Enseñanzas

«Santificado sea Tu Nombre»… ¿Cuál?

Por P.A. David Nesher

 

«Y dijo Moshé a Elohim; He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo, El Elohim de sus padres me ha enviado a ustedes; si ellos me preguntaren; ¿Cuál es su nombre? ¿qué les responderé?«

(Shemot/Éxodo 3:13)

 

Verónica, una mujer nueva en la fe verdadera, y por consiguiente muy hambrienta por el conocimiento de la Gloria de Abba, me preguntó, vía Whatsapp, lo siguiente: ¿Cuál es el nombre real de Dios? ¿YHWH, Jehová, Yahvéh, Yahwéh?

La noche antes de su muerte, Yeshúa estuvo orando a Dios al alcance del oído de sus discípulos, y una vez más éstos le oyeron dar énfasis a la importancia del nombre de Dios. Dijo él: “He manifestado tu Nombre a los que me has dado sacándolos del mundo”. Más tarde, repitió: “Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer”. (Juan 17:6, 26, Biblia de Jerusalén.) Ellos mismos había sido entrenados por el Maestro a orar así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre”. (Mateo 6:9, Versión Popular).

Ante esto, debemos preguntarnos: ¿Por qué tenía tanta importancia para el Mesías el nombre de Dios? ¿Cuál era este Nombre que Jesús dio a conocer a sus seguidores?

¿Cuál Nombre?

Si se le pregunta a la mayoría de los creyentes en la Biblia, especialmente evangélicos, cuál es el nombre del Padre Celestial, ellos probablemente responderán, con rapidez y apresurada «certeza»: Jehová. Si se les pide algunas pruebas de esto, ellos señalarán el uso tradicional o le referirán a usted al Antiguo Testamento de alguna versión de la Biblia en español.

Pues bien, ante esto debo decirles que el nombre del Padre Celestial no es Jehová, y nunca lo fue. La historia de la palabra “Jehová”, que algunas enciclopedias llaman errónea y que muchos eruditos de la Biblia concuerdan en que no es exacta, es completamente evidente en nuestros días gracias a los manuscritos antiguos encontrados en Qunram.

En el versículo citado en el encabezamiento de esta bitácora, vemos que el Eterno dijo: «Eheie asher Eheie«, que es traducido como «Soy el que Soy«, y quizás mejor: «Seré el que seré«, pero indudablemente se lo puede reducir a «Yo Soy«, como expresa la misma Torah.

Es decir, el Eterno asegura que Su nombre es sinónimo de Existente, de Ser. También se traduce como «El Eterno» porque describe Su eternidad y autoexistencia.De aquí es sencillo derivar que la Única Realidad es Él. ¡Él es el único que ES!

Entonces, vemos que cuando el Eterno Dios dijo “YO SOY”, estaba mencionando Su nombre. En el idioma hebreo en el cual este versículo fue escrito, las letras son: yod, hei, vav, hei, de donde obtenemos YHVH, conocido como Tetragrámaton . Pero, ¿cuál es su correcta pronunciación?

Para responder a esta pregunta, deberé antes decir que YHVH es el nombre con el que Dios quiso que se lo conociera cuando ejercía Su Voluntad Misericordiosa y Justiciera con Su Pueblo. YHVH es Su Nombre para ser conocido a perpetuidad.

Sin embargo, la dicción apropiada y correcta del Tetragrámaton, YHVH, se perdió hace siglos. El problema en la pronunciación del nombre de Dios radica en que el hebreo antiguo no usó designaciones vocales cuando se escribieron las Escrituras; solo se usaron consonantes. Es decir, al descifrar lo escrito, en este idioma sólo se cuenta con la ayuda de consonantes y del fondo de conocimiento lexical que cada individuo hebreo maneja. Para que esto se entienda bien, y a modo de ejemplo, supongamos que escribiéramos en el idioma español, sin usar vocales, la frase: “El nombre de Dios es YHVH”, seguro lo haríamos así: “l nmbr d Ds s yhwh”. Esto no presentaría ningún problema a los hebreos porque sabían cuáles eran las palabras y cómo pronunciarlas. No fue sino después de cientos de años, que los judíos empezaron a incluir lo que se llamó “puntos vocales” en los textos copiados del hebreo del Antiguo Testamento.

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Al regresar los judíos del exilio babilónico, durante el liderazgo de Nehemías y Esdras, algunos expertos en la Torah decidieron ocultar la pronunciación de este Nombre, influenciados por la superstición pagana, para que no pudiera ser tomado en vano o blasfemado. Desde entonces, la premisa básica del judaísmo tradicional rabínico contra la pronunciación del nombre de Yahvéh, está basado en el retuerzo y en la perversión de los versículos de Vayicra (Levítico) 24:10-16. La prohibición religiosa y rabínica de usar el nombre correcto surge del malentendido de los eventos cuando Yahvéh le hablo a Moshe diciendo que apedreé al hijo de una mujer israelita que blasfemó Su Nombre. Desde ese pasaje, los rabinos han concluido, que el blasfemar el Nombre es igual que pronunciarlo, o mencionarlo, o llevarlo en los labios de uno.

Pero analizando con cuidado los textos de Vayicra/Levítico 24:11 y 15 notamos que ellos revelan el significado plano y literal (pashat) de los textos. La explicación correcta es la siguiente: blasfemia es sinónima con MALDECIR el Nombre o usar el Nombre para maldecir a otros. En ningún lugar estos versículos siquiera sugieren que el pronunciar el Nombre Yahvéh es un acto de blasfemia. Eso es pura tradición religiosa, surgida, lo expresé antes de una superstición temerosa, que en su credo mas básico, es tanto peligrosa como anti Torah, tanto que sofoca el poder transformador del verdadero evangelio.

Con la aparición de esta hermenéutica errada, los judíos en general al llegar a la lectura del tetragrámaton o tetragrama («las cuatro letras»), decían Adonay, que significa «mi Señor».  Por esta causa, cuando las cuatro letras del Tetragrámaton aparecían en el texto, los escribas “lo marcaron” con las vocales cambiadas para la palabra hebrea Adonay para que se leyera como “Señor” en lugar de el Sagrado Nombre “Yahvéh”. Los únicos que tenían el derecho de conocer la correcta pronunciación eran aquellos que pertenecían a la casa del Sumo Sacerdote, quien pronunciaba estas cuatro letras en su forma correcta una vez al año, en el Día de la Expiación (Yom Kipur). Y así, con el transcurso de los siglos el olvidó de la débil memoria humana incluso devoró el Nombre Excelso.

¿Qué hicieron los escribas judíos medievales cuando inventaron un sistema de puntuación para marcar las vocales?

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Los masoretas, judíos eruditos bíblicos durante la edad media, reemplazaron los signos vocales que tenían que aparecer encima o debajo de las consonantes YHVH con los signos vocales de Adonay. Ellos insertaron las marcas vocales de aDoNaI entre las consonantes de YHVH. (La «I» de Adonai en realidad corresponde a la media vocal Yud, «Y»).

La palabra quedaba así: «YaHoVaH«.

Por una regla gramatical que ahora no explicaremos, la primera «A» de Adonay, se transforma en una «E» breve. Así pues, escrito aparecía: «YeHovaH».

De esta manera, en los libros escritos con la novedosa notación, al llegar a YHVH uno la encontraba punteada con las vocales de aDoNaI. ¿Para qué? Pues, para que el lector recordara que esa palabra se pronunciaba Adonai, y no de otra forma.

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Hebreo no comprendido. Espíritu olvidado.

Sabemos muy bien que los primeros convertidos al Salvador y Mesías Yeshúa fueron judíos, incluyendo a los supervisores y líderes de las primigenias asambleas. Pero, a medida que más gentiles convertidos eran aceptados, la asamblea tomó un matiz de gentilidad aún en sus costumbres y prácticas. Estos gentiles generalmente no entendían el hebreo.

De tal modo ocurrió este alejamiento de las raíces hebreas de la fe, que en el siglo V, tiempo de Constantino, hubo una influencia decididamente mayor contra los judíos y la mayor parte de estos gentiles convertidos buscaban no tener nada que ver con lo hebreo, a fin de no ser confundido con los judíos.

Cuando el Antiguo Testamento fue traducido al griego (conocido como la Septuaginta) éste llegó a ser el texto estándar para las primeras asambleas.

Al principio, en todo el texto griego de la Septuaginta, estaba el Nombre Sagrado del Tetragrámaton. Siendo ignorantes del hebreo, los lectores del texto griego pronunciaban equivocadamente el Tetragrámaton hebreo como “Pipi” ya que la pi griega “π”, se parece a la hebrea hei (ה). Las traducciones llegaron a ser el estándar para la iglesia romana y así aparecieron las letras latinas YHVH en lugar del Tetragrámaton hebreo. En aquellos tiempos la vocal i era equivalente de la ye. La V tenia el sonido de W, “u.”

A la i mayúscula pronto se le añadió una cola, una modificación popularizada por los impresores holandeses, así que el Tetragrámaton empezó a aparecer como JHVH. Aunque se veía semejante a nuestra J, la letra latina J se pronunciaba como la letra i. Fue así como alrededor del siglo XV de la era común, entre los cristianos se comenzó a leer erróneamente «Jehová». Digo erróneamente pues se mezclaba en la dicción lo que era para leer y lo que era para decir…

Para que quede un poco más claro, supongamos que la palabra «libertad» por ley estatal no se debe pronunciar. Y supongamos que es un su lugar la gente dice «zapallo». Y sigamos suponiendo que a alguien se le antojo mezclar las consonantes de la palabra prohibida con las vocales de la palabra usada. En los escritos aparecería: «LaBaRToD».

¿En realidad dice labartod?

¿Es eso lo que se quiere pronunciar?

¿Es que alguien sabe en efecto que es un labartod?

Simplemente, lo que debería leerse zapallo, al estar escrito libertad, al final se pronuncia: labartod.

En conclusión labartod, no existe, es un error.

Así mismo, Jehová NO EXISTE, es un error, basado en profunda ignorancia, o en alguna otra cosa que sustente el error.

¡Maranatha!… El suspiro que anhela el Regreso del Amado

“El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. Maranatha.”

(1 Corintios 16:22 _RV 1909_)

Estamos viviendo días muy especiales. Son tiempos con especificidad profética en los que cada jornada se convierte en una sumatoria de señales del fin de este sistema. Día a día, el corazón de los escogidos se eleva en expectativa de fe, esperando ese Gran Día en el que el Señor, con voz de mando, con trompeta de Dios, establecerá el inicio de nuevos tiempos para esta Tierra. Por ello, he descubierto que en las naciones, el testimonio de las primeras comunidades de discípulos del Mesías acerca de la pasión con la que esperaban Su regreso, resuena hoy más sugestivo que nunca.

Es más, en el versículo final de la primera epístola a los corintios nos encontramos con la curiosidad de que el apóstol Pablo utilizó la palabra Maranatha en arameo, a pesar de que la epístola fue escrita en griego. El hecho se debe a que esta palabra ya había adquirido cierto crédito y peso de poder entre los creyentes de las primeras comunidades. La misma era utilizada como expresión de la esperanza de la Parusía de Cristo.

Muchos documentos antiguos testifican como las congregaciones de los primeros cinco siglos, en efecto, acompañaban las celebraciones y las oraciones con la aclamación Maranathà, una expresión formada por dos palabras arameas que, según como se silabeen, se pueden entender como una súplica: «¡Ven, Señor!», o bien como una certeza alimentada por la fe: «Sí, el Señor viene, el Señor está cerca».

Referente a la composición de ésta palabra, el diccionario VINE (en su versión electrónica para E-Sword) comenta:

“La primera parte, que finaliza en «n», significa «Señor»; en cuanto a la segunda parte, los «Padres» la consideraban como un tiempo pretérito, «ha venido». Los modernos expositores la toman como equivalente a un presente, «viene», o futuro, «vendrá».  Ciertos eruditos en arameo consideran que la última parte consiste en «tha», e interpretan la frase como una exclamación, «Ven, nuestro Señor», o «Oh, ven Señor». Sin embargo, el carácter del contexto indica que el apóstol está haciendo una declaración en lugar de expresar un deseo o de pronunciar una oración.”

Referente al motivo de su uso en los primeros cristianos, el citado diccionario dice:

“En cuanto a la razón de por qué se usaba esta expresión, lo más probable es que fuera una expresión corriente entre los cristianos primitivos, que incluía la consumación de sus deseos. «Al principio el título Marana o Maran, utilizado al dirigirse a Cristo y al referirse a Él, no era otra cosa que la respetuosa designación del Maestro por parte de los discípulos».

Esta expresión solamente aparece en 1ª Corintios 16:22 y parece ser que era usada como un saludo recordatorio con relación a la Segunda Venida del Señor:

  • Filipenses 4:5: “Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca”.
  • Santiago 5:8: “Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca”. (Ver también Apocalipsis 1:7).

De acuerdo a Apocalipsis 3:11, el mismo Señor Jesús afirma Su venida, confirmando de esta manera muchos de los pasajes Bíblicos que hablan de Su regreso inminente, regreso que todo Cristiano no solamente deberá anhelar y amar sino también esperar: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona”.

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De allí que no haya que temer, porque será el momento de nuestra salvación definitiva. Será, además, el momento más espectacular y más importante de la historia de la humanidad: ¡Cristo viniendo en la plenitud de su gloria, de su poder, de su divinidad! Si hace dos mil años Él vino como un ser humano cualquiera, en su segunda venida lo veremos tal cual es, “cara a cara” (1 Cor. 13: 12).

Será el momento de nuestra definitiva liberación: nuestros cuerpos reunidos en la resurrección prometida para ese momento final. Es cierto que algunos “de los que duermen en el polvo despertarán para el eterno castigo” (Dn. 12: 1-3). Pero ésos serán los que no hayan cumplido la voluntad de YHVH en esta vida terrena, los que se hayan opuesto al Eterno Dios y a Su Instrucción (Torah). Aquellos que hayan buscado caminos distintos a los del Eterno. Es decir, ese castigo será para los enemigos de nuestro ios.

Pero los justos, los que hayan buscado cumplir la voluntad de Dios en esta vida, los que por esa razón “están escritos en el libro … despertarán para la vida eterna … brillarán como el esplendor del firmamento … y resplandecerán como estrellas por toda la eternidad” (Dn. 12: 1-3).

Es cierto, también, que ese momento será precedido por “un tiempo de angustia, como no lo hubo desde el principio del mundo”. Sin embargo, las pruebas y sufrimientos de esa tribulación serán la última llamada a conversión para los que se encuentren en estado de pecado y será la última purificación para los elegidos. En ese sentido, esa etapa de sufrimientos es fruto de la infinita misericordia de Dios que quiere que todos sus hijos sean salvados.

Será un momento en que “el universo entero se conmoverá”, pues veremos “al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y El enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo” (Mc. 13: 24-32).

Con esta esperanza se comprende cómo desde el comienzo de la Iglesia los primeros discípulos del Mesías, deseosos de volver a ver el rostro glorioso de su Señor, se mantenían firmes y vigilantes siempre, esperando la Parusía.

Por toda esta manifestación gloriosa, el apóstol Juan, que da testimonio de todas las cosas escritas en Apocalipsis 22:20, recoge del Señor Jesús su frase de cierre: “Ciertamente vengo en breve.” Y apóstol de  acuerdo le responde: “Amén; sí, ven, Señor Jesús«.  Es la exclamación en la que culmina toda la Revelación de la Nueva Alianza, al término de la maravillosa contemplación que nos ofrece el Apocalipsis (Revelación) de Juan (Ap 22: 20). En ese caso, es la Iglesia-Esposa que, en nombre de toda la humanidad y como primicia, se dirige a Cristo, su esposo, no viendo la hora de ser envuelta por su abrazo: el abrazo de Jesús, que es plenitud de vida y plenitud de amor.

Decálogo para Celebrar al Eterno en Asamblea

«… yo los llevaré a mi
santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus
sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada
casa de oración para todos los pueblos».
(Isaías 56:7)
 
A esta altura de la vida de nuestro Ministerio Internacional, hemos comprendido que la adoración de Yahvéh es santa, pura y excelsa. Dado que nuestras reuniones tienen por objeto el estudio de la Torah y la adoración al Rey Eterno, Yahvéh, nuestro Abba,  entendemos que debemos mostrar el debido respeto a tal alta dignidad; así manifestamos que nos adherimos al criterio divino sobre las cosas sagradas, y revelamos nuestra conciencia regia que entiende y manejas protocolos de nobleza celestial.
Es cierto que, en sentido literal, Yahvéh ya no tiene en la Tierra una ciudad santa ni un templo especial dedicado a su culto; pero no olvidemos que las reuniones donde lo adoramos son sagradas, tanto como que nuestras asambleas son el Templo de Su Presencia (Shekihah).
Tenemos bien claro que el Eterno nos bendice cuando nos congregamos para adorarlo, estudiar su Palabra y disfrutar de la grata compañía de los hermanos. Dondequiera que haya una reunión, podemos estar seguros de que es allí donde “ordenó Yahvéh que estuviera la bendición” (Salmo 133:1, 3). Pero para recibir esta bendición, debemos estar presentes y atender al programa espiritual siguiendo un protocolo de conducta digna de los hijos del Rey de los Cielos. Sin duda, las reuniones forman parte de nuestra adoración, por lo que durante ellas debemos mantener una actitud reverencial y atender respetuosamente.
En el capítulo 14 de su primera carta a los Corintios, el apóstol Pablo da recomendaciones prácticas para llevar a cabo las reuniones, y concluye dando la siguiente norma: “pero hágase todo decentemente y con orden (con arreglo protocolar)” (1 Corintios 14:40). Dado que las reuniones constituyen una parte esencial de la actividad de la asamblea de los primogénitos, es nuestro deber comportarnos en ellas como es propio de los miembros de la casa de Yahvéh.
A continuación te dejaré diez consejos que te ayudarán a integrarte en cualquiera de las comunidades del Monte Santo y a vivir plenamente la celebración que en ellas se otorgan al Eterno.
1.-Llega siempre puntual, incluso antes de iniciar la santa asamblea festiva. 

 

Recordar que el primer precepto del Eterno para Su Iglesia es Shema, es decir «¡Escucha!», lo que obliga a que te dispongas a oír el mensaje completo que Él tiene para ti en cada oración, alabanza, testimonio, etc.  que se ofrecen a Su Nombre en cada celebración. Para esto es importante llegar a tiempo a la asamblea. ¿Para qué? Para prepararnos espiritualmente en oración haciendo nuestra oración personal.
2.- Entrando al santuario tu primera acción debe ser comulgar con el Señor. 
Nunca entres despistad/(a). Si la salud te lo permite arrodíllate completamente o al menos la rodilla derecha al suelo (genuflexión), como señal de adoración y respeto al estar frente al Señor de la asamblea.
Una vez haces tu acto de adoración busca el lugar que quieras, ojalá empezando a ocupar los primeros bancos.
3.- Si tienes que moverte dentro de la asamblea hazlo con respeto. 
4.-  Observa  y disfruta del silencio que todos los miembros de la asamblea crean con su reverencia.
Habrá personas orando en distintos signos corporales (de pie, sentados, de rodillas, etc.) Permanece en silencio u orando como preparación personal y para respetar el momento de los demás con el Eterno Dios.
Observar el silencio antes, durante y después de la celebración; a excepción cuando necesariamente se ha de cantar o responder a las acciones litúrgicas.
Considera que la celebración es algo sagrado; esto implica apagar o silenciar el teléfono móvil, no lo pongas con vibrador porque te distrae y te hace dependiente. Si por distracción olvidas apagar el teléfono móvil y te suena durante la misa, no salgas de la iglesia a responder; apágalo inmediatamente.
5.- Vístete con decencia y decoro como parte de la ofrenda que entregas al Eterno Dios. 
Vístete con lo mejor que tengas. Cuanto más elegantes, mostramos más respeto y amor. Viste bien, pero por la dignidad del lugar y del momento y no para que te luzcas ante la gente. No lleves vestimentas atrevidas aunque haga calor, ni ropa deportiva, ni shorts, chancletas,…
No es sólo cuestión de no usar prendas indecentes: hay cosas superdecentes que son demasiado deportivas: nadie se las pondría para una sesión de gala en un teatro, y mucho menos para una cita con alguien muy importante en el gobierno de una nación. Su traje es una muestra de respeto, la informalidad no debe llevar a asistir con minishorts, microminifaldas o escotes demasiado pronunciados; la iglesia no es una pasarela.
No es cuestión de si se puede o no: es cuestión de amor. Quien ama trata de dar lo mejor a quien ama.
6.- Cuida la limpieza de todo el recinto y evita el chicle antes y durante la celebración.
 
