«Aconteció después de estas cosas que Dios probó a Abraham, y le dijo: ¡Abraham! Él respondió: Heme aquí«
(Génesis 22:1)
Nuestro padre Abraham no tuvo noticias de Elohim (Dios) por muchos años. El Eterno parecía estar en silencio. Pero después de estas cosas Elohim probó a Abraham, y le pidió que hiciera lo impensable. Esta expresión es la prueba fidedigna de que el Eterno probó a Abrahán pero no tenía la intención de que el patriarca sacrificara a Isaac. Esta es la primera vez que la palabra prueba se utiliza en las Sagradas Escrituras, y sería la mayor prueba de Abraham.
La palabra hebrea que ha sido traducida aquí como prueba también significa tentación y provocación. Será importante en este momento comentarles que las tres acepciones tienen tres propósitos diferentes:
La prueba tiene el propósito de fortalecer y elevar.
La tentación tiene el propósito de hacer caer y destruir.
La provocación tiene el propósito de resistir y contender.
Aunque la misma palabra es usada para los dos primeros significados (prueba y tentación) hay una gran diferencia entre una cosa y otra. El propósito detrás del acto determina si es una prueba o una tentación. Si el propósito es hacer que la persona caiga en desgracia, es una tentación. Si el propósito es hacer que la persona suba a un nivel más alto, es una prueba. Desde esta clara distinción, notamos que las Escrituras Sagradas dejan bien en claro que:
El Eterno no tienta ni provoca a nadie (Santiago 1:3), pero sí pone a prueba a todas las cosas creadas.
El ángel maligno, HaSatán (satanás), el enemigo del hombre, puede provocar y tentar a los hombres.
El ser humano puede provocar al Eterno.
El Eterno puede utilizar la tentación de HaSatán (El Adversario) como una prueba para el hombre. Se entiende que el propósito que el adversario tiene con su tentación es hacer caer al hombre, pero el propósito de Yahvéh cuando permite que el HaSatán tiente al hombre es fortalecerlo y elevarlo. El Eterno está muy por encima de todo y todos y el HaSatán no puede hacer nada sin el permiso del Eterno. El propósito de la prueba es elevar a la persona. Cuando uno ha pasado la prueba tiene siempre una gran recompensa. La recompensa mayor que el ser humano puede recibir es un carácter aprobado:
“Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada.”
(Santiago 1:2-4)
Si una persona no pasa la prueba que el Eterno le pone tiene dos opciones, hacer la prueba otra y otra vez hasta que la pase, o finalmente ser eliminado. Lo que pasó con la mayoría de los hijos de Israel que salieron de Egipto fue que suspendieron la prueba diez veces, (cf. Números 14:22), y por eso no pudieron subir al nivel superior que el Eterno había preparado para ellos en la tierra prometida. Por esto, es que Moshé, coloca aquí este relato de la última y gran prueba de Abraham avinu. El Eterno llamó a nuestro padre…
“Y dijo:
Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Yitsjak, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en ofrenda de ascensión sobre uno de los montes que yo te diré.”
(22:2)
La palabra hebrea traducida como “ahora” es «na«. Tiene principalmente dos acepciones, “por favor” y “ahora”. Esto quiere decir que se puede traducir: “Toma por favor a tu hijo…” No es una orden fuerte sino una petición suave. Yahvéh quería probar la sincera veracidad de Abraham si realmente estaba buscando los deseos del Cielo o sus propios deseos. Llevaba mucho tiempo sin sacrificar animales y ahora Yahvéh le pide a su hijo, el que más amaba.
Yahvéh lo llamó, y Abraham le respondió: «Heme aquí«. Esto no fue una prueba para producir fe, sino una prueba para revelar su nivel de fe. El Eterno edificó a Abraham lentamente, parte por parte, año por año, hasta ser un hombre de fe. Nuestra fe no es puesta realmente a prueba hasta que Elohim (Dios) nos pide que soportemos lo que parece insoportable, hacer lo que parece irracional, y esperar lo que parece imposible.
En esta ocasión el Eterno puso a prueba a nuestro padre Avraham. Esta prueba no fue tanto para producir fe, sino una prueba para revelar la clase de fe que Abrahán tenía. Es un evento que le demostraría al patriarca y sus descendientes que Yahvéh, durante ese tiempo de silencio, edificó el ser de Abraham lentamente, parte por parte, año por año, hasta ser un hombre de fe (hebreo emunah). Por lo tanto, el propósito de la prueba era elevarlo. Por eso, esta será la última (y la definitiva) prueba para perfeccionar su fe (emuná), tal y como lo explicaría Santiago en su epístola a los discípulos del primer siglo de nuestra Era Común:
“Ya ves que la fe actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada”
(Santiago 2:22)
Así que la fe de Abraham fue perfeccionada por medio de esta prueba, en el sentido de llegar a su máximo potencial. Después de esta prueba la confianza de Abraham llegó a un nivel que no necesitaba más pruebas, había alcanzado su meta. Y es que la prueba es utilizada por del Eterno para poner presión sobre las personas a fin de que se manifieste lo que hay en sus corazones en los momentos de crisis:
“Y te acordarás de todo el camino por donde YHVH tu Elohim te ha traído por el desierto durante estos cuarenta años, para humillarte, probándote, a fin de saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no sus mandamientos.”
(Deuteronomio 8:2)
Abraham era un compañero de pacto con el Eterno. El Eterno necesitaba que la obediencia total de Abraham se manifestara para poder cumplir sus propósitos en su vida y producir por medio de él aquella simiente de la mujer que había sido prometido a Adam y Javá: el Mesías (Génesis 3:15). Como Abraham le entregó a su hijo único, así Yahvéh entregó a Su Hijo Únigénito para ser un sacrificio de pecado no solamente por la descendencia de Abraham, sino por todo el mundo, (cf. Juan 3:16).
El Eterno, nuestro Abba, no quiere que pongamos un signo de interrogación en nuestra fe, sino un punto. Un punto que signifique que tenemos por Él una fe consolidada, perseverante, continua, porque al final su obra es para nuestra bien. El Señor conoce muy bien nuestro propósito y además nuestra capacidad de fe. Para ello son sus pruebas, porque no se sabrá nunca si la fe es real, si nunca fue alguna vez probada. Está bien claro que las pruebas nos permiten asombrarnos a nosotros mismos acerca de la capacidad de fe que hemos desarrollado desde nuestro Nuevo Nacimiento.
Como en todas las cosas, el propósito sobresaliente del Eterno es que nosotros, como hijos, seamos transformados más y más a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). Esta es la meta del discípulo de Yeshúa, y todo en la vida, incluyendo especialmente las pruebas, está diseñado para permitirnos alcanzar esa meta. Es parte del proceso de la santificación, siendo apartados para los propósitos de Dios y equipados para vivir para Su gloria. El apóstol Pedro nos explica la manera en que las pruebas logran esto:
“En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.”
(1 Pedro 1: 6-7)
La fe del verdadero creyente se reforzará mediante las pruebas que experimente para así descansar en el conocimiento de que dicha fe es real y durará para siempre.
Entonces debemos aceptar que las pruebas desarrollan el carácter piadoso, y eso nos permite “…[gloriarnos] en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:3-5). Nuestro amado Mesías Yeshúa fue el ejemplo perfecto de esto. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8). Estos versículos revelan aspectos de Su propósito divino tanto por las pruebas y tribulaciones de Jesús el Cristo, como por las nuestras. El perseverar comprueba nuestra fe. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).
Una de las bendiciones más grandes, a decir verdad, la más gloriosa que tuvo nuestro padre Abrahán, fue que a través de esta prueba pudo ver el día del Mesías Yeshúa, en plena manifestación redentora. De esto quedó constancia escrita ya que el mismo Señor dijo: “Abraham, vuestro padre, se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se regocijó.” (Juan 8:56 -RV 1995) Ese gozo era la más grande que podía experimentar nuestro padre.
Por eso, para finalizar quiero animarte con lo que el profeta Jeremías dice:
«Benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza.«
(Jeremías 17:7 – NTV).
¿Qué sucede en los momentos de prueba si confías en el Señor? Mira la promesa del Eterno en:
«Los que en mí confían no quedan defraudados«
(Isaías 49:23 – DHH)
Si no estás dispuesto a sacrificar por amor a Yahvéh lo que más te gusta, entonces tienes algo en tu vida que está interponiéndose entre tu vida y Su Presencia. Eso se ha convertido en un dios falso para ti. Eso se llama abominación de idolatría. Yahvéh y Su Justicia (Su Reinado) tienen que tener el lugar primordial en nuestras vidas (Mt. 6: 33), y si existe algo en tu vida que desafía ese lugar Él te pedirá que lo sacrifiques. ¿Estás dispuesto para ello?
Deseo que el Eterno nos conceda su gracia para poder pasar las pruebas con éxito para que también nosotros podamos ver el día de Yeshúa con gozo.
«Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac. Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho días, como Dios le había mandado. Y era Abraham de cien años cuando nació Isaac su hijo. Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo.Y añadió: ¿Quién dijera a Abraham que Sara habría de dar de mamar a hijos? Pues le he dado un hijo en su vejez«.
(Génesis 21: 2-7)
INTRODUCCIÓN:
Después de la vocación de Abraham para ser el padre de los creyentes (Gén. cap. 12), el nacimiento de Isaac es el segundo gran paso hacia el cumplimiento del Proyecto del Eterno.
Recordemos que la Intención divina vibraba en el deseo eterno de tener Su propio pueblo, separado de las naciones vecinas. Un pueblo que debía confiar en su Palabra; un pueblo a través del cual el Mesías, Salvador del mundo, habría de nacer; y un pueblo que, en última instancia, se convertiría en el medio de bendición para todas las naciones de la Tierra. Ahora el tiempo señalado para el cumplimiento de las promesas del Eterno a Abraham y Sara había llegado y Yahvéh, el dador de bendiciones, cumplió Su promesa.
«Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac»
Sabemos que originalmente, el nombre Isaac (en hebreo: Yitsjak)fue como un tipo de regaño por la risa de Abraham y Sara (Génesis 17:17-19 y 18:12-15), pero Yahvéh, nuestro Dios, cambió aquel regaño suave en una causa de gozo. Esto se convirtió en el fundamento de la fe del patriarca, ya que su hijo Isaac fue para Abraham una carta celestial en la que nuestro padre en la fe pudo leer el verdadero Evangelio de Yeshúa.
Existe una sorprendente similitud de conexión entre el nacimiento de Isaac y el nacimiento del Mesías Yeshúa. Yitzjak iba a nacer en el tiempo señalado por el Dios de la creación, como había prometido (21:2). Se dice más acerca del nacimiento de Yitzjak que de cualquier otro nacimiento en las Sagradas Escrituras (Biblia), excepto el nacimiento de Yeshúa, HaMashiaj (el Cristo). Por lo tanto, Yitzjak es un tipo de Cristo y su nacimiento anunciaba el nacimiento del Señor, porque cuando había llegado el tiempo, Dios envió a su Hijo (Gálatas 4:4a; Marcos 1:15; Romanos 5-6; Efesios 1:10).
El teólogo Dr. McGee dijo: “Eso fue verdad de Isaac, y fue ciertamente verdad del Señor Jesucristo. Hay una imagen maravillosa del nacimiento y de la vida de Yeshúa en el nacimiento y la vida de Isaac”.
En los capítulos 21 y 22 de Génesis, tenemos en el nacimiento y la vida de Isaac un notable prototipo del nacimiento y la vida de nuestro Salvador, Yeshúa, llamado el Ungido (Cristo o Mesías). ¡El nacimiento de Isaac comparado con el nacimiento de Yeshúa es una verdadera revelación a la mente de los escogidos! Uno es un tipo del otro que es el arquetipo (o antitipo).
Por ello, debo aquí animarlos a que se atrevan a introducirse en lo que se conoce como tipología bíblica.
Para explicar bien que es tipología bíblica me parece muy importante citar esta definición:
“la tipología del Nuevo Testamento llama la atención a [un] punto de similitud entre una persona, evento o cosa en el Antiguo Testamento y una persona, evento o cosa en el Nuevo Testamento”
(El Seminario Portátil, pág. 81)
Acorde a esto, debemos entender que un estudio de los tipos de Yeshúa en el Antiguo Pacto nos da una gran cantidad de conocimientos acerca de Él. Gracias al estudio de la tipología comenzamos a ver que el Mesías es el tema central de toda la Biblia, tanto en el Antiguo Pacto como en el Pacto Renovado (o mal llamado Nuevo Testamento). Vemos que no hay tema más importante que el Evangelio de Yeshúa. Por ello, el apóstol Pablo, pudo decir:
“Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesús el Cristo, y a éste crucificado”
(1 Corintios 2:2)
Las grandes verdades de la muerte de Yeshúa en la cruz por nuestros pecados deben ser lo principal que pensamos al leer las Sagradas Escrituras tanto en el Antiguo como en el Nuevo Pacto, ¡pues el Evangelio del Mesías es el tema principal de la Biblia entera!
En esta bitácora, nuestro enfoque será en el tipo es el nacimiento de Isaac – y el anti-tipo (o cumplimiento del tipo) es el Evangelio de Yeshúa. Esto se debe a que fue a través del nacimiento, el sacrificio y la vida de su hijo Isaac que Dios “dio de antemano [previamente] la buena nueva (evangelio) a Abraham” (Gálatas 3:8).
1. Ambos nacimientos fueron profetizados antes de que ellos nacieran.
Dios prometió darle un hijo a Abraham cuando Dios lo llamó que saliera de Ur de los Caldeos. Eso fue alrededor de 25 años antes del nacimiento de Isaac. Ese es el tipo. La venida de Yeshúa también fue profetizada antes de que Él naciera. Dios dijo a la nación de Israel,
“He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo”
(Isaías 7:14).
Ese es el anti-tipo, el cumplimiento del tipo.
2. Hubo un largo período de tiempo entre la promesa y el cumplimiento en ambos casos.
Hubo un período de unos 25 años desde el momento en que el Eterno lo prometió hasta el nacimiento de Isaac. El nacimiento de Yeshúa fue profetizado cientos de años antes de que Él naciera. Así que, de nuevo, hay un tipo y un anti-tipo, una promesa y un cumplimiento de la misma.
3. El nombre de Isaac y el nombre de Yeshúa fueron ambos profetizados antes de que ellos nacieran.
Dios le dijo a Abraham, “Y llamarás su nombre Isaac” (Génesis 17:19).
El ángel del Señor se le apareció a José y le dijo:
“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Yeshúa, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).
Así que, de nuevo, hay un paralelo entre Isaac (el tipo) y Yeshúa (el anti-tipo).
4. El anuncio del nacimiento de ellos pareció imposible a ambas madres.
Sara tenía noventa años y Abraham tenía cien años cuando nació Isaac. Cuando a Sara se le dijo que ella daría a luz un hijo, “Se rió, pues, Sara entre sí” – y dudó de que algo así sucedería.
Cuando el ángel Gabriel le dijo a Miriam (María) que tendría un hijo llamado Yeshúa, ella dijo:
“¿Cómo será esto? pues no conozco varón” (Lucas 1:34).
Notamos que en ambos casos, a las mujeres se les dijo que nada es demasiado difícil para el Señor. A Sara, le dijo el ángel: “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (Génesis 18:14). A María, le dijo el ángel: “Porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37).
Tanto en el tipo como en el anti-tipo, en ambos casos, el anuncio del nacimiento sobrenatural de sus hijos pareció imposible a sus madres, Sara la madre de Isaac y María la madre de Yeshúa.
5. Ambos nacimientos ocurrieron en el tiempo señalado por Dios.
En Génesis 21:2 se nos dice:
“Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había señalado [«en el tiempo’ anunciado por Dios» _ NVI],” (Génesis 21:2)
En Gálatas 4:4, Pablo dijo:
“Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4).
Vemos que Isaac nació en el “tiempo que Dios había dicho”; Yeshúa nació, “cuando vino el cumplimiento del tiempo”. Ambos nacimientos ocurrieron en el tiempo señalado por Dios, tanto el tipo (Isaac) como el anti-tipo (Yeshúa).
6. Ambos el nacimiento de Isaac y el nacimiento de Yeshúa fueron milagrosos.
El nacimiento de Isaac fue un nacimiento milagroso porque Abraham consideraba su cuerpo prácticamente muerto y la muerte de la matriz de Sara (Romanos 4:19 BTX), y sin duda el nacimiento virginal del Señor fue un milagro (Lucas 1: 34-35).
El Dr. McGee dijo:
“Los dos nacimientos fueron milagros. El nacimiento de Isaac fue un nacimiento milagroso, y, sin duda, el nacimiento del Señor Yeshúa”.
El Dr. DeHaan dijo que el “milagroso nacimiento de Isaac fue un tipo excepcional de Jesucristo y la fe absoluta en el Nacimiento Virginal…Isaac entonces, como un tipo de Yeshúa, es ante todo una figura, una sombra, y una profecía del Nacimiento Virginal del Señor Jesucristo…El nacimiento de Isaac, Hijo de Abraham, fue un milagro, ya que Isaac nació cuando Abraham era totalmente impotente a la edad de cien años, y Sara era completamente estéril a la edad de noventa años. Pero Dios había prometido a Abraham y a Sara un hijo, una semilla que se convertiría en la bendición de todo el mundo…Se nos dice que Abraham y Sara eran viejos y seniles y Sara se rió de la promesa de un hijo. Entonces Dios le responde:
“¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo”
(Génesis 18:14)
Y así fue. Cuando Dios había realizado el milagro del rejuvenecimiento de Abraham y Sara, Él cumplió Su promesa. No era demasiado difícil para el Señor.
“Visitó Yahvéh a Sara, como había dicho, e hizoYahvéh con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho”
(Génesis 21:1, 2)
(M. R. DeHaan, M.D., ibid., pág. 126)
Tanto el nacimiento de Isaac, como el nacimiento de Yeshúa fueron milagros divino; el tipo y el anti-tipo.
7. Ambos Isaac y Yeshúa fueron el gozo de sus padres.
El relato de Bereshit dice:
“Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac”. Génesis 21:3
El nombre “Isaac” significa risa. Sara se había reído en incredulidad ante el anuncio de su nacimiento. Y Abraham se rió de gozo por el nacimiento de su hijo. Se rió con tanta felicidad que llamó a su bebé “risa”. ¡Eso es lo que significa el nombre Isaac!
De la misma manera, cuando Yeshúa fue bautizado, Dios dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). ¡Ambos hijos, Isaac y Yeshúa, fueron gozo a sus padres!
8. Ambos hijos fueron obedientes a sus padres, aun hasta la muerte.
Notamos que al crecer, Isaac siguió a su padre para ser atado en sacrificio en el Monte Moriah. Él fue obediente a Abraham aun hasta la muerte.
“Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo” (Génesis 22:9, 10)
Yeshúa dijo que Moisés habló de Él. Eso es cierto, y lo podemos notar claramente en el capítulo 22 de Génesis, donde Isaac es un tipo claro del Mesías en su sacrificio. La primera vez que vi en [Génesis 22] estas grandes verdades que representan la Pasión salvífica de Yeshúa, quedé maravillado. Descubrí entonces, que no sólo en el nacimiento de Isaac, sino especialmente en el sacrificio de Isaac, existe una asombrosa similitud con la vida de nuestro Señor.
“Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho:
En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir”
(Hebreos 11:17-19)
Abraham tomó a su hijo Isaac para sacrificarlo en el monte Moriah. Abraham creyó que Dios podía levantar a Isaac de entre los muertos en un sentido “figurado”. Esa palabra “figurado” es importante. Se traduce de la palabra griega es “parabŏlĕ”. Significa un “símbolo” o un “tipo”. Así vemos que el sacrificio de Isaac era un tipo. Pero el autor de Hebreos no nos dice específicamente el anti-tipo, o cumplimiento, del tipo. Para descubrir eso debemos ir a Gálatas 3:8, en donde leemos que el Eterno “dio de antemano la buena nueva a Abraham”. De esto aprendemos que el Evangelio de Yeshúa era el anti-tipo, el cumplimiento de la “parabŏlĕ” o “símbolo” dado en el sacrificio de Isaac.
Para concluir diré que toda la preparación que hemos visto:
– el Eterno, enviando Isaac a Abraham, preparando el camino para la venida de Yeshúa
– Él (Yeshúa) muriendo en la Cruz para pagar por nuestros pecados
– para derramar Su Sangre para limpiarnos del pecado
– para levantarse físicamente de la tumba para darnos la vida.
Todo, fue una clara muestra de lo importante que es para Yahvéh salvarte de tu pecado.
Y ya que esta obra es tan importante para el Eterno, debe ser importante para ti también.
Por lo tanto, te pido que hoy te esfuerces a entrar en Yeshúa. Esfuérzate en venir a Él y confiar en todo lo que Él hizo por ti.
El Mesías te salvará y perdonará todos tus pecados en el momento que confíes en Él, ¡porque Él vino a buscar y a salvar a una persona perdida en el sistema reptiliano como tú!
¡Confía hoy en Yeshúa y experimentarás como Su Sangre te limpiará de todo pecado, y el Espíritu Santo te dará la Torah (Instrucción) del Eterno como regalo en tu mente y corazón!
Entendámoslo bien, la promesa de un hijo no se cumplió porque Abraham obedeció perfectamente, sino porque Yahvéh fue fiel en Su Palabra. Algunas de las promesas del Eterno son condicionales y dependen de algo que nosotros tenemos que hacer, pero otras promesas divinas son incondicionales y Yahvéh las cumple no por lo que hacemos, sino por quién es Él.
¡Cuando Dios finalmente respondió a Abrahán a sus oraciones, le dio el hijo de la promesa! De igual manera, el Eterno quiere responder a tu clamar por el cumplimiento de Su promesa en Su Hijo: el Espíritu Santo llenando tu vida. Yeshúa aseguró:
“¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13)
“¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?” (Lucas 18: 7)
«Entonces lo llevó (a Avram) fuera y (Dios) le dijo: Mira, por favor, al cielo y cuenta las estrellas, si acaso las puedes contar. Y añadió: Así será tu descendencia.»
(Bereshit / Génesis 15:5)
Avram, junto a sus 318 valientes, acababa de obtener un victoria sobre la alianza de los reyes mesopotámicos más poderosos del mundo conocido. Sin embargo, es evidente que ante lo desconocido que el Eterno le había revelado que le daría, su mente dejaba que el peor enemigo la asaltara: el temor. Es que Avram sin duda fue un héroe, pero también fue un ser humano. Los miedos de posibles conflictos que volvieran a colocarlo en peligro, generaban poco a poco pensamientos de dudas en el patriarca en cuanto al cumplimiento de las promesas hecha por el Eterno en Su llamado.
La realidad era que él aún no tenía un hijo que se convirtiera en una gran nación (Gén. 12:2) y él todavía estaba en medio de un país peligroso y malvado. Avram empezó a tener miedo de lo que pudiera deparar el futuro para él.
En ese momento la palabra hablada de YHVH vino a Abram en una visión. La palabra hebrea para la visión es makjazé y se encuentra sólo otras tres veces en las Escrituras hebreas o TaNak (Números 24:4 y 16, y Ezequiel 13:7). Esta expresión hebrea significa, literalmente, «en la visión» o «mirar fijamente a través de la ventana«, y es la primera vez que se menciona en las Sagradas Escrituras. Esta se trata de una visión específica, no un sueño, que culminó en el pacto del Eterno con Avraham. El estaba despierto y la visión continuaría durante todo el día y hasta la noche siguiente (15:17).
Usando pues este recurso profético de las visiones, Yahvéh se le aparece en plena noche, provocando un diálogo que en su progreso se transformará en una relación de pacto hasta ahora no experimentada por hombre alguno. El desarrollo del encuentro se centrará en los dos intereses fundamentales del proyecto redentor de Yahvéh: descendencia y territorio (simiente y potestad jurisdiccional).
Por ello, el Eterno iniciará la charla de este encuentro otorgándole a Avram seguridad en los dos temores que lo acosan. En cuanto a los posibles conflictos, el Eterno mismo se ofrece como el escudo de Avram. Yahvéh garantiza que Su presencia irá con Avram y será funcionalmente igual al rol del artefacto que a cualquier guerrero lo protegía de toda arma forjada contra él.
El patriarca acepta la protección, pero se anima sinceramente a presentarle al Eterno el problema central: no tiene un hijo, por tanto el galardón ofrecido por Yahvéh no tiene sentido alguno. Eliezer, el damasceno, su criado fiel, será su heredero, acorde con las leyes civiles de su tiempo.
Ante esta queja, Yahvéh, en su paciente benevolencia, le asegura a Abram que no será así. Ese hijo vendrá, más allá de la vejez del patriarca y la esterilidad de su esposa. Y además, en ese hijo vendrá la certeza de un descendencia numerosa que tendrá una característica especial: conocerá el poder de la fe (emunah).
Pero, para poder comprender de una manera pura este pasaje, nos haremos juntos unas preguntas:
¿Cuál es el mensaje en lo más profundo de este texto?
¿Qué nos dice la Torah entrelíneas?
¿Acaso se habla aquí de una bendición relativa al número de descendientes de Abram?
Analicemos rápidamente algunos términos hebreos con el objetivo de desaprender todos los conceptos erróneos con los que hasta hoy hemos leído este pasaje de la Escritura sin lograr bucear debajo de él a fin de disfrutar de la perla de gran precio que en este texto se esconde.
Cuando el texto dice «lo llevó fuera» puede ser entendido al menos en dos planos:
• El primero es el literal: es decir que dice lo que se lee a primera vista, lo llevó fuera de su morada para que pudiera observar el cielo; • El segundo es el exegético: que revela que lo sacó de sus pre-conceptos, de las ideas previas que él poseía por sus paradigmas religiosos (astrológicos). Lo llevó fuera de lo que le era conocido.
Justamente resulta interesante saber que la palabra hebrea traducida como «afuera» es hajutza (הַחוּצָה ) y aparece aquí por primera vez en el texto bíblico. Por ende, los invito nuevamente a leer bien lo que dice el versículo:
«Y Dios lo llevó afuera y le dijo: Por favor, mira el cielo y cuenta las estrellas. ¿Puedes contar y Dios lo llevó afuera y le dijo: Por favor, mira el cielo y cuenta las estrellas. ¿Pulas? Y Él le dijo: Así es como será tu descendencia«.
¿A dónde lo sacó “afuera” Dios a Abraham?
Literalmente esto significa que el Eterno lo sacó de su tienda para ver las estrellas. Pero, en la aventura de estudiar la Torah debemos saber que existe otra interpretación, es la explicación homilética. Desde ella, y de una manera más profunda, se entiende que en verdad Yahvéh le dijo a Abraham:
«¡Sal de tus cálculos astrológicos!«;
expresado de una mejor manera:
«¡Sal de tus condicionamientos astrológicos donde pudiste ver en las estrellas que nunca tendrás un hijo!»
Toda esta exégesis debe ser unidad a lo que dice el versículo inmediatamente después: «mira al cielo«. Aquí el texto demuestra que el Eterno lo conduce a realizar las mismas acciones que hasta ese momento Avram (así como se llamaba nuestro patriarca entonces) había realizado siguiendo los consejos de la astrología (la ciencia de los caldeos, su lugar de origen). Avram estaba entrenado en todas las artes mágicas de la astrología ya que ella era su religión original. Por lo tanto, sabía confeccionar su carta astral. En su gran sabiduría, Avraham llegó a la conclusión clara de que él y Sarai nunca tendrían hijos. Los astros, desde sus signos, le presagiaban que él y su esposa no tendrían descendencia. El destino trazado en el estudio de las estrellas determinaba que sería su siervo Eliezer el que heredaría sus posesiones. Pero Dios lo llevó fuera de esta visión del mundo. Evidentemente el texto nos muestra que de acuerdo a su carta natal, él no iba a tener un hijo; pero Avraham sí tendrá un hijo, según el diseño divino…
Es decir, Dios le ordenó a Avram que ya no se guiara por lo que había aprendido a través de dogmas y tradiciones humanas. El Eterno lo sacó de sus pre-conceptos, de las ideas previas. Lo llevó fuera de lo que le era conocido. Abram necesitaba un cambio mental en Abram para poder cambiar su futuro. Este varón no debía seguir conduciéndose en el Camino de la fe guiándose mentalmente por lo que su ciencia y conocimiento le decía, sino que el Eterno anhelaba que él anduviera por los caminos de la enseñanza de Verdad, que es lo que Yahvéh dicta por medio de Su Instrucción.
El Eterno le enseñó algo bien claro al decirle:
«Ya no medites sobre la ciencia ilusoria de las estrellas. Sal de estas creencias, mira el cielo y verás que por encima de toda asignación astrológica estoy Yo, el Eterno y Todopoderoso, y mi Palabra es fiel para cumplirse en tu vida en tiempo y forma. Aprende a esperar en los secretos de mi Nombre y mi Instrucción«
El Eterno le responde a Abram enseñándole el gran secreto de la existencia hebrea: NO estamos regidos por los astros, sino que somos trascendentes, nosotros podemos determinar nuestro propio destino por medio de la fe en los mandamientos y promesas de la Instrucción (Torah) divina.
El único que está por fuera de todas las limitaciones, y conoce realmente todo, en todo momento, es Dios, y es Él el que le ha prometido descendencia, digan lo que digan en contra los astros o los hechos materiales.
De este modo Eterno enseña así a Avram que la consecuencia de darle demasiada importancia a las predicciones astrológicas, es que el evento previsto se vuelve inevitable. Quien insista en vivir solamente dentro del ámbito de lo natural se vuelve esclavo de él. En cambio, la misión de un llamado y escogido del Señor consiste en romper las limitaciones de lo natural. Si este aprende a vivir de una manera que lo eleve a una dimensión superior, ésta se vuelve real en su vida y rige los acontecimientos futuros.
Justamente los mitzvot (mandamientos) de la Torah existen vibrantes en un plano superior. La raíz de la palabra mitzvá (mandamiento) se relaciona etimológicamente con la palabra “tzavta”, o sea, «cercanía«, ya que el cumplimiento de un mitzvá acerca a Yahvéh. Es decir, que cuando un mitzvá es hecho, este acto físico genera transcendencia, y entonces el destino de una persona es alterado. Un acto que tiene el potencial de elevarnos a una relación directa con la Fuente de todo, ciertamente tiene un poder más grande que el de los supuestos intermediarios de la creación que implanta el sistema reptiliano a través de sus creencias.
Este fundamento de vida que aprendió Avram, será el sostén de la emunáh (fe) de Israel. Con este relato, Moshé pretende que el Pueblo de Dios acepte que todo el propósito de los hijos primogénitos del Eterno es vivir por encima de la naturaleza. Nuestro desafío consiste en elevarnos a la dimensión de la voluntad de Yahvéh, que se manifiesta en este mundo a través del cumplimento de los mitzvot. El éxito consiste en conectarse con la propia Fuente de todo el bien, a través de las acciones que Él mismo nos designó como propicias a este fin. Cuanto más mitzvot hacemos, más canales de conexión son creados uniéndonos al Eterno y preparándonos para recibir Su bendición en Yeshúa Su Hijo.
Esta experiencia mística de Avram involucra el hecho de que Yahvéh lo sacó fuera de este mundo (sistema reptiliano sensorial) y lo elevó en un éxtasis por encima de las estrellas. Este es el significado exacto del verbo «mira» (הַבָּטָה ,habatáh): Avram pudo mirar de abajo hacia arriba, desde la cosmovisión divina.
En lenguaje moderno, la segunda interpretación implica «fuera de este mundo» es decir «fuera del cosmos» o «fuera del orden natural establecido«, que representa el infinito, pero en verdad es finito y también sigue las limitaciones de las leyes de la naturaleza. La fe inicial de Avraham en Dios no podía ignorar por completo esas limitaciones, porque, después de todo, se dio cuenta de que el Eterno creó un sistema finito, limitado, con su propio conjunto de leyes. Pero, a la vez, Yahvéh le mostró a Abraham que él puede dejar este mundo por completo, y elevarse más allá de cualquier limitación, con el fin de crear un mundo nuevo, por así decirlo, totalmente influenciado por lo sobrenatural.
Es, en parte, por eso que Yavhéh le habla del número de las estrellas. Porque así como son incontables y por lo tanto inabarcables en su totalidad para el intelecto humano, también el presunto saber de la determinación del futuro por medio del estudio de fuerzas cósmicas es imposible. En resumen, el Eterno le dice a nuestro padre Abraham que confiar ciegamente en mancias es poco menos que ceguera intelectual.
El único que está por fuera de todas las limitaciones, y conoce realmente todo, en todo momento, es Yahvéh, y es Él quien ha prometido descendencia, digan lo que digan en contra los astros o los hechos materiales.
El versículo diciendo: «así será tu descendencia«. Con esta expresión el Eterno no se refiere a un número (aunque en otro lugar prometió descendencia abundante) sino que está aduciendo que a partir de este diálogo existirá una cualidad especial en la forma de ser de sus hijos, y generaciones. Se refiere pues a la cualidad de abstenerse del pensamiento humano totalitario, de apartarse de las ideas deterministas, de rechazar la creencia en influencias mágicas que determinan un destino inconmovible; es la cualidad de confiar exclusivamente en que el Eterno es el poseedor del saber último, y por lo tanto, quien tiene la última palabra.
La reacción de Avraham a esta revelación es «Y creyó a Dios«. Este fue el nacimiento de la fe pura, que cree en la capacidad de desafiar las leyes de la naturaleza. Por primera vez, Avram se apropia de una sustancia divina (la fe) que es la respuesta correcta a las promesas del Eterno.
Como resultado de la fe de Avram, YHVH «se lo contó» o le imputó (hebreo kjasháb) su fe por justicia (Romanos 4:1-25; Gálatas 3:6; Santiago 2:23). Esta es la primera aparición de la palabra imputar en las Sagradas Escrituras (La Biblia). El Señor imputa o transfiriere Su justicia a Avram, a fin de que Avram tuviera una posición perfecta delante de Dios. Así pues, queda bien claro que la salvación, ya sea en la TaNaK tanto como en el Pacto Renovado, era, es y será solamente por gracia, y esto por medio de la fe.
Avram, después de haber recibido la garantía del Eterno, creyó que la profecía ciertamente sería cumplida, por lo que ya no tenía por qué temer perderla. Bien entendido tendrán en sus mentes y corazones esta revelación, aquellos discípulos de las primeras comunidades que se sentaban a los pies del apóstol Pablo, quien comentaba este episodio de Abraham de este modo:
«¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.» (Romanos 4:1-3)
«Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.» (Romanos 4:19-25)
«Porque ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9)
¿Qué sucede una vez que hemos logrado salir afuera, más allá de nuestra visión normal del mundo, y aceptado el hecho que la omnipotencia de Dios va mucho más allá de las leyes de la naturaleza que Él mismo estableció?
La respuesta se relaciona con la capacidad de cambiar nuestra perspectiva del mundo con el fin de lograr el resultado que Yahvéh desea. Abraham comenzó dentro de este mundo. Él reconoció a su Creador, creyó en un solo Dios, pero, avanzó más y más en su fe, hasta que llegó al extremo de dejar este mundo, y comenzar a creerle al Eterno en la cosmovisión que Él le revelara.
Así, Avraham se fue «afuera«, y su salida lo enfrentó a la idolatría astrológica, transportándolo Yahvéh al Reinado de Su Luz admirable. Esta es la cosmovisión que otorga el don divino de la fe. Este regalo permite que el ser humano le crea solo a Yahvéh, que nos brinda Su Presencia y nos enseña, a través de Su Instrucción (Torah) a dejar este mundo y repararlo acorde al diseño original de Su propósito eterno. De este modo se adquiere la cualidad de abstenerse del pensamiento humano totalitario, de apartarse de las ideas deterministas, de rechazar la creencia en influencias mágicamente determinantes; y de confiar exclusivamente en que el Eterno es el poseedor del saber último.
Lo que más me llena de alegría mientras escribo esta bitácora, es darme cuenta que esta promesa, sin duda alguna, hoy es una opción abierta a cualquier persona que quiera trascender las limitaciones del mundo físico a través de su fe en Yeshúa, el Mesías. Simplemente debes disponerte a dejar el paradigma propio de la religión: «creer en Dios«, y llevar todo tu ser al paradigma metafísico de toda existencia humana: «Creer a Dios«. Así, el Eterno entrenará tu vista para que, detrás de las realidades de la vida, veas la visión que tiene para ti. Entonces obtendrás el entendimiento espiritual de que toda bendición no depende de los astros, ni depende del destino. Por el contrario, procede de más arriba, del Padre de las luces, que nos ha amado en Su Hijo unigénito, Yeshúa.
«Venid, hagamos ladrillos, y cozámoslos al fuego».
Y se sirvieron de ladrillos en lugar de piedras, y de betún en vez de argamasa; y dijeron:
«Vamos a edificar una ciudad y una torre, cuya cumbre llegue hasta el cielo; y hagamos célebre nuestro nombre antes de esparcirnos por toda la faz de la tierra”.
(Génesis 11: 3-4)
En este relato divino de la historia primigenia se nos revela un ser humano que, consciente de sus nuevas habilidades, se envanece y se prepara para glorificarse a sí mismo mediante el esfuerzo colectivo. Para dejar testimonio a las generaciones venideras, esta humanidad decide construir un monumento para sí. Por ello, vemos que los elementos de la historia son atemporales y característico del espíritu del sistema de cosas reptiliano que las primeras comunidades de discípulos de Yeshúa sabían que había que evitar (1 Juan 2:15-17).
Alrededor del año 3.000 a.C., Nimrod, coronado como el primer rey emperador, fundó la ciudad de Babel, desde donde comenzó a gobernar la tierra en abierto desafío al Eterno Dios.
Nimrod era hijo de Kus, nieto de Cam y bisnieto de Noé y pasó a la historia como un célebre cazador, gran guerrero y despótico opresor, que se opuso a Yahvéh (Génesis 10: 8-11).
Según la tradición histórica, Nimrod hizo la guerra a la descendencia de Jafet, la esclavizó y le arrebató todas sus tierras. Y desafiando con soberbia a Yahvéh, nuestro Dios, ordenó construir una gran torre con el propósito de alcanzar el Cielo e invadir la propia morada del Creador. Su intención era robarle al Eterno los lineamientos y las pautas del diseño de Su Proyecto Mesiánico y el Plan de Salvación que en él se escondía.
Es evidente que Nimrod pretendía llegar hasta la mismísima residencia de Dios, desplazar su autoridad y lanzarse a la conquista del mundo aduciendo ser la «simiente de la mujer«, o sea el Mesías prometido en Edén (Génesis 3; 15).
La gran torre pensada por Nimrod dominaría la ciudad, tanto arquitectónica como culturalmente. Serviría como centro de la vida política y religiosa de la población, y sería un símbolo de su unidad y poder.
Y así fue que comenzaron los babilonios la colosal edificación, levantando una torre como jamás había visto el hombre. La torre de Babel fue un gran logro humano, una maravilla del mundo post-diluviano.; pero era un monumento dedicado a la gente mismo y no al verdadero Dios. Por ello, hoy es el símbolo más puro del sistema de gobierno antagónico que el mundo escogió desde el principio. Este sistema de gobierno excluye siempre al Creador Eterno, procurando la constante rebelión del ser humano, que conduce a colocar todo lo que el hombre hace por encima de todo. Este es el inicio del humanismo. Todo el conocimiento cainita (simiente de la serpiente) resucitó aquí, pero esta vez organizado en un sistema totalmente anti-Cristo, que ni el mismo Dios podría derrocar si se le permitía continuar (Génesis 11: 6).
El humanismo se inicia con la humanidad poniéndose en el lugar del Señor, y eliminándolo a Él del centro de nuestras vidas. Los humanistas no creen en Dios; por el contrario, ellosse convierten en un dios para sí mismos. Ellos sostienen que todo el mundo tiene el derecho a determinar su propio destino. Ellos creen en la ética situacional y no tienen ningún concepto de autoridad absoluta. Su deseo es forzar al Eternoa plegarse a su voluntad. Las Sagradas Escrituras revelan que las personas que piensan así son sabios a sus propios ojos e inteligentes a su propia vista (Isaías 5:21). Por eso, sin duda alguna, el proyecto de Nimrod era un desafío a la soberanía del Eterno y a Su propósito mesiánico para con la humanidad.
El texto relata que el Altísimo supo acerca del desafío que se le hacía y decidió bajar a la Tierra para castigar tanta insolencia.
“ Y descendió el Señor a ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de Adán, y dijo. ‘He aquí, el pueblo es uno solo, y todos tienen un mismo lenguaje; y han empezado esta fábrica, y no desistirán de sus ideas, hasta llevarlas a cabo. Ahora, pues, descendamos y confundamos allí mismo su lengua, de manera que el uno no entienda el habla del otro.”
(Génesis 11: 6-7)
Cayó la ira de Dios sobre Babel y se desplomó la gran torre provocando indescriptible espanto. Y ocurrió que la gente, dejó de entenderse y se dispersó por todas las regiones llena de espanto y temor.
Por esto es que conviene saber que el nombre hebreo de Babilonia es Babel, que significa «la puerta de Dios». Pero, es interesante decir, que a su vez, la palabra Babel se deriva de la raíz hebrea balal, que significa «trastornado» o «confundido». Por ello, Babel significaría “puerta en donde Dios trastorna y confunde”. La mayoría de los especialistas vincula a esta ciudad con Babilonia, la cual se convirtió finalmente en sinónimo de la última ciudad malvada que persiguió al pueblo de YHVH.
Esto fue, por supuesto, un acto de rebelión contra Dios en oposición con Su pacto con Noé (9:1 y 7).
Este logro humano orgulloso era nada más que un retorno al esfuerzo de Adán y Eva de ser como Dios a su manera tal y como la serpiente les dijo (Génesis 3:5). Todas este conjunto de naciones, bajo la guía de Nimrod, en el orgullo de sus corazones, querían decir: «Yo soy un dios» (Ezequiel 28:2). Y al hacerlo ellos estarían emulando al padre de mentira, el diablo. De este modo el hombre rebelde emerge en forma independiente de la voluntad divina, declarándose por sí mismo capacitado para transforma todo (Mesías) sin necesidad de comulgar con el Eterno, su Fuente de propósito. Nimrod, y todos sus súbditos, querían ser autónomos y apropiarse del poder divino para gobernar sin el menor vestigio del reinado de Yahvéh. Querían trascender sus limitaciones humanas sin la Instrucción (Torah) del Eterno. Así es como nuevamente se manifestó la apostasía, trayendo nuevamente al hombre de pecado como un anti-diseño del propósito del Señor. Así será descrito, en el siglo I, por el apóstol Pablo este tipo de espíritu anti-Cristo:
«Éste se opone y se levanta contra todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de adoración, hasta el punto de adueñarse del templo del Señory pretender ser Dios.»
(2 Tesalonicenses 2:4)
Por eso es que el objetivo de Nimrod fue frustrado por el mismo Yahvéh, y todos aquellos seres humanos fueron obligados por el Eterno a dispersarse por toda la faz de la tierra (11: 4). Este fue el método que el Señor usó para dispersar a los seres humanos de manera que el reino que hombre reptiliano (simiente de la serpiente) estaba creando nunca excluyera la manifestación del Reino de Dios.
Al leer este relato notamos que la Torre de Babel no era un monumento al único y verdadero Dios, sino a la humanidad orgullosa de su fuerza política. Revela la arrogante actitud del hombre, desafiante, rebelde contra YHVH. Y porque querían excluir a Dios, notamos que Su Nombre está apropiadamente ausente de esta sección.La expresión «hagámonos un nombre» (en hebreo Shem), habla de hacer una falsa imagen de Sem, en quien se concentraba las promesas de la bendición mesiánica (simiente de la mujer). Es decir que con esta palabra Nimrod y sus súbditos expresaron el deseo de establecer por ellos mismos un anti-Mesías de poder mundano que dirigiera los designios del destino planetario. La expresión refuerza la pretensión humana, su apetito de gloria, y su rebeldía contra el Eterno. Anhelaban fama, sin darle la gloria al Nombre del Señor. Esto se refuerza cuando consideramos detenidamente las palabras del Eterno sobre dicho intento
«… y se dijo: «Todos forman un solo pueblo y hablan un solo idioma; esto es sólo el comienzo de sus obras, y todo lo que se propongan lo podrán lograr.»
(leer nuevamente verso 6)
Con estas palabras el Eterno reveló que la construcción del sistema de Babel era únicamente el inicio de un camino mayor de rebelión jamás visto en la historia humana, incluso hasta nuestros días. La reunión de todas la fuerzas materiales en un centro común hubiera conducido al despotismo universal y al desarrollo pleno de lo que, como anticristo, se reserva para el juicio de los últimos días.
Este proyecto reptiliano, hoy llamado «Babilonia la Grande» (Apocalipsis 17:5), es una civilización apoyada sólo en la autonomía y recursos humanos que rehúsa al Creador y Su Instrucción (Torah) y pierde por lo tanto la capacidad de oír al Eterno. Es una sociedad totalmente secular y, reitero, humanista, de cualquier lugar y cualquier época, que ubica al hombre en el centro del universo y lo erige como un dios. Se constituye por tanto en la civilización desafiante del propósito eterno de Dios y enemiga de la manifestación de Yeshúa, el Mesías (Hechos 4: 25-27). Por eso, en la Venida del Señor, esta civilización anti-Dios será finalmente enjuiciada y destruida (Ap. 18).
Por lo tanto, la Babel de la Tierra se contrapone a la Jerusalén celestial; la ciudad del hombre se opuso a la ciudad de Dios.
Volviendo a releer el relato, diré que frente a esta actitud desafiante, el Eterno responde con justicia, pero usando la misericordia en fidelidad a Su naturaleza amorosa y a Su promesa de no destruir totalmente a la humanidad.
En primer lugar, el Eterno reconoce que el proyecto humano se debe a la unidad y al poder del acuerdo mutuo de desafío.
En segundo lugar, el Eterno, en su divinidad plena, decide truncar el proyecto que alejaría a la humanidad del propósito divino y causaría su autodestrucción. Dos acciones divinas logran este doble cometido: confunde el lenguaje que los hombres dominaban (el lenguaje del Uno) y los dispersa sobre la faz de la Tierra.
Diré aquí, que la confusión del lenguaje no es tan sólo la diversidad de idiomas que crea barreras a las naciones, sino más bien la diversidad de intereses y ambiciones que mantiene a las naciones desunidas y en constante conflictos y guerras.
Si ahora reflexionáramos rápidamente en la Historia Universal de la humanidad, notaremos que a través de las distintas épocas, grupos de naciones por decisión voluntaria o por imposiciones, con fundamentos políticos o religiosos, se han unido, se han engrandecido y han creado civilizaciones imperialistas que rechazan al Eterno y Su Instrucción, tal y como fue en Babel. Las mismas, volviéndose idólatras, rechazan y violan el propósito eterno de Dios para la humanidad. Las violaciones más comunes son las de opresión política y social, explotación comercial desequilibrada que enriquece a unos pocos, en la cima de la pirámide o torre, y empobrece a otros en su base. De ese modo aparecen sus expresiones más violentas, como la esclavitud, la depredación de recursos naturales, destrucciones de territorios, razas y culturas enteras, llegando finalmente al genocidio.
Por eso, hoy al estudiar este proyecto reptiliano llamado Babel o Babilonia, podemos rescatar dos principios importantes:
Primero: el hombre no redimido continuamente rechaza al Eterno y Su Torah (Instrucción) creando una civilización anti-amor, totalmente inhumana y explotadora.
Segundo: El Eterno no tolera dicho proyecto, llámense Imperios, Uniones de Repúblicas, o de Estados, Confederaciones, Ligas o Comunidades de naciones. Por eso siempre y cuando una civilización busca la unidad en arrogancia, cae bajo los juicios divinos y es totalmente desbaratada (Salmo 2: 1-5; Isaías 7; Romanos 2).
La ciudad primitiva, anti-Mesías, que no se llega a terminar, es hoy el símbolo de la inagotable y obsesionada búsqueda del hombre de la «religión perfecta», ecuménica o universal que permite un único gobierno y una sola economía mundial. Pero esto es una quimera, un imposible. Por más que nos empeñemos, ya nos advierte el Señor que no es ese Su camino y por esto el nombre de ella es Babel, que significa confusión espiritual para conocer a Dios. El mensaje está bien claro para todos los hombres. La verdadera unidad se basa únicamente en el Señor y en la vida espiritual que en Él hay y que fluye hacia los hombres por medio del Mesías y Su Yugo bendito.
«Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos«.
(Efesios 4:4-6)
Cuando cualquier ser humano se revela contra el Eterno, Él viene, como Señor, para ver lo que está ocurriendo y lo confunde. El Señor castigará la arrogancia y la desobediencia.
Todo queda bien claro: ¡La confusión es, y será, siempre el destino inevitable de todos los planes hechos por el hombre sin Dios!
“Los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet (y Cam es el padre de Canaán). Estos tres son los hijos de Noé, y de éstos se pobló toda la tierra”.
(Génesis 9:18-19)
Al leer el Bereshit en el capítulo noveno, nos encontramos con un mensaje trascendental para la humanidad de todos los tiempos, y en especial para nosotros hoy.
Sem, Cam y Jafet, los responsables de repoblar la Tierra, parecen haber impreso sus propias características en sus descendientes.
A los fines mismos del escritor (Moshé) inspirado por el Espíritu del Eterno, sus mismos nombres son simbólicos y proféticos. Y es que Sem, Jam y Jafet representan tres culturas.
Jam (Cam): significa “caliente”, o “calor ardiente”.
El calor en la mentalidad hebrea tiene que ver con los placeres. Por ende, Cam representa a la cultura que busca el placer por el placer en sí. Esto se llama hedonismo. El placer que es un medio a través de esta cultura se transforma en un fin.
Yefet (Jafet): signifiva «belleza» o «hermoso«.
Representa a la cultura que busca la belleza de las cosas como fin único. Esta es la base del humanismo. Esta cultura procura constantemente una ilimitada producción de belleza y goce de lo hermoso de las cosas materiales.
Shem: significa “El Nombre de Gloria”.
Esta es la cultura de la esencia. La que conduce al ser humano a investigar por la esencia de las cosas. Buscar la dimensión espiritual de todo, para poder conectarnos al Eterno.
¿ Cuál es el mensaje para nosotros en estos tres nombres ?
Moshé, persigue demostrar cómo, de este modo, la cultura hedonista sumada a los conceptos de la cultura humanista, reafirmaron el marco declarativo que permitió la resurrección del materialismo anti-Mesías que la serpiente había instalado en la mente de la humanidad del Edén. Fue de los descendientes de Cam y Jafet como la humanidad volvió a constituir un sistema opresor que quedó representado por la Torre de Babel.
Por ello, el Espíritu del Señor deja bien claro cuál es el secreto para vencer esta tendencia del hombre a irse tras la condenación. La sabiduría de la cultura de Shem es saber utilizar el placer y la belleza como medios que permitan glorificar el Nombre del Eterno. Con esta forma de vivir evitamos ser esclavo de la vida moderna que corre sujeta a los lineamientos de un humanismo relativista que ha convertido al hedonismo (buscar el placer por placer mismo) en el leitmotiv de la mayoría de los seres humanos actuales.
Nota:
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¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!
Cuando transitamos por una simple lectura de la Biblia notamos que aparte del relato de Génesis, las Sagradas Escrituras contienen muchas referencias a Noé y al Diluvio.
A continuación enumeraré los pasajes dónde esto ocurre:
El historiador Esdras, importante sacerdote israelita, comprometido con la recopilación seria de documentación genealógica, alista a Noaj (Noé) y a sus hijos (Sem, Cam y Jafet) en la genealogía de la nación de Israel (1 Crónicas 1:4-17).
El médico y evangelista Lucas incluye a Noé cuando enumera a los antecesores de Jesucristo (Lucas 3:36).
El apóstol Pedro hace varias referencias al relato del Diluvio al escribir a sus hermanos cristianos (2 Pedro 2:5; 3:5, 6).
El apóstol Pablo califica como un gran acto de fe de parte de Noé la construcción del arca para la salvación de su casa (Hebreos 11:7)
¿Existe alguna duda de que estos escritores bíblicos inspirados aceptaban el relato del Diluvio que aparece en Génesis? Indudablemente, ellos lo consideraron un acontecimiento real.
Para nuestro Mesías Yeshúa el diluvio (Génesis 6-9) fue un evento histórico. Él dice:
«Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre»
(Mateo 24:37,38)
Yeshúa nos explica aquí que el hombre coetáneo de Noaj se dedicaba sólo a disfrutar de la vida sin ofrecer al Eterno su respeto y su entrega, bebiendo todo el tiempo y sin más objetivos que tomar el diseño divino del matrimonio como un pretexto para justificar su hedonismo, no dándose cuenta de su error hasta que fue demasiado tarde.
Por eso, si alguno dice que el diluvio es ficción, niegan la palabra de Yeshúa, nuestro Señor mismo.
«Y vio Yahvéh que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.
Y se arrepintió Yahvéh de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón«.
(Génesis 6: 5- 6)
Comencé citando literalmente el texto de la versión Reina-Valera 1960 que es la traducción que más permite el plantea de la pregunta con la que encabecé a esta bitácora.
Ahora haré lo que ya todos los discípulos de Yeshúa a quienes sirvo saben que hago, cuando un texto bíblico genera incógnitas por causa del sentido idiomático mismo. Consideraré junto a ustedes el famoso adagio italiano: “traduttore, traditore”. Toda traducción contiene una traición. Esto lo hago porque este proverbio italiano es un juego de palabras basado en el hecho de que traición y traducción tienen una raíz latina similar; forman parte de un conglomerado de ideas que incluye también la palabra tradición. Y es justamente esta última (la tradición) la que estamos obligados a juzgar, y hasta desechar si es necesario, de nuestra tarea interpretativa del texto sagrado.
Lamentablemente, existe una línea interpretativa, llamada teísmo abierto que insiste en creer que Dios se arrepintió con tristeza porque estaba sorprendido o desconocía la profundidad de la naturaleza pecadora del hombre en que cayó. Así, desde este versículo, se afirma que Dios desconoce lo que las personas escogerán hacer. Por ello, y bajo la sutil influencia de este pensamiento, incontables mentes humanas, al llegar a este texto se cuestionan lo siguiente:
¿Quiere decir que Dios se arrepintió de crear a la humanidad en el sentido de reconocer que había cometido un error? ¿En verdad, se da a entender que Dios cambia de opinión?
Para poder aclarar estos planteamientos llenos de sinceridad, me corresponde decirles que todo texto bíblico debe ser considerado desde el contexto escritural general. Desde aquí acudiremos ahora a las Sagradas Escrituras y notaremos que estas dicen que YHVH no cambia. Esto significa que no cambia su naturaleza, ni tampoco sus decisiones, ni su manera de pensar, ni su voluntad.
“Porque yo YHVH no cambio;
por esto, hijos de Yacov (Jacob), no habéis sido consumidos»
(Malaquías 3:6)
“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”
(Santiago 1:17)
“Por lo cual, queriendo Elohim mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros”
(Hebreos 6:18)
Por todo este contexto general de la revelación escritural concluimos que nuestro Todopoderoso Abba es UNO y ÚNICO y que en Él no hay error ni imperfección.
Por eso, al regresar al texto del sexto capítulo de Bereshi (Génesis), debemos considerar algunos aspectos claves para la excelente interpretación del mismo.
En primer lugar, aceptemos que el relato que Moshé hace en los capítulos 4 al 6 pretende llevar a sus lectores a tomar conciencia de lo que produce en la historia la degradación humana en su descenso (yrida) a la bestialización (para entender esto invito a leer: ¿Hombre en señorío o humano bestializado?) Con estas líneas el Eterno quiere revelar cómo es el proceso de la precipitación humana hacia la degradación, y su necesidad absoluta de redención y restauración por medio de Su Gracia.
Antes de continuar, quiero dar gloria al Eterno por haberme conducido en Su bendita Unción a vivir en el convencimiento de la importancia de conocer las raíces hebreas de nuestra fe en Yeshúa. Cuan prioritario es para el sincero investigador de las Sagradas Escrituras ir al hebreo cada vez que estudiamos la TaNak (mal llamado Antiguo Testamento en la teología cristiana).
Por eso, veamos nuevamente lo que nos dice la versión Reina Valera 1960:
“Y se arrepintió YHWH de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”.
Traducido esto al español en forma correcta se debe leer:
«Y SE CONSOLÓ YHVH PORQUE HABÍA HECHO AL HOMBRE EN LA TIERRA Y SE ENTRISTECIÓ SU CORAZÓN»
Primero la palabra hebrea que aparece ahí en el verso 6 del capítulo 6 de Bereshit (Génesis) que los “traductores” de la Reina Valera y de otras versiones vierten como “arrepentimiento” es “nakjám” y puede traducirse como “consolarse”, “suspirar fuertemente en exhalación” o “lamento”. “Nakjám” es una expresión hebrea que se usa para:
Sentir pena por algo o alguien
Sentir pesar por algo o alguien
Sentir dolor por algo o alguien
Entristecerse por algo o alguien
Sentir un corte hasta lo más profundo del corazón.
Por lo tanto, en este texto tiene la connotación de «haberse dolido» o “haberseconsolado” por la situación infrahumana que la humanidad había alcanzado según el contexto de la historia del capítulo seis. No sólo la mayoría de los seres humanos se había corrompido por completo, además “se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia” (v. 11). Es decir que la humanidad se había vuelto tan violenta que Dios se vio en la necesidad intervenir. El mundo había dejado de ser un lugar seguro en todos sus ámbitos existenciales.
No es que Dios se había equivocado al crear al hombre; pero sí le dolía ver los errores que el ser humano estaba cometiendo. La causa de su dolor era la humanidad en sí, no el hecho de haberla creado. En otras palabras, el comportamiento del hombre no fue una sorpresa o algo inesperado para Él.
El Eterno no se arrepintió de algo que hizo. Él es perfecto y por lo tanto nunca se equivoca (cf. Salmos 18:30). Bajo este entendimiento entendemos que YHVH se consoló asimismo por haber hecho al hombre en la Tierra, no por haber cometido un error en su creación, ni porque ésta fuera imperfecta, sino porque que las condiciones en las cuales el hombre estaba eran lamentables y tristes para él, me refiero a la ya habituada y constante inclinación al mal que los hombres y mujeres tenían (v. 5). ¿Logra usted discernirlo?
Una clave para entender bien este pasaje se encuentra en el mismo polémico verso 6, que dice; “Y SE ENTRISTECIÓ SU CORAZÓN”. O sea, que el asunto aquí no es una actitud de arrepentimiento por haber hecho algo mal, sino que una actitud de consuelo y tristeza por la condición del hombre quien estaba de continuo inclinado al mal habiendo así torcido su esencia a condicionamientos del inframundo (Sitrá AjRá) mismo.
La voluntad de Dios al crear al hombre fue que éste lo sirviera fielmente sujetándose a la Sabiduría de Su Instrucción. Cuando el hombre se volvió exageradamente pecaminoso, el Eterno sintió tristeza por los resultados de haber creado al hombre. Pero Yahvéh no cambió Su voluntad. Siguió siendo Su voluntad que el hombre le sirviera y procedió a eliminar a aquellos hombres que no aceptaban esta voluntad divina por medio de un terrible diluvio.
Otro ejemplo del uso de nakjám en el contexto del Eterno Dios está en 1 Samuel 15:35, cuando Dios se arrepentía [nakjám] de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel. Una vez más, Yahvéh no se estaba lamentando de su decisión, sino de los errores de Saúl. La voluntad de Dios al escoger a Saúl como rey sobre Israel fue que Saúl le obedeciera y que sirviera de ejemplo a todo Israel como un siervo de Dios. Cuando Saúl le desobedeció, Yahvéh sintió el pesar por los resultados de la rebeldía de Saúl (1 Samuel 15:11). Pero Yahvéh no cambió Su voluntad. Él continuó en Su anhelo de poner como rey sobre Israel a un hombre fiel. Por tanto, anunció que haba quitado el reino de Saúl por su desobediencia y lo dio aun hombre más fiel (1 Samuel 15:28,29).
En otras palabras, Dios puede llegar a cambiar su actitud para con la humanidad con base al comportamiento humano (generalmente cuando hay pecado o error). Cuando nos equivocamos, Dios se lamenta profundamente viendo que insistimos en tomar decisiones que nos hacen daño. Esta es la diferencia entre el arrepentimiento humano (volverse del pecado para seguir a la Instrucción de Dios) y el arrepentimiento a nivel de Dios (cambiar su actitud hacia la humanidad con base a nuestro comportamiento).
Las Sagradas Escrituras describen muchas situaciones en las que Dios se ha lamentado o ha cambiado su curso de acción, y esto siempre es debido a errores humanos.
Por otra parte un ejemplo sencillo de esto es Cuando en Génesis dice «Y se acordó Elohim de Noaj (Noé)” (Génesis 8:1) como si se hubiera olvidado de él, es a mi parecer, un asunto de «lenguaje figurado» de las escrituras hebreas, donde nos encontramos con un «antropomorfismo», ósea, se le atribuyen características de hombre a Elohim, para hacerlo más cercanos a nuestra naturaleza. Es el hombre quien se arrepiente, olvida, peca, etc. y no YHVH. Para una sana «interpretación», es necesario considerar el lenguaje figurado, entre otras cosas. Recuerde «un texto fuera de contexto siempre sirve para un pretexto«.
Como dijimos, el Eterno se dolió al ver la profunda corrupción del camino de vida que la humanidad había escogido (Génesis 6:5). El relato deja claro que, con todo, Dios siente pesar cuando ve que la gente lo desprecia o lo desobedece. La Escritura está aquí describiendo a ese sentimiento que invade a todo padre cuando ve a sus hijos tomando malas decisiones que le llevan a errar y consecuentemente a sufrir. Esto experimentó el Altísimo cuando miró a Sus criaturas haciendo lo malo ante Sus ojos.
Pero esto no significa que se haya equivocado al crear al ser humano. Su dolor fue causado por el catastrófico estado al que la rebelde humanidad había llegado en la época pre-diluviana. Pero la decisión estaba ya tomada, era momento de reemplazar a la humanidad, la gente de esa época sería arrasada.
Sin embargo, el dolor que los hombres le causaron no hizo que cambiara su forma de ver a la humanidad. El cambio de disposición de Dios hacia la humanidad pre-diluviana no le hizo en manera alguna abandonar Sus consejos eternos; de hecho, salvó a la raza humana al haber protegido a Noé y su familia del Diluvio (Génesis 8:21; 2 Pedro 2:5, 9).
Yahvéh conservó a este grupo de escogidos para formar un tronco de linaje nuevo, en un mundo purificado por el juicio, y en vista de introducir finalmente el Hijo del Hombre, nuestro Mesías, como cabeza de la creación y de todas las cosas.
Fue, pues, la desobediencia del hombre a la condición que Dios le puso para bendecirlo, lo que hizo cambiar a Dios tocante a Su disposición hacia aquél, y fue la inmutabilidad de la naturaleza de Sus consejos lo que preservó a Noé y su casa.
La corrupción del hombre no fue una sorpresa para el Eterno, ni sintió que crearlo hubiera sido un error. Es más, Dios siguió trabajando con los seres humanos después de esto, comenzando por Noé —quien “halló gracia ante los ojos del Eterno” (Génesis 6:8). A diferencia del resto de la humanidad, Noé era un hombre justo que caminaba con Dios (v. 9).
Entonces, ¿se equivoca Dios? Definitivamente No; Él es absolutamente perfecto. Los hombres son los que se equivocan y son inconstantes. Dios no se equivoca, su propósito es eterno y El mismo se encarga de que se lleve a cabo porque Él no comparte su gloria con nadie. Yahvéh no cambia de parecer, y lo más importante que debemos siempre tener en mente es que su voluntad es que los hombres se arrepientan, sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (2 Pedro 3:9, 1 Timoteo 2:4).
Por último, es necesario que entendamos que el Eterno se aflige por nuestro pecado; y los que quieren verdaderamente andar con Él, como lo hizo Enoc, sentirán también ese pesar que los conducirá al aposento de oración para compartir la aflicción de Dios, y experimentar en el ministerio de intercesión lo que el apóstol Pablo expresó:
«…como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo«. (2 Corintios 6: 10)
Todo escéptico y agnóstico tiene la costumbre malintencionada de abordar a los creyentes con el siguiente planteo: si Adán y Eva fueron los únicos seres humanos que Dios creó milagrosamente, ¿de dónde vino toda la gente que fue de gran preocupación para Caín?
Al leer el relato del cuarto capítulo de Bereshit (Génesis) vemos que después que el Eterno sentenció al homicida Caín para ser un “errante y extranjero” en la Tierra (Génesis 4:12), él le dijo al Señor:
“Grande es mi castigo para ser soportado” (v. 13)
Luego añadió:
“He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará”
(vs. 14)
Entonces Yahvéh le respondió a Caín, diciendo:
“Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado”. Entonces Yahvéh puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara” (v. 15)
¿Sugieren las referencias a “cualquiera” en estos versículos que el Eterno creó a otros seres humanos aparte de Adán y Eva?
“Y salió Caín de la presencia de YHVH y se estableció en el país de Nod, al oriente de Edén” (Génesis 4: 16)
La expresión hebrea «Vayetze Kayin” que aparece en las mayorías de las versiones traducida: “Y salió Caín”, en realidad debería ser traducida “Caín se retiró». Esto se debe a que la expresión hebrea “se retiró” da a entender que Caín fingió sumisión a la disciplina dada por el Eterno, como uno que pretende engañar la Mente Suprema.
En verdad la frase «Vayetze Kayin» traducida literalmente «Caín salió de la presencia del Eterno» es poco adecuada para indicar que se retiró una actitud hipócrita y engañosa, ya que sabemos que el Eterno es Omnipresente y no es posible «salirse» de Su Presencia. ¡Él no puede ser burlado! (Gálatas 6: 7) Lo cierto es que el texto original da la clara idea del carácter perverso que había adquirido este varón, y la actitud rebelde con la que decidió continuar viviendo sobre la Tierra.
Efectivamente, después de que Caín asesinó a su hermano, se retiró de la presencia del Señor y de sus padres y vivió un tiempo errante hasta que conoció a su esposa y formó su familia.
“Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc. Y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad, del nombre de su hijo Enoc.” (Génesis 4:17)
Ante esta parte del relato, la pregunta clásica que a lo largo de los siglos los hombres han hecho es:
¿Cómo consiguió Caín Su Esposa? ¿De dónde salió esta mujer? ¿Quién fue ella?
Como lo expresé al empezar esta bitácora, los escépticos de la Biblia han usado a la esposa de Caín una y otra vez para desacreditar el libro de Génesis como un registro fidedigno de la historia. Lamentablemente, la mayoría de los teólogos cristianos no han respondido adecuadamente a esta pregunta. Como resultado, el mundo los ve como incapaces para defender la autoridad de las Escrituras y por consiguiente de la fe que dicen profesar en Cristo.
Sin embargo, este cuestionamiento no es tan difícil de responder considerando muchos detalles del mismo texto que contiene dicho relato.
La respuesta clásica a esta pregunta trata de apoyarse en el texto mismo diciendo que Adán y Eva tuvieron muchos hijos e hijas y de entre ellas Caín escogió a su esposa. Esto significa que a Adán y Eva tuvo que haberles nacido una hija entre Caín y Abel, o después de Abel, para que unida a Caín, surgiera en el camino de Caín, un hijo o de su descendencia, que quisiera matarlo.
Diré que dicha solución es bien lógica e inteligente y se condice con el relato en cuestión. Pero, también diré que no deja de ser una especulación humana que por lo tanto ronda el relativismo racional que hay que evitar a la hora de defender la autoridad celestial de la Torah. Por lo tanto, nos conviene hacer una relectura del texto a fin de lograr captar secretos que los dogmas cegaron, y que, sin embargo subyacen vibrando debajo de las letras de la Escritura Sagrada.
Si analizamos detenidamente el Libro de Bereshit (Génesis), notaremos que relata que Caín fue el primer ser humano nacido fuera del Gan Edén. Según la Biblia, Adán y Eva concibieron a Caín y su hermano Abel (¿gemelos?, v. 4) después de ser desterrados del Jardín por el Eterno, debido a que habían desobedecido su orden de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Tanto Caín, como su hermano gemelo Abel, nacieron en el ámbito de una humanidad caída. Fueron los primeros hijos nacidos fuera del Jardín, más no significa esto que hayan sido los primeros que aquella pareja hubiera tenido. En ningún renglón del capítulo cuatro se asegura que Caín haya sido el primogénito.
En el relato del tercer capítulo tenemos algunos indicios del idioma hebreo que nos dan un panorama en cuanto a que la primera pareja no eran los únicos humanos que habitan el huerto. Entiendo que a esta altura de la bitácora sus cabezas deben tener la sensación de estallar. Antes de continuar mi argumentación, iremos a escuchar la enseñanza apostólica de Pablo quien dice lo siguiente:
“No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir”. (Romanos 5:14)
La expresión “… aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán…”, aseguran los eruditos bíblicos que debería traducirse de esta manera:
“… los que no desobedecieron el mandamiento explícito de Dios como lo hizo Adán…”
Ante esto surge la pregunta: ¿Había entonces en el Huerto otros que no desobedecieron el mandamiento explícito del Eterno, pero que por ser hijos de Adán e Ishá tuvieron que salir excomulgados del Edén? Desde lo que aparentemente este texto dice, la respuesta sería sí.
Estoy convencido que la expresión: “Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva; por cuanto ella era madre de todos lo vivientes” (Génesis 3:20), nos permite dilucidar más claramente la respuesta al planteo hecho. Adán le cambió el nombre a su mujer de Ishá (Varona por ser la representación de su esencia) por el de Java (Eva) porque era la madre de todos los vivientes. Entiéndalo bien, de acuerdo al tiempo verbal utilizado, Adán no le cambió el nombre a Eva porque sería la madre de todos los vivientes, sino que ya era madre de todos los vivientes que hasta allí con ellos estaban.
Desde este planteo conviene entender lo que Yahvéh le dijo a la mujer:
“… Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y a tu marido será tu deseo, y él se enseñoreará de ti”.
(Génesis 3:16)
¿Multiplicaré?… Es decir que el Eterno le anuncia a Eva que aumentaría en una forma que ella no podría imaginar “…dolores y…preñeces”, términos de maternidad que evidentemente aquella mujer ya interpretaba por experiencia propia.
Pero lo que terminará confirmando lo acertado de esta interpretación será analizar la raíz hebrea de: “Y dio también a su marido” en el verso 6 del tercer capítulo de Bereshit:
«Vatitengamle’ishah» –-
La expresión «Gam» que aquí se traduce por también, encierra la idea de incluir a muchos, después del primero.
La frase «… dio también a su marido junto con ella…» implica que ella le dio del fruto inmediatamente después de haber comido de él. El término hebreo «Gam» (–también-) expresa la idea de incluir, agregar a muchos en una acción después de que uno la comience. O sea que el relato aquí implica que además de dar del fruto a su marido, Eva también procedió a dárselo a alguien más (¿los vivientes de los que ya era madre?).
Como lo he dicho más arriba, Caín fue el primer hijo de Adán y Eva nacido fuera del Edén que registra las Escrituras (Génesis 4:1). Él y sus hermanos, Abel y Set (Génesis 4,2, 25), fueron parte de la primera generación de hijos nacidos en la Tierra en condición de humanidad caída. Pero lo que también entendemos es que, aunque no se mencionan los nombres, Adán y Eva tuvieron un gran número de hijos e hijas (Génesis 5:4). Esta expresión abarca tanto a los que les nacieron en el huerto, como a los que fueron contemporáneos de Caín. Claramente, es difícil que alcancemos a comprender cómo era el mundo en un principio y el tamaño que pudo llegar a tener la primera familia, ¡pero debemos recordar que Adán vivió, después de ser expulsado del Gan Edén 930 años! (Génesis 5:5).
Vemos que Caín cambia su oficio de labrador de metales, por el de constructor de metrópolis, ya que edificó una ciudad y le puso el nombre de su hijo, la cual vino a ser la primera ciudad del mundo. Según esto, Caín no quería someterse a lo dicho por Dios, de que sería errante; construyendo una ciudad, para radicarse en ella.
El escritor de Bereshit no habla más de la vida de Caín, sino solo para hacer referencia de pecado; y no se sabe ni como vivió de ahí en adelante, ni como murió.
Es indudable que la intención del autor del libro (Yahvéh es Su Bendito Nombre) quiere revelar a Su Pueblo por medio de este relata cuál es el antidiseño por medio del cual las tinieblas se aseguraron siempre su injerencia en las naciones. Este antidiseño, denominado «hombre rebelde» ha contaminando la Tierra en todos y cada uno de sus estratos, a lo largo de toda la Historia Universal.
El Eterno, nuestro Abba, se aseguró en este relato mostrar cómo la creación gime cada día delante de Su Trono desde el día que la humanidad cayó en los ámbitos infrahumanos de las tinieblas, conocido como pecado. La creación clama y reclama al Eterno la manifestación de sus hijos, como un reinado de sacerdotes (Éxodo 19: 5-6). La Creación sabe que ellos y sólo ellos serán los que pueden colocarle el punto final a todo este sistema violento que atenta día a día contra el Propósito Eterno de Dios: una Nueva Humanidad llegando a la estatura plena del Varón Perfecto que por ella intercede día y noche a mi derecha. Un ser humano a la estatura y plenitud de Yeshúa, el Mesías.
“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”.
(Génesis 3:4-6)
Hemos dicho que los ojos son el símbolo del conocimiento sensorial, es decir el conocimiento que se adquiere a través de la experiencia de los sentidos intentando descubrir y dominar todo el cosmos que está fuera del hombre.
Ahora, tenemos que señalar que desde allí (los ojos) comenzó la religión matriz («Simiente de la Serpiente«) que inspira los paradigmas anti-Dios de todas las demás formas religiosas. Su nombre es el Materialismo Práctico. Su sustancia reptiliana: el racionalismo que surge de las experiencias sensoriales y de acuerdo a ellas elabora opiniones relativas. La acción destructora del racionalismo se logra con el ejercicio autónomo del libre albedrío. De esta manera el materialismo se sostiene energizando a la serpiente antigua y su sistema de cosas.
En pocas palabras, el materialismo es la madre de toda “iniquidad”, que es la atadura con la que HaSatán logra mantener esclavizados a los seres humanos de las distintas generaciones.
¿Cómo consigue el materialismo que la iniquidad ate a las personas?
Por medio de sus tres garras:
1º_ El Individualismo
2º_ El Hedonismo, y
3º_ El Utilitarismo
Estas tres garras la religión conducen al hombre a ser un consumista y este es el sentido del pecado.
En el capítulo tres del libro de Bereshit (Génesis) vemos al materialismo aparecer como la doctrina creada por “los ojos” de la humanidad caída. Sus dogmas sostienen que está bueno «aquello» lo de «más allá» la persona humana. La dinámica de muerte de esta doctrina funciona así: todo lo que está fuera de mí es mejor que lo que yo mismo soy. Entonces se desarrolla en mi interior paradigmas anti-Dios que hace al objeto que miro agradable porque considero que me sirve para alcanzar sabiduría, es decir plenitud adquirida con la acumulación de mis experiencias.
La mujer vio que el árbol era bueno; lo que está afuera es mejor que lo que hay dentro del ser humano. Eso es materialismo. Entonces la mujer percibió que su fruto era agradable, la podía llevar a experimentar placeres nunca antes vividos. Se produce así el hedonismo, que es la búsqueda del placer por el placer mismo. El placer como fin máximo y absoluto de la existencia. El espíritu de la religión empieza así a expandirse en sus consecuencias. El fruto me permitirá sí o sí ser exageradamente feliz (bienaventurado). Entonces la cosa se convierte en útil y valiosa. Por lo tanto, yo comienzo a perseguir la utilidad de las cosas, e incluso las personas, para alcanzar esa plenitud que en mi interior no encuentro. Así surge entonces la tercera garra de la religión es utilitarismo; entonces la utilidad se vuelve principio de mi moral.
Observando esta secuencia en el relato del hombre caído (Génesis cap. 3) notamos que aparece el individualismo. El varón ya no la llama Ishá (Varona) a su compañera, tal y como lo hizo cuando la discernió con su espíritu (Gn. 2:23) Ahora, bajo la hipnosis reptiliana, la separa como alguien diferente a él. Ella, ahora es la que le provoca problemas y es digna de ser tenida en menos. La sexualidad se denigra a la mera y simple genitalidad sensorial. El materialismo ha provocado la primera guerra mundial: la de los sexos.
Con toda esta estructura mental anti-diseño divino, la misión del hombre convertirá en consumismo.
Por causa de esta desobediencia y esta auto-degradación, el Eterno Dios le advierte al hombre las características que tendrá el nuevo estilo de vida asumido:
“Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. 18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo”.
(Génesis 3:17-18)
La tierra no les va dar nada sino “cardos y espinos”. Para que el hombre pueda extraer de la tierra su alimento necesitaría luchar contra la tendencia natural de la tierra de producir espinos y cardos. Los espinos y cardos que produce la tierra son el símbolo de una tierra maldita por el pecado del hombre que escogió consumir desde dogmatismos carnales, en vez de producir desde su sacerdocio santo.
Por causa del materialismo, todo el interior del hombre se volverá un deseo obsesivo e insaciable por todo lo que está fuera de él.
Leamos primero el segundo capítulo del Bereshit (Génesis), se lee:
«Entonces YHVH Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán y, mientras éste dormía, tomó una de sus costillas (mitsal’otav) y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que YHVH Dios tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre».
Bereshit (Génesis) 2: 21-22
mitsal’otav– “ de sus costillas” o «de sus costados«– Este término significa: «de sus costados«.
Para entender lo anterior es necesario remitirnos primeramente al verso 27 del capítulo uno [zajar unekevah bara otam: “macho y hembra lo creó”-] Moshé aquí explica que el ser humano que fue creado [se está usando singular en el verbo bará] en una completa unidad de dos facetas o rostros. Los sacerdotes aarónicos explicaban este texto como que el hombre, inicialmente tenía dos rostros que más tarde fueron separados. Esto quiere decir que originalmente poseía Adam tanto la forma masculina como la femenina. De esta manera, la separación de Adam de la forma femenina fue lo que constituyó la creación de Ishá (Varona), [más tarde llamada Java (Eva)].
En el primer capítulo de Bereshit, el escritor relata cómo fue creado el ser humano revelando el propósito y la misión de este diseño divino. Ahora, en el segundo capítulo se nos ofrecen los detalles históricos de ese evento creativo. Es decir, que en el libro de Bereshit no existen dos creaciones del ser humano, sino que hay dos descripciones de un mismo hecho.
Al avanzar por el capítulo número dos, notamos que la vida del hombre se desarrolla en el jardín pero en soledad, sin ayuda idónea.
Al nombrar a la totalidad de los animales que viven en y sobre la Tierra, el hombre los integra a su vida y ejerce su vocación y dominio sobre ellos. Esta tarea lo lleva a una profunda conclusión: ninguno de los animales puede servirle de ayuda idónea. Es decir, no pueden permitirle desarrollar una relación social íntima y de importancia trascendental.
Ante esto, el Eterno responderá a esa necesidad, decidiendo proveer a esa necesidad de compañerismo esencial en el hombre. Es que la imagen divina misma empuja al hombre a darse cuenta que no puede vivir en la soledad de un individualismo. Por el contrario, el ser humano necesita trascender desde experimentar la comunión con otro que le permite valorar la unidad desde la diversidad.
La palabra hebreatzelá (צֵלָע) traducida aquí como costilla, indudablemente significa también «costado, flanco, lado, banda”, pero también «ejes», y tiene también otros significados que se deducen según el contexto en que se encuentre. La traducción del término en el versículo citado es por tradición el de “costilla”, pero expresa más precisamente una parte colocada simétricamente respecto a otra igual. Por tanto se puede hablar más de “costado” o “flanco frontal” que de “costilla”.
Pero dado que, según se lee, este tselá (צֵלָע) debía ser algo que se encuentra bajo la carne, pues Dios debió practicar una abertura (Gen 2; 21), un poco como sucede en una operación quirúrgica (y durmió a Adán antes de la “operación”), el significado del término podría declinarse al de “costilla”.
En la mente de los traductores, pero quizás también de quienes narraron originalmente el episodio, esta “parte” debía por tanto ser la “costilla”. El texto griego de la Biblia, los Setenta, traducen la palabra tselá (צֵלָע) como “pleurá«, que significa tanto “costilla” como “flanco frontal”, como sucede con el hebreo.
Lo cierto es que tselá (צֵלָע) significa una porción del costado medio frontal del hombre y no una costilla.
El relato dice que Yahvéh tomó el hueso y la carne del costado (tselá –צֵלָע) de Adam para hacer a la mujer. Entonces ella surgió a existencia de la propia vida del varón, estableciéndose así el principio de “Vida engendra vida”.
La mujer fue hecha de uno de los huesos del costado, para que puedan compartir la vida juntos en mutua protección, preocupación, amor y cuidado. Como veremos en otra bitácora, fue el pecado el que cambió la intención original de Dios en esta relación (Gen. 3:16).
De la costilla que le había quitado al hombre, Yahvéh nuestro Dios hizo (baná) una mujer y se la presentó al hombre (2:22). La palabra hebrea banásignifica construir. Esto proporciona la maravillosa revelación de que Yahvéh en realidad construyó auna mujer del costado de Adán. La costilla de Adán formó el material básico del cual fue «construida» su compañera. La mujer fue formada para tener una unidad inseparable y compañerismo de toda la vida con el hombre, y la forma en que fue creada sirvió para establecer el verdadero fundamento del estatuto moral del matrimonio.
Eva fue el regalode Dios a Adán, una ayuda idónea hecha para él. Por eso, el varón al verla expresará perfectamente su naturaleza a través de tres declaraciones:
Primera: Reconoce la igualdad del nuevo ser. Ella también es humana y constituida con la misma materia del varón (“Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne*, v.23).
Segunda: Le concede el derecho de identidad propia. (“será llamada Ishá”, v. 23) Aceptando así la sexualidad en lo femenino, como instrumento divino que completa y complementa la plenitud de la humanidad. He señalado que la palabra hebrea para la mujer es ishá, y la palabra hebrea para el hombre es ish. El juego de palabras es el siguiente: la isha viene del ish. Esto sólo tiene sentido en hebreo, demostrando una vez más que fue la primera lengua. Por lo tanto, la mujer procede del hombre, es regalo divino para el hombre, ella fue dada al hombre, y luego es nombrada (adquiere significado) por el hombre.
Tercera: Por su origen, el varón mismo, la mujer es el único ser compatible que puede al varón hacerlo sentir completo y pleno. El varón le da vida a la mujer; la mujer le da vida a la humanidad. La humanidad en constante legado, será la plenitud de todo varón.
Con estas declaraciones el varón, ahora con nombre propio Adán, expresa delante del Eterno su aceptación y satisfacción completa, asumiendo así delante de todos los testigos presentes (huestes celestiales) el compromiso de proteger a la mujer como su propio cuerpo.
Esto nos deja bien claro que en el antiguo Israel, al menos de cuanto resulta de las fuentes bíblicas, no existe declaración alguna de inferioridad de la mujer respecto al varón, y por tanto el versículo en cuestión no debe ser forzado en ese sentido como algunos religiosos machistas pretenden.
Al terminar, me parece oportuno hacerlo con la famosa explicación que Matthew Henry dio acerca de la costilla de Adán:
“Que la mujer fue formada de una costilla (es decir, del costado) de Adán; no fue hecha de su cabeza, como para tener dominio sobre él; ni de sus pies, como para ser pisoteada por él; sino de su costado, para ser igual a él, de debajo de su brazo para ser protegida, y de junto al corazón para ser amada”.
Matthew Henry, Comentario Bíblico De Matthew Henry (trad. Francisco Lacueva; Barcelona: CLIE, 1999), 20.
Igual de poética es la explicación que nos proporciona el erudito bíblico, el rabino Umberto Cassuto:
“Tal como la costilla se encuentra al lado del hombre y está unida a él, aun así la buena esposa, la costilla de su esposo, se encuentra a su lado para ser su ayudante-contraparte, y el alma de ella está ligada a él”.
[Umberto Cassuto, A Commentary on the Book of Genesis: Part I, From Adam to Noah (Genesis I-VI 8) (trad. Israel Abrahams; Jerusalem: The Magnes Press, The Hebrew University, 1998), 134].
“Y plantó YHVH Dios un huerto hacia el oriente, en Edén; y puso allí al hombre que había formado.”
(Bereshit/Génesis 2:8)
En los dos relatos creativos de la Instrucción (Torah) notamos que las Sagradas Escrituras pasan rápidamente de la creación del universo (cosmogonía del capítulo 1) al jardín del Edén (antropogonía del capítulo 2)
Si colocamos toda nuestra atención en este pasaje y le permitimos al Espíritu de Dios discernir sus detalles, descubriremos que hubo tres áreas principales en la tierra:
por un lado una dimensión llamada Edén,
por otro lado el huerto o jardín (hebreo gan) colocado bajo la jurisdicción de Edén.
y el resto del mundo terrestre.
Estas tres jurisdicciones del gobierno humano corresponden a las tres áreas que luego Yahvéh determinará en el Tabernáculo de Moisés y posteriormente Templo de Jerusalén: el Lugar Santísimo, el Lugar Santo y el Atrio.
Todo esto demuestra una sola cosa: que el hombre fue puesto en este planeta para vivir en plena intimidad con el Eterno en el lugar santísimo, para servirlo en espíritu y verdad como sacerdote, y desde allí oficiar como pontífice (puente) entre las dimensiones celestiales y las terrenales.
Notamos por lo revelado en estas líneas que toda la creación se había puesto bajo la autoridaddel hombre, y esto, para Dios, era extremadamente bueno (Génesis 1: 31). Pero, este relato muestra que una región en particular se preparó como un lugar especial donde Adán fue a hacer su hogar, y desde donde transformaría el planeta promocionándolo a mayor calidad de propósito. Esta región se llamó Edén y fue en el este de la zona de Mesopotamia donde estuvo ubicada según la descripción escritural. La forma en que el hebreo lo dice significa plantado en la parte este del Edén (2:8).
Así Edén era una gran región geográfica con algunas características especiales en el ámbito celestial. Dios plantó árboles frutales de todo tipo en el jardín. La siembra la realizó directamente el Señor Dios, tal como Él lo formó a Adán. La imagen es que Adán fue creado al oeste del Edén y luego puesto al este del mismo. «Y puso allí al hombre que había formado» (2:8). Este iba a ser su hogar para desarrollarse hasta la plenitud de su propósito. Adán es creado en el Edén y luego será colocado en el Gan Edén (huerto o jardín). Esto significa que él fue creado y posicionadoen una situación ideal, allí tiene todo a su disposición sin prácticamente ningún esfuerzo.
La palabra empleada para jardín es gân que significa «lugar cerrado» o «jardín frondoso«. La versión latina llamada Vulgata, traducirá este término con la palabra paradisus (de donde se origina la palabra española paraíso) que significa jardín.
Gracias a esto, lo primero que conocerá Adán de Elohim (Dios) será acerca de Su amor perfecto (jesed) y Su provisión pre-existencial. ¡El Eterno lo había amado primeramente antes de que viniera a existencia!
“Y Yahvéh Dios hizo brotar de la tierra (VayatsmaJ YHVH Elohim min-ha’adamah) todo árbol agradable a la vista y bueno para comer; asimismo, en medio del huerto, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento de lo bueno y de lo malo”.
(Bereshit 2:9)
El nombre Edén pudo haber tenido dos orígenes: la palabra sumeria edén, la cual significa “estepa” o “campo abierto” o la palabra hebrea idéntica, qué significa “lujo”, “ternura” o “deleite”. En base a esto el significado de la expresión Edén sería “Ámbito de delicias y ternuras lujosas”. Desde estas pautas notamos que Edén era toda una jurisdicción geográfica que tenía la particularidad de oficiar en dos planos existenciales: el terrenal y el celestial. Para que este propósito cumpla su misión, el Eterno planto el huerto o jardín que oficiaría como portal a través del que lo celestial descendería a lo material acorde a lo que Adán declarara como representante del gobierno divino en la Tierra (en hebreo: mashiaj).
También se conoce como el «huerto del Señor» (Isaías 51:3), el jardín de Dios (Ezequiel 28:13; 31:9), y el paraíso de Dios(Apocalipsis 2:7). Todos estos pasajes dejan en evidencia que este huerto o jardín tenía una funcionalidad totalmente celestial para que el propósito eterno de Dios se llevara a cabo en la Tierra: el Eterno podría habitar con los seres humanos y desde este planeta bendecir los demás planos existenciales con el resplandor de Su Luz Infinita (hebreo Or EinSof).
Como la mayoría de las cosas que son hermosas, el jardín del Edén tenía el potencial para el bien y para el mal.
El versículo 9 habla específicamente sobre el Jardín del Edén. No habla acerca de los demás árboles de la Tierra, ya que ello no tendría relación con el contexto.
Así que todo tipo de maravillosos árboles que dan fruto delicioso crecieron en el jardín, pero añadió dos árboles que no se encuentran en otro lugar. En el centro del huerto había dos árboles, uno cerca del otro:el árbol de la vida (Etz HaJaim) y el árbol del conocimiento del bien y del mal (Etz HaDaat Tov Verá).
El árbol de la vida representa la Torah, que es llamada “árbol de vida” por el rey Salomón en el libro de Proverbios:
“Es árbol de vida para los que de ella echan mano, y felices son los que la abrazan.”
(Proverbios 3:18)
Por medio de la decodificación de las letras hebreas que componen la expresión, es muy probable que el árbol de vida haya estado donde hoy en día está el lugar del templo en Yerushalayim (Jerusalén) y el árbol del conocimiento de lo bueno y de lo malo haya estado en el monte de los olivos o Getsemaní.
El árbol de la vida estaba plantado en medio del jardín para promover y preservar la vida (Gn. 2:9). Era obviamente deseable en todos los sentidos y era la fuente de la vida misma. Si el hombre comía de este árbol sería preservado por toda la eternidad (Proverbios 3:18, 11:30, 13:12, 15:4). Por ejemplo, en el libro de Apocalipsis, el Señor dice a los creyentes en la iglesia de Éfeso:
«Al que salga vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.»
(Apocalipsis 2:7)
Más adelante en el mismo libro, se menciona una vez más que sus hojas y frutos son para los justos:
«El árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto.Bienaventurados los que lavan sus ropas, para que tengan derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas en la ciudad.»
(Apocalipsis 22:2 y 14)
Sin embargo, otroárbol fue plantado cerca del árbol de vida en medio del huerto, aparentemente uno cerca del otro para la prueba que vendría.
El segundo árbol era el árbol del conocimiento del bien y del mal (Gén. 2:9). Ahora, por primera vez, Adam tiene la posibilidad del mal. Su propio nombre es siniestro, produciendo el bien o el mal al que come de su fruto. La palabra hebrea para conocimiento significa el conocimiento por la experiencia. Así el fruto de este árbol siempre da a la persona el conocimiento por experiencia del bien y del mal en el sentido de tener el poder de decidir por uno mismo. Pero el simple conocimiento del bien y el mal, ¡no daba el poder de elegir el bien y rechazar el mal! Por lo tanto, Elohim (Dios) predice que al final sólo habrá un resultado para el que come de este fruto: la muerte espiritual y condenatoria (2:17, 3:3). Este era el árbol de la muerte. Cuando tomamos el volante de nuestra propia vida, sacamos a Yahvéh de la escena. Esto es un motín moral. Todo lo que Adán y Eva tenían que hacer era obedecer la palabra de ADONAI (2:17). Una vez que se rechaza la Palabra de Dios, que es lo mejor para nosotros, quedamos a nuestra suerte. Cuando tomamos y comemos, de repente nos encontramos fuera mirando hacia adentro con el Señor. Los rabinos enseñan que el árbol de la ciencia del bien y del mal era una vid porque ninguna otra fruta causa tanta miseria y sufrimiento. Así que los dos árboles más importantes que hizo crecer en el jardín fueron el árbol de la vida, que trajo la vida y el árbol del conocimiento del bien y el mal, que provocó la muerte.
El posible acceso del ser humano al «árbol del conocimiento del bien y el mal»indica que el Eterno había permitido al hombre la posibilidad de elegir el mal, precisamente en virtud de un bien mayor: la libertad. El ser humano, mediante su razón y a través de su conciencia, puede descubrir lo que es bueno y malo; pero no puede establecerlo con su decisión. Pretender decidir lo que es bueno y malo por su cuenta, independientemente de la bondad impresa por el Eterno al crear, sería querer ser como Dios, sin considerar Su voluntad en este asunto. El «árbol de la ciencia del bien y del mal» debía expresar, y constantemente recordar al hombre, el límite insuperable para un ser creado.
El mal encuentra arraigo en el hombre cuando éste se centra en sí mismo y en sus propios deseos en lugar de centrarse en Yahvéh y en Sus deseos (o en un nivel más profundo, cuando se considera independiente o separado del Eterno como Fuente). Cuando se encamina en esa dirección, evalúa toda experiencia sólo en términos de su propio sentido del bien subjetivo.
La Torah revela que el bien mancillado por el egoísmo es representado por el árbol del conocimiento del bien y del mal, mientras que el bien no adulterado es representado por el árbol de la vida. Al ordenarle a Adán que no comiese del fruto del árbol del bien y del mal, Yahvéh le estaba advirtiendo que no mezclara el bien y el mal eligiendo el camino del egoísmo y el egocentrismo.
El único desafío de Adam era “no comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal”, al realizar la acción justa hubiera adquirido el discernimiento para trascender el tiempo y el espacio alcanzando el estado infinito que la imagen divina que tenía le otorgaría.
Los Ríos del Edén
Ahora continuemos analizando la extensión de este ámbito llamado Edén.
Convengamos que, debido a que estamos hablando de un momento protohistórico, resulta muy difícil determinar la ubicación precisa del Edén convirtiéndose para la humanidad actual en un misterio. Es naturalmente obvio comprender que el diluvio en tiempos de Noé produjo cambio en la superficie terrestre desapareciendo así algunos ríos que hoy en día no son identificados con certeza.
Lo que sí tenemos en el mismo relato escritural es al asociación de esta región con cuatro ríos: el Pisón, el Guijón, el Tigris y el Éufrates (vv. 10-14). Por causa de este detalle descriptivo, Yahvéh nos permite deducir que la ubicación exacta del Edén bíblico del tiempo de Adán de acuerdo a la ubicación geográfica de esos ríos estaba situada en alguna parte de lo que actualmente se conoce como Irak y sus regiones colindantes. La palabra Mesopotamia significa “entre dos ríos”, y se refiere al hecho que la tierra yace entre el Río Tigris y el Río Éufrates. El nombre, Irak, significa “país con raíces profundas”.
Entonces veamos la descripción y el significado de estos ríos descritos por la revelación escritural.
“El nombre del primero es Pishón; éste es el que rodea toda la tierra de Javilá, donde hay oro.”
(Bereshit/Génesis 2:11)
Pishón significa “desbordar”, “extenderse”, “abundar”. Según Flavio Josefo y el erudito judío Rashí este sería el río Nilo, el rio principal de Mitzraim (Egipto); y debido a que sus aguas se incrementan y suben y riegan la tierra es llamado «Pishon» (lo que hace brotar y surgir), término relacionado con las crecidas que permiten la producción de lino (hebreo «pishtan«), como se declara con respecto a los mitzrim (egipcios): Los que urden lino…se avergonzaran» (Isaías 19:9)
“Y el nombre del segundo río es Guijón; éste es el que rodea la tierra de Cush.”
(Génesis/Bereshit 2:13)
Guijón significa estruendo. Es llamado así porque fluía atronadoramente y su estruendo era muy grande.
“Y el nombre del tercer río es Jidekel; éste es el que corre al oriente de Ashur. Y el cuarto río es el Perat.”
(Bereshit 2:14)
Jidekel expresión hebrea conformada por dos palabras. Este río es llamado así porque sus aguas son punzantes («hadyn«) y ligeras («kilyn»). En español recibe el nombre de Tigris.
El cuarto río es llamado Perat porque sus aguas fructifican (hebreo:«parin»), se multiplican y proporcionan salud al hombre. En español se le conoce como Éufrates palabra que se deriva originalmente del hebreo: Perat.
Desde estas descripciones y siguiendo a comentaristas de gran peso, podemos decir que probablemente este relato del Bereshit se refieren a los ríos que nosotros conocemos como:
Indo,
Nilo,
Tigris, y
Eufrates.
Lo cierto es que el Edén actualmente no existe. El Eterno lo desapareció junto con el árbol de la vida y el árbol del conocimiento de bien y del mal, porque el hombre ya no podía entrar al Edén ni tener acceso a lo que había en él por haber desobedecido (Génesis 3:22-24). En cambio, en nuestros días, Dios promete que el ser humano volverá a participar sólo del árbol de la vida que existe actualmente en el paraíso de Dios (Apocalipsis 2:7) y luego será colocado en los cielos nuevos y la Tierra nueva que el Eterno tiene preparados para sus herederos (Apocalipsis 22:2).
El Gan Edén (huerto del Edén) representa el lugar que se escoge para adorar y alabar a Dios, el río representa la fuerza del Espíritu Santo que salta para vida eterna (Juan 7:38,39). Por todo esto, el mensaje para nosotros es dejar al Espíritu Santo fluir en ese lugar libremente, para que nos enseñe la Torah (Instrucción) del Padre y así Él pueda hace con nosotros lo que desee, según lo trazado en su diseño original.
Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y que señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Y los bendijo Dios, y les dijo:
Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.»
(Génesis 1: 26)
Si meditamos en este diálogo interno de la Divinidad, entendemos que, de acuerdo al diseño original, todo ser humano ha sido colocado como representante de Dios (Elohim) sobre los órdenes de los seres inferiores. Éstos últimos no pueden comprender ni reconocer la soberanía del Eterno; sin embargo, fueron creados con la capacidad instintiva de ver la Gloria divina a través del ser humano posicionado mesiánicamente. Desde aquí cada uno de estos animales está apto para amar y servir al hombre que en propósito cumple la misión de promoverlos como criaturas, garantizándoles las mejores condiciones de vida.
Pero, para que este diseño divino del ser humano sea manifestado a la perfección en las áreas materiales de la animalidad, nos urge comprender la enseñanza de este pasaje desde los códigos hebreos en que vibran sus palabras.
Al leer este versículo del primer capítulo de las Sagradas Escrituras notamos que al terminar de hacer al ser humano (adam) el Todopoderoso dijo:
«…y que señoree en los peces del mar…»
Dicho imperativo surgirá de traducir la siguiente expresión hebrea: «veyirdu bidegat hayam«. Interesante resultará para la edificación de nuestra alma, entender que el verbo hebreo veYirdu usado aquí connota dos implicaciones para la vida humana. Por un lado, significadominio (ridui), pero por otro lado puede significar descenso (yrida). Por lo tanto, el peso de la revelación divina es muy grande y necesitamos reflexionarla profundamente. El Eterno está señalando que si el hombre (varón o mujer) es obediente a la Instrucción (Torah) será digno de dominar toda fiera salvaje y a los animales domésticos; pero si no escucha la Torah, se convierte en un ser indigno del propósito por lo que descenderá más bajo que todo animal existente y entonces las fieras lo dominarán.
La conclusión es que de acuerdo a su actitud ante el propósito eterno de YHVH el hombre puede ser un co-regente regio con Dios sobre toda bestia existente, o descender al estrato infrahumano en el que se degrada a los estándares bestiales, y se someterse así a las leyes naturales de la selva: sobrevivir. Esta última y enajenada condición es la que alcanza el alma humana cuando se hace sensorial a causa de la desobediencia. Es lo que el libro de Bereshit llama “hombre polvo” (Génesis 3: 19) y el apóstol Pablo llamará hombre natural que no acepta las cosas del Espíritu de Yahvéh, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente (1 Corintios 2:14).
Esta condición de «animalidad» de la humanidad la conduce a ser controlada por la enseñanza de la serpiente que conduce un sistema de cosas basado en el poder del temor. Por esto, es mi costumbre designar a esta mentalidad y sistema de vida con el término de reptiliano. En dicho estado la humanidad no vive, sino que sobrevive, ya que toda acción que realiza es en pro del instinto destructivo del ser humano, que busca soluciones urgentes desde el placer inmediato sin pensar en las consecuencias para su destino y generaciones.
Es bien aceptado en la fe del pueblo hebreo el hecho de que la Torah, entre ella el libro de Bereshit (en griego Génesis) fue escrito por Moshé (Moisés), quien recibió dicha revelación directamente del Eterno, en una manifestación pública, teniendo a todo el pueblo por testigo.
“Entonces ordenó a Josué ben Nun, y dijo: ¡Esfuérzate y sé valiente, porque tú introducirás a los hijos de Israel en la tierra que les juré, y Yo estaré contigo! Y sucedió que al terminar Moisés de escribir las palabras de esta Torah sobre el Rollo, hasta finalizarlas, Moisés mandó a los levitas que llevaban el Arca del Pacto de YHVH, diciendo: “Tomad este Rollo de la Torah y ponedlo al lado del Arca del Pacto de YHVH vuestro Dios, para que quede allí como testigo contra ti . Porque yo conozco tus rebeliones y tu dura cerviz. He aquí, estando yo aún vivo con vosotros, habéis sido rebeldes a YHVH, ¿cuánto más después de mi muerte?”
(Deuteronomio 31:23-27)
Además del testimonio vivo y verdadero que las mismas Escrituras nos acaban de dar, sabemos que es seguro que Moshé pudo haber escrito el denominado Jumash (en gr. Pentateuco) porque fue educado en el palacio del Faraón de Egipto, y «… enseñado en toda la sabiduría de los egipcios…» (Hechos 7:22) la cual incluía la profesión literaria.
Por este privilegio de crianza Moshé era probablemente uno de los hombres que más sabía de la historia del mundo hasta entonces, que ningún hombre de nuestra época maneja, ya que tuvo acceso a las bibliotecas más grandes y los anales más completos de aquel entonces.
Entendemos también que aquella expresión bíblica nos revela que él fue entrenado en las artes del liderazgo organizador que caracterizaba a los egipcios. Debido a esto él era consciente que su llamado celestial lo estaba convirtiendo en el dirigente de un movimiento espiritual que él sabía encerraba una importancia trascendental para todas las generaciones. Por lo tanto, surge una cuestión: ¿es posible que haya sido tan necio como para confiar los anales y los principios de su movimiento a la tradición oral y los mitos religiosos?
De que Moisés hacía uso del arte de escribir nos lo constatan los siguientes pasajes bíblicos: Éxodo 17:14; 24:4; 34:27; Números 17:2; 33:2; Deuteronomio 6:9; 24:1-3; 27:3-4; 31:19-24.
Es bien aceptado, y está bien testimoniado por las líneas de la Torah que Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, son obras de su pura pluma, con algunas porciones escritas bajo su dirección personal. Él fue el autor humano y el origen de estos libros. Él fue testigo de casi todo en el Éxodo, y todo en Levítico, Números y Deuteronomio. Sin embargo, en lo que se refiere a Bereshit o Génesis, él fue un compilador y editor, porque no fue un testigo presencial de los acontecimientos de Génesis, ya que no había nacido todavía.
En cuanto a Bereshit o Génesis (en griego), se sabe que usó relatos provenientes de la tradición oral de aquel tiempo, algo de la información escrita en “El Libro de Yashar” o “Libro del Justo” (Jos. 10: 12-13; 2 Sm. 1: 19-27 y 1 Re. 8: 12-13); y especialmente la influencia de once documentos antiguos existentes en sus días.
El asunto es sencillo de explicar. El libro de Bereshit (Génesis) termina su relato aproximadamente unos 200 años antes de la época de Moisés, y solamente pudo haber obtenido los informes que contiene por revelación directa del Eterno o de anales históricos recibidos de sus antepasados. Por supuesto, en la fe de Israel no se descarta la perfecta conjunción de los dos orígenes. Es que no hay duda alguna que para elaborar este material fue necesario una instrucción directa por parte del Eterno para con Moshé de que se escribiera y que formara parte de la Torah que se entregó en el Monte Sinaí.
Ampliando lo que vengo explicando, le diré que después del denominado «Himno de la Creación«, con el que configura el capítulo primero del Bereshit, Moshé colocará diez libros más, conocidos como «Libros de Generaciones» (hebreo Toledot) con los que logrará trazar los lineamientos del Libro de Génesis o Bereshit. Los eruditos aseguran que estos documentos fueron incorporados íntegros por la pluma de Moisés con la adiciones y explicaciones que el mismo Dios le haya movido a hacer; o también, tal como otros entendidos aseguran, puede que él haya compuesto el relato bajo la misma dirección de las materias históricas que haya tenido a su disposición.
«Generación del Cielo y de la Tierra» (cap. 2: 4 al cap. 4: 26)
«El Libro de las Generaciones de Adán» (cap. 5: 1 al cap. 6:8)
«Las Generaciones de Noé» (cap. 6: 9 al cap. 9: 28)
«Las Generaciones de los Hijos de Noé» (cap. 10: 1 al cap. 11:9)
«Las Generaciones de Sem» (cap. 11: 10-26)
«Las Generaciones de Taré» (cap. 11:27 al cap. 25:11)
«Las Generaciones de Ismael» (cap. 25: 12-18)
«Las Generaciones de Isaac» (cap. 25: 19 al cap. 35:29)
«Las Generaciones de Esaú» (36: 1-43)
«Las Generaciones de Jacob» (cap. 37: 2 al cap. 50: 26)
Estos once documentos primitivos, originalmente eran anales genealógicos de la familia escogida por el Eterno y de otras relacionadas con ella, que forma el libro de Génesis, abarcan los primeros 2000 años de la historia humana, desde la caída del hombre hasta la estadía de la familia de Jacob en Egipto, como germen del Pueblo escogido: Israel.
Este trabajo de recopilación y edición que Moshé, inspirado por el Eterno, realiza tiene la primera intención de demostrar que el pueblo de Israel desciende en línea directa de Adán, el primer hombre creado por Dios. Moshé persigue concientizar a los israelitas liberados de la opresión egipcia que son vástagos y rama principal de esta línea genealógica escogida para manifestar la Luz mesiánica a las naciones.
Por ello, elaborará el relato uniendo la toledot (generaciones) en los puntos centrales representados por Adán, Noé, Sem, Heber, Abraham e Isaac, demostrando así la legitimidad divina del propósito y la misión de Israel para las naciones.
Entonces debemos decir que si bien Moisés hizo uso de la vía oral, así como, las tradiciones escritas, fue en verdad la inspiración del Eterno quien lo guió a editar y compilar estos once documentos genealógicos que fueron sometidos a los lineamientos del Espíritu del Mesías que se ha movido sobre las aguas desde los comienzos a fin de conducir a los hombres a el objetivo final de Su Intención: llegar a la estatura y plenitud de su semejanza (Génesis 1: 26-27; Efesios 4:12-13).
Desperté con la Luz aconteciendo en mi interior. Sus ideas fluían empujándome a escribir. Decidí que cada una de ellas, como chispas de esa Luz Infinita se convirtieran en las líneas de esta bitácora.
Quiero hoy compartirles evidencias. Testimonios de distintos documentos que son Fuentes de Información de mucha credibilidad dentro de los Círculos de Estudios de la Torah. Ellas prevalecieron en el tiempo en forma de papiros o rollos de cuero que un día, de manera «accidental», permitió que fueran encontrados en el Mar Muerto y que nos dan luces históricas sobre la vida de nuestros antepasados en la zona de Oriente Medio. Las Fuentes testimoniales a tener en cuenta en este espacio de reflexión son:
El Talmud
Filón de Alejandría
Flavio Josefo
El Targum
Aristóbulo
Sabiduría
Rollos de Enoch
La Septuaginta (Versión de los Setenta)
Efraim
Hoy, seguramente al igual que yo, ustedes han despertado prestando mucha atención en esto: El Eterno dijo en el yom rishon )primer día): «…¡hágase la luz!…» En base a esta declaración, alguien me preguntó ayer: ¿cómo es posible que la luz que conocemos como la luz que genera nuestro astro mayor el sol o la que se reflecta mediante la Luna, no sea la misma luz? ¿Acaso es que existe la oscura posibilidad de que haya sido otra clase de LUZ?
Recordemos bien que el Sol, la Luna y las estrellas, «fueron creados» (en realidad fueron percibidos y discernidos desde el planeta, como fuentes de luz) solo en el Día Cuarto –yom revi’l. Entonces ¿Cómo desenredamos esta madeja de hilos lumínicos celestiales?
Por siglos, Israel, el Pueblo de Yahvéh, supo los que los sacerdotes y los distintos escritores antiguos de sabiduría yahvista han dicho: la Luz del Primer Día fue una luz especial que Dios permitió para restaurar con visión el mundo que Él ya había creado con perfección en todos los detalles, y que había sido llevado al caos por el primer movimiento de rebelión cósmica.
Veamos qué dice el 4º Libro de Ezra (Esdras):
«Entonces Tú ordenaste que un rayo de Luz brotara desde tus tesoros para que tus trabajos pudieran entonces reaparecer». (Esdras 6:40)
Así, pues, de acuerdo a estas líneas del sacerdote re-constructor, fue una luz como ninguna otra que iluminaba toda la creación de una sola vez.
Qué nos dice Aristóbulo de Paneas, un sabio y escritor judío que vivió en Egipto hacia el siglo II antes de la Era Común:
«…el primer dia en el cual la luz nació por la cual todas las cosas pueden ser vistas juntas».
-Aristóbulo, Fragmento 3 (citado en Eusebio Preparatio Evangeliza 13.12.9)
El más más renombrado escritor judío de la antigüedad, Josefo, nos manifiesta:
«Dios ordenó que debía haber la luz y cuando esto vino, El consideró todo asunto».
Josefo, «Antigüedades Judías» 1:27
Uno de los más famosos Libros de Qumram, mencionado en la carta de Judas, el Libro de Enoch también nos cuenta sobre el particular:
(Después de convocar la luz, Dios dice:) «Y Yo estaba en medio de la luz. Y la luz fuera de la luz es llevada asi. Y la gran era vino y fue revelada toda la creación la cual Yo habia pensado crear. Y Yo vi que esto fue bueno”.
– Enoch (I) 25:3
Otra cita más referente al Targum (traducción al arameo de los Libros del Antiguo Pacto) expresa:
«Dios dijo: Hagase la luz para iluminar el mundo, y de una vez fue la luz.”.
-Targum Pseudo Jonathan Génesis 1:3
Uno de los más grandes sabios judío, Rabbi Eliecer dijo:
«Con la luz que Dios creó en el primer día uno podía ver desde una punta del mundo hasta la otra punta».
Una posibilidad que nos sugiere el estudioso de la Torah, James Kugel, es que la luz que vino más tarde a los cuerpos celestiales (sol, luna, estrellas), fueron creados o concebidos en el primer día, y aun así, los cuerpos celestiales no fueron percibidos desde la superficie terrestre sino hasta el Día cuarto.
Otro famoso Rollo de Qumram, llamado El Libro de los Jubileos nos presenta la siguiente opinión:
«Y El creó el abismo y las tinieblas -tarde y noche-, y la luz -amanecer y luz del día-, lo cual El preparó en el conocimiento de su corazón”.
Jubileos 2:2
Efraim, uno de los más prolíficos autores comentaristas de Torah, de comienzos del siglo cuarto, nacido en Siria, nos dice sobre el particular:
«Ha sido dicho que desde esta luz primaria, ahora difusa y del fuego, -los cuales fueron creados en el primer día- el sol fue ideado, el cual fue hecho en el firmamento y así como la luna y las estrellas, ha sido dicho que fueron hechos desde la misma primera luz».
-Efraim, comentario sobre Génesis 9:2
Filón de Alejandría, otro de los filósofos y grandes autores judíos de la antigüedad nos relata de una manera más poética su punto de vista:
«Ahora la luz invisible, perceptible solo por la mente, fue creada como a imagen de la Palabra de Dios (Logos) quien hizo toda la creación conocida. Fue una luz más grande que las estrellas, la fuente de la luz de las estrellas que se puede ver.».
– Filón Sobre la Creación 31 (también 55)
Considerando todos estos aspectos de las interpretaciones antiguas, estaremos concluyendo que de la misma manera que la Luz fue manifestada al principio, en el primer día, como movimiento divino de restauración, asimismo la Torah, haya sido manifestada en ese mismo día. Por ello, David HaMelej -El Rey-, comprendiendo esta verdad, nos canta en una de sus más conocidas melodías:
» Lámpara (Luz) es a mis pies tu palabra y Lumbrera (Luz) a mi camino.» (Salmo 119:115)
Y no podríamos dejar pasar por el alto el concepto del Mesías que acontece en nuestra mente a la luz de lo creado en este primer día. Entendemos que el Espíritu de Dios que se movía sobre las aguas (v.2) vino con los siglos a manifestarse como el «Espíritu del Mesías«. De este modo Yeshúa, aconteciendo en la revelación como el primogénito de toda la creación, se manifestará con su mensaje de ser Él mismo el reflejo de la Torah, por lo que se proclama a sí mismo como «La Luz del Mundo» (Juan 8:12).
El apóstol Juan, tomó un antiguo himno que las primeras comunidades entonaban en su liturgia profética y lo colocó como la Introducción (capítulo 1) de su evangelio. En dicho capítulo, Juan escribió respecto del Mesías Yeshúa, lo siguiente:
«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella«
(Juan 1:1-5)
En este pasaje Juan identifica claramente a Yeshúa como un ser que existió mucho antes de su concepción en la Tierra, y lo presenta como la Luz espiritual de la humanidad de la quién todo lo creado procede.
Será importante destacar que la palabra «Luz» en estos pasajes, del griego antiguophos, significa literalmente «resplandor original«, “luz originadora” o incluso «iluminación spiritual» en ciertos casos. Se deriva de la raíz pha, que significa «hacer manifiesto«. Juan dijo que cuando esta Luz brilló contra la oscuridad, o tinieblas [la ignorancia y el desvarío del sistema de cosas del dragón (Romanos 1:20-22)], las tinieblas no pudieron prevalecer contra ella.
Como vemos, esta Luz es muy poderosa. Ella no fue creada el Primer Día. Ella fue la creadora desde el primer instante creativo de todo lo que desde ella vino a existencia. Esta Luz, en el Primer Día, vino a acontecer como diseñadora de todo lo creado para iniciar así la Historia de la Salvación que en verdad es la verdadera historia de la humanidad.
Por todo esto, necesito llevarlos a un cuestionamiento que anhelo que cada uno pueda respondérselo así mismo:
¿De qué forma iluminas la vida de tu entorno y despejas así las tinieblas con la Luz del Mesías (Cristo) y el conocimiento de los caminos del Eterno revelados en Su Instrucción (Torah)?
«En (un) principio creó Elohim los Cielos y la Tierra.«
(Génesis 1: 1)
Hay un dato importantísimo que no podemos pasar por alto a la hora de estudiar las Sagradas Escrituras, especialmente el Pentateuco. El mismo es que la totalidad de la Instrucción (Torah) divina está contenida en el primero de los cinco libros: el Bereshit (o Génesis). Así mismo, el primer libro, en su totalidad, está contenido en el primer capítulo, que a su vez está contenido en la primera sentencia; la misma se haya íntegramente en la primera palabra, y esta se resume en la primera letra: beth.
La Torah hubiera podido comenzar con la primera letra del alefato hebreo, con la letra Alef _ א _, pero Boré Olam (el Creador del Universo), decidió entregárnosla de esa manera porque quería guardarnos un mensaje que está oculto en ella.
Para entender la parte fundamental de toda la codificación de esta primera palabra de las Sagradas Escrituras, debemos saber que el término hebreo Bereshit, es traducida en Génesis capítulo 1 verso 1 como «En el Principio…«. Ahora bien, de haber querido el Eterno indicar que la Torah nos relataría un orden cronológico hubiera entonces utilizado la expresión «Bereshoná» que traduce «en el principio», o «al inicio«, en vez de «Bereshit«. Analizado así, es evidente que en esta palabra están encerrados todos los misterios de la creación.
De acuerdo a su origen es una palabra compuesta de dos vocablos hebreos, Be y Reshit (בראשית = ראש + בית). Ante este detalle lingüístico necesito que nos concentremos con un espíritu muy abierto en la explicación que a continuación desarrollaré. Analizaremos cada una de estas palabras, recordando que el hebreo es una lengua santa que merece ser considerada en su características espirituales.
Lo primero que quiero resaltar es que el hebreo es una lengua polisemántica. Esto quiere decir que cada una de las palabra que lo componen pueden significar muchas cosas. Además del detalle mismo de que cada palabra tiene muchas lecturas tanto en “significancia” como en “esencia”. Establecidas estas pautas, ahora los invito a considerar lo siguiente:
Dijimos que la primera expresión que compone a Bereshit es Be.La mismasignifica “en”, “dentro de”, “con”, “por medio de”, “por causa de”, “en aras de”, etc. (Aquí aportaré que la primera letra de la esta palabra que es Bet significa casa, es importante que recuerde esto).
Continuando con la conformación de Bereshit, dijimos que la segunda expresión que la compone es Reshit. Esta palabrasignifica “primero» (en lugar, tiempo, orden o rango)”, “primicia”, “inicio”, “principal”, “lo mejor”. Esta palabra tiene la misma raíz que la palabra hebrea “ROSH” que significa “cabeza”, “parte superior”, “comienzo”, “jefe”, “principal”, “gobernante”, etc. Esta significación se muestra claramente en la pictografía paleohebrea haciendo referencia a una cabeza humana.
Este pictograma implica la idea de «lo primero«, «en primer lugar«, «el que tiene la prominencia«. La pictografía de la cabeza de un hombre demuestra la inteligencia de una mente con ingeniería infinita escondida detrás de la creación. Nada podría resumir la perfección detrás del Cosmos y nuestro hermoso hogar llamado «Tierra», sino percibimos la insondable inteligencia de una Mente superior detrás de la obra creativa.
Como dijo el físico Albert Einsten:
«Cuanto más observo el universo más se parece a un gran pensamiento …»
Por estos asombrosos detalles de codificación, particularmente creo que la letra Bet es la más importante del alefbeto, pues ella resume lo que es realmente «crear» según la cosmovisión yahvista. La pictografía de la cabeza de un hombre demuestra también la inteligencia, la mente detrás de la creación. Nada podría resumir la perfección detrás del cosmos y nuestro hermoso hogar llamado «Tierra». Percibimos inteligencia, una Mente superior detrás de la obra creativa.
Insisto en que debemos poner atención y profundizar en estas palabras ya que su uso en todas las Kitvei HaKodesh(Escrituras Sagradas) nos dará mucha más luz con respecto a lo que quiere decir el texto que estudiamos hoy. Por ello, debemos saber que la palabra “Reshit” aparece casi 20 veces en el Jumash (Pentateuco), y en más de 50 ocasiones en todo la Tanak (Antiguo Testamento); veamos algunos ejemplos;
Se usa en relación con el inicio de un reinado, Bereshit/Génesis 10:10;
Con un hijo primogénito, Bereshit/Génesis 49:3; Devarim/Deuteronomio 21:17;
Con los primeros frutos de la tierra, las primicias, Shemot/Éxodo 23:19; 34:26
A todo esto debemos considerar que en el libro del profeta Yermiyahu (Jeremías 2:3), el pueblo de Israel es llamado “la primicia (Reshit) de sus frutos”. Si esto último quedó claro, ahora agregaremos lo expresado en Proverbios 8:22, que describe a la Sabiduría divina, que es la Torah, como “el principio (Reshit) de su Camino”.
Así pues, juntando todos estos elementos idiomáticos del hebreo, podríamos también como primera instancia traducir el primer versículo (pasuk) del capítulo uno del Bereshit (Génesis), de estos dos posibles modos:
a – “En la Torah creó Elohim los cielos y la tierra.”
b – “Con la Torah creó Elohim los cielos y la tierra.”
De este modo, y al considerar al texto en su sustancia original logramos expandir nuestro entendimiento en la correcta cosmovisión del espíritu que inspiró estas líneas. Lo que el texto sagrado comienza confirmando es la idea de que la primera Intención de Elohim, fue la Torah y que con ella (y desde ella) creo todo lo existente.
Ahora bien, leyendo la enseñanza del apóstol Pablo, encontramos una visión mucho más clara e impresionante donde el uso de la palabra “reshit”, (sustituida en sus cartas por el término griego prototokos = primogénito), nos revela algo muy grandioso, que nos tomará un tiempo más dentro de nuestro comentario. Con esta codificación celestial en nuestra mente consideremos lo que él le escribe a los discípulos de Colosas:
«Él (Cristo) es la imagen del Dios invisible, el Primogénito (Prototokos) de toda criatura. Porque por él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por él y en él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas consisten por él; y él es la cabeza, del cuerpo de la Iglesia, principio y primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga el primado».
(Colosenses 1:15-18)
¿Que está diciendo el apóstol en este texto? Es sencillo deducirlo: que nuestro Mesías también es señalado por el término primogénito (griego Prototokos o hebreo “Reshit”). Por ende aceptamos y creemos que Él, Yeshúa, es el “Reshit” de todas las cosas.
Es decir que el Mesías es el diseño original de la Intención del Eterno desde quién se proyectó todas las cosas creadas. Él está en el interior del Padre eterno desde la eternidad
“Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”
( Juan 1:18)
Si ponen atención aquí, el texto dice que Él (Mesías/Cristo) está en el Padre, es decir que desde la eternidad misma el Mesías existió, existe y existirá. Él está esencialmente unido al Padre por siempre porque la esencia del Mesías es la Torah, que como sabemos estuvo desde siempre en la mente de YHVH y fue lo primero que surgió de Él para ser motor de la creación.
En este texto Juan, menciona al “Verbo de la Vida”. Dicha expresión en hebreo se dice Davar HaJayim ( החיים _ דבר ), o sea «la palabra que da a origen y propósito a la vida«. Esta es una de las cuantas insinuaciones de que la esencia del Mesías, es también llamada “Davar” (hebreo) o «Logo» (griego), ambas expresiones traducidas como “Verbo”.
Los sacerdotes de la Antigua Alianza entendían que el Verbo, manifestado en tiempos de la creación de la materia, existía antes bajo la forma de pensamiento divino, ya que si la palabra es capaz de expresar todo lo material, le es del todo imposible lo inmaterial.
Precisamente por esto está escrito en el primer capítulo del Bereshit (Génesis) “y dijo Elohim (Dios)”. Es decir Elohim, se manifiesta por medio de la forma del “davar”, produciendo un sonido audible desde fuera (de Él). Añade la Torah, “…que sea la luz…”, pues toda la luz procede del misterio del Verbo.
Por tal razón el verbo fue llamado “reshit” (principio), por cuanto fue el origen de toda la creación.
Entonces, de acuerdo a lo que las Escrituras Sagradas revelan, todo fue creado por medio del Mesías y por causa del Mesías, como también está escrito:
“En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de ella, y sin ella nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”
(Juan 1:1-3)
Esta Palabra o Torah (Instrucción); este proyecto Mesías, el propósito eterno de la Intención misma de Yahvéh, fue luego materializado poco a poco por medio de la creación de todas las cosas. Pero aunque el Mesías no había sido manifestado como hombre, todas las cosas fueron preparadas por causa de él, y por causa de que él iba a venir y ser puesto como gobernante sobre todas las cosas creadas. Por esto el primer versículo de Génesis puede también traducirse de esta manera:
“Por causa del Principal creó Dios los cielos y la tierra.”
Al inicio de esta bitácora les solicite que se acordaran de la primera letra de la Torah: bet, (ב / Bet) significa «casa«, «tienda de campaña«, «vivienda«, «dentro» (בֵּית). Justamente en la pictografía paleohebrea la letra ב Bet es un plano de una casa (tienda), mostrando su importancia:
Entonces, teniéndola en cuenta y sumándola a todas las especificaciones que hemos considerado hasta ahora podríamos entender el primer versículo también de esta manera:
“Una casa de Reshít creó Dios los cielos y la tierra”.
La casa de la creación es entonces la vida del universo. La letra ב (Bet) también sugiere la intención de Dios de permanecer dentro del ámbito de la creación, hasta manifestarse como Padre benevolente por medio de sus hijos.
Esto nos enseña que los Cielos (el 99% de la existencia) y la Tierra (el 1% de la existencia) son la casa de Reshít, que es el Mesías. Aquí casa y ropa es esencialmente lo mismo. Por lo tanto, la creación es la ropa del Mesías, como está escrito en el Salmo 102:25-27 y Hebreos 1:10-12:
“Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin”.
(LBLA)
¿Por qué el Creador no empezó su historia consigo mismo? ¿No es Él quien precede todas las cosas y por lo tanto debería estar puesto en primer lugar? ¿Por qué no escribió “Dios creó en el principio…”? Él no comenzó a hablar de sí mismo, sino de lo que ha hecho por medio de Reshít. Esto nos enseña dos cosas, primero, que Dios es muy modesto en relación con la Creación. No se presenta primero a sí mismo, sino se coloca detrás de Su Reshít.
La segunda cosa que aprendemos de este hecho es que nadie puede conocer al Creador directamente, sino sólo por medio de las cosas que él ha creado. Así es como lo enseñaba el apóstol Pablo a sus destinatarios de Roma, al escribir :
“…porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.”
(Romanos 1:19-20)
La enseñanza recalca que el Creador es invisible e inalcanzable para las cosas creadas. Sólo es posible conocerle por medio de lo que Él revele de sí mismo. En este texto, el apóstol Pablo nos enseña que el camino para conocer al Eterno pasa a través de la Creación y Su Reshít. De esta manera el Hijo, el Mesías, nuestro amado Yeshúa, es revelado como el principal agente por medio del cual el Invisible se manifiesta en el mundo:
“Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su esencia, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.” (Hebreos 1:1-3)
Así es como el mismo Mesías se revelaba a sus discípulos la noche en que sería entregado:
“Jesús le dice:
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí… El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”
(Juan 14:6, 9)
El Padre se manifiesta en este mundo a través de su Hijo. Ahora, no podemos caer en la trampa de pensar que el Eterno sea como los hombres o los animales de manera que se pueda reproducir y tener hijos como nosotros. Este pensamiento se encuentra en las religiones paganas entre personas que no conocen la verdad de Torah. Cuando habla del Hijo, se refiere a la función de ser el seguidor y el representante, al igual que un hijo imita y representa a su padre en una familia.
El Hijo es el que representa al Padre en la creación. El concepto hebreo de Hijo tiene que ver con discipulado, representatividad y delegación de autoridad. Desde esta idea, en las Escrituras hebreas los discípulos son llamados hijos, a pesar de no haber sido engendrados biológicamente por su maestro (cf. 1 Reyes 2:12; 20:35; 2 Reyes 2:3ss; Juan 8:39, 41; Efesios 5:1). Estos “hijos” luego reciben la autoridad delegada para actuar como representantes de su maestro.
Por lo tanto, cuando las Escrituras hablan de los “hijos de Dios” se está refiriendo a ángeles u hombres que han recibido poder del Creador para juzgar y gobernar sobre alguna área de la creación, se trata de autoridad delegada (cf. Job 1:6; 38:7; Salmo 82:6; Juan 10:34-38). Por esto a todos los que reciben a Yeshúa les es concedido el poder, es decir la autoridad, de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12).
Ser hecho hijo de Dios, significa recibir una posición de liderazgo y un puesto de autoridad en alguna área de la creación.
Con amistad y servicio David Nesher (P.A.)
También te invito a leer, y meditar en tu corazón la siguiente enseñanza:
«YHWH le ordenó a Moisés que les dijera a los israelitas: «Cuando alguien quiera hacerle a YHWH un voto especial equivalente al valor de una persona, se aplicará el siguiente cálculo: »Por los varones de veinte a sesenta años de edad se pagarán cincuenta monedas de plata, según la tasación oficial del santuario. »Por las mujeres se pagarán treinta monedas de plata».
(Levítico 27:1-4 NVI revisada)
En cierta oportunidad el filósofo Nietszche aseguró que los seres humanos son seres que hacen promesas, y esto en verdad es así ya que las promesas son constitutivas de la esencia misma del hombre y de la dinámica exitencial de su historia. Debido a esta capacidad de hacer promesas podemos incrementar nuestra capacidad de acción reparadora y transformadora, podemos lograr cosas que no nos hubieran sido posibles sin la habilidad de coordinar nuestra acción con la del Perfecto Otro (o la de los otros). Basta mirar alrededor y observar todo cuanto nos rodea para discernir que gran parte de lo que vemos descansa en la capacidad del ser humano de hacer promesas. De esto, deducimos que nuestro trabajo, nuestra familia, nuestra educación, nuestra cultura, se generaron de vínculos fortalecidos en promesas que realizaron unas personas con otras.
Ante este tema tan importante, los invito a considerar un pasaje lleno de códigos mesiánicos que el Eterno reveló a Israel cuando estaba siendo capacitado por Él en el desierto, a fin de convertirse en una nación sacerdotal que manifestara el poder redentor de Yahvéh a las naciones y determinara el destino de propósito eterno de toda la humanidad.
Comenzaré explicándoles que en todos los tiempos, tanto en la alegría como en el sufrimiento, el ser humano sintió la necesidad de extender su corazón hacia las dimensiones espirituales y extender su felicidad o infelicidad por medio de votos, promesas y consagraciones. La finalidad de los votos o promesas es ganarse la benevolencia divina para evitar un mal o conseguir un bien. Por eso este fragmento de la Torah, hasta el versículo 8 incluido, trata acerca de lo que se conoce como votos (hebreo néder) que hace la persona redimida, prometiendo pagar el valor de un ser humano, de un animal o de una cosa, y cuya cuantía era utilizada para los gastos de conservación del Templo. Esta promesa debía referirse a algo particularmente valioso para el individuo. Trata acerca de las promesas que una persona puede hacer para entregar su alma para el mantenimiento y la conservación del Templo del Señor.
Cuando una persona se dedicaba al Eterno por medio de una promesa, sabía que no podía servir en la tienda de reunión, pues esto era el servicio peculiar y exclusivo de los levitas. Entonces, es establecía la dinámica de este estatuto que permitía la paga de un precio de rescate a la persona que le relevaría de ese servicio. Si alguien pronunciaba las palabras: «donaré el valor de tal y tal», ellas constituían una promesa solemne que dejaba lazada el alma en compromiso con todas las dimensiones celestiales. Esto era llamado el precio de la conmutación de una persona. Justamente como no se puede entregar el alma, que es inmaterial, la Torah simbolizaba dicho acto en la entrega de un dinero en su lugar. El mismo representaba el valor de esa alma humana bajo voto de servicio. Con esta dinámica el Eterno se aseguraba que cada integrante de Israel analizara antes de hacer una promesa, si podría o no cumplirla. Esto guiaba a la conciencia que toda promesa debe pronunciarse con claridad y palabras inequívocas o bien podían surgir problemas serios en diversas áreas de su vida. Así la conciencia hebrea tomaba el paradigma sacerdotal de que cuando hacemos una promesa tiene que ir acompañada de honestidad y compromiso, ya que cuando no se cumple con las promesas (votos), los vínculos con las dimensiones celestes establecen descreimiento a la imagen divina que hay en el que promete y no cumple. Entonces se escribe en el libro de las obras contra esa vida humana, y los ángeles servidores de dichas áreas se activan negativamente. Así lo entendía el sabio rey Salomón por lo que escribió:
«Cuando le hagas una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque a Dios no le agradan los necios. Cumple todas las promesas que le hagas.
Es mejor no decir nada que hacer promesas y no cumplirlas.
No dejes que tu boca te haga pecar, y no te defiendas ante el mensajero del templo al decir que la promesa que hiciste fue un error. Esa actitud enojaría a Dios y quizá destruya todo lo que has logrado.»
(Eclesiastés 5: 4-6)
Cada integrante de Israel comprendía desde este estatuto que cuando se realiza una promesa, en realidad hay dos procesos diferentes involucrados: el proceso de hacer la promesa y el proceso de cumplirla. La promesa como un todo en plenitud, requiere de ambos. El primer proceso, el de hacer una promesa, es estrictamente comunicativo y, por lo tanto, lingüístico. El segundo proceso, el de cumplir la promesa, puede ser comunicativo o no serlo. Ambos procesos sin embargo, tienen sus respectivos puntos de cierre. Lo cierto es que la promesa como un todo se termina cuando cierra el proceso de su cumplimiento. Por eso es que en los ámbitos celestiales un alma humana tiene tanta prioridad en su manifestación lingüística.
Integridad y confiabilidad. Ambas son las competencias que se demuestran en las dimensiones celestiales cuando un hijo primogénito del Eterno (o una congregación) hace lo que dice, lo que promete. Yahvéh enseña con esto que el poder que tiene una promesa puede ser enormemente potenciador o totalmente devastador, y ello sólo depende de las acciones que lleva a cabo quien promete algo justo después de hacerlo.
La belleza de estos mandamientos es que hace a aquel que realiza el voto de consagración algo definido por hacer; el voto de consagración era por lo tanto mucho más que simples palabras, tenía una acción definida asociada con ello – y prevenía a las personas de realizar votos vacíos hacia el Eterno para no quedar impuro y ser visitado por mensajeros celestiales encargados de disciplinar los necios.
El Ser Humano valorado como Ser Lingüístico.
Este capítulo que trata de los votos referentes a personas, estipulando sus respectivos valores, enseña que Yahvéh no desea sacrificios humanos. Los pueblos paganos de la antigüedad, como los que habitaban el Canaán que habría de conquistar, ignorando el respeto a la vida, llegaban a donar seres humanos y a ofrecerlos en sacrificio a sus divinidades. Es por esto por lo que la Torah ordenó: «Cuando alguno hiciere un voto al Eterno, si fuere de persona, será para el Eterno según su avalúo; tu avalúo para el hombre de edad de veinte años hasta la edad de sesenta años, será de cincuenta siclos de plata» (Vayikrá 27: 2-3). Esto quiere decir: Si llegareis a hacer una promesa para ofrendar una persona a Yahvéh, lo haréis por su valor en plata y no con almas.
Desde esta explicación podemos decodificar que este pasaje dejaba, en primer lugar, claramente establecido que el valor del alma humana es demasiado alto para lograr ser redimida y así nunca ver la muerte (Salmo 49:7-8). Por lo tanto, aquí se trata de un precio simbólico que la Torah pone sobre el alma de una persona. Si alguien quiere donar su vida al templo, podrá hacerlo representativamente en forma de dinero. El midrash (exégesis) Tanjumá explica esto diciendo: “Si donaras el valor de una persona, lo consideraré como si la hubieras sacrificado”.
Teniendo en cuenta lo que venimos considerando, este mandamiento establece que para que una persona pueda dar dinero en representación de su alma, tendrá que hacerlo según su capacidad para producir bienes materiales. Los que tienen más fuerzas físicas tienen más posibilidad de producir riquezas por medio de su trabajo físico. Así que el varón que tiene entre 20 y 60 años tiene que pagar más que cualquier otro, porque en esa edad tiene su máxima capacidad para producir dinero mediante su trabajo físico. Una mujer con la misma edad normalmente no tiene la misma capacidad física, y por lo tanto la Torá no exige tanto de ella, para que no se sienta inferior al hombre si no puede llegar al mismo nivel de producción. La Torah acepta las ofrendas según la capacidad de cada uno. Esto es lo que el apóstol Pablo tenía en su mente al escribir: “Porque si hay buena voluntad, se acepta según lo que se tiene, no según lo que no se tiene” (2 Corintios 8:12 _ LBLA).
El valor de un varón de edad de veinte hasta sesenta años, se calculaba en cincuenta siclos de plata, y el de una mujer, en treinta siclos (vers. 3-8). Un hombre entre los 20 y 60 años de edad tenía un valor mayor por la cantidad de trabajo que podía realizar. El valor del trabajo parecía ser la norma de valoración. Un hombre en la flor de la vida podía efectuar el servicio más efectivo. Por la frase «tu valoración» quería expresarse el valor vigente entre la gente. El valor laboral de una mujer sería más bajo, pero lo importante de estas líneas divinas era establecer que una mujer podía ser consagrada al Eterno. Este estatuto, nos permite explicar, por ejemplo que la hija del juez Jefté no fue ofrecida como un sacrificio humano, sino que permaneció sin casarse porque fue prometida al servicio del Tabernáculo de YHVH (Jueces cap. 11). También en este contexto de la Torah podremos entender mejor el caso de Ana que ofreció el hijo que había tenido a Yahvéh para servir en el santuario y lo cumplió (1Sm. caps. 1 y 2).
Leamos a continuación los versículos 5 al 8:
«Si es una persona de cinco hasta veinte años, entonces tu valoración será de veinte monedas para un varón y de diez monedas para una mujer. Pero si son de un mes hasta cinco años, entonces tu valoración será de cinco monedas de plata para el varón, y para la mujer tu valoración será de tres monedas de plata. Y si son de sesenta años o más, si es varón, tu valoración será de quince monedas, y para la mujer, de diez monedas. Pero si es más pobre que tu valoración, entonces será llevado delante del sacerdote, y éste lo valorará; según los recursos del que hizo la promesa, el sacerdote lo valorará.»
Podemos ver que la escala de valoración estaba determinada por la edad y no por la posición social, las riquezas o el prestigio. Estaba basada en la capacidad de trabajo.
Este pasaje nos enseña que en cuanto a la evaluación del alma, el pobre no es visto como inferior al rico, sino todos los que tienen cierta edad y sexo están evaluados por igual. Observemos la forma en que Yahvéh hizo previsiones para que los más necesitados también pudiesen participar en este servicio voluntario. Si alguien es pobre y desea entregar un dinero conforme a la evaluación de su alma, puede hacerlo con menos dinero, según el sacerdote lo estipule, y en ese caso le es contado delante de Yahvéh como si hubiera puesto todo el precio (v. 8). Cada quien puede dar su vida al Señor; no hay nadie que sea muy pequeño, o muy insignificante, o sin utilidad. Yahvéh quiere usar a cada quien. Por ello, un precio justo y equitativo sería fijado por el sacerdote de acuerdo con su capacidad de pago. Tal como veremos en el ministerio sacerdotal-mesiánico de Yeshúa, la humilde ofrenda de una viuda tiene más valor en el cielo que los regalos más valiosos de las personas más adineradas (Mateo 12: 41-44).
Lo interesante de este texto es que establece que al envejecer, el valor del varón disminuye más en proporción que el de la mujer, pues los antiguos decían: «Un viejo en la casa es una bendición, pero una vieja es un tesoro» (Talmud Erajín 19). Y si fuese pobre quien hizo el voto, lo pagaba según le permitiese su situación económica, pero dejando para sí la alimentación para un mes, ropa para un año, cama para dormir y demás necesidades primordiales.
Una característica notable de las promesas que los hombres hacían era su carácter voluntario. Seguían a los mandamientos, ceremonias, y ritos. Eran la respuesta de un corazón agradecido al misericordioso YHVH . Sin embargo, es importante destacar lo que este pasaje enfatiza, una vez que se había hecho una promesa al Eterno Dios, ésta debía ser cumplida. Es decir que una vez que se prometía algo, se convertía en obligatorio. Dice Proverbios 20:25: «Es peligroso que el hombre prometa algo a Dios y que después reconsidere su promesa«. Y también leemos en Eclesiastés 5:4-6: «Cuando hagas una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque a él no le agradan los necios. Cumple lo que prometes, pues vale más no prometer, que prometer y no cumplir. No permitas que tus labios te hagan pecar, ni luego digas ante el enviado de Dios que lo hiciste por error. ¿Por qué hacer que Dios se enoje por lo que dices y destruya lo que has hecho? Por lo tanto, en medio de tantas pesadillas y de tantas palabras y cosas sin sentido, tú debes mostrar reverencia a Dios«.
Hay otra característica notable sobre las promesas de personas. En los asuntos humanos, ordinariamente un hombre paga por el servicio de otro. En la ley de las promesas, el orden se invertía y una persona pagaba por servir a Dios. Es que servir a Dios constituye un privilegio.
Por todo ello, estoy convencido que si prometes algo al Eterno, Él te considerará responsable de que lo cumplas. Muchos denominados cristianos hoy no están cumpliendo lo que prometen. Tú en cambio, como primogénito en Yeshúa si no tienes intención de cumplir una promesa hecha o si tomas a la ligera tus relaciones con nuestro Dios, sería mejor que no hagas promesas apresuradas. Recuerda que Yahvéh no te está pidiendo que hagas una promesa, pues esto es algo voluntario. Pero si así lo haces, asegúrate de cumplirlo. Dice Su Instrucción: «Cuando hagáis una promesa al Señor vuestro Dios, no tardéis en cumplirla, pues tened por seguro que el Señor vuestro Dios os pedirá cuentas de ello, y seréis culpables de pecado. Si no hacéis ninguna promesa, no cometeréis ningún pecado; pero si de una manera voluntaria hacéis una promesa al Señor vuestro Dios, entonces deberéis cumplirla» (Deuteronomio 23:21-23).
Por último, entendemos que aquel varón o aquella mujer que ha entregado su alma para el servicio en la obra del Reino del Eterno automáticamente dará dinero a la obra que hace que su casa sea edificada, tanto en el cielo como en la tierra. Así pues, es totalmente natural y común que dichos hijos estén siempre solícitos en disponer sus recursos, fuerzas y talentos para mejorar la calidad de su casa apostólica de entrenamiento.
Asombrado, el historiador griego Heródoto llegó a asegurar que los egipcios son los hombres más religiosos del planeta. Y es que en Egipto, la religión era la base de todo, y lo dominaba todo, tal y como lo había instalado en su fundación el mismo Nimrod, cuando huyó de Babel, después del juicio divino que derrumbara su torre manipuladora de masas.
Las diez plagas marcan el clima de la redención (gueulá) del pueblo de Israel. De acuerdo a la Instrucción (Torah) divina, éstas deben de ocupar el tema principal en la noche de la cena de Pesaj. Yahvéh, nuestro Dios, pudo poner tremenda presión sobre los egipcios desde el principio, para que así fueran libertados los israelitas rápidamente. Pero no fue así, el proceso divino fue paso a paso. ¿Que en realidad podemos aprender con esto?
Lamentablemente la anti-esencia de la idolatría es la creencia en que cada fuerza de la naturaleza tiene escondido un dios que la controla. En un mundo idólatra, cada fuerza de la naturaleza tiene su propio dios, y cada dios es una fuerza independiente y diferente. Los dioses discuten y luchan, y el hombre queda abandonado a merced de los caprichos y celos de estos ruines personajes. Por lo tanto, no hay un sentido de justicia o piedad, pues cada dios tiene su propia agenda. La idea de un Dios único que controla todas las fuerzas de la naturaleza al mismo tiempo el cual se relaciona con el hombre en un balance de justicia y misericordia no era muy popular en la sociedad egipcia.
En Mitzraim (Egipto), idolatraban al río Nilo, al dios sol, a la diosa gato, al dios oveja, etc. Yahvéh, nuestro Dios, ideó las diez plagas para romper las leyes de la naturaleza por completo y así demostrar – no sólo al pueblo de Israel, sino también a toda la humanidad, en todas las generaciones – que es sólo Él quien controla toda la naturaleza y todo el mundo físico, y que no hay nada fuera de Su control soberano.
Por la misma Torah entendemos que la naturaleza no actúa independientemente de la voluntad de YHVH; sin embargo, también sabemos que nuestro Dios sí creó leyes en la naturaleza y no le gusta interferir en ellas. Ciertamente el Eterno es capaz de hacer lo que quiera, pero él no anda jugando con el mundo físico y su funcionamiento. Por esto, entendemos que la mayoría de los milagros son fenómenos naturales impresionantemente cronometrados. Esto significa aceptar que toda la existencia, todos los procesos del universo físico, son un milagro. Nos hemos acostumbrado tanto a esto en nuestras vidas cotidianas que simplemente no nos damos cuenta.
Pero las diez plagas son una excepción notable a esta regla. Más bien son un claro ejemplo de YHVH rompiendo las leyes de la naturaleza.
Las Diez Plagas son probablemente la faceta más reconocible del Éxodo. Si examinamos cuidadosamente cada una de ellas podremos ver con facilidad que fueron diseñadas para mostrar el control del Eterno sobre todas las fuerzas de la naturaleza: el agua y la tierra; el fuego y el hielo; los insectos, los reptiles y los mamíferos; la luz y la oscuridad; y finalmente, la vida y la muerte. Las diez plagas hicieron más que traer dolor y sufrimiento al pueblo egipcio. Cada una de ellas atacó al menos a uno de los muchos dioses egipcios, demostrando la impotencia de sus ídolos y la omnipotencia del Eterno, nuestro Dios.
El Faraón mismo y su casa eran considerados dioses en Egipto y cuando, a pesar de las continuas advertencias dadas por YHVH mediante Moisés y Aarón, el terco Faraón se opuso, el Eterno envió un total de diez plagas, una tras otra, intercaladas con continuas advertencias y oportunidades de rectificación. Cada una de las plagas afectó a animales, objetos o lugares que supuestamente eran sagrados y protegidos por sus dioses. La enseñanza para los egipcios fue conocer al Eterno y único Dios. La Torah repite cinco veces que las plagas eran para que los egipcios supieran que YHVH es el amo de todo el universo
Las diez plagas expresaron el juicio del Eterno contra «todos los dioses de Egipto (Mitzraim)» (Éxodo 12:12). Y después de la derrota de Faraón, Moisés canta: «¿Quién como tú entre los dioses, oh Yahvéh? » (Éxodo 15: 11).
Cuando el Eterno, uno a uno fue degollando los títeres del paganismo egipcio, no dejaba escapatoria para constatar la realidad: ¡hay solamente Uno (Ejad) que gobierna y domina, sin asociados, ni oponentes!
LA ADVERTENCIA PRELIMINAR: ¡YHVH ES EL ÚNICO SOBERANO!
Termutis, diosa protectora del faraones, era representada en la tierra por la cobra. En realidad, los egipcios creían que la reina del cielo (título favorito de HaSatán) se encarnaba en este ofidio y se instalaba como corona sobre la mente de los faraones. Por ello, este reptil era considerado uno de los guardianes de los faraones de Egipto, razón por la que la corona real mostraba la imagen de una.
Cuando la vara de Moshé (Moisés) se convirtió en serpiente y luego se tragó a las varas/serpientes de los magos de Paró (Faraón en hebreo), fue una forma de demostrar que el Dios de los israelitas era más poderoso que el dios y protector de Paró (Éxodo 7:11-12). Solamente bajo la sombra del Altísimo se puede habitar seguro (Salmo 91:1).
TRES GRUPOS DE PLAGAS
La literatura especializada nos pone en conocimiento de la existencia de centenares de deidades poblando la afiebrada imaginación mística de los egipcios; por ello, se hace difícil indicar con exactitud todas los ídolos que fueron execrados por las plagas que el Eterno envió sobre Mitzrayim.
Las diez plagas presentan al Eterno como el Señor de toda la tierra y que interviene en la historia “por esta razón te he permitido permanecer: para mostrarte mi poder y para proclamar mi nombre por toda la tierra”.
No solo es una lucha entre Moisés y el Faraón, es una contienda entre el poder único de YHVH y los «diositos» paganos de Egipto representados todos por la persona del Faraón.
¡Sólo hay una fuerza y poder en el universo y es la del verdadero Dios, cuyo nombre es YHVH!. No es una lucha entre el bien y el mal porque el Eterno esta por encima de todo lo creado. Él está por encima de la existencia misma.
Con fines didácticos, hay autores que dividen a las diez plagas en tres grupos de tres cada uno. Cada grupo fue una enseñanza a Faraón y al mundo en general.
Lo que tienen en común es que en la primera plaga de cada una de las series de tres, YHVH le dice a Moshé que se presente ante al Faraón en la mañana cuando éste sale al Nilo. En la segunda le dice que se presente ante el Faraón en su palacio. Y la tercera es sin advertencia previa, y generalmente se trata de un golpe o molestia más psicológica.
La finalidad del primer grupo, sangre, ranas y piojos, es esencialmente el reconocimiento de la existencia del Dios único, dentro de un marco que claramente diferencia entre la existencia de un Dios verdadero y la existencia de poderes imaginarios y la fuerza impura de los brujos y hechiceros, los cuales llenaban la tierra de Egipto. En la advertencia sobre la orilla del río que precede a la plaga de sangre, se define esta finalidad teológica:
“con esto sabrás que Yo soy el Eterno“ (Éxodo 7: 17)
En el trascurso del tiempo que las plagas de sangre y ranas golpearon a Egipto lograron los brujos imitarlas con diferentes hechizos, sin embargo en la tercera plaga se logra el objetivo esencial de este grupo y los brujos debieron reconocer que la aparición de los piojos no podía ser sino “el dedo de Dios”.
“Pero al ver Faraón que había alivio, endureció su corazón y no los escuchó, tal como el SEÑOR había dicho. Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Di a Aarón: “Extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra para que se convierta en piojos por toda la tierra de Egipto.”Y así lo hicieron; y Aarón extendió su mano con su vara, y golpeó el polvo de la tierra, y hubo piojos en hombres y animales. Todo el polvo de la tierra se convirtió en piojos por todo el país de Egipto.Y los magos trataron de producir piojos con sus encantamientos, pero no pudieron; hubo, pues, piojos en hombres y animales. Entonces los magos dijeron a Faraón: Este es el dedo de Dios. Pero el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó, tal como el SEÑOR había dicho”.
(Éxodo 8:15-19)
El reconocimiento básico en la existencia del Eterno Dios, es designada la segunda triada de plagas, mezcla de animales, epidemia y llagas, para agregar un segundo peldaño, un escalón que afirmará la supervisión cósmica del Creador.
Existen seres humanos que reconocen la existencia de un Creador pero niegan que la divinidad pueda tener alguna relación íntima y especial con el mundo que creó. Para ellos, este concepto encaja muy bien dentro de una visión general que se desentiende del principio del premio y el castigo, y de la distinción entre un justo e injusto. Sin embargo, frente a opiniones de este tipo, fija en forma rotunda la advertencia sobre la orilla del Nilo que se realiza previa a la plaga de mezcla de animales:
“separaré en aquel día la tierra de Goshen que mi pueblo habita, para que no haya allí mezcla de animales, de tal modo sabrás que Yo soy el Señor dentro de la tierra” (Éxodo 8:22).
De tal modo las plagas que pertenecen a este grupo acentúan la distinción entre Israel y Egipto, e incluso entre el rebaño de Israel y aquel de Egipto, para que aprendamos la supervisión universal del Eterno sobre sus criaturas y la distinción que hace entre los justos e injustos.
El tercer peldaño se define dentro de la advertencia que precede a la plaga del granizo, que abre el tercer grupo:
“Porque esta vez enviaré todas mis plagas sobre ti, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que sepas que no hay otro como yo en toda la tierra.” (Éxodo 9, 14)
Según el sistema psico-cultural pagano imperante en Egipto, incluso después que una persona haya reconocido la existencia de Dios y su supervisión cósmica, siempre es proclive a pensar que ciertamente la divinidad es poderosa, pero es un poder entre tanto otros semejantes. Por este motivo se acentúa en estas últimas plagas lo especial de cada una de ellas; en:
el granizo: … “muy pesado que no hubo como este en la tierra de Egipto desde que existe hasta ahora…” (9,18);
y en la langosta – “que no vieron tus padres ni los padres de tus padres desde el día que estuvieron sobre la tierra hasta ahora…” (10,6).
La plaga de la oscuridad expresa también lo exclusivo del poder divino, que muestra el control de YHVH sobre el presuntamente más fuerte de todos los dioses egipcios, el sol.
¡Cada una de las plagas atacaba un grupo de los dioses egipcios!
A continuación les comparto un cuadro en el que podrán apreciar y comprender cada plaga como un palo que golpea en el rostro a distintas divinidades egipcias:
Plaga
Deidad falsa
Sangre (Éxodo 7:14-25)
Khnum: dios carnero supuesto creador del agua y la vida. Hapi: deidad del Nilo, principal entre todos los dioses (por sostener la vida en Egipto). Sodpet o Sobek, el dios cocodrilo que supervisaba las aguas de las inundaciones del Nilo tan necesarias para la fertilidad de la tierra. Taweret: la diosa hipopótamo guardiana del embarazo y el parto. Osiris: se creía que el río Nilo era su corriente sanguínea.
Ranas (Éxodo 8:1-5)
Heket o Heget: deidad de la fertilidad, y uno de los dioses primigenios, simbolizada por una rana.
Jejenes, piojos (polvo de la tierra fue usado para provocar esta plaga) (Éxodo 8:16-19)
Gueb: deidad de la tierra que cumplía la función de la fertilidad de la vegetación. Encarcelaba las almas de los muertos y cuando se reía producía terremotos.
«Mixtura» o enjambres de insectos _Arov_ (moscas, tábanos, escarabajos, cucarachas, etc.) (Éxodo 8:20-24; Sal. 78:45)
Kheper o Khefri: deidad de la renovación vital, simbolizado por el escarabajo. Dúa: deidad de los artículos de tocador, el aseo personal y la higiene del hogar. Shejmet: deidad leonina patrono del fuego, guerra y pestilencia.
Peste en animales domésticos (Éxodo 9:1-7)
Hathor: deidad de la belleza, el amor y la ganadería. Simbolizada por una vaca. Criaba y amamantaba a los hijos del faraón. Apis: deidad con figura de toro. (Hubo numerosas deidades animales, que no mencionamos.)
Úlceras o forúnculos (Éxodo 9:8-12)
Imhotep: El curador mítico (también conocido como Toth, deidad de la inteligencia, la educación y la sabiduría médica y oculta). Sekmet y Konsu: los dioses de la medicina y la curación.
Granizo y fuego (Éxodo 9:12-35; Salmo 78:47-48)
Nut: deidad femenina de los cielos y el clima. Seth: deidad del viento, de las tormentas y protector de las cosechas; Neper o Nepri: el dios de las cosechas de granos; Renenutet: diosa de la fertilidad y la comida. Osiris, el gobernante de la vida
Langosta (Éxodo 10:12-15)
Anubis: deidad de los campos. Isis: deidad protectora contra la langosta. Serapis: deidad que resultaba de la asimilación de Apis, a su muerte, con Osiris. Min: deidad de la fertilidad y la vegetación, protectora de la cosecha. Nepri: divinidad masculina protectora de los cultivos, las cosechas y el pan.
Oscuridad (Éxodo 10:21-23)
Ra, Atom, Horus: deidades solares. Shu: dios del aire, Amun o Amón: dios del viento
Muerte de primogénitos (Éxodo 12:29-33)
Isis: deidad protectora de la maternidad y de la vida y la salud de las familias. Especialmente protectora del Paró (Faraón). Osiris: Juez de la muerte, protector de los difuntos y señor del Faraón. Horus: deidad hijo de Isis y Osiris Nekhebet: protector de los nacimientos, y de la casa real (era una mujer con cabeza de buitre). Faraón: El primero de su pueblo, el protector de las primogenituras egipcias por lo que era considerado deidad por los egipcios.
ANÁLISIS DE LOS EFECTOS PSICOLÓGICOS QUE PRODUJERON LAS DIEZ PLAGAS.
Si analizamos rápidamente el panorama psicológico de estos eventos notaremos por ejemplo que cuando el Nilo se convirtió en sangre, los egipcios deben haber pensado que los dioses del Nilo habían sido asesinados. Esa idea causó terror en la mentalidad de todo el Imperio, por lo que los magos acudieron urgentemente a traer paz al Faraón y sus súbditos, imitando el evento con su conjuros y hechizos.
En otro análisis diré que Heket, la diosa egipcia de la fertilidad y la resurrección, era adorada como una rana. Las mujeres egipcias usaban amuletos con una imagen de Heket para recibir protección durante el parto. Matar ranas intencionalmente estaba prohibido e incluso matar una accidentalmente era castigado con pena de muerte. Las ranas representaban una vida larga y eternidad. Por eso la plaga de ranas atacó a los egipcios usando su propio símbolo de protección. Hizo que odiaran a su propia deidad y fueron forzados a matar al animal que para ellos era la manifestación de una diosa. Cuando las ranas muertas formaron montañas putrefactas al final de la plaga, se reforzó el mensaje de que su diosa estaba muerta y era desagradable.
Es difícil imaginarlo, pero en el Antiguo Egipto, las moscas representaban tenacidad, coraje, vida eterna y, en ocasiones, también fertilidad. En antiguas tumbas egipcias han sido encontrados labrados en roca y amuletos con forma de mosca. Ser atacado por el insecto que reverenciaban debe haber sido un golpe inmenso para la mente egipcia.
Los animales sagrados eran adorados como la personificación de los dioses y cuando morían se los embalsamaba. Además de dañar la fuente de alimentos y sustento de los egipcios, la quinta plaga mató a sus dioses, matando el ganado vacuno y ovino que los representaba.
Sekmet y Konsu, los dioses egipcios de la medicina y la curación, quedaron denunciados como ineptos para sanar, tanto como la deidad en jefe Imhotep. Los egipcios comenzaban a temblar de miedo a las afecciones de su salud.
Los antiguos egipcios también adoraban al ojo de Horus, que creían que era un símbolo de protección. Es posible que cuando las langostas son descritas como cubriendo el ojo de la tierra (Éxodo 10:5), se refiera a la percepción de los egipcios de que el ojo protector de Horus fue eclipsado por YHVH nuestro Dios.
Para los egipcios, la densa y negra oscuridad durante siete días y noches fue una clara señal de la derrota de Ra, dios del sol. La fuente de poder de sus almas caía como falsa frente al poder del Creador del sol.
Muerte de los Primogénitos.
La sociedad egipcia estaba construida sobre el culto al primogénito. Ellos aseguraban que Osiris (nombre egipcio de Nimrod), el hijo primogénito de Ra, fue el primer Faraón debido exclusivamente al orden de su nacimiento. Los egipcios creían que todo Faraón era también un dios, el hijo primogénito del primogénito llegando hasta Osiris mismo. Esta plaga destruyó la ilusión final de poder e inmortalidad del líder primogénito egipcio.
Cuando YHVH envió a Moshé donde Paró por primera vez, le dijo que Israel es mi hijo primogénito (Éxodo 4:22). Al matar al primogénito de Egipto y salvar a Israel, el Eterno mostró que Su primogénito es el primogénito verdadero y le dio el golpe final a la estructura religiosa egipcia basada en el primogénito falso (Nimrod).
Las plagas no sólo fueron una venganza creativa, sino que también vinieron a darnos una lección. Fue un reconocimiento de YHVH como único Dios verdadero. Fue un desmantelamiento completo y paso a paso del sistema de creencia egipcio, primer bastión sobreviviente del anti-diseño astrológico conocido como Babel.
Por lo tanto, las diez plagas no sólo tuvieron la función de castigar a los egipcios, sino también de dejar en claro al mundo en general (y al pueblo de Israel en particular) la conexión que hay entre Dios (Elohim) y Su mundo. De hecho, este sigue siendo nuestro desafío en la actualidad: usar la manifestación de la mano de Dios a través de la historia y la naturaleza para quitar las capas de ocultamiento y aumentar la consciencia del Eterno.
Ahora, para finalizar me despido invitándolos a ver este video que resume lo que aquí hemos considerado:
Te recomiendo también estudiar lo que está propuesto en esta bitácora:
El regalo divino más maravilloso que hemos recibido es la Instrucción (Torah) del Eterno. Nuestro Creador, YHVH es Su Nombre, se encargó que este regalo fuera usado correctamente inspirando, a lo largo de unos 1.600 años, un manual de 66 rollos que hoy se conoce con el nombre de Biblia. Ella es, literalmente, la forma en la cual el Eterno mismo se revela y se comunica con la humanidad. Cada uno de sus 66 libros enseñan cómo cumplir fielmente la Torah en nuestras vidas. Todo lo que sabemos sobre nuestro Formador viene de las Sagradas Escrituras y contienen todo lo necesario para ser un hijo justo y vivir la vida según esta convicción.
Sin embargo, al mirar la cristiandad, notaremos que hay muchas cosas que los que se autodenominan seguidores de Cristo creen, y que NO SON BÍBLICAS en lo absoluto.
¿Qué explicación se le puede dar a esto? Muy sencillo. La gran mayoría de las veces, los cristianos escuchan a alguien decir algo que les gustó y les hizo sentido. Entonces se dedican a repetirlo como si fuera de parte de la revelación divina sin corroborarlo en las Escrituras, tal y como lo hacían los creyentes de Berea que escuchaban la catequesis del apóstol Pablo (Hch. 17:11). Hay algunos de estas frases y afirmaciones que han sido tan popularizadas, que hay creyentes sinceros (incluso pastores) ¡que afirman que son versículos de la Biblia!
1. “Ayúdate que yo te ayudaré.”
Comienzo con ella pues es la que más he escuchado repetir cuando estoy hablando con algún ser humano que quiere jactarse ante mí de tener su mente iluminada por la Biblia.
No existe registro en la Biblia en el que se encuentre ésta afirmación, y popularmente la gente cree que La Biblia lo dice, simplemente porque en medios de comunicación masiva y personas en su diario vivir lo han compartido.
En verdad, esta frase es anti-Evangelio. La misma promueve en la mente humana el desarrollo de una actitud de auto-dependencia y fariseísmo. Se induce a creer que por mis obras y esfuerzo, el Eterno está obligado a sorprenderse, y por ende, a ayudarme en mis metas y planificaciones. Es la actitud satánica de que “esforzándote más lo harás mejor” y llegarás a ser pleno. Justamente, esta actitud es la que siempre estorba el trabajo que el Eterno quiere hacer en la vida de un ser humano mediante la revelación de Su Hijo.
La frase «Ayúdate que yo te ayudaré» tiene su origen en escritos del obispo de Hipona del siglo IV, Agustín. Él decía: “Haz lo posible, que Dios hará el resto” y también escribió esto: “Dios ayuda a los que se ayudan», obviamente esto se interpretó como los que “se ayudan a sí mismos”. Desde aquí la herencia oral intergeneracional lo convirtió en “ayúdate”. Como es obvio pensar, Agustín había leído La Biblia y habría encontrado un texto que conlleva un mensaje similar; pero él acomodó la frase a su modo poniéndole sus propias palabras.
Veamos entonces lo que la Biblia sí afirma:
La Biblia sí afirma que debemos esforzarnos y tener valentía para obedecer lo que YHVH dice en Su Instrucción (Torah), con el fin que todo lo que emprendamos y hagamos nos salga bien.
Literalmente el texto es: «Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas»(Josué 1:7). Vemos aquí la orden del Eterno a Josué, el sucesor de Moisés, al tomar el mando del pueblo de Israel tras el fallecimiento de este último. Antes que Josué conquistara Jericó, y atravesara el río Jordán, YHVH le dio varias indicaciones para obtener la victoria, y entre ellas se encontraba ésta en particular.
Fíjense que el contexto es totalmente diferente al concepto que popularmente se tiene del “Ayúdate que yo te ayudaré”, aquí se trata es de obedecer los mandatos del libro de la Torah (los cinco primeros libros de La Biblia). Esto complementa el hecho que debemos tener la iniciativa para dejar la pereza y tener dedicación para lograr los grandes objetivos en la vida. Pero esto parte de seguir las palabras que YHVH me ha revelado en Su Instrucción.
El Eterno nos dio unas capacidades, talentos y raciocino. Pero éstos deben ser usados bajo una absoluta dependencia de Su Voluntad, que es buena, agradable y perfecta (Rom. 12:3) y que se encuentra revelada en la Torah. Justamente la realidad del Evangelio del Reino que Yeshúa proclamó es: que el Eterno solamente ayuda a aquellos que mueren a sí mismo y lo siguen en Su Yugo (Mateo 16:24).
¡La gracia puede hacer maravillas en el hombre que le abre su corazón al Eterno y obedece Su Instrucción (Torah)!
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2. “Dios quiere que yo sea feliz.”
Muchas personas cristianas hoy en día creen que el objetivo final de Dios es hacernos feliz. Esto es especialmente popular hoy en día en los púlpitos llenos de mensajes de la New Age, desde donde se implanta en los oyentes la idea de los derechos humanos como importantes en su relación con el Eterno. Por alguna razón, es algo común pensar en Dios como nuestro asistente personal, esperando a que nosotros pidamos algo para darnoslo. Es impresionante la cantidad de pecado que justificamos porque creemos que “Dios sólo quiere que yo sea feliz.” De ese modo este pensamiento genera esta falacias: 1. Lo que me haga feliz debe estar correcto. Lo que me haga infeliz debe estar equivocado. 2. La incomodidad, demora, riesgo, sufrimiento, inconvenientes y obstáculos no pueden ser la voluntad de Dios.
El resultado práctico de esto será que dichos creyentes comienzan a adorar a los dioses falsos del confort, el dinero, el placer, y todo lo que el sistema de cosas reptiliano les ofrece.
El problema con esta teología New Age es que a menudo otorga el permiso para hacer cosas que deshonran a la Voluntad del Eterno revelada en Su Torah. Desde allí se daña la relación de alianza con YHVH e incluso las relaciones con los demás. Eso no está bien.
El Eterno Dios nos llama a la santidad, y no a la felicidad. Después de todo la felicidad es una condición esencial de nuestro espíritu que viene en nosotros desde nuestra concepción. Lo que en verdad YHVH anhela es que nos convirtamos en Bienaventurados. La palabra bíblica (en el NT) para bienaventurado “makarios” significa “supremamente bendecido” o “exageradamente feliz”. Esta es la meta del Dios verdadero, YHVH, para nosotros, incluso cuando las cosas no van de la manera que queremos que vayan. El deseo del Eterno es hacernos santos, no sólo temporalmente feliz. La verdadera felicidad es una vida “bendecida”, y sólo llega cuando buscamos el Reino de YHVH en primer lugar, amando su justicia (Torah) por encima de todo.
Para logra esto es necesario dejarnos transformar en su proceso de santificación. Nuestro Formador quiere que lo honremos con nuestras opciones diarias y nuestro estilo de vida en general. Según la Biblia, existe el bien y el mal. Y cuando algo está mal, el Eterno nos dice “no lo hagas” desde lo que claramente ha establecido en Su Torah.
«Por lo tanto, vivan como hijos obedientes de Dios. No vuelvan atrás, a su vieja manera de vivir, con el fin de satisfacer sus propios deseos. Antes lo hacían por ignorancia, pero ahora sean santos en todo lo que hagan, tal como Dios, quien los eligió, es santo. Pues las Escrituras dicen: «Sean santos, porque yo soy santo»
(1 Pedro 1:14-16).
¡El Eterno no te quiere feliz cuando tu idea de felicidad sólo se basa en las cosas de este mundo! Los aprendices de Yeshúa tienen una visión diferente de las cosas que todos los demás. Sabemos que hay más en esta vida que el aquí y ahora. Así que codiciar lo que ofrece este sistema de cosas (y tratar de encontrar total realización y felicidad en ello), es idolatría. Y nuestro Abba no quiere que adoremos ídolos, pues eso acarrea muerte y condenación.
«No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman al mundo no tienen el amor del Padre en ustedes. Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo; y este mundo se acaba junto con todo lo que la gente tanto desea; pero el que hace lo que a Dios le agrada vivirá para siempre»
(1 Juan 2:15-17).
Lo que el Eterno Dios quiere es que seamos obedientes a Él, que confiemos en Sus promesas de Alianza y que siempre esperemos sin ansiedad alguna, sabiendo que todo lo que hace obra para el bien de Su propósito eterno, aunque no nos haga sentir “felices” en ese momento (Romanos 8:28).
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3. “Todos somos hijos de Dios.”
La Biblia establece claramente, que toda la humanidad es creación de Dios (Colosenses 1:16), pero que sólo aquellos que han nacido de nuevo son hijos del Eterno Dios (Juan 1:12; Juan 11:52; Romanos 8:16; 1 Juan 3:1-10). Es decir, que sólo aquellos que se han arrepentido de sus pecados y que han puesto su fe en Yeshúa como Mesías y Señor, y a quienes el Eterno los santificó con al Torah por medio de Su Espíritu Santo pueden llamarlo “Padre” (Romanos 8:15-16).
Por lo tanto, todos los que no tienen a Yeshúa como su Mesías no son hijos del Altísimo:
“Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible—, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios”
(Efesios 2:1-2).
“Por lo tanto, podemos identificar quiénes son hijos de Dios y quiénes son hijos del diablo. Todo el que no se conduce con rectitud y no ama a los creyentes no pertenece a Dios”
(1 Juan 3:10)
En la Escritura, los que se pierden nunca son mencionados como hijos de Dios. Efesios 2:3 nos dice que antes que fuéramos salvos, “éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”. El apóstol Pablo, en Romanos 9:8, dice que “…no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino los que son hijos según la promesa son contados como descendientes”. En vez de haber nacido como hijos del Eterno, nacimos en pecado, el cual nos separa de YHVH y nos sitúa al lado de Satanás como enemigos del Altísimo Dios (Juan 8:43). Un verso después, en Juan 8:44, Jesús dijo a los fariseos; “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer…”
Nos convertimos en hijos de YHVH cuando somos salvos porque somos adoptados dentro de la familia de Dios a través de nuestra relación con Yeshúa, el Mesías (Gálatas 4:5-6; Efesios 1:5). Esto puede verse claramente en versos como Romanos 8:14-17. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados.” Aquellos que son salvos son… hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26) porque Dios nos ha “…predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de Su voluntad” (Efesios 1:5).
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4. “Dios no te dará más de lo que puedas soportar”.
Esta frase suena agradable y reconfortante, pero, nuestro Abba nunca dijo esto. De hecho, es seguro que el Eterno te dará más de lo que puedas soportar.
Lo que sucede en realidad, es que muchos cristianos piensan que este paradigma es cierto porque confunden lo que dice La Biblia en 1 Corintios 10:13:
«Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir«.
Si leemos cuidadosamente, nos damos cuenta que el versículo habla de la tentación, no las situaciones y dificultades que afrentamos a diario. La Biblia dice que el Eterno nunca permitirá más tentación de lo que puedas soportar. Él siempre te dará una salida de la tentación. Pero la Biblia nunca dice, “Dios no te da más de lo que puedas soportar”.
La realidad es que toda la vida es una dificultad tras la otra. El propósito de que nosotros vivamos en un mundo caído no es para que intentemos con nuestras fuerzas llevar este yugo pesado, sino que nos rindamos ante el Eterno Dios. Este es un mundo caído y nuestro Abba nos diseñó para una eternidad perfecta en Él. Por eso es que Yeshúa nos dice: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
Como seres humanos, naturalmente tratamos de resolver nuestros problemas con nuestra propia fuerza y habilidades. Si crees que Dios nunca te dará más de lo que puedes soportar, entonces cuando viene la crisis vas a tratar de apoyarte en tus propias fuerzas. Esto no es lo que Dios quiere para ti. Dios nos da más de lo que podemos soportar de manera que aprendamos a confiar en su poder.
El apóstol Pablo luchó contra lo que llamó un aguijón en la carne. No sabemos exactamente de qué se trataba, pero hizo que su vida y ministerio fuera un desafío. En tres ocasiones diferentes, le pidió a Dios que le quitara esta condición debilitante.
«Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí. 10 Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte«
(2 Corintios 12:9-10).
Notamos que el apóstol Pablo estuvo feliz cuando sufrió porque le permitió experimentar el poder de Dios en su vida.
La verdad, de todo esto, es que creceremos más cerca de Dios en nuestros tiempos de sufrimiento y dolor, que en los tiempos de facilidad y comodidad. Esos momentos de crisis y lucha son momentos en los que podemos experimentar el poder de Dios que nos sostendrá.
Dios nos dará más de lo que podemos soportar. Cuenta con eso. Pero lo hace para que lo conozcamos mejor y para que confiemos más profundamente en su poder.
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5. “Todos adoramos al mismo Dios”.
Esta falacia surge porque muchas personas sostienen que todas las religiones son caminos igualmente válidos para llegar a Dios y descubrir el sentido de la vida. Otras muchas creen que en todas las religiones hay cosas buenas y cosas malas, y que ninguna posee el monopolio de la verdad ni puede afirmar que es la única vía que conduce a Dios.
Esas ideas son populares en la sociedad pluralista y “tolerante” de hoy. Tanto es así que a los que no las comparten suele vérseles como personas llenas de prejuicios, de mente estrecha.
Si somos sinceros, podemos desde este falso paradigma hacer algunas reflexiones. Si todas las religiones llevaran a un mismo Dios, las veríamos promoviendo la paz y unidad entre la humanidad. Pero ¿lo están haciendo? La historia demuestra que en lugar de unir a la gente, la religión ocasiona divisiones y peleas.
La conclusión es obvia. Las religiones del mundo no han traído paz y unidad y no han conducido a la gente a adorar al verdadero Dios. Al contrario, han dividido a la humanidad y han pintado un cuadro confuso de quién es Dios y de cómo adorarlo. Por consiguiente, todo el que quiera adorar al Dios verdadero tiene que elegir con cuidado el camino que seguirá. Esto está en armonía con lo que dice la Biblia. Ella indica claramente que para encontrar el camino que conduce al Dios verdadero hay que pensar con detenimiento y decidir en consecuencia. Josué, siervo del Eterno, dijo lo siguiente a la antigua nación de Israel: “Escójanse hoy a quién quieren servir, si a los dioses a quienes sirvieron sus antepasados que estaban al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra están morando. Pero en cuanto a mí y a mi casa, nosotros serviremos a Yahvéh”. Años después, el profeta Elías también animó al pueblo a que escogiera: “¿Hasta cuándo irán cojeando sobre dos opiniones diferentes? Si YHVH es el Dios verdadero, vayan siguiéndolo; pero si Baal [un dios cananeo] lo es, vayan siguiéndolo a él” (Josué 24:15, 16; 1 Reyes 18:21).
Estos y otros textos bíblicos demuestran categóricamente que los que querían servir al Dios verdadero tuvieron que tomar una decisión bien pensada. Hoy día nos encontramos en la misma situación. Si queremos adorar y servir al Dios verdadero, tenemos que decidirnos por el camino correcto. Ese camino está revelado por Yeshúa, la Torah viviente del Eterno Dios.
Sí, hay un solo Dios vivo y verdadero (Deuteronomio 4:39), pero Él sólo acepta la adoración que viene a través de Su hijo unigénito, Yeshúa, … no Buda, ni Mahoma, ni ningún otro (Hechos 4:12; Juan 14:6).
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6. “Todos somos gente buena”.
Muchos seres humanos postmodernos no se quieren acercar al Eterrno porque dicen que no se explican “por qué un Dios lleno de amor, puede permitir que le sucedan tragedias a personas buenas”.
Muchas veces, ka tendencia de los seres humanos, es colocarse en el asiento del juez, determinando desde criterios relativistas lo que está bien y lo que está mal. Pensamos que una persona es más buena o más mala que otra o peor aun, que somos mejores que otra persona por cualquier razón. La realidad bíblica es que no hay ninguno bueno entre nosotros. Ni uno, dice la Escritura (Romanos 3:10). Es por esta razón que necesitamos el sacrificio de Yeshúa.
Quizá a ti te haya pasado algo malo y tu te consideras una persona buena que no le hace mal a nadie, a lo mejor pueda que estés sufriendo por la perdida de un ser querido, porque te despidieron, porque sufriste un accidente o te paso algo sumamente malo que se te hace difícil sacarlo de tu mente. Y es aquí donde tu te cuestionas.. ¿Porque un Dios bueno puede permitir que cosas malas me pasan? ¿Porque a mi si no le hago daño a nadie? Si te haces estas preguntas déjame decirte que ¡conoces muy poco a Dios! Es por eso que debes aprender lo siguiente:
«No hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»
(Romanos 12:11-12)
Ante los ojos del Eterno todos los hombres son iguales. No hay distinción de raza, clase social, sexo, sin embargo aunque parezca que el Eterno nos hizo distintos solo tenemos una cosa común y es el PECADO. Desde las personas mas ricas hasta las mas pobres han ofendido el carácter santo y justo de Dios al quebrar Su Instrucción (Torah). Eso es el pecado, nos vuelve imperfectos ante los ojos de YHVH y nos separan y condenan al Lago de Fuego.
«Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor».
(Romanos 6:23)
Debido a que todos somos pecadores, esa condición hace que “Nadie sea bueno”, ya que todos en nuestra vida hemos mentido, hemos robado, hemos codiciado a alguien etc.. y toda la vida seremos así.. no hay pecado grande o mayor.. para el Eterno tanto la mentira como el asesinato son considerados faltas graves contra su persona. Leemos lo siguiente:
«Porque el que cumple con toda la Torah pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda. Pues el que dijo: «No cometas adulterio», también dijo: «No mates.» Si no cometes adulterio, pero matas, ya has violado la Torah».
(Santiago 2:10-11)
Ahora que comprendemos que para Dios no hay nadie bueno, ya que TODOS se han descarriado, podemos empezar a tener un enfoque diferente de las cosas.
«No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra«.
(Gálatas 6:7)
El fracaso emocional que estés pasando, las malas relaciones que puedas estar teniendo o algo grave por lo que estés atravesando muy posiblemente sea por las malas decisiones que has tomado tu u otras personas que te rodean, como padres y amigos. Decisiones tomadas dándole la espalda a lo que la Torah revela.
Cuando llevamos una vida en desobediencia a la Torah del Eterno, no considerando sus consejos y principios bíblicos, llegamos a tener una vida egoísta y vacía, llena de múltiples problemas y dificultades. Si conocemos poco a Dios nos podemos llegar a irritar y enojarnos con Él, echándole la culpa de nuestras desgracias, cuando ya vimos que no es así. Medita bien en esto: las malas decisiones que tomes hoy decidirán quien eres mañana, recordando que el Eterno siempre esta contigo en donde quiera que vayas.
El Eterno es bueno con todo aquel que lo busca, Él tiene un diseño de propósito perfecto para cada persona y cada circunstancia que pasa (sea buena o aparentemente mala) solo es una oportunidad que Él nos da para que vivamos por Yeshúa cada día, escuchando y obedeciendo Su Instrucción (Torah).
¡El Señor te ama, clama a Él y con paciencia el te responderá! ¡No te dejes vencer por el mal al contrario véncelo con el bien que se esconden en Su Torah! ¿Que tu fe no desmaye! ¡Cobra fuerzas en el Señor!
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7. “Cuando alguien muere, Dios gana un angelito.”
La respuesta aquí es simple y sencilla: los humanos son humanos y los ángeles son ángeles. La Torah, claramente enseña que los ángeles son seres distintos a los humanos. En el Salmo 8:4-5 de la Biblia aparece que Dios hizo a los humanos un poco menos que los ángeles. Hebreos 12:22-23 menciona que los ángeles y los espíritus perfeccionados de la gente justa se encuentran bien diferenciados en la asamblea de adoración de Abba. Esto implica que los espíritus humanos mantienen sus propias cualidades después de la muerte y no se convierten en ángeles. Esto se mantiene así hasta la eternidad.
En el caso de los niños que no alcanzaron la capacidad de razonamiento y mueren, hay que también entender que fueron creados como seres humanos. Por lo tanto, siempre serán seres humanos. Cuando mueren, no se convierten en ángeles, una clase de criatura diferente. En este mundo nosotros conocemos y amamos a los niños como seres humanos. Después de la muerte los niños siguen siendo seres humanos.
Así como Yeshúa no llegó a convertirse en ángel cuando murió y resucitó, así no se va a convertir en ángel ningún ser humano.
La Biblia incluso enseña lo siguiente: «¿no sabéis que juzgaremos ángeles?» (1 Corintios 6:3 ). Si bien este versículo puede estar refiriéndose a los ángeles rebeldes que han elegido seguir a Satanás, implica que nuestra condición después de la muerte será superior a la de los ángeles.
De hecho, a los ángeles les intriga la interacción entre el Eterno y los humanos creados a Su imagen y semejanza:
“A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”.
(1 Pedro 1:12)
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8. “Todos vamos al mismo sitio cuando muramos”
Esta falacia proviene de la doctrina babilónica de la mortalidad del alma. Dicha doctrina se fundamenta principalmente en decir que el alma no muere después del fallecimiento de una persona. HaSatán ha logrado con esta falacia usar a las religiones para enseñar que los difuntos se convierten en espíritus a los que los vivos deben respetar y honrar. Según esta creencia, esos espíritus pueden ser amigos poderosos o enemigos terribles. Creyendo esta mentira, muchas personas los temen, los honran y les rinden culto. La Biblia, en cambio, enseña que los muertos están durmiendo y que solo debemos adorar al Dios verdadero, Yahvéh, quien nos ha creado y nos ha dado todo (Revelación 4:11).
Al leer La Biblia descubrimos otra cosmovisión acerca de este asunto. El libro de Eclesiastés 12:7, que en relación al final de nuestra vida dice:
“… y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Elohim que lo dio.”
Bien, la pregunta es: ¿puede aquel que muere estar consciente y saber todo lo que ocurre con sus seres queridos en la tierra a tal punto de comunicarse con ellos?, Respecto de eso, la Biblia aclara:
“Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol“
(Eclesiastes 9:5 y 6)
Muchos pasajes de la biblia reafirman esta idea, es más en diversas ocasiones la muerte es comparada con un sueño:
“Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle“.
(Juan 11:11)
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él“.
(1 Tesalonicenses 4:13,14)
Quiero quedarme con esta ultima idea. La Biblia es clara, no quiere que estemos sin una esperanza, a muchos amados perderemos, pero podremos volver a abrazarles cuando el regrese, si aceptamos su salvación, ¿Quieres respuestas?, La Biblia las tiene, no siempre nos gustaran, pero créeme, Dios sabe como hace las cosas y te ama con una profundidad inimaginable.
Cuando conocemos la verdad sobre los muertos, ya no nos engañan las mentiras religiosas. Además, entendemos mejor otras enseñanzas de la Biblia, como por ejemplo, la promesa de vivir eternamente en el Milenio y desde allí el Paraíso.
Esta esperanza se vuelve muy real para nosotros cuando aprendemos que los difuntos no van a vivir como espíritus a otra parte. ¡No existe un estado intermedio con conciencia entre la muerte y la resurrección!
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9. «Dios ama al pecador pero aborrece el pecado»
¿Está esto basado en las Escrituras? Me temo que no. La verdad es que esta frase fue dicha por el abogado, pensador y político hindú Mahatma Gandhi. Tiempo después esta frase fue tomada por muchos cristianos y en sus púlpitos y sermones comenzaron a mencionarla implantándola en los oyentes como un paradigma bíblico.
La Biblia, en cambio, simplemente no dice esto. De hecho, se dice lo contrario:
«Los que se ensalzan no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad.”
(Salmo 5: 5)
Sé que muchos de Uds. van a protestarme aquí, pero la Biblia también dice:
«Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti.
Los insensatos no estarán delante de tus ojos;
aborreces a todos los que hacen iniquidad.»
(Salmos 5:4-5)
«Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días». (Salmos 7:11)
«Abominación son a YHVH los perversos de corazón; más los perfectos de camino le son agradables».
(Proverbios 11:20)
Será bueno aclarar que esto no significa que el Eterno es cruel. Él abomina al pecador porque es Justo. Las Escrituras revelan que YHVH es Juez Justo, por lo tanto, abomina al pecador. Él no mandara el homosexualismo al lago de fuego el mandara al homosexual. No mandara el robo a la condenación eterna, sino que Él mandara al ladrón. Esto no se trata de crueldad, sino de plena Justicia revelada en la Torah. ¡En La Biblia no dice que la ira de Dios se manifiesta sobre el pecado, dice que la ira divina se manifiesta sobre el pecador!
«El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él».
(Juan 3:36)
«Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia».
(Efesios 5:6)
El aborrecimiento justo es una píldora difícil de tragar tal debido a la cultura auto-centrada, autosuficiente, egoísta , ególatra, y de auto-exaltación en la que vivimos. Lo que todos tenemos que entender es que en la cruz del Gólgota, sobre el cuerpo del Cordero divino, el amor y el odio santo chocaron.
Seamos sinceros; la mayoría de los cristianos profesantes de hoy adoran a un Jesús incompleto, el Jesús romano. Un falso Cristo. Por otra parte, si no entendemos el odio del Eterno, Su amor perfecto no significa mucho para nosotros. Tenemos que llegar a un acuerdo con el odio santo de YHVH. El versículo más conocido pero desconcertante en el Nuevo Testamento que nos confronta con el odio de Dios por los pecadores es Romanos 9:13- “a Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” Es comprensiblemente difícil envolver nuestras mentes alrededor de esto, pero si tomamos el Biblia en serio tenemos que aceptarlo y poner nuestras emociones volubles, opiniones y tradiciones de lado.
En el gran esquema de las cosas, el odio de Dios será derramado sobre los no elegidos por la eternidad en el lago de fuego. Tenemos que entender que el Eterno es perfectamente justo y bueno para sólo salvar a algunos porque todos merecemos su ira aborrecedora. Romanos 9:14-15 arroja más luz: “¿Qué diremos entonces? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo! Porque El dice a Moisés: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión.” Cuando comprendemos y continuamente recordamos que Yahvéh nos ha salvado a los pecadores de experimentar su odio, nos hace ser personas humildes agradecidas.
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Al considerar todas estas falacias, notamos que lo paradójico del cristianismo es que por un lado enseña que la Biblia fue inspirada por Dios y es de Su autoría, y aunque usó el puño y letra de seres humanos no tiene errores en su mensaje. Pero, por el otro lado fomenta el analfabetismo bíblico en aquellos creyentes que mantiene en sus filas, permitiendo que sostengan, afirmen y declaren estas falacias como parte de la revelación de la Instrucción de Dios.
Yo quiero aconsejar al lector sincero que está leyendo esta bitácora, que en lugar de aceptar estas cosas sólo porque son populares o porque las escuchaste de un pastor o líder en la iglesia, seas como los creyentes de Berea que La Biblia describe que “día tras día examinaban las Escrituras para ver si Pablo y Silas enseñaban la verdad” (Hechos 17:10-11).
Por último, te aconsejo que a partir de ahora todo lo que confieses como paradigma de fe, esté sujeto a la revelación de Su Palabra. La Biblia dice:
“Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesús, el Cristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”
(1 Pedro 4:11)
Nota:
Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer donativos a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Los mismos serán usados en las actividades sociales que la Fundación Monte Santo realiza con los más carenciados de nuestra sociedad. Si esta intención vibra en ustedes los invito a ponerse en contacto conmigo, a fin de conseguir los datos bancarios para llevar a cabo dichas donaciones.
¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!
Días atrás al llegar al colegio donde doy clases, me sorprendió un comité de bienvenida que me salió al encuentro. Tanta gentileza, en estos tiempos es más que sorprendente; es más bien sospechoso.
El misterio se develó cuando una joven me preguntó si podríamos ver el partido de fútbol de Argentina-Bolivia que se transmitiría precisamente en el horario de nuestra clase.
La respuesta fue contundente. “¡No!”
Varios argumentos poco sólidos surgieron por uno y otro ángulo del aula. Cerré el bombardeo con la pregunta “¿Quieren saber quién gana?” (Silencio). Yo se lo digo y nos ponemos a trabajar. (Más silencio)
–Gana Bolivia– martillé.
Brotaron algunos reclamos y quejas, pero débiles como llanto de muñeco Yolibel.
La clase terminó antes que el partido,
Dos días después nos volvimos a encontrar y mis jóvenes discípulos me interrogaron “¿Cómo sabía que Argentina perdía?” Sonriente les dije:” Tal vez soy profeta”. Y muchos rieron. (Yo también).
Lo demás de la conversación no viene al cuento, es un asunto meramente áulico.
En mis soledades he seguido sonriendo al recordar el episodio. ¡“Tal vez soy profeta”!
Me dije “sí hay profetas… pero también ¡Ay, profetas!”.
Así como por todos lados ha brotado la Apostolitis, también ha brotado una epidemia de Profetrosis aguda. Hoy cualquiera que predice un acontecimiento tiene la aspiración de Profeta del Altísimo. Ruego a Dios que los meteorólogos no entren en este síndrome porque como dice el refrán ¡“éramos pocos y parió la abuela”!.
Si tomamos las cosas en serio, como debe ser, cualquiera, es decir todo hijo de Dios está habilitado para profetizar, pues sólo debe decir lo que el Padre dice y ya está. Ese bendito libro al que llamamos Biblia no es otra cosa que la palabra de Dios, por lo tanto, decir lo que dice la Biblia es hablar en nombre de Dios, es profetizar.
Ahora bien, hay apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.
No nos debe sorprender que cualquiera que no ha profetizado nunca, en un “de repente”, diga algo de parte de Dios, pues si es voluntad de Él, así será, como ya lo anunció por boca de profeta justamente.
“Y después de esto derramaré mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones”.
“Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.”
(Jl. 2:28-29)
Dios es el Padre del ser humano; si alguno cree tener un perfil simiesco, lamento desilusionarlo y decirle que el útero donde se gestó el diseño de la humanidad se llama mente de Dios, y es El quien nos parió, desde luego, a su manera, a la manera de Dios. Lo que ocurre es que no todos los humanos quieren ser hijos suyos, y han optado y adoptado otra paternidad. Pero eso es harina de otro costal. No nos alejemos del asunto de hoy.
Dios prometió la democratización del Espíritu Santo. En tiempos antiguos éste se concedía a personas especiales en tiempos especiales, para cumplir tareas especiales. Pero en Pentecostés ya vimos que esa promesa tuvo su primer cumplimiento (Hch. 2) ¿Qué nos hace pensar que aquello no volvería a producirse?¿No se nos anunció que manifestaciones aún mayores veríamos?
Que no nos asombre que se levanten voces profetizando por doquier. Eso es lo que debe ocurrir. El problema está en discernir quién es profeta (don profeta), quién tiene un don profético y quién, por derramamiento del Espíritu Santo, en determinado ocasión, habla lo que Dios le manda hablar.
No todo el que profetiza es profeta.
Como hija de Dios, cada vez que digo lo que está en las Sagradas Escrituras, profetizo.
Si anuncio que “los que sembraron con lágrimas cosecharán con regocijo”, no hago otra cosa que profetizar lo que Él ha dicho que ocurría. (Salmo 126:5). Mi boca habla su palabra que es fiel y verdadera y que permanece para siempre y por lo tanto sigue siendo poderosa y efectiva.
Yo les anticipé a mis alumnos el final del partido. Eso no me hace profeta, aunque el resultado fue acorde a mis palabras. Fue una simple deducción dado que los jugadores argentinos están acostumbrados a la presión atmosférica a nivel del mar y luego jugarían sin haberse aclimatado, y menos adaptado, a la altitud boliviana.
He recibido profecías y profecías. Algunas advierten acerca de los tiempos que se avecinan y dan instrucciones para vencer la adversidad, y explican el qué, el cómo, el dónde, el porqué y el para qué. Estas son como maquetas de las próximas batallas que nos permiten conocer para no perecer. Es el mismo Dios que nos muestra lo oculto porque Él pelea la batalla y todo aquél que en El confíe estará seguro bajo su abrigo y protección (2 Cr.20:20). Cuando el profeta habla y dice que hay que matar un cordero y ungir el dintel de la puerta, está diciendo viene una catástrofe, Dios quiere salvarte una vez más. Da evidencia de que aceptas el amor de Dios pintado con sangre, es decir, haz una señal profética.
Las profecías de Ezequiel no son como las de Amós, ni profetizó Jeremías como Habacuc. Jonás no es comparable con Isaías, pero, ¿podríamos decir que alguno no fuera como Daniel, profeta del Señor?
A cada uno, conforme le ha placido al Dueño de la Viña, le ha encomendado hacer su tarea.
No se profetiza al modo judío o no judío, se profetiza desde quién se es, desde la individualidad de cada escogido.
Para un neófito no hay distinción entre cuchilla o cuchillo, basta con una hoja de metal bien afilada y un mango en su extremo. Pero un especialista sabría distinguir y llamar por su nombre a cada variedad y no sólo eso, también sabría seleccionar y escoger conforme a la necesidad y ocasión. ¡Cuánto más sabe nuestro Creador qué hombre le es instrumento útil para cada mensaje que quiere dar a los hombres de cada tiempo!
Hay profecías de entrecasa, hay profecías para ciudades, para naciones y para los siglos.
Hay profecías que se construyen con las promesas espirituales y hablan de justicia para los que confían en el Señor y castigo para los impíos, de riqueza para los justos y escasez para los avaros.
¿No será de Dios? Claro que sí, pero no hace falta ser profeta para profetizarlas. Por el amor de Dios, ninguno diga de sí lo que Dios no dijo antes, no sea cosa que por sus palabras sea juzgado.
¿Hay profetas? Sí, los hay. ¿Hay falsos profetas? Sí, los hay.
¿Cómo los discernimos? Por el mensaje que dan: no hablan de lo suyo, sino lo de Él; no contradicen las Escrituras sino que se sostienen por ellas; revelan acontecimientos próximos que serán señal; son como espada de doble filo para separar lo santo de lo inmundo; arriesgan su reputación por obedecer a Dios.
Es bueno que unos y otros nos alentemos con las promesas divinas pues “las promesas de Dios son en El sí, y en Él Amén” (2 Co. 1:20), pero no nos autodenominemos profetas, sin su consentimiento. Es peligroso tomar su nombre en vano, así como jugar con el fuego.