Estudios Bíblicos

El Sumo Sacerdote entronizado como Rey

P.A. David Nesher

Pero el Señor le dijo a Moisés:
“Vuelve a poner la vara de Aarón delante del testimonio para que se mantenga como una señal contra los rebeldes, para que hagas cesar sus murmuraciones contra mí, para que no mueran”.

(Números 17:10)

En esta semana, estudiando la parasha Koraj, hemos visto como Moshé y los Benei Israel («Hijos de Israel») mantuvieron la vara del Sumo Sacerdote Aharón en el arca como testimonio de la elección que hizo el Eterno de la casa de Aharón. Sin embargo, según distintas midrashim judías, “todos los reyes tenían el mismo bastón en la mano hasta que el Templo fue destruido, y luego fue escondido. Ese mismo bastón también está destinado a ser sostenido en la mano del Rey Mesías.” ( Números Rabá 18:23)

También citaré lo que dice un midrash titulado «El CETRO DEL MASHIAJ»:

«El bastón con el que Jacob cruzó el Jordán es idéntico al que Judá dio a su nuera Tamar (Gn. 32:10, 38:18). También es la vara sagrada con la que trabajó Moisés (Éxodo 4:20, 21), con la que Aarón hizo maravillas ante el Faraón (Éxodo 7:10) y con la que, finalmente, David mató al gigante Goliat (I Sam. 17:40). David lo dejó a sus descendientes, y los reyes davídicos lo utilizaron como cetro hasta la destrucción del Templo, cuando desapareció milagrosamente. Cuando venga el Mesías se le dará como cetro en señal de su autoridad sobre los paganos.»

(Midrash Rabbah – sobre el Salmo 110, según la traducción de la Enciclopedia Judía)

Ahora bien, las Sagradas Escrituras (o Biblia) nunca menciona a ninguno de los reyes de Judá empuñando el bastón del Sumo Sacerdote Aharón. El hecho de que los reyes empuñaran el bastón sacerdotal parecería desdibujar los roles distintivos de la monarquía y el sacerdocio. Sin embargo, la vara de Aharón simbolizaba la elección de Yah de un hombre para el cargo.

Por ello es que los reyes de Israel, al tomar posesión de su cargo, exhibian el bastón de Aharón como parte de su esfuerzo por probar su designación divina al Trono de David. Esto se hacía con el fin de evitar la manifestación de gruñones o rebeldes que se opusieran al ascenso al trono del nuevo rey. Así pues, al ver la vara de Aharón y recordar lo que el Eterno hace con los gruñones, rebeldes y sediciosos, sus conciencias los conducían a refrenar pensamiento y lengua de toda negatividad. Después de todo, el bastón debía ser “guardado como una señal contra los rebeldes, para que pusieras fin a sus murmuraciones”. (Números 17:10.) Por lo tanto, es razonable comprender para qué los reyes de Judá tomaban el bastón de Aarón en la mano como uno de sus rituales de coronación.

En la cita del Midrash Rabbah leíamos cómo los Sabios aseguraban que cuando venga el Mesías, la vara de Aarón será puesta en Su mano. Como texto de prueba, cita un versículo del Salmo 110, el más citado por los apóstoles cuando enseñaban sobre Yeshúa.

Por esto último, nosotros, los primogénitos del Monte Santo, creemos y declaramos que ese mismo bastón también está destinado a ser sostenido en la mano del Rey Mesías (que venga pronto en nuestros días), como dice [en el Salmo 110:2]: “El Señor extenderá desde Sión tu poderoso cetro, diciendo: ‘Gobierna en medio de tus enemigos.’” (Números Rabá 18:23)

Moshé, en su rol mesiánico, fue profeta y rey. Aharón era el Sumo Sacerdote. Cuando Yeshúa regrese, vendrá como rey, pero también como profeta y sacerdote. En ese sentido Él, en Su persona y propósito misional une la monarquía y el sacerdocio y es digno de empuñar el bastón de Aharón. En Yeshúa, los dos oficios de rey y sacerdote están reconciliados.

¡Aleluyah!… ¡Que Él venga pronto en nuestros días!


Bitácora Relacionada:
Los Tres Oficios del Mesías

Claves para dividir una Congregación de santos (la rebelión de Coré)

Por P.A. David Nesher

“Coré hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví; y Datán, y Abiram hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, de los hijos de Rubén, tomaron gente y se levantaron contra Moisés con doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de hombre. Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová; ¿por qué pues os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová? Cuando oyó esto Moisés se postró sobre su rostro.”

Bamidbar/Números 16: 1-4


Si estás buscando una forma eficiente de dividir una congregación (esa en la que el Eterno te colocó para capacitarte en el servicio) y deseas de este modo dañar el Reino de los Cielos, generando cortocircuitos para que el Sitrá Ajrá (el Lado Oscuro) tenga autoridad para obrar en el mundo, te aconsejo que prestes mucha atención a las claves que otorga la historia de Coré (hebreo: Koraj).

A diferencia de ocasiones anteriores en las que el pueblo de Israel se quejó de problemas específicos, como falta de alimento o de agua, o de la necesidad un ‘lider-dios’ que tomara el lugar de Moshé como intermediario entre el Eterno e Israel, en esta parashá (porción) denominada Koraj, nos encontramos con una rebelión abierta, un intento de desplazar a Moshé y Aharón como líderes nación.

De acuerdo al relato de lo que estudiamos esta semana, Koraj tenía una queja contra Moshé y Aharón. Vale decir que así como Moshé y Aharón, era de la tribu de Leví, Koraj era también levita, por lo que también estaban emparentados.

De acuerdo a las Sagradas Escrituras Koraj se molestó con Moshé por nombrar a Aharón y a sus hijos al sacerdocio, haciendo del resto de los levitas simplemente sus sirvientes. Este varón, lleno de envidia y odio, sintió que Moshé estaba abusando de su posición de liderazgo cayendo en el nepotismo al favorecer a su hermano Aharón. Koraj había visto las ventajas del sacerdocio en el modelo social de Mitzrayim (Egipto). Allí, los sacerdotes llegaban a la acumulación de grandes riquezas e influencia política, algo que Koraj traía en su corazón como un deseo obsesivo.

Por causa de esta percepción egotista y errónea, Koraj asumió que Moshé, Aharón y sus hijos, estaban tratando de convertir la kehunah (sacerdocio) que el Eterno había otorgado a Israel en una maquinaria política similar a los egipcios, y a él lo estaban dejando afuera.

Koraj insistió en que todos los levitas deberían disfrutar de los privilegios y recompensas del sacerdocio, y que toda la asamblea de Israel era lo suficientemente santa para servir en el Mishkán (Tabernáculo). Tanto él, como sus compañeros sediciosos, no comprendieron que la ambición principal de Moshé y Aharón era solamente la avodáh (servicio) al Nombre de YHVH.

Lo cierto es que la actitud de Koraj es muy común entre los creyentes cristianos protestantes (evangélicos) de hoy que sienten en sus falsas certezas que solo deben rendir cuentas ante Dios. Por ello, es muy común encontrar en estos sustratos religiosos que muchos creyentes ven a las autoridades eclesiásticas con recelo y desconfianza, a tal punto que se niegan a someterse a los líderes de la congregación.

Este texto nos enseña que el Eterno es el que pone líderes espirituales SOBRE otros. No es lo mismo levantarse a sí mismo que ser levantado por YHVH. Moshé no había escogido la posición que tenía por encima del pueblo. El Eterno lo había puesto allí, al igual que Aharón. Así que, al criticar esas posiciones, no estaban criticando a los hombres, sino a Yahvéh que los había puesto allí.

Leyendo el relato del libro de Bamidbar (Números) vemos que Koraj difundió su espíritu de disidencia entre los compañeros de tribu. Así mismo, logró que 250 varones de renombre de las otras tribus también se contagiaran de este perversa manera de pensar y decidieran seguirlo también en esta sedición. Así también, a Koraj también se le unieron tres nobles improbables: Datán, Aviram y On de la tribu de Rubén. Ahora bien, ¿por qué los rubenitas se unirían a Koraj? ¿Qué tenía que ver la disputa levítica con ellos?

Sabemos por el estudio de la porción Bamidbar que Koraj y los rubenitas eran vecinos pues los campamentos de sus clanes y tribus eran colindantes. Koraj pertenecía a la familia levítica de Keat (Coat). Según los arreglos para los campamentos tribales, tanto los keatitas como los rubenitas acamparon en el lado sur del Tabernáculo (ver Números 2:10; 3:29).

Los Sabios explican que esta relación de vecino de al lado llevó a los rubenitas a participar en la insurrección. Los agravios iniciales de Koraj contra Moisés y Aarón no tenían nada que ver con los rubenitas, pero a través de conversaciones frecuentes y la manipulación sutil de ideas, Koraj pudo convencer a sus vecinos de sus argumentos y así logró atraerlos a su plan.

Existe proverbio oriental que dice: «Ay del impío, y ay de su prójimo«. Esta expresión se aplica perfectamente a Datán y Aviram, los vecinos de Koraj. Datán y Aviram no percibieron que eran vecinos de un hombre contencioso. Por eso fueron castigados con él y fueron barridos del mundo.

La historia de esta rebelión nos deja la enseñanza que toda contienda contra el liderazgo es contagiosa, y las personas contenciosas trabajan duro y obstinadamente para convencer a sus compañeros de que se unan a su causa. En la historia del cristianismo el denominador común siempre es el mismo; las rebeliones congregacionales a menudo comienzan en pequeños grupos de estudio, comités de proyectos especiales, o equipos de voluntarios donde un solo laico descontento puede publicar su queja contra el liderazgo, y conseguir simpatizantes.

Entonces, como discípulos de Yeshúa, debemos determinarnos a estar atentos, y tener mucho cuidado de no caer en la trampa de la sedición que siempre tiende la boca de los egotistas que pululan con sus complejos de inferioridad y envidia. El Espíritu Santo, desde la pluma del apóstol Pablo, nos advierte que ni siquiera escuchemos las acusaciones contra los líderes de la congregación «excepto sobre la base de dos o tres testigos» (1 Timoteo 5:19). Así mismo, el apóstol Pedro les dice a los jóvenes en las congregaciones que «estén sujetos a sus mayores» (1 Pedro 5:5). También el escritor del libro de Hebreos dice:

«Obedeced a vuestros pastores y sométanse a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta. Que hagan esto con alegría y no con tristeza, porque esto sería inútil para vosotros«
(Hebreos 13:17).

Generalmente, la insurrección congregacional comienza con una o dos personas privadas de sus derechos que tienen un agravio (real o imaginario) contra el liderazgo. Estas comienzan a compartir su queja con otros que intuyen, desde su corazón cainita, que los escucharán.

Por todo esto, apreciado hermano y/o hermana en el SEÑOR, le aconsejo que tenga cuidado al conceder un oído atento para que no se encuentre haciendo algo más que escuchar. Es necesario que esté perseverantemente capacitándote en la Instrucción divina para que puedas discernir y saber más cómo el diablo actúa a través de aquellos que se dicen creyentes (hasta con oficios ministeriales) pero que, en definitiva, son dirigidos por un espíritu de división que podemos denominar «el espíritu de Koraj».

Del SEÑOR es la unidad del Espíritu en la Kehilah (Efesios 4:3), la cual debemos con solicitud guardar, lo cual significa estar batallando constantemente en nuestra misión de ajim y ajot (hermanos y hermanas), cuidándonos y protegiéndonos unos a otros para elevarnos más en el servicio de unificar el Santo Nombre de Avinu (nuestro Padre).

Por el contrario, la labor del maligno es la contraria. Por eso, HaSatán, muchas veces, aprovechando una unidad aparente, basada en lo natural solamente (sentirse entre «amigos»), pretende a través de las personas que se prestan a sus maquinaciones llegar a conseguir el objetivo contrario al del Espíritu Santo: la destrucción del Cuerpo Sacerdotal llamado Israel. Lamentablemente, muchos llamados cristianos, a causa de su falta de rectitud de corazón, son usados por el diablo sin darse cuenta realmente de que eso es así.

Recuerda siempre la advertencia profética del Santo Espíritu:

«En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos. Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu Santo» 
(Judas 18-19)

 «…que Satanás no saque ventaja alguna sobre nosotros, pues no ignoramos sus maquinaciones» 
(2 Corintios 2:11)

Amados discípulos de Yeshúa, para ayudarnos en nuestra labor de ser guardadores de la unidad del Espíritu, el Eterno concede a sus hijos el don de discernimiento (1 Corintios 12:10). Discernir significa básicamente separar una cosa de otra para entender lo que es verdad de lo que no lo es, aunque lo parezca. En este sentido la Palabra mesiánica dice:

 «…el espiritual juzga todas las cosas… nosotros tenemos la mente del Mesías» 
(1 Corintios 2:15-16).

Discernir en el Espíritu, es siempre la obra de Luz o declaración del Espíritu Santo al creyente verdadero. Es el entendimiento de parte de lo Alto que el creyente recibe para hacer algo al respecto. No obstante, además del discernimiento en sí, el creyente redimido necesitará ser cada más lleno de Jokmah (Sabiduría), ya que ella es la puesta en marcha del conocimiento según la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta (Rom. 12:2).

Alguien de ustedes se estará preguntando: ¿por qué nos es tan necesario discernir?, porque dados los tiempos, cuando más nos acercamos al final de esta dispensación, el enemigo trabaja más con el fin de «engañar si fuere posible aun a los escogidos« (Mateo 24:24), tal como lo advirtiera nuestro Maestro y Dueño.

Esto concuerda con la enseñanza paulina que dice: 

«Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios» 
(1 Timoteo 4:1)

También el apóstol añade a esta escritura: 

«También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita»
 (2 Timoteo 3:1-5)

Descritos en esas escrituras, vemos que se trata de creyentes profesantes, pero que por sus frutos llegan a mostrar que no lo son de verdad. Muchos de ellos solamente gustaron del don celestial (Hebreos 6:4), pero en ningún momento experimentaron el nuevo nacimiento que el Maestro vino a provocar (Jn. 3:3). En pocas palabras, son almas pervertidas que se hicieron objeto fácil del maligno para su uso contra el Cuerpo del Mesías… ¡Por todo ello, nos es imprescindible discernir!

Elevo mi plegaria al Eterno para que aquel que tenga el Espíritu de Dios entienda lo que esta enseñanza está implantando en su alma. Si a ti mi hermano (o hermana) en este momento, alguien te quiere seducir y te quiere arrastrar, para que tú dejes el ministerio en donde sirves, la asamblea donde te congregas (dando contra tu liderazgo pastoral), y le sigas… ¡cuidado!…. Dije: ¡Cuidado! No te dejes engañar, porque siempre, al igual que Koraj, se usan tantas sutilezas para arrastrar al Sheol.

¡Sé que ha llegado a tiempo esta advertencia profética de Yahvéh! ¡No digas, luego, que el SEÑOR no te lo dijo!

En amor y a tu servicio: David Nesher

¿En qué consiste nuestro trabajo?

Por P.A. David Nesher

¿Hablas como un ateo? Fíjate que el Talmud comenta sobre los diez espías y su informe maligno diciendo: “El que difunde informes malignos casi niega la existencia de Dios”.

Los espías regresaron de Canaán con un racimo gigante de uvas. Las uvas deberían haber animado a los israelitas. La tierra era de hecho una buena tierra llena de generosidad, tal como el Eterno lo había prometido. Los diez espías, sin embargo, interpretaron las uvas gigantes de manera diferente. Los usaron como evidencia de que la tierra estaba habitada por gigantes invencibles. «¿Qué esperarías de los viñedos de los gigantes?» ¿No es extraño cómo dos personas pueden mirar lo mismo, como un racimo de uvas, y llegar a conclusiones opuestas? Para Josué y Caleb, las uvas gigantes eran algo bueno. Para los otros espías, las uvas gigantes eran un signo de desesperación.

El Eterno se reveló con su ira diciendo que escuchó las murmuraciones y las quejas de los hijos de Israel. Él también escucha nuestras quejas. El pecado de murmurar está relacionado con el pecado de chismear. Ambos son formas de malas palabras; ambos resultan de un espíritu crítico.

La Torah enseña que el Eterno escucha todas nuestras quejas y negatividad. Por eso los sabios enseñan que el quejumbroso equivale a un ateo. Sus quejas niegan la existencia de Yahvéh como si no hubiera Dios para escuchar sus amargas palabras.

Te invito a escuchar esta webinar:

https://youtu.be/Sa7_HAoHPJU

¿Cuál es el propósito de nuestro Trabajo Espiritual?… Respuesta: ¡Disminuir el poder del Mal!

Por P.A. David Nesher

En esta semana, nos tocó nuevamente ser sumergidos por el Espíritu de la profecía en la porción Shelaj Lejá y estudiar los códigos lumínicos escondidos en la historia de los doce espías. Una vez más, nuestras almas estudiaron acerca de la incapacidad espiritual de los diez espías para ver sólo el bien y la Luz. Justamente por esto, todos los miembros de aquella generación sólo se enfocaron en ver muerte, destrucción y caos, provocándose así un gran daño en su propósito y destino. Debido a que no lograron mantener esa conciencia, la Luz del Eterno no pudo ser revelada, y aquellos israelitas no pudieron entrar en la Tierra de Israel.

Hemos estudiado como aquellos diez espías caminaron por 40 días, y durante ese lapso no lograron ver más allá de la ilusión de la fisicalidad. En consecuencia, el trabajo que YHVH les entregó para corregir ese fracaso se manifestó en 40 años más de peregrinación en el desierto. Desde este castigo divino surge un cuestionamiento: ¿qué relación existe entre los 40 días y los 40 años?

Buscando respuesta a esto, me encontré con una obra titulada Kinat HaShem Tsevaot, polémica obra escrita por El Ramjal, un sabio kabbalista que revela en este escrito el secreto de los espías.

El Ramjal sostiene que primero que nada, debemos entender que el número que se corresponde con la totalidad de niveles de Tumá (impureza) o también llamados «los niveles de negatividad«, es 400. Es decir que existe un total de 400 fuerzas negativasobrando desde el Sitrá Ajrá (el «Otro Lado» o «Lado Negativo«) contra la humanidad. Esta es la razón por la que el Eterno permitió que los israelitas estuvieran bajo servidumbre en Egipto por 400 años con el propósito que aprendieran los métodos para librarse del control que el Lado Negativo tenía sobre ellos y el mundo. Así fue que cuando los israelitas abandonaron Egipto hace miles de años en Pésaj, lograron romper con la fuerza mayor del Lado Negativo, que es revelado con el número 400, de modo que nunca fuese reparado. Así es, tal como lo estás leyendo, partir de ese momento, el Lado Negativo, la Sitra Ajra, nunca más recuperó su fuerza original de 400; más bien, su poder fue disminuido a una fuerza menor llamada los 40 años.

Así pues, la reducción del Lado Negativo provocada por la salida de los israelitas de Egipto en Pesaj, convirtió a la fuerza destructiva de 400 años, en una fuerza menor que sólo podía atacar y oprimir 40 años. Por eso el trabajo de los espías era entrar en Kenaán por 40 días y si en cada uno de esos días hubiesen logrado ver sólo la Luz escondida en todas las tinieblas de la ilusión materialista que vibraba en ese último reducto del Mal, habrían logrado que la fuerza del Lado Negativo de 40 años se redujera ahora a una mucho más débil de apenas 40 días; esa disminución de las fuerzas negativas sería finalmente destruida cuando todo el Pueblo habitara Eretz Israel y guardara el Shabat.

Sin embargo, como sabemos, diez de aquellos doce espías cayeron. Caer, en la mentalidad hebrea, se refiere a una imposibilidad en la conciencia de los redimidos para ver más allá de la ilusión materialista de este mundo. Pero El Ramjal escribe su obra con la intención de explicar en modo aun más profundo cómo cayeron los espías. Este Sabio nos dice que el origen de su fracaso fue su pensamiento racional y las palabras que salieron de su boca. Él dice que cuando los espías regresaron con el reporte, dijeron: “Amalek, la fuerza de muerte y destrucción, es real. La Sitra Ajrá existe”. Y justamente esas palabras le dieron fuerza a la Sitra Ajrá para ir contra el avance de la nación de Israel . Es decir que si aquellos diez espías no hubiesen pensado, percibido las cosas, ni hablado de este modo, habrían logrado debilitar (y por ende, disminuir) la fuerza del Lado Negativo del nivel de 40 años al nivel de 40 días, y El Ramjal nos dice que, en ese caso, el Eterno habría hecho el resto a través de la manifestación del Mashiaj.

Por medio de esta explicación, sé que ahora lograremos discernir con mayor entendimiento la correlación entre los 40 días y los 40 años, aquellos 40 días de trabajo espiritual de los espías fueron concebidos en el propósito eterno de Dios para terminar con los 40 años de fuerza del Lado Negativo que se regían desde Kenaán. Pero como estos espías, en lugar de mantener la conciencia elevada al principio de Dios la perdieron, ellos mismos, como príncipes de Israel, le regresaron la fuerza de 40 años al Lado Negativo.

Por lo que hasta aquí estamos considerando, es importante que entendamos y aceptemos que cada vez que caemos en la ilusión materialista de este mundo y nos enfocamos sólo en la oscuridad, el dolor y el sufrimiento, pensando que es lo único real, y que tiene una esencia que podría durar para siempre, no sólo no nos elevamos ni nos conectamos en ese momento, en realidad le estamos concediendo fuerza al Lado Negativo, y lo autorizamos a continuar obrando contra el propósito eterno de Dios para cada ser humano.

Entonces, y para concluir, haré otra pregunta: ¿cuál es el propósito de todo nuestro trabajo espiritual? Debilitar a Amalek, debilitar el Lado Negativo, debilitar a las fuerzas de caos, muerte y destrucción en este mundo. Lo hacemos del mismo modo en el que les damos fuerza. Por eso necesitamos comprender que en la medida en la que veamos el dolor y el sufrimiento en el mundo o en nosotros y digamos que es real e imposible de cambiar, en esa misma medida fortalecemos a las fuerzas negativas. Esto no significa que no seamos conscientes de la realidad con respecto a lo que vemos, pero sí significa que nos dispongamos a ver más allá de lo evidente y digamos con certeza: “Sí, veo terrible oscuridad a mi alrededor; sin embargo, no es real y no permanecerá. No creo en ella. No la acepto. No le doy poder”. Ese es nuestro trabajo: debilitar la Sitra Ajra en el poder de nuestro Dueño y Maestro, Yeshúa HaMashiaj. Lo único que es real es la Luz del Eterno, y cuando activamos ese pensamiento, conciencia y manera de percibir las cosas, disminuimos la fuerza del Lado Negativo.

¿Qué significa ser Luz del Mundo?

Por P.A. David Nesher

Aunque la fiesta de Sukot (Enramadas) había terminado, Yeshúa se había quedado en Jerusalén y seguía enseñando en el Beit HaMikdash (Templo). No se desanimó por el hecho de que los judíos cuestionaran una y otra vez su persona y autoridad. Y como era de esperar, aquí volveremos a presenciar otra de las muchas controversias del Maestro con los fariseos.

La fiesta de Sukot se celebraba recordando también la nube y el fuego de la Shekinah que guiaban a los israelitas en el desierto (Éxodo 13: 21). En el atrio de las mujeres se encendían unos grandes candelabros de varios metros que iluminaban toda Jerusalén. Los sacerdotes y mucha gente del pueblo hacían procesiones de antorchas alrededor en un espectáculo de gran atracción. Todo esto para recordarle a Israel su vocación y compromiso mesiánico-sacerdotal: ser luz del mundo.

Vale la pena señalar, que en los días que Yeshúa caminó por Israel, tanto al Templo de Jerusalén, como a la Menorah que se encendía dentro del Lugar Santo del mismo, se los conocía como la “Luz del Mundo”. Por esto es que en el cuarto Evangelio (Juan) nos encontramos con la siguiente expresión de nuestro Maestro:

«Yeshúa les habló de nuevo, diciendo:  
“Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” 
(Juan 8:12)

En Israel los Sabios siempre dijeron que la Shekinah (Presencia) divina, representada por la Menorah, existe dentro de las personas que configuran Israel y que por ello se reunen a estudiar la Torah. Pues bien, en los Escritos Mesiánicos (Nuevo Testamento) el único pasaje que se refiere a que la Shekinah (presencia de Elohim) está presente cuando dos o tres se reúnen mediante el Estudio de la Torah, es justamente aquel en el que Yeshúa afirma que es Él quien está presente cuando dos o tres están reunidos en Su Nombre, equiparándose así con la Shekinah (Mateo 18:20).

Con el fin de comprender ampliamente esta aseveración les comparto a continuación, un comentario hallado en un documento del Qumrán y que nos suman entendimiento a la hora de la interpretación de esta Escritura: «… él debe instruirlos acerca de todos los períodos de la historia para la eternidad y en los estatutos de la verdad. (…. dominio) que pasa de Belial y vuelve a los Hijos de la Luz … por el juicio de Dios, tal como está escrito acerca de él; “que dice a Sión: “Tu ser divino reina” (Isaías 52:7) “Sión” es la congregación de todos los hijos de justicia, que guardan el pacto y se apartan de andar en el camino del pueblo. “Tu ser divino” es Melquisedec, quien los librará del poder de Belial. Con respecto a lo que dice la Escritura, “Entonces harás sonar la trompeta con fuerza; en el séptimo mes …”  En pocas palabras, en Israel vibraba la esperanza de que cuando se manifestara el Mashiaj, el dominio retornaría a los hijos de la Luz.

Desde esta explicación podemos encontrar lineamientos de exégesis para entender las escrituras más que interesantes en los Evangelios:

“Mientras tengáis la Luz, creed en la Luz, para que seáis Hijos de la Luz”. 
(Juan 12:36)

Así pues, de la misma forma en la que el Eterno había iluminado a los antepasados de Israel en el desierto, ahora era el mismo Hijo de Elohim encarnado quien les podía iluminar y dispersar las tinieblas de sus corazones. Y no sólo a ellos, porque lo que Yeshúa afirmó es que Él es la Luz «del mundo», indicando con esto la misión universal de su ministerio. El Mesías es la luz para todos los hombres, en todo momento y lugar. Él es la luz en el sentido absoluto. Cualquier otro hombre o movimiento religioso no tiene punto de comparación con él.

Juan ya había anunciado esto al comenzar su evangelio: «Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo» (ver Juan 1: 9). Y con su venida comenzó a cumplirse lo que había anunciado el profeta Malaquías:

 «Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en sus alas traerá salvación…»
(Malaquías 4:2)

«El que me sigue, no andará en tinieblas»

Los fariseos entendieron perfectamente las implicaciones de lo que Yeshúa dijo y no les gustó nada. Para ellos el término Or («Luz») estaba íntimamente ligado a YHVH:

«Yahvéh es mi luz y mi salvación»
(Salmos 27:1) 

 «El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que Yahvéh te será por luz perpetua«
(Isaías 60:19)

 «Aunque more en tinieblas, Yahvéh será mi luz«
(Miqueas 7:8)

Ellos entendieron que una vez más Yeshúa se estaba apropiando de atributos que son exclusivos del Eterno, y como era de esperar, reaccionaron de forma vigorosa. ¿Quién podía ser la «luz del mundo» sino solo Dios? Desde su punto de vista, Yeshúa era un blasfemo pretencioso que hacía afirmaciones que no podía demostrar. Y hay que decir que su lógica era totalmente correcta. Sólo si Yeshúa es el Hijo de Dios podría ser también la «luz del mundo». De otro modo, si únicamente fuera un hombre, entonces, hacer una afirmación como ésta carecería de todo sentido. Y como ellos no creían que Yeshúa fuera nada más que un hombre, entonces sus afirmaciones les parecían blasfemas.

Fue por causa de esta declaración que surge una gran polémica: y «le dijeron entonces los fariseos: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es válido«. Así decía la ley en los juicios. Pero aquello no era un juicio, sino una manifestación de la Verdad divina misma. 

«Yeshúa les respondió:
Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido porque sé de dónde vengo y adónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo y adónde voy. Vosotros juzgáis según criterios humanos, yo no juzgo a nadie; y si yo juzgo, mi juicio es verdadero porque no estoy solo, sino yo y el Padre que me ha enviado. En la Torah está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre, que me ha enviado, también da testimonio de mí«.
(Juan 8: 14-18)

En la Versión Hebraica del Código Real, leemos:

“Bien, Yo doy solemne confesión de mí mismo PERO TAMBIÉN EL PADRE QUE ME ENVIÓ, da solemne declaración acerca de mí.”

Es un momento clave de la Verdad: «Yo soy» y el Padre dan testimonio de Él, pero ¿dónde se da este testimonio?… En la conciencia y en las Sagradas Escrituras. Y…

 «…Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre?
Yeshúa respondió:
Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí conoceríais también a mi Padre«.
(v. 19)

Luz plena (hbr. Or) sólo es Elohim. Fuera del Eterno, y en el pecado, existen las tinieblas. Proclamarse Luz del mundo es una afirmación velada de su divinidad. Sus palabras no pueden ser tomadas como un testimonio más, sino como emanaciones de la luz que llega a todos los hombres. Los hechos anteriores muestran esta distancia –insalvable- entre la luz y las tinieblas.

Pero ahora bien, antes de continuar debemos preguntarnos a qué se refería el Maestro con la expresión «andar en tinieblas«. Y vemos que la palabra «tinieblas» denota distinta cosas en la mentalidad judía.

Se puede usar en un sentido físico para referirse a una persona que está ciega (Hch. 13:11), o al momento en que llega la noche y la oscuridad (Mt. 27:45), pero muchas más veces se emplea en un sentido espiritual acerca de aquellos que no conocen al Eterno y están a merced de las leyes de la fisicalidad. El apóstol Pablo habló de ellos como quienes «andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón» (Ef 4:17-18).

Pero estas tinieblas no sólo se encuentran en la mente, también conllevan una forma de vida materialista totalmente alejada de los principios divinos. Quienes así viven participan de «las obras de las tinieblas» (Romanos 13:12; Efesios 5:11).

Además, estas personas por este estilo de vida materialista, se encuentran bajo el poder de HaSatán (El Oponente) quien debido a la desobediencia del hombre ha conseguido establecer su gobierno en este mundo, que es descrito en la Palabra de Dios como «la potestad de las tinieblas» (Lc. 22:53), o la «potestad de Satanás» (Hch 26:18). Se trata de un sistema de cosas que gobierna sobre la Tierra en constante oposición con el Reino de Dios. Y el hecho de que este mundo está bajo el poder de HaSatán lo prueban sus obras: espiritismo, ocultismo, magia, horóscopos, supersticiones, idolatría, adulterio, fornicación, y todo tipo de perversiones…

Finalmente, todos aquellos que han rehusado andar en la luz con Yeshúa, no sólo viven en las tinieblas, sino que además terminarán en «las tinieblas de afuera» (Mt 8:12). Para ellos «está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas» (Judas 13).

De todo esto nos libra el seguir a Yeshúa como Rabeinu (Dueño y Maestro). Él, con su enseñanza de la Torah, ilumina nuestras mentes para que podamos conocer a Yahvéh y nos conduce en el Camino de la vida. Tal y como profetizó Zacarías, él venía «para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz» (Lc 1:79). Yeshúa nos libra «de la potestad de las tinieblas» y nos lleva al Reino de la Luz admirable del Eterno.

Yeshúa estaba hablando de su divinidad oculta. Aceptarlo era entrar en una nueva dimensión: el Emanuel («Dios con nosotros») era Aquel que estaba delante de ellos. La humanidad acababa de entrar en una nueva era divinizada. Si no se aceptaba, se seguía en las tinieblas, acusando a Yeshúa de blasfemo.

«Sino que tendrá la luz de la vida»

Yeshúa añadió otro detalle muy importante. La Luz a la que se refería no simplemente comunica iluminación externa, sino que se convierte en una posesión interna que ilumina nuestro espíritu y manifiesta a cada discípulo como Luz . Va mucho más allá del conocimiento intelectual, puesto que también nos da vida mesiánica-sacerdotal.

Una vez más, en la idea rectora de Juan, los conceptos de «luz» y «vida» vuelven a aparecer relacionados (Jn. 1:4) con la intención de mostrarnos que de la misma manera que las flores se marchitan y mueren cuando les falta la luz, así ocurre con todo aquel que no tiene al Mesías como Dueño, ya que Él es la luz que trae la vida eterna.

«Yeshúa enseñó a sus discípulos: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» 
(Mateo 5:16)

Yeshúa explica y se relaciona con la Luz (Or) por la manera en que está haciendo obras de justicia dentro del marco de la Torah, y por esto Él es la luz que nos ordena que brille Su luz desde cada uno de nosotros por medio de la Unción de Su Espíritu Santificador. Así es como los discípulos del Mesías lograban comprender con mayor altura lo ordenado por Moshé para proporcionar el aceite puro molido que la Menorah requería cada día para iluminar el Mishkán:

«Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas.«
(Shemot/Éxodo 27: 20)

Por todas estas pautas proféticas reveladas por el Espíritu de la profecía, las primeras comunidades misionaban desde la conciencia que, por ejemplo, el apóstol Kefas (Pedro) recuerda en su segunda epístola:

«Sí, tenemos la Palabra profética hecha muy cierta. Haréis bien en prestarle atención como a una luz que brilla en un lugar oscuro y tenebroso, hasta que amanezca el Día y la Estrella de la Mañana se levante en vuestros corazones.»
(2 Pedro 1:19)

Esto era mencionado como parte de toda una hermenéutica mesiánica de la profecía del libro de Daniel:

«Pero los que saben discernir resplandecerán como el resplandor de la cúpula del cielo, y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas por los siglos de los siglos.» 
(Daniel 12:3)

«Porque la mitzvá (el mandamiento) es una lámpara, y la Torah una luz; las reprensiones de la instrucción son el camino de la vida.» 
(Proverbios 6:23)

¡Qué importante es tener la Luz de la vida en un mundo que está hundido en las tinieblas! Aunque esto también implica una importante responsabilidad para cada creyente, que debe ser «Luz del mundo» (Mt 5:14). Pero para esto es necesario andar en la luz de Yeshúa HaMashiaj, viviendo en pureza moral y reflejando su luz.

Amados discípulos de Yeshúa, recuerden siempre que ustedes son la Luz del mundo. Donde quiera que vamos, reflejamos e imitamos a nuestro Dueño y Maestro Yeshua HaMashiaj. Aquel que logra verse representado en la Menorah, se sentirá diariamente levantado por la fuerza del sacerdocio celestial.

¡Deja que tus obras justas brillen bajo el mandato divino de Mashiaj ben Yosef, a fin de ser recompensado cuando Él se manifieste en Gloria como Mashiaj ben David!

El Estanque de Betesda: Un Centro de Curación del dios griego Asclepio

Por Dr. Eli Lizorkin-Eyzenberg

Después subió Jesús a Jerusalén. Y había ahí en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque llamado Betesda, el cual tenía cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento de las aguas.

(Juan 5:1-3)

Cuando se llega  a determinar el nivel de la credibilidad histórica del Evangelio, la historia que finalizará con la sanación del paralítico, es una de las unidades textuales más fascinantes del Evangelio de Juan.

Hasta el descubrimiento del estanque con cinco columnas techadas cerca de la Puerta de las Ovejas (aunque cada cual buscaba un estanque en forma de pentágono, en un principio) muchos no consideraron el Evangelio de Juan históricamente creíble. El Evangelio era mostrado bien alegóricamente (verdadero solo en el sentido similar al de la literatura apocalíptica) o bien inexacto (escrito por alguien que no fuese de Judea y que desconocía completamente la geografía y topografía de Jerusalén). Sin embargo, ambos estanques mencionados en el Evangelio de Juan fueron identificados – el estanque de Betesda en Juan 5:2 y el de Siloé en Juan 9:7. El estanque que se menciona en este capítulo resultó ser de cinco columnas (como se describe en el Evangelio) pero no estructurado en forma de pentágono. Habían cuatro columnas separadas en el centro por otra, así formaban las cinco columnas tal cual eran descritas en el Evangelio.

Es posible que el estanque de Betesda fuese para facilitar las purificaciones con agua en el ceremonial religioso judío, “mikvah”, asociado al Templo de Jerusalén. Pero hay otras opciones interpretativas, que en mi opinión tienen mucho más sentido.

Hay muy buenos motivos para creer que esta estructura situada a una distancia peatonal por detrás de los muros de la ciudad de Jerusalén fue una parte del dios greco-romano de la salud y el bienestar Esculapios, el cual fue bien extendido por los dominios del Imperio Romano. Habían más de 400 “esclepiones”. Esculapios relata los beneficios a través de todo el Imperio, funcionando como centros de salud y dispensadores de la gracia y misericordia del dios hacia los que estaban necesitados.

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Esculapios era el dios de la medicina y la salud en la región de la Antigua Grecia. Las hijas místicas del dios, por ejemplo, incluídas la diosa Higeia y Panacea. Podemos escuchar sus nombres griegos en el hablar moderno como “higiene” y “panacea”- conceptos clave asociados hoy en día con la medicina y la salud. Las serpientes fueron atributo del culto a Esculapios en la salud y la sanidad. Incluso, actualmente, uno de los principales símbolos de la medicina moderna es una vara con una serpiente enroscada en ella.

Deténte ahora y piensa por un momento. Si esto es correcto, puede que cambie nuestra percepción de la historia descrita aquí. Como puedes ver, es posible que los ciegos, cojos y paralíticos no estuviesen esperando a que el Dios de Israel les sanase, sino más bien por la gracia sanadora de Esculapios. Antes de empezar a pensar que la reconstrucción de arriba es descabellada, por favor, tenga en cuenta lo siguiente:

En el siglo II de la era cristiana, el apologista Justiniano Mártir menciona de obsesiones populares con Esculapios entre sus contemporáneos, diciendo: “Cuando el Diablo trajo a Esculapios como resucitador de los muertos y sanador de todas las enfermedades, ¿no debería decir que en este tema igualmente él ha imitado las profecías sobre Cristo? (Justiniano Mártir, Dialogo con Triphomenes, el Judío, 69). En una declaración atribuida al siglo II del Sabio Judío Rabbi Akivah, leemos: “Una vez a Akivah se le pidió que explicara por qué las personas afligidas por enfermedades, algunas veces regresan sanas después de una peregrinación al santuario de un ídolo, aunque sea seguro que no tiene poder alguno” (Talmud de Babilonia, Avodah Zara, 55a)”.

El estanque de Betesda/Esculapios (rama de Jerusalén) era probablemente, una parte Helenística de Jerusalén junto con varios otros proyectos como el Teatro Romano, el complejo deportivo romano, los baños romanos y la Fortaleza Romana Antonia (cerca del estanque). Es probable referirse a tal helenización de Jerusalén que los devotos Qumranitas fueran autores del comentario del Profeta Nahúm que escribió: “¿Dónde está el león sin dientes, la cueva de sus cachorros?” (Nahúm 2:12b). La interpretación de esto se refiere a Jerusalén, que se había transformado en habitáculo de los gentiles malvados… (4Qp Nah)”.

En este caso, el estanque de Bethesda (Casa de Misericordia, en hebreo) no tiene nada que ver con el lugar judío, por el contrario, con las instalaciones asociadas al griego Esculapios. Es muy importante señalar que en esta particular sanación, Jesús no manda a lavarse en el estanque (estanque de Betesda), mientras que directamente, envía al ciego a lavarse en el estanque de Siloé (Juan 9:6-7). Parece por lo tanto, que mientras que el estanque de Betesda fue un lugar pagano (Esculapios) el estanque de Siloé estaba conectado con el Templo de Jerusalén. Desde luego, Jerusalén fue el centro religioso judío en los tiempos de Jesús, pero también fue el cuartel general de las ideas helenísticas en Judea que estaba bajo el estricto control de Roma con la Fortaleza Antonia dominando la zona noroeste de la Montaña del Templo.

[… esperaban el movimiento del agua; 4 porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.][1]

Mientras que entre este paréntesis, algunas Biblias modernas todavía incluyen el texto anterior (3b-4) no está incluido en los originales y más fiables manuscritos de que disponemos hoy en día y por lo tanto no debería ser tratado como auténtico. Parece ser que el copista cristiano, no familiarizado con el culto a Esculapios y la relación con el estanque de Betesda, añadió la explicación de que el ángel del Señor removía las aguas, buscando clarificar las cosas al lector. Al final, realmente, acabó enviando a toda una generación de lectores en una dirección errónea de interpretación, perdiendo el verdadero punto de vista.

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Contrario a la opinión popular, los antiguos escribas no siempre eran exactos en la preservación de cada jota y tilde del texto que copiaban. No embellececían las cosas, pero desde luego no tenían miedo «para aclarar cuestiones», cuando pensaban «que algo estaba faltando». Por lo tanto el nuevo personaje de esta historia, el ángel del Dios de Israel, se añadió con buena intención por un error del copista. El copista, distinto al autor del Evangelio de Juan, no fue consciente de la identidad de la religión griega de Betesda, lo que le pareció mejor para él solo a partir del texto que tenía delante, sin tener ninguna evidencia del material cultural contemporáneo, tal como la casa de misericordia del Dios de Israel. Simplemente fue un error suyo.

«Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado y supo que llevaba mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres se sano?  Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, el otro desciende antes que yo.  Jesús le dijo:  Toma tu lecho y anda.  Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho y anduvo.»
(Juan 5: 5-9)

Los enfermos que a menudo eran vistos en los porches del estanque de Betesda formaban dos tipos. Aquellos que iban a probar suerte allí como parte de su búsqueda en su recorrido de sanación, hacia otra solución como prometida curación y aquellos que ya habían perdido toda esperanza en cualquier otro medio de sanación. En respuesta a la pregunta de Jesús acerca de si quería o no ponerse bien, leemos una respuesta que no fue nada, pero sí alentadora. En las palabras del enfermo “No tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy otro desciende antes que yo”(v 7). El remolino del agua parece que fuera producido cuando el sacerdote de Esculapios, abría las compuertas que conectaban la parte superior con la parte inferior del estanque de Betesda. El agua del departamento superior entonces fluía a la parte baja.

El hombre allí recluido parece haber estado durante mucho tiempo, ya que el Evangelio nos dice en el contexto ser profundamente religioso a pesar del ambiente religioso griego. Era un hombre con una necesidad personal significativa y toda su esperanza se había ido. Esculapios, en la metodología griega, era conocido también no solo por sus poderes sanadores y vivificadores, pero también por su benevolente actitud hacia la gente, los cuales lo hicieron una de las más populares deidades en el mundo greco-romano. Más adelante en la historia, Jesús conocería al hombre que sanó en el Templo de Israel y le avisaría de no continuar en su vida de pecado (algo que encaja perfectamente con la idea de que la piscina de Betesda fue Asclepion).

Traveling to Israel, Jerusalem, The Ruins of the Byzantine Church, adjacent to the site of the Pool of Bethesda

Esta es una historia poderosa. La enfermedad, símbolo del caos humano, fue llamada al orden por la palabra de Jesús. Justo igual que con el caos previo a la creación, cuando a una voz del Rey Celestial de Israel puso en orden la creación de la misma forma. Ahora, el Hijo real del Rey de Israel vino a la morada pagana (Esculapios) y sanó al judío sin ninguna fórmula mágica ni sortilegios. Jesús, simplemente lo hizo “diciéndole” al hombre que se levantara y caminase. En otras palabras, Jesús curó al hombre de la misma manera que el Dios de Israel una vez creó el mundo – simplemente por el poder de Su palabra hablada.

_______________________________

[1] NASB.


Fuente: Israel Biblical Estudies

¿Qué significa borrar el Nombre del Eterno dentro de un matrimonio?

“Ésta es la ley de los celos, cuando una mujer se involucre con otro hombre que no es su marido y se impurifique, o cuando el hombre tenga celos de su mujer y le advierta a su mujer… y entonces el sacerdote aplicará a ella esta ley… Dios habló a Moshé diciendo: ‘Habla a los hijos de Israel y diles: el hombre o la mujer que se aparte haciendo un voto de nazir de abstinencia para Dios, de vino nuevo o añejo se abstendrá…”

(Bamidbar 5:29 hasta el final del capítulo y Bamidbar 6:1 en adelante).

En la parasha Nasó estudiamos que el esposo de una mujer sospechada de adulterio era llevado junto con ella al Mishkán (Tabernáculo) [más tarde al Beit HaMikdash (Templo)]. Una vez allí, el sacerdote que oficiaba su turno ritual prepara un cóctel de agua y polvo del suelo del Tabernáculo. Hacía que la mujer pronunciara un juramento que traería una imprecación sobre ella si era culpable.

Entonces el sacerdote escribía las palabras del juramento en un rollo, lavaba la tinta del rollo en el agua y le daba el agua a la mujer para que la bebiera.

Una vez realizado este acto, el sacerdote escribía estas maldiciones en un rollo, y las lavaba en el agua de amargura. (Números 5:23).

La mujer bebía el agua, simbolizando la ingestión de la maldición para probar su culpabilidad o inocencia. Si era culpable, el agua la dañaría. Si fuera inocente, el agua no tendría ningún efecto maligno sobre ella. En cambio, aumentaría su fertilidad.

Sin embargo, al leer esto, notamos que el procedimiento planteaba una dificultad. Ordinariamente en el judaísmo está prohibido borrar el santo Nombre del Eterno. Por ejemplo, cuando un escriba está copiando las Sagradas Escrituras en hebreo, puede borrar cualquier error que cometa a menos que contenga el Nombre de Dios. Si se equivoca al escribir una línea de texto con el Nombre de YHVH, puede borrar el resto de la línea, pero no el Nombre de Elokim.

Por esta razón, los judíos practicantes no escriben el Nombre de YHVH en hebreo en una pizarra o pizarra blanca que pueda borrarse. Los documentos que contienen el Nombre del Eterno escrito en hebreo adquieren un estatus más preciado. No se tiran ni se destruyen por descuido, ni se tiran irreverentemente a la basura. Los libros sagrados que contienen el Nombre de YHVH ni siquiera se dejan boca abajo sobre una mesa o se colocan debajo de otros libros menos sagrados. Los libros sagrados nunca se llevan a los baños. Incluso las fotocopias que contienen el Nombre de YHVH adquieren un estatus sagrado. Cuando un pergamino, un libro o una hoja de papel que contiene el Nombre de D’s está listo para desecharse, se le otorga una especie de «entierro» apropiado en un depósito para escritos sagrados. Estas tradiciones nos enseñan a respetar y reverenciar el Nombre de YHVH.

Dado el respeto otorgado al Nombre del Eterno y la fuerte tradición en contra de borrar el Nombre de YHVH, ¿por qué la Torah le ordena al sacerdote que borre la maldición del rollo en el agua? El santo Nombre de YHVH aparece dos veces en la maldición. Los sabios enseñan que el Eterno está tan preocupado por la paz entre marido y mujer que incluso está dispuesto a que Su propio Nombre sea borrado para lograrlo ( Sifre 17).

En el judaísmo, la paz entre marido y mujer se conoce como shalom bayit, un término que literalmente significa «paz de la casa«. La paz entre marido y mujer tiene prioridad incluso sobre la santidad del Nombre de YHVH. Si ese es el caso, debemos tener cuidado de no permitir que la religión interrumpa el matrimonio. El Eterno está más interesado en el éxito de su matrimonio que en sus elecciones religiosas particulares. Él está tan comprometido con la santidad del matrimonio que incluso está dispuesto a que su Nombre sea borrado para preservar la paz en el hogar. Cuánto más debemos esforzarnos por llevar la paz a nuestros hogares.

El Talmud dice: «Uno siempre debe tener cuidado de no hacer daño a su esposa, porque sus lágrimas son frecuentes y se lastima rápidamente«. El pasaje talmúdico continúa diciendo que el Eterno responde rápidamente a las lágrimas de una esposa y que sus lágrimas son más eficaces que sus oraciones. YHVH toma muy en serio las lágrimas de una mujer. El pasaje concluye diciendo: «Uno siempre debe ser respetuoso con su esposa porque las bendiciones descansan en el hogar de un hombre solo por el bien de su esposa«. (n. Baba Metzia 59a)

Cuando venimos a los Escritos Mesiánicos (o Pacto Renovado) encontramos que el apóstol Kefas (Pedro) exhorta a los esposos a amar a sus esposas basándose en la salvación común que disfrutan en el Mesías. En su primera epístola en el capítulo 3, versículo 7 dice:

«De igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más delicada, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada estorbará las oraciones de ustedes.» 

(1 Pedro 3:7) 

El apóstol exhorta a tomar conciencia que somos herederos de la gracia de la vida. También somos herederos del don de la vida. Un esposo debe vivir con su esposa como compañeros de casa, de piso y de cama. Sin embargo, implica más que compartir domicilio, comer juntos y dividir los pagos de la hipoteca. El mandato implica intimidad física y sexual. Se desgarra el tejido de un matrimonio cuando el esposo y la esposa se privan mutuamente del amor físico. 

El sabio rey Salomón escribió:

«Disfruta de la vida con la mujer que amas, todos los días de tu vida vana que te son dados bajo el sol; porque esta es tu parte en la vida y en tu trabajo con que te afanas bajo el sol».

Salomón concluyó que toda la vida es vanidad. Se vive, se trabaja y se muere. Sin embargo, afirma que esta vida vana cobra sentido si se ama a la esposa. Por eso, él también expresó:

«El que halla esposa halla el bien, y alcanza el favor del Señor».  

Por eso es que el apóstol Pedro recuerda que un esposo piadoso se compromete al trabajo importante de entender a su esposa. Al conocerla bien, él es capaz de demostrarle su amor por ella de una manera más efectiva. Cuando un esposo tiene este entendimiento, el Eterno lo dirige a usarlo, y eso es para que viva con su esposa sabiamente. Se supone que debe de tomar su conocimiento y aplicarlo en la vida diaria con su esposa. Aquí es donde muchos hombres batallan al llevarlo a cabo. Tal vez tengan conocimiento acerca de sus esposas, pero no lo utilizan para vivir con ellas.

Un esposo piadoso sabe cómo hacer que su esposa se sienta honrada. Aunque se someta a él, él se asegura de que ella no se sienta como una empleada o bajo el poder de un dictador. Esto fue una enseñanza radical en el mundo que Pedro vivía. En la cultura antigua, el esposo tenía derechos absolutos sobre su mujer y la esposa no tenía derechos en el matrimonio. En el mundo romano, si un hombre sorprendía a su esposa en el acto del adulterio, podía matarla en ese mismo momento. Pero si una esposa sorprendía a su marido, no podía hacer nada en su contra. Todos los deberes y obligaciones del matrimonio eran puestos sobre la esposa. La enseñanza radical de Pedro es que el esposo tiene deberes y obligaciones de parte de Dios para con su esposa.

La cláusula final del versículo 7 de la carta de Pedro es una advertencia que asume que los esposos son hombres de oración. Su vida de oración debe ser lo suficientemente intensa como para que no se sientan amenazados por el estorbo de sus oraciones.

  • Los esposos amorosos oran por sus esposas. 
  • Los esposos amorosos oran con sus esposas.

Si no amas, ni honras a tu esposa, esto obstaculizará tus oraciones. La expresión griega que se traduce como «estorbar» significa «impedido», «obstaculizado». Significa cortar o derribar. En la antigüedad era un término militar que describía a los soldados que cortaban un camino para impedir el avance del enemigo. El apóstol Pedro da a entender que las fuerzas del Oponente conspiran para obstaculizar tus oraciones. Esposo amigo: ¿Estás haciendo el trabajo del enemigo por él?

Por favor, no leas este versículo con superstición. Un desacuerdo matrimonial no te separa del Eterno. Pero no puedes ignorar a tu esposa y esperar que Dios te escuche. Charles Bigg dijo: «Los suspiros de la esposa ofendida se interponen entre las oraciones del esposo y la escucha de Dios». La forma en que tratas a tu esposa puede obstaculizar la práctica de la oración. Puedes mantener tus rutinas de oración, sin embargo tus oraciones perderán su poder espiritual si no amas a tu esposa.

Tu esperanza de un matrimonio mejor no está en que tu cónyuge cambie. Tu esperanza se encuentra en que el Eterno te sostenga y te cambie.

Los demonios saben y confiesan que Yeshúa es «el Santo de Dios»… ¿Qué significa eso?

Por P.A. David Nesher

«Y he aquí estaba en la sinagoga de ellos un hombre con un espíritu inmundo, el cual comenzó a gritar, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios. Yeshúa lo reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él!…«

Evangelio de S. Marcos 1:23-25

De acuerdo a los Sabios del hebreo bíblico, se acepta que todos los mandamientos de la Torah, en un aspecto u otro, revelan la santidad del Mesías. La Parashá (Sección) número 30 Kedoshim comienza con el mandamiento: Sed santos, porque santo soy yo Yahvéh vuestro Elohim” (Levítico 19:2) no tiene límite superior, pero la santidad del Mesías excede la de cualquier persona.

Es bien sabido pues, y así aceptado por toda escuela rabínica, que la santidad del Mesías supera incluso a la de Moisés. De esta manera, las palabras “seréis santos” se aplican únicamente al Mesías como Cabeza de un Cuerpo místico que irradia su esencia: Israel. Desde esto, siempre en Israel se entendía que el Mesías participa directamente de la santidad de Elohim. Este concepto explica por qué los Escritos Mesiánico se refieren al Mesías como “el Santo de Dios”. Tanto los apóstoles, como todos los discípulos aplicaron ese título a Yeshúa, y como podemos leer en el texto del Evangelio de Marcos que encabeza esta bitácora incluso los demonios lo reconocieron bajo este título: el Santo de Dios.

Yeshúa es llamado el Santo de Dios porque Su santidad se origina en el Eterno.

Si pensamos esto con respecto a Su persona física, la santidad de Yeshúa resulta de Su concepción y nacimiento. Ningún otro ser humano ha nacido de una mujer en virginidad.

Si lo reflexionamos en cuanto a Su poder espiritual, Su santidad fluye de la bendita Unción del Espíritu Santo que descansa sobre Él sin medida.

En lo que respecta a su conducta ética, sabemos que el Maestro derivaba su santidad de su enfoque diario de imitar al Eterno en una relación filial, y de la obediencia a los mandamientos que el Eterno había revelado en Su Torah. En la medida en que los mandamientos son las definiciones de la santidad, el Mesías también se define por los mandamientos porque Él los guardó. Por lo tanto, Él es el único capaz de cumplir el mandamiento “Sed santos, porque santo soy yo, Yahvéh vuestro Dios” (Levítico 19:2).

Yeshúa reveló con su vida que son los mandamientos de Dios los únicos que definen la conducta santa.

Regresando con nuestra mente a lo expresado al comienzo, sabemos y aceptamos que todos los mandamientos de la Torah, en un aspecto u otro, revelan al Mesías. Cada uno de los preceptos que conforman el Jumash revela algún elemento esencial de la persona y el carácter del Mesías. Los mandamientos son la voluntad y la sabiduría del Eterno. Yeshúa dice:

“No se haga mi voluntad, sino la tuya.”
(Lucas 22:42)

En otra oportunidad Él dice:

“No hago nada por mi propia iniciativa, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó.”
(Juan 8:28).

Nuevamente aseveró:

“He guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en Su amor”
(Juan 15:10).

Estos pasajes enfatizan la única Verdad: ¡existe una relación directa entre los mandamientos de la Torah y la persona del Mesías, porque los mandamientos son una revelación directa de Yahvéh. Todos ellos, tal como si fueran un cuerpo, revelan la piedad compasiva del Eterno, por eso es que Yeshúa dijo:

“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”
(Juan 14:9).

Es justamente con todo este conjunto de ideas celestiales en su mente que el Maestro se comparó con un hijo aprendiz del oficio de su padre:

“El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, a menos que vea hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, esto también lo hace el Hijo de la misma manera.”
(Juan 5:19).

En el contexto de Israel, un hijo primogénito, al llegar a los trece años, se ofrecía como discípulo aprendiz a su propio padre con el objetivo de adquirir las habilidades del oficio que este tuviera. Esto lo lograba observando cotidianamente a su padre en su trabajo, e imitándolo cuidadosamente en cada detalle artístico que dicho oficio requería. En forma sujeta, dicho hijo se disponía diariamente y desde muy temprano a un aprendizaje riguroso en el que los trucos de la artesanía de su padre se iban transfiriendo a su mente. De ese modo, dicho hijo sabía que llegaría un día en el que estaría ya capacitado para hacer el mismo trabajo que aprendió de su padre, y causarle la complacencia que toda alma paternal anhela de su legado. Del mismo modo, Yeshúa aprendió Su oficio de Santo por la observación del Padre. Así alcanzó la santidad por imitación del Padre, como está escrito: «Santos seréis, porque santo soy yo Yahvéh vuestro Dios.»

Shabat Shalom!

La Escalera Espiritual que permite comienzos de Amor (Ajarei Mot)

Por P.A. David Nesher

Comienzo con un planteo: ¿Qué significa verdaderamente haber progresado en la vida? ¿Qué es evolución real?

Quizás te ayude a encontrar tu respuesta la siguiente frase:

“Nuestro más profundo entendimiento nos dice que un ser auténticamente evolucionado es aquel que valora a los otros más de lo que se valora a sí mismo, y que valora el amor más de lo que valora el mundo físico y todo lo que en él se encuentra”.

[Gary Zukav -«El asiento del alma«]

En la vida llegamos a aprender que no importa el tamaño de nuestra casa ni nuestra cuenta bancaria, sino el tamaño de nuestro corazón. Es el camino del amor el que nos lleva a evolucionar en seres santos. En los momentos que elegimos el amor, comenzamos a ascender en el camino vertical y a dar pasos hacia niveles superiores.

https://youtu.be/7RXUC6hFePk

¡Evita hacer lo que ellos hacen!

P.A. David Nesher

«No harás lo que se hace en la tierra de Egipto donde habitaste, ni harás lo que se hace en la tierra de Canaán adonde te llevo; no andarás en sus estatutos.»

(Levítico 18:3)

Al estudiar la parasha Ajarei Mot, nos encontramos con que Yahvéh nos ordena que seamos un pueblo apartado. Una nación santa fácilmente distinguible del contexto secular que nos rodea; y de acuerdo a este llamado divino, una de las formas más obvias en las que deberíamos ser diferentes es en el área de la sexualidad.

Mientras los hijos de Israel viajaban de Mitzrayim (Egipto) a la tierra de Canaán, el Eterno advirtió a Su amado pueblo Israel que no imitaran los caminos de los egipcios; Él los instó a que no se volvieran atrás, a la maldad de su pasado, y les dijo que no aprendieran el comportamiento de los cananeos, es decir que también los aconsejo para que no se dejasen seducir por nuevas tentaciones.

De acuerdo a los datos históricos, se sabe que tanto los egipcios, como los cananeos practicaban la inmoralidad sexual como si obedecieran un código legal; es por eso la Torah dice:

“No andaréis en sus estatutos”
(Levítico 18:3)

El sabio Rashi explica que la expresión “sus estatutos” se refiere a asuntos grabados en el tejido de la sociedad, tan básicos para la cultura que se observan como si fueran leyes regidoras de una normalidad social. Este exégeta señala los entretenimientos que se encuentran en “teatros y estadios” como un ejemplo de estatutos paganos. En otras palabras, los estatutos del mundo son los que se reflejan en los valores de entretenimiento del mundo. No debemos caminar en ellos. Está bien claro en la revelación divina que el pueblo de Yahvéh es un linaje de personas completamente diferente, por eso que la Torah dice:

“… para que la tierra a la cual os llevo a vivir, no os vomite”
(Levítico 20:22).

De igual modo, por medio de los datos históricos, se sabe que en el primer siglo, la inmoralidad sexual se entretejía en la urdimbre y la trama del mundo dominado por el imperio romano. Los devotos de los dioses seguían sus hazañas sexuales mitológicas e imitaban su comportamiento básico en los rituales del templo que, en algunos casos, incluso incorporaron la prostitución sagrada. La cultura romana, a pesar de ufanarse en un discurso filosófico austero de moderación, siempre se entregó a todo tipo de perversidad, lascivia y depredación.

Por causa de todo esto, los apóstoles aplicaron las leyes relativas a los extranjeros en medio del pueblo de Israel a los creyentes gentiles. Justamente el Sefer Vayikrá (Levítico), en el capítulo 18, incluye específicamente a los extranjeros en su jurisdicción:

“Ninguna de estas abominaciones cometerás, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros.” (Levítico 18:26).

Por lo tanto, las leyes que rigen la sexualidad se aplican por igual a los judíos y a los creyentes gentiles temerosos de Dios.

Los apóstoles reforzaron la regla en sus epístolas. En pasaje tras pasaje, los apóstoles exhortaron a los discípulos a vivir vidas apartadas del mundo gentil sexualizado y libres de inmoralidad sexual. Los creyentes gentiles adoptaron las normas judías de modestia, vestimenta y decoro. En medio de la atmósfera sexualmente cargada del primer siglo, los creyentes se destacaron como un pueblo apartado. El apóstol Pedro observó:

“Los otros gentiles se sorprenden de que no corréis con ellos en los mismos excesos de disipación, y os calumnian”
(1 Pedro 4:4)

Resiste la inercia de la imitación. No estás obligado a replicar sus actos ni a mimetizarte con su esencia. Tu diseño original no es un eco, sino una voz: fuiste creado para ser la luminiscencia que define el contraste en medio de las tinieblas.

Con frecuencia, permitimos que el ruido ajeno —críticas y juicios de valor— dicte nuestra frecuencia interna. Sin embargo, la libertad genuina no es la ausencia de opinión externa, sino la fidelidad innegociable a tu identidad y al propósito que Yahveh ha trazado para ti.

Por lo tanto, no sacrifiques tu tiempo intentando habitar moldes ajenos ni agotes tu vitalidad en el estéril ejercicio de la comparación. Tu única responsabilidad es el presente: honrar tu proceso y ejecutar con excelencia lo que el ‘hoy’ demanda de tu diseño.

Cara a cara

Por P.A. David Nesher


De acuerdo a lo revelado en la Torah (Enseñanza) divina, el Día de la Expiación es una jornada especial para encontrarse cara a cara con Elohim (Dios). En un sentido espiritual, debemos considerarnos en ese día como si estuviéramos en el Lugar Santísimo, cara a cara con el Todopoderoso.

En la porción Ajarei Mot, se nos revela que en el día de Yom Kippur, el Kohen Gadol (Sumo Sacerdote) se encontraba cara a cara con Yah, nuestro Dios. Es por eso que lo primero que traía al Lugar Santísimo era el ketoret (incienso). El propósito del incienso era crear una nube de humo de tal densidad que permitiera que el Kohen Gadol no viera el arca del pacto y muriera. Esto nos sirve para comprender y aceptar que en este mundo, incluso nuestros encuentros más cercanos con Elohim (por medio de Yeshúa) están velados y oscurecidos. El apóstol Pablo se refería a esto al escribir:

«… ahora vemos por espejo, oscuramente»
(1 Corintios 13:12)

El apóstol estaba aquí refiriéndose a un espejo de latón tal como se usaba en aquella época. Aunque proporcionaba un reflejo, no era un reflejo nítido y claro como el que brindan los espejos modernos. Si el latón no estaba recién pulido, el reflejo en el espejo se iba haciéndose más tenue.

Recordar que no vemos al Eterno claramente debería ayudarnos a mantenernos humildes. Debería hacernos reacios a criticar las teologías de otras personas y sus experiencias con Dios. Es posible que hayan percibido un aspecto del Todopoderoso que nosotros no percibimos, o es posible que hayamos encontrado una revelación que les ha sido negada. Ninguno de nosotros debe ser culpado por no ver la imagen completa. En este mundo, la imagen completa no está disponible. Nuestro Dueño y Maestro Yeshúa les dijo a los teólogos de Su época:

«Nunca habéis oído Su voz, ni habéis visto Su forma»
(Juan 5:37)

Por eso, un verdadero aprecio por la grandeza de Dios excluye la arrogancia religiosa. El apóstol Pablo exclamó:

«Ahora conozco [sólo] en parte, pero entonces conoceré plenamente»
(1 Corintios 13:12).

Nadie de este lado del velo ha aprehendido la verdad absoluta.

“Nadie ha visto a Dios jamás” (Juan 1:18), dijo el Apóstol Juan. Sin embargo, Juan continúa diciendo que el Hijo unigénito de Dios lo ha revelado.

Yeshua dice:

«El que me ha visto a mí, ha visto al Padre»
(Juan 14:9).

Al aferrarnos a Yeshúa de Nazaret, somos llevados espiritualmente con Él (nuestro Sumo Sacerdote) al Lugar Santísimo. En Él tenemos la esperanza de participar en la resurrección de entre los muertos que Él experimentó. El apóstol Pablo nos recuerda que después de la resurrección de entre los muertos, nos veremos «cara a cara«. En ese día, entraremos al Lugar Santísimo del verdadero Santuario, el celestial, y no habrá una nube de humo que oscurezca nuestra vista. Nos veremos cara a cara.

“Tenemos confianza para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Yeshua, por un camino nuevo y vivo que él nos inauguró a través del velo, esto es, de su carne”
(Hebreos 10:19-20).

Sin embargo, esta poderosa verdad nos deja en la peligrosa posición de trivializar la asombrosa santidad y el terror del Dios Todopoderoso. No debemos permitir que este privilegio espiritual que tenemos de accesar directamente al Padre, disminuya nuestra reverencia por Él.

«Y pondrá el incienso sobre el fuego delante de Yahvéh, para que la nube del incienso cubra el propiciatorio que está sobre el arca del testimonio, no sea que muera.»
(Levítico 16:13)

¿Es Pecado parir hijos? Tazría tiene la respuesta

P.A. David Nesher


Shalom amigos!

En esta semana estudiamos la parashá (porción) denominada Tazría. Al hacerlo no podemos evitar que aparezca en nuestra mente las siguientes cuestiones: ¿Por qué una mujer necesita traer una ofrenda por el pecado después de tener un bebé? ¿Dar a luz a un niño es algún tipo de pecado?

Leemos que después de dar a luz a un niño, se requería que una mujer trajera una ofrenda quemada y una ofrenda por el pecado al Eterno (Levítico 12:6). Bien, justamente esta ofrenda por el pecado es lo que conduce a una preocupación existencial. ¿Acaso pecó la mujer al tener un bebé? La respuesta es un rotundo ¡No!, al contrario, ella cumplió con el primer mandamiento de ser fecundos y multiplicarse. Entonces, ¿Por qué necesitaba traer una ofrenda por el pecado?

Me puse en la tarea de encontrar la respuesta justa a esto, y logré dar con la explicación que da el Talmud de que cuando una mujer tiene dolores de parto, sin darse cuenta puede maldecir a su esposo, o hacer un voto de no dejar que él la toque nunca más, entonces, y debido a eso, debe traer una ofrenda por el pecado para exonerarse de su voto precipitado, o sus pensamientos resentidos.

Sin embargo, y no satisfecho con esto, continué investigando en otros comentarios, y hallé una explicación más simple; y es que las ofrendas por el pecado a menudo se traían con fines de purificación. Cuando eso sucedía, la ofrenda por el pecado no se consideraba como un castigo por el pecado o una consecuencia de la iniquidad, era simplemente parte del ritual de purificación. De manera similar, una persona que sufría una descarga corporal antinatural y una persona que estaba siendo purificada de la lepra también traía ofrendas por el pecado.

Entonces, si ahora nos permitimos elevarnos a un nivel místico, el viaje de cuarenta u ochenta días de la madre a través de la incapacidad ritual es como un microcosmos de la propia odisea de su bebé a través de la vida. Antes de tener el bebé, la mujer se encontraba en un estado físico ritual. Ella disfrutó de la presencia de Yahvéh en Su santa morada y estaba apta para comer de Su mesa. Después del parto hubo un período de tiempo durante el cual no pudo entrar en la morada del Eterno. Al final de ese tiempo, la mujer fue readmitida al Mishkán (Tabernáculo) a través de la expiación de una ofrenda por el pecado. Esta progresión de eventos simboliza el propio paso del bebé por la vida. Su alma comienza en la morada eterna de Dios, pero su nacimiento en carne humana requiere una salida de ese lugar y una estancia fuera del tabernáculo celestial de Dios. Sin embargo, después de un período de tiempo asignado, el polvo volverá a la tierra como era, y el espíritu volverá al Eterno que lo dio (Eclesiastés 12:7).


A través de la expiación de la eterna ofrenda por el pecado del Mesías, el alma del creyente regresa a la comunión con su fuente. Podría decirse que la readmisión de la madre al Tabernáculo simboliza el eventual regreso de la nueva vida a Dios.

Para concluir, deberemos aceptar que los sacrificios posteriores al parto nos recuerdan que el acto de dar a luz es en sí mismo un encuentro milagroso con lo Divino. No debe ser considerado simplemente como una acción ordinaria de la vida, sino más bien, como una operación cósmica de bendición celestial, en el que una respuesta divina es dada al mundo para lograr encontrar soluciones a problemas que se están manifestando en él. Por ello, la Torah le otorga al evento calidad de Kedushá (santidad) y significado al requerir estos korbanot (acercamientos).

El nuevo bebé es una herencia de Yahvéh que debe ser administrado en amor, y la madre naturalmente quiere corresponder con un regalo. Ella trae una ofrenda quemada y una ofrenda por el pecado como sus regalos al Eterno, quien la bendijo con un hijo que desde ella, y junto al compromiso de ella de capacitarlo en la Torah, se manifestará al mundo con una misión plena y acorde al propósito divino que en vibra en su alma.

La Lepra tratada por Yeshúa según los Evangelios ¿Qué significa tiene para nosotros hoy?


P.A. David Nesher

(Conectando Parashah TAZRÍA con la Vida de Yeshúa)


Para comprender este tema es conveniente comenzar con un planteo: ¿Por qué se asocia la lepra con la inmundicia, y por qué la curación de los leprosos fue una preocupación tan central en el ministerio de nuestro Maestro Yeshúa?

Los síntomas descritos en la Torah que potencialmente podrían ser diagnosticados como lepra implican descomposición, decadencia y putrefacción: corrupción de la carne. Las leyes de los sacrificios enseñan que el Santuario del Eterno evita la muerte, la corrupción y la decadencia.

Entonces, el Santuario de Yahvéh representa la inmortalidad y la incorruptibilidad. En Su presencia, no hay muerte ontológica. En su Presencia no hay lugar para la decadencia ni descomposición. Por eso, Él proscribe de Su Santuario la enfermedad que representa una descomposición viva. La lepra implica una progresión continua y visible hacia la corrupción física. Es la antítesis del mundo inmortal e incorruptible representado en el Santuario divino.

Por lo explicado, podemos captar que la lepra actúa en las Sagradas Escrituras como un arquetipo de todas las enfermedades humanas. Tengamos en cuenta que la enfermedad resulta de la descomposición de la carne. La muerte sigue. La lepra representa gráficamente esa progresión.

La enfermedad, la muerte y la decadencia no tienen lugar en la presencia de Dios. Su Santuario en la tierra refleja ese Santuario celestial.

De pronto, aparece en Israel Yeshúa y proporciona la solución al problema de la lepra que hasta ese entonces no había hallado respuesta definitiva. Espiritualmente, Él no sufrió la infección del pecado parecida a la lepra. Físicamente, Su carne no sufrió corrupción: “Porque Tú no abandonarás mi alma en el Seol; ni permitirás que Tu Santo sufra corrupción” (Salmo 16:10) Así pues, través de Su resurrección de entre los muertos, Su carne pasó de lo mortal a lo inmortal y de lo corruptible a lo incorruptible. Su cuerpo resucitado sigue siendo carne humana real, regenerada en un cuerpo espiritual imperecedero. Por lo tanto, Él es el sacerdote perfecto y eterno, capaz de servir para siempre en el Santuario incorruptible.

Tal vez esto ayude a explicar por qué la curación de los leprosos ocupó una preocupación tan central en el ministerio de nuestro Maestro y Dueño, Yeshúa HaMashiaj. No solo sanó Él mismo a muchos leprosos, sino que dio a Sus doce discípulos autoridad para sanar la lepra como evidencia ineludible del Reino de los Cielos. Volvamos a recordar lo hasta aquí visto: la lepra simboliza la condición humana cargada de pecado, destinada a la muerte y la decadencia. De ahí que cada vez que el Maestro sanaba a un leproso, presagiaba una reversión de ese estado mortal corrupto. Cada leproso sanado de su aflicción era testimonio de que el reino de los cielos estaba cerca.

Debido a esta actividad curativa característica de la misión del Mesías, el apóstol Pablo escribirá más tarde a los discípulos que vivían en Roma:

«¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios por medio de Yeshua el Mesías nuestro Maestro!»
(Romanos 7:24-25)

Kohanim, sacerdotes, sí,… pero de otro tipo


Por P.A. David Nesher

Comencemos haciendo la siguiente pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre los sacerdotes (kohanim) de la Torah y los «sacerdotes» de las denominaciones cristianas que utilizan este título como cargo clerical? Te aseguro que es más de lo que piensas; ni siquiera están relacionados. Te invito pues a considerar las diferencias, y así comprender el Plan de Salvación de nuestro Elohim en Su Mesías (Ungido).

Sabemos por los distintos historiadores que, no mucho después de separarse del judaísmo, el cristianismo comenzó a desarrollar una clase clerical responsable de pastorear a la gente, oficiar los servicios y administrar los sacramentos en el culto dominical. De este modo, la clase de servidores de presbíteros pasó a constituir una casta clerical llamada sacerdotes. Sin embargo, los diversos sacerdocios que originó la cristiandad son diferentes del sacerdocio de las Sagradas Escrituras. En otras palabras el sacerdocio bíblico no está relacionado con el sacerdocio que opera dentro del cristianismo actual.

La palabra hebrea para «sacerdote» es kohen . Si eres judío y tienes un apellido como Cohen, Kowen, Kahan o Koen, Kogan, probablemente seas descendiente del hermano de Moisés, Aarón, y sus hijos. Tus antepasados sirvieron como sacerdotes en el Tabernáculo y en el Templo de Jerusalén.

«Entonces acerca a ti a Aarón, tu hermano, y a sus hijos con él, de entre los hijos de Israel, para que me sirvan como sacerdotes:
Aarón, Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón.«
(Éxodo 28:1)


En la Torah, solo los descendientes de Aarón podían ser sacerdotes. Es decir que ellos nacieron ya en el puesto. Ante esto, notamos una importante diferencia: los sacerdotes de Israel no hacían votos de celibato; sino que más bien, el sacerdocio se transmitía a través de las familias. Así pues, y hasta nuestros días, Los descendientes de Aarón han intentado preservar su linaje familiar a través de las generaciones. Los sacerdotes son un grupo familiar especial dentro del pueblo judío. La mayoría de las comunidades judías tienen varias familias que pertenecen al sacerdocio aarónico.

Cabe aquí también aclarar que los sacerdotes y los rabinos no son lo mismo. Un rabino es alguien que asistió a una escuela rabínica (en hebreo: Yeshiváh) y recibió la ordenación rabínica por parte de un organismo de ordenación oficial dentro del judaísmo. Cualquier judío puede convertirse en rabino, y una sola comunidad judía a menudo tiene muchos rabinos.

Hasta el día de hoy, los sacerdotes conservan su condición sacerdotal en el judaísmo. Los descendientes de Aarón todavía están sujetos a restricciones especiales y leyes de la Torah que se aplican al sacerdocio según las Escrituras Santas. Además, los sacerdotes disfrutan de privilegios especiales en la sinagoga y sirven en ciertas funciones rituales. Por ejemplo, si un sacerdote está presente en Shabat, se le da la primera oportunidad de leer el rollo de la Torah. Al final de las oraciones del Shabat, es llamado para ofrecer la bendición sacerdotal sobre la congregación. Los sacerdotes también son responsables de funciones rituales en la comunidad como la redención de los hijos primogénitos.

A pesar de estas funciones modernas, el sacerdocio aarónico ya no es lo que solía ser. En los días cuando el Tabernáculo (o Templo) estaba en pie, el sacerdocio era un componente crucial en el servicio de Elohim. Eran responsables de los servicios de adoración. Ellos manejaban los sacrificios y cuidaban los fuegos del altar, encendían la menorah, quemaban el incienso sagrado, horneaban el pan de la Presencia y hacían todo el servicio del Tabernáculo. Llevaron a cabo el servicio divino en nombre de toda la nación de Israel. Además, eran responsables de enseñar Torah a la gente.

El sacerdocio ilustra nuestra relación con Elohim.

Como el israelita común en los días del Tabernáculo, no podemos entrar directamente a la presencia de Dios. En cambio, necesitamos un intermediario, que oficie como pontífice (puente). En el Tabernáculo y el Templo, los intermediarios se llamaban sacerdotes. Facilitaron la relación entre YHVH y el pueblo de Israel. De manera similar, nosotros, los discípulos de Yeshúa, consideramos a nuestro Salvador como nuestro intermediario con el Eterno. Él es el intermediario que actúa como sacerdote para nosotros en el Templo celestial. Sin embargo, el sacerdocio de nuestro Maestro es espiritual y no reemplaza el sacerdocio mundano y eterno prometido a los hijos de Aarón.

Los sacerdotes han estado sin trabajo desde la destrucción del Templo, pero podrían volver a trabajar si el Templo alguna vez fuera reconstruido. Los sacerdotes esperan hoy la reconstrucción del Templo Sagrado en Jerusalén, cuando serán llamados al servicio. Un día lo serán. Según el profeta Jeremías, la promesa de el Eterno de restaurar el sacerdocio aarónico está inseparablemente unida a su promesa de enviar al Mesías davídico:

«Así dice el SEÑOR:
Si podéis quebrantar mi pacto del día y mi pacto de la noche, de modo que el día y la noche no lleguen a su tiempo señalado, entonces también mi pacto con mi siervo David será quebrantado para que él no tenga hijo que reine sobre su trono, y con los sacerdotes levitas, mis ministros.«
(Jeremías 33:20-21)

ADAPTADO DE: Torah Commentary Set.

Bitácora Relacionada:

Te recomiendo leer y meditar en: Los asistentes divinos: Aarón y sus hijos… ¿Un Sacerdocio Hereditario?

¿Qué Significa Vestirse con la Armadura de Dios?

Por P.A. David Nesher

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” 

Efesios 6:11 – 12

El apóstol Pablo recomiendo a los discípulos de Yeshúa que habitaban la ciudad de Éfeso que presentaran diariamente batalla al Oponente, vistiéndose con la armadura divina, confeccionada en la Justicia y la Verdad.

Por siglos, en el cristianismo, se ha enseñado que este consejo paulino surgía del hecho de que el apóstol escribía la epístola inspirándose en la guardia romana que lo vigilaba en la cárcel.

Ahora bien, ¿cree usted que Pablo representaría la armadura del creyente con un soldado romano?

Lo invito a sentarse a escuchar este SEMINARIO y tomar nota de toda la Verdad que se esconde en dicho consejo apostólico:

La Verdadera Armadura de Dios: El Sacerdocio Espiritual y las Vestiduras de Luz en la Parashá Tetzavé

El estudio de las Escrituras desde su raíz original hebrea nos invita constantemente a despojarnos de los dogmas heredados y a renovar el entendimiento de nuestra fe. Durante siglos, el cristianismo dogmático ha enseñado que la «armadura de Dios» descrita por el apóstol Pablo en Efesios 6 es una alegoría inspirada en el uniforme de un soldado romano. Sin embargo, a la luz de la Parashá Tetzavé (Éxodo 27 y 28), descubrimos una revelación mucho más profunda y trascendental: la armadura de Elohim no es un equipo militar de guerra humana, sino las gloriosas vestiduras sagradas del sumo sacerdote (Kohen Gadol) Aarón. Estas vestimentas constituyen un estatuto eterno y representan el arquetipo de la luz con la que todo creyente debe cubrir su alma para vencer en las batallas espirituales cotidianas.

Para comprender este profundo misterio, primero debemos desmantelar la falacia del soldado romano. El apóstol Pablo, instruido a los pies de Gamaliel, poseía una mente profundamente arraigada en la Torah. Cuando escribía sus epístolas a congregaciones que estudiaban las Sagradas Escrituras, su intención era que los creyentes de origen gentil abandonaran el paganismo y la conducta corrompida de la gentilidad. Roma representaba el espíritu de Esaú, un sistema opresor, por lo que resulta totalmente contradictorio imaginar que Pablo usaría a un soldado del Imperio —gente conocida por su profunda injusticia— como modelo para ilustrar la «coraza de justicia». Además, siglos antes de que existieran el Imperio Romano o sus legionarios, el profeta Isaías ya había hablado de vestirse «de justicia como de una coraza, con yelmo de salvación en su cabeza» (Isaías 59:17).

La evidencia definitiva de que Pablo describe al sumo sacerdote se encuentra en el orden mismo de las vestiduras. Si el apóstol estuviera describiendo a un soldado que lo custodiaba, la lógica visual indicaría que comenzaría desde la cabeza hacia abajo, partiendo por el yelmo. Sin embargo, Pablo inicia la descripción diciendo: «ceñidos vuestros lomos con la verdad», refiriéndose al cinturón. Este es exactamente el orden en el que el sumo sacerdote se colocaba sus vestiduras en el tabernáculo celestial. De hecho, tanto Éxodo 28 como Efesios 6 enumeran exactamente seis piezas fundamentales.

Analicemos detenidamente la correspondencia profética y espiritual de cada una de estas seis piezas:

1. La Coraza de Justicia: Lo que Pablo llama coraza corresponde al Josen Mishpat, el pectoral de juicio o de justicia que se colocaba sobre el efod. Lejos de ser un arma de guerra, el pectoral representa la perfecta armonía y el equilibrio entre la benevolencia ilimitada de Dios y su amor riguroso, lo cual da como resultado una profunda compasión (tiferet). Dentro de este pectoral se encontraban el Urim (las luminarias) y el Tumim (la guía perfecta), dos piedras que contenían el Nombre Sagrado de Elohim. Hoy, Yeshúa es nuestro Urim y Tumim celestial, cumpliendo la profecía de Jeremías al ser llamado «Yahvé justicia nuestra», quien nos justifica delante del Padre.

2. El Escudo de la Fe: Sobre el pectoral de juicio había doce piedras preciosas que representaban a las tribus de Israel. La antigua tradición enseña que estas piedras funcionaban como un memorial para que, al verlas, la misericordia divina protegiera al pueblo y anulara a los acusadores. En nuestra guerra espiritual, los «dardos de fuego del maligno» no son flechas literales, sino las acusaciones constantes que el adversario (Ha-Satán o el sistema del sitra ahra) lanza contra los creyentes de día y de noche (Apocalipsis 12:10). Al confiar en Yeshúa como nuestro gran sumo sacerdote intercesor, nos cubrimos con un escudo de fe que apaga esas acusaciones.

3. El Yelmo de Salvación: Esta pieza no es un casco metálico romano, sino la mitra o turbante sagrado (mitznefet o coba). Sobre este turbante se colocaba una placa de oro con la inscripción «Santidad a Yahvé». Su función era sellar la cabeza del sumo sacerdote para proteger la mente, asegurando que los pensamientos no fueran interferidos por las impurezas o la mentalidad hedonista del sistema mundial.

4. La Espada del Espíritu: Ningún soldado romano usaría su espada en la boca, pero Hebreos 4:12 y Apocalipsis 11:16 nos revelan que la verdadera espada de doble filo es la Palabra de Dios que sale de la boca del sumo sacerdote. Esta espada representa la poderosa voz del Kohen Gadol proclamando el Nombre Sagrado en el Día de Expiación (Yom Kipur), trayendo perdón y derrota a las fuerzas del mal.

5. El Calzado de Paz: Pablo nos exhorta a calzar los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sin embargo, los textos hebreos originales no hablan de pesadas botas militares. Por mandato divino, los sacerdotes debían lavarse y ministrar completamente descalzos en el santuario (Éxodo 30:19-21), al igual que se le ordenó a Moisés y a Josué. El pie descalzo simboliza el despojarse y desligarse de las ataduras materiales, ligando el alma únicamente a la tierra para caminar anunciando las buenas noticias de salvación y paz, tal como lo declara Isaías 52:7.

6. El Cinturón de la Verdad: Es el elemento fundacional que reordena el cuerpo y mantiene unido el efod, simbolizando una vida ceñida por la instrucción de la Torá y la veracidad del carácter.

Entender esta tipología transforma por completo nuestra visión de la guerra espiritual. El apóstol Pablo exhorta repetidamente a los creyentes a vestirse con «las armas de la luz» o a «vestirse del Señor Yeshúa el Mesías» (Romanos 13:12-14). Antes de la caída en el Edén, la humanidad primigenia estaba «vestida de luz», irradiando esplendor desde su alma hacia el exterior, y la piel actual es solo una vestidura básica que capta el dolor de las leyes físicas. Las aflicciones y el rigor entrópico de este mundo material son utilizados por el sistema de impureza (sitra ahra) para bombardear la mente, generando opresión, actitudes negativas y acciones incorrectas que le roban al individuo su energía espiritual.

Para defendernos, debemos cubrir nuestra alma con el ropaje celestial del Mesías. Estas vestiduras sagradas no están tejidas con hilos físicos, sino con las virtudes divinas de la santidad, descritas en Colosenses 3:12-13 como profunda compasión, amor, misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia y perdón. Es mediante la ofrenda del incienso continuo (ketoret) y el encendido de nuestras luminarias interiores que logramos unir nuestra fisicalidad con el ámbito más elevado de la santidad, anulando la fuerza de la impureza.

Como discípulos del León de la tribu de Judá, somos llamados a ser un «reino de sacerdotes» (Apocalipsis 1:6). Dado que hoy no contamos con el tabernáculo físico, la instrucción de la Parashá Tetzavé se convierte en nuestro manual pedagógico para aprender a oficiar como el sumo sacerdote de nuestro propio «templo interno». Esto requiere un genuino liderazgo lumínico y una profunda inteligencia emocional para gobernar nuestro temperamento, transformar nuestras características negativas y forjar un carácter acorde al del Mesías. Al reordenar el sistema emocional, permitimos que la sabiduría del cielo baje al corazón, se traduzca en pensamientos correctos, se exprese a través del habla y culmine en acciones congruentes que traen como resultado el tikún o reparación del mundo.

En conclusión, la victoria en nuestras batallas espirituales no se obtiene mediante fuerzas o estrategias humanas, ni mediante una «moralina» o ritualismos religiosos basados en el ego, el cual actúa como nuestro propio «Amán» interior causando tumultos y dudas. La victoria se alcanza cuando permitimos que Yeshúa se active en nuestra alma desde el inicio del día a través de la oración íntima y la obediencia a los mandamientos. Cuando logramos vivir una santidad moral genuina y nos revestimos de la compasión y la justicia del Mesías, evitamos que nuestras energías sean consumidas por el adversario y logramos elevar las chispas de luz ocultas en la creación. Es entonces, al manifestar el verdadero esplendor y santidad de nuestro Sumo Sacerdote, cuando el Sitra Ajrá (סִטְרָא אָחֳרָא) y los espíritus inmundos reconocen esa luz divina y se ven obligados a huir aterrorizados de nuestra presencia. Que el Eterno nos conceda la gracia de caminar siempre firmes, revestidos con las hermosas y gloriosas vestiduras sacerdotales de Su Luz.

Del Templo a tu Mesa


¿Qué conexión hay entre los Panes de la Presencia, con los que Yeshúa alimentó a las multitudes y el Pan del Shabat?

Por P.A. David Nesher

Sabemos ya que los doce panes de la presencia simbolizaban las doce tribus de Israel. De acuerdo a lo ordenado por el Eterno, los sacerdotes horneaban doce panes frescos cada Shabat y los ponían delante de YHVH. Los sacerdotes quitaban el pan viejo y lo comían en Shabat. En este sentido, el pan simbolizaba una comida compartida entre los sacerdotes (que representaban a las doce tribus) y el Eterno, era un memorial de la comida del Pacto en la que participaron los sacerdotes y los jefes de las doce tribus en el Monte Sinaí. El ritual de la jalá fresca el pan en nuestras mesas del Shabat nos recuerda este aspecto del servicio del Templo.

Ahora bien, sabemos también que en los días de Yeshúa y los apóstoles, el sacerdocio había crecido tanto que los doce panes no eran suficientes para alimentar a todos los sacerdotes de turno en un Shabat determinado. Cada sacerdote recibió sólo un pequeño bocado de los panes. Cuando el favor de Dios descansó sobre la nación, sucedió un milagro y el bocado satisfizo por completo al sacerdote, aunque apenas había comido más que una miga. Una vez que todos los sacerdotes hubieron comido de los doce panes y se hubieron saciado, encontraron que aún les quedaban sobras. El Talmud dice:

“Cada sacerdote que recibía un trozo de pan del tamaño de una aceituna lo comía y quedaba satisfecho, y algunos lo comían y sobraban”.

Fue por este milagro que los rabinos asociaron los doce panes de la presencia con la prosperidad de la nación. Ramban explica que el Eterno bendijo a la nación con prosperidad a través del pan de la presencia. Desde que creó el universo, el Eterno no introduce algo ex nihilo, sino que cuando quiere producir algún tipo de aumento, lo hace brotar de algo que ya existe. Por ejemplo, el profeta Eliseo realizó un milagro de multiplicación cuando hizo que una sola jarra de aceite llenara numerosas jarras más grandes.

Ramban dice que el Señor usó la mesa de la presencia para realizar un milagro de multiplicación similar en nombre de la prosperidad de la nación. Mientras los sacerdotes colocaban el pan sobre la mesa, la prosperidad fluía para toda la nación.

Por todo ello, la alimentación milagrosa de nuestro Maestro con los cinco panes a las multitudes alude al Pan de la Presencia. La primera vez, partió cinco panes y alimentó a miles, y los discípulos juntaron las sobras. La segunda vez, partió siete panes y alimentó a miles. Nuevamente los discípulos juntaron las sobras. En total, partió doce panes. El milagro indica que el Mesías marcará el comienzo de una era dorada de prosperidad espiritual y material: el Reino de los Cielos manifestándose en medio de los hombres.


¿Qué Significó el Rasgado del Velo?

P.A. David Nesher


Los maestros de la Biblia suelen interpretar el rasgado del velo del Templo como una señal del descontento de Dios con el pueblo de Israel y el Templo, pero la tradición judía apunta a otro significado.

«Colgarás el velo debajo de las hebillas, y meterás el arca del testimonio allí dentro del velo; y el velo os servirá de separación entre el lugar santo y el Lugar Santísimo.

(Éxodo 26:33)

El Eterno mandó que se hiciera un velo para separar el «Kodesh HaKodashim» (Santo Sanctórum o Lugar Santísimo) del Lugar Santo. Según los Evangelios, el velo se rasgó en dos pedazos cuando Yeshua expiró sobre la cruz:

“Y el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo”
(Marcos 15:38).

Los maestros de la Biblia suelen interpretar el rasgado del velo del Templo como una señal del descontento de Dios con el pueblo y el Templo, pero según el libro de Hebreos (leer 10:19-20), el velo simboliza el cuerpo del Mesías. ¡Él es el velo! Como la vida fue arrancada de Su cuerpo, la cortina fue rasgada con el resultado de que pudiéramos tener acceso al trono de gloria en el Templo Supremo a través de Él. Esto no es lo mismo que abrogar o anular el sistema de adoración del Templo; más bien, la rasgadura del velo dramatizó vívidamente lo que la muerte del Mesías logró para nosotros: el acceso a Dios a través del sufrimiento del Mesías.

Sobre el velo estaban bordados dos querubines. Los querubines invocan la imagen del Jardín del Edén y el camino hacia el Árbol de la Vida, como dice el relato de Bereshit (Génesis):

“Y al oriente del jardín del Edén colocó los querubines y la espada encendida que giraba en todas direcciones. para guardar el camino al árbol de la vida.”
(Génesis 3:24)

Los querubines sobre el velo estaban de centinela frente al Lugar Santísimo como los dos querubines que guardan el camino al árbol de la vida (la inmortalidad) y el Jardín del Edén (el Paraíso). Cuando la cortina se rasgó en dos pedazos, la rasgadura creó un camino entre los dos querubines, simbolizando el camino de regreso al Edén.

El biblista David Daube interpreta el rasgado del velo como una expresión del dolor de Dios. Rasgar las vestiduras es un rito de luto judío. Cuando Eliseo vio partir a su maestro Elías, “tomó sus propios vestidos y los rasgó en dos partes” (2 Reyes 2:12). Por esto, algunos manuscritos de Marcos 15:38 hacen una alusión explícita a 2 Reyes 2:12 al leer: “el velo del templo se rasgó en dos partes”.

Los sabios comentaron la historia de Eliseo rasgando sus vestiduras y enumeraron varias tragedias por las cuales uno debe rasgar sus vestiduras en dos partes y dejarlas para siempre sin remendar. Incluyen la muerte del padre o la madre, la muerte del maestro, la quema de un rollo de la Torah y la destrucción del Templo o la misma ciudad de Jerusalén.

El Talmud también establece que si uno es testigo de que alguien “exhala por última vez”, debe rasgar sus vestiduras:

Rabí Shimon ben Eleazar dice:

“Aquel que está cerca del moribundo, en el momento en que respira por última vez, tiene el deber de rasgar sus vestiduras”.

(n. Bava Meitzá 25a)

El Evangelio de Marcos presenta la misma secuencia en el mismo tipo de lenguaje:

“Expiró, y el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo”
(Marcos 15:37-38).

La cortina del Templo se puede comparar con el manto de Dios:

Si no estuviera escrito en la Escritura [Lamentaciones 2:17], nadie se atrevería a pronunciarlo:

“YHVH ha hecho lo que se propuso, lo que mandó desde tiempos antiguos; Él ha rasgado Su vestido de púrpura.”
(Pesikta Rabbati 27:2)

La Torah en la Sangre


Es fácil verse bien por fuera, pero ¿cómo purificamos nuestros corazones y los mantenemos puros? ¿Es un corazón puro siquiera una posibilidad?

El Arca del Pacto estaba en el corazón del Mishkán (Tabernáculo); como tal, corresponde al corazón del hombre. Esto significa que así como el Arca era el Trono de Elohim en el Tabernáculo, necesitamos hacer de nuestros corazones un trono adecuado para Él en nuestras vidas.

«Pondréis en el arca el testimonio que yo os daré.»
(Éxodo 25:16)


En el pensamiento hebreo, el corazón no es considerado como el asiento de las emociones. En cambio, representa los pensamientos, el intelecto y la voluntad de una persona. Las Sagradas Escrituras hebreas usan la palabra corazón de la misma manera que usamos la palabra mente en español.

La Torah dice:

«Todo intento de los pensamientos del corazón [del hombre] fue de continuo solamente el mal» (Génesis 6:5) y «El intento del corazón del hombre es malo desde su juventud.»
(Génesis 8:21).

El profeta Jeremías dice:

«El corazón es más engañoso que todo lo demás y está desesperadamente enfermo; ¿quién podrá entenderlo?»
(Jeremías 17:9).

Si este es el estado de la mente humana, ¿cómo podemos esperar cambiar? ¿Cómo podemos tener corazones puros?


«¿Quién puede decir:
‘He limpiado mi corazón, estoy limpio de mi pecado’?»
(Proverbios 20:9).

El Eterno promete que cambiará nuestros corazones desde adentro. Esta es la promesa de Su Pacto Renovado. En el libro del profeta Jeremías (31:33), encontramos que Él dijo que haría un Pacto Renovado con Su pueblo Israel, y como parte del Pacto Renovado, Él promete que cambiaría sus corazones al escribir Su Torah sobre ellos:

«Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días –declara el SEÑOR– Pondré mi Torá dentro de ellos y la escribiré en su corazón; y seré su Dios, y ellos será mi pueblo«.
(Jeremías 31:33)


Entonces, teniendo en cuenta lo que hasta aquí he dicho, aceptamos que el Arca del Pacto ilustra el concepto de colocar la Torah en nuestros corazones. El arca fue hecha para albergar las dos tablas del pacto. Así también la Torah debe ser puesta en nuestros corazones. El profeta Ezequiel promete que en la redención mesiánica el Eterno nos dará corazones nuevos:

«Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.»
(Ezequiel 36:26)

Cuando nos comprometemos a ser seguidores de Yeshúa y recipientes de Su limpieza, el Espíritu de Dios comienza el proceso de recrear nuestros corazones. Debemos orar hacia este fin con las palabras del rey David, quien dijo:

«Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio»
(Salmo 51:10)

Entonces podemos declarar junto con él:

«Me deleito en hacer Tu voluntad, oh Dios mío; Tu Torá está dentro de mi corazón.»
(Salmo 40:8)

La Torah puede compararse con un contrato de matrimonio (ketubah). En la tradición judía, la ketubah se coloca en algún lugar dentro del hogar familiar como un recordatorio continuo de las obligaciones del matrimonio. En los días de Moisés, el Tabernáculo estaba en el centro del campamento de las tribus de Israel. El punto focal del Tabernáculo era una cámara interior llamada el Lugar Santísimo, en la cual estaba el arca del pacto. Las dos tablas de los Aseret HaDibrot (Decálogo o Diez Enunciados) estaban dentro del Arca. En ese sentido, la Torah la ketubah de Dios con Israel, estaba en el centro del hogar.


ADAPTADO DE: Torah Commentary Set

¿Qué es el Milenio en la Torah?…. La Ley del Esclavo Hebreo en Mishpatim

Por P.A. David Nesher

“Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; y en la séptima saldrá libre de balde.”

Shemot/Éxodo 21: 2

La porción de la Torah de Mishpatim sienta las bases de un sistema de justicia yahvista, con muchas leyes y castigos diferentes. Una de esas leyes, la ley del esclavo hebreo, sus seis años de trabajo y su libertad en el séptimo año, apunta hacia la Era Mesiánica y nuestra dedicación a Dios.

En la Era Mesiánica, el Mesías será rey sobre todo el mundo. En Isaías 11:3-4 dice que él “no juzgará según la vista de sus ojos, ni decidirá según el oír de sus oídos; Mas con justicia juzgará a los pobres, Y juzgará con equidad por los mansos de la tierra; Y herirá la tierra con la vara de su boca, Y con el aliento de sus labios matará a los impíos.” Y en Isaías, 9:7 dice: “Para que el principado se multiplique, y la paz no tenga fin, sobre el trono de David y sobre su reino, para afirmarlo y sustentarlo por el derecho y la justicia. De ahora en adelante y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”

Los creyentes en Yeshua ya están actuando bajo la autoridad de ese futuro reino. A medida que estudiamos los mandamientos de la Torá, aprendemos acerca de los fallos del Rey Mesías, el máximo campeón de la justicia. Es como dice en Isaías 56:1 “Así ha dicho Yahvéh: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi favor para manifestarse”.

Te invito a escuchar esta enseñanza:

Los seis años de trabajo por los que debe pasar un esclavo hebreo simbolizan lo que le está sucediendo al pueblo judío en el mundo de hoy, con aflicción, subyugación y exilio. La liberación del esclavo hebreo en el séptimo año simboliza el fin de los tiempos y la redención final.

La libertad que se recibe en el séptimo año corresponde al séptimo día de la semana, como dice Éxodo 23:12: “Seis días harás tu trabajo, mas el séptimo día descansarás”. Esto también corresponde al ciclo sabático de años en Éxodo 23:10-11, “Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás sus frutos; pero el séptimo año lo dejarás descansar y quedar en barbecho.” Este patrón de tiempo refleja el comienzo mismo de la creación, donde Dios creó las cosas durante seis días y descansó el séptimo día. Algunos sabios en el Talmud vieron los siete días de la creación como un bosquejo amplio de la historia de la humanidad, como dice en el Salmo 90:4, “Porque mil años ante Tus ojos Son como ayer cuando pasó”. Según esta visión, cada día se refería a un milenio diferente de la historia.

Los primeros creyentes en Yeshúa tenían una opinión similar, los libros de Hebreos hablan del Shabat como una muestra de la era mesiánica. El libro de Apocalipsis habla de un milenio venidero de paz.

Como PEZ en la TIERRA

Por Moisés Franco

“… y que proliferen como peces en la tierra”

(Bereshit 48:16 |Torat Emet)

Naturalmente tendemos a leer los textos de las Escrituras Sagradas sin detenernos mucho a reflexionar, sobre todo cuando se trata de bendiciones dado que –pienso yo- nuestra mente nos engaña suponiendo: “si es una bendición debe estar bien, no hace falta que me detenga mucho”.

Sin embargo, cuando nos abrimos a que el Espíritu Santo nos enseñe, aprendemos cosas maravillosas. Él me hizo detenerme en esta primera bendición que es soltada sobre Efraín y Manasés: ser prolíficos como peces en la tierra.

Pensemos con detenimiento: los peces son prolíficos en el agua, no en la tierra porque es allí donde lejos de multiplicarse, mueren.

¿Cuál es el sentido de esta extraña bendición? Lo que discierno es que es fácil y hasta esperable ser prolífico cuando todas las condiciones nos son favorables (como pez en el agua), pero lo sobrenatural es ser fructífero cuando todas las condiciones son adversas.

Un ejemplo de esto lo vemos en los primeros versículos del libro de Shemot (Éxodo): “Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel” (1:12 |RV60).

Llevado a mi contexto, les comento a los que no me conocen que vivo en un país que amo, Argentina. Pero realmente sus condiciones de vida, sobre todo en lo económico, son muy adversas.

Para poner un ejemplo, Estados Unidos está preocupado porque termina el 2021 con una inflación interanual de 6,8%, la más alta en 40 años.

Argentina acumuló hasta octubre una inflación interanual de 52,11%, una de las más altas de nuestra historia.

La pregunta es: ¿debo desesperarme y caer en el desánimo? ¿debo quejarme de mi país y ver adónde puedo emigrar? O más bien, reconocer que nada es accidental y que si el Eterno me ha hecho nacer y habitar en esta tierra es para algo y que no debo irme de ella a menos que Él (y no la presión económica) me indique explícitamente que debo hacerlo.

Repito, es relativamente fácil progresar cuando las condiciones políticas, sociales y económicas son favorables. Pero si vivimos en un país donde no las hay, entonces es para que se manifieste con mayor fuerza y evidencia el poder sobrenatural de la bendición divina sobre Israel, la cual nos alcanza y envuelve al estar sumergidos en la bendición que engloba todas las bendiciones: Yeshúa haMashíaj (Efesios 1:3).

Por ende no tenemos excusa y no podemos ocultarnos en “es esperable que no me vaya bien porque todo está mal”, eso es para los impíos, y aclaro que ser prolífico no es sólo en lo económico (aunque es parte), sino en cada área de la vida y especialmente en “dar a luz” hijos espirituales.

El Espíritu del Señor nos desafía hoy a que dejemos de ver lo adverso de la situación económica y/o política y social sólo en su aspecto negativo, sino que lo veamos como una oportunidad para que se manifiesta el poder del Eterno, pero para eso debemos creer y actuar.

Un sabio una vez dijo: “¿cómo se podría manifestar el poder de la fe sin situaciones negativas que nos llamaran a activarla?” .

Por eso hermano, si estabas agobiado por las políticas de tu gobierno, de tu trabajo o demás, recuerda que gracias al Ungido tú puedes (y debes) ser prolífico como pez en la tierra.

«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Yeshúa el Cristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo»
(Efesios 1:3ºRV 60 adaptada)

En servicio y amor, Moisès