Es responsabilidad de todos los asistentes, cuidar los muebles y demás implementos de la iglesia que, con mucho esfuerzo se han conseguido con el aporte de todos. Por ello, rayar o escribir en las sillas y bancas constituye un acto reprochable.
El lugar que Yahvéh escogió para que lo adoraran los israelitas había de ser sagrado. Por eso, el tabernáculo y sus muebles y utensilios fueron ungidos y santificados para que llegaran “a ser santísimos” (Éxodo 30:26-29). Asimismo, las dos partes en que se dividía este santuario se denominaban “el Lugar Santo” y “el Santísimo” (Hebreos 9:2, 3). Y cuando el tabernáculo fue reemplazado por el templo en Jerusalén, esta ciudad se convirtió en el centro del culto a Yahvéh, razón por la que se llamó “la ciudad santa” (Nehemías 11:1; Mateo 27:53). Durante su ministerio terrenal, nuestro Mesías Yeshúa respetó el templo y se indignó por el descaro de quienes lo utilizaban como atajo y zona de negocios (Marcos 11:15, 16).
Observar esta norma es signo de máximo respeto de quien identifica la presencia real del Mesías en la celebración; es también la preparación y correcta disposición para recibir al Señor.
7.- Controla a tus hijos. 
A los niños más grandes es preciso irles creando conciencia sobre lo que significa el lugar dónde adoramos al Padre en espíritu y en verdad. Si los padres quieren que crezcan en la fe, deberán enseñarles lo que ello implica y a qué van; con su buen ejemplo irán aprendiendo.
Si son pequeños evita que jueguen molestando a los demás y edúcalos en el respeto que merecen el lugar y el momento; así sabrán la importancia que tiene.
Si son muy pequeños o de brazos, y no puedes encomendarlos a alguien, procura situarte en los bancos del final por sí es necesario salir de la asamblea a tranquilizarlos en el caso de que lloren.
Los padres deberán estar más atentos sobre el comportamiento de los niños para que no interrumpan el recogimiento, meditación y concentración de los demás. No es correcto regañarlos en medio de la celebración y tampoco que los dejen jugar entre ellos generando ruido e incomodidad.
8.- Dice Jesús, nuestro Mesías y Dueño: “Mi casa será llamada casa de oración” (Mt 21,13). 
No es que el santuario sea un lugar sombrío y severo pero tampoco es lugar para diversión ni para andar a las anchas. Es mas bien un lugar sagrado, diferente a todos los demás. ¡Es casa de oración! No es necesaria la rigidez pero no se debe andar como en el parque o en un centro comercial.
Por tanto el salón de gobierno, lugar dónde se realizan las celebraciones, no es un espacio para tertulias; no confundas la iglesia con una cafetería, no te sientes con las piernas cruzadas como en los actos o reuniones sociales.
La celebración no es momento de expresar afectos personales. Si estás con tu esposo (a) o novio (a), deja los cariños extravagantes para otro lugar y momento. Ahora son tú y tu pareja, cada uno con el Eterno Dios: vivan la misa como pareja, pero dirigidos al Eterno Dios.
El Salón de Gobierno, donde se convoca cada asamblea, es un sitio de recogimiento y oración. Deja las conversaciones para cuando salga de la celebración.
Toda nuestra actitud debe reflejar nuestra fe en la Presencia de Cristo.
9.- Participa activamente de la celebración en cada detalle de la misma.
Deja tus lecturas y devociones para otro momento, ya sea para antes o para después de la misma.
Participa en las oraciones y el canto congregacional; asistir a la asamblea no es solo cuestión de cumplir con un precepto, es la oportunidad para agradecer, reflexionar y acercarse a su Dios.
En cierta ocasión, los cristianos del siglo primero “levantaron la voz de común acuerdo a Dios” en fervorosa oración; como consecuencia, siguieron “hablando la palabra de Dios con denuedo” pese a la persecución (Hechos 4:24-31). ¿Nos imaginamos a alguno de estos fieles dejando vagar la mente mientras los demás oraban? Claro que no, pues todos oraron “de común acuerdo”. Las oraciones que se hacen en las reuniones expresan los sentimientos del auditorio; de ahí que merezcan nuestra atención respetuosa.
Aprovecha esos pocos minutos para orar y ratificar tus creencias.
Asiste con alegría y salgas con entusiasmo y un mayor compromiso para con tus semejantes y contigo mismo Recuerda que el principal compromiso de cada uno de los asistentes es hacer de este mundo que recibimos un lugar mejor para todos.
10.- No favorezcas la distracción. 
En la celebración, frente a la Mesa de Comunión, abandona todo otro asunto o pensamiento. No desvalorices la misa con un corazón dividido, pensando en tus asuntos fuera de misa.
No te ocupes en banalidades, ni mirando a los demás, mucho menos con malicia u obscenidad. Tampoco la pases mirando el reloj, como si tuvieras ganas de que la misa acabe cuanto antes.

¿Quién es Rabino en el diseño mesiánico del Eterno?

“Pero vosotros no dejéis que os llamen RABÍ; porque uno es vuestro RABÍ y todos vosotros sois hermanos.”
Mateo 23:8

¡Estamos siendo testigos de días proféticos maravillosos! Uno de los detalles más gloriosos que estos tiempos tienen es el asombroso movimiento del Espíritu del Eterno aleteando sobre las aguas (millones de vidas humanas) y conduciéndolos hacia una reforma que les está revelando los diseños mesiánicos de la Luz Infinita (Or EinSof).
En medio de todo ese movimiento espiritual de la Verdad divina está manifestándose también la obra misma de la iniquidad reptiliana llamada falsificación. Así pues, mientras el Espíritu del Señor va conduciendo todo para que la Iglesia del Mesías se manifieste en su nombre verdadero, Israel, muchos hombres (y mujeres también) están apareciendo con apariencia de piedad y están enredando a los santos escogidos del Señor en el bosque de la confusión causado por tantos vientos de doctrinas judaizantes. Hoy, y tal como le aconteciera al apóstol Pablo, debemos estar vigilantes ante aquellos que se presentan con tantos títulos sacados de la letra muerta y no activados por el espíritu vivificador que se encuentra en las Sagradas Escrituras.
De ese modo, no solamente nos encontramos con falsos apóstoles y falsos profetas en esa pandemia babilónica llamada «apostolitis», sino que también desde el movimiento judaizante-kabbalístico abundan cada día más los falsos maestros que se hacen llamar «rabinos».
Pues bien, la bitácora de hoy apuntara a aclarar qué significa el término rabino desde su origen etimológico como funcional.
Primeramente dejaremos en claro que los rabinos son los líderes de la colectividad judía presente en cada nación del mundo. Se trata de maestros que, gracias a sus estudios, se encargan de la interpretación de los textos considerados sagrados por esta comunidad. El conocimiento profundo de los textos sagrados judíos es imprescindible no sólo para la enseñanza y difusión desde lo literal: el rabino debe estar en condiciones de aplicar aquellos textos milenarios en el día de hoy, encontrando en las palabras de la Torá la solución de problemas.
Reconoceré que una característica especial del judaísmo es el trabajo de exposición y de interpretación de la Torah escrita, es decir de la revelación divina hecha a Moisés en el Monte Sinaí y transcrita en el Pentateuco (y en sentido más amplio, presente en toda la Biblia hebrea). Este trabajo de de investigación (en hebreo midras, del verbo daras «buscar») comenzó de forma sistemática durante el destierro en Babilonia (586-536 a.C.), cuando el pueblo judío había perdido la Tierra y el Templo. Fue justamente en esos 70 años de exilio que comprendieron que sólo una amorosa fidelidad a la Torah podía garantizar su identidad y su continuidad. El sacerdote Esdras será quien dará cuerpo a esta comprensión leyéndole la Torah de Moisés al pueblo que habría regresado del destierro, y esforzándose especialmente en explicarle su sentido (Neh. 8:8). Los que prosiguieron históricamente esta obra, a los largo de 500 años, fueron primero los escribas, y luego los fariseos hasta concluir en los rabinos.
Es importante señalar aquí que el continuo cambio de situaciones en que llegaban a encontrarse los judíos planteaba de forma muy problemática la tensión entre la inmutabilidad sagrada de la Torah escrita y la necesidad de continuas adaptaciones en la praxis a los diversos ambientes y circunstancias. A diferencia de los sacerdotes y de los saduceos, que quedaron más ligados al culto del templo y al carácter literal de lo expresado en la Torah escrita, los fariseos se emplearon en una laboriosa obra dirigida a acercar la Torá al pueblo, haciendo posible en concreto vivir de la misma.
Los comentarios interpretativos (midrasim) de los fariseos fueron adquiriendo a lo largo del tiempo fuerza y autoridad. Los mismos se movían en dos direcciones:
  • una narrativa (haggadá),
  • la otra moral-jurídica (halaká).

A finales del siglo II d.C., estos comentarios se recogieron y transcribieron en la obra que se conoció como Mishná («repetición«, «enseñanza por repeticiones«), que fue considerada como el corpus de las tradiciones orales de la Torah. Por causa de esta última razón también ellas fueron atribuidas a Moisés -lo mismo que la Torah escrita- dado que consideraban que eran su desarrollo y su explicitación, capaces de ofrecer las indicaciones útiles para los siglos venideros. Será interesante que sepan que también la Mishná fue estudiada y comentada sistemáticamente en Palestina y en Babilonia, hasta finales del siglo V d.C.; así es como se originó la obra conocida con el nombre de Talmud («estudio«), cuyo equivalente arameo, en Babilonia, era la Gemará.

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Cuando las tensiones sociales, económicas, políticas y religiosas condujeron a las crisis del 70 y del 135 d.C., la represión de las sublevaciones por parte de los romanos llevó al ocaso y a la desaparición de los saduceos, que eran considerados -cual autoridad- como los responsables de las rebeliones, y de la clase sacerdotal, ligada funcional y económicamente al templo, destruido el año 70 d.C. Fueron entonces los fariseos, y ante todo los maestros fariseos llamados rabinos, quienes asumieron la función de reorganizar la vida del judaísmo, que no podía contar ya con el Templo ni con la autonomía territorial. Como solución esta secta determinó que el eje de la religión judía sería entonces la oración, el estudio y la práctica de la Torah (escrita y oral), junto con las obras de misericordia.
Como vemos, el título  de rabino comenzó a ser utilizado por la cátedra apóstata que usurpó la jefatura del Templo de Jerusalén. Fue esta la que forjó nuevos lineamientos dogmáticos que comenzaron a regir la fe de los judíos en el primer siglo.
La línea farisaico-rabínica, fortalecida por estos hechos históricos, impregnó y organizó el judaísmo en Israel, conduciendo con sus dogmas a la Casa de Judá en la Diáspora de estos dos milenios. La única desviación a esto se produjo en el siglo VIII en Mesopotamia, con los karaítas (del verbo kará, «leer«), que rechazaban la Torah oral y todas las tradiciones exegéticas; consideraban normativa sólo la Torah escrita, sosteniendo su estudio filológico y la libre interpretación personal.
Durante el siglo I d.C. y comienzos del II, los rabinos eran «ordenados» mediante la imposición de manos, después de un largo período de formación junto a un maestro reconocido (la edad canónica para la ordenación eran los 40 años). Después de que, en el 135 d.C., los romanos prohibieron las ordenaciones bajo pena de muerte, los candidatos eran simplemente «proclamados» rabinos: de esta manera se les confería la autoridad de juzgar en el terreno civil y en el religioso.
 En el judaísmo de la diáspora, el rabino es el responsable de la vida religiosa de una comunidad judía, que tiene su punto de referencia en la sinagoga: cuida del culto y de la instrucción religiosa, organiza la enseñanza escolar y juzga, según los lugares, en materia matrimonial. A partir del siglo XIX se instituyeron seminarios rabínicos, en los que los candidatos se forman en la Escritura, en la Misná, en el Talmud, en la codificación y en las respuestas; una vez completado el ciclo de estudios (que actualmente dura de ocho a diez años), reciben el título de rabino.
La palabra רַבִּי (rabino) que usualmente solemos entender como «mi maestro» significa literalmente persona de gran autoridad, gran importancia, abundancia, e incluso con grandeza indescriptible. En otras palabras, רַבִּי (rabino) es una persona que tiene mucho que dar y puede aportar a otros desde su grandeza.
רַבִּי (rabino) proviene de la palabra hebrea de רַב (rav) que significa «mucho, gran cantidad, numerosos, o grande» y la letra yod (י) al final indica un sufijo de posesión «mi«. Así que literalmente los judíos de hoy dicen que se puede traducir רַבִּי (rabino) como «mi gran maestro«.
Pero quiero invitarlos a que realicemos juntos una mirada más profunda en la historia bíblica misma y comprenderán que la significación de esta palabra es más amplia y peligrosa. En las Escrituras, frecuentemente רַב (rav) es una medida de cantidad numérica o longitud. En la Torah, la nube del Señor descansó sobre el tabernáculo durante יָמִים רַבִּים (yamim rabim) «muchos días» (Nm. 9:19). En otras oportunidades la palabra רַב (rav) significo autoridad. En el hebreo antiguo, רַב בַּיִת (rav bayit) indicaba mayordomo y רַב הַחֹבֵל (rav haJovel) el capitán de barco. El rey Nabucodonosor otorgo a Daniel el título de רַבִּי (rabino) que en arameo significa el «gran gobernador, gran oficial o gran jefe, el gran señor» (Dn. 2:48).
En los tiempos de Yeshúa, la palabra «rav» era utilizado, desde ese matiz babilónico, y por lo tanto se refería al amo de un esclavo, o al amo de un discípulo. Por lo que el término rabí literalmente significa «mi amo» y era un término de respeto usado ya sea por un esclavo para dirigirse a su amo, o por un discípulo para referirse a su maestro. Teniendo en cuenta lo antes dicho, la palabra rabino en realidad significa «mi gran amo» y era un término de respeto usado ya sea por un esclavo para dirigirse a su amo, o por un discípulo para referirse a su maestro. Cuando Yeshúa empieza su ministerio, vemos que era reconocido por todos, o mejor dicho toda clase de personas se dirigían a él como rabí. Veamos algunos ejemplos:
  • Mateo 19:16, un hombre rico lo llamaba rabí,
  • Mateo 22:35-36, un abogado (experto en la Torá) lo llamaba rabí,
  • Lucas 12:13, una persona común lo llamaba rabí,
  • Lucas 19:39, un Fariseo lo llamaba rabí,
  • Lucas 20:27-28, un Saduceo lo llamaba rabí.

Algo típico de los rabinos del primer siglo era que viajaban de un lugar a otro enseñando, y dependían de la hospitalidad de las personas. Ellos enseñaban en las afueras o campos, en los pueblos, en las casas, en las Sinagogas y hasta en el Templo. Cientos y hasta miles de rabinos circulaban en la tierra de Israel en el primer siglo. La mayoría de las veces enseñaban en las plazas de los pueblos, o bajo un árbol, y otras veces en las casas. Aunque Yeshúa la mayoría de las veces enseñó en las casas (Lucas 10:38-42), en las sinagogas (Mateo 4:23) y hasta en el Templo (Mateo 21:23), también lo vemos enseñar en las afueras o campos (Mateo 14:13; 15:29).


Otra práctica de los rabinos era el hacer discípulos, ellos estaban interesados en cambiar la vida de sus discípulos, de enseñarles como ellos decían «a tomar el yugo de la Torá» que en términos rabínicos quería decir «aceptar el reinado del Eterno en la vida de uno«. Vemos que Yeshúa también utilizó éste término (Mateo 11:29-30). «Hacer muchos discípulos» es uno de los tres dichos más antiguos que encontramos en el Talmud (Avot 1:1). Ellos escogían y seleccionaban a un número de discípulos para entrenarlos en el estudio de la Torá. Se dice que el maestro de Pablo, Gamaliel, tenía hasta 1.000 discípulos que estudiaban con él. Un rabino podía tener diferente tipos de discípulos, los que estudiaban con el rabino por un corto tiempo y los que estudiaban por largo tiempo con el rabino, para estos últimos significaba viajar constantemente por caminos polvorientos. Por eso encontramos en el Talmud un comentario que dice:

«Que tu casa sea un lugar de reunión para los sabios,
cúbrete con el polvo de sus pies y bebe de sus palabras sedientemente«. (Avot 1:4)

«Cúbrete con el polvo de sus pies«, se decía no sólo porque el discípulo al caminar junto con su rabino prácticamente se llenaba del polvo que el rabino levantaba al caminar, pero también porque era costumbre sentarse a estudiar a los pies del rabino. Una persona sentada a los pies de un rabino significaba que era un discípulo del rabino, por ello vemos que Yeshúa le dice a Marta que María había elegido lo mejor, es decir de ser una discípula de Yeshúa (Lucas 9:38-42). De allí surgió la práctica de invitar a alguien a tu casa y lavarle los pies.

¿Cuál es el orden pedagógico en la Nueva Alianza según el mismo Mesías?

apostoles-pies

Según la enseñanza apostólica paulina, nuestro Señor Jesús entregó «domas» (hombres-dones) a la Iglesia que ejercitan el servicio desde el diseño del «corazón pastoral» de Yahvéh (Jer. 3:15). Estos hombres regalos se manifiestas en cuatro oficios de dicho corazón: apóstol, profeta, evangelista, pastor-maestro (Efesios 4:11). Éstas órdenes sagradas de nuestro amado Mesías tienen una clara respuesta ante esta oleada de «rabinos» que pululan por todos lados con la pretensión de enseñar los códigos de la Torah a los escogidos.  Por mucho que traten de tergiversar y torcer las Escrituras, estas son las palabras divinas que deberán ser pronunciadas tal como allí están escritas. Por lo tanto, el término neotestamentario para maestro es el griego «didáskalos» que tiene su equivalente hebreo en «moreh«, así es como (Concordancia Strongs: 04176) Por lo tanto moreh significa maestro, y éste es el término que se debe utilizar para aquellos que pretenden enseñar la Torah.

 Podemos ver claramente la razón por la cual Yeshúa prohibió este título. El mismo, por su misma definición de poder y grandeza, crea una gran arrogancia en los seres humanos. Hoy, día vemos una oleada de ex-pastores cristianos evangélicos viniendo al mesianismo que enseguida se cambian su título de pastor, que es el correcto y escritural, al de «rabino» que es el título prohibido por nuestro Señor. Pero ellos son gente que necesitan este bastón para sentirse importantes, para poder actuar como dictadores de la fe que obnubilan las consciencias de los hombres.
Hoy vivimos en tiempos muy peligrosos. Son los días de rampante apostasía. En ellos HaSatán está utilizando muy efectivamente a miles de falsos maestros,  a quienes tiene estratégica- y sigilosamente colocados a lo largo de todo el Camino que el Mesías le ha trazado a Su Pueblo para que peregrine al cumplimiento pleno del propósito eterno. El adversario, como buen cazador, ha colocado lazos para engañar aún a los escogidos.  Lo hace con la intención expresa de destruirlos, desviarlos, detenerlos o cuando menos retardarles la llegada a la meta,  seduciéndolos con doctrinas basadas en la Torah de Yhwh pero no obstante «hechas a la medida» del gusto individual de cada uno de los oyentes con comezón de oír. Por esto, estoy convencido que el judaísmo mesiánico pertenece a parte de esta artimaña de la Gran Ramera.

El judaísmo mesiánico no cumple lo que promete.   Por su nombre, el «Judaísmo Mesiánico«, a simple vista,  pareciera indicar que se basa fundamentalmente en la Verdad original del Mesías Yeshúa, quien lógicamente era judío de estirpe, por nacimiento y por crianza.  Pero esta religión «de última moda» para tantos, no se adhiere ni enseña el Camino de Yeshúa que tanto proclama.  Por el contrario, enseña el judaísmo rabínico que usurpó los diseños sacerdotales establecidos por Yahvéh en la Antigua Alianza.

 El judaísmo mesiánico es una religión que basa su doctrina en las mismas enseñanzas rabínicas que nuestro amado Mesías, y sus fieles discípulos, tanto lucharan y sufrieran por erradicarla de la vida Su Pueblo. El judaísmo mesiánico no va tras las «raíces hebreas» de la Verdad de forma fiel y consistente, tal y como asegura, sino que va en pos de las raíces judío-rabínicas y lo suele hacer de forma bastante descarada— a través de hombres desobedientes que se apropian para sí el título de rabino que el Eterno solamente autoriza aplicar a Su Hijo.

El “Día del Señor”: ¿Es el Domingo o el Sábado?

“Recuerda el Shabat para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es un día de reposo para YHVH tu Elohim: no hagas ningún trabajo –tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo YHVH el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día; por eso bendijo YHVH el día del Shabat y lo declaró sagrado.»

Éxodo 20:8-11

Estoy absolutamente convencido que  Éxodo 20 es uno de los pasajes más conocidos en la historia teológica de la fe (junto al Salmo 23 y Juan 3:16, entre otros). Especialmente hoy resulta muy leído entre las comunidades de creyentes en el Mesías. La mayoría de los creyentes concuerdan en que los Diez Mandamientos son el fundamento más importante para llevar una vida piadosa e íntegra ante el Eterno Creador. Pero a pesar de esta certeza difundida por el propio Espíritu de Dios en la mente y corazón de cada hijo, la problemática siempre es la misma: de los diez solo se observan unos pocos. Por ejemplo, ¿por qué muchos sólo observan nueve, y obvian la ordenanza de guardar el día de reposo (shabat), cambiándolo por el domingo?
A través de toda la Escritura, vemos que el día señalado por Yahvéh para tener reposo e intimar con Él por medio del estudio de las Escrituras es el Shabat, el cual corresponde al sábado (séptimo día) en nuestro calendario semanal. ¿Por qué? Veamos las respuestas que nos da la misma Escritura (Biblia):
“Para el séptimo día había concluido Elohim la obra que estaba haciendo, y cesó en el séptimo día de toda la obra que había hecho. Entonces Elohim bendijo al séptimo día y lo declaró sagrado, porque en él cesó Elohim de toda obra de creación que había hecho.”
Génesis 2:2-3
El relato nos muestra con claridad que Yahvéh, desde la creación misma, bendijo y apartó el día séptimo, como su tiempo simbólico de la eternidad en comunión con lo creado. Todos estamos seguros que el Creador no necesita reposar; Él es Elohim Omnipotente y no necesita descanso. Él no se cansa, ni desmaya (Isaías 40:28). Entonces, si el mismo Creador, siendo el Todopoderoso,reposó en el séptimo día, ¿cuánto más nosotros?  Más bien el escogió reposar para darnos un mensaje.

“Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se
hallará.”
Éxodo 16:26 (RV1960)
En este versículo vemos que Yahvéh ordena al pueblo de Israel a guardar el día de reposo cuando les suple el maná (vea el capítulo 16 completo para obtener todos los detalles). Incluso, les dice que recojan doble porción durante el día sexto, pues durante el día de reposo o Shabat no habría provisión. Nuevamente, ¡hasta el mismo Creador escogió reposar el séptimo día! No porque tuviera necesidad de hacerlo, sino porque quería enviar un mensaje al pueblo de Israel por medio de su ejemplo.
“Háblale al pueblo israelita y dile: Estos son mis tiempos señalados, los tiempos señalados de YHVH, que deberán proclamar como ocasiones sagradas. Seis días se puede trabajar, pero el séptimo día será un Shabat de completo reposo, una ocasión sagrada. No deben hacer ningún trabajo; será un reposo de YHVH en
todos sus establecimientos.”
 (Levítico 23:2-3)
El capítulo completo de Vayiqrá/Levítico 23 nos habla acerca de las fiestas o convocaciones que Yahvéh ordenó a su pueblo celebrar. Mucha gente ha creído aquello que la teología gnóstica-masónica alega: que estas convocaciones son solamente de y para los “judíos” y que no nos competen a los occidentales cristianos. Sin embargo, la Escritura no dice que son las “fiestas de los judíos”; ella es bien clara en afirmar que son las fiestas de Yahvéh. Si decimos que somos su pueblo, debemos perseguir sus intereses, los cuales están plasmados claramente en la Escritura. Aquí percibimos que a Yahvéh si le interesa que su pueblo guarde el Shabat, tal y como Él lo estableció en Su Instrucción (Torah). De hecho, ¡es la primera convocación festiva establecida por su perfecta voluntad, según en este capítulo y el resto de las Escrituras!
“Si te abstienes de pisotear el Shabat, de encargarte de tus negocios en mi día santo; si llamas al Shabat ‘delicia’, al día consagrado a YHWH “honorable”; y si lo honras y no sigues tus propios caminos ni te ocupas de tus negocios, ni buscas tu propia conveniencia, entonces podrás buscar el favor de YHVH. Yo te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra, y te haré disfrutar la heredad de tu padre Yaakov –porque la boca de YHVH ha hablado.”

(Isaías 58:13-14)
¡Qué hermosa promesa para aquellos que guardan el Shabat según su Palabra! El mismo Creador nos exhorta a llamar al Shabat delicia. No hay duda alguna, que dentro de ese período de horas que conforman el séptimo día se esconde un poder espiritual de origen divino que permite al alma humana vibrar en las bendiciones de los lugares celestiales (Efesios 1:3)
 Entiendo que la idea de guardar el día de reposo resulta al principio algo tedioso para muchos de aquellos que lo intentan. De hecho, tengo que confesar que, cuando comencé a guardar este maravilloso día Shabat, me resultaba difícil, pues no estaba acostumbrado. Sin embargo, a medida que me fui sumergiendo en Su Palabra y obedeciendo sus instrucciones, empecé cada semana a anhelar la llegada del Shabat. Ahora, tanto yo como mi familia, esperamos con ansias la llegada de ese hermoso día; esto es verdaderamente una delicia.
“Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el día de reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.”
(Isaías 56:2)
Una vez más, vemos en este verso (y el resto del capítulo 56, el cual habla también sobre los extranjeros) que el Creador promete bendición para aquellos que guardan el Shabat, no importando su procedencia. Podemos ver claramente aquí que ésto no es sólo para los “judíos”, sino para todo aquel ser humano de las naciones, que acepte su pacto, obedeciendo así su Palabra.
“El pueblo israelita guardará el Shabat, observando el Shabat a través de los siglos como una alianza perpetua: será una señal perpetua entre el pueblo de Yisrael y yo. Porque en seis días hizo YHVH el cielo y la tierra, y en el séptimo día cesó de trabajar y reposó.” 
(Éxodo 31:16-17)
En estos versos encontramos dos datos muy importantes:
  • El primero, es que el Shabat es un día
    festivo que debe celebrarse de generación en generación, por pacto perpetuo. Entendemos que algo perpetuo es algo perdurable, que se mantiene a través del tiempo, no importando lo que suceda, lo cual confirma que esta ordenanza aún está vigente en nuestros días, y continuará así por el resto de las generaciones (Isaías 66:23).
  • El segundo dato importante es que el Shabat es una señal que distingue al Pueblo del Eterno Dios, de todos los demás. En otras palabras, aquellos que son pueblo de Yahvéh deben guardar el Shabat como señal al mundo de que, efectivamente, son Su Pueblo.
Ahora bien, después de considerar estos lineamientos bíblicos acerca del sábado, lo invito a ir a las pautas escriturales que nos hablan del domingo… Bueno,… me temo que el viaje escritural durará poco, …mejor dicho nada, pues en ninguna porción de la Escritura nos encontramos con la idea de que el domingo haya pasado, por orden divina, a sustituir al sábado (Shabat) como día del Señor.
Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo es que este día está hoy considerado por la masa de la cristiandad como el día de adoración que los apóstoles y las primeras comunidades guardaban?¿Será que la fundamentación de esto que no encontramos en la Escritura pueda esconderse en algún hecho histórico? ¿Cómo se llevó a cabo el cambio, sustituyendo el domingo por el sábado como el día de culto? Considerando que el Shabat es un estatuto perpetuo, ¿por qué muchos no lo guardan hoy día? Todo esto es, posiblemente, una de las más inquietantes preguntas religiosas entre la forma de pensar cristiana de hoy. Multitudes incontables, conformadas por hombres pensantes, se han preguntado cuándo, cómo y por qué el cambio se produjo.
He escuchado varias razones por las cuales algunos sectores han escogido no guardar el Shabat, de las cuales la más común es que “Jesús (como erróneamente le llaman) abolió el Shabat y estableció el domingo como el nuevo día para congregarse. Sin embargo, esto es totalmente incorrecto, como veremos a continuación.
Muchos insisten en asegurar que el Shabat fue abolido por Yeshúa ya que él dijo que era “señor del sábado” (Marcos 2:28) y que, al resucitar domingo, él estableció ese día para recordarlo y celebrarlo. Sin embargo, ésto está muy lejos de la Verdad.
En primer lugar, Yeshúa NO resucitó domingo, sino durante la tarde del Shabat, antes de ponerse el sol. Por otro lado, cuando Yeshúa dijo que era dueño o “señor” del sábado, bajo ningún motivo estaba aboliendo el Shabat como día de reposo. Si leemos el contexto de este pasaje, esta frase fue una respuesta a los fariseos que criticaron a los discípulos por recoger espigas durante el Shabat, pues tenían hambre. Yeshúa se oponía a la manera estricta e inhumana que tenían los fariseos y otros líderes religiosos de interpretar y aplicar la Torah referente al sábado, y éste es un vivo ejemplo de ello. En otras palabras, Yeshúa recriminó a los fariseos por poner sus dogmas de hombres por encima de la necesidad humana, y demostró la forma correcta de seguir las instrucciones dadas por Yahvéh. De hecho, ¡que mejor día para atender la necesidad humana y traer reposo a los oprimidos que el mismo día de reposo! En adición a ésto, más que abolir la observancia del Shabat con esta frase, Yeshúa estaba anunciando al mundo que ni aun la muerte lo iba a retener durante el Shabat. Por otro lado, si Yeshúa hubiese tenido en mente abolir el Shabat, ¿por qué él mismo lo observó?
Claramente lo dice la Escritura:
“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.»
 (Lucas 4:16)
Era costumbre de Yeshúa, desde su niñez, y como todo judío practicante de Israel, reposar el séptimo día y acudir a la sinagoga, ya sea para escuchar la exposición de las Escrituras, o para él mismo enseñar.
Luego de la muerte de Yeshúa, sus discípulos siguieron observando el Shabat:
“Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron.”  (Hechos 13:14)
“Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les
rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas.” 
(Hechos 13:42)
“Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo
predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.” 
(Hechos 15:22)
Incluso, el mismo Pablo guardó el Shabat durante toda su vida y ministerio:
“Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.” 
(Hechos 16:13)
“Y de acuerdo con su costumbre, Pablo entró a reunirse con ellos, y por tres Shabatot (sábados) discutió con ellos basándose en las Escrituras, explicando y demostrando que era necesario
que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos. Él decía: ‘Este Yeshúa, a quien yo les anuncio, es el Mesías’.”
(Hechos 17:2-3)
Entonces, y regresando a la cuestiones del domingo, si los discípulos y Pablo aun guardaban el Shabat durante el primer siglo, luego de la muerte de Yeshúa, ¿en qué momento se dejó de observar?
Un estudio cuidadoso de las fuentes históricas existentes en los siglos primero al quinto revela el hecho sorprendente de que la transferencia de la santidad del verdadero sábado bíblico al domingo fue un proceso largo y gradual.
 
El Dr. Kenneth Strand, profesor de Historia de la Iglesia, en la Universidad de Andrews, en Berrien Springs, Míchigan, categóricamente afirma, “Hasta el segundo siglo no hay evidencia concreta de una celebración cristiana semanal del domingo, en ninguna parte. Las Primeras referencias específicas durante ese siglo, vienen de zonas de Alejandría y Roma que ya habían rechazado la observancia del séptimo día sábado desde muy temprano.” (The Sabbat in Scriptures and History, pág. 330, Review and Herald Publishing Association, 1982).
La contestación la encontramos en las reformas de Constantino I. Aunque una discusión acerca de quién fue Constantino I y su influencia sobre la iglesia moderna está fuera del alcance de este escrito, sí les puedo asegurar que fue uno de los más grandes antisemitas de todos los tiempos, y sus imposiciones y reformas han afectado negativamente la realidad de las Escrituras hasta hoy.
 A continuación citaré un artículo de Wikipedia en español sobre el emperador Constantino I:
«Las leyes de Constantino mejoraron en muchas facetas las de sus predecesores, aunque también son un reflejo de una época más violenta. Algunos ejemplos de estas leyes son… el domingo fue declarado día de descanso [énfasis añadido], en el cual los mercados permanecerían cerrados, así como las oficinas públicas (excepto para el propósito de la liberación de esclavos). No había restricciones para el trabajo en las granjas».
De modo que no fue Yeshúa, ni los discípulos, ni Pablo, quienes abolieron la observancia del Shabat, sino Constantino I, quien fundó las bases de la religión llamada cristianismo.
Sin embargo, como ya hemos visto a través de las Escrituras, este diseño de celebración no fue lo que Yahvéh estableció en su Palabra. La observancia del domingo como “día del señor” está fundamentada en la adoración al sol, en especial el mitraísmo (adoración a la deidad Mitra) romano, lo cual nuestro Creador condena. Ni siquiera me atrevería a llamar al domingo “día de reposo”, pues la verdad es que nadie reposa como tal ese día; la mayoría de la gente asiste a la iglesia y luego siguen su día de trabajo realizando diligencias como cualquier otro día.
Para concluir, cabe mencionar que el Shabat será celebrado en el reino venidero:
“Porque como el cielo nuevo y la tierra nueva que voy a hacer perdurarán por mi voluntad –declara YHVH– así perdurará la simiente y el nombre de ustedes. Y novilunio tras novilunio, y Shabat tras Shabat, vendrá toda carne a adorarme –dijo YHVH.”
Isaías 66:22-23 (VIN)
Si finalmente el Shabat será observado en el reino venidero, ¿qué sentido lógico hace que Yahvéh haya establecido el Shabat como estatuto perpetuo en la antigüedad, para luego abolirlo a través de Yeshúa, para finalmente volverlo a restaurar? No hace sentido; más bien da una imagen errónea de un ser Supremo que no tiene firmeza en su propia palabra, o está indeciso, o no planifica su obra. ¡No, de ninguna manera! ¡Ése no es Yahvéh, el Poderoso y Fiel! Su Palabra permanece para siempre, y nunca cambia. Lo que Él dijo ayer, sigue estando
vigente hoy, y permanecerá así por siempre.
“Él no es un hombre para ser caprichoso, ni un mortal para cambiar de opinión. ¿Hablará él para no actuar, prometerá para no cumplir?” 
(Números 23:19)
De modo que, si somos Su Pueblo, debemos guardar sus mandamientos procurando ser fieles a todo lo que originalmente Él ha revelado. Ellos son una delicia para nuestra vida, y nos traen bendición y vida eterna.
“…si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.”  
(Mateo 19:17)

Las falacias de la Tradición contra la Verdad de la Instrucción Divina

«Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas».
(Juan 3:19)

 

Debo comenzar esta bitácora, confesando delante de Uds. que los lineamientos divinos expresados en este versículo no han cesado de vibrar, en mi mente y corazón, desde hace ya tres días.

Sucede que he discernido en mis razonamientos la triste realidad que las congregaciones evangélicas viven hoy. Una realidad muy acorde al siglo XXI: mucha información pero cada día mayor necedad voluntaria.Los medios, globalizados en redes, y especialmente expandidos por medio de la Internet, ofrecen a cada momento un torrente de información de diversos niveles y tintes, que permiten conocer los fundamentos y las dinámicas de las distintas y variadas áreas humanas. Gracias a Internet, los seres humanos, ahora, tenemos acceso ilimitado a la información, y con ello, a millones de fuentes.

Aprovechando esta avanzada frenética de la ciencia y la tecnología, la gracia de de nuestro Dios Eterno ha permitido a todos aquellos que se dicen creyentes en Su Palabra, acceder sin límites a toda información que quieran y necesiten recibir en temas cruciales de sus prácticas de fe.Entiendo que en medio de la aventura del alma buscando el saber siempre está el riesgo de encontrarse perdido en los caminos del error que fundamenta una mentira y que, en el caso de un creyente en el Eterno, puede conducirlo a la herejía que hace caer en apostasía. Muchos de los llamados por el Padre Celestial, a veces en sus búsquedas sinceras olvidan algo: no todas las fuentes son veraces. Ante esto he sido testigos de cómo muchísimos redimidos han caído rápidamente en los lazos del engañador (diablo) y se han apartado de la fe, uniéndose al listado interminable de los condenados al juicio divino que los espera después de la segunda resurrección.

 

Sin embargo, en otras oportunidades, la comezón de oír, puede conducir a los escogidos a páginas con contenidos fundamentados en al correcta información, pero que, lamentablemente, son inspiradas por el mismo espíritu que susurró a los oídos de Hava (Eva) falacias que conducen a la rebelión que obliga al Eterno a aplicar, primeramente maldición, y luego condenación. Para que se entienda bien lo que quiero expresar, primeramente definiré lo que significa la expresión falacia. Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE) una falacia es una mentira o engaño con el que se pretende dañar a una persona sin que ésta se dé cuenta. En la lógica, el concepto se utiliza para referirse a un argumento que intenta defender algo que es falso, desde la utilización de conceptos verdaderos.

 

Encabecé esta bitácora con las palabras mesiánicas que han estado invadiendo constantemente mi mente y corazón estos tres últimos días, porque he notado que la gran mayoría de los escogidos que aún habitan en medio de la Gran Ramera, lo hacen no por estar hipnotizados por los encantamientos de este sistema, sino porque voluntariamente gozan de los placeres que sus dogmas y costumbres promueven.
Si han discernido bien la enseñanza dada en este video, lo que «Voz de la Luz» (nombre del ministerio de esta mujer) expresa claramente es que existen fiestas paganas heredadas a través de tradiciones humanas. Es decir, que esta mujer reconoce que la navidad, así como otras costumbres, procede de una herencia totalmente ajena a la que el Eterno ha entregado a Su Iglesia, a través de la redención hecha en Su Hijo, nuestro Mesías. Desde esta posición de su ponencia, la «profeta» (no entiendo por qué usa título viril) da la sensación de estar de acuerdo con lo que nuestro amado Señor enseñó con respecto a la tradición de los hombres y sus efectos contrarios a la Palabra de Dios (ver S. Mateo 15:2-9), sin embargo al terminar su exposición descubrimos que esto no es así, sino que, por el contrario, para ella esta tradición debe ser simplemente «redimida» para Dios, osea robada a Satanás (según su óptica) y traída como obsequio al Eterno, nuestro Abba.

Para que esta conclusión sea aceptada y creída por sus oyentes, es interesante observar que la asumida sierva al servicio de los santos utiliza una excelente exposición de conocimientos certeros, sujetos todos a los datos históricos correctos.

De ese modo, la enseñanza transcurre primeramente por el calendario hebreo (al que ella llama judío), señalando magistralmente la fecha de concepción y nacimiento aproximadamente correcta del Mesías. Recurriendo a la explicación de los 24 turnos sacerdotales y su aplicación a Zacarías, sacerdote del turno de Abías, padre del profeta Juan, el bautista, ella deja bien en claro que la clase sacerdotal de Abías ministraba en el 4º mes (llamado por la casa de Judá, Tamuz). Zacarías, que pertenecía a este linaje sacerdotal, estaba justamente ministrando en este mes cuando recibió la noticia de que su mujer concebiría de él un hijo a partir de este tiempo (junio-julio). La misma Ana Méndez lee el evangelio de Lucas (cap.1: vs.5-13; 36) y hace asumir que, siendo este el tiempo de concepción de Juan, su nacimiento ocurriría en el mes de adar, demostrando así, por lógico conteo de meses, que el Mesías debe haber nacido en las segunda quincena del 7º mes (tishrei) aproximadamente.

Luego, y del mismo modo magistral, esta mujer aporta a sus oyentes la información, también certera del mitraísmo, religión esotérica que influenció al Imperio Romano durante los siglos II al IV, y que los mismos emperadores practicaban y promocionaban. En esta sección de su enseñanza, ella dejará constancia de que las anécdotas referentes al nacimiento del Mesías y asumidas por la cristiandad como ciertas (pesebre en una cueva, animales que rodean a un «niño dios», etc.) pertenecen en realidad al mito del nacimiento de Mitra, un falso cristo invocado en aquel entonces y que está relacionado con Tamuz, el hijo de Nimrod y Semirámis, posteriormente divinizado por distintas culturas y civilizaciones. Ella demuestra en esta marcha pedagógica cómo esta religión cristalizó la fecha del 25 de diciembre como el festival del Natalis Solis Invictus (Nacimiento del Sol Invisible o Navidad). Queda claro como, a través de Constantino, esta fiesta será una sincretización aceptada por los obispos de occidente ante las ofertas políticas que ese emperador les ofreció para dejarlos funcionar como religión oficial del Imperio.

 

También, aprovecha esta sección, para explicar las costumbres asumidas por las tradiciones navideñas provenientes de las saturnales. Las Saturnales (en latín Saturnalia) eran unas importantes festividades romanas. Esta fiesta se celebraba con un sacrificio en el Templo de Saturno, en el Foro Romano, y un banquete público, seguido por el intercambio de regalos, continuo festejo, y un ambiente de carnaval que desplomaba las normas sociales. Todo esta información la profundiza esta mujer mientras enseña.Luego, la enseñanza «mendeziana» discurre por la correcta información que conecta a a esta fiesta con las tradiciones nórdicas de Europa. Es perfecta la síntesis que esta mujer realiza demostrando que el espíritu de la navidad está conectado a la actividad diabólica de la adoración falsa de las naciones bárbaras que la  practicaron. Terminará mostrando como el dios Odín, montado en la cabra (símbolo de la rebelión), cabalgaba en los cielos de esas regiones trayendo un mensaje de paz, junto con regalos a sus adoradores. Es aquí dónde esta mujer pone su punto de denuncia al consumismo, explicando claramente que esta camino reptiliano es el producto propio de esta celebración luciferina.

Por último, y como si tanta información acertada no alcanzara, Ana Mendez recurrirá al relato de sus experiencias viajeras. Entonces conduce la atención de todos a una experiencia que tuvo con otros supuestos «profetas», en una misión (dada según ella por Dios) al polo norte. Habla allí de correos navideños enviados al «palacio de Santa». Se remonta a visiones en el que aparecen troll y otras especies del inframundo. Y terminará infundiendo miedo a sus espectadores aduciendo que esos demonios visitan cada 25 de diciembre sus casas y familias trayendo maldiciones y plagas de todo clase.

Por todo esto, y ante tanta y correcta información, la conclusión de esta enseñanza se desprende libremente en el corazón de los que escuchan esto. Se denota y discierne como el espíritu pedagógico de la Verdad, está listo para manifestar su producto: hombres libres de cautividad. Sin embargo, y lamentablemente, el resultado de esta exposición, de repente se frena, y luego desviándose, termina diferente. La «profeta», con total falta de compromiso ante el llamado del Eterno, y como pretendiendo ganar más «admiradores», dirá adulando a sus oyentes que es necesario celebrar esta fiesta pero limpia de toda contaminación pagana. Para ello, justificará que estas fechas forman un buen tiempo para proclamar el evangelio de Jesús, procurando que Él nazca en los corazones de los hombres, que en esta temporada se inclinan a buscar de las cosas del Dios vivo.  Pues bien, ante este resultado, y entendiendo el significado de las palabras, debo decir que una veza más estamos ante una falacia.

Pero de repente la Escritura comienza nuevamente a vibrar en mi mente y corazón. Tengo claro en mí que cuando hay Instrucción (Torah), no es necesaria tanta visión. Entonces, me hago consciente que no hay nada nuevo bajo el sol. Entiendo que siempre el alma del hombre busca rebeldemente aquello que el Eterno le ha señalado que no es conveniente para su vida. Los hombrees tienden a elegir el camino de la muerte. Israel siempre nos es ejemplo en esto. Su historia escrita lo demuestra. Fue por esta constante actitud negativa de buscar falacias para interpretar la Torah que el Reino del Norte fue dispersado y nunca más volvió a su heredad:

«Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Yahvéh su Dios.
 Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Yahvéh les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas.
Dejaron todos los mandamientos de Yahvéh su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Asera, y adoraron a todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal;  e hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a adivinaciones y agoreros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Yahvéh, provocándolo a ira. 

 

Yahvéh, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro; y no quedó sino sólo la tribu de Judá».
(2Reyes 17:14-18)

No obedecer la Torah (Instrucción) produce juicios divinos, y todo juicio termina en condenación, palabra que el «mundillo evangelicoide», desde sus líderes mismos, dicen que no corresponde usar. Seguir las costumbres de pueblos ajenos a Israel es propio de la vanidad que el Santo denuncia. ¡Navidad es Vanidad!La señora Méndez, al igual que una inmensa mayoría de líderes religiosos, no quieren someterse al llamado que el corazón pastoral del Eterno tiene para aquellos que se dicen siervos de Su propósito:

 

«Y enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio».
(Ezequiel 44:23)

Cuando la misión pastoral se lleva en el carril correcto de su diseño no se teme la pérdida de discípulos. Al contrario, el Espíritu Santo del Eterno se está moviendo en Su Gracia sobre las aguas (naciones, muchedumbres, pueblos, etc.) permitiendo que toda esta información histórica esté saliendo a la luz de las conciencias con el fin de que el Pueblo de Yahvéh salga de las zonas de cautividad babilónica.

No estamos llamados a robar nada. No somos ladrones. Ladrón es HaSatán desde el principio. Él viene para robar, matar y destruir (Juan 10:10) y de acuerdo al contexto de esta denuncia mesiánica, esto él lo hace por medio de las estructuras religiosas que opresionan a los hombres con tradiciones y dogmas provenientes de las fauces del adversario mismo.

Los invito a escuchar esta pequeña reflexión que grabé al inicio de este mes ante esa falacia de que hemos robado la navidad, y otras costumbres al diablo, para dedicárselas al Eterno Dios:
(Nota:Aunque el video aduce que no se puede reproducir, los invito a hacer click sobre la imagen del mismo en el cartel ACEPTAR y serán redireccionados al link original. Tengan paciencia el material tarda en comenzar debido a la publicidad)

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La Tentación: Decir NO, es difícil, pero que bien se siente cuando lo logras.

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana: más fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar…»»
(1 Corintios 10:13)
Claramente las Escrituras nos dicen que todos los hombres, especialmente los santos escogidos, afrontamos diariamente las tentaciones.  Seguramente esto proporciona un poco de aliento cuando a menudo sentimos que el mundo está imponiéndose sobre nosotros solos.
Desde las sagradas líneas se nos alienta con el hecho de que Yeshúa, nuestro Mesías, también fue tentado: «Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15).
Tú, seguramente puedes sentir que una tentación es demasiado insoportable, pero déjame decirte que eso es una mentira de Satanás.
El Eterno Dios ha prometido que nunca permitirá que haya más sobre ti que lo que te pone dentro para vencerla. Él no permitirá ninguna tentación que no puedas superar.
Te sorprenderá saber que en ninguna parte de las Santas Escrituras de se nos dice que debemos “resistir la tentación”. Se nos dice que “resistamos al diablo (Santiago 4:7), pero eso es muy distinto. En cambio, se nos aconseja que volvamos a enfocar nuestra atención porque resistir un pensamiento no resulta. Sólo intensifica nuestro enfoque en lo malo y fortalece su fascinación.
Te comparto un video pequeño, simple y directo que te mostrará como actúa la tentación en el diario vivir. Obsérvalo, y escucha las reflexiones que el Espíritu Santo provocará en tu interior. Luego, continúa reflexionando conmigo en la catequesis bíblica que el Eterno me ha entregado.

 

Sin embargo, también debes hacer tu parte practicando ciertas claves bíblicas para derrotar la tentación, una de ellas es concentrar tu atención en algo diferente.
A la hora de la tentación recuerda las palabras de Cristo a Sus discípulos en el jardín en la noche de Su traición: «Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil» (Mateo 26:41).
Debes renovar tu forma de pensar como se te dice en Romanos 12:1-2. No debes pensar como el mundo piensa, o caminar de la misma manera que el mundo camina. El sabio Salomón nos dice: «No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos. Déjala, no pases por ella; apártate de ella, pasa» (Proverbios 4:14-15). Tienes que evitar el camino del mundo que te lleva a la tentación, porque tu carne es débil y por causa de ella eres llevado fácilmente por tus propias concupiscencias a la condenación.
Cada vez que intentas bloquear un pensamiento en tu mente, lo grabas más profundo en tu memoria. Cuando lo resistes, en realidad lo refuerzas. Esto resulta especialmente cierto en el caso de la tentación. No la derrotas luchando contra los sentimientos que te produce. Cuanto más luchas contra un sentimiento, tanto más te consume y controla. Realmente lo fortaleces cada vez que piensas en él.
Dado que la tentación siempre empieza con un pensamiento, la manera más rápida para neutralizar su fascinación es concentrarte en otra cosa. No luches contra ese pensamiento, simplemente cambia el cauce de tu mente y procura interesarte en otra idea. Este es el primer paso para derrotar la tentación.
La batalla contra el pecado se gana o se pierde en la mente.
Cualquier cosa que atrape tu atención te atrapará a ti. Por eso Job dijo: “Hice un pacto con mis ojos para no mirar con lujuria a ninguna mujer joven” (Job 31:1). Y el salmista oró: “Guárdame de prestar atención a lo que no tiene valor” (Salmos 119:3).
La tentación empieza por captar tu atención. Lo que capta tu atención estimula tu deseo. Después tus deseos activan tu conducta, y actúas con base en lo que sentiste. Cuanto más te concentres en “No quiero hacer esto”, tanto más fuerte te atraerá hacia su red.
Hacer caso omiso de una tentación es más eficaz que luchar contra ella. En cuanto tu mente está en otra cosa, la tentación pierde su poder. Así que, cuando la tentación te llame por teléfono, no discutas con ella, ¡simplemente cuelga!
A veces esto significa dejar físicamente una situación tentadora. Hay ocasiones en que lo correcto es huir. Levántate y apaga la televisión. Aléjate de un grupo que está contando chismes. Abandona el cine en medio de la película. Para que las abejas no te piquen, quédate lejos del enjambre. Haz lo que sea necesario para
concentrarte en otra cosa.
Desde el punto de vista espiritual, nuestra mente es el órgano más vulnerable. Para reducir la tentación, mantén tu mente ocupada con de Dios y otros pensamientos buenos. Los pensamientos malos se derrotan pensando en algo mejor. Este es el principio del reemplazo. Vence el mal con el bien (Romanos 12:21).
Otra vez Salomón, el hombre más sabio que haya vivido jamás, te advierte: “Ten cuidado cómo piensas; tu vida está moldeada por tus pensamientos” (Proverbios 4:23). No permitas que la basura entre a tu mente indiscriminadamente. ¡Sé selectivo!
Escoge con cuidado en qué cosas vas a pensar. Sigue el modelo de Pablo: “Llevamos cautivo todo pensamiento y hacemos que se rinda y obedezca a Cristo” (2 Corintios 10:5). Soy consciente que esto requiere una vida práctica, pero con la ayuda del Espíritu Santo puedes reprogramar tu manera de pensar.

Nestlé a favor de la Privatización del Agua del Mundo.

Desde hace tiempo vengo anunciando y advirtiendo que el agua potable se transformaría en el recurso estratégico del siglo XXI, por el que las naciones y sus élites gobernantes entrarían en las últimas guerras de la humanidad.

Una verdadera polémica se desató en estos días luego que el presidente de Nestlé, Peter Brabeck-Letmathe, indicara que el agua no es un derecho humano y que, a su parecer, debería ser privatizada.

Brabeck-Letmathe, representante del mayor fabricante de productos alimenticios del mundo, señaló que las grandes empresas deben disponer de todo el agua del planeta y la población no debería disfrutar de ella si no la paga.
Pero esta no es la primera vez que este hombre hace este tipo de declaraciones, en alguna oportunidad se manifestó a favor de los alimentos genéticamente modificados.
Algunos especialistas no se sorprenden por lo dicho, pues afirman que Nestlé y su delegado tienen un largo historial de desprecio a la salud pública y de abuso del medio ambiente pese a tener ganancias anuales del orden de 35.000.000 dólares por la venta de botellas de agua. 

En el informe que a continuación comparto podrán apreciar cuáles son las actividades antihumanas que esta transnacional realiza con el fin de apropiarse del agua del mundo.

Desde el manto profético ejerceré la pedagogía aportando que la voz agua aparece 582 veces en el Antiguo Testamento y cerca de 80 veces en el Nuevo. Pero el dato no se agota allí en cuanto al vocabulario referente al agua. Tenemos en la Biblia toda una constelación de términos en torno a este tema. La palabra mar es de las más frecuentes (395 veces) en hebreo y 92 veces en griego. Estas y otras palabras expresan de una manera muy directa la experiencia humana y espiritual del agua. La riqueza del uso del vocabulario referente al agua es muy rica en el texto sagrado, y recoge todos los aspectos que tienen que ver con ella.
Una forma gráfica de representarnos la importancia del agua en la Biblia es pensar que en el Antiguo Testamento este tema se encuentra en 1.500 versículos y en 430 del Nuevo Testamento. Y no se trata sólo de la cantidad numérica de textos, sino sobre todo del rico simbolismo que ese elemento encierra, y como símbolo nos ayuda a captar de una manera intuitiva realidades profundas que no podemos percibir y experimentar sino de una manera indirecta.
La primera y la última página de la Biblia ponen el agua como elemento dominante. La protología y la escatología concuerdan al dar al agua un puesto importante. Es como si quisieran decirnos que toda la historia de la tierra, desde su comienzo hasta el final está regida por la criatura agua. 
Al hablarnos de la creación nos encontramos que el autor sagrado nos dice que el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas para fecundarlas y darles el poder de que de ellas surgiera la vida. Las primeras obras de la restauración creativa tienen por centro el agua. El Eterno Dios divide las aguas superiores de las inferiores por medio de una bóveda sólida: el firmamento. Y separa las aguas del lodo primitivo. Las aguas se reúnen y forman el océano primordial y entonces emerge la tierra firme que son los continentes.
Evidentemente el elemento agua juega un rol importantísimo en el diseño divino de la vida. Debido a ello, los enemigos del Propósito eterno de YHVH, asociados a logias luciferinas están movilizándose para apropiarse de toda reserva de este noble elemento existente en el mundo a fin de exterminar a las masas de forma rápida y efectiva.
¡Clamemos unidos por la pronta parusía de nuestro Señor!

Hunky Jesus: Una fiesta de Sodoma que atrae los juicios del Eterno

«Por esa razón, Dios los abandonó a sus pasiones vergonzosas. Aun las mujeres se rebelaron contra la forma natural de tener relaciones sexuales y, en cambio, dieron rienda suelta al sexo unas con otras. Los hombres, por su parte, en lugar de tener relaciones sexuales normales, con la mujer, ardieron en pasiones unos con otros. Los hombres hicieron cosas vergonzosas con otros hombres y, como consecuencia de ese pecado, sufrieron dentro de sí el castigo que merecían».
(Romanos 1: 26-27)
El Hunky Jesus es el nombre de un evento homosexual que se celebra en la ciudad de Mission Dóllars Park, San Francisco, California. El objetivo de dicho festival es burlarse del  centro de la fe del cristianismo eligiendo al «mejor y más atractivo Jesucristo gay» (de allí la expresión en inglés hunky).
Este evento gay persigue elegir a un «Jesús homosexual» que sea, según sus organizadores, mejor que el original e histórico.  Dicha elección se lleva a cabo haciéndola coincidir con la celebración de la Resurrección de Cristo (Pascua) tratando así de ridiculizar a todo lo que la fe del cristianismo celebra en esos días. El ganador del concurso, celebrado al aire libre, es un «Jesucristo» más atractivo para el público gay compuesto casi exclusivamente de los homosexuales provenientes de muchas partes del mundo y que se reúnen con el fin de desafiar al Eterno. 

A diferencia de otros pecados, la homosexualidad tiene un juicio severo y es administrado por el Eterno mismo. Este juicio es simple y la Biblia lo explica de las siguiente manera: los homosexuales son entregados a sus pasiones. Esto significa que Yahvéh los entrega a una mente reprobada y endureciendo así sus corazones a causa de su misma obstinación y necedad (Ro 1:18-32). Como resultado de esto, se convierten en seres humanos llenos de toda inmundicia y reciben en esta vida la retribución debido a lo que están haciendo. 

Sin la conciencia de su pecado, no habrá arrepentimiento ni confianza en Jesús. Sin Jesús, ellos no tendrán perdón y sin perdón no hay salvación.
El vídeo que a continuación se expone es un testimonio de cómo estas organizaciones satélites de los Illuminatis están haciendo que los libros celestiales escriban actas en su contra y aceleren los juicios celestiales sobre las regiones celestiales de San Francisco y el estado de California.
(Atencion: El video es muy fuerte se recomienda la supervisión de personas mayores de edad si hay menores presentes).
Jesús y la homosexualidad
Ciertamente no encontramos en ninguno de los cuatro evangelios al Señor Jesús hablando directamente acerca de la homosexualidad. Sin embargo, esto no es un indicador, como algunos sugieren, que no tuviera una posición al respecto. 
Primeramente vemos a Jesús afirmando como ciertas y eternas las palabras y los mandamientos que fueron dados por el Eterno Dios a Su pueblo en el Antiguo Pacto. Por ejemplo, cuando Jesús estaba defendiéndose contra las acusaciones de los fariseos dijo:
    «…la Escritura no puede ser quebrantada” 
(Juan 10:35)
Mostrando así que lo que Yahvéh había ordenado en el Antinguo Pacto, no podía ser invalidado posteriormente por hombre alguno.
Asimismo debemos considerar seriamente lo expresado por Él cuando enseñó a sus discípulos en el monte diciendo:
«No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” 
(Mateo 5: 17-18)
¿Cuál Escritura? ¿Cuál ley y los profetas? Jesús se refería al Antiguo Pacto en su totalidad, y desde su perspectiva, todo lo que decía el Antiguo Pacto en sus escritos era verdad y por lo tanto, lo que Él enseñaba se fundamentaba en esos códigos legales y afirmaba, pasajes como Levítico 18-20. Para el Mesías todo esto eran, obviamente, parte de esa Ley o Torah que Él venía a completar dándole plenitud. Es decir, que Jesús dijo que “ni una jota ni una tilde pasarían (inclusive del pasaje en Levítico 18-20) hasta que todo se haya cumplido”.
Es claro, entonces, que Jesús sí habló acerca de la homosexualidad. ¿Cuál fue su posición? Si usamos una correcta hermenéutica debemos concluir que la posición del Señor Jesús era la misma que la que el Eterno Dios reveló en la Antigua Alianza, es decir, que la homosexualidad es una abominación.
Ante esto y si Ud. es un escogido del Eterno, debe orar por la salvación del homosexual de la misma forma como oraría por otra persona en pecado. El homosexual está hecho a la imagen del Eterno Dios; aún cuando él/ella está en grave pecado. Por lo tanto, debe mostrarles la misma dignidad como a cualquier otro con quien usted está en contacto. Sin embargo, esto no significa que usted apruebe su pecado. No comprometa su testimonio por una opinión socialmente aceptable la cual, en sí, no lleva consigo piedad.

Decálogo para romper los Lazos del Pesimismo

Por experiencia personal he aprendido que existen días en los que parece que nada sale bien o, al menos, las cosas no salen como habían sido planificado al despertar.  Es entonces  cuando nos sentimos completamente inútiles y nos vemos tentado a sumirnos en una profunda tristeza. Desde esta situación todo nos quiere conducir a la ira, que tampoco facilita nada, ya que desde ella caemos en el terrible lazo del lado negativo de la ira: el enojo (Ef. 4:26,31). En definitiva, terminamos mucho peor que como estábamos en ese primer instante de comenzar el día o la semana.

A continuación los invito a considerar un paquete de diez tips que han ayudado a muchos de los varones y mujeres que asisten a mis catequesis a fin de capacitarse para convertirse en seres exageradamente felices.

1º – Di en todo momento: «Esto también pasará»
Siempre debemos ser conscientes que en la vida todo va y viene, tanto lo bueno como lo malo. Las circunstancias son simples herramientas que el Eterno utiliza en su «taller celestial» para conducirnos a la forma final de Su propósito eterno.
En demasiadas ocasiones consideramos que si la cosa está mal, sólo puede ir a peor, y sin embargo, con la llamada de un nuevo día comenzamos a ver la realidad que nos con otros tonos.
Se trata de una idea que todos conocemos, pero que solemos olvidar bajo el peso de la ansiedad cotidiana. Así que antes de desesperarse quizá sea preferible respirar hondo y reposar nuestras
preocupaciones en la almohada, y despertar con una actitud certera que a los que a Dios aman todo ayuda a bien (Rm. 8:28).

2º – Recuerda lo que has conseguido
 

Con gran facilidad lo cotidiano nos conduce a los extremos y pensamos que somos las personas más incapaces del planeta cuando quizá el día anterior pensábamos que no había reto que se nos resistiese. Entendamos que esto no es tan así. Simplemente, debemos intentar que nuestra autoestima salga indemne de estos envites. No debemos pensar acerca de nosotros con más alto concepto de sí que el que debemos tener, ni tampoco con más bajo concepto (Rom. 12:2). ¿Cómo? Será muy útil pararse y escribir una lista de esas cinco metas que pensábamos que nunca alcanzaríamos y que, sin embargo, hemos superado. Es un buen recordatorio de que cuando queremos y, sobre todo, no nos ofuscamos, podemos.

3º – Especialízate en algo.


Tengamos en cuenta que conocer algo en profundidad puede ayudarnos a volver a arrancar en esos momentos en que nos sentimos atrapados. Encontrar algo que nos apasione, en lo que seamos buenos y que disfrutemos puede ser un buen bote salvavidas cuando el mundo parece, de la noche a la mañana, incomprensible y hostil.

 

4º -No te compares con los demás (porque quizá estén peor que tú).


La raíz de muchos de nuestros males se encuentra precisamente en mirar más al vecino que a nuestro propio hogar. Como es habitual, pensamos que lo que hacen los demás es siempre mejor y tendemos a olvidar que debajo de la apariencia de felicidad pueden latir problemas más serios de los que sospechamos. Siempre habrá algún campo en el que destaquemos por encima de los demás (aunque no lo parezca).

La Torah (Instrucción) del Eterno Dios ordena, «No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca» (Éx. 20:17) dando a entender lo peligroso que resulta estar comparándose con los demás.  Esta errada actitud puede conducirnos a los celos y de allí caer en la envidia que nos conducirá a causar en nuestro entorno los flagelos propios de la codicia humana.
El libro de los proverbios aborda las consecuencias de los celos y la envidia en varios pasajes. Proverbios 14:30 incluye las consecuencias físicas de la envidia: «Un corazón en paz le da vida al cuerpo, pero la envidia pudre los huesos«. Proverbios 27:4 enuncia: «Cruel es la ira, e impetuoso el furor, ¿más quién podrá sostenerse delante de los celos?» Los celos tienen una poderosa influencia que incluso puede eclipsar a otras emociones.
La epístola de Santiago, hermano de Yeshúa, incluye algunas de las advertencias más severas de la Biblia en contra de la envidia y los celos . Santiago 3:14-16 dice, «Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis ni mintáis contra la verdad… Porque donde hay celos y contención, habrá perturbación y toda obra perversa«. Este fuerte mandato advierte de las consecuencias devastadoras de los celos. También este apóstol enfatiza, «Deseáis y no tenéis, así que matáis. Codiciáis y no podéis alcanzar, entonces lucháis y combatís, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís sin recibir, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» (Santiago 4:2-3). De nuevo, aunque el versículo emplea la palabra «codicia» en vez de «celos», el fuerte mensaje comunica una verdad similar.

5º – No quieras demasiado.


¿Conformismo? Quizá, pero solamente para la opinión de los obsesivos materialistas. Las Escrituras a esto lo llaman contentamiento y en verdad es un paradigma que permite el ejercicio de una higiene mental que nos permite mantenernos lejos de las metas inalcanzables cuya persecución tan sólo puede conducirnos a la frustración propia de la carrera frenética del materialismo  individualista.

«Tener contentamiento, junto con la piedad, es gran ganancia en la vida».
(1 Timoteo 6:6)

En Hebreos 13:5 el consejo apostólico nos dice que nuestras costumbres deben ser sin avaricia, «contentos con lo que tenéis ahora«. Alguno de ustedes estará preguntando: ¿Cómo puedo estar contento con lo que tengo ahora? Enseguida vemos el secreto: «Porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré«. Ésta es una excelente razón para no permitir que el descontento controle nuestra vida. ¡Dios mismo está con cada uno de nosotros! ¡Él conoce nuestras necesidades y sabe cuáles son los deseos de nuestro corazón. Al tomar la decisión de mantener el buen hábito del contentamiento, tenemos la plena confianza de que el Eterno Dios nos está apoyando con Su infinita Providencia.
Mantener unas expectativas adecuadas a nuestro momento vital, capacidad de esfuerzo y talento nos ahorrará unos cuantos disgustos y, en lugar de ponernos barreras, conseguirá conducirnos más lejos y promocionarnos a niveles de vida de calidad integral.
Pidámosle a Dios que vaya formando cada día su imagen en nosotras porque allí es donde encontraremos el contentamiento, ¡y eso sí que es una gran ganancia!

 

6º – Socializa y lo verás todo con otros ojos.


Todos necesitamos una cierta dosis de introspección de cuando en cuando, eso está claro. Pero a veces, este tiempo de reflexión es el equivalente al aislamiento que conduce indefectiblemente a la obsesión, la ansiedad y la depresión. Con levantar el teléfono y llamar a uno de nuestros hermanos en la fe y/o líderes mentores para contarle lo que nos atormenta tendremos mucho ganado.

 Pocas cosas mejores para la autoestima que un amistoso consejo a tiempo.

7º – La decepción forma parte de la vida.


El grupo de rock Rolling Stones cantaba «You Can’t Always Get What You Want» («no siempre podrás conseguir lo que quieres«), y cuanto antes lo aprendamos, mejor viviremos. A veces intentamos ir demasiado lejos con nuestros objetivos, y otras veces, simplemente no podemos conseguir lo que queremos, aunque sea asequible.

¿QUIÉN no se ha sentido decepcionado alguna vez? Hasta nuestro Padre celestial, Yahvéh Dios, ha pasado por esa dolorosa experiencia. Por ejemplo, aunque liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto y los bendijo abundantemente, la Biblia dice que ellos “vez tras vez ponían a Dios a prueba, y causaban dolor […] al Santo de Israel” (Salmo 78:41). Aun así, Yahvéh nunca dejó de ser el “Dios feliz” que el apóstol Pablo nos revela (1 Timoteo 1:11).
Aunque el Eterno Dios cuidó de la primera pareja humana, ellos fueron desagradecidos y se rebelaron (Génesis, capítulos 2 y 3). Con el tiempo, su hijo Caín desarrolló una mala actitud y, desoyendo las advertencias divinas, asesinó a su hermano (Génesis 4:1-8). ¿Puede imaginarse lo decepcionado que se sintió Yahvéh?
Sin embargo, aquel desengaño no le robó al Eterno su felicidad. ¿Por qué no? Porque se concentró en su propósito de llenar la Tierra de seres humanos mesiánicos y continuó manifestándose en Su Gracia para lograrlo (Juan 5:17). Con ese objetivo en mente, proporcionó el sacrificio de Cristo y estableció Su Reino (Mateo 6:9, 10; Romanos 5:18, 19). Yahvéh no se concentró en el problema, sino en la solución.
 La Palabra de Dios nos anima a concentrarnos en las cosas positivas, y no torturarnos pensando en lo que podría haber ocurrido o deberíamos haber hecho. En ella leemos:
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”
(Filipenses 4:8).
La mayoría de nosotros solemos exagerar los aspectos negativos cuando sufrimos una decepción. Por ejemplo, nuestros esfuerzos por criar un hijo, obtener un empleo o predicar las buenas nuevas en un campo extranjero tal vez no den los frutos esperados. Puede que pensemos: “Soy un total fracaso”. Pero tal como el decepcionante comienzo de la familia humana no hizo de Dios un fracasado, nosotros no somos un fracaso solo porque las cosas no nos salgan bien a la primera (Deuteronomio 32:4, 5).
¡No huyamos de los sentimientos, pero tampoco pretendamos que guíen nuestra vida!

8º – Vence todo tipo de miedo.

 

La realidad del miedo no es tan solo lo que puede significar, sino el daño que puede hacer en nosotros. Vivir lleno de miedos puede paralizar todos los planes del Eterno Dios con nosotros. La Sagradas Escrituras (La Biblia) nos alienta diciendo:
«Porque Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio«.
(2 Timoteo 1:7)
Es decir, que todo tipo de miedo no viene del Eterno Dios, ni Su voluntad es que estemos angustiados, afligidos y menos temiendo a algo.
Sin embargo, algunas veces estamos temerosos; algunas veces este “espíritu de temor” nos vence, y para vencer este temor necesitamos confiar en y amar a Dios totalmente. Primera de Juan 4:18 nos dice: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” Sin embargo, nadie es perfecto, y el Eterno Dios lo sabe. Así que Él ha esparcido generosamente ánimo contra el temor a través de la Biblia.
Comenzando desde el libro del Génesis y continuando a través de toda la Biblia hasta el libro de Apocalipsis, Dios nos dice “No temas.”
Uno de los problemas que tiene este sentimiento de inseguridad e impotencia es que termina convirtiéndose en una profecía autocumplida en la que no sólo nos vemos incapaces de hacer lo que no sabemos, sino que terminamos fracasando en aquello en lo que éramos maestros.
Una estrategia para garantizarnos ese inyección de autoestima es localizar una de esas fobias que hemos arrastrado a lo largo de toda nuestra vida (miedo a las alturas, hablar en público) e intentar
hacerle frente. Si lo conseguimos, no sólo habremos superado un obstáculo, sino que recobraremos la confianza perdida. Incluso si fracasamos, el intento nos recordará que no somos unos cobardes.

9º – Haz algo nuevo.


Siempre tengamos en cuenta que el Eterno Dios es un creador, un innovador. Al final de la Biblia, en Apocalipsis 21:5, está escrito: El que estaba sentado en el trono dijo: “¡Yo hago nuevas todas las cosas!” Alabemos a Dios cuya misericordia es nueva cada mañana y quien nos asegura nuestro lugar en la nueva creación.

Todos estamos creados a la imagen de Dios (Imago Dei) y muchas personas muestran una gran creatividad. Podemos reconocer que el cambio es parte de la vida y aceptar ideas nuevas de las personas en nuestras comunidades. A menudo los jóvenes están llenos de ideas. Las personas mayores deben proporcionar la oportunidad para hablar sobre esas ideas y ayudar a los jóvenes a desarrollar respuestas a los desafíos con los que se enfrentarán más adelante en la vida. No todas las ideas nuevas son ideas buenas, de manera que es importante buscar consejo y probar las ideas nuevas para asegurarnos unos a otros que los cambios que ocurran sean consistentes con los propósitos incambiables del Eterno Dios.
Una reciente investigación señalaba que la felicidad tiene forma de “U”, es decir, que los momentos álgidos de la vida se encuentran a los 20 y a los 70 años. ¿Por qué a los veinte? Porque en ese momento, la mayor parte de experiencias que tenemos son vividas por primera vez y la vida parece ofrecer una infinita gama de posibilidades en el futuro. Sin embargo, a medida que el tiempo pasa, es cada vez más difícil escapar de la rutina y encontrar algo verdaderamente nuevo.
Cuando creamos que no somos capaces de hacer nada, busquemos algún reto que no nos hayamos planteado con anterioridad y afrontémoslo.

10º – Pasea.

¿Nada de lo anterior ha funcionado? Quizá todo sea tan fácil como salir a dar una vuelta y, de esa manera, desengrasar nuestra mente. Es una de las maneras más sencillas y baratas de acabar con la fatiga mental, tal y como demostró este mismo año un estudio realizado por la Universidad de Escocia, que indicaba que algunas de las peculiaridades de los paseos por el parque (como la
llamada “fascinación suave”) nos ayudaban a resetear nuestro cerebro y a recuperar la concentración. En definitiva, a volver al punto cero y
recuperar la confianza.

Después de exponer mi «decálogo» contra el pesimismo le digo a cada uno de ustedes:
Cuando hayas hecho todo por luchar, pero no puedas sostener más en alto la cabeza y el final de la lucha te deja cansado, derrotado, sangrando, aturdido, dolorido. ¡Ponte sobre tus pies, refúgiate en los brazos del Señor y sonríele a la derrota!

¡Esa es la verdadera manera de salir victorioso!

Cuando estés cansado de los duros golpes, y te hayas estrellado contra todo, y nadie te ofrezca una mano de ayuda; cuando ninguno de tus planes, tus mejores sueños salgan de la manera que planeaste, y hayas perdido toda la energía y estés dispuesto a renunciar y a abandonar todo porque la vida te resultado un fracaso…

 ¡Anda, comienza de nuevo!

Ondas Radiales contra el Halloween…

«Porque pueden estar seguros de que nadie que sea avaro (es decir, idólatra), inmoral o impuro tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios. Que nadie los engañe con argumentaciones vanas, porque por esto viene el castigo de Dios sobre los que viven en la desobediencia. Así que no se hagan cómplices de ellos. Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz (el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad) y comprueben lo que agrada al Señor. No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto.» 
Efesios 5:6-12
 
Como padre y/o madre, usted tiene la responsabilidad de no permitir a sus niños que sean expuestos a una celebración, que teniendo la intención siniestra de honrar a los muertos, es también usada por grupos del esoterismo para celebrar sus ritos satánicos. Lo que parece a sus niños como juegos inofensivos pueden convertirse en grandes casos de trasferencias de espíritus que estoy seguro usted no desea que su hijo traiga a su casa.
¡No olvide que en esa noche hay más espíritus inmundos en los aires que ningún otro día del calendario!
Escuche atentamente este programa radial juvenil hecho para despertar la conciencia de nuestras generaciones:
Estudio Bíblico sobre esta Fiesta Pagana: 

El Origen del Calendario Actual y el Poder para Redimirlo

Por P.A. David Nesher

«Los que emplean mal su tiempo son los primeros en quejarse de su brevedad»

(Jean de la Bruyere)    

   

Medir el paso del tiempo lineal, más específicamente el paso de las estaciones y los grandes ciclos cósmicos, ha sido una constante, compleja e ingeniosa tarea a la que la humanidad se abocó, por orden misma del Creador e incluso hasta el día de hoy.  

Un calendario es el instrumento que le permite al ser humano unirse con el tiempo, es decir, sincronizarse con el cosmos y con las leyes que rigen su naturaleza.

¿Qué pasaría si no ocupáramos calendarios?

Simplemente nuestra mente tendría que estar en el aquí y ahora, siempre en tiempo de eterno presente. La propuesta divina, del diseño original, que al final de los siglos la humanidad redimida podrá vivir en la Presencia del Eterno.

¿Cómo apareció el Calendario Actual?

Los calendarios (del griego Kalendas: el primer día de cada mes para los romanos) tal como los conocemos alrededor del mundo, se basan en los ciclos de la Luna y el Sol. La convención común de los pueblos paganos ha sido que un mes lunar es el tiempo entre dos lunas llenas, y un mes solar, es el intervalo que separa dos pasos del Sol por el equinoccio de primavera.

Los historiadores relatan que en el Antiguo Egipto, aparecieron los primeros calendarios solares, que medían el tiempo guiados por el movimiento aparente del Sol. Esta innovación permitía fechar el momento exacto de la crecida del río Nilo, fundamental para una sociedad que vivía de la agricultura. Los astrónomos egipcios sabían que el año duraba 365 días, pero no consideraron esas pocas horas adicionales que no completan un día. El calendario egipcio cargaba por tanto con siglos de desfase, y la oposición religiosa frenaba cualquier atisbo de reforma.

Calendario primitivo de Rómulo.

Durante el reinado de Rómulo (el primer monarca de la recién fundada ciudad de Roma) quedó establecido un calendario lunar que estaba dividido en 10 meses y que contaba con un total de 304 días. Esto ocasionaba problemas, puesto que cada año las estaciones, las tareas agrícolas y las épocas dedicadas a distintas actividades comerciales caían en distinta fecha.

El desfase del calendario oficial respecto al calendario natural (es decir, el de las estaciones, etc.) era de cerca de 51 días.

Calendario de Numa Pompilio.

El sucesor de Rómulo, Numa Pompilio se conoce por ser quien puso orden a las bases de la religión romana, y eso incluye a los calendarios, pues eran esenciales para contar el tiempo y los días de los sacrificios, los cultos y las festividades religiosas. Los romanos eran muy supersticiosos, y creían que los números impares daban más suerte que los pares, así que Numa Pompilio restó un día a cada mes de 30 días, reduciendo el número de días del calendario a 298.

Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que existía un ligero desajuste entre el calendario oficial y el año solar, por lo que decidieron modificar la duración del año. Februarius era un mes peculiar, puesto que constaba de dos partes, una que acababa el vigesimotercer día, denominado Terminalia, que era considerado el día que marcaba el final del año religioso. La segunda parte del mes duraba cinco días. Para ajustar el calendario al año solar, cada cuatro años los romanos añadían entre las dos partes de Februarius, después de la fiesta de Terminalia, un mes llamado Mensis Intercalaris, también conocido como Mercedonius.

Con todas estas impresiciones en su forma de medir el tiempo solar y así manipular las masas que iban conquistando, los romanos esperaban el «toque celestial» que les permitiera hacer los arreglos necesarios para sus fines imperialistas. Fue así como un científico pagano egipcio, Sosigenes de Alejandría, le sugirió,  al emperador Julio Cesar, su sistema reptiliano de medir el tiempo solar como un plan ideal para manipular las masas. Convencido Julio César de este bien materialista, ordenó que fuera puesto en efecto a través del Imperio Romano en el año 45 a. de J.C.

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Este calendario, conocido como juliano, tenía una duración de 365 días y un día adicional añadido cada tres años para compensar el desfase natural por la rotación no sincrónica de la tierra en torno al sol. Fue posteriormente César Augusto (Roma, 23 de septiembre del año 63 a. C. – Nola, 19 de agosto del año 14 d. C.) el que realizó una mejora en el calendario romano corrigiendo los cálculos, sumando este día adicional cada cuatro años y añadiéndolo como año bisiesto.     Mientras fue adoptado indicó su origen pagano por los nombres de los meses del año—nombrados por Janus, Maia, Juno, etc. Los meses tenían una gran importancia pues todas las actividades de la ciudad (la agricultura, las fiestas, la economía y la vida pública en general) giraba en torno a estas fechas concretas.    

El primer día de cada mes se consagraba a Jano. Éste era uno de los dioses de la mitología romana que se caracterizado por tener dos caras, una mirando hacia un lado y la otra girada 180º.    

Jano era el dios de las puertas, de las entradas y salidas, de los comienzos y los finales, por eso en su honor le fue consagrado el primer mes del año que del latín Ianuarius pasó como Janeiro y Janero para finalmente terminar siendo Enero. 

Es importante también subrayar la condición de “vigilante” (el que todo lo ve) que se concedía al dios en la antigüedad. Jano se erige como dios en el punto de parada obligada entre dos lugares. Es la línea divisoria entre el pasado y el futuro, principio y fin. Él está situado en la posición que la humanidad le ha concedido: el portal del tiempo donde el pasado y presente confluyen. Desde aquí Jano puede ver en ambo y tras un juicio acusatorio (es el acusador) negociar mediante ofrendas lascivas un destino con garantías beneficiosas.    

Interesante resultará considerar la opinión que un sacerdote ortodoxo del estado de Georgia (USA) expresa al enseñar sobre esta fiesta:  

“La celebración de Año Nuevo tiene sus orígenes en varias fiestas paganas de la antigua Roma. El 1 de enero era un día dedicado al dios pagano Jano, y el mes de enero [en latín, Januarius] debe su nombre a esa deidad. A Jano se le representaba con dos caras opuestas, lo que significaba que veía tanto el pasado como el presente. Se decía que quien recibiera el 1 de enero con diversión, risa y abundante comida y bebida gozaría todo el año de felicidad y bienestar. La misma superstición acompaña la celebración del Año Nuevo por parte de muchos de nuestros compatriotas […]. Durante ciertas fiestas paganas se ofrecían literalmente sacrificios humanos a un ídolo. Algunas eran famosas por las orgías, el adulterio y la fornicación. En otras ocasiones, por ejemplo durante la fiesta de Jano, se comía y se bebía en exceso, había borracheras y se practicaba toda clase de inmundicia. Si recordamos cómo hemos celebrado nosotros mismos el Año Nuevo en tiempos pasados, entonces tenemos que admitir que todos hemos participado en esta celebración pagana”.   (Periódico de la república de Georgia.)  

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 Fueron los romanos quienes interpretaron a este dios (la serpiente antigua) en su instancia de opuestos del ciclo solar y de esa manera lo representaron como dos rostros antropomorfos, opuestos y alineados meridionalmente de Norte a Sur.    

«Jano, con mayor frecuencia, porta dos llaves; son las de las dos puertas solsticiales, Ia nua Caeli (puerta del cielo) y Ianua Inferni (puerta del infierno), correspondientes respectivamente al solsticio de invierno y al de verano, es decir, a los dos puntos extremos del curso del sol en el ciclo anual; pues Jano, en cuanto «Señor de los tiempos» es el Iánitor [o «portero»] que abre y cierra ese ciclo» (René Guénon).

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 Los días no fueron nombrados sino numerados en un sistema complicado que involucraba Ides (los días 15 de los meses Marzo, Mayo, Julio y Octubre y los días 13 de los otros meses), Nones (la novena hora después de la salida del sol, o 3:00 p.m.) y Calends (primer día de todos los meses).

Basándose en el calendario solar egipcio, el emperador Julio César ordenó dividir el año en 365 días. También ordenó que definitivamente el año comenzara en enero, en lugar de en marzo.

Además, ordenó que cada cuatro años se le sumara un día a febrero para reajustar un desfase de 6 horas que había cada año. Al año en el que febrero tenía un día de más, se le llamó bisiesto.

La causa de que febrero tiene menos días que otros meses, se debe a la tradición de ajustar las incidencias que se produjeran en el calendario con febrero, porque había sido el último mes del año. La última vez que sucedió un ajuste en el mes de febrero, fue para que el mes dedicado al emperador Augusto (agosto) tuviera la misma importancia que el mes dedicado a Julio César (mes de julio). Así, para sumarle un día a agosto y que tuviera 31 días, como julio, se le quitó un día a febrero. Entonces, febrero, que tenía 29 días, quedó definitivamente con 28 días. Esta es la explicación por la que el mes de febrero sólo tiene 28 días; y por la que hay dos meses seguidos con 31 días: julio y agosto.  

No fue hasta el 321 de E.C. que los nombres de la semana de siete días fueron añadidos, cuando el Emperador Constantino (supuestamente) adoptó la fe de Cristo, y fundó el Cristianismo. De manera extraña para sus días el escogió nombres paganos que son usados todavía.  

Ahora bien, aunque el calendario juliano era bastante preciso cada 130 años se perdía un día por eso el 4 de octubre de 1582 el Papa Gregorio XIII llevó a cabo otra reforma dando lugar a lo que hoy conocemos como el Calendario Gregoriano. Este nuevo calendario solucionó el problema que planteaba el hecho de que el año juliano tuviera 11 minutos y 14 segundos más que el año solar.

Gregorio XIII, asesorado por el astrónomo jesuita Christopher Clavius promulgó el 24 de febrero de 1582 la bula Inter Gravissimas en la que establecía que al jueves 4 de octubre de 1582 le seguiría el viernes 15 de octubre de 1582. Con la eliminación de estos diez días desaparecía el desfase con respecto al año solar y así se propuso que aquellos años bisiestos que son múltiplos de 100 sólo sumasen un día si también son múltiplos de 400 para evitar que hubiese demasiados años bisiestos.  

Para inaugurar esta nueva etapa babilónica de manipulación y opresión de masas, el Año Nuevo comenzó a festejarse el 1 de enero a fin de que quedara bien diferenciado del juliano que iniciaba el nuevo año en coincidencia con la primera luna nueva (1 de marzo o 1 de abril).  

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Para entenderlo bien, en esta encíclica se fijaba que habría un año bisiesto cuando el año en cuestión fuera múltiplo de 4, con excepción de los años múltiplos de 100 (exceptuando a su vez los múltiplos de 400, que sí serían bisiestos). En total, el calendario gregoriano fijaba 97 años bisiestos cada 400 años, en lugar de los 100 que marcaba el calendario juliano.

Esta reforma gregoriana no llegó a todas partes por igual ya que por aquel entonces la fe dividía Europa. Si bien los católicos implantaron el nuevo anuario en 1582, los protestantes continuaron con el calendario juliano hasta el siglo XVIII y los ortodoxos no aceptaron la nueva fórmula hasta el siglo XX.

El calendario gregoriano, considerado como oficial a nivel global, no logra tampoco una concordancia perfecta entre año civil y año astronómico, ya que la velocidad de rotación y de traslación de la Tierra se va ralentizando y obliga a revisar las fechas una vez cada 3.000 años.

Redimiendo el tiempo se consigue libertad.

Teniendo en cuenta este proceso histórico que nos legó el calendario actual, debemos tomar una actitud correcta frente a cada año solar que comienza el primer día de enero. Entendiendo que un calendario solar persigue desde sus principios encarcelar las voluntades y los esfuerzos humanos, nosotros, los redimidos deberemos discernir este ante-diseño a fin de someterlo al poder transformador del Eterno Dios, nuestro Abba.

Por lo tanto, será muy importante captar que la exhortación apostólica que hace el apóstol Pablo cuando le dice a los santos de Éfeso, «redimiendo el tiempo, porque los días son malos…» , se obedecía en el sentido más verdadero y práctico de dicha exhortación: ser entendido en los tiempos. La expresión «los días son malos» se refiere, no tanto a la maldad humana manifestada en esas épocas, sino a la forma de conteo de los días que usaba la élite del sistema de cosas imperante.

El mismo sentido tenían las comunidades de fe residentes en Colosas, ya que el apóstol Pablo les recuerda cómo deben andar delante de los incrédulos en el tema de celebrar y guardar el calendario solar. Leemos lo siguiente:

«Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno».(Colosenses 4:5-6)

El punto importante en que las comunidades mesiánicas primigenias pensaban ante la expresión redimir el tiempo, era la idea de aprovechar bien y ganarle a la forma solar de contar bien los días en el Imperio Romano. El verbo redimir en la mentalidad hebrea significa  rescatar pagando un alto precio. Redimir el tiempo implicaba en los primeros discípulos la idea de esforzarse en no sujetarse a las costumbres y tradiciones solares que los incrédulos usaban para el conteo de los días. Aprovechar o redimir el tiempo era su responsabilidad cotidiana en el testimonio que debían presentar ante aquellos que aún estaban adormecidos en la esclavitud temporal que imponía el sistema.

Ellos tenían en sus oraciones el paradigma que dejó Moisés a Israel cuando él estaba en el final de su vida: «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría» (Sal. 90:12). Este lineamiento los desafía a confrontar el calendario solar con las festividades de rosh jodesh (cabeza de mes) en cada luna nueva. Ellos sabían que por medio de dicho mandamiento Yahvéh había permitido al pueblo de Israel romper toda cautividad mental adquirida por someterse al calendario solar egipcio, que como vimos luego tomará Roma, primeramente con Julio César y luego con el papa católico Gregorio.

Tanto la Iglesia de Éfeso, como en la de Colosas y en todas y cada una de las comunidades de los primeros siglos, comprendían el secreto de controlar los años solares siguiendo los ciclos temporales marcados por el Eterno Dios y no por el sistema de cosas inspirado por el adversario (HaSatán). Los miembros de aquellas comunidades gozaban del privilegio que da el Mesías por medio de la Torah: ser verdaderamente libre de todo tipo de opresión.

Transitar el calendario lunar del Eterno, permite a los escogidos ser entendidos en los tiempos. Esta posición otorga la bendición de transicionar cada año nuevo solar realizando un encuentro familiar de declaración profética en la última noche de diciembre. Esto permite confrontar a los principados y las potestades de tinieblas que se liberan en cada fiesta pagana de Año Nuevo, logrando, por medio de la fe, declarar a esos 365 días solares esclavos del propósito eterno de Dios.

Redimir el tiempo consiste en aprovechar cada oportunidad favorable para ministrar vida. Esto significa ser sabio en nuestro andar, no contando los días como Babilonia la Grande lo impone, sino haciéndolo en el modo del Eterno Dios.

En esta era maligna, cada día es un día malo, lleno de cosas perniciosas que destruyen, corrompen y desperdician nuestro tiempo. Por lo tanto, tenemos que andar sabiamente con el fin de redimir el tiempo, aprovechando cada oportunidad disponible.


Aconsejo leer también: 

LA BENDICIÓN TRIPARTITA DE JOSÉ

«…por el Dios de tu padre que te ayuda, y por el Todopoderoso que te
bendice con bendiciones de los cielos de arriba, bendiciones del abismo que
está abajo, bendiciones de los pechos y del seno materno.”
(Génesis 49:25)
Hoy, mientras meditaba en las Sagradas Escrituras con el fin de alimentar mi espíritu de oración en las pautas de la bendición de José (hebreo Yosef), hijo de Jacob (Israel), me encontré con estas maravillosas líneas que testifican las palabras de bendición que el patriarca diera a su hijo. Repentinamente una intensa expectativa de fe llenó mi alma impulsándome a conocer los códigos revelados en esta bendición tripartita. Después de un fuerte tiempo de quebrantamiento delante de nuestro Abba Kadosh, decidí compartirles las cosas que Su Espíritu implantó en mi mente y corazón.
 I. José: representante de los primogénitos mesiánicos (Hb. 12:23).
 Recordemos que José obtuvo la primogenitura de Israel porque Rubén, el primogénito de la primera esposa de Jacob (Lea), perdió ese privilegio a causa de su transgresión (1 Cr. 5:1–2). José, siendo el primogénito de la segunda esposa de Jacob (Raquel), y debido a su dignidad, era quien tenía derecho a recibir la bendición. José también recibió una bendición de su padre poco antes de que éste muriera (Gn. 49:22–26).
 Si observamos con atención, y abrimos bien nuestro entendimiento, se nos revelará que en el versículo citado Israel está bendiciendo y profetizando sobre su hijo José, y lo hace (y en él a su descendencia) con tres tipos de bendiciones:
  1. De los cielos de arriba.
  2. Del abismo que está abajo.
  3. De los pechos y la matriz
1. Las Bendiciones del Cielo.
Las Sagradas Escrituras llaman bendiciones del cielo al rocío y la lluvia. Tanto el rocío como la lluvia son símbolos de las bendiciones del Eterno Dios (Os. 14:5), y su ausencia se consideraba una pérdida (2 Sm. 1:21). Esto era considerado así, ya que estos dos fenómenos naturales son los que hacen que se fertilicen los suelos y sean muy fructuosos, permitiendo la germinación y crecimiento exitoso de toda semilla sembrada.
Israel (Jacob) le desea una bendición muy grande a José, su hijo, expresándole en estas pocas palabras que todo lo que había sembrado daría frutos abundantes. Él sabia, por su fe vivencial, que solo el Eterno Dios Todopoderoso podía bendecir de esa forma, y estaba convencido que su hijo sería blanco de esta experiencia celestial en cada área de su vida.
Aplicando este concepto hebreo a nuestras vidas, comprendemos que las bendiciones del cielo son todas aquellas que nosotros no podemos hacer, pero sí podemos provocar por medio de nuestra siembra de fe. Entendemos así, que nosotros podemos sembrar una semilla, pero quien la hace germinar y crecer es Yahvéh, nuestro Dios.
En el pensamiento hebreo el tener abundantes cosechas y tener los graneros llenos solo pueden venir del Eterno Dios Todopoderoso. Esta manifestación es la única señal de tener la Verdad Divina respaldando nuestra realidad cotidiana. Todo lo demás, es solamente palabrería religiosa.
2. Bendiciones del abismo que está abajo.
“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.”
(Mateo 13:44)
Nuestro padre Israel también profetiza sobre su hijo José las bendiciones del abismo que está abajo. Esta bendición seguramente es la que más llama nuestra atención ya que entendemos que en las Escrituras el abismo está relacionado con las profundidades controladas por las tinieblas.
En la Torah la palabra “tehom” es generalmente traducida como “el abismo”, y se piensa en ella meramente como otro término poético para el mar de las profundidades de la Tierra.
La primera vez que aparece esta expresión hebrea la encontramos en el primer capítulo del libro de Bereshit (Génesis):
«Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo»
(Génesis 1:2 _ Biblia de las Américas)
Todo era tohu va-bohu, amorfo y vacío, y lo único que existía era el caos primigenio. Ese caos es descrito por la palabra tehom, que suele traducirse por «abismo» (griego, abyssos; latín, abyssus), la idea es que este tiene forma líquida, por lo que se ha interpretado como las profundidades terrestres con sus depósitos de aguas subterráneas y también, de modo más general, como el océano primordial a partir del cual se creó el mundo. En realidad tiene asociaciones mucho más siniestras. Está etimológicamente relacionada con Tiamat, el nombre de un gigantesco monstruo marino del mito acádico-babilónico, identificado en el hebreo con Leviatán o Rahab, la serpiente tortuosa o serpiente antigua (Ap. 12: 9).
Ante esto, entendemos que cuando nuestro padre Israel está profetizando y le deseo a José las bendiciones del abismo, él sabia bien de que lo que se trataba.  El patriarca quería que el Eterno Dios bendijera a José, y su descendencia, con todo lo que sale de las profundidades del mar, los ríos subterráneos, y las minas de la Tierra. Él le auguraba riquezas provenientes de todos los minerales enterrados, poseedores de gran valor. Está soltando la bendición que da derecho a obtener y poseer todo lo que el Eterno Dios creó y los dejó escondidos en lugares profundos (oro, plata, bronce, cobre, petróleos, piedras preciosas, etc.).
Basado en esta idea patriarcal nuestro amado Mesías comparó al Reino de los Cielos como un tesoro escondido en un campo el cual fue hallado, Jesús dice que el tesoro en este caso es una bendición encontrada en el campo y fue hallado por un hombre.
A diferencia de las bendiciones del cielo que se originan como respuesta a una acción sembrada por un justo, las bendiciones del abismo que está abajo son reveladas por el Eterno a aquel redimido que las busca mediante oración y consejo escritural. Son bendiciones que Yahvéh dirá dónde están, ya que sólo pueden ser halladas.
«…y te entregaré los tesoros de las tinieblas».
(Isaías 45:3)
 
 
3. Las bendiciones de los pechos y del seno materno.
 
“Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas”.
(Deuteronomio 28:4)

Según el sabio intérprete Rashí, la palabra que ha sido traducida como “pechos”, shadayim, debe traducirse en verdad como “lanzamientos” en referencia a la emisión del semen apto para concebir. El Targum (versión aramea de la Torah) tradujo: “bendiciones de padre y de madre”. Es decir, que estas son las bendiciones relativas a las generaciones.  José sabía que esta expresión significaba augurios celestiales de fecundidad tanto en hombres como en rebaños.

En la visión profética del patriarca Israel estaba la certeza de que las generaciones de José se destacarían por la multiplicación y la tendencia constante a la expansión. Y es que en la mentalidad hebrea estaba la conciencia de que la bendición puede ser transmitida de generación en generación hasta millares de ellas (Éxodo 20:6).

En los días de José era una tremenda bendición multiplicarse a través de la simiente de sus antepasados para aumentar la familia del Eterno. Cuando una mujer daba a luz más israelitas, se consideraba como una señal de fructificación que la Justicia del Eterno otorgaba.

Estas pautas revelan que, en el Mesías, accedemos a la herencia de estos lineamientos proféticos que en los lugares celestiales el Eterno ha otorgado a los que estamos en Cristo Jesús, nuestro Dueño.
A los descendientes de José se les prometieron estas bendiciones. Hoy, entendemos que son las bendiciones vastas y eternas que vienen sobre la simiente espiritual de Abrahan a través del Mesías Yeshúa (Efesios 1:3). Jacob bendijo a todos sus hijos, pero especialmente a José, “quien fue separado de sus hermanos”. No sólo se separó en Egipto, sino por poseer una dignidad eminente y por ser más devoto hacia el Eterno Dios.
II. ¿Por qué José tuvo el privilegio de recibir una Bendición Tripartita?

La bendición que recibió Yosef de parte de Yaakov consta de 61 palabras en el texto hebreo. Este detalle la convierte en la bendición más grande e importante, pues la bendición de Yehudá contiene 55 palabras. Cuando vamos al quinto rollo de la Torah (Devarim) notamos que en la bendición que dio Moshé a las doce tribus la de Yosef también es la mayor de todas (cf. Deu. 33).

¿Por qué esto? Pues bien, existen dos razones:

Primero, porque sufrió más que todos.

Segundo, porque se había consagrado más que sus hermanos. La palabra hebrea que ha sido traducida como “consagrado” es nazir (– נזיר –) cuya raíz nazar (– נזר –) significa distanciar,  o abstener. Es la misma palabra que se usa para el voto de nazareato descripto en Números 6.

La enseñanza aquí es clara. Aquel que por la justicia es afligido, y se aparta del pecado, la impureza y lo mundano recibirá la mayor bendición en esta vida y en la resurrección.

Amados discípulos del Monte Santo, he discernido que estamos ingresando en una temporada en la que se manifestará la plenitud de las bendiciones de Yahvéh, nuestro Dios, mientras abandonamos los dolores de las elecciones pobres que hicimos en el pasado. Sé que experimentaremos el refrigerio de las bendiciones de José fluyendo en nuestras vidas. Estas se manifestarán, luego que el Espíritu de Yahvéh nos renueve y restauren nuestras relaciones interpersonales, y nos vuelva a conducir a una profunda intimidad personal con nuestro Padre. De hecho, en este día, he discernido que la plenitud de la bendición tripartita de José ya está fluyendo. Lo que dijo Jacob acerca de él es tanto historia como profecía. ¡Hoy, nuestras vidas están vibrando frente a este maravilloso umbral de tres niveles celestiales! ¡Que el Eterno nos dé fuerzas para estar gozosos en las aflicciones de este mundo por causa de la justicia y la verdad, sabiendo que producen un buen resultado con bendición tripartita!
NOTA RELACIONADA Y RECOMENDADA:

La Biblioteca del Eterno

Por P.A. David Nesher

«Y vi a los muertos grandes y pequeños de pie ante Dios y los libros fueron abiertos: y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras… Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego» 
( Apocalipsis 20:15)

 

Es muy interesante, especialmente en este día tan importante de Yom Kippur o Día del Perdón, ver en las Sagradas Escrituras esta mención de los libros que el Eterno abre en los días de juicios y que en las congregaciones babilónicas se omite a causa de la ignorancia.

¿Qué significa que hayan libros en el Cielo? Entendemos que cuando alguien, aquí en la Tierra, quiere recordar algo, porque anhela que no se olvide, se asegurará de dejarlo registrado a través de la anotación en un libro. Todo ser pensante sabe que siempre lo que está escrito en un libro tiene mayor seguridad, mayor firmeza, que aquello que simplemente se dice y después se puede olvidar.

Aquellos que son categorizados bajo el título de los Libros del Cielo, son registros en los cuales están consignados los nombres y los actos de los hombres, especialmente los justos. Estos son los que determinarán los fallos del juicio final. El profeta Daniel dice: «El Juez se sentó, y los libros se abrieron«. El apóstol Juan, describiendo la misma escena en el Apocalipsis, agrega: «Y otro libro fue abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras» (Apocalipsis 20:12).

Nos esforzaremos en la tarea de escudriñar las Escrituras con el objetivo de encontrar en ellas cuáles son estos libros que son abiertos delante del Trono del Eterno.

El «Libro del Diseño Divino»: los códigos del verdadero Yo.

El rey y profeta de Israel David salmodiando profeticamente reveló lo siguiente:
«Porque tú formaste mis entrañas; me entretejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias, porque has hecho maravillas. Maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No fueron encubiertos de ti mis huesos, a pesar de que fui hecho en lo oculto y entretejido en lo profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro estaba escrito todo aquello que a su tiempo fue formado, sin faltar nada de ello. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumerara, serían más que la arena. Despierto, y aún estoy contigo.»
(Salmos 139:13-18).
David nos muestra lo que sucedió con nosotros antes de nacer; en el período de gestación en el vientre de nuestra madre. Él habla en este salmo de un libro, y de que en ese libro estaban escritas aquellas cosas, de cada ser humano, que fueron formadas en el útero materno. Podríamos llamarlo el ‘libro del diseño‘. En este libro estaban escritas las características de nuestra personalidad, de nuestro cuerpo, de nuestro carácter. Estaban escritas las características íntimas y las características externas de nuestra persona. La ciencia denomina a una parte de este libro código genético. Una de las pruebas más grande de la existencia del Eterno Dios es el ADN (el código genético hereditario) en el que está concentrada toda la información única de cada ser humano como si fueran 80 enciclopedias británicas en cada una de nuestras células. Esta información organizada en códigos requiere de un diseño inteligente ya la información asombrosa que el ADN tiene no puede surgir de la nada.
Quisiera destacar que este libro que menciona el Salmo 139, que denominado el libro de diseño, fue escrito antes de que nuestros padres se conocieran; se confeccionó antes de la Creación, y en este libro el Eterno Dios dejó codificado todo lo que nosotros seríamos. En este libro quedó evidenciado que el Creador diseñó para cada uno de nosotros una conformación psicológica y física única e irrepetible. Todo lo que nosotros hemos llegado a ser después en nuestras vidas estaba escrito en ese libro de diseño, sin faltar nada. ¿Por qué unos somos altos, otros bajos, por qué tenemos una conformación estilizada, o menos estilizada, o por qué tenemos ojos claros u oscuros, o la forma de la nariz, la boca, o la mirada, por qué somos lo que somos?

Todo eso estaba escrito en ese libro y este libro lo escribió Yahvéh, nuestro Dios. Él determinó las características que habíamos de tener; y tan perfecto es su diseño y tan maravillosa es la capacidad creativa del Eterno, que no hay ningún diseño igual a otro. No hay ninguna persona igual a otra; todos nosotros somos únicos. Un ejemplo rápido y muy práctico de esto, son las huellas digitales de cada uno de nosotros. Ellas son absolutamente únicas y revelan el diseño característico peculiar y único que nosotros tenemos, y eso estaba escrito en el libro de diseño de Dios.A continuación me permitiré contarles una historia que de alguna manera les ayudará a entender esto:

«Había cierta vez un pastor predicando un mensaje, y hablaba sobre el Juicio Final. Estaba describiendo en forma muy detallada el momento en que los hombres tendrían que comparecer ante el Gran Trono Blanco. Detrás del Eterno Dios había una cortina y delante, parados en línea, estaban los que serían juzgados. Entonces Yahvéh hace una señal con la mano y de detrás de la cortina aparecen seres de una belleza indecible, radiantes de esplendor. Cada uno de ellos se para frente a los que estaban siendo juzgados, uno con cada uno. Los que estaban siendo juzgados nunca habían visto seres como esos, tan preciosos, tan refulgentes. Entonces le preguntan a Dios: ‘¿Quiénes son estos?’. Y Dios les dice: ‘Estos son ustedes, tal como hubiesen sido si hubiesen escuchado mi voz’. En ese momento ellos se dan cuenta de lo que han perdido, y, avergonzados, y son echados al Lago de Fuego siendo conscientes de la oportunidad que perdieron por rechazar la voz del Eterno Dios«.

Cuando leí esta historia quedó perfectamente ilustrada la idea bíblica de que existe un ‘yo real‘ (ego) y un ‘yo ideal‘. Es decir, que en la historia de cada ser humano, existe la persona que cada hombre llegará a ser y que será cotejada con la persona que el Eterno Dios concibió y se propuso que yo fuese. Esto significa que cada ser humano tiene la opción cotidiana de vivir la vida diaria a nivel de lo inmediato, no mirando más allá, o puedo proseguir a la meta, mirando lo que está delante, al yo ideal, al yo perfecto, que el Eterno de antemano diseñó para que fuera.

¿Cómo será el yo ideal de cada ser humano? Necesariamente es un yo muy parecido al modelo original, el Mesías (Cristo). El «yo ideal», de cada hombre, fue pensado para manifestar al Mesías del Eterno, al mostrar las características peculiares y únicas de cada persona humana.

El «Libro de Memoria»: un acta celestial para el recuerdo eterno.

Los invito a leer en el libro del profeta Malaquías (3:16), donde dice:
«Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero; y Yahvéh escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Yahvéh, y para los que piensan en su Nombre«.

Aquí el profeta está revelando la existencia celestial de lo que se denomina el libro de memoria donde se registran los hechos, las cosas que suceden a los que temen al Señor; un libro de memoria para que el Eterno Dios pueda recordar las cosas que hicimos. Evidentemente, este no es un libro para condenar. El profeta revela que es para los que temen al Señor y para los que piensan en Su Nombre. Se entiende entonces que este es un libro de recompensas. Malaquías vivió en días de profunda crisis, en los cuales el pueblo se había apartado de los códigos que el Eterno Dios revela en Su Torah (Instrucción). Sin embargo, aun en esas circunstancias, Dios está atento a lo que hace su remanente fiel, para tomar nota de su fidelidad. Igual ocurre hoy en día. El pueblo de Israel se encontraba en una situación espantosa. Los sacerdotes habían descuidado sus deberes, y la gente se había entregado a prácticas que manchaban el nombre de Dios, tales como la hechicería, el adulterio y el fraude (Malaquías 2:8; 3:5). Sin embargo, en medio de esa corrupción moral y espiritual, un pequeño grupo de israelitas se mantuvo leal a Yahvéh. ¿Qué hicieron para lograrlo?El profeta nos lo explica: “Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero”. El temor del Eterno Dios es una cualidad muy deseable. Aquellos israelitas fieles sentían un profundo respeto por Yahvéh y concentraban sus mentes en no desagradarlo. Además, dice el pasaje que “hablaron cada uno a su compañero”. Esto pudiera indicar que llegaron a reunirse para alabar a Yahvéh y animarse mutuamente, lo cual los ayudó a mantener su fidelidad y pureza. Por causa de esta actitud mental corporativa, el Eterno, oyó sus conversaciones y abrió un libro de actas dónde se escribió lo suyo para recuerdo celestial. Ese libro contiene los nombres de todos los que han servido lealmente a Dios. El hecho de que se le llame un “libro de memoria” indica que Yahvéh nunca olvidará a sus siervos fieles ni lo que han hecho para glorificarlo: sus buenas obras, palabras y pensamientos. Él quiere recompensar con vida eterna a todo aquel cuyo nombre esté escrito de forma imborrable en ese libro (Salmo 37:29).

Así pues, el Señor lleva un libro de memoria exacto, perfecto y completo de toda la obra de amor que los hijos de Dios hacen por causa de Su Nombre. Desde esto, nos damos cuenta que cada una de las palabras de fe dicha por un santo, cada uno de sus actos de amor, están registrados en el Cielo. Hay un libro de actas divino que registra todo pensar y obrar de los justos. A esto se refiere Nehemías cuando dice: «¡Acuérdate de mí, oh Dios mío, . . . y no borres mis obras piadosas que he hecho por la Casa de mi Dios!» (Nehemías 13:14). En el «libro de memoria» del Eterno Dios, todo acto de justicia está inmortalizado. Toda tentación resistida, todo pecado vencido, toda palabra de tierna compasión, están fielmente consignados, y apuntados también todo acto de sacrificio, todo padecimiento y todo pesar sufridos por causa de Yeshúa. El salmista dice: «Tú cuentas los pasos de mi vida errante: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están en tu libro?» (Salmo 56:8).

Este libro de memoria es un registro en el cual figuran los pecados de los hombres. «Pues que Dios traerá toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala» (Eclesiastés 12:14). Yeshúa mismo se refirió a este libro al decir: «…de toda palabra ociosa que hablaren los hombres, darán cuenta en el día del juicio«… «Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (Mateo 12:36, 37). Los propósitos y motivos secretos aparecen en este registro infalible, pues Dios «sacará a luz las obras encubiertas de las tinieblas, y pondrá de manifiesto los propósitos de los corazones» (1 Corintios 4:5). «He aquí que esto está escrito delante de Mí: . . . vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros padres juntamente dice Yahwéh» (Isaías 65:6, 7).

Evidentemente la obra de cada ser humano, especialmente la de aquellos que temen a Yahvéh, pasa bajo la mirada del Eterno Dios, y es registrada e imputada ya como señal de fidelidad, ya de infidelidad. Frente a cada nombre, en este libro de actas o memoria, aparecen, con terrible exactitud, cada mala palabra, cada acto egoísta, cada deber descuidado, y cada pecado secreto, con todas las tretas arteras. Las admoniciones o reconvenciones divinas despreciadas, los momentos perdidos, las oportunidades desperdiciadas, la influencia ejercida para bien o para mal, con sus abarcantes resultados, todo fue registrado por el ángel anotador, que oficia en la confección de este libro.

El Señor dice que ni un vaso de agua dado a uno de sus discípulos, por pequeño que sea, quedará sin recompensa. Hay recompensa de justo a quien recibe a un justo y hay recompensa de profeta a quien recibe a un profeta (Mateo 10:41-42). Estas distinciones, tan sutiles a nuestro entender, nos indican que todo lo que el Señor hace es perfecto, y que todo está consignado a cabalidad. Nadie podrá decir en aquel día: ‘Señor, a ése le estás dando más recompensa de lo que merece’, o ‘A mí me estás dando menos de lo que merezco’. El Señor tendrá el detalle de todas las cosas que hicimos por amor de Su Nombre.

Sin lugar a dudas, es animador saber que Yahvéh valora todo lo que hacemos a fin de adorarlo de la manera correcta. Ahora bien, las palabras de Malaquías 3:16 nos deben impulsar a hacernos una importante pregunta: “¿está mi nombre escrito en el ‘libro de memoria’ del Eterno Dios?”. Lo estará si procuramos que nuestras obras, palabras y pensamientos sean algo que Yahvéh quiera recordar.

Libro de la Predestinación: el Acta de la Elección Divina.

Yendo a la Escritura para conocer lo referente a este libro, leeremos la epístola paulina a los Romanos que dice:
«Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos».
(Romanos 8:29)

Aquí se habla de un conocimiento anticipado. «…a los que antes conoció» se refiere a un período anterior a la fundación del mundo. El apóstol Pablo dice»…los predestinó», eso significa que antes de que nosotros, los escogidos, naciésemos ya estábamos considerados en el corazón del Eterno Dios, ya estábamos predestinados para que fuésemos hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que fuésemos dibujados, diseñados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Todos nosotros fuimos diseñados para ser hechos según la imagen del Mesías y esto está escrito en los códigos de un libro que podríamos denominar el «libro de la predestinación«.Haber sido predestinado no significa que ya se es salvo o que algunos «vienen o nacen salvos«. Aunque en el sentido objetivo si se es escogido se es salvo desde antes de la fundación del mundo no es así en el sentido subjetivo. Todos los hombres nacen condenados y todos son hijos de ira y necesitan la salvación que es por medio de Yeshúa, HaMashiaj…

 

«…Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),… «
(Efesios 2:1-5)

 

Eso es lo que dicen las Sagradas Escrituras claramente. Y si la Palabra revela la Verdad, entonces las otras interpretaciones tienen que ser falsas por obligación.

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó«.
( Romanos 8:28-30)

El ser escogidos y predestinados no significa que ya se es salvo automáticamente y no se necesita arrepentimiento de pecados. El hombre que escucha el mensaje necesita:

  1. Creer al Evangelio del Reino de Dios en Yeshúa el Mesías para ser salvo,
  2. Recibir a Yeshúa como el Mesías divino y Dueño de su vida por medio de la fe (es sellado con el Espíritu Santo recibiendo la Torah de la promesa para el día de la redención) .
  3. Permanecer en la fe hasta el fin.

Aunque delante del Eterno Dios esto es un hecho seguro que tuvo lugar desde antes de la fundación del mundo, y fueron perdonados los pecados en la cruz, el proyecto escrito debe de ser desarrollado a totalidad.

El Libro de la Vida: el Acta que se escribe con la Sangre del Cordero.

Al leer Apocalipsis 13:8 y 21:27, encontramos referencias al “Libro de la Vida del Cordero,” llamado también, en su forma simple, el «Libro de la Vida«. En él están los nombres de todos aquellos que han sido lavados por la Sangre del Cordero de Dios, Yeshúa, el Mesías divino. De la misma manera, Apocalipsis 3:5 se refiere al Libro de la Vida, en el cual se encuentran los nombres de los creyentes en el Señor. Este verso también pone en claro que, una vez que un nombre es escrito en el libro de la vida, Jesús promete que nunca lo borrará, respaldando una vez más la doctrina de la seguridad eterna. El Señor Jesús, quien está hablando a las iglesias en esta parte del Apocalipsis, promete reconocer a los Suyos ante Su Padre. Por el contrario, Apocalipsis 20:15 revela el destino de aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida – la eternidad en el lago de fuego (Salmo 69:28).

El Cordero “que fue inmolado desde el principio del mundo” tiene un libro en el cual están escritos los nombres de todos aquellos que han sido redimidos por Su sacrificio. Ellos son los que entrarán en la Santa Ciudad, la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:10), y quienes vivirán para siempre en el cielo con Dios. Estos son aquellos que superaron las pruebas de la vida terrenal, demostrando que su salvación fue genuina.

El Libro de la Vida contiene los nombres de todos los que entraron alguna vez en el servicio de Dios. Yeshúa dijo a sus discípulos: «Gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lucas 10:20). Pablo habla de sus fieles compañeros de trabajo, «cuyos nombres están en el libro de la vida» (Filipenses 4:3), nuevamente, identificando el Libro de la Vida como un registro de los nombres de aquellos que tienen la salvación eterna. . El profeta Daniel, vislumbrando un «tiempo de angustia, cual nunca fue«, declara que el pueblo del Eterno Dios será librado de vivir esto, al decir, «todos los que se hallaren escritos en el libro» (Daniel 12:1). Y el apóstol y profeta Juan dice en el libro de Revelación (Apocalipsis) que sólo entrarán en la ciudad de Dios aquellos cuyos nombres «están escritos en el libro de la vida del Cordero» (Apocalipsis 21:27).

A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y que hayan aceptado con fe el poder redentor de la sangre del Mesías como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo; como llegaron a ser partícipes de la justicia del Mesías y su carácter está en armonía con la Torah (Instrucción) del Eterno, sus pecados han sido borrados, y ellos mismos serán juzgados dignos de la vida eterna. El Señor declara por el profeta Isaías: «yo, yo Soy aquel que borro tus transgresiones a causa de Mí mismo, y no Me acordaré más de tus pecados» (Isaías 43:25). Jesús dijo: «A todo aquel, pues, que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. Pero a cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 10:32, 33).

De acuerdo a lo revelado por las Sagradas Escrituras, aquellos seres humanos que no han sido salvos tendrán que dar cuentas por cada acto pecaminoso que han cometido. Todas y cada una de las cosas que han hecho saldrán a la luz delante del Eterno Dios y delante de millones y millones de personas que van a ver como en una pantalla enorme de cine todo lo que han hecho a la luz, y todo lo que han hecho en secreto desde el día que nacieron hasta el día que murieron. El libro de Apocalipsis dice: “los libros fueron abiertos” y todas las obras de los hombres que estén escritas en esos libros serán expuestas. El Eterno Dios lleva la cuenta de todo y aunque muchos piensen que las cosas que hacen a escondidas nadie las sabe, está equivocado de lleno. Él lo ve todo y cada acción está quedando grabada en los libros celestiales con el nombre de cada uno. En Su día, El Eterno juzgará a cada hombre que ha rechazado el regalo de la salvación en Su Mesías y la gracia divina en Su Hijo Jesús, de acuerdo a las cosas escritas en esos libros.

FIESTA de las TROMPETAS: ¡Yom Teruah no es Rosh HaShanah!

En el tiempo profético de transición que los discípulos de Yeshúa que están a mi cargo, y yo, hemos experimentado en estos doce años, aprendimos que celebrar las Fiestas del Señor es el acto más efectivo que la única y verdadera Esposa del Ungido (Mesías/Cristo) está necesitando para lograr su misión: llevar a los santos a su plena manifestación como hijos primogénitos del Eterno.
 
 
En este peregrinar profético a las sendas antiguas de nuestra fe, hemos aprendido que en el libro de Vayikrá o Levítico (capítulo 23, en el versículo 24), se usa la palabra conmemoración, (mejor traducida como memorial) al traducir expresión hebrea mo’ed:

 «Habla a los hijos de Israel, y diles: las fiestas solemnes (mo’ed) de YHVH…». 

 
 
Ahora bien, en su sentido más completo y esencial la palabra mo’ed significa:
  • «una cita»,
  • «un tiempo señalado»,
  • «un ciclo o año»,
  • «una asamblea»,
  • «un tiempo determinado»,
  • «un tiempo preciso«.
 
Considerando todas estas acepciones que permite el significado de la palabra hebrea mo’ed (fiesta), podemos ver que el Eterno está precisando «un tiempo determinado o un tiempo señalado en el cual Él está haciendo una cita con la humanidad para cumplir ciertos aspectos prioritarios de la redención, y que deben mantener nuestra memoria activa a fin de evitar el letargo reptiliano«.
 
 
Desde el texto del capítulo 23 de Levítico se desprende que una de esas citas especiales es la denominada Fiesta de las Trompetas o en su expresión hebrea: Yom Teruah.
 
 
La Fiesta de Yom Teruah celebra el hecho profético del inicio de la recuperación de los reinos de la Tierra sujetos a Aquel que ha de sentarse por la eternidad sobre el Trono de David: Yeshúa el Mesías.
 
 
Yom Teruah es una fiesta profética relacionada con hechos que ocurrirán en cualquier momento. Por lo tanto, es una celebración  con características escatológicas, por lo que hemos comprendido y aceptado que no debe ser usada para celebrar una supuesta y mitológica creación de la Tierra, en un pasado remoto, como la actual Casa de Judá asegura. Más bien, esta celebración, permite a la Esposa del Mesías celebrar su anhelo constante de que Su Amado venga pronto y la siente junto a Él para reinar sobre las naciones por mil años ( ver Apocalipsis/Revelación 22:17).
 
 
Considerando esta exhortación los invito a disfrutar de los siguientes estudios bíblicos y entender las diferencias entre Yom Teruah y su deformación judía denominada Rosh HaShanah. Solamente deberán trasladarse a los siguientes enlaces de bitácoras que ampliarán más el conocimiento del sentido que tiene para un discípulo de Yeshúa esta celebración:

(más…)

La salud en riesgo a causa de los tatuajes

«Y no haréis rasguños en vuestra carne por un muerto, ni imprimiréis en vosotros marca alguna. Yo soy el SEÑOR».
(Levítico 19:28)
 

Tatuar consiste en hacer grabados permanentes en el cuerpo practicando pequeños orificios en la piel con un palillo, una aguja o un hueso afilado impregnado de colorantes naturales.
Todo el mundo lleva tatuajes, o al menos eso parece. Desde adolescentes hasta amas de casa, los tatuajes están viéndose día a día en todo lugar, aún, entre los cristianos. Presumen de ellos tanto estrellas de cine como famosos roqueros, deportistas y modelos. Muchos de sus fanáticos adolescentes han seguido su ejemplo y exhiben con orgullo sus hombros, manos, muñecas o tobillos tatuados.
Los tatuajes han existido por años, pero a partir de la década de los noventa ha habido una gran explosión en Occidente; tanto así que el 10% de la población mundial está tatuada.  En su mayoría, impulsados €‹por la necesidad de identidad o estética, uno de cada cuatro adultos jóvenes tienen uno. Sin embargo, los tatuajes pequeños han dejado de imponerse y han dado paso a piezas más elaboradas que cubren extensas partes del cuerpo. La adicción a estas «piezas de arte» se encuentra en una lista de los causantes del incremento de riesgos como el melanoma.El tatuaje y las perforaciones están catalogados por la medicina como una práctica riesgosa para la salud. Los médicos lanzan esa voz de alarma diariamente a lo largo del mundo. Cuando no se ha hecho caso a estas advertencias, la humanidad ha sufrido mucho por los efectos físicos que tienen muchas de este tipo de prácticas en la salud.

¿Arte peligroso?
El tatuaje consiste en inyectar profundamente productos químicos potencialmente tóxicos en la piel y entre más grande y elaborado es el tatuaje, mayor cantidad de tóxicos invaden el cuerpo.
Las agujas perforan la capa superior de la piel, la epidermis, y llegan hasta la siguiente capa, la dermis, donde se deposita la tinta. Un estudio hecho en 2012 por la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Dinamarca encontró que algunas tintas contienen compuestos cancerígenos. También, se ha estudiado cómo reacciona la piel a los pigmentos y a sus químicos.
Los especialistas Colin Grant y Pete Twigg, se han adentrado en las nano-partículas de los pigmentos en la piel. Ellos aseguran que la tinta no se queda por siempre en el lugar donde se hizo el tatuaje, algunas de sus nano-partículas viajan por el torrente sanguíneo y terminan en otros órganos del cuerpo, así lo publica The Conversation.
Una investigación realizada por Desmond Tobin, profesor de Biología Celular y director del Centro de Ciencias de la Piel de la Universidad Bradford, muestra que la exposición de los fibroblastos (células que producen colágeno en la piel) a la tinta de un tatuaje reduce significativamente su viabilidad. El colágeno es el principal tejido conectivo del cuerpo, y las nano-partículas de tinta pueden incrustarse en la red de colágeno de la dermis, apareciendo posteriormente alrededor de los vasos sanguíneos.La Comisión Europea alerta sobre los riesgos de los tatuajes y piercings cuando no se toman todas las precauciones sanitarias necesarias, hasta el punto de que pueden llegar a provocar infecciones virales como la hepatitis y el sida. El análisis realizado por el Ejecutivo comunitario señala que estas prácticas pueden alentar también la aparición de infecciones bacterianas y mucosas, reacciones alérgicas, como una irritación cutánea y urticaria, lesiones malignas, melanomas, lepra y otras patologías.

Sin embargo, la única regulación existente para los tatuadores es mantener limpio el lugar y las herramientas de trabajo con el fin de evitar infecciones.¿Es correcto que el joven escogido por el Eterno entre a este tipo de riesgos por participar de una moda babilónia? No, no tiene necesidad de pasar por este tipo de peligros.

Debemos glorificar a Dios también con el cuerpo. Tal vez este es uno de los aspectos menos mencionado cuando se trata de glorificar al Eterno Dios. ¿Qué hay del cuerpo? ¿El uso correcto del cuerpo se limita a la vestimenta? No, sino también al uso que le damos al cuerpo mismo. Pablo escribió, “… ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios…” (1 Corintios 6:19, 20). La enseñanza es clara, debemos glorificar al Eterno también con el cuerpo. De ahí que el cuerpo sea templo del Espíritu de Dios. También la Biblia enseña que debemos exaltar, magnificar a Cristo en nuestro cuerpo (Filipenses 1:20).

El antiguo arte del tatuaje.
El tatuaje no es una práctica moderna, ni mucho menos. En Egipto y Libia se han encontrado momias con tatuajes que datan de cientos de años antes de Cristo, y lo mismo ha sucedido en Sudamérica. Muchas de las imágenes que dichas momias tienen grabadas están directamente relacionadas con la adoración de dioses paganos. El investigador Steve Gilbert, descubrió el espíritu religioso que inspiró este arte antiguo y señaló al respecto: “El tatuaje no abstracto más antiguo que se conoce representa a Bes, que según la mitología egipcia es la lasciva deidad de la diversión”.
Es interesante notar que la Ley mosaica prohibía al pueblo del Eterno Dios hacerse tatuajes. Levítico 19:28 recoge el siguiente mandato: “No deben hacerse cortaduras en su carne por un alma difunta, y no deben ponerse marcas de tatuaje. Yo soy Yahwéh”. Los adoradores paganos, como por ejemplo los egipcios, se tatuaban los nombres o los símbolos de sus dioses en el pecho o en los brazos. Al obedecer la prohibición del Eterno respecto a los tatuajes, los israelitas se distinguían de las demás naciones (Deuteronomio 14:1, 2).
Dicho mandato da que pensar y te permite el derecho de la duda a la hora de la tentación que esta moda causa (Efesios 2:15; Colosenses 2:14, 15). Si eres un santo escogido en el Mesías Yeshúa, seguro que no deseas llevar en tu cuerpo marcas relacionadas con el paganismo o la adoración falsa, aunque sea temporalmente (2 Corintios 6:15-18). El apóstol Pablo enseñó que debemos “…procurad lo bueno delante de todos los hombres…” (Romanos 12:17). ¡Entonces esfuérzate por lo más conveniente para tu vida íntegra!
“…Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos…” 
(Mateo 5:14-16).

“No juzgues a un libro por su portada”,… ¡Cuidado con las apariencias!

No es la primera ni la última vez que nos encontraremos con un caso de discriminación racial, pasa en todo ámbito de cosas: deporte, trabajo, vida diaria, etc.
El racismo, la xenofobia y la #intolerancia son problemas frecuentes en todas las sociedades. Todos y cada uno de nosotros jugamos un papel ya sea contribuyendo o rompiendo los prejuicios raciales y las actitudes intolerantes.
Mira este video y aprenderás una gran lección:
Resulta que la Biblia nos advierte sobre esto y nos explica porque se nos facilita tanto ser engañados por como se ven las cosas:
     «Y Yahwéh respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Yahwéh no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Yahwéh mira el corazón». 
(1 Samuel 16:7)
Es muy sencillo dejarse llevar por lo que nuestros ojos nos muestran, pues es lo que se “VE” real… Pero la verdad es otra muy diferente, debemos aprender a ver con los ojos de nuestro espíritu y así alcanzar a ver el corazón de los demás.
Estamos acostumbrados a juzgar a los demás por las apariencias, deberíamos considerar otras alternativas.
¡Sí, podemos partir por nosotros y empezar a cambiar el mundo!

El dios Maozim: espíritu que inspirará al Anti-Cristo

Hoy, mientras escudriñaba las señales proféticas que están documentadas en el Manual de la Vida (La Biblia), fui impactado por el Espíritu del Señor al posar mi atención en lo dicho por el profeta Daniel acerca del anti-Cristo. Leía en el verso 38 del capítulo 11, que este hombre de pecado (como lo llama el apóstol Pablo) tendrá una adoración específica:

«En su lugar honrará al dios de las fortalezas, un dios a quien sus
padres no conocieron; lo honrará con oro y plata, piedras preciosas y
cosas de gran valor».
Si acudimos a las Sagradas Escrituras, versión Vulgata latina, dice Daniel XI, 38: “Deum autem Maozim in loco suo venerabitur”, es decir, «Y adorarán en su lugar al dios Maozim«.
Investigando me enteré que en la tradición cristiana primitiva Maozim era asociado al  dios del Anti-Cristo.
En el contexto original los estudiosos aseguran que el profeta usó un gentilicio. Es decir que es muy probable que Daniel estuviera describiendo a  toda una etnia o pueblo representada por una sola figura, el nombre de su dios. Vemos, como ejemplo de esto, las sucesivas alusiones bíblicas a Gog y Magog, nombres que con el tiempo fueron adquiriendo tintes sobrenaturales. Dado el contexto de la parte del Libro de Daniel en que aparece, es posible que con «dios Mauzim» se quisiera aludir al culto helenista, que Antíoco Epífanes intentó imponerles a los judíos intertestamentarios.
Escudriñando el texto, averigüé que en el hebreo original el pasaje dice que honrará al dios Mauzim. Este nombre proviene del plural de la palabra «maoz«, que quiere decir «fortaleza«, «torre«, o «minarete«.
Añadir leyenda
Entonces, los ojos de mi entendimiento vieron en lo espiritual al culto religioso que hoy tiene, como principal característica adorar desde torres o minaretes. ¡Sí, tal como Uds. lo dedujeron, estoy hablando del Islam!
Dicen los que saben que la expresión «a quien sus padres no conocieron» es de traducción incierta, y muchos estudiosos aseguran que debería decir «por entonces» en lugar de «a quien sus padres«. Considerando esto último, sabemos por la Historia Universal que el Islam es una religión que nace y se propaga por las naciones desde el siglo VII de nuestra era común, cuando un ángel (de origen bien discernido según 2Corintios 11:14) apareció con el nombre de Gabriel a Mahoma, el Profeta de los musulmanes, trayendo consigo un nuevo evangelio o doctrina: el Corán (Gálatas 1:8).
El profeta Daniel, ya había afirmado lo siguiente:
«Y por su astucia hará que el engaño prospere por su influencia. Él se engrandecerá en su corazón, y destruirá a muchos que están confiados. Aun se levantará contra el Príncipe de los príncipes, Pero será destruido sin intervención humana».
(Daniel 8:25)
El Islam se llama a sí mismo la «la religión de paz«. Usando este paradigma como lema, sus seguidores se presentan a lo largo de las naciones como una propuesta pacificadora de cambios. Sin embargo, cuando se estudia detenidamente sus estrategias proselitistas, encontramos que este lineamiento justifica al engaño respaldándolo como un medio útil para lograr más fieles. Desde esto, el Islam, usando el mismo Corán, autoriza a sus fieles a mentir, fingir y aparentar la paz delante de aquellos que son tildados como paganos respecto a sus creencias.

A modo de ejemplo, los invito a ver este video y escuchando con atención notarán que el contenido esencial del mensaje islámico está lejos de la paz entre los hombres. Las palabras corresponden a un clérigo de Kuwait, Tareq Al-Auwaidan, quien le pidió al grupo terrorista Hamas que no acepte un cese del fuego:

Con todo esto, y observando las distintas noticias de nuestros días, no cabe en el corazón y la mente de los hombres duda alguna: ¡El fin de la ira del Señor contra su pueblo se acerca, así es como el final de su paciencia para con sus enemigos! Si queremos escapar de la ruina de los infieles e idólatras, la persecución supersticiosa y cruel, así como de todo lo profano que hoy inunda las naciones, hagamos de los oráculos del Eterno Dios, nuestro estándar de la verdad y de Su Torah (Instrucción), el fundamento de nuestra esperanza, y la luz de nuestro camino a través de este mundo de tinieblas. De ese modo aseguraremos con fundamentos nuestra peregrinación a la herencia gloriosa que tenemos en Yeshúa HaMashiaj.

La palabra Sábado tiene etimología hebrea y no mitología latina

El hábito de agrupar los días en períodos de siete unidades, que hoy llamamos semana, ya lo practicaban los mesopotámicos en sus tiempos más remotos y fue adoptado por los griegos y los romanos, que dieron nombre a estos períodos sobre la base del número siete.Será aquí importante aportar lo dicho por el Dr. Totten, de New Haven, Connecticut, profesor de astronomía de la Universidad de Yale, que destacó los siguiente:
“A pesar de toda nuestra discusión con el calendario, es evidente que la raza humana nunca perdió la secuencia septenaria [siete días] de los días de la semana y que el día sábado de estos últimos días viene a nosotros desde Adán, a través de las edades, sin faltar un solo intervalo.”
Continuando con la línea histórica, los griegos llamaron, a este conjunto de siete días, hebdomás, de hepta ‘siete’, palabra que perdura hasta nosotros en hebdomadario, que significa ‘semanal, semanario’.
En Roma se adoptó el nombre septimana, que llegó al español como semana.
Entre los romanos, el gran prestigio de la astrología llevó a introducir la semana de siete días, basada en la idea babilónica de las siete mañanas, pero los nombres de los días fueron tomados de astros y dioses equiparados a los babilonios.
La etimología de la mayoría de los días la semana tiene una gran relación con la mitología romana. Los romanos vieron una conexión entre sus dioses y el cielo de la noche que iba cambiando, según los días, así que empezaron a utilizar de manera natural los nombres de sus dioses para los planetas. Aquellos que se podían seguir con la vista en el cielo eran el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. La Luna (Selena – Diosa de la luna, famosa por sus amores), Marte (Ares – dios de la guerra, por lo rojo como la sangre), Mercurio (Hermes – dios de los comerciantes, mensajero de los dioses, y planeta que está más cerca del sol), Júpiter (Zeus – dios padre, por ser el segundo más brillante), Venus (Afrodita – diosa de la belleza y el amor, por ser el planeta más brillante), y Saturno (Cronos – dios del tiempo, por ser el más lento). De esta forma, el lunes se llamó así en homenaje a la Luna; el martes recordaba al dios de la guerra, Marte para los romanos; el miércoles, al dios del comercio, Mercurio; el jueves a Júpiter (dies Jove o día de Júpiter); y el viernes, a Venus.
La raíz latina original de los nombres perduró en cinco de los siete días, a excepción del sábado y el domingo, que sufrieron un giro etimológico por influencia de la religión.
Será aquí interesante señalar que por aquel entonces para los romanos, el séptimo día era el día de Saturno (dies Saturnī). Pero con el advenimiento del cristianismo, por obra y artimaña del emperador Constantino, el nombre dies Saturni fue cambiado por Sabbatum, derivado del hebreo sabbat, proveniente del verbo Shabbat (יום השבת) ‘descansar’, que entre los judíos designa al día semanal de descanso.
En latín, el domingo se llamaba Solis dies ‘día del Sol’, pero los cristianos cambiaron ese nombre a dies dominĭcus que significaba ‘día del Señor’ (dominus). De aquí evolucionó a dominica, de dónde pasó al español como domingo.
Fue esta estrategia de cambio de nombres de estos dos días lo que le permitió al emperador y sus cómplices religiosos (los obispos romanos) hacer que los cristianos comenzaran a santificar el domingo y no el sábado que era el día sagrado hebreo revelado por el Eterno Dios para descansar en adoración. Todo este juego estratégico fue una forma práctica, muy en la mentalidad romana, de incluir en la nueva religión de estado a los adoradores del Sol Invicto , con los de Cristo y en menor medida a los del también culto solar Mitraico (que adoraba a Mitra) ya que las tres religiones en conjunto formaban la gran mayoría de fieles en un imperio en búsqueda de una identidad religiosa unificada.
Cerraremos esta primera parte de la bitácora observando que en algunas lenguas germánicas, como el inglés, todavía se conserva la esencia de la raíz mitológica-latina para estos dos días: Saturday (Saturn Day; día de Saturno) y Sunday (Sun Day; día del Sol). Esto fue así ya que los britano-romanos no cambiaron el nombre a los dos últimos días de la semana por dejar de estar bajo el gobierno imperial a partir del imperio de Constantino

Etimología de ‘sábado’

Para terminar el planteo de esta bitácora, es importante remarcar que sábado es día de descanso. Lo es en la práctica y lo es en la etimología.
Ya entendemos que su origen remoto está en el hebreo šabbat, que era el día de descanso de los judíos. El significado de esa palabra era simplemente eso: ‘descanso’.
Antes de aterrizar en el castellano, pasó por un par de etapas intermedias. Desde el hebreo se introdujo en el griego con la forma sábbaton y a través de esta lengua llegó al latín del cristianismo como sabbatum.
Así fue como consiguió desplazar al antiguo día de Saturno (dies Saturni), del que todavía queda memoria en el inglés Saturday.
La evolución desde el hebreo al castellano, resumida, queda así:
(1) šabbat > sábbaton > sabbatum > sábado
 
Aunque pueda parecer muy diferente, el castellano sábado tiene el mismo origen que el francés samedi y el alemán Samstag. Estas dos formas, a su vez, tienen más en común de lo que parece. Ambas dan testimonio de otra rama de la evolución desde el hebreo. Para empezar, las dos incorporan la palabra día:
(2) same-di
 
(3) Sams-tag
Lo segundo que las une es que proceden de una versión popular del griego sábbaton:
(4) sámbaton
De ahí debió de salir una forma latina sambatum.

Sábado constituye un hermoso ejemplo de cómo, en cuanto empezamos a arañar en la superficie, comprobamos que es mucho lo que une al vocabulario de las lenguas europeas, incluso cuando no lo parece a simple vista.Por lo tanto, debemos estar tranquilos en nuestro entendimiento de que la palabra sábado en el idioma español tiene una etimología originada del hebreo que la libera de todo espíritu mitológico latino.Lo que sí será importante señalar es que la palabra hebrea “Shabat”, que da origen etimológico a la palabra sábado, significa suspender el trabajo. El Shabat es la señal acordada entre el Creador y los redimidos de Su Pueblo de que Él creó los cielos y la Tierra en seis días y descansó en el séptimo. Pero el Shabat no es solamente un día de descanso, es también un día especial de santidad donde el hombre debe dejar de lado toda búsqueda material y dedicarse por completo a rejuvenecerse espiritualmente por medio de escuchar al Eterno Dios hablar desde Su Instrucción (Torah).

 

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El “Día del Señor”: ¿Es el Domingo o el Sábado?

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¿Existen los «libros perdidos» de La Biblia?

Todos los santos escogidos de Yahvéh sabemos que las Sagradas Escrituras (La Biblia) de por sí son una recopilación de los libros redactados por aquellos siervos llamados por el Eterno Dios para que Su llamado de Salvación pueda llegar a todos los seres humanos y así reposicionarlos en Su Propósito Eterno.
Últimamente, se está haciendo común oír hablar de los famosos “libros perdidos” de la Biblia. Dicha expresión se aplica a un conjunto de escritos que, al parecer, existían antes de que ésta se compusiera, y en los que se basaron los autores bíblicos para redactar sus obras. Hoy, lamentablemente, dichas obras han desaparecido, y resulta imposible saber qué es lo que decían. Sin embargo, sabemos de la existencia de estos libros porque la misma Biblia los menciona. El Antiguo Testamento nombra 21 de ellos, en un total de  más de 50 citas bíblicas.
Muchos grupos esotéricos de la actualidad, han salido por el mundo, a través de los distintos medios a aprovechar la mención de estos libros para causar confusión en las masas y sembrar en los seres humanos la duda en cuanto a la inspiración divina de Las Escrituras bíblicas. Estas diversas sectas especulan con que tales libros escondían información sobre civilizaciones secretas, ciudades misteriosas y culturas fantásticas, información que hoy, según dicen, puede descubrirse oculta en el trasfondo de los relatos bíblicos. Otros, en cambio, se valen de estos “libros perdidos” para desacreditar la Biblia; como es el caso de Orson Pratt, uno de los fundadores de los mormones, que en 1852 denunciaba que la Escritura “no contiene la verdad completa, porque varios de sus antiguos libros sagrados se han extraviado”.
¿Existieron estos “libros perdidos”? 
Primeramente, debemos entender que no hay “libros perdidos” de la Biblia, ya que dicha expresión permite el equívoco que conduce a pensar en la existencia de libros que fueron quitados de la Biblia. Entendemos que hay muchas leyendas y rumores sobre libros “perdidos,” pero ninguna de estas historias es verdadera.
Cada libro que el Eterno Dios designó e inspiró para estar en la Biblia, está hoy en ella. Hay literalmente cientos de libros religiosos que fueron escritos en el mismo período de tiempo que los libros de la Biblia. Algunos de estos libros contienen relatos verdaderos sobre cosas que realmente ocurrieron (1 Macabeos por ejemplo). Algunos de ellos contienen buena enseñanza espiritual (La Sabiduría de Salomón por ejemplo). Sin embargo, estos libros no fueron inspirados por el Espíritu de Dios. Si leemos cualquiera de estos libros, los apócrifos por ejemplo, debemos tratarlos como libros históricos falibles, no como la inspirada e inerrante Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17).
Entendiendo todo lo hasta aquí explicado, veamos cuáles eran algunos de estos libros y dónde se les menciona.
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El primero y más antiguo es el llamado «Las Guerras de Yahvé» (Núm 21: 14). Es el único que figura en el Pentateuco. Parece que fue una antigua colección de poemas sobre diversas batallas de los israelitas contra sus enemigos. También sería la fuente de algunos poemas como «La Canción del Mar» (Ex 15: 1-18), la «Canción de Miriam» (Ex 15: 21), la Canción de Moisés (Dt 32) y la Canción de Débora (Jue 5).
En la historia deuteronomista (Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes), se citan otros cuatro libros perdidos: «El Libro de Yashar» o «Libro del Justo» (Jos. 10: 12-13; 2 Sm. 1: 19-27 y 1 Re. 8: 12-13); «Los Hechos de Salomón» (1 Re. 11: 41); «Las Crónicas de los Reyes de Israel» (1 Re. 14: 19); y «Las Crónicas de los Reyes de Judá» (1 Re. 14: 29).
En la llamada historia cronista (Crónicas, Esdras y Nehemías), se nombra: «Los Hechos del vidente Samuel» (1Sam. 10:25; 1 Cro. 29: 29; 2 Cro. 9: 29); «El Libro de las Palabras de Jehú» (2Cro. 20:34); «El registro de las Crónicas del rey David» (1Cro. 27:24);   «Los Hechos del vidente Gad» (1 Cro 29: 29); «Las Profecías de Ajías de Silo» (2 Cro. 9: 29); «Las Visiones del vidente Idó» (2 Cro 9: 29; 2 Cro. 12: 15); «Los Hechos del profeta Shemaías» (2 Cro. 12: 15); «El Comentario del profeta Idó» (2 Cro. 13: 22); «El Comentario del libro de los Reyes» (2 Cro. 24: 27); «El Libro de los Hechos del Rey Uzías» (2 Cro. 26: 22); «Los Hechos de Jozay» (2 Cro. 33: 19); «Las Lamentaciones» (2 Cro. 35: 25); «El Libro de las Crónicas» (Neh. 12: 23); «Las Palabras de los Videntes» (2Cro. 33:19); «El Libro de las Memorias de las Cosas de los Tiempos» (Ester 2:23; 6:1); «El Libro de los anales de los reyes de Media y de Persia» (Ester 10:2).

Finalmente, podemos agregar como dato temático que en los libros de Los Macabeos se mencionan los dos últimos libros perdidos de la Biblia. El primero es «Las Memorias de Nehemías» (2 Mac. 2: 13) y «Las Cartas de los Reyes sobre las Ofrendas» (2 Mac. 2: 13). No sabemos si eran «libros» en el sentido moderno de la palabra, o simplemente colecciones orales transmitidas de generación en generación por los israelitas.

Lo mismo ocurre en el Nuevo Testamento. San Pablo cita el libro «Fenómenos«, del poeta griego Arato (Hch. 17: 28). En su Carta a los Corintios (1 Cor 15, 33) menciona la famosa comedia Tais, del escritor ateniense Menandro (siglo IV a.C.). La Carta a Tito (Tt 1: 12) hace referencia a los Oráculos, del poeta cretense Epiménides (siglo VI a.C.). Y san Lucas menciona que el gobernador Festo escribió una carta al emperador romano acusando a san Pablo de criminal (Hch 25: 26).Sabemos que el apóstol Pablo escribió epístolas que no fueron colocadas en el canon escritural. Por ejemplo, existió una epístola anterior de Pablo a los corintios. Aparentemente esta carta contenía instrucciones de cómo comportarse con la gente de mala voluntad. A esta epístola se la menciona en 1Corintios 5:9, en dónde leemos: «Os escribí en carta que no os mezclarais con los fornicarios«.

Otra epístola de Pablo a los efesios. Esta carta es mencionada, aparentemente en Efesios 3:3, cuando el apóstol les dice: «que, según revelación, se me manifestó el misterio, según antes he escrito en breve«.

Existe una carta de Pablo a los laodicenses. Ésta es mencionada en Colosenses 4:16, cuando el apóstol expresa: «Y cuando hayáis leído esta epístola, haced que sea también leída en la iglesia de Laodicea, y la que recibiréis de Laodicea, leedla también vosotros«.

En la epístola de Judas encontramos la mención al libro «Las profecías de Enoc«. Este libro profético, es citado brevemente por el hermano de nuestro Señor cuando escribe: «De ellos también profetizó el séptimo desde Adán, Henoc, cuando dijo: “He aquí que viene el Señor con sus santas miríadas para ejercer un juicio contra todos y convencer a todos los impíos de todas las impiedades que cometieron y de todas las crudezas que contra El hablaron los pecadores impíos” (Jd. 1:14-15).Ahora bien, ninguno de estos libros mencionados ha sido nunca un libro «bíblico», que tuviera una relevancia cultural en las comunidades de creyentes, sino literatura que los autores bíblicos conocían y citaban, porque tenía datos que les resultaban útiles o interesantes para sus obras, pero no los consideraban inspirados por Dios. Si hubiesen creído que estos libros eran sagrados, los hubieran preservado completos y no solo la referencia fragmentada de algunas frases o párrafos.Por lo tanto, entendemos que cuando la Biblia cita un libro antiguo, no es para canonizarlo, ni porque reconozca en él una inspiración divina, sino simplemente para referir una idea que en él había, y que era oportuna para los lineamientos inspirados, nada más. Otras veces lo hace para contarnos de dónde tomó el autor el material de su obra.

En consecuencia, el hecho de que no se hayan conservado hasta hoy no significa que la Biblia esté incompleta. La Escritura, tal como la conocemos, está completa. No le falta ninguna obra. Ella tiene el poder, la fuerza, el vigor y la energía capaz de transformar a cualquier persona. En todo caso, lo único que le falta a la Biblia es que nosotros la leamos, creamos en ella y vivamos sus enseñanzas.