícil.
1. Shemot 7:9-10. 2. Ver Iejézquel 29:3. 3. Una lectura cuidadosa del texto sugiere que fue la vara de Aharón la que se tragó a las otras, y no su vara en la forma de un cocodrilo. 4. Bereshit 46:34, y citado por Moshé en Shemot 8:22. 5. Ver Iejézquel 29:3. 6. Ver Ibn Ezra, Shemot 8:15. 7. Ver Malbim, Shemot 8:15.
Creo que la mayoría de nosotros preservamos una imagen superficial, infantil o en el mejor de los casos incompleta de lo que nuestros padres sufrieron en Egipto; imágenes –que no supimos desarrollar– de los dibujos que pintábamos en el jardín de infantes. Y esto sucede a pesar de la obligación explícita de recordar, lo más seria y fielmente posible, lo que experimentaron nuestros padres en Egipto.
Durante el Seder de Pésaj debemos recrear y visualizar los detalles de la redención hasta sentir que nosotros mismos estamos saliendo de Egipto. Parte de esta experiencia es rememorar el sufrimiento de la esclavitud y así poder valorar más plenamente el placer de la libertad e incrementar nuestro agradecimiento a Dios.
Los Sabios, los grandes maestros del Talmud, agregaron de lo que ellos conocían por la historia y la tradición, para hacer más real, y especialmente más visual, la experiencia del Seder.
Dijeron por ejemplo, que en el Seder debemos sentarnos reclinados como los nobles; que debemos continuar comiendo el maror, a pesar de que estas hierbas amargas eran dependientes del sacrificio de Pesaj, y al no haber ya sacrificio, dejan de ser obligatorias. Y también agregaron un precepto enteramente nuevo: el Jaroset, con el propósito de representar mas vivencialmente la esclavitud.
Soy muy consciente de que casi nadie se pone a pensar de una forma seria lo que este alimento representa, es decir, qué memorias se supone que debe despertar. Hasta este año, que me forcé a estudiar un poco más sobre este tema, yo también pensaba que el Jaroset era sólo una cuestión de recetas y que todo lo que se podía decir del mismo era cuánta canela, nueces o vino le agregamos….
Pero estudiar sobre el inocente Jaroset me ha llevado a valorar mucho más allá de mis expectativas originales su valor educativo y admirar, una vez más, la sofisticación de nuestros sabios, de bendita memoria.
Lo más importante que he aprendido es que el Jaroset abre una ventana al aspecto más terrible de la esclavitud en Egipto. Nos permite (o nos obliga) a ver la característica de los trabajos forzados a los cuales estaban sometidos nuestros ancestros.
La palabra clave para entender la naturaleza de esclavitud de los hebreos, y comprender por qué fue diferente, por ejemplo, de la servidumbre de los esclavos griegos, o romanos o incluso de los esclavos africanos en Estados Unidos hasta 1865, es “párej” (פרך), un término que curiosamente se repite dos veces en dos versículos seguidos: los pasukim 13 y 14 del primer capítulo de Shemot, el libro de Éxodo.
Comenzaremos por explicar que la esclavitud a la que sometió el Faraón a los judíos tuvo dos fases, con dos propósitos distintos.
«Entonces impusieron sobre ellos capataces para debilitarlos con duros trabajos. Y los judíos edificaron para Faraón las ciudades fortificadas de Pitom y Ramsés.» (Éxodo 1:11)
En la primera fase de la esclavitud el Faraón hace trabajar a los hijos de Israel para construir Pitom y Ramsés. Los hebreos trabajaban “para el gobierno”. Esta esclavitud era un procedimiento “legal”. El monarca egipcio –irónicamente desde el tiempo de Yosef –era también el “Amo y Señor” de todos los egipcios. Los egipcios eran sus súbditos y el Faraón podía demandar de ellos cualquier tipo de servicio: sumarse a su ejército para defender su territorio o trabajar en los proyectos de construcción que el soberano consideraba necesario.
En esta primera fase, el trabajo de los hebreos consistía en construir las ciudades de Pitom y Ramsés, que según la interpretación más aceptada, eran fortificaciones posiblemente de uso militar. Este dato no es superfluo. Estas fortificaciones no eran construidas con ladrillos comunes (adobe) como las casas o templos, sino con piedras talladas. Podemos suponer que los hebreos trabajaban en las canteras extrayendo la roca, tallándolas (“los egipcios fueron los primeros en emplear la piedra tallada para erigir templos, pirámides y otras edificaciones monumentales”) y cargando las pesadísimas piedras, que a veces, como en el caso de las pirámides, pesaban varias toneladas, y montarlas una encima de la otra.
Por último, debemos comprender cuál era el verdadero propósito de la esclavitud en esta primera fase. Cuando el Faraón pronuncia su famoso discurso de propaganda denunciando el supuesto peligro que los hebreos representan para Egipto, propone un plan estratégico para afectar su procreación. Esclavizarlos y hacerlos trabajar en la construcción de día y de noche, era la manera de evitar que cuando regresaran a sus casas no tuvieran ni el tiempo ni la energía de procrear. Así, de una manera sofisticada, legal y no violenta ( הבה נתחכמה לו ) se reduciría significativamente la tasa de natalidad de los hijos de Israel. La construcción de estas fortificaciones, por lo tanto, no era el propósito de la esclavitud, sino la excusa para frenar el crecimiento demográfico de los hebreos. Pero, como la Torah lo dice explícitamente en el próximo versículo, el plan del Faraón no produjo los resultados esperados.
«Pero cuanto más oprimían a los hebreos con trabajos forzados, los hebreos más procreaban y más se multiplicaban. Y los egipcios se sintieron amenazados por los hijos de Israel.« (Shemot/Éxodo 1:12)
El plan del Faraón falló. El pueblo de Israel no se debilitó sino que por el contrario, se fortaleció y siguió creciendo.
En este punto, el Faraón decide comenzar con la fase 2 de la esclavitud de los hebreos, los trabajos forzados que se consideran “párej”.
«Y entonces los egipcios hicieron trabajar a los hijos de Israel con “párej”. (Shemot/Éxodo 1:13)
«Pues la nube de Hashem estaba sobre el Tabernáculo de día, y había fuego en él por la noche a la vista de toda la Casa de Israel. Así fue en todas sus paradas.»
Shemot/Éxodo 40:3 8
El pueblo de Israel se había elevado en el monte de Sinaí a las alturas espirituales de lo profético tal como lo había alcanzado y manipulado los patriarcas Avraham, Itzjak y Yaakov. En la mente de cada israelita, vibraba la idea de que dejar el Sinaí podría tal vez significar el abandono de la presencia constante de la divinidad entre ellos. Este es el sentido del mandamiento divino al ordenar la construcción del Mishkán.
Finalmente vemos que el Eterno aprueba la obra hecha por la unidad de Israel, y produce que la Shekináh desciende al “lecho nupcial”, el Mishkán (Tabernáculo), para habitar en medio de los israelitas. Así, la nube del Eterno descansaría sobre el Mishkán de día. Por la noche, una nube de fuego sería la que habría de custodiar a Israel, la amada de Yahvéh. Cuando la nube se apartara del Tabernáculo, ello constituiría la señal para que los israelitas emprendieran la marcha.
Refiriéndose a esto, los sabidos explican:
«…Día: representa los momentos de florecimiento; y “noche”, simboliza los momentos de obscuridad. El pasuk indica que siempre, a través de los viajes del pueblo de Israel por la vida, independientemente de si el sol brilla o no, las nubes y el fuego divinos constantemente nos protegen asegurando nuestra supervivencia…».
La palabra jornadas también incluye los lugares donde acampaban, porque desde cada lugar emprendieron un nuevo viaje. La nube no estaba sobre el Tabernáculo durante los viajes, sólo cuando acampaban, cf. 40:36.
El pueblo de Israel acampó 42 veces en lugares escogidos por YHVH. Algunas veces la parada era para probarlos, otras para que descansaran, y en otras oportunidades para disciplinarlos. Lo cierto es que en cada lugar había suficiente espacio para el Tabernáculo y para el campamento de cada tribu.
Ahora bien, para nosotros será muy importante conocer que los cuarenta y dos segmentos del viaje de Egipto a la Tierra prometida constituyen los 42 netivot (senderos) que el alma tiene a su disposición para conectarse con Yahvéh; senderos cuyo sentido podremos descubrir sí o sí mediante el estudio sistemático de la Torah.
Entendemos entonces que estos 42 lugares representan viajes espirituales que deben vivir todos los hijos de Elokim, todos aquellos guerreros que van por el Camino (Derek) que conduce a la Tierra Prometida. Para entender mejo esto, consideremos el siguiente ejemplo:
La gematría de la palabra Ramases es 430, que es equivalente a “Nefesh”, que significa, “alma”. La gematría de la palabra Sucot es 480 que equivale a “Yishamani”, que significa, “me escuchará”. La gematría de la palabra Etam es 441 que equivale a “V’hiyyiti”, que significa “yo estaré”. Así que, traduciendo a través de la gematría, el viaje que hizo Israel de Ramases a Sucot y a Etam, forma la frase espiritual: “Tu alma me escuchará, y Yo estaré providente”. Y así sucesivamente a través de todo el peregrinaje, podemos encontrar distintos códigos que permitieron al Pueblo Escogido cambiar los paradigma reptilianos aprendidos en Mitzrayim, y elevar sus mentes a los niveles proféticos que manejaban los padres de nuestra fe.
Así pues los sabios explican que el propósito de enumerar las 42 paradas, fue para hacer consiente al pueblo de su desarrollo completo (moral – espiritual – histórico). Por ello, luego, en la distribución de la tierra, le fueron dadas a los levitas 42 ciudades para vivir. Con esto el Eterno se aseguraba que si alguien se apartaba de la Torah y necesitaba orientación o enseñanza en alguna de las 42 etapas de desarrollo, él o ella podían visitar una de las 42 ciudades para recibir el entrenamiento específico asociado con esa etapa. De este modo el proceso de ascención se repararía y podría continuar en su dirección de marcha: derecho, adelante y hacia arriba.
Con todo esto logramos captar que las “paradas” (o estaciones), son un engranaje de vital importancia en este sistema, porque constituyen el momento de reflexión para determinar en cada encrucijada de la vida cuál sendero sea el más idóneo para alcanzar el horizonte estipulado. Porque el objetivo de toda interrupción es brindar el privilegio de experimentar la dicha de un nuevo comienzo. Este Santuario portátil, y su “habitante”, la Shekináh de Yahvéh, viajaría con los israelitas durante 40 años y finalmente se trasladaría a Eretz Israel (Tierra de Israel).
Considerando todo lo hasta aquí estudiado en las parashot del Séfer Shemot, notamos asombradamente que todo este poderoso simbolismo dado a través del Santuario, fue entregado al Israel como un libro de instrucción para saber cómo habitar en la presencia de YHVH. Todos los oráculos divinos encriptados en esta estructura cósmica, una vez aprendidos, debían ser enseñados de generación en generación, para que aquellos que llegarán al final de los tiempos (es decir, nosotros) supiéramos que hacer. Así lo comprendieron los discípulos de Yeshúa de las primeras comunidades, tal como el diácono Esteban lo proclamara:
“Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el Monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos.” ( Hechos 7:38).
Una vez que cada objeto y pieza estuvo en el lugar adecuado y la “vasija” (el Mishkán) estuvo preparada, la Luz del Creador ingresó al Tabernáculo. Esa fue la primera vez que hubo un lugar físico en el que la Luz Infinita, creadora de toda la existencia, pudo entrar y habitar.
La construcción del Mishkán para el Creador simboliza cómo cada uno de nosotros puede construir y preparar su propia vasija (vida) para que pueda ser llenada de Luz Infinita que es Yeshúa HaMashiaj (Juan 8:12) y así ser luz para el mundo de la fisicalidad que debemos reparar y transformar (Mateo 5:14).
Cuán afortunado es el pueblo que experimentó toda esta sabiduría, cuán afortunada es la nación cuyo Dios es… ¡HaKadosh Baruj Hu! (Salmo/Tehilim 144:15).
Ahora llegando al final de nuestro peregrinaje por este Séfer (Libro) llamado Shemot (Éxodo), encuentro oportuno hacerlo extractando algunas ideas que leí del sabio Najmánides quien expone en su prefacio al mismo libro el siguiente comentario:
«…El descenso de los hijos de Israel a la tierra de Egipto es el comienzo del exilio de Israel. El mismo no concluirá hasta que ellos hayan regresado a su tierra de origen, alcanzando el nivel de sus patriarcas. Empero, cuando los hijos de Israel salieron de Egipto, a pesar de que ya habían sido liberados de la esclavitud, todavía se los consideraba como exiliados, porque estaban en una tierra que no era de ellos, vagando por el desierto. Más cuando llegaron al monte Sinai y construyeron el Mishkán y volvió el Santo Bendito Sea Él, hizo posar su «Shekinah» entre ellos alcanzando los Benei Israel otra vez el nivel de sus patriarcas. A partir de entonces fueron considerados como redimidos…».
Tras concluir el segundo Séfer de la Torah, pronunciamos con gran satisfacción:
¡Jazak, jazak, ve-nitjazek! (¡Sé fuerte, sé fuerte y seremos fortalecidos!)
Para conocer más acerca de los 42 Senderos del Alma los invito a leer:
» Toda persona dotada de talento natural [«sabio de corazón»] entre ustedes que vaya y haga todo lo que YHVH ha ordenado: El Tabernáculo, su Tienda y su Cubierta, sus ganchos y sus tablones, sus travesaños, sus pilares y sus zócalos [o bases].»
(Shemot/Éxodo 35:10-11)
En el propósito eterno de Dios, el Mishkán (Tabernáculo) será la antena cósmica para traer toda la Fuerza y Luz del Creador, y dejar así que se irradiara a todo el universo físico, para que este pudiera elevarse al dominio pleno de las esferas celestiales. Así, Israel unida al Mesías como cabeza, recibirían toda potestad.
Además, el Mishkán sería también el lugar para que la Shekináh (Presencia Divina) pueda residir en cada israelita, desde el mayor de los mayores hasta los menores de los menores, sin que nadie fuera afectado por la muerte propia de estar en la Presencia divina (cf. Shemot/Éxodo 33:10)
Por estas razones, la construcción de semejante nave cósmica debía ser realizada bajo la supervisión de almas humanas con característica espirituales muy elevadas.
¿Quiénes fueron ordenados a realizar todas estas tareas?
Interesante nos resultará la respuesta: los hombres que un año atrás estaban en condición de esclavos, utilizando paja y barro, para construir ladrillos, y para hacer todo tipo de trabajo del campo. Eran los súbditos más despreciables de un Imperio reptiliano encabezado por el Faraón. Entre ellos no había carpinteros ni orfebres. No había costureros ni joyeros. Tampoco curtidores de cueros ni bordadores. ¿De dónde podíamos sacar artesanos y especialistas en tantos tipos de actividades? La Torah contesta todas nuestras preguntas:
“…Y se acercó todo hombre que puso su corazón…”.
Entre ellos no había quién pudiera enseñarles un trabajo tan especial como lo que debían hacer, tampoco existían los artesanos o profesionales que sabían determinada tarea. Lo que sí encontramos en esa generación es esto:
“hombres que podían poner todo su corazón en el Camino de YHVH y que se presentaron ante Moshé diciendo: «¡Yo haré todo lo que Mi Señor me diga!» …
Este tipo de corazón presentará entre sus actitudes positivas dos características fundamentales que garantizan la manifestación física de las bendiciones divinas: trabajar por la unidad para lograr reparar el entorno. Meditemos un poco más en esto:
Solícitos para trabajar por la Unidad.
El Eterno indica que la construcción debe ser desarrollada por Betzalel hijo de Uri hijo de Hur, de la tribu de Yehudá, que según la tradición histórica era un joven que contaba con apenas 13 años de edad, y que Aholiav de la tribu de Dan, (una de las tribus más pequeñas en la escala social puesto que él no procede de Rajel ni Leah), deberá unirse a él para apoyarlo en la Obra que Yahvéh había encomendado. [Si quieres conocer más sobre los códigos guemátricos del nombre Betzalel haz click aquí].
Estuve leyendo al Dr. Adolfo Roitman, de la Universidad Hebrea de Jerusalem, quien refiriéndose a este pasaje destaca:
«…El hecho de que los dos artesanos del Tabernáculo hayan sido miembros de las tribus de Judá (reino del sur), y Dan (reino del Norte), no puede ser ninguna causalidad. Probablemente se haya querido indicar con este dato tan sutil, que el primer Santuario de Israel había sido construido por toda la nación representada por sus respectivos artesanos, viendo así en la construcción misma del Santuario, la expresión más excelsa de la Unidad Nacional…»
[cita de la obra: “Del Tabernáculo al Templo”, pág 41].
Preparados para Rectificar.
Vemos en los pasukim (versículos) la orden de recolectar oro, plata y cobre de los israelitas para construir el Santuario. Estos pasukim nos conectan con un trabajo de preparación; preparamos nuestra corrección y la entregamos a un objetivo que nos trasciende. Los textos nos abren pórticos específicos para realizar cambios en nosotros, cambios en cada uno, cambios quizás pequeños, imperceptibles, pero que van en una dirección clara y segura: cambiar nuestra intención.
Corregirnos mediante un cambio en la intención, de «querer recibir» a «dar compasivamente». Este es el significado de estos poderosos códigos, y la base para la construcción de una vida diferente. Rabí Jaim Ben Atar nos dice:
“…Dios no necesita nuestros obsequios sino el deseo sincero del donante de elevarse y unirse a Él…”.
Los secretos (hebreo: sodot) de la Sabiduría de la Torah enseñan que el Shabat (שבת), es una de las maneras más poderosas para conectar con el Creador.
Leyendo al comentarista Rashí encontramos que él define al Shabat como un descanso relajante, de un carácter perfecto, lo contrario a un descanso de carácter casual, por ejemplo aquel para recuperarse de la fatiga, o el impuesto por el hecho de que no hay trabajo para hacer.
En sentido metafórico, los sabios expertos en codificación hebrea nos dicen que el “fuego” simboliza las discordias. Por ello, está prohibido en Shabat prestarnos a discusiones, alegatos ni nada que pueda encender fuegos de maledicencia, chisme, o situaciones problemáticas. Por naturaleza, el fuego es agresivo y consumidor. En tanto que el Shabat, en su esencia, impulsa a valorar lo santo de la vida para que la bendición del Cielo se haga presente entre los hombres.
Por ello, el poder del Shabat es uno de los medios más poderosos para conectar plenamente nuestra alma con el Eterno y hacer de nuestro vínculo interno con Dios un canal cósmico para que las bendiciones se precipiten abundantemente a la Tierra. Incluso, personas de cualquier credo pueden realizar esta conexión si lo desean. Después de todo, el Shabat es un sistema cósmico que originalmente fue creado para todos los hombres (Gén. 2:2-4).
Es necesario que entendamos y aceptemos que si dedicamos tan solo cinco minutos en Shabat a una conexión con la Luz divina, será mucho más fácil conectar con el Poder del Creador en cualquier otro momento de la semana.
El Rav Isaac Luria, de los escritos del Arizal, nos lo explica así:
«…Durante los días de la semana, las líneas entre el bien y el mal están un tanto borrosas. Esto hace que sea muy fácil resbalarse y caer en la trampa del materialismo y el egocentrismo, así que uno debe estar constantemente en guardia; a diferencia de Shabat, cuando el Oponente se mantiene a distancia. Dado que Malkut (nuestra dimensión física) asciende por sí misma en Shabat, no es necesario que nosotros nos ocupemos activamente en el proceso de elevar las chispas de luz en Shabat como lo hacemos durante la semana de trabajo. En lugar de ello, nuestro trabajo espiritual es dejar de lado ciertos tipos de trabajos físicos que podrían causar separación de este nivel elevado de luz…».
Agregan los sabios que, sin la santa energía del Shabat no sería posible, en ninguna manera, erradicar la negatividad del mundo.
Ya lo expliqué en otra bitácora que nuestra parashá Vayakhel vincula los temas del Shabat y la cuestión del Mishkán (Tabernáculo) porque estos, en la mente divina, son una misma cosa; ambos son enlaces a una dimensión trascendente.
La conexión entre Shabat y el Santuario es de gran profundidad. Entendamos que durante estos 2.000 años de exilio, después de la destrucción del Sagrado Templo de Jerusalem, el Shabat ha sido nuestro santuario dentro de los mundos hostiles, el lugar para refrescarnos y enfocarnos en los valores de la Torah. Por eso, existe un refrán que dice:
«…Mientras los judíos cuiden el Shabat, el Shabat cuidará de los judíos…».
En el sentido más profundo de su mística, el Shabat es una “guía para la Novia”, ya que cada siete días ella es fiel al descanso en el tiempo señalado con el “Novio”. Sin Shabat no hay «Cámara Nupcial» (el Santuario). Por esto, al Shabat también es llamado el anillo nupcial de la novia y es una prueba para ver si ella es fiel o no al novio.
El Séptimo Día, es decir, el Shabat, es también uno de los días proféticos de los siete mil años que acomoda a la Novia para el día de su Boda, a saber el Yom Kippur final.
También representa el último día de fiesta de los siete días de las Enramadas o Sukot (recepción de la Boda), llamado “Shemini Atzeret” (Octavo Día). El “Shemini Atzeret” es como si el “Novio” le preguntara a la “Novia” que le extienda un día extra con él después de que todos los invitados hayan vuelto a casa. El “Día Extra” (el octavo, o número 8), representa la eternidad, más allá de los 7.000 años de retorno al Jardín del Edén. Existen seis días para que la “Novia” haga todas sus labores y un día en el que ella dedica por completo a estar con el “Novio”, quien es el gozo de su vida.
Metafóricamente hablando, cada fin de semana es una Boda entre el hombre redimido y el Shabat. En toda poesía hebrea al Shabat se la trata de “Novia” y al varón de cada familia como al “Novio”, ya que se espera que cada vasija viril presente en cada hogar se eleve en ese día a su consciencia de convertirse en un ungido (mashiaj) del Eterno.
«No encenderás fuego en todas sus moradas el día del Shabat»
((Éxodo/Shemot 35:3)
Estamos estudiando la continuación de lo relatado en Shemot capítulo 34, vers. 29, donde la Torah relata cuando Moshé descendió del Monte Sinaí con las dos Segundas Tablas (10 de Tishrei). Inmediatamente después de esto, la Torah describe las tareas necesarias para construir el Mishkán (Tabernáculo), el precursor del Sagrado Templo.
Lo interesante es que la bendita Torah insiste nuevamente sobre la naturaleza especial del Shabaty en especial acerca de la necesidad de abstenerse de realizar melajáh, que es el trabajo prohibido en ese día sagrado. El texto hace mención específica de no encender fuego en Shabat.
Sobre este pasaje hay diversos puntos de análisis e interrogantes, algunos de los cuales son expuestos y formulados también por los comentaristas de la Torah.
Primeramente debemos entender y asumir que este mandamiento pertenece a la categoría de las leyes conocidas como “jukim”, acerca de las cuales, hemos dicho, la Torah no ofrece mayores explicaciones.
En segundo lugar, me es necesario también insistir en el hecho de que Shabat en su esencia es que el ser creado encuentre el reposo junto a su Creador. Es decir que Shabat no es sólo velas, pan, vino, mesa servida, etc; su esencia va mucho mas allá de lo que nuestros sentidos puedan percibir. Shabat no debe de ser una carga litúrgica sino un reposo espiritual en el que el alma humana se eleva a las dimensiones de la verdadera fe (emunah) dónde todo se hace posible para el que cree (Marcos 9:23).
Ahora sí, comenzando en el tema que aquí nos convoca, diré que la Torah especifica no trabajar ni encender fuego. Pero tenemos que en los Yamim Tovim (Días Festivos), cuando se prohíbe todo trabajo, sin embargo, sí se permite la preparación de alimentos, lo que incluye encender fuego para cocinar. En cambio, en Shabat no se puede encender fuego ni siquiera para la preparación de alimentos, con mucha mayor razón para otras necesidades, [Rav Shemuel Ben Meir/Rashbam].
Referente a lo que dice el texto, Moshé enseñó a los israelitas las halajot (leyes) de las 39 labores principales (avot melajot) prohibidas en Shabat. Una de ellas será el encendido del fuego, como ahora lo explicaré.
Hacer fuego está prohibido por la Torah. Pero debemos tener en cuenta que hacer fuego hace aproximadamente 3.500 años era un trabajo arduo. No se giraba una perilla y apretaba un botón o encendía un fósforo (cerillo). Hacer fuego era un trabajo en sí. Había que ir a buscar ramas secas o leña, partir las ramas con las manos o los leños con un hacha. Traer paja seca. Cargar con la leña. Acomodar. Frotar con una rama sobre una madera plana con paja. Soplar. Ventilar con una pantalla. Mantener la llama. Para hacer todo eso uno se cansa. Es decir que, históricamente, cuando se encendía fuego en una casa era para mantenerse ocupado y concentrado en quehaceres. Por eso, para comprender una mitzvá también hay que analizar el tiempo en el cual fue otorgada y en medio de que circunstancias. Es muy necesario conocer el contexto de todo asunto a fin de evitar errores de hermenéutica (interpretación).
Antes de continuar con todo esto necesito aclarar que con este aporte que estoy haciendo aquí no pretendo decir que es legal crear una llama de fuego literal en día de Shabat, pues el mitzvah (mandamiento), como jukot que es, es muy claro en eso. Pero sí necesito decir que este mandamiento también hace referencia a una creación de fuego que no habla de calor ni luz físicos, sino de uno que habla de luz y calor metafísicos.
Así pues les diré que al comenzar la construcción del Tabernáculo, el Eterno, por medio de Su Torah, recuerda a Israel la observancia del Shabat para decirnos que a pesar de dicha construcción no se debe profanar la santidad del reposo espiritual. En Shabat no se harán labores para el Tabernáculo. ¡Qué interesante!; a pesar de que los trabajos del Mishkán eran en honor a Yahvéh, éste debía ser suspendido al llegar el Shabat.
La tarea efectuada para el Mishkán se considera “melajáh”, es decir, “tarea” (en hebreo), y las distintas labores se denominan “melajot” (que son 39 en total). Éstas son las prohibidas en Shabat.
La razón por la cual la Torah nos enseña que las actividades productivas en el mundo material es que son a la vez, aquellas que son necesarias para construir un espacio a fin de desarrollar la santidad. La raíz de las 39 melajot del Shabat, son entonces los 39 trabajos del Mishkán, que derivan y provienen de dichos trabajos.
Estas 39 acciones tienen una cosa en común: son acciones que los humanos pueden hacer, pero los animales no. Todos estos son ejemplos de casos en los que los seres humanos utilizan su inteligencia con el fin de manipular y transformar la naturaleza, a fin de dominar las circunstancias que se producen por la ley de causa y efecto.
Ahora bien, una serie de planteos surge ante este mandamiento (mitzváh) que encabeza nuestro estudio: ¿Por qué la Torah yuxtapone la construcción del Tabernáculo con el mitzvah (mandamientos) de cuidar Shabat? ¿Qué significa realmente esta Mitzvá? ¿Acaso se debe de conectar solamente a lo literal? ¿Debe una persona afirmar que guarda Shabat cuando sus impulsos de fuego (Nefesh) han sido encendidos precisamente ese día? Trataré pues de responder estas preguntas en la medida que nuestra mente se abra a la Luz y voluntariamente se organice en sus pautas y lineamientos.
El Eterno está revelando aquí que el Shabat y el Tabernáculo son uno solo. Ambos son eslabones que nos unen con una dimensión trascendental. Durante los distintos años de exilio del pueblo de Dios, Shabat sirvió como el santuario (Mishkán), el lugar para restaurar y refrescar la perspectiva en un mundo con frecuencia hostil hacia los valores de la Torah.
El Mishkán une a todo el Pueblo de Israel, es el centro en el cual Yahvéh mora dentro de Israel. Y por eso la introducción de la parashá dedicada a la construcción del Tabernáculo es con las palabras “Y congregó Moshé” ( ויקהל משה, Vayakhel Moshé). Todo el pueblo de Israel se reúne para ser una gran comunidad, una gran sociedad. Pero en Shabat no hay necesidad de la acción de construir el Tabernáculo, porque el Shabat mismo es el secreto de la unión del Pueblo de Israel.
Es por eso que nuestros sabios han encontrado en esta parashá los códigos que revelan que durante Shabat es otorgada a cada hijo de Israel la denominada “Neshamá Yeterah,” (נשמה יתירה) o Alma Divina Adicional que lo saca de sus preocupaciones personales y lo conecta con todo el pueblo de Israel (Tikunei Zohar 6, 23b). Dicha alma adicional nos ayuda a adentrarnos a la verdadera esencia del Sagrado Shabat desconectándonos de lo pasajero, lo material, etc. Esta Neshamah Yeterah se va de una persona cuando Nefesh (alma animal) comienza a surgir en pleno Shabat, es aquí en donde podríamos entender un poco mas lo que esta mitzváh de «no encender fuego en Shabat» trata de enseñarnos.
El Eterno anhela que sus hijos no permitan que el nefesh («impulso de fuego«) sea encendido en todas las habitaciones de nuestro ser el día de Shabat, pues este es un día de alegría, regocijo, amor, santidad, etc.
En el Zohar está escrito que, del Shabat reciben bendición todos días de la semana. Por eso, cuando cuidamos el Shabat como es debido, trae bendición y éxito para todos los días de la semana; esta bendición proviene del Cielo. Del Zohar leemos:
«…No hay movimiento en lo Alto hasta que no haya movimiento abajo. Las bendiciones de lo Alto solo se encuentran donde hay alguna sustancia y no un mero vacío…», [Zohar I, 88ª].
El Rebe de Lubavitch explica sobre la santificación del Shabat y el apartarse del trabajo físico:
«…Acerca de esto se puede preguntar: “¿Si no invertimos en el negocio todas nuestras fuerzas y toda el alma, cómo aseguraremos su éxito y crecimiento?” A ello debe responderse que se requiere también creer en Dios. El judío tiene fe que al fin y al cabo el sustento viene del Altísimo. La función del hombre es hacer el “recipiente” para recibir la bendición de Hashem y por ello debe trabajar y dedicarse a su actividad comercial, pero quien define si va a ganar del trabajo y cuánto, es Hashem. Siendo así, cuando el Eterno dice que el judío no debe sumergirse totalmente en el trabajo, esto mismo indica que el camino para recibir la bendición de Di-s y afianzar el negocio, es exclusivamente cuando se cumple con la Voluntad de Di-s y no cuando se actúa contrariamente a ella. Quienquiera desee el éxito de sus actividades comerciales, debe abstenerse de invertir en ello toda su alma, puesto que esto es lo que Hashem quiere y es Él quien brinda la bendición. Cuando el judío trabaja durante los seis días de la semana, de acuerdo a las instrucciones de la Torah, también su Shabat es diferente. No tiene dificultad en dirigir sus fuerzas hacia los temas del espíritu, y no permanece pensando constantemente en sus actividades mundanas. De esta manera vivenciará una verdadera vida judía, tanto en los días de la semana y cuánto más, en el Shabat…», [Reve Lubavitch, resumen de la Parashá].
El Talmud (Shabat 73a) explica:
«La Torah yuxtapone Shabat y el Tabernáculo para enseñarnos que aquellas actividades usadas para construir el Tabernáculo, son las mismas actividades que están prohibidas en Shabat. Por ejemplo, ya que el Tabernáculo implicaba coser, nosotros no cosemos en Shabat; ya que implicaba cocinar, no cocinamos.»
¿Suena arbitrario? Difícilmente. Los expertos en la decodificación de la Sabiduría de la Torah explican la conexión de la siguiente manera:
En general, en Shabat está prohibido hacer aquello que demuestra el dominio del ser humano sobre la naturaleza. Es decir, lo que manifiesta la faz creadora humana. Ya que así como el Eterno cesó de crear el primer Shabat, tal debe hacer el redimido con mentalidad hebrea en el día consagrado del Eterno:
«Elokim bendijo y santificó el séptimo día, porque en él reposó de toda su obra de creación que Elokim había hecho para hacerse.« (Bereshit / Génesis 2:3)
El Eterno creó el mundo en seis días y descansó en el séptimo; en nuestro esfuerzo por emular a Yahvéh debemos asimismo descansar en el séptimo día. Pero para saber como descanso Dios en el séptimo día, primero debemos entender qué acciones creativas hizo durante los primeros seis días.
Aquí es donde el Mishkán o Tabernáculo es la clave. Sumerjámonos pues en estos códigos:
El Mishkán o Tabernáculo representa un microcosmos del universo, es decir que es el símbolo de una destilación de todas las energías, diseños y recursos encontrados en el mundo material interestelar. Betzalel, el arquitecto principal del Tabernáculo, entendió los planos para la construcción del mismo solamente porque comprendió el código de la Creación. De hecho, el nombre Betzalel significa «en la sombra de Dios».
Por eso al ser el microcosmos de la Creación, las actividades llevadas a cabo construyendo el Tabernáculo, son precisamente paralelas a aquellas acciones realizadas por Elokim (por así decirlo) al crear el mundo. Ya que el Tabernáculo implicaba escribir, nosotros emulamos el descanso de Dios al no escribir en Shabat.
Las actividades prohibidas en Shabat – «melajáh» – son diferentes de la definición secular de «trabajo«; es decir que ellas hablan de que en Shabat nos abstenemos de «acciones creativas,» no de «esfuerzo.» Por ejemplo, en Shabat puede que este permitido acarrear una caja pesada desde el sótano hasta el ático, pero al mismo tiempo esta prohibido encender un fósforo para encender la cocina. Mover la caja no implica un cambio en el estado creativo del objeto, mientras que prender el fósforo para activar la hornalla claramente si.
En otras palabras debemos aceptar que el “descanso de Shabat” no es un descanso de la labor física, sino que es un descanso de nuestro constante e inútil esfuerzo por controlar el mundo y sus circunstancias. Es un día para sentarnos y permitir que el mundo continúe su rumbo sin que nosotros intentemos cambiarlo. Es un día para dejar de hacer y comenzar a ser. Es un día en el que no permitimos que la lucha por un futuro «mejor» arruine el goce del aquí y el ahora. Cuando renunciamos por 25 horas a controlar el mundo, nos encontramos en una posición que refleja más acertadamente nuestra realidad, en contraste de cuando pensamos que tenemos el control. Es una oportunidad para encontrar un espacio de paz y humildad dentro de uno mismo.
Así, cuando cada redimido entra a un lugar más espiritual en su interior, su escala de valores comienza a modificarse. La necesidad de tener cada vez más dinero se torna menos importante. El éxito se muestra más voluble. Y el poder parece ser irrelevante. Pero, por otro lado, la familia, el amor, la búsqueda de sabiduría y la apreciación de lo bueno de la vida pasan del “blanco y negro” en el que están durante los días de la semana, a una profundidad de “32-Bit de color”.
El efecto es profundo. En Shabat, cuando dejamos de crear, no sentimos más la necesidad de competir con el mundo que nos rodea.
La Torah elige la expresión «prender fuego» como su único ejemplo de melajáh, porque justamente personifica lo divisivo, energías de combustión que Shabat pretende evitar. En vez de imponer nuestra voluntad sobre el mundo físico, estamos en armonía con él.
En Shabat, todos somos reyes. Aprovechamos la espiritualidad extra infundida en Shabat para enfocarnos en nuestras metas espirituales, las cuales expresamos a través de oraciones, estudio de Torah, comidas festivas, y tiempo que pasamos con familia y amigos. Por un día cada semana, no hay competencia. Sólo hay abundancia.
Éste es el propósito de Shabat. Un día para salirse de la locura de la semana y comenzar a vivir en el mundo real.
“Y Moisés reunió a toda la congregación de los hijos de Israel y les dijo: Estas son las cosas que ordenó hacer el Eterno. Seis días trabajarás y en el séptimo descansarás, pues sería día santo, es decir dedicado al Eterno.»
(Shemot/Éxodo 35:1-2)
Al llegar a esta porción denominada Vayakhel notamos que se repite, prácticamente, la misma historia que encontramos en las parashot Terumah y Tetzavé, es decir que se nos habla de nuevo de la construcción del Mishkán o Tabernáculo. Toda las palabras de este pasaje fueron pronunciadas al día siguiente de lo que más tarde conoceríamos como “Yom Kippur”, es decir, estos eventos ocurren desde un 11 de Tishrei.
La expresión «Vayakhel» significa “Y congregó”, y está relacionada con el vocablo “congregación” o “comunidad”. Considerada así nos damos cuenta que la Torah nos está dando aquí una lección estupenda y pretende que nos enfoquemos en sus líneas interesándonos en descubrir todos los poderes mesiánicos que se esconden en un término: congregación.
De aquí aprendemos que para hacer morar la Presencia Divina en el seno del pueblo de Israel, antes debe alcanzarse, en un esfuerzo mancomunado, unidad en el vínculo de la paz y la conciencia de ser una única comunidad o «Kahal». Esta porción nos revela la importancia de crear unidad como parte de nuestro trabajo espiritual por lo que debemos buscar despertar el deseo por la unión que nos permite velar por los demás. La unidad es fundamento de la Shalom (Paz).
Leyendo el libro del Zohar me encontré con la explicación de que la parashá «Vayakhel» revela a los israelitas que cada uno de los seres humanos venimos a este mundo con una falsa vasija (idea) mental; es decir, que creemos que estamos separados los unos de los otros. Así, la tendencia será que cada quien viva su vida, cada quien resuelva cada circunstancia como pueda, cada quien estudie lo que mejor cree que le viene bien, cada quien busque el trabajo que le plazca, cada quien trate de hacer una familia propia, etc. Es decir, cada quien viva a su manera. De este modo, todo eso se convierte en un relativismo personal por medio del cual cada quien establece la manera de medir sus éxitos y fracasos. Así es la praxis de la mentalidad reptiliana que los hebreos habían aprendido en Mitzrayim (Egipto).
Siendo así, y sabiendo que de acuerdo al propósito eterno de Dios revelado, en algún momento los hebreos debían unificarse en la consciencia, para convertirse en un reinado de sacerdotes para el Eterno (Éxodo 19:6), ¿cómo podrían conciliar la vida de cada quien (y su unicidad) en una misma cosmovisión? ¿Cómo podrían unirse cuando tenían una real consciencia de separación, demostrada en el pecado del becerro de oro? La respuesta divina es congregándose.
La parashá Vayakhel explica que los israelitas comprendieron a través de la enseñanza mosaica que los seres humanos, en el diseño divino original, venimos a este mundo a esculpir a Malkut. Venimos a construirla, ese es el objetivo mesiánico de cada vida humana.
¿Qué es Malkut? Es el Reino de la nobleza humana; es el sueño de todo ser humano sobre una vida ideal. Permítanme explicar mejor esto que estoy diciendo. Desde que nacemos queremos Luz, pero como nacemos con la consciencia de separación, confundimos el deseo de Luz con el deseo de cosas materiales, así que comenzamos a crecer y, paralelamente, crece nuestro deseo de más cosas. Por ejemplo: de bebé queríamos un juguete específico, y ya adultos queremos un auto de tal marca y/o modelo, o anhelamos una casa de ciertas características. A eso se le llama agrandar nuestra vasija, que es lo mismo que agrandar nuestra capacidad de deseo. Sin embargo, viene el Eterno, a través de Su Sabiduría en la Torah, y nos dice que todos esos anhelos que tenemos están intentando llenar a una falsa vasija. ¿Cómo podemos saber que esto es cierto? Porque nunca estamos satisfechos.
Lo cierto de esto es que una vez que logramos la casa y el auto, nos sentimos contentos por un tiempo, y luego surge de nuevo la insatisfacción. Cuando esto sucede, aparece un nuevo anhelo o reto y nos movemos hacia donde sea para lograr satisfacer lo que sea que surja como deseo. Mientras estemos en esa etapa, estamos llenando a la falsa vasija. Los sabios llaman a esta falsa dinámica de vida: supervivencia.
Lo que no hemos entendido (porque nadie nos los dijo antes), es que cuando en lugar de llenar la falsa vasija llenamos la vasija real, entonces la etapa de supervivencia se llena sola, sin que tengamos que hacer todos los esfuerzos que hacemos (Mateo 6:33).
La pregunta que surge es ¿cómo llenamos la vasija real?¿De dónde la sacamos?
La Torah, en sus códigos de sabiduría, revela que la vasija real está muy unida a la vasija falsa (el 1 y el 99% de la existencia), y lo único que nos hace falta es “apuntar” al lado correcto. Hacer Teshuváh, es decir, regresar a la Fuente. Esto se logra afinando nuestros anhelos a fin de elevar nuestro deseo. Tenemos que aprender que no queremos la casa ni el auto, sino la satisfacción (la Luz) que ello nos proporciona para sentir que nuestra familia vive en mejor nivel de parnasah (sustento) y shelemut (plenitud).
Por lo tanto, mientras más claro tengamos en nuestro interior que lo que queremos es adhesión con el Creador, y esta meta sea cada vez más clara para nosotros, más Luz entrará a la vasija real (nuestra alma enfocada a la Intención del Eterno). Así pues, todo lo que haremos será perseguir esta Luz Infinita, y procuraremos que las chispas de la misma escondida en las cosas nos sean otorgadas. Ahora bien, ya hemos aprendido que la Luz sólo la obtenemos cuando anhelamos otorgársela a otros. Siendo así, al querer sólo la adhesión con el Creador, nos convertimos en una “máquina” de dar.
Pero, ¿qué tiene que ver todo lo anterior con congregarnos? Líneas arriba, expresé que el objetivo de nuestra existencia en este mundo es construir a Malkut. Sin embargo, el secreto está en que nosotros no estamos aquí para construir nuestro propio Malkut, sino para construir el Malkut de los otros. A eso se le llama Malkut Elokim (Reino de Dios). Por ello, congregarse es encontrarse, es reunirse con gente que tiene nuestros mismos objetivos, porque juntos es como somos más fuertes. Juntos, conseguimos ser unánimes en el esfuerzo de unir los pedazos de la vasija real y manifestarla con el nombre que el Eterno le ha concedido: Israel, Su Esposa.
Para lograr unificarnos, tenemos que vencer a una fuerza opositora llamada división o fragmentación. Si una sola persona quiere levantar un ladrillo, hace mucho más esfuerzo que si tiene a otra que le ayude, ¿cierto? Ese es el principio de ser un equipo. Pues bien, tenemos que lograr ser un equipo en todos los ámbitos de nuestra vida.
La importancia de esto es poder entender que la suma de chispas de luz que se conducen al unísono, es decir que marchan todas juntas, es capaz de ejercer el control de la mente sobre la materia. Es como cuando vemos a un grupo de pájaros que vuelan todos juntos, al mismo ritmo y en la misma dirección. Uno guía al otro, y juntos parecieran que bailaran al ritmo de una misma melodía porque cuando existe una comunidad se crea una conciencia grupal extremadamente fuerte.
Bandada de estorninos en plena danza de unidad
Una persona sola puede quebrarse fácilmente, pero cuando es apoyada por otros entonces entonces se sostiene y enfrenta los problemas con determinación. Así lo expresaba el sabio rey Salomón al escribir:
«Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero !!ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.»
(Eclesiastés 4:9-12)
¿Cuál es la parte difícil de conformar una Comunidad? Tolerarnos. Es decir, aceptar las diferencias en amor, entendiendo que el otro solo me muestra mi parte oscura o la luminosa, todo depende de lo que yo vea en él. Es aceptar que cuando veo en el otro la oscuridad en realidad estoy resonando con mi propia oscuridad interna, pero si veo en él la luz, es mi propia luz la que se está proyectando. Sin embargo cuando pertenecemos a una comunidad con un objetivo egoísta, es decir, de sólo recibir, de ver lo que la comunidad me puede aportar, de cómo puedo aprovecharme de ella para mejorar mi vida, entonces el HaSatán se infiltra a través de ese egoísmo para dividir, separar y destruir. Es así como vemos división entre vecinos, amigos, razas, socios de un club, etc.
¿Por qué la Torah, en su sabiduría, nos explica que la pareja en alianza (matrimonio) es fundamental para el crecimiento personal?
Porque dicho diseño es la manera mas fácil de enseñar a la humanidad la metodología correcta para construir el Malkut de la persona a quien se ama. El hecho de amar a alguien nos facilita la cosa porque nos da el combustible. Cuando un ser humano no sabe lo que es habitar en matrimonio (sea por la razón que sea) es como consecuencia del «midáh keneguev midáh» (medida por medida) que se está pagando, y que debe recibir tikun (rectificación). Tenemos que saber que lo que hay que hacer, en ese caso, es un esfuerzo mayor, que consiste en renunciar al egoísmo para poder construir el Malkut del otro, sin recibir nada a cambio. La misma actitud que existe en una pareja en alianza es la que debe imperar en las almas de los redimidos que se convocan y encuentran en la Mesa de Comunión del atardecer del Shabat.
La historia de la construcción del Mishkán nos enseña que una de las tareas más importantes y difíciles que enfrenta un ser humano, es encontrar una comunidad que funcione armónicamente, ser el líder y construir una nueva congregación o participar en forma proactiva dentro de una comunidad que pueda lograr cohesión y unidad, y desde allí estimularse a transformar el mundo a través de las buenas obras que otorgan los mitzvot (mandamientos) de la Torah.
El asunto, en esta porción, radica justamente en comprender y aceptar secreto de construir el Mishkán (Tabernáculo): un sitio de encuentro en donde todos podamos elevarnos. Nuestras asambleas justamente se convierten en eso cada atardecer de los días sábados, pues muchos de ustedes esperan con ansias la shiur (lección) o catequesis de la semana para estudiarla y meditarla corporativamente. Cada uno de ustedes siente que congregarse es un medio celestial que otorga una visión más clara de la Luz que buscan. Y por eso, contra viento y marea, trabajan todos los días de la semana en la construcción de ese Tabernáculo. Es decir, se enfocan en que debe llegar Shabat, y el mismo debe ser finalizado en asamblea, como la Novia que procura ataviarse para su Novio con las mejores galas.
Así tiene que ser los días de nuestra vida, amigos: desde el primero hasta el sexto día se trabaja en la construcción del Mishkán (en donde quiera que éste se pose). Sólo en Shabbat descansamos, porque ese día el Tabernáculo se eleva a las dimensiones celestiales de Binah, donde todo se renueva y hace posible. Es como si el domingo el obrero comienza a construir un muro del castillo, y el viernes lo termina. Cada semana hay una parte del castillo que construir: a veces no logramos ni poner un ladrillo o nos quedamos a la mitad, pero cada vez vamos afinando nuestra técnica para que podamos concluir la obra con éxito. Sinceramente, aunque la comparación es grotesca, siento este encuentro en Shabbat como si fuera una gallina que se posa en su nido (se asienta para empollar, dándole calor a sus huevos).
Por eso la Torah nos enseña por medio de esta porción (Vayakhel) que el primer paso para formar una comunidad es, antes que nada, tener un objetivo claro y definido que sea común. Luego, basado en eso, se establece el sistema de valores del grupo. Por lo tanto, en función de eso debemos encontrar las personas afines que quieran unirse a esos objetivos y valores, de modo de crear el entorno que nos ayude a lograrlo. Y sobre todo, lo que no puede faltar para poder crear una comunidad es el rigor de Guevurah, porque para que funcione, es necesario crear leyes o un sistema de control, para que ninguno de sus miembros abuse de los recursos o de los otros miembros. Es justamente el rigor de Guevurah lo que permite entender por qué somos talmidim (discípulos) o gente que acepta la disciplina que impone el Maestro que hemos escogido para recibir los códigos de la Instrucción.
El asunto es que bajo estos principios el Creador, nuestro Abba, creó este mundo y nos dio la Torah como el sistema de valores que debemos seguir. Todo lo que tenemos que hacer es imitar este modelo para cualquier cosa que hagamos. De esta manera podremos sentirnos estimulados a perseguir la unificación con el Creador, como la prioridad de nuestra vida, por encima de todos los obstáculos que se nos pueden presentar cada día.
Queridos amigos, la demanda que nos implanta la porción de esta semana es hacer de cada aspecto de nuestra vida, un lugar de congregación para los otros. El lugar de trabajo, las reuniones sociales, la familia, etc., constituyen oportunidades para construir el Mishkán del Eterno, y el Malkut de otro, y esto sólo se puede hacer cuando damos Luz. La Luz no es otra cosa que satisfacción de propósito en la mente y el corazón.
«Toda mujer dotada de la respectiva capacidad artística hiló con sus manos; y trajo sus hilados hechos con lana turquesa, lana púrpura, lana roja y lino fino. Toda mujer dotada de la respectiva capacidad artística hiló pelos de cabra.»
(Shemot/Éxodo 35:25-26)
La sección denominada Vayakhel destaca el hecho de que todos los miembros de Israel, tanto varones como mujeres, pobres y ricos, príncipes y sirvientes, tuvieron parte en la construcción del santuario de YHVH. El mensaje divino revelado era claro: si cada uno no jugaba su papel en particular, este diseño de conexión cósmica no podría ser completado (cf. Efesios 4:16).
Así pues, después de escuchar a Moshé, toda la congregación de los hijos de Israel salió delante de él.
“Los hijos de Israel, todos los hombres y mujeres cuyo corazón los movía a traer algo para toda la obra que Yahvéh había ordenado por medio de Moisés que se hiciera, trajeron una ofrenda voluntaria a Yahvéh”. (Éxodo 35:29)
Ahora bien, al leer los dos versículos del encabezamiento, aprendemos que el Eterno le confiere una importancia suprema a la mujer dentro de la construcción de Su propósito eterno aquí en la Tierra. La Torah nos indica acerca de lo bien encaminado que debe ser su comportamiento, además de lo cuidadosamente pensada que debe ser su función en esta vida.
Las mujeres que viajaban con Moshé en el desierto tenían una aguda conciencia de su alma mesiánica.
Cuando Moshé enumera las contribuciones que los israelitas hicieron para el Tabernáculo, menciona entre ellas la contribución de las mujeres, quienes tejieron exquisitas telas para las cortinas del Lugar Santo. Como podemos ver, esas mujeres vieron su expresión creativa como parte de su servicio a YHVH, y Él valoró tanto sus dones que en la Torah se hace una mención especial de ellos.
“…Toda mujer hiló pelos de cabra”
Al leer el Talmud me encontré con un comentario que explica que las mujeres usaron una técnica única para hilar la lana de los carneros:
“…Era una artesanía extraordinaria, pues ellas hilaban de los vellones en el lomo de los carneros [antes que fuera esquilada]…” [Shabat 74b]
¿Por qué las mujeres hilaron los vellones mientras aún crecían en el lomo de los carneros?
Rabí Obadia ben Yacob Sforno, rabino y filósofo italiano del siglo XVI, explica que la lana de carnero pierde mucho de su brillo una vez que es esquilada; y al peinar e hilar la lana mientras aun crecía, las mujeres hacían mantener su brillo. Yahvéh no les dijo que hilaran los vellones para las cortinas de esta manera. Por su propio sentido de la belleza, ellas diseñaron las cortinas de la forma más creativa, para embellecer el Santuario.
El Rebe agrega otra dimensión a esta idea; las mujeres hebreas no vieron su contribución solo como una donación; ellas la vieron como un sacrificio Yahvéh. Si ellas tenían ojo para diseñar y mano para coser, quisieron dar al Eterno un sacrificio usando su ojo y mano, las herramientas que les fueron dadas.
“…el altar del incienso y sus varas, el aceite de la unción, el incienso aromático y la cortina de la puerta a la entrada del tabernáculo, el altar de la ofrenda de ascensión con su enrejado de bronce, sus varas y todos sus utensilios, y la fuente con su base.”
(Shemot/Éxodo 35:15-16)
Al peregrinar nuestra alma por la sección Vayakhel, discernimos el llamado del Eterno para que Su Pueblo se constituya en un Reino sacerdotal, solícito en guardar el vínculo de la Paz. En la simbología de los elementos descriptos en los versículos que encabezan este estudio, se encuentran encriptados los códigos proféticos de la oración sacerdotal que todo redimido debe procurar.
Comenzaré comentándoles que el altar de incienso representa la oración con una mente dirigida por el espíritu, no una mente carnal, puesto que el altar está dentro del área de la profecía. Así, por medio de esta herramienta cósmica, el Eterno reveló a Su Pueblo que la mente humana tiende a tener dos enfoques, la carne y el espíritu:
“Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la Torá de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne (los que no se sujetan a la Torá) no pueden agradar a Dios. Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu del Mesías, el tal no es de él.”
(Romanos 8:5-9:)
Un hombre espiritual ha aprendido a dominar y sujetar su mente para que sea puesta en las cosas espirituales. Así que la oración con el entendimiento ofrecida en el altar de oro es la oración que sale de una mente espiritual que está inspirada por las palabras de la Torá, como está escrito en
“Tomad con vosotros palabras, y volveos a YHVH» (Oseas 14:2)
El altar de cobre, o bronce (v. 16), representa la oración con el espíritu en otros idiomas (don de lenguas). Tal como hay varios tipos de sacrificios, hay varias maneras de hablar en otros idiomas. Hay idiomas que se hablan a los hombres y otras que se hablan al Eterno.
La expresión “hablar en lenguas” se refiere a la capacidad milagrosa que tenían algunos los discípulos del siglo primero de hablar un idioma sin haberlo aprendido (Hechos 10:46). De ese modo, quienes conocían el idioma podían entender con facilidad al que hablaba (Hechos 2:4-8). Este fue uno de los dones del espíritu santo que Dios les dio a los discípulos de Yeshúa en las comunidades primigenias (Hebreos 2:4; 1 Corintios 12:4, 30).
Nuestro Maestro Yeshúa había asegurado de antemano que se hablaría en idiomas no conocidos:
“Y estas señales seguirán a los que creen: …hablarán nuevas lenguas” (Marcos 16:17)
Marcos 16:17)
Todos seguramente conocemos el relato histórico de cuando los discípulos del Mesías (unos 120 aproximadamente) fueron investidos en su ministerio celestial en el día de Shavuot recibieron la capacidad de hablar en otros idiomas humanas delante de los hombres, como está escrito en el libro de los Hechos:
“Todos fueron llenos del Espíritu de santidad y comenzaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse. Y había judíos que moraban en Jerusalén, hombres piadosos, procedentes de todas las naciones bajo el cielo. Y al ocurrir este estruendo, la multitud se juntó; y estaban desconcertados porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Y estaban asombrados y se maravillaban, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Yehudá y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia alrededor de Cirene, viajeros de Roma, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestros idiomas de las maravillas de Dios.”
(Hechos 2:4-11)
Aquí vemos como esta manifestación espiritual dio a los hombres la capacidad de hablar las maravillas de Dios en idiomas humanas para así impactar sobre los hombres de los diferentes países. El Espíritu les inspiró a hablar en otros idiomas delante de otras personas con el fin de manifestar lo sobrenatural.
Así mismo sabemos que el Espíritu del Eterno también puede dar un tipo de idioma que no es humana sino angélica, tal como el apóstol Pablo lo enseña a los creyentes corintios:
“Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe.” (1 Corintios 13:1)
Ese tipo de hablar en idiomas es dado para hablar en privado, no en público, ya que es para hablar con el Eterno, y así conseguir mayor edificación personal, que permite aprender mayores misterios de la sabiduría divina. Así lo dejó bien expresado el apóstol Pablo a las asambleas de los corintios:
“Porque el que habla en otros idiomas sobrenaturalmente no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie lo entiende (en contraste con Hechos 2), sino que en su espíritu habla misterios (no es una cosa aprendida sino sobrenatural). Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, ánimo y consolación. El que habla en otros idiomas sobrenaturalmente, a sí mismo se edifica (su espíritu se fortalece), pero el que profetiza edifica a la congregación. Yo quisiera que todos hablarais en otros idiomas sobrenaturalmente(esta capacidad es para todos), pero aún más, que profetizarais; pues el que profetiza es superior al que habla en otros idiomas sobrenaturalmente, a menos de que las interprete para que la congregación reciba edificación. Ahora bien, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en otros idiomas sobrenaturalmente, ¿de qué provecho os seré a menos de que os hable por medio de revelación, o de conocimiento, o de profecía, o de enseñanza? Aun las cosas inanimadas, como la flauta o el arpa, al producir un sonido, si no dan con distinción los sonidos, ¿cómo se sabrá lo que se toca en la flauta o en el arpa? Porque si la trompeta da un sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, a menos de que con la boca pronunciéis palabras inteligibles, ¿cómo se sabrá lo que decís? Pues hablaréis al aire. Hay, quizás, muchas variedades de idiomas en el mundo, y ninguno carece de significado. Pues si yo no sé el significado de las palabras, seré para el que habla un extranjero, y el que habla será un extranjero para mí (en contraste con Hechos 2 donde el efecto fue contrario). Así también vosotros, puesto que anheláis manifestaciones espirituales, procurad abundar en ellas para la edificación de la congregación. Por tanto, el que habla en otros idiomas sobrenaturalmente (en la congregación), pida en oración para que pueda interpretar. Porque si yo oro en otros idiomas sobrenaturalmente, mi espíritu ora (usando la lengua para expresarse), pero mi entendimiento queda sin fruto(en el sentido de no entender, pero la mente puede luego ser beneficiada por el espíritu que ha sido edificado por medio de lo que se habló en otros idiomas). Entonces ¿qué? Oraré con el espíritu(no es una cosa rechazable, sino buena y edificante), pero también oraré con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero también cantaré con el entendimiento. De otra manera, si bendices sólo en el espíritu, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias el que ocupa el lugar de ignorante, puesto que no sabe lo que dices?Porque tú das gracias bien, pero el otro no es edificado. Doy gracias a Dios porque hablo sobrenaturalmente en otros idiomas más que todos vosotros); sin embargo, en la congregación prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para instruir también a otros, antes que diez mil palabras en otros idiomas sobrenaturalmente(no es raro hablar 10.000 palabras en otros idiomas a solas, porque son ríos inagotables que salen del interior). Hermanos, no seáis niños en la manera de pensar; más bien, sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros. En la Torá está escrito: POR HOMBRES DE IDIOMAS EXTRAÑOS Y POR BOCA DE EXTRAÑOS HABLARE A ESTE PUEBLO, Y NI AUN ASÍ ME ESCUCHARAN, dice el Señor. Así que el hablar en otros idiomas sobrenaturalmente son una señal, no para los que creen, sino para los incrédulos; pero la profecía es una señal, no para los incrédulos, sino para los creyentes. Por tanto, si toda la congregación se reúne y todos hablan en otros idiomas sobrenaturalmente, y entran ignorantes o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? Pero si todos profetizan, y entra un incrédulo, o ignorante, por todos será convencido, por todos será juzgado; los secretos de su corazón quedarán al descubierto, y él se postrará y adorará a Dios, declarando que en verdad Dios está entre vosotros.”
(1 Corintios 14:2-25)
Si leemos con mucha atención esta enseñanza apostólica lograremos entender que existen siete propósitos para hablar sobrenaturalmente en otros idiomas:
Fluir del espíritu humano para edificación propia (si no son interpretadas), [14:2, 5].
Alabanza, (14:7; Hechos 2:11).
Guerra espiritual, (14:8).
Oración espiritual, (14:14-15).
Canto espiritual, (14:15).
Bendición y acción de gracias, (14:16-17).
Señal para incrédulos, (14:22).
Evidentemente por lo hasta aquí considerado el hablar sobrenaturalmente en otros idiomas es una puerta de entrada en el Tabernáculo Celestial. Por esto vemos como esta manifestación sobrenatural fue la primera que practicaron los seguidores del Mesías Yeshúa después de la resurrección (cf. Hechos 8:17-18; 10:44-45; 19:6). Es una manera de acercarse a las profundidades espirituales y avanzar hacia el nivel superior de la profecía.
Debemos aceptar que quien habla sobrenaturalmente en otros idiomas está orando en su espíritu para ser fortalecido en su interior. El espíritu fortalecido puede luego ser sensible a las otras manifestaciones espirituales y también puede tener la fuerza para dominar sobre la mente y el cuerpo. Así que es muy bueno hablar en otros idiomas en la vida de oración personal. No todos obtienen la capacidad sobrenatural de hablar diferentes tipos de idiomas para el público (cf. 1 Corintios 12:48), pero todos los que han nacido de nuevo podrán hablar en otros idiomas personales de oración (cf. 1 Corintios 14:5, 23). En las comunidades del primer siglo estaba bien claro que aquel que se atreviera a oponerse a esta práctica está apagando el Espíritu (cf. 1 Corintios 14:39; 1 Tesalonicenses 5:19).
Por últimos, la Torah nos describe “la fuente con su base”, dicha estructura cósmica representan el carisma de la interpretación sobrenatural de otros idiomas.
Como la interpretación constituye una revelación mayor que el hablar en otros idiomas, la fuente está colocada más cerca del lugar santo que la puerta de entrada y el altar.
La manifestación de interpretación tiene diferentes niveles de intensidad y de claridad, como todas las nueve manifestaciones.
Un nivel bajo de esta manifestación consiste en la capacidad de entender el tema general de lo que uno mismo u otros están hablando.
La capacidad de hablar en otros idiomas es dada para influenciar en el mundo espiritual, y la interpretación de estos idiomas es dada para que no solamente el espíritu esté involucrado en esta actividad, sino también la mente humana. Cuando la mente es activada en oración junto con el espíritu hay mayor impacto en el mundo espiritual, y así la interpretación de los idiomas constituye una herramienta útil en la vida de oración personal y comunitaria.
El nivel superior de esta manifestación implica entender todo el mensaje que se está hablando en otros idiomas, palabra por palabra, tanto de uno mismo como de otros. Según la enseñanza apostólica, cuando un creyente tiene esta capacidad espiritual es llamado “intérprete” según lo revela la enseñanza paulina:
“¿Qué hay pues, hermanos? Cuando os reunís, cada cual aporte salmo, enseñanza, revelación, idiomas o interpretación. Que todo se haga para edificación. Si alguno habla en otros idiomas sobrenaturalmente (en la congregación), que sean dos, o a lo más tres (para que haya dos o tres testigos de lo que está sucediendo en el cielo en ese momento), y por turno, y que uno interprete; pero si no hay intérprete, que guarde silencio en la congregación y que hable para sí y para Dios.” (1 Corintios 14:26-28)
El intérprete de lenguas comunicaría entonces el mensaje del que habla en lenguas a todos los demás, de manera que todos pudieran entender.
«Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla.» (1 Corintios 14:13).
Al leer esto, notamos que no todos los redimidos del Mesías tienen la capacidad de poder interpretar sobrenaturalmente palabra por palabra las cosas que se hablan en otros idiomas.
Por otra parte, necesitamos conocer unos códigos lumínicos más a fin de que la práctica de estos dones carismáticos no sea egoica.
Tenemos el interesante dato de que la fuente fue hecha de cobre, o bronce. Ese metal, en las Sagradas Escrituras, simboliza juicios (hebreo din). Esto apunta al sentido almático de evaluar y purificar. De la misma manera también el agua dentro de la fuente purificaba a los que servían en el Tabernáculo. El cobre venía de los espejos de las mujeres (cf. 38:8; 1 Corintios 13:12). Los espejos simbolizan la Torah ya que la misma actúa como un espejo para el alma humana, como lo escribiera el hermano de nuestro Maestro, el apóstol Jacobo en su epístola:
“Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es. Pero el que mira atentamente a la Torá perfecta, la Torá de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será dichoso en lo que hace.” (Santiago 1:22-25)
El agua también simboliza la Palabra del Eterno (cf. Deuteronomio 32:2; Isaías 55:10-11; Efesios 5:26). Esto nos enseña que la Torah es la base para poder “purificar”, interpretar correctamente, todos los idiomas que se hablan en las congregaciones para la propia edificación, y aún para la edificación pública de los santos.
Como conclusión final les diré que tal como todos los dones del Espíritu Santo, hablar sobrenaturalmente en otros idioma no es necesariamente una señal de madurez espiritual. Muchos de los discípulos de Corinto hablaron en lenguas pero el apóstol Pablo les dijo que eran unos “niños en Cristo” (1 Corintios 3:1), reprochándoles así su inmadurez y carnalidad. No obstante, cuando el don se utiliza de una manera apropiada, se puede utilizar para edificar a sí mismo y a los otros miembros del cuerpo del Mesías